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[Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Mar Nov 15, 2016 1:26 am

Pues parece que Britt enfermo y por eso alejo a San, o eso entendí pero fuera lo que fuera por lo que paso creó que la morena merecía saberlo, Britt sabia que era todo para San y que hubiera estado ahí para ella...
Y lo único que logró fue que San de hiciera mas oscura y bueno lo que ahora es :(
Igual espero el reencuentro, hablaran¿? O seguirán sufriendo sin explicarse las cosas.

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Mar Nov 15, 2016 1:48 am

Britt se enfermó y se fue para su tratamiento por eso corto relación con San lo que la cambió a como está ahora. Esas son mis teoria,s veremos que pasa.
Saludos

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Nov 15, 2016 4:21 am

Estoy super atrapada en esta historia, quiero leer mas.... Igualmente pienso que  a Britt le descubrieron algun tipo de cancer como su abuelita. y por eso desaparecio.
y por eso le dolio mucho ver a santana fumando, ya que era una promesa para ella.
Oh Dios, Santana esta tan perdida en su propio resentimiento que  necesita ser salvada.. Como sera su encuentro? espero que Santana no sea tan grosera con Brittany y eso que entre esa ecuacion este Dani no me gusta para nada......

Ademas faltan 650. y piquito de besos para cumplir con los mil, pero Santana dijo cuatro mil, asi que espero ese odio no le dure para siempre.para que sigan esos besos y contando mas.....

marthagr81@yahoo.es
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Mar Nov 15, 2016 6:38 pm

Creo que lo que santana es ahora es solo la consecuencia de las falsas promesas de brit, san se siente estafada en sus sentimientos asi que ese encuentro sera brutal!!!!!!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Mar Nov 15, 2016 8:02 pm

3:) escribió:Hola morra....

A ver si la vuelta ayuda a san a reconstruir oo que era o vuelve a ser lo que era antes de ese dichoso viaje!!!
Quiero el primer encuentro!!!... en los dos años cambiaron pero parese que san se llevo o mejor dicho elijio llevarlo asi....
A ver que pasa???

Nos vemos!!!



Hola lu, aiii tiene q volver como era antes o al menos las cosas entre ellas!!!! Y yo! jajajajajaja. Mmmm sip =/ Aquí el siguiente cap para saber más! Saludos =D





JVM escribió:Pues parece que Britt enfermo y por eso alejo a San, o eso entendí pero fuera lo que fuera por lo que paso creó que la morena merecía saberlo, Britt sabia que era todo para San y que hubiera estado ahí para ella...
Y lo único que logró fue que San de hiciera mas oscura y bueno lo que ahora es :(
Igual espero el reencuentro, hablaran¿? O seguirán sufriendo sin explicarse las cosas.



Hola, mmm eso parece, no¿? Si, tienes razón, si fue ese el motivo, san tenia que saberlo =/ La rubia no penso bn las cosa, repito si es el caso. JAjajaja si yo tmbn ajjaajajajaj. =o nononono juntas, pero ya! xD Saludos =D





monica.santander escribió:Britt se enfermó  y se fue para su tratamiento por eso corto relación con San lo que la cambió a como está ahora. Esas son mis teoria,s veremos que pasa.
Saludos



Hola, yo tmbn voy por esa teoria la vrdd =/ Pero aquí dejo el siguiente cap para saber mas! Saludos =D





marthagr81@yahoo.es escribió:Estoy super atrapada en esta historia, quiero leer mas.... Igualmente pienso que  a Britt le descubrieron algun tipo de cancer como su abuelita. y por eso desaparecio.
y por eso le dolio mucho ver a santana fumando, ya que era una promesa para ella.
Oh Dios, Santana esta tan perdida en su propio resentimiento que  necesita ser salvada.. Como sera su encuentro? espero que Santana no sea tan grosera con Brittany y eso que entre esa ecuacion este Dani no me gusta para nada......

Ademas faltan 650. y piquito de besos para cumplir con los mil, pero Santana dijo cuatro mil, asi que espero ese odio  no le dure para siempre.para que sigan esos besos y contando mas.....



Hola, jajajaja eso es bueno, no¿? jajajajaj. Aquí dejo el siguiente cap! Mmm si, la enfermedad es lo mas mmm se me olvido la palabra xD jajaja. Y sna obviamente iba a tener un cambio, no¿? Y una rubia la puede ayudar, no¿? jajajajaaja. =O nononon ni lo digas... nonononoo. Jajajajaajajajaj claro y alguien tiene ayudarla no¿? jajajajajaaj. Saludos =D





micky morales escribió:Creo que lo que santana es ahora          es solo la consecuencia de las falsas promesas de brit, san se siente estafada en sus sentimientos asi que ese encuentro sera brutal!!!!!!




Hola, mmm si, osea si xD jajajajajaajaj. Esperemos y puedan hablar y solucionar las cosas =/ Saludos =D




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Finalizado FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Cap 6

Mensaje por 23l1 el Mar Nov 15, 2016 8:04 pm

Capitulo 6


Pasillos Llenos y Corazones Destrozados…



Brittany


—¿Estás segura de que estás bien?—preguntó mi mamá mientras frotaba
mi brazo.

El auto se detuvo.

Sonreí y asentí.

—Sí, mamá, estoy bien.

Sus ojos estaban bordeados de rojo y lágrimas se construían en sus ojos.

—Britty, nena, no tienes que ir a la escuela hoy si no quieres.

—Mamá. Me encanta la escuela. Quiero estar aquí—me encogí de hombros—Además, tengo historia en la quinta hora y sabes cuánto la amo. Es mi clase favorita.

Una reticente sonrisa apareció en su boca y se rió, secando sus ojos.

—Eres igual que tu Abuela. Terca como una mula y siempre viendo la luz detrás de cada nube. Puedo ver su personalidad brillando en tus ojos cada día.

Calidez floreció en mi pecho.

—Eso me hace muy feliz, mamá. Pero es verdad, en verdad estoy bien—dije sinceramente.

Cuando los ojos de mamá se llenaron de agua de nuevo, me echó del auto, poniendo la nota del doctor en mi mano.

—Ten, asegúrate de tener esto a la mano.

Tomé el papel, pero antes de que cerrara la puerta del auto, me agache para decir:

—Te amo mamá, con todo mi corazón.

Mi mamá se detuvo y vi una sonrisa agridulce de felicidad aparecer en su rostro.

—Yo también te amo, Britty. Con todo mi corazón.

Cierro la puerta y me doy la vuelta para entrar a la escuela.

Siempre pensé que era extraño, llegar tarde a la escuela. El lugar estaba tan quieto y silencioso, como apocalíptico, lo total opuesto a la rudeza del almuerzo o la molesta masa de estudiantes entre clases.

Caminé a la oficina de la escuela buscando a la señorita Donna, la secretaria, para procesar la nota del doctor. Mientras me extiende mi pase, pregunta:

—¿Cómo lo estás haciendo querida? ¿Estás manteniendo en alto esa linda cabeza tuya?

Sonriendo ante su amable cara, respondí:

—Sí, señora.

Ella me guiño, haciéndome reír.

—Esa es mi chica.

Revisando mi reloj, veo que mi siguiente clase solo ha estado dentro por quince minutos.

Moviéndome tan rápido como puedo para evitar perderme algo más, corro a través de dos juegos de puertas hasta que llego a mi casillero. Lo abro de golpe y saco la pila de libros de inglés que necesito para mi clase.

Escucho la puerta al final del corto pasillo abrirse, pero no le prestó atención. Una vez que tengo todo lo que necesito, cierro la puerta de mi casillero con el codo y me dirijo aclase, luchando con muchos libros.

Cuando levanto la mirada, me detengo en seco.

Estaba segura de que mi corazón y pulmones dejaron de trabajar.

Parada a menos de dos metros de mí, pareciendo tan congelada como yo, estaba Santana.

Una completamente crecida Santana.

Y me estaba mirando fijamente.

Ojos oscuros me tenían en su trampa.

No pude haberme dado vuelta incluso si hubiera querido.

Finalmente, fui capaz de respirar, y llené mis pulmones con aire. Como un salto, la acción causo que mi corazón latiera, latiera furiosamente bajo la mirada de este chica.

La única, que si estaba siendo honesta conmigo, aún amaba más que a nada en el mundo.

Santana estaba vestida como siempre, camiseta negra, jeans ajustados negros y tacones.

Solo que ahora sus brazos eran más linda; su cuerpo estaba con perfectas curvas. Mis ojos viajaron a su cara y mi estómago cayó.

Pensé que había visto toda su belleza mientras se paraba bajo el farol anoche, pero no.

Más vieja y más madura, era muy posiblemente la más hermosa criatura que había visto.

Perfectamente y definiendo rostro latino.

Sus pómulos eran prominentes y un ligero toque de sangre agraciaba sus mejillas. Las constantes, descubrí, eran esas oscuras cejas enmarcando sus almendrados ojos oscuros.

Los ojos que incluso a una distancia de miles de kilómetros, y después de dos años, nunca podría borrar de mi memoria.

Pero esa mirada, esa mirada que actualmente estaba atravesándome, no pertenecía a la Santana que conocí.

Porque estaba llena de acusación y traición.

Esos ojos estaban mirándome con desprecio no disimulado.

Tragué el dolor que subía por mi garganta, el dolor de ser la receptora de tan dura mirada.

Ser amada por Santana traía una abrumadora sensación cálida.

Ser odiada por Santana era como estar parada en el ártico.


Los minutos pasaron y ninguna se movió un centímetro.

El aire parecía temblar a nuestro alrededor. Miré los puños de Santana apretarse a sus costados. Parecía estar peleando mentalmente consigo misma.

Me pregunté contra qué luchaba.

La mirada en su rostro se hizo más oscura.

Entonces, detrás de ella, la puerta se abrió, y Finn, el monitor de pasillos paso por ella. Nos miró a Santana y a mí, dándome la excusa que necesitaba para liberarme de este momento demasiado intenso.

Necesitaba ordenar mis pensamientos.

Finn aclaró su garganta.

—¿Puedo ver sus pases?

Asentí y, balanceando mis libros en una rodilla levantada, fui a pasarle el mío, pero Santana movió su mano enfrente de la mía.

No reaccioné a su obvia grosería.

Finn revisó su pase primero. Santana había estado acomodándose a su horario de clase, que era el porqué iba tarde. Finn le regresó su pase pero siguió sin moverse.

Finn tomó el mío. Me miró y dijo:

—Espero que te mejores pronto, Brittany.

Mi cara palideció, preguntándome cómo lo sabía, pero entonces me di cuenta de que el pase decía que había ido al doctor.

Solo estaba siendo amable.

No lo sabía.

—Gracias—dije nerviosa y me arriesgué a levantar la mirada.

Santana estaba mirándome, solo que esta vez en su frente apareció una línea.

Reconocí su expresión preocupada.

Tan pronto como Santana me vio mirándolo, leyéndolo correctamente, la preocupación fue rápidamente remplazada por el ceño que tenía antes.

Santana López era demasiado guapa para fruncir el ceño.

Una cara así de hermosa debería usar siempre una sonrisa.

—Vamos, ustedes dos, vayan a clase—la dura voz de Finn alejó mi atención de Santana.

Los pasé a ambos, y salí por la puerta más lejana. Tan pronto como alcancé el siguiente pasillo, mire atrás, solo para encontrar a Santana mirándome a través de los enormes paneles de vidrio.

Mis manos comenzaron a temblar por la intensidad de su mirada, pero entonces de repente se alejó, como si se estuviera obligando a dejarme sola.

Tomé varios segundos ganar algo de compostura, entonces me apresure a mi clase.

Aún estaba temblando una hora después.







Una semana pasó.

Una semana de evitar a Santana a toda costa.

Me quedé en mi habitación hasta que sabía que no estaba en casa.

Mantuve mis cortinas cerradas y mi ventana asegurada, no es que Santana hubiera tratado de entrar.

Las pocas veces que la había visto en la escuela ella me había ignorado o me había visto como si fuera su peor enemigo.

Ambas lastimaban en igual medida.

Durante los periodos de almuerzo me mantenía lejos de la cafetería. Comía mi almuerzo en la sala de música y pasaba el resto del tiempo practicando con mi cello.

La música aún era mi paraíso seguro, el único lugar donde podía escapar del mundo.

Cuando mi arco tocaba las cuerdas, era transportada a un mar de tonos y notas.

El dolor y la pérdida de los pasados dos años desaparecían.

La soledad, las lágrimas y furia, todo se evaporaba, dejando una paz que no podía encontrar en ningún otro lado.

La semana pasada, después de mi horrible reunión en el pasillo con Santana, había necesitado alejarme de todo. Había necesitado olvidar la mirada en sus ojos mientras lucía tan traicionada.

La música normalmente era mi remedio, así que me lancé a prácticas intensas.

¿El único problema?

Cada vez que terminaba una pieza, tan pronto como la nota final caía y bajaba mi arco, esa devastación cortaba de nuevo multiplicada por diez.

Y permanecía.

Hoy, después de que terminé de tocar en el almuerzo, la angustia me acechó por el resto de la tarde. Pesaba en mi mente mientras dejaba el edificio de la escuela.

El patio estaba rebozando de estudiantes en camino a sus casas.

Mantuve la cabeza gacha y empujé por la multitud, solo para dar vuelta a la esquina y ver a Santana y sus amigos sentados en el parque.

Rachel y Kitty también estaban ahí.

Igual que Dani.

Traté de no mirar fijamente mientras Dani se sentaba junto a Santana, que estaba encendiendo un cigarro. Traté de no mirar mientras Santana comenzaba a fumar, su codo descansando casualmente en su rodilla mientras se recargaba en un árbol. Y traté de ignorar la vuelta de mi estómago mientras pasaba rápido, los ojos estrechados de Santana apenas
encontrando los míos.

Rápidamente alejé la mirada.

Rachel saltó a sus pies y vino corriendo detrás de mí. Me las arreglé para alejarme lo suficiente de Santana y sus amigos para que ellos no escucharan lo que Rachel tenía que decirme.

—Brittany—dijo mientras se detenía detrás de mí.

Me di la vuelta hacia ella, sintiendo la concentrada mirada de Santana puesta en mí.

La ignoré.

—¿Cómo estás?—preguntó.

—Bien—respondí.

Incluso yo escuché el ligero temblor en mi voz.

Rachel suspiró.

—¿Ya has hablado con ella? Ha estado de regreso por más de una semana.

Mis mejillas ardieron.

Negué con la cabeza.

—No, no estoy realmente segura de que sea una buena idea—inhalé y confesé—No tengo idea de qué le diría de todos modos. Ella no parece ser la chica que conocí y amé por todos estos años. Parece diferente. Parece que ha cambiado.

Los ojos de Rachel llamearon.

—Lo sé. Pero creo que eres la única chica que ve eso como algo malo, Britt.

—¿Qué quieres decir?

Celos aparecieron en mi pecho.

Rachel apuntó a las chicas perdiendo el tiempo cerca de donde estaba sentada, tratando de parecer casuales, pero fallando épicamente en su intento.

—Ella es de lo que todos están hablando, y estoy muy segura de que cualquier persona en esta escuela, menos tú, yo o Kitty, vendería su alma al diablo porque ella incluso las reconociera. Siempre fue deseada, Britt, pero bueno, te tenía y todos sabíamos que no te dejaría por nada ni nadie. Pero ahora…—se detuvo, y pude sentir mi corazón desinflarse.

—Pero ahora no me tiene—terminé por ella—Ahora es libre para estar con
quien quiera.

Los ojos de Rachel se ampliaron cuando se dio cuenta de que de nuevo había puesto su pie en su boca. Apretó mi brazo en apoyo, parpadeando con disculpas.

No podía estar enojada con ella sin embargo, siempre estaba hablando antes de pensar.

Además, todo lo que dijo era verdad.

Un momento de incomodo silencio pasó, hasta que preguntó:

—¿Qué vas a hacer mañana en la noche?

—Nada—respondí.

Me urgía irme.

La cara de Rachel se ilumino.

—¡Qué bien! Puedes venir a la fiesta en casa de Marley. No podemos tenerte
sentada sola el sábado por la noche.

Me reí.

Rachel frunció el ceño.

—Rachel, no voy a fiestas. Nadie me invitaría de todos modos.

—Yo te estoy invitando. Serás mi cita.

Mi humor cayó.

—No puedo Rach—me detuve—No puedo estar ahí cuando Santana lo esté. No después de todo.

Rachel se acercó más.

—Ella no va a estar ahí—dijo en voz baja—Le dijo a Marley que no va a ir, que tiene que ir a otro lugar.

—¿Dónde?—pregunté, fallando en ocultar mi curiosidad.

Ella se encogió de hombros.

—Infiernos si lo sé. Santana en realidad no habla mucho. Creo que solo se agrega al grupo porque ha estado atrayendo admiradoras como si no hubiera mañana—Rachel sacó su labio inferior y acarició mi brazo—Por favor, Britt. Te fuiste por mucho tiempo, y te he extrañado. Quiero pasar tanto tiempo contigo como sea posible, pero sigues alejándote. Tenemos años que recuperar. Kitty también estará ahí. Sabes que nunca te dejaría sola.

Mis ojos inspeccionaron el suelo, tratando duro de pensar una excusa.

Levanté la mirada a Rachel y pude ver que mi negativa estaba molestándola.

Alejando las hebras de duda en mi pecho, cedí.

—Está bien, voy a ir contigo.

La cara de Rachel se ilumino con una enorme sonrisa.

—¡Perfecto! —dijo.

Me reí mientras me daba un abrazo rápido.

—Necesito ir a casa—dije cuando me soltó—Tengo un recital esta noche.

—Está bien, paso a recogerte mañana a las siete, ¿bien?

Dije adiós con la mano y comencé a caminar a casa.

Solo había hecho algunos metros cuando sentí a alguien caminando detrás de mí a través del camino de cerezos.

Cuando miré por encima de mi hombro, ahí estaba Santana.

Mi corazón inició una carrera mientras mi mirada encontraba la suya. Ella no alejó la mirada, pero yo sí.

Estaba aterrada de que tratara de hablarme.

¿Qué si quería que explicara todo?

O peor, ¿qué si quería decirme que lo que tuvimos no fue nada?

Eso me rompería.

Apurando el paso, mantuve la cabeza gacha y me apresuré a casa. La sentí
siguiéndome todo el camino, pero no trató de pasarme.

Mientras corría los escalones de mi porche, miré a un lado y la vi apoyado en su casa, cerca de su ventana.

Mi corazón salto mientras se acomodaba el pelo.

Tuve que mantener mis pies pegados al porche, en caso de que dejara caer mi mochila y corriera hacia ella, para explicarle porqué la deje ir, porqué la aleje tan horriblemente, porqué daría cualquier cosa porque me besara solo una vez más.

En lugar de eso, me forcé a entrar.

Las palabras de mi mamá pesaban en mi cabeza mientras caminaba a mi habitación y me acostaba…

…Tal vez fue algo bueno que rompieras todo contacto.

No estoy realmente segura de que ella pudiera haber manejado todo lo que pasaste por lo que su madre ha dicho…


Cerrando los ojos, prometí dejarla sola.

No sería una carga para ella.

La había protegido del dolor.

Porque aún la amaba tanto como siempre.

Incluso si la chica que amaba ya no me amaba a mí.





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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Mar Nov 15, 2016 8:39 pm

Hola morra...

2 años muchas cosas de promedio!!!
Va a ser jodidamente doloroso para las dos cuando hablen... Si pueden no???
Sobre todo britt tiene que decirle a san porque la dejo!!!!.... Espero que si se entera lo que tiene o tuvo britt no mate a su papa san??

Nos vemos!!!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Miér Nov 16, 2016 12:56 am

Pues es necesario que hablen y que Britt le explique lo que paso y porque la alejo. Ahora que San no entiende tiene coraje contra ella por no cumplir su promesa de para siempre.
Espero que en la fiesta de Marley se topen y aclaren todo, no pueden seguir perdiendo tiempo cuando aun se aman !

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Mensaje por monica.santander el Miér Nov 16, 2016 1:26 am

Estas chicas que no hablan!!! Pierden tiempo!!!!
Saludos
PD: merecemos maratón o no?? Jaja!!!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Miér Nov 16, 2016 6:41 am

ya esto me esta cabreando mucho con demasiado, que esperan para hablar??????

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Miér Nov 16, 2016 11:52 pm

3:) escribió:Hola morra...

2 años muchas cosas de promedio!!!
Va a ser jodidamente doloroso para las dos cuando hablen... Si pueden no???
Sobre todo britt tiene que decirle a san porque la dejo!!!!.... Espero que si se entera lo que tiene o tuvo britt no mate a su papa san??

Nos vemos!!!



Hola lu, mmmm si =/ Uyy si que si... claro si pueden =/ Eso mismo digo yo... Jajajjajaajajajaj esperemos y no empeoren las cosas jajajaja. Saludos =D





JVM escribió:Pues es necesario que hablen y que Britt le explique lo que paso y porque la alejo. Ahora que San no entiende tiene coraje contra ella por no cumplir su promesa de para siempre.
Espero que en la fiesta de Marley se topen y aclaren todo, no pueden seguir perdiendo tiempo cuando aun se aman !



Hola, si q lo es. SIp, y mientras no sepa la vrdd seguira asi =/ Esa podria sen una gran oportunidad, esperemos y la tomen... Saludos =D





monica.santander escribió:Estas chicas que no hablan!!! Pierden tiempo!!!!
Saludos
PD: merecemos maratón o no?? Jaja!!!



Hola, nooo!!!! no se dan el tiempo, y como lo dices, lo pierden! Saludos =D

Pd: jajajajaaj les debo uno de la historia pasada la vrdd, pero se me olvida xD podrian hacerme acordar ajajaja.





micky morales escribió:ya esto me esta cabreando mucho con demasiado, que esperan para hablar??????



Hola, jajajajaajaj un poco si ajjaajajajaj. La vrdd no lo se xD jajajajajaaj. Saludos =D




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Finalizado FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Cap 7

Mensaje por 23l1 el Miér Nov 16, 2016 11:55 pm

Capitulo 7



Labios Traicionados y Verdades Dolorosas…



Brittany


Flexioné una mano, balanceando mi violonchelo y mi arco con la otra.

De vez en cuando mis dedos se entumecían y tenía que esperar para ser capaz de tocar de nuevo.

Pero mientras Noah Puckerman terminaba su solo de violín, supe que nada me detendría de sentarme en el centro del escenario esta noche.

Tocaría mi pieza.

Y saborearía cada segundo de crear la música que amaba tanto. Noah bajó su arco, y la audiencia explotó en un caluroso aplauso. Hizo una rápida reverencia y salió por el otro lado del escenario.

El presentador cogió el micrófono y anunció mi nombre. Cuando la audiencia
escuchó que estaba haciendo mi regreso después de un largo descanso, sus aplausos se hicieron más altos, dándome la bienvenida de vuelta al escenario musical.

Mi corazón se aceleró con excitación ante los silbidos y el apoyo de padres y amigos en el auditorio. Dado que muchos de mis compañeros de orquesta vinieron a la orilla del teatro a darme una palmada en la espalda y decirme palabras de coraje, tuve que bajar el nudo en mi garganta.

Enderezando mis hombros, acallé el abrumador ataque de emoción. Incliné mi cabeza ante la audiencia mientras caminaba hacia mi asiento. El foco encima iluminaba brillante luz sobre mí.

Me posicioné perfectamente, esperando hasta que los aplausos murieron.

Como siempre, miré hacia arriba para ver a mi familia sentados orgullosamente en la tercera fila.

Mi mamá y mi papá estaban sonriendo ampliamente. Mis dos hermanas me dieron pequeños saludos.

Sonriendo de vuelta para demostrarles que los había visto, peleé contra el pequeño dolor que se agitó en mi pecho mientras distinguía al señor y a la señora López sentados a su lado, Ricardo también me saludaba.

La única persona que faltaba era Santana.

No había actuado en dos años.

Y antes de eso, nunca se había perdido ninguno de mis recitales. Incluso si tenía que viajar, estuvo en cada uno de ellos, cámara en mano, sonriendo con su sonrisa de lado cuando nuestros ojos conectaban en la oscuridad.

Aclarando mi garganta, cerré mis ojos mientras ponía mis dedos en el cuello de mi violonchelo y traía el arco a la cuerda. Conté hasta cuatro en mi cabeza y empecé el retador Preludio de los Conjuntos para Violonchelo de Bach.

Era una de mis piezas favoritas para tocar, la complejidad de la melodía, el rápido ritmo del trabajo del arco y el perfecto sonido de tenor que hacían eco alrededor del auditorio.

Cada vez que me sentaba en este asiento, dejaba que la música fluyera a través de mis venas. Dejaba que la melodía saliera de mi corazón, y me imaginaba sentada en el escenario central en Carnegie Hall, mi mayor sueño.

Imaginaba a la audiencia sentada delante de mí: gente que, como yo, vivían por el sonido de una sola nota perfecta, que se emocionaban por ser llevado en un viaje de sonido.

Sentían la música en sus corazones y su magia en sus almas.

Mi cuerpo se balanceaba con el ritmo, al cambio en el tempo y en el crescendo final… pero lo mejor de todo, me olvidaba del entumecimiento en la punta de mis dedos.

Por un breve momento, lo olvidaba todo.

Mientras la nota final sonaba en el aire, levanté mi arco de la cuerda vibrante e, inclinando mi cabeza hacia atrás, lentamente abrí mis ojos. Parpadeé contra la brillante luz, una sonrisa tirando de mis labios en el consuelo de ese silencioso momento cuando la nota se desvanecía en la nada, antes que el aplauso de la audiencia comenzara.

Ese dulce, dulce momento cuando la adrenalina de la música te hace sentir tan vivo que sentías que podías conquistar el mundo, que habías llegado a la serenidad en su forma más pura.

Y después, el aplauso comenzó, rompiendo el hechizo.

Bajando mi cabeza, sonreí mientras me levantaba del asiento, inclinando mi cabeza para dar las gracias. Mientras cogía el cuello de mi violonchelo, mis ojos automáticamente buscaron a mi familia. Después viajaron a través de las ovaciones de la gente, y pasaron a lo largo de la pared de atrás.

Al principio, no me di cuenta de lo que estaba viendo.

Pero mientras mi corazón golpeaba contra mi pecho, mis ojos fueron atraídos hacia la parte más alejada hacia la derecha de la pared de atrás.

Capté la visión de un largo y oscuro pelo desapareciendo por la puerta de salida… una chica de perfecto cuerpo vestida toda de negro, desvaneciéndose de mi vista.

Pero no antes que mirara por encima de su hombro una vez más, y vi un destello de unos ojos oscuros…

Mis labios se abrieron con sorpresa, pero antes que pudiera estar segura de lo que estaba viendo, la chica se había ido, dejando detrás una puerta cerrándose lentamente.

¿Era ella…?

¿Habría…?

No
, intenté convencerme, firmemente.

No podría haber sido Santana.

No había manera que hubiera venido a esto.

Me odiaba.

El recuerdo de su fría mirada oscura en el pasillo de la escuela confirmó mis
pensamientos, simplemente estaba deseando cosas que no podían ser reales.

Con una última inclinación, salí del escenario. Escuché a los últimos tres artistas, después salí a través de la puerta de detrás del escenario, sólo para encontrar a mi familia y la familia de Santana esperándome.

Mi hermana de trece años, Tina, fue la primera en verme.

—¡Britty!—gritó y corrió hacia mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura.

—Hola a todos—repliqué y la apreté de regreso.

La segunda, Hanna, ahora tenía once, también estaba abrazándome. Las abracé de regreso tan fuerte como pude.

Cuando se separaron, sus ojos estaban brillando. Juguetonamente incliné mi cabeza.

—Oigan, sin llorar, ¿recuerdan?

Tina se rió y Hanna asintió y me liberaron.

Mamá y papá tomaron su turno para decirme lo orgullosos que estaban.

Finalmente, me giré hacia el señor y la señora López.

Una repentina ola de nervios me atravesó. Esta sería la primera vez que hablaba con ellos desde que habían regresado de Santo Domingo.

—Britt—dijo la señora López suavemente y estiró sus brazos.

Caminé hacia la mujer que había sido como una segunda mamá para mí y caí en su abrazo. Me sostuvo cerca y besó mi cabeza.

—Te he echado de menos, querida—dijo, su acento sonando más fuerte de lo que recordaba.

Mi mente se fue hacia Santana. Me pregunté si su acento sería más fuerte también.

Mientras la señora López me dejaba ir, alejé esos ociosos pensamientos. El
señor López me abrazó después. Cuando me aparté, vi al pequeño Ricardo cogiéndose fuertemente a las piernas del señor López.

Me incliné.

Ricardo bajó su cabeza tímidamente, mirándome entre las gruesas pestañas.

—Hola, bebé—dije, haciéndole cosquillas en su lado—¿Me recuerdas?

Ricardo me miró por un largo momento, antes de sacudir su cabeza.

Me reí.

—Vivías en la casa al lado de la mía. A veces venías al parque conmigo y Santana o, si hacía buen día, ¡a la arboleda!

Había mencionado el nombre de Santana sin un pensamiento consciente, pero me recordó a mí y a todos los de mi alrededor que Santana y yo una vez habíamos sido inseparables.

Un silencio descendió sobre el grupo.

Sintiendo un dolor en mi pecho, del tipo que tengo cuando extraño ferozmente a mi mamá, me levanté y alejé la mirada de las miradas compasivas.

Estaba a punto de cambiar de tema, cuando algo me tiró de la parte de abajo de mi vestido. Cuando miré hacia abajo, los grandes ojos oscuros de Ricardo estaban fijos en mi cara.

Pasé una mano por encima de su suave pelo.

—Hola Ricardo, ¿estás bien?

Las mejillas de Ricardo se encendieron, pero preguntó con su dulce voz.

—¿Eres amiga de Tana?

El mismo dolor de hacía un momento se encendió, y vi la mirada de pánico entre nuestros familiares.

La mamá de Santana hizo una mueca.

No sabía qué decir.

Ricardo volvió a tirar de mi vestido, esperando una respuesta:

Suspirando, me arrodillé y dije tristemente.

—Era mi mayor mejor amiga en todo el mundo entero—presioné una mano sobre mi pecho—Y la amaba con todo mi corazón, cada centímetro de ella—inclinándome más cerca, susurré a través de mi sofocada garganta—Y siempre lo haré.

Mi estómago se revolvió.

Esas palabras eran la mera verdad desde mi alma, y sin importar cómo estuviéramos Santana y yo ahora, siempre la mantendría en mi corazón.

—Tana…—habló Ricardo de repente—¿Tana … hablaba contigo?

Me reí.

—Por supuesto, dulzura. Hablaba conmigo todo el tiempo. Todos sus secretos. Hablamos de todo.

Ricardo miró atrás hacia su papá y sus pequeñas cejas se juntaron, frunciendo el ceño en su adorable rostro.

—¿Hablaba con Brittany, papá?

El papá de Santana asintió.

—Lo hacía, Ricardo. Britt era su mejor amiga. La amaba completamente.

Los ojos de Ricardo se hicieron imposiblemente amplios y se volvió hacía mí. Su labio inferior tembló.

—¿Qué pasa, bebé?—pregunté, frotando su brazo.

Ricardo sorbió por la nariz.

—Tana no me habla.

Mi corazón se hundió.

Porque Santana adoraba a Ricardo; siempre lo había cuidado, jugado con él.

Ricardo adoraba a Santana.

Admiraba tanto a su hermana mayor.

—Me ignora—dijo Ricardo, su voz rota rompiendo mi corazón.

Ricardo me miró. Me miró con una intensidad que sólo había experimentado de otra persona, su hermana mayor quien lo ignoraba. Puso su mano en mi brazo y preguntó:

—¿Puedes hablar con ella? ¿Puedes pedirle que hable conmigo? Si eres su mejor amiga, entonces te escuchará.

Mi corazón se cayó en pedazos.

Miré por encima de la cabeza de Ricardo hacia su mamá y papá, después hacia los míos. Todos parecían dolidos ante la cruda revelación de Ricardo.

Cuando me volví hacia Ricardo de nuevo, todavía estaba contemplándome, esperando que le ayudara.

—Lo haría, dulzura—dije suavemente—, Pero ahora tampoco habla conmigo.

Pude ver la esperanza de Ricardo desinflándose como un globo. Besé su cabeza, después corrió de regreso hacia su mamá.

Claramente viendo que estaba dolida, mi papá cambió rápidamente el tema. Se volvió hacia el señor López e invitó a la familia López a tomar algo a nuestra casa mañana por la noche.

Me alejé de todos ellos, dejando salir un profundo suspiro mientras mis ojos miraban sin rumbo a través del estacionamiento.

El sonido del motor de un auto acelerando me sacó de mi trance.

Me volví en esa dirección. Perdí todo el aire en mis pulmones cuando, en la distancia, vi a una chica de largo pelo oscuro saltar en el asiento delantero de un Camaro negro.

Un Camaro negro que pertenecía a Marley Rose, una de las mejores amigas de Santana.






Miré en el espejo y admiré mi atuendo.

Mi vestido de patinadora color azul cielo me llegaba hasta medio muslo, mi pelo rubio estaba recogido hacia el costado con un lazo blanco, y llevaba unas bailarinas negras en mis pies.

Alcanzando mi caja de joyería, saqué mis pendientes de plata favoritos y los puse en mis orejas.

Eran símbolos de infinito. Santana me los había dado en mi cumpleaños número catorce.

Los llevaba en cada oportunidad.

Cogiendo mi chaqueta de mezclilla recortada, me apresuré fuera de la habitación y hacia la noche fría.

Rachel me había enviado un mensaje diciendo que estaba fuera. Mientras
subía al asiento delantero de la camioneta de su madre, me volví para mirar a mi mejor amiga.

Estaba sonriéndome.

—Brittany, te ves tan jodidamente linda—remarcó.

Pasé mis manos por mi vestido, alisando la falda.

—¿Está bien?—pregunté, preocupada—Realmente no sabía qué ponerme.

Rachel sacudió su mano frente a su rostro mientras salía de la entrada.

—Está bien.

Miré lo que ella llevaba.

Rachel llevaba un vestido sin mangas negro y tacones negros.

Definitivamente era más arriesgado que el mío, pero estaba agradecida que nuestros atuendos no fueran polos opuestos.

—Así que—comenzó, mientras dejábamos mi calle—, ¿Cómo estuvo el recital?

—Bien—dije evasivamente.

Rachel me miró con cuidado.

—¿Y cómo te sientes?

Rodé mis ojos.

—Rachel, estoy bien. Por favor, simplemente déjame en paz. Eres tan mala como mi mamá.

Rachel, pareció quedarse sin palabras por una vez, me sacó la lengua. Y de esa manera, me hizo reír de nuevo.


Durante el resto del viaje, Rachel me contó todos los cotilleos que habían circulado por la escuela sobre por qué me había marchado. Sonreí en todas las partes correctas y asentí en las partes que esperaba que lo hiciera, pero realmente no estaba interesada.

Nunca me había preocupado mucho por el drama que ocurría en la escuela.

Escuché la fiesta antes de verla.

Gritos y música alta salían de la casa de Marley y por la calle. Sus padres estaban en unas vacaciones cortas, y en la pequeña ciudad de Lima, Ohio eso significaba una cosa: fiesta en casa.

Mientras estacionábamos cerca de la casa, podía ver a los chicos vomitando en el jardín delantero.

Tragué mis nervios.

Me quedé cerca y detrás de Rachel mientras cruzábamos la calle.

Cogiéndome de su brazo, pregunté:

—¿Las fiestas en casa siempre son así de locas?

Rachel se rió.

—Sí—enlazó mi brazo con el suyo y me empujó hacia delante.

Cuando entramos en la casa, me estremecí ante lo alta que estaba la música.

Mientras pasábamos a través de las habitaciones hacia la cocina, estudiantes borrachos se tambaleaban, forzándome a agarrarme a Rachel hasta estar convencida que estaba causándole dolor físico.

Rachel me miró y se rió.

Cuando finalmente llegamos a la cocina, inmediatamente me relajé al ver a Kitty parada con Marley.

La cocina era mucho más silenciosa que las habitaciones por las que habíamos tenido dificultades para pasar.

—¡Brittany!—declaró Kitty y cruzó la cocina para empujarme entre sus brazos—¿Quieres una bebida?

—Sólo un refresco—repliqué.

Kitty frunció el ceño.

—¡Brittany!—amonestó—Necesitas una bebida de verdad.

Me reí ante su expresión horrorizada.

—Kitty, gracias, pero me quedaré con el refresco.

—¡Boo!—gritó Kitty, pero pasó su brazo alrededor de mi cuello y me llevó hacia las bebidas.

—Britt—me saludó Marley, mientras un mensaje llegaba a su teléfono.

—Hola, Mar—repliqué y tomé la soda dietética que Kitty me había servido.

Kitty y Rachel me llevaron al jardín trasero, a la hoguera ardiendo en el centro del patio. Sorprendentemente no había mucha gente aquí afuera, lo que me venía bien.

No pasó mucho tiempo antes que Marley se llevara a Kitty de regreso hacia la fiesta en el interior, dejándome sola con Rachel.

Estaba mirando las llamas, cuando Rachel dijo:

—Siento mucho mi metida de pata ayer sobre Santana. Te lastimó, lo vi. ¡Dios! ¡Simplemente no siempre pienso antes de abrir mi gran boca! ¡Mi papá está amenazando con ponerme cables para cerrarla!—Rachel empujó sus manos sobre su boca en una lucha simulada—¡No puedo, Britt! ¡Esta boca, incontrolable como es, es todo lo que tengo!

Riendo, sacudí mi cabeza.

—Está bien, Rach. Sabía que no lo habías querido decir. Que nunca me lastimarías.

Rachel dejó caer las manos de su boca, su cabeza inclinada hacia un lado.

—En serio, Britt. ¿Qué opinas de Santana? Ya sabes, ¿desde que está de vuelta?

Rachel me observaba con curiosidad.

Me encogí de hombros.

Rachel puso los ojos en blanco.

—¡Me estás diciendo que no tienes opinión acerca de cómo luce el gran amor de tu vida, ahora que es mayor y, en mi opinión, más allá de malditamente atractiva!

Mi estómago se revolvió y jugué con el vaso de plástico en mis manos.

Encogiéndome de hombros, respondí:

—Solo es tan guapa como siempre lo ha sido.

Rachel sonrió detrás de su vaso mientras tomaba un sorbo, y luego hizo una mueca cuando oímos la voz de Dani saliendo desde el interior de la casa.

Rachel bajó su vaso.

—Uf, parece que la puta está en la casa.

Sonreí ante el nivel de disgusto en el rostro de Rachel.

—¿Realmente es tan mala?—pregunté—¿En realidad es una puta?

Rachel suspiró.

—En realidad no, sólo odio la forma en que coquetea con todas las chicas.

Ah, pensé, sabiendo exactamente a quién se refería.

—¿Alguna en particular?—provoqué y observé a Rachel fruncir el ceño en respuesta—¿Quinn, quizás?—añadí, provocando que Rachel lanzara su vaso vacío en mi dirección.

Me reí mientras volaba delante de mí en la dirección completamente contraria.

Cuando mi risa se calmó, Rachel dijo:

—Al menos ahora que Santana está de vuelta parece haber retrocedido respecto a Q, de todos modos.

Mi buen humor se evaporó.

Cuando Rachel se dio cuenta de lo que acababa de decir, gimió con exasperación, y se movió rápidamente para sentarse a mi lado y tomar mi mano.

—Mierda, Britt. Lo siento mucho. ¡Lo hice de nuevo! No quise decir…

—Está bien—interrumpí.

Pero Rachel apretó su agarre en mi mano.

Momentos de silencio pasaron.

—¿Te arrepientes de ello, Britt? ¿Alguna vez te arrepientes de haberte distancia de ella de esa manera?

Miré fijamente al fuego, perdida en las rugientes llamas, y respondí con honestidad:

—Todos los días.

—Brittany—susurró Rachel con tristeza.

Le lancé una sonrisa débil.

—La extraño, Rach. No tienes idea de cuánto. Pero no podía decirle lo que estaba ocurriendo. No podía hacerle eso. Era mejor que creyera que ya no estaba interesada, que decirle la fea verdad.

Rachel apoyó la cabeza en mi hombro.

Suspiré.

—Si lo hubiera sabido, habría intentado todo en su poder para regresar. Pero eso no habría sido posible. El trabajo de su papá estaba allá en Santo Domingo. Y yo...—aspiré—Y yo quería que fuera feliz. Sabía que, con el tiempo, superaría no escuchar de mí. Pero conozco a Santana, Rach; nunca habría logrado superar la alternativa.

Rachel levantó su cabeza y besó mi mejilla, lo que me hizo reír. Pero todavía podía ver la tristeza en el rostro de Rachel cuando preguntó:

—¿Y ahora? Ahora está de vuelta, ¿qué harás? Con el tiempo, todo el mundo lo descubrirá.

Inhalando profundamente, respondí:

—Estoy esperando que no lo hagan, Rach. No soy popular en la escuela como tú, Kitty y Santana. Si simplemente desaparezco de nuevo, nadie lo notará—sacudí mi cabeza—Y dudo que al Santana que volvió a casa le importe. Ayer la vi en el pasillo de nuevo, y la mirada que me dio me mostró cómo se siente. No soy nada para ella ahora.

Un silencio incómodo siguió hasta que mi mejor amiga aventuró:

—Pero lo amas de igual manera. ¿Estoy en lo cierto?

No le respondí.

Pero mi falta de respuesta fue tan fuerte como un grito.

Lo hacía.

Todavía la amaba, igual que siempre.

Un fuerte ruido provino del patio delantero, rompiendo la intensidad de nuestra conversación.

Me di cuenta que un par de horas debían haber pasado desde que llegamos.

Rachel se puso de pie e hizo una mueca.

—Britt, ¡necesito hacer pis! ¿Vienes adentro?

Me reí de Rachel bailando en el lugar y la seguí al interior. Rachel fue hacia el cuarto de baño en la parte trasera de la casa. La esperé en el pasillo, hasta que oí las voces de Kitty y Marley saliendo desde el pozo.

Decidiendo ir y sentarme con ellas mientras esperaba a Rachel, abrí la puerta y entré.

Apenas había dado tres pasos cuando me arrepentí de haber venido a esta fiesta.

Tres sofás dominaban la pequeña habitación.

Kitty y Marley ocupaban uno, Quinn y algunos miembros estaban tendidos sobre otro.

Pero fue el tercer sofá del que no pude apartar los ojos.

Sin importar cuánto les haya ordenado a mis pies que se movieran, se negaron.

Dani estaba sentada en el sofá, bebiendo de su vaso. Un brazo estaba alrededor de sus hombros. Dani estaba trazando patrones en la mano que colgaba sobre su pecho.

Sabía cómo se sentía esa mano.

Sabía cómo se sentía estar bajo el refugio protector de ese brazo.

Y sentí a mi corazón hacerse añicos cuando moví mis ojos hacia la chica que estaba sentada a su lado.

Como si sintiera el peso de mi mirada, miró hacia arriba. Su mano se detuvo, con la bebida medio camino hacia su boca.

Las lágrimas llenaron mis ojos.

La comprensión que Santana me habría superado era lo suficientemente fuerte para soportar; verla así trajo otro nivel de dolor que nunca pensé que fuera posible.

—¿Brittany? ¿Estás bien?—la preocupada voz de Kitty de repente sonó a través de la habitación, obligándome a alejarme del accidentado momento que estaba presenciando.

Forzando una sonrisa hacia Kitty, susurré:

—Sí. Estoy bien.

Sintiendo mis piernas sacudirse por la atención no deseada de todos en la sala, me las arreglé para alejarme hacia la puerta. Pero mientras lo hacía, vi a Dani girarse en dirección hacia Santana.

Girarse por un beso.

Mientras la parte final de mi corazón se rompía, me di la vuelta y huí de la habitación antes que pudiera atestiguar ese beso.

Me empujé hacia el pasillo y corrí hacia la habitación más cercana que pude encontrar. Frenéticamente giré la manivela, me empujé a través en la penumbra de una habitación de lavandería.

Cerré la puerta y me incliné contra la lavadora, incapaz de evitar doblarme por la cintura y dejar que las lágrimas se derramaran. Luché contra las náuseas levantándose por mi garganta mientras desesperadamente luchaba para limpiar la ofensiva imagen de mi cabeza.

Durante estos últimos dos años, pensé que había soportado todas las facetas del dolor.

Pero estaba equivocada.

Estaba tan equivocada.

Porque nada podía compararse con el dolor de ver a la persona que amas en brazos de otra.

Nada podía compararse con la prometida traición de un labio por un beso.

Mis manos se aferraron a mi estómago.

Mientras luchaba por arrastrar una muy necesitada respiración, la manija de la puerta empezó a girar.

—¡No! Vete.

Había empezado a gritar, pero antes que pudiera girarme y cerrar la puerta, alguien empujó para pasar, cerrando la puerta a su paso.

Mi corazón se aceleró cuando me di cuenta que estaba atrapada en esta habitación con alguien más. Pero cuando me di vuelta y vi quién había entrado, toda la sangre se drenó de mi rostro.

Me tambaleé hacia atrás hasta que mi espalda golpeó la pared junto a la
lavadora.

Las llamas de la fogata afuera iluminaban la habitación oscura, lo suficiente para que pudiera ver claramente quién había invadido mi momento de debilidad.

La misma chica que lo causó.

Santana estaba parada ante mí, junto a la puerta cerrada.

Estirándose, le dio la vuelta al seguro. Tragué mientras su rostro se volvía para mirarme. Su mandíbula estaba tensa y sus ojos estaban fijos firmemente sobre mí.

Su mirada era fría como el hielo.

Mi boca se secó.

Santana dio un paso hacia delante su cuerpo acercándose a mí. El latido de mi corazón barrió la sangre de mis venas, su estimulado sonido rugiendo en mis oídos.

Mientras se acercaba, mis ojos bajaron para asimilar los brazos mayormente
desnudos de Santana: sus planos músculos marcados por la tensión de sus puños cerrados, su camiseta negra mostraba sus pechos, su piel lisa morena.

Con su movimiento característico que siempre me ponía de rodillas, levantó una mano y retiró el pelo de su cara.

Tragando, traté de encontrar el valor para empujarme más allá de ella y huir.

Pero Santana se adelantó hasta que no había manera para que saliera, estaba atrapada.

Mis ojos estaban muy abiertos mientras ella se concentraba en mí.

Santana se movió hacia adelante hasta que estuvimos a meros centímetros de distancia.

Así de cerca, podía sentir el calor irradiando desde su cuerpo.

Así de cerca, podía oler su fresco aroma: el que siempre me había traído consuelo, el que me llevó de vuelta a los perezosos días de verano pasados en la arboleda.

El que trajo de vuelta, en total Technicolor, esa noche final, cuando habíamos hecho el amor.

Sentí mis mejillas inundarse con calor cuando se inclinó más cerca.

Olí el leve toque de tabaco en su ropa, y las trazas de menta verde en su cálido aliento.

Mis dedos se torcieron a mis costados mientras miraba sus facciones. Quería extender la mano y tocarla. A decir verdad, anhelaba levantar la mano y correr un dedo sobre su frente, por mejillas, y a través de sus labios perfectos.

Pero tan pronto como pensé en esos labios, el dolor se deslizó de vuelta a través de mi corazón.

Volví mi cabeza, cerrando mis ojos.

Había tocado a Dani con esos labios.

Me había roto al regalar esos labios, esos labios que se suponía que fueran míos para siempre.

La sentí acercarse, hasta que nuestros pechos casi se tocaban. Sentí sus brazos elevarse por encima de mi cabeza, aterrizando en la pared por encima de mí, invadiendo cada centímetro de mi espacio personal. Y sentí mechones de su largo pelo caer por mi mejilla.

Santana seguía siento más bajita que yo, pero realmente podía intimidar cuando ella quisiera.

Su respiración era acelerada, su aliento mentolado como un fantasma sobre mi rostro.

Cerré los ojos con más fuerza.

La sentía tan imposiblemente cerca. Pero fue inútil; por voluntad y mandato de mi corazón, mis ojos se abrieron lentamente y volví mi cabeza, nuestras miradas chocaron entre sí.

Mi respiración se atrapó en mi garganta mientras las sombras del fuego de afuera parpadeaban sobre su rostro. Entonces mi respiración pareció detenerse por completo cuando una de sus manos se movió desde arriba de mi cabeza, viajando vacilantemente para enredarse en mi pelo.

Tan pronto como sentí tomar un mechón entre sus dedos, escalofríos estallaron sobre mi cuerpo y mariposas se revolvieron alrededor de mi estómago.

Sentí que no le iba mejor; profundas exhalaciones y lo tenso de su mandíbula eran claras pistas.

Me quedé mirando su hermoso rostro mientras ella estudiaba el mío, ambas asimilando los efectos de los últimos dos años: los cambios, mejor dicho, los aspectos que eran totalmente familiares.

Entonces, cuando no estaba segura que mi confundido corazón pudiera tomar algo más, su suave toque dejó la seguridad de mi pelo yendo hacia mi rostro, y pasando los dedos ligeros como una pluma, sobre las manzanas de mis mejillas. Sus dedos se detuvieron, mientras susurraba una palabra, una palabra emocionalmente llena, con la voz más dolorosamente desesperada y agravada...

Mi Britt-Britt.

Una lágrima se escapó de mi ojo y cayó sobre su mano.

Mi Britt-Britt.

El nombre perfecto de Santana para mí.

Mi Brittany.

Su chica.

Para el infinito.

Para siempre.

Un bulto arañó su rápido camino por mi garganta mientras la dulce palabra navegaba hacia mis oídos, perforando mi alma. Intenté con ahínco bajarlo para unirse con el resto del dolor de los últimos dos años, pero vencida y totalmente derrotada, no pude, y un sollozo largamente enjaulado se me escapó.

Con Santana tan cerca, nunca tuve una oportunidad.

A medida que el grito escapaba de mis labios, los ojos de Santana perdieron su frialdad y se suavizaron para brillar con lágrimas contenidas. Su cabeza se movió hacia delante y presionó su frente en la mía, trayendo sus dedos a presionarse sobre mis labios.

Respiré.

Respiró.

Y, en contra de mi mejor juicio, me dejé fingir que los últimos dos años nunca
habían sucedido.

Me dejé fingir que no me había superado.

Que tampoco me había tenido que mudar.

Que todo el dolor y el sufrimiento nunca habían sido sentidos.

Y el negro vacío sin fondo que había sustituido mi corazón se llenó con luz, la luz más brillante posible.

Del amor de Santana.

De su toque y sus besos.

Pero ésta no era nuestra realidad.

Alguien tocó la puerta del cuarto de lavado, y la realidad regresó de vuelta, como una ola de tormenta cayendo en una playa con lluvia.

—¿Santana? ¿Estás ahí dentro?—llamó una voz femenina, una voz que reconocí como la de Dani.

Los ojos de Santana se abrieron mientras el golpe de Dani se hacía más fuerte. De inmediato se echó hacia atrás, mirándome.

Levantando mi mano, me limpié las lágrimas.

—Por favor... sólo déjame ir.

Traté de sonar confiada.

Quería decir más.

Pero no quedaba nada dentro de mí.

Ninguna fuerza para mantener esta pretensión.

Estaba lastimada.

Estaba escrito sobre mi cara a la vista de todos.

Colocando mi mano entre los pechos de Santana, la empujé para alejarla, necesitando salir. Me dejó moverla de mi camino, sólo para agarrar mi mano en la suya justo antes de llegar a la puerta. Cerré mis ojos, tratando de reunir la fuerza necesaria para rechazarlo de nuevo. Cuando lo hice, más lágrimas cayeron.

Santana estaba mirando fijamente a nuestras manos unidas, sus largas pestañas oscuras con lágrimas restringidas.

—Santana—susurré y sus ojos se levantaron ante el sonido de mi voz—Por favor—rogué, mientras Dani volvía a tocar.

Ella me sostuvo con más fuerza.

—¿Santana?—gritó Dani, más fuerte—Sé que estás ahí dentro.

Di un paso más cerca de Santana. Observaba cada movimiento con una profunda intensidad. Cuando alcancé su pecho, la miré permitiendo que su mano mantuviera su agarre sobre la mía. Encontré sus ojos, reconociendo la confusión en su rostro.

Traje mi mano libre hasta su boca y pasé las yemas de mis dedos sobre su grueso labio inferior. Sonreí con tristeza, recordando cómo se sentían presionados contra los míos.

Tracé el arco definido, dejando que las lágrimas cayeran mientras decía:

—Me mató cuando te alejé, Santana. Me mataba saber lo que estabas haciendo al otro lado del océano—inhalé temblorosa—Pero nada me ha herido más alguna vez como verte besar a esa chica.

Santana palideció, sus mejillas se volvieron cenizas.

Sacudí mi cabeza.

—No tengo derecho a estar celosa. Todo esto es mi culpa. Todo, lo sé. Sin embargo, estoy tan celosa, tan herida, que siento como si pudiera morir a causa de este dolor—bajé mi mano de su boca. Mirándola, rogándole con mis ojos, añadí—Así que, por favor... por favor, déjame ir. No puedo estar aquí, no en este momento.

Santana no se movió.

Pude ver la sorpresa en su rostro.

Usando eso para mi ventaja, saqué mi mano de la suya e inmediatamente abrí la puerta. Sin mirar hacia atrás o tomarme tiempo para hacer una pausa, la atravesé, empujando a Dani quien estaba esperando, con rabia, en el pasillo.

Y corrí.

Corrí pasando junto a Kitty y a Rachel, más allá de Marley y Quinn, quienes
se habían reunido en el pasillo para ver el drama que se desarrollaba.

Corrí a través de los muchos estudiantes borrachos de pie.

Corrí hasta que salí al aire fresco de la noche.

Y entonces corrí de nuevo.

Simplemente corrí tan rápido como pude, lo más lejos de Santana que pude manejar.

—¡Santana!—escuché una voz aguda en la distancia, seguida por una voz que añadió—¿A dónde vas? ¡Santana!

Pero no dejé que eso me detuviera.

Girando bruscamente a la derecha, vi la entrada del parque. Estaba oscuro, y el parque no estaba bien iluminado, pero era el acceso directo a casa.

En ese momento daría cualquier cosa por estar en casa.

La puerta estaba abierta.

Dejé que mis pies marcaran el camino a través del oscuro camino arbolado, guiándome más profundamente en el centro del parque.

Mi respiración era dificultosa.

Me dolían los pies mientras las plantas golpeaban el duro asfalto a través de mis bailarinas.

Me giré hacia la izquierda, en dirección a la arboleda, cuando escuché pasos detrás de mí.

De repente, asustada, volví mi cabeza.

Santana estaba corriendo detrás de mí.

Mi corazón se aceleró más rápido, pero esta vez no tenía nada que ver con el esfuerzo, y mucho que ver con esa mirada de determinación en el rostro de Santana.

Rápidamente, Santana estaba alcanzándome.

Corrí por unos metros más, entonces me di cuenta que era inútil. Mientas entraba en la arboleda, un lugar que conocía tan bien, un lugar que ella conocía tan bien, reduje el paso, finalmente deteniéndome por completo.

Un momento más tarde, escuché a Santana entrar en la arboleda de árboles vacíos. Escuché su dura respiración golpeando el aire fresco.

La sentí moverse detrás de mí.

Lentamente, giré sobre mis talones y me enfrenté a Santana.

Ambas manos estaban en su pelo, agarrando las hebras. Sus ojos estaban poseídos, torturados.

El aire que nos rodeaba crujía con la tensión mientras nos mirábamos fijamente la una a la otra, en silencio, con pechos agitados y mejillas sonrojadas.

Entonces la mirada de Santana cayó a mis labios y avanzó hacia adelante. Dio dos pasos y dejó salir una sola pregunta áspera.

—¿Por qué?

Apretó sus dientes mientras esperaba mi respuesta. Dejé caer mi mirada, lágrimas llenando mis ojos. Sacudí mi cabeza, y rogué:

—Por favor... no...

Santana pasó su mano por su cara. Esa expresión terca que conocía tan bien se extendió a través de sus rasgos.

—¡No! Dios, Brittany. ¿Por qué? ¿Por qué lo hiciste?

Fui momentáneamente distraída por el espesor de su acento, una capa áspera en su ya baja voz, grave. Cuando era un niña, durante los años aquí su acento español había disminuido un poco. Pero ahora, su inglés estaba cubierto por un pesado acento.

Me recordaba el día que nos conocimos fuera de su casa, a los cinco años.

Pero cuando vi su cara enrojecer con ira, me recordó rápidamente que en este momento eso no importaba.

Ya no teníamos cinco.

Nada era inocente.

Habían ocurrido demasiadas cosas.

Y todavía no podía decirle.

—Brittany—insistió, alzando la voz, mientras daba un paso aún más cerca—¿Por qué demonios lo hiciste? ¿Por qué nunca me llamaste de vuelta? ¿Por qué se mudaron? ¿Dónde demonios has estado? ¿Qué demonios pasó?

Santana empezó a pasearse, su cuerpo tensándose bajo su camiseta.

Un viento frío sopló a través de la arboleda y meció su pelo hacia atrás. Deteniéndose de golpe, me enfrentó y espetó:

—Lo prometiste. Me prometiste que me esperarías a que regresara. Todo iba bien, hasta que un día llamé y no respondiste. Llamé y llamé, pero nunca respondiste. Ni un texto, ¡nada!—se movió hasta que sus pies estuvieron justo contra los míos, elevándose por encima de mí—¡Dime! Dímelo ahora mismo—su piel estaba coloreada con el enrojecimiento nacido de su ira—¡Merezco saber, maldita sea!

Me estremecí por la agresión en su voz. Me encogí ante el veneno en sus palabras.

Me encogí ante la extraña de pie delante de mí.

La antigua Santana nunca me hubiera hablado así. Pero entonces recordé que no era la Santana de antes.

—N… No puedo—tartamudeé, apenas en un susurro. Levantando mis ojos, vi la mirada de incredulidad en su rostro—Por favor, Santana—supliqué—No presiones esto. Sólo déjalo—tragué, entonces me obligué a decir—Déjanos... déjanos en el pasado. Debemos seguir.

La cabeza de la Santana se movió bruscamente hacia atrás como si la hubiera golpeado.

Entonces se rió.

Se rió, pero el sonido no contenía ningún humor.

Estaba enlazado con furia, recubierto con rabia.

Santana dio un paso hacia atrás. Sus manos temblaban a sus costados y se rió una vez más.

Fríamente, exigió:

—Dime.

Sacudí mi cabeza, tratando de protestar y ella levantó sus manos hacia su pelo con frustración.

—Dímelo—repitió.

Su voz había bajado una octava e irradiaba amenaza.

Esta vez no sacudí mi cabeza.

La tristeza me había dejado inmóvil.

La tristeza de ver a Santana así.

Ella siempre era tranquila y retraída.

Su mamá me había dicho en más de una ocasión que Santana siempre había sido una niña hosca.

Siempre había temido que le daría problemas.

Me había dicho que su predisposición innata había sido ser cínica con la gente y para mantenerse para sí misma.

Incluso de niña notó un aire de mal humor en mi morena, su inclinación a ser negativa en lugar de positivo.

Pero entonces ella te encontró, dijo ella.

Te encontró.

Le enseñaste, a través de tus palabras y acciones, que la vida no siempre tiene que ser tan seria. Que la vida era para ser vivida. Que la vida era una gran aventura, para ser vivida completa y al máximo.


Su mamá había estado en lo cierto todo este tiempo.

Me di cuenta, mientras observaba la oscuridad exudar de esta chica, que este era la Santana que la señora López había esperado, no, temido, que se convertiría.

Este era el malhumor innato que ella sabía que se albergaba debajo de la superficie de su hija.

Una predilección a la oscuridad, no hacia la luz.

Permaneciendo tranquila, decidí darle la espalda. Dejar a Santana sola con su rabia.

Corazones de rayo de luna y sonrisas soleadas, repasé el mantra de mi abuelita en mi cabeza.

Cerré mis ojos y me obligué a repeler el dolor tratando de inundarme. Traté de evitar este dolor en mi pecho, el dolor que me decía lo que no quería creer.

Que yo le había hecho esto a Santana.

Quería moverme hacia adelante, irme, tomar el control de la auto-preservación.

Mientras lo hacía, sentí dedos desesperados envolverse alrededor de mi muñeca y girándome de nuevo.

Las pupilas de la Santana casi habían consumido todo excepto sus cristalinos iris.

—¡No! Detente justo aquí. Detente justo aquí y dime—tomó una larga respiración y, perdiendo todo el control, gritó—¡Dime por qué demonios me dejaste completamente sola!

Esta vez, su cólera estaba desbordada.

Esta vez, sus duras palabras contenían la fuerza de un golpe en el rostro.

La arboleda ante mí se desdibujó; me tomó un tiempo darme cuenta que eran mis lágrimas las que nublaban mi visión.

Una lágrima cayó en mi mejilla y la mirada oscura de Santana no se alteró.

—¿Quién eres tú?—susurré.

Sacudí mi cabeza, mientras Santana seguía mirando fijamente, un ligero endurecimiento en la esquina de sus ojos la única evidencia que mis palabras tuvieron algún efecto.

—¿Quién eres en este momento?—miré hacia sus dedos, todavía alrededor de mi muñeca. Sintiendo la garganta estrecha, dije—¿Dónde está la chica que amo?—arriesgando una mirada más hacia su rostro, susurré—¿Dónde está mi Santana? ¿Mi Sanny?

De repente, Santana arrancó sus dedos de mi brazo como si mi piel estuviera hirviendo al tacto. Una risa desagradable se derramó de sus labios mientras me miraba fijamente.

Su mano se levantó para acariciar delicadamente mi pelo, una suavidad contradictoria en el gesto comparado con el veneno con que habló.

—¿Quieres saber a dónde fue a parar esa chica?

Tragué mientras ella buscaba en cada parte de mi rostro, cada rasgo excepto mis ojos.

—¿Quieres saber a dónde fue tu Santana?—su labio se curvó con disgusto.

Como si mi Santana fuera alguien indigno.

Como si mi Santana no fuera digno de todo el amor que tenía por ella.

Inclinándose, encontró mis ojos, su mirada tan severa que lanzó escalofríos por mi espina dorsal.

Con dureza, susurró:

—Esa Santana murió cuando la dejaste sola.

Traté de darme la vuelta, pero Santana saltó en mi camino, haciéndome imposible escapar de su crueldad mordaz. Arrastré una dolida respiración, pero Santana no había terminado.

Podía ver en sus ojos que estaba lejos de haber terminado.

—Te esperé—dijo—Esperé y esperé que llamaras, que explicaras. Llamé a todos los que conocía aquí, tratando de encontrarte. Pero te habías desvanecido. Te fuiste a cuidar de alguna tía enferma, que sé que no existe. Tu papá no quiso hablar conmigo cuando lo intenté; todos me dejaron fuera.

Sus labios se apretaron como si reviviera el dolor.

Lo vi.

Lo vi en cada uno de sus movimientos, en cada una de sus palabras; había sido transportado de nuevo a ese lugar doloroso.

—Me dije que fuera paciente, que me explicarías todo con el tiempo. Pero mientras los días se convirtieron en semanas y las semanas se convirtieron en meses, dejé de esperar con esperanza. En lugar de ello, dejé entrar al dolor. Dejé entrar la oscuridad que tú creaste. Cuando un año llegó y se fue, y mis cartas y mensajes no obtuvieron respuesta, dejé que el dolor se apoderara de mí hasta que no quedó nada de la antigua Santana. Porque no podía mirarme en el espejo un día más, no podía caminar en los zapatos de esa Santana por un maldito día más. Porque ese era la Santana que te tenía. Esa Santana era la Santana que tenía a Mi Britt-Britt. Esa Santana era la que tenía un corazón completo. Tu mitad y la mía. Pero tu mitad me abandonó. Se fue, y permitió que lo que tengo ahora echara raíces. Oscuridad. Dolor. Una carga de mierda de ira—se inclinó hasta que su respiración cayó sobre mi cara—Tú me hiciste así, Brittany. La Santana que conocías murió cuando te convertiste en una perra y rompiste cada promesa que alguna vez hiciste.

Me tambaleé hacia atrás, desequilibrada por sus palabras.

Sus palabras que eran como balas a mi corazón.

Santana me miraba sin mostrar culpa y no vi ninguna simpatía en su mirada.

Sólo la fría y dura verdad.

Ella quería decir cada palabra.

Luego, siguiendo su ejemplo, dejé que la ira tomara el control. Entregué las riendas a todo el enojo que sentía. Me apresuré hacia adelante y empujé.

Sin esperar que se moviera, me sorprendió cuando retrocedió un solo paso, antes de recuperar rápidamente su terrero

Pero no me detuve.

Volé hacia ella de nuevo, lágrimas ardientes corrían por mi rostro. Empujé y empujé su pecho.

Firmemente parada, Santana no se movió.

Así que seguí.

Un sollozo escapó de mi boca mientras la golpeaba mientras soltaba todo lo que se había construido dentro de mí.

—¡Te odio!—grité a todo pulmón—¡Te odio por esto! ¡Odio esta persona que eres ahora! ¡Lo odio, te odio!—me ahogué con mis gritos y me tambaleé hacia atrás, exhausta.

Al ver su mirada todavía firmemente dirigida hacia mí, usé la última gota de mi energía para gritar:

—¡Te estaba salvando!—respiré profundamente durante unos momentos, luego añadí, en voz baja—¡Te estaba salvando, Santana! Te estaba salvando del dolor. Te estaba salvando de sentirte impotente, como todos los demás que amaba.

Las cejas oscuras de Santana se convirtieron en una línea dura sobre sus ojos.

La confusión distorsionaba su hermoso rostro.

Di un paso atrás una vez más.

—Porque no podía verte, no podía soportar la idea que vieras lo que iba a pasarme. No podría soportar hacértelo cuando estabas tan lejos—los sollozos dejaron mi garganta.

Tantos sollozos que mi pecho comenzó a jadear a través del esfuerzo.

Tosí, aclarando mi garganta y moviéndome hacia adelante, donde Santana estaba de pie inmóvil, como una estatua.

Apoyando mi mano sobre mi corazón, dije con voz ronca:

—Tuve que luchar. Tuve que dar mi todo. Tuve que intentarlo. Y te quería conmigo más de lo que puedas imaginar alguna vez—mis pestañas mojadas comenzaron a secarse con la brisa fresca—Habrías dejado todo para tratar de llegar a mí. Ya odiabas a tus padres, odiabas tu vida en Santo Domingo; podía oírlo cada vez que hablábamos. Te habías vuelto tan resentida. ¿Cómo podrías alguna vez haber posiblemente hecho frente a esto?

Mi cabeza latía, un fuerte dolor de cabeza tomando el control.

Tenía que irme.

Tenía que dejarlo todo.

Retrocedí.

Santana permanecía mortalmente quieta.

Ni siquiera estaba segura que hubiera parpadeado.

—Tengo que irme, Santana—agarré a mi pecho, sabiendo que el último pedazo de mí se rompería con lo que dije a continuación—Vamos a dejar esto aquí, en la arboleda que tanto amamos. Déjanos terminamos lo que sea que teníamos... lo que sea que éramos—mi voz casi se había desvanecido a la nada, pero con un empuje final, susurré—Permaneceré lejos de ti. Permanecerás lejos de mí. Finalmente nos pondremos en paz. Porque tiene que ser así—bajé mis ojos, sin querer ver el dolor en los ojos de Santana—No puedo soportar todo el dolor—me reí débilmente—Necesito corazones de rayo de luna y sonrisas soleadas—sonreí para mí—Es lo que me mantiene en marcha. No voy a dejar de creer en un mundo hermoso. No voy a dejar que me rompa—me obligué a mirar a Santana—Y no voy a ser la causa de más dolor para ti.

Mientras volvía mi cabeza, vi una fisura de agonía fracturar la expresión de Santana.

Pero no me detuve.

Corrí.

Corrí rápido, solo logrando pasar a mi árbol favorito cuando Santana agarró mi brazo y me hizo girar de nuevo.

—¿Qué?—exigió—¿De qué demonios estás hablando?—estaba respirando con dureza—¡Simplemente no explicaste nada! Hablaste de salvarme y protegerme. Pero, ¿de qué? ¿Qué pensaste que no podría manejar?

—Santana, por favor—rogué y la empujé lejos.

Estuvo sobre mí en un instante, manos sobre mis hombros, anclándome en el lugar.

—¡Contéstame! —gritó.

La empujé otra vez.

—¡Déjame ir!—mi corazón se aceleró con agitación.

Mi piel se erizó.

Me di la vuelta para irme de nuevo, pero sus manos me mantuvieron inmóvil. Luché y luché, tratando de escapar, por una vez, tratando de huir del árbol cuyo refugio siempre me trajo consuelo.

—¡Déjame ir!—grité de nuevo.

Santana se inclinó.

—No, dime. ¡Explícate!—gritó de vuelta.

—San…

—¡Explica!—gritó, interrumpiéndome.

Sacudí mi cabeza más rápido, tratando, en vano, de escapar.

—¡Por favor! ¡Por favor!—supliqué.

—¡Brittany!

—¡NO!

—¡EXPLICA!

—¡ESTOY MURIENDO!—grité hacia la arboleda en silencio, incapaz de aguantarlo más—Estoy muriendo—añadí sin aliento—Estoy… muriendo…

Mientras me aferraba a mi pecho, tratando de recuperar mi aliento, la enormidad de lo que había hecho se filtró lentamente en mi cerebro.

Mi corazón latía con fuerza.

Latía del impacto del pánico.

Latía y se aceleraba con el conocimiento aterrador de lo que acababa de admitir... de lo que acababa de confesar.

Seguí mirando fijamente hacia el suelo.

En algún lugar de mi cerebro, se había registrado que las manos de Santana se habían congelado en mis hombros.

Mientras sentía el calor de sus palmas, también me di cuenta que estaban temblando. Escuché su aliento, arrastrado y dificultoso.

Me obligué a levantar la mirada y fijarla en la de Santana. Sus ojos estaban muy abiertos y atormentados con dolor.

En ese momento, me odiaba a mí misma.

Porque esa mirada en sus ojos, esa atormentada mirada consumida, fue la razón por la que había roto mi promesa con ella hace dos años.

Era por eso que había tenido que dejarla en libertad.

Al final resultó que, en cambio sólo lo había encerrado con barras de rabia.

—Britt...—susurró, con su acento pesado, mientras su rostro palidecía al más blanco de los blancos.

—Tengo linfoma de Hodgkin. Está avanzado. Y es terminal—mi voz temblaba cuando añadí—Tengo cuestión de unos meses de vida, Sanny. No hay nada que nadie pueda hacer.

Esperé.

Esperé para ver lo que Santana tenía que decir, pero no dijo nada. En cambio, retrocedió. Sus ojos recorrieron mi rostro, buscando cualquier señal de engaño.

Cuando no encontró ninguna, sacudió su cabeza.

Un silencioso “no” dejó su boca.

Luego corrió.

Me dio la espalda, y corrió.




Pasaron muchos minutos antes que encontrara la fuerza para moverme.

Pasaron diez minutos después de eso cuando entré por la puerta de mi casa, donde mi mamá y papá estaban sentados con los López.

Pero sólo pasaron unos segundos después de verme cuando mi mamá corrió hacia donde estaba parada, y caí en sus brazos.

Donde rompí mi corazón por el corazón que acababa de romper.

El que siempre me había esforzado por salvar.




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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

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Mensaje por 3:) el Jue Nov 17, 2016 2:25 am

Hola morra...

Nuuuuuu en serio va a morir???? Tan rápido???
Era un mal necesario como lo vio britt al alejarce de san... Pero en la vida ahí causa y efecto.... Y eso fue lo que paso con san, se fue muriendo con el tiempo!!!!... Por no tomar en cuenta su opinión!!!!
A ver que pasa ahora???? La primera reacción alte el shok puede que sea normal.... Añpara que lo asimile!!! A ve el después y sincomprnde el motivo por el que britt lo hizo???

Nos vemos!!!!

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Mensaje por JVM el Jue Nov 17, 2016 3:25 am

Pues vaya noche, el supuesto beso de San con Daño, el primer acercamiento entre ellas en la fiesta ....y lo que siguió fue un caos de reclamos, dolor y verdades.
San le dijo a Britt todo lo que le dolió y lo que le hizo al haberla alejado así de su vida, sin embargo al saber la verdad pues creó que fue demasiado fuerte para asimilarla, ahora haber como regresa con su Britt Britt, después de que entienda todo y como empieza a luchar con ella, porque obvio no se va a rendir siendo que su rubia es su vida.

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Mensaje por vhere pao el Jue Nov 17, 2016 4:12 pm

omg no puedo creer aunque ya tenia mi sospecha de que pudiera estar enferma pero no pense que se fuera a morir rapido pobre san no pudo con esa noticia que le dijo britt-britt ahora me supongo que regresara con su britt-britt para estar con ella en lo que le queda de vida

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Mensaje por micky morales el Jue Nov 17, 2016 7:26 pm

Esto es peor de lo que pense, es una p.... injusticia!!!!! solo queda esperar la reaccion de sannny luego de esta devastadora noticia, y si no hay remedio esperar que esten juntas el tiempo que este dispuesto para brit-britt!!!!

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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Nov 17, 2016 8:31 pm

Que dificil, ahora creo que semejante cosa Santana no lo esperaba, ahi quedaron sus barreras.... Pero no quiero que Britt muera....
Esta historia esta impresionante, siempre estoy a la espera de un cap. mas......

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Mensaje por 23l1 el Jue Nov 17, 2016 11:02 pm

3:) escribió:Hola morra...

Nuuuuuu en serio va a morir???? Tan rápido???
Era un mal necesario como lo vio britt al alejarce de san... Pero en la vida ahí causa y efecto.... Y eso fue lo que paso con san, se fue muriendo con el tiempo!!!!... Por no tomar en cuenta su opinión!!!!
A ver que pasa ahora???? La primera reacción alte el shok puede que sea normal.... Añpara que lo asimile!!! A ve el después y sincomprnde el motivo por el que britt lo hizo???

Nos vemos!!!!



Hola lu, si =( sip =( Mmmm si lo vemos de su punto de vista si que lo fue, pero también tienes razón en lo que dices... todo tiene su consecuencia =/ Esperemos y las cosas mejoren. Yo pienso que fue normal, osea recibir esa noticia merece una reacción así, no¿? Aquí el siguiente cap para saber mas! Saludos =D





JVM escribió:Pues vaya noche, el supuesto beso de San con Daño, el primer acercamiento entre ellas en la fiesta ....y lo que siguió fue un caos de reclamos, dolor y verdades.
San le dijo a Britt todo lo que le dolió y lo que le hizo al haberla alejado así de su vida, sin embargo al saber la verdad pues creó que fue demasiado fuerte para asimilarla, ahora haber como regresa con su Britt Britt, después de que entienda todo y como empieza a luchar con ella, porque obvio no se va a rendir siendo que su rubia es su vida.



Hola, si q la fue =/ Ambas supieron las verdades de la otra y las dejaron expuestas para q ambas tomaran las cosas como son... Espero tmbn que se de cuenta q tiene que luchar por pasar los ultimos momentos juntas =/ Saludos =D





vhere pao escribió:omg no puedo creer aunque ya tenia mi sospecha de que pudiera estar enferma pero no pense que se fuera a morir rapido pobre san no pudo con esa noticia que le dijo britt-britt ahora me supongo que regresara con su britt-britt para estar con ella en lo que le queda de vida




Hola, =/ si esto esta mal! muy mal! Espero y tome la mejor decisión y no pierdan el poco tiempo que les queda juntas =/ Saludos =D




micky morales escribió:Esto es peor de lo que pense, es una p.... injusticia!!!!! solo queda esperar la reaccion de sannny luego de esta devastadora noticia, y si no hay remedio esperar que esten juntas el tiempo que este dispuesto para brit-britt!!!!



Hola, si que lo es =( si que lo =( San va tener que tomar una reacción y una decisión... esperemos y sea la mejor y no demore en llegar... no tienen suficiente tiempo =( Saludos =D





marthagr81@yahoo.es escribió:Que dificil, ahora creo que semejante cosa Santana no lo esperaba, ahi quedaron sus barreras.... Pero no quiero que Britt muera....
Esta historia esta impresionante, siempre estoy a la espera de un cap. mas......



Hola, si que lo es =/ No, y creo que nadie al vrdd =/ Esk las barreras no estan cuando se trate de su britt-britt. Ni yo =( Jajajajajaj que bueno q te vaya gustando, aquí te dejo el siguiente cap! Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Cap 8 - PI

Mensaje por 23l1 el Jue Nov 17, 2016 11:16 pm

Capitulo 8 Parte I


Respiraciones Dispersas y Almas Encantadas…





Santana



ESTOY MURIENDO… Estoy muriendo… muriendo… Tengo linfoma de Hodgkin. Es avanzada. Y es terminal… tengo cuestión de meses de vida, Sanny. No hay nada que alguien pueda hacer…

Corrí a través de la oscuridad del parque mientras las palabras de Brittany daban vueltas y vueltas en mi mente.

ESTOY MURIENDO… muriendo… tengo cuestión de meses de vida, Sanny. No hay nada que alguien pueda hacer…

Dolor, como el que nunca creí que fuera posible, atravesó mi corazón. Se deslizó, apuñalando y vibrando hasta que mis pies se deslizaron hasta detenerse y caí de rodillas.

Traté de respirar, pero el dolor apenas acababa de comenzar, para pasar a extraer a través de mis pulmones hasta que no quedó nada. Viajó con la velocidad del rayo a través de mi cuerpo, teniendo todo, hasta que sólo quedó el dolor.

Me había equivocado.

Había estado tan mal.

Había pensado que Brittany apartándome durante dos años fue el dolor más grande que alguna vez tuve que soportar.

Había cambiado, fundamentalmente me cambió.

Rota, simplemente congelándome hasta estar herida... Pero esto... esto...

Cayendo hacia delante, paralizada por el dolor en el estómago, rugí en la oscuridad del parque vacío. Mis manos arañando la dura tierra bajo mis palmas, ramas entre mis dedos, arrancándome las uñas.

Pero me dio la bienvenida.

Este dolor que podía hacerle frente, pero el dolor en el interior...

El rostro de Brittany cruzó por mi mente.

Su jodido rostro perfecto al entrar en la sala esta noche.

Su rostro sonriente buscando a Kitty y Marley.

Su sonrisa se desvaneció de sus labios cuando sus ojos se encontraron con los míos. Vi el instante de devastación en su rostro cuando vio a Dani sentada a mi lado, mi brazo alrededor de sus hombros.

Lo que no había visto era que yo la observaba desde la ventana de la cocina mientras se sentaba afuera con Rachel.

Ella no me había visto llegar cuando yo nunca había planeado estar ahí en primer lugar. Cuando Quinn me envió un mensaje de que Brittany había llegado, nada podía detenerme.

Me había ignorado.

Desde el momento en que la vi en el pasillo la semana pasada, nunca había dicho una palabra.

Y me mató.

Pensé cuando volví de Lima, Ohio que habría respuestas. Pensé que descubriría por qué ella me apartó.

Me atraganté con un sollozo ahogado.

Nunca, nunca, en mis sueños más salvajes, pensé que podría ser algo como esto.

Porque es Brittany.

Mi Britt-Britt.

Mi Brittany.

No podía morir.

No podía dejarme atrás.

No podía dejarnos a cualquiera de nosotros atrás.

Nada tenía sentido si ella no estaba cerca.

Tenía más vida que vivir.

Estaba destinada a estar conmigo por la eternidad.

Brittany y Santana hasta el infinito.

Para siempre.

¿Meses?

No podía...

No podía...

Mi cuerpo se sacudió mientras otro sollozo surgió de mi garganta, la sensación de este dolor, no menos como si estuviera siendo colgada, arrastrada y descuartizada.

Las lágrimas caían libremente por mi rostro, cayendo a la tierra seca por debajo de mis manos. Mi cuerpo estaba atrapado en su lugar, mis piernas se negaron a moverse.

No sabía qué hacer.

¿Qué demonios debía hacer?

¿Cómo puedes superar no ser capaz de ayudar?

Al inclinar la cabeza hacia atrás hacia el cielo lleno de estrellas, cerré los ojos.

—Britt—dije en voz baja, mientras la sal de mis lágrimas llegaba a mi boca—Mi Britt-Britt—murmuré de nuevo, mi cariño a la nada en la brisa.

En mi mente vi los ojos azules de Brittany, tan real como si estuviera sentada frente a mí...

Tengo cuestión de meses de vida, Sanny. No hay nada que nadie pueda hacer...

Esta vez mis gritos no se obstruyeron en mi garganta.

Fueron liberados y eran muchos.

Mi cuerpo se estremeció con la fuerza de ellos cuando pensaba en lo que ella debió haber pasado.

Sin mí.

Sin mí a su lado, sosteniendo su mano.

Sin besarle la cabeza.

Sin mí, sosteniéndola en mis brazos cuando estaba triste, cuando el tratamiento la debilitó.

Pensé en ella enfrentando todo el dolor con sólo la mitad de un corazón. La mitad de su alma luchando para hacer frente sin su contraparte.

La mía.

No estaba segura de cuánto tiempo pasé en el parque.

Se sentía como una eternidad hasta que fui capaz de pararme.

Y mientras caminaba, me sentí como una impostora en mi propio cuerpo. Como si estuviera atrapado en una pesadilla y cuando despertara me gustaría tener quince años de nuevo.

Nada de esto estaría sucediendo.

Me despertaría en la arboleda bajo nuestro árbol favorito, con Mi Britt-Britt en mis brazos. Ella se reiría de mí cuando me despierte, tirando de mi brazo alrededor de su cintura más estrecha. Levantaría su cabeza y bajaría la mía para besarla.

Y nos besaríamos.

Nos besaríamos y besaríamos.

Cuando me aparte, con la luz del sol en su cara, ella me sonreiría con los ojos todavía cerrados y diría en un susurro, “beso dos mil, cincuenta y tres.
En el bosque de la flor, debajo de nuestro árbol favorito. Con mi Sanny... Y mi corazón casi estalló”
.

Tomaría mi cámara en mis manos y me gustaría esperar, mi ojo listo en el lente para el momento en que abriría sus ojos.

Ese momento.

Ese momento mágico capturado, donde me gustaría ver en sus ojos lo mucho que me amaba.

Y yo le decía que la amaba también, mientras corría el dorso de la mano suavemente por su mejilla. Luego, colgaría esa foto en mi pared para que pudiera verla todos los días...

El sonido de un búho me sacó de mi aturdimiento.

Cuando parpadeé volviendo de la fantasía, me golpeó como un camión, era exactamente eso: una fantasía.

Entonces el dolor aumentó de nuevo y me clavó con la verdad.

No me atrevía a creer que estaba muriendo.

Mi visión borrosa por las lágrimas frescas, me tomó un momento darme cuenta que estaba en el árbol que me había imaginado en sueños.

En el cual siempre nos sentábamos.

Pero cuando miré hacia arriba en la oscuridad, con el viento fresco batiendo a través de sus ramas, mi estómago se revolvió. Las ramas desnudas de hojas, sus delgados brazos girando y girando, todas reflejaban este momento en el tiempo.

El momento en que supe que mi chica se iba.

Me obligué a caminar; de alguna manera, mis pies me llevaron a casa. Pero mientras caminaba, mi mente era un revoltijo de incertidumbre dispersada, negándose a precisar nada en el estómago.

No sabía qué hacer, dónde ir.

Las lágrimas se derramaban sin cesar de mis ojos; el dolor dentro de mi cuerpo se estaba asentando en un nuevo hogar.

Ninguna parte de mí estaba excusada.

Lo hice para salvarte...

Nada me podría salvar de esto.

La idea de ella tan enferma, luchando por mantener la luz que tenía esa sonrisa radiante tan brillante atenuándose, me destruyó.


Al llegar a mi casa, me quedé mirando al otro lado de la ventana que me había cautivado durante doce años.

Sabía que ella estaba en el lado opuesto.

La casa estaba a oscuras. Pero a medida que movía los pies hacia adelante, poco a poco a un punto muerto.

No pude... No pude hacerle frente a ella... No pude…

Girando sobre mis talones, corrí por las escaleras a mi casa y entré por la puerta. Lágrimas de rabia y tristeza se rasgaban a través de mí, tanto en la lucha por la dominación.

Estaba cada vez más desgarrada desde el interior.

Pasé por la sala de estar.

—¡Tana!—dijo mi mamá.

Al instante oí la voz entrecortada.

Mis pies se detuvieron.

Cuando me enfrenté a mi mamá, que estaba de pie del sofá, vi lágrimas por sus mejillas.

Me golpeó como un martillazo.

Ella sabía.

Mamá dio un paso adelante, su mano extendida. La miré fijamente, pero no podía tomarla.

No pude...

Corrí a mi habitación. Pasé a través de la puerta y luego me quedé ahí. Me puse en punto muerto y miré alrededor, en busca de una idea de qué hacer a continuación.

Pero no lo sabía.

Mis manos se levantaron hacía mi pelo y agarraron algunas hebras. Me atraganté con los sonidos que salían de mi boca. Me ahogué en las malditas lágrimas que caían por mis mejillas, porque no sabía qué diablos hacer.

Di un paso hacia adelante, luego me detuve. Me moví para ir a la cama, entonces me detuve.

Mi corazón latía de una manera lenta, ritmo dando tumbos.

Luché para arrastrar aire a través de mis pulmones obstruidos. Luché para no caer al suelo.

Y luego me rompí.

Dejé la ira impaciente libre.

Dejo que me infunda y me arrastre.

Llego a la cama, me incliné para agarrar el marco y, con un fuerte rugido, lo levanté con toda mi fuerza, volcando el colchón y la robusta estructura de madera.

Caminé a mi escritorio y, con un golpe, quité todo lo que había encima. Tomando mi portátil antes de que tocara el suelo, girando donde estaba y lo lancé contra la pared. Se hizo añicos, pero no sirvió de nada.

Nada estaba ayudando.

El dolor estaba todavía aquí.

La verdad desgarradora.

Las lágrimas malditas.

Apretando los puños, tiré la cabeza hacia atrás y grité.

Grité y grité hasta que mi voz era áspera y mi garganta estaba en carne viva.

Cayendo de rodillas, me dejo ahogar en este duelo.

Entonces oí la puerta abierta y levanté la vista. Mi mamá entró. Negué con la cabeza, levantando la mano para evitarla. Pero ella siguió.

—No—dije con voz áspera, tratando de salir de su camino.

Pero no escuchó, en lugar de eso se dejó caer al suelo junto a mí.

—¡No!—espeté duramente, pero sus brazos extendidos se envolvieron alrededor de mi cuello—¡No!—luché, pero me atrajo hacia ella, y he perdido toda la pelea.

Me derrumbé en sus brazos y lloré.

Grité y grité a los brazos de la mujer a la que apenas había hablado en dos años.

Pero en este momento, la necesitaba.

Necesitaba a alguien que entienda.

Entienda lo que la pérdida de Brittany significaría.

Así que dejé ir todo.

Me aferré a ella con tanta fuerza que pensé que le dejaría un hematoma. Pero mi mamá no se movió; lloró conmigo. Se sentó en silencio, sosteniendo
mi cabeza ya que había perdido toda fuerza.

Entonces oí un movimiento en la puerta.

Mi papá nos miraba con lágrimas en los ojos, la tristeza en su rostro.

Y reavivó la llama en el estómago.

Al ver al hombre que me llevó lejos, que me obligó a dejar a Brittany cuando más me necesitaba, rompió algo en mi interior.

Empujando hacia atrás a mamá, le susurré a él:

—Vete.

Mi mamá se puso rígida y la empujé aún más, mirando a mi papá. Él levantó las manos, sorpresa ahora grabada en su rostro.

—Tana...—dijo con voz tranquila.

Sólo alimentó las llamas.

—¡He dicho que te vayas!—trastabillé.

Mi papá echó un vistazo a mi mamá. Cuando volvió a mirar hacia mí, mis manos estaban apretadas.

Abracé la rabia ardiendo dentro de mí.

—Tana, hija. Estás conmocionada, estás dañando…

—¿Dañando? ¿Dañando? ¡No tienes ni maldita idea!—rugí y me acerqué un paso más cerca de donde se encontraba.

Mi mamá se puso de pie. La ignoré mientras trataba de entrar en mi camino. Mi papá se adelantó y la empujó detrás de él y hacia el pasillo. Mi papá cerró la puerta ligeramente, bloqueando su salida.

—Lárgate—dije por última vez, sintiendo todo el odio que sentía por este hombre hirviendo a la superficie.

—Lo siento, hija—susurró y dejó caer una lágrima por su mejilla.

Tuvo la audacia de estar delante de mí y derramar una lágrima.

¡Él no tenía un maldito derecho!

—No—advertí, mi voz cortante y cruda—No te atrevas a estar ahí y llorar. No te atreves a estar ahí y decirme que lo sientes. No tenías ninguna maldita razón cuando fuiste el que me llevó lejos. Tú me apartaste de ella cuando yo no quería ir. Me apartaste de ella mientras estaba enferma. Y ahora... ahora... ella está mu…

No pude terminar la frase.

No me atreví a decir esa palabra.

En su lugar, corrí.

Corrí hacia mi papá y cerré mis manos sobre su amplio pecho.

Se tambaleó hacia atrás y golpeó la pared.

—Santana—escuché el grito de mi mamá desde el pasillo.

Haciendo caso omiso de su petición y sin importar que fuera mucho más alto que yo, tome el collar de mi papá en mis manos y llevando mi cara justo enfrente de la suya.

—Me llevaste lejos por dos años. Y debido a que no estaba, me apartó para salvarme. A mí. Salvarme de la pena de estar tan lejos y no ser capaz de consolarla o abrazarla cuando estaba sufriendo. Lo hiciste, así no podía estar con ella mientras luchaba—tragué, pero me las arreglé para agregar— Y ahora es demasiado tarde. Ella tiene meses...—mi voz se rompió—Meses...—bajé mis manos y di un paso atrás, más lágrimas y dolor desgarrando. De espaldas a él, le dije—No hay vuelta atrás de esto. Nunca te perdonaré por llevarme lejos de ella. Nunca. Hemos terminado.

—Tana…

—No me digas así. Sal—gruñí—¡Fuera de mi habitación y lárgate de mi vida! Ya he terminado contigo. Ya está hecho.

Segundos después oí la puerta cerrarse y la casa quedó en silencio. Pero para mí, en este momento, la casa sonaba como si estuviera gritando.

Apartando el pelo de mi rostro, me dejé caer sobre el colchón volcado, luego apoyé la espalda contra la pared.


Durante unos minutos, o podrían haber sido horas, me quedé mirando a la nada.

Mi habitación estaba a oscuras salvo por la luz de una pequeña lámpara en la esquina de la habitación que de alguna manera había sobrevivido a mi rabia.

Alcé los ojos, y se fijaron en una foto que colgaba en la pared. Fruncí el ceño,
sabiendo que no la había puesto ahí. Mi mamá debe haberla colgado hoy cuando desempaqué mis cosas.

Y me quedé mirando.

Me le quedé mirando a Brittany, sólo unos días antes de irnos, bailando en la arboleda de cerezos, las flores de cerezo que amaba tanto en plena flor a su alrededor. Sus brazos estaban estirados hasta el cielo mientras giraba, su cabeza echada hacia atrás mientras reía.

Mi corazón se apretó al verla de esta manera.

Porque ésta era mi Mi Britt-Britt.

La chica que me hizo sonreír.

La chica por la que correría en la arboleda de cerezos, riendo y bailando hasta el final.

La que me dijo que me alejara de ella.

Me alejaré de ti. Te alejarás de mí. Finalmente podremos descansar…

Pero no pude.

No podía dejarla.

Ella no podía dejarme.

Ella me necesitaba y yo la necesitaba.

No me importaba lo que había dicho; no había forma en que la iba a dejar para soportar esto sola.

No podría, aunque tratara.

Antes de que pudiera pensar demasiado, salté en mis pies y corrí a la ventana. Tomé una mirada a la ventana opuesta a la mía y dejé que el instinto tomara el control. Tan silenciosamente cómo es posible, abrí mi ventana y pasé a través de ésta.

Mi corazón latía en conjunto con mis pies mientras golpeteé el césped. Me detuve en seco. Entonces, con una respiración profunda, puse mi mano debajo de la ventana y la subí.

Se movió.

Estaba desbloqueada.

Era como si no hubiera pasado el tiempo.

Subí y cerré suavemente la ventana. Una cortina estaba en el camino, algo que no estaba ahí antes.

En silencio, la empujé a un lado, di un paso hacia adelante, deteniéndome mientras bebía el salón familiar.

El perfume de aroma agradable de Brittany, el que siempre había usado, golpeó primero a mi nariz. Cerré los ojos, ahuyentando la pesadez en mi pecho.

Cuando los abrí de nuevo, mis ojos cayeron a Brittany en su cama. Su respiración era suave mientras dormía, frente a mí, su cuerpo iluminado sólo por el débil brillo de su lamparita.

Entonces mi estómago cayó.

¿Cómo demonios creía que alguna vez podría mantenerme alejada?

Aun si no me hubiera dicho por qué me cortó, habría encontrado la manera de regresar a ella.

Incluso a través de todo el sufrimiento, el dolor y la rabia, me he sentido atraída, como la polilla a la llama.

Nunca podría alejarme.

Pero mientras bebía de ella, sus labios rosas fruncidos en el sueño, su rostro
ruborizado con calidez, sentí como si una lanza hubiera estrellado contra mi pecho.

Iba a perderla.

Iba a perder a la única razón por la que vivía.

Me impulsé en mis pies. Luché para hacer frente al pensamiento. Las lágrimas cayeron en mis mejillas, justo cuando una tabla chirrió debajo de mí.

Apreté mis ojos cerrados.

Cuando mis ojos se abrieron, fue para ver a Brittany mirándome desde su cama, sus ojos pesados con el sueño. Entonces, claramente al ver mi cara, las lágrimas en mis mejillas y la aflicción en mis ojos, su expresión se transformó en una máscara de dolor y, lentamente, abrió sus brazos.

Fue instintivo.

Un poder primitivo que sólo Brittany tenía sobre mí.

Mis pies me arrastraron hacia adelante ante la visión de esos brazos; mis piernas fallaron finalmente cuando llegué a la cama, las rodillas golpeando el suelo, la cabeza cayendo en el regazo de Brittany.

Y, como un dique, estallé.

Las lágrimas vinieron abundantes y rápidas cuando Brittany envolvió sus brazos alrededor de mi cabeza. Levantando mis brazos, los envolví, apretado como el hierro, alrededor de su cintura.

Los dedos de Brittany acariciaron mi pelo mientras, temblando, me desmoroné en su regazo, las lágrimas empapando el camisón que cubría sus muslos.

—Shh—susurró Brittany, balanceándome de atrás hacia adelante.

El dulce sonido era como el cielo para mis oídos.

—Está bien—agregó.

Me golpeó duro que ella estaba consolándome. Pero no podía detener el dolor.

No podía detener la pena.

Y la abracé.

La abracé tan fuertemente que pensé que ella me pediría irme.

Pero no lo hizo y yo no lo haría.

No me atrevería a irme, por si cuando levantara mi cabeza ella no estuviera ahí.

La necesitaba para estar aquí.

La necesitaba para quedarse.

—Está bien—me tranquilizó de nuevo.

Esta vez, levanté la cabeza hasta que nuestros ojos se encontraron.

—No lo está—dije con voz ronca—Nada sobre esto está bien.

Los ojos de Brittany estaban brillando, pero sin que cayeran las lágrimas. En cambio, levantó mi rostro, un dedo bajo mi barbilla, y acarició mi mejilla húmeda con otro. La vi, sin respirar, mientras una pequeña sonrisa empezó a estirarse en sus labios.

Mi estómago dio una voltereta, la primera sensación que había sentido en mi cuerpo desde que el entumecimiento que siguió a su revelación me había sobrepasado.

—Ahí estás—dijo tan tranquilamente que casi lo perdí—Mi Sanny.

Mi corazón dejó de latir.

Su rostro se derritió en pura felicidad cuando sacó el pelo de mi frente y pasó la yema de los dedos por mi nariz y a lo largo del borde de mi mandíbula.

Me quedé completamente inmóvil, tratando de remitir este momento a la memoria, una foto en mi mente.

Sus manos en mi cara.

Esa mirada de felicidad, esa luz brillando desde adentro.

—Solía preguntarme cómo te veías, mayor. Me preguntaba si te habías cortado el pelo. Me preguntaba si habías crecido más, cambiado de tamaño. Me preguntaba si tus ojos habían permanecido igual—el lado de su labio se torció—Me preguntaba si te habías hecho más guapa, lo que parecía imposible para mí—su sonrisa cayó—Y veo que lo haces. Cuando te vi en el pasillo la semana pasada, no podía creer que estuvieras ahí, de pie frente a mí, más hermosa de lo que alguna vez podría haber imaginado—empujó juguetonamente en mi pelo—Con tu brillante pelo negro todavía más largo. Tus ojos de un oscuro tan vibrante como siempre lo han sido—los ojos de Brittany se encontraron con los míos y dijo en voz baja—Mi linda, linda latina.

Con los ojos cerrados mientras trataba de ahuyentar el nudo en mi garganta.

Cuando los abrí, ella estaba mirándome como siempre lo hacía, con completa adoración. Elevándome más alto en mis rodillas, me incline más cerca, viendo los ojos de Brittany suavizarse mientras presionaba mi frente con la suya, tan cuidadosamente como si fuera una muñeca de porcelana.

Tan pronto como se tocó nuestra piel, di una respiración larga y susurré:

Mi Britt-Britt.

Esta vez fueron las lágrimas de Brittany que cayeron en su regazo. Empujé mi mano en su pelo y la abracé:

—No llores, Mi Britt-Britt. No puedo soportar ver tus lágrimas.

—Confundes su significado—susurró a cambio.

Moví mi cabeza ligeramente hacia atrás, buscando sus ojos. La mirada de Brittany se encontró con la mía y sonrió. Pude ver la alegría en su hermoso rostro cuando explicó:

—Nunca pensé que te escucharía decirme esa palabra de nuevo—tragó saliva—Nunca pensé que te sentiría tan cerca de mí de nuevo. Nunca soñé que sentiría esto de nuevo.

—¿Sentir qué?—pregunté.

—Esto—dijo y llevó mi mano a su pecho.

Justo sobre su corazón.

Estaba acelerado.

Me quedé inmóvil, sintiendo algo en mi propio pecho agitándose de nuevo a la vida y luego dijo:

—Nunca pensé que alguna vez me sentiría completamente entera de nuevo—una lágrima cayó de su ojo y en mi mano, salpicando mi piel—Nunca pensé que recuperaría la mitad de mi corazón antes de que yo…—se fue apagando, pero ambas sabíamos lo que quería decir. Su sonrisa desapareció y su mirada pasó a través de la mía—Brittany y Santana. Dos mitades del mismo todo. Reunidas por última vez. Cuando es más importante.

—Britt…—dije, pero no podía eludir el látigo de dolor agrietándose profundo en mi interior.

Ella parpadeó, entonces parpadeó de nuevo, hasta que todas sus lágrimas se habían ido. Se me quedó mirando, dejando caer su cabeza hacia un lado, como si estuviera resolviendo un rompecabezas difícil.

—Britt—dije, mi voz ronca y áspera—Déjame quedarme un rato. No puedo…
No puedo… No sé qué hacer…

La cálida palma de Brittany aterrizó suavemente en mi mejilla:

—No hay nada que hacer, San. Nada que hacer más que capear el temporal.

Mis palabras quedaron atrapadas en mi garganta y cerré los ojos. Cuando los abrí de nuevo, estaba mirándome.

—No tengo miedo—me aseguró con confianza y pude ver que lo decía en serio.

Quería decirlo en un cien por ciento.

Mi Brittany.

Llena de valor y luz.

Nunca había estado más orgullosa de amarla de lo que lo estaba en ese momento.

Mi atención cayó a su cama, una cama que era más grande de la que había tenido hace dos años.

Cuando se sentó en el centro, se veía como una niña pequeña.

Claramente viéndome mirar la cama, Brittany arrastró los pies de nuevo. Podía detectar un borde de cautela en su expresión y no podía culparla.

Sabía que yo no era la chica que le había dicho adiós hace dos años.

Había cambiado.

No estaba segura de que podría ser su Santana nunca más.

Brittany tragó saliva, y después de un momento de vacilación, palmeó el colchón a su lado.

Mi corazón se aceleró.

Estaba dejándome quedar, después de todo.

Después de todo lo que había hecho desde que regresé, estaba dejándome quedar.

Haciéndome levantar, mis piernas se sentían inestables. Las lágrimas que habían manchado mis mejillas, dañando mi garganta con dolor y la pena, la revelación irreal sobre el dolor de la enfermedad de Brittany… Habían dejado un entumecimiento residual en mi cuerpo.

Cada centímetro de mí roto, parchado de nuevo con curitas, curitas sobre heridas abiertas.

Temporal.

Sin sentido.

Inútil.

Pateé mis zapatos, después subí en la cama. Brittany cambió para acostarse en su lado natural de la cama, y yo, torpemente, me recosté en la mía. En un movimiento tan familiar para nosotras, nos pusimos de lado y nos enfrentamos la una a la otra.

Pero no era tan familiar como lo fue una vez.

Brittany había cambiado.

Yo había cambiado.

Todo había cambiado.

Y no sabía cómo modificarlo.



Minutos y minutos de silencio pasaban.

Ella parecía contenta de verme.

Pero yo tenía una pregunta.

La única pregunta que había querido hacerle cuando se detuvo el contacto.

El pensamiento de que había excavado en mi interior, volviéndose oscuro por la falta de respuesta.

El único pensamiento que me hizo sentir enferma.

La única pregunta que todavía tenía el potencial de desgarrarme. Incluso ahora, cuando mi mundo ya no podía hacerse añicos.

—Pregúntame—dijo Brittany de repente, manteniendo su voz baja para no despertar a sus padres.

La sorpresa debió reflejarse en mi cara, porque ella se encogió de hombros,
viéndose tan condenadamente linda.

—Podría no conocer a la chica que eres ahora, pero reconozco esa expresión. La que está construyendo una pregunta.

Pasé mi dedo por la sábana entre nosotras, mi atención enfocada en el movimiento que estaba haciendo.

—Me conoces—susurré en respuesta, queriendo creer eso más que nada.

Porque Brittany era la única que realmente conocía a la verdadero yo.

Incluso ahora, escondida bajo toda esta rabia y furia, después de la distancia de dos años silenciosos, ella todavía conocía al corazón debajo.

Los dedos de Brittany se acercaron a los míos en el territorio neutral entre nosotras.

La tierra de nadie que separaba a nuestros cuerpos.

Mientras veía nuestras dos manos, presionando por la de la otra, pero sin llegar del todo, estaba envuelto con la necesidad de tener mi cámara, una necesidad que no había sentido durante mucho tiempo.

Quería este momento capturado.

Quería esta imagen.

Quería este momento en el tiempo, para aferrarme para siempre.

—Sé algunas de tus preguntas, creo—dijo Brittany, retirándome de nuevo de mis pensamientos.

Sus mejillas sonrojadas, de un color rosa profundo extendiéndose sobre su piel blanca.

—Seré sincera, ya que has regresado, no lo admito mucho. Pero hay momentos en que hay vistazos de la chica que amo. Lo suficiente para inspirar la esperanza de que ella todavía acecha por debajo—su cara era determinada—Creo, sobre todo, que quiero verla pelear a través de lo que tiene oculto. Creo que volver a verla es mi mayor deseo, antes de irme.

Aparté mi cabeza, poco dispuesta a escuchar su plática sobre irse, sobre la desilusión que yo era, sobre el hecho de que su tiempo se estaba acabando.

Entonces, como el acto de valor de un soldado, su mano rompió la distancia entre nosotras y la yema de su dedo rozó sobre la mía. Volteé mi cabeza de nuevo. Mis dedos se abrieron ante su toque. Brittany pasó la yema de su dedo a lo largo de la carne de mi palma, trazando las líneas.

El indicio de una sonrisa se dibujó en sus labios. Mi estómago se hundió, preguntándome cuántas veces más vería esa sonrisa. Preguntándome cómo ella encontró la fuerza para sonreír en absoluto.

Entonces, lentamente retirándose a donde había estado antes, su mano todavía creció. Me miró, esperando con paciencia por la pregunta que todavía no había hecho.

Sintiendo a mi corazón correr con agitación, abrí mi boca y pregunté:

—Era el silencio… era todo sobre… tu enfermedad, o era… era porque…

Imágenes de nuestra última noche destelló en mi cerebro.

Yo acostada sobre su cuerpo, nuestras bocas presionadas juntas en lentos y suaves besos.

Brittany diciéndome que estaba lista.

Nosotras perdiendo nuestra ropa, yo viendo su rostro mientras seguía adelante, y después mientras ella yacía en mis brazos.

Durmiendo a su lado, nada queda sin decir entre nosotras.

—¿Qué?—preguntó Brittany, con los ojos abiertos.

Tomando una respiración rápida, hablo sin pensar:

—¿Fue porque presioné demasiado? ¿Te obligué? ¿Te presioné?—haciendo de tripas corazón, pregunté—¿Te arrepentiste?

Brittany se tensó, sus ojos brillando.

Me pregunté por un minuto si ella estaba a punto de llorar, confesar que lo que había temido estos últimos dos años era verdad.

Que la lastimé.

Ella puso su confianza en mí y la lastimé.

En cambio, se levantó de la cama y se arrodilló. La escuché tirando algo de debajo.

Cuando se levantó a sus pies, en su mano estaba un familiar vaso de conserva de cristal. Un vaso de conserva lleno con cientos de corazones de papel color rosa.

Miles de besos.

Brittany se arrodilló cuidadosamente en la cama, e inclinando el frasco en la dirección del brillo de la lamparita, abrió la tapa y empezó a buscar. Mientras su mano movía alrededor los corazones de papel, yo seguía los que viajaban más allá del cristal en mi lado.

La mayoría estaban en blanco.

El frasco estaba cubierto de polvo, una señal de que no había sido abierto durante un largo tiempo.

Una mezcla de tristeza y esperanza se revolvió en mi interior.

Esperanza de que ningún otra persona había tocado sus labios.

Tristeza de que la mayor aventura de su vida había llegado a un punto muerto.

No más besos.

Entonces esa tristeza hizo un agujero completamente a través de mí.

Meses.

Sólo tenía meses, no toda la vida, para llenar este frasco.

Nunca escribiría el mensaje en un corazón en el día de su boda como quería.

Nunca sería mamá, ni leería esos besos de sus nietos.

Ni siquiera viviría su adolescencia.

—¿San?—preguntó Brittany cuando nuevas lágrimas cayeron por mis mejillas.

Utilicé el dorso de mi mano para secarlas. Dudé en encontrar los ojos de Brittany.

No quería que se sintiera triste.

En cambio, cuando levanté la vista, todo lo que vi en la cara de Brittany fue comprensión, una comprensión que cambió rápidamente a timidez.

A nerviosismo.

En su mano extendida había un corazón de color rosa. Sólo que este corazón no estaba en blanco. Estaba lleno, de ambos lados. La tinta de este corazón era de color rosa, prácticamente disfrazando el mensaje.

Brittany empujó más la mano.

—Toma—insistió.

Hice lo que me pidió.

Me incorporé y me moví en el camino de luz. Me concentré en la dura luz de la tinta, hasta que pude distinguir las palabras.

Beso trescientos cincuenta y cinco. En mi dormitorio. Después de hacer el amor con mi Sanny. Mi corazón casi se rompió.


Volteé el corazón y leí el otro lado.

Dejé de respirar.

Fue la mejor noche de mi vida... tan especial como puede ser especial.



Cerré los ojos, sin embargo, otro torrente de emoción fluyó a través de mí.

Si hubiera estado de pie, estoy segura de que habría caído de rodillas.

Debido a que le encantó.

Esa noche, lo que hicimos, fue deseado.

No había habido daño.

Me atraganté en un ruido que se deslizó por mi garganta. La mano de Brittany estaba en mi brazo.

—Pensé que nos había destruido—dije en voz baja, mirando sus ojos—Pensé que te habías arrepentido.

—No lo hice—susurró.

Con mano temblorosa, un gesto oxidado del exceso de tiempo, echó hacia atrás los mechones caídos de pelo de mi cara. Cerré los ojos bajo sus dedos, luego los abrí cuando dijo:

—Cuando sucedió todo…—explicó—Cuando estaba buscando tratamiento—las lágrimas, esta vez, resbalaron por sus mejillas—Cuando el
tratamiento dejó de funcionar... Recordaba esa noche a menudo—cerró los ojos, sus largas pestañas besando su mejilla. Luego sonrió. Su mano se quedó quieta en mi pelo—Pensé en lo gentil que fuiste conmigo. Cómo se sentía... estar contigo, tan cerca. Como si fuéramos dos mitades del corazón que siempre nos llamamos a nosotras mismas—suspiró—Fue como estar en casa. Tú y yo, juntas, hasta el infinito, unidas. En ese momento, en ese instante en que nuestra respiración era áspera y me tomaste con tanta fuerza... Fue el mejor momento de mi vida—sus ojos se abrieron de nuevo—Era el momento que reproducía cuando dolía. El momento en el que pensaba cuando me deslizaba, cuando comenzaba a sentir miedo. Era el momento en que me recordaba que tenía suerte. Debido a que en ese momento experimenté el amor que mi abuelita me envió para encontrar en esta aventura de un millón de besos especiales. Ese momento cuando sabes que eres amada tanto, que eres el centro del mundo de alguien tan maravilloso, que lo viviste... Aunque fuera sólo por un corto período de tiempo.

Sosteniendo el corazón de papel en una mano, extendí la mano y con la otra muñeca atraje los labios de Brittany. Presioné un pequeño beso sobre su pulso, la sensación revoloteó por debajo de mi boca. Ella respiró hondo.

—Nadie más te ha besado en los labios, excepto yo, ¿verdad?—pregunté.

—No—dijo—Te prometí que no lo haría. A pesar de que no nos hablábamos. A pesar de que nunca pensé que te vería de nuevo, nunca rompí mi promesa. Estos labios son tuyos. Siempre serán sólo tuyos.

Mi corazón brincó y, soltando su muñeca, levanté mis dedos para presionarlos en los labios que me había regalado.

La respiración de Brittany se redujo al tocar su boca. Sus pestañas revolotearon y el calor creció en sus mejillas.

Mi respiración se aceleró.

Se aceleró porque tenía la propiedad de esos labios.

Eran míos.

Para siempre.

—Britt—dije en voz baja, y me incliné hacia ella.

Ella se congeló, pero no la besé.

No lo haría.

Podía ver que no podía leerme.

Que no me conocía.

Casi no me conocía a mí misma en estos días.

En su lugar, puse mis labios en mis propios dedos aún sobre sus labios, formando una barrera entre mi boca y la suya y sólo la inhalé.

Inhalé su aroma a azúcar y a vainilla.

Mi cuerpo se sentía lleno de energía simplemente por estar cerca de ella. Entonces mi corazón se quebró por el centro mientras me movía hacia atrás y preguntó entrecortadamente:

—¿Cuántas?

Fruncí el ceño.

Buscando en su cara una pista de lo que estaba preguntando. Brittany tragó y, esta vez, colocó sus dedos sobre mis labios.

—¿Cuántas?—repitió.

Entonces supe exactamente lo que estaba preguntando. Debido a que se quedó mirando mis labios como si fueran traidores. Los miraba como algo que una vez amó, perdió, y nunca pudo recuperar.

Hielo frío me recorrió el cuerpo mientras Brittany tiraba de su mano. Su expresión era vigilante, el aliento salía de su pecho, como si se protegiera contra lo que diría.

Pero no dije nada.

No pude, esa expresión en su cara me mató.

Ella exhaló y dijo:

—Sé de Dani, por supuesto, pero, ¿hubo otras en Santo Domingo? Quiero decir, sé que las hubo, pero, ¿fueron muchas?

—¿Importa?—pregunté, mi voz baja.

El corazón de papel de Brittany todavía estaba en mi mano, la importancia de eso casi escalda mi piel.

La promesa de nuestros labios.

La promesa de nuestros corazones partidos por la mitad.

Para siempre.

Brittany lentamente comenzó a sacudir la cabeza, pero luego, con los hombros caídos, asintió.

—Sí—susurró—Es importante. No debería. Te dejé en libertad—dejó caer la
cabeza—Pero lo hace. Importa más de lo que entenderías. Estaba equivocada. Entendí por qué le importaba tanto. Lo hacía para mí también.

—Estuviste ausente desde hace mucho tiempo—le dije.

En ese momento, sabía que la rabia que me cautivó había recuperado el control.

Una parte enferma de mí quería lastimarla como me había lastimado.

—Lo sé—estuvo de acuerdo, con la cabeza todavía baja.

—Tengo diecisiete años—continué.

Los ojos de Brittany rompieron a los míos.

Su rostro había palidecido.

—Oh—dijo y pude oír cada pizca de dolor en esa pequeña palabra—Así que lo que temía es cierto. Estuviste con otras, íntimamente... Como estuviste conmigo. Yo... sólo...

Brittany se acercó al borde de la cama, pero estiré la mano y le agarré la muñeca en retirada.

—¿Por qué es importante?—exigí y vi sus ojos brillar con lágrimas.

La rabia dentro de mí se atenuó ligeramente, pero regresó al pensar en esos años perdidos.

Años que había pasado y bebido de fiesta mi dolor, mientras Brittany estaba
enferma.

Casi me hacía temblar de rabia.

—No sé—dijo, luego sacudió la cabeza—Esa fue una mentira. Debido a que sí lo sé. Es porque eres mía. Y a pesar de todo, de todas las cosas que han sucedido entre nosotras, me quedé con una vana esperanza de que mantuvieras tu promesa. Que hubiera significado mucho para ti también. A pesar de todo.

Dejé caer mi mano de su muñeca y Brittany se puso de pie. Se dirigió a la puerta. Justo cuando alcanzó el pomo, dije en voz baja:

—Lo hizo.

Brittany se congeló, con la espalda junta.

—¿Qué?

No se volvió.

En cambio, me puse de pie y caminé hacia donde ella se encontraba. ME moví cerca de ella, asegurándome de confesar. Mi aliento sopló el pelo de su oreja, mientras decía, en voz tan baja que apenas podía oírme a mí misma.

—La promesa significó tanto para mí. Significaste mucho para mí... Todavía lo haces. En algún lugar, debajo de toda esta ira... Ahí sólo estás tú. Siempre será así para mí—Brittany aún no se había movido. La atraje más cerca—Para siempre.

Se dio la vuelta, hasta que nuestros pechos se tocaron y sus ojos estaban mirando los míos.

—Tú... No entiendo—dijo.

Levanté lentamente mi mano y la empujé por el pelo. Los ojos de Brittany revolotearon, mientras lo hacía, pero se abrieron de nuevo para observarme.

—Mantuve mi promesa—admití y vi la sorpresa cruzar su rostro.

Sacudió su cabeza.

—Pero vi... ese beso…

—Mantuve mi promesa—interrumpí—Desde el día que te dejé, no he besado a nadie más. Mis labios siguen siendo tuyos. Nunca ha habido nadie más. No la habrá nunca.

La boca de Brittany se abrió y cerró.

Cuando se abrió de nuevo, dijo:

—Pero tú y Dani...

Mi mandíbula se apretó.

—Sabía que estabas cerca. Estaba enojada. Quería lastimarte como me habías lastimado.

Brittany sacudió la cabeza con incredulidad.

Di un paso más cerca todavía.

—Sabía que verme con Dani te haría eso. Así que me senté a su lado y esperé hasta que apareciste. Quería hacerte creer que estaba a punto de besarla... Hasta que vi tu cara. Hasta que vi cómo corriste de la habitación. Hasta que no pude soportar ver el dolor que te había causado.

Las lágrimas rodaron por las mejillas de Brittany.

—¿Por qué harías eso? Santana, eso no…

—Lo haría y lo hice—le dije, de manera cortante.

—¿Por qué? —susurró.

Sonreí sin humor.

—Porque tienes razón. No soy la chica que conociste. Estaba llena de tanta ira cuando me eliminaste, que después de un tiempo, era lo único que sentía. Traté de ocultarlo cuando hablamos, luché contra ello, sabiendo que aún te tenía conmigo, incluso si estábamos a miles de kilómetros de distancia. Pero cuando me dejaste, no me importó nada. Dejé que me consumiera. Me ha consumido tanto desde entonces que me cambió—bajé la mano de Brittany y la puse por encima de mi pecho—Soy la mitad de un corazón. Esto, lo que soy ahora, se debió a una vida carente de ti. Esta oscuridad, esta ira, nació de que no estuvieras a mi lado. Mi Britt-Britt. Mi aventurera. Mi chica.

Y entonces el dolor volvió.

Por esos breves minutos, había olvidado nuestra nueva realidad.

—Y ahora—dije entre dientes—Ahora me dices que me dejarás para siempre. Yo...—me ahogo con mis palabras.

—San—murmuró y se lanzó a mis brazos, envolviendo los suyos con fuerza
alrededor de mi cintura.

Al instante, mis brazos se entrelazaron alrededor de ella como un tornillo de banco.

A medida que su cuerpo se fundía en el mío, respiré. Respiré el primer aliento limpio en mucho tiempo. Entonces se restringió, estrangulándome, cuando dije:

—No puedo perderte, Mi Britt-Britt. No puedo. No puedo dejarte ir. No puedo vivir sin ti. Eres mi siempre, para siempre. Se supone que tienes que caminar a mi lado en esta vida. Me necesitas y te necesito. Eso es todo lo que hay que hacer—la sentí temblar en mis brazos—No voy a poder dejarte ir. Porque donde quiera que vayas, tengo que ir también. He tratado de vivir sin ti, no funciona.

Poco a poco y con tanto cuidado como pudo, Brittany levantó la cabeza, que separaba nuestro cuerpo lo suficiente para mirarme y susurró entrecortadamente:

—No puedo llevarte conmigo a donde iré.

A medida que sus palabras se hundían, me encontré retrocediendo, liberando mis brazos alrededor de su cintura.

No paré hasta que me senté en el borde de la cama.

No podía manejarlo.

¿Cómo diablos podía lidiar con todo esto?

No podía entender cómo Brittany podía ser tan fuerte.

¿Cómo se enfrentaba a esta sentencia de muerte con tanta dignidad?

Todo lo que quería hacer era maldecir al mundo, destruir todo en mi camino.

Mi cabeza cayó hacia adelante.

Y lloré.

Lloré lágrimas que no me di cuenta que había dejado caer.

Era mi reserva, la última ola de devastación que estaba sintiendo. Las lágrimas que reconocían la verdad que no quería aceptar.

Mi Britt-Britt se estaba muriendo.

Verdadera, realmente moriría.

Sentí la cama hundirse a mi lado.

Olí su dulce aroma.

La seguí mientras me guiaba para tumbarme en la cama. Seguí su instrucción en silencio cayendo en sus brazos. Solté todo lo que había estado reprimido en el interior mientras pasaba sus manos por mi pelo.

Envolví mis brazos alrededor de su cintura y la sostuve, tratando lo imposible de memorizar cómo se sentía.

Cómo se sentía en mis brazos.

Los latidos de su corazón fuerte y su cuerpo cálido.

No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, pero, con el tiempo, las lágrimas se secaron.

No me moví de los brazos de Brittany.

Ella no dejó de acariciar mi espalda con sus dedos.

Me las arreglé para humedecer mi garganta lo suficiente como para preguntar:

—¿Cómo ocurrió todo, Mi Britt-Britt? ¿Cómo lo descubriste?

Brittany estuvo en silencio durante unos segundos, antes de que suspirara.

—No importa, San.

Me senté y miré sus ojos.

—Quiero saberlo.

Brittany pasó el dorso de su mano por mi mejilla y asintió.

—Sé que lo haces. Y quiero decírtelo. Pero no esta noche. Esto… es, es todo lo que importa esta noche. Nada más.

No rompí mi mirada de la de ella y ella tampoco.

Algo de paz insensible se había establecido entre nosotros. El aire estaba cargado mientras me apoyaba en ella, queriendo más que nada presionar mi boca en la suya.

Sentir sus labios contra los míos.

Añadir otro beso al frasco.

Cuando mi boca estaba sólo a un pelo de la de Brittany, me moví para besarla en la mejilla en su lugar.

Fue suave y delicado.

Pero no fue suficiente.

Moviéndome hacia arriba, apreté otro beso, y otro, en cada centímetro de su mejilla, sobre su frente y nariz. Brittany se movió debajo de mí. Mientras retrocedía, supuse por la comprensión en su expresión que Brittany sabía que no estaba presionando las cosas.

Porque por mucho que no quería aceptarlo, éramos personas diferentes ahora.

Las chicas que se besaron una a la otra con tanta facilidad como respirar habían cambiado.

Un verdadero beso vendría cuando hubiéramos trabajado nuestro camino de regreso a nosotras.

Planté un beso más en el extremo de la nariz de la Brittany, provocando que una risa ligera se derramara de sus labios. Parecía como si la ira se hubiera calmado lo suficiente para permitir que sintiera su alegría echar raíces en mi corazón.

Mientras presionaba mi frente a la de Brittany, le aseguré:

—Mis labios son tuyos. De nadie más.

En respuesta, Brittany dio un beso en mi mejilla. Sentí el efecto de este beso viajar por todo mi cuerpo. Metí la cabeza en el hueco de su cuello y me permití una pequeña sonrisa cuando me susurró al oído:

—Mis labios son tuyos también.

Me di la vuelta para tirar de ella en mis brazos y nuestros ojos, finalmente se cerraron.


Me quedé dormida más rápido de lo que pensaba.

Cansada, el corazón roto y emocionalmente marcado, el sueño llegó rápidamente. Pero entonces siempre lo hacía cuando Brittany estaba a mi lado.

Fue el tercer momento que definió mi vida.

La noche que me enteré que iba a perder a la chica que amaba.

Conociendo nuestros momentos juntas eran contados, me aferré a ella con más fuerza, negándome a dejarla ir.

Ella cayó dormida haciendo exactamente lo mismo...

...Un poderoso eco de lo que solíamos ser.




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Finalizado FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Cap 8 - PII

Mensaje por 23l1 el Jue Nov 17, 2016 11:18 pm

Capitulo 8 Parte II



El sonido de un crujido me despertó.

Me froté el sueño de mis ojos. La silueta tranquila de Brittany se desvió hacia la ventana.

—¿Mi Britt-Britt?

Ella se detuvo y finalmente me devolvió la mirada. Tragué, ahuyentando las hojas de afeitar en mi garganta, mientras Brittany caminó hasta estar delante de mí. Llevaba un abrigo parka grueso sobre pantalones de chándal y un jersey.

Una mochila yacía a sus pies.

Fruncí el ceño.

Todavía estaba oscuro.

—¿Qué estás haciendo?

Brittany se dirigió de nuevo a la ventana, mirando hacia atrás para preguntar en broma.

—¿Vienes?

Ella me sonrió y mi corazón se agrietó.

Se astilló en lo hermosa que era.

Mis labios se inclinaron hacia arriba ante su felicidad infecciosa y me volví a preguntar:

—¿A dónde diablos vas?

Ella retiró la cortina y señaló al cielo.

—A ver el amanecer—inclinó la cabeza hacia un lado mientras me miraba— Sé que ha pasado un tiempo, pero, ¿has olvidado que lo hacía?

Una ola de calidez fluyó a través de mí.

No lo había olvidado.

Levantándome, me permití un pequeño resoplido de risa. Inmediatamente lo detuve. Brittany se dio cuenta y suspirando tristemente, se dirigió de nuevo a mí. Miré hacia ella, queriendo nada más que envolver la mano alrededor de su nuca y tomar su boca con la mía.

Ella estudió mi rostro, entonces me tomó la mano. Desconcertada, me quedé
mirando sus dedos, envuelto alrededor de los míos. Se veían tan blancos mientras apretaron suavemente mi mano.

—Está bien, ¿sabes?—dijo.

—¿Qué?—pregunté, acercándose.

El agarre de Brittany se contuvo en mi mano mientras la otra se levantó hacia mi cara, puso la punta de sus dedos en mis labios.

Mi corazón latía un poco más rápido.

—Está bien reírse—dijo su voz tan suave como una pluma—Está bien sonreír. Está bien sentirse feliz. ¿O cuál es el punto en la vida?

Lo que estaba diciendo me golpeó duro.

Porque no quería hacer o sentir esas cosas.

Me sentía culpable sólo de pensar en ser feliz.

—San—dijo Brittany. Su mano se desvió hasta descansar en el lado de mi cuello—Sé cómo debes estar sintiéndote. He tratado con esto por un tiempo. Pero también sé lo que me hace sentir ver a mis personas favoritas en el mundo, a los que amo con todo mi corazón, dolidos y enojados.

Sus ojos brillaban.

Me hizo sentir peor.

—Britt...—iba a decir, cubriendo su mano con la mía.

—Es peor que cualquier dolor. Es peor que enfrentarse a la muerte. Ver mi
enfermedad drenar la alegría de los que amo es lo peor de todo—tragó saliva, respiró suave y susurró—Mi tiempo es limitado. Todos sabemos eso. Así que quiero que ese tiempo sea especial...—sonrió.

Y fue una de sus grandes y brillantes sonrisas.

El tipo que podría hacer incluso a una persona enojada como yo ver una rendija de luz.

—Tan especial como especial puede ser.

Así que sonreí.

La dejé ver la felicidad que me trajo. La dejé ver que esas palabras, las palabras de nuestra infancia, habían roto la oscuridad.

Al menos por el momento.

—Congélate—dijo de pronto Brittany.

Yo sí.

Una ligera risita salió de su garganta.

—¿Qué?—pregunté, sin soltar su mano.

—Tu sonrisa—respondió y en broma dejó caer su boca como sorprendida—¡Esta todavía ahí!—susurró, de forma dramática—Pensé que era una leyenda mítica como Sasquatch o el monstruo del Lago Ness. ¡Pero está ahí! ¡He sido testigo de eso con mis propios ojos!

Brittany enmarcó su cara con las manos y batió las pestañas de forma exagerada.

Negué con la cabeza, luchando contra una verdadera risa esta vez. Cuando mi risa se había calmado, Brittany siguió sonriéndome.

—Sólo tú—dije.

Su sonrisa se suavizó. Inclinándome poco a poco hacia abajo, deslicé el cuello de su abrigo más cerca de su cuello.

—Sólo tú podías hacerme sonreír.

Brittany cerró los ojos, sólo por un momento.

—Entonces eso es lo que voy a hacer tanto como pueda—me miró a los ojos—Voy a hacer que sonrías—se movió hasta que nuestros rostros casi se tocaban—Y estoy decidida.

Un pájaro gorjeó fuera y la mirada de Brittany se desvió hacia la ventana.

—Tenemos que irnos si queremos verlo —instó y a continuación dio un paso atrás, rompiendo nuestro momento.

—Entonces vámonos—contesté y, poniéndome las botas, la seguí.

Tomé el bolso y lo tiré por encima de mi hombro; Brittany sonrió para sí misma mientras lo hacía. Abrí la ventana. Brittany corrió a su cama. Cuando regresó, sostenía una manta en sus manos. Levantó la vista hacia mí.

—Hace frío tan temprano.

—¿Ese abrigo no será lo suficientemente cálido?—pregunté.

Brittany llevó la manta contra su pecho.

—Esta es para ti—señaló hacia mi camiseta—Tendrás frío en el bosque.

—Sabes que soy de Puerto Rico, ¿verdad?—pregunté con sequedad.

Brittany asintió.

—Eres una latina real—se inclinó—Y entre tú y yo, eres muy buena en aventuras, como se predijo.

Negué con la cabeza, divertida.

Ella puso su mano en mi brazo.

—Sin embargo, ¿San?

—¿Sí?

—Incluso las latinas de sangre caliente sienten frío.

Señalé con la cabeza hacia la ventana abierta.

—Continúa o nos perderemos el sol.

Brittany se deslizó a través de la ventana, sin dejar de sonreír y la seguí. La mañana era fría, el viento más fuerte que la noche anterior.

El pelo de ella azotaba su cara.

Preocupada de que tuviera frío y que podría enfermarse, me extendí a su brazo y tiré de ella hacia mí. Brittany pareció sorprendida, hasta que levanté su gruesa capucha y la puse sobre su cabeza. Até las cuerdas para asegurarla en su lugar.

Brittany me miraba todo el tiempo.

Mis acciones fueran más lentas bajo su atención absorta. Cuando el moño estaba atado, mis manos se detuvieron y la miré fijamente a los ojos.

—San—dijo después de varios segundos de silencio tenso. Incliné la barbilla, esperando en silencio a que continuara—Todavía puedo ver tu luz. Debajo de la ira, todavía estás ahí.

Sus palabras me hicieron dar un paso atrás por la sorpresa. Miré hacia el cielo.

Estaba empezando a iluminarse.

Caminé hacia adelante.

—¿Vienes?

Brittany suspiró y corrió a alcanzarme. Puse mis manos en los bolsillos mientras caminábamos, en silencio, a la arboleda. Brittany estaba mirando a su alrededor en el camino.

Intenté seguir lo que estaba viendo, pero sólo parecían ser pájaros, árboles o hierba meciéndose en el viento. Fruncí el ceño, preguntándome qué la tenía tan encantada.

Pero esta era Brittany, siempre había bailado a su propio ritmo.

Siempre había visto más cosas en el mundo que cualquier otra persona que yo conociera.

Vio la luz atravesando la oscuridad.

Vio el bien a través del mal.

Era la única explicación que tenía por qué ella no me había dicho que la dejara sola.

Sabía que ella me vio tan diferente, cambiado. Incluso si no me lo había dicho, lo habría visto en la forma en que me miraba.

Su mirada era cautelosa a veces.

Nunca me habría visto de esa manera antes.

Cuando entramos en el bosque, sabía dónde nos sentaríamos.

Caminamos hasta el árbol más grande, nuestro árbol y Brittany abrió su mochila. Sacó una manta para sentarse.

Cuando la había colocado, hizo un gesto para que me sentara. Lo hice, apoyando la espalda contra el tronco del amplio árbol. Brittany se sentó en el centro de la manta y se echó hacia atrás sobre sus manos.

El viento parecía haber disminuido.

Desatando el moño de las cadenas de la capucha, se dejó caer la capucha hacia atrás, mostrando su cara. La atención de Brittany se volvió hacia el horizonte iluminado, el cielo ahora gris, con tonos de rojo y naranja atravesándolo.

Metiendo la mano en el bolsillo, saqué mis cigarrillos y llevé uno a mi boca. Retorcí el encendedor, encendí el cigarro y le di una calada, sintiendo el instante en que golpeó mis pulmones.

El humo hizo una masa nebulosa a mi alrededor mientras exhalaba lentamente. Atrapé a Brittany observándome de cerca. Descansando un brazo en mi rodilla levantada, me quedé mirando fijamente justo de vuelta a ella.

—Fumas.

Sí.

—¿No quieres dejarlo?—preguntó.

Podía oír en su voz que se trataba de una solicitud. Y pude ver el destello de una sonrisa en sus labios que sabía que estaba sobre ella.

Negué con la cabeza.

Me calmaba.

No estaría dejando de fumar en cualquier momento pronto.

Nos sentamos en silencio, hasta que Brittany volvió a mirar el amanecer ascendente y preguntó:

—¿Alguna vez viste el amanecer en Santo Domingo?

Seguí su mirada hacia el horizonte, ahora de color rosa. Las estrellas comenzaban a desaparecer en un abanico de luz.

—No.

—¿Por qué no?—preguntó moviendo su cuerpo hacia mí.

Tomé otra calada de mi cigarro e incliné la cabeza hacia atrás para exhalar. Bajé la cabeza y me encogí de hombros.

—Nunca se me ocurrió.

Brittany suspiró y se dio la vuelta una vez más.

—Que desperdicio de oportunidad—dijo, agitando su brazo hacia el cielo—Nunca he estado fuera de los EE.UU. nunca he visto un amanecer en cualquier otro lugar y ahí estabas, en Puerto Rico, y nunca te levantaste temprano para ver el nuevo día aparecer.

—Una vez que has visto un amanecer, los has visto a todos—le contesté.

Brittany sacudió la cabeza con tristeza y cuando me miró, fue con lástima.

Se me revolvió el estómago.

—Eso no es cierto—argumentó—Cada día es diferente. Los colores, las sombras, el impacto en tu alma—suspiró y dijo—Cada día es un regalo, San. Si algo he aprendido en el último par de años, es eso.

Me quedé en silencio.

Brittany echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos.

—Como este viento. Es frío porque es el comienzo del invierno y la gente huye de él. Se quedan en el interior para mantenerse calientes. Pero yo lo abrazo. Acaricio la sensación del viento en mi cara, el calor del sol en mis mejillas en el verano. Quiero bailar bajo la lluvia. Sueño con recostarme en la nieve, sintiendo su frialdad en los huesos—abrió los ojos. La cresta del sol comenzó a elevarse poco a poco hacia el cielo—Cuando estaba recibiendo tratamiento, cuando estaba confinada a la cama del hospital, cuando estaba
dolorida y volviéndome loca de todos los aspectos de mi vida, tenía a las enfermeras dando vuelta a mi cama hacia la ventana. La salida del sol cada día me calmaba. Se restauraba mi fuerza. Me llenaba de esperanza.

Un rastro de cenizas cayó en el suelo junto a mí. Me di cuenta que no me había movido desde que empezó a hablar. Me miró y dijo:

—Cuando solía mirar por la ventana, cuando te extrañaba tanto que me dolía más que la quimio, miraba el amanecer y pensaba en ti. Pensaba en ti, viendo el amanecer en Puerto Rico y me traía paz.

No dije nada.

—¿Fuiste feliz incluso una sola vez? ¿Hubo alguna parte en los últimos dos años en los que no estuvieras triste o enojada?

El fuego de la ira asentado en mi estómago estalló a la vida.

Negué con la cabeza.

—No—giré mi cigarro en el suelo.

—San—susurró Brittany y vi la culpa en sus ojos—Pensé que seguirías adelante con el tiempo—bajó los ojos, pero cuando levantó la vista de nuevo, se rompió por completo mi corazón—Lo hice porque nunca pensamos que iba a durar tanto tiempo—una débil, pero extrañamente poderosa, sonrisa iluminó su rostro—He sido agraciada con más tiempo. He sido agraciada con vida—aspiró profundamente—Y ahora, para añadirse a los milagros que siguen llegando, has regresado.

Volví la cabeza, incapaz de mantener la calma, incapaz de equilibrar a Brittany hablando de su muerte con tanta indiferencia y mi regreso tan felizmente.

La sentí moverse para sentarse a mi lado. Su dulce aroma se apoderó de mí y cerré los ojos, respirando con dificultad, cuando sentí su brazo presionado contra el mío.

El silencio otra vez colgó entre nosotras, espesando el aire.

Entonces puso su mano sobre la mía.

Abrí los ojos en el momento en que señaló al sol, ahora moviéndose con rapidez, marcando el comienzo de un nuevo día. Apoyé la cabeza contra la corteza áspera, observando a una bruma rosada inundar la arboleda estéril.

Mi piel se estremeció con el frío. Brittany levantó la manta junto a ella para colocarla sobre ambas.

Tan pronto como la gruesa manta de lana nos envolvió en su calor, sus dedos se enroscaron a través de los míos, uniendo nuestras manos. Vimos el sol, hasta que la luz del día llegó totalmente.

Sentí la necesidad de ser honesta.

Dejando a un lado mi orgullo, confesé:

—Me lastimaste—mi voz era gruesa y baja.

Brittany se puso rígida.

No la miré a los ojos, no pude.

Luego añadí:

—Rompiste por completo mi corazón.

Mientras las nubes se despejaban, el cielo de color rosa se volvió azul. A medida que la mañana se instalaba, sentí a Brittany moverse, se limpiaba una lágrima.

Hice una mueca, odiando el hecho de que la había molestado. Pero ella quería saber por qué estaba enojado 24/7.

Quería saber por qué nunca observé una maldita salida del sol.

Quería saber por qué había cambiado.

Esa era la verdad.

Y estaba aprendiendo muy rápido que a veces la verdad era una perra.

Brittany sorbió un sollozo, levanté mi brazo y lo envolví alrededor de sus hombros. Esperaba que se resistiera, pero en su lugar se cayó suavemente contra mi lado.

Me dejó abrazarla.

Mantuve mi atención en el cielo, apretando mi mandíbula mientras mis ojos se ponían borrosos por las lágrimas.

Las retuve.

—San—dijo Brittany.

Negué.

—No importa.

Brittany levantó la cabeza y giró mi cabeza a la de ella, su mano en mi mejilla.

—Por supuesto que importa, San. Te he hecho daño—tragó sus lágrimas—Nunca fue mi intención. Desesperadamente quería salvarte.

Busqué en sus ojos y lo vi.

Tanto como me había hecho daño, tanto como su brusco silencio me había destruido, enviándome en un espiral a un lugar que no sabía cómo luchar para salir, pude ver que era porque ella me había amado.

Había querido que yo siguiera adelante.

—Lo sé—dije, sosteniéndola más cerca.

—No funcionó.

—No.

Estuve de acuerdo, luego presioné un beso en su cabeza. Cuando alzó la
mirada hacia mí, limpié las lágrimas de su cara.

—¿Y ahora qué?—preguntó.

—¿Qué quieres que pase ahora?

Brittany suspiró y me miro con ojos determinados.

—Quiero que la vieja Santana vuelva.

Mi estómago se hundió y me aparte. Ella me detuvo.

—San…

—No soy la vieja Santana. No estoy segura de serlo jamás de nuevo—dejé caer mi cabeza, pero luego me obligué a hacerle frente—Todavía te quiero de la misma manera, Mi Britt-Britt, incluso si no me quieres.

—San—susurró—Acabo de conseguir que vuelvas. No conozco esta nueva tú. Mi mente esta en nieblas. Nunca esperé tenerte conmigo a través de esto. Estoy… estoy confundida—apretó mi mano—Pero al mismo tiempo, me siento llena de vida de nuevo. Con la promesa de nosotras otra vez. Sabiendo que, al menos durante el tiempo que me queda, puedo llegar a tenerte—sus palabras bailaban en el aire, mientras preguntaba nerviosa—¿No lo hago?

Pasé mi dedo por su mejilla.

Mi Britt-Britt, me tienes. Siempre me tendrás—limpié el nudo en mi garganta y añadí—Yo podría ser diferente de la niña que conociste, pero soy tuya—sonreí sin humor—Para siempre.

Sus ojos se suavizaron.

Empujó mi hombro y luego apoyó su cabeza en él.

—Lo siento—susurró.

La abracé tan fuerte como pude.

—Cristo, lo siento, Britt. No…

No pude terminar mis palabras.

Pero Brittany esperó pacientemente hasta que dejé caer mi cabeza y continué:

—No sé cómo no estás rota en dos con todo esto. No sé cómo no estás…—suspiré—Sólo, no sé cómo encuentras la fuerza para seguir adelante.

—Porque amo la vida—se encogió de hombros—Siempre lo hago.

Me sentí como si estuviera viendo una nueva faceta de Brittany. O tal vez estaba recordando a la chica que siempre supe que sería al crecer.

Brittany hizo un gesto hacia el cielo.

—Soy la chica que se levanta temprano para ver el amanecer. Soy la chica que quiere ver lo bueno en todos, la que es llevada lejos por una canción, inspirada en el arte—girándose hacia mí, sonrió—Soy esa chica, San. La que espera que pase la tormenta simplemente para echar un vistazo al arcoíris. ¿Por qué ser miserable cuando se puede ser feliz? Es una elección obvia para mí.

Traje su mano a mi boca y besé el dorso. Su respiración cambió, el ritmo corriendo a doble velocidad. Luego Brittany tiró nuestras manos unidas a su boca, retorciéndolas para poder besar mi mano. Las bajó a su regazo, trazando patrones pequeños en mi piel con el dedo índice de su mano libre.

Mi corazón se derritió cuando me di cuenta de lo que ella estaba dibujando, signos de infinito.

Ochos perfectos.

—Sé lo que me espera, San. No soy ingenua. Pero también tengo una gran fe de que hay más en la vida que lo que tenemos ahora, aquí, en esta tierra. Creo que el cielo me espera. Creo que cuando tome mi último aliento y cierre mis ojos en esta vida, despertaré en la siguiente, sana y en paz. Creo esto de todo corazón.

—Britt—dije con voz áspera, desgarrada en el interior ante la idea de perderla, pero tan orgullosa de su fuerza.

Me sorprendió.

El dedo de Brittany cayó de nuestras manos y me sonrió, ni una pizca de miedo en su hermoso rostro.

—Todo irá bien, Sanny. Lo prometo.

—No estoy segura de que estaré bien sin ti.

No quería hacerla sentir mal, pero esta era mi verdad.

—Lo harás—dijo con confianza—Porque tengo fe en ti.

No dije nada en respuesta.

¿Qué podía decir?

Brittany miraba los árboles desnudos que nos rodeaban.

—No puedo esperar a que florezcan de nuevo. Extraño la vista de los pétalos de rosa. Extraño entrar en este bosque y sentir como si estuviera entrando en un sueño—levantó la mano y la arrastró a lo largo de una rama baja.

Brittany me dedicó una sonrisa emocionada, luego se puso de pie, su pelo moviéndose libremente en el viento. Dio un paso hacia la hierba y estiró sus manos en el aire. Su cabeza inclinada hacia atrás y se rió.

Una risa que arrancó de su garganta con puro abandono.

No me moví.

No pude.

Estaba paralizada.

Mis ojos se negaron a moverse lejos de la visión de Brittany mientras ella comenzaba a dar la vuelta y girar mientras el viento soplaba a través de la arboleda, su risa a la deriva con el viento.

Un sueño, pensé.

Ella tenía razón.

Brittany, envuelta en su abrigo, girando en el bosque temprano en la mañana, era exactamente igual que un sueño.

Era como un pájaro: toda su belleza cuando volaba libre.

—¿Puedes sentirlo, Sanny?—preguntó con los ojos todavía cerrados mientras absorbía el calor del sol.

—¿Qué?—pregunté, encontrando mi voz.

—¡La vida!—gritó, riéndose aún más fuerte mientras el viento cambiaba de
dirección, casi haciéndola caer a sus pies—La vida—dijo en voz baja, a medida que aumentaba, arraigando sus pies en la hierba seca.

Su piel estaba enrojecida y sus mejillas quemadas por el viento. Sin embargo, nunca había lucido más bella.

Mis dedos se movieron. Cuando miré hacia abajo, inmediatamente supe por qué. El impulso de capturar a Brittany en una película picó dentro de mí.

Un impulso natural.

Brittany, una vez me había dicho que nací con ello.

—Desearía, Sanny—dijo Brittany, haciendo que levante la vista—Desearía que la gente se diera cuenta de cómo esto se siente cada día. ¿Por qué se necesita que termine la vida para aprender cómo valorar cada día? ¿Por qué debemos esperar hasta que se nos acaba el tiempo para empezar a lograr todo lo que hemos soñado, cuando una vez tuvimos todo el tiempo del mundo? ¿Por qué no miramos a la persona que más amamos como si fuera la última vez que la veamos? Porque si lo hiciéramos, la vida sería tan vibrante. La vida sería verdadera y completamente vivida.

La cabeza de Brittany flotaba lentamente hacia delante. Me miró por encima del hombro y me premió con la más devastadora sonrisa. Miré a la chica que más amé como si fuera la última vez que la vería y me hizo sentir vivo.

Me hizo sentir como la persona más bendita del planeta, porque la tenía.

A pesar de que, en este momento, las cosas seguían siendo torpes y frescas, yo sabía que la tenía.

Y ella definitivamente me tenía a mí.

Mis piernas se pararon por propia voluntad, descartando la manta sobre el suelo cubierto de hierba de la arboleda. Poco a poco, caminé hacia Brittany, bebiendo de cada parte de ella.

Brittany me observó acercarme.

Cuando estuve parado frente a ella, bajó la cabeza, un rubor de vergüenza viajando por su cuello y reposando en las manzanas de sus mejillas.

A medida que el viento se envolvía alrededor de nosotros, preguntó:

—¿Lo sientes, Sanny? ¿Verdaderamente?

Sabía que se refería al viento en mi cara y los rayos del sol brillando.

Vivo.

Vibrante.

Asentí, en respuesta a una pregunta completamente diferente.

—Lo siento, Mi Britt-Britt. Verdaderamente.

Y fue en ese momento que algo dentro de mí cambió.

No podía pensar en el hecho de que sólo tenía meses de vida.

Tenía que concentrarme en el momento.

Tenía que ayudarla a sentirse tan viva como sea posible, mientras la tenía de vuelta a mi lado.

Tenía que recuperar su confianza.

Su alma.

Su amor.

Brittany dio un paso cerca de mí, pasando su mano por mi brazo desnudo.

—Tienes frío—anunció.

No me importaba si estaba sufriendo de hipotermia.

Empujando mi mano en su nuca, me incliné, observando su rostro por una señal de que este movimiento no era querido. Sus ojos se encendieron, pero no estaban con resistencia.

Estimulado, viendo sus labios abrirse y sus ojos revoloteando hasta cerrarse, moví mi cabeza hacia un lado, sin pasar por su boca, para correr la punta de mi nariz por su mejilla. Brittany se quedó sin aliento, pero seguí adelante.

Seguí su camino hasta llegar al pulso en su cuello; que estaba corriendo.
Su piel estaba caliente por el baile en el viento, aun temblando al mismo tiempo.

Sabía que era por mí.

Cerrando el resto del camino, apreté mis labios sobre su pulso galopante, saboreando su dulzura, sintiendo mi propia carrera en los latidos de mi corazón.

Viva.

La vida siendo tan verdadera y completamente vivida.

Un suave gemido escapó de los labios de Brittany y me aparté, encontrando poco a poco su mirada. Sus iris azules eran brillantes, sus labios color rosa y llenos.

Dejando caer mi mano, di un paso atrás y dije:

—Vamos, necesitas dormir.

Brittany parecía adorablemente desconcertada.

La dejé en ese lugar mientras recogía nuestras cosas. Cuando terminé, le encontré exactamente donde la había dejado.

Sacudí mi cabeza en la dirección de nuestras casas: Brittany caminó a mi lado. Con cada paso, reflexioné sobre las últimas doce horas.

Sobre la montaña rusa de emociones, sobre el hecho de que había recuperado la mitad de mi corazón de nuevo, sólo para descubrir que era temporal.

Pensé sobre besar el rostro de Brittany, sobre acostarme en la cama junto a ella.

Entonces pensé en su jarro.

Su jarro medio vacío de un millón de personas que besar.

Por alguna razón ese destello de corazones de papel blanco me molestó más.

Brittany amaba ese jarro.

Era un reto puesto por su abuelita.

Un reto embotado por mi ausencia de dos años.

Eché una mirada a Brittany, que estaba mirando a un pájaro en un árbol, sonriendo mientras este cantaba sobre la rama más alta. Sintiendo mi mirada, se volvió hacia mí y pregunté:

—¿Todavía te gustan las aventuras?

La sonrisa atronadora de Brittany respondió la pregunta.

—Sí—respondió—En los últimos tiempos, cada día es una aventura—bajó sus ojos—Sé que los próximos meses serán un reto interesante, pero estoy lista para abrazarlo. Estoy tratando de vivir cada día al máximo.

Ignorando el dolor que esa observación encendió en mí, un plan se formó en mi mente.

Brittany se detuvo; habíamos llegado a la zona de hierba entre nuestros hogares.

Brittany se giró hacia mí mientras estábamos de pie delante de su ventana. Y esperó, a la espera de que lo yo haría a continuación. Acercándome lentamente a donde ella se encontraba, coloqué la bolsa y manta en el suelo y me enderecé, con las manos a los costados.

—¿Entonces?—preguntó, con un tinte de humor en su voz.

—¿Entonces? —contesté. No pude evitar sonreír ante el brillo en sus ojos—Mira, Britt—empecé, y me balanceé en mis pies—Crees que no conoces a la chica que soy ahora—me encogí de hombros—Así que, dame una oportunidad. Deja que te la muestre. Vamos a empezar una nueva aventura.

Sentí mis mejillas calentarse con vergüenza, pero Brittany de repente me agarró de la mano y la puso en la suya. Perpleja, me quedé mirando nuestras manos, luego Brittany la sacudió de arriba abajo dos veces. Con la sonrisa más grande en su cara, declaró:

—Soy Brittany Pierce y tú eres Santana López. Esto es un apretón de manos. Mi abuelita me dijo que es lo que haces cuando no conoces a alguien. Ahora somos amigas. Mejores amigas.

Me miró a través de sus pestañas y me reí.

Me reí al recordar el día en que la conocí.

Cuando teníamos cinco y la vi subir a través de su ventana, con un vestido azul cubierto de barro y un lazo grande de color blanco en su pelo.

Brittany se movió para retirar su mano, pero la agarré con fuerza.

—Sal conmigo esta noche.

Ella se paralizó.

—En una cita—continué con torpeza—Una cita de verdad.

Brittany sacudió su cabeza con incredulidad.

—En realidad, nunca fuimos a una cita antes, San. Nosotras siempre simplemente… estábamos.

—Entonces vamos a empezar ahora. Te pasaré a buscar a las seis. Estate lista.

Giré y me dirigí a mi ventana, asumiendo que su repuesta era un sí. La verdad era, que de ninguna manera le daría la oportunidad de decir que no.

Iba a hacer esto por ella.

Iba a hacer lo que fuera para hacerla feliz.

Iba a ganarla de vuelta.

Iba a ganarla de vuelta como la Santana que soy ahora.

No había otra opción.

Esto era nosotras.

Esta era nuestra aventura.

Una que la haría sentirse viva.





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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por mayre94 el Vie Nov 18, 2016 1:14 am

Siempre eh pesando que la vida al final es justa con nosotros, siempre, que al final obtienes lo que mereces, pero... en esta historia nada absolutamente nada es justo :( Dios enserio cada capitulo que leo, cada capitulo que lloro, me siento muy infeliz por las chicas!! El dolor de San es tan grande, su ira, su rencor y resentimiento le consumen el alma :( y Britt afrontando una cruda realidad de la mejor manera posible eso la hace fabulosa y sumamente valiente :)... El papá de San, sinceramente puff no me cae nada bien, es mas yo también lo detesto, en cuanto a la mamá de Britt diciendo que alomejor fue mejor haber roto todo contacto me hizo enojar mucho :/ porque lo que ambas necesitaban era ESTAR JUNTAS, de haberlo estado, todo este dolor y rabia se hubiesen evitado no crees? :(, en fin... espero que algo bueno pase, que no llegue ese final para Britt :( ... Espero tu actus pronto :) muchos saludos ! :3

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Vie Nov 18, 2016 2:17 am

Hola morra....

Ufff un nuevo.comienzo mientras dure!! Una nueva aventura!!!!....
Va a se difícil para san adaptarse a la nueva realidad sabiendo que britt se muere... Pero lo genial que tiene es que ama la vida sin portal lo que pase y disfruta los momentos sobre todo!!!! Y eso es la vida momentos no?.?
A ver como les.va en la primera cita... Y en nuevo yo de san?...

Nos vemos!!!!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Vie Nov 18, 2016 2:25 am

Estos han sido los capitulos mas tristes que he leído en algun tiempo. No me quiero imaginar lo que sigue.
Saludos

monica.santander
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Vie Nov 18, 2016 3:41 am

Es muy triste la situación en la que sus vidas volvieron a unirse, Santana cambiada y Britt yéndose de esta vida, sin embargo como ella lo dijo ha sido muy afortunada porque sigue estando así que confió en que ocurra un milagro y que las chicas no se separen. No me imaginó el vivir sin la razón de tu vida, porque para San su rubia es eso su vida.
Mientras haber que tal les va en su primera cita :)

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Besos (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Vie Nov 18, 2016 7:13 pm

mayre94 escribió:Siempre eh pesando que la vida al final es justa con nosotros, siempre, que al final obtienes lo que mereces, pero... en esta historia nada absolutamente nada es justo :( Dios enserio cada capitulo que leo, cada capitulo que lloro, me siento muy infeliz por las chicas!! El dolor de San es tan grande, su ira, su rencor y resentimiento le consumen el alma :( y Britt afrontando una cruda realidad de la mejor manera posible eso la hace fabulosa y sumamente valiente :)... El papá de San, sinceramente puff no me cae nada bien, es mas yo también lo detesto, en cuanto a la mamá de Britt diciendo que alomejor fue mejor haber roto todo contacto me hizo enojar mucho :/ porque lo que ambas necesitaban era ESTAR JUNTAS, de haberlo estado, todo este dolor y rabia se hubiesen evitado no crees? :(, en fin... espero que algo bueno pase, que no llegue ese final para Britt :( ... Espero tu actus pronto :) muchos saludos ! :3



Hola, yo pienso igual la vrdd =/ Aii si es tan triste, como no dejar caer una que otra lagrima¿? Ambas estan viviendo la noticia a su manera y como les toco enterarse, la diferencia esk britt ya tuvo tiempo de asimilarlo, ahora solo le queda esperar, en cambio, la morena esta recien asimilando todo =/ Mmmm el papá de san tampoco me simpatiza del todo la vrdd ¬¬ Mmm sip, es como la versión femenina del papá de la morena ¬¬ Espero lo mismo la vrdd =/ Aquí dejo el siguiente cap! Saludos =D





3:) escribió:Hola morra....

Ufff un nuevo.comienzo mientras dure!! Una nueva aventura!!!!....
Va a se difícil para san adaptarse a la nueva realidad sabiendo que britt se muere...  Pero lo genial que tiene es que ama la vida sin portal lo que pase y disfruta los momentos sobre todo!!!! Y eso es la vida momentos no?.?
A ver como les.va en la primera cita... Y en nuevo yo de san?...

Nos vemos!!!!



Hola lu, sip, una nueva oportunidad para ellas, pero como dices... hasta que dure =/ Obvio que sera mas que difícil, pero como dices esta poniendo todo de si, ambas, para q sea lo mejor! Aquí dejo el siguiente cap para saber mas! Saludos =D





monica.santander escribió:Estos han sido los capitulos mas tristes que he leído en algun tiempo. No me quiero imaginar lo que sigue.
Saludos



Hola, =O pero si que lo son =( No, ni yo =( Espero y este cap no sea tan triste =/ Saludos =D





JVM escribió:Es muy triste la situación en la que sus vidas volvieron a unirse, Santana cambiada y Britt yéndose de esta vida, sin embargo como ella lo dijo ha sido muy afortunada porque sigue estando así que confió en que ocurra un milagro y que las chicas no se separen. No me imaginó el vivir sin la razón de tu vida, porque para San su rubia es eso su vida.
Mientras haber que tal les va en su primera cita :)



Hola, sip =( La rubia lo esta afrontando de la mejor madera y muy madura tmbn! y por lo que vemos la morena tmbn y eso es bueno, no¿? Pero también espero que un milagro ocurra =/ Ni yo, y si q lo es! Aquí el siguiente cap para saber mas! Saludos =D




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