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[Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Nov 12, 2016 2:56 am

CAPITULO 23


Por la mañana, recuesto a Brittany suavemente sobre la cama, luego me dirijo hacia la cocina. Pongo a preparar una taza de café, suelto al perro, y lleno su plato con comida. Contempla el recipiente con ojos tristes, entonces lo rechaza, acurrucándose en una bola en el sillón con un profundo suspiro. Le acaricio sus orejas planas.

—Sé cómo te sientes, amigo.

Le llevo una taza de café a Brittany, lo coloco en la mesita de noche, y me siento en la cama. Cuando pongo mi mano en su cadera, sus se abren de golpe con una inhalación rápida de aliento, como si hubiera sido despertada de una pesadilla. Ella mira a su alrededor, y su cara se oscurece cuando se da cuenta de que su pesadilla es la realidad. Se recuesta de nuevo sobre la almohada, observándome.

—Gracias por lo de anoche. Por estar conmigo.

—No hay de qué. —Empujo un mechón de cabello detrás de su oreja—.Tengo que ir a la oficina, a prepararme para la audiencia del lunes.

—De acuerdo. Gracias.

—Su voz se apaga. Y el silencio antinatural de la casa se cierra en nuestro alrededor.

—. ¿Puedo ir contigo?

—Claro que puedes.

Mientras que Brittany se viste, llamo a Quinn y Rachel, luego a Ryder. Los actualizo con los acontecimientos de ayer y les digo que me encuentren en la oficina. Los procedimientos de la corte de familia son ligeramente diferentes, así que voy a tener que familiarizarme con ellos, pero en esencia, la audiencia de custodia no es tan diferente que la de un juicio. Necesitaré pruebas y un montón de jurisprudencia para sostener mi argumento de que los niños pertenecen con Brittany y que el CFSA estaba fuera de lugar para llevárselos en primer lugar.

Brittany entra en la habitación, bebiendo su café, con vaqueros y una camisa de franela roja suelta. Su cabello recogido en una coleta alta, brilla de color rojodorado por la luz del sol de la ventana. Ella luce… mejor, pero no bien.

De la forma en que un plato de porcelana luce cuando se rompió en pedazos y fue pegado para juntar las piezas. Pero sabes que la más mínima vibración podría hacer añicos todo de nuevo.

Nos detenemos para comprar panecillos en el camino a mi apartamento, donde me cambio de ropa, y luego nos dirigimos a las oficinas de Schuester & Pittsbury. Trabajar el sábado es bastante común allí, así que hay algunos abogados moviéndose alrededor en ropa casual de fin de semana. Dirijo a Brittany hacia mi oficina, donde Quinn, Rachel y Ryder ya están esperando. Después de una ronda de abrazos de simpatía para Brittany y unos golpecitos en el brazo para mí, nos sentamos alrededor de mi escritorio.

—Ellos tienen condenadamente todo —maldigo, hojeando el informe de
servicios sociales que acompañaba a la orden de la corte. Y en el papel, no se ve bien—. El arresto de Rory y su brazo roto, Riley siendo detenida después de la fiesta, las cosas con Raymond y Jeremy Sheridan. Incluso mencionan el acto de desaparición de Rosaleen. ¿Es que pusieron micrófonos escondidos en toda la maldita casa?

—Probablemente entrevistaron a los vecinos —sugiere Rachel—. Los padres
de los amigos. Brittany, el informe menciona el retraso en el habla de Regan, ¿el
cual la CFSA afirma que no has abordado adecuadamente?

Brittany niega.

—Ella no tiene un retraso en el habla, todos los niños fueron habladores tardíos. Alteró a mi cuñada al comienzo, pero el pediatra siempre dijo que era totalmente normal.

Me dirijo a Rachel.

—Tenemos que conseguir una declaración del pediatra. Y del terapeuta de Rory. Y de sus profesores, son niños inteligentes, les va bien en la escuela; va a funcionar a nuestro favor.

Quinn asiente. —Y voy a investigar a Dexter Smeed y la CFSA. Ver cuál ha sido su trayectoria últimamente.

Nos dividimos hacia nuestras respectivas tareas. Antes de que Ryder comience a ayudar a Rachel con esas declaraciones, instala a Brittany cómodamente en el sofá de cuero junto a la ventana. Le da una taza de té caliente, entonces saca su licorera y vierte un poco en su taza.

—Un pequeño trago en la mañana es algo bueno. Pone en marcha la sangre.

—Gracias, Ryder.

—No te preocupes por nada. Han despertado a una gigante dormida. Y Santana es la gigante más espantosa por estos alrededores.

Unas horas más tarde estoy en la biblioteca de la firma, buscando varios volúmenes entre las largas y llenas filas. Siento a Quinn observándome mientras saca su propio libro de la estantería.

—¿Cómo estás, morena?

—¿Cómo crees que estoy? —respondo sin levantar la vista.

—Creo que estás todo enredado en tu interior. No puedes decidir a quién quieres matar primero. Así es como yo estaría, si fuera Beth. —Hace una pausa, esperando mi respuesta. Saco un libro de la estantería y escaneo sus páginas—. Sólo quiero que sepas que estoy aquí para ti, Santana. Lo que sea que necesites.


Cierro el libro de golpe con una explosión, y la miro, no porque haya hecho algo malo, sino porque simplemente está allí.

—La casa de un niño es como su fortaleza. Los protege del coco, o de quién rayos los niños le tengan miedo hoy en día. —Mis dientes rechinan—. Y entraron a su casa y se los llevaron, Quinn. ¿Sabes lo que eso le hace a un niño?

Asiente.
—Sí, lo sé.

No quiero hablar de esto. Yo solo… no puedo… ir allí ahora mismo. —¿Quieres que me sienta mejor? —Empujo el libro en mis manos contra su pecho—. Encuéntrame algo que pueda usar para entrar allí el lunes y clavar a este hijo de puta contra la pared.

Unas horas después de eso, estoy en mi escritorio, trabajando en nuestra respuesta a la moción de CFSA por la custodia. Brittany se movió a una silla más cerca de mí. Se queda sentada, acurrucada como un gatito, observándome.

—¿Qué es eso? —pregunta, señalando un gran libro de texto abierto en mi escritorio.

—Esos son los estatutos. Las leyes sobre la custodia de los hijos.

Apoya la cabeza sobre su mano.

—¿Por qué están escritos de esa manera?

—Bueno, la respuesta clásica es que no hay espacio para la interpretación. Para que así nadie pueda argumentar que significa otra cosa que no sea lo que dice exactamente. Pero creo que están escritos de esa manera sólo para que los abogados puedan ganar montones de dinero al decirles a todos lo que significan.

Mi respuesta le saca una suave sonrisa.

—¿Y qué es eso? —Apunta a otro volumen en mi escritorio.

—Esa es la jurisprudencia pertinente. Decisiones que otros jueces han tomado en casos similares al tuyo. Lo utilizo para sustentar mi argumento. A los jueces les gusta seguir a la multitud… son realmente el tipo de personas de hagotodo- lo-que-los-niños-geniales-están-haciendo.

Sonríe otra vez, parpadeando lentamente, pareciendo totalmente desgastada. Aparto su cabello.

—Cierra los ojos, Brittany. Descansa un poco.

Y ni siquiera discute conmigo.

Es de noche cuando Brittany y yo nos metemos en mi coche. Traigo algunos archivos a casa conmigo, las cosas en las que voy a trabajar más adelante, pero parecía que ella estaba acabada. No podía soportar estar encerrada en la oficina por un minuto más. En contraste con su actitud agotada de antes, parece estar conectada ahora. Prácticamente vibrando con energía no utilizada. Desesperada. Su pie patea el suelo del coche.

—¿Podemos recoger al perro y quedarme en tu casa esta noche?


No tengo que preguntar por qué me está pidiendo eso. Sin los niños, la casa se siente como una tumba

—Por supuesto.

Asiente.

—Oye… detente aquí muy rápido. —Apunta a una tienda de licores más adelante, su letrero verde de neón brillando contra la oscuridad. Me estaciono en la acera y Brittany sale. Regresa unos minutos después, una gran bolsa de papel marrón en mano. Cuando llegamos a su casa, se queda en el coche mientras agarro a Cosa, entonces nos dirigimos a mi casa. Brittany coloca al perro en el suelo en el salón de mi casa y se va directamente a la cocina. Me paro en la puerta, mirándola mientras toma dos vasos de chupito del armario y los llena con la botella de vodka que sacó de la bolsa. Sus movimientos son exactos, enojados. Se bebe un trago como una profesional y va por un segundo. Exhala con fuerza después del segundo chupito, y luego fija su mirada en mí.

Coge uno de los vasos y camina hacia mí; un poco del líquido claro chapoteando en el suelo mientras se mueve. Su rostro es serio, duro, y esos ojos de cristal brillan con una luz casi depredadora. Y jódeme si mi polla no responde a la energía frenética que emana de ella. Tomo el vaso de su mano tendida, y mantengo mis ojos fijos en los de ella, tragándome el líquido.

Brittany se lame los labios y retrocede un paso. Luego se desabrocha la camisa lentamente… como un desafío. La camisa golpea el suelo y sus vaqueros le siguen después.

—No puedo dejar de pensar. —Su usualmente voz dulce es más baja, más áspera, casi como un gruñido—. No puedo apagar mi cerebro, ¿sabes? —Sus ojos caen al vaso de chupito mientras se sirve otro, pero no lo bebe todavía—. Me está volviendo jodidamente loca. No quiero pensar en absoluto, en nada de esto. — Entonces me mira a través de sus largas pestañas—. ¿Crees que me puedes ayudar con eso?

Me muevo rápido, sorprendiéndola. Mi mano arremete, agarrando la parte posterior de su cuello. Es un agarre duro y contundente, y la jalo más cerca hasta que siento su piel desnuda justo contra mí. Levanto el vaso de chupito.

—Abre.

Brittany separa sus labios y llevo el vaso hasta ellos, vertiendo el líquido. Tan pronto como lo traga, mi boca esta sobre la de ella, chocando y colisionando, saboreando el aguijón de vodka y su dolor.

Me retiro y ella está jadeando. Mi otra mano roza su estómago, cubriendo su pecho. El pezón se endurece bajo mi palma y me aclaro la garganta.

—Sí. Sé justamente cómo ayudarte con eso.

Y ninguna de las dos tiene la oportunidad de pensar en otra cosa el resto de la noche.

Domingo por la mañana, Brittany se despierta antes que yo. Siento su movimiento alrededor de la habitación, recogiendo su ropa, vistiéndose, cuidando al perro. Regresa a la habitación y se sienta en el borde de la cama, esperando a que abra mis ojos. Cuando lo hago, hay más vida en sus rasgos. Más… determinación. Y el nudo que ha estado en mi estómago durante los últimos dos días se afloja un poco.

—Me gustaría ir a la iglesia hoy. —La esquina de su boca se curva un poco—. Mi cuñada y mi hermano solían llevar a los niños a la iglesia cada semana, pero no lo he hecho todavía. Lograr que todos estén vestidos y en la puerta es una larga tarea. —Hace una pausa, probablemente imaginando a los niños y toda su entretenida dificultad en su mente—. Pero me gustaría ir hoy. ¿Quieres venir conmigo?

Soy una cínica pura cuando se trata de religión. Además de los funerales, las bodas ocasionales, o servicios con mi madre cuando era una niña, no voy a la iglesia. Pero me oigo diciendo

—: Sí, voy a ir contigo.

Dejamos a Cosa en la casa de Brittany, donde se cambia de ropa a un vestido amarillo de manga corta con tacones a juego. Sigo a la multitud en la misa, me arrodillo y me levanto, pero en su mayoría, simplemente la miro. La forma en que sus labios se tocan las manos cuando inclina su cabeza en la oración, la expresión serena en su rostro mientras el sacerdote da su bendición final.

Nos detenemos junto a mi coche en el estacionamiento de la iglesia.

—No sé qué hacer conmigo misma. —Se ríe Brittany sin humor—. Todos estos meses parecía que nunca había suficiente tiempo, y ahora que lo hay… no lo quiero. — Mira en mi dirección—. Tienes eso que haces en las tardes todos los domingos, ¿verdad? Se dio cuenta que desaparezco todos los domingos, pero nunca me preguntó sobre ello. Me pregunto si esperaba que se lo dijera yo misma.

—Sí, lo tengo.

Asiente y justo cuando empieza a verse resignada por pasar una tarde solitaria, digo

—: ¿Quieres venir conmigo?

Su cabeza se levanta de golpe.

—Sólo… solo si quieres que lo haga.

—Hay alguien que quiero que conozcas.

Sostengo la mano de Brittany mientras caminamos por los pasillos de la Casa de Retiro Brookside. Marietta está justo saliendo de la habitación del Juez cuando llegamos a su puerta.

—Hola, Santana. —Me saluda con una amplia sonrisa.

—Hola, Marietta. ¿Cómo está hoy?

—Oh, cariño, está teniendo un muy buen día.

Suelto un jodido respiro en alivio. La última cosa que quería, era poner a Brittany más deprimida de lo que ya está; y el Juez en un mal día no es un espectáculo feliz.

Asiento mientras paso por delante de ella y entro en la habitación con Brittany justo detrás de mí.

Él está leyendo en su silla de cuero junto a la ventana, vestido con un suéter azul oscuro y pantalones marrones, esos feos mocasines marrones en sus pies.

—Hola, viejo.

Su rostro se ilumina, sus ojos confiados y maravillosamente conscientes.

—¡Santana! —Cierra su libro y se levanta, envolviéndome en un abrazo fuerte—. Es
bueno verte, hija. ¿Cómo estás?

—Estoy bien, Juez.

Sus ojos caen en Brittany y me lanza una sonrisa arrugada.

—Puedo ver la razón. —Le ofrece su mano—. Hola, querida, soy Atticus Faulkner.

Brittany le da la mano con una sonrisa enorme.

—Soy Brittany Pierce… es maravilloso conocerlo. Santana me ha dicho todo sobre usted.

—Lascivas mentiras, estoy seguro. —Guiña—. Siéntate, siéntate. Deja que te traiga un poco de té, Marietta acaba de traerme una olla. Una vez que estamos sentados, con nuestros vasos en frente de nosotros, Juez le dice Brittany

—: Eres hermosa, querida.

Y se sonroja.

—Gracias.

—Ahora, debo pedir disculpas por adelantado, Brittany, si digo o hago cualquier cosa que te haga sentir incómoda. Yo… olvido las cosas… muy rápidamente y, a menudo últimamente.

Brittany sonríe; luciendo más bonita que cualquiera de los santos en los vitrales de la iglesia.

—No se preocupe. Si olvida algo, estaremos aquí para ayudarlo a recordar.

Y por mi jodida vida, no sé cómo ella lo ha logrado hasta ahora sin tener un montón de órdenes de restricción, o sin regalos o tarjetas, y flores obstruyendo su buzón todos los días. Debido a que mientras la veo con el Juez, no sé cómo alguien podría conocerla y no estar ridícula y perdidamente enamorado de ella.

Más tarde esa noche, Brittany y yo estamos de vuelta en su casa… bañándonos juntas en la bañera de gran tamaño fuera de su dormitorio. Se encuentra sentada frente a mí, su espalda contra mi pecho, su cabello recogido, unos mechones húmedos colgando, haciéndole cosquillas en la cara. Ha estado en silencio durante un buen rato; sólo los sonidos del agua ondulante contra el lado de la bañera perturbando el silencio.

—¿Qué pasa si perdemos mañana?

Mis labios permanecen en su hombro.

—No lo haremos.

—Pero, ¿y si lo hacemos? ¿Van a…

—Su voz se quiebra…

— …¿Van a dejarme verlos? ¿Tener visitas?

Se da la vuelta para mirarme y elijo mis palabras cuidadosamente.

—Conozco gente que… puede saber dónde están los niños. Y conozco otras personas que hacen identificaciones… pasaportes y esas cosas. Pero de los buenos.

—Paso mi dedo a lo largo de su mandíbula—. Así que… si perdemos, voy a llamar a esa gente. Vas a sacar todo el dinero que puedas… y simplemente te vas.

—¿Cómo… a México?

Me río.

—No. La brillante y blanca piel Pierce se quemaría bajo el sol mexicano. Puede ser… ¿Canada? Me pregunto si Regan aprendería más rápido el francés.

Brittany me mira fijamente, y sus ojos lucen un tono más oscuro. Más profundos.

—¿Harías eso por nosotros?

Mis dedos recorren su suave mejilla.

—No puedo pensar en algo que no haría por ustedes.

Y ese hecho me asusta a mas no poder.

Las gotas de agua se derraman sobre el borde de la bañera mientras se levanta sobre sus rodillas, a horcajadas sobre mis caderas. Nos besamos por minuto que se siente como horas. Su mano se sumerge debajo del agua, acariciándome a pesar de que ya estoy dura y caliente en su palma. Y cuando nos acomoda, se hunde, lento y suave. Mis brazos se envuelven a su alrededor, atrayéndola, más cerca, y beso sus pechos, jugando con sus pezones con mi lengua. Sus caderas suben y bajan; me muevo dentro de ella a un ritmo pausado y constante. Y cuando espasmos recorren su cuerpo, provocándole un suave gemido, cuando me hundo profundamente dentro de ella con un gruñido áspero, se siente como más. Como todo. Como nada que haya probado antes y algo que no podré encontrar con nadie más.

La cabeza de Brittany todavía descansa en mi hombro un tiempo después de que el agua se vuelva fría. Finalmente, salimos de la bañera, nos secamos, y nos quedamos dormidas en su cama, envueltas alrededor de la otra.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por JVM el Sáb Nov 12, 2016 3:19 am

:( que triste que se hayan llevado a los niños, sin embargo Britt cuenta con San que no dejara que destruyan a su familia.
Y bueno en esta situación tan difícil se están demostrando el amor que se tienen entre ellas y a los niños.
Así que esperemos que todo salga bien en la audiencia y que regresen a casa todos los pequeños!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Nov 12, 2016 3:27 am

CAPITULO 24

A las diez de la mañana del día siguiente, Brittany y yo caminamos dentro de la sala 7-A en el Tribunal de Familia del Distrito de Columbia. Tomamos
nuestro lugar en nuestra mesa designada; y Quinn, Rachel, y Ryder se sientan en la primera fila detrás de nosotras. Brittany está nerviosa pero serena. ¿Y yo? Estoy lista y estoy hambrienta por una victoria. Es la sensación que siempre tengo. Nada de nervios, sólo afán. La abogada que representa a la Agencia de Servicios de Infancia y Familia tiene su propio lugar en la mesa a través del pasillo principal a mi izquierda, y está alisándose la falda de su conservador traje negro, de buena confección. Es una pelirroja de unos cuarenta años que se ve casi tan segura como me siento. El alguacil anuncia que la corte está en sesión y todos nos levantamos cuando una juez mujer con cabello gris, y si el cordón alrededor de su cuello es una indicación, fan de Ruth Bader Ginsburg, entra en la habitación. Pasa a través de las formalidades, y entonces me pide que comience.

—Hago un llamado al director de la Agencia, Dexter Smeed, Su Señoría.

Dexter Smeed luce exactamente como imaginarías a alguien llamado Dexter Smeed. Gafas redondas; cabello fino, camisa blanca con botones almidonados; chaqueta marrón; y pajarita verde claro. Juró y se sentó en el banquillo de los
testigos.

—Sr. Smeed, ¿Ha visto a Brittany Pierce antes de hoy?

—No.

—¿Alguna vez la conoció, visitó su casa?

—No.

—¿Le envió un correo electrónico?

Smeed se aclara la garganta.

—No.

Asiento, en acuerdo.

—¿Alguna vez ha entrevistado a alguno de los niños Pierce?

—No.

Salgo de detrás de la mesa y me reclino contra ella.

—¿Y sin embargo se sintió capacitado para ignorar la recomendación de la trabajadora social del caso, Mercedes Jones, quien ha visto, ha visitado y entrevistado la señorita Pierce y los niños para pedir que se le quitara la custodia?

—Lo hice, sí.

—¿Y cómo hizo esa determinación, Sr. Smeed?

—Reviso periódicamente los archivos de todos los casos llevados en mi agencia. El archivo contenía toda la información que necesitaba. Es mi trabajo ser crítico. Para determinar quién es adecuado para la custodia —Sus ojos observan a Brittany y realiza una pausa—, y quién no.

Idiota. Este hijo de puta es un idiota tan grande que ni siquiera el perro lo querría.

Me muevo a la derecha, bloqueando a Brittany de su vista.

—Su esposa es una mujer afortunada. —Niego con la cabeza—. Tiene un conjunto de pelotas…

—Su Señoría. —El abogado de la agencia se pone de pie.

El juez asiente con la barbilla, bajando la vista.

—Ese comentario le costará quinientos dólares, Srita. López Becker. Va a mantener el decoro apropiado en mi sala de audiencias o su cliente buscará un nuevo representante. No habrá otra advertencia. ¿He sido clara?

La mayoría de los jueces tienen poco sentido del humor.

—Clara como el cristal. Mis disculpas.

Entonces pongo mi mirada de nuevo sobre el señor Smeed.

—Dejemos eso para más adelante. Por el momento, ¿puede decirme si el nombre de Carrie Morgan es familiar para usted?

Piensa por un momento, y luego niega con la cabeza.

—No.

Tomo un archivo de la mesa y echo un vistazo a su contenido.

—Hace tres años, Carrie, de siete años de edad, fue puesta bajo la custodia de la Agencia, cuando su madre fue declarada culpable de cargos federales por drogas. Fue colocada con una familia de acogida, bajo la supervisión de su agencia. Seis meses más tarde, se encontraba muerta, por un trauma con un objeto contundente en la
cabeza. La autopsia encontró signos compatibles con abuso. —Clavo una mirada, los ojos tan fríos como mi voz—. ¿Le suena?

—No estoy familiarizado con los detalles de ese caso, no.

—Hmm. Está bien. —Agarro otro archivo de la mesa—. ¿Qué hay de Michael Tillings, catorce años? ¿Está familiarizado con su caso?

Smeed se mueve incómodamente en su asiento.

—Sí, lo estoy.

—Bien. Informe a la corte, Sr. Smeed, ¿qué le pasó a Michael Tillings?

—Falleció.

Responde, clavando sus talones en el suelo, como si fuera empujado a un acantilado al que no quiere acercarse. Y soy la mujer que lo empujará más cerca.

—¿Falleció? Esa es una forma muy delicada de decirlo. Fue asesinado, ¿no es eso correcto? ¿En un hogar, dirigido por la Asociación, fue golpeado por otros niños en la instalación?

A regañadientes, responde

—: Sí, sospechamos que estaba vinculado con una pandilla.


—Pandilla vinculado o no, el niño murió. Mientras se encontraba bajo la custodia de su Agencia.

Smeed asiente, su mirada plana.

—Eso es correcto.

Tomo un tercer archivo.

—Matilda Weiss, cuatro años.

El abogado de la oposición aparece como un roedor en un juego Whac-a- Mole.

—¿Qué tiene que ver esto con la competencia de Brittany Pierce como tutora?

—Estoy llegando, Su Señoría.

—Llegue rápidamente, Srita. López —responde.

—Cuénteme sobre el caso Weiss, Sr. Smeed, su firma está en su expediente.
Se frota las manos en los pantalones, inhala, y luego responde

—: Hubo una denuncia de abuso infantil contra la familia Weiss.

—¿Investigó? ¿Visitó el hogar, realizó las entrevistas?

—Sí.

—¿Cuáles fueron sus conclusiones?

Hace una pausa, como si realmente no quisiera contestar. Pero realmente no tiene otra opción.

—Determiné que no había pruebas suficientes de abusos para justificarlo.

Mis dedos cosquillean por la energía no utilizada.

—¿Así que cerró el expediente del caso?

—Sí.

—Y dos meses más tarde, ¿qué pasó?

—Un vecino encontró a Matilda... hurgando en la basura. Buscando comida.

—Porque sus padres la mataban de hambre —declaro, con el estómago revuelto.

—Sí.

—¿Abusada, pese a que determinó que no existía tal abuso?

Por primera vez, me mira a los ojos, su expresión tensa y culpable. Atormentado por los fantasmas de niños perdidos y nombres sin rostro.

—¿Cuál es exactamente el punto, el Srita. López?

Camino más cerca.

—Dijo que su trabajo es era ser crítico para determinar quién es un tutor adecuado y quién no. Por lo tanto, mi punto, Dexter, es que a veces usted y su agencia se equivocan.
Dejo que las palabras cuelguen. Caminando de regreso a la mesa, agrego—: ¿No le parece?

—No, no lo hace.

—Ah, ¿no? —Levanto una caja del suelo y la coloco sobre la mesa—. Tengo una caja llena de ejemplos trágicos que dicen lo contrario. Podemos hacer esto todo el día.

Tartamudea.

—Cada... cada caso es diferente. Simplemente porque... las circunstancias pueden haber sido pasadas por alto en un caso no significa que habrá errores en el próximo. —Toma un respiro, componiéndose—. Habla de niños, Srita. López, recita sus nombres y edades, porque son sólo nombres para usted. Para mi... son importantes.


No podía ser más hijo de puta. No son sólo nombres, son caras. Riley, Rory, Rosaleen, las vi a todas en las páginas de esos informes horribles.

—Haré todo lo que esté a mi alcance para no fallar con otro niño bajo nuestro cuidado.

—Smeed da golpecitos con el dedo en la cornisa del estrado de los testigos.

—. Lo cuál es precisamente la razón por la que los niños Pierce deben permanecer bajo nuestra custodia. Las banderas rojas…

Golpeé mi mano sobre la mesa.

—Banderas rojas… estoy muy contenta de que trajera ese tema. Vamos a hablar de ellas. —Mis movimientos son rápidos y seguros, cuando acecho de un lado a otro frente a él—. ¿Dijo que una combinación de eventos fueron los que lo empujaron a quitarle la custodia de los chicos Pierce a Brittany?

—Correcto.

—Uno de esos eventos fue que Riley Pierce fuera detenida en una fiesta donde el alcohol estuvo presente.

—Sí —contesta y empieza a dar un sermón—. Consumir alcohol es una señal de la falta de supervisión de los padres.

Levanto mis cejas.

—¿Es consciente de que el cincuenta y un por ciento de los adolescentes experimentan con alcohol antes de su decimoquinto cumpleaños?

—No puedo decir si eso es cierto o no, no sé la estadística exacta.

Una vez más me muevo hacia adelante, más cerca de él.

—Pero si fuera cierto …el cincuenta y un por ciento, sería... el promedio, ¿no?

—Eso no significa que sea permisible…

—No, Dexter, no lo es. Simplemente hace que sea normal.

Doy la vuelta a la página del archivo con un chasquido y coloco mi dedo en el centro.

—¿Su siguiente evento? ¿Rory quebrándose el brazo?

—Eso es correcto. Las lesiones graves, y fracturas, son siempre motivo de preocupación.

—¿A pesar de que más de siete millones de personas se quebraron un hueso en los EE.UU. el año pasado? —le informo—. ¿A pesar de que el adulto promedio habrá sufrido dos fracturas de huesos en su vida? Rory es un niño sano y activo de
nueve años de edad, por lo que una vez más, según estas estadísticas sería más sorprendente si no se hubiera roto el brazo en algún momento.

Suspira. Y se frota los ojos. Porque estoy agotándolo. Estresándolo.

Bien.

—¿Qué más le llamó la atención en el desfile de banderas rojas? —pregunto.

—El arresto de Rory Pierce, así como el altercado físico entre uno de los otros menores de edad y un compañero de clase en la escuela.

—El nombre del otro menor es Raymond. Y de nuevo, una pelea en el patio de la escuela no es realmente atípico para un chico de su edad.

—No. —Smeed ajusta su gafas—. Pero cuando se agrega a los otros asuntos…

—¿Es consciente de que estos niños perdieron a ambos padres de manera violenta? ¿Inesperadamente?

—Sí, pero…

—¿Se le ocurrió que actuaban emocionalmente? ¿Luchando para lidiar con el trauma emocional que tuvieron que soportar?

—Sin embargo…

Doy un paso más cerca, y mi voz se elevaba con mi ira. Debido a que no se tomó el tiempo, no se molestó en ver a ninguno de ellos. Todo porque pensaba que sabía que era lo mejor.

—¿Durante un segundo se le ocurrió que la razón de que las banderas eran tan numerosas es porque son muchos niños? Niños perfectamente normales que experimentan todos los días situaciones… ¡simplemente todos al mismo tiempo!

—No. No sabes…

—Le diré lo que sí sé, Dexter —escupo—. Sé que alejaste a estos niños de la única familia que les queda. Que los tomaste del único hogar que conocen, donde se querían, y eran amados, y sobre todo, ¡se encontraban a salvo!

—¡Ellos no estaban a salvo! —grita de regreso, apuntando en la dirección del Brittany—. No está capaci…

—No sabría si está capacitada si llegara y se tomara la…

El juez golpea el mazo y llama al orden.

Tomo una respiración profunda y retrocedo.

Levanto una mano suplicante ante la juez.

—Tan sólo una o dos preguntas más, señoría.

Ella no se ve feliz.
—Continua.

Mi voz es uniforme cuando pregunto

—: Si Robert y Sofia Pierce hubiesen sobrevivido, y si todas las "banderas rojas" se hubiesen desarrollado de la misma manera, ¿hubiera tratado de poner fin a la patria potestad? Esta es la grande. Más importante que las estadísticas que he citado o los contra-argumentos que he dado.

—Trato con los hechos, Srita . López. Verdades. No voy a responder a sus hipotéticos —se burla.

Hasta que el juez habla.

—En realidad, esa es una respuesta que me gustaría oír, Sr. Smeed. Si los niños hubiesen estado bajo la custodia de los padres biológicos, ¿la situación hubiera sido lo suficientemente grave, dada la información que tiene, para justificar su salida de casa?

Parpadea y traga. Mira y analiza. Pero no es tan tonto como para mentirle a un juez.

—En la medida en que puedo predecir una cosa así, señoría, si hubiera sido un hogar con dos padres, padres biológicos presentes... no. Probablemente no habríamos tomado la custodia de los niños.

—¿Incluso habrían estado en el radar de la Agencia? —pregunto—. ¿Un brazo quebrado, una pelea en el patio de recreo, una fiesta con alcohol? ¿Incluso habría oído hablar de los Pierce?

Baja la vista, se mueve de nuevo, y luego dice

—: Lo más probable... es que no.

Chasqueo. Nada para decir.

—He terminado con él, su señoría.

Después de que la abogada de la agencia cuestiona a Smeed, y refuerza sus afirmaciones sobre graves consecuencias y el medio ambiente potencialmente
inseguro de la tutela de Brittany, se excusa. Aprieto la rodilla de Brittany debajo de la mesa, y luego me pongo de pie y la llamo como testigo. Ella jura y se sienta en el banquillo de los testigos, pareciendo pequeña, tímida.

Atrapo su mirada y le doy una sonrisa, entonces me recuesto casualmente contra la mesa.

—¿Estás nerviosa, Brittany?

Mira a la juez, luego de vuelta a mí.

—Un poco, sí.

—No lo estés. Somos sólo tú y yo, teniendo una conversación.

Asiente y empiezo.

—Háblame de los chicos.

Brittany prácticamente brilla cuando habla de la mujer de carácter fuerte en la que Riley se está convirtiendo, en la energía precoz de Rory, que un día lo llevará a hacer grandes cosas. Sonríe mientras habla de la naturaleza de Raymond,

y como nadie puede estar en una habitación con Rosaleen y no sonreír. Se atraganta cuando menciona a Regan y cómo aprende de sus hermanos y hermanas, y lo buen bebé que es Ronan, y lo mucho que quiere estar allí para verlo crecer en el niño increíble que sabe que será.

—Tienes veintiséis años —le digo—. Tenías toda una vida en California, amigos, un apartamento, la universidad. Y dejaste todo de lado y viniste aquí para ser la tutora de tus sobrinas y sobrinos. ¿Has pensado alguna vez en no criarlos? ¿En dejar que Servicios Infantiles encuentre nuevos hogares para ellos?

Levanta la barbilla.

—Nunca. Ni por un segundo.

—¿Por qué? —pregunto en voz baja.

—Porque los amo. Ellos son míos. Criarlos es la cosa más importante que alguna vez voy a hacer. —Sus ojos están húmedos, cuando se vuelve a la juez—. Y algunos días es difícil, su Señoría... pero incluso en esos días, hay tanta alegría. Son todo para mí.

Le doy a Brittany un asentimiento, haciéndole saber que lo hizo muy bien.
Entonces me siento y el abogado de la agencia tiene su turno. Ella está de pie.

—Señorita Pierce, ¿cuál es la naturaleza de su relación con su abogada, Santana López?

Y me pongo de pie.

—Su Señoría, a menos que la abogada contraria esté sugiriendo que planteo algún tipo de peligro para los niños Pierce, este tipo de cuestionamiento está completamente fuera de lugar.

—Estoy de acuerdo. Al lugar, abogada.

Ella continúa. Intentando hacer girar los incidentes con los niños en algún tipo de negligencia por parte de Brittany. Pero no hay daño. Donde no hay humo,
no hay fuego.

Después de que Brittany es excusada, sigo con las declaraciones del pediatra, que da fe de la salud de los niños y cómo todos están al día en sus visitas. También tomo declaraciones de Rachel, Quinn, y Ryder, corroborando la competencia del
Brittany como una tutora y para demostrar que tiene un sistema de apoyo. La Agencia destaca el argumento de que en un principio ellos ganaron la custodia y ambas descansamos nuestros casos. La juez dice que va a deliberar y regresará con
el veredicto tan pronto como sea posible, entonces la corte levanta sesión. Después de que el juez sale de la sala de audiencias, Brittany se vuelve hacia
mí.

—¿Y ahora qué?

—Ahora... esperamos.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Nov 12, 2016 3:48 am

CAPITULO 25

Nos quedamos cerca del palacio de justicia para el almuerzo y; a pesar de los esfuerzos y más molestias de Ryder, Brittany no toca su comida. Dos horas más tarde, la corte está de vuelta en sesión. Brittany sostiene mi mano en un apretón de
muerte, bajo la mesa, mientras la jueza se aclara la garganta para dar su decisión.

—Como una de nueve hermanos, me siento particularmente calificada para emitir un fallo en este caso. —Nos mira a través de sus gafas—. Como dijo la señorita Pierce, criar niños es difícil, especialmente seis niños entre las edades
de seis meses y catorce años. Sin embargo, si hay un hijo o diez, sigue siendo responsabilidad de la corte asegurarse de que estos niños sean criados bajo la custodia de un tutor que los cuide y proporcione un entorno seguro que les permita prosperar. Tras revisar todas las pruebas presentadas, creo que Brittany Pierce es uno de esos tutores.

Mentalmente grito en victoria y Brittany empieza a llorar.

—Y es por eso que ordeno que la custodia física y legal de los seis niños menores de edad sea devuelta a la señorita Pierce, con efecto inmediato.

—Vuelve su atención hacia el Servicio de Niños y Familias—. La agencia de Servicios para Niños y Familias tiene a su cargo no solo la tarea de juzgar el desempeño de los padres, sino también de ayudarles. Nuestro trabajo no consiste en separar a las familias y afirmar quienes son mejores para ellos, pero si encontrar una manera de que las familias permanezcan unidas. El Servicio para Niños y Familias le proporcionará al tribunal actualizaciones mensuales sobre este caso, y para estar seguros, buscaré una mayor participación de dicho organismo a la hora de prestar asistencia en todas las áreas. —Mira a Brittany y sonríe. —Buena suerte, señorita Pierce. Se levanta la sesión.

Brittany se lanza a mis brazos, mientras que Ryder, Rachel, y Quinn también son todo sonrisas. Ella me mira.

—¿Podemos ir por ellos?

—Sí, podemos.

—¿Ahora? —Salta.

—Ahora mismo. —Me río.

Luego, recogemos la camioneta del hermano de Brittany, con la información proporcionada por Mercedes, nos dirigimos a una hora al norte de la ciudad para traer a los monstruos. Brittany habla y sonríe todo el camino, viéndose tan condenadamente contenta. Mercedes notificó a la familia de acogida que íbamos en camino, por lo que no estaban sorprendidos cuando nos presentamos en la puerta principal. Es un lugar agradable, una gran casa, una calle tranquila. La guapa rubia que abre la puerta le dice a Brittany que los niños están en la parte de atrás. Abrimos las puertas correderas de cristal y entramos en el patio trasero, y podrías pensar que no han visto a Brittany en dos años, en vez de dos días. Así de felices están. Lo rápido que corren hacia ella. Cuán fuerte gritan cuando la ven. Cuanto tiempo la abrazan, como si nunca quieren dejarla ir.

—¡Estás aquí! —grita Rosaleen mientras su tía intenta abrazar a todos al mismo tiempo—. ¡Sabía que vendrías, lo sabía!

—¿Podemos ir a casa? —le pregunta Rory a Brittany.

—Sí… nos vamos a casa.

Cuando Regan pierde el equilibrio en la masa de cuerpos abrazados y se cae sobre el trasero en la hierba, la recojo. La sostengo fuerte durante un minuto, y luego la coloco cómodamente en mis brazos. Pone sus pequeñas manos sobre mis
mejillas, me mira a la cara, y chirría su tercera palabra.

—¡Santana!

Y todo el mundo se vuelve borroso.

—Maldita sea, pequeña, tienes facilidad con las palabras.

Es alrededor de las cuatro el momento en que llegamos a casa y sacamos a los chicos. Están todos tan incontrolables, tan emocionados de estar en casa de nuevo, que convencen a Brittany de hacer una fiesta. Y ella está de acuerdo.
Hay una clara posibilidad de que nunca va a ser capaz de decirles de nuevo jodidamente que no. Unas horas más tarde, hay cajas de pizza, refrescos, serpentinas y globos. Quinn, Rachel, y Ryder llegan; también Mercedes, los vecinos, así como un grupo de amigos de los niños y sus padres. Yo me quedo en segundo plano, apoyado contra la pared, observando. Distanciándome. De todo ello. Bebiendo un vaso de refresco y realmente deseando poder mezclarlo con esa botella de Southern Comfort que está enterrado atrás en el congelador.

Es de noche cuando salgo hacia el patio trasero. Brillantes jacintos morados y blancos florecen por todas partes, su pesado perfume haciéndome sentir como si fuera a vomitar fuerte. Los ruidos del interior resuenan hacia fuera, chillidos
infantiles de deleite, música, la risa profunda retumbante de Quinn, el zumbido constante de la conversación de adultos. A pesar de que la temperatura es fría, comienzo a sudar. Recuerdo la historia de la biblia de ayer, cuando fui a la iglesia con Brittany. Se trataba de Jesús, en el Huerto de Getsemaní, orando por un perdón que nunca llegaría.

Déjame pasar esta prueba…

Parece bastante irónico justo ahora.

—Vas a dejarla, ¿verdad?

Mi cabeza se sacude hacia el rincón del jardín, oculto entre las sombras de las luces que salen de la casa, donde Riley está de pie.
Y suena molesta.

—Veo lo que estás haciendo, la manera en que te alejas de ella. La forma en que has estado evitándola toda la noche. Estás actuando como uno de los chicos de mi escuela, justo antes de que deje a su novia delante de toda la cafetería. —Su
rabia da paso a la confusión y dolor—. ¿Cómo puedes hacer eso? La tía Brittany es la mejor persona del mundo. Y te ama.

—Riley…

—¡Te ama! Es obvio. Es tan feliz contigo. ¿Por qué te quieres alejar de ella?

Froto mi nuca. He argumentado ante jueces con toda una vida de logros detrás de ellos. Verdaderamente grandes poderes judiciales, a algunos de ellos los estudié en la maldita escuela de leyes. Y era frío como el hielo. No puedo decir lo mismo intentando explicarme ante una chica de catorce años.

—Riley... es... complicado. Lo estoy intentando…. No puedes... —Y me voy con lo de siempre. La mejor excusa—. Cuando seas mayor, lo comprenderás. Jodidamente patético.

Hace un sonido de disgusto, después me corta en pedazos.

—Esa es la primera vez que has hablado conmigo como si fuera una niña tonta. ¡Y la verdad es, que aquí, la estúpida eres tú!

Riley niega con la cabeza ante mi silencio. —No la mereces. No nos mereces a ninguno de nosotros. —Pasa junto a mí, un remolino de cabello castaño furioso— . ¡Eres una imbécil!

Abre la puerta de golpe y desaparece en el interior.

Y le susurro a nadie

—: Sí. Lo sé.

Antes de que la puerta se cierre detrás de Riley, Brittany sale al patio.

—Ahí estás. Riley no se ve feliz. —Envuelve sus brazos alrededor de mi cuello y se apoya en mí—. ¿Drama adolescente ya? —Sus perfectos labios se acercan—. Pensé que obtendría unos días de respiro.

Me alejo, agarrando sus antebrazos y lentamente deslizándolos para retirarlos. Mi voz es un susurro débil.

—Brittany... no podemos hacer esto.

Al principio está confundida, aún sonriendo. Pero entonces la sonrisa se desvanece y lo entiende. Se abraza a sí misma.

—Pensé que ya lo estábamos haciendo. Pensé que los hacíamos realmente bien.

Estábamos. Pero es jodidamente demasiado. Demasiado rápido, demasiado intenso, también… demasiada distracción. Quise decir lo que dije ayer, no puedo pensar en una sola cosa que no haría por ella. Por ellos.

—Me preocupo por ti, Brittany. —Hago un gesto hacia la casa—. Todos me importan mucho. Pero una familia, ese tipo de responsabilidad nunca fue parte de mi plan. Mis modelos paternales eran un borracho cuyo pasatiempo favorito era golpear a su mujer, un adicto al trabajo mujeriego mal humorado que se hallaba casado con su banco. No sé cómo hacer esto.

He asumido un montón de riesgos en mi carrera. Cuanto mayor es el riesgo, mayor será la recompensa. Pero no puedo arriesgarme... arriesgarlos. Son demasiado importantes, demasiado preciosos. El riesgo de que pudiera meter la pata, hacerles daño, porque no sé qué demonios estoy haciendo, incluso la posibilidad me aterra. Lamo mis labios, sin mirarla.

—Y ahora qué sé que los niños están a salvo, que estás bien, necesito retroceder un poco.

Esto iba a terminar. Hoy, o en un mes, o en seis meses a partir de ahora; y eso nunca iba a terminar bien para ella. Debería haberme alejado hace mucho
tiempo. Pero era tan... ella. Y yo una idiota egoísta de mierda. Ella inhala una respiración, luego la deja escapar lentamente, como hace cuando está tratando de calmar su corazón. Odio jodidamente saber eso. Odio que ya pueda imaginar lo que está pensando, lo que dirá.

—Santana, sé que da miedo. También siento miedo. Pero hay cosas a las que vale la pena tenerle miedo. Y juntas, podríamos ser…

Hazlo bien… o no te molestes.

Así que me obligo a mirar esos desgarradores ojos azules. Y miento a regañadientes.

—No quiero esto, Brittany.

Jadea, como si el viento la hubiera golpeado.

—No quiero esta vida. Puedo ser tu amiga, la de ellos, pero lo que hay entre nosotras, sea lo que sea... necesita finalizar ahora.

Paso una mano a través de mi cabello, tirando con fuerza, dándome dolor para concentrarme. Resuelvo.

—. Eres el tipo de mujer que algún día va a querer casarse. Deberías estar por ahí buscando a ese alguien. Pero no soy esa persona. Cualquier tiempo que pasemos juntas será simplemente…una pérdida de tiempo.

Su voz suena apagada. Apenas allí.

—Ya veo.

Y puedo oír las lágrimas. No voy a mirar, jodidamente no puedo. Pero casi puedo sentirlas caer lentamente por su rostro. Se aclara la garganta.

—Los chicos te idolatran, Santana. Todos lo hacen. Por favor, no…

—No lo haré —prometo—. No voy a abandonarlos o a ti. Aún quiero ayudar. —Mi voz interrumpe y me pongo a hablar más rápido. »Cualquier cosa que necesites. Los llevaré a la práctica, voy a estar allí en los juegos, de niñera o simplemente estar con ellos. No te dejaré colgada, Brittany.

Finalmente consigo las pelotas para mirarla a la cara. Pero no debería haberlo hecho.
Está pálida, sus pestañas oscuras húmedas. Una lágrima pasa en silencio desde una esquina, dejando un rastro plateado por su mejilla de porcelana.

—Lo lamento.

Y lo lamento… malditamente tanto.

Brittany levanta su mentón; endereza los hombros con esa valentía que calma, una fuerza incesante. Sus dedos secan las lágrimas.

—Comprendo, Santana. Gracias —susurra—, por tu honestidad. —Su voz se vuelve aún más suave—. Nos importas demasiado. Si amistad es todo lo que quieres, entonces vamos a hacer que funcione solo como amigas.

Escuchar las palabras de sus labios, me avergüenza mucho. Pero lo cubro con un movimiento de cabeza silencioso. Brittany se dirige hacia la puerta, y cada célula de mi cuerpo grita para detenerla. Agarrarla, girarle y besarla hasta que vuelva a sonreír. Arrodillarme y retractarme de todo. Deshacer los últimos cinco minutos. Pero estoy tratando de hacer lo correcto. A pesar de que es más difícil de lo que jamás pude haber imaginado. Mientras Brittany se aleja, cierro los ojos con fuerza, obligo a mis pies y mis manos a permanecer inmóviles como una piedra… y la dejó ir.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por micky morales el Sáb Nov 12, 2016 8:15 am

Pero que es esto????? santana se volvio loca??? diez pasos hacia adelante y 12 hacia atras?????? y ahora que, va a sentarse a cuidar a los niños mientras brittany busca su felicidad en otra parte, es estupida o que???????
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por JVM el Sáb Nov 12, 2016 4:02 pm

-.- Ay esta Santana pensé que con la platica que había tenido con Britt habían quedado las cosas bien, la rubia no le pedía mas de lo ahora tenían porque la entendía, y ahora después de que están juntos todos de nuevo saca a flote sus miedos y deja que ganen y que decidan por ella.
Y si esta así de indecisa es bueno que haya dejado a Britt porque sino este tira y afloja le iba a causar mas daño. Ahora le toca a San aguantarse sobre las decisiones que eljija Britt sobre su vida personal, me gustaría que llegara alguien que quisiera quitársela para que se de cuenta de la estupidez que cometió :(
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Mensaje por monica.santander el Dom Nov 13, 2016 10:40 pm

Por que Santana lo hace tan difícil???
Saludos!!!
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Mensaje por 3:) el Dom Nov 13, 2016 11:34 pm

ya me puse al dia....
yyyy SANTANA ES UNA COMPLETA IDIOTA POR HACER ESTO DE NUEVO!!!!
despues de todo lo que hizo trajo de nuevo a los chicos!!!.... me dan ganas de pegarle! lo admito!!!!
espero que no se arepienta demaciado tarde y que en si ka tercera si es la vencida????
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Nov 15, 2016 1:33 am

CAPITULO 26


Los días pasan y se convierten en semanas. Mantengo mi promesa a los niños. Algunas veces estoy allí cuando se bajan del autobús de la escuela, alrededor durante las prácticas de piano de Rosaleen. De vez en cuando llevo a Regan y Ronan a Mami y yo, y voy a los juegos de las ligas menores de Rory, animando más fuerte que cualquier madre o padre allí. Las cosas entre Brittany y yo son… civilizadas. Perfectamente educadas. Casi desearía que me maldijera, gritara, dijera que soy una idiota. Sería mucho mejor que los intercambios impersonales firmemente medidos que tenemos. Me habla de la misma manera que un juez lo hace en los días en que no tiene ni una maldita idea de quién soy. Como si fuera una extraña. Dos semanas después de la audiencia de custodia, Ryder se pasea dentro de mi oficina.

—Amiga, esta noche Lucy Patterson y yo, tú y su amiga, vamos a ir a comer algo después del trabajo.

—No lo creo —respondo, sin molestarme en levantar la vista de mi portátil.

—Y ese el problema, Santana. Piensas demasiado. Es hora de volver a esa potra, pequeño campista. Y montarla. —Juega con una pluma sobre mi escritorio—. He salido con Lucy un par de veces ya, hemos avanzado a toda máquina. Dice que le gustas a su amiga, que ha preguntado por ti.


Me froto los ojos.

—¿Cuál era el nombre de su amiga?
Se encoge de hombros.

—No lo sé. Pero no importa, vas a ir. No voy a aceptar un no por respuesta.

Cuando se le mete una idea en la cabeza, Ryder puede ser tan tenaz como las mandíbulas del Rottweiler de Rachel; no desistirá. Así que, en un esfuerzo por volver al trabajo tan pronto como sea posible, me rindo.

—Está bien.

—Dulce. — Sonríe—. Nos vamos a encontrar a las seis.

La cena con Ryder, Lucy y su amiga con el culo apretado, cuyo nombre todavía no sabía, una vez más es casual. Relajada. Y olvidable. Nos encontramos en un bar de deportes, comemos sándwiches calientes, luego nos movemos a la habitación contigua a jugar billar. La amiga coquetea conmigo tratando de conseguir que le enseñe como sostener el taco. Pero no estoy en ello. Es un esfuerzo no ser grosera. Después de lo que parece una eternidad, pero son en realidad solo dos horas, terminamos la noche. Los cuatro salimos por la puerta del bar a la acera.

Giró a la derecha, y me encuentro mirando a unos impresionantes ojos azul cristalino.

—¡Santana! —dice Brittany, tan sorprendida como yo.

—Brittany…hola.

Los niños la rodean por todos los lados. Raymond empuja a Ronan en su cochecito a su izquierda, Riley sostiene la mano de Rosaleen a su derecha, Regan se encuentra en los brazos de Brittany.

—¡Santana! —grita Regan, usando su nueva palabra favorita.

—Hola, nena.

La expresión de Brittany va de sorprendida a incómoda mientras observa a Ryder, la rubia Lucy, y la morena a mi lado. Palidece un poco, viéndose… herida. Para no quedarse atrás, Rosaleen brinca y dice

—: ¡Hola, Santana!

Le sonrío mientras la morena se inclina.

—¡Eres taaan linda! Mi hermana va a tener un bebé pronto y espero que se parezca a ti. —Toca con suavidad la nariz de Rosaleen; que la arruga con desagrado.

—¿Quién eres tú? —le pregunta Rosaleen prepotente.

—Vamos, Rosaleen. —Riley tira de la mano de su hermana, dándome la espalda y una mirada aún más fría—. Raymond, sigamos caminando. Tía Brittany, nos encontraremos contigo en la esquina.

Los tres caminan a nuestro alrededor mientras todavía miro a Brittany.

—¿Qué…? ¿Qué haces aquí?

—El terapeuta de Rory tuvo que pasar para más tarde su sesión. Él está allí ahora, y les prometí a los niños un helado mientras esperamos, así que eso es lo que estoy haciendo. Nos dirigimos a ese lugar —Señala sobre mi hombro—, a conseguir un helado.

Como una idea de último momento, mira a Ryder.

—Hola, Ryder. Es bueno verte.

—A ti también, Brittany—responde en voz baja.

Sube más a Regan en su cadera y empuja el cabello detrás de su oreja. — Bueno… Tengo que irme. Ten… ten una buena noche.

Me rodea. Pero da un par de pasos.

—¡Brittany! —digo en voz alta, su nombre suena como si hubiera sido arrancado de lo más profundo de mis pulmones. Avanzo con rapidez, parándome delante de ella—. Puedo explicarlo. Esto no es…

—Santana, no tienes que explicarlo —me dice en voz baja, sacudiendo la cabeza—. No me debes nada.

Y sé que es verdad; entonces, ¿por qué parece como si me hubieran pateado en las pelotas? Permanecemos así durante unos segundos. Entonces me estiro por Regan.

—Déjame ayudarte a conseguirle el helado a los niños.

Pero Brittany da un paso atrás. Fuera de mi alcance.

—No. Está bien. —Su sonrisa es tan suave. Tan triste—. Puedo hacerlo por mi cuenta.

Se aleja. Dejándome de pie en la acera. Sola.

Unos pocos días después me encuentro en la oficina; Quinn está en su escritorio.

—¿Vendrán Rachel y tú a ver el partido esta noche? —le pregunto.

—Ah… no. Cambio de planes.

—¿Qué van a hacer, chicos?

Rachel entra a la oficina, en el momento perfecto como siempre.

—Vamos a cuidar a los niños por Brittany.

Me recuesto en mi silla, mi trabajo totalmente olvidado.

—¿Por qué? Quiero decir… ¿Por qué no me lo pidió a mí?

Rachel entrega a Quinn una carpeta.

—Tal vez porque tiene una cita y no quería que las cosas sean incómodas.

—¿Una cita?

Mi primer pensamiento es que lo hace para vengarse de mí, porque me atrapó en mi estúpida cita doble. Pero Brittany no es así. No es mezquina. Lo que significa que va a una cita porque va a seguir adelante. Justo cómo le dije que hiciera. Mierda.

—¿Te…? ¿Te dijo con quién va a salir?

Rachel me mira con sus ojos color avellana sin ninguna simpatía.

—En realidad lo hizo, con Finn Hudson.

—¿Finn Hudson? ¡Qué demonios sucede! ¿Cómo ocurrió eso?

—Al parecer, Brittany se encontró con Finn en el supermercado. Empezaron a hablar, él le preguntó si estaba disponible… entonces la invitó a salir.

Hijo de puta.

—¿Y cómo sabes eso? —pregunto con dureza.

Rachel se encoge de hombros.

—Brittany y yo hablamos. Somos amigas, no tiene muchos amigos aquí, Santana.

Lo sé. Con seis niños que cuidar no tiene mucho tiempo para amigos. Pero, amargas picaduras cortan mi lengua, supongo que se va a hacer tiempo para el buen maldito de Finn.

—Cuidaré a los niños. —No dejo ningún espacio para discusión en mi tono.

Eso no significa que Rachel no trate de oponerse.

—No creo que sea una buena idea.

—¿Por qué no?

Apunta a mis puños, los que tengo apretados con fuerza sobre la mesa. Y en realidad no tiene que decir nada más. Los obligo a aflojarse, sacudiéndolos.

—Todo estará bien. Estaré bien.

Simplemente quiero asegurarme de que entienda que no debe meterse con ella.

—Quinn y yo somos totalmente capaces de infundir el temor de Dios sobre él. No es que en verdad lo necesite, Finn es un buen tipo.

Le frunzo el ceño.

—Quiero ver a los niños.

—No…

Por suerte, Quinn me apoya.

—Creo que Santana debe cuidar a los niños, Rach. Si Brittany y él van a ser estrictamente amigas, va a tener que lidiar con su noviazgo. Si piensa que él es para ella, creo que deberíamos dejar que lo haga.

Y le sonríe. La sonrisa que siempre le da.

—De acuerdo. —Me mira con intensidad—. Pero no seas una idiota, Santana.

La miro de nuevo.

—¿Quién? ¿Yo?

Esa noche, golpeo la puerta principal de Brittany. Se encuentra cerrada, y al final retiro la llave de debajo de la alfombra. La puerta se abre, y siento un déjà vu; como la primera vez que la vi en esta puerta. Y al igual que esa vez, mi respiración sale de golpe.

Su vestido es de color verde oscuro, sencillo y discreto. Absolutamente impresionante. Sus largos y delicados brazos salen desde los límites de las
diminutas mangas, un cinturón brillante resalta su esbelta cintura y sus piernas — Jesús— se ven malditamente infinitas bajo la corta y un poco acampanada falda.

Los ojos de Brittanyse giran por la sorpresa y supongo que Rachel no le informo sobre el cambio de niñera.

—Hola.

—Santana… hola. ¿Qué haces…?

—Algo le ocurrió a Quinn y Rachel... —Qué sería yo—. Así que… Voy a cuidar a los niños, si te parece bien.

Se recupera de la sorpresa y abre más la puerta.

—Por supuesto que puedes hacerlo. Adelante.

Los niños se encuentran en la sala de estar.

—Hola, chicos.

—Genial, ¿nos vas a cuidar? —exclama Rory—. Me debes una revancha en Halo.

Brittany dice que tiene que llenar los biberones de Ronan y se dirige a la cocina. Después de saludar al resto de los niños, la sigo. Está en el mostrador, luce más brusca de lo necesario mientras llena los biberones en sus manos. En silencio, me muevo hasta llegar a su lado. A solo unos centímetros de distancia. Lo suficientemente cerca como para tocarla.

—Te ves preciosa.

Me mira rápidamente, sonriendo con timidez.

—Oh… gracias. —Asegura la tapa del biberón, lo coloca sobre el mostrador, y se gira hacia mí

—. Esto es raro, ¿no?

—No, no lo es.

—Es muy raro, Santana. Sabes cómo me veo desnuda…

Sin duda lo hago. La imagen está grabada en mi cerebro. Es mi recuerdo favorito.

»…y ahora te encuentras aquí cuidando a los niños mientras voy a una cita con un hombre. Eso es, como, la definición de rareza.

Me río.

—No tiene que serlo. Somos adultas. Somos amigas. Eso es lo que… hacen las amigas.

Levanta la mirada para encontrar mis ojos, sus mejillas encendidas, su expresión mucho más que amigable. El perro comienza a ladrar como loco a un golpe en la puerta principal. Con otra sonrisa rápida, Brittany va a contestar. Regreso a la sala justo cuando Brittany entra con Finn Hudson, presentándoselos a los niños, sus dientes blancos brillantes como perlas mientras le sonríe a cada uno de ellos. Luego, en voz baja, lo escucho susurrarle a Brittany

—: Te ves encantadora.

¿Quién dice eso? ¿Quién diablos usa la palabra encantadora? Los idiotas; esos son quienes la usan.

—Solo tengo que tomar mi bolso y luego nos iremos. —Lanza un beso a los niños—. Sean buenos, chicos. Volveré a casa dentro de un rato. —Luego sale de la habitación.

Y hago mi movimiento.

—Hudson.

—López. —Sonríe, tendiéndome su mano—. Me sorprende verte aquí.

Agarro su mano con fuerza mientras la sacudo.

—No debería sorprenderte, estoy aquí a menudo. Voy a cuidar a los niños por Brittany.

—Eso es agradable de tu parte.

Sí esa soy yo. Malditamente agradable.
Lo guío hacia la puerta principal, necesitando un momento a solas. En el vestíbulo, mi voz es baja y amenazadora.

—Solo quiero dejar algunas cosas claras. Si tratas a Brittany con algo menos que perfecto respeto… si alguna vez piensas en hacer algo que de alguna manera lastime a esos niños… cuando haya terminado contigo, no habrá suficiente para enterrar.

Mi mirada es inquebrantable.

Retrocede.

—¿Me estás amenazando, Santana?

—Pensé que era jodidamente obvio.

Entonces se ríe, golpeando mi espalda como si fuéramos viejos amigos.

— Mensaje recibido. No tienes nada de qué preocuparte conmigo.

Brittany desciende las escaleras y Hudson abre la puerta para ella. Saludándome mientras camina hacia afuera.

—López, pásalo bien como niñera.

Por un momento, me quedo ahí después de que salen, mirando a la puerta cerrada. Rory se acerca a mí, mirando en la misma dirección.

—Parece un idiota.

—Chico, eres un excelente juez de carácter, ¿lo sabes?

Rory asiente. Y toco su hombro.

—Ven, vamos a jugar Halo. Tengo ganas de aniquilar algo.

Son casi las once de la noche cuando Brittany llega a casa. Afortunadamente sola. Atraviesa la puerta principal y entra a la sala; dónde estamos esperándola. Todos nosotros. Deja caer sus zapatos.

—Guau, hola… todavía están despiertos.

Me siento en medio del sofá, con Regan en mi regazo, Rory y Raymond a cada lado. Riley apoyada contra el respaldo.

—Los niños querían hablar contigo sobre algo —explico.

Su mirada se mueve sobre cada uno de ellos.

—¿Qué pasa?

—No nos gusta él —dice Rory.

Le toma un momento a Brittany entender.

—¿Él? —Su pulgar apunta sobre su hombro—. ¿Finn?

—Es un idiota —afirma Rory.

—No parece muy inteligente —añade Raymond.

—Es aburridoooooooo —interviene Rosaleen.

—Es lindo —dice Riley—. Pero puedes hacerlo mejor.

Y Regan lo une todo.

—¡No!

Dios, ella es elocuente.

Brittany se ríe.

—Correcto. Bueno, gracias por compartir sus pensamientos.

Sus sentimientos quedan debidamente tomados en cuenta. Ahora —Extiende su mano hacia las escaleras—, a la cama.

Cuando los gemidos predecibles y las quejas comienzan, la apoyo.

— Vamos, chicos, hagan esto más fácil para ustedes. Rory, ayuda a Regan a cepillarse
los dientes.

—Vendré a arroparlos en un minuto —les dice mientras la pasan caminando en una fila como patos bebés. Entonces sus ojos caen sobre mí, fríos y duros-

—.¿Puedo hablar contigo afuera? Ahora.

Y su tono es serio. Supongo que está enojada, pero eso está bien para mí, porque también me siento malditamente enojada en este momento.
Bueno, eso no salió bien… pero sabes lo que quiero decir. Si quiere una pelea, me siento más que feliz de darle una. O más de una. Múltiples.
Un largo, sudoroso, en un lugar… ¡Mierda! ¿Qué demonios está mal conmigo?

Una vez que los niños se encuentran arriba, la sigo a la puerta trasera, mis pasos rígidos igualan sus pisadas fuertes, hacia el patio oscuro. La puerta francesa se cierra con un golpe y no pierde el tiempo para enfrentarme.

—¡Esto no es justo! ¡No puedes hacer esto!

—¿Qué es exactamente lo que crees que hice, Brittany?

—Poniendo a los niños en contra de cualquier hombre con quien salgo. ¡Mi vida amorosa no se rige por un voto!

Las únicas palabras que proceso de esa declaración son vida amorosa. ¿Qué mierda pasa con eso?

—¿Tienes una vida amorosa? —pregunto, horrorizada. Las palomitas que comí durante la película con los niños agitándose dentro de mi estómago. Empuja mi pecho.

—¡Tengo derecho a ser feliz!

Empuja.

—¡Lo creas o no, Finn en realidad me encuentra atractiva!

Empuja.

—¡Le gusta hablar conmigo, pasar tiempo conmigo!

Empuja.

—¡Me quiere… incluso si tú no lo haces!

Atrapo su mano, girándola, y presiono su espalda contra la pared de la casa. Me mira, con la barbilla levantada, valiente y atrevida, sus ojos azul hielo fríos con furia. El pensar con claridad se fue por la ventana cuando empezó a hablar de otros hombres. El peso de las consecuencias de mis acciones deteniéndose en el segundo en el que dijo que no la quería. Como si eso fuera jodidamente posible.
Ahora todo es simplemente instinto sin sentido. Emoción pura, fuego, necesidad. La necesidad de que mi toque sea el último que sienta esta noche. Mis labios, su beso de buenas noches. No. Los. Del. Maldito. Finn.

—Quererte nunca fue el problema, Brittany.

Me apoyo contra ella, siento sus pechos dolorosamente suaves contra mis pechos, mi rodilla entre sus muslos, donde es tan cálida y celestial. Mi cara tan cerca de la suya, que respiramos el mismo aire. Lucha contra mi agarre, sacudiéndose.

—¡Lo es! —sisea—. Eso fue lo que dijiste. Esto; a mí, es lo que no querías.

Esa horrible noche es un borrón. Un vago recuerdo de un nerviosismo extraño, remordimiento y palabras tartamudeadas. No sé qué diablos en realidad le dije.

—¿Eso hice? —Me acerco aún más, dejándola sentir exactamente lo mucho que la quiero—. Entonces soy una idiota. —Mis ojos se empapan de ella, de cada pulgada, sus labios jadeantes, mejillas sonrojadas, el pulso palpitante en su cuello
que me dice que también me quiere—. Y lo peor es… que también soy una mentirosa.

Mi boca cubre la suya y siento su gemido, es largo y desesperadamente aliviado. Gime mientras libero sus muñecas, para poder tocarla, y envuelve los
brazos alrededor de mi cuello, acercándome más. Succiono su labio inferior antes de sumergirme de nuevo en la resbaladiza dulzura de su boca.

Ha pasado tanto tiempo. Demasiado.

Se arquea contra mí y todo lo que quiero hacer es agarrarla, levantarla y follarla contra la pared. Ese es el pensamiento que trae la cordura de regreso.
Mierda, ¿qué estoy haciendo? Le dije que esto tenía que parar, y luego… Joder, parezco una mujer de las cavernas.


Suavemente, agarro sus brazos y me obligo a dar un paso atrás, separándonos. Bajo la mirada a la piedra en el patio, así no tengo que mirarla.

—Brittany, yo… Esto fue un error. No va suceder de nuevo. Lo siento.

Al principio, no dice nada. Pero puedo sentirla. Siento la confusión y luego la rabia; que irradia de ella en gruesas y poderosas ondas. Cuando por fin la miro a la cara, su boca es más la de un gruñido que la de un ceño fruncido. Tiene el ceño
fruncido y sus ojos disparan chispas azules. Y como la bastarda enferma que soy, eso me excita aún más. Hasta que habla.

—Sabes, Santana, siempre supe que eres capaz de ser una imbécil, cuando quieres serlo. Pero nunca, nunca, pensé que fueras una cobarde.

Y se aleja. Abre la puerta francesa y entra de nuevo a la casa. Y me siento como una maldita basura. Del tipo que queda atrapada bajo las garras del Tío Cosa. Esa soy yo; una mota de suciedad bajo la pequeña uña de un maldito perro.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Nov 15, 2016 1:38 am

CAPITULO 27


Al día siguiente, en el trabajo, estoy en la cima de la lista negra de Rachel. Esto queda más que evidente cuando viene descontroladamente a mi oficina y cierra de golpe la puerta detrás de ella. Ojos centellantes, cabello volando, coloca sus brazos
en mi escritorio, inclinándose sobre mí.

Y tengo un nuevo respeto por Quinn. Rachel puede ser malditamente muy intimidante cuando pone su mente en ello.

—¿Qué demonios está mal contigo?

—Si quieres una respuesta real, tendrás que ser más específica.

—Estás jugando con Brittany. Y tiene que parar.

Obviamente, Brittany la puso al corriente de nuestra interacción en el jardín. Me pregunto qué dijo, cómo lo describió. Y en realidad no me importa que Rachel
esté poniéndose de su lado, Brittany merece tener a alguien cubriéndola.

—No era mi intención. —Débil. Tan jodidamente débil.

—La estás destrozando, Santana. Ella no sabe cómo va a acabar.

Me estremezco.

—Así que o actúas o te largas. O eres su amiga, o eres más que su amiga, no puedes tener las dos cosas.

—¡Jodidamente sé eso! —espeto—. Soy su amiga.

Rachel se endereza, cruzando sus brazos.

—Entonces te sugiero que empieces a actuar como tal.

Los ataques verbales de Rachel me cabrearon el resto del día. Mi atención es una mierda debido a ello, así que me voy temprano y conduzco directamente a la casa de Brittany. Para hablar con ella. Para asegurarme de que estamos bien.
Porque jodidamente necesito que estemos bien. Hay un coche extraño en el camino de entrada cuando paro, un blanco Chevy Suburban. La puerta principal está desbloqueada, así que entro. La casa está tranquila, por lo que hago mi camino hacia la cocina y miro por el cristal de la puerta trasera. Brittany está vistiendo un overol y una diminuta camiseta blanca. Su cabello está recogido en un moño brillante. Ronan está gateando alrededor en una manta a su lado. Ella está en la huerta, golpeando el suelo con una pala, tal vez una azada.
Y no está sola. A su lado, hablando con facilidad, balanceando su propia herramienta, está
Finn Hudson. Y él... encaja. Parece como si perteneciera aquí, en una casa con jardín, una alfombra de perro, y una cochera para tres coches. El tipo de persona que va a las reuniones de la Asociación de Padres y Maestros y a los congresos de los Boy Scouts.

Ellos encajan —él y Brittany— tan jodidamente nauseabundo como me hace admitirlo. Pienso en el retrato de boda de Sofia y Robert Pierce en su
habitación del segundo piso y así puedo imaginar fácilmente los rostros de Brittany y Finn en su lugar.

Dejo caer mi mano del vidrio y me doy la vuelta. Lo hago hasta el vestíbulo antes que cinco de ellos se encuentran conmigo. Ellos parecen salir de la nada,
como zombis chupadores de cerebro en una película de terror antigua. Solo que mucho más adorable.


—¿Solo vas a irte? —pregunta Riley.

Los miro por un minuto, absorbiéndolos. Entonces sacudo mi cabeza.

—Finn está aquí.

—Te queremos a ti —declara Raymond en voz baja. Sin cuestionar o dudar.

—Finn es un tipo agradable, Raymond.

—Él no es tú —dice Rory—. Te queremos a ti.

Todos asienten.

Luego Rosaleen me pone de rodillas.

—¿No te gustamos más, Santana?

¿Qué dices a eso? Quiero decir, realmente ¿cuáles son las jodidas palabras?

—Ven aquí —le digo.

Y ella camina hacia mis brazos. Me aclaro la garganta para desalojar el bulto que de repente ha surgido.

—. Por supuesto que me gustan. De todas las cosas en el mundo, ustedes seis son mis favoritas. Pero estoy tratando de hacer lo correcto aquí, chicos.

—¿Abandonándonos? —Rory frunce el ceño.

Mi voz se vuelve aguda.

—No los estoy abandonando. Nunca. Pase lo que pase... entre su tía y yo, siempre voy a ser su amiga. Por el resto de sus vidas. No me voy a ninguna parte.


Voces vienen desde la cocina y escucho el sonido de la puerta trasera cerrándose. Me pongo de pie mientras Brittany y Finn entran al vestíbulo.



—Santana. No sabías que estabas aquí.

Hay una adorable raya de suciedad en su mejilla que quiero quitar por ella.
Justo antes de besarla.

—Sí, acabo de llegar. Es un buen día, pensé en llevar a los niños al parque. Si eso está bien contigo.

Ella sonríe apretadamente.

—Por supuesto que está bien. Solo traeré la chaqueta de Regan.

Otra semana pasa. No voy a más estúpidas citas dobles con Ryder, no salgo a cualquier cita en absoluto. Incluso paro de masturbarme. Bueno... tal vez parar es una palabra muy fuerte. Pero hay una disminución drástica. Soy una terrible jodida compañía, incluso para mi propia polla. Todo parece llevarme al camino equivocado. Y lo que es peor, las cosas que solía esperar, que me daban verdadera alegría —una absolución, una solicitud concedida, ver un maldito partido de baloncesto— simplemente parecen sin sentido. Huecas. Vacías.

Sam es arrestado de nuevo. Por vandalismo, destrucción de la propiedad. Y apenas me atrevo a gritarle. Él me pregunta si mi perro murió. Entonces, antes de que abandone mi oficina, me dice que mantenga mi cabeza en alto. Cuando Sam Evans tiene lástima por ti, eso es jodidamente tocar fondo, justo ahí. Pero ni siquiera me importa.
Apenas puedo soportarme a mí misma, y después que la segunda semana pasa, al parecer, todo el mundo también ha tenido suficiente de mí. Porque una tarde, Ryder, Rachel, y Quinn se precipitan a mi oficina, y Quinn cierra la puerta detrás de ellos. Ryder cierra el portátil en mi escritorio y lo aleja, como si estuviera castigado o algo así.

—¿Qué diablos es esto?

—Esto es una intervención —dice la bastarda rubia loca.

—No necesito una intervención.

—Bueno, es esto o Quinn va a llevarte atrás e ir de Fiel Amiga sobre tu trasero.


Suspiro y miro a cada uno de ellos mientras se sientan frente a mí.

—Estoy bien.

—Nooo —Rachel sacude su cabeza—, eres lo contrario a lo que bien se parece.

—Eres miserable —dice Quinn.

Gracias amiga.

—Brittany en cierta forma también es miserable —agrega Rachel, pero no me hace sentir mejor.

—Y ustedes dos nos están haciendo miserables —dice Ryder—. Es como la ósmosis, está esparciéndose de ti. Está afectando mi encanto, y jodidamente tiene que parar.

—Santana —Quinn se para, sus ojos más serios—, es obvio que quieres estar con Brittany. ¿Por qué demonios no te sacas de tu miseria y estás con ella?

Finalmente, un poco de fuego estalla en mi voz.

—Porque no quiero hacerle daño.

—Ella está herida ahora —argumenta Rachel.

—Pero de esta manera, ¡todavía consigo mantenerla! —Mi mirada se desplaza a cada uno de ellos, retándolos a decir que estoy equivocado—. Sé cómo luchar, y cómo ser una abogada, cómo ser una amiga —Ya estoy respirando con dificultad—. No sé cómo ser una mujer de familia.

—Creímos que podrías decir eso —asiente Quinn, luego gesticula hacia Rachel—. Damas primero.

Rachel se levanta y se pasea como si fuera a interrogarme.

—¿Cuántas cucharadas de fórmula bebe Ronan?

—¿Qué tiene eso que ver…

—Solo responde la maldita pregunta.

—Seis —Suspiro—. Excepto a la hora de dormir, entonces tienes que rematarlo con dos extra.

Ella asiente.

—¿Y cuántas palabras sabe Regan?

—Tres. Hola, no... y Santana —No puedo detener una sonrisa—. Ella es brillante.

Rachel se sienta y Ryder se para.

—¿Cuál es el color favorito de Rosaleen? —pregunta.

—Arco iris. Lo que infiernos eso signifique.

Él asiente.

—¿A qué le teme Raymond?

Ni siquiera tengo que pensar en ello.

—Rocas espaciales. Meteoros. Cualquier cosa que no puede predecir o controlar.

Ryder toma asiento. Quinn se inclina en la parte posterior de la silla de Rachel, mirándome a los ojos.

—¿Qué es lo que quiere ser Rory cuando sea grande?

—Un juez del Tribunal Supremo. Que Dios nos ayude a todos.

Quinn sonríe.

—¿Cuál es el nombre del chico del que Riley se siente atraída en estos días?

Frunzo el ceño.

—Preston Drabblesmith.

Y él es un chico real. No un personaje de Harry Potter.

Quinn viene y golpea mi brazo.

—Felicidades, Santana. Ya eres una mujer de familia.

Pienso en sus palabras, sus preguntas, mientras que Ryder y Rachel sonríen como idiotas, y entiendo lo que está diciendo. Es solo...

—No sé qué demonios estoy haciendo.

Quinn frota su barbilla.

—Déjame decirte un pequeño secreto. Ninguno de nosotros sabe qué demonios estamos haciendo. ¿Crees que sabía lo que estaba haciendo cuando pusieron a una niña en mis brazos a los diecisiete años? Mierda, morena, no paré de sacudirme durante tres días.

—¿Crees que Brittany sabía lo que hacía cuando corrió aquí desde California para criar a esos niños? —agrega Rachel.

—Todo lo que tienes que hacer es amarlos —dice Quinn—. Eso es lo más importante. Después de eso, el resto... simplemente cae en su lugar.

—Además —dice Ryder—, ¿realmente crees que hay alguien por ahí que va a romperse el culo tan duro como tú para hacerlos felices?

Y esa es la pregunta más fácil de todas.
Joder, no.
Entonces... ¿qué diablos estoy haciendo todavía sentada aquí? Me paro. Dejo el maletín, el papeleo. Que se joda todo.

—Tengo que irme.

Pero mientras todos están sonriendo, golpeando mi espalda, y apresurándome hacia la puerta, mi jefe, William Schuester, camina a través de esta.

—Buenas noches a todos.

Hay saludos por todas partes. Y no un poco de conmoción. Porque Will, socio fundador, no va a las oficinas de sus asociados. Nunca. Se aclara la garganta.

—Ha habido un incidente, Srita. López. La Sra. Holten, por desgracia, se ha caído por las escaleras.

La emoción y la anticipación que estuvo saliendo de mí hace unos segundos desaparecen. Mis ojos se cierran y trago fuerte, y no hay un sonido en la habitación, a excepción de mi pregunta.

—¿Está viva?

Will se quita sus gafas y las limpia con un pañuelo con iniciales.

—Oh, sí, Sabrina está viva, solo un poco golpeada. La policía ha detenido al senador Holten, así que necesitaré que te dirijas a la comisaría, ayudarlo con cualquier interrogatorio que pueden intentar, hacer arreglos para la fianza…

—No.

La única sílaba es tan clara y suena tan bien en mis labios. Casi tan bien como el nombre de Brittany. Sé la clase de mujer que soy. Y sé qué puedo hacer. Y más importante, lo que jodidamente no haré. Nunca más.

—No voy a hacer eso, Will.

Sus ojos se entrecierran, como si no pudiera verme con claridad.

—¿Puedo preguntar por qué no?

—Porque él es culpable.

—¿Le ha confesado eso a usted?

—No. Pero sé que lastima a su esposa.

Las mejillas de Will resplandecen rojas de furia y su pecho se infla. Me he preguntado si Will es realmente tan ciego o simplemente intencionadamente ignorante. De cualquier manera, no importa.

— Holten es un cliente de esta firma, y más que eso, ha sido mi amigo durante más de cuarenta años. Se merece una defensa.

—No de mí parte. —Sacudo mi cabeza, bajando la mirada a él.

Los labios de Will se tensan en una pequeña curva desagradable.

—Srita. López, debe pensar muy cuidadosamente sus próximas palabras, porque van a Determinar su futu…

—Renuncio.

—Santana. —Mi nombre corre de la boca de Quinn en un aviso silencioso. Pero no necesito uno.

—Mi renuncia se encontrará en su escritorio en la mañana, Señor . Él es su amigo. Defienda al pedazo de mierda.

Will levanta su nariz.

—Considere su renuncia aceptada. —Se va.

Y un peso desaparece de mis hombros. La autoridad realmente nunca fue lo mío.

—Santana, ¿qué hiciste? —pregunta Rachel, entrecerrando sus ojos con preocupación.

La beso en la mejilla.

—Lo correcto.

Golpeo el brazo de Ryder y estrecho la mano de Quinn, sonriendo como Ebenezer jodido Scrooge en la mañana de Navidad.

—Y fue muy fácil.

Me dirijo a la puerta.

—Hablaré con ustedes más tarde. Gracias. No sé cuánto tiempo me habría tomado sacar mi cabeza de mi culo sin ustedes tres.

—Hay una imagen que realmente no necesito —dice Rachel, y me río.

Quinn dice

—: Bueno, ve por ella, morena.

Y eso es justo lo que planeo hacer. Antes de conducir donde Brittany, hago una parada rápida en la oficina de la fiscalía de Estados Unidos. Tomo el ascensor hasta la oficina de Finn Hudson, está en su escritorio como me imaginé que estaría. Me apoyo en su puerta, escaneando la habitación.

—Esta es una muy pequeña oficina. Sabía que eran pequeñas, pero esto es como, será-acusado-decrueldad-animal-si-pone-a-un-perro-aquí de pequeño.

—¿Hay alguna razón por la que estás aquí, que no sea para comparar los tamaños de oficina, López?

Asiento.

—¿Has oído acerca de Holten?

—Por supuesto que he escuchado. Seré el que enjuicie al hijo de puta. ¿Por qué no estás en la estación de policía, protegiendo sus delicados sentimientos de preguntas invasivas? —Tendría que estar sordo para no oír el sarcasmo mordaz.

—Dejé el caso.

Sus ojos se abren totalmente.

—¿En serio? William debe haber amado eso.

—Renuncié. —Me encojo de hombros.

—Uh. —Hudson me mira—. ¿Supongo que no estarías interesada en venir al lado luminoso de la fuerza? Nosotros podríamos usarte en una de estas pequeñas oficinas de mierda.

Me río.

—No... encerrar a la gente simplemente no es mi estilo. Una mujer hermosa una vez me dijo que soy más que una... defensora. —Doy un paso hacia delante, sacando una tarjeta de negocios de mi bolsillo—. Solo quería dejar esto para Sabrina Holten. Mi número de casa y celular están en la parte de atrás. Dile que me gustaría ayudar.

Hudson mira a la tarjeta.

—¿Ayuda con qué?

Deslizo mis manos en mis bolsillos.

—Cualquier cosa que ella necesite.

Me giro para irme.

—Santana.

Me vuelvo a girar.

—¿Sí?

Finn parece reacio sobre algo, pero luego se decide.

—Brittany tuvo la charla conmigo el otro día. Ya sabes, donde me dice que no se siente “de esa manera” sobre mí —Dibuja un cuadrado con sus dedos—. Estoy en la zona de los amigos —entonces se encoge de hombros—. Pensé que probablemente estarías interesada en saber eso.

Y mi estado de ánimo es mucho mejor.

—Lo estoy. Gracias, Finn.

—Nos vemos, Santana.

Mira eso. Hudson no es un cabrón después de todo.
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Nov 15, 2016 1:58 am

CAPITULO 28

Cuando llego, los niños se encuentran en el jardín delantero. Riley cerca de Reagan, Rory persigue a una gritona Rosaleen, y Raymond se esfuerza en andar en su patineta.

—Mantén tu maldito casco puesto, Raymond. —Rueda los ojos, pero lo hace.

—¡Santana! —grita Rosaleen y mis oídos sangran—. ¡Ayuda! —Se lanza hacia mí, con Rory en sus talones, con una oruga en sus dedos—. Rory dijo que pondrá la oruga en mi oído, y que va a comer mi cerebro y poner huevos, y cuando todas
las orugas bebés nazcan mi cráneo va a explotar.

Le doy al niño una mirada dura.

—¿Qué pasa contigo?

Rory se encoge de hombros, acariciando al bicho.

—Tiene que aprender a no creer todo lo que se dice.

Antes de decir una palabra más, desde el otro lado de la casa Riley grita

—:¡Te salvaré, Rosaleen! —Luego dispara dos pistolas de agua automáticas al aire.

—¡Sí! ¡Pistolas de agua! —gritan Rosaleen y Rory, casi al mismo tiempo, antes de que todos se dirijan, gritando, en dirección de Riley.

Ahueco las manos alrededor de mi boca y les recuerdo

—: ¡Aléjense de la piscina!

Los miro por un minuto, disfrutando de la sonrisa que se crea con facilidad en mis labios. Y entonces, entro en la casa. Brittany se encuentra en la cocina,
limpiando la encimera; su cabello en ondas suaves y sedosas, logra que unos pantalones vaqueros y una camiseta sean más atractivo que cualquier vestido de cóctel. Levanta la vista cuando entro en la habitación.

—Hola. No sabía que hoy pasarías.

No pierdo un segundo, no me detengo a pensar en nada. Y, de verdad, he esperado tanto tiempo como sea humanamente posible. Me acerco a ella, tomo su rostro en mis manos y la beso. La beso suave y dulce, duro y exigente. La beso hasta que gime y tiene que agarrarse de mis brazos porque sus rodillas se encuentran débiles. Luego le paso los dedos por las mejillas y miro esos magníficos ojos azules.

Mi voz sale estrangulada y áspera

—: Te amo.

Brittany me mira, su sonrisa rosa y llena de esperanza.

Al principio. Pero entonces, recuerda, y la sonrisa se desvanece. Se aleja de mí, dando un paso atrás. Se cruza de brazos, y una máscara de indiferencia cubre su rostro.

—¿Cuándo lo decidiste?


Puede dudar todo lo que quiera; no me iré a ninguna parte.

—Lo sé desde hace un tiempo. Simplemente... decidí dejar de ser una idiota. Dejar de luchar contra eso. —Inclino la cabeza hacia la ventana, desde donde se filtran los gritos de cinco voces—. En caso que no fuera clara, también los amo. Son horribles y perfectos... y los amo como si fueran míos. Como si fueran nuestros.

Se muerde el labio y sus ojos se ven húmedos y brillantes. Me acerco.

—Por favor, no llores. Te amo…

Me ahogo en las palabras, con ardor en la garganta, picazón en los ojos.

—. Te amo.

Brittany estornuda y vuelve a cruzar los brazos, esforzándose por mantenerse firme.

—¿Se supone que debo olvidar las últimas semanas? ¿Las cosas que has dicho? ¿Lo fría que has sido?

Me froto la nuca.

—Esperaba que hubieras... Sí.

Baja la mirada hacia el suelo. Me aproximo, levantando su barbilla con los dedos.

—Intentaba protegerte. Quería lo mejor para ti, Brittany. Para ellos. Un buen hombre. No pensé que fuera capaz. No creía que pudiera ser lo que necesitabas.

Busca mis ojos.

—¿Y ahora?

—Ahora sé que puedo. Porque… porque nadie podrá amarte, necesitarte, tanto como yo lo hago. Eres todo para mí; lo único que importa.

Una lágrima cae por su mejilla. Ella se acerca más.

—No me hagas daño de nuevo.

—No lo haré.

—No te alejes de mí otra vez.

—No puedo.

Salta a mis brazos, aferrándose tan fuerte que exhalo con intensidad. Joder, es la mejor sensación del mundo. En segundo lugar, la sensación de sus labios contra los míos. Como si no se encontrara lo bastante cerca, envuelve las piernas alrededor de mi cintura. Como si no pudiera probar lo suficientemente profundo, mueve su cabeza con la mía. Mis dedos se clavan en su espalda y nuestros
corazones palpitan.

La pongo sobre el mostrador, presionándome contra ella, empujo su camiseta, necesitando sentir su piel contra mi piel.

—Los niños —jadea.

Le beso el cuello, la oreja, su bello rostro.

—Vamos a escucharlos. Mientras griten sabremos que se encuentran bien.


Y podemos oírlos, alto y claro, a través de la ventana. Todavía gritando y jugando; la mejor clase de gritos. Su lengua se desliza contra la mía y gimo. Entonces Brittany jadea

—: Pero podrían venir en cualquier momento. Podrían vernos.

Tiene razón. Maldición.

Miro alrededor de la habitación, mis ojos buscan frenéticos. ¡La despensa! La llevo adentro, cerrando la puerta detrás de mí con el pie, y sosteniéndola con la mano para bloquearla.

Brittany muerde mis labios, lame el lóbulo de mi oreja.

—Siempre me pregunté por qué la despensa tenía una cerradura.

Todo lo que soy capaz de decir es

—: Las cerraduras son asombrosas.

Se ríe contra mi boca. Sus pies tocan el suelo lo suficiente como para quitar nuestra ropa. Entonces la tomo en brazos, sus piernas abrazándome, y su espalda contra la pared.

Tomo mi polla en la mano y compruebo su humedad; es maravillosamente caliente y resbaladiza. Empujo suave y lento, porque ha pasado un tiempo. Cuando me encuentro por completo en su interior, cuando no existe nada de
espacio entre nosotras, Brittany susurra

—: Te extrañé tanto.

Y empiezo a moverme, entrando y saliendo a un ritmo suave. Y es tan jodidamente perfecto y real. Y correcto. Nunca en mi vida nada me ha hecho sentir
tan bien. Su cabeza se inclina hacia atrás y cierro los ojos. Adoro su cuello con mi boca. Prometo y susurro lo hermosa que es. Todas las cosas que quiero hacer con ella. Todas las cosas que ella significa para mí. Me abraza con más fuerza, me acerca con sus piernas, sus dedos enterrados en mi pelo. El aliento de Brittany entrecortado.

—Te... te amo. Oh Dios, Santana… tanto. Te amo demasiado.

Y es demasiado. Abrumadora. Y, sin embargo, no es suficiente. La presión aumenta; tensa, profunda y fantástica. El más puro placer se despliega en mi estómago, por lo que mis empujes se aceleran, persiguiendo el éxtasis con Brittany. Lo encontramos juntas, vibrando y retorciéndonos, entrelazando las manos y gimiendo. Jadeo contra su mejilla, hasta ahora mi corazón no entiende el mensaje de que es el momento de frenar. Aparto el cabello de su frente y miro su cara angelical.

—Así que... me amas, ¿eh?

Brittany sonríe, incluso mientras las lágrimas inundan sus ojos.

—Sí. Te he amado desde que me llevaste a la cama, enferma como un perro, y me dije que todo iba a estar bien. Amo cada parte de ti, incluso las partes que tenías miedo de mostrarme. Y a pesar de que a veces eres una especie de idiota, te amaré por siempre.

Me río y la beso dulcemente.

—Es bueno saberlo.

Paso la noche con Brittany. Nos aseguramos que todos los niños se bañen y vayan a la cama. Luego pasamos la mitad de la noche hablando. Planeando. La otra mitad se gasta... en no hablar. Nada coherente de todos modos. Al día siguiente, entrego mi renuncia, empiezo a hacer los arreglos necesarios para mi salida del despacho. Y no me siento mal.

Brittany y yo esperamos a los niños cuando llegan de la escuela. Nosotras nos reunimos en el estudio, para contarles qué planeamos.

—Sé que parece rápido —les dice Brittany mientras hago rebotar a Ronan en mi pierna—, pero había una película en los años ochenta; que a sus padres les encantaba llamada Cuando Harry encontró a Sally.

—Suena lamentable —interrumpe Rory.

—Fue un poco lamentable —le digo por la comisura de mis labios.

Pero Brittany me escucha.

—¡No fue lamentable! Fue perfecta. De todos modos, hay una línea en ella que dice que cuando encuentras la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida, deseas que el resto de tu vida empiece de inmediato. —Me mira—. Así es como Santana y yo sentimos la una por la otra.

La interrumpo

—: Pero si ustedes no están de acuerdo, quiero que lo digan. No pasa nada si dicen que no; no van a herir mis sentimientos. Solo quiero estar aquí si todos en verdad quieren que lo haga.

Se miran entre ellos. Y piensan. Es jodidamente extraño lo tranquilo que se comportan.

—¿Se mudarán a la habitación de mamá y papá? —pregunta Riley.

Le guiño un ojo a Brittany, porque ya hablamos de esto.

—En realidad —les dice Brittany—, pensamos que nos gustaría agrandar mi habitación. Qué sea lo bastante grande para dos personas, ampliar el baño y los armarios. Y la habitación de sus padres... Santana y yo pensamos que sería muy
interesante si la hacemos una habitación para la familia. El lugar donde todos podemos estar juntos. Podríamos conseguir una mesa de billar, un gran sofá, un televisor nuevo…

—¡Y un juego de arcade!

Rory obviamente a bordo.

Brittany asiente.

—Y podría dibujar lo que quieran en las paredes. Y podríamos pintarla juntos.

—Oh, oh… ¡quiero mariposas! —grita Rosaleen—. Y unicornios y arco iris.

—Y los camiones monstruo —dice Rory.

—Y patinetas —añade Raymond, golpeando el puño con el de su hermano.

—Y —finaliza Riley—, toda una pared con One Direction y 5 Seconds of Summer Fatheads.

—Sí, podemos hacer todo eso —les dice Brittany.

—Va a ser como la habitación de un esquizofrénico —murmuro, y ella se ríe.

—Entonces acerca de que Santana se mude con nosotros, ¿qué dicen, chicos?

—¿Puedo vivir con mi novio algún día? —pregunta Riley, porque ella es inteligente.

—Claro —le respondo—, cuando tengas veintiséis años y cuides de seis hijos, por supuesto que puedes irte a vivir con tu novio, y no diré una mierda al respecto. Hasta entonces, de ninguna manera.

—Porque soy más inteligente.

Rueda los ojos.

—Lo que sea… voto sí, Santana puede mudarse.

—Definitivamente —acuerda Rory.

La sonrisa de Rosaleen es enorme mientras corre y me abraza.

—¡Sí, sí, sí!

—Claro —dice Raymond.

Todos nos dirigimos a Regan, quien sonríe con su pequeña sonrisa de bebé y cierra el trato con la palabra número cuatro.

—Sí.

Esa noche, después de que los niños terminan la tarea y todo el mundo está en pijama en la sala viendo televisión. Mi teléfono celular suena en la mesa; es Ryder.

—Hola.

—Hola, ¿cómo te va?

Mis ojos se posan en Brittany.

—Si quieres la verdad, increíble.

Se ríe.

—Es bueno saberlo. Escucha, ¿te encuentras libre para el almuerzo de mañana? Hay algo que quiero hablar contigo. También, Quinn y Rachel.

—Sí, estoy libre. ¿Qué pasa?

—Bueno, el asunto es que soy dueño de este edificio…

—¿Eres dueño de un edificio?

—Sí. Es un bonito edificio…
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Nov 15, 2016 2:16 am

EPILOGO
Un año después…


La oficina en la que he estado trabajando los últimos seis meses es más grande que mi antigua oficina, en el piso superior con una ventana esquinada. Y no la comparto con nadie. Libros legales llenan los libreros en una pared, y un montón de fotos familiares yacen orgullosamente sobre el escritorio. Ryder, Rachel y Quinn cada uno tiene su propia oficina en el piso superior. Ser socia fundadora tiene sus ventajas.

El edificio que Ryder mencionó, el que poseía en el centro de la cuidad, fue renovado totalmente y ahora tiene un nombre estampado sobre la puerta principal. Oficinas Legales de Lynn, Fabray, López y Berry. Suena bien, ¿no?

Cuando renuncié a Schuester y P., Ryder, Quinn y Rachel empezaron a pensar en irse por su cuenta, también. Nos encargamos nosotros mismos, escogimos nuestros casos. Fue un riesgo, pero para nosotros cuatro, fue un riesgo que valía la pena correr.

La señora Higgens hizo como Renée Zellweger en Jerry Maguire cuando me fui, y vino aquí conmigo. Mete la cabeza por la puerta en este momento, perlas cuelgan de sus orejas, acentuando el vestido formal que usa.

—¡Santana, vas a llegar tarde!

—No voy a llegar tarde. Nunca llego tarde.

Entonces miro mi reloj.

—¡Mierda, voy a llegar tarde!

Mi silla de cuero rueda hacia atrás mientras me paro. Reviso los bolsillos de mi elegante traje negro: Llaves, bolso, teléfono, tengo todo.


—Vete, vete —la señora Higgens hace gestos con la mano—. Apagaré todo y cerraré.

—De acuerdo, gracias. La veré allá, señora Higgens.

Corro las cuatro cuadras hasta la guardería donde Regan y Ronan pasan parte de sus días. Saludo a la profesora a través de la ventana plastificada y firmo
en el portapapeles al lado de los nombres de los niños. La puerta decorada alegremente se abre unos minutos después, y el sonido de la canción “Limpia” de Barney hace eco a través de esta.

Una asistente de la profesora saca a los alborotadores, sosteniéndole las manos. Ronan tiene un año y medio, y la cabeza llena de cabello rubio, pecas en la nariz, y una mirada diabólica que me recuerda a su hermano. Está caminando, lento e inseguro aún, por lo que lo levanto con un brazo y a Regan con el otro. Se despiden con la mano de la profesora mientras salimos por la puerta.

—Hoy hicimos flores de papel para el aula, y la mía fue la más grande. Luego la señora Davis trajo un oso de peluche para la hora del cuento y logré sostenerlo. Era gris. Y tenía dos ojos negros, dos brazos, dos piernas y una corbata de lazo que era roja y…

Regan me agarra las mejillas con sus pequeñas manos y arquea la ceja

—. ¿Me estás escuchando?

—Sí, sí. —Corro por la calle—. Dos brazos, dos piernas, una corbata de lazo roja… —Me encuentro cautivada.


Hace ocho meses, Regan empezó a hablar más… y no se detuvo desde entonces.

—Y luego leímos Sopa de Piedras y en el libro, alguien llevó zanahorias, Alguien llevó col, y alguien…

Ronan ríe mientras corro, zarandeándolo. Minutos después, llegamos a la iglesia sin ningún minuto adicional. Bajo a los niños, arreglo la camisa de Ronan y reato el lazo de seda amarillo en la parte trasera del vestido de Regan.


—Lo lograste. Tenía miedo de que llegaras tarde. —Brittany llega bajando los escalones de la iglesia, luce increíblemente fantástica. Su vestido es de satén azul oscuro que luce increíble con su piel cremosa. Es ceñido en todos los lugares
correctos y cae justo debajo de las rodillas, con un profundo escote en V que, literalmente, tiene mi boca hecha agua. Su cabello se halla suelto y rizado, y brilla en el sol.

Paso una mano por él mientras la jalo más cerca.

—Nunca llego tarde. Y luces increíble. Ese vestido es sexy.

Llega hasta mi oreja.

—Deberías ver lo que tengo debajo.

—Oh, planeo hacerlo. Se encuentra en la cima de lista de cosas por hacer.

Me inclino y la beso profundamente por varios minutos.

—Clinc, clinc. —Se oye una voz listilla—. Todos esos besos. Puedo oír el aumento en las facturas de terapia.

Le frunzo el ceño a Rory, quien simplemente me sonríe. Brittany quita el brillo de mis labios con el pulgar, y su anillo de compromiso brilla en el sol. Un diamante de dos quilates de corte cushion, rodeado por diamantes baguettes, montura de platino con aspecto antiguo. Se lo di hace un par de meses, incluso me arrodillé. Fue realmente entusiasta al aceptar.

En la actualidad, Brittany está terminando su licenciatura en Historia del Arte, volvió a tomar clases este año. Incluso tiene un trabajo a medio tiempo esperando cuando termine, en una galería pequeña, una sucursal Esmitsoniana. Desliza la mano en la mía y asiente hacia Riley, quien se encuentra en la acera con un chico de cabello oscuro, alto, delgado con una corbata para enganchar. —A Riley le gustaría presentarte a su cita. —Me arrastra.

—Santana —dice Riley con una sonrisa—. Este es Parker Elliot.

El chico extiende la mano.

—Es un honor conocerla, señora.

Miro su mano, luego sus ojos, mi rostro es duro e implacable. Lo recorro con la mirada hasta los zapatos. Levanto la mirada a su rostro, y sacudo la cabeza con un sonido de disgusto.

Luego me alejo.

—No le prestes atención, es así con todos. —Escucho decir reconfortantemente a Riley.

Brittany ríe detrás de mí.

—Eso no fue muy amable.

—Bueno. Lo último que quiero es que el pequeño idiota piense que soy amable. —Entonces me inclino y la beso de nuevo, porque es malditamente linda.
Y porque puedo hacerlo.

Subimos la mitad de los escalones y extiendo los brazos, haciendo gestos a mi grupo de siete, ocho si contamos al jodido Parker, para que se reúnan.

—Vamos, equipo, júntense. —Sus cabezas se giran hacia mí, con los rostros atentos.

Me aclaro la garganta

—. Este es un día muy importante para Quinn y Rachel y queremos que todo salga perfecto para ellos. Eso significa no susurrar, no pellizcarse, no jalarse el cabello, no bromear, no pelear, no reírse, no hurgarse la nariz, no insultarse, no llorar… —le susurro a Brittany—: ¿Me olvidé de algo?

—No mirarse el uno al otro. —Me responde en un susurro.

—Es verdad —digo en voz alta—, no mirarse el uno al otro.

Eso es un poco intenso.

—Las consecuencias serán rápidas y severas.

“Severas” para ellos es una semana sin televisión o Wi-Fi.


—¿Entendieron todos?

Asienten. Doy una palmada.

—Muy bien, vayamos adentro.

Brittany lleva a Ronan y lidera al grupo dentro de la iglesia, mientras yo me quedo atrás para ver que nadie se quede. Raymond va detrás. Se encuentra
mirando la limusina de las damas de honor, la cual simplemente se detuvo, mira a las magníficas damas de honor, quienes descienden.
A una joven dama de honor, en particular.

—¿Beth luce genial, no? —pregunta en con un suspiro mientras observa a la preciosidad rubia de trece años sostener la cola del vestido de Rachel mientras sale de la limusina.
Oh, mierda.

—¿Sabes que es mayor que tú? —Le pregunto.

—Sí, lo sé. Eso es por qué voy a esperar mi momento. Luego, cuando sea dueño de mi propia compañía multimillonaria de software, haré mi movimiento.

Lo palmeo en la espalda y sus lentes se tuercen.

—Suena como un plan, Raymond.

La boda de Quinn y Rachel va a la perfección. El vestido es una mezcla entre sexy y deslumbrante: Marfil, con cuentas, con un provocador escote que tuvo a Quinn mirando fijamente. Ambas se quedaron sin habla durante los votos, era
jodidamente bueno verlas tan felices. La recepción es en un elegante y caro evento en el DC Ritz-Carlton. Quinn, prácticamente, trajo a toda la ciudad de Sunshine, Misisipi y además de los familiares de Rachel y sus familias, ella tiene una docena de familiares de Brasil. No hace falta decir que hay buena comida, buena bebida y buena gente.
Rosaleen me encuentra en el bar, con el cabello rizado a lo Shirley Temple, sus ojos azules se abren con emoción.

—¡Santana! ¡No has dicho nada sobre mi brillo labial! Riley me dejó usar el suyo, ¿no es bonito?

—Estás magnifica, magnifica. Tan hermosa como tu tía.


Sonríe más ampliamente, y río mientras agarra a Rory por el brazo y lo jala a la pista de baile para bailar con ella. Mamá Fabray, la madre de Quinn, me mira apreciativamente.

—Sabes, Santana, te he visto sonreír más en los últimos treinta minutos que en todo el tiempo que te conozco.

—Bueno, ahora tengo siete maravillosas razones para sonreír.

Me palmea el brazo mientras camino hacia Brittany. De camino, paso a Ryder conversando con la hermana de Quinn, Mary, canalizando a Pee-Wee Herman.

—No quieres involucrarte con un chico como yo, Mary. Soy un solitario, un rebelde…

El brazo de Brittany se envuelve alrededor de mi cuello y nos mecemos en la pista de baile con una canción lenta.

—¿Sabes algo? —pregunta.

Rozo la nariz contra la suya.

—¿Qué?

—Acabo de hablar con tu madre. Ella y Owen se ofrecieron a llevar a los niños a casa esta noche y quedarse. Así queeee… reservé una habitación aquí, para ti y para mí.

—Joder, eres brillante —murmuro—. ¿Te he dicho alguna vez cuanto amo tu mente?

—Creía que amabas mi cuerpo —dice burlonamente, presionando el cuerpo contra mí, muy cerca e íntimo.

—Oh, lo amo, créeme. Te daré una demostración exhaustiva de lo mucho que lo amo está noche, y mañana.

—Vamos a dormir mañana, señorita cinco de la mañana —dice insistentemente.

Sonrío.

—Bueno, estaremos en la cama… pero no durmiendo mucho.

Descansa la cabeza contra mi pecho.

—Suena perfecto.

Lo hace, ¿no?

No quiero presumir, pero como todo lo demás en mi vida estos días, suena perfecto, porque… real y jodidamente, lo es.

FIN


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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por monica.santander el Mar Nov 15, 2016 2:41 am

Más que genial!!!!
Buenas decisiones tomó San!!!
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por 3:) el Mar Nov 15, 2016 3:42 am

Mejor tarde que nunca jajaja
San patio el tablero y tomo la desicion
Correcta al fin jajajaja
Me encanto la historia!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por JVM el Mar Nov 15, 2016 1:08 pm

Pues le toco sufrir un poco a San viendo a Britt con Finn, lo que me encanto fue como los niños le dijeron a su tía que no les caía bien jajajajajaja
Lo bueno es que rectificó la morena y recupero a su familia.
Me hubiera encantado que Britt de hubiera embarazado.... Otro pequeño a los mil que ya había jajajaja.
Gracias por otra bella historia!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Brittana: Serie Bragas Legales. Sostenida. CAP. 26, 27, 28, y Epilogo (FINALIZADO)

Mensaje por micky morales el Mar Nov 15, 2016 6:24 pm

mas que perfecto y como siempre digo GRACIAS, GRACIAS Y MIL VECES GRACIAS!!!!!!
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