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FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Miér Ago 10, 2016 10:25 pm

Capitulo Veinticuatro

—Jaque mate.
—No.
—Lo siento.
Brittany se echó hacia atrás en la silla con un suspiro, arqueó la espalda para estirar los músculos agarrotados, y se frotó la cara con fuerza con ambas manos. —Ha sido patético.
—No es verdad, —dijo Santana con sinceridad. Miró a la rubia fijamente, y agregó. —Y lo sabes.
—Bueno, —Brittany sonrió, —hubiera sido menos patética si hubiera ganado una partida al menos.
—Has estado… cerca.
—Ajá, —asintió la cirujana. —Cerca es la palabra clave. Usted no hace prisioneros, Srta. López.
—No creí que quisieras que lo hiciera.
—No lo hago. Quiero ser asesinada de manera limpia y con el menor sufrimiento posible.
—Lo recordaré, —respondió Santana con una leve sonrisa. Miró el reloj, ya que lamenta que su interludio privado, pronto se vería interrumpido por la rutina de la mañana. En cualquier momento, Brittany le diría que tenía que irse a la UCIT para las rondas, y el encanto y la conexión se rompería. Le extrañó, lo relajada que había estado Brittany las últimas horas. De todas las cosas que Santana podría decir de la formidable cirujana, relajada no era una de ellas. Había sido muy agradable, estar a solas con ella de esta manera.
—Vamos a tomar el aire, —sugirió Brittany repentinamente, reacia a decir adiós. No necesitaba mirar a el reloj para saber la hora, de hecho, ella nunca usaba uno. Siempre lo sabía. —El sol está a punto de salir.
Santana estaba demasiado sorprendida por la invitación, para responder con algo más de un asentimiento con la cabeza, cuando Brittany se puso de pie. ¿De dónde saca la energía ? pensó.
Con una gran sonrisa en la cara, caminó rápido para mantener el ritmo, resistió el impulso de acercarse más y coger su mano, sólo para tocarla.
Unos minutos más tarde se encontraban una al lado de la otra, apoyadas en pared en la azotea con los brazos cruzados, mirando como el color amenazaba con estallar en el cielo. Era curiosa la serena forma en que transcurrían esos últimos momentos de la noche, justo antes que llegara la mañana, y trajera el caos y las exigencias del día.
—¿Qué vas a hacer hoy? —preguntó Santana, mirando a la cirujana. Probablemente no debería preguntar, pero no podía evitarlo. Quería saber dónde iba Brittany, que hacía cuando se ponía los vaqueros y salía por la puerta. ¿En quién piensas? ¿Quién te toca?
—¿Después de las rondas? —preguntó Brittany pensativa, mirando al frente, cogida por sorpresa por la pregunta. —Pasaré por la oficina, hablaré con Naomi. Me aseguraré de que todo está bajo control allí, y si luego no hace demasiado calor, tal vez vaya a correr por el parque. —Volvió la cabeza para estudiar Santana. Me gustaría coger la moto y poner rumbo a cualquier lugar, siempre y cuando estuvieras conmigo. Quiero sentirte apoyada en mi espalda, envolviendo tus brazos alrededor de mí. —¿Y tú?
—Quinn y yo revisaremos algunas imágenes. Me pasaré por la oficina, me pondré al día con mi secretaria y el equipo de producción. Me aseguraré de que todo está bajo control. Y si no hace demasiado calor por la tarde, tal vez vaya al gimnasio.
Brittany sonrió un poco de tristeza. —Esto da miedo, ¿sabes?
—Sí, —aceptó la morena solemnemente. —Lo sé.
—¿Puedo invitarte a comer en algún sitio? —preguntó Brittany impulsivamente. Antes de que hubiera tiempo para una respuesta, el sol coronó detrás del hombro de pelinegra, y la luz le bañó un lado de la cara haciéndola resplandecer. Suavemente, sin pensar, Brittany murmuró: —¡Dios, eres preciosa.
—El aire debe tener algo aquí arriba… —susurró Santana, viendo como la mirada de ojiazúl dejaba su cara, y recorría su cuerpo, —que afecta al juicio, hace que lo pierdas.
—¿Sólo yo?, —preguntó Brittany, acariciando suavemente con los dedos la mandíbula de Santana, jugueteando con la punta del dedo en la esquina de su boca. —¿O eso te incluye a ti, también?
—Definitivamente me incluye a mí, —dijo Santana con voz ronca, volviendo la cabeza para atrapar el dedo de Brittany entre sus labios, y morderlo suavemente.
—Entonces… creo, —Brittany se quedó sin aliento, —que estaremos a salvo… si… si nos mantenemos juntas.
—Usted Dra. Pierce… —declaró Santana con una sonrisa juguetona, acercándose y colocando ambas manos en la parte posterior de su cuello, —está cualquier cosa menos a salvo.
Sus labios estaban demasiado cerca para nada más, el beso comenzó con hambre y rápidamente necesitaron mucho más, sus cuerpos se fusionado con pasión, en un abrazo salvaje, carne con carne, perfectamente unidas por el deseo y la necesidad. Santana gimió, deslizó las manos bajo la camisa de la cirujana loca de deseo por acariciar su piel, y empujó sus caderas firmemente atizando el fuego.
—Haces que me vuelva loca, —jadeó Brittany en la oreja de Jude. —Como nadie. ¿Lo sabías?
—¿Se supone que debo pedir disculpas? —murmuró Santana, lamiendo suavemente el cuello de Brittany. —Porque no tengo ninguna intención de hacerlo. —Tenía problemas para mantener el equilibrio porque sus muslos temblaban, y una parte de su cerebro registró una peligrosa oleada de sangre en un lugar muy concreto entre sus piernas, casi perdió el sentido, y le zumbaron los oídos cuando la mano de Brittany se deslizó hacia arriba para ahuecar su pecho. Estaba a punto de perder el control por completo, pero el último fragmento de cordura que le quedaba se rebeló, y gimió con voz ahogada, — No puedes hacerme esto aquí.
—¿Por qué no? —gruñó la rubia contra su boca. —Dame un minuto.
Santana se balanceó hacia atrás, con ojos nebulosos. —Porque no solo tardaremos un minuto.
—Incluso mejor.
—Brittany, —advirtió la morena sujetando la mano de Brittany con la suya, —si sigues así, tendrás que llevarme en brazos por las escaleras. No seré capaz de andar.
—Ahora no puedo, —murmuró Brittany, mirando los labios de Santana e imaginándolos en su carne, lo que hizo que otra ola de líquido empapara sus bragas. —Estoy demasiado caliente, demasiado hinchada y…
Santana apretó con los dedos los labios de Sax. —Para. En serio. No. —Sintió la curva de la sonrisa de Brittany bajo sus dedos. —Dios mío…
—¿Qué?
—Tus ojos se han vuelto purpura, —susurró Santana.
—Estaba imaginando tu boca sobre mí, y…
—Basta, —gruñó Santana. —Lo digo en serio. Voy a tener un derrame cerebral.
—No pasa nada. Soy médico.
—Te deseo, —dijo Santana sin tapujos, con la mirada clavada en Brittany. —Te deseo tanto que no puedo pensar. Pero sé, que no va a ser suficiente. No voy a ser capaz de parar si empezamos.
—¿Cuándo? —pidió Brittany con urgencia. —¿Esta mañana, esta tarde? Olvídate de la comida. Podemos…
—Brittany, —la interrumpió Santana suavemente: —Hoy no puedo. He quedado…
Los ojos de Brittany se oscurecieron con algo que podría haber sido decepción, pero antes de que Santana pudiera explicarse, el busca sonó.
—Hijo de puta, —maldijo Brittany alejándose, y Santana supo, que cuando volvieran a encontrarse, habría pasado el momento de las explicaciones.
El día había amanecido con una venganza.
*****
07 de agosto - 11:47 am
Santana estaba desnuda junto a la cama, solamente con una toalla cubriendo su pelo mojado, cuando la puerta de la sala de guardia se abrió.
—Oops, lo siento, — dijo Quinn, retrocediendo rápidamente y cerrando la puerta.
—No pasa nada, Quinn, —gritó Santana. —Me estoy vistiendo.
Poco a poco, Quinn volvió a entrar, sonriendo tímidamente. —Perdona, no lo sabía.
—¿Y qué si lo sabias? —espetó Santana enfadada. —Dios, ya no somos adolescentes que miran a escondidas, y juegan a tientas con el amor.
Quinn se quedó boquiabierta y sin palabras, al ver la furia que había en los ojos de Santana
Santana tiró la toalla al suelo, y se puso la ropa interior antes de mirar a Quinn de nuevo. Cuando vio la expresión afectada de su amiga, se detuvo, con una pierna metida en sus pantalones vaqueros, y la otra todavía desnuda. —Lo siento, Quinn. Maldita sea, perdóname, —dijo suavemente.
Melissa se sentó en el extremo de la otra cama y miró a Santana muy seria. —¿Quieres decirme qué está pasando? Estas alterada desde que llegaste ayer por la mañana, pero esto… nunca te he visto así.
—¿Están Brittany y Rachel todavía en quirófano con la herida de bala?
—Sí, y ya estás cambiando de tema. O quieres evitar la pregunta, o estás enfadada con una de las dos.
Santana sonrió de mala gana. —En realidad con ninguna de ellas. Estoy enfada porque tengo una cita para comer con Emily y quería ver a Brittany antes de irme, y si está operando no voy poder hacerlo.
—¿Quieres que le dé un mensaje?
—Sí, dile que estoy loca por ella, y que voy a perder la cabeza si no me vuelve a poner las manos encima pronto.
Quinn la miró, asombrada. Lo que había dicho Santana, estaba tan fuera de ella, que ni siquiera podía sentir celos. —¿Um… a quién dices que quieres que le de ese mensaje?
Durante un largo momento Santana se quedó en silencio, las palabras que había pronunciado hacían eco en su cabeza. Y fue claramente consciente de que había querido decir cada una de ellas. Suspiró con algo muy cercano a la paz. —Brittany.
—Whoa.
—Ajá, —aceptó Santana, sentándose junto a Quinn en la cama.
—¿Cuánto me he perdido? —Preguntó la rubia. —¿Cómo, cuándo, dónde, y de dónde demonios ha salido eso?
—Hace dos días, en un motel, y no tengo ni idea.
—Oh, Dios mío. Eres mi reina.
Santana se echó a reír. —Confía en mí, no me quieres cerca de la manera que me estoy sintiendo en estos momento.
—¿Cuál es?
—Totalmente diferente a mí. Loca, con todas mis terminaciones nerviosas en tensión, completamente irracionales, en carne viva. No sé qué me pasa.
Bueno, llegó la maldita hora. Quinn escogió sus palabras con cuidado, ya que lo único que le importaba eran los sentimientos de Santana. —¿Qué dice Pierce de todo esto?
—Nada.
—¿Nada? —preguntó Quinn con incredulidad. —¿No habéis hablado de ello?
—No, exactamente no, —respondió Santana. —Bueno, exactamente no, de verdad. Salió de la nada, y luego las dos nos quedamos… No sé, nos dio miedo, tal vez. Estaba superada por la manera… por la fuerza de lo que sentí. Como increíblemente… increíblemente, no se ama…
—Me hago una idea, Santana, —la interrumpió Quinn secamente.
—Lo siento, Quinn. No sé cómo explicarlo, porque nunca he experimentado nada tan desconcertante e inesperado.
Amor, Santana. Eso es amor.
Quinn se levantó y empezó a andar, tratando de separar su propia decepción subyacente, de su deseo de ser su amiga. En su interior siempre había sabido que nada volvería a pasar entre ellas, que su pasión no era correspondida por Santana, pero al verla ahora, al escuchar su charla sobre Pierce, sintió que la había perdido. Tratando de mantenerse enfocada, le preguntó. —¿Y tienes que ver a Emily hoy?
Santana miró su reloj. —En exactamente veintisiete minutos. Me tengo que ir .
—¿Ya sabes que le vas a decir? —preguntó Quinn cuando Santana empezó a recoger sus cosas para irse.
—La verdad espero, en cuanto averigüe cual es.
*****
Emily dejó el tenedor y llamó al camarero. —La cuenta, por favor, —pidió cuando él se acercó. Mientras la revisaba, dijo sin levantar la vista: —Vamos a pasear, y me cuentas de que tienes que hablar conmigo.
—Emily…, —comenzó Santana, dejando los cubiertos a un lado.
—Me has llamado porque querías hablar conmigo, —señaló Emily razonablemente mientras ponía la cuenta y el dinero sobre la mesa. —Por lo que veo no estás interesada en la comida. Además es la segunda vez que no comes nada, voy a empezar a tomármelo como algo personal. Salgamos de aquí.
Jude no podía estar más de acuerdo, por lo que siguió a Lori fuera hacia el sol del mediodía. —Vamos a buscar un poco de sombra en el parque, —sugirió. Cruzaron la calle del Hotel Plaza, y se dirigieron hacia Central Park.
—Buena idea. Entonces, ¿qué te pasa? —preguntó Lori mientras caminaban.
Santana tenía intención de contarle todo lo que sabía, y no conocía otra manera de hacerlo, salvo que decirlo directamente. —He conocido a una mujer. No estamos saliendo exactamente, pero me he acostado con ella, —comenzó vacilante, mirando a Emily, sin saber qué esperar.
—Adelante, —dijo Emily suavemente, con expresión seria.
—Yo, yo quiero seguir viéndola, —continuó Santana, con sus sentimientos cada vez más claros mientras hablaba. Se rió despectivamente. —Ya sabes que no soy buena haciendo juegos malabares con dos relaciones. Joder, no soy buena ni siquiera con una. Quería que supieras lo que estaba pasando.
—¿Por qué no nos sentamos aquí?, —dijo Emily cuando Santana terminó de hablar, señalando un banco de madera a la sombra de un arce. Extendió un brazo sobre el respaldo del banco y miró a Santana fijamente. —Tengo la sensación de que no me va a gustar a dónde va esto.
—Sé que muy repentino. Que no te he dado ninguna señal.
—Eso no es lo que he querido decir, —dijo Emily rápidamente. —Me alegro de que me lo estés diciendo. Eso no es lo que me preocupa
Santana la miró, completamente confundida.
—¿Es la primera vez que te acuestas con alguien desde que salimos? —Preguntó Emily.
—Sí, —respondió Santana. —¿Por qué?
—Nunca dijimos que seríamos monógamas. He estado con otras personas en los últimos meses. No es constante, pero sí de vez en cuando. Cuando estabas fuera o simplemente… ocupada. Suponía que tú estabas haciendo lo mismo cuando no te veía en un tiempo.
—Yo no he estado con nadie, —dijo Santana encogiéndose de hombros. —La verdad es que estaba ocupada, y lo que había estaba bien.
—Entonces, ¿qué ha cambiado? ¿Por qué no podemos seguir viendo a otras personas? No me importa que te acuestes con alguien más… —comenzó Emily, rió brevemente, y rectificó, —bueno, me importa un poco, pero si esperara que fuésemos monógamas, te lo hubiera dicho. Me encanta tu compañía, y sabes que te quiero en mi cama. No tenemos porque cambiar eso.
Santana sonrió, porque todo lo que Emily había dicho tenía sentido, y ella lo entendió perfectamente. Pero sabía, no, sentía, que lo que había sido suficiente antes no lo era ahora. —Esto puede sonarte completamente ridículo, porque también me gusta estar contigo, y siempre hemos disfrutado mucho físicamente, pero yo… yo sencillamente ya no puedo. Me parece que no puedo dejar de pensar en ella.
—Entiendo, —dijo Emily suavemente, escuchando el temblor en la voz de Santana y sabiendo lo que había dejado sin decir. —Es serio.
—No lo sé, —confesó Santana. —Tal vez no para ella, pero sin duda para mí sí. Necesito saber qué está pasando, y no creo que me sienta cómoda estando contigo hasta que lo haga.
—No puedo decir que no me importa, —admitió Emily apoyando los dedos en el hombro de la morena. —Te echaré de menos, Santana. Si las cosas no salen como esperas, si no va a ninguna parte, ¿me llamarás? Tenemos algo que funciona. Me gustaría que siguiera así si puede ser.
—Lo siento, si te he hecho daño. —Dijo Santana en voz baja,
Emily sacudió la cabeza, sonriendo con tristeza. —Nunca te he pedido más, porque quería mantener las cosas sin complicaciones entre nosotras. Ha sido mi elección. —Hizo una pausa, pensando en lo que acababa de decir, preguntándose, si había sido totalmente sincera con ella. —Si has encontrado algo que no puedes dejar marchar, no lo hagas. No renuncies a ella.
Santana se inclinó y la besó suavemente en los labios. —Gracias.
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Bueno aquí les dejo el cap... vamos a flashear (imaginar) un poco que fanfic o adaptaciones les gustaría que las Brittana interpretaran en la vida real ya sea tipo una película/serie o telenovela según la historia que ustedes quieren ? (me explico XD )
- A mi me gustaría mucho que se hiciera tipo una serie de el fic AMOR ENTRE DIOSAS, 5 AVENIDA NEW YORKINA, SOMEWHERE ONLY WE KNOW, PASIÓN POR LA DANZA..
tengan buena noche =D
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Miér Ago 10, 2016 10:47 pm

Esta bien la sinceridad de san ante emily con respecto a tener algo mas con britt....
Ya es impoccible que se separen una de la otra...
Ammm no se, noe gusto la parte del beso!...
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por micky morales el Miér Ago 10, 2016 11:36 pm

Bueno, terminar con emily resulto mas facil de lo que espere, aunque creo que el beso de despedida estuvo de mas!!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Jue Ago 11, 2016 11:43 pm

Capítulo veinticinco

—Lo siento, no puedo darle ese número.
—Mire, —dijo Santana, tratando valientemente de contener su temperamento, al tiempo que se recordaba a sí misma que no era culpa de Naomi Riley que ella no pudiera encontrar Brittany. —Es importante que hable con ella. Si no me puede dar su número, ¿qué tal si se pone en contacto con ella y le dice que me llame?
—Sí, puedo hacer eso. Pero tengo que advertirte, que es muy posible que haya salido de la ciudad y no responda.
—¿Podría darme el número de su abuela, entonces? —Intentó Santana.
—Me temo que no es posible, —respondió la secretaria de Brittany, con un tono claramente más frío. —Srta. López, son las cinco pasadas, la doctora Pierce abandonó el hospital poco después de que terminó en quirófano. Ha estado de guardia la noche anterior, y no espero de vuelva al hospital durante al menos veinticuatro horas. Todo lo que puedo hacer por usted, es intentar ponerme en contacto con ella.
—Está bien, lo entiendo. Apunte mi número, 212-555-1783. Si la localiza dígale que es importante, por favor.
Dos horas más tarde, Santana seguía paseándose por los confines de su apartamento, esperando a que sonara el teléfono. Lo racional sería simplemente, esperar hasta la próxima vez que estuviera de guardia con el equipo de trauma, y tratar de encontrar tiempo para hablar con Sax. Que más daban cuarenta y ocho horas más o menos, tampoco tenía que esperar mucho. Excepto que sabía que no podía, en lo único en que podía pensar, era en los últimos momentos en la azotea, la forma en que se había sentido abrazando el cuerpo de Sax contra el suyo. El hambre que aún no se había ido. Pero no sólo estaba ansiosa por ver a Sax, por las sensaciones físicas que recordaba y anhelaba. Aquellos segundos fugaces, cuando el dolor y la decepción habían parpadeado través de los ojos normalmente cautos de Brittany, la atormentaban. No podía soportar aquel malentendido ni un momento más. Ni siquiera le importaba que aquello no tuviera ningún sentido, muy pocas cosas lo tenían casi desde que la había visto por primera vez. Tal vez desde el primer instante en que había abierto los ojos, sola y dolorida, y encontró algo sólido a que agarrarse, en la mirada fija y serena de Brittany Pierce. Cuando había empezado, donde había empezado, cómo había empezado, nada de eso importaba ya. Lo único que sabía era que quería estar con ella.
Cuando aceptó que Brittany no iba a llamar, Santana entró en su dormitorio, y metió algo de ropa en una bolsa de viaje. Cogió las llaves del coche, una chaqueta ligera y se dirigió hacia la calle confiando en que su sentido de la orientación no la hubiese abandonado.
*****
Santana llamó tímidamente a la puerta, conteniendo la respiración mientras trataba frenéticamente de pensar en un saludo, o algún tipo de explicación que tuviera sentido. Desgraciadamente no lo hizo, y cuando Maddy abrió la puerta, Santana se limitó a decir. —Ya sé que es tarde, pero, ¿está aquí?
—Sí, —dijo Maddy, como si fuera la cosa más natural del mundo para ella de recibir visitantes nocturnos, o que su nieta apareciese despeinada, llena de polvo, con la mirada atormentada, y desapareciese inmediatamente en el granero.
—Está en la parte trasera montando un escándalo, y al parecer se ha olvidado de la cena. —Estaría agradecida si consigues que entre a cenar.
—Lo intentaré, —dijo Santana, algo avergonzada. No podía imaginar que pensaba Madelaine Lane Pierce de ella presentándose de esa manera. Pero la sonrisa y la calidez en la voz de la otra mujer, alivió algo de su ansiedad. Eso, y el consuelo de haber encontrado realmente a Brittany, al final de aquella búsqueda mal planeada, le hicieron plantear la siguiente pregunta. —¿Está bien?
—Esa es una pregunta a la que no sé cómo responder, —dijo Maddy con sinceridad. —Pero algo me dice que va a estar mucho mejor ahora. ¿Por qué no vas a buscarla y le dices que estás aquí? Cruza la casa, sal por la cocina, y luego sigue el ruido.
—Gracias, —dijo Santana con una sonrisa.
Los sonidos de martillazos la llevaron a través de la oscuridad por el patio, hacia una luz que brillaba por unas rendijas de la puerta lateral. La abrió con cuidado y entró
en el interior poco iluminado. Brittany estaba al otro lado de la habitación, de espaldas a la morena, clavando una hoja de madera contrachapada en la ventana.
—¿Brittany? —la llamó Santana.
Brittany se quedó quieta con el martillo en la mano, el antebrazo izquierdo apoyado contra la madera, y un largo clavo entre el pulgar y el índice. La singular voz de la morena, rica y suave, se acercó a ella como una caricia. Sin girarse dijo. —La ventana estalló en una tormenta. Estoy cubriéndola hasta que pueda poner una nueva.
—¿Necesitas ayuda?
—No, —respondió Brittany suavemente. Introdujo el clavo, y dejó cuidadosamente sus herramientas en un banco de madera a su derecha. Se giró con expresión cautelosa. —¿Cómo has llegado hasta aquí?
—Tengo muy buena memoria para los sitios. Sólo tengo que ir una vez, y ya puedo dibujar la ruta en un mapa.
—Ahora entiendo. Eso probablemente explica por qué eres tan buena en el ajedrez. Eres capaz de predecir los movimientos futuros, tan solo con echarle un vistazo a la posición de las piezas, —reflexionó Brittany. Descansó sus caderas contra la mesa detrás suyo, y deslizó las manos en los bolsillos.
Santana se encogió de hombros asintiendo. —Puede, parece ser que tengo las vías ópticas extremadamente desarrolladas. Probablemente esa es la razón, por la cual ser directora tiene un poderoso atractivo para mí.
—Eres una mujer fascinante de muchas maneras, —dijo Brittany en voz baja, casi para sí misma. Miró a Santana atentamente. —¿Qué haces aquí?
—No hemos terminado nuestra conversación de esta mañana, —dijo Santana uniformemente mientras cruzaba la habitación, evitando cuidadosamente la caja de herramientas abierta, y los tablones de madera apilados en el suelo. Esperaba que su voz sonara con más confianza de la que sentía, porque estaba cualquier cosa menos segura de su bienvenida, y Brittany, como siempre, era muy difícil de leer.
—¿Qué conversación? —Preguntó Brittany, observando el acercamiento de Santana, y sintiendo que el ambiente se calentaba. O tal vez era ella.
—En la que querías comer conmigo, pero yo no estaba libre. No he tenido oportunidad de explicarte por qué.
—No es necesario que me des explicaciones, —dijo Brittany, tratando de mantener la voz serena, cuando Santana se paró a pocos centímetros de ella. Era difícil pensar con claridad con ella tan cerca. De hecho, se le estaba haciendo muy difícil concentrarse en cualquier cosa, cuando Santana estaba cerca. —Un simple no, es todo lo que necesitas. Si te hice sentir incómoda, lo siento.
—Sabes muy bien lo que me hiciste sentir, —espetó Santana, su paciencia había llegado a su fin. —Aunque no nos hubiéramos acostado una vez, y prácticamente hubiésemos hecho el amor otra vez con la ropa puesta, en la azotea de un edificio donde por cierto cualquiera podría haber entrado, incluso así, querría que supieras por qué rechacé tu invitación.
—Santana, —Brittany dijo con cansancio: —¿No se te ha ocurrido que no quiero saberlo? Quiero dejar de querer tocarte cada vez que te veo, pero es imposible. Quiero dejar de pensar en ti, incluso cuando estamos juntas, pero no puedo. Quiero dejar de soñar contigo por las noches, pero lo sigo haciendo. Así que tal vez no quiera saber nada de tu novia.
Por un segundo, Santana no supo qué decir. Finalmente, preguntó: —¿Por qué no me dijiste nada de eso la noche que estuvimos juntas? Entonces te hubiese dicho que sí, que estaba saliendo con alguien, pero que no estaba… joder, no sé, comprometida, supongo que ese es el término.
—Porque no me di cuenta de lo mucho que deseaba que sucediera hasta que sucedió, —respondió Brittany, sacó las manos de los bolsillos y se las puso en los costados. —Y
me asusté, no estaba segura de querer que volviera a suceder.
El estómago de Santana se apretó cuando se dio cuenta, de que quizá era solo ella la que quería seguir adelante, pero tenía que saberlo, por su salud mental. —¿Por qué? ¿Qué te asusta?
—Porque me haces olvidarme de todo, —susurró Brittany con voz ronca mirándola fijamente a los ojos. —Contigo me olvido de dónde estoy, me olvido de ser precavida. Haces que me olvide de todo menos de lo caliente que me pones, y en cómo… —Brittany se pasó una mano temblorosa por la cara, y miró más allá del hombro de Santana hacia su pasado. —Me haces sentir… tanto.
—No está mal, ¿verdad? —preguntó Santana con suavidad. Cogió la mano de la rubia y entrelazó sus dedos con los suyos cerrando la distancia entre ellas, moviéndose más cerca hasta que sus muslos se tocaron ligeramente. —Tú también me haces sentir cosas. Cuando estoy contigo, siento que todo lo que soy está en su lugar, en su tiempo, da igual que estemos en la cama, o simplemente juntas. Me veo a mi misma cuando estoy contigo, sin todas mis reglas y formalidades, yo soy yo cuando estoy contigo. Toda yo, y me gusta sentirme así.
—Tengo miedo de lo que siento, —dijo Brittany desesperadamente. Si no hubiera tenido detrás la mesa de trabajo, habría dado un paso atrás, porque sentir a Santana contra su cuerpo hacía que su sangre ardiera. Y no podía pensar, y entonces no podía aferrarse a su control.
—¿Por qué? ¿Qué crees que va a pasar?
—He trabajado muy duro para construir una vida segura, —dijo Brittany, con tono forzado mientras luchaba por ignorar, la forma en que sus manos se estremecieron bajo el ligero toque de Santana. —Todo parece ir bien si no siento mucho, todo está bajo control entonces. Pero tú haces de todo una locura, no, tú haces que me vuelva loca.
Santana miró a Brittany fijamente, empezando a sospechar que la mujer, estaba hablando de algo más de lo que estaba pasando entre ellas. Estaba temblando, y Santana nunca había visto así, no importaba el estrés, no importaba el cansancio, no importaba lo presionada que estuviera. —Dime por qué te da miedo, —susurró.
—Dios, eres la mujer más persistentes que he conocido, —gruñó Brittany riendo tímidamente. No tenía la fuerza para irse, y no podía mentirle. Respiró profundamente, y porque realmente no sabía qué otra cosa hacer, dijo. —¿Sabes quién es Robert West?
—Eh…—tartamudeó Santana, cogida por sorpresa por la pregunta. —¿El de las empresas del oeste? ¿El consorcio internacional del comercio, Fortune Five Hundred?
—Sí.
—Sé quién es. Quiero decir, quien no lo sabe.
—Es mi padre.
Santana la miró, confundida. —No entiendo.
—Mi nombre es Brittany Susan Pierce West. Pierce es el apellido de soltera de mi madre, el apellido de Maddy, también.
—Por supuesto, —murmuró Santana, luchando por dar sentido a la abrupta conversación. —Lane es nombre artístico de Maddy, ¿no es así?
—Sí, —respondió Brittany, —pero lo lleva usando años, incluso en privado. Estoy segura de que la mayoría de la gente ha olvidado, que ella una vez fue Madelaine Pierce.
—Espera, tú usas el apellido de tu madre. ¿Por qué?
—Porque se cambió legalmente cuando Maddy se convirtió en mi tutora. Yo tenía quince años en aquel entonces. —Brittany tragó. Era aún más difícil de lo que había previsto, nunca lo había dicho en voz alta ante nadie.
Santana trató frenéticamente de recordar lo que pudo sobre la dinastía de la familia West. Por lo que ella sabía, Robert West aún vivía, aunque no podía recordar si había mención a algún niño los artículos que había leído. Quince. Había dicho que tenía quince años. Algo le llamó la atención en eso, y calculó mentalmente. —Cuando Maddy se convirtió en su tutora, dejó de actuar, ¿no?
—Sí, —dijo Brittany en voz baja.
—¿Por qué?
—Porque yo tenía problemas… Cerró los ojos un instante, y cuando los abrió, estaban llenos de lágrimas.
—Brittany, —murmuró Santana cogiendo la otra mano de la rubia, acunándolas suavemente entre las suyas. —No tienes porque contarme esto. No, a menos que quieras. Veo lo que te duele.
—No, —se opuso Brittany, descansando su frente brevemente contra la de Santana, —me duele más mantenerlo en secreto.
Santaa levantó la cabeza, y le dio un cariñoso beso en los labios antes de instar suavemente: —Entonces dime.
—No puedo explicarlo por completo, nadie ha sido capaz de explicármelo a mi. Cuando era un niña, pensaban que tenía un problema de aprendizaje…
—¿Tú? —preguntó Santana con incredulidad. —Lo siento, no quería interrumpirte, pero ¿por qué? Quiero decir, he visto tu CV. Te he visto trabajar. Joder, he jugado al ajedrez contigo.
Brittany se encogió de hombros, incómoda. —Mi capacidad de atención era limitada. Era muy activa, hiperactiva al parecer, y no me desenvolvía muy bien en las pruebas estándar. Finalmente, cuando tenía nueve años, los médicos decidieron que tenía un trastorno de déficit de atención, y comenzaron a tratarme con medicamentos. El problema era que yo no tenía un trastorno neurológico, por lo menos no en el sentido patológico. Parece ser que tengo un sistema nervioso muy sensible. No duermo mucho, y cuando lo hago, los patrones de REM se aceleran extraordinariamente. Evaluaciones psicológicas especializadas, finalmente demostraron que asimilaba la información más rápido de lo normal, por lo que cuando era niña, lo que todos interpretaron como una falta de atención era aburrimiento.
*Las siglas REM hacen referencia a: Rapid eye movement ('movimiento ocular rápido', la fase del sueño durante la que suceden los sueños más intensos).
—¿Cuánto tiempo necesitaron para darse cuenta de eso, —preguntó Santana. Su coeficiente intelectual debía ser increíblemente alto
—Mucho tiempo, —confesó Brittany, con un tono de angustia provocado por los recuerdos aún dolorosos.
—Brittany, —dijo Santana, empezando a asustarse. La cirujana sudaba, pero la habitación estaba fría. Estaba pálida, casi gris. —Tal vez deberíamos entrar. Me lo puedes contar en otro momento.
—No, quiero terminar.
—Muy bien. Por supuesto, —dijo Santana rápidamente.
—Bueno, —continuó Brittany, secándose con impaciencia las lágrimas que brotaron, —los medicamentos sólo lo empeoraron. Las drogas funcionan bien para algunos niños, los que tienen conexiones neuronales inmaduras o alteradas, pero no lo hicieron con las mías, no eran anormales, sólo diferentes. Cuanto más mayor me hacía, en más problemas me metía, porque las drogas psicotrópicas estaban alterando la química de mi cerebro. —Miró a Santana, con una tristeza casi palpable. —Era un círculo vicioso. Cuanto más trataban de controlarme con medicamentos, peor me sentía. Parte de ello por la dependencia física, y otra parte por la toxicidad del fármaco. Finalmente… me rompí.
Santana puso sus brazos alrededor suyo, y la atrajo hacia sí, abrazándola con fuerza, tenía el pecho tan dolorido que no podía hablar. No se lo podía creer, ni siquiera podía imaginar lo asustada que Brittany debía haber estado, lo confusa, lo sola. Cuando pensó que podía hablar sin voz temblorosa, se echó hacia atrás para poder ver el rostro de Brittany, pero la mantuvo firmemente entre sus brazos. —¿Y luego?
Brittany se encogió de hombros, con la voz un poco más fuerte. —Los doctores pensaron que estaba teniendo un brote psicótico y mis padres me internaron. Afortunadamente, lo primero que se hace en esos casos, es quitarte todos los medicamentos, y una vez lo hicieron, empecé a entrar en razón. Tan pronto como empecé a sentirme normal, me negué a tomar ningún medicamento en absoluto. Hubo una gran batalla entre Maddy y mis padres acerca de qué hacer conmigo, porque me negué a ir a casa. Además no era fácil mantener algo como aquello en secreto cuando eres un magnate de la industria de alto perfil, y mi padre era muy paranoico, sobre cualquier sospecha de inestabilidad mental en la familia. Estuvieron de acuerdo que me quedara con Maddy.
—Gracias a Dios, —susurró Santana con vehemencia.
—Me costó mucho tiempo estar segura de que no iban a venir y encerrarme, llevarme lejos, y me costó aún más tiempo sentir que podía confiar en mí misma, confiar en mi vida.
—¿Alguien más lo sabe?
—No, —dijo Brittany. —Estoy bien. Sin embargo, podría ser difícil para mí, supongo, si alguien me lo quiere poner difícil. Realmente no pienso mucho en ello.
—No tenías que contármelo, —dijo Santana, acariciando el pecho de Brittany, deseando desesperadamente poder consolarla . —Pero me alegro de que lo hayas hecho. ¿Tú?
—Sí, —dijo Brittany sin dudarlo. —Te lo he dicho porque… porque eres la primera persona con quien he querido pasar más de una noche. Pero…
—¿Pero?, —preguntó Santana, con temor a que la respuesta le doliese.
Brittany se rió, y esta vez la risa llegó a sus ojos. —Pero espero que ahora entiendas, por qué me preocupa que me hagas hacer locuras.
—Brittany, —murmuró Santana mientras se inclinaba para besarla, retrocediendo después de un segundo a susurrar: —Puede que te vuelva loca… —la besó de nuevo. Después de un largo minuto, se las arregló para agregar a través del nudo que se había formado en su garganta por el deseo: —Espero hacerlo… un poco al menos. —Deslizó sus manos por la espalda de Brittany, levantó sus ojos hacia los azules, y dijo con firmeza: —Pero eres es la persona más cuerda que he conocido.
Y entonces la besó de nuevo.
*******************************************************************************************************Bueno a pesar de que no estoy de un buen humor y no tenia pensado subir cap hoy aquí les dejo una actualización espero les guste
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Mensaje por micky morales el Vie Ago 12, 2016 7:33 am

Pues gracias a Dios que no estabas de buen humor, ahora si podran estar juntas, no esta emily y no hay secretos, a ver como lo llevan!!!!
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Mensaje por 3:) el Vie Ago 12, 2016 1:41 pm

Son complicadas las patologias neuronales h por suerte para britt sacandple el batallon de medicamentos se recupero..
Es bueno que le haya contado lo mas complicado que paso britt... y qie tengan la confianza que necesitan... ya digo que van a ser pareja digo no??
Bendito sea tu bien humor jajajaj
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Mensaje por Caritovega el Mar Ago 16, 2016 3:08 pm

Capítulo veintiséis

Brittany no estaba segura de cuánto tiempo duró el beso, pero cuando por fin, volvió a darse cuenta de lo que la rodeaba, sus piernas temblaban, y se había olvidado de todos y cada uno de los motivos por los que estar con Santana López era una mala idea.
—Lo estás haciendo otra vez, me estás volviendo loca, —murmuró Brittany, rozando con sus labios el borde externo de la oreja de Santana.
—Oh que bien, —susurró Santana contra su cuello. —Tenía la esperanza de que pasase.
—Lo has conseguido entonces.
—¿Hay alguna manera de que podamos seguir haciendo locuras? —Preguntó Santana, apoyándose con fuerza en el cuerpo de Brittany, adorando su fuerza sólida. —¿O hay que volver a casa y ser sociables? Maddy esperaba que te convenciera para ir a cenar.
Brittany deslizó sus manos bajo la camisa de la morena y acarició suavemente con los dedos su estómago y sus costados, dibujando varias veces la parte inferior de sus pechos. Sonrió cuando Santana se apretó aún más contra ella, respondió en voz baja: —La única cosa de la que tengo hambre por ahora es de ti.
—Rachel dice que tienes unas manos increíblemente hábiles y rápidas, —jadeó Santana, metió la mano entre sus cuerpos, y acarició a Brittany por encima de sus pantalones vaqueros.
Brittany tragó audiblemente, sus ojos se nublaron al sentir las caricias de Santana. Con voz ronca, le preguntó: —¿Eso dice?
—Ajá, —afirmó Santana, pellizcando la costura de los pantalones de Brittany con las uñas y apretando ligeramente. —Eso es lo que dice.
—Bueno, es muy inteligente…, —Brittany cogió aire con dificultad, presionando con insistencia su centro contra la mano de Santana, meciéndose en su palma. Estaría en problemas si no tenía cuidado, pero se sentía demasiado bien para parar, y había estado esperando ese momento desde que se habían separado dos noches antes. —Así que si eso es lo que dice, debe estar en lo cierto.
—Demuéstramelo.
Santana apretó y Brittany gimió, cerró los dedos alrededor de los pechos de Santana, satisfecha al oírla gemir fuertemente. Revisó desesperadamente el granero, pero no pudo encontrar un lugar lo suficientemente limpio, y lo suficientemente cómodo para hacer el amor con Santana, hasta que bajo la bóveda vio a la respuesta. Cerró las piernas, cogió la mano que la estaba llevando rápidamente a un punto álgido, y la apartó de su cuerpo. Enredó sus dedos con los de Santana, y dijo con urgencia. —Vamos.
—¿Qué? —preguntó Santana con asombro, desconcertada, con su atención todavía centrada, en la manera en que los dedos de Brittany habían apretado sus pezones. Pero no tuvo más remedio que seguirla, porque la rubia ya estaba tirando de ella a través del granero.
—Espera, —murmuró Brittany tanto a sí misma como a Santana, cerrando sus piernas temblorosas lista para estallar en llamas en cualquier momento. Sacó un llavero del bolsillo delantero de sus vaqueros, y apuntó con el mando a distancia al elegante Rolls Royce sedán gris oscuro.
—Tienes que estar bromeando, —exclamó Santana mientras las luces brillaban dos veces, y el ruido sordo de los seguros de las puertas abiertas llegaba a sus oídos. —Creo que nunca lo he hecho en asiento trasero de un coche, ni cuando era adolescente, y ya estoy demasiado vieja para hacer ejercicios gimnásticos ahora.
—No tienes idea de lo que son por dentro, —dijo Brittany. Se apresuró a abrir el maletero del coche, y sacó una gran manta de franela. —Para casos de emergencia, —comentó al abrir la puerta trasera. Extendió la manta en el asiento, se volvió y estiró la mano diciendo: —¿Quiere venir conmigo, Srta. López?
Riendo en voz alta, Santana cogió la mano que le ofrecía, y se deslizó en el espacioso asiento trasero junto a Brittany. —Esto es una locura. Lo sabes, ¿verdad?
—Eso ya te lo dije, —respondió Brittany, con solemnidad. Mirándola a los ojos, se echó hacia atrás contra el asiento de cuero y tiró de Santana hacia su regazo.
Santana pasó sus brazos alrededor del cuello de Brittany y se fundió con su cuerpo, buscando sus labios con intensidad urgente. Debajo de ella, Brittany abrió las piernas y Santana encajó sus caderas en la V estrecha entre los largos muslos. Brittany levantó las caderas para satisfacer sus impulsos, mientras sus lenguas se envían promesas de placer que estaban por venir. Cuando los besos se convirtieron frenético y el aire se espesó por el hambre, Santana se apartó un instante, se quitó la camisa y la dejó caer. Un segundo después, la boca de Brittany estaba en su pecho.
Su pezón se endureció inmediatamente, y Santana gritó cuando una ola de excitación recorrió su cuerpo, casi haciéndole perder el sentido. Agarró con las dos manos el pelo de Brittany, y apretó la cabeza de la cirujana fuertemente contra su pecho. —Muérdeme, —susurró con urgencia. Contuvo la respiración en un gemido suave cuando Brittany obedeció, y sintió sus dientes cerrándose dulcemente en su endurecida prominencia. Cerró los ojos, deseando rendirse al calor y la furia de las necesidades ignoradas durante mucho tiempo. —No te puedes imaginar… lo… lo que me haces, —murmuró débilmente, apoyando su mejilla contra el pelo de Brittany.
—Oh, sí, puedo, —dijo Brittany, con voz profunda y segura. —Lo sé… —mordió un poco más fuerte, —Puedo hacer que…—mordió otra vez. —Te corras…—Y otra vez. —
Ahora… —Mordió una vez más, y la embistió con sus caderas firmemente.
—No lo hagas… —susurró Santana, con la voz quebrada cuando sus entrañas empezaron a vibrar. —Todavía no.
—No, —gruño Brittany, cogió a Santana en sus brazos, y se movió rápidamente en el asiento hasta que Santana quedó debajo, con sus piernas entrelazadas. —Todavía no.
Mordió su cuello, el ángulo de la mandíbula, la comisura de su boca, sus labios, no lo suficientemente fuerte para causar un moratón, y retrocediendo antes del dolor. La deseaba, deseaba poseerla, devorarla, llevarla más allá de la cordura, la deseaba tanto que casi le dolía. Sentía que su corazón iba a explotar. Temblando de deseo, movió sus labios lentamente por el de cuerpo de Santana, abrió la cremallera de sus pantalones, y siguió lamiendo, besando su cuerpo, hasta que quedó entre las piernas de la pelinegra. —Levanta las caderas, —susurró. Tiró de la prohibitiva tela hacia abajo firmemente, hasta que se deshizo de ella, apoyó sus manos en el interior de los muslos de Santana, presionó firmemente con los dedos extendidos abriéndola, y bajó su boca para encerrar su clítoris.
Tirando suavemente entre los labios, saboreando su excitación, Brittany gimió, y su mente se disolvió. Santana se arqueó bajo la boca de Brittany, todas sus fibras se contrajeron, con la exquisita sensación de placer. —Ve despacio, —murmuró, —es tan bueno …
Brittany ya estaba perdida. Siguió el ritmo de los latidos del corazón de Santana, estuvo a punto sólo con el sonido de sus gemidos suaves, todo dejó de existir menos la mujer que se retorcía bajo sus labios. Hermosa, hermosa, hermosa… Cuando Santana se corrió en su boca, la mente de Brittany floreció, absorbiendo cada fragmento del momento, atesorando cada sonido, el olor, el temblor. Gimió, retorciéndose dentro de sus pantalones vaqueros, la pasión de Santana se extendió a lo largo de sus nervios, y encendió su propia necesidad. Sus muslos se temblaron, su estómago se apretó, y se corrió pisándole los talones de la liberación de Santana.
*****
—Sabes, —murmuró Santana, —si te sigues corriendo sin ni siquiera tocarte, voy a empezar a sentirme innecesaria.
—Créeme que no lo eres, —le aseguró Brittany, sonriendo mientras se movía en el amplio asiento, atrayendo a Santana entre sus brazos. —No sé que me pasa cuando te toco. Me…
Santana se mordió el cuello. —Ya sé … vuelves loca.
—Sí, eso, —afirmó Brittany.
—Bueno, entonces, vamos a ver lo que pasa cuando yo te toco, —reflexionó Santana, abriendo el primer botón de la bragueta de Brittany. — Igual te controlas un poco más.
—Yo… no… creo… que pueda, —advirtió la ojiazúl mientras Santana metía la mano dentro de sus pantalones vaqueros. —Todo lo que tiene que ver con mi sistema nervioso es rápido. La mayoría de las veces, no tengo nada que decir al respecto.
—Inténtalo.
—Santana, —protestó Brittany, cuando los dedos de la cineasta la agarraron con firmeza y su cabeza casi explotó. —Jesús … espera. Dame un minuto.
—Está bien. Cincuenta y nueve, cincuenta y ocho … —entonó Santana, puntualizando cada número con una rápida caricia en la húmeda abertura de Brittany.
Brittany apretó los dientes, y trató de recordar el horario de sus convocatorias de las próximas tres semanas. Cuando eso no ayudo a disminuir la presión que aumentaba rápidamente entre sus piernas, repasó el presupuesto trimestral. No hubo suerte. —Para … un segundo, —suplicó.
Santana cedió. El corazón de Brittany le latía con tanta fuerza bajo su mejilla, que casi era aterrador. —¿Estás bien?
—Sí. Oh, sí, —Brittany consiguió alejarse del precipicio. Respirando profundamente, añadió, —Es sólo… que a veces mis rápidos reflejos son un problema, ¿sabes?
—Entiendo. ¿Tiene eso algo que ver con no dormir, y toda esa inagotable energía que tienes? —preguntó Santana, aquietando su movimiento, pero manteniendo su mano sobre ella.
—Probablemente. Me olvido de todo, hace que pierda el control… y no quiero, no contigo. —Tragó saliva, apretó los labios en la sien de Santana, y susurró. —Quiero sentirlo todo.
—Eso podemos arreglarlo, —murmuró Santana. Deseaba con todas sus fuerzas poder proporcionárselo. Con cuidado, volvió a empezar, haciendo más leves sus caricias, calmando su pasión agitada. Aflojando cuando sentía temblar a Brittany, la condujo poco a poco cada vez más alto, sintonizando sus movimientos al ritmo de la cadencia del corazón de Brittany. —Avísame cuando estés cerca.
Sin decir palabra Brittany asintió, sintiendo a Santana junto a ella, dentro de ella, interponiéndose entre ella y el olvido, guiándola con seguridad hacia casa. —Voy a correrme… Con lo que estás haciendo.
—¿Estás lista? —preguntó Santana en voz baja, pero ya sabía la respuesta. Todo el cuerpo de Brittany temblaba, cada fibra a estaba a punto de romperse. Ya estaba allí.
—Sí…
Se quedó sin habla ante la avalancha de sensaciones, ocultó su cara en el hombro de Santana, gritando fuertemente, y se corrió.
*****
—¿Tienes alguna idea de la hora qué es?
—Once menos cuarto, —respondió Brittany.
Santana se dio la vuelta y levantó la cabeza, mirando hacia la estantería de herramientas, en la tenue luz que se filtraba desde el granero adyacente al garaje adjunto. Después de un segundo, volvió a recostarse sobre el pecho de Brittany. —Notable.
—Mucha gente puede hacer eso, —murmuró Brittany, ajustando su espalda para que la maneta de la puerta no se le clavara en el omóplato.
—¿Siempre eres tan precisa? —preguntó la morena, apoyando la mano sobre el vientre desnudo de su amante.
—Sí.
—¿Eso tiene algo que ver con tu… acentuado sistema nervioso?
—Probablemente. Tenemos todo tipo de señales en nuestro entorno, de las que no nos percatamos que nos permiten orientarnos en el tiempo y el espacio. Para mí, la información sensorial se procesa y clasifica muy rápidamente, de forma automática, sin ni tan siquiera yo prestarle atención.
—Eso no es peligroso, ¿verdad? —preguntó Santana en voz baja, incapaz de olvidar la historia de Brittany siendo hospitalizada. —Quiero decir, no puedes terminar… sobrecargada… o algo así, ¿verdad?
Brittany apretó los labios en la frente de Santana, y le acarició la mejilla con suavidad. —No. No mientras mi sistema no se altere de alguna manera. Soy muy sensible a cualquier tipo de droga, pero lo sé, y tengo cuidado de evitarlas.
—Y … uh … ¿sexualmente? ¿Estás siempre preparada?
Brittany se sentó un poco más erguida en el asiento para poder mirar a Santana a la cara. —Si me estás preguntando si mi respuesta sexual es indiscriminada, la respuesta es no. Admito que es conveniente para poder aliviar la tensión física, y el estrés con un orgasmo rápido y fácil. Esa noche me viste en el bar…
—No estoy hablando de eso, —dijo Santana con rapidez, a pesar de que se había preguntado, si su intimidad física significaba tanto para Brittany como para ella. Estaría mintiendo si dijera, que no esperaba que aquello fuera algo más, que un revolcón casual para la cirujana. Mientras que antes, recordar a Brittany recibiendo placer de una mujer anónima la excitaba, ahora la idea casi la volvía loca. No estaba del todo segura de poder soportar la idea de que nadie la tocara. Aun así, reconoció que no tenía derecho a hacer que Brittany se sintiera incomoda. —No estaba hablando de tu relación con otras mujeres.
—¿No lo hacías? —respondió Brittany suavemente, pasando sus dedos por el borde de la mandíbula de Santana. —Está bien, vamos a hablar de ello. Nunca le he dado mucha importancia a las relaciones sexuales, ya que nunca han significado nada para mí, eran biología. Eso es lo que viste. Fue orgasmo. Fue una liberación momentánea, un instante de evasión. En cuanto acabó, yo ya lo había olvidado. Eso no es lo que es esto, Santana, —mantuvo la barbilla de Santana en la palma de su mano, y le sostuvo la mirada con feroz intensidad. —Cuando yo… estoy contigo, siento que me cuesta respirar. Cuando me tocas, llegas a lo más profundo de mí. Cuando mis manos están sobre ti, siento como si algo en mi interior se rompiera, y me duele tanto creo que me estoy muriendo. Y nunca he sido tan feliz.
Santana se quedó en silencio un largo rato, luchando con unas emociones tan inesperadas, y tan poderosas que la dejaron sin habla. Nunca había deseado nada tanto como que las palabras de Brittany fueran verdad. La intensidad de su anhelo era aterradora, más aún porque no tenía ningún sentido en absoluto. Nunca se había imaginado desear a nadie, necesitar a nadie, tanto. Estaba aterrorizada de creer una sola palabra de lo que Brittany había dicho, y aún más aterrorizada de pensar que sus palabras podrían no ser verdad. Finalmente, con voz temblorosa, dijo, —no me importaría ser yo la única en agotar tu sistema nervioso a partir de ahora.
Brittany se rió y la atrajo hacia sí. —Tengo la sensación de que vas a agotar mucho más que mi sistema nervioso. —Luego, con un tono completamente en serio, añadió: —No puedo imaginar que nadie más me haga sentir como tú lo haces. No deseo a nadie más. Y quiero pasar todo el tiempo contigo, o un montón de tiempo. Joder, no tendrás ni que preocuparte de dónde voy a estar por las noches.
—Brittany, no te lo pediría, —murmuró Santana en voz baja, —si no estuviera loca por ti.
Brittany quedo muy quieta. Las palabras de Santana hicieron eco primero en su mente, luego llenaron su corazón, y finalmente tocaron su alma. —Yo no haría la promesa si no sintiera lo mismo.
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Bueno aquí les dejo un cap, espero les guste
Por cierto Heather y Naya cada vez están mas hermosas
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Mensaje por 3:) el Mar Ago 16, 2016 8:06 pm

me encanta cuando estan juntas,..
me gusto su especie de declaración de amor por así decirlo!!! jajaj
britt y tiene a alguien que la controle en todos los sentidos!!
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Mensaje por micky morales el Miér Ago 17, 2016 5:52 pm

Me encanta como van las cosas, ellas sincerandose y HEATHER Y NAYA mas que hermosas, unicas y perfectas!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Vie Ago 26, 2016 11:07 pm

Capítulo veintisiete

Una tenue luz brillaba en la cocina, y varios platos cubiertos esperaban en la mesa. El aroma del pollo y manzanas al horno casi llenó de lágrimas los ojos de Santana. El reloj marcaba las doce y media.
—Tengo tanta hambre, —anunció con fervor.
—¿Quieres comer aquí, o vamos a tomar algo a nuestra habitación? —Preguntó Brittany, levantando la tapa de una cacerola y apreciando el olor.
Santana la miró especulativamente. —¿Nuestra habitación?
—¿Piensas en serio que te voy a dejar dormir en cualquier parte, excepto conmigo esta noche? —preguntó Brittany con una expresión divertida en su rostro. —Y no sé si el Rolls cumplirá su propósito por la noche.
—Bueno… yo no había pensado en nosotras… ya sabes, durmiendo juntas. Aquí, quiero decir.
—No me había dado cuenta de que fueras tan tímida, —se rió Brittany, disfrutando del rubor que cubrió las mejillas de Santana, y deleitándose también de los signos de su reciente acto sexual. El pelo de Santana estaba despeinado, la camisa arrugada, y sus labios morados e hinchados. Al recordar la manera en que esos labios se habían burlado de ella, la habían atormentado, y finalmente entregado a ella, la boca se le secó y sus rodillas se debilitaron. Joder, estoy tan tan perdida. De pronto se olvidó por completo de la cena, y avanzó hacia la morena, con ojos voraces.
—Si nos metemos en la cama juntas, tengo la intención de pasar la mayor parte de la noche haciendo el amor, —anunció Santana, reconociendo el cambio en los ojos de Brittany, de divertidos a depredadores. Supuso que tenían unos cinco minutos antes de estar de nuevo desnudas. Si Brittany la tocaba, menos que eso, porque su piel ya estaba ardiendo. —Maddy es tu abuela. Tú elijes.
—La habitación de Maddy está en el primer piso, —anunció Brittany con voz áspera, haciendo retroceder a Santana contra el mostrador, con los brazos alrededor de su cintura. La besó en el cuello. —Y todo lo que quiero es mi piel frotándose con la tuya, las próximas veinticuatro horas. Por lo menos.
—Bueno, entonces… —respondió Santana sin aliento, deslizando una mano en el bolsillo trasero de los pantalones vaqueros de Brittany y apretando, —vamos a tener que comer algo. Rápidamente. Porque no vas a tener que esperar mucho para tenerme.
*****
La habitación, con su gran cama con dosel, chimenea y armarios de roble, era muy parecida a la que Santana había utilizado sólo unos pocos días antes, pero tenía un acogedor toque humano que la otra habitación no tenía. La gran alfombra oriental al lado de la cama, estaba desgastada por el paso de los años, y un montón de libros descansaban sobre la mesita de noche debajo de una lámpara de lectura. La puerta del gran armario estaba abierta, y pudo ver varias camisas, pantalones vaqueros, y trajes más formales dispuestos en el interior.
—Es aquí donde realmente vives, ¿no es así?
—Sí, —respondió Brittany, con tono distraído mientras se desabrochaba la camisa con prisa. Habían comido rápidamente, y ni siquiera podía recordar el que. Sentía un deseo tan fuerte en su interior, que creía que estaba a punto estallar en llamas.
—¿Desde cuándo?, preguntó Santana, hipnotizada por el pulso que latía en el cuello de la rubia. Quería poner sus dientes en ese lugar, dejar una marca. Su marca. Apenas se reconocía a sí misma.
—Maddy y yo vivimos en su apartamento de Manhattan el primer año que estuve con ella, pero luego se compró esta casa. Este ha sido mi cuarto, mi casa, desde entonces. —Tiró su camisa en una silla cercana, y estaba a punto quitarse los vaqueros cuando finalmente registró que Santana no se movía.
Preocupada, preguntó: —¿Qué pasa?
—Nada. Estoy disfrutando de la vista, —respondió Santana un poco sin aliento. En el momento en que nos acostemos juntas, en lo único que voy a ser capaz de pensar es en sentirte. Y esto es importante . —¿Qué pasó después de que te mudaste con Maddy, —preguntó, valientemente tratando de ignorar el zumbido en la cabeza.
—Terminé la escuela secundaria estudiando en casa, poco después me dieron de alta en el hospital, —contestó Brittanyy, parada a los pies de la cama, desnuda de cintura para arriba, con un débil brillo de deseo perlando su piel. Santana estaba a un medio metro de distancia, apoyada contra uno de los postes de la cama, todavía con la ropa puesta. Brittany se acercó, y apoyó los dedos en los antebrazos desnudos de Santana. —Nueve meses más tarde me fui a la universidad.
—Eras joven. —Una constante palpitación entre sus piernas, seguía el ritmo del pulso en el cuello de Brittany. Su visión se volvió borrosa.
—Sí. —Brittany levantó un dedo, y lo pasó lentamente por el centro de la garganta de Santana. —¿Esto es algún tipo de prueba?
Santana tragó, su voz era tensa. —¿Cuánto tiempo te llevó? ¿El colegio y la escuela de medicina?
—Cuatro años y medio, —respondió Brittany, mirando como las pupilas de Santana se dilatan. Le quitó la camisa lentamente con manos temblorosas. —¿Por qué?
—Porque quiero saber quién eres, —susurró Santana, desesperada por enterrar su cara en la suave curva de su hombro. Espera, Santana, ¿no puedes? Sólo espera. ¿Qué me pasa?
—Lo harás, murmuró Brittany, desabrochándose los pantalones vaqueros. —¿Sabes lo que necesito en este momento, ¿no?
—Hay muchas cosas que no me estás diciendo, ¿verdad? —dijo Santana en voz baja.
—No tantas. Nada que realmente importe, —respondió Brittany suavemente. Cerró la distancia entre ellas, cogió las manos de Santana, las colocó dentro de la cintura de sus pantalones vaqueros, y la miró fijamente a los ojos. —Sabes más de mí que nadie en este mundo, excepto Maddy. Y hay algunas cosas que tú sabes que nadie sabrá nunca.
—Me gusta eso, —susurró Santana, empujando hacia abajo el pantalón, desnudándola.
—Sí, —dijo Brittany con voz ronca. —A mí también.
*****
En algún momento durante la noche, Santana sintió que Brittany salía de la cama.
—¿Qué pasa? —susurró Santana, sentándose, desnuda a la luz de la luna.
—Nada, —murmuró Brittany. Con la camisa en la mano, se inclinó para besarla suavemente. —No he terminado lo que estaba haciendo en el establo. Antes me distraje.
—Lo recuerdo, —susurró Santana. —¿Has dormido?
—Todavía no.
—Acuéstate conmigo cinco minutos, —pidió Saanant, agarrando la mano de Brittany y tirando de ella hacia abajo a su lado. —Luego te vas.
—Esa es una tarea difícil, —farfulló Brittany, tumbándose a su lado. —Pero voy a hacer mi mejor esfuerzo.
Lo último que recordaba Brittany, era a Santana acariciando su cara, el calor reconfortante de su cuerpo, y el dulce toque de su boca. Lo siguiente fue despertarse con la luz del sol en su piel. Abrió los ojos, y se encontró con Santana mirándola.
—¿Qué hora es?
—¿No lo sabes? —preguntó Santana, sonriendo.
—En realidad, no, —admitió Brittany, estirándose con satisfacción. —Dios, me siento tan bien.
—Son las nueve en punto.
—¿Cuánto llevas despierta? —Preguntó Brittany.
—Unos quince minutos.
—Tienes una sonrisa de satisfacción en la cara, —observó Brittany, pasando su mano por la masa de ricos rizos negros en la base del cuello de Santana. La atrajo hacia sí y la besó. Después de un momento, preguntó: —¿En qué estás pensando?
—En que me ha gustado que hayas dormido toda la noche conmigo, —respondió Santana en voz baja, pasando su muslo por la pierna de Brittany. —En eso, y en que eres tan bella que haces que me duela el corazón.
—Santana, —murmuró Brittany, observando como la bruma se apoderaba de sus ojos. —No sé cómo he podido arreglármelas sin ti.
—Lo sé, —contestó Santana, sintiendo que las paredes y las puertas se abrían, liberando los confines de su alma.
Llegaron la una a la otra, al mismo tiempo, sus brazos y las piernas se entrelazaron al unirse. Se prometieron constancia con cada beso, se comprometieron con devoción son cada caricia. Con sus manos, buscaron la necesidad y la acariciaron. Con sus labios, buscaron el deseo y se deleitaron en él. Con sus corazones, oyeron los sueños y respondieron. Subieron juntas, se desbocaron juntas, explotaron, gritando la una el nombre de la otra, al llegar a la cumbre de su ardiente pasión.
*****
—Lo siento nos hemos perdido el desayuno, —dijo Santana mientras se servía con gratitud su primera taza de café, de la cafetera que Maddy había hecho y dejado en el mostrador. Cediendo a su inquietud, Brittany, finalmente la había precedió escaleras abajo cinco minutos antes, y había desaparecido. Al contrario de lo que había supuesto, no se sentía ni un poco tímida, probablemente porque era demasiado feliz de sentir vergüenza.
—Ni se te ocurra disculparte, —dijo Maddy, sonriendo desde la mesa donde estaba sentada leyendo el periódico de la mañana. —Aquí no tienes horarios. Y como se dice en las cafeterías pasadas de moda, se sirve el desayuno las veinticuatro horas del día.
—Me hubiera gustado ayudar, —dijo Santana.
—No hay mucho que hacer, la verdad. Y además, me gusta hacerlo.
—Si es así… —Santana asintió. —¿Brittany ha tomado café?
—Se ha llevado una taza al establo. Me ha dicho que te dijera que enseguida volvía. Aparentemente había algo que quería terminar.
Santana se rió. —Bueno, al menos se las ha arreglado para esperar a la luz del día.
—Eso es raro en ella, —comentó Maddy, a propósito astutamente. No necesitaba un guion para leer la escena. Sabía que habían dormido juntas. Mucho más importante, sabía que su nieta había dormido, y cuando apareció, sonriente y con los ojos claros, Maddy podía haber llorado.
—Eso tengo entendido, —respondió Santana cautelosa. No quería violar la privacidad de Brittany o traicionar sus confidencias, pero podía ver que Maddy la amaba profundamente. — Nunca para.
—Sí. Nunca ha sido capaz saber cuándo parar. No siente el agotamiento. Sigue, y sigue hasta caer exhausta.
—Lo tendré en cuenta.
—Está bien, entonces, —anunció Maddy, señaló con un movimiento de cabeza hacia la silla a su lado, invitándola a empezar a desayunar. —Bueno … cuéntame cómo va el proyecto de la película.
—Puedo hacer algo mejor que eso, —anunció Santana con una sonrisa de satisfacción. —Tengo una cinta en mi bolso, te enseñaré lo que estamos haciendo.
Maddy se volvió hacia ella, con la cara llena de alegría. —Oh, Brittany ha hecho bien en encontrarte.
—Gracias, —dijo Brittany sonriendo con aire de suficiencia desde la puerta.
Santana se sonrojó y le mandó a la oji azul una mirada, que prometía que le haría pagar por ese comentario más tarde.
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Si que me he demorado en actualizar y lo siento por eso pero he estado ocupada.. sin más acá les dejo un nuevo cap saludos
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Vie Ago 26, 2016 11:41 pm

San mas que nunca va a ser su cable a tierra para britt!!!
Me gusta la relación de mandy y san...
Me gusta como can las cosas entre las dos!
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Mensaje por micky morales el Sáb Ago 27, 2016 10:46 am

Bueno, son tan lindas juntas que no creo que haya mas que decir!!!!!!
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Mensaje por Caritovega el Mar Ago 30, 2016 10:54 pm

Capítulo veintiocho

—Tened mucho cuidado, las dos.
—Por supuesto, —respondió Brittany, cuando Santana se subió a la moto detrás de ella, y rodeó con ambos brazos su cintura. Sentía una sacudida agradable cada vez que Santana hacía eso. Cubrió una de las manos de la morena que descansaba posesivamente en la curva de sus muslos con la suya, y sonrió a Maddy. —Estaremos bien.
—Sí, puedo ver eso, —respondió Maddy. Hasta donde ella sabía, su nieta nunca había tenido una relación importante, pero conociendo la naturaleza volátil de Brittany, dudaba mucho de que no tuviera experiencia. Sospechaba que sin embargo, lo que estaba sucediendo con Santana era algo totalmente diferente. Había observado la forma en que las dos, se habían mirado la una a la otra durante todo el día, y estaba claro para ella que ambas estaban completamente enamoradas, a pesar de que parecía que no eran del todo conscientes de ello. Era algo muy hermoso de ver. —Espero que volváis pronto a visitarme.
—Volveremos pasado mañana para recoger el coche de Santana, —le recordó Brittany.
Santana había querido volver con Brittany en la moto, estaba tan bien con ella. Que no había querido decir adiós tan pronto.
—No me refería a una parada en boxes, Brittany. Estaba pensando en algo más civilizado.
—No te preocupes, Maddy, —dijo Santana, sonriendo a la mujer por la cual estaba adquiriendo rápidamente un afecto real. Había pasado la tarde charlando con Maddy, mientras Brittany se ocupaba de arreglar unas cosas en el jardín. Esta, se había unido a ellas, cuando empezó a hacer demasiado calor fuera para poder trabajar, y las tres había hablado de las películas actuales y otras noticias. Finalmente, después de la cena, Santana y Brittany se habían preparado a regañadientes para irse. —Me aseguraré de ello.
—Bien, porque Brittany tiende a perder la noción de cosas tan simples como el tiempo, y dos meses entre visita y visita, es demasiado. —Aunque esta vez, sabiendo que Santana estaría cerca, no se preocuparía tanto por el bienestar de Brittany.
—Maddy, —dijo Brittany con arrepentimiento. —Le vas a dar una mala impresión.
—Nada que ya no sepa, estoy segura, —dijo Maddy inclinándose para besar a su nieta en la mejilla, le acarició el brazo mientras se enderezaba, pensando en lo mucho que amaba la alegría que brillaba en los ojos de su nieta, normalmente esquivos. —Te quiero.
—Yo también te quiero, —respondió Brittany, desenganchando con firmeza el pie de apoyo con el talón de su bota. —Nos vemos pronto.
Maddy saludó otra vez mientras observaba como Brittany, metía la enorme moto en el camino. Cuando el motor rugió y la poderosa máquina se puso en marcha, vio a Santana apretar su agarre en Brittany e inclinarse sobre ella, protegiéndola a la vez que buscando refugio. A menudo se había preguntado si alguna vez, aparecería alguien capaz de estabilizar a Brittany guiándola con fuerza, ternura. Santana hacía todo eso, y más. ¡Qué maravillosa pareja hacían!
*****
Brittany se salió a un lado de la carretera cuando entraron en Manhattan, poco después de las nueve.
—¿A dónde? —preguntó, girándose en el asiento para mirar a Santana. Sabía lo que quería, pero no quería hacer suposiciones. Las últimas treinta y seis horas habían sido como un sueño. Después de que Santana declinara su oferta para comer el día anterior, había conducido hasta casa de Maddy, llena de ira y dolor, dando por hecho que Santana la había rechazado porque estaba seriamente involucrada con otra mujer. Brittany la deseaba demasiado, pero no era sólo la frustración física lo que la había hecho volverse loca por el rechazo, también era el dolor de la soledad. Cuando estaban juntas, era feliz. Más que feliz, descansaba una parte primordial de sí misma que realmente nunca había descansado. Una vez que ese anhelo se había desatado, su corazón clamaba por la paz que al parecer sólo Jude podía darle, y eso la atormentaba. Entonces, milagrosamente, Santana había venido a ella, reclamando cada centímetro de su cuerpo y alma. Ahora, al pensar en dejarla, la noche se cernía sobre ella más y más solitaria que nunca. Más estéril aún que esas noches desoladoras, cuando había permanecido despierta en la oscuridad, en la quietud silenciosa del hospital rezando para que Maddy fuera a buscarla. Maddy había terminado en aquel entonces con su aislamiento, pero con el paso de los años sus necesidades habían cambiado, y Maddy ya no podía desterrar sus demonios. Pero Santana podía. Santana podía. Esperó, preguntándose cómo iba a salir adelante sola en la oscuridad.
Santana se dio cuenta de que Brittany estaba esperando una respuesta, pero ya había corrido suficientes riesgos. La había seguido hasta casa de Maddy y prácticamente…, a la mierda prácticamente, y la había seducido lascivamente. Había dejado claros sus deseos. —¿Qué quieres hacer? —preguntó deliberadamente.
Brittany miró hacia abajo, a la mano de Santana que seguía descansando sobre su muslo, pensando si podía darse el lujo de dejar salir sus sentimientos. No estaba segura de poder contenerlos, no estaba segura de si quería detener el querer dejarlos salir. Entonces, sabiendo que había sido guiada hasta aquel instante desde el primer momento en que se conocieron, miró fijamente a Santana a los ojos, y dijo con voz clara: —Mañana a las seis y media de la mañana tengo que ir a trabajar, y durante treinta horas más o menos, mi vida no va a ser mía. Hasta entonces, quiero estar contigo.
—Ya sabes donde vivo.
Diez minutos más tarde se detuvieron frente al edificio. Una vez dentro, Brittany dejó caer su bolsa en el suelo, y esperó a que Santana encendiera las luces de un apartamento que era un fiel reflejo de su ocupante.
—¿Qué? —preguntó la cineasta vacilante, observando como rittany miraba a su alrededor con una leve sonrisa en el rostro.
—Eres tú, —observó Brittany, mirando el equipo de grabación, y otro conjunto electrónico instalados en un área de descanso en la pared del fondo. Bajo el calor manifiesto de las coloridas pinturas de las paredes, la textura de alfombras y mantas, y el exuberante verde de las plantas, había una sensación de orden y utilidad. Sensualidad y razón, creatividad y propósito, forma y función, que revelaban al artista. —Es apasionado y decidido, —continuó Brittany, moviéndose más en la habitación, señalando el lugar con un movimiento de su brazo. —Trabajas aquí, y vives aquí, y es lo mismo para ti, ¿no es así?
Santana miró a la mujer de ajustada camiseta negra y jeans gastados, guapa, extraña, peligrosa, que sabía cosas que no debía, y la tocaba de una manera que nadie había hecho. —Me asustas.
Brittany ladeó la cabeza, se detuvo, y estudió los ojos cafés de Santana. Que se volvían de un color muy, muy oscuro, casi rayando el negro, cuando estaba excitada o enfadada, y supo que estaba asustada de verdad. —Creo que es un poco tarde para inseguridades.
—Yo también, —murmuró Santana acercándose a pocos centímetros de ella. — ¿Qué quieres? —Preguntó de nuevo. ¿Cuánto tiempo pasará hasta de que pueda soportar estar cerca de ti, y no querer mis manos en tu piel?
—Quiero hacerte lo que tú me haces a mí, —dijo Brittany con fervor, buscando desesperadamente una manera de explicarle cómo había cambiado todo.
—¿El qué?, —preguntó Santana, en voz baja y ronca. —¿Qué es lo que quieres?
—Quiero conocer todos tus secretos, secar tus lágrimas antes de que caigan.
—Debería hacer que te vayas, —murmuró Santana. No sabes lo que estás pidiendo. No puedes.
—¿Por qué?
—Me podrías hacer daño.
—No lo haré.
—No puedes saber eso.
—Sí. Que puedo.
—¿Y si yo no quiero eso?
—Entonces deberías hacer que me vaya.
Santana pasó los dedos suavemente por el rostro de Brittany, trazando las cejas, la empinada pendiente de sus pómulos, la rica curva de sus labios. —Es demasiado tarde.
—Sí. Para mí, también.
Por un momento, no hablaron, no se movieron. Hasta que, Santana cogió su mano y la llevó a otra habitación por una puerta en el lado opuesto. Una vez dentro, se desnudaron sin palabras, sin prisas, con los ojos fijos la una en la otra, muy despacio, revelando con fascinante lentitud atisbos carne, a la luz de las velas. Cuando estuvieron desnudas, Santana apartó las mantas y se deslizó entre las sábanas, atrayendo a la rubia, con un brazo extendido. Brittany se tendió a su lado frente a ella, apoyó su mano ligeramente en el arco de su cadera, sorprendida por lo mucho que la deseaba, y aún más sorprendida por la emoción que sentía. Estaba mojada, estaba dura, y quería que el deseo no terminase nunca.
—No quería irme de donde Maddy, —susurró Santana a la luz parpadeante, levantando una mano para acariciar la curva de los senos de Brittany.
—¿Por qué?, —preguntó Brittany. Al oír la melancólica, casi triste nota en su voz, se inclinó lo suficiente para presionar sus labios en el hueco debajo de la clavícula de Santana. —Podemos volver.
—Porque… —murmuró Santana, preguntándose si era una tontería decir estas cosas en voz alta, e incapaz de detenerse. —Tenía miedo de algo cambiara cuando regresáramos a la ciudad.
—¿El qué? —preguntó Brittany suavemente, llevando su mano a la espalda de Santana, acercándola más hasta que sus pechos se encontraron y se fundieron. Su cuerpo vibró, electrificado.
—Tengo miedo que desparezcas. —le costó toda su fuerza decir esas palabras, porque admitir lo mucho que la quería era aterrador. Deslizó sus dedos por el pelo de la oji azúl, y acercó su cabeza buscando su boca. Eres real, puedo tocarte.
—No, no lo haré, —dijo Brittany cuando Santana la soltó. Hizo caso omiso a los truenos de excitación cuando la mano de Santana se deslizó bajo su vientre, y sus dedos intentaron reclamarla. Agarró la muñeca de la pelinegra antes de que pudiera tocarla, porque sabía que si lo hacía estaría más allá de las palabras. Se llevó la mano a los labios, y le besó la palma con ternura, antes de colocarla encima de su propio corazón. —¿Lo sientes?
—Sí, —susurró Santana, sus ojos buscaron el rostro de Brittany Bajo el resplandor amarillo de las velas, sus ojos azules eran negros.
—Es tuyo.
—¿Por qué nunca lo ha reclamado a nadie? —Preguntó Santana, con la garganta apretada con el deseo y las lágrimas. —Es muy valioso.
—Nunca antes nadie lo había querido, —murmuró Brittany, moviendo los labios suavemente por la sien de Santana. Con cuidado, deslizó su mano por la parte interior de sus piernas hasta la V entre sus muslos, quedándose sin aliento ante el calor escurridizo y acogedor que encontró.
—No me lo puedo creer, —gimió Santana, con la mano aún apoyada en el pecho de Brittany. —Eres guapa, brillante y sexy como el demonio.
—Y arrogante, obstinada y reservada, —añadió Brittany con una sonrisa trémula. Dios, quería tomarla, poseerla. Su brazo temblaba por el esfuerzo que le suponía ir poco a poco.
—Sí, es cierto, —aceptó Santana suavemente, girando sobre su espalda, y colocándose encima de Brittany. —Pero el balance es positivo… al final.
—Te recuerdo alguno de esos días en los que me he exasperado demasiado contigo, —murmuró Brittany, apoyada en un codo, acariciando la carne hinchada y palpitante, separándola suavemente.
—Buena idea, —aceptó Santana, con voz temblorosa a punto de perder el enfoque.
—Santana, —dijo Brittany tiernamente al escuchar el débil susurro de incertidumbre aún en su voz, —haces que me sienta segura de ser yo. No tengo miedo cuando estoy a tu lado.
Observando como la expresión de Santana se relajaba, y sus parpados se cerraban, poco a poco Brittany se movió dentro de ella.
—Gracias, —susurró Santana, poniendo su cabeza donde había estado su mano, contra el corazón de Brittany.
Cerró los ojos, y escuchando el ritmo seguro y constante, le entregó todos sus secretos.
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Muero de amor con estas dos son tan lindas juntas les dejo este cap saluditos
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Mensaje por 3:) el Mar Ago 30, 2016 11:49 pm

Joder que si son puro amor....
Es imposible que se puedan llegar a separar ahora... A ver como va a ser volver a la rutina las dos....!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por micky morales el Miér Ago 31, 2016 7:35 am

No tendrian pq separarse, se estan dando el tiempo de conocerse y van muy bien en eso, asi que a disfrutar!!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Jue Sep 01, 2016 11:29 pm

Capítulo veintinueve

Anotación Del Proyecto Personal, López
07 de septiembre - 09:45 am
[Nota: Título del episodio llamada a la batalla]
Los fines de semana festivos, son aún más difíciles que los normales, porque es generalmente cuando la gente se mete en problemas. Problemas de todo tipo, peleas de bar, accidentes de tráfico, conflictos familiares, robos, altercados entre pandillas. Eso para el equipo de trauma en términos prácticos, significa que hay mucho más trabajo, menos gente para hacerlo debido a los horarios festivos, y una sensación de estrés y ansiedad general por lo que pueda llegar a venir.
Debo matizar que, Brittany y Rachel no parecen especialmente preocupadas. Las dos mantienen una calma casi antinatural, como si supieran que van a poder a hacer frente a lo que el destino puede mandarles. ¿Confianza? ¿Seguridad en sí mismas? Tal vez sólo la simple experiencia, al menos en el caso de Brittany. El resto del personal está excitado, enfermeras, auxiliares, guardias de seguridad… se puede ver en sus caras y escuchar en su voz. La emoción mezclada con el temor, ese tipo de anticipación ambivalente que siente uno en un gran parque de atracciones, mientras se pregunta si vomitará o se divertirá.
El fin de semana del Día del Trabajo coincide con el final del verano, y debajo de la alegría se esconde un hilo de ira y tristeza.
Hoy es sábado, el primer día del largo fin de semana, y el equipo acaba de terminar las rondas en la UCIT hace unos minutos.
Rachel y Brittany ya están en la sala de operaciones practicando una cirugía exploratoria de emergencia, a un paciente que recibió un disparo hace tres días. Al parecer, está teniendo episodios de picos febriles, y sospechan que tiene un absceso en alguna parte del abdomen. Debido a que Brittany y Rachel hoy también son las cirujanas de urgencias, el equipo de apoyo tiene que quedarse también hasta el final de la operación, aunque lleven aquí desde las seis de la mañana de ayer, una vez terminen serán libres.
Santana apagó la grabadora, y cogió al azar una cinta de la pila sobre el escritorio. La deslizó en la VCR y la puso en marcha, reclinándose en la silla giratoria, y apoyando los pies en la papelera. Sólo le costó unos segundos reconocer la escena, Brittany y Rachel estaban tratando a un oficial de la policía de Nueva York, que había resultado herido en un accidente a alta velocidad, mientras que perseguía a un presunto traficante drogas por la autopista West Side. Partes de la cinta estaban inestables porque Quinn había sido empujada por varios policías que se apiñaban dentro de la sala de trauma, tratando de averiguar cómo le iba a su compañero caído.
Inclinándose hacia adelante, silenció el volumen. No estaba interesada en las conversaciones. Sólo estaba interesada en la cirujana de cabello oscuro, en cuyo rostro se reflejaba una feroz concentración, y cuyas manos se movían como magia sobre la carne y el hueso. Mientras Santana la observaba, las imágenes se fusionaron de forma borrosa e inesperada, y su memoria viajó en el tiempo. Brittany inclinada sobre el oficial, se convirtió en Brittany inclinada sobre ella en la sala de trauma en el Bellevue, y de repente Brittany estaba inclinada sobre ella en la cama la noche anterior, sus manos acariciaban su piel con infalible certeza, buscando todos sus lugares sensibles, derritiéndola, haciéndola gritar de pasión, llevándola al orgasmo.
Contuvo la respiración ante la puñalada veloz de placer que acompañó el recuerdo, y cerró los ojos. Había sido una mala idea. Sólo quería ver el rostro de Brittany durante un instante porque la echaba de menos, y ahora le dolía de una manera que sabía que iba a atormentarla durante horas.
—¿Santana? —preguntó curiosa una voz detrás suyo. —¿Estás bien?
Se giró, y sonrió tímidamente a Quinn. —Sí. Estoy bien … sólo ensimismada. Esperando a que Rachel y Brittany terminen.
—¿Y la película muda?, —preguntó Quinn, tirando de una silla, haciendo un gesto hacia la cinta que aún corría en la pantalla.
—Oh… eso… nada… yo sólo…—Se detuvo, incapaz de pensar en una explicación que no fuera ridícula, como si la verdad fuera poco ridícula. Se encogió de hombros, suspiró y admitiendo: —Quería verla.
Quinn siguió la mirada de Santana, y observó el trabajo de Brittany y Rachel durante unos segundos. El metraje era perfecto, y quedó cautivada por las mujeres. Pero Santana parecía algo más que cautivada; la miró atónita. —Realmente estás loca por ella, ¿verdad? —le preguntó, con un poco de temor en su voz.
—Eso parece, —reconoció Santana. Miró a Quinn tímidamente. —Una locura, ¿no?
—No, siempre y cuando sea mutuo, —respondió Quinn con cuidado, teniendo en cuenta la frágil línea entre cuidar y entrometerse. —¿Lo es?
Santana sonrió, recordando a Brittany en la ducha por la mañana, con la cabeza echada hacia atrás, los ojos cerrados, los dedos entrelazados en su cabello, y gimiendo el nombre de Santana.
—Sí. Eso parece.
07 de septiembre - 13:00
Marca de referencia digital 15860
Estamos en la azotera esperando al Estrella del Sur, que trae a dos pacientes que han sido rescatados inconscientes de una casa en llamas. Los informes preliminares indican quemaduras y lesiones por inhalación. A mi lado Nancy Stevenson, sustituta de Sam, un técnico de neumología, un paramédico, Pierce y Berry están de pie en grupo, con los rostros vueltos hacia el cielo, a punto de salir corriendo. Casi se puede sentir la tensión en el aire. No hace tanto calor como en días anteriores, y sopla una agradable brisa. En la distancia, puedo oír las palas del rotor. Hay dos camillas con equipos apilados sobre ellas en espera de los heridos. Nadie habla. El silencio es inquietante.
—Las palas no están tan bajas como parece, pero ten cuidado con la cabeza, —recomendó Brittany a su lado.
—Entendido, —respondió Santana, manteniendo un ojo en Quinn que estaba filmando, ya que todos se adelantaron a esperar la llegada del helicóptero. Tenía que asegurarse de que tomaba buenos planos del momento del aterrizaje. Mirando hacia el cielo, contuvo el aliento, esperando que empezara el drama.
—Es curioso cómo la noción del tiempo… todo en realidad, desaparece cuando llegan los heridos, — observó casi para sí misma. Sentía un terrible dolor en la pierna... se encontró mirando fijamente a un disco de plata enorme con una bombilla blanca caliente en su centro... una silueta tomó forma en su campo de visión, iluminado por la luz brillante... comenzaron a dibujarse sus características... un rostro intenso, impenetrable, unos ojos azules, tan oscuros que eran casi púrpura, un pelo negro, grueso y rebelde... —Todo queda en la sombra, excepto el espacio alrededor del paciente, y eso es como un haz de luz en el centro de un escenario oscuro.
Brittany la miró, sorprendida por el tono pensativo en su voz. No habían estado a solas, desde que se habían separado a las puertas del hospital seis horas antes. El sol sobre el reluciente pelo negro de Santana brillaba resplandeciente como la luz del fuego, recordándole que cuando se había despertado esa mañana, esas trenzas gloriosas estaban esparcidas sobre el pecho y la cara de Santana estaba acurrucada entre sus brazos, en el hueco de su cuello. Había permanecido despierta mucho tiempo la noche anterior, después de que la morena se hubiera abandonado a Morfeo en su abrazo. Durante horas, estuvo más que satisfecha de descansar con el relajante sonido de la respiración suave de Santana susurrando en su oído, hasta que por fin finalmente se durmió, y había sido un sueño tranquilo, sin miedos o ansiedad. Dio un paso más hacia ella, y acarició su brazo. —El tiempo queda suspendido. Sólo existe el ahora. Sin pasado, sin futuro, sin esperanza, sin sueños. Sólo la realidad indescifrable de la vida. Si pasas el suficiente tiempo de guardia, te olvidas de que hay otro mundo.
—Eso es aterrador, —observó Santana en un susurro. Yo no quiero olvidar lo que siento cuando me tocas . No quiero que te olvides de lo que te hago sentir .
—Pero muy eficaz. Es difícil ser eficiente y equilibrado, si estás pensando en una cena o una fiesta de cumpleaños. Toda nuestra formación está orientada a aislarnos en un cierto nivel de todo lo demás, de todos los demás, incluso se nosotros mismos.
—Aquí viene el helicóptero, —comentó Santana con un suspiro, sabiendo que su tiempo había terminado, excitada por lo que iba a ocurrir, e indescriptiblemente triste ya que en medio de todo, Brittany se distanciaría aún más de ella.
—Todavía sé que estás aquí, Santana, —murmuró Brittany, mirando al helicóptero que se hacía cada vez más grande en el trasfondo azul. —Todavía te siento en mi piel.
—Cuando dices cosas como esa haces que mí corazón se detenga, —Santana respiró temblorosamente, mirando embelesada como en el perfil de Brittany se dibujaba una sonrisa. —Y casi siempre como ahora, cuando no puedo tocarte y eso hace que me vuelva loca. Eres tan imposible de predecir, que me vuelves loca.
La sonrisa de Brittany se amplió. —No, no lo soy. Sólo porque entienda el juego, no significa que tenga que jugar. No me iré. Yo siempre sé dónde estás.
—Brittany …— empezó a decir Santana, pero sus palabras fueron ahogadas por el descenso del helicóptero, y Brittany ya estaba corriendo hacia adelante guiando la camilla con una mano. Santana la vio alejarse, y aunque sabía que la mente de la cirujana estaba centrada exclusivamente en los heridos que estaban bajando del helicóptero, se sentía conectada. Lo que habían compartido la noche anterior no había terminado con la llegada de la aurora, o era atenuado en la dura batalla por la vida.
—¿Lo estás grabando todo verdad? —gritó mientras apoyaba una mano en el hombro de Quinn, y la guiaba hacia un espacio abierto en el que la línea de visión era mejor para la cámara. Frente a ella, el grupo de personal médico ya se había hecho cargo de los heridos casi antes de que estos bajaran del helicóptero.
—Por supuesto que lo estoy grabando, —gritó Quinn, sin apartar el ojo de su visor. Confiaba Santana para asegurarse de no perder la parte superior de la cabeza por una de las palas del rotor, ya que si perdía el plano, perdería toda la cabeza con el temperamento de Santana. —Intenta que no pierda la cabeza, y te daré lo que quieres.
—Entendido, —respondió Santana con una sonrisa, se sentía eufórica, ya que todo en su vida marchaba como si estuviese escrito en un guion, estaba haciendo el trabajo que amaba, junto a la mujer que ama … Oh, no. No vayas por ahí. No, no, no. Ahora no. De ninguna manera .
Santana se mantuvo bien atrás, observando como Brittany se encargaba de la primera camilla, Rachel hizo lo propio con la segunda, y todos se dirigieron corriendo por la rampa hacia los ascensores. Mientras corría para mantener el ritmo, Santana intentó no pensar en lo terriblemente sexy que estaba Brittany.
*****
Para cuando llegaron a la zona de trauma, los heridos ya habían recibido calmantes para el dolor, y una dosis de antibióticos. Uno había sido intubado por los paramédicos, y el tubo de respiración que se extendía desde la tráquea había sido conectado a un respirador. Brittany y Rachel se inclinaron sobre él, discutiendo el plan de acción en un tono desmesuradamente bajo. Santana y Quinn se acercaron para captar tanto la imagen y como el sonido.
—¿Cuál es su presión parcial de oxigeno? —preguntó Brittany.
—Pésima, ochenta y cuatro en un cien por ciento, —respondió Rachel, mirando el monitor portátil. —Su nivel de dióxido de carbono también es alto a pesar de estar ventilado.
—¿Qué opinas?
Rachel estudió al adolescente, desnudo sobre la camilla, conectado a una gran cantidad de monitores y vías intravenosas. Mucho más espectacular que esa visión, sin embargo, era la circunferencia de tejido necrosado que rodeaba el pecho, que indicaba una quemadura de tercer grado. El resto de su cuerpo estaba bastante intacto, parecía como si solo la camisa se hubiera incendiado, probablemente gracias a su pipa de crack.
—Creo que la necrosis de la quemadura constriñe el movimiento del pecho, e impide que penetre la respiración artificial. Si no puede expandir el pecho, no se pueden airear completamente sus pulmones, y no importa que esté conectado a la bomba, no va a respirar bien, —resumió Rachel.
Brittany asintió con evidente satisfacción. —Estoy de acuerdo. ¿Qué recomiendas?
—Lo primero hay que liberar la quemadura, una escarotomía.
—¿Aquí o arriba, en quirófano? —preguntó Brittany, apoyándose en el mostrador con los brazos cruzados sobre el pecho, parecía usar un tono coloquial, como si estuviera hablando de los últimos resultados deportivos. Sin embargo sus ojos, desmentían esa actitud casual. Observaban el rostro de Rachel con tanta atención, que Santana pensó que tal vez Brittany realmente podía ver lo que estaba pensando Rachek.
Es maravillosa, pensó Santana. Siempre pendiente de Rachel, evaluándola, probándola, orientándola, y al mismo tiempo permitiéndole crecer y ser independiente .
—Respira, —murmuró Quinn al oído de Santana. —Va a ser un día muy largo y vas a necesitar todas tus fuerzas. Tal vez deberías centrarte en lo que estoy haciendo, y tratar de no mirarla. Parece que hace algo serio con tu sistema central, no sé, como apagarlo.
—Cállate, Quinn, o me veré obligada a hacerte daño, —susurró Santana, sin poder ocultar una tímida sonrisa. Dios, le encantaba mirarla y no podía dejar de hacerlo.
Rachel Berry se encogió de hombros y tomó una decisión. —Creo que podemos hacerlo aquí. La cicatriz de la quemadura es insensible, además está hasta arriba de estupefacientes para notar ni siquiera un cierto malestar. Tenemos que estabilizar su estado cardiopulmonar antes de hacer cualquier otra cosa, puedo ocuparme de ello.
—Adelante, —accedió Brittany, moviéndose a un lado para que Rachel pudiera abrir los paquetes de instrumental, y preparar la zona donde haría la incisión. —Es todo tuyo. —Se colocó junto a Santana, y preguntó en voz baja, —¿Estás bien?
—Sí, —respondió Rachel. —¿Va a vivir?
—Probablemente. Es joven, y lo hemos cogido a tiempo. Estaremos seguros dentro de unos días. —Estirando el cuello para mirar por encima del hombro de Rachel, la instruyó: —Haz la incisión en un lateral hacia arriba, Berry. Y que no sea demasiado profunda o llenarás todo esto de sangre.
Santana miró trabajo Rachel, consciente de que Brittany, a pesar de su actitud casual, la observaba con atención también.
—¿Estás libre para el almuerzo? —preguntó Brittany después de un momento, sin apartar la vista de la hoja del bisturí en la mano de Rachel.
—Sí.
—Te invito a comer en el carro ambulante que hay en la calle de enfrente.
—Maravilloso, —respondió Santana, capturando la sonrisa de Brittany, y pensando que nunca había tenido una invitación tan perfecta.
*******************************************************************************************************Bueno les dejo este cap saludos
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Mensaje por 3:) el Vie Sep 02, 2016 9:12 am

Bueno están haciendo un esfuerzo sobre humano para no tirarse una arriba de la otra jajaja y lo peor que san no sabe dicimular jajajaja por suerte que esta quinn
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Mensaje por micky morales el Vie Sep 02, 2016 2:07 pm

jajajajajajaja estan que se meten en el cuarto de las escobas para un rapidito!!!!
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Mensaje por Caritovega el Vie Sep 02, 2016 10:52 pm

Capítulo Treinta

08 de septiembre - 05:48 AM
Santana se despertó sobresaltada por el sonido de gente corriendo y gritando por el pasillo fuera de la sala de guardia. A su lado, Quinn estaba sentada cogiendo los vaqueros.
—¿Qué pasa? —Preguntó Quinn, poniéndose la ropa.
—No lo sé, —respondió Santan. Saltó de la cama y se metió en sus pantalones. Cuando se estaba poniendo las botas, se produjo un fuerte golpe en la puerta, y la voz de Brittany la llamó, —¿Santana?
Santana cruzó la habitación hasta la puerta en cuestión de segundos, tirando de Quinn detrás de ella. Las dos mujeres salieron, uniéndose a Brittany, —¿Qué es? ¿Qué ha pasado?
—Un camión cisterna ha volcado en el túnel, está bloqueando la salida de este lado, y ha provocado un accidente en cadena en el subsuelo, heridos en masa. Eso es todo lo que sé en este momento. He organizado el primer equipo de rescate y salimos ahora Rachel se está encargando del segundo equipo, te diré algo tan pronto como llegue.
—Quinn, coge las cámaras portátiles y todas las cintas que puedas, —ordenó Santana con urgencia mientras seguía el paso de la Jefa de trauma, que ya se apresuraba por el pasillo. Observó como Brittany fruncía el ceño, y entendiendo que quería salir cuanto antes, agregó. —No te preocupes, no te voy a entretener. Cogeremos nuestro equipo, y nos uniremos al grupo de Rachel, nos encontraremos allí.
—Santana… —suspiró Brittany con demasiadas cosas en la cabeza que ser prudente, —no sé lo que nos vamos a encontrar. Seremos los primeros en llegar a la escena, porque estamos prácticamente al lado. Ni siquiera sé si la estructura del túnel ha aguantado. —No necesitaba decir que si el tramo de carretera excavada en roca bajo el río Hudson se había derrumbado, el número de bajas se dispararía.
—Vamos a averiguarlo, —respondió Santana con impaciencia, excitada por la oportunidad de ser uno de los primeros reporteros gráficos de la escena. Eran momentos de tragedia y grandeza humana. Eran momentos que le había tocado vivir para inmortalizarlos.
Brittany quería decirle que se quedara, quería decirle que aquello sería un caos y una locura, quería decirle que no podría trabajar si estaba preocupada por ella. No dijo nada, pero su estómago se apretó con aprensión, porque sabía que si la situación fuera al revés, nada le impediría hacer lo que tenía que hacer. En su lugar, cogió la mano de Santana y la apretó brevemente. —Bien, probablemente no nos volvamos a ver en un rato. Sólo… ten cuidado… ¿de acuerdo?
—Está bien, —respondió Santana al instante, sin preocuparse por su propio bienestar. De repente, se dio cuenta de lo que significaba ser el líder del primer equipo rescate, Brittany podría estar en peligro. Los momentos iniciales en situaciones como ésta eran siempre imprevisibles. La gasolina podría explotar, el túnel se podría inundar, los vehículos se podrían incendiar. Dios. Cogió a Brittany del brazo, la detuvo en mitad del pasillo, y la atrajo hacia sí, hasta que quedaron frente a frente separadas por centímetros.
—No seas un héroe, ¿vale? Yo no podría …
Brittany sonrió, y levantó una mano para acariciar con sus dedos la mejilla de Santana. Sin pensar en el personal del hospital, que se movían a su alrededor por el pasillo, cerró la distancia entre ellas hasta que sus cuerpos se tocaron. Sosteniendo la asustada mirada de Santana le aseguró: —No pienso hacerlo. Ten cuidado, tú también.
Antes de que Santana pudiera responder, Brittany la besó rápidamente y se fue.
******
—Mirad este desastre, —exclamó Rachel mientras las tres estaban de pie en la acera frente al hospital, parecía una escena de una película catastrófica. —Llegaremos más rápido a pie. Vamos.
El tráfico de la calle estaba completamente paralizado. La gente estaba de pie fuera de sus vehículos, tratando de ver lo que estaba pasando, gritándose unos a otros. Decenas de policías se apresuraban a levantar barricadas, y trataban de desviar el tráfico. Los vehículos de emergencia, con las sirenas a todo volumen, se veían obligados en algunos tramos a circular por las aceras, avanzando lenta y penosamente, en la aglomeración de coches y camiones inmovilizados. El nivel de ruido hacía la conversación casi imposible.
—¿Qué pasa con el resto del equipo? —preguntó Santana, señalando la ambulancia entre el tráfico de la entrada de urgencias del hospital.
—Ahora vendrán, —señaló Rachel, ya moviéndose. Quinn, con su cámara apoyada en el hombro, se colocó al lado de la joven cirujana, grabando. Santana las siguió decidida
No era difícil saber dónde tenían que ir. El túnel estaba a sólo unas calles de distancia, e incluso si no lo hubieran sabido, podrían haberse guiado por el reflejo de las luces de emergencia intermitentes, y el sonido de sirenas. Mientras corría, con la segunda cámara bajo el brazo, Santana se preguntó si Brittany y su equipo ya se encontraban en el lugar del accidente.
—¿Cuántos coches se encuentran atrapados? —preguntó, colgando apresuradamente su placa identificativa en el chaleco caqui con múltiples bolsillos.
—Por lo menos veinte, —le informó Rachel. Llevaba ropa de quirófano, un estetoscopio colgando precariamente de su cuello, y un puñado de tubos de vías en sus bolsillos. —Según el primer informe, hay un centenar de heridos, pero ya sabes lo inexacto que eso puede ser.
Rachel se detuvo en seco y Santana casi chocó con ella. Quinn se paró a su lado, jadeando por el esfuerzo añadido de llevar el equipo adicional. No parecía cansada, con su pelo rubio asomando por debajo de su gorra de béisbol y sus ojos avellana chispeantes de emoción, parecía un becario entusiasta.
—Santo cielo, —jadeó Quinn.
Se miraron atónitas, y por un momento olvidaron su trabajo. Los cuatro carriles que conducían desde la boca del túnel a Manhattan estaban completamente bloqueadas con decenas de médicos, policías y vehículos de emergencia, muchos estacionados al azar con sus luces intermitentes encendidas. Un coche de bomberos enorme, casi bloqueaba la entrada del túnel, unos hombres subidos en él, tiraron de unas gruesas mangueras y desaparecieron con ellas en el interior, perdiéndose entre las nubes de humo negro, acre y cenizas que salía de él. Era imposible ver muy lejos en el interior del túnel debido a las densas nubes, una docena de hombres y mujeres heridos habían encontrado la manera de salir tambaleándose en medio del caos.
Santana se quedó clavada en el suelo, mirando cara a cara a su pesadilla. Sabía exactamente lo que estaba pasando en el interior de ese túnel, conocía los sonidos, las escenas, el olor. Fuego, metales retorcidos, fragmentos de vidrio roto, olor acre y goma quemada, gritos de confusión. Miedo, dolor, impotencia. Quería huir, de los recuerdos, de la realidad, del terror que surgió en su pecho, con la misma fuerza que lo había hecho aquella la mañana cinco años antes.
—Tengo que crear un puesto de mando, y un centro de evaluación, —gritó Rachel de pronto encontrando su voz, y gracias a Dios volviendo a Santana al presente. Señalando varios vehículos de emergencias médicas cerca de la entrada del túnel, añadió, —Eso parece ser el mejor lugar.
—¿Qué hay de Brittany? —Preguntó Santana, corriendo junto a Rachel, tratando de evitar chocar con los bomberos, agentes de policía, y paramédicos de emergencia. —¿Dónde está?
No podía haber entrado. Por supuesto que no. ¿Por qué haría eso? Nadie hace eso . Eso sería una locura .
—No lo sé. Probablemente entró para evaluar el número de heridos. Dentro debe haber personas atrapadas en sus vehículos, también.
Una nueva oleada de temor se apoderó de Santana, y por un momento no pudo respirar. Brittany no podía estar dentro de ese túnel en medio de humo, el fuego, y Dios sabe qué más. Le había dicho que iba a tener cuidado. Que no sería un héroe. Se lo había prometido. Miró frenéticamente a su alrededor, buscando la figura distintiva de Brittany en la agitada masa de personas. Ahora que estaban más cerca, podía ver a los paramédicos que comenzaban a emerger del túnel llevando camillas con heridos, o que corrían hasta los heridos que podía caminar, y gritaban pidiendo ayuda.
Con una voz que sonó sorprendentemente tranquila incluso a sus propios oídos, dijo: —Quinn, voy dentro. Quédate con Rachel.
—De eso nada, —se opuso Quinn, levantando la vista del visor, había empezado a filmar tan pronto como se habían acercado. —La historia está ahí, y yo también voy.
—No tenemos tiempo para discutir sobre esto, —replicó Santana bruscamente, sus nervios estaban a flor de piel, con una mezcla de preocupación por el paradero de Brittany, y su propio terror al tener que entrar en ese agujero oscuro. —Necesitamos imágenes de Rachel para el documental.
—Tendremos un montón de tiempo para eso más adelante. Ahora tenemos que estar donde está la acción, y sabes muy bien lo que está pasando dentro de ese túnel, —insistió Quinn. —Quédate tú con Rachel y déjame entrar a mi.
Quería estar de acuerdo. Todo lo que le aterraba estaba ahí dentro. Y todo lo que le importaba estaba ahí también. Si solo hubiese sido la historia, podría haber cedido a las náuseas que arañaban su garganta y al terror que volvía su sangre al hielo, y enviado a Quinn sola. Podría haberlo hecho. Pero Brittany estaba dentro también. No podía quedarse fuera y esperar. Tenía que entrar ahí, por ella y por todo lo que le importaba.
—Iremos juntas, —dijo Santana con firmeza. Agarró la manga de la chaqueta vaquera de Quinn. —Venga, vamos, antes de que se organicen, y traten de mantener a la prensa lejos.
—Mantente cerca, vale—gritó Melissa mientras corrían. —No quiero perderte ahí adentro.
—No te preocupes, —le tranquilizó Santana. —Estaré a tú espalda, como siempre.
—Hoy no me importará, —dijo Quinn, moviéndose rápidamente hacia la derecha, para rodear una barricada que la policía estaban preparando, para evitar que personas no autorizadas pudieran entrar en el túnel.
Quinn y Santana ignoraron los gritos que les ordenaban que volvieran, y en un momento, desaparecieron de la vista por la densa cortina de humo turbio y las columnas de fuego.
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Me alegra que les siga entreteniendo esta historia pues ese es el objetivo... disfruten del cap porque puede que se avecine una tormenta :3 XD
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Mensaje por 3:) el Vie Sep 02, 2016 11:27 pm

No jodas.... No ahí nada peor que un accidente así...
Esperó que lleguen a salir las 4 y sobre vivas!!!
Espero que san no entre el pánico cuando este en el tunel...
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Mensaje por Caritovega el Sáb Sep 03, 2016 10:48 pm

Capítulo treinta y uno

Las luces principales del techo estaban apagadas, los equipos de rescate aún no habían montado las luces de arco portátiles, y la única iluminación provenía de las luces de seguridad a nivel del suelo que iluminaban de forma esporádica. En el mejor de los casos secciones enteras eran funcionales, dejando la autopista subterránea entre luces y sombras de color amarillo oscuro amenazante.
Afortunadamente, el aire seguía siendo respirable a pesar del humo, y el vertido nocivo del camión volcado. Los bomberos ya lo estaban regándolo con espuma retardante, cuando Santana y Quinn bordearon la multitud de trabajadores en la entrada.
—Sigue a esa gente, —gritó Santana por encima del estruendo, apuntando hacia el personal médico de emergencias, identificables por sus cajas de equipos médicos, que avanzaban poco a poco más allá de los escombros en la boca del túnel, para llegar a los automovilistas heridos en el interior.
Escalando sobre trozos de hormigón y escombros de las ruinas, las dos salieron por el otro lado de la cisterna, y vieron por primera vez la magnitud real del desastre. Un multitud de coches se apilaban hasta donde alcanzaba la vista, algunos volcados, otros ardiendo. Los primeros equipos de rescate en la escena iban corriendo de un vehículo a otro, tratando de evaluar la situación de los ocupantes. Había víctimas que estaban sentadas o acostadas junto a los vehículos accidentados, algunos siendo atendidos por paramédicos, mientras que otros esperaban, confundidos y desorientados, a que alguien los sacara de aquel infierno. Aquí y allá, los técnicos sanitarios prestaban los primeros auxilios, e intubaban a los heridos más graves.
—¿Ves a brittany? —preguntó Santana con urgencia. Los rostros de muchos de los trabajadores de rescate ya estaban manchados de humo y suciedad. La luz turbia parpadeaba, los circuitos eléctricos quemados habían comenzado pequeños incendios, y daban a todos la apariencia inquietante de figuras de un mal sueño. Ni siquiera cuando estaban al lado de alguien, podían estar seguros de si eran hombres o mujeres. La mayoría de los trabajadores de emergencia estaban vestidos con algún tipo de ropa hospitalaria, y sólo los bomberos con sus abrigos de amianto pesado eran fácilmente reconocibles. —¿Ves a alguien de Bellevue?
—No, —respondió Quinn con gravedad, tratando de no pensar en la magnitud de la carnicería. —Sigamos adelante a ver hasta dónde llega esto. Debe estar por aquí cerca. Al final nos encontraremos con ellos.
—Mira el suelo, —comentó Santana con preocupación intentando disimular su miedo. Unos quince centímetros de agua se habían filtrado en el túnel. Había un montón de rocas y agua por encima de sus cabezas, y se preguntó cuánto tiempo podría resistir la tremenda presión, la estructura dañada sin inundarse o derrumbarse por completo. Miró adelante y sólo vio oscuridad más allá de los primeros diez metros. Todos los instintos de su cuerpo le pedían a gritos que se fuera. Empezaba a anhelar luz natural y aire fresco, con una exigencia que rayaba la locura. Se mordió el labio tan fuerte que probó su propia sangre, tratando desesperadamente de evitar el mareo, y la oleada de náuseas que amenazaba con hincarla de rodillas.
—¿Qué opinas? —preguntó Quinn, mirando como el agua se arremolinaba lentamente alrededor de sus botas. —¿Nos damos la vuelta o seguimos buscando?
—Sigue adelante.
Santana metió la mano en uno de los bolsillos de su chaleco, sacó su linterna halógena, y la encendió como complemento a la luz cada vez más pobre. Al pasar junto a los restos del mortal accidente, observó varias formas inmóviles dentro de los vehículos aplastados, colocadas en poses tan forzadas que sólo podían indicar la muerte. Afortunadamente, la mayoría de las víctimas que veía parecían estar vivos, aunque con heridas de diversa consideración. El hecho de que la congestión de la hora punta, ya hubiera comenzado en el momento en que se produjo el accidente, había provocado que el tráfico circulara muy lentamente. Rezó para que eso significara menos mortalidad a pesar del aparente gran número de heridos.
—Mira allí, —exclamó Quinn, apuntando en dirección a varios vehículos destrozados, que se dirigían hacia el norte por el carril sur. —¿No es Tina?
Santana siguió la dirección del brazo de Quinn, entrecerrando los ojos en la oscuridad, y sintió una oleada de alivio al reconocer a la enfermera de trauma. —¡Sí! Brittany debe estar con ella.
No esperó la respuesta de Quinn, corrió tan rápido como pudo entre la maraña de vehículos, hacia el equipo de Bellevue. A medida que se acercaba, pudo ver Brittany apoyada en la puerta de un vehículo volcado. El corazón de Santana se disparó, y su primer instinto fue correr hacia ella. Quería era tocarla, solo tocarla, y sentir la sólida certeza de su cuerpo. Sin embargo, se obligó a reducir la velocidad, respiró hondo y dijo: —Tenemos que centrarnos en Brittany, Quinn. Ella será reconocible para el espectador. No podemos conseguir nada mejor que esto.
Moviéndose con cuidado alrededor de los paquetes de instrumental abiertos y cajas de medicinas, Santana se acercó al coche hasta casi tocar el hombro de Brittany. Un hombre, al parecer el conductor, estaba atrapado por el sistema de dirección.
—Nancy, necesito otra linterna aquí ya, —ordenó Brittany sin mirar a su alrededor. —Tengo que detener la hemorragia y no puedo ver nada.
—Yo tengo una, Tina, —anunció Santana, sosteniéndola por encima de ella y apuntando hacia el interior del asiento delantero. El coche estaba volcado, y los asientos estaban en ángulo casi perpendicular al suelo. Un hombre de mediana edad inconsciente, estaba suspendido en el aire por el cinturón de seguridad, con una profunda herida, causada por una barra de metal que había penetrado en su hombro.
Brittany se giró rápidamente ante el sonido de la voz de Santana. —Es peligroso estar aquí. Estaría más feliz si te hubieses quedado fuera.
—Ya somos dos, —respondió Santana. —Pero aquí estamos. ¿Puedo hacer algo más que sostener la linterna?
—¿Crees que podrías pasarme el instrumental? Así Tina podrá atender a otros heridos, —preguntó Brittany, dirigiendo su atención de nuevo a la profunda herida abierta en la parte superior del brazo del hombre. —En vista de que te vas a quedar y todo eso.
—Claro que puedo. Si no sé lo que es, me lo describes y listo. —Santana se permitió una breve caricia a lo largo del hombro de Brittany. —Y yo también te he echado de menos.
—Muy bien, Srta. López, —respondió Brittany con una sonrisa al registrar el tacto. —Estás contratada. Pásame una pinza hemostática.
Quinn se colocó tan cerca como pudo, y durante los siguientes ocho minutos consiguió algunas de las imágenes más emocionantes que jamás había grabado. Brittany trabajó sin perder la concentración ni un segundo, sin la menor vacilación, moviendo sus manos a un ritmo rápido y suave, suturando la herida hasta controlar la hemorragia y estabilizar al conductor accidentado, permitiendo a los paramédicos levantar el tablero.
—Ya está, —dijo Brittany, con un suspiro, descansando sobre los talones, mientras se llevaban a su paciente. Se secó la frente con el brazo desnudo, expandiendo el sudor, el hollín y las salpicaduras de sangre. Echando un vistazo a Santana, sonrió tristemente. —Un éxito, espero. Vamos a recoger todo esto y seguir adelante. Nancy está evaluando a los pacientes de aquel lado. Si hay alguien que necesita atención quirúrgica urgente, me avisará. De lo contrario, solo tendremos que indicar a los paramédicos a quienes tienen que evacuar primero.
—Entendido, —respondió Santana recogiendo apresuradamente el instrumental y las medicinas.
Treinta minutos más tarde estaban casi al final de la larga fila de vehículos implicados. Los equipos de rescate se acercaban desde el lado del túnel de Nueva Jersey, aunque varios vehículos ardiendo fuera de control en ese extremo obstaculizaban su progreso. Detrás de ellos, otros trabajaban constantemente, para trasladar a los heridos a un lugar seguro lo más rápido posible. A Santana le pareció que el nivel del agua había subido varios centímetros.
—Parece que casi todo el mundo está fuera, —dijo Brittany, observando como los paramédicos trasladaban a una mujer con una pierna fracturada en una camilla.
—Las cosas no parecen muy estables por aquí, —observó Santana. —Creo que deberíamos pensar en salir nosotras también.
—Tienes razón. Vamos a dar la vuelta y comprobar todos los vehículos hasta la salida de Manhattan.
Casi habían llegado al principio del túnel, justo detrás de la cisterna, cuando se toparon con Rachel que entraba.
—Los ingenieros estructurales temen que el techo vaya a ceder, —gritó Rachel cuando las vio. —Estamos asegurándonos de que todos los heridos están fuera.
—Todo está controlado ahí atrás, —dijo Brittany señalando con su cabeza el área por donde acababan de venir. —¿Quién está ocupándose de los heridos afuera?
—Ha venido Kirkland, —dijo Rachel, indicando a uno de los cirujanos del equipo de Brittany. —Lo acabo de dejar para hacer la última comprobación. —No mencionó que había entrado en contra de las órdenes de la policía, porque sabía que las tres estaban todavía en el interior. —Vamos a …
Un ruido sordo que rápidamente se convirtió en un rugido ahogó sus palabras. La tierra debajo de ellas pareció levantarse y ondular, como sacudida por una mano gigante. Las cuatro se esforzaron por mantener el equilibrio, trozos de hormigón y baldosas comenzaron a llover sobre ellas.
—En esta sección se va a derrumbar, —gritó Brittany, agarrando a Santana y Quinn por los hombros y empujándolas en dirección a Rachel. ¡Correr!
Las cuatro, y los pocos paramédicos que aún quedaban en el interior del túnel, corrieron hacia la luz del día. Una distancia de cincuenta metros que parecieron veinte kilómetros, cuando los escombros empezaron a caer más rápido. Incluso Quinn finalmente se rindió y dejó de filmar, acercando la cámara contra su pecho bajó la cabeza, y corrió. Uno por uno, saltaron por encima de la barrera de hierros retorcidos y pedazos humeantes de plástico, mientras detrás de ellos nubes de piedra pulverizada avanzaban a toda velocidad. Santana había salido por la boca del túnel cuando se dio cuenta de que Brittany ya no estaba a su lado. Apenas capaz de ver a través del polvo ondulante, extendió la mano y agarró la manga de Quinn.
—¿Te ha adelantado Brittany? —preguntó gritando por encima del rugido de la destrucción, que se abalanzaba rápidamente sobre ellas.
—¡No! Está justo detrás … —gritó Quinn, mirando por encima del hombro de Santana, con expresión de creciente horror. —Oh, Dios. Sigue dentro.
Santana se volvió y corrió hacia la oscuridad. —Vuelve, —gritó a Quinn que corría a su lado.
—No pienso hacerlo.
—¡Allí! —exclamó Santana, señalando a una tela azul al lado del camión volcado, apenas visible bajo una pulverización de piedras y cenizas.
Brittany estaba tendida boca abajo. Tenía un hilo de sangre corriendo por su cuello, y una herida de unos diez centímetros en la parte posterior de la cabeza, de la que manaba abundante sangre, y dejaba visible el hueso de la base del cráneo. Santana cayó de rodillas junto a ella, sin pensar en los fragmentos de vidrio, metal y roca que rompieron sus vaqueros e hirieron sus rodillas. Tentativamente llegó a ella. Tenía miedo de tocarla. No tenía ni idea de como se veía la muerte, y tenía miedo de poder averiguarlo. Sus dedos se cernieron en el hombro de Brittany, un hombro que poco antes había acariciado. Esto no puede ser. No se supone que debe salir herida. Ella es la que hace que todos los demás estén bien .
—¿Podemos moverla? —preguntó Quinn, con voz chillona por el miedo.
—No lo sé.
—Tenemos que hacerlo, —dijo Quinn con urgencia, mirando las enormes losas de hormigón de las paredes. —No tenemos tiempo.
—Déjame Santana, —ordenó de pronto, la voz de Rachel con calma. Deslizó sus dedos bajo la mandíbula de Brittany, comprobando el pulso. —Menos mal que me he girado y he visto a dos lunáticas corriendo hacia dentro otra vez…—Después de unos segundos, levantó la cabeza y se encontró con la mirada de Santana. —Está viva.
—No se mueve. Tiene la cabeza … —La voz de Santana se fue apagando poco a poco, y sintió que las cosas empezaban a romperse en su interior. Apretó los puños con tanta fuerza que las uñas se clavaron en la piel. —Rachel… su cuello…
—Lo sé, Santana. Pero primero tenemos que sacarla de aquí. Tengo que estabilizar el cuello, vosotras cogerla por los hombros, y levantarla. ¿Puedes hacerlo?
—Sí. Sí, por supuesto.
Juntas, maniobraron el cuerpo inerte de la cirujana de trauma, lo sacaron del túnel y lo depositaron en una camilla. Las tres se subieron a la parte trasera de una ambulancia, Rachel comenzó rápidamente a atenderla. Mientras colocaba una vía en el brazo izquierdo de Brittany, le gritó al conductor, —a Bellevue. Llamé para que un neurocirujano esté preparado. Dígales que llevamos a la Dra. Pierce. ¿Me ha escuchado? Dígales que la Dra. Pierce ha caído.
Santana se arrodilló junto a la camilla, completamente inconsciente de lo que Rachel estaba diciendo o haciendo. Si había un mundo más allá de aquel cubículo de tres por tres metros, ella no lo recordaba. Todo lo que le importaba estaba sólo unos centímetros de distancia, en forma de una mujer de cabello rubio que permanecía terriblemente quieta.
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bienvenidas al drama.. en unos momentos les subo otro cap
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Mensaje por Caritovega el Sáb Sep 03, 2016 11:12 pm

Capítulo Treinta y dos

Las puertas dobles de la ambulancia se abrieron, Alison Dilaurentis subió a la parte trasera y miró hacia el interior. Realmente no se había creído lo que le habían dicho por teléfono, probablemente habían tomado mal el mensaje ilegible y frenético de radio. Pero tan pronto colgó el teléfono, se apresuró a comprobarlo por si misma, dejando solo a un residente en la sala de trauma, para que continuara con la evaluación de un bombero, que se había caído de una escalera de extensión, mientras sujetaba una manguera para apagar un vehículo en llamas.
Las luces del techo del vehículo, brillaban intermitentes, mientras ella observaba una escena de la que no se olvidaría nunca. Durante unos segundos, tratando de asimilar la realidad de la misma, se olvidó de por qué había sido llamada.
La residente de trauma, apoyando su espalda en la pared que separa la sección de transporte de la cabina, para mantener el equilibrio, estaba conectando a un ECG portátil a la Jefa de la División de Trauma, que yacía inconsciente en una camilla, desnuda de cintura para arriba, con una vía en su brazo izquierdo, y un collar cervical rígido inmovilizando su cuello. La pelinegra directora del documental, estaba de rodillas al lado de la camilla estrechando la mano izquierda de Brittany entre las suyas. La mirada que le dirigió a Alison cuando se volvió al oír el sonido de la abertura de puertas, fue salvaje, no con histeria, más bien con una especie de feroz proteccionismo. En el rincón más alejado del pequeño espacio una sucia y desaliñada rubia con una gorra de béisbol rota, sostenía una cámara a nivel de los ojos. Alison negó con la cabeza. Aquello no estaba sucediendo. Brittany Pierce no yacía en esa camilla.
Alison cuadró los hombros y entrecerró los ojos, centrándose en el paciente. Entró y preguntó bruscamente: —¿Está estable?
—Los signos vitales son sólidos, —respondió Rachel firmemente, tirando de la sábana para cubrir los pechos de Brittany mientras observa el monitor de presión arterial. —Las pupilas son iguales y reactivas, pero lentas.
—¿No hay problemas respiratorios?, —preguntó Alison, inclinándose para iluminar con su linterna y observar, primero uno y luego el otro ojo de Brittany. Se apartó a un lado unos pocos centímetros, para permitir que los técnicos de emergencias embalasen los monitores, y así poder sacar la camilla de la ambulancia.
—No, está respirando por su cuenta. No ha perdido en ningún momento el pulso o la presión.
—¿Ha estado consciente después del accidente?
—No, lleva inconsciente desde que la encontramos, —dijo Rachel un poco desanimada, —creo que nos enfrentamos a un traumatismo craneoencefálico cerrado.
—¿Qué hay de la sangre? —Preguntó Alison, señalando la mancha en las sábanas, y los restos por el cuello de Brittany. Levantó y flexionó las extremidades de la rubia mientras hablaba. —Buen tono, sin hiperreflexia.
—Tiene un corte en la cabeza, algo la golpeó, —murmuró santana, haciendo una mueca mientras se levantaba. Tenía las piernas doloridas por las heridas que no había notado antes, y sus músculos estaban agarrotados de permanecer tanto rato de rodillas en el suelo de la ambulancia.
—¿Berry?, —preguntó Alison, mirando de nuevo a la residente, para dar confirmación a los paramédicos de que sacaran la camilla de la ambulancia. A una señal de asentimiento de Rachel, Alison añadió: —Antes que nada quiero un escáner de su cabeza. Ya lo han preparado y nos están esperando. ¿Te parece bien?
—Sí. Iré con usted, por si acaso hay alguna complicación, —respondió Rachel mientras salía, con Santana y Quinn pisándole los talones.
Corrieron al lado de la camilla de ruedas empujada por los paramédicos, Alison estuvo a punto de sugerir que los civiles esperaran en sala de admisión de trauma, pero una mirada al rostro de la pelinegra le hizo cambiar de opinión. Mentalmente suspiro, pensando que no podría estar más metida en todo aquel zoológico de lo que lo iba a estar, teniendo en cuenta quién era la paciente, y que parecía ser que nada menor que una explosión nuclear, podría mover a aquella mujer del lado de Brittany.
—¿Cómo te llamas? —Preguntó Alison, una vez en el ascensor.
—López, Santana López, —respondió la morena distraídamente, mirando el rostro de Brittany, esperando algún tipo de movimiento. Brittany, despierta, por el amor de Dios. Sólo tienes que abrir los ojos. Tienes que volver a mi. Sin tener en cuenta la mirada de Alison, acarició suavemente con el dorso de sus dedos la mejilla de Brittany. —¿Puedes decirme algo?
Miró a Alison, sus ojos estaban oscurecidos por la angustia. Alison había visto esa mirada una y mil veces. Tendría que haberle dado la respuesta estándar. Es demasiado pronto para decir nada, más adelante sabremos algo. No porque a ella no le importara, sino porque no podía compartir el dolor de cada persona, y aun así ser capaz de hacer su trabajo. Pero era Brittany Pierce la que yacía allí, y aquella mujer obviamente la amaba.
—No hay señales de una lesión focal, no parálisis o cualquier otra cosa que sugiera daño cerebral importante, —informó Alison con suavidad. —Eso es bueno. Indica que es probable que no haya ningún problema quirúrgico, que esté causando presión sobre una parte del cerebro. El TAC nos lo dirá con seguridad.
—¿Entonces se despertará pronto? ¿Se va a poner bien?
Alison vaciló. —Mira …
—Por favor, —dijo Santana en voz baja.
—Si es sólo una conmoción cerebral, tendrá un mega dolor de cabeza y nada más, —consintió Alison con un suspiro, con la esperanza de no haberse pegado un tiro en el pie, rompiendo su propia regla de no pronosticar. Miró fijamente a Quinn, y dijo en tono severo, —prefiero que está conversación no aparezca en la cinta.
—Lo siento, —dijo Quinn apartando rápidamente la cámara. —Es automático. La borraré, venga a comprobarlo si…
—Está bien, está bien, —dijo Alison secamente mientras salían del ascensor, con su mente ya puesta en el paciente.
Se detuvo ante las puertas dobles de la sala de rayos, y añadió, — tenéis que esperar aquí. En cuanto tenga los resultados, os avisaré. ¿Alguien ha llamado a su familia?
—Oh dios, —jadeó Santana. —Maddy. Ni siquiera sé su número.
—Busca en la sala de guardia de Brittany, debería haber algo en su cartera …
Y sin decir más la neurocirujana se fue, y Brittany con ella. Las grandes puertas se cerraron y Santana se quedó de pie en el frío y severamente iluminado pasillo, preguntándose cómo había cambiado todo tan rápidamente.
—¿Santana? —preguntó Quinn en voz baja. —¿Quién es Maddy?
—Su abuela, —informó Santana. —Tengo que llamarla.
—Se va poner bien, lo sabes, —dijo Quinn con inquietud. No sabía muy bien que decir, nunca antes había necesitado consolar a Santana. No podía recordar haberla visto alguna vez tan afectada, no tan profundamente. Ni siquiera por el tipo de cosas con las que la gente por lo general se desmoronaba, como una historia de amor mal acabada o un fuerte revés profesional. Nada la había afligido tan intensamente como aquello. Santana siempre mantenía el control; Santana siempre se las arreglaba, para mantenerse a una distancia segura de toda la conmoción que afectaba a las vidas de la gente.
—Santana, no van a dejar que le pase nada. Ella es… muy fuerte, ella es …
—Ella es de carne y hueso, Quinn, —dijo Santana con tristeza, —es vulnerable, igual que todos nosotros. —Se pasó una mano temblorosa por la cara, y con un esfuerzo considerable intentó calmarse. —Vamos, vamos a ver si podemos conseguir la llave de su sala de guardia.
*****
Cuando abrió la puerta y entró en sala de guardia de Brittany, Santana recordó la primera mañana en que se habían conocido, Brittany pie a unos metros de distancia, quitándose sus vaqueros desteñidos, mirándola despreocupada, totalmente ajena a lo condenadamente atractiva que era, y totalmente inconsciente del efecto que estaba teniendo en ella. En aquel momento Santana se dio cuenta, de que se había quedado totalmente enganchada de ella desde ese preciso instante. Primero su cuerpo, después su mente, y ahora mucho más. Todo. Sentía un núcleo de pánico cada vez mayor en la boca del estómago, y tuvo que hacer un esfuerzo casi inhumano para ignorarlo y seguir adelante.
Se va a poner bien. No vas a perderla ahora.
—La chaqueta está en la silla, —anunció Quinn, observando a Santana preocupada. Su amiga estaba de pie inmóvil, con expresión distante, y todo su cuerpo rígido por la tensión. —¿Quieres que mire yo?
—No, —respondió Santana en voz baja, obligándose a concentrarse en lo que tenía que hacer. —Yo lo haré.
Cruzó la habitación, levantó la chaqueta de cuero negro, acariciando con su palma la piel desgastada por los años de uso. Pensó en las veces que había descansado su mejilla contra ella, mientras se presiona contra Brittany en la moto. Quería frotar su cara en ella, para buscar algún indicio persistente del calor del cuerpo de Brittany, o una bocanada de su perfume, pero en vez de ello, examinó los bolsillos localizando la cartera en uno de los interiores. Al abrirla, vio el permiso de conducir de Brittany en una ranura de plástico transparente con otras tarjetas detrás de él. Las sacó, y rebuscó entre una licencia médica, una tarjeta de seguro de salud, una tarjeta de donante, hasta que finalmente encontró una tarjeta con; En caso de emergencia escrito en ella. El nombre y número de Maddy estaban allí.
—Está guapísima, incluso en la foto del carnet, —comentó Quinn, mirando por encima del hombro de Santana, tratando de distraer a su amiga de su preocupación. —Eso no es justo. Nadie sale tan bien en los…
—Quinn, —la interrumpió Santana, con voz firme, —¿crees que deberíamos llevar esto… la tarjeta de donante?
—Por Dios, no, —exclamó Quinn bruscamente, mirando las manos temblorosas de Santana. —Déjala y vamos. Probablemente ya se haya despertado.
—Sí, por supuesto, tienes razón. Llamaré a Maddy desde radiología para explicarle lo que ha pasado. Ya deben tener los resultados del scanner.
Casi estaban allí cuando escucharon el anuncio de megafonía.
Code Blue … Radiología STAT … Code Blue … Radiología STAT … Code Blue …
Se miraron la una a la otra y corrieron.
**Código Azul . (Código de emergencia), un código de hospital utilizado para indicar que un paciente requiere reanimación inmediata
*****
—Está convulsionando, —anunció Rachel sin aliento mientras salía en tromba de la sala de escáner, casi arroyando a Santana y a Quinn. —Mierda. ¿Dónde se guardan aquí los carros de emergencia?
—¿Qué ha pasado? —Gritó Santana, a punto de sufrir un ataque de pánico al darse cuenta de que Rachel parecía asustada. —¿Rachel?
—No lo sé. Íbamos a salir del escáner y de pronto… ha empezado a… temblar. —Mientras hablaba, cogió un carro rojo con ruedas y tiró de él hacia la sala. —El equipo de reanimación llegará en unos segundos, tengo que volver.
Rachel empujó las puertas con el hombro, Santana y Quinn la siguieron al interior, sin dudarlo. Alison estaba inclinada sobre la camilla, levantando los párpados de Brittany con una mano, y mirando fijamente sus pupilas.
—Esto es realmente asombroso, —murmuró sin dirigirse a nadie en particular. —Parece que estuviese en REM, pero no lo está. No se parece a nada que haya visto antes.
Se enderezó y frunció el ceño a Santana y Quinn, que estaban flanqueando Brittany en el otro lado de la cama, pero inmediatamente rechazó su presencia como uno de los factores que no podía controlar. —Voy a inyectarle Dilantin, por si se trata de algún tipo de inestabilidad cerebral, —informó a Rachel. —¿Puedes darme una dosis del carro de paradas?
—Dame un minuto, tengo que prepararla, —respondió Rachel, rompiendo en envoltorio de un vial, y empezando a elaborar el medicamento en una jeringa.
—Eso es un medicamento anticonvulsivo, ¿verdad? —preguntó Santana, viendo como Brittany temblaba y sus párpados revoloteaban rápidamente. Apoyó la palma contra la mandíbula de la cirujana, acariciándole la cara suavemente.
—Sí, —respondió Alison distraídamente, revisando los signos vitales de Brittany en los monitores portátiles. Despidió con un gesto a los miembros del equipo de reanimación, que acababa de entrar a tropel a través de las puertas listos para comenzar la RCP. —Esperen fuera, sus signos son estables. —¿Qué demonios es esto?
Santana creyó sentir la prensión de la mejilla de Brittany en su palma. De pronto recordó algo que le había dicho. Soy muy sensible a cualquier tipo de medicamento. Ahora lo sé. Tengo cuidado de evitarlos. Inmediatamente se dirigió a la neurocirujana, —¿Puedo hablar contigo, por favor?
—En estos momentos no te puedo decir nada, —dijo Alison bruscamente. —En unos pocos…
—Se trata de Brittany. Es importante. Creo que el Dilantin podría hacerle daño.
Alison miró rápidamente de los monitores a Santana, entrecerrando los ojos. —¿Sabes algo acerca de su historial médico? Por el amor de Dios …
—No me he dado cuenta…
—No importa. Dímelo. —Alison cogió el brazo de Santana y la llevó lejos de la cama, hablando por encima de su hombro, —Rachel, no le inyectes el Dilantin pero ten cuidado con sus signos vitales. Si pO2 cae, pónselo. —Mirando a Santana fijamente, dijo: —Adelante.
Santana rápidamente le contó lo que Brittany le había dicho acerca de los errores de diagnóstico en su infancia, los problemas que tuvo como resultado de la terapia con medicamentos, los patrones inusuales de REM que nadie podía explicar, y sus respuestas neurológicas alteradas. Desesperadamente, añadió: —He pensado que los medicamentos habituales puede que no funcionen o que le hagan daño.
—Puede que tengas razón, —estuvo de acuerdo Alison ocultando su sorpresa, y su intensa curiosidad sobre lo que Santana le acababa de decir. Brittany Pierce era una mujer impresionante en más de un sentido, y le encantaría tener la oportunidad de conocer más acerca de este aspecto de su vida. Ya que el hecho de que la reservada cirujana hubiera compartido tales confidencias con la pelinegra, le había hecho entender con más certeza que cualquier otra cosa, que ya no tenía ninguna posibilidad de conocer íntimamente a Brittany.
—Necesitamos un Encefalograma antes de hacer nada. No parece estar inestable, al menos no en estos momentos. —
Volviéndose, Alison instruyó: —Vamos a llevarla a admisión de Trauma, Rachel. Le haremos allí el encefalograma.
Cuando vio que Rachel asentía y empezaba a sacar la camilla de la sala, Santana se acercó y tomó la mano de Brittany. Entrelazando sus dedos con los de la cirujana, dijo con firmeza: —Yo también voy.
—¿Te puede parar alguien? —preguntó Rachel con una leve sonrisa.
El corazón de Santana se retorció al darse cuenta de lo mucho Rachel le recordó a Brittany en ese momento, pero se las arregló para sonreír. —No en esta vida.
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Y la situación con Britt se complica cada vez más mañana actualizare nuevamente.. saluditos
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por 3:) el Sáb Sep 03, 2016 11:19 pm

En serio a britt le tubo que tocar???...
A ver como controlan las combulciones siendo jodidamente inestable...
Es difinitivo que a san no la separan ni un milometero de britt...
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Finalizado Re: FanFic Brittana: "Furia brillante de pasión" [Terminada]

Mensaje por Caritovega el Dom Sep 04, 2016 11:58 pm

Capítulo treinta y tres (Final)

EEG atípico… espera… mira esto… acelerada o… NO … anomalía focal… actividad convulsiva… n… es más como REM… ciclos inusuales… ¿Qué demonios …
Luchando por abrir los ojos a pesar del penetrante resplandor, se encontró mirando a un gran disco de plata suspendido sobre su cabeza, con una bombilla blanca en su centro.
Oh, dios. Estaba despertando… igual que antes. Sola. Reconoció las luces… el olor a hospital. Su pecho se apretó. Trató de mover los brazos, trató de levantar las piernas. Estaba atada. Luchó, gimió ante el aumento rápido del dolor. De repente, una silueta se materializó en su campo de visión, iluminada por la luz brillante. Intentó enfocar sin éxito. —Por favor …
Unas manos suaves tocaron su mejilla, una dulce voz habló. —Estás en el hospital. Te vas a poner bien.
Mentiras. Te dicen mentiras, te dan las drogas que te hacen perderte a ti mismo. Se estremeció. Cerró los ojos. favor.
—¿Puedes oírme? Ahora estás a salvo.
Mentiras. Unos tiernos dedos rozaron su frente. Mienten.
—Brittany, —suplicó la voz. —Despierta, por favor.
Conocía esa voz, conocía ese tacto. Desesperadamente trató de enfocar de nuevo. Algunas características comenzaron a salir de las sombras, dándole algo a qué aferrarse en el mar de confusión y dolor. Una cara inclinada hacia ella, uno ojos cafés, un pelo negro oscuro brillante, un rostro perfecto preocupado y reconfortante. Una mirada, fuerte, firme, segura. Apretó con los dedos la mano que sostenía la suya, y preguntó con desesperación, —¿Santana?
—Sí, estoy aquí, —la tranquilizó Santana al ver el desconcierto en los ojos de Brittany. Estaba temblando. Estaba aterrorizada. —Estoy aquí. —De mala gana, porque tenía que hacerlo, apartó la mirada por un momento, y llamó a los médicos que todavía se inclinaban sobre el trazado del EEG. —Está despierta.
—No te vayas, —pidió Brittany con urgencia, tratando de incorporarse. No estaba segura de dónde estaba. No estaba segura de lo que estaba pasando. Ellos pueden hacerme daño… no… Santana está aquí. Este es el presente, no el pasado. Santana. —No te vayas, —suplicó de nuevo.
—Por supuesto que no, —dijo Santana, con una mano en el hombro de Brittany, acariciándola mientras la guiaba hacia abajo. El miedo que veía en los ojos de la cirujana la estaba destrozando. Le dolía el pecho por la necesidad de consolarla, pero sabía que no necesitaba su compasión, sino su determinación. —Brittany estás en Bellevue. Todo está bien.
Alison se trasladó a la cabecera de la cama frente a Santana. —Bienvenida de vuelta, —dijo con una sonrisa afectuosa, pero sus ojos observaron a Brittany clínicamente, examinando, evaluando. —¿Sabes quién soy?
Brittany estudió la figura alta y esbelta, su pánico inicial fue cediendo poco a poco cuando se dio cuenta, de que sabía quién era la mujer. Aún más importante, sabía quién era ella. —Alison DiLaurentis. Neurocirujana. Y yo soy Brittany Pierce. —Volvió la cabeza hasta donde el collarín en el cuello le permitió. —Y esta es mi unidad de trauma.
—Excelente, —afirmó Alison con la cabeza, con la esperanza de que su intenso alivio no se le notara. Lo último que quería hacer en este mundo, era taladrarle el cráneo a Brittany Pierce.
La oji azúl miró de Alison a Santana, consciente por primera vez de que el rostro de santana estaba manchado de hollín y sudor… ¿o era que las lágrimas? —¿Qué ha pasado? ¿Estás herida?
Intentó sentarse de nuevo, pero las dos mujeres junto a la cama se lo impidieron.
—No, estoy bien. Quédate quieta, —le aseguró Santana, sujetando con una palma el hombro de Brittany.
—Tienes una herida en la cabeza, y has sufrido una conmoción cerebral significativa, pero no daños graves a largo plazo, —le informó Alison.
—¿Estás segura de que no estás herida? —volvió a preguntar Brittany, escudriñando el rostro de Santana.
Santana sonrió, el miedo que se había apoderado de ella los últimos sesenta minutos, finalmente iba cediendo. —Estoy muy bien. Todo el mundo lo está.
Satisfecha, Brittany levantó el brazo izquierdo en la medida en que el esparadrapo pegado a su mano se lo permitió, y vio el catéter de plástico en su vena. —¿Me has dado algo? —Preguntó mirando fijamente a Alison. Su rostro perdió todo el color. Otra vez no. Dios, otra vez no .
—No. Nada, —le aseguró Alison rápidamente. Ante la mirada de sorpresa de Brittany, añadió: —Tienes que darle las gracias a la Srta. López por eso.
—Gracias, —murmuró Brittany, mirando Santana y apretando sus dedos con más fuerza.
Respiró hondo, sintiéndose infinitamente más estable. Era hora de seguir adelante. —Alison, ¿me puedes quitar esta maldita cosa del cuello?
—Sí, la columna vertebral no está dañada, —le informó Alison, soltando las correas de velcro del collarín y quitándoselo. —¿Necesitas algo para el dolor? Déjame terminar mi examen y te pediré un poco de morfina.
—Estoy bien, —mintió Brittany. Su desorientación, había disminuido rápidamente, pero por desgracia había sido reemplazada por un terrible dolor de cabeza. Un cambio que estaba más que contenta de aceptar. Tiró de la correa que cruzaba su pecho sujetándola a la estrecha mesa. —Déjame levantarme.
—En cuanto Berry te cosa esa laceración en la cabeza, te subiremos a una habitación, —le informó Alison mientras comenzaba análisis de los reflejos y el tono motor.
—No.
—¿Perdona?, —preguntó Alison, levantando la cabeza para encontrarse con la expresión implacable de Brittany.
— No pienso quedarme aquí.
—Brittany, esto no es negociable, —dijo Alison, con voz amenazante. Perfecto. Genial. Justo lo que necesitaba: una lucha de poder en medio de una maldita emergencia de víctimas en masa.
—Estoy segura de que tienes algo mejor que hacer que discutir conmigo, —dijo Brittany razonablemente, como si leyera la mente de Alison. —Si insistes, firmaré el formulario de “en contra de la recomendación médica”, pero no me voy a quedar.
—Mira …
—¿Puedo hablar con ella un minuto… a solas? —la interrumpió Santana con calma. La voz de Brittany era fuerte y tenía los ojos claros, pero estaba pálida como las sábanas, y la mano que sujetaba la de Santana temblaba ligeramente. Estaba claro que estaba sufriendo.
—Toda tuya, —respondió Alison enfadada. —Voy a ver a mis otros pacientes. —Observó como Santana, acariciaba suavemente el brazo de Brittany, y añadió lacónicamente, —hazla entrar en razón.
—Como si pudiera, —dijo Santana con una sonrisa. Antes de que Brittany pudiera hacer ningún tipo de comentario, se inclinó hasta que sus labios casi tocando su oreja, y le susurró. —¿Tienes idea de cuánto te amo?
Brittany volvió cuidadosamente la cabeza para mirarla a los ojos, y sus labios quedaron a centímetros de distancia. El iris de Santana tenía tantos matices que casi se perdió en ellos. Se olvidó de todo lo demás. —¿Cuánto? —preguntó en voz baja, sólo porque quería oírselo decir.
—Tanto que ni siquiera puedo imaginar estar sin ti, —admitió. Finalmente lo había dicho. Era la verdad, una verdad que era increíblemente fácil de aceptar. La amaba. Sí . —Estaba muerta de miedo cuando te encontramos. No puedo pasar por eso otra vez.
—Oh, eso no es justo, —murmuró Brittany, queriendo desesperadamente de aferrarse a ella. Estiró la mano derecha y sin restricciones acarició la mejilla de Santana, pasó sus dedos a lo largo de su mandíbula, y descansó su pulgar contra la esquina de la boca. —Te quiero. Haría cualquier cosa por ti.
—Entonces, quédate aquí, —dijo Santana suavemente, acercándose más para besarla.
—Tengo miedo.
El corazón de Santana se retorció, porque sabía lo que le había costado admitirlo. —Me quedaré contigo.
Brittany volvió la cara, luchando contra sus terrores antiguos, deseando desesperadamente poder confiar de nuevo. Sintió el tacto de Santana, sabía que no estaba sola. Sacó fuerzas de ello, confió en esa lealtad, mientras buscaba la razón y luchaba para vencer el miedo.
—Sólo una noche.
—De acuerdo.
*****
Se despertó empapada en sudor. Ríos de que le empapan el pelo, la ropa hospitalaria, las sábanas. La habitación estaba en penumbra, iluminada por la tenue luz del cuarto de baño. Apartó las mantas, se movió lentamente hacia el lado de la cama. El movimiento no pareció producirle efectos adversos. Dolor de cabeza, casi desaparecido. Náuseas, mínimas. Visión, clara. Excelente .
—¿Qué estás haciendo? —preguntó Santana desde la silla a unos metros de distancia, donde había estado dormitando.
—Necesito una ducha.
—Se supone que no debes levantarte, —observó Santana. Fue al lado de Brittany, y le apartó el pelo de la frente. Estaba mojado, pero la piel de Brittany estaba tibia, no fría y húmeda.
—Estoy bien, —respondió Brittany. —Sin mareos. Eso es bueno.
—¿Entonces, por qué estás empapada.
—Me pasa a veces, probablemente sólo sea el final del cuadro de trauma. Como cuando una fiebre rompe, supongo, —dijo, cogiendo la mano de Santana. —No te preocupes.
—¿Crees que Alison me desollará cuando descubra que he dejado que te levantes? —preguntó Santana sólo medio en broma.
Las últimas palabras que le había dicho la neurocirujana habían sido: — Y asegúrate de que no se levanta.
—Con un poco de suerte nos habremos ido antes de que aparezca. —Dio dos pasos, se sentía bien, dio algunos más. Todos los sistemas en marcha .
—Brittany, —dijo Santana, reteniéndola con una mano en el brazo. —Estoy en desventaja. No quiero que te hagas daño. Dime que no estás siendo terca y necia.
Brittany se volvió, y la miró a los ojos. —Necesito unos dos días antes de poder conducir o trabajar, pero estoy bien. Puedo descansar donde Maddy es mucho mejor que estar aquí. No voy a correr riesgos. Lo prometo.
—Entonces te echare una mano.
—De acuerdo.
*****
—Está claro que no han sido diseñados para dos, —observó Santana, golpeando su codo contra la pared de la ducha, mientras lavaba con mucho cuidado el cabello de Brittany
Brittany presionó sus caderas contra la pelvis de Santana, mirándola con picardía. —Tal lo vez fueron.
—Para… —suspiró Santana, le gustaba demasiado la sensación resbaladiza de la piel de Brittany contra su muslo. Había tenido mucho miedo de perderla, y ahora estaba completamente feliz por tenerla de vuelta. Dios, se siente tan bien. Demasiado bueno. —Hay tantas razones por las que no podemos hacer esto aquí, que ni siquiera puedo empezar a enumerarlas.
—Mmm, lo sé, —Brittany comentó distraídamente, pasando sus dedos por el borde de los senos de Santana, observando fascinada como se endurecían los pezones. —¿Cuáles dices que eran?
—Como sigas haciendo eso un segundo más, me voy a olvidar de ellas, así que … para.
—Santana, —dijo Brittany en un susurro, con las manos descansando en su cintura, y expresión repentinamente seria. —Gracias por todo. Por estar ahí, por hablar con Alison acerca de los medicamentos.
—Britt… —empezó a protestar Santana. La miró fijamente a los ojos, puso las palmas de las manos sobre sus hombros, y la atrajo hacia si haciendo que sus pechos se tocaran ligeramente.
—No espera… No he terminado, —la interrumpió Brittany, sonriendo débilmente, buscando las palabras. —Me cuidaste, cuando yo… yo lo necesitaba. Te necesitaba. Así que… que…
—Brittany, te amo, —dijo Santana. Claramente. Con firmeza. Con ternura. —Te necesito.
Brittany cerró los ojos y apoyó su frente en Santana. —Dios, Te amo.
—Bien, —murmuró Santana, y la besó. Me parece muy bien.
Después de un momento, Brittany movió su boca a la oreja de Santana y murmuró: —No soy capaz de recordar por qué no podíamos hacer esto.
Un golpe seco resonó en la puerta del baño, claramente audible incluso por encima del ruido del agua.
—Esa sería una, —dijo Santana secamente. Cerró el grifo y deslizó la cortina. —¿Sí?
—Brittany será mejor que salgas aquí, —advirtió Alison desde el otro lado.
—Uh, ¿puedes darnos un minuto? —pidió Santana.
—No.
—Tenemos que vestirnos.
—Voy a hacer como que no he escuchado eso, —anunció la voz de Alison amenazante. —Realmente no lo he hecho. Cinco minutos.
Cuando salieron, Brittany en pantalones vaqueros y una camiseta que Santana había cogido de su sala de guardia, y Santana con ropa limpia que Quinn le había traído de su apartamento, encontraron Alison esperando en una silla, con las piernas cruzadas, mirada distinguida, y decididamente distante.
—Estuviste de acuerdo en pasar la noche aquí. Son las nueve y media de la noche, —dijo, mirando fijamente a su colega.
—Estoy bien, —contestó Brittanu.
Antes de Alison pudiera gruñir una respuesta, se abrió la puerta y Rachel Berry entró, seguida de cerca por Quinn.
—Hola, jefa, —saludo Rachel, sonriendo con placer. —¡Estás levantada!
—Hola, —añadió Quinn.
—Maravilloso. Podemos hacer una fiesta, —gruñó Alison, poniéndose de pie. —Vosotras dos, —dijo a las recién llegadas, —fuera.
Mientras miraban a Brittany y Santana confundidas, la puerta se abrió de nuevo.
—Whoa, —exclamó Quinn antes de poder detenerse a sí misma, ante la mujer que había entrado.
—Maddy, —exclamó Brittany. —Te dije que no vinieras.
—Ya lo sé, Brittany, —respondió Maddy, sonriendo a Quinn, que la estaba mirando fijamente. —Pero no puedes conducir esa horrible moto, el coche de Santana está aparcado detrás de la casa, y pensé que estarías a punto de dejar el hospital.
—¿Cómo has venido? Dime que no conduciendo el Rolls , —gruño Brittany.
—Hay un policía muy simpático, en frente del hospital que me lo está cuidando, —explicó Maddy, con ojos centelleantes. Brittany parecía estar bien, tal y como Santana le había dicho, pero se sintió mejor al verlo por ella misma. Sabía lo que ser paciente podía hacerle a su nieta.
—Oh, Dios mío, —gimió Brittany. —Tengo que irme.
—Espera un minuto, —intervino Alison, casi gritando.
—Ah, dejarme que os presente, —dijo Santana con rapidez antes de que la escena se deteriorarse aún más. Una vez hechas las presentaciones Alison comenzó a relajarse.
—Madelaine Lane Pierce, —exclamó Quinn en reverencia. —Eres la abuela de Brittany. Whoa.
—Y tú eres la Directora de Fotografía de Santana. Hermoso trabajo, —contestó Maddy con sinceridad.
Quinn se sonrojó, y por una vez se quedó sin palabras.
Maddy fijó su mirada evaluadora en Alison. —Entonces, ¿puedo llevármela a casa? Santana estará ahí para vigilar que se comporte.
—Maddy…, —gimió Brittany mientras Santana sonreía.
—Parece estar bien, —admitió Alison a regañadientes. —Pero no me quedo del todo tranquila con la idea.
—¿Y si Rachel viene con nosotras? —sugirió Santana.
—Santana, —susurró Brittany a Santana, lo suficientemente bajo para que nadie más lo oyera. Observó con agrado como Santana había movido las piezas con destreza, y precisión quirúrgica.
—Sí, —estuvo de acuerdo Maddy. Miró de Quinn a Rachel, y añadió: —Tú también eres bienvenida, Quinn. Tengo un montón de sitio.
—Bueno… —respondió Quinn vacilante, mirando a Rachel con una pregunta en los ojos.
—Por mí encantada, —respondió Rachel, sonriendo a la rubia de ojos avellana.
Santana se acercó un poco más cerca de Brittany, apoyando la mano en su espalda. —¿Ahora estás satisfecha? —Preguntó a Alison.
—Parece que me has dejado fuera de juego, —reconoció Alison, con una pequeña sonrisa suavizando su rostro.
—Mate, —susurró Santana, cogiendo con firmeza la mano de Brittany.
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bueno pues esta historia esta llegando a su final les dejo el ultimo capítulo me queda por subir el epílogo y eso lo haré el día de mañana... espero disfruten de este estén pendiente ya mañana doy por terminada esta historia.. tengan buena noche

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Mensaje por 3:) el Lun Sep 05, 2016 10:00 am

Que bueno que a britt no le paso nada mas que un simple mareo...
Jajajaja san le gano la partida nomas alison y de paso ganaron todas!!!
Momento adecuado el que llego alison a ver q britt....
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