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♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

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Activo ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Vie Abr 11, 2014 9:23 pm


Sinopsis:
A sus veinte años recién cumplidos, Rachel Berry ha decidido dejar su hogar en Ohio para empezar a vivir su adultez en la ciudad de sus sueños: Nueva York. Pasados unos meses, se desilusiona al no haber cumplido ninguna de sus metas ni conseguido un buen trabajo.
Entonces, conoce a la señora Martins: una mujer adinerada cuya hija, llamada Fiona, es la "doble" Rachel. Fiona Martins es agorafóbica, por lo que teme muchísimo a ciertas situaciones, como por ejemplo la de salir a la calle. Pero los Martins son una famosa familia cuya reputación pende de un hilo, y la condición de la jovencita no hace más que empeorarlo.
La señora Martins cree que el parecido de Rachel con el de su hija podría ser aprovechado, pagándole una gran suma de dinero si ella ejerce el trabajo de vivir la vida de Fiona y reemplazarla en apariciones públicas. Rachel, al principio, duda que sea una buena idea. Pero luego recapacita y comprende que el salario es mejor del que se hubiera imaginado, por lo que acepta.
Fingir ser otra persona no le será nada fácil, y menos si la chica en cuestión es tan diferente a ella. Y para colmo, conocerá a alguien más que hará más complicada la situación: Sam Evans, quien en su momento fue el mejor amigo de Fiona. Todo lo posible hará Rachel para no enamorarse de él, ya que también tiene que engañarlo acerca de su identidad.

Personajes Principales:
Rachel Berry: Una chica enérgica pero algo controladora; egoísta pero buena persona. Fue criada en Lima, Ohio por sus dos padres adoptivos. Es muy talentosa en el canto, y su sueño es llegar a ser una estrella de Broadway. Asistió a una escuela secundaria llamada McKinley, donde fue líder del club coral y conoció a todos sus actuales amigos. Al cumplir sus veinte años es cuando decide que ya es hora de empezar su vida independiente, y se muda a Nueva York. Allí no ha tenido mucho éxito y trabaja de mesera. Pero luego recibe una oferta que cambiará su vida: vivir la vida de otra persona, su doble.
Fiona Martins: Pertenece a una familia de clase alta y es bastante malcriada. Caprichosa, impaciente y con modales no muy buenos. Sufre agorafobia, por lo que suele tener muchos ataques de pánico y no se atreve a salir de su casa. Pasa la mayoría de sus días encerrada en su habitación. Físicamente es muy parecida a la protagonista, Rachel Berry, por lo que será reemplazada por ella cuando tuviera que presentarse en una situación social.
Sam Evans: Compartió la escuela primaria y secundaria con Fiona. En el pasado, eran mejores amigos. Al cumplir diecinueve años, Sam viajó a distintas partes del mundo para finalizar sus estudios. Ahora, de regreso, querrá reencontrarse con su vieja amiga, sin saber que en realidad lo hará con su doble, Rachel. Es un chico dulce y divertido, y también proviene de una familia adinerada.
Los Martins: Una familia que aparenta la perfección pero, en realidad, es todo lo contrario. Rachel sospecha que cosas muy turbias suceden en sus vidas y que los trastornos de Fiona se deben a traumas de su infancia. El señor Martins administra una cadena de restaurantes de cómida rápida de la ciudad, la señora Martins ha trabajado en su juventud como actriz y actualmente es presentadora en un programa de cocina de la televisión. Mateo, hijo del primer matrimonio del señor Martins y hermanastro de Fiona, está estudiando abogacía en el extranjero. La más pequeña, con trece años, es Sathya -hermana de Fiona, y hermanastra de Mateo-, quien quiere seguir los pasos de su madre y alcanzar el estrellato: estudia comedia musical.
Kurt Hummel, Blaine Anderson, Mercedes Jones y Santana López: Son los amigos de la secundaria de Rachel. Todos ellos también se han mudado a Nueva York para alcanzar sus sueños. Sólo Kurt, mejor amigo de Rachel, sabe su secreto: que está viviendo la vida de otra persona.
Sara: Es la socia del señor Martins y también su amante. Hasta ahora, nadie sabe acerca de esto, pero, ¿cuánto podrá durar así la situación?
___________________________________________________
Me inspiré en un cómic para hacer la base de esta historia, pero por el resto todas las historias serán completamente originales, inventadas por mí :) También yo hice la portada, jiji.
Es la primera vez que publico un Fic, por lo que me siento un poco avergonazada. Si llego a tener lectores, espero que lo disfruten, de verdad, ¡estoy muy entusiasmada!



Última edición por Beluee el Dom Mayo 25, 2014 3:01 pm, editado 6 veces
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Blainey Days el Vie Abr 11, 2014 9:42 pm


Ay! ¡He pegado un grito! ¡Me encantóooooo (muchos más "o")! La portada, la sinopsis, la presentación de los personajes, me he enamorado. Omg, amo a Rachel Berry & SAMCHEL!
¡Fiel lectora! Por cierto, soy Diana, puedes llamarme Di :) ¡Es un placer leerte!
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Miér Abr 16, 2014 12:34 am

Blainey Days escribió:
Ay! ¡He pegado un grito! ¡Me encantóooooo (muchos más "o")! La portada, la sinopsis, la presentación de los personajes, me he enamorado. Omg, amo a Rachel Berry & SAMCHEL!
¡Fiel lectora! Por cierto, soy Diana, puedes llamarme Di :) ¡Es un placer leerte!

¡Di! ¿De verdad? Yo creo estar más emocionada que en tu caso. :'D
¡No sabes cuánto me alegra que te haya gustado tanto todo!
Perdón por tardar tanto en subir el primer capítulo, pero estuve bastante ocupada. Por ahora la cosa no viene tan emocionante, ya que mucho de lo que escribí ya estaba detallado en la sinopsis. Pero puse lo mejor de mí ^^
Bueno, acá está:


Capítulo 1:
La fila es eterna. Estoy segura de que llevo más de media hora aquí parada. Somos decenas de chicas y chicos esperando para audicionar para distintos pequeños papeles en los programas del Canal 5. Luego nos van repartiendo según a qué venimos. La mayoría queremos salir en el programa Young Talent, donde jóvenes desbordantes de sueños usamos sesenta segundos de fama para sacar a relucir nuestros talentos.
Yo nunca esperé llegar a esto, la verdad que me da hasta vergüenza. Han pasado cuatro meses y medio desde que llegué a Nueva York, y esperaba conseguir, al menos, un papel como suplente en algún musical. Pero ese no es mi caso, para nada.
Recuerdo cuando apenas me había mudado aquí: miré hacia lo más alto y, aún así, no pude ni por poco alcanzar a ver la cima del Empire State. Mientras el taxi se alejaba, yo iba siguiendo con la mirada al imponente edificio, maravillada, hasta que el vehículo dobló. A pesar de eso y de que la luz del sol era cegadora, no me despegué ni un segundo de la ventanilla.
Noté que avanzábamos con bastante lentitud, y me había estado preguntando los últimos diez minutos porqué sería, ya que no me pareció que hubiera mucho tránsito. Mi teoría es que el conductor se daba cuenta de que yo no era de aquí, ya que todavía me quedo contemplando de forma entusiasta cada rincón nuevo que descubro de la ciudad, y eso no sucedería con una auténtica neoyorquina. Así que él conducía lento para así darme tiempo de seguir deslumbrándome en cada esquina. Muy amable de su parte.
Después de un rato, por fin llegamos a lo que ahora es mi hogar: un viejo departamento de un único ambiente.
«No tendrá mucho glamour, pero es lo que puedo pagar. Tendré que acostumbrarme a una vida sin muchos lujos, ya que vine aquí sin un trabajo asegurado, ni una universidad a la que asistir, y debo conservar suficiente dinero para sobrevivir hasta, al menos, fin de mes» fue lo que pensé.
Al entrar al departamento, rápidamente percibí un hedor extraño. Parecía provenir de la cocina, pero es aún hoy en día que no estoy segura. Al principio, traté de mantenerme positiva, pero al cabo de unas horas ya no aguantaba más. ¡Agobiante tener que volver del trabajo, cada noche, y encontrarme con este asqueroso hedor! Este lunes incluso se intensificó.
Pero estuve combatiéndolo llenándome la cabeza con que todo esto, al final, no está tan mal: la calefacción, el buen vecindario, y tener a todos mis amigos de la secundaria cerca —Kurt Hummel, mi bff, y su novio Blaine Anderson a sólo dos calles, y Santana López y Mercedes Jones a veinte minutos—. Además de, claro, sueños y metas más grandes que el Empire State, y mi decisión a cumplirlos sí o sí.
Sin embargo, aquí estoy, junto a todos estos niños patéticos. Todos parecen estar nerviosos, yo, en cambio, estoy de malhumor. Diez horas extra —en total— hice esta semana en el trabajo y, ¡¿para qué?! ¡Para que me paguen la mitad de lo correspondido!
Santana es la responsable de que llegara ahí, y, en mi interior, me atrevo a maldecirla. Aprecio sus esfuerzos por conseguirme un puesto donde prácticamente no hacía falta personal, pero aún así creo que podría estar en un lugar mucho mejor si no perdiera tiempo como mesera. Es cierto que hay lugares peores en los que la paga es una miseria, pero aquí trabajo cincuenta horas a la semana, ¡definitivamente no lo vale! Estoy exhausta, todo el día corriendo de acá para allá, soportando las insólitas quejas de los clientes (“¡Te pedí mis tostadas frías!”), ¡y no conseguí nada!
No quiero sonar mal, pero creía que de todos mis amigos, sería la primera en triunfar al llegar aquí. Con mi talento, ¿cómo es que la Gran Manzana todavía no me ha hecho progresar? Decepcionada, así es como me siento: decepcionada, malhumorada y avergonzada.
Empiezo a dar pisadas repetidas en el suelo y a chasquear la lengua con impaciencia. No comprendo por qué tardan tanto, ¡el que no sirve, no sirve, y el que sí, queda! ¿Es tan difícil? No lo creo. Finalmente, decido irme. De todos modos no es un buen día para mí, no puedo audicionar así, y tendré otras oportunidades para venir si me arrepiento.
Camino a paso ligero, porque quiero llegar cuanto antes a mi casa. Todavía tengo media hora de viaje tomando el tren subterráneo directo, y estoy tan ensimismada en mis cosas que no noto que alguien se interfiere con mi camino.
¡PAF!
Las dos caemos al suelo. Apoyo la mano izquierda en mi frente para tratar de sostener mi cabeza, que me duele muchísimo. Fue un golpe duro. La otra persona también está sufriendo el dolor, lo sé, puedo escucharla lamentarse e insultar entre susurros.
—Perdón —suspiro, y dirijo mis ojos hacia ella.
Es una mujer de unos cincuenta años, de cabello rubio ceniza, algo alborotado a causa de la caída. Su rostro es delgado, con pómulos muy marcado, y su expresión apagada. Sus ojos, son de un color verde intenso, pero también tristes. Y va vestida con ropa muy cara, su bolso de Prada esta tirado en el suelo, creo que eso le duele más que los daños que sufrimos en la cabeza.
Me molesta que no me responda a mis disculpas, así que soy insistente.
—Perdón —repito, está vez ha sonado como una especie de gruñido.
Levanta la mirada, y, al verme, ahoga un grito. Yo me alejo un poco, confundida.
—¿Qué pasa?
—Eres… ¡eres idéntica a mi Fiona! —chilla.
Claro, eso explica muchas cosas, ¿eh? ¡Yo qué sé quién es esa!
—No conozco a ninguna persona con ese nombre, lo siento. —Tomo mi bolso, me levanto y amago a irme, pero la mujer me toma por el brazo.
—¡No! No te vayas. —Me atrae hacía sí y yo la aparto de manera algo brusca, ¿qué es lo que quiere? —. Me refiero a mi hija. ¡Mi hija! ¡Eres un calco de ella! Ay, por el amor de Dios, no puedo creerlo.
Se levanta de un salto y me tiende su mano.
—Me llamo Stella Martins. Soy conductora de uno de los programas de aquí. ¿Y tú? ¿Venías a una audición?
No me hace gracia el hecho de hablar con una completa desconocida, la cual aún no me devuelto las disculpas. Pero percibo cierta ilusión en sus ojos, que no había antes de que me hubiese visto. Es por eso que le doy una oportunidad.
—Mi nombre es Rachel Berry —respondo, estrechando su mano—. Y, sí, venía para Young Talent, pero decidí marcharme. No es un buen día y esto, sinceramente, no me llega a convencer.
—¡Ah, Young Talent! Sí, se está volviendo bastante popular. Y los chicos presentan cosas bastante particulares, mi hija menor lo mira. ¿Qué es lo que tú haces? ¿Bailar? ¿Malabares? ¿Acrobacia? ¡Una vez, hace años, vino una niña que aseguraba que su talento era poder inflar globos con las orejas!
«Santana» pienso.
—No hay nada en lo que sea mejor que en cantar, señora. —Busco en mi bolso y le muestro mi currículum, en el que aparecen todos mis estudios y premios de la infancia y adolescencia en artes dramáticas—. También soy una excelente actriz, y no me va mal en el baile.
Noto que los ojos de la señora Martins se ponen como platos, el brillo de entusiasmo que hay en ellos me impresiona. ¿Qué tanto ve en mí que la pone así? Está bien, soy parecida a su hija, ¿será para tanto?
—Te tengo una propuesta. Pero no puede escucharnos nadie… —Mira a su alrededor con cautela y me vuelve a tomar por el brazo—, ¿te molestaría acompañarme a mi camarín?
Me quedo muda, asustada. Un incómodo silencio se apodera de la situación; ella esperando una respuesta, expectante, y yo mirando a todos lados, dudando.
—¿No puede decírmelo aquí mismo? —pregunto—. Le seré sincera, todo esto me parece muy misterioso y no estoy cómoda con eso.
—Está bien —responde rápidamente.
Señala a un banco que hay en un rincón del gran salón del estudio de televisión y nos sentamos allí.
—Bien, así es la cosa: mi hija, Fiona, tiene un increíble parecido contigo. Nunca había visto algo igual, pareciera que hasta son gemelas. —Arqueo una ceja, sin entender cuál es su punto. Ya me dijo eso, creo que tres veces. —El problema es que ella… Mmm… ella no está muy bien. Podríamos decir que en los últimos años ha estado algo desorientada. Pero en mi familia, eso complica mucho más las cosas que en cualquier otra. Nosotros tenemos cierta reputación que mantener, ¿entiendes, querida?, y su estado lo arruina todo. —¡¿Y yo que tendría que ver con todo esto?!—. Pero imagínate que, cuando fuese necesario, alguien más ocupara su lugar. Ya sabes, alguien que se comportara mejor, con cordura. Imagínate que alguien, una persona muy parecida a ella, la reemplazara.
Tardo varios segundos en comprender que se trata de mí. Clavo sus ojos en los suyos, boquiabierta, perpleja.

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Blainey Days el Miér Abr 16, 2014 7:55 am


Tu narración en primera persona es algo que me ha dejado sin palabras. Adoro leer (y escribir por cierto) y lo que más amo de mis lecturas son aquellas narraciones tan bien logradas, tan expresivas y bien construidas: me declaro tu fan. Digamos que es algo así como amor a primer fanfic.
Amé leer todo lo que pasaba por la mente de Rach, incluído el recuerdo de Santana que al parecer audicionó para Young Talent queriendo inflar globos con las orejas. Por Dios, muero de verdad que sí.
Es un gusto leerte y seguir esta historia. Aquí me verás cada vez que actualices. ¡Y espero las cosas se pongan bien para Rach!
Besitos, cuidate.

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Mensaje por Frances Michele Berry ♥! el Jue Abr 17, 2014 12:13 am

Belén asdfghjklkjhgfdsaasdfghjklkjhgfdsa, no sabía que había publicado ya, awe, Rachel ya me tenes como lectora fiel, aunque no me gusta Samchel así como mucho, pero aquí me va a gustar si o si, seguilo y te regalo Nutella <3.
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Invitado el Jue Abr 17, 2014 2:43 pm

Que cosas¡¡¡, Me gusta, pobre Rachel que le toca de mesera y sólita :'( , Yo no se como resulte ese trato pero seguro sera algo divertido y malo, siempre en este tipo de historias (por lo experta que me ha hecho la tv y sus películas) al final el engaño se descubre, aun así quiero saber que sucede en lo que dura todo ese rollo, así que si no te molesta SÍGUELO... Estaré pendiente de tu actualización   

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Vie Abr 18, 2014 4:04 am

Blainey Days escribió:
Tu narración en primera persona es algo que me ha dejado sin palabras. Adoro leer (y escribir por cierto) y lo que más amo de mis lecturas son aquellas narraciones tan bien logradas, tan expresivas y bien construidas: me declaro tu fan. Digamos que es algo así como amor a primer fanfic.
Amé leer todo lo que pasaba por la mente de Rach, incluído el recuerdo de Santana que al parecer audicionó para Young Talent queriendo inflar globos con las orejas. Por Dios, muero de verdad que sí.
Es un gusto leerte y seguir esta historia. Aquí me verás cada vez que actualices. ¡Y espero las cosas se pongan bien para Rach!
Besitos, cuidate.


Oh my god, no sabes cuánto me emocionan tus palabras.
La verdad que pongo lo mejor de mí para que la narración esté bien lograda y que alguien lo mencione me encanta. El gusto es todo mío por tenerte como lectora.
¡Muchísimas gracias! ♥️

Frances Michele Berry ♥️! escribió:
Belén asdfghjklkjhgfdsaasdfghjklkjhgfdsa, no sabía que había publicado ya, awe, Rachel ya me tenes como lectora fiel, aunque no me gusta Samchel así como mucho, pero aquí me va a gustar si o si, seguilo y te regalo Nutella <3.

¡¡Frances!! Todavía no tenemos Samchel, pero te prometo que falta muy poco para que sí, y me alegra muchísimo que seas mi lectora ^^
Voy a festejar con mi Nutella -mi precioso OuO-, jijiji.


ReginnaSnixxColferLambert escribió:Que cosas¡¡¡, Me gusta, pobre Rachel que le toca de mesera y sólita :'( , Yo no se como resulte ese trato pero seguro sera algo divertido y malo, siempre en este tipo de historias (por lo experta que me ha hecho la tv y sus películas) al final el engaño se descubre, aun así quiero saber que sucede en lo que dura todo ese rollo, así que si no te molesta SÍGUELO... Estaré pendiente de tu actualización   

Ya veremos cómo van las cosas, por ahora apenas vamos por el comienzo.
¡Un placer tenerte de lectora! :'D

Y acá va la segunda parte... a ver qué les parece.


Capítulo 2:

Nunca voy a olvidar aquella vez en la que mis padres quisieron conseguir un descuento especial en unas entradas para el teatro. Se trataba del musical ‘La Novicia Rebelde’, y ellos insistieron en que yo, con cinco años de edad, no podía perdérmelo por nada del mundo.
  Mi tío, un hombre discapacitado después de sufrir una catastrófica cirugía de la espalda, obtiene ciertos beneficios debido a su condición, por lo que cada entrada le hubiese salido la mitad. No es propio de mis padres sacar provecho de una situación como esa, pero aquella vez fue mi mismo tío quien los convenció: papá presentó su identificación y comprobante de discapacidad en la boletería como si se tratara de sus documentos.
Terminó en desastre: teniendo en cuenta que, a pesar de ser hermanos, el parecido de esos dos es como el de una rana con un pato, no me sorprendió que la cajera cayera inmediatamente en la cuenta de que mi padre se estaba haciendo pasar por otra persona. No nos dejaron pasar, pero cuando yo me puse a llorar desconsoladamente —¿Quién dice que los infantes no pueden ser excelentes actores?—, el personal del teatro se derritió de ternura y pena, y me reservó, secretamente, un lugar.
Entonces, si una situación menor, como esa, acabó así, ¿cómo podría meterme en un lío como el de fingir ser otra chica todo el tiempo? Tendrías que ser realmente idiota para no darte cuenta de que no estás hablando con la persona que crees, sino con una completa desconocida.
—Me está haciendo una broma, ¿verdad? —La miro frunciendo un poco el ceño.
Ella arquea las cejas y menea la cabeza.
—Nunca hablé más en serio que ahora mismo. —Sostenemos el contemplo mutuo un par de segundos más y luego decide romper el silencio:—. Mira, Raquel…
—Rachel —le corrijo.
—…la realidad es que, ahora que te veo, entiendo que nos haces mucha falta, a mí y a mi familia, porque contigo las piezas encajarían me atrevo a decir que hasta perfectamente. El parecido que tienes con mi hija es alucinante, y además me dices que sabes de actuación. Estabas aquí para dar una audición y conseguir un papel, ¿verdad? Bueno, yo te lo estoy ofreciendo.
—Mire, me parece que es una idea demasiado rebuscada y, además...
—Querida, te pagaría quinientos mil dólares los próximos seis meses.
De mis manos se resbala mi bolso y todo lo que había en su interior se esparce por el brillante suelo. Pero yo no lo recojo. Porque puedo ver, oír y oler, percibir todo lo que pasa a mi alrededor, mis cinco sentidos funcionan correctamente, pero mi mente está en blanco. Trato de hablar, pero de mi boca sólo salen extraños sonidos entrecortados. Temo haber entendido mal.
—¿Co-cómo? —consigo balbucear.
—La paga, por hacernos este favor, sería de medio millón de dólares los seis meses.
¡Quinientos mil dólares! ¿Estará realmente ofreciéndomelos o simplemente es una vil broma? Con esa suma de dinero, podría no sólo vivir tranquilamente sino también darme todos los lujos que quisiera. Podría estudiar en las mejores academias de artes dramáticas, y convertirme en una estrella ahorrándome muchísimos obstáculos. ¿Y qué tal si acepto seguir con esto el resto del año? ¿Me darían un millón? ¡Oh, mi Dios!
—¿Y bien? —insiste la señora Martins con una intimidante sonrisa—, ¿qué me dices?
Estoy a punto de soltar un entusiasta “sí”, cuando el ruido de algo rompiéndose me detiene: pisé mi pintalabios. Me pongo a juntar mis cosas, y la señora Martins me ayuda, al parecer ella tampoco se acordó de que se habían caído, al estar tan expectante por mi respuesta. Es entonces cuando, aprovechando la interrupción, me pongo a recapacitar.
¿Vale la pena hacer esto por esos miles? ¿No es muy arriesgado confiar en una mujer que acabo de conocer y sumergirme en un mar de ideas locas y absurdas? Necesito pensar con más claridad.
Terminamos de guardar todo en mi bolso y me atrevo a volver al asunto.
—Bueno, yo… no lo sé, por ahora. Creo que lo mejor sería poder aclararme un poco to-das las ideas en mi cabeza, y tomar una decisión a solas, en mi casa.
Stella vuelve a sonreír, pero esta vez de manera comprensiva.
—Está bien, querida. Tómate tu tiempo, te dejo mi número así me llamas por si quieres que te explique bien cómo sería la cosa o, a lo mejor, ya has tomado una decisión.
Busca en su bolsillo y saca una tarjeta personal. Me la entrega y me da unas palmaditas en la espalda.
—Gracias. Fue un placer conocerla. —Un estrechón de manos, y me voy.

***

—¡¿Quinientos mil dólares?!
—Shhh, ¡nadie debe enterarse! —susurro de malhumor cuando Kurt pega un grito. Ruego que la vecina entrometida de al lado no haya oído nada—. Ni siquiera nuestros amigos.
Kurt aún tiene los ojos clavados el centro de la mesa ratona, boquiabierto. Ahí quedó congelada su mirada cuando le comenté cuál sería mi paga.
—Rach —masculla—, ¿te das cuenta de todo lo que podrías lograr con ese dinero?
Pongo los ojos en blanco, impaciente.
—¡Obvio que me doy cuenta! ¡Estuve pensando en eso todo el viaje de regreso a casa! Pero no se trata sólo de eso, es mucha responsabilidad la que tendré que cargar, no sé ni quién es la chica, y ¿cómo puedo yo saber que esa mujer en realidad no es una farsante o algo así?
—No lo es.
—¿Por qué estás tan seguro?
—Es Stella Martins —replica usando mi mismo tono de irritación—, conductora del programa ¡Hoy cocino yo!. Si fuera una farsante, TMZ ya se habría encargado de advertirnos a todos.
Camino de un lado al otro a paso precipitado, hasta que termino mareándome un poco. Quizás Kurt tenga razón: quizás estoy exagerando y deba aprovechar esta única oportunidad. ¿Qué tan difícil  puede ser? Sólo tengo que saber imitar a una niña rica, vivir la vida como una princesa, y encima recibir la mejor paga.
Escucho el sonido del ascensor a lo lejos, y para en este piso.
—Insisto en que los chicos no pueden saber nada. Prométeme que no dirás una palabra, Kurt.
Me mira con exagerada indignación.
—Entiendo que creas que Santana tiraría todo por la borda, y que Mercedes no dejaría de decirte algo como “Hell to the no!”, pero, ¿por qué no confías en mi Blaine? Él seguro que lo entenderá y…
—¡Prométemelo! —exclamo.
—¡Bueno, bueno, está bien, lo prometo! —responde en el mismo tono.
Escuchamos el sonido de las llaves en la cerradura y la puerta se abre, vemos a un ex-hausto Blaine Anderson entrar. Kurt se pone de pie y se apresura a darle una cálida bienvenida, besándolo y preguntándole cómo le ha ido.  
Cuando se dirigen a la cocina para terminar de preparar la cena, yo aprovecho y busco en mi cartera la tarjeta personal de la señora Martins. Por fin la encuentro: es bastante pequeña, y de color amarillo pálido, con letras mayúsculas indicando su nombre y número, en un tono pardo. Tomo mi celular y hago la llamada.
—Habla Stella Martins.
—Señora, soy Rachel Berry. —digo. Me saluda cordialmente y me pregunta qué es lo que ne-cesito. Sin pensarlo dos veces, respondo: —Quería decirle que acepto su oferta.
Aunque no pueda verla, presiento que una sonrisa se dibuja en sus labios.

***

Creía haber estado en lugares hermosos, pero este jardín lo supera casi todo. Cientos de flores bañan en colores el lugar, y el verde del césped, los árboles y los arbustos es tan intenso que uno se atrevería a pensar que es artificial. Las fuentes y estatuas le dan un toque alegre al lugar, mientras un enorme y bello sauce llorón le da otro de melancolía. No sabía que tan cerca de la ruidosa ciudad, podría existir lugar como éste.
Lo atravesamos todo mediante un sendero, por el que va nuestro auto. Al final, se forma una especie de rotonda, y luego se alza la imponente mansión de los Martins.
El chofer nos abre la puerta y, al salir, suelto un gran suspiro, con admiración.
—Tiene una casa bellísima, señora —comento.
Ella suelta una risita y me agradece.
—Y eso que todavía no viste lo de adentro...
Las enormes puertas de entrada se abren y me encuentro con lo que parece un moderno castillo de cuentos de hadas: los muebles y cuadros más lujosos que había visto jamás, gigantescos ventanales que nos permiten ver, a lo lejos, el centro de la Gran Manzana, puertas a todos lados que me permiten entender que aquí hay, por lo menos, diez habitaciones.
Y entonces veo a una joven bajando por las escaleras. Aunque se nota que su ropa es cara, está bastante desarreglada: como su madre, su mirada es triste y apagada, pero fuera de eso no se parece mucho a ella. En realidad, se parece mucho a mí.
Nos miramos la una a la otra, las dos bastante impresionadas. Es como si tuviese delante de mí un espejo. La señora Martins nos presenta.
—Fiona, hijita, ella es Raquel, es la chica de la que te hablé.
—Rachel —le vuelvo a corregir.
—Ah, sí, perdóname —se disculpa—. Rachel, ella es Fiona.
La muchacha fulmina con la mirada primero a mí, y luego a su madre. De su expresión tan pacífica y tranquila, pasa a una que realmente da miedo. Señala a la señora Martins con su dedo índice y empieza a gritar:
—¡Mi propia familia! ¡¿Cómo pueden hacerme esto?!
Y aquí, cuando por fin estoy frente a mi doble, súper histérica, comprendo que acabo de meterme en un terrible lío.

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Invitado el Vie Abr 18, 2014 4:29 am

Ayyy mi Raquel jajajaja   ,Ok No :v.

Enserio fue genial, haces ver un situación o momento verdaderamente corto en una eternidad (no se si me hago entender pero tómalo como un cumplido). En fin espero que todo este bien despues del drama que vaya hacer la señorita Fiona porque no me gustaría que Rach perdiera otra oportunidad. Actualiza cuanto antes... (y si no, pues no lo hagas)  

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Blainey Days el Vie Abr 18, 2014 9:06 am


¡Ay, Raquel! ¡En el lío en el que se fue a meter!
Me encantó el cap, insisto leer la historia desde el punto de vista de Rach es lo máximo. Todo lo que pasa por su cabecita loca. Ojalá Fiona no le cause muchos problemas, aunque de por sí la situación es algo complicada ¿no? ¡Pero un drama digno de Rachel Berry!
SIGUE! Aquí estaré expectante.

PD: Sugiero cambies siempre que actualices el título de tu Fic. Para que la gente sepa que hay un capítulo nuevo. El título sigue diciendo "Capítulo 1" :)
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Julietta St. James el Vie Abr 18, 2014 10:20 pm

Asdfghjklñ! *3* Belen :D!! Me encanto, mucho. Es que esta muy buena la trama. Con dos capítulos me has atrapado por completo (: Y aunque solo es el inicio todo el drama me esta matando. Amo Samchel <3  así que quiero que se conozcan ya!  Sea como sea esperare pacientemente al momento indicado. 
Actualiza pronto, que estaré aquí para leerte en cada capitulo.
Saludos :3
PD: La portada me encanto <3 Es tan hermosa ((: ñañañaña 

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Sáb Abr 19, 2014 4:18 am

Diana: Gracias por el consejo. ¡Soy medio despistada! xD Anoche subí el segundo capítulo e instantáneamente me fui a dormir. Ya acostada, me acordé de que no había actualizado el título, y pensé "Ñee, lo arreglo mañana".
Juli: ¡Un placer tenerte de lectora! <3

¡Y, por fin, tenemos Samchel! Espero sus opiniones, críticas -positivas, negativas, neutrales-, o lo que quieran escribirme sobre el capítulo con gusto. :)


Capítulo 3:

Vuelvo a mirarme al espejo mientras me pruebo un vestido verde con volados. Doy vueltas y lo hago ondear. Le sonrío a mi reflejo. En verdad es una prenda hermosa, y adoro cómo me queda. El problema es que pienso eso acerca de todos los demás.
Me lo quito y lo pongo en la cima de una montaña de ropa. ¡Y pensar que Fiona ni si-quiera usa todo esto! Siempre que la veo, lleva los mismos pantalones de entrecasa y una amplia camisa. Aquí, en su armario —al que gente común como yo consideraríamos una habitación—, tiene toda clase de atuendos: desde formales, hasta casuales, desde retro hasta de la última moda y desde adorables hasta sexies. Es como el paraíso de toda chica.
El sonido de un timbre resuena en la habitación, y está indicando que tengo que responder a la llamada de nuestro mayordomo (¡Sí, tengo mayordomo!).
—¿Sí, diga? —atiendo apretando un botón del aparato.
—Ah, señorita, disculpe las molestias —dice en un tono amable—. Quería recordarle que en media hora empieza la reunión. Me pide especialmente la señora Stella que antes de que se lleve a cabo se reúna con ella en la sala principal.
—Cómo no, ya bajo. Muchas gracias.
Al colgar, vuelvo la mirada hacia la eterna pila de vestidos. Finalmente, me decido por uno color celeste pálido, con detalles de encaje negro, y unos zapatos del estilo años veinte. Sin accesorios, sólo mi gargantilla, que lleva un dije en forma de estrella: me veo bonita y sencilla.
Miro por la ventana al personal finalizando los preparativos para el evento. El jardín se ve realmente bien con los recién agregados faroles, las carpas, mesas y sillas. Además, el sol está radiante, ni una nube, por lo que el temido mal clima no nos molestará hoy.
En estas semanas que pasaron, ya varias veces tuve que presentarme en distintas reuniones familiares o de negocios haciéndome pasar por Fiona Martins, pero ésta es la primera vez que tendré que hacerlo frente a casi cincuenta invitados, a los cuales supuestamente ya conozco. Y en verdad es muy complicado fingir ser alguien a quien nunca tuviste la oportunidad de ver en lo que se llama estado normal.
Pasé mínimo treinta horas a la semana en esta casa y, que yo sepa, Fiona ha aparecido sólo cuatro veces. Está realmente enojada con su familia, siempre en algún momento le grita a todo pulmón que nunca se olvidará de su traición, y una vez hasta empezó a patear las cosas, desbordante de furia. Considera que es una maldad ocultarle al mundo quién es ella, y pagarle a otra persona para que sonría y se muestre de la forma en que sus padres quisieran que ella misma fuera. Y la entiendo, en verdad me sentiría terrible si estuviese en su lugar.
A mí ni siquiera me dirige la palabra, se limita a mirarme de reojo con odio. Desde su punto de vista, debo ser esa mutación que su familia ha adoptado para crear una versión “perfeccionada” de su hija, para reemplazarla.
Me gustaría poder entablar una relación con ella, o al menos una conversación, para así conocerla mejor y saber ocupar su lugar, pero se me ha hecho imposible. Y cometí más de error cuando, por ejemplo, en una cena con sus abuelos, comí un postre con nueces y mágicamente no me dio alergia, como a Fiona le pasaría. Instantáneamente me llovieron preguntas interrogatorias acerca de cómo esto era posible.
Pero, al final, no puedo permitirme emitir ninguna queja, porque la mayoría del tiempo estoy maravillada con la vida que estoy llevando. Cuando los señores Martins lo necesiten, yo estaré aquí para cambiar de identidad, y dándome todos los lujos que tendría como una auténtica niña rica; y el tiempo restante vuelvo a mi vecindario, me junto con mis amigos, y recorro la ciudad comprándome todo lo que mi salario me pueda permitir, siempre guardando una parte de lo ganado en la semana para mis ahorros.
Bajo las escaleras y me dirijo a la sala principal. Encuentro a la señora Martins esperándome en el sillón más grande. Como de costumbre, me explica quiénes serán los invitados en esta ocasión, de dónde es que supuestamente los conozco, cuál es mi relación con cada uno, y qué tipo de charlas podría mantener con ellos. Esta vez, al ser una multitud, requiero más tiempo para memorizar todo, sobretodo los nombres.
A las doce y veinticinco salimos al jardín, y unos minutos después llegan los primeros invitados. El lugar empieza a llenarse de gente, sin embargo sigue habiendo un espacio inmenso para el que quiera recorrerlo y alejarse del bullicio.
Incontables personas se acercan para saludarme y me dicen que hacía siglos que no me veían. Casi todos insisten en que luzco diferente.
—¿Corte de pelo? ¡No, ya sé: te hiciste reflejos!
—¡Dime en que gimnasio has logrado esa figura!
—Lo diré bajito así nadie escucha, querida, pero en mí puedes confiar. Dime, ¿te hiciste una cirugía plástica o algo?
¡Pero al final nadie se da cuenta de que no soy quien creen! Sólo les contesto con una risita, encogiéndome de hombros.
A lo lejos, detrás de un mar de gente, un atractivo chico de cabello color rubio me dedica una sonrisa seductora. Tengo mucha intriga por saber quién es, pero no me atrevo a saludarlo. Finalmente, después de un rato, se dirige a mi mesa y se sienta a mi lado.
—Creía que no nos volveríamos a ver —dice.
Levanta su copa y me ofrece un saludo con ella, yo tomo la mía y brindamos. No puedo evitar ponerme roja de los nervios, porque estoy segura de la señora Martins nunca nombró a este chico. No tengo idea de cómo se llama, de dónde tendría que conocerlo, y cómo me llevo con él. Podría ser mi primo, mi amigo, mi ex novio, ¡o cualquier otra cosa! Entro en pánico, pero logro formular una respuesta:
—Yo siempre estuve aquí, por si querías que lo hiciéramos.
Reprime una carcajada.
—¡Me hubiese encantado, Fi! Pero es algo difícil estando del otro lado del mundo, y contigo que desapareciste completamente de la noche a la mañana. No respondiste a ni una de mis cartas, llamadas o mensajes. ¿Qué pasó con el “mejores amigos por siempre”? —Usa un tono de voz severo en broma.
Me ruborizo aún más. Debo estar como un tomate. No quiero que me vea así, soy demasiado obvia. Mi mente trabaja a toda máquina para tratar de recordar a la señora Martins explicándome quién demonios es este chico, pero no obtengo nada. Bien, piensa, Rachel, piensa: al parecer te conoce desde hace bastante, incluso es o fue tu mejor amigo, y estuvo viajando o algo así.
—No te enojes conmigo —le suplico divertida, haciendo una exagerada mueca como si estuviera a punto de llorar—. Es que estuve muy ocupada, enfocada en muchas cosas. Ni siquiera recuerdo desde cuándo no nos veíamos… —Hago de cuenta que trato de memorizar, pero en realidad espero que él lo haga.
—Desde nuestra graduación —comenta.
Chasqueo los dedos en señal de aprobación. Entonces fue mi compañero de colegio. Bien, bien, sólo necesito saber su nombre.
Pero, con la mala suerte que yo tengo, nos pasamos la próxima hora conversando y el sinvergüenza nunca me lo dice. Tengo que pensar mínimo tres veces cada respuesta para no meter la pata, y ya estoy exhausta. Él, sin embargo, parece estar pasándola muy bien, hace muchos chistes y se ríe de los míos, aunque sean malísimos. Yo también disfruto del momento, a pesar de estar tan nerviosa, porque en verdad es un chico encantador. Y estoy orgullosa de poder decir que, poco a poco, voy recaudando más información: hicimos la primaria y la secundaria juntos, y su familia es amiga de los Martins.
Mira a su alrededor y frunce el ceño.
—Esta fiesta se está volviendo algo aburrida —comenta en tono reprobatorio, y tiene razón: lo único emocionante hasta ahora fue la comida—, ¿qué te parece si nos escapamos? —Sugiere con una sonrisa pícara.
Lo primero que pienso es que es irónico que le pregunte eso a la supuesta Fiona, porque ella casi ni es capaz de salir a su balcón. Pero yo, en cambio, encuentro la propuesta muy tentadora. Luego recapacito y me parece que sería algo irresponsable largarme, porque mi deber es justamente hacer presencia. Me refiero a que ¡me pagan por eso!
—No lo sé…
—Vamos, es la primera vez que te veo en muchísimo tiempo y quiero aprovechar cada momento. Salgamos de los suburbios, hagamos algo divertido, como cuándo estábamos en la secundaria. —Me quedo mirando al vacío, dubitativa, y él me toma del mentón y dirige mis ojos a los suyos: —Te prometo que volveremos antes de las ocho.
Su mirada entusiasta y penetrante termina convenciéndome. Asiento con la cabeza, sonriente.
—Está bien.
Pero antes de irnos se me ocurre una cosa.
—Sólo espera que tome mi bolso, Mateo… —Finjo confundir su nombre con el de mi supuesto hermano.
—Se te ha mezclado todo —dice risueño—, yo soy Sam.
Y, pobre inocente, fue víctima de mi truco: ¡Por fin sé cómo se llama!

***

Sam le da un gran mordisco a su hot-dog mientras caminamos por la calle Broadway. Le insistí en ver algún musical y él terminó prefiriendo ‘El Rey León’. Algo infantil de su parte, pero igual la pasé muy bien.
En tan sólo un rato, ya sé más de él de lo que tendría que saber de mí misma, o sea de Fiona. Me ha confesado que es fanático de la Guerra de las Galaxias, que secretamente le encanta Barry Manilow y que en su tiempo libre le gusta cantar y bailar.
—Yo también amo cantar —digo sin pensar.
—¿Ah, sí? —se sorprende.
¡Qué estúpida que soy! Probablemente Fiona no sepa cantar, y ni hablar de igualar mi talento. Él, siendo su mejor amigo, sabe mucho más de su vida que yo.
—Sí, mientras estabas en el extranjero estuve tomando algunas clases.
Sam arquea las cejas en señal de asombro.
—¿Y eres buena?
—La verdad que… —¿Para qué mentir? Si ya metí la pata:—, sí, soy bastante buena.
—Bueno, entonces… pruébalo.
Me le quedo mirando, confundida.
—¿Cómo dices?
—Que lo pruebes. Cántame algo.
—¿Aquí? ¿En medio de Times Square? —pregunto sin poder evitar reírme.
Asiente con la cabeza. Está hablando en serio. Bueno, ¿por qué no? No debo terminar creyéndome yo también todo este engaño y olvidar que soy Rachel Berry, y que no le puedo negar a nadie el disfrute de mi increíble talento. Pero, por alguna razón, siento que esta vez tengo que deslumbrar, quiero hacerlo por Sam.
Me pongo a cantar ‘Don’t Rain On My Parade’, la cual me sé desde que tengo uso de razón. Yo creo que es la mejor canción de mi musical favorito, Funny Girl, y es por eso que la interpreto con tanta pasión, que un grupo de gente hasta empieza a rodearnos y a contemplar.
Para darle un toque divertido, empiezo a moverme para todos lados, juego un poco con la gente mientras actúo, subo una escalinata y extiendo mis brazos, mis manos apuntan al cielo. Canto a todo pulmón, me atrevo a hacer hasta las notas más altas, siento cómo mi pecho se ensancha. Cuando termino, recibo numerosos aplausos. Tengo una sonrisa de oreja a oreja estampada en el rostro.
Dirijo la mirada a Sam, quien parece petrificado. Termina aplaudiendo con energía y me abraza.
—Wow, Fiona, ¡eso fue excelente! ¡No sabía que eras tan talentosa en esto! —Suelta una carcajada—. No puedo creerlo, que acabaras de hacer todo eso. Nunca me hubiese imaginado que alguien como tú podría comportarse como una súper estrella. ¡Pero veo que me equivoqué!
Avergonzada, me aparto un poco de él. Finalmente, se da cuenta de que no me siento muy cómoda y me suelta. Quizás esté acostumbrado a esa confianza con su amiga, pero yo hasta hace unas horas ni siquiera sabía su nombre.
Para disfrazar mi timidez, poso mis ojos en mi reloj de muñeca. ¡Las siete y veinte!
—Se nos hizo algo tarde, ¿y si volvemos? —sugiero, aún sonrojada.
Sam me da unas palmaditas en la espalda y me indica que está de acuerdo.
Media hora después, ya estamos en territorio Martins. Ya casi anochece, la fiesta terminó, y yo comprendo que no tendría que haberme ido sin haber pedido permiso. Recorremos rápidamente el sendero que atraviesa el jardín y mis nervios aumentan a una velocidad alarmante. Sam estaciona su auto y yo miro cómo están las cosas en el interior de la casa.
En la ventana de la habitación de Fiona diviso una silueta, nos está observando. Siento un poco de fastidio. Ella no debería hacer eso, ¿qué pasa si alguien la descubre? ¿Qué explicación podría darle a Sam si se da cuenta de que en realidad somos dos? Hasta podría creer que lo está haciendo a propósito, quiere sabotear todo lo que están haciendo sus padres, lo que estoy haciendo yo. Sin embargo, no tengo derecho a acusarla de irresponsable con lo que acabo de hacer.
Quizás está molesta porque yo esté aquí, con su amigo, despidiéndome después de un lindo paseo. Este momento es de los que tendrían que pertenecerle a ella, y a no a mí.
—¿Qué miras?
—Nada —me apresuro a decir. Vuelvo la mirada hacia él—. La pasé muy bien.
—Yo también —responde, y me dedica una de sus sonrisas seductoras—. Estás radiante, Fiona. Por fuera y por dentro. No sé qué pasó contigo en todo este tiempo, pero definitivamente te hizo muy bien.
Le devuelvo la sonrisa como muestra de gratitud, sintiéndome algo culpable por todo este engaño. Me bajo del auto y lo veo alejarse. Finalmente, el vehículo queda fuera de mi vista.
No sé qué pasará cuando entre a la casa, pero sí sé que hace semanas que no me sentía yo misma estando en la piel de Fiona Martins.
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Julietta St. James el Sáb Abr 19, 2014 3:29 pm

Ñanana *0* Por fin algo de Samchel Me encanto, me encanto. Primero batallando para saber su nombre y al final, la Raquel hasta le canto. No se es que de amigos son hermosos! Por favor actualiza pronto Belén, te lo agradecería mucho (; Saludos 

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Blainey Days el Lun Abr 21, 2014 1:45 pm


Samchel <3

que bonita resultó su primera interacción. Ay, Raquel! Todas las peripecias que tiene que hacer para que el plan no se arruine. Ojalá no le pase la cuenta :( ¡Me gusta Sam! Ojalá aparezca más seguido y conocer más a Fiona, ojalá no odie tanto a Rach.

¡Sigue! Aquí estaré esperando leer :)
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Mensaje por Beluee el Jue Abr 24, 2014 10:37 pm


¡Hola! Primero que nada: gracias por sus comentarios ^^ En serio los súper aprecio, me alegra que les esté gustando el Fic.
Segundo: No actualicé porque no tuve tiempo, por el colegio y mis clases de inglés, y blabla. Pero para este fin de semana espero poder publicar el cuarto capítulo.
Eso era todo, see you! Y repito -wow, a veces me pongo pesada, ya sé-, ¡gracias!
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Dom Abr 27, 2014 10:23 pm


Capítulo 4:

El repiqueteo de las largas uñas de la señora Martins comienza a ponerme nerviosa. Mira fijo al centelleante fuego de la chimenea como si fuese algo tan interesante, que pareciera que ni siquiera se puede tomar la libertad de parpadear. Me ignora completamente, como si yo no estuviese aquí, sentada a unos pocos metros. Es increíble el cambio que puede ocasionar el señor Martins en su mujer, porque ella no ha dicho una palabra desde que él le pidió que se quedara aquí a esperarlo en silencio.
Bueno, a mí también me lo pidió, aunque no con palabras, sino con una severa mirada. Se nota que están muy molestos por mi inesperada escapada con Sam de uno de los mayores eventos que ha tenido la familia en lo que va del año. No me sorprendería que, cuando el señor Martins llegue, con unas pocas palabras ya me despidiera.
Soy demasiado orgullosa como para demostrar arrepentimiento, pero en el fondo sé que eché a perder lo que es mi mayor oportunidad desde que llegué a Nueva York. Obviamente, mis sueños siempre fueron más allá de una situación en la que tengo que fingir ser otra persona y ocultárselo a todo el mundo, porque yo espero llegar a Broadway cueste lo que cueste, pero acá recibo una paga buenísima, la cual me serviría para cumplir mis metas.
Y gracias a una cara bonita lo arruiné todo. ¿Cómo pude ser tan estúpida? Hasta yo misma resulté víctima de todo este engaño. Sentí a Sam como un amigo, como alguien con quien podía ser yo misma, pero en realidad no es así, todo eso le pertenece a Fiona, yo sólo tenía que saber actuarlo. Por primera vez en mucho tiempo me siento débil. Ahora tendré que volver a ser una desempleada, que busca desesperadamente un trabajo que valga la pena, un lugar donde triunfar, mientras veo a mis amigos con pareja, con un buen trabajo o estudiando en la universidad. Obviamente eso no quiere decir que me daré por vencida, no señor, porque si hay una palabra que me define, esa es perseverante, y no hay manera de que mi talento se desperdicie. Pero aún así, siento que pude haberme ahorrado muchos obstáculos.
Por fin, el señor Martins regresa a la sala con una copa de vino tinto en su mano derecha.
—Bueno —suspira, dejándose caer en el sillón más próximo a la chimenea—, señorita Berry, iré al grano: lo que hizo esta tarde estuvo realmente mal. No sólo quebrantó una de las principales reglas de su contrato, que señala específicamente que usted tendría que estar presente en todas las situaciones sociales en las que mi hija Fiona deba participar, sino que se relacionó con una de las personas más cercanas a ella, sin consultarnos. ¿Cree que tiene mucha más idea que nosotros de cómo hacer todo esto? Este joven, es parte de una familia amiga, que nos conoce hace años, usted podría haber cometido algún error mínimo y ya levantar sospechas.
La señora Martins asiente con la cabeza —recién ahora noto que dejó de ignorar mi existencia—, y se atreve a interrumpir a su marido por un segundo.
—Eso fue muy irresponsable de tu parte, Raquel —agrega.
Me contengo y no la corrijo, pero hace ya unos cuantos días que, cada vez que confunde mi nombre, me dan ganas de mandarla a un lugar no muy agradable.
—Lo fue —concuerda él—. Por eso, señorita Berry, siento la necesidad de decirle que…
—Estoy despedida, lo entiendo —susurro.
—…que de todas formas, seguirá trabajando para nosotros si así lo desea. Creí que le gustaría saber eso.
Stella y yo nos quedamos boquiabiertas, sin darles crédito a nuestros oídos. En cuestión de segundos, me pongo a enumerar para mis adentros razones por las que esto podrá ser posible, pero ninguna me deja muy convencida, y menos después de todo lo que me acaba de decir. Quizás está drogado, quién sabe.
—Pe-pero, ¿por qué? —mascullo.
Arquea una ceja.
—¿No es obvio? Estamos desesperados. No podemos dejarla ir y mágicamente encontrar a otra chica idéntica a Fiona. Sólo espero que esto le sirva de lección, y que no vuelva a hacerlo, porque mi paciencia podría agotarse.
Asiento con la cabeza en señal de comprensión, pero todavía tengo cara de desconcierto.
—Bueno, creo que eso es todo —concluye.
Comprendo que es una indirecta para que me retire, y eso hago. Atravieso la sala, subo las escaleras y, mientras voy caminando por el pasillo, alguien me toma por el brazo.
Fiona Martins me mete a su habitación y cierra la puerta. Me impresiona la manera en que parece que sus ojos se salieran de las órbitas, y la aparto procurando hacerlo con la mayor delicadeza posible.
—Siéntate allá. —Señala un rincón donde hay un sofá grande, y a su lado una biblioteca con decenas de libros.
Le hago caso, y mientras espero a que ella me acompañe, observo detenidamente lo que me rodea. Es la primera vez que vengo a esta parte de mi casa y tengo que decir que es muy distinto a lo que me esperaba. Se nota que, en su momento, este lugar sería uno de los mejores de la mansión, y que mi doble tenía todos los lujos que quisiera. Ahora es igual, pero todo se ve algo deprimente. Ahora mismo es de noche, pero me imagino que de día casi no entrará luz gracias a que las enormes ventanas están la mayoría el tiempo tapadas por gruesas cortinas. Todo está medianamente ordenado, porque sigue teniendo una mucama que la visita dos veces al día, pero el suelo de alfombra está repleto de libros y hojas de papel escritas. Las paredes, que solían ser de color lila, ahora tienen pintadas distintas frases poéticas o dibujos, que al parecer la propia Fiona ha hecho para matar el tiempo que pasa encerrada.
Comprendo que mientras yo, todas estas semanas, anduve jugando a la princesa en el castillo, ella se las pasó sufriendo con su enfermedad —que todavía no me queda claro qué es porque nunca me lo dijeron—, mientras sus padres “solucionan” el problema contratándome a mí en lugar de un profesional (psiquiatra o algo) que sepa ayudarla.
Frente a mí, en una mesa ratona, hay una bandeja con algunas sobras del almuerzo. Fiona se hinca de rodillas en el suelo de alfombra, toma una porción, y se acurruca ahí mismo para comerla, en vez de sentarse a mi lado. Manías raras.
—¿Qué pasa? —pregunto, impaciente.
—¿Qué hacías hace un rato con Samuel? —Tardo unos segundos en comprender que habla de Sam.
Arqueo las cejas.
—Sólo fuimos a pasear por la ciudad. ¿Qué tiene de malo?
—¿Crees que soy estúpida? —me espeta, y tira su voluminosa melena castaña hacia atrás—. Ya sé que te gusta, nos pasa a todas con un chico tan lindo y simpático con él, y por eso mismo es que te tendré que ordenar que no lo vuelvas a ver.
Me alejo un poco, indignada. ¡¿Por qué ella tiene que decirme qué hacer y qué no hacer?! De eso se encargan sus padres.
—¿Perdón? —gruño.
—Mira, te estoy haciendo un favor. Si lo sigues viendo y te haces la falsa idea de que siente cosas por ti, debes saber que en realidad es conmigo la cosa. Siempre nos gustamos, y no voy a dejar que te entrometas en lo nuestro.
—¿Lo “nuestro” dijiste? —No puedo evitar levantar el tono de voz—. ¡Pero si no se ven hace muchísimo tiempo y no lo harían si no fuera por mí!
—¡No lo hicimos! ¿Te estás escuchando? No confundas mi identidad con la tuya, querida, porque yo seré la “loca”, como sé que me llaman todos…
—Nadie te llama así —le interrumpo llena de furia.
—…pero por lo menos no tengo que vivir toda esta mentira, y preocuparme por lo que es real y lo que no —arrastra sus palabras maliciosamente, claramente tratando de herirme—. Algún día vas a tener que acabar con toda esta ridiculez que inventaron mis padres, y Sam se va a enterar de que lo engañaste, no creo que eso le agrade. Y yo podría comentarle acerca de esto incluso antes de que llegue ese momento, a menos que me hagas caso y dejes de verlo.
Trago saliva, y tiemblo de la rabia. Sin previo aviso, me levanto de un salto y me voy de la habitación, ya no la quiero escuchar más.
Escucho un grito de la joven, insultándome a mí y a todo el mundo. Luego pasos, cada vez más cercanos, hasta que caigo en la cuenta y me aparto rápidamente: uno de sus libros atraviesa el pasillo y choca contra la pared con brusquedad, justo en el lugar donde estaba yo hace una milésima de segundo. Junto a varios integrantes de la familia y del personal que corren a ver qué rayos sucede, nos quedamos estupefactos, mirándola con horror. Luego, Fiona vuelve a su habitación y cierra de un portazo.
Gruesas lágrimas comienzan a rodar por mis mejillas. Me dirijo a mi alcoba, tomo algu-nas de mis cosas y me apresuro a salir de esa casa, en busca de las personas que en verdad considero familia: mis amigos.

***

—¿Dónde te habías metido, Bilbo Bolsón? —Santana extiende sus brazos, se acerca, y me rodea con ellos—. Ya comenzaba a extrañarte.
Después de todo, su insulto me molesta menos que los “Raquel” de la señora Martins, así que le devuelvo el abrazo. Me excuso diciendo que anduve dejando currículos a lo loco.
—Eso es mentira —suelta mi amiga Mercedes desde la cocina—. Hoy con Blaine te vi-mos en el Times Square con un blanco, em… rubio y con una boca enorme.
—Sí, Rach, ¿por qué no nos dijiste que sales con él? —pregunta Blaine, que está mirando un partido de fútbol mientras Kurt, a su lado, lee la revista VOGUE.
Ok, me agarraron desprevenida. Ahora entiendo lo que querían decirme los Martins cuando me llamaron “irresponsable”, ¡hasta mis amigos me vieron con Sam! Me duele tener que mentirles a ellos también, porque ahora mismo en verdad desearía contarles todo lo que me está pasando, pero creo que eso sólo podré hacerlo con Kurt.
—¡No estoy saliendo con nadie! —aclaro—. Sólo es un conocido, nada importante. —De todos modos, no planeo verlo en mucho tiempo después de lo que pasó con Fiona.
C’mon girl —Mercedes se ríe de forma fingida (“fingida”, ya no me gusta emplear palabras como esa desde que tengo que fingir ser alguien más)—. Si parecías tan contenta que nosotros no nos animamos a saludarte.
También hago de cuenta que me estoy riendo y procuro no contestar a ninguna pregunta más, por las dudas. Le pregunto a Blaine, que parece estar muy entretenido besando los labios de Kurt, si puedo llevarme un minuto a su novio para hablarle de algo importante.
Ellos voltean hacia mí, y sueltan una risita tonta.
—Lo que Barbra diga —sonríe Blaine.
Nos alejamos un poco, y subimos a la habitación de Mercedes, donde nadie nos escuchará. Apenas escucho el clic de la puerta al cerrarse, me largo a llorar desconsoladamente. Me arrojo a los brazos de mi amigo, y él al principio parece confundido, pero después me da unas palmaditas de consuelo.
—Rachel… ¡Rachel! ¡Cálmate! —dice después de un rato—. Por favor, dime qué pasa.
El que alguien por fin me llame por mi verdadero nombre hace que trate de tranquilizarme. Me seco las lágrimas, y, todavía angustiada, le explico entre gimoteos lo que sucedió.
—Oh… —susurra Kurt—, bueno, sabías que la chica esta no se encuentra muy bien. Sólo trata de ignorarla, ¿quieres?
Pero sus palabras no sirven de nada, porque yo sé que no podré hacerlo, ya que ella siempre está observando, aunque no se note, lo que hago y no me dejará en paz hasta volverme igual de loca de lo que ella está. Por un momento, siento extrema furia por haberme metido en este lío, y se lo demuestro a Kurt.
—¡Todo esto es tu culpa! —exclamo señalándolo con el dedo índice—, yo no estaba segura de todo esto y tú fuiste el que insistió en que aceptara la oferta.
—Rach, yo sólo creí que el dinero sería bueno para…
—¡Qué importa el dinero! ¡Me pagan por convivir con una desquiciada que hoy trató de matarme sólo porque salí un rato con el chico del que está enamorada! Y todos en esa familia son raros, tienen cosas que no me cierran, y que no me gustan nada.
Kurt me hace sentar en la cama de Mercedes y me da nuevamente unas palmaditas en la espalda. Me pide que inhale y exhale varias veces para volver a calmarme, y al final lo logro.
—Lo siento —susurro—. Es que todo esto me tiene tan confundida. Quizás ella tiene razón, quizás creí que en serio le caía bien a Sam, cuando en realidad él pensaba que se trataba de su vieja amiga. Quizás el señor Martins debería despedirme, y se podría sacar un problema de encima, porque estoy poniendo a su hija peor que nunca, y la realidad es que no puedo estar condenada a vivir la vida de otra persona para siempre. ¿Qué debo hacer, Kurt? Todo esto apenas empieza, dímelo, ¿qué se supone que debo hacer?
Mi amigo se toma su tiempo para formular una buena respuesta, y, finalmente, vuelve a abrazarme fuerte, para luego tomarme por la barbilla delicadamente y decirme:
—Escúchame bien, deja de llorar como una niñita y escúchame: Tú eres Rachel Berry, y por eso no vas a dejar que un par de millonarios locos te hagan sentir así. Hoy, vas a dormir aquí, ya que Mercedes y yo organizamos una pijamada que Santana juró que sabotearía invitando a una chica para tener sexo "salvaje y ruidoso", según sus palabras, pero nosotros no lo permitiremos. Y mañana, vas a volver a esa famosa mansión de la que tanto hablas, vas a entrar a paso decidido, y vas a demostrarle a esa Fiona Martins, que vas a lograr tu propósito cueste lo que cueste. Porque no conozco a nadie, repito, nadie igual a Rachel Berry, que nunca se dio ni dará por vencida, y no quiero que se me caiga un ídolo. ¿Entendiste?
Muevo frenéticamente la cabeza de arriba hacia abajo. Voy al baño de Mercedes para lavarme la cara y, aprovechando mi talento, disfrazo mis recientes lágrimas con una sonrisa. Bajamos a la sala y el ruido de la televisión y las voces de los chicos vuelven. Escucho algunos gritos.
—¡Ya llamé a mi “amiga”, como te gusta llamarla, y sí vendrá! ¡Yo también pago la renta de este departamento y tengo derecho a tomar decisiones! —Santana levanta el dedo índice y lo sacude, tratando de imponer respeto—. ¿Una pijama, en serio? ¿Qué es esto? ¿La secundaria? ¿Una película porno lésbica? ¡Ya son gente adulta, maduren!
—¡Estos últimos dos meses no pusiste un centavo! Y con Kurt organizamos todo esto hace rato, ¡no vengas a hacer escándalo ahora! —responde Mercedes—. ¡Esta pijamada se lle-vará a cabo!
—¡¡Sobre mi cadáver!! —aúlla la latina.
Kurt, Blaine y yo contenemos la risa. Se siente bien estar de vuelta con mis amigos, aunque sean tan ruidosos.
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Blainey Days el Mar Abr 29, 2014 1:21 pm


Oh, Rayos! La escapada con Sam tubo sus consecuencias y si al menos no se quedó sin trabajo, Fiona ha sacado las garras :( ¡Y le ha amenazado! ¿Que hará Rach a partir de esto? Por lo menos tiene a Kurt y a sus amigos. Ojalá no se le ponga difícil la cosa y tenga algo de felicidad su vida. Pero esta aventura en la que se metió obviamente no sería tan fácil como parece. Espero tu actualización ¡Estoy fascinada por esta historia!
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Julietta St. James el Miér Abr 30, 2014 8:48 pm

Ash! Me había perdido de tu actualización Belen :S Pero no importa que ya leí el capitulo (: A mi no me parece tan malo que Rachel haya salido con Sam; Si supieran que él estaba encantado :3 Jaa! Gracias al cielo no corrieron a la Raquel xd Como sea,  odie a Fiona, quien se cree ella para reclamar a Sam Dx Y para enfrentarse a la pobre Rachel; Ojala salga de etso sana y salva, aunque no se bien como le vaya a hacer. Ame el momento HummelBerry. Kurt siempre tan buen amigo♡ Espero el proximo capitulo con ansias :D Saludos! 
PD: Morí con los diálogos de Santana  -Bilbo Bolson- Jajajajaja y su -Sexo salvaje y ruidoso- Jajajaja xD

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Bas Smythe el Vie Mayo 23, 2014 4:10 am

No soy psicópata ni nada por el estilo. Pero una de las razones por la cuál me registré en el foro era para comentar mis fics favoritos y este es uno de ellos. La verdad me gusta tu forma de escribir y que Rachel sea la protagonista de esta historia me gusta aún más. Me llamo Sebastián (si, igual que el personaje de Glee) y soy nuevo. Espero quieras continuar con la historia ¿síiiiiiiii?

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Sáb Mayo 24, 2014 12:03 am


Hola :)
Para empezar, quiero pedirles disculpas por haber pasado casi un mes sin actualizar. Mi excusa es que no tengo mucho tiempo para escribir (con decirles que recién ayer pude ver el último capítulo de la temporada cuando usualmente lo hago al día siguiente del estreno). El colegio y algunas cosas más me mantuvieron bastante ocupada. ¡Veo si en estos días puedo subir el capítulo 5!
Lo siguiente que quiero decir es que, como siempre, me siento muy agradecida por sus comentarios No saben la cantidad de sonrisas que me sacan, porque no serán muchos lectores pero siempre tienen buena onda y eso para mí es más que suficiente.
Sebas, como ya te escribí en tu post de presentación, tu comentario me dejó casi sin palabras. ¡Me siento genial gracias a él! Te lo agradezco mucho, y espero que puedas disfrutar del resto del Fic.
Creo que no tengo nada más para decir, jaja. ¡Saludos!
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Dom Mayo 25, 2014 3:00 pm


Capítulo 5:
Sam me toma de la mano y me hace subir a un espacioso escenario, en el que únicamente hay una centelleante luz de reflector en el centro. Miro mis pies, que por alguna extraña razón están desnudos, mientras, paso a paso, escalo los cuatro escalones que separan el suelo del escenario.
Él toma una guitarra acústica y comienza a tocar unos armoniosos acordes: me mira con una expresión que, indudablemente, me invita a acompañarlo.
Me ubico justo debajo del reflector, y miro hacia el auditorio, donde un silencioso e inexistente público ha de admirarme. Abro la boca para cantar una de mis mejores baladas, pero nada sale de ella, ni el menor sonido. Entro en pánico, y noto que Sam pone cara de desaprobación.
—¿Por qué me haces esto? —pregunta sacudiendo la cabeza de un lado al otro.
—¿Hacer qué?
—¿Por qué no quieres hacer esto conmigo? ¿Por qué me ignoras? Sólo quiero cantar.
Noto como empiezan a brotar mis lágrimas.
—¡No es que no quiera! —exclamo conmocionada—. ¡Es que no puedo! ¡No puedo, Sam! ¡No puedo!
Clava sus ojos apenados en los míos. Empieza a alejarse lentamente, hasta que la luz del reflector ya no lo alcanza y se sumerge en la oscuridad. Intento desesperadamente cantar, pero no puedo, por nada del mundo puedo. Lo estoy perdiendo, decido ir por él. Pero, sorpresa: Ahora tampoco puedo moverme de mi lugar. Es como si una persona invisible tirara de mis pies descalzos. Los pasos de Sam son cada vez más lejanos, hasta convertirse en un susurro.  
Abatida, entierro mi cara en mis manos, y la luz del reflector se apaga.
Pego un salto y suelto un gritito. Estoy empapada de sudor, y un intenso dolor se extiende desde mi cabeza hasta la espalda. La luz de la luna entra por un estrecho espacio descubierto entre las cortinas, y reina el silencio.
Supongo que mi chillido ha sido bastante fuerte, pero nadie acude en mi ayuda, porque mi vecina, Fiona, quien duerme en la habitación contigua, suele dar escandalosos gritos entre sueños, y uno termina acostumbrándose.
Esta ha sido una de las peores pesadillas que tuve en los últimos tiempos, y estoy segura de que se debe a una fiebre. Me dirijo a mi baño y abro puertas y cajones del mueble, buscando algo que me venga bien. Por fin encuentro una canasta que contiene jeringas, vendas, ansiolíticos, un termómetro y algunas aspirinas. Me tomo la temperatura y, en efecto, ardo de fiebre. Una pastilla seguramente me hará bien, pero también mojo con agua fría algunos paños, y los apoyo en mi frente al volver a acostarme.
Estoy helada, por lo que me cubro hasta el cuello con la mayor cantidad de frazadas posibles —conté cuatro—.
Me cuesta volver a conciliar el sueño, ya que esa pesadilla ha dejado muchas cosas rondando por mi abarrotada mente: entendí perfectamente la razón por la que Sam me decía que lo ignoraba, y es porque en realidad lo estoy haciendo. Desde la amenaza de mi querida y simpatiquísima doble, Fiona, no me atrevo a responder a ninguno de sus mensajes o llamados. Me limito a escuchar sus correos de voz, en los que ha empezado preguntándome por qué no contestaba, preocupado, para luego casi suplicarme que lo haga, y finalmente hablando en un tono duro, claramente ofendido.
Veo que te gusta esto de desaparecerte de repente. Y yo que creía haber recuperado a mi mejor amiga”. Ese fue su último mensaje, enviado hace poco más de una semana.
Le hice caso a Kurt y no me di por vencida, sino que ahora trato de que los Martins me tengan más respeto. Sin mí, no sabrían qué hacer, ¿verdad? Entonces no tendría que sufrir más haciendo mi trabajo. Pero eso no quiere decir que no siga temiendo a lo que podría pasar si volviera a ver a Sam.
Seguramente todo este asunto debía dolerle más a él que a mí, pero no creí llegar a soñarlo. Me ha dejado muy angustiada, y los esfuerzos que tuve que hacer para mantenerme al margen de la relación Fiona-Sam han sido inmensos.
Después de quince minutos, cambio el paño, y creo sentir una leve mejora. Pero sigo sin poder dormir. Pasa media hora, y está a punto de ser otra más cuando me pongo a pensar en que realmente extraño a Sam. Aunque sólo pasé una tarde con él, lo que tuvimos fue algo especial. Me gustó ir conociéndolo de a poco, y creo que en su caso también fue así, porque se sorprendía de todo lo que le decía, y se sentía interesado por cada parte de mí, como si fuera una desconocida, porque eso es lo que soy, aunque él no lo sepa.
Y me pregunto a mí misma: ¿qué pasa si no le hago caso a las advertencias de Fiona y sigo adelante con Sam? En secreto, claro. Quizás sea sólo un capricho mío, pero cuando quiero algo tengo que obtenerlo, sí o sí. Y esta vez se trata de Sam Evans.
Arrastro la mano por la mesa de luz de la derecha, buscando a tientas el móvil. Cuando por fin lo tomo, me apresuro a escribirle un mensaje, preguntándole cómo está.
Un poco más tranquila, logro cerrar los ojos y, en algún momento que desconozco, dormirme.
Despierto con el canto de los pájaros, y ahora el espacio entre las cortinas deja entrar un delgado rayo de sol. Anoche, recuerdo haberme sentido mucho mejor después de tomar una aspirina, pero ahora, nuevamente, la fiebre está haciendo efecto. Y de forma bastante intensa: los mareados me tienen algo atontada.
Miro mi móvil arrojado al pie de la cama, encima de la ropa que usé ayer y que dejé ahí al no tener ganas de acomodarla en el armario. Levanto mi torso y me estiro para alcanzarlo, y esto, al parecer, me supone bastante esfuerzo. Realmente me siento mal.
Inserto la contraseña para desbloquear la pantalla y me encuentro con un mensaje nuevo de Sam.
Entonces… ¿estás viva?
Sonrío, decidida a lograr que las cosas vuelvan a estar bien entre nosotros. Tecleo de forma fugaz una respuesta.
Reviví, ¿qué te parece?
Al cabo de unos minutos, el aparato comienza a vibrar. Complacida, respondo a su llamado.
—¿Hola? —Al oír mi voz pego un salto del susto: parece que fuera un zombie.
Seguramente Sam también lo notó, porque antes de devolverme el saludo hay una larga pausa.
—Eh, ¿qué te pasa? —pregunta en tono preocupado.
—No me siento muy bien que digamos —Rachel la zombie ataca de nuevo. Aclaro mi garganta antes de proseguir—. Ahora tomaré algo con la esperanza de mejorar un poco.
—Entiendo.
Otra pausa.
—Lamento no haber respondido a tus mensajes, es que…
—¿A qué se debe tanto cambio? —me interrumpe—. Comprendo que no quieras saber nada más sobre mí, que soy cosa del pasado, pero me lo hubieses dicho el día que fuimos a Times Square. Después de tanta plática, de tantas risas, de haber compartido Broadway, de haber cantado delante de todo el mundo sólo porque yo te lo pedí, creí haberte recuperado. Pero luego, repentinamente, ¿te vuelves incapaz de volver a hablar conmigo? No lo entiendo. Y ahora, como si nada, me envías un mensaje de texto preguntándome cómo estoy.
Sus palabras corren de forma tan veloz que no me da oportunidad de hablar. Termina con un largo suspiro para poder calmarse.
—Ya lo sé —respondo con voz ahogada—, y en serio lo lamento. Tienes toda la razón, pero realmente nunca quise que te sientas así. En realidad, en cierta forma no podía devolverte los llamados. Me… —invento una excusa rápidamente—, ...me estuve sintiendo fatal por diferentes razones, y no quería agobiarte con mis problemas. Pero anoche comprendí que te necesito.
Esas últimas dos palabras resuenan en mi cabeza. Lo dije sin pensar, pero es la realidad: lo necesito. Es raro, porque es un chico que acabo de conocer, y sin embargo a cada rato se me vienen a la mente su nombre, sus ojos, su boca… no puedo aguantar un segundo más sin verlo cara a cara.
—¿Ya te tomaste tu aspirina? —Me sorprende que cambie de tema de manera tan repentina.
De todas maneras, ¿en que momento podría haberlo hecho? Estuve manteniendo la llamada telefónica con él.
—Mmm… no, claro que no.
Me levanto y amago a ir hacia el baño, pero me siento extremadamente débil. Como si mi cuerpo estuviese vacío, como si flotara. Cada paso me supone una sensación espantosa, y termino rendida en la cama otra vez. Miro hacia la puerta que tengo a mi derecha: detrás de ella, hay un cuarto de baño con mis preciadas aspirinas, pero parece un punto muy, muy, muy lejano, aunque, en el fondo, yo sé que se trata de unos pocos metros.
—Estoy tan mal que soy incapaz de ir a buscarlas. Creo que no me voy a mover de esta cama en todo el día, por lo menos.
Escucho que suelta una risita pícara.
—Entonces tendré que entregártelas yo mismo.
—Pero, ¿qué dices? Si estás a más de media hora de aquí, en pleno centro de la ciudad —respondo con un aire un tanto severo.
Una tercera pausa, y caigo en la cuenta de a qué se refiere.
—Oh, espera, ¿quieres decir que…?
—Que ya mismo voy a verte, Fiona Martins. Porque alguien va a tener que cuidarte.
Una sonrisa se dibuja en mi rostro. ¿En serio vendrá? ¡Sí! Qué felicidad, él ven… momento, ¡ÉL VENDRÁ! Oh no, se supone que no debo verlo más.
—¡No, no, no! ¡No puedes! —comienzo a decir histéricamente.
—¿Por qué? —dice Sam en un tono serio.
—Porque… ¿qué tal si es algo peor de lo que creo? ¿Qué tal si es contagioso?
Suelta otra risa y escucho algunos ruidos de fondo. La calle.
—No me interesa. Ya estoy afuera, nos vemos en un rato.
Finaliza la llamada, y me quedo mirando al móvil boquiabierta. ¿Y ahora qué hago?
Estiro el brazo —Oh, por Dios, voy a morir— y hago un llamado a la recepción. Una de las mucamas responde con apuro y le pregunto quién se encuentra en casa. Me responde que el señor Martins ha ido a una reunión de negocios con su socia, Sara, como de costumbre, y Stella está en el estudio de televisión. Por otra parte, la hermana menor de Fiona, Sathya, se encuentra en el instituto. Entonces la única que está aquí es mi doble, como ya me había imaginado.
Le pido amablemente a la mucama que, cuando escuche el timbre, sea especialmente ella la que reciba al invitado, y que por favor no se lo diga a nadie o asegure que se trataba del correo si le llegan a preguntar. Después, que él se dirija derecho a mi habitación.
Duda un poco, pero al final me dice que está bien.
Un poco más tranquila, sonrío de manera triunfal. Y mientras espero a que llegue Sam, reúno todas mis fuerzas para tomar mi portacosméticos. Pongo el espejo frente a mí y comienzo a peinarme lo mejor que puedo. También uso algo de maquillaje para tapar las ojeras. Luego me cambio y me pongo unos leggins con una camiseta larga. Aún estando enferma, quiero lucir bien.
Al cabo de un rato escucho el sonido del timbre: ya está aquí. No hay signos de que Fiona reaccione a esto, porque no escucho nada. Ruego que no haya estado mirando por su ventana, porque eso significaría que vio a Sam llegar, y que estoy condenada a muerte.
Alguien toca a la puerta, y, con mi voz hecha polvo, pido que pasen.
Sam entra con su sonrisa encantadora de siempre y siento que el alma se me cae a los pies: tiene un ramo de flores de todos los colores en la mano. Me lo entrega y yo huelo el aroma: es la perfección pura.
—Me encantan, muchas gracias.
Se sienta al pie de mi cama y me muestra que trajo algo más: un DVD.
—¡Grease! —exclamo.
—Sí, es como mi placer culpable o algo así.
Suelto una carcajada y le pido que lo inserte en mi computadora. Me acurruco entre las sábanas mientras Sam me alcanza un vaso de agua y una pastilla, a la vez que me pone algunos paños fríos sobre la frente, tal como le indiqué. Acto seguido, se tiende a mi lado y nos ponemos a ver el largometraje. No puedo evitar imaginarnos a nosotros dos como Danny y Sandy, los protagonistas.
Hasta nos ponemos a cantar, aunque mi situación es bastante patética, claro, debido a mi voz. Sin embargo, logramos una versión de ‘Summer Nights’ bastante buena. Y, cuando termina, no puedo sentirme más a gusto. Creo que la fiebre, por el momento, se me pasó.
Estuvimos riéndonos a más no poder, y varias veces tuve que callarlo para que Fiona no lo escuchara. Entonces, reina el silencio.
Sam pasa su mano suavemente por mi mejilla, mirándome directo a los ojos. Sus caricias me vuelven loca. Yo me quedo inmóvil, sin saber muy bien qué hacer. Se inclina hacia mí y nuestros rostros quedan a escasos centímetros uno del otro, hasta que las puntas de nuestras narices se chocan. Me siento vulnerable e incapaz de hacer o decir algo, en parte por mi estado, aunque sé que de esto no puede salir nada bien…
Me besa una vez, y otra, y otra más. Entonces, aparto la cara y miro al piso.
—Puede ser contagioso, ya te lo dije…
—Y yo ya te dije que no me interesa —susurra.
Vuelve a besarme, y yo lo vuelvo a apartar, pero esta vez de forma mucho más brusca. Porque escucho pasos, alguien se acerca. Decididamente, estoy a punto de ser descubierta.
No sé de dónde saco las fuerzas necesarias para empujar a Sam y tirarlo de la cama. Se oye un golpe seco y un quejido.
—Pero, ¿qué cara…?
—¡Shhh! —Con una mano vuelvo a empujarlo y me aseguro de que no se mueva del piso, donde está oculto por la cama—. ¡Quédate ahí mismo!
La puerta se abre y veo a Sathya Martins enfundada en su uniforme escolar asomar la cabeza con expresión de extrañeza. ¿Cuándo llegó a casa? ¿Qué hora es? No entiendo nada.
—¿Rachel?
—¡Ho-hola! —balbuceo con exagerado entusiasmo.
Recorre la habitación con la mirada y frunce el ceño.
—¿Estás con alguien? —pregunta.
Suelto una risita nerviosa.
—No, ¿qué te hace pensar eso?
—Me pareció escuchar una voz masculina.
Mi mente trabaja a toda máquina para formular una respuesta creíble.
—Es que estoy viendo una película —Señalo la computadora que todavía tengo sobre mi regazo—. ¡Grease! Me parece que era a John Travolta a quien escuchabas.
—Ah… —Noto que sus ojos se posan en mi mesa de luz—. ¿Y esas flores?
Volteo hacia el ramo que me acaba de regalar Sam. Suelto otra risita nerviosa.
—Son unas que me regaló mi amigo, Kurt, al enterarse de que estoy enferma.
—¡¿Él sabe que vives aquí?! —La pequeña se horroriza.
Y yo también lo hago al caer en la cuenta del error que acabo de cometer.
—¡No, no! —aclaro apresuradamente, y sigo mintiendo—. Me preguntó dónde trabajaba y le di esta dirección, pero le pedí que no viniera ni nada por el estilo.
Su expresión muestra alivio.
—Bueno, mejórate —cierra la puerta.
Y apenas lo hace, Sam reaparece de un salto de su escondite. Me dejo caer nuevamente en la cama, exhausta de pasar tantos nervios. Pero, después de salir de un interrogatorio, se aproxima otro. Sam ya no tiene esa cara de galán de hace unos momentos, sino que frunce el ceño y se nota que su mente está desbordante de dudas. Me preparo para, una vez más, mentirle olímpicamente, que al parecer es lo único que sé hacer últimamente.
—¿Por qué te llamó Rachel?
—Es un apodo que me dio ella en broma y ahora acostumbró a usarlo. Dice que es porque me parezco mucho a Rachel Green, de Friends.
Sí, claro.
—¿Y quién es Kurt?
—Es un amigo cercano, no lo conoces.
Arquea una ceja, claramente poco convencido.
—¿Y si es tan cercano por qué no puede saber que vives aquí?
—Porque está un tanto enamorado de mi hermanita y ella no quiere saber nada con él, ni menos mis padres. Es mucho mayor que ella, ¿sabes? Pero es un gran chico.
¡Já! Pero si Kurt está lejos de ser un pedófilo heterosexual. Me sorprende a mí misma cómo he aprendido a formular engaños: yo simplemente digo las primeras cosas que se me pasan por la mente, aunque sean un tanto rebuscadas.
—Y por último, pero no menos importante… ¿por qué no pueden verme contigo?
Uh, ésta se puso difícil. Las palabras salen de mi boca antes de que incluso las llegara a pensar:
—Porque tengo novio.
¡¿QUÉ?!

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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Bas Smythe el Dom Mayo 25, 2014 6:40 pm

¡Que quieres que diga! Esta historia está hecha para ir a la pantalla grande. Tu narración y como haces que un hecho tan sencillo sea tan grato de leer. Que bueno que continúes con esta historia, aquí estaré pendiente de tu actualización. Aún si tardas un año en actualizar. Amo a Rachel y me encata que seas capaz de mantener su esencia aún cuando esta historia no tiene que ver con la trama de Glee. ¿Y no tienes más historias? Porque en serio, leería todo lo que quisieras escribir :)

PD: ¿Puedo agregarte a facebook? ^^


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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Blainey Days el Sáb Jun 07, 2014 6:39 pm


Hola<3 Primero que todo, lamento la demora en mi comentario. No pienses que he abandonado este fic. Amo de sobra tu forma de escribir y como haces que tu historia combre vida en mi cabeza. Y bueno: Samchel! Me robaron el corazón, amé a Sam en este cap. Y bueno ¿Cómo eso de que Rachel tiene novio? ¿AH? ¿Quién? ¡En que estaba pensando Rachel! OMG! ¿Quién se hará pasar por el novio de Rach? Esto de que una mentira arrastre otra... es ta cierto xD ¡Espero tu actualización!
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Mensaje por Julietta St. James el Mar Jun 17, 2014 9:07 pm

Ay Belen! *0* Me has hecho latir el corazón; Ando simple, pero es que la escena Samchel fue tan asdfghjkl♡ romántica :3 Amo, mucho, mucho, tu forma de escribir; Juro que me imagino cada parte a la perfección y es tan *-* Y luego la Raquel tan despistada; Como se le ocurre inventar todas esas cosas z; Va a terminar mal parada, yo lo se, o lo sospecho. Que no pierda a Sam, por favor, y que no tenga problemas con la Fiona esa @: Espero tu actualización, porque estoy super picada; Te estaré leyendo. Besos

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Mensaje por andersmythe el Lun Jul 28, 2014 1:51 pm


A ver, leí un OS tuyo porque soy fanática de Sebastián Smythe y bueno, apericio una historia  tuya en la zona de OS, luego vi en tu perfil que tenías este fic y dijo "debo leerlo ya" porque bueno, es Rachel, y no solo Rachel, sino que ¡Rachel y Sam! una pareja de las que me podrían gustar. La cosa es que me puse a leer y no he podido parar hasta ponerme al día con toda tu historia. No sé de donde saliste pero tu narración es impresionante, siempre he batallado por escribir en primera persona, pero no me sale y oh my glee, a ti te sale tan natural.Y la idea, la trama y el desarrollo hasta ahora ¡wow!

PD: Enseñame a escribir en primera persona ¿No? Vale, no entonces :(
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Activo Re: ♥ FIC Rachel: 'Juego Doble' ♥ [CAPÍTULO 5]

Mensaje por Beluee el Sáb Ago 16, 2014 4:58 am


Eh... hola.

*Se prepara para la lluvia de palos y antorchas con fuego que le tiran por no actualizar nunca más(?*

¿Qué tal, chicos? Bueno, la verdad yo quería disculparme por haber dejado el Fic en la nada tan de repente, hace ya bastante tiempo había escrito algo pero no lo finalicé, y de repente ya había pasado más de dos meses desde mi última actualización. ¡¡Perdón!!

No les quiero prometer que ahora voy a remontar este asunto y subir capítulos cuanto antes, porque no sé si será así, realmente ni siquiera estoy entrando tan seguido como antes al foro en sí, sólo quizás cada un tiempo para comentar alguna cosa.

Leí sus últimos comentarios y la verdad que, como siempre, me llenaron el alma (♡). De verdad, ya son varias ocasiones en las que me dicen que les gusta mi narración en primera persona y yo les juro que no soy tan consciente de cuán buena o mala podría ser si no fuese por los lectores. Por eso aprecio mucho sus palabras y bueno, ahora quizás ya todos se perdieron por ahí, como yo, ¿no?

Por ahora no aseguro ninguna actualización prontito, porque primero quiero escribir y tener material para poder avisarles qué onda. Pero bueno, sólo quería mantenerlos informados acerca de la situación actual (?

Nuevamente pido disculpas y les deseo lo mejor a todos.

♡ ¡Saludos! ♡
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