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FanFic Klaine - El chico de los CDs (Adaptación)

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Activo FanFic Klaine - El chico de los CDs (Adaptación)

Mensaje por GleeShipp el Vie Ago 07, 2015 11:44 pm

Esta novela es adaptada para la pagina de fb: GLEESHIPP. Tal vez los que usen wattpad la conozcan. Espero que les guste tanto como a mi.
Creditos: HeHasBlueEyes



Capitulo 1

-Kurt, hijo, debes levantarte. Es tarde

Se escuchó una voz femenina adentrándose en la habitación a oscuras. Seguidamente abrió las cortinas y un poco las ventanas. El chico se revolvió en su cama quejumbroso, cubriéndose con las mantas por encima de su cabeza.

-Kurt, por favor. El chico hizo caso omiso. Su madre suspiró, se acercó hasta él y depositó su suave beso en su cabeza por encima de las frazadas. Eran mediados de los noventa. Las calles de Inglaterra estaban cubiertas por una vasta niebla aquel otoño. Carole se encontraba en la cocina preparando el desayuno para su hijo. Kurt era un chico especial. Había sido diagnosticado desde pequeño con un trastorno generalizado del desarrollo no especificado. Es una especie de enfermedad que afecta el poder socializar correctamente con las personas. Ya sea dificultando el desenvolvimiento verbal con otros o carecer de la habilidad de hacer interactuar fácilmente con la gente. Todo en su cabeza se encontraba bien. No tenía ningún tipo de problema cognitivo. No era un genio ni un estúpido. Su cerebro era el de un niño normal. La persona más allegada a él, su madre, era con quien más palabras intercambiaban. Cualquier tipo de contacto humano que no fuera ella lo ponía nervioso.

Había sufrido un ataque de pánico en la escuela cuando era pequeño, los maestros y sus compañeros se asustaron mucho y no tenían idea de cómo contenerlo, no fue hasta que su madre llegó al establecimiento cuando finalmente logró calmarlo. Desde aquel día, sus padres decidieron que estudiaría en casa con una persona de confianza, sin exponerse a tanta gente a su alrededor que pudiera sofocarlo. Ningún especialista había sido capaz de decirle con precisión si Kurt dejaría de ser así en algún momento de su vida. Pero ella no perdía la esperanza.
Oyó los pasos del chico bajando las escaleras y se volteó ocultando algo tras su espalda. El adolescente de dieciséis años entró en la cocina lentamente vistiendo su pijama a rayas, con sus rulos alborotados y frotando uno de sus ojos con su puño.

-Hola corazón. ¿Qué tal dormiste? –preguntó en un tono dulce mientras servía las cosas en la mesa. El chico sólo se encogió de hombros, sin ser grosero, y tomó asiento.Era jueves, Kurt tenía clases particulares en el living de su casa de lunes a jueves con una mujer muy agradable llamada Holly. Ella era la instructora de Kurt desde hacía años, estaba acostumbrada a su comportamiento y él podía confiar en ella.

Los viernes tenía cita con su psicóloga. No pasaba tanto tiempo con esa mujer como lo hacía con Holly. No habían formado un vínculo afectuoso entre ellos, entonces su conversación era más reducida. Los sábados eran sus días libres. Su madre no le exigía absolutamente nada los sábados. Podía dormir hasta la hora que quisiera e invertir su tiempo como le diera la gana.
Los domingos eran los días menos favoritos de Kurt. Su familia se reunía en casa de sus abuelos a almorzar juntos. Iban sus tíos y sus primos y él tenía que soportar ese contacto humano durante un par de interminables horas. Los jueves tenía clases de matemáticas. Odiaba las matemáticas. No era malo en ellas, simplemente no eran de su agrado y Carole lo sabía perfectamente. Entonces siempre buscaba la forma de compensarlo, ya sea con su comida favorita o algún presente.
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Mensaje por Gabriela Cruz el Sáb Ago 08, 2015 3:05 am

Se ve interesante, espero el próximo capítulo.
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Mensaje por GleeShipp el Mar Ago 11, 2015 3:14 pm

Capitulo 2

—Kurt–llamó suavemente haciendo que el aludido dejara de comer y se fijara en ella tengo algo para ti pero el chico, como la mayor parte del tiempo, tenía una mirada inexpresiva. La mujer sacó sus brazos de atrás de su espalda y le mostró que en sus manos sostenía un CD de música que Kurt quería. Se lo tendió y él lo tomó observándolo detenidamente, admirando cada detalle, como con cada regalo que su madre le obsequiaba.
—Es el que querías ¿Verdad? –Él asintió sin dejar de ver el objeto — ¿No hay nada que quieras decirme? Kurt dejó de observar el CD para verla a los ojos y luego de unos segundos finalmente dijo le dijo un simple 'gracias' con una muy diminuta sonrisa. Su madre sonrió ampliamente.
Kurt hablaba poco, entonces cada vez que lo hacía se sentía inmensamente feliz. —Bien. Iré a hacer las compras. Esmérate en la clase de hoy y tal vez cocine algo delicioso sólo para ti –le guiño un ojo. El chico sólo se limitó a asentir manteniendo aquella pequeña sonrisa, mientras veía como su madre abandonaba la cocina.
El viernes por la tarde había llegado el momento de estar una hora recostado en aquel diván. No era algo que le molestara. Era cómodo y Stella, su psicóloga siempre hacía su mejor esfuerzo para tratar de sacarle información a Kurt sin necesidad de bombardearlo con preguntas y hacer que se sintiera presionado. Ella hacía preguntas, él respondía la mayor parte con gestos corporales como encogerse de hombros y negar o asentir con la cabeza y ella anotaba todo en una libreta que siempre llevaba encima durante las sesiones. Pero a veces también respondía más ampliamente.
-Dime Kurt ¿Cómo van tus clases? ¿Algo que quieras comentar?
-Odio las fracciones –dijo al cabo de pensar durante varios segundos su respuesta.
-¿Pero logras entenderlas? –el asintió- Bien, no puede ser tan malo entonces. Las fracciones no han matado a nadie hasta el día de hoy. Y dime ¿Cuándo fue la última vez que saliste de tu casa? Sin contar las sesiones y las reuniones familiares.

Kurt esta vez meditó durante minutos. Él no había hecho amigos. No tenía lugares a los que le interesara ir. Entonces no hallaba motivos para salir de su hogar. Se limitó a negar con su cabeza. — ¿No? No lo recuerdas –preguntó la mujer — ¿Se debe a que fue hace mucho tiempo? –él asintió. -Bien. No hay nada de malo en eso. Uno siempre se siente a salvo del mundo exterior en su casa. Sin embargo deberías analizar la posibilidad de salir –el chico hizo una mueca con sus labios dejando en claro que la idea no lo emocionaba en lo más mínimo- Bien, esto es todo por hoy. Hablaré con tu madre y en unos minutos podrán irse.

La psicóloga se encargó de decirle ella misma a Carole que incentivara a Kurt a salir de su casa. Que lo hiciera hallar razones para querer hacerlo. Le explicó que un día ellos no estarían para él y necesitaría valerse por sí mismo. No necesitaba ser la gran cosa al principio. Sino ir progresando regularmente. Su madre lo comprendió y dijo que haría todo lo posible. Al otro día era sábado. Era la oportunidad perfecta para tratar de convencer a Harry de salir. -Kurt –lo llamó algo dudosa tratando de sonar casual. Él emitió un sonido sin dejar de comer, sólo para hacerle saber que la había oído- Iré al centro comercial en unos momentos ¿Te gustaría acompañarme?

Kurt la observó con el ceño fruncido. Definitivamente lo estaban subestimando, sabía perfectamente que la petición de su madre se debía seguramente a algo que su psicóloga le había dicho mientras platicaban a solas. Su pensamiento reflejo fue negarse, pero al ver el brillo en los ojos de su mamá, esperanzada de que aceptara, no pudo hacerlo. Ella deseaba que él pudiera llevar una vida común y corriente, no porque lo considerara una carga, sino porque quería lo mejor para él. Sabía que no sería obligado nunca a nada, y a veces incluso se aprovechaba un poco de eso. Pero esta vez pensó que se sentiría culpable si arruinaba su ilusión rechazando la invitación. Dudó y dudó, hasta que finalmente dio un largo suspiro. -Está bien –dijo a secas. Su madre sonrió feliz sin poder creerlo. Tuvo que contenerse para no comenzar a dar saltos a causa de la emoción. -¡Te compraré lo que quieras! ¡Gracias! ¡Muchas gracias! –decía exaltada.

Kurt desvió la mirada- Iré por mis cosas. Cuando se encontró solo comenzó a morder sus uñas. La ansiedad invadía su cuerpo y sentía su estómago ceñirse. Había aceptado salir de su casa. Y no se dirigían a un lugar precisamente tranquilo. Era un lugar repleto de gente. Kurt se cambió de ropa y subió al auto. Hacía mucho tiempo que no se encontraba tan intranquilo. Miles de posibilidades horribles rondaban en su cabeza. Aunque trataba de mantenerlas alejadas, éstas permanecían. Trataba de actuar lo más natural posible para no alarmar a su mamá.

Carole aparcó el vehículo en el estacionamiento y descendieron de él. El centro comercial estaba a sólo siete cuadras de donde vivían. Pero iban en auto para cargar todos los víveres y las compras en él. Kurt observaba el inmenso edificio con algo de pavor. Más bien, bastante. -¿Quieres que te tome la mano? –preguntó su mamá, pero él se negó. Kurt solía pensar a menudo que su madre lo veía como un niño en lugar de verlo como el adolescente que era.

Comenzaron a caminar hacia la entrada. Una vez adentro Kurt quedó anonadado. Veía todo lleno de curiosidad. Las luces, los comercios, la música proveniente de algún lugar, el bullicio. En verdad hacía mucho tiempo no salía de su casa. Se encontraba algo paranoico observando a cada persona que pasaba a su lado. A la defensiva. Vaya a saber uno de qué. Carole no había seguido avanzando. Estaba esperando que se acostumbrara al campo visual tan repleto de cosas. Tan complejo.

Luego de unos minutos Kurt comenzó a caminar lentamente, paso tras paso. Su madre sonrió y lo guió a la sección del enorme supermercado. Seguía los pasos de su mamá a paso de soldado, siempre firme tras su espalda, mientras recorrían las góndolas.

Algunas personas saludaban a Carole. Supuso que eran conocidos de hacer las compras y cruzarse repetidas veces. -¿Éste es tu hijo Kurt del que tanto hablas? –preguntó una señora bastante mayor mirando al chico. -Sí. Él es –dijo orgullosa. -Es más guapo aun en persona –la anciana tendió un brazo hacia él, tal vez para desordenar sus rulos pero Kurt abrió los ojos sorprendido y dio dos pasos hacia atrás, fuera del alcance. -Emm, es algo tímido –dijo rápidamente Carole interponiéndose entre su hijo y la señora- si nos disculpa, ya debemos irnos. Nos vemos seguramente la próxima semana, Inés. -Claro cariño. Un gusto conocerte, Kurt –dijo amablemente, pero él sólo la observó asustado y se alejó lo más rápido posible. Carole fue tras sus pasos hasta alcanzarlo. -¡Kurt espera! –Dijo algo agitada, al oírla él se detuvo- No pasa nada, la señora Weels es inofensiva.

El chico aún estaba nervioso, pero trataba de tranquilizarse tan rápido como le fuera posible. Sabía que podía estar exagerando un poco las cosas, pero la tensión no lo dejaba pensar con claridad. Se dirigieron a la caja y una vez que salieron de esa sección se dedicaron a ver vidrieras de distintos comercios. Kurt miraba todo con suma atención. Carole deseaba que Kurt le pidiera algo, cualquier cosa, como lo hacían todos los niños y adolescentes con sus padres, ella haría lo posible por comprárselo.
Siguieron avanzando hasta dar con una tienda de reconocido nombre de venta de CDs, cassettes y todo tipo de artículos de música. El chico demostró más énfasis en este lugar que en cualquier otro. Aquí es donde compro tus discos –comentó. Pero ni siquiera recibió una mirada a cambio a causa de la concentración del joven en las cosas expuestas tras el cristal. Decidió probar otra táctica. Estaba teniendo muchos avances en un solo día y quería aprovecharlos al máximo. No sabía si una oportunidad cómo ésta volvería a repetirse. -Cielo, iré a la zapatería que está enfrente, quiero ver unas botas. Tú puedes quedarte aquí el tiempo que desees –esto logró captar su atención y la miró- ten, por si quieres comprar algo –dijo entregándole dinero en su mano –Kurt observó el dinero y luego a su madre- Estaré cerca, si me necesitas –dijo finalmente alejándose, adentrándose en el local de enfrente, mirándolo de reojo cada determinado tiempo. Su madre lo había dejado solo, en un lugar lleno de gente desconocida.

Éste definitivamente no era el mejor día de su vida. Guardó el dinero en su bolsillo y continuó observando los discos, hasta que algo logró distraerlo. Alzó la vista para mirar dentro del comercio. Gente hablando entre ella, mirando guitarras que seguramente estaban interesados en comprar, personas atendiendo a los clientes. Personas atendiendo a los clientes. Había tres personas vestidas con una camisa azul marino y un nombre de identificación en ella. Dos chicas adolescentes y un chico, también adolescente. Una de ellas era rubia, y alta. La otra era más bien de pelo negro y de estatura media. Y el chico.

El chico era de contextura algo pequeña. Pelooscuro , el cual lucía suave y brilloso. Sonreía mucho y era muy amable con los clientes.. Sin darse cuenta, toda su atención quedó atrapada en aquel chico. Quien sabe cuánto tiempo estuvo viéndolo directamente. Siguiendo cada movimiento que hacía. Cómo interactuaba tan fácilmente con los clientes. De manera tan amable. Cobraba y entregaba el vuelto despidiéndolos con una sonrisa a cada uno de ellos.

De pronto aquel chico se volteó hacia dónde él se encontraba y Kurt desvió la mirada automáticamente. Simulando que veía los artículos en vidriera.
Su corazón latía fuerte. Por alguna extraña razón quería saber su nombre. No quería irse del lugar sin saber el nombre del chico de ojos celestes. Pero desde el lugar donde se encontraba no lograría ver su identificación pegada a su uniforme de trabajo. Su única opción era entrar y comprar algo. Y no sólo eso, que fuera él quien lo atendiera. Pero ¿Era capaz de hacerlo? ¿Qué tal si no encontraba las palabras necesarias? ¿Qué tal si lo consideraba un completo idiota? Pero por otro lado, no volvería a ese lugar.

Era ahora o nunca. Apretó sus puños con fuerza juntando coraje y comenzó a adentrarse en la tienda. Iba con su mirada gacha. Las demás personas estaban entretenidas en sus asuntos, no eran conscientes del chico a punto de un ataque de nervios. Kurt levantó la mirada para buscar al chico de ojos marrones. Cuando dio con él se quedó embobado mirándolo, al parecer él se percató de eso y guió su vista hacia él. El adolescente uniformado comenzó a caminar hacia Kurt con una sonrisa en su rostro. Kurt comenzó a respirar algo agitado al ver que se acercaba, se volteó hacia un costado hacia la estantería llena de CDs que se encontraba a su lado fingiendo observarlos, cuando sintió que lo tenía a tan sólo unos pasos tomó una caja cualquiera entre sus manos.
-Hola, bienvenido a MusicWorld ¿Puedo ayudarte en algo? Dijo el muchacho con una hermosa sonrisa observando a Harry que aún se encontraba de perfil con la mirada perdida en los artículos de la góndola.

Era más una voz más bella de lo que él hubiera imaginado. Apretó la caja con fuerza y se volteó a verlo de frente mostrándosela - ¿Éste? –preguntó tomando el CD en sus manos sin borrar la sonrisa de su rostro en ningún momento. Kurt asintió nervioso con la cabeza. –Bien. ¿Necesitas algo más? Sólo negó con su cabeza mientras su atención se dirigía a su identificación. “Soy Blaine estoy para servirte”. Blaine . Ese era su nombre. Era un lindo nombre. -Entonces, ven. Sígueme –dijo volteándose y comenzando a caminar luego de hacerle una seña con la mano para que lo siguiera. Kurt comenzó a seguirlo dentro de la tienda admirando su cabello, su pequeña contextura física, incluso pudo notar que el joven era como unos dos centímetros de estatura más bajo que él. Llegaron al lugar de la caja registradora. -Bien. Serán quince libras –volvió a hablar entre sonrisas poniéndose detrás del mostrador. Kurt reaccionó rápidamente buscando el dinero de su bolsillo y entregándole el billete. Sus manos casi se rozan en el intercambio, pero Kurt lo evitó retirando rápidamente su mano al instante. -Aguarda un momento. Iré a envolverlo. Enseguida regreso –dijo para luego adentrarse por una puerta a una habitación que se encontraba detrás de los mostradores.

Kurt asintió y se quedó estático, jugando nervioso con sus dedos. Esos momentos se sintieron una eternidad para él. Por suerte vio como el chico regresaba con un paquete entre sus manos, metiéndolo dentro de una bolsa transparente de plástico que tenía grabado el nombre del local. -Aquí tienes. Que tengas un buen día –dijo dulcemente entregándole la bolsa. Kurt la tomó con su mano y salió lo más rápido que pudo del lugar.

Su madre estaba esperándolo fuera de éste. Ella también sostenía una bolsa, pero ésta contenía una caja de cartón bastante grande. Supuso que se había comprado el par de botas en el que estaba interesada. Ella lo observaba expectante. Por primera vez Kurt había hecho algo por cuenta propia, entrando a un lugar desconocido, interactuando con extraños y no parecía haber enloquecido en absoluto.

Kurt sentía sus pulsaciones fuera de control, pero no era un mal sentimiento. Era algo cálido, que por momentos le hacía olvidar el miedo. -¿Cómo te fue, cariño? –preguntó la mujer animada. Él sólo la miró y dirigió su mirada a la pequeña bolsa que sostenía. -¿Te compraste eso? –él asintió- Que bueno. No fue algo tan horrible después de todo ¿Verdad? Ven, volvamos a casa. Kurt dejó escapar un gran suspiro cuando ambos estuvieron finalmente dentro del auto otra vez. Se sentía a salvo.
-Gracias por acompañarme hoy, Kurt –dijo cuando llegaron a casa. El asintió y sin decir una palabra subió a su cuarto y cerró la puerta.
-Tal vez fue demasiado en un solo día –susurró ella

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Mensaje por GleeShipp el Mar Ago 11, 2015 3:32 pm

Capitulo 3
Una vez en su cuarto Kurt sacó el paquete de adentro de la bolsa y lo observó detenidamente. Tenía una forma cuadrada por la forma de la caja del CD. Estaba envuelto en papel azul y tenía escrita la fecha del día, 22/10/1994, en la esquina superior izquierda. Estaba muy prolijo, dedujo que el chico lo envolvió con sus propias manos, ya que el resto de personal se encontraba con sus respectivos clientes. Y la fecha estaba escrita a mano.

Esa debía ser su letra. Cada pequeña cosa que tenía que ver con aquel chico lo alegraban de sobremanera aunque su rostro no lo demostrara. Debería de romper el envoltorio para dejar el CD al descubierto, pero no quería hacerlo. Se trataba de uno que había escogido de manera totalmente aleatoria, él ya tenía los CDs que quería, su mamá se encargaba de comprárselos. Prefería conservar el envoltorio que Blaine se había encargado de colocarle y con la fecha de ese día, que Kurt consideraba importante, escrita por él. Lo miró durante largo rato y luego decidió guardarlo dentro de una caja, debajo de su cama.
Al día siguiente, se encontraban en la casa de sus abuelos, como todos los domingos. Él quería a sus abuelos, siempre fueron muy buenos con él. A quienes no soportaba eran sus primos, algunos eran menores y otros eran mayores que él. Actualmente no hablaba absolutamente nada con ninguno de ellos desde aquella vez hacía años.

Se encontraba sentado a un lado de su mamá, cuando uno de sus primos de misma edad lo invitó a jugar con los demás. Kurt sólo negó con la cabeza a todas las propuestas del otro niño.
-Tía Carole ¿Por qué Kurt casi nunca dice nada? ¿Acaso es estúpido? -dijo el niño. Kurt lo miró horrorizado.
-¡James! –gritó la madre del niño. -¡¿Qué?! Es la verdad es un rarito.

Luego de eso Harry hablaba menos incluso de lo que ya estaba acostumbrado. Sólo lo justo y necesario, cuando no eran palabras que podían reemplazarse por gestos corporales. Permanecía cerca de su madre o de sus abuelos, quienes no lo molestaban más de la cuenta. Aunque este domingo apenas si prestaba atención en la reunión. Lo único en lo que pensaba era en el chico de los CDs. Su nombre su voz, sus ojos. Tenía que volver a verlo. Tuvo dificultades para concentrarse en la clase del lunes con Holly, también el martes. -¿Ocurre algo, pequeño? –Preguntó amable la dama –no estás prestando atención como de costumbre, eso no es común en ti. Kurt la observó con algo de pena. Ella tenía razón, apenas si estaba escuchando sus palabras pero negó con la cabeza. -¿Estás seguro? Puedes confiar en mí, si hay algo que quieras decirme. Él torció su labio a un lado. No podría pensar claramente. Decidió confiar en ella y tratar de enfrentar su miedo. Inhaló una gran cantidad de aire y finalmente habló. ¬ ¿Podemos… –comenzó, pero luego estuvo durante varios segundos en silencio sin poder terminar la oración. Tal vez por terror a un no como respuesta. Era más difícil de lo que imaginaba. ­¿Podemos… –preguntó ella incentivándolo a continuar. Ir al… centro comercial? –finalizó desviando su mirada hacia el suelo, comenzando a morderse las uñas, claramente nervioso.

Holly se sorprendió ante el pedido Kurt le estaba pidiendo por primera vez en años de conocerla, que salieran fuera de su casa. Carole y Burt, su padrastro, se encontraban trabajando. Ella tenía toda la responsabilidad sobre el chico si algo malo llegaba a ocurrirle, sabía cómo tratar con Kurt pero siempre bajo un techo. Pensó que tal vez si surgía algún inconveniente podría comunicarse desde un teléfono público a las oficinas de trabajo de sus padres. Si aceptaba debían ir caminando. Kurt debía estar consciente de eso y aun así quería hacerlo.

Ella estaba analizando todas las posibilidades, procesando la información, y por ende se quedó en silencio unos momentos. Kurt estaba comenzando a pensar que estaba buscando la manera de negarse sin herir sus sentimientos. Se sintió muy desanimado. -Está bien –dijo finalmente la mujer. Kurt la miró sorprendido con los ojos enormemente abiertos. Ella sonrió. -Ve a tomar tus cosas, saldremos en un momento. Vio como rápidamente se levantaba de su silla y subía las escaleras con apuro. ¿Desde cuándo tenía tanta energía? Lo vio regresar con una mochila gris cargada en su espalda. -Bien, vamos –dijo abriendo la puerta dándole paso al chico. Kurt tenía la respiración irregular, sea lo que fuera que pasaba por su mente lo tenía intranquilo. Sin mencionar que la última vez que había caminado por las aceras de la vieja ciudad de Londres había sido muchos años atrás.

Observaba todo a su paso como un preso que es puesto en libertad luego de cumplir una condena. A pesar de la temperatura media baja, el día estaba soleado, lo cual hacía que resultara agradable. Holly lo observaba por el rabillo del ojo, tomando nota de todas sus acciones. Cuando tuviera oportunidad de hablar a solas, se encargaría de contarle a Carole sobre lo ocurrido aquella tarde. La caminata fue silenciosa, ya que Kurt prácticamente no hablaba y ella prefirió no hacer comentarios tontos con el único motivo de llenar el espacio silencioso entre ellos.

Finalmente llegaron. Holly se limitó a seguirlo mientras Kurt caminaba bastante más decidido de lo que normalmente lo hacía. Esquivando todo contacto humano con el resto de las personas que deambulaban dentro del recinto. Caminó directamente hasta llegar a la tienda de artículos de música. Ese había sido su objetivo desde el principio. Miró a través del cristal de la vidriera, tratando de hallarlo, pero no lo logró. Se mantuvo inmóvil, sólo observando, esperando que apareciera de un momento a otro, que tal vez estuviera envolviendo algo, pero no apareció.

-¿Kurt? –La voz femenina de su profesora particular que se encontraba a su lado lo sacó de sus pensamientos y le dirigió la mirada -¿Es aquí dónde querías venir? –Él asintió mirando hacia el piso- ¿Por qué no entras? Volvió a mirar hacia el interior. Dos señoras y un hombre se encontraban atendiendo al público. No tenía razón para entrar. ¿Por qué él no estaba allí? Su ilusión de volver a verlo se rompió tan duramente.

-¿Estás buscando a alguien verdad? –preguntó al ver que el chico recorría el interior del lugar con la mirada repetidas veces. Él hizo una mueca. -¿Por qué no preguntas por esa persona? –Permaneció en silencio- ¿Quieres que pregunte yo? –él se volteó a verla, tal vez esa fue la señal de que era lo que esperaba inconscientemente que pasara. Kurt apretó sus puños y mordió su labio. Tardó bastante en responder. No había mencionado su nombre en voz alta hasta ese momento, sólo en su mente.

-Blaine –susurró finalmente. Podría jurar que sonaba aún más bello cuando era pronunciado. Ella frunció apenas el ceño. Si no hubiera estado escuchando con suma atención estaba seguro que no habría oído el nombre y hubiera sido incómodo hacer que lo repitiera. Estaba buscando a un chico. La pregunta era porqué. Pero decidió no indagar demasiado y darle privacidad. Supuso que era alguien del personal. -De acuerdo, ven, preguntaré por él. Ambos ingresaron al local. A simple vista lucían como madre e hijo, aunque sin parecerse el uno con el otro. Rápidamente una mujer teñida de rubio de unos cincuenta años aproximadamente se acercó a ellos. Kurt se ocultó un poco detrás de Holly.

-Bienvenidos a MusicWorld ¿Puedo ayudarlos en algo? –dijo simpática. -Sí, disculpe. Estaba buscando a Blaine –Kurt se tensó debido a la ansiedad de la respuesta. -¿Blaine? –Preguntó sorprendida la mujer- Pues, el único Blaine que conozco sólo trabaja aquí los sábados. -Oh. Ya veo –dijo asintiendo- Bueno, muchas gracias por su tiempo Disculpe la molestia. -Oh no, no es molestia –dijo cordial. Holly le dedicó una sonrisa y colocó una mano sobre el hombro de Kurt y ambos salieron de allí. Kurt no dijo absolutamente nada. Al menos ahora lo sabía. Su única oportunidad de verlo era los sábados.

-¿Quieres hacer algo más o quieres volver a casa? –Preguntó sin siquiera tocar el tema de Blaine, lo cual Kurt agradeció infinitamente en su cabeza. Levantó su dedo índice y el dedo medio de su mano derecha y se los mostró. Dándole a entender así que escogía la segunda opción. Al regreso, abrocharon sus abrigos ya que había una brisa un tanto fresca. La ida y la vuelta fueron igual de silenciosas. Holly seguía asombrada por como Kurt había estado tanto tiempo fuera de su casa, rodeado de gente y ruidos, sin entrar en pánico. Una vez en casa, ellos se despidieron, la clase debería haber terminado desde hacía tiempo. -Nos vemos mañana Kurt, recuerda mantener la casa cerrada hasta que lleguen tus padres. –dijo saludándolo y volteándose para irse, pero algo tironeó del elástico de su abrigo. Al voltear notó que él lo había tomado.

-Gracias –era una de las palabras más usadas dentro del escaso diálogo del chico con otras personas, ya que se trataba de una palabra que no podía reemplazar adecuadamente de manera corporal. -Por nada, Kurt fue un placer acompañarte.
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Mensaje por Gabriela Cruz el Miér Ago 12, 2015 10:27 am

Esta increíble, ojalá y pronto vuelva a ver a Blaine.
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Mensaje por GleeShipp el Vie Ago 14, 2015 11:17 pm

Gabriela Cruz escribió:Esta increíble, ojalá y pronto vuelva a ver a Blaine.
Gracias por leer, perdón por no subir pero hoy subo tres capitulos :)
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Mensaje por GleeShipp el Vie Ago 14, 2015 11:20 pm

Capitulo 4
Al día siguiente Holly llamó por teléfono muy temprano en la mañana a casa de los Hummel. Quería asegurarse de que Kurt estuviera dormido para que no escuchara la conversación. Ella le relató con lujo de detalle todo lo ocurrido el día anterior a Carole . Su madre apenas podía creerlo, su hijo había salido por voluntad propia, entre tantas otras cosas. -Sólo quería que estuvieras al tanto de su -comportamiento. Me sorprendió mucho.

-Y yo no sé como agradecerte por cuidar tanto de Kurt en nuestra ausencia me encargaré de llevarlo al centro comercial el sábado si eso es lo que él quiere.

Kurt actuó indiferente con su psicóloga el viernes, no mencionó las dos salidas de su casa. Pero Carole se encargó de contarle lo que Holly le había dicho, en cuanto estuvieron a solas. A Kurt prácticamente no le interesaba más nada de su monótona y aburrida vida. Sólo pasó los días. Esperó ansiosamente ese día sin decirle una sola palabra a su mamá. Deseaba con todas sus fuerzas que él no tuviera que pedírselo. No tuvo que hacerlo.

-Hijo, iré al centro comercial en media hora, hace una semana accediste a ir conmigo, me preguntaba si quisieras volver a hacerlo –simuló no saber que lo más probable era que aceptara la invitación. Kurt asintió con los labios apenas curvados, sin llegar a formar una sonrisa. Repitieron la rutina de una semana atrás. Con la diferencia de que esta vez Kurt tenía claramente decidido ir a ese local de música y su madre no fue a la zapatería de enfrente, no obstante le dio privacidad a su hijo de hacer lo que él quisiera mientras ella se encargaba de comprar los víveres.

Allí estaba Kurt caminando hacia ese lugar, lo volvería a ver. Esta vez ni bien observó dentro del lugar lo divisó y su corazón empezó a palpitar con fuerza. Allí estaba, vistiendo su uniforme azul de trabajo. Siempre con una sonrisa atendiendo a los demás. Kurt se adentró al lugar, como si su cuerpo se moviera por sí solo. Quería estar cerca de él una vez más. Sin siquiera voltear a ver la estantería llena de CDs, tomó uno cualquiera en sus manos y se dirigió en línea recta hasta él, acortando la distancia entre los cuerpos. Cuando el chico se despidió del cliente que estaba atendiendo se volteó simpático hacia Kurt.

-Bienvenido a MusicWorld. ¿Puedo ayudarte en algo?- Su voz, su maldita voz había estado retumbando en su cerebro los últimos siete días, era tan sublime, Kurt le dio la pequeña caja de plástico que había tomado segundos antes y él la tomó con una sonrisa. -¿Necesitas algo más? –el chico de ojos claros negó con la cabeza- Bien. Por aquí por favor, dame un minuto para envolverlo adecuadamente- Blaine regresó con el paquete en sus manos, lo colocó dentro de la bolsa de plástico y se la entregó, seguidamente cobró el dinero. -Gracias. Que disfrutes tu compra y esperamos que vuelvas pronto. Kurt se retiró del lugar. Sus manos estaban transpiradas y sentía un hormigueo en su cuerpo. Se sentía bien. Estaba nervioso por toda la gente, no podía negarlo. Pero cuando se encontraba frente a Louis era como si el resto del mundo de desvaneciera. Como si reinara la paz. Una sensación nueva y agradable.

Comenzó su marcha en busca de su madre. Blaine lo había observado retirarse del local. -Es él –dijo en un tono bajo de voz, que entre el bullicio de los compradores no se dejó oír.Sue, la señora que trabajaba los martes y jueves en el local le había comentado que una señora había preguntado por él, lo cual le resultó bastante extraño, ya que el no conocía a nadie que encajara con la descripción de esa mujer. Pero lo que más le llamó la atención fue que Sue le dijo que la señora no estaba sola, que la acompañaba un adolescente. Un joven de cabello ondulado color chocolate, alto, tez blanca, ojos claros, que en ningún momento tuvo intenciones de decir palabra alguna. Encajaba perfectamente con la descripción de ese chico. -Me gustaría saber su nombre –susurró y siguió atendiendo a los demás clientes.

Kurt no podía creerlo. Llegó a su casa y se encerró en su habitación. Su madre creía que le gustaba escuchar sus nuevas adquisiciones a solas y cuanto antes fuera posible pero en lugar de eso, él sólo tomaba el paquete entre sus manos observándolo fijamente. Admirando cada milímetro de la fecha escrita a mano. Era como si se sintiera más cerca, o en todo caso, menos alejado de aquel muchacho al poseer en sus manos algo suyo. Algo que él se hubiera encargado de envolver. Algo que él se hubiera encargado de escribir. Luego de estar casi una hora mirándolo fijamente lo guardó dentro de la caja debajo de su cama, junto con el primer CD que había comprado. Luego se tumbó en su cama mirando hacia el blanco techo no podía sacarlo de su cabeza. Sintió un gran vacío en su pecho al pensar en que debía esperar otros largos siete días para volver a verlo. Tantas horas de espera para tan sólo poder verlo apenas unos minutos. Pero aun así creía que valía la pena.

Holly no interrogó a Kurt preguntándole si había logrado ver a quien buscaba, decidió que cuando él quisiera o estuviera listo lo haría por su propia cuenta. Además, ya había una persona encargada de oír sus sentimientos. Aunque Emma tampoco tuvo grandes avances ese viernes.
–Dime Kurt ¿Has salido de tu casa alguna vez en las últimas semanas? –él asintió- ¿Fue una buena experiencia o no fue de tu agrado? –él levantó su dedo índice, indicándole que optaba por la primera opción dentro de su pregunta- ¿Piensas que volverás a salir pronto? –Si por pronto se refería al día siguiente la respuesta era un innegable sí. Él asintió –Que bueno. Dime ¿Hay algo que te esté sirviendo de incentivo para que esto se lleve a cabo? –Kurt se tensó. Sí, había un incentivo. Uno con nombre y apellido, bueno, aunque él lo desconociera daba por sentado que debía tener uno. Un incentivo con los ojos más hermosos del mundo pero no quería admitírselo. Al menos no aún. Así que se limitó a negar con la cabeza.

Emma supo de inmediato que estaba mintiendo. Ella esperaba que Kurt mintiera incluso desde antes de formular su pregunta, que fue con esa intención. –Bien, me alegra que estés progresando. El mundo exterior no es un lugar tan horrible –dijo mostrándose indiferente- ¿Cómo te fue en el examen de historia? – cambió de tema. Al terminar la sesión, como cada viernes, Kurt se quedaba unos momentos solo mientras su madre y su doctora platicaban sobre él. Al principio, cuando era muy pequeño, hizo demasiados berrinches sobre eso. Era algo muy incómodo, sentía como si fueran a decir cosas malas sobre él, a tratarlo como un bicho raro pero con ayuda de la plática de ambas lo convencieron de que eso jamás ocurriría y no tuvo más remedio que acostumbrarse.

-¿Está segura de qué él fue a esa tienda con la intención de ver a alguien en particular? -Lo estoy. Me lo dijo su profesora que es de suma confianza. -Cuándo hoy le pregunté si existía una razón en específico para sus salidas, él lo negó. -¿Qué está queriendo decir? -Que Kurt mintió –Carole se sorprendió mucho al oír eso, creía a su hijo un alma inocente incapaz de decir mentiras- Descuide Sra. Hummel, la mentira es un reflejo humano natural. Él está queriendo mantener su secreto cuánto le sea posible en una pequeña burbuja. Aún hay muchas cosas por averiguar, cómo el porqué siente la necesidad de ver a esa persona y cuáles son sus intenciones con ella. -Él –le aclaró, determinándole el sexo de la persona en la que Kurt mostraba interés- Se trata de un chico. -Bien, él. -Le restó importancia. El género no era algo de suma relevancia en casos así- Algunas de las posibilidades más comunes cuando esto ocurre es porque se la ve a la persona como un ejemplo a seguir, alguien como quien desearía ser porque le recuerda a alguien del círculo familiar más allegado a quien le tienen mucho cariño porque es alguien con quién se siente cómodo y a gusta a veces incluso la razón no va más lejos de que la persona en cuestión sea apuesta. A veces una combinación de dos o más factores de algunos de los que acabo de mencionar como ejemplos. Y las intenciones también son muy variadas dependiendo de cada individuo. Las más comunes son atracción física o emocional, vinculadas al deseo de lograr formar un vínculo amistoso, fraternal o romántico con el sujeto en cuestión.

-¿Vínculo romántico? –preguntó confundida. -Todo es posible, Carole. Sólo Kurt puede saber lo que ocurre dentro de su mente. Carole había quedado estupefacta por las palabras de Stella. Pero lo que decía tenía sentido. Con más razón aún decidió, con toda la fuerza de voluntad que poseía, que no se entrometería en la vida de Kurt . Él sabía lo que hacía y ella confiaba en él ciegamente.
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Mensaje por GleeShipp el Vie Ago 14, 2015 11:21 pm

Capitulo 5
Al día siguiente Carole volvió a invitar a Kurt al centro comercial quien no dudó ni un segundo en asentir con la cabeza en aprobación. Probablemente así serían todos los días sábados de ahora en adelante. Su madre ahora lo dejó solo ni bien cruzaron la gran puerta de entrada al edificio. Kurt tomó una gran bocanada de aire antes de ingresar al local de música, tomó cualquier CD y caminó hacia el chico de ojos marrones.

Blaine lo miró de reojo mientras entregaba la compra correspondiente al cliente que estaba atendiendo en ese momento. Había regresado. -Bienvenido a MusicWorld ¿En qué puedo ayudarte? –le dijo sonriente por tercer sábado consecutivo. Kurt le entregó la pequeña caja de plástico. Blaine la tomó y se quedó observándolo fijamente. Kurt esperaba que como en las veces anteriores, él le preguntase si necesitaba algo más y le pidiera seguirlo hacia la caja, para cobrarle y luego entregarle su paquete.

-Tina –llamó en voz alta el muchacho haciendo que una de sus compañeras de trabajo dejara de prestarle atención a un cliente durante unos segundos y se volteara a verlo- ¿Puedes cubrirme? Sólo serán unos minutos. -Está bien –dijo ella con una sonrisa- pero me debes un favor. -Que sean dos –dijo con una sonrisa de oreja a oreja- y gracias. El muchacho volvió rápidamente su mirada a Kurt, quien se estremeció por completo. -Vienes seguido por aquí ¿Cómo te llamas? –preguntó curioso.

El corazón de Kurt pareció detenerse. Abrió los ojos sorprendido y entreabrió sus labios pero no emitió sonido. ¿Qué tal si decía algo estúpido? Debía hablar con él responderle. Si no lo hacía lo creería un imbécil hasta el fin de los días pero no lograba juntar el coraje necesario. No estaba preparado. Estaba tardando en darle una respuesta y comenzaba a ponerse por demás nervioso. No sabía que tan paciente podía ser el chico con él, pero para su suerte Blaine notó su nerviosismo y decidió alivianar las cosas de alguna manera. -Tal vez fue una pregunta demasiado compleja para empezar –bromeó.

Pero se notaba en cada una de sus expresiones que no estaba tratando a Kurt de retrasado, sólo quería hacerlo sentir cómodo -¿Puedes hablar? – preguntó y rogó internamente porque el chico no padeciera de algún tipo de mutismo, porque de ser así desearía que se lo tragara la tierra. Suspiro de alivio en su mente cuando el chico asintió -¿Sabes leer? -volvió a asentir –Bien, entonces ¿Cómo me llamo? Te daré una pista –dijo divertido señalando con su dedo índice a la identificación que tenía sujeta a su uniforme.

Él sabía perfectamente su nombre. Había estado deambulando en su cabeza durante las últimas dos semanas. Pero nunca lo había pronunciado en voz alta a nadie más que a Holly cuando ella debía saber su nombre para preguntar por él. No había escapatoria. Debía responderle. Relamió apenas y disimuladamente sus labios, que se encontraban de unos colores rosa pálido y bastante resecos por su falta de diálogo permanente. -Blaine –dijo finalmente con la voz grave y rasposa. Sentía sus manos transpiradas y temblando. -¡Whoa! –dijo sorprendido- ¡Tu voz! Es tan genial. –enfatizó.
Kurt creía que se le saldría el corazón de su pecho de lo rápido y fuerte que estaba latiendo. –Ahora dime tu nombre –dijo ansioso. –Kurt –respondió luego de unos momentos. Lo hizo. Le había dicho su nombre. No podía creerlo. Estaba teniendo una conversación con aquél chico que él consideraba la perfección en persona. -Kurt –repitió él con su aguda y angelical voz. La mente de Kurt estaba en llamas. Como si gritara sin sonido. Todo en él estaba en cortocircuito. La perfección en persona acababa de pronunciar su nombre con sus finos labios. Si moría en ese preciso instante no podría haberle importado menos.

-Gusto en conocerte, Kurt ¿Puedo llamarte Kurt, verdad? –él asintió. Si escuchaba su nombre pronunciado por él una vez más se volvería loco Eres chico de pocas palabras. Yo soy todo lo contrario. Siempre me dicen que no sé cuando debo callarme una vez que comienzo a hablar –no dejaba de hablar con una sonrisa en su rostro. Como si hablar con él lo pusiera de buen humor. Blaine observó como entraban varios clientes y las dos chicas atendiendo necesitaban ayuda. Torció su labio hacia un lado, en verdad le hubiera gustado tener un poco más de tiempo. -Parece que tendremos que dejar el resto de nuestra charla para otro día, me necesitan allí.

Ven acompáñame. ¿Para otro día? Pensó Kurt. ¿Él seguiría hablando con él? ¿Eso fue lo que quiso decir? Caminaron hasta la caja registradora. Como de costumbre Blaine se dirigió a aquella pequeña habitación, volviendo con el CD que había tenido en sus manos desde hacía un rato, mientras hablaban, pero ahora envuelto en ese papel de color azul, con los números del día de la fecha. -¿Todos los CDs que compras son para ti? –preguntó mientras tomaba el dinero y le entregaba la bolsa.Kurt lo miró sorprendido y asintió –Ya veo. Lo siento. Hago muchas preguntas. Sólo dime si te molesta –Kurt negó repetidas veces con la cabeza- Que bueno. Que los disfrutes. Gracias y espero que vuelvas pronto –dijo tranquilamente con una hermosa sonrisa mientras se dirigía a atender más clientes que comenzaban a agolparse, esperando ser atendidos. Kurt salió a toda prisa del lugar. Se sentía tan extraño.

Entró en uno de los baños para hombres del centro comercial. Un lugar donde podía estar un poco más tranquilo, sin tanta gente a su alrededor. El blanco de las paredes lo relajaba un poco. Respiraba agitado. Las últimas palabras que le dijo. No fueron por cortesía de la casa, fueron por deseo propio. Le dijo que esperaba volver a verlo. Habló con él, le agradó no creyó que fuera un bicho raro o un completo estúpido. Kurt caminó unos pasos hasta quedar frente a un gran espejo colocado sobre los lavabos.

Dejó la bolsa sobre el mármol y miró de cerca su reflejo. Al menos por fuera lucía como un chico común y corriente. Él era quien se sentía extraño. Alzó una de sus manos y tocó apenas uno de sus pómulos. Juraría que lo sentía cálido, aunque éste se viera como de costumbre.
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Mensaje por GleeShipp el Vie Ago 14, 2015 11:22 pm

Capitulo 6
No sabía qué rumbo tomarían ahora las cosas pero había logrado mantener una conversación con alguien. Con él. Y no había resultado ser el fin del mundo. Una vez que se encontró con su madre se dirigieron hasta el auto. Durante el corto trayecto, un semáforo en rojo los interceptó haciendo que se detuvieran unos instantes. Su madre aprovechó para decir algo y romper el silencio.

-¿Cómo te fue hoy en el centro comercial, cariño?- Kurt se encontraba viendo hacia afuera por la ventanilla del vehículo cuando su madre le preguntó. Él la oyó y se encogió leventemente de hombros, como si no hubiera significado la gran cosa, pero entonces ella lo vio. No podía ver su rostro directamente, pero alcanzó a ver parte del reflejo de Kurt en el espejo retrovisor. Él tenía una pequeña sonrisa en su rostro. Ni siquiera estaba segura de qué él fuera consciente que estaba sonriendo. El estruendo de una bocina la sacó de sus pensamientos. No había notado que el semáforo había cambiado a color verde. Rápidamente puso el cambio y el auto marchó. Kurt le dirigió una mirada con el ceño algo fruncido. -Lo siento, me distraje-

Kurt había sonreído. Ella lo vio con sus propios ojos. Debía contarle eso a Emma. Debía contarle a Burt y a Finn. Sentía deseos de gritarlo al mundo. Kurt estaba mostrando sus emociones muy discretamente, pero era un avance. Fuera quien fuera la persona que estaba logrando este cambio en Kurt, le estaba infinitamente agradecida. El resto de los días de la semana Kurt actuaba normal. Indiferente. Como de costumbre. Nada lo emocionaba. Seguía con sus clases y sus sesiones como si nada.

Él no contaba nada sobre Blaine, Carole se encargaba de poner al corriente a Emma sobre las acciones de Kurt. Mientras tanto él solo pasaba los días, esperando impacientemente la llegada del día sábado. Al fin había llegado. Cada semana le estaba resultando una eternidad. Tenía algo por lo que esperar cada día. Su madre siempre iba al centro comercial por la mañana, pero ese día su madre, la abuela de Kurt, le había pedido como favor que la acompañara a la peluquería, por lo que tuvo que posponer las compras hasta después del almuerzo. Kurt estuvo con expresión de enojo toda la mañana y no habló en ningún momento. Carole se disculpó con él, aunque creía que el ser caprichoso y no tan sólo un niño conformista, también era algo bueno de vez en cuando.

Una vez terminado el almuerzo, Carole lavó los platos y se dirigieron al centro comercial. Kurt ni siquiera estaba seguro de los horarios en los que Blaine se encontraba atendiendo. Lo ponía muy nervioso el sólo hecho de pensar que sólo trabajara de mañana y por ende no verlo el día de hoy. Para su suerte, al llegar, Blaine se encontraba allí. Se adentró en aquel local que comenzaba a conocer de memoria. Cada vez un poco menos nervioso con respecto a la gente alrededor, pero no podía decir lo mismo con respecto al chico que siempre se encargaba de atenderlo. Lo vio venir hacia él y tomó un CD al azar.

-Bienvenido a MusicWorld, Kurt –dijo sonriente cuando estuvo lo suficientemente cerca de él. Recordaba su nombre. Se sintió tan especial que no sabría como describirlo con palabras- Que gusto volver a verte –el rostro de Kurt permanecía inmutable por fuera, pero su mente gritaba internamente- Creí que siempre vendrías por las mañanas, al parecer me equivoqué –río un poco y fue música para sus oídos- Eso es bueno –él oyó eso y el enojo que había tenido durante toda la mañana se esfumó, desapareció en sólo un momento- Tal vez así podamos continuar la charla del otro día. Quiero decir, si no tienes prisa –Kurt negó repetidas veces – ¡Genial! Supongo que ya debes de haber almorzado –él asintió- ¿Te gustaría pasar el rato conmigo mientras almuerzo? Muero de hambre –Kurt asintió.

Era como si Blaine no fingiera simpatía con él sólo por ser cliente frecuente de su lugar de trabajo, era como si realmente le agradara. Blaine le hizo una seña para que lo acompañara y entraron en la puerta detrás del mostrador. Donde siempre envolvían las compras de la gente, era un espacio bastante amplio. Contaba con un baño para los empleados, una pequeña cocina, una mesa que tenía algunos papeles encima, tres sillas alrededor de ésta, una pizarra sobre la pared en la que se encontraban pegados varios post its de colores con distintos recordatorios. -Toma asiento –le dijo amablemente mientras se dirigía a la pequeña heladera, tomando un recipiente con sándwiches en él.

Él le hizo caso, se sentó en una de las sillas, Blaine se sentó junto a él en otra de las sillas- ¿Quieres uno? Los hizo mi mamá –Kurt negó con la cabeza. Le hubiera encantado tomar uno, pero aún estaba satisfecho. Vio como Blaine comenzó a devorar su sándwich. Al parecer en verdad tenía hambre. Se había quedado embobado observándolo. Luego de notar como Kurt lo miraba con suma concentración y luego de terminar su segundo sándwich lo miró. ­¿Es entretenido verme comer? –preguntó divertido y bebió un sorbo de su gaseosa. Kurt quedó estático.

No sabía que responderle. Si decía que sí, quedaría como una clase de acosador enfermo. Si decía que no, cabía la posibilidad de que Blaine se ofenda. Blaine notó el pánico en sus ojos. ­Hey, relájate, era una broma. Siempre hago ese tipo de comentarios sarcásticos y estúpidos. Lo siento si soné rudo –Kurt negó con la cabeza indicándole que no había sido su culpa –Eres muy tímido ¿Verdad? –Kurt sólo lo miró fijamente algo asustado, temía que se diera cuenta de su maldito problema y dejara de hablarle– Es decir, sólo te he escuchado decir dos palabras en cuatro semanas. Me parece injusto. Tienes una voz genial, es un desperdicio que no la uses más a menudo –el chico no hacía más que mirarlo sorprendido- Te propongo algo, tu vienes a visitarme todos los sábados, y yo te ayudo a superar tu problema de timidez. A menos que yo sea la única persona con la que no hablas mucho –Kurt negó- Bien, que te parece si empiezas por dejar de asentir y negar todo el tiempo con tu cabeza. No es como si me molestara, te ves tierno cuando lo haces, pero sólo debes responder con un par de palabras de dos letras cada una. No suena tan complicado. ¿Qué dices? –Kurt asintió con la cabeza y Blaine dejó escapar una pequeña risa- Esto tomará un tiempo –dijo rascando su nuca- Una vez más. ¿Estás dispuesto a hacerlo? –

No era nada que no hubieran intentado con él, distintas personas, con distintos métodos, durante años. Lograr que hablara como una persona normal. Todo había sido inútil. Un porcentaje de los profesionales lo atribuían en su totalidad a su enfermedad, pero otro porcentaje lo relacionaba con la poca fuerza de voluntad que Kurt ponía de su parte en poder mejorar. Y allí ahora estaba Blaine frente a él. Sonriéndole. Queriendo ayudarlo sin que nadie se lo haya pedido. Sin pedir nada a cambio. Sin saber cuál era el problema de Kurt. No podía negarse. No quería decepcionarlo. No a él. Estaba a punto de asentir con su cabeza por simple reflejo pero se detuvo.

-Sí. Respondió finalmente con la vista clavada en el suelo-Cuando volvió a subir su mirada se encontró con la imagen de Blaine , con el codo apoyado en la mesa, con la cabeza recargada en su mano derecha y una gran sonrisa que hacía que se formaran pequeñas arrugas a los lados de sus ojos. -Ya son un total de tres palabras –dijo sin dejar de sonreír. Una simple palabra y podía verlo sonreír así. Tal vez si se esforzaba por cambiar, lo lograría. Si la recompensa era que Blaine se alegrara por eso, definitivamente valdría la pena.
La puerta se abrió de golpe y se vio el cuerpo de una chica que cayó directo al piso-oh Santana estas aquí, les pido mil gracias, solo venia a… no se a que venía, ah si el parlante-La chica de estatura mediana, tal vez era china o algo así. Tenía una caja en sus manos que a juzgar por la fotografía, tenía dentro un parlante. Cortó un pedazo grande de papel azul, el mismo con el que Blaine envolvía semana tras semana sus CDs, lo sostuvo con cinta adhesiva todo en su lugar. Salió de allí con el paquete ya envuelto. -Ella es Tina, es una chica muy agradable. Fue con quién primero hablé al comenzar a trabajar aquí. La otra chica se llama Sugar. También es muy agradable, ella tardó un poco más de tiempo en hablar conmigo.

Aunque Tina es un poco más tímida. Creo que le gusto, pero yo no la veo como algo más que una amiga. Kurt no supo bien el porqué, pero el saber que Blaine le gustaba a una de sus compañeras lo hizo sentir molesto. -Oh –dijo desilusionado en su voz al ver el reloj- tengo que volver al trabajo. Guardó el resto de la comida y la bebida en la heladera. Salieron de la habitación y efectuaron la compra como de costumbre -Que disfrutes la compra. Te veo pronto –se despidió amable.
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Mensaje por Gabriela Cruz el Vie Ago 14, 2015 11:50 pm

Hola, sabes leí la versión de este fic, y me gusto, aunque cuando la estaba leyendo siempre pensé que era con kurt y Blaine, esta increíble, espero con ganas el próximo capítulo.
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Mensaje por GleeShipp el Sáb Ago 15, 2015 12:16 am

Capitulo 7

Aquel viernes siguiente Carole y Emma se encontraban platicando entre ellas. -No hay cambios en su diálogo, pero se ve con más energía. -Creo que aquel chico que mencioné aquella vez, Blaine, es como una especie de amigo. No lo sé. -¿Él no te ha dicho nada sobre él? -No –negó con la cabeza algo triste- absolutamente nada -¿Debería preguntarle? -No, deja que él se encargue. Al parecer le hace bien. Carole asintió.

Ese sábado, volvieron a ir a la mañana al centro comercial, como era costumbre. Kurt entró, pero no hizo más que poner un pie en el local de música que lo saludó. -Bienvenido a MusicWorld. ¿Puedo ayudarte en algo? Ella estaba muy cerca de la entrada y se encontraba libre, mientras que Blaine se encontraba vendiendo unas púas más en el fondo. Tina estaba algo celosa de Kurt, cosa que era bastante estúpida, ya que Kurt era un chico; pero si podía impedir que hablaran no estaría nada mal, pensó. Él se puso muy nervioso. Tenía la idea fija de que fuera Blaine quien lo atendiera, como todas las semanas. No contaba con la posibilidad de que alguien más lo hiciera. Él iba a esforzarse en hablar más, pero no con todos, no ahora. Ni siquiera había tenido tiempo de tomar un CD cualquiera entre sus manos pero agradecía en parte por ello. Si ella era quien se encargaba de la compra ni siquiera tendría excusa ni oportunidad de hablar con Blaine. No podía permitir eso. Lo veía una vez a la semana y sólo unos momentos. Era demasiada la espera para desperdiciar la chance de esta forma ¿Qué debía hacer?

-Kurt- Oyó esa voz que hacía que todos sus problemas se disiparan y sintió como si un peso de toneladas de kilos se cayera de sus hombros, estaba a salvo. Tanto él como la morena voltearon su cabeza fijando la mirada en Blaine que se había acercado a ellos. Había terminado de atender al cliente con quien estaba ocupado. -No te preocupes, Blaine, yo me encargaré de atenderlo –dijo ella con una gran sonrisa boba hacia Blaine. Sí, estaba más que claro que le gustaba. -No –dijo en seco haciendo que la muchacha dejara de sonreír- verás – cambió su tono de voz a uno más suave al notar que había sonado algo frío antes- Kurt es mi cliente favorito, y yo soy su vendedor favorito –le guiñó un ojo con una sonrisa de lado- es algo mutuo, por eso seré yo quien lo atienda siempre que venga. Si estoy ocupado, esperará a que esté libre. ¿Entendido? –finalizó en tono algo descarado. -Como quieras –escupió molesta y se dirigió a otra parte del local rápidamente para desaparecer de su vista. -Ya se le pasará –dijo sonriente a Kurt quien lo miraba sorprendido

-¿Estás bien? –Kurt sentía ganas de sólo asentir. Eso era simple pero habían acordado que dejaría de hacerlo-Sí -dijo con la mirada gacha. -Bien ¿Qué va a necesitar mi cliente favorito el día de hoy? Kurt sintió un escalofrío en su columna. Cada cosa buena que Blaine decía sobre él le ponía el corazón a mil por hora. Volteó a penas su rostro y tomó cualquier CD, entregándoselo. Blaine lo miró con el ceño fruncido y tratando inútilmente de ocultar una sonrisa. Louis mordió su labio inferior, eso lo hizo ver condenadamente sexy. Kurt tragó saliva. -¿Sabes? Es una pena que no podamos tener más tiempo juntos el día de hoy. Pasar mi tiempo para almorzar contigo fue mucho más entretenido que pasarlo solo. Y no puedo usar mi descanso en este momento. Si almuerzo a las once de la mañana moriré de hambre el resto de la tarde –hizo una mueca graciosa.

La combinación de oír esas palabras y ver la mueca divertida de Blaine hizo que Kurt sonriera. -Sonreíste –dijo sorprendido, interrumpiéndose a sí mismo mientras hablaba. Kurt borró la sonrisa de su rostro como acto reflejo y lo miró fijamente. -Sonreíste –volvió a repetir, pero esta vez con una gran sonrisa en el rostro no puedo creerlo-Sonreír definitivamente es algo que también deberías hacer más a menudo- Louis –se oyó la voz de Tina cerca de ellos -lamento interrumpirte, pero hay demasiado por hacer. -Claro, lo siento –se disculpó. Blaine se volteó hacia Kurt con una sonrisa pícara en los labios. -¿Éste? -dijo refiriéndose al CD. -Sí –respondió tan rápido como le fue posible, mirando hacia el piso. -Bien, sígueme-Kurt no era el mejor disimulando.

Blaine había podido notar como tomaba los CDs al azar. Supuso que sólo eran excusas para concurrir a la tienda. Cruzó por su cabeza la idea de decirle al respecto. Que había notado lo que hacía y que podía visitarlo sin necesidad de comprar nada pero Kurt era una caja de Pandora, no estaba seguro de poder predecir las actitudes del chico. Así que aunque actuara con suma confianza, también era precavido con respecto a él. Decidió que no le diría nada. Podía decirse lo mismo acerca de su enfermedad. Blaine había notado que lo que Kurt tenía no era simple timidez. Pero él actuaba como si no lo supiera, y lo trataba todo el tiempo simplemente como alguien tímido. Tenía la idea firme de que tratarlo como a una persona ciento por ciento común y corriente lo ayudaría más que tratarlo de manera especial y hacerlo sentir diferente, raro, excluido. Blaine en verdad quería ayudar a Kurt. Luego, toda la misma rutina de siempre. Llegar a la caja registradora, dar el dinero, tomar el dinero, envolver la caja en la sala de empaquetamiento, entregar la bolsa y despedirse.
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Mensaje por Gabriela Cruz el Sáb Ago 15, 2015 12:36 am

Me encanta esta adaptación.
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Mensaje por GleeShipp el Dom Ago 16, 2015 10:11 pm

Gabriela Cruz escribió:Me encanta esta adaptación.
Gracias, es lindo ver tus comentarios :)
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Mensaje por GleeShipp el Lun Ago 17, 2015 1:35 am




Capitulo 8
Sólo para volver a esperar una semana completa. Se estaba convirtiendo en un ciclo de vida para Kurt. Lo único que realmente lo motivaba pero esta semana sería diferente. Daría un paso. Reunió el suficiente valor a lo largo de los últimos siete días sólo esperaba poder manejarlo. Kurt- –llamó su madre- ¿Iremos juntos al centro comercial? Ella estaba prácticamente convencida de que él aceptaría encantado. Pero para su sorpresa él se negó. -¿Por qué no? –preguntó atónita. Él la miró fijamente -¿Ocurrió algo malo? –él negó con la cabeza -¿No quieres seguir yendo? –él asintió- No lo entiendo –Él tomó una gran bocanada de aire y luego de unos momentos le explicó. -A la tarde. -¿Quieres ir a la tarde? –él asintió. Ella sintió en verdad muchos deseos de preguntar la razón, pero no podía hacerlo. Era obvio que tenía que ver con Blaine- Sabes que suelo estar ocupada con el trabajo extra de la oficina los sábados por la tarde, cariño. No estoy segura de poder acompañarte – odiaba hacerle esto a Kurt, pero a veces simplemente no podía cumplir todos sus caprichos, pero él había estado negando con su cabeza unos segundos antes de que ella terminara de hablar.

–Iré solo-Carole empalideció, Kurt quería salir solo, sin ella. Ir hasta el centro comercial. Un mes atrás apenas si lograba que saliera al patio trasero de la casa. Estaba feliz, pero asustada también. -No lo sé, podría ser peligroso –no podía creer lo que estaba diciendo, que Kurt llevara una vida normal era lo que más anhelaba y ahora era ella quien quería impedírselo. -No soy un niño –dijo serio. Su madre nunca lo había visto tan decidido y confiado. Fuera lo que fuera que Blaine provocaba en Kurt estaba teniendo resultados nunca antes vistos. -Está bien, puedes ir solo. Sólo ten mucho cuidado –– Dijo su madre preocupada. Él asintió. Debía confiar en él pero no podía evitar sentir una gran inseguridad con respecto a esto.

Luego del almuerzo Kurt tomó su mochila gris y la colocó en su espalda. Estaba frente a la puerta de entrada de la casa. Su madre lo miraba expectante, se acercó lentamente y depositó un corto beso en su cabello. Él dio un largo suspiro y salió finalmente de su casa. Allí estaba él. Solo. Caminando por las aceras de Ohio. Estaba nervioso, no había que ser un genio para notarlo; pero su determinación hacía que caminara rápidamente. Una parte de su mente comenzaba a creer que ya no simplemente quería verlo. Necesitaba verlo. Finalmente llegó. El camino de momentos parecía interminable y en otros momentos parecía que flotaba en un corto camino al encuentro con la persona más importante para él. Entró en el local. Blaine le dirigió una fugaz mirada mientras se encontraba atendiendo a alguien más. Kurt lo esperó paciente en silencio. Una vez terminada la compra del otro cliente ellos se acercaron

. -Que bueno que llegaste. Hora de almorzar –dijo feliz. Kurt no pudo evitar que se dibujara una sonrisa en su rostro. Ambos se dirigieron a la habitación trasera. Se sentaron en la mesa llena de papeles que Louis hacía a un lado para no ensuciar nada mientras devoraba su almuerzo. Comió más rápido que la vez anterior. -Sabes –dijo una vez que había terminado de limpiar las migajas de pan que habían quedado en la comisura de sus labios, Kurt no lograba quitarle los ojos de encima con cada acción que el chico realizaba-He estado pensando algo la última semana, me agradas pero sé muy pocas cosas sobre ti. Se me ocurrió que podríamos tratar de saber un poco más del otro. Si está bien para ti. -Sí –dijo mirando directo a sus pies que se movían nerviosos. –Kurt-Lo llamó serio, haciendo que la piel del aludido se erizara. No despegó la vista de sus pies, pero pudo ver como la mano de Blaine se acercaba hasta él, pero por alguna razón no tuvo el reflejo de retirarse bruscamente evitando el contacto. Blaine lo tomó muy suavemente de su mentón, y lo inclinó hacia arriba, provocando que se miraran fijamente, frente a frente.

Kurt respiraba muy nervioso. -Tienes unos ojos demasiado lindos para dedicarte a mirar el piso cada vez que hablas. A veces las miradas dicen incluso más que las palabras. ¿Crees que podrías mirarme cuando hablas?-Kurt sentía las peticiones de Blaine cada vez más pesadas. Era jodidamente difícil y estresante cumplir lo que él le pedía pero sabía que su intención no era que sonaran como órdenes. Sino como favores. Y sinceramente sentía que su alma se partiría en dos si veía una sola expresión de decepción en su rostro a causa de una respuesta negativa suya. -Está bien –respondió viéndolo directo a sus ojos celestes. -Gracias, en verdad –sonrió más que resplandeciente – Supongo que como yo soy el charlatán comenzaré por contarte cosas sobre mí. ¿Por dónde comienzo? Bien. Mi nombre es Blaine Devon Anderson. Tengo dieciocho años. Trabajo aquí atendiendo al público los sábados de diez de la mañana a seis de la tarde. Vivo con mis padres. Tengo cuatro hermanas menores. Santana, Brittany, las gemelas Quinn y Kitty. Tenemos un gato de mascota llamada Lord Tubbington , duerme todo el día. Mis mejores amigos se llaman Mike es asiático y callado ;Sam rubio y con muy buen sentido del humor; Artie castaño y excelente persona. Los conozco desde pequeño. Fuimos siempre juntos a la escuela. Estoy pensando en ingresar a la universidad el año que viene. Aún no tengo decidido que profesión escoger. Mis pasatiempos son escuchar música y pasar el tiempo con mis amigos, la mayor parte del tiempo jugando videojuegos. Mi color favorito es el morado. Mi estación favorita es el otoño. Mi materia favorita es ciencias y la que más odio es matemático. Hmmm… Te diría más cosas, pero en este momento no recuerdo.

Kurt lo miraba atento. Se quedó impactado con la cantidad de hermanas que tenía. Se sonrió al notar que tenían en común el odio a las matemáticas. También estaba sorprendido. Como Blaine podía hablar tanto, sonriendo, abriéndose tanto. Era admirable. -¿Qué hay de ti?- Preguntó expectante, sacando a Kurt de sus pensamientos. Él lo miró nervioso. No esperaba que él hablara en cantidad haciendo una gran descripción de su persona tal como él acababa de hacer ¿O sí? Eso era una locura. -¿Prefieres que yo pregunte y tu respondes?-Kurt sintió muchos deseos de asentir mirando hacia el piso pero debía acostumbrarse a ser diferente con Blaine -Sí –dijo viéndolo directo a los ojos. ¬Bien. Tu nombre completo es Kurt… -Elizabeth–respondió al cabo de unos segundos. -¿Por qué tienes un apellido tan genial? No es justo – bromeó y Kurt sonrió- Bien, Kurt Elizabeth Hummel –el aludido sintió un escalofrío al escuchar su nombre completo dicho por él- Tienes dieci… -Seis. -¿Vives con tus padres? -Sí. -¿Tienes hermanos? -Un hermano mayor. -¿Nombre? -Finn. Está estudiando en la Universidad de Lima. -Increíble –increíble que lograra hacerlo hablar toda una oración- ¿Tienes mascotas? –Tenía un canario se llamaba Pavarotti -¿Color favorito? -Rojo-¿Materia favorita? -Historia. -¿La que odias? -Matemáticas. -¡Hey! ¡Dame esos cinco!- Dijo colocando su mano extendida en el aire de manera vertical.Kurt la miró y supo lo que debía hacer, pero no estaba seguro de hacerlo. Lentamente alzó su mano y la posó tímidamente sobre la palma del mayor.

Se sintió extraño ese tipo de contacto. Como si cada segundo que pasaran juntos tomaran más confianza. Como si se volvieran más cercanos. -La idea es que suenen al chocar –dijo Louis divertido. Kurt retiró su mano y mordió un poco su labio inferior. Blaine insistía en intentar mantener una conversación común y corriente. Interactuando como lo haría con cualquier persona. ¿Qué no se daba cuenta de que él era un completo idiota que no sabía hacer nada bien? ¿Qué era un rarito?- ¬A la cuenta de tres. Uno… -Kurt levantó su mano en el aire –Dos… ¬-La hizo un poco hacia atrás -¡Tres!- Ambos llevaron sus manos hacia adelante en un rápido movimiento. Haciendo que las palmas de sus manos se estrellaran y dejaran salir un chasquido. El corazón de Kurt latía desenfrenado ysu mano temblaba un poco. -¡Yay! Por un mundo sin matemáticas –rió. Kurt dejó salir una gran sonrisa –hoyuelos –él lo miró confundido- tienes hoyuelos. Esas pequeñas marcas que se hacen a los lados de tu sonrisa –dijo tocando con sus dedos índices sus propias mejillas- mi abuela decía que las personas que tienen hoyuelos son de gran corazón –Kurt bajó la mirada al oír eso -Yo no tengo hoyuelos –hizo un pequeño puchero -Cuando sonrío se me forman pequeñas arrugas a los lados de los ojos. Eso no es lindo. -Si lo es- Kurt ni siquiera pensó en lo que acababa de decir tan naturalmente como respuesta. Blaine lo miró sorprendido. Acababa de hacerle un cumplido. El menor estaba muy nervioso. Blaine podía tomárselo de una mala manera. Pero no fue así. -Si tú lo dices-Blaine trataba de contener una gran sonrisa, fracasando en el intento, dejando ver las marcas de sus ojos que acababa de mencionar. Mordía sus uñas mientras lo miraba. Kurt lo observó fijamente. Él mordía sus uñas cuando se ponía nervioso, ansioso o apenado.

Se preguntó si Blaine se sentía de alguna de esas maneras en estos momentos. Así que Blaine si sentía vergüenza de vez en cuando, a pesar de ser tan confianzudo; pensó. Se preguntó en que otro tipo de circunstancias se comportaría como alguien tímido. -Diablos –dijo viendo al reloj- hora de volver al trabajo-Cada día que pasaba en su compañía Kurt se convencía que Blaines no era igual a las demás personas. Él era diferente. Él hablaba con él como si lo conociera de toda la vida. Nunca le preguntó porqué actuaba como un idiota que apenas sabe hablar. Nunca lo presionó a hablar, sólo lo incentivaba a hacerlo, pidiéndole favores. Nunca lo obligó a hablar con él e irónicamente era la persona con la que más estaba hablando el último tiempo. Con él no era difícil hacerlo. O tal vez eran tantos sus deseos de hablar con él que le resultaba más fácil que con otras personas.

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Mensaje por Gabriela Cruz el Miér Ago 19, 2015 10:20 am

Simplemente increíble, no me puedo imaginar a Kurt siendo tímido, espero el siguiente capitulo.
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Mensaje por GleeShipp el Jue Ago 20, 2015 10:46 pm

Gabriela Cruz escribió:Simplemente increíble, no me puedo imaginar a Kurt siendo tímido, espero el siguiente capitulo.
jajaja yo me lo imagino super timido
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Mensaje por GleeShipp el Jue Ago 20, 2015 10:46 pm

Capitulo 9
El sábado siguiente fue un día muy frío. Estaba nevando mucho. Las calles de la ciudad de Londres se encontraban cubiertas por un manto blanco de nieve. Carole le prohibió a Kurt ir al centro comercial caminando, lamentablemente ella tenía la tarde ocupada con trabajo así que debieron hacer las compras en la mañana. Kurt no se contentó en absoluto con eso pero las opciones eran verlo sólo unos momentos, o no verlo. Carole sabía a la perfección que eso lo molestaría, pero era preferible lidiar con un capricho a que Kurt enfermara. Además ir al centro comercial lo ponía de buen humor. En unas horas simplemente olvidaría toda esa cuestión. Cuando entró al local, Blaine lo miró sorprendido.

-Bonito gorro, te queda muy bien –le dijo cuando estuvo frente a él Kurt bajó la mirada. Blaine todos los sábados prestaba atención a cualquier cambio en la actitud de Kurt. Sea bueno o malo. Tenía razones para hacerlo pero hasta el momento las cosas no hacían más que mejorar. -A juzgar por tu ropa deduzco que está haciendo mucho frío. Kurt asintió pero él mismo se sorprendió y dijo rápidamente que sí, corrigiéndose. No acostumbraba a hablar con nadie que no fuera Blaine, así que simplemente olvidó que le había pedido no responder con gestos corporales y lo hizo inconscientemente. -Está bien –dijo sonriente - no voy a demandarte por no responder con palabras. Con las demás personas sigues remplazando con gestos tantas respuestas como puedas ¿No es así? -Sí. -No lo hagas- Kurt lo miró atónito. Esas palabras en boca de cualquier otro podían sonar tan rudas pero con Blaine no ocurría eso. Él sólo las decía de una manera tan tierna. Como si estuviera realmente interesado en ayudarlo a ser mejor pero los favores eran cada vez más grandes. Lo había obedecido en todo hasta el momento, pero no estaba seguro de poder lograr lo que le pedía esta vez

. -Sólo nos vemos una vez a la semana. Es de esperarse que pierdas la costumbre de responder con tu voz. Si practicas será más fácil. Confía en mí –le dijo con una cálida sonrisa. Kurt pensó que lo que Blaine decía sonaba lógico. Y sobre todo le había pedido que confiara en él. No quería decepcionarlo. Era lo último que quería hacer. -Lo intentaré –dijo aún algo dubitativo en su interior. -Realmente lo aprecio –sonrió aún más- además estoy seguro que no soy la única persona que se alegrará por eso- El menor comprendió que Blaine también pensaba en su familia. En cómo se alegrarían si él hablaba con ellos. Pensó en la felicidad que eso podía provocarle a su mamá. Después de todo él estaba siendo egoísta al no brindarle algo, sabiendo lo bien que eso le haría. Pero no era su intención privarla de esa felicidad. No era algo que hiciera a propósito. Pero lo intentaría. Intentaría devolverle algo del cariño recibido durante tantos años. Él estaba lejos de ser el hijo perfecto que una madre querría pero Carole siempre lo amó, lo mimó y fue paciente con él. A los ojos de ella era perfecto en cierta forma. Lo menos que podía hacer era darle algo a cambio. Demostrarle su gratitud. Pensó en la gran persona que era Blaine. Preocuparse por la felicidad de personas que ni siquiera conocía en persona. Pensó en lo maravilloso que era por lograr hacerle entender. Él debía esforzarse por mejorar. Nadie iba a hacer ese trabajo por él. Fue como si años de culpa cayeran sobre sus hombros como un balde de agua fría. Se había quedado mirando un punto en la nada. Pensando. -Blaine –se escuchó la voz de Tina. Ambos salieron de sus pensamientos y la miraron. -Sí, ya voy –dijo él. Kurt se apenó un poco. No era la primera vez que le llamaban la atención por distraerse hablando con él. Se sintió un estorbo. -Lo siento, parece que otra vez tendré que almorzar a solas. Espero que el clima mejore la próxima semana. -También yo.

En verdad esperaba poder pasar más tiempo con Louis la próxima vez. Cada vez parecían más largas las horas que debía esperar. Cada vez parecía avanzar más rápido el tiempo que pasaba junto a él. Él. Eso era en todo lo que pensaba. Al llegar a su habitación ese día; luego de guardar su CD sin desenvolver, dentro de la caja, debajo de su cama, tomó uno de sus tantos CDs y comenzó a reproducirlo. Se tendió sobre su cama, con la mirada perdida en el blanco techo. La música sonaba a un volúmen no muy alto. Consideraba que oír música de esa manera era más relajante. Se encontraba con las manos detrás de su cabeza, con sus dedos entrelazados. Todo lo que hacía era oír ese relajante sonido. Sonaba una canción especialmente romántica. Nunca había prestado suma importancia a las letras de las canciones. En muchas ocasiones las escogía sólo basándose en lo relajante que era. Pero en esa ocasión era diferente. Prestaba atención a cada palabra, cada frase. Hablaban de amor. De sentimientos hacia otra persona. Kurt seguía sin lograr quitar a Blaine de su mente a medida que las canciones sonaban y todo comenzaba a mezclarse. Louis, las canciones, sus sentimientos ¿Qué sentía por Blaine? Blaine le agradaba. Le agradaba mucho. Pero no en la manera que su madre o su hermana le agradaban. Él era tan agradable. Tan amigable. Tan apuesto. Él era… simplemente perfecto. A los ojos de Kurt, Blaine era perfecto. Tapó su rostro con sus manos y suspiró. Él lo supo en ese momento. Blaine le gustaba. Blaine le gustaba y no había nada que él pudiera hacer para evitarlo. No podía dejar de verlo, necesitaba verlo. Pero no podía decirle lo que sentía, definitivamente esa no era una opción, lo vería como un rarito, se alejaría de él y eso no podría soportarlo. Pensó que las cosas seguirían de igual manera. Lo único que estaba a su alcance era tratar de ser mejor. Esforzarse por actuar como una persona común y corriente. Aunque eso fue jodidamente difícil para él. Debía dar su mejor esfuerzo. Si el premio era ver una sonrisa de orgullo en el rostro de Blaine, todo el esfuerzo valdría la pena.

Los siguientes días, mientras sus padres se encontraban trabajando y las clases con Holly habían acabado, él se encontraba solo en su casa. Como de costumbre desde que era un niño. Comenzó a practicar en soledad. Comenzó balbuceando de a una palabra. Luego eso se convertiría en un susurro. Luego en una palabra dicha en voz baja. Y finalmente en una palabra propiamente dicha. Luego intentó hablar varias palabras de una sola vez. Eso se le dificultaba bastante. Pero al menos tenía la tranquilidad de estar hablando consigo mismo. Cualquiera que hubiera visto la escena se hubiera mofado. Un maldito idiota de dieciséis años, hablando solo, practicando hablar para hacerlo bien, cuando a todo el resto del mundo le era algo tan fácil y natural. Pensaba que era patético. Pero no dejó de esforzarse. Fue un proceso lento. Avanzaba un poco más día a día. Cuando finalmente logró hablar medianamente bien, decidió llevar su entrenamiento un poco más lejos. Se paró frente al gran espejo de su habitación, pretendiendo que su reflejo se trataba de cualquier otra persona. Podía ver el miedo en sus ojos. Se quedó callado unos minutos. Pero imaginó la figura de Blaine en el espejo, por sobre su reflejo. Sonreía, mordiendo apenas su labio inferior. -Puedes hacerlo, Kurt-En su imaginación escuchó claramente a Blaine decir eso al otro lado del espejo. Okay. Finalmente estaba enloqueciendo. Pero es que él sabía que probablemente esas serían sus palabras si se encontrara con él en ese momento. El reflejo producto de su imaginación se esfumó y volvió a estar frente a su peor enemigo. Él mismo. Apretó sus puños. Tomó una gran bocanada de aire y miró su reflejo con expresión desafiante. -¡Soy Kurt Hummel y no tengo miedo! ¿Sabes por qué? ¡Porque Blaine confía en mí. Y él me hace fuerte! -Exclamó. Se alejó del espejo y se dejó caer de espaldas es su cama. Tenía la respiración agitada y su pulso temblaba. A pesar de sus persistentes nervios, sintió una oleada de orgullo recorrer su cuerpo. La auto superación definitivamente se sentía de maravilla.

Al anochecer su madre llegó del trabajo y se encontraba preparando la cena. Kurt se dirigió a la cocina a tomar un vaso de agua. Se encontraba vestido solo con pantuflas en sus pies y una toalla ceñida en su cadera. Él se encontraba seco. Carole lo observó. -¿Tomarás una ducha? –preguntó aunque fuera obvia la respuesta. Kurt terminó de beber el líquido del vaso de vidrio y la miró a los ojos. -Sí –respondió y se dio media vuelta, retirándose del lugar. -Está bien. Procuraré no abrir los grifos –le dijo amable mientras lo veía irse. Carole siguió con sus labores de cocina. Tomó una cucharada de su salsa y comenzó a probarla, pero de repente algo la dejó en shock haciendo que soltara la cuchara, que cayó el suelo, esparciendo parte de la salsa. Un verdadero desastre pero no pudo importarle menos. Volvió su vista a la puerta de la cocina por donde se había marchado Kurt. ¬“¿Sí?” –Dijo en voz alta, porque su voz interna no era suficiente para expresar su asombro. Kurt hacía ya muchos años que había dejado de usar esa palabra al tener un sustituto gestual. En la sesión con Stella también ella pudo notar el drástico cambio. Él respondía todas las preguntas luego de unos pocos segundos. Le dirigía de vez en cuando la mirada. No estaba usando gestos para reemplazar palabras. Tanto Emma como Carole no podían salir de su asombro.

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Mensaje por Gabriela Cruz el Vie Ago 21, 2015 12:41 am

Estuvo genial, como Blaine logró que Kurt confiara en si mismo.
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Mensaje por GleeShipp el Sáb Ago 22, 2015 7:28 pm

Gabriela Cruz escribió:Estuvo genial, como Blaine logró que Kurt confiara en si mismo.
"-¡Soy Kurt Hummel y no tengo miedo! ¿Sabes por qué? ¡Porque Blaine confía en mí. Y él me hace fuerte!!" es un ataque al corazon
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Mensaje por GleeShipp el Sáb Ago 22, 2015 7:29 pm

Capitulo 10
-Kurt, amor. Despierta –lo meció su madre por encima de las mantas debemos ir a la casa de los abuelos. Kurt estaba semi dormido, pero oír eso simplemente le quitó todo rastro de sueño. En un movimiento brusco quitó las frazadas que lo cubrían y miró fijamente a su madre. Era sábado. Los sábados eran su día especial. Su día libre. El día en que veía a Blaine ¿Por qué ir a la casa de sus abuelos? Eso sólo lo hacían los días domingo. La miró con el ceño fruncido en espera de una respuesta, aunque ninguna que pudieran darle le agradaría. -Los abuelos se van de viaje mañana. Por eso haremos el almuerzo familiar el día de hoy. -No –respondió serio-Kurt… -No ire-a Carole le agradaba la idea de que su hijo hablara más. Pero esta situación simplemente le rompía el corazón. Esos almuerzos se alargaban por horas y volvían muy al atardecer. Si iban era muy probable que Kurt no pudiera ir al centro comercial. -Debes ir –le dijo afligida. Ella pudo ver como sus ojos se cristalizaban un poco, su rostro seguía con expresión molesta. Supuso que estaba experimentando demasiada impotencia en esos momentos.

Salió rápidamente de la cama y se dirigió al baño, dónde se encerró durante varios minutos. Toda esa situación le resultaba demasiado injusta. No era justo que lo privaran de lo que más feliz lo hacía en el mundo. Sentía un nudo en su garganta. Tanta práctica en vano. Trataba de calmarse. Luego de pasar largo rato encerrado finalmente salió y fue hasta la sala donde se encontraban sus padres ya cambiados, listos para salir. Él simplemente estaba con unos cómodos y viejos pantalones de gimnasia y un sweater de lana que le había tejido su abuela hace algunos años. -¿No te cambiarás de ropa, cariño? –preguntó su madre. Él negó con su cabeza viéndola de manera fija. Claramente estaba molesto. Muy molesto. Ella sintió como su corazón se oprimía. Kurt había estado respondiendo con palabras y ahora un cambio repentino de planes había arrojado todo por la borda en cuestión de minutos. -Intentaremos regresar temprano e ir al centro comercial ¿Sí? No puedo prometerte nada. Por favor no te enojes- Él sólo la miró fijo y desvió su vista hacia otro lado. Se encaminó hacia el auto y se subió a él. Cuánto más rápido se librara de la reunión familiar, más posibilidades había de verlo al menos unos minutos. Incluso segundos.

Una vez llegados a la casa de sus abuelos, Kurt apenas si los saludó a ellos por educación. Estaba claramente enojado y no quería que nadie lo molestara. Ni siquiera se molestaba en responder con gestos, sólo hacía oídos sordos a todo lo que le hablaban. La bronca le había quitado incluso gran parte de su apetito. Los demás reían y hablaban entre ellos. Él sólo miraba fijamente el reloj de la sala. Faltaban tan sólo veinte minutos para las seis de la tarde. El horario en que finalizaba el turno del trabajo de Blaine. Y sus padres no se veían muy interesados en abandonar pronto la plática. No podía soportar la idea de no verlo. Ni siquiera podía ir caminando, dado que la casa de sus abuelos estaba en las afueras de la ciudad. Sólo había algo que podía hacer. -Mamá –la llamó tomándola del brazo. Ella dejó de reír y prestar atención a la conversación para concentrarse en él. Hacía muchísimo tiempo que no la llamaba así. Sólo lo hacía cuando algo era realmente importante. -Por favor –la miró con genuinos ojos de súplica. Si había alguna esperanza de llegar a ese lugar a tiempo todo estaba en manos de su madre. Ella vio lo afligido que estaba y luego vio el reloj. Las posibilidades de llegar a tiempo eran realmente pocas, pero lo intentaría. -Ha sido un almuerzo maravilloso como siempre –dijo Carole, claramente apurada al mismo tiempo que se ponía de pie- Espero que disfruten mucho su viaje y nos traigan un bonito recuerdo –dijo tomando su abrigo y dándole el suyo a Burt -Oh ¿Ya se van? –dijo su suegra- ¿No gustan quedarse un tiempo más? -En verdad nos encantaría, pero recordé que debo pasar por un lugar que está a punto de cerrar. Es realmente importante que lleguemos a tiempo – dicho lo último le dio una mirada a Kurt. Él la observaba sin expresión en su rostro, pero su mirada estaba llena de agradecimiento. Saludaron y rápidamente salieron de allí.

Una vez dentro del auto Kurt sabía que contaban con pocos minutos para llegar a tiempo. Jugaba con sus dedos a causa de sus nervios y mordía su labio inferior por lo mismo. Carole sólo lo observaba por el espejo retrovisor. Su padre estacionó el auto en la playa de estacionamiento. Apenas el auto dejó de moverse, Kurt abrió la puerta del vehículo y se echó a correr. -¡Kurt! –gritó asustado Burt, pero Carole lo detuvo. -Déjalo. Él sabe lo que hace. Kurt y ni siquiera lo pensó. Actuó por instinto. Debía llegar. Corrió lo más rápido que pudo a través del estacionamiento y dentro del edificio hasta dar con el local. Estaba abierto. Lo había logrado. Realmente lo había logrado. Su pecho ardía. Su boca se encontraba totalmente seca. Le faltaba el aire. Nunca había corrido tanto ni tan rápido en toda su vida. Respiraba totalmente agitado, su pecho subía y bajaba. Pero eso no le importó. Dejó de lado su excesivo cansancio y entró. Blaine se encontraba libre. Era de esperarse. Faltaban unos escasos dos minutos para que el lugar cerrara.Blaine lo vio acercarse sonrió de sobremanera.

-Creí que no vendrías –dijo mordiendo su labio. Kurt trataba de regularizar su respiración. Su rostro estaba algo sonrojado por el calor que le había provocado correr, sus rizos más alborotados que de costumbre. Una vez cobrado el CD de ese día no había nada más que hacer. -Bien, la última venta del día de hoy –dijo tronando sus dedos- ¿Puedes esperar unos momentos? Regreso enseguida. -Está bien –respondió sin saber a que se refería. Blaine se adentró en el cuarto detrás del mostrador una vez más y luego de un par de minutos salió vestido con ropa diferente. Se había quitado el uniforme de trabajo. Kurt no supo porqué se sorprendió ante eso; es decir, era obvio que haría eso, su turno había acabado. Un hombre adulto encargado del lugar llegó con un manojo de llaves en sus manos. Ya no había clientes dentro. Tina, Sugar y Blaine comenzaron a caminar fuera del local. Ellas también ya se encontraban vestidas con su ropa común. Él sólo siguió caminando detrás de Blaine, con su bolsa en mano, sin decir nada. El encargado cerró las puertas con llave, colocó un candado en ellas y seguidamente bajó una gran reja que abarcaba las grandes vidrieras. Se giró hacia ellos cuatro, hizo un gesto saludándolos con la cabeza y se retiró de lugar. -Nos vemos la semana que viene –saludó Sugar muy simpática y se fue. -Claro –respondió con una sonrisa. -Sí, yo también me voy. Adiós Blaine –saludó de manera no tan agradable Tina y dio una mirada asesina a Kurt antes de retirarse y tratando de alcanzar a su compañera. El menor frunció el ceño, confundido.

El mayor notó esto y trató de alivianar las cosas. -Bien, somos sólo tú y yo ahora –dijo posicionándose frente a él – Oficialmente esta es la primera vez que nos vemos fuera de la tienda –dejó escapar una pequeña risa y repitió haciendo un gesto con su mano - ¿Entiendes? “Fuera de la tienda” –dijo dando a entender el doble sentido en la oración. Kurt lo entendió automáticamente. Y la suma de todo lo que estaba experimentando; la felicidad de haber llegado a tiempo, de verlo, de que él aún permaneciera a su lado habiendo acabado su horario de trabajo, y de ese estúpido comentario cargado de humor lograron que sintiera un cosquilleo interior a lo largo de todo su cuerpo y no pudiera contener la risa. Inconscientemente comenzó a reír. -¡Reíste! –dijo extremadamente feliz –no puedo creerlo. Ahora no te librarás de mis horribles chistes. Voy a hacer que rías hasta que tu estómago te pida a gritos que pares –justo en ese momento el estómago de Blaine rugió hambriento –Hablando de estómagos-El chico de ojos claros tratando de reponerse de la risa a la cual no estaba acostumbrado lo miró preocupado. El mayor desvió la mirada como si se sintiera apenado de lo que estaba a punto de decir. ¬-Hmm, yo no… almorcé esta mañana. Quería esperar a que llegues para tomar mi hora del almuerzo-

-¡Lo siento! –dijo afligido. Se sintió extremadamente culpable. Aunque no fuera decisión suya ir a último momento, no podía evitar sentir culpa. Blaine lo había estado esperando para pasar su receso juntos. Repitió eso en su cabeza. Blaine había esperado por él. Estaba muriendo de hambre en lugar de comer algo, sólo por pasar más tiempo con él. Su corazón comenzó a latir rápidamente. -No hay problema. En verdad –luego de esas palabras fingió estar pensativo –Se de una manera en que puedes compensarlo –dijo animado. -¿Cómo? –haría cualquier cosa los -Acompáñame a comer algo ahora –dijo expectante –a menos claro, que tengas otra cosa que hacer. Lo entenderé. No podía ser cierto lo que estaba escuchando. Realmente él no era amable con él debido a su trabajo, él en verdad le agradaba a Blaine. Y no podía entender porqué el no tenía nada de especial para agradarle a la gente. Sin embargo Blaine se divertía y lo trataba como si fuera alguien que conocía de toda la vida. -Te acompaño –respondió algo tímido. -¡Sí! –exclamó Blaine y lo tomó por una de sus muñecas comenzando a caminar bastante veloz –ven, conozco un lugar- Kurt le seguía el paso y rogaba porque no notara que su mano temblaba por completo bajo su tacto. Kurt odiaba profundamente que cualquier persona que no fueran sus padres o su hermano lo tocaran, pero él lo hacía de una forma tan natural y suave que simplemente le erizaba la piel. Soltó su muñeca una vez que estuvieron en la escalera mecánica, dirigiéndose al segundo piso del centro comercial.

Avanzaron un poco más hasta llegar a un restaurante de comida rápida. Se acercaron a la chica que tomaba los pedidos y pidió el combo de hamburguesa, con papas fritas y una gaseosa grande. -¿Tú quieres algo? –le preguntó dulcemente. -No, está bien. -¿Estás seguro? Yo invito. -En verdad, no tengo hambre. Gracias-Blaine pagó la orden y se dirigieron a una pequeña mesa con dos sillas enfrentadas de las tantas que había en el lugar perteneciente al restaurante. Estaban un tanto alejados de las demás personas, situados junto a un panel de cristal que les permitía observar a la gente que caminaba en la planta baja. Al cabo de unos pocos minutos una moza llegó con una bandeja y la orden del chico. Él le agradeció y desenvolvió su comida al instante. En verdad moría de hambre –habló con la boca repleta de comida –pero creo que valió la pena esperar –ahora dando un sorbo de su bebida. No quitaba sus ojos de Kurt, haciendo que el chico desviara su mirada bastante seguido al sentirse extraño. Blaine terminó su hamburguesa en cuestión de segundos y comenzó con las papas fritas. -Woah ¡Amo esta canción! ¿Tú no? –dijo cuando determinada canción había comenzado a sonar como música ambiental dejándose escuchar a lo largo de todo el edificio. -Sí, es genial You make me feel Like I'm livin' a Teenage dream–cantó en un tono de voz muy alto. -¡Shhh! Susurró Kurt tratando de contener la risa. Había notado como algunas personas les dirigían la mirada al oír a Blaine cantar y eso lo estaba matando de la vergüenza, pero no podía dejar de resultarle divertido. -¿Por qué quieres que me calle? ¿No te gusta como canto? –hizo un puchero. En realidad él sólo estaba tratando de hacer reír a Kurt tanto como le fuera posible con sus payasadas. -No es eso –dijo con una gran sonrisa que marcaba sus hoyuelos y hacía sus ojos más pequeños-Entonces no veo el problema ¡¡¡Let's run away and Don't ever look back Don't ever look back!!! –gritó con énfasis. Kurt moría de vergüenza pero no podía parar de reír. -¿Quién demonios está cantando a los gritos? – preguntó Burt sonriendo.

Él y Carole se encontraban caminando, pasando por enfrente de la sección de juegos del segundo piso del centro comercial cerca de los restaurantes. -No lo sé, pero es divertido -Respondió ella tratando de divisar con la mirada de donde provenían los cantos. Pronto sus ojos se fijaron en un muchacho que sonreía alegremente, al parecer era él quien cantaba pero rápidamente su atención pasó a la persona que estaba frente a él. Un chico de cabello idéntico al de Kurt -¡Burt, es Kurt! –susurró ella. -Estás loca, muje, Kurt no canta. -¡No me refiero a eso! –susurró y tratando de que también él bajara el volumen de su voz –Kurt está con ese chico. El hombre dirigió su mirada hacia el mismo punto que su esposa y vio a lo que se refería. Su hijo estaba de espaldas a donde se encontraban ellos así que no podía verlos. Y el otro muchacho si los veía, no sabría quienes eran así que no les daría importancia. -Ven, acerquémonos un poco –dijo ella en voz baja, él estuvo de acuerdo. Caminaron hasta estar un poco más cerca de ellos, lo suficiente para escuchar un poco de la conversación, siempre con cuidado de estar a espaldas de Kurt y no entrar en su campo visual. -¿Seguro que no quieres de mis papas? –preguntaba el castaño mientras devoraba cada porción de comida. -No, gracias- Sus padres que escuchaban a unos metros de distancia ya no tenían dudas. Esa era su voz. Era él. -¡Ya sé! –dijo haciendo un chasquido con sus dedos
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Mensaje por Gabriela Cruz el Lun Ago 24, 2015 3:22 am

Estuvo genial, te felicito, espero con ganas el próximo capítulo.
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Mensaje por GleeShipp el Mar Ago 25, 2015 12:18 am

Capitulo 11
– ¡Adivina que animal soy! –el menor frunció el ceño mientras veía como Blaine tomaba dos papas y las colocaba en su boca, una en cada comisura y éstas quedaban hacia debajo de su rostro. Kurt sonrió ante la ocurrencia. -¿Una morsa? -¡Muy bien! –luego de quitarse ambas papas fritas de la boca, comió una de ellas y la que quedaba la apoyó en medio de su frente, haciendo que quedara hacia arriba, en ángulo -¿Qué soy ahora? -Un unicornio –Kurt no podía dejar de sonreír. -Correcto. Eres listo. Pero apuesto que no adivinarás el siguiente –llevó la papa desde su frente al espacio entre su nariz y su boca, la colocó de manera horizontal, sosteniéndola con sus labios. El menor se quedó pensativo unos momentos tratando de adivinar y admirando el rostro gracioso de Blaine -No lo sé. -Un hombre con bigote –dijo mientras comía su papa. -¡Eso no es un animal! -¡Eso es lo que tú crees!- Kurt no podía contener la risa. Simplemente no podía. Nunca es su vida se había sentido tan feliz. Blaine además de ser perfecto era un completo idiota, nadie lo hacía sentir como él.

Carole lo oyó reír y lágrimas comenzaron a descender por su rostro. Se sentía demasiado orgullosa, tan inmensamente feliz y dichosa. Su pequeño estaba riendo como nunca en su vida. Tomó a su esposo del brazo y se dirigieron a la sección de los baños, estaba hecha un desastre. -¿Quieres que te acompañe hasta tu casa? –preguntó una vez que había acabado con toda su comida. El menor sintió un escalofrío de pura emoción. -En realidad, debería buscar a mis padres. -Entiendo. Tal vez otro día –dijo sonriendo –Nos vemos el próximo sábado. -Sí –dijo él intercambiando el último par de sonrisas de la tarde y viéndolo marcharse. Kurt dio un suspiro. Ese chico era pura perfección. Un vez que lo perdió de vista se puso a buscar a sus padres. Los encontró fuera de los baños. No muy lejos del restaurante donde ellos se encontraban momentos atrás. Cuando llegó hasta ellos pudo observar como su padre tenía una sonrisa de orgullo adornando su rostro y su madre tenía los ojos brillosos junto con una sonrisa de emoción. Él frunció el ceño confundido. Lucían extrañamente feliz, mucho más de lo que acostumbraban. -¿Te divertiste el día de hoy, hijo? –preguntó Burt -Sí –respondió con una pequeña y tímida sonrisa al recordar los momentos que pasó con Blaine -Me alegra mucho oír eso, corazón –dijo su madre al borde de las lágrimas.

-¿Cómo dices Carole? ¿Estás segura -Es lo que te estoy diciendo Emma-Lo vi con mis propios ojos. Burt también estaba ahí ambos lo oímos reír. -¿Cuándo fue la última vez que Kurt había reído? -No puedo recordarlo. Fue hace mucho tiempo, cuando era aún muy pequeño. -Las personas que padecen el tipo de problemas que Kurt tiene evolucionan muy lentamente, si es que logran hacerlo pero Kurt en los últimos dos meses ha demostrado una evolución enorme ¿Has tenido algo que ver? -Lamentablemente no. No sé cómo ayudar a mi propio hijo. Todo lo ha logrado por su cuenta. -No estoy tan segura ¿Sabes que fue lo que provocó que riera?-Carole se quedó en silencio unos segundos. Por supuesto que lo sabía. -¿Carole? -Él. -¿Él? -El chico de los CDs. -¿Qué sabes de él? -No mucho. Trabaja en el centro comercial. Kurt va a esa tienda todos los sábados. Al parecer su nombre es Blaine. El sábado pasado por un cambio de planes estuvo a punto de no ir. Juraría que estaba al borde de un ataque de nervios. -¿Conoces a ese chico? -Sólo lo vi a unos metros de distancia y lo oí decir unas tonterías. No parece una mala persona. -Creo que ya somos personas adultas y no hace falta que te diga que Kurt está sumamente interesado en ese chico. Esas palabras fueron como un balde de agua fría. Ella lo sospechaba desde hacía tiempo, pero necesitaba que alguien se lo confirmara, y así fue. De todos modos ella lo apoyaría sin importar que. -Eso creí –dejando escapar un suspiro- ¿Qué me aconsejas hacer? -No hay mucho que hacer. Está más que claro que sí Kurt progresa es debido a su fuerza de voluntad, la cual requiere del incentivo. Si le quitaras el incentivo, probablemente volvería a estar en el estado inicial o incluso peor. Procura que eso no pase. –Entiendo-

Al día siguiente Kurt estaba dubitativo, sobre ir al horario del almuerzo de Blaine o al finalizar su turno de trabajo. Una semana atrás luego de su trabajo había sido la mejor experiencia de toda su vida, pero no quería que Louis volviera a pasar hambre por su culpa. Por otra parte quería pasar tanto tiempo con él como le fuera posible. Tampoco sabía si al ir cuando su trabajo finalizara Blaine querría pasar tiempo con él. Tenía tantas posibilidades pasando por su mente; pero finalmente decidió ir cerca de las cinco de la tarde. Esperando que hubiera almorzado sin él. Dándole lugar a que lo invite a pasar tiempo con él al terminar su turno. Estaba arriesgando un lapso de tiempo asegurado a cambio de algo mejor que no sabría si ocurriría pero sintió la necesidad de hacerlo. Aproximadamente media hora antes de que el local cerrara, Kurt ingresó por la puerta. Blaine sonrió al verlo y desvió la mirada hasta que el chico estuvo casi frente a él. -¿Y bien? –preguntó divertido- ¿Admitirás que un hombre con bigote cuenta como un animal? –Kurt sonrió hasta marcar sus hoyuelos. -Jamás –respondió sonriente. Intercambiaron un par de comentarios banales y realizaron la compra del CD. Al menos Blaine no se veía hambriento, aunque sí algo más cansado de lo normal. Kurt tomó la bolsa con la compra y la apretó con fuerza, tal vez en verdad no pasaría lo que él esperaba. Apenas si podía soportarlo. -Bien, nos vemos –dijo volteándose hacia la puerta evitando verlo a los ojos. -Espera –dijo apresurado y el corazón del menor pareció detenerse en ese momento¬- Hmm ¿Tienes… algo que hacer luego? – dijo rascando su nuca-Quiero decir, mi trabajo termina en unos veinte minutos. Podríamos ir a tomar algo. Si es que tú quieres, claro. Kurt creyó que estallaría de alegría en ese mismo momento. Apenas si sabía cómo contenerse. Se volteó y lo miró con sus ojos llenos de un brillo especial. -Me encantaría- Ambos se dedicaron sonrisas cargadas de felicidad. Mirándose fijamente como idiotas.

Tina rodó los ojos con una mueca de molestia y se dirigió a otra parte.Sugar rió un poco al observar toda la escena. Blaine hizo pasar a Kurt a la pequeña habitación detrás del mostrador y le dijo que esperara en aquel lugar sentado unos minutos más hasta que su turno finalizara. Él obedeció. Era bastante incómodo, a decir verdad, estar allí solo esperando. Cada algunos minutos veía como ingresaba alguno de ellos tres a envolver algún recado. La morena lo observaba de pies a cabeza con desprecio, lo cual era bastante intimidante; en cambio Sugar le dedicaba algunas simpáticas sonrisas; Blaine, bueno, él intercambiaba algún comentario divertido cada vez que se encontraban. Una vez transcurridos esos interminables minutos, los tres adolescentes entraron en el cuarto. -Me cambiaré primero, llevo prisa –dijo Sugar. Uno a la vez fueron ingresando al baño para despojarse de su uniforme de trabajo y colocarse ropa común y abrigada debido al clima congelado de las calles. Una vez fuera del local el encargado prosiguió a cerrar. Se despidieron y tomaron distintos rumbos, tal como la vez anterior. -¿Nos vamos? –preguntó simpático. –Sí- Kurt estaba muy nervioso. Estaban una vez más a solas, sólo la perfección en persona y él. Caminaban a la par. Kurt siguiendo los pasos de Blaine lo mejor que podía. Se extrañó bastante cuando se percató de que se dirigían a la salida del centro comercial. Efectivamente salieron de éste. Decidió no hacer preguntas y se limitó a seguirlo.

Caminaron fuera del estacionamiento y por la acera frente a la plaza que allí se encontraba. De pronto Blaine detuvo su marcha, el menor lo imitó. -¿Te parece bien este lugar?- Kurt observó que el lugar era una conocida cafetería que había estado durante varios años. El lugar tenía muy buena fama y el ambiente era confortante. Aunque él hubiera dicho que sí a cualquier sitio que Blaine escogiera. –Sí-Se adentraron en el lugar. Kurt mirando absolutamente todo a su alrededor. Aunque por más llamativos que resultaran todos los objetos nuevos, Blaine siempre le resultaría el más hermoso y llamativo. Tomaron asiento en dos sillas enfrentadas, junto a la ventana desde la cual se podía observar la plaza. Dejando sus abrigos y la pequeña bolsa de plástico a un lado. La iluminación del lugar era tenue, no excesiva y cegadora como la del centro comercial. Tampoco había una cantidad elevada de gente. Era un lugar muy cómodo y acogedor. Kurt dio gracias por ello. Blaine tomó una de las cartas del lugar y comenzó a leer la lista del menú. -Creo que pediré un café mediano y dos muffins. Uno de chocolate y uno de frutilla ¿Qué hay de ti? –preguntó sonriendo. -Lo mismo. -¿Estás seguro? ¿No quieres otra cosa? -No. -Está bien.-Una simpática mesera se acercó a ellos al cabo de unos minutos y tomó la orden. Blaine se encargó de pedirla. -Estará lista en unos minutos. -Claro –respondió cordial. Una vez que la mujer se alejó soltó un gran bostezo, el cual cubrió con su mano.

El menor aprovechó la oportunidad para intentar sacar un tema de conversación. -¿Tienes sueño? –preguntó bastante tímido. -Sí. Por eso pedí café. Anoche nos quedamos hasta tarde jugando al Rock n’ Roll Racing con los chicos. Barrieron el piso conmigo, los videojuegos no son mi fuerte. -¿Los chicos? –preguntó curioso y con algo que parecía ser algo de celos. -Sí, nos reunimos en casa de Sam. Su casa es enorme. Se suponía que sería una reunión de chicos pero Artie llevó a su novia. No tengo nada en contra de ella. Es sólo que no encajaba con nosotros y se aburría la mayor parte del tiempo. Yo estaba molesto por otro motivo. Sebastian tuvo durante casi seis meses mi disco favorito de Pink Floyd y cuando al fin me lo devolvió, al escucharlo noté que estaba rayado en un par de canciones, obviamente él negó tener la culpa. Pero bueno, no voy a pelearme con uno de mis mejores amigos por algo material-Kurt se quedaba admirado de la manera en que Blaine siempre hablaba de sus amistades. Se notaba que los apreciaba en verdad mucho. Se sintió algo mal al saber que Blaine jamás hablaría así de él con otra persona. Después de todo, no había nada interesante que decir sobre él. Incluso le sorprendía que no le diera vergüenza que lo vieran junto a él. -Aquí tienen su orden. Que la disfruten –interrumpió la mesera. -Muchas gracias.

Comenzaron a comer sus muffins y sorbiendo de vez en cuando un trago de su bebida caliente. Estaban en silencio mientras comían, pero no era un silencio incómodo. Intercambiaban algunos comentarios banales como tenían acostumbrado. De vez en cuando Kurt levantaba su vista para ver comer a Blaine, simplemente para admirarlo. En más de una oportunidad se encontró con la mirada azul del chico, que lo observaba sonriente, haciendo que inmediatamente desviara su mirada hacia otra parte, apenado. -¿Vives lejos de aquí? –Preguntó una vez habiendo terminado su orden, mientras observaba a través del cristal que ya había anochecido. Eran finales del otoño. Los días parecían más cortos debido a la poca luz solar. -No realmente. -¿Puedo acompañarte de regreso a tu casa? –Kurt tragó saliva. -Claro. Si eso quieres. -Aquí está su cuenta –dijo interrumpiendo una vez más la mujer. Kurt metió su mano en el bolsillo, tratando de hallar el dinero pero Blaine llamó su atención. -¡No te atrevas! –Le advirtió -Yo te invité por lo tanto seré quien pague-Pero… -No aceptaré un no por respuesta- El menor jugueteó nervioso con sus dedos, debiendo aceptar que fuera Blaine quien pagara por él. Eso en verdad fue incómodo. El mayor agradeció a la empleada y junto con Kurt salieron del lugar.
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Mensaje por Gabriela Cruz el Mar Ago 25, 2015 12:22 am

Me encanta este fic, espero el próximo capítulo.
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Mensaje por GleeShipp el Lun Ago 31, 2015 7:08 pm

Capitulo 12
En verdad que la temperatura había descendido notablemente. Hacía mucho frío. Muy poca gente se encontraba deambulando por allí. Ambos para su suerte estaban bien abrigados. Kurt llevaba un gorro y Blaine un par de guantes negros. Cruzaron la calle y comenzaron a atravesar la plaza pero Blaine se detuvo. Kurt también se detuvo y lo observó atentamente. El día había oscurecido por completo. Los faroles estaban encendidos creando una aureola luminosa alrededor de ellos a causa de la suave neblina. Blaine miraba al cielo completamente negro y veía caer los diminutos copos de nieve. -Las noches de Londres son hermosas ¿No lo crees? -Sí –respondió. Aunque él no estuviera apreciando la belleza de la noche precisamente -Dime Kurt ¿Cuál es tu estación favorita del año? – dijo ahora mirándolo con una sonrisa dibujada en esos finos labios. Kurt  lo meditó unos momentos.

En realidad las estaciones del año le daban igual. Él vivía encerrado en su casa todo el año debido a su estúpida fobia. Lo único que cambiaba era la ropa que debía usar para asistir a sus terapias o a los almuerzos familiares pero conoció a Blaine en otoño, razón suficiente para que esa fuera su estación favorita. -Otoño. -¡También la mía! ¿Sabes por qué? –Sonrió aún más –No-Entonces el mayor señaló las hojas esparcidas en el suelo, alrededor de los árboles. -Siempre desde que era un niño pequeño me gustó jugar con las hojas secas –dijo caminando sobre el césped y las hojas en el suelo mientras hacía una seña a Kurt para que se acercara a él –éstas están algo húmedas y por eso no hacen tanto ruido al pisarlas, pero es una de mis cosas favoritas, sé que suena estúpido, pero es la verdad-Blaine miró hacia todos lados, tratando de estar seguro que nadie los observaba y sacudió el árbol con fuerza haciendo que muchas de sus hojas secas se desprendieran y cayeran lentamente junto con la suave nevada. Amontonándose a sus pies. Se agachó y tomó varias de las hojas recién caídas y se las arrojó a Kurt. El menor se cubrió rápidamente Blaine rió un poco.

-Tranquilo no van a lastimarte-Kurt dejó de cubrirse con sus brazos y notó como las hojas caían sobre él de manera totalmente inofensiva. -No te lastimaría –dijo ahora en un tono más serio. Kurt tragó saliva y decidió seguir el juego. Después de todo, estaba compartiendo una de sus cosas favoritas con él y eso lo hacía sentir especial. Tomó una gran cantidad de hojas del piso y se las aventó a Blaine, el cual hizo lo mismo y así en cuestión de segundos habían comenzado una especie de guerra de hojas. Ambos comenzaban a respirar agitados por el cansancio pero no borraban las sonrisas de sus rostros, dejando escapar risas divertidas. Kurt se estaba divirtiendo como nunca antes pero dio un mal paso, tropezando con una roca y cayendo encima de Blaine. Blaine quedó tendido sobre un suave colchón de hojas sin movimiento alguno y Kurt encima de él. El menor se preocupó demasiado al verlo con los ojos cerrados y sin expresión en su rostro. Lo meció suavemente por sus hombros para que reaccionara pero nada sucedió. Estaba comenzando a asustarse demasiado. -¿Blaine? –dijo sumamente preocupado acercándose a su rostro lentamente. -¡Boo! –gritó al mismo tiempo que abría los ojos cuando sintió la respiración de Kurt lo suficientemente cerca de su rostro. -¡¡Ahhh!! –exclamó dando un salto hacia atrás cayendo sobre el montón de hojas. Blaine reía ruidosamente. -Lo siento –decía sin poder parar de reír. -¡¡Me asustaste!! –gritó arrojándole una gran cantidad de hojas. Trataba de mostrarse molesto pero en realidad no había podido sobreponerse del susto. -En verdad lo siento mucho, no lo resistí –dijo sonriendo luego de recibir el impacto con las suaves hojas- no te enojes. Por favor – le suplicó haciendo un pequeño puchero, Kurt suspiró, no podía enojarse con Blaine. Aunque fuera un idiota.

En realidad,Kurt amaba que Blaine se comportara como un idiota. Kurt  amaba cada pequeña cosa de Blaine, Kurt amaba a Blaine-No estoy enojado –murmuró -Gracias. Ven –dijo poniéndose de pie y extendiendo su mano hacia Kurt para ayudarlo a levantarse- Si seguimos en el piso nos humedeceremos la ropa y pescaremos un resfriado ¿No queremos eso verdad? -No –dijo algo dubitativo antes de tomar finalmente la mano de Blaine. Su corazón latió con fuerza a pesar de no tocar directamente su mano. Ambos sacudieron sus traseros para quitar rastros de polvo y tierra. Y siguieron su camino a través de la plaza. Kurt marcaba el paso esta vez ya que Blaine no sabía que dirección tomar para llegar hasta su casa. El mayor pudo observar como el chico de ojos perfectos había quitado sus manos de los bolsillos de su abrigo y las tenía cerradas en puños frente a su rostro tratando de transmitirles calor con su aliento. -Kurt –dijo deteniendo su marcha haciendo que el otro lo imitara y lo mirara- toma –dijo quitándose sus guantes negros y tendiéndoselos para que los tomara- póntelos. El menor observó los guantes y luego a Blaine con el ceño fruncido. -No –Era la primera vez que Kurt se rehusaba a una petición suya. -Anda, tómalos. -No. -Kurt, por favor. Tómalos. Tus manos deben estar heladas. -No. Tendrás frío tú. -Eso no importa-Kurt al oír eso se cruzó de brazos y puso una expresión molesta en su rostro. No como la de la plaza. Una en verdad molesta. Blaine no soportaba la idea de que se enojara con él. -En serio, Kurt no quiero que tengas frío –dijo en tono suplicante. -No quiero que tú tengas frío por mi-

Se quedaron ahí parados unos momentos. Mirándose fijamente, tiritando de frío. Ninguno parecía dispuesto a ceder ante el otro pero cada minuto que pasaba la noche se hacía más fría y más obscura. Debían llegar a un acuerdo. -¿Tomarías mi mano? –preguntó de manera suave pero con timidez. -¿Qué? -preguntó de igual manera. -Nos colocamos un guante cada uno, y con nuestra mano libre tomamos la mano del otro para mantener el calor –Blaine se notaba algo nervioso al hablar¬ Quiero decir… Es la única solución que se me ocurre. Está obscuro, nadie lo notará ¿Qué dices? -Está bien –respondió nervioso al cabo de unos momentos que parecieron interminables al mayor. Blaine tomó torpemente su guante derecho y se lo entregó a Kurt quién lo tomó temblando en parte de nervios y en parte de frío. Se colocaron cada uno en la mano correspondiente y  Blaine le tendió su mano para que la tomara Kurt tragó saliva duramente por los nervios y acercó su mano tiritando hasta tomar la de Blaine.

Presionaron sus manos suavemente sobre la del otro para tratar de mantener todo el calor que les fuera posible. Blaine sonrió y el menor le devolvió la sonrisa tímidamente. Reemprendieron la caminata pero ahora de manera más silenciosa que antes. No era un silencio incómodo. Si no todo lo contrario. Las palabras estaban demás en ese momento. Como si lo único que les importara en el mundo fuera sentir la calidez del tacto del otro sobre su mano, sentir su suave piel, el roce de sus dedos. Permanecieron así con cientos de pensamientos vagando por su cabeza. Kurt simplemente no podía creer que estuviera caminando de la mano con Blaine. El chico que no podía sacar de su cabeza. Era como una de esas escenas de las películas románticas que a veces veía su madre, sólo que esto era real. No tenía comparación. Luego de caminar todo el trayecto, Kurt se detuvo en unas rejas de color negro que daban paso a una casa blanca de tejado azul, muy bonita. Suspiró presionando la mano de Blaine con fuerza y luego soltándose del agarre lentamente, haciendo que ambos sintieran cada pequeño roce. Abrió la puerta de rejas con su llave pero no se adentró al patio delantero. -Gracias –dijo queriendo desviar la mirada, pero haciendo un esfuerzo por mantener el contacto visual, recordando que eso era lo que Blaine quería -Gracias por acompañarme –Blaine sonrió. -Por nada  Kurt, fue un placer. Gracias a ti por acompañarme a la cafetería –el menor negó un poco con la cabeza sonriendo hasta marcar sus hoyuelos y mordió su labio inferior. –Kurt… ¬-dijo seriamente haciendo que este lo mirara de la misma manera. Permaneciendo estáticos unos segundos. Blaine  iba a decir algo más cuando de pronto… -¡¡Kurt!!
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Mensaje por Gabriela Cruz el Mar Sep 01, 2015 11:11 am

Me encanta que Blaine sea tan tierno con kurt.
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