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[Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Mar Dic 06, 2016 1:26 pm

Holaaaaa!!!!
Mmmmmmmm bastante complicada la situación para las dos!!
Veremos como lo resuelven si lo quieren resolver.
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Mar Dic 06, 2016 11:04 pm

3:) escribió:Hola morra....

No jodas  ahora san sale con esa mierda??? Después de incentivar a britt a. Aceptar....
Bueno duro hasta que duró! !!!...
A ver como queda cada una después de ahora!!

Nos vemos!



Hola lu, mmm sip =( Nose que le paso por su cabeza la vrdd =/ Si eso si =/ Aquí el siguiente cap para saber mas. Saludos =D





JVM escribió:Uhhhhh ... Se hizo todo una locura, se me hace egoísta de San responsabilizar a Britt de que su relación no fuera a mas por aceptar el trabajo cuando ella pudo intentar la relación a distancia con ella, sin embargo por miedo o sus ideas tontas dejo a Britt. Ojala piense bien las cosas y las arregle porque debería estar apoyando a su rubia en vez de ponerse en ese plan y sobretodo porque ella ya paso por ahí y sabe lo difícil que es :/



Hola, mmm algo le paso a san, pero no sabemos o nose q rayos le paso por la cabeza, primero que todo bn y felicidad y ahora todo mal =/ no entiendo. Espero lo mismo la vrdd, sip =/ Saludos =D





micky morales escribió:No se que decir, estoy furiosa con San, ahora Briit siente que es la responsable de que se haya acabado, no entiendo, que le impide a santana esperar por britt?????



Hola, si la vrdd esk si =/ Nose, osea todo bn, pero ahora todo mal =/ nose q le paso a san por la cabeza =/ Saludos =D





monica.santander escribió:Holaaaaa!!!!
Mmmmmmmm bastante complicada la situación para las dos!!
Veremos como lo resuelven si lo quieren resolver.
Saludos




Hola, si q lo es =/ Esperemos y las resuelvan, pero auqí dejo el siguiente cap para saber mas. Saludos =D


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Finalizado FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Cap 10

Mensaje por 23l1 el Mar Dic 06, 2016 11:07 pm

Capitulo 10


Cuatro Años Después


—Y las nominadas a mejor actriz de reparto son...

La pantalla que había encima del escenario empezó a proyectar fragmentos de las películas mencionadas mientras la voz de la presentadora anunciaba a cada una de las actrices.

—... Eleanor Kramer por Inocente de asesinato, Stephanie Hill por Chimeneas, Chastidy Kellar por Gama amplia, Brittany Pierce por Décima Avenida y Carolyn Rojas por Ciudad de guerra.

Con una amplia sonrisa, aplaudí tras el nombre de cada una de las nominadas e hice todo lo posible por concentrarme en el escenario pese a tener una cámara gigantesca a pocos centímetros de la cara que emitía cada mínima expresión facial que hiciera.

Sabía que tenía muy pocas probabilidades de ganar aquel premio así que me preparé para aparecer elegantemente entusiasta cuando anunciaran a otra de las nominadas como ganadora.

La verdad es que estaba alucinada solo de estar ahí.

Décima Avenida no era más que mi tercera película, pero era el papel más crudo que había interpretado.

¿Quién habría esperado que una película independiente de tan bajo presupuesto se convirtiera en un fenómeno de masas?

Por supuesto, no me quejaba.

De repente la gente sabía quién era yo, me invitaban a ir a entrevistas en la televisión nacional y salía en los programas que había visto mientras crecía.

Estar nominada a un Globo de Oro, literalmente salida de la nada, era sorprendente como poco. Toda la situación se me hacía surrealista, pero estaba haciendo todo lo posible por disfrutar de la experiencia.

Mi mamá, que me acompañaba aquella noche, me apretó la mano. Yo la miré y le guiñé un ojo.

Me alegraba compartir aquel momento con ella.

—Y la ganadora es... Carolyn Rojas por Ciudad de guerra.

Asentí sabiamente y aplaudí hacia el escenario mientras Carolyn subía las
escaleras para recoger su Globo de Oro. Suspiré aliviada cuando ya no hubo presión y la cámara gigante se fue a otra parte.

Mi mamá se volvió hacia mí y me ofreció una sonrisa de consuelo.

—La próxima vez, cielo.

La besé en la mejilla agradecida por su apoyo incondicional.



Cuando llegué al Beverly Hilton, la fiesta de después de la gala estaba en su apogeo.

Busqué rostros familiares entre los presentes, es decir, a los compañeros de la producción de Décima Avenida. Una bandeja de copas de champán pasó
por mi lado, cogí una y me la bebí casi de un trago.

—Tendrías que haber ganado, ¿sabes?—me ronroneó una voz grave al oído.

Me volví hacia la dueña de la voz y la miré a los ojos, traviesa. Era Paige, la directora de fotografía de Décima Avenida, con la que había pasado unas cuantas noches robadas.

—Eso se lo dices a todas las chicas, ¿verdad?

—Sólo a las que encuentro sexis —contestó Paige, apoyando su mano en la parte baja de mi espalda—Oye, ¿dónde está tu mamá?—preguntó mirando a nuestro alrededor—Quiero conocerla.

—Lo siento. A medianoche se convierte en calabaza, así que la he llevado al hotel. Por eso he llegado tarde.

—No pasa nada. ¿Quieres bailar?

—No tienes que pedírmelo dos veces.

Paige y yo fuimos a la pista de baile sin mirar atrás. Esa noche quería pasarlo bien, quitarme el estrés de la semana previa a la gala y soltarme un poco.

Sentía el ritmo de la música latir por todo mi cuerpo, desde la cabeza hasta los dedos de los pies, y no permití que los tacones me impidieran divertirme.

Nos dejamos llevar sobre la pista canción tras canción. Cogí a Paige de la cintura y la arrimé a mí; balanceamos las caderas al unísono embriagadas por el ritmo del bajo.

Cuando el ritmo se hizo más lento, Paige me apretó con fuerza contra ella y nuestras curvas se fundieron mientras nos movíamos al son de la música.

Me estaba excitando.

Y, como si me leyera la mente, me miró.

—Quiero estar a solas contigo.

Examiné la sala y di con lo que necesitaba. La cogí de la mano y la conduje por el largo pasillo de servicio para el personal del hotel. No muy lejos encontramos un pequeño almacén que, por suerte, estaba abierto. La metí dentro y sus labios calientes cubrieron los míos al instante.

Yo no perdí el tiempo, le levanté el vestido y encontré lo que buscaba.

Terminamos en cuestión de minutos; luego la ayudé a recolocarse la ropa y le di un beso dulce en la sien.

—Gracias, lo necesitaba.

Me observó un momento sin dejar de abrazarme con fuerza.

— ¿Vienes a mi casa esta noche?

Suspiré para mí y negué con la cabeza. Me sentía culpable y molesta al mismo tiempo.

Le aparté las manos con las que me retenía por la cintura y salí de su abrazo.

—Ya hemos hablado de esto. Me gustas, Paige. Eres mi amiga, pero yo no duermo con nadie ni quiero ninguna relación.

Ella se forzó a sonreír.

—No pasa nada. A veces me olvido de con quién hablo eso es todo. No te preocupes. Me gusta lo que tenemos.

Asentí, pero aún sentía que con ella pisaba en terreno inestable.

—Oye, será mejor que me vaya. Mañana temprano tengo que conducir hasta San Diego. ¿Quieres que te deje en alguna parte?

—No, me voy a quedar a bailar un rato más. ¿Me llamarás pronto?

Le besé la mano y retrocedí.

—Claro.


De camino a casa, decidí bajar la capota de mi BMW M3, el único capricho financiero que me había permitido, para dejar que la brisa de California me desordenara el pelo.

Puse la música a todo volumen y pasé de largo mi apartamento a propósito porque necesitaba un rato para ordenar mis pensamientos. Conduje por la costa pensando en la velada, y me di cuenta de que estaba orgullosa de mí misma.

Mi carrera iba bien y empezaban a llegarme ofertas.

No había planeado trabajar en el cine cuando entré en la industria, pero cuando terminó mi contrato con Tabula rasa en Los Ángeles necesitaba un cambio.

El tiempo que había pasado en el musical sumado al torbellino emocional que había conllevado me habían dejado vacía, agotada. Necesitaba algo nuevo, un proyecto que no se pareciera a nada que hubiera hecho antes.

Finn me encontró la solución perfecta: un pequeño papel en un rodaje en París.

Yo nunca me había considerado actriz fantástica.

El teatro musical siempre había sido mi fuerte y confiaba mucho en que mi voz para cantar y, sobre todo mi habilidad para bailar me abriría las puertas. Sin esas dos cosas, me había sentido algo desnuda en aquel primer rodaje, pero me esforcé por fijarme y aprender todo lo que pudiera de la industria del cine, absorbiendo información de cualquiera que pudiera proporcionármela.

Al final la película no estuvo tan mal y, sorprendentemente, yo tampoco.

Después de terminar, me quedé en París un par de meses.

Llámenlo terapia.

Aproveché el tiempo para reconstruir mi vida y volver a sentirme mejor conmigo misma. Pasé muchos ratos en museos y me sumergí en el arte, la música y en la exploración de los componentes de un Martini perfecto.

Cuando volví a Estados Unidos era más fuerte, mi armadura volvía a estar en su sitio y me sentía preparada para concentrarme en mi carrera y en nada más.

Hubo algunas mujeres por el camino, pero no podría recordar sus nombres.

Me parecía mejor así, sin ataduras.

Por una vez había aprendido una lección importante y esa lección era conservar mi corazón intacto.


Conduje hasta la playa, encontré una franja desocupada y aparqué de cara al océano.

Saqué unos vaqueros y un jersey del asiento de atrás y me los puse. Mi traje original de Óscar de la Renta quedó hecho un revoltillo poco glamuroso en el asiento del acompañante.

Con la música todavía sonando por los altavoces del estéreo, subí al capó del coche y me apoyé en el parabrisas.

Fuera hacía frío y me gustaba.

Contemplé las estrellas, escuché el romper de las olas.

El universo.

Por primera vez en mucho tiempo, sonreía de verdad.

Asentí para mí en un gesto de consuelo silencioso.

Me iba bien.





El café era mi mejor aliado.

Siempre lo había sido.

Me acompañaba en los momentos malos y, sin su ayuda, no creía que hubiera podido sobrevivir. Por desgracia, aquel día se me había enfriado el café de la taza, pero no quería ser maleducada e interrumpir el trabajo para servirme otro, así que me armé de valor y di un largo trago de lo que quedaba de líquido templado.

Miré la pantalla gigante en donde una imagen de mí misma retrocedía a cámara rápida mientras rebobinaban la película.

—Venga, vamos a volver con esa frase—dijo una voz en la cabina—Brittany, ¿estás lista?

Hice un gesto con el pulgar hacia arriba a la ventana de la cabina y esperé a la señal en los auriculares que llevaba puestos.

Cuando me lo indicaron, dije la misma frase que había repetido una cantidad ingente de veces.

—Diría que necesitas que te echen una mano.

Hice todo lo posible porque mis palabras coincidieran con el movimiento de mis labios en pantalla, para que el diálogo, que no se había grabado lo bastante bien con sonido directo, pudiera ser sustituido.

El telefilme en el que estaba trabajando había terminado de rodarse hacía un mes y estaba previsto que se estrenara en la HBO en primavera.

Doblar el diálogo era un proceso algo tedioso, pero tenía la suerte de encontrarme de bastante buen humor.



Había quedado con Rachel al cabo de una hora para comer en el Mission Beach Boardwalk.

Estaba en San Diego unos días para terminar con la posproducción del proyecto de la HBO y era genial estar en la misma ciudad que Rachel.

Hacía tres meses que no la veía y tenía muchas ganas de que nos pusiéramos al día.

Además, la echaba de menos de verdad.

Me había demostrado ser una buena amiga, especialmente los dos últimos meses de la gira, y habíamos seguido en contacto cuando me marché. Me había cuidado en momentos muy duros y le debía mucho.

Tras leer un puñado de frases más, salí hacia la playa. Me puse las gafas de sol y bajé la capota del convertible.

Hacía un día soleado, pese al frío de enero, así que me subí la cremallera de la chaqueta fina que llevaba y abandoné el estudio.

Me sentía llena de vida.

Me sonó el móvil en el sujetavasos y me debatí sobre si cogerlo o no. Al final decidí que a lo mejor era importante, así que miré la pantalla antes de descolgar.

—Hola, Finn. ¿Qué pasa?

—Que anoche estabas guapísima, eso pasa. No ganaste, pero has atraído mucha atención. Mi teléfono está hoy que echa humo gracias a ti.

—¿De verdad? Eso siempre es bueno. ¿Hay algo de teatro? Ya hace tiempo.

—Vamos a hacer una cosa...


Noté que me ponía en el manos libres mientras me hablaba. Seguramente así podría caminar por el despacho durante la conversación, lo cual significaba que se preparaba para negociar.

Yo hice lo mismo.

—Tú aceptas la oferta increíble que me ha caído encima de la mesa esta mañana y que podría cambiar tu carrera para siempre y yo te encontraré un proyecto en Broadway en cuanto termines.

Aquello no sonaba nada mal.

—¿Qué película es?

—Un guion de Seymour Jensen por el que se peleaban los estudios
—respondió—Al final se lo ha quedado la Universal y han contratado a Carl Howell para dirigir. ¿Lista para la parte más cojonuda? Carl Howell te quiere a ti. Le encantaste en Décima Avenida y su hija adolescente es una fan tuya de tu época de Tabula rasa. El estudio ya ha enviado una oferta y, tengo que decirlo, pequeña, es buena.

Me daba vueltas la cabeza.

Era mucha información absorber de golpe.

—Espera, ¿dices que me quiere a mí directamente? ¿No quiere hacer una audición, una prueba de cámara...?

—Eso es lo que digo. Ya han hecho una oferta.

—¿Puedo leer el guion?

—Ya te lo he enviado por mensajero a tu hotel. Deberías tenerlo cuando vuelvas. Te encantará. Es justo tu especialidad: divertido, coral e inteligente.

—Genial. Esta noche lo leo y te llamo.

—Brittany, hay otra cosa que tengo que decirte, pero que no sea razón para no aceptar.


Entorné los ojos.

—¿Qué pasa? ¿Van a rodar en algún país del Tercer Mundo? Soy una chica de ciudad, Finn, pero soy más dura de lo que parezco.

—Santana López ya ha firmado y saldrá en la película.


Hice una pausa y luego contesté con voz serena.

—Probablemente no sea una buena idea.

—Brittany, espera. Lee el guion y recuerda: es trabajo. Que el pasado que tienes con esa chica no te estropee una oportunidad tan buena. Es una superproducción.

—Finn, hace años que no la veo. Solo digo que no sería un entorno de trabajo cómodo para mí.

—De acuerdo. Si cuando leas el guion sigues pensando lo mismo, no volveré a decir una palabra sobre el tema. Le diremos que no a la Universal y buscaremos un trabajo de teatro en Nueva York tal como quieres. ¿Trato hecho?


Me pedía lo imposible, pero sabía que solo podía lograr que lo dejara haciéndole callar.

—Vale, lo leeré. Pero ya te digo ahora que...

—Léelo
—insistió—Es lo único que pido. Te llamaré mañana por la mañana a ver lo que contestas.

Colgué y agarré el volante con fuerza.

Santana.

Superar lo nuestro hacía cuatro años no había sido nada fácil, pero lo había hecho.

En su momento no pensé que su cara iba a aparecer allá donde fuera, sobre todo cuando su carrera despegó después de su lesión: salía en la televisión, en revistas y, los últimos dos años, en varias películas que habían triunfado en taquilla.

Después de romper conmigo no pasó mucho tiempo antes de que Santana saliera públicamente del armario. La veía en las alfombras rojas de los estrenos con varias mujeres, o de camino a fiestas de alto copete, y era duro.

No tenía nada contra Santana y le deseaba lo mejor, pero me dolía recordar
aquellos días, así que no me lo permití.

¡Había sido tan ingenua...!



Cuando llegué a la comida encontré a Rachel en una mesa junto a la ventana, con vistas a la bahía.

Parecía perdida en sus pensamientos y no se dio cuenta de que me plantaba detrás de ella hasta que le di un beso en la mejilla. Se volvió y se le iluminó la cara al verme.

—Dios mío, rubia mírate. Cuánto tiempo—me rodeó con los brazos y me estrechó entre ellos con ternura—Estoy cabreada porque perdieras anoche—me susurró al oído—¿A quién tengo que llamar?

—No sufras—me senté en la silla de enfrente—A mí no me importa. Estás fabulosa, por cierto.

Y era verdad.

Se había hecho mechas en el pelo y lo llevaba más largo de lo que se lo había visto nunca. Además, lucía un bronceado de envidia.

Se la veía relajada y feliz.

—Gracias. Tú también. Hollywood debe de poner algo en el agua.

—No me puedo creer que por fin esté en tu ciudad. Esto es precioso.

Rachel contempló el exterior por la ventana.

—Es mi casa. Ojalá pudiera quedarme más tiempo. Tengo un taller para un proyecto fuera del circuito de Broadway dentro de dos semanas. Me vuelvo a Nueva York, nena.

—Qué envidia. Echo de menos el teatro. Hace siglos que no bailo.

—Cállate. Estás haciéndote de oro en Hollywood. No me digas que renunciarías a esos cheques para volver a teatros que se caen de viejos y a camerinos tenebrosos.

—Ah, el dinero está bien, no me malinterpretes—me reí y di un sorbo de té helado.

— ¿Tienes algún proyecto a la vista?

—Mmm, no, no exactamente.

Decidí contarle a Rachel lo de la oferta que me había planteado Finn, pero algo más tarde, cuando nos hubiéramos puesto un poco más al día.

Ella partió un pedazo de su tilapia a la plancha y me estudió con detenimiento.

—Pasa algo, siempre te lo noto y lo sabes. Desembucha.

—Finn me ha llamado para ofrecerme un papel en una película que va a dirigir Carl Howell. Suena genial, pero...—la miré a los ojos—Santana también va a estar.

Crucé los brazos sobre la mesa y me eché hacia delante.

—Ah—musitó que dejó el tenedor en el plato—Complicado. Trabajar con una ex. ¿Has decidido lo que vas a hacer?

—Sí, es fácil. No voy a hacerlo. Es solo que...—exhalé despacio—Me ha dejado un poco tocada. ¿Por qué me sigue pasando esto?

—Porque te dolió cuando terminó contigo. Yo estaba ahí, ¿te acuerdas?—hizo una pausa como si estuviera buscando la mejor manera de decir lo que venía a continuación—Creo que deberías considerar hacer la película. Escúchame antes de decir nada. ¿Tan terrible sería hacer una gran película y a lo mejor tener la oportunidad de hablar con Santana? Puede que sea yo, pero me parece que hay una parte de ti que nunca lo ha superado. Cerrar esa herida podría ser... no sé, bueno.

No daba crédito a lo que oía y me enfadé un poco.

—Eso no podría estar más lejos de la verdad, Rach. Lo superé hace años. Lo que tuvimos duró poco y acabó mal, fin de la historia. Tampoco es que fuera el gran amor de mi vida.

Era algo que me había repetido una y otra vez siempre que lo necesitaba.

—¿Podemos cambiar de tema?—me sentía frustrada y no quería volver a marear la cuestión—Hablemos de ti, señorita. ¿Qué tal Quinn?

—Me alegro de que me lo preguntes. Te envía recuerdos.

Entonces lo vi.

Rachel agitó el dedo anular y el pedrusco que lo adornaba refulgió. Le cogí la mano desde el otro lado de la mesa y tiré de ella para observar de cerca el diamante que llevaba.

—Rach, oh, Dios mío, ¡enhorabuena! ¿Cuándo ha sido?

—La semana pasada. Voló a Nueva York unos días que tenía libres y le pidió permiso a mis padres. Dos días más tarde me dio una sorpresa en la playa y se me declaró. Se me declaró, Britt. Todavía no me creo que vaya a casarme y con Quinny aún menos.

— ¿Ya tienen fecha?

—El veinte de abril. ¡Será la boda de la temporada!

Casi me atraganté con mi vino blanco con soda.

— ¿Abril? ¿Dentro de dos meses y medio?

Ella asintió sonriente.

— ¿Y cómo piensas organizar una boda en tan poco tiempo?

—Confía en mí, tengo mis estrategias. Además, mi mamá me ayudará porque la boda tendrá que ser en Nueva York, visto el programa de locos que tiene Quinny en el teatro. Resulta que mis padres son miembros de un club de los Hamptons —suspiró como solo lo podía hacer una persona enamorada—Es con diferencia la persona más buena y dulce que he conocido. No sé cómo he podido tener tanta suerte.

—Creo que ella ha tenido la misma suerte. Parece que estuvieran hechas la una para la otra.

Ella me dedicó una sonrisa radiante y su expresión dulcificó con una nota de preocupación.

—Haz la película, Britt.

Puse los ojos en blanco y miré de nuevo su anillo.



Mierda.

Cerré el sobre con el guion, lo tiré encima de la cama y me pasé la mano por el pelo.

El guion era genial.

No, era más que genial.

Era divertido, alentador, políticamente incorrecto y lleno de diálogos cautivadores. El título provisional era Fase dos y seguía las peripecias de un grupo de veinteañeros durante su transición de unas vidas libres, alocadas y sin preocupaciones a unas vidas adultas formando sus propias familias.

Era una versión actualizada e ingeniosa de St. Eimo, punto de encuentro. El personaje que me ofrecían a mí se llamaba Sara, una niña bien que lucha por sobrevivir en el mundo real cuando sus padres le cortan el grifo para castigarla por haber elegido a un chico que no aprueban socialmente.

Cada uno de los seis personajes principales se esfuerza por superar sus problemas mientras el grupo de amigos en su conjunto se pelea, se reconcilia, se acuestan entre ellos y, finalmente, se distancia cuando cada uno sigue su vida adulta al final de la película.

El personaje de Santana, Delaney, era una de las amigas de Sara en la película, que se siente perdida y sola después de que su marido la abandone emocionalmente tras el nacimiento de su primer hijo.

Tendríamos un buen puñado de escenas juntas, la mayoría con el grupo, pero algunas las dos solas.

Me acerqué a la ventana del hotel y apoyé la frente en el cristal. Recordé el consejo que me había dado mi director de Décima Avenida:

—Brittany, hay cuatro factores que considerar a la hora de decidirte por un proyecto: el director, el guion, los actores y el dinero. Si logras aunar dos de ellos en el mismo proyecto, seguramente vale la pena.


Había llegado a respetar mucho a aquel hombre, que nunca me había guiado mal.

Me daba cuenta de que aquel proyecto tenía los cuatro elementos y solo un pequeño inconveniente.

Sería una estupidez por mi parte no aceptar.

En ese momento sonó el teléfono, interrumpiendo mis pensamientos. Sabía que sería Finn, puntual como siempre. Me saqué el teléfono del bolsillo y contesté.

—¡Buenos días, buenos días!—proclamó él.

Sonreí, pero me aparté el teléfono un poco del oído para darle un respiro a mis tímpanos.

—¿Ya lo has leído? ¿Te ha encantado, verdad?

—Lo he leído y es como me lo describiste, ciertamente. Me gusta todo de él.

—¿Y?

—Cierra el trato.



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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Mar Dic 06, 2016 11:40 pm

Mucho tiempo sin verse.........quiero ese encuentro!!!! Jaja!!
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Dic 07, 2016 1:06 am

Hola morra....

En la vida se da muchas vueltas.... y a britt le tocó una con san!!!
Necesita britt cerrar esa pasado... la cuestión podrá? ??
O será una especie de revancha que estaba buenísima ja ja

Nos vemos!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Miér Dic 07, 2016 1:56 am

Vaya el tiempo se fue volando!!!
Y pues aunque Britt día que a supero lo que paso con San lo cierto es que no, tanto que la cambio y que no cree en las relaciones.
Sin embargo esta oportunidad no la podía dejar pasar, y pues haber que tal les va en el reencuentro :/
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Mensaje por micky morales el Miér Dic 07, 2016 9:03 pm

4 años??????? porque, no es justo, en fin.... ahora resta saber que pasara en ese reencuentro y el porque san prefirio terminar que esperar por britt!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Miér Dic 07, 2016 10:27 pm

monica.santander escribió:Mucho tiempo sin verse.........quiero ese encuentro!!!! Jaja!!
Saludos



Hola, sip, si q lo es =/ Jajajaja y yo también, esperemos y este cap nos de ese encuentro! ajjajaajaj. Saludos =D





3:) escribió:Hola morra....

En la vida se da muchas vueltas.... y a britt le tocó una con san!!!
Necesita britt cerrar esa pasado... la cuestión podrá? ??
O será una especie de revancha que estaba buenísima ja ja

Nos vemos!



Hola lu, si, si que las da la vrdd jajajaajajajajajajaj. Uyyyy eso es bueno, para que estamos con cosas jajajaja. Mmmm que no cierren nada y se junten ya! jaajajajaj. Jajajajajajajaaja mmm esa revancha las una ahora si q si jajajaja. Saludos =D





JVM escribió:Vaya el tiempo se fue volando!!!
Y pues aunque Britt día que a supero lo que paso con San lo cierto es que no, tanto que la cambio y que no cree en las relaciones.
Sin embargo esta oportunidad no la podía dejar pasar, y pues haber que tal les va en el reencuentro :/



Hola, ufff si, y lo peor que pasa! ajajajajaj xD Obvio que no la supero, y estoy segura que la morena tampoco, osea si se pertenecen! ajajajajajajaja. El encuentro es inminente y tiene que ser! jajajajajajaajaj y del mejor obvio jajaja. Saludos =D





micky morales escribió:4 años??????? porque, no es justo, en fin.... ahora resta saber que pasara en ese reencuentro y el porque san prefirio terminar que esperar por britt!!!!



Hola, sip, jajajaajaj esk así es al vida, parpadeas y ya ere mayor jajaajjaajajaja. Mmm esperemos y ahora san de una respuesta y que el reencuentro sea de lo mejor y en este cap jajajaaja. Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Cap 11

Mensaje por 23l1 el Miér Dic 07, 2016 10:29 pm

Capitulo 11


Nueva York era justo lo que necesitaba.

Tenía algo que me hacía fluir la sangre por las venas.

Me puse la bufanda, me subí la cremallera del abrigo y respiré profundamente varias veces. Estaba anocheciendo y el dulce aroma de las chucherías que se vendían en los puestos callejeros flotaba en el aire.

Las calles hervían de actividad abarrotadas de gente que iba al teatro. Yo preferí no ver ninguna obra aquella noche porque quería dormir bien antes de tener que ir a trabajar por la mañana.

Así que, disfruté de mi paseo mientras bebía chocolate caliente Junior.

No podía sino preguntarme lo que me depararía la mañana siguiente.

—Y esta será tu caravana—me mostró Jesse, que abrió la puerta y me dejó entrar—Adelante, ponte cómoda. ¿Te vemos en maquillaje dentro de media hora?

—Perfecto. Gracias. Un placer conocerte, Jesse.

Él regresó al set y me dejó sola para que pudiera explorar el que sería mi nuevo hogar lejos del hogar durante los dos meses siguientes.

Era acogedor.

Me gustaba.

Contra la pared opuesta había un pequeño sofá de dos plazas de color bermellón, al lado de una mini nevera. En el otro extremo de la caravana había una puerta con un espejo de cuerpo entero que daba al lavabo. En el
medio había una cocina completa, con su microondas y su fregadero.

No estaba mal: práctico, privado y cómodo.

Me dejé caer en el sofá y saqué el guion para darle un repaso de última hora antes de mi primera escena.



Unos minutos más tarde, llamaron a la puerta y la abrieron con cautela.

—¿Hola?

—Adelante —le dije a mi misterioso visitante.

Entró Marley Rose con una sonrisa cálida de bienvenida en los labios. Me hizo mucha ilusión ver su nombre entre los que habían firmado para hacer la película porque la había visto de protagonista en otras y sabía que era una actriz con un talento increíble, y exóticamente preciosa.

Tenía una melena larga, castaña y lisa y unos ojos color grises arrebatadores que destacaban sobre su piel de natural blanca.

—Buenas—me saludó y se apoyó en el marco de la puerta—¿Ya te has instalado?

—Podría decirse así, sí. Soy Brittany, pero puedes decirme Britt—extendí la mano—Es un placer conocerte.

—Marley. Quería ver si ibas a ir hacia maquillaje para la escena cuatro. Yo iba de camino y he pasado junto a tu caravana, así que he pensado que podríamos ir juntas.

Cogí el guion que había dejado en el sofá.

—Bueno sí, estoy lista.

Nos tomamos nuestro tiempo para recorrer los apenas cincuenta metros que nos separaban de la caravana que había dedicada a peluquería y maquillaje.

Marley iba a interpretar a Taylor, la chica alocada de la historia, aunque parecía que era exactamente lo contrario en la vida real.

—¿Te cuento un secreto?—preguntó ya cerca de nuestro destino—Me intimida un poco este director. ¿Tú ya has trabajado con él?

Negué con la cabeza.

Me preguntaba qué es lo que había oído.

—Todo lo que sé es que es el genio de Hollywood ahora mismo. Sus últimas cuatro películas han hecho ganar mucho dinero a los estudios. Espero que no se le termine la racha—afirmé cruzando los dedos.

—De momento a ver si podemos tenerle contento.

Aquello no sonaba demasiado alentador.

—Bueno, gracias por la información.

Marley abrió la puerta de la caravana y entramos. La estancia consistía en una pared forrada de espejos iluminados y una hilera de seis butacas giratorias acolchadas enfrente.

Los tocadores estaban llenos de todo tipo de accesorios de belleza: secadores, paletas de maquillaje, cepillos y planchas. Si tuviéramos que ir a una guerra de moda, tendríamos muchas posibilidades de obtener la victoria.

También había música puesta y un acogedor aroma familiar a café recién hecho. Sonreí y aspiré para oler mi vicio matutino favorito.

La caravana estaba a reventar y seguro que todo el mundo estaba muy animado en aquel primer día de rodaje.

Enseguida me hicieron pasar al fondo y me presentaron a Elliot, mi maquillador, y a Lauren, mi peluquera.

Nos interrumpió Marley, que me llamó desde unas cuantas sillas más allá.

—Brittany, ven un segundo a conocer a Santana.

Se me borró la sonrisa de la cara y miré en su dirección.

Ahí estaba: el momento que había logrado evitar durante años.

Inspiré hondo y decidí no retrasar lo inevitable.

A Santana le estaban arreglando el pelo así que me puse detrás de su butaca, al lado de Marley, y la miré a los ojos en el reflejo del espejo.

Literalmente, no habíamos vuelto a vernos desde la mañana que la había dejado en mi habitación de hotel de Austin, justo antes de que saliera su vuelo hacia Nueva York.

Me parecía surrealista volver a estar en la misma habitación que ella, para bien o para mal, y me preguntaba si a ella se le hacía igual de raro.

Santana apartó la mirada y se dirigió a Marley.

—Ya nos conocemos, a decir verdad. Hace mucho tiempo—volvió a posar los ojos en los míos y me dedicó una sonrisa amplia, incluso cálida—¿Cómo estás, Brittany?

¿Brittany?

Bueno, eso me sorprendía un poco la verdad.

—Estoy bien. ¿Y tú qué tal?—me interesé esforzándome por sonar igual de amistosa.

Sus ojos seguían siendo extraordinariamente oscuros.

—Estoy bien, gracias. Con muchas ganas de empezar a trabajar. Este personaje debe de parecerte divertido.

—Ah, sí. Mucho.

Silencio.

Marley nos miró a ambas y pareció que notaba que había algo raro.

Decidí ahorrarnos el mal trago a las tres.

—Bueno, será mejor que vuelva con Lauren. Las veo en un rato.

Hecho, no había sido para tanto.

Solo un momento ligeramente incómodo, pero todavía reinaba un ambiente cordial gracias, en parte, a la energía que flotaba en la caravana.




Todo el mundo reía y bailoteaba al son de la música mientras se conocía.

Oí reír a Santana a carcajadas unas sillas más allá y fue como si, por un momento, me clavaran un puñal. Era la misma risa que solía engullirme por entero y prenderme fuego por dentro y oírla de nuevo en la misma habitación me descolocó un poco, pero le sonreí a mi reflejo el espejo y lo aparté de mi mente con una sacudida de cabeza.

Mi jornada de rodaje consistía en dos escenas que íbamos a tardar en rodar la mayoría de las horas de luz natural.

La primera era en el interior de un restaurante y salíamos cuatro de los personajes principales: Marley, Santana, Mason—que parecía majo— y yo.

La siguiente era una escena donde a Sara, mi personaje, la desmoralizaban y la ponían en su sitio en una entrevista de trabajo que no iba bien.

Llegué al set y encontré la silla que tenía mi nombre.

Aquel iba a ser mi campamento base durante el rodaje de la toma. Me situé en el decorado, conocí a unos cuantos miembros del equipo y repasé mis frases por última vez.

Carl Howell, nuestro director, ya iba de un lado para otro por el set repartiendo órdenes a los jefes de los equipos técnicos. Era guapo, con el pelo negro, ojos azules y unas facciones cinceladas. Eso sin mencionar el acento británico, que me resultaba completamente fascinante.

Tenía una personalidad intensa, pero cálida al mismo tiempo. El carisma le salía por los poros y yo me sentía más creativa solo con estar cerca de él.

Había que admitirlo: era emocionante.

Carl habló con los cuatro sobre el humor de aquella primera escena, que tenía que ser alegre y optimista, y luego se sentó y nos dejó trabajar.


Tras un breve ensayo, quedó claro que nos habíamos metido bastante rápido en nuestros personajes, lo cual no siempre era el caso.

Había oído que Carl nos había elegido personalmente a cada uno de nosotros y, en mi opinión, había hecho un buen trabajo.

Supongo que había un motivo para que anduviera tan solicitado.

Ensayamos la escena un par de veces más y ya estuvimos listos para rodar.

Confieso que la primera toma podría haberme salido mejor y en la segunda aún me sentí más rígida. Después de la tercera toma, Carl gritó « ¡Corten!» y se acercó a nuestra mesa.

—Me gusta lo que veo, chicos. Casi está. El ritmo está bien. Quiero ver un poco más de contacto visual, especialmente entre ustedes dos—nos señaló a Santana y a mí, y las dos asentimos.

No me había dado cuenta, pero tenía razón: incluso cuando le hablaba directamente al personaje de Santana, yo miraba a Marley o a Mason porque me era más cómodo.

—Lo siento, Carl—dijo Santana—Creo que lo entendemos, ¿verdad?—y me miró.

—Así es—sonreí yo asegurándome de mirar a Santana a los ojos al hablar.

Cuando Carl regresó a su puesto frente a los monitores, Santana inclinó la cabeza y bajó la voz.

—Todavía no soy suficiente para retener tu atención, ¿verdad?

Asombrada ante el descaro del comentario, que parecía hacer referencia a nuestro pasado, levanté la vista para mirarla a los ojos. Parecía despreocupada, como si le hubiera hecho gracia.

—Venga, tranquila. Estoy de broma.

Pero yo estaba bastante segura de que no era así, aunque no tuve tiempo de contestar porque Carl gritó «Acción» y nos pusimos otra vez con la escena.

Aquella vez la clavé y los demás también.

—¡Corten, buena!—anunció Carl—Gran trabajo, todos. Brittany, muy apasionada. Me encanta tu entusiasmo.

Le dediqué un gesto de cabeza y salí de ahí pies para qué los quiero.

Todavía me daba vueltas la cabeza por el comentario de Santana.

¿Intentaba hacerse la graciosa o estaba siendo pasiva-agresiva?

No era propio de la Santana a la que estaba acostumbrada y decidí dejar de
pensar en ello y no darle mucha importancia.



El resto del día, lejos de Santana, fue a las mil maravillas.

Mi segunda escena solo requirió unas cuantas tomas y terminé la jornada antes de lo previsto.

De momento todo estaba saliendo perfectamente.

Bueno, más o menos.





Al despertar a la mañana siguiente, reuní valor sabiendo que la última del día era una escena larga en que aparecíamos Santana y yo a solas y que saldría hacia el final de la película.

Era una escena emotiva en donde se sucedían confesiones y revelaciones importantes entre nuestros personajes y, al final, terminábamos abrazadas llorando.

Sobre el papel era una buena escena y quería hacerla bien.

Esperé en mi caravana a que me llamaran cuando estuviera lista la iluminación y todo preparado para rodar. Mientras tanto, aproveché para hacer unas llamadas y pude charlar un poco con Rachel, que me contó las últimas novedades sobre los planes de boda poco convencionales que tenía en marcha.

—Oye, quería pedirte algo—dijo con precaución—, Pero si te tienen liada y no puedes combinártelo, no pasa nada, ¿vale?

—Puedes pedirme lo que quieras, Rach. ¿Qué necesitas? Lo que sea.

—Quiero que seas mi dama de honor.


Sonreí y se me llenaron los ojos de lágrimas.

Por Dios, qué sentimental me ponía a veces.

Levanté la vista hacia el techo y paseé por la caravana para no ponerme a llorar como una boba.

Me reí sobre la emoción y eso ayudó.

—Claro que sí. Me encantará estar a tu lado cuando te cases con ese pedazo de mujer. Nada me haría más feliz.

—¡Yupi!
—gritó al teléfono y luego en voz algo más baja—Cariño, ha dicho que sí.

Me reí cuando oí a Quinn dar un grito de aprobación de fondo.

—¿Seguro que no te va a ir mal con los horarios del rodaje? No quiero darte problemas, nena.

—Ya lo arreglaré. Oye, de ninguna manera voy a perderme la boda de mi mejor amiga.

—Perfecto. Ahora tenemos que ir de compras y buscarte un vestido.

—¿En serio? Se me da fatal ir de compras. Vas a tener que atiborrarme de lattes como si fuera una ristra de zanahorias.

—Te conozco, ¿recuerdas? Me apañaré.

—Por mucho que te quiera y adore cotillear contigo, llaman a la puerta, así que deben de estar listos para mí.

—Vale, hablamos pronto. Te quiero.

—Dale un abrazo a Quinn de mi parte. Adiós.



Llegué al set y me dieron unos retoques rápidos de peluquería y maquillaje.

Santana ya estaba ahí y había rodado unas cuantas tomas suyas.

Nos ignoramos mutuamente hasta que nos vimos obligadas a reunirnos con Carl para hablar de la escena e incluso entonces nos limitamos a asentir.

Escuché con atención todo lo que quería de la escena sin dejar de maravillarme de su acento británico, como si fuera una niña impresionable de doce años.

—¿Les parece que estamos de acuerdo, señoritas?—nos preguntó retrocediendo hacia los monitores.

—Por supuesto. ¿Lista?—pregunté volviéndome hacia Santana.

—Sí, vamos.

Tras unos ajustes de iluminación, nos pusimos manos a la obra. La escena requería que las dos nos encontráramos en el parque por casualidad.

Para la puesta en escena, me hicieron la señal para que yo empezara a caminar primero, aunque la primera toma de la escena era el plano de Santana caminando hacia mí.

La rodamos sin contratiempos, al igual que mi contraplano.

La toma siguiente era el momento crucial de la secuencia y rodamos primero los primeros planos de Santana. En lugar de partir la escena en secciones, Carl prefirió rodarla entera en una sola toma.

La pasamos una vez, pero Santana se veía forzada y tensa. No expresaba una emoción tan cruda como la que buscaba Carl.

Aguardé pacientemente, sin entrometerme, cuando se la llevó aparte para discutirlo, pero la toma dos no fue muy diferente.

—¡Y corten!—Carl vino corriendo hacia nosotras y habló con vehemencia, cada vez más alto—Santana, no estás metida en la escena, querida. No estás interpretando la escena. Necesito que mires a esta mujer que tienes delante y ver la historia que hay en ella. Sara era tu mejor amiga y te sientes dolida y traicionada. Una pequeña parte de ti la echa de menos, pero queda
mucha ira. Esta escena va de poner en orden todas esas emociones y tenemos que verlas todas y cada una de ellas.

Me crucé de brazos, incómoda ante el doble sentido que encerraban sus palabras aunque él no lo supiera.

Santana se veía atormentada y no me cupo duda de que la ironía de la situación tampoco se le escapaba.

Nos sostuvimos la mirada un momento y me sentí mal por ella.

Parecía frágil, vulnerable, pero recordé que sencillamente estaba metiéndose en el papel, que era por lo que le pagaban, y volví a colocarme mi fría máscara de indiferencia.

Observé los árboles, al equipo, las nubes. Cualquier cosa menos mirar a Santana mientras esperábamos a que estuvieran listos para rodar otra vez.

Sin embargo, ella se me acercó para hablarme.

—¿Podrías no esmerarte tanto?

Su petición me confundió.

—¿No quieres que actúe?

—Estás cambiando el tono de la escena y como resultado parece que estemos descompensadas.

Me costó no perder los modos.

—Carl te ha pedido a ti que pongas más emoción, no a mí que le ponga menos.

Me fulminó con la mirada.

—¿Desde cuándo es tan difícil trabajar contigo?

—No lo digo para fastidiarte, San…tana. Si puedo hacer algo para mejorar la escena, lo haré. ¿Desde cuándo te has vuelto una obsesa del control?—mi nivel de enfado aumentaba—Y hazme un favor, anda, no asumas que me conoces porque no es así.

—Oh, siento discrepar. Creo que entiendo cómo operas a la perfección.

Nuestras voces ya eran lo bastante altas para atraer la atención de casi todos los presentes en el set.

—¿Cómo opero? ¿Y eso qué significa exactamente? Ilumíname.

—Siempre has querido ser la número uno, Brittany. Sencillamente ahora estás un poco más arriba en la carrera para conseguirlo.

—Te voy a decir una cosa, ¿por qué no te preocupas un poco más por la escena que no acaba de salirte?

Vale, aquello fue un golpe bajo profesionalmente hablando y, si le quedaba alguna confianza en la escena, probablemente se desvaneció.

Pero joder, me estaba tocando todo lo que no suena.

Santana se volvió hacia Carl, que se nos acercaba, y levantó las manos. Habló con voz tranquila, pero gélida.

—No puedo trabajar así. Prefiero retirarme de la película a que me hablen de esta manera en el set, Carl.

Dicho lo cual, se marchó.

Yo la vi regresar a su caravana a grandes zancadas, enfadada, peligrosa y tan hermosa que quitaba el sentido.

Luego miré a Carl con una mueca de disculpa; él estaba que echaba chispas por los ojos.

—Tengo que rodar una superproducción multimillonaria. ¿Qué coño ha sido eso?—agarró su pila de papeles y los tiró por los aires antes de marcharse de malas maneras.

Puede que Marley tuviera razón sobre lo del mal carácter...

Jesse se levantó y contempló su sujetapapeles.

—Muy bien, gente. Vamos a hacer un breve descanso. Que los extras no se alejen mucho, por favor. Que alguien lleve a Mason y a Marley a maquillaje. Repetiremos esta escena luego o mañana.

Me sentí culpable.

Podría haber gestionado mejor la situación, pero me había dejado llevar por mis complejos personales.

Volví a mi caravana e intenté encontrar la manera de arreglarlo. Me pasó por la cabeza pasar por la caravana de Santana, que estaba de camino a la mía, pero enseguida descarté la idea.

No sabía qué decirle y, además, dudaba que fuera a dejarme hablar con lo
enfadada que se había marchado. Cuando se enfurecía solía tardar un rato en volver a ponerle las riendas a su temperamento. Sin embargo, lo que sí sabía es que me había comportado de un modo poco profesional.

Ella había apretado las teclas adecuadas para sacarme de quicio, pero yo
le había hecho lo mismo a ella.

Mal asunto.






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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Dic 07, 2016 11:30 pm

Hola morra...

Como decirlo... mmmm san término creando el mostró que es britt ahora!!!
Tan fácil se va san??? Por que? ??
Tanto le afecta a las dos... como el primer día. .. pero briitt lo sabe llevar o aparenta!

Nos vemos!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Miér Dic 07, 2016 11:46 pm

Por supuesto que el encuentro No podia ser de otra manera!!!
Creo que a San no le fue muy bien después de la ruptura con Britt!!
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Jue Dic 08, 2016 12:07 am

3:) escribió:Hola morra...

Como decirlo... mmmm  san término creando el mostró que es britt ahora!!!
Tan fácil se va san??? Por que? ??
Tanto le afecta a las dos... como el primer día. .. pero briitt  lo sabe llevar o aparenta!

Nos vemos!



Hola lu, mmm si, la vrdd esk si =/ Mmm algo pasa desde que dijo esas tontas palabras, y sigo ocultandolo! Pero que buena resolución! pienso igual xD pobre san..., pero ella se lo busco, no¿? Saludos =D





monica.santander escribió:Por supuesto que el encuentro No podia ser de otra manera!!!
Creo que  a San no le fue muy bien después de la ruptura con Britt!!
Saludos



Hola, mmm si, la vrdd esk si, aunk hubiera querido uno mejor, no se podia, no¿? =/ Mmmm por lo que se ve solo siguo en la tv =/ Saludos =D




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Finalizado FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Cap 12

Mensaje por 23l1 el Jue Dic 08, 2016 12:09 am

Capitulo 12


No llevaba en mi caravana ni veinte minutos cuando un ayudante de producción vino a decirme que me necesitaban en el despacho de producción.

Maravilloso.

Me esperaba una buena.

Recorrí la corta distancia que me separaba de la caravana de producción y llamé antes de entrar.

Holly Holliday, la productora asociada, sirvió una taza de café y se la pasó a Santana, que estaba sentada en el sofá.

Santana levantó la mirada hacia mí con desconfianza y luego se centró en Holly.

Decir que me sentía intimidada era decir poco.

—Vamos, Brittany. No tardaremos mucho.

Me senté en el otro extremo del sofá y aguardé, expectante, la bronca que estaba segura que iba caernos. Holly se sentó enfrente de nosotras y se apoyó en el respaldo de su silla.

—En resumen, señoras, lo que ha sucedido hoy en el set no puede volver a pasar. Nos cuestan tiempo y dinero y eso no es aceptable de ninguna de las maneras. Parece ser que entre ustedes hay un pasado y, aunque no conozco los detalles, les sugiero que lo solucionen. Tómense el resto del día
libre, pero mañana por la mañana estarán aquí puntualmente y listas para trabajar juntas. ¿Está claro?

—Está claro—dijo Santana—Holly, lo siento mucho. Esto no es propio de mí y me avergüenza haberme comportado como lo he hecho—se volvió hacia mí—A ti también te debo una disculpa. Siento haber explotado.

Asentí.

—Yo también. Podría haber mejorado las cosas, pero las empeoré. No volverá a pasar, Holly.

—Bien, porque pienso tomaros la palabra.

Se puso la chaqueta de traje y bajó con nosotras los escalones hasta el exterior.

—¿Puedo sugerir que ustedes dos tengan una conversación? Tienen la noche libre. Salgan a tomar algo y póngase de acuerdo. Más vale prevenir que curar—me dio un apretón en el hombro y se marchó en dirección al set dejándonos solas a Santana y a mí.

—¿Sabes?, quizá sí que deberíamos hablar—me dijo—¿A ti qué te parece?

Aunque sentarme con ella a discutir un pasado que prefería no recordar me apetecía tanto como que me arrancaran una muela, era consciente de las consecuencias que tendría dar más problemas en el rodaje, así que decidí que probablemente sería lo mejor.

—Sí, de acuerdo. ¿Tomamos algo luego?

—Hay un bar de jazz en la ciudad donde toca un amigo mío. Le prometí que me pasaría en algún momento durante la semana. Es bastante discreto, así que sería un buen sitio para charlar.

—Vale. ¿A las ocho?

—Está bien—sacó una tarjeta del bolso y apuntó el nombre y la dirección del local en la parte de atrás—Entonces nos vemos esta noche—me dio la tarjeta y se marchó.

Se diría que tenía tan pocas ganas como yo.

Marley se me acercó justo en ese momento.

—Dios mío, he oído que se han liado a tortas.

—Yo no diría tanto.

—Bueno, es lo que va diciendo el equipo. Ustedes antes... ¿salían?

—Fue hace mucho tiempo.

—Ahora tengo que ir a rodar, pero luego tienes que contármelo todo.

—Claro. Hasta luego, Marley.



Uno de los coches del estudio me llevó al hotel donde me quedaba junto con el resto del reparto que no vivía en la ciudad.

Era mi hogar lejos de... bueno, lejos de otros hoteles, por triste que pudiera sonar.

En Los Ángeles tenía un apartamento subarrendado, pero el contrato se me
acababa pronto.

Empezaba a sentirme como una gitana, sin tener un hogar de verdad.

Contemplé las calles volar a través de las ventanillas del coche, encantada de estar en Nueva York.

A lo mejor aquel era mi sitio.

Cuando acabara la película, tenía que considerar seriamente la posibilidad de quedarme en la ciudad.


Al llegar a mi habitación, me recibió un enorme centro de rosas amarillas y rojas en la mesita de noche.

Observé las flores porque sabía seguro que no estaban ahí por la mañana, y me felicité por mis dotes detectivescas.

Abrí la tarjeta y sonreí.

Eran de Paige.

—Echo de menos nuestras noches. Llámame cuando estés en la ciudad.


Cabeceé aun sonriendo.

Seguramente era mejor no llamarla.

No me gustaba involucrarme demasiado y, si iba más lejos con Paige, la cosa podría complicarse potencialmente. Me gustaba de verdad y no quería darle motivos para que creyera que entre nosotras había algo más.

Aunque sabía que estaba cerrándome demasiado, lo prefería así porque la vida era más sencilla cuando no intervenían los asuntos del corazón.



A las siete y cuarto seguía teniendo cero ganas de ir a tomar algo con Santana.

Lancé mi naranja al aire una vez y suspiré cuando volvió a aterrizar en mi mano. Me semi incorporé en la cama, sobre los codos, y miré la pared vacía de enfrente.

Se me pasó por la cabeza anular la cita, pero no tenía el número de Santana.

Maldición.

Me vestí deprisa porque, si tenía que ir, al menos no quería llegar tarde.

Había cosas que no cambiaban nunca.

Escogí unos vaqueros descoloridos de marca y un jersey negro de escote redondo. Ante el espejo, me pregunté si no sería demasiado informal para el
club que había elegido Santana, pero me enfadé conmigo misma porque me importara.

Me puse unas botas de tacón bajo y me sentí mejor.

Dios, ¿qué me pasaba?



El trayecto en taxi hasta el bar de jazz no duró mucho.

Eso sí, el local era verdaderamente original.

Estaba en el sótano de un edificio de oficinas y solo había un cartel pequeño y modesto para marcar la entrada.

El bar era una sala con iluminación tenue llena de mesas íntimas que rodeaban el pequeño escenario.

No vi a Santana enseguida, así que me senté en la barra y pedí una copa de vino tinto.

El grupo que había en el escenario consistía en un piano, un bajo, batería y un saxofón tenor. Estaban tocando una balada suave y hechizante, y me giré en el taburete para verlos dejándome llevar por cada una de las notas ardientes que arrancaban a sus instrumentos.

Al cabo de un rato sentí una presencia a mi lado y me volví para encontrar a Santana, que también escuchaba la música detrás de mí.

Escruté su rostro: se la veía cautivada por la música, así que volví a prestarle
atención al escenario.

Cuando terminó la canción, aplaudimos junto con los cincuenta y pico espectadores más que había.

Ella me miró.

—¿Hace mucho que has llegado?

Noté que estaba haciendo todo lo posible para parecer alegre.

—No, solo esta canción.

—¿Por qué no nos sentamos en una mesa? Madison, ¿puedes llevarnos una botella de merlot y otra copa, por favor?

—Por supuesto—respondió la aludida tras la barra.

Nos acomodamos en un reservado cuando el grupo empezaba a tocar de nuevo, aquella vez una melodía con ritmo rápido, fluida y apaciguadora.

La escuchamos un momento y, al final, decidí tomar la iniciativa.

—Bueno, está claro que hoy no ha sido lo ideal—dije yo.

—Bueno no. He de ser sincera: acepto toda la responsabilidad por lo que ha pasado. Me he portado mal y lo siento.

—Fue cosa de las dos y yo también quiero pedirte perdón. Tendría que haberme adaptado más a tus necesidades para la escena y también haber sido un poco más amable en lo que dije.

Asintió en un gesto silencioso de aprecio hacia mis palabras y recorrió el borde de la copa con el dedo índice.

—Creo que, si tenemos que ser completamente sinceras yo estaba un poco crispada. Entre el diálogo de la escena y la tensión que hay entre nosotras, no sé, la situación me superó.

—Lo sé. Pero no tiene por qué ser tenso, ¿sabes? Podemos decidir que no lo sea. Soy la primera en admitir que la idea de trabajar juntas me echaba un poco para atrás, pero seamos sinceras, Santana, siempre nos hemos llevado bien en el pasado. Nuestra ética profesional es parecida y que hubiera algo entre nosotras en cierto momento del pasado no cambia eso.

Ella alzó su copa.

—Brindo por ello.

Estiré el brazo para chocar mi copa con la suya y le dediqué una sonrisa de aliento.

—Por hacer la mejor película de todos los tiempos.

—Salud.

Le di un buen trago a mi copa y me quedé mirando a Santana sin saber muy bien cómo seguir con la conversación.

—Bueno... ¿y qué tal todo?

Ella se rio por lo general de la pregunta y bebió un poco de vino mientras pensaba la respuesta.

—Bueno últimamente estoy bastante ajetreada. Ya no sé ni qué es arriba y qué es abajo, pero con suerte le pondré remedio después de este rodaje. Quiero encontrar la manera de asentarme un poco más y de no pasar tanto tiempo lejos de casa.

— ¿Y tu casa sigue estando aquí en Nueva York?

—Por supuesto. Soy neoyorquina de por vida, al menos eso creo. ¿Y tú?, ¿sigues en California?

—Supongo que sí. Pero simplemente porque es donde he estado trabajando. Todavía no sé muy bien dónde está mi casa. Ya te contaré.

—Has llegado muy lejos, Brittany. Es impresionante. Deberías estar orgullosa de ti misma. Supongo que tomaste la decisión correcta después de todo —me dijo.

Hablaba con el corazón en la mano, pero aun así me tocó la fibra sensible.

—Yo no lo pienso en esos términos, Santana. Nada es solo blanco o negro. Hice lo que creí mejor para todo el mundo con lo que sabía en ese momento.

—Lo sé.

—¿Quieres que hablemos de ello?

Lo consideró unos segundos.

—¿Te molestaría si te digo que no?

—Para nada. De hecho, lo entendería perfectamente.

—Gracias.

Escuchamos la música unos minutos sin decirnos nada más. El vino empezaba a obrar su magia poco a poco y hacía que todo pareciera mucho más sencillo.

Disfruté de la versión blues de My Funny Valentine que tocaba el grupo mientras Santana se servía otra copa. Yo la imité y terminamos la botella. Ella dio un sorbo y me miró con la copa en la mano.

—No has cambiado mucho aparte del bronceado, claro.

—Es un requisito en la costa oeste—contesté—¿Celosa?

—No, pero te queda bien. En mi opinión, las rubias están más guapas bronceadas. ¿Yo? Sigo en la línea morena sexy.

No pude evitar reírme.

—Bueno, yo creo que lo llevas muy bien.

—Hago lo que puedo.

El grupo hizo un descanso y el saxofonista se acercó a nuestra mesa. Santana se irguió, se puso de pie y le dio un abrazo animada de golpe. Me presentó a Sebastián, que no dudó un instante en sentarse a mi lado en el reservado y rodearme los hombros con el brazo.

—Son una pasada—le dije—Los estaría escuchando toda la noche.

—Bueno hazlo, hazlo, señorita—repuso él—A ver si podemos convencer a tu guapa amiga para que salga a cantar una canción con nosotros, como en los viejos tiempos.

Miré a Santana con expresión interrogativa.

—Hace años cantaba para Sebastián y su grupo. Fueron muy buenos tiempos—alargó el brazo y le apretó la mano a su amigo—Nunca se sabe. A lo mejor después de una copa o dos más—dijo, e indicó su copa de vino agitándola de lado a lado.

—Madison—llamó Sebastián—Otra botella para las señoritas. ¡Yo invito!

Todos nos reímos

—Brittany, ¿te gusta la música jazz?

Asentí enfáticamente.

—Bueno sí. Cuando era pequeña mis padres escuchaban mucho a Louis Armstrong, pero mi favorito con diferencia es Clifford Brown.

—Ah, una fan de Brownie, me gusta. Tienes que escuchar el disco nuevo que saldrá este verano. Aquí tu amiga canta en uno de los temas—anunció Sebastián señalando a Santana con la cabeza.

Yo la miré asombrada, pero ella le quitó importancia con un gesto de la mano.

—No es para tanto. Pasé por el estudio a escuchar una de sus sesiones y, antes de darme cuenta, me habían liado para cantar en un tema.

—Como si yo hubiera dejado pasar la oportunidad—afirmó Sebastián.

¿Por qué yo no sabía nada de su pluriempleo como vocalista de jazz?


Porque no quería, recordé.

La miré y, aunque aún me encontraba algo alterada en su compañía, también me di cuenta de que me sentía extrañamente bien con ella aquella noche.

Había sido catárquico de una manera que no habría previsto. Me acabé la copa y reflexioné sobre aquel giro en los acontecimientos mientras Sebastián se llevaba a Santana al escenario.

—Damas y caballeros, tenemos un regalo especial para ustedes esta noche. Ha subido al escenario para la siguiente canción una chica a la que todos quieren. Una estrella del teatro y de la pantalla, les pido un cálido aplauso para la adorable Santana López.

Los presentes enloquecieron cuando Santana se acercó al micrófono.

Llevaba un vestido de color azul marino que acentuaba su figura en los lugares correctos: elegante y sensual al mismo tiempo.

El grupo tocó las primeras notas de Someone to Watch Over Me y Santana empezó a cantar.

Enseguida me embrujó su voz.

No la oía cantar desde Tabula rasa e incluso allí la música no se parecía en nada a esta.

Era una melodía lenta, única y perfecta para su voz.

Era sencillamente embriagadora cuando cantaba, balanceándose suavemente al son de la música.

Tenía un don sutil para hacerse con la audiencia, para meterla en la canción sin sobreactuar.

Contemplé los rostros de su público y sonreí al ver cómo los tenía a todos comiendo de la palma de su mano.

Cuando la canción terminó, todos prorrumpieron en aplausos y se oyeron silbidos entusiastas.

Santana les estrechó la mano a unos cuantos de regreso a nuestro reservado y yo me descubrí meneando la cabeza sorprendida una vez más de lo buena artista que era.

—Ha sido muy bonito.

—Gracias. Me sentía un poco oxidada. Venga—inclinó la cabeza—¿Nos vamos? Estoy agotada.

Recogimos nuestras cosas y pagamos la cuenta.

Mientras subíamos las escaleras juntas, Santana me dijo:

—Entonces, ¿hay alguna posibilidad de que vayamos a superar esto?

—No te preocupes. Estaremos bien.

Me dio un apretón en la mano.

—Hasta mañana.

—Buenas noches, Santana.

Se volvió para marcharse y yo la observé mientras se alejaba calle abajo con las manos en los bolsillos del abrigo.

No solo me sentía aliviada de que la cita hubiera ido bien, sino que me había gustado volver a hablar con ella.

¿Es que jamás dejaría de maravillarme?




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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Jue Dic 08, 2016 12:57 am

Hola de nuevo ja ja ja. ..

Mmmmm digamos que estamos en punto muerto y empezamos de cero??.
Como los "viejos tiempos... y que todo fluya como antes".... no jodan eso va a terminar mal!!!!
A ver como va las cosas al otro día? ??

Nos vemos!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Jue Dic 08, 2016 3:36 am

Pues no me gustan las indirectas que le tira San a Britt, la sigue culpando de elegir primero su carrera que a su relación, pero bueno tampoco quiso hablarlo, así que espero que su relación sea buena.
Y pues si la química sigue ahí...haber como siguen las cosas
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Jue Dic 08, 2016 7:10 pm

3:) escribió:Hola de nuevo ja ja ja. ..

Mmmmm  digamos que estamos en punto muerto y empezamos de cero??.
Como los "viejos tiempos... y que todo fluya como antes".... no jodan eso va  a terminar mal!!!!
A ver como va las cosas al otro día? ??

Nos vemos!!!!



Hola lu jaajajaja pero es bueno tenerte siempre po jajajaajajaja, Mmm si la vrdd esk si, bueno tmbn son buenos los nuevos comienzos... y mucho mejor si son con ellas mismas jajajajajaj. JAjajaajajaj no se dan cuenta que no tienen que cometer los mismos errores =/ Esperemos y bn, no¿? pero aquí dejo el siguiente cap! Saludos =D




JVM escribió:Pues no me gustan las indirectas que le tira San a Britt, la sigue culpando de elegir primero su carrera que a su relación, pero bueno tampoco quiso hablarlo, así que espero que su relación sea buena.
Y pues si la química sigue ahí...haber como siguen las cosas



Hola, mmmm san esta haciendo mal las cosas, no¿? osea... a menos q ella sepa algo q nosotras no y x eso sean las indirectas, no¿? JAjajajaaja y como no¿? ajajajajajajaj. Aquí el siguiente cap para saber mas! Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Cap 13

Mensaje por 23l1 el Jue Dic 08, 2016 7:12 pm

Capitulo 13


—¿Alguien sabe qué hora es?—le pregunté al equipo de sonido que zumbaba a nuestro alrededor.

—O qué año...—añadió Santana en voz baja—Porque parece que llevemos años aquí.

Estábamos en la cuarta semana de rodaje y las tres chicas estábamos sentadas a la mesa para una toma de sonido directo de una escena en la que estábamos comiendo.

Aunque ya estaba atardeciendo, los chicos de iluminación podían hacer maravillas y habían logrado que pareciera que el sol entraba a raudales por las ventanas del falso café.

Llevábamos trabajando desde las seis de la mañana y ni qué decir tenía que estábamos muertas de cansancio. Al parecer algunos detalles de sonido nos retenían ahí y no nos quedaba otra que esperar.

Marley observaba su reflejo en una cuchara que sostenía a pocos centímetros de su cara. En realidad no tenía por qué estar en el set. Ella ya
había rodado todas sus secuencias del día con la última toma y solo quedábamos Santana y yo para filmar el final de la escena.

—¿Qué les parece si lo hacen bien a la primera y así podemos salir todas de aquí? Mamá necesita un cóctel.

Me reí y asentí en muestra de acuerdo total.

Había encontrado mi ritmo en el rodaje, disfrutaba del trabajo en equipo y me sentía parte del grupo.

A lo mejor era cosa de mi experiencia en el teatro, que empezaba a resurgir.

Los seis que hacíamos de amigos en la película estábamos también muy unidos en la vida real. Pasábamos muchas veladas en el bar del hotel e incluso Santana, que vivía en su propio apartamento durante el rodaje, se nos unía todas las noches.

Todavía no sabíamos exactamente cómo tratarnos entre nosotras, pero la atmósfera entre las dos se había relajado.

—Por mucho que secunde ese sentimiento, hoy no puedo bajar al bar—les dije—Mañana voy de compras con mi mejor amiga y para eso necesito dormir mucho.

—Es verdad—intervino Santana—El gran día será pronto. Me encanta que se casen en los Hamptons. En esa familia debe de haber dinero.

Asentí.

—Así es. Pero será divertido, nunca he estado ahí.

—Entonces no tenemos a Britt esta noche—Marley hizo un puchero—¿A quién le voy a tirar aceitunas desde el otro lado de la mesa?

—Tíraselas a Santana. Ella no las podrá coger, pero lo intentará y será divertido de ver.

—Lo haré. Lo intentaré con todas mis fuerzas.

—Aish, Santana. Quedas oficialmente nombrada mi compinche para esta noche—declaró Marley—Y esa, queridas mías, es mi frase de cierre. Cruzo los dedos y les veo en un rato—le dio una palmadita a Santana en el hombro
y salió del decorado de la cafetería.

Yo suspiré y me eché hacia atrás en la silla.

—Parece que estás atrapada conmigo otra vez.

—Tengo una suerte pésima.

—¿Quieres que juguemos a ver quién se ríe antes?

Ella soltó una carcajada ante lo aleatorio de la propuesta.

—No, la verdad es que no.

—¿Por qué no?

—No sé, ¿porque ya no tengo diez años? Había olvidado lo mucho que te gustaban los juegos.

Apoyé la barbilla en la mano.

—Ya sé que soy caprichosa, no hace falta que me lo digas.

—Bueno, mientras seas consciente de ello.

—Venga, será divertido. Seguramente perderás, pero lo pasaremos bien.

—Qué halagador.

Sabía que si le tiraba de la vena competitiva la llevaría a mi terreno.

—¿Jugamos, entonces?

Pero no me contestó porque, mierda, ya me estaba mirando fijamente con el ceño fruncido en una expresión de concentración ridícula.

—Para, no estaba preparada—pero ya me estaba riendo, maldita sea.

Las largas horas que llevábamos trabajando habían afectado a mi capacidad de mantenerme seria.

—Si haces trampas no juego.

—Sí, sí juegas. Y vas perdiendo.

Inspiré, me agité y dejé de sonreír.

Literalmente, puse mi cara de póker para ganarle la partida. Yo no era tan competitiva como Santana, pero tenía unos mínimos.

—Vale, de acuerdo. La primera que se ría tiene que invitar a la otra a las copas durante toda la semana.

—Espero que tengas dinero ahorrado.

Y nos pusimos a ello.

La miré a los ojos y le sostuve la mirada; las dos nos mantuvimos inexpresivas durante los primeros segundos de la competición. Pronto quedó claro que la propia naturaleza de un desafío de miradas me dejaba poco que hacer aparte de estudiar el rostro de mi competidora, así que eso hice.

Decidí que Santana tenía unas pestañas muy largas y atrapaban la luz de una manera única. Tenía los labios carnosos y bastante sexis cuando estaban fruncidos en un puchero como ahora.

El estómago se me encogió un poco, pero preferí ignorarlo.

También me gustaba la manera en que el flequillo largo le caía justo sobre el ojo izquierdo.

Fue entonces cuando me di cuenta de que entornaba los ojos en gesto de concentración y supe que era mi oportunidad. Poco a poco, saqué la lengua por la comisura de los labios asegurándome de que el resto de mi expresión se mantenía impertérrita.

El efecto fue inmediato.

Las arruguitas alrededor de sus ojos se tensaron y curvó los labios ligeramente hacia arriba.

Se resistía, lo notaba, pero no tardó en explotar y echarse a reír cayéndose hacia un lado en la silla.

—Vale, vale, tú ganas. Enhorabuena—dijo levantando las manos en muestra de rendición.

Yo me senté derecha con una sonrisa de triunfo.

—Te empeñas en subestimarme.

Poco a poco dejó de reír y se quedó sonriéndome, con un brillo extraño en los ojos.

—Tendría que haber aprendido la lección a estas alturas.

Me sentí acalorada, incómoda.

No sabía qué contestar a eso.

Nos sostuvimos la mirada un par de segundos más de lo que habría resultado casual y finalmente tuve que bajar la mirada hacia las manos que tenía en el regazo.

Fue Santana la que nos rescató.

—Bueno, ¿y cómo de rápido crees que podemos hacer esto?

—Creo que la cuestión es cómo de rápido puedes hacerlo tú. A mí no me llaman Una-Toma-Pierce por nada.

Ella enarcó las cejas y se rio.

—En primer lugar, nadie te llama así. Y, en segundo lugar, doble o nada si te equivocas en más tomas que yo.

Alargué la mano por encima de la mesa.

—Trato hecho.

—Fabuloso —me estrechó la mano justo cuando una asistente de producción se nos acercaba para darnos dos hojas nuevas de diálogo.

—Un momento, ¿qué es esto?—le pregunté antes de que se alejara.

—Cambios de guion—contestó ella—Acaba de salir de la impresora. Carl dice que se pueden tomar unos minutos para mirarlas, pero hay que rodarlas enseguida.

Eché un vistazo rápido a la hoja y me quedé con la boca abierta ante las malas noticias. Las escasas cinco líneas que había memorizado por la tarde se habían convertido en unas treinta nuevas líneas mastodónticas.

¿Qué demonios?

Miré a Santana, que pestañeó inocentemente.

Lo estaba disfrutando.

—Esto no es justo—le dije.

—Me encanta esta película—afirmó feliz como unas castañuelas.





Cien años y trece tomas más tarde, las tres chicas bajábamos por la calle de los estudios hacia nuestras caravanas riéndonos de puro cansancio mientras Santana le contaba lo de nuestra apuesta a Marley.

—Bueno, me alegro de que mi tortura pública y profesional les haga tanta gracia—les dije.

—Como Brittany no va a venir al bar, ¿qué les parece tomar algo rápido en mi caravana para finiquitar esta locura de día?—propuso Santana.

—Por mí bien—contestó Marley.

—A mí me iría bien un cóctel, sí.

Subimos a la caravana de Santana y nada más entra, me fijé en que, una vez más, su habitación era más grande que la mía.

—¿Cómo lo haces para tener siempre el mejor alojamiento, López? ¿Cuándo vamos a llegar a tu nivel de estrellato los demás?

—Es parte de la negociación. La próxima vez ponlo en el contrato, señorita Globo de Oro.

—No gané —recordé fingiendo pesar.

—Deberías haber ganado. ¿Mojitos?

Caí en la cuenta de lo que significaba aquel comentario: Santana había visto mi película.

Guardé la información para analizarla en otro momento sin saber bien por qué me había llegado tan hondo.

—¡Mojitos!—coreó Marley.

Santana mezcló los cócteles en su cocina deluxe y nos los pasó. Luego levantó su copa.

—Por las tomas fallidas y el alcohol gratis.

—Brindo por eso.

—Salud —dije.

Chocamos nuestras copas y yo observé el perfil de Santana mientras bebía. En ese momento le sonó el móvil a Marley, que dio un salto.

—Ay, es mi amor. Voy a cogerlo fuera. No toquen mi mojito—nos advirtió, mientras se retiraba, señalándonos con el dedo.

Santana se sentó en el sofá con la rodilla flexionada y se volvió hacia mí.

—Ya que tenemos un momento, quería hablar contigo de una cosa, si te parece bien.

—Claro, dime.

—Tengo una oferta sobre la mesa y me gustaría saber tu opinión acerca del proyecto.

—¿De qué tipo de oferta estamos hablando?—pregunté levantando las cejas.

Se rio y me dio un empujón travieso.

—Es una oferta de trabajo. Broadway.

—¿En serio? ¿Qué espectáculo?

—Van a reponer Cabaret y me han ofrecido el papel de Sally.

Me erguí en el sofá y lo pensé detenidamente. Santana sería una Sally Bowles para quitar el sentido y la mera idea me hacía sentir muy emocionada por ella.

—¿Y qué es lo que tienes que pensar? Tienes que hacerlo.

—La idea me tiene aterrorizada. Pese a todo, la gente todavía me ve como la adolescente que salía en televisión. Además, no quiero hacer el papel igual que lo ha hecho todo el inundo antes. ¿Cómo podría hacerlo mío? Es que no quiero que se me escape de las manos.

Le cogí la mano en un acto reflejo.

—Santana, ¿por qué siempre te infravaloras? Si hay alguien que puede hacer ese papel, esa eres tú. Tienes muchísimo talento y cuando la gente te ve en el escenario no tiene la menor duda de por qué estás ahí. No solo eso, sino que tienes algo, una presencia que atrae a las personas. Lo he visto de primera mano. No hay nadie mejor que tú. No tienes nada que temer.

—¿De verdad piensas eso?

Santana había empezado a dibujarme circulitos en la mano con el pulgar.

Se la veía sinceramente conmovida por lo que le había dicho, como si fuera algo que ignorara de sí misma.

—Sí, lo pienso.

—Gracias por decírmelo. Oírtelo a ti me ayuda mucho.

— ¿Ah, sí?

—Sí—retiré la mano porque no me creía capaz de soportar mucha más atención por parte de aquel pulgar.

Ya estaba notando un cosquilleo notable en la parte baja de mi abdomen, pero lo reprimí enseguida, ofendida por las reacciones de mi cuerpo a aquella caricia amistosa.

Estaba bastante convencida de que ella no se daba cuenta de lo que estaba haciendo.

Era un gesto muy informal y me reñí internamente.

Entonces Santana se puso recta, rompiendo el momento.

—¿Y tú qué? Me sorprende verte tan metida en el mundo del cine. Siempre creí que te quedarías en el teatro. Era tu ambiente.

—Lo echo de menos, pero necesitaba un descanso después de trabajar con la compañía de Los Ángeles y Finn me encontró un papel menor en una película independiente. Una cosa llevó a la otra y aquí estoy—señalé la habitación—Supongo que aprovechando las oportunidades. Pero me gustaría volver, quizá pronto.

—Deberías, Brittany. Eres el tipo de actriz polivalente que la gente adora. Eres buena de verdad. Sigues bailando, ¿no?

—Profesionalmente no, desde Tabula rasa.

Me miró con incredulidad.

— ¡Eso es un crimen!

—No ha sido algo que planeara. Las películas iban llegando y la idea de rechazar trabajo seguro en esta industria pues... me parecía algo contra natura.

—Tienes parte de razón, no te digo que no, pero ahora mismo estás en posición de poder ser un poco más selectiva, ¿no crees?

—Intenta convencer a Finn de eso.

Santana suspiró y se sentó más recta, como si tuviera la misión de explicarse mejor.

—Finn Hudson es un buen agente, Brittany, pero trabaja para ti. Tienes que recordarlo. Es de tu carrera de lo que hablamos, no de la suya. No dejes que te presione para aceptar o rechazar un proyecto. Nunca.

Entendía lo que quería decir y no pude evitar recordar todo lo que había aprendido de Santana al empezar en aquel mundo, así que me dije que iba a considerar muy seriamente los consejos que me diera.

—Si quieres volver al teatro, creo que no te costará encontrar trabajo.

—Me llevaría un poco de tiempo ponerme en forma para volver a trabajar en un musical—apoyé la cabeza en las manos—Jesús, ni siquiera sé si todavía soy capaz. Ha pasado demasiado tiempo.

—Para mí ha pasado más tiempo y me estás diciendo que me lance. ¿Un poco hipócrita, no?—me dijo arqueando una ceja con toda la intención.

—Eso parece—confesé con la cabeza gacha.

—De acuerdo, entonces decidido. Te vas a poner en forma para volver a bailar. Ya puedes apuntarlo en la lista.

Parpadeé.

—¿Qué te hace pensar que hay una lista?

—Por favor. Siempre hay una lista. Me apuesto lo que quieras a que está clasificada por colores.

Tenía razón, lo estaba.

Me sorprendió que todavía me tuviera la medida tan cogida para aquellas cosas.

No estaba segura de cómo sentirme al respecto.

—De acuerdo. Entonces ya está en la lista—me dedicó un guiño juguetón.

—Avances. Me encanta.

Nos giramos al mismo tiempo cuando el teléfono que tenía en la mesita junto al sofá empezó a bailar por la vibración de una llamada entrante.

Santana se estiró para ver quién era y luego volvió a acomodarse en el sofá sin más.

—¿Qué le habrá pasado a Marley? A lo mejor al final nos ha dejado colgadas.

Me encogí de hombros, pero no podía quitarle los ojos de encima al teléfono que seguía anunciando la llamada perceptiblemente.

—Puedo irme si necesitas cogerlo—hice un gesto para señalar la puerta—De hecho, debería irme ya.

—No, quédate, por favor—pidió—Es que no me siento especialmente de humor ahora mismo.

— ¿Y necesitas estar de humor para contestar?

—Un poco. Lo cierto es que es una mujer con la que... hablo bastante últimamente.

—Ah, ese tipo de llamada—le sonreí con complicidad.

—¡No!—me dio un palmetazo en el brazo—Ese tipo de llamada no, no te metas conmigo.

—Vale, vale —reí levantando las manos—Pero no me pegues más.

Las dos nos relajamos apoltronadas en el sofá, y la miré expectante para que continuara.

—De acuerdo, entonces el tema es: creo que me gusta y hacía... tiempo que no me gustaba nadie. Pero no nos conocemos lo suficiente todavía como para tener un nivel de... confortabilidad. ¿Existe esa palabra?

—Creo que no—reí—Pero espera, ¿entonces el problema es que todavía no te sientes cómoda con ella?

—¿Sabes ese punto en el que eres completamente tú misma con alguien, al cien por cien, con tus defectos y todo? —dijo.

Asentí y me esforcé todo lo que pude para parecer interesada y tranquila, aunque me sentía rarísima por estar hablando con Santana, mi exnovia, sobre su vida amorosa.

—Bueno todavía no estamos en ese punto. Todavía estoy pendiente de ofrecerle mi mejor cara, de impresionarla y ese tipo de cosas, y ahora mismo no creo tener la energía para hacerlo. Ha sido un día muy largo.

—Ya veo. ¿Y dónde conocimos a la encantadora dama?

—Sigues metiéndote conmigo.

—Un poco. Contesta.

—En una fiesta en el distrito Meatpacking. Trabaja en el mundo de la moda. Informal y alta costura.

—Ajá. ¿Y nuestra reina de la moda tiene nombre?

—Elaine.

—Elaine es un nombre muy bonito. Muy sexy.

—Es un nombre bonito, pero eso es todo lo que vas a sacarme esta noche, cotilla. Ahora vamos a hablar de ti. ¿Quién te hace vibrar el móvil últimamente?

—Nadie, la verdad.

—¿Nadie? ¿Cómo es posible?

—Bueno, supongo que hay una chica con la que hablo, como tú dices.

—Ajá, lo sabía. Cuenta.

—No hay nada que contar. Lo pasamos bien juntas, pero es muy informal.

—¿Has llegado a la fase «cómoda»?

Pensé en Paige y todas las cosas que habíamos hecho juntas.

—Sí, supongo que podría decirse así.

Ella levantó las cejas.

—¿Dirías que...?

Pero Santana no tuvo oportunidad de hacer más preguntas porque justo en ese momento Marley irrumpió de nuevo en la caravana.

—Bueno, chicas. Estoy lista para ir a comer algo. ¿Lista para salir, San?

Le dediqué una sonrisa triunfal a Santana.

—No te has librado, ya hablaremos tú y yo.

Me levanté del sofá.

—Claro que sí—respondí en tono inocente.

—Dale a Rachel un abrazo de mi parte. Dile que tengo muchas ganas de ir a la boda.

—Lo haré. Buenas noches, guapas, no se metan en líos—abrí la puerta y fui a salir, pero no me pude resistir a darme la vuelta una última vez—Oh y, San, no tienes nada que temer. Lo digo en serio.

Me devolvió la mirada, pensativa, y me sonrió sin decir nada.





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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Jue Dic 08, 2016 10:03 pm

Bueno y esto que es, hablando de "sus intereses amorosos"??????? nooo pero que amigas!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Jue Dic 08, 2016 10:41 pm

Hola morra...

Bueno cada una siguió con su vida... y tienen "amigas".. pero siempre va a ser así ninguna se va a sentir completa...
Lo bueno es que se están llevando bien en la peli.... a ver como van las cosas???

Nos vemos!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Jue Dic 08, 2016 11:11 pm

micky morales escribió:Bueno y esto que es, hablando de "sus intereses amorosos"??????? nooo pero que amigas!!!!!



Hola, ni yo lo entiendo la vrdd =/ JAjajajaajaja de las mejores, no¿? ¬¬ Saludos =D






3:) escribió:Hola morra...

Bueno cada una siguió con su vida... y tienen "amigas".. pero siempre va a ser así ninguna se va a sentir completa...
Lo bueno es que se están llevando bien en  la peli.... a ver como van las cosas???

Nos vemos!



Hola lu, mm sip =/ Q es lo peor ¬¬ Claro que no! esk no se dan cuenta ¬¬ ¿? Esk paso a paso es bueno, no¿? jaajajajajaja. Esperemos y bn xD Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Cap 14

Mensaje por 23l1 el Jue Dic 08, 2016 11:13 pm

Capitulo 14


—Bueno, no se han sacado los ojos todavía, que ya es algo—comentó Rachel tras la puerta del probador—Pruébate este.

Me pasó un vestido de satén amarillo por encima de la puerta. Me metí en el horrible vestido color rosa chicle que me había dejado la dependienta y me miré en el espejo con el ceño fruncido.

—No, esa es la cuestión. Nos estamos llevando muy bien. Es agradable—me puse de perfil—No pienso llevar esto, por cierto, y si te importo, aunque sea un poco, no querrás que lo haga.

—Abre la puerta.

Obedecí e incluso desfilé como una modelo a lo largo de la boutique. Rachel puso los ojos en blanco al verme hacer el tonto.

—Vale, es un poco demasiado rosa. ¿Sabes qué creo? Azul. Eres mi única dama de honor, así que el vestido tiene que ser algo hecho solo para ti y cuando pienso en Brittany pienso en azul. Tenemos que conjuntarlo con tus ojos.

Volví al probador.

—Azul no me importaría.

—Entonces, cuando estás con Santana en vuestra nueva y madura relación de amistad, ¿no hay ninguna parte de ti que quiera arrancarle la ropa como en los viejos tiempos?

Solo con mencionarlo hizo que me quedara helada, con el vestido a medio quitar, imaginándome a Santana hacía cuatro años, desnuda y hermosa sobre mi cama.

La verdad era que no había dejado que mis pensamientos volaran en aquella dirección hasta que Rachel lo había mencionado.

Se me quedó la boca seca y, al mirarme al espejo, me di cuenta de que estaba colorada. Haciendo un esfuerzo sobrehumano, enterré la poderosa imagen en lo más profundo de mi mente y me centré en la conversación.

Abrí la puerta y me asomé para mirar a Rachel con absoluta seriedad.

—No, para nada. Somos amigas.

—¿Y quieres que sigan siendo solo amigas?

—Sí, es exactamente lo que quiero. Ahora vamos a encontrar un vestido, ¿vale?

—Tus deseos son órdenes. Acaba de quitarte ese. Creo que he visto un candidato allende la tienda.

Yo metí la cabeza de nuevo mientras me reía.

—¿Allende? En serio, ¿allende?

—Ajá —dijo ella dándome un golpecito en la nariz antes de alejarse.

Sin embargo, sus palabras si habían puesto en marcha los engranajes de mi cerebro.

Mientras me desvestía, analicé mis sentimientos.

¿Seguía sintiendo algo por Santana?

La respuesta fue inmediata: No.

Santana y yo éramos cosa del pasado y, aunque en cierto momento me había dolido que no luchara por nuestra relación, ya lo tenía superado.

Estábamos abriendo camino, aprendiendo a conocernos la una a la otra de otra manera y por el momento era algo muy bueno.

De acuerdo, todavía estaba buenísima, puede que incluso más que hacía cuatro años, pero eso no cambiaba nada.


Rachel estaba en lo cierto sobre el vestido que había visto.

Era precioso y me quedaba como un guante. Cuando salí del vestidor, Rachel se quedó callada unos momentos y finalmente asintió con un suspiro.

—Ahí estamos. Guau. Guau. Creo que tenemos que comprar este, nena. ¿A ti qué te parece?

Me miré en el espejo, me puse de perfil y sonreí.

Me encontraba elegante y bonita.

Nunca me había sentido especialmente insegura por mi apariencia porque sabía que era atractiva, pero a veces hay algo en ponerte cierto vestido que transforma el modo que tienes de mirarte.

Era un vestido azul medianoche con tirantes finos para sostener el ajustado corpiño. Luego caía libremente desde la cintura, pero aun así delineaba mis curvas.

—Me gusta.

—¡Vendido!

Rachel llamó a la dependienta agitando su tarjeta en el aire.






—Artie, me estás matando. ¿Quieres repartir ya?

—No sé si quiero jugar otra ronda contigo. Ya he perdido cincuenta pavos.

Miré a mi novio de pega y me enjugué una lágrima imaginaria del ojo.

—Qué historia más triste. Deberías vender los derechos a la tele.

Se llevó la mano al corazón como si acabara de dispararle una flecha. Estábamos matando el tiempo en mi caravana hasta que nos necesitaran en el set.

Había sido un día bastante ligero para mí porque había trascurrido sobre todo entre largas esperas.

Artie tenía muchas ganas de demostrarle a la señorita cómo se jugaba a las cartas, así que le dejé intentarlo.

Santana llamó a la puerta dos veces y entró justo cuando Artie, a regañadientes, repartía una nueva mano.

Yo la miré: iba vestida con unos vaqueros anchos y una camiseta blanca con una mancha naranja en el pecho. El pelo lo llevaba en una cola de caballo con largos mechones sueltos y desarreglados.

No parecía ella misma.

—Bonita ropa—le dije con dulzura mirándola por encima de las cartas.

—¿Sí, no? Acabamos de rodar la escena en la que mi hijo tiene una pataleta y me lo tira todo por encima en el supermercado. Un mal día para Delaney.

—Eso parece—dijo Artie en tono de disculpa.

—Pero sí que me gusta tener al pequeñín en brazos—se sentó en el brazo del sofá—No me importaría tener uno como él en el futuro.

Intenté imaginarme a Santana con un hijo y no me resultó difícil.

Era cariñosa y maternal, y me hizo sonreír pensar en ella con un bebé en brazos cantándole nanas.

La miré.

—Sabes, yo también te veo. Creo que serías una madre genial.

—Gracias—contestó—A lo mejor dentro de unos años. Nunca se sabe. Pero mejor que se den prisa con esa partida porque son los siguientes que necesitan. Yo voy a cambiarme. Solo quería saludar—se volvió para marcharse—Oh, Artie, mejor que le vayas dando el dinero ya. Te está timando.

Me eché hacia delante y susurré.

—No es verdad. Solo está celosa porque no es tan buena como tú.

El asintió con complicidad mientras yo conseguía que apostara cincuenta pavos más.





Tenía una relación de amor-odio con la nieve.

Me encantaba lo bonita que era si la veías calentita desde algún sitio resguardado, con una taza de chocolate caliente en las manos mientras los copos caían.

Sin embargo, odiaba cuando me veía obligada a salir y afrontar su fría y húmeda realidad.

¡Cómo no!

Aquel día de rodaje en particular nevaba en Nueva York y para mi desmayo, la escena del día era un exterior.

Producción decidió que la nieve no sería un problema y que, de hecho, realzaría la escena, así que, en lugar de reprogramar la secuencia, nos pusimos a rodar en medio de la puñetera nieve.

Mi mamá había tenido el detalle de enviarme mi abrigo más grueso unos días antes cuando salió la previsión del tiempo, pero era como si el frío me siguiera allá donde fuera.

—¿Crees que van a llegar a nosotras en algún momento de esta década?—le pregunté a Santana que estaba sentada a mi lado en una silla de director igual que la mía.

Eran las cinco y media de la tarde y el sol ya se había puesto por completo. Las temperaturas estaban desplomándose y yo cada vez dudaba más de mi capacidad de conservar la calma en unas condiciones tan gélidas.

Sencillamente llevaba muy mal el frío.

—Bueno, a juzgar por el hecho de que todavía les quedan dos páginas que filmar antes de que entremos en escena, diría que no, lo siento.

—Dios. Ya me temía que dirías eso. Propongo que escapemos. Creo que en alguna parte hay ponche caliente con mi nombre puesto. Nadie nos echará de menos. ¿Estás conmigo?

Santana me observó claramente divertida ante mi angustia.

—Britt, estamos a dos grados bajo cero y nieva un poco. Yo tampoco lo llamaría ventisca. Puedes hacerlo.

—Habla por ti. No me gusta la nieve.

—¿No eres de Holanda?

—Sí, y ahí tampoco me gustaba la nieve.

—Haz una cosa, ¿por qué no te bebes otra taza de chocolate caliente? Te sentirás mejor.

—San, voy a ser sincera contigo. Si bebo más chocolate caliente vas a tener que reproducir mis escenas a cámara lenta. Tengo el azúcar ya por los aires. ¿Cómo puedes estar tan tranquila? A mí no me extrañaría que de un momento a otro pasara una familia de esquimales seguida de sus amigos, los pingüinos.

Era consciente de que mi tono era el de una niña quejica, pero es que no podía evitarlo. Por lo que a mí respectaba, aquellas condiciones de trabajo eran una tortura.

—Vale, vale. Ya me has obligado a hacerlo—dijo Santana—Ven.

—¿Qué? —pregunté confusa.

Abrió los brazos y me hizo un gesto de cabeza para que me sentara en su silla, delante de ella.

—Calor humano. Nos mantendremos calientes la una a la otra.

Literalmente abracé la idea de un salto, desesperada por intentar lo que fuera, y me senté en la silla de Santana, entre sus piernas, con la espalda contra su estómago. Ella me rodeó con los brazos desde atrás y yo coloqué los míos sobre los suyos.

Así nos acomodamos.

Era agradable arrimarme a alguien cuando el clima luchaba contra mí. Me estremecí una vez e, instintivamente, tiré de sus brazos para que me abrazara más fuerte.

Pronto me sentí un poco mejor y puede que hasta notara una mariposa o dos en el estómago por tener a Santana tan cerca.

Dios, aquello no podía volver a pasar.

—¿Mejor?—me preguntó ella cerca del oído.

—Un poco, sí. Gracias.

Y era cierto, en más de un sentido.

Basta, me dije.

No estaba bien pensar en aquellas cosas.

Santana estaba fuera de los límites; ahora éramos amigas. Una amiga muy atractiva que, al parecer, seguía utilizando el mismo champú con aroma de melón que cuando estaba conmigo.

—Ahora solo tienes que pensar en calor.

—¿En calor?—logré decir tragando saliva.

—Si. Por ejemplo, imagínate sentada delante de un fuego y que el calor de las llamas te acaricia las mejillas. Si te esfuerzas en imaginártelo, empezarás a tener más calor. Es psicológico.

—Vale. Me gusta este juego tuyo—me obligué a relajarme y a conjurar la escena—Me imaginaré que me quedo atrapada en un edificio que está explotando y que tengo que lograr ponerme a salvo.

Ella silbó por lo bajo.

—Guau, eso es muy creativo y deprimente. No es exactamente la misma técnica, pero si te sirve...

—Gracias por no juzgarme. Te toca.

—Vale. Yo me imagino en una sauna bien caliente donde me libero de todo el estrés de la vida a medida que veo como mis preocupaciones se desvanecen una a una.

—Y yo trabajo partiéndome la espalda en una obra bajo el tórrido sol del verano.

Santana suspiró exageradamente armándose de paciencia.

—Yo quiero herir tus sentimientos, Brittany, pero eres muy mala en este juego.

—¡Eh! ¿Qué pasa con lo de no juzgarme? Hace un momento se te daba muy bien.

—Ya, lo de partirte la espalda me ha roto la concentración. Se supone que tenemos que imaginarnos cosas que nos hagan sentir mejor, no oprimidas físicamente —replicó.

—Me temo que no valoras mi enfoque poco convencional de la vida. Seguro que a Elaine le habrías dejado imaginarse lo que quisiera.

—Tienes razón. La habría dejado.

Hice una mueca.

—¿Cómo van las cosas con ella? ¿Algún progreso en tu intento de enseñarle tu lado oscuro?

—Negativo. Está fuera de la ciudad por negocios toda la semana que viene. Hemos quedado para cenar la semana siguiente.

—Ya veo. ¿Y esa será la cita número...?

—Cuatro.

Me di la vuelta en la silla para mirarla a la cara.

—Oh, San, la cita número cuatro es crucial. Podría ser la noche que decida el resto de tu vida. No lo fastidies, lo digo en serio.

Ella me fulminó con la mirada.

—Ya te estás quedando conmigo otra vez.

Era cierto, lo estaba haciendo.

Y le resultaba más fácil meterme con Santana que hablar en serio sobre su vida sentimental.

No me gustaba hablar de eso.

No me gustaba cómo me hacía sentir y no me gustaban las preguntas que me planteaba.

Estaba trabajando en ello.

—¿Quién? ¿Yo? Yo nunca haría tal cosa—me giré de nuevo y fingí prestar atención al equipo y a los cambios de iluminación que estaban haciendo.

—Yo tampoco —aseguró Santana con voz de inocencia.

—Y para que conste—dijo en tono sereno—Valoro mucho tu enfoque poco convencional de la vida.

—Gracias.

Me levanté y le tendí la mano a Santana. Volvimos juntas a nuestras sillas, pero optamos por sentarnos separadas.

De repente estábamos muy calladas.

Durante el resto de la espera en el set, no nos dijimos mucho.

Yo la miraba por el rabillo del ojo de vez en cuando y me fijaba en lo guapa que estaba con los copos de nieve que le caían sobre el pelo oscuro. Tenía las mejillas algo sonrojadas y una piel tan fina como un lago tras una tormenta.

Me rodeé con los brazos para darme calor.

Después de todo, fuera hacía mucho, pero que mucho frío.






—Bueno voy a estar en la ciudad. Bueno, todavía no, pero en dos semanas sí.

—¿Que estarás dónde?
—pregunté, incrédula, de camino a mi caravana con el móvil pegado a la oreja.

—Estaré en Nueva York y, como resulta que tú también estarás ahí, pensaba que podríamos quedar. Comer algo, no sé. Te echo de menos.

—Paige, es genial. Me encantará verte y que me cuentes tu nuevo proyecto. ¿Cuándo estarás libre?


Vale, aquello no era del todo cierto porque Paige aún me asustaba un poco.

Me gustaba de verdad pero, aunque la encontraba muy atractiva, nuestro arreglo tenía fecha de caducidad porque ella seguramente deseaba algo más.

Era una situación que quería evitar en la medida de lo posible. Aunque, por otro lado, podría irme bien ver a Paige.

En el set reinaba la armonía, puede que incluso demasiada, y eso me tenía muy confundida.

A lo mejor Paige era justo la distracción que necesitaba.

—Bueno, la peli independiente que estoy rodando debería estar terminada el jueves a última hora de la tarde. Si todo va de acuerdo con el plan, estaré libre a las ocho. Podríamos cenar y luego ya veremos.

—Hecho. Estará bien ver algún rostro familiar, especialmente el tuyo. En teoría para entonces ya habremos acabado película, pero tenía pensado quedarme en Nueva York hasta la boda de mi amiga Rachel. Tengo la impresión de que estoy trabajando tanto que ya me cuesta imaginar cómo es el mundo real.

—Bueno, ¿por qué no te recojo en tu hotel a las ocho y media y nos adentramos juntas en ese mundo? Hasta te dejaré elegir restaurante.

—Veré qué se me ocurre. Hasta entonces.


Colgué y me dejé caer sobre el sofá con una sonrisa.

Necesitaba el tipo de compañía que podía proporcionarme Paige y decidí ignorar la sensación de culpabilidad y la molesta vocecilla en mi cabeza que me recordaba la razón por la que necesitaba tanto liberar tensiones.

En ese momento llamaron a la puerta de la caravana y Jesse asomó la cabeza.

—Brittany, te necesitamos en maquillaje. ¿Estás lista?

—Sí, ahora voy.

Me levanté y cogí las páginas del guion que tocaban aquel día, pero de repente me dio un mareo súbito.

Fue como si el mundo se saliera de su eje y me agarré de una silla cercana para mantener el equilibrio.

Me volví a sentar en ella bajo la alarmada mirada de Jesse.

—¿Estás bien, Brittany? Estás un poco pálida. ¿Llamo a un médico?

—No es nada. Creo que me he levantado demasiado rápido, eso es todo.

—Si tú lo dices—salió de mi caravana sin perder el gesto de preocupación.

Yo tenía la esperanza de que no fuera nada, pero dos horas después me encontraba fatal, como si me hubiera atropellado un camión.

Me llevé la mano a la frente y me di cuenta de que me había subido la fiebre. Tenía los ojos llorosos y me dolía mucho la garganta, como si tragara cuchillas en lugar.



Poco después estaba sola en mi habitación de hotel hecha una mierda y con la vista fija en el techo.

Habría lanzado mi naranja, pero no tenía fuerzas. Quería llorar, pero tampoco tenía fuerzas para eso.

Se me pasó por la cabeza llamar a mi mamá porque su voz me tranquilizaría y me daría consuelo pero me acordé de que era una mujer adulta y completamente capaz de cuidar de mí misma cuando estaba enferma.

Con un suspiro, cogí el agua que tenía en la mesita de noche y di unos cuantos sorbos pese al dolor de garganta que me hacía estremecer cada vez que tragaba. Me reñí por no haber pasado por la farmacia a comprar algo sin receta, pero me había convencido a mí misma de que no me pasaba nada.

Yo no me ponía enferma casi nunca y había sobrestimado mis capacidades.



Ya a media tarde, mientras fantaseaba con hacerme con una pistola para acabar con mi sufrimiento, oí que abrían la puerta de mi habitación.

Sorprendida y sobresaltada por la intrusión, hice un esfuerzo para incorporarme aunque la verdad era que, si alguien había entrado para hacerme daño, no las tenía todas conmigo sobre poder defenderme.

Mi intento se fue al traste en cuanto la jaqueca me hizo desplomarme otra vez sobre la almohada.

Que me mataran si querían.

—Toc-toc—susurró una voz conocida—¿Puedo pasar?

Santana.

—Tú sabrás—logré croar—Pero te advierto que no es una visión agradable.

—He oído que no te encontrabas muy bien—me dijo en tono empático una vez dentro.

Se sentó a los pies de mi cama.

Iba vestida con ropa informal, unos vaqueros y una camiseta de manga corta de color blanco. Se había hecho un moño sencillo, sujeto con una pinza, que le dejaba caer algunos mechones sueltos sobre la frente. Se la veía fresca, cercana, despreocupada.

La mejor visión que podría haber pedido.

Traía una bolsa del supermercado que dejó en el suelo con cuidado junto a la cama.

—¿Has tomado algo?

—No, debería haber ido a comprar, pero creía que era inmune a estas cosas.

Me las arreglé para semi-incorporarme sobre los codos, para, al menos, ser algo más hospitalaria con mi visitante. Santana me puso la mano en la frente para tomarme la temperatura. Su palma se sentía fría y refrescante contra mi piel ardiente.

Me miró con gravedad.

—Bueno, lo que está claro es que tienes fiebre. Por suerte para ti, he venido bien equipada—metió la mano en la bolsa y sacó una caja de paracetamol extra fuerte—Tómate un par de estas de momento y, si mañana no estás mejor, haremos que el estudio llame a un médico.

Obedecí y me volví a recostar.

Aquel pequeño esfuerzo ya me había dejado agotada.

—Gracias por pasarte. No tenías por qué.

—Ya lo sé, pero estaba preocupada por ti. Estás lejos de casa.

Asentí en muestra de asentimiento y cerré los ojos. De repente me había entrado mucho sueño, pero sería muy maleducado quedarme dormida delante de Santana, que se había tomado la molestia de venir a verme, así que me obligue a abrir los ojos.

Santana me apartó algunos mechones de la frente y me habló con suavidad.

—Lo que tienes que hacer, Britt, es dormir un poco, ¿vale? Ahora necesitas descansar.

—De acuerdo—suspiré ya medio dormida—No tienes que quedarte.

Oí que me respondía, pero su voz me sonaba débil y lejana.

—Ya lo sé, ahora duérmete.

Unos dedos frescos me acariciaron la frente instándome a descansar y yo acepté el consuelo de la caricia y me dejé flotar en brazos de Morfeo.





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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Bambalinas (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Vie Dic 09, 2016 12:11 am

Holap...

La imaginación y principalmente relacionada con fuego nunca es buena convinacion jamás ja ja ja
Mmmm amigas a la vista... en la misma ciudad las cuatro!! Interesante!!!
A ver como le va a britt y su enfermedad??? Enfermera perticular???

Nos vemos!
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Mensaje por monica.santander el Vie Dic 09, 2016 3:15 am

Que grande San siempre en los detalles!!!!
Saludos
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Mensaje por micky morales el Vie Dic 09, 2016 8:02 am

Esa paige es algo intensa, aun no se ha dado cuenta que brittany no quiere ir mas alla con ella??? solo espero que esa cita no se de, y sobre todo que pase algo que haga que san y britt hablen sobre su relacion fallida de hace años atras!!!!!
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Mensaje por JVM el Vie Dic 09, 2016 11:52 am

Creo que falta que hablen de su relación para cerrar ese ciclo, porque aun es un poco incómoda la situación y si pretenden ser amigas deberían aclarar todo.
De Paige pues aun tiene la esperanza de tener algo serio con Britt, como sea ella le sigue dando pie.
Esperó que la rubia se recupere tiene una buena enfermera :) jajaja
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