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*FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Sanny25 el Vie Ene 23, 2015 1:46 am

Gracias a dios que volviste y nos das mas de esta gran historia, por favor no nos vuelvas a dejar.
Muy buen capitulo por favor siguelo!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por micky morales el Vie Ene 23, 2015 11:12 am

podria preguntar si tengo que buscar una lupa para leer esa letra tan pequeña, muy buen capitulo pero como ha pasado tanto tiempo no recuerdo pq quinn se fue, en fin ya me acordare!!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por monica.santander el Vie Ene 23, 2015 2:09 pm

Volviste!!! hay algunas cosas que no recuerdo pero no importa por que volviste!!!
Saludos
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por MarisaParedes el Lun Feb 02, 2015 9:11 pm

Paz, buenas noches. Tu último capítulo ha sido un regalo que mis vacaciones, que pronto terminarán. Yo sí recuerdo todo, incluidos los detalles porque, como sabés, adoro tu historia. Y el capítulo -en el que técnicamente se ve la influencia de Cunningham ;)- me ha gustado mucho. Muchísimo. No sé cuando volverás, pero espero de verdad que sea en menos tiempo de lo has demorado esta vez. Se siente mal cuando hay un abandono tan grande, y ojalá que esto no suene a reproche, pero es verdad. Sobre todo cuando, a diferencia de lo que me sucede otras veces, incluso con libros publicados, yo no soy capaz de adelantar nada de tu trama. No quiero leer nada distinto de lo que vos quieras escribir. De modo que estoy totalmente a tu merced.
Debería escribir mucho más, comentar con detalle, pero no estoy de ánimos esta noche. Solo sé que has retratado extraordinariamente bien el descubrimiento de la soledad esencial de las personas.
Ojalá estés bien. Te mando un abrazo grande
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Anddy Rivera Morris el Vie Mar 13, 2015 2:30 pm

Increíble el capítulo!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por victoria555 el Mar Mar 17, 2015 2:00 am

oooooook inbox!!! ahora si voy a acabar con tus ganas de reprimirnos de brittana .... fue suficiente ... jajjaja mentiraaaa!! debatamos like always!! ... que comience el juego..... XD
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Valentina/L.V.P.L el Lun Jun 08, 2015 4:21 pm

Vuelveeee no seas así!! He leído toda tu historia y necesito saber más! Excelente Fic gracias por compartirnos tu talento pero enserio.... Vuelveee y danos brittana xD
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Dreamer=) el Vie Feb 26, 2016 3:31 pm

Y un año después...

Sanny25 escribió:Gracias a dios que volviste y nos das mas de esta gran historia, por favor no nos vuelvas a dejar.
Muy buen capitulo por favor siguelo!!!

Lo voy a seguir, no ahora pero muy pronto. :) ¡Gracias por leer y comentar!

micky morales escribió:podria preguntar si tengo que buscar una lupa para leer esa letra tan pequeña, muy buen capitulo pero como ha pasado tanto tiempo no recuerdo pq quinn se fue, en fin ya me acordare!!!!

¡Hola! Si seguís teniendo problemas con la letra a estas fechas te recomiendo el zoom de google chrome, en la esquina superior derecha. De ahora en más, seguramente voy a usar ese tipo de letra y en ese tamaño (es por un tema de espacios y aspecto) Muchas gracias por comentar, tienes un tiempo por ahora para recodar y, sino, te invito a releer los últimos capítulos de la historia. Saludos.


monica.santander escribió:Volviste!!! hay algunas cosas que no recuerdo pero no importa por que volviste!!!
Saludos

¡Hace un año, pero si! ¿Se vale festejar todavia? De ser así ¡Yey!
Muchas gracias por leer y comentar :)



MarisaParedes escribió:Paz, buenas noches. Tu último capítulo ha sido un regalo que mis vacaciones, que pronto terminarán. Yo sí recuerdo todo, incluidos los detalles porque, como sabés, adoro tu historia. Y el capítulo -en el que técnicamente se ve la influencia de Cunningham ;)- me ha gustado mucho. Muchísimo. No sé cuando volverás, pero espero de verdad que sea en menos tiempo de lo has demorado esta vez. Se siente mal cuando hay un abandono tan grande, y ojalá que esto no suene a reproche, pero es verdad. Sobre todo cuando, a diferencia de lo que me sucede otras veces, incluso con libros publicados, yo no soy capaz de adelantar nada de tu trama. No quiero leer nada distinto de lo que vos quieras escribir. De modo que estoy totalmente a tu merced.
Debería escribir mucho más, comentar con detalle, pero no estoy de ánimos esta noche. Solo sé que has retratado extraordinariamente bien el descubrimiento de la soledad esencial de las personas.
Ojalá estés bien. Te mando un abrazo grande

Creo que logré mandarte un mp hace un ratito, Marisa, espero que puedas leerlo. Salvando las distancias en tiempo y espacio, me alegra que te haya gustado el capitulo. Un abrazo grande.


Anddy Rivera Morris escribió:
Increíble el capítulo!!!

¡Muchas gracias! :)

victoria555 escribió:oooooook inbox!!! ahora si voy a acabar con tus ganas de reprimirnos de brittana .... fue suficiente ... jajjaja mentiraaaa!! debatamos like always!! ... que comience el juego..... XD

Estaría teniendo problemas técnicos para entrar a mi cosa esta de mensajes personales, osea el inbox, pero no considero que sea mi culpa sino del foro. También recuerdo haber leído parte de tu mensaje de lo que me llega al e-mail, y  que iba a contestarte. Si, no lo hice, me disculpo sinceramente, y en breve intentaré dar respuesta al debate. Espero que sea acalorado, estoy más que lista! jajaja Un abrazo :)

Valentina/L.V.P.L escribió:Vuelveeee no seas así!! He leído toda tu historia y necesito saber más! Excelente Fic gracias por compartirnos tu talento pero enserio.... Vuelveee y danos brittana xD

¡Hola! Te agradezco desde ya que hayas leído mi historia. Coincidimos en algo: ambas necesitamos saber más. Tengo planes de volver pronto, me atrevo a decir que la continuación está en desarrollo y espero que sea de gusto de todas las que continuamos por acá. Gracias por comentar :)





Buenas tardes a todas.
En realidad, entré un rato para juntar una cantidad de datos que he ido dejando derrochadoramente en un montón de mensajes y respuestas a lo largo de mi estadía en este foro. Eso, sumado a todo lo que tengo escrito en otros lugares, me está ayudando a darle forma a la continuación de la historia. De paso, aproveché y contesté algunos de sus mensajes. Tendrán que disculpar que haya pasado un año o más desde que publiqué algo por última vez. Para que sepan, estoy tomando en serio mi responsabilidad como autora de este fanfiction y pretendo volver en breve. Estoy releyendo entre lineas la última parte, como para re-conectarme con mi yo del pasado y ver en qué coincidimos y qué puedo hacer al respecto (y no es fácil pues ha pasado un largo tiempo desde entonces)

Por ahora no me atrevería a darles un resumen de lo que ha de pasar, solo sé que está más que claro que hay situaciones en A punto Cero que no seria saludable que continuaran. La familia de amigos peligra enormemente: se está desintegrando para darle pie a un nuevo tipo de relaciones. Y, créanme, si pudiera hacer un poster promocional con todos los personajes de este fanfiction los pondría sentaditos en un divan frente a un terapeuta, psicólogo, psiquiatra, o -en ultima instancia- un exorcista. Cada uno tiene sus miedos y sus propios demonios internos, y no es facil abordarlos a todos. Me voy a concentrar y enfocar, sin dudas, en nuestras queridas protagonistas (¡Quienes, dicho sea de paso, hace un año que están casadas y será así hasta el fin de los tiempos.... ¿No es genial lo que Glee terminó dándonos?!)  

Más allá de eso, espero que cada una de las personas que se detenga a leer estas lineas se encuentre más que bien. A estas alturas, no puedo pedir otra cosa. Ante cualquier duda, pregunta, sugerencia o critica, que quieran hacer, tengan por seguro que voy a estar al pendiente y totalmente dispuesta a responderle.

Gracias desde ya.

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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por micky morales el Vie Feb 26, 2016 8:16 pm

ok aqui sigo esperando el rumbo que le daras a la vida de los participantes en esta historia!!!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por monica.santander el Vie Feb 26, 2016 8:23 pm

Como siempre me pasa es una alegría que los o las autoras vuelvan a sus historias para terminarlas.
GRACIAS!!!!
PD: seguiré esperando.
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por MarisaParedes el Mar Mar 01, 2016 9:35 pm

Hola, my little dreamer!! No pude leer tu mensaje, aunque lo intenté. Voy a buscar medios alternativos (lease, en otro foro). De todas maneras, me alegra infinito haberte leído de nuevo.
Un abrazo, Paz
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por heathermylove el Jue Mar 03, 2016 11:08 pm

Hay dos historias que me mantienen en este foro, que evitan que lo borre totalmente de mis registros y una de esas es la tuya, ojalá y si vuelvas si es asi me pondre al corriente con la historia que le perdi el hilo por completo. Buena noche :-)
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Tat-Tat el Dom Dic 18, 2016 1:04 pm

Vuelvo a ingresar despues de miles de meses, solo porque esta historia la recuerdo y siento que ahora refleja mucho de lo que estoy pasando.

Me gustaría de regalo de Navidad(soñar aún es gratis) que volvieses con una actualización, pues estoy segura que aún lo tienes en tu memoria (si es que no lo tienes en el pc)

A veces las familias se desintegran, las parejas se separan y los amigos se alejan. Pero todo ese cariño, no desaparece.

Saludos :)
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Dreamer=) el Vie Dic 30, 2016 9:36 am

heathermylove escribió:Hay dos historias que me mantienen en este foro, que evitan que lo borre totalmente de mis registros y una de esas es la tuya, ojalá y si vuelvas si es asi me pondre al corriente con la historia que le perdi el hilo por completo. Buena noche :-)

Querida lectora, gracias por seguir ahí, pese al tiempo, pese a todo. Saludos.
Paz

Tat-Tat escribió:Vuelvo a ingresar despues de miles de meses, solo porque esta historia la recuerdo y siento que ahora refleja mucho de lo que estoy pasando.

Me gustaría de regalo de Navidad(soñar aún es gratis)  que volvieses con una actualización, pues estoy segura que aún lo tienes en tu memoria  (si es que no lo tienes en el pc)

A veces las familias se desintegran,  las parejas se separan y los amigos se alejan. Pero todo ese cariño, no desaparece.

Saludos :)


Concuerdo totalmente con lo que decís, el cariño no desaparece, una lo lleva siempre dentro de sí. Esta historia ya es una parte de mi, jamás podría olvidarla despues de todo lo que me ha brindado. Solo me resta decir: ¡Jo, jo, jo! ¡Feliz Navidad! (atrasada... pero esos son detallitos) ¡Un abrazo, y gracias!

Paz.
__

He vuelto. ¿Hay alguien ahí...? Espero que sí.
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*Fanfic* A Punto Cero -Capitulo 76- Borrón y cuenta nueva -*Nuevo* 30/12/16

Mensaje por Dreamer=) el Vie Dic 30, 2016 11:37 am

¡Hola!

Sé de buena fuente que aún hay personas que esperan la continuación y final de esta historia. Y lo merecen, de verdad. Créanme que yo también quiero lo mismo, aunque -claro- decirlo siempre es más fácil que hacerlo. Pido sinceras disculpas por desaparecer, estoy dando mi mejor esfuerzo para que eso no vuelva a ocurrir. Sin dudas, el tiempo y la distancia afectará que se puedan recordar todos los eventos que ocurrieron hasta el momento en el fanfic, y también para mi sería cansador intentar resumirlos a todos.
A lo que vine. Publicaré un capitulo con la esperanza de que les agrade, en el mejor de los casos. Toda duda u opinión será bienvenida y comprendida, siempre conservando el respeto generado hasta el momento entre lectoras y autora. Podrán encontrar en mi firma un link hacia la primer parte de A Punto cero, en caso de que deseen re-leer algo en especifico.

Sin más, les deseo un Feliz año, y una feliz lectura.
Mis agradecimientos hacia cada una de ustedes, por sus mensajes y su apoyo casi incondicional: buena parte de eso es lo que me ayudó a estar acá una vez más.

Paz.

PD: Este no es el final de a historia, ni mucho menos; será un capitulo muy centrado en Brittany, bastante reflexivo pero que considero necesario par poder continuar. Temporalmente, será el último que esté ubicado tan solo minutos después de toda la pelea entre las amigas. Los siguientes capítulos ya serán más a futuro, en otras situaciones.

PD 2: ¿Alguien sabe cómo cambiar/actualizar el título...? :S
_______

A Punto Cero

Capítulo 76
Borrón y cuenta nueva


Existen ciertas verdades innegables a las que las personas nos enfrentamos a diario. La primera que suele surgir es aquella que dice que no somos más que simples mortales, que nuestro tiempo de existencia en este mundo está definido y limitado desde el instante en que somos creados hasta el momento en que liberamos nuestro último suspiro. Pero en este momento nos concentraremos en una segunda verdad no menos importante, aquella que dice que todos cometeremos errores a lo largo de ese tiempo que estaremos destinados a vivir. Todos, sin excepción.

Un error es un acto desacertado o incorrecto. Es actuar en contra de lo que puede estar establecido, aun cuando creías inocentemente que lo que hacías era lo indicado, o- al menos- supusiste que era lo correcto. Nadie escapa de los errores por más buena fe con la que haya actuado.  

Nuestra imperfección es parte de lo que nos define como personas. Aunque a muchos nos gustaría poder mirar hacia otro lado o hacer oídos sordos al asunto, la verdad es que los errores también forman parte de la vida. Los hay de todos los tipos y tamaños: están los pequeños e inocuos, prácticamente inofensivos, y que pronto pasan al olvido; y están los errores más serios, aquellas decisiones equivocadas tan grandes que pueden modificar el mismísimo curso de la historia. Siempre es posible que exista un error (o, ¿por qué no?, una suma de ellos) que logre causar un quiebre, donde todo lo que genera es caos y aleja a los que están envueltos en él de aquello que estaban destinados a ser o hacer.
¿Qué haces cuando cometes un error…? No hay solo una respuesta. Puedes negar su existencia, intentar tacharlo de tu historial de forma tal que parezca que no fuiste tú quien cometió un acto semejante; puedes dejar que te consuma y te destruya, o puedes hacer todo lo posible para revertirlo. Incluso es posible que logres aceptarlo, aprender la lección y no quieras volver a cometerlo nunca más. Un error puede ser algo negativo o positivo, solo que depende de cada uno de nosotros desde dónde seremos capaces de mirarlo.

En verdad, no es tan sencillo transitar el día a día sabiendo en el fondo de tu ser que tal vez te estas equivocando en algo. Hay personas que tienen tanto miedo al error, a lastimar a otros, a salir lastimados o ser juzgados, que prefieren quedarse quietos, hasta al punto de no emitir acción ni respuesta. Creen que la mejor forma de estar a salvo y, en definitiva, no ser tan imperfectos, es no tomando riesgos. Para ellos equivocarse es algo malo, tan malo que permiten que el tiempo transcurra y todo se les vaya de las manos. Es aterradoramente cierto que al cometer un error es posible sufrir consecuencias dolorosas. A veces, incluso, muchos preferimos no ver los errores de nuestros seres queridos porque ¡¿Cómo puede ser que ellos finalmente no sean lo que creíamos que eran?! Solemos olvidar que los errores y el dolor, en ocasiones, son inevitables.

Por ahora, solo hay dos verdades más que se pueden decir acerca de los errores que acechan buena parte de nuestras acciones: la primera, es que si cometes un error, no puedes volver atrás; puedes intentar lo que sea, desde retractarte a disculparte, o aprender y seguir adelante, pero lo que ya ocurrió no puede negarse, ocultarse, ni borrarse… Al menos no para siempre. La segunda verdad, es que si no actúas por temor a equivocarte o –incluso- a fracasar, ya cometes otro error: estas evitando nada menos que una parte de tu vida.
_______

**

–De acuerdo. –Dijo el médico de turno entrando a la sala de emergencias con las manos recién esterilizadas. – ¿Qué es lo que tenemos…?
–Dos casos de intoxicación, doctor. –Una joven residente avanzaba a su lado leyéndole la información. – Cama uno: mujer de setenta años: intoxicación con somníferos, la hallaron tirada en el baño del asilo con un frasco de pastillas vacío junto a ella. Antes de irse, el doctor Forrest ya ordenó un lavado de estómago y que se envíen los resultados de las muestras del laboratorio para pericias policiales…
– ¿Y la paciente de la cama dos…?
– Ella… –La muchacha miró a un guardia de seguridad que se encontraba cerca de ellos escuchándolos atentamente. –… Al parecer tiene una contusión en la cabeza, y un corte en el labio inferior. –Suspiró. –No pudimos examinarla bien pues no está dispuesta a colaborar con nosotros…
El guardia de seguridad, alto y fornido, los interrumpió al tomar al doctor por el hombro para murmurarle:
– Todo parece indicar que lo de la cama dos es una intoxicación etílica. Vimos por las cámaras de seguridad que tuvo un conflicto con otra persona en uno de los pasillos hace un par de minutos. En verdad fue todo un espectáculo.
–…Es una borracha agresiva. –Agregó la residente.
–Una borracha agresiva a la que tenemos que detener a la brevedad y presentar frente a las autoridades.
– ¿Ambas están conscientes? –Preguntó el médico, sin perder la calma. – ¿Reaccionan a estímulos externos…?
–El segundo caso sí, si por ‘consiente’ entendemos con reacciones lo suficientemente estables como para querer pelear con el personal…
–Entiendo. Yo me haré cargo de este caso. –El medico se detuvo cerca de la camilla número dos en donde lo esperaba un grupo de personas: dos mujeres rubias y un hombre que sostenía a una niña en sus brazos.
– ¿Está seguro? –Murmuró la residente. –Fue bastante difícil hacer que se calmara y no creo que necesite…
–… ¿Qué? ¿Cuidados? ¿Está usted insinuando que no le brinde mi atención a una persona que lo necesita…?
–No, doctor, yo solo opinaba que…
–Antes de opinar, doctora, mejor deje de perder el tiempo y pídale a una enfermera que traiga equipo para hacer una sutura; después, si le parece, se hará cargo del procedimiento de la cama uno, que convenientemente espero que sea mediante una sonda nasogástrica.
– ¿Y cuándo podremos detenerla…? –Preguntó el guardia con bastante interés.
–Eso aún no lo sé. Por el momento es mi paciente, tengo que examinarla, y en tanto yo no diga que se encuentra en condiciones de ser detenida o lo que sea, tendrás que tener paciencia.
–Solo intento cumplir con mi trabajo, doctor.
–Lo sé, Jack, es lo que yo también intento. –Finalizaba el medico regalándoles una sonrisilla. –Es todo por ahora.
Seguidamente, se separaron para partir en distintas direcciones. El doctor suspiró para armarse de paciencia y miró nuevamente hacia el grupo de amigos, que lo miraban con una mezcla de pánico y conmoción. Sujetó la planilla con los datos básicos de la nueva paciente y leyó sus datos.
– ¿Lucy Fabray…?
– ¡Ella, aquí! –El hombre del grupo señaló acusadoramente a la rubia que estaba sentada sobre la camilla.
– ¿Por qué les diste un nombre falso, Finn…?
– ¡Ya te dije que ese es su primer nombre, Brittany! ¿Qué rayos pasa contigo...? ¿No recuerdas cómo se llama tu mejor amiga?
– ¡Oye! No puedo pensar muy bien en un lugar lleno de médicos, no me trates como si fuera una tonta.
– ¡Yo no he dicho que fueras una....!
–A ver, todos calmados… –El doctor les pidió que guardaran silencio notando que estaban más que alterados. – ¿Son familiares de ella…?
–Técnicamente no, pero es como si lo fuéramos.
–Entonces les voy a pedir que se retiren y esperen afuera, por favor. Necesito examinarla.

A Finn y a Brittany les tomó casi un minuto salir de la sala de emergencias, sin dejar de debatir por lo bajo. De nada servía la compañía de personas nerviosas que no podrían ayudar a otra que, a la vista estaba, no se encontraba bien. Solo cuando estuvo a solas con su paciente, el medico se atrevió a tomarla por la barbilla y, con eso, Quinn se vio obligada a levantar la mirada. El profesional de la salud se sintió inmediatamente encandilado por la belleza de aquellos ojos, a la vez que intrigado por la gran tristeza que demostraban. Por su parte, la rubia era dominada por un odio profundo hacia los traidores que la acompañaron hasta esos momentos y conspiraban fervientemente para arruinarle aún más la existencia.

–… ¿Crees que debe verla un doctor? – Preguntó Brittany, tratando de limpiarle la sangre de la cara a su amiga con una servilleta de papel.
– ¡Por supuesto que sí! –Exclamó Finn sin dudarlo. – ¡Está herida y solo Dios sabe qué diantres pudo haber tomado…!

Y Brittany accedió, desde luego, porque ella a final de cuentas era una mojigata que nunca se negaba a nada (eso, sumado a que su propuesta fue la más lógica a lo largo de esos desesperantes minutos). Quinn casi se les ríe en la cara cuando la arrastraron de nuevo hacia la sala de emergencias de la clínica, plenamente dominada por una mezcla de nerviosismo e histeria. ¡Pero si ella se encontraba en perfectas condiciones! Además, solo había tenido un intercambio de opiniones con Santana. Por todos los cielos. ¿Por qué esa necesidad de ponerle tanto dramatismo al maldito asunto? ¿Acaso nadie comprendía que la relación entre ellas era así, dotada de amor y odio en perfecto equilibrio? Santana y ella eran mejores amigas, prácticamente hermanas. Quinn daba por sentado que en media hora ya se perdonarían, como siempre. Borrón y cuenta nueva.

Sin embargo, la que no dejaba de sorprenderla era Brittany, quien hace un par de días la llamó ebria a las cuatro de la mañana y, sin embargo, a ella nadie le reprochó nada. Quinn va, toma unas copas de más en un momento estresante y parece que todos pierden la cabeza. Tal vez sea esa la suerte de los libres, que al parecer pueden ser perdonados sin mayores dificultades. La ojos verdes de pronto envidió ese hecho y sospechó que no bastaría con que ella se disculpe o se arrepienta para que todo se arregle, por lo que tendría que buscar una manera con la cual revertir sus faltas y salir ilesa. Pero eso era lo de menos. Lo importante, ahora, era que Brittany -por quien Quinn casi había muerto meses atrás- la había traicionado eligiendo la opción más lógica y estaba dejándola en vergüenza frente a los médicos. ¿Cuál era el fin de llevarla allí? ¿En verdad quería ayudarla?

¡¿Acaso nadie se daba cuenta de que solo estaban humillándola aún más?! ¿¡No merecía ser tratada con un poco de dignidad!? La abogada mantenía una ciega confianza en que tenían que comprenderla y apiadarse de su humanidad, de su genuina capacidad de tropezar con la misma piedra. ¿No deberían –al menos– detenerse a valorar su esfuerzo por volver y querer reincorporarse a esa terrible realidad que los rodeaba (en donde se sentía francamente inútil, pues ya tenía muy pocas cosas bajo su control, y en donde todos podrían seguir adelante sin ella)…?

– ¡Cuidado, me duele! –Se quejó Quinn cuando le tocaron el labio recientemente lastimado.
– ¡Esas son buenas noticias! –Le dijo el doctor con sencillez. – Si te duele significa que no estas muerta. –Agregó antes de meter su mano en uno de sus bolsillos, de donde extrajo una pequeña linterna. –Así que, Lucy, parece que has venido aquí después de propasarte con algo que bebiste…
–No… –Respondía Quinn de forma automática, mientras intentaba seguir la luz blanca y cegadora que el medico apuntaba directo a sus ojos. –Tal vez… –De pronto empezó a sentirse cohibida, como si estuviera en medio de un interrogatorio en el cual su propia conciencia no le permitía volver a mentir. –Solo bebí un poquito más de la cuenta a la hora del almuerzo. No es algo que haga normalmente. No a la luz del día. No tienen por qué tratarme como a una adicta sin remedio. – La rubia se sonrojaba sin poder parar de hablar pues, por cada argumento que daba, le parecía que se hundía cada vez más. –Yo solo…Tengo problemas ¿Sabe…? Muchos problemas. Inaguantables.  
– ¿Y esto los soluciona de alguna forma…?
–Si... ¡No! –Quinn optó por recostarse en la camilla y taparse los ojos con su antebrazo, todo a su alrededor comenzaba a dar vueltas. – Tenía que hacer algo para soportar este… ¬–Respiró lo más profundo que pudo para controlarse y no comenzar a llorar sin consuelo. –…Siempre tengo que ser madura y hacerme cargo de todo y, cuando lo hago, me exigen que sea yo misma; y todos esperan y exigen, y mientras tanto yo estoy sola intentando soportarlo todo… –La rubia se descubrió los ojos, como si hubiese llegado a una verdad reveladora. –Estoy sola. No soluciono nada bebiendo, pero ahora tampoco puedo lastimar ni causarle problemas a nadie. Porque estoy sola. ¿Entiende?
– ¿Y acaso eso no te lastima a ti? –Preguntó el medico con tal sensatez que dejó a Quinn totalmente expuesta e indefensa.
No podía. No podía admitir nada más enfrente de ese completo desconocido si ni siquiera se permitía admitir algo más para sí misma. Los primeros esbozos de la sobriedad y la culpa comenzaban a invadirla y sentía que toda esa situación la superaba, que no lo resistiría. Mejor era excusarse.
–… ¿Sabe qué…? No me gusta su tono, doctor. Mejor déjeme ir. –Aunque la abogada intentó levantarse, el medico la detuvo con seriedad.
–Lo siento, no puedes irte.
–No puede impedírmelo, sé muy bien mis derechos ¿Qué se cree…?
– Te diré lo que creo: creo que eres una hermosa mujer, que está confundida y que está pasando por un mal momento Todos podemos tener malos momentos, no tienes que avergonzarte ni querer huir. Lo que necesitas ahora es ayuda, y yo estoy aquí para eso.
– No quiero ayuda, ¡quiero que me dejen sola! –Dijo Quinn, volviendo a levantar la voz y llamando la atención de la gente a su alrededor.
– Escucha, Lucy, la realidad aquí es un poco más complicada. ¿Ves al guardia de allá…? –Le susurró el medico señalando discretamente hacia el hombre de seguridad que los observaba a la distancia. –Él, tú y yo, sabemos que causaste más problemas antes de venir aquí. Si te vas en este momento, ese hombre te detendrá y te llevará a la estación de policía más cercana. Ahora, tienes dos opciones: tranquilizarte, dejar que cure algunas de tus heridas y quedarte aquí hasta que te encuentres mejor y puedas explicarte; o pasar la noche en una celda fría y con olor a orina en donde dejan que duerman aquellos que beben más de la cuenta en cualquier horario del día. Tú decides.

Por supuesto que la segunda opción no era nada tentadora para alguien como Quinn. Por ese momento tuvo en claro que todos sus actos cometidos en esas últimas horas irremediablemente tendrían serias consecuencias, las cuales ni siquiera podía terminar de imaginar. No se sentía preparada para enfrentar nada, no en ese estado, por lo que volvió a recostarse en la camilla de forma resignada. Mientras tragaba bastante saliva, comenzó a recordar cada una de las cosas que había hecho y pensado durante ese tiempo en que necesitó ausentarse y olvidarse de todo.

– ¿Y las personas que te acompañaban? –Le preguntó el medico en tanto recibía los elementos de sutura que le había acercado una enfermera.
– ¿Qué pasa con ellos…?
–Bueno, parecían preocupados por ti. No estás tan sola como crees, Lucy. La de la cama uno, a tu izquierda, esa sí que al parecer estaba sola.  
Quinn tuvo la mala idea de voltearse y pudo ser testigo de cómo un grupo de doctores y enfermeros luchaban por meterle un tubo de plástico por la nariz a una ancianita. Siempre había realidades peores, por desgracia, y ella en verdad le pareció que se estaba ahogando en un vaso de agua.  
– Creo que voy a vomitar. –Admitió en un susurro y, seguidamente, un espasmo de vergüenza le causó unas nauseas indescriptibles.
____________

***

Después de lo que pareció ser una eternidad, el medico salió de la sala para hablar con los amigos de su paciente. Lo primero que les aclaró fue que Quinn no corría ningún peligro (más allá del enfrentarse a una posible resaca y al dolor de su labio apenas suturado), pero que, por el momento, se quedaría en la sala de emergencias para descartar riesgos y para cumplir luego con ciertas formalidades.

– ¿Ya podremos irnos con los abuelos…? –Indagó Kimberly con la voz pesada por el sueño y el aburrimiento, aun en brazos del vendedor.
–En un momento. – Le dijo su padre, bastante aliviado de que la niña no se hubiera asustado de todos los hechos de los que fue testigo.  
– ¿Alguien puede estar junto a ella mientras se recupera...? –Le preguntó Brittany al doctor frente a ellos.
–Ahora que se tranquilizó, se estaba quedando dormida. Puede que al despertar se sienta algo desorientada por lo que tener a alguien a su lado le vendría bien. ¿Son los únicos que la acompañan o tiene algún familiar al que podamos contactar…?  

Finn y Brittany se miraron de reojo: ¿Sería bueno aclarar que -de hecho- la familia de Quinn se encontraba a un par de pisos de distancia?

–No. –Se atrevió a responder la bailarina, esforzándose por ignorar la mirada indignada que le dirigió su amigo. – No están pasando un buen momento con su familia, es por eso que ella hizo esto... Por ahora, somos todo lo que tiene aquí. –Agregó tragando saliva y agachando la cabeza.
–Entiendo. –Comentó el médico. –Bueno, puede pasar a acompañarla si lo desea. Si necesitan algo, no duden en llamarme de inmediato.

Luego de agradecerle al médico por sus servicios, los amigos dejaron que el hombre prosiga con su trabajo dentro de la sala de emergencias. Ni bien volvieron a quedarse a solas, la tensión y el malestar comenzaron a incrementarse de manera súbita.

– ¿Qué? –Empezó Brittany, al notar que Finn no paraba de observarla con los ojos entrecerrados.
– ¿Es en serio…? ¿Somos todo lo que tiene aquí? Su esposa está en la clínica también…
– Si, porque su hijo está en internado en terapia intensiva.  –Suspiró la rubia, empezando a sentir dolor de cabeza. – ¿Por qué te enojas conmigo? Tú dijiste lo mismo para que nos quedáramos con Rachel hace unas horas. ¿Recuerdas? “Los amigos deben estar en las buenas y en las malas...”
– ¡Oye, oye! No uses mis palabras en mi contra.
– ¡No estoy en contra de nadie, Finn! –El castaño se quedó boquiabierto ante el hecho de que Brittany se atreviera a levantarle la voz; avergonzada, la bailarina dirigió su mirada al suelo. – Lo único que sé es que Quinn ahora está en una mala, en una muy mala, y debo ayudarla. –Murmuró.
– ¿Cómo estás tan segura de eso…? –Indagó el vendedor, empezando a auto-cuestionarse si sería su deber ir en busca de su mejor amiga; pero eso implicaría enfrentar el enojo de aquella mujer y, honestamente, no tenía ánimos ni tiempo para hacerlo: todo lo que quería era marcharse de allí y disfrutar lo que quedaba del día con su propia familia. – Me parece muy extraño que se hayan peleado así, de forma tan repentina. Solo las dejé a solas por ¿Cuánto? ¿Unos cinco minutos? Tú fuiste la última que habló con Santana ¿Acaso no notaste si estaba enojada por algo…?
–No, al contrario, aunque San estaba preocupada por Quinn, quería que…–  Brittany sintió un escalofrío al recordar que, antes de toda esa caótica situación, lo único que la latina quería hacer era hablar con ella, en privado. –…quería aclarar las cosas entre nosotras… –Musitó.
–Bueno, así es Santana ¿No? De a momentos te abraza pero después puede pegarte un puñetazo. Es como el increíble Hulk, impulsiva y agresiva.
– Santana no es agresiva. –Sentenció la bailarina que, aunque no estaba a favor de la violencia, tuvo ganas de pegarle una patada en los testículos a Finn para que reaccionara: ¿Acaso no iba valorar el lugar privilegiado que le habían asignado en el frágil y genuino corazón de aquella morena…?
– No, desde luego. ¿Te hago recuerdo de por qué estamos en la sala de emergencias ahora…? – Ironizaba el vendedor, dejando a Kimberly en el suelo. – Además, hoy en la cafetería estabas aliviada de no haberla llamado en tu noche de alcohol y descontrol con Jenny. –La rubia se sonrojó.
– ¡Claro que estaba aliviada! ¡Pero no por su reacción: solo tenía miedo de haberla molestado durante la madrugada por una estúpida borrachera!
– Pues si tan bien la conoces y tanto te asusta molestarla, entonces ¿por qué decidiste defender a Quinn…?

Touché. Entre la espada y la pared, la holandesa sintió como si le hubieran dado una bofetada. Curiosamente, estar en esa situación le hizo recordar cuando era una niña y su madre la encontraba robando galletas del frasco que escondían en la alacena: todo lo que la rubiecita se atrevía a hacer para defenderse, era indignarse con su progenitora por haberla descubierto y ponerse a llorar. Quizás podría haber hecho eso en ese preciso instante frente a Finn, de no ser porque le faltaba poco menos de un año para cumplir treinta.

–Ya te dije: Quinn necesita mi ayuda. Esto es lo correcto... –Comenzó a explicar la bailarina, antes de que su vacilación resultase ser excesiva, en un tono que a Finn le pareció más de auto-convencimiento que de determinación.

“¿Cómo lo sabes…?” Se preguntó el castaño, para sí, empezando a ser dominado por los remordimientos. “¿Cómo sabes que esto es lo correcto, que es Quinn quien realmente necesitaba auxilio…?

– ¿Cómo lo haces, Brittany? –La interrumpió el muchacho, causando que los ojos azules de la holandesa lo mirasen con recelo. – ¿No temes que lo que estás haciendo tenga sus consecuencias, ya sabes, a futuro…?

Ah, el futuro.

Brittany nunca consideró tener conflictos con ese asunto. Desde muy joven decidió no darle más importancia de la debida, obviando el hecho de que sus acciones -de un modo u otro- tendrían sus repercusiones y conexiones con en el tiempo que se avecinaría. Entendía que -inevitablemente- el futuro se haría presente en su vida tal como lo harían la muerte o la gripe. En realidad muy poco de eso estaba bajo su control, así que le parecía que de nada valía preocuparse. Priorizó su felicidad, buscando el placer a la vez que rehuyendo del dolor: lo importante era pasarlo bien ella misma, aquí y ahora; mañana no importaba ni debía asustarla, porque aún no existía. De algún modo, siempre lograba improvisar sobre la marcha.

Por supuesto que también estaban esas inevitables ocasiones en donde la única forma de levantarse cada mañana, era proyectándose en el futuro, en sus sueños por cumplir, en sus metas a punto de conquistar. ¿De dónde provenían, si no, la gran mayoría de sus esperanzas? Para Brittany no todo tiempo pasado fue mejor. No. Ella secretamente también confió y esperó más del futuro: más metas, más momentos felices, más éxitos; siempre cosas buenas con las que pudiera enorgullecerse de su propia vida. Y la verdad era que, descontando algunos tropiezos y errores ocasionales, ser así había sido algo determinante en la gran mayoría de sus logros. Los sueños estaban hechos para cumplirlos en el momento en que había que cumplirlos y, una vez realizados, era tiempo de seguir adelante. Antes, conformarse no era de sus opciones preferidas. Tampoco era lo suyo vivir preocupada por acontecimientos futuros e imprevisibles, al menos no hasta ahora…

Allí, frente a su amigo, fue cuando notó con claridad instantánea y fugaz que algo no iba bien. Una vez más, su propia fe en sí misma se tambaleaba y empezaba a ceder ante las circunstancias adversas. En el fondo sabía, incluso en los límites de su ya muy leve inocencia (aún queriendo darle la espalda a todo lo negativo que ocurrió en su vida, aun comprendiendo que tenía la capacidad y habilidad necesarias para sobrellevar casi cualquier problema), sabía que siempre era posible dar y esperar lo mejor y que, sin embargo, le vaya mal. Podía arriesgarse y no ganar. Pese a que normalmente le fue bastante bien en las veces en que se atrevió a dar un paso hacia lo desconocido, no pudo evitar -durante ese día, al menos- sentir temor en afrontar cosas nuevas. Porque ¿Qué pasaba si no lograba estar a la altura de las circunstancias? ¿Y si el camino solo era de ida, y no permitía retornos a su bonito mundo de placer y felicidad? ¿En verdad era feliz, en ese instante? Y si lo era, ¿Qué había más allá de ese límite…?

El lado contraproducente de la subida y el triunfo continuos, era el temor a una posible caída. Se sentía impotente y desorientada cuando fracasaba en llegar a un objetivo, básicamente se sentía como una tonta, y para Brittany no había nada más doloroso que aquella sensación.  

–No lo sé. –Mintió la rubia, recordando perfectamente la mirada de Santana antes de marcharse. –No sé si habrá consecuencias. Seguro que sí, siempre las hay. Ahora solo me arriesgué a tomar una decisión en un momento muy difícil. Solo me queda confiar en que lo que decidí estará bien.
– Pero… ¿Al menos elegiste lo que realmente querías…?

Brittany captaba el sentido real de las preguntas de Finn, pero era mejor mantenerse en la premisa de que solo decidió quedarse junto a su mejor amiga. Lo que ella misma quisiera, o sintiera, en ese instante no debería importarle a nadie. No era la primera vez, en todo caso, en que se dejaba en un segundo plano con tal de salvar a otra persona. A veces eran necesarios esa clase de sacrificios, que al final valían la pena. ¿O no? Para ser honesta, ella también temía de vez en cuando que todas sus esperanzas no fueran más que una forma engañarse, que no fueran más que todos sus miedos al futuro disfrazados de felicidad. ¿Cuántas veces sacrificó su propio bienestar en el presente creyendo de forma devota que la felicidad estaba allá, en eso que todos denominaban futuro? ¿Cuántas veces creyó que sería feliz una vez que obtuviera un título, o un hogar, o seres queridos que también estuvieran felices? ¿Cuántas veces ignoró el viaje con tal de llegar a un destino…?    

–Finn: si en verdad te importa lo que me pasa y quieres ayudarme, ¿Por qué no van al piso de arriba y le entregan esto a Rachel…? –Se excusó la ojos azules, buscando en su bolso la comida que había comprado en la cafetería. –Se moría de hambre, no quiero ser culpable de eso también…
– ¿Y qué se supone que le diga…? –Indagó el vendedor, en tanto recibía de mala gana un sándwich vegetariano y una botella de agua.
–Dile que me disculpe pero no había Coca Cola Light.
– No, tu sabes que no me refería a eso, Britt…  –Finn la sostuvo por un hombro. – ¿A qué quieres llegar con todo esto? ¿Pretendes que mintamos…?
–No. No mentiremos. Lo que haremos será…–La rubia vaciló al intentar darle una definición a lo que pretendía hacer. – Solo fingiremos que todo esto no pasó hasta que todo se tranquilice, o al menos hasta que Quinn vuelva en sí. ¿Está bien?
–No, en realidad no creo que sea buena idea. No quiero engañar a Rachel. A veces es mejor una verdad dolorosa antes que una mentira piadosa.
– Distráela por un rato. Vamos, por favor. A veces uno finge para que otros no se pongan tristes, incluso Rachel fingió orgasmos contigo.
–… Espera ¿Qué? – El vendedor miró a la bailarina con autentico espanto. – ¿C-cómo sabes eso? ¿E-Ella te lo dijo…?
– ¿Acaso no lo sabías…?
– ¡No!
–Uy. Perdona.

Luego de eso, la holandesa miró de reojo en dirección a la puerta de la sala de emergencias. Era momento de armarse de valor y entrar, sin disculparse ni mirar atrás. Tenía que continuar, aun cuando no estaba del todo segura de lo que haría. Para ser sincera, no podría admitir en voz alta todo lo que permanecía oculto tras sus últimas acciones; al menos no sin que se sintiera como una autentica estúpida. Les regaló una leve sonrisa a los Hudson y, a continuación, se adentró nuevamente a la sala de emergencias.

– ¿Quieres un consejo, Kim?: Nunca tengas amigas. –Suspiraba Finn cansinamente, en tanto marchaba de la mano de su hija rumbo al ascensor.
– Pero si puedo tener novio ¿Verdad...?
– ¡¿Qué?! No, claro que no. Y no vuelvas a preguntarle algo así a tu pobre padre ¿Está claro?
– ¿Papi...?  
– ¿Si, Kim...?
– ¿Qué son los “oregasmos”?
–... Maldita seas, Brittany S. Pierce.
_________

* *

Dentro de la sala nuevamente, Brittany se sentó en una silla junto a la dormida abogada y no dejó de observarla con inquietud. La cara de su amiga ya denotaba más color, aunque tenía algunos rasguños y su labio suturado estaba empezando hincharse y azularse en la zona del corte. A la bailarina no le parecía un gran problema lidiar con su mejor amiga en estado de ebriedad pues, como Jennifer le había dicho una vez, el alcohol solo logra sacar a la luz aquello que tenemos íntimamente guardado. De ser así, con todo lo que la ojos azules se enfrentó fue con la parte más frágil y “real” de Quinn: con la mujer confundida que se ahogaba en su baja autoestima. Lo que ahora le preocupaba sería tener que enfrentarse con la otra versión de su amiga, la que hasta ahora veían a diario: la Quinn que- aun sobria- se encontraba realmente ebria de sufrimiento.

Fue lo correcto traerla a emergencias. Adoraba a la abogada, con todas sus fallas y buenas intenciones, pero la holandesa no estuvo segura en ningún momento de cómo podía ayudarla. No había una sola manera de hacerlo. En momentos de esa clase, le encantaría hacer todo lo que estuviera a su alcance con tal lograr que las cosas se calmen. No le gustaba lo que pasaba con Quinn. En el fondo, Brittany no deseaba que ninguno de sus seres queridos padeciera de hechos penosos porque los quería y eso implicaba que, si sufrían, ella no podría serles indiferente e inevitablemente también sentiría dolor… Tenía que hacer algo para que estén bien: debía ayudar para que todo sea mejor.

Pasaron más de veinte minutos de incertidumbre hasta que Quinn logró abrir los ojos, de repente, como volviendo súbitamente a la vida.

–Hey… tranquila. –Susurró Brittany, acariciándole apenas el brazo izquierdo –Bienvenida de nuevo. –Sonrió con nerviosismo. – ¿Estás mejor…?
–No. –Murmuró secamente Quinn Fabray, sintiendo que su cabeza podía explotar en cualquier momento.
– ¿No? De acuerdo… –La holandesa chocó sus dedos índices entre sí. – ¿Quieres algo? ¿Aspirinas? ¿Un café, tal vez?
–…Creo que aceptaría un poco de agua. –La rubia ojos verdes miró un momento a su alrededor, tragando saliva con dificultad.

Mientras la bailarina salió en busca de algún dispensador de agua, Quinn comenzó a barajar las opciones que tenía a su alcance para salir lo más limpia posible de aquel embrollo. Mucho no podía hacer, pues aún le costaba coordinar y controlar tanto su cuerpo como sus sentimientos. Ante todo, lo que la abogada sentía era agotamiento, como si hubiese batallado durante diez rounds seguidos. “Round”, esa simple palabra trajo rápido a la mente de Quinn un vago recuerdo de su pelea con Santana. Empezó a ver si lograba reconocer al guardia de seguridad que amenazaba con llevársela: si lo último que recordaba había sido cierto, entonces tenía que medir sus actitudes lo más que pudiera. La punta de su lengua rozó su labio inferior y sintió un dolor punzante. Ahora en serio estaba herida. Lo merecía. Recostada, en un acto inconsciente de protección, abrazó su estómago en un intento de reducir la sensación de mareo y de cobijar lo más que pudiera la tristeza y vergüenza que le daba verse envuelta en esa situación; le parecía que iba a bordo de una barca que subía y bajaba entre las olas, sin rumbo alguno, más sola que nunca.
 
–Siento tardar, es que los lugares con médicos no son lo mío. – Comentó Brittany, sentándose una vez más frente a ella. –Te compré agua mineral.

La Brittany de siempre. Aquella luz en la oscuridad, el faro trabajando sin descanso durante las tormentas, firme, solemne, abnegada. Hela aquí, junto a su mejor amiga, a pesar de su temor desmedido a los hospitales, eligiéndola antes que al amor de su vida. El cielo debía ser para gente como ella. Quinn sintió un golpe súbito de afecto y compasión hacia la única persona que hacía un esfuerzo por mantenerse a su lado. Claro que era, a la vez, quien la había metido en ese lio (en donde tendría que justificar su accionar frente a los encargados de seguridad de la clínica). Si la abogada habría de enfrentarlos, lo justo sería- en todo caso- que sea Brittany quien más le colabore para salir pronto de allí.

– Eres un ángel, Britt… –Le susurró a la holandesa, que no pudo hacer más que sonreír tristemente, negando con la cabeza.
– ¿Cómo te sientes…? –Volvió a preguntarle a Quinn luego de ayudarla a beber pequeños sorbos de agua embotellada.    
–Con el ánimo más allá del infierno… –Despacio, Fabray, ella es todo lo que tienes por el momento: debes retenerla. – Y… Algo avergonzada.
–Es entendible.
–También me duele la cabeza. –Agregó la ojos verdes, en tono compungido. –En verdad me siento muy, muy mal…
–Tal vez deberíamos llamar al médico...
– ¡No, Britt! –La abogada la sujetó por el brazo, para que no se mueva. –Me refería a que me siento mal en el sentido de… Ya sabes. –Murmuró, bajando la mirada. – Siento todo lo que les he hecho pasar en estas horas. Lo siento mucho, Britt.    
– ¿Por qué…? –Quiso saber Brittany, pero de inmediato pensó que no valía la pena escuchar los motivos: podría terminar decepcionándose más de la cuenta y esa situación ya era dolorosa para ambas como para querer profundizar aún más. – Tranquila. –Suspiró, viéndola con dulzura. – Solo… trata de que esto no se vuelva una costumbre. ¿De acuerdo?
–No sé si pueda… –Susurró Quinn, de pronto paralizada por la honestidad de sus palabras.  
–Podrás, confió en ello, eres fuerte. –Dijo Brittany, inclinándose de hombros, aunque el reconocer la fortaleza de su amiga solo era una forma de admitir que no sabía si podía hacer mucho más para ayudarla. – Al menos inténtalo. Por ti, por Aik…
–Iker. –El hecho de pensar en su hijo, abstrajo a Quinn de vuelta a sus prioridades; en su pecho, renació la angustia. – ¿Cómo está? ¿Sabes algo?
–Si. Le sacaron el tubo porque ya volvió a respirar por su cuenta. Creo que estará bien.

Después de eso, ocurrió un hecho desconcertante: llevándose las manos a la cara, cubriendo su boca como si estuviera rezando, Quinn comenzó a llorar en silencio, con una mezcla insana de agradecimiento y desprecio hacia sí misma. Se permitió llorar de verdad, derrocada, al punto de hacerse un ovillo en la cama en la que permanecía recostada como si sufriese de pronto de un dolor inaguantable. Brittany recordaba lo desesperada que se veía Quinn al momento de marcharse de allí, horas atrás, ese mismo día, y fue entonces que la bailarina comprendió que el llanto de su amiga se debía justamente a que volvía a tener esperanzas: la abogada había perdido el control, se había cegado, desequilibrado y desesperado, justamente porque creyó que ya no tenía nada más que esperar ni en lo que confiar. Era maravilloso, quizás único. La esperanza nacida desde la desesperanza más absoluta. Del desierto, se creó un océano. De la nada, desde cero, hacia el todo; a pesar de lo que sea, una y otra vez, y cuantas veces fuera necesario.

Somos capaces de crear lo que queramos –Pensó Brittany por ese instante.  

–Todo vuelve a empezar. –Le dijo a la abogada, que se esforzaba por recobrar la compostura. –Otra oportunidad…
– Es aterrador. –Musitó Quinn, sintiendo que su amiga se sentaba al borde de la camilla y apoyaba su cabeza sobre su cuerpo. –Lo siento tanto…  
–Te quiero, Quinn.
–…No deberías.
–Puede que no. Pero, aun así, te quiero

Silencio. Ambas se preguntaron qué sería de sus vidas mientras, a su alrededor, la gente no paraba de ir y venir. Quinn se relajó un poco, agradecida  de que su amiga no le reprochase nada de lo que había hecho, pese a que ninguna de sus acciones estuvo bien moral o éticamente. Aunque eso solo ella lo sabía. Y, después de todo, ¿para qué preocuparse tanto? ¿Acaso no podía desobedecer de vez en cuando? Había algo grato en rebelarse. A ella también le cansaban las reglas y de jugar limpio. Sobretodo sabiendo que, no importaba cuan correcta pudiera ser ni cuanto aspirase a la perfección, otros hacían trampa y los dejaban seguir jugando sin mayores complicaciones. Seguramente nunca terminarían de entender los motivos de su accionar, pero ella tampoco estaba obligada a contarlos.

–Voy a necesitar ayuda, Britt. –Confesó Quinn, notando que el doctor que la atendió las miraba a lo lejos; la otra rubia hizo un sonido afirmativo.  
–Y pronto. Apestas a taberna y a medicamentos.

______

*

La ojos azules se alejó pronto de la clínica, sin ningún ánimo de volver pero sintiéndose obligada a hacerlo en breve. Una fría ráfaga de viento la hizo a mirar hacia el cielo, que se oscurecía por un manto de nubes grises. Mientras se hacía paso por la ciudad en busca de un taxi, sorpresivamente, la nieve comenzó a hacerse presente: pequeños y delicados copitos cayendo por doquier, y muy que pronto cubrirían por completo las aceras. En tanto los contemplaba con fascinación, su teléfono vibró en su bolsillo. Ansió y temió que fuera Santana, pero solo era Finn.

– ¿Qué novedades tienes, papá oso?
Bueno, hablé con Rachel. –Comentó él, incómodo, con Kim dormida en su hombro. –No sospecha mucho, pero hay un nuevo problema.
– ¿Iker está bien…? –La voz de Brittany se había vuelto más seria de lo normal; la nieve comenzaba a pegársele a la ropa, que se humedecía.
Si, Britt, pero esto se está complicando más de la cuenta. Para empezar, Rachel quiere saber por qué diantres su esposa la abandonó.
– Quinn no la abandonó. –Cortó Brittany, con dureza. –Ella… Ella solo no se siente lista.
¿Lista para qué…? –Finn apretó los dientes, empezaba a hartarse del asunto. –Es increíble que sigas defendiéndola sin saber lo que pasó.
– Tú tampoco lo sabes ¿De acuerdo? Hago lo mejor que puedo. Si tan solo… – La bailarina se secó la nieve de la cara. – Tú no entiendes, Finn…
¿Qué hay que entender? Tú eres la solterona sin hijos. Tú eres la que no entiende cómo funcionan estas cosas. Quinn tiene que abrir los ojos: Rachel logró que impusieran una orden en su contra y si no lo habla pronto, no podrá ver a Iker.
– ¡¿Qué…?! – La rubia se sintió incapaz de procesar todo lo que acababa de oír. –E-eso no me parece justo.
Bueno, es que la vida no es justa, Brittany. Acostúmbrate a ello…  

La bailarina giró los ojos y alejó el teléfono de su oído en tanto su amigo la sermoneaba. Era en momentos así en que debía hacer un esfuerzo extra por recordar que quien le hablaba era algo más que un simple patán. Saboreando ese insulto en su boca, Brittany resolvió solo gesticularlo con deleite, pues las palabras dichas luego no podían borrarse. Dudó en si sería mejor colgar y dejar la línea disponible para recibir llamadas importantes: de la clínica, o de Santana, aunque de ésta última era la menos probable. Le pareció que solo un milagro podía ayudarlos.

Un objeto luminoso surgió de pronto a su izquierda, de entre la ventisca. Cuando escuchó un fuerte bocinazo fue consciente de que caminaba distraídamente hablando por celular por el centro de una de las avenidas más transitadas de Lima. Tanto el auto como ella se detuvieron en seco.    

– ¡FIJATE, ESTÚPIDA! –Exclamó el conductor desde su ventanilla, con la cara transformada por la ira; la rubia retrocedió unos pasos, temblando.
–Perdón… –Musito, aterrada ante lo que pudo haber ocurrido.

El sujeto siguió su camino y Brittany lo vio alejarse. Aún tenía el teléfono apretado en su mano y sentía las vibraciones producidas por la voz de Finn al otro lado de la línea. Esa era la tercera vez en que casi había sido atropellada, un record del que no podía sentirse orgullosa (menos ahora, en que su propia negligencia casi ocasiona la tragedia). Ella, que solo quería ser feliz viviendo, de pronto recordó y agradeció estar viva: amaba su vida- sea feliz o no- tanto como para saber que no la estaba cuidando lo suficiente. A su mente llegó la voz de Santana, como si fuera su conciencia, gritándole: “¡Me importas, me importas y no quiero que mueras!”. Santana se arriesgó a rescatarla para que puedan seguir disfrutando juntas de la vida y Brittany, mientras tanto, solo empleaba su tiempo en morir por otras causas. De pronto, resultó necesario que este incidente ocurriera de nuevo: solo ante la posibilidad de una pérdida, a la rubia le era posible vislumbrar lo que era realmente importante para ella.    

– ¿Aún sigues en la clínica? –Le preguntó de golpe a Finn, caminando rápido por la acera, con euforia; el castaño respondió afirmativamente, aunque ya pronto se iría de allí. –Genial. Quinn aún estaba un poco mareada y adolorida, así que hablamos con el médico y él nos ayudará a que permanezca en emergencias. Hay un problema: vieron la pelea por las cámaras de seguridad, y no dejaran que Q se vaya. Necesito que te asegures de que Rachel no sepa nada, por su bien; pero también cuida que Quinn no vuelva perder el control. Yo estaré allí en media hora.
¡Esto es una locura! – Se quejó el vendedor, consciente de  que Quinn necesitaba que dejaran de protegerla como si fuera una criatura débil e indefensa: de hecho, temía que todo el plan fuera idea de la abogada, pues Brittany no era una buena estratega. – ¿Y tú dónde se supone que vas…?
–A buscar ropa limpia para Quinn: si Rachel no sospecha tanto, puede que aún tengamos una oportunidad de que esto no sea tan doloroso…
¿Doloroso solo para Quinn…? Porque a todos nos duele lo que pasa. Y lo peor de todo es que el dolor cansa. Esto no es seguro para nadie.
–Es que en realidad era seguro para mí… – Admitió la ojos azules, en tanto a Finn se le helaba una partecita del corazón. –Oh, Dios… –Susurró de inmediato Brittany, casi como sollozando. – ¡¿Qué estoy haciendo?! Soy una perra egoísta. Me siento tan… tonta…
–Tranquila, Britt, tranquila. –Comentó el castaño, asustado de que su amiga empezara a perder la compostura. – La gente comete errores, sino no podríamos considerarnos como humanos. Solo tienes que aceptarlo. –La holandesa soltó un quejido algo infantil, reteniendo las lágrimas
– ¿Por qué no podemos ser…? No lo sé… ¿patos? –Finn rio apenas. –…Aclararé todo pronto, lo juro. ¿Me ayudarías una vez más? ¿Por favor?

Hasta hace cinco minutos atrás, el hombre no hubiera tenido ninguna clase de dudas en aceptar, pues a fin de cuentas ¿quién podía negarse ante alguien como Brittany Pierce, incapaz de lastimar a una mosca, que durante todo ese día afirmó constantemente que solo buscaba ayudar a su mejor amiga, sin contar con segundas intenciones…? Sin embargo, ahora las cosas habían cambiado un poco. Ya era imposible seguir creyendo que aquella rubia era un ser totalmente inocente y transparente en cada uno de sus actos. No obstante ¿quién lo era, en realidad, después de todo? ¿Quién era rotundamente honesto en su accionar diario? Ni Rachel, ni mucho menos Quinn; ni siquiera Santana, o él mismo. Se sentía un tanto decepcionado aunque, quizás, todos ellos tenían un poco de culpa en haber confiado ciegamente en que Brittany era la excepción a la regla, algo fuera de lo ordinario (pese a que eso fue lo que más se esforzó en demostrar).
No era correcto lo que la rubia hacía, sin dudas, pero aun resultaba tolerable. Le daría otra oportunidad, sobretodo, porque quería descubrir si algo en su accionar -impuro o no- ayudaría a mantener con vida a la familia de amigos. Y ¿cómo podrán hacerlo, si cada vez estaban más distanciados y la confianza que los unía se les escurría de las manos…?          

– Bien, me quedaré media hora más. Después me iré con mi madre. Tengo una vida, al igual que tú, Britt. –La ojos azules apretó la mandíbula.
–Lo sé. –Suspiró, mientras paraba un taxi con su mano libre. –Aunque tu vida es aburrida, sin sexo, placer o libertad, pero una vida a fin.
– ¡Oye…!
–Iré pronto.  – Se despedía la rubia, sentándose en el interior del auto. – Y, Finn… – Sonrió, conforme de que la aceptaran tal como ella debería terminar de aceptarse a sí misma, y también como -de hecho-  todos deberían aceptar a Santana y a Quinn: con sus fallas y sus virtudes. – Gracias.

Una vez que la llamada finalizó, Brittany indicó que la aproximaran a New Hope, su vecindario. Nueva esperanza. En la radio del taxi sonaba un blues. Se frotó las manos sintiendo algo de frio (una de ellas, aun cubierta por un vendaje debido a la lesión que sufrió en Boston). Al detenerse en un semáforo, observó la nieve caer y luego se concentró en una escena que se desarrollaba bajo la misma: dos niños, jugando a atrapar copos con sus pequeñas manos, eran observados más atrás por quienes debían ser sus padres; él, algo más alto que ella, abrió y sostuvo un paraguas rojo sobre sus cabezas, para así protegerse de la nevada. La mujer sonrió y lo rodeó con una mano por la espalda, atrayéndolo hacia sí, para estar más juntos. En la radio empezó a sonar Believe de Cher en tanto que, afuera, la familia fue alejándose sin percibir (o importarle) que eran observados.

Si le preguntaran en ese instante qué quería para su vida, Brittany respondería que una escena como la que acababa de ver, ni más ni menos. Quería que quien la acompañase durante las tormentas fuese Santana -y sus niños, claro- y que los momentos de esa clase nunca cesaran. Era una de esas imágenes motivadoras con las que había fantaseado en el últimamente, simples, para nada extraordinarias, pero si más apegadas a la realidad. Ya habían planeado eso juntas alguna vez, durante su adolescencia, con toques de humor y gran imaginación. Santana había continuado con el plan sin necesitarla, y lo seguiría haciendo aun si ella no se les uniera sobre la marcha. La verdad era que Brittany tampoco los necesitaría para vivir, de no ser porque los quería con todo su corazón. Esto era lo que deseaba, aunque esa fuese la primera vez en que lo pensara con honestidad: quería una vida en familia con la persona que quería. Una meta aterradora, desde luego, para alguien que había vivido improvisando y moldeado un hogar para sí misma durante buena parte de su existencia, y que -por lo tanto- desconocía varios detalles de cómo podía ser una familia.

Ahora le parecía que sus acercamientos hacia la morena no habían sido lo suficientes, o, peor, no habían estado bien desde un principio. Para no ser muy dura consigo misma, diría que no había estado a la altura de las circunstancias ni de sus anhelos, pues estos nunca lograron ser del todo concretos ni tampoco lograron proyectarse más allá de lo desconocido. La meta estaba más o menos clara, pero le faltaba dirección: era como mirar hacia el horizonte, para luego intentar tomar todo camino posible hacia él pero sin terminar de transitar correctamente ninguno. Hasta allí el problema estaba a medias, pues después restaban todos los obstáculos por enfrentar y sus propios miedos (que la hacían mantenerse quieta, dubitativa, en el medio de la nada). Antes, sus temores rondaban la dolorosa posibilidad de que Santana se negara a estar con ella, pese a que entendía que-ocasionalmente- podría seguir adelante; ahora, también temía que la latina le dijera que sí, por miedo a perder lo ya logrado…

¡Por Dios! ¿¡Qué estaba haciendo?!

Volvió a tomar su móvil y empezó a llamar a Santana: fue ella misma la que la había dejado ir de nuevo y confiaba ilusamente en que sería la latina quien la llamaría. Estaba dispuesta a decirle que el conductor que casi la atropelló tuvo razón: Brittany era una simple estúpida, avasallada por sus miedos, absorbida por su burbuja de placer fugaz; se estaba alejando del amor por miedo a sufrir, sin importarle si eso hería a la persona que amaba. Se aprisionaba en su seguro presente dotado de libertad de la misma forma en que las raíces de una planta se aferraban más al suelo cuanto más buscaban al sol. Había estado bien en su mundito dotado de alegría, libertad e indiferencia hacia el dolor, por demasiado tiempo. Era ella la que tuvo tanto miedo de hablar con Santana, de no estar a la altura de lo que la latina quisiera o necesitara de ella en esos momentos, que cobardemente usó a Quinn como una vía de escape. Estaba fallando, y eso ambas lo sabían. Brittany quería tratar de explicarle todo lo que pensó hasta esos momentos, disculparse, y confesarle que le bastaba con cerrar los ojos y traerla a su mente para sentirse como la persona más afortunada del mundo. Hasta le diría que estuvo al borde de la muerte de nuevo, y que su último pensamiento era justamente ella, Santana López.

Resultó ser toda una pena que su teléfono diera como apagado, más allá de que declararse así era algo frívolo, quizás hasta violento. La rubia empezó a preocuparse sinceramente en dónde se encontraría Santana a ese horario en que nevaba tanto. Esperaba que ella y los pequeños se encontrasen bien, aun cuando sabían cómo cuidarse entre ellos. Deseó indicarle al taxista que diera la vuelta y fuese en dirección de la casa de la morena, para cerciorarse. Sin embargo, la bailarina ya había asumido otro compromiso que era mejor no romper. Eso y, además, suponía que Santana no se pondría feliz al verla. Lo único que le restaba hacer, por el momento, era dar su mejor esfuerzo y confiar en que todo se aclararía e iría bien.

Brittany se hundió en el asiento, observando su mano vendada con desprecio, por ocultar una lesión que ella misma se había hecho y que había utilizado para justificar sus faltas. Quería que volvieran los días en los que no tenía que cuestionarse si era feliz o no, los tiempos en que podía comprender perfectamente lo que quería y deseaba. Era ella la que no se sentía lista para que las complicaciones llegaran a su vida, para qué mentir. Era ella quien huía.

Pero ya estaba allí, eso en verdad estaba pasando: lo hecho, hecho estaba. No tenía otra alternativa que hacerse cargo de sus acciones. Por ahora, se enfocaría en no defraudar también a Quinn, porque así lo había prometido y también para que la decisión de quedarse a su lado (y, por ende, evitar a Santana) no haya sido en vano. Pese a que le dolía, comenzó a quitarse el vendaje de su mano lastimada, en tanto se hacía una promesa solemne: parar de excusarse y empezar a enfrentar sus miedos; enfocarse en lo que era importante para ella y dejar de perder el tiempo. Ser sincera. Redimirse de sus errores, pero también aceptarlos y -quizás- hasta aprender de ellos. Arriesgarse a transitar todo el camino, cruzar los puentes, sortear los abismos; y si perdía o le iba mal, volver a empezar, todas las veces que fuera necesario. Y nunca, nunca más, detenerse.      

Como filosofía de vida no era una maravilla, pero le parecía mucho más adecuada. Si Iker pudo, con tan solo cuatro años, volver a respirar por su cuenta; y su madre, Quinn, había creado esperanza de la nada misma… Ella, Brittany, tambien podía ser capaz de enfrentar lo que sea.
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por monica.santander el Vie Dic 30, 2016 4:47 pm

Holaaaaa!!!!!!!!!!! Muy buenas noticias nos has dado!!!! Siempre me hace feliz que los/as vuelvan a sus increíbles historias!!!!! Muy buen capitulo, importante para Britt!! Solo espero que este enredo ya empiece de desarmarse y las chicas encuentren un poquito de paz.... por favor!!!!
Espero SIEMPRE que vuelvas pronto!!!!!!
Un abrazo grande y feliz año nuevo!!!!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por atercio el Lun Ene 09, 2017 7:01 pm

mejor tarde que nunca, leí el capitulo un día después de que lo publicaste sin embargo estaba en el celular y no tenia ni idea de como ingresar un comentario, pero aquí estoy para agradecerte que continúes con esta historia, la verdad ya la daba como perdida espero que la termines porque es de esas historias que meren un final
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por MarisaParedes el Lun Ene 09, 2017 10:46 pm

Querida Paz, que alegría enorme volver a leerte en tu ficción! Cuando me dijiste que habías publicado, vine directa a la historia. Leí el capítulo dos veces, desmenuzando cada frase, como suelo hacerlo.
Me ha gustado todo, mucho. Desde las reflexiones iniciales, aunque no sé si un error es siempre hacer algo en contra de lo que puede estar establecido, porque la mayor parte de los errores que cometemos tienen que ver con nosotros mismos y no con lo establecido, que siempre está por fuera de nosotros.
Todo lo que pasa en esté capítulo, en las acciones y en los pensamientos de los personajes, parece la crónica de un final anunciado. Y esa es una de las cosas que más amo de tu forma de escribir: la coherencia.
Los asomos de conciencia de Quinn, por ejemplo, que son rápidamente sofocados. Yo no sé si Brittany está en lo correcto al pensar que el llanto desconsolado de Quinn, cuando se entera -casi como por casualidad, vale decir- de que su hijo está mejorando, corresponde al resurgimiento de la esperanza. Tal vez sí, pero tiendo a pensar que esas lágrimas se deben también a la culpa que ya no puede disimular para sí misma. En todo caso, los vaivenes anímicos de Quinn me han parecido estupendos.
Conmueve, como siempre, Finn, que aporta la mayor humanidad dentro del grupo de amigos. Quiere estar con sus amigas en sus momentos malos, pero también quiere refugiarse en su propia familia. Quiere confiar en que las cosas se arreglarán, pero no confía en que eso suceda, al menos en lo inmediato. Hay una cosa que me ha dejado pensando, de entre las disquisiciones de Finn: el que haya advertido que la inocencia de Brittany es relativa y que ese descubrimiento le cause inseguridad, pero que aun así, tenga esperanzas en que sea ella, de una manera u otra, con artimañas o sin ellas, la que pueda arreglar la situación. Como si el haber descubierto que Brittany puede manipular su propia imagen y los sentimientos de los demás, la autorizase a lograr la convivencia entre los amigos, usando armas que él mismo se niega a usar.
Las conclusiones de Brittany no podían ser otras. No es que las haya esperado, pero ahora que sé lo que pasa por su cabeza, me digo a mi misma: claro. Y todo me ha parecido maravilloso. Pero también he pensado que una vez más, la indulgencia para consigo misma la lleva a no pensar, objetivamente, en Santana.
Hago mal en esperar el próximo capítulo para redondear algunas cosas que me pasan por la mente? Pues voy a tomar el ejemplo de la ojiceleste, y me arriesgaré a que las cosas se den como quiero, y que no dentro de mucho lea otra parte de esta historia que se merece todos mis aplausos.
Un abrazo, Paz. Y gracias
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Dreamer=) el Dom Ene 15, 2017 8:08 pm

monica.santander escribió:Holaaaaa!!!!!!!!!!! Muy buenas noticias nos has dado!!!! Siempre me hace feliz que los/as vuelvan a sus increíbles historias!!!!! Muy buen capitulo, importante para Britt!! Solo espero que este enredo ya empiece de desarmarse y las chicas encuentren un poquito de paz.... por favor!!!!
Espero SIEMPRE que vuelvas pronto!!!!!!
Un abrazo grande y feliz año nuevo!!!!!!

¡Hola! Me alegra que te haya gustado el capitulo. Por ahora, solo puedo decir que las cosas van a mantenerse un poco liosas en la historia pero, en algun momento, literalmente, valdrá la pena. Muchas gracias por comentar :) Un abrazo.


atercio escribió:mejor tarde que nunca, leí el capitulo un día después de que lo publicaste sin embargo estaba en el celular y no tenia ni idea de como ingresar un comentario, pero aquí estoy para agradecerte que continúes con esta historia, la verdad ya la daba como perdida espero que la termines porque es de esas historias que meren un final

No tenes nada que agradecer: soy yo quien se siente sumamente agradecida con que sigan leyendo y-quienes quieren y pueden- tambíen comentando. Soy muy feliz cada vez que alguien me hace llegar sus palabras. No te preocupes la historia tendrá un final, como Dios manda.
¡Saludos!

MarisaParedes escribió:Querida Paz, que alegría enorme volver a leerte en tu ficción! Cuando me dijiste que habías publicado, vine directa a la historia. Leí el capítulo dos veces, desmenuzando cada frase, como suelo hacerlo.
Me ha gustado todo, mucho. Desde las reflexiones iniciales, aunque no sé si un error es siempre hacer algo en contra de lo que puede estar establecido, porque la mayor parte de los errores que cometemos tienen que ver con nosotros mismos y no con lo establecido, que siempre está por fuera de nosotros.
Todo lo que pasa en esté capítulo, en las acciones y en los pensamientos de los personajes, parece la crónica de un final anunciado. Y esa es una de las cosas que más amo de tu forma de escribir: la coherencia.
Los asomos de conciencia de Quinn, por ejemplo, que son rápidamente sofocados. Yo no sé si Brittany está en lo correcto al pensar que el llanto desconsolado de Quinn, cuando se entera -casi como por casualidad, vale decir- de que su hijo está mejorando, corresponde al resurgimiento de la esperanza. Tal vez sí, pero tiendo a pensar que esas lágrimas se deben también a la culpa que ya no puede disimular para sí misma. En todo caso, los vaivenes anímicos de Quinn me han parecido estupendos.
Conmueve, como siempre, Finn, que aporta la mayor humanidad dentro del grupo de amigos. Quiere estar con sus amigas en sus momentos malos, pero también quiere refugiarse en su propia familia. Quiere confiar en que las cosas se arreglarán, pero no confía en que eso suceda, al menos en lo inmediato. Hay una cosa que me ha dejado pensando, de entre las disquisiciones de Finn: el que haya advertido que la inocencia de Brittany es relativa y que ese descubrimiento le cause inseguridad, pero que aun así, tenga esperanzas en que sea ella, de una manera u otra, con artimañas o sin ellas, la que pueda arreglar la situación. Como si el haber descubierto que Brittany puede manipular su propia imagen y los sentimientos de los demás, la autorizase a lograr la convivencia entre los amigos, usando armas que él mismo se niega a usar.
Las conclusiones de Brittany no podían ser otras. No es que las haya esperado, pero ahora que sé lo que pasa por su cabeza, me digo a mi misma: claro. Y todo me ha parecido maravilloso. Pero también he pensado que una vez más, la indulgencia para consigo misma la lleva a no pensar, objetivamente, en Santana.
Hago mal en esperar el próximo capítulo para redondear algunas cosas que me pasan por la mente? Pues voy a tomar el ejemplo de la ojiceleste, y me arriesgaré a que las cosas se den como quiero, y que no dentro de mucho lea otra parte de esta historia que se merece todos mis aplausos.
Un abrazo, Paz. Y gracias


Querida Marisa: siempre es un placer leerte, pero hacerlo acá -en el foro donde nos conocimos- en el día de hoy me produce una alegría extra.

Como te dije hace un par de días, logré sentirme conforme con este último capitulo que tuve pendiente por tanto, tanto tiempo. Admito que una de las pocas cosas que no me tomé el tiempo de pulir de la forma en que puedo llegar a hacerlo fue, justamente, el inicio del mismo. Simplemente no quise sonar demasiado tajante ni absoluta en cuestiones referentes a los errores, pues es cierto que es un tema con muchas aristas, que puede dar para largo debate (y que, por cierto, a mi misma me cuesta asumir en mi propio día a día, por lo que escribir de ello me conduce inevitablemente a la introspección). En cuanto a la coherencia... Hago lo mejor que puedo, aunque el tiempo que estuve alejada de la historia me jugó en contra. Si pudiera, te mandaría una foto de los días en que estuve con mi habitación repleta de papelitos con notas y detalles que no podía pasar por alto al momento de escribir; con los capítulos anteriores, impresos, desparramados en la alfombra y remarcados con resaltadores de todos los colores. Si tengo que auto-criticarme de algo, es de mi inevitable necesidad de justificar todo lo más que pueda. Pero, en fin, ¡valió la pena!

Por supuesto que es la sumatoría de todas sus culpas lo que más afecta a Quinn en esos instantes. Lo que Brittany ve es, al fin y al cabo, lo que ella quiere ver. Y esto es, me parece, algo muy propio de todos nosotros porque ¿Cuando podemos estar cien por ciento seguros de lo que le está pasando al otro por la cabeza o por el corazón...?
Y ¿Qué sería (y te cito) "pensar objetivamente en Santana"...? Me encantaría decir que tengo una respuesta a esa pregunta, pero no estoy segura. Me has dejado totalmente desarmada, querida amiga. Si de algo sirve, yo si he pensado mucho en ella... ¿Y cómo no, si es a quien mejor comprendo?

Por ahora, las dos nos vamos a quedar con dudas. En breve actualizo, y nos vamos a una trama distinta pero que, sin embargo, tengo que retomar para empezar a finalizarla. Nos vamos a Paris, y a New york, y al pasado, al presente, y al futuro.

Gracias por comentar, y por todo, Marisa, de verdad.

¡Te mando un abrazo grande!
   
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por micky morales el Dom Ene 15, 2017 9:01 pm

gracias por volver aun estoy algo perdida, no recuerdo el porque quinn y santana pelearon y si rachel le fue infiel a quinn o no, pero aqui seguire esperando por la actualizacion para despejar mis dudas, hasta la vista!!!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por MarisaParedes el Dom Ene 15, 2017 10:59 pm

No puedo creerlo! Acabo de mandarte un mensaje privado y toqué unos cuantos de los temas que pusiste en el tapete. Me encanta.
Me has respondido todo solo con lo de que Brittany cree lo que quiere creer. Agrego solo esto: pensar objetivamente en Santana es hacer el esfuerzo, aun con una esperanza de éxito poco probable, de analizar la realidad de Santana sin interferencia de sus propios sentimientos. Plantearse, por ejemplo, en cuáles son las razones que pueden haber movido a la latina para actuar cómo actuó, de una manera que a priori parece egoísta a irracional.
De verdad, vamos al pasado? A Blaine? Y esto tiene que ver con el futuro? Wow. Nueva vuelta de tuerca.
Estaré esperando...
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Dreamer=) el Lun Ene 16, 2017 12:54 am

micky morales escribió:gracias por volver aun estoy algo perdida, no recuerdo el porque quinn y santana pelearon y si rachel le fue infiel a quinn o no, pero aqui seguire esperando por la actualizacion para despejar mis dudas, hasta la vista!!!!!

Gracias a vos por leer y comentar. No te preocupes, que pronto todo se empezará a aclarar. Saludos.

MarisaParedes escribió:No puedo creerlo! Acabo de mandarte un mensaje privado y toqué unos cuantos de los temas que pusiste en el tapete. Me encanta.
Me has respondido todo solo con lo de que Brittany cree lo que quiere creer. Agrego solo esto: pensar objetivamente en Santana es hacer el esfuerzo, aun con una esperanza de éxito poco probable, de analizar la realidad de Santana sin interferencia de sus propios sentimientos. Plantearse, por ejemplo, en cuáles son las razones que pueden haber movido a la latina para actuar cómo actuó, de una manera que a priori parece egoísta a irracional.
De verdad, vamos al pasado? A Blaine? Y esto tiene que ver con el futuro? Wow. Nueva vuelta de tuerca.
Estaré esperando...

¡Me muerooooo! Creo que eso se llama sincronía, querida amiga. Gracias por responderme. Ahora que sé a qué te referías me atrevo a adelantarte algo: creo que la única forma en que Brittany se plantearía todo eso, sería volviendo a tener a Santana frente a ella. Y esto será algo difícil, considerando que la latina se nos escapa de las manos. Lo bueno es que sabemos (o, al menos, intuimos) que lo hecho por Santana no es en lo absoluto irracional... Al menos para ella misma.

Sip, vamos para allá, ahora mismo. ¿Me disculpas a que te responda el MP a lo largo de la semana? Ya lo leí pero hoy no llego a contestarte, porque es tardísimo y mañana madrugo.
Nos leemos pronto. Te mando un abrazo grande.
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por Dreamer=) el Lun Ene 16, 2017 12:59 am

¡Buenas noches, queridas lectoras!

Ante todo, gracias a todas aquellas que me han escrito tanto por mensajes personales como en comentarios. Ha sido hermoso volver a contactarme con algunas de ustedes.

No quiero hacerlas perder mucho tiempo. Les traigo un nuevo capitulo. Como creo que les advertí en "Borrón y cuenta nueva", por ahora vamos a darles un descanso a las "Frenemies" de Ohio (¿Alguien recuerda aquel memorable capitulo de la quinta temporada de Glee titulado así...?); tengo algunos detalles que pulir antes de retomar la historia desde el punto en que la dejé. Esto- aunque no lo garantizo del todo aún- deberá ocurrir con un capitulo futuro al que ya tengo titulado como "El punto de Quiebre".

Por ahora, les traigo el capitulo 77, que será dividido en dos partes (solo dos, lo juro) y está ubicado en París. Volvemos a saber de Kurt y el innombrable de Blaine después de su larga luna de miel. Las cosas empezaran a complicarse y a profundizarse un poco más. Moleste a quien le moleste, ellos también forman parte de la historia y créanme que si no creyera en el karma ni tuviera nada destinado para ellos (y sus amigos) hace mucho que habría dejado de tomarlos en cuenta. Hablando de sus amigos, les recuerdo que Kurt es un diseñador de modas super conocido en Europa que tiene a su lado un socio/amigo/vice-presidente de su linea (Steven) y un manager/representante/sobreprotector/codicioso (Ernest); por su parte, el otro susodicho tiene un solo amigo/compañero (Efrén). Ernest y Steven no son fieles a Kurt, ocultan y traman muchas cosas, pero esto se verá un poquito mejor en la segunda parte. En cuanto a Blaine... bueno... ¡Júzguenlo ustedes!

Sin más, les deseo una feliz lectura. Estoy de vacaciones, pero de viaje, asi que espero volver a actualizar en unos dias.

Hasta la próxima.

Paz
     

_______

Capítulo 77
Cuenta regresiva
- Primera Parte -

**

Paris, Francia
Diciembre 31, 2021
-23:15 p.m-


Diversión, alegría, y más diversión.

Recordó que la idea de ese gran alboroto era divertirse justo cuando todo a su alrededor comenzaba a dar vueltas y vueltas, como en un carrusel, como en su propia vida. El truco en un día festivo de este tipo estaba en divertirse, relajarse y no pensar. Tomó otra copa de champagne y bebió a grandes sorbos hasta que alguien lo empujó por accidente, causando que el trago terminase por mancharle la camisa. Inspiró para no enojarse, porque -a fin y al cabo- no podía causar una mala impresión ni desentonar en ese lujoso ambiente en el que todos se veían tan alegres. Todos celebraban que era fin de año, que se había cumplido un ciclo más y que les quedaba menos por vivir…

Pensar en eso le hizo sentir la primera punzada de pánico de la noche.

Blaine se abrió paso por el gentío que lo rodeaba y que casi no le dejaba respirar. Vio rostros borrosos que le sonreían, pero él se sentía solo consigo mismo y -por instantes- no le agradaba en lo absoluto su propia persona. Hacía bastante tiempo que no se sentía de ese modo durante una fiesta. La última vez fue hace años, en esa misma fecha, cuando un hit de Sia sonaba en una discoteque en la que todos cantaban y bailaban desaforadamente...  es fue la única ocasión en la que se atrevió a probar un cigarrillo de marihuana: fue la primera vez en que temió que iba a enloquecer. Al pensar en eso, pese a toda la gente, le dieron muchas ganas de volver a ver a una persona en especial.

–Tranquilo…– Se dijo apoyándose contra una de las columnas del salón. –Es solo otra fiesta. Vamos. No lo arruines de nuevo. –Agregó deslizando una mano por su cabello con bucles; luego, cuando empezó a sentirse mejor, se desabrochó el corbatín y lo guardó en el bolsillo de su saco.

Aunque sonase irónico, optó por tomarse las cosas con más calma. Era muy temprano para atontarse con el alcohol. Además, desde hacía varios días en que no perdía la oportunidad de beber, y su cuerpo empezaba a resentirse. En verdad, no le apetecía terminar de entender por qué lo hacía: él nunca fue un buen bebedor pero el hecho es que, actualmente, consideraba que era una forma muy relajante de acabar su jornada. No era algo serio. Solo le parecía que debía aprovechar a darse algunos gustos que aún no había experimentado. Lo merecía, sobretodo después del año que ha tenido hasta esos instantes. Y si no disfrutaba de ese momento, (“el más feliz de sus vidas”, según lo que respondía su esposo en las entrevistas), entonces ¿Cuándo podría hacerlo…?

La vida podía ser vertiginosamente corta: todo podía cambiar de repente, en un solo día, e incluso en un instante, y eso Blaine lo sabía mejor que nadie. Pasó buena parte de su existencia haciendo lo mejor por los demás, dando todo de sí, sacrificando sus propios sueños. ¿Por qué sino -por citar un ejemplo- estudió una tediosa carrera con tal de complacer a su familia...? Aunque eso ya había quedado atrás, claro. Cierto era que si hizo eso fue para poder vivir en New York y así estar cerca de la persona que quería; además, en teoría, con esa carrera se garantizaba ser el único heredero competente para hacerse cargo de la empresa familiar, tal y como lo habían hecho todas las generaciones anteriores desde el momento en que los primeros Anderson emigraron del sur de Escocia… No obstante, fue consciente de que ese no era el momento para recordar cómo terminó toda aquella parte de su historia. Le amargaba pensar en el pasado.

Blaine se alejaba del gentío fingiendo sobriedad cuando reconoció a Efrén, su buen amigo, y suspiró aliviado al ver que había aceptado su invitación.

¡Mon bon ami! – Exclamó el contador antes de abalanzarse sobre el hombre. – ¡Bonne nuit! –Dijo abrazándolo de forma desinhibida.
–Veo que has practicado “el idioma del amor”, Blaine. –Le respondió Efrén, entre risas. – ¡Pero, bueno! ¿Qué tal ha estado esa luna de miel…?
–Bien… Agradable... Volvimos hace dos días y… –Murmuró el castaño, antes de toser de forma falsa, incómodo. – ¿Quieres todos los detalles…?
– ¿Qué si quiero escuchar un relato sumamente gay en un sitio dotado de hermosas modelos a las cuales debo conocer? No en verdad, no.
– No seas homófobo. Tendrás que aguantarme por llegar tarde.
– ¡Pero si llegar tarde es una costumbre en toda Francia, hombre!  
–Pues a mí la impuntualidad me parece algo inaceptable. –El ojos verdes se cruzó de brazos, logrando que el otro hombre finalmente resoplara.
D’accord, me disculpo entonces. Aunque, en el fondo, echaba de menos tus sermones, Anderson. –Sonrió Efrén, poniéndole una mano en el hombro. –Me hubiese gustado venir antes, pero tuve que llevar a Sophie a las afueras de la ciudad para dejarla con su madre y su familia.

Blaine sintió otro escalofrió. Sophie era la única hija de Efrén, una niña de cinco o seis años a quien el ojos verdes pocas veces había oído nombrar desde que conocía a su amigo.

"-Es la razón de mi primer divorcio."
-chisteó Efrén en alguna oportunidad.

Y la verdad era que una hija extra-matrimonial a Blaine no le parecía nada chistoso, pero... ¿Quién era él para reclamar algo, a fin de cuentas? Su amigo nunca lo juzgó ni indagó nada más allá de lo que él mismo estuviera dispuesto a contar, lo cual debía agradecer. Hasta ese momento, el castaño había mantenido el mismo nivel de discreción y prudencia con el asunto de Sophie pero de pronto -y, en parte, debido al champagne- le surgieron algunas dudas:

– ¿Qué tan seguido la ves…? –Preguntó, haciendo que Efren lo mirase con curiosidad. –A la niña. –Aclaró.
– Cada dos semanas. A veces quisiera que fuera más tiempo pero... –El francés se inclinó de hombros. –No soy tonto. Noto la mirada de pánico que pone cada vez que ve que su madre se marcha, como diciendo: '¡No me dejes con este sujeto tan extraño!'
– ¿Tanto así...?
–Sí, no exagero. Lo peor de verla tan poco es que, cuando viene, no sé qué hacer con ella. Le compro cosas, pero crece tan rápido y cambia tanto de gustos que nada le convence. Ni siquiera supe cuándo empezó a caminar: un día, simplemente, entró corriendo a mi departamento. –Efrén se detuvo e intentó sonreír antes de que se le quebrara la voz. –...Es como que nunca termino de conocerla, no sé si me entiendes.
–Sí, perfectamente... –Murmuró el contador, que comenzaba a arrepentirse de haberle hecho esas preguntas y deseaba cambiar de tema.
–Pero, bueno, supongo que es lo que me toca. Cuando lo intentamos con la madre de Sophie, era como que yo estaba allí pero quería estar en cualquier otro lado. Todo el tiempo me repetía: esto no funciona, no sirvo para esto, me equivoqué, me equivoqué, voy a volverme loco…

He aquí la razón fundamental por la que Blaine se acercó a su amigo francés en un primer momento: porque, aunque se esforzaran en mostrar indiferencia al respecto, ambos estaban condenados a cargar un lastimoso pasado en sus hombros. Estando juntos, era posible que unieran fuerzas, que se re-construyeran mutuamente.

Por supuesto que el ex cantante también comprendía de lo que Efrén hablaba, pues él consideraba que había vivido la misma angustiante situación: la de estar arrepentido de haber llegado hasta donde estaba, anhelando ser libre, sin responsabilidades. Blaine, que había asumido compromisos desde muy joven, de pronto sintió que su vida se le escurría de las manos sin haberla aprovechado para su propio bienestar. Desde luego, eso no era algo que pudiera declarar de forma abierta,ni para sus adentros. Decidió que era momento de acabar con esa conversación antes de que se volviera riesgosamente profunda, personal e incómoda:

–...Lo que nos toca ahora es divertirnos, Efrén, por eso le pedí a Kurt que me permitiera invitarte. ¡Vamos por unas pocas…es decir…copas!
– ¿Qué te permitiera invitarme…? ¿Acaso ésta no es tu fiesta también? –Indagó Efrén, en tanto caminaban hacia la barra de tragos más cercana.
– Bueno, en realidad es para los empleados de Kurt, él y sus amigos lo organizaron todo.
– Me refiero a que él es tu esposo ahora. ¿No deberías empezar pensar que esta empresa también te pertenece a ti...i?  
– Es que no me pertenece. –Aclaró Blaine, frenando su marcha. – Antes de casarnos, decidimos que no tendríamos bienes en común.
– Oh, bien. Mucho mejor, así cada quien protege lo que es suyo, ¿verdad...? –Agregó Efrén antes de darle una palmada y avanzar hasta la barra.    
– Sí, claro, lo que es mío… – Repitió Blaine en voz muy baja.

El ojos verdes redirigió su mirada hacia la fiesta.

Pensó en que todo aquel edificio, cada detalle, incluyendo los empleados que se divertían, formaban parte de la construcción personal de su esposo. Kurt fundó esa empresa con esfuerzo y dedicación y -gracias a eso- al día de la fecha solo cosechaba éxitos: había logrado comprarle una casa a su padre en Italia, tenía un lujoso departamento en el corazón de Paris, se permitía viajes a cualquier rincón de Europa, sus diseños eran muy reconocidos… y Blaine no había colaborado en ninguno de esos logros, ni lo haría.

Desde que llegó a Francia, el contador solo se dedicó a adaptarse a la rutina de lujo que su gran amor tenía por vida: idas al club privado, fiestas elegantes con personalidades importantes, desfiles repletos de glamour y grandes producciones fotográficas. Una vida que nunca había anhelado pero que era mucho más segura para él. Durante ese periodo, Blaine no había realizado ni una sola inversión, ni siquiera en los varios viajes que hicieron a lo largo de ese año. Trabajaba en la inocua área contable de una empresa y sus gastos se reducían a banalidades. Incluso el traje que usaba en esos momentos, manchado con champagne costoso, formaba parte del guardarropas que Kurt le había costeado. Hablando con sinceridad, Blaine no tenía que preocuparse por perder sus bienes personales porque -en esos instantes- básicamente no tenía ni dónde caerse muerto. Todo lo que llegó a tener alguna vez, ya lo había perdido.

– Le pido que reconsidere lo que está a punto de hacer, señor Anderson. –Le dijo su abogado a principios de primavera de ese mismo año. – Existen otros medios legales para mediar esto sin que resulte tan perjudicado…  
–Eso solo me hará permanecer más tiempo aquí. Y no creo que pueda soportarlo. Cada día que pasa es un infierno.
–Podemos apelar a la demanda si se siente atacado de algún modo por la otra parte…
–No. No quiero más peleas.
–Blaine se llevó una mano a los ojos, exhausto casi resignado. – Firmaré lo que sea. Me haré cargo de los costos del divorcio y la demanda, cederé el título del departamento y mis demás bienes. Casi nada de eso lo he ganado con mi esfuerzo. Cuando me negué a formar parte de la empresa de mi familia, pedí que me pagaran lo que me correspondía en herencia…
–Nunca he tenido un cliente como usted.  –Suspiró su defensor, soltando los documentos legales sobre el escritorio. – ¿Acaso no teme por su futuro…?
– ¿A qué se refiere...?
– Se pueden realizar muchas acciones en su contra, sobretodo habiendo un menor de edad involucrado. Sinceramente, en este momento le conviene más salir de aquí, que firmar estos documentos y renunciar a todo. Tendrá que empezar desde cero, sin nada.
– No tengo otra opción. Y, si la hay, creo que no quiero saberla.
 –Dijo el contador, sacando una pluma del bolsillo interno de su saco.
–No existe vuelta atrás, no legalmente... –El abogado se dejó caer en su asiento mientras observaba con espanto que su cliente comenzaba a firmar cada una de las hojas. –… Si vuelve aquí, aunque se arrastre de rodillas, no podrá...
–No me arrepentiré, si eso es lo que teme. Al final, todo esto valdrá la pena.

– ¡Por Dios, hombre! ¿Qué tan miserable ha de sentirse en estos instantes como para tener esa certeza…? –Blaine paró de escribir por un segundo.  
–…Eso a usted no le incumbe.


En verdad, podría dar miles de razones para justificar su accionar en aquel momento, pero serían muy pocos los que terminasen por comprenderlo. Sin embargo, a nadie le quedarían dudas de que él estaba convencido de la lógica de sus argumentos. El principal de todos ellos, (aquel que lo animaba, le daba las fuerzas y la omnipotencia que lo hacían sentirse como un héroe trágico de novela), era que se había arriesgado para estar con la persona que amaba.

...Su mayor pasión. La fuente de su felicidad. Su primer amor.

Pocas cosas en la vida de un ser humano podían resultar de suficiente valor como para ser capaz de renunciar a todo, sin mirar atrás, como si no tuviera historia, y Blaine consideraba que había re-encontrado una de esas cosas en aquel chico de ojos azules. Conforme, como solo podía estarlo un hombre que ya no era poseedor de nada en el mundo, para Blaine era suficiente con Kurt. Su propia existencia se resumía y se concentraba en su pareja. Con él a su lado, necesariamente, debía bastar y sobrar.  

Por supuesto que una entrega tan radical no sería posible si él no confiase ciegamente en que Kurt lo amaba de igual forma o más. No se trataba tanto de lo que Blaine había dejado ir, sino de todo lo que podía abrazar en esos instantes. Si había un precio que pagar para ser felices, consideraba que ambos lo estaban pagando con creces. Quizás no fuera lo ideal, pero al contador le parecía justo que su esposo se hiciera cargo de los gastos por ese tiempo. A fin de cuentas, él había hecho sacrificios más grandes con tal de que estuvieran juntos, ¿no...?
 
Y, además, no había dejado todo al irse. Aún se tenía a sí mismo y se sentía capaz de formar nuevos sueños. ¡Estaba en la tierra de personajes tan históricos como Sartre, o en donde gente tan magnifica como Édith Piaf conquistó a multitudes con su voz! ¿Cómo no sentirse inspirado...?

A sus casi veintiocho años, a Blaine aún le parecía que todo era posible. Su presente no era malo: contrajo matrimonio con su verdadero amor, que era más exitoso que él pero que no lo dejaba de lado, y que también lo amaba y no paraba de consentirlo como creía merecerlo. Actualmente, contaba con un trabajo tranquilo y un amigo que no lo juzgaba ni criticaba. Era sano. De vez en cuando se comunicaba con su hermano, aunque por nada del mundo deseaba tener noticias de sus padres.

Blaine solo tenía que hacerse cargo de su propia vida y consideraba que, por el momento, lo estaba haciendo bastante bien. Consideraba que contaba con todo lo necesario para volver a empezar cuando él sintiera que era conveniente hacerlo. Aún había tiempo para volver a la cima, aunque la única condición -por su bien- era que nada cambiara ni alterase esa armonía actual.
________

* *

– ¿Qué fue lo que cambió? – Preguntó Blaine en aquella ocasión, aún si poder entenderlo. – ¿Acaso ya no me amas...?
–Claro que te amo, y con locura, como tú a mí. Y es por eso que creo que ésto será lo mejor para los dos.
– Aclaró Kurt, con la barbilla temblorosa. –Temo que si seguimos como hasta ahora, discutiendo por todo, quejándonos de todo, vamos a terminar odiándonos.
–Jamás te odiaría, Kurt. No podría.
–Lo sé. Yo tampoco podría…
–Entonces no me pidas que me vaya, por favor.
– Sollozó Blaine. –Haré lo que sea para que arreglemos las cosas y estemos juntos, como planeamos. Juntos por siempre ¿Recuerdas…? –Agregó antes de abrazar a su pareja con fuerza, estaba totalmente vulnerable.
Lo siento…– Kurt se separó de él con decisión, casi con frialdad. –Tienes que entender que a veces los planes cambian. Y eso… Eso es bueno. Créeme. En la residencia de la NYU podrás conocer a otra gente, seguramente te encontrarás con tus compañeros; crecerás, serás…
– ¡¿Y quién dijo que quiero algo de eso?! ¡¿Por qué tomaste esta decisión tan drástica e injusta sin siquiera consultarlo conmigo?!
– ¡Porque sabía qué harías esta escena de niño caprichoso! ¡Y ya no lo soporto! ¡Ya no te soporto! – Blaine se quedó con la boca entreabierta ante esas duras palabras. –…Tus escenas, no soporto tus escenas. – Dijo Kurt en un intento de corregirse, pero ya era tarde: su gran amor se dio la vuelta y fue hasta su habitación en busca de sus valijas. –No. Espera, espera, Blaine. Me expresé mal. No quise decir que…
– ¿Sabes que…? Déjalo así. –Cortó el ojos verdes, sin ocultar su rabia. –Creo que no hay nada más que aclarar.
–Vamos, Blaine, no era mi intensión decir eso… Solo necesito un tiempo... Es que tú me provocas, yo tengo mucho que pensar…  A-actuemos con madurez y terminemos bien esto.
– ¿”Esto”? Esto ya está terminado.  


Fue la primera vez que terminaron, una tarde de noviembre, cumplidos cuatro meses desde que estaban juntos conviviendo bajo el mismo techo. Kurt nunca pensó que se arrepentiría tanto de esa decisión como llegó a hacerlo pero, en aquel momento, le pareció que era la mejor opción.

Al ojos azules comenzaban a abrírsele las puertas para ingresar al mundo de la moda y el diseño. Él, a quien muchos consideraron un perdedor, iba por el sendero directo al éxito. Todo gracias a su esfuerzo y estaba orgulloso de ello, pero si se detenía en enamoramientos o relaciones de cualquier tipo, podría terminar por perder algo de todo lo que se estaba empeñando en lograr y no podía arriesgarse a ello. Desde aquel entonces, siempre decía que no era necesario tener motivos o justificaciones para estar soltero, ni por querer concentrarse en su carrera y en sí mismo. Priorizó su futuro y su independencia, estaba en su derecho de hacerlo.

Y ahora…

– ¡Aquí estás! ¡Te busqué por todos lados, señorito, ya me estaba poniendo nervioso!
–Oh, lo siento, Steven, no era mi intensión irme por mucho tiempo. – Comentó Kurt parado esbeltamente frente a una de las ventanas de su oficina, desde donde había contemplado parte de la ciudad ya sumergida en el anochecer; su amigo lo observó desde la puerta, con curiosidad.
–Pronto será medianoche. ¿Qué haces aquí tan solo…? –El diseñador levantó un hombro, metiendo las manos en los bolsillos de su pantalón.
– Solo vine a practicar un poco el discurso que daré. Ya sabes, buenos propósitos y todo eso que sirve para alentar a la gente.
Steven conocía a Kurt desde hacía más de cinco años, el tiempo suficiente como para aprender a distinguir cuándo aquellas perfectas facciones pretendían ocultar algo más. El rubio no pudo dejar sentirse platónicamente atraído por esos rasgos -y por todo lo que le pertenecía al diseñador- casi desde el primer instante en que lo vio. Jamás fue capaz de confesarle dicha atracción, ni era tiempo ya de intentarlo. Se limitó a ser un buen amigo, su mano derecha, y a esperar un milagro que -a la vista estaba- nunca ocurriría: que Kurt captara las señales, que notara la devoción encerrada en cada uno de los actos que Steven ejercía por él y para él. Y cada día que pasaba, cada vez en que era ignorado o tratado como un amigo más, Steven se sentía un poco más herido y enojado en contra del ojos azules... Pero ese tampoco era momento de reproches.
–Todos están pasándolo muy bien, fue una gran idea hacer esta fiesta. –Dijo el muchacho rubio, haciéndose paso para sentarse en el sofá de la oficina.
–Pues ese era el plan. Todos merecen ser agasajados. Además, después no quiero tener ningún reclamo por parte de nadie...
– ¿Por qué habrían quejas? Eres el mejor jefe del mundo. –Steven se mordió el labio temiendo quedar como un lame-botas; Kurt sonrió apenas.
–Bueno, aun así, hay asuntos que discutir pronto, señor vicepresidente. –Comentó tomando asiento en la silla ejecutiva frente a su escritorio. –Cuando vuelva todo a la normalidad, es decir, cuando se acaben todas estas festividades, tenemos que tocar el tema de los recortes de personal. – Steven dio un respingo en su asiento, alarmado. –Sin miedo, Steve. Necesitamos eficiencia. Es tiempo de modificar algunos puestos y revisar las cuentas, la casa debe seguir en orden para mantenernos en la cima.
– ¿Revisar? –El socio de Kurt tragó saliva. –No lo entiendo, ¿acaso dudas de algo...?
– No, claro que no. Solo pienso que sería conveniente contratar a quien sepa entender el tema económico de la empresa. Hay cosas que hace tiempo no se actualizan... Las finanzas deben ir bien. ¿No...?
– Por supuesto. – Cortó Steven, casi como dictando una sentencia. –De hecho, nosotros nos hacemos cargo de esa parte junto con Ernest, y lo sabes. Pero, si es lo que quieres, como vicepresidente de la línea, te puedo dar mi palabra de que conseguiremos el mejor personal.
–Te creo, Steve, de verdad que sí. –Respondió Kurt, volviendo a esbozar una leve sonrisa que no permaneció por mucho tiempo en su rostro. – Aun no empieza el nuevo año y ya tengo mucho que hacer. Debo organizar las cosas para el desfile de invierno, ¿Te dije que recibí propuestas para la semana de la moda en New York…? -Suspiró, fregándose la cara. –… Qué bueno es volver, aquí es donde pertenezco.
–Y-y nos alegra que estés de nuevo al mando, Kurt. Ya te extrañábamos. –Agregó Steven para cambiar rápidamente de tema. – ¿Pero por qué tienes esa cara larga? –Preguntó, poniéndose de pie. – ¡Es fin de año! ¡Vuelves de tu luna de miel! Deberías estar festivo y rebosando de alegría pero, en vez de eso, luces exhausto y amargado. ¿Qué es lo que te pasa…? –Kurt no pudo evitar reírse de mala gana, negando con la cabeza.
–No lo sé… La pasamos fantásticamente con Blaine, como siempre, aunque al parecer él lo disfrutó mucho más que yo. No me mal entiendas. Estoy muy feliz de que estemos casados y de todo lo que logramos en este tiempo; es solo que… –El castaño se mordió los labios y se recostó en su silla. –Mi vida no es tan diferente como pensé que lo sería ¿Sabes...? Pero, aun así, desde que me casé siento que me miran de otra forma. Hoy, antes de entrar a la fiesta, toda la prensa me hizo la misma pregunta: “¡¿Qué se siente estar casado?!” Antes eran preguntas sobre mi trabajo, sobre cuándo sería mi próximo desfile, o sobre mis opiniones respecto a las políticas contra la discriminación, y ahora…
–Bueno, bienvenido a la farándula, Kurt. –Comentó Steven, quien sospechó con gozo que la luna de miel de su jefe no había sido tan fantástica como alegaba que había sido. – Hace casi un año que vienen interrogándote respecto a tu relación con tu príncipe azul. A la única conclusión que llegamos en este tiempo es que no podemos controlar lo que les interesará saber, no más de lo que hemos intentado controlarlo hasta ahora.
–A lo que quería llegar es que no valgo menos porque esté casado o no. Creo que mi trabajo importa, lo que hago importa, las causas que apoyo importan, pero parece que a ellos les interesa más saber de mi vida amorosa que de mis logros.
– ¿Y acaso estar casado con el gran amor de tu vida, por el que ayudaste a destruir una familia, no es un logro digno de reconocer…?
Steven pudo sentir que cada uno de sus huesos se congelaba ante la mirada que su jefe le dirigió. Sin embargo, no se arrepentía de haber vuelto a sacar el tema que- sin dudas- resultaba ser una falta permanente en la historia de Kurt. Recordarle al ojos azules sus errores no era más que una forma de obligarlo a reconocer su imperfección, una de las tantas maneras -secretas y sutiles- en que su amigo intentaba vengarse de él.

A lo lejos se podían percibir las voces en la fiesta, al igual que el sonido de un piano que tocaba una pieza de jazz. Aunque sería difícil que los escucharan, Kurt no creyó que ese fuera un buen lugar para comenzar una discusión.

–Vaya… –Suspiró. –Honestamente, ni si quiera pienso que valga la pena intentar responder a semejante pregunta.
–B-bueno, es que para varios el matrimonio no es una meta en la vida… –Balbuceó Steven. – Aunque si admito que puede que me haya extralimitado esta vez… –Agregó, agachando la cabeza. –No me tomes tan en serio, bebí algo de vino y eso me pone más idiota de lo normal.

El rubio sabía que era capaz de dar excusas mucho mejores, pero sentía que ya había hecho lo suficiente y quedarse allí sería un riesgo que era mejor no correr. Al ver que Kurt se paró nuevamente para mirar por la ventana, el rubio comenzó a caminar para volver a la fiesta.

– Estas fechas no son sencillas para Blaine, ni para mí, ¿sabes? -Comentó el diseñador. – Pasamos muchas cosas en días como hoy, a lo largo de estos años, y… yo nunca estuve cerca cuando él me necesitaba: hubo uno de sus cumpleaños en que descubrió lo horribles que eran sus padres y, cuando me llamó, le dije que no podía hablar porque estaba ocupado... – Kurt contempló el reflejo de su propio rostro mezclándose con las luces del exterior. –Siempre había algo más que priorizar: una reunión, un viaje, una entrega de bocetos, lo que sea...
–No tendrías nada de lo que tienes hoy si no hubieras hecho eso, Kurt. Siempre hay sacrificios y obstáculos a superar antes de llegar a la cima.
–Yo entendía perfectamente que él podía olvidarme en cualquier momento, Steven. Muchas veces lo merecía, porque lo trataba como basura. Pero él, aun así, siempre seguía ahí… –La voz del ojos claros se tornaba cada vez más temblorosa. – O al menos así fue hasta que esa chica empezó a tontear con él. –Comentó antes de hacer una larga pausa con la intensión de recuperar el aliento; mientras tanto, Steven no pudo evitar volver a acercarse a él. –En un principio pensé que era un chiste, un ridículo experimento, o un capricho. En fin, algo pasajero.    
–Pero no lo fue. –Remarcó el rubio, haciendo que su jefe asintiera con malestar.
–No volvió a contestarme. Cambió de número, me bloqueó y borró de todas las redes. Y ahí de verdad empecé a temer que iba a olvidarme.
Kurt se llevó su mano libre a los ojos. Steven optó por fregarle la espalda con suavidad, sin ningún ánimo de seguir escuchando tanto melodrama.
–Vamos, cálmate. Ya todo eso quedó atrás. –Decía girando los ojos. – Lo importante es que ahora están juntos, felices y comiendo perdices.
–Eso lo sé. Pero fue tan horrible tener que darme cuenta de esa forma que él es el amor de mi vida. –Musitaba el diseñador, casi sollozando. – Te juro, Steve, que aunque se me partía el corazón y me parecía que se derrumbaba todo a mí alrededor, yo intenté dejar de hablarle. Pero él volvió a buscarme tiempo después, cuando se dio cuenta de que se arrepentía de sus elecciones…
–Y no pudiste negarte, ¿Verdad...? –Steven no podía ocultar la ironía envuelta en esa nueva pregunta. –Esperaste a que se presentara la ocasión.
–Yo solo le dije lo que sentía por él. Le advertí que había hecho un desastre con su vida, pero que aun así lo amaba. Nunca lo obligué a nada.
El rubio se cruzó de cejas y se alejó para apoyarse en el borde del escritorio. Observó a su jefe luchando por recobrar la compostura. En verdad deseó creer en cada una de sus palabras, pero no pudo. Le parecía que todo el sentido de esa charla era una forma en que Kurt buscaba justificar su accionar en el pasado sin querer asumir responsabilidad alguna. Y, pese a que le dolía y enfadaba cada vez más oír las continuas re-afirmaciones de Kurt respecto a su amor por Blaine, Steven no pudo evitar aprovechar ese instante para ir más a fondo en el asunto:

–Hay algo que no termina de cuadrarme en todo esto. –Comentó perspicazmente, haciendo que el ojos claros lo mirara con molestia.
– ¿Pero qué pasa contigo hoy, Steven? ¿Piensas cuestionar cada cosa que digo? Nos conocemos hace tanto tiempo, no puedo creer que dudes de mí.
– Justamente por eso es que algo no me cuadra, Kurt, porque te conozco. Sé cómo eres cuando quieres algo. Tú no te sientas a esperar a que las cosas pasen o lleguen a ti: tú haces que las cosas pasen, las buscas, porque te enfocas en conseguir lo que quieres. Sea como sea.
– ¿Y qué hay de malo en ello...? –El diseñador se cruzó de brazos, a la defensiva; Steven entrecerró los ojos.
– ¿Acaso pretendes que crea que nunca quisiste ni deseaste intervenir de ninguna forma en la relación de Blaine...?
–Te recuerdo que sigo siendo tu jefe y que estas empezando a pasarte de la raya.
–Déjame terminar, fuiste tú quien quiso darme explicaciones. – El ojos azules optó por morderse los labios y dejar que su socio prosiga con su ridículo interrogatorio. – ¿Me vas a decir que te sentaste a esperar hasta que Blaine vuelva a contactarte mientras estaba casado y nunca intentaste nada más...? Porque sé bastante de ti, Kurt, te conozco mejor que tú a mí. Pero, sobre todo, sé lo que significa estar enamorado de alguien. – El diseñador comenzaba a apretar los puños, en tanto su amigo luchaba por que no se le formara un nudo en la garganta cargado de impotencia.  –Y sé mejor que nadie lo que es ver que esa persona, a la que amas de forma casi inexplicable, no te corresponde porque elige estar con alguien más: sientes que algo muere dentro de ti por cada segundo que pasa y no estás a su lado... –Las lágrimas comenzaron a rodar nuevamente por el rostro del castaño, pero con más fuerza y fundamento que antes. –A veces darías cualquier cosa, todo lo que tienes, con tal de que -por un instante- él te mirara de la misma forma en que esa persona mira al ser que ama... –Musitó Steven, mirando a Kurt con infinita melancolía y añoranza.
–Es una tortura... –Gruñó el ojos azules.
–Todo el tiempo.
Después de mirarse en silencio por un momento, el diseñador decidió caminar hacia la puerta de su oficina. Su amigo pensó que intentaría huir inmaduramente, sin darle ninguna respuesta, pero se sorprendió al notar que su jefe se limitó a cerrar con llave: no quería que nadie entrara ni los interrumpiera. El corazón de Steven comenzó a latir más rápido.

– Nunca he hablado de esto con nadie, Steve. –Murmuró Kurt. – Y-y cada vez que pienso en ello, siento una mezcla de sentimientos muy grande. Te ruego que intentes entender que lo que voy a contarte a continuación ocurrió en un momento de mi vida del que no estoy nada orgulloso...
–Somos amigos, Kurt, sabes muy bien que nunca diré nada. –Mintió Steven, mientras ponía una mano tras su espalda y cruzaba los dedos.
–Admito que, aunque Blaine me evitó de mil maneras distintas, yo aun así intenté contactarlo. Nunca tuve respuestas de su parte y eso cada vez me desesperaba más... –El diseñador jugueteó con su anillo de matrimonio. –Como yo ya vivía aquí y estaba ocupado con las gestiones para fundar la línea, no tenía forma de acercarme a él de inmediato. Solo contaba con internet y los conocidos que teníamos en común, que ya eran muy pocos.
– Nada que ya no supusiera. Ahora, ¿me permites recordarte que en el salón de abajo hay una fiesta y...?
–Lo sé, lo sé, es que esto no es sencillo. –Suspiraba el ojos azules nerviosamente, procediendo a acercarse a un cuadro que colgaba en una de las paredes. –El punto es que, a finales del 2017, a una ex compañera se le ocurrió twittear una foto con el vestido que usaría en una próxima boda. Ella trabajaba en Broadway,era reconocida y, pese a que borró la foto a los pocos minutos, de todas formas, la publicación llegó a mis manos: iba a ser nada menos que una de las damas de honor en la boda de Blaine y... su novia.  
–Kurt, pero ¿Qué...? –Steven se quedó boquiabierto cuando vio que su jefe bajó el cuadro de la pared, que en verdad cumplía una misión mucho más importante que la de ser un simple objeto de decoración: aquella pintura permitía ocultar nada menos que una caja fuerte.

La curiosidad y el desconcierto dominaron todos los sentidos del rubio, quien se acercó hasta quedar unos pasos más atrás de su amigo. Mientras Kurt anotaba un extenso código en el tablero digital, Steven Lewis se preguntó por qué -de los años en que se conocían- nunca supo de la existencia de aquel objeto oculto hasta esos instantes. La primera conclusión a la que pudo llegar, elevó su codicia hasta el límite: una caja fuerte era un sitio seguro en que las personas guardaban sus más preciados secretos para poder protegerlos y -al mismo tiempo- mantenerlos siempre a su alcance.

– Pensaba que ya nada podía sorprenderme, y tú haces este tipo de cosas. –Comentó con aire jovial, justo cuando se desbloqueó la puertita de metal. – ¿Se puede saber qué relación hay entre éste artefacto y el día en que descubriste que tu actual esposo se casaría por primera vez...?

La acción que hubo como respuesta resultó ser igual de inesperada, pero no menos atroz.

Al momento en que Kurt extrajo aquel objeto de la caja fuerte, toda la jovialidad de Steven se disipó de inmediato. Allí estaba él, a minutos de que finalice ese año, comenzando a ser presa del pánico: frente a sus ojos, su jefe, la persona que quería, de quien se jactaba de conocer mejor que a nadie, sostenía una pistola en su mano derecha. Pequeña y discreta, de aura fría y letal. En ese instante todo lo que el rubio quiso hacer fue salir corriendo de allí y nunca más regresar. No obstante, el miedo y la necesidad de volver a reconocer a quien tenía enfrente no le permitieron moverse.

–Sufrí mucho cuando lo supe. –Comenzó a explicar Kurt, con voz muy afectada. –Nunca hay una buena forma de enterarte que el amor de tu vida está siguiendo adelante sin ti, pero yo ya no podía dormir, no tenía apetito… Era imposible que eso estuviera pasando, no podía tolerarlo, yo...
–No. –Cortó Steven mientras retrocedía y negaba con la cabeza. –No, no, tú no harías algo así. Ni siquiera lo pensarías.
–Puede que estés confundiéndote, Steve, pero piensa que fue un momento de locura y desesperación. Nada tenía sentido, es decir... –Kurt seguía a su amigo sin dejar el arma. – Me sentía tan infeliz y a la vez tan malagradecido. Sabía que lo tenía todo, pero de nada valía si no lo tenía a él. Me sentí… traicionado… Tantas promesas, tantos recuerdos, y ¿lo tiraríamos todo al olvido así como así…? Él no lo haría, él no era así…
– ¡¿Podrías, por favor, soltar esa maldita cosa de una buena vez?!
– Tranquilo, no está cargada. –Aclaró Kurt, dejando el arma sobre su escritorio. –Arrojé todas las balas al rio Sena una hora después de comprarla.
–Merci. –Le agradeció Steven antes de desplomarse nuevamente en el sofá, sin atreverse a preguntar ni buscar más explicaciones de ninguna clase.
El silencio se hizo presente, mas esta vez el aire comenzó a cargarse de iguales dosis de ansiedad y angustia. El rubio se desabrochó los primeros botones de su camisa mientras intentaba tranquilizarse; luego, procedió a secarse la frente y los ojos con un pañuelo blanco que traía en su bolsillo. Kurt contemplaba todo desde un extremo, esperando a que su compañero recobrara el aliento.

–Lamento contarte esto ahora, pero era algo que ya no podía cargar solo. –Agregó al cabo de unos instantes, aun cuando Steven no quería mirarlo a los ojos. –Steve, por favor, di algo. Lo que sea. ¿En qué piensas ahora...?
– En todo… –Musitó el rubio, con la voz apagada. – ¿Recuerdas cuando me hablabas de lo terrible que te sentiste cuando un conocido tuyo intentó suicidarse porque todos lo molestaban por su sexualidad….? –Kurt se cruzó un poco de cejas, confundido.
–Claro que lo recuerdo, pero no sé muy bien a qué viene esa pregunta con esto que estoy contándote. –Steven apretó los dientes.
– Dijiste que esa era una de las razones por las que apoyabas tantas causas, para luchar contra la discriminación y la violencia. Dijiste que herirte a ti mismo nunca sería una solución, pero ahora me dices que por una crisis de locura, celos y amor... tú, compraste un arma y quisiste...
– Son cosas distintas, Steve. – Kurt tomó asiento en el borde del sofá. – Es verdad que el arma y todas mis intenciones por aquellos días, fueron un completo error: aún hoy sigo sintiéndome terrible por lo que pudo haber pasado. Y es cierto que estaba desesperado, pero reaccioné. Me di cuenta a tiempo de lo terrible y escandaloso que sería si me descubrían. Todo mi esfuerzo, el daño que haría; pensé en mi padre, oh, Dios... – Decía llevándose una mano a los ojos, con vergüenza. – Créeme que todos los días intento redimirme… –Sollozaba.
– Entonces, ¿Por qué conservas la pistola...? – Lo interrumpió Steven, todavía sin poder creer que estaba haciéndole esa pregunta a su amor platónico.
–En parte, por seguridad propia: con tantos crímenes que ocurrieron en estos años, es mejor prevenir. Pero, sobre todo, la guardo porque me hace poner los pies en la tierra. – Le respondió Kurt. – Cuando abro la caja y veo el arma, recuerdo lo bajo que he caído, lo tonto y mediocre que puedo llegar a ser. Créeme que el día en que la vea y ya no sienta nada, será porque me habré perdonado a mí mismo.
–Cielos…–  Resopló el rubio, mientras miraba hacia la nada. –Discúlpame, Kurt, pero no sé qué más se puede decir ante estas situaciones… – Agregó, notando que el castaño se recostaba junto a él en el sofá. – ¿Nunca pensaste en buscar ayuda…? Ya sabes, ¿Ir a terapia o algo…?
– No lo creí necesario. – Dijo el ojos claros. – No me reconocía caminando con un arma entre la gente, y de inmediato me aterré de mí mismo y de todo lo que pensaba hacer. Pero solo fueron eso, malos pensamientos. No pasó nada porque pude controlarme y volver a la realidad, por algo arrojé todas las balas.
En verdad que a Steven se le hacía difícil imaginar a un Kurt totalmente desesperado, avanzando por la calle con una pistola en el bolsillo, casi decidido a cometer un acto atroz. Era inquietante imaginar lo que pudo haber ocurrido de no ser porque el diseñador logró recapacitar a tiempo. Sin embargo, lo que más intranquilo lo ponía era saber que aquel ser cegado por un periodo de locura en verdad había existido, y era la misma persona que tenía a su lado en ese preciso instante. ¿Lo conocía realmente, después de todo? Luego de esa confesión, Steven ya no estaba seguro de nada y se sintió infinitamente abatido por ello. No obstante, peor se sentiría cuando Kurt le aclarase en los próximos minutos sus verdaderas intenciones con aquella arma, que nada tenían que ver con la veloz interpretación que el rubio había formulado.

– ¿Y nunca se lo contarás a Blaine…? –Preguntó Steven de forma casi inocente, causando que Kurt lo mirara con autentico espanto.
–N-no. ¡No podría! Steve: nadie más puede saber esto, mucho menos él. ¿Cómo explicarle algo así...? Es imposible. –Cortó Kurt, mientras se paraba y se cruzaba de brazos. –Sé a dónde vas con esto, sé que no es bueno ocultarle cosas a la persona que amas, pero…
–Bueno, no serías el único… –Murmuró el otro hombre, a sus espaldas.
– ¿Qué? ¿Disculpa…?
–Nada. –Suspiró el rubio, también poniéndose de pie. –Será mejor que guardes todo esto en su sitio secreto y bajemos a la fiesta.

Ni bien Steven dijo eso, comenzaron a llamar insistentemente a la puerta de la oficina: era Ernest, el manager del diseñador, que había pasado demasiado tiempo sin vigilar las acciones de su superior y le avisaba que faltaba poco para la medianoche. Sin dudarlo, Kurt se apresuró en guardar el arma de nuevo en la fría oscuridad de la caja fuerte, y ésta -tras ser cerrada- volvió a quedar oculta detrás del cuadro decorativo.

El par de amigos compartieron una última mirada de complicidad.

–Este es un secreto que pretendo llevarme a la tumba, Steven. –Volvió a aclarar Kurt, justo cuando el sonido de los golpes en la puerta se incrementaban. –Sé que no me comprendes aún, pero al menos lo intentarás. Blaine ni siquiera haría el intento: directamente me pediría la nulidad del matrimonio.
–Estás exagerando…
– ¡Ponte un segundo en mi lugar! – Exclamó el ojos claros, en voz baja y rasposa. – Piensa: ¿Cómo le explicarías al amor de tu vida que estuviste dispuesto a hacer lo que sea para que él no se casara con alguien más? ¿Con qué cara le dices que tuviste intenciones de hacerle daño a…?
– ¿A quién…?

Solo después de hacer esa pregunta, el hombre rubio empezó a sentir verdadero terror por la persona que tenía enfrente; sus delgadas y largas piernas comenzaron a temblar mientras reinterpretaba cada palabra de aquella charla, que le advertían de estar frente a un peligro inminente: su jefe había comprado el arma, no para acabar con su vida como Steven había entendido en un principio, sino para interrumpir una boda del modo que sea.

–Kurt... –Musitó Steven. – ¿A-acaso, en algún momento, pensaste en herir a alguien más…?

La propia intuición de Kurt logró frenarlo justo antes de contestar. Confiaba en Steven, en verdad que sí, pero prefirió guardarse esa respuesta para él mismo y así seguir atormentándose en silencio por ello. Aunque ahora que alguien más sabía del asunto, empezaba a sentirse aliviado. Desde luego que su confesión no fue hecha al azar, ni en vano: el diseñador nunca hacía nada sin pre-meditar en las consecuencias de sus actos.

Estaba bastante seguro de que Steven no hablaría con nadie, y no solamente porque él era su jefe y su mejor amigo. Kurt sabía que su empleado estaba enamorado de él. Lo supo desde un principio, pues resultaba ser demasiado evidente como para no notarlo. Cierto era que el ojos claros nunca sintió lo mismo, y nunca lo sentiría. Pero, aun así, el amor y devoción de Steven le venían bien, tanto para su propia autoestima como para garantizarse la lealtad más absoluta. Steven siempre terminaba cediendo ante todo lo que él hacía o pensaba y- cuando no era así- Kurt lo “recompensaba” de alguna forma (como cuando lo ascendió tiempo atrás), para que siguiera de su parte y a su disposición.

Hablar de esto con el rubio también era una forma de ponerlo en linea, de recordarle que su jefe era superior: tenía poder y era muy capaz de hacer lo que sea por su propio bienestar. Por supuesto que todo era convenientemente inconfesable y sería así hasta que alguno de los dos se cansara del otro. Pero, por el momento, el rubio no lo delataría porque le debía mucho y lo respetaba; y lo quería, claro, y hablar con alguien más de este asunto implicaría lastimar al propio diseñador.

Bajo el punto de vista de Kurt, cuando el amor era verdadero, uno nunca lastimaría conscientemente al ser que amaba. Él, en la actualidad, entendía que no habría sido capaz de herir a Blaine en aquellos tiempos de desesperación… al menos no de forma directa.

–Me sentía traicionado, Steve. –Comentó el castaño, re-ajustándose el nudo de su corbata. –Y si algo tengo en claro es que a mí nadie, nunca, me puede traicionar.  –Sentenció mirándolo con una malicia en los ojos que Steven jamás le había visto, y luego abrió la puerta por donde salió disparado.

Ernest se quedó en la entrada haciéndole un gesto inquisitivo a su compañero que permanecía parado en el medio de la gran oficina, pálido, con los hombros caídos y los ojos llorosos. Steven se mantuvo inerte por varios segundos, como temía que permanecería eternamente en un futuro próximo si es que su jefe llegaba a descubrir alguna de las tantas cosas que todos ellos le ocultaban.

– ¿Qué ocurre...? –Indagó el sujeto del bigote; el rubio balbuceó sílabas inconexas hasta que pudo controlar el temblor de sus labios.
–T-Tenemos que irnos de aquí, Ernest. –Afirmó, mirando con recelo hacia el cuadro con los secretos inconfesables en la pared.
– ¿De la fiesta…?
–De todo. –Musitó Steven, mientras las lágrimas comenzaban a deslizarse por su rostro. –… tenemos que irnos, o esto no va a terminar bien.


Última edición por Dreamer=) el Lun Jul 24, 2017 9:44 pm, editado 4 veces
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por micky morales el Mar Ene 17, 2017 10:26 pm

vaya que joyita el Kurt!!!!!
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

Mensaje por 23l1 el Mar Ene 17, 2017 11:46 pm

Hola, no pude comentar antes, pero ahora si! Un gusto que pudieras volver la vrdd y no seas de una de esas personas que dice "volvere" y hasta aun brillan por su ausencia y de vrdd me alegro q no seas asi! Gracias por volver!!! Me encanta tu historia y que vuelvas es... mas que bueno ajajaj. Saludos =D
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Re: *FanFic* -A Punto Cero- Capitulo 77- Cuenta regresiva- Parte 2-*Nuevo*

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