Image hosted by servimg.com

Image hosted by servimg.com
Image hosted by servimg.com
Estreno Glee 5x17
"Opening Night" en:
Image hosted by servimg.com
Últimos temas
» Fanfic Brittana Gp: La otra. Cap 16
Hoy a las 5:06 pm por Tati.94

» Comprar Pasaportes,licencia de Conducir,DNI,TOEFL,IELTS
Hoy a las 3:54 pm por 0leocadio

» FanFic Brittana: El Final (Adaptada) Cap 5
Hoy a las 3:51 pm por JVM

» FanFic Brittana: Del Amor (Adaptada) Cap 25
Hoy a las 3:13 pm por JVM

» (FIC-Klaine) "Escenas borradas" Glee «20 days for Christmas»
Sáb Dic 09, 2017 8:02 am por Klainefan

» [Resuelto]FanFic Brittana: Agárrate (Adaptada) Epílogo
Jue Dic 07, 2017 7:30 pm por 23l1

» Fanfic Brittana -Give me love- noticias 13/5/16
Mar Dic 05, 2017 8:33 pm por Tati.94

» [Resuelto]Brittana: La Gestante Subrogada de la Millonaria López. Sinopsis, Cap. 7, 8, 9 y 10
Sáb Dic 02, 2017 2:55 am por Isabella28

» BRITTANA Midnight Liaisons 01 capitulo 28 FIN
Lun Nov 27, 2017 6:18 pm por 3:)

» BRITTNA _CURSO_DE_ACCIóN capitulo 10,11,12Y13
Lun Nov 27, 2017 5:55 pm por 3:)

» BRITTANA CUCapitulo 10,11,12 Y 13
Lun Nov 27, 2017 5:14 pm por JVM

» FanFic Brittana: Sin Compromiso (Adaptada) Epílogo
Jue Nov 16, 2017 10:18 pm por 23l1

» [Resuelto]FanFic Brittana: Por Ti (Adaptada) Epílogo
Lun Nov 13, 2017 8:44 pm por 23l1

» FanFiction Brittana: "You Are My Best Mistake" (Segunda Parte) cap. 22 y 23
Jue Nov 09, 2017 1:44 am por Guzco2129

» [Resuelto]FanFic Brittana: Arco Iris (Adaptada) Epílogo
Vie Oct 20, 2017 9:21 pm por 23l1

» [Resuelto]FanFic Brittana: Comportamiento (Adaptada) Epílogo
Mar Oct 17, 2017 11:15 pm por 23l1

» Brittana: "La Laguna Azul" G!P (Adaptación) Capitulo 20 (08/10/17)
Mar Oct 10, 2017 10:26 pm por 3:)

» Yo no me rindo!! (Quinntana- Brittana)
Dom Oct 08, 2017 11:45 pm por Maira_Faberrytana

» BRITTANA The Camp capitulo 17,18,19 y Epílogo fiN
Sáb Sep 23, 2017 9:38 pm por 3:)

» [Resuelto]FanFic Brittana: Por Ahora (Adaptada) Epílogo
Mar Sep 19, 2017 7:35 pm por 23l1

Sondeo

Musical Favorito Glee 5x15 Bash

11% 11% [ 4 ]
19% 19% [ 7 ]
11% 11% [ 4 ]
24% 24% [ 9 ]
27% 27% [ 10 ]
8% 8% [ 3 ]

Votos Totales : 37

Image hosted by servimg.com
Los posteadores más activos de la semana
Tati.94
 
JVM
 
micky morales
 
Isabella28
 
3:)
 
0leocadio
 

Disclaimer
Image hosted by servimg.com
·Nombre: Gleek Latino
·Creación: 13 Nov 2009
·Host: Foroactivo
·Versión: GS5
Glee
Image hosted by servimg.com

[Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Página 3 de 8. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Lun Mar 27, 2017 7:37 am

Eso esta muy bien, me gustaria saber que va a pasar cuando Brittany sepa que es su hermanito quien quiere destruir su compañia, cosa que Santana no va a permitir,( espero haber leido bien al principio )
avatar
micky morales
-*-*-*-
-*-*-*-

Femenino Mensajes : 6607
Fecha de inscripción : 03/04/2013
Edad : 50
Club Brittana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Lun Mar 27, 2017 10:08 am

Hola morra....

Bueno plan z pero igual la busca jajaja
Sam es un imbécil pero que sirva para estar serca de san jajaja
A ver como va el almuerzo!!

Nos vemos!!
avatar
3:)
-*-*-*
-*-*-*

Femenino Mensajes : 5190
Fecha de inscripción : 06/11/2013
Edad : 26
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Lun Mar 27, 2017 12:14 pm

Jajajajaja San abandonando a la pobre Britt en si primer robo baja lo bueno es que la salvo...
Y ahora su primer cita fuera de trabajo haber que tal les va!
avatar
JVM
-
-

Mensajes : 1116
Fecha de inscripción : 20/11/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Lun Mar 27, 2017 5:59 pm

Hola!!!! No se por que Britt sigue con ese pasmadoso!!! Bien por Sam!!!!
A ver ahora que pasa en el almuerzo!!!!!
Saludos
avatar
monica.santander
-*-*-
-*-*-

Femenino Mensajes : 4303
Fecha de inscripción : 26/02/2013
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Lun Mar 27, 2017 9:11 pm

micky morales escribió:Eso esta muy bien, me gustaria saber que va a pasar cuando Brittany sepa que es su hermanito quien quiere destruir su compañia, cosa que Santana no va a permitir,( espero haber leido bien al principio )



Hola, esperemos y tengas razón en eso de que san no lo va a permitir xq espero lo mismo. En que sentido¿? Saludos =D





3:) escribió:Hola morra....

Bueno plan z pero igual la busca jajaja
Sam es un imbécil pero que sirva para estar serca de san jajaja
A ver como va el almuerzo!!

Nos vemos!!



Hola lu, ajajajaajajajajjajajajaaj xD jajaajajajajajajaj, si lo ves así si xD jajajajajaja. ¬¬ si, para mi siempre lo será x eso siempre o la mayoria lo pongo así ¬¬ Esperemos y bn xD jajajajaja. Saludos =D





JVM escribió:Jajajajaja San abandonando a la pobre Britt en si primer robo baja lo bueno es que la salvo...
Y ahora su primer cita fuera de trabajo haber que tal les va!



Hola, mmm si, mmm si... mitad y mitad¿? jajajaja. Espero y más q bn, osea, britt se lo merece! Saludos =D





monica.santander escribió:Hola!!!! No se por que Britt sigue con ese pasmadoso!!! Bien por Sam!!!!
A ver ahora que pasa en el almuerzo!!!!!
Saludos



Hola, ni yo ¬¬ SI! la morena esta haciendo bn las cosas! jajajajaja. Esperemos y más q bn la vrdd jajajajaj. Saludos =D



avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Cap 5 - P IV

Mensaje por 23l1 el Lun Mar 27, 2017 9:13 pm

Capitulo 5 - Parte IV


Brittany


Espero algo impaciente y algo nerviosa.

Han pasado exactamente veinte minutos cuando Santana aparece caminando por la Séptima.

En seguida su atuendo llama mi atención.

Nada de elegantes trajes o vestidos a medida. Sólo unos vaqueros gastados, una camiseta gris… ambos ceñidos a su cuerpo… y que cuerpo… esas curvas. Y para terminar un cardigan negro.

A unos metros de mí, me mira de arriba abajo y sonríe. Hago memoria sobre mi atuendo: unos leggins oscuros, un jersey de punto color crema y un abrigo que me está dos tallas grande.

Yo tengo aspecto de haberme escapado de una clínica de rehabilitación, mientras que ella parece salido de un catálogo de moda de náutica.

Qué injusto.

—Hola—la saludo cuando aún está a unos pasos—Gracias por venir—añado rápidamente—No tienes que quedarte por pena—suelto de un tirón—Es sábado y debes de tener un montón de planes con chicas... guapas.

Una buena manera de decir «chicas que no se hayan vestido en dos minutos, después de darse una ducha de cinco mientras se terminaban las tortitas porque, como siempre, a su día parece que le faltan horas desde que suena el despertador».

Santana me observa un par de segundos.

—¿Insinúas que sólo salgo con chicas guapas?

—No—me apresuro a responder—Está claro que tú sabes encontrar el atractivo a cualquier cosa... chica—rectifico—...Cualquier chica que te guste—concluyo.

¿Qué demonios me pasa?

Santana sonríe divertida, viéndome hundirme más y más.

—¿Qué tengo que hacer para que olvidemos esta conversación?—inquiero al fin.

Definitivamente rompe a reír mientras yo no tengo más remedio que dejar que mis labios se curven hacia arriba.

Menudo desastre estás hecha, Bluebird.

—¿Alguien te ha dicho alguna vez que hablas muchísimo?

Le dedico un mohín.

—Sí, alguna vez—confieso. La misma idea vuelve a torturarme—En serio, si tienes otro plan...

—Estoy aquí, ¿no?—me interrumpe con una sonrisa.

Yo asiento sin dejar de mirarla y por primera vez esa sonrisa que tantas veces he visto me parece un poco más sincera y mucho más bonita.

—Vamos a comer—propone echando a andar, cogiéndome de la mano y tirando de mí para que la siga—Me muero de hambre.

La cafetería me recuerda a esas que salen en las pelis de los años cincuenta.

Cada mesa de metal está flanqueada por dos sofás de cuero rojo y la kilométrica barra está acompañada por una fila de mullidos taburetes.

Santana nos guía hasta una de las mesas junto a los inmensos ventanales.

En cuanto tomo asiento y me deshago del abrigo, abro la carta, pero, antes de que pueda haber leído dos líneas del menú, un camarero se acerca.

—¿Qué van a tomar? —pregunta.

La miro e inmediatamente vuelvo a la carta.

No tengo ni la más remota idea.

—Dos Budweiser y dos sándwiches de pollo—pide Santana, que ya se ha quitado su cardigan.

El chico asiente y se retira anotando la comanda y mirando descaradamente a Santana.

Yo la miro a la vez que frunzo los labios.

No tengo claro que me haya gustado que haya pedido por mí sin ni siquiera preguntarme.

—A lo mejor soy alérgica al pollo—comento cruzándome de brazos sobre la mesa—O a lo mejor lo odio a muerte—agrego insolente—¿No lo habías pensado?

Santana imita mi postura con cierto aire misterioso que poco a poco va transformándose en la sonrisa más canalla del mundo.

—Todo lo que te dé de comer te encantará. Puedes estar segura, Niña Buena —sentencia.

Entorno la mirada y cuadro los hombros.

—Eres una sinvergüenza, López—me quejo a punto de echarme a reír, pero creo que no es más que un extraño mecanismo de defensa recién adquirido y es como si, muy en el fondo, o quizá no tanto, mi cuerpo y mi mente tuviesen clarísimo que cada palabra que ha dicho es cierta.

Santana sonríe de nuevo sin una pizca de arrepentimiento y se deja caer contra la espalda del mullido sofá.

El camarero llega con nuestras cervezas.

—¿Así que te han dado plantón?—pregunta cogiendo la suya.

Yo asiento mientras le doy un trago a la mía.

Está helada.

—Sí —respondo sin más.

De cualquier otra persona me molestaría la falta de tacto, lo directo que puede llegar a ser, pero, de Santana, no.

No quiero tener secretos con ella, aunque tampoco pretendo contárselo todo.

Es muy confuso.

Lo que sí tengo claro es que no me apetece perder un segundo hablando sobre Griffin.

La campanilla de la puerta suena y casi al mismo tiempo Santana sonríe con la mirada fija en esa zona de la cafetería.

Extrañada, me vuelvo y veo a una chica morena y bajita devolverle la sonrisa y acercarse a nosotras.

De inmediato una sensación que no me gusta y que nunca había experimentado se concentra en la boca de mi estómago.

La chica alza una mano a modo de saludo a la vez que Santana se levanta.

—¿Qué haces aquí?—pregunta sorprendida.

Tiene una nariz bastante singular y unos preciosos ojos marrones.

—¿Qué haces tú aquí?—inquiere Santana a su vez, burlándose de lo expresiva que ha sido.

La mas bajita la golpea en el hombro y en ese mismo instante repara en mí.
Yo sonrío nerviosa.

—Rachel, te presento a Brittany—comenta Santana—Brittany, está es Rachel.

Me obligo a relajarme y me levanto.

—Hola —nos saludamos.

—¿Dónde está Quinn?—demanda.

—En la oficina—responde la chica—Quería pasar a recoger unos archivos. He quedado con ella ahí. Vamos a ir a comprar algunas cosas para el bebé.

Sonríe encantadísima y el gesto de Santana se ensancha.

—¿Por qué no te quedas a comer con nosotras?—propongo, no sé si porque quiero caerle bien o porque necesito decir algo.

Santana asiente.

—Muchas gracias, pero no puedo—se excusa—Sólo he entrado a saludar—de pronto parece caer en la cuenta de algo—Ahora que lo pienso, tú no deberías estar... Déjalo—se interrumpe a sí misma alzando la mano—Creo que prefiero no saberlo.

López sonríe algo incómoda y, sin quererlo, yo comienzo a hacerme un montón de preguntas.

¿Quién es Rachel?

¿De qué se conocen?

Y, ¿dónde se supone que debía estar Santana?

—La oficina está algo lejos, ¿quieres que te pida un taxi?—le ofrece.

Niega con la cabeza.

—No, me apetece dar un paseo.

Santana sonríe.

—Las dejo que coman tranquilas—se despide—Encantada de conocerte, Brittany.

—Lo mismo digo, Rachel.

Las dos la observamos hasta que sale y Santana un poco más mientras se aleja por la Séptima.

—Esa chica parece muy simpática—comento tras coger con los dedos la patata más pequeña del plato y comérmela—¿Dé que la conoces?—indago antes de que siquiera haya sido un fugaz pensamiento en el fondo de mi cerebro.

Santana deja de mirar por la ventana y se toma unos segundos para contestar, mientras yo me estoy muriendo lentamente de la vergüenza por preguntar lo que claramente no es asunto mío.

—Es la prometida de una de mis mejores amigas.

—¿Tienen mucha confianza?—suena como una pregunta, pero no lo es.

Es obvio que la tienen.

—Sí, así es—replica misteriosa.

Yo asiento y clavo la vista en mis dedos, que perezosos cogen otra patata.

—¿Se han acostado? Antes de que fuera la prometida de tu mejor amiga, quiero decir.

No levanto la mirada.

No quiero.

Pero ¿qué me pasa?

Desde luego tengo que tomar algún medicamento para que el filtro entre mi boca y mi cerebro no se largue cada vez que le apetezca.

Estoy seriamente tentada de llevarme el pulgar a los dientes y mordisquearlo, pero no quiero dejarle tan cristalinamente claro que estoy nerviosa y, sobre todo, todas las ganas que tengo de saber la respuesta a esa pregunta por mucho que me autoengañe.

—¿En serio?—inquiere Santana, separándose el botellín de Budweiser de los labios, al borde de la risa—¿Cómo has podido siquiera pensarlo?—me reprende divertida.

—Y a ti, ¿cómo te parece tan raro?—protesto alzando la cabeza.

Es una auténtica mujeriega.

Tengo razones de sobra para pensarlo.

—No me he acostado con ella—niega arisco—No me he acostado con todas las mujeres del planeta—añade como si fuese capaz de leerme la mente—Yo jamás me iría a la cama con la chica de una amiga o amigo.

Está enfadada y yo automáticamente me doy cuenta de que he metido la pata.

Cada vez tengo más claro que, más allá de las bromas y la tranquilidad y el control con los que parece tomarse la vida, Santana López es una mujer de principios.

—Entre Nueva York y Portland hay unos ciento cincuenta millones de mujeres—comento tras cuadrar los hombros y mirar al techo, fingiendo que realmente estoy haciendo unos cálculos complicadísimos.

Quiero hacerle reír para redimirme por ser una completa idiota:

—Nos quedamos con las más menos diez años con respecto a tu edad en un plazo de...—la observo con mi actitud más científica, tratando de discernir cuándo la mujeriega dio el primer paso para serlo—Seguro que empezase pronto en el sexo. ¿A los diecisiete?

Aunque trata de disimularlo perdiendo su mirada por la cafetería, cuando sus ojos vuelven a atrapar los míos, está sonriendo.

—Seguro que fue con una mujer mayor que tú—apunto, entornando los ojos para llenar mi afirmación de misterio y peligro.

Se humedece el labio inferior sin dejar de sonreír.

—Una profe joven y divorciada del instituto—continúo—, Que fumaba cigarrillos mentolados junto a la ventana los días de calor, apoyando una pierna en la otra, dejando que su vestido de tirantes de algodón y estampado de flores permitiera ver el borde de su muslo despacio.

—Me has puesto caliente—me interrumpe divertida.

Frunzo los labios y le tiro una servilleta convertida en una bola.

—Eres lo peor.

—Has empezado tú—contesta encogiéndose de hombros—Y para que quede claro—me desafía cruzándose de brazos otra vez sobre la mesa e inclinándose de nuevo sobre ella. Guarda silencio unos segundos, consiguiendo que mi expectación crezca sin control—, No era profesora—añade con un sonrisa traviesa, con un poco de malicia y mucha seguridad en sí misma.

Yo trago saliva sin apartar mis ojos de los suyos.

—¿Te liaste con alguien mayor?

Sé que he sido la primera en insinuarlo, pero sólo bromeaba.

Santana vuelve a sonreír, un gesto lleno de atractivo.

—Fue increíble. Yo salía con Elaine, una chica preciosa de mi instituto. Las dos estábamos en el último año. Cada vez que iba a su casa, su mamá me ofrecía un cigarrillo mientras esperaba a que Elaine bajase. Yo aceptaba y me lo fumaba con ella en el patio. Una noche, después del cigarrillo, me invitó a pasar y se preparó un whisky. Era una mujer increíble, muy sensual. Yo no podía dejar de pensar en todas las cosas que sabría hacer.

Asiento suavemente, siguiendo cada palabra que parece revivir mientras la pronuncia.

Está siendo un poco más sexy, un poco más misteriosa, casi peligrosa, y yo estoy hechizada por completo.

—Me dijo que Elaine no estaba en casa. Se acercó a mí sabiendo perfectamente que las presillas de su ligero asomaban bajo su vestido. Al llegar hasta mí, yo estaba hipnotizada y muy muy excitada. Sólo tuvo que empujarme con uno de sus suaves dedos para dejarme caer en el sofá. Levantó la pierna, apoyó la punta del pie en la mesa y me dejó ver el liguero con el que yo no había dejado de fantasear ni un solo segundo desde que la vi por primera vez.

Cierro los muslos y los aprieto suavemente. La sangre me corre rápida y caliente y toda mi atención se centra en sus labios.

Maldita sea, nunca había estado tan excitada.

—Me echó el polvo de mi vida—sentencia.

Contengo un suspiro.

—Seguimos viéndonos a escondidas. Yo sólo podía pensar en tocarla. Lo necesitaba tanto como respirar. Elaine me dejó y conoció a otra tipa, pero, cuando se prometió, me di cuenta de que realmente la quería y comprendí que tenía que dejarlo con la señora Robinson.

Santana sonríe y yo tardo un segundo más de lo que me gustaría en salir de mi ensoñación.

¡Qué cabronazo!

¡Es el argumento de la peli El graduado!

¡Se ha estado riendo de mí todo el tiempo!

—¡Eres una idiota, López! —protesto.

Mi cerebro emplea un momento en reanalizar la situación y por qué la he llamado López en vez de Santana, como me han pedido todos mis impulsos.

Sonríe encantada, además de con toda la suficiencia del mundo.

Sí, te has quedado conmigo, pero no te recrees, capullo.

—Mentirosa.

—Me divierto. Eso que tú no sabes hacer—comenta cogiendo una patata.

¿A qué ha venido eso?

—Por supuesto que sé divertirme —me quejo indignada.

Santana frunce los labios. Está claro que ni siquiera va a molestarse en fingir que me cree.

—Sé divertirme—repito sin asomo de dudas—... Cuando es necesario.

—¿Y cuándo no es necesario?—replica al borde de la risa.

—Obviamente cuando trabajo.

López niega con la cabeza.

—¿Alguna vez dejas de ser una niña buena?

Sus ojos se vuelven aún más traviesos y se llenan con un poco más de malicia cuando pronuncia esa frase.

Tengo la temeraria sensación de que quiere que le diga que sí.

—No soy ninguna niña, así que deja de llamármelo.

Es la respuesta más adulta y, desde luego, la que va a meterme en menos líos.

—¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita? —me pregunta.

Maldita sea, ni siquiera me acuerdo.

Alzo la mirada tratando de recordar.

—Joder, Pierce, ¿tienes que pensarlo?—exclama—Eso quiere decir que hace muchísimo tiempo...

—Puede que no tenga citas—la interrumpo—, Pero es sólo porque no tengo tiempo con el...

—Trabajo—dice conmigo al unísono, riéndose claramente de mí.

La asesino con la mirada.

—Sí, el trabajo—me reafirmo—Y otras muchas cosas que no son asunto tuyo, López —aclaro alzando la barbilla—No tengo citas, ¿y qué? Eso no significa que vaya a morir sola... o, por lo menos, no lo significa todavía.

—No te preocupes, no dejaría que murieras sola.

—¿Acaso quieres hacer uno de esos pactos por el que, si a los cuarenta ninguna de las dos tiene una relación, nos casaremos?

—No, quiero regalarte un gato —responde burlona.

—Idiota —replico, otra vez al borde de la risa.

Le lanzo otra arma de destrucción masiva, esta vez una patata.

—Deja de tirarme comida. Estás en la mesa, jovencita—me reprende con una sonrisa producto de su propia broma.

—Ha sido divertido.

—¿Ves como no sabes divertirte?

—Sí que sé.

Vuelve a negar con la cabeza.

—De eso nada.

—Claro que sí.

—Cuéntame un chiste —me reta.

¿Qué?

—No voy a contarte ninguno.

—Además de todo, eres una cobarde, Pierce —replica resignada.

—No soy ninguna cobarde—protesto alzando las manos.

—Quiero un chiste.

—Pero...

—Un chiste —me interrumpe.

—No pienso...

—Un chiste—repite como la adolescente insufrible que es.

—Un gato entra en un restaurante—comienzo a decir, sólo para que se calle.

Sonríe encantado por haberse salido con la suya y yo resoplo sin poder evitar que su gesto se entremezcle con el mío y acabe contagiado en mis labios.

—Hay una gatita blanca y delgada junto a su dueña al fondo del local. El camarero se acerca al gato y le pregunta «¿mesa para uno?» y el gato responde «¿por qué? ¿No puedo montármelo con las dos en la misma mesa?».

Empequeñezco la mirada hasta casi cerrar los ojos a la vez que me muerdo el labio inferior.

Santana se queda observándome muy seria y muy callada... y de pronto rompe a reír, consiguiendo que automáticamente yo también lo haga.

—Joder, Pierce. Ha sido el peor chiste del mundo.

—Prometo que los próximos serán mejores.

—Creo que me inquieta saber que hay más —contesta cogiendo su botellín de cerveza y dándole un trago.

Nuestras carcajadas se van calmando hasta que sólo nos queda una suave sonrisa en los labios.

—Te dije que no era ninguna cobarde. Además, ¿una chica cobarde estaría pensando en hacerse un tatuaje?—la desafío.

La cara de Santana cambia por completo y su sonrisa se vuelve diferente.

—¿De verdad quieres hacerte uno?

Asiento.

—Lo que pasa es que no sé dónde.

—Eso depende del tatuaje.

—Es que tampoco sé qué tatuarme —respondo haciendo énfasis en el qué.

—Ven aquí.

Alzo la cabeza, pero por un momento su orden deja clavado el resto de mi cuerpo. Creo que ha sido la manera en la que ha pronunciado esas dos únicas palabras con su voz grave, casi ronca, y el toque exacto de sensualidad... o quizá ha sido cómo ha cambiado su mirada desde que hemos empezado a hablar de tatuajes.

No aparta sus ojos de los míos. Yo trago saliva y, despacio, me incorporo y camino hasta sentarme a su lado.

Nerviosa, lo hago prácticamente en el borde del asiento.

Cuando me tiene donde quiere, Santana sonríe y de nuevo parece marcar un antes y un después con ese gesto.

—Yo tengo cuatro tatuajes.

Al oírla, me giro e inconscientemente me deslizo por el sillón hasta quedar más cerca de ella.

Nunca habría imaginado que tuviese tatuajes.

Mi cara de sorpresa debe parecerle de lo más divertida, porque vuelve a sonreír al tiempo que se humedece el labio inferior. Sus ojos oscuros, por un momento, dibujan mi cara, posándose en cada centímetro hasta que vuelven a atrapar mi mirada.

Sin previo aviso, ni un solo segundo para mentalizarme, coge mi mano. Sus dedos se desperezan contra mi palma, llenando mi estómago de unas mariposas que ni siquiera entiendo, y lentamente la guía hasta llevarla contra la parte superior de su brazo izquierdo, casi en el hombro.

Aún más despacio, dibuja una figura.

Yo no puedo dejar de observar sus dedos manejando los míos, alzar la mirada y sentirme diferente con la forma en la que ella también me mira, y darme cuenta una vez más de que es una de las personas más guapas que he visto nunca.

—Es el escudo del regimiento donde mi abuelo luchó en la segunda guerra mundial.

Asiento torpe y nerviosa, con el corazón latiéndome cada vez más de prisa. Kiss me, de Ed Sheeran, comienza a sonar bajito.

—Aquí—dice moviendo mi mano hasta que recorremos su pectoral derecho y descendemos unos centímetros por su brazo—Tengo un lobo.

Sonrío y casi al mismo tiempo me muerdo el labio inferior, recordando cómo Mercedes y yo hablamos de su despacho como la guarida del lobo.

No podíamos tener más razón.

—Te pega mucho —murmuro.

La sonrisa de Santana se ensancha. Sus dedos vuelven a entrelazarse con los míos y tira de mí, brusco, tomándome por sorpresa y consiguiendo que mi cuerpo otra vez vuelva a quedarse dulcemente inmóvil.

Mi respiración ya es un caos.

Mueve mi mano otra vez poco a poco hasta dejarla sobre su hombro izquierdo.

—Muévela—me ordena en un susurro increíblemente sexy y femenina.

No pienso, sólo obedezco.

Creo que nunca había dejado de pensar.

Bajo la mano despacio por su espalda y siento su armónico cuerpo tensarse con suavidad bajo la punta de mis dedos.

—Es una cruz—dice cuando llego a su omoplato.

—Son muy creyentes en Puerto Rico, ¿verdad?—prácticamente musito.

—Sí.

Su sonrisa aparece suave y sensual, poniéndome las cosas aún más difíciles.

Debería dejar de mirarla.

Debería hacerlo urgentemente.

Santana atrapa de nuevo mi mano y la lleva hasta sus costillas. Bordea la primera de la derecha con mis dedos y vuelve a sujetarme la mano con fuerza.

—Aquí me tatué « Maribel ».

—¿Te tatuaste el nombre de una chica una noche de borrachera?

—Algo así.

Asiento.

No quiero seguir preguntando.

Muevo mi mano bajo la suya y ella la separa apenas unos milímetros, lo justo para dejarme emprender mi propio recorrido. Subo por su perfecto torso hasta llegar a su corazón. Sus latidos retumban serenos, llenos de todo el control que me gustaría sentir, mientras la palma de su mano calienta el reverso de la mía.

—¿Por qué no tienes nada tatuado aquí?

Sonríe de nuevo, suelta mi mano y alza la suya. Suavemente me mete un mechón de pelo tras la oreja, con los ojos fijos en el movimiento, y se humedece los labios.

—Porque es la piel del corazón —sentencia volviendo a clavar sus ojos en los míos—Cuando lo haga, tiene que ser algo que realmente valga la pena.

Sus palabras están llenas de seguridad y de la idea de que nunca hace nada si no es lo que quiere hacer, que nunca pierde el control.

Nadie me había parecido tan atractivo jamás.

—Esa Maribel tuvo que ser una mujer increíble para que decidieras llevar su nombre para siempre.

Su mirada se endurece.

—No quiero hablar de eso —sentencia sin dejar un solo resquicio para la réplica.




*********************************************************************************************************************************

Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro.

avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Lun Mar 27, 2017 11:05 pm

hola morra,...

mmmm rachel ya las vio a ver a donde llega eso jajaja
se estan conociendo demasiado bien para poder ser unas buenas amigas ni?
a ver si san convence lo del tatoo a britt???
que tanto paso con maribel??

nos vemos!!!
avatar
3:)
-*-*-*
-*-*-*

Femenino Mensajes : 5190
Fecha de inscripción : 06/11/2013
Edad : 26
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Lun Mar 27, 2017 11:51 pm

Que momento ese almuerzo jajajaj!!
Saludos
avatar
monica.santander
-*-*-
-*-*-

Femenino Mensajes : 4303
Fecha de inscripción : 26/02/2013
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Mar Mar 28, 2017 12:38 am

3:) escribió:hola morra,...

mmmm rachel ya las vio a ver a donde llega eso jajaja
se estan conociendo demasiado bien para poder ser unas buenas amigas ni?
a ver si san convence lo del tatoo a britt???
que tanto paso con maribel??

nos vemos!!!



Hola lu, mmm nose si es bueno o malo que las viera, pero espero que las lleve muyyy lejos jajajaajaja. Eso mismo digo y pienso yo... osea, para q desperdiciarlo en una amistad¿? xD Mmm si no¿? xD =/ espero y este cap nos diga más! Saludos =D





monica.santander escribió:Que momento ese almuerzo jajajaj!!
Saludos




Hola, jaajajaj si que lo fue! y espero vengas mejores momentos para ellas! jajajaja. Saludos =D



avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Cap 6 - I

Mensaje por 23l1 el Mar Mar 28, 2017 12:40 am

Capitulo 6 - Parte I



Santana


Brittany aparta su mano y su mirada, intimidada por mi respuesta.

¿Por qué he tenido que ser tan imbécil?

Quiero decir algo, pero no creo que sea una buena idea y le hago un gesto con la cabeza para que vuelva a su asiento.

Ella obedece algo aturdida y ocupa de nuevo el sillón frente al mío. De pronto mi cuerpo se queda frío, como si le hubiesen robado el maldito sol, y mi cerebro se niega a colaborar.

¿Por qué no la has besado?

¿Por qué no te la has llevado a tu departamento, gilipollas?
, me reprendo.

Me paso la mano por el pelo y exhalo con suavidad todo el aire de mis pulmones.

No estoy en ese punto con ella.

No quiero querer estarlo.

—Dos chicas están jugando a encestar una moneda de veinticinco centavos en un vaso —dice.

Entorno los ojos confuso hasta que ella repite la frase enarcando las cejas y me doy cuenta de que me está contando un chiste.

—Entonces llega un chico con su propia moneda y les dice «esta moneda es mágica. Siempre soy capaz de meterla donde quiera. ¿Quieren verlo?» Y una de ellas contesta «mejor enséñaselo a mi amiga, creo que yo no podría tragarme la moneda».

La observo sin decir nada mientras ella extiende las palmas de las manos mostrando su obra maestra.

Por Dios, es el chiste más malo que he oído en todos los días de mi vida, pero entonces Brittany rompe a reír, una risa chillona y destartalada, a la vez que me pide perdón, y yo no tardo más de un segundo en imitarla sólo por verla así de contenta, de desinhibida, por sentir cómo me calienta por dentro.

Parece feliz, y eso me gusta.

Joder, eso me gusta muchísimo.

Por un momento tengo la sensación de que es la misma risa que oí en el rellano de Dani, pero me doy cuenta de que es imposible.

Sería demasiada casualidad.



Terminamos de comer y la acompaño a la boca de metro.

Durante el corto trayecto que tenemos que recorrer, estoy tentada una docena de veces de pedirle que vayamos a tomarnos una copa, puede que llevármela al Archetype, pero me obligo a quitarme la idea de la cabeza.

Brittany y yo sólo somos amigas.




Durante las siguientes semanas, me maravillo por cómo Brittany se ha integrado en mis perfectamente definidas rutinas, como los whatsapps bastante absurdos que nos enviamos durante el desayuno.

Siempre me manda una recopilación de los chistes que ha escuchado en el programa de Jimmy Fallon la noche anterior.

Cada mañana, inexplicablemente, escoge los peores y yo me meto con ella hasta que acaba admitiendo en un mensaje de voz, muerta de risa, que contar chistes no es lo suyo.

Cuando estoy en Figgins Media, a no ser que alguna reunión lo impida, trabajamos juntas y también almorzamos juntas.

Algunos días ni siquiera tengo hambre y no pido nada, pero entonces ella empieza a comerse un sándwich y a emitir unos pequeños gemidos, como si estuviese en el séptimo cielo culinario, y un apetito voraz se despierta dentro de mí, sin dejarme otra salida que robarle la mitad de su comida.

Sin embargo, lo más curioso es que, cuando estoy en el Archetype y, por el motivo que sea, Brittany me envía algún mensaje, prefiero quedarme mandándome whatsapps con ella y mi vaso de Glenlivet a pasar a cualquiera de las habitaciones.

—Señorita López—me llama Emma asomándose a la puerta de mi despacho—, Le aviso, como me pidió, de que el mensajero acaba de salir con todos los documentos hacia el edificio Pisano.

Miro el reloj en la esquina inferior de la pantalla de mi Mac; ya son casi las doce.

—Gracias—digo mientras me levanto—Nos vamos.

Salgo de Wilde, López y Fabray y, menos de veinte minutos después, estoy atravesando la planta principal de Figgins Media camino de las escaleras.

Tengo ganas de verla y de charlar de cualquier estupidez.

He estado aburrida y de un humor de perros toda la mañana, repasando contratos y tablas de contabilidad en mi despacho.

Subo los últimos peldaños con la sonrisa en los labios, pero el gesto se me borra de golpe cuando descubro la estancia vacía.

Miro el reloj.

—¿Dónde está? —farfullo.

Giro sobre mis pies y regreso a la planta principal. La puerta de su despacho está abierta y la estancia vacía. Pienso en preguntarle a Emma, pero me doy cuenta de que obtendré mejores resultados si pruebo con Mercedes.

—Buenos días—la saludo tamborileando con los dedos sobre su mesa.

—Buenos días, señorita López—me saluda impasible.

Frunzo los labios conteniendo una sonrisa.

Creo que es la primera vez que no le caigo bien a una mujer; en realidad, la segunda; apuesto a que Brittany quería asesinarme cuando me conoció.

Mi sonrisa se ensancha sincera.

—¿Dónde está la señorita Pierce?

—Esta mañana han llamado de la junta directiva de su máster. Ya han seleccionado a los diez ejecutivos que realizarán la última parte del programa y Britt está entre ellos—me informa orgullosa.

Ésa es mi chica.

Sabía que lo conseguiría.

De pronto tengo la mejor idea del mundo.

Me despido de Mercedes y le hago un gesto a Emma para que me siga hasta el ascensor. Le encargo varios asuntos y, al borde de la 49 Oeste, pido un taxi y le doy la dirección de la New York Advertising Association.


Apenas me he alejado un par de manzanas cuando mi móvil comienza a sonar.

—¡Lo he conseguido!—grita Brittany feliz en cuanto descuelgo—Sólo quedamos diez—continúa pletórica—Y estoy completamente segura de que cuatro de ellos son unos pardillos—añade divertida e inmediatamente rompe a reír por su propia broma mientras pide perdón.

Adoro cuando se ríe así.

—He pensado que quizá podrías escaparte del trabajo y comer juntas. No te preocupes—se apresura a interrumpirme—, Esta mañana me he levantado increíblemente temprano y he dejado cerrados todos los asuntos que teníamos pendientes en Figgins Media para hoy. ¿Qué me dices?—añade impaciente.

—No lo sé—me hago de rogar burlona—Me preocupa ser tu plan A.

—No te precipites, López
—replica—Ya he probado suerte con Mercedes, dos chicas de contabilidad y Emma.

—¿Mi propia secretaria?
—me quejo divertida—Eso es de lo más ruin, Pierce.

—Todo lo que sé lo he aprendido de ti
—responde.

Ya la imagino alzando la barbilla altiva, sin achantarse, y no puedo evitar sonreír.

—Bueno aprende mejor, Emma jamás me abandonaría.

—No te confíes. Le he prometido más dinero, menos horas y nada de trajes o vestidos italianos ni comentarios engreídos... ah...
—recapacita como si hubiese olvidado lo más importante—... Y nada de tener que aguantar a groupies—agrega fingidamente seria.

Pero ¿qué coño...?

Sonrío a la vez que me humedezco el labio inferior.

—Y tú lo sabes mejor que nadie, porque la presidenta de mi club de groupies eres tú—sentencio socarrona.

Brittany guarda silencio unos segundos.

—¿Cómo te has atrevido a decir eso?—exclama finalmente al borde la risa—Eres lo peor, López—protesta.

—Estoy muy orgullosa de ti.

Realmente lo pienso.

Estoy muy orgullosa de todo lo que ha logrado, de la increíble profesional que es.

Otra vez hay un pequeño silencio al otro lado del teléfono, aunque en esa ocasión suena completamente diferente.

—Muchas gracias—responde con la voz suave, dulce, jodidamente sensual.

Ahora mismo me muero de ganas por agarrarla de las caderas, levantarla a pulso y llevarla contra pared.

—Estoy deseando verte—suelta de pronto.

De nuevo nos quedamos calladas.

Mi cuerpo reacciona por su cuenta.

¿Qué coño ha sido eso, joder?

—Quiero decir—rectifica en seguida abochornada—, Que estoy deseando celebrarlo contigo... con alguien que me caiga bien... No es que tú seas mi persona favorita ni nada por el estilo... ¿Vas a venir o qué?—se queja exasperada finalmente.

Sonrío y todo mi cuerpo se destensa.

Parece que la señorita Brittany Pierce tiene el efecto de ponerme al límite y relajarme sin ni siquiera proponérselo.

—Resolveré algunos asuntos y cogeré un taxi—miento.

—Perfecto—responde feliz.

—No me eches mucho de menos estos veinte minutos—comento sólo para fastidiarla.

—¡López!

Es todo lo que oigo que grita antes de colgar muy satisfecha conmigo misma.

La New York Advertising Association está en el límite del distrito financiero, en la zona sur de Manhattan. Es un edificio enorme; un amasijo posmoderno de metal y cristal que resume la arquitectura minimalista que tan famoso hizo a John Pawson a finales de los noventa.

Atravieso el vestíbulo y salgo a una especie de patio central cubierto con una monumental claraboya.

Automáticamente todo se llena de luz natural y el efecto mezclado con el blanco impoluto de las paredes es increíble.

No tardo en ver a dos hombres bajar por las escaleras y de inmediato percibo el ruido demasiado familiar de unos tacones contra el suelo de mármol.

Prácticamente en ese mismo segundo, Brittany llega al pie de las escaleras y llama a uno de los chicos. Él se gira, sonríe y sube a encontrarse con ella.

La sangre me arde.

Está preciosa, con un vestido increíble, elegante, ajustado y blanco.

Joder, ¿por qué tenía que llevar un vestido blanco precisamente hoy?

Hablan.

El gilipollas no le quita ojo de encima, incluso se permite barrerla de arriba abajo más de una vez.

Deben de tener la misma edad.

Es uno de esos imbéciles que se cree él no va más por ir a trabajar con vaqueros rotos y deportivas.

Por Dios, es como si un hípster y un vagabundo se hubiesen peleado a muerte y al superviviente le hubiesen dado un mangerazo y hubiesen dejado que se secase al sol.

¿Y si en realidad a Brittany le gustan ese tipo de chicos?

Al fin y al cabo, tienen la misma edad y ella parece muy cómoda con él, así que imagino que sí.

Joder, me estoy poniendo de un humor de perros y ni siquiera sé por qué.

¿Acaso estoy celosa?

No, no puede ser eso.

—No puede ser, López —me reprocho en un murmuro.


Después de dos minutos eternos, por fin se despiden.

Ella le dedica una sonrisa enorme y lo saluda con la mano mientras él baja las escaleras.

Inconscientemente empiezo a caminar hacia ellos.

Cierro los puños con fuerza y, de pronto, el adolescente de dieciséis años que se peleaba en los billares que aún llevo dentro parece inundarlo todo.

Cuando nos cruzamos, tengo que contenerme para no abalanzarme sobre él.

La cabeza me va a mil kilómetros por hora.

Al llegar al pie de las escaleras, Brittany repara en mí. Me sonríe de oreja a oreja y baja de prisa mientras yo sigo pensando.

Pensando en que nos llevamos cinco años y vemos demasiadas cosas de maneras demasiado diferentes, que es la primera vez que puedo hablar con una chica, disfrutar de ella, de pasar tiempo con ella, y no quiero perderlo por nada del mundo y, sobre todo, pienso en mi tatuaje, en Maribel.

Esto es un error.

—Hola—me saluda cantarina—, ¿Lista para ir a comer?

—En realidad venía a decirte que no puedo quedarme a almorzar—suelto de sopetón—Tengo muchas cosas que hacer.

Su expresión cambia por completo y yo me siento como una bastarda miserable.

—Tengo una reunión muy importante y no he conseguido aplazarla—miento para hacer que se sienta mejor y no crea que simplemente estoy pasando de ella.

—Tenía muchas ganas de celebrarlo contigo—susurra encogiéndose de hombros, casi disculpándose—, Pero no te preocupes, lo entiendo—añade apesadumbrada.

Quiero decirle que yo también tenía ganas de celebrarlo con ella, de llevarla a mi departamento, de tenerla completamente desnuda, en mi maldita cama, debajo de mí.

Vuelvo a apretar los puños.

Quiero tocarla, quiero agarrarla de las caderas y atraerla hacia mí.

—Nos vemos en la oficina—me despido, giro sobre mis pies y hecho a andar.

Joder, soy una maldita gilipollas.

Me paso la mano por el pelo y salgo del edificio.

En el taxi estoy más que incómoda.

No quería dejarla así, pero no voy a permitir que ninguna situación, y mucho menos ésta, se me escape de las manos.

En mitad del huracán del querer y no poder, o más bien del desear hasta volverme loca y estar completamente convencido de que hacerlo sería un error, recibo un mensaje de Kitty en el que me dice que Quinn, las chicas y ella van a comer al Malavita.

Un almuerzo con parejitas no es lo que más me apetece ahora mismo, pero siempre será mejor que volver al despacho y pensar en ese condenado vestido blanco.




*********************************************************************************************************************************

Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro.


avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Mar Mar 28, 2017 12:54 am

Cada vez conociéndose mas ....
San celosa y cago todo ojala se compense y que historia hay con Maribel para que se haya puesto así
avatar
JVM
-
-

Mensajes : 1116
Fecha de inscripción : 20/11/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Mar Mar 28, 2017 9:08 am

Hola morra...

A ver cuanto tarda san en llegar a primera base con britt???
En serio la tuvo que cagar así???... O mejor que un cuestionario de novia celosa y dejarse al 100% en evidencia!!!
A ver si lo recompensa o no???

Nos vemos!!!
avatar
3:)
-*-*-*
-*-*-*

Femenino Mensajes : 5190
Fecha de inscripción : 06/11/2013
Edad : 26
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Mar Mar 28, 2017 8:15 pm

JVM escribió:Cada vez conociéndose mas ....
San celosa y cago todo ojala se compense y que historia hay con Maribel para que se haya puesto así




Hola, si, y eso es muy bueno! bn ai x ellas! Mmmm... a veces los celos no te hacen actuar bn, no¿? =/ pero como dices, espero y se compense... y q tmbn diga algo más sobre maribel! Saludos =D






3:) escribió:Hola morra...

A ver cuanto tarda san en  llegar a primera base con britt???
En serio la tuvo que cagar así???...  O mejor que un cuestionario de novia celosa y dejarse al 100% en evidencia!!!
A ver si lo recompensa o no???

Nos vemos!!!




Hola lu, mmm por lo q hace espero y nada xD Mmm si =/ jajajaj si..., pero no estuvo bn ¬¬ esperemos y lo solucione ¬¬ Eso mismo, espero y si ¬¬ SAludos =D



avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Cap 6 - II

Mensaje por 23l1 el Mar Mar 28, 2017 8:17 pm

Capitulo 6 - Parte II



Santana


Llego al restaurante en cuestión de minutos.

Saludo al maître y le hago un gesto vago con la mano para indicarle que no necesito que me acompañe a la mesa.

Ya a unos pasos veo a Quinn y a Kitty.

No hay rastro de sus chicas.

Mierda—gruño en cuanto me siento, sin dejar que el camarero llegue a la mesa.

Las chicas me observan durante unos segundos, pero yo finjo que no hay nada que ver.

—Estás de muy buen humor—comenta Quinn, irónica.

—Ah, pero ¿tú sabes lo que es estar de buen humor?—replico.

Quinn suelta un silbido, fingiendo que mi comentario le ha dolido, y las dos sonríen.

El camarero llega con mi copa.

—¿Qué te pasa, Pelapatatas?—me pregunta Kitty inclinándose sobre la mesa.

Le doy un trago a mi whisky.

No parece tener el mismo efecto de siempre.

—Puerto Rico es potencia—comento displicente.

—Lo siento—se disculpa Kitty.

Me temo lo peor.

Esta gilipollas no se ha disculpado en su vida:

—¿Qué te pasa, Montaordenadores?

No quiero, pero no tengo más remedio que reírme.

—Eres una capullo racista—me quejo, todavía con una sonrisa, revolviéndome en la mullida silla—No sé qué coño ve Marley en ti.

Kitty se humedece el labio inferior arrogante y yo pongo los ojos en blanco.

—¿Sabes que, cuando perdiste la virginidad, ella todavía llevaba brackets?—comento.

—Sí, y probablemente, cuando perdió la suya, estaba pensando en mí.

—Nadie debería pensar en ti mientras pierde la virginidad—replico—Ni en ti—añado mirando a Quinn, que inmediatamente bufa—No me lo tomen como algo personal—me burlo.

Las tres sonreímos.

Creo que, si no nos riéramos las unas de las otras, ya habríamos llegado a las manos, o por lo menos lo haríamos más a menudo.

—¿Se puede saber qué te pasa?—plantea Quinn.

—No me pasa nada—respondo mecánica.

No quiero hablar.

No quiero decir que he tenido un ataque de celos por culpa de un tío que probablemente piense que el mundo se está sumiendo en una revolución recesiva a causa del dramático y atemporal sentido de la globalización, que sólo escucha bandas de indie folk si nadie más las sigue y que se dejó barba el mismo día que alguien escribió en Twitter que eso era una manera de rebelarse contra la cultura social establecida.

—¿En qué momento dejamos de salir a bailar? ¿De ir a conciertos?—farfullo con la vista clavada en mis dedos, haciendo girar el vaso sobre el carísimo mantel.

Quinn y Kitty me miran como si me hubiese salido una segunda cabeza:

—¿Cuándo dejé de hacerme tatuajes?

Recuerdo cómo me miró mientras le hacía seguir el contorno de uno de ellos con los dedos en aquel restaurante.

—Dios mío—exclama Quinn captando de inmediato nuestra atención—, Está pasando. Nuestra Santana se ha convertido en una adulta.

Las dos sonríen y yo gruño un «gilipollas» entre dientes que sólo hace que sus gestos se ensanchen:

—Todavía recuerdo cuando iba por ahí partiéndose la cara en los bares y follándose a todo lo que se movía.

—No sé por qué intento mantener una conversación profunda con ustedes—protesto divertida antes de apurar mi copa, pero en el fondo algo sigue carcomiéndome por dentro.

Kitty me observa un segundo y se apoya en la mesa despacio.

—Ey, Pelapatatas—me llama para que alce la cabeza y la mire—No pasa nada por replantearse las cosas de vez en cuando.

Sonrío y asiento.

—Yo no me estoy replanteando nada.

En ese momento, el maître se acerca seguido de las chicas.

Kitty me observa perspicaz unos segundos más, pero yo cojo la carta, dando la conversación por terminada.

No tengo nada que replantearme.

Me gusta mi vida tal y como es.

Sé por qué tomo las decisiones que tomo.

Y todo tiene que quedarse exactamente tal y como está.

Sin embargo, no soy capaz de dejar de darle vueltas a cómo me marché de la New York Advertising Association.



Para cuando llega el postre, ya estoy completamente convencida de que me he comportado como una auténtica capullo con Brittany y tengo que hacer algo para compensárselo.

Me escabullo con el móvil en la mano con la excusa de tener que atender una llamada de trabajo y, a unos metros de la puerta del restaurante, la llamo.

—Hola—responde.

Por un momento esperaba escuchar el mismo tono casi pletórico con el que me recibió en el edificio de su máster.

—Te llamaba para decirte que siento mucho lo que pasó antes.

Guarda silencio.

—No te preocupes—me dice algo decepcionada—No debí dar por hecho que podrías escabullirte del trabajo por mí.

Joder, esto es una maldita tortura.

¿Por qué tiene que ser así de dulce?

Eso sólo me complica más las cosas.

—Yo también tenía muchas ganas de celebrarlo contigo—le aclaro antes de concederme un solo segundo para pensarlo—Tener una amiga entre los diez cerebritos más repelentes del marketing del país no es algo que ocurra muy a menudo—añado burlona.

Me esfuerzo en pronunciar la palabra amiga y en bromear sobre todo lo demás.

—Si habláramos de viejos cerebritos repelentes, también podrías estar tú—contraataca.

Sonrío.

—Por tu bien, fingiré que no he oído eso—ahora la que ríe es ella y mi cuerpo entra en una tensión completamente diferente de golpe—Te llevo a cenar. Te lo debo por el almuerzo.

—Me encantaría—se apresura a responder—, Pero ya he quedado con Mercedes... aunque, si quieres, podrías venirte con nosotras.

Vuelve a sonar contenta, incluso ilusionada.

Maldigo entre dientes, asegurándome de que ella no puede oírme.

Quiero verla, pero no así.

Quiero que estemos solas.

No quiero tener que compartirla.

Me paso la mano por el pelo y me lo revuelvo mientras canturreo Manhattan, de los Kings of Leon.

—Mis amigas han quedado esta noche—miento—Podemos vernos todos juntas.

Prefiero que juguemos en mi terreno y con mis normas.

—Genial—responde feliz—Se lo diré a Mercedes.

Cuelgo y resoplo mirando mi iPhone 6s Plus.

No me concedo tiempo para pensar en lo que acabo de hacer y regreso al restaurante.

Afortunadamente las chicas están encantadas con que salgamos esta noche a tomar una copa, lo que significa que las gilipollas de mis mejores amigas no harán muchas preguntas ni pondrán demasiadas pegas.

Marley propone que vayamos a The Hustle, su pub favorito, y yo acepto.

Llevar a Brittany al Archetype no sería buena idea, ni por las razones que me permito reconocer ni por las que no.



A eso de las ocho llego al pub con las chicas, Quinn, Rachel y Kiity.

Marley lo hará un poco más tarde con Hanna y su amiga Emily.

No tardo en ver a Brittany en una de las mesas cerca de la barra. Mercedes le dice algo, no entiendo el qué, y ella comienza a reírse.

Antes de poder darme cuenta, estoy embobada con esa risa descontrolada y sonriendo también.

—¿Dónde nos sentamos?

La pregunta de Quinn me saca de mi ensoñación y me obligo a volver a la realidad.

Lo último que necesito es levantar las sospechas de mis amigas.

—Ahí—respondo escueta, echando a andar.

—Hola, López—me saluda Brittany al verme, con una sonrisa de oreja a oreja.

—Hola, Pierce. Espero que no hayan empezado la juerga sin nosotras—bromeo.

—No lo dudes—interviene Mercedes, hostil.

Me humedezco el labio inferior y la observo entornando los ojos, gesto que ella me mantiene sin ningún problema.

Aprovecho el revuelo de las chicas acercándose y presentándose y, apoyándome en la mesa, me inclino discretamente sobre ella.

—En el momento en el que menos te lo esperes—le anuncio—, Vas a imaginar cómo sería estar en mi cama y, créeme, ahí vas a odiarme todavía más—sentencio engreída.

En estas circunstancias puedo permitirme serlo.

Mercedes me mira como si quisiese asesinarme, pero como si al mismo tiempo estuviese luchando por no darme la razón, y yo sonrío encantada.

Es mejor poner las cosas en su sitio cuanto antes.

—Veo que ya se conocen—digo mirando a Brittany, que asiente rápidamente—Bueno entonces empecemos con las copas.


Aún con la primera ronda en las manos, creo que hemos hablado prácticamente de todo.

Brittany parece sentirse muy cómoda con mis amigas y en seguida ha conectado con nuestro sentido del humor, incluso no le ha temblado el pulso cuando ha visto la oportunidad de meterse conmigo o asentir enérgica, entre risas, cuando lo han hecho Kitty o Quinn.

—Sí que sé divertirme—clama cuando, esta vez Mercedes, le recuerda que es la chica más responsable de todo Nueva York—Santana me dijo lo mismo, incluso me retó a contarle un chiste, y lo hice.

—El peor chiste que he oído jamás —añado divertida.

Ella me golpea en el hombro, fingidamente hostil, y frunce los labios. Por un momento nos quedamos simplemente mirándonos y las dos sonreímos cómplices.

—Eso no es un reto de verdad—se queja Mercedes—Un reto de verdad...—continúa diciendo a la vez que cuadra los hombros y mira a su alrededor—...Sería acercarte a esa chica guapo de la barra y pedirle su teléfono.

La sonrisa se me borra de los labios de un plumazo, pero me esfuerzo en disimular otra.

Brittany la mira perpleja sin saber qué contestar y, a continuación, se gira discreta para observar a la tipa en cuestión.

Yo también lo hago.

Es una maldita gilipollas.

—No hablas en serio—replica Brittany.

—Claro que sí.

En ese preciso instante, Brittany me mira. Mi mente se empeña en complicarme las cosas y por un momento no sé si me está pidiendo consejo o permiso.

—Anímate, Pierce—le digo absolutamente en contra de mi voluntad.

Me obligo a sonreír y ella parece dudar un segundo, como si no hubiese sido la reacción que esperaba.

Le doy un trago a mi copa.

Brittany asiente, saliendo de su ensoñación, y se levanta.

Aprieto con tanta fuerza el vaso que por un segundo temo romperlo en pedazos.

Mercedes y, más tímidamente, Rachel siguen jaleando a Brittany, mientras Kitty y Quinn sonríen correctas observándome. Yo alzo la mirada molesta, muy molesta.

No tengo nada de qué esconderme, porque aquí no está pasando absolutamente nada.

Brittany llega hasta la chica. Suena a todo volumen Pay my rent, de DNCE.

No puedo escuchar lo que dicen.

En la mesa continúan hablando sobre cualquier estupidez.

Suena el móvil de Mercedes, no me interesa.

Brittany mueve las manos tratando de explicarse. Está nerviosa y jodidamente adorable. Esa tipa sonríe y asiente.

Me siento como me sentí en el maldito edificio de la New York Advertising Association.

La música suena más alta.

La voz de Joe Jonas y una rabia cristalina sacuden todo mi cuerpo.

Brittany sonríe.

Ahora mismo sólo quiero partirle la cara a esa estúpida que habla con Brittany.

Las dos sonríen una última vez y la rubia camina de vuelta a la mesa. Toma una bocanada de aire y sólo entonces me doy cuenta de que estaba conteniendo mi propia respiración.

—¿Y bien?—pregunta Mercedes entusiasmada.

Odio a Mercedes:

—¿Cómo ha ido?

—Normal, no sé—contesta con una sonrisa nerviosa—Me ha dicho que me da su número de teléfono a cambio de que la deje invitarme a cenar.

Cierro los puños con rabia de nuevo.

—¿Y qué le has dicho?—inquiere esta vez Rachel.

Brittany duda un segundo.

—Le he dicho que sí.

Me mira y yo me obligo a sonreír.

Otra vez tengo la sensación de que no he reaccionado como ella esperaba.

Deja de mirarme y suspira a medio camino entre la risa y el sentirse sobrepasada.

—Tengo que irme—le anuncia Mercedes señalando el teléfono. Ante ese gesto, las dos asienten como si fuera una alusión a una conversación que ya han mantenido antes—Acompáñame a la puerta y dame los primeros detalles.

Brittany asiente de nuevo. Se gira y, tímida, alza la palma de la mano abierta a la vez que sonríe para indicarle a la chica que le dé cinco minutos. Ésta le devuelve el gesto y la sonrisa encantada.

Gilipollas.

Las chicas salen, pero yo sigo con la vista clavada en esa estúpida. Creo que ni siquiera lo pienso cuando me levanto y camino con el paso decidido hacia ella.

No debería hacer lo que estoy a punto de hacer, lo tengo clarísimo.

Debería dejarla salir, divertirse, justo de lo que me quejaba que tenía que hacer más, pero esta noche no, no con lo preciosa que está con ese vestido, no con esa capullo que no tiene ni idea de que acaba de tocarle el bote de la lotería.

—La chica con la que estabas hablando no va a ir a ningún lado contigo. Lárgate.

Las palabras salen de mi boca más graves y también más seguras y arrogantes que cualquiera que haya pronunciado.

Ella me observa y, a continuación, dirige la vista hasta su amiga, en la barra. Pretende intimidarme con el numerito de «somos dos y tú, sólo una», pero yo ni siquiera me molesto en mirar a la otra.

Intercambian un par de sonrisas presuntuosas, pero, cuando hace el ademán de dar un paso hacia mí, yo lo doy hacia ella.

Ya no parece tan valiente ni tampoco tan presuntuosa.

—No te lo voy a volver a repetir —sentencio.

La sangre mezclada con la adrenalina me hierve en las venas.

Joder.

Hacía mucho tiempo que no tenía tantas ganas de partirme la cara con alguien.

—¿Por qué?—prácticamente tartamudea—¿Acaso es tu novia?

No lo pienso.

—Sí, es mi novia y no pienso darte más putas explicaciones—la amenazo con la voz aún más ronca—Lárgate.

La gilipollas asiente y coge su chaqueta nerviosa.

—Paso de jueguecitos—murmura, ya a unos pasos.

Yo la miro y me humedezco el labio inferior, pensando en si abalanzarme sobre ella o no.

No me sentía así desde hacía diez putos años.

¿Qué me está ocurriendo?

Me paso la mano por el pelo y me obligo a ignorar toda la rabia acumulándose bajo mis costillas, el calor en las manos, la sensación de que todo está pasando a cámara lenta, el enfado con el mundo en general y, más que nada, la idea de que todo volvería a una extraña calma si lo tumbase en el suelo de un puñetazo.

Finalmente la tipa decide no tentar más a la suerte y se marcha.

Yo doy una bocanada de aire larga, tratando de que cada cosa vuelva a su lugar.

Cuando me giro para regresar a la mesa, puedo notar la mirada de Kitty y Quinn sobre mí, incluso la de Rachel, pero no hago el más mínimo intento de devolvérselas.

No estoy orgullosa de lo que he hecho, pero volvería a hacerlo sin dudar.

Me siento e inmediatamente recupero mi vaso de Glenlivet.

—¿Se puede saber qué coño has hecho?—pregunta Kitty.

Yo finjo no oírla.

No tengo por qué darle ningunas putas explicaciones.

En ese momento veo a Brittany caminando hacia la mesa y una inquietante idea se abre paso en mi mente.

¿Y si se ha cruzado con esa idiota?

¿Y si le ha dicho lo que he hecho?

El corazón me late de prisa, pero las cosas no han cambiado.

He hecho lo que tenía que hacer, aunque ella no pueda entenderlo.

—No digan una sola palabra—gruño volviéndome hacia mis amigas.

En realidad no sé por qué lo he dicho, sé que siempre me cubrirían las espaldas.

Nuestras miradas al fin se cruzan, pero la única que me remueve por dentro es la de Rachel. Me observa como si fuera un ratón de laboratorio que no ha reaccionado como esperaba en el experimento, como si tuviese que estudiarme de nuevo para reconocerme.

Últimamente yo también me he mirado así alguna vez.

A unos pasos de nuestra mesa, Brittany mira hacia la barra y se gira desconcertada.

—¿Saben dónde está Sara?—pregunta señalando vagamente el lugar en el que estaba esa imbécil.

—Se ha largado—respondo lacónica.

Todas me miran, pero una vez más finjo que no ocurre nada fuera de lo normal mientras le doy un nuevo trago a mi copa.

—¿En serio?

Sólo dos palabras y me siento como la mujer más miserable sobre la faz de la tierra.

Alzo la cabeza y de inmediato me encuentro con sus ojos azules.

Está nerviosa, pero sobre todo avergonzada, pensando que la chica que quería llevarla a cenar acaba de dejarla tirada delante de un grupo de personas que apenas conoce.

—Será mejor que me vaya—balbucea con la mirada clavada en sus pies. Se gira rápido, pero no lo suficiente como para impedir que vea sus ojos vidriosos; está a punto de romper a llorar.

Lo estás haciendo genial, capullo.

Has conseguido que se sienta fatal.

—Tenía que ser algo importante—la disculpo levantándome y dando un paso para agarrarla de la muñeca y obligarla a girarse—Sonó su teléfono y estuvo hablando un par de minutos antes de salir disparada.

Ella me mira, abre la boca dispuesta a decir algo y finalmente vuelve a cerrarla a la vez que cabecea y fija de nuevo la mirada, esta vez en su propio vestido.

Soy una completa gilipollas.

—Me muero de hambre—digo inclinándome hasta que atrapo su mirada; en cuanto sucede, sonrío y ella me imita, aunque es lo último que quiere ahora mismo—Éstas ya han comido—continúo diciendo, en referencia a mis amigas—, Así que te llevo a cenar.

Vuelve a tomarse unos segundos para observarme sin saber qué contestar, primero mi mandíbula, mis labios, mis mejillas y finalmente mis ojos.

—Está bien —musita.

Le dedico una nueva sonrisa y, tras una rápida despedida, salimos del local.

—Estoy segura de que tienes planes—me dice apesadumbrada mientras avanzamos de la mano por Centre Street.

—¿Quieres parar con eso? —me quejo.

Tiene que dejar de pensar que estando con ella no estoy donde quiero estar.

Brittany resopla y se detiene en seco.

Ninguna de las dos se suelta, así que doy un paso atrás para quedar frente a ella.

—Es que me siento como una estúpida y muy culpable—se explica agitando frenética la mano que tiene libre—Debes de tener algo así como media decena de mujeres con carísima lencería esperándote.

La manera en la que se imagina mi vida sexual me hace sonreír, pero mi gesto le hace arrugar el ceño, como si realmente creyese que cada minuto que estoy con ella estoy desperdiciando un polvo con una supermodelo.

—No tienes por qué cargar conmigo sólo porque no sea capaz de tener una estúpida cita—sentencia decepcionada, enfadada, triste.

Aparta de nuevo su mirada y la pierde en el endiablado tráfico.

—No digas estupideces —protesto de nuevo.

Pero Brittany no me mira, creo que ni siquiera me escucha, y una lágrima se escapa por su mejilla.

¿Por qué he tenido que ser tan imbécil?

Hace el ademán de soltarse, pero lo último que quiero es que se marche pensando todo lo que está pensando ahora mismo, así que acuno su cara entre mis manos para conseguir que vuelva a mirarme y le digo lo único en lo que puedo pensar ahora mismo.

—Eres una chica preciosa y hay millones de personas en Nueva York. Más tarde o más temprano encontrarás a la o el indicado y te enamorarás.

Tan pronto como pronuncio esas palabras, me arrepiento.

No quiero que conozca a nadie y no quiero que pierda la cabeza por cualquier gilipollas que no se la merezca.

Ninguno se la merece.

«¿En qué lío te estás metiendo, López?»

De golpe me hago consciente de toda la intimidad que mis manos, en esa parte exacta de su cuerpo, conllevan y las bajo despacio.

Ella sigue mirándome.

Las dos continuamos inmóviles una frente a la otra.

La realidad comienza a hacerse un incómodo hueco.

Ya no se trata de que quiera llevármela a mi departamento; ahora quiero encerrarnos ahí, tapiar las ventanas y follármela hasta que se acabe el maldito mundo.

Y además estoy muerta de celos... joder.




********************************************************************************************************************************

Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro.

avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Mar Mar 28, 2017 8:36 pm

hola morra,..

jajajajajja amo a san y sus celos ya impuestos!!!
ademas ya quedo en evidencia de todas!!!
a ver como termina la noche!!????

nos vemos!!!
avatar
3:)
-*-*-*
-*-*-*

Femenino Mensajes : 5190
Fecha de inscripción : 06/11/2013
Edad : 26
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Mar Mar 28, 2017 8:37 pm

hay santana, y ahora que vas a hacer con lo que estas sintiendo???????
avatar
micky morales
-*-*-*-
-*-*-*-

Femenino Mensajes : 6607
Fecha de inscripción : 03/04/2013
Edad : 50
Club Brittana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Mar Mar 28, 2017 8:39 pm

hay santana, y ahora que vas a hacer con lo que estas sintiendo???????
avatar
micky morales
-*-*-*-
-*-*-*-

Femenino Mensajes : 6607
Fecha de inscripción : 03/04/2013
Edad : 50
Club Brittana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Miér Mar 29, 2017 12:51 am

3:) escribió:hola morra,..

jajajajajja amo a san y sus celos ya impuestos!!!
ademas ya quedo en evidencia de todas!!!
a ver como termina la noche!!????

nos vemos!!!




Hola, jajajajajaj es una loquilla... q saca de quicio XD ajajajajajaja. si que si xD pobre... solo ella no kiere darse cuenta de nada xD Aquí el siguiente cap para saber mas! Saludos =D






micky morales escribió:hay santana, y ahora que vas a hacer con lo que estas sintiendo???????


micky morales escribió:hay santana, y ahora que vas a hacer con lo que estas sintiendo???????




Hola, jajajajaja decirlo y así ser feliz con su rubia! ajajajajaj... espero XD Saludos =D


avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Cap 7 - I

Mensaje por 23l1 el Miér Mar 29, 2017 12:54 am

Capitulo 7 - Parte I


Brittany


No sé qué pensar, qué decir, qué hacer.

No quiero conocer a ninguna otra persona.

No quiero que ninguna se fije en mí.

Sólo quiero que me lleve a su departamento, que me bese, que me desnude en su cama mientras ella sigue impecablemente vestido, que me haga sentir todo lo que ya sé que sentiré.

Santana da un paso atrás y se muerde el labio inferior, pensativa, sin apartar la mirada de mí, justo antes de meterse las manos atrás de la espalda y devolverme de repente a la realidad.

Yo resoplo, apartando la mirada por enésima vez y tratando de hacer precisamente eso, volver a la realidad.

¿Cómo hemos llegado hasta este punto?

¿De dónde ha salido toda esta tensión?

Santana López y yo sólo somos amigas.

Cuadro los hombros e, imitando su gesto, me guardo las manos en los bolsillos.

Creo que es la manera más explícita que ha encontrado mi cerebro para gritarme la malísima idea que sería dejar que Santana volviera a cogerme de la mano.

Todavía hay partes de mi cuerpo tensándose deliciosamente por cómo me enmarcó antes la cara.

Estábamos muy cerca y olía tan rematadamente bien...

¡Basta!

Necesito volver a la zona de amigas desesperadamente.

Abro la boca dispuesta a decirle que nos vayamos a comer, puede que incluso a contar un chiste, cualquier cosa que nos devuelva a ese punto, cuando mi móvil comienza a sonar.

Lo saco de mi bolso y observo la pantalla bajo la atenta mirada de Santana.

Genial.

Es Griffin.

Lo último que necesitaba.

Corto la llamada, vuelvo a guardar el teléfono y me aparto el flequillo de la cara con un soplido antes de dedicarle una sonrisa inmensa y también un poco desesperada.

—Creí que te morías de hambre, López —comento.

Los amigos se llaman por los apellidos; los amantes, por el nombre susurrado, aunque tengo la sensación de que, con ella, las únicas palabras que logran llegar a pronunciar las mujeres son «más, por favor, más», «Dios» y «sí, oh, sí».

¡Tengo que dejar de imaginarme a la Guapísima Gilipollas desnuda urgentemente!

Soy un auténtico desastre.

Tras un par de segundos, Santana sonríe, pero su gesto parece tan inquieta como lo fue el mío.

Mi móvil vuelve a sonar.

Resoplo por adelantado; sé de sobra quién es, así que recupero la BlackBerry de mi bolso.

Pienso en volver a cortar la llamada, pero, ¿y si ha ocurrido algo?

Normalmente Griffin utiliza esas ocasiones para fastidiarme y hacer que me replantee cosas sólo por la inquietud de que pasen otras.

Contestando sólo le estoy dejando ganar, pero ¿y si es realmente urgente?

—Lo siento. Tengo que cogerlo —me disculpo.

Santana asiente y yo descuelgo.

—¿Qué quieres, Griffin?—respondo arisca.

Al oír su nombre, la expresión de Santana cambia por completo.

—¿Por qué tienes que hablarme así?—replica a la defensiva.

—¿Qué quieres?—repito.

Sé de sobra lo que quiere: hacerme sentir mal por todo lo que pasa entre los dos y después consolarme.

—Tienes que venir—me espeta.

—¿Por qué?
—¿Por qué necesitas saberlo? ¿Crees que te llamaría por una tontería?

—No sólo lo creo
—bufo—, Lo tengo clarísimo.

—No se trata de mí
—sentencia áspero y, sobre todo, con la clara intención de hacerme sentir culpable.

Lo consigue al instante.

—Voy para allá.

Cuelgo sin despedirme y me dirijo al bordillo con la mirada en el tráfico, buscando un taxi.

—¿Adónde vas? —pregunta Santana acercándose a mí.

—Lo siento muchísimo, de verdad —me disculpo acelerada—, Pero tengo que marcharme.

¿Dónde se han metido todos los taxis?

—¿Qué es lo que pasa?

—Lo siento, tengo que irme —insisto.

—Brittany—me agarra del brazo y me obliga a girarme—, ¿Qué pasa?

Su voz suena exactamente como es ella, llena de una seguridad aplastante, algo engreída, algo dura, algo distante, lo suficiente como para dejarte claro que no estás delante de una persona como todas las demás.

Tengo la tentación de respirar hondo y contarle todo lo que pasa.

Hablar sin filtros ni miedos de Griffin, de Sam, de mi familia. Contarle todo lo que me ha pasado desde que cumplí diecisiete años.

Quiero que sepa por qué soy como soy, por qué tengo que marcharme corriendo, pero entonces no creo que pudiese callarme que también me muero de ganas de que me lleve a su cama... y, después, ¿qué?

Santana es una mujeriega y yo tengo que protegerme.

Ya aprendí la lección.

Sin embargo, las mariposas de mi estómago toman el control por un mero segundo y me lanzo contra ella, rodeando su cuello con mis brazos y hundiendo mi cara en su hombro.

Todo su cuerpo se tensa y se queda muy quieta, mientras yo quiero que la tierra me trague.

¿Qué he hecho?

Disfruto un instante más de su olor, probablemente sea la última vez que pueda hacerlo antes de la orden de alejamiento contra mí que seguro que pide en cuanto la suelte, y hago el ademán de separarme, pero entonces, en la última milésima de segundo, Santana alza los brazos y me estrecha con fuerza contra su cuerpo.

Las mariposas reviven descontroladas.

Ninguna de las dos dice nada.

Su cuerpo ya no está rígido, el mío tampoco y, sin embargo, una corriente eléctrica me recorre de pies a cabeza.

Sus manos se pasean despacio por mi cintura y suben perezosas hasta mis costillas. Casi sin pensarlo, muevo las mías y acaricio en su nuca el final de su pelo negro y lo revuelvo con la punta de los dedos. Me aprieta un poco más fuerte y el corazón me late tan de prisa que me da miedo que pueda oírlo.

Mueve las manos.

Mi respiración se acelera.

Abre posesivo sus dedos en la parte baja de mi espalda.

Todo da vueltas.

Nos separamos despacio.

Nos miramos directamente a los ojos.

Nuestros alientos se entremezclan en el ínfimo espacio entre las dos. Sus manos se deslizan por mi cintura mientras nos alejamos; las mías, por sus armónicos antebrazos.

Ya no nos tocamos, pero, de alguna manera, de una de esas que describen en las canciones de amor, seguimos atadas.

Un taxi se para al fin.

Sonrío nerviosa fingiendo que el momento no me ha superado en todos los sentidos y me meto en el coche amarillo bajo su atenta mirada.

Ella sigue ahí, imperturbable, demostrándome todo lo que ya sé.

Si me colara por ella, no sobreviviría, mientras que, al contrario, para ella, yo sólo sería una gota en un océano lleno de lencería de La Perla.

Le doy al conductor la dirección de Griffin y al fin nos movemos.

¿Por qué tengo que tener tan mala suerte?

¿Por qué tenía que cruzarse en mi vida Santana López?

¿Por qué un abrazo con ella ha sido más íntimo que estar en la cama con cualquier otra persona?

Suspiro y me dejo caer sobre la tapicería negra.

No puedes equivocarte otra vez, Bluebird.




Paso el resto de la noche en casa de Griffin y sólo nos sirve para tener por enésima vez la misma discusión, hasta que a las dos de la madrugada regreso en taxi a mi departamento.




Los días siguientes pintan bastante complicados.

La gran reunión está a la vuelta de la esquina y tenemos muchísimo que hacer.

Si a eso le sumo el máster, a mi vida laboral le faltan horas para poder hacer todo lo que debo.

Apenas veo a Santana, que pasa las mañanas de reunión en reunión y las tardes tratando unas inversiones muy importantes para Wilde, López y Fabray.

Comienzo a estar de lo más intrigada por saber qué demonios hacen exactamente en esa empresa.

Desde que trabajo con Santana, la he visto revisar prospectos de inversiones, solucionar problemas de aduanas, redactar contratos empresariales internacionales y citar leyes, desde el Código Civil estadounidense a la normativa de aranceles de China, pasando por las leyes de tráfico monetario de la Unión Europea.




El miércoles al mediodía ya no puedo más.

Llevo dos noches prácticamente sin dormir, con la cama llena de dosieres y carpetas; he tenido una reunión casi interminable con el departamento de recursos humanos y he ayudado a Mercedes a trasladar, revisar y clasificar al menos un centenar de archivos.

Estoy agotada.

Así que, cuando por fin me siento en nuestro pequeño rincón de moqueta verde vidrio con vistas al Rock Center, no lo dudo.

Me quito los zapatos y coloco los pies sobre las piernas de Santana, estiradas en el suelo. Sin decir nada ni levantar la vista de los estudios de mercado que revisa, agarra mi pie con fuerza y comienza a hacer círculos concéntricos con el pulgar sobre el hueso del tobillo.

Yo le quito la botellita de San Pellegrino sin gas que tiene en la mano y comienzo a beber.

Está helada y riquísima.

Y de pronto caigo en la cuenta.

Comprendo la intimidad que todos esos pequeños detalles, la familiaridad con la que los hemos hecho, entraña.

Santana también lo entiende.

Su pulgar se detiene y alza la cabeza. Atrapa mi mirada y por un momento volvemos a quedarnos así, encerrados entre mis ojos azules y los suyos increíblemente oscuros, como si no fuese violento o incómodo mirar a alguien y poder ver todo lo que quieras, sin miedos ni frenos.

Retiro los pies confusa y también algo sobrepasada.

Me pongo mis Manolos rápidamente y me levanto como un resorte. Ya me he alejado unos pasos cuando Santana también se incorpora.

Nerviosa, me llevo el pulgar a los dientes y araño la uña.

Estoy demasiado inquieta, abrumada.

—Brittany—su voz me despierta y me alimenta de más maneras que ni siquiera entiendo.

Suspiro.

Puedo con esto.

Sólo somos amigas y eso es lo único que queremos ser.

Me giro despacio y ella camina hacia mí.

Son apenas unos segundos, pero los suficientes como para fijarme en lo injustamente bien que le queda el vestido a medida.

¿Por qué no puede venir a trabajar en chándal alguna vez?

Santana entorna la mirada mientras me observa y creo que está sopesando opciones.

Finalmente suelta un profundo suspiro.

—No puedes irte —me ordena.

—¿Por qué? —prácticamente balbuceo turbada.

Guarda silencio unos instantes sin dejar de mirarme y mi corazón se acelera desbocado.

Creo que nunca había estado tan confusa, tan perdida... y creo que nunca me había sentido tan viva.

—Tenemos trabajo que hacer —dice al fin.

Se me escapa una sonrisa nerviosa, incluso rozando la histeria.

¿Cómo puedo ser tan increíblemente idiota?

Lógicamente, una palabra que parezco haber olvidado junto con mi sentido común, sólo se trata de trabajo.

¿Qué iba a ser, si no?

Es urgente que me baje de esta nube fabricada a base de tensión sensual
y novelas románticas.

Me obligo a relajarme de inmediato y me cruzo de brazos.

—Claro—respondo profesional—¿De qué quieres que me encargue?

—Ya he tomado una decisión respecto al asunto Lynn.

Asiento.

Es muy importante.

Me parece bien que lo dejemos solucionado ya.

—El señor Figgins se queda fuera—me informa fría, imperturbable.

¿Qué?

No puede estar hablando en serio.

—¿A qué viene eso?—protesto—Los contratos con Ryder Lynn son lo mejor que podría pasarnos. ¿Acaso no sabes lo que significarían para Figgins Media?

Santana sonríe mordaz a la vez que cabecea.

—Precisamente porque lo sé. No voy a permitir que participéis.

Abro la boca absolutamente escandalizada y, ya de paso, muy indignada.

—Y, como tú lo has decidido, ¿ya no hay nada más que hablar? ¡Ni siquiera es tu empresa!

Santana aprieta los labios hasta convertirlos en una fina línea y da un paso hacia mí.

—Y si seguís así, tampoco será la de el señor Figgins—sentencia arrogante.

¡No la soporto!

No tiene razón y se está comportando como si el director ejecutivo de esta compañía no tuviese ni voz ni voto.

—El señor Figgins puede encargarse. Podemos hacerlo. Ingresaríamos casi dos millones de dólares.

—¿Y sabes a cambio de qué?—me interrumpe intimidante—Ryder Lynn no quiere reflotaros. Quiere estar en primera fila cuando se hundan para hacerse con el mejor trozo. Nadie va a invertir dinero en una compañía que sólo sabe perderlo. ¿Puedes entender eso?

Hemos vuelto de golpe al día en que nos conocimos.

—Que tú hayas dado por hecho que vamos a hundirnos no significa que vaya a ser eso lo que pase—siseo muy molesta y, sobre todo, muy dolida.

—Yo no he dicho eso—gruñe.

—Pero sí has dicho que nadie daría un mísero centavo por nosotros si no es para sacar tajada cuando todo estalle por los aires. ¿Por eso estás tú aquí?

Su expresión cambia por completo y siento una punzada de culpabilidad.

Aun así, no me arrepiento.

No tiene ningún derecho a dejarnos al margen de algo que podría salvarnos sólo porque no sea capaz de ver en el señor Figgins nada más allá de unos estúpidos informes de ventas.

Esta empresa vale mucho más de lo que ella se cree.

Santana da un nuevo paso hacia mí. Sus ojos se vuelven casi negros.

Está tensa, en guardia.

Está más enfadada que nunca, aunque ese control con el que siempre se enfrenta al mundo apenas permita verlo.

—Estoy aquí porque me pagan mucho dinero para decidir si merece la pena salvaros o no. Así que deja de ser tan cría y tan digna, y empieza a recordar uno de tus discursitos tan monos sobre cuánto te importa Figgins Media y todos los que trabajan en ella.

Todas las réplicas que tenía preparadas, todos los argumentos para demostrarle que se estaba equivocando, sencillamente se evaporan en mis labios.

No me puedo creer que haya dicho algo así.

—Eres una hija de puta.

—Probablemente—responde sin levantar sus ojos de mí, dejando que toda su arrogancia reluzca—, Pero olvídate de esos contratos.

Por un momento el silencio se abre paso entre ambos.

Se ha reído de mí y de todo lo que significa esta empresa para mí.

No tengo nada más que decir.

Ni siquiera quiero tenerla cerca.

Vuelvo sobre mis pasos y salgo de la estancia.

Ahora mismo la odio con todas mis fuerzas.

Bajo las escaleras tan de prisa como soy capaz.

¡Estoy furiosa!

¿Cómo ha podido soltarme todas esas cosas?

Me dijo que Figgins Media podía salvarse.

¿Ya se ha rendido?

Me freno en mitad del segundo tramo, me giro y subo de nuevo, dispuesta a gritarle todo lo que pienso.

Podemos sacar adelante esos contratos.

Me da igual cómo haya dado por hecho que van a salir las cosas o la poca confianza que tenga en el señor Figgins y en esta compañía.

De pronto me quedo clavada en el penúltimo peldaño y me doy cuenta de que eso es lo que más me enfurece de todo.

¿Por qué no es capaz de confiar en nosotros?

Yo sí lo hice cuando se trató de ella.

Automáticamente estoy aún más enfadada y la odio un poco más.

Cabeceo llena de rabia y regreso a la planta principal.

—No lo necesitamos—farfullo entrando en mi despacho y cerrando de un portazo.

Miro el escritorio recordando perfectamente lo que contiene el primer cajón y me siento a la mesa.

Lo abro despacio y saco la capeta con el estudio de mercado y todos los informes sobre la empresa de inversión Samuelson y Mulholland.

Siempre dije que el plan malévolo era el plan B, pero ahora ya no lo tengo tan claro.

Recupero mi móvil y marco el número que subrayé en la primera página.

—Buenos días—saludo a la secretaria del director del departamento de adquisiciones después de haber hablado con recepción—Soy Brittany Pierce, vicepresidenta de Figgins Media. Me gustaría concertar una cita con el señor Hart.

Tras consultar su agenda, quedamos para finales del próximo mes.

Cuelgo sin tener muy claro si esto es lo que debo hacer, pero estoy demasiado furiosa como para pensarlo.





********************************************************************************************************************************

Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro.

avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Mar 29, 2017 8:34 am

Hola morra...

Si no se hechan el bendito polvo ya va a arder Troya si van así!!!
Espero que britt no se arrepienta de su dichoso plan b o san no la mate de antemano jajaj

Nos vemos!!!
avatar
3:)
-*-*-*
-*-*-*

Femenino Mensajes : 5190
Fecha de inscripción : 06/11/2013
Edad : 26
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Miér Mar 29, 2017 8:51 am

Britt se esta dejando llevar por la ira y no esta pensando con claridad, a ver que pasa con ese dichoso plan B.
avatar
micky morales
-*-*-*-
-*-*-*-

Femenino Mensajes : 6607
Fecha de inscripción : 03/04/2013
Edad : 50
Club Brittana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Miér Mar 29, 2017 12:38 pm

Deberían dejar de esconder lo que sienten por la otra, lo tapan con su "amistad" pero ya no les va a durar mucho cada vez hay mas tensión además de que ambas son súper celosas imaginándose con otra persona.
Y la historia de Britt que tan larga sera, por cuanto y porque habrá pasado???
Y bueno parece que Britt hará negocios a espaldas de San...aunque aun no es seguro tal vez se arreglen antes de la cita que tiene
avatar
JVM
-
-

Mensajes : 1116
Fecha de inscripción : 20/11/2015

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Miér Mar 29, 2017 9:19 pm

3:) escribió:Hola morra...

Si no se hechan el bendito polvo ya va a arder Troya si van así!!!
Espero que britt no se arrepienta de su dichoso plan b o san no la mate de antemano jajaj

Nos vemos!!!



Hola lu, jajajajajajajajjajajajaajaj xD jajajajajajajajajaj que razón tienes jajajajajaja. =O mmm si las cosas no salen como kiere no tiene xq xD Y con respecto a san... q lo mate noma XD Saludos =D




micky morales escribió:Britt se esta dejando llevar por la ira y no esta pensando con claridad, a ver que pasa con ese dichoso plan B.



Hola, mmm tienes razón..., pero a veces la ira hace bn xD jaajajajaja, pero como tu espero ver q pasa. Saludos =D





JVM escribió:Deberían dejar de esconder lo que sienten por la otra, lo tapan con su "amistad" pero ya no les va a durar mucho cada vez hay mas tensión además de que ambas son súper celosas imaginándose con otra persona.
Y la historia de Britt que tan larga sera, por cuanto y porque habrá pasado???
Y bueno parece que Britt hará negocios a espaldas de San...aunque aun no es seguro tal vez se arreglen antes de la cita que tiene



Hola, si! SI! que estan esperando¿? a q una tenga un accidente o q! ¬¬ Mmm preguntas y mas preguntas, no¿? xD jaajajajajajaja. Si, eso se da ha entender y como dije, no creo q sea malo del todo..., pero no tiene xq pasar xD Saludos =D



avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Cap 7 - II

Mensaje por 23l1 el Miér Mar 29, 2017 9:21 pm

Capitulo 7 - Parte II



Brittany


El resto del día es horrible.

Cada vez que llaman a la puerta pienso que es Santana dispuesta a disculparse.

Después recuerdo que ella ni siquiera llamaría a la puerta y automáticamente comprendo que no va a presentarse aquí, arrepentida, para pedirme perdón.

Tiene cristalinamente claro lo que piensa de nosotros.



Ya ha anochecido cuando salgo de mi despacho.

La planta está desierta.

Son más de las siete y todos, a excepción de Mercedes, se han ido ya a casa.

Estoy segura de que ella no lo ha hecho por no dejar a su jefa/mejor amiga/vecina en su despacho sola y enfadada como lo ha estado pocas veces en su vida.

—Necesito que firmes estos documentos—dice levantándose y saliendo a mi encuentro.

Los cojo y los ojeo.

—Son cosa de la señorita López—respondo lacónica—Tiene que firmarlos ella—añado devolviéndoselos.

Mercedes frunce el ceño confundida.

Sí, la he llamado señorita López.

No es para tanto y, ya puestos, es una costumbre que nunca debí perder.

—Santana no está—me informa. Ahora la que arruga la frente soy yo—Salió a la hora de comer y no ha regresado. Pensé que tú sabrías dónde había ido o si volvería más tarde.

Cabeceo furiosa.

No me lo puedo creer.

¿Cómo puedo ser tan rematadamente estúpida?

Me he pasado toda la tarde en mi despacho cabreada y preocupada, y ella sencillamente se ha largado a su empresa, la única que de verdad le importa, o a tirarse a alguna incauta.

Tuerzo el gesto.

No sé cuál de las dos ideas me molesta más.

—¿Qué está pasando? —pregunta.

Respiro hondo.

No quiero hablar; ni siquiera sé cómo me siento.

En ese preciso instante, el pitido del ascensor indicando que las puertas van a abrirse nos distrae a las dos. Dirigimos la mirada al fondo de la sala justo a tiempo de ver a Santana salir del elevador.

Es obvio que viene de correr.

Va vestida con unos pantalones de deporte y una camiseta en tonos oscuros.

El cable de los cascos de su iPhone sale de la camiseta y le recorre el cuello hasta llegar a sus orejas.

Su piel está cubierta por una fina capa de sudor y su pelo húmedo, seguramente por haberse echado por encima media botellita de la que ahora bebe, hacen el resto para que otra vez parezca la persona más atractiva sobre la faz de la tierra.

Desde luego, cuando supliqué porque viniera a trabajar en chándal, no sabía lo que decía.

Ella también me ve, pero su mirada sobre mí sólo dura unos segundos antes de que la pierda al frente y recorra la planta principal con el paso impasible.

A unos pocos metros de su despacho, Emma la intercepta con un par de carpetas. Santana se para a revisarlas al tiempo que se quita los cascos de un certero tirón.

Yo la observo, odiándola en secreto un poco más.

—Estás sudada—grito displicente, sin moverme ni un ápice pero segura de que me oye aunque estemos separadas por una decena de mesas—Podrías haberte dado una ducha antes de aparecer por aquí. Éste es un sitio de trabajo respetable. Aunque tú hayas dado por hecho que acabaremos todos en la calle.

—Lo he hecho por ti—responde sin levantar la vista de los papeles.

—¿Por qué? —pregunto molesta.

—Para ayudarte. Así, cuando me imagines después de haberte follado, ya sabrás el aspecto que tengo sudada y relajada—responde malhumorada, de nuevo sin molestarse en mirarme.

¡¿Qué?!

¡¿Cómo se ha atrevido a decir eso?!

Abro la boca rozando la ira termonuclear, pero precisamente por estar tan increíblemente furiosa ni siquiera sé qué decir.

¡Maldita sea!

Santana firma el último documento y se dirige de nuevo a su despacho.

Piensa, cerebro, piensa.

No voy a permitir que se marche triunfal como si fuese la condenada reina del mundo.

Antes de que la idea cristalice en mi mente, me llevo las manos al bajo de mi vestido y me lo saco por la cabeza, dejando a la vista mi conjunto de ropa interior.

—¡Ey, López!—grito ante la atónita mirada de Mercedes y Emma.

Santana se vuelve.

Me recorre de arriba abajo con la mirada. Sus ojos se oscurecen y todo su
cuerpo se tensa.

El lobo ha vuelto… la loba en este caso.

—Para que, cuando fantasees conmigo, sepas cómo me sienta el encaje—sentencio increíblemente impertinente.

Sé que parezco una auténtica chiflada sin ningún sentido del decoro, pero no me importa.

¡Todo esto es culpa suya!

Santana aprieta los puños con rabia y da un único paso hacia mí.

—A mi despacho, ahora—ruge con la voz amenazadoramente suave.

Yo entorno los ojos y hecho a andar llena de rabia.

¿Quiere seguir discutiendo en privado?

Por mí, perfecto.

Ahora mismo estoy tan enfadada que podría estrangularla con sus cascos del iPhone.

Santana mira a Mercedes, o más bien la asesina con la mirada.

Ella reacciona inmediatamente. Se agacha, recoge mi vestido tangerina y se lo lanza a Santana, que lo atrapa con una sola mano, antes de retroceder con su intimidante mirada clavada en mí y detenerse en la puerta de su despacho, apartándose lo imprescindible para que pueda pasar sin que lleguemos a tocarnos.

No me había sentido intimidada hasta ahora.

—Las dos fuera—prácticamente ladra a las secretarias antes de cerrar de un sonoro portazo.

Frente a frente, pero separados por unos metros, Santana lanza mi vestido sobre su escritorio a mi espalda.

Me observa.

Todo su cuerpo, su expresión, han subido de nivel.

Puede que no supiese con exactitud por qué había utilizado la metáfora del lobo antes, pero ahora lo inunda todo, la manera de mirarme, de moverse, incluso la forma en la que se mantiene en silencio dejando que su respiración, fuerte y pausada, lo arrase todo.

Sigo enfadada, pero ya no sé cómo traducirlo y mucho menos cómo apartar mi mirada de ella.

Estar en ropa interior ya no me parece una buena idea y me vuelvo con la idea de recuperar mi ropa.

—No —me ordena.

Una sola palabra que lo condensa absolutamente todo... toda la excitación, el deseo, lo rápido que me late ahora mismo el corazón, lo caliente que la sangre circula por mis venas.

Me giro despacio y sus ojos atrapan de nuevo los míos.

De pronto la atmósfera se llena de una tensión casi irrespirable, eléctrica, febril, adictiva.

Seguimos mirándonos.

Sólo se oyen nuestras respiraciones.

Santana atraviesa la distancia que nos separa tirando, sin importarle lo más mínimo, la botellita de agua que aún conservaba entre las manos, me sujeta por las caderas sin dejar de caminar, deslizando una de sus manos hasta anclarse en mi trasero, y me sienta en la mesa, brusco.

Aún más, se abre paso entre mis piernas y sube sus dedos hasta que vuelven a encontrarse con mis caderas, apretando con fuerza.

—¿Cómo se te ha ocurrido hacer algo así?—susurra con la voz ronca, con sus labios demasiado cerca de los míos.

—Porque a veces ni siquiera consigo pensar con claridad cuando te tengo cerca.

Las palabras salen de mi boca sin que pueda controlarlas.

Santana aprieta sus manos sobre mi piel por mi respuesta. Un gemido se escapa de mis labios y se entremezcla con el gruñido que sale de los suyos.

—Si no he aceptado la oferta de Lynn es para protegerlos, no porque crea que no sois capaces—me explica con la voz jadeante, controlándose—Dime que lo entiendes—me exige.

—Lo entiendo.

Ni siquiera sé por qué, pero le creo.

¿A qué estamos jugando?

¿A qué precipicio me estoy asomando?

No puedo colarme por Santana López, no puedo dejar que me toque... pero la sensación de que no hay nada mejor puede conmigo y levanto la cabeza, buscándola.

Santana alza una mano, acariciando mi cuerpo con la punta de los dedos por el camino, y la deja en mi cuello, apretando lo justo para que todo el deseo se multiplique por mil.

Acerca su boca; su cálido aliento baña mis labios.

Estoy a punto de arder.

—Las cosas—comienza a decir dejando que su grave voz acaricie la punta de mi lengua—Pasan cuando yo quiero que pasen. Otra cosa que vas a tener que entender.

Sin más, se separa de mí.

Nuestros ojos se encuentran un momento.

Los míos, confusos, otra vez sobrepasados y, desde luego, destilando excitación pura y dura.

Los suyos, hambrientos pero también frustrados y, sobre todo, furiosos.

Se da la vuelta sin decir una sola palabra y sale del despacho cerrando a su paso.

Lo último que veo antes de que la madera encaje en el marco es cómo se pasa las dos manos por la coleta del pelo y se la suelta para revolvérselo.

¿Qué demonios acaba de pasar?

—Joder—musito dejándome caer sobre su mesa y tratando de recuperar todo el oxígeno que parece haber desaparecido a mi alrededor—Bluebird, ¿en qué coño estabas pensando?

Me levanto de un salto y me visto todo lo de prisa que soy capaz.

Justo antes de abrir la puerta, tengo un auténtico ataque de bochorno mezclado con un código rojo en mi escala personal del ridículo.

Algo que definitivamente me hubiese sido muy útil hace aproximadamente quince minutos, cuando decidí quedarme en ropa interior en mitad de Figgins Media.

Por suerte, no queda nadie rondando en toda la planta y puedo marcharme con la dignidad intacta... o casi.

Justo antes de montarme en el ascensor, pierdo la mirada en el acceso a las escaleras.

Quizá Santana haya subido, quizá debería hacerlo yo también y hablar de lo que acaba de pasar.

Suspiro a la vez que me llevo las manos a las caderas y clavo la vista en mis zapatos.

¿Qué es lo mejor?

¿Lo más responsable?

¿Lo más profesional?

Mi mente está tan enmarañada que no llego a ninguna conclusión.

Lo mejor es que me marche.

Sólo espero que mañana sea capaz de ver las cosas más claras.



Aproximadamente una media hora después estoy subiendo las escaleras hasta mi departamento en la segunda planta.

No he dejado de pensar en el ascensor, de camino al metro, en el vagón y, por supuesto, ahora.

¿Qué voy a hacer?

¿Cómo se supone que vamos a comportarnos mañana?

Estoy a punto de meter la llave en la cerradura cuando vuelvo a frenarme en seco y suspirar.

¿En qué lío me he metido?

—Brittany.

La voz de Mercedes me hace dar un respingo.

No me la esperaba.

—¿Estás bien?—pregunta bajando los últimos peldaños del tramo de escaleras que sube al tercer piso, donde está su departamento.

—Sí—miento, y lo confirmo con un gesto de cabeza.

Ella tuerce el gesto, está claro que no me cree, y se cruza de brazos.

—¿Se puede saber qué ha pasado en la oficina?

—No lo sé—respondo, esta vez más sincera, al tiempo que me encojo de hombros.

Mercedes resopla exasperada, me coge de la mano y nos sienta en las escaleras.

—Vamos por partes—me pide—¿Estás liada con la Guapísima Gilipollas?—inquiere sin paños calientes.

—¿Qué?—protesto—¡No!—me apresuro a añadir—¿Te haces una idea de lo complicado, incómodo y extraño que el sexo lo volvería todo? No puedo permitirme siquiera pensar en la posibilidad de acostarme con ella.

Puede que esta última idea me la haya saltado un poquito:

—No voy a acostarme con ella—ratifico—, Nunca, jamás.

Mi amiga enarca las cejas.

—Has utilizado muchas palabras para decir no—se burla.

Enfurruñada, hago el ademán de levantarme, pero Mercedes me agarra del brazo y vuelve a sentarme.

—¿Por qué te desnudaste en mitad de la sala?

—Porque estaba furiosa —digo, sintiendo cada letra que pronuncio.

Creo que todavía lo estoy, aunque por motivos completamente diferentes.

—¿Por qué?

—Porque pensaba que no confiaba en la empresa, ni en el señor Figgins, ni en mí—doy un largo suspiro—, Pero al final todo ha sido por el bien de Figgins Media. Sólo quería protegernos.

—¿Y tú le crees?

—Sí.

No lo dudo.

—Britt, estás colada por Santana, ¿verdad?

Quiero gritar que no, que está tan equivocada que está a punto de ganar algún maldito trofeo, pero no puedo hacer otra cosa que volver a resoplar avergonzada mientras me paso las manos por el pelo, guardándomelo tras las orejas.

—No estoy colada por ella, pero a veces, cuando está cerca, no soy capaz de pensar las cosas objetivamente, ni de meditar mis decisiones... no sé qué me pasa, es como si perdiera el control.

Ahora es ella la que suspira mientras se recoloca en el escalón.

—Tal y como yo lo veo, tienes dos opciones—me explica moviendo las manos—Una, te dejas llevar y dejas que la Guapísima Gilipollas te eche el polvo de tu vida.

Ambas sonreímos al borde de la risa, en parte, por su apodo y, en parte, por la posibilidad de tener una increíble noche de sexo con ella.

—Es una mujeriega—sentencio cuando nuestras carcajadas decrecen.

—Buenos entonces sólo te queda la segunda opción—replica ladeando la cabeza—Respirar hondo y aprender a hacer uno de esos pasatiempos chinos tan complicados, porque vas a tener un montón de energía sexual que invertir.

Sonrío, pero en el fondo no me hace la más mínima gracia.

¿Qué voy a hacer?

—Será mejor que entre en casa—me rindo, hundiendo los hombros.

—¿Sabes? No está mal dejarse llevar y comportarse como una cría de diecisiete años alguna vez.

Yo me detengo y sonrío a la par que me vuelvo.

—No puedo comportarme como una cría de diecisiete años.

—¿Y por qué no? Cuando tenías esa edad, tuviste que enfrentarte de golpe a una responsabilidad enorme.

Abro la boca dispuesta a interrumpirla con la cantinela de siempre, pero ella alza la mano, frenándome y dedicándome un «ya lo sé, idiota» mental

—Después pasó lo de tu papá, tu familia y el imbécil de Griffin—al pronunciar su nombre, pone los ojos en blanco. Definitivamente no es su persona favorita—A lo mejor López es justo lo que necesitas para dar ese delirante salto al vacío.

—¿Delirante salto al vacío?—repito con una sonrisa.

—Ya sabes—responde frunciendo el gesto pícara—Pasión, diversión, pasarlo bien de verdad—añade exagerando cada letra—, Como el wanderlust del sexo.

Ya no puedo más y rompo a reír.

Mercedes sigue asintiendo completamente en serio hasta que, al final, abro la puerta de mi departamento.

—Piénsalo, pequeña—me ordena señalándome con el índice, todavía sentada en las escaleras.

—Lo haré, pequeña—respondo justo antes de cerrar—Te quiero.

—Te quiero.

En la cama, rodeada de carpetas de trabajo, absolutamente en contra de mi voluntad, no puedo dejar de pensar en lo que me ha dicho Mercedes.

La verdad es que, eso del delirante salto al vacío, suena de lo más apetecible.




A la mañana siguiente llego puntual a Figgins Media, pero de inmediato me escabullo y entro en mi despacho.

No estoy preparada para ver a Santana.

No sé cómo se supone que debo comportarme.

Seguro que ella no tiene este problema.

Me apuesto veinte dólares a que no soy la primera chica que se queda en
ropa interior delante de ella por un enfado monumental, probablemente ni siquiera lo haya sido de esta oficina.

Gimo exasperada.

¿Cómo he acabado en esta situación?

Apenas llevo unos minutos cuando llaman a la puerta.

La respiración se me corta de repente y tengo que mentalizarme para dar paso.

No quiero verla.

No quiero verla.

Al comprobar que es Emma, la eficiente secretaria de Santana, suelto todo el aire de una bocanada, aunque el estómago vuelve a encogérseme en cuestión de segundos.

¿Y si me ha mandado llamar a través de ella?

—Buenos días, Brittany.

—Buenos días, Emma—respondo alzando la barbilla y cuadrando los hombros.

No pienso dejar que nadie vea que estoy a punto de salir corriendo al aeropuerto y marcharme, no sé, a una Guayana.

—¿En qué puedo ayudarla?

—La señorita López quiere que estudie estos documentos.

Deja un dosier sobre mi mesa y sale de mi despacho. Con el primer vistazo a la carpeta, frunzo el ceño.

No es de Figgins Media, sino de Wilde, López y Fabray.

No es que Santana nunca haya compartido conmigo parte del trabajo que hace fuera de aquí, pero siempre han sido situaciones concretas de casos concretos.

Abro la carpeta.

El nombre de Ryder Lynn aparece al principio del documento.

No tardo en darme cuenta de que se trata de un prospecto de inversiones diseñado por el propio Lynn.

Continúo leyendo.

Básicamente es un plan para desmantelar una empresa, despedir al ochenta y siete por ciento del personal, reorganizar los activos y venderlos por separado.

Al llegar a los anexos explicativos, abro los ojos como platos.

Este plan de negocios estaba destinado a Figgins Media. Santana tenía razón, sólo quería invertir para sacar tajada después.

Cierro el dosier y me levanto como un resorte.

Si no llega a ser por Santana, habríamos caído en la trampa como idiotas y ahora la compañía estaría a unos meses de desaparecer.

Me llevo el pulgar a los dientes.

Sé qué es lo que tengo que hacer ahora, por muy avergonzada que vaya a sentirme.

Salgo del despacho con paso seguro.

Si algo me ha enseñado el señor Figgins es que, cuanto más nervioso estés, menos puedes demostrarlo.

Cruzo la planta pensando que todos me miran porque todos saben lo que ocurrió ayer.

Es sólo una manera más de mortificarme de mi retorcido cerebro.

Es imposible que lo sepan.

No había nadie aquí, y Mercedes y Emma jamás dirían una palabra.

Llego a su despacho, pero no hay rastro de ella.

—¿Sabe dónde está Santana? —pregunto a Emma.

—En la planta de arriba.

Diviso la puerta de las escaleras y tomo aire para armarme de valor. Sin embargo, a cada escalón que subo la cosa se vuelve más complicada.

Ya no sólo tengo que lidiar con el hecho de que me quedara prácticamente desnuda delante de ella, sino que encima ahora tengo que pedirle disculpas y tragarme todas mis palabras.

No sé qué me atormenta más.

Al cruzar el arco que separa la diáfana estancia del pequeño pasillo, Santana aparece inmediatamente en mi campo de visión.

Sentada donde siempre, trabajando como siempre, atractiva hasta decir basta... como siempre.

—Hola—murmuro.

Alza la cabeza de los documentos que revisa, pero no dice nada.

Quiere que diga todo lo que debo decir.

Es justo.

—Acabo de leer el plan de Lynn para esta empresa. Tenías razón. Sólo buscaba aprovecharse, así que muchas gracias por protegernos.

Santana aparta su mirada y, tras asentir un par de veces, vuelve a la carpeta que tiene delante.

—De nada —responde distante.

Vale.

Ahora viene lo difícil.

—Sé que ayer metí la pata hasta el fondo—me disculpo dando un paso hacia ella—Y que no debí soltarte todas esas cosas, pero, si sirve de algo, te creí cuando me dijiste en tu despacho que hacías lo mejor para nosotros. No necesitaba esa carpeta—la miro esperando a que responda algo, pero sigue en silencio, con la vista clavada en ese puñado de letras y números—Confío en ti, Santana —sentencio.

No habla.

No me mira.

Resoplo.

No sé qué hacer.

Me muero de ganas de que me señale con la cabeza el sitio a su lado, en ese gesto tan engreído del que siempre me quejo y que ahora echo de menos como una idiota.

—Ven aquí—suelta al fin, ladeando la cabeza para marcar un trozo de moqueta junto a ella.

Yo sonrío feliz.

—Antes de que se te ocurra contarme un chiste para que te perdone—añade burlona.

Yo frunzo los labios divertida y me siento a su lado.

—O, peor aún—continúa—, Decidas volver a desnudarte.

Abre la boca fingiéndose escandalizado, imitando el gesto que yo estoy haciendo de verdad.

¡Es una cabronaza!

Entorno los ojos y la golpeo en el hombro. Sonríe, encantada con su propia broma, y al final soy yo la que acaba haciendo lo mismo.

—¿Cómo se te ocurrió hacer algo así? —inquiere.

—Fue culpa tuya—protesto—Me provocaste. Además, seguro que no soy la primera chica que se queda desnuda delante de ti por lo odiosa, impertinente y engreída que puedes llegar a ser.

Chúpate esa, López.

Donde las dan, las toman.

Sin embargo, la jugada se vuelve en mi contra cuando él sonríe satisfecho, probablemente pensando en todas y cada una de las mujeres que ha conseguido que se desvistan para ella.

—Debe de ser increíble tener todo ese poder y no preocuparte en usarlo sólo para el mal—comento displicente, pero, sobre todo, un poco insolente.

—Es divertido—responde con una canalla sonrisa.

Es una auténtica sinvergüenza.

Sin embargo, otra vez de forma involuntaria, comienzo a pensar precisamente en esa idea, en cómo las mujeres pierden la cabeza por ella.

Es abrumador y al mismo tiempo increíblemente sexy.

Cualquier persona podría perder la cabeza por ella, por la seguridad con la que se mueve, por la manera en la que mira, sabiendo lo que quiere y cogiéndolo, por todas las promesas de sexo salvaje, desbocado, como si fuese la única persona en el universo capaz de hacer realidad todas tus fantasías y provocarte cien nuevas sólo por la manera en la que sospechas que sabrá tocarte.

—¿Alguna vez te ha pasado? ¿Que una mujer te haya ofrecido hacer lo que quieras con ella y tú hayas aceptado?

Mi tono es apenas un murmuro.

Tengo la boca seca y el corazón me retumba en los oídos.

Santana se ha quedado muy quieta escuchando cada una de mis palabras y, a continuación, alza la cabeza despacio hasta atrapar mi curiosa mirada.

—Sí—responde con voz trémula.

El ambiente entre las dos ha cambiado, se ha electrificado, se ha vuelto húmedo, caliente, sensual.

No sé por qué lo he preguntado, ni siquiera por qué lo estoy imaginando, y por un momento simplemente las realidades se combinan y juego a pensar lo que me gustaría que me hiciera a mí, mi wanderlust del sexo con Santana López.

—Dejar que su cuerpo te pertenezca, tocarla como quieras, correrte en su boca—mi voz se evapora al final de la frase.

Nuestras respiraciones se aceleran.

—¿Y tú?—replica—¿Dejarías a un hombre correrse en tu boca?

—No.

—¿Me dejarías a mí?

Todo da vueltas.

—Sí—pronuncio con una voz apenas audible, pero llena de una atronadora seguridad.

No hay dudas.

No las tengo.

—A veces creo que podría hacer cualquier cosa que me pidieras.

—Joder, Brittany—gruñe.

Sin decir nada más, me coge de las caderas y me sienta a horcajadas sobre ella y el movimiento es fluido, perfecto, y nos deja completamente acopladas.

Sus manos vuelven a anclarse en mis caderas y las mías descansan entre sus pechos.

Estamos muy cerca.

Todo se llena de una intensidad casi perturbadora.

Adoro el delirante salto al vacío.




********************************************************************************************************************************

Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro.

avatar
23l1
-*-*-
-*-*-

Mensajes : 4929
Fecha de inscripción : 12/08/2013
El mundo de Brittany

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Mar 29, 2017 10:16 pm

hola morra,...

nunca digas nunca,.. porque es mas que nunca!!!
jajajaja amo a britt y su forma de molestar a san,.. la hizo bien!!!
ahora todo depende de san,.. la pelota esta del lado de san!!!
juega o no???!!! no van a aguantar!!!!!

nos vemos!!
avatar
3:)
-*-*-*
-*-*-*

Femenino Mensajes : 5190
Fecha de inscripción : 06/11/2013
Edad : 26
Club Naya/Santana

Ver perfil de usuario

Volver arriba Ir abajo

Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: Sexy Amor (Adaptada) Epílogo

Mensaje por Contenido patrocinado


Contenido patrocinado


Volver arriba Ir abajo

Página 3 de 8. Precedente  1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8  Siguiente

Ver el tema anterior Ver el tema siguiente Volver arriba


 
Permisos de este foro:
No puedes responder a temas en este foro.