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FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Dom Jul 10, 2016 10:29 am

Que se perdió quinn... Ir al baño jajaja
El primer encuentro post orgasmos fue bueno aunque no se vieron mucho...
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por micky morales el Dom Jul 10, 2016 11:16 am

bueno, esteee, me parece a mi que ellas van como muy lentas, sumergidas en el mundo medico y nada mas que miradas y conversaciones casuales y eso de brittany dejandose satisfacer sin ni siquiera saber por quien pues..... en fin, a ver como sigue todo!!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Jue Jul 14, 2016 11:03 pm

Capítulo 13


—¿Puedo ayudarle?—pregunto a Santana la mujer elegantemente vestida, de pelo castaño rojizo en un tono amable pero reservado.
—Soy Santana López de Horizon Productions,—dijo, mirando más allá de la mujer, a la puerta en la parte trasera de la habitación que daba a lo que debía ser la oficina de Brittany. Oyó un murmullo de voces que venían de dentro y deseó poder tener una visión clara del interior. —La Dra.
Pierce me dijo que podía pasar por una copia de su Curriculum Vitae.
—Por supuesto, —respondió la secretaria de Brittany, se dirigió a uno de los archivadores, abrió uno de los cajones, y en cuestión de segundos le entregó a Santana un documento. —Soy Naomi Riley, secretaria personal de la Dra. Pierce. Si necesita ayuda con los horarios y la información sobre el programa de formación, llámame.
—Gracias, —respondió Santana. —Tal vez usted podría ayudarme a concertar una hora para una entrevista formal. Sé que está ocupada …
—Tendré que volver a ponerme en contacto con usted para eso, —respondió Naomi de una manera práctica, que le sugirió a Santana, que probablemente volvería a saber de ella en el próximo milenio.
Riendo, Santana explicó: —No tuve mucha suerte la última vez que lo intenté, pero tal vez ahora esté un poco más receptiva, ya que nos hemos conocido.
—Estoy segura de hará todo lo posible, —dijo la secretaria sin problemas, —pero su agenda está siempre llena.
—Entiendo. Estaremos en contacto entonces. —No tenía sentido hacer un escándalo al respecto en aquel momento. Un ataque a dos frentes podría obtener mejores resultados. Hablaría con Brittany después, quien sin duda, la remitiría de nuevo a su secretaria. Al menos podría decirle a Naomi Riley que Brittany y ella lo había discutido, y eso podría llevarla un paso más cerca. A pesar del hecho de que veía a la cirujana con frecuencia durante el día, era difícil encontrar el tiempo suficiente para preguntas y respuestas. Necesitaba tener la formalidad de una cita, para hablar con Brittany tanto sobre el entrenamiento de Rachel, como para profundizar en ella. Santana todavía no sabía casi nada de la cirujana, y teniendo en cuenta lo que había visto la ironía de ese hecho no se le escapó. —Gracias de nuevo, —dijo con aire ausente mientras se alejaba, ojeando ya las primeras páginas del extenso curriculum vitae. En la superficie, era bastante más de lo que había esperado.
Brittany había sido educada en un colegio de artes liberales en el noreste, y había ido a la escuela de medicina Ivy League. Sus prácticas en cirugía general, las había hecho en otro hospital mejor clasificado, y había completado su especialización en trauma en Manhattan, en Bellevue, donde al parecer se unió al equipo.
Santana se detuvo de repente, haciendo que la persona que venía detrás, casi chocara con ella. —Lo siento, —murmuró distraídamente mientras se pegaba a la pared, para evitar la corriente del tráfico peatonal. Volvió a leer las palabras – Trauma, Asistir, Hospital Bellevue –, y lasfechas. Se metió el documento en su maletín y volvió a caminar.
*****
Santana se arriesgó a que no pasara nada en las próximas horas, y se detuvo en el carro de un vendedor de la calle para comprar, una gaseosa fría, una bolsa de nueces, y caminó hasta que encontró un hueco del tamaño de un sello en la sombra del parque. No pensó en nada en absoluto durante un tiempo, ocupando su mente con el siempre entretenido desfile de los transeúntes de la ciudad de Nueva York. Cuando terminó sus nueces, y descansó su mente, se levantó y se dirigió de nuevo al hospital, determinada a que el pasado no controlara su presente o su futuro.
Encontró Sam Evans solo en el área de admisión de trauma, haciendo lo que solía hacer cuando no tenían pacientes, revisando los medicamentos obsoletos y los paquetes de instrumentos que debían eliminarse o reciclarse de los carros, y haciendo inventario de lo que necesitaba pedir o reponer. El enfermero la recibió con una gran sonrisa de bienvenida cuando se acercó.
—Hola. ¿Has visto a Quinn? —Preguntó Santana, devolviéndole la sonrisa.
—Hace aproximadamente una hora dijo algo acerca de echar una siesta. En realidad, creo que se refirió a ella como hacer acopio de sueño. Probablemente estará en vuestra sala de guardia, —informó.
—¿Qué hay de Rachel? —le preguntó, pensando que podría utilizar ese tiempo para entrevistarla más de fondo.
—Creo que está en la azotea con Brittany. —Maldita sea, no debería haberme ido, ansiosamente le preguntó: —¿En el helipuerto? ¿Hay una alerta de trauma?
—Si la hay, nadie me lo ha dicho. Están allí pasando el rato hasta que entre algún tipo de acción. Estoy seguro de que no les importará si te unes a ellas.
Dudo un momento, y pensó: ¿Por qué no ? Cogió un pequeño grabador DVD del armario de su equipo, y se despidió de Sam. Era una buena oportunidad para obtener las imágenes que había querido de Rachel, durante el tiempo de inactividad, los inevitables períodos de inactividad entre trauma y trauma. Después de casi una semana se estaba acostumbrando a la rutina. Solían utilizar la mañana para hacer las rondas en la unidad de trauma, después se ocupaban de cualquier trabajo que había que hacer a los pacientes, cambiar las vías intravenosas, el reemplazo o la inserción de tubos y sondas, cirugías menores, revisión de los Radiografías y otros aspectos de la atención diaria. A diferencia de la mayoría de los especialistas, los cirujanos de trauma no podían abandonar el hospital una vez terminado el trabajo. La ley estatal requería que cada una unidad de trauma tuviera cirujanos calificados en el hospital veinticuatro horas al día, así como estipulaba que los especialistas necesarios, debían estar disponibles para un respaldo inmediato en caso de llamada. Lo cual significaba que había veces que pasaban largos periodos, durante un turno veinticuatro horas, en que todo el equipo estaba esperando.
Santana salió del ascensor en la planta superior y subió por la rampa hacia el helipuerto. Antes de doblar la esquina hacia la sección de aterrizaje rectangular, oyó voces y unos extraños golpes repetitivos. Se detuvo en seco cuando Brittany y Rachel aparecieron en su línea de visión. Se apoyó en la pared de la rampa del aparcamiento y levantó la cámara de vídeo.
—Estás fallando, Rachel. Estás en baja forma, —se burló Brittany, dejó caer su hombro derecho y condujo la pelota más allá de la morena. Se paró a unos cuatro metros de la canasta y encestó el tiro en suspensión con facilidad. Eran las dos de la tarde y el sol caía con furia sobre la superficie de hormigón. Llevaba puesta su ropa de quirófano y su camisa estaba pegada a su espalda por el sudor. Riachuelos de humedad corrían por su rostro, y tenía que limpiarse continuamente los ojos con el antebrazo desnudo.
Sorprendentemente, llevaba cuatro puntos de ventaja. —Sí, parece que voy a patearte el culo..
—Sabes, estaba intentando ser agradable, —comentó Rachel mientras cogía la pelota, y se volvía hacia la canasta. —Teniendo en cuenta tu edad, y el hecho de que eres mi jefa y eso.
—Sí, claro…, —gruñó Brittany, tratando sin éxito de quitarle el balón de las manos, Rachel la dribló con una sonrisa arrogante en el rostro, —me estás dejando ganar…
—Sí, pero ahora no me siento tan caritativa.
Rachel voló de una manera tan rápida y sin esfuerzo, que Brittany se quedó de pie con la boca abierta. En cuanto volvió a tener el balón en las manos, Rachel inmediatamente se lo robó y se alejó. Durante los siguientes cinco minutos dieron una exhibición de destreza atlética, que fue infinitamente más gratificante que cualquier otro partido que hubiese visto, porque no había nada detrás, excepto el placer. Rachel no estaba tratando de vencer a nadie, y Brittany tampoco. Se estaba divirtiendo. Brittany hizo un valiente esfuerzo para recuperarse en el marcador, pero pronto se hizo evidente que eso sólo pasaría si Deb tenía buen corazón.
Finalmente dijo en voz alta, —Eso es todo, Berry. Dame mi pelota. No quiero jugar contigo.
Rachel la miró y vio a su jefa sonriendo, aunque estaba segura de que también había un poco de frustración en sus ojos. Los cirujanos eran competitivos en todo, era la naturaleza de la bestia. Haciendo caso omiso de la precaución y la diplomacia, Rachel ni siquiera trató de ocultar su sonrisa triunfal. Tiró la pelota a Brittany, y dijo: —Gracias por el juego, Jefa.
—Sí, claro, perfecto, —murmuró Brittany. Se dio la vuelta con el balón bajo el brazo, y se dio cuenta de que Santana, estaba a quince metros de distancia grabando. —Apague esa maldita cosa a menos que quiera se la tire de la azotea.
Santana paró la videocámara y la sostuvo protectora detrás de su espalda, un segundo antes de ver la sonrisa tirando de la comisura de la boca de Brittany. —¿Qué le pasa? ¿Tiene miedo de tener un registro permanente, de la patada en el culo que le ha dado?
—Es su primera semana, —dijo Brittany, llegando al lado de Santana. —Estaba siendo amable con ella.
—Sí, ya me he dado cuenta, —dijo Santana mientras miraba a una y a otra. Ambas estaban rojas y sudando, pero no respiraban con dificultad. Las dos eran mujeres condenadamente atractivas, pero sólo una de ellas hacía que su corazón dejara de latir. Apartando la vista de la deslumbrante sonrisa de Brittany, agregó. —En especial he observado cómo le dejaba hacer algunos tiros al final.
Rachel resopló con desdén. —Te diré una cosa. La próxima vez os pateare el culo a las dos.
—Oh no, —respondió Santana rápidamente. —A mí no.
Rachel murmuró algo que sonó como gallina, y se despidió mientras se dirigía hacia los ascensores. Santana se encontró a solas con Brittany, y por un momento no estaba segura de qué decir. Estaban a menos de un metro de distancia, Brittany con el balón de baloncesto aún bajo el brazo, Santana con su cámara escondida detrás suyo. Se miraron la una a la otra, mientras que una leve brisa levantaba su pelo en la parte posterior sus cuellos, pero hizo poco para enfriar el calor asfixiante que emanaba desde la superficie de la piedra.
—Debemos salir del sol, —dijo Santana en voz baja, consciente de que Brittany la estaba observando atentamente.
—Tiene razón, —aceptó Brittany en voz baja. Tenía calor y quería beber algo, pero sobre todo quería tocar con los dedos la fina capa de sudor en la mejilla de Santana López. No es una buena idea. La última vez que tuvo pensamientos como aquel, terminó apoyada contra la pared, y con la mano de una desconocida dentro de sus pantalones. Tenía que controlarse. —¿Juegas?
Por un segundo, Santana no pudo encontrar sentido a la pregunta. —¿Al baloncesto? —preguntó, encogiéndose cuando se dio cuenta de lo estúpida que debía sonar.
¿A algo más? Sonriendo, Brittany asintió. —Sí.
—No lo suficiente como para jugar contra ninguna de las dos. Me gustaría mantener mis partes del cuerpo intactas durante algún tiempo más.
—Es solo por diversión, —dijo Brittany mientras se asomaba hasta la cintura, por la repisa de cemento que bordeaba el helipuerto.
Santana se acercó a ella y miró a la calle veinte pisos más abajo. —Puedo visualizar esto. Es una gran toma.
Brittany se rió. —¿Siempre lo mira todo a través de su cámara primero?
—No estaba mirando a través de mi cámara anoche, —replicó Santana bruscamente antes de poder detenerse.
—Sí, eso es cierto, —respondió Brittany de manera uniforme, momentáneamente sorprendida de que Santana hubiera sacado el tema, pero se dio cuenta rápidamente de que probablemente no debería estarlo. Desde la primera vez que se vieron, Santana había sido directa y sencilla en el trato con ella. Brittany dejó la pelota a sus pies y apoyó ambas manos en la parte superior de la pared. Aún mirando a la ciudad, añadió, —¿Debo pedir disculpas por algo? No era mi intención que pasara… lo que pasó. —No tenía intención de que tú lo vieras. Y seguro que no tenía intención de correrme, simplemente por saber que me estabas mirando. Frustrada por no poder explicárselo a sí misma, y mucho menos a Santana, se encogió de hombros. —Lo siento…
—No, yo lo siento, —se disculpó Santana, tardíamente consciente de que no había habido nada crítico en la observación de la cámara. No era la primera vez que alguien la acusaba de utilizar su lente para poner una barrera entre ella y el mundo, y había reaccionado a la defensiva. Al igual que con las mejores defensas, había atacado. —Anoche no pasó absolutamente nada por lo que necesite disculparse. Mi comentario ha estado fuera de lugar.
—No hay daño, no hay falta, —dijo Brittany, mirándola fijamente. —¿Lo atribuimos mejor a circunstancias inusuales, entonces?
—Creo que sería lo más prudente, —dijo Santana, sonriendo levemente. Porque de lo contrario, tendríamos que echarle la culpa a algún tipo de locura mutua, y no estoy muy preparada para eso.
—De acuerdo.
De mala gana, Santana comenzó a alejarse. —Creo que debería buscar a mi fotógrafa, y revisar la cinta de esta mañana ahora que las cosas están tranquilas. Si conseguimos echar un primer vistazo ahora, nos ahorrará mucho tiempo a largo plazo.
—Tal vez debería descansar ahora que puede. Nunca se sabe lo que nos va a traer la noche.
—¿Es lo que va a hacer usted? —preguntó Santana, y luego pensó que tal vez se estaba volviendo demasiado personal.
—No, creo que voy a buscar a Sam y a jugar un poco al ajedrez. A menos que le apetezca una partida.
—No, gracias, —dijo Santana apresuradamente.
—¿Tiene miedo de que no sea capaz de tolerar que me pateen el culo dos veces en un día? —Lo dijo casualmente, pero la estaba desafiando.
Santana desvió la mirada y retrocedió varios pasos. —No tengo dudas de que podría ganar a cualquiera.
— No, a usted no podría, — dijo Brittany con total naturalidad. —Pero no me importaría probar. Sin embargo, tengo curiosidad en saber, por qué no quiere que nadie lo sepa.
—Probablemente porque hace más de diez años que no juego con nadie, — dijo Santana con un suspiro cansado. —¿Cómo demonios lo sabe? Dudo que haya otra persona en toda la ciudad, que ni siquiera sepa, que existe algo como un equipo mundial de ajedrez.
Fue el turno de Brittany a encogerse de hombros. —Hace tiempo, el ajedrez era lo único que me apasionaba. Sólo soy una buena aficionada, pero siempre que me interesa algo, leo todo lo que puedo tener en mis manos sobre ello. Cuando empecé a jugar, todavía competían en el circuito mundial. ¿Quién podría olvidar un campeón de ajedrez llamado Santana López?
—Créame, rompí hace mucho con eso, —dijo Santana, sonriendo de verdad esta vez.
—¿Por qué dejó de jugar?
— Tenía diecisiete años, y llevaba jugando desde que tenía cinco años. Estaba cansada de toda la atención, cansada de viajar, cansada de no ser una niña normal. — Santana se encogió de hombros, sorprendida por la facilidad con la hablaba de ello. Ella nunca hablaba de ello con nadie. Quinn era su mejor amiga y ni siquiera lo sabía. Nunca lo había discutido con Emily. Su familia todavía estaba demasiado aturdida, y en algún nivel, demasiado enfadada con ella por alejarse de lo que era claramente un enorme talento, sin ni siquiera hablar de ello.
—En uno de los viajes, conocía a unas personas que estaban haciendo un documental sobre niños… poco comunes, y me quede encantada con la idea de hacer cine. Dejé el circuito y empecé a estudiar cine.
No frente a la cámara, detrás de ella, apuntó Brittany mentalmente. —Bueno, y si me comprometo a mantener su secreto, ¿querrá jugar conmigo?
Santana se rió, sintiéndose de repente mucho más despreocupada, de lo que recordaba haber estado en mucho tiempo. —¿Para usted es todo un juego?
—No todo, — dijo Brittany, sonriendo mientras lo decía, aunque sus ojos tenían algo serio en sus profundidades. — Pero casi. ¿Va a responder a mi pregunta?
—Está bien, Dra. Pierce. Vamos a jugar.
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Bueno aquí les dejo un cap poco a poco las Brittana van avanzando
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Vie Jul 15, 2016 8:46 am

Me gusta que de a poco vallan abanzando de a poco...
Y sobre todo que se estén habiendo en si...
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Mensaje por micky morales el Vie Jul 15, 2016 9:13 pm

sigo esperando que las cosas circulen mas fluidamente!!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Sáb Jul 16, 2016 2:26 pm

Capítulo catorce

—¿Qué crees que están haciendo?
—No sé, —admitió Quinn, metiendo sus pies debajo del mostrador, para tratar de obtener una visión más clara de Santana y Brittany. —Al principio pensaba que estaban jugando, —le respondió a Sam, que estaba sentado a su lado terminando unos papeles, —pero se tarda más de diez minutos en acabar una partida, ¿no?
El rubio asintió. —Por lo general, a menos que una de ellas no sea muy buena, y Brittany lo es.
—Bueno, han puesto las piezas en el tablero seis veces en la última hora, y las dos se ven muy… sombrías, apuntó Quinn. —¿Crees que esto podría conducir a un derramamiento de sangre?
Observando la expresión de intención de la cara de la cirujana, Sam se encogió de hombros. —Es muy posible. Brittany no toma prisioneros .
Mientras Quinn intentaba decidir si debía interrumpirlos, posiblemente para salvar a su buena amiga de un trauma psicológico, Santana susurró por sexta vez, en voz demasiado baja para que nadie lo oyera, —Jaque mate.
Brittany se quedó mirando el tablero, jugando la próxima media docena de movimientos en su mente con el mismo resultado inevitable, dándose cuenta ahora de donde se había dejado a sí misma expuesta. Finalmente murmuró:
—Bueno, esto es una mejora. De hecho, he hecho siete movimientos en esta partida, antes de equivocarme.
—Podemos parar, —ofreció Santana. No importaba que no hubiera tocado una tabla en años, no había manera de que no pudiera jugar de la manera en que jugaba. Esa era una de las razones, por lo que nunca necesitó entrenar.
—¿Por qué?, —preguntó Brittany, alzando los ojos hacia Santana, con una pizca de desafío en su voz. —¿Tiene miedo de que pueda ganarle la próxima vez?
Por un momento, Santana no estuvo segura de cómo responder. Decidiendo que la diplomacia era probablemente lo mejor, empezó a decir, —Dra. Pierce…
—Brittany, —interrumpió Brittany.
—Brittany, —dijo Santana con una sonrisa, —He pensado que podrías querer un descanso…
—No, no lo has hecho. Has pensado que debo estar cansada de que me des una paliza, y no crees que tenga ninguna oportunidad de ganarte. ¿Cierto?
—Bueno…
—Pero podría suceder, ¿verdad? —persistió Brittany. —Quizás no en la próxima partida, ni en la décima, o la vigesimoquinta, pero en la centésima podría suceder.
Riendo, Santana asintió. —Es posible. ¿Por qué no? Pero, ¿estás pensando en hacer de este el trabajo de tu vida?
—Tal vez, —respondió Brittany, le gustó la forma en que se echó a reír, nunca la había visto tan relajada y eso le gustó. —Quiero que sepas que estoy muy lejos de darme por vencida.
—¿Siempre eres tan persistente?, —preguntó Santana.
—Sólo cuando realmente me importa.
Había algo en su tono de voz y la forma en que la miraba, que hizo que el corazón de Santana se acelerara. Se sonrojó y se maldijo por ser tan condenadamente susceptible a la intensa belleza de la cirujana, y su encanto ineludible. Probablemente sea así con todo el mundo. Pero ¿por qué todo lo que dice hace que me deshaga? Maldita sea… soy yo la que necesita un descanso.
—¿Quieres que lo dejemos? —preguntó Brittany en voz baja, muy consciente de sus muslos tocándose ligeramente cuando se inclinaban sobre el tablero.
—Oh, no, —dijo Santana tan tranquilamente. —No, si tú no quieres.
—Sigamos, —respondió Brittany y comenzó a colocar sus piezas en el tablero.
*****
Anotación del proyecto personal López
07 de julio - 02:27 a.m.
Marca de referencia digital 4507-7010
Este es el primer descanso que tenemos desde poco después de las seis de la tarde. Rachel está en el quirófano pero no estamos grabando, porque no creo que Quinn pueda sujetar la cámara un segundo más. Ha sido una constante llegada de pacientes al área de admisión trauma durante ocho horas.
Todo empezó con un accidente en el puente en hora punta, en el que se vieron involucrados tres coches, un autobús, y una fila de conos de advertencia de peligro amarillos. Ni siquiera ahora sé el número total de heridos, pero sé que algunos los trajeron aquí, varios los llevaron a Santiago, y otros a un par de centros de trauma de nivel uno. Brittany tuvo que llamar al equipo que estaba de descanso, cuando tres personas necesitaron una cirugía inmediata para lesiones internas, y además tenían que estar disponibles para más heridos que venían en camino.
Varios fueron trasladados directamente desde aquí a la unidad de quemados de la NYU. Deb tuvo que estabilizar a los pacientes antes de poder ser transferidos, y hay algunas escenas increíbles de esos tensos momentos… Antes nunca me había dado cuenta de cómo las víctimas con grandes quemaduras, están conscientes y lúcidos después de su lesión, y con muy poco dolor en realidad para el daño que tienen. Rachel me explicó que en las quemaduras de tercer grado, las terminaciones nerviosas se destruyen por lo que no hay mucho malestar agudo. Tengo que decir que me lo hizo mucho más fácil saber eso. [Nota: Comprobar la DRM 5500… hay un segmento en el que Rachel explica a uno de los pacientes lo que ha pasado y cuáles son sus lesiones. Él le preguntó si iba a morir. Estaba muy tranquilo. No pude ver sus ojos, porque nunca se movieron de los de ella. Rachel no dudó cuando le respondió, y había algo en el tono de su voz… una certeza absoluta… que hizo que él la creyera cuando le dijo que se iba a poner bien. He oído ese tono antes, y he visto la fuerza que había en sus ojos. Ella lo tiene, tiene eso tan especial, que hace que algunas personas sean capaces de conectar con otras, de una forma tan poderosa… tan rápida… que hace que confíes ciegamente en ellas]
Quinn ha caído rendida. Rachel y Brittany están terminando en quirófano. Iré a hablar con ellas tan pronto como terminen. Oh… Nota: Título del episodio: En las trincheras…
*****
07 de julio - 03:40 am
Unos golpes en la puerta despertaron a Santana. Se sentó confusa, y tardó unos segundos en orientarse. Hospital. Sala de guardia. Maldita sea, me he quedado dormida. Quinn roncaba suavemente en la otra cama, completamente vestida, con un brazo colgando por un lado. Se levantó rápidamente, se acercó a la puerta y la abrió. Parpadeó cuando la luz del pasillo la deslumbró, a pesar de que los fluorescentes del techo estaban apagados, como por lo general ocurría todas las noches, y sólo las luces de emergencia a lo largo de la pared emitían una tenue iluminación.
—Hola, —saludó Brittany en voz baja, dándose cuenta por la expresión perpleja de Santana que estaba dormida. —Lamento despertarte, pero tenemos otra emergencia. No sabía si querías que te avisara…
—Sí, —respondió Santana rápidamente. —Quiero, gracias. ¿De qué se trata? ¿Qué sabes?
—Nos han informado de que un taxi ha chocado de frente con una bicicleta. El ciclista perdió.
—¿A las tres de la mañana?
Brittany sonrió. —Esta ciudad nunca duerme.
—Al parecer, —se quejó Santana mientras observaba a Brittany caminar por el pasillo. Se volvió hacia su compañera de cuarto, y la llamó. —¡Despierta, bella durmiente! Tenemos trabajo.
*****
Santana cambió a un estado de híper alerta con la llegada de los paramédicos, desechando cualquier pensamiento de previo agotamiento. Las luces notoriamente duras en la sala de trauma, el traqueteo de las ruedas sobre las baldosas desiguales, la algarabía de voces, la sensación general de emoción mezclada con ansiedad, producían en ella una sensación extraña que era altamente excitante.
La rutina ya familiar comenzó de nuevo. El equipo se hizo cargo de un varón no identificado, atropellado por un vehículo, que tuvo que ser reanimado en el campo, con múltiples fracturas faciales, probable neumotórax, fractura abierta del fémur izquierdo, y una presión arterial de cien sobre sesenta.
Quinn, con Santana prácticamente pegada a su espalda, maniobró cerca con su cámara colocándose junto a Rachel, Brittany, Sam y otras enfermeras, que trasladaban al joven sobre la mesa de tratamiento.
—¿Alguien tiene un nombre? —Preguntó Brittany cuando Rachel comenzó la evaluación inicial.
—Tiene una cartera en el pantalón, —respondió Sam mientras cortaba la prenda por los costados con grandes tijeras de uso general. —Uh … Marcos Houseman.
—Mark, —llamó Brittany con fuerza acercándose a su cara, y levantando suavemente un párpado hinchado. —Ha tenido un accidente. Está en… Bellevue… ¿Me puede decir su nombre…?
Santana parpadeó y se obligó a centrarse en el hombre de la mesa. La voz era la misma, las palabras eran las mismas, pero no era ella. No esta vez. Su visión se aclaró y la primera oleada de náusea desapareció. El alivio que siguió fue como una losa levantada de su alma.
—Pupila izquierda fija y dilatada, —anunció Brittany. —Sam, llama a neurocirugía, y diles que vengan urgentemente. Hay que descomprimirlo.
—Tubo torácico dentro, —dijo Rachel mientras conectaba el tubo de plástico grueso, a un aspirador de presión, que inflaba el pulmón y evacuaba la sangre y el líquido de su pecho. Continuando su examen, señaló, —Medio rostro inestable… parece que tiene fractura abierta de la mandíbula, también.
—¿Cómo están las vías respiratorias, —preguntó Brittany, a pesar de que ya las había comprobado.
—Necesita una traqueotomía, —respondió Rachel. —Tiene la faringe muy inflamada, y con todas las fracturas en la cara …
—Entonces vamos a hacerlo, —la interrumpió Brittany, contenta de que Rachel hubiera hecho una evaluación rápida y precisa. —Sam, bandeja de traqueotomía.
—Entendido.
—¿Sabemos algo de neurocirugía? —preguntó Brittany a la habitación en general apartándose de la mesa.
—Alison DiLaurentis está en camino, tardará una media hora, —respondió otra enfermera.
Santana se acercó a Brittany esperando una pausa en la acción. —¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó en voz baja cuando la cirujana pareció estar libre.
—Adelante, —respondió Brittany, observando como Rachek preparaba el cuello del hombre para la traqueotomía.
—¿Por qué el neurocirujano no está aquí, en el hospital?
—Debido a que la ley estatal sólo requiere que los especialistas estén en el hospital un número de horas concretas. Siempre hay un neurocirujano, un traumatólogo, y un cirujano plástico de guardia, que acuden cuando son llamados. Contamos con menos personal en esos departamentos. Además tienen unos horarios, y una carga de trabajo diaria muy pesada. No pueden trabajar toda la noche y luego al día siguiente, a menudo sin quemarse.
—Entiendo, —dijo Santana con una inclinación de cabeza, una vez le aclaró el detalle. —Una pregunta más, ¿qué pasa con el consentimiento de los procedimientos que se le están haciendo al paciente. ¿Quién los autoriza sin estar la familia presente e inconsciente?
—Rachel… —asegúrate de mantener la incisión justo en el centro… hay una gran inflamación en el cuello para ver sus puntos de referencia. —Brittany miró a Santana directamente por primera vez. —En una situación de emergencia, se puede realizar legalmente cualquier procedimiento indicado para salvar vidas. Una vez estabilizado y en la UCIT, necesitamos el consentimiento de la familia o una orden judicial, antes de hacer cualquier cosa.
—Esta noche, ¿lo que tú dices, es lo que se hace?
—Más o menos, —coincidió Brittany. —¿Cómo lo llevas?
Santana no estaba segura de lo que la cirujana le estaba preguntando, o por qué, y por un instante se enfadó ante la intrusión. Sin embargo la mirada en los ojos de Brittany, era demasiado firme y cálida, para ser desagradable. —Estoy bien, ni siquiera cansada. Y creo que he superado mis conflictos personales.
—¿Terapia de inmersión? —preguntó Brittany con una sonrisa. —Cada trauma tiene muchas similitudes. Son los pequeños detalles los que marcan la diferencia .
—Sí, —dijo Santana, dándose cuenta que revivirlo una y otra vez, le estaba ayudando a tomar distancia y de alguna, manera curarse a sí misma. —Pero tú eres muy buena con los detalles, ¿no es así?
Era el turno de Brittany de preguntarse qué había detrás de aquella declaración, pero en ese momento una rubia imponente, que parecía que acabara de dejar el club de campo con su chaqueta y pantalones de seda, entró. —Disculpa, —murmuró Brittany, observando como la mujer cubría su ropa con una bata desechable, mientras se acercaba.
—Hola, Britt, —saludó la rubia, con un tono ronco que le recordó a Santana el de Lauren Bacall.
—Alison, —respondió Brittany suavemente.
—¿Qué tienes?
—Lesión cerrada en la cabeza, múltiples fracturas faciales, paciente intubado, —respondió Rachel mientras terminaba de atar en el tubo de traqueotomía.
—¿TAC?
—No se le ha hecho todavía, —informó Brittany a la neurocirujana, quien fue evaluar los reflejos y el tono muscular de Marcos Houseman.
—¿Podemos enviarlo a radiología ahora? —preguntó Alison. —Me gustaría llevarlo arriba cuanto antes, y terminar con esto. Tengo una laminectomía lumbar programada para las ocho, y el paciente lleva esperando dos meses. No quiero que ese caso sea pospuesto.
—¿Rachel?, —preguntó Brittany.
—Está listo, —afirmó Rachel con la cabeza. —Signos vitales estables… vías respiratorias despejadas.
—Excelente, —comentó la neurocirujana, quitándose la bata. —Todavía me debes una cena, —dijo a Brittany por encima del hombro, mientras observaba como su paciente era transferido a una camilla para trasladarlo a radiología.
Santana no pudo oír la respuesta de Brittany, pero no lo necesitó. La sonrisa de satisfacción en la modelo rubia de cara perfecta, se lo dijo todo. Realmente no esperabas que alguien como Brittany Pierce estuviese libre ¿verdad? Y ¿por qué te debería importar de todos modos?
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Alison Dilaurentis creen que esta despampanante rubia cause problemas y retrase todo ? - Les gustaría que hiciese una maratón de 3 capítulos ? comenten si así lo desean
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Mensaje por 3:) el Sáb Jul 16, 2016 9:00 pm

maratón maratón maratón,...
mmm celos celos y mas celos inconscientes jajaj
a ver como termina la noche/ madrugada!!??
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Mensaje por micky morales el Sáb Jul 16, 2016 9:30 pm

Bueno, me encantaria el maraton y espero que nadie se enoje, yo detesto a alison di laurentis, soy Paily hasta la muerte, ahora si las cosas se estan poniendo interesantes, como estara la novia de adorno de santana???????
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Dom Jul 24, 2016 10:35 pm

Capítulo Quince

Maratón 1/3
Anotación Del Proyecto Personal, López
Julio 25 - 09:45 am
Por fin tengo mi entrevista oficial con Brittany esta mañana. A pesar de que nos hemos visto cada dos días en las últimas tres semanas, nunca hemos tenido un buen momento para hablar largo y tendido. Si no estaba en medio de un trauma con sangre hasta las orejas, estaba en una reunión, o relajándose con Rachel y Sam. Cuando no está trabajando, el equipo de Trauma está muy unido. Juegan al baloncesto, ajedrez, o pasan el rato en la sala de espera de quirófano, les ayuda a eliminar tensión creo. [Nota: Es necesaria una sección… o un capítulo, que profundice en sus intensas relaciones personales. La unión es muy habitual en los equipos que trabajan bajo un gran estrés, como policías, bomberos, soldados… Título del episodio, el Club de Oficiales, quizá]. Simplemente no puedo interrumpirles con más preguntas en esos momentos de relax y descanso. Brittany ha estado bien contestando a los detalles técnicos… Pero no he sido capaz de conseguir que se abra a mí, para llenar los espacios en blanco en su CV, aunque … de hecho, revisando las entrevistas que ha dado, se las arregla perfectamente para esquivar preguntas personales. Hay algo raro y no puedo poner el dedo en la llaga …
—¿Srta. López?, preguntó Naomi Riley, interrumpiendo el dictado de Santana. —La Dra. Pierce está lista para recibirla.
—Estupendo, —respondió Santana guardando apresuradamente su grabadora. —Gracias.
Cuando entró en la oficina de Brittany se sorprendió al ver lo amplia que era, con ventanas en dos paredes que ofrecían una vista impresionante, una pequeña alfombra oriental frente a un escritorio de caoba antiguo decididamente no institucional, un par de sillas, y un sofá de cuero, con un par de butacas a juego.
Brittany Pierce, con un traje de seda oscuro de corte elegante, encajaba perfectamente en el elegante entorno. Santana estaba acostumbrada a verla en traje de quirófano, o en los pantalones vaqueros causales con los que por lo general llegaba al trabajo. A pesar de que siempre la había encontrado muy atractiva, por un momento se quedó sin aliento, por la atracción que sintió al verla en aquellos momentos.
Brittany levantó la vista de sus papeles cuando Santana entró, empujó una pila de carpetas a un lado, y sonrió. —Buenos días.
—Gracias por recibirme, —respondió Santana, cruzando la habitación y sentándose en una de las sillas frente al escritorio de Brittany.
A pesar del hecho de haber visto a Brittany casi a diario, en aquel entorno formal Santana fue aún más consciente del magnetismo personal de la otra mujer. A pesar de que había visto su trabajo, de que había jugado con ella, y había sido testigo de sus momentos de intimidad fuera del hospital, se dio cuenta de lo poco que realmente sabía de Brittany. Casi toda la impresión que tenía de ella era visceral, emocional, imágenes y reacciones formadas por estar cerca de ella, observándola, escuchándola. Santana nunca antes había constituido una relación de esa manera. Las relaciones siempre habían sido algo que para ella se desarrollaban a partir de una amistad, de un intercambio intelectual, o de la conciencia de intereses comunes, como había sido el caso de Emily. Nunca había sido tocada por alguien tan primitivamente sin ninguna razón o justificación, excepto las emociones que se agitaban en su interior cuando la otra mujer estaba cerca.
De repente, Santana fue consciente del silencio en la sala, y del hecho de que muy probablemente la había estado mirando. Lo que le pareció extraño fue que cuando se centró en el rostro de Brittany, descubrió que la cirujana la miraba fijamente también. Aclarando su garganta, continuó: —No esperaba que te reunieras conmigo hoy. ¿No estamos de guardia otra vez mañana?
—Sí, lo estamos, —confirmó Brittany, ocultando una sonrisa por el ―nosotras‖. A pesar de sus dudas iniciales, estaba empezando a sentir, que Quinn y Santana empezaban a formar parte del equipo. Santana había sido fiel a su palabra, cuidando de preservar la confidencialidad del paciente, respetando la privacidad de los heridos que no querían ser grabados, y aceptando los deseos de las familias que no querían que utilizara una parte del material. Y, siendo honesta tenía que reconocer, que le gustaba ver a Santana regularmente, aunque fuera en circunstancias poco íntimas. Le gustaba su energía, su pasión, su sentido del humor. Le gustaba… ella. Se dio cuenta de que su mente vagaba por avenidas por las que no quería viajar, y recordó el propósito de su reunión. Luchó por adquirir un tono serio, y continuó: —Pero a mi particularmente, no me gusta comprometerme a nada cuando estoy de guardia en la unidad de trauma. La mayoría de las veces termino en el quirófano con el paciente, y la reunión tendría que ser cancelada. Sería una molestia para mi guardia.
—¿Y por qué estás aquí? —Preguntó Santana, todavía perpleja. —Creía que cuando teníais guardia, os ibais a casa al terminar.
—En realidad eso sólo lo hace Rachel. El Estado de Nueva York limita el número de horas que un residente puede trabajar sin un descanso. —Sonrió un poco irónicamente. —Las reglas no son iguales para el personal. Si hoy no estuviera aquí, terminaría siendo enterrada por el papeleo, y Riley, probablemente me dejaría. Y entonces yo tendría que dimitir, porque es la única capaz de mantenerme organizada. Además, tengo una reunión en Albany esta tarde, para la revisión de las asignaciones estatales de fondos a los centros de trauma de nivel uno. Tengo que presentar nuestros números del año pasado, hacer un presupuesto para este año, y entregarlo para ver si seguimos recibiendo apoyo financiero.
—No sabía la cantidad de trabajo no médico, que conllevaba ser el jefe de la unidad, —dijo Santana. Consciente de que el tiempo era un bien escaso, levantó la grabadora y continuó: —¿Te importa si grabo esto?
Brittany se debatió. Había aceptado reunirse formalmente con Santana simplemente porque Santana se lo había pedido. No era algo que hubiera hecho normalmente, y no estaba del todo cómoda con que se grabase una conversación completa, sin ningún tipo de censura. —Puedes grabar cualquier parte de la conversación que tenga que ver con la formación de Rachel.
—De acuerdo, —aceptó Santana, aunque no se le había escapado que Brittany hábilmente había limitado el alcance de su entrevista, sacando de los límites cualquier tema personal que tuviera que ver con ella. Sin embargo, los intereses profesionales de Santana no incluían a la jefa de la unidad de trauma, más que para los toques de fondo, y debería concentrarse precisamente en Rachel Berry. Sólo quieres hablar de ella, porque quieres saber más sobre ella.
—Y yo sólo puedo darte una media hora, —añadió Brittany encogiéndose de hombros en modo de disculpa. —Tengo que viajar hasta la otra punta del estado para la reunión.
—Entiendo. Seré lo más breve posible.
Santana había preparado una lista de preguntas que quería aclarar con respecto a la estructura jerárquica de la formación quirúrgica, los factores que influían para elegir al becario de trauma, el impacto a escala nacional de las unidades de trauma de nivel uno en la prestación de asistencia sanitaria, y la financiación hospitalaria. Se abrió paso entre ellas de forma rápida y eficiente. Por su parte, Brittany respondió con eficacia, habiendo sido entrevistada varias veces a nivel estatal y nacional acerca de problemas similares.
—De todos los residentes a quienes entrevistaste, —dijo Santana después de casi había transcurrido la media hora, —¿por qué elegiste a la Dra. Berry?
—Porque era la candidata mejor calificada, —respondió Brittany inmediatamente. —Tenía muy buenas notas en la escuela de medicina, excelentes recomendaciones de uno de los diez programas de formación de cirugía general, más prestigiosos del país, y demostró una intención clara y enfocada de basar su carrera en cirugía de trauma.
—¿Qué pasa con las cualificaciones personales? ¿Cómo influyen en tu toma de decisiones?
—Obviamente, tratamos de escoger las personas con una filosofía y ética de trabajo que encajen bien con nuestro equipo. Como has visto, trabajamos codo con codo durante muchas horas, y es útil contar con personas con similares visiones y expectativas .
—¿Afecta el género en algo?
—No, y tampoco lo hace cualquier otra característica personal.
—Entiendo pero eso no siempre es el caso, incluso hoy en día. Seguramente no era diferente cuando estabas estudiando, —sugirió Santana. —Todavía hay muy pocas mujeres en la cirugía en este país, y muchas menos jefas de unidad. Sin duda, debes haberte tropezado con muchas dificultades a causa de tu género, viendo tu elección de especialidad.
—El rostro de la medicina está en constante cambio, y el lugar de la mujer dentro de ella, ahora está bien establecido, —respondió Brittany neutral y sin comprometerse. Echó un vistazo a su reloj deliberadamente.
—Sólo un par de preguntas más, —dijo Santana rápidamente. —Estoy recopilando datos sobre el pasado de las dos, de la doctora Rachel, y tuyo, y necesito que me ayudes a rellenar algunos detalles. —En realidad, necesitaba mucho más que eso. Al hacer la búsqueda de rutina sobre el pasado de Brittany, se había encontrado con una pared en blanco. Toda la información educativa en el CV que Naomi Riley le había proporcionado era verificable, pero cuando había peinado sus fuentes habituales, en busca de antecedentes familiares y personales no pudo encontrar nada en absoluto. —Es útil que los espectadores formen una conexión contigo, de esa manera volverán semana tras semana, porque sentirán que te conocen, que saben cosas de ti. Cómo fue tu infancia, por qué querías ser cirujana, que piensa tu familia acerca de tu trabajo… ese tipo de historia paralela que se hizo tan eficazmente en la cobertura olímpica reciente.
—Estoy segura que los espectadores disfrutan de ese tipo de cosas, —dijo Brittany con suavidad, pero sus hombros se pusieron rígidos por la repentina tensión. —Y estoy segura de que la Dra. Rachel estará encantada de proporcionarte dicha información. Sin embargo, este proyecto no se trata de mí, y no veo que sea pertinente.
—Eres tan visible como la Dra. Rachel a lo largo de este documental, y tiene que ser así, porque eres su mentora y su guía… durante este año. Su relación contigo es probablemente la más importante que tiene durante este período de su vida. Quien eres, es importante.
—¿Lo es? —preguntó Brittany, poniéndose de pie, y empezando a guardar las carpetas en su maletín. —Creo que hemos terminado.
Santana estaba impresionada por el cambio en el tono y la expresión de Brittany. La cirujana había cerrado la puerta con mucha claridad, la acción fue tan veloz y letal como un corte de escalpelo, y dejó a Santana casi sin aliento. Nunca se había sentido tan completa y brutalmente excluida. No debería haberse molestado, porque había conseguido la mayor parte de la información que había ido a buscar. Había trabajado con personas difíciles antes, y nunca se había tomado su mala educación, o la falta de cooperación como algo personal. Pero no fue la actitud de Brittany lo que la afectó tan profundamente, fue la pérdida de su conexión personal. Era imposible no tomarse algo como personal cuando duele.
—Brittany … —dijo Santana queriendo disculparse, pero sin tener ni idea sobre qué.
—Llego tarde, la Srta. López. Te ruego que me disculpes.
Y con esa despida tan clara, Santana no tuvo más remedio que irse.
*****
Santana tenía la tarde libre, ya que al día siguiente estaría de vuelta en el hospital durante otras veinticuatro horas de guardia en trauma. Había quedado con Emily fuera del hospital después de su entrevista con Brittany, para ir a comer a algún sitio.
Echó un vistazo a su reloj mientras bajaba en el ascensor hasta el vestíbulo principal, y se dio cuenta de que todavía tenía unos minutos antes de Emily llegara. Caminó hacia las puertas de salida, y se sorprendió al ver Brittany unos metros por delante de ella, maletín en la mano, claramente dirigiéndose a su reunión en Albany. Durante un minuto, Santana pensó en hablar con ella, y luego se dio cuenta de que sólo sería una intromisión. Qué podía decir que pareciera distinto de lo que era, la curiosidad sobre el pasado de Brittany, y una necesidad irracional de arreglar su relación personal. De mala gana, desaceleró para evitarla, pero cuando salió, se encontró de frente con ella en la acera, al parecer estaba esperando a alguien.
—¿Es una reunión importante la que tienes con el estado de esta tarde? —preguntó Santana cuando se encontraron de pie frente a frente.
—Dado que una gran parte de nuestros fondos están controlados por el Estado, sí. —Brittany se pasó el maletín a la otra mano y miró a Santana en silencio. Después de momento, dijo en voz baja, —Srta. López…
—Santana, ¿recuerdas?
—Santana, —Brittany asintió con la cabeza, —probablemente nos llevaremos mejor si nos atenemos solamente al trabajo. —Se había dado cuenta de la confusión y el dolor en los ojos de Santana, al terminar la entrevista tan abruptamente. No tenía la intención de sonar tan brusca o de reaccionar tan violentamente, pero no esperaba que Santana entrara en temas personales tampoco. Había respondió reflexivamente, con las defensas que había perfeccionado durante toda la vida. La forma en que se habían separado le molestó todo el camino desde su oficina hasta el ascensor, a pesar de lo mucho que había intentado olvidarlo.
—No era consciente de que te preocupara la forma en que nos lleváramos, —dijo Santana con rigidez, resentida con ella misma por ponerse a la defensiva, y más resentida aún con Brittany, que al parecer estaba poniendo límites a su relación, por motivos que eran cualquier cosa menos claros para ella. Ni siquiera debería ser un problema. Maldita sea, ¿por qué no puedes ignorarla y hacer tu trabajo?
—He descubierto que me preocupa, —respondió Brittany pensativamente. —A pesar del hecho de que tu equipo y tú, sois una fuente constante de irritación.
Santana estaba a punto de dar una respuesta cáustica, cuando vio el inicio de una sonrisa en los labios de la cirujana. —Créeme, Dra. Pierce, tenemos que recorrer un largo camino, antes de poder dominar el arte de la irritación que los cirujanos parecen poseer.
—Ese es un punto que no se puede discutir, —dijo Brittany, riendo. De repente se puso seria, y la miró fijamente. —Mira, lo de esta mañana…
Antes de que pudiera terminar, Santana oyó que alguien la llamaba y se volvió para ver como Emily se acercaba, con una amplia sonrisa en su rostro.
—Hey, —dijo Emily al llegar a su lado. —He terminado temprano, y he pensado que igual podías escaparte un poco antes tú también. —Le dio a Santana un beso rápido en los labios. —Mi día acaba de mejorar sustancialmente.
—Hola, —respondió Santana, momentáneamente desconcertada. Se recuperó rápidamente, y se volvió hacia Brittany para presentarlas, pero se dio cuenta de que la cirujana ya no estaba a su lado. Echó un vistazo a la calle, para ver como Brittany entraba en un elegante Jaguar descapotable que esperaba en ralentí en la acera. Santana reconoció al instante la atractiva rubia al volante.
Cuando Brittany cerró la puerta y cogió el cinturón de seguridad, se volvió para mirar a Santana. Durante un momento, sus ojos se encontraron. Vio la mano de Emily descansando casualmente en la espalda de Santana, sonrió con ironía, y se desapareció cuando el Jaguar se perdió entre el tráfico.
—¿Quién es? —Preguntó Emily, atrapada por la intensidad de la mirada de la mujer de pelo rubio.
—Brittany Pierce, Jefa de trauma, —respondió Santana, tratando de sacudirse la imagen de Santana y Alison, que parecían sacadas de una portada de revista.
—Ella es … impresionante, —comentó Emily, incapaz de verbalizar exactamente que tenía la preciosa mujer, que la había sacudido tanto. Ni que significaba la forma en que había mirado a Santana, que la hacía sentirse tan incómoda.
—Sí, lo es, —dijo Santana, mirando a la abogada a los ojos, y desterrando resueltamente la imagen de Brittany de su mente. —¿Lista para el almuerzo?
—Claro, —dijo Emily con una sonrisa. Probablemente había imaginado la conexión casi palpable que había sentido entre las dos mujeres. Después de todo, no habían hecho nada más que mirarse la una a la otra, a través de la acera de una ciudad llena de gente.
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Siento la tardanza en actualizar pero he estado realmente muy liada, aquí les dejo la maratón
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Mensaje por Caritovega el Dom Jul 24, 2016 10:37 pm

Capítulo Dieciséis

Maratón 2/3
Alison DiLaurentis apartó los ojos de la carretera el tiempo suficiente para mirar a su pasajera, apreciando como siempre el atractivo austero del perfil de Brittany. Había bajado la capota, del Jag, porque por la noche todavía hacía calor, y el viento se colaba por el pelo rubio de la otra mujer, como la caricia de un amante. Con el rostro iluminado por la luz de la luna, Brittany parecía salvaje, distante, e irresistiblemente erótica.
—¿Estás de guardia mañana? —preguntó la neurocirujana, volviendo a regañadientes los ojos hacia la carretera.
—Sí, —respondió Brittany débilmente, mirando hipnóticamente como la línea blanca se deslizaba por el asfalto bajo las ruedas, con la mente en otra parte.
—No puedo creer que después de pasar toda la tarde argumentando nuestro caso ante la comisión financiera, hayamos tenido que sentarnos a cenar con esos malditos burócratas, y pasar por todo de nuevo. Estoy harta de la política.
—No hay manera de evitarlo, —comentó Brittany distraídamente. No estaba pensando en la reunión de la tarde, mientras iban hacia el sur por la carretera estatal de Nueva York, hacia sus casas. Estaba pensando en Santana, y la mujer que la había saludado fuera del hospital. No debería ser una sorpresa que Santana tuviera una amante. Era brillante, dinámica, y… muy hermosa. Una mujer como ella no estaría sola.
Brittany se encogió de hombros frente a la restricción del hombro, tratando de aliviar la tensión del cuello y la espalda, diciéndose a sí misma que lo olvidase. La entrevista de la mañana con Santana la había pillado con la guardia baja. Estaba cansada. Sin embargo, por un momento, recordó vívidamente como la atractiva desconocida había reclamado a Santana tranquilamente, con la sutil intimidad de un toque familiar. El recuerdo le provocó una emoción que no sólo era extraña, sino también desconcertante, envidia. La intimidad no era algo que por lo general buscara, o conscientemente deseara. La intimidad siempre venía con un precio, y ese precio era a menudo el dolor.
—Yo no sé tú, —continuó Alison, —pero me encantaría pasar algunas horas fuera del trabajo, lejos de la idea misma de él, y no tengo ninguna prisa por llegar a casa. Quiero sacarme de la mente el hecho, de que he pasado la mitad de mi vida preparándome para hacer este trabajo, y ahora tengo que pedir permiso a unos idiotas de hacerlo.
Agradecida por la interrupción de sus pensamientos negativos, Brittany asintió con la cabeza. —Tampoco me importaría olvidar este día.
—Estamos a menos de una hora de mi casa, Vamos para allí, compramos una botella de vino, y pasamos la noche. Si salimos a las cinco, estaremos de vuelta en la ciudad con tiempo de sobra para que llegues a trabajar. —propuso Alison impetuosamente.
El impulso inicial de Brittany fue decir que no, porque no estaba segura de que tuviera la energía suficiente para ser una buena compañía, y no sabía que estaba buscando Alison exactamente. Se habían conocido hacía más de un año, cuando Alison se unió al personal de Bellevue.
Sus conversaciones habían ido adquiriendo un aire decididamente coqueto, y Alison le había invitado a salir hacía unos meses. Brittany había vacilado en aceptar la invitación porque no le gustaban las complicaciones, ya que las citas convencionales siempre se complicaban.
Miró a Alison, tratando averiguar sus intenciones por su expresión, debatiéndose sobre cómo responder. Hasta que se dio cuenta de que no tenía ninguna razón para ir a casa. De hecho, si lo hacía, sería muy probable que pasara la noche paseando o buscando algo que hacer, que le ayudara a disipar su energía inquieta y sus emociones no deseadas.
Ya se preocuparía después por las intenciones de Alison si era necesario. Alison DiLaurentis era una mujer muy deseable.
—Eso suena bien. Tenemos que buscar una tienda abierta. Ya que tú pones el alojamiento, yo compraré el vino.
Cuarenta y cinco minutos más tarde, con una botella de champán frío en una bolsa térmica, descansando entre sus asientos, Alison se detuvo delante de una cabaña rústica de tamaño moderado, con vistas a uno de los miles de lagos en las montañas Catskill. Había elegido aquel escondite porque era fácil de llegar en coche desde la ciudad a través de la Autopista, pero estaba lo suficientemente lejos de los centros turísticos populares, y podía gozar de una total intimidad. Puso la capota, y condujo hasta el porche de la estructura de madera.
—Bonito lugar, —comentó Brittany mientras Alison abría la puerta, y lo decía en serio. A través de los árboles frente al porche, podía ver la luna brillando sobre la superficie lisa del lago, y aunque algunas luces brillaban a lo largo de la orilla, no había otras cabañas en las inmediaciones. La noche era muy, muy tranquila.
—Es un lugar perfecto para venir a leer, escribir o… para tener un poco de privacidad, —dijo Alison por encima del hombro mientras sostenía la puerta abierta para que Brittany entrara.
La gran sala principal estaba cerrada por tres lados por enormes ventanales, una chimenea de piedra y un doble arco que conducía a una amplia cocina ocupaban la mayor parte del cuarto. Brittany asumió que la habitación estaba en la parte trasera.
—¿Tienes hielo? —Brittany preguntó mientras caminaba por la sala a la cocina.
—Y todas las comodidades modernas, —dijo Alison alegremente. —Puede que me guste la soledad, pero la escapada rústica no es mi idea de pasar un buen rato. Hay electricidad, calefacción, y juro por Dios que fontanería interior. Todas las comodidades del hogar.
Riendo, Brittany abrió varios armarios que están sobre la mesa de la cocina, y encontró una gran variedad de vasos, incluyendo copas de champán. Cogió dos, y Alison le pasó un cubo de metal para el hielo.
—Si te encargas de esto, yo haré el fuego, —dijo Alison. —Puede que estemos en julio, ¿pero que es una cabaña sin fuego? Además, si dejamos las ventanas abiertas, se enfriará todo, y a medianoche necesitaremos una manta.
Para cuando Brittany abrió la botella, llenó el cubo, y encontró una bandeja, Alison ya había hecho una pequeña fogata, y había colocado varias velas en la mesa junto al sofá. El efecto era encantador e íntimo. Brittany le entregó una copa de champán y se sentó a su lado.
—Entonces, —dijo Alison, quitándose los zapatos, y apoyando las medias de seda en la mesa de piedra, —prohibido hablar sobre el hospital, cirugía, política, o cualquier otra cosa remotamente relacionada con el trabajo.
—Está bien, —aceptó Brittany, sonriendo mientras se quitaba la chaqueta y la ponía sobre el brazo del sofá. —¿Qué nos queda?
Alison rió. —Somos patéticas. Deportes tampoco, vamos a ver… cine, literatura, arte, o simplemente chismes, son aceptables.
—Va a ser todo un reto, —bromeó Brittany, —especialmente la parte no deportiva, pero creo que lo puedo manejar.
Alison bebió un sorbo de champán y estudió a la mujer a su lado. Siempre le había gustado mirarla, y no sólo por su atractivo físico. Había un sentimiento melancólico de misterio en ella, que le resultaba increíblemente atractivo. A Alison le gusta un buen desafío con las mujeres, y Brittany Pierce sin duda era eso. Aquello era lo más cerca que jamás había llegado a intimar con ella, y no tenía ninguna intención de dejarlo pasar. Inclinándose hacia adelante, la neurocirujana apoyó los dedos en la parte posterior del
cuello de Brittany. Pasando suavemente un mechón de pelo rubio a través de sus dedos, murmuró: —O supongo que podríamos omitir la conversación por completo.
Con cuidado, Brittany puso su copa de champán en la mesa, y se volvió para encontrar Alison sólo a unos centímetros de distancia, con los labios entreabiertos y una promesa brillando sus ojos líquidos. La escultural rubia era la definición misma de la sensualidad. El deseo se extendió por el cuerpo de Brittany cuando los dedos en el pelo volvieron a deslizarse debajo de su cuello, y tiraron de ella.
—Tengo una regla, —dijo Brittany en voz baja, con la garganta apretada por la repentina oleada de excitación. Por lo general, no encontraba muchas razones para resistirse cuando una hermosa mujer expresaba su interés, pero de alguna manera no estaba segura de querer permitir que aquello sucediera. No con Alison, no ahora.
—Creo que eso no me va a gustar, —susurró Alison con voz ronca mientras se acercaba más, rozando con sus pechos el brazo de Brittany. Trazó ligeramente el borde la oreja de Brittany con una mano, mientras deslizaba la otra sobre el abdomen. Los músculos temblaron bajo sus dedos y sonrió ante la respuesta. Le gustaba la seducción, sobre todo cuando los beneficios eran tan tentadores.
—Alison, —dijo Brittany suavemente, cogiendo la mano de Alison, que ya se deslizaba más abajo hacia la cintura de sus pantalones. —Tenemos que trabajar juntas casi todos los días. Algo como esto puede hacer que sea difícil. —Cogió aire mientras los dedos de Alison bailaban alrededor de su bragueta. Tragándose el involuntario gemido, agregó: —Y yo preferiría evitar eso.
—Brittany —murmuró Alison mientras presionaba su longitud contra el cuerpo de Brittany. Besó el borde de su mandíbula, y movió sus labios a una de las esquinas de la boca de la cirujana. —No te estoy proponiendo matrimonio.
—Estoy devastada al escuchar eso, —dijo Brittany, riendo suavemente. Por un momento, fue capturada por el embriagador aroma del perfume de Alison y el sutil toque de deseo. Sucumbiendo a la tentación que se extendía con vehemencia a través de sus miembros, ladeó la cara para aceptar el beso.
Cuando ambas se echaron hacia atrás para recuperar el aliento, Alison añadió: —Te estoy proponiendo pasar la noche haciendo el amor conmigo, pero no me opongo a ir más despacio, si es eso lo que realmente quieres. —Lentamente dibujó con un dedo el cuello de Brittany, y trazó el tenue rastro de sudor por el centro de su pecho. Mientras soltaba el primer botón de la camisa de Brittany suelta, murmuró: —Aunque nunca hubiera pensado que eres el tipo de mujer que quiera que la cortejen.
—No quiero que me cortejes, —señaló Brittany, levantando automáticamente sus caderas cuando la mano de Alison se deslizó dentro de la camisa, y amasó firmemente su pecho. Segundos, un par de segundos más, y no importaría por qué pensaba que era una mala idea .
—¿Qué es entonces? —preguntó Alison mientras bajaba la cabeza, y posaba sus labios sobre la piel que había expuesto en el pecho de Brittany. —¿Qué quieres?
El anonimato, pensó Brittany para sí misma. La posibilidad de irse y no deber nada.
Se alejó un poco, con miedo de que si Alison seguía tocándola, se olvidaría de su regla básica de no involucrarse. Estaba dura, húmeda, y ardía en deseos de tocar los puntos duros de los pezones de Alison, tan claramente señalados contra la tela de su blusa. Quería piel contra sus palmas, y calor debajo de sus labios. Quería escuchar a una mujer gritar mientras la llenaba, sentir su pasión en sus manos, y sujetarla entre sus brazos en su caída. Quería una mujer que acariciara su propia necesidad, y quería explotar contra la suavidad de los exigentes labios de otra mujer. Lo quería tan desesperadamente, tanto que por un minuto se había que olvidado que la mujer que imaginaba en su mente no era Alison DiLaurentis.
Unas semanas antes había sido un sueño, pero incluso en el sueño había sabido quién era la mujer que agita su deseo. Una noche sin guardia, casi había sucumbió a la misma mujer en el pasillo todavía oscuro del hospital, en su lugar, había dejado que una extraña satisficiera los deseos que Santana López había encendido en ella aquella noche, pero no podía dejar que Alison hiciera lo mismo. Conocía la cara de Alison. Eran amigas.
—Alison, —jadeó bruscamente cuando los hábiles dedos encontraron su pezón. —Tiempo muerto… tiempo… oh, Dios… — cogió la mano de Alison y la dejó inmóvil contra su carne.
—Lo dices en serio, ¿verdad?, —preguntó Alison con asombro, retrocediendo lo suficiente para mirar el rostro de Brittany. Vio el deseo, y reconoció la necesidad en sus parpados pesados, y sus azules ojos brumosos. —Supongo que sería una grosería por mi parte decir que sé que me deseas.
—Deseo… ese no es el problema, —reconoció Brittany, respirando profundamente, e intentando tranquilizar a su corazón.
—¿Supongo que no querrás explicarme cuál es el problema?
—No, —contestó Brittany, aliviada al sentir que poco a poco su control volvía. No quiero explicármelo ni a mí misma.
—Brittany, —susurró Alison, retirando la mano de mala gana. —Por lo general cuesta más que un beso, hacerme desear a alguien, tanto como te deseo a ti ahora mismo. La única razón por la que me preocupo por tus problemas, es porque me están impidiendo tenerte. Soy una mujer adulta… No estoy preocupada por el mañana.
—Si te hace sentir mejor, —dijo Brittany con un suspiro de cansancio, —prácticamente has frito mis circuitos, también.
—Pero incluso así, no me vas a follar, ¿verdad?
Brittany se rió. —No esta noche.
—Dios, te odio, —exclamó Alison, pasándose las dos manos por el pelo largo y rubio y suspirando. —No puedo dormir así, y las dos necesitamos descansar un poco. —Cogió la mano de Brittany y tiró de ella en posición vertical mientras se levantaba. —Vamos a nadar.
—Es media noche, —exclamó Brittany, pero siguió obedientemente a Alison, mientras tiraba de ella a través de la puerta principal.
—Mejor, así nadie sabrá que estamos desnudas, excepto nosotras.
*****
La noche nunca era verdaderamente oscura en la ciudad de Nueva York, porque las luces de miles de edificios y decenas de miles de coches, siempre iluminaban el cielo con una paleta de palidez fantasmal. Las ventanas estaban abiertas, los ruidos de la calle se colaba desde abajo, y una suave brisa enfría el sudor de su piel.
—Estoy bien, —susurró, sosteniendo a la mujer que seguía temblando en sus brazos. Pasó los dedos por el cabello de la otra mujer, por los hombros y por la espalda, apoyando la mano en el delicado valle justo por encima de las caderas. La piel era tan suave, tan frágil, y era un lugar tan privado, nunca dejó de llenarse de asombro cada vez que la tocaba allí. —Contigo he tenido suficiente.
—Mmm, —suspiró Emily, rozando su mejilla sobre el pecho de Santana. —Has estado fantástica. Y en cuanto recupere el aliento, quiero devolverte el favor.
—Es tarde, hay que dormir un poco.
—Y yo te voy a poner a dormir, —insistió Emily incorporándose, y deslizando su cuerpo sobre el de Santana. Insinuó su pierna entre sus muslos, conteniendo la respiración al sentir el calor húmedo contra su piel. —Dios, me encanta cómo se siente.
Santana sintió su propia excitación en la distancia. Habían hecho el amor, porque formaba parte de su relación, y su cuerpo había respondido a la familiaridad y la estimulación. Pero incluso mientras acariciaba los lugares que conocía tan bien, y provocaba en Emily gritos de placer, y finalmente sollozos de liberación, se había sentido como si estuviera viendo su película favorita. Reconocía a los jugadores, el juego, y no pudo dejar de responder. Se excitó, pero sentía una desconexión desconcertante que le dejó una sensación de vacío y soledad.
Emily se movió más abajo sobre su cuerpo, y el calor de su boca hizo que Santana jadeara. Cerró los ojos y trató de vaciar su mente, rogando que su cuerpo encontrara la liberación, algo que por lo general no le costaba. Flotó cerca del clímax durante unos minutos agónicos, con los músculos tensos y los nervios cantando, temblando por el esfuerzo, al borde de llegar a la cima. La respiración se escaba de sus pulmones en sollozos estrangulados, y su corazón retumbaba en sus oídos. Estaba ardiendo, sangrando, muriendo, y aun así el momento se le escapaba.
Jadeando, quería decirle que parara, quería decirle que no podía. No pretendía que las imágenes de otro lugar, otra cara, aparecieran. No quiso que aquellos otros ojos la sostuvieran, o que la profunda e intensa mirada la reclamara. Pero ocurrió, y no pudo detenerlo, no pudo detener el aumento rápido de la sangre que latía a través de su carne ya dolorosamente hinchada, y la llevaba violentamente hacia el orgasmo.
—Oh dios, oh dios, oh dios, —susurró, con el rostro de Brittany Pierce paseando por su mente. ¿Qué voy a hacer?
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Dom Jul 24, 2016 10:43 pm

Capítulo Diecisiete

Maratón 3/3

—Pensaba que te habías dormido, —dijo Quinn en broma con la boca llena de bollo, cuando Santana se sentó a su lado en la cafetería. Santana nunca llegaba tarde. Cuando su amiga no respondió, Quinn levantó la vista de su desayuno y la miró seriamente. —Estás horrible, —dijo con total naturalidad. —¿Mala noche?
—No exactamente, —respondió Santana, deseando que el yogur que había cogido, le quitase algo más que el hambre. Después de que Emily se había quedado dormida rápidamente junto a ella la noche anterior, apenas había dormido, había permanecido despierta mirando al techo y preguntándose qué le estaba pasando. Finalmente se había sumergido en un sueño intranquilo justo antes del amanecer, sólo para que la alarma la despertase en lo que le parecieron minutos. Se había dado la vuelta y cerrado los ojos de nuevo, tratando de decidir si debía despertar a Emily y hablar con ella de lo que ella estaba sintiendo. Pero, ¿qué sentía realmente? ¿Qué le iba a decir? ¿Te he sido infiel con una fantasía? Ni siquiera estaba segura de que Emily considerara que le estaba siendo infiel si estuviese viendo a otra mujer, y mucho menos se sentiría traicionada por nada más que algunas fantasías eróticas. Nunca se había puesto límites a sí misma con respecto a la monogamia, para ella simplemente había funcionado de esa manera. Ver Emily era para todo lo que tenía tiempo, y suponía que ha Emily le pasaba lo mismo. Eran monógamas por defecto.
Al final, había salido de la cama, más cansada de lo que estaría después de estar toda la noche trabajando. Se había limitado a inclinarse y dar a Emily un beso en la mejilla cuando salía, susurrando adiós y guardado silencio sobre sus preocupantes pensamientos. Ambas tenían que trabajar, y ella apenas podía dar sentido a sus propias emociones, y mucho menos explicárselas a una mujer con quien había tenido relaciones íntimas durante meses, pero que en muchos aspectos apenas conocía. Emily merecía más que una explicación apresurada a una hora intempestiva de la mañana, de algo que iba a tener muy poco sentido para ninguna de las dos.
—¿Estás bien? —Preguntó Quinn, completamente en serio ahora.
—Sí… no… no lo sé, —dijo, sorprendiéndose a sí misma por la admisión. Sonrió con tristeza, consciente y agradecida por la preocupación en los ojos de Quinn. —No es nada serio. Ya sabes, relaciones y esas cosas.
—¿Qué pasa? ¿Qué Emily se quiere ir a vivir contigo? —Preguntó Quinn, aunque no le parecía probable que la abogada estuviera presionando a Santana para tener una relación más estable.
—No, gracias a Dios, —respondió Santana con cierto alivio. —De hecho, nunca me ha presionado sobre ese tipo de cosas. Parece ser muy feliz con nuestra relación, casual y desestructurada.
—¿Entonces qué es…? —Para Quinn estaba claro que algo estaba molestando Santana, y no entendía por qué su amiga estaba siendo tan evasiva. Era una de las personas más directas que Quinn conocía. —¿Eres tú quien quiere algo más serio, entonces?
Santana sacudió la cabeza enfáticamente. —No, en absoluto. Todo está bien tal como está.
—Sí claro. Eso es obvio.
—Estoy cansada, —reiteró Santana, obligándose a hacer un poco de esfuerzo con el desayuno. Emily no me ha pedido nada más, y yo no quiero nada más. Entonces, ¿cuál es el problema? Pero sabía perfectamente cuál era el problema.
No podía seguir haciendo el amor con una mujer pensando en otra, y no sabía cómo dejar de pensar en Brittany Pierce.
*****
Alison aparcó el descapotable de la acera en frente de Bellevue, y se volvió en el asiento para estudiar a su pasajera. —Me gustaría verte, Brittany. Ya sabes. Cena, el teatro, un par de horas en la cama… lo que quieras. ¿Me llamarás cuando estés lista?
Brittany suspiró y se encontró con la mirada de Alison. No estaba segura de por qué se resistía. Alison DiLaurentis era atractiva, inteligente, y muy muy sexy. Perderse en los brazos de Alison, probablemente le daría por lo menos dos cosas que necesitaba, unas pocas horas de descanso, y una razón para no soñar con Santana López. Sin embargo, dudó. —No soy exactamente fan de las relaciones, Alison. Y ya te dije anoche, lo que pienso acerca de involucrarme con alguien con quien trabajo.
—No estoy buscando una relación, Brittany, —insistió Alison recorriendo con sus ojos el largo del cuerpo de Brittany. —Estoy buscando un poco de diversión, un poco de placer, y tengo la sensación de que eso es exactamente lo que tú necesitas. —Brittany se rió con buen humor y bajó del coche, Alison que añadido deliberadamente. —Llámame.
De pie en la acera viendo como Alison se marchaba, Brittany se preguntó si Santana habría llegado ya al hospital. Revisando mentalmente el horario de la mañana, pensó que quizá no pudiera ver a la cineasta en todo el día, ya que los ingresos eran programados y no había material para la película. Tal vez eso no era tan malo. Tal vez entonces el zumbido insistente de excitación, que sólo empeoraba cuando Santana estaba cerca se disiparía. Puede ser.
*****
Anotación Del Proyecto Personal, López
03 de agosto - 22:35
Marca de referencia digital - 15,530-17,200
Sólo ha pasado un mes, pero ya puedo ver los cambios en Rachel. Siempre ha estado segura de sí misma , y por supuesto debería ser así, porque había terminado toda una residencia de cirugía general antes de llegar a Bellevue. Sin embargo, hace un mes era nueva en trauma, y ahora parece una veterana. [Nota: Título del Episodio Jefe de Equipo]
Hoy ha sido un día en el que ha habido un flujo constante de heridos… la mayoría de ellos traumas contundentes por accidentes de tráfico. Acabábamos con uno y llegaba otro. Me he dado cuenta de que cuando entraban los pacientes al área de admisión de trauma, Brittany no involucraba en la evaluación. Lo controlaba, y supervisaba todo desde lejos, de una manera totalmente eficiente, confiada, al mando… pero dejaba que Rachel dirigiera el equipo, hiciera los diagnósticos, y pidiera todas las pruebas. Aun así, sentía a Brittany en el fondo de la habitación, observando. Hay algo reconfortante al saber que ella está ahí, y que si algo sale mal, no estás sola .
Santana apagó la grabadora y se asomó por encima de la pared de piedra de la azotea, dejando que el viento fresco de la noche acariciara su piel, y pensando en lo que acababa de decir. Si algo sale mal, no estás sola. Se preguntó por qué le importaba. Desde niña, había luchado por la independencia, sobre todo durante los años en que la mayor parte de su vida giraba en torno a la competición, y se había revelado ante las restricciones que habían puesto sobre ella. Por fin había encontrado algo suyo en el cine, y había luchado tanto por ello, porque le satisfacía intelectualmente, y porque era un caminó hacia la libertad. Disfrutaba de sus amigos y sus relaciones más íntimas, pero siempre había sido reacia a establecer vínculos, por temor a de que si lo hacía, no fuera capaz de controlar su propia vida. Estar sola nunca la había molestado.
Se encogió de hombros con impaciencia, molesta por su introspección. Debería estar contenta. Había sido un día ocupado, pero no abrumador, ni agitado. Habían conseguido imágenes de alta calidad, y había sido un buen día de trabajo. Las cosas estaban yendo mejor de lo que esperaba. No te compliques ahora.
—Puedo irme si quieres estar sola, —dijo una voz tranquila detrás de suyo.
Santana se volvió a buscar en la oscuridad, una oleada de calor la recorrió cuando reconoció la figura familiar. —Es tu espacio. Soy yo la que me voy.
—No, —Brittany dijo mientras se acercaba. Se detuvo al lado de Santana y apoyó los codos en la repisa. —Quédate. Por favor.
Durante unos momentos no dijeron nada, simplemente se quedaron la una al lado de la otra en amigable silencio, observando la ciudad repleta de vida debajo de ellas.
—¿Por qué decidiste hacer esto… cirugía, quiero decir? —preguntó Santana en voz baja, sin esperar la respuesta de Brittany. Ni siquiera estaba segura de por qué se lo había preguntado, simplemente quería saber.
Quizás fue que sintió un interés sincero, lo que le hizo responder a Brittany. —La cirugía es una de las pocas áreas de la medicina donde puedes marcar la diferencia casi de inmediato. No tienes que esperar a que un fármaco haga efecto, o al resultado de una prueba. Puedes marcar la diferencia con tus manos y tu mente. Todo está en tus manos. Sabes lo que tienes que hacer en quirófano. No hay zonas grises.
—Eso suena… reconfortante, —observó Santana.
—Sí, —respondió Brittany, con una nota de sorpresa en su voz. Realmente no esperaba Santana lo entendiera.
—¿Y por qué cirugía de trauma? —probó otra vez Santana suavemente. Oyó suspirar a Brittany y vio su encogimiento por el rabillo del ojo. Ahora es cuando se da la vuelta y se va. Te dejó muy claro ayer por la mañana, que no iba a hablar de sí misma contigo. ¿Por qué no lo dejas estar? Pero no podía. Nunca antes había deseado saber tanto de alguien, como quería hacerlo de Brittany Pierce. No podía explicarlo, ni siquiera a sí misma. Era algo más que respeto, atractivo, o curiosidad. Cuando la miraba, veía tantas cosas, dedicación, responsabilidad, ira, terquedad, pasión. Sobre todo pasión… por lo que hacía y por lo que creía. Era demasiado intrigante para alejarse de ella. Cuando Brittany no hizo ningún comentario, insistió. —¿Por qué trauma?
—El ego tiene gran parte de culpa, —admitió Brittany. —Es un reto personal, cuando alguien está al borde de la muerte, y tú eres la única que puede evitarlo.—¿Y cuando no puedes?
—Uno trata de asegurarse de que eso no suceda.
—Todo el mundo me dice que trauma quema rápidamente, —comentó Santana. —Solo después de un mes puedo entender por qué es tan intenso. Hay muy poco tiempo para tomar decisiones transcendentales, todo depende de lo que haces tú personalmente, ¿eso no se cobra su peaje, no desgasta?
—Lo hace en algunas personas, —respondió Brittany, volviéndose para mirarla a los ojos. —Pero es esa presión, esa emoción, es lo que hace que valga la pena, también.
Incluso en la oscuridad, Santana podía ver como brillaban lo ojos de Brittany. Había una energía acumulada y una emoción en ellos que era casi palpable. —Apuesto a que si no fueras cirujana, serías bombera, astronauta, o alguna otra cosa que produzca alto estrés y adrenalina.
—Tal vez, —estuvo de acuerdo Brittany, riendo. —No hay nada como ganar.
Por un momento, mientras observaba como Brittany reía con la cabeza echada hacia atrás, y la luz de la luna bañando su perfil, Santana se olvidó de lo que estaban hablando. Todo lo que podía pensar era en lo hermosa que era. Era algo más que físico, había un magnetismo y una vitalidad en ella, que hacía que Santana quisiera agarrarse a ella y volar donde quiera que esa energía loca la llevara. Era una embriagadora sensación adictiva, que le daba ganas de dejar de pensar y simplemente sentir.
—¿Y tú? —preguntó Brittany inesperadamente. — ¿Qué hay en la cinematografía que te satisfaga?
—Un millón de cosas, —reconoció Santana, su corazón aún galopaba a toda velocidad. —En muchos sentidos, es como lo que tú dices. Es un desafío técnico, es emocionante, y hay recompensas más allá de mi propia satisfacción personal. El cine es un medio de comunicación, y la comunicación es una de las mejores herramientas para dar forma a la sociedad. —Se rió un poco tímidamente, empujando el pelo hacia atrás con una mano, en un gesto que Brittany empezaba a reconocer. —No es que crea que voy a cambiar el mundo, pero si lo que hago hace que algunas personas piensen en algo, en vez de pensar en nada, entonces he tenido éxito.
—Entiendo, —dijo Brittany en voz baja. Sorprendida de lo fácil que era hablar con Santana. Los momentos que habían pasado juntas, eran algunos de los más relajantes que podía recordar. Se había pasado la vida rodeada de gente, pero la tranquila intensidad de Santana era a la vez reconfortante y atractiva. Desde el primer momento en que la conoció, había sentido la honestidad subyacente de Santana, y ese compromiso que ella valoraba más que cualquier otra cosa. Tal vez fue porque estaban solas en uno de los pocos lugares en los que había sido capaz de relajarse, pero se sentía extrañamente tranquila. Tanto, que en realidad no se detuvo a pensar en lo que dijo a continuación. —Te debo una disculpa por lo que pasó ayer por la mañana. Sé que estabas haciendo tu trabajo…
—No, no es necesario pedir disculpas. Cuando entrevisto, tiendo a ser implacable, porque con el tiempo he aprendido que muchas veces, la única manera de conseguir la historia que quieres es presionando. Me dijiste por adelantado cuales eran las reglas, y yo las ignoré.
—Sin embargo, lo siento, —repitió Brittany.
—Disculpas aceptadas entonces, —respondió Santana en voz baja.
Estaban muy juntas, completamente solas en la azotea del hospital. Una ligera bruma húmeda y calurosa las rodeaba, y parecía que estuvieran aún más aisladas de lo que realmente estaban. Las luces halógenas encendidas en los rincones más alejados de la pista de aterrizaje iluminaban la zona de aterrizaje en un fuerte resplandor artificial, pero ellas quedaban fuera de la iluminación, entre las sombras.
Ninguna de las dos quería terminar el momento, ninguna de las dos se movió hacia la luz.
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bueno esta es la final de la maratón espero disfruten de los capítulos, buenas noches
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Lun Jul 25, 2016 12:00 am

Bueno las dos saben que "estan" con alguien pero ya el inconsciente les juega una mala pasada a las dos....
La azotea de cierta forma se combiertio en su refujio por así decirlo...
Cuando van a tardar para avanzar a primera base por lo menos....
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por micky morales el Mar Jul 26, 2016 8:31 pm

que bueno que britt no se acosto con esa mujer!!!! ojala se acercaran pronto!!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Vie Jul 29, 2016 11:06 pm

Capítulo dieciocho

Ninguna tuvo la oportunidad de sugerir que entraran. El busca de Brittany tomó la decisión por ellos.
Alerta Trauma STAT… trauma admisión… Alerta Trauma STAT… trauma admisión… Alerta Trauma STAT… trauma admisión…
Brittany se encogió de hombros disculpándose, se volvió y corrió, Santana la siguió pisándole los talones. Sin molestarse con los ascensores, bajaron por las escaleras de hormigón hasta la primera planta. En el momento en que llegaron a admisión de trauma, el primero de varios heridos de bala que venían en una serie de ambulancias, entraba por la puerta. Rachel ya estaba ocupándose de él y comenzando su evaluación, Sam Evans junto a otras enfermeras, corrieron hacia los demás pacientes que iban llegando, para valorar cuáles de ellos necesitaban atención inmediata; Quinn también estaba en la escena con su cámara sobre el hombro.
—¿Qué tenemos? —preguntó Brittany mientras cruzaba las puertas dobles a la carrera.
—Lucha de bandas, —respondió Rachel sin levantar la vista del hombre joven al que estaba intubando. —Múltiples heridas por arma de fuego, y arma blanca.
—¿Cuántos van a venir? —preguntó Brittany dirigiéndose hacia el primer paciente de la cola, poniéndose los guantes mientras caminaba.
—No lo sé, —dijo Rachel distraídamente. —Los paramédicos han dicho que había al menos una docena de heridos. Este tipo tiene un agujero en el vientre, y tiene que ir a la sala de operaciones de inmediato.
—Sam, —llamó Brittany, levantando la venda de gasa empapada de sangre del pecho de la segunda víctima, —llama a Tyler y al resto del equipo de apoyo. Vamos a estar ocupados por aquí durante un tiempo. —Estudio la herida de cinco centímetros entre la segunda y tercera costilla, y le preguntó al paciente: —¿Cómo te llamas?
—Vete a la mierda, —gruñó el adolescente, incorporándose y girándose para mirar al muchacho en la cama junto a él. —Más te vale que te mueras, hijo de puta, porque si no lo haces te voy a matar.
—Tienes un pulmón perforado. Vas a necesitar cirugía, —le informó Brittany impasible.
—Quiero ir a … a … otro hospital. No … quiero estar en ningún sitio cerca de estos… capullos.
Mientras hablaba, sangre roja brillante y espumosa salía de sus labios, y Brittany tuvo que obligarlo a acostarse de nuevo. Maravilloso. Miembros de pandillas rivales, que siguen con ganas de pelea. Perfecto. —Déjalo para otro día. Tienes una herida de arma blanca en el pecho. De momento no vas a pelearte con nadie.
—Sólo… mantenerlos… lejos de mí, —jadeó débilmente justo antes de que sus ojos se pusieran en blanco, y perdiera la conciencia.
Los siguientes minutos, Brittany estuvo ocupada insertando tubos torácicos, y cogiendo varias vías para que las enfermeras pudieran inyectar sangre y líquidos por vía intravenosa. Rachel silenciosa y eficientemente hacía lo mismo con los tres heridos más críticos que fueron llegando en rápida sucesión. Varias enfermeras y dos residentes quirúrgicos más de la unidad de cuidados intensivos, se unieron para ayudar a las estabilizaciones iniciales.
Santana y Quinn se apartaron de la bulliciosa zona de acceso de camillas y personal médico, situándose en un buen punto de observación desde donde filmar la acción. Después de más de doscientas horas de experiencia de guardia, habían elaborado un sistema que era casi tan sencillo como la coreografía de reanimaciones que se llevaban a cabo a su alrededor. Santana sabía por las imágenes que habían grabado hasta el momento que Quinn y ella, estaban trabajando en la misma de onda. Era fantástico cuando ella, y su director de fotografía tenían la de la misma opinión. No le hacía falta preocuparse de que Quinn dejara de gravar algo importante, y eso era muy bueno para ella, porque a menudo se encontraba mirando a Brittany, sólo para ver su trabajo.
Estaba tan impresionada observando tanto a Rachel como a Brittany, que por un segundo no registró el sonido de una pelea fuera en el pasillo. Fue la voz de Sam, enfadada, y teñida de temor, lo que le hizo por fin mirar a su alrededor.
—¡Hey! —exclamó Sam. —No se puede entrar en…
Un golpe seco, como la madera al romperse, y el sonido del grito de asombro de Sam le llamó la atención. Se giró a la par que Quinn hacia la entrada del área de admisión de trauma. Tres jóvenes de aspecto salvaje entraron bruscamente, todos ellos salpicados de sangre. El adolescente en cabeza tenía una pistola en la mano, y la movía de forma errática a un lado y a otro, mientras miraba a la gente en la habitación. Sam estaba tendido en el suelo a pocos metros de distancia, con los ojos cerrados, y una mancha marrón se extendía por su camisa quirúrgica.
—Has matado a mi hermano, cabrón, —gritó, centrándose en el herido semicomatoso que Rachel Berry estaba luchando por salvar. Levantó la pistola con mano temblorosa, y para sorpresa de Santana, Rachel se inclinó sobre su paciente en un intento de protegerlo.
—¡No! —gritó Santana, y el pistolero vaciló, girándose en su dirección. No tuvo tiempo de registrar el miedo, al segundo siguiente estaba volando por el aire. Su hombro se golpeó contra un carro de instrumental, y su cabeza rebotó estrepitosamente en el suelo mientras aterrizaba. Vagamente, oyó varios sonidos de chasquidos, y luego se hizo el silencio.
*****
—¡Santana, Santana!
Santana abrió los ojos y miró a los frenéticos de Quinn. —¡Para de sacudirme, maldita sea! Estoy bien.
—Deja que la examine, por favor, Quinn, —dijo Brittany con firmeza, de rodillas junto a ella. Suavemente, puso su mano sobre el hombro de Santana, impidiéndole levantarse. —Santana, estate quieta un momento.
Por segunda vez en su vida después de despertar confusa y desorientada, Santana miró hacia la reconfortante y profunda mirada azul de Brittany, pero esta vez había algo además de tranquilidad y confianza sus ojos. Esta vez había miedo. —Estoy bien, —protestó.
—Deja que sea yo quien juzgue eso, —dijo Brittany dulcemente, mientras comprobaba con una linterna cada ojo, observando la reacción de las pupilas. La tensión en su propio pecho disminuyó ligeramente. Ninguna lesión intracraneal. —¿Sabes dónde estás? —Tenía problemas para mantener la voz firme. Jesús, nunca me había pasado esto.
—Sé perfectamente dónde estoy. Creo que he perdido el conocimiento, me he dado un golpe muy fuerte. ¿Qué demonios ha pasado?
—Un momento, —murmuró Brittany, manteniendo su voz bajo control. Colocó su estetoscopio en el pecho de Santana, y una vez más se sintió aliviada al oír el fuerte ritmo constante. Satisfecha de no encontrar ninguna disfunción grave en sus órganos, presionó con los dedos ligeramente la arteria carótida del cuello de la cineasta, y finalmente consiguió realizar su primera respiración completa desde que había visto el arma apuntando en dirección a Santana. El pulso estaba disparado bajo sus dedos, pero era completo y fuerte. Mirando directamente a aquellos los ojos cafés que la cuestionaban, murmuró con pesar. —Me tengo que ir. Rachel está camino de quirófano con Sam. Le han disparado. Dejaré que uno de los residentes termine de examinarte para estar segura, pero creo que todo está bien.
Santana le cogió la muñeca, impidiéndole levantarse. —Tienes sangre en el cuello. ¿Estás bien?
Sí, —dijo Brittany. Ahora que sé que tú lo estás.
—Vale. Te veré luego.
*****
Anotación Del Proyecto Personal, López
04 de agosto - 09:45 AM
Marca de referencia digital 20172 - 22350
Brittany y Rachel aún están en la sala de operaciones con Sam. Uno de los residentes de cirugía salió hace una hora para informarnos. Al parecer, se trataba de una bala de pequeño calibre, y gracias a ello todavía sigue vivo, aunque causó muchos daños en el abdomen y perdió mucha sangre. Llevan trabajando con él cinco horas. No paro de pensar en lo cansadas que deben estar, y me pregunto si se darán cuenta. Sigo viendo a Rachel protegiendo con su cuerpo a su paciente, alguien a quien ni siquiera conoce, alguien que pudo haber sido responsable de la muerte a otra persona minutos antes … No estoy segura de si yo hubiera podido haber hecho eso.
No he querido revisar el video porque no quiero verlo de nuevo tan pronto. Pero la espera me está matando… No puedo soportar esperar sin saber nada. Por lo menos si estoy trabajando, dejaré de pensar en lo que está pasando en quirófano.
—Volvamos a la sala de guardia y veamos la cinta.
—Claro, —aceptó Quinn rápidamente. Cualquier cosa antes de ver el lento movimiento de la aguja de los minutos en el gran reloj de la sala de trauma, sin saber lo que está pasando al otro lado del pasillo.
Unos minutos más tarde, estaban instaladas en su sala, refugiándose en la rutina, viendo las imágenes que Quinn había grabado durante todo el día. Santana tenía la grabadora en la mano y dictaba los tiempos que el contador de la cinta le indicaba, de las secuencias que quería incluir en la película. Su ritmo cardíaco se aceleró, al acercarse a la sección en la que los miembros de la pandilla irrumpieron en el zona de admisión. No estaba segura de lo que Quinn había sido capaz de grabar antes de que estallara el caos, pero se armó de valor para ver lo que sabía que se avecinaba. No recordaba mucho de lo ocurrido, porque todo había sucedido muy rápido, y una buena parte del tiempo, al parecer, había estado tumbada en el suelo.
—Aquí vamos, —murmuró Quinn con voz tensa por la emoción.
Santana vio como la pesadilla empezaba. Los tres jóvenes aparecieron de repente, casi simultáneamente con el sonido del disparo, y Sam se tambaleó hacia atrás, como si hubiera sido golpeado. Milagrosamente, Quinn había reaccionado inmediatamente a los sonidos de gritos en el pasillo, y había captado toda la secuencia perfectamente. Hubo una falta de definición por el movimiento vertiginoso de la cámara, cuando al parecer se dio la vuelta para seguir a lo largo de la línea de visión del tirador, y Rachel apareció a la vista.
Santana miró ese increíble momento de nuevo, cuando la joven cirujana se arrojó entre el arma y su paciente.
—Dios, Quinn, eres tan buena, —dijo Santana con admiración en voz alta. —Acabas de captar una escena que va a significar más para este proyecto que cualquier otra cosa.
—Tal vez, —susurró Quinn, sin estar segura si su amiga era consciente de lo que venía después.
—Oh, créeme, estoy en lo cierto, —dijo Santana con énfasis. —Esto va…
Su voz se apagó cuando la imagen se movió de nuevo, Quinn había sido capaz de maniobrar la cámara con pericia, permitiendo capturar casi toda la habitación con su lente. El tirador giró su brazo, y Santana vio como apuntaba con el arma hacia su pecho, instantes después Brittany Pierce se ponía directamente en la línea de fuego, la agarraba por los hombros y la empujaba violentamente. Sucedió tan rápido que ni siquiera había sido consciente de ello entonces. Aturdida, se vio a sí misma lanzada fuera de la trayectoria de la bala, y su cuerpo rebotando en el suelo. Casi al mismo tiempo, cuatro guardias de seguridad armados entraron, y rápidamente redujeron a la banda.
Sin decir una palabra, apretó el botón de rebobinado y observó la cara de Brittany. Por un breve instante, las características facciones de le cirujana, se habían transformado en ferocidad y furia.
—Escuché disparos. Recuerdo disparos, —dijo Santana aturdida. —¿Disparó alguien?
—Ese chico lo hizo. Una milésima de segundo después de que Brittany lanzará tu culo sobre el carro.
Santana giró su asiento, y miró a su amiga. —¿Por qué no me lo dijiste antes?
—No estaba segura de si lo teníamos en la cinta, y… —Quinn se encogió de hombros. —Estaba asustada, tenía un miedo de muerte, te habían disparado, y yo…, yo ni siquiera quería pensar en ello.
—¿Cómo pudo fallar y no darle a ella? —logró preguntar Santana, con la garganta apretada. Ni siquiera pensaba en el peligro que ella misma había corrido, el peligro del que hasta ahora no había sido consciente, porque estaba bien, y, además no tenía ningún recuerdo de ello. Pero tenía una imagen visceral de Brittany Pierce salvándole la vida, poniendo en peligro la suya propia. ¿Y si le hubiera dado a ella? La idea era aterradora.
Quinn se encogió de hombros. —Creo que simplemente tuvo suerte. Disparó, la bala debió pasarle rozando.
Entonces llegó la seguridad del hospital, justo detrás de ellos la policía, y en pocos minutos todo había terminado. Y no sé, yo solo podía pensar en como estabas tú.
—Hey, —dijo Santana suavemente, consciente de que el temblor en la voz de Quinn. Apoyó la mano sobre el antebrazo de la fotógrafa, y lo apretó suavemente. —Gracias. Eres maravillosa, Quinn.
Quinn asintió en silencio. Había visto la forma en que Santana y Brittany se habían mirado la una a la otra, tratando ambas desesperadamente de determinar si la otra estaba bien. Nunca había visto a Santana mirar así a nadie. —Sí, esa soy yo. Maravillosa.
*****
04 de agosto - 5:45 pm
Santana salió de la estrecha cama y se sentó. Otro suave golpe sonó en la puerta. —Un momento, —gritó, buscando a los pies de la cama de su camiseta. Se la puso y se fue abrochando los pantalones mientras caminaba hacia la puerta. Brittany estaba en el pasillo, con la bata arrugada, manchada de sangre y sudor, y ojos cansados.
—Lo siento, no he podido venir antes, —dijo en voz baja. —Quería, pero Sam me necesitaba…
Santana se sintió tan aliviada al verla, que se acercó impulsivamente y agarró la mano de la cirujana, tirando de ella dentro de la habitación. Cerró la puerta y le dijo: —Siéntate. Debes estar agotada.
Para sorpresa de Santana, Brittany lo hizo, hundiéndose en la cama desocupada de Quinn, y apoyando la espalda en la pared.
—¿Cómo está?, —preguntó Santana.
—Está estable, —respondió Brittany, luchando contra la fatiga, y las secuelas de controlar sus emociones durante horas. Durante todo el tiempo que había estado trabajando para reparar las múltiples lesiones de los frágiles tejidos, había luchado para no pensar que había sobre la mesa frente a ella. No podía asociar los órganos desgarrados y sangrantes, con el hombre al que consideraba un amigo y colega. Había tenido que separar sus sentimientos por Sam mientras luchaba con la muerte, pero le había costado. Estaba cansada. —Sí en los próximos días todo va como tiene que ir, se recuperará
—Gracias a Dios, —suspiró Santana aliviada. Se dio cuenta de una zona enrojecida en el cuello de Brittany, y se inclinó sobre ella volviéndole la cara hacia la lámpara de la mesa. —Tienes un corte aquí.
Brittany levantó los dedos y los colocó suavemente sobre los de Santana. —No es nada. Una de las bandejas de instrumentos se cayó del carro, cuando tú y yo terminamos en el suelo.
—Gracias, —dijo Santana suavemente, con su mano todavía ahuecando ligeramente la mandíbula de Brittany. Se echó hacia atrás cuando sintió que la cirujana se tensaba ante su toque.
Brittany se puso de pie y se dirigió hacia la puerta, sabía que se debía ir, porque había estado funcionando durante más de treinta y seis horas, y sus emociones estaban a punto de romperse. El ligero toque de los dedos de Santana la estaban volviendo loca, y no podía quedarse allí a solas con ella en aquel estado, pero Dios, no quería decir adiós, todavía no. Tal vez fue porque estaba demasiado cansada para pensar con claridad, pero en el último momento se dio la vuelta, y miró a Santana fijamente. —¿Sabes quién es Madelaine Pierce?
—Por supuesto, —respondió Santana, perpleja. —Era un icono del cine antes de dejar de hacer películas, y prácticamente desaparecer de la vida pública. —¿Por qué?
—Quiere conocerte.
—¿Qué? —exclamó Santana, completamente confundida. Una de las dos al parecer había sufrido una conmoción cerebral, y no creía ser ella. —¿Cómo lo sabes?
—Me lo ha dicho.
—No te entiendo. ¿Cuándo?
—Esta noche. Vamos. —Brittany le tendió la mano.
Santana la miró fijamente, e hizo la única cosa razonable que podía hacer. La cogió.
******************************************************************************************************
Se puso la cosa peluda pero menos mal nada malo les paso a Britt y a San y buehh pobre de Sam que le metieron un balazo, que creen que pasara ? una pregunta se que aquí una miembro del foro adapto la 1 parte del libro "PROHIBIDO ENAMORARSE DE ADAM WALKER" creo que se llamaba Dani de un tiempo ella desapareció del foro así que la segunda parte del libro no esta adaptada ? y si no lo esta alguien tiene pensado hacerlo ? saluditos  
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Sáb Jul 30, 2016 12:09 am

Días intensos si los ahí... Mas cuando son guerras de pandillas...
Están bajando la guardia o por que les gana el cansancio...
A ver como va la cena con la abu de britt...

Pd: a dani la tengo en face y habló con ella por whatss y no creo que vuelva o adapte mas historias por ahora, así que la que este dispuesta a adaptar lo que ella dejo no ahí problema
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Miér Ago 03, 2016 10:28 pm

Capítulo Diecinueve
NOTA: Yo se que les va a encantar este cap

—Dame un minuto para cambiarme, —dijo Brittany mientras abría la puerta de su sala de guardia, y le indicaba a Santana que la siguiera.
—Mira…, —dijo Santana torpemente de pie en el umbral, mirando con determinación a otra parte cuando Brittany comenzó a quitarse la camisa y los pantalones del uniforme. —Creo que es mejor que me vaya a casa. Casi no he dormido nada, y lo poco que he podido no me ayudado nada. Me siento como si me hubiese atropellado un camión. Además… — sonrió tímidamente, mirando su ropa arrugada, —no tengo ropa para cambiarme.
Brittany rebuscó en un cajón construido debajo de la cama, y tiró una camiseta en la dirección de Santana Poniéndose sus tejanos negros apretados, dijo: —Ahora sí. Pero no te puedo ayudar con los pantalones porque no tengo un par de repuesto. Puedes ducharte cuando lleguemos y lavar la ropa si es necesario.
—Realmente vamos a hacer esto, ¿verdad? —Preguntó Santana, sintiendo que estaba a punto de abandonar su ordenada y racional vida, y dar un paso a través del espejo.
Probablemente fue la fatiga, o tal vez el resultado del asalto emocional, que había empezado con los hombres armados en la zona de admisión de trauma, y culminado con la angustiosa espera de saber si Sam iba a sobrevivir o no . Fuera lo que fuese, no se sentía ella misma y, sin embargo, de alguna manera nunca se había sentido más viva, casi eufórica. Ver varias veces a cámara lenta como le disparaban, al parecer había provocado ese efecto en ella. Estaba demasiado conmocionada para decidir exactamente lo que eso significaba, pero viendo los músculos flexibles en los brazos de Brittany, no le importó.
—Yo me tengo que ir ya, necesito desconectar y olvidarme de algunas de las últimas veinticuatro horas, —dijo Brittany, metiendo su camisa y poniéndose las botas. —Me gustaría que vinieras conmigo.
—De acuerdo, —aceptó Santana. Supuso que debería preguntarse por qué, pero no lo hizo. En realidad no importa. Quería ir. Por alguna razón que no era importante, que no tenía sentido. Todo había dejado de tener sentido, desde el momento en que un grupo de adolescentes, con armas letales, había amenazado la vida de personas inocentes que simplemente estaban tratando de hacer su trabajo. Pensándolo bien, muy pocas cosas en la vida tenían sentido si se paraba a pensar en ellas. Una mañana, hacía cinco años, casi murió en el metro al ir trabajo. Casi todos los días en la sala de trauma, veía personas cuyas vidas eran alteradas para siempre por la mala suerte, los caprichos o los designios del destino. Probablemente después de dormir bien una noche, o tal vez media docena de noches, volvería a ser ella misma, sensata, equilibrada, y con los pies en la tierra. Pero en aquel momento, la idea de montarse en la parte posterior de la moto de Brittany Pierce, le parecía lo más razonable del mundo. —Estaré lista en un segundo, —dijo, dándose la vuelta y quitándose la camiseta.
Cuando se puso la que le había dejado, pensó en lo íntimo que era llevar ropa de Brittany. Esas cavilaciones fueron una mala idea, porque al instante su piel comenzó a sentir un hormigueo, y sabía lo que venía después. Tal vez si no pensaba en nada, su cuerpo se comportaría. Afortunadamente, Pierce abrió la puerta y salió al pasillo. Tratar de alcanzarla, calmó un poco la gran excitación, que se había iniciado con el primer toque del suave algodón sobre sus pechos. No ayudó demasiado el hecho de que no llevaba sujetador.
—¿Alguna vez has montado en una de estas? —Preguntó Brittany, guiando a Santana por el aparcamiento del hospital, hasta la esquina donde había dejado su moto. Sacó dos cascos del compartimento de atrás, y le dio uno a Santana.
—No en una tan grande, —respondió Santana. —Como mucho en las motos de montaña, con las que jugábamos cuando éramos niñas.
—Todo lo que tienes que hacer es cogerte a mí y dejar que el ritmo te lleve. —Mientras hablaba, Brittany pasó una pierna sobre el asiento de cuero, y le indicó a Santana que hiciera lo mismo. Inclinó la moto suavemente, para hacerle más fácil sentarse detrás suyo y agarrarla de la cintura.
Brittany se quedó inmóvil, su brazo se detuvo a medio camino, con la mano extendida y las llaves colgando de sus dedos apretados, cuando la cineasta se instaló detrás y estrechó suavemente su estómago con ambas manos. Fue casi dolorosamente consciente, de los musculosos muslos firmemente presionados contra sus caderas, y el suave oleaje de sus pechos provocativamente enclavados en su espalda . Tuvo que tragar saliva antes de hablar, porque tenía la garganta apretada. —¿Lista?
—Sí, estoy bien, —dijo Santana, con la barbilla casi apoyada en el hombro de Brittany. Esperaba que la cirujana no pudiera sentir su corazón latiendo fuertemente el interior de su caja torácica, pero no podía imaginar como las dos delgadas capas de algodón que separaban su piel, fueran una barrera suficiente para ocultarlo.
*****
Estaban a varios kilómetros al norte de la ciudad, cuando los precursores de una tormenta de verano salieron de la nada. Faltaba por lo menos una hora para que anocheciera, pero unos nubarrones oscuros taparon el sol de poniente, sumergiéndolas en una oscuridad prematura. Incluso a la velocidad que iban el aire prácticamente crujía por la electricidad estática, y levantó el vello de los brazos de Santana.
Brittany puso el intermitente, paró la moto en el arcén de la carretera, se quitó el casco mientras apoyaba los pies en el suelo a cada lado de la máquina, y se giró en el asiento para mirar a su acompañante. Su brazo desnudo presionó inintencionadamente el pecho de Santana sintió la firme curva de la carne, y como el pezón se endurecía rápidamente al contacto, casi se estremeció. Apretando el estómago, dijo con voz ronca: —Creo que esto va a estallar. Normalmente no me importaría, pero contigo en la moto… no quiero correr riesgos. Podemos esperar a que pase, pero la carretera se pondrá peligrosa después de la lluvia. Será mejor que volvamos.
Lo que no añadió fue que no estaba segura de estar a la altura de una carretera oscura y húmeda, en su estado actual. Por un lado, estaba cansada emocionalmente, quizá más que físicamente, mientras que al mismo tiempo en lo único que podía pensar era en Santana. El calor del cuerpo de la cineasta era como un horno en su espalda, y la forma inconsciente en que suavemente deslizaba sus manos hacia arriba y abajo por su abdomen, evitaba que pudiese concentrarse en cualquier otra cosa que en esas manos, y en la humedad que manaba entre sus piernas. Podría haber conducido la enorme moto si su único problema fuera la fatiga, pero no cuando su mente estaba completamente nublada con la lujuria.
—¿Qué te parece si pasamos la noche en ese Motel? —preguntó Santana, con la esperanza de que no se notase el ligero temblor en su voz. Llevaba pegada a la espalda de Brittany lo que parecía una eternidad, una eternidad de lo más agradable, en la que la vibración de la máquina había empezado a construir una ola de excitación entre sus piernas. Si quería engañarse a sí misma, podía echarle la culpa a la poderosa sensación pulsátil motor justo debajo de ella, pero sabía que no era eso. Había tenido que echar mano de toda su fuerza de voluntad para no deslizar sus manos bajo la camiseta de Brittany, y acariciar su piel. Si levantaba las palmas unos centímetros, podía acunar sus pechos en ellas. Con la boca seca, agregó, — probablemente sea una locura incluso eso.
—Probablemente, —estuvo de acuerdo Brittany, y no estaba pensando ni en la tormenta, ni en el peligro. Sin embargo, cuando viró hacia el iluminado letrero del motel grande y brillante, no se le ocurrió nada que le gustara más, que pasar unas horas al abrigo de la furia de la tormenta junto a Santana López.
*****
Mientras Brittany conseguía una habitación, Santana esperó refugiándose de la lluvia bajo el ajustado techo, que cubría la estrecha pasarela de cemento donde estaban las puertas de acceso a la docena de habitaciones del motel. Trató de recordar la última vez que había hecho algo tan imprevisto y fuera de lugar como aquello, y no pudo. Pero viendo el viento esparcir con violencia la lluvia y las hojas por el asfalto del aparcamiento, se le puso la piel de gallina y un escalofrío recorrió su columna vertebral, no podía dejar de sentir que una parte de ella había estado esperando con ansia ese momento. Le extrañaba la constelación de fuerzas que se habían unido para llevarla hasta ese punto en particular en esta noche, pero no iba a cuestionarlo. Estaba viva, y perfectamente podría no estarlo. De hecho, nunca se había sentido tan viva.
Escuchó el sonido de pasos que se acercaban, y observó como Brittany se acercaba, disfrutando de la vista de su musculoso cuerpo, y de la forma en que su camiseta empapada por la lluvia se aferraba a su pecho y estómago. Brittany se apartó el pelo negro salvaje de los ojos con un movimiento ocasional de la mano, y Santana recordó lo hábiles y competentes que eran aquellos dedos. Otra oleada de calor líquido manó desde la base de su vientre hasta su entrepierna, y tuvo que morderse el labio inferior para ocultar el temblor.
—Creo que estas habitaciones serán de calidad algo inferior a cuatro estrellas, —bromeó Brittany mientras introducía la llave en la cerradura con manos temblorosas. Era muy consciente de Santana de pie justo detrás de ella, como si pudiera sentirla a través de su piel. Cada sensación pareció magnificarse, su piel se erizó de emoción, su sangre corría caliente a través de sus venas, cada átomo de su cuerpo parecía vibrar. Estaba al rojo vivo, a punto de estallar, y se preguntó si se le notaba.
—Si hay calefacción y agua caliente, estaré más que satisfecha, —respondió Santana a la ligera, agradecida de estar una habitación de motel, lejos del azote de la tormenta. Sólo le bastó un breve vistazo para confirmar que se trataba efectivamente de una habitación común, sin adornos, la estándar de cualquier Motel de carretera. Una cama doble, una cómoda, un cubo para el hielo, vasos envueltos en celofán, y TV.
—Creo que al menos uno de los requisitos se cumple, —comentó Brittany mientras caminaba hacia el lado opuesto de la habitación. Conectó el calefactor de aire, y puso sus manos encima del aparato. Al girar la cabeza hacia Santana que estaba a un par de metros, de repente la estancia le pareció mucho más pequeña. —Estás empapada y temblando. Creo que deberías ducharte primero. Si cuelgas la ropa en una silla junto al calefactor, se secará más rápido.
—De acuerdo, —respondió Santana, porque el plan tenía sentido. Se preguntó si debería señalar que ninguna de las dos tenía una muda de ropa, y luego pensó que probablemente sonaría absurdo. No había ninguna razón para que dos personas adultas, no pudieran estar en la misma habitación, casi desnudas, cerca, sin perder el control de sí mismas. No, no hay ninguna razón en absoluto. Dio tres pasos hacia el baño, se detuvo, y miró a Brittany que estaba inclina y con el pie encima de una silla quitándose las botas.
Santana recordó el aspecto que tenía aquella primera mañana haciendo rondas en la UCIT, tan condenadamente arrogante y dominante. Sus ojos siguieron la línea tensa de la larga pierna de Brittany, y al instante la recordó en la penumbra del bar, arqueando la espalda cuando estaba a punto de correrse. La cabeza de Santana casi estalló con la visión, y algo se apretó en su interior. —Esto no va a funcionar, —dijo sin aliento, con voz casi irreconocible para sus propios oídos.
—Oh, sí que lo hará, —respondió Brittany con voz baja y peligrosa. Se enderezó y moviéndose rápidamente, llegó hasta la cineasta en menos de un segundo. Sacó la camiseta de los pantalones vaqueros de Santana, en el mismo instante en que su boca descendía sobre la de la pelinegra, un gemido que se convirtió en un rugido feroz se escapó de su boca mientras sus labios se encontraban. No tenía un solo pensamiento coherente en su mente, sólo un collage de imágenes, todas ellas de Santana, pensativa y silenciosa mientras hablaban en la azotea, intensa y concentrada mientras trabajaba, indefensa y vulnerable frente al arma de fuego. Movió sus manos sobre la piel de Santana, a lo largo del arco de las costillas, las puntas de sus dedos acariciaron suavemente los espacios entre los frágiles huesos. Se deslizó hacia arriba hasta que sus manos se cerraron alrededor de sus pechos, y sus pulgares rozaron sus pezones endurecidos. Santana gimió y apretó su cuerpo contra las manos de Brittany, tirando frenéticamente de su camiseta mojada para sacarla de sus pantalones.
No dejaron de besarse, con sus lenguas juntándose y conociéndose la una a la otra se dirigieron a la cama, Santana empujo con urgencia a Brittany apoyando su cuerpo con fuerza contra el de la cirujana. Las piernas de Brittany golpearon el borde de la cama y cayó hacia atrás con Santana encima de suyo, con sus piernas entrelazadas, sus bocas unidas, y sus manos aún acariciando con frenesí los pechos de la morena.
La cineasta se echó hacia atrás jadeando, sin decir una palabra miró a los ojos a Brittany, se quitó la camiseta y la tiró al suelo detrás de ella. A ciegas, sin poder apartar la mirada del rostro de la cirujana inflamado por la pasión y el deseo, cogió la camisa de Brittany, y tiró insistentemente de ella hasta que la mujer debajo suyo arqueó la espalda de la cama y se la arrancó. Entonces, sin obstáculos, con el pelo mojado por el agua de la lluvia, y los pechos húmedos por el sudor y la tormenta, Santana cayó sobre ella otra vez. La parte superior de sus cuerpos desnudos se fusionaron, sus caderas empujaron salvajemente, y sus lenguas volvieron a encontrarse en una lucha de hambre y necesidad.
Brittany envolvió sus brazos alrededor de la espalda de Santana, se inclinó hacia un lado, rodando con ella, hasta que la joven pelinegra terminó debajo suyo. Se alejó a pesar de los gemidos de protesta de Santana y, con manos temblorosas, buscó a tientas los botones de los pantalones vaqueros de la cineasta. Frenéticamente siguiendo su ejemplo, Santana abrió la cremallera de Brittany y metió una mano en el interior. La vista de Brittany se atenuó mientras los dedos de Santana se deslizaban más abajo, y el rugido en sus oídos llegó a niveles ensordecedores. Estaba aterrorizada por la posibilidad de llegar al orgasmo en el instante en que Santana encontrara y rozara su clítoris, y casi tan temerosa de rogarle que lo hiciera si Santana no la tocaba pronto. Necesitaba correrse con una ferocidad que conducía a la locura. Por último, más allá de cualquier pensamiento, se levantó, se quitó los pantalones, y los tiró lejos. Los ojos de Santana estaban sobre ella, invitándola, instándola a volver, mientras ella misma con vehemencia dejaba al descubierto su propia carne. Brittany se tumbó sobre ella, metió su muslo entre sus piernas y se meció, gritando cuando el muslo de Santana presionó fuertemente su clítoris.
—Ya voy, —se quejó sin poder hacer nada, temblando, con un aluvión de sensaciones recogidas entre sus piernas y golpeado su columna vertebral. —Oh Dios, me corro.
Santana no pudo hacer nada más que abrazarla. Al sentir los temblores que se propagaban por el cuerpo de Brittany, por un momento atemporal su propio corazón se paró en el pecho. Nunca había sido tan placentero, tan maravilloso y si hubiera sido capaz de formar pensamientos, se habría dado cuenta de que ni siquiera se había atrevido a soñar con ello.
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Era evidente la tensión entre ella cada día crecía y crecía y era agonizante para ellas pero ya por fin dieron rienda a la pasión. Tengan buenas noches
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Mensaje por 3:) el Miér Ago 03, 2016 11:43 pm

Bendita sea la lluvia y la idea de ir a la casa de la abu de britt...
Habían aguantado mucho y sobretodo con el estrés de las últimas 24 hs...
A ver si duermen??? Y a ver que pasa ahora???
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Mensaje por micky morales el Jue Ago 04, 2016 9:37 pm

ya se estaban tardando, que buena manera de visitar a la abuela!!!!!
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Mensaje por Caritovega el Vie Ago 05, 2016 10:17 pm

Capítulo Veinte

Brittany aun temblando ligeramente, acunó su mejilla contra el pecho de su amante, y escuchó los latidos irregulares de su corazón. Las manos de Santana estaban en su pelo, acariciando suavemente la parte posterior de su cuello, y sus hombros. Su desesperada necesidad había sido suavizada por su violenta liberación, pero el deseo ardía ferozmente en su interior. Volviendo la cara, apretó los labios en la piel caliente y resbaladiza, y atrapó un pezón tenso e hinchado entre sus dientes, sonriendo débilmente cuando las caderas de Santana subieron involuntariamente buscando atenciones.
Sin decir palabra, acarició con la punta de sus dedos la curva de los senos de Santana, ahuecando la mano alrededor de ellos, introduciendo su pezón más profundamente en su boca. La cineasta gimió débilmente, y con las manos temblando acarició la espalda de la rubia. Mientras chupaba, y mordía suavemente sin ritmo particular, Brittany se movió lo suficiente para poder explorar el cuerpo de Santana. Antes estaba demasiado frenética, demasiado cegada por el hambre feroz, pero ahora quería deleitarse con ella. Ligeramente, recorrió con sus dedos de arriba y abajo el estómago de Santana, el arco de su cadera, su costado, y finalmente se deslizó hasta la línea de la parte superior del muslo, hasta los bordes exteriores de los suaves rizos en la base del vientre. Con cada caricia, cada mordisco, cada lametón, las piernas de Santana se sacudían.
—Te sientes tan bien, —susurró Santana débilmente contra la oreja de Brittany, con la voz llena de urgencia. Su cuerpo vibraba de excitación, tenso y a punto de explotar, por su deliciosa manera de hacerle el amor
Brittany levantó la boca y murmuró: —Sólo estoy empezando.
—Estoy tan… Dios, estoy tan… —Santana se estremeció, el anhelo en sus profundidades era tan intenso que apenas podía pensar. —Haz algo, por favor.
—Eres maravillosa, —susurró Brittany, moviendo los labios rápidamente al seno opuesto, y cogiendo el pezón erecto fuertemente entre sus dientes. Lo mordió y Santana gritó, arqueándose en la cama.
—No… sí… sí… —jadeó Santana, antes los fuertes espasmos de su clítoris. —Vas a hacer que… Oh Dios sigue… vamos tócame, —susurro intentando aguantar, pero tan cerca que sabía que no podría.
Brittany, sintiendo el corazón de Santana latir frenéticamente bajo su mejilla, cedió. Manteniendo el pezón de Santana en su boca, succionándolo y acariciándolo con la punta de la lengua, se colocó entre las piernas de Santana, esforzándose por ignorar las demandas de su propia excitación creciente. Introdujo su muslo abriéndola más, y al instante sintió la dulce humedad sobre su piel. Lenta y deliberadamente, deslizó un dedo a lo largo de la abertura, encontrando inmediatamente el rígido e hinchado clítoris, apretó con firmeza mientras mecía suavemente la mano hacia atrás y adelante. Santana gimió fuertemente.
Brittany tuvo que echar mano de toda su fuerza de voluntad, para no entrar inmediatamente en ella, para no reclamarla por completo, todavía no quería darle lo que tan claramente necesitaba, un rápido alivio. Mordiéndose el labio, pasó el pulgar ligero como una pluma sobre la punta sensible, casi sin respirar.
—Por favor… por favor… por favor… —entonó Santana, balanceando la cabeza frenéticamente. Se obligó a abrir los ojos, pero estaba demasiado loca para enfocar. —No puedo más… Dios no puedo… no puedo… —cogió la muñeca de Brittany y trató de forzar la mano hacia su interior, protestando incoherentemente cuando esta se resistió.
Brittany se sentó a horcajadas sobre el muslo de Santana, meciéndose con fuerza a lo largo del músculo tenso, consciente de los espasmos de alerta entre sus propias piernas, eliminó su propia necesidad de su mente. Santana. Se trataba de Santana. Observando la cara de la hermosa mujer mientras la tocaba, jugueteó con sus dedos cerca de su abertura, sintiendo los labios calientes, húmedos, hinchados, casi al límite. Se asustó por la magnitud de su propio deseo. Dios, quería estar dentro de ella, quería llenarla con fuerza, penetrarla una y otra vez, hasta llevarla al orgasmo. Necesitaba saber que era suya, sólo suya, aunque solo fuera esos preciosos segundos.
—Santana, —susurró en voz baja. —Santana.
Envuelta en las primeras olas del orgasmo, Santana escuchó que en la lejanía alguien la llamaba por su nombre, una voz fuerte, pero suave la reclamaba. Parpadeando, se quedó sin aliento cuando otra oleada de emoción la llenó, pero se las arregló para encontrar unos ojos azules, tan oscuros que eran casi púrpura, intensos y penetrantes, que la miraban. Impotente, no tuvo más remedio que entregarse a sí misma a esos ojos confiados e inquebrantables.
La presión llegó al límite volviéndose casi insoportable cuando sintió que Brittany entraba en ella, y la llenaba lentamente. Se abrió más para aceptar el placer, esforzándose para contener el orgasmo mientras los dedos de la rubia la penetraban una y otra vez. Se le escapó un grito agudo y adaptó el ritmo de sus caderas a los envites de la cirujana, manteniendo su enfoque en el rostro que la demandaba. Abrió los ojos con sorpresa, y su cuerpo se tensó casi dolorosamente cuando Brittany la embistió más fuerte, más hondo, más rápido, y ya no pudo soportarlo más.
—Brittany, —gritó. Sus ojos finalmente se cerraron, mientras su cuerpo se alzaba en la cama, y los músculos de su estómago explotaban.
—Santana, —susurró Brittany, sorprendida por su belleza. —Santana.
*****
Santana movió sus dedos, y sintió las contracciones en el clítoris de Brittany, que gimió débilmente.
—¿Me he perdido algo? —murmuró. Estaban acostadas una al lado de la otra, en silencio, con la habitación a oscuras, y las sabanas retorcidas alrededor de sus piernas. No era consciente de haberse quedado dormida, ni de cómo su mano se había llegado a estar donde estaba.
—Depende de lo último que recuerdes, —respondió Brittany mientras se estiraba, y colocaba una mano sobre la de Santana, y la presionaba contra ella. —Dios, que maravilla.
Santana le acarició suavemente, sintiéndose todavía un poco fuera de sí misma. —Eh… lo último que recuerdo. Vamos a ver… Tengo las imágenes de un orgasmo en mi mente, pero el mío, no el tuyo.
—Bueno, entonces, te has perdido un par de minutos, —dijo Brittany riendo
—Maldita sea, —murmuró Santana, aumentando la presión y la velocidad, sonriendo al notar que Brittany se quedaba sin aliento. —¿Puedo conseguir una repetición?
—Estoy servida por el momento, —admitió Brittany en tono de disculpa, dándole un beso en el cuello.
—Esto, —indicó Santana apretándole, —creo que aún no se siente satisfecho. ¿O es su estado habitual?
Cuando tú estás cerca parece ser. Brittany se movió hasta que estuvieron cara a cara y la besó de nuevo, esta vez en la boca. —Creo que necesito un poco más de tiempo para recuperarme. De lo contrario puede que necesite atención médica.
—¡Oh, dios, eso no! —se rió Santana, deteniendo su movimiento, pero manteniendo la mano ahuecada sobre ella. Levantó la cabeza y miró el pequeño reloj de pared. Gimiendo, anunció: —Son las tres de la mañana, pero no tengo idea de qué día es.
—¿Importa?
—No, —respondió Santana en voz baja, sorprendiéndose a sí misma, —no importa.
No importaba, y ese hecho era casi tan sorprendente como encontrarse en la cama con Brittany Pierce. No tenía sentido decirse a sí misma, que no era de las que se iban a la cama con otra mujer sólo porque simplemente con mirarla, sus huesos se convirtieran en gelatina, ya que antes, nadie había tenido ese efecto sobre ella, así que ¿cómo iba a saberlo? Allí estaban, se habían acostado juntas, y Dios había sido maravilloso. Lo único que quería hacer el resto de esa noche loca era llenar sus manos con la carne de la hermosa rubia, degustar su calor, ahogarse en ella.
Sin pretenderlo, movió sus dedos más abajo, y no se dio cuenta hasta que oyó gemir a Brittany de que estaba dentro de ella. —Lo siento, —susurró empezando a retirarse.
—No, quédate, —murmuró Sax, temblando levemente, —sólo… quédate. No puedo más, todavía no .
Santana se acercó más hasta que sus cuerpos se tocaron, unidos dentro y por fuera. Disfrutando tanto de la tranquilidad dela conexión, casi tanto como de la liberación salvaje que acababan de compartir. —Esto servirá, —respondió adormilada, —de momento.
Brittany se rió suavemente mientras cerraba los ojos y le daba la bienvenida al sueño.
*****
Girándose con cuidado para no despertar a la mujer dormida en sus brazos, Brittany miró el reloj. Se sorprendió al ver que eran más de las ocho. Tener cinco horas de sueño profundo sin interrupción, era algo casi desconocido para ella, y nunca había estado en la cama con nadie tanto tiempo en su vida. Cautelosamente, comenzó a desenredar sus miembros de Santana.
—Mmmmmm, —protestó Santana agarrándose más a ella. —¿A dónde vas?
—Ducha.
—¿Por qué? ¿Nos vamos? —Preguntó Santana, abriendo los ojos a la luz brumosa que se filtraba por las pesadas cortinas que colgaban a través de la única ventana.
—No nos podemos perder el desayuno con Maddy, —informó Brittany, observando maravillada el precioso cuerpo desnudo de Santana. A la luz del día era aún más bella que la noche anterior, y eso era casi más de lo que Brittany podía soportar.
—Entiendo, —dijo Santana en voz baja, consciente de que la otra mujer la estaba estudiando. Supuso que debería sentirse cohibida, o por lo menos avergonzada, por su pérdida total y absoluta de control de la noche anterior, pero no lo hacía. Cuando tuvo la oportunidad, le devolvió la mirada, confirmando con sus ojos lo que había sentido con sus manos y sus labios horas antes. Brittany era todo músculo tenso y carne suave, y al mirarla, la boca de Santana se secó repentinamente, y otras partes hicieron todo lo contrario. Sus ojos se estrecharon, y apartó con suavidad el rostro de Brittany de ella con un dedo en su mandíbula. —Vaya. Esto podría ser un problema .
—¿Eh? ¿El qué? —preguntó Brittany distraídamente, mientras empujaba las sábanas.
—Tienes una… marca… en el cuello. Oh Dios Brittany lo siento, —confesó Santana desconcertada. No tenía ni la más remota idea de cuando había ocurrido. Yo nunca hago eso. Oh, mierda, ¿qué estoy diciendo? ¡Nunca hago esto!
—No pasa nada, Maddy sabe perfectamente que soy una mujer adulta, —respondió Brittany con su atención puesta en otra cosa. —¿Cuando ocurrió esto?, —preguntó mientras recorría la incisión en la pierna de Santana. La cicatriz aún era gruesa, elevada y roja. Había un ligero hueco en el centro donde el músculo claramente había sido arrancado.
Santana se tensó un poco sin poder evitarlo. —Hace cinco años.
—¿Accidente de coche? —preguntó Brittany suavemente, buscando la mirada de Santana.
—No, —respondió Santana en voz baja, con la garganta apretada. No es que no pudiera hablar de ello, era sólo que cuando lo hacía, una pequeña parte del terror volvía como un visitante no deseado. Estaba mucho mejor de lo que había estado, pero todavía tenía que luchar para no dejar que la reacción involuntaria le asustara. —Accidente de metro.
Brittany frunció el ceño, haciendo cálculos. —¿El que aquí en Manhattan?
—Sí.
—Fue algo terrible, —dijo Brittany con compasión. Y parece que esto también fue terrible. Odiaba pensar Santana herida y con dolor. Incluso ahora, el conocimiento de lo que Santana debía haber sufrido le provocó un nudo en el estómago, y acarició la piel dañada suavemente, deseando poder deshacer el daño.
—Tuve suerte, —dijo Santana. Suerte de salir con vida, suerte que estabas ahí. Se sentó en la cama, tirando de la sábana hasta la cintura. —Recuerdo que desperté en Bellevue. Tú fuiste lo primero que vi cuando abrí los ojos.
Brittany la miró fijamente. —No me acuerdo de ti, —dijo con pesar después de un minuto. —Lo siento.
Santana sonrió. —Me imagino que estabas un poco ocupada ese día, además no creo que recuerdes a todos tus pacientes. Después de la cirugía me llevaron a una habitación en rehabilitación, por lo que ni tan siquiera nos conocimos formalmente.
—Aun así debería acordarme, —insistió Brittany, acariciando con la punta de sus dedos suavemente la mejilla de Santana. —No puedo imaginarme olvidándome de ti. —Ahora nunca lo haré.
Santana se estremeció ante la caricia, su cuerpo se tensó. Estaban muy cerca, sus labios a pocos centímetros de distancia.
—¿Tenemos tiempo? —jadeó Santana mientras observaba como los ojos de Brittany se volvían más oscuros .
—Sí, —dijo Brittany con voz ronca, sin poder apartar la mirada de los labios entreabiertos de Santana, rojos e hinchados. —Sí.
*****
Recogió su ropa desperdigada por la habitación, después de una ducha puramente funcional, la escasez de agua caliente había impedido nada más. Separadas por primera vez en doce horas, Santana observó en silencio como Brittany se secaba con una toalla y se ponía los pantalones vaqueros. La distancia física entre ellas trajo consigo un sentimiento de pérdida y desorientación, que la llevó bruscamente a la realidad. La noche se había ido, y con ella la conexión que habían compartido desde aquel momento en Bellevue, cuando Santana se había rendido a Brittany Pierce primera vez.
—No sé qué decir, —admitió Santana en voz baja mientras se ponía su camiseta. ¿Qué ha significado esto? ¿Qué va a pasar ahora?
Brittany se detuvo con la cremallera a medio abrochar. —¿Necesitas decir algo?
Santana pensó en ello. ¿Debería haberlo, no debería? No eres de las que hacen el amor con alguien durante horas y luego simplemente siguen adelante, ¿o lo eres? Miró a Brittany quien la miraba fijamente. Esperando.
—Sí, lo hay, —dijo Santana. Anduvo los pocos metros que la separaban de Brittany, puso las dos manos en su rostro sosteniendo su mandíbula, y la besó tiernamente. Poco a poco el beso se fue haciendo más intenso, hasta que las manos de Brittany se posaron suavemente en su cintura y la atrajo hacia sí. Se quedaron abrazadas durante un largo rato, disfrutando de la cercanía de sus cuerpos, después de que sus labios se separaran.
Entonces, como de común acuerdo, se dirigieron a la puerta y salieron a la mañana.
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Como soy buena persona XD les dejo una nueva actualización, por cierto este es el ultimo cap que he adaptado asi que me pondré ahora mismo a adaptar pasen buenas noches/madrugadas
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Vie Ago 05, 2016 10:48 pm

Definitivamente pasaron la. Mejor noche de todas jajaja
Ya tenían una especie de pasado las dos... Aunque britt no se acordara...
A ver que pasa ahora.. Llegaran a la casa de la abu de una vez??? Y sobre todo en la vida cotidiana y si aguantan estar separadas??
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Sáb Ago 06, 2016 10:29 pm

Capítulo Veintiuno

Si no hubiera sido por el persistente deseo que la noche anterior había removido, pero apenas saciado, Santana podía haberse sentido arrullada por el sol y el zumbido constante del motor. Pero, con sus brazos alrededor de la cintura de la cirujana, y su aroma inundándola ya que su mejilla estaba casi en el cuello de Brittany, Santana no podía hacer otra cosa que pensar en ella, y pensar en ella siempre llevaba una cascada de imágenes a su conciencia, probablemente, debido a que antes de lo ocurrido anoche había observado a la rubia miles de veces en la cinta, a menudo sin darse cuenta, cuando estaba más expuesta. Cuando era más fascinante. Aquellos destellos de la cirujana se habían quedado grabados en su mente, y ya eran lo suficientemente poderosos por sí mismos para provocarle un nudo en el estómago, pero ahora llevaba a la mujer grabada a fuego en su piel, y en el interior de su cuerpo. La imagen de Brittany desnuda a su lado, encima suyo, le robó el aliento, y amenazó con romper su compostura. Tenía que conseguir tranquilizarse o las iba a avergonzar a las dos.
Brittany sintió como Santana temblaba, y gritó al viento: —¿Estás bien?
—Sí, —gritó Santana. En realidad no, pero lo estaré tan pronto como encuentre mi cordura.
—Enseguida llegamos. —Suponiendo que su pasajera probablemente estuviera agotada, Brittany apoyó una mano enguantada sobre la de Santana que descansaba contra su estómago, para animarla. Le sorprendió, descubrir que le gustaba la sólida presencia de Santana detrás suyo en la moto. A menudo montaba para escapar de su trabajo, dejar atrás las frustraciones de la burocracia, o bloquear algún trauma devastador, pero la mayoría de veces en realidad, montaba porque no podía descansar. Las líneas de la carretera que pasaban por debajo suyo, y las exigencias de la conducción de la gran máquina la relajaban. Curiosamente, la cercanía de Santana logra lo mismo, a pesar de que sentir la peli negra curvada sobre su cuerpo, casi como lo habían estado en la cama un par de horas antes, también hacía algo más que a relajarla. Afortunadamente, su mente estaba más despejada de lo que había estado la noche anterior, ya que la presión de los senos de la morena contra su espalda, dibujó una sonrisa en sus labios y una imagen muy hermosa a su mente, se bendijo porque aquello no afectase a su conducción y las matase las dos. Era un nivel de excitación que podía soportar, al menos eso esperaba. Cuando Santana estaba cerca parecía que no tenía ningún control sobre su deseo, y sobre el aumento de nivel de su excitación, en algunos casos completamente inesperado. Aumento de deseo le parecían palabras demasiado civilizados para lo que Santana le hacía sentir. Un hambre salvaje, un fuego que la recorría violentamente, y la hacía perder todo el control. Tal vez después de aquella noche, la furia hubiera pasado.
No tuvo tiempo de preguntarse si se estaba engañando a sí misma, mientras desaceleraba en el camino frente a la casa de Maddy, y paraba la enorme moto.
—Ya hemos llegado, —anunció, quitándose el casco y colgándolo en el manillar.
—¿Sabe que veníamos? —preguntó Santana preocupada por el retraso, y por su recepción. Estaba empezando a pensar que todo aquello era una broma, o una alucinación. ¿Cómo había llegado a estar en el medio de la nada, con una mujer que hacía que su piel se derritiera, cuando no la hacía enfadar lo suficiente para pensar con claridad?
—Seguro que nos ha oído, —dijo Brittany con una sonrisa, pasó la pierna por encima del asiento, y ayudó a Santana a bajar. Echó un vistazo a la casa e hizo un gesto con la cabeza, —¿Ves?
Efectivamente, cuando Santana siguió su mirada divisó el rostro inconfundible de Madelaine Laine P. —Wow, sigue siendo preciosa.
—Sí.
Maddy caminó rápidamente por el camino de losas para llegar hasta ellas. Se puso de puntillas, besó cariñosamente en la mejilla a Brittany, y tendió su mano a Santana afectuosamente: —Hola. Soy Maddy.
—Hola, —saludó Santana, extendiendo la mano. —Soy Santana López. —Trató de no mirarla fijamente, pero no acostumbraba a conocer todos los días a una gran leyenda del cine. Además, los ojos de la mujer eran del mismo azul profundo, y tan agudos como los de Brittany.
—Supongo que mi nieta te ha tenido toda la noche despierta con una aventura u otra, —dijo Maddy, apretando la mano de Santana suavemente. —Siempre aparece por aquí agotada y muerta de hambre.
—Maddy… —suspiró la oji azul cuando Santana se sonrojó.
—No importa, —dijo Maddy con firmeza, guiándolas hacia la casa. —Entrad y comer algo. Me lo puedes contar todo más tarde.
Cogiendo el brazo de su abuela, Brittany explicó: —Santana es la directora de la que te hablé.
—Ah, —exclamó Maddy, con los ojos brillantes. —Maravilloso. Tengo mucha curiosidad por saber cómo están las cosas en el negocio hoy en día. —Se detuvo en el porche, Brittany, ¿por qué no subes al piso de arriba, y le enseñas a Santana dónde puede darse una ducha? Tendré el desayuno listo para cuando bajéis.
—Sí, señora, —respondió Brittany con una sonrisa mientras su abuela se alejaba.
—¿Madelaine Laine Pierce es tu abuela ? —preguntó Santana en voz baja mientras subían las escaleras.
—La misma.
—Oh, Dios mío, debe tener mil historias que contar.
—Estoy seguro de que las oiremos dentro de nada, —murmuró Brittany, abriendo una puerta en a un lado del pasillo central. —Hay un cuarto de baño contiguo a la habitación. Puedo ofrecerte algo de ropa limpia, si no te importa usar la mía.
—Dios Gracias. Siento como si llevara toda la vida con esta misma, —respondió Santana con gratitud.
— Enseguida vuelvo entonces.
—De acuerdo, —dijo Santana mientras la observaba caminar por el pasillo y desaparecer tras otra puerta. Tuvo un repentino impulso de seguirla, pero en su lugar entró decididamente en la habitación de invitados.
*****
—Entra, —invitó Santana en respuesta al suave golpe en la puerta.
—¿Te sientes mejor? —preguntó Brittany, entrando con un montón de ropa. Tenía el pelo mojado de la ducha, y llevaba pantalones vaqueros y una camiseta limpia.
—Mucho, —dijo Santana, tirando de la parte superior de la toalla más arriba sobre la parte superior de sus pechos, muy consciente de la poca carne que tenía cubierta. Había esperado que cuando volviera a ver a Brittany, algo del efecto perturbador que la cirujana tenía sobre ella hubiera desaparecido. No lo había hecho. Aún la encontraba maravillosa.
Los ojos de Brittany recorrieron con hambre el cuerpo de la morena, y cuando volvieron a la cara de la cineasta, vio como la pelinegra se sonrojaba. —Lo siento, —dijo suavemente. —Estás en desventaja. —Le tendió las prendas a una respetable distancia. —Puede que los pantalones te queden un poco largos, pero…
—Si están limpios serán perfectos, —la interrumpió Santana, cogiendo la ropa agradecida, y llevándola hasta su pecho. Se quedó mirando a Brittany sin saber que decir.
Podía pensar en un montón de cosas que quería hacer, y ninguna de ellas era posible por más razones de las que le hubiera gustado tener en cuenta. No antes del desayuno, y no con Brittany allí de pie, con una mirada en sus ojos que hacía que su ritmo cardíaco se triplicase.
—Nos vemos abajo, —murmuró Brittany, con voz extrañamente tensa. Si no puedo estar en la misma habitación que ella sin querer quitarle la ropa, vamos a tener graves problemas en el hospital. Dios, espero que se me pase pronto.
—Sí, está bien. Ahora bajo.
Santana escuchó sus pasos alejarse, y no había nada que desease más en el mundo que abrir la puerta, y hacerla volver.
*****
—Y entonces, ¿no puedes grabarlo otra vez? —preguntó Maddy, pasando Santana la jarra de zumo de naranja. —Termínatela, eso solucionaría el problema.
—Gracias, —dijo Santana, sonriendo mientras vaciaba la jarra en el vaso. —Bueno…, —continuó, disfrutando plenamente su discusión con Maddy sobre el documental, aunque preguntándose con una parte de su mente, donde se había ido Brittany inmediatamente después del desayuno, —por eso es un proyecto a largo plazo, y filmamos todo lo que podemos. Siempre existe la posibilidad de que no consigamos lo que pensamos obtener, siempre puede surgir algún problema técnico, o salir algo mal que nos haga perder la oportunidad que estamos buscando.
—Tu fotógrafo. ¿También es obstinado y testarudo?
—¿No lo son todos?
—Todos los buenos, —estuvo de acuerdo Maddy.
—De hecho, Quinn es genial. Es independiente, pero siempre está dispuesta a intentar entender lo que estoy pensando, lo que estoy buscando. Estoy perdida sin ella, la quiero en todos mis proyectos.
—Ah, sí, todos los grandes directores forman ese tipo de vínculo con sus directores de fotografía, Scorsese y Ballhaus, Kubrick y Alcott, Hitchcock y Burks, —añadió con una sonrisa, —pero, por supuesto, son de otra época.
Santana se sonrojó. —Me temo que estoy muy lejos de la liga de esa gente.
Maddy sonrió. —Bueno, ellos cuentan con actores que están dispuestos a darles treinta tomas hasta que consiguen exactamente lo que quieren. No me imagino a Brittany cooperando de esa manera.
—Bueno…, —dijo Santana poniéndose aún más colorada, y tratando de pensar rápido, —tiene muchas cosas de las que preocuparse en medio del caos de un trauma. Que la escena salga bien o no, no es una de sus principales prioridades.
—Oh, bien presentado y muy diplomática, —comentó Maddy entre risas. —No hace falta que la defiendas ante mi, y no estaba siendo crítica. Sé como es mi nieta. No deja que nada se interponga en su camino.
Santana sonrió. —No. —Miró el reloj, sorprendiéndose al comprobar que llevaban hablando casi dos horas. Ya era media tarde. Con un sobresalto, se dio cuenta de que en menos de dieciocho horas, deberían estar de vuelta en el hospital durante un día y una noche de guardia. — ¿Te importa si voy a buscar a Brittany? Quiero saber cuándo planea irse.
—Por supuesto que no. Ha sido maravilloso escuchar todo acerca de tu trabajo. Tienes que volver y enseñarme algunas tomas un día de estos.
—Me encantaría, —respondió la morena encantada.
—Si sigues el sonido del martillo, estoy segura de que encontrarás a Brittany, —dijo Maddy cuando Santana salió por la puerta. La observó caminar mientras pensaba en que era una extraña coincidencia, que la primera persona que Brittany llevaba a casa era una directora de cine. Pero imaginaba que tenía menos que ver con eso que con el hecho, de que Santana López era inteligente, muy hermosa, y estaba llena de energía.
*****
Santana la encontró en el interior de un granero, una parte del cual había sido convertido en un garaje. Supuso, que el culo que sobresalía de la persona que estaba inclina bajo el capó de un coche clásico, pertenecía a la rubia, porque no había visto a nadie más en el lugar.
—¿Brittany?
Brittany se enderezó, cogió un trapo cercano, y comenzó a limpiarse cuidadosamente las manos. Se apoyó en el guardabarros del Rolls de época, sonriendo a Santana. —¿Maddy ya te ha aburrido con sus historias?
—No, me he enamorado de ella en dos segundos.
—Le pasa a la mayoría de la gente, —reconoció Brittany.
—Es maravillosa, y era una actriz increíble, —dijo Santana entusiasmada, estaba tan emocionada que se perdió el cambio en la expresión de Brittany. —Se retiró demasiado pronto, en la cumbre de su carrera. Fue una pena, un gran…
Se detuvo, finalmente consciente de que Brittany había palidecido. Santana nunca la había visto angustiada lo más mínimo por nada. Enfadada, sí. Pero aquello no era la ira, era dolor. —¿Brittany? Lo siento … ¿qué pasa?
—Nada, —respondió Brittany con voz neutral. —He llamado al hospital antes mientras estabas en la ducha. Dennis Kline, mi cirujano adjunto, dice que Sam está estable.
—Me alegro, —dijo Santana en voz baja contenta por lo que aquello significaba, pero también muy consciente de que Brittany había cambiado intencionadamente de tema. No podía presionarla, no había sido invitada a compartir ese tipo de intimidades. Casi se rió ante la ironía de que después de todo lo que habían compartido, de estar una dentro de la otra, no podía preguntarle qué era lo que le estaba haciendo daño. Eso le molestó más de lo que hubiera creído posible. —Mañana estamos de guardia ¿verdad? —preguntó finalmente.
—Lo estamos, —dijo Brittany aliviada al estar de vuelta en terreno seguro. —Podemos volver esta noche o mañana temprano.
Santana la miró fijamente, pero no pudo leer nada en su expresión. No podía decir a ciencia cierta si había una invitación en sus palabras, e incluso si la hubiera, se dio cuenta de que no podía aceptarla. No podía pasar la noche allí, existiendo la más leve posibilidad de que pudiera volverse a repetir lo ocurrido la noche anterior. Debido a que ella no sería capaz de decir que no, y no estaba del todo segura de que era conveniente decir que sí. Tenía que conseguir un poco de perspectiva, decidir que iba a decirle a Emily, y averiguar qué demonios estaba sintiendo por Brittany Pierce, y no podía hacer nada de eso si la rubia estaba cerca.
—Prefiero irme esta noche.
—De acuerdo, —respondió Brittany. —Déjame terminar esto y nos vamos. Si quieres echarte una siesta, hazlo en la habitación de arriba.
—¿Tú no estás cansada? —preguntó Santana, consciente de que no había sido invitada a quedarse en el garaje mientras Brittany trabajaba.
—No duermo mucho, —dijo Brittany evasivamente.
—Probablemente estaré arriba, —le informó Santana en voz baja.
—Te avisaré, —Brittany se volvió hacia el motor. No miró como Santana se iba, pero era consciente de cada paso que daba, y también de que ya la echaba de menos.
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Tratare de terminar lo más rápido posible esta historia... disfruten del capítulo
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Mensaje por 3:) el Sáb Ago 06, 2016 11:17 pm

Se va a poner complicado estar en la misma habitación y no saltar una arriba de la otea y sacarse la ropa jajaja
San ya tiene que enfocarse y si es en britt mucho mejor...
Tiene muy buena afinidad san con la abu de Britt...!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Lun Ago 08, 2016 10:37 pm

Capítulo Veintidós y Veintitrés

—Perdona por no haberte devuelto las llamadas, —dijo Santana mientras se unía a Quinn en la cafetería un poco antes de las siete de la mañana —Llegué a casa muy tarde. —Y yo no quería hablar con nadie.
Dejaron a Maddy por la tarde, y el viaje de regreso a Manhattan transcurrió sin incidentes. Si una cortés distancia podía ser considerada sin incidentes, especialmente después de haber estado pegadas la una a la otra, durante más de una hora en la moto. Sus buenas noches fueron igualmente civilizadas y adecuadas.
—Nos vemos mañana, —se despidió Brittany, sin bajarse de la máquina con el motor ronroneando debajo de ella.
—Sí. Gracias por presentarme a Maddy, —respondió ella, de pie en la acera, con las manos en los bolsillos de los pantalones prestados, y su propia ropa enrollada bajo el brazo. —Me ha encantado hablar con ella.
—Ella también ha disfrutado mucho, —respondió Brittany, mientras daba vueltas y más vueltas al casco en sus manos. —Bueno, —dijo poniéndoselo finalmente. —Buenas noches.
—Buenas noches.
Santana la vio alejarse, acelerando haciendo rugir el motor en el silencio de la noche, se reprendió a sí misma por sentirse tan decepcionada. ¿Qué diablos te pasa? ¿Qué esperabas que Brittany te dijera? Nos acostamos juntas. Vale, está bien.
La gente lo hace todo el tiempo. Es natural, normal y no tiene por qué significar nada más allá del momento.
Cuando se dio la vuelta y entró, seguía castigando a sí misma mentalmente por esperar algo más.
—¿Santana?
—¿Hmm? —preguntó Santana distraídamente, con su mente todavía en la imagen de Brittany desapareciendo en la noche y la soledad que había venido después. Un sentimiento extraño para ella. Centrándose en Quinn, se disculpó de nuevo, —lo siento si te he preocupado.
—No pasa nada —le aseguró Quinn rápidamente. —Cuando no supe nada de ti, pensé que necesitabas un descanso de todo esto.
—No de ti, —le corrigió Santana con firmeza. Estudió a su amiga por encima de su taza de café. Quinn parecía tan agotada como se sentía ella, a pesar de que había dormido seis horas seguidas, después de que finalmente había decidido irse a la cama. El sueño no le había hecho sentirse mejor. Eso probablemente fue, porque sus sueños estuvieron poblados por figuras sin rostro, conduciendo a través de carreteras oscuras y tétricos paisajes, que la habían impregnado con una sensación de peligro. Jesús, había sido el clásico sueño angustioso. Qué original. Molesta consigo misma, mentalmente se sacudió el
malestar persiste y se concentró en Quinn. —Decías en tu mensaje que querías hablar de algo. ¿Hay algún problema con el proyecto?
—No, —respondió Quinn con un movimiento de cabeza. Por supuesto, eso sería lo primero que pensaría Santana. A pesar de su afecto, rara vez hablaban de cosas personales. Santana nunca parecía necesitarlo, y su perfecta vida ordenada, hacía que Quinn se sintiera como si fuera una mierda cada vez que tenía un problema. Santana nunca había dicho eso, ni siquiera lo había sugerido, pero de alguna manera, cada vez que Quinn comparaba su propia vida con la de Santana, se sentía inadecuada. —Es… uh… esto no funciona.
—¿Está todo bien?
—Sí, —respondió Quinn en un tono que sugería todo lo contrario, hurgando en la tostada de su plato. —Supongo que sí.
—Quinn, sé que estás mintiendo. Dilo de una vez.
—Bueno, es sólo que… lo que sucedió con Sam. En cierto modo me afectó.
—Normal, —dijo Santana suavemente. —Fue horrible. Y aterrador.
—Quiero decir, —continuó Quinn como si no hubiera oído la respuesta de Santana, con la mirada un poco desenfocada al parecer reviviendo el momento. —Las cosas se han puesto difíciles, una o dos veces. ¿Recuerdas cuando pensamos que los tanques iban a empezar a disparar, justo donde estábamos colocando nuestras cámaras?
—Lo recuerdo.
—Pero no parecía algo personal, entonces, ¿sabes? Casi no parecía real. Fue como, oh oh, estamos en el lugar equivocado, mejor que salgamos corriendo como alma que lleva el diablo. Fue emocionante de una manera loca.
—Tal vez después de que ocurriera lo pareció, —reconoció Santana con una mueca. —Pero durante unos segundos, pensé que iba a gritar o vomitar.
Quinn sonrió débilmente. —Sí, yo también. Pero diez minutos después, cuando todo había pasado y nos dejaron sin nada de película, nos reímos.
—Nervios.
—Puede ser, —dijo Quinn en voz baja, —pero esta vez no me he reído. Ver como alguien a quien conozco casi muere, me asustó.
—¿Necesitas algo de tiempo libre? Puedo ocuparme de la cámara.
—No, es sólo que… creo que he metido la pata.
Quinn parecía tan afectada, que Santana no podía imaginar de que estaba hablando. —Quinn, —dijo suavemente, —¿qué ha pasado?
—Después de que te fuiste a la sala de guardia para esperar noticias sobre Sam… —si Quinn hubiera estado de pie, estaría balanceándose de un pie a otro, pero como no lo estaba, empezó a reorganizar la cubertería repetitivamente.
—¿Sí? —le animó Santana, empezando a preocuparse. —Hey Quinn, vamos. Soy yo.
Avergonzada, Quimm espetó: —Estaba a punto de salir del hospital y me di cuenta de que tenía hambre, así que vine a la cafetería para comer algo, y me encontré con Rachel y bueno empezamos a hablar, y luego nos fuimos a tomar una copa, y luego nos fuimos a su casa, y luego… terminamos en la cama.
Quinn la miró fijamente abriendo y cerrando la boca, incapaz de emitir ningún sonido.
—Joder. Sabía que te iba a enfadar. Nunca había hecho nada así cuando estábamos trabajando, —se disculpó Quinn rápidamente. —Bueno, casi nunca. Una vez con una de las futbolistas, pero ya habíamos terminado el rodaje. Bueno, quiero decir que ya estaba todo casi hecho.
—No estoy enfadada.
—Y una vez en Bruselas, con la operadora aérea, pero no…—Quinn miró. —¿No lo estás?
—No.
—Pero sé lo importante que es para ti, la separación del trabajo y las cosas personales.
—¿Lo es? —preguntó Santana en voz baja, pensando en ello por un minuto como si fuera un concepto nuevo. En realidad era más bien, que para ella no había ninguna diferencia. Su trabajo era algo personal más que eso, era su pasión, y no quería que ninguna desviación extraña, como las relaciones interfirieran en él. Supuso que los demás tampoco lo querían en su vida. —Bueno, a veces las cosas simplemente suceden, ¿no?
—¿Lo hacen?, —preguntó Quinn, con una nota de incredulidad en su voz. —¡Exacto! Lo hacen, por supuesto, que lo hacen.
Santana extendió lenta y cuidadosamente el queso crema en su panecillo, y se preguntó si todo había sido una especie de psicosis en grupo, un salto emocional en el tiempo, un giro extraño de la realidad, como una película de David Lynch. Eso lo explicaría todo. Pero entonces, si ese fuera el caso, debería haber terminado. Y cada vez que pensaba en despertar al lado de Brittany Pierce, su piel se calentaba, y su estómago se giraba. No parecía haber terminado.
—¿Santana? —preguntó Quinn algo desconcertada. —¿Eso es todo?
—La verdad es que no tengo hambre, —anunció Santana, empujando el panecillo. Miró a su amiga, que la miraba con una mezcla de curiosidad y preocupación. Suspirando, preguntó: —¿Estás bien con lo que pasó?
Por primera vez, Quinn la miró como era ella. Se encogió de hombros, y con una sonrisa desenfadada en su cara, respondió: —Bueno, sí.
—¿Y Rachel?
— Eso parece.
—¿Vais a tener algún problema para trabajar juntas?
—No veo por qué, —respondió Quinnn seriamente.
—Entonces no veo ningún problema, —respondió Santana cansadamente mientras se levantaba para irse. —Sólo intenta dejar las cosas personales para el momento adecuado, ¿de acuerdo?
—Hecho, —dijo Quinn rápidamente, recogiendo los restos de su desayuno, y poniéndose de pie también. —Fue sólo, una noche, ya sabes. Una pequeña locura. No es nada serio.
—Sí, lo sé. Sólo una noche. Nada serio.
—Entonces, —dijo Quinn, siguiéndola hasta la papelera. —¿Estás bien? ¿Con lo que pasó?
Santana la miró bruscamente. —¿A qué te refieres?
—Con Sam, —contestó Quinn. ¿Por qué siento que estamos hablando en idiomas diferentes?
—Estoy bien. Venga, vamos a reservar una sala de conferencias. Quiero concertar una entrevista grabada con Rachel, como seguimiento de los disparos. —Sólo necesitaba volver a trabajar, volver a ponerse en marcha. Entonces todo tendría sentido, y si no lo hacía no importaría, porque no tendría tiempo de pensar en ello.
—Buena idea, —aceptó Quinn, encantada de dejar el tema de su indiscreción atrás. También dejaría sus preguntas acerca de qué diablos le pasaba a Santana para otro momento.
*****
Brittany se detuvo cuando alguien la llamó por su nombre, se volvió y sonrió al ver a Alison que se acercaba. —Hola.
—Hola,—dijo Alison con gusto. —Me acabo de encontrar con el residente de cirugía plástica, y dice que están disponibles esta tarde para extraer los injertos de costilla. Quiero operar a ese chico a las dos, si puedes programarlo. Tengo unas horas de oficina hasta el mediodía, y después me gustaría desbridar el coágulo de los senos frontales, para que los plásticos puedan tapar los agujeros con el hueso.
—Tiene mucha fiebre, Alison, —dijo Brittany, apoyando un hombro contra la pared exterior de las puertas dobles de la UCIT. —Y Kline dice que tiene la presión arterial alta desde anoche. No está en las mejores condiciones para la cirugía .
Alison se encogió de hombros y respondió con un deje de irritación en su voz. —Sin agallas no hay gloria, Brittany. No va a mejorar si lo único que nosotros hacemos, es bailar a su alrededor agitando las manos en el aire. Si ese hematoma intradural se convierte en un absceso, no tendrá que preocuparse por su presión arterial porque no va a despertar.
—Adelante, lo programaré,—cedió Brittany, frotándose los ojos brevemente. Estaba cansada y eso era extraño, porque casi nunca era consciente de la fatiga, no importaba el tiempo que pasara sin dormir. Por supuesto, no había podido meterse a la cama después de dejar a Santana en su apartamento. No había sido capaz de dejar de rememorar los acontecimientos de la noche anterior, y al recordar la forma en que se sentía al hacer el amor con Santana, todo su sistema se había puesto a cien. Había estado a punto de subirse por las paredes. Se obligó a centrarse en Alison, y agregó, —Pero solo si se mantiene estable durante las próximas horas, si su presión sube, tendrás que esperar.
—Gracias,—dijo Alison, satisfecha. Su atención se desvió bruscamente, al darse cuenta de quienes eran las que se dirigían hacia ellas por el pasillo. —Tu club de fans ha llegado.
—¿Qué?, —preguntó Brittany, reconociendo el destello depredador en los ojos de Alison. Mirando hacia atrás por encima del hombro sus ojos se encontraron con Santana, que estaba a unos pocos metros de distancia con Quinn a su lado. Brittany sonrió, sintiéndose de repente llena de energía. —Buenos días.
—Hola, —dijo Santana con suavidad, reduciendo el paso mientras se acercaba. Se las arregló para no ruborizarse ante la inesperada mirada intensa de Brittany. —¿Está Rachel…?
—Dentro, —dijo Brittany, haciendo un gesto hacia la unidad con un movimiento de cabeza.
—Gracias.
—No hay por qué.
Brittany siguió con los ojos a las dos mujeres mientras pasaban y desaparecían en el interior.
—¿Cómo te va con ella?
—¿Qué?—preguntó Brittany bruscamente.
—¡Eh tranquila! Sólo preguntaba, —exclamó Alison estudiando a Brittany con los ojos entrecerrados. —¿Están filmando aquí abajo, no? Debe ser un dolor en las pelotas tenerlas todo el día detrás. Si bien, —añadió con una sonrisa sugerente, —el paisaje es agradable.
Brittany trató de ocultar su molestia, aunque no estaba segura de que le molestaba más. La curiosidad de Alison, o la manera en que la neurocirujana había examinado Santana mientras se acercaban. Alison miraba a las mujeres como si fueran un grupo de alimentos exóticos. —La verdad es que no es un problema. Santana está trabajando con un equipo reducido, y no interfieren en la formación de Rachel.
—Santana. Es la atractiva morena, ¿verdad? —preguntó Alison.
—Sí.
—Está muy bien. ¿Es gay?
—Joder, Alison, —dijo Brittany con enojo. —¿No puedes parar?
—¿Por qué, te alteras Brittany?,—preguntó Alison con una carcajada. —A ti también te he dicho que eres genial y que me gustas. Tomaré eso como un sí.
—¿Por qué mejor no se lo preguntas a ella? —replicó Brittany.
—Puede que lo haga,—respondió Alison pensativamente, —ya que parece que a ti no te puedo tentar.
—Tengo que volver al trabajo, —gruñó Brittany, ignorando el comentario.
—Si no me dices lo contrario, daré por hecho que seguimos adelante con la intervención.
—De acuerdo.
Alison observó como Brittany daba un impaciente empujón a las puertas dobles, y se preguntó que había dicho exactamente para hacerla enfadar tanto. Lo que estaba pasando, tenía algo que ver con esa pelinegra encantadora. Tal vez la preciosa cineasta estaba interesada en cenar con ella. Miró su reloj y suspiró. Bueno, aquella intrigante posibilidad tendría que esperar hasta más tarde, pero sin duda era un pensamiento muy agradable.
*****
—¿Podemos hacer esto en algún lugar menos formal?, —preguntó Quinn, inspeccionando la sala de conferencias con disgusto. —Esto parece una sala de juntas.
—Tienes razón . Demasiado impersonal, —aceptó Santana, y se giró para mirar a Rachel. —¿Tienes alguna idea ?
—¿La azotea?
—Sí, —dijo Santana con una inclinación de cabeza. El santuario favorito de Brittany. Era difícil no dejar que imágenes de la cirujana inundaran su mente, Brittany empapada de sudor
y exuberante con una pelota de baloncesto en las manos, pensativa bajo la luz de la luna intentando relajarse durante la guardia…, pero se las arregló para mantener los recuerdos lejos y centrarse en el trabajo. —Filmaremos con el horizonte y el helipuerto de fondo. Buena idea , chicas.
Quinn levantó su cámara y las tres se pusieron en camino.
*****
Entrevista - Dra. Rachel Berry
06 de agosto - 14:00
—¿Qué pensaste cuando esos chicos armados entraron en la zona de admisión de trauma?, preguntó Santana. —Observó por el rabillo del ojo que Quinn le hacía un gesto con el pulgar hacia arriba, indicándole que el sonido y la imagen estaban bien.
—Al principio no pensé en nada, —admitió Rachel. —Aprendes a no prestar atención a la actividad periférica cuando estás operando o en medio de una crisis. La gente entra y sale de la sala de operaciones, el radiólogo puede estar trabajando en tu paciente, el anestesiólogo dándole indicaciones a algún estudiante a tu lado… No importa, tienes que ignorarlos.
Con la espalda contra la repisa de cemento que rodeaba la azotea, y el pelo castaño hondeando al viento, Santana pensó que Rachel todavía parecía la joven atleta que había enamorado al país durante las Olimpiadas. Pero ahora tenía pequeñas arrugas en las esquinas de los ojos, y había algo en su mirada que antes no estaba. Cicatrices de batalla. —¿Cómo se filtran esas cosas?
Rachel se encogió de hombros. —Te olvidas de todo, excepto del momento. Los problemas con la hipoteca, con el coche, con tu pareja… dejan de existir. Sólo estás tú y el caso. —Sonrió, esta vez la sonrisa llegó a sus ojos. —Ahí es donde estaba. Concentrada en el paciente, sin registrar nada más.
—Así que durante unos segundos no te diste cuenta de lo que estaba pasando, —continuó Santana, recordando vívidamente la conmoción en la puerta, los gritos y a Sam ...
—No hasta que oí el disparo. Eso llamó mi atención. Cuando era adolescente competía en tiro con pistola. Sé como suena un arma.
—¿Incluso cuando está tan completamente fuera de contexto?
Rachel hizo una mueca. —Un hospital no es una iglesia, no hay nada sagrado aquí, sólo la vida y la muerte. He tratado a un montón de delincuentes arrestados mientras cometían sus crímenes. He atendido a pacientes esposados a las barandillas, con policías armados montando guardia a su alrededor. En cuanto oí el disparo, supe que estábamos en problemas .
—¿Y tu reacción? ¿Qué te hizo ponerte entre el pistolero y tu paciente? ¿Qué te hizo poner en peligro tu vida? —¿Qué le hizo a Brittany poner en peligro la suya?
—Fue totalmente automático, instintivo, —explicó Rachel rápidamente. —Ni tan siquiera pensé en ello.
—Tiene que haber algo detrás de esa reacción, ¿el deseo de proteger a tu paciente?
—Me gustaría poder decir que lo había, —dijo Rachel, pareciendo incómoda por primera vez, —pero no intentaba ser un héroe. Simplemente… era mío, ¿sabes? Yo fui la primera en atenderlo, era mi paciente, mi responsabilidad salvarle la vida. —Rachel sacudió la cabeza con tristeza, y fijó su mirada en el horizonte, detrás de Santana. —Si hubiera tenido tiempo para pensar, no sé qué habría hecho.
—Aun así, hiciste algo muy valiente, Rachel, —dijo Santana con suavidad, dándose cuenta de que al parecer, hablar de cirugía era mucho más fácil para Rachel, que analizar aquellos momentos altamente emotivos .
—Quizá. Pero no puedo tomar mucho crédito por ello. Ya te he dicho que ni siquiera lo pensé, actué.
—Pero es lo que debemos hacer cuando no tenemos tiempo para racionalizar, e incluso puede que esos actos sean los que de verdad digan quienes somos, ¿no crees? —preguntó Santana.
—Sí, puede ser, —Rachel respondió en voz baja. —Lo que hizo Pierce, eso sí que fue valiente. Sabía que ese chico había disparado a Sam, sabía que quería matar a mi paciente, y sabía que probablemente iba a disparar a alguien más, pero eso no le impidió ponerse delante de ti.
—No, —dijo Santana en voz baja, —no lo hizo.
—Sólo puedo decir una cosa, —dijo Rachel enfáticamente, —Brittany sabía exactamente lo que estaba haciendo. Siempre lo hace. Eso es valiente .
Y tú tienes un pequeño caso de culto al héroe, pensó Santana con cariño, pero no pudo evitar preguntarse si realmente Brittany había actuado deliberadamente y no por instinto. ¿Y si lo había hecho? ¿Qué significaría eso ?
—Las dos merecéis mucho crédito, —fue todo lo que dijo Santana, mientras levantaba una mano para indicarle a Quinn que la entrevista había terminado.
—¡Vaya!, exclamó Rachel, sacudiendo los hombros para eliminar tensión. —Esto destroza los nervios. Es bueno que seas tú quién está detrás de la cámara, Fabray.
—¿Ah, sí?, —preguntó Quinn juguetonamente. —¿Y eso?
—Confío en ti para que me hagas quedar bien en la cinta.
—Bueno, es todo un reto, pero lo intentaré, —respondió Quinn, pensando en que Rachel no necesitaba nada para salir bien. Muchas mujeres giraban la cabeza al verla pasar tal y como era. Cuando el documental se emitiera, tendría cientos de peticiones de citas. Quinn consideró la revelación por un segundo, y llego a la conclusión de que era algo bueno no querer tener nada a largo plazo con ella. Sí, no quería, seguro.
*****
Anotación Del Proyecto Personal, López
07 de agosto - 12:20a.m.
Al parecer, esta es una de esas aberraciones que suceden con suficiente frecuencia, que ni Rachel ni Brittany parecen sorprendidas por ella. En concreto, no ha pasado nada en toda la noche. Bueno, nada en comparación con como han sido las otras noches de guardia. Alrededor de las ocho de la tarde llegaron dos heridos en helicóptero tras un accidente menor, ambos fueron evaluados, examinados con rayos X, y trasladados a planta para pasar la noche en observación, sin requerir cirugía. Además, poco después de las once un hombre joven llegó en ambulancia, con la mandíbula rota de una pelea de bar. No tenía otras lesiones. Se contactó con cirugía plástica, para programar la intervención para la mañana siguiente. Y había sido todo.
Rachel se ha ido hace unos minutos a dormir un poco, y creo que voy a seguir su ejemplo. Sin embargo, tengo la incómoda sensación de que falta algo. Rachel ha comentado, que ya que tenía que estar de guardia, prefería hacerlo trabajando. Es mejor estar toda la noche en la sala de operaciones en vez de intentando dormir, mientras esperas a que en cualquier momento te avisen y tengas que salir corriendo, dijo. Trabajar en lugar de dormir. Es asombroso cómo toda tu vida se transforma en este lugar .
Santana apagó la grabadora y pensó en lo que acababa de decir. Oh sí, la vida sin duda cambia por completo en este lugar. Con un suspiro, se levantó y se dirigió a su habitación.
*****
07 de agosto - 03:13 a.m.
Hacía mucho que había dejado atrás la media noche, y no podía dormir. Quinn estaba respirando suavemente en la oscuridad de la habitación, claramente en el sueño de los benditos. O al menos descansando la mente. Santana había intentado entretenerse con los planes para el guion, y las secciones de edición de la cinta que había examinado el día anterior, cualquier cosa que pudiera ocupar su mente y ayudarla a relajarse. Sus trucos habituales no ayudaron. Después de cuarenta minutos infructuosos, pensó que iba a empezar a maldecir en voz alta. Fue entonces cuando se decidió a ir en busca de compañía. Una de las cosas que había aprendido es que en el hospital, siempre había alguien en pie. Las enfermeras del turno de noche siempre estaban alegres y con energía, porque para ellas se trataba de su jornada laboral habitual. Por lo general siempre había uno o dos residentes de cirugía en la sala de quirófano, esperando para empezar alguna intervención, o relajándose después se haberla terminado. Si hubiera sido una semana antes, Sam habría estado en la zona de admisión de trauma, la revisando formularios, reponiendo materiales, o simplemente esperando el inevitable momento en que el teléfono o la radio, anunciaran que llegaban pacientes. Pero, por supuesto, ahora Sam no estaba allí.
A pesar de que sabía que él no iba a estar, miró de forma automática a la zona de trauma, mientras caminaba por el pasillo hacia los ascensores. Las luces del techo estaban apagadas, pero una fila de fluorescentes bajo los armarios en la pared por encima del gran mostrador, donde los médicos y las enfermeras hacían todo el papeleo, le proporcionaron la luz para poder ver la figura inclinada sobre el tablero de ajedrez.
Desde la puerta, Santana preguntó en voz baja, —¿planificando tu próximo ataque?
Brittany se volvió al oír la voz de Santana, levantando una ceja respondió: —Nunca está demás planear minuciosamente tu estrategia, ¿no crees?
—¿La verdad? —dijo Santana encogiéndose de hombros. —No lo sé. Nunca he tenido una en lo que se refiere al ajedrez. —Y ahora que lo pienso en cualquier otra cosa, excepto en el trabajo.
—No, me imagino que no lo necesitabas.
Brittany observó las sombras oscuras bajo los ojos de Santana, y la caída cansada de sus hombros. —Pareces agotada. ¿No deberías estar descansando? —dijo suavemente.
—No puedo. Ya lo he intentado. — Santana se apoyó en la puerta, observando que Brittany se veía más o menos como siempre, serena y tranquila. Era exasperante, parecía que nunca nada la perturbaba. —Sabes, creo no recuerdo que te haya visto irte a la cama ni una sola vez.
—¿No? —Preguntó Brittany, juguetonamente.
Santana se sonrojó, recordando claramente a las dos durmiendo la una en brazos de la otra. —Me refiero a cuando estás trabajando.
Santana se sorprendió de que Brittany mencionara la noche que habían pasado juntas. Por alguna razón, pensaba que simplemente la olvidaría, a pesar de que ella no podía olvidarla. ¿Estaba equivocada al pensar que Brittany la había olvidado, o al menos quería hacerlo?
—¿Te apetece una partida? —preguntó Brittany, señalando el tablero. No era el momento ni el lugar para explicaciones, y dudaba que alguna vez lo fuera.
—¿Por qué no?
—Bueno, una buena razón podría ser que mi ego es frágil, y no puedo asumir perder tantas veces, —comentó brittany con indiferencia. —Por otro lado, teniendo en cuenta que estás tan cansada que estás a punto de caer, tengo la esperanza de poder aprovecharme de ello.
—Sé que no lo harías, —dijo Santana suavemente mientras se acercaba, recordando la forma casi cortesana, en que Brittany le había ofrecido la ropa prestada, aquella mañana después de la ducha. Había sido tan conmovedor, como desgarrador, porque lo único que quería era que Brittany la tocase. Sólo quería una excusa para dejar caer la toalla. Hasta ahora nunca había lamentado las decisiones que había tomado, ni las cosas que había dejado de hacer. —Eres demasiado caballerosa para aprovecharte de mi. Como si leyera la mente de Santana, Brittany recordó aquellos momentos en casa de Maddy, cuando su deseo se peleó con la precaución, y fue su turno de sonrojarse. Mientras Santana se acercaba, se imaginó a la Pelinegra fresca de la ducha, con la piel enrojecida por el calor, con pequeñas gotas de agua todavía sobre su cuerpo. Locamente deseable. Ansiaba tocarla con tanta fuerza como lo había hecho ese día.
—A veces me arrepiento de precaución, —murmuró, sin darse cuenta de que había hablado en voz alta.
—¿En serio? —Santana preguntó desde muy cerca.
—Sí, —susurró Brittany, mirando a los ojos cafés de Santana.
El tiempo se detuvo, se hizo incandescente con el anhelo del deseo mudo, flotando en el aire a su alrededor. Santana sonrió con nostalgia, y Brittany le devolvió la sonrisa con una leve curva de la boca, que hablaba de incertidumbre y pesar.
—¿Jugamos? —preguntó Santana.
—¿Está segura?
—Sí.
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Bueno aquí les dejo un nuevo cap espero lo disfruten
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Mensaje por 3:) el Lun Ago 08, 2016 11:33 pm

Britt sintiendo celos de alison por querer algo con san???
Es bueno que quinn le haya dicho a san lo que paso con rachel... Aunque ella no le haya hecho...
Ya es dificil que estén separadas una de las otra... Y mas ahora jajaj
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Mensaje por micky morales el Mar Ago 09, 2016 8:47 pm

No se que decir de san y britt, en cambio pienso que rachel y quinn tienen como mas posibilidades en este momento, tomando en consideracion que santana tiene una novia y britt no lo sabe!!!! hasta pronto.
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