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[Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

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Finalizado [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 19, 2016 10:55 pm

PERFECTA

SINOPSIS


Deja tu cabello suelto, Brittany, dijeron ellos. Será divertido, dijeron.
Sé que me he cerrado mucho en el último año, desde “el incidente”, donde arruiné mi vida por completo. Ya es hora de que trate de volver a vivir o simplemente renuncie a todo. Pero esta es posiblemente la cosa más loca que he hecho nunca. En un último esfuerzo para vigorizarme, estoy de pie fuera de la habitación de Santana López, acabo de quitarme el par más sexy de ropa interior que tengo, y mi mano ya se eleva para llamar a la puerta. Mi hermano me repudiaría por hacer algo con su mejor amiga, y probablemente mataría a Santana. Pero si juego bien mis cartas, nadie se enterará de esto. Ni siquiera Santana. Tal vez después de esta noche, por fin superaré este enamoramiento estúpido e irracional que detesto tener por la idiota más grande que he conocido. O quizá, solo voy a terminar enamorándome aún más de ella. Tal vez voy a descubrir que hay mucho más de lo que parece en mi guapa grosera y despreocupada.


Última edición por marthagr81@yahoo.es el Dom Dic 18, 2016 7:41 pm, editado 32 veces
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 19, 2016 10:56 pm

PROLOGO


Empecé con buenas intenciones. Lo digo en serio. Eso es jodidamente loco de escuchar, lo sé. Esas dos palabras conectadas y yo, como que simplemente no nos mezclamos. Pero en este caso, en realidad quería hacer lo mejor. Era probable que tuviera algo que ver con algún desvarío fraternal que permanecía desde hacía mucho tiempo atrás.
Sigo sintiéndome extraña cuando descubro que una chica con la que estoy es la hermana de alguien. Si no sé nada al respecto, estoy bien; puedo continuar con mi actitud típica de idiota. Pero si ella llega a mencionarlo, comienzo con el respeto y esa mierda, lo que arruina las intenciones malvadas que tengo por lo general. Por lo que saber que ella era una hermanita antes de ponerle los ojos encima, condenó todo desde el primer momento. Lo que es peor, no era solo la hermana pequeña de cualquiera. Tenía que ser su hermana pequeña.
Pero conocerla cuando él la llevaba desde un cuarto de baño, donde había estado gravemente enferma durante toda la noche fue lo que lo dejó claro para mí. Se veía muy mal con su piel tan pálida y translúcida, mechones de pelo rubio y húmedo cayendo de una cola de caballo, y sus brazos delgados sin fuerza por el agotamiento mientras los envolvía alrededor del cuello de su hermano. Después de verla así y escuchar lo que ella le dijo que le ocurrió, tuve todas estas reacciones locas y estúpidas. La más fuerte fue... ¿cuál es esa palabra? Esa que nunca se aplica a mí. Oh sí. Protección.
Me volví protectora. Quería sacarla de un tirón de sus brazos y llevarla a los míos, y patearle los huevos a cualquier persona que estuviera cerca de nosotras. Me hallaba dispuesta a asesinar por esta chica. Y eso fue antes de que levantara la cara de su hombro y me mirara.
Hablando de un golpe en el culo. No esperaba experimentar ni una maldita cosa por simplemente hacer contacto visual con una chica. Pero me pasó, y mucho más. Sus inolvidables ojos azules se encontraban rojos por el insomnio, sus pómulos perfectamente formados estaban teñidos con un enfermizo tono grisáceo, y tenía los labios cortados hasta que la sangre seca descascarara su deliciosa boca. Sin embargo, era tan condenadamente hermosa en una de esas maneras inquietantemente etéreas que te deja sin aliento.

Sí, sí, estoy siendo cursi y dramática y una idiota, pero es jodidamente cierto, así que basta. Ya sé qué otra cosa estás pensando. Soy Santana López; considero que muchas de las mujeres son preciosas. ¿Qué hay de nuevo? No puedo salir de mi apartamento sin enlistar los atributos que aprecio. Le echo un vistazo a su culo. Me encantan las tetas de esa. Oye, déjame pasar mi lengua por ese labio para ti, cariño. Ah, sí, se lo haría en un instante. Esa es tan sexy que incluso se lo haría de nuevo. Pero para mí es raro cuando la aparición de una chica en particular me da un puñetazo tan fuerte que me deja un agujero en el estómago y permanece en mi mente.
Brittany Pierce dejó un gigantesco agujero ardiendo en el centro de mi estómago. El lugar sigue chamuscando cuando la veo, o cuando alguien habla de ella, o cuando pienso e incluso sueño con ella. Mierda, he invertido en suministros de antiácidos porque todo mi aparato digestivo es una desastre constante y sofocante.

Nunca debí haber sido amable con ella. Eso es lo que en verdad me arruinó. Me doy cuenta ahora... ahora que es malditamente tarde. Mira, yo siempre —siempre— me comportaba bien cuando se encontraba cerca.
Me cuidaba con lo que decía. La trataba con cortesía, todas las cosas que no son normales para mí, sí, pero no quería que ella supiera la pervertida espeluznante que era realmente. Quería que pensara que era una buena chica. Además de que su hermano me hubiera pateado el culo si no me comportaba perfectamente con ella. Pero, joder, ser amable resultó contraproducente. La maldita chica intentó besarme. Dos veces. Lo sé. Qué descaro. Allí me encontraba yo, intentado ser buena por una vez en mi vida. Ya estaba incómoda e irritada con todo el respeto y protección que tenía por ella.
Añade eso a lo salvajemente atraída que me sentía y el hecho de que su hermano mayor —mi maldito mejor amigo en la tierra—, me advertía a diario que me mantuviera lejos de ella, y ¿qué consigues? Te conviertes en una hijo de puta tentado, eso es lo que consigues. Cómo se atreve a lanzarse a mí cuando trataba de comportarme bien a pesar de que quería follarla de doscientos modos distintos. El peor momento de mi vida fue rechazarla en esas dos ocasiones en que intentó besarme. Bien. El segundo peor momento de mi vida. Como sea. Pero no estamos hablando del número uno en mi lista negra.

Así que, ya olvida esos pequeños pensamientos curiosos. Estamos hablando de esa expresión perdida que invadió el rostro de Brittany al instante en que le dije: “No lo hagas”, y “detente” y “esto no va a suceder”.
Sí, no lo hagas. Primera y última vez que le he dicho eso a una mujer. Una luz oscureció sus ojos, la sonrisa desapareció de sus labios, y sus hombros se curvaron de forma protectora. Nunca me molesté tanto por herir a alguien como en esos dos momentos. Creo que me dolió más que a ella.
Gracias a Dios, se apartó y salió corriendo en ambas ocasiones (aunque se fue —joder— con lágrimas en los ojos) antes de que pudiera reaccionar.
Tal vez habría caído de rodillas y pedido disculpas, o abrazado, o alguna basura. Y sin duda, habría terminado ese beso que no la dejé comenzar.
Quién sabría lo que hubiera seguido, pero estoy segura de que sería algo por lo que su hermano me mataría de solo pensarlo. Después de eso, tuve que sacar la artillería pesada. Era la única hermana de Ryder Pierce; no podía follarla. Sin importar qué. Necesitaba tomar medidas drásticas para mantenerla a distancia. Necesitaba... está bien, de acuerdo. Mierda. Solo tenía que ser yo. En realidad, no era tan drástico una vez que lo pensaba, a pesar de que probablemente para ella sí lo pareciera. Así que le permitía tener toda la intensidad de San.
Dejé de cuidarme con lo que decía cuando se encontraba cerca, y también dejé que todos mis pensamientos básicos y repugnantes se desparramaran de mi boca como era costumbre. Ya no le sonreía, ya no le prestaba atención especial con cositas amables como sostener las puertas abiertas para ella o preguntarle cómo estuvo su día. Dejé de ser una buena chica.

Retrocedí y prácticamente la ignoré, a menos que se me ocurriera algo grosero para decirle. Me aseguraba de perseguir a otras mujeres cuando la veía cerca. Y me sentía como una mierda todas las noches cuando me acostaba en la cama, incapaz de conciliar el sueño, porque revivía cada cosa horrible que le hice ese día. Sin embargo no importaba cuánto me molestaran mis acciones, eso no me impedía seguir intentando que me odiara y matara cualquier sentimiento lindo que había tenido por mí.
Debía haber sido fácil de lograr. Todos los que me conocían, entendían lo rápido que podía enfurecer a una mujer. Pero nada fue fácil con respecto a Brittany. Eso es lo curioso sobre la tentación. Se supura y crece. Uno alimenta a esa perra lo suficiente y, se transforma en deseo y luego éste se convierte en obsesión. Muy pronto, nada en tu vida es tan importante como eso que quieres pero no puedes tener.
Yo la quería y no podía tenerla, así que alimentaba la tentación, desbordaba el deseo, y si hubiera podido, habría jodidamente amamantado la obsesión con mi propio pecho. Me aseguraba de tener pequeñas dosis de ella por todas partes. Pero sucede algo increíblemente enriquecedor cuando pasas bastante tiempo en compañía de una mujer. Comienzas a darte cuenta de tonterías sobre ella, tonterías pequeñas e inútiles que empiezan a significar todo, como el modo en que se aparta el pelo de la cara —incluso si no hay nada en sus ojos—, siempre que está inquieta, o cómo muerde el extremo de un bolígrafo durante la clase cada vez que está escuchando algo que atrapa su atención. Aprendes todas sus risas diferentes y sabes lo que significa cada una. Aprendes lo que más le molesta, o lo que le hace más feliz. Descubres lo inteligente, ingeniosa y sarcástica que es, y que su mente es casi tan sucia como la tuya. Ves lo apasionada que se pone cuando defiende a los que ama, y empiezas a enamorarte. Profundamente.

Por lo tanto, esta es la confesión de una Perdedora Patética: Soy Santana López, y me enamoré. Profundamente. Maldita sea, no puedo creer que acabo de admitir eso sobre una chica a la que nunca he besado, y mucho menos follado. Pero ya casi no me quedan trucos. Sé que debo seguir manteniéndola lejos, pero me estoy desesperando. La deseo tan condenadamente tanto. Es mi maldita culpa, en realidad. A estas alturas, podría haber y debería haber perdido mi interés en ella. Es que cada vez que creo que por fin he hecho algo que va a hacer que me odie para siempre —algo por lo que nunca me perdonará—, se instala el pánico.

No puedo soportar la idea de que me odie y nunca me perdone. Así que tengo que hacer algo para asegurar su perdón. Siempre me perdona, también, a pesar de que no debería. Pero me encanta eso de ella; ese dulce, hermoso, indulgente y sucio corazón. Y así, sigo abriéndome paso por este camino destructivo, sabiendo muy bien que me estoy volviendo loca, y es probable que a ella también. Alguien tendrá que ceder pronto o voy a explotar... muy probablemente dentro de ella. Solo espero que esto no termine con mi muerte a manos de mi mejor amigo.
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Mensaje por JVM el Jue Oct 20, 2016 1:29 am

Difícil situación por la amistad :s
Y bueno por la forma de ser normalmente de San yo creo que Ryder es que le prohibió acercarse a Britt además de que es mayor que ella.
Sin embargo el que ambas deseen estar juntas y que algo las detenga siempre no va a durar mucho.... Es cuestión de tiempo para que lo suyo se de. Ya pesar de los mil peros, si se aman, vale la pena todo!!
Me encanto el comienzo haber como sigue.... Al parecer Britt dará el primer paso :D
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Mensaje por micky morales el Jue Oct 20, 2016 9:38 pm

britt esta muy decidida y san no creo que le dure tanto su aguante, excelente inicio!!! hasta pronto!
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Mensaje por vhere pao el Jue Oct 20, 2016 11:17 pm

me impresiona el aguante de san pero al final va terminar cediendo ala atracción y al amor que tiene por britt
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Mensaje por 3:) el Vie Oct 21, 2016 1:13 am

A ver cuanto aguanta san... sin querer joder la amistad???
Y a ver que tanto puede llegar a hacer britt???
Quiero el primer cap!!!
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 7:40 pm

JVM escribió:Difícil situación por la amistad :s
Y bueno por la forma de ser normalmente de San yo creo que Ryder es que le prohibió acercarse a Britt además de que es mayor que ella.
Sin embargo el que ambas deseen estar juntas y que algo las detenga siempre no va a durar mucho.... Es cuestión de tiempo para que lo suyo se de. Ya pesar de los mil peros, si se aman, vale la pena todo!!
Me encanto el comienzo haber como sigue....  Al parecer Britt dará el primer paso :D

Dificil situación puede ser, pero quien no arriesga no gana, y Santana en su indecision esta haciendo las cosa mal creo.....

Me alegra que te haya gustado, espero que te guste el resto de la historia.... Y si parece que quien tomara el primer paso sera Brittany.....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 7:41 pm

micky morales escribió:britt esta muy decidida y san no creo que le dure tanto su aguante, excelente inicio!!! hasta pronto!

Oh si esa Chica esta decidida y es muy valiente de su parte, cuando alguien quiere algo hay que ir por ello, solo tenemos una vida para vivirla, verdad???
Ojala Santana se rinda y no sea un hueso duro de roer.....
hasta pronto....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 7:42 pm

vhere pao escribió:me impresiona el aguante de san pero al final va terminar cediendo ala atracción y al amor que tiene por britt

Aguante solo para Brittany a quien rechaza continuamente,,,,, oh vamos a ver en las condiciones en las que va a ceder....... saludos..
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 7:44 pm

3:) escribió:A ver cuanto aguanta san... sin querer joder la amistad???
Y a ver que tanto puede llegar a hacer britt???
Quiero el primer cap!!!

Jjjajajaj sera que aguante???? y pues ninguna de ellas quiere amistad, quieren algo mas.........
Brittany esta decidida a si que puede llegar muy muy lejos.
Y como quieres el primer capitulo, pues asi sera y no solo subire el primer capitulo sino que el segundo tambien..... espero te guste...
saludos.
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 7:50 pm

CAPITULO 1
BRITTANY


—Ooh, él es lindo. Brittany, ¿no crees que es lindo? Suspiré cuando Kitty —y sí, se había dado ese nombre a sí misma—, me empujó en el brazo como por décima vez en los pasados cinco minutos, casi haciéndome volcar el vaso de cola que sostenía.

—Sí —dije, sin molestarme siquiera en echarle un vistazo al más reciente chico sexy que ella había descubierto.

—. Es… adorable.

Normalmente siempre me animaba a revisar a cualquiera dentro de mi rango de edad que poseyera un cromosoma Y. Pero esta noche, era anti Y, tan malditamente anti Y que preferiría tirar un tanque de ácido carcome carne sobre la totalidad de ellos que revisar una de sus molestas, irritantes y lindas sonrisas, o traseros, o paquetes, o pectorales.

Al otro lado de la mesa frente a nosotras, Tina se cubría la boca con la mano e intentaba no reírse a carcajadas por mi respuesta inexpresiva. Le fruncí el ceño y articulé “cállate”. Ella no tenía motivo para estar malhumorada. Su novio era malditamente perfecto. Maravilloso, considerado, dulce y fiel, Mike Chang era exactamente el tipo de chico que debería desear.

Pero no… oh, no. La imbécil a la que deseaba era una idiota, gritona, políticamente incorrecta que metía su pene (si su pene, una chica que tenia una parte extra) en cualquier mujer dispuesta que sacudiera las pestañas en su dirección. Excepto yo.

A mí me había rechazado de pleno. Dos veces. Sí, dije dos veces… porque fui lo suficientemente idiota para no captar la indirecta la primera vez.

Envolviéndome con mis propios brazos, porque recordar sus rechazos hacía que me sintiera fea, inmerecida y desagradable, miré fijamente mi bebida, deseando tener una pizca de bourbon en mi cola. Pero mi hermano trabajaba en el bar, así que eso era un no directo. Normalmente, sus compañeros de trabajo me echarían un poco de alcohol, pero no si Ryder estaba de turno. Nadie se cruzaba con Ryder Pierce en lo concerniente a su hermana de dieciocho años, ni siquiera la idiota chillona y políticamente incorrecta más grande del siglo.

—No, espera. Chequéalo a él. Ahora bien, ese es un semental al que me gustaría montar y cabalgar.
Kitty literalmente se lamió los labios mientras miraba con avidez a través del club lleno de gente.

—. Solo fíjate en lo grueso que es ese pecho. Y esos brazos. Mmm. Dios. Tienes que saber que el resto de él es simplemente igual de grande. Maldición. Quiero verlo desnudo.

—Oye —dijo Tina, con tono enojado—, ese es mi novio. Miré por encima para encontrar la forma de Mike junto al escenario mientras hablaba con Sam. Listo para la actuación de la noche, Sam tenía una guitarra a la espalda. Se apartó un largo mechón de cabello de la cara antes de hacer gestos con las manos mientras hablaba con Mike. Y como Mike, él era otro tipo asombroso, un rockero sexy con una voz que hacía que tus hormonas canturrearan junto con él cada vez que cantaba. Pero tampoco me quería, lo cual traía otra razón por la que era tan antihombres en estos días.

Los tipos buenos que en realidad podrían tratarme bien se mantenían alejados, no estaban interesados o ya tenían una mujer.

El único imbécil que en realidad había tomado una oportunidad conmigo, me había usado, convertido en su pequeño y sucio secreto, y luego me había tirado como la basura del día anterior. ¿Era una maravilla que no hubiera tenido sexo en casi un año? Oh, infiernos. ¿Había sido casi un año? Eso no era genial. Me hundí más profundo en mi silla mientras Kitty jadeaba.

—¿Qué? ¿Ese pedazo de orgasmo caminante es tu novio? ¿Desde cuándo puedes tú atraer a un hombre?

—¡Guau! —Me senté recta, frunciéndole el ceño.

—. ¿Qué demonios? Tina podría atraer a cualquier hombre que quisiera.

Tina era mi mejor amiga en la tierra. Ella y yo habíamos venido aquí esta noche con Mike para ver tocar a la banda de Sam. Kitty era meramente una conocida pasajera con la que compartía un par de clases, la cual se acercó a nosotras esta noche, probablemente solo buscando una mesa para sentarse.

—Pero ella es simplemente tan… —Kitty señaló hacia Tina mientras ponía una cara amarga—. Tan…

—¿Dulce? —adiviné sarcásticamente, arqueando una ceja mientras mi mirada la desafiaba a decir algo negativo más sobre mi amiga.

—. ¿Hermosa? ¿Lista? ¿Leal? —Tímida —soltó de golpe como si eso fuera algo horrible.

—. En serio, no sé por qué pasas el rato con tales perdedores. No eres como ellos, pero juro que intentas serlo. Solo necesitas vivir un poco, Brittany. Encuéntrate un hombre. Una sexy aventura de una noche. No he oído que hayas estado con nadie desde que nos conocimos el semestre pasado, y creo que no te gustan las chicas. Me preocupa que tu pobre vagina vaya a arrugarse y a secarse si no la mimas un poco. Los ojos de Tina se agrandaron mientras lanzaba miradas entre Kitty y yo.

A diferencia de Kitty, sin embargo, ella sabía que yo tenía un temperamento que no temía usar, así que también sabía que no iba a dejar que Kitty se alejara ilesa tras decir toda esa mierda. Una cara recién arañada en marcha. Inhalando algo de oxígeno por mis fosas nasales, asentí y le dediqué a Kitty una sonrisa agradable.

—¿Sabes qué? Tienes toda la razón.

—Lo sé.

—Levantó una mano y señaló hacia Mike.

—. Digo que tomes a su hombre y le muestres cómo es una verdadera mujer.

—No. —Meneé la cabeza.

—. No acerca de eso. Tenías razón respecto a que paso el rato con demasiados perdedores. Totalmente tengo que parar esa mierda. Son una pérdida de tiempo. Así que… ahora, adiós, adiós… jodida perdedora.

La boca de Kitty cayó abierta.

—¿Qué demonios? ¿Qué he dicho? ¿Hablaba en serio?

—¿Qué no dijiste? Acabas de menospreciar a mi mejor amiga y luego me dijiste que la engañe con su novio. No me importa quién eres, eso está mal, cariño. ¿Y desde cuando una chica necesita a un hombre en su vida para que se considere que está viviendo? No necesito a algún idiota inútil para probar que soy alguien.

—Bueno, maldita sea, no tenías que ser tan perra. Solo miraba por tu bien, Britt —Con un bufido, Kitty empujó su silla hacia atrás y se puso de pie de un salto—. No tengo que soportar esto de ti. —Alzando la barbilla, echó los hombros hacia atrás y sacó pecho—. Solo una chica que no puede conseguir a un chico diría eso, de cualquier forma. Ambas son perdedoras.

Mientras se marchaba enfadada, me reí. Buena forma de deshacerse de ella. Me volví hacia Tina para disculparme por dejar que Kitty se sentara con nosotras, pero ya me enviaba una mueca de arrepentimiento al tiempo que se mordía el labio.

—Lo siento, Brittany. Parpadeé.

—¿Tú lo sientes? ¿Sobre qué? Ella fue la que te insultó.

—Pero también te insultó a ti, y no dije nada. Si fuera un poco más extrovertida o… Extendiendo mi mano a través de la mesa, agarré la suya. —Tina, eres perfecta tal como eres. Y no quiero que cambies nada. Además, ¿cómo puedes escuchar una palabra de lo que dijo, sobre ti o sobre mí? Va de camino a ligar con tu hombre mientras hablamos.

—¿Que ella qué? —Tina se volvió en su asiento para observar a Kitty aproximarse de forma audaz a Sam y Mike, pero se giró hacia el último. Se acercó lo suficiente para rozarse contra su brazo mientras le daba una sonrisa coqueta. Rebotando en su asiento, Tina aplaudió felizmente.

—Oh, esto debe de ser divertido de ver. Espero que él sea frío y maleducado cuando la rechace. Sacudí la cabeza, divertida. El noventa por ciento de las mujeres que conocía se volverían celosas e inseguras cuando otra mujer ligara con su novio y terminarían culpándole a él, pero Tina no. Ella se sentía completamente segura sobre su relación con su hombre, y sabía que Mike nunca la engañaría… lo cual solo me hacía sentir peor respecto a mi propio estatus de relaciones.

Sin mi consentimiento, mi mirada se desvió a otra parte del bar en donde una Santana de cabello oscuro coqueteaba con cuatro —no una, ni dos, ni siquiera tres, sino cuatro—, mujeres a la vez. Había envuelto sus brazos alrededor de dos de sus cinturas mientras decía algo al otro par en frente de ella. Cuando las dos chicas de adelante se movieron y empezaron a besarse, gritó en señal de aprobación como si les hubiera pedido que lo hicieran y se sintiera complacida de ver concedido su deseo. Esa bola de inmoralidad. Rodé los ojos y aparté la atención antes de vomitar.

Santana López era el epítome de la cerda mujeriega. Cada palabra que expulsaba por su boca estaba entretejida con todos sus crudos y promiscuos pensamientos. Quería odiar todo acerca de ella con cada fibra de mi ser, excepto que en cambio agitaba cada molécula en mi ser con el deseo de saltar y tomarla. Humillada por en verdad haber intentado besarla hace unos pocos meses, e incluso más humillada de que ella me hubiera detenido —dos veces— apreté los dientes.

Ella y su harén eran la razón por la que me hallaba tan enojada esta noche. Pero, en serio, ¿cuatro mujeres? ¿Eso no era un poco excesivo? Casi juraría que se desvivía para hacerse parecer la más grande imbécil mujeriega del planeta cada vez que me encontraba cerca solo para mantenerme alejada de ella.

Pero claro, tal vez eso era hacerse ilusiones, un pensamiento presuntuoso por mi parte. Había elaborado alguna gran trama romántica en mi cabeza en la que ella estaba desesperadamente enamorada de mí pero tenía que mantenerse alejada porque su mejor amigo —mi sobreprotector hermano mayor— la mataría por siquiera mirarme de forma indebida, por lo que iba hasta extremos ridículos para hacer que la desaprobara. Si la odiaba y me mantenía alejada, ella no se sentiría tan tentada de enamorarse de mi maravillosa persona.

Sí, solo desearía que ese fuera el caso. En realidad, ella tal vez ni siquiera pensaba que me encontraba en el edificio y su único pensamiento pasajero acerca de mí era que tenía que ser amable conmigo o mi hermano le arrancaría su pene con un cuchillo para mantequilla. Mis hombros cayeron. Dios, mi vida apestaba. Tal vez Kitty acertó en algo cuando dijo que necesitaba vivir un poco. Porque, de verdad, había pasado casi un año desde que salí de mi zona de confort. No estaba de acuerdo con que necesitara un hombre para hacer algo de mí misma, pero Tina parecía más satisfecha por tener a alguien que compartiera todo con ella. Y desde que Ryder conoció a Marley, había algo diferente en él, como si su presencia asentara una parte inquieta de él.


Tener a una persona especial para hablar podría no ser tan malo, alguien con quien pasar el rato, contarle secretos y en quien apoyarme cuando necesitara respaldo, alguien a quien apoyar cuando él necesitara un impulso. Eso no sonaba mal en absoluto. Entonces, ¿por qué no volvía a montar en ese caballo e intentaba salir a la escena de las citas y encontrar ese tipo de compañerismo? Tal vez porque la última vez que había buscado eso en un chico, me arruinó.

Tal vez me permitía a mí misma obsesionarme con Santana porque, de forma inconsciente, sabía que nunca podría tenerla. Podía languidecer por ella de forma segura sin poner mi corazón en riesgo… otra vez. Sin embargo, echaba de menos besar a alguien. Y ciertas partes de tocar. Ser físicamente cercana a alguien y ahogarme en un poco de placer.

—Tal vez debería tener una aventura de una noche
—dije en voz alta.

Tina se giró en su asiento para parpadear hacia mí con sus grandes y sobresaltados ojos.

—¿Qué?

—Ha pasado casi un año desde Sander —le dije, sintiéndome rara solo por decir su nombre. Sander Scotini me había roto tanto que no era capaz de decir su nombre en voz alta excepto un puñado de veces en los pasados doce meses. Odiaba cuanto poder le di solo por mi incapacidad para vocalizar su existencia… y por lo cautelosa del sexo contrario que había sido en general desde él, o lo sobreprotector con respecto a mí que aquel escándalo hizo a Ryder.

Quería recuperar mi maldito poder. Quería ser capaz de vivir otra vez.

—Y no quiero una vagina seca, vieja y arrugada —dije con, tal vez, demasiada vehemencia.
Tina resopló y sacudió la mano.

—Eso es simplemente absurdo. La mía no fue usada durante dieciocho años, y Mike no tiene quejas sobre ella.

Solté una carcajada, amando cuando mi tranquila y reservada mejor amiga decía algo sorprendente.

—¿Qué es tan divertido? —preguntó Mike, apareciendo detrás de Tina y deslizando los brazos alrededor de su cintura desde atrás. Cuando besó el lateral de su cuello y frotó su nariz contra su coleta, no pude evitar atragantarme un poco, en una forma muy celosa del tipo “te odio por ser tan desagradablemente feliz mientras yo soy miserable”.

Sin embargo, una parte de mí todavía adoraba verlos juntos, porque me encantaba un buen “felices para siempre”. Separados, Mike y Tina eran normalmente demasiado tímidos para hacer mucho excepto permanecer en los laterales. Juntos, sin embargo, se iluminaban como las luces de un árbol de navidad, y me encantaban las luces de los árboles de navidad. Las mejores luces del mundo.

Observando el rostro de Tina iluminarse con placer mientras pasaba su mano por el brazo de él y tiraba para acercarlo más a ella, sacudí la cabeza.


— Amo totalmente a tu novia, eso es. Mike acurrucó su mejilla contra la de Tina.

—Lo siento, pero ya está tomada.
Resoplé.

—Oye, no seas egoísta, Chang. ¿No puedes compartirla al menos un fin de semana de vez en cuando? Apuesto a que es un pedazo de culo caliente.

—Oh, lo es. —Sonrió, pareciendo orgulloso de sí mismo—. Así que sin duda no voy a compartir. Mientras todos nos reíamos, deslicé mi atención más allá de ellos hacia el escenario, en donde Kitty se había aproximado a ella.

Me sentí un poco decepcionada por haberme perdido el gran rechazo que le dio; había estado demasiado ocupada mirando a la mujeriega con sus cuatro zorras. Maldición, era patética. Detectando a Kitty cerca de Sam ahora, sacudí la cabeza, disgustada. Cuando Sam me captó mirándole, rodé los ojos y le mostré un gesto de pulgares hacia abajo, haciéndole saber que la mujer que caminaba hacia él no valía la pena su tiempo. Me envió un guiño, diciéndome en respuesta que lo entendía y que mantendría las manos fuera de mi ex conocida. Podía incluso oír su voz en mi cabeza diciendo “Lo tienes, nena” como hacía normalmente. Mostré un aire de suficiencia.

Acababa de darle una lección a esa perra. Era agradable saber que tenía algún tipo de influencia, lo cual me hacía adorar a Sam por ceder ante mí. Si tan solo él pudiera haber sido el chico al que quería más que a nada.

En realidad podría arriesgarse a la ira de mi hermano para estar conmigo. O tal vez no. No estaba segura respecto a él, porque ninguno de nosotros habíamos intentado nada con el otro. Creo que sospechaba dónde yacía ya mi corazón. Mi estúpido e idiota corazón que no tenía sentido de la decencia o de auto-conservación. En serio, ¿qué tipo de corazón se enamoraba de una molesta, desagradable y gritona mujeriega?

Probablemente un corazón demasiado débil, indulgente y desorientado, porque sin importar lo mucho que doliera verla babeando por otras cuatro mujeres, siempre salía con una razón para enamorarme de Santana López una y otra vez. Cada maldito día. Justo cuando decidía que la odiaba, y lo decía en serio esta vez, ella saldría con una enorme cualidad redentora que me haría mirar más allá de todo lo malo y simplemente verla… a ella.

Como ahora.

Vio a Mike y a Tina, y dejó ir a una de sus putas para señalarlos.

—¡Colegiala! —gritó con una gran sonrisa feliz. Tina y yo, ambas éramos colegialas, pero sabía que la saludaba a ella. Por alguna razón desconocida para mí, se negaba a llamarla por su primer nombre. Incluso había ido tan lejos como describirla en términos de “esa chica” o “con la que está saliendo Chang” para evitar decir Tina. Pero mayormente, ella era Colegiala para ella.

La chica tenía problemas, si me preguntabas. Pero entonces, yo tenía incluso más por quererla tanto como lo hacía. Una vez más, me sentí cálida involuntariamente por ella porque era tan agradable y aceptaba a mi tímida mejor amiga, que suspiré.

Ella y Tina tenían una cercana amistad. Ni una vez la hizo sentir diferente por lo introvertida que era, y francamente, no podía odiarle debido a ello. Sin embargo, podía odiarla por hacerme sentir celosa de un puñado de putas repugnantes que no dejaban de manosearla. Quería quitar de un tortazo la sonrisa de la cara de la pequeña bruja que se apoyaba para frotar su nariz contra su cuello. Ansiaba ir hasta allí, apartarla tirándole del cabello y frotar su nariz contra la primera pared que encontrara… tan fuerte como pudiera.

Está bien, de acuerdo. Tenía un cargamento de problemas en vez de solo un par. Demándenme. Pero, ooh, ¿esa bastarda deslizaba su mano sobre el trasero de la otra mientras la primera le chupaba el cuello? ¡Sí! Grr. La odiaba tanto. Deseándole a Santana López una larga, lenta y dolorosa enfermedad venérea que le llevara a la muerte, aparté la mirada.

—Es una jodida mujeriega. Tanto Mike como Tina me miraron, sus miradas llenas de simpatía, las cuales me hicieron querer tirarme del cabello y gritar, porque también odiaba la cantidad de personas que sabían que tenía un flechazo por Santana. No era justo.

—Eso es —anuncié—. Voy a hacerlo. Tina y Mike se miraron el uno al otro, frunciendo el ceño en confusión, antes de volverse de nuevo hacia mí.

—¿Hacer qué? —preguntaron juntos. Solté una respiración.

—Voy a vivir otra vez. Yo… yo… —Mirando frenéticamente alrededor del lugar, me detuve sobre el primer tipo que vi—. Voy a hablar con él.

Tina miró e hizo una mueca.

—¿Él? ¿Estás segura…? —¿Quién es? —preguntó Mike, mirando al tipo con censura. Él era otro amigo de mi hermano y probablemente suponía cuántas veces Ryder mataría al chico por hablar conmigo siquiera. Empezaba a pensar que Ryder tenía demasiados jodidos amigos.

—Ni idea —dije, sin importarme quién era en absoluto—. ¿Qué tal si voy a preguntarle? Para estar en el lado seguro, tomé la piña colada que había abandonado Kitty en nuestra mesa para tener un poco de coraje líquido y me la tragué. Dejando el vaso vacío de un golpe, dejé salir un suspiro renovado.

—Por favor, discúlpenme mientras consigo que me animen la fiesta. —Levantándome, les dediqué un pequeño gesto coqueto a Tina y Mike; o Timi, como iba a llamarlos a partir de ahora; y me volví para hacer mi camino hacia Señor Afortunado, quién quiera que fuera. Excepto que ya no podía verlo. Mierda. ¿A dónde había ido? ¿No sabía que era un posible candidato para limpiar las telarañas de mi vagina? Mi propio plumero personal para limpiar telarañas.

—Um… —Tina se aclaró la garganta antes de ofrecer de forma útil—: Fue por ese camino. Me di la vuelta de golpe para fruncirle el ceño. Luego señalé a Mike.

— Deja de reírte. No me han animado la fiesta en un buen tiempo.

Inmediatamente apretó los labios, conteniendo una sonrisa. Estreché los ojos y esperé un instante para asegurarme de que no se le escapaba otra risa.

Luego miré a Tina. Me señaló en la dirección correcta. Asentí a modo de agradecimiento y me giré en esa dirección, satisfecha cuando visualicé a mi posible hombre para una aventura de una noche en frente.
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 7:54 pm

CAPITULO 2
BRITTANY


Me acerqué a mi blanco, como una mujer decidida en una misión. Iba a recuperar mi vida y mi poder de chica esta noche, así fuera lo último que hiciera. A la mierda Sander Scotini y en lo que me convirtió. Y a la mierda Santana López por rechazarme. No iba a dejar que esos idiotas me deprimieran. La espalda del desconocido se encontraba hacia mí mientras él hablaba con otros dos chicos. No estoy segura de por qué lo señalé. Tal vez porque era la antítesis de Santana. Más bajo, pálido, no tenía aspecto deportivo en una camisa polo y pantalones plisados gris oscuro. Dudaba incluso que Santana poseyera un par de pantalones plisados. Con una última mirada hacia atrás a Zwinn, les envié una sonrisa de "miren esta mierda" y me abrí paso hasta que envestí la espalda de mi objetivo, haciéndole tambalearse hacia adelante y volcar la cerveza que sostenía en todo el frente de la linda camiseta polo amarilla.

—Dios mío. Lo siento mucho.

—Obligándome a no reír en triunfo, agarré un puñado de servilletas de la mesa al lado nuestro—. ¿Estás bien? No puedo creer que haya hecho eso. —O que lo haya pillado perfectamente. Se volvió hacia mí lentamente, su rostro mudo de rabia, pero cambió cuando me vio. Batí mis pestañas y desplegué mi simpatía mientras tomaba su camiseta empapada.

—Oh, pobrecito. Déjame reparar esto por ti. —Le limpié el pecho un par de veces, no era un mal pecho, pero tampoco el mejor, antes de inclinarme frente a él para absorber la cerveza derramada en el suelo junto a sus pies. Una vez que tuve el suelo razonablemente seco, me quedé de rodillas pero levanté mi cara para mirarlo a los ojos.

—¿Sequé todo? —No sabía si era lo cerca que mi cara se encontraba de sus genitales, la respiración dificultosa en mi voz, o la completa inocencia que trataba de mostrar en mis ojos, pero el tipo cayó en ello, con moño y todo.

—Uh… —Su atención se lanzó de mi cara, a la parte delantera de sus pantalones, y luego de vuelta a mi cara mientras me paraba de nuevo.

—Déjame comprarte otro trago. —No pareció darse cuenta que no usaba una pulsera de legal-para-beber como él, que significaba que no era capaz de comprarle nada, a menos que fuera soda normal. Si lo hubiera hecho, podría haber sabido seriamente cuanto esfuerzo hacía para parecer que este encuentro era casual. En cambio, dio un paso directo en mi trampa. Levantó la mano para que dejara de girar hacia la barra.

—No, está bien. ¿Qué tal si te compró a ti una bebida?

—¿En serio?

—Guau, esto fue casi demasiado fácil—. Eso sería genial. Gracias. —Miré disimuladamente hacia el bar mientras hacía a un lado de mi cara un largo mechón del flequillo. Mi estómago se llenó de nervios. La mayor parte de la multitud se congregó alrededor del escenario tan pronto como Sam y su banda comenzaron a instalar sus instrumentos, lo que dejaba la zona del bar menos acumulada. Podía ver a Ryder desde donde me hallaba mientras servía a alguien una cerveza embotellada. Finn Hudson estaba detrás de la barra con él, pero ninguno de ellos se fijó en mí, así que di un pequeño paso hacia un lado para esconderme un poco mejor y seguí sonriendo al señor Misión Cumplida.

—Soy Brittany —dije por encima del ruido mientras le tendía la mano.

—Artie —respondió, sacudiendo la mía y tirándome un poco más cerca de él antes de soltarla.

Sam eligió ese momento para interrumpirnos. Encendió su micrófono y presentó a la banda, Non-Castrato. La multitud se volvió ruidosa hasta que el baterista hizo una cuenta regresiva para la primera canción y todas las guitarras comenzaron. Cuando las personas se dieron cuenta de que tocaban una original, una que escribió Sam, llamada "Slingshot", las fans femeninas comenzaron a gritar. Entonces Sam se inclinó para cantar, y las fans rápidamente se callaron para poder oírlo. Sonreí por cómo podía cautivar a una audiencia. Artie me dio un codazo en el brazo para llamar mi atención.

—¿Los has escuchado antes?

Podría haber dicho cualquier número de cosas, lo bien que conocía a Sam, que poseía su álbum y tenía todas sus canciones memorizadas, que venía a ver a Non-Castrato casi todos los viernes. Pero como que quería ser un poco más misteriosa e ilusoria.

—Oh… un par de veces —respondí, sonriendo evasivamente.

Me devolvió la sonrisa, aunque sus ojos tenían dificultades para permanecer en los míos. Le gustaban pasear y observar bien, comprobando mi pecho. No estaba desinteresado. Si lo quería, seguramente lo podía enganchar. Ahora, solo tenía que averiguar si lo quería.

—¿Y tú? —pregunté.

Hizo una pausa antes de responder, parando a una camarera y tomando dos botellas de su bandeja antes de pagar por ellas. Cuando se volvió hacia mí, ofreciéndome una de ellas, me mordí el labio. No se molestó en preguntar si quería esta marca de cerveza, o incluso si la bebida que prefería era cerveza. Eso tenía que ser una marca en el lado negativo de mi lista. Pero tenía una sonrisa muy bonita y unos ojos muy expresivos que me permitían saber lo mucho que le gustaba lo que veía cuando me miraba. Eso anotó dos marcas en el lado positivo. Decidí darle otra oportunidad antes de tomar mi decisión final.

—Gracias —le dije y cogí la botella. Pero antes de que pudiera tomarla, otra mano se abalanzó y me la quitó. Mi estómago se hundió hasta mis rodillas. Atrapada. Elevé la mirada, esperando encontrar a un furioso Ryder, pero me sorprendió ver a Santana. Ignorándome, miraba a mi potencial aventura de una noche como si quisiera patear el culo de Artie.

Una burbuja de entusiasmo rebotaba en mi pecho. ¿Estaba celosa? Lucía casi celosa. Un loca de celos. Esperaba que estuviera celosa y me apartara, olvidándose de sus cuatro zorras, y me llevara a casa con ella.

—¿Estás jodidamente ciego, imbécil? —Agarrando mi codo, levantó mi brazo y sacudió mi muñeca desnuda en la cara de Artie—. ¿Quieres ir a la cárcel esta noche por darle alcohol a una menor de edad?

Mi boca se abrió mientras una hipócrita López continuaba fulminando con la mirada a Artie, porque Santana solía ser una de los compañeros de trabajo de Ryder que me daba alcohol gratis cada vez que trabajaba en la bar y Ryder no.


—Yo… yo… —Con su cara inundada por un brillante y avergonzado rojo, Artie me miró, sus ojos llenos de alarma. Noté por la expresión en su rostro que apenas se dio cuenta de que lo engañaba.

—. No sabía que era menor de edad. Lo siento.

—Bueno, tal vez te habrías enterado si hubieras sido capaz de evitar mirar sus pechos el tiempo suficiente para ver que no lleva una pulsera, estúpido.

Traté de liberar mi brazo del agarre de Santana, pero se negó a soltarlo. Dando un paso más cerca de Artie, preguntó.

—: ¿Siquiera sabes quién es su hermano?

Oh Dios. Tenía que ir allí, ¿no? Aún más preocupación iluminó la cara de Artie mientras tragaba saliva, su nuez de Adán moviéndose rápidamente.

—N-no. —Lanzó una mirada hacia mí—. ¿Quién es su hermano?

Santana sonrió.

—¿El nombre Ryder Pierce te suena?


—Mierda —dijo Artie con voz ronca—. ¿Te refieres al mariscal de campo de fútbol?

—Ajá. —Santana sacudió su cara hacia un lado, haciendo un gesto hacia la barra.

—. Y está justo ahí, detrás de la barra. —Todos miramos, Artie, sus dos amigos, yo e incluso Santana, y sí, ahí se hallaba Ryder mirándonos con una expresión enojada y los brazos cruzados fríamente sobre su pecho, en su firme y gran postura de hermano decepcionado. Los tres chicos que Santana intimidaba gimieron juntos:

“Oh mierda”. —Lo siento. Lo siento mucho.

—Artie se volvió hacia mí para ofrecer sus disculpas, pero supongo que le preocupó demasiado hablarme directamente porque vaciló y se volvió rápidamente de nuevo a Santana.

—. Nunca voy a volver a hablar con ella. Lo juro.

—Será mejor que no, cabrón. Ahora piérdete.

—Cuando hizo un gesto desdeñoso con la barbilla, Artie y sus amigos se fueron, tropezando uno con otro en su prisa.

Mi rostro se inundó de calor. No sabía si alguna vez en mi vida me sentí tan humillada, como una niña pequeña que acababa de ser reprendida por mal comportamiento. Santana sacó pecho con autosatisfacción.

—Demonios, eso fue fácil. —Me sonrió—. Pero que montón de cobardes, ¿eh? —Entonces tomó un gran y largo trago de la cerveza que se suponía era para mí. Mientras la veía reír y limpiarse la boca con el dorso de la mano, mi humillación se transformó en rabia roja y caliente.

—¿Qué… demonios?

—La empujé en el pecho, usando ambas manos y tratando de no notar lo definidos que se sentían sus pechos bajo mis palmas. Mucho mejor de lo que se sintió Artie, aunque ese no era el punto. Mi cerveza que confiscó se derramó sobre ella, en su cara y su camiseta. Saltó hacia atrás, sacudiendo la botella en posición vertical.

—¡Tranquila, mujer! Esta es mi camiseta favorita. Por supuesto que lo era. Decía: "Apoyo a las madres solteras", y mostraba la silueta de una curvilínea mujer desnuda, balanceándose en una barra de striptease.

—¿Parece que me importa? Elevó la mirada por mi tono seco y levantó una ceja.

—Déjame adivinar. No vas a ofrecerte para secarme como lo hiciste con ese idiota, ¿verdad?
La empujé de nuevo por ser una idiota total y por comprar una camiseta tan ofensiva.

—¿Por qué hiciste eso?

Ella resopló y miró hacia Artie.

—Porque el tipo parecía un idiota. Rodé los ojos.

—Bueno, es obvio que no tengo un problema con los idiotas. Hablo contigo, ¿verdad? Frunció el ceño.

—Tranquila, Brittany. Solo te cuidaba.

—No. —Puse las manos en mis caderas y le envié una mirada profunda como un rayo láser—. Fuiste una aguafiestas.

Levantando las manos con negligencia impertinente, dijo—: Bien, como quieras llamarlo. No va a molestarte de nuevo. De nada.

—No te lo agradecía. —Hice una mueca detrás de ella mientras se alejaba con paso tranquilo—. Idiota.

—También te quiero —contestó, soplándome un beso por encima del hombro.

Luego tomó otro trago de mi maldita cerveza. Apreté los dientes, frustrada conmigo misma por haberle permitido afectarme tanto que le di una respuesta tan infantil, y tuve que agregarle el sacarle la lengua. Pero me ponía tan… histérica. Mientras caminaba a la barra donde Ryder nos miraba y se sentaba en un taburete, la miré con odio. Ella y mi hermano hablaron, y Ryder dirigió la mirada a mí. Señalando a sus propios ojos, luego volvió sus dedos para decirme que siempre me miraba. Le envié mi propio lenguaje de señas y le mostré el dedo medio. Y todo el tiempo, Santana se sentó frente al bar, de espaldas a mí rematando mi bebida. Idiotas. Los dos. Supongo que eso me ganaba por tratar de conseguir un poco de acción, mientras se hallaban cerca. Pero vine aquí para ver tocar a Sam; la acción fue una cosa espontánea del momento. Tenía un mal hábito de correr con el estímulo de las ideas del momento. Y un año atrás, pagué a lo grande por eso. Debí aprender la lección. Pero al igual que todos los demás Pierce que conocía, tenía una cabeza dura para aprender lecciones.

Necesitando refrescarme y recuperar mi auto-control, me giré y caminé hacia los baños. Esperé hasta estar a salvo dentro del baño de mujeres antes de respirar de nuevo. Presionando mi espalda en la puerta, cerré los ojos, y me alegré por un momento libre de Santana. Aspirando un agradable y refrescante… ¡iug! ¿Quién demonios se rociaba un perfume rancio? Abrí los ojos y de inmediato fruncí el ceño ante las tres mujeres amontonadas frente a los espejos. Eran tres de las cuatro putas, quiero decir, finas, y honorables jovencitas, que se agruparon en torno a Santana hace pocos minutos. Estupendo. Tal vez todas podríamos juntarnos algún día y simplemente tener una fiesta de pijamas.

—Todavía no puedo creer que te escogió a ti, perra suertuda —se quejó la chica, arreglando su cabello mientras fruncía la boca y estudiaba su lápiz labial.

—Lo sé —añadió la que se inclinaba para examinar los puntos negros en su nariz antes de tratar de hacer estallar uno.

—. También sentía este ambiente entre nosotros. Estaba tan segura de que me escogería esta noche.

—Solo… apestas —murmuró la tercera que era, sí, la que aún se aplicaba ese horrible perfume.

—. Nunca la he tenido. Debió ser mi turno. Detrás de una puerta, tiraron la cadena de un inodoro, y la cuarta puta apareció mientras abría la puerta.

—Acéptenlo, chicas. Soy la mejor. San siempre me prefiere. Ante la mención de Santana, o más bien su estúpido apodo con el que todo el mundo la llamaba, me congelé y me centré en ella un poco más. Así que, ella fue la elegida para esta noche, ¿eh? La odiaba. Realmente, realmente la odiaba.

—Me enteré de que solo lo hace en la oscuridad —dijo la muchacha perfume, con los ojos muy abiertos por el asombro.

Mi boca se abrió. ¿Qué? No debería escuchar esta mierda. Así que, me acerqué un poco, con ganas de más.

—Ajá. —La ganadora, supongo que la llamaríamos así, dijo—: Es casi extraño. Pero es tan pervertida que no te importa, porque, oh mi Dios, ella compensa la falta de vista mediante el uso de todos sus otros sentidos. Casi lloriqueé mientras me lo imaginaba. Santana conmigo, conociéndome a través del tacto, el gusto, el olor. Me estremecí, formándose un poco de calor debajo de mi ropa hasta que la ganadora arruinó el momento hablando de nuevo.

—Si sabes lo que quiero decir. —Sonrió y movió las cejas. Sí, cariño, todas sabemos lo que quieres decir. Pero… demonios. Escucharlas hablar sobre las preferencias sexuales de Santana era… probablemente prohibido, pero aunque desprendía pedazos de mi corazón al pensar en ella haciendo esas cosas con ellas, aún me hacía tensar el estómago y todo mi cuerpo cosquilleó vergonzosamente. Cuerpo estúpido.

—Y siempre desde atrás. Nunca he hablado con nadie a quien no se lo haya hecho estilo perrito. Apreté mis piernas, porque hola, hablaban de mi Santana… en diferentes posiciones. Sí, era desalentador escuchar que tenía tantas seguidoras y que todas conocían sus inclinaciones… No podía creer que me encontraba a medio segundo de enamorarme de una maldita mujeriega. Pero, maldita sea, todavía quería que me tomara por detrás así.

—Debo reunirme con ella en su casa a la medianoche —anunció la elegida mientras empezaba a mirarse en el espejo junto con las otras tres, acomodando sus tetas en su escote.

—. Es tan misterioso y emocionante cuando voy allí.


—Ella deja su apartamento sin llave —explicó la explotadora de espinillas a la chica perfume—, y se supone que simplemente debes entrar y caminar por un pasillo oscuro hacia su dormitorio oscuro. Nunca se sabe si alguien va a saltar y agarrarte. La elegida se abanicó.

—Y entonces ella lo hace, salta y te agarra. Las cuatro se rieron y luego suspiraron. Rodé los ojos, decidiendo que había tenido suficiente.

—Lo siento. —Agité mi mano para llamar su atención—. ¿Pero ustedes hablan de… Santana López? Cuatro rostros se volvieron hacia mí.

Estoy segura que me encontraron insuficiente en mis cómodos vaqueros azules y la camiseta de cuello en V. Nunca me arreglaba. De hecho, me vestía así a propósito para evitar la atención del sexo opuesto. No me arreglaba desde el baile de la escuela el año pasado, al que Sander me invitó a ser su cita, hace mucho tiempo cuando todavía era amable y dulce. Pero resultó que jamás planeó llevarme a ese estúpido baile. Gasté todo el dinero que economicé y ahorré durante años para comprar el vestido, y después de dos horas de embellecerme para él, me llevó directamente al lugar infame de besos para tener suerte en el asiento trasero de su Dodge Challenger. Desde ese momento no usaba ropa, maquillaje o perfume para impresionar a nadie.

—Seguro, cariño. ¿La conoces?

—La chica perfume resopló y levantó la cara de manera arrogante, como si no pudiera creer que fuera lo bastante buena para siquiera asociarme con ella.

—Oh… —Le di una sonrisa breve y tensa—. Apenas. —Apuesto a que la conocía mucho mejor que ella. Dudo que tuviera la menor idea de que su comida favorita eran las mentas de chocolate, o que prefería una botella de Sunny Delight antes que el café para beber con su desayuno todas las mañanas. O que odiaba las arañas y amaba los gatos. Apuesto a que no tenía ni idea de que cada dólar adicional que hacía en el club nocturno donde trabajaba, entraba en una cuenta de ahorros con la que algún día quería construir su propia casa de ensueños… la que ya había diseñado ella misma.

Apuesto a que nunca sabría la artista de gran talento que era o qué distancias correría sola para ayudar a sus amigos. La perra probablemente no sabía nada de ella… excepto como se sentía en su interior, lo cual, de acuerdo, era más de lo que sabía yo. Maldición.

—Pero una de mis amigas… —continué, levantando las cejas para que pensaran que mi amiga tenía todo el conocimiento carnal sobre ella que yo—… todavía tiene tratamientos para superar… lo que sea que ella le contagió.

Las cuatro mujeres se quedaron sin aliento.

—No —dijo una, con los ojos muy abiertos.

—Dios mío. Estuve con ella hace solo dos semanas.

—Oh, cariño —le dije con toda la simpatía falsa que pude reunir mientras extendía la mano como si fuera a acariciar su brazo.

—. Necesitas ir a examinarte.

—Y ella probablemente lo necesitaba de todos modos, así que no me sentí mal por sugerírselo.

—¿Es herpes?

—¿Sífilis?

—¿SIDA?

Casi rodé los ojos. ¿Cómo diablos sabría qué enfermedad elegir?

—No sé, pero era desagradable, lo que fuera. Se puso toda roja, llena de bultos, y tenía comezón y… —Me incliné más cerca, bajando la voz de forma dramática—. Goteaba algo amarillo… si sabes lo que quiero decir.

Mis cuatro pequeños títeres retrocedieron con horror.

—Iug —dijeron a coro, por lo que me dieron ganas de echar la cabeza hacia atrás y carcajear.

Asentí, metiéndome en el personaje demasiado entusiasmada. Pero bien, si Santana era una bloquea-pollas, yo sería bloquea-vaginas.

—Lo sé —arrullé a su banda de zorras—. El doctor le dijo que no podía tener relaciones sexuales de manera segura por un año entero. Siguieron más jadeos horrorizados.

—¿Un año? Maldita sea, ¿era buena o qué?

—Bueno, ahora no me puedo encontrar con ella —gritó la elegida, luciendo asustada—. ¿Qué le digo si sigue ahí afuera cuando salgamos del cuarto de baño? No puedo ni mirarla a los ojos sin ver…

—Se estremeció—. No. Simplemente no. La exterminadora de puntos negros deslizó su brazo alrededor de su amiga en forma consoladora.

—Está bien, Kelly. Te sacaremos de aquí. Nunca te verá.

—Oh por Dios, gracias. —Kelly se acercó a mí para darme un abrazo.

—. No sé cómo podré pagarte por esto. —Se veía muy agradecida también. Tal vez debí sentir la primera punzada de remordimiento justo entonces. Pero no. No lo hacía. La abracé en respuesta, contenta de que
Santana no sentiría esas grandes tetas presionándose contra su pecho más tarde.

—Me alegro de advertírtelo antes de que fuera demasiado tarde. Después de conseguir una ronda de abrazos de las otras tres chicas, todas con tetas demasiado enormes que ponían a mis copa C en vergüenza cuando me abrazaron, juntaron sus hombros, formaron un círculo cerrado alrededor de Kelly, y se apresuraron a salir del baño. Tenía que ver esto, así que las seguí y me apoyé contra la pared posterior de la barra. Plegando los brazos sobre mi pecho, me reí de lo obvias que eran tratando de sacar a Kelly despistadamente dentro de su grupo y esconderse de Santana.

Pero Santana no tenía ni idea de sus patéticos intentos mientras se hallaba parada al otro lado de la sala, hablando con Mike. Ni siquiera se dio cuenta de su salida precipitada. Pero lo haría con el tiempo, y eso me hacía sonreír. Las cosas estaban a punto de ponerse interesantes.
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Oct 21, 2016 8:04 pm

CAPITULO 3
BRITTANY


Me quedé en Forbidden un rato más y observé a Santana desde una distancia segura. Miraba la abertura del pasillo hacia los baños con un ligero ceño fruncido un par de veces, quizás en busca de Kelly y sus compinches, pero aun así no parecía tan perturbada de nunca verla de nuevo.

Siguió mezclándose entre la multitud y hablando con todos los que la detenían.

—Estás siendo muy evidente esta noche —dijo Tina a mi lado. Ni siquiera le di un vistazo.

—¿Hmm? —Eso de observar fijamente a San —advirtió—. Ni siquiera te molestas en ocultarlo. ¿Te cabreó mucho cuando te ahuyentó a ese tipo?

—Oh, ya me olvidé de eso —dije, aunque no era cierto. Todavía quería hacerle daño, no solo por rechazarme y luego ir detrás de otras mujeres como Kelly, sino por impedir que hiciera exactamente lo mismo que habría hecho con ella. Por fin miré a Tina.

—Acabo de escuchar a un par de chicas hablando sobre ella en el cuarto de baño. Mis oídos todavía están sonando por las cosas que aprendí. Tina se estremeció.

—Puedo imaginarlo. En realidad... —Arrugó la nariz

—. No quiero ni imaginarlo. Su idea de diversión, sin duda, va más allá de lo que siquiera podría imaginar. Esa idea parecía disgustarle, pero a mí me excitaba. Eso probablemente significaba que era un bicho raro. Bueno, sí, tenía que serlo. Deseaba a Santana López. Eso no podía ser normal. Pero aun así, ¿por qué me encantaban esas cosas sucias? ¿Con ella? Miré la hora en mi teléfono. Once y treinta. Si dijo en serio eso de encontrarse con Kelly en la medianoche, ella tendría que salir pronto. Pero seguía aquí. Tal vez esto significaba que no…

—Oye, Ham. Me marcho.

—Ella apareció de la nada a mi lado para golpetear la parte superior de nuestra mesa y llamar la atención de su compañero de cuarto. Grité porque ni siquiera me había dado cuenta de que se dirigió hacia nosotras.

Con un gruñido, le fruncí el ceño por sorprenderme... o tal vez por salir ahora, porque eso significaba que todavía pensaba encontrarse con Kelly. La muy idiota. Se encontró con mi mirada y se detuvo. Leyendo algo —aunque no estoy segura de qué— en mi expresión, se acercó a hablar en mi oído.

—¿Qué? No sigues enojada conmigo por ahuyentar a ese niño, ¿verdad? Bufé y levanté mi barbilla.

—Eres tan mala como Ryder. Digo, nunca me vas dejar salir con nadie sin ningún tipo de interferencia, ¿verdad?

Me miró un momento más, su expresión intencionada albergando todos sus pensamientos. Luego se inclinó de nuevo.

—¿Qué tal esto? Si alguna vez alguien es lo suficientemente bueno para ti, voy a dar un paso atrás y dejarte con él sin siquiera una sola mirada de “piérdete” en su dirección. —Entonces se inclinó aún más cerca—. El problema es que no creo que nadie alguna vez vaya a ser lo suficientemente bueno para alguien como tú.

Cuando se acercó lentamente y cogió un mechón de mi cabello, la más dolorosa mirada apareció en sus ojos. Estudió el mechón metódicamente sinuoso alrededor de su dedo, y la forma en que se veía era solo... Conocía esa mirada y la reconocía íntimamente. Cada vez que la veía, la sentía alzándose desde mi propio núcleo, anhelante, y sin embargo, incapaz de tomarlo. Un escalofrío me sacudido. Una vez le dije a Tina que si sabía a ciencia cierta que a Santana realmente le gustaba, como me gustaba a mí, no dejaría que Ryder nos mantuviera separadas. Y lo dije en serio. Mantenía esa idea.

—¿Ni siquiera tú? —pregunté. Sus ojos brillaron ante la pregunta.

—Sobre todo yo.

—Dejando caer mi cabello, dio un paso atrás y se irguió antes de echar una rápida mirada hacia la barra, como comprobando si mi hermano podía vernos o no. Cuando pareció darse cuenta de que Ryder no la había visto tocarme, se dio la vuelta y se marchó. Me quedé detrás de ella, con los labios separados. Y ahí es cuando lo supe, o al menos me convencí de que lo sabía. Mi teoría no era una teoría del todo; Santana honestamente me deseaba, y era una idiota conmigo a veces porque trataba de mantenerme lejos para no entrar en tentación e ir contra los deseos de Ryder. Bueno, a la mierda eso. Mi hermano no se habría hecho amigo de Santana si pensara que era una mala tipa. Y Santana había hecho tantas cosas buenas por él, lo que era otra razón por la que me había obsesionado con ella. Lo juro, la única razón por la que Ryder no quería que yo saliera con su amiga era porque no confiaba en que yo no jodería mi vida a lo grande, como lo había hecho la última vez que había conseguido involucrarme con alguien.

Pero Santana no era para nada como Sander. Y la deseaba. La deseaba muchísimo. Incluso el sospechar que ella también me deseaba hizo que doliera mi corazón. Hizo que las palabras de Kitty hicieran eco a través de mi cabeza. “Solo necesitas vivir un poco, Brittany. Encuéntrate un hombre. Una sexy aventura de una noche.” Una aventura de una noche, ¿eh? Detrás del eco de su comentario, oí a Kelly: "Solo lo hace en la oscuridad... Debo reunirme con ella en su casa a la medianoche." "Deja su apartamento sin llave, y se supone que simplemente debes entrar y caminar por un pasillo oscuro a su dormitorio oscuro." Mientras todo lo que había oído esta noche se acumulaba en mi cabeza, una idea se formó.

Era una locura. Completamente demente. La peor idea que había tenido. Pero no pude sacarla de mi mente. Ni siquiera debería considerarlo. Entonces lo hice, de todos modos. En serio... si llegaba al apartamento de Santana esta noche a las doce y entraba en su cuarto oscuro, y si de verdad siempre lo hacía con las luces apagadas, ella nunca sabría que era yo. Pensaría que era Kelly. ¿Cierto? Mi corazón latía con fuerza. Sí, esa era una idea loca. Demasiado loca. Iba a dejar de pensar en eso ahora. Por otra parte, ¿cuál sería el daño? Ella conseguiría sexo. Yo obtendría lo que había estado anhelando de ella durante meses. Kitty estaría feliz de que mi vagina no iba a secarse y encogerse, no es que estuviera segura de por qué se preocupaba por mi vagina. Pero, sinceramente, todo el mundo estaría feliz. ¿No? Ni siquiera Ryder podría enloquecer por lo que pasó, porque nunca se enteraría. Santana podía tenerme, y no tendría que preocuparse de ocultárselo a mi hermano. La parte más dulce de toda la idea era que podría tener exactamente lo que quería, y la cerda chovinista inmadura que me molestaba tanto como me excitaba no tendría ni la más mínima idea. No quería que supiera que tenía un gran flechazo por ella.

Esta podría ser la solución perfecta, lo que realmente me tentó a preguntarme… Oh, demonios. Toda la idea era una locura. Nunca en un millón de años en realidad llevaría a cabo tal cosa. Media hora más tarde, miles de voces en mi cabeza chillaban. "Por el amor de Dios, Brittany. ¿Qué estás haciendo? "

—Shh —les susurré a las mierdas molestas—. Lo voy a hacer. Me deslicé dentro de la puerta de entrada del apartamento de Mike, Santana y Tina y luego la cerré detrás de mí con dedos temblorosos.

Para ser discreta, había aparcado el coche que mi cuñada me prestó esta noche a una cuadra. Y si alguien me atrapaba dentro, ya tenía una excusa a mano. Estaba aquí para ver Tina. Para hablar de cosas importantes de chicas. Sí. Eso sonaba bien. Y realmente hablaría con ella si me atrapaban... ¡sobre el hecho de que yo había perdido la cabeza por completo! Haciendo una pausa al comienzo de la sala, me tomé un momento para reforzar el valor.

El dormitorio de Santana era la primera puerta a la derecha. A solo tres metros de distancia. Inhalando profundamente, empecé a dar un paso adelante cuando se me ocurrió una idea. Contoneándome, metí las manos debajo de mi falda, la cual había ido a mi casa para cambiarme, en busca de mi ropa interior, y las deslicé por mis piernas. Lo sé, lo sé. Era la ropa interior más bonita que poseía.

¿Por qué me las quitaba antes de que ella pudiera ver estos bienes? Bueno, tal vez porque, si nos quedábamos en la oscuridad como se suponía, nunca las vería. Y esta noche, solo quería ser audaz y promiscua.

Si iba a hacer esto, iba a hacer las cosas bien. Sin bragas, me detuve frente a su puerta y levanté mi mano, pero en vez de llamar, puse los dedos contra la madera. Ella se encontraba al otro lado de esta puerta, esperándome. Bueno, está bien, esperaba a otra chica. Pero si tocaba la puerta y entraba, sería yo a quien se lo hiciera.

Un estremecimiento corrió por mi columna vertebral, y las mariposas bailaron en mi estómago. Toqué. Dios mío. Acababa de llamar a la puerta del dormitorio de Santana. ¿Qué demonios hacía? Sin esperar respuesta, alcancé el picaporte y lo giré. No tenía llave. El pasillo se encontraba oscuro, por lo que no sería capaz de verme cuando entrara. Y al igual que habían murmurado las chicas en el baño, su habitación se hallaba a oscuras. Habían dado en el clavo sobre el aspecto emocionante y espeluznante de todo.

Me encontraba sin duda asustada y sin embargo, completamente excitada al mismo tiempo. Tensa con anticipación y miedo, esperé a que me abordara. Ryder, esto iba a matarme. No, no, sería como caminar por la cuerda floja, me dije, con una buena red de seguridad debajo de ella. Sí, porque si cambiaba de opinión, podría decirle quién era yo, y se detendría. Al instante. No tenía ninguna duda en mi mente de que lo haría.

Su mejor amigo era mi hermano mayor. Si no quería ser asesinada, ella definitivamente se detendría. Pero estaba segura de que no quería que se detuviera, por lo que tendría que ser muy cuidadosa de no dejarle averiguar quién era. Aun así, aquella seguridad de saber que podía detener esto en cualquier momento era un buen beneficio en caso de que me acobardara en el último momento.

—¿Hola? —Mantuve mi voz baja y ronca, esperando que no la reconociera.

—Viniste temprano.

Salté como una yegua sorprendida antes de maldecirme en silencio a mí misma. Maldita sea, no esperaba que estuviera tan cerca ya. Gracias a Dios que se hallaba completamente oscuro. Ella no podía ver lo asustada que estaba.

La acusación atada a través de sus palabras me hizo empezar a decir “lo siento”, pero me detuve en el último segundo, sin querer sonar como una presa fácil. Solo el sonido de la l se filtró, sonando como si me hubiera mordido la lengua.

—¿Qué fue eso? —preguntó, su voz aún más cerca. Se movió a través de mí e hizo que mis pezones latieran. Me aclaré la garganta lo más silenciosamente posible, y saqué adelante todo el coraje que pude reunir. Entonces levanté la barbilla.

—Creo que tú eres la única aquí de la que tenemos que preocuparnos por venirse demasiado pronto. Se rió en mi oído, haciendo que mis nervios se enredaran una vez más porque no la había percibido acercarse tanto de nuevo. Podía sentir su aliento en mi pelo.

—Así que vas a ser una listilla esta noche, ¿eh? —Su voz contenía aprobación—. ¿Sabes lo que les hago a las listillas, pequeña?

No me moví, pero volví la cara en su dirección. Su aliento se movió a mi mejilla, y su único aroma a menta y almizclado flotó hasta mi nariz. Mi vientre se agitó con entusiasmo cuando la tela de su camisa rozó mi brazo desnudo. Oh Dios. Tal vez teníamos que preocuparnos de que yo me viniera demasiado pronto. ¿Era posible que las chicas eyaculasen prematuramente? Temblando, asentí, reforzando mi valor. Tratando de bajar el tono de mi voz para disfrazarlo y tal vez para que fuera más sensual, dije—: ¿Por qué no me muestras lo que haces con ellas? Tardó un segundo en responder. Maldita sea, mi voz falsa había sonado terrible y demasiado igual a la mía. Estando segura de que me había descubierto, me quedé helada y esperé, preparándome para que encendiera la luz y me expusiera, arruinando toda la farsa. Mi corazón latía a través de mis oídos.

Pero luego murmuró—: Lo has entendido, cariño. —Dedos cálidos, fuertes y seguros, me agarraron del codo.

—. Por aquí. —Me impulsó a caminar delante de ella, no más dentro en la habitación hacia la cama, sino a un lado hacia... quién sabía qué. Cuando me topé con algo, resoplé sobresaltada y extendí mis manos, revisando las cosas a ciegas hasta que me di cuenta de lo que habíamos encontrado.

—Mesa —advertí, pensando que me dirigiría para rodearla. Pero no. Me inclinó sobre ella. —Bien. Apoya las manos y separa las piernas. Un rayo de calor se propagó a través de mí, y algo dentro de mi útero se tensó arduamente, doliendo por sentirla allí.

—Así que, es cierto, ¿entonces? —Me quedé sin aliento, agarrando la mesa como un salvavidas mientras abría mi postura. No tuve que hacer nada para cambiar mi voz esa vez. Salió distinta por su cuenta, porque oh Dios mío, estaba abriendo mis piernas para Santana.

—. Realmente te gusta en la oscuridad y por detrás. Tan pronto como las palabras salieron de mi boca, me di cuenta de que había metido la pata. La chica que se reuniría con ella esta noche ya había estado con ella, lo que significaba que ya debería saber esas inclinaciones. No me acusó, sin embargo, lo que me hizo fruncir el ceño en confusión después de un segundo de horror petrificado, esperando que se diera cuenta.

Ella simplemente se inclinó para oler mi pelo.

—Puesto que apareciste, supongo que la idea no te disgusta totalmente.

No pude evitarlo, salté cuando puso su mano en mi cadera. El calor de sus dedos quemó con saña a través de mi vestido hasta que hizo que mis pezones ya duros se apretaran en protuberancias hipersensibles. Hizo una pausa. Y supe —simplemente lo supe— que iba a descubrirme, encender la luz y obligar a la malcriada hermanita de Ryder que se fuera de su habitación. Pero después de un aliento inimaginablemente largo, movió su mano, deslizándola hacia la parte delantera de mi abdomen.

—¿De qué estás tan nerviosa, cariño?

—Su pecho se presionó apenas en mi espalda, instándome a inclinarme sobre la mesa un poco más. Moviéndome naturalmente con ella, abrí mis piernas más y apoyé los codos en la parte superior de la madera lisa. Mis palmas se encontraban húmedas y se deslizaron un poco por la superficie hasta que encontré un buen agarre alrededor del borde.

—No estoy asustada —contesté—. Preocupada... solo preocupada de que no vayas a ser capaz de hacer que me corra. Soy un hueso duro de roer. — Sander solo había conseguido que me corriera una vez, y había sido con lengua y dedos, nunca con su polla. Sin embargo eso no era lo que me preocupaba con Santana. Pero me hizo sonar mucho menos insegura acerca de esta cosa. Me hizo sonar confiada, sexy, en control. Era Brittany. Óyeme rugir.

—Oh, voy a hacer que te corras, dulzura. No tienes que preocuparte por eso. Subió mi falda hasta la cintura. Y oh por dios, oh por dios, oh por dios, esto realmente iba a suceder. Una ligera brisa se coló entre mis muslos desnudos. ¡Mi cabeza daba vueltas en un lío mareado! ¿Debía detenerla? Debería detenerla. Oh Dios. No la detuve. Manos calientes y ligeramente callosas se apoderaron de mis piernas y se deslizaron hacia arriba, y sí... definitivamente no tendríamos que preocuparnos de que no me hiciera venirme.

—Santana —gemí, inclinando la cabeza hacia abajo y mordiéndome el labio. Mis muslos ansiosos temblaron de placer bajo su caricia. Hasta que dejó de moverse. ¡Maldita sea! Tengo que recordar comprobar mi voz. Pero no mencionó eso.

En cambio, murmuró—: Es solo San.

—¿Qué? —Parpadeé, abriendo los ojos y alcé la cara, a pesar de que no podía ver absolutamente nada, y a pesar de que aún no la había visto, incluso si una luz había estado encendida desde que ella se encontraba detrás de mí.

—Solo llámame San.

Frunciendo el ceño, dije—: Me gusta más Santana. Sus manos me dejaron completamente.

—Bueno, a la mierda. Odio ese puto nombre. Solo mi familia tiene permitido llamarme así. Eh.
¿De verdad? No parecía importarle cuando Brittany la llamaba Santana. ¿Significaba eso que me consideraba familia? Porque nunca la había llamado nada más que eso, y ella ni una sola vez me había corregido. No estaba segura de si eso era bueno o malo. Tal vez solo me veía como una hermana. Eso era espeluznante. Si alguna vez se enteraba de lo de esta noche, estaría disgustada, pensando que lo había hecho con su hermana sustituta.

—Está bien. —Me enderecé, negándome a expresar mi decepción.

—. Creo que me voy a ir.

—Había sido estúpido pensar que podríamos ser algo más. ¿Qué diablos había tratado de lograr? Incluso si hubiera sido capaz de acostarme con ella, seguiría sin tenerla nunca. Seguir con esto habría conducido a nada más que angustia.

Me aparté de ella, y dio un paso atrás, dejando que me fuera. Enojada conmigo misma por ser una completa idiota y enfadada con ella por dejarme ir tan fácilmente, me encontré en la oscuridad hasta que posé mis dedos en la puerta. Con una maldición de dolor, busqué el picaporte, pero cuando no pude encontrarlo en dos segundos, gruñí con más frustración y me dejé caer en el suelo derrotada, sentada de espaldas a la puerta mientras acunaba mi cabeza en mis manos.

—¿Cuál es el gran problema en decir Santana? —Me sentía de mal humor y sin embargo, con el corazón roto, dándome cuenta de que no iba a conseguir una de las cosas que más quería. A Ella.

—Porque no —murmuró, sonando renuente—. Es la última palabra que salió de los labios ensangrentados de mi hermana antes de morir en mis brazos.

—Oh. —Me estremecí, mi voz apenas un susurro.

—. Oh, demonios.

—Sí —murmuró.

Tragando saliva con malestar, dolor y vergüenza, me pregunté qué debía hacer ahora. Solté un suspiro y traté de controlar el temblor repentino en todo mi cuerpo. Pero ¿qué diablos? ¿Por qué tuvo que confesarme algo como eso? Ni siquiera sabía que había tenido una hermana. Mierda, no sabía que tenía familia en absoluto. En lo que a mí respecta, podría haber brotado totalmente cachondo por un lado de la cabeza del tío Zeus. Me tapé la boca con una mano temblorosa. ¿Cómo podía no haber sabido esto? Había tratado de saber todo lo que podía sobre ella. Dudo que Ryder siquiera lo supiera, porque mi hermano lo hubiera mencionado en algún momento. ¿Cierto? Descubrir eso ahora, sin embargo, me dijo lo mucho que la había dejado traumatizada.

No le había dicho eso a nadie en nuestro grupo, o lo sabría. Eso significaba que aún no podía hablar de ello, estaba reprimiendo el dolor.

Me pregunté cuánto tiempo atrás…

—Así que... —dijo en un tono de conversación que parecía mezclado con preocupación. ¿Se arrepentía de contarme lo que me había dicho?

—. No puedo dejar de notar que todavía estás aquí. Esnifé y me limpié la cara, a pesar de que no lloraba. Solo quería llorar. Mucho.

—Lo siento —murmuré—. Me iré. Pero tan pronto como puse las manos en el suelo para levantarme, dijo

—: No dije que tuvieras que irte. Sus pies arrastrándose en la oscuridad me dijeron que se me acercaba. Y entonces se arrodilló delante de mí.

—Mierda. No estás llorando, ¿verdad?

—No. —Mi cara se calentó con vergüenza, horrorizada de que supiera que quería hacerlo. Me sentí tan estúpida... y pequeña.

—. Pero lo siento. Acerca de tu hermana. No lo sabía.

—Bueno, nadie lo sabía, así que... —Se calló como si estuviera encogiéndose de hombros.

—¿Por qué no se lo has contado a nadie?

—Porque no quería hablar de ello. ¿Por qué sigues aquí, no-llorando en el suelo de mi habitación?

—No lo sé —murmuré—. Porque me siento como una gran estúpida perdedora, supongo. Esta fue mi primera y única oportunidad de estar contigo, y yo... lo jodí a lo grande. Me quedé sin aliento, al darme cuenta de que me había equivocado de nuevo. Esta no era la primera y única vez que Kelly —a quien se supone debía imitar—, había estado con ella. ¿Por qué lo sigo arruinando? ¿Y por qué no ha puesto en evidencia mis errores?

—No diría que a lo grande. —Su voz parecía acercarse, aparentemente sin tener idea de mi fallida suplantación—. Quiero decir, todavía estoy aquí.

Todavía estás aquí. Y no es que sea muy difícil estar conmigo. Solté un bufido. Sí, ella era tan fácil. Este era mi tercer intento fallido de entrar en sus pantalones.

—Maldita sea. Realmente me deseabas esta noche, ¿no?

—La idea parecía fascinarle. Poniendo los ojos en blanco, suspiré. No podía ser tan inconsciente de lo mucho que las mujeres la deseaban, ¿verdad?

—Si pudieras sentir lo mojada que estoy, ni siquiera tendrías que preguntarlo.

—Bueno... está bien. —Sonaba como si hubiera aceptado una invitación. Cuando su mano se posó en mi tobillo, grité del susto.

—¿Qué demonios? ¿Qué estás haciendo? Sus dedos atraparon mi pierna.

—Me acabas de decir que sintiera lo mojada que estás. Invitación aceptada.

—No, no lo hice. Sabes lo que quise decir. ¡Santana!

—Shh —advirtió, recordándome que no debía llamarla así-

—. Sabes que quieres esto.

—Oh, Dios Santo —gemí y golpeé una mano en mi frente—. De todas las cosas cursis que… Me interrumpí con un jadeo cuando Santana descubrió lo mojada que estaba.

—Puta mierda santa. No llevas bragas. —Sus dedos eran seguros pero suaves mientras se movían entre mis piernas, deslizándose a través de mi humedad antes de encontrar mi clítoris.

—Espera. No puedes... —Agarré su muñeca, pero no la detuve. No quería que se detuviera.

—¿No puedo qué? —preguntó.

—No sé —jadeé, mi piernas aflojándose mientras su pulgar rodaba sobre el músculo más sensible en todo mi cuerpo con una precisión implacable.

—. ¿Dije algo? Se rió entre dientes.

—Estás así de húmeda solo por mí, ¿verdad?

—¿Por quién más? —gemí y arqueé las caderas.

Es por eso que me encontraba aquí, que arriesgaba todo para estar aquí. Saber lo de su hermana solo me hizo sentir más cerca de ella. Quería calmar su alma, domar a esta salvaje chica herida, y mientras tanto, experimentar la intimidad física. No importaba si ella pensara que era otra chica al azar con la cual aliviarse. Verla de esa manera no ayudaba nada. Apreté los ojos, cerrándolos. ¿Podría existir alguien más idiota que yo en este momento?

—Maldita sea —suspiró. Presionó al menos dos dedos dentro de mí y ambas contuvimos el aliento. Mis ojos se abrieron mientras jadeaba a través del placer y me molía contra su mano, necesitando más. Gimió.

—Quiero olerlo. —Abandonó mi coño para agarrar mis caderas, me sacó de la puerta hacia ella.

—. ¿Podrías deslizarte así, dulzura?

Una vez que me tuvo donde quería, recogió mi falda hasta la cintura, abrió más mis piernas, y luego me agarró las nalgas para levantarme un par de centímetros del suelo. Un segundo después, su aliento me calentó allí. Estaba a punto de correrme.

—Oh Dios. Oh Dios.

—Maldita sea —jadeó—. Hueles bien. Me hace querer… probarlo.

El solo escuchar esa palabra hizo que mis ojos rodaran a la parte de atrás de mi cabeza. Entonces un calor húmedo me tocó. Sabiendo que era su lengua —la suya— no pude controlarlo. Me corrí fuertemente, jadeando y agarrando su pelo, temblando sin control. ¿Qué? Había pasado un año desde que un maldito hombre había estado cerca de allí. No pude evitarlo.

Y sabiendo que fue Santana quien lo hizo... sí. De ninguna manera me iba a contener. Así que no lo hice. Y Santana lo lamió hasta que fui un exhausto y jadeante lío debajo de ella.

— Cristo, mujer. Eres jodidamente sensible. Demasiado sensible. De alguna forma guardaba la esperanza de que te fueras a correr rodeándome, dejando que esas paredes dulces y apretadas ordeñaran mi polla mientras estuviera dentro de ti. Cuando rozó ligeramente la apertura de mi coño, apreté los dientes y me incliné hacia arriba, tensa y lista de nuevo. El movimiento de su dedo se desaceleró.

—Mierda. ¿Estás...? — Probando, deslizó dos dedos en mí. Me quedé sin aliento y apreté los muslos alrededor de su muñeca.

—. Maldita sea. —Sonaba sorprendida—. ¿Ya estás lista de nuevo?

—Yo... yo... —No estaba segura. Todavía me encontraba montando el último orgasmo que me había dado, pero también me sentía como un cable de alta tensión. Como su pene no estuviera dentro de mí en treinta segundos… Sus dedos salieron, y chillé por la pérdida.

—No. —Espera. Estoy... mierda. Diablos. ¿Dónde puse el condón?

—¿Qué? —grité, casi llorando. Si perdió el condón, iba a hacerle daño.

Nadie me había excitado así antes. Estaba tan caliente que me sentía como una pistola de gatillo sensible. Solo un toque más y podía volar... otra vez.

—Oh sí. Lo tenía en la mesa. —Una fracción de segundo después, sus brazos me levantaron. Me llevaron unos metros más allá, hacia la mesa en la que me inclinó antes. No tenía que decir nada en esta ocasión; solo me dejé caer sobre ella y expuse mi culo al aire, totalmente lista. El sonido de su cremallera mientras la bajaba me hizo sacudirme. No tenía idea de que un sonido podría excitarme. Pero cuando estabas tan excitada como yo, ella podría simplemente exhalar, y yo tal vez me hubiera corrido. El chirrido de un papel de aluminio y luego el silbido de su aliento mientras rodaba el látex sobre su longitud hizo que mis muslos temblaran. Apuesto a que su mano se deslizaba en torno a sí misma en este momento. Tenía que estar dura y palpitante, lista para entrar en mí. Tragué saliva, incapaz de creer lo que sucedía. Santana iba a poner su polla dentro de mí.

—¿Lista? Me estremecí, un escalofrío inundó todo mi cuerpo desde la cabeza a los pies... mis dedos de los pies ya se habían curvado porque hormigueaban muchísimo.

—Está bien —canté, impulsándome y tratando de calmar la anticipación, todo en dos palabras—.

Está bien. —Está bien —repitió ella. Casi sonaba tan ansiosa y nerviosa como me sentía yo, lo que solo me hacía sincronizarme con ella aún más. Así que cuando me tocó allí con la desafiante cabeza de su polla, lloriqueé.

—Oh Dios. Por favor. La cabeza entró y tomé aire, conteniendo el aliento cuando me empapé en la sensación. Aplicó presión lentamente, llenándome y estirando mi vientre para dar cabida a sí misma. Sentía cada maldito centímetro.

—Santa... mierda —dijo entre dientes, agarrando mi cintura con tanta fuerza que sus dedos se clavaron en mi piel.

—. Estás tan... jodidamente... apretada —suspiró mientras se asentaba por completo, toda de ella en todo de mí. No recordaba haberme sentido así de llena con Sander. No es que estuviera pensando en él, pero era mi único punto de referencia, y sin duda, nunca había experimentado este gran estiramiento antes. Santana se sentía tan... no sé, enorme, tal vez. Me llenó y se sentía casi demasiado apretado, como si no hubiera espacio para nada más. Todo lo que podía sentir era a ella, y era deliciosa y perfecta y…

—¡Oh Dios! —grité cuando ella cambió ligeramente, golpeando algo que disparó un espasmo que me consumía por completo.

—. Justo ahí. Justo ahí. Lo encontraste. No te muevas.

—Quería congelar este momento para toda la eternidad y memorizar la sensación de albergarlo profundamente, llenándome, y consumiéndome. Solo necesitaba un segundo para apreciar la maravillosa…

—¿Que no me mueva? —gritó, repitiendo mis instrucciones—. ¿Estás loca? No puedes llevarme al cielo de los coños y luego decirme que no me mueva.

Así que, por supuesto, se movió, deslizando la mayor parte hacia fuera, hasta que yo estaba jadeando y agarrando la mesa con más fuerza, presionando mi frente en la superficie plana de madera. Y luego la metió de nuevo.

—Santana —gemí. Se sentía increíble tenerla tan profundo. Pero que mientras, se moviera y frotara su polla contra cada terminación nerviosa en mi canal, era pura tortura, una increíble y maravillosa tortura. Mis músculos internos temblaban y se contraían sin control en torno a ella.


Ninguno de los orgasmos que había tenido —incluso los autoinfligidos— se habían acumulado de forma tan extrema dentro de mí. Agarrando mi pelo —y no de forma muy suave—, empujó de nuevo y gruñó en mi oído—: Deja de llamarme… Pero yo me hallaba demasiado ocupada corriéndome, para fijarme qué nombre gritaba, así que seguí cantando.

—: Oh mi dios, oh mi dios, Sannntaanaaa.

Maldijo y golpeó con más fuerza, tirándome del pelo y gruñendo por su propia liberación mientras yo me tensaba a su alrededor, mis pezones palpitando y mi núcleo convulsionando con cada tirón que le daba a mi cuero cabelludo. Fue el mejor gran orgasmo que he tenido... y sin duda el más extraño. ¿Quién hubiera sabido que me excitara así porque me tirara del pelo? Después de que terminara, Santana se desplomó sobre mí, haciendo que la pequeña mesa se tambaleara con nuestro peso. Su pecho húmedo se pegó a mi espalda y empujó mis pechos hacia adelante, golpeando contra la fría madera. Jadeando en mi oído, sonaba drenada de toda energía.

—Santa... mierda.

—Lo-lo siento, te... te llamé Santana otra vez —traté de decir, aunque era casi imposible que el aire pudiera haber circulado por mis pulmones, por la forma es que me aplastaba. Siseó un sonido divertido.

—No me importó tanto esta vez. Sonreí.

—Supongo que era hora de darle a ese nombre un nuevo tipo de recuerdo.

—Hmm.

—Su voz fue distante, como si no quisiera compartir tal intimidad conmigo. Los buenos recuerdos solo se construían con amigos y amantes, no follando a extrañas en la oscuridad. Fue entonces cuando la primera ola de realidad me cortó atravesándome. Esto no significó para ella lo mismo que para mí. En mi cabeza, lo supe todo el tiempo. Pero ahora que todo estaba dicho y hecho, de verdad lo vivía. Seguía enterrada dentro de mí, y lo que para mí significaba intimidad y vínculo, para ella continuaba siendo sexo vacío y sin emociones.

Me mordí el labio, obligándome a no llorar. ¿Qué demonios acababa de hacer? Presioné la frente en la mesa un poco demasiado fuerte, haciéndola retumbar. Los dedos de Santana volvieron a mi pelo.

—¿Te corriste porque te tiré del pelo?

Sabía que lo que me hizo correrme fue una acumulación de todo pero lo del cabello... oh sí, mis músculos se estremecieron alrededor de su longitud, recordando cómo se sintió cuando hizo eso. Así que dije

—: Sí. Extraño, ¿eh?

—¿Qué? ¿Nunca te habías puesto caliente cuando te tiran del cabello?

—Yo... nadie había tirado de él, ya sabes, durante... Le dio otro tirón experimental.

Mi cuerpo se apretó alrededor de ella y ambas contuvimos el aliento cuando comenzó a crecer dentro de mí.

—Maldita sea. —Otra vez estando lo suficientemente dura como para sacarla y empujarla de nuevo, gimió.

—. Voy a necesitar otro condón. —Pero en vez de dejarme, empujo de nuevo la vez siguiente que alejó las caderas—. Joder, te sientes bien.

—Santana —sollocé, mi cuerpo cada vez más tenso y hormigueante.

—Sí —gruñó—. Dilo otra vez. —Santana.

Alargó la mano y pellizcó ligeramente mi clítoris. Me convulsioné y comencé a correrme, diciendo en voz alta su nombre. Casi terminaba cuando ella tiró de mí bruscamente.

—¿Qu…? —¿Qué hacía?

—Condón nuevo —se atragantó. Cuando me abandonó por completo, y me dejó helada, me enderecé y me froté los brazos, calmándome del hormigueo que aún se apoderaba de mí. Cuando di un paso alejándome de la mesa, me estremecí.

—Ay. Creo que tu mesa me dejó una hendidura permanente en la cadera.

—Pobrecita —murmuró, volviendo a mí—. Ven aquí. La cama será más cómoda.

Suspiré, pensando que tiraría de las mantas y nos subiríamos juntas a acurrucarnos un poco, tal vez por fin nos besaríamos. Pero no. Ella me inclinó sobre la cama exactamente como me inclinó sobre la mesa.

No la esperaba cuando entró. La sorpresiva penetración me hizo saltar.

—¡Oh Dios! Santana...

Moviéndose profunda y lentamente con cada embestida, se apoyó con fuerza en mí e incluso descansó los brazos a ambos lados de mi cuerpo para poder presionar su frente en mi espalda.

—Sabes —murmuró en mi oído mientras comenzaba a acariciar mi cabello con sus dedos—. Kelly siempre me ha llamado únicamente San.

Fruncí el ceño, preguntándome quién era Kelly y por qué hablaba de ella mientras estaba dentro de mí. No quería matarla antes de que pudiera darme un cuarto orgasmo.

—También tiene rizos gruesos y cortos —añadió mientras continuaba peinándome el cabello con sus dedos.

—. No es largo, ni liso, ni suave como la seda.

—Oh, mierda. —Ahora recordé quién era Kelly. Se suponía que yo debía ser Kelly.
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por micky morales el Vie Oct 21, 2016 9:01 pm

santana sabe que no es kelly, pero sabra que es brittany????? se dejo llevar finalmente???? que stress!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por JVM el Sáb Oct 22, 2016 1:44 am

Bueno Britt fue la de la iniciativa....
Auqnje igual tengo la misma duda obviamente San sabe que no esta con Kelly, ya habrá descubierto a Britt y si lo hizo porque la hizo suya en el mismo lugar que las otras, cuando se supone que la ama.
Haber como salen las cosas... Sabra que esta con Britt o no???
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 11:46 am

micky morales escribió:santana sabe que no es kelly, pero sabra que es brittany????? se dejo llevar finalmente???? que stress!!!!

creo que se sembro una duda.. pero fue demasiado obvio, si no la reconoció lo lamento por Santana
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 11:47 am

JVM escribió:Bueno Britt fue la de la iniciativa....
Auqnje igual tengo la misma duda obviamente San sabe que no esta con Kelly, ya habrá descubierto a Britt y si lo hizo porque la hizo suya en el mismo lugar que las otras, cuando se supone que la ama.
Haber como salen las cosas... Sabra que esta con Britt o no???

Britt fue la que metio la pata primero...... Oh hay una duda existencial ahora, si Santana sabe o no que fue Britt a la que tuvo y no a una de esas fulanas......
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 12:06 pm

CAPITULO 4
SANTANA


Mi visitante misteriosa trató de retorcerse para salir de debajo de mí, pero la cubrí completamente, sujetándola a la cama. De ninguna manera la dejaría ir hasta que le diera el Gran O Número Cuatro. Así que empujé dentro de ella, literalmente aprisionándonos juntas. Dios, se sentía bien.

El apretado, húmedo y caliente ajuste de su coño era nirvana puro. No creerías que el interior de una mujer pudiera sentirse tan diferente de otra. Pero era así. Santa mierda, ella diferente. Se sentía mejor que cualquier otra mujer que me dejó entrar a su cuerpo. Afiancé mi agarre en su sedoso cabello, porque tenía que aferrarme a algo y también porque me encantaba la forma en que parecía excitarla. Luego empecé a empujar con más intensidad. Dejó salir un sonido de sorpresa y jadeó más fuerte, cada vez más cerca de ese siguiente orgasmo por el cual estaba tan hambrienta de reclamar.
Podía decir por la tensión en cada músculo de su cuerpo, que se hallaba a segundos de correrse. Cuando echó la cabeza hacia atrás, hundí los dientes en los músculos fuertemente tensos de su hombro, deleitándome con su cercana explosión. Se escuchaba bien al venirse. Muy bien.
—Supe desde el segundo en que entraste en esta habitación que no eras Kelly —murmuré en su oído, y luego presioné los labios contra su sien porque el olor familiar de su cabello hacía que mis bolas se tensaran—. Pero eso está bien. Me gusta follar a una desconocida.

Sin embargo, eso era mentira, ya que para nada lo sentía como si follara a una desconocida. Lo que me gustaba era imaginar que pudiera ser quien yo quería que fuera, no quién era realmente.

—No saber quién eres solo lo hace más caliente. —Imaginar que era Brittany era lo que lo hacía más caliente. Y solo así, ella se vino.

El pequeño músculo caliente apretando mi polla se estremeció y estrechó, y no pude contenerme. Me vine en ella, moliendo mis caderas en su trasero mientras me introducía tanto como podía y dejaba ir todo. Enterró su cara en mis sábanas y gritó. Sentí surgir mi propio gemido, por lo que mordí la parte trasera de su hombro de nuevo y deslicé las manos por sus brazos hasta que llegué a sus dedos mientras se agarraba de las sábanas. Luego cubrí sus manos y agarré las sábanas junto con ella. La tormenta nos recorrió, y la sostuve de esa manera mucho después de que terminó.

Quería besarla. Quería colocarla sobre su espalda para poder presionar mis pechos contra sus tetas y sellar mi boca en la suya, separar sus labios y humedecer mi lengua contra la suya. Quería saborearla y compartir nuestras próximas mil respiraciones juntas. Lo cual me asustó hasta la medula. Porque nunca quise besarlas. No era así de dulce y tierna con ellas. Y eso significaba que sabía que ella era diferente. Ella era… Se movió debajo de mí.

—Bájate.

—¿Qué? Auch. Mierda, mujer.

—Hizo su trasero hacia atrás, sacándome de su interior y golpeando mi estómago. No dolió pero me sorprendió lo suficiente para levantarme.

—. ¿Qué demonios? Quise llegar hacia ella, pero era como una pequeña artista del escape cuando quería serlo. Salió disparada de la cama y se apresuró hacia la puerta mientras mis dedos solo agarraron el aire fresco.

—¡Oye!

—Atrapé un codo, pero no conseguí sujetarlo lo bastante bien porque inmediatamente se liberó. Sus zapatos resonaron por el suelo antes de que la puerta de mi habitación se abriera de pronto y luego se cerrara de golpe. La escuché correr por el pasillo y también el golpe en la puerta de entrada. Liberando un largo suspiro, me coloqué de espaldas y miré hacia el oscuro techo, básicamente viendo nada. Lo que acababa de pasar fue... sí. Eso fue otra cosa.

Supe que no era Kelly de inmediato. La falta de risitas y plática constante fue mi aviso. Luego ella dejó escapar que nunca estuvo conmigo. Sin mencionar los rumores sobre que lo hacía en la oscuridad y por detrás, sin embargo, me hizo saber que tenía que ser alguien del grupo de Kelly.

Estuve un poco aburrida últimamente, por lo que empecé este juego en el cual follaría en una posición específica a cada chica del mismo grupo. Por ejemplo, follé a todas las hermanas de la fraternidad Alpha Delta Pi en la posición vaquera inversa. Las de carrera de enseñanza eran estrictamente oral. Y las seguidoras de los atletas conseguían el estilo perrito. De esa modo, cuando hablaban entre ellas, todas se daban cuenta que las follé de la misma manera, y comenzaban a pensar que tenía algún raro fetiche, o algo así. No sé por qué puse en marcha un juego tan extraño que me involucraba, pero me divertía bastante joder con sus cabezas.

Así que, ese es el por qué asumí que mi nueva visitante de media noche era otra seguidora de los futbolistas...

Hasta el primer momento en el que olvidó disfrazar su voz o cuando dijo mi nombre en ese tono que reconocería en cualquier parte. Me congelé, con mi mano en su muslo cálido y desnudo, sin saber qué hacer y completamente incapaz de creer que Brittany se encontraba en mi dormitorio, inclinada sobre mi mesa.

De repente, más dura de lo que jamás estuve en mi vida, negué con la cabeza, tratando de negarlo. Quiero decir, de ninguna manera era posible que pudiera ser la piel de Brittany la que calentaba mi palma. No-o. Primero que nada, ella no tendría la audacia. Bueno, tacha eso; sin duda la tenía. Esa era una de las razones por las que estaba tan caliente por ella. Podía ser un poco fiera con agallas cuando ponía su mente en algo. Pero ella no... demonios, no vendría aquí haciéndose pasar por Kelly, ¿o sí? Ella estaba enojada conmigo esta noche; suponía que estaría más propensa a romper mis bolas con un torno que darle el viaje de su vida a mi polla. Así que, sí, tenía que estar equivocada.

No pudo ser ella, no importa lo mucho que su voz sonaba como la de Brittany, no importa lo mucho que olía como Brittany, y no importa lo mucho que se sintió como imagino que se sentiría Brittany. Cabello sedoso, piel suave, senos perfectamente firmes pero maleables, y el coño más apretado y caliente que jamás exprimió mi polla. Oh, mierda. ¿Acabo de tener la polla dentro del coño de Brittany?

La traté como nunca antes traté a una mujer en la cama, admitiendo esa mierda personal sobre mi hermana, besando su sien, tomando su mano mientras nos veníamos juntas. Pero no. De ninguna jodida manera. No podía ser. Sin embargo... la idea me excitó como ninguna otra cosa. Yací ahí, en mi cama, la cual se sentía extrañamente vacía sin ella, y empecé a endurecerme de nuevo, solo de pensar en la posibilidad que pude haber tenido mi polla dentro de la mujer que anhelaba desde hace casi un año.

Me estremecí. No, no, no. No pudo ser ella. Solo le estuve dando cualidades de Brittany porque ella era la única mujer que quería más que nada y no sabía quién era en realidad. Sentándome en mi colchón, encendí mi lámpara de noche. Pero no importa lo rápido que mi Visitante Nocturna salió de aquí, no dejó nada atrás; nada que probara que era Brittany, pero tampoco nada que lo refutara. Estaba fugazmente tentada a correr tras ella y averiguar quién era —quizás aún podría atraparla en el estacionamiento— pero entonces... ¿quiero saberlo? Me pasé las manos por el cabello y luego apreté la cabeza con fuerza, diciéndome que Kelly simplemente cambió con una de sus amigas esta noche porque... demonios, quien sabía por qué. ¿A quién le importaba? Aún no podía creer lo bueno que fue. Pero, ¿venirse por jalarle el cabello? Mmm.
Interesante. Finalmente me dirigí a tirar el condón, luego me dejé caer sobre mi cama, desnuda. Miré hacia el techo oscuro, reviviendo cada minuto de mi visita de medianoche. Mi cerebro aún se encontraba revuelto con pensamientos de ella a la mañana siguiente... hasta que algún pendejo interrumpió mis buenos recuerdos.
—Oye, ¿cómo se escribe informativo?

—¿Mmm? —gruñí cuando Ryder me dio una patada bajo la mesa-

—. ¿Qué?

—Informativo —dijo—. ¿Cómo se deletrea? Acostumbrábamos a pasar el rato los sábados en la mañana; lo que era la práctica de fútbol matutino. Pero estando en el último año y con la temporada terminada, ya no teníamos que asistir a la práctica; no regresaríamos el año que viene a jugar. Así que nos reuníamos en la cafetería local cada sábado por la mañana. Y tal como los ancianos aburridos en los que nos convertíamos, por lo general, hacíamos la tarea juntos.

Sí, dije tarea. Mi amigo pueblerino se convirtió en una máquina de terminación de tareas el año pasado. Fue un poco embarazoso, pero me uní a eso porque, diablos, no lo sabía. Él era mi amigo, y los amigos se sacrificaban el uno por el otro y hacían mierda como la tarea con sus amigos que se habían convertido en unos sumisos con las mujeres que amaban y, por lo tanto, querían impresionarla con buenas calificaciones.

Así que sacrificaba mis preciosas mañanas de sábado e hice tarea con mi amigo en lugar de lo que solíamos hacer juntos, lo cual era conquistar chicas. Como que extrañaba la era de conquistar chicas, y, sin embargo, como que no. Se volvió algo monótono y viejo últimamente. No sé si era el hecho de que Pierce se estableciera lo que cambió las cosas, o era algo en mí.

Demonios, tal vez me estaba volviendo vieja y aburrida como Ryder. Mierda, eso no podía ser bueno. Por lo que, en un esfuerzo por preservar mi esencia-San, aún trataba de poner un poco de esfuerzo en coquetear con cada chica que pasaba junto a la mesa por los dos, a pesar de que mi corazón ya no estaba en eso.

—I, m, formativa. Joder, no lo sé. —Le dirigí un ceño—. ¿No eres tú el que se casó con la maldita profesora de inglés?

—No puedo preguntarle a ella. —Ryder me miró como si me fuera a golpear.

—. Si ella me ayudara, la jodida administración sabría que no es mi trabajo por la calidad de la escritura.

—Entonces, deletréalo mal a propósito. O mejor aún, utiliza la palabra más tonta que puedas deletrear y que de verdad uses en una oración.

—Negué con la cabeza. Que fenómeno. Ryder apretó los dientes y frunció el ceño. —Pero quiero sorprender a Marley y lograr una buena calificación. Inglés es lo suyo; No puedo arruinar un ensayo de inglés.

Suspiré y levanté el dedo índice.

—Razón número uno por la cual nunca me enamoraré de una jodida profesora de inglés: Porque me reúso a pretender que me gustan los ensayos de inglés.

Como mi amigo me decía obscenidades, volví a ignorarlo y a masticar mi bolígrafo, sin dejar casi nada destrozado. Aún era extraño que ahora estuviera casado. Ató el nudo con su mujer el día de año nuevo, hace tres meses. En el momento que repitieron sus votos, hicieron eco a través de mi cerebro. Como su “Padrino”, tuve que permanecer de pie ahí con una vista de primera fila, por lo que pude escuchar sus palabras, claras como el día. Hasta ese momento, cuando él le prometía su vida a su mujer, hice un maldito buen trabajo al no mirar más allá de ellos hacia la dama de honor.
Pero cuando la voz clara de Ryder comenzó a prometer amar, cuidar y toda esa mierda, me derrumbé y la miré. A Brittany. Jódeme, pero ella miraba hacia mí, y lucía impresionante en su vestido de dama de honor. Así que la miré fijamente por el resto de la maldita ceremonia. Si ella hubiera alejado la mirada primero, también lo habría hecho yo, pero no lo hizo, así que ahí estaba, jodidamente mirándola y consiguiendo una erección en medio de la boda porque desesperadamente quería montar a la hermanita de mi mejor amigo.

—¡Ja! —gritó Ryder de repente, haciéndome saltar el imbécil.
l—. Es I, n, formativa, idiota.

—Puso el teléfono inteligente en el que consultaba sobre la mesa junto a su portátil y comenzó a teclear, copiando la ortografía. Fruncí el ceño

. —Bien por ti. —Me encontraba frunciendo mucho el ceño últimamente.

Pero no podía evitarlo; a veces quería retorcer su cuello idiota por decirme constantemente que me mantenga alejada de Brittany. ¿No sabía que prohibírmelo me hizo querer acercarme lo más posible hasta que jodidamente estuviera en su interior? Pero pensar en estar dentro de ella me hizo pensar en lo de anoche, lo que me puso aún más irritable porque sabía que no pudo ser ella, sin importar lo mucho que quisiera que lo fuera.

Sorbí y miré fijamente la página abierta en mi libro de cálculo, sin ver malditamente nada.

—Guau, Ryder puede deletrear. Yuju. —Mi voz sonaba seca mientras levantaba mis manos en puños como falsos pompones y los sacudía para él. Me dio una patada por debajo de la mesa de nuevo.

—Pendeja.

Le di una patada en respuesta con más fuerza.

—Monta dedos.

—Entrepierna podrida.

—Su zapato dio en mi espinilla, pero me negué a flaquear.

—Buzo en mierda.

—Golpeé con mi talón en la punta de su zapato tenis, con la esperanza de atrapar sus dedos. El éxito llegó cuando hizo una mueca. ¡Sí! Soy genial. Ryder babea. Pasando la lengua por sus dientes, frunció el ceño.

—No renunciarás, ¿verdad? Me encogí de hombros.

—Podría hacer esto todo el día, hijo de puta.

—Que perdedora. —Sacudió la cabeza y volvió a su ensayo, tomando el camino hacia la madurez. Aspiré, apostando que me daría una patada de nuevo antes de que terminara nuestra sesión de tarea. Iba a llamarlo imbécil cuando un par de damas que pasaban por nuestra mesa canturrearon

—: Hola, Ryder —y luego—: Hola, San —más como una idea de último momento.

—Hola —dijo Ryder, ni siquiera atreviéndose a elevar su rostro y hacer contacto visual mientras agitaba el bolígrafo hacia ellas en un saludo a medias.

También las saludé, y las vi continuar su camino mientras se metieron al final de la fila para conseguir una bebida. Sin embargo, en lugar de salir de la silla y seguir a las bellas damas que acababan de saludarnos, volví a masticar mi pluma y mirar mi tarea de cálculo.

—Oye.

—Ryder me dio otra patada —justo como sabía que haría— directo en la zona blanda de mi espinilla que pateó antes. Dolía demasiado.

—¿Qué demonios? —espeté, mirándolo—. Deja de patearme.

Parpadeó como si mi petición fuera completamente infundada. Luego sacudió la cabeza.

—¿Qué te pasa?
Esperaba no haber palidecido, pero eso es lo que parecía, como si cada mililitro de sangre en mi rostro fue drenado hacia los irritantes nudos que se formaron en mi estómago. Luego me entró el pánico, mis palmas se volvieron completamente frías y sudorosas, y no sabía por qué. Pero me sentí culpable al instante, como si anoche hubiera follado a su hermana. Y no lo hice. Sabía que no lo hice, porque la mujer con la que estuve no fue Brittany. Fin de la discusión. Así que le fruncí el ceño al pendejo por asustarme.

—Tú eres el que no puede mantener sus pies para sí mismo —repliqué.

—. ¿Qué mierda te pasa? Inclinó la cabeza hacia la creciente fila del mostrador del barista.

—¿Por qué no fuiste tras ellas?

Fruncí el ceño, momentáneamente confundido.

—¿Detrás de quién?

—¿Quién? —repitió, incrédulo.

—. Esas dos chicas que acaban de follarte con la mirada. Esas. En un día normal en la vida de San, ya estarías ahí, jadeando y babeando.

Me encogí de hombros, negándome a discutir los términos jadeando y babeando.

—Ellas te dijeron hola a ti primero. Resopló.

—Como si eso te hubiera detenido alguna vez.

Está bien, él podría tener razón. Eché un vistazo hacia las dos mujeres que chismoseaban, tan cerca una de la otra que se tocaban. Se veían bien desde atrás. Lindos traseros firmes con suficiente carne para interesarme. Imaginé a las dos juntas, haciéndolo conmigo.
Pero, sí, ni siquiera me excitó lo suficiente como para dejar la silla. Me volví hacia Ryer.
—Nop.
Su boca se abrió.
—¿Qué demonios? Santana López no le dice “nop” a las tetas y traseros. Nunca. Entonces... ¿qué demonios pasa contigo? Mierda. ¿Estás muriendo?
—¿Qué? No.
No dejaba de mirarme como si de verdad tuviera miedo de que tuviera cáncer o algo, así que dejé salir un suspiro y miré alrededor antes de inclinarme sobre la mesa hacia él.

—. ¿Alguna vez...? —Escaneé la cafetería de nuevo, a la caza de oídos espías. Debatí si debía decir algo. Pero entonces, me dije que no era como si le estuviera hablando de su hermana. Esto podría ser la prueba de que no podría ser ella la noche pasada. Nunca le daría detalles sobre su propia hermana a un hombre. Además, siempre le daba detalles a él; si no lo hacía pensaría que algo pasaba. Así que, bajé la voz y continué

—: ¿Alguna vez te excitaste más cuando discutías con una chica mientras lo hacías?

Ryder me miró fijamente con la boca abierta antes de sacudir la cabeza y parpadear.

—¿Por qué discutirías con una chica mientras lo haces?

—Porque... —gruñí con frustración y ondeé la mano, con la esperanza de conseguir que dejara ese tema. Él no entendería por qué no podía soportar que la gente, aparte de mis padres o Brittany, me llame Santana-

—.No importa por qué. Solo... sucedió. Y fue caliente. Muy extraño. Pero algo así como, muy caliente. Rodó los ojos hacia el techo.
—Jesús. A ti te gustaría algo extraño como eso.
—Lo digo en serio, hombre. —Fruncí el ceño.
—También yo. —Soltó una carcajada.
—. Solo tú inicias una discusión con una mujer mientras estas dentro de ella. Demonios, San.
—Sacudió la cabeza de nuevo, pero esta vez, al menos sonreía.
—. Eres algo serio.
Decepción me recorrió. Tenía la esperanza de que por lo menos hubiera experimentado algo similar antes.

—¿Qué sobre jalarle el cabello? —presioné—. ¿Nunca has conseguido que tu mujer se venga jalando su cabello mientras lo hacen? Sus cejas se elevaron hasta el nacimiento del cabello y resopló.

—Como si te fuera a decir sobre cualquier cosa que excite a mi mujer.

Abrí la boca para protestar, pero levantó un dedo.

—Déjame ver si lo entiendo. ¿Discutiste con una chica y le jalaste el cabello durante el sexo? Guau. ¿Qué? ¿Tienes cinco?

—No —murmuré, irritándome más que nunca. No me gustaba que menospreciara lo que podría posiblemente ser el mejor sexo de mi vida.

—. Soy Santana. Y a ella le gustó. Mucho. Como “cuatro veces en veinte minutos” mucho. Ryder se reclinó, claramente impresionado. Silbó entre dientes, pero luego su rostro se llenó de incredulidad.
—Probablemente los fingió. Levanté las manos.
—¿Por qué fingirlo cuatro veces? ¿Por qué no solo una así me detengo y la dejo en paz?
Se encogió de hombros.

—Buen punto, pero no sé. ¿Para hacer que te sientas mejor, tal vez?
—Como sea. —Rodé los ojos—. Ella no los fingió. Confía en mí. No había manera de fingir esto. Fue... —Sacudí la cabeza, todavía aturdida por todo lo que sucedió—. Jodidamente increíble.
Una sonrisa conocedora iluminó el rostro de Ryder.
—Bueno, mierda santa. Una mujer en específico por fin dejó una impresión en mi Santana. ¿Cómo dijiste que se llama? ¿Alguien que conozca?

Me estremecí y me mordisqueé el labio inferior.

—No lo sé. Parpadeó.

—¿No sabes qué? ¿Su nombre? Con un movimiento de cabeza, dije.

—: Nop. No sé su nombre.

—Bueno, ¿qué aspecto tiene? ¿Era una de las seguidoras usuales de los futbolistas? Me encogí de hombros.

—No estoy segura.

—¿No estás segura sobre... qué?

—No estoy segura de cómo era.

Se rascó la barba de un día de su mandíbula y me frunció el ceño. — ¿Cómo puedes no saber qué aspecto tenía? ¿Ibas muy borracha?

—No estaba borracha. Simplemente no... la vi.

—Tú no... —Sacudió la cabeza, claramente confundido.

—. ¿Qué? —Estaba oscuro. —Vale, pero... Espera, espera, espera.

—Hizo un gesto con las manos—. Empieza desde el principio. Así que lo hice, contándole mi encuentro con Kelly en el bar. Él sabía quién era Kelly y los firmes tirabuzones que tenía. Entonces le conté nuestros planes de encuentros a oscuras.

—Pero la cosa era que, la chica que vino a mi habitación tenía el pelo largo y liso, era muy suave. —Y sedoso. Y olía increíble... como Brittany.

Ryder me estudió durante unos diez segundos después de mi historia antes de decir—: Así que, básicamente, ¿podrías haberte follado a... cualquiera?

—Sí —dije—. Supongo. Quiero decir, fue sin duda una mujer, pero aparte de eso... sí. Sus ojos se abrieron como platos.

—No era la mujer de Mike, ¿verdad? Empecé a esperar un momento para que madurara.

Entonces le dije—: ¿En serio? Se encogió de hombros. —Bueno.... no es una sugerencia imposible. Ella vive en el mismo apartamento que tú y tiene el pelo largo y lacio. ¿Y si se levantó en la mitad de la noche, y... no sé, utilizó el baño y estaba tan cansada cuando salió que entró por error en la habitación equivocada y se metió en la cama con el compañero de piso equivocado?
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 12:36 pm

Me quedé mirando a Ryder, segura de que había perdido la cabeza. Espetó.

—¿Qué? No es que sea una idea irrazonable.

—¡Sí que lo es! Porque seguro que no era Rubia.

—Aunque, vale, el tipo de cuerpo y el pelo coincidían un poco. Oh, mierda. No había sido ella, ¿no? Mi estómago se revolvió. Mike nunca me perdonaría si accidentalmente...

—Espera. No. —Mis hombros cayeron con alivio—. No pudo haber sido ella. Me llamaba Sa... por mi nombre. Así que, la chica definitivamente sabía quién se lo estaba haciendo, lo que descarta totalmente tu teoría de que la mujer de Mike se metiera por accidente en la cama conmigo y se follara a la persona equivocada. Dos veces.

—Hmm. Sí. Supongo —continuó al pensar en ello antes de decir—: Pero, ¿la chica se dio cuenta de que no sabías quién era?

—Sí. —Me senté de nuevo hacia delante, bajando la voz—. Esa es la parte más extraña. La asusté completamente cuando le dije que sabía que no era Kelly. Ella quería que creyera que era otra persona. Incluso trató de oponerse y parar cuando se lo dije. Y ni siquiera habíamos terminado todavía la segunda ronda.

—Espera. ¿Se lo dijiste durante el sexo? —Jadeó Ryder.

—. Y una mierda santa. ¿Ni siquiera era la primera ronda? ¿Podrías decir posiblemente cualquier otra cosa más rara en este momento? Sí. Creo que podría haber sido tu hermana. Pero, sí, no le dije esa mierda. Me asusté por pensar siquiera en ello. Así que dejé escapar un suspiro. —Fue el mejor puto sexo de mi vida. Fui capaz de admitirlo.

Ryder resopló. —¿Y todavía no sabes quién era?

Negué con la cabeza, insegura si lo quería saber. Sí, en realidad no quería saberlo. Porque si hubiera sido quien yo quería, estaría seriamente jodida. Y si no lo hubiera sido, estaría seriamente... decepcionada.

—Se largó de allí como si su trasero estuviera en llamas tan pronto como terminamos. Ya te lo digo, ella no quería que yo supiera su identidad. Pero esa idea no perturbaba a mi amigo.

—Bueno, no culpo a la pobre chica —dijo con una sonrisa desagradable—. Si yo fuera una mujer que se sintiera atraída por ti, estaría demasiado humillada para que nadie, incluso tú, lo supiera.

—Cabrón. —Era mi turno de darle una patada bajo la mesa. Puso los ojos en blanco como si estuviera mucho más allá de tales travesuras infantiles.

—Por lo tanto, fue el mejor sexo de tu vida, y nunca serás capaz de lograr repetirlo porque no tienes ni idea de a quién acudir para la segunda noche. Genial, morena. Gran manera de cagarla.

—Oh, mierda. —Me caí en mi silla, mirándolo con la boca abierta.

—. Tienes razón. Nunca conseguiría follarme a esa mujer misteriosa de nuevo. No era divertido.

—Hola, chicos.

Un Mike sin aliento nos interrumpió sentándose en la silla libre entre nosotros y desplomándose con un jadeo agotado. Desde que era solo un estudiante de segundo año, todavía asistía a los entrenamientos del equipo los sábados por la mañana. Ataviado con chándal y una camiseta, con la cara roja y brillante por el esfuerzo y el pelo mojado por una lluvia reciente, obviamente vino directamente del entrenamiento.

—¿Qué me he perdido? —preguntó.

Ryder se rió, y sabía que iba a decir algo por lo que tendría que golpearle el trasero una fracción de segundo antes de que él le preguntara.

—: Oye, tu mujer no se levantó en la mitad de la noche ayer, para no sé... tomar una copa o ir al baño o algo así, ¿verdad?

—Jesús —murmuré, inclinando la cabeza hacia atrás y apretando los ojos. Solo tenía que decirlo, ¿no?

—Uh... —La confusión nubló la voz de Mike mientras nos miraba a los dos—. No creo. ¿Por qué?

—Su mirada se posó en mí antes de volver a Ryder.

—Porque aquí San tuvo una visita a medianoche en su cuarto. Una chica la encontró en la oscuridad, follaron hasta reventar y entonces ella huyó antes de que Santana pudiera conseguir su nombre o verle la cara, y no tiene ni idea de quién era.

Apreté los dientes por la forma vulgar en que lo contaba. Lo cual era extraño, porque en cualquier otra ocasión, lo hubiera expresado más o menos del mismo modo. Pero desde que la imaginaba con las cualidades de Brittany, de repente no parecía tan gracioso decirlo así.

Las cejas de Mike se fruncieron con confusión antes de que se dispararan hasta el nacimiento del pelo. Se volvió hacia mí con una mirada incrédula.
—¿Y crees que fue Tina?
—No. —Levanté las manos en señal de rendición inmediata. Quiero decir, no era para nada débil. Pero Mike era enorme, y estaba bastante segura de que me podía superar si ofendía a su mujer de alguna forma.

—. Sé que no era ella. Y nunca pensé que lo fuera. A este imbécil se le ocurrió esa idea todo por su cuenta.
Mike lanzó su mirada severa a Ryder.
—Vaya —dijo Ryder, levantando las manos también, pero riendo mientras tanto—. Solo bromeaba. Jesús. ¿Quién hubiera sido primera conjetura de ustedes?

—Alguna groupie del fútbol —dijo Mike de inmediato.

Brittany, no dije nada. Gemí en mis manos antes de dejarlas caer de mi cara.

—El hecho es que no tengo ni idea de quién era la señorita Visitante Nocturna, y estoy segura de que nunca lo sabré. Así que vamos a dejarlo pasar ya. ¿Vale? Bien.

El saber que nunca iba a sumergir mi mecha en ese tarro de miel, comenzaba a irritarme. Jesús, ¿por qué me irritaba todo hoy? Mike y Ryer me miraron. Luego se miraron el uno al otro. Cuando se dieron una sonrisa astuta, puse los ojos en blanco. Pero Dios... Maldita sea. Echaba de menos los días en que todos mis amigos habían estado tan solteros y disponibles como yo. Ahora que ellos estaban bajo las órdenes de sus mujeres, parecían estar pensando que yo también debería estarlo, como si follarme a una mujer durante el resto de mi vida fuera una gran cosa, increíble. Querido Dios. Qué horror. A no ser que esa única mujer se sintiera como se había sentido la mujer de anoche. Entonces tal vez... nah.
Me estremecí ante la idea, y me incliné hacia adelante para prestar atención a mi libro de cálculo.
—¿La entrenador va a seguir alineándote como mariscal de campo titular el próximo año? —le pregunté a Mike.
Se aclaró la garganta, miró a Ryder, y luego asintió.

—Sí. Ryder había sido el mariscal de campo estrella de nuestro equipo hasta que se había roto la clavícula en el penúltimo partido de este año pasado. Así que Mike había tenido que intervenir y orientarnos para los campeonatos nacionales. Todos sabíamos que eso le molestó a Ryder porque no había sido capaz de jugar ese último partido, y había perdido su oportunidad de probarse para los profesionales. A pesar de que dijo que estaba contento de establecerse aquí con su mujer y con cuidar de sus tres hermanos más pequeños —a quienes se los trajo después de que su madre prácticamente los abandonara— sabíamos que le molestaba.

—¿Marley ha encontrado trabajo? —le preguntó Mike, esperanzado. Cuando Ryder alzó la vista, sabía que no, por el endurecimiento de su mandíbula.

—No —murmuró.

Ella había estado desempleada un año, desde que la despidieron por comenzar una relación con él. Lo que sacaba a relucir otro tema delicado para Ryder. Se sentía como un fracaso personal cada vez que ella solicitaba un nuevo trabajo y no era contratada. Pero entonces él ni siquiera la dejaba solicitar puestos de trabajo que encontraba “por debajo” de ella. Si su dinero era tan justo como yo sabía, pensarías que él simplemente se aguantaría y que la dejaría a ella... bueno, lo que sea, por un tiempo. Pues no. Seguía terco. Y ella sabía lo mucho que le molestaría si se “rebajara” a sí misma, como él lo llamaba, así que se quedó en paro y se mantuvieron haciendo recortes. Y yo seguí fingiendo que era mi turno para pagar todas nuestras bebidas los sábados por la mañana en la cafetería. Y Ryder seguía dejándome. Sabía que Brittany le ofreció dinero sobre una base regular. Había conseguido unos pocos ahorros el último año —aunque nunca supe cuántos ahorros— después de que se hubiera involucrado con ese imbécil rico de su ciudad natal y sus padres le habían pagado su salida. Pero Brittany se negaba rotundamente a tocar un centavo de ese dinero. Creo que todos y cada uno de sus rechazos arrancó un trozo de su alma y la dejó sangrando un poco más cada vez.

Ella había pasado por un montón de cosas malas para conseguir ese dinero; debería poder gastárselo en la mierda que quisiera. Y si quería ayudar a su familia, su hermano mayor debía dejarla. Esa fue una de las razones por las que lo aceptó al principio... por Ryder y sus dos hermanos menores. Ryder obligándola a gastarlo en nadie más que en ella misma, mató una parte suya, y, a veces, yo solo quería envolver mis manos alrededor de su garganta y meterle algo de sentido, obligarle a aceptar un poco de su dinero y ya. La hubiera hecho más feliz.

Pero no tenía nada que hacer en sus asuntos familiares, y sabía que no debía entrometerme, sin importar cuántas veces haya visto a Brittany tensar la espalda, levantar la barbilla y tratar de ocultar el dolor de sus ojos cada vez que él le negaba su ayuda. El idiota obseso era demasiado orgulloso.

—Creo que voy a cambiar mi especialidad —dijo Ryder de repente.

—¿Qué? —Mike y yo le miramos al unísono. Él asintió.

—Marley y yo hemos estado hablando, y... la administración de empresas no es lo mío. Sé que no voy a ser siempre un profesional, pero echo de menos el campo de fútbol. Eso es lo que me corresponde. Así que, estoy pensando... Me voy a inscribir de nuevo el próximo año y obtener un certificado de enseñanza, tal vez convertirme en entrenador.

Mientras Mike asintió, haciéndole saber la gran idea que era, yo me quedé boquiabierta.

—¿Qué? —No podía ser el único de nosotros tres en graduarse y pasar a buscar un trabajo de verdad. Yo era la menos madura de nuestro grupo, la chica de perpetua fiesta universitaria. No quería ser la primera en crecer.

Ryder se encogió de hombros y me lanzó una mirada solemne.

—Desde que Pick me subió el sueldo en el bar, lo estamos llevando... bien. Podemos ir bien durante otros dos años hasta que me gradúe, y Brittany ya tiene dinero para ocuparse de la universidad, así que no tengo que preocuparme por ella. En serio creo que es lo mejor si hiciera esto.

—Bueno, joder. —Ahora sí que me sentía horrible. No solo tuve el mejor sexo de mi vida y me di cuenta de que nunca lo tendría otra vez, ahora estaba oyendo que me iría mientras todos mis amigos permanecerían aquí juntos... sin mí. Esa mierda no estaba bien.

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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 1:02 pm

CAPITULO 5
BRITTANY


El segundo semestre de mi primer año en ESU se acercaba a su fin en un mes. Un mes. Una semana después del último día de clases cumpliría diecinueve, tenía un trabajo de salario mínimo limpiando una oficina de seguros en el centro fuera de horario, y acababa de engañar a la imbécil de mis sueños para tener relaciones sexuales conmigo.

Sí, era un completo desastre. El dolor entre mis piernas fue lo primero que sentí cuando abrí mis ojos a la mañana siguiente. Lo que inundó mi cabeza con recuerdos de la noche anterior. La mano de Santana subiendo por mi muslo. Los dientes de Santana clavándose en la parte de atrás de mi hombro. La polla de Santana haciéndome venir en su habitación. Me estremecí y presioné mis piernas mientras colocaba un brazo por encima de mis pechos hormigueantes.

Bueno, tuve curiosidad acerca de cómo sería ella. Y había apaciguado mi curiosidad. Pero ahora anhelaba repetirlo.

—Brittany, así se hace —murmuré en voz alta. Qué buena manera para no sacarla de mi sistema, e incrustar el deseo por ella aún más profundo en mi alma. Estudiando el techo de mi habitación, solté un lento suspiro. La plancha de yeso se hallaba pintada de blanco y tenía un ventilador de techo de aspecto delicado colgando directamente encima de mi cama. No existía ni un agujero o ni siquiera una mancha de humedad que se viera a simple vista. Era el mejor techo de la mejor habitación que he tenido.

También era mi propio cuarto. No tenía que compartirlo con dos hermanos más pequeños, que rondaban de forma constante por la noche, y siempre se las arreglaban para golpearme en el rostro con un brazo o un codo. Era todo mío. La casa remolque en la que antes vivíamos, en verdad, no podía ni siquiera ser clasificada como una casa. La mañana en la que llegó Ryder a nuestros escalones de entrada y vio cómo sobrevivíamos, nos reunió a los tres y nos mudó a la universidad con él.

Desde entonces no volví a ver a mi inútil madre. Aunque sabía lo mucho que Marley y Ryder se exigían y presupuestaban para mantenernos aquí y cuidarnos, todo lo que tenía en Ellamore era un millón de veces mejor que lo que tuve allá en casa. Mi hermano mayor era mi salvador personal. Me salvó en más de un sentido al traerme aquí.

Y, ¿cómo le había pagado? Me acosté con su mejor amiga. Ahí se acabó mi premio de la hermana del año. Con un poco de lloriqueo de culpa, cerré mis ojos con fuerza y pasé una mano por encima de mi frente adolorida. Lo de anoche, me producía un gran conflicto. Creo que sentí todas las contradicciones de un libro.

Avergonzada y aun así, emocionada. Asustada por ser descubierta, pero luego totalmente cómoda por saber cuán bien se sentía el ser sostenida en los brazos de Santana. Saciada por todo lo que me dio anoche, pero con ganas de más. Ansiosa de verla otra vez, pero por completo horrorizada por la misma idea. Culpable y eufórica, deprimida pero extasiada, despierta aunque agotada por los pensamientos que colmaban mi cabeza.

Sabiendo que podía yacer aquí todo el día, me preocupó sucumbir a un maldito ataque de pánico, así que retiré mis sábanas y salí de la cama. Durante los primeros tres meses de mi estancia aquí, fui un cascarón vacío. No había dejado mi habitación a menos que fuera obligada a hacerlo, y eso fue miserable. No fue hasta que empecé la universidad y conocí a Tina, a Reese, a Eva y a toda la pandilla de Ryder que en verdad comencé a vivir de nuevo. Pero recordaba lo que se sentía el querer enterrarse bajo mis sábanas todos los días, todo el día, y solo venirme abajo. Esa era la razón principal de por qué no me quedaría en cama a pensar acerca de lo que había hecho. De todos modos ya lo había hecho.

Ahora no existía forma de volver el tiempo atrás. Pero mientras tomaba una ducha y pasaba jabón sobre mí, mi sensible cuerpo no me permitiría dejarla ir. Jamás la olvidaría. Mis pechos erectos y mi centro hinchado con lujuria. No era una gran fanática de la masturbación. Pensé que Sander al desecharme había matado todo lo relacionado al sexo en mi vida. Jamás me había tocado, no fue hasta que la presencia de Santana lentamente hiciera que mis deseos despertaran, que lo realicé por primera vez… hace muchos meses atrás.

Y la única vez que lo hice fue cuando pensé en ella. Como lo hacía ahora. Excepto que ahora sabía lo que se sentía estar con ella. Oh Dios. ¿Cómo pudo convertirme en alguien tan desenfrenada? Jamás sentí necesidades así de fuertes antes de que apareciera. Me gustaba, pero también me asustaba. ¿Qué si me convertía en mi madre quien ignoraba a sus propios hijos a favor de encontrar a la siguiente polla para que la llenara? ¿Qué si…? Demonios. Que me gustara tener relaciones con una chica que prácticamente tiene partes de chico no me convertía en mi madre.

Tocarme en la ducha no me convertía en mi madre. Presioné mi espalda contra la pared de la ducha y me froté con una mano mientras pellizcaba un pezón hinchado con la otra. El agua corría por encima de mí y pretendía que eran sus manos, tocándome en todas partes. Solo cuando mis muslos temblaron y mi coño se apretó, preparándose para venirse con fuerza, un puño golpeando la puerta del baño borró mi éxtasis.

—¡Jesucristo, Brittany! ¿Cuánto tiempo más vas a estar ahí? Quiero hacer caca.

—Demonios, Brandt —grité en respuesta—. Casi he terminado. —O más exactamente, ahora no acabaría para nada.

El pequeño lamedor de traseros mató un momento perfectamente bueno—. Grrr. —Me lavé y cerré el agua. En esta casa, teníamos tres habitaciones y dos baños, pero algunas veces, todavía me sentía tan agobiada como en la casa del parque de remolques. Hallar un empleo mejor pago y mudarme sola parecía cada día mejor.

Ryder enloquecería y me pelearía durante todo el camino; aún era sobreprotector y se preocupaba por mí, pero ya no era mi tutor legal, así que supongo que no necesitaba su aprobación. Solo la quería. Después de decepcionarlo por completo el año pasado, todavía ansiaba su amor absoluto y su aceptación. Más golpes impacientes llegaron mientras envolvía una toalla alrededor de mis pechos.

—De verdad, en serio tengo que ir —se quejó mi hermano de catorce años.

Con un suspiro, recogí mi cabello en una toalla como un turbante y luego abrí la puerta de par en par para mirar a mi hermano quien, tenía que reconocerlo, ahora era más alto que yo. ¿Cuándo diablos creció tanto? Me devolvió la mirada. Arqueé una ceja y esperé a que se apartara para que así pudiera salir y dejarlo entrar.

—¿Por qué no podías usar el baño de Ryder y Marley si tenías tantas ganas de ir?

—Tenían un baño privado conectado a su habitación, y era como diez veces más agradable que este.

—Porque Marley ya se encuentra allí dentro. —Brandt me empujó a un lado mientras entraba de forma abrupta.

Dejé escapar un suspiro indignado y entré en el pasillo, cerrando la puerta detrás de mí porque tenía el presentimiento de que no esperaría a que me fuera antes de empezar a hacer sus asuntos. Asqueroso, lo sé. Me hizo desear por billonésima vez tener tres hermanas en lugar de tres hermanos.

Me retiré a mi habitación para vestirme para el día y secar mi cabello; luego, me dirigí a la cocina donde encontré a Marley, despierta y preparando el desayuno. Me detuve en la puerta y la miré, dándome cuenta de que ahora, en verdad, tenía una hermana ¿no? No se parecía en nada a Ryder; para empezar, ni siquiera estaba segura de cómo encontraron una razón para conectar, pero podías ver la intensidad de su amor cuando se encontraban juntos, entonces nada importaba. Así que, a cada uno lo suyo, supongo.

Estaba feliz de que Ryder se hubiera enamorado y logrado mantenerla, porque ella era un absoluto regalo del cielo. Nos cobijó a los cuatro hermanos Pierce en su casa y nos dejó apiñarnos en todo hasta que reorganizamos por completo toda su vida. Y parecía malditamente agradecida por ello, como si estuviera contenta de tenernos arruinando sus planes pulcros y ordenados.

Como si sintiera mi presencia, miró sobre su hombro y saltó.

—¡Oh! Buenos días, Brittany. —Me dedicó la más dulce sonrisa mientras llevaba una jarra de jugo a la mesa—. El desayuno casi está listo.

Cuando dos mitades de un panecillo surgieron de la tostadora, me acerqué para esparcirles algo del queso crema de fresas favorito de Colton.

—Gracias —dijo Marley.

—. No tenías que hacer eso. Metí un mechón de mi cabello húmedo detrás de mi oreja y me encogí de hombros.

—Está bien. No me importa. Honestamente quería sentirme más útil de lo que, por lo general, me siento por aquí. Un año atrás, me hice cargo de la mayoría de las necesidades de Colton y de Brandt. En nuestra antigua casa, fui quien los alimentaba, lavaba sus ropas, me aseguraba de que se bañaran, y compraba todo que necesitaban. Pero tan pronto como nos mudamos aquí, Marley se encargó a la perfección de todas esas funciones.

En esa época, no me encontraba en condiciones de hacerlas por mí misma, así que no me había resistido. Y por eso, retrocedí tanto en el último año; en realidad, creía que me había convertido en menos independiente de lo que alguna vez había sido. Sé que eso era loco, pero solo resaltaba el desastre tan grande que era. Aún sintiéndome incómoda por hacer las cosas de la cocina mientras Marley se encontraba también allí, esparcí el queso crema tan rápido como pude y llevé los panecillos a la mesa en donde Marley ya tenía todo preparado para cuatro personas.

Miré al asiento vacío en donde, por lo general, Ryder se sentaba. No había plato ni taza ni cubiertos en su lugar, lo que me decía exactamente en donde se hallaba.

—¿Ryder se encuentra de nuevo en la cafetería con…?

—Los chicos —terminó Marley por mí con una sonrisa y rodó sus ojos—. No sé por qué siente que tiene que ir allí a realizar su tarea de inglés. No es como si estuviera de pie junto a su hombro y le corrigiera su gramática o algo así.

Me reí, porque eso es casi exactamente lo que hizo este año cada vez que Brandt o Colton o yo trabajábamos en cualquier cosa que involucrara trabajo de inglés. Pero los Pierce más pequeños, en verdad, lo apreciamos, y gracias a eso, obtuvimos notas espectaculares. Y de hecho, a Marley le encantó compartir su conocimiento en la materia. Así que era una situación en donde todos ganábamos. Ryder era el único imbécil terco que no quería que ella participara de ningún modo. Creo que eso hería sus sentimientos tanto como le encantaba. Sabía lo mucho que él deseaba impresionarla con su propio trabajo.

Sentándome en mi lugar en la mesa, me mordí el labio, todavía mirando el lugar vacante de Ryder. Se sentía raro saber que justo ahora se encontraba con Santana. Qué si Santana... Oh Dios. Por supuesto, Santana le contaría sobre lo de anoche. Santana era exactamente del tipo “besa y compártelo con todos”. Joder. Mi propio hermano iba a saber cada cosa pervertida y deliciosa que había hecho. Si Santana le contaba acerca de la tirada de cabello, iba a morir absolutamente. ¿Por qué no pensé en esta posibilidad hasta ahora?

Tal vez porque estuve demasiado preocupada por obtener mi primera experiencia de Santana López. Nada más había importado. Ni mi orgullo, ni mi sentido común, ni mi cordura, ni mi hermano. Nada. No existía forma de que Santana pudiera descubrir ahora quien era yo. Era tan jodidamente embarazoso. Y no tenía a nadie más a quien culpar que a mí misma.

—¡Marley! Marley —gritó Brandt, corriendo a la cocina con el diario de la mañana enrollado bajo su brazo. Patinó en sus medias, hasta detenerse frente a ella mientras levantaba y agitaba el rollo de periódico—. ¿A qué no adivinas?

—¿Qué? ¿Estás bien? ¿En dónde se encuentra Colton?

—Él está bien. Estamos todos bien. Esto es… algo totalmente diferente. —Brandt ahuyentó sus preocupaciones antes de soltar la banda de goma que mantenía enrollado al periódico y desplegarlo sobre la mesa, justo sobre mi plato de desayuno.

—. Sarah me acaba de enviar un texto con las noticias.

—¿Qué noticias? —pregunté, curiosa por saber qué balbuceaba.

Por otro lado, Marley no debía tener un hueso curioso en su cuerpo. Le dio una dulce sonrisa y apoyó una mano en su hombro y la otra en su corazón.

—Ya sabes, creo que es maravilloso que te hayas hecho amigo de la hermana menor de Mason.

—Sí. Lo que sea. —Distraído por completo, el chico de catorce años agitó su tranquilidad—. Mira esto. —Pasó las páginas hasta que llegó a una lista de obituarios. Luego se detuvo y señaló—. Allí. Ese tipo. Marley y yo nos inclinamos.

—¿Roger Martin Rowan? —leyó lentamente Marley, sus cejas alzándose ante la confusión. Cuando me miró, negué con mi cabeza, dejándole saber que tampoco tenía idea de quién era.

—¡Sí! —anunció Brandt con orgullo, y su sonrisa se expandía de oreja a oreja—. Está muerto.

—Eh… —Marley parpadeó y me miró de nuevo.

Me encogí de hombros, todavía sin saber por qué era una noticia tan buena que alguien muriera. Le lancé a mi hermano una mirada incisiva.

—Sí, como que entendimos esa parte… por todo eso del obituario.

—Era un profesor de inglés en la Secundaria Ellamore —dijo Brandt, rodando sus ojos como si eso fuera obvio para nosotras, lo que debería haber ocurrido si en realidad hubiéramos leído su obituario. Pero no lo habíamos hecho.

—. Sarah dijo que tenía programado tomar su clase el próximo año cuando se preinscribió para la secundaria. Marley musitó con simpatía.

—Oh, no. ¿Lo conocía bien? Pobre Sarah.

Los hombros de Brandt se desplomaron. Suspiró y negó con su cabeza.

—Jamás conoció al tipo en su vida. Ese no es el punto.

—Entonces, ¿cuál es el punto? —demandé, cansada de que no llegara a uno todavía.

—El punto es que vamos a necesitar un nuevo jodido profesor de inglés para el próximo año.

—Brandt. —Marley frunció al instante su ceño.

—. Por favor, el lenguaje.

Sé que tu hermano mayor maldice todo el tiempo pero no puedes ir por ahí hablando de esa forma en… —Su reprimenda se apagó mientras las palabras de él, por fin, parecían echar raíces en su cerebro.

—. Espera. Acabas de decir… — Agarró el periódico y lo acercó más a su rostro para leer en más detalle el obituario de Roger Martin Rowan—. Oh por Dios —murmuró, levantando su mirada de las palabras impresas—. El próximo año va a haber una vacante en la Secundaria Ellamore. ¡Será una oportunidad para un profesor de inglés!

El diario salió volando mientras literalmente saltaba de alegría. Jamás la vi saltar. Parecía extraño pero en verdad divertido. Luego enganchó a Brandt y lo abrazó en un feliz círculo. Después de eso, me jaló de mi silla para envolverme en sus brazos entusiasmados.

—Voy a conseguir este trabajo —declaró; lucía tan segura y animada que sentí que mi propio entusiasmo crecía por ella—. Tengo que conseguir este trabajo. Es como… creo que está destinado a ser así. Oh por Dios. Me siento tan mal. Pero jamás me he sentido tan feliz de ver a alguien muerto.

—Las lágrimas empezaron a caer por su rostro. No estaba segura de sí eran por la culpa, por el entusiasmo, por sus nervios temblorosos o tal vez una mezcla de todos ellos. Evidentemente abrumada, balbuceó y sollozó un poco más.

—Necesito… necesito actualizar mi currículo. Oh por Dios. Ni siquiera sé que hice con mi traje de entrevistas. Discúlpame. Debería…

—Ve. —Riéndome, le hice gestos para que fuera a la sala, y siguió mi instrucción sin vacilar.

Brandt y yo sonreímos el uno al otro, y toda la irritación que me causó por matar mi orgasmo en la ducha se desvaneció. Quería darle un abrazo por hacer a Marley tan feliz.

—Entonces, ¿cuáles son las posibilidades de que en verdad consiga el trabajo? —preguntó.
Fruncí el ceño porque sonaba demasiado serio.

—Oh, lo conseguirá. Es como sobre-cualificada. Tiene que conseguirlo.

Se acercó más, ahora serio y con una mirada preocupada.

—Sí, pero ¿qué si han escuchado algunos de los rumores acerca de ella y Ryder?

Me enderecé, sorprendida por la pregunta sin sentido.

—¿Sabes sobre eso?

—No tenía idea de que él lo supiera.

Con un resoplido, puso sus ojos en blanco.

—Tengo catorce, no soy estúpido. Por supuesto que sé que fue despedida por culpa de él. Me encontraba allí cuando su antiguo jefe vino a su habitación en el hospital después de que rompiera su clavícula y la amenazó con exponerlos. ¿Recuerdas?

—Sí, pero… —Suspiré. Tenía razón; tenía catorce años, ya no era un niño pequeño. Mierda, sí entendía lo que sucedía, y sabía exactamente cuántos problemas tuvo Marley por salir con un estudiante.

—Bueno, incluso si de alguna forma milagrosa se enteraran, tal vez no sea un gran asunto puesto que terminó casándose con el estudiante con el que tuvo una aventura. Además, ambos son adultos legales, y… eso fue en el nivel universitario. Quiero decir, vamos. Seguramente sabrán que no le hará nada como eso a un mísero niño de secundaria.

—Oye. —Alzó sus manos a la ofensiva—. Voy a ser uno de esos míseros niños de secundaria, muchas gracias.

—Exactamente —dije. Cuando me golpeó ligeramente en el brazo, me reí—. En serio, si no la contratan… entonces solo tendremos que matar a otro profesor de inglés en otro lugar para conseguirle una nueva oportunidad.

Marley era una Pierce ahora, y, nosotros, los Pierce veíamos por nuestra familia... al menos esta generación. También nos encontrábamos dispuestos a pasar por un montón de cosas para obtener lo que queríamos. La verdad es que no asesinaríamos por Marley, pero sí apreciábamos el poder de una buena mentira. Después de todo, una mentira bien jugada mantuvo a “Kelly” lejos de la habitación de Santana anoche, para que pudiera ocupar su lugar. Tragué saliva con nerviosismo, dejando que mi mente vagara pensando en ella otra vez. Me preguntaba quién pensaba Santana que había usurpado a Kelly. Me preguntaba…

—Oh, sí. Me gusta tu forma de pensar. —La voz de Brandt me trajo de vuelta al presente. Levantando su puño para que lo chocara con el mío, asintió—. Planearé una forma de sacar al siguiente profesor... si tenemos que hacerlo.

Choqué mis nudillos con los suyos.

—Eso sí, no lo hagas demasiado sangriento.

—Él sabía que tenía aversión a la sangre. Se rió y empezó a hablar de diferentes venenos y formas de electrocutar a alguien “accidentalmente”.

Negué con la cabeza, preguntándome cómo los niños pensaban en cosas tan sangrientas. Crecí junto a él, por lo que a esta altura estaba acostumbrada, pero aun así. Nunca pude pensar en cosas tan extrañas como las que de un momento a otro aparecían en las mentes de mis tres hermanos. Brandt y yo nos hallábamos a mitad de nuestro desayuno cuando Colton por fin entró en la habitación, frotándose los ojos legañosos y bostezando.

—Buenos días, dormilón —le dije al chico de nueve años.

Me quedaba continuamente alucinada por lo mucho que creció en el último año. Antes de mudarnos, era un chico frágil que se enfermaba constantemente. Incluso a veces me preocupaba de cómo llegaría a los diez años. Pero desde que nos mudamos aquí, floreció. Bajo la influencia de Marley, se volvió tan saludable y feliz, que incluso me hizo pensar que podría ser el más imponente de los tres hermanos Pierce. Lo cual evidenció lo mal que lo cuidé.

Y Brandt también. Brandt nunca regresó a casa con un ojo negro desde que llegáramos aquí, en cambio, cuando se encontraba a mi cuidado, pasaba constantemente.

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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 5:01 pm

Debía tener los peores instintos maternales del mundo, para dejar que los tres cayéramos tan bajo. A Ryder le gustaba tranquilizarme y decirme que había hecho un buen trabajo, que en comparación con nuestra madre, fui increíble. Pero la verdad prevalecía, él era mucho mejor estando a cargo de lo que yo jamás habría sido. Esa era otra razón por la que quería impresionar a mi hermano mayor.

Sentí como si le hubiera fallado. Si tan solo hubiera cuidado mejor de Brandt y Colton, no habría tenido que reorganizar toda su vida para recogernos y acogernos en Ellamore junto a él. Por mucho que me culpaba a mí misma, Colton no parecía tener ese resentimiento contra mí. Después de mirar alrededor, probablemente buscando a Marley —su primer amor—, caminó hacia mí y se metió en mi regazo. Ya era demasiado grande para mí, pero no me importaba. Acurruqué mis brazos a su alrededor y lo abracé, acercándolo a mí, mientras deslizaba su panecillo y su queso crema de fresas favorito para situarlo delante de nosotros.

—Tuve una pesadilla anoche —dijo Colton, con voz acusadora—. Pero no te encontrabas en tu habitación.

Que viniera a mí en el medio de la noche cuando tuvo un mal sueño era halagador y un dolor de cabeza. Mientras Brandt, que compartía el cuarto con él, podría negarse rotundamente a dejar que su hermano menor se arrastrara en su cama, estaba segura de que Marley no lo habría expulsado si hubiera ido con ella. Pero siempre me buscaba a mí. Probablemente porque todavía se sentía un poco intimidado alrededor de Ryder, y Marley dormía junto a Ryder. Aun así... me gustaba saber que me seguía necesitando de algún modo, a pesar de que no era cómodo dejarlo acaparar mi cama, porque solía dormir justo contra mí con un brazo o una pierna sobre mi cuerpo. Al otro lado de la mesa, Brandt arqueó las cejas.

—Vaya, ¿nuestra hermana mayor no se encontraba en casa anoche? ¿A dónde fuiste, eh, Brittany?

Rodé los ojos y me ordené no sonrojarme. —Salí con Tina para escuchar a la banda en el club. Tonto. —Y después me convertí en una puta astuta y sucia que se enganchó con la mejor amiga de Ryder. Por Dios.

Me encogí, y el sabelotodo de Brandt pareció darse cuenta de que no decía toda la verdad.

—Mmm ajá —murmuró, como si no lo convenciera.

—. Lo que sea. Hice una mueca y luego alisé el pelo de Colton en su frente antes de besar su sien. —¿Qué soñaste, cariño?

—Soñé con mamá.

—Su confesión hizo que tanto Brandt como yo nos sentáramos derechos. Brandt incluso dejó de masticar—. Aparecía y nos llevaba lejos de aquí. —Colton se estremeció y metió la cara en mi pecho. Apreté mis brazos a su alrededor y casi derramé una lágrima o dos. Pero no pasé por alto que mi a propio hermano le aterrorizaba nuestra madre. Ambos teníamos el mismo tiempo sin verla, pero supongo que aún albergaba el temor de que se lo llevara de vuelta.

—Nunca tendrás que preocuparte de que eso ocurra —le dije—. Marley y Ryder ahora son tus tutores legales. E incluso si Daisy apareciera y te quisiera llevar, no podría hacerlo sin pasar primero por encima de ellos y de toda una corte. Tampoco sin pasar primero por mí.


—Y también por mí —dijo Brandt—. No tenemos que preocuparnos por ella nunca más. ¿De acuerdo, amigo? Colton asintió, pero me di cuenta de que la pesadilla lo dejó nervioso. Un escalofrío pasó por su columna vertebral. Empecé a frotar su espalda y posó su mejilla en mi hombro.

La idea de mudarme pronto se trasladó a la parte trasera de mi mente. Tal vez no era un miembro tan prescindible de la familia después de todo. Tal vez podía servir para algo, y Ryder recuperaría parte de la confianza que solía tener en mí. Pero una cosa era cierta; para lograr eso, nunca podría dejarle saber lo que hice con Santana... incluso si de alguna forma quería hacerlo de nuevo.
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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Oct 24, 2016 5:32 pm

CAPITULO 6
BRITTANY


Estuve alejada de Santana durante tanto tiempo como me fue posible. ¡De verdad! Pero había algo acerca de Santana López que me mantenía regresando por más. Me gustó cómo fue tan dulce y agradable conmigo cuando nos conocimos hace un año, pero luego, también me gustó cómo se convirtió en una sabelotoda gritona, aún más.

La única cosa que nunca me gustó fue su constante atención cachonda con otras mujeres. Podría vivir sin aquello. Mi obsesión era la antítesis de sano, pero entonces, nunca había sido conocida por seguir el camino sano y correcto ¿verdad? A las cinco de la tarde, la deseaba como un adicto a su siguiente dosis. Sabía que Ryder tenía que trabajar esta noche —le escuché mencionárselo a Marley. Y Santana sin duda estaría allí. Le gustaba trabajar los sábados desde que la convirtieron en noche de karaoke, y nada que hacer dado que la música del club era su creación.

Además que los sábados se habían vuelto tan concurridos últimamente que ahora necesitaban tres camareros en vez de sus dos regulares. Le di una mirada al horario de trabajo de Ryder y, síp, Santana trabajaba esta tarde. Eso significaba que necesitaba una razón para visitar el club nocturno Forbidden. Me mordí el labio, repasando las opciones que junté en mi cabeza. No podía ir sola; Ryder sabría que algo sucedía. Maldita sea, ¿por qué tenía que trabajar también esta noche? Sacudí la cabeza, haciendo poco caso de ese pequeño impedimento. No importaba que Ryder trabajara. ¿Qué era un reto más a superar para conseguir lo que quería? No era como si iba simplemente a saltar sobre Santana justo ahí en el bar.

Todavía no quería que supiera que yo era la mujer con la que estuvo la noche anterior. Solo tenía que verla, y no hacía diferencia alguna si mi hermano se encontraba ahí o no. Pero eso significaba que necesitaba a alguien conmigo — una celestina— o Ryder podría sospechar. Así que llamé a mi fiel mejor amiga. Tina contestó al tercer timbrazo.

—¿Hola? —Sonaba un poco sin aliento, haciéndome preguntarme exactamente qué había interrumpido. Hice una mueca. Genial. Que Santana trabajara significaba que Mike tenía el apartamento que compartían con ella para ellos solos por la noche. Bueno, tendrían que conseguir su tiempo de acurrucarse otra noche. Ellos ya tenían su felices para siempre; tenían el resto de la eternidad para estar juntos.

—Te necesito —le dije.

—Oh no. ¿Qué pasa? —La preocupación de inmediato encendió su voz. Maldita sea, la amaba.

—He hecho la cosa más loca en toda mi vida, y ahora mismo, necesito tu apoyo y aceptación, y... y ayuda. Necesito tu ayuda.

—Está bien —dijo lentamente—. ¿Necesito llevar mis botas de montaña, una pala y un poco de lima, o... dinero de fianza?

Reí y me relajé. —Ninguno de los dos. No maté a nadie... y no estoy en la cárcel. Ni siquiera violé la ley.

—Bueno, eso es un comienzo. ¿Qué has hecho?

—Mm... Creo que tengo que decirte esto en persona. ¿Podemos ir a Forbidden en, digamos... media hora?

—Claro. Me mordí el labio y respiré hondo antes de añadir la parte más difícil de mi petición.

—Y... ¿puedes no traer a Mike?

Siguió una pausa. Entonces, finalmente, preguntó—: ¿Por qué no puedo llevar a Mike?

—Porque... esto es una cosa de chicas, y yo... yo simplemente no puedo hablar de ello contigo cuando está esta descomunal, pila caliente de testosterona viviente sentado entre nosotros.

—Pero, él no es…

—Tina, por favor.

Suspiró.

—Está bien. Mike puede quedarse en casa. Hice puño mi mano y la impulsé en el aire. ¡Sí! Así gobierno.

—¡Gracias, gracias, gracias!

Recógeme en mi casa, adiós. Después de decir las últimas palabras, colgué antes de que pudiera salir con una forma de arrepentirse. Tina odiaba hacer algo sin Mike. Pero no iba a dejar que eso la detuviera. Media hora más tarde, los faros de su coche se anunciaron a través de la ventana delantera y pivotearon a través de las paredes de la sala cuando ella llegó. Me levanté del sofá donde Colton había estado abrazándome al mirar Goonies.

—Ahí está Tina. Me tengo que ir. Nos vemos mañana, chicos. Marley levantó la cara de su computadora portátil, donde probablemente seguía siendo quisquillosa y perfeccionando su ya impecable currículum de muerte. Sentada con las piernas cruzadas en una silla lateral, llevaba una de las camisetas viejas de Ryder y un par de pantalones cortos deshilachados.

—¡Oh! —Sorpresa iluminó su voz mientras miraba mi atuendo—. ¿Vas a salir? —Después de enviar a Colton una sonrisa tranquilizadora, como para hacerle saber que ella todavía se encontraba aquí para él, volvió su atención a mí.—. Diviértete.

Gracias a Dios ella era mucho menos curiosa que Ryder. No me preguntó a dónde iba, con quién estaría, lo que estaría haciendo, o cuándo estaría en casa. Era bueno saber que alguien en este hogar podía tratarme como una casiadulta y darme un poco de confianza. Salté sobre Brandt que se hallaba tirado en una bolsa de frijoles en el suelo, donde miraba la película. Incluso logré evadir su pie cuando, de forma deliberada, extendió su pierna para hacerme tropezar. Una vez fuera, me detuve para respirar profundo. ¿Realmente iba a hacer esto? ¿Solo... pasar el rato y acechar a una chica que me gustaba? Eso sonó poco convincente y desesperado.
Pero, sinceramente, no creía que pudiera superar aún más mi calificación en la escala de loca después de lo que hice la noche anterior. Y en cuanto más estuviera pensando en todas las desagradables putas a medio vestir que estarían merodeando por todo el bar, tratando de coquetear con ella, lo más que no podía hacer era quedarme en casa, viendo películas de los años ochenta con mi cuñada y hermanos menores. Asintiendo con propósito reafirmado, me dirigí al coche esperando por mí. Amaba el coche de Tina. Era uno de esos bonitos, limpios, prístinos nuevos sedanes de lujo. Ella tenía dinero, pero no podrías saberlo a menos que vieras su coche. Deseé tener uno. En realidad, tenía un poco de dinero para conseguir uno, pero Ryder me había convencido para comprar solo cosas importantes con ese dinero... como la matrícula universitaria.

Y finalmente desde que fue capaz de conseguirse un camión destartalado, lo que significaba que teníamos dos vehículos en casa —el suyo y el de Marley— por lo general no necesitaba mi propio automóvil. Tina pasaba los canales en la radio cuando abrí la puerta del pasajero. Alzó la vista cuando me deslicé dentro y me puse el cinturón de seguridad.

—Hola.
Su voz era demasiado alegre, su sonrisa demasiado brillante. Se sentía como una gran, inquisición atormentada por los remordimientos. No podía soportar la presión. Así que espeté

—: Tuve sexo con Santana anoche

—En un largo, masivo y ejecutado aliento, solo para gemir con dolor y hundirme más en mi asiento mientras llevaba mis manos a mi cabeza en derrota. Olvida la tortura china del agua y los tornillos; solo tengo una inocente sonrisa de mejor amiga en mí, y me encontraba soltando todo. Maldita sea, ella era buena. Pero, oh, era un alivio finalmente confiar en alguien.

—Mmm... —Tina envolvió ambas manos alrededor del volante como si necesitara aferrarse a algo estable para prepararse a sí misma.

—. Si ese es el código para otra cosa, yo no... yo no lo entiendo.

Mirando a su alrededor para asegurarme de que nadie escuchaba, a pesar de que nos encontrábamos sentadas solas en un coche cerrado en la oscuridad
—oye, ella podría haber escondido a Mike en el asiento trasero— me incliné sobre la consola central y confesé

—: Ese no era un código. Para nada. En serio, tuve sexo con ella. Anoche. —Pero eso no... —Sacudió la cabeza.

—. Espera. ¿Qué?
Sus ojos se abrieron de par en par si eso es posible y pegó sus dos manos sobre la boca—. ¿Quieres decir que eres la Visitante Nocturna?

—¿Quién?

—Mike me dijo... Oh buen Dios, Brittany. Por favor, no me digas que te colaste en su habitación la noche anterior en la oscuridad y... y... bueno, sin que ella sepa que eras tú. ¿Lo hiciste?

—Me metí en su cuarto oscuro sin que ella sepa que era yo y tuve sexo con ella.... dos veces. Bueno, dos veces para ella. Cuatro explosiones para mí.
Tina contuvo el aliento y se llevó las manos al pecho.

—Mierda —dijo, una chica que probablemente solo había dicho tres malas palabras en voz alta en toda su vida.—. Oh Dios. ¿Por qué me dices esto?

—Comenzó en una especie de voz cantarina mientras hablaba más para sí que para mí.

—. No deberías haberme dicho esto. No debería saberlo.

—Tenía que decirle a alguien —argumenté—. Porque, vaya, mi mente está completamente estropeada. Estuvo bien. Oh, Dios mío, estuvo tan bien, Tina. Como... si quisiera construir una habitación dentro de mis bragas y obligarla a vivir allí permanentemente a gusto. No puedo guardar esto para mí. Y tú eres mi mejor amiga. ¿A quién más podría decirle?

—Pero ella es mi compañera de cuarto —exclamó—. Y el de Mike…oh, no. Mike. No puedo ocultarle esto a Mike.

—Uh, sí, puedes. De ninguna manera Mike puede saber de esto. Él le dirá a Santana, o peor... a Ryder.

—Ryder —jadeó Tina—. Mierda. Si Ryder se entera…

—Lo sé —susurré—. Así que solo vas a tener que mantener esto entre nosotras dos.

Tina tragó saliva, pero nos sacó del camino de entrada.

—¿Por qué? — preguntó finalmente—. ¿Por qué me pones en esta posición? ¿En serio? ¿Qué te he hecho?

Acaricié su brazo, sintiéndome de repente menos estresada y más alegre ahora que había conseguido sacar el secreto de mi pecho.

—Solo un beneficio de ser mi mejor amiga.

Cuando me lanzó una mirada seca a través del interior del coche oscuro, sonreí. Por último, suspiró y relajó sus hombros.

—Así que... ¿por qué lo hiciste? Digo, sé lo mucho que te gusta, pero esto parece... un poco extremo.

¿Un poco? ¡Ja! Adoraba sus subestimaciones. No muy segura de cómo explicarlo, ya que había sido una de esas ideas imprudentes que no tuve el tiempo de pensarlas, me encogí de hombros.

—Una vez, tú me dijiste que le gustaba.

—Le gustas, Brittany, pero también te dije el porqué se mantiene lejos.

Solté un bufido y miré por la ventana lateral.

—Y te dije que si le gusto tanto como me gusta a mí, no iba a dejar que mi hermano se interponga entre nosotras. Y no lo hice, ¿verdad? Al hacerlo de esta manera, puedo proteger tanto a Ryder como a Santana. Ryder nunca lo sabrá, y Santana tampoco, así nunca tendrá que sentirse culpable por ello. Es básicamente la solución perfecta.

—De acueeeerdo.

Le fruncí el ceño por su tono sarcástico. Se suponía que yo debía ser la ingeniosa y sarcástica de las dos. Ella era la amiga dulce y comprensiva. ¿Por qué no estaba sintiendo el dulce apoyo? Oh sí. Porque finalmente salí del final profundo, y de ninguna manera nadie podría —ni siquiera Tina Cohen Chang— apoyar esto.

—Sabes, ella ya le dijo a Mike y a Ryder sobre ti. Te están llamando la Visitante Nocturna.

Me encogí mientras las náuseas se revolvían en mi estómago.

—¿Le dijo a Ryder? Maldita Sea. Tenía miedo de eso.

—Bueno, ¿qué esperabas? Estamos hablando de San. No es exactamente del tipo privado cuando se trata de compartir los detalles de sexo.


—Lo sé —gemí—. Pero... no podía evitarlo, Tina. Ella es... es tan... es Santana. Todo dentro de mí se llena de vida cuando está cerca. He estado loca por ella durante tanto tiempo, queriéndola desde hace meses, que empezaba a volverme loca. Y ella nunca iba a hacer nada al respecto. Tú sabes eso.
Asintió pensativa.

—Tienes razón. Ella no lo habría hecho. A pesar de todos sus defectos…

—Y hay muchos —concordé. Sonrió.

—Siempre ha sido una de las personas más leales que conozco cuando se trata de sus amigos. Va por encima y más allá por ellos. Y nunca traicionaría a sabiendas a uno de ellos.

Tragué saliva.

—¿Estás tratando de hacerme sentir culpable? —Porque funcionaba.

—No —se apresuró a decir—. Es que... supongo que en cierto modo, me alegro de que lo hicieras de esta manera. Quiero tanto a las dos juntas. Las dos se merecen amor y felicidad. Tengo miedo de tu... tu...

—¿Estupidez? —conjeturé.

—Descarado coraje —corrigió mientras entraba en el aparcamiento al otro lado de la calle del club. Cuando apagó el motor, se volvió hacia mí.

—. Pero en serio. —Hizo una mueca—. ¿Cómo prevés que termine esto?
Me encogí de vuelta y en voz baja le respondí

—: Mal. Probablemente épicamente... desastrosamente mal...

Me encontraba tan segura de que ella asentiría y estaría de acuerdo, pero se mordió el labio un momento antes de murmurar

—: No lo sé. Tal vez saldrá bien. Quiero decir, nunca en un millón de años pensé que Mike y yo íbamos a terminar juntos cuando lo conocí. Así que, tal vez...

Tomé su mano y la apreté con gratitud.

—Te amo. Sabes que esto va a acabar terriblemente, y piensas que soy loca y tal vez estúpida, pero aquí estás, apoyándome de todos modos. Gracias.

Tina devolvió el apretón, y miró por la ventana las luces intermitentes del bar de enfrente.

—Por lo tanto, sé que San está trabajando esta noche. Supongo que estamos aquí para asegurarnos de que ninguna otra mujer tenga sus patas sucias en ella, ¿verdad?

—Guau. Tú me conoces tan bien. Suspiró y abrió la puerta.

—Da miedo, ¿no?

Había una cola para entrar esta noche. Después de que nos movimos por la calle y esperamos un par de minutos en la cálida noche, Harper, el portero, negó con la cabeza cuando nos vio.

—Ah, infierno. Huelo problemas.

—Siempre —respondí felizmente y me incliné para besar su mejilla.
Harper sonrió, pero me alejó.

—Oye, nada de eso. Tu hermano está dentro. ¿Quieres que muera lenta y dolorosamente? Ahora, rápido. Dame algo para mirar así parece que estoy comprobando sus identificaciones.

Lo hicimos y le dimos las gracias por dejarnos entrar sin tener que pagar. Tina me agarró del brazo tan pronto como empezamos a pasar por delante de él. Me apretó con fuerza.

—Espera. No me dijiste que Ryder también trabajaba esta noche.

Me encogí de hombros y de inmediato deslicé mi atención a la barra, pero maldita sea, había demasiada gente en mi camino. ¿No se dan cuenta de que necesitaba un vistazo de Santana, como, ahora?

—Un problemita. —Hice un gesto con la mano a Tina, haciéndole saber que no me preocupaba por mi hermano. Pero ella gritó

—: ¿Problemita? Murmurando lo que sonaba como una oración en voz baja, tomó mi mano y empezó a conducirme hacia la barra. Me resistí, haciéndole perder el equilibrio por accidente, y justo cuando se volvió hacia mí con duda en su mirada, allí estaba ella. Era como si la multitud se abriera y las luces de neón azules destellaran sobre ella. Los músculos de mi estómago al instante convulsionaron con placer, y apreté mis piernas.

Estaba casi tentada a cubrir mis pechos palpitantes con mis brazos.

—¿Qué pasa?

Ni siquiera podía responder a la pregunta de Tina. Me encontraba demasiado ocupada alimentando el deseo. Pero, vaya. La había visto casi todos los días desde que nos conocimos hace un año. Ella era un visitante frecuente en la casa Pierce. Mis hermanos menores la trataban como a su estera personal de abordar; y hablando de abordar... Quería abordarla en este momento. Sin embargo, no importaba cuántas veces la había visto, o lo familiar que me sentía con su apariencia; esta noche se veía mejor que nunca. Su cabello perpetuamente desordenado lucía extra oscuro en este tipo de iluminación y en serio destacaba. No tengo idea de cómo se las arreglaba para acicalarse.. Destacaba los ángulos en su mandíbula y enmarcaba sus labios llenos a la perfección. Maldita sea. La quería tanto. Mis dedos se cerraron, con ganas de seguir el camino hasta sus brazos tonificados. Mi boca se hizo agua, queriendo chupar su cuello. Se sabía que una chica tenía un gran flechazo cuando incluso las rectas y cejas oscuras de la otra persona la excitaban. Y las suyas definitivamente lo hicieron.

—Creo que me voy a venir —le dije a Tina.

Mi mano se cerró sobre la suya mientras mi respiración se alzaba.
Ella gritó
—: ¡Santa...

—Mierda —terminé.

Mi núcleo se apretó dolorosamente. No podía creer que me encontraba tan excitada solo de mirarla y recordar.

—. Esto es embarazoso.

Cuando un grupo de chicas se acercó a la barra, Santana les sonrió con labios que anoche estuvieron en mi piel, destellando dientes que se habían hundido en la parte trasera de mi hombro. Con los brazos abiertos, apoyaba sus manos —esas manos que habían estado encima de mí, tirando de mi pelo, jugando con mi clítoris, empujando dentro de mí— en el borde del mostrador e inclinada hacia ellas para escuchar su orden. Les gruñí por estar tan cerca de mi mujer, a pesar de que ella era la que se movía hacia ellas.

—¿Quién mierda son ellas?

—Son clientes. Ellas solo quieren una bebida. Cálmate, chica.

—Tina tiró de mi mano y me llevó lejos, quitando mi perfecta vista de mi mujer perfecta. Fruncí el ceño hacia ella, a pesar de que agradecía el respiro. Mi cuerpo todavía palpitaba por liberación, pero sin verla, la intensidad de cada pulso empezaba a disminuir. Cuando encontramos una parte vacía de pared para apoyarnos en la parte más oscura del club, inhalé aire y me obligué a calmarme.

—¿Mejor?

—Tina estudió mi rostro con preocupación arrugando su frente.
Asentí.
—Sí. Gracias.
Asintió también.
—¿Y ahora qué?
Mi cara se arrugó cuando la miré.

—Tengo que verla de nuevo. Quiero decir, no como yo. Como ella. Solo quería que anoche sea algo de una sola vez, pero Tina, no lo entiendes. Fue tan... Fue…

Me envió una sonrisa triste.

—En realidad, lo entiendo. Totalmente. Supongo que sí. Era difícil de creer, pero hace apenas unos meses, Mike había sido completamente prohibido para ella ya que él estuvo saliendo con alguien más. No importaba lo mucho que todos los demás podrían decir que ellos se pertenecían juntos, tuve una mala sensación de que nunca lo estarían porque ambos eran demasiado honorables. Pero aquí estaban ahora, juntos y más felices que nunca. Eso debería darme algún tipo de esperanza. Pero no lo hizo. Mi situación era un poco diferente que la de ellos. Y yo no era de ninguna manera tan honorable como ellos.

—Tengo que de alguna manera colarme de nuevo en su habitación sin que ella sepa que soy yo.
Tina rió.

—¿El regreso de la Visitante Nocturna?

—Sí. —Asentí antes de que sus palabras se hundieran. Y así como así, se me ocurrió una de mis ideas locas y espontaneas.

—. Sí —murmuré de nuevo, mirándola un poco maniáticamente.

—. Visitante Nocturna.
Tina, eso es brillante.

—Oh Dios —gimió, ya encogiéndose—. ¿Qué acabo de empezar?

Agarré su antebrazo, apretándolo entusiastamente.

—¿Puedes conseguir su teléfono?

Empezó a decir que sí, cuando se dio cuenta de lo que realmente quería decir.

—¿Qué? ¿Quieres decir ahora?

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Finalizado Re: [Resuelto]BRITTANA: PERFECTA (GP) Epilogo

Mensaje por 3:) el Lun Oct 24, 2016 9:13 pm

Ya me puse al dia....
Britt esta jugando con fuego!!!... pero si no dr quema... que lo disfrute!!!!
A ver como termina la noche??
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Oct 25, 2016 2:24 am

3:) escribió:Ya me puse al dia....
Britt esta jugando con fuego!!!... pero si no dr quema... que lo disfrute!!!!
A ver como termina la noche??

Que bueno que hayas podido leer los cap. de hoy, quiero meterle un poco de velocidad a esta adaptacion ya que sera la unica con la que me quede y me tomara mas tiempo en terminarla....

Bueno parece que Brittany esta tentando mucho a su suerte.....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Oct 25, 2016 2:25 am

CAPITULO 7
BRITTANY


Cinco minutos más tarde, Tina se abría paso entre la multitud con la sonrisa más grande en su rostro.

—¡Lo hice! Conseguí su celular. —Se veía tan emocionada y orgullosa de sí misma que era adorable—. No puedo creer que lo hice. Me siento como una rebelde en este momento.

—Oh, cariño, lo eres. Lo eres demasiado. —Me froté las manos—. Ahora dame.

Me entregó el celular. El plástico liso se sentía fresco en mis manos. Parecía cualquier otro teléfono inteligente con una cubierta azul claro. Pero se sintió casi electrificado en mi tacto, como si su superficie santificada crepitara contra mis dedos. Este era el teléfono de Santana. Sí, yo era jodidamente tonta por celebrar el solo sostener su teléfono. Pero no me importaba. ¡Estaba sosteniendo su teléfono!

—No vas a cambiar el número de nadie, ¿verdad? —preguntó Tina.

—¿Qué? No. Por supuesto que no. —Al darme cuenta que me veía como una persona espeluznante, me aclaré la garganta y encendí el teléfono antes de apretar el botón de inicio. Cuando lo encendí, apareció una solicitud de contraseña. Gemí. ¿Pero qué demonios? ¿En serio protegía su teléfono con una contraseña? ¡No! Eché un vistazo a Tina. Levantó la mirada y se mordió el labio con simpatía.

—¿Alguna idea? —pregunté.

—No. Pero no la imagino teniendo una contraseña difícil. Es tal vez algo así como uno, dos, tres, cuatro. Asentí. Sí, eso parecía propio de ella. Lo marqué. Nada. Después de pensarlo un segundo, intenté otra.
—Demonios. Esa tampoco.
—¿Qué has intentado? —preguntó Tina.
—Seis, siete, tres, seis. Ya sabes, los números de SAN.

—Oh, sí. Eso es lo que Mike pone en su contraseña, pero ya sabes... el utiliza nueve, seis, tres, nueve por... Tina. —Se sonrojó y sonrió hasta que sus ojos se abrieron.

—. ¡Oh! ¿Puedo probar uno?

Fruncí el ceño sospechosamente pero le pasé el teléfono.

—Vale. De inmediato pulsó cuatro números. Tristeza entró en su mirada, pero luego asintió.

—Estoy dentro.

—¿Qué? ¿En serio? —Me incliné para ver la pantalla de inicio con un fondo temático del fútbol americano. Mi estómago se lanzó con entusiasmo y decepción porque ella la conocía mejor.

—. ¿Qué números usaste?

—¿Qué? —Ella frunció su rostro rápidamente, con los ojos muy abiertos por la culpa. Me aparté, frunciendo el ceño. ¿Qué demonios trataba de esconderme? Antes de que pudiera acribillarla con preguntas, sin embargo, el teléfono sonó en sus manos. Gritó y casi lo dejó caer. Tuvo que buscar a tientas para que no se deslizara entre sus dedos, pero una vez que lo tuvo firmemente de nuevo en sus manos, su rostro se drenó de color.

—Oh Dios mío, está sonando. ¿Qué hago?

—¡Siléncialo! —susurré, mirando a su alrededor con la esperanza de que nadie escuchara el timbre distintivo “We want some pussy” de 2 Live Crew. Pero el lugar era tan escandaloso y el karaoke era tan malo, que no creí que tuviéramos un problema con que alguien escuchara mucho de lo que hacíamos aquí en nuestra esquina privada. Tina, sin embargo, continuó frenética.

—¿Cómo lo apago? No sé dónde...

—Sus palabras se cortaron cuando su atención se centró en la pantalla. Y solo así, toda su cara se iluminó—. Oh, es Mike. Presionó Responder y llevó el celular a su oreja.

—¡No! —grité, empujándolo lejos. Demasiado tarde. Fue un instinto natural para ella hablar con su hombre.

Ya decía—: ¡Hola! —Una fracción de segundo después, sus ojos se abrieron como platos y dirigió su mirada hacia mí.

—. Oh, mierda —murmuró al darse cuenta de que acababa de contestar el teléfono de Santana. Podía oír la voz de Mike en el otro extremo de la línea, sin duda, preguntándole porqué respondía su teléfono. El pánico llenó su rostro.

—Em... porque ayudé a Brittany a robarlo — dijo, solo para estremecerse y presionar la mano contra su cabeza.

—. Lo siento — me susurró. Luego siguió confesando todo—. Porque ella es la Visitante Nocturna... y yo estoy ayudándola a configurar uno de esos números de teléfono de Google Voice en su lista de contactos y...

—¡Tina! —Arranqué el teléfono de su mano antes de que pudiera contar todo... a pesar de que ya lo había hecho.

—Lo siento —se lamentó una vez más, claramente consternada.

—. Pero no puedo mentirle. Simplemente... no puedo. Juro que su voz es un suero de verdad para mí. Le gruñí y apreté el teléfono en mi oído, mi mente dando vueltas sobre cómo podría cubrir los daños.

—¿Mike? —dije con vacilación antes de morder mi labio.

—Brittany. —Era generalmente agradable y amable conmigo, pero el tono duro en su voz cuando dijo mi nombre me hizo saber que no se sentía muy agradable... o amable. Entonces explotó.

—. ¿En qué demonios acabas de meter a mi novia?

—Lo siento —broté al instante. En serio lo sentía por haberla puesto en una posición tan horrible—. Pero era la única persona con la que podía contar. Sabes, debe ser un honor tener una mujer tan confiable de apoyo.

—Sí, bueno, Estoy un poco demasiado enojado por el momento porque la involucraste en una pequeña jerarquía desviada de mentiras. Tina odia mentir.

—Lo sé. Lo sé. —Hice una mueca, sintiendo aún más culpa.

Si yo fuera inteligente, cortaría esto ahora e iría a casa, pretendiendo que esta noche jamás sucedió. Pero cuando se trataba de Santana, no era inteligente. Era demasiado emocional para esa mierda.

—Me siento como una mierda por involucrarla en esto, pero... ya es demasiado tarde. Por favor, solo dime que no vas a decirle a Santana... o a Ryder.

—¿En serio me estás pidiendo que le mienta a mis dos mejores amigos en la tierra? Oh, Dios. Estaba jodida.

Pero dije—: Sí, supongo. Lo siento. Pero, por favor. —Por favor, por favor, por favor. Por supuesto que les diría. ¿Por qué no debería? Su lealtad siempre estaría tanto con Santana como con Ryder antes de que les mintiera por mí. Se sentía como si mi vida hubiese terminado. Las cosas empezaron a hundirse en la boca de mi estómago. Cosas malas y terribles que no pertenecían ni de lejos a un estómago. Pánico, miedo, hiperventilación.

Ryder iba a averiguar lo que había hecho. Oh, mierda. Santana iba a averiguarlo. ¿Qué haría cuando se enterara que la de anoche había sido yo? ¿Volvería a hablar conmigo? ¿Estaría disgustada?

—Mierda, Brittany —murmuró Mike en mi oído—. Por mucho que creo que ambos tienen derecho a saber lo que hiciste, tuviste que meter a Tina en esto, ¿verdad? No puedo dejar que la capturen por esto.

Parpadeé, sorprendida sin habla. Pero, oh Dios mío. Había olvidado por completo que había una persona más a la que siempre apoyaría, con quien sus lealtades eran incluso más fuertes que las que les tenía hacia sus dos mejores amigos en la tierra. Una lenta sonrisa se extendió por mi rostro. Tenía a Tina de mi lado, lo que significaba que también lo tenía a él. ¡Sí!

—Entonces, ¿no vas a decírselo?

—Solo porque tú has involucrado a mi chica.

—¡Oh Dios mío!

—El alivio hizo que mis ojos palpitaran con lágrimas de felicidad.

—. Gracias. Muchas gracias. Te amo. Se rió.

—Lo siento, pero ya estoy tomado.

—Y Gracias a Dios por eso.

Su amor por Tina era lo único que garantizaba su silencio en este momento.

—. Déjame hablar con ella de nuevo —exigió.

—Claro. —Le pasé felizmente el teléfono.

Vi a Tina soltar disculpa tras disculpa antes de que saliera a borbotones su amor por él. Empezaba a creer que era antinatural la rapidez en que se perdonaron y se arreglaron cuando la llamada finalmente terminó. Pero como sea. Me gustaba verlos arreglarse más de lo que me gustaría verlos luchando... Si alguna vez peleaban. También era antinatural la forma en que nunca peleaban.

—No olvides borrar su llamada del historial —advertí. Lo hizo y luego me lo entregó. Tuve que tomar el mío de mi bolsillo para recuperar el nuevo número que había conseguido, y luego configuré los detalles en el de Santana. Un estremecimiento corrió a través de mí mientras guardaba mi nueva información. Estaba a punto de salir de su libreta de direcciones cuando me di cuenta del nombre Marci Bennett. Mis dedos se congelaron mientras miraba fijamente el nombre de la perra que había delatado a Marley y Ryder al jefe de ella e hizo que la despidieran. No me gustaba ver su nombre en el teléfono de Santana. Y me gustó aún menos saber lo que significaba que esté allí. Las náuseas me inundaron. ¿Había estado con Marci jodida Bennett? De repente quería cortar su pene. Pero entonces amaba su pene. Amaba cómo se había sentido en mí, cómo se había movido y... ¡Maldita sea! ¿Por qué tenía que ir y compartirla con cada maldita mujer que conocía?

Antes de que pudiera detenerlo, mis dedos comenzaron a borrar el número. Pero Tina agarró mi muñeca.

—¿Qué estás haciendo?

—Ella tiene el nombre de Marci Bennett aquí. Marci... Bennett. Tina parpadeó sin comprender.

—¿Quién?

—La perra que quería a Ryder para sí misma, por lo que tomó fotos de él y Marley juntos para despedir a mi cuñada de su trabajo.

—Oh. —La boca de Tina se abrió.

—. Ella. Bueno... —Se mordió el labio y miró el nombre de Marci en la libreta de direcciones de Santana, haciendo una mueca.

—Este es su pequeño libro negro, ¿verdad? Todas las mujeres con las que se ha acostado tienen sus dígitos aquí. No puedo creer que fui tan estúpida como para pensar... No sé. No sé en qué pensaba, incluso para venir aquí esta noche y robar su teléfono.

—No puedes culparla por las mujeres que tuvo en el pasado, Brittany. Quiero decir, Cora es la última persona en el planeta que quiero que tenga conocimiento carnal de Mike, pero es quizá la que le enseñó la mitad de las cosas que hacemos juntos. Y sí, eso me molesta. Pero no puedo dejar que me consuma. Si no puedes superar lo que San tuvo antes de conocerte, entonces...

—Pero ¿y si lo hace esta noche? O mañana o... infierno, Tina. Yo fui solo otra conexión de viernes por la noche para ella. Nada, absolutamente nada la está manteniendo alejada de hacer su siguiente movimiento.

—Pensé que era por eso que pusiste tu nuevo número en su teléfono.
— Tina hizo señas, luciendo de repente insegura—. Ibas a mantener su atención en ti así ella no haría... —Pero sus palabras fueron a la deriva como si ella también se dio cuenta de que era probable que no funcionara.

Santana no decidiría inesperadamente ser monógama por una extraña en la oscuridad que se negó a mostrar su cara o decirle su nombre.

—No puedo mandarle un mensaje de texto, diciendo: “Tu pene ahora es mío. Aléjalo de cualquier otra mujer, o voy a quitarlo físicamente y mantenerlo en un frasco junto a mi cama”. Eso sonaría un poco espeluznante.

—En realidad, pensaba que esto sonaba muy espeluznante. Resoplé y empujé su hombro.

—Lo que sea. No puedo... simplemente no puedo... Pero entonces miré hacia la barra.

Nadie había puesto en marcha el karaoke desde que la última persona había terminado de cantar, por lo que una canción normal se escuchaba por los altavoces y Santana balanceaba su cabeza al ritmo mientras llenaba una jarra de cerveza en el grifo. Después que se la entregó al cliente esperando y aceptó el pago, se fue bailando hacia la caja registradora donde Ryder contaba el cambio. Santana le dijo algo a mi hermano antes de que ella le diera la espalda a Ryder, meneó su trasero y fingió molerse contra su pierna. No pude evitarlo; me reí mientras Ryder la empujó lejos antes de dejar escapar una sonrisa renuente y sacudir la cabeza. Eso era lo que siempre me atrajo de Santana; sus alegres y despreocupados chistes que únicamente hacia ella. No parecía importarle lo que pensaran de ella; solo seguía su propio camino, hacía lo suyo, y logró construir lealtades que eran irrompibles para quiénes llamaba amigos.

—Está bien, tal vez pueda soportar su... pasado sucio —dije.

La miré, sintiéndome reforzada. Había estado hablando todo el día, a sabiendas que lo que había hecho estaba mal y con ganas de volver a hacerlo de todos modos. Pero ahora... ahora me sentía totalmente segura. Tenía que volver a verla.

—Tenemos que volver a poner este teléfono donde lo encontraste.

Tina asintió y comenzó a agarrarlo, pero negué con la cabeza. Había sido más allá de afortunada por no haber sido atrapada la primera vez que había ido al bar. Un segundo viaje sería demasiado arriesgado. Echando una hojeada sobre la barra para asegurarme que Ryder o Santana aún no nos habían visto, me quedé helada cuando hice contacto visual con el tercer camarero. Sam sonrió y comenzó a saludar, pero negué con la cabeza frenéticamente y llevé la mano a mi garganta, pidiéndole que se detenga. Lo hizo, frunciendo el ceño ligeramente. Luego miró hacia mi hermano y se volvió hacia mí para torcer su cabeza de una manera curiosa. Puse el dedo sobre mi boca y le hice señas para que viniese hacia nosotras. Una vez más, comprobó lo que hacían sus compañeros de trabajo. Luego se volvió hacia mí con un movimiento de cabeza mientras sostenía un dedo, diciendo que espere un minuto.

—Increíble —murmuró Tina a mi lado—. Creo que en realidad seguí toda la conversación. Sam y tú serían unos espías impresionantes. Le guiñé un ojo.

—Si tan solo pudiéramos usar nuestros poderes para el bien. Apenas alcancé a Sam dándome el visto bueno mientras iba por el pasillo llevando una bandeja llena de material de vidrio utilizado.

—Vamos. —Agarré la mano de Tina y tiré de ella, atravesando la gente, así podría quedarme fuera de la vista desde el bar.

Nuestra misión se hizo más peligrosa porque tuvimos que pasar cerca de ella para llegar a la sala, pero Santana y Ryder parecían ocupados sin Sam a mano para ayudar. Así que no nos hicieron caso. Sam esperó con los brazos aún cargados de vasos sucios. Reduje la velocidad hasta detenerme, y Tina se puso a mi lado. Con el ceño fruncido en los platos que él arrastraba hacia la cocina de atrás, sacudí la cabeza.

—¿Pick no les compró una nueva máquina de esas que desinfectan y lavan los vasos bajo el mostrador? Suspiró y rodó los ojos. —Se estropeó y el nuevo pedido está retrasado. Pick está molesto.

—Luego miró curiosamente entre Tina y yo—. ¿Qué pasa, chicas? ¿Al final han decidido renunciar a sus hombres y ser mis groupies favoritas? Mis hombros se hundieron. Tal vez sería mejor para mi salud mental si renunciara a Santana para estar cerca de Non-Castrato, pero... había llegado tan lejos.

—Por desgracia... no. —Levanté el teléfono de Santana para mostrárselo—. ¿Puedes echar esto detrás de la barra? Sam miró el teléfono y levantó una ceja.

—Eso es de Santana.

Asentí y le envié un encogimiento. Una provocativa sonrisa iluminó su rostro.

—¿Quiero saber lo que hiciste con él?

Esta vez, negué con la cabeza. Rió.

—Genial. Cuenta conmigo. Deslízalo en el bolsillo frontal, dulzura. Ya que sus manos se hallaban llenas, sosteniendo una bandeja de vasos, alcancé el bolsillo delantero de su camiseta negra y deslicé el teléfono antes de darle palmaditas con gratitud.

—¿Y un poco de cariño? —Se animó, inclinando su rostro hacia abajo y hacia un lado para mostrarme su mejilla. Rodé los ojos pero me incliné para besar su mejilla. Él asintió y luego se volvió a Tina.

—Tú también, princesa. No seas tímida. Tina a regañadientes dio un paso adelante y lo besó en la mejilla. Sam se enderezó, viéndose bastante orgulloso de sí mismo.

—Damas — murmuró—, fue bueno hacer negocios con ustedes.

—Entonces se dio la vuelta y se alejó. Quería quedarme para asegurarme de que lograra hacer su trabajo. Pero confiaba en Sam, así que agarré el brazo de Tina.

—Vamos a salir de aquí antes de que seamos atrapadas.

Tenía algunos mensajes de texto que escribir.
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