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Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 4:56 pm

Capítulo 27

Brittany


LA BESÉ LARGO y duro mientras follaba su empapado coño con mis dedos. La besé hasta que ambas estuvimos sin aliento, avivando el fuego que solo se incrementó en el tiempo que estuvimos separadas. Sus labios carnosos y húmeda lengua contra mi boca eran tanto el cielo como el maldito infierno.

Respiraba como si estuviera a punto de soltar fuego por su boca y nariz. Sabía que estaba tratando de mantener el control, su furia era evidente en sus ojos inyectados en sangre y en la manera en que su cuerpo estaba completamente tenso, desde su apretada mandíbula hasta la bola de músculos enrollados en que se habían convertido sus muslos.

Tragué duro e, incluso a través de mi propia furia, no había forma de que pudiera negar que era la cosa más hermosa que alguna vez había visto. Quería castigarla.

Devorarla.

Tomarla en todos los sentidos posibles.

Mía.

Estaba imposiblemente caliente.

Unas voces reverberaban a la distancia, sobre los árboles de los vecinos más cercanos.
Tanto la oscuridad de la noche y como la línea de árboles que rodeaban el pequeño lago nos ocultaban de los ojos errantes, pero no es como si diera una mierda si un millón de personas estuvieran mirando. De esa forma sabrían a quién pertenecía ella.

Su coño succionaba mis dedos, ordeñándolos mientras los empujaba dentro y fuera de ella, rodeando su clítoris con mi pulgar mientras descaradamente restregaba mi entrepierna en su contra, a través de las ropas que odiaba más que el hecho de que estuvo alejada de mí demasiado maldito tiempo.

Nunca más.

Su coño era puta perfección.

Caliente e hinchado y cada vez que sacaba mi dedo, me succionaba como si no me quisiera dejar ir. No quería nada más que esa sensación en mi.

Entre besos furiosos se retorció contra mi mano, clavando sus garras en mí como si no quisiera dejarme ir nunca. Malditamente sé que nunca querría que lo hiciera.

Si alguien me pidiera elegir entre el coño de Diabla y volver a jugar a lo que mas has creido querer otra vez, pese a las mentiras, pese a todo, la elegiría a ella. Sobre todo.

Sobre la Universidad.

Sobre mi Club.

Liberé sus muñecas, mientras la acercaba cada vez más al borde con la otra. Empujé duramente su espalda contra la barandilla y capturé su boca y gemidos mientras apretaba mi dedo como a un tornillo.

Sus talones excavaron duro contra mi espalda. Tragué sus gritos y sentí que mis partes se apretaban mientras ella pulsaba y se contraía, montando mi mano mientras se venía y venía.

No esperé a que su orgasmo desapareciera antes de caer de rodillas y sacarle sus pantalones. Con un gruñido primitivo, la empujé hacia atrás, sujeté la parte trasera de sus rodillas, acomodando sus piernas alrededor de mis hombros. Una mirada a la humedad goteando por su muslo casi me hizo venirme. Me sumergí, necesitando el sabor de su orgasmo en mis labios.

Arrastré mi lengua sobre su clítoris y la introduje en su malditamente mojado coño, mis mejillas acariciaron el interior de sus húmedos muslos mientras tomé a lengüetadas todo lo que ella tenía para ofrecerme.

Jaló duramente mi cabello. Metí una mano debajo de su camiseta y recorrí con la yema de mis dedos uno de sus duros pezones. Su rostro estaba inclinado hacia arriba como si estuviera luchando consigo misma. Su ira contra su placer. Sabía quién iba a ganar.

Sollozó al borde de correrse otra vez, y cuando frotó duro su coño contra mi rostro, estaba completamente lista y sabía lo que ambas necesitábamos.

—Basta de esta mierda —dije levantándome y limpiándome la boca con el dorso de mi mano.

Era tan pequeña, tan indefensa, y sin embargo, tan fuerte, tan poderosa. Era la ira, la belleza y la lujuria envuelto en un feroz paquete.

Bajé mis vaqueros y salí de ellos. La levanté con un brazo alrededor de su cintura, la volteé, golpeando su espalda contra la división en el centro del muelle. Sus piernas se envolvieron alrededor de mi cintura. Mi blanco coño contra su depilado coño moreno, deslizándose contra su humedad. Piel contra piel. Húmedo.

Salvaje.

Crudo.

Mi coño estaba adolorido y listo. Mojado y palpitando y listo para tomar y tomar lo que era mío.

—¿Estás lista para mí? —gruñí en su oreja y me respondió apretando sus muslos alrededor de mi cintura, invitándome a acercarme. Invitándome unirme.

Ambas estábamos respirando pesadamente. Apenas mantenía mi mierda junta. Todo pensamiento coherente me abandonó en cuanto la levanté y mi clitoris se reunió con el más cálido, húmedo, apretado puto coño por siempre.

Me detuve, tratando de recuperar el control, gimiendo cuando movió las caderas contra mí.

—Tienes que estar jodiendo conmigo —murmuré mientras intentaba empujar, pero mi coño encontró con una resistencia que me hizo resollar con frustración y euforia.

Estaba empapada y goteando por el interior de sus muslos y dentro de la grieta de su culo.

—Por favor —rogó.

—Estás tan… tan malditamente mojada —gemí, sintiendo gotas de sudor formándose en mi frente, mientras acariciaba su clítoris con el mío una y otra vez, mientras mirábamos en los ojos de la otra, leyendo el cuerpo de la otra.

—Hazlo —demandó.

No era una petición, era una orden. Un desafío.

—Estás realmente mojada, carajo. (Queria volver a hundir mis dedos en ella). Te dolerá —advertí, insegura de si le dolería a ella o a mí.

—Quiero que duela.

Con esas palabras, perdí mi maldita mente. Capturé su boca otra vez y nuestras lenguas se enredaron mientras forzaba la intrusión dentro de mi chica.

Debió ser doloroso para ella, pero también fue doloroso para mí.

El mejor dolor en mi puta vida.

No había manera de que su perfecto coño hubiera sido estirado alguna vez antes.

Lo que sea que pensó que podría haber sucedido, no pasó. Diabla era mía y solo mía. Si no estaba al corriente antes, lo supe con certeza cuando la punta de mi dedo golpeó contra una barrera, aun cuando no estaba ni a medio camino en su interior.

—Por favor. Más —rogó, clavando sus talones duramente en mi culo. La levanté y la acosté en el muelle, subiendo sobre su cuerpo sin cortar la conexión que teníamos.

—Sí —dijo, mientras nos mirábamos fijamente—. Por favor —agregó acercando más sus caderas contra mí, pidiendo más.

Así que se lo di.

Al empujar hacia adelante, rasgué su himen con un duro envión, tocando fondo mientras ambas gritábamos. Quería quedarme para siempre en su apretado calor, pero la necesidad de comprobar qué acababa de hacer me consumió. Me salí y descendí por su cuerpo. Extendí sus muslos con mis manos, mis dedos apartaron su suave piel, dirigí mi lengua como un dardo dentro de su tirantez hasta que encontré lo que había anhelado, y el sabor cobrizo de su sangre virginal golpeó la punta de mi lengua.

La miré. Sus ojos se cerraron, su rostro estaba fruncido. Fue entonces que me di cuenta de que no solo estaba enojada, sino que se estaba conteniendo. Me arrastré hacia arriba por su cuerpo y levanté su culo del muelle, sujetándola en un ángulo, empalándola con mis dedos con un solo empuje.

La follé con todo lo que tenía.

—Abre los ojos —exigí y cuando lo hizo, me encontré con su mirada—. No te contengas, nena. ¿Quieres gritar? ¿Es eso lo que quieres? ¿Es lo que necesitas?

Asintió, sus dientes se apretaron en el gruñido más sexy que alguna vez haya escuchado.

—Entonces grita, nena —ordené, acelerando el ritmo hasta que la única palabra que podría ser utilizada para describir la manera en que la estaba follando sería “brutal”.

Luego hice lo que le prometí y follé la ira justo fuera de ella.

Comenzó como un pequeño gruñido de su boca. Un pequeño grito en mi oreja. Segundos más tarde, Diabla estaba gritando hacia la noche y me encontré gritando junto con ella. Sentí la liberación por todo su cuerpo, tanto que la tuvo retorciéndose.

Al venirse violentamente alrededor de mis dedos y junto a mi coño, me dio todo de ella y después tomó todo lo que tenía, ordeñándome mientras me venía junto a ella. Lo que sea que haya sucedido entre nosotras fue más que cuerpos y orgasmos… fue como si nos estrelláramos dentro de la otra y nos aferraramos por nuestras putas vidas.

Diabla quizás no me disparó, pero había tenido razón todo el tiempo, porque me mató.

La muerte nunca había sido tan dulce.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 5:03 pm

Capítulo 28

Diabla

—BRITTANY, ¿DÓNDE CARAJOS están mis padres? —pregunté, aún intentando recuperar mi respiración. Una carcajada se disparó de su boca—. ¿Qué es tan gracioso?

Meneó las cejas y sumergió sus dedos entre mis piernas, frotando la combinación de nuestros fluidos dentro de mis muslos.

—Porque acabamos de follar. Porque acabo de romper tu coño con mis dedos, y porque mi esencia sigue goteando de ti... y me estás preguntando acerca de tus padres.

—Sabías que era diferente —señalé.

—Estoy malditamente segura de que lo eres —susurró, corriendo sus dedos sobre mi estómago, trazando círculos en mi cadera—. Tus padres están en el Club Social Belga en Port Charlotte, en algún festival que involucra un maniquí que mea o algo así. Estarán de regreso en la mañana. —Miró hacia el cielo. El sol ya había comenzado a subir—. O dentro de poco.

Golpeé mi propia frente.

—Van allí cada año. Espera. ¿Cómo sabías que iban a estar ahí? ¿O dónde vivían? ¿Y cómo conseguiste el número de teléfono para enviarme la foto y…? —Me senté, continuando con mi disparo de preguntas.

Alcanzó y retorció mi pezón bajo la camiseta para lograr que me callara. Alejé su mano de un golpe y me sujetó la muñeca, frotando suavemente su pulgar sobre la palma de mi mano y plantando un suave beso en mis nudillos.

Suspiró.

—No podía encontrarte, joder, bueno, excepto por tu falsa cuenta de Instagram. Tus habilidades con el Photoshop apestan, por cierto. No puedo creer que tus padres piensen que ese fondo es París. Entonces, recordé lo que dijiste sobre ellos siendo de Bélgica, y lo que dijiste sobre la salida de la Interestatal con el nuevo y gran concesionario de Harleys, donde solías ver las motos. Mis fuentes trabajaron con esa información y me llevaron derecho a tus padres.
—¿Me buscaste? —pregunté, mordiendo mi labio inferior.

—Cada. Jodido. Día.

Mi estómago dio un vuelco.

—¿Qué fuentes te ayudaron? —pregunté, con curiosidad.

—El Club tiene un montón de geeks de las computadoras y hackers en su nómina. Lo consiguieron. Es una de las ventajas de ser una hermana en un MC.

—Mierda —dije, recordando la razón por la que huí en primer lugar. El MC. Joker.

—Joder, ¿y ahora qué? —indagó, apretando su control sobre mí como para impedirme correr otra vez.

—Hay algo que tengo que decirte. Se trata del MC... —empecé.

—Síp, escuché que quemaste la casa de Joker —comentó con una sonrisa—. Pero, ¿por qué luces furiosa sobre eso? Pensé que eso era lo tuyo.

—No, el puto fuego fue mágico, pero no estás escuchando lo que estoy diciendo. Tu presidente. El hombre al que le juraste lealtad. Quemé su casa y me quiere muerta.

—¿Y?


Me encogí de hombros.


—No sé, tal vez creí que podría ser un leve ¿conflicto de intereses?

—¿Cómo es eso? —preguntó, alzando una ceja en mi dirección y recargándose hacia atrás sobre sus codos.

—Para ti. Y luego yo… ugh olvídalo.

Se rio entre dientes.

—Solo me estaba burlando de ti. Sé lo que tratas de decirme. Es un problema porque tú y yo estamos juntas. Eres mía. No te dejaré ir. Vienes para quedarte conmigo en la Chalet hasta que resolvamos la mierda de mis actividades y luego vendrás conmigo dondequiera que vaya. Hablaré con Joker, pondré la mierda en su lugar.

—¿Todavía me quieres? —pregunté—. ¿Después de saber lo que hago? Estoy segura que escuchaste los apodos.


—Ángel de la muerte. Barbie Rambo.

—Barbie Rambo. —Reí—. Me gusta ese.

—No soy exactamente de la clase de chica del coro por si no lo has notado, y haces lo que cualquiera en mi MC. Tienes un negocio. Haces lo que tienes que hacer. Manejas la mierda. Por cómo lo veo, la única diferencia entre un hermano de mi Club y tú es el que ellos tienen pene.

Me miró y guiñó un ojo

—. Creo que tus dedos son más grandes.

Salté sobre ella y le di puñetazos juguetones en los pechos, Me presionó hacia abajo por lo que mis pechos estaban sobre su piel. De repente, la culpa me llenó.

—No iba a matarte —admití—. Quiero decir, iba a hacerlo, al principio. Pero luego cambié de opinión. Aún si me llamaran para hacerlo, no lo haría.

—Lo sé.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté.

—Te conozco, Diabla, mejor que tú misma.

Levantó la cabeza y gentilmente acarició mis labios con los suyos.

—¿Ah sí? ¿Qué es lo que crees saber sobre mí, Sicaria? —la reté, mordisqueando sus labios.

Pasó la yema de su pulgar por mi mejilla y me incliné buscando su toque.

—Sé que no amas a menudo, pero cuando lo haces, pones todo tu corazón en ello. Porque puedo sentirlo.

—Estoy escuchando —indiqué, con el corazón martillando en mi pecho.

Frotó suaves círculos sobre mi sien antes de trazar una línea descendente, hacia
mi mandíbula

—. ¿Y? —pregunté sin aliento.

Encontró mis ojos una vez más.

—Y sé que cuando odias, odias con toda tu alma.


Supongo que me conoce después de todo.

Se levantó, llevándome con ella, luego me paró en el muelle. Buscó sus vaqueros y me alcanzó mis pantalones cortos.

—No te acostumbres a saber todos mis secretos —dijo, poniendo su brazo alrededor de mi hombro una vez estuvimos vestidas—. Las Old Ladys no saben sobre los negocios del Club.

—¡No quiero ser una Old Lady! —grité, alejándome de debajo de su brazo.

Pensé que se enojaría por mi arrebato, pero cruzó los brazos sobre sus pechos y sonrió, luciendo divertida.

—Entonces ¿qué quieres ser?

—Solo quiero ser yo. Simplemente Diabla —afirmé.

Cerró la distancia entre nosotras y me abrazó.

—Esta Diabla que simplemente quieres ser, ¿me pertenece? —susurró contra mi cuello.

—Sí —respiré, inclinando mi cabeza para darle mejor acceso.

—Entonces está todo bien —dijo, sujetando mi mano y halándome.

La familiaridad del gesto envío calor por mi pecho. Es una locura cómo me había perdido en algo tan simple como sostenernos de las manos.

—¿A dónde vamos? ¿Por qué tenemos que apresurarnos? —pregunté.

No se detuvo, continuó arrastrándome detrás de ella.

—Ya es de mañana y tus padres volverán pronto.

—¿Y? —pregunté.

—Y quizás querramos ir a recuperar nuestras malditas armas del jardín antes de que eso pase.

Volviendo a la casa, recogimos nuestras armas. Mientras me dirigía a mi scooter vi algo moviéndose en la ventana de la casa de Mike. Giré mi cabeza, pero solo era el movimiento oscilante de las persianas. Él estaba en la escuela, pero hice una nota mental de regresar y visitarlo cuando estuviera en casa. Quizás incluso traer a Brittany y presentársela.

Mike estaría orgulloso de saber que, aunque nunca alcanzaría la “normalidad” que tratamos de conseguir haciendo la lista, dejé entrar exitosamente a alguien en mi vida, y eso era un nuevo normal para mí.

Justo el tipo normalidad de Diabla.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 5:39 pm

Capítulo 29
Brittany


DIABLA TENÍA QUE IR a traer sus cosas del lugar en el que se había estado quedando durante los últimos seis meses, aunque no quiso decirme dónde era.

Pasitos de bebé.

El plan era que ella terminaría sus cosas y yo terminaría las mías, y luego nos reuniríamos en el Chalet. Lo primero en mi lista de ese día era grande. Cuando Joker no contestó su teléfono, fui hacia el club. Pensé que lanzaría la bomba de Diabla y yo y preguntaría si le daría una tregua, viendo que era mi oldlady. Incluso aunque no tenía planes de decirle a Diabla que así la veía y lo sería para mí incluso si no la llamaba así en su rostro.

Joker no estaba. Cuando llamé de nuevo a su teléfono no contestó, y ninguno de mis hermanos sabía en dónde estaba o qué estaba haciendo.

Aunque conociendo a Joker, probablemente estaba en algún prostíbulo. Después de eso, fui a la oficina del doctor para mis rayos x y cita de seguimiento y me dije que Joker me llamaría tan pronto resurgiera con otra historia de otra mujer que ahora lo odiaba.

—¿Diabla? —llamé, lanzando mis llaves en la mesa.

La puerta corrediza de vidrio, la cual recientemente había reemplazado al destrozarla después de que Diabla se fuera, estaba abierta

—. ¿O ahora debería llamarte SANTANA? Es raro, pero de alguna manera siento que también te queda, por alguna razón. Aunque no mentiré, el nombre Diabla me la pone.

Sonreí, recordando la noche anterior, lo cual era en todo lo que podía pensar desde que nos habíamos separado esta mañana.

Había sido incómodo como el infierno sentarse en la mesa de la oficina del Dr. Hendry con una excitación indescriptible.

Las buenas noticias es que mi pierna está curada y el doctor piensa que debería intentar retomar la actividad de baile y gimnasia, incluso patinar. No promete nada, pero vale la pena intentarlo. La mala noticia es que el Dr. Hendry ahora piensa que quiero follar con él.

Revisé el correo, desechándolo en la papelera después de ver que todo era
Basura

—.¿Diabla? trae tu sexy trasero acá, y cuando lo hagas, sería maravilloso que estuvieras muy muy desnuda.

Silencio.

—¿Murray? —llamé.

Nada. Ni siquiera el usual rasguño de patas en la madera. Di un paso hacia el pasillo cuando un dolor atravesó la parte posterior de mi cabeza, haciendo que cayera de costado contra el piso y que mi mejilla golpeara contra la dura madera.

Lo último que vi antes de que todo se volviera negro fue lo que estaba al nivel de mis ojos. Unos pantalones oscuros y unas botas negras.

Mi último pensamiento fue de Diabla. La imagen en mi mente era de ella mirándome a través de la turbia agua de la piscina el día en el que nos conocimos.

Sin embargo, esta vez, su ceño fruncido ha sido reemplazado por una sonrisa.

Una sonrisa que nunca vería de nuevo.

Xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

Diabla


SANGRE.

Mucha. Sangre.

En todos lados.

En la cocina. Salpicando el sofá. Escurriendo por la orilla de la encimera, manchando los gabinetes superiores, y el piso de madera con ROJO oscuro y espeso.

Lo peor de todo eran los rastros de arrastre.

Desde la sala en donde la sanguinolenta chaqueta de cuero de Brittany estaba en el piso, hasta la puerta frontal, luego todo el recorrido hasta el camino de entrada en donde desaparecía debajo de la grava y las piedras.

Brittany.

Murray rasguñaba la puerta trasera, estaba parcialmente abierta, pero no lo suficiente para que pudiera entrar. La abrí completamente y un Murray de aspecto triste entró a saludarme. Lo recogí, tanteando frenéticamente su pequeño cuerpo en busca de heridas, me calmé cuando no encontré ninguna.

—¿En dónde está Brittany? —pregunté, esperando contra natura que hubiera aprendido a hablar palabras humanas durante el tiempo que no estuve.

Tristemente, todo lo que hizo fue babear y continuar lloriqueando.

—La encontraré —aseguré, palmeando su pequeña cabeza, con la intención de cumplir cada palabra de mi promesa.

Saqué mi teléfono y marqué a la única persona que suponía podía ser responsable.

Cerré los ojos mientras el teléfono sonaba, esperando y rezando al Dios que fuera, que todo fuera una especie de gran malentendido.

El teléfono de Puck pasó directo al buzón de voz, en donde la grabación me informó que su buzón estaba lleno. Tomé la chaqueta sanguinolenta de Brittany del piso y la guardé en mi bolso.

Una y otra vez llamé al teléfono de Puck con el mismo resultado.

Con desesperación, me subí a mi scooter y me dirigí a Coral Pines. Si Puck me mandaba directo al buzón de voz, entonces lo único que quedaba por hacer era dirigirme directo a Puck.

Con suerte, no era demasiado tarde.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 5:41 pm

Capítulo 30
Diabla



GOLPEE LA PUERTA DE LA casa de Puck, esta era más parecida a un Chalet de pesca con una sola habitación, que a una casa. Un espacio que hacía las veces de dormitorio y salón al mismo tiempo. Un hornillo en el piso constituía la cocina. Escuché movimiento adentro así que golpeé con más fuerza.


—¡Puck, abre la maldita puerta! —grité.

—¡Vete! —gritó Puck de vuelta, sonando sin aliento.

No tengo tiempo para su mierda. Tampoco Brittany.

—¡Ella era mi trabajo! —espeté, con la esperanza de apelar a su sentido del negocio.

Hubo una fuerte conmoción dentro, seguido de algunos murmullos. Lo que sea que estaba haciendo, no era abrir la puerta.

—A la mierda con esto.

Rebusqué en mi bolso y saqué mi navaja del ejército suizo, desbloqueando el pequeño seguro. En menos de diez segundos, había abierto la cerradura y estaba parada dentro de la casa de Puck, mirando cómo clavaba a una tipa por detrás. Gruñí de frustración, pero solo hizo que volviera la cabeza y sonriera, pero no que se detuviera.

Si le disparo, eso hará que se detenga y escuche, pensé.

—Puck, detente. Tenemos que hablar. AHORA.

—No, tú eres la que interrumpió. Eres la que tiene que esperar hasta que termine —gruñó.

Los músculos de sus piernas y culo se apretaron mientras empujaba en ella duro y rápido. Una y otra vez bombeó a la chica debajo de él, la cual parecía microscópica bajo la gran estructura muscular de Puck. Todo lo que podía atisbar de ella era su cabello oscuro y extremidades. Aunque podía escucharla. Estaba gritando.

Fuerte.

Parecía como si hubiese estado allí por una eternidad, observando a Puck follarse a esa chica como si la estuviera matando con su polla. Era lo último que necesitaba. Requería respuestas, no el sonido que Puck hacía cuando se corría grabado en mi cerebro.

Cuando terminó, se puso de pie, sin importarle su desnudez ni que su polla aún estuviera dura y rebotando arriba y abajo mientras caminaba, cruzando la habitación.

—Ahora, ¿qué está pasando? ¿Qué trabajo? —preguntó, frotando sus ojos y bostezando.

Me senté en la orilla de la cama. La chica a la que Puck había estado follando no debió de haberse dado cuenta antes, debido a todos los orgasmos, de que yo estaba allí, porque ahora parecía horrorizada mientras sostenía las sábanas alrededor de su pecho.

—Estoy segura de que tu vagina es genial, pero tus tetas no podrían importarme menos —aseguré, volviendo a Puck—. Sabes quién. ¡Brittany! —grité, levantándome y caminando hacia el.

Abrió el pequeño refrigerador y tomó una cerveza. Encendió un cigarrillo y se apoyó contra la pared, soplando el humo y rascándose la barba.

—¿Entonces dónde está? ¿Qué hiciste con ella?

—Es malditamente temprano, y no tengo una jodida pista acerca de qué mierda estás hablando.

—¡En primer lugar, son como las 7 p.m.!

Estampé mi pie en el piso como un niño a punto de tener una rabieta

—. Y, en segundo lugar, ¡estoy hablando de Brittany! Ya sabes, Brittany, la tipa para la que me contrataste para...

Me detuve antes de decir cualquier cosa demasiado incriminatoria. Sacudí mi mentón hacia la chica en la cama y la mirada de Puck la encontró antes de agitar la mano para que continuara.

—Puedes decir tu parte delante de Morgan. No le va a decir una mierda a nadie.

Solté un suspiro frustrado y continué:

—Acabo de venir de la casa de Brittany. Había sangre por todas partes. Y ella desapareció. Quiero saber qué hiciste con ella y decirte que ella es mi problema. Mi trabajo. No el tuyo. Entonces, ¿dónde mierda está?

Mi pecho estaba agitado mientras luchaba por soltar las palabras e intentaba mantener cualquier tipo de respiración normal. Luchaba por mantener mi ira bajo control mientras mi visión se volvía borrosa. No podía perder mi mierda ahora. Necesitaba concentrarme en hallar a Brittany.

Después de que la encontrara habría mucho tiempo para perder mi mierda. Puck se encogió de hombros y tomó otro trago de cerveza. Alcancé la chaqueta ensangrentada de Brittany de mi bolso y se la arrojé.

—¿Esto hace sonar alguna alarma? ¿Gimnasta, bailarina y patinadora? —Miró la
chaqueta y luego me miró. —Diabla, no lo hice —indicó simplemente—. Nunca te usé para matarla, y nunca tuve planificado hacerlo yo. La chica podría vivir hasta los trescientos años, para lo que me importa.

—Pero el trabajo. Querías que yo...

Levantó la mano que sujetaba el cigarrillo, silenciándome. Suspiró y volvió a mirar la chaqueta, inspeccionando las manchas de sangre.

—Diabla, la chica nunca fue un objetivo. La chica nunca fue nada. Tampoco fueron sus padres.

—No entiendo —señalé retrocediendo mientras Puck daba un paso hacia mí.

Me senté nuevamente al borde de la cama cuando la parte de atrás de mis rodillas golpeó el colchón. La chica encogió sus pies así no se los chocaba

—.Entonces, ¿qué era ella? —pregunté.

Puck tiró la chaqueta hacia mí. Logré atraparla antes de que golpeara el piso.

—Puck, ¿qué carajos está pasando? —pregunté, pero salió como un susurro. Todavía podía oler el jabón de Brittany sobre la chaqueta, y mientras la sangre más se endurecía, más impaciente me volvía.

Soltó un suspiro frustrado.

—Diabla, has estado viviendo en este mundo por un tiempo. Y no me arrepiento de traerte. Pero ya no tienes raíces en el mundo real.

Abrí la boca, pero me calló cuando continuó

—. Y no, una llamada a tus padres aquí y allá no cuenta. Tu vida se estaba jodiendo tan rápido como la mía. No quería esa mierda para ti. Aún no la quiero. —Hizo una pausa como si estuviera pensando cómo continuar—. Después de encontrarte esa primera noche en el bosque y viéndote jodida por tus demonios quise enseñarte todo los que sabía porque te reconocí como alguien como yo.

Dio una honda calada a su cigarrillo y dejó su cerveza, optando en su lugar, por una botella de whiskey abierta que estaba en el piso.

Tomó la botella y bebió un trago largo, su garganta subía y bajaba mientras tragaba el líquido color ámbar. Limpió su boca con el revés de su mano.

—Por mucho que quisiera enseñarte toda mi mierda, para que así no tuvieras que atravesar lo mismo que yo y que tuve que asumir de la manera más dura, recientemente aprendí que convirtiéndonos en quienes somos, hacer la mierda que hacemos, no es todo en la vida. Quiero más para ti. Quiero que tengas un poco de normalidad. Brittany, fue…

—¿Qué? ¿Brittany FUE qué? —demandé, saltando de la cama otra vez y parándome frente a él con mis ojos al nivel de su pecho.

—Brittany fue mi regalo para ti, chica.

—¿Qué? —Fue todo lo que logré decir frente a la verdad derramándose de su boca tan rápido como el whiskey que seguía ingiriendo.

Por eso no quería que le mintiera a Brittany. Ese es el por qué no tenía prisa en que dejara el chalet. Ese es el por qué se mantenía diciéndome que volviera.

—El tío de Brittany, el tipo cuya casa desafortunadamente volaste, era alguien que conocía desde hace mucho tiempo. —Se inclinó hacia atrás, contra la pared—. Me debes trescientos de los grandes, por cierto. Eso fue lo que costó reconstruir su casa y evitar que fuera tras de ti después de haberme llamado para que hallara tu culo y se lo llevara. —Tomó un trago—. Me encontré con la rubia… Brittany, pero todos la llamaban Sicaria… varias veces durante los años. Incluso fui a algunos de sus presentaciones. Mantuve un ojo sobre ella durante años. Cuando escuché sobre su lesión y que estaba pasando por un momento difícil, pensé en ti —admitió, tomando otro largo trago de whiskey—. Como estaba en un MC, no era una cobarde, pero no era una bolsa de mierda, tampoco.

La chica en la cama se deslizó fuera de las sábanas, se puso una camiseta negra que debía ser de Puck de acuerdo a la talla. Rápidamente se dirigió al baño cerrando la puerta tras ella.

—¿Pensaste en mí para qué? —demandé, aún sin estar segura sobre qué demonios se trataba todo esto—. ¿Qué carajos hiciste, Puck?

Dejó la botella en el piso y cerró la distancia entre nosotros.

Levantó sus manos en el aire y después corrió sus dedos a través de su cabello peinándolo hacia atrás.

—¡Maldita sea, Diabla! ¿No lo entiendes? Ella era para ti. Pensé que podía ser tu forma de mantener un pie en la tierra de los vivos y evitar transformarte en la maldita Parca femenina.

Lo empujé por el pecho.

—Eso no tiene sentido. Si cualquier cosa de la que has dicho es cierta, entonces por qué me dijiste que podía matarla si quería.

Me agaché en el piso y descansé la frente en mis manos. La habitación giraba.

Nunca había estado tan confusa, o preocupada, junto con algo más que hacía que todo dentro de mí doliera como si veneno estuviera corriendo por mi sistema.

Se rio suavemente, inclinándose hacia mí, justo como la primera noche en el bosque.

—He escuchado como hablas sobre ella. Sé que estás loca por ella porque nunca te he oído hablar así sobre alguien más. Pensé que era necesario que confrontaras la posibilidad de perderla para que sacaras la cabeza de tu culo.

—Pude haberla matado —murmuré, la realidad me golpeó en el rostro como una cubeta de agua fría.

Se encogió de hombros.

—Síp, tal vez. —Elevó una ceja—. Quizás no. Estaba dispuesto a ver a dónde ibas y qué tan lejos llegarías.

Me apreté el puente de la nariz.

—¿Qué sobre sus padres? ¿Qué sobre la información que me mandaste a obtener sobre ellos?

—Eso fue un montón de mentiras. Sus padres están muertos. Sabía eso. También sabía que ella los había matado —admitió.

No podía creer lo que estaba oyendo. Mentiras. Todo había sido una completa mentira.

—Todas esas mentiras… ¿así podías juntarme con ella? —Lo miré, la realidad de lo que me estaba contando finalmente me llegó., pero con eso vinieron un millón de preguntas más, una más importante que la otra.

—¡Todas esas mentiras fueron por ti! Así podías tener un pie en el mundo donde matar no fuera la única cosa en la que estabas pensando. Mi vida es una mierda porque fui por un camino cuesta abajo del que no puedo salir. Pero tú eres joven. Eres hermosa e inteligente, carajo. Tienes tiempo. Aún puedes tener a alguien que se preocupe por ti… alguien aparte de mí.

Miróhacia la puerta del baño que justamente se había abierto y luego la volvió hacia
mí.

—¿Alguna vez pensaste en Brittany en toda tu confabulación? ¿Alguna vez pensaste que estar conmigo no era lo mejor para ella? Quiero decir, la arrastraste a todo esto. Es parte de esto y probablemente salga herida por mí y lo que hago y…

—¡Diabla, detente!

—No, no me digas que me detenga. ¡Probablemente está sangrando en alguna parte por mí!

—No hay nadie que tenga más salud que esa rubia. Probablemente esté bien.

—¡No! No lo está. ¡No viste la puta sangre! —lloré, cayendo al piso.

Me levantó del piso por el codo como lo hizo esa primera noche en el claro, poniéndome de nuevo sobre mis pies como si fuera frágil. Levanté la chaqueta ensangrentada

—. Y si tú no hiciste esto, ¿quién lo hizo? —Sentí una punzada en la parte posterior de mis ojos—. ¿Entonces quién diablos lo hizo?

Mi voz se quebró mientras trataba de retener las lágrimas que amenazaban con caer.
Agarró la chaqueta de mis manos y lo volteó, inspeccionándola por todos los lados. Un trozo de papel arrugado cayó desde el interior cuando empezó a desabotonarla. Ambos hicimos un movimiento para recogerlo justo cuando el ventilador en el piso giró hacia nosotros, soplando el papel hacia el cuarto de baño donde la chica de cabello oscuro estaba con la puerta abierta. Ella lo recogió y lo desplegó mientras caminaba hacia nosotros.

—Las reglas para ser Diabla —leyó en voz alta y le entregó la nota a Puck

—. ¿Qué significa eso?

Sentí que toda la sangre abandonaba mi rostro.

Eso no debería estar aquí.

No podría estar aquí.

—¿Cómo?

Los ojos de Puck se abrieron de par en par mientras miraba el papel ahora en sus manos. Me miró tan asombrado como yo.

—¿Qué carajos? —murmuró, tirando de la parte inferior de su barba.

Se lo arrebaté, sin ser capaz de creer completamente lo que estaba sosteniendo.

—No puede ser, es imposible —indiqué, desplegándolo completamente, lista para confirmar que lo que estábamos pensando era incorrecto.

Tenía que serlo.

Pero efectivamente, en múltiples colores, escrito en varios tipos diferentes de escritura a mano, cambiando entre letras cuadradas y guiones, estaban las familiares reglas escritas por mí en mi infancia.

Reglas que he leído mil veces.

Reglas destinadas a contener mi ira.

Reglas destinadas a tratar de hacerme normal.

Reglas que empecé a odiar con el tiempo.

Reglas… escritas por Mike.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 5:52 pm

Capítulo 31

Diabla

ERA SOLO UNA CORAZONADA, pero era mi única pista. Fue surrealista llegar al parque en la parte de atrás de la motocicleta de Puck, la última vez que estuve allí, partí de la misma manera. Fue hace años, pero parecía que no había pasado el tiempo. Casi podía sentir el áspero tul de mi vestido de baile raspar contra mis piernas mientras corría hacia la emoción de lo desconocido. En cuanto bajó el soporte de la motocicleta y la apoyó, salté. Apagó el motor y me siguió.

—¿Llamaste a Joker? —pregunté por cuarta vez.

—Sí, unas cien veces. Los hermanos se marcharon esta tarde en un viaje, pero están de regreso. Joker está Desaparecido En Acción, pero le envié un mensaje de texto y
llamé a algunos de los hermanos de Brittany. Están regresando de un viaje y dirigiéndose directamente aquí, pero va a tomar un tiempo —explicó—. ¿Tienes lo que necesitas? —Señaló mi bolso.

Asentí y lo sujeté cerca de mi pecho.

—Por suerte, traje un infierno de más de lo que necesitaré —respondí, escudriñando el claro entre los pinos. Casi podía ver el Honda de Mike, donde había estado estacionado la última vez. Era como si su fantasma estuviera allí. Persiguiéndome.

—Dime otra vez, ¿por qué dejaste que este chico Mike te cogiera? —preguntó.

Sus palabras eran crueles, pero simplemente era Puck

—. Si estuvieras empeñada en alejarlo, sabes que habría intervenido y te habría ayudado con eso.

Pasó el mondadientes en su boca de un lado de su labio al otro. Lo último que quería hacer era explicarle que todos estos años, cuando había pensado que había perdido mi virginidad con Mike, en realidad la había perdido el día anterior con Brittany.

Mi pecho se tensó.

—Mike fue un último esfuerzo para ser alguien que no era —aclaré, sin querer explicarme. Necesitaba llegar a Brittany.

Se enfadó.

—A veces también consigo algo de eso, chica. Eso no significa que deje que un punk me pegue el pene cuando sucede —gruñó.

La conversación que no necesitábamos tener se estaba poniendo insoportablemente larga.

—Tenemos cosas más importantes ahora que enojarnos acerca de algo que sucedió cuando tenía dieciséis años —le recordé.

—¿De verdad crees que este tipo es capaz? Por como siempre hablas de él, sonaba como si estuviera colgando de la luna y de la mierda. Un verdadero americano, con un buen corte, e imbécil.

Sacudí la cabeza.

—Ya no sé qué pensar.

—¿Crees que puedas manejar el asunto si es Mike? —preguntó, arqueando una ceja hacia mí.

—Creo que te olvidas de con quién estás hablando.

—Eso es algo que nunca olvido cuando se trata de ti.


Miró a su alrededor, al parque vacío—. ¿Estás segura de que están aquí? Me parece vacío. Estaba en lo correcto. Incluso sin luces, podía distinguir la hierba demasiado crecida, las mesas de picnic que se desmoronaban y las agujas de pino sin raspar que mojaban el suelo. El lugar estaba abandonado, una sombra de lo que solía ser.

Estaba a punto de decirle que no estaba segura de nada, que era solo una idea, una corazonada, pero alzó la mano y me detuve. La brisa se levantó, rozando suavemente la hierba alta. Inhaló profundamente.

—Están aquí—susurró.

—¿Cómo lo sabes? —pregunté, mirando a la oscuridad, tratando de ver lo que podría haber percibido.

Me miró y dudó. Puso la mano en mi hombro y me dio un apretón. Un signo de afecto que hizo que mi sangre se pusiera fría. Mi rostro palideció. Sabía lo que estaba a punto de decir, porque con otro balanceo de la brisa, entendí todo lo que él ya tenía. No quería escuchar las palabras, pero no pude impedir que salieran de su boca.

—Odio decir esto, pero huele a muerte.

Mi corazón cayó.

Tristeza.

Dolor.

Dos cosas a las que no había estado acostumbrada hasta que conocí a Brittany, se estrellaron contra mí como un autobús fuera de control. Mis rodillas se doblaron, pero me atrapó antes de que pudiera golpear el suelo.

Me apoyé en él, mientras arrancaba el teléfono de mis manos.

—Esto es lo que vamos a hacer —susurró—. Me soltó y se inclinó para que sus labios estuvieran nivelados con mi oreja—. Necesitas mantener todo unido, carajo. Más tarde, cuando nos bañemos en la maldita sangre de este chico Mike, podremos deshacernos. Pero no ahora. En este momento, tenemos algo que hacer. Tienes que llamar a esos demonios internos tuyos que amo, las perras necesitan saber que es hora de salir y jugar.

Estaba en lo correcto. Podría desmoronarme más tarde.

Respiré profundamente y me concentré en sus palabras.

—Nuestra misión de rescate podría haberse convertido en un baño de sangre, pero sé cuánto te gustan esos —susurró seductoramente—. ¿Lo sientes Diabla? ¿Sientes ese puto fuego? Porque lo necesitamos ahora mismo. ¿Estás conmigo?

Mi visión cambió. La realidad frente a mí se volvió algo borrosa y todo lo que vi fue rojo.


—Estoy contigo —susurré.

Se inclinó e inclinó mi barbilla. Me miró a los ojos.

—Oh sí. Es hora, nena.

Sentí el calor más que nunca en mi columna, mientras explotó en el resto de mi cuerpo con una descarga de adrenalina a todo mi sistema. Era como un perro rabioso que necesitaba un banquete.

—Vamos —dije.

Apenas habíamos dado dos pasos dentro del campo cuando sonó un disparo, haciendo eco entre los altos árboles. Una bala zumbó entre los pocos metros que me separaban de Puck, aterrizando en alguna parte de la zona boscosa detrás de nosotros, por el estrecho camino de tierra. Los mirlos asustados salían de sus elevadas posiciones nocturnas, sus alas golpeaban en rápida sucesión cuando volaban al cielo, sacudiendo las ramas. Piñas de pino cayeron al suelo, aterrizando con suaves golpes en el grueso lecho.

Puck sacó su arma y se agachó, pero yo no hice eso. Seguí caminando en la oscuridad, hacia la dirección de donde había salido el tiro.

Hacia donde iba a hacer llover caos y asesinato.

Hacia la venganza sin salvación.

—Diabla, no seas estúpida —siseó, saltando y corriendo a mi lado, con el arma apuntando. Su cabello y ropas negras lo ocultaron mientras avanzábamos.

Mi camiseta rosa, pantalones cortos de color azul claro y cabello oscuro me hicieron destacar como un farol en la noche. No me importaba ocultarme. Me importaba una cosa y solo una cosa... derramar sangre.

Llegamos al final del claro donde un automóvil estaba estacionado con sus luces apagadas. Puck me desplazó protectoramente tras él, pero salí de detrás de su gran cuerpo y seguí avanzando.

La luna llena brillaba desde el cielo nocturno como un foco, recubriendo el auto, un modelo más nuevo de Honda y al hombre sentado encima, con un misterioso resplandor amarillo.

—Puedo verte, Diabla —cantó Mike, recogiendo algo de sus uñas—. Sabes, soy quien te dio ese nombre. Siento que merezco un poco de crédito por eso.


Su voz era familiar, pero al mismo tiempo, muy diferente.

Más alto.

Apagado.

Saltó de la cabina y caminó alrededor del auto, arrastrando sus dedos sobre la pintura azul metálica. Se detuvo cuando llegó a la parte trasera, golpeando el baúl.

—Quédate atrás —le dije a Puck, quien gruñó y me gritó algo que no pude escuchar por encima de la sangre corriendo por mi cabeza.

Salí de la sombra a la luz de la luna, mientras Mike abría el pestillo del maletero, revelando una tela blanca empapada en rojo, envuelta alrededor de un cuerpo sin vida. El olor me golpeó un segundo después.

Brittany.

A pesar de mi ira, incluso en medio de la lujuria furiosa de sangre circulando en mí, sentí mis entrañas retorcerse.

Una parte de mí esperaba que cuando Mike me viera, sería el mismo Mike del que había sido amiga toda mi vida. Había hecho grandes esfuerzos para llevarme allí. No pensé que me lastimaría, al menos no de inmediato. Todo lo que necesitaba que hiciera era dudar, solo por un segundo.

Solo para darme el tiempo suficiente para volarlo hasta el infierno.

Caminé hasta él, que me observó. Al principio, cuando me vio, parecía satisfecho consigo mismo, sonriendo y asintiendo como si yo fuera un perro que había encontrado el camino a la casa de su amo que lo había llamado. Pero cuando me miró, la salvaje sonrisa cayó de su rostro en una línea recta sin emociones.

Luego, levantó el arma, apuntó a mi pecho y disparó.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 5:53 pm

Capítulo 32

Diabla

TAN PRONTO COMO escuché que la bala estallaba desde el cañón, pensé que había terminado. Y así fue.

Simplemente no para mí.

Después de entender que no estaba muerta, me di vuelta hacia donde Mike había disparado después de redirigir su objetivo en el último segundo.

Mis ojos aterrizaron en Puck.

Estaba boca abajo en la tierra. Un charco de su propia sangre se filtraba en el suelo a su alrededor.

—Le sirve bien a ese hijo de puta. ¡Nunca debió llevarte lejos de mí! — gritó, levantando el polvo con su bota y enviándola sobrevolando el cuerpo de Puck.

Me volví hacia Mike. Tranquilamente. Demasiado calmadamente. Estaba tan enfocada, que me asusté de mí misma, mi corazón latía con un ritmo errático en el pecho.

—Sé que no nos hemos visto en años, querido amigo —apunté, mi voz era plana y forzada mientras cerraba el espacio entre nosotros.

Sus ojos se abrieron de par en par y, al retroceder un paso, se tambaleó durante un segundo antes de recuperarse

—. Pero parece que tú, la persona que más me ha conocido, se ha olvidado exactamente de quién soy.

Di un paso adelante y levantó su arma de nuevo, esta vez a mi cabeza.

No me detuve.

Nunca me detendría

—. Y de lo que soy capaz.

—¡Está viva! —gritó de repente, dando un paso atrás. Miedo reemplazando la confianza que había estado allí segundos antes—. Esa maldita motociclista que estás follando. No la maté.

Eché un vistazo a la sábana en el baúl y volví a Mike, que negó con la cabeza y señaló el cuerpo.
—No es ella.

—Mentira —dije enfurecida—. Entonces, ¿quién mierda es? —pregunté.

—¿No me crees? Echa un vistazo —indicó, agitando la pistola hacia el auto. Pasé debajo de él y miré dentro—. ¿Por qué no aprendes a usar esa cosa? Lo sostienes como si fuera un puto perro a punto de arrancarte el brazo. ¿Dónde está tu jodido orgullo, hombre?


—¡Jódete, Diabla! —escupió, con el arma temblorosa en sus manos, en su mano sin entrenamiento parecía incómoda y pesada. Tiré de la sábana y contuve el aliento.


—¿Por qué lo hiciste? —pregunté, mirando el cuerpo ensangrentado de quien solo podía ser la novia de Mike. Reconocí los rizos de oro de sus cuentas en los medios sociales.

—Es un regalo —balbuceó—. Para ti. Pensé... Pensé que te gustaría.

—¿Qué carajos significa eso?

—Puedo ser como tú. Quería mostrarte que podríamos estar juntos. Que nadie podía meterse entre nosotros. ¿No lo hice bien? Ella gritó y ni siquiera me detuve. Ni siquiera cuando la pala se clavó en su...

—Mike —dije bruscamente interrumpiendo cualquier cosa que pensara que estaba haciendo diciéndome esa historia—. ¿En dónde carajo está ella?

—Ella está... ella está justo ahí —exclamó, señalando una mesa de picnic en las sombras en donde había algo grande y oscuro en la parte superior.

—¡Brittany! —grité, corriendo hacia la mesa.

El ojo derecho de Brittany estaba hinchado. El otro era solo una rendija. La sangre le manchaba el rostro y los brazos. Apenas respiraba, atada a la mesa como un árbol de Navidad en el techo de un coche pequeño. Mi alivio de que estuviera viva fue de corta duración. Mi atención se desplazó hacia el dispositivo atado entre las cuerdas, presionando contra su torso.

Mis manos empezaron a temblar. Troné el cuello y la mandíbula para aliviar algo de la tensión que me tenía contraída tan fuerte, que Mike no solo estaría muerto al final de todo esto, si no que no tendría una sola extremidad intacta. Me giré mientras se acercaba.

—Este es mi otro regalo —afirmó mientras yo respiraba fuego, sintiendo el odio ardiendo en mis pulmones.

Me lancé hacia él y estaba a punto de derribarlo, cuando dio un solo paso hacia un lado, sosteniendo un pequeño mando negro con una luz roja parpadeante y un solo botón.

Detuve mi ataque, pero no mi movimiento hacia delante. Estaba justo en el rostro de Mike cuando le dije

—: ¿Tu regalo es envolver explosivos alrededor de alguien a quien amo? ¿Disparar a quien que me importa?

Brittany tosió y me volteé. Gimió y rojo salió de su boca, chorreando por su barbilla sobre la mesa.

Mike asintió con la cabeza.

—La vi ir a casa de tus padres en su motocicleta, así que la espié. Entonces te vi llegar, y sabía que ella era algo para ti. Vi cómo se miraban. Lo que más me impactó fue cuando te besó. Joder, ni siquiera me dejaste besarte. Pensé que no podías sentir amor, ¿y de repente está escrito en todo tu rostro? ¿O es solo algo que dijiste para quitarme de encima? —Sus ojos brillaron perversamente—. Nada de eso importa ahora. Recuerdo cuánto te gustan las explosiones. He estado aprendiendo. Practicando.

Dio un paso hacia mí. Fue mi turno de retroceder, para así no romper su brazo por la mitad y accidentalmente detonar la bomba atada a Brittany.

—¡Todo este tiempo! —grité—. ¿Todos estos años y estás enfadado conmigo? ¿Por qué? ¿Porque me fui? ¿Porque probamos la lista y no funcionó? ¿Por qué Mike? ¿Por qué ahora?

—Verás, sabía que esto iba a pasar —indicó, golpeando la pistola contra su cabeza—. Sabía que no lo entenderías. Nunca has sido buena en lo sentimental, así que lo entiendo. Lo entiendo, totalmente. Pero necesitaba tiempo para poder ofrecerte mi gran gesto —exclamó, agitando la pistola en el aire.

Vi por el rabillo del ojo, que Puck se movía ligeramente. Entonces sus ojos se abrieron y aterrizaron sobre mí. No lo miré, no quería llamar la atención de Mike

—. Y no sé si alguien te ha dicho esto, SANTANA, pero eres de muy alto mantenimiento. Tomó un tiempo entender todo esto. Explosivos, armas de mierda, todo eso tomó tiempo. —Bajó su voz—. Pero vales la pena. Siempre lo has valido.

—¡Voy a arrancar tu maldita garganta con mis manos desnudas! —grité.

—Oh, cariño. Vaya, ¿es modo de tratar a alguien que pasó por todo este problema por ti? —Levantó el control remoto, cerniendo su pulgar sobre el botón.

De nuevo, hice una pausa, mirando a Brittany con los ojos concentrados y desenfocados mientras luchaba por mantenerse consciente. Cerré los ojos con fuerza.

Para salvar a Brittany, necesitaba tomar algo de control e intentar un enfoque diferente.

El enojo era mi zona, mi centro.

Pero no era el de Mike.

La debilidad de Mike... era yo.

Debió haber visto el cambio en mí. Tal vez fue cuando me volteé hacia él y mis hombros cayeron derrotados.

Sonrió.

—Cuando éramos niños, hice esto contigo de la manera equivocada. En lugar de enseñarte cómo ser una chica normal, debimos haber estado aprendiendo todas estas cosas juntos. En lugar de huir con ese hija de puta — espetó, con fuego bailando en sus ojos mientras miraba lanzando dagas a Puck que, afortunadamente, cerró los ojos a tiempo. De repente, tuve esperanza.

Esperanza de poder sacar a todos de aquí vivos. Sabía lo que tenía que hacer. Solo esperaba que Puck estuviera lo suficiente bien, como para poder atraparlo antes de que fuera demasiado tarde.

—Podríamos haber estado juntos todo el tiempo —continuó Mike—. Y sí, lo sé, presioné con la cosa del sexo demasiado pronto.

Me miró de arriba abajo, desde mi Keds a mi cola de caballo, haciendo una pausa entre mis piernas y mi pecho.

—Pero eres tan jodidamente hermosa, SANTANA. No pude evitarlo.

Chupó su labio inferior y quitó la cola de caballo de mi hombro con la punta de su arma. Me encogí. Dio vueltas alrededor de mí lentamente, apreciándome como si fuera ganado.

—Pero no lo hicimos —escupí—. Me dejaste creerlo. ¿Qué hiciste, mientras estaba como una zombi? Te corriste en mi pierna. Pensé que te había dado esa parte de mí, pero estaba equivocada. Lo descubrí cuando se la di a Brittany.

Mi estómago rodó por lo que estaba a punto de hacer.

Pero mi estómago no era rival para mi voluntad. El rostro de Mike se puso rojo de vergüenza. Estaba a punto de decir algo cuando lo interrumpí.

—Así que... vamos a intentarlo de nuevo —afirmé.

Me eché hacia atrás y descolgué el bolso de mis hombros. Agarré mi camiseta y mi sujetador deportivo al mismo tiempo, tirándolos sobre mi cabeza. Puse mis manos en mis caderas y empujé mis pechos desnudos.

—¿Qué? ¿Qué? —balbuceó, agitando su arma contra mí y mirando hacia mis senos—. ¿Qué estás haciendo? ¿Se supone que es una especie de truco?

Apreté las palmas de mi mano contra su pecho. Había perdido tanto peso, que era una fracción del jugador de béisbol que solía ser.

—No, no hay trucos, Mike. Tienes razón. Está bien. Ni siquiera nos dimos una oportunidad la última vez. Ya que no lo hicimos la noche del baile. Intentémoslo de nuevo.

Me puse de puntillas y presioné un pequeño beso en la comisura de su boca, rezando para que Brittany estuviera demasiado inconsciente para ver lo que iba a hacer para salvar a dos de los tres únicos hombres por los que yo alguna vez me preocupé. El otro iba a morir cuando estuviera todo dicho y hecho, pero primero lo primero.

Había matado a cientos de personas, pero salvar vidas requería mucho más que solo una necesidad de destruir y algún cableado o balas. Se requiere tacto. Algo que no estaba segura de tener, pero estaba a punto de averiguarlo.

—Diabla, si esto es un truco, voy a volar a esa hija de puta tan rápido... — advirtió, levantando el detonador en el aire.

—Sssssshhhhhhh —dije, presionando mi dedo índice en sus labios—. Te diré que. Puedes matarme si quieres, pero todos mis suministros están allí en mi bolso. —Señalé a donde los había arrojado al suelo.

Por el rabillo del ojo, pude ver que Puck se levantaba lentamente. Rodó a su lado y asintió. Por mucho que quisiera que comenzara a hacer agujeros en la cabeza de Mike, sabía que no lo haría. Estaba demasiado cerca de él y de Brittany. Si empezaba a disparar, yo recibiría un disparo o volaría en pedazos.

La lujuria de Mike brilló en sus ojos y supe que lo tenía.

—Vete a la maldita mesa —ordenó, señalando la mesa de picnic al lado de la que Brittany estaba atada.

—Estaba pensando en un lugar un poco más privado —señalé, volviendo el final de mi frase a una pregunta. Si pudiera alejarlo de Brittany lo suficiente, Puck podría quitarle las cuerdas.

Mike me indicó y me empujó hacia la mesa.


—Esto es lo suficientemente privado —indicó con una carcajada. Su voz se volvió fría—. Ahora sube a esa jodida mesa.

Miré a Brittany quien tenía los ojos cerrados y luego de nuevo a Mike. A regañadientes, subí al banco y me senté en el borde de la mesa. Dio un paso adelante y me apartó las rodillas, de pie entre mis piernas abiertas.

—Inclínate y coloca las manos en la maldita mesa —exigió—. Buena niña. Ahora, si levantas una palma de la madera, y no me importa si tienes una puñetera astilla o si una serpiente sale y te muerde, presionaré este botón y tu motorista hace BOOM. Era la primera explosión de mi vida que no esperaba con ansia. La primera que siquiera intentaba evitar.

Puck había comenzado a arrastrarse hacia su pistola lentamente para que pasar desapercibido. Nunca deseé que alguien pudiera gatear más rápido en toda mi vida porque si no llegaba a su arma pronto, no habría manera de evitar lo que acababa de poner en movimiento.

El arrepentimiento me inundó como una marea de incorrecto.

Una rama se rompió, y Mike saltó detrás de mí, agitando su arma contra Puck que se congeló, todavía a varios metros de su pistola.

—Era demasiado bueno para ser verdad, para creer que te maté —dijo, volviéndose hacia mí y burlándose—. Sabía que no eras capaz de nada, Diabla. Tal vez sea mi culpa enseñarte a ser una buena mentirosa. Pero ahora vas a jodidamente pagar por ello. —Miró a Puck y luego a mí—. Levántate —ordenó a Puck, apuntándome con el arma—. Ven ahora mismo, o voy a hacerle un agujero en la puta cabeza.

Puck se sostenía con las piernas tambaleantes. La sangre goteaba por el agujero de bala en su bíceps.

Mike se apartó de mí, su arma ahora se agitaba entre nosotros dos.

—Diabla quería ser follada, y por mucho que quería ser el hombre para el trabajo, parece que ahora mismo no puedo hacer dos cosas a la vez.

Levantó el detonador. Brittany gimió de nuevo. Estaba a solo unos metros de nosotros y tenía suficientes explosivos alrededor de ella, así que si Mike pulsaba ese botón, los tres volaríamos en pedazos en menos de un segundo.

Puck gruñó mientras yo cubría mis pechos con mis manos.

—Oh, no, no puedes cubrirte. Pon tus malditas manos sobre la mesa, SANTANA —ordenó Mike, la luz que parpadeaba en su mano era la única razón por la que accedí a regañadientes.

Puck se paró protectoramente frente a mí, protegiéndome de Mike.

—¿Qué es exactamente lo que intentas hacer aquí? —preguntó Puck.

—Tú eres el que me la quitó. La alejaste en medio de la noche, y nunca más supe de ella. Quiero que todos ustedes sepan cómo se siente. Tener algo que te quiten. Ser tratado injustamente. —Miró a Puck pero apuntó su arma a mi cabeza—. Así que ahora voy a tomar algo de ti. De los dos. Voy a tomar su libre albedrío. Su derecho a elegir. Voy a tomar esto de ti como tú la tomaste de mí.

Mike rió, bajo y profundo. Las lágrimas se formaron en sus ojos.

—¿Qué diablos estás diciendo, hijo de puta? ¿Qué es exactamente lo que quieres? —tronó Puck, su voz resonó por todo el parque.

Mike resopló. Sus ojos se volvieron más oscuros. Su mandíbula se tensó. Sus hombros se enderezaron con nueva determinación para hacernos sufrir.

—Lo que estoy diciendo, es que ustedes dos se van a follar, y los voy a ver mientras descubren cómo se siente que te quiten algo.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Sáb Jul 29, 2017 7:42 pm

Por momentos pense que puck no era tan malo como lo pintaban, espero que pase algo que impida ese horror entre el y santana!!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Sáb Jul 29, 2017 11:27 pm

cada demonio tiene su angel y en perspectiva seria inversa para las dos!!!
siempre ahi algo bueno en una persona o cuando lo haga una sola vez como punk con san,..
espero que le vuelen la cabeza a mike, antes de que llegue a mayores!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:07 am

micky morales escribió:Por momentos pense que puck no era tan malo como lo pintaban, espero que pase algo que impida ese horror entre el y santana!!!!!

A mi consideración Puck no es malo, la maldad surgio en Mike de quien se pensaba era el normal... preparense para los capitulos finales que ya voy a subir..... gracias por leer y por la espera como siempre,, pero hoy me propuse terminar esta adaptacion.... aqui les dejo y espero les haya gustado... nos leemos..
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:08 am

3:) escribió:cada demonio tiene su angel y en perspectiva seria inversa para las dos!!!
siempre ahi algo bueno en una persona o cuando lo haga una sola vez como punk con san,..
espero que le vuelen la cabeza a mike, antes de que llegue a mayores!!

Asi es, unos angeles dentro de la fachada de un Demonio y un Demonio dentro de la fachada de un angel.... la ironia de la vida..... Espero que hagan chorizo criollo a Mike....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:09 am

Capítulo 33
Diabla

—NO —DECLARÓ PUCK, cruzando los brazos sobre su pecho.

Mike disparó el arma, la bala rozó mi pantorrilla y se sintió como si alguien hubiera
elevado un hacha y la hubiera balanceado hacia abajo, sobre mi pierna.

—Como dije —escupió Mike—, está no es una opción. Hazlo y podrás verla morir antes de que te mate.

Mi mundo estaba derrumbándose sobre mí. No sentía furia o rabia. Sentía derrota. Me giré hacia Puck.

—Está… Está bien —indiqué reluctantemente.

—Maldición —exclamó Puck, dejando caer la cabeza en sus manos.

—Ahora —demandó Mike.

—¡Cierra la puta boca por un segundo! —rugió Puck.

Me miró, su mirada descendiendo momentáneamente a mi desnudo pecho antes de que se diera cuenta lo que estaba haciendo y la alejara.

—Lo lamento tanto, carajo —susurró, aunque no había nada por lo que disculparse.

Sacudí la cabeza.

—No lo hagas. Tenemos que salir de aquí —susurré.

—Esto no es lo que quería —apuntó Puck—. Soy un tío, así que no puedo decir que nunca lo haya imaginado. Pero quería lo mejor para ti, y eso nunca sería yo. —Pausó y sacudió su mentón a la mesa detrás de mí, donde escuché a Brittany gemir otra vez—. Esa es ella.

Asentí.

—Es solo un trabajo Puck. Siempre terminamos el trabajo. Sin importar qué —afirmé, esperando poder liberarlo del dolor en su voz. No miré hacia Brittany. No podía. Cerré mis ojos con fuerza y después los volví a abrir. Miré nuevamente a Puck—. ¿Cierto? —pregunté, mirando fijamente sus ojos, buscando su aprobación.

—Cierto —concordó suavemente Puck, a pesar de que su expresión decía lo contrario.

—Sáquense. La. Ropa. Ahora —demandó Mike—. O le dispararé a ella en la otra maldita pierna y después en su puta cabeza.

—No me sacaré mis putos vaqueros —discutió Puck. Todos los músculos de su cuello se tensaron.

Mike soltó una risilla.

—No tengo todo el maldito día. Cierra la puta boca ¡y hazlo ya! —Su voz era una mezcla de furia, dolor y lujuria, y yo solo quería que todo terminara.

—Está bien —le dije nuevamente a Puck, quien le dirigió a Mike una última mirada de muerte antes de pararse entre mis piernas.

Pero no estaba bien. Estaba de todo menos bien. Había ofrecido todo, incluida mi humanidad y mi alma a cambio de la libertad que traía ser un ser de destrucción. Y ahora estaba sufriendo por dentro. Pero no solo por mí. Por Puck. Y especialmente por Brittany, quien recé que aún estuviera desmayada y no siendo testigo de la muerte de algo que nunca tuvo verdadera oportunidad de comenzar.

Nosotras.

Interpretar un papel era una cosa. De hecho, nunca había deseado ser alguien más antes. Pero por un breve momento, cuando Puck estaba tirando de mis pantalones cortos y bragas, realmente deseé ser SANTANA LÓPEZ, y no el diablo que lucía como un ángel.

Sino un ángel real.

Realmente una buena persona.

Alguien merecedora de el hombre y la rubia que puse en el medio de mi situación de mierda. Todo era mi culpa. Los dejé entrar. Los dejé acercarse a mí, y mira lo que pasó.

Contrólate, Diabla, me ordené. Eres más fuerte que esto.

Me sacudí los inútiles pensamientos y traté de enfocarme.

Soy Diabla. Una rastreadora. Una asesina. Soy fuerte. Soy capaz. Hago lo que tengo que hacer para conseguir el maldito trabajo terminado.

Puck alejó de sus ojos su cabello oscuro y bajó la cremallera de sus pantalones vaqueros, bajándolos y acercándome al borde de la mesa. Abrió mis piernas y dio un paso entre ellas. Su dura polla pinchando mi estómago.

—Trataré de no lastimarte —murmuró—. Carajo, esta es la primera vez en mi puta vida que deseo no ser capaz de ponerme duro.

—Solo hazlo —dije.

Me sentí retraerme en el entumecimiento que había experimentado con Mike, pero por más que quería alcanzar irme completamente, no podía hacerlo.

—Ponla encima de ti así puedo ver mejor —ordenó Mike, su voz ronca.

Puck gruñó y me levantó por mi cintura. Se volteó así era él el que estaba sentado en el borde de la mesa y yo estaba a horcajadas sobre él.

—Lo siento —dijo nuevamente mientras escupía en su mano y la frotaba sobre la punta de su polla. Sujetó la base de su asta y me bajó lentamente sobre él, silenciosamente gimiendo bajo su aliento mientras empujaba dentro de mí. Ahí fue cuando cometí el mayor error de mi vida.

Abrí mis ojos. Allí, sobre el hombro de Puck, me encontré en el último lugar en el que quería estar, trabada con la mirada de Brittany.

—¡Fóllala, maldita sea! —rugió Mike, disparando su arma en el aire.

Puck empujó dentro de mí rudamente. No estaba ni remotamente lista.

Dolió. Dolió mucho.

—Solo piensa en todas las maneras en la que vamos a matarlo cuando esto termine —me susurró Puck mientras me movía arriba y abajo encima de él.

Todo el tiempo, fui incapaz de alejar la mirada de Brittany, quien, incluso con un ojo cerrado por la hinchazón, estaba luciendo la mirada más vengativa en su rostro enrojecido, era la cosa más hermosa que jamás había visto. Ese momento cambió mi vida para siempre.

Fue el momento en el que me detuve de ser capaz de entumecerme cuando necesitaba retirarme. Fue el momento en el que me di cuenta de que lo que venía sintiendo por Brittany era amor.


Puck gruñó una última disculpa, alzándome y alejándome de él y viniéndose sobre su estómago. Una lágrima goteó por el rabillo del ojo de Brittany.

Quizás amara a Brittany, pero en ese momento, me odiaba. También fue el momento en el que comenzaron a volar balas, seguido de una explosión.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:09 am

Brittany

VOMITAR. Me iba a vomitar. No quería mirar, pero no podía alejar los ojos. Traté de gritar a través de la mordaza en mi boca, pero esta amortiguó el sonido. No había nada que pudiera hacer excepto mirar a un tipo follar a MI chica.

Estaba siendo desatada. Por quién, no me importaba. Ni siquiera registré las voces susurrándome o quién fue el que puso el arma en mis manos. Mike quizás me había dado una golpiza, pero no fue nada comparado con lo que le había hecho a la chica en mi sala de estar, destripándola como si ella fuese un maldito pedazo de carne.

En cuanto estuve libre, me paré, ignorando la sensación de mareo en mi cabeza. Comencé a jalar del gatillo. Una y otra y otra vez, caminé hacia Mike, descargando una bala tras otra dentro de él hasta que fue un montón de carne muerta llena de agujeros en la tierra.

La explosión sucedió rápida e irrevocablemente. Cuando me giré vi puto humo viniendo desde los árboles.

Joker y un par de mis hermanos salieron de donde la explosión había ocurrido.

—Nos hemos ocupado de todo—afirmó Joker—. Parece como que tuvieras cosas que manejar por allí. —Señaló el cuerpo de Mike, pero no le respondí.

En su lugar, me volteé hacia donde estaba el tipo que acababa de follarse a mi chica abrochándose sus pantalones. Lo apunté con mi arma y disparé, olvidando que acababa de usar todas mis balas en Mike.

—En cierto punto deseo que tuvieras balas de sobra ahí —señaló.

Bajé el arma y corrí hacia Diabla, elevándola en mis brazos.

—Ese es Puck. No fue su culpa —indicó Diabla, no sonando como ella en lo absoluto. Estaba tímida y callada.

Lo odiaba carajo.

—Quizás quieras largarte de aquí antes de que pueda recargar —le advertí a Puck quien, con un asentimiento hacia mí y una triste sonrisa a Diabla, volteó y desapareció.

—Yo… Yo… —tartamudeó Diabla, pero no había nada que pudiera decir.

—No necesitas decir una mierda en este momento. Estás viva. Yo estoy viva. Eso es todo lo que malditamente importa.

Diabla me miró como si fuera a responder, pero sus ojos se pusieron en blanco y se desmayó fría en mis brazos.

—Yo limpio —apuntó Joker, sacando su teléfono. Señaló hacia Diabla—. ¿La pequeña pirómana está bien?

—¿Sabes quién es? —pregunté—. Porque si piensas que no me alejaría con ella de aquí entonces…

—Cierra la puta boca, hija —interrumpió Joker—. ¿Ese tipo al que amenazaste? ¿Puck? Pagó la deuda que tenía conmigo hace mucho tiempo. La chica no está en mi lista negra. Ahora no, de todas formas. Puck me explicó brevemente sobre ustedes dos en el mensaje de voz que me dejó cuando me pidió que viniéramos a aquí.

La van está estacionada en el estacionamiento, las llaves están adentro. Ahora vete, sácala de aquí y cuídala. Ve a la Casa Club cuando puedas. Hablaremos entonces.

No necesitaba que me lo dijera dos veces. Tomé a Diabla en mis brazos y dejé el parque donde ambas perdimos una parte de nosotras y me preguntaba si, después de todo lo que había pasado, esas partes podrían recuperarse.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:10 am

Capítulo 34
Diabla

DESPERTÉ EN UNA habitación conocida. Pero no era en la habitación conocida en la que quería despertar. Esta estaba decorada en rosa y verde azulado. Diseñada para la hija que mi madre quería, no para la que tenía.

—Mija estoy tan feliz de que estés despierta —dijo mi mamá, cruzando la habitación y sentándose en la orilla de la cama. Mi padre la siguió, sentándose del otro lado—. Brittany te trajo a casa y dijo que fuiste herida, y estábamos tan angustiados. Es una chica tan buena, sabes. Estoy agradecida de que se hayan encontrado. ¿Cómo sientes la pierna? No deberías bajar por la pista de esquí si no estás preparada para ello. Brittany estaba en lo correcto, siempre has sido un diablo del desafío, pero es mejor que te apegues a las pistas para principiantes en tu primera vez.

Brittany me abandonó en la casa de mis padres. Mi pecho se apretó. Sujeté la parte superior de las mantas. Probablemente no podía ni mirarme, pero no supo en dónde más abandonarme.

Alejé las mantas e inspeccioné mi pierna. Solo tenía un rasguño.

—¿Por cuánto tiempo he estado dormida?

—Tres días —indicó mi padre—. Nos tenías preocupados, pero vino el doctor y dijo que no había nada de malo contigo y que deberíamos dejarte dormir.

—¿Tres días? —pregunté, sentándome. Mi cabeza martilleaba.

—Y tu madre estaba en lo correcto, no deberías esquiar en pistas para las que no estás preparada. Es peligroso, y por mucho de que estemos contentos de tenerte otra vez en casa, queremos que seas…

—Primero —apunté interrumpiéndolo—. Creo que ambos saben que no estaba esquiando. No lastimé mi pierna en una pista de esquí. Nunca he estado en París. JAMÁS.

El jadeo de sorpresa que estaba esperando nunca llegó. En su lugar, mis padres unieron sus manos en la cama. Mi madre barrió una hebra perdida de su cabello lejos de su rostro.

—Lo sabemos, Mija. Tus habilidades con el Photoshop apestan.

Mi padre comenzó a reír y después, mi madre. De repente, estaba en la dimensión desconocida donde mis padres se reían sobre mis mentiras.


—¿Qué carajos está pasando? —interrogué.

—Santana, cariño. Sabemos que eres diferente —afirmó mi madre, mirándome con amor en sus ojos—. No sabemos qué haces ahí afuera, pero sabemos que no es lo que dices hacer. Para serte franca, no queremos saber — continúo mi madre mientras mi padre asentía y presionaba su mano—. Queremos que seas libre y feliz. Así que, para nosotros, estabas esquiando en las montañas justo como la chica en la planta baja dijo que estabas haciendo. Mientras no estés ahí afuera haciendo de heroína o campaña para Donald Trump, tu padre y yo estamos felices de vivir en la bendita ignorancia, porque sabemos que eso significa que podemos mantenerte en nuestras vidas.

Giré mi cabeza de lado a lado, mirándolos.

—No puedo creerlo… —pausé—. Esperen, retrocedan. ¿Dónde dijiste que estaba Brittany?

—En el piso de abajo —dijo mi padre—. Ha estado aquí todo el tiempo. Se negó a dejar tu lado hasta que tu madre la forzó a bajar las escaleras para desayunar hace unos minutos.

Brinqué fuera de la cama y bajé saltando las escaleras. No había manera de que esto fuera real.

Había dormido, mis padres pararon de pretender que creían todas mis mentiras. Y la mujer a la que amaba, quien vio cómo otro tipo me follaba, ha estado a mi lado mientras DORMÍA durante tres días. No había manera…

Pero ahí estaba. Cuando llegué a la parte inferior de las escaleras, estaba allí, sentada en el taburete de la barra de desayuno de mis padres, luciendo desaliñada y bañar con círculos oscuros bajo sus ojos, mientras desmenuzaba una parte de su tostada.

—Hola —dije, jalando mi camiseta hacia abajo, sin darme cuenta hasta ese momento que no tenía puesto ningún pantalón.

Brittany me miró por un segundo, luego dos, lo que pareció una eternidad, y deseé poder estar en su mente y saber en qué estaba pensando. No tuve que esperar mucho. Se paró, golpeando el taburete hacía el costado y sin perder el tiempo se dirigió a mí. Me recogió, me sentó en la barra y me besó como si fuese su mundo.

Le devolví el beso con todo lo que tenía y era.

—Lo lamento tanto —dije cuando finalmente nos alejamos.

Sacudió su cabeza y me besó otra vez, silenciándome. La siguiente vez que nos alejamos indicó:

—Nunca seas la que te disculpes. No quiero que mi chica adquiera todo tipo de malos hábitos solo porque ahora está en una relación. Además, mi chica no se disculpa.

—¿No? ¿Y te gusta esta chica? —pregunté, con mi corazón acelerándose.

Brittany bajó la cabeza y acarició mis labios con los suyos.

—No, no me gusta —aclaró, buscando mis ojos y exhibiendo una de sus ridículamente enormes sonrisas—. La amo.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:10 am

Capítulo 35

NOS DESPEDIMOS de mis padres, pero sólo tras prometer que cenaríamos con ellos pronto. Mi madre me suministro una receta de sopa de papas después que Brittany le comentara que me mudaría con ella. Creo que supuso que iría toda Julia Child y me volvería doméstica o algo así. Sonreí y tomé cortésmente la tarjeta, mirando por el rabillo del ojo como Brittany intentaba no reír.

—Oh y aquí está esto. Limpié la sangre —indicó mi mamá, saliendo del cuarto de lavado con el chaleco de Brittany en las manos.

—Gracias, señora López —dijo Brittany con amable encanto sureño, encogiéndose de hombros—. Lo hizo increíble. Parece que nunca puedo quitarle la sangre a esto.

Mi madre junto sus manos y la abrazó.

—En cualquier momento, tu solo trae a nuestra chica a visitarnos pronto.

—Lo haré —concedió, acercándome a su lado—. Puede contar con ello.

Miré entre mis padres y Brittany, y decidí que no me importaba si vivía en
La Dimensión Desconocida.

Me gustaba estar allí.

De vuelta al Chalet, Brittany y yo pasamos un tiempo amando a Murray y mirando la puesta de sol desde la terraza. Prometí al monstruo pulgoso que lo cuidaría bien y no lo dejaría solo otra vez. Se sentía bien estar de vuelta en la casa en la que maduré al amor, con el estúpido perro, al que había aprendido a querer y con la sexy motera, por la cual estaba en la luna y de la que estaba enamorada. Al caer la noche, Brittany tomó mi mano y me llevó hasta la playa.

No perdió el tiempo y me empujó en la arena. Luego sus labios estuvieron en
los míos, su peso estaba encima de mí. El dolor en mi pecho ya no era por pensar que no podía sentir lo suficiente como para estar con ella, pero sí de estar al tanto de lo mucho que la amaba. Serpenteó un brazo alrededor de mi cintura y me empujó más duro en la arena. No separó nuestros labios mientras hacía un rápido trabajo con nuestras ropas, metiendo la mano en la parte inferior de mi traje de baño y pantalones. Sus dedos rozaron mi entrada mojada y lista, empujó la tela a un lado, mientras yo gemía por la necesidad de más contacto.

Realmente sentía dolor. Cuerpo. Alma. Corazón.

No quería que se detuviera nunca. Sus labios me castigaban. Su coño estaba caliente y humedo contra el mio y empujó en mi interior con sus dedos largos gimiendo en mi boca, comenzó moverse. Duro. Rápido. Frenética. Fue entonces cuando me di cuenta de lo que estaba haciendo. Cada empuje era para descargar su enojo en mí.

Escarmentándome.

Diciendo cosas con su cuerpo que aún no había expresado en palabras. Habló con sus labios contra mi cuello mientras gruñía, cada empuje era más duro que el anterior. Iba a desmayarme por tanto placer e ira... y miedo.

—No puedes matarme. No vas a dejarme. Nunca más. ¿Lo entiendes? No importa lo que pase. No supongas nunca que terminamos, porque nunca, JAMÁS terminaremos —enfatizó la última observación con un fuerte empuje que hizo estrellarse mi cabeza en la arena.

—Di que sí —exigió—. Quiero oírte decir las jodidas palabras.

—Sí —suspiré.

Se retiró, friccionando contra las terminaciones nerviosas que acababa de estimular antes de empujar nuevamente en una profunda invasión de mi interior.

—Las cosas se jodieron, pero encontraremos un camino. Aún eres mía. Ninguna mierda va a cambiar nunca eso —gruñó. Chocando dentro de mí más duro y más fuerte.

Nos miramos a los ojos y algo pasó entre nosotras. Una expresión de alivio, como si estuviera finalmente convencida de que había terminado de huir, se apoderó de su bello rostro junto con el aspecto de párpados pesados por el deseo, cuando empezó de nuevo a castigar mi cuerpo de una manera que me hizo ver estrellas y clamar su nombre, mientras que su entrepierna encendió chispas placer dentro de mí. Sujetó mi muslo, doblando mi pierna de manera que sus embestidas fueron más profundos, más duros. Fue doloroso, pero era exactamente lo que necesitaba.

Este castigo.

Esta noche.

Este mujer.

Este amor del que nunca pensé ser capaz.

—Di que me quieres —exigió, empujando más y más rápido.

—Yo...— no podía pronunciar las palabras.

La forma en que me estaba mirando, la forma en que sus abdominales se contraían mientras me follaba, era todo lo que mi cuerpo necesitaba, caí en un orgasmo que me hizo clavar los talones en su espalda. Me alcé y la mordí en el hombro cuando la culminación se apoderó de mí en oleadas dejándome sin aliento. Lo sentí desde los dedos de los pies a mi centro, estaba convulsionando tan duro que lancé un alarido absolutamente terrorífico por su fuerza.

Brittany rugió en la noche, siguiéndome en su culminación, los músculos de su cuello estaban tensos, mostrando los dientes mientras se venía. Chorros calientes inundaron mi interior, goteando fuera mientras cabalgaba el placer de su propia y tortuosa liberación.

—Te amo —susurré.

Pensé que la libertad era cómo me sentía cuando me fui de casa. Pensé que estar sola era ser libre. No era así, sólo estaba sola. Ahora conocía la verdad. La verdadera libertad era darme permiso para amar.

La verdadera libertad era Brittany.

Al pasar con mis experiencias con Mike, Puck, y especialmente Brittany, aprendí que sólo porque puedo matar, no significa que no tenga corazón. Podía ser tanto la noche como el día, la pasión y el veneno.

La Esperanza y la Rabia.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:10 am

Brittany

—ESTO FUE DE LEJOS la mierda más caliente de mi vida —dije, todavía tratando de recuperar el aliento.

Me deslicé a un lado, manteniendo cerca a Diabla. Aún teníamos mucho de qué hablar, pero necesitábamos estar cerca, sentirnos conectadas. Precisaba hacerle saber que la mierda del parque no afectaba lo que sentía por ella o me hacía desearla menos.

—¿De veras? —preguntó.

Entonces me sorprendió cuando vi rosa en sus mejillas. Realmente estaba ruborizada.
Lo que hizo que mi cuerpo volviera a encenderse. Lo que me hizo inclinarme y separar sus rodillas para poder estar sobre ella y acomodarme entre sus muslos. Con mi fluidos todavía goteando de su coño recién follado, empujé de nuevo dentro de ella y cada vez mejor que la anterior. Estaba empeñada en hacer otro exorcismo sexual por medio de un orgasmo alucinante.

¿De qué me había quejado el verano pasado? ¿Gimnasia, Baile, patinar? ¿De la escuela?
¿Mi tío? ¿Mi pierna? ¿El club?

Ese verano se convirtió, después de todo, en el mejor de mi vida.

Ese verano fue lo mejor de mi vida.

Incluso se podría decir que todo fue por la rabia.

FIN
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 30, 2017 2:21 am

NOTA.... AUN ME FALTA EL EPILOGO Y UN CAPITULO DE BONUS..... ESPERO TENERLO LISTO PARA EL MARTES SI PUEDO LO SUBO MAÑANA.... MEJOR DICHO HOY MAS TARDE.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Dom Jul 30, 2017 8:18 am

bueno no se pudo evitar lo impensable, pero del resto mas que perfecto!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Dom Jul 30, 2017 11:40 am

Final perfecto para las dos... Mejor que san siga con lo que hace por que el photoshop deja que decear jajaja....
Que bueno.que ese hijo de perra este muerto... Y que llegaron casi a tiempo!!!
Me gusto la historia!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Lun Jul 31, 2017 3:39 pm

Wow no me esperaba lo de Mike, pero estaba obsesionado con la morena .... Así que después de mas mierda al fin tienen su final feliz, con los padres de San cerca y sin problemas del club con san ...
Ahora si les toca empezar desde cero
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Ago 11, 2017 12:19 am

Gracias por el apoyo, les comento que tengo nuevo trabajo hace 12 dias, y eso me ha mantenido alejada del mundo real.......


Epílogo
DIABLA

NUNCA ESCUCHÉ de Puck otra vez. Cuando intenté llamar a su teléfono, estaba desconectado. Cuando fui a su casa, estaba vacía sin ningún rastro de que alguien hubiera estado viviendo allí.

No sé a dónde se fue, pero donde quiera que estuviera, esperaba que supiera que no lo culpaba por nada de lo que pasó. Después de que Brittany superó el shock inicial, admitió que tampoco lo hacía, aunque lo dijo con furia en los ojos.

Brittany había probado su pierna varias veces en el hielo y con la bendición de Joker, estaba ejercitándose seriamente. El entrenador y los médicos coincidieron en que volvería con una beca completa cuando la temporada se reanudara.

Por eso estábamos en la oficina del Decano de Admisiones.

Al caminar por la oscura habitación, vestida de verde y dorado, me di cuenta de que nunca había estado en una oficina tan elegante.

—¿Patos? ¿En serio? —cuestioné, tomando uno de los patos de plástico del estante de exhibición y lanzándolo al decano que lo atrapó, acunándolo en sus brazos como si fuera un niño y no una fea falsificación.

—¿Qué quiere de mí? —preguntó el decano, su voz era tan frágil como sus manos. No podía culparlo. Si yo fuera él, también me preocuparía.

—Necesito que escriba una carta por mí —dije con mi voz más dulce mientras daba vueltas por la habitación, mirando las pinturas con dorados marcos ornamentados.

—¿Una carta? ¿Qué tipo de carta?

Pasé las manos por su envidiable librería, tocando con los dedos las primeras ediciones que deberían estar en un museo y no en la oficina del Decano de Admisiones. Me volví a tiempo para ver a Rollo presionar sobre el hombro del decano, forzándolo a sentarse de nuevo en la gran silla detrás de su escritorio.

—. Pues una carta de admisión, claro — aclaré con una sonrisa, girando el cuchillo en mis manos.

—Para... ¿para quién? —preguntó levantando las cejas, y me reí porque no tenía ni un diploma de escuela secundaria, pero no iba a dejar que eso me detuviera.

Sacudí la cabeza y me incliné sobre el escritorio, moviendo todos sus lapiceros, que estaban organizados por color en una gran pila en el centro del mismo.

--Para mí —indiqué, golpeando mi archivo falso sobre el escritorio.

Lo abrí donde una pequeña foto estaba engrapada a la solapa interior de la hoja, y
aunque no era mi mejor imagen, fue lo mejor que pude hacer en un corto plazo.

Pensé en hacer uno de esos videos como el personaje de Elle en “Legalmente Rubia”, pero como estaba haciendo amenazas y no créditos, probablemente era innecesario.

—Sí... sí... claro —balbuceó el decano.

Aplaudí y salté de arriba abajo. Me incliné y le di al decano una palmadita en la cabeza.

—Muy bien, me voy de aquí.

Estaba a punto de irme cuando me di cuenta de que había olvidado algo.

—Creo que no hace falta decir que si mencionas esto a alguien, te sacaré las entrañas y las amarraré en el maldito patio como una piñata del Cinco de Mayo.

Asentí hacia Bubba y Rollo, dos de los compañeros de Brittany, que mantenían la guardia, de pie a cada lado del Decano, mirando sobre su hombro para asegurarse de que hacia lo que le ordené.

Salí y salté por el pasillo.

Por lo visto, resultó que sí me gustaba ser una Old Lady después de todo.

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Ago 11, 2017 12:19 am

Bonus
Diabla

—¿PODEMOS HABLAR? —pregunté, metiendo la cabeza en una oficina muy desordenada. Bear estaba de pie en medio de un montón de papeles, pero levantó la vista cuando me oyó. Un ceño fruncido ya estaba en su rostro.

Mierda.

—Depende —señaló, levantándose y cruzando los brazos defensivamente sobre su pecho.

No podía culparlo. Yo tampoco confiaría en mí.

—¿De qué? —indagué, entrando en la habitación y apoyándome contra la pared con los brazos detrás de mi espalda.

—¿De qué mierda quieres? —espetó.

Me encogí de hombros y junté mis manos, apretándolas fuertemente para evitar la ansiedad.

—Cosas. ¿Un trabajo? —logré chillar.

No estaba acostumbrada a pedir nada a nadie. No me era familiar y se me ponía muy incómoda. Eso y que realmente le jodí algo a Bear. El único trabajo que ALGUNA VEZ había jodido, pero era la única persona que podía ayudarme.

—Siéntate —ordenó, señalando el sofá en la esquina.

Crucé la habitación y no quitó sus ojos de mí todo el tiempo. Dejé a un lado algunos papeles y me senté sobre el duro cojín. Una nube de polvo se elevó en el aire. Tosí y agité la mano, pero permanecí sentada.

—¿Esa es sangre? —pregunté.

—Sí —respondió sin mirar hacia donde apuntaba, había una mancha oscura en el piso de madera que ocupaba la mayor parte de la habitación.

—Lesión en la cabeza —argumenté.

—¿Cómo lo sabes? —interrogó, finalmente mirándome.

Me senté con las piernas cruzadas en el grueso sofá.

—Mucha sangre, pero tiene coágulos como si hubiera mucha materia en ella. Nada hace más un lío así que alguien que consigue que su cerebro explote. Además, está eso —aclaré, señalando con la cabeza a la pared donde una enorme salpicadura formaba un halo y luego corría hacia el suelo. Estaba seca, por supuesto, pero no había confusión en las marcas—. Es demasiado alto para
una lesión en el pecho.

—¿Qué carajo es lo que quieres? Porque si es matarme, deberías hacerlo antes de que tenga que examinar estos malditos papeles. Por Dios joder que no sé cómo voy a arreglar este desastre —anunció, pasándose la mano por el rostro y mirando con odio los archivos esparcidos con papeles que ocupaban todo el suelo donde no había sangre seca.

—Escuché lo que pasó. Con tu padre. Lo siento —ofrecí.

—No necesitas disculparte. Mataría al maldito de nuevo si tuviera la oportunidad—apuntó, levantando de repente sus cejas—. Espera, ¿te disculpaste?

—Sí —dije, sin excusarme—. Lo hice.

—Y estás sentada en el sofá más asqueroso conocido por el hombre —
declaró.

—Así es —afirmé, sonriendo.

Orgullosa de alguna manera. Aún así era jodidamente asqueroso, pero estaba encantada de que no fuera lo primero en que pensara cuando entré en la habitación, y no me sacó corriendo de ella.

—¿Por qué diablos estás aquí, Diabla? —preguntó de nuevo.

Respiré profundamente y lentamente exhalé.

—Está bien, así que aquí está. Estaba equivocada. Lo siento por dejar a Thia, pero tuve que hacerlo, y confía en que algún día te contaré la historia, pero fue por la persona, no sólo por cualquier persona sino por “MI PERSONA” —divagué.

—He oído. Sicaria. Una Warrior —señaló, moviendo la mano para que yo continuara—. ¿Tu punto?

—Mi punto es que tengo una propuesta para ti.

—Sigue.

—Quiero prometer mi lealtad al nuevo MC —exclamé—. Bueno, a ti y a los Warriors, pero eso es todo.

—¿Y por qué harías eso? Siempre has dicho que nunca lo harías. Que no era lo tuyo. —Se levantó y saltó sobre una pila de archivos—. ¿Qué te hizo cambiar de opinión?

Le di una pequeña sonrisa avergonzada.

—La persona —señaló, y no era una pregunta. Asentí.

—Sí. La persona. Pero no sólo por ella. Solía hacer esta… cosa que hago…

—Asesinato y caos —interrumpió.

—Sí, lo que sea. Bueno, solía hacerlo como una liberación, y quería que la gente me temiera porque no quería acercarme a nadie porque la mierda sucede cuando te acercas a las personas.

—¿Ahora no te importa si la gente te teme o no? —preguntó, cruzando los brazos sobre su pecho como si no pudiera creer lo que oía.

Carraspeé.

—No, pero he aprendido recientemente que soy aún más aterradora cuando tengo algo por lo que luchar. Alguien. Así que si me quieres, me gustaría estar en tu equipo. Equipo Lawless.

—¿Cuál es el truco?

Suspiré.

—Puede que no esté disponible cada vez que llames. Estoy haciendo otra cosa que puede tomar un poco de tiempo. Y quiero tu lealtad de vuelta. Para mí. Y para... ella. MI ella. Sicaria. Brittany —indiqué—. Al igual que se la darías a la familia de cualquiera de tus hermanos.

Asintió.

—Todavía estoy molesto por que dejaras a Thia así. Pero ya que de repente te has vuelto inteligente y parece que recuperaste los sentidos, es posible que desees pensar en encontrarla y pedir disculpas. La única razón por la que no fui detrás de ti fue porque me dijo que no lo hiciera. Por alguna razón, a mi perra loca le gusta tu culo más loco.

—A mí también me gusta ella—admití.

Bear sacudió la cabeza y suspiro.

—No sé si puedo acostumbrarme a esta nueva Diabla. Va a tomar algún tiempo, eso es jodidamente seguro. —Hizo una pausa—. Joder, sé lo que estás haciendo.

—¿Huh? —pregunté, mirando alrededor de la habitación aleatoriamente, a cualquier lugar para no mirarlo a él.

—Estás tratando de unir los MCs.

—No dije eso. No estoy aquí y no dije eso. Pero si estuviera aquí y lo dijera, entonces sería una idea realmente genial para darles una razón de no querer matarse y avanzar.

Se rascó la barba y sonrió.

—¿Así que... sí? —pregunté.

Dejó escapar un suspiro.


—Sí, pero no lo jodas. Sabes lo que pasa cuando alguien se me atraviesa. No me importa una mierda que seas una niña, te me atraviesas y desataré un infierno sobre ti y Sicaria —advirtió.

Asentí, su advertencia no hizo nada para disminuir el puro gozo que se apoderaba de mí.

Me acompañó hasta la salida del complejo. Por el camino, pasamos a varios miembros que limpiaban todo como si un tornado hubiera pasado la noche anterior.

Un tornado sangriento.

—Tuviste una gran fiesta aquí. A veces sólo necesitas un buen pasado de moda baño de sangre para conseguir que todo fluya, ¿no crees? —pregunté.

Pasamos a dos hermanos, uno de ellos tocó al otro en el hombro y susurraron en mi dirección. Les devolví sus susurros con una sonrisa dulce y entusiasta, que rápidamente les hizo volver su atención a la bandera que estaban izando. Ellos flanqueaban el hasta, halando las cuerdas atadas a una polea, levantando el enorme letrero negro para que fuera lo primero que todos vieran cuando cruzaran por primera vez las puertas. Leía THE LAWLESS, MC en letras blancas brillantes, que coincidían con los nuevos parches que había notado en el chaleco de Bear.

—Voy a tener que estar de acuerdo contigo en eso —dijo Bear, contemplando la destrucción.

—¡Oh! —exclamé al llegar a la puerta, aplaudiendo—. Hay una cosa más que quiero. —Señalé a la única prenda de ropa que he visto llevar a Bear, además de vaqueros oscuros—. Quiero un chaleco —afirme, saltando sobre mis pies.

—De ninguna manera —exclamó con una carcajada y encendió un cigarrillo—. ¿No crees que Sicaria estaría un poco enojada porque su Old Lady use un chaleco de Lawless? No querrías una guerra, ¿cierto?

—Pero ella no me dará uno, sólo un estúpido y pequeño chaleco con OLD LADY escrito en él, y eso no es lo que quiero. ¿Pero por qué no? ¿Porque soy una chica? Eso es jodidamente sexista. Podría derribar a la mayoría de los hermanos aquí sin tener que retocar mi esmalte de uñas —apunté, cruzando los brazos sobre mi pecho y golpeando mi pie—. Sólo porque tengo una vagina y no un pene no significa…

—Tener vagina no tiene nada que ver con eso —aclaró, aún sonriendo, no afectado por mi rabieta.

—Entonces, ¿por qué? —pregunté, rabiosa de que aunque sólo le prometiera a él y al MC mi lealtad, lealtad que nunca había pensado dar a nadie en un contexto profesional, todavía me negaba como miembro debido a mi falta de pene.

Puso el cigarrillo en su boca, dejándolo colgar en sus labios mientras me agarraba por los hombros y me daba vuelta hacia donde estaba mi scooter estacionada.

—Por eso —argumentó, señalando mi scooter.

—Este es un MC, un club de MOTOCICLETAS, y querida, esa cosa no es una Harley.

—Mis disculpas —apunté sarcásticamente, colocando mi mano sobre mi corazón y girándome. Protegiendo mis ojos del sol mientras volvía a mirar a Bear, estiré el cuello para encontrarme con su mirada divertida—. Con toda la muerte y destrucción que está sucediendo por aquí, me salté la parte de la motocicleta.

—Nos pasa a todos de vez en cuando —admitió riéndose.

Sacudió la cabeza

—. No puedo prometerte nada. Ahora votamos por aquí y hay un protocolo que debe ser seguido, pero te digo qué, pides disculpas a Thia, y veré qué diablos puedo hacer. ¿De acuerdo?

—Trato —exclamé saltando en mi scooter.

Girando la llave, pateé el soporte y retrocedí lentamente fuera del montón de grava.

Mientras conducía en un fuerte zumbido que no era nada como el rugido de una motocicleta, pero un sonido que me encantaba de todos modos, pude oír la risa de Bear dando rienda suelta y siguiéndome en el viento todo el camino a la carretera principal. Por una vez, el sonido de alguien que se reía de mí no me hizo asesinarlo. De repente, mi propia risa salió, flotando detrás de mí mientras corría por el camino hacia las infinitas posibilidades que podía deparar el futuro y una vida en la que podía hacer toda la mierda que quisiera..
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Vie Ago 11, 2017 7:38 am

el final que tenia que ser!!! gracias!!!!! y hasta la vista!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Vie Ago 11, 2017 4:52 pm

Jajajajaja San sigue siendo ella pero el estar ahora con Britt le dio un giro a como ve la vida ....
Gracias por la historia
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por Tati.94 el Vie Ago 11, 2017 8:02 pm

Gracias Martha, estuvo super esta historia!! Solo por curiosidad, has leído la saga de Reapers Mc?
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Sáb Ago 12, 2017 12:17 pm

Bueno san esta haciendo las cosas muy bien... Sobre todo se esta portando bien jajaja
Definitivamente britt le hizo a ser un giro de 360 a san... Por el lado bueno!!!
Muy buena historia me gusto mucho!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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