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Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por monica.santander el Dom Dic 11, 2016 2:41 pm

La verdad que vida de porquería!!!!!!
Ojalá se encuentren pronto otra vez!!
Saludos

monica.santander
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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por 3:) el Dom Dic 11, 2016 3:25 pm

En serio ese era el futuro que vio la bruja para san??.... o solo sea un paso para llegar a britt...
San con un comentario bobo le dio en el clavo en todo...

PD. .. consulta: esta historia es secuela de otra que an publicado en el foro??? Si no me equivoco fue Maria. .. y la historia era "a mi profesora con amor"... por que encontré relacionada la parte del bar en las dos historias?

3:)
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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 12, 2016 12:32 pm

Estoy de acuerdo esta historia es de la saga forbidden o algo asi que la otra chica tambien esta adaptando ,no me pierdo estas historias

Tati.94
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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Mar Dic 13, 2016 5:25 am

por JVM el Dom Dic 11, 2016 8:48 am

Demasiado buena San, esperó que Elaine reaccione y quiera a su hijo, sobretodo que no haya regresado a las drogas. E irónicamente el día que se caso San conoce a su campanita. Espero que se vuelvan a encontrar y que se vayan conociendo poco a poco escribió:

la verdad que san es mut buena Elein beremo aber que sucede pero no la beo muy buena y la berda que el mimo dia que secas apare su canpanita `por la puerta ya veremos que pasa jaja

****

por micky morales el Dom Dic 11, 2016 11:26 am

que vida de m.... han llevado todas estas chicas, espero un nuevo encuentro entre ellas muy pronto!!!! escribió:

Eperemo ese rencuentro y aber que pasa el el jaja


****

monica.santander el Dom Dic 11, 2016 7:41 pm

La verdad que vida de porquería!!!!!! Ojalá se encuentren pronto otra vez!! Saludos escribió:

Eperemo el rencuentro y aber que pasa jaja

*******

3:) el Dom Dic 11, 2016 8:25 pm

En serio ese era el futuro que vio la bruja para san??.... o solo sea un paso para llegar a britt... San con un comentario bobo le dio en el clavo en todo...

PD. .. consulta: esta historia es secuela de otra que an publicado en el foro??? Si no me equivoco fue Maria. .. y la historia era "a mi profesora con amor"... por que encontré relacionada la parte del bar en las dos historias? escribió:

Brueno alparece la broja tubo razon y a divino el futuro aber como acaba.

PD.... creo que sison de la saga pero que quede claro no quiero copiar a nadie y que esta historia la lei hacepien y queria publicar pero me tardo tienpo en adactarla de verdd que no quiero copiar historias y si en algunpomento alguna de las que estan publicada esta melo decis GRACIAS...

***********

Tati.94 el Lun Dic 12, 2016 5:32 pm

Estoy de acuerdo esta historia es de la saga forbidden o algo asi que la otra chica tambien esta adaptando ,no me pierdo estas historias escribió:

buelbo a der lo de antes no quiero copiar a nadie pero si creo que es de esa saga el libro lo lei hace pienpo y me encanto y tarde en adactarla GRACIAS....

ana_bys_26
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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Mar Dic 13, 2016 8:21 am


CAPITULO 5



SANTANA




Me encontré siguiendo los pasos de Frabrey y vaciando mi estómago en el baño del club, el cual apestaba totalmente. El cuarto apestaba a pipi y, mierda, a vómitos de otros chicos. Increíble.

Después que estuve listo, me tambaleé hasta la cocina para lavar mis manos. La comida se había acabado por horas desde que habían cerrado la cocina a la medianoche. El silencio me dio un momento para respirar algo de aire fresco y canalizar todo lo que había pasado y todo lo que había aprendido.

Pero mierda. [i]Ella era real. Era real. [/i]En serio era real, maldita sea.

Y embarazada. Y Dios, ¿en serio había pasado por algo similar a lo de Eleine? La manera en que había empalidecido me dijo que sí, pero aún me negaba a esa parte, así que decidí ignorarlo de momento.

De todas formas, había enloquecido. Especialmente por el hecho que la mujer que me había dicho Madam LeFrey era mi alma gemela, era jodidamente real.


Me sentía mareado al saberlo. Mi Campanita era real. Y demonios, ahora sabía por qué le había dado el nombre. Había estado adorable en su gigante camiseta con una imagen de Campanita esparcida por su abultado vientre.

Pero doble mierda. ¿Embarazada? No había esperado eso.

Mi Campanita estaba embarazada. Pero no de mi bebé. No con mi Santy. Ni con mi Skye. Ni con mi…

Demonios, probablemente no debería sentirme demasiado celoso ahora mismo, ¿verdad? No me debería preguntar por el padre del bebé o querer cortar su polla con una cuchara. Y… mierda, esperaba que su embarazo no fuera resultado de una violación.

Mi estómago se revolvió otra vez. Me abalancé al primer basurero cerca, pero ya había vaciado todo en el baño así que nada salió.

De repente siendo acosado por los recuerdos de todas las veces que había sido forzado a observar a Eleine siendo golpeada, sentí más nauseas. Ni siquiera quería considerar la posibilidad que Campanita había pasado por algo rotundamente similar. No. Simplemente… no.

Pero seguí recordando todas las veces que había estado ahí para limpiar a Eleine después. ¿Quién había estado ahí para Campanita? ¿Quién había cuidado de ella y…?

Demonios. Dolía mucho el solo pensarlo.

Un frío sudor se posó en mi frente, y mis manos no dejaban de temblar. No podía creer en lo absoluto que…

—¡Oye, San! —Puck asomó su cabeza por la puerta de la cocina—. la virgen y yo nos vamos. ¿Puedes cerrar?

No. No me parecía bien ninguna mierda ahora mismo. Pero lo despeché, y me obligué a moverme, apagando todas las luces y cerrando el lugar. Era una rutina que me ayudaba a mantenerme concentrado aquí y ahora, porque pensar en…

No podía creer que era real. Estaba embarazada. Había sido violada.

Aún flipaba al momento que entré a mi departamento veinte minutos después.

Luchador estaba despierto y llorando en el columpio donde lo había dejado. Maldiciendo, me acerqué rápidamente a él y lo jalé a mis brazos. Cuando la mierda y el pipí mancharon mis brazos porque el pañal que ya no podía desintegrarse más cayó al piso, casi vomité por el rancio olor. Gracias a Dios que había vaciado todo.

—Maldita sea. —Eludiendo el desastre, lo llevé al baño con rapidez para limpiarlo. Después de una rápida limpiada para ambos y un buen fregado en el piso, lo cargué hasta la habitación donde su cuna y sus cosas de bebé estaban guardadas porque le había prometido a Eleine que despertaría con él cada
noche—. Demonios, demonios, demonios.

Mi rabia me ayudaba a mantenerme centrado en Santiago y en cuidarlo.

¿Eleine ni siquiera lo había escuchado llorar? Quería gritarle, estrangularla, y demonios, no lo sé. Pero esta no era la manera de tratar a un niño. Sabía que lidiaba con un montón de problemas, pero hace tres meses, Santaiago se había convertido en la mayor prioridad para mí de lo que era ella, y estaba tan cerca
de acabar con mi cordura hacia su parte que mi enojo me asustaba. Temblaba por eso.

Nunca había pensado que sería posible. Después de verla conseguir enfrentar mierda tras mierda en su vida, pensé que siempre querría protegerla y cuidar de ella. Siempre sería paciente y comprensiva. Excepto ahora que quería destrozarla por la manera que trataba a su propio hijo.

Santy seguía quejándose mientras le ponía un nuevo pañal. Sabía que tenía que estar muriendo de hambre, por lo que me dirigí a la cocina para conseguirle algo de comida. Pero primero, me detuve en la puerta de Eleine e intenté girar el pomo para ver si inclusive estaba en casa porque, demonios, había estado llorando muy fuerte. ¿Cómo no pudo haberlo escuchado?

Se había encerrado dentro, así que esperaba que significara que seguía allí adentro, pero no quería arrojar la puerta para asegurarme. Aún tenía que cuidar de Santy. Más tarde lidiaría con ella.

La cocina era un desastre. Mi nueva esposa debió haber conseguido el más grande antojo después de haberme ido a Forbidden. Sobres de patatas fritas y paquetes vacíos de galletas habían sido bajados de los gabinetes abiertos donde cubrían todo el mostrador. Latas de soda yacían de lado con charcos pegajosos debajo de ellos. Y probablemente los platos tenían dos semanas acumuladas ahí. Pero no tenía el maldito tiempo para lavar los platos.

Aún echaba humos mientras Santy y yo nos sentamos en la mecedora en la sala de estar con una mamadera llena, tapé su boca con el pezón de plástico y cerré mis ojos con alivio cuando por fin dejó de lamentarse.

—Te entiendo —le dije, el cansancio situándose en mis tensos hombros mientras seguía con mis ojos cerrados—. No me gustaría nada más que tener un pezón en mi boca, también, amigo.

Pero los pezones en mi boca me hicieron pensar en sexo, y el sexo me hizo pensar en… síp. Solo así, ahí estaba Campanita, inundando mi cabeza. Pero la veía como había estado esta noche. No como la veía en mis destellos.

Embarazada y a la defensiva, ni siquiera cerca de lo feliz que la veía en cualquiera de mis visiones.

No podía creer que era real. O tal vez no lo era.

Sí, me gustaba esa idea. La chica que había conocido esta noche no podía ser Campanita. No mi Campanita. Ella es simplemente una doble de la mujer que Madam LeFrey había metido en mi cabeza. En el mundo, muchas personas tenían parecidos exactos. No había manera que Brittany Pierce pudiera ser mi
alma gemela. Excepto que, mierda, llevaba Campanita en su camiseta. Y había olido a lavanda. ¿Cómo eso podría ser una coincidencia?

De ninguna manera quería creer en toda esa mierda del vudú, como destellos y almas gemelas predestinadas. Si tan solo esa vieja loca había estado mintiendo hace diez años, esperando asustar a una adolescente por su vandalismo, podría lograr pasar esto. Pero todo en mi interior había parecido nivelarse en el lugar propio cuando ella había mirado a los ojos por primera vez. Se sintió como si perteneciéramos juntos, y no solo porque pasé los últimos diez años de mi vida buscándola en cada mujer que veía. Brittany Pierce y yo teníamos una gran química.

Demonios, era raro pensar en Campanita como nada más que Campanita. Pero su rostro por fin tenía un nombre. Un verdadero y legítimo nombre.

Aturdida de que no tuviera un, sino muchos nombres y mujeres en los que trabajar, dejé escapar un suspiro. Brittany Pierce, Alec Worthington, Madeline y Shaw Pierce, Rechel y Quinn Fabrey. Los había archivado cada uno en mi cabeza cuando los escuché esta noche. Ciertamente no había tenido la intención, pero me había vuelto una esponja en el momento que la había visto, necesitando
absorber cada detalle.

Cuando localicé el ordenador cerrado de Eleine yaciendo en el brazo del sofá dentro de una distancia cercana, me estiré, tomándolo, y situándolo en mi regazo.

Terminando de comer, Santy llevó su atención para ver qué hacía, por lo que lo volteé y lo senté erguido, apoyando su espalda en mi pecho así él podría ver la pantalla conmigo.

—¿Mejor? —pregunté.

No me respondió, sino que llevó sus dedos regordetes al teclado cuando subí la pantalla.

Reí. —Oh, sí. Debes estar pensando lo mismo que yo. Dejemos que el tipeo comience.

Contoneé mis dedos por un momento, acostumbrándome al fondo de pantalla de Eleine antes de pinchar en un buscador. El primer resultado de Brittany Pierce era una cuenta de Facebook. Lo cliqueé y me di cuenta que Eleine no se había desconectado, por lo que entré a su cuenta. Pero no era la Brittany Pierce
que buscaba.

Demonios, odié la decepción que consumió la alegría de mi cuerpo.

Usando la barra de búsqueda de Facebook, escribí su nombre otra vez y me desplacé a través de cuentas llenas de Brittany Pierce antes que localizara a Campanita cerca de quince perfiles abajo. Mis dedos temblaron cuando llevé la flecha sobre su foto. Dios, ¿quería hacer esto?

Torturarme por encontrar más cosas de ella era absurdo.

Nada nunca podría pasar entre nosotros. Estando tan embarazada como lo estaba, obviamente ya tenía a alguien en su vida —Alec, El Capullo, Worthington— y yo estaba casada, maldita sea.

Una risa burlona escapó de mi garganta cuando recordé que solo había sido hoy que Eleine y yo habíamos ido al juzgado. El destino me odiaba. Resultó que finalmente conocería a mi alma gemela el día de mi boda.

—A la mierda —murmuré entre dientes y pinché en su perfil. Había soñado con esta chica por los últimos ciento veinticinco meses, y no sabía nada de ella. Necesitaba saber algún chisme.

Cualquier cosa.

Su foto de perfil era una selfie de ella usando gafas de sol y un bikini azul eléctrico en la playa, o al menos en algún lugar soleado y en las afueras. Había tomado la foto desde arriba y miraba hacia arriba por lo que la cámara apuntaba justo en su hermosa clavícula. Y dios mío, qué hermosa clavícula
tenía. Demonios. Ni siquiera una marca de las tiras del bikini arruinaba su perfecta piel dorada mientras el viento volaba sobre su rostro unos cuantos rulos de cabello rubio tostado por el sol. Era tan maravillosamente hermosa que me quitaba la respiración.

La portada mostraba a una fila de chicas sexys con apariencias plásticas con sus brazos envueltos en los hombros de la otra mientras todas tenías sus cabezas echadas para atrás para tomar, lo que parecía, chupitos. Campanita — o mejor dicho Brittany— se encontraba justo en medio de ellas. Su rostro estaba
sonrojado como si ya hubiera estado completamente borracha.

El rechazo corrió como ácido por mis venas. Este no es el tipo de chica que había imaginado. Mi Campanita siempre había sido tierna, amable, orientada familiarmente, sin haber sido tocada por una violación.

Luchador debió haber encontrado interesantes mis dedos alrededor de su pecho, sosteniéndolo erguido, porque comenzó a jugar con ellos. Le permití envolver su mano en uno y llevarlo a su boca. Mientras las encías babosas grapaban mi nudillo, apunté la foto de ella.

—¿Ves a la mujer de ahí, amigo? Se suponía que ella iba a ser tu mamá.

El dolor me atravesó tan pronto como dije las palabras. Esto no era justo. No era para nada justo. Incapaz de seguir mirando su foto, pero también de abandonar su perfil, me desplacé hacia abajo, aprendiendo lo más que pudiera de ella. Pero todo lo que vi fue a esta ensimismada chica fiestera. O bebía en alguna inmaculada cada pródiga con un puñado de copias como ella, o tomaba fotos de sus nuevas compras que había hecho en el centro comercial. Todos sus estados eran atacando a alguien que no le agradaba, hablando de su última compra compulsiva, o pensando dónde sería su próxima borrachera.


Aunque su perfil no había sido actualizado en cinco meses, tal vez por el tiempo que descubrió que iba a tener un bebé, no había ninguna fotografía de un miembro familiar, no había ningún estado donde dijera algo bueno que haya hecho, y… mierda.

Cuando pasé por una foto de ella desde hace siete meses abrazando por el cuello a un idiota pulcro, con cabello oscuro en pantalones de tela y una colorada camiseta Polo, me detuve y observé fijamente, incapaz de quitar los celos que carcomían mis entrañas.

Entonces, ¿era este? cuando moví mi dedo para desplazar la flecha sobre la imagen, apareció el nombre Alec Worthington. Quedé boquiabierta. Me pregunté si el puma había estado hablando por hablar cuando dijo que Brittany había intentado amarrarlo al matrimonio por quedar embarazada, o si era verdad. Pero en serio dudé que él hubiera sido el que la había violado. Ella no tendría una imagen de él en su perfil si hubiera sido así, ¿verdad?

De todas formas, aún lo odiaba. Odiaba todo lo que representaba. Pero más que nada, odiaba lo que significaba para ella. Obviamente era de su tipo: millonario, consentido, con autoridad. Todo lo que yo no era.

Envidia pura quemó profundamente en mis entrañas. Simplemente no podía creer que ya tenía pareja o que era el tipo de persona que usualmente me molestaba.

Nada de esto tenía sentido. Si el destino en realidad había etiquetado a Brittany Pierce como mi alma gemela, entonces ¿por qué veníamos de mundos tan distintos que, honestamente, hubiera sido un milagro que nos crucemos por el camino? Lo cual me tuvo preguntándome cómo una chica con una vida del tipo
club náutico había terminado en Forbidden a las dos de la mañana un jueves por la noche, con seis o siete meses de embarazo. Obviamente la chica de Quinn era su prima, pero… mierda, no importaba. Nunca la volvería a ver.

Ya no quería pensar en esto. No importaba lo mucho que me preguntara sobre algo; no conseguiría mis respuestas. ¿Por qué me torturaba así?

Levantando la mano para cerrar la pantalla del ordenador de Eleine, me detuve cuando una pequeña ventana con un mensaje entrante apareció en la esquina derecha de su perfil.

Cuando vi que era de Quick Shot, todo en mi interior se enfrió. Quick Shot había sido uno de los amigos drogadictos de Eleine en ese entonces. Había sospechado que había sido su proveedor, también, pero nunca estuve seguro. Hasta ahora.

El mensaje decía: Oye, nena, aun busks una kalada?

Mis manos se empuñaron y mis músculos se tensaron demasiado que Santy se movió, inquietándose y haciéndome saber que se había dormido.

Contando hasta diez, me forcé a respirar profundo y a no enloquecer. Luego llevé mis dedos al teclado y escribí mecánicamente: No.

El imbécil respondió instantáneamente: xq no? tu mjer te atrp?

Asumí que atrp era un sustituto idiota para atrapó, por lo que respondí:
Algo así.

talvez n otra okacion entncs.

Dios, aprende a escribir, imbécil de mierda.

Cerré fuertemente la pantalla, asustando a Santy. La baba cayó por el reverso de mi mano cuando su boca perdió el contacto con mi nudillo.

Respirando profundamente para calmarme, arrojé el ordenador al sillón y me levanté de la mecedora. Después de llevar al bebé a mi habitación y acomodarlo con suavidad en su cuna, lo tapé con las cubiertas y luego me quedé de pie ahí por un momento, observándolo dormir antes que me sintiera
lo suficientemente serena para confrontar a Eleine.

Cerré la puerta tras mío cuando salí al pasillo. Después de llegar a la entrada denegada de su habitación, esperé otro momento, intentando calmar mi mierda.

Y luego comencé a golpear su puerta.

—Levántate, Eleine. Debemos hablar. —Estaba segura que hablaba lo bastante alto para despertarla, pero cuando no abrió la puerta dentro de un minuto, perdí mi temperamento por completo.

Maldita sea —rugí, golpeando lo suficientemente fuerte como para repiquetear todo el marco de la puerta—. Juro que romperé esta maldita puerta si no la abres dentro de diez segundos.

Cinco segundos después, comencé a gritar—: ¡Diez! ¡Nueve! ¡Ocho!

La puerta se abrió, y mi querida novia de menos de un día me miró fijamente, usando un andrajoso bóxer y una camiseta muy larga, tapando el hecho que no ha perdido nada de su peso desde que dio a luz.

—¿Cuál es tu maldito problema? —murmuró, frotándose los ojos y quitando de su rostro revoltijos andrajosos de su cabello rojo.

—¿Aún hablas con Quick Shot? —exigí, cruzando los brazos sobre mi pecho.

—¿Qué? —dijo en medio de un bostezo. Bajando sus brazos a los lados, maldijo entre dientes—. Dios mío. ¿Me despertaste en medio de la noche para preguntarme eso? Pensé que se incendiaba el maldito edificio.

—Responde la pregunta, Eleine.

—¿Qué? No. No, ya no hablo con ese idiota. No lo he visto en meses.

Levanté una ceja. —¿En serio? ¿Es por eso que el tiempo en los mensajes de Facebook que le enviaste, rogando por una bolsa, dice hace cuatro horas? ¿Es por eso que acaba de preguntar si aún buscabas, maldita sea?

La boca de Eleine se abrió. Sacudió su cabeza antes de decir—: No… qué… Espera, ¿qué hacías en mi Facebook?

Genial. Por supuesto, lo doblaría para hacerme el culpable. Es lo que siempre hacía. Apretando los dientes, dado que me sentí atrapado, murmuré—: Intentaba buscar algo y todavía estabas conectada. Entonces estos mensajes comenzaron a aparecer y, ¡mierda! Has estado mintiéndome, joder. —Agarré
un puñado de mi pelo y apreté los dientes para impedirme sacudirla—. Maldita sea. Me he partido la espalda trabajando para mantenerte limpia y a salvo, ¿y tú haces esto? ¿Con Quick Shot? ¿El imbécil que te dejó abandonada en un callejón la última vez que tuviste una sobredosis?

Si no hubiera sido por un completo extraño que llamó a la policía, quien en cambio llamó a una ambulancia y la llevaron de prisa al hospital, tal vez estaría muerta ahora mismo.

--¿Mantenerme a salvo? —resopló Eleine y cruzó los brazos sobre su pecho—. Has estando manteniéndome prisionera, eso es lo que has estado haciendo. He estado atrapada en este maldito apartamento por…

—No has estado atrapada. Demonios, sabes muy bien que puedes hacer lo que jodidamente te guste. Eres libre de ir y venir como te plazca.

Eleine resopló y rodó los ojos. —Como si pudiera ir a cualquier lado con un bebé atado a mi cadera. No tengo libertad. No…

—Tú te embarazaste. Y si alguna vez necesitas un descanso de Santy, te encontraré una maldita niñera. Maldita sea, Eleine. ¡No es motivo para ir donde Quick Shot para conseguir jodidas drogas!

—Es lo que conozco, ¿vale? Esa gente, esa vida, es lo que conozco. Quién soy. Y tú intentas cambiarme. Transformándome en algo que no soy. En ella.

Apreté los dientes y alejé la mirada cuando mencionó a Campanita. Me arrepentía de la noche que nos habíamos emborrachado juntos y había soltado todo acerca de Madam LeFrey y los atisbos que me había dado. Nunca lo había olvidado, nunca me dejó superarlo.

—No estoy intentando camb…

Un golpe en la puerta frontal del apartamento me interrumpió. —Policía. Abran la puerta.

Cerré los ojos y dejé escapar un suspiro entre dientes. Por supuesto, alguien llamó a la policía. Las paredes de este edificio eran de papel. Seguro alguien me había escuchado todo el tiempo que estallé.
Mierda.

—¿Hay drogas por el apartamento? —pregunté con rapidez—. No me mientas, Eleine.

Cuando respondió—: No. —Abrí los ojos y la miré con frialdad. Frunció el ceño y siseó—: Juro por Dios que no las hay.

—Será mejor que no las haya. Porque si llego a ser arrestado esta noche, no tienes donde ir. Santy no tiene donde ir.

—Si Quick Shot preguntaba si aún necesitaba una calada, significaba que aún no había obtenido nada, ¿no?

En todo caso, al menos se las arregló para lucir culpable que acabara de confesarme que había planeado traer drogas a mi casa… lo único que le hice jurar que nunca haría.

Suspiré y sacudí la cabeza. —Increíble. —Alejándome de ella, me apresuré por el pasillo hasta la puerta frontal y la abrí.

Dos oficiales yacían en el pasillo, y uno de ellos me había arrestado laúltima vez que me había metido en una pelea. —Fuimos alertados de un disturbio doméstico por uno de sus vecinos.

—Sí, estoy segura que sí. —Abrí más la puerta para permitirles entrar.

Después de crecer en el sistema de cuidado de crianza, estaba bastante consiente de cómo funcionaba esto. Cuando los policías aparecían en tu casa, cooperabas, no te volvías agresiva, y respondías cualquier pregunta que te hacían. Nada más.

Entraron por el umbral e inmediatamente llevaron su atención a Eleine. —¿Está bien, señora? —preguntó el más chico.

Eleine cerró su boca ante la presencia de los policías, mayormente porque siempre habíamos sido tratados como sospechosos, incluso si éramos las víctimas.

—Estoy bien —murmuró, bajando su cabeza, lo cual solo la hizo parecer como una mujer maltratada.

Dios, mejor que esto no termine mal para mí. Ella podría lamentar mi intromisión en su vida y sentir como si estuviese manteniéndola prisionera, pero sin mí, estaría en la calle en este momento y Santy probablemente estaría muerto.

Cuando no fue más franca que eso, los hombres se volvieron hacia mí. — Entonces, ¿sobre qué es todo el alboroto?

—Grité —confesé—. Y golpeé en la puerta de su dormitorio, tratando de despertarla para poder hablar con ella. Pero no fue siquiera lo suficientemente fuerte como para despertar al bebé.

—Y ¿qué tiene que hablar con ella cerca de las… cuatro de la mañana?

¿Cuatro? ¿Era las cuatro? Bien. Iba a tener que levantarme en cuatro horas para estar listo para mi turno en el taller.

Metí las manos en mis bolsillos, sintiendo la necesidad de ser agresiva, pero tratando de detenerlo.

—Las manos fuera de los bolsillos —me ladraron juntos.

Moví mis manos libres y las levanté para mostrar que no tenía un arma.

—¿Por qué necesitaba despertarla y hablar con ella? —repitió el más alto con más actitud.

Echando un vistazo lejos de él, me pasé la mano por la cara. —Encontré algunos mensajes de otro tipo en su página de Facebook. Y no me gustó lo que decían.

Ya está. Hice que se vea como una pelea de enamorados. No sé por qué la cubrí desde que había estado planeando colar drogas a mis espaldas. Pero tampoco quería verla ir a la cárcel.El policía rompe pelotas, el que me había arrestado hace siete meses, se acercó para estudiar mi cara. —He tratado con usted antes, ¿no?

—Sí —admití—. Por violencia y asalto.

Había buscado al chico que Eleine estaba al setenta por ciento segura de que era el padre biológico de Santy, porque él estuvo golpeándola y golpeé su cara.

Casi decepcionado de que fuera tan cooperativo y no le contestara de mala manera, los hombres se alejaron de mí, mirando a Eleine.

—¿Segura que está bien, señora? ¿La golpeó o la tocó de alguna manera malintencionada?

Se atrajo aún más en sí misma.

Suspiré y froté mi frente, listo para terminar esta mierda de una vez.

—Eleine, deja que te vean por encima para que sepan que estás bien.

—¡No! —gritó, pisoteando y mirándome—. No quiero que nadie me mire, maldición. No quiero que nadie me toque. SIMPLEMENTE… DEJENME… SOLA.

Al final del pasillo, el llanto silenciado de Santy me hizo sisear una maldición. —Ahora eso fue suficientemente fuerte como para despertar al bebé—le dije a los oficiales antes de comenzar por el pasillo a buscarlo.

El policía chico me siguió. —¿Alguien más en casa? —preguntó, mirando a la habitación de Eleine cuando la pasó.

Mis entrañas se apretaron mientras esperaba por dios que Eleine no hubiera estado mintiendo acerca de que no hay drogas aquí, porque si encontraban algo en mi apartamento, Santy terminaría en el sistema de cuidado de crianza. Eso era lo último que quería que le pasara.

—No —respondí mientras abría la puerta de mi habitación—. Solo nosotros tres. —Mantuve la luz apagada por lo que el estruendo repentino no lastimaría los ojos de Santy, pero el policía la encendió mientras entraba en la habitación detrás de mí. Y, por supuesto, el llanto del bebé se hizo más fuerte.

—Hola, hombrecito —murmuré—. ¿Acaso mamá te despertó? Sé que lo hizo, pobrecito. Y acabas de dormir también. Lo siento, amigo. —Besando sucabello mientras lo acurrucaba contra mi pecho, me balanceé sobre mis pies, con la esperanza de mecerlo y que vuelva a dormir. Con mi nariz enterrada en
sus rizos oscuros, deslicé mi mirada al policía que no paraba de mirar boquiabierto.

—Ese niño es negro —espetó, sorprendiéndome.

Parpadeé, preguntándome qué tenía que ver la etnia de Santy con cualquier cosa. —Vaya, ¿de verdad? No lo había notado.

En mi respuesta sarcástica, negó con la cabeza. —Pero... es usted... ¿Por qué es usted el que viene aquí y cuida de él cuando, obviamente, no es suyo?

Por una fracción de segundo, enfurecí. El hecho de que mi sangre no fluyera por las venas de este niño no lo hacía menos mío. Amaba a este chico más que casi cualquier persona.

—Porque nadie más va a cuidar de él. Y es mío. Es mi hijastro.

Mirándome extrañamente, el policía asintió lentamente. Algo parecido a respeto brillaba en sus ojos antes de decir—: La próxima vez que se enoje con su mujer, mantenga su tono bajo, ¿quiere? Si recibimos demasiadas llamadas a la misma dirección, alguien finalmente irá a la cárcel. Y ese alguien podría ser
usted.

Asentí, dándome cuenta de que trataba de darme un descanso y un aviso amistoso. Algunas personas lo tomarían como una amenaza, pero sabía cómo funcionaban estos chicos.

—Te escucho —respondí.

Permaneció un instante, su mirada volviendo a Santy que había cerrado los ojos y estaba acurrucado en paz contra mí. —Lindo chico —dijo finalmente.

Sonreí y negué con la cabeza. —Diría que gracias, pero no consiguió su aspecto de mí. Obviamente.

Sacando una breve carcajada, el policía se quitó el sombrero.

—Mantenga el volumen de esos argumentos bajo. —Y luego se fue.

Escuchándolos despedirse de Eleine al salir del apartamento, seguí paseando a Santy. Sabía muy bien que si él estuviera lo más mínimo despierto cuando le acosté, giraría su cabeza. Tenía que estar totalmente dormido.

Cuando Eleine apareció en la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho mientras miraba a mi cuarto, a nosotros, suspiré.

—Está bien, tal vez no debí haber gritado y golpeado tu puerta —le confesé antes de que pudiera comenzar a discutirme—. Y sí, podría haber esperado hasta mañana. Pero, mierda, Eleine. ¿Eres tan infeliz aquí? ¿Es tan malo que prefieres salir y drogarte, sin saber dónde vas a despertar, que van a hacerte, o con quien acabarás que tener un techo sobre tu cabeza, una cama limpia para dormir cada noche, y un suministro constante de alimentos?

Las lágrimas llenaron sus ojos. Se pasó el dorso de la mano por la mejilla, manchándolas. —No, pero… Maldita sea, San. Me siento tan… tan enferma y cansada de estar encerrada en este lugar durante todo el día. Y pensé que iba a estar bien si era solo marihuana. Nada pesado. Es… que el niño siempre está
aquí. No hay descanso. Tienes la oportunidad de irte al trabajo; no tienes que escucharlo llorar constantemente y exigir mierda todo el día.

Solté un suspiro y cerré los ojos, apoyando mi mejilla en la cabeza de Santy. —Me gustaría que hubieras venido a mí y me dijeras esto en vez de buscar a Quick Shot. Maldita sea, Eleine. Si necesitas un descanso, te lo puedo dar. Lo puedo cuidar todas las noches que tenga una noche libre, y puedes salir
y hacer lo que sea. Además, estoy seguro que la señora Rojas de al lado puede cuidarlo una o dos veces a la semana.

Cuando los ojos de Eleine se iluminaron de emoción, supe que había dicho lo correcto. —¿En serio? ¿Harías eso por mí?

—Tris —rodé los ojos—, ¿cuando no he hecho todo lo que esté a mi alcance para conseguirte lo que necesitabas?

—Es verdad —admitió con un encogimiento de hombros avergonzado.

—Si prometes no ponerte en contacto con Quick Shot otra vez, me aseguraré de que tengas más... libertad. ¿De acuerdo?

—De acuerdo. —Luego entró en la habitación, buscando alivio—. Puedo andar con él por un rato ¿si quieres?

Su oferta me sorprendió. —Uh… sí. Claro. —Torpemente tratemos de pasar al chico durmiendo a ella. Julian se agitó pero no se despertó. Cuando su cabeza fue sostenida firmemente en su hombro y le palmeó la espalda de una manera maternal, me quedé mirándola abiertamente, incapaz de mirar a otro
lado.

—¿Qué? —preguntó, dándome un gesto irritado—. ¿Estoy haciendo algo mal?

—No —Sonreí y sacudí la cabeza—. Nada. Lo estás haciendo bien. Voy a cambiarme en algo para dormir y tomar un aperitivo. Vuelvo enseguida.

Cuando asintió, agarré una camiseta y unos pantalones de chándal y salí corriendo de la habitación. No podía dejar de sonreír mientras me cambiaba en el baño y luego saqueé la cocina, en busca de comida. Finalmente, solo unté mantequilla en algunas galletas saladas, las pegué, y lo consideré bueno.

Después de dejar toda la basura desechable que encontré en los contadores, apilé los platos sucios, así que había un poco de espacio en el mostrador a la izquierda y me apresuré a volver a mi habitación.

Me llevó cinco minutos como máximo, pero eso debe haber sido demasiado tiempo para Eleine. Ella ya había instalado a Santy de nuevo en su cuna y regresado a su habitación.

Con un suspiro de decepción, acaricié la cabeza dormida del niño antes de sentarme en mi propia cama, donde dejé caer migajas sobre mis sábanas mientras pulía mi aperitivo. Supongo que todavía no podía esperar demasiado de la nueva mamá. Por ahora, tomaría cinco minutos. Ella le había tocado y abrazado. Eso era un progreso.

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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 13, 2016 9:15 am

No me gusta que san este atrapada con elene, y con britt ojala se encuentren para que se conoscan mas.

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Mensaje por monica.santander el Mar Dic 13, 2016 10:10 am

Pobre Santy la madre que le tocó!!!! Y pobre San con todo lo que le toca hacerse cargo!!

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Mensaje por 3:) el Mar Dic 13, 2016 11:21 am

Bueno todo a su tiempo parece!!!!
En serio eleine es de lo peor joder... que san deje que se muera sola y su sobredosis!!!
San ya sabe quien es su campanita... pobre santy y la madre que le tocó! !!
A ver que hace san para conquistar a campanita!!??? Y poner en eje su destino!!!

Pd:... no ahí problema! Ni tampoco quería dar a entender algo de plagio..!! Sabía lo de la saga por eso te pregunte por la parte del bar!!!

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Mensaje por micky morales el Mar Dic 13, 2016 9:39 pm

De verdad disculpenme si paresco cruel, pero esa elaine deberia desaparecer, pero no de irse, sino de no volver jamas pq estas bajo tierra!!!! es mala persona, sino fuera por san, pobre de santiago!!!!!

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Mensaje por ana_bys_26 el Vie Dic 16, 2016 3:23 pm

[center]CAPITULO 6

Brittany
[/center]


Mis compañeras de piso me volvían loca. Una semana después de que la bruja malvada de Florida dejó un desastre en la vida de Quinn y Rechel, la incomodidad en nuestro apartamento se puso tan espesa que estaba segura que nos asfixiaría a las tres. Y era totalmente culpa de Quinnn.

Rechel lo intentó, real y malditamente trató de dejarlo en el pasado, de hacer caso omiso a la visita de la señora Garrison y seguir adelante con su vida. Pero simplemente Quinnn no se lo permitió. Siguió actuando como una tipa de perro maltratada que fue pateada en las costillas demasiadas veces. Se alejó de Rechel, no podía mirarla a los ojos, dejó de tocarla por completo. Su culpa era tan tangible que dejó un sabor desagradable en mi boca. A pesar de su personalidad normalmente optimista, incluso Rechel dejó de intentar estar alegre.

Ambas eran muy infelices; lo odiaba.

Así que una tarde cuando Quinn entró en la cocina mientras me preparaba una merienda, zanahorias, rodajas de manzana, y apio cubierto de mantequilla de maní porque quería tener un niño saludable, dejé caer el cuchillo de la mantequilla en el mostrador y agarré su brazo, acercándola. Ya tuve suficiente de esta mierda.

Trató de retroceder, sorprendida, pero no la solté.

—Esto tiene que parar —siseé, mirando con cautela la entrada de la cocina con la esperanza de que Rechel no llegara en cualquier momento y me atrapara regañándola.

—¿Qué? Simplemente entré en la cocina. —Apartando su brazo, se las arregló para liberarse mientras
fruncía el ceño.

Bufé. —Sí, claro. Tu depresión ininterrumpida está chupándole la vida a Rechel. Espero que te des cuenta de eso.

Su rostro palideció, diciéndome lo mucho que lo había notado… y que también lo odiaba. Por la forma en que apretó su mandíbula podía notar que estaba enojada porque toqué el tema. Pisoteando, susurró—: ¿Qué demonios se supone que haga al respecto? No puedo detener lo que pasó. Ya sucedió.

—Sí, sucedió. Pero dalo por terminado. Todo lo que puedes hacer es controlar cómo reaccionar ante ello. Y estás teniendo una mala reacción. Estás arrastrando a Rechel contigo.

Sus ojos se llenaron de tormento. —¿Crees que no lo sé? Me está matando verla cada día con todo ese dolor en sus ojos. Pero no sé cómo detenerlo. No hay suficientes disculpas en la tierra para compensar lo que pasó. Y no hay forma de arreglarlo. Ninguna manera de…

—Para. —Rodando los ojos, puse mi mano sobre su boca para callarlo—. Estás pensando mal en todo esto. Buscar que te perdone no es lo que necesitas, porque noticias de última hora, idiota: ella ya te perdonó. Eso es lo increíble de Rechel. Ella perdona. Y algo incluso más asombroso sobre ella es que sigue adelante. Solo piénsalo. ¿Serías capaz de decir que su ex novio intentó matarla y casi lo logró solo cuatro meses antes de conocerla? No, porque tiene este súper poder de dejar en el pasado los eventos horribles, inquietantes y traumáticos. Todo es parte de la belleza de quien es. También habría logrado superar este último episodio con la señora Garrison, pero no la dejas. Cada vez que te alejas, te niegas a mirarla a los ojos, o esquivas una conversación, la mata.

Quinn cerró los ojos y se cubrió la cara con ambas manos. Tragó audiblemente y se tomó un momento para recuperar la compostura. Luego dejó escapar un suspiro y bajó los dedos.

—Lo juro por Dios, Britt. Lo último que quiero hacer es lastimarla, pero simplemente no puedo… Dios. —Golpeó las palmas de sus manos sobre sus ojos—. No sé cómo superar esto. No merezco su perdón. Yo no… ¿cómo diablos voy a tocar algo tan puro y sorprendente cuando estoy tan jodidamente sucia?
Me mordí el labio cuando las lágrimas comenzaron a nadar en mis ojos. Las jodidas hormonas del embarazo. No me dejarían en paz, ¿verdad? Pero mi corazón se rompía por la pobre Quinn. la mujer no podía perdonarse por lo que fue.

Agarré una rodaja de manzana cubierta de mantequilla de maní y comencé a masticarla, tratando de actuar tan tranquila y serena como no me sentía. Mientras Quinn intentaba no desmoronarse emocionalmente frente a mí, lamí mis dedos hasta dejarlo limpios de mi merienda y luego me sequé la boca con el dorso de la mano. Por último, me aclaré la garganta.

—Últimamente he estado leyendo todos estos artículos en línea acerca de “Esperando tu primer bebé” para mamis primerizas. Y son geniales. Van semana a semana a través de tu embarazo, diciéndote cuán grande es tu bebé comparándolo con un pedazo de fruta. —Poniendo las manos sobre mi bultito, sonreí—. Por cierto, en este momento mi niña tiene casi el tamaño de una piña.

Quinnn parpadeó y me miró como si hubiera perdido la cabeza. Pero tenía un argumento, y estaba a punto de llegar a ello.

—La asesoría en su mayoría me ayudó a dejar de enloquecer por cómo voy a lidiar con todos los errores que voy a cometer como madre. Dicen que es inevitable, sabes. Sin importar lo buena que quiera ser, voy a ser un desastre. Y me voy a preocupar de que esté destruyendo la vida de mi hijo. Pero leí esta cosa que decía que mientras más la ame y trate de hacerla feliz, el resto caerá en su lugar. Disciplina, berrinches, todo. En vez de ahogarme en mis errores, aprenderé de ellos. Y mientras más alegría lleve a su vida, más traeré a la mía. —Estirando mi mano, agarré con fuerza la de Quinn.

—¿Me estás escuchando, Quinn Fabrey? Solo ama a Rechel y hazla feliz. Y cuando lleves alegría a su vida, traerás alegría a la tuya. En lugar de revolcarte en todo lo que hiciste mal, te perdonarás y lo superarás, porque hacerla feliz es la única prioridad. Todo lo demás es solo mierda.

Apretó suavemente mis dedos como respuesta. —Quiero hacerlo —me aseguró, en voz baja y llena de sinceridad—. En serio. Solo quiero demostrarle lo mucho que la amo y llevar una sonrisa a su cara, pero yo… —Sacudió la cabeza con impotencia—. En este momento, ni siquiera puedo imaginar lo que podría hacer para lograr eso.

Mis labios se extendieron cuando se me ocurrió una idea. —Te diré lo que vas a hacer. Vas a desenterrar ese anillo de compromiso que tienes escondido en el fondo de tu cajón de camisetas, y vas a proponérselo. Esta noche.

—Qu… —Boquiabierta, Quinn balbuceó un par de segundos antes de fruncirme el ceño. Acercándose, echó un rápido vistazo hacia la entrada de la cocina antes de girarse y sisear en voz baja—: ¿Cómo demonios sabes lo que hay en mi cajón de camisetas?

Bufé y agité una mano, indiferente. —Oh, por favor. Si quieres ocultarle algo a tu novia, la próxima vez guárdalo en un lugar mejor. A Rechel le encanta usar tus camisetas cuando no estás aquí. Encontró el anillo hace meses.

—Ella… —Sacudió la cabeza, negándolo, y luego trató de hablar, pero nada comprensible salió.

—Debiste haberla escuchado —continué—. Acababa de quedarme dormida cuando el grito resonó en todo el apartamento. Pensé que alguien la estaba matando. Para cuando entré a su habitación, bailaba por todos lados y trataba de ponérselo, pero sus dedos temblaban tanto que seguía fallando. Se puso tan feliz que lloraba. No sé si antes en mi vida la he visto así de extasiada.

Quinn se quedó sin aliento. Sus ojos se llenaron de asombro. —¿Le gustó? —Sonaba esperanzado y aun así inseguro, así que le di un puñetazo en el brazo.

—¿Le gustó? Demonios, no, no le gustó. Lo amó, maldición. Y para tu información, Fabrey, tienes un gusto impecable en joyería. Quiero decir, santo Dios, ¿quién hubiera sabido que escogerías un anillo tan hermoso? Estoy muy impresionada.

Sonrió tanto que toda su cara se iluminó. —¿En serio?

—Sí. Así que desentierra a esa chica mala y ya hazlo oficial, ¿quieres? Eso, lo sé con seguridad, hará feliz a mi Rechel.

Quinn asintió. —Está bien. —Empezó a alejarse como si fuera a seguir mis instrucciones en ese mismo momento, pero luego se detuvo—. Espera. No puedo. Todavía no he planeado la propuesta perfecta. Sigo pensando que tengo que llevarla a un restaurante lujoso y de alguna manera conseguir que el mesero lo traiga en su comida, o…

—No te atrevas a ser tan cliché. Estamos hablando de Rechel. Preferiría algo simple, incluso privado, solo entre las dos. Tal vez un picnic… oh, oye. A ella le encanta ese parque al otro lado de la calle tanto como a mí. Hay un árbol enorme junto al lago. Podrías extender una manta debajo, alimentar a un par de patos, comer una pequeña merienda romántica, y luego, ya sabes… hacer lo tuyo.

Mordiéndose el labio, pareció considerar mi sugerencia. —Sin embargo, no sé cómo pedírselo.

—Oh, da igual. —Empujé su brazo justo donde lo había golpeado—. Cada vez que te he escuchado decirle que la amas, siempre has escupido un gran discurso de palabras complicadas que pondría a una romántica novela heroica en vergüenza. Simplemente empieza a hablar, y las palabras saldrán. Te lo prometo.

—Pero quiero que sea perfecto.

Suspiré. —Rechel no lo quiere perfecto. La pobre chica confundida te quiere. Así que… entrégate a ella.

Se debatió mentalmente un momento más. la tipa parecía emocionada por la idea, sin embargo, completamente asustada por ello. Hizo que mi propio estómago aleteara con anticipación. Estaba a punto de empujarla de nuevo y exigirle—: Solo hazlo ya —cuando asintió.

—Está bien. Voy a hacerlo.

Casi me oriné por tanta emoción. Pero la ansiedad en sus ojos verdes me hizo desconfiar. —Esta noche —le ordené.

—Sí —dijo—. Esta noche.

Estuve a punto de abrazarla, pero eso habría sido muy incómodo porque la última vez que traté de tocarla, había alcanzado su paquete para demostrarle a Rechel que era un bastardo infiel como cualquier otro imbécil de ahí afuera. Pero no fue una bastarda infiel; apartó mi mano, y Rechel me dio la espalda como si yo fuera la puta traicionera del siglo. Sin querer revivir ninguno de esos recuerdos, me aclaré la garganta y pasé los dedos por mi pelo, alegre cuando Rechel entró en la cocina.

—Así que, ¿qué vamos a hacer para cenar? —preguntó, completamente desorientada sobre lo que Quinn y yo acabábamos de discutir.

Quinn saltó ya que se encontraba de espaldas a la puerta y no la había visto entrar. Cuando se giró hacia ella, luciendo tan culpable, resoplé. Era hora de que pusiera las ruedas en movimiento antes de que lo arruinara.

—Ustedes dos me están volviendo loca —dije, tomando el control—. Ambas han estado deprimidas por la casa toda la semana, y ya es suficiente. Voy a echarlos oficialmente por la tarde. Me iría yo, pero… odio caminar demasiado lejos en esta condición, por lo tanto, ustedes tienen que irse. Les empacaré la cena para un picnic, pero es mejor que no vuelvan hasta que ambas estén jodidamente accesibles de nuevo. ¿Entendido?

Rechel levantó las cejas y me envió una mirada fulminante. —Vaya. Siento mucho que nuestro drama esté metiéndose con tu vida, Britt. Déjame solo…

—Rechel. —Quinn se acercó a ella y pasó un brazo alrededor de su cintura, haciendo que levantara la mirada sorprendida.

Cuando sus sorprendidos ojos marrones se ampliaron, ella forzó una sonrisa tensa. —Vamos… vamos a escucharla y salir por un par de horas. Solo las dos.

Ella comenzó a asentir de inmediato, pero le tomó unos segundos decir— : Oh… bueno. Sí, eso suena bien.

—Genial. —Su sonrisa fue lenta y lo bastante devastadora para hacer que Rechel se derritiera visiblemente. Juro que la chica casi dejó escapar una sonrisa soñadora.

Entonces besó su frente y la soltó. —Voy a agarrar mi… mi gorro de la habitación. Ya vuelvo. Tan pronto como se fue, una sonriente Rechel se giró hacia mí. —¿Acabas de ver eso? —exigió y comenzó a rebotar de puntillas—. Me tocó. OhDiosmío, Britt. Creo que está empezando a entrar en razón de nuevo.

Tenía que alejarme antes de soltar toda la sorpresa, pero estaba tan feliz por mi mejor amiga. No podía esperar para ver su cara cuando regresaran de su picnic. —Entonces, ¿qué tipo de comida quieres? —pregunté, ya abriendo el refrigerador y sacando los fiambres. Los sándwiches parecían una comida ligera y agradable para el tipo de propuesta simple que preferiría Rechel.

Trató de ayudarme a empacar la comida, pero estaba tan ansiosa por ponerse en marcha y demasiado ocupada parloteando acerca de lo que podría haber animado a Quinn, que en su mayoría solo me siguió por ahí mientras empaquetaba algo de frutas y verduras, junto con algunas de sus galletas con chispas de chocolate favoritas.

Cuando Quinn volvió a la cocina, deslizó una mano en su bolsillo y apoyó un hombro contra el marco de la puerta. Noté que había olvidado totalmente ponerse un gorro como dijo que iba a hacer, pero Rechel no lo notó. Solo sonrió con adoración.

Una sonrisa astuta iluminó su rostro mientras estudiaba el resplandor brillante en los suyos. —¿Casi lista?

—Síp —respondí por ella, agitando una mini botella de vino a espaldas de Rechel para que Quinn pudiera ver lo último que metí en la descomunal bolsa de almuerzo antes de cerrar la cremallera—. Creo que están listos para irse. Diviértanse. No regresen hasta que sea tarde, y alimenten a los patos por mí mientras estén allí.

Colgando la correa del bolso sobre mi hombro, puse mi mano en la base de la espalda de Rechel y la empujé hacia Quinn. Se enderezó a tiempo para atraparla por la cintura y jalarla hacia ella. Entonces me sonrió y tomó la bolsa de almuerzo. —Gracias, Britt.

Rechel de repente lanzó una mirada sospechosa entre nosotras. Tragué, esperando que no entendiera lo que pasaba. Pero entonces se giró hacia mí. — Estás muy ansiosa por deshacerte de nosotras. ¿Piensas hacer una fiesta salvaje mientras estamos fuera?

Bufé. —Sí, mi novio secreto va a venir y vamos a practicar para hacer el bebé número dos. —Tan pronto como lo dije, una imagen de la compañera de trabajo de Quinn, Santana, apareció en mi cabeza. Pero lo alejé y le rodé los ojos a mi prima mientras palmeaba mi vientre—. Guau, ¿por qué eres tan paranoica?

—Sí, Rechel. —Quinn deslizó la mano por su brazo y entrelazó sus dedos con los suyos—. ¿A quién le importa por qué quiere que nos vayamos? Solo vamos a divertirnos.

Se giró hacia alla, y me di cuenta que ya se había olvidado de quién era yo.

—Está bien —dijo—. Supongo que estoy lista.

Me alegró que ya llevara un atuendo bonito. Nunca me habría perdonado si la dejaba salir de la casa para su propuesta usando algo descuidado y viejo. Pero incluso su pelo parecía adorable en una alegre cola de caballo.

Las seguí a la entrada de la cocina mientras cruzaban la sala de estar de la mano. Ninguna miró atrás mientras se iban. Pero extrañamente, en lugar de sentirme excluida, me sentí plena y contenta. Um. Supongo que ese artículo que leí sabía de lo que hablaba. Haz feliz a otra persona y la sensación regresaba a ti multiplicada por diez. Qué maravilloso descubrimiento.

Aún deseando tener una bola de cristal para poder espiar su picnic y ver la gran propuesta, me acomodé en el sofá con mi comida saludable y puse la computadora de Rechel en mi regazo para poder buscar más sitios sobre bebés.

Vagando por sitios web encontré esta página de Hazlo tú misma, mami, del que estaba absolutamente enamorada. Desde que finalmente entendí que no podía salir y comprar todo lo que mi corazón malcriado deseaba, comencé a hacer todo tipo de cosas lindas que necesitaba para mi bebé de una forma asequible.

Rechel me dio uno de sus viejos bolsos Dolce y Gabbana de imitación para transformarlo en un bolso para pañales. Era de color negro, dorado, y estampado de leopardo, pero pensé que necesitaba un toque de color rosa junto con un par de bolsillos para todas las necesidades que iba a tener que llevar a todas partes para mi niña.

Mientras cosía, mi mente vagó de regreso a la compañera de Quinn. De alguna manera, todavía me molestaba que hubiera adivinado mi pasado. Como una picazón constante bajo mi piel, odiaba ser consciente de lo que sabía sobre mí. Y tampoco estaba tan segura de que me gustara la forma en que afectó mis hormonas. Acababa de acostumbrarme al hecho de que nunca tendría que volver a usar a una chica para que fuera a mi lugar insensible. Quería borrar el sexo de mi vida por completo. Así que, ¿por qué me preguntaba cómo se veía Santana en sujetador, o cuántos tatuajes y piercings tenía bajo el resto de su ropa?

Deseaba que hubiera un modo de borrar completamente de la existencia mis sentimientos y sus conocimientos sobre mí. Meditando, seguí cosiendo, y pensando, pero sin llegar a ningún buen plan. No es que importara lo que hiciera sobre Santana Lopez. Dudaba que alguna vez volviera a verla. ¿A quién le importaba lo que sabía acerca de mí?

A menos que se lo dijera a Quinn.

Oh, mierda. No podía decirle a Quinn. ella le diría a Rechel. Y si ella Sabía…

Tenía que convencerlo de que asumió mal las cosas, que lo que pensó no era cierto. Sí. La próxima vez que lo viera, y encontraría una manera de volver a verla, eso era exactamente lo que haría.

Cuando la puerta principal del apartamento se abrió, salté, sorprendida al darme cuenta de cuánto tiempo pasó. Rechel y Quinn entraron en la sala de estar, llenos de sonrisas y risas. Tenía una montaña de materiales, tijeras, aguja e hilo apilados en el sofá a mi alrededor. Me encontraba tan absorta cosiendo una R, la última letra, a un lado del bolso, que grité y me pinché el dedo cuando la puerta se abrió de golpe.

—¡BRITTANY! OhDiosmío OhDiosmío. ¡Mira! ¡Mira! —Rechel se lanzó hacia mí, con la mano extendida y moviéndola mientras el diamante brillaba en su segundo dedo—. ¿Puedes creerlo? ¿Puedes simplemente creerlo? ¡Nos vamos a casar!

Hice un espectáculo al estudiar el anillo que ya habíamos mirado y admirado hace meses. Luego levanté la mirada y con sequedad informé—: Estoy… sorprendida.

Rechel retiró su mano y me frunció el ceño. —Oh. No eres divertida. Esta es una noticia feliz. Una noticia increíble.

Sonriendo, rodé los ojos. —Y estoy feliz por ti. En serio. Felicitaciones.

Cuando Quinn cerró la puerta del apartamento y se apoyó en ella para vernos en el sofá, le eché un vistazo y arqueé una ceja. —Bien hecho, señora Fabrey.

—Señora Fabrey. —Rechel suspiró el nombre mientras sacaba su mano de la mía y saltaba del sofá hacia ella—. Y voy a ser la señora Fabrey. Señora Rechel Fabrey. OhDiosmío, ¡me encanta!

La abrazó y comenzó a besarla por toda la cara. Ella se rió y agarró su cabeza con las manos para poder mantenerla quieta el tiempo suficiente para presionar un suave y prolongado beso en sus labios. —¿Qué? ¿De verdad dudabas que esto iba a pasar?

—No. —Suspirando, se derritió contra ella y apoyó la mejilla en su hombro—. En realidad no. Pero aún no puedo creer que sea aquí. Está pasando ahora, y por fin es real.

—Por supuesto que es real. Te amo, Rechel. —Cerró los ojos y apretó la boca en su sien—. Haría cualquier cosa para demostrártelo.

Un gran nudo de celos se atascó en mi garganta. La única manera de la que fui capaz de tragarlo fue al pensar en cuán satisfecha estuve después de interpretar a Cupido para ellas. Hacer buenas obras era una sensación increíble. Y me sentía aún más satisfecha porque era a Rechel a quien ayudé a hacer feliz. Pero, ¿por qué yo no podía también ser feliz?

Porque no lo merecía, me recordé.

—Dame dos minutos —le dijo Rechel a Quinn mientras se alejaba; la mirada en sus ojos hizo obvio lo que planeaba.

Su mirada se calentó y mantuvo sus dedos todo el tiempo que pudo antes de que ella saliera de su alcance. —Sí, señora —murmuró antes de sonreír como una chica a punto de tener sexo.

Cuando Rechel se rió, bufé. Creo que olvidaron que yo existía. Mientras Rechel se alejaba, saltando desde la sala de estar, Quinn suspiró con satisfacción y encontró mi mirada. Al verme, templó su ánimo al instante. Se aclaró la garganta y trató de quitar el deseo de su expresión, pero no lo logró.

—Así que… —dijo, empujando la punta del pie en un trozo de tela que había caído al suelo—. Gracias.

Me encogí de hombros como si mi intervención no hubiera sido gran cosa y volví a coser mi R. —Es lo menos que podía hacer.

—Sí, pero… nos salvaste. Rechel y yo estábamos ahogándonos hasta…

—Oh, no seas tan dramática. —No podía dejar que se pusiera sensible porque entonces me pondría emocional y tendría que culpar por un nuevo lote de lágrimas a mis pobres e inocentes hormonas del embarazo—. Se aman la una a la otra. Nada iba a cambiar eso. Solo le di un poco de claridad a tu cabeza.

—Bueno, era lo que necesitaba, y siempre te estaré agradecida. —Se acercó y ladeó la cabeza para ver lo que cosía—. ¿Es el nombre de la bebé?

Jadeé y cubrí la palabra con la mano, a pesar de que ya la había leído… y lo sabía. —No te atrevas a decirle a nadie —le advertí—. Especialmente a Rechel. Ha estado divirtiéndose tratando de adivinarlo.

Sus ojos grises brillaban como la plata cuando me sonrió. —Mis labios están sellados. Pero solo porque te debo una. —Luego miró hacia la puerta que daba al pasillo, la que dirigía a su habitación y a la de Rechel—. ¿Crees que ya han pasado dos minutos?

—Creo que solo han pasado treinta segundos, cachonda.

Frunciendo el ceño, se metió las manos en los bolsillos y se quejó por un momento antes de murmurar—: Bueno, no puedo esperar más. —Entonces se fue, corriendo por el pasillo en busca de su prometida.

Sonreí y sacudí la cabeza. Me gustaba su forma de amar. Disfruté de verlas superar este obstáculo, y me gustó saber que iban a vivir felices para siempre. Pero también me deprimió.

Sabía que tenía a mi pequeña. Una vez que ella naciera, probablemente estaría demasiado ocupada criándola para querer lo que Rechel tenía con Quinn, pero una parte de mí aún sufría, una parte de mí también quería ser amada así.


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Mensaje por monica.santander el Sáb Dic 17, 2016 4:06 am

Que lindo lo de Rachel y Quinn!!!!!!
Ojalá Britt consiga o que busca! !!
Saludos

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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por micky morales el Sáb Dic 17, 2016 7:05 am

Lo que britt necesita es a san, que si sabe tratar a una chica, que bien por lo de quinn y rachel!!!! hasta luego!

micky morales
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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por JVM el Dom Dic 18, 2016 12:54 am

Las faberry súper lindas!
Espero que Q vaya superando lo que le paso y se enfoque en ser feliz con Rach, después de todo lo vivido se lo merece.
Y bueno las brittana no dejan de pensarse, espero se vean pronto!

JVM
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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Dic 18, 2016 7:52 am

CAPITULO 7

Santana


Exactamente dos semanas habían pasado desde que me casé y descubrí el verdadero nombre de Campanita, y se sentía como si mi universo entero hubiese girado sobre su eje.

En casa no cambió casi nada, aparte del hecho de que la señora Rojas, madre de cuatro niños y nuestra vecina del lado izquierdo, aceptó cuidar de Santiago tres días a la semana. Con un poco más de “libertad”, como Eleine lo llamó, sus estados de ánimo se aligeraron considerablemente. Esto agregó un poco más de tensión a mi presupuesto, pero vivir con una Eleine más feliz y libre de drogas, lo valía.

Nada cambió en mis trabajos. Los autos aún venían con la necesidad de ser reparados en el taller, y los consumidores aún acudían en busca de bebidas al club.

Era yo quien sufría.

Internamente, me volvía loca. Me sentía inquieta con toda esta energía para quemar. No podía dejar de pensar en Campanita. Sabía que era estúpida.

La verdadera Campanita —Brittany Pierce— no era el tipo de persona que pensé.

Nunca encajaríamos, probablemente no seríamos capaces de llevar una simple conversación juntos si alguna vez volviéramos a vernos. Sin duda, ella pisaba a las personas pobres como yo y seguía caminando sin siquiera darse cuenta de que los había aplastado bajo sus tacones de diseñador. Debería olvidarla por completo.

Pero no podía evitarlo. Cada vez que trabajaba con Quinn, tenía una batalla mental conmigo misma sobre si sonsacarle o no información. ¿Dónde vivía? ¿Qué tan enamorada estaba del jodido idiota de su novio? ¿Cuáles eran sus mayores esperanzas, sueños y miedos en la vida? Quería saber todo. Pero no importaba cuantas veces hablara con Fabrey, evitaba preguntarle sobre la prima embarazada de su novia.

Ella ni siquiera me dijo cuando tendría a su bebé. Me preguntaba qué tan cerca se encontraba ahora, o si ya lo tuvo. ¿Era una niña o niño? Diablos, había tanto que no sabía. Y lo peor de todo, era jueves. Iba a estar trabajando con Quinn de nuevo, la única chica que tenía muchas de las respuestas que buscaba.

Se encontraba detrás de la barra cuando entré al trabajo. En realidad, llegaba temprano porque esperaba tener algo de tiempo para conversar con ella. Tenía que haber alguna forma discreta de conseguir que la mencionara sin revelar lo desesperado que estaba de saber todo.

Esperaba que Keitty gritara algo sobre la llegada del Apocalipsis porque, por una vez en la vida, no llegaba tarde. Pero nadie dijo nada, y no había nada que hacer sino esperar hasta que mi turno comenzara. Me di cuenta que incluso llegué antes que la estrella del fútbol al trabajo. Pero Puck acomodaba las mesas, y si alla se encontraba aquí, entonces Ketty debería estar también porque siempre venía con su compañero de cuarto.

—¿Dónde está Widel? —pregunté.

—Con el corazón roto. —Puck, malhumorado, empujó una mesa hacia una mejor posición en el suelo para que los meseros pudieran moverse fácilmente entre ellas más tarde en la noche.

Oh, diablos. Era la tercera noche de esta semana que Widel no había venido. —Élla y su novia la profesora no siguen juntas ¿cierto?

—Es un completo desastre —dijo Fields con una triste oscilación de cabeza—. Nunca antes he visto a alguien tan molesta después de perder una chica. En verdad la ama.


—Diablos. —Meneé la cabeza.

¡Qué pena! Estuve celoso de Wildes y su mujer dos semanas atrás cuando vino a verla al bar. Tenían una conexión intensa. Era desconcertante saber que el vínculo que compartían no los pudo mantener juntas. Y esto no me daba esperanza alguna respecto a mi propia situación. Pero eso, tampoco me apartó de mi plan. La misión “sacarle información a Fabrey” seguía en marcha.

Mirándola mientras metía la bandeja de dinero en la caja registradora, traté de calibrar su estado de ánimo. Gracias a Dios, ella no emitía ninguna vibra de tener el corazón roto. Pareció bastante triste después de su confrontación con la asaltacunas. Esperaba que su chica no lo hubiera botado, porque así no me daría nada de información sobre su prima.

Pero esta noche, la mujer lucía jodidamente alegre. Silbaba alguna melodía que no podía identificar. Así que abrí la boca para preguntar que lo tenía de tan buen humor cuando Puck hizo un sonido de náuseas detrás de mí.

—Vieja ¿qué diablos es eso en tu franela?

Fields apareció a su lado un segundo después, haciendo una mueca mientras miraba mi espalda. —Parece que alguien vomitó en tu espalda.

—Mierda. —Tomé el hombro de mi franela y lo acerqué mientras giraba mi cabeza para ver. Y sí, Santy vomitó su cena antes de que lo llevara a lo de la señora Rojas esta noche—. Mi niño debe haber escupido sobre mí.

La barbilla de Puck cayó abierta. —¿Disculpa? ¿Dijiste tu niño? ¿Desde cuándo tienes un niño?

Fruncí el ceño, aún tratando de mirar sobre mi hombro para ver que tan malo era el daño. —Desde hace alrededor de tres meses.

—Cierra la boca. —Puck seguía mirando estúpidamente boquiabierto—. ¿Por qué diablos nunca nos dijiste que eras mama?

Dejé de torcerme y me encogí de hombros. —No lo sé. No me imaginé que historias sobre cambio de pañales y episodios de llanto fueran algo que te interesara oír.

—Bueno, no, pero... —Meneó la cabeza, aún aturdido—. Joder, mujer. ¿Olvidaste envolvértelo o qué?

Suspiré, dándome cuenta de cuánto tiempo me llevaría explicar mi situación —de lo que estoy seguro es que Puck me destruiría por hacerme cargo del hijo de otro— cuando Jessie, nuestra jefa hasta que su papá se recuperara de su cirugía de corazón, salió por el pasillo del área que lleva a su oficina.

—Bien. Se encuentran todos aquí. —Aplaudió, alegre—. Esperen. —Se detuvo mientras nos miraba a los cuatro—. ¿Dónde está Wids?

—Enferma —le siseó Puck—. Déjenla jodidamente sola.

—Maldición. —Se mordió el labio inferior—. Iba a hacer que realizaran una noche de subasta, ya que no hemos hecho una desde hace tiempo, pero si solo van a estar trabajando cuatro...

—Podemos manejarlo. —Fui rápido para hablar, las noches de subasta traían una gran cantidad de dinero, y siempre era bueno hacer un poco más de efectivo, especialmente ya que iba a tener que gastar en una niñera ahora.

—Bueno, entonces... Encárgate de esto. —Jessie movió su mano en mi dirección, lo que básicamente me dijo que me encontraba a cargo. Luego se giró y caminó hacia la salida, dejándonos para que “nos encargáramos” por nuestra cuenta.

—¿Noche de subasta? —Quinn fue el primero en preguntar después de que se ella fue.

—Oh, cariño, estás lista para divertirte. —Puck se frotó las manos con alegría—. Los clientes tienen una pequeña guerra de ofertas, solo en noche de chicas… imagínate, para que una mujer afortunada, dispuesta a pagar lo máximo, pueda tener al camarero de su elección para que le brinde atención personalizada por el resto de la noche.

—La mejor parte es que el chico que es elegido obtiene el cincuenta por ciento de las ganancias —le dije.
Las cejas de Quinn se unieron y miró hacia Emily, cuyos ojos habían duplicado su tamaño normal.

—¿Vamos a subastarnos a… nosotras mismas? —Emily sonaba escandalizada.

—Oye, es divertido. —Puck lo golpeó en el hombro, maltratándola un poco—. Todo lo que tienes que hacer es coquetear y hablar con la mujer hasta que cerremos y asegurarte de que su trago nunca se acabe. A todas las chicas les gusta.

—Y obtienes el cincuenta por ciento del botín —repetí.

Pero ni Emily ni Quinn parecían entusiasmadas por la idea. —Vieja. — Puck apuntó a mi espalda y meneó la cabeza—. Quizá quieras limpiar esa mierda. Ninguna mujer va a elegirte con porquería de bebé en tu espalda. —Luego movió la cabeza y murmuró algo sobre mi paternidad antes de irse a terminar de arreglar las mesas.

Pero, mierda, tenía razón. Saqué mi teléfono del bolsillo, esperando que Eleine estuviera dispuesta a traerme una nueva camiseta. No tenía tiempo suficiente para ir a casa, cambiarme y volver rápido antes de abrir. Solo que debía de haberse ido ya aprovechando su libertad de esta noche. No respondió el teléfono del apartamento, y nunca le compré un celular porque tan solo no podía permitirme uno para ella también.

—Joder. —Colgué. Después de guardar el teléfono en el bolsillo, tomé la parte de atrás del cuello de mi franela y me la saqué por la cabeza Quedandome en sojetador para así poder ver que tan mal estaba.

—Voy a tratar de deshacerme de esto —dije a quien sea que estuviera dispuesto a escuchar. Pero cuando levanté la mirada, fue a Quinn a quien atrapé mirando.

—Guau —dijo, observando mi pecho —. Tienes las palabras Campanita y Skye tatuadas sobre tu corazón.

Palmeé mi mano sobre el tatuaje, protegiéndolo. que mencionar ese tatuaje específico.

—Sí —dije, arrugando mi frente y listo para patear traseros si hacía una sola observación despectiva sobre la familia que siempre había deseado pero que empezaba a darme cuenta nunca conseguiría—. ¿Qué pasa con él?

—Nada. —Meneó su cabeza pero continuó mirando el área que yo seguía ocultando. Levantando la mirada, finalmente agregó—: Es solo... extrañamente irónico. Quiero decir... —Entrecerró los ojos ligeramente—. ¿No es Campanita cómo llamaste a Brittany la otra semana cuando estuvo aquí con Rechel

Joder.

Con la boca seca, volví a mirar a Quinn. Pero ¿cómo diablos recordaba eso? Debería haber estado preocupada por la asaltacunas que afirmaba estar embarazada de su hijo.

—¿B...Brittany ? —gruñí, frunciendo el ceño como si no tuviese idea de quien hablaba—. Era la rubia embarazada, ¿correcto? La... la prima de tu chica o algo así.

Diablos, ahora estaba siendo soberanamente estúpida. Se iba a dar cuenta que fingía. Y sí, estrechó los ojos, probablemente preguntándose qué diablos pasaba conmigo.

Me encogí de hombros. —Tenía a Campanita en su camiseta. ¿De qué otra manera se suponía que la llamara?

—Nada, supongo. No sé. —Quinn movió una mano—. Ignórame. Fue solo una sorpresa ver ese nombre sobre el de Skye Eso es todo.

Arrugué una ceja, totalmente confundida. —Espera. ¿Por qué? ¿Quién es Skye?

Quinn exhaló antes de decir—: Nadie. Quiero decir, aún no. Así es cómo Brittany va a llamar a su hija cuando nazca.

—¿Qué? —Caí sobre el taburete y lo miré con la mandíbula floja. Pero, no. No, no, no. Esto no podía estar pasando. Por un momento, mi visión se puso negra. Pensé que me iba a desmayar, pero todo fue demasiado rápido, y parpadeé hacia Quinn de vuelta enfocado.

—Oye, ¿estás bien?

—Yo... —Palmeé mi pecho varias veces—. Sí —dije finalmente con esfuerzo—. Estoy bien. Genial. Así qué... va a tener una niña ¿eh? ¿Brittany?

Asintió lentamente, mirándome cómicamente. —Sí. En realidad, se rehusó a decirle a nadie el nombre que eligió. Pero yo la atrapé bordándolo en algo la semana pasada y me hizo jurar que guardaría el secreto.

—¿Te hizo jurar que guardarías el secreto? —Fruncí el ceño, aún con la mano presionada a mi pecho, tratando de evitar que todas las piezas rotas dentro cayeran, porque mierda... Campanita de verdad iba a tener una niñita llamada Skye. Y yo no tenía nada que ver con eso—. Si te hizo jurar que guardarías el secreto, entonces ¿por qué diablos me dijiste?

Quinn retrocedió con sorpresa ante mi pregunta reprobatoria. —Eh... tal vez porque no vi que importancia tendría si tú lo sabías. Dudo que sus caminos vuelvan a cruzarse.

Dios, ¿tenía que restregar eso en mi cara tan fuertemente?

Aclarando mi garganta, bajé la mirada a la franela en mi mano. — Sí — dije, con mi voz ronca—. Tienes razón. —Hice señas a mi remera vomitada y comencé a caminar, necesitando escapar—. Voy a ver si esto sale.

No recordaba la caminata por el pasillo hacia los baños. Ni siquiera, haber abierto el agua en el lavamanos. Solo supe que de repente levanté la mirada de la franela que lavaba bajo el helado grifo abierto y vi mi reflejo en el espejo mientras colapsaba.

—Maldición —murmuré y lancé la sucia y empapada camiseta a mi imagen—. Maldición.

Retrocediendo hasta que mi espalda golpeó la pared, tomé mis sienes latentes y me deslicé hasta que estaba sentado en el suelo, sosteniéndome la cabeza en mis manos y reposando los codos en mis rodillas mientras trataba de no hiperventilar.

¿Cómo podía estar pasándome esto? Santiago, Campanita, y ahora Skye todos terminaron siendo personas reales y ninguno de ellos eran jodidamente míos. Ni mi mujer, ni mis niños, ni mi nada.

Se suponía que fueran míos, diablos. Mi familia. Mi felices para siempre. Jesús... Madam LeFrey no me mintió cuando dijo que me había devuelto la esperanza. Por diez años, añoré ciegamente todas estas cosas, cosas que ni siquiera estaba seguro de querer. ¿Una esposa? ¿Hijos? Ese no era mi estilo, pero de igual manera los había anhelado con cada respiración que tomaba porque deseaba la forma en que me sentí en esas visiones. Ansiaba el torrente de amor, el orgullo del logro, la ternura de ser adorado por otros, de por fin tener un lugar y alguien a quien pertenecer. Y ahora... ahora no había nada.

Nada de amor, felicidad, satisfacción.

Mis manos comenzaron a temblar y cerré los ojos. Pasé una década, apostando a la mera esperanza de que a lo mejor esas estúpidas visiones pudieran hacerse realidad. Mantuve mi nariz limpia, lo que fue toda una proeza tomando en cuenta de donde venía. Tomaba mucho maldito esfuerzo ser bueno cuando vivías donde yo vivía, donde todos alrededor hacían trampas y robaban para salir adelante. Habría sido tan fácil seguir ese camino. Pero quería ser una buena persona, una persona que eventualmente mereciera a mi Campanita.

Pero no había manera de que alguna vez fuera a ser lo suficientemente bueno para esa chica rica, y malcriada que había visto en Facebook. No es que eso importara. Ella ya tenía a alguien más. Y el jodido idiota le había dado un bebé; él había puesto a Sugar dentro de ella.

Mi Skye.

Con mi garganta cerrándose, levanté la cara para golpear la parte de atrás de mi cabeza contra la pared. Después de concentrarme en meter aire en mis pulmones, lo que eliminó las náuseas, me puse de nuevo de pie y saqué micamisa mojada del lavabo, humedeciendo mi cabello cuando me la puse.

Tenía un turno que comenzar y una subasta que ganar. Mi maldito felices para siempre ciertamente no vendría hacia mí, así que supuse que tendría que seguir trabajando duro para conseguir uno por mi cuenta.


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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Dic 18, 2016 8:17 am

[
b]CAPITULO 8

Brittany [/b]


—Está bien, así que, sé que esta noche debería estar trabajando en el final de la redacción de mi obra maestra, pero uf, tengo muerte cerebral. — Rechel se dejó caer sobre el sofá junto a mí—. En vez de eso, vamos a ver una película.

Inclinándose sobre mí donde me encontraba trabajando en mi nuevo proyecto de arte para hacer un porta pañales para colgarlo de mi cuna, agarró el control remoto. —Así que, ¿estás de humor para: Jake Gyllenhaal, Channing Tatum, o Zac Efron? Estoy votando por Zac desde que se parece más a Quinn.

Arrugando la nariz, me detuve sobre el trozo de tela que cortaba con un par de tijeras. —Quinn no se parece para nada a Zac.

—¿Perdón? Ambos son sexys. Eso está bastante cerca. —Acomodándose hacia abajo, Rechel lanzó las piernas sobre el reposabrazos y utilizó el poco espacio que quedaba libre de mi regazo como almohada. La envidiaba por ser tan flexible. Algún día, también sería capaz de volver a moverme así... tan pronto como pierda estos trece kilos de más de mi cintura.

—Aún no se parecen en nada. —Regresé a cortar, dándole a la tela un aspecto irregular con flecos.

—Bien. Entonces, ¿a qué actor tú crees que se asemeja más Quinn?

Uf. No me importaba a quién se parecía Quinn. Desde que consiguió comprometerse, Rechel había estado aún más molestamente enamorada de él que de costumbre. Empezaba a volverme loca.

—No sé —dije—. Quizás a una Diana Aragon joven,ooh...

—Dios, sí. Diana es sexy. Quinn podría ser una Diana.

—Me pregunto cuál es su verdadero nombre —me pregunté en voz alta—. Digo, el de Di. —Pobre chica, probablemente se cansó de que las personas lo llamen Di cuando en realidad era alguien más.

—A quién le importa —declaró Rechel—. Es sexy, eso es todo lo que sé. Aunque en serio, necesita más escenas sin camiseta en el programa.

Terminando con mi tarea de cortar, coloqué la tela y las tijeras en la bolsa a mi lado y resoplé. —Está sin camisa, como, en cada episodio.

—Lo sé. —Rechel apuntó el control remoto hacia la televisión y comenzó a cambiar los canales—. Absolutamente, no está lo suficiente sin camisa. Con una carcajada, dejé mi proyecto en espera por un rato, así podría disfrutar de este tiempo dedicado a mi mejor amiga. Levantando un poco de su cabello oscuro y comenzando a trenzarlo, me di cuenta de que pronto ya no tendríamos estos momentos juntas. Ella estaría casada con Quinn, y yo tendría a Skye. Nos dirigíamos en direcciones completamente diferentes. Mejor, pero diferentes direcciones. Aun así, iba a extrañarla demasiado.

—Oye, ¿qué hay sobre esta? —Habiendo encontrado una película en Amazon Prime, Rechel agitó el control remoto hacia la pantalla de la televisión para llamar mi atención.

Levanté mi rostro, solo para fruncir el ceño. —Esa no tiene a Jake, Channing, ni a Zac.

—Pero tiene a Chris Hemsworth. Así que... es lo mismo. Vamos a verla.

—Está bien, Sweet Pea —concordé, usando el nombre con el que Quinn la llamaba—. Lo que sea que mi adorable y preciosa novia quiera.

Pero tan pronto como presionó la tecla de reproducir, sonó su teléfono celular.

Rechel saltó por encima de mí con la agilidad que solo una chica no embarazada podría lograr y corrió a la cocina. —Es Quinn —dijo en voz alta, solo para responder en voz baja, de forma seductora—: Hola a la Mujer más guapa del mundo. ¿Cómo estás?

Después de escuchar por un momento, se detuvo y me lanzó una mirada significativa. —Oh, así es, ¿verdad? —Una sonrisa malhumorada se extendió por su cara—. Bueno, seguro. A Britt y a mí nos encantaría llevarle a Santana una camiseta nueva.

Ante ese nombre, me senté más erguida, prestando intensa atención en tanto mi sangre corría con interés.

Rechel se encontró con mi mirada y arqueó una ceja mientras seguía hablando en el teléfono. —Cariño. Seguro. También te amo. Adiós. —Cuando terminó la llamada, su sonrisa era demasiado petulante—. Bueno, bueno, bueno.

—¿Qué? —exigí, necesitando averiguar cualquier pedacito de información que pudiera sobre la compañera de trabajo de Quinn—. ¿Por qué vamos a llevarle a Santana una camiseta nueva?

—¡Lo sabía! —Chasqueó su dedo y me señaló, pavoneándose—, lo sabía. Te gusta mucho, ¿verdad? ¿No? ¡Sí, te gusta!

Mi rostro se enrojeció mientras apretaba los dientes. —Dame un respiro —murmuré—. Estoy de siete meses y medio de embarazo. Lo último que quiero es cualquier tipo de implicación con una chica.

Excepto, quizás, esa chica. Uff, ¿por qué no podía sacarla de mi mente? Habíamos tenido un encuentro inesperado semanas atrás, y eso fue todo.

—No sé —murmuró Rechel, golpeando su mentón ociosamente, mientras me estudiaba—. Becca dijo que nunca había estado tan cachonda en su vida como lo estuvo cuando se encontraba embarazada.

Fruncí el ceño. —Sí, excepto que hay algo muy malo con tu hermana. — Aunque quizás ese era mi problema. Mis malditas hormonas de embarazada me hacían estar cachonda. Pero, ¿por qué Santana había sido la única que las activaba?

—ella es muy ardiente —dijo Rechel como si respondiera mi pregunta no formulada—. Quiero decir, no tanto como Quinn. Pero sin duda es notable. Los tatuajes y piercings lo hacen parecer todo salvaje e incontrolable.

—Lo que sea —espeté, enviándole una mirada furiosa de incredulidad. No había una sola cosa salvaje en ella. Y además—: Es más ardiente que Quinn.

Mierda, admití que me encontraba atraída por ella, algo que no debería siquiera estar pensando. No quería chicas en mi radar. Era simplemente ridículo, tener en cuenta a las mujere y las relaciones cuando me sentía un poco preocupada por convertirme en una madre primeriza soltera. ¿Qué estaba mal conmigo?

Rechel no pareció notar el pánico en mi rostro, ya que se hallaba muy ocupada sofocándose en su desacuerdo. —Ni siquiera es posible. Nadie, quiero decir, nadie es más ardiente que Quinn.

Palmeé su mano con simpatía. —Sí, solo sigue diciéndote eso a ti misma, cariño. Ahora, ¿qué pasó con la camisa de Santana?

Me moría de curiosidad. ¿Una clienta se la arrancó? No es que la culpe.

También tenía curiosidad por saber qué aspecto tenía su torso desnudo. Tal vez era más el de una doble de Naya Rivera... con más tatuajes. Deliciosa.

—Bueno, aparentemente, tu chica amante vino a trabajar esta noche sin saber que tenía vómito seco de bebé corriendo por la parte de atrás de su camisa. —Cuando aparté mi sorpresa, arqueó una ceja—. ¿Sabías que tenía un bebé?

—No. —Sacudí la cabeza, sintiéndome casi traicionada, lo que no tenía ningún sentido, porque llevaba alrededor de unos trece kilos más de mi propio bebé—. Sigue hablando.

Hizo rodar los ojos, pero obedeció. —De todas maneras, no tiene tiempo para correr a casa a buscar una limpia, así que Quinn quería saber si yo, pero también te estoy incluyendo en esta misión, porque te amo y sé que quieres verla, podría agarrar una de sus camisas y correr hasta ahí por su amiga, para vestirla.

—Por supuesto que lo haremos. —Luché para levantarme del sofá, sintiéndome como una ballena monstruosa varada que no podía moverse mientras agitaba mis brazos en busca de ayuda.

Rechel tuvo misericordia y tomó mi mano, levantándome.

Alisé mi blusa sobre mi cintura abultada y solté el aliento. —Gracias. Acabo de lavar y doblar la ropa hoy. Creo que hay una camisa limpia y linda colocada en la parte de arriba del montón en la canasta sobre la lavadora.

Mientras me apresuraba hacia el pasillo para traérsela, Rechel me siguió.

—De verdad te gusta esta chica, ¿no?

Con un bufido, agarré la camisa que pronto estaría presionada contra Santana y rozando contra su piel desnuda. Oh, suspiro. Pero seguí fingiendo que no me afectaba por Rechel, porque francamente, aún me asustaba el hecho de que me sentía afectada.

—Ni siquiera la conozco. —Simplemente quería saber todo sobre ella.

Sonrió y levantó las cejas mientras caminábamos hacia la puerta principal. —Oh, no creo que me haya olvidado de cómo coqueteó contigo esa noche. A lo grande. Quiero decir: “No comas esos frutos secos. Déjame darte un lote nuevo, Campanita”. —Cuando dramáticamente alejó su cabello y se abanicó mientras trataba de imitar lo que ella había dicho, me reí e hice rodar los ojos.

—Estás tan aburrida.

—Lo que sea. Podría haber estado temporalmente preocupada por las brujas malvadas de Florida volando en sus escobas —continuó Rechel—, y luego atrapando a Quinn, y… oh, Dios mío, aún no puedo creer que realmente estoy comprometida. Está sucediendo, Britt. Quinn y yo nos vamos a casar.

Con un chillido feliz, extendió su mano izquierda así podría mostrar el anillo que juro no se lo sacó desde que Quinn lo había puesto ahí, tal vez, ni siquiera para ducharse.

—¿No es el diamante más hermoso que has visto?

Sonriendo porque alejó fácilmente mi preocupación por el tema Santana yo, asentí. —Sí, cariño. Lo hizo bien. —Abrí la puerta para dejarla guiar el camino hacia el antiguo coche viejo que Quinn habían comprado esta semana.

Me sorprendería si el cacharro duraba un mes.

—¿Bien? —Me miró como si estuviera mal—. Lo hizo increíble. Si alguna vez hubo un símbolo para demostrar lo mucho que me amaba y quería estar conmigo por el resto de su vida, esto es todo. Esto es ese símbolo.

Continuó efusivamente hasta que casi nos encontrábamos en el club donde el tono de llamada de su teléfono la interrumpió. Mi estómago se tensó por la preocupación de que sería Quinn, llamándonos para cancelarlo porque Santana ya había conseguido una camisa de otra persona. Quería ser yo la que le provea y cuide de ella.

Umm, esas deben ser las hormonas del embarazo canalizando algún tipo de instinto maternal, porque ciertamente nunca antes quise cuidar de ningúna chica, por ninguna razón. Extraño.

Escuchando la conversación al lado de Rechel, pude asegurar que era la madre de Quinn. —Está bien. Cambio de planes —me dijo mientras terminaba la llamada y arrojaba su teléfono en la guantera central—. Sarah tiene fiebre, así que Dawn necesita que corra a la farmacia y recoja una receta para ella.

La mamá de Quinn, Dawn, por lo general se asustaba cuando su hija, Sarah, sufría cualquier problema pequeño ya que tenía parálisis cerebral. Más de una vez a la semana, ya sea Rechel o Quinn tenían ir ahí para ayudarles. Sé que no tenía lugar para hablar ya que actualmente me encontraba gorroneando a Quinn y a Rechel... bueno, todo, pero para mí, Dawn dependía demasiado de su hija. No era de extrañar que ella se sintiera presionado a vender su cuerpo a su malvada casera, o como actualmente Rechel la llamaba: la Malvada Bruja de Florida.

—Pero, ¿qué pasa con Sant… —comencé antes de que Rechel levantara la mano.

—Estamos a solo una cuadra del club. Te dejaré en la puerta principal, voy a la farmacia, paso por lo de Dawn y Sarah, y luego regreso a recogerte en mi camino a casa.

Tendría que conducir por otro camino para regresar por mí, pero sabía que ella siempre sentía una sensación de urgencia cuando la mamá de Quinn necesitaba algo. Así que me mantuve en silencio.

—Está bien. —Metiendo la camisa de Santana en mi cartera, balanceé mi cabeza mientras parábamos en la acera.

—Y recuerda —me envió un guiño y una sonrisa—, está absolutamente bien si deseas arrancarla toda esa ropa a esa tatuada mujer dulce y sola... lamerla. Estás embarazada. Tus hormonas están fuera de control. No es tu culpa.

Hice rodar los ojos, pero mis hormonas embarazadas se emocionaron ante la ilustración que mi mejor amiga acababa de pintar en mi cabeza. — Muchas gracias por tu permiso. —Abriendo la puerta, añadí—: Pero el escuchar a mis hormonas es cómo me metí en esta situación. Así que, creo que pasaré.

—Pero a Quinn le agrada esta chica. Dice que Santana es su compañera de trabajo favorito… no solo porque es gran trabajadora, sino por la manera en que trata a las mujeres. Supongo que la Mujer sabe cómo hacer que todos y cada uno de ellas se sienta especial.

Mirándola fijamente, traté de ignorar la decepción que me mordió en el trasero. Así que trataba a todas las mujeres así, ¿eh? Sabía que se suponía que era algo bueno. Es decir, lo era. Pero también significaba que no fue solo a mí.

No había sido especial en lo más mínimo, simplemente otra mujer sin nombre y sin rostro que sintió la necesidad de consentir.

Sacudiendo mi cabeza, me dije que no importaba. De todos modos, me mantenía lejos de todas las mujeres. Centrándome en nada más que bebés.

Pero interiormente, aún dolía. Probablemente no signific aba nada para una chica del que no había sido capaz de dejar de pensar por dos semanas consecutivas.

Con una sacudida de mi cabeza, ignoré mi decepción y le soplé un beso a Rechel —Adiós, cariño. Dale a Sarah este beso por mí, ¿sí?

—Está bien.

Mientras Rechel se alejaba, me di la vuelta y levanté mi mirada a las brillantes luces de neón de Forbidden. Tenían diez minutos hasta que abran, por lo que me apresuré hacia delante y golpeé en el cristal de la puerta de la entrada hasta que la chica cuyo nombre nunca aprendí apareció al otro lado, mirándome.

Saqué la camisa de Quinn de mi cartera y la agité como una especie de ofrenda de paz, hasta que desbloqueó la puerta y la abrió.

—Hola —dije, enviándole una sonrisa insegura—. Eres wild, ¿verdad?

—Emily —corrigió.

Anotado. Tenía su nombre. —Emily —repetí—. Bien. Oye, no sé si te acuerdas de mí. Soy la prima de Quinn, Brittany. —Muy pronto lo sería, eso era—. Estoy aquí para entregar una camisa.

—¿Para Santana? —preguntó, abriendo la puerta ampliamente para mí.

—Síp. —Entré, conteniendo mi respiración para ese primer momento en que podría verla de nuevo—. Para Santana.

Pero no vi a Santana en ningún lugar. Aparte de Emily, solo Quinn y Puck llenaban el grande y tranquilo club. Miré fijamente a Quinn, que hacía algo detrás de la barra, de espaldas a mí.

—Una camiseta negra —anuncié, haciéndola saltar y darse la vuelta—. Recién lavada y doblada.

Cuando me levanté, frunció el ceño ante la prenda de vestir antes de mirar detrás de mí. —¿Dónde está Rechel?

—Cambio de planes. —Me senté en el bar y vi un plato de cacahuetes. Golpeé mis dedos a lo largo del mostrador por unos segundos, tratando de resistir la tentación, antes de que no pudiera soportarlo por más tiempo, y extendí la mano—. Llamó tu mamá. —Mis siguientes palabras fueron ahogadas mientras masticaba—. Rech tuvo que ir a la farmacia por Sarah. Así que, me dejó y estará de vuelta una vez que todo eso esté resuelto.

La preocupación inundó sobre su rostro. —¿Qué le pasa a Sarah?

Me encogí de hombros. —Fiebre. O algo así. No estoy segura.

Descartándome completamente, sacó su celular y comenzó a marcar. Mientras se encontraba ocupado llamando a Rechel, Puck se dejó caer sobre el taburete a mi lado.

Levantando su mentón en mi dirección, movió las cejas. —Así que, ¿vas a amamantar a ese niño una vez que salga?

Cuando su mirada se posó en mis pechos hinchados, llenos de leche, suspiré. Había tratado con este tipo de idiota inmaduro demasiadas veces en mi vida. Acercándome más, le di una sonrisa coqueta. —Sí, lo haré. —Tocando su brazo, pestañeé varias veces—. Oye, ¿crees que podrías verme hacerlo en algún momento y decirme si se ve bien? Porque... —levanté los dedos para morderme una uña—, soy muy nueva en ello, no sé cómo hacer que alguien succione mis pechos.

Asintió, sin decir nada, con la boca abierta. —Diablos, sí, yo podría ver. ¿Hablas en serio, cariño?

—Dios, no, no hablo en serio, perdedor. —Empujando fuerte su brazo, lo empujé del taburete donde se hallaba sentado—. Consigue una vida y deja de seducir a las mujeres embarazadas.

Después de tropezarse con sus propias piernas, cayó fuerte sobre su culo. Balbuceando maldiciones, se paró y sacudió la suciedad del suelo de la parte trasera de sus pantalones mientras fruncía el ceño.

—Jesús, solo me preguntaba. Todo lo que tenías que hacer era decir que no.

—No —dije, mirándolo con un poco de advertencia seria.

Levantó las manos y retrocedió. —Bien. Lo que sea. Tu lo pierdes, Tetas de Leche.

Cuando se dio la vuelta, Santana finalmente apareció, saliendo de la sala de atrás y pasó una estresada mano a través de su cabello húmedo, como si algo le hubiera molestado. Una ola hirviente de energía pasó a través de mí. Salté del taburete tan rápido que me hizo marear.

—Hola —lo saludé sin aliento.

Se tambaleó, deteniéndose y sacudió la cabeza en mi dirección. Mientras miraba sin responder, aumentaba mi nerviosismo.

—Yo... tú... aquí. Camisa.

Oh mi Dios. ¿Qué infiernos acababa de decir?

Frunció el ceño con confusión mientras miraba hacia la camisa que le pasé. Cuando levantó su mirada de nuevo, dejé escapar un suspiro. —Quinn llamó —dije al final con un poco de decoro, a pesar de que mis mejillas ardían con vergüenza.

No podía creer que actuara como una boba. Era Brittany Pierce, la reina de la indiferencia y la serenidad, inafectada y siempre difícil de conseguir. Se suponía que debía tener la maldita actitud aquí. Si solo me hubiera arrojado a los pies de Santana y le suplicara: tómame, soy tuya; no creo que pudiera sentirme más patética de lo que me sentía ahora.

—Dijo que necesitabas una camisa y preguntó si podíamos traerte una de las suyas —añadí con más calma—. Así que... ¡voila! Aquí tienes. Limpia por mí misma, justo hoy.

No tomó la camisa. Frunció el ceño y preguntó—: ¿Quinn te llamó a ti? Espera, ¿lavas su ropa?

No esperaba este tipo de preguntas, y me desilusioné un poco por la acusación en su voz.

Parpadeando, me tomó un momento responder. —Bueno... sí, lavo su ropa. Si voy a vivir con ellas y a costa de ellas, lo menos que puedo hacer es lavar sus ropas. Y no me llamó a mí, exactamente. Llamó a Rechel y se lo pidió a ella. Pero está... en este momento ocupada con otra cosa, y me hallaba sentada en el sofá, ya sabes, esperando a que nazca mi bebé. Así que, me ofrecí.

Comenzó a sonreír como si le complaciera escuchar que en realidad había querido traerle una camisa. Pero entonces otro ceño fruncido arruinó su frente. Sacudió la cabeza. —Espera. ¿Vives con Quinn?

—¿Qué? —Mis ojos se abrieron grandes mientras espetaba—: No. No, en lo absoluto. Vivo con Rechel... quién... vive con Quinn. —Cuando levantó una ceja, mordí mi labio—. Entonces, está bien, técnicamente, supongo que vivimos bajo el mismo techo. Y comemos en la misma cocina, y compartimos un bañito minúsculo, pero... no vivo con Quinn. Nada como eso. —Cuando le di una risita nerviosa, sonrió.

Dios, adoraba su sonrisa. Me encantaba cómo hacía que sus ojos se iluminen y cómo sus labios estirados hacían que los aros en ellos se levanten y muevan. Me sentía tan llena cada vez que se veía así de feliz.

—Bueno, gracias por aclarar eso. Y gracias por la camisa.

Extendió la mano y envolvió los dedos alrededor de una parte de la ropa. Pero no me sentía muy lista a renunciar a este momento. Cuando trató de deslizarlo de mi mano, no dejé exactamente que lo agarrara. Sosteníamos el mismo objeto, ninguna de nosotras lo quería soltar, jugando un juego caliente de tira y afloja.

—De nada —dije, notando cómo la camisa empapada que vestía ahora se aferraba a sus pechos. Y, guau, ¿quién iba a saber que alguien tan delgada podría tener un torso tan definido? ¿Y era el contorno de un aro en el pezón lo que veía a través de esa teladel sujetador mojada? Oh, Dios santo, la chica tenía un pezón perforado.Mátenme ahora—. Sin embargo, honestamente —le dije, mi voz sin aliento—. El aspecto de camisa mojada está funcionando para ti. ¿Seguro que quieres esta aburrida, vieja y seca?

Sorpresa llenó sus ojos marrones antes de que me diera lentamente una sonrisa caída. Usando la camisa que ambas sosteníamos para estirarme más cerca, bajó su voz. —¿Por qué, Brittany Campanita Pierce —murmuró, su tono burlón de regaño—, estás coqueteando conmigo?

—¿Qué? ¡No! —Con un trago, me di de cuenta de que —Buen Dios— lo hacía. Qué malditamente mortificante.

Soltando la camiseta, di un paso atrás. —Mierda. Lo siento.

—¿Por qué? —Decepción llenó su cara—. No dije que me importara.

—Sí, pero tú… yo… —Fruncí el ceño, sin recordar por qué coquetear con ella era una mala idea otra vez.

Pero parecía entenderlo, porque sus ojos demostraron comprensión. —Ya tienes novio.

—¿Qué? —Sacudí la cabeza—. No. ¿Qué te haría pensar eso? —Cuando su mirada se desvió hacia mi estómago, aclaré mi garganta—. Oh, cierto. Eso. Sí, no. No, definitivamente no… de ningún modo. Ese chico es… un estúpido. — Agité mi mano indicando que Alec se había ido hace tiempo hasta que me di cuenta de lo extraña que debía verme, parloteando como una idiota y agitando las manos. Dejé caer los brazos a mis lados, sintiéndome como Rechel cuando entraba en modo boba.

—Cinco minutos hasta la apertura —gritó Puck desde el otro lado de la Habitación.

Detrás de mí, Quinn murmuró—: Mierda.

Santana y yo intercambiamos miradas antes de girarnos juntas para ver la maldición de Quinn mientras trataba de encajar rápido un vertedor en una botella de ron.

—¿Estás bien por allá, Fabrey? —preguntó Santana

Murmurando entre dientes, Quinn asintió mientras sacudía el alcohol derramado en sus manos. No se veía nada bien.

—Mmm —comenzó antes de darme un golpecito en el brazo con la camiseta—. Voy a cambiarme. Vuelvo enseguida.

Asentí pero mantuve mi atención en Quinn.

—¿Qué es lo que te pasa? —le pregunté tan pronto como salió Santana.

—Nada —espetó—. Maldita sea. Se me cayó un poco en mis vaqueros. — Cuando abrió los brazos y miró a la única mancha de humedad en su muslo como si fuera el fin del mundo, arqueé una ceja. Sin duda eso no era propio de Quinn.

—Bueno, algo está pasando. ¿Cuál es tu problema?

Me lanzó una mirada justo cuando Emily se acercó a la barra. — Mujer, ¿estás tan nerviosa por esta subasta de esta noche como yo?

Me giré con curiosidad a la chica alta que me recordaba a un oso de peluche. Enorme y voluminoso, pero demasiado tierno hasta para matar a una mosca. Mmm, tal vez era más como Danny de Baby Daddy’s.

—¿Qué subasta?

—No es nada. —Su tono me dijo lo contrario.

—Amiga, sí es algo. —Puck se deslizó al taburete a mi lado como si no le acabara de echar de ahí hace cinco minutos—. La noche de subasta es una garantía de fabricar dinero… eso es, si el ganador eres tú. Y esta noche seré jodidamente elegido. No hay apuesta que me asuste.

—Espera. Estoy confundida. —Me giré a Emily, ya que tenía la sensación de que Quinn me mordería la cabeza si le preguntaba otra vez, y realmente no tenía ganas de hablar con señor Tetas de Leche—. ¿Qué pasa con la noche de subasta?

—Somos subastados —explicó Emily en voz baja, y la mirada en sus ojos me dijo que no tenía ganas de eso—. Al menos, uno de nosotros lo es. La que gane, podrá elegir a cualquiera de nosotros.

Una familiar sensación de temor se hundió en mi estómago, y no tenía nada que ver con la bebé del tamaño de una piña que vivía allí. —¿La ganadora podrá elegir qué, exactamente?

Se encogió de hombros. —No estoy seguro. Servirle todas sus bebidas y prestarle atención a ella y esas cosas, y que esté a su lado toda la noche. Puck dijo algo de coqueteo, pero… —Me envió una mirada inquieta.

Girando hacia Puck, puse mis manos en las caderas y lo miré. —Bueno, Quinn está afuera. No va a vender su cuerpo por ningún motivo.

Puck solo me miró. —Jesús, lo haces parecer como si nos fuéramos a convertir en un montón de gigolós.

La mera palabra me hizo erizarme. Solo podía imaginar lo que le hizo a Quinn. Pero me negué a mirarla, temiendo, alguna manera, echarla. —Somos atentos, eso es todo —continuó Puck—. No tenemos que dormir con la chica, ni besarla, mierda, ni siquiera tocarla. Sobre todo si es fea. — Señalándome, se giró hacia Quinn—. Pensé que la de cabello oscuro era tu novia. No ésta.

—Ella lo es —hablé, golpeando a Puck en el brazo con mis dedos—. Pero como la prima y mejor amiga de la de cabello oscuro, sé exactamente lo que diría si estuviera aquí. Y diría: De ninguna manera. Quinn no va a hacer esto.

—No importa nada lo que tú pienses —respondió Puck en el mismo tono que usé yo—. Porque la ganadora me va a elegir a mí, y no a alla. Santana —gritó al tiempo que él salía del pasillo, vistiendo una camiseta de Quinn, la cual — suspiro— le quedaba un poco suelta—. Haz que esta loca se calme, ¿quieres?

—Eh, cuidado con lo que le dices. —Santana se movió hacia Puck como si quisiera tener un enfrentamiento, pero le agarré el brazo.

—San —intervine—, por favor, has que Quinn no participe en esta subasta.

Se desvió hacia mí y miró a mi mano antes de elevar su cara, con los ojos brillantes por la sorpresa. Luego agitó su cabeza. —Yo… No es cosa mía, Campanita. Es decisión de nuestro jefe.

—Entonces quiero hablar con este jefe imbécil.

—Brittany —silbó Quinn, con la mandíbula tensa y sus ojos llenos de ira—, cállate. Está bien.

—No —le siseé porque no se veía bien. Lucía exactamente igual a como me sentía tantas veces en el pasado. Girando a Santana, le rogué con mis ojos—. No quiere hacerlo. —Me aseguré de que mi voz fuera lo suficientemente baja para que Quinn no nos escuchara.

Pero Santana no lo entendió. Sonriendo, agitó la cabeza. —Es divertido. No hay mala intención, y no es como si ella engañara a tu prima. Demonios, estoy casada. Así que es completamente…

Mi boca se abrió. —¿Estás casada?

Oh, Dios mío. Arráncame el corazón.

Se congeló, la culpa en su cara era obvia. De repente me sentí con ganas de vomitar. Acababa de coquetear con una mujer casada. ¿Y por qué no había asumido que estaba casada? Acababa de enterarme de que tenía un bebé, por Dios. Las mamás ocasionalmente se casaban con las madres de sus hijos.

Diablos, qué idiota.

¿Y por qué me sentía tan perdida de repente? Como si me hubiera traicionado.

Aclarándose la garganta, Santana bajó la cara y balbuceó—: Más o menos.

—¿Más o menos? —Arqueé una ceja—. Es como si yo dijera que estoy más o menos embarazada. O lo estás o no.

—Bueno, vale. —Levantó la mirada, y juro haber visto dolor y perdón en sus ojos—. Sí, lo estoy, entonces. Estoy… casada.

Oh, diablos. la única mujer que de verdad me afectó, y estaba casada.

Le golpeé en el brazo. —¿Por qué demonios me dejaste coquetear contigo si estabas casada?

Abrió la boca, pero lo único que dijo fue—: Mmm…

Rodé los ojos y suspiré. Apartando la mirada porque dolía tanto mirarlo a ella, vi a Quinn enfadada detrás del bar, y recordé mi misión. Volteándome a Santana, susurré—: Por favor. No hagas que se subaste ella mismos. No tienes ni idea de lo que eso le hará.

Santana miró a Quinn y lo estudió un momento antes de acercarse a mí. — ¿Tiene algo que ver con el puma que vino la semana pasada?

Guau, era bueno. Pero ya había demostrado lo perceptivo que era la última vez que lo vi. Tragué saliva, tratando de no revelar nada con mi expresión. Pero tenía la sensación de que ya había soltado la respuesta, porque Santana asintió como si de repente entendiera. Tras exhalar rápidamente, habló lo suficientemente alto para que Quinn lo escuchara.

—Bueno, no tiene que hacerlo si de verdad no quiere. No es como si Jessie lo fuera a despedir si dijera que no.

—¿En serio? —Iluminada con esa posibilidad, me giré a Quinn.

Quinn se mordió el labio, claramente tentado. —¿Estás segura de que no le importaría?

Santana resopló. —Puede discutirlo conmigo si le importa.

Quinn asintió. —Entonces, no, yo no… No quiero participar.

—Yo tampoco quiero —habló Emily.

Maldiciendo, Santana cerró los ojos momentáneamente antes de fruncir el ceño a Emily.

—Jesús, chicas. Está bien. —Soltó una respiración frustrada—. Ninguno de ustedes tiene que hacerlo en sí. Pero esto no funcionará con solo Puck y yo en el bloque de subasta. Tendrán que presentarse con nosotros en el evento principal y hacer como si participaran. Luego, si alguien elige a alguno de ustedes…

—Lo cual no es ningún problema —gritó Puck desde el otro lado de la habitación mientras iba a abrir las puertas delanteras—, porque todas las chicas me van a elegir a mí.

Santana asintió. —Entonces, solo tendremos que decirle a la ganadora que tienen que trabajar en el bar esta noche, y ella tiene que escoger a otro.

Inhalé, aliviada. Con una mirada rápida a Quinn, vi que él también. Bien.

Un problema menos. Girándome hacia Santana, me di cuenta de que tenía una cosa más que conseguir esta noche.

Estirándome hacia ellal, lo agarré de su camisa.



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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Dic 18, 2016 8:35 am

CAPITULO 9

Santana


—Tenemos que hablar —dijo.

Brittany me sorprendió cuando agarró la parte delantera mi camisa.

—Mmm, está… bien. —Tropecé mientras se dirigía hacia el pasillo posterior, arrastrándome detrás de ella. No me importó seguirla. La seguiría a cualquier parte que me llevara, en cualquier lugar que pueda estar a solas con ella. Pero la forma en que se hizo cargo y me tiró era excitante.

La anticipación se situó en mi nuca. Sabía cómo se sentía empujar dentro de esta mujer. Sabía exactamente cómo se veía en el momento que cerraba los ojos y se mordía el labio inferior cuando se corría, cómo sus músculos se apretaban alrededor de mis dedos y sus senos se arqueaban contra mis pechos. No obstante, nunca he tenido sexo con ella, nunca la he visto desnuda, ni siquiera la he besado.

Mi mente lo sabía, pero mi cuerpo todavía no. Mis sentidos expulsaban absoluta excitación. Era imposible estar cerca, respirar su aroma a lavanda y no recordar cada detalle de esos malditos destellos. Ella ha sido el mejor polvo que había tenido, y ni siquiera había sido real.

La primera vez que estuve con una chica, esperaba esa sensación, esa sensación cegadora que había tenido cuando estuve con Campanita en todas esas visiones. Pero no sucedió. Nunca vino cuando estaba con otra persona. No podía contar cuántas veces busqué la felicidad inesperada de enterrarme profundamente en el paraíso, solo para llegar a nada.

Mirando ahora a Brittany, tenía que preguntarme si sería así con ella ya que era la mujer de mis visiones, mi alma gemela. Mi coño definitivamente pensaba eso. La cosa estaba dura como una piedra.

Se detuvo abruptamente a mitad de camino por el pasillo y se volteó para enfrentarme. Tuve que frenarme para no tropezar con ella y apuñalarla por accidente con la excitada piedra. Mi cuerpo se calentó, encendiendo esta corriente que me puso más allá de dolorosamente dura. Gracias a Dios, la
camiseta de Fabrey me quedaba holgada y larga. Ayudó a ocultarlo.

—¿Quieres ganar esta subasta? —preguntó.

Parpadeé, tratando de sacar de mi cabeza la visión de tener sexo con Ella.

—Sí —respondí finalmente—. Sí quiero.

—Bien. Eso pensaba. —Abriendo un enorme bolso, sacó una lata de aerosol de algún tipo y lo sacudió antes de rociar algo de mierda blanca que parecía crema batida en su palma, lo cual en realidad hizo girar mis sucios pensamientos, hasta que dijo—: Inclínate aquí. —Y alcanzó mi cabello.

En vez de agacharme, di un cauteloso paso hacia atrás. —¿Qué diablos es eso?

—Es espuma, idiota. También conocido como gel de peluquería. Voy a arreglarte hasta que puedas verte increíblemente sexy en lugar de ligeramente sexy. Ahora agacha la cabeza para acomodar tu cabello y ayudarte a ganar esta subasta.

Si hubiera querido limpiarme mierda de perro solo por placer, quizá la habría dejado. Era Campanita; de ninguna manera podría negarle nada. Así que agaché la cabeza.

¿Espera, me llamó ligeramente sexy? Espera otra vez…

—Déjame aclarar esto. ¿Casi tuviste un infarto para sacar a Fabrey de esta subasta, pero ahora estás aquí, arreglándome, para así poder ganar?

—No estaba segura si debería estar ofendida o no. ¿Por qué no tenía problema en venderme a una mujer cualquiera?

Pero al instante hundió los dedos en mi cabello y mierda... naba iba a ofenderme por un buen rato. Jesús, tenía buenos dedos. Se sentían tan condenadamente bien en mí. Sus uñas ocasionalmente raspaban mi cuero cabelludo, y cada vez que lo hicieron, cada nervio de mi cuerpo tenía un mini orgasmo. El latido de mi corazón palpitaba en mi coño hasta que tuve que concentrarme para no rodar mis caderas con sus dedos mientras jalaba mi cabello con estos tirones rítmicos, asegurándose de poner esa mierda de espuma en cada mechón. Y oh... Santo Niño Jesús, se sentía bien. Tan. Malditamente. Bien.

Entonces habló, y el tono de su voz era como llovizna de chocolate sobre un ya perfecto postre. —En realidad tú quieres ganar —dijo—, y ella no quería participar, así que... Sí. Es exactamente eso.

¿Qué dijo? Creo que estaba demasiado ocupada tratando de no venirme en mis malditos pantalones. Cristo. Ella me podía arreglar todos los días de la semana. Extendí la mano y la presioné contra la pared para apoyarme, porque toda la sangre corrió a mi coño y me sentí mareada.

—De acuerdo. Levanta la mirada. —Su voz se volvió ronca.

Levanté mi rostro, respirando entrecortadamente en el momento que nuestras miradas se encontraron. Sus pupilas parecían dilatadas y llenas del mismo calor que yo sentía. Mis fosas nasales se abrieron, ansiosas por inhalar su aroma a lavanda, pero solo pude oler esa maldita espuma.

—Tú, eh... —Se aclaró la garganta y apartó su mirada lejos de mí para centrarse en lo que le hacía a mi cabello. Sus dedos se desaceleraron como si quisiera extender nuestro tiempo juntos. Dios, amaba el coqueteo sucio—. Hay otra cosa que de hecho quiero discutir contigo.

Todavía negándose a mirarme a los ojos, chupó su labio inferior entre los dientes, justo como lo hizo cuando estaba dentro de ella. Era mucho más excitante.

—Bien. —Arrastré las palabras—. Suéltalo.

—Cierto —asintió—. La última vez que hablamos, sé que saliste con esta loca suposición sobre mí que... bueno... —Quitó los dedos de mi cuero cabelludo y me miró, quemándome con esos ojos muy azules que soñaba todas las noches—. Te equivocaste, ¿de acuerdo? Lo que hayas pensado... Era solo... No es cierto. Eso nunca sucedió. A mí no. —Me dio una alentadora, aunque tensa sonrisa—. ¿Está bien?

Vi su garganta moverse cuando tragó. Mi mirada cayó en sus manos; las retorcía inconscientemente en su cintura. Levantando mis ojos otra vez, tomé la determinación y la desesperación en su expresión y asentí lentamente.

—Está bien —dije, encogiéndome un poco de hombros como si no fuera nada.

—Está bien —repitió con un contundente gesto, antes de que una línea se profundizara entre sus ojos—. Espera. Me estresé por esto durante dos malditas semanas, incapaz de dejar de preocuparme por lo que piensas de mí y lo que ibas a hablar. ¿Y todo lo que tienes para decir es “está bien”? —Puso las manos en las caderas y frunció el ceño.

Su temperamento enojado era tan adorable que me hizo sonreír. Me recordó a la Campanita que creé en mi mente, una atrevida alma gemela que discutía conmigo, incluso cuando yo trataba de ser totalmente obediente.

Joder, tal vez ella no era exactamente como había anunciado ser en su página de Facebook. Tal vez no era la rica y malcriada princesa que me convencí que era. Lo cual era malo. Pensando que era más a lo que me había imaginado en lugar de lo que temía, hizo que mi corazón creyera que podría llegar realmente a ella y tenerla.

Pero no podía.

Con mi mano todavía apoyada contra la pared, me incliné, flotando sobre ella. —¿Qué quieres que diga, Campanita? ¿Que sé que estás mintiendo? ¿Qué sé lo que sucedió realmente y solo pensar en eso me parte malditamente en dos? ¿Que quiero hallar el monstruo o monstruos que te lastimaron y destruirlos con mis propias manos? ¿Eso es lo que prefieres?

Sus ojos se ampliaron y su aliento salió desde sus labios entreabiertos. — Yo… —Negó—. En realidad, no. Tienes razón. “Está bien” fue una buena respuesta, después de todo.

—Sí. Seguro que lo fue. —Luego sonreí, amando que por fin podía oler su aroma a lavanda otra vez—. No te preocupes, cariño. Conservaré tu secreto. Si me prometes algo a cambio.

Se sacudió hacia atrás, alejándose de mí, con el ceño fruncido. —No hago tratos.

—Relájate. —Con una risita, agarré un mechón de su cabello entre mis dedos y casi gemí cuando sentí lo suave que era. Era tal como recordaba de mis visiones—. Solo quiero que me digas que ya no estás en peligro. Si sé que ya no puede llegar a ti, lo dejaré y fingiré que soy una idiota ignorante. ¿De acuerdo?

La vulnerabilidad en su expresión hizo que cada instinto protector apareciera en mí. Solo quería recogerla y llevarla a un lugar seguro, donde nadie pudiera molestarla otra vez.

—Ya no estoy en peligro —me aseguró obedientemente, al tiempo que sus ojos se ampliaron por sorpresa, como si no pudiera creer que acababa de hacerme saber que no había estado equivocado después de todo.

Cerré los ojos brevemente, porque aún había estado aferrado a la esperanza de que podría haberme equivocado. Pero ahora que lo confirmó, el dolor se apoderó de mi garganta, haciendo mis palabras ásperas cuando dije— : Bien. —Inclinándome hacia abajo, apreté mis labios en su frente—. Gracias a Dios.

Se escabulló lejos de mí con un jadeo. —No deberías hacer eso.

Parpadeé, desconcertado. —¿Hacer qué?

—¡Besarme!

Soltando una carcajada, agarré su mano y la acerqué más. No me gustaba estar a más de un metro y medio de distancia. —Presionar mi boca en tu frente no es… —Pero las palabras se estancaron en mi lengua al instante que me miró. Sus ojos azules eran grandes y amplios, llenos de calor y miedo. Tragué—. No tenía que significar algo. Solo... ya sabes... afecto amistoso.

Dios, sonaba tonto.

Pero asintió como si estuviera desesperada por creer eso. —Bueno. — Sacó los dedos de los míos y comenzó a acariciarlos con su otra mano como si mis caricias la hubieran quemado—. No quiero que tu esposa venga a buscarme con una escopeta o algo.

Me tomó un segundo recordar de quién hablaba. Seguía inc rustado en mi cabeza que ella era la única mujer con quien alguna vez me casaría. Por un momento, me entretuve con una ridícula imagen de ella persiguiéndose a sí misma con una pistola. Era una visión animada, como algo salido de Looney Tunes.

Empecé a sonreír hasta que me acordé de la realidad. Si se refería a Eleine, no le importaría si fuera a casa con una docena de chicas cada noche.

Pero me gustaba esta barrera entre nosotros. No quería que Campanita supiera sobre la farsa que era mi “matrimonio”. Porque por ella, tenía un mal presentimiento de que disolvería todos mis votos y obtendría la anulación o alguna mierda parecida, lo cual no podía hacer. No si quería mantener a Santiago seguro.

—Entonces, supongo que mantendré mi boca lejos de tu cabeza.

Brittany asintió. —Está bien.

En el momento que se dio la vuelta y se empezó a ir, la miré y apreté los dientes cuando tuve un vistazo de su culo. Mierda, casi deseaba que el embarazo le hubiera hecho lo que le había hecho a Eleine en su parte trasera, haciéndolo dos veces más grande, porque sus firmes nalgas parecían demasiado buenas para resistir.

Miró hacia atrás. —¿Estás mirándome el culo?

Solté un bufido y negué, pero confesé—: Por supuesto. Y estoy muy confundido. ¿Tener un hijo no supone hacer tu culo más grande? —Moví mi dedo hacia ella—. ¿No así de deliciosamente jugoso?

—Confía en mí, cariño. —Guiñó un ojo mientras golpeó con una mano su trasero—. Esto es enorme en comparación a cómo lucía.

—Querido Dios en el cielo. —Gemí mientras se alejaba otra vez. Una persona no sería capaz de decir que estaba embarazada de un niño después de todo, porque desde atrás, tenía curvas perfectas. Cuando le puso un engreído balanceo extra a sus caderas, probablemente sabiendo que todavía la miraba, sonreí.

Joder. Creo que ella me gustaba. Junto con su cuerpo asesino, tenía descaro y agallas, junto con una suavidad y un gran corazón listo para cuidar a las personas. Sonreí, recordando cómo había intentado ayudado a Fabrey para que bebiera agua la semana pasada. Tenía la sensación que ni siquiera sabía cuán verdaderamente compasiva era.

Entré al baño antes de volver a la barra, revisé lo que le había hecho a mi cabello. Me reí en voz alta cuando vi que me abia rizado el pelo.

—Maldición —murmuré, cuidadosamente tocando las puntas gelificadas.

Me gustaba.


*********************************

—¡Qué carajo! — Puck silbó tan pronto me dirigí a la barra—. Si crees que la dama va a ayudarte a ganar la subasta…

—Lo hará. —Palmeé su hombro con una sonrisa—. Lo siento, idiota, pero vas a caer esta noche.

—Hijo de puta. —Frunció el ceño detrás de mí mientras me alejaba para comprobar una mesa llena de mujeres que parecían tener los bolsillos llenos y podían hacerme ganar.

Era hora de empezar a promoverme a mí mismo.

Pero vi a Brittany en el bar, ubicada en el taburete mientras comía de un cuenco de frutos secos. Era bastante extraño para una mujer embarazada entrar en un bar cuando estaba cerrado, pero que se quedara después de que abrió... no me dejó cómodo. Si alguien la acosaba, me vería obligada a matarla.

Caminando hacia ella, rellené su cuenco de nueces y apoyé los codos en la barra para verla morderse el labio inferior mientras miraba el segundo tazón, debatiendo en silencio si debería comer más o no.

—Si todavía te preocupa que voy a dejar que cualquier mujer compre a Fabrey, te prometo que no lo haré.

Ella cedió y tomo otro puñado antes de responderme con una sonrisa alegre. —Oh, no me preocupa. No tengo ninguna duda de que cumples con tu palabra.

Me llenó de orgullo. Era un completo desconocida que había inquietado su paz mental la primera vez que nos vimos. Sin embargo, aquí estaba ella, alegando confiar en mi palabra.

No obstante, eso no explicaba por qué continuaba aquí. —Así que, ¿te estás quedando porque...? —Levanté mis cejas—. ¿Quieres ver quién termina comprándome? —Le di una repentina y traviesa sonrisa—. ¿Estás celosa, Campanita?

Rodó los ojos. —Linda. Pero, no. Estoy esperando a mi aventón. Rechel debería venir a recogerme en unos minutos.

Mierda. Se hallaba atrapada aquí. Me encantó porque significaba que iba a deleitarme con su presencia por más tiempo. Y sin embargo lo odiaba porque mis nervios se iban a volver desquiciados, sabiendo que no podría haber una manera de mantener un ojo constante sobre ella en esta multitud.

—Sabes, si te sientes incómoda aquí, puedo enseñarte una habitación en la parte posterior donde puedes descansar hasta que ella aparezca.

Se rió. —Confía en mí, me siento bastante cómoda con toda la escena del bar.

—Sí, pero… —Cuando mi vista cayó en su estómago, levantó un dedo y me disparó una mirada que me dijo que no fuera allí.

—Si dices algo como “en tu condición”, estaré obligada a convertirme en Brittany la súper zorra y voy a insultarte otra vez.

Sonreí. —Debidamente anotado. Pero en serio, no me gusta esto. En absoluto. —Llevé mi mano sobre su vientre antes de alejarla. Ella saltó por el breve contacto—. Si alguien se mete con este preciado tesoro, voy a volverme loca.

Sus ojos se iluminaron y prolongó la palabra. —Oooh. ¿Así que de eso se Trata?

Parpadeé. —¿Qué?

—Tu sobreprotección. —Señaló—. Me había confundido por qué fuiste tan amable, pero controlador, esa noche que nos conocimos. Ahora que sé que eres mamá... —Se encogió de hombros—. Tiene más sentido.

Retrocedí, confundida. —¿Qué te hace pensar que soy madre?

—Porque... —Metió más nueces en su boca y masticó—. Rechel lo dijo.

Quinn le dijo que necesitaba una camisa nueva porque tu bebé había vomitado en la otra.

Con un asentimiento, di un paso atrás, recordando por qué necesitaba mantener mi distancia. Santiago me necesitaba. Y para mantener a Satiago en mi vida, necesitaba mantener a Eleine en ella. Y no podría ser exactamente un buen y fiel esposa si estaba aquí babeando sobre Brittany, la única mujer que me haría hacer cualquier cosa.

Suspiré, sin preocuparme por esa lucidez.

—¿Quieres ver una foto? —pregunté, forzando una sonrisa y pensando que al ver una foto de Santiago podría ayudar a consolidar mi fidelidad dentro de mi propia cabeza.

—¿De tu bebé? —Su rostro se iluminó—. Seguro.

Saqué mi teléfono y escribí la contraseña para entrar en mis aplicaciones. Inclinándose para ver, Brittany jadeó y se cubrió la boca mientras subió sus ojos hasta los míos.

—¿Qué? —le pregunté, dejando el teléfono a mi lado—. ¿Estás bien?

¿Qué pasa?

Cuando llegué a su estómago, preocupado por el bebé, ella negó y abofeteó mi mano, pero continuó mirándome como si me hubiera vuelto loco.

Entonces hizo un gesto hacia mi teléfono. —Yo solo... tu... tu contraseña. Unouno-dos-cero.

Asentí y me encogí de hombros como si no fuera nada. —Sí. ¿Qué pasa? —Pero mis ojos estaban fijos en ella mientras contenía mi aliento, esperando ansiosamente para saber por qué ese número le era importante. Porque estaba claro que era importante para mí.

—Nada. —Trató de decir, pero yo sabía…

—Oh, no. —Rodé mi mano, persuadiéndola a que siguiera hablando—. Definitivamente es algo. Ahora habla.

Su rostro se sonrojó mientras ella señalaba al teléfono. —Es una fecha, ¿no? ¿Veinte de noviembre?

Mi estómago se tensó cuando asentí. Pero, mierda, si le había sucedido lo mismo a ella en el mismo día que me pasó a mí, iba a enloquecer.

—¿Es tu cumpleaños? —preguntó. Cuando sacudí la cabeza, supuso—: ¿El cumpleaños de tu bebé? El de tu esposa.

Me reí. —No. No es el cumpleaños de nadie. Es... una fecha especial.

El día que la conocí, tuve relaciones sexuales con ella, me enamoré de ella y me volví total y completamente obsesionado con ella... o más bien, el día que había tenidos mis visiones y descubrí que ella existía.

—¿El día de tu boda? —empezó con más suposiciones, sin darse por vencida.

Puesto que no había manera que iba a decirle por qué el veintidós de noviembre era especial para mí, le pregunté—: ¿Por qué te importa? ¿Qué es esa fecha para ti?

Vaciló antes de encontrarse con mi mirada. —Es mi cumpleaños.

Tragué saliva. Mierda.

¿Cuáles eran las probabilidades de que había tenido una visión de ella hace diez años en su cumpleaños?

Un extraño y frío cosquilleo aumentó en mi nuca. Estúpida mierda vudú.

Empezaba a asustarme. En el instante que me alejé, sus ojos se ampliaron.

—¿Qué? ¿Qué significa para ti? —preguntó.

—No voy a decirlo —dije y rápidamente volví a colocar la contraseña porque la pantalla de mi teléfono se había apagado. Ella bufó con irritación, pero la distraje rápidamente cuando pude buscar una foto de Luchador y giré mi teléfono para que lo viera.

Y, sí. Así nomás, su mente se fue a otro lugar. Oh, el poder de un niño adorable.

—Qué bomboncito —susurró—. ¿Cuál es su nombre?

Mi pecho se hinchó con orgullo, mi hijo era ciertamente un bomboncito, justo antes de fruncir el ceño. —Su nombre es Santiago.

Ella parpadeó y luego apuntó a la foto. —Pero lleva color rosa. ¿Por qué un chico tiene un pijama rosa?

—Uh… es… ¿es un gran defensor contra el cáncer de seno? —planteé una pregunta, esperando no tener que confesar que toda la ropa de mi hijo fue heredada de la hija menor de la señora Rojas.

Brittany se rió, calentando mi corazón con el increíble sonido. —Y al parecer no está inseguro sobre su masculinidad —bromeó.

Con un bufido, respondí—: ¿Mi hijo? Claro que no. Nosotros, los Lopez, inventamos la masculinidad, muchas gracias.

Ella sonrió, todo su rostro iluminándose. —Creo que me vas a gustar, Santana Lopez —afirmó, haciendo a mi corazón latir en mi pecho.

No, la verdadera mujer frente a mí no es como imaginé que sería en los últimos diez años. Pero algunas partes de ella eran aún mejores. Y ese brillo en su rostro era uno de ellos.

Tuve un mal presentimiento de que, a cambio, ella me iba a terminar más que gustando.

—¡Oye, San! —Puck apareció, empujando un micrófono inalámbrico hacia mí—. Vas a ser la presentadora de esta cosa esta noche, ¿verdad?

—Por supuesto —dije, agradecido de concentrarme en él antes de confesarle algo totalmente vergonzoso a Brittany.

—Bueno, vamos a hacerlo, ya —insistió Puck—. Tengo algo de dinero que ganar, hija de puta.

Me giré hacia Brittany mientras tomaba el control del micrófono. —Debo irme —dije, no queriendo alejarme de ella.

Su sonrisa estaba triste. —Así veo.

Me hubiera quedado, solo por un segundo más. Necesitaba más tiempo con ella. Pero Puck me arrastró lejos.


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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Dic 18, 2016 9:46 am

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CAPITULO 10

Santana
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Mientras Puck escalaba la encimera principal de la barra, arrastrándome detrás de él, le envié a Brittany una pequeña sonrisa de despedida y lo seguí. Una vez que fui más alto que cualquiera en el lugar, moví mi mano para conseguir la atención. Luego encendí el micrófono y dije en el sistema de sonido—: ¡Hola, todo el mundo! Como que tenemos algo planeado para que todas ustedes, chicas sexys, celebren la noche de damas. ¿Puedo escuchar un grito de entusiasmo?

Una ronda de gritos siguió, un puñado de chicas ondeaba sus bebidas en el aire y se sumergían en la diversión.

Sonreí y apunté a la bulliciosa multitud. —Sí, eso es justo lo que quiero escuchar. —Flexionando mis dedos, les indiqué acercarse—. Voy a necesitar que todas las solteras en la casa, que están desesperadas para darle algo de dinero a su barman favorito, se acerquen el frente, por favor. Vamos a tener una pequeña actuación.

Las mujeres que ya han pasado por esto, gritaron y se precipitaron a la barra. Después de esperar hasta que una buena porción del cuarto hubiese llegado a donde querían observar el evento principal, expliqué las reglas de la actuación. Y luego presenté a los participantes, después de mencionar que Quinn y Emily se nos unirían a Puck y a mí.

—Vamos a conocer a sus bármanes favoritos, entonces. A mi derecha, la mayoría podría recordarlo como Salvaje Pukerman. Estrella de Fútbol y un loco monstruo en las sabanas, de acuerdo con las chicas, a Puck le gustan largos paseos en la playa y besos lentos y apasionados.

Las groupies de Puck chillaron en señal de aprobación cuando levantó sus manos para saludar y guiñar. Luego volvió su espalda a ellas y movió su culo hasta que los dedos femeninos lo alcanzaron, tratando de sentir un poco.

Riendo, lo empujé en el hombro hasta que se enderezó y giró para encarar el frente, donde sopló más besos a otro grupo de mujeres gritando.

—Y luego tenemos a mi sexy persona aquí. —Deslicé la mano libre por mi lado para hacer una demostración provocativa—. Pero, ¿en serio? ¿Quién necesita más introducción de este sexy amoroso?

Un trío de mujeres justo debajo de mí gritaron mi nombre y alzaron sus manos para acariciar mis rodillas ya que parecían no poder llegar más alto. Queriendo mantenerlas en mi esquina, pero con sus garras alejadas de mí, apreté sus dedos como una especie de estrella de rock en un escenario que estaba saludando a sus fans.

Pero mis fans se emocionaron demasiado y trataron de tirarme al piso con ellas, jalándome hasta que estuve inclinada, medio doblada, y mi cabeza quedó a su nivel.

—Chicas, chicas —grité en el micrófono. Riendo nerviosamente, traté de calmarlas—. Un poco de decoro, por favor. —Junto a mí, Quinn me agarró del brazo para que no cayera del escenario, pero más codiciosas manos femeninas seguían manoseándome. Alguien agarró la camisa holgada que llevaba puesta, y antes de saber lo que pasaba, las mujeres la habían sacado por mi cabeza.

Mirando boquiabierta a mi sujetador deportibo, me encontré sin camisa. Me aparté, enderezándose, y levanté las manos. —Bien, ya es suficiente, desvergonzadas.

Controlen a su ser travieso. Primero tienen que ganar antes de poder degustar los productos.

Junto a mí, Puck se quitó su camisa, obviamente sintiendo la necesidad de comparar pectorales. Más damas chillaron con aprobación e insistieron en que tanto Quinn como Emily se quitaran las suyas. Pero las dos bienhechores se negaron a moverse.

Lancé una mirada hacia el final de la barra donde había visto por última vez a Campanita. Cubriendo su boca, reía tanto que las lágrimas corrían por sus mejillas. Le guiñé un ojo justo cuando me di cuenta de que no tenía camisa. Si ella estuviera lo suficientemente cerca, habría sido capaz de leer los nombres tatuados sobre mi corazón. Pero por suerte, no lo estaba. Para asegurarme, me giré un poco lejos de ella.

—Dirigiéndonos a los modestos miembros del grupo. —Moví mi pulgar hacia la dirección de Quinn—. Tenemos a la mujer de familia, Quinn. Pero aparten sus miradas, chicas, está a punto de ser mama.

Cuando señalé a una muy embaraza Brittany, Quinn se giró hacia mí, aniquilándome con la mirada.

—¿Qué demonios?

—Relájate —le dije por un lado de mi boca mientras bajaba el micrófono a mi lado—. Trato de hacerte parecer menos atractiva así nadie te querrá.

No se relajó, ni dejó de mirarme, pero tampoco se abalanzó ni trató de tirarme al suelo. Las mujeres se estiraron hacia ella, pero se acercó al borde de atrás de la barra, así que no podían ponerle un dedo encima.

—Y por último, pero no menos importante, tenemos a Fields… ella virgen.

Puck abucheó y gritó, riendo por completo cuando que la boca de Emily se abrió y su cara brillaba con sonrojo de color rojo escarlata.

—Oh, eso fue duro —dijo Quinn en mi oreja, sacudiendo su cabeza con desaprobación.

Lo ignoré, preguntándole a la multitud—: ¿Alguna dama está dispuesta a desflorar a esta delicada pétala, y mostrarle lo que es tener a una mujer?

Cuando un montón de voces femeninas, más de las que esperaba, silbaron y gritaban que lo llevarían con gusto, me encogí, esperando que mi plan para hacer que se vea menos atractiva no se hubiese vuelto contra mí.

Pero mierda, ¿quién habría sabido que las mujeres, en realidad, preferían a las mujeres sin experiencia?

Miré a Brittany otra vez, preguntándome si estaba tan cabreada conmigo como Fabrey por mi poca atractiva presentación, pero aún sonreía. Sacudió la cabeza como para regañarme, pero su sonrisa me dijo que me perdonaba por usar su embarazo para el beneficio de Quinn.

—Empecemos esta fiesta, ¿bien? ¿Está alguna de ustedes dispuesta a comprar a uno de nosotros, como su propio barman, por el resto de la noche?

Cerca de cinco mujeres alzaron las manos, con dinero atrapado entre sus dedos. —¡Diez dólares! —gritó alguien.

Escuché quince y veinte desde un par de otras direcciones, pero no reaccioné hasta que un cien fue arrojado entre el cuerpo a cuerpo.

¡Santa mierda! ¿Cien dólares? Esta sería una buena subasta.

Señalé en esa dirección. —¿Escuché cien? Creo que acabo de escuchar cien.

—¡Ciento veinte! —gritó otra chica, maravillándome por lo fácil que se había superado los cien.

—¡Ciento veinticinco!

Y seguimos así. La puja se intensificó rápidamente. Logramos doscientos dólares en cuestión de segundos. Me sudaban las palmas, por lo que froté una contra la cintura de mis vaqueros. Más de la mitad de la multitud de chicas se detuvieron en trescientos. Pero otras siguieron, apasionadas. En el momento en que llegamos a cuatrocientos cincuenta, una gota de sudor filtró por el costado de mi sien, porque estaba seguro de que la pelirroja alta debajo de mí, una de las grandes postoras, me elegiría a mí. Pero cuando el precio subió a quinientos setenta y cinco, esa mujer se retiró. Se redujo a dos chicas que nunca había visto.

—¿Escuché seiscientos? —pregunté, señalando a la mujer que le tocaba subir el precio.

Se mordió el labio, luciendo indecisa y gritó—: Quinientos ochenta. Justo antes de que su contrincante dijera de inmediato—: Setecientos.

Nadie quería superar eso. Dejé la puja abierta unos segundos más, señalando a las mujeres que habían dado un precio antes, pero nadie diría más de setecientos dólares. No es que las culpara. Era un montón de dinero. Eché un vistazo a la rubia que estaba a punto de ganar la subasta y traté de averiguar qué camarero preferiría. Pero no pude interpretarla.

Incapaz de evitarlo, volví a mirar a Brittany. Se mordía su labio inferior, estudiando a la rubia ganadora.

Suspiré. —Bien, parece que tenemos una ganadora, con unos setecientos de los grandes. Dame tu mano, corazón, y sube aquí con nosotros.

La rubia me extendió su mano, y la ayudé a subir en un taburete y luego a la cima de la barra, por lo que se hallaba de pie entre Ten y yo. —¿Cuál es tu nombre, preciosa? —pregunté antes de bajar el micrófono a su boca.

Era atractiva; alta y delgada con grandes pechos. Ten tendría un día de campo con ella, si lo eligiera.

Metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja, se inclinó hacia adelante para anunciar—: Cora.

—Bueno, felicidades, señorita Cora. Te ganaste a tu propio barman por esta noche, así que, ¿quién será el afortunadoo afortunada?

Sostuve todo el aire en mis pulmones mientras ella se inclinaba más allá de mí, girándose lejos de Puck. Mierda. Iba a escoger a Fabrey. Ya tratando de pensar cómo disuadirla fácilmente, me sorprendió cuando, en su lugar, hizo un gesto a Quinn.

—Élla —dijo—, lo quiero a élla.

Alcé las cejas y medí la reacción de Emily. Quedó boquiabierto, y juro que la pobre virgen cayó en la lujuria en ese instante. Cambiando de actitud al instante, élla dio un paso más allá de Fabrey y sonrió tímidamente a Cora, con la cara de un color rojo brillante por la vergüenza, pero también rebosante de
admiración.

—Uh... bien —dijo.

Todavía parado entre ellos y sosteniendo el micrófono en mi mano, anuncié—: Bueno, entonces, por este medio, anuncio a Cora y ella Virgen, camarera y esposa. Pueden vivir felices por siempre… o al menos hasta el final de esta mierda. Ahora podrás servirle el alcohol que prefiera.

Instando a Emily para que se mueva, la di un codazo y lo puse junto a la rubia mientras le decía a todo el mundo que la subasta se declaraba cerrada, y les di las gracias por su participación.

—Solo para que conste, apestas como un maestro de ceremonias —gruñó Puck en mi oído una vez que estuvimos todos en el piso nuevamente y listos para regresar a nuestras posiciones regulares—. Esa chica con el cabello morado quería arrojar algo más de dinero por mí.

—Oye, tuvo una oportunidad de dar su oferta. Estoy tan cabreado como tú, idiota. Me habrían venido bien unos trescientos cincuenta dólares extras esta noche.

—Sí, bien, aun así apestas.

Rodé los ojos, y nos fuimos por caminos diferentes.Fabrey se quedó detrás de mí. Tenía una sensación de que nunca iba a alejarse de la barra cuando era noches de chicas.

Bien por mí. Las propinas aquí eran geniales.

—Secundo a Puck —me dijo mientras volvía a ponerme mi propia húmeda camisa y le arrojé la suya prestada—. Apestas por completo. ¿Casi mama? ¿Por qué demonios fue eso?

—Oye, la ganadora no te escogió, ¿verdad? —Cuando simplemente frunció el ceño, asentí—. Caso cerrado.

Entonces me puse a trabajar, porque todo el tiempo que había usado para la subasta me había privado de muchas propinas que podría haber estado ganando.

Pasaron veinte minutos, las cosas regresaron a la normalidad, y Brittany se quedó sentada en su taburete al final de la barra, bebiendo agua y jugo de naranja.Quinn se acercaba de vez en cuando para comprobarla, pero sobre todo fue dejada a su suerte. Rechiné los dientes, preguntándome dónde diablos
estaba su prima y por qué aún no había aparecido para llevar a mi chica a casa.

Nadie se había metido con ella, pero cuanto más tiempo se quedaba, mayor era la probabilidad de ser molestada.

Estaba muy ocupada, con solo Puck y yo trabajando adelante y un Fabrey nerviosa ocupándose de todas las bebidas. No había tiempo para detenerse para más que un—: ¿Cómo estás?

Brittany simplemente sonrió y sacudió la cabeza como si le entretuviera mi preocupación. —Igual que la última vez que viniste —continuó respondiendo.

Debió haber estado aburriéndose sentada en la barra sola, o tal vez tenía que usar el baño. Cuando se paró de su taburete, me asusté. ¿Qué demonios? ¿A dónde iba? Pero simplemente fue a la máquina de discos de antaño contra la pared, y me relajé.

Una mesa llena de chicas borrachas me mantuvo ocupado por un par de minutos. Una lamentaba el hecho de que acababa de atrapar a su novio engañándola.

—Es un imbécil —intervine, coincidiendo con sus amigas—. Te mereces algo mucho mejor que un idiota que no puede mantener su polla en los pantalones hasta que te vea de nuevo.

De repente, me convertí en la atracción principal en la mesa. En medio de decirle a la pobre chica qué clase de cualidades debía buscar en su próximo chico, la primera canción que Campanita había escogido en el tocadiscos empezó a sonar.

Sin aliento, levanté la mirada al altavoz más cercano. Entonces me alejé de la mesa de los lamentos sobre los hombres. Brittany seguía en la máquina de discos, hojeando opciones de canciones, de espaldas a la multitud.

—Discúlpenme —murmuré, distraído. Metiendo la bandeja bajo el brazo, me abrí paso entre muchas personas hasta que llegué a ella.

—¿Cómo demonios sabes que esta es nuestra canción? —demandé detrás de ella.

Dejó escapar un chillido de sorpresa y volteó. Cuando sus grandes ojos azules me miraron, se tensó mi pecho. Hizo falta todo lo que tenía, evitar acunar su cara en mis manos y besarla.

Colocando una mano en su cadera, arqueó una ceja. —¿Nuestra canción?

Señalé hacia el tocadiscos donde los Supremes cantaban “Baby Love”. —Diablos, sí, nuestra canción. Vamos a bailarla juntas en la recepción de nuestra boda.

No quise dejar escapar eso, pero estaba tan trastornado de que hubiese elegido esta canción del tocadiscos. De todas las canciones en la lista, había elegido esta. Las palabras simplemente salieron de mi boca. Pero no entré en pánico. De ninguna manera ella pensaría que yo, en realidad, había previsto nada. Asumiría que coqueteaba y me burlaba.

Bien. Genial. Eso era perfecto. Dejarla pensar que me burlaba.

Pero luego me la imaginé en el vestido de novia sin mangas, las perlas brillando en su pelo, el brillo de éxtasis en su rostro. Todo apareció al frente de mi cabeza hasta que me quedé en un estado irreal de déjà vu. La habitación parecía girar en torno a nosotros dos, y las dos escenas —el aquí y ahora en
Forbidden, y hace diez años en mis visiones—, fundidos en uno.

Oh, mierda. Me di cuenta en ese momento que la recepción de nuestra boda tendría lugar aquí, dentro de Forbidden. ¿Cómo no había visto eso en el primer momento en que entré a este lugar? Supongo que siempre estuve tan enfocada en ella que no había prestado mucha atención a los sitios. Pero, ¿por
qué sería nuestra recepción aquí? Forbidden nunca organizaba esa clase de eventos.

Sacudí la cabeza y parpadeé hasta que regresó el aquí y ahora.

Una muy embarazada Brittany me fruncía el ceño como si estuviese loca. —¿Acabas de decir la recepción de nuestra boda?

Sonreí y asentí.

—Pero ya estás casada.

—Puff. Detalles.

Decidiendo seguir la corriente, coloqué la bandeja de servicio en la cima del tocadiscos y capturé su cintura con una mano. Luego tomé sus dedos con la otra. Cuando la llevé a la pista a baile, se quedó boquiabierta por la sorpresa.

Creo que puso una mano en mi hombro más para equilibrarse que de hecho para bailar conmigo, pero no me importó. Nos hallábamos en perfecta posición para un vals, así que empecé una clase bizarra de dos pasos con ella.

No me alejó, lo cual era prometedor, ya que me miraba como si estuviera completamente loco. Jalándola más cerca hasta que su vientre protuberante se acurrucó contra mí, nos balanceé atrás y adelante en tanto la canción alcanzó una parte intensa.

—All my life whole life throught… —canté junto con Diana Ross, elevando mi voz y poniendo todo en ella—. I never loved no one but you. Why you do me like you do?

Sacudiendo la cabeza,Brittany rió. —Oh, Dios mío. Estás loca. —Pero siguió bailando conmigo mientras la giraba y la traía de vuelta a mí. Riendo otra vez, envolvió los dedos alrededor de mi hombro—. En serio, ¿coqueteas así con todas las mujeres?

Pretendí pensar en su pregunta antes de encogerme de hombros. —Más o menos, sí. Aunque para ser justos, esa mujer de ochenta años con un moño en la cabeza que ayudé a llevar las compras a su coche la semana pasada podría haber sido el amor de mi vida. Es decir, tenía una cesta llena de frutas. Amo las
frutas. Pudimos haber sido el uno para el otro. ¿Quién era yo para arriesgarme a dejarla ir sin probar las aguas un poco con un par de guiños y un pellizco a su culo?

Campanita rió de nuevo. Me gustaba hacerla reír. —Por favor, dime que no pellizcaste su trasero. ¿Lo hiciste?

—Oye, ella me pellizcó primero. —Cuando rió de nuevo, le guiñé y me incliné para susurrar en su oído—: Era sorprendentemente firme.

—Oh, Dios mío. —Tuvo que cubrirse la boca con su próxima ronda de risas—. Eres un incontrolable con los coqueteos, en serio. Debes tener una esposa confiada si no le importa tus burlas.

Con un ascenso orgulloso de mi barbilla, me pavoneé. —Dice que es mi mejor cualidad.

Brittany abrió la boca para responder, pero un golpecito en el estómago la interrumpió.

—¿Qué demonios? —Dejé de bailar y me aparté.

El color inundó su rostro; Brittany cubrió su estómago con las manos como si estuviera avergonzada. —Lo siento. Le debe gustar la música.

Mi boca se abrió por completo. —¿Dices que fue la bebé quien acaba de patearme?

Asintió. —Sí. Yo…

—Oh, genial. —Me arrodillé frente a ella y quedé con mis ojos al nivel de su estómago cuando se movió de nuevo. Con la boca abierta con asombro, coloqué mis manos reverentemente a cada lado de su panza.
Eleine nunca me había dicho cuando Santiago había estado pateándola, pero tampoco me había aventurado a acercarme para saber. Sin embargo, no podía mantenerme alejado del vientre de Brittany, no después de que su hija acabara de hacer contacto conmigo.

—Escucha, niñita —dije sobre la música—. Estoy bailando con tu mamá, pero tan pronto como nazcas, puedes tener tu turno. ¿Lo entiendes, señorita Skye? Tengo la canción perfecta guardada para ti y todo.

Otro golpecito pinchó del estómago de Brittany en respuesta. Me atraganté, sorprendida, y presioné mi palma en su estómago. Skye o me chocó las cinco o me pateó. Aún completamente maravillado y arrodillado, miré a Campanita para compartir mi asombro con ella.

—Eso es tan… —Ni siquiera pude formar una palabra lo suficientemente buena para describir lo mucho que me encantó la conexión con su bebé.

Sacudió la cabeza, aparentemente aturdida. —¿Cómo sabes su nombre?

—Uhm… —Mierda. Esperaba que no estuviera muy cabreada con Fabrey por balbucear. Volví a ponerme de pie—. Quinn reveló el secreto un poco más temprano. —Señalé con mi dedo pulgar encima del hombro, incriminándolo por completo mientras lo señalaba.


—¿Quinn te lo dijo? —La idea parecía extraña para ella, pero sonrió levemente y lo miró sólo para sobresaltarse—. ¡Oh! Rechel está aquí. Debo irme. —Empezó a rodearme, solo para detenerse y morderse el labio inferior—.Gracias —dijo torpemente. Su mano se sacudió un momento antes de añadir—,
por el baile, y ya sabes… toda tu ayuda de esta noche. Lo agradezco… en serio.

Un momento de indecisión cruzó por su rostro antes de abalanzarse hacia mí y darme un rápido abrazo, durando solo el tiempo suficiente para que mis fosas nasales captaran su olor a lavanda, y para que Skye me pateara una última vez.

Cuando se apartó, parecía como si no quisiera irse. Era obvio que yo no quería dejarla ir. Era como si Madam Lefrey me refregara mis visiones una y otra vez. Pero Puck ya me señalaba desde el otro lado del salón, pidieron ayuda.

Además era una noche ocupada, y Brittany necesitaba salir de este lugar.

—Nos vemos, Campanita —le dije un poco más solemne de lo que pretendía.

Con una inclinación de cabeza, me rodeó y se dirigió a Brittany.

Aunque regresé a trabajar y tomaba una orden de otra mesa llena de mujeres, mantuve mi atención en ella mientras que con su prima se despedían de Fabrey y se iban. Después de eso, me llenó una extraña y loca decepción. Ella tenía su vida y yo, la mía, y los dos no parecíamos estar dirigiéndonos en la misma dirección. Pero hubiese sido lindo si tuviese una razón, una estúpida e insignificante razón, para verla de nuevo. Solo una vez más.

Me pregunté si podría conseguir que Lowe me contara cuándo tendría a la bebé. Tal vez iría a visitarla y… mierda, tener cualquier otro contacto con ella después de esto sería torturarme innecesariamente.

Debería permanecer lejos.

Pero después que el bar cerró y ayudaba a Fabrey a limpiar, encontró una forma de meterme de nuevo.

—Gracias por ayudarme a vigilar a Brittany esta noche. Rechel me habría matado si algo malo le hubiera sucedido.

Asentí como si no fuera importante, a pesar de que mi corazón se saltó un un latido cuando mencionó su nombre. —Está bien. Habría vigilado a cualquier mujer embarazada que estuviera aquí.

Quinn se acercó a mí mientras limpiaba la barra con un paño. —Bueno, igual gracias. Oye, mmm, Gamble, Ten o alguien mencionó que trabajas en un taller durante el día, ¿como en un taller de reparación de coches?

—Sip. —Apilé el último vaso limpio bajo el mostrador antes de mirarlo—. Reparaciones Murphy por la calle Bullview. ¿Por qué?

—¿En serio? Eso es grandioso. Quiero decir, Rechel compró este… lo llamaremos auto por ahora. Es una basura. No confío que dure un mes.

—Claro, le echaré un vistazo —dije antes de que pudiera llegar a preguntar. Sabía que probablemente soné demasiado animada. Pero por una oportunidad de visitar la casa de Fabrey, donde vivía Brittany, estaba dispuesto a todo.

Levantó las cejas con sorpresa, pero luego un brillo pasó por sus ojos Verdes y sonrió de un modo cómplice. —Así que, ¿no te importa venir en algún momento?

Sacudí la cabeza. —Para nada. Mi próxima noche libre es el sábado.

Fabrey asintió. —También estoy libre el sábado.

Deslicé las manos en mis bolsillos y apoyé la espalda contra la barra, intentando parecer tranquila.

—Entonces parece que me estaré pasando por ahí.

—Eso parece.

Y en ese momento eligió aparecer Puck y dar una palmada en la cima de la barra. —Oigan, si las señoritas han terminado de coquetear entre sí, me gustaría fichar la salida y llegar a casa para poder llorar sobre un bol de helado porque nadie quiso comprar mi atractivo cuerpo.

—Estoy listo para irme cuando ustedes lo estén —dijo Quinn, echando un vistazo a la barra como para revisar su trabajo—. Acabo de finalizar mi sección.

—Yo también. —Era tarde y debería estar agotado, pero sabía que no iba a pegar un ojo en toda la noche. O mañana en la noche.

En dos días más, podría verla de nuevo.

Aquellos iban a ser los dos días más largos de mi vida.

—Oye, ¿dónde está Emily? —Quinn me sacó de mi ensoñación con su pregunta hasta que también comencé a buscar al cuarto miembro de nuestra pandilla.

Puck señaló con el mentón a la salida. —Llevó a Cora a casa debido a que su aventón la dejó hace un par de horas.

—¿En serio? —Levantando las cejas, me volteé a Quinn. Compartimos una mirada similar, y sabía que pensaba lo mismo que yo.

Puck, por supuesto, tenía que verbalizar todos nuestros pensamientos. — Sip, nuestro bebé va a volverse un hombre esta noche. —Sorbió por la nariz, se limpió una lágrima fingida y colocó un puño sobre su pecho—. Es tan desgarrador. Creo que voy a necesitar varios kilos de helado.

—Maldita sea, aparta tus ovarios, hijo. —Me reí y sacudí la cabeza—. Tal vez nada va a…

—Oh, sí, pasará —me interrumpió Puck, enviándome una mirada reveladora—. Llevó a casa a Cora la Zorra. Esa chica va a perder su virginidad, si es que ya no la perdió.

—Espera. Cora, la… ¿qué? —preguntó Quinn en un tono incrédula—.Cora la Zorra, ¿eh? ¿La conoces?

—Demonios, sí. —Quinn nos sonrió, asintiendo a sabiendas—. Es una de las groupies del equipo de fútbol, y Dios mío, a esa chica le gusta hacerlo muy raro.

Mi esperanza de que Quinn por fin entrara al mundo de la sexualidad activa vaciló. Señalé a Puck.

—Entonces, ¿la has…?

Levantó las cejas. —¿Follado? —finalizó la pregunta por mí—. Hooola. ¿Te perdiste la parte donde dije que era una groupie del fútbol? Soy un jugador de fútbol. Por supuesto que aproveché eso. Demonios, Hamilton podría ser el único chico en el equipo en el que ella aún no ha clavado sus garras. Y tal vez Wild. Pero es bastante nueva en la escena groupie y Gam no ha compartido con esas chicas en un par de meses. Así que… tal vez Wild tampoco. Pero sí, prácticamente el resto de nosotros lo ha hecho. ¿Por qué? Quinn y yo compartimos otra mirada cómplice. Al final, Quinn dijo—: Oye… no iría a decirle a Quinn esa parte si fuera tú.

Puck parpadeó, completamente desconcertado. —¿Por qué no?

—Bueno. Emily no parece el tipo que…

Cuando parecía que a Quinn no se le podía ocurrir un modo discreto para ponerlo, solté—: la chica esperó hasta tener veintiuno para perder su virginidad, idiota. Diría que el hecho de que ya esté compartiendo una mujer con… bueno, contigo, no es algo que necesite averiguar.

—Guau, espera un segundo. ¿Qué está mal conmigo? —Puck se señaló a sí mismo, claramente insultado—. Soy jodidamente perfecto.

Me reí y levanté las manos. —No te ofendas, pero ciertamente no querría meter mi coño en nada en lo que ya hayas metido la tuya.

—Amén —secundó Quinn .

—Oigan. —Puck nos frunció el ceño—. Eso es… oh, lo entiendo. Estiraría un coño tanto para las preferencias de sus muy diminutas…

—Bueno, vamos a ir a casa antes de que diga algo de lo que terminaré arrepintiéndome. —Palmeé a Puck en el hombro antes de empujarlo hacia la puerta—. No voy hablar de mi coño contigo. —No querría que el
pobre chico terminara sintiéndose deficiente.

Quinn nos siguió, riendo y sacudiendo la cabeza. Después de cerrar la puerta con llave e ir por caminos separados, comencé a caminar hacia mi coche, tarareando Baby Love en voz muy baja mientras sacaba las llaves del bolsillo y las hacía girar en mi dedo. Mi mente ya vagaba muy lejos de Puck y su polla. No podía quitar de mi cabeza un par de asombrosos ojos azules.

Sabía que Brittany Pierce era completamente prohibida para mí, pero no me detuvo de esperar con ansías verla de nuevo, más de lo que podía recordar esperar algo en toda mi vida.

Solo dos días más.


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Mensaje por Tati.94 el Dom Dic 18, 2016 4:17 pm

Me encantaron los capitulos! Gracias por actualizar. Me mato la parte donde la bebe patio y san lo sintio ,qe lindo.

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Mensaje por micky morales el Dom Dic 18, 2016 9:13 pm

Aparentemente todo se ve muy complicado pero despues que nazca la bebe de Britt, algo podria pasar por ahi si por lo menos ya son amigas!!!! digo yo, no se!!!!!

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Mensaje por ana_bys_26 el Mar Dic 20, 2016 9:34 am

CAPITULO 11


SANTANA


Cuando llegó el sábado, me encontraba jodidamente ansioso. Relevé a Eleine en la mañana, al llevar a Luchador al parque más cercano, donde lo senté en mis piernas mientras nos balanceábamos en los columpios. Incluso lo llevé al tobogán un par de veces pero varias mamás me miraron raro por eso. Sin
embargo, no me importó. Santy sonrió todo el rato, el cual fue el único consentimiento que necesité.

El resto de la tarde pasó lentamente. Limpié un poco el apartamento, principalmente la cocina y el baño, pero no pude calmarme. Fabrey y yo no acordamos una hora en específico, así que no quería llegar
demasiado temprano, pero cuando dieron las cinco de la tarde, no pude esperar más tiempo. Luego de cambiarme y ponerme algo que luciera bien, pero que no me moriría si se llenaba de grasa, llevé a Luchador a la sala y lo recosté en su mecedor, ya que Eleine se encontraba ocupada en su portátil.

—No debería tardarme mucho —le dije, tomando mis llaves.

Su rostro se arrugó mientras el horror iluminaba sus ojos. —¿Vas a salir?

Sacudiendo las llaves, abrí la puerta, dejándole saber que, demonios sí, iba a salir. Y nada de lo que dijera me lo impediría. —Voy a ayudar a un amigo con su auto.

—Pero… —Miró con impotencia a Luchador, quién mordía felizmente un juguete que le di. Ya lo había alimentado, bañado y cambiado su pañal; estaría bien por un rato.

Cuando Eleine me miró como si la estuviese abandonando con una tribu de caníbales que iban a quemarla en la hoguera con una salsa de barbacoa sabor a nuez, cambié mi peso de un lado al otro con inquietud. No le permitiré hacerme esto. No permitiré que me haga sentir culpable por salir de la casa un
par de horas. Quinn contaba conmigo para que lo ayudara con el auto de su novia.

Mierda, eso era mentira. No hacía esto por Quinn. Tenía que ver a Brittany de nuevo, y esa era una verdad egoísta que hizo que aumentara mi culpa.

Froté mi cabello, suspirando. —Solo serán unas horas. Maldición, Eleine. Es la primera vez que saldré del apartamento desde que nació el niño.

—Cómo sea. Sales cada maldito día.

—A trabajar —espeté—. Tengo que trabajar. Este apartamento no se pagará solo. Y necesitamos comida, y otras cosas, más el seguro del auto.

—Basta ya —soltó, mirándome mal—. ¿Parezco idiota? Sé que irás a encontrarte con una chica y a acostarte con ella.

Tensé mi mandíbula, esperando que no viera nada en mis ojos. Abriendo los brazos, pregunté—: ¿Acaso luzco como si fuera a encontrarme con una chica? ¿En esto? —Sacudí la cabeza, confundido—. De todos modos ¿en qué te afectaría?

Sorbió su nariz y levantó la barbilla. —No me afectaría. Para nada. Tuve sexo apenas la semana pasada.

Mis cejas se levantaron con sorpresa. —¿En serio? —No podía imaginármela de esa manera, en absoluto, especialmente desde que dio a luz.

Nunca había sido muy hermosa, pero en verdad se había dejado ir cuesta abajo durante estos últimos meses. Y con el pasado que compartíamos… no. Se sentía demasiado como una hermana para estar siquiera imaginándome esa parte de su vida.

Cuando me miró con un desprecio desafiante, me encogí de hombros. — Bueno, bien por ti. Te veré después. —Cuando intentaba salir del apartamento, lloriqueó mi nombre.

—Maldición, si solo irás a casa de un amigo a arreglarle su auto, ¿podrías al menos llevarlo contigo?

Miré a Luchador. Con toda la barbilla y el juguete que mordía con sus encías llenos de baba. Una sonrisa iluminó mi rostro. Me encantaría llevar a Santy, sacarlo un rato de este lugar, y quizá dejar que Brittany lo conociera mientras relevaba a Eleine por un par de horas. Pero en verdad planeaba trabajar en el
auto de Rechel.

—No puedo llevarlo a un taller lleno de grasa. Probablemente estaré debajo de un auto la mayor parte de la noche. Ese no es exactamente un lugar seguro para un bebé.

Eleine sorbió su nariz y se giró, ignorándome. Estuve tentado a invitarla para que no se sintiera desplazada. Pero lo último que quería era que ella y Brittany se mezclaran. Resignado, repetí—: Te veré más tarde.

Luego de lanzarle un beso al bebé, estuve libre y trotando por las escaleras hacia la entrada principal del edificio. Cuando mi teléfono sonó tan pronto como encendí el motor, gruñí. Alguien quería atrasar mi encuentro con mi Campanita, ¿cierto? Cuando vi que era Puck, contesté con un gruñido—:¿Qué?

—Hermana, necesitamos tu ayuda. Urgente.

Joder.

—No —dije instantáneamente—. No haré tu turno de esta noche.

—Entonces, pásate por mi departamento y vigila a Wilds, ¿podrías? Fields y yo estamos jodidamente preocupados por élla. Eso que está pasando con su chica en verdad la tiene arruinada, y tanto Fields como yo tenemos que atender la barra hoy, de otra manera nos quedaríamos con élla.

No contesté inmediatamente. Mi consciencia luchó consigo misma. Tení tantas ganas de ver a Campanita que mi pulso no se desaceleraba. Pero el hecho de que Puck me llamara preocupado decía mucho. Preocupado por Wilds, maldije en silencio.

—¿Qué tan mal está? ¿Casi… homicida? ¿Suicida? ¿O simplemente listo para matarte a ti?

—Aún no llega a esos extremos —esnifó Puck—. Sin embargo, diría que definitivamente tiene algo. No se lo pensaría dos veces en participar en un acto extremo de locura en este momento.

—Mierda. —Apreté los dientes con frustración.

—Oye, si estás tan ocupada, puedo llamar a Fabrey y preguntarle si puede ir.

—No —murmuré—. Era a casa de Fbrey a dónde me dirigía.

—¿En serio? ¿Entonces eres todo íntima con Fabrey pero nunca pasas tiempo conmigo después del trabajo? Hombre, me siento herido.

—Quería que revisara el motor de su novia.

El inmaduro de Puck resopló. —Yo hubiera revisado el motor de su mujer sin problema.

—El motor de su auto, idiota.

—Bueno, como sea —murmuró como respuesta—. Lleva a Wilds contigo. Así tanto tú como Fabrey podrán mantener un ojo sobre élla.

No se me ocurría una razón por la que eso fuera mala idea, así que estuve de acuerdo y usando las instrucciones a medias que Puck me dio para llegar allí, me dirigí al apartamento de ellos.

Wilds abrió la puerta, luciendo horrible. Podía entender la razón porque Puck y Fields estuviesen tan preocupados por élla. Wild nunca se veía tan malhumorada.

Fue sorprendentemente fácil convencerla de que viniera conmigo, lo cual era bueno, pero todo el desvío me atrasó casi una hora de ver a Brittany.

Golpeteé los dedos impacientemente en el volante de mi Barracuda, en tanto nos acercábamos a casa de Quinn. Pero mientras más nos acercábamos, más lejos se sentía ella. Necesitando una distracción, miré a Wild, quién miraba en silencio por la ventana, con el codo descansando en el marco de la ventana y su frente hundida en la palma de su mano.

—Entonces, ¿qué pasa contigo y la Novia Profesora? —pregunté—.Supongo que están separadas y por eso hemos tenido que reorganizar todos nuestros horarios y ahora estoy en vigilancia de suicidio.

Kitty me miró e hizo una mueca. —Tú no tienes… que cuidarme, no voy a hacerme nada. Estoy bien. Pero sí, nosotros… —Hizo una pausa, mientras su rostro palidecía—. Terminamos. Hace una semana, pero ya lo superé.

Sí, seguro. Ya lo superó, mi trasero. —Entonces, ¿por qué Larry y Curly siguen preocupados por ti?

—¿Porque son unos maricas? —Levantó las manos y se encogió de hombros—. ¿Cómo diablos voy a saberlo?

Rodé los ojos. Era más difícil sacarle información a esta chica que una muestra de sangre a una roca.

—Bueno, ¿qué pasó?

Comenzó a golpetear los dedos contra su rodilla, así como yo había golpeado los míos contra el volante. Debe ser algún hábito inducido por las chicas. Cuando se giró de nuevo a mirar por la ventana del pasajero, gruñí. No me ayudaba para nada con mi propia distracción.

—Puedes decirme —dije—. Voy a molestarte hasta que lo hagas.

Suspiró profundo y me lanzó una mirada. —Alguien anónimo le envió a mi entrenador una foto de nosotros juntos, y ella fue despedida.

—Joder —exhalé—. ¿Por qué no tuviste problemas también? —Cuando su rostro palideció aún más, tragué con fuerza—. ¿O sí los tuviste?

La desolación llenó su mirada. —La fotografía solo revelaba su rostro. El mío fue recortado.

Fruncí el ceño, al instante confundido. —Espera. ¿Entonces como sabían que estaba con un estudiante? Si no podían verte, ella podría estar follando con alguien más.

Kitty levantó la manga de su camiseta para mostrarme un tatuaje que ni siquiera sabía que tenía. —En octubre, unos cuantos, nos hicimos esto la noche antes de nuestro gran partido por el campeonato nacional. Era lo único que se podía ver de mí en la foto.

Vi el tatuaje, lo leí cuidadosamente y solté una risotada. —¿Campeonato nacional? ¿Que no perdieron ese partido?

—¿Y no dije que los hicimos la noche anterior? —gruñó, volviendo a bajar su manga para cubrir la marca.
Dejé de molestarlo, ya que lucía completamente infeliz. Pero aun así, no me alegraba lo que acababa de decirme. —Entonces, la chica se llevó toda la atención, y tú… ¿la dejaste caer… sola?

—No. —Frustrada, golpeó con fuerza mi tablero. Cualquier otro día, la insultaría por eso. Nadie trataba a mi máquina con tanta falta de respeto, pero estaba teniendo un mal día, así que lo dejé pasar esta vez.

—No la dejé cargar con la culpa —dijo—. Para el momento en que descubrí lo que pasó, ella ya se había ido. Puck y Fields lograron convencerme de no confesarle al entrenador. Y eso es lo que debí haber
hecho. Maldición. En lugar de eso fui con el jefe de Aspen y traté de hablar con él para que la volviera a contratar. Déjame decirte que fue un enorme maldito error. El entrenador me habría pateado el trasero, sacado del equipo y anulado mi beca.

Un mal presentimiento recayó sobre mi estómago. —Pero ese malparido no.

Wild sacudió la cabeza, luciendo más homicida que suicida. —Nop, ese malparido no. Cuando se enteró que yo era el chico de la foto, no solo se negó a reincorporarla, sino que también se negó a reprenderme. Es un fanático de futbol, ya ves. Entonces amenacé con dejar la escuela y abandonar el equipo si no la traía de vuelta, a lo cual él me amenazó con hacerlo público, si incluso, me comportaba como si fuera a irme. Ahora ella se fue, y yo estoy atascado aquí bajo amenaza, para salvar su reputación y asegurarme que no pierda toda oportunidad de conseguir un trabajo en otra parte del país. Pero mientras tanto, sí, parezco un completo imbécil por dejarla asumir toda la culpa por nuestra relación.

—Hombre. —Sacudí la cabeza y dejé salir un silbido bajo—. Eso es cruel.

Es horrible ser tú en estos momentos.

—Síp. —Una vez más, se giró para mirar por la ventana.

—Y ¿no has sabido nada de ella desde que todo se arruinó?

Sorbió su nariz, como intentando contener algunas lágrimas. —No. Estoy bastante segura de que dejó la ciudad. No responde a su puerta, y su correo está acumulado.

—No crees que ella se haya lastimado a sí misma, ¿o sí?

Kitty se giró lentamente, lanzándome una mirada dura. —Bueno, no lo he pensado… hasta ahora. Jesús, no lo haría… espera. No. Su auto tampoco está. Si estuviera en casa, su auto seguiría allí. Ella está bien.
Yo no estaba muy seguro. —A menos que…

—Jesús, Santana —bramó—, para de asustarme. Se encuentra bien. Solo necesita algo de tiempo.

—Bueno, si necesitas entrar a su casa, solo para asegurarte, sé cómo desbloquear una cerradura.

Wild sacudió la cabeza. —Dios, hombre. ¿Dónde aprendiste un truco tan útil como ese? ¿En la penitenciaría del estado?

Guau, dile a una chica que estuviste un tiempo en la cárcel y pensará de inmediato que eres un rudo ex convicto. Supongo que eso era lo que me ganaba por golpear hasta el cansancio a los torturadores de Eleine

—Nunca fui a la penitenciaría, idiota. Fui a la cárcel del condado, como, por dos semanas. Y, no, no lo aprendí en la cárcel. Conoces toda clase de niños interesantes cuando creces en un hogar del sistema de acogida.

Sus cejas se elevaron. —No sabía que creciste en una casa de acogida.

—Síp. Desde que nací hasta que me gradué a los dieciocho. —Y esa era exactamente la razón por la que nunca, nunca, ni siquiera por una noche, quería que Santy fuese puesto en el sistema de adopción. Sabía exactamente a qué tipo de mierda podría enfrentarse.

Llegando a la dirección que Fabrey me había dado, me detuve en frente, y mi estómago comenzó a saltar de emoción. —Aquí estamos.

Mis glándulas de la adrenalina se elevaron. Me sentía tan hiperactiva y lleno de vida, lista para verla, que la gente pensaría que estaba preparándome para correr en una competencia de las Olimpiadas.

Casi me olvidaba de Wild, mientras salía del auto y caminaba hasta la puerta abierta de la estación adherida a un complejo decente de apartamentos doble.

Ella estaba aquí, en algún lugar de este edificio. No podía esperar para verla otra vez.

Pero mientras me acercaba a la entrada, pude ver a un tipo de pie en la cochera, con su espalda hacia mí y las manos sobre sus caderas. No era Quinn, eso era seguro. Iba a decir algo para hacerme notar, y asegurarme de que no fuera ningún extraño aterrador acechando el lugar cuando dijo—: Santa mierda,
te pusiste gorda.

Ahí fue cuando divisé a Brittany en la cochera, intentando sacar algo de un congelador. Su trasero apuntaba hacia nosotros, el cual no parecía para nada gordo, en mi opinión. Demonios, ni siquiera podía darme cuenta que estaba embarazada hasta que se levantó y giró para mirar al visitante.

Su rostro de inmediato palideció mientras decía—: Oh, por Dios. ¿Alec?

Mierda.

Saqué la cabeza de la entrada y sostuve a Kitty cuando intentó pasar a mi lado para entrar a la cochera. Luego lo tiré hacia abajo mientras me arrodillaba.

No tenía idea de por qué quería esconderme mientras hablaba con Alec, pero conocer al papá de su bebé no se hallaba muy arriba en mi lista de prioridades. Quería entrar allí y sacarle las bolas de la manera más dolorosa que pudiera, lo cual dudé que Campanita apreciara.

Esto no era para nada de mi incumbencia. Esa no era mi mujer, y ese jodido idiota probablemente significaba más para ella de lo que yo alguna vez significaré.

O eso era lo que seguía repitiéndome en la cabeza, de todas formas.

Aunque tuve que tararear mentalmente para darles algo de privacidad y no escuchar su conversación.
Cuando Alec se acercó demasiado a ella, casi lo perdí. Wild tuvo que sostener mi brazo porque debió saber que estaba a punto de perder la cabeza.

—No —advirtió en mi oído—. Esa es su pelea, hombre. Obviamente, tienen asuntos que resolver. Si te ves involucrado y rompes tu libertad condicional, volverás directo a la cárcel.

Sí, pero Brittany estaba en problemas, y la libertad condicional era lo último que me preocupaba.

Miré su rostro detalladamente. No enviaba señales de ansiedad o miedo.

Parecía estar acostumbrada a discutir así con él. Pero odié la forma en que la tomó y la acercó. Si Wild no me sostenía de nuevo, intervendría.

¿Por qué demonios simplemente no intervine?


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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Mar Dic 20, 2016 12:18 pm

CAPITULO 12

Eva


¡Iba a verla de nuevo! En cualquier momento.

Había sido una oleada de ansiedad durante todo el día. Desde que Rechel me dijo que Quinn había invitado a Santana a ver su nuevo coche, no había sido capaz de calmarme. Era patético. Debería haber estado decidiendo lo que iba a hacer con mi vida después del nacimiento de Skye, o buscando lugares para vivir, o investigando consejos para padres o buscando un empleo. Cualquier cosa. En cambio, mi mente seguía regresando a sus brazos llenos de tatuajes, el que tiene en el cuello, y oh, había visto uno en su pecho cuando todas esas mujeres cachondas habían desgarrado su camisa en el bar.

Dios bendiga a las mujeres cachondas.

Santana Lopez poseía un gran pecho desnudo. Definitivamente parecido al de Naya Rivera, con un maldito aro en el pezón. Sus músculos habían sidoempacados en un conjunto de hombros anchos y un marco cónico que llevaba a la cintura más delgada de todos los tiempos. Había sido imposible contener la
baba cuando había regañado juguetonamente a las mujeres por desnudarla durante la subasta. Su sonrisa, añadida a esos pectorales y su Mohawk, más los tatuajes, había sido demasiado. Me había derretido en sus brazos al momento en que me forzó a bailar.

Y su melodiosa voz. Oh, Dios. El tipo en serio podía llevar una melodía.

Tarareando “Baby Love” en voz baja, abrí la puerta de la cochera de Rechel y Quinn. Como vivían en un apartamento de dos plantas, habían unos cuantos escalones para descender al piso de cemento. Había venido aquí con el pretexto de buscar una bolsa de guisantes congelados en el refrigerador que guardaban allí, reclamando que hacer guisantes con el plato que cocinaba para la cena sonaba bien. Pero, en verdad, lo esperaba a élla.

Podría estar aquí en cualquier momento.

Quinn, típica mujer, no había establecido ningún horario concreto con élla. Siendo chicas, solo dijeron la noche del sábado. Bueno, había un montón de tiempo durante un sábado por la noche. Necesitaba saber exactamente cuándo llegaría. Me volvía loca sin una cuenta atrás precisa por la que esperar.

No sé por qué lo anhelaba tanto. Conquistar a un hombre no se hallaba en mi lista de cosas por hacer, además de que era la última clase de persona para ser elegida, incluso si yo estuviera en el mercado. Y no nos olvidemos de que estaba casada, cosa que siempre parecía olvidar, maldita sea. Además, no
tenía ni idea que le diría cuando llegara o… Maldita sea ¿por qué se tardaba tanto?

—My baby love. I need you, oh, how I need you —canté en voz baja mientras abría la puerta del refrigerador. No había mucho en el interior, por lo que no fue difícil detectar los guisantes. Pero era imposible alcanzarlos con mi panza de bebé. Traté de girar para poder agacharme de lado, pero tampoco
tuve éxito con eso.

Sin darme por vencida, probé el otro lado y fui capaz de llegar un poco más lejos, hasta que las puntas de mis dedos apenas rozaron la bolsa congelada. El aire helado que se colaba cubría mi piel desnuda. La parte superior de mi baby doll tenía correas gruesas pero sin mangas, por lo que la piel de mis brazos se erizó al instante con piel de gallina, lo que hizo a mis pechos endurecerse por el frío.

Me había vestido para Santana Era estúpido, lo sé. Tenía siete meses y medio de embarazo, no era exactamente el momento más glamoroso de mi vida. Estaba casado; por qué tenía que recordármelo a mí misma era aterrador.

Y veníamos de mundos completamente diferentes. Mi padre habría tenido un ataque si me hubiera visto con una chica tatuada y lleno de metal en la cara como Santana.

Bueno, eso habría sido un plus, cualquier cosa para acabar con ese viejo hijo de puta, pero ni siquiera yo había sido capaz de llegar tan lejos. Ese tipo de personas siempre me habían intimidado, como si fueran lo suficientemente fuertes para masticarme y escupirme sin una segunda mirada, como si me vieran como nada más que una puta rica malcriada.

Pero Santana sofocó por completo mis miedos y reservas al respecto. Nunca me había intimidado. Y nunca me había tratado como a una puta, rica, ni nada de eso. Vio directamente a través de los estereotipos, estigmas y prejuicios, e hizo que me resultara fácil hacer lo mismo.

Sin embargo, todavía era prohibido. Hacer que Rechel me pintara las uñas de mis pies esta tarde, ya que yo no podía llegar a ellas, solo para impresionarlo, estaba mal.

Deslizándome dentro del refrigerador un poco más esta vez, apreté mi vientre contra la apertura de la tapa, haciendo a Skye saltar por la presión.

—Lo siento niña. —Me acaricié el vientre, esperando no haberle hecho daño. Era hora de pedirle ayuda a Rechel.

—Santa mierda, te pusiste gorda.

Ante la voz familiar, me di vuelta y me quedé sin aliento. Un zumbido caótico llenó mi cabeza mientras veía delante de mí. No parecía posible que mi ex de Florida, a más de mil kilómetros de distancia, se encontrara de pie en la cochera de Quinn y Rechel. Pero allí estaba, mirando mi estómago horrorizado.
Parpadeé dos veces. Luego sacudí la cabeza para negarlo. —Oh por Dios —al final encontré el aire para jadear—. ¿Alec? ¿Qué haces aquí? —Miré detrás de él para asegurarme de que mis padres o cualquier otra persona de casa no hubieran venido con él, pero estaba solo, gracias a Dios. Las últimas palabras
que nos habíamos gritado el uno al otro habían sido bastante terminantes. No podía pensar en otra cosa que necesitara decirme para el cierre—. ¿Cómo me encontraste?

Deslizando una mano en un bolsillo de sus pantalones caqui, se paseó cerca, con sus labios curvados en una mueca burlona mientras me miraba de arriba abajo. —Quinn me dijo que te encontrabas aquí.

Siguiente ítem en mi lista de cosas por hacer: asesinar al entrometido novia de Rechel.

Deteniéndose delante de mí, Alec dejó escapar un suspiro y sacudió la cabeza como si estuviera decepcionado. ¡De mí! —Hablé con tus padres, Britt…

—Oh, ¿sabes qué? —Solté un bufido y levanté una mano para detenerlo, sabiendo que todavía quería que hiciera lo que él había estado exigiendo la última vez que hablamos—. Yo también hablé con mis padres. Y sé exactamente cuál es su postura en esto. No estaría aquí en medio de Illionis, viviendo a costa de mi prima si no me hubieran echado porque me negué a hacerme un aborto. Y dado que sigo aquí, Alec, supongo que eso significa que no he cambiado de idea. Entonces lamento que hayas desperdiciado un viaje, pero has venido por nada. Puedes dar media vuelta y regresar a Florida.

Alec apretó los dientes, su expresión mostraba toda su frustración. No me importaba; no iba a decirme qué hacer con mi bebé. Había renunciado a su derecho a tomar una decisión en el momento en que me dijo que era una puta engañadora, después de que le dije del embarazo.

Pero luego su rostro se quedó en blanco.

—Vas a seguir con esto hasta el final ¿verdad? Bien, estoy dispuesto a jugar. ¿Qué es lo que quieres, B.?

Cuando tomó mi brazo en un fuerte apretón, prensándolo fuerte, mis señales de advertencia se dispararon por las nubes. Alec nunca fue abusivo físicamente. Pero, hoy, algo no estaba bien con él.

Los hombres que se encontraban al borde de la desesperación, por lo general lo manifestaban de formas terribles. Lo había aprendido por el carácter duro de mi padre. Bueno, hoy Alex se veía extrañamente desesperado.

Sabiendo que tenía que manejar esto con cuidado, y a pesar de que su presencia me seguía asustando a lo grande, traté de mantener esas razones para sentirse desesperado lejos de él.

—Esto no es un juego de poder para que consiga un juguete bonito, Alec—le aseguré—. Lo único que quiero es a mi hija.

—¡Tonterías! —Señaló con un dedo acusador en mi dirección—. ¿Qué pasó con la chica que conocí, la que decía que los niños le aterrorizaban?

—La dejaste embarazada —le respondí, cuando la furia creció dentro de mí—. Entonces supongo que tendré que aprender a adaptarme.

—Jesucristo —gritó Alec, haciéndome entrecerrar los ojos y poner mi mano en la cadera—. ¿Por qué no te haces cargo de esto?

—¡Lo hago! Me voy a quedar aquí y cuidaré de mi bebé como una madre.

—¿Una madre? Oh, Dios mío. —Dejó escapar una risa degradante—. ¿Estás escuchándote? Tú no eres así. No eres capaz de ser madre, Britt. Eres una zorra mimada.

Auch. Eso dolió. Era chica soltera de diecinueve años sin trabajo, sin casa, y estaba a punto de traer a un pequeño e inocente humano al mundo y ser totalmente responsable de ella. Un mareo repentino me hizo tropezarme. Pobre Skye, parecía magníficamente jodida y ni siquiera había nacido. Con un idiota
como padre y una zorra mimada como madre, mi bebé no tenía ninguna posibilidad.

Pero todavía estaba dispuesta a darle una. No importaba lo que pensara cualquier persona, amaría a mi chica y encontraría una maldita manera de ser una buena madre, aunque fuera lo último que hiciera.
Cuadré mis hombros. —Solo porque no planee que esto pasara, no significa que voy a tirarlo a un lado como un inconveniente menor. Me quedaré con mi niña.

Alec se burló como si supiera un secreto. —Bueno, no puedo permitirte eso.

Traté de tirar mi brazo lejos de él. —¿Por qué no? No te estoy pidiendo que hagas nada. De hecho, ni siquiera quiero que te involucres.

Alec me acercó más. —¿Cuán estúpido crees que soy? Por supuesto, lo pedirás. Tendrás la ley de tu lado, y me sacarás todo el maldito dinero. Podrías manipularme con esto por el resto de mi vida, me succionarás hasta dejarme seco con la manutención de niños, haciéndome pagar por toda la clase de
mierdas con las que no quiero tener nada que ver. Y me rehúso a dejarte ir más lejos con esto.

—Alec… —Suspiré, cansada e incluso rodé los ojos tan dramáticamente como pude, a pesar de que mi corazón estaba acelerado. Por alguna razón irracional, creía que dejarle ver mi miedo lo haría saltar sobre mí—. Créeme.

—Por favor, por favor, créeme—. No haré eso. No quiero nada de ti. En realidad, si nunca vuelvo a verte, estaría abrumada de felicidad. Incluso te firmaré un papel, diciéndolo.

—Veamos —sacudió la cabeza y se rió en voz baja—, me cuesta creer eso. Te conozco ¿recuerdas? Sé la perra conspiradora y manipuladora que eres. Y me rehúso a dejarte continuar con esto.

—Bueno, he cambiado. —Dejé salir un sonido de agravación cuando traté de tirar mi brazo para librarme de su agarre y él no me soltaba—. La gente puede cambiar, sabes. Ahora… suéltame.

—No hasta que aceptes deshacerte del bebé.

¿Estaba drogado? Era demasiado tarde para un aborto, incluso aunque estuviera de acuerdo con la idea. Resoplé y levanté mi barbilla. —Nunca.

—Entonces no me dejas otra opción.

Oh, mierda. Me di cuenta de que cometí un gran error al enfrentarme a él, e incluso al incitar su temperamento, una fracción de segundo antes de que me empujara contra la pared.

Cuando mi espalda golpeó contra la plancha de yeso agrietado y luego mi cabeza, el miedo se apoderó de mí. Me agarró por la garganta hasta que estaba gritando, gritando y solo gritando con todo, con la esperanza de que fuera lo suficientemente fuerte para llamar la atención de Quinn y Rechel.

Iba a tratar de hacerle daño a mi bebé. No sentí el dolor al principio; me sentía demasiado asustada por Skye y lo que Alec trataba de hacer con ella.

Pero entonces me dio un puñetazo en el estómago.

Creo que seguí gritando. No estoy segura. El sonido resonó en mis oídos mientras trataba de acurrucar mis brazos a mi alrededor y proteger a mi hija.

Pero él me abrazó por el cuello, fijándome en el lugar, lo suficientemente flojo para que pudiera continuar gritando, pero lo suficientemente apretado para que no pudiera escapar. Apenas podía respirar, y mucho menos proteger mi estómago. Mis piernas se agitaban pero las fracturas que sentía en mi interior era tan grave que era difícil concentrarse en nada más allá de cada golpe.

Tan abruptamente como atacó, Alec se detuvo. La presión sobre mi garganta desapareció y caí al suelo. No podía detenerme, no podía sostener mi caída, solo pude tomar aire. Era como si no tuviera control sobre mis propias extremidades. Aterricé con un ruido sordo discordante, lo que me lastimó aún más. Pero al menos el asalto había terminado.

Pensé que tal vez Alec lo había pensado bien y retrocedió.

Pero luego dijo—: ¿Qué dem… —justo antes de que un ruido sordo de algo agrietándose contra el hueso hiciera eco en toda la cochera. Un gemido ahogado le siguió.

—Acabas de meterte con la chica equivocada, amigo —alguien gruñó, con voz enojada y Femenina.

Desde el interior de mi caparazón de agonía, los sonidos apagados de los puños contra la piel siguieron, junto con gritos y amenazas. Sabía que alguien me estaba defendiendo, pero en ese momento no me importaba. Me encontraba demasiado ocupada tratando de no morir en el suelo. Las lágrimas rodaban por mis mejillas mientras acunaba mi estómago.

Skye no se movía. Ella siempre se movía o saltaba cuando algo la asustaba. ¿Por qué no se movía?

—No —dije con voz ronca y apoyé la mejilla en el suelo, apretando mis ojos con fuerza mientras mi abdomen se sentía como si estuviera explotando y destrozándose por dentro.

Más gritos inundaron el lugar. Creo que por fin oí la voz de Quinn en el cuerpo a cuerpo, pero de repente Rechel estaba conmigo, con su mano en mi hombro y su voz llena de pánico en mi oído. —¿B.? ¡BRITTANY! ¿Puedes oírme?

Traté de asentir, o responder, o incluso parpadear, pero lo único que pude hacer fue soltar un grito de dolor cuando otra ronda de terror constriñó mi abdomen.

—¿B.? —Rechel intentó de nuevo, con voz temblorosa—. ¿Qué pasó? ¿Te encuentras bien? Oh, por Dios. Quinn. Ella está gravemente herida.

La ola de agonía pasó, dejando un leve latido de dolor. Respiré y traté de hablar nuevamente. —Yo… creo que estoy sangrando. —Mis dedos apretados de alguna manera lograron estibar lo suficiente para tratar de ver hacia abajo entre mis piernas, porque podía sentir un goteo. Quería asegurarme de que no
había sangre, pero no podía ver más allá de mi panza.

Otro rayo de dolor curvó mi vientre. Me acurruqué alrededor de mi bebé.

—¡No! No, no, no. —Una de las voces Femeninas se volvió ronca mientras se agachaba a mi lado. Pensé que era Quinn hasta que graznó—: ¿Campanita? —y entonces me di cuenta de que era Santana.

Mientras cálidos y tiernos brazos me envolvían, abrí mis pestañas y alcé la mirada para un par de ojos marrones devastados. —¿San?

Me apretó contra su pecho. Por fin había llegado. Justo a tiempo. Me besó la frente. —Hola, hermosa. ¿Quieres dar un paseo conmigo? Tengo un auto muy rápido, y puedo hacer que cuiden de ti en un segundo.

Por un momento estaba confundida. ¿Por qué hablaba sobre coches y paseos cuando parecía que todo dentro de mí se estuviera fragmentando y mi bebé estuviera en problemas? Pero entonces comprendí lo que quería decir.

Hospital.

Fue entonces cuando supe que era malo. Tal vez si hubiera sonado tan calmado y confiado como siempre, podría haberme quedado tranquila. Pero parecía asustado, así que me asusté.

¿Qué si… qué si Skye no… sobrevivía? ¿Y si Alec había conseguido…? Demasiado horrible.

Lloré un gemido y hundí mi cara en la camisa de Santana, agarrándola en puñados con mis dedos. Estaba tan agradecida de que estuviera aquí conmigo.

—Duele —le dije. No estaría tan mal si Skye estuviera bien, ¿verdad? Algo tenía que estar mal.

Algo andaba mal con mi bebé.

—Lo sé, bebé. Lo sé. —Canturreando, Santana me acercó más y se levantó.

Las nauseas me llenaron mientras otra banda de dolor apretaba mi abdomen. Probé la técnica de respiración que había usado cuando mi padre me lastimaba. Largas respiraciones. Pero no era capaz de calmarme lo suficiente para detener los jadeos rápidos y poco profundos. Pensé que iba a vomitar, cuando de repente estaba en el cielo, siendo levantada del suelo. Oh, Dios. El vértigo hizo a mi cabeza nadar y a mi estómago convulsionar.

—¿Bueno? —espetó la voz de Santana. Ni idea de a quién le hablaba—. Llevémosla al hospital.

Eché un vistazo rápido, negándome a pensar en nada excepto su olor nublando mi nariz. Era difícil pensar de todos modos. Así que dejé que su olor, que me recordaba a aceite bronceador de coco, me hiciera extrañar lo único de Florida que realmente me hacía sentirme en casa. Un agradable y cálido día soleado.

La playa. La arena y la espuma suave de un húmedo océano.

Presionada contra este hombre que olía a mi tipo favorito de día soleado, me adormecí. Me encontraba en casa de nuevo.

La gente hablaba a mi alrededor, pero en realidad no registraba lo que decían. Centrarme en palabras sería centrarme en el dolor y en lo que podría estar sucediendo con el bebé dentro de mí. Cerré los ojos y me acurruqué más en Santana. En ese momento, él era la única cosa en mi universo.

—Oye, todo va a estar bien —murmuró en mi oído, su voz finalmente fuerte, con confianza y tranquilidad.


Me aferré a esa tranquilidad.

Me empujó lo suficiente para hacerme saber que nos metíamos en un coche, luego me acurruqué en su regazo y sus brazos se reajustaron para sostenerme cerca. No podía dejar de apretar el frente de su camisa. Arranques ocasionales de dolor violarían mi conciencia, pero era buena bloqueando las
cosas desagradables. Lo había hecho durante años.

Así que las aparté lejos. Me negaba a reconocer que algo malo podría pasarle a Skye.

No fue hasta que viramos bruscamente en una esquina que otro choque de dolor me sacó de mi lugar seguro.

—Cuidado —ladró Santana a quien sea que conducía.

—Maldita sea, Mujer —dijo una voz femenina que no reconocí—. Estoy tratando. Tu carro tiene más poder del que estoy acostumbrado.

Gemí y los labios de Santana al instante se cernieron sobre mi oído, su aliento era cálido y relajante. —Nos vamos acercando, Campanita. Solo un poco más.

—Mi bebé —me las arreglé para gruñir.

—Ella se encuentra bien. Va a estar bien. Nada va a pasarle a ese precioso angelito. Te lo prometo.

—¿Cómo…? —No había manera de que pudiera hacer tal promesa.

—Ella está bien. La he visto —susurró antes de ahogarse lo que podría haber sido un sollozo—. Y es hermosa. Absolutamente perfecta. Tiene tus increíbles ojos azules y la carita de querubín más dulce, en una especie de forma de corazón. Y cabello oscuro con el más mínimo rizo. Tiene un remolino en el flequillo, aquí mismo. —Presionó los labios en en el lado derecho de mi frente, justo en el nacimiento de mi pelo, donde no tenía un mechón—. Su labio inferior más lleno que el superior y su nariz volviéndose ligeramente fina, como la tuya.

Si hubiera utilizado todas mis características para describirla, me hubiera sido más difícil creerla. Pero la mención de un remolino en el pelo y cabello rubio, diferente al mío, hizo que imaginara a la niña que describió, hasta que se convirtió en una criatura viva, respirando de nuevo. Se encontraba viva y se
quedaría de esa manera.

Esta vez, en lugar de bloquear al dolor, lo abracé. Sin soltar la camisa de Santana con una mano, agarré mi vientre con la otra. —No voy a perderla —le prometí.

—No, no lo harás —dijo—. Vas a luchar por esta niña y ella va a lograrlo. Las dos lo harán.


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El mundo de Brittany

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Activo Re: Brittana Be my hero capitulo 17 y 18

Mensaje por ana_bys_26 el Mar Dic 20, 2016 12:59 pm

EN EL CAPITULO 12 NARRA BRITTANY SIENTO MUCHO QUE NO SE AYA CANBIADO ELNONBRE EVA ES BRITTANI LO SIENTO

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[b]CAPITULO 13

SANTANA
[/b]


Mientras un frenético equipo de emergencias llevaba a Brittany en una camilla, me desplomé en el banco más cercano que vi y presioné mi espalda contra la pared, cerrando los ojos. Sin poder sostenerla más, mis manos comenzaron a temblar, así que me aferre al borde del banco como si se me fuera la vida en ello.

Rechel se paseaba a mi lado mientras hablaba por teléfono, hablando a un millón de kilómetros por hora con una docena de personas diferentes. Kitty, quien nos trajo al hospital, se encontraba parado cerca, y Quinn, quien se quedó en el apartamento para encargarse del tipo al que estuve jodidamente cerca de matar por tocar a mi Campanita, seguía ausente.

Mientras tanto, no podía dejar de sentir la humedad de la sangre de Brittany a través de mi franela empapada.

¿En qué demonios pensaba?

Me quedé afuera de la cochera, escuchando la conversación con su ex, y no hice nada. ¡Nada!

No importaba que Kitty me siguiera diciendo que no interviniera; que no era mi problema. Sentí la violencia rezumando de él. Supe que se encontraba a punto de desatarla sobre ella.

¿Por qué demonios simplemente no entré, me hice notar, y difundí un poco de la rabia? Aún habría podido tener su gran conversación de cierre con él mientras yo estuviera ahí, escuchando abiertamente todo.

Pero mierda, dejé que Wild me convenciera de que era mejor dejar que tuviera ese momento. Y ese bastardo logró dar demasiados golpes antes de que yo fuera capaz de alcanzarlo.

Pegarlo contra la pared por la garganta, golpearlo en la cara con una llave inglesa, y patearlo en las pelotas no fue ni de cerca lo suficiente, antes de que Wild se las arreglara para quitarme de encima. Aún me arrepentía de haber invitado a ese bastardo para que viniera conmigo esta noche. Podía estar
destrozado por la pérdida de su mujer, pero su ayuda convenciéndome de que no me metiera quizás me haya costado la mía.

Tragué saliva y traté de no enloquecer.

No, no íbamos a perder a Brittany esta noche. Iba a estar bien. La bebé iba a estar bien. Todo el mundo iba a estar bien, excepto tal vez el papá de la bebé.

Yo como que esperaba que muriera.

Pero hubo mucha sangre saliendo de ella. Atraganté un gemido y me puse de pie para caminar de un lado a otro.

—Oye, San. —Wild agarró mi hombro cuando pasé cerca de élla, pero me lo sacudí y le di una mirada envenenada.

Amablemente quitó sus manos de mí, pero siguió hablando—: ¿Estás bien? Déjame ver tus manos.

—Están bien. —Apenas conseguí darle dos golpes a Alec Worthington.

Todo en mi cuerpo se encontraba perfectamente bien. Debía estar preocupado por Brittany.

Echando humo, me acerqué a élla, necesitando descargar algo de mi rabia y miedo. —¿Por qué demonios seguiste reteniéndome? ¿Por qué…? —Cuando me di cuenta de que acusarlo no iba a resolver nada más que hacer que me arrepintiera de mis palabras más tarde, me di la vuelta y me alejé.

Sintiéndome perdido, deambulé por los pasillos, mirando ciegamente a imágenes enmarcadas en las paredes de estúpidas flores rosadas. No paré de caminar hasta que me encontré en la entrada de la capilla del hospital.

Adentro se encontraba extrañamente silencioso, con las luces tenues; y una estatua de una virgen espeluznante inclinaba su cabeza hacia un lado y cruzaba las manos contra su pecho mientras me daba una mirada comprensiva.

Nunca antes había entrado en una iglesia, pero lo hice ahora, necesitando algo. Cualquier cosa.

Me senté en el último banco en la parte de atrás y me quedé mirando la estatua que seguía mirándome.

Sabía que no debería sentirme tan destrozado por esto. Conocía a Brittany por cuánto tiempo, ¿dos semanas? No era la chica con la que soñé durante diez años. Era una completa extraña, y si ella o su bebé no sobrevivían esta noche, no sería el final de mi vida. Pero convencerme de eso era imposible.

No quería que muriera. No quería que ese bebecito que pateó mi mano a través de su vientre muriera. Quería mirarla a los ojos de nuevo y dejar que me hiciera otro Mohawk. Solo quería más tiempo con ella.
Mirando a la Virgen preocupada, le envié un respetuoso asentimiento. — Gracias —le dije, y salí de la capilla. No fue hasta que estuve caminando junto a la tienda de regalos cerrada y vi el cerdito relleno que Skye sostuvo, que realmente me calmé. Era como una señal, diciéndome que iba a estar bien.

Todavía tenía a un cerdito esperando por su amor.

Mi celular sonó mientras regresaba a la sala de espera. Con un suspiro, respondí—: Eleine, no puedo hablar ahora.

—No deja de llorar —gritó, completamente frenética—. No sé qué hacer.

Rechiné los dientes, dividido entre quedarme y averiguar que le ocurrió a Brittany y la necesidad de ayudar a Eleine y Luchador. Podría escuchar los lamentos a través del teléfono.

—¿Revisaste su pañal?

—Joder, lo acabo de cambiar.

Con un suspiro, pasé la mano sobre mi cabello. —¿Y lo alimentaste?

Me gruñó. —¡Sí! No soy una jodida idiota.

Me mordí la lengua para no responder a eso. —Eleine, no puedo ir a casa ahora. Alguien resultó herido; estoy en el hospital. ¿Por qué no lo intentas de verdad, sacándolo del columpio y alzándolo?

Me llamó por un nombre poco apropiado, pero dejó de hablar por un momento porque, como sospeché, él había estado en su columpio para bebés y ella por fin lo sacaba. Sus gritos se calmaron casi inmediatamente.

—¿No es una locura cómo eso funciona? —murmuré en el teléfono, con mi voz ácida.

—No tienes que ser un imbécil al respecto —se quejó antes de añadir—: Todavía está un poco quisquilloso.

—Muy bien, de acuerdo. Pon el teléfono en su oreja.

—¿Qué?

—Deja que escuche mi voz.

—Eso es estúpido.

—¿Simplemente podrías callarte e intentarlo? Lo ha tranquilizado antes.

—De acuerdo. —Un segundo después, escuché una respiración pesada y movimientos contra el altavoz antes de que lo arrullara.

Sonreí. —Oye, chico. Escuché que le estás dando trabajo a tu mamá. ¿Crees que podrías calmarte por ella hasta que pueda ir a casa? Juro que cuando llegue, te meceré en la silla el doble del tiempo que normalmente lo hago.

—Joder, está funcionando. —Escuché la voz de Eleine en el fondo—. Sigue hablando.

Así que comencé a cantarle. A mitad de “Kryptonite” de 3 Doors Down, vi a Kitty dando la vuelta en la esquina a toda prisa. Cuando me vio, comenzó a agitar su mano frenéticamente.

Deben haber tenido noticias de Brittany y la bebé.

—Debo irme —le dije, cortando mi propia canción.

—Está bien —dijo Eleine—. Se ha quedado dormido.

—Bien. —Colgué y corrí por la esquina para seguir a Kitty.

—… Y hubo varios traumas en el útero como para provocar un desprendimiento de la placenta —le decía un doctor a Rechel y a Quinn, quien debió haber llegado mientras yo trataba de no volverme loco. Envolvió sus brazos alrededor de Rechel y la atrajo hacia sí mientras el doctor seguía hablando.

No tenía idea de lo que era un desprendimiento de placenta, pero no sonaba bien. Sintiéndome con nauseas, me desplomé de nuevo en el banco en el que me senté anteriormente para poner mis codos en las rodillas y enterrar mi cara en las manos.

Le prometí que la bebé estaría bien. Le describí como sería Skye y le di mi palabra de honor, pero…

—Tuvimos que hacer una cesárea de emergencia. La buena noticia es que la placenta se encontraba baja en el útero cuando se desprendió. Por eso tuvo tanta pérdida de sangre externa, pero redujo el sangrado interno y todo fue un éxito cuando sacamos a la bebé.

Alcé mi cara en sorpresa justo cuando Rechel exclamó—: ¿Quiere decir que la bebé está viva?

Con un lento asentimiento, el doctor lo confirmó. —Está en la unidad de cuidados intensivos neonatal, pero tendrá que consultar a su pediatra para que le informe sobre el estado de la bebé.

Rechel se desplomó junto a mí, con lágrimas brillando en los ojos. —Oh, Dios. Oh, gracias Dios. —Luego dejó escapar una risa de alegría—. Las dos lo lograron. Las dos… Espere. ¿Las dos lo lograron? ¿Cierto? ¿Britt también está bien?

El aire en mis pulmones se estancó cuando el doctor titubeó. Tragué saliva y quise vomitar por todo el piso. No, esto no podía estar pasando. Apenas la acababa de conocer. Después de todo este tiempo esperándola, la vi dos veces y ¿muere? No. Joder, de ninguna manera.

—Un caso de conmoción afectó su riñón —admitió el doctor finalmente—. Está presentando signos de necrosis cortical difusa, así que la hemos puesto en diálisis. Sin embargo, su estado se mantiene estable.

Una vez más, no tenía idea de lo que algo de eso significaba. Todo lo que escuché fue estable, y para mí, eso decía aún viva.

Viva era bueno. Era malditamente increíble. Campanita estaba viva.

Rechel se abrazó a sí misma, y le tembló la voz cuando preguntó—: ¿Podemos verlas? ¿A cualquiera de las dos?

—Estoy seguro de que pueden mirar a la bebé a través de la ventana de la sala de maternidad, pero tendré que enviar una enfermera cuando la madre esté lo suficientemente estable para visitantes.

Todos asentimos en entendimiento, y el doctor se fue.Kitty se fue no mucho después de eso, habiendo escuchado todo lo importante. Pero yo no me iba a ninguna parte hasta que tuviera una vista completa de las dos chicas. Necesitaba una prueba visual de que las dos se encontraban bien.

Seguí a Rechel y a Quinn hacia la sala de maternidad, y luego a una ventana, donde abrieron las persianas para dejarnos ver a Skye.

Acostada en la incubadora, un pequeño ser humano rojo tenía un tubo respiratorio enchufado en su boca mientras las vías y los parches de monitoreo la hacían ver como si estuviera al borde de la muerte.

Contuve el aliento. A mi lado, Rechel gimió y se tapó la boca con ambas manos. —Es tan pequeña. ¿Cómo algo tan pequeño se las arregla para poder sobrevivir?

Me tambaleé, un poco mareado por la preocupación. Rechel tenía razón.

Era tan pequeña y frágil. ¿Qué ocurriría si Skye aún no lo lograba?

Tratando de no entrar en pánico, cerré los ojos y apoyé mi frente contra el vidrio.

Quinn puso una mano en mi hombro y lo apretó. —Oye, Alec y yo hicimos un trato. No le va a decir a nadie lo que le hiciste… no si no quiere que les digamos a las autoridades lo que le hizo a Britt. Así que, no tienes que preocuparte por meterte en problemas ni nada. ¿De acuerdo?

Meterme en problemas por culpa de ese imbécil era lo último en lo que me preocupaba. Ir a la cárcel por tratar de matarlo por lo que le hizo a Brittany habría sido un honor.

Señalé a la venta, sintiéndome resentido. —Así que, ¿él se escapa sin ni siquiera un regaño por hacer esto?

—Créeme, San. Lo dejaste en mal estado. Estoy muy seguro de que va a estar escupiendo y orinando sangre por un buen tiempo.

No era suficiente. Ni de cerca de ser suficiente, pero dije—: Bien.

No nos dejaron entrar para que viéramos a Brittany durante otra hora. Rechel y yo acampamos afuera de la ventana y miramos a Skye la mayor parte de ese tiempo. Las enfermeras chequearon sus signos vitales frecuentemente y un par de veces se retorció un poco, pero la mayoría del tiempo, la pequeña princesa
estuvo bastante tranquila Campanita seguro se sentía molesta porque no podía verla.

Y eso fue exactamente lo primero que preguntó cuando entramos en su habitación.

—¿La has visto?

Me congelé en la entrada. Se veía amarilla e hinchada, jodidamente hinchada. Sus ojos, su rostro y su cuello se hallaban hinchados en proporciones ridículas y parecía que se le hacía difícil ver. Todo tipo de tubos y máquinas se encontraban conectados a ella, manteniéndola viva.

El pánico arañó mi garganta, pero me lo tragué y silenciosamente seguí a Rechel, aunque me paré al final de la cama, incapaz de moverme más cerca.

Rechel agarró la mano de Brittany y sonrió. —Es tan pequeña, Britt. Como una perfecta forma de ser humano en miniatura con su cabeza llena de cabello oscuro… como yo.

Lágrimas corrían por las mejillas hinchadas de Br4ittany mientras sonreía. — ¿Sí? ¿Está bien entonces? Siguen diciéndome eso, pero no puedo ir a verla. No puedo…

—Shh. —Rechel se inclinó y le besó la frente—. Tienes el resto de tu vida con ella. Solo recuéstate y relájate para que puedas sanar.

Las palabras de su prima parecieron hacerle efecto porque se calmó después de eso. Quinn, se quedó atrás conmigo, mirándolas con preocupación.

Cuando atrapó mi mirada, se tragó una mirada de culpa. — Me siento como un pedazo de mierda —murmuró en voz baja—. Le dije a ese idiota donde se encontraba ella. Juro por Dios, que no tenía idea que haría esto. Pensé que iba a hacerle frente a la situación y ayudarla.

Contento de que no era el único que cargaba con la culpabilidad, apreté su hombro. —Al menos tú no esperaste hasta que estuviera golpeando su estómago para meterte en su conversación.

Quinn abrió la boca para responder, pero de repente Brittany dijo—: ¿Es a San a quien escucho?

Me giré en su dirección. Quería ir y ponerme de rodillas y rogarle que me perdonara. Quería demostrarle lo mucho que me dolía verla así, lo asustada que estuve por las dos. Pero me atraganté. —Por supuesto que soy yo.

Me acerqué y gentilmente tomé su mano hinchada, que tenía una aguja egada, mientras me la ofrecía. Mierda, su agarre era débil. —Lo hiciste bien, Campanita. Esa pequeña es tan jodidamente linda. —Me incliné y le besé la mejilla.

Girándose hacia mí, rozó el lado de su cara contra el mío. —Gracias. Muchas gracias por haber estado allí esta noche. Nos salvaste a mí y a mi pequeñita.

Una respiración temblorosa salió de mis pulmones. Presioné mi frente contra la suya, por fin dejando que algunos de mis sentimientos salieran. —Casi consigo que te maten, eso fue lo que hice. Los escuché hablando, y no me metí. No hasta que era jodidamente tarde. Lo siento, lo siento mucho por dejar que se
acercara tanto a ti.

Una mano tocó mi cabello. Cerré los ojos.

—Escúchame, Santana Maire Lopez. Eres mi héroe, y no tienes nada por lo que disculparte. Debió haber percibido que no le creía porque apretó su agarre. —Lo eres. Eres mi héroe.

—Aun así lo siento —susurré, incapaz de luchar contra el sentimiento de culpa.

—Yo no. —Sacudió la cabeza y me dio una sonrisa temblorosa—. Si no hubieras venido esta noche, estaría muerta en este momento. Mi hija estaría muerta. ¿Por qué no puedes entender eso?

Abrí mis pestañas y me encontré con su mirada. Quizás esta era la razón por la que tuve esas visiones. Si no la hubiese visto en mi cabeza, no hubiera estado fascinado con ella por los últimos diez años, y no habría estado tan ansioso por visitar a Quinn esta noche. Y si no hubiera ido, nadie habría estado
para evitar que su ex novio la matara. Inclinándome, besé nuestras manos entrelazadas, muy agradecido de que estuviera viva.

—Nunca voy a dejar que vuelve a pasarte nada malo. Lo juro.

Era una promesa que decía desde el fondo de mi alma.

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Mensaje por JVM el Miér Dic 21, 2016 3:40 pm

Vaya el idiota de Alec fue para hacer daño en vez de arreglar las cosas, pero al menos unos golpes se llevo y ojala le haya quedado claro que no están solas ni Britt ni su pequeña.
Y bueno ahora la morena tiene una promesa que estoy segura no fallara

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Mensaje por micky morales el Miér Dic 21, 2016 7:57 pm

y ahi esta la heroe de brittany, no tan a tiempo, pero si el suficiente, hasta pronto!!!!

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Mensaje por Tati.94 el Jue Dic 22, 2016 8:36 am

Son tan lindas juntas y ahora llego la bebe! Qe bien,  qe hara san?

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