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[Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

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Finalizado [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 8:45 pm

SINOPSIS


Un caballero con una armadura deslustrada sigue siendo un caballero.  En mi caso una dama con partes de caballero.

Cuando eres una abogada defensora en Washington, DC, ves de primera mano cómo puede ser la vida de dura, y a veces la única manera de sobrevivir es ser aún más dura. Yo, Santana López, tengo la reputación de ser fría, insensible, e intimidante, lo que me viene muy bien. De hecho, necesito serlo cuando estoy quebrando a un testigo en el estrado.

Las complicaciones no funcionan para mí, no soy una  tipa de mujer que "necesita saberlo todo". Si eres mi cliente, me contarás los hechos básicos. Si eres mi cita, sólo harás lo que te corresponde. No soy una terapeuta o una Princesa Encantadora y no pretendo serlo.

Entonces Brittany S. Pierce y sus seis sobrinos huérfanos llegaron y complicaron  infernalmente mi vida.  Ahora  voy  a clases  de  “Mami &  Yo”, conciertos de One Direction, salas de emergencias, y argumento en la oficina del director.

Brittany es demasiado dulce, inocente, y preciosa para su propio bien. Trata de ser dura, pero no lo es. Necesita que alguien la ayude, que la defienda a ella... y a los niños. Y eso…eso, yo sé cómo hacerlo.


Última edición por marthagr81@yahoo.es el Mar Nov 15, 2016 1:53 am, editado 16 veces
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por 3:) el Miér Oct 26, 2016 8:57 pm

Se ve interesante!!!
A ver que llega a hacer san por britt??? Y los 6 niños.....
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por JVM el Miér Oct 26, 2016 9:24 pm

Jajajaja, le llegaron en bolita Britt y sus sobrinos
Haber de que forma llegan a su vida :)
Obviamente con ellos no sera nada fría saldrá su yo bueno jajajaja
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:39 pm

3:) escribió:Se ve interesante!!!
A ver que llega a hacer san por britt??? Y los 6 niños.....

Esto es un caos de historia que encontré por ahi, yo soy abogada y este tipo de historia me hace verle el lado bueno a la profesion y tambien al leerla me desespere y reir al mismo tiempo espero que la disfruten......

Te imaginas a Santana rodeada de 6 niños.......
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:40 pm

JVM escribió:Jajajaja, le llegaron en bolita Britt y sus sobrinos
Haber de que forma llegan a su vida :)
Obviamente con ellos no sera nada fría saldrá su yo bueno jajajaja


Bolita, jajajjaj diria yo avalancha........ ya veras el desastre...... jajajjajaj espero la disfrutes....
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:41 pm


[img][/img]

PROLOGO


Yo no uso un despertador. Soy una de esas personas con un reloj interno que me despierta a la misma hora todos los días, sin importar lo cansada que estoy o lo tarde que me dormí la noche anterior. Yo era esa clase‖de‖niña…‖las‖madres‖ saben el tipo que quiero decir. El tipo que te hace rogar por unos pocos minutos más de descanso antes de que, finalmente, establezcas la ley de que nadie tiene permitido salir de la cama antes de que el sol aparezca. Lo que explica por qué, a pesar de que es domingo, mis párpados están abiertos a las cinco en punto.

Extiendo mis músculos rígidos y adoloridos quejándome, por la falta de sueño... y por el entrenamiento vigoroso después de que llegué a casa desde el bar.
Pateo las mantas, salgo de la cama, todavía desnuda, paso por delante de la cabeza de pelo rojo asomándose por debajo de las mantas, y camino al cuarto de baño. Después de una meada satisfactoria, me cepillo los dientes y salpico agua fría en mi cara, sacudiendo mi pelo negro rebelde. Con un gemido, giro mi cuello y estiro mis brazos.

Me estoy haciendo demasiado vieja para esta mierda. Pero entonces recuerdo los detalles más finos del segundo acto de la noche. La emoción de una nueva conexión, el coqueteo justo, diciendo sólo las cosas correctas. El juego previo sudoroso, caliente, la follada, las largas piernas sobre mis hombros... y sonrío. No hay tal cosa como ser demasiado vieja.
Camino hacia mi armario por una camiseta y pantalones de chándal, luego voy en silencio a la cocina. Presiono el botón en la cafetera, olvida los perros; una buena cafetera es el verdadero mejor amigo de todo ser humano.

Mientras preparo café, enciendo la pantalla plana pequeña ubicada en el mostrador; poniendo las noticias  de la mañana, con los últimos horrores del mundo, estadísticas deportivas, y el clima.

Quinn, mi compañera de colegio de abogados, se mudó el año pasado a vivir con Rachel, una compañera abogada de mi empresa. Quinn es un infierno de mujer, Rachel una mujer patea-traseros, y a pesar de que comenzaron follando como amigas solamente, pude verlas irse domesticando desde kilómetros de distancia.

Tener el apartamento para mí ha sido fantástico. No es que Quinn fuera una vaga, pero ella es una ex chica de fraternidad. Soy una tipa organizada; me gustan las cosas de cierta manera, a mi manera. Rutina. Disciplina. Aseada y cómoda son palabras que me guían sobre cómo vivir.

Mi madre siempre dijo que sería un gran militar, si no fuera necesario tener que responder a una autoridad. Las únicas órdenes que sigo son las mías.

Vapor sale de mi taza de café negro mientras salgo a la terraza, bebiendo lentamente, en tanto la calle silenciosa de DC que me rodea vuelve a la vida.

Una voz nasal se filtra hacia fuera de la puerta del balcón. “I-495 fue cerrada ayer durante varias horas debido a una colisión que cobró la vida del reconocido ambientalista Robert Pierce y su esposa. La causa del accidente mortal todavía está bajo investigación. En otras noticias locales...”

Unos brazos delicados se envuelven alrededor de mi cintura por detrás, mientras unas pequeñas manos se pliegan sobre mis abdominales. Una suave mejilla se presiona contra mi espalda.

—Vuelve a la cama —se queja dulcemente—. Es muuuy temprano.

Lo siento, Cenicienta, pero el reloj dio las doce. La carroza se convirtió de nuevo en una calabaza y es el momento de recoger el zapato de cristal. Nunca pretendí ser la princesa azul o rosa como prefieran. Algunas mujeres pueden manejar una aventura sin nombre de una noche o una conexión casual. Pero, honestamente, la mayoría no puede. Mientras que entiendan que el sexo es lo único que tengo que ofrecer, lo único que quiero a cambio, estoy bien con que se repita.

Al momento en que sus ojos tienen una mirada suave, sentimental o aún peor, herida, estoy fuera. No tengo tiempo para juegos, no tengo ningún‖interés‖en‖hablar‖de‖“a dónde podría ir esto”. Salgo de los brazos de la pelirroja . Me sigue mientras camino a la cocina y pongo mi taza vacía en el fregadero.

—Voy a correr. Hay café en la cafetera y dinero para el taxi en la mesa principal. No necesitas estar aquí cuando vuelva. Los labios brillantes que se extendieron deliciosamente alrededor de mi polla anoche, forman ahora una mueca triste.

—No tienes que ser una idiota.  Me encojo de hombros. —No tengo que serlo... es simplemente más fácil de esa manera. Me coloco mis zapatos para correr y camino por la puerta principal.


Última edición por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:48 pm, editado 2 veces
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:44 pm

CAPITULO 1
CUATRO SEMANAS DESPUES


—¡Me trataron como un vulgar delincuente! Fue humillante.
Sam Evans, es el heredero de un renombrado imperio internacional de hoteles de lujo... y un viejo cliente mío. ¿Edad cronológica? Veinte. ¿Edad mental? Cuatro.

—¡Estúpidas empleadas no sabían con quién trataban! Les dije que les quitaría sus puestos de trabajo.

Sí, su nombre en realidad es Sam Evans. Obviamente sus padres son unos imbéciles.

—Especialmente la azafata, era una perra dura. Tú juegas raqueta con el presidente de la línea aérea, ¿verdad, papá? Quiero que la despidan.
Y esta manzana en particular seguro cayó cerca del árbol. Me recuesto en la silla mientras continúa quejándose con su padre de las injustas reglas de la tripulación de vuelo y todo lo que quiere hacer como represalia. Soy una abogada de defensa criminal en Schuester & Pillsbury, una de las del grupo selecto de estrellas en ascenso en esta firma. Pero éste es el año que cuenta. Es el momento de separarse de la manada, para demostrarle a los socios que soy una de los suyos. La elegida. La mejor.

A diferencia de mis compañeros de trabajo, quienes también resultan ser mis amigos más cercanos, no estoy obstaculizado por cosas extras como familia, novias, matrimonio y niños, lo último en el tercer carril para cualquier adulta con una carrera en auge.

Mi falta de distracciones externas demuestra mi compromiso con la empresa, muestra mi habilidad, solo es un poco más fácil. Me gusta mi  trabajo. No diría que me encanta, pero soy jodidamente buena en ello. Es interesante. Desafiante. Me mantiene alerta. La defensa penal no es acerca de defender a los débiles o proteger a los inocentes, es un juego. Tomar la mano que se repartió, los hechos del caso, y girarlos para tu beneficio. Ser más lista, maniobrar mejor a la fiscalía. Ganar cuando todas las probabilidades dicen que no puedes.

¿La desventaja? Tengo que pasar mi tiempo con idiotas como Sam Evans. Saca un cigarrillo del bolsillo y lo enciende con un movimiento del encendedor. Sacude la cabeza, alejando el pelo rubio fino de la frente mientras libera una nube de humo tóxico de la nariz.
Al igual que un dragón impotente que no sabe cómo soplar fuego.
—No se puede fumar aquí.
—¿Quién dice? —responde con desafío en los ojos.

Moviéndome lentamente, me encuentro fuera de mi silla y frente a él, cerniéndome como una nube negra lista para producir un trueno. Soy consciente de mi talla, y el efecto que tiene sobre las personas. Soy bastante intimidante, incluso cuando no intento serlo. Pero, ¿en este momento? Lo estoy intentando.

—Yo lo digo.
Mi voz es baja y tranquila de manera amenazante. Cuando quieres decir lo que dices y dices exactamente lo que quieres decir, casi nunca se necesita levantar la voz. Gritar es una señal de desesperación, una indicación de que te estás quedando sin opciones, sin nada con que defenderte, excepto alzar el volumen.
Le extiendo una taza de poliestireno con un poco de café frío. Sin una queja, Sam deja caer el cigarrillo en el líquido. Se apaga con un siseo, dejando un olor desagradable a su paso. La mayoría de mis clientes son ricos, otros no tanto. Pero todos encuentran su camino a la puerta de mi oficina porque los rasgos de sus personalidades son similares. Son tramposos, estafadores, piensan que están por encima de las reglas que el resto de nosotros tenemos que seguir, maleantes generales, su naturaleza violenta oculta por una cara sonriente.

La defensa penal en realidad no es tan diferente de proctología. En ambos campos, ves un trasero tras otro. Esta línea de trabajo no es para los débiles de corazón, tienes que tener un estómago fuerte. Y mi estómago es de acero.

—¿Cómo podemos hacer que esto desaparezca, Santana? —pregunta el Evans anciano desde la silla al lado de su hijo. Sus ojos, tan verdes como su traje, me miran con un nivel aceptable de respeto. Porque entiende lo que su descendiente no: que si bien trabajo para él, me necesita más de lo que alguna vez lo necesitaré.

Regreso detrás del escritorio y miro el informe del arresto en frente de mí.
—Los testigos dijeron que su comportamiento era errático, amenazante.

—Están mintiendo. Idiotas envidiosos —se burla Sam.

—La azafata dijo que olía a marihuana cuando salió del cuarto de baño en primera clase. Por un momento, sus ojos se mueven nerviosamente a su padre, luego de nuevo en mí. Levanta la mandíbula, ofendido.

—También lo olí. Debe haber sido uno de los otros pasajeros.

Hago una nota en el archivo, solo para divertirme. He pasado cálculos renales más grandes que el cerebro de este chico. Justificaciones y explicaciones. Algunos días siento como si las hubiese escuchado todas. No pude evitarlo. Él me hizo hacerlo. Ella se lo buscó. Estaba dormido. Me encontraba paseando al maldito perro. Sería bueno si ponen al menos un poco de esfuerzo en su mierda. La originalidad solía significar algo.

—¿Un consejo para el futuro? —le digo a Sam—. No jodas con la Administración Federal de Aviación. Están muy sensibles en estos días y tienen presupuesto para hacer tu vida miserable. —Entonces me vuelvo hacia el padre—. Y en respuesta a su pregunta, Malcolm, sería más fácil hacer que esto desaparezca si tu hijo pudiese abstenerse de ser arrestado cada pocas semanas. Dos arrestos por manejar bajo la influencia del alcohol, uno por conducta desordenada, y un asalto en una pelea de bar, todo en tan solo los últimos tres meses. Apuesto a que piensas que es algún tipo de récord. No lo es.

—¿Estás diciendo que no podemos ganar? —pregunta Sam, con la voz quebrada como si fuera Bobby de La tribu Brady. Mis labios forman una media sonrisa que se siente fría en mi rostro.

—Por supuesto que vamos a ganar. Tomaste medicación para la ansiedad antes del vuelo. Éste es nuestro punto de vista. Una mala reacción a las pastillas, lo que explica tu comportamiento ofensivo. Una declaración jurada del médico prescriptor debe ser suficiente. Es casi demasiado fácil. Lo señalo con el dedo. —Pero por las próximas seis semanas, tienes que quedarte en casa. Mantén tu nombre fuera de los diarios y de las revistas de chismes. No conduzcas, no vayas a clubes, no sueltes gases en un lugar público. ¿Entiendes? Malcolm sonríe y pone su mano sobre el hombro de su hijo.

—Lo haremos.

—Los tres nos ponemos de pie.

—. Como siempre, gracias, Santana. Tenemos suerte de tenerte de nuestro lado.

—Vamos a estar en contacto.

—Y con un apretón de manos, se van.

Dos horas más tarde estoy colocándome la chaqueta del traje, lista para salir a almorzar. De forma automática enderezo la corbata, ajustando el cuello para asegurarme que el tatuaje que comienza en mi clavícula, se envuelve alrededor de mi hombro derecho, y baja hasta el final de mi muñeca se encuentra cubierto. Es una mierda en el verano, pero la presencia de la tinta tiende a hacer que mis clientes de clase alta se sientan incómodos, y además nunca es bien recibida por los jueces.

Mi secretaria, la señora Higgens, entra en mi oficina. Es la clásica anciana pequeña, incluso tiene el collar de perlas y las gafas, es el tipo de abuela que esperas esté sentada en una mecedora tejiendo a ganchillo mantas para docenas de nietos. Es excelente en su trabajo. Me han llamado con precisión una bastarda insensible en varias ocasiones, pero no estoy segura de si podría reunir el nivel de insensibilidad que se necesitaría para despedirla.

—Hay una señorita aquí para verte, Santana. No tiene cita.

Jodidamente odio a las personas sin cita. Son inesperados e impredecibles. Entorpecen mi horario y mi horario es sagrado.

—Estoy yéndome.

La señora Higgens me mira de lado y deja caer una pista poco sutil.

—Es muy bonita.

Echo un vistazo a mi reloj.

—Bien. Pero dile que tiene cinco minutos y solo cinco minutos. Me siento de nuevo y unos momentos más tarde una mujer de cabello oscuro entra en mi oficina. Diría que tiene casi treinta años, es atractiva, con un pequeño cuerpo sexi bajo esos pantalones beige y cárdigan amarillo. Pero sus ojos huidizos y nerviosos movimientos amortiguan su sensualidad.

Luce bien, pero la confianza es, de lejos, el accesorio más atractivo que una mujer puede llevar. La señora Higgens cierra la puerta mientras sale, y la morena camina hasta mi escritorio.

—Hola —dice, brevemente en mi cara antes de mirar de nuevo hacia el suelo, empujando su pelo detrás de las orejas.

—Hola. ¿Puedo ayudarle? Eso hace que levante la mirada.

—No te acuerdas de mí, ¿verdad? —pregunta, retorciéndose las manos.
Estudio su rostro, con más cuidado esta vez. No es ni muy hermosa ni extraordinariamente fea. Solo... común. Olvidable.

—¿Debería?

Sus hombros se encorvan mientras se cubre los ojos, murmurando

—: Por Dios, pensé que esto iba a ser suficiente... —Se hunde en una de las sillas frente al escritorio, sentándose en el borde, lista para correr. Después de un momento, añade—: Nos conocimos el mes pasado ¿en el Angry Inch Saloon? ¿Llevaba un vestido rojo?

No, no me suena. He conocido a un montón de mujeres en ese bar y cuando es posible, voy por las rubias. No son más divertidas... solo más calientes. Aparta su flequillo oscuro y lo intenta de nuevo.

—Te pedí que me compraras una bebida, y lo hiciste. Un cosmopolita.
Aún nada.

—¿Regresamos a tu casa después de que te conté que vi a mi novio teniendo sexo con mi mejor amigo?

Estoy en un espacio en blanco.

—¿Mientras usaba mi camisón rosa favorito?

Y tenemos un ganador. Ahora recuerdo. Me hizo pensar en Marv Albert, el comentarista deportivo con una inclinación por la ropa interior, asalto y agresión a las mujeres. Y, sin embargo, todavía está en la televisión. Solo en Estados Unidos.

—Sí. Ahora recuerdo... —Entrecierro los ojos, intentando recordar el nombre.

—Lainey.

—Lainey. —Chasqueo los dedos—. Correcto. ¿Qué puedo hacer por ti? — Miro mi reloj, faltan dos minutos y estaré en la puerta. Parecía nerviosa y alterada.

—Está bien, no hay manera fácil de decir esto... así que solo voy a decirlo.

Suena como un plan sólido. Toma un gran respiro y dice de corrido—: No solo tomó a mi mejor amigo y mi mejor lencería... también dejó algo detrás. Cuán poético.

—Sífilis.

¿Ese sonido que acabas de escuchar? Esa soy yo, pensando: ¿Qué carajo acaba de decir? De hecho, me meto el dedo en el oído, para limpiar el agua que está obviamente atascada allí por la ducha de la mañana, lo que jodidamente distorsiona mi audición. Pero entonces habla de nuevo. Y suena exactamente igual.

—Sí, sífilis.

Mi estómago se estremece, y hay una muy buena posibilidad de que esté a punto de perder mi desayuno.

—Obtuve el resultado de las pruebas hace unos días. La gente de la clínica dijo que tenía que ponerme en contacto con todos aquellos con quienes he tenido relaciones sexuales. Y esa eres solo tú. Recordé tu nombre y que eras una abogada aquí en DC. —Agita sus manos—. Así que... aquí estoy.

Podría querer moverse un poco a la derecha. Definitivamente voy a vomitar.

Respira más fácil ahora, luciendo aliviada de haber dicho todo. Cuán malditamente bien por ella.

—¿Tienes alguna pregunta, Santana? ¿Cualquier cosa que quieras decir?

Jodido infierno, simplemente debería haber ido a almorzar.


Última edición por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:46 pm, editado 1 vez
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:45 pm

CAPITULO 2


No siempre estaba tan comprometida con la estructura, dedicada a la rutina. En mis años de juventud, era el epítome de la chica mala. Entre más mala, mejor. Tengo las cicatrices, los tatuajes, y un expediente penal juvenil sellado para probarlo.

En aquellos días tenía un gran temperamento y un resentimiento aún más grande, una combinación peligrosa. Y dejé que ambos me controlaran en la manera que la droga controla a un drogadicto. Fue sólo después de un gran susto, una falta cercana que casi diezmó mi vida, que me volví legal.

Con la orientación de un viejo juez cascarrabias que me tomó bajo su ala y pateó mi culo, fui capaz de encerrar a la chica mala y tirar la llave. Porque vio algo en mí que yo nunca había visto. Potencial. Promesa. La posibilidad de grandeza.

Claro, mi madre siempre lo predijo, pero en lo que se refiere a mi jodido cerebro, ella no contaba. Todas las mamás piensan que sus hijos son el próximo Einstein, Mozart o Gates. Me aceptó por quien era, con errores y todo. Pero se negó a aceptar que eso era todo lo que era. Y cuando alguien cree en ti, se la juega por ti cuando no tiene la obligación de hacer nada, genera un impacto.

Me dieron ganas de mirar un espejo y ver a la mujer que ella sabía que podía ser. Y hoy, esa es la hija de puta que me mira de vuelta. Controlada. Poderosa.

En la parte superior de su juego. Claro, de vez en cuando el temperamento sacude la jaula, pero mantengo esa mierda bien asegurada. La chica mala sale a jugar con límites, con una correa corta y gruesa. Las mujeres aman a otra chica mala; se ponen todas mojadas y temblorosas por una mujer dura, de modo que ese es su patio de recreo. Porque cuando se trata de follar... como dije... entre más mala, mejor.

Es esa practicada moderación que me permite mantener mi cita para el almuerzo en pie, a pesar de que comer es la última cosa que quiero hacer. Pero es un ritual. Rachel, Ryder, Quinn y yo, los actuales cuatro fantásticos de la ley penal. A veces es en nuestras oficinas, la mayoría de las veces en cualquiera de las tabernas o cafés ubicados a pocas cuadras de nuestra firma. Estamos sentados en uno de esos lugares ahora, en una mesa redonda en la acera con un mantel a cuadros, el aire de marzo y el sol de la tarde apenas lo suficientemente caliente para comer fuera. La sesión matutina en la corte de Quinn se alargó por lo que está tarde para la fiesta. Rachel se pone de pie cuando se acerca, alisándose la falda negra y elegante, sus tacones de diez centímetros elevándola a la altura de los ojos con su novia. La besa, con labios sonrientes y una expresión cursi.
—Hola, cariño. Ella pasa la mano por su pelo rubio.
—Hola.

Ryder se inclina hacia atrás en su silla, su mirada oscura brillando con picardía.

—¿No obtengo un beso?

Quinn saca la silla de Rachel para ella, luego se sienta en la suya.

—Mi culo está siempre disponible para ti, Ryder.

—En realidad, hablaba con Rachel.

—Su culo está fuera de límites —responde Quinn, escaneando el menú.
Quinn Fabray es una buena chica anticuada, en todos los sentidos del término. Originalmente una chica de granja de Mississippi, es honesta, leal, tiene una baja tolerancia a la idiotez y exuda encanto fácil y genuino que las mujeres encuentran irresistible, al igual que los jurados.
Nos conocimos en la facultad de derecho y nos convertimos en compañeras de cuarto poco después de eso. Es un peso pesado alrededor de la firma, su registro es tan impresionante como el mío y tiene su ojo puesto en ser socia. Pero, a diferencia de mí, Quinn tiene equipaje. Equipaje agradable y dulce, seguro, pero equipaje de todos modos. No me gustan los niños, demasiado necesitados, demasiado quejosos.

La hija de Quinn, Beth, es la única excepción. Vive en Mississippi con su madre, pero viene a DC con la suficiente frecuencia para que mi amiga tenga más que ganado su apodo de mami. Y lo disfruta. Si el sol tomara forma humana, como un mito griego, sería Beth Fabray. Es una chica fantástica.

Después de que ordenamos, hablamos en turnos sobre nuestros últimos casos, las idas y venidas de la firma. Quién está pisando sobre los dedos de alguien, quién tiene un cuchillo listo para realizar una buena puñalada por la espalda. Esto no es chisme; es buena información. Orejas al suelo para recoger la información que necesitamos para hacer nuestro próximo movimiento.

Nuestra comida llega y la conversación se desplaza hacia la política. DC puede ser una gran ciudad, pero cuando se trata de estrategia y alianzas, se asemeja a un episodio de Sobrevivientes. Y todo el mundo está salivando por votar a alguien fuera de la isla. Pero sólo estoy escuchándolos con un oído. Mi otro oído todavía está sonando con la revelación de mi visita inesperada. Lainey. No es probable que olvide su nombre otra vez. Intento mantener la calma sobre ello, pero mis manos sudorosas me traicionan. Y a menos que esté golpeando la bolsa en el gimnasio o corriendo mis siete kilómetros, jodidamente no sudo.

Considero las probabilidades de que en realidad esté infectada y lo que eso significa para mí. Pienso en cómo llegué a este punto, las cosas que debería haber hecho diferentes para evitar la sensación de malestar en el estómago que me hace dejar mi comida sin tocar. La voz de Ryder me saca de mi cabeza.

—¿Qué te pasa hoy?
Encuentro su mirada inquisitiva con una insulsa.

—¿Por qué piensas que algo va mal? Se encoge de hombros.

—Has ido mucho más allá del silencio temporario y te estás acercando a mutismo selectivo.

¿Qué pasa? Ryder es un hablador. Un partícipe. Viene de una familia de extrema riqueza que se remonta a varias generaciones. Pero sus padres no son los aristócratas silenciosos y fríos que te imaginas. Claro, son algo excéntricos, me parecen bastante divertidos, pero también son cálidos, divertidos, humildes y pasaron esas cualidades a su hijo. Debido a que en realidad no trabajan, los miembros de la familia de Ryder tienen demasiado tiempo en sus manos, por lo que también están demasiado involucrados en la vida personal de cada uno. No hay secretos en el clan Lynn. El mes pasado su prima Carolyn envió por correo electrónico el boletín de noticias de la familia con su fecha de ovulación adjunta, para que todos pudieran mantener sus dedos cruzados por ella. Y ni siquiera estoy bromeando. Harían un reality show malditamente divertido.

Cuando era un niño Ryder tuvo un accidente, fue atropellado por un coche a toda velocidad. Sobrevivió, menos la mitad inferior de una pierna. Pero él es bueno con ello, la autocompasión no está en su vocabulario. Su cara bonita probablemente ayuda en ese sentido, y el hecho de que las mujeres prácticamente ruegan por que las folle no duele, tampoco.

También es un gran creyente en la terapia. Sospecho que les ha repartido más dinero a los terapeutas en los últimos años de lo que pagó por su casa. No soy alguien que comparte o una habladora. Pero nos llevamos bien, una especie de yin-yang y ese tipo de cosas. Ryder tiene un don para arrastrarme fuera de mi caparazón de una manera que no me dan ganas de darle un puñetazo. Pero no hoy.

—No quiero hablar de ello.

Sus ojos se quedan en mí como un piloto de caza en un objetivo. O un hermano más joven molesto.

—Bueno, ahora tienes que hablar de ello.

—En realidad no —digo rotundamente.

—Vamos escúpelo. Dinos. Dinos. Sabes que quieres. Dinos.

Quinn se ríe.

—Deberías decirlo, Santana. No va a parar hasta que lo hagas.

Ofrezco una alternativa.

—Podría romper su mandíbula. Tenerla cerrada podrá detenerlo.

Ryder acaricia su recién crecida y cuidada barba.

—Como si harías cualquier cosa para echar a perder este invaluable trabajo de arte. Eso sería un crimen. Sólo tienes que decirnos. Diiiiiiiiinnoooosss.

Abro la boca... después hago una pausa... mirando vacilante a Rachel. Me lee alto y claro, y rueda sus ojos color avellana.

—Crecí con tres hermanos mayores. Y vivo con ella. —Apunta a Quinn—. Literalmente no hay algo que pudieras decir que no haya oído antes. Está bien.

Respiro y fuerzo las palabras fuera de mis pulmones.

—Resulta que una mujer a quién me follé el mes pasado tiene sífilis. Tengo que hacerme la prueba.

Rachel tose en su bebida.

—Retiro lo dicho. Ryder se ríe, el bastardo.

—Morena, eso es horrible.

—Gracias, imbécil. —Lo miro—. Suenas verdaderamente triste por ello.
Ryder retiene su risa.

—No me malinterpretes, es una mierda, pero la sífilis se cura con una inyección, podría haber sido peor.

—Su voz baja de volumen—. ¿Quieres jugar? a veces hay que pagar. Le pasa al mejor de nosotros. Tuve un mal caso de críos marinos una vez.

—¿Mariscos? —pregunta Rachel. Quinn le responde.

—Ladillas, bebé. Su cara se arruga.

—Ewww.

Quinn menea su dedo hacía mí.

—Te dije que un día la puerta giratoria de coños iba a pellizcarte.

—Gracias por no decir te lo dije.

—En cualquier momento.

Cuando estaba soltera, Quinn no era una monja. Pero sus enredos eran más de una quemadura rápida. Ella salía en citas. Tenía un sólido establo de mujeres a las que se sentía cómoda llamando cuando quería tener sexo.

No funciono de esa manera. Se necesita demasiada energía, demasiado tiempo. La mente y la personalidad de una mujer no me encienden. Son sus otras partes las que sostienen mi atención. Siento la necesidad de defenderme.

—No es como si ustedes dos fueran tan exigentes. He visto algunas de las mujeres que han follado. Algunas eran un desastre.

—Siento eso —dice Ryder. Pero su sonrisa dice que como que no lo hace.

—Por lo menos sabía sus nombres —contesta Quinn—. Un poco de sus antecedentes,‖sus‖gustos,‖historia…

—Claro—, discuto—,‖ porque‖ justo‖ después‖ de‖ “que‖ agradable‖ clima estamos teniendo”, una chica va a decir: “Oh y para tu información tengo sífilis”.
Quinn piensa en eso un momento, luego se encoge de hombros.

—Podría, en realidad. Te sorprenderías de lo que se puede aprender si se toma el tiempo para hablar con las mujeres. E incluso si no te lo dijo, cuando se llega a conocer a una mujer, se obtiene una idea de qué tipo de persona es. Eso ayuda en la decisión de donde no quieres meter la polla.

Odio admitir que tiene un punto, pero lo hace. Y puedo decidir en este momento, si mis pruebas vuelven limpias, que conoceré a la siguiente mujer en la que tenga intención de meter la polla. Por lo menos un poco. Así que nunca jamás tenga que lidiar con esta mierda de nuevo. Rachel se inclina hacia delante, apoyando los codos sobre la mesa.

— ¿Llamaste a tu médico?

—Sí. Tengo una cita esta noche.

Evito los médicos como la peste bubónica. En algún nivel sé que es ignorante, pero creo que el estrés de saber que tienes una enfermedad mortal mata más rápido que la propia enfermedad. Prefiero no saberlo.
Dame un repentino ataque al corazón en el medio de una follada fantástica o un argumento en medio de una sala de audiencias en cualquier momento. Así es como me quiero ir. En muchos, muchos años a partir de ahora.

—¿Sabes cuál va a ser la peor parte, no es así? —pregunta Ryder.

El hijo de puta sigue sonriendo.

—¿Esta no es la maldita peor parte? Niega con la cabeza.

—Nop. El celibato, buena mujer. No hay diversión para ti por probablemente cerca de dos semanas. Hasta que los resultados de las pruebas estén listos.

—¿Dos semanas? ¿Estás jodiéndome?

Mi polla duele ante la idea; bien podrían ser dos años. Le da un codazo a mi hombro y quiero pegarle.

—Me temo que no. Tú y Manuela van a ser monógamas por un tiempo. Mis ojos se entrecierran, porque no tengo ni idea de lo que está diciendo.
— ¿Quién es Manuela? Agita su palma. —Manuela la mano .
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:49 pm

CAPITULO 3
DOS SEMANAS DESPUES



Ryder tenía razón. Han sido las dos semanas más largas y lentas de mi vida. He ejercitado tanto que rompí mi banco de pesas. Manuela y yo hemos pasado demasiado tiempo juntas. El sexo es rancio y está comenzando a ponerse pegajosa. Hora de romper con ella. No soy una ninfómana, no necesito tener sexo todas las noches, pero dos semanas es un gran período de sequía. No ha sido agradable, y tampoco mi estado de ánimo. Con cada día que ha pasado, me he vuelto exponencialmente más insoportable. Tensa. Con poca paciencia. Al borde. En esencia, verdaderamente excitada.

Quinn ha tratado de evitar estar en la oficina junto a mí. La tarde en que la amenacé con arrancarle la lengua mientras se ponía juguetona en el teléfono con Rachel podría tener algo que ver con eso. Y a pesar de que hoy es el día que espero que termine rápidamente, la ansiedad sobre mis resultados me tienen aún más estresada.

Lo que son en realidad malas noticias para el cliente que acaba de entrar en mi oficina. Sam - No- Puedo- Seguir- Una- Sola- Jodida- Regla- Evans.
Sam–Me–Arrestaron–Porque–Me–Encontraba–En-Un-Coche-Que-FueDetenido-Con-Diez-Bolsas-De-Heroína-En-La-Guantera-Evans.
La puerta resuena en sus goznes cuando la tiro para cerrarla detrás de él y le doy mi mirada más oscura. Pone las manos en sus bolsillos y camina hacia una silla como si se encontrara caminando de paseo en el parque, sin importarle el mundo.

Hoy no, imbécil. Mientras se encorva en la silla, me siento detrás del escritorio y doblo las manos para evitar darle un puñetazo.

—¿Qué te dije? —pregunto.

—No era mía. Mi voz se vuelve más baja. Más aguda.

—¿Qué te dije?

Baja la mirada, como un perro sumiso.

—Me dijiste que me quedara en casa, pero…

Levanto el dedo. —No hay peros. Te dije que mantuvieras tu patético trasero en casa, y eres tan idiota que no escuchas.

Se pone de pie, su rostro pasando de blanco a rosa furioso.

—¡No puedes hablarme de esa manera! Mi padre paga tu salario. Yo también me pongo de pie, y soy mucho más atemorizante que él.

— Siéntate.

Lo hace. Me quedo de pie.

—Acabo de hablarte así, idiota. Y no me atemorizas, así que supéralo. En cuanto a tu padre, no, él no me paga mi salario. Peor incluso si lo hiciera, no dudaría en decirte lo estúpido imbécil que eres.

Se vuelve más rojo con cada palabra. Me vuelvo a sentar, mi lengua volviéndose más filosófica.

—¿Sabes lo que le pasa a chicos como tú en la cárcel, Sam? ¿Bonitos niños ricos de olor dulce?

Y se vuelve de rosa a pálido en cuestión segundos.

—A menos que tengas alguna fantasía de conseguir tu culo desgarrado, necesitas meterte en ese cráneo grueso que la única cosa interponiéndose entre tú y un compañero de celda llamado Chewbacca, soy yo.

Finalmente parece asustado.

—Y porque es mi trabajo, mantendré tu no merecido culo fuera de la cárcel, quieras cooperar o no. ¿Lo entiendes?

Asiente e inteligentemente mantiene la boca cerrada.
—---Ahora…‖¿tus‖huellas‖se‖encuentran‖en‖alguna‖de‖las‖bolsas‖de‖heroína?
Niega con la cabeza.

—No. Nunca las toqué.

Perfecto. Es probable que pueda trabajar en torno a su último arresto.

Saco una tarjeta de negocios de mi cajón superior.

—Cuando salgas de mi oficina, ve directo a esta dirección.

Examina la tarjeta.

—¿Qué es?

—Es una empresa de vigilancia. Te pondrán un grillete que les dirá si sales de casa. Si lo haces, me lo notificarán.

Abre su boca para discutir.
—Ni una jodida palabra, Sam. Esta es tu última oportunidad, la cagas y es el plan B hasta el final.

—¿Cuál es el plan B? —pregunta, como si fuera una opción que prefiere considerar.

—Te doy una paliza. No puedes meterte en problemas si te he inmovilizado.

Traga con fuerza, lo escucho.

—De…‖de‖acuerdo‖—tartamudea—. Esta vez de verdad, pondré atención.


Mi expresión sigue siendo dura; no me inmuto ni un centímetro.

—Por tu bien, malditamente más te vale. Dos horas después, me encuentro en una sala de examen en el consultorio de mi doctor, sentada en una mesa con un estúpido papel arrugándose bajo mis pantalones beige. Reviso mi reloj. Llega tarde. Como si mi estado de ánimo no fuera lo suficientemente negro, de verdad odio que me hagan esperar. Con nada mejor que hacer, le echo un vistazo a las paredes de la habitación. Certificados enmarcados de Yale, un cartel de la forma adecuada de lavarse las manos, un anuncio de la vacuna contra la gripe, y un recordatorio para hacerte el examen de la próstata.

Dispárame ahora. Sáquenme de mi miseria. Y por enésima vez en dos semanas, juro que nunca volveré a estar en esta posición. No más sexo con desconocidas. No más novias despechadas con problemas de autoestima esperando alocarse con un polvo de una extraña. De ahora en adelante, son solo citas. Las conoceré. Voy a ser malditamente exigente, sin importar lo poco apetecible que suene.

Finalmente, la puerta de la habitación se abre, y entra un rostro desconocido con una bata blanca. Cabello castaño claro, ojos pequeños oscuros, un mentón suave que parece que nunca ha conocido una navaja.

Parece que tiene doce jodidos años.

—¿Puedo ayudarte? —pregunto. Levanta la mirada del archivo en sus manos, sonriendo.

—Buenos días, Señorita López. Soy el Doctor Grey. Por un momento fugaz miro la puerta, esperando que su padre entre tras él.


—¿Seguro? Buena sonrisa natural.

—Sí, seguro que soy doctor. Soy nuevo en la práctica. El Dr. Sauer tuvo una emergencia familiar por lo que lo cubro durante el día de hoy.

—Gira una página del archivo, revisando el contenido—. Antes de que discutamos sus resultados, vamos a revisar los protocolos recomendados para las relaciones sexuales seguras, incluyendo los preservativos, lubricantes espermicidas,‖control‖de‖nacimiento…

Extiendo mi mano en el aire.

—No lo hagamos. Estoy bien con todo. Solo dígamelo directamente, ¿mis resultados son buenos o malos?

Levanto la botella de cerveza, chocándola con las tres copas levantadas.
— Limpia como un silbato.
No he sonreído tanto desde que gané mi primer caso. Prácticamente me encuentro vertiginosa, por amor a Cristo. Mis mejillas volviéndose adoloridas.

—Felicidades—me dice Rachel felizmente.

—Sana, rica e inteligente —dice Quinn—. Un brindis para que se quede de esa manera.

—Seguro. —Tomo un sorbo de la botella. Normalmente no bebo en el almuerzo, y nunca me emborracho, incluso en los fines de semana. Siempre he asociado estar borracha con debilidad, una pérdida de control, pensamientos nebulosos y acciones lamentables. Pero esta es una ocasión especial.

—Así que, ¿cuál es tu plan ahora? —pregunta Ryder—. Como si ya no lo supiera, tu pequeña bastarda. He visto la forma en que has visto de reojo a la pobre señora Higgens. ¿Muy desesperada?
Lo ignoro. La señora Higgins es básicamente la única mujer en mi radio que está exenta. Lo que me lleva a mi siguiente pregunta.

—Así‖ que…‖ ¿cual‖ es‖ la‖ agenda típica para toda esta cosa de las citas? ¿Cuán tiempo se espera a ir directo a follar?

—Tres citas —contestan todos simultáneamente.

Mis cejas se levantan.

—¿Tres citas?‖ ¿En‖ serio?‖ Ustedes‖ son,‖ como…‖ ¿mas‖ religiosos de lo que pensé?

—¿Nunca has escuchado la regla de las tres citas? —Rachel se lleva un bocado de ensalada Cesar a la boca.

Cuando niego con la cabeza, Quinn explica—: En la primera cita, hablan, ven si pueden soportar estar juntas en la misma habitación durante más de una hora. La segunda cita‖ es‖ como…‖ la‖ comprobación‖ de‖ que‖ ambas‖ son‖ quienes parecieron ser en la primera. Y la tercer es el punto dulce, deja que lleguen los buenos tiempos.

Parece una gran cantidad de esfuerzo para solo acostarse con alguien. Me pregunto si el coño es mejor cuando sabes el nombre de la chica.

—Espera un segundo —interrumpe Rachel—. ¿Esto significa que nunca has tenido una cita? ¿Una novia? ¿Ni siquiera en el instituto?

Sacudo la cabeza.

—No era exactamente material de novia en el instituto. Y a las chicas con las que salía no les interesaban ese tipo de cosas.

—Es un poco adorable, Santana —bromea—. Es casi como si fueras virgen.

Frunzo el ceño.

—Excepto, que no lo soy en absoluto.

—Tengo una cita el viernes —nos dice Ryder—. Con Lucy Patterson de Emblem & Glock. Emblem & Glock, es otra firma en Washington D.C. con quienes competimos con regularidad por clientes.

—¿Durmiendo con el enemigo, eh? —le pregunta Quinn.

Ryder se encoge de hombros.

—Ella es inteligente, hermosa y no piensa que soy un idiota cuando me quejo del fiscal novato que se rehúsa hacer un trato. Además, esta cosa de la competencia profesional es sexy.

—Me mira—. Puedo verificar si tiene alguna amiga. Podemos tener una cita doble.

Hago los cálculos en mi mente.

—Eso significa que lo más temprano que conseguiré algo es el domingo. Y eso es solo si dejo atrás todo mi fin de semana por una mujer que ni he visto.
Eso me sirve.

—¿Tienes otra alternativa? —pregunta Ryder.

De hecho, sí la tengo. Algunos chicos tienen problemas con acostarse con una compañera de trabajo. Tienen miedo de que pueda volverse incómodo. Complicado. Pero no yo. Y especialmente no en este caso. Pensé que el ya conoceria el nombre de la otra, vernos yendo y viniendo por los pasados siete años, quita al menos una cita de la regla de las tres citas. Debemos amar la eficiencia. Camille Longhorn trabaja en el departamento de facturación de mi firma. Soltera, metro setenta y ocho, alrededor de cincuenta y cuatro kilos, piernas largas, fantástico cabello rubio sucio y un rostro que parece una joven Elle Macpherson. Cuando le pedí una cita para cenar cuatro horas antes, me encontraba desesperada porque lo único sucio en ella no fuera solo su cabello. Pero eso fue entonces. ¿Ahora? No tanto. Porque luego de escucharla hablar monótonamente sobre cosas que nunca me importarán; después de escuchar su risa estridente resoplando que me hace estremecerme involuntariamente cada jodida vez que la hace; luego de observarla retorcer compulsivamente su cabello y rascarse la cabeza, al punto que parece que yo siento arrastrarse una infestación invisible de arañas, ya no estoy interesada. Para nada. Es como esa película de Gwyneth Paltrow de hace años. Ahora es sexy…‖ ahora no lo es.

—Y entonces dije, ¡eso se encuentra por encima de mi grado de paga! Chillido-resoplo. Chillido-resoplo. Chillido-resoplo.

Oh Dios. Por favor, deja de hablar. Intento bloquearla. Concentrarme en las cosas importantes, como la plenitud redonda de sus pechos luchando contra su suéter beige. Imagino cómo se sentirán ahuecados en mis manos, entre mis labios, bajo mi lengua con sus muslos alrededor‖de‖mi‖cintura‖y… Y tiene espinaca en los dientes. O quizá rúcula. Mi polla se rinde. Y sin embargo, de alguna manera me las arreglo para mantener mi rostro impasible y cortés mientras señalo su boca y digo.

—Tienes…‖ algo…

—¡Oh! Gracias. Levanta un cuchillo y observa sus dientes en el reflejo.

Nunca me di cuenta de que el lado negativo de conocer a una mujer antes de follarla es la posibilidad de que no quiera follarla luego de conocerla. Es deprimente. Toda mi visión del mundo explota en pedazos. Cuando la cuenta llega, Camille comienza a sacar la cartera de su bolsa, pero la detengo con un gesto con la mano. Lanzo un par de billetes de cincuenta en la mesa y nos ponemos de pie juntas, nos ponemos nuestros abrigos, y salimos a la acera. Caminamos hasta allí después del trabajo, así que la buena noticia es que no tengo que llevarla a su casa.

—Gracias por la cena, Santana. —Me sonríe—. Esto fue divertido. Deberíamos hacerlo de nuevo en algún momento.

Abro la boca para decir que no, gracias. La sinceridad siempre ha sido mi política. No tengo tiempo ni voluntad para endulzar las cosas. Pero me detengo, porque es una cita. Giros, verdades a medias, mentiras blancas, mantener las opciones abiertas y bases cubiertas es lo que haces cuando tienes citas. Y tal vez tenga un mal día. Quizá la próxima vez que la vea no será molesta y de verdad quiera follarla hasta el cansancio. Podría pasar. Y odiaría pegarme un tiro en la polla si esa es incluso la más remota posibilidad. Así que voy con el viejo recurso.

—Te llamaré. Camille se levanta de puntitas y me besa la mejilla.

—Buenas noches, Santana.

—Adiós, Camille.

Y regreso solo a mi apartamento. Recordándome a mí misma que podría ser peor. Podría estar a solas con la sífilis.

El día siguiente pasa un poco borroso. Lo paso revisando descubrimientos, mayormente reportes médicos, de un próximo caso de violencia doméstica. El Senador William Holten es un político de carrera con sus manos en todo tipo de tarro de galletas. Eso lo hace un formidable enemigo, e incluso un aliado todavía más poderoso. Tiene cargos por varios casos de asalto agravado contra su esposa de treinta años. Mi jefe, William Schuester, es buen amigo de Holten, me pidió personalmente que tomara el caso. Eso es una gran jodida oferta. Este es un caso que podría hacer toda mi carrera en esta firma. Razón por la que lo tomé, incluso cuando Holten tiene ojos planos sin emociones que encuentro inquietantes.

Incluso leyendo sus archivos, viendo las fotografías y detalles de las heridas de su esposa a través de los años, me pone incómoda. Hace que mi estómago se retuerza con la familiaridad de todo ello. Para las cinco de la tarde, me vendría bien un poco de aire. Camino a la acerca y cuadra abajo, estirando las piernas. Hoy hace más frío afuera, el cielo de color gris oscuro, con una brisa que sopla la parte de la espalda de la chaqueta de mi traje. Todavía así, el viento frío se siente bien después de estar adentro todo el día.
Cierro los ojos e inhalo, sintiendo el oxigeno helado ampliar mis pulmones.--….‖ Y luego choco con algo de la estatura de mi cintura y cálido. Rebota con un suave—: ¡Ummp! Bajo la mirada a unos grandes ojos color cobalto, cabello castaño rizado, rostro pálido con pecas. No puede tener más de nueve o diez años. Me mira por unos segundos desde donde se encuentra tirado en el suelo de la acera, labios separados, respirando rápido de la sorpresa. Luego se gira de lado, luchando por meter sus manos en su mochila, asegurándose de que nada se le haya caído de tantos bolsillos.

—¿Te encuentras bien, niño? —pregunto, ofreciéndole una mano para ayudarle a levantarse.

Sus manos se lanzan a mi mano, y hace una pausa antes de tomarla. Tiro de él hasta que se pone de pie.

—Sí. Estoy bien. Lo siento, señorita.

—Deja caer la barbilla en su mentón y levanta su mochila de cuero marrón sobre los hombros.

—Mira por donde caminas —digo—. Si yo hubiera sido una bicicleta, te hubieras lastimado de verdad.
Murmura un rápido
—: De acuerdo.

Luego se gira y continúa por la misma cuadra. Sigo caminando en la dirección opuesta. Pero después de unos pasos, me doy‖cuenta‖de‖que‖algo‖se‖siente….‖Diferente. Ligero. Fuera de balance. De inmediato mis manos van a los bolsillos de mi chaqueta. Mi teléfono se halla‖ en‖ el‖ bolsillo‖ derecho‖ y‖ mi‖ cartera…‖ mi‖ cartera‖ no se encuentra en el izquierdo. Me giro bruscamente, serpenteando mi mirada a través de la multitud de peatones que caminan encorvados contra el viento, hasta que me concentro en el niño, quién ahora se halla a media cuadra de distancia.

—¡Oye!
Mi voz retumba como un cañón, y él y varias personas transitando se detienen y me miran. Incluso desde la distancia, hago contacto visual con él. Y la diabólica expresión que lentamente se forma en su rostro me dice todo lo que necesito saber. Una sonrisa confiada se forma sobre sus rectos dientes blancos de bebé, y un brillo victorioso brilla en los ojos de gato porque cree que se encuentra fuera de mi alcance. Y sostiene su mano derecha en alto y me saca el dedo del medio. Pequeña mierda. Después se echa a correr por la cuadra. No lo creo, niño.

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Oct 26, 2016 10:51 pm

CAPITULO 4


Impulsándome con los brazos, corro por la calle y luego giro bruscamente a la izquierda por la calle que conecta, intentando lo mejor que puedo de no empujar a los peatones en la banqueta.

Esquivo un auto tocando bocina y llego al otro lado de la calle en tres zancadas, luego subo los escalones de concreto en dos pasos, entrando por la puerta de un centro comercial que desemboca a dos cuadras, en una calle en la que vi al niño girar. Corro más allá de Gap y la zona de comidas.

—¡Cuidado! —grita un hombre encorvado de cabello gris cuando paso, moviendo su bastón.

Salgo por las puertas traseras a la calle. Miro a la derecha, luego a la izquierda. Veo a la pequeña mierda, todavía corriendo, con su mochila como un faro en la luz del sol desvaneciéndose. El sudor gotea por mi frente mientras corro por la calle, saltando sobre un hidrante de incendio como una corredora de pista. Extiendo mi brazo, mis dedos intentando alcanzarlo…‖ y‖ atrapo‖ al‖ pequeño‖ hijo‖ de‖ puta‖ por‖ la‖ parte‖ trasera‖ de‖ su‖ camisa‖ blanca.
--¡Te tengo!

Él grita indignado, luego gira y se retuerce como un pez en el anzuelo, intentando deshacerse de mi agarre. Pero no hay manera de que eso vaya a suceder.

—¡Suéltame! ¡Déjame ir!

Lo sacudo para captar su atención y gruño

—: ¡Cálmate!

Pequeños puños golpean contra mi brazo, empujan mi estómago. Lo sacudo de nuevo.

—¡Dije que pares! Ahora. —Y luego, en voz más baja—. No voy a herirte.

Pero está determinado.

—¡Ayuda! —grita, intentando hacer contacto visual con los rostros curiosos observándonos. Como la mayoría de los transeúntes, siguen caminando, imaginando que alguien más va a intervenir, pero no ellos. Luego el pequeño bastardo grita el mantra marcado en las cabezas de los niños por padres sobreprotectores y anuncios del servicio público contra extraños peligrosos.

—¡No eres mi madre! ¡No te conozco! ¡Ayuda!

Lo sacudo más fuerte ahora, haciendo sonar sus dientes. Luego siseo

—: ¿De verdad quieres atraer la atención hacia nosotros con mi billetera en tu maldita mochila?

Eso lo calma. Jadeando como un zorro en una trampa, deja de retorcerse. Y en realidad tiene las pelotas para fulminarme con la mirada, sus cejas juntas por el resentimiento.

—¿Hay un problema aquí?

La pregunta viene del oficial de policía que acaba de pararse a mi derecha. Observa la escena con expresión autoritaria, hasta que me mira y su rostro se derrite con el reconocimiento.
—Hola, López.

A la mayoría de los policías instintivamente no les gustan los abogados defensores. Puedo entender su problema; pasan sus días arriesgando sus vidas para sacar a la escoria de la calle, y aquellos de mi profesión se rompen el culo para devolverlos, frecuentemente cuestionando las acciones de los policías —cómo llevaron a cabo el arresto, si tenían una causa probable—, para encontrar motivos para sacar a nuestros clientes. Es una relación naturalmente antagónica. Aceite y vinagre. Personalmente, me gustan los policías. Claro, son asnos y pueden ser unos malparidos autoritarios, pero en líneas generales, son personas decentes intentando cumplir con un trabajo verdaderamente difícil.

Ken Tanaka es un policía de barrio que entrena en el mismo gimnasio que yo. Hemos jugado básquetbol un par de veces y luego hemos ido a tomar unas cervezas.
—¿Cómo te va, Tanaka? Inclina su cabeza agradablemente.

—No puedo quejarme. —Señala al chico que todavía estoy sosteniendo por el cuello como un cachorrito.

—. ¿Qué es esto?

Y antes de que pueda contestar, el cachorrito dice

—: Sólo bromeaba. López es mi niñera. Le dije que era más rápido que ella y dijo que no lo era.

Mi primer instinto es reír, porque el chico sin duda tiene un don para mentir. Me pregunto si jamás ha considerado una carrera en leyes, o en política. Mi segundo impulso es decir la verdad, delatarlo, y dejárselo a Tanaka. Alejarme y lavarme las manos. Pero‖algo‖en‖su‖rostro…‖no‖me‖deja.‖La‖mirada‖en‖sus‖ojos,‖una‖mezcla‖de‖ desesperación y amargura. Está esperando mi ayuda, mi piedad, pero al mismo tiempo odia necesitarlas.

Y hay algo inocente sobre este chico que es diferente del exterior escarpado de los verdaderos chicos de la calle. Algo me dice que todavía puede ser salvado. Y que vale la pena salvarlo. Por lo que froto su cabeza, desordenando su cabello y haciendo un buen espectáculo.

—Te dije que podía ganarte.
Tanaka ríe.

—¿Entonces alguien de verdad te dejó cuidar de su chico? — Observa al niño—. Mis condolencias.

El chico se estremece en respuesta. Es rápido, casi imposible de ver. Pero me doy cuenta. Tanaka me da un codazo y bromea

—: ¿Cuánto cobras?

—Tiene uno de cinco años en casa.

—. Si no saco a Amy a cenar pronto, va a divorciarse.

Sacudo mi cabeza. —Es algo de una sola vez. Los niños no son lo mío.

Se gira para irse.

—Muy bien, te veo por ahí, López.

—Cuídate —digo mientras se aleja.

Tan pronto como Tanaka está fuera del rango de audio, arrastro al chico por la vereda, más cerca al edificio. Extiendo mi mano.

—Devuélvela.

Pone sus ojos en blanco, busca en su mochila y deposita mi billetera en mi mano con un golpe. No creo que haya tenido suficiente tiempo como para sacar algo, pero compruebo mi dinero y mis tarjetas de crédito para estar segura. Satisfecha, la deslizo en mi bolsillo.

—¿Cuál es tu nombre?

Alza la vista hacia mí.

—¿Eres policía?

Niego con la cabeza.

—Abogada.

—Soy Rory.

—¿Rory qué?

—Pierce.

Lo‖ observo.‖ Camiseta‖ blanca,‖ pantalones‖ beige…‖ un‖ uniforme‖ de‖ escuela‖ privada. Añade las zapatillas de doscientos cincuenta dólares y la mochila J. Crew y tengo que preguntar

—: ¿Por qué robaste mi billetera, Rory Pierce?

Patea la acera.

—No lo sé.

Por supuesto que no lo sabe. Sus hombros se levantan.

—Simplemente para ver si podía hacerlo, supongo. Este es el momento en que me pregunto qué demonios se supone que haga con él ahora. Mantenerlo fuera del sistema parece lo correcto, pero dejarlo irse impune, no. Necesita aprender que las acciones estúpidas tienen consecuencias —y malas—, y necesita saberlo ahora. Si no, habrá decisiones peores en su futuro, con penas más severas de las que será capaz de pagar. Hago un gesto con mi mano hacia el final de la calle.

—Muy bien, vamos.

Rory se queda justo donde está.

—No voy a ningún lado contigo. Podrías ser una pederasta.

Frunzo el ceño.

—No soy pederasta.

—Eso lo dicen todos los pederastas.

Mis cejas se alzan.

—Carterista y listillo, ¿eh? Perfecto. Debe ser mi día de suerte. —Señalo con mi brazo hacia el final de la calle de nuevo—. Voy a llevarte a casa. Les diré a tus padres lo que hiciste, y ellos van a lidiar contigo.

Mi madre solía recibir llamadas frecuentes sobre el mismo tema: de profesores, consejeros y policías benevolentes. Nunca cambió mi actitud o mi comportamiento jodido, pero ella siempre apreció saber en qué estaba metida verdaderamente su hija, incluso aunque tenía que trabajar demasiadas horas para hacer algo al respecto. Una sombra cae sobre el rostro de Rory.

—No tienes que hacerlo. No voy a robar nunca más.

—Eso lo dicen todos los ladrones.

Eso le saca una corta risa a regañadientes. Pero todavía vacila.

—Mira, chico, puedo llevarte a casa y tú te enfrentas con tus padres, o puedo traer al Oficial Tanaka. Es tu decisión.

Patea el pavimento y maldice por lo bajo. Luego se acomoda la mochila en su hombro y encuentra mi mirada.

—¿Dónde está tu auto?

Cuando llegamos a mi Mustang, Rory se sube al asiento trasero y abrocha su cinturón sin que le diga nada. Me da su dirección; cerca de dieciséis kilómetros fuera de la ciudad, y partimos.


—¿De verdad tu nombre es López? —pregunta después de unos pocos minutos. Encuentro su mirada por el espejo.

—Sí, Santana López. —Luego hago una pregunta—: ¿Cuántos años tienes, chico?

—Tendré diez en cinco meses.

Asiento lentamente. —También conocido como nueve. Sonríe.

—Y me dijiste listillo a mí.

Aparte de eso, se queda callado durante el viaje, observando por la ventana. Pero luego de que giramos en Rock Creek Parkway, cuando antiguos robles gigantes bordean la carretera, los nombres de la calle cambian a Whitehaven, Foxboro, y Hampshire, y los caminos de entrada se vuelven largos y tienen rejas, Rory se pone aún más sombrío. Sale de él en olas amenazantes y hostiles, en el agarre de su mano y la tensión de sus hombros.

—¿No te van a castigar demasiado duro, o sí? Me refiero a sus padres. Sólo porque parece bien alimentado, limpio, y libre de heridas, no significa que no sea posible que algo más siniestro esté esperándolo en su casa.

—No —responde sin miedo—. Estaré bien.

Cuando me detengo en la dirección de Rory, la puerta de hierro forjado se abre automáticamente. El amplio camino de entrada está flanqueado por farolas y cerezos, y tiene forma de herradura. La casa está hecha de ladrillos majestuosos, con una arquitectura georgiana, completamente restaurada con persianas negras y molduras blancas detalladas alrededor de sus catorce ventanas. Hay una cochera para tres autos y un gran patio frontal rodeado por muros de piedra natural y arbustos verde brillante. Apago el motor y observo la casa, pensando que podría estar intentando engañarme.

—¿Vives aquí?

—Sí.

—¿Qué eres, el hijo del jardinero?

Rory frunce el ceño, confundido.

—No. Es la casa de mis padres.

—Luego, más bajito, dice

—:‖Era…

No entra en detalles y sale del auto con la mochila a cuestas. Doy unas largas zancadas para alcanzarlo y nos paramos frente a la puerta gigante de roble. Pongo mi mano en su nuca, sólo para estar lista en caso de que corra. Luego toco el timbre. Una cadena de ladridos agudos sigue inmediatamente. Se oye algo arrastrándose dentro y luego la puerta se abre. Y el aire sale de mis pulmones. Mide un metro sesenta y cinco, quizás metro setenta, con largas piernas tonificadas en mallas negras ajustadas. El contorno de una cintura esbelta se asoma por debajo de la blusa de algodón, con botones en la cima que se tensan para abarcar unos pechos llenos, firmes y perfectos. Su cuello es elegante, pálido cremoso,‖y‖su‖rostro…‖Jesús,‖deja‖a‖los‖angeles‖de‖Victoria’s‖Secret‖en‖
vergüenza.‖ Barbilla obstinada, pómulos altos, amplios labios y libres de brillo labial, nariz traviesa, y dos ojos azul hielo que brillan como malditos diamantes en un día brillante de invierno. Su cabello rubio multifacético está apilado en la cima de su cabeza, con un par de mechones sueltos alrededor de su rostro. Lentes cuadrados de borde oscuro enmarcan esos ojos llamativos, dándole un tipo de impresión académicamente sexy de bibliotecaria sensual.

Intento tragar, pero mi boca se secó.

—Rory —dice con alivio, enfocándose en el chico a mi lado. Y entonces se enoja—: ¿Dónde has estado? ¡Se suponía que volvieras a casa hace horas! ¿Y por qué no tienes tu teléfono encendido?

El niño se aleja de mi agarre, camina a través de la entrada de azulejos blancos y negros, y sube por las escaleras, sin siquiera mirarla.

—¡Rory! ¡Oye! —le grita ella. Inútilmente.

Sus nudillos se ponen blancos en donde agarran el marco de la puerta, y luego se gira hacia mí.

—¿Hola?

Es más una pregunta que un saludo.

—Hola —respondo, simplemente observando. Disfrutando la vista. Mierda, estoy caliente. Luego sacudo mi cabeza, saliendo del estupor idiota inducido por haber estado privada del sexo por tanto tiempo. Comienzo de nuevo, extendiendo mi mano.

—Hola. Soy Santana López. Soy una abogada.

Siempre es bueno presentar este hecho porque, al igual que con los oficiales de policía, hay una confianza instantánea que se nos da a las que tenemos profesiones legales, incluso si no siempre es merecida.
—Brittany Pierce.

Mi mano aprieta la suya mientras ella la sacude con un agarre cálido y firme.

—Traje a Rory a casa.

Su cabeza se inclina y sus labios se aprietan con curiosidad sospechosa.

— ¿De verdad?

—Necesito hablar con usted sobre su hijo, señora Pierce —le digo, yendo con la conexión más lógica entre ella y el casi ladrón.

Sus ojos me examinan y puedo ver los engranajes de su juicio empezar a girar. Está debatiéndose sobre si debería dejar entrar a una imponente mujer desconocida hoy en el día. No tengo dudas de que mi traje caro y mi buena apariencia ayudan a inclinar la balanza a mi favor.

—Muy bien. —Da un paso hacia atrás—. Por favor pase, señora López.

Me paro en el umbral.

—Santana, por favor.

Cierra la puerta detrás de mí, estirándose para deslizar un seguro para niños en la cima. Luego un pequeño borrón de largo pelo color caramelo y chocolate surge desde detrás de ella y se abalanza sobre mis zapatos, olfateando y ladrando, sacando pecho y gruñendo. Un claro caso de síndrome de perro pequeño, como nunca había visto.

—¡Cosa, para! —lo regaña. La comisura de mi labio se tuerce hacia arriba.

—¿El nombre de tu perro es Cosa?

—Sí. —Sonríe.

Y es jodidamente impresionante.

—. Tío Cosa. ¿Cómo en La Familia Addams? Cosa se pone más irritado, luciendo como una pelambrera loca. Encuentro su mirada.
—Sobre‖tu‖hijo…

—Sobrino, en realidad. Soy la tía de Rory.

Mis oídos se animan. Dada la vista de su mano desnuda, hay una buena posibilidad de que sea la tía soltera de Rory. Las mejores noticias que he oído en todo el maldito día. El llanto de un bebé llega desde otra habitación, perforador y exigente. Brittany gira su cabeza.

—¿Podrías‖venir‖conmigo?‖Tengo‖que…

Ya está caminando y estoy justo detrás de ella. Pasamos por la arqueada puerta de una biblioteca y un conservatorio con un piano de cola, luego por un despacho con un cobijo enorme y techos de catedral. Los muebles son de buen gusto y limpios pero en tonos tierra, cálidos. Hay docenas de fotos enmarcadas de niños cubriendo cada pared. Brittany empuja la puerta que da a la cocina, donde el llanto se vuelve más ruidoso. La cocina es aproximadamente del tamaño de todo mi apartamento. Cuenta con pisos de madera, gabinetes de caoba, una isla en el centro de granito contrarrestado con un segundo fregadero, y está hasta el tope con electrodomésticos de acero inoxidable. Una mesa redonda para ocho lugares se encuentra en una alcoba detrás de puertas francesas que se abren a un patio de piedra y un jardín, con un camino empedrado que conduce a una piscina enterrada más atrás.

Un asiento infantil se encuentra dentro de una cuna portátil de malla al lado de la isla con un pasajero infeliz y vocal.

—Aquí va, cariño —arrulla Brittany, agachándose para recoger el chupón que ha caído al estómago del bebé y vuelve a ponerlo en su boca.

Al menos creo que es un él, lleva pantalones de color azul oscuro y una camisa con barcos en ella, así que, sí, es hombre. Le acaricia su rubia cabeza melocotón y el llanto es reemplazado con una succión de satisfacción. Una olla inmensa de plata burbujea en la estufa y el aire huele a calor y caldo.

—¡Hola! Me vuelvo a mi derecha, donde se sienta un bebé como de dos años, ésta sin duda una niña, con escaso cabello dorado y una playera rosa manchada en el suelo, rodeada de libros y bloques.

—Hola —respondo, seria.

Ella se vuelve más ruidosa.


—¡Hola!

Asiento con la cabeza de vuelta.

—Hola.

Su cara se arruga, su voz se vuelve más baja, y se inclina hacia adelante como si estuviera a punto de decirme algo serio. Pero todo lo que sale es

—: Hooolaaa.

—¿Hay algo malo con ella? —pregunto.

—No —responde Brittany, sonando un poco ofendida.

—No hay nada malo con Regan. Solo tiene dos años.

Y Regan ha vuelto a sonreírme.

—Hola.

—¿No se sabe otra palabra?

—No. Sólo tiene dos años.

—¡Hola, hola, hola, hola!

Me doy por vencida y me alejo.

—Así que, ¿cómo puedo contactar a los padres de Rory? Es importante que hable con ellos.

Su rostro se tensa. Herido.

—No puedes. Ellos... mi hermano y su esposa tuvieron un accidente automovilístico hace casi dos meses. Murieron.

Y todas las piezas caen en su lugar. Los comentarios que Rory hizo, su ira poco sutil con el mundo entero. Pero es el nombre que destaca más, el nombre y el accidente. La señalo gentilmente.

—¿Robert Pierce era tu hermano? ¿El cabildero ambiental?

Sonríe, pequeña y triste, y asiente.

—¿Conocías a Robbie?

DC es una ciudad tan ocupada, pero he tenido la impresión de que también es como un pequeño pueblo. Todo el mundo conoce a todo el mundo. Cuando se trata de los círculos políticos y legales, es exactamente así.

—No, no lo conocí. Pero. . . oí cosas buenas de él. Que era honesto y sincero. Eso es una cosa rara por aquí.

Y de repente, parece más joven de alguna manera. Más pequeña y más...delicada. ¿Está sola en esta enorme casa con los niños? ¿Sólo ella, Rory, Una Palabra, y el Bebé? Brittany levanta la vista de sus manos.

—Soy la guardián de Rory, así que lo que ibas a decirle a mi hermano y su esposa, me lo puedes decir a mí.

Asiento con, reorientándome.

—Correcto.‖Traje‖a‖Rory‖a‖casa‖porque…

Pero no tengo oportunidad de terminar la frase. Debido a que un estruendo de pies, como una estampida de rinocerontes, retumba sobre nuestras cabezas, interrumpiéndome. Brittany y yo miramos al techo como si fuera a caer sobre nosotras, mientras el sonido viaja, cada vez más cerca. Y luego hay gritos. Del tipo de división de átomos, de almas en pena en el infierno.

—¡Te voy a matar!

—¡Yo no lo hice!

—¡Regresa aquí!

—¡No fui yo!

Incluso la niña de dos años de edad, luce preocupada. El ruido reverbera por la segunda escalera y se derrama en la cocina, y los dos niños gritando y corriendo están dando vueltas alrededor de la isla como una versión jodida de las atrapadas al estilo Los Juegos del Hambre.

—¡Te dije que te quedaras fuera de mi habitación!

—Uno de ellos, una chica alta, grita. Es una depredadora de cabello rizado y castaño, lista para saltar.

—¡Yo no lo hice!

—La más pequeña chilla, con los brazos extendidos, en busca de protección. Jesucristo, ¿qué tipo de casa de locos es esta? Brittany se mete entre ellas, agarrando a ambas por sus brazos y manteniéndolas separadas.

—¡Es suficiente!

Y ahora le están gritando a ella, apelando a sus casos a la vez, cada una tratando de ser más ruidosa que la otra. No puedo entender lo que están diciendo; suena como: siseo, bla, ella, siseo, chillido. Pero la tía parece hablar la lengua nativa.

—¡Dije que es suficiente!

Levanta sus manos, con lo que al instante hay bendito silencio. Impresionante. Hay jueces federales que no pueden recaudar tanto respeto en sus propios tribunales.

—Una a la vez.
Se vuelve hacia la chica más alta—. Riley, tu primero.

El dedo de Riley rebana el aire como un sable.

—¡Entró en mi habitación cuando le he dicho mil veces que no lo haga! ¡Y tomó mi maquillaje y arruinó mi lápiz labial favorito!

La cabeza del Brittany se gira hacia la más pequeña, que, ahora que no es una loca gritona, me recuerda a una rubia Shirley Temple.

—Rosaleen, tu turno.

Una Palabra y yo miramos con impaciencia, esperando la refutación... pero todo lo que sale es:

—Yo no lo hice.

Lo cual, en mi opinión profesional, no sería una mala defensa... si su boca y barbilla no estuvieran completamente cubiertas con grueso labial, rosa fuerte, como si es la hija ilegítima de Ronald McDonald.

—Eres‖una…‖—comienza a gritar Riley.

Pero la mano levantada de Brittany la detiene.

—Tut, tut, a callar.

Levanta a la pequeña, Rosaleen, debajo de sus brazos y la posa sobre el mostrador.

—Y casi te creería —le dice Brittany, sacando dos toallitas para bebé de un tubo al lado del lavabo, limpiando la barbilla de la chica y mostrándole el paño manchado de color rosa—, a excepción por las pruebas por toda tu cara.

Las grandes mentes piensan igual. La pequeña niña se queda mirando a la tela con ojos azules del tamaño de un cuarto. Entonces, al igual que cualquier acusado que sabe que está acabado, hace lo único que puede, se lanza a sí misma a la misericordia de la corte.

—Lo siento, Riley.

Riley es impasible. —¡Eso no me va a devolver mi barra de labios, mocosa!

—¡No pude evitarlo! —suplica.


E inconscientemente asiento. Eso es chica, ve con la locura. Es todo lo que te queda.

—El labial estaba allí, llamándome...

Voces. Las voces son buenas. Siempre una venta fácil. Sus manos se profundizan en sus rizos rubios, agitando y tirando de ellos, hasta que están salvajes y enloquecidos.

—¡Me volvía loca! ¡Es tan rosa y bonito, que tuve que tocarlo!

Brittany cierra los ojos y respira profundamente, haciendo que esas tetas fabulosas se presionen aun más contra su blusa. Disfruto el espectáculo, orando porque un botón salga volando o porque el fregadero brote espontáneamente agua por toda esa camisa blanca. Una chica puede soñar.

—Riley, ¿cuáles son tus deberes esta semana?

—Tengo que poner la mesa para la cena.

Su voz es amable pero firme.

—Está bien. Rosaleen, vas a hacer los quehaceres de tu hermana por el resto de la semana. Y cuando llegue tu mesada el domingo, vas a usarlo para reemplazar la barra de labios que arruinaste. ¿Entendido?

—Bien. Lo siento, Riley.

Brittany corre una mano tierna por los rizos desordenados de Rosaleen.

— Ahora, ve arriba y lava tu rostro, luego vienes para poner la mesa.

Con un movimiento de cabeza, salta del mostrador y pasa corriendo a mi lado hacia las escaleras. Su hermana objeta con vehemencia.

—¿Eso es todo? ¿Es todo lo que le harás?

Brittany suspira, un poco molesta.

—Tiene siete años, Riley. ¿Qué quieres que haga, que la golpee con un palo?

—¡No es justo! —grita. Mucho más fuerte de lo necesario.

—A veces la vida no lo es. Cuanto más pronto lo entiendas, mejor estarás.
Riley golpea el mostrador.

—¡Odio esta familia!

En un remolino de pelo castaño y furia, camina pesadamente por las escaleras, mirándome en el camino. Como si yo arruiné su puto lápiz labial.

—Dulce niña —le digo a Brittany secamente.

—Tiene catorce años. Está en una edad difícil.

Mira con nostalgia por los escalones.

—. Será humana de nuevo... con el tiempo.

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por 3:) el Miér Oct 26, 2016 11:52 pm

Abogada.. interesante y bonita profecion.. aunque yo soy cirujana/productora..
Semanas intrnsas si las tienr sa.. con la sifilis y el imbecil de sam... que lo metan preso!!!
Ammm la verdad yo no veo a esta san rodeade de 6 niños.. y menos con ellos... pero va a ser divertido... y mas si le echo el ojo a la blusa de britt jajajajaja
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Mensaje por JVM el Jue Oct 27, 2016 10:50 am

Vaya forma en que la familia Pierce llego a la vida de San jajajajaja
Primero que bueno que San no tiene ninguna enfermedad por andar de loca jajajaja y bueno en que le hayan robado la cartera le trajo algo muy bueno, conoció a la rubia.
Me encanto una palabra jajajajajajaja, morí con el apodo que le dio San
Supongo que San le ayudare a poner orden en casa??
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Mensaje por micky morales el Jue Oct 27, 2016 7:36 pm

Que interesante historia, sospecho que tendra algo de diversion tambien, no me imagino a santana en medio de esta familia, hasta pronto!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 8:59 pm

3:) escribió:Abogada.. interesante y bonita profecion.. aunque yo soy cirujana/productora..
Semanas intrnsas si las tienr sa.. con la sifilis y el imbecil de sam... que lo metan preso!!!
Ammm la verdad yo no veo a esta san rodeade de 6 niños.. y menos con ellos... pero va a ser divertido... y mas si le echo el ojo a la blusa de britt jajajajaja

sip creo q nadie visualiza a santana con 6 niños pero puede q ella sea un excelente control de niñez, rebeldía y hormonas. ya veremos.
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 9:01 pm

micky morales escribió:Que interesante historia, sospecho que tendra algo de diversion tambien, no me imagino a santana en medio de esta familia, hasta pronto!!!!

coincido contigo en cuanto a lo interesante y lo divertido.....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 9:06 pm

JVM escribió:Vaya forma en que la familia Pierce llego a la vida de San jajajajaja
Primero que bueno que San no tiene ninguna enfermedad por andar de loca jajajaja y bueno en que le hayan robado la cartera le trajo algo muy bueno, conoció a la rubia.
Me encanto una palabra jajajajajajaja, morí con el apodo que le dio San
Supongo que San le ayudare a poner orden en casa??

lo de la sífilis creo que fue suficiente susto para que sepa como hacer sus cosas.
yo me he divertido bastante con estos primero 4 cap. Me hizo reir el hecho que esa bebe solo pudiera decir Hola jajajajajajjajaj y el otro apodo "sonrisas"
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 9:12 pm

Chicas lamento si hay algún espacio, o lineas entre las palabras o a veces la letra es pequeña pero es que al subir cada capitulo se me desconfigura el texto.... creo que nadie puede ayudar con esas cosas... asi que mis disculpas pero sale de mis manos...

CAPITULO 5


—Lo siento por eso —dice Brittany, agarrando un bloque que fue lanzado por el suelo durante la pelea y entregándoselo al niño. Luego camina de vuelta a la estufa, vertiendo un montón de verduras picadas por un colador en la olla. Sus movimientos son sin esfuerzo, elegantes, y me pregunto si es bailarina.

—. ¿Empezó a hablarme de Rory?

—Cierto.‖Él…

Pero por supuesto no consigo decírselo. Eso sería demasiado fácil. En lugar de eso soy interrumpida por la aparición de un niño caminando por la puerta de la cocina, un muchacho con la cara de Rory. Es un poco más delgado, un poco más alto, con gafas de Harry Potter redondas de montura metálica encaramadas en la nariz. No puedo ocultar el horror de mi tono.
—¿Hay dos de él?
Brittany sonríe.

—Si esa es su manera de preguntar si Rory tiene un gemelo, entonces la respuesta es sí.

—Veo que has conocido a mi hermano —dice el niño, al parecer acostumbrado a esa reacción—. No me juzgues sólo porque compartimos el mismo ADN. ¿Has oído el término "genio del mal"?

—Sí.

—Rory es el mal. Yo soy el genio.

—¿Cuántos niños viven en esta casa exactamente? —pregunto a la tía.

Se está empezando a sentir como si fueran cucarachas, ves una, y puedes apostar a que hay cincuenta y más arrastrándose por el interior de las paredes. Me estremezco al pensarlo.

—Seis.

¿Seis? Supongo que Robert Pierce no tenía muchas aficiones. El chico recupera un monopatín negro de la esquina y le dice a su tía

—: Voy al lado con Walter.

—Bien. Asegúrate de ponerte el casco, Raymond. El chico gime.

—Me hace ver como un idiota.

—Y cuando estés en un estado de coma tras fracturarte el cráneo en el pavimento,‖¿crees‖que‖te‖vas‖a‖ver…guay?


La arrogancia de Rory obviamente es genética.

—No —se queja Raymond—.‖Es‖ sólo‖ que…

—Se vuelve hacia mí.—. Eres una chica, entiendes lo que quiero decir, verdad¨???. Explícaselo.

—Sí. —Brittany se cruza de brazos—. Explícame cómo tener un pene te excusa de las leyes de la gravedad.

—¡Oh Dios mío! —chilla Raymond, sus orejas y mejillas poniéndose rojas— . No digas eso.

—¿Qué? —Mira de él a mí.

—. ¿Qué dije?

Me encojo de hombros porque no tengo ni puta idea.

—¿Pene? —adivina.

Y Raymond hace una impresión fabulosa de un tomate.

—¡Oh Dios mío! ¡Eres tan humillante! —Agarra su patineta y huye.

—¡El casco Raymond! —grita Brittany—. ¡O el patín se asará en la chimenea esta noche!

Me mira con un suspiro y una sonrisa.

—Son las pequeñas alegrías que me hacen soportar el día. Y‖tengo‖ganas‖de‖reír.‖Brittany‖no‖sólo‖es‖sexy,‖es… entretenida, también. Va de nuevo a la cocina y empieza a levantar la gigantesca olla pesada, y yo me acerco rápidamente y se la quito de las manos.

—La tengo.

—Gracias.

—Me dirige a un tazón de cerámica sobre el mostrador y echo con cuidado el caldo caliente, con sus trozos blancos y tiras de color verde, en el recipiente. Entonces nos encontramos a sólo unos centímetros de distancia, esas azules bellezas cristalinas fijas en mí.

—Así‖que…‖ ¿Cómo conoció a mi sobrino, Srita. López?

Se lo digo sin rodeos, como arrancando una curita.

—Me robó la billetera, Brittany. Justo en la calle. Tropezó conmigo, deslizó su mano en mi bolsillo, y luego se fue.

Sus ojos se cierran y sus hombros se encorvan.

—Oh

—Después de un momento, se frota la frente, luego levanta la barbilla y me mira.

—. Lo siento tanto.
Agito la mano.

—No pasa nada.

Su voz se suaviza, con un tono de tristeza.

—Lo está llevando realmente mal. Quiero decir, todos lo hacen, por supuesto, pero Rory está tan…

—Enfadado —digo, terminando por ella.

Asiente. —Sí. Enfadado —Su voz cae, un rastro de dolor filtrándose—. Sobre‖ todo‖conmigo.‖Es‖como… si estuviera resentido conmigo. Porque yo estoy aquí y ellos no.

—¿Cuántos años tienes? Si no te importa que lo pregunte.

—Veintiséis. —¿Tienes alguna ayuda? ¿Tus padres? ¿Amigos? Rosaleen regresa a la cocina mientras su tía niega con la cabeza.

—Mis padres fallecieron hace unos años. Todos mis amigos volvieron a California. Yo estaba‖en‖la‖escuela‖de‖posgrado‖allí…‖antes… Su voz se apaga, los ojos en su sobrina cuando agarra una pila de platos de la encimera. —La primera vez que me mudé, llamé a una agencia para una niñera a tiempo‖parcial,‖pero…

—Pero ella era una perra —interviene Rosaleen.

—¡Oye! —La cabeza de Brittany se gira bruscamente—. No hables así.

—Eso es lo que dijo Riley.

—Bueno, tú no lo digas.

Tan pronto como la chica sale a poner la mesa, Brittany se vuelve hacia mí.

—Era una perra. No dejaría a mi familia con ella, no le importan los niños.

—¿Qué pasa con los servicios sociales? Niega con la cabeza.

—Nuestra trabajadora social es agradable, intenta ayudar, pero está toda esa materia administrativa. Listas de verificación y reuniones necesarias, inspecciones sorpresivas y entrevistas, a veces se siente como que están a la espera de que la líe. Como si no creyeran que puedo hacerlo.

—¿Puedes? —pregunto en voz baja. Y esos magníficos ojos arden con determinación.

—Tengo que hacerlo. Son todo lo que tengo.

—Querrás decir que tú eres lo único que ellos tienen —la corrijo.

Su hombro se alza y hay una tristeza exquisita en su sonrisa.

—Eso también.

Me froto la nuca. —Debes poner al chico en terapia, Brittany.

Normalmente no recomendaría una cosa así, pero Ryder me hizo una creyente. Especialmente cuando se trata de traumas infantiles. Él jura que, si hubiera tenido que lidiar con la pérdida de su pierna sin terapia, habría terminado por un desgraciado alcohólico furioso.

—Lo sé. —Se ajusta las gafas de fóllame—. Está en la lista. Tan pronto como tenga un minuto libre para buscar, voy a encontrar un buen terapeuta para todos ellos.

—¿La lista? —pregunto.

Apunta a la nevera, donde un imán tiene una lista escrita a mano de alrededor de mil elementos.

—Mi cuñada, hacia mil cosas al mismo tiempo. Y tenía una lista para todo. Así que empecé una también. Esas son todas las cosas que tengo que hacer, tan pronto como sea posible. Una lista de tareas que nunca se hace más pequeña, puede ser mi nueva definición del infierno.


—Está bien. —Hice lo que tenía que hacer. Ahora él es su problema, son todos su problema. No el mío.

—. Bueno, debo irme. Su cabeza se inclina y un delicado mechón de pelo cae por su mejilla.

— Muchas‖ gracias‖ por‖ traerlo‖ a‖ casa.‖ Por‖ no‖ presentar‖ cargos.‖ Yo…‖ ¿le‖ gustaría‖ quedarse a cenar? Siento que es lo menos que podía hacer.

Echo un vistazo a la cazuela.

—¿Qué estás haciendo? —Sopa de miso y sándwiches de queso a la parrilla.

Suena como algo que les sirven en la cárcel para reducir los costos.

—No, gracias. Tengo un poco de trabajo‖por‖terminar…‖ y soy más una tipa de carne y papas.

Brittany camina conmigo fuera de la cocina hacia la puerta principal.

— Bueno, gracias de nuevo, Srita. López.

Hacemos una pausa, una frente a la otra en el brillante suelo del vestíbulo de azulejos blancos y negros. Y siento cuatro pares de ojos en el rellano por encima de nosotras observando, escuchando, quemando agujeros en la parte posterior de mi cabeza. Bueno, a la mierda, ¿por qué no? Deslizo una tarjeta de visita de mi cartera.

—Aquí está mi tarjeta.

—Brittany la toma, mirando hacia abajo a la impresión negra, acariciando su dedo contra una esquina.

—.‖Por‖sitienes‖una‖noche‖libre‖y‖quieres‖ir‖a‖cenar, tomar‖una‖copa‖o…‖ algo.

La chica mayor, la que odia a su familia, deja escapar un breve resoplido de incredulidad.

—¿Acabas de pedirle salir a una cita?

Mantengo mis ojos en el rostro de Brittany.

—Sí, lo hice.

Y sus mejillas se vuelven la sombra más hermosa de color rosa. Entonces es el turno de la rubia Shirley Temple.

—¡Pero eres muy vieja!

Aparto mis ojos del rubor del Brittany para acribillar a la niña con el ceño gruñón.

—Tengo treinta.

La ceja gruñona falla en la intimidación.

—¡Treinta! —Se pone las manos en las caderas—. ¿Tienes nietos?

Una risa burbujea en mi pecho, pero no lo hace más allá de mis labios.
Esta niña es todo un personaje.

—Treinta no es lo suficientemente mayor como para tener nietos, Rosaleen —explica Brittany.

Su atención se balancea de nuevo a mí y su voz se deja caer más baja.

—. Dudo que vaya a tener una noche libre a corto plazo,‖pero…‖es‖bonito‖ser‖ invitada a salir.

—Cierto. —Asiento—. Buenas noches, Brittany. —Una mirada fugaz a las cuatro caras mironas me hace añadir—:‖Y…‖buena‖suerte.

Definitivamente la va a necesitar.

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 9:20 pm

CAPITULO 6


El sábado, acepto la oferta de Ryder para tener una cita doble. De la manera en que lo veo, esta cosa de las citas es algo así como pescar. Cuanto más sedal lances, mayor es la probabilidad que atrapes algo que sea comestible. Cuando tienes hambre, y definitivamente tengo hambre, incluso una trucha maltratada se ve apetecible. Y la amiga de Lucy Patterson, una colega en Emblem & Glock, no es definitivamente una trucha. Es linda. Corto cabello negro; cuerpo atlético, tonificado y alto, mencionó que es una tenista entusiasta, y por el aspecto de su culo, no me tomaba el pelo. Resultó ser una noche agradable, pero no una nopuedo-esperar-a-meterme-en-tus-pantalones-follemos-en-el-callejón-detrás-del-bar tipo de excitante.

Los cuatro nos reunimos en un lugar local, comimos bocadillos, y tomamos un par de jarras de cerveza. Ya que teníamos la misma carrera profesional, lidiábamos con los mismos jueces y fiscales, y teníamos jefes estrictos parecidos, en su mayoría hablamos de trabajo. En cierto modo se sintió como una reunión de negocios relajada e informal, y antes de separarnos en la acera fuera del bar, todo estuvimos de acuerdo en reunirnos otra vez el próximo fin de semana.

Para la cita, al parecer, crucial número dos. Y si tengo suerte, tal vez tendré mi polla húmeda antes de fin de mes. Excelente. Cuando llego a casa, no puedo evitar que mis pensamientos vayan de largos y duros a una tía joven de cabello rubio. Con énfasis en la palabra duros. Era energética, eso me gustó. De mente fuerte, pero... definitivamente suave en esa manera femenina y atractiva. También estaba jodidamente en su propio mundo. Me pregunto cómo manejó a Rory después de que me fui, ¿castigó al pequeño sabelotodo? ¿Lo hizo hacer tareas extras, tal vez, como cortar la yerba del jardín o cortar el césped?

Puedo decir por experiencia, que el trabajo manual deja una jodida marca hasta en el más obstinado vándalo. Y su césped era inmenso. Agarrando mi portátil, busco en internet al hermano de Brittany, Robert, por razones que no puedo explicar. Pero la fuerza de la información a mi alcance literalmente es demasiado fuerte como para resistirla. La mayoría de los representantes eran carroñeros. Negociadores aduladores y engreídos quienes se encuentran ebrios por su poder sobre los poderosos, no muy diferente a los oficinistas quienes dirigen el Departamento de Tránsito.

Pero, como le dije a su hermana, Robert Pierce tenía fama de ser sincero y franco. Un buen tipo que en realidad se preocupaba por la causa que se le pagó para ganar. Hay una gran cantidad de información de su carrera y muerte. Se hallaba en una cena benéfica con su novia de la universidad quien se convirtió en su esposa por diecisiete años. De camino a casa, un camionero se quedó dormido al volante y se desvió hacia su carril, demasiado rápido para evitar una colisión de frente. El obituario enumera los logros profesionales y sus sobrevivientes: seis hijos, Riley, Rory, Raymond, Rosaleen, Regan, y Ronan, así como una hermana, Brittany, de Berkeley, California.

Hay fotos, un par de los niños a través de los años, con sus padres atractivos en varios eventos para toda la familia en DC. Y una de Brittany, con la cabeza inclinada, un vestido negro y grandes gafas oscuras, junto a una tumba doble. Viéndose trágicamente hermosa. Y demasiado sola.

Sintiéndome como una maldita acosadora, terminé cerrando la portátil y yendo a la cama. Como dije antes, soy una fanática de la rutina. Administración estricta del tiempo y un calendario impenetrable. Pasé la mañana del domingo en casa de Rachel y Quinn, desayunando café y deliciosas bolas de queso brasileña que prepara muy bien. Ryder bromeó sobre quitarle la virginidad a mi cita y relata nuestra tarde, recíprocamente, sin sexo.

Quinn menciona que la próxima semana Beth tiene unos días de vacaciones y viene de visita. Es justo después de mediodía cuando salgo de su casa de ciudad y me dirijo directamente al asilo Brookside, como lo hago todos los domingos. ¿Debido a que el viejo juez cascarrabias quien sacó del fuego a mi trasero de quince años, quien literalmente salvó mi vida, me enderezó, y me hizo creer que en realidad podría ser una persona importante? Se encontraba allí.

No me gusta estar en deuda con otra persona. No tengo muchas deudas. Pero las pocas que tengo, las pago con mucho gusto.

—Buenas tardes, Santana.

—Hola, Mildred.

—Hola, López.

—¿Cómo te va, Jimmy?

Es importante mantenerte en buenos términos con el personal inferior de cualquier centro, ya sea un hospital, despacho de abogados, universidad o casa de retiro. Son los que hacen el trabajo real, y si pasa algo malo, son los únicos que revelan el secreto, mientras el propietario y funcionarios administrativos de rango superior se centran en el control de daños. Con el personal de Brookside nos tratábamos por el nombre de pila. Firmo en la recepción y saludo a las enfermeras y enfermeros que pasan por el pasillo, algunos llevando bandejas de medicamentos a las habitaciones privadas, otros empujando sillas de ruedas con ancianos y llevándolos a sus terapias físicas, clases de arte, o juegos de bingo diarios por la tarde.

He jugado bingo con estas personas mayores. Se toman esa mierda en serio. Podrían ser viejos, pero ¿si consigues la I-22 cuando esperaban la B-6? Te romperán las malditas piernas tan rápido como cualquier corredor de apuestas ilegal, sin una pizca de remordimiento. Brookside es un centro privado, lo mejor de lo mejor. Las habitaciones son elegantes, cómodas e iguales, como una cadena de hoteles. Los empleados son educados y bien compensados, por lo que tratan a los clientes con respeto, cuidado y la dignidad que se merecen.

Otros lugares, para aquellos en la asistencia pública, esos que no tienen pensiones o familiares con los fondos como para pagar, son... bueno... simplemente digamos que no hay nada dorado acerca de pasar tus "años dorados" en un maldito almacén. Entro a la habitación del juez iluminada por luz solar. Se encuentra en un sillón de cuero cerca de la ventana, vestido con pantalones marrones y un suéter de color borgoña, mocasines marrones en los pies. Su espeso cabello gris se halla limpio y peinado prolijamente. Se llama Atticus Faulkner, pero para mí, es el Juez. No siempre fue de la forma en que es hoy. Hace diez años, tenía un aspecto imponente, alto y fuerte para sus setenta años, y activo, con ojos verdes que parecían ver directo a tu alma. Era un detector de mentiras viviente con una mente legal brillante e intimidante. Y era mi héroe. Todo lo que quería ser. Todo lo que mi verdadero padre nunca fue. Pero a veces, la vida era una perra. Hace seis años, fue diagnosticado con Alzheimer avanzado.

Hizo un trabajo impecable al cubrir los primeros signos. Pequeños trucos, notas y recordatorios escondidos, así nadie podía decir que no sabía qué día era. Algunas veces caminaba a casa desde el juzgado, pero solo porque no podía recordar dónde estacionó el auto. Entonces, más tarde, pasaba horas en una cafetería porque olvidó su dirección. En ese entonces me encontraba ocupada, prácticamente fuera de la escuela de derecho, ganándome una reputación. Debería haber visto que algo se encontraba mal, pero no. Así que, con el tiempo, cuando no tuvo otra opción y me contó lo que pasaba, se sintió como si las cosas se fueron cuesta abajo muy rápido. Y el terco que conocía, el hombre al que temía en el mejor sentido de la palabra, simplemente... se desvaneció, de la noche a la mañana.

El Juez era un soltero empedernido. Casado con su trabajo, respetado y estimado por amigos y enemigos por igual. Sin hijos, solo una fila de «amigas», algunas más jóvenes que otras, algunas más inteligentes que otras, pero todas preciosas. Y todas casuales. Un buen rato. Las amigas casuales no suelen estar interesadas en visitar a un hombre que ya no las reconoce, quien ya no puede mantenerlas entretenidas con un hermoso rostro, un ingenio agudo, e historias divertidas. Así que soy la única invitada habitual del juez. Lo cual significa que venir es un infierno, marea alta, temperaturas sofocantes, o tormentas de nieve monstruosas, estoy aquí, cada semana. Le leo el diario, lo mantengo al tanto de la intriga y ridiculez de Washington, D.C.

A veces le hablo de mis casos, los malditos maleantes que mantengo fuera de la cárcel. La mayor parte del tiempo simplemente escucha, asiente, me dice cuán interesante suena la historia sin ninguna comprensión real. Pero de vez en cuando, hay una chispa, un destello de reconocimiento en los ojos; a veces dura un minuto, otras diez, pero por ese breve tiempo, es el mismo de nuevo. Me recuerda. Es bueno saber que incluso en el peor de los días, se encuentra allí, en alguna parte.

Hoy se gira desde su posición viendo por la ventana cuando entro y me observa mientras muevo una silla por el cuarto y me siento.

—Buenas tardes, juez. ¿Cómo va?
—Muy bien, gracias. ¿Cómo está?

—Su tono es vacilante y educado. De la manera en que le hablas a un extraño, y en ese momento, eso es lo que soy para él.

—Bien. —Despliego el periódico que tenía debajo del brazo—. La Corte Suprema escuchó los argumentos orales el jueves para ese caso de atención sanitaria. Hablamos de él la semana pasada, ¿recuerda?

Entrecierra los ojos y su dedo se presiona contra las líneas que rodean sus labios, su mano temblando ligeramente.

—No, no lo recuerdo. ¿Cuál caso era? Abro la página principal.

—Se lo leeré.

Es un buen artículo. Lo explica todo. Se inclina hacia adelante con atención, y comienzo a leer. Después del periódico, nos relajamos y vemos el partido de baloncesto. El juez creció en el lado sur de Boston, por lo que es un fanático acérrimo de los Celtics. O... solía serlo. A medida que el juego se acerca a su fin, hablo de mi semana, Sam Evans y el fracaso épico de cena con Camille. Y entonces le cuento de Rory Pierce.

—Cuando llega a mitad de la cuadra, me mira directo a los ojos, y me levanta el dedo.

—Río, porque parece mucho más divertido ahora—. Pequeño bastardo.
Juez sonríe.

—Conocí a una chica como ese una vez.

Mi risa se tranquiliza y mi sonrisa se desvanece.

—¿Lo hizo? Todo su rostro se ilumina.

—¡Oh, sí! Era una encantadora. Inteligente y tenaz, un verdadero hueso duro de roer, con los ojos oscuros como una nube de tormenta. Se metió en algunos problemas, y esa joven se paró frente a mi mesa de trabajo con la frente en alto, desafiándome a echarla. Como si estuviese lista para escupirle en la cara al diablo. Pero pude ver, en el fondo, que se encontraba aterrorizada.

Y lo estuve. Por primera vez en mi vida, sabía qué sabor tenía el miedo.

—Había algo especial en ella, un diamante en bruto. Así que la tuve cumpliendo su libertad condicional bajo mi supervisión. Por tres años, tuve a esa chica. Sí, tres largos años. —Tuve que enseñarle a controlar su temperamento. Tenía un fusible corto. Así que comencé con el césped. Cada vez que terminaba de cortarlo, caliente y sudorosa, salía a inspeccionar su trabajo. —Menea un dedo—. Y siempre encontraba lugares que pasaba por alto. Entonces hacía que... —comienza a cacarear, la hija de puta—. Lo hacía repasar todo el césped con... con...

—Tijeras de jardín —digo por él.

—¡Sí! Tijeras de jardín. —Se ríe en voz alta—. Oh, me odió esos primeros meses. Es probable que pensara en diez maneras diferentes de matarme. Fueron casi veinte. —Después del trabajo de patio, le enseñé cómo organizar y reparar cosas alrededor de la casa. Fue bueno para ella, canalizar toda esa energía. E incluso aunque era una trabajadora dura, siempre diría: Hazlo bien... O no te molestes. —... o no te molestes. Entonces comencé a enseñarle del trabajo que hacía. Cómo investigar, cómo leer los estatutos. Luego de que terminó su libertad condicional, le ofrecí un trabajo. Un puesto de practicante pagado.

—El juez toca su barbilla y sacude la cabeza—. Podía mirar una página una vez y recordar cada palabra. Instintos tan intuitivos y geniales. —Suspira. Entonces me cubre la mano con su mano vieja y manchada.

—¿Crees... crees que podrías encontrarla por mí?
Y no respiro por el nudo que me obstruye la garganta—. Me gustaría asegurarme que esa chica se encuentra bien. Ver si necesita algo. —Sus ojos verdes miran seriamente los míos. Me aclaro la garganta ruidosamente.

—Eh... yo, ah... la encontré por usted. La chequeé. Le va muy bien, no tiene que preocuparse. Se encuentra de camino a ser una colega. Y ella... me pidió que le digiera lo agradecida que está, por todo lo que hizo por ella. Todas las cosas que le enseñó. —Parpadeo alejando las lágrimas—. Espera... quiere que se sienta orgulloso. El juez me sonríe de manera pacífica y aliviada.

—Estoy seguro que estaría orgulloso. Siempre fue una buena chica.

Ambos nos quedamos en silencio, viendo el juego. Hasta que hay un golpe en la puerta abierta. Y Marietta, una de las voluntarias, entra con una sonrisa y una bandeja con la cena de Juez.

—Buenas tardes, señor Atticus y Santana. ¿Cómo les va esta noche?

Marietta es originaria de Jamaica, con grandes ojos medianoche, piel oscura, y pelo largo y negro que le cae en una cascada de trenzas por la espalda. Hace tiempo su padre fue un residente aquí, y luego de que murió hace unos años, comenzó a ser voluntaria.

—Hola, Marietta.

Pone la bandeja de comida sobre una mesa con ruedas en la esquina y la deja entre nosotros.

—¿Cómo fue su semana? —le pregunto en voz baja, la atención del juez todavía en la televisión.

—No tan mal —me cuenta—. Estuvo agitado el miércoles y jueves por la noche, no podía calmarse lo suficiente para dormir. Así que el médico le cambió la medicación de la noche. Bien desde entonces.

Asiento y agarro su hombro.

—Juez. —Se gira hacia mí y señalo la comida—. Es hora de cenar. Mira la comida y hace una mueca.

—No tengo hambre.

Niego con la cabeza. —No me rompas las pelotas, viejo. Necesitas comer. —Mezclo el estofado de carne en el plato—. Sé que no es de restaurante, pero huele bien. —Lo empujo más cerca de él—. Empieza a comer. Su mano tiembla mientras lentamente recoge la cuchara y saca un bocado de carne de res y zanahoria. Mientras mastica, mira la bandeja, observando un plato de pastel de chocolate cubierto de espesa crema batida bajo la envoltura de plástico.

—Quiero eso. —Lo señala.

—Puedes tener el pastel después de terminar tu cena —digo automáticamente. Cuando lleva otra cuchara temblorosa a su boca, un poco de guiso se queda en su labio inferior y mentón. Agarro una servilleta y con suavidad limpio su rostro antes que gotee en su ropa.

—Es muy bueno para él que vengas aquí, que pases tiempo con él —me dice Marietta, sonriendo—. Significa mucho.

Me encojo de hombros.

—No es gran cosa. Solo soy yo... trabajando por una vida de favores que nunca seré capaz de devolver. —Juez me sonríe y le devuelvo la sonrisa—. Además —le digo—, no tiene a nadie. Pone su mano en mi hombro y le da un apretón.

—Por supuesto que sí. Te tiene a ti.

El miércoles es un día lento. Me recuesto en la silla de mi escritorio y observo por la ventana la calle irradiada de sol abajo. Un frustrado paseador de perros forcejea con tres clientes de cuatro patas mientras estos enredan las correas, luchando por el liderato. Un autobús turístico de dos pisos pasa retumbando, dejando una nube de escape negro a su paso. Un padre corredor empuja un cochecito naranja; casi pasa a llevar uno de los perros ladrando, pero se mueve hacia el pasto en el último segundo. Tal vez sea el bebé en el cochecito, quizás son los perros de pelo largo y que parecen alfombras, tal vez es el hecho que no he dormido nada en casi tres semanas, pero la imagen atractiva de Brittany Pierce se desliza en mi mente. De nuevo. Es la única imagen que veo cada vez que me masturbo, lo cual es patéticamente a menudo. Esos impresionantes ojos azules; los labios rosa de sonrisa rápida; su cuello largo y pálido, que ruega por ser lamido; sus extremidades agiles, las cuales simplemente apuesto a que son muy flexibles; y lo más importante, sus firmes tetas de tamaño perfecto.

Mentalmente me pateo por no pedirle su número. Es demasiado mayor, demasiado caliente, para ser virgen a los veintiséis, pero había algo en ella que parecía... puro. Intacto. Desconocido. Y esa es una trayectoria que me gustaría trazar. Me froto los ojos. Tengo que echar un polvo. Esta mierda de llegar a conocer a una mujer primero está volviéndose una molestia más grande de lo que esperaba. ¿Arriesgarse a contraer una ETS de verdad es tan importante? Y entonces recuerdo cómo se sintió esperar los resultados de las pruebas. El terror agudo y frío de tener que cargar con una enfermedad posiblemente de por vida. O, aún más aterrador, con una que podría reducir mi vida útil. Demonios sí, es importante. No follar —sin importar lo espectacular que sea— vale la pena.

Ese debería ser el lema de todas las campañas de sexo seguro en la escuela secundaria. Mi secretaria abre la puerta de mi oficina, y me encuentro agradecida por la distracción... hasta que me informa que un cliente no programado se encuentra aquí, pidiendo verme. Al recordar cómo terminó esto la última vez, me hallo apunto de decirle a la señorita Higgens que les diga que se vayan a la mierda. Hasta que agrega

—: Es la señorita Brittany S. Pierce, Santana. Y tiene a toda una camada de pequeños con ella.

Mi sonrisa es grande, lenta y completamente satisfecha. Si creyera en las señales, esta sería una grande y parpadeante de neón. Enderezo mi corbata.

—Déjelos entrar, señorita Higgens.

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por 3:) el Jue Oct 27, 2016 10:34 pm

Definitibamente britt le dio duro a san en la visita jajja
Tres semanas y es en lo unico que piensa???
A ver que paso con britt??? Para que aparesca asi??!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por claudia1988 el Jue Oct 27, 2016 11:34 pm

Me encanta :)
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 11:47 pm

3:) escribió:Definitibamente britt le dio duro a san en la visita jajja
Tres semanas y es en lo unico que piensa???
A ver que paso con britt??? Para que aparesca asi??!!!



Oh si que impresion mas grande la que causo la Rubia y sus 6 moustruos.
ya veremos que pasa...
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 11:49 pm

claudia1988 escribió:Me encanta :)

Hola claudia que bueno saber de ti por estos lados,,,, que bueno que te guste, espero que nos acompañes a lo largo de esta adaptacion.... saludos..
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Oct 27, 2016 11:51 pm

CAPITULO 7


La Sra. Higgens sale de la oficina y unos momentos después, Brittany y su manada de inquietos y ruidosos sobrinos y sobrinas entran a mi oficina.
Ella lleva un atuendo casual, definitivamente “ropa de mami”, pero que en ese cuerpo grita sexy.
Un suéter verde oscuro que resalta el rubio en su cabello. Vaqueros ajustados metidos dentro de unas altas botas marrones acentúan esas piernas infinitas, y su culo redondo y apretado. Esa es una agradable sorpresa, no noté su culo la primera vez que nos vimos, pero es jodidamente hermoso. Ajusta su agarre en el cargador de bebé y su sonrisa es forzada.

—Hola, Srita. López.

Me levanto detrás de mi escritorio.

—Brittany, es bueno verte de nuevo. ¿Qué‖te‖trae…? Mis ojos escanean cada uno de los rostros que se apiñan en mi oficina, y me doy cuenta de que falta uno.

—¿En dónde está Rory?

Brittany suspira. Antes de que pueda hablar, la malhumorada adolescente de catorce años, Riley, responde por ella.

—El idiota fue arrestado. Se robó un auto.

—¿Un auto?

En una semana, la pequeña mierda fue de asaltar a gran ladrón de autos. Eso escalaba rápidamente. La pequeña de cabello claro, Rosaleen, continúa.

—Y luego lo estrelló.

La de dos años nos suministra con efectos de sonido.

—Brooocshhh.

El listo, Raymond, añade

—: Y no solo cualquier auto, sino un Ferrari 458 Italia Edición Limitada. El precio inicial está alrededor de los novecientos mil dólares.

Miro a Brittany, quien asiente.

—Sí, esa es más o menos toda la historia. Está en detención juvenil, en serios problemas esta vez. Esta vez implica que ha habido otras veces, a pesar de mi casi robo. Jesucristo, niño.
Brittany explica con voz tensa

—: Mi hermano tenía docenas de abogados en su lista de contactos, pero ninguno de ellos es abogado de defensa. Tenía tu tarjeta…‖y‖te‖veías‖como‖una‖buena‖abogada.

Llena de curiosidad, pregunto
—: ¿Qué te hace pensar que soy buena?

Eleva su barbilla y encuentra mi mirada.

—Te ves como una mujer que sabe cómo ganar una pelea. Eso es lo que necesito, lo que Rory necesita.

Me tomo unos momentos para pensar, para planear. Brittany debe interpretar mi silencio como un rechazo, porque su voz se vuelve casi una súplica.

—No sé cuál es tu anticipo típico, pero puedo permitirme…

Mi dedo levantado la detiene.

—No creo que eso vaya a ser necesario. Espera aquí. —Luego apunto a Raymond—. Ven conmigo. —Y a la chica mayor—. Tú también, Sonrisas.

Mientras me siguen a la puerta, la adolescente melancólica me corrige.

—Mi nombre es Riley.

—Lo sé. Pero voy a llamarte Sonrisas.

—¿Por qué? —pregunta, como si fuera la cosa más estúpida y vil que hubiera escuchado.

Sonrío.

—Porque no lo eres.

Deja que el rodar de ojos comience. Los dirijo hacia la oficina de al lado. La cabeza de Rachel Berry está inclinada sobre su escritorio, sus manos con manicura perfecta garabateando notas velozmente en un documento. Levanta la mirada cuando entramos.

—Hola, Rachel. —Apunto con mi pulgar a la hosca chica detrás de mí—. Ella es Sonrisas Pierce, su tía es una clienta nueva y tenemos que dirigirnos al centro de la ciudad por unas horas. ¿Está bien si pasa el rato contigo?

La hija de Quinn, Beth, tiene casi trece. Imagino que si alguien es adepto a lidiar con una adolescente, es Rachel.

—Seguro. Estaré aquí toda la tarde. Riley se mueve a mi lado.

—Mi nombre es Riley.
Rachel sonríe.

—Hola, Riley. —Luego apunta a una silla en la esquina, junto a un tomacorriente—. El cargador del teléfono está por allá. Riley casi sonríe. Casi. —El botín. Me giro hacia el compañero de oficina de Rachel, que está mirando imágenes en su laptop.

—Ryder, este es Raymond. Raymond, Ryder. ¿Puedes mantenerlo fuera de problemas por unas horas? Ryder asiente. Luego, con la emoción de un chico que tiene permitido ver su primera película de terror, le pregunta a Raymond

—: ¿Quieres ver fotos de salpicaduras de sangre? El chico da un paso adelante.

—¿Es tan genial como suena?

—Muuucho más genial.

—¡Claro!

Y mi trabajo aquí está hecho. Asomo mi cabeza en mi oficina y curvo mi dedo hacia Rosaleen. Ella mira a su tía, quien le da permiso, y camina para unirse a mí frente al escritorio de la Sra. Higgens.

—Sra. Higgens, ella es Rosaleen. ¿Puede cuidarla por un rato mientras su tía y yo vamos al juzgado?

Rosaleen baja la mirada tímidamente, y la Sra. Higgens jala una silla a su lado.

—Por supuesto. Tengo una nieta de tu edad, Rosaleen. Mantengo libros para colorear justo aquí para cuando ella me visita. ¿Te gustaría colorear?

Rosaleen asiente ansiosamente, subiéndose a la silla. Camino de vuelta a mi oficina, donde Brittany y las dos ratitas más jóvenes esperan. Apunto hacia ellos.

—Ustedes parecen los verdaderos alborotadores del grupo, así que vienen con nosotras.

—¡Hola! —responde la de dos años con una sonrisa engañosamente dulce.

—Oh, no, no vas a atraparme con eso de nuevo. Tomo el cargador de bebé de las manos de Brittany, y casi dejo caer la cosa.

—Guau —digo, bajando la mirada—. Eres más pesado de lo que pareces.
—Él gorgotea hacia mí con la boca llena de saliva. Me giro hacia Brittany.
—Tú agarra a la Cosa Uno. Vamos.

Su voz me detiene. Es un susurro, bajo e inquisitivo.

—¿Santana?

Es la primera vez que dice mi nombre. Una pequeña sílaba que hace que mis entrañas se aprieten. Eso me hace querer escucharla decirlo de nuevo; en un gemido, un jadeo. En un grito de placer.

—¿Puedo preguntarte algo antes de que nos vayamos?

—Seguro.


Examina mi rostro con una honesta curiosidad que podría perforar una armadura corporal.

—Si‖no‖es‖el‖dinero…‖¿por‖qué‖estas‖ayudandonos?
Es‖una‖pregunta‖interesante.‖No‖soy‖del‖tipo‖noble.‖Soy‖mas‖un‖fan‖de‖“cada‖persona para sí‖misma”.‖ Entonces,‖¿por‖qué‖demonios estoy ayudándolos? Porque quiero entrar en sus pantalones, por supuesto. Hacerle un favor a Brittany es la ruta más directa para hacérselo.

Realmente no es tan complicado. Me encojo de hombros.

—Soy una idiota por una causa perdida.

Y porque no puedo resistir ni un minuto más, extiendo una mano y acaricio suavemente la piel de marfil de su mejilla. Es más suave de lo que pude haber imaginado.

—Y por una linda cara.

Caminamos al estacionamiento y mientras Brittany amarra a los niños en sus asientos, reviso su camioneta. Su camioneta azul oscuro gigantemente larga. Ella se da cuenta de mi mirada y comenta

—: Es la camioneta de mi hermano. Levanto una ceja.

—¿Tu hermano, el cabildero ambiental, manejaba una Yukon XL con alto consumo de combustible?

Ella se sube al asiento del conductor.

—Con seis niños, una bicicleta no funcionaría.

Le doy las indicaciones hacia el Juzgado de Moultrie, donde llevaron a Rory después de su arresto esta mañana. No tengo mucha experiencia en una corte familiar, pero estoy lo suficientemente familiarizada con el proceso para instruirla.

—Rory será asignado a un oficial de libertad condicional que revisará los cargos y su historial, y hará una recomendación a la OFG. El oficial de libertad condicional decide si es liberado hoy o si tiene que permanecer en el Centro de Servicios Juveniles hasta el juicio. También son con quienes voy a hablar para hacer un acuerdo con la fiscalía. La buena noticia es, que conozco a uno de los oficiales de libertad condicional de Moultrie íntimamente. Solíamos engancharnos frecuentemente hasta que ella se comprometió. Nuestros términos de despedida fueron amistosos. Una suave V se forma en la frente de Brittany.

—¿La OFG?

—Oficina del Fiscal General. Es él quien procesará su caso, pero no te preocupes, no llegará tan lejos. Los casos juveniles son muy diferentes a los casos de adultos. Su sistema todavía tiene esperanza para los delincuentes, todo es sobre rehabilitación y redención. Salvarlos antes de que vayan demasiado lejos por ese oscuro y equivocado camino hacia ninguna parte. En las cortes criminales, la pregunta principal es: ¿lo hiciste? En una corte familiar, es todo acerca de por qué lo hiciste. Un huérfano de nueve años lidiando con la muerte de sus padres al robar un auto ganará mucha más indulgencia que un chico de dieciocho años impulsando un viaje de placer.


El Juzgado de Moultrie es un intimidante edificio de concreto con un laberinto de pasillos cavernosos. Después de pasar por la seguridad, nos hicieron entrar a una sala de espera con una docena de mesas y sillas indeterminadas dispersas alrededor y máquinas expendedoras a lo largo de una pared. Algunos otros visitantes ocupan la sala, sus cabezas gachas, hablando en susurros.

Brittany y yo nos sentamos en una mesa vacía. Pongo el cargador del infante con su carga durmiente sobre la mesa, y la pequeña Regan de cabello rubio se retuerce en su regazo. Un guardia abre una puerta al otro lado de la habitación y entra con Rory, quien todavía lleva su uniforme escolar: pantalones marrones, una camisa blanca de botones, y una chaqueta azul marina. Sus labios jóvenes forman un duro ceño, sus oscuros ojos azules tan llenos de‖resentimiento‖que‖podías‖practicamente‖escuchar‖los‖pensamientos‖de‖“jódete”.‖

Esta no es la cara de una pequeña alma triste que sabe que está en problemas; esta es la cara de un furioso querubín, intentando desesperadamente de verse como un tipo duro, quien preferiría arder en llamas antes de admitir que está equivocado. Por un segundo, reconsidero ayudarlo; algunos días en detención juvenil podrían ser lo que ordenó el doctor. Pero luego Brittany envuelve un brazo alrededor de él y besa su frente, viéndose exaltada con alivio y a la vez como si quisiera estrangularlo.

—¡Gracias a Dios que estás bien! Todo va a estar bien, Rory, no te asustes. ¿En qué demonios estabas pensando? ¿Un auto? Nunca dejarás tu cuarto otra vez, ¡nunca!

Me inclino hacia atrás en mi silla, solo observando. Él la aleja con un brusco empujón.

—Quítate. Estoy bien. No es gran cosa.

—¿No es gran cosa? —Hace una mueca, y veo el parpadeo de sentimientos heridos, también—. Podrías haberte matado, o a alguien más.

—Bueno, no lo hice, ¿de acuerdo? Así que deja de enloquecer.

He visto suficiente.

—Brittany, ve a conseguirle a Regan una soda o un jugo. —Saco un par de billetes de mi billetera y se los paso.

Ella duda. Inclino mi cabeza hacia Rory.

—. Danos un minuto.

Todavía pareciendo insegura, coloca a la niña de dos años sobre sus pies y se aleja. Una vez que estamos solos, Rory se sienta.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—Tu tía quería una buena abogada. Por suerte para ti, soy la mejor, y resulta que tenía la tarde libre.
—Lo que sea.

Lo clavo con una mirada evaluativa.


—Estás en mierda profunda, niño.

Tan seguro de que lo sabe todo, se burla

—: Tengo nueve. ¿Qué es lo peor que pueden hacerme?

—Mantenerte aquí por los próximos nueve años. Por lo menos —le digo simplemente.

Por primera vez desde que entró a la habitación, su confianza disminuye. Sus mejillas se colorean con un rubor nervioso y su voz se eleva media octava cuando dice

—: No es tan malo aquí. Es una pequeña grieta en la fachada, pero aun así una grieta.

No pierdo tiempo diciéndole que está lleno de mierda. Me inclino hacia adelante y explico

—: Esto es lo que va a pasar. Voy a llamar a tu tía para que vuelva, y vas a disculparte por la forma en que le hablaste. Él no esperaba eso.

—¿Por qué?

—Porque no se lo merece.

Baja la vista, casi avergonzado. Tal vez todavía haya esperanza para él.

—Luego vas a sentarte ahí —apunto hacia él—, y la dejarás abrazarte y besarte y todo lo que quiera.

Su barbilla se eleva, sin estar listo para rendirse de dar pelea.

—¿Y qué si no lo hago? Lo miro directo a los ojos.

—Entonces te dejaré pudrirte aquí. Y lo haré.

No se ve feliz, no le gusta ser acorralado en una esquina. Quiere salir moviéndose, para hacer lo contrario de lo que le estoy ordenando, simplemente porque es una orden. Sé lo que siente. Conozco a este chico hasta la médula. Necesita una salida, una manera de rendirse sin sentir que perdió la guerra. Así que le doy una.

—No tienes que mostrarme lo rudo que eres, Rory, puedo verlo. Era muy parecida a ti cuando tenía tu edad; una ruda y cabreada pequeña idiota. La diferencia es, que fui lo suficientemente inteligente para no joder a las personas que se preocupaban por mí. —Levanto las cejas

—. ¿Y tú?

Me observa. Mira profundamente con ese sexto sentido que todos los niños tienen, para ver si estoy siendo directa con él o solo protectora. Después de un momento, da el más breve de los asentimientos y dice con una vocecita

—: De acuerdo. Me disculparé con la tía Brittany. Y la dejaré besarme y abrazarme si eso la hace feliz.

Sonrío.

—Bien. Inteligente y duro. Ya me agradas más, chico.

Dejo a Brittany con los niños y me dirijo escaleras arriba hacia la oficina del oficial de libertad condicional. Toco la puerta de Lisa DiMaggio, aunque se encuentra abierta. Ella gira en su silla de oficina, su largo cabello rubio cayendo en abanico detrás de ella.

—Santana López. —Se levanta, dándome una vista perfecta de sus bronceadas y tonificadas piernas por debajo de su falda negra, y me abraza. Separarse en términos amistosos definitivamente tiene sus beneficios—. ¿Qué estás haciendo en mi rincón del bosque? —pregunta, retrocediendo con una sonrisa—. ¿O es una llamada social?

—Estoy aquí por un cliente.

—¿Desde cuándo juegas en una corte familiar?

—Es una larga historia. —Me encojo de hombros—. Y su nombre es Rory Pierce.

—Ah. —Recupera un archivo de su escritorio—. Mi ladrón de autos. Tomé su entrada esta mañana. Dijo‖ que‖ tomó‖ el‖ auto‖ porque,‖ y‖ cito‖ “quería‖ ver‖ si‖ conducir era tan‖ f{cil‖ como‖ en‖Mario‖ Kart”.‖ —Sacude la cabeza—. Los niños de estos días.

Me inclino contra la pared.

—No es por eso que tomó el auto. Hay circunstancias atenuantes.

—Ilumíname. No he tenido la oportunidad de interrogar a sus padres todavía.

—Los padres están muertos —le digo—. Robert y Nataly un horrendo accidente hace dos meses, dejando a Rory y a sus cinco hermanos al cuidado de su tía, su único pariente vivo. Se sienta en su silla.

—Jesús.

—El chico ha estado lidiando con una mano de mierda y no está tratando bien con eso. Habla con su trabajadora social; apostaría mi testículo izquierdo a que era un santo hasta que sus padres murieron.

—Eso es realmente decir algo, sé cuán preciados son tus testículos para ti.
Asiento.
—Desafortunadamente —Lisa suspira—, Rory escogió robar el auto de la persona equivocada.

—Nombra a un granjero malhumorado e influyente con esperanzas de ser presidente—. Y él quiere colgar el culo del chico.

—Al diablo con eso —gruño—. Además, un servidor público no tiene por qué tener un auto como ese. No sé si es porque tengo una erección por su tía o porque él me recuerda tanto a mí misma, pero si alguien quiere una pieza de ese chico tendrá que pasar primero a través de mí.

—De acuerdo —dice Lisa—. Entonces, ¿qué ofreces?

—Terapia bajo el mandato de la corte, una vez por semana. Con reportes del progreso mensual.

—Dos veces a la semana —contesta ella—. Y quiero escoger al terapeuta. No se permiten charlatanes.

—Hecho. La mirada de Lisa viaja sobre mí, dirigida a mi entrepierna.

—Me sorprendes,‖Santana.‖No‖te‖recuerdo‖siendo‖tan…‖suave.

Me muevo hacia adelante, colocando mis manos en los brazos de su silla, atrapándola.

—“Suave”‖ no‖ esta‖ en‖ mi‖ vocabulario. Todavía soy tan dura como vienen. —Sonrío—.

Y después. Sus ojos se fijan en mi boca.

—Es bueno escucharlo. Particularmente desde que Ted y yo rompimos.

—Eleva su mano izquierda sin anillo. Lisa‖ definitivamente‖ cae‖ bajo‖ la‖ categoría‖ de‖ “conocidas”,‖ lo que significa sin la incómoda conversación de la primera cita, sin las veinte malditas preguntas que no quiero hacer, menos aún responder. No, iríamos directamente a la follada. Excelente.

—Es una larga historia —dice—. La cual estoy segura que no tienes interés en oír.

Sí, Lisa me conoce bien.

—¿Todavía te gusta el tequila? —pregunto.

—Por supuesto. ¿Todavía tienes mi número?

—Así es.

Su sonrisa es lenta y llena de promesas.

—Bien. Úsalo.

Me levanto y camino hacia la puerta.

—Lo haré. —Y comenzaré con el papeleo. Unas horas después, después de la aprobación de los servicios infantiles y una rápida y obligatoria aparición ante un juez indiferente, Rory sale del juzgado con nosotras. Nos dirigimos de regreso a mi oficina para reunir a sus muchos hermanos.‖Todos‖parecen‖felices‖de‖verlo,‖si‖los‖afectuosos‖“estúpido‖idiota” y sus preguntas‖ansiosas‖sobre‖su‖estadía‖en‖la‖“carcel”‖son‖alguna‖indicación.‖
El‖cielo‖se‖ encuentra oscuro para el momento en que escolto a Brittany y sus cargas de vuelta a su auto. Espero junto a la puerta del conductor mientras ella los sube y los abrocha. Luego rodea el auto y se detiene delante de mí, toda ojos cálidos y suave gratitud. Y soy golpeada de nuevo por la suave impecabilidad de su piel bajo el brillo de las luces de la calle.
Malditamente hermosa. Estando tan cerca, noto las adorables pecas a través del puente de esa insolente nariz y me pregunto si las tiene en cualquier otro sitio. Tomaría una lenta y exhaustiva búsqueda para saberlo. Y justo soy la mujer para el trabajo. Empuja su cabello detrás de su oreja.
—Gracias, Santana, muchas gracias. No sé lo‖que‖habría‖hecho‖si…
—¡Tía Brittany, tengo hambre!
—¿Podemos‖ir‖a‖McDonald’s?
—¿Saben‖ lo‖ que‖ ponen‖ en‖ McDonald’s?‖ Ni‖ siquiera‖ los‖ insectos‖ se‖ lo‖ comerían.
—¡Cállate, Raymond! ¡No me arruines la comida rápida!
—¡Tú cállate!
—¡No, tú cállate!
—¡Tía Brittany!
—¡Holaaaaa!

No puedo evitar reírme. Y preguntarme si ella tiene tapones para los oídos. Brittany deja escapar un suspiro a través de esos perfectos labios sonrientes.

—Debería irme antes de que empiecen a comerse entre ellos.
—Tal vez eso no sería algo malo. Hay suficientes de ellos de repuesto.

Sacude la cabeza y se sube a la camioneta, luego baja la ventana para decir

— : Gracias de nuevo. Te lo debo, Santana.
Palmeo el costado de la camioneta mientras acelera lentamente.

—Sí, lo haces.

Y es una deuda que no puedo esperar para cobrar. Pronto
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por JVM el Vie Oct 28, 2016 12:17 am

Bueno hubo invitación para salir por San pero como dijo Britt en estos momentos no tiene tiempo libre!!
Además me encanto que San siga al pendiente del Juez, gracias a el es lo que es hoy y pudo cambiar su vida!
Y bueno el pequeño sobrino malo haciendo de las suyas de nuevo, espero que las terapias le ayuden y que San siga rondando porque sabe como hablarle para que reaccione.
Ahora a esperar que cobre su deuda jajaj
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Mensaje por micky morales el Vie Oct 28, 2016 9:14 am

Se nota que britt es una chica sencilla y algo inocente, la idea es que santana la conozca y no que solo piense en su vagina, asi que esperare a ver como continuan las cosas antes de querer colgar a santana por sus testiculos!!!!!
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