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[Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 12, 2016 12:06 am

monica.santander escribió:jajaj es dura la rubia!!!!
Saludos
Sip, tiene mucho autocontrol,  como lo hace no se, pero si ella quiere que paso que de sea seguro...
Saludos....
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 12, 2016 12:08 am

micky morales escribió:Hasta ahora me va encantando la historia, que se cree ese tonto hermanastro de santana? briit es algo dificil, espero pdan hablar y aclarar las cosas!!!!

Y Espero que te siga gustando....... Jake es un idiota espero que lo pongan en su lugar sea Brittany, o Santana, o las televidentes... o Quinn por que no....
Tambien espero puedan hablar.......... hasta pronto...
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 12, 2016 12:12 am

CAPITULO 4
SANTANA

 
Bueno, jódanme por detrás sin lubricante. ¿Podría haberla cagado todavía más? Mi primera vez con una mujer desde mi divorcio y fue un fracaso épico. Britt merecía la verdad; lo correcto era confesar. No estoy segura de porqué le mentí en primer lugar, más allá de estar impactada por encontrar a una mujer con una risa inductora de erecciones, y olvidar totalmente que el propósito de mi visita era limpiar el desorden que dejó mi hermanastro. Odiaba estar allí bajo falsas pretensiones, de todas maneras. Y obviamente, lo último que Britt o su hermana necesitaban, era escuchar cualquier mierda legal.
 
Me gusta esta mujer. Lamento muchas cosas en mi vida, y el que me guste no va a ser una de ellas. De ninguna manera voy dejar que ocurra. Nada más tengo que tratar de enderezar las cosas con Britt. Puede seguir odiándome. Dios, espero que no. De verdad necesito saber a qué sabe, cómo besa, cómo son sus gemidos, sus olores, sus movimientos. ¡Aguanta! Te estás adelantando. Todo este fiasco comenzó con Jake, así que él tiene que ayudarme a arreglarlo.
 
Para este momento no sé qué está pasando con mi hermanastro porque he estado encerrada en la corte. Tal vez Jake estaba al borde de la muerte, desangrándose en una esquina, o tal vez sólo consiguió otra multa de estacionamiento. Fuera lo que fuese, tenía que ver cómo estaba. En estos días, he estado tratando de hacer un mejor trabajo poniendo a la familia en primer lugar, en vez de al trabajo. Así que me excusé de la corte y dejé que mis compañeros terminaran de seleccionar al jurado.
 
 
La "emergencia" de Jake era una entrevista horrible, y un comentario infame de que tenía una “polla de lápiz” que lo había afectado de manera equivocada. Difamación, dijo, tratando de sonar como si tuviera dos dedos de frente. Le dije que no había demanda por difamación cuando algo era verdad, pero no lo encontró divertido en absoluto. Yo, por el contrario, pensaba que era hilarante.
 
Al escucharlo zumbar, quise gritar, enojada por haber dejado la selección de jurado por esta mierda. Para esto no fue que acudí a la escuela de leyes. Tenía mejores cosas que hacer, más jurados que elegir, más casos que ganar. En momentos como estos odiaba ser la abogada de la familia, odiaba estar emparentada con Jake. No me lo tomen mal, mi hermano podía ser un buen tipo, pero sus metidas de pata parecían llegar rápidas y furiosas en estos días. Y no las dejaba pasar. Era obvio que su ego estaba magullado y alguien tenía que pagar por ello. Él quería la cabeza de Britt en una bandeja de plata, o una disculpa pública de parte de ella. Se suponía que debía hacer de nuevo mi labor de hermana.
 
Así que voy a ver a Britt, y me alegro de haberlo hecho. Estoy tan contenta que la invito a almorzar. De no hacerlo, me arrepentiría toda la vida. Ya tengo suficientes arrepentimientos. No necesito otro, así que tengo que arreglar esto.
 
Como cualquier buen abogada, primero tengo que revisar los hechos: mirar la entrevista que mojó las pantaletas de Jake. Así que la vi varias veces en línea desde mi oficina y no puedo decir si Jake está tratando de ser un cretino o si simplemente no puede evitarlo. En cualquier caso, mi pecho se hincha cada vez que Britt va tras él. Estoy orgullosa de ella, de esa mujer que apenas conozco, esa mujer que arrasa con mi hermanastro en televisión.
 
Ignoré unos cuantos mensajes de texto de Jake y decidí llamarlo, esperando que estuviera jodidamente más calmado esta mañana, pero no tuve tanta suerte. Contestó gruñendo preguntas ante el teléfono: que si me reuní con Britt, y por qué no había seguido con él.
 
―Mi vida no gira a tu alrededor ―le recordé, pero no estaba escuchando. No es que importara. En la mente de Jake, él es el centro del universo. Las preguntas siguieron llegando: si ella se va a disculpar, si debemos entablar una demanda en un tribunal estatal o federal. Si no lo amara y conociera, lo habría ingresado en un asilo para enfermos mentales.
 
Es difícil de imaginarse a Jake en TV, pero consigue buena sintonía y eso es lo que realmente importa. ¿Tal vez debería colgarle? Pero sé que no haría ningún bien simplemente llamaría o enviaría otro mensaje de texto. Lo mejor es dejarlo continuar la diatriba. Como a un niño inquieto en la clase de preescolar, eventualmente se callaría.

Efectivamente, lo hace. Ahora está calmado, y sé cómo asegurarme que se mantenga de esa manera. Si existe alguna manera de llegar a Jake, es a través de su ego.
 
―Tal vez esto sea bueno para el programa ―sugiero―. ¿Toda la prensa nacional? ¿Podría ser buena para tu carrera? ¿Abrir algunas oportunidades?
 
Como era de esperarse, le gustan esas ideas, así que continuo hablándole calmadamente, diciéndole que no tiene nada de qué preocuparse con Britt, que más bien debería considerar cómo convertir lo que ha pasado en algo bueno, para él, por supuesto. Eventualmente, hay silencio al otro lado de la línea. Debe estar pensando. ¿Se desconectó la llamada? Nunca está tan calmado. Debe estar haciendo mucho esfuerzo pensando.
 
―Te la follaste, ¿verdad? ―pregunta.
 
―¿Qué? ―Me ahogo―. ¿De qué hablas?
 
―Puedo decir que algo está pasando ―dice.
 
―No sabes una mierda ―le digo.
 
―Te gusta, ¿no es así? ―pregunta.
 
Ahora, soy yo quien se queda en silencio.
 
―La llevé a almorzar.
 
―Sabía que algo pasaba. ¿La llevaste a almorzar antes o después de azotarle el culo?
 
―¡No tuvimos sexo! ¡Jesús! ¿Qué te pasa?
 
―¡No me pasa nada! ―dice, y se reenfoca―. Has estado fuera de juego por mucho tiempo. Así es como se hace ahora.
 
―¿Entonces me estás diciendo que esa mujer quiere un revolcón de una noche conmigo?
 
―Eso funciona para mí. Pisa y corre es el único camino a seguir. ―Jake se detiene por un segundo―. ¿A menos que realmente te guste?
 
―Me gusta. ―Seguido de un largo silencio―. Jake, ¿qué estás pensando?
 
―Haz una maldita conjetura ―dice.
 
―Que no vas a conseguir tu disculpa ―digo, esperando que me ame lo suficiente como para dejarlo pasar. De otra manera, lo voy a aplastar. Ambos lo sabemos
 
―Maldita tonta ―dice Jake―. ¡Me la debes!
 
―Bien, pero necesito un favor.
 
―Hay una turba de mujeres ―grita Jake―. No hay una maldita manera de que entre allí. Van a poner mis bolas en un cabestrillo.
 
―No seas marica ―digo, rodeando la zona de estacionamiento enfrente de la pequeña tienda de Britt. El estacionamiento está lleno, con una línea de mujeres extendiéndose fuera de la entrada principal. La bofetada de perra que le dio Jake la ha catapultado al estrellato repentino. Me estaciono de manera ilegal. ¿Qué es una multa más en la pila de Jake? Tan pronto como vamos hacia la tienda, las mujeres comienzan a gritar el nombre de Jake. Tomamos nuestro lugar en la parte posterior de la fila, pero algunas manos hacen señas a la izquierda y derecha de Jake.
 
Entonces la veo. Britt sale por la puerta principal con Quinn a su lado, claramente queriendo ver de qué se trata tanto alboroto.
 
―Vámonos ―se queja Jake―. Estas mujeres están locas.
 
No dejo de mirar a Britt, quien se acerca rápidamente.
―Haz lo que te dije ―le digo a Jake, quien comienza a dirigirse hacia la entrada principal haciendo todo lo posible para evitar a Britt, que está pisoteando todo el camino hacia mí.
 
―¿Simplemente eres terco o…? ―deja salir echando humo.
 
―Esto no se trata de ti ―le digo, señalando con la cabeza hacia Jake, ahora parado delante de Quinn―. No eres tú quien tiene que disculparse aquí. Es él. Vi la entrevista. Vi su reacción a la foto de Quinn. Sé que fue eso lo que te motivó.
 
Ella mira hacia su hermana, que se secaba los ojos.
 
―¿Lo trajiste aquí para que se disculpara con Quinn?
 
Me encojo de hombros y creo que la veo suavizarse un poco.
 
―No debí haber mentido esta mañana. Esa no es forma de empezar una relación.
 
―Entonces, ¿por qué lo hiciste?
 
Tomo su mano y la atraigo hacia un callejón a un costado de la tienda. No estoy a punto de tener esta conversación frente a una turba de mujeres emocionales.
 
―Porque sabía que me encargaría de Jake, y conseguiría que diera marcha atrás. Y…
 
―¿Y?
 
Le sonrío y me doy cuenta que es mejor ser honesta.
 
―Porque luces mucho mejor que Jake, y quiero llegar a conocerte. ―Se sonroja, de un tono rojo brillante.
 
No puede negar que le gusto, incluso si no quiere que le guste. Tal vez las cosas pueden volver a la pista después de todo el fiasco con Jake. Pero sé que no tengo mucho tiempo. El trabajo está esperando. Echo un vistazo a mi reloj.
 
―No se ven muchos relojes así ―dice.
 
―Fue de mi padre. Lo heredó de mi abuelo. No estoy seguro de cuán viejo es en verdad. Mi padre murió cuando yo era muy joven.
 
―Perdí a mi madre cuando yo era joven ―dice Britt.
 
―Lo siento ―digo, dándole una pequeña sonrisa―. Mi mamá guardó el reloj para mí. Incluso cuando el dinero era escaso, no lo vendió. Me lo dio cuando terminé la escuela de leyes. Es realmente lo único que me queda de él. Pero tengo un gran padrastro ahora, y Jake no es tan malo una vez que llegas a conocerlo. ―Ella levanta las cejas. Mi teléfono empieza a sonar en el bolsillo―. Lo siento.
 
―Está bien ―dice―. Puedes contestar. Es un día de trabajo. Mi teléfono también ha estado sonando todo el día.
 
Miro mi teléfono luego vuelvo la mirada a sus ojos. Esta es una decisión fácil. El teléfono va directo a mi bolsillo de nuevo.
 
―Es mi secretaria. Tengo una reunión muy pronto. Estoy segura de que me llama para recordármelo.
 
―¿Estás segura?
 
―Algunas cosas son más importantes que el trabajo. ―Su sonrisa le llega hasta el fondo de sus ojos, y sé que la he conquistado. Los miembros del jurado a veces tienen la misma mirada. Es la forma de saber cuando has conectado con ellos.
 
―Bueno, dado que llamé a tu hermanastro “polla de lápiz” en televisión en vivo, llamémoslo así ―dice riendo. Me encanta la facilidad con que se ríe. Extraño eso… reír.
 
Mi estómago dio volteretas. Había olvidado qué tan pesado podía ser el tema de las citas, qué tan mal podía hacer sentir a tu estómago, y qué tan ligero podía hacer sentir a tu corazón. Britt mete un mechón de cabello detrás de su oreja. La he visto hacerlo varias veces, su pequeño tic nervioso. Probablemente tampoco ha tenido una cita en mucho tiempo. Eso es bueno porque estoy muy fuera de práctica con todo el jodido proceso.
 
El sol destaca los reflejos en su cabello rubio.  Atrapo mis dedos con los suyos, mientras me robo una mirada a la curva de su trasero.
 
―Mejor voy a salvar a Jake de esa turba de mujeres enfadadas. Te acompaño de vuelta. No quiero que te pierdas.
 
Se ríe de nuevo.
 
―Ya estás descubriendo todos mis pequeños secretos.
 
―Dime otro secreto ―digo.
 
―¿Momento de confesiones? ―Britt se detiene y se frota los labios―. No soy madrugadora.
 
―Oh, voy a verte…
 
―¡Santana! ―dice Jake en voz alta mientras pasa por la esquina del callejón.
 
―¿Creo que te tienes que ir? ―pregunta Britt.
 
―Todavía no. ―Le hago señas a Jake para que me dé cinco minutos más y luego la jalo acercándola, absorbiéndola, su cabello rubio, piernas perfectas, ojos azules, pechos empujando contra su camiseta de tirantes. Podría mirarla todo el día―. Cuando tenía quince años, fui a mi primera cita. Acompañé a la chica hasta la puerta, pero estaba demasiado asustada para besarla. Estaba tan molesta conmigo mismo esa noche. Me prometí que nunca haría eso de nuevo. ―Me muevo un poco más cerca, mis ojos en sus labios rosados―. Me prometí que si alguna vez realmente quería besar a una mujer, lo haría.
 
La miro a los ojos, y luego a la boca, luego a los ojos de nuevo, pidiendo permiso, y cuando sus ojos se cierran, sé que lo tengo. Su boca se abre ligeramente, y, como una pluma, rozo mis labios contra los suyos. Tal vez debería parar, pero no lo hago, no puedo. En el momento en que mi lengua toca la suya, todas las apuestas están puestas, de ninguna manera puedo conformarme con apenas un besito. Pero tanto como quiero levantar sus piernas hasta mi cintura y follarla contra la pared, la conozco y sé que merece algo mejor. Con mi pene gritándome que estoy tomando la decisión equivocada, doy un pequeño paso atrás y sus ojos se abren lentamente.
 
Britt endereza su postura y destella una sonrisa linda, tímida.
 
―Cuando tenía dieciséis años, fui a mi primera cita. El muchacho me dejó en casa y no me besó. Pasé toda la noche preguntándose por qué. Me prometí que si alguna vez realmente quería besar, lo haría.
 
Pone su mano sobre mi pecho, y me gusta hacia dónde va esto. Si esta es la forma en que funcionan las citas ahora, está bien para mí. Me puedo acostumbrar a eso. Me encanta la sensación de su mano en mi pecho. Mi secretaria, mi trabajo, Jake, todo lo demás puede esperar.
 
Me toca suavemente la barbilla para que incline la cabeza hacia arriba. Nunca he estado tan impaciente por cualquier cosa en mi vida más que por sentir sus labios de nuevo. Me acerca, haciendo de mi aliento su aliento. Apenas cuando sus labios rozan los míos, gira la cabeza y me besa firmemente en la mejilla.
 
No puedo evitar sonreír, completamente batida por ella. ¿Puede ser más adorable?
 
―Más tarde ―susurro, pero suena más como una promesa, una promesa que tengo la intención de mantener.
 
Después del día de trabajo más improductivo de toda mi vida, es el momento de retirarme. Por lo general no me importa trabajar hasta tarde. De hecho, se ha convertido en la norma para mí, pero no puedo conseguir terminar el trabajo el día de hoy. De hecho, sólo facturo un par de horas, lo que puedo decir con seguridad es culpa de Britt. Ella tiene toda mi atención sin siquiera intentarlo. Lo único en lo que puedo pensar es en su cuerpo sexy, la descarga de electricidad cada vez que la tocaba, cómo se veía cuando le oí hablar de su vibrador.
 
Llego a la tienda de Britt como atraída por alguna clase de fuerza mística. Eso es mentira. La fuerza no es tan mística. De hecho, mide veinte centímetros de largo y está duro como una roca.
 
Pero está oscuro y todo tranquilo fuera de la tienda ahora. ¿Tal vez sigue trabajando dentro? Probablemente debería haber llamado primero, darle alguna clase de aviso. Pero ya estoy aquí. ¿Qué demonios? ¿Por qué no? Llamo.
 
La adrenalina corre a través de mi cuerpo, sin saber si esta es la decisión correcta o no. Pero nadie atiende. Estoy a punto de marcharme cuando veo a Britt mirando a través de las persianas y soltándolas rápidamente. No está abriendo la puerta. ¡Estoy parada aquí como un idiota!
 
La escucho murmurar dentro. No estoy segura de si está hablando conmigo o consigo misma, así que me apoyo y pego mi oreja a la puerta. Está hablando consigo misma, preguntándose qué estoy haciendo aquí a esta hora, quejándose de que está hecha un lío de nuevo, y que no puedo seguir viéndola así.
 
Pero ya la vi a través de las persianas, y Britt lucía hermosa para mí. Voy a darle otra oportunidad. Llamo de nuevo. Después de un momento o dos, abre la puerta sólo un poco y saca la cabeza.
 
―Tenía la esperanza de que todavía estuvieras aquí ―digo, sonriendo como una tonta.
 
―Estoy trabajando.
 
―¿Qué tal un descanso? ―pregunto, poniendo mi mano en la puerta.
 
―Bueno, eh… ―Se muerde el labio, pero abre la puerta, así que entro―. Cuando dijiste “más tarde”, no pensé que querías decir esta noche. No esperaba a nadie.
 
―Creo que debería haber llamado ―digo, ya que ella lleva puesto lo que creo que es un pijama―. ¿También vives aquí?
 
Se vuelve de color rojo brillante, pero no estoy segura de porqué está incómoda.
 
―Es temporal. Hay un pequeño apartamento en la parte de atrás. He estado aquí un par de meses. Me ahorro el alquiler.
 
―Tiene sentido ―digo, tratando de alcanzar su mano―. ¿Cómo te fue con la fila de clientes?
 
Me cuenta que la fila fue constante durante todo el día, y tuvo que seguir con la tienda abierta hasta que los atendió a todos, no queriendo rechazar a nadie, clientes haciendo nuevos pedidos de ropa interior de Britt y otros que se presentaron sólo para tomarse una foto con la chica que puso a Jake  en su lugar.
 
―¿Quinn se quedó a ayudarte? ―pregunto.
 
―La envié a casa con Zoe a media tarde. Ambas estaban exhaustas. No quiero sobrecargar a Quinn.
 
Al parecer, nunca antes había tenido este volumen de trabajo, más de cien nuevos pedidos que procesar. Y puedo decir que no está segura de cómo va a manejarlo todo. Claramente está estresada al respecto, y espero que esté considerando contratar alguna ayuda a tiempo parcial. Toma una respiración profunda a través de su sonrisa, pero es claro el peso de todo esto.
―Es impresionante que hayas hecho todo esto sola ―digo, tirando de ella un poco más cerca.
 
Pone su mano en mi pecho de nuevo, pero esta vez para que me detenga.
 
―¿Jake? Es agradable se disculpó con Quinn, pero…
 
―Mira, no tienes que preocuparte por nada. Sabe que te invité a almorzar.
 
―¿Y eso simplemente lo hizo retroceder?
 
―No he tenido una cita con nadie desde mi divorcio, así que creo que estaba contento por mí y no quería arruinarlo.
 
―Eso, en realidad es un poco dulce.
 
―Tiene sus momentos ―digo―. Quería preguntarte algo. Vi la entrevista en línea esta tarde. Cuando comenzó la entrevista, antes de que Jake te hiciera una pregunta, incluso antes de decir una palabra, había una expresión extraña en tus ojos. Sonreías, pero algo desviaba tu mirada. ¿Estabas sólo nerviosa o era algo más?
 
―¿Podía notarse?
 
―Estoy entrenada para escoger jurados. Es mi trabajo notar cosas ―le digo―. ¿Qué pasaba afuera?
 
―Jake me hizo un pase. Pasó su mano por mi rodilla y muslo mientras estaba frente a mí. Le golpeé la mano como cinco segundos antes de que saliéramos al aire. Todos en la sala, productores, camarógrafos, estoy bastante segura que todos lo vieron o escucharon.
 
―Jake nunca me contó esa parte. Lamento que lo hiciera ―digo y empiezo a pensar en formas creativas de matar a mi hermanastro―. ¿Me muestras los alrededores?
 
―Mi lugar no es mucho ―dice señalando a su catálogo de ropa interior―. Las cosas aquí dentro están muy bien.
 
Paso algunas páginas.
 
―Quinn se ve hermosa en esas fotos.
 
Britt asiente.
 
―Estaba tan excitada que parecía que tenía escote.
 
―Puedo ver por qué estabas enojada con Jake ―digo―. ¿Qué tan malo es?
 
―Etapa cuatro de cáncer de mama, veintinueve años de edad.
 
―Tan joven. ¿Es tu única hermana?
 
―Tengo un hermanastro, Kurt. Te agradaría. Kurt siempre está haciendo chistes, bromeando, haciendo el tonto.
 
―¿Cuál es el pronóstico?
 
―No voy a renunciar ―dice Britt.
 
Y la forma en que lo dice me hace pensar que no hay nada que esta mujer no pueda hacer.
 
―¿Quinn ha pasado por diferentes tratamientos?
 
―Un par de rondas de quimioterapia. Y hace poco se hizo una doble mastectomía, pero no le ha hecho ningún bien ―dice―. Hablemos de otra cosa.
 
Los ojos de Britt se bajan más cerca del suelo. No llegan lágrimas, pero sé que toqué un punto sensible.
 
―Lo lamento. No era mi intención molestarte. Sé que has tenido un largo día.
 
―Está bien ―dice Britt, trazando con un dedo la foto de Quinn―. Es difícil hablarlo. A pesar de que es mi hermanastra, la amo como si fuera la cosa real. Siempre ha sido tan hermosa: reina del baile, capitana de las animadoras.
 
―Creo que eres hermosa ―le digo, y rápidamente rueda sus ojos―. ¿No lo crees?
 
―Siempre he sido la que quieres para que sea tu niñera ―dice―. Soy la chica buena, muy responsable, del tipo de la chica de al lado.
 
¿Debo decirle que tomé la virginidad de la chica de al lado? Probablemente no.
 
―Creo que eres más que eso ―digo, dando un paso más cerca de ella. Esa no es una línea prefabricada. Lo digo en serio. Y no estaría aquí si no lo creyera.
 
Me acerco unos centímetros, pero ella luce confundida, un poco como si quisiera que la besara, un poco como si quisiera que me enredara con ella, pero la mayor parte como si quisiera que no hiciera nada más. No puedo culparla; apenas nos conocimos hace unas horas. Jake está equivocado respecto al revolcón de una noche. Esta mujer no está buscando un enganche. Yo tampoco. Una noche con ella no sería suficiente. Así que doy un paso atrás, los puños apretados a los costados para redirigir mi energía.
 
―Ese fue mi primer catálogo ―explica Britt―. Mi plan es hacer dos al año. ―Toma un cuaderno de dibujo de su mesa de trabajo―. En esto es que estoy trabajando para la siguiente colección. Muy pronto tomaremos las fotografías. La línea está inspirada en ropa de hombres, muy uniforme a rayas y…
 
Ella sigue hablando de los diferentes tejidos, colores y texturas que planea usar. No tengo ni idea de qué está diciendo, pero me maravillo con lo que veo: corsés y corpiños, chalecos con ligueros, sujetadores y tangas. Me encanta que estas ideas, estas fantasías, salieran de su mente. Ella es mucho más de lo que cree, mucho más que la chica de al lado.
 
Britt cambia a otro boceto, éste de un sujetador azul marino a juego con una panty con medias y tacones. Eso se verá perfecto en ella, especialmente si está inclinada sobre mi escritorio. Mi polla palpita, tomo una respiración profunda y trato de concentrarme en lo que está diciendo Britt. Mis ojos buscan en las páginas del catálogo cualquier cosa que me distraiga.
 
―¿Qué es esto?
 
―Puños ―dice―. Como en las camisas de vestir de hombre. Pero estos dos son esposas.
 
Está bien, eso es todo. El espectáculo de artes y oficios está oficialmente volviéndome loca. Mi pene está duro como piedra ahora, y no puedo aguantar más. La jalo hacia mis brazos, la levanto sobre su mesa de trabajo, acomodando mis caderas contra ella y reclamo su boca. No dudo esta vez, ni me pregunto cuán lejos puedo ir. Sé lo lejos que quiero llegar y no estaré satisfecha hasta tener mis bolas profundamente en ella. Le doy un pequeño tirón a su cabello y flexiona su cabeza hacia atrás, concediéndome el acceso a la suave piel de su cuello. Deja escapar un pequeño gemido dulce mientras engancha sus piernas alrededor de mi cintura. Agarrando su trasero, la jalo con más fuerza contra mí. El calor entre sus piernas está rogando por mí, y un gemido bajo, profundo, se le escapa. Quiero más, todo de ella.
 
Mi mano se desliza bajo la parte posterior de su camisa de pijama y dibuja a lo largo de su piel sedosa. Ella se siente increíblemente caliente, fundiéndose en mi toque. Tomo su camisa para sacarla por encima de su cabeza, pero Britt me empuja un poco y bloquea sus ojos conmigo, sus manos en la parte inferior sosteniéndola en su lugar. No me equivoqué la primera vez. Esta chica no está interesada en ser solo un desahogo. Jake demuestra una vez más que es un completo idiota.
 
―Um ―dice―, tal vez sea una mala idea que veamos la ropa interior juntas.
 
―Correcto ―digo, deseando que mi polla se calme―. Muéstrame el resto de tu hogar.
 
Toma mi mano y me lleva fuera del área de trabajo y a través de un pequeño pasillo. Miro hacia nuestras manos unidas. Es la primera vez que intenta agarrarme la mano, y mientras desearía que todavía estuviésemos sobre ese escritorio, su gesto simple significa mucho, y mi corazón se agrieta abriéndose por completo. Todo el dolor y la porquería que he estado cargando los últimos años, cae a un lado. Es hora de empujar todo eso. Creo que en verdad estoy lista para algo nuevo. Empuja una puerta para abrirla y me lleva dentro de lo que debe ser el más pequeño apartamento tipo estudio en todo el mundo. Y para mi suerte, la cama es el punto focal de la habitación. ¡Va a ser una larga noche!
 
Varios bastidores de ropa y cajas de zapatos se alinean en una de las paredes. Hay una silla, una mesita de noche, y un pequeño televisor que descansa sobre un soporte. También hay un pequeño parque infantil en un rincón para el bebé. En la cocina, sólo hay una estufa de dos quemadores, refrigerador y microondas. Empuja otra puerta hacia un cuarto de baño, que solo tiene ducha, no bañera.
 
―Agradable ―le digo.
 
―Me gusta la honestidad, ¿recuerdas?
 
―Está bien, es un vertedero deprimente ―digo, riendo.
 
―Lo sé, pero sólo es temporal ―dice, riendo―. B- Lingerie está creciendo. Sólo sé que lo hace.
 
―Lo creo ―digo y camino hacia la pared con las cajas de zapatos, filas y filas de ellas apiladas hasta dos metros de altura, cada caja con una foto del zapato en la parte frontal.
 
―Me gustan los zapatos.
 
―¿Todos están clasificados por color?
 
―Es más fácil de esa manera.
 
Miro hacia abajo a sus dedos de los pies perfectamente cuidados. Me pregunto ¿cómo se afeita? No es que realmente importe. Sólo un pequeño consejo, señoras. A los hombres  y mujeres realmente no les importa un carajo cómo están afeitadas. Si estilo “pista de aterrizaje” o “completamente desnuda”, de ninguna manera romperá el trato. Por supuesto, todos  tienen una preferencia. ¿La mía? Totalmente desnuda. No puedo quedarme pegada pensando cómo puede o no estar depilada, pero prácticamente no puedo resistir la tentación. Mi ex mujer se dejaba crecer de forma bastante laxa en esa zona. No me molestaba pero no he visto a una mujer totalmente depilada en lo que parece una eternidad.
 
―¿Qué estás pensando? ―pregunta, viendo que mi mente estaba a un millón de kilómetros de distancia.
 
―Nada. Yo, eh, estaba esperando que tuvieras una colección de lencería, no una colección de zapatos. ―¡Esa fue una buena salvada!
 
―También la tengo ―dice―. Pero la única cosa parecida a la ropa interior agradable son los zapatos. Ningún otro elemento de vestuario puede cambiar por completo la actitud de una mujer como el sostén correcto o los tacones de aguja perfectos.
 
―Así que cuando estás de mal humor, te sugiero pantys y tacones ―le digo.
 
―Exactamente.
 
―Ahora, como tu abogada, tengo que hacerte una pregunta personal.
 
―¿Es algo que haces con todos tus nuevos clientes?
 
―No con todos. ―Miro el cuadrado de sus ojos, como si estuviese haciéndole examinación cruzada a un testigo en una demanda por un millón de dólares―. ¿Mantienes tu vibrador en el baño o aquí en el dormitorio?
 
―¡Oh Dios mío! Santana! ―Britt me golpea suavemente el hombro antes de ocultar su rostro en sus manos―. ¡No puedo creer que me escuchaste decir eso!
 
Es divertido burlarse de ella. Se pone tan roja, y casi había olvidado lo divertido que podía ser coquetear. Cayendo de rodillas, miro en broma debajo de la cama.
 
―¡No hay muchos lugares donde ocultarlo!
 
―¡Santana!
 
Suelto nuevamente:
 
―¿Lo tienes en una caja, o tal vez mezclado con tus zapatos?
 
―¡Mis labios están sellados!
 
―¿Me puedes dar una pista? ¿De qué color es? ―Paso la mano sobre unas cuantas cajas y abro algunas otras―. ¿Hay una foto de él en el frente de una caja?
 
―¡Estás loca! ¡Nunca haría eso! ¡Nunca lo encontrarás!
 
Froto mi barbilla y mis ojos caen en la mesita de noche junto a la cama, el lugar más obvio en el cual guardarlo.
Britt salta delante de ella.
 
―¡No te atrevas!
 
Doy un paso hacia ella, presionando mi cuerpo al suyo.
 
―Necesitas un mejor escondite.
 
―Nadie ha estado aquí antes.
 

¡Y planeo asegurarme de que ningún otro lo haga jamás!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 12, 2016 12:17 am

BRITTANY

 
No importa lo tarde que es. Lo único que sé es que no quiero que mi tiempo con Santana se termine. Reír, coquetear, besar, la forma en que sus ojos marrones se iluminan cuando me está mirando, es adictivo. Y juro que no me ha quitado los ojos de encima. Incluso cuando estoy de espaldas a ella, todavía la puedo sentir mirándome. Es sexy y protectora, pero hay algo más detrás de la forma en que me mira; es como si tuviese miedo de perder algo.
 
―Creo que es muy valiente lo que estás haciendo, comenzar tu propio negocio, salir en la televisión, manejar tantos clientes ―dice.
 
―Entonces, ¿por qué estoy tan locamente asustada? ―Oh, Dios mío, ¿por qué lo admití? Necesito incrementar mi filtro.
 
Coloca sus brazos a mi alrededor.
 
―Creo que eso es perfectamente normal. El tema es cómo lo manejas. Simplemente, no le demuestres a tus clientes que estás asustada. No lo mostraste esta mañana en la TV.
 
La olfateo y exhalo. No es que realmente tenga algún olor, pero su cuerpo es cálido, y encajo perfectamente en el rincón de su costado, como si perteneciera allí.
 
―No es justo. No importa cuán lejos llegue una mujer en el mundo, no importa cuánto feminismo hay, una chica siempre quiere seguridad. Cuando nos sentimos pequeñas y asustadas, unos brazos a nuestro alrededor siempre nos hacen sentir mejor, protegidas. ¿Cómo hacen eso? Quiero decir, ¡ni siquiera te conozco!
 
―¿Qué quieres saber? Te diré cualquier cosa.
 
―Hmm, sabes que tengo un terrible sentido de la orientación y que no soy una persona mañanera. Cuéntame alguno de tus pequeños vicios, algún defecto. Más allá del hecho de que eres fanática de los Cowboys.
 
―¿No es lo común que la gente trate de ocultar sus defectos en la primera cita?
 
―Solo los amateurs ―digo. Tengo la esperanza de que ella no esté llena de sí misma como para no poder pensar en nada.
 
Se muerde el labio inferior.
 
―Cristo, me podría tardar toda la vida tratando de enumerarlos todos.
 
―Al menos uno solo.
 
―Mi auto. No me gusta que nadie, excepto yo, lo conduzca. Ni siquiera dejo que los empleados de los estacionamientos lo estacionen.
 
―¿Qué clase de auto usas?
 
―Un Porsche SUV.
 
―Elegante. ―Está bien, es un poco obsesiva con las cosas que ama. Puedo lidiar con eso. Soy igual que ella. Simplemente mira mis zapatos―. Cuéntame de tu familia.
 
―Mi padre murió cuando yo era pequeña ―dice Santana―, y mi madre tenía dos o tres trabajos para poder mantenernos. La primera vez que me presentó a James, mi padrastro, me dijo que esto tenía que salir bien y tener mi mejor comportamiento. Él era rico, y si bien había amado a mi padre, no se casaría de nuevo por amor. Era extraño escucharla decir eso. Gracias a Dios, James es grandioso, pero siempre supe que no quería arruinar las cosas para mi mamá. Así que fui educada, bien portada, conseguí las mejores calificaciones.
 
―¿Cómo lo tomó Jake?
 
―Lo odiaba.
 
―Apuesto que sí. Cómo diablos consiguió trabajo en la televisión, ¡no tengo ni idea!
 
―La estación de TV es de su padre.
 
―¿Tu padrastro es dueño de una estación de televisión? ¡No lo sabía!
 
―Por más de treinta años ―dice―. Háblame de tu familia. Ya conocí a Quinn, y mencionaste a Noah…
 
―Mi papá abandonó a mi mamá justo antes de que yo naciera. Solo lo he visto un par de veces en toda mi vida. Mi padrastro está bien, supongo. Mi mamá y él se casaron cuando yo tenía unos diez años. Quinn tenía doce en ese momento, y de inmediato nos volvimos mejores amigas. Kurt tenía unos cinco años.
 
―Sé que también perdiste a tu mamá cuando eran jóvenes.
 
―Cuando tenía quince ―digo―. Un atracador la mató, y nunca lo atraparon. Quinn y Kurt perdieron a su madre por cáncer de mama; fue duro para ellos. Nadie debería perder a una mamá, y ellos perdieron dos. Y mi padrastro, Michael, perdió a los dos amores de su vida. Cuando mi madre murió, recuerdo quedarme despierta en la noche, preocupada de si sería enviada a una casa adoptiva porque ellos no eran mi verdadera familia. Una parte de mí tenía miedo de que si era mala, me enviarían lejos.
 
―¿Por qué pensarías eso?
 
―Michael nunca me lo dijo a la cara, pero lo escuché hablar con su abogado pocas semanas después de que mi madre murió. Estaba preguntando si mi padre me podía llevar. Creo que Michael estaba abrumado por el momento, siendo de repente padre soltero tratando de criar a sus propios hijos, Quinn y Kurt.
 
―¿Alguna vez viviste con tu padre biológico?
 
―No. ―Nunca debí dejar salir eso. Santana me da un pequeño apretón―. De todos modos, no quería ser una carga o darle a Michael ninguna razón para echarme, por lo que siempre me porté bien y di lo mejor de mí.
 
―Me suena familiar ―digo.
 
Seguimos hablando de cualquier cosa y todo, nuestros gustos y disgustos. En algún lugar entre contarle a Santana que mi comida favorita es la china y balbucear sobre el tiempo en el que Quinn y yo salíamos a escondidas de la casa de Michael y no dirigíamos a la frontera de Texas-Arkansas sólo por decir que lo hicimos, nos relajamos en mi cama. Mi cabeza se apoyó en su pecho y un pequeño bostezo se me escapa. Trato de detenerla. No quiero que la noche termine, pero sé que tiene que hacerlo. Tengo trabajo en la mañana, y lo mismo ocurre con ella.
 
―Debería irme ―dice―. Es tarde. ―Inclina mi cabeza elevando mi barbilla, y me besa con ternura, separando sus labios, su lengua rodeando la mía. Esta mujer se toma su tiempo, no tiene prisa. Ella no es, obviamente, del tipo de "follar y correr". Mi cuerpo se relaja, y deslizo mi mano debajo de su camisa. Los músculos tibios de su espalda ondulan bajo mis dedos, y mis piernas se abren ligeramente. Lo toma como una invitación, una que sinceramente, no tenía la intención de enviar.
 
―Me puedo quedar ―susurra y llega debajo de mi camisa.
 
Rápidamente, me incorporo y aplano mi camisa.
 
―¡No hago esto! ¡Nos acabamos de conocer hoy! ¡No soy una chica que hace esto, así!
 
―En realidad nos conocimos ayer ―dice, sonriendo―. Ya es más de medianoche.
 
―Le doy mi mejor rodada de ojos mientras la empujo a sus pies y la hago caminar hacia la puerta principal―. Hazme un favor ―dice―. Asegúrate de cerrar la puerta después de que me vaya.
 
―Lo haré ―digo.
 
Pone mi cabello detrás de mis orejas y me da un beso largo y lento.
 
―Un favor más: deja a tu pequeño amigo en esa gaveta.
 
―¿Celosa?
 
―Absolutamente
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 12, 2016 12:32 am

CAPITULO 5
BRITTANY

 
Como todos los demás, comienzo esta mañana haciendo tres llamadas: la primera al director de un ensayo clínico de cáncer de mama, la segunda a un especialista en Nueva York, y la tercera a una clínica en Suiza. Y como todos los demás, cada llamada termina de la misma manera: rechazo. Ha sido la misma rutina durante muchos meses.
 
Pero lo seguiré mañana por la mañana, y al día siguiente a ese. Seguiré llamando hasta que alguien me dé la respuesta correcta. Renunciar no está en mi ADN, y he visto demasiado de ello antes. Mi padre renunció a mi madre; Noah renunció a Quinn; mi padrastro y ex-novio no son mejores.
 
Me pongo mis audífonos y empiezo a coser. "Baby Got Back", de Sir Mix-a-Lot empieza a sonar. Me encanta, pero sé que no tengo esa canción en mi iPod. Claro, tengo "All About That Bass" de Meghan Trainor ―es mi canción― pero ¿qué pasa con la que está sonando? Miro hacia abajo, viendo que una nueva lista de reproducción ha sido creada. ¡Quinn! Son todas canciones sobre traseros: "Bootylicious" de Destiny’s Child, "Back Dat Ass Up" de Juvenile, "Thong Song" de Sisqo. Hay por lo menos veinte más. Me parto de risa. Sólo Quinn haría algo como esto.
 
Así que sacudiendo mi trasero, comienzo el día. Vamos, culo, es el momento de ponerse a trabajar.
 
 
Hay órdenes para procesar y más en camino. Siento que estoy tres meses atrasada, pero la sonrisa en mi cara compensa el estrés. Puse mi mejor acento texano para cantar "Honky Tonk Badonkadonk" de Trace Adkins. A pesar del peso en mis hombros y la falta de sueño de anoche, siento que puedo correr un maratón. Una chica sexy tiene una forma de sacar eso en una chica.
 
Mi piel se calienta pensando en Santana, cómo hablamos y hablamos, cómo su cuerpo se sintió cuando me acercó, lo sexy que es. No sé a dónde va esto, o lo que Santana tiene en mente, pero todo el asunto fue excesivamente sexy: apareciendo en mi casa después del trabajo, apoyándome en mi mesa de trabajo, y besándome como si nunca pudiera conseguir otra oportunidad.
 
Dejo que mis dedos se deslicen a través de la mesa de trabajo. ¿Alguna vez la miraré igual? ¿Tal vez debería haber dejado que se saliera con la suya conmigo? Niego con mi cabeza a mí misma. Este no es el momento adecuado para ponerse serios o tener alguna aventura al azar. ¿Va Santana ―después de una semana o dos― siquiera querer seguir tratando con mi drama? Ella es una abogada exitosa, apuesto que puede conseguir a cualquier chica que quiera.
 
Pero por alguna razón, parece realmente interesada en mí. Tengo que darle una oportunidad a esto. Realmente no tengo opción en el asunto. Todo lo que puedo pensar es en la forma en que pasaba su dedo por su labio inferior. La imagen repitiéndose en mi mente, me hace coser más rápidamente que nunca, mis manos tratando de seguir el ritmo de mi corazón.
 
―¿Britt? ―grita Quinn, tirando de uno de mis audífonos―. ¿Te gustan mis selecciones de música? ―Niego con mi cabeza riendo―. Siento llegar tarde ―dice.
Saco el otro auricular y observo a mi hermanastra, que parece más frágil que nunca, como si hubiera perdido cinco kilos durante la noche.
 
―¿Qué ocurre? ¿Dónde está Zoe?
 
―La dejé con papá. Solo estoy cansada.
 
―Entonces vete a casa y descansa. ¿Por qué has venido?
 
―Necesitas mi ayuda ―dice Quinn, comenzando a empaquetar algunos artículos para enviar―. Esto me ayuda a mantenerme ocupada. No voy a sentarme y esperar a morir.
 
―Sabes que odio cuando hablas así.
 
Quinn exhala.
 
―¿Has oído de Santana de nuevo?
 
―En realidad, vino anoche.
 
―¿Echaste un polvo?
 
―No ―le digo, riendo―. Pero estuvo aquí hasta muy tarde.
 
―¿Y no conseguiste nada?
 
―Lo intentó, pero no.
 
―Estoy tan celosa.
 
―Hablamos, también ―digo―. Ya sabes ¿esas conversaciones que duran y duran, y nadie quiere que terminen?
 
―Me acuerdo de esas ―dice Quinn melancólicamente―. Estás enamorándote de ella. Esta por toda tu cara.
 
―¡Lo sé! ¡Es ridículo! Es decir, ¡acabo de conocerla!
 
―Estoy feliz por ti. Esto es justo lo que necesita tu corazón.
 
―Espero que sí ―digo―, pero no quiero que se rompa.
 
―Eso siempre es el riesgo. O bien consigues para siempre el amor de tu vida, o tu corazón se destroza. ―El teléfono suena, y Quinn contesta luego cubre el receptor―. ¿Adivina quién?
 
¡Ella llamó! Agarro el teléfono y ahuyento a Quinn.
 
―Hola, Santana. Estoy un poco ocupada, pero probablemente puedo almorzar.
 
―Quinn empieza a rebotar arriba y abajo, asintiendo―. ¿Tu oficina? ―Camino a la puerta principal y miro hacia afuera―. ¿Enviaste un auto por mí? ¡Mi sentido de orientación no es tan malo!
 
―¡Sí, lo es! ―grita Quinn.
 
Miro hacia abajo a mis vaqueros cortos y camiseta sin hombros. Hago un medio giro y miro mi trasero. Parece que se contiene a sí mismo, por ahora.
 
―Santana, no estoy realmente vestida para tu oficina. He estado cosiendo toda la mañana. ―Escucho unos momentos más, notando que la única cosa decente de mi atuendo son mis zapatillas de ballet azul cobalto de Tieks―. De acuerdo. Estoy saliendo por la puerta ahora. ―Cuelgo y agarro mi bolso.
 
―Tienes que decirme qué te dijo para convencerte ―dice Quinn.
 
―Dijo: “Cada minuto que pasas cambiándote de ropa es un minuto menos que consigo verte".
 
Jugueteando con la correa de mi bolso, entro en el vestíbulo de la firma, mirando alrededor a los muebles y escalera de caracol, y a todos los abogados que van y vienen, maletines de cuero en la mano, el sonido de mocasines y stilettos resonando en el suelo de mármol.
 
Tan pronto como me siento, una mujer mayor con el cabello rojo ardiente viene girando la esquina. Está vestida de punta en blanco y me ofrece una enorme sonrisa.
 
―¿Brittany S. Pierce? ―Me pongo de pie y doy un pequeño saludo―. Soy la secretaria de la Srita. López,  Mona. Dijo que debería enviarla directamente.
 
―¿Está ocupada? ―pregunto―. Quiero decir, puedo esperar aquí.
 
―No, cariño. No vas a esperar en el vestíbulo. La Srita.  López dejó en claro que no debes ser puesta en espera. Te llevaré a su oficina. Está terminando una conferencia telefónica.
 
Mona me conduce a través de un laberinto de pasillos, y siento algunas cejas levantadas a lo largo del camino. Francamente no culpo a nadie por ello. Mi atuendo es más apropiado para un picnic o un paseo por la playa, no la oficina de una socia en el bufete. ¡Cinco minutos para cambiarme de ropa no me habrían matado! El auto que Santana envió habría esperado.
 
Llegamos a una parada al final de un pasillo fuera de las puertas dobles de madera. Mona golpea y los abre suavemente, haciéndome un gesto para que ingrese. Me asomo y encuentro a Santana al teléfono en su escritorio, de espaldas a la puerta, frente a las ventanas de piso a techo que muestran la ciudad de Dallas. Se gira y me saluda con la mano luego sostiene un dedo de disculpa que necesita un minuto.
Suavemente cierro la puerta. Su oficina es tan grande como mi apartamento e impresionante por todas partes. Hay pisos de madera y alfombras orientales, enormes ventanas a lo largo de dos paredes, estanterías con diplomas y premios, un sofá y una mesa de café. Ciertamente parece el lugar ideal para sostener reuniones con clientes y sesiones de estrategia.
 
Hay un nuevo ordenador brillante entre pilas de papeles y archivos y libretas amarillas repartidas por todo su escritorio. Parece un interminable flujo de trabajo. Extrañamente, no hay ni una sola foto familiar o souvenir o recuerdo en cualquier lugar a la vista.
 
Me pregunto si eso tiene algo que ver con su divorcio. Tal vez su ex quemó todo, o lo llevó a la tintorería o… Sacudiendo mi cabeza, empujo su divorcio fuera de mi mente. Prefiero centrarme en su sexy, imponente voz.
 
Su intensidad, su franqueza, es sorprendente, recordándome a mi ex novio y enviando unos desagradables escalofríos por mi espina dorsal. Los escalofríos rápidamente se convierten en un cosquilleo agradable cuando Santana me da un pequeño guiño y extiende su mano para que vaya a ella. Me acerco y tomo su mano. Me da un beso tranquilo en la mejilla y rápidamente termina la llamada.
 
Sus dedos se deslizan por mi cuello y debajo de la correa de mi sujetador negro asomándose de mi camiseta.
 
―¿Es este uno de tus diseños?
 
―Por supuesto ―digo―. Pruebo todos mis diseños primero.
 
―¿Los corsés? ―pregunta―. ¿Esas esposas?
 
―Todos ellos ―digo, y sale sin aliento y necesitado.
 
―Cristo ―gime.
 
Sus labios encuentran ese lugar perfecto en mi cuello, el que encontró anoche, el que hace que mi ropa interior se empape. Su mano enrolla mi cola de caballo, tirándolo ligeramente hacia atrás. Todo lo que puedo hacer es gemir mientras su lengua trabaja la delicada carne de mi cuello. Eso es todo lo que necesita para conseguir que mis piernas se aprieten juntas, mi corazón se acelere. Santana apenas me toca, sus manos ni siquiera están vagando, y ya estoy jadeando. ¿Por qué prometí dejar mi vibrador en el cajón?
 
―¿Srita. López? ―dice Mona por el altavoz―. El almuerzo está aquí.
 
Santana me da una sonrisa torcida y luego desaparece por un momento, volviendo con unas cuantas bolsas y pateando la puerta para cerrarla. Pone las bolsas en la mesa.
 
―Dijiste que te gustaba la comida china, así que pedí un par de cosas diferentes. Espero haber conseguido algo que te guste.
 
―Desafortunadamente, como casi cualquier cosa.
 
―Eso es algo bueno ―dice y saca unos palillos y un par de cajas de cartón.
 
―¡Dile eso a mi culo! ―Santa mierda, eso no acaba de salir de mi boca. Tengo que recordar que no estoy hablando con Quinn. Claramente, mi cerebro todavía no funciona después de ese beso.
 
Se congela. Sus ojos se bloquean con los míos y su voz se endurece.
 
―No deberías hablar de ti misma de esa manera.
 
―Cada chica tiene un "día gordo” de vez en cuando.
 
―Dijiste lo mismo en tu entrevista.
 
Me olvide de eso. Supongo que lo hice.
 
―Bueno, es normal para una chica sentirse…
 
―No debería serlo ―dice rápidamente.
 
―¿Cómo lo sabes ? ―bromeo, tratando de aligerar su estado de ánimo.
 
―No dejarías que nadie te hablara así, por lo que no deberías hablar de ti misma así.
 
Es una buena abogada y tiene un buen punto.
 
―Tienes razón.
―Por favor, dite a ti misma cosas buenas ―dice, dando un paso más cerca de mí―. Recuérdate esa risita sexy tuya, tus hermosos ojos…
 
―Por favor, para ―ruego.
 
―¡Pero no he terminado! ¡Estaba guardando lo mejor para el final! ―Santana ahueca mi culo con las dos manos y me tira hacia ella―. Esto es todo en lo que he estado pensando. ―Bajo mi cara a su hombro―. Y lo amaré aún más cuando este encima de mí.
 
―¡Oh, Dios mío! ―grito.
 
―Sólo estoy siendo honesta ―dice, sonriendo abiertamente―. Pensé que eso es lo que querías.
 
―¡Esta cosa de la honestidad puede ir demasiado lejos!
 
Se ríe entre dientes mientras saca el resto de las cajas de cartón y termina de acomodar nuestro almuerzo. Es raro conseguir un periodo de cumplidos, pero aceptarlos de alguien que es una diosa del sexo andante viva y respirando, es aún más difícil. Me tomará algún tiempo acostumbrarme. Se sienta, me tira a su regazo, y me da de comer un bocado. Agarro un par de palillos y le devuelvo el favor.
 
―Así que esta noche ―dice―, tenía la esperanza de que pudiera llevarte a una buena cena o… ―Con mi boca llena, niego con mi cabeza un poco y luego veo sus labios fruncirse. ¡Está decepcionada ante la idea de no verme! No debería, pero me hace tan condenadamente feliz, incluso más feliz que un par de zapatos nuevos―. ¿A menos que tengas planes?
 
Ansiosa de explicar, rápidamente mastico y trago.
 
―Se supone que debo ir a cabalgar después del trabajo, y rara vez voy a montar ya. Así que…
 
―¿Estaría bien si nos encontramos ahí? ―ofrece Santana―. Podemos hacer algo después.
 
Mi corazón da un vuelco, y una sonrisa cubre mi rostro. Está interesada en todo de mí, no sólo sus propios deseos y necesidades. Ni siquiera preguntó dónde está el establo, y tengo la sensación de que no le importa cuán lejos está. Creo que sólo quiere estar dondequiera que esté. Le digo dónde encontrar los establos y que sólo puede aparecer siempre que haya terminado de trabajar, lo que, a partir de las pilas de carpetas y papeles en su escritorio, probablemente no será dentro de poco.
 
―Srita. López ―dice Mona sobre el altavoz―, su llamada de la una en punto está en la línea.
 
Santana mira su reloj y deja escapar un suspiro. Acaricia mis caderas, y nos levantamos. Caminando hacia su escritorio, golpea un botón en su teléfono.
 
―Mona, ella esta adelantada veinte minutos. Por favor, dile que la llamaré de… Niego con mi cabeza y articulo:
 
―No, te veré más tarde.
 
―¿Estás segura? ―articula de vuelta, y yo asiento―. Mona, borra eso. Tomaré la llamada ahora. ¿Está el coche enfrente para Britt?
 
―Sí, señorita.
 
Santana llega hacia mí.
 
―Te acompañaré abajo.
 
―Está bien ―digo―. Estoy contenta de que conseguí verte un ratito. Toma tu llamada. También tengo trabajo que hacer.
 
Santana me acompaña a la puerta y me da un azote juguetón en mi trasero.
 

―Esta noche.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 12, 2016 12:50 am

CAPITULO 6
SANTANA

 
Estoy tarde para salir de la oficina, alrededor de una hora más tarde de lo previsto. Parece que mis días se están volviendo más y más largos. Es exactamente lo opuesto de lo que he estado esperando que pase, y por mi vida, no puedo entender por qué lo estoy haciendo. Durante mucho tiempo, lo hice para proporcionar a mi ex esposa un cierto estilo de vida, y luego para evitar la tristeza y la pérdida de mi matrimonio.
 
Pero en este punto, no hay una buena razón del porqué trabajo tanto. Seguro, el negocio es bueno, pero no me mataría trabajar una o dos horas facturables menos al día. Mis clientes todavía estarían bien representados, y estoy segura que me las arreglaría para sobrevivir muy bien en mis quinientos dólares de tarifa por hora. Sí, sé que la tarifa es obscena, pero es lo que todas las firmas similares a la mía cobran en el mercado de Dallas. Y soy afortunada de que tengo una larga lista de clientes listos, dispuestos, y capaces de pagarlo.
 
Me detengo en los establos. Si me perdí a Britt, voy a estar tan enojada conmigo misma. Ya era lo suficientemente malo que mi ex esposa interrumpió el almuerzo con ella hoy. Me puso enferma que Lily, mi antigua vida, estaba estrellándose en mi nueva, la que estoy empezando. Camino rápidamente a la pista de equitación y veo en la distancia a un grupo de mujeres cabalgando en sus usuales trajes ecuestres, sus caballos sujetados en un tradicional estilo de montar inglés.
 
Cada mujer parece estar lista para tomar el té con la reina, pero hay una que destaca. Su pantalón de equitación es tan apretado que parece pintado. Su cabello suelto debajo de su casco vuela alrededor mientras sale disparada alrededor de la pista, volando sobre cada obstáculo, apareciendo por un momento suspendida en el aire. Britt es genial montando a caballo. Se ve valiente y libre, cruda y desinhibida, como una completa niña salvaje. Esas otras mujeres no tienen nada de Britt.
 
Después de algunos saltos finales, Britt lleva a su caballo en un trote lento, luego se inclina hacia adelante y acaricia al caballo varias veces antes de envolver sus brazos alrededor de su cuello en un pequeño agradecimiento. Cuando ella levanta la cabeza, sus ojos me encuentran contra la cerca. Se quita el casco, me destella una sonrisa, y galopa hacia mí. ¿Alguna vez has visto a una mujer y sabes lo afortunada que eres?
 
Paso la cerca para plantar un pequeño beso en sus labios:
 
―Ponte de nuevo el casco ―digo.
―Relájate ―dice y salta hacia abajo. Saca al caballo de la pista, y la sigo detrás, alcanzándolos en un parche de pasto―. Su nombre es Mystic. Le queda, creo, con su color gris. Ella es un caballo árabe.
 
Britt se agacha y se mueve nerviosamente con sus botas de montar, sin dejar de hablar sobre el caballo. Pero no estoy escuchando. ¿Cómo podría escuchar una palabra saliendo de su boca con ese pantalón resaltando cada una de sus curvas? En cambio, la estoy imaginando usando nada más que las botas y empuñando una fusta. No estoy en toda la cosa sadomasoquista ―nunca podría golpear a una mujer, aun si una quisiera que lo hiciera― pero podríamos pasar un buen rato con ella en ese pequeño traje pervertido. Esa sería una buena idea para una futura línea de lencería. Maldición, se vería increíble.
 
―¿Santana?
 
―¿Mmm?
 
Ella chasquea los dedos:
 
―¿Estás mirando fijamente mi culo?
 
―Me atrapaste.
 
―Bueno, detente.
 
―Bueno, deja de contonearte delante de mí.
 
―No me estoy contoneando. Lo hace por su cuenta.
 
―¿Tu culo tiene mente propia ahora?
 
―¡Sí! ¡Ahora deja de mirarme! Admira a Mystic en su lugar.
 
Me río entre dientes:
 
―¿Es tuya?
 
―No, pertenece a mi padrastro. Le encanta montar tanto como a mí. A Quinn y Kurt nunca les gustó montar. Es lo único que Michael y yo realmente tenemos en común.
 
―Yo solía montar―digo―. Mis abuelos tenían caballos, pero nunca tuve lecciones o algo así.
 
―Tendré que llevarte de nuevo a la silla ―dice coquetamente y toma mi mano.
 
―Lo siento por llegar tarde. ―He estado diciendo eso durante años. Es algo que solía decirle a Lily todo el tiempo, y no me gusta estar diciéndolo ahora. Tengo que tratar esta relación de manera diferente.
 
―Me alegra que hayas venido ―dice Britt.
 
―No llegaré tarde de nuevo ―digo y envuelvo mis brazos alrededor de su cintura.
 
Ella me empuja suavemente:
 
―No, huelo como un caballo.
 
La atraigo de nuevo. Esta chica es una experta en menospreciarse:
 
―Si tengo que esperar hasta que creas que te ves y hueles perfecta, estaré esperando para siempre.
 
―¡Eso no es verdad! ―dice y hace un mohín con su labio.
 
―¿De verdad? Estabas avergonzada el día que nos conocimos porque tenías ropa de entrenamiento.
 
―¡Tú estabas en un traje costoso!
 
―No parabas de moverte en tu apartamento la otra noche porque estabas en tu pijama.
 
―¡Estabas tratando de quitarme la ropa!
 
―No creías que estabas vestida para mi oficina.
 
―¡No lo estaba!
 
―Y ahora hueles a caballo.
 
―Es sólo porque tú…
Doy un paso más cerca:
 
―¿Sí?
 
―Porque tienes esos ojos que son tan hermosos. ―Pasa los dedos por mi cara―. Y ese grueso cabello negro. Y tus brazos me hacen sentir tan segura, y estás construido como un maldito modelo.
 
Estallo en carcajadas:
 
―No seas ridícula.
 
―¿Ves? Es extraño ser elogiada, ¿verdad?
 
―No es eso ―digo―. Es sólo que estás tan lejos de mi liga. No tienes idea. ―Ella pone los ojos en blanco―. Está bien, eso es todo. Vamos a volver a tu casa. Puedes arreglarte el cabello y maquillaje y ponerte lo que sea que te haga sentir bien contigo misma. Luego vamos a ir a cenar.
 
Tal vez no fue una buena idea. He estado esperando durante una hora por ella, solo inclinada sobre su mesa y hojeando sus bocetos. Una hora no es realmente tanto para una mujer para pasar alistándose, considerando cuánto tiempo solía tomar Lily. Eran horas y horas. Me volvía loca.
 
La secadora de cabello se apagó al menos hace diez minutos; tal vez debería revisar a Britt. Ella es tan condenadamente hermosa, ¿qué podría tomar tanto tiempo? Camino a su apartamento en la parte posterior. Apoyándome en el marco de la puerta, puedo ver directo en su pequeño baño. Ella pasa sus dedos por su cabello largo y luego mete la mano en su botiquín por un pequeño paquete de píldoras. No debería estar espiando, y sé que las píldoras de control de natalidad no significan que vamos a tener sexo esta noche, pero una  puede tener esperanzas.
 
Ella se inclina un poco más, su vestido negro subiendo lo suficiente para molestar la mierda de mí. ¿Qué está usando debajo? ¿Una tanga? ¿Hilo dental? ¿A la cadera? ¿Bikinis? ¿Bóxers? Dos días saliendo con una diseñadora de lencería, y ya tengo la jerga. Se da la vuelta y me atrapa mirando, y me encuentro con ella en la puerta del baño.
 
―Sólo necesito ponerme un poco de maquillaje .dice.
 
Una larga y lenta mirada arriba y debajo de su cuerpo normalmente hace sonrojar su piel pálida. ¡Jodidamente me encanta eso!
 
―Te ves preciosa ―digo y la jalo cerca―. Y también hueles bien.
 
Exhala y me agradece, viéndose como si el peso del mundo se acabara de levantar de ella. Alcanzando su labial dice:
 
―Entonces, ¿a dónde vamos?
 
Pero no contesto. En su lugar, tomo su mano y la dirijo hacia la puerta:
 
―Espera, no estoy lista.
 
―No necesitas ninguna de esas cosas.
 
Ella suelta mi mano, agarrando su bolsa de maquillaje:
 
―Sólo un poco de labial.
 
Detengo su mano:
 
―Ninguna compañía cosmética puede hacer un tono mejor que tu color natural ―digo.
 
―Eres imposible ―dice, sonriendo.
 
Paso mi pulgar sobre su labio inferior, mis ojos siguiendo el camino que hice:
 
―Tus labios son esta perfecta clase de color rojo caramelo, como si acabaras de comer
una fresa. ―Me agacho y la beso suavemente.
 
Sus ojos se posan en mis labios mientras me alejo. Puedo ver su latido a través del vestido, sentir sus piernas debilitarse junto a mí, y se ruboriza. Esa es una de las cosas más adictivas sobre ella. Tan pronto como la toco, su piel se calienta y su respiración cambia. Es muy fácil de leer. La mayoría de las personas lo son; sólo se requiere que prestes un poco más de atención.
 
Paso suavemente los dedos por la curva de su cara, y sus ojos se cierran ante mi toque. Sería tan fácil perderse en este sentimiento, perderse en ella. La jalo más cerca, y sus ojos brillan abiertos, sin duda sintiendo mi polla dura como la roca clavándose.
 
―Me encanta cómo tus ojos se superponen con marrones y dorados.
 
Pasando los dedos a lo largo de sus brazos, siento mi corazón golpear salvajemente en mi pecho. Y una parte de mí se siente sorprendida, de estarme sintiendo de esta forma de nuevo, en un punto de inflexión en mi vida, en un momento en que menos lo esperaba.
 
Vuelvo su cara al espejo y apoyo mi mejilla junto a la suya. Mantengo sus ojos en el espejo:
 

―Eres tú a la que quiero, a la verdadera tú.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por JVM el Miér Oct 12, 2016 11:46 am

Awww San súper tierna con Britt, que bueno que no se rindió y arreglo las cosas con ella, además de que poco a poco van conociendo mas de sus vidas.
Y bueno San debe de ser muy fuerte para esperar hasta que su rubia este segura de avanzar mas con ella, aunque espero que no pase mucho tiempo jajaja , porque las cosas entre ellas se están dando de una manera muy bonita,natural y un poco rápido, pero simplemente hay mucha química entre ellas. Haber que tal les va en su cita :3
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Mensaje por 3:) el Miér Oct 12, 2016 1:26 pm

Me encanta san....
Si que hace de todo para cortejar a britt!!!
Me encanta como van las cosas!!!
A ver como termina la cena??? Y la noche???
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por monica.santander el Miér Oct 12, 2016 8:05 pm

Santana esta hasta los huesos por Britt!!!! Me encanta!!!
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Oct 15, 2016 6:30 am

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CAPITULO 7
BRITTANY

 
Desde que Quinn y yo nos conocimos, el domingo ha sido nuestro día juntas. Lo llamamos “Domingo de Hermanas”. Incluso cuando estábamos en la universidad o yo estaba en Europa, pasábamos los domingos al teléfono o hablando por Skype. Nada se interponía; ni el trabajo, ni limpiar la casa, ni los chicos. Eso todavía es cierto.
 
El hecho de que haya estado viendo a Santana unas cuantas semanas no importa, y el hecho que Quinn esté enferma tampoco importa. El domingo es mi día con mi hermanastra. Hacemos lo que sea que Quinn quiera, lo que por lo general no es mucho, tal vez sólo almorzar y chismear. Pero hoy, Quinn está extrañamente feliz e insiste en que salgamos de compras.
 
―Vamos a celebrar ―dice Quinn, estirando la mano para abrir la puerta de la tienda.
 
Agarro la puerta.
 
―¿Buenas noticias del doctor?
 
―No, ¡por tu nueva chica juguete! ¡Necesitas ropa nueva para las citas ardientes!
 
―Esperaba que compráramos para ti ―gruño―. Sabes que odio comprar para mí.
 
―Jamás he entendido eso ―dice Quinn―. Eres una diseñadora. ¡No puedes odiar comprar!
 
―Las cosas simplemente no me quedan bien. ¿Podemos al menos comprar zapatos?
 
―Ropa primero ―dice Quinn―. Después podemos ver algunas botas en Frye. Te compraré un par.
 
―Quinn, no tienes que hacerlo. ¡Cuestan como quinientos dólares!
 
―Voy a comprarlas para mi hermanita.
 
―¡Son demasiado! ―grito, pero Quinn me ignora y toma un par de jeans de diseñador―. Jeans no. Esos son los peores. Por cierto, ¿quién cuida a Zoe?
 
―Está en el parque con papá ―dice, agarrando un par más―. Así que cuéntame algo jugoso de Santana.
 
Siento mis mejillas sonrojarse mientras la pongo al día con las últimas semanas. Es demasiado pronto para sentir tantas cosas por Santana, demasiado pronto para que mi corazón se comprometa. Pero parece que no puedo evitarlo. Ningún hombre con los que he salido me ha hablado de la forma en que Santana lo hace. Ningún de los  hombre con los que he salido jamás me ha mirado como Santana lo hace. Y estoy segura que ningún hombre con los que salido, jamás ha amado a mi verdadero yo; la imperfecta, con el trasero grande, gruñona en la mañana, obsesionada con los zapatos, y con mal sentido de orientación; yo.
 
Pero por alguna razón, a Santana parece gustarle todo eso; o al menos no se ha espantado. Eso dice mucho. Aun así, es una tipa, y me han engañado muchas veces. Sigo hablando mientras caminamos por el largo pasillo hacia un vestidor al final, entrando juntas.
 
―Deberías ver tu rostro ahora mismo ―dice Quinn―. Te ves peor que cuando el doctor me dijo que tenía cáncer.
 
―Claro que no.
 
―Te ves muerta de miedo. Así no eres tú, Britt. Jamás has estado asustada de nada.
 
―Supongo que, no quiero empezar a contar con Santana ―digo.
 
―No tienes que contar con ella ahora. Sólo estar abierta a lo que sea que pueda pasar.
 
Sé que Quinn tiene razón. Sé que Santana es una  buena mujer que se merece el beneficio de la duda. Puede que merezca la pena, si me puedo liberar de todo.
 
―Sólo estoy indecisa. De verdad me gusta, pero muchos…
 
―No la compares con el resto.
 
Exhalo y me pongo el primer par de jeans, subiendo el cierre y cerrando el botón antes de verme en el espejo. Me muero un poco por dentro cada vez que me pongo jean.
 
―Esos se ven geniales ―dice Quinn―. Te quedan perfectos.
 
―Excepto en la cintura.
 
―Debe ser terrible tener una cintura tan pequeña.
 
―¡Lo es cuando tienes un gran culo! Son como cualquier otro par de jeans. Si encajan mi trasero y mis muslos, son muy grandes en la cintura.
 
―Eso es lo que se llama “problemas de chicas con culo grande” ―dice.
 
¿Problemas de chicas con culo grande? ―Me río y luego me pruebo una camisa que Quinn eligió―. Hablando de problemas, voy a hablar de nuevo con ese especialista en Chicago mañana.
 
Su frustración está escrita en todo su rostro.
 
―¿Qué te dijo el especialista la última vez?
 
―No cree que pueda ayudar, pero sé que puedo hacer que cambie de opinión. Y si sigue rechazándome, siempre hay una prueba clínica en Houston donde…
 
―¿No te dijeron que no soy candidata?
 
―Sí, pero podríamos ir a Suiz…
 
―Britt, no quiero pasar el tiempo que me queda persiguiendo caminos sin salida, llevando a Zoe de aquí para allá a todos lados; por todo el mundo.
 
―Bien. Europa no, pero voy a seguir intentándolo. De hecho acabo de leer este artículo que…
 
Quinn se cubre los oídos.
 
―¡No vamos a hablar más de esto! ¡Estoy sacando el rango de hermana mayor aquí! Y vamos a hablar de ti y de Santana. Tienes que dejar de pensar en que todas las  personas con las que sales van a dejarte.
 
―Todos lo hacen.
 
―Hasta la que no lo haga ―dice Quinn―. No estés tan asustada en perderla, que te pierdas el amarla.
 
―¿Pero y si me permito amarla con todo lo que tengo y aun así se va?
 
―Amar a alguien jamás es un error ―dice Quinn―. Una de las partes más hermosas de amar a alguien es por cómo te cambia; no cómo los cambias a ellos.
 
Zoe se ríe mientras muevo las manos frenéticamente frente a mi rostro. Aparentemente cree que es gracioso que esté a punto de morir en el proceso de cambiarla. Para una niña tan pequeñita, Zoe hace popo como una campeona. Aseguro el pañal, la levanto y beso su barriguita.
 
―Santana está por venir ―le digo, y deja salir un fuerte chillido.
 
Santana no lo sabe todavía, pero tengo que cuidar a Zoe esta noche. Nuestro plan para esta noche, ordenar a domicilio mientras me pongo al día con mi trabajo, lo cual no era una cita ideal para empezar, sólo se puso peor. Espero que esté de acuerdo con el cambio. Siempre es bueno con Zoe pero se irá de la ciudad en unos días, y la última cosa que puede querer es ayudarme a cuidarla esta noche. Debemos tener una seria conversación. Sé que es el momento. Si nuestra relación avanza más, tiene que saber lo que se viene. Es lo justo.
 
Pero lo primero es lo primero. Necesito alimentar a Zoe antes que Santana venga, así que la pongo en su corral y pongo algo de música.
 
―¿Bien, qué vamos a comer? ―le pregunto y luego veo mi pantalón de yoga y camiseta. Aparte de conseguirle algo de comida, debo cambiarme y probablemente hacer algo con mi cabello, el cual parece vivir en una cola de caballo o en un moño desordenado. Soy la chica del poster desordenadamente sexy últimamente.
 
Zoe está empezando a hacer puchero. No le gusta que la suelten. Quinn casi nunca baja a Zoe, así que tiende a molestarse cuando no la cargan. Las lágrimas de cocodrilo ya vienen. Sé que no voy a conseguir hacer nada si Zoe se pone como loca, así que tomo una rápida decisión y hago lo que cualquier buena tía haría.
 
Comienzo a moverme con la música, moviendo los brazos y sacudiendo las caderas, haciendo mi mejor “Dougie” y “Stanky Legg”, exagerándolo para Zoe. Ella gorgotea y se ríe conmigo; o tal vez de mí. No estoy segura de cuál y tampoco me importa. Mis encantos están funcionando. Zoe aparta sus ojos de mí y deja salir otra sonrisa, esta vez más grande.
 
Sigo sus ojos y veo a Santana mirándome desde la puerta, con una pequeña sonrisa formándose en sus labios. Otro día, en otro momento podría haberme derretido de la vergüenza, porque la verdad es que soy una terrible bailarina. Pero esta noche no me importa. Subo un poco el nivel y hago el “The Whip” y el “Nae”. Santana estalla en carcajadas, sin duda ya acostumbrada a que, en este momento, actúe como una tonta.
 
No se desencanta por mis movimientos de baile/convulsiones. En cambio, levanta a Zoe y procede a hacer el “Gangnam Style” con ella. Dios, es la mejor, y por supuesto, de verdad sabe moverse. Incluso hace que ese bailecito se vea sexy, incluso más sosteniendo a la pequeña Zoe. Tengo una cosa por una chica bailando con una niña, o una madre bailando con su hija. Hay algo en ello que es muy dulce, muy conmovedor. Siempre me derrite el corazón. Tal vez sea porque nunca tuve ese momento con mi propio padre.
 
Aun así, estoy dispuesta a tomarle el pelo a Santana. La golpeo con mi trasero.
 
―Sal de mi pista de baile ―digo―. Bailo sola.
 
Envuelve su brazo libre a mi alrededor.
 
―Jamás bailarás sola de nuevo.
 
Ahora mi corazón es un charco en el piso. Me acerca más a ella, como si no pudiera tener suficiente de mí. Una cosa que he aprendido sobre Santana, es que va con todo lo que tiene. Por supuesto, eso significa que es una adicta al trabajo, pero es más que eso. Cuando me sostiene, me aprieta con fuerza justo antes de soltarme. Cuando me besa, siempre es por un poco más de tiempo, más profundo de lo que estoy esperando. Incluso cuando me mira, sus ojos caramelo jamás titubean.
Su lengua encuentra la mía, y un gemido se me escapa. Mi cuerpo se eleva. No puedo controlarlo. Zoe me golpea juguetonamente en la mejilla, y Santana se aparta ligeramente. Mi pequeña sobrina es como un buen método de planificación. Alza su mano una vez más, y la atrapo esta vez. Beso su mano, la recibo de Santana, y apago la música.
 
―Zoe tiene un resfriado ―digo y limpio su nariz con un pañuelo.
 
Santana frota la cabeza calva de la bebé.
 
―Se ve bien.
 
―Sí, pero Quinn no puede… ―Me detengo y cierro los ojos con fuerza―. El sistema inmunológico de Quinn está muy débil, así que… ―Mis ojos van a los suyos. No lloraré. ¡Contrólate!―. Necesito uno de esos abrazos especiales  ahora.
 
Santana me lleva a sus brazos.
 
―Estoy aquí ―dice y acaricia mi cabello.
 
―Como sea, Quinn no puede estar cerca de ella ahora, así que tengo que cuidarla esta noche ―digo, abriendo los ojos―. Voy a tener que posponer mis citas por Skype y cancelar lo de salir por comida para llevar. Lo siento. La familia es primero. También tengo mucho trabajo que hacer.
 
Santana toma a Zoe y le limpia la nariz.
 
―Tú trabaja; o haz lo que sea que necesites. Pasaré el rato con Hoyuelos. ―Zoe reacciona a las noticias metiéndose el dedo de Santana a la boca y comenzando a roerlo―. Debería llamarte mordelona.
 
―No puedo pedirte que hagas eso ―digo.
 
―Está bien ―dice Santana, encontrando un juguete y dándoselo a Zoe para morder. Entonces besa la cima de mi cabeza―. Tú trabaja. Hoyuelo y yo haremos la cena.
 
―Has trabajado todo el día ―comento―. No tienes que hacerlo.
 
―Ve a trabajar así puedo tenerte para mí cuando Hoyuelos vaya a dormir ―responde, sonriendo.
Me gusta su forma de pensar y, de repente, estoy ansiosa por acabar mi trabajo rápidamente. Dirigiéndome a mi zona de trabajo, me giro, viendo a Santana rebuscando en mi pequeña cocina, buscando una cosa y otra, todo con Zoe sobre su cadera.
 
Santana abre los armarios de mi cocina.
 
―Nosotros nos encargamos, ¿no es así? ―le pregunta a Zoe. La bebé le da una mirada en blanco, luego le pega en la cabeza con el sonajero.
 
Parece no tener ni idea de lo que está haciendo, pero aprecio el esfuerzo, que sea flexible, que se preocupe por mí. Espero que se preocupe lo suficiente por mí como para quedarse después de escuchar lo que viene.
 
Golpeando la mesa con el bolígrafo miro el reloj, mi mente vaga a la dulce chica excitante en la habitación de al lado. Mi siguiente cita de Skype puede esperar. Camino por el pasillo de puntillas y me apoyo contra la puerta de mi apartamento. Oh Dios mío, desearía tener una cámara.
 
Santana tiene a Zoe sobre la mesa frente a ella y se están dando de comer panqueques la una a la otra. Bueno, Santana está dándole de comer a Zoe; y Zoe le está frotando sirope de arce y panqueque aplastado por todo su rostro. Ella se inclina hacia adelante, con la boca abierta y aterriza en su mejilla, su intento de beso. ¡Mi sobrina se está enamorando de mi chica a lo grande! Es el intercambio más dulce que he visto nunca. Si Santana echa a correr, sé que Zoe la echará de menos.
 
Me sonríe con sus magníficos ojos carameloss y congelo ese momento en mi mente, este momento perfecto de felicidad.
 
―Hicimos panqueques ―comenta con cierto sentido de orgullo.
 
―Vamos a limpiarlas. ―Entro en la cocina, tomo a Zoe y la limpio, luego veo a Santana sacarse trozos de panqueque del cabello, pongo a Zoe en el corral y me subo al mostrador para estar al nivel de sus ojos―. Permíteme ―le pido.
 
Mueve las manos hacia mis caderas, instándome a que me mueva en el mostrador, hasta que la rodeo con las piernas. Ha pasado una eternidad desde que he tenido a alguien  entre las piernas y se me tensan los músculos. Claramente, mi cuerpo sabe lo que quiere, desearía que mi cabeza y corazón estuvieran igual de seguros. Pone suavemente los labios sobre los míos y el sabor dulce del sirope me toca la lengua.
 
―Necesito saber cómo sabes ―dice.
 
¡Vaya, eso es directo! Supongo que la mayoría de los abogados lo son, pero no creo que jamás me acostumbraré a que me hable de ese modo. Aun así, me gustan sus ideas. Pero Zoe está aquí, muy despierta, y mi trabajo está esperando.
 
―Tengo unos cuantos clientes más. Lo siento mucho. Sé que tienes…
 
―Esperaré.
 
―¿Esperarás? Um, puede que me lleve un tiempo y…
 
―Tengo a Hoyuelos para que me haga compañía.
 
No puedo creer a esta tipa. No está interesada únicamente en el sexo. Es feliz con sólo estar conmigo. Alza a Zoe y me sigue a la zona de trabajo. La bebé parece agotada, tiene la mirada vidriosa, como si los panqueques fueran algún tipo de sedante. La sostiene contra el pecho y la balancea ligeramente por la habitación, mientras hablo con algunos clientes.
 
No pasa mucho hasta que levanto la mirada del ordenador y encuentro a Santana estirada en el sofá, con Zoe aparentemente dormida sobre su pecho. Ni siquiera puedo recordar un momento en que su padre, Noah, la sostuviese. Es dulce lo que Santana está haciendo por ella, por mí. ¿Tal vez Zoe se está acercando mucho demasiado rápido? ¿Tal vez yo también?
 
Termino con mis citas y se la quito de los brazos. Es mi turno para sentir el pecho de ella, para estar en sus brazos. Me sigue, silenciosamente, de regreso a mi apartamento y pongo a Zoe en el corral. Santana se tumba en mi cama y abre los brazos para que vaya a ella. Empiezo a acurrucarme a su lado, pero me lleva sobre ella.
 
Con la mano en mi nuca, me lleva a sus labios. Honestamente, no es una gran lucha. Su beso me quita el aliento. Siempre lo hace, todas y cada una de las veces. Hemos estado saliendo unas cuantas semanas y besarnos es lo único que hemos hecho. Santana no se ha quejado, pero obviamente, su mente está decidida a cosas más grandes y mejores esta noche. La mía también lo está. Estoy contenta de que no hayamos corrido a la cama. Es refrescante que Santana sea paciente y no una puta.
 
 Además, ahora mismo mi vida es demasiado complicada para cometer un gran error. Tengo que ser cuidadosa. Mi corazón no es el único que está en juego, también lo está el de la pequeña Zoe. Pero definitivamente estoy preparada para hacer más que besar. Me levanta la camiseta y pasa las manos por mi espalda. No puedo evitar el pequeño gemido que se me escapa.
 
―Me encanta ese sonido ―susurra, explorando lentamente mi cuello con su boca―. Quiero escuchar ese sonido toda la noche. ―Levanta la mano y alcanza el gancho de mi sujetador.
 
De repente suena un llanto. ¡Ahora no, Zoe! Me levanto apresuradamente de la cama, la tomo del corral y la llevo a la cama, abrazándola apretadamente. No puedo soportar mirar a Santana. Debe estar frustrada y molesta, probablemente preparándose para salir por la puerta de mi casa de locos.
 
―¿Está bien? ―pregunta Santana, frotando suavemente nuestras espaldas.
 
―Está bien, pero duerme con Quinn todas las noches ―explico―. No está acostumbrada al corral. Puede ser difícil cuando duerme aquí.
 
Santana toma algunos cojines de la cama y los alinea a los lados y al fondo de la cama.
 
―Ahora puede dormir en la cama y no se golpeará con nada ni se caerá.
 
 ―Estoy sin palabras. Estaba segura que estaría haciendo pucheros o huyendo a toda prisa.
 
―. ¿Qué? ―cuestiona.
 
―La mayoría no seguirían aquí.
 
―¿Por qué no?
 
―Porque es lo que hacen los demás. Se marchan cuando las cosas se ponen difíciles.
 
―Me gustan las cosas difíciles ―asegura―. No huyo de ellas. Es lo que hago; casos difíciles, juicios con jurado. Los gano.
 
Difícilmente es lo mismo. ¿Realmente está comparando esto con un caso? Tal vez, no se da cuenta de lo mal que son las cosas en realidad. No me gusta hablar al respecto y, verdaderamente, estoy un poco asustada más bien por como acabarán las cosas entre nosotras.
 
―No hay nada que ganar. No sabes…
 
―Me imaginé algunas cosas ―interrumpe Santana―. ¿Qué le pasó al marido de Quinn?
 
― Noah  se marchó porque eligió a Zoe por encima del tratamiento.
 
―¿Qué quieres con eligió?
 
―Quinn fue diagnosticada cuando estaba embarazada de pocos meses ―explico―. Noah quería que abortara.
 
Santana niega un poco.
 
―Él no quería perder a su… ―Se detiene y luego empieza de nuevo―. Es una situación imposible de enfrentar.
 
―Noah insistió a Quinn a que recibiese todo tipo de tratamiento, incluso los más agresivos, aunque ambos sabían que el embarazo no podría soportarlos. Ignorando el consejo del médico, rechazó cualquier tratamiento. No quería arriesgar el embarazo. Noah dijo que Quinn se había autoimpuesto una condena de muerte y que no iba a quedarse ahí a observar. Así que se marchó antes que Zoe naciera. Es un imbécil egoísta.
 
―Desde que dio a luz, ¿Quinn ha tenido algún tratamiento?
 
―Tuvo una doble mastectomía y muchas rondas de quimioterapia, pero no han servido de nada. Ahora el cáncer está en fase cuatro.
 
―Tiene que haber algo.
 
―Llamo a algunos centros de tratamiento todos los días. Hay algunos ensayos aquí en Estados Unidos, algunas cosas experimentales en Suiza. Normalmente consigo evasivas. E incluso si encuentro algo, Quinn no está interesada en seguirlo. Sólo quiere centrarse en Zoe, durante el tiempo que le quede.
 
―Tal vez deberías dejarla.
 
―Aún no.
 
―¿Cuánto tiempo tiene?
 
―Unos cuantos meses, tal vez.
 
Veo a Santana tomar una apenada bocanada de aire. Solo puedo imaginar lo que está pensando. Esto es mucho que asimilar, pero es mi historia, mi vida, mi familia. Bien puedo contárselo todo ahora.
 
―Le prometí a Quinn que me ocuparía de Zoe. Voy a tener que criarla y asegurarme que conoce todo sobre Quinn, mantenerla y…
 
Baja a mirada al suelo, escuchando mis palabras, asintiendo. No dice nada durante un tiempo. No estoy segura de si está esperando que acabe de divagar o si está a mitad de intentar comprender lo que estoy diciendo. Más bien parece que está planeando su estrategia de huida, tramando una forma de escaparse del fuerte de cojines que colocó en la cama.
 
―Estaré aquí ―asegura―. Te ayudaré.
 
―¿Por qué harías eso? ¿Por qué te conformarías con esto?
 

―¿Conformarme? ―cuestiona, me toma el rostro entre las manos, su mirada caramelo se suaviza―. Jamás te esperé, Britt. Nunca pensé que me volvería a sentir de este modo. No quiero perder esto. No puedo.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Oct 15, 2016 6:47 am

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CAPITULO 8

SANTANA


 
Me apoyo sobre mi codo, con una pequeña sonrisa en mi rostro, y paso suavemente un dedo a lo largo de la mejilla de Britt. Ha estado envuelta en mis brazos toda la noche. Britt se mueve ligeramente. No quiero despertarla. No es una persona madrugadora, pero no puedo resistirme a tocarla, sintiendo su cálida piel.
 
Desde mi divorcio, no estuve segura que despertaría así de nuevo. Seguro, pude haber tenido alguna mujer al azar en mi cama, pero eso no es para mí. Esto es mucho mejor. Esto es de lo que se trata la vida; compartirla con alguien. Nada parece real a menos que lo comparta con Britt.
 
Alzando mi cabeza, encuentro a Hoyuelos todavía dormida en la cama, con un poco de baba en su mejilla. Mi corazón se contrae un poco. Son un paquete. Me lo imaginaba, y Britt lo confirmó anoche. Quizás hubiera sido algo para romper el trato hace diez años, pero no hace diferencia ahora. Seguro, las cosas serán más complicadas. Significará más responsabilidad y tendría menos tiempo a solas con Britt. Pero también significa más bailes en la cocina, más masa de panqueques. Esta es mi segunda oportunidad, algo que la mayoría de las personas no entiende. Tienes suerte si encuentras el amor una vez en la vida, así que no voy a desperdiciar esta oportunidad de ser feliz.
 
―¡Oh Dios! ―Un grito agudo viene desde la puerta.
 
Saltó de la cama, viendo a Quinn dándose vuelta rápidamente para irse. ¡Mierda! La sigo fuera del apartamento y hacia el taller.
 
―¡Lo siento! ¡Mira, estoy vestida y todo!
 
Quinn frunce el ceño.
 
―¿Qué?
 
―Estoy vestida ―digo, apuntando a mi ropa―. Britt estaba trabajando hasta tarde, así que la ayudé con la bebé. Sucede que nos quedamos dormidas. No quiero que pienses que no la estábamos cuidando. Estábamos haciéndolo.
 
―¿Crees que estoy molesta?
 
Me rasco mi cabello desordenado por la cama.
 
―Bueno, ¿no lo estás?
 
―Tengo otras cosas por las que estar enojada, aparte de que mi hermana menor esté teniendo sexo con mi hija alrededor.
 
―No lo hicimos. Por favor no te molestes con Britt.
 
―Estoy muriendo, Santana ―dice Quinn―. No paso mi tiempo molestándome por otras cosas aparte de esa.
 
―Britt me dijo ―digo y saco una silla para ella.
 
―¿Te contó? Se niega a hablar conmigo de eso ―dice Quinn―. Conmigo, prefiere pretender que todo estará bien. Sabes, fue dulce verlas a las tres en la cama, juntas de esa forma. Desearía poder darle eso. Jamás tuve eso.
 
―Britt también me contó sobre Noah.
 
―Britt lo odia.
 
―¿Tú no?
 
―No, creo que se necesita demasiada energía odiar a alguien. ¿Alguna vez lo notaste? Me estoy muriendo, así que no tengo el tiempo ni la energía para mucho más ―dice Quinn y luego se tambalea un poco mientras se sienta―. Sabes, estás apareciendo en su vida en el momento más loco posible. Está desesperada por hacer que éste negocio sea exitoso, estoy enferma, y todavía está recuperándose de su última ruptura.
 
―No me dijo sobre una ruptura.
 
―No estoy segura de qué pasó ―dice Quinn―. Lo único que sé es que fue malo. No me contó demasiado. Ella y Charles estuvieron juntos unos cuantos años. Al principio pensé que era su Modos Operandi de siempre, pero…
 
―¿Qué quieres decir?
 
―Britt ha sido abandonada mucho en su vida y en algún punto en su vida; en la universidad, creo, simplemente decidió que no podía ser abandonada de nuevo. Así que a la primera señal de problema, tiende a irse. Pensé que eso fue lo que pasó con Charles, pero…
 
Britt entra con su sobrina y se aclara la garganta. Obviamente, Quinn está rompiendo alguna clase de código de hermanas. Quinn toma a la bebé de brazos de Britt sin hacer contacto visual.
 
―Sólo iré a alimentar a Zoe en la parte de atrás ―dice.
 
Britt inclina su cabeza sobre su mesa de trabajo. Se ve completamente miserable al estar despierta. Acaricio ligeramente su cabello. Suspira un poco y reajusta su cabeza, tratando de acomodarse.
 
―¿No dormiste bien? ―pregunto.
 
―De hecho, fue el mejor sueño que he tenido en mucho tiempo ―dice Britt, escapándosele un gran bostezo.
 
―¿Podemos hacerlo de nuevo?
 
―¿Tal vez en tu casa? Me gustaría ver dónde vives.
 
No quiero llevarla a mi casa. Me las he arreglado para evitarlo hasta ahora.
 
―Hablemos sobre dónde después ―digo―. Debo de ir al trabajo.
 
Hace un puchero y acaricia mi rostro.
 
―Sonriendo, me pongo de pie, pero ella aparta la mirada, la preocupación aparece en sus ojos―. ¿Vas a preguntarme por mi ex?
 
―¿Por qué querría hacer eso?
 
―No lo sé. Tal vez Quinn te metió curiosidad o algo.
 
―Esa es la última cosa en mi cabeza ―digo. Sus ojos bajan a mi mano, la línea desvanecida de mi anillo ahora completamente perdida―. ¿Te molesta que sea divorciada?
 
―No, pero es diferente. Jamás he salido con alguien que estuviera casada antes.
 
―Tiene curiosidad, lo cual es natural. Levanto su mano a mis labios y la beso con suavidad―. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde tu divorcio?
 
―Ella firmó hace como un año. No fue desastroso. Fue declarado hace como nueve meses más o menos.
 
―¿Ella te dejó? ―pregunta Britt, con sorpresa en su voz. Asiento en respuesta, pero puedo decir que está esperando más que eso―. ¿Estaba teniendo un romance?
Mis ojos van a los de ella.
 
―No.
 
―¿Tú lo estabas?
 
―No ―digo―. No hubo infidelidad. Te dije que no había tenido citas.
 
―Citas y sexo son cosas diferentes ―dice Britt.
 
―No para mí.
 
―Tampoco para mí. No he tenido citas en casi dos años.
 
―¿La ruptura fue mala? ―Britt responde con un ligero asentimiento―. Mira, no tenemos que compartir nuestras tristes historias.
 
―Sí, sí tenemos ―dice―. Tienes que saber de dónde vengo, y tengo que saber de dónde vienes. De lo contrario, no podemos ir a ningún lado.
 
―Bien, ¿pero debemos hacer esto con Quinn en el otro cuarto?
 
―No, y tampoco tenemos que compartir todo de inmediato. No estoy lista para contarte lo estúpida que fui.
 
―No eres estúpida ―digo y la acerco para un pequeño beso. Lo que sea que sucedió, su ex hizo una gran mella en ella―. Anoche fue divertido. Desearía no tener que salir de la ciudad mañana.
 
Quinn llega limpiando la nariz de su hija.
 
―¿A dónde vas?
 
―California, por trabajo.
 
―Siempre he querido ir a California ―dice Quinn.
 
―Hay un gran oncólogo allá ―dice Britt―. Podemos ir hoy.
 
―Silencio ―dice Quinn―. Tengo una idea. Santana, deberías ir a la casa de mi papá mañana en la noche para cenar. Nuestro hermano, Kurt, acaba de conseguir esta gran pasantía en Austin, y vamos a celebrar.
 
―¡Quinn! ―grita Britt.
 
―¿Qué? ―dice Quinn, ignorando a su hermana―. Papá y Kurt quieren conocer a Santana.
 
Es hora de conocer los otros hombres en la vida de Britt. Siempre son los más difíciles de tratar, y ya estoy muy segura que no le voy a caer bien al padrastro de Britt, Michael. Por lo que Britt me contó, el hombre la trata como la oveja negra de la familia. Eso no va a salir bien conmigo. El hermanastro, Kurt, es más que un desconocido. No estoy segura de porqué Quinn quiere que vaya a su fiesta de despedida. Algo en mis entrañas me dice que ésta noche es más que sobre conocer a la familia, pero no creo que Britt se haya dado cuenta de ello.
 
Dando vuelta en el vecindario de su padrastro, tomo la mano de Britt para que deje de juguetear con todos los botones de mi Porsche. Cada vez que salimos, constantemente juega con la pantalla táctil del monitor. Cambia el sistema de sonido de rap, a música clásica, a música country en un segundo y el sistema de Bluetooth parece fascinarle.
 
Fue un error configurarlo para que reconociera su voz. Le ordena al azar que llame a su teléfono sólo para divertirse. Es como una niña en Navidad. Pero la verdadera niña soy yo. Adoro por completo a mi auto, y Britt lo sabe.
 
Me sonríe ligeramente.
 
―Las chicas y sus juguetes.
 
―Las mujeres y sus juguetes ―bromeo, un pequeño recordatorio de que no he olvidado sobre el vibrador escondido en su mesa de noche.
 
Me golpea juguetonamente.
 
―Estoy segura que está cubierto de pelusa en este momento.
 
―Será mejor que lo esté ―digo, estacionando en la entrada de su padrastro.
 
Se ve increíble, su cabello rubio suelto y una blusa holgada y shorts mostrando su suave piel. Más que nada, quiero envolverme alrededor de ella y hacerla gemir. Aprieta mi mano, como si me asegurara, y a sí misma, que las cosas van a salir bien esta noche. Avanzamos hacia la casa, un rancho de una sola planta. De repente se detiene cuando llegamos al frente.
 
―Hay algo que deberías saber antes que entremos ―dice―. Debí habértelo dicho antes…
 
La puerta se abre, y sale un hombre, de mediana edad con cabello rubio, con los brazos abiertos ampliamente, vestido con una camiseta de Drew Brees3.
 
―Hola, Michael ―dice Britt suavemente y camina a sus brazos.
 
Él tira de su camiseta.
 
―¿Recuerdas que me conseguiste esto? Me encanta. Por lo general sólo la uso cuando hay ocasiones especiales como ésta, y por supuesto en los juegos. ―Michael acuna su rostro en sus manos y se echa hacia atrás para mirarla bien―. ¡Estás trabajando demasiado! ¡Has perdido peso!
 
―No tengo tal suerte, me temo ―dice. Odio cuando habla de esa manera. Pero no puedo demostrarlo ahora―. Santana, él es mi padrastro, Michael.
 
―Es un placer conocerlo, señor ―digo y estrecho su mano.
 
Michael frunce el ceño hacia su hijastra.
 
―¿Por qué tuve que escuchar de Santana por parte de Quinn?
 
―Está avergonzada de mí porque soy una fanática de los Cowboys.
 
Michael se ríe con fuerza.
 
―También yo, pero Brees es un chico de Texas.
 
―Buen punto ―digo.
 
Michael envuelve un brazo alrededor de Britt y nos guía hacia el interior. El rancho no es nada espectacular, pero se ve y se siente como un hogar, incluso sin un toque femenino desde hace años. Hay fotos familiares por todas partes, todas las fotos de los niños cuelgan orgullosamente de las paredes y sobre las mesas. Britt era una bebé preciosa y sorprendente en la secundaria y la universidad. Veo una foto de la nueva tienda de Britt y un aviso enmarcado, promocionando la ropa interior de Britt. Michael parece tener cosas de Britt por todas partes. Ciertamente no parece que piense menos de ella que de sus propios hijos.
 
Quinn aparece cargando a su hija, quien está agitando sus brazos y estirándose hacia Michael. La bebé sabe cómo hacer una entrada.
 
―Ven con el abuelo ―dice Michael.
 
Quinn sonríe suavemente a Britt y luego se deja caer en una silla, su pecho sube y baja, su pequeño cuerpo está cubierto en un ligero suéter, haciendo que las bolsas bajo sus ojos se vean incluso más grandes.
 
―Zoe se está poniendo muy pesada.
 
Britt se inclina y le hace cosquillas a la bebé en el muslo.
 
―¿A qué edad los rollitos y los hoyuelos dejan de ser atractivos?
 
―No olvides la cabeza calva ―dice Quinn, frotando la suya.
 
―Quinn, a ti te queda genial la cabeza calva ―dice Britt y luego se gira hacia Michael―. ¿Qué vamos a comer para la cena? Estoy muriéndome de hambre.
 
―No lo sé ―dice Michael―. ¿Se suponía que debía cocinar? No sabía que íbamos a cenar. Eso sería agradable. Puedo inventarme algo.
 
―Quinn dijo que íbamos a tener una cena de despedida para Kurt ―dice Britt.
 
Michael mira a Quinn.
 
―No le dijiste, ¿verdad?
 
―No habría venido ―dice Quinn.
 
―¿Qué pasa? ―pregunta Britt.
 
―¡Hola! ―dice un tipo alto y delgado, entrado a través de un pequeño pasillo.
 
―¡Kurt! ―dice Britt, mientras él envuelve sus brazos alrededor de ella.
 
―Qué bueno verte ―le dice Kurt justo cuando su teléfono suena, y la voz de Britt canta. ¡Pene lápiz! ¡Pene lápiz! ¡Pene lápiz!
 
―¿Ese es tu tono? ―pregunta Britt, riéndose.
 
―Sí, corté esa parte de la entrevista ―dice Kurt, rechazando la llamada―. Estoy orgulloso de mi hermana.
 
―Bueno, es muy dulce de tu parte usarme como tono de llamada ―dice Britt, añadiendo―: Supongo.
 
Kurt se gira hacia mí.
 
―¡Supongo que eres la tipa súper sexy de la que Quinn ha estado hablando sin parar!
―Puede que esté saliendo con la hermana equivocada ―bromeo.
 
―Completamente ―dice Quinn―. Calva y sin pechos, está muy de moda estos días.
 
―Ella es mía ―dice Britt y se estira por mi mano.
 
Kurt frunce sus labios.
 
―¿Hay alguna oportunidad de que seas bisexual, Santana?
 
Britt oculta su rostro mientras me río.
 
―Me temo que no.
 
―Qué mal ―dice Kurt.
 
―Santana, iba a decirte antes que entráramos ―dice Britt―, Kurt es gay.
 
―No necesitaba una advertencia ―digo.
 
―¡Que forma de lanzar la bomba de la verdad para él enfrente de toda tu familia, Britt! ―dice Kurt―. Santana, por cierto, si de casualidad sabes de algunos tipos sexys, házmelo saber. Estoy soltero.
 
―Miraré en la oficina ―digo sin expresión.
 
―Bueno, pasó la prueba gay. Santana, no puedo decirte la cantidad de novios que he asustado.
 
―Ha sido insoportable desde que salió del closet ―dice Quinn.
 
―Es cierto ―dice Michael―. Ha atormentado a sus hermanas desde el principio.
 
―No es cierto ―dice Kurt.
 
―Cierto ―dicen Quinn y Britt a la vez.
 
―Desde que salió del closet ―dice Michael―. Kurt, ¿puedo contarle a Santana como lo hiciste? ¿Te parece bien?
 
Kurt le lanza una mirada a su padre indicándole que puede contarle a todo mundo.
 
―No me importa.
 
―Bien, entonces Kurt entra a ésta misma habitación y pregunta si puede colgar una foto de un desnudo en la pared ―dice Michael―. Le digo que no sabía cómo se sentirían sus hermanas al respecto. Él desenvuelve la foto y dice que cree que les va a gustar. ―Michael sacude su cabeza, recordándolo como si fuera ayer―. Era un hombre.
 
―¿Qué dijiste? ―pregunto.
 
Michael mira a su hijo.
 
―Algo estúpido. Le dije que no era gay porque era demasiado bueno en los deportes y tenía demasiados amigos, y muchos eran chicas. Fue estúpido, ridículo. Pero no estaba pensando muy claramente. Toda la cosa fue una sorpresa. Kurt salió como un tornado de la casa y se quedó fuera toda la noche. Me senté en esta silla y pensé en él, en su madre, su madrastra, y lo valiente que fue al decirme.
 
―Cuando volví a casa ―dice Kurt―, la imagen estaba colgada en mi cuarto.
Ese es un buen padre, un buen hombre. No estoy seguro de cuál es el problema de Britt con él.
Britt se aclara la garganta.
 
―¿Podemos volver a mi pregunta? Si no estamos aquí porque Kurt se vaya a ir, ¿por qué estamos aquí?
 
―Para planear mi funeral ―dice Quinn.
 
―¿Qué? ¡No! ¡No voy a hacer eso! ―grita Britt y mira alrededor del cuarto, aunque parece ser la única sorprendida―. Michael, Kurt, ¿sabían sobre esto? ¿Están de acuerdo con esto? Hay pruebas clínicas y tratamientos experimentales y…
 
―Estoy muriéndome Britt ―dice Quinn―. Me cansé de pelear.
 
―No digas eso.
 
―Estoy muy cansada. Es una lucha todos los días.
 
―Lo sé ―dice Britt―, pero debes seguir luchando por…
―Estoy muriendo. ―Los ojos de Quinn penetran en Britt―. ¿Escuchaste lo que dije? Estoy muriendo. Lo he aceptado. Me he rendido a esto, y es hora de que tú también lo hagas.
 
Quinn es tan directa, tan firme con sus palabras, pero supongo que no hay forma de endulzar la verdad. Aun así, sé que es la última cosa que Britt quiere escuchar. Desearía que hubiera algo que pudiera decirle a Britt para suavizar el golpe, pero no me corresponde decir ni una maldita palabra en esta casa, esta noche. Hago lo único que sé hacer y envuelvo un brazo alrededor de Britt, pero ella me aparta. Reconozco la mirada en sus ojos, la misma que le lanzó a Jake en televisión nacional. Este no es el momento de meterse con ella.
 
―Si tengo que ser una perra terca para mantenerte en este mundo, entonces que así sea ―dice Britt―. Tengo mucha energía para luchar dentro de mí.
 
Quinn se para de su silla y se arrodilla frente a Britt.
 
―Siempre te he considerado una hermana de verdad. Y siempre eres tan fuerte, tan enérgica. Eso es lo que necesito de ti ahora. Estoy contando contigo.
 
Se miran entre sí durante unos momentos, en alguna conversación en silencio que sólo las hermanas pueden entender. Al final, Britt da un pequeño asentimiento.
 
―Bien, estoy escuchando.
 
Quinn vuelve a sentarse.
 
―Cuando el momento llegue ―dice―. Sólo quiero a papá en el cuarto conmigo.
 
―¿Por qué? ―grita Britt.
 
―Es una tontería ―dice Kurt.
 
―Estuvo ahí cuando nací, y debería estarlo cuando muera.
 
―¿Qué hay del resto de nosotros? ―pregunta Britt.
 
―Por favor, Britt, esto es lo que quiero ―dice Quinn y se gira hacia su hermano―. Kurt, estarás en Austin. No quiero que vengas aquí corriendo.
 
―Podría tomar un avión y estar aquí en una hora más o menos ―dice Kurt―. No es un problema. Me gustaría estar aquí.
 
―Lo sé ―dice Quinn―, pero quiero que vivas tu vida. Es lo único que quiero. Britt, necesito que estés con Zoe. Y no la quiero cerca cuando me vaya.
 
―Quinn, quiero estar aquí ―dice Britt―. Zoe no tendría que…
 
―Cuando suceda, quiero que tú y Santana lleven a Zoe al zoológico.
 
―¿Al zoológico? ―pregunta Britt―. ¿Es en serio?
 
―Dale un helado por primera vez. Quiero saber que ella está viviendo, que es feliz.
 
―Quinn se detiene por un momento. Britt está a punto de llorar, pero toma aire profundamente, manteniendo las lágrimas a raya―. ¿Puedes hacer eso por mí?
 
Esto es mucho para procesar, y no estoy segura de cómo Britt va a mantenerlo bajo control. Claramente no le gusta mostrar sus emociones. Me inclino más cerca de Britt, dejando que su cuerpo descanse sobre el mío, y sé que es hora de hablar.
 
―¿Podemos hacerlo, verdad Britt?
 
Mete su cabello detrás de su oreja.
 
―Sí, al zoológico.
 
―Gracias ―dice Quinn y toma a la pequeña niña, sentándola sobre su regazo―. Algo bueno siempre resulta de algo malo.
 
Britt se sienta en silencio mientras Quinn continua con los arreglos del funeral, sus ojos fijos en mis dedos enlazados con los de ella. Escuchamos sobre flores, música, el vestido para el funeral, un ataúd abierto o cerrado. Sé que Britt preferiría estar hablando sobre tratamientos, milagros, sanadores y terapias alternativas. Ocasionalmente entierra sus uñas en mi piel y me sonríe ligeramente. Eso es lo que hace; usar sus sonrisas y risas para luchar con las lágrimas. La acerco un poco más y susurro, “Te tengo; durante cada paso del camino”. Su cuerpo se relaja en mi pecho. ¡Finalmente! Tal vez se está dando cuenta que no tengo intenciones de irme.
 
―Ahora en cuanto a Noah ―dice Quinn.
 
Britt salta, su cuerpo se tensa como una tabla.
 
―¡Será mejor que no piense en mostrar su trasero cobarde cerca de Zoe!
 
―Es su padre ―dice Quinn.
 
―¡Te dejó y a ella!
 
―Lo sé ―dice Quinn.
 
―¡No puedo creer que incluso hayas mencionado su nombre después de lo que hizo!
 
―Britt, es suficiente ―dice Michael―. Noah es la familia de Zoe. Sin importar qué, es su sangre.
 
Britt entrecierra sus ojos hacia el hombre, lista para explotar. No creo que Michael quiera decir algo con la palabra, pero a Britt no le importa. Lo toma como una ofensa.
 
Britt me mira con sus grandes ojos marrones.
 
―Santana, por favor llévame a casa.
 

Miro a Quinn buscando permiso, y ella asiente levemente. Muestro una tensa sonrisa al resto de la familia, agradeciéndoles por invitarme, luego tomo a Britt de la mano y la llevo afuera. Hay muchas cosas de las cuales hablar, pero no va a suceder ahora.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Oct 15, 2016 6:57 am

CAPITULO 9
BRITTANY

 
Tan pronto como la puerta se cierra, me hundo en el porche. El recuerdo de las palabras de Michael diciendo que no soy “sangre” asegura que sepa mi lugar, que de hecho, no estoy relacionada con ninguno de ellos. Estoy en segundo lugar para todos, o tal vez incluso en tercero o cuarto, y siempre lo estaré. Noah, ese imbécil holgazán, es más parte de la familia que yo. Cierro los ojos con fuerza, conteniendo mis lágrimas. No puedo lidiar con esto ahora mismo, con ninguna de las cosas horribles que acabo de escuchar.
 
Santana se agacha a mi lado y roza mi mejilla. Tengo que calmarme. No dejo que nadie me vea así. Siempre tengo mi mierda junta, con alguna clase de plan, un enfoque, una unidad. No puedo perder el control justo frente a sus ojos. Santana me alza en brazos y me lleva hacia el auto. Una parte de mí se sorprende de que, de hecho, me puede levantar, espero no parecer pesada para ella, y otra parte quiere morir porque me está viendo de esta manera.  Me coloca en el interior, abrochándome el cinturón antes de acogerme en sus brazos. Se siente increíble pero aterrador:
 
―Estoy bien ―susurro.
 
Sus manos van a mis mejillas, sus ojos enfocados en los míos:
 
―Está bien no estar bien, Britt.
 
Eso casi lo hace. Casi cedo a mis emociones, pero la verdad es que tengo que estar bien. No tengo otra opción, y realmente nunca la tendré. Mi papá se fue, y mi mamá tuvo que criarme sola, tenía que estar bien. Cuando murió, tuve que estar bien o Dios sabe qué habría hecho Michael. Ahora, tengo que estar bien por mi hermana y por Zoe. Desmoronarme no es una opción. ¿Quién estará allí para recoger los pedazos si lo hago? ¿Santana? Nadie  ha hecho eso antes. Ellos quieren la felicidad, risas, a la Britt con-su-mierda-junta, no a la chica del-rímel-corrido y como-charco-en-el-piso. ¿Quién querría eso? Ha sido bastante difícil encontrar a alguien que quiera estar conmigo en mi mejor día. ¿Quién querría estar conmigo en el peor?
 
―Estoy aquí ―dice―. Te llevaré a tu casa.
 
―No ―digo―. ¿Podemos ir a tu casa?
 
―¿No crees que estarás más cómoda en la tuya?
 
―Es triste y deprimente, y allí solo voy a trabajar. Quiero una cama de verdad con una cocina de verdad y una bañera y…
 
―Está bien ―me interrumpe―. Mi casa.
 
Santana entra en el coche y se aleja. Veo que la casa de Michael se hace más y más pequeña en el espejo retrovisor. A pesar de que no piensa en mí como suya, todavía es difícil ver la casa desaparecer en la oscuridad. Ese fue el último lugar en que vivió mi mamá, y la mayoría de mis recuerdos de ella son en esa casa, cuando todos éramos una familia. Apoyo la cabeza contra la ventana del auto, agradecida por el cristal frío contra mi mejilla enrojecida, y miro el paisaje de Dallas pasar rodando como algo sacado de una postal.
 
Es tranquilo por un largo tiempo. ¿Qué debe estar pensando Santana? Tal vez debería preguntar, pero tengo miedo de su respuesta. Acaba de conseguir un asiento en primera fila para lo que estoy enfrentando. Las cosas están pasando demasiado rápido. No estoy dispuesta a perder a mi hermanastra, perder a alguien más que me ama, otra persona que amo.
 
―¿Por qué no lucha? ―pregunto.
 
―Lo hace ―dice Santana y acaricia mi muslo.
 
―Se rindió.
 
―Está cansada, Britt. ¿Cuándo fue la última vez que realmente la viste? Está agotada, y tiene mucho por pelear. Le tomó todo de lo que tenía haber llevado a Hoyuelos y dar a luz. Y ahora no hay tratamiento que funcione. ―Frota mi pierna un poco más―. Solo le queda un poco de fuerza, y la está utilizando para asegurarse de que su hija está feliz y atendida.
 
―Quiere que diga que está bien que muera, y no puedo.
 
―Sabe que va a morir, lo aceptes o no. Simplemente quiere hacerlo sabiendo que tú estás en paz.
 
―¡No estoy en paz en absoluto!
 
―Sabe lo duro que estás tratando de aferrarte a ella. Sabe que su muerte te va a doler mucho más si no te permites decir adiós mientras tengas la oportunidad. ―Se encoge de hombros―. Tal vez quiere que me asegure de ayudarte de alguna manera.
 
―Al menos por fin veré tu casa ―digo y me vuelvo de nuevo hacia la ventana―. ¿Cuánto falta?
 
―Es aquí, en Highland Park. Crecí en esta área. ―Da un par vueltas, y los majestuosos robles y las casas de millones de dólares aparecen a la vista. Me inclino hacia delante, mis manos en el salpicadero, boca abierta, tomando cada una. Se detiene en un camino de baldosas que conduce a una mansión de estilo georgiano con gruesas columnas blancas, persianas negras en las ventanas y una señal de “en venta” enfrente.
 
―Podrías estar durmiendo aquí en lugar de metida en mi pequeña cama.
 
―Hay un montón de ventajas en una cama pequeña ―provoca.
 
Siento una pequeña sonrisa en mis labios, la primera en lo que parecen horas:
 
―¿Por qué la estás vendiendo? ―pregunto, luego rápidamente me arrepiento. Ya sé la respuesta. Es el motivo de que no me haya traído antes aquí―. No tienes que decir nada.
 
―Lily y yo la compramos hace algunos años ―dice―. No ha vivido aquí en un tiempo.
 
―¿Ese es su nombre? ¿Lily?
 
Santana asiente:
 
―La casa no es el mejor de los recuerdos. No era lo que esperaba que sucediera, un montón de mala mierda. Si te sientes rara estando aquí, entonces…
 
―Estoy bien. Quiero decir, pedí venir ―digo, mi estómago se aprieta un poco―. Pero si el que yo esté aquí te hace sentir rara, entonces…
 
―No tiene nada que ver contigo ―dice.
 
Santana se vuelve para abrir la puerta. ¿Es una buena idea venir a la antigua casa de Lily, sobre todo cuando no sé nada de ella? ¿Cómo se ve, quién es, si trabaja, por qué se casó y divorció de Santana, dónde vive ahora? Esto podría explotarme en la cara, y ya he tenido suficiente por esta noche.
 
Santana me lleva dentro, pasando habitación por habitación a través de la planta baja. Siempre es tan refinada; la experta y sexy abogada, pero ahora no. Es precavida, nerviosa, insegura y no dice nada durante el recorrido salvo el nombre de cada habitación:
 
―Cocina… sala de estar… biblioteca. ―No veo fotos personales, nada que indique que una mujer ha vivido aquí.
 
Abre otra puerta y rápidamente se detiene:
 
―Dormitorio principal y baño.
 
―¿Qué hay arriba? ―pregunto.
 
―Solo más dormitorios ―dice Santana y me lleva hacia un conjunto de puertas francesas que recubren la parte posterior de la casa. Enciende un interruptor, y las luces caen en cascada sobre una piscina y un jacuzzi con paisajes lujosos por todas partes. Doy un paso al exterior, la brisa nocturna soplando en mi cabello―. ¿Te gustaría nadar?
 
―Me sentiría un poco rara ―le digo―. Esta es tu casa con Lily. Es su piscina. Siento como si estuviera invadiendo…
 
―Pero dijiste que…
 
―Ahora que estoy aquí, se siente mal, como si fuera la otra mujer o algo así.
 
―No quiero que te sientas de esa forma. Puedo llevarte a casa ―dice―. Pero solo para que lo sepas, Lily nunca entró en la piscina, ni una vez. No sabe nadar.
 
―Entonces, ¿por qué compraste una casa con piscina?
 
―Pensó que era agradable a la vista.
 
Paso la mano por su brazo.
 
―Lo siento por no ser yo. Ha sido una noche difícil. Tal vez podríamos usar tu piscina en otra ocasión. Por favor, llévame a casa.
 
Santana besa mi frente.
 
―Voy a coger mis llaves.
 
Vago alrededor de la orilla del agua, agradecida de que Santana no parece molesta porque me quiero ir, y localizo una casa de piscina en el lado opuesto. Apuesto a que tiene una televisión enorme allí, algunos muebles de sala geniales, tal vez un bar también. Este sería un lugar de reunión genial en un abrasador día en Texas. Pego la nariz en la ventana pero no puedo ver nada. Está oscuro dentro. Doy la vuelta y trato con la puerta. Se abre.
 
Alcanzo la luz, mis ojos se ensanchan, y mi pulso se acelera. Miro detrás de mí para comprobar si Santana está volviendo. No hay señal de nada pero las luces bailan en el agua. Tal vez debería apagarlas, cerrar la puerta, y caminar de regreso a la piscina. Otro día, otro momento, podría haber hecho eso. Pero ahora estoy extrañamente atraída por lo que veo en el interior, cajas y cajas de marcos y recuerdos que sostienen la vida de Santana, su matrimonio.
 
Paso la mano por unas cuantas cajas, y mis ojos son atraídos por un marco grande apoyado contra la pared, un retrato de Santana besando a Lily en su boda. Es hermosa, delgada, sexy, como una de las modelos de lencería europea con las que solía trabajar. Es más guapa de lo que yo seré alguna vez, y Santana se ve completamente enamorada de ella. Conozco esa mirada. La veo cada vez que me mira. Verla mirándola de esa forma es una patada en el estómago y duele a pesar de que no debería. Estaba casada con ella. Sé que la amaba, pero eso no detiene el dolor en mi corazón.
 
―¿Britt?
 
Mi dolor se vuelve temblor. Estoy atrapada. No debería haber husmeado en la casa de la piscina. Me doy la vuelta, encontrando a Santana sosteniendo las llaves. No se ve molesta.
 
―Lo siento por venir aquí.
 
―Lily no ha tenido una oportunidad para revisar estas cosas todavía. Es por eso que aún están aquí. De otra manera, lo habría incendiado hace mucho tiempo.
 
―Es muy bonita ―digo, mi voz temblando.
 
―Partes de ella.
 
―Te ves tan enamorada.
 

―Hace tiempo, lo estaba ―dice, y en un paso, está justo frente a mí―. Pero ya no lo estoy.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Oct 15, 2016 7:22 am

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CAPITULO 10
SANTANA

 
Las reuniones de socios son aburridas. Me cubro la boca con una mano para ahogar un bostezo. No sé por qué me molesto en ocultarlo. Traigo más dinero que cualquiera de estos tipos, pero todavía tengo que sufrir estas reuniones una vez al mes. Y esta mañana la reunión está siendo particularmente larga, como si mis socios creyeran que es mejor pasar el rato hablando de la facturación de los clientes que sobre los estados financieros y felicitándose entre sí.
¿Por qué diablos dejé a Britt sola en la cama para esto? Miro mi reloj, ansiosa por llamarla. La noche nos desgastó, y no pude soportar despertarla antes de irme. Finalmente se veía tranquila, pacífica, por lo que le dejé una nota en la almohada. Buenos días, preciosa. Todavía quiero llamarla y ver cómo está antes de irme a California. El momento de mi viaje no podría ser peor. Sé que Britt me necesita en este momento, incluso si intenta ocultarlo.
 
Cuando termina la reunión, me dirijo a mi oficina y mi secretaria me saluda con una serie de mensajes telefónicos y una moción de oposición de emergencia que debe hacerse antes del cierre de operaciones. ¡Mierda! Me prometí que no dejaría que el trabajo se interpusiera entre una mujer y yo. Hago una llamada rápida a Britt, pero me envía directamente al buzón de voz. Tal vez aún está dormida o entretenida con el trabajo. Ella también está ocupada.
 
Hundida en mi silla, me mantengo ocupada devolviendo las llamadas y paso el resto del día con el escrito de oposición. Toma cada segundo de mi día terminar mi trabajo. Es tarde, más allá de la hora de la cena. Esto tiene que parar. Apago el ordenador y reviso el escritorio. Hay libros y archivos en todos lados, pero todo puede esperar a que regrese de California.
 
Llamaré a Britt mientras me dirijo al aeropuerto. Extraño su voz. Solo tengo que agarrar mi maletín y salir de aquí. Mona asoma la cabeza.
 
―Srita . López, sé que me pidió que no lo molestara, pero hay una mujer joven en el vestíbulo que quiere verla.
 
 Inmediatamente sonrío. Tal vez Britt me sorprenda con un pequeño regalo de despedida, uno de sus atractivos pequeños diseños. Debería haber limpiado el escritorio para poder inclinarla sobre él…
 
―Dice ser la hermana de Britt.
 
―¿Quinn está aquí? ―digo empujando la puerta y caminando hacia el vestíbulo.
 
―Lamento molestarte en el trabajo ―dice Quinn, luchando por ponerse de pie.
 
―No te levantes ―digo―. No es una molestia. ¿Cuánto tiempo has estado aquí?
 
―No mucho. Le dije a tu secretaria que esperaría hasta que estuvieras libre. No hice una cita ni nada.
―No debes quedarte esperando para verme, igual que Britt. ―Tomo asiento a su lado―. ¿Qué está pasando?
 
―Britt me contó lo bien que te portaste con ella anoche después de que se fue toda molesta. Quería agradecerte por ayudarla, decírtelo en persona.
 
―Seguro, no hay problema.
 
―Britt es la persona más fuerte que he conocido ―dice Quinn.
 
―Ella no lo cree así.
 
Quinn pone una sonrisa de orgullo.
 
―Lo piensa porque tiene miedo, no es difícil. Pero no es el miedo lo que nos hace débiles. Es cómo respondemos. Algunas personas dejan que el miedo los paralice, o huyen de él. Mi esposo es el ejemplo perfecto, pero no Britt. Ella ve el miedo y se hace cargo como un matador. ¿De qué otra manera puedes explicar que se haya mudado a Europa sola a los veintidós años? Cuando me enteré que estaba enferma y que Noah se había ido, la llamé toda histérica y la hice prometer que criaría a Zoe. En las siguientes cuarenta y ocho horas, dejó su trabajo, hizo sus maletas y voló de vuelta a casa.
 
―Te quiere ―digo―. Eres su familia.
 
―Dejó pasar grandes oportunidades de trabajo por mí ―dice Quinn―. Pero eso no la detuvo. Para el momento en que se bajó del avión, la “Lencería de Britt” era un modelo de negocio, puso en su compañía todas sus fuerzas sin ni siquiera darse un respiro… ―Quinn se detuvo y sostuvo mi mirada―. Hasta ti.
 
―Bueno, ha hecho lo mismo por mí. He pasado la mayor parte de mi edad adulta enterrada bajo el papeleo.
 
―No tengo mucho tiempo Santana y estoy preocupada por Britt. Cuando muera, la va a destrozar, incluso si trata de aceptarlo y de alguna manera encontrar paz. Va a ser lo más duro para ella.
 
―Estaré ahí.
 
Quinn niega con la cabeza.
―Estoy pensando en justo ahora, estas próximas semanas, quizás meses, si tengo suerte. ―Toma mis manos entre las suyas. Su piel fina como el papel se siente como si pudiera evaporarse. El cáncer es un hijo de puta―. Haz de estas semanas, estos meses, lo mejor para ella, porque después de eso, los días y las noches van a ser horribles. Y no estoy segura de cuánto duren. ¿Puedes hacer eso por mí? ¿Puedes hacer tanto tiempo para ella como sea posible? Quiero verla mareada de la excitación.
 
Durante mucho tiempo, he vivido mi vida por el reloj, por la hora facturable. Todo mi mundo es una entrada a lo grande. Quiero dejar la rutina, o al menos reducir la velocidad. Y ahora tengo a una paciente de cáncer sentada a mi lado, que me dice que haga precisamente eso. Está pidiendo mi tiempo, no por ella, sino por su hermanastra, una hermosa chica que ha robado mi corazón. ¿Cómo decir que no, incluso si quisiera? Que no lo hago. Quinn no lo sabe, pero me ha dado la excusa que necesito.
 
―Tal vez pueda tomar un poco de tiempo libre, tratar de ayudarla a tener las cosas en orden ―le digo―. Dios sabe que tengo un montón de tiempo de vacaciones almacenado.
 
―Gracias.
 
―Va a ser difícil conseguir que deje de trabajar tanto, sin embargo ―digo.
 
―Lo sé, y le dije esta mañana que no puedo ayudar más. Necesito enfocar toda mi atención en Zoe, y no quiero que Britt me vea marchitando. Realmente necesita a alguien que la ayude, con sus libros, por lo menos. Es casi tan buena en el mantenimiento de registros como lo es con las direcciones. Le dije que contratara a un interno. Quiero que se organice y luego, se divierta, pero no me escucha.
 
―No estoy segura de que me escuche a mí tampoco.
 
―Te escuchará ―Quinn dice con firmeza―. Además, ¿no es cierto que eres una gran abogada? Estoy segura de que puedes convencerla.
 
Me río, mi mente a la deriva pensando en las distintas y deliciosas maneras en las que puedo tratar de persuadir a Britt.
 
―Haré lo mejor que pueda.
 
Quinn mira hacia abajo, presionando sus labios.
 
―Por favor, no la dejes Santana.
 
―Quinn, no lo haría…
 
Levanta su mano.
 
―Ha sido dejada demasiadas veces. Su padre, madre, novios, ahora yo.
 
―Así que hay algo que la asusta ―digo.
 
―Antes de enfermar, solo puedo recordarla asustada una vez. Fue poco después de que su madre muriera. La encontré sobre sus manos y rodillas en la cocina con diminutos rasguños por todas partes. Había derribado la jarra de cerveza favorita de mi padre. Él solía mantenerla en el congelador. De cualquier manera, estaba llorando, se veía absolutamente petrificada mientras trataba de recoger todas las pequeñas piezas para pegarlas de nuevo.
 
―¿Sobre el vidrio?
 
―Nunca olvidaré lo que dijo. Fue la cosa más extraña. Dijo: “Por supuesto, nadie me quiere”.
 
―¿Qué fue eso? ―pregunto, pero sospecho que lo sé.
 
Quinn se encoge de hombros.
 
―La escuché llorar toda la noche, pero se negó a hablar de ello, jamás. Terminé diciéndole a papá que yo la rompí, y no le importo, por supuesto. Esa fue la única vez en mi vida que he visto a Britt mostrar algún tipo de temor.
 
―Creo que lo pudo haber aprendido de ti ―le digo, pensando en lo audaz que se veía Britt montando a Mystic en la pista.
 
―A veces, en los momentos en los que tenemos más miedo es cuando ponemos nuestra cara más valiente ―dice Quinn mientras se pone de pie. Envuelve sus pequeños brazos alrededor de mí―. Eres una oración contestada, Santana López.
 
Entre todo lo que sucedió anoche y lo que me acaba de decir Quinn, tengo que hablar con Britt antes de salir de la ciudad. Nuestra última conversación no puede ser sobre Quinn muriéndose y mi divorcio. Espero en mi coche y marco su número. Responde en el cuarto tono.
 
―Oye, ¿suenas agitada?
 
―Estaba en la ducha. Pensé que estarías en el aeropuerto.
 
―Estoy en camino ―le digo―. Espera, ¿acabas de salir de la ducha?
 
―Sí.
 
¡Jesús! ¡Está empapada! Echo un vistazo a mi reloj. Mi cabeza me dice que vaya al aeropuerto. Mi pene me está diciendo algo totalmente diferente. Por suerte para mí, mi corazón está de acuerdo con mi pene. Dos contra uno. ¡A la mierda! Llegar al aeropuerto con dos horas de antelación es absurdo, de todos modos. Tengo un montón de tiempo hasta que salga mi vuelo. Hago un giro en U y dirijo mi coche hacia su casa.
 
―No hagas nada ―le digo―. Voy para allá. No te importa, ¿verdad?
 
―Para nada. Quería darte un beso de despedida de todos modos.
 
Cuelgo y corro a través del tráfico de Dallas. Estoy conduciendo como una loca, sobrepasando a los otros coches, tomando tantos atajos como puedo. Sabía que mi Porsche era rápido, pero nunca lo había presionado así antes. Si me detuvieran por exceso de velocidad, pagaría la multa en el lugar, siempre y cuando el policía lo emita rápidamente. Si me da una boleta por pasar esas luces rojas, también lo voy a pagar. No me importa. Todo lo que importa es llegar a Britt y ahorrarme unos cuantos minutos aquí y allá, minutos que puedo pasar con o encima de ella.
Mi mano golpea la manija de la puerta de su tienda. ¡Mejor que no tenga ropa encima!
 
―Britt ―digo en voz alta, cerrando la puerta detrás de mí. Espero que esté todavía mojada. Aparece por la esquina de su apartamento y viene hacia mí. Está vestida solo con un albornoz, el cabello recogido en la parte superior de su cabeza. Britt alcanza su cabello―. No eches a perder lo increíblemente sexy que te ves. ―Doy un paso hacia ella, viendo sus pezones a través de la fina capa de tela. Mis manos se deslizan alrededor de su cintura, mi cuerpo presionando contra su suave piel―. Te echaré de menos ―susurro.
 
―¿Has vuelto para decirme eso? ―susurra de vuelta―. Eres tan dulce.
 
―Tenía que verte antes de irme.
 
―¿Tienes que ir?
 
―Sí. ―Tengo tantas cosas que decirle, pero ahora no es el momento. Hace un puchero. La beso y le digo―: No pensemos en eso ahora.
 
Sus ojos mirando los míos.
 
―Finalmente estamos solas
.
Casi no puedo creerlo. Estoy tan acostumbrada a Quinn y el bebé o algún cliente dando vueltas. Siento a Britt estremecerse bajo mi mirada. Esta lista. Y yo la quiero ahora. La he estado esperando. La he querido desde que oí su risa, desde que vi por primera vez sus piernas, pero tuve que contenerme las últimas semanas. Sabía que no debía precipitarme, no llevar las cosas demasiado rápido. Sabía que no estaba preparada. Pero eso estaba todo fuera de la ventana ahora. Ahora es el momento adecuado. Estar con ella se siente demasiado bien como para parar.
 
Mis labios chocan con los suyos y su cuerpo se eleva hasta encontrarse con el mío. Mis manos se deslizan bajo la bata, sobre su suave piel. Tomo su culo en mis manos, apretándolo suavemente. Es malditamente cercana a la perfección. Es hora de que sepa lo sexy que es. Mis manos se mueven a sus redondos y suaves pechos, trazando con mis dedos sus pezones, luego voy bajando, más allá de su ombligo y hacia abajo de la cintura. No voy a darle tiempo a protestar o que se sienta insegura. Deslizo un dedo dentro, encontrándola húmeda y más que lista para mí.
 
―Dios ―gime.
 
Clavada contra la pared, no tiene a dónde ir. Deslizo mi dedo dentro y fuera, encontrando su punto dulce con la palma de mi mano y quitándole la bata con la otra. Se tensa por un segundo y alcanza su bata, tratando de cubrirse.
 
―No te escondas de mí, Britt ―digo, aunque sale más como un gruñido. Empujo hacia ella otra vez, y su boca se abre en ese momento. Reacciona perfectamente a mi tacto―. Eres tan hermosa ―susurro―. Especialmente así.
 
Sus labios chocan contra los míos, nuestras lenguas luchan entre sí, frenéticas por más. Agarro su culo y tiro con fuerza hacia mí. Estoy tan jodidamente dura en este momento. Nunca he querido a una mujer más de lo que quiero a Britt. No tengo ni idea de porqué tiene obsesiones sobre su cuerpo. Sus tetas son de una forma y un tamaño perfecto, y su estrecha cintura conduce a ese increíble y sexy culo. Es increíble desnuda y cruda, empujando con fuerza contra mí, aflojándose, finalmente perdiendo sus inhibiciones.
 
Y está cerca. Su cuerpo comienza a temblar y una ráfaga de calor y rubor pasa sobre su piel.
 
―Déjalo ir, Britt. Déjame escucharlo todo.
 
―¡Santana! ―grita mientras explota alrededor de mi mano, todo su cuerpo temblando.
 
Ese es el mejor sonido, una mujer sexy gritando tu nombre. Britt se ve exhausta inclinada contra la pared, pero necesito oírla gritar de nuevo. Así que mantengo mi dedo dentro de ella, sintiendo su humedad y acariciándola ligeramente. Cuando estoy segura de que tiene pleno uso de sus piernas, la dirijo hasta su dormitorio, con mi dedo aún dentro, nuestros ojos se encontrándose.
 
―Te necesito en la cama ―digo―. Necesito saber que no te vas a caer cuando te haga venir de nuevo.
 
Sus ojos se abren.
 
―¿De nuevo?
 
La pongo sobre la cama y me inclino sobre ella, acechando a su cuerpo.
 
―Sí, de nuevo. Dime que te vendrás de nuevo por mí. ―Asiente―. Buena chica
―le digo, dándole una pequeña sonrisa y dirigiendo mi cabeza a sus tetas, rodeando sus pezones con la lengua. Me tomo mi tiempo, chupando, mordisqueando, y acariciando uno y después el otro. Luego, suavemente, ligero como una pluma, deslizo mi dedo sobre sus pliegues. Se extiende abierta, dándome una clara invitación. Esto es una tortura―. Sé que me quieres dentro de ti ―le digo. Mi pene sin duda está listo, duro, palpitante, en el borde de la explosión. Pero no quiero que nuestra primera vez sea demasiado rápida, conmigo teniendo que salir por la puerta, como el típico estereotipo. No voy a hacerle eso a Britt. Deslizó un dedo dentro de ella, y luego otro, y presiono profundamente dentro―. Pronto ―prometo.
 
Arquea la espalda.
 
―¿Qué me estás haciendo?
 
Mi otra mano se mueve a su culo, acariciándolo y luego empujando arriba y abajo, animándola a empujar contra mis dedos. Lo hace exactamente como quiero. Estoy en un apartamento de mierda en Dallas, pero nunca he visto un espectáculo tan hermoso.
 
―Date la vuelta ―le digo, deslizando mis dedos fuera de ella. Su cabeza se sacude en una pequeña protesta. Me apoyo sobre su cuerpo y digo―: Déjame hacerte sentir bien. Gírate
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Oct 15, 2016 7:38 am

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BRITTANY

 
Poco a poco comienzo a darme la vuelta. Oh Dios, no puedo creer que vaya a dejarle ver mi culo desnudo con todas las luces encendidas. Interruptores, ¡por favor!
 
Sus dedos se arrastran por mi espalda, empujando mi cabello por encima del hombro. Me apoyo en mi codo, mirando a sus ojos deslizándose por mi cuerpo. Si se burla de la vista de mi trasero, será mi culpa por estar mirando. Pero no puedo evitarlo. Se ve tan intenso, pero sus manos se mueven tan suavemente. Sus ojos se conectan con los míos mientras sus labios besan suavemente mi nalga. Oh, Dios mío. ¡No acaba de hacer eso! Hay hoyuelos y… Santa mierda, su lengua se desliza a través de mi nalga, sus manos masajeando mi culo. Se siente… Buen Dios, el masaje está causando que mi vagina se relaje y se contraiga, mi clítoris rozándose ligeramente con el colchón. Y está chupando y besando y lamiendo mi culo tan suavemente que mi cabeza empieza a girar. ¿Por qué nadie me dijo que mi trasero es una zona erógena? ¡Lo que me he estado perdiendo!
 
Su dedo se desliza dentro de mí, ¡ahh! Mis caderas comienzan a moverse. Estoy básicamente follando la cama, pero me importa un comino. Me está llevando a un lugar en el que nunca he estado antes, un lugar en el que no me importa cómo me veo, lo que piensan de mí. Solo me importa venirme contra sus dedos, y me da la sensación de que a ella solo le preocupa la misma cosa.
 
―Mierda, bebé ―se queja―. Podría venirme simplemente mirándote.
 
Eso es todo lo que necesito para gritar su nombre. Apoya su cabeza sobre mi espalda, sus dedos todavía rozando ligeramente mi culo.
 
―Esto nunca ha pasado ―le digo―. Por lo general no soy tan fácil de complacer.
 
―Te tengo en la palma de mi mano, bebé ―dice, dándole a mi trasero un golpe juguetón. Entierro mi cabeza, riendo―. Cristo, tu risa lo hace por mí todo el puto tiempo.
 
―Quédate ―susurró, mirándola por encima de mi hombro.
 
―Realmente quiero quedarme ―dice, acomodándose. Obviamente, su erección quiere que se quede―. Pero no puedo. Si no me voy ahora, voy a perder el vuelo.
Desearía no tener que irme.
 
―Yo también.
 
―Vuelvo en dos días. Voy a estar muy ocupada trabajando en California, pero voy a estar pensando en ti.
 
―Voy a pensar en ti, también.
 
La cama se desplaza mientras se levanta, y echo mano a la sábana. De un solo golpe, me la arranca, sus dientes hundiéndose en mi nalga.
 
―¡Oh! ―Doy un ligero salto. No dolía, pero me sorprendió como el infierno. Me doy la vuelta, y la veo sonriéndome―. ¡Sé buena! ―Me mira a los ojos y sus labios se separan. Pero no salen palabras.
 
¡Dos orgasmos! Pateo mis piernas en la cama como una colegiala. Todavía no puedo creerlo. Eso nunca ha pasado antes. Sonrío a la puerta por donde salió, recordando sus palabras, su tacto, sus ojos caramelos tan vivos y llenos de deseo.
Estoy indefensa ante lo que estoy sintiendo. Ha pasado mucho tiempo desde que  me ha tocado, mucho tiempo que no tenía un orgasmo. No iba a aguantar más.
 
Pero nunca tuve la oportunidad de tocarla. ¿Qué fue eso? Nunca llegué a verla desnuda. Quería tocarla. ¿Debería haberla tocada de todas formas? ¿Quería que yo tomara el control para decirle que no se fuera? No se negaría, ¿verdad? Recuerdo como se veía su cara, más específicamente, la forma en que sus labios se veían. Era como si quisiera decirme algo, pero no lo hizo. Tal vez estaba esperando que yo correspondiera. Espero que no haberlo arruinado. Me doy un golpe en la frente. Me vuelvo loca a mí misma algunas veces. Déjate llevar. Confía.
 
Es solo que todo el asunto es diferente a cualquier cosa que haya experimentado antes. Por lo general,  se bajan y me dejan colgando, pero no fue así con Santana.
 

Fue todo sobre mí. Nunca he sido capaz de mirar a una pareja a los ojos mientras estoy desnuda, pero Santana me hace sentir tan especial. Me encanta la forma en que se niega a dejar que me esconda, mi cuerpo o mi alma. Por primera vez en la historia, estaba totalmente desnuda, expuesta ante ella. Fue maravilloso estar en sus brazos. Me miro, todavía desnuda en la cama, con sus dedos cubriendo mi piel. No estaba desnuda. Estaba cubierta de Santana, y nunca había querido estar vestida con algo diferente.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Oct 15, 2016 9:53 am

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CAPITULO 11
BRITTANY

 
Los siguientes dos días son interminables, pero soy capaz de derrotar una gran cantidad de trabajo, ponerme al día con citas, y mi sesión de fotos para el próximo catálogo está lista para ir. Pero cuando he terminado, el silencio, la quietud de mi apartamento me molesta. ¿Es una especie de preparación para mí, darme una idea de lo que está por venir, un momento en que Quinn no estará más por aquí, un momento en que tal vez Santana no estará, tampoco?
 
En serio, tengo que dejar de llenar mi mente con basura. No sé por qué dejo que los pensamientos malos se metan y superen a los buenos. Supongo que todos hacen eso a veces, pero odio cuando sucede. La verdad es que, no tengo ninguna razón para regodearme en este momento. Nada malo está sucediendo hoy. Es decir, Santana va a volver tarde esta noche, y es domingo, mi día con Quinn. Ella viene a cenar. Tengo mucho que esperar.
 
No pasa mucho antes que la dulce voz de mi hermanastra llene mi apartamento. Corto algunas verduras mientras Quinn se inclina sobre una olla que he empezado en mi estufa.
 
―¿Qué estás cocinando? ―pregunta, su nariz se arrugó como si acabara de oler uno de los pañales sucios de Zoe.
 
―Es una “cena vertedero” ―digo―. Como mi mamá solía hacer, ¿recuerdas?
 
Quinn se estremece.
 
―No creo que la comida deba ser referida como “vertedero”. Papá llama a ir al baño “ir al vertedero”.
Le doy mi mejor rodada de ojos y arrojo dentro las verduras.
 
―Se llama así porque viertes todo en la olla para cocinar. Juro que tu mente está siempre en la cuneta.
 
―Únete a mí en la cuneta ―dice Quinn y me tira hacia la cama―. Dime todo sobre Santana.
 
―Oh, no lo sé, Quinn. ¿Podemos tener la cena primero?
 
―No tengo mucho apetito, Brittany.
 
―No puedo comer todo esto yo sola. Mi culo nunca me perdonará.
 
―Le doy un golpecito a mi trasero―. ¿Lo harás, culo?
 
―Es tan raro que le hables.
 
―No siempre escucha.
 
Quinn mira alrededor de mi apartamento.
 
―¿Recuerdas que decíamos que íbamos a vivir juntas, conseguir nuestro propio lugar?
 
―Desearía que lo hubiéramos hecho.
 
―Tú tenías que mudarte a Europa.
 
―Y tú tenías que casarte.
 
Quinn toma mis dos manos entre las suyas.
 
―Voy a mudarme de nuevo con papá muy pronto.
 
―¿Qué? ¿Por qué?
 
―Todas las habitaciones están arriba en mi casa ―dice Quinn―. Se está haciendo demasiado difícil de subir y bajar.
 
―Puedo mudarme contigo y ayudar ―ofrezco.
 
―¡Entonces tendría que escucharlos a ti y Santana chocando y moliendo toda la noche! ―Quinn me mira de arriba hacia abajo. Ella puede ver siempre a través de mí―. ¡Oh! ¡Totalmente tuviste sexo con ella!
 
―No, no lo hicimos.
 
―¡Sí lo hiciste! ¡No me mientas!
 
―No estoy mintiendo.
 
―Está bien. Entonces ¿por qué diablos no? ¡Para de retrasar, y follate a la morena!
 
―Te mantendré informada.
 
―En serio, ustedes están enamoradas la una de la otra.
 
―No estoy segura de cómo se siente ella.
― La mujer prácticamente cae a tus pies cuando entras en la habitación.
 
―No lo hace.
 
―Lo hace ―dice Quinn―. ¿Has hecho pis delante de ella?
 
―¡Asqueroso! No, no he hecho pis delante de ella. ¿Por qué habría de hacer eso?
 
―¿Ella ha hecho pis delante de ti?
 
―No, en realidad no he visto su… ―Hago una pausa y agito mis brazos alrededor, tratando de hacer aparecer las palabras.
 
―¡Brittany, eres tan mojigata!
 
―No lo soy ―digo―. Hemos hecho algunas cosas.
 
―¡Obviamente no lo suficiente! ―dice Quinn y se sienta con la espalda recta―. Mira, aquí está mi prueba para saber si ella  es seria contigo. Si puedes orinar delante de ella y no se asusta, entonces ellla está en ello para largo plazo.
 
―Quinn, nunca he hecho pis delante de nadie en toda mi vida.
 
―Confía en mí, no puedes casarte con alguien y nunca orinar delante de ella. No sucede.
 
―Gracias por eso, Quinn. ¿Algún otro consejo de relaciones que te importe pasar?
 
―Desde que Noah  y yo fuimos tan exitosos, probablemente no soy la mejor para preguntar ―dice―. Pero en serio, disfruta de ella. Quiero decir, realmente diviértete con ella. No dejes que el mundo exterior estropee lo que tienes. Mantenlo sagrado, o lo suficientemente pronto, te encontraras solo teniendo sexo de mantenimiento para evitar que ella te acose sobre ello.
 
Ligeramente golpeo a Quinn con una almohada.
 
―¿El cáncer te convierte en una pervertida o algo?
 
―Cuando Noah y yo solíamos pelear, era tan sexy. Teníamos este loco sexo furioso después. Luego algún tiempo alrededor de cuatro años, creo, peleábamos, y yo iba a fregar el piso.
 
―Eso es simplemente triste.
 
―Tarde o temprano, el sexo furioso se convierte en tareas domésticas furiosas.
 
―Eso debería ser una etiqueta de advertencia.
 
―No dejes que te suceda a ti.
 
Me enjabono, limpiando cada centímetro de mi cuerpo. Santana estará aquí pronto, y quiero oler bien cuando pase. Fue dulce que enviara un mensaje para preguntar si podía pasar, que sólo no lo asumió. No puedo esperar para verla. Parece una eternidad. Extraño el calor de su cuerpo, la sensación de su aliento, el empuje de su excitación por la mañana en contra de mi culo.
 
Me enjuago y salgo de la ducha, ansiosa por oír su sexy voz. Amo su voz. Fue la primera cosa que noté en ella, y no la he escuchado en días. No hemos hablado mientras que ella ha estado lejos, algunos textos, pero eso fue todo. Me pregunto por qué. Probablemente estaba ocupada, como dijo. O tal vez está enojada que no hice lo mismo.
 
―¿Brittany? ―dice en voz alta desde mi tienda. Salto un poco y trato de alcanzar una toalla para cubrirme―. ¿Brittany? ―Su voz es más fuerte esta vez. Se está acercando, entrando a mi apartamento―. ¡Te extrañé tan malditamente tanto! ¡Ven aquí!
 
¡A la mierda! No voy a tener miedo nunca más. Tomo una respiración profunda, tiro la toalla al suelo, abro la puerta del baño, y la saludo usando nada más que una sonrisa. Su boca cae al suelo. Desliza el pulgar por su labio inferior, y en dos zancadas estoy envuelta en sus brazos. Me levanta en el aire y me tumba en la cama, tirando de mi boca a la suya, agarrando un puñado de mi cabello, forzándome más fuerte hacia ella. Tiro y aflojo su ropa, pero estoy distraída por su cálida lengua deslizándose a través de mi cuello, su mano ahora ahuecando mi pecho, mi pezón entre sus dedos, todo el placer disparando justo entre mis piernas.
 
De repente se sienta y fija sus ojos en los míos.
 
―Quiero continuar donde lo dejamos.
 
―Sí. ―Jadeo, ansiosa para que haga lo que quiera de mí.
 
Mueve un dedo lentamente por mi cuello, por debajo de la curva de mis pechos. Es una maestra en el arte de la burla, y me encanta. Sube mi pierna y sostiene firmemente mi muslo y luego llega debajo de mí para apretar mi culo. Sus ojos dejan los míos por un momento, y baja la cabeza, dejando que su aliento cálido cosquillee en mi pezón.
 
―Eres tan sensible ―dice, moviendo sus dedos más abajo―. Me dan ganas de sumergirme dentro de ti. ―Mis piernas se abren invitándole―. Jesús, bebé, estoy tratando de tomar mi tiempo.
 
―Por favor ―ruego.
 
Santana mece sus caderas contra las mías.
 
―¿Quieres que te haga correr?
 
―¡Sí!
 
Baja su boca de mi pecho a mi cintura y luego rodea mi ombligo con su lengua.
 
―¿Quieres que te haga gritar?
 
―¡Dios, sí!
 
Besa su camino por mi cuerpo, haciendo que mi corazón se acelere y gira la cabeza mientras corro una mano por su cabello. Estoy tan lista para que Santana ponga su boca sobre mí. Necesito su boca sobre mí. Y entonces la siento. Mis músculos se tensan mientras corre ligeramente su lengua sobre mis pliegues, saboreándome, poniéndome más húmeda de lo que ya estoy. Mi cuerpo está rogando por ella, deseándola dentro de mí.
―No me voy a apresurar ―promete en un susurro―. Voy a trabajarte tanto, que vas correrte tan duro para mí. ―Mi espalda se arquea ante el pensamiento, y ella sonríe, viendo mi cuerpo moverse. Luego entierra su cabeza de nuevo, lamiéndome un poco más, todavía muy lentamente, antes de levantar sus ojos caramelos hacia mí, sosteniendo mi culo, todavía provocándome con su lengua.
 
Comienzo a moverme contra su lengua, pidiéndole que me folle con su boca. Ella suelta una risita traviesa y desliza su lengua dentro. Empuja dentro y fuera, y yo aprieto mis músculos alrededor de ella, con fuerza. Me siento en el borde.
 
―No te detengas. Oh, Dios, por favor, no te detengas. Estoy casi allí.
 
―Agarro las sábanas de la cama con todas mis fuerzas y exploto sobre su boca―.

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 ¡Santana!................
 
 ―Pensé que los orgasmos hace dos días fueron los mejores de la historia, pero este sólo les superó tanto por un kilómetro.  Mi cuerpo temblando de las réplicas, Santana se mueve hacia arriba a mi lado y me envuelve en sus brazos.
 
―No he pensado en otra cosa estos últimos dos días ―dice―, más que darte placer, haciéndote correr de esa manera.
 
―Mi turno ―digo y alejo algunos mechones de cabello de mi cara y luego deslizo un dedo en la cintura del pantalón.
 
Toma mis manos y las clava sobre mi cabeza.
 
―No he terminado contigo todavía ―dice y baja su boca a mi cuello.
Una profunda decepción se instala en mi pecho. Santana debe haberlo sentido, también, porque levanta su cabeza de mi cuello.
 
―¿Qué he hecho? ―pregunta.
 
―No he hecho nada para ti.
 
―¿Es por eso que estás molesta? ―pregunta. Asiento un poco, y me acaricia la mejilla―. No es una carrera o un concurso. Nadie lleva el marcador.
Sorbo un poco y junto un poco de coraje.
 
―¿Es porque no te excito?
 
―¿Es una broma? ―Toma mi mano y la pone en el bulto duro como una roca en su pantalón―. ¿Se siente como si no estuviera excitada por ti? Me estaba poniendo a prueba a mí misma.
 
―¿Por qué?
 
―Es la forma en que sé…
 
―¿Sabes qué?
 
Toma un gran aliento.
 
―Como sé que amo a una mujer.
 
―Dejo de respirar. Estoy sorprendida. No esperaba que dijera eso. Creo que Quinn estaba en lo cierto―. Cuando puedo ser totalmente desinteresada, cuando puedo estar satisfecha de que ella está satisfecha, cuando su felicidad viene antes que la mía. ―Se pasa los dedos por su cabello―. Dios, espero que no sea demasiado pronto para decírtelo.
 
Comienzo a respirar de nuevo, pero apenas y puedo contenerme. No estoy segura si mi corazón se está derritiendo o está por estallar. ¡Me está poniendo a mí primero… y al amor! ¡Esto es mejor que cualquier orgasmo! Y es lindo que esté tan nerviosa diciéndomelo, como si tuviera miedo de que no le correspondiera, como si eso fuera posible. ¿Qué es no amar?
 
―Por favor di algo ―dice.
 
Le ofrezco una sonrisa sexy y tomo su mano.
 
―¿Cuánto dura esta fase de prueba?
 
―Se acabó.
 
―Gracias a Dios. ―Rápidamente ruedo encima de ella, montándola a horcajas e inclinándome, dejando que mis senos se empujen contra su pecho. Coloca sus dedos en mi cabello, y puedo sentir su cuerpo tensarse bajo el mío, claramente necesitando liberarse. Obviamente ha estado esperando hace días por esto. Bajo mi boca a su cuello, pensando en cómo Santana me había chupado a mí, cómo me había tentado con su charla sucia, excitándome, poniéndome más necesitada que nunca. Es hora de regresarle el favor, o el tormento.
 
―¿Quieres que te haga venir? ―susurro.
 
La comisura de su boca se eleva en un traviesa sonrisa, y se sienta derecha, tirando de mis piernas con fuerza alrededor de su cintura y agarrando mi trasero.
 
―Lo quiero todo, Brittany.
 
―Oh.
 
 
―¿Quieres jugar? ―pregunta, en voz baja. Asiento y pasa un dedo por la curva de mi cuello, bajando por mi brazo, y hasta mis dedos enlazándolos con los míos―. Quiero que me toques.
 
Todo mi cuerpo se estremece, e imploro:
 
―Quiero tocarte.
 
Suelta mi mano y acaricia mi labio inferior con su pulgar.
 
―Entonces quiero saber cómo tu aliento, tu lengua y esos perfectos labios rojo cereza se sentirán deslizándose sobre mi polla.
 
―Lentamente me paso la lengua por los labios―. ¿Quieres saber cuál es mi sabor?
 
―Sí ―digo, jadeando―. Por favor. ―Cómo es que me tiene rogándole por darle una mamada, ¡jamás lo sabré! Y no me importa. La empujo sobre la cama, pasando mi lengua por la V en su estómago. Coloco mis dedos sobre su cierre, mientras ella estira sus piernas.
 
―Dios, he extrañado tanto esto.
 
Mi mano se detiene. Algo sobre esas palabras, tan inofensivas, me congela. ¡Olvídalo! No quiso decir nada. Pero no puedo seguir. No puedo evitarlo. Sus palabras me hacen pensar en su ex esposa, su historial de citas. ¿Cuánto tiempo ha pasado para ella? ¿Fue su ex esposa la última en darle placer así? ¿O fue alguien antes de mí? Sé que dijo que no ha salido con nadie desde su ex esposa, y que el sexo y las citas le daban lo mismo. ¿Pero esta tipa sexy y rica no había tenido ninguna clase de sexo en casi un año? Eso no es posible. No tiene sentido. Me odio por el bombardeo de dudas con su pene a centímetros de distancia, pero me odiaría aún más si no obtuviera respuestas.
 
―¿Cuánto tiempo ha pasado? ―pregunto.
 
―Mucho ―dice, agarrando mi cabello, claramente queriendo mi boca.
Aparto mi mano del cierre y levanto la cabeza.
 
―Hablo en serio. ¿Cuánto tiempo?
 
Murmura un montón de maldiciones en voz baja y se levanta en la cama.
 
―¿Me estás preguntando eso ahora mismo? ―pregunta apuntando a su pantalón.
 
―Sé que es un mal momento. ―Tiro de las mantas sobre mi cuerpo―.
 
Pero no sé mucho sobre tu pasado, y me está carcomiendo ahora mismo. Lo siento.
 
―Te dije que no ha habido nadie desde mi ex esposa.
 
―Simplemente es difícil creer… quiero decir, eres tan… ―Apunto con mi mano su cuerpo―. Las mujeres deben estar tras de ti todo el tiempo.
 
―Sólo quiero que una mujer me quiera ―dice y me besa suavemente en los labios.
 
Sonrío cuando su boca va a mi cuello.
 
―Entonces ha pasado casi un año desde que tú… ―Me detengo cuando todo su cuerpo se tensa―. ¿Qué?
 
―Menos tiempo de un año.
 
La aparto de mi cuello.
 
―Pero dijiste que no has estado con nadie desde tu ex esposa y has estado divorciado desde hace casi un año, entonces…
 
Santana suelta un profundo suspiro.
 
―¿Nunca has caído en viejos hábitos con un ex?
¿Su ex esposa? ¡Oh, claro que no!, sacudo la cabeza.
 
―Cuando termino, termino.
 
―Hubo un breve periodo de tiempo cuando, mmm… no puedo explicarlo bien. No fue bueno para ninguna de las dos. Mira, te he extrañado estos últimos días. Por favor no hablemos de esto. ¿Podemos volver a donde estábamos hace dos minutos?
 
―¿Todavía te acuestas con ella? ―presiono.
 
―¡Claro que no!
 
―Y sólo para que lo sepas, con “acostarse” me refiero a orales, dedos, juguetes…
 
―¡Dios, Brittany, no me he acostado con ella desde que te conocí!
 
―Hay una urgencia en su voz, como si estuviera claramente preocupada por esto, por cómo me hace sentir, por cómo se ve―. Han pasado varios meses. Estoy siendo honesta. No te mentiría.
 
Santana abre sus brazos hacia mí, pero no voy. Solo me quedo a su lado. Voy a mantener mi guardia un poco en alto; al menos por unas horas. Deja caer sus brazos, y con sus labios en una línea. Las cosas comenzaron tan bien esta noche; había dicho esencialmente que me amaba; pero entonces todo se fue al carajo. Miro mis pies descalzos, sintiendo a Santana estudiarme.
Inclina mi barbilla hacia arriba.
 
―No quiero que las cosas se queden así. ¿Podemos por favor salvar la noche? ―Medio me encojo de hombros con un pequeño asentimiento. Me gusta que quiera intentarlo, y que no solo se vaya―. Casi lo olvido ―dice―. Te traje un regalo.
 
―Eso es dulce ―digo―. ¿Tuviste tiempo de comprar entre reuniones?
 
―No te emociones mucho. Es del aeropuerto. Está en mi auto. Ya vuelvo.
 
Tomo la oportunidad para ponerme ropa. No puedo estar desnuda con ella  ahora mismo, no después de que escuchar que había estado con su ex esposa. No importa cuándo o que haya terminado. Sucedió, y no puedo sacarlo de mi cabeza. ¡Agárrate y deja de buscar razones para huir! Santana y Lily estuvieron juntas mucho tiempo, y no es el fin del mundo para ex esposas tener un último revolcón en el heno; incluso más de uno. Santana no ha sido nada más que honesta conmigo. Es lo que quiero de ella. No sería justo de mi parte castigarla por eso. Alzo la mirada y la veo de pie en la entrada con una caja
Santana camina hacia mí la coloca enfrente.
 
―No tuve tiempo de envolverlo.
 
―No puedo creer que pensaras en comprarme un regalo. ¿Son zapatos? ―Comienzo a aplaudir emocionada―. ¡Siempre puedes comprarme zapatos! Talla ocho.
 
Se ríe.
 
―Lo recordaré. Ábrelo.
 
Paso mis dedos por la caja, sintiendo mi estómago retorcerse. Me recuerdo que el regalo no es de Charles. No viene con condiciones. Levantando la tapa, suelto una carcajada.
 
―¡No lo hiciste!
 
Santana saca una camiseta de los Dallas Cowboys y la sostiene para mí.
 
―No puedo estar enamorada de una seguidora de los Saints.
 
Dejo de reír y la miro completamente maravillada. Dijo “amor” de nuevo, incluso después de que le rompí las pelotas con lo de su ex esposa.
 
Deja la camiseta sobre la cama y toma mis manos.
 
―Te amo, Brittany.
 
―Este es el peor momento para amarme ―digo―. Mi vida es un desastre. Estoy totalmente abrumada. Tengo problemas de trabajo, problemas familiares, obsesiones personales, las cuales puedes ver claramente, y…
 
―Es el momento perfecto para que te ame ―dice.
 
Aparto la mirada por un momento y vuelvo a mirar a Santana. Es preciosa. Me quiere. Es honesta conmigo. Me ama. No hay nada más que pudiera querer, y lo sé. Pero estoy asustada. Me he quemado muchas veces antes, por muchos hombres diferentes. Tomo aire profundamente. No puedo… no la dejaré… que todos esos tipos me arruinen lo que está frente a mí. Es hora de que la chica del sí diga . Quiero decir, no tengo opción, no con esos ojos caramelos mirándome.
Me pongo la camiseta, y me queda perfecta.
 
―También te amo.
 
El sonido del agua me despierta. Gruñendo, tiro de las mantas sobre mi cabeza. Santana es tan molesta en la mañana, se levanta muy temprano, ya está en mi ducha. Siempre me toma un poco más de tiempo recibir el día, pero ella se levanta lista para todo. Es su mayor defecto.
 
El sonido sigue y sigue. Me están dando ganas de hacer pis. Si cerrara la llave de la ducha probablemente sería capaz de dormir otra vez, pero no está pasando. La ducha está durando una eternidad.
¿Qué está haciendo ahí que le toma tanto tiempo? ¡Será mejor que no se esté masturbando en mi ducha! No, no estaría haciendo eso. Me quito las sábanas y aprieto las piernas juntas. No puedo aguantarlo más. Tengo que ir al baño antes de orinarme.
Salgo de la cama y toco la puerta.
 
―¿Santana, ya casi acabas? ―Cuando no responde, aprieto las piernas un poco más y recuerdo las palabras de sabiduría de Quinn sobre el tiempo en el baño. Tal vez esto es una especie de prueba para mí, una prueba de fortaleza para nuestra relación. No estoy segura. No puedo pensar bien. Lo único que sé es que necesito orinar. Todo lo demás en el mundo es secundario.
 
Lentamente abro un poco la puerta del baño, una nube de vapor me golpea en la cara.
 
―¿Santana?
 
Saca la cabeza de la ducha, con el agua goteando por su cabello. Se ve adorable, y su dulce sonrisa es suficiente para despertarme.
 
―¿Sí?
 
―¿Casi acabas?
 
―En unos minutos. ¿Quieres unírteme?
 
―Nop ―digo, apretando mis rodillas juntas, y haciendo un par de cuclillas.
 
―Tal vez a la próxima ―dice y desaparece detrás de la cortina de la ducha.
 
Fuera del baño, bailo un poco alrededor. Santana parece no estar para nada acelerada. ¿Debería decirle que debo orinar? ¿Por qué tengo que vivir en este apartamento de mierda con un baño? No tengo opción ahora; debo de entrar. La amenaza es nivel rojo. Me muevo dentro, caminando en puntitas como un cauteloso ninja.
 
Llego hasta allí sin ser detectada y me bajo las bragas, manteniendo un ojo en la cortina de la ducha, buscando cualquier movimiento. Respiro profundamente y empiezo a orinar seriamente. ¡Ah! Estoy muy aliviada de que probablemente la ducha está ahogando el sonido de mi pis. Estoy muy segura que de lo contrario haría eco en las paredes.
Aun así, no puedo bajar la guardia. No estoy cerca de terminar, y mantengo un ojo en la cortina de la ducha. ¡Por favor, quédate ahí, Santana! Por lo general se siente muy bien, incluso mágico, hacer pis en la mañana, pero ahora solo hay ansiedad.
 
A mitad de la meada, cierra la ducha. Aprieto mis músculos y dejo de orinar. Gracias a Dios por los ejercicios de Kegel.
 
Trato de apurarme, arrancando papel higiénico, pero mis movimientos ninjas no son tan rápidos. La cortina de la ducha se abre, y no hay dónde esconderse. Así que bajo la cabeza a mis manos, roja como un tomate, derrotada, deseando estar en cualquier otro lado en el mundo.
Santana se inclina y me besa la cima de la cabeza.
 
―Buenos días, bebé.
 
Lentamente alzo la mirada, encontrando a Santana con solo una toalla alrededor de su cuerpo, pasándose los dedos por el cabello. Se ve jodidamente bien, bronceada. ¿Acaba de besarme? No puedo disfrutar su beso o ver su cuerpo, no mientras estoy sentada en el sanitario. Mi estómago se aprieta un poco, sin duda por mi posición y por no conseguir vaciar mi vejiga. A la mierda esto. Me permito hacer pis de nuevo.
 
Santana ni siquiera se inmuta.
 
―Debemos irnos a las diez para el juego ―dice y luego busca su cepillo de dientes.
 

¿De verdad me está hablando ahora? ¡Eso parece! Sonrío ampliamente… mi hermanastra es bastante lista; luego me tomo un momento para limpiarme. Santana es el tipo de mujer con la que una chica quiere estar, el tipo de mujer  que puede maneja cualquier cosa que la vida le lance; con pis y todo.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por 3:) el Sáb Oct 15, 2016 11:28 am

Amo a san y todo lo que hace por britt y mas cuando estan con zoe!!
Obviamente es duro para britt perder a quinn de esa forma... o tratar de asimilar que son sus ultimos dias... tiene que disfrutar de los momentos que les quedan a las dos juntas ante todo...
De a poco san y britt se tienen que ir contando las cosas una a la otra aunque sean muy duras...!!!
Me encanta sobre todo la seguridad que le esta dando san a britt!!!...
Jajajajja gano nomas quinn en el consepto del baño!!!!
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Mensaje por monica.santander el Sáb Oct 15, 2016 4:09 pm

Odio la situación de Quinn pobre!!!!
Adoro como es San con Britt y Zoe!!!!
Veremos como siguen!
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por micky morales el Sáb Oct 15, 2016 9:29 pm

El consejo del baño es muy bueno, nunca lo he empleado, en fin... no quiero que quinn muera pero se que es inevitable, van muy bien las cosas, espero sigan asi!!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 12:55 am

3:) escribió:Amo a san y todo lo que hace por britt y mas cuando estan con zoe!!
Obviamente es duro para britt perder a quinn de esa forma... o tratar de asimilar que son sus ultimos dias...  tiene que disfrutar de los momentos que les quedan a las dos juntas ante todo...
De a poco san y britt se tienen que ir contando las cosas una a la otra aunque sean muy duras...!!!
Me encanta sobre todo la seguridad que le esta dando san a britt!!!...
Jajajajja gano nomas quinn en el consepto del baño!!!!

Oh si, ya van a aparecer los trapos sucios  y empezaran a hablar vamos a ver que opinas de eso....
Eso que dijo Quinn es muy bueno, como es tan diferente la visión de una persona que tiene sus dias contados,  vive su día al máximo, ojala la mayoría de los mortales hiciéramos lo mismo.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 12:57 am

monica.santander escribió:Odio la situación de Quinn pobre!!!!
Adoro como es San con Britt y Zoe!!!!
Veremos como siguen!
Saludos

Sip la situacion de Quinn no es facil... el cancer es creo la peor  de las enfermedades  ya que contamina todo su entorno.... creo que ya hay una familia formada San, Brittany y Zoe, aunque hay que saber a profundidad el porque del divorcio de santana......
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 12:58 am

micky morales escribió:El consejo del baño es muy bueno, nunca lo he empleado, en fin... no quiero que quinn muera pero se que es inevitable, van muy bien las cosas, espero sigan asi!!!!!!

jajajajajjaja, eso estuvo bueno,,, yo tampoco lo he empleado, creooo,,,.
Espero que no muera mientras dure la adaptacion.. vamos a ver ....
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 1:00 am

CAPITULO 12
SANTANA

 
―Tienes que estar impresionada con el estadio AT&T ―digo, dándole nuestras entradas para la suite a uno de los empleados del estadio―. Los Cowboys juegan en uno de los estadios más modernos…
 
―No hables de arquitectura antes de un partido ―bromea Brittany―. Esto es fútbol, o un museo de arte. Quiero decir, ¿qué pasa con todas esas esculturas? El Superdome, ahora eso sí que es un estadio de fútbol.
 
―No diría eso en voz demasiado alta aquí.
 
―Este equipo es muy de estirados. De todas formas, ¿quién los eligió como el Equipo de América?
 
―No lo entiendo. Eres de Dallas. Vives en Dallas. ¿Por qué eres una fan de los Saints?
 
―¡Drew Brees es muy guapo! ―Ruedo mis ojos―. Además, mi mamá era de Nueva Orleans. ―Mete su dedo en el pequeño agujero de la manga de mi camiseta―. ¿Cuántos años tiene esto?
 
―No lo sé, tiene como diez o así ―digo―. Da suerte.
 
―No veo cómo. Los Cowboys no han jugado demasiado bien durante la última década. Quizás tu camiseta es una maldición. Los Saints ganaron un Super Bowl hace poco.
 
Escaneo y miró su cuerpo de escándalo, sus tejanos abrazando su curvas, su camiseta acentuado su escote.
 
―Bueno, te ves bien con tu camiseta de los Cowboys.
 
―No puedo creer que esté llevando esto ―dice, tirando de ella un poco―. Me debes una en serio. Siento que necesito un baño, o una confesión.
 
Nos dirigimos en ascensor y a una escalera mecánica para ir al nivel del palco, lejos de los cientos de miles de fans sentados tanto arriba como más abajo. No me entiendan mal. Me gusta sentarme con la multitud, sentir esa energía, vivir y morir con cada jugada, pero es divertido estar en el palco de mi familia también. La comida, las vistas, las bebidas, todas son buenas. Y sobre la gente, bueno, eso es una cosa más complicada.
Giramos por un par de estrechos pasillos, y un grupo de fans de los Cowboys se dirige en nuestra dirección. Brittany les grita: “¡Who Dat!”, después se ríe ante la mirada malvada que le dirigen. ¡No puede hablar de esa manera a fanáticos de los Cowboys! ¡Va a hacer que nos maten!
 
Pero no puedo evitar sonreír. Esta hermosa e inteligente chica ―y sí, un poco loca también― se está divirtiendo. Amo hacerla feliz. Esto es exactamente lo que quiere Quinn, y lo que necesito, también. La vida es sobre esto, sobre lo que significa amar a alguien, en la alegría de provocar a los fans de los Cowboys y en el dolor de planificar un funeral. Espero que Brittany sepa que es así como me siento. Los tradicionales votos matrimoniales tienen razón, debes amar a alguien y serle fiel en las buenas y en las malas. Debería haber sabido que Lily y yo no duraríamos cuando insistió en que escribiéramos nuestros propios votos.
 
Continuamos adelante hacia el palco cuando escucho que me llaman desde atrás. Brittany se para y me mira.
 
―¿Ese es Jake? ―pregunta―. Por favor dime que no es él. ―Miro hacia atrás para ver que mi hermanastro se dirige hacia nosotras.
 
Brittany se pone un poco detrás de mí, claramente esperando evitar este momento, y no la culpo. Estoy segura de que esto apesta para ella, incluso si mi desventurado hermanastro la ayudó a poner en marcha Brittany Lingerie. Pero tiene que hablar con Jake en algún momento. Para bien o para mal, es de mi familia.
 
―No esperaba verte aquí ―dice Jake.
 
―Acabo de llegar a la ciudad ―digo.
 
―¿Cómo va el trabajo? ―pregunta Jake―. ¿Cómo le va a Lily?
¡Mierda! ¿Por qué mencionaría a mi ex mujer? ¡Voy a matarle! Es tan malditamente tonto, ¡sin filtro ni sentido común! Le fulmino con la mirada, mientras Brittany sale de detrás de mí y se para a mi lado, mirándome con su grandes y hermosos ojos. Envuelvo con mi brazo su cintura.
 
―Lo siento ―dice Jake, mirando a Brittany―. No te vi ahí.
 
Aparte de la tensa sonrisa que le dirige, Brittany no responde. Los tres continuamos por el pasillo, con Jake hablando de qué jugadas deberían hacer los Cowboys para comenzar el partido, después continuando con su descripción de algunos segmentos ridículos que planea poner en directo en las noticias de la mañana de la semana que viene. Está totalmente serio mientras las describe; para él no son para nada ridículas. Sólo estoy escuchando a medias, como mucho, ante sus estupideces.
 
Mi mente está en Brittany, y lo qué hay detrás de esos ojos. No creo que esté enfadada porque Jake mencionara a Lily, lo cual es un alivio. Creo que está más nerviosa por ver a Jake de nuevo. Quizás le debería haber advertido de que estaría aquí, pero no quería estresarla por ello. Jake realmente es inofensivo. De hecho, es más probable que sea él quien esté asustado de Brittany.
 
Llegamos a la suite juntos, y Brittany aprieta mi mano, fuerte.
 
―Te veremos dentro en unos minutos ―le digo a Jake. Él me sonríe y después desaparece dentro. Claramente, piensa que es divertido que Brittany se encuentre nerviosa.
 
―¿Tengo que pasar todo el partido con Jake? ―pregunta.
 
―El palco es para unas cincuenta personas ―digo―. No será un gran problema. Además, esperaba que te acostumbraras a Jake, y quiero que vengas a conocer a mi madre. Ella está allí dentro con mi padrastro.
 
―¿Qué? ¿Por qué no me dijiste esto antes? Pensé que sólo iba a tener que soportar a los Cowboys. ―Brittany respira profundamente y toca el cabello de su coleta―. ¿Crees que Jake hizo eso a propósito?
 
―¿Hizo el qué?
 
―¿Preguntar sobre Lily?
 
―No me haría eso a mí ―digo―. Si de verdad fuera malo, le mantendría apartado de ti, y no querría tener nada que ver con él. ―Sé que Brittany no está ni medio convencida―. Al chico le han dado todo durante toda su vida. Es un mocoso malcriado y un mujeriego que no lidia bien con los rechazos.
 
Brittany se detiene por un momento, considerando la posibilidad.
 
―Bueno, si tú lo dices.
 
Beso su frente.
 
―No gritaría “Who Dat” en esta habitación ―le provoco y la dirijo adentro del palco, que es verdaderamente otro mundo. Con su rico color caoba y sus elegantes espejos, sofás de cuero, televisiones de pantalla plana, minibar, camareros y un montón de comida, la habitación está muy lejos de ser un estacionamiento de camiones sirviendo comida. Además, hay cerca de treinta sitios en la cornisa para ver el partido.
 
La mayoría de los hombres llevan abrigos y corbatas, y las mujeres llevan elegante ropa de color azul de un tipo o de otro, con mucha joyería y con elegantes peinados y mucho maquillaje. Es una forma completamente enfermiza de vestirse para un partido de fútbol. Pero en realidad no están vestidos para el partido, están vestidos para los demás.
 
Atraigo a Brittany a mi lado a través de la multitud bien vestida, saludando algunas caras familiares por el camino, y después mirando al campo. Queda como una hora hasta el inicio, y los jugadores están saliendo para estirar. Miro a Brittany y sé que está incómoda, sus ojos en sus tejanos y camiseta y en sus zapatillas.
 
―Te ves hermosa, bebé ―le digo, dándole una pequeña palmada en su culo antes de enlazar mis dedos con los suyos.
 
Su piel se sonroja, pero su cuerpo se relaja. Esas pequeñas palabras que le he dicho parecen significar mucho para ella. Todos hombres y mujeres que cortejan deberían recordar eso. Puedes alegrarle el día a una mujer simplemente prestándole atención o palmeando su culo, cualquiera de los dos parece funcionar.
 
 
Le damos la espalda al campo y nos dirigimos de nuevo adentro del palco. Toda la atención se dirige a una alta y delgada mujer, una mujer que posee la habitación en la que está, que lleva un vestido blanco con zapatos de tacón azules.
 
―Mira sus zapatos ―susurra Brittany―. Tengo mucha envidia de esos zapatos.
 
―Mi madre ama los zapatos como…
 
―¿Tu madre? ¿Esa es tu madre? ¡Podría ser una modelo!
―Lo era. Así es como conoció a mi padrastro. Después de que mi padre murió, solía hacer esos trabajos de modelo en los espectáculos de coches.
 
―Estás bromeando.
 
―No le digas que te lo he contado. No querría que eso se supiera por la alta sociedad de aquí ―digo―. Pero era la modelo con el bikini sobre el capó.
 
Mi madre debe haberme sentido hablar sobre ella porque pone sus brazos a mi alrededor un poco después.
 
―Bebé, no creía que fuera a verte hoy. ―Mi madre da un paso atrás y ahueca mi cara―. California debe haber ido bien. Se te ve feliz.
 
―No es por California, mamá. Me gustaría que conocieras a…
 
―Brittany Pierce ―interrumpe mi madre y se gira hacia Brittany―. Soy Maribel López. Es un placer conocer finalmente a la mujer que puso a Jake en su lugar y sacó a Santana de su letargo.
 
¡Oh, infiernos! Brittany no necesitaba escuchar eso.
 
―Hablé con Jake. Ahora todo está bien.
 
―Hasta la próxima cosa ―comenta mi madre, alcanzando la mano de Brittany y dándole un ligero apretón―. Estoy feliz de que pudieses venir hoy. He estado esperando conocerte, pero Santana me pidió que esperase.
 
―¡Porque querías ir a pedir bragas y sujetadores, mamá!
Brittany me da un golpe juguetón, luego me da un pequeño beso frente a todos, recordándome que amo cómo es, sin importar dónde estemos o con quién.
 
―¿Has estado rechazando negocios?
 
―Solo por mi madre ―protesto, luchando contra la bilis en mi garganta―. Eso es algo asqueroso sobre lo que pensar.
Mi padrastro se acerca y le da un beso en la mejilla a mamá antes de estrecharme la mano.
 
―James, esta es Brittany Pierce ―presenta mi madre.
 
―Entonces, Brittany, ¿eres una fan de los Cowboys? ―pregunta James.
Rodeo al hombre con un brazo. Lo está intentando con una conversación segura, pero es un error épico.
 
―James, vayamos por algo de comer y beber ―indico―. No quieres que Brittany comience.
 
Mi padrastro y yo nos alejamos y escucho a Brittany burlarse a nuestra espalda:
 
―¿Cowgirls?
 
Abro una cerveza y me reclino contra el bar, recordando lo cerca que era mi madre, y aún está de Lily. Llama a Lily la hija que nunca tuvo, así que es un poco extraño ver a mi madre charlando con Brittany. Aunque ambas parecen estar pasando un buen momento. Eso es un alivio. No estaba muy segura de que mi madre estaría abierta a alguien nuevo en mi vida.
 
―Ella es lo completamente opuesto a Lily ―señala James.
 
―No puedes compararlas a las dos ―respondo.
 
―Es difícil, ya que es la primera mujer que has traído desde el divorcio.
 
―Papá tiene razón ―asegura James, uniéndose a nosotros―. Primero, Brittany es una mujer de carrera. Además, no se parecen en nada. Por no mencionar que Lily jamás hubiese sido atrapada entrando aquí vestida de forma casual. De nuevo, mira cómo estás vestida.
 
 ―Brittany no está atrapada por la escena social ―explico―. Esa es una de las cosas que amo de ella.
 
―¿Amas? ¿No te he enseñado nada? ―cuestiona Jake.
 
James pone una mano sobre mi hombro.
 
―Todos estamos felices por ti. Ella parece una chica maravillosa.
 
―¡Amiga, necesitas reducir la marcha! ―exclama Jake.
 
―Hijo ―reproche James.
 
―Solo digo lo que tú y Maribel han estado diciendo, papá.
 
Paso la mirada a mi padrastro. Odio que mi vida amorosa vuelva a ser el tema de conversación. Fue suficiente los pasados años.
 
―¿Mamá está preocupada? ―pregunto.
 
―Solo le preocupa que estás haciendo las cosas con rapidez ―contesta James―. Yo también.  
―Lily y yo hemos estado divorciados casi un año ―protesto y miro hacia Brittany―. Espero que mamá no esté compartiendo sus “preocupaciones” allí.
 
―Estoy seguro de que no ―dice James―. Es solo que realmente pensamos que Lily y tú deberían resolver las cosas.
 
Casi me atraganto con la cerveza.
 
―¿Qué te hace pensar eso?
 
―Todos sabemos que aún la estabas viendo ―contesta James.
 
―En realidad no era un secreto ―añade Jake.
 
―No vine aquí para discutir esto ―reclamo―. De todos modos, no es de su maldita incumbencia.
 
―No quería molestarte ―se disculpa James―. Tu madre y yo somos padres. Nos preocupamos. Tal vez no deberíamos decirte que nos preocupamos. Brittany parece genial, simplemente no queremos que vuelvas a salir herida de nuevo.
 
―Santana, creo que lo que papá está intentando decir ―interviene Jake―, es que simplemente no huyas y te cases con ella o la dejes embarazada y todo estará bien.
 
―No es exactamente lo que quería decir ―menciona James―. Pero no es un mal consejo.
 
Jake me rodea los hombros con el brazo.
 
―Siempre te cuido la espalda, Santana.
 
Me relajo un poco y le doy una ligera sonrisa.
 
―¿Por qué nadie está preocupado de que aún no te hayas casado, Jake?
 
―También nos preocupamos de eso ―señala James con una risa―. Tu madre y yo nos preocupamos mucho por Jake. Nos da mucho por lo que preocuparnos.
 
―De nada ―dice Jake.
 
James pone los ojos en blanco.
 
―Mira Santana, te amamos y sé que, si amas a Brittany, nosotros también lo haremos. Supongo que solo estamos siendo precavidos. Lo que tú y Lily atravesaron fue doloroso para todos.
 
No puedo alejarme de esa conversación lo suficientemente rápido. Pasan diez minutos hasta que comienza y me siento con Brittany. En realidad planea ver el partido mientras las otras mujeres están bebiendo en el bar o arreglándose el maquillaje. Miro hacia ella, encontrando que tiene los hombros ligeramente girados lejos de mí, las piernas cruzadas en la misma dirección. Está claro que pasa algo. Será mejor que mi madre no le haya dicho nada a Brittany sobre sus preocupaciones.
 
―Parece que tú y mi madre se llevan bien ―comento.
 
―Es agradable. Tu padrastro también ―indica Brittany.
 
―¿Qué más?
 
―Nada.
 
―Dime.
 
―Nada.
 
Alcanzo su muñeca y la inclino hacia mí.
 
―Brittany, ¿qué más?
 
―No es justo que puedas leerme con tanta facilidad.
 
―Te tengo en la palma de la mano ―comento y se sonroja con fuerza―. Así que, ¿qué sucedió con mi madre?
 
―Nada ―responde―. Simplemente tu familia parece muy formal.
 
―Están en público ―explico―. Son diferentes en casa.
 
―No puedo imaginar a tu madre vistiendo un pantalón de yoga o un vaquero.
 
―Lo hace, pero solo después de que realmente conoce a alguien. James y mi madre tienen cierta imagen que proyectar. Para ellos solo es parte del juego.
 
―Sé todo sobre eso ―menciona Brittany―. Me pregunto si piensan que tal vez no soy lo suficientemente buena para ti.
 
―No piensan eso. Para ellos no se trata de la posición social o la ropa ―afirmo y tomo su mano―. Puedo asegurar que ya les gustas. Pueden estar tensos, pero una vez que realmente los conozcas se relajarán. Creciendo, Jake y yo siempre actuábamos de un modo en público y de otra forma en privado. Había veces que pasábamos las vacaciones con los asociados de James y sabíamos que era momento de etiquetas y ciertas ropas, pero cuando llegábamos a casa mamá nos permitiría actuar como pequeños diablos. Todos sabíamos que era un juego, uno que James necesita jugar para mantener sus negocios. ¿Por qué crees que compramos el palco e invitamos a toda esta gente?
 
―¿Le pertenece? ¡Nunca me dijiste eso!
 
―Se me olvidó. No es algo en lo que pienso. Ya no juego el juego.
 
―¿Pero solías hacerlo? ¿Con Lily?
 
―No empezamos así. Lily tenía dinero, pero teníamos un apartamento de mierda y comíamos fideos ramen. ―Intento evitar sonreír ante los recuerdos―. Era una profesora de preescolar y yo estaba estudiando derecho. James me pagaba la matrícula, pero estábamos determinados a no tomar nada más de nuestras familias. Queríamos mantenernos solas. Fuimos muy pobres.
 
―¿Pero fueron felices?
 
―Lo fuimos entonces, pero las cosas cambiaron de algún modo. Empecé a hacerlo bien en la firma y ella dejó de trabajar. Compramos una gran casa. Bastante pronto, todo se trataba de la liga infantil y algún evento de caridad o público al que ir. Lily sentía mucha presión por aparentar y actuar de cierta manera. No me preocupaba de esas cosas, pero le seguía la corriente porque era importante para ella. Pensé que la estaba haciendo feliz cuando, en realidad, todo la estaba haciendo miserable. Hizo mella en ella… y nuestra relación.
 
―Conozco el sentimiento.
 
―¿Tu ex?
 
―Conocí a Charles unos días después de llegar a Europa. Era rico, mayor. Yo tenía veintidós y el cuarenta.
 
―¡Podría haber sido tu padre!
 
―Estaba bien relacionado, de clase alta. El mundo giraba alrededor de Charles y ese era el modo en que le gustaba. Al principio, era excitante ser parte de todo ello, las fiestas, la gente elegante. Pero después, se sentía como si estuviese en una exposición, como si solo fuese su juguete o…
 
Puedo afirmar que no está cómoda hablando de ello y no me siento como si necesitase conocer todos los detalles. El hombre le hizo daño y eso era todo lo que necesitaba saber.
 
―No tenemos que hablar de esto. Quiero decir, tenemos mucho…
 
―Antes de que pueda terminar, Brittany me pone la mano sobre los ojos―. ¿Qué estás haciendo? ―pregunto, riendo.
 
―Las porristas se están preparando para presentarse.
 
Aparto sus manos lejos.
 
―¡Vamos! ¡Esa es la mejor parte del juego! Los Dallas tienen las porristas más sexys de la NFL.
 
―Hacen que las mujeres normales quedemos mal.
 
―Creo que te ves bastante sexy en esa ropa.
 
―Entonces necesitas que te revisen los ojos.
 
La beso en los labios.
 
―No hables así. ―Mi teléfono suena, y bajo la mirada a la pantalla. Necesito tomar esto en privado―. Ya regreso. No serán más que unos minutos.
 

―Apúrate ―dice―. El inicio ya viene.
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El mundo de Brittany

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 1:01 am

BRITTANY

 
¿Dónde está? Se ha perdido la patada inicial. Me doy vuelta para mirar dentro del cuarto privado buscando por Santana, pero sólo veo a Maribel viniendo por el pasillo. Rápidamente enderezo mi postura mientras ella toma el asiento que Santana dejó.
 
―¿Cuál es la puntuación, Brittany?
 
―Apenas empezó. No hay puntos todavía.
 
―La verdad nunca le he prestado atención a estas cosas ―dice Maribel―. Voy a tratar de ponerme un poco al día hoy.
 
―Puedes quedarte ahí hasta que Santana vuelva.
 
―Creo que lo haré ―dice―. Por cierto, Santana me contó sobre tu hermana. ¿Cómo está? Perdí a una amiga muy querida por cáncer de mama hace cinco años.
 
―Quinn va tan bien como se puede esperar.
 
―Espero que pueda conocerla en algún momento; y a la pequeña Zoe, también.
 
―Bueno, Zoe tiene un enamoramiento por Santana, así que estoy segura de que la conocerás.
Vemos un par de jugadas, y hay un silencio entre nosotras. No es un silencio incomodo, pero mantengo mi guardia en alto. Después de todo, esta es la madre de mi novia. ¿Dónde está Santana? ¿Qué le está tomando tanto tiempo? Dijo sólo se iría por unos minutos.
 
―Brittany, admiro a las mujeres como tú ―dice Maribel―. Comenzar un negocio, cuidar de Quinn y Zoe.
 
―Es muy amable de su parte decirlo. Sé que ha hecho mucho por su cuenta. Santana me contó que solía tener tres trabajos para mantener a su familia.
 
Maribel sube la mano en el aire.
 
―¡Eso fue supervivencia! Pero tú estás forjando tu propio camino, creando y diseñando tu vida.
 
―Algunas veces siento que sólo estoy tratando de sobrevivir, también.
 
―Es más que eso, cariño. Lo que estás haciendo, lo estás haciendo con estilo ―dice―. ¡Mira lo que estás usando ahora! Es una bonita camiseta. Sé que Santana la compró para ti.
 
―¿Te cuenta todo?
 
Maribel se ríe y sacude su cabeza.
 
―¡De hecho deseo poder usar una camiseta así por una vez; quitarme esta faja y estar cómoda! Creo que podría hacerlo el próximo juego.
 
―Puedes empezar hoy ―digo―. ¡Quítate esas Badgley Mischkas!
 
Estoy segura de que están matándote.
 
―¿Sabes de zapatos?
 
Amo los zapatos ―digo―. Le tengo el ojo puesto al par de zapatos de plataforma más hermosos de Tory Burch.
 
Maribel se quita los zapatos y mueve sus pies y sus dedos.
 
―Debemos hacer un día de compras de zapatos.
 
―Me encantaría ―digo, relajándome. Todavía, no puedo ponerme muy cómoda. Debo de permanecer en mi juego, así que me digo no reír cuando los Cowboys cometen una falta y reciben una penalidad de quince yardas en jugadas consecutivas. Es glorioso de ver, pero no puedo permitirme hacer o decir algo estúpido en este momento―. Me pregunto por qué se tarda tanto Santana. No puedo creer que se esté perdiendo el juego.
 
―Es algo de la casa ―dice Maribel―. Espero que el comprador no se esté retractando.
 
―Oh, ¿Santana aceptó una oferta?
 
―Sí, se las arregló para hacer que Lily viniera a California, pero no está muy contenta al respecto.
 
Mi cabeza se gira con tanta rapidez que estoy segura que necesitaré un aparato para el cuello.
 
―¿Lily está en California?
 
―Sí ―dice Maribel―. Pensé que Santana te había dicho. Está en…
 
―Discúlpame ―digo y me paro del asiento. ¿Qué demonios? ¿Por qué Santana no me lo dijo? ¡Pensé que estaba en California por trabajo! ¿Está acostándose con Lily de nuevo? ¡Esto es tan típico de todos con lo que quiero una relación incluyendo los hombres en mi vida! Paso como un tornado por la habitación y no veo a Santana. Está bien. No quiero verla de todos modos. Lo único que me importa es salir de este palco y del estadio.
 
Me dirijo a la puerta y miro por el corredor, a la izquierda y luego a la derecha. ¡No puedo recordar por cuál camino ir! ¡Maldito sentido de orientación! ¿Por cuál lado? ¿Izquierda? Sí, la izquierda parece bien.
 
Con suerte me encontraré con un ayudante del estadio que podría ayudarme a salir de aquí. Este lugar es un maldito laberinto. No puedo creer que esto esté pasando con Santana. Pensé que ella y yo teníamos algo muy bueno sucediendo. Y su mamá y yo teníamos algo bueno también. ¡Quemada de nuevo!
 
Aumento el paso, necesitando salir. Tal vez debería haber ido a la derecha por el corredor. Paso por una entrada al frente, esperando que lleve a un elevador, una escalera, una salida. Pero no es así. En un área de estar con ventanas de vidrio. Presiono los frenos. Santana está en la sala con su teléfono en la oreja, sonriendo brillantemente. Sus ojos me ven, pero sólo por un segundo antes de que gire la cabeza en otra dirección.
 
―¿Brittany? ―dice, y me congelo.
 
Sé lo que estás pensando; que debería hablar con ella y no saltar a conclusiones. Y sí te advertí desde antes que soy de las que huyen. Mi respuesta natural es irme antes de salir lastimada; antes de ser abandonada; y la verdad no quiero verla ahora mismo.
 
―. ¿Brittany?
 
―No estoy respondiendo ni mirándola. Pero tampoco estoy huyendo; estoy congelada en el punto. Santana me toma del codo.
―. ¿Estabas buscándome?
 
―¿Dónde hay una salida?
 
―¿Qué pasa?
 
―¿Con quién estabas hablando?
 
Da un paso atrás.
 
―Con Lily.
 
―Imagínate ―digo―. ¿Te la cogiste cuando fuiste a California?
 
―¡Claro que no! No haría eso.
 
―¡Pero la viste! Es por eso que fuiste, ¿verdad? No fue en absoluto por trabajo, ¿no es así?
 
Santana se pasa la mano por el cabello. Se ve nerviosa. Espero que lo esté. Espero que se sienta con ganas de vomitar. Sé que yo podría.
 
―¿De dónde viene todo esto?
 
―¡Viajaste al otro lado del país para ver a tu ex esposa y no me lo dijiste! ¡De ahí es de donde viene!
 
―Viajé por trabajo ―dice―. Te dije eso. Consulté con un jurado seleccionado para el caso de una farmacéutica en la corte estatal. Te puedo dar el número de registro del caso, y puedes buscarlo si quieres. Durante un descanso del caso, recibí una llamada de nuestro agente de bienes raíces por una oferta para la casa. Así que, ya que estaba cerca, decidí ir a hablar con Lily de eso. Pensé que sería mejor vernos cara a cara, ya que necesitaba convencerla de firmar los papeles de la casa y…
 
―¿Y no te molestaste en decirme esa parte?
 
―No fue planeado. Debes de confiar en mí cuando te digo que nada pasó.
 
―Lo hiciste difícil cuando me lo ocultaste.
 
―No lo oculté ―dice y toma mi mano―. De hecho le conté a Lily sobre ti.
 
―Sí, claro.
 
―Le dije que necesitaba vender la casa, ser libre de mi pasado, para poder concentrarme en mi futuro… contigo.
 
Me derretí un poco.
 
―¿Y no te asesinó?
 
―Lily y yo no somos personas divorciadas amargadas. Estoy segura de que fue extraño para ella escuchar de ti, pero necesitaba saber. Y necesitaba oírlo de mí.
 
―¿Está viendo a alguien?
 
―No ―dice Santana.
 
―Bueno, no me gusta que la veas, que la visites, o lo que sea, sea planeado o no. Tal vez eso me hace una inmadura, una celosa o una paranoica, pero no me gusta. ―Suelto su mano y aparto la mirada, hacia el corredor vacío―. No me llamaste en todo el tiempo en que te fuiste, ¡pero tuviste tiempo para visitarla!
 
―Suena terrible cuando lo piensas de esa forma ―dice―. Dios, cariño, lo siento. Trabajé veinticuatro/siete cuando estuve allá. Supongo que una llamada rápido hubiera sido mejor que nada en absoluto. Sólo no quiero sentir que me estoy apresurando contigo o distrayendo. Y ver a Lily fue una terrible confusión, nada más.
 
―Ni siquiera me dijiste que vivía allá. Eso es lo que más me molesta de todo esto.
 
―En realidad no vive allá.
 
―¿Qué?
 
―Quiero decir, ella… ―Santana se detiene, el ruido ensordecedor de una multitud llena el corredor―. Brittany, esto es algo privado. Si de verdad tienes que saberlo, puedo decírtelo después cuando no estemos alrededor de cientos de personas.
 
Quedamos atorados en el tráfico por gran parte del viaje a casa, durante el cual Santana escucha el programa de radio después del juego, compadeciéndose con el locutor y los que llaman por cómo el juego terminó, culpando la derrota en una serie de malos saques, todos estando de acuerdo en que los Cowboys de seguro hubieran ganado si no es porque los árbitros conspiraron contra ellos.
 
En cualquier otro día, habría estado disfrutando las quejas tontas y tal vez incluso llamando al programa yo misma, sólo para arrojar un poco de sal a la herida. Pero tengo otras cosas en mi mente ahora, y por gran rato, me siento en silencio hasta que llegamos a mi tienda. Santana me lleva hasta la puerta.
 
―Buenas noches ―digo, sin darme vuelta, deslizando la llave en la cerradura.
 
―Espera un minuto ―dice―. ¿Podemos hablar?
 
―Nos sentamos en el auto por como dos horas. Podríamos haber hablado entonces.
 
Descansa su cabeza en la cima de mi hombro.
 
―Podrías haberme hecho una pregunta o dos, en lugar de ponerme a hacer una prueba que no sabía que estaba tomando.
 
Rápidamente me doy vuelta.
 
―Bien. ¿Quieres hablar? Hablemos. ―Abro la puerta, y caminamos por la tienda hasta mi apartamento, tomando asiento en mi cama. Arrojo mis zapatillas deportivas a un lado; debería haber estado en tacones de aguja, lista para patear algunos traseros. Alzo la mirada hacia ella, esperando a que diga algo, pero no dice ni una palabra. Simplemente me está mirando. Parece nerviosa de nuevo―. Pensé que querías hablar ―digo, entrecerrando los ojos hacia ella.
 
Ella aparta la mirada de mí y juguetea con mis sábanas. ¿Qué está pasando? ¿Qué está escondiendo; una consciencia culpable? ¿Por qué personas como ella son tan malas para comunicarse? La verdad sea dicha, no estoy de humor ahora para hablar. Estoy cansada del juego, de la escena social, el drama, el camino a casa.
 
―Santana, si no vas a decir nada, tal vez lo mejor es que te vayas por hoy.
 
―No quiero irme ―dice.
 
―¡Entonces di algo! ―digo―. Tal vez empieza explicando por qué estás hablando por teléfono con tu ex esposa durante el partido de fútbol, sonriendo como si no tuvieras ni una sola preocupación en el mundo. ―Alza la mirada. Claramente di en el punto. ¡Bien!
 
―Estaba sonriendo porque Lily logró su meta de peso ―dice.
 
―¿Estás feliz porque tu ex perdió peso?
 
―No, ganó peso.
 
―¿Por qué te importa?
 
Santana baja su cabeza y dice, su voz es apenas un susurro:
 
―Lily está en California porque está en un centro de rehabilitación para desórdenes alimenticios.
 
Mi estómago se hunde.
 
―No tenía idea. Eso es terrible.
 
―Tiene bulimia ―dice. Algo en la forma en que dice “bulimia” me hace preguntarme si alguna vez lo ha dicho en voz alta―. Entró en tratamiento hace nueve meses.
 
―¿Se volvió bulímica después del divorcio?
 
―No.
 
―¿Te divorciaste por su bulimia?
 
―No ayudó. No admitía que tenía un problema. Estaba muy, muy enferma.
 
―¿Entonces te divorciaste de ella? 
 
Sus ojos van disparados a los míos.
 
―No es lo que crees, que las cosas se pusieron difíciles y tensas. No dejé a Lily. Ella me pidió el divorcio.
 
―¿Entonces como terminó en tratamiento?
 
―Insistí en que se metiera a uno como parte del acuerdo de divorcio.
 
―¿Un astuto truco de abogada?
 
―De hecho no. Creo que le di la excusa que necesitaba para ir. Estuvo bastante molesta por un mes más o menos, pero una vez que llegó allá y comenzó algo de terapia, entendió por qué lo hice.
 
―¿Porque la amabas?
 
―Lo hacía; incluso mientras tramitábamos el divorcio. Pero ya no. Es sólo una amiga ahora.
 
―¿Entonces ahora está ganando peso, poniéndose mejor?
 
―Sí, finalmente. Me preocupa que decaiga, sin embargo. Quise decirle sobre nosotras mientras todavía estaba en tratamiento, sólo en caso de que provocara problemas. No es algo que quería decirle por teléfono.
Eso tiene sentido. No debería haber saltado a conclusiones. Tristemente, soy una experta en esperar lo peor. Puedo ver ahora que Santana tiene un pasado complicado y un presente; también yo.
 
―Otra cosa ―dice―, estoy pagando por el tratamiento.
 
―Lo supuse.
 
―¿Estás bien con eso?
―Puedes gastar tu dinero como quieras ―digo―. Me siento mal por Lily. Odio cuando las mujeres abusan de sí mismas por un par de kilos extrañas. Me vuelve loca.
 
―Es por eso que odio tanto cuando te quejas por tu talla, tu figura, o lo que sea.
 
Acuno su rostro.
 
―Intentaré recordarlo. No tenía ni idea de que estabas lidiando con algo como esto. ¿Cuánto tiempo ha sido Lily de esa forma?
 
―Desde la universidad, supongo. No sabía lo que estaba haciendo al principio. Para cuando me di cuenta, estábamos casadas. Lo escondió de mí por mucho tiempo, pero llegó al punto donde no pudo controlar más las cosas.
 
―¿Qué tan seguido la visitas?
 
―No fue una visita planeada esta vez. De hecho no la había visto en meses ―dice Santana―. Cuando se fue por primera vez allá, fui como después de un mes para ver cómo le estaba yendo, y luego algunas veces terminaba yendo cada fin de semana. Decía que me necesitaba, y dejaba lo que estaba haciendo por ir. Resultó que eso era demasiado.
 
―Y durante esas visitas, tú y Lily terminaban, mmm….
 
―No estoy orgullosa de eso, Brittany ―dice, sus ojos caen al suelo de nuevo―. Estábamos usándonos, ambas necesitábamos algo de confort, supongo. No estábamos regresando. Era malo para las dos. Lily comenzó a purgarse más, a perder más peso, así que dejé de ir tanto.
 
―Sólo házmelo saber la próxima vez que vayas.
 
―No tengo planes de hacerlo ―dice, tomando mi mano―. Seguiremos en contacto por teléfono por la venta de la casa, pero nada más que eso.
 
―Se acerca un poco más a mí y susurra―: Lo siento.
 
Deslizando mis brazos alrededor de su cintura, los duros músculos de su pecho y espalda se relajan.
 
―También lo siento.
 
Besa la cima de mi cabeza.
 
―¿Sabes qué? Tú y yo deberíamos tomarnos unas vacaciones; alejarnos de la vida por un rato.
 
―Me gustaría eso ―dijo antes de que la realidad aparezca―. ¿Pero y si algo le sucede a Quinn?
 
―No pensé en eso ―dice antes de que su rostro se ilumine―. ¿Qué tal esto? ¿Qué tal si me tomo algo de tiempo libre y lo paso aquí contigo? Puedo ayudarte con la tienda, con la sesiones de fotos para el catálogo de la próxima semana. Y si alguna vez tenemos descanso, podemos escaparnos para ir al cine, o podrías enseñarme a montar caballo, o lo que sea que quieras hacer.
 
¿Ha perdido la cabeza? ¡Esas no son vacaciones!
 
―¿Quieres pasar las vacaciones de tu trabajo conmigo? ¿Y pasando el rato en Dallas?
 

―Quiero pasar tiempo contigo. No me importa dónde estamos o qué hacemos. ¿Suena bien? ―Asiento y comienzo a decir que sí, cuando Santana rápidamente me baja sobre ella y jala de mis caderas contra las suyas―. Déjame corregir eso ―dice y frota su pulgar a lo largo de su labio inferior―. De hecho sí me importa mucho lo que hagamos.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 1:21 am

CAPITULO 13
SANTANA

 
Los siguientes días los paso organizando mis casos, atrasando algunas fechas de sesiones informativas y programando a otros abogados para que me cubran. Mi secretaria me ayuda en cada paso del proceso, como si supiese que necesito el tiempo de descanso. O tal vez solo está emocionada de que me vaya y pueda tener un poco de paz y tranquilidad en la firma.
 
Está amaneciendo, estaciono frente a la tienda de Brittany y miro hacia mi pequeña maleta. Está apoyada en el asiento delantero como un tipo de prueba. No me estoy mudando oficialmente. En realidad, nunca hemos hablado sobre que deje cosas en su apartamento. Pero ahora que van a comenzar mis vacaciones y ya que probablemente me quedaré con ella todas las noches, necesito ropa y otras cosas. Simplemente no me gusta la forma en que se ve la maleta, increíblemente presuntuoso.
 
Pero ahora es demasiado tarde. Tomo la maleta y salgo del auto. No hay forma de que Brittany esté despierta a esta hora. Estuvo levantada gran parte de la noche terminando los planes para la sesión fotográfica para el catálogo de hoy. Este será un día estresante para ella, así que está funcionando perfectamente que mis vacaciones estén diseñadas para ayudarla. Está pensado para días como este.
 
Desbloqueo la puerta y entro silenciosamente a la tienda. Las luces están apagadas excepto la lámpara de su mesa de costura. Dejo la maleta en el suelo y encuentro una nota escrita a mano bajo la lámpara. Se me forma una gran sonrisa mientras leo cada palabra.
 
Yo, Brittany S. Pierce, estando en pleno uso de facultades, le doy permiso a Santana López de que me despierte temprano esta mañana; pero solo esta mañana. Juro solemnemente no gimotear y farfullarle, o lanzarle algo a la cabeza, o hundir la mía bajo la almohada. Prometo ser dulce con ella. También prometo cepillarme los dientes al instante. Sostengo que este documento es leal y verdadero, justo como mi amor por ti.
Brittany.
PD: El café hará esto muchísimo más fácil…  
 
Brittany es tan dulce, tan creativa. El hecho de que se tomase el tiempo para preparar la nota cuando tenía tanto trabajo, significa mucho para mí. Y me encanta que usase algo de jerga legal, la mierda que diría una abogada, sin duda solo por mí. Tomo la maleta y voy de puntillas hacia su apartamento.
 
Inclinándome contra el marco de la puerta, observo dormir a Brittany. Tiene el cabello rubio suelto, la boca ligeramente abierta y las sábanas están revueltas a su alrededor. La mujer parecía un total y completo lío. Y me parecía absolutamente hermosa.
 
Dejo la maleta, pongo el café y vuelvo a su cama. Me arrodillo a su lado y escucho su respiración y dulces gemidos, probablemente en medio de un buen sueño. Cuando le aparto suavemente unos cuantos mechones del rostro, abre lentamente sus hermosos ojos azules, pero no sonríe.
 
―Tengo tu nota ―susurro. Me da un breve asentimiento muy triste antes de rodearme el cuello con los brazos, intentando volver a dormir y queriendo meterme en la cama. Me pongo a su lado y la sostengo contra mi pecho, sintiendo su puchero por lo temprano de la mañana―. Hora de levantarse. Hoy es el gran día.
 
Brittany vuelve a asentir y lentamente se sienta, y deja salir un gran bostezo.
 
―Te haré el desayuno ―digo y le doy un beso en la cima de la cabeza. Hago algunas tostadas y me pregunto qué la poseyó para prometer despertarse feliz. Estoy segura de que anoche parecía una idea muy dulce, pero tendría que haber estado delirando, o bebiendo. Ahora se está arrepintiendo. Estoy poniendo las tostadas en un plato y sirviéndole un poco de café cuando la veo acercándose a mí―. Buenos días ―saludo.
 
Toma la taza y me lo agradece con una pequeña sonrisa y otro bostezo. Se lleva el café hacia la nariz, probablemente esperando a que la ayude a despertarse. Luego posa la mirada en mi maleta.
 
―¿Dónde están el resto de tus cosas? ―pregunta―. ¿En el auto?
 
―No. Eso es todo ―contesto, aliviada de que estemos en la misma página―. En realidad, planeo estar desnuda todo lo posible.
Deja la taza y me rodea el cuello con los brazos.
 
―Desearía que pudiésemos comenzar así las vacaciones.
 
―¿Podemos? ―cuestiono, sujetándole el trasero con ambas manos y acercándola a mis caderas.
 
Pasa los dedos por  mi rostro.
 
―Me gusta esto.
 
Encuentro el punto en su cuello que la hace gemir, pero pone una mano en mi pecho.
 
―Tengo que ir a prepararme.
 
―¿Debería ir contigo?
 
―Preferiría que no estuvieses alrededor mirando a otras mujeres medio desnudas.
 
―¿Qué hay de bueno en tener citas con una diseñadora de lencería si no consigues ir a las sesiones fotográficas?
 
―Oh, no lo sé ―debate, alcanzando la mesita de noche y sacando unas esposas diseñadas como puños de camisa―. Se me ocurren unas cuantas cosas.
 
La tumbo sobre la cama. Su cabello se extiende como un abanico y su risa llena toda la habitación. Amo muchísimo a esta mujer. Me pone una esposa en la muñeca y me sonríe.
 
―¿Tal vez debería desnudarte, esposarte a mi cama y mantenerte aquí todas las vacaciones?
 
Me tumbo sobre la espalda y alzo las manos.
 
―Estoy aquí para servirte. ―Se ríe, me siento y la tomo entre los brazos―. En serio, ¿cómo puedo ayudarte?
 
Sonríe y me pasa una lista de tareas. Durante la siguiente media hora, Brittany es un tornado de energía, arrollando por la tienda, contando fundas negras de ropa con sus diseños, confirmando que ha empacado los accesorios y otras cosas que no sé nombrar. Hago mi mejor esfuerzo en no retrasarme, comprobando las cosas mientras ella se mueve. Y cuando viene en mi dirección, meto un trozo de tostada en su boca.
Después de que la lista esté más que comprobada, cargo su auto y meto las direcciones en su teléfono así no consigue perderse. Le aseguro que está preparada, que la sesión irá bien y que estaré esperando aquí cuando vuelva. Me despido de ella con un beso en los labios, luego la observo alejarse. Es extraño ser la que se queda. Cuando estaba casada, era la que se marchaba a trabajar, con Lily quedándose para ocuparse de la casa.
 
Vuelvo a interior y echo un vistazo alrededor. Estoy segura de que ella sabe dónde está todo, pero parece un completo desastre. Necesita algún tipo de estanterías para organizar todos los materiales. Cuanto más miro alrededor, más me doy cuenta de que el lugar es demasiado pequeño para todo el trabajo que ella necesita hacer, lo rápido que está creciendo Brittany Lingerie.
 
Enciendo su ordenador portátil para buscar opciones de arrendamiento. El primer criterio es salir de este vecindario de mierda. Me preocupa su seguridad cuando no estoy aquí. Hay un montón de opciones en y alrededor de Dallas, así que va a llevar algún tiempo. Saco un taburete para sentarme y cae una funda negra de ropa al suelo. ¡Mierda!
 
Puedo escuchar la música incluso antes de abrir la puerta. Suena como un club nocturno, no un estudio de fotografía. Con la funda de ropa en la mano, abro la puerta y entro, cegada por pechos, traseros y corpiños por todas partes, mujeres de todos los colores, figuras y tallas; algunas en peluquería y maquillaje, otras hablando y bailando. ¿Cómo se supone que encuentre a Brittany en medio de un océano de carne? Una mejor pregunta, ¿cómo evito mirar?
 
Pero entonces escucho una risa sobre la música, su risa, y diviso a Brittany mirando hacia una imagen en la pantalla de una cámara. Señala algo en la pantalla y una modelo ajusta su postura solo un poco. Brittany señala y les indica algo a las otras modelos y hacen lo que les pide. Claramente, Brittany es la jefa, pero también asegurándose de que todo el mundo está relajado y cómodo. Puede tener un horrible sentido de dirección, pero su sentido de mujer está encendido. Sabe exactamente cómo hacerlas sentir confiadas y hermosas.
 
Me dirijo en su dirección pero me detengo cuando un tipo aparece a su lado. Brittany y el chico se inclinan para observar algunas imágenes en la pantalla y él pone una mano sobre su espalda baja. ¡Bastardo! ¡Probablemente el tipo solo es el fotógrafo, pero aun así no tiene por qué tocar a Brittany! Terminan con las imágenes y Brittany libera una risa, la misma que me da a mí.
 
Brittany da cinco minutos de descanso y la música se detiene.
 
―¿Brittany? ―la llamo, pero no me escucha, o al menos no responde.
 
Demasiado ocupada con ese imbécil, que ahora le está tocando el hombro con los dedos. ¿Qué demonios está pasando? Me apresuro hacia ella, sin permitir que este imbécil continúe tocándola mientras ella se ríe, ¡esa es mi risa! Me pongo al lado de ella y se sobresalta ligeramente.
 
―¡Santana, que sorpresa! ¿Qué estás haciendo aquí? ―chilla, sorprendida, mientras la piel de gallina le recubre la pálida piel. No puedo soportarlo y le tomo la mano.
 
―Parece que llego justo a tiempo ―comento y le lanzo una mirada amenazadora al fotógrafo, que rápidamente se excusa.
 
Ella me suelta la mano.
 
―¿Qué demonios fue eso? ¿Estás intentando avergonzarme?
 
―Te estaba imaginando con lencería pervertida.
 
―No lo hacía.
 
―Tenía las manos sobre ti.
 
―¡Buen Dios, no tenía las manos sobre mí! No te conviertas en una celosa obsesa del control. Ya he estado ahí y pasado por eso.
 
―Creo que tengo razón en estar celosa cuando…
 
―No me gusta.
 
―Estoy siendo protectora contigo… con nosotras.
 
Suspira profundamente.
 
―Lo aprecio, pero este es mi negocio. No puedes interferir así. ¿Está bien?
 
Doy un asentimiento poco entusiasta y le entrego la funda de ropa.
 
―Dejaste esto.
 
―¡Oh, Dios mío! ¡No sé cómo pasó! Muchas gracias por traerlo.
 
―Necesitas un espacio mayor, una habitación mayor para organizarte ―menciono―. Puedo preparar algunos sitios para que los mires.
 
―Las cosas se están volviendo locas en este momento. Hay muchas cosas sucediendo. No estoy segura de que mover mi negocio, mi apartamento, sea algo que debería estar haciendo.
 
―Mirar no hace daño ―comento―. Puede ser divertido.
 
Brittany me da un asentimiento, mientras alguien grita que el descanso está a punto de terminar.
―Lo siento. Tengo que ir. Vamos a volver a empezar.
 
Miro al fotógrafo preparando la siguiente fotografía.
 
―Creo que me quedaré un poco.
 
―No estaba ligando conmigo, Santana. E incluso si lo hiciese, puedo manejarlo ―asegura―. En realidad es un chico agradable. Puedes buscarlo en Google si quieres. Su hermana tiene una bolsa de colostomía por un cáncer de colon, así que es particularmente sensible hacia las mujeres con problemas corporales. Ese es el porqué lo uso para mi catálogo. Ve la belleza en todo tipo de cuerpos.
 
―Mientras sepa que la belleza de tu cuerpo es toda mía.
 
―Nadie puede hacerme sentir tan hermosa como haces tú.
 
El primer día de mis vacaciones y me he demostrado que soy una completa imbécil. Sé que se puede confiar en Brittany, pero no es ella quien me preocupa. Son los tipos como mi hermanastro, Jake, lo que me preocupa. Odio mostrarme, aunque sea un poco, como una imbécil posesiva, como su ex novio.
 
Es momento de distraerme y no voy a hacerlo al comprobar mi correo electrónico, el correo de voz o hundirme directamente en el trabajo. Eso es lo que haría normalmente, pero estas son mis vacaciones y ahora el trabajo no sería satisfactorio, no es que ni siquiera lo sea realmente. Además, estoy aquí para ayudar a Brittany a que se organice, así que elaboro un plan de ataque. No soy una maestra carpintera, pero soy capaz de hacer las cosas básicas. Y los vídeos instructivos de YouTube también ayudan.
 
Hago un viaje a la tienda de bricolaje y vuelvo al apartamento de Brittany preparada para trabajar. Atándome un cinturón de trabajo a la cintura, paso la tarde midiendo las paredes, perforando y martilleando, pintando las estanterías, limpiando y colocando las cosas. Doy un paso atrás y miro lo que he hecho. Nadie sospecharía que una abogada defensora lo había hecho. La mayoría de los abogados no sabe qué destornillador usar, pero esto parece bastante impresionante. Hay mucho más que hacer durante los siguientes días, pero este parece un buen comienzo.
 
Me dirijo al lavabo para limpiarme. Se está haciendo bastante tarde y espero que las cosas le estén saliendo bien y que no esté molesta por lo que sucedió antes. Un fuerte sonido en la tienda me hace girar la cabeza. Será mejor que esas malditas estanterías no se hayan caído. Giro la esquina esperando ver un desastre, pero en cambio, encuentro a Brittany de pie en medio de la habitación, con muchas bolsas a sus pies. Se gira lentamente, pasando la mirada por las estanterías pintadas, el equipamiento debidamente colocado, las telas colgadas y organizadas por colores, como sus zapatos.
 
―No puedo creer que hayas hecho todo esto ―susurra―. Has gastado todo el día en mí, para ayudarme. Debes estar agotada.
 
Hace cinco minutos, estaba cansada, pero la forma en la que me mira renueva mis energías.
 
―¿También estás cansada?
 
Niega y me rodea el cuello con los brazos, pasando los dedos por  mi rostro y pasándolos por mi cabello.
 
―Eres una mujer increíble. ―Me besa suavemente en los labios y desabrocha el cinturón de herramientas, dejándolo sobre su mesa de diseño. Tiene esa mirada en los ojos, un deseo ardiente. Ahora sé que dije que no era una carrera o un concurso y sé que hice ese gran discurso sobre que sus necesidades estaban antes que las mías, pero tengo necesidades y ha pasado mucho tiempo desde que una mujer las conoció. ¡Espero que esto vaya a donde pienso! Se gira y se arquea, presionando su trasero contra mí.
 
Sé lo sensible que es sobre su cuerpo, especialmente su trasero y estoy contenta de que ya no esté preocupada por ello conmigo. Estoy contenta de que sepa lo mucho que me gusta. Deslizo la mano bajo su camiseta y la subo lentamente.
 
―Mmmm ―gime cundo envuelvo lo dedos alrededor de su pecho. Mueve el trasero arriba y abajo contra mí, frotándome a la perfección. Alcanza el final de su camiseta y se la quita por la cabeza.
 
Por mucho que me guste mi polla frotándose contra su trasero, tengo que verla. La giro y la apoyo contra la pared, le hecho el cabello detrás de los hombros y la tomo por completo. Levanto la mano hacia su mejilla y ella se inclina en la palma de mi mano. Chica sucia, sé exactamente lo que está pensando. Me da una malvada sonrisa y me da un suave beso en la palma, antes de cambiar de tema, empujándome sobre la mesa hasta que estoy apoyada sobre la espalda.
 
―Te quiero en la palma de mi mano… ahora ―indica, alcanzando entre mis piernas. Me acaricia con suavidad y gimo por el contacto, acercándola a mi boca, besándola con fuerza. Tira de mi ropa y me la quita, excepto el bóxer, luego se mueve para ponerse a horcajadas sobre mí en la mesa. Pasa los dedos por mis abdominales, haciendo círculos en mi ombligo y jugueteando suavemente. Se sienta y me quita la última pieza de ropa.
 
Mi erección salta. Ha pasado mucho tiempo, y seamos honestos, mi mano es un pobre sustituto de cualquier parte de una mujer. Poniendo las manos en sus caderas para animarla, no puedo esperar a sentir su mano, su boca, sus pechos, su trasero, su coño. Pero simplemente me está mirando. Bajo la mirada a mi polla y luego a sus ojos azules. No sé cuál es el retraso.
 
Quiero estar en su interior, en cualquier parte; pero parece congelada, mirándome. ¿Qué la hizo detenerse esta vez? Le aprieto la cadera y su mirada se encuentra con la mía. Vuelve a bajarse y me sujeta. Su mano es suave, tersa, firme. Empieza a moverla arriba y abajo, enrollo una mano en su cabello y con la otra le agarro el trasero. Aumenta el ritmo y sé que estoy a punto de perderlo.
 
De repente, se detiene y abro los ojos de golpe. ¿Se está deteniendo? Me da una pequeña sonrisa, una pequeña caricia y un breve beso.
 
―Solo quiero tomarme mi tiempo ―comenta, serpenteando su cuerpo sobre el mío.
 
Dios, espero que esto vaya a donde pienso.
Su aliento caliente baja por mi pecho, deslizando la lengua por mis abdominales, trazando mi estómago con los dedos. Se está tomando su tiempo y me está volviendo loca. Es como mirar una gran película, estando emocionanda por el inminente final, pero no queriendo que acabe. Quiero que me tome en su boca, por completo. No hay nada más que quiera. Incluso lamento burlarme de ella en la cama, me gana por mucho.
 
Tiemblo cuando alcanza la base de mi polla con la lengua luego lame arriba y abajo antes de lamer por la punta. Mi cuerpo está vivo y paralizado al mismo tiempo. Apenas puedo contenerme. Ha pasado mucho tiempo. Me tiene a punto de suplicar por deslizarme entre sus lujuriosos labios hasta tocar el fondo de su garganta. Estoy a punto de suplicar cuando desliza la punta en su boca.
 
―Mmm ―gime y la vibración se siente increíble.
 
Pasa la mano por mis abdominales, hacia mi pecho y me toma en la boca, centímetro a centímetro, dolorosamente, solo un poco a la vez. Todo mientras mueve la lengua, haciendo círculos, acariciándome, hasta que toco el fondo de su garganta.
 
―Joder, sí ―farfullo, alzando la cabeza y observándola deslizándome dentro y fuera. No hay nada más sexy que ver tu polla entrar y salir entre los labios de ella, la brillante humedad de su boca abrillantando tu polla. La única sensación que lo mejora será hundirme entre sus piernas.
 
Me mira con sus ojos azules y sonríe. Cristo, soy una mujer con suerte. Baja las manos y toma mis pelotas con suavidad.
 
―Maldita sea, eso se siente bien ―mascullo. Me vuelve a dar un golpe con la lengua y me siento intensificándome, rápidamente. Desearía poder contenerme más, pero ahora mismo es imposible. Ha pasado una eternidad y ella es la mujer más excitante del mundo. Empieza a chuparme con fuerza, tirando más. Voy a explotar―. Nena, voy a…
 
No se detiene. Simplemente sigue chupando, lamiendo, gimiendo, tirando, acariciando. Cierro los ojos, esperando que me libere de su boca, pero no lo hace. Nunca antes me he corrido en la boca de una mujer, pero no puedo esperar un segundo más. Es demasiado buena. Me vuelve a temblar el cuerpo y empujo un par de veces, bajando la mirada hacia ella con asombro mientras toma hasta la última gota de mí.
 
Me está latiendo el corazón con fuerza y echo una mano sobre la cabeza, jadeando. ¡Joder, eso fue increíble! ¿Pero debería disculparme? Le di un aviso suficiente, pero aun así debería disculparme. Me golpea la mano y me la aparta del rostro. Veo su sonrisa y sus ojos brillar. Claramente no se necesita una disculpa. Se apoya sobre el codo, pasando los dedos por mi pecho. Veo sus ojos estudiar los bordes de mis músculos.
 
―¿Brittany?
 
―¿Mmmm?
 
―Nena, ¿está todo bien?
 
―Solo estoy admirando lo linda que eres.
 
―No soy linda. Eso es algo horrible que decir.
 
―Guapa, entonces. Debería diseñar ropa interior para hombres y como eres intersexual  puedes modelar para mí.
 
Dejo salir una risa y la pongo debajo de mí. Me encanta esta vista, ella debajo de mí. Por supuesto, también me encanta la vista de ella sobre mí. Da lo mismo. Se me endurece la polla de nuevo, intentando decidir cómo necesito tenerla primero.
 
―Santana ―susurra.
 
Bajando la vista a sus ojos, puedo ver la vulnerabilidad brillando. Esta es una hermosa vista, no Brittany estando nerviosa o asustada, sino que soy la tipa que logra verlo. No muestra esta parte de ella muy a menudo. No la comparte con todo el mundo. Le acaricio los brazos. La tengo.
 
―¿Qué pasa, nena?
 
―No he hecho esto en mucho tiempo.
 
―Yo tampoco ―indico.
―¿También estás nervioso?
 
¿Está de broma?
 
―No, nena. No puedo esperar a estar en tu interior, saber qué sonidos haces, sentir tu cuerpo temblando contra el mío, tenerte clavándome las uñas en la espalda. ―Se sonroja un momento y me echo un poco hacia atrás. ¿Tal vez no está lista?―. Podemos detenernos ―le aseguro. Y lo digo en serio.
 
―No quiero detenerme ―comenta. Y me mira directamente a los ojos, se sienta y se desabrocha la falda. Esto está pasando de verdad. No puedo esperar a verla, todo de ella. Salgo de la mesa y le quito la falda, hasta que la única cosa que nos separa es la seda de sus bragas.
Difícilmente sé por dónde empezar con ella. Es como mirar un menú de tus cosas favoritas y no saber qué pedir. Se sienta en la mesa y deslizo las manos bajo sus bragas. Dios, tiene el culo más perfecto. Pero no puedo olvidarme de sus dulces tetas y me inclino para chupar su pezón hasta que se estira. Pero entonces, están sus labios, tan llenos y suaves con esa mágica lengua suya. Y estos son los aperitivos. Ahora mismo, pienso que simplemente saltaré al plato principal. Me rodea la cintura con una pierna y me acerca a su cuerpo, frotando sus caderas contra las mías. Alcanzo sus bragas, a punto de quitárselas cuando suena el teléfono. ¿Qué demonios? ¡Ahora no! Me acerca a ella, claramente intentando ignorar el teléfono. ¡Gracias a Dios!
 
El contestador se pone en marcha:
 

―Brittany, soy Michael. Estoy en la ambulancia con Quinn.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Cruda Desnudez GP-Santana (Adaptación) FINALIZADO

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Oct 16, 2016 1:36 am

CAPITULO 14
BRITTANY

 
La casa de Quinn esta oscura y silenciosa, mientras me apoyo en la cuna y acaricio la espalda de Zoe. Parece que la bebé esta finalmente quedándose dormida. Al menos espero que eso signifique su suave y rítmica respiración. Estoy lista para caer dormida. Rezo a Dios porque Zoe se duerma pronto y también hago un montón de oraciones por Quinn, que está de vuelta en el hospital, con un horrible sonido procedente de su pecho. Como si el cáncer de mama no fuera suficiente, ahora está por todos sus pulmones, su hígado, sus huesos.
 
Cuando visité a Quinn en el hospital, no podía soportar verla sufrir. Con cada pitido y parpadeo de luz de la máquina, quería pasar mi mano a través de la maldita pared. Hice mi mejor esfuerzo por tratar de mantener sus ánimos arriba, que fue un trabajo difícil en medio del sudor y escalofríos. Cuando el doctor sugirió un hospicio, quise matarlo. Había como cinco cosas diferentes en el cuarto con las que pude matarlo. No la voy a dejar ir.
 
Lo único que salvo al doctor fue el guiño de Quinn cuando dijo que hoy no era el día de ir al zoológico. Me gustó escuchar eso. Tal vez, después de todo, Quinn no se está rindiendo. Tal vez va a cambiar de opinión. Me quedé con Quinn hasta que me echaron y pude sentir a Santana conmigo todo el tiempo, como si estuviera a mi lado, cuando en realidad estaba sentada fuera de la habitación, ayudando cuando era necesario, pero por lo general dándonos a Quinn y a mí espacio.
 
Y puedo sentirla conmigo ahora, en casa de Quinn, apoyada en la puerta del cuarto de niños de Zoe. Mis ojos la encuentran en la oscuridad, y ella camina en silencio hacia mí. Acaricia mi espalda mientras yo continuo calmando a Zoe, rezando porque sus ojos permanezcan cerrados. Santana desliza su mano alrededor de mi cintura e inclina su cabeza, asegurándome que Zoe está dormida. Me lleva por el pasillo hasta el cuarto de invitados y al baño contiguo. Este será nuestro cuarto hasta que Quinn mejore. Empuja la puerta del baño y jadeo. El baño está iluminado con velas, la bañera llena de burbujas.
No puedo creer que hiciera esto, incluso que se le ocurriera. Sin decir una palabra, levanta mi camiseta sobre mi cabeza y desliza mi short hacia abajo. Toma mi cabello en sus manos y lo levanta haciendo una cola de caballo desarreglada. Es obvio que jamás ha hecho una cola de caballo en su vida, sus dedos van a tientas, mechones de cabello suelto sobresalen por todos lados. Pero su dulce gesto me hace sonreír.
 
Se siente divino, mientras me hundo en el agua caliente y cierro los ojos, dejando que las burbujas estén sobre mí. Una imagen de Quinn conectada a cables, máquinas y tubos parpadea delante de mí. Abro los ojos rápidamente y veo a Santana sosteniendo una copa de vino.
 
―Realmente no debería de beber ―digo―. Necesito ser capaz de atender a Zoe.
 
Santana se sienta en el piso.
 
―Es solo una copa.
 
Tiene razón. Tengo los nervios de punta. Tomo un pequeño sorbo.
 
―No es exactamente como creías que pasaríamos el día ―le digo mientras descanso mi cabeza sobre el borde de la bañera.
 
―Pensé que lo pasaría amándote, y es exactamente lo que estoy haciendo ―dice y acaricia mi mejilla suavemente―. Quinn estará en casa en pocos días.
 
―No quiero pensar en eso. Háblame sobre cualquier otra cosa, algo feliz.
 
Se sirve una copa de vino.
 
―Bueno, podemos hablar sobre lo increíble que fue hoy temprano.
 
―No lo hagamos ―dije y cubrí mi cara.
 
―Dijiste que habláramos sobre algo feliz. Eso me hizo muy, muy feliz.
 
―Dime algo más sobre ti, algo que nadie más sepa, algo privado.
 
―Esta tarde fue algo realmente un poco nuevo para mí.
 
―¿Qué? Tú nunca hiciste…
 
―Claro que sí hice. Dije un poco nuevo.
 
―Oh, esto se está poniendo bueno. ¿Qué quieres decir?
 
Menea la cabeza, y si no la conociera mejor, diría que mi atractiva y confiada abogada se está sonrojando.
 
―Yo nunca ―dice y después se detiene.
 
―¿Nunca qué?
 
―No puedo creer que vaya a admitir esto ―dice―. Jake tendría un día de campo si supiera esto.
 
―¿Saber qué?
 
―Nunca antes me había venido en la boca de una mujer.
 
―¿De verdad? Entonces Lily nunca…
 
Santana menea su cabeza.
 
―Calorías vacías.
 
―¡Ella no dijo eso!
 
―Lo juro.
 
―¡No puede ser! ¿Y antes de Lily?
 
―Simplemente nunca pasó. Lily y yo estuvimos juntas como desde los veinte años. Antes de eso, una chica no se ofrecía para eso, o no lo hacía en el momento. Creo que de todas formas estaba más interesada en el acto sexual.
 
―¡Esta conversación es muy rara! ―grito―. ¡Tal vez deberíamos haber hablado sobre Quinn!
 
―No, tienes razón. Esto es mejor ―dijo y tomo un largo sobo de vino―. Dime algo privado sobre ti, algo que nadie más sepa.
 
Sonrío y me deslizo hacia arriba en la bañera, me muevo cerca de ella, justo al lado de su oreja, como si no quisiera que nadie más en el mundo escuchara.
 
―Esta tarde…
 
―¿Sí?
 
―Fue la primera vez que me lo tragué.
 
―Cristo, trate de advertirte antes de tiempo. Estoy…
 
―No ―digo y pongo un dedo sobre sus labios―. Esta vez contigo, necesitaba hacerlo.
 
Zoe no tiene permitido visitar a Quinn en el hospital, y no hay mucho espacio en mi casa para que ella juegue, por lo que Santana se ofreció a llevarla a su casa mientras yo visito a mi hermana. Al menos allí, tendrá un patio y espacio para gatear. Así que después de las horas de visita, me dirijo a su casa para reunirme con ellas.
 
Todavía es raro ir a su casa. Se siente como su lugar, pero está siendo de ayuda con Zoe, así que no voy a quejarme. Afortunadamente, cuando salgo a su patio, cualquier sensación extraña que siento se desvanece.
 
Santana está en la piscina, flotando en una balsa, en bikini con Zoe en su pecho.
 
¡Desearía que Quinn pudiera ver esto! Santana no me ha visto aún. Una mano en el agua, moviéndola suavemente por la balsa, y la otra frotaba la espalda de Zoe. Ella está llevando nada más un pañal de natación y un sombrero. Debe de haber parado y comprado un pañal de natación porque estoy segura que eso no estaba en la pañalera que le di.
 
Se inclina y besa la parte superior de la cabeza de Zoe. Es material de mamá por completo, a diferencia del donante de esperma de Zoe, Noah. La balsa se gira lo suficiente para que me vea espiándola en su pequeño momento.
 
―Está durmiendo ―susurra.
 
Me acerco, me quito los zapatos y meto los pies. Mueve la balsa al borde y alcanza mi pie, frotándolo suavemente.
 
―¿Te ha dado algún problema?
 
―No ―dijo―. Le di de comer la comida de bebé que empacaste, hizo un gran desastre y decidí que la piscina era la manera más fácil de limpiarla.
 
―Lo bueno es que aún está caliente ―digo. En la mayoría de los lugares, a mediados de agosto sería un clima frío otoñal, pero no en Dallas, por lo menos no este año.
 
Apunta con la cabeza hacia el borde de la piscina.
 
―No te preocupes, la bañé en protector solar. Como en SPF 1000 o algo así. ¿Cómo está Quinn?
 
―Un poco mejor. Estará en casa en unos días.
 
―Eso es bueno ―dice, mientras Zoe se agita despierta. Lloriquea un poco luego levanta la cabeza, mirando la sonrisa de Santana. Se ríe y después apoya la cabeza de vuelta en su pecho. Mi bebé sabe que un lugar es cómodo cuando lo encuentra―. Metete con nosotras. A Hoyuelos le gusta el agua.
 
―No tengo traje de baño.
 
―Desnuda funciona ―dice, doy una patada, causando que el agua salpique sobre su traje de baño.
 
―Mierda ―dice―. Joder, me congelaste las pelotas.
 
Incapaz de controlarme, comienzo a reírme, diciendo en voz alta:
 
―Testículos congelados. ―Lo siguiente que sé, un enorme chorro de agua cae directamente en mi pecho. Con la boca abierta y empapada, me quito la ropa quedando solo con mi sujetador y las bragas, y me sumerjo. Tomando a Zoe de su pecho, comienzo a salpicar el agua con su pequeña maño―. Contra ella, Zoe
 
Zoe chilla en risas, distrayendo a Santana lo suficiente para que yo pueda levantar mi pierna, golpear el fondo de la balsa y tirarla. Esta vez soy yo la que chilla en risas. Santana sale del agua, sacudiéndose el cabello y capturándonos en sus brazos.
 
―Estás en muchos problemas. ―Sostengo a Zoe entre nosotras. La levanto usándola como escudo humano―. Ahh, jugada barata ―dice, besando la barriga de Zoe.
 
―Te amo ―le digo, en voz baja.
 
―Te amo ―dice, dándonos vueltas en el agua―. Y también te amo, Hoyuelos.
 
Mi respiración se detiene. Nunca la había escuchado decir que amaba a Zoe antes. Es un bebé adorable, entonces por qué no amarla, aun así, me llego al corazón, muy fuerte.
 
―¿Sabes, va a empezar a pensar que su nombre es Hoyuelos? Nunca la llamas Zoe.
 
Empuja sus labios entre sus dientes, sus ojos mirando el segundo piso de la casa.
 
―Me gusta Hoyuelos.
 
Hago una media vuelta y froto mi trasero.
 
―Algo bueno, porque tengo un montón de ellos.
―Eso es todo. ―Me roba a Zoe de los brazos y me salpica con tanta agua que parezco una rata ahogada.
 
De alguna forma, a pesar de todo, con mi hermana en el hospital, Santana se las arregla para darnos a Zoe y a mí el mejor día. Pasamos horas en la piscina y luego en el establo, dejando que Zoe toqué a los caballos y los alimente con manzanas y zanahorias. Y al final de todo, hacemos la cena en casa de Quinn y acostamos a Zoe, entonces nos enrollamos juntas en la cama del cuarto de huéspedes. ¿Es esta una imagen de cómo mi vida pronto podría parecerse, una familia? Parece que no me haré cargo de Zoe yo sola, como siempre pensé que lo haría.
 
 Sería una bendición tener algo de ayuda, finalmente tener la protección de  alguien con quien puedo contar no importa qué.
 
Toma unos cuantos días para que la neumonía desaparezca y que Quinn sea dada de alta del hospital. El plan es que se quede en casa de Michael a partir de ahora. Aun así, Quinn está lista para volver con Zoe, y Santana y yo no luchamos contra eso. La bebé es el mejor tipo de medicina para ella. Además, será agradable para Santana y para mí tener un poco de tiempo a solas.
 
Santana y yo empacamos algunas de las cosas favoritas de Zoe y las llevamos a casa de Michael. Entro con Zoe en brazos, mientras Santana me sigue con todo lo demás, toda una tienda de bebés en sus brazos. Echó un vistazo hacia ella. Se ve completamente comestible en ese traje azul marino y esa camisa blanca sin corbata, con los primeros botones desabrochados, dándome un pequeño vistazo de sus pechos.
 
Cuando me vuelvo hacia la sala, la realidad me golpea fuerte. Quinn está en el sofá cubierta en mantas, con la cabeza envuelta en un pañuelo.
 
―¡Ma ma! ―chilla Zoe y extiende su pequeña mano.
 
Las mejillas hundidas de Quinn se tornan color rosa mientras agarra a Zoe y cubre a la bebé de besos. Mira hacia nosotras y sonríe.
 
―Gracias por cuidar de ella. ―Quinn inclina la cabeza―. Te ves muy bonita Brittany. ¿Vas a un lugar especial? ―Miro hacia abajo a mi falda floreada hasta la rodilla y a mis sexys zapatillas abiertas de Prada. Al menos me hacen sentir un poco atractiva. Juro que el par de zapatos indicado hace que las piernas de cualquier mujer se vean bien.
 
―La fiesta de aniversario de la estación es hoy ―dice Santana―. Así que tenemos que hacer acto de presencia.
 
Me muevo inquieta, nerviosa por ver a su familia otra vez. Nos llevamos bastante bien en el juego de los Cowboys, pero esta fiesta parece ser diferente, en algún sentido más formal. Lo más probable es que habrá un montón de empresarios allí y por supuesto, Jake. Espero que la conversación sea fácil. Tal vez mis zapatillas abiertas de Prada sean un buen tema de conversación para empezar con la mamá de Santana, que sé es una puta de los zapatos como yo.
 
―¿Tienen que salir justo ahora? ―pregunta Quinn
 
―Todavía no ―dice Santana―. No tengo prisa en llegar allí. ―Su teléfono vibra, y lo ignora.
 
―Quiero pedirles otro favor ―dice Quinn, moviéndose para sentarse derecha en el sofá―. No va a tomar mucho tiempo.
 
―Cualquier cosa ―le digo y ayudo a sentarse.
 
―Halloween se acerca, y me preguntaba, Brittany, si tú y Santana podrían llevar a Zoe a pedir dulces conmigo y papá.
 
―Por supuesto ―digo, luego veo hacia Santana, que asiente.
 
―Simplemente no creo que tenga la energía suficiente para ir a una gran cantidad de casas, y no quiero que Zoe se lo pierda. Papá está siendo raro conmigo quedándome sola, así que va a querer regresar conmigo aquí cuando esté cansada.
 
Michael entra en la habitación.
 
―Quinn, no creo que debas salir con este clima.
 
―Papá, no me lo voy a perder.
 
―Todo lo que digo es que podría estar frío afuera ―dice Michael.
 
―No me importa.
 
―Es sólo que no quiero. . .
 
Doy un paso hacia adelante.
 
―Creo que Quinn debe salir a pedir dulces con Zoe, por lo que Santana y yo vamos a ayudar. ―Vuelvo mi atención a mi sobrina―. ¿De qué te vas a disfrazar, bebé?
 
―Oh, ¡pedí el traje más lindo en línea para ella! ―dice Quinn y empieza a describirlo. Miro a Michael, la preocupación escrita en su rostro.
 
―Ese disfraz suena adorable ―digo―. Vamos a pasárnosla genial.
 
―Voy a consultar con el médico primero ―dice Michael.
 
―Al diablo con eso ―dice Quinn, y la habitación se queda en silencio. De hecho, creo que también todo Dallas está en silencio ahora.
 
―Cariño, solo. . .
 
―Papá, hay cosas sobre ser una mujer, una madre, que simplemente no puedes entender. Así que no me importa una mierda si te gusta o no, o si el médico lo aprueba o no, pero yo voy a salir a pedir dulces con mi hija. Y no me importa si eso te molesta o cualquier otra cosa.
Michael se vuelve hacia mí.
 
―¿Me puedes ayudar aquí, Brittany? Estoy tratando de velar por Quinn.
 
―Yo también ―digo con firmeza.
 
―Jesucristo, Brittany, por una vez no puedes simplemente. . .
 
―¡Papá, no lo tomes contra ella! ―espeta Quinn―. ¡Todo lo que hace es velar por mí!
 
Miro a Santana. Estoy segura de que preferiría estar en otro sitio, tal vez incluso en la presumida fiesta de su familia. Probablemente piense que son más normales que mi familia. Es decir, ¿por qué exactamente estamos peleando aquí? Por el truco o trato, ¡de todas las cosas! ¡Estamos locos!
 
Michael toma una respiración profunda y cierra los ojos por un momento. Él no tiene ni idea de lo obstinadas que podemos ser Quinn y yo, o qué tan ferozmente nos amamos. Cuando abre los ojos, están llenos de lágrimas.
 
―Quinn, no lo estoy tomando contra Brittany ―dice Michael, con la voz quebrada―. Sólo estoy tratando de protegerte. Soy tu padre. Necesito hacer algo. ¡Sólo quiero intentarlo! Pero parece ser que no hay nada que pueda hacer. No hay nada que pueda hacer para detenerlo, o incluso para reducir la velocidad.  Ahora me siento como una mierda.
 
No siempre me he visto cara a cara con Michael, pero él está sufriendo ahora, y vertiendo su corazón para nosotras. Todo esto no tiene nada que ver con Halloween. No me gusta ver a nadie sufriendo. El teléfono de Santana zumba una vez más, y vuelve a ignorarlo.
 
―Es un sentimiento de impotencia para un padre no ser capaz de ayudar a su hija, sobre todo cuando se está muriendo. Tal vez eso es algo difícil para ti de entender, Quinn, lo difícil que es para mí, no ser capaz de ayudarte, lo difícil que es cuando no puedo ni intentarlo.
 
―Michael se da la vuelta y sale, limpiándose la cara con las manos.
 
Me siento al lado de Quinn, y Santana se mueve a la puerta.
 
―Tal vez debería esperar…
 
―No ―dice Quinn―. Él no quiso decir nada con todo eso. Está, bueno, muy emocional. Tú lo viste. Me necesita cerca, así que me quedará aquí ahora. Pero no voy a ser una prisionera. ―Quinn toma Zoe en sus brazos―. Brittany, ¿por qué no te mudas a mi casa? Es mejor que tu asqueroso apartamento.
 
―Eh, gracias, pero. . .
 
―Está vacío, y de esa manera cuando tengas a Zoe, será más fácil. Ella tendrá su propia habitación, sus propias cosas.
 
―Haré eso eventualmente para que sea más fácil para Zoe ―digo―. Pero no puedo en este momento. Se siente como si. . .
 
―¿Cómo si estuviera tratando de dejar todo en orden? ―pregunta Quinn, y yo asiento―. Si estuviera tratando de hacer eso, le diría a Santana que se mudara a mi casa contigo.
 
―¿Quinn? ―No puedo creer que acabara de decir eso en voz alta con Santana a un metro de distancia. Miro hacia ella, y levanta una ceja hacia mí.
 
―Eso realmente no es una mala idea ―dice Quinn―. Las dos deberían de mudarse a mi casa. Eso sí, no vayan a tener sexo en mi cama.
 
―¡No acabas de decir eso! ―grito―. No la escuches, Santana.
 
―¿Por qué no? ―pregunta Quinn―. Doy buenos consejos.
 
―Quinn, no tienes que preocuparte ―dice Santana―. Tengo mis propios planes.
 
¿Ella tiene planes? La miró, encontrándola sonriéndome.
 
―¿Debo irme para que ustedes dos puedan conspirar juntas?
 

―Santana, ¡deberíamos hacer eso! ―dice Quinn―. ¡Almorcemos pronto y planifiquemos el resto de la vida de Brittany! 
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