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Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Lun Jun 26, 2017 11:27 am

Todos necesitan un perdon... Aunque no lo merezcan a veces es una palabras que se largan al viento....
A ver con toda su mierda de cada una a ver hasta donde llega la "salvación" de una a la otra....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Mar Jun 27, 2017 3:28 pm

Vaya forma de conocer a Puck y de cumplir 16 años ....
Me alegra que Britt haya cambiado la forma de pensar y este con pensamientos positivos y la morena debiendo cumplir con el trabajo sin embargo ella misma noto que al describir a la rubia hubo algo diferente con ella....
Y pues si Britt pensaba olvidar a la morena lo tendrá muy difícil ahora que serán amigas jajajaja
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Mar Jun 27, 2017 8:33 pm

Le hace mucho honor a su nombre de Diabla, pq querran desaparecer a Brittany????? en fin.... ya se vera. Gracias por actualizar!!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por monica.santander el Vie Jun 30, 2017 1:44 pm

Ahora se va a poner Bueno!!!! Jajajja
Saludos
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Jun 30, 2017 10:52 pm

Capítulo 9
Brittany


MIENTRAS ESPERABA a Talia, me duché, algo que había hecho poco durante la mayor parte de las últimas semanas. De repente me sentí muy agradecida de que el abuelo me ayudara hace unos años a instalar la bañera de Hidromasaje. Me puse unos pantalones cortos y una camisa corta además de un poco de loción de baño que mi abuelo, me mantenía guardada en el fondo del cajón donde guardaba mis calcetines para ocasiones especiales. También me puse una sudadera limpia, aunque no la pensaba llevar mucho tiempo después de que Talia llegara.

Murray se espantó cuando cogí una pila de cartas y periódicos, y lo metí en el gabinete del baño, el cual se desbordaba y no podía cerrar por completo. No pasó mucho tiempo antes de que escuchara afuera una voz femenina.

Tacha eso.

¿Voces?

Me acerqué a la ventana atisbando por la cortina de encaje; tal como esperaba, en el porche estaba Talia, con el rojo cabello rizado amontonado en lo alto de su cabeza y sus grandes pechos desbordándose de un minúsculo top tres tallas más pequeño de la que necesitaba. Eso no me sorprendía. Era quien estaba con ella lo que me conmocionó sacando el puto infierno de mí.

¿Qué coño estaba haciendo ella aquí?

Usaba de nuevo el bikini blanco, los breteles atados alrededor de su cuello hacían que la curva del escote se asomara por encima de su camiseta rosa, un bolso deportivo azul descansaba en sus hombros, la blanca correa abarcaba el espacio entre sus senos. Su largo cabello negro nuevamente estaba peinado en una elegante cola de caballo que casi caía por debajo de su pequeña cintura.

Talia era caliente, alta y toda curvas femeninas, construida como una modelo de poster de los años.

Bikini blanco era más baja por varios centímetros. No percibía ni una pisca de maquillaje. Tenía pestañas oscuras. Labios rosados carnosos. El tipo de belleza sin mucho esfuerzo. Del tipo que le gustaba a mi coño porque se emociono ante la vista de ella.

—Disculpe, ¿Puedo ayudarle? —pregunto bikini blanco, sorprendiéndome de nuevo. La mano de Talia se cerró en un puño como si hubiese estado a punto de tocar.

—Ummmm… —masculló Talía dándose la vuelta y retrocediendo para comprobar el número de la casa, como si estuviera en el lugar equivocado

—.Estoy buscando a Brittany —contestó, ladeando la cabeza y colocando sus manos
en la cintura—. Lo siento, pero ¿quién eres?

Mi boca se abrió cuando volvió hablar.

—Soy Diabla, que es la abreviatura de mi nombre. Brittany no está en casa en este momento, ¿puedo darle su mensaje?

Se acercó a la puerta haciendo que Talia no tuviera más remedio que apartarse y se quedara mirando con la boca abierta a la chica del bikini blanco y cómo esta apoyaba la mano en el pomo de la puerta como si fuera la dueña del lugar.

¿Qué demonios cree que está haciendo?

¿Y porque estoy inclinándome para desbloquear la puerta?

La nariz de Talia se arrugó en confusión.

—Lo siento, ¿eres la señora de la limpieza o algo así? —preguntó retrocediendo un paso en la rampa lateral donde estaba en posición de mirar por completo a la chica que se había presentado como Diabla.

—¿Yo? —preguntó Diabla, lanzándole una fugaz sonrisa a Talia que parecía de todo menos auténtica.

Sus labios se torcían al costado con torpeza, como si de alguna manera se las arreglara para sonreír y fruncir el ceño al mismo tiempo. Era lo más espantoso que jamás hubiera visto. Me tapé la boca para contener la risa. En ese momento podría haber abierto la puerta, preguntar qué demonios estaba haciendo ella aquí, correrla, y decirle a Talia que entrara, se desnudara y me montara; pero la curiosidad me ganó y quería con desesperación ver como se desenvolvía la extraña escena.

Diabla rompió su incomoda sonrisa y con rostro serio dijo:

—Soy su esposa, Brittany estará de regreso en un rato, si deseas puedes entrar y esperarla. Solo fue a comprarme tampones. Me ayuda tanto en esas cosas.

Talia dio otro paso atrás.

—Eh —balbuceó, ahora completamente fuera de la rampa, justo donde esta se unía a la calzada.

—¿Asumo que estás aquí para el puesto de niñera? —interrogó Diabla, dándose golpecitos en el vientre plano, yendo con su mentira un poco más allá.

Los ojos de Talia se abrieron en completo horror

—. Sé que ni si quiera se nota todavía pero nunca es demasiado pronto para empezar a buscar una buena ayuda.

—¿Pensé que habías dicho que estaba fuera comprando tampones? — preguntó Talia, cruzando los brazos sobre el pecho, e inclinando la cadera.

—Así es —afirmó, sin corregir la mentira con la que había sido atrapada.

Le señaló su igualmente su vientre plano

— Wow, ¿estás esperando también? Deberías acompañarme a comprar cosas de bebe. No conozco a mucha gente por aquí y…

En un arrebato, Talia se volteó y salió trotando. Ya estaba en la acera e iba a mitad de la calle antes de que Diabla terminara la frase. Pensaba que la chica, que ahora sabía se llamaba Diabla, se reiría de su propia broma o haría algún tipo de danza de la victoria por haberse deshecho de mi invitada; pero no, se paró mirando a la puerta con su rostro totalmente ilegible.

—¿Vas abrir la puerta o solo te quedarás todo el día mirando por la ventana? —preguntó con un suspiro. Encontró mis ojos por la cortina.

Mierda.
Mi tarde se acababa de poner mucho más interesante.




Diabla


POR SUPUESTO, en cuanto decido hacer contacto con mi objetivo, una chica con tetas rebotando, del tamaño del lago de Okeechobee, llegó por la rampa hasta la casa de Brittany.

Durante todo el tiempo que estuve tratando de deshacerme de tetas McGee, la sentí observándome. Sin embargo, continúe con mis mentiras aún cuando sabía que podía oírme por la ventana. Una parte de mí deseaba que abriera la puerta y me llamara, a pesar de que todavía no nos conocíamos oficialmente. Estaba más que irritada por el accidente en el pozo séptico del día anterior y me gustaba provocar potencialmente su ira de la misma forma que había provocado la mía.

—¿Vas abrir la puerta o solamente a espiar todo el día por la ventana? — interrogué, después de que tuviera éxito en ahuyentar a la chica. Me giré hacia donde sentía que me observaba.

—Está abierto —contestó—, entra, joder.

Entré y me apoyé en la puerta, se escuchó el clic cuando esta se cerró detrás de mí. Observé la habitación rechinando los dientes.

Aquí es donde el polvo vino a morir.

—¿Quieres decirme qué coño fue todo eso? ─espetó bruscamente, señalando con la barbilla hacia la puerta. Sus manos apretaron los apoyabrazos de la silla como si estuviera punto de romperlos.

Incluso sentada en una silla de rueda la rubia era alta, imponente. Si fuera del tipo de persona susceptible a ser intimidada la hubiera descrito de esa manera.

Yo no lo era.

Encogiéndome de hombros, decidí probar eso de decir toda la verdad; cosa por la que Puck estaba tan entusiasta.

—No la quería aquí, así que hice que se marchara —admití.

Se rio, aunque no podía decir si era porque pensaba que lo que dije era divertido o solo porque no lo podía creer. Su cabello estaba lo suficientemente largo como para empujarlo detrás de sus orejas, y eso fue exactamente lo que hizo. Este cayó sobre su frente y resaltaba las pecas en sus mejilla que había notado en sus fotos de la escuela.

—Te salvé ayer —dije abruptamente, estando cada vez más incómoda bajo su mirada y su silencio.

Resopló.

—Sí, y luego huiste como la mierda.

—Me molestaste —admití, sujetando con fuerza mi bolso contra mi pecho—. En una escalara del uno al diez, no es lo más molesta que jamás he estado, pero le daría un fuerte seis.

Los ojos de Brittany siguieron mi movimiento y aterrizaron en mi escote, moví el bolso de nuevo hasta cubrió por completo mi pecho.

Carraspeó.

—¿Cómo es que mi ahogamiento te enojó? —interrogó.

Dentro de la casa estaba oscuro. Polvoroso. La única luz provenía de las ventanas corredizas sin cortina de la sala de estar. Todo el mobiliario, desde los muebles de mimbre blanco, desteñidos y agrietados, hasta la pequeña televisión en una esquina, eran viejos y estaban llenos de polvo. Un rebelde haz de luz solar iluminaba la gran cantidad de polvo que daba vueltas en el aire como si se tratara de un ciclón. Sentí que se me cerraba la garganta. Esperaba que lo que estuviera mutando en esa casa no desencadenara alguna reacción alérgica desconocida en mí y por un segundo deseé tener una de esas inyecciones para hundir en mi muslo cuando tuviera un shock anafiláctico.

Mi pecho se apretó aún más y un nudo creció en mi estómago. Tuve el impulso de carraspear, toser o respirar en una bolsa. Estupendo. La casa era vieja. El envenenamiento por Asbesto era una buena posibilidad, así como por Plomo.
Fijé la mirada en Brittany y traté de concentrarme en sus pecas, en lugar de pensar en la muerte por microbios en el polvo.

—Tu piscina es repúgnate.

—¿Mi piscina? —Frunció el ceño y se frotó el puente de la nariz—Estabas al teléfono; hablando con alguien y dejando que me ahogara; y entonces me salvaste. ¿Qué demonios fue todo eso?

Me moví de un pie a otro.

—Ummm… estaba tratando de conseguir ayuda pero no tenía señal…

Estaba llamando a Puck a ver si podía dejar que te ahogaras. Estás viva, así que obviamente este argumento no es sostenible.

Alzó una ceja. No había manera de que me creyera. Yo no me creía.

Mierda.

Argumenté con rapidez

—: Volví para saber cómo estabas y para hablarte acerca de algo.

—Todavía no entiendo como es que lo que paso en la piscina te hizo enojar —apuntó, incapaz de seguir con la nueva línea de conversación con la que trataba de engañarla.

Me mordí el labio inferior y bajé la vista hacia el sucio suelo. Esto sería más difícil de lo que pensaba. Pero si Puck quería que le dijera la verdad, entonces a la mierda. Sería toda su culpa cuando el estúpido plan fracasara. ¿Qué sería lo peor que podría pasar? ¿Sospecharía? ¿Fin del trabajo? Podría finalizar este fiasco más temprano. No sonaba tan mal.

Deje escapar un suspiro de frustración.

—Muy bien, así es como es —señalé, dejando caer mis hombros así como mis pretextos. Casi tomo una respiración profunda antes de atisbar la tormenta de polvo en la sala de estar. En lugar de eso, opté por varias respiraciones cortas. Me quité el bolso de los hombros y caminé hacia la cocina abierta, sentándome sobre el mostrador, el cual parecía que había sido limpiado recientemente, de manera que lo utilicé como mi lugar seguro.

Cruzó los brazos sobre su bien definido pecho, haciendo que se marcaran más. Sus antebrazos eran de muy bien ver al igual que mis piernas.

Carraspeo.

—Oh, cierto. Mi nombre. Voy por Diabla, pero miento y le digo a todo el mundo que es la abreviatura de mi nombre, aunque realmente es solo un apodo que me dieron de niña porque tuve… tengo problemas, problemas de ira. Que por supuesto ocupan el primer lugar antes que mi pequeño caso de TOC, una leve aunque a veces grave germofobia e hipocondría. Oh, pero de lo último estoy muchísimo mejor desde que eliminé la aplicación web MD de mi teléfono. No le digo a la gente mi nombre real porque, francamente, preferiría no ir allí.

La miré para asegurarme de que todavía estaba conmigo. Ahí estaba, sus ojos seguían todos mis movimientos.

La cosa de la verdad no era tan mala. Hasta ahora iba muy bien. Bajé del mostrador y me aventuré fuera de mi lugar seguro, haciendo un recorrido por el pequeño espacio cuadrado. Contemplé las fotografías enmarcadas de la familia, sobre todo las de una pareja de ancianos y las de una versión más joven de Brittany. Había una enorme cantidad de objetos decorativos sobre todas las superficies disponibles cubiertos por una capa de polvo y suciedad. La cocina, comedor y sala de estar se amontonaban juntas en una pequeña área.

—Sigue adelante —dijo Brittany, apremiándome—. No te detengas ahora.


—Estaba cerca cuando te vi ahogándote —empecé—. Y cuando te caíste en la piscina mi primer pensamiento no fue salvarte—afirmé, presionando las teclas de un pequeño piano desafinado ubicado en la esquina de la habitación.

—¿No? —preguntó, aunque no estaba sorprendida.

Negué con la cabeza, mi cola de caballo se balanceó de un lugar a otro, golpeando mis hombros ligeramente.

—Nop, mi primer pensamiento fue de la asquerosa piscina. Sobre las cosas invisibles que podrían estar allí al asecho, a la espera introducirse en mí y matarme como una bomba con temporizador. ¿Has oído hablar de la ameba come cerebro? Es una cosa. Investígalo, pero no en la Web MD. Un baño de agua infectada y una célula hija de puta entra por tu nariz y te come el cerebro. Tu propio parásito apocalíptico zombi, que ni siquiera sabias que tenías hasta que tu nariz sangra y te desplomas muerta.

Se mantuvo en silencio, esperando a que continuara, pero cuando no dije nada más, finalmente habló:

—Estabas enojada conmigo… ¿por la piscina?

Suspiré.

—¿Cómo no haces que “Limpia. Tu. Piscina”? —Hice comillas en al aire en las tres últimas palabras.

No le diría sobre el viaje a urgencia para una ronda de antibióticos preventivos, seguido la visita a la tienda de natación, donde arrojé mi bikini a la basura y compré uno nuevo que lo reemplazara.

A través de las puertas corredizas traseras, la pequeña casa gozaba, a pesar de su tamaño y condiciones, de una tranquila vista del golfo. El ocaso del sol comenzó, cayendo rápidamente por detrás de las olas.

—Estaré aquí durante el verano —señalé, sin dejar de mirar por la ventana. Un muchacho corría por la terraza, persiguiendo un Frisbee—. Te he visto por ahí y me di cuenta de tu pierna. —Me preparé para lo que iba a decir a continuación—. Necesito un lugar donde quedarme por un tiempo. —Miré alrededor de la habitación y me giré hacia Brittany—. Y pareces necesitar un poco de ayuda por aquí.

No parecía muy convencida.


—Tu tío pensó que sería una buena idea que tuvieras un poco de ayuda.

—¿Conoces a mi tío? —interrogó. Hubo un pequeño rastro de alarma en su voz, que se desvaneció tan rápido como apareció.

—No, solo conozco a alguien que hablo recientemente con él. Dijo que estarías de acuerdo en alojarme aquí a cambio de ayudarte.

—¿Qué tipo de ayuda? —Sus ojos viajaron a lo largo de mi cuerpo—. Además, ¿qué te hace pensar que necesito ayuda? —preguntó a la defensiva.

Miré hacia el techo y luego al piso.

—Oh, no sé, tal vez los quince centímetros de polvo en el ventilador, los pisos y cada superficie de este lugar. Tal vez el moho que crece en la esquina, el limo cada vez mayor en la piscina, la chica con el anillo en la lengua que estaba en tu puerta en mitad de la tarde —la desafié. Sin saber porque incluí a la muchacha en la lista añadí rápidamente—. ¿Sabes cuan sucio puede ser tener un anillo en la lengua si no…?

—¿Ahora tiene un anillo en la lengua? —preguntó interrumpiéndome.

Tuve el impulso repentino de empujarla de nuevo a la piscina.

—Voy a limpiar esta basura. Cocinaré aunque soy mejor repostera. —Me paré detrás de su silla y la empujé a la cocina para mostrarle lo grandiosa que podía ser ayudándola—. Te lo digo, incluso te puedo asegurar que no te ahogarás en la piscina durante el verano, si eso te tranquiliza en algo.

—¿Estás huyendo de algo, Diabla? —preguntó, atrapándome con la guardia baja.

—No, dejé de huir hace mucho tiempo.

Estuvo callada por un momento. Rodeé la silla para confrontarla y me extendió una mano.

—Bien entonces. Creo que es un placer conocerte, Diabla-no-sé-tu-nombre real Germofoba hipocondríaca con problemas de ira, sin apellido, que ya no huye de nadie. Soy Brittany, recientemente lesionada, examiga folladora que decidió convertirse en basura contenedora de hormonas y ovulos en línea, que perdió su beca de patinaje y gimnasia revolcándome en la autocompasión y que piensa que el alcohol es sin duda un grupo de alimentos, Pierce.

Me quedé mirando su mano como si estuviera empuñando un cuchillo.

Se adelantó para tocarme y salté retrocediendo.

—Tranquila Tigre —apuntó, desenganchando la pequeña botella de plástico de desinfectante que tenía en la correa de mi bolso y aplicándose generosamente el contenido en las manos y entre los dedos.

¿Por qué no me dice que me largue después de todo lo que te acabo de decir? Tal vez está más demente que yo.

Probablemente no.

—Vamos a intentarlo de nuevo —indicó, extendiendo su recientemente desinfectada mano—. Soy Brittany y todo lo que acabo de decir antes.

Mi estómago se volcó. Estaba a punto de cambiar de opinión y decirle que olvidara todo lo que acababa de decirle, cuando afirmó:

—Adelante, dame la mano, chica germófoba —susurró—, te desafío.

Desafío aceptado.

Tomé su mano extendida y tenía toda la intención de agitarla rápidamente y dar un paso atrás, pero cuando mi palma se encontró con su calor y sus grandes dedos cubrieron mi mano, me detuve por un momento demasiado largo. Hice un movimiento para apartarme pero me sujetó con más fuerza, halándome por lo que mi nariz casi tocaba la suya. Cuando susurró de nuevo, su fresco aliento sopló contra mi mejilla. Sus palabras fueron tan bajas y tranquilas que eran casi inaudibles.

Casi.

Por suerte tenía un excelente oído.
Mejor decir mala suerte.
Me soltó de repente, y me tambaleé hacia atrás. Al apartarme de nuevo me acerqué a las puertas corredizas y concentré mi atención en la vista. Se rio entre dientes siguiéndome por la habitación. Froté con mi pulgar la palma que todavía estaba caliente por su contacto. El aire acondicionado debía estar tan roto como el resto de la casa porque la habitación se puso imposiblemente caliente.

Probablemente debería revisar mi temperatura.

La oscuridad sustituyó al cielo de color naranja, la Luna y el Sol cambiaron de turnos.

Es solo un trabajo, un trabajo como cualquier otro. Siempre terminas tus trabajos. Puedes hacer este.

No iba a dejar que nada me distrajera de la tarea en cuestión, ni siquiera las palabras que me susurró. Las palabras dejaron toda mi piel erizada y mis palabras atoradas en la garganta. Tal vez había oído mal pero sabía que no era así.

“Es lindo que pensaras que realmente te dejaría ir.”

Puck se había equivocado con ella. Brittany Pierce era cualquier cosa menos ordinaria
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Sáb Jul 01, 2017 12:03 am

jajajajajaja,... san so que sabe hacer lo a lo grande cuando quiere!!! así que bebe ehhhh jajaja
sinserisidio de ambas en el primer contacto,... me gusta!!!
va a ser divertido la estadía entre las dos en esa casa!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Sáb Jul 01, 2017 8:09 am

jajajajajaja santana es una asquienta, me causo mucha gracia todo lo que dijo, en fin.... britt no parece tan desvalida e inocente, a ver como va la convivencia!!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por Tati.94 el Lun Jul 03, 2017 2:18 pm

Quisiera comentar en todas las actu. Pero la conexion a internet a estado malísima aquí entre otras muchas cosas como ya lo sabes.

En cuanto a la historia, me parece super interesante Santana, su personalidad tan distinta, su modo de ver las cosas y el modo como describe las cosas que siente sin darse cuenta de lo que realmente son.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por monica.santander el Mar Jul 04, 2017 1:30 am

Hola!!! jajajjaj me causo mucha risa la presentación de ambas son tal para cual locas las dos!!!
Saludos
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:04 am

3:) escribió:jajajajajaja,... san so que sabe hacer lo a lo grande cuando quiere!!! así que bebe ehhhh jajaja
sinserisidio de ambas en el primer contacto,... me gusta!!!
va a ser divertido la estadía entre las dos en esa casa!

gracias de verdad por comentar, y MIL DISCULPAS A TODAS POR LA TARDANZA EN ACTUALIZAR...... PERO AQUI ESTOY.....

vamos a ver como les va hoy subo minimo unos 3 capitulos por la ausencia..... Gracias .... Saludos...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:06 am

micky morales escribió:jajajajajaja santana es una asquienta, me causo mucha gracia todo lo que dijo, en fin.... britt no parece tan desvalida e inocente, a ver como va la convivencia!!!!!

Hola Micky,, aqui disculpandome por la ausencia pero ha sido por cosas de fuerza mayor... bueno en cuanto a Santana me encanta eso que tiene con los germenes me causa mucha gracia........ y todo esa mentira jajaj vamos a ver como se defienden las dos de ahora en adelante.....
Primero estoy contestando los comentarios ya luego actualizo y subo los capitulos ok... Gracias... saludos .... un beso....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:08 am

Tati.94 escribió:Quisiera comentar en todas las actu. Pero la conexion a internet a estado malísima aquí entre otras muchas cosas como ya lo sabes.

En cuanto a la historia, me parece super interesante Santana, su personalidad tan distinta, su modo de ver las cosas y el modo como describe las cosas que siente sin darse cuenta de lo que realmente son.

Hola, Tati, no te preocupes te entiendo a mi me pasa igual, mi internet es bien berrinchuda jajajajaj.... siii me imagino....

Gracias por leer.... siempre pendiente de tus comentarios..... Saludos a la distancia...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:08 am

monica.santander escribió:Hola!!! jajajjaj me causo mucha risa la presentación de ambas son tal para cual locas las dos!!!
Saludos

Hola Monica... gracias por comentar y leer la historia... vamos a ver que no se maten dentro de la misma casa.... saludos...
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El mundo de Brittany

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:49 am

Capítulo 10
Diabla

—NO ES UNA motocicleta —anunció Brittany desde el umbral de la puerta principal.

Acababa de aparcar a Delilah junto a su Jeep. Le pegué a un mosquito que aterrizó en mi cuello y me recordé ir a comprar repelente de insectos y velas de citronella y quizás algunas de esos matamoscas que hacen ruido fuerte cuando electrocutas mosquitos. Los mosquitos eran responsables de la peste. O quizás eran las ratas. De cualquier manera, los mosquitos tenían que irse.

Sí. Un matamoscas era necesario.

—Bueno, es mi versión de una motocicleta. Delilah me lleva del A al B muy bien —respondí, sacudiendo el cuerpo del mosquito muerto de la palma de mi mano como si fuera un pitbull mordiendo en mi muñeca.

—¿Delilah? —preguntó Brittany divertida, sus ojos bailando mientras me veía ganar la batalla con el chupa sangre.

—Sí, Delilah. No la juzgues, ni siquiera la conoces. ¿Eres una enorme y mala aficionada a las motos, o algo? —le pregunté, limpiando una aguja de pino del guardabarros trasero de mi scooter.

Brittany uso el marco de la puerta como apoyo para levantarse ligeramente de su silla y poder alcanzar el interruptor de la luz. Señaló hacia abajo, al área bajo la casa cubierto con celosías de madera barata y viñas demasiado grandes, que ahora estaba bañada en luz antes de sentarse de nuevo.

—Ve a verlo —dijo con aire de suficiencia.

Mirando por la rejilla y las telas de araña que afortunadamente estaban del otro lado, allí, debajo de la casa, en un área improvisada de almacenamiento, junto al moho, a los juguetes de piscina decrépitos y cañas de pescar oxidadas, estaba el contorno de una motocicleta, cubierta con un material del tipo spandex gris y fino.

—Bravo por ti, tienes una moto —dije, girándome y volviendo a subir la rampa—. ¿Se supone que eso me impresiona? Quiero decir, lo bueno es que se parece a una Harley, así que al menos no es una moto de mujer. Pero te estoy diciendo ahora mismo, si tienes una Honda o un cohete de entrepierna allí debajo no puedo quedarme aquí y nuestro trato se cancela.

Sonrió mientras empujaba su silla, haciéndola rodar más lejos dentro de la casa para poder volver a entrar.

—Entonces supongo que nuestro trato sigue, porque eso señorita, es una Fat Boy. —Se detuvo y me miró, como si esperase algo—. Tomo de tu completa falta de entusiasmo a que aún no estás impresionada.

Utilicé la manta de la parte de atrás del sofá para sacudir el polvo del cojín, que afortunadamente estaba cubierto de plástico. Brittany deslizó su silla de ruedas, atravesando la cocina, hacia la nevera, antes de unirse a mí. Se dio la vuelta y puso una de dos cervezas en la mesa de café. Sacó una gran bolsa de palomitas de maíz de su regazo y la tiró al sofá. Abrió la otra cerveza, golpeándola contra la esquina de la mesa de café, agregando nuevas marcas, idénticas a las que ya estaban en ese lugar. Me entregó la abierta e hizo lo mismo con la otra.

Cuando sujeté el cuello de la fría botella, su agarre se detuvo e incluso tiró un poco hacia atrás. Nuestros ojos se encontraron por una fracción de segundo antes de que la soltara.

Un escalofrío bajó por mi columna.

Debe haber sido el comienzo de una fiebre causada por una de las numerosas infecciones que probablemente tenía. Hice una nota mental de eliminar la aplicación de la enciclopedia de mi teléfono, aunque ya que había tenido un destello virtual caliente antes, estaba bastante segura de que el final estaba cerca.

—¿Sabes mucho de motocicletas? —preguntó Brittany.

—Ajá, un poco —respondí, mordiéndome el labio inferior.

Era solo una pequeña mentira. La cosa sobre la verdad era absolutamente aceptable y buena, pero algunos MC eran mis clientes más importantes, por lo tanto, fuera de los límites, y no permitían a nadie acercarse a Verdalandia.

—Pero crecí en una ciudad con una concesionaria Harley. Ya sabes, una de esos grandes con una cafetería incluida. Los motociclistas la recorrían casi todos los fines de semana. Mi amigo Mike y yo nos sentábamos en las mesas de picnic en la parada de camiones al lado de la carretera para verlos conducir fuera de la rampa en parejas. Íbamos a la concesionaria y aprendíamos los nombres de todas las motos y los gritábamos cuando pasaban.

Detuvo la cerveza sobre sus labios. Me observó como si pudiera ver a través de mí, a pesar de que no debería poder, porque lo que le estaba diciendo era verdad. Bueno, todo excepto que no sabía mucho acerca de las motocicletas.

—Lo que acabas de decir suena como yo cuando era niña.

—¿Creciste cerca de un montón de motocicletas? —pregunté.

Asintió.

—Motocicletas. Moteros. Es difícil evitarlos en esta ciudad —dijo—. No sé si lo sabes, pero tenemos dos de los MC más grandes en el estado justo enfrente de la calzada en Logan's Beach.

Asentí y tomé un sorbo de mi cerveza, temiendo que si no hacía algo con mi boca, la verdad sobre cómo no solo sabía de ellos, sino que había trabajado, tanto para los Wolf Warriors MC como para los Beach Bastards MC, saldría de entre mis labios.

Hizo clic en algo al costado de su silla de ruedas que soltó el apoyabrazos y lo deslizó hacia abajo. Los músculos de sus antebrazos se flexionaron y se tensaron mientras se levantaba y se movía hacia el sofá, aterrizando con un gruñido contra los cojines.

—¿Te duele? —pregunté, señalando su pierna. Su ceño estaba fruncido.

—Nop, aunque gracias por la ayuda —respondió con sarcasmo y apretando los dientes.

Oh sí, la rubia definitivamente sentía dolor.

—Lo hiciste bien por tu cuenta —indiqué.

—Sí, por lo general así es, pero vi al médico esta mañana y cambió la anterior escayola por esta más pequeña, así que me duele como la mierda tratar de reposicionarlo. Se supone que debo empezar a usar las muletas, pero todavía no he llegado a eso —explicó, colocando su pierna herida para poder descansarla sobre la mesa de café.

—¿Cómo te lo hiciste? —pregunté por curiosidad—. Gimansia, patinaje, piruetas, ¿verdad? ¿Fue en la práctica o en un juego?

—¿Cómo lo sabías? —indagó, inclinándose hacia mí.

—Porque puedo leer tu mente —exclamé agitando mis manos en el aire como un místico. Dejé caer mis manos cuando continuó mirándome inexpresivamente—. Me lo dijiste. Tu presentación. ¿Recuerdas? ¿Eres Brittany algo sobre una herida en el Gimnasio?

—Oh, sí —dijo, frotándose el puente de su nariz.

—¿Te han metido un montón de drogas o algo así? —cuestioné, preguntándome por qué estaba repentinamente desconfianda de mí cuando antes accedió a dejarme quedar en su casa sin siquiera conocerme.

—Tengo muchas cosas en mente. —Me ofreció una pequeña sonrisa—. No fue en un entrenamiento o en competencia.

—¿Qué?

—Me preguntaste cómo me lastimé la pierna. No fue en una practica. Ni en una competencia. La verdad es que me metí en una pelea.

—¿Supongo que perdiste?

Me miró como si hubiera golpeado su puerta y le hubiera preguntado si ha aceptado a nuestro señor y salvador Jesucristo en su vida.

—Mierda, no —espetó, poniendo sus ojos en blanco.

—Está bien entonces, bravucóna. ¿El otro tipo tiene collarín?

—No, sabelotodo. Al menos, no lo creo. Estaba fuera con amigos. Conocía a este tipo desde hace mucho, ni siquiera recordaba que tuviéramos un altercado, pero aparentemente él sí; me vio en el bar y comenzó una mierda conmigo. La llevamos afuera. Antes de poder golpearlo, sacó una navaja y me hirió la pierna. Dolió como una perra, pero ni siquiera lo sentí, no hasta que noqueé al hijo de puta. —Suspiró y miró hacia el techo.

No sabía si debería decir algo, así que me quedé callada mientras terminaba su historia.

—Tiene suerte de que no lo matara, carajo. —Sus nudillos se pusieron blancos alrededor del cuello de su cerveza, la que terminó en unos cuantos tragos largos. Suspiró y apartó el recuerdo—. Suficiente de esa porquería —dijo—. Toma. —Alcanzó detrás de su cabeza y tomó algo antes de acomodarse en el sofá. Me lanzó un mando a distancia—. Las damas como tu eligen.

Lo atrapé y empecé a cambiar de canales, agradecida por tener algo que hacer con mis manos, además de morder el costado de mi pulgar; un hábito al que nunca había tenido suerte de renunciar con éxito, a pesar de que estuve tratando desde que era una niña. Manos sucias y todo.

—Sabes, eres la única persona a la que le he contado esa historia y quien no dijo que lo lamentaba —comentó.

Apreté los labios.

—¿Por qué lo haría? No soy la que te hirió —dije.

La pantalla de televisión destellaba en la oscuridad, iluminando la habitación con cada clic de mi pulgar como un rayo a través del cielo nocturno.

—No —se rió entre dientes—. No, no me heriste. —Ambas estuvimos en silencio de nuevo por un momento antes de que me preguntara repentinamente—: ¿Cómo lo haces? —Señaló el mando a distancia en mi mano y luego el televisor—. Estás dando vueltas demasiado rápido.

—¿Y? —pregunté, continuando con mi asalto al botón del canal—. ¿Y estás segura de que está bien si me quedo aquí? Es decir, ¿quizá a tus padres no les gustará mucho?

Qué jodido sutilidad, Diabla.

—Sí, estoy más que bien. Este lugar era de mis abuelos antes de que murieran.

—Explica el plástico —dije, moviéndome y haciendo crujir el sofá.

—Sí, esa fue mi abuela —aclaró—. Mis padres nunca estuvieron realmente aquí. Venden bienes raíces internacionales o alguna mierda. Suelen pasar meses sin que escuche de ellos. Esta vez, ha pasado mucho tiempo. No los he visto desde que lo de la abuela y el abuelo pasó, y honestamente, no estoy esperando que el teléfono suene o algo —declaró y supe que había más en la historia. Más que necesitaba averiguar para Puck, pero no presioné para no levantar sus sospechas.

—¿Eres cercana a tus padres? —preguntó—. ¿O son de ellos de quién estás huyendo?

Reflexioné sobre su pregunta y pensé en nuestras llamadas diarias. Hablaba con ellos todos los días, pero ¿contar mentiras contaba cómo ser cercano?

—Lo más cerca que podemos estar —contesté, agradecida porque eso pareció ser suficiente respuesta y no insistió.

Volvió a señalar la televisión.

—No hay una puta manera de ver qué programa están dando, no te preocupes en hacer una elección para seguir con tu feliz pulgar gatillo sobre el botón.

Sonreí con suficiencia, pero no porque me señalara mis habilidades de navegación por los canales, sino más bien por el uso de la frase “pulgar gatillo”.

—No me juzgues como lo hiciste con Delilah. Vi tanta televisión mientras crecía, que probablemente podría decirte lo que están transmitiendo sin ni siquiera buscar, pero no conozco la numeración de tus canales, así que mantén tus reglas de superioridad moral sobre el control remoto controladas mientras trabajo mi magia. —Arrugué la nariz, le saqué la lengua, y justo así tenía diez años de nuevo y estaba en el porche de Mike.

—¿Alguien te ha dicho que eres un poco linda cuando estás enojada? — preguntó.

Hice una pausa, con mi pulgar cerniéndose sobre el botón.

—¡AH! No en esta vida. Y confía en mí, esto no es estar enojada. No quieres verme enojada.

La cerveza debe haberse subido a mi cabeza porque mi ira no era algo de lo que quería tener una conversación. Definitivamente había algo malo conmigo; más malo de lo habitual; estaba segura de ello. Hice una nota mental de volver a descargar WebMD19 después de que Brittany se fuera a dormir.

Volví a mirar el ventilador que me había llamado la atención cuando entré por primera vez. Ese ventilador era lo que estaba mal conmigo. Y el universo. Sí, era definitivamente el maldito ventilador sucio lo que era incorrecto para todo en el mundo. Con sacudidas, el compresor del aire acondicionado mandaba motas de polvo gris oscuro que caían de las orillas de las palas del ventilador y aterrizaban en la mesa del comedor. Me estremecí.

Brittany no pareció darse cuenta y arqueó una ceja hacia mí.

—Tengo curiosidad de ver cómo te ves enojada —apuntó—. Toda roja y ruborizada.

Pero no se burlaba de mí. No se estaba riendo. Su forma de decirlo fue baja y profunda. Podría haber estado diciendo: “Tengo curiosidad de ver cómo te ves desnuda”. Para mí, estar desnuda sería menos invasivo, que el que me viera durante uno de mis episodios.

Se estaba poniendo demasiado personal.

Demasiado.

Alcanzando la bolsa olvidada entre nosotras, la abrí y agarré un puñado de palomitas de maíz, llenándome tanto la boca como pude. Le devolví el control, ya que parecía demasiado impaciente como para esperar, mientras volvía a la nevera para agarrar más cerveza, aunque la mía estaba medio llena.

—No deberías tener curiosidad —murmuré para mí—. Linda es lo último que soy cuando estoy enojada. Pregúntale a mis padres, a mis psiquiatras, a mi maestro, a Puck o a Mike.

—¿Qué dijiste? —interrogó.

Afortunadamente, en la TV sonó un estallido de disparos. Me acomodé en el sofá con los pies debajo de mí, de manera que me apoyaba en mis pantorrillas. Para mi consternación, la bola de germen babeante que Brittany llamaba Murray salió de la habitación de atrás.

En unos minutos, estaba dormido en el sofá entre nosotras, roncando más fuerte que Puck después de una noche de beber demasiado.

—Me encanta esta película —exclamó, tomando un trago de su cerveza.

Justo entonces, en la pantalla, Jason Statham corrió por un patio. Un segundo después, un coche detrás de él explotó, levantando el suelo en una dramática bola de fuego. Tan poco realista. Los coches ni siquiera hacen ese tipo de ruido cuando explotan en la vida real. Malditos efectos de sonido poco realistas. Una explosión de automóvil no era tan dramática. En realidad, es muy poco asombrosa en cuanto a explosiones se refiere.

—¿La has visto antes? —pregunté—. ¿De qué se trata? —Sonreí burlona.

Asintió, hundiendo la mano en las palomitas.

—Sí, es una donde Statham rescata a esta chica y corren por ahí tratando de escapar de ese tipo. —Señaló la pantalla.

—. Porque está detrás de la chica. —

Me reí entre dientes.

—¿Qué es tan gracioso? —preguntó, apartando los ojos de la película hacia mí. Su mirada se posó en mi pecho antes de arrastrarse hacia mi rostro.

Fingí no notarlo, pero tuve la sensación de que a Brittany no le importaba si me daba cuenta.

—Nada. —Reí—. Es solo que un amigo tenía esta cosa por las películas
que...

—¿Mike? —interrumpió—. Lo mencionaste antes.

Asentí.

—Sí, Mike.

Me sentí rara diciendo su nombre en voz alta, especialmente a un objetivo y después de tanto tiempo de no decirlo en ningún otro lugar más que en mi cabeza, o a mi madre cuando lo traía a colación. Lo que hacía. En toda conversación.

—. En fin, solía hacer esta cosa donde hacía que alguien describiera una cierta película de Jason Statham, luego les pedía que describieran otra, y básicamente la broma era que, en líneas generales, todas las películas de Jason Statham podían describirse de la misma manera.

Parecía que le estaba dando vueltas en la cabeza. Movió sus labios mientras pensaba, hablando silenciosamente para sí misma. Sus labios eran finos y rosados, y me sorprendí pensando si eran tan suaves como parecían cuando empezó a reír.

—Sabes, creo que tienes algo ahí. Expliqué—: El personaje de Statham huye de los chicos malos con una pobre chica a cuestas. Se producen explosiones y caos.

—Sí, así era en casi todas.

Bajé los ojos hacia mi cerveza y los fijé en la esquina de la etiqueta

—. Sí, Mike siempre era bueno en señalar cosas así.

Al levar la botella a mi boca, tomé un gran trago y tragué con dificultad.

—¿Mike es tu... novio? —preguntó, diciendo el nombre de Mike como si
le hubiera dejado un mal sabor en la lengua.

—No. Solo un amigo. —Suspiré. Siendo sincera, añadí—: Era mi único
amigo.

—¿Era? —preguntó, volviéndose hacia mí tanto como su pierna estirada
le permitía.

—Sí, es complicado —admití—. Mirando hacia atrás, para empezar, tal vez nunca debería haber sido su amiga.

No tenía ganas de hablar de Mike, así que me encogí de hombros, como si perder a mi único amigo no fuera gran cosa. Nuevamente, mis ojos se levantaron hasta el ventilador, la suciedad que se asentaba en él no había estado lejos de mis pensamientos desde que había entrado en la casa. En mi cabeza, las bacterias se multiplicaban por segundos.

—Tu ventilador es asqueroso.

—¿Algo así como la piscina? —preguntó, haciendo un gesto de disgusto, y supe que estaba imitando cómo había lucido cuando la saqué de la piscina.

—. Si te hace sentir mejor, no soy una completa inepta. Este lugar estuvo vacío durante mucho tiempo antes de que volviera —dijo, uniéndose a mi observación del ventilador argumentando—: Y cómo puedes ver —señaló su pierna—, no estoy exactamente en posición de subir escaleras. Las canaletas traseras también podrían necesitar un poco de trabajo. No creo que hayan sido tocadas desde que las limpié por última vez y eso fue hace años. La terraza necesita ser lijada, y la lista continúa. Sin embargo, si quieres seguir adelante y comenzar a trabajar, eres más que bienvenida a ir a la ciudad en...

Apenas había dicho las palabras, y yo ya había tirado de una silla de la mesa del comedor y tomado el plumero barato que había encontrado en la cocina, apoyado contra los gabinetes. Era uno de esos plásticos que compras en el supermercado. Del tipo con el mango flexible súper ligero, que siempre se rompe después de un poco de uso, pero tendría que servir.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó, sus músculos abdominales se flexionaron bajo su camisa mientras hacía un movimiento para ponerse de pie, olvidándose temporalmente de su pierna.

—. Vas a caerte, joder —gruñó frustrada.

Para cuando volvió a caer en el sofá, ya había terminado de limpiar y botar el polvo de la primera aleta en una bolsa de basura.

—. Estaba bromeando, Diabla. No tienes que limpiar ahora mismo.

Sacudí la cabeza, agradecida de que la escayola la mantuviera atada al sofá porque si fuera capaz y tratara de arrastrarme lejos de ese ventilador, la noquearía.

—He estado mirando el puto ventilador desde que entré por la puerta. Esto necesita ser atendido ahora, antes de que pequeños monstruos de polvo crezcan en medio de la noche y te ataquen mientras duermes.

—¿Eso es una Cosa? —preguntó sonando divertida. Tomó un trago de su cerveza, observándome mientras hacía al ventilador mi perra.

—Mierda, claro que sí. —Levanté el profundo escote de mi camiseta sin mangas, usándolo como una mascarilla temporal.

—¿Qué estás haciendo exactamente? —preguntó, su voz de repente sonó tensa.

—Estoy cubriendo mi boca y nariz para protegerme de cualquier cosa que vuele fuera del ventilador y encuentre una zona agradable y caliente dentro de mi cuerpo para florecer, o para crecer, o para girar, o para mutar, o lo que ese tipo particular de asquerosidad malvada hace cuando hace más asquerosa maldad —respondí.

Me volví hacia Brittany y levanté el plumero anteriormente blanco, pero que ahora completamente negro.

—Pero, la pregunta que debes hacer es: ¿de verdad quieres esperar y descubrir qué pasará si no haces nada?

Mi voz fue amortiguada por la delgada tela de mi camiseta. Su sonrisa desapareció cuando sus ojos se deslizaron de la camisa, por encima de mi nariz, hasta la piel expuesta por encima de la cintura de mis pantalones cortos. Se aclaró la garganta.

—Todavía no te quiero ahí arriba —murmuró bruscamente. Se sentó en el sofá y señaló con cerveza alrededor de la habitación, rápidamente apartando la mirada de nuevo hacia la TV. Tragó con fuerza y aligeró su tono

—. Pero por supuesto mujer, continúa. Lucha contra los potenciales monstruos de polvo y lo que su maldad me hará mientras duermo. Te agradezco, amable mujer, por tu sacrificio en protegerme. —Inclinó su cabeza.

Protegerla. Esa era la verdadera broma. Excepto que, de pie allí en la sala de estar de sus abuelos, limpiando su ventilador... no era tan gracioso.

Seguí en el ventilador.

—Ahora te ríes, pero espera a que vaya a la población que vive en tu refrigerador. Cuando saqué la cerveza, vi un centímetro de moho en el cajón que necesita morir, para ayer.

Se inclinó tan hacia adelante en el sofá como su yeso lo permitía. En un fuerte susurro, añadí

—: Estoy bastante segura de que una de las pilas de pelusa verde me guiñó un ojo.

Se dejó caer sobre los cojines y soltó la risa más fuerte y prolongada que había escuchado. Era una de esas risas genuinas que no solo la escuchabas, sino que la sentías. Me hizo reír también. Mientras rápidamente hacía el trabajo del ventilador, murmuró para sí misma acerca de mí siendo una chica rara y divertida. Hizo clic en el mando a distancia, probablemente tratando de encontrar una película menos predecible que cualquier cosa de Statham.

—¿Por qué me dejas quedarme aquí? —pregunté, concentrando mi atención en el ventilador. No había querido indagar, pero mi curiosidad conseguía lo mejor de mí—. Deberías estar enfadada conmigo por echar a tu novia, pero no lo estás. ¿Por qué?


—¿Talia? Ella no es mi novia —respondió, sin contestar mi pregunta.

—Simplemente estoy curiosa de por qué me dejas quedar aquí después de que hice eso.

Detuve mi plumero y miré a Brittany, que estaba frotando distraída el estómago de un Murray bocarriba. Su enorme cabeza colgaba de la orilla del sofá, su lengua colgando le cubría uno de los ojos.

—No lo sé. Tal vez no estaba enfadada porque ella no es importante. O tal vez quería hablar con la chica que me sacó de la piscina y me salvó la vida.

Se encogió de hombros y volvió a la televisión

—. No importa por qué. Estás aquí ahora —dijo, como si eso explicara todo.

—¿Entonces ella es tu amiga? —pregunté, mi curiosidad de nuevo acicateándome.

—No la llamaría exactamente así.

—Entonces, ¿por qué iba a venir a verte? —indagué.

Al segundo en que la pregunta salió de mi boca, me arrepentí porque me encontré con sus ojos azules. No me miraba como si fuera rara, a lo cual estaba acostumbrada, sino
como si estuviera genuinamente confundida por mi pregunta.

—¿No sé si estás jodiendo conmigo, o si realmente no sabes? De cualquier manera te lo diré, solo contéstame sinceramente.

Cambié mi mirada de nuevo al ventilador.

—Creo que sé —dije. Seguido por—: Pero como que no.

Brittany se quedó seria cuando aclaró

—: La invité aquí después de la cita con mi médico porque hace un tiempo que no hecho un polvo y era un desastre por casi morir. Verás, esta hermosa chica en un bikini blanco me salvó y luego huyó. No podría sacarla de mi cabeza. Talia siempre ha estado allí para pasar un buen rato. Así que, para responder a tu pregunta, Diabla, ella estuvo aquí... para follarme. —Mis ojos se posaron en los de ella—. Me doy cuenta de que no es la respuesta más propia de una dama, pero tampoco es una mentira.

Hermosa.

Cree que soy hermosa.

—Pero entonces, ¿por qué dejaste a Talia partir y por qué dejaste a la chica de bikini blanco quedarse? —pregunté, refiriéndome a mí misma en tercera persona como ella lo había hecho.

Sacudió la cabeza como si no pudiera creer lo que iba a decir.

—Porque no podía dejar que NO se quedara.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:53 am

Nota: chicas que ha cambiado por que no puedo dar formato al texto, alguien sabe?????


Capítulo 11
Diabla

BRITTANY SE DURMIÓ en el sofá mientras terminaba de limpiar el ventilador y luego el refrigerador, y luego las superficies y luego los pisos. Le envié un breve mensaje a Puck para contarle que Brittany decía no tener idea de dónde estaban sus padres. Me decepcionó, pero no me sorprendió su respuesta inmediata.

Podría estar mintiendo. Necesito más. Quédate.

Tanto por hacer.

Tiré el teléfono en mi bolso y noté, que en el otro, la señal roja de carga de batería parpadeaba en la pantalla. Sabiendo que mis padres se volverían locos si su llamada se desviara al buzón de voz de nuevo, lo conecté a la única toma de corriente que pude encontrar en la sala de estar. Luego, con mi bolso en la mano, me dirigí al pequeño pasillo que tenía solo dos puertas. Uno era un cuarto de baño pequeño, el otro era el único dormitorio. Era bueno no dormir. Mi ducha duró una hora. Principalmente porque primero limpié las baldosas con bórax y desinfecté cada pulgada de la porcelana antes de que incluso considerara poner realmente un pie cubierto de flip-flop dentro del borde del área de la ducha para bañarme.

Afortunadamente, había toallas limpias arriba del mostrador. Cuando terminé con mi ducha, me envolví en una y acababa de terminar de cepillarme los dientes y peinarme cuando oí un tono de llamada familiar.

Cogí los pantalones cortos limpios de mi bolsa y me estiré para alcanzar mi teléfono, pero cuando lo tomé, vi que la pantalla estaba en negro. Mierda, era mi otro teléfono. El que había dejado cargando en la sala de estar. Justo al lado de la silla de Brittany. Ni siquiera me molesté en vestirme. Salí del cuarto de baño, todavía envuelta en la toalla, pero para cuando llegué, el timbre se había detenido.

Llegué tarde.

Brittany todavía estaba en el sofá, pero ahora completamente despierta. Tenía una enorme sonrisa en su rostro. Sus pecas en su máxima expresión. El cable que había sido conectado a mi teléfono estaba colgando sobre el reposabrazos del sofá. Mi teléfono estaba en su oído mientras se reía y conversaba.

Con mis padres.

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 2:54 am

BRITTANY

PENSÉ QUE SERÍA divertido contestar al teléfono de Diabla. Sus padres tenían un acento que no podía identificar y estaban muy emocionados y extrañamente sorprendidos al escuchar que Diabla tenía una amiga. Cuando me preguntaron qué habíamos estado haciendo y querían saberlo todo, básicamente les dije la verdad, que apenas nos habíamos conocido.

Me estaban preguntado si estaba disfrutando mi estancia en París cuando giré hacia el movimiento que percibí por la esquina de mi ojo.

Dejé caer el teléfono.

Ahí estaba Diabla. Envuelto en nada más que una puta toalla. Gotas de agua caían de su cabello y bajaban por la delgada pendiente de su cuello. Su cabello estaba mojado como la primera vez que la vi, excepto que ahora estaba sobre suelto y era tan largo que le rozaba la cintura. Y al igual que la primera vez que la vi, estaba furiosa.

Al instante, mi cuerpo se prendio. Me moví para ajustarme, pero no había forma de esconderlo. No me importaba. Esta chica despertaba algo primitivo en mí que me hacía querer halarla por el cabello y arrastrarla.

Me había olvidado por completo del teléfono, de sus padres, de la puta respiración. Todos mis pensamientos estaban en ella, en la curva de sus tetas sobresaliendo de la parte superior de la toalla y en la sangre corriendo a mil en mi cuerpo. Incluso con la mirada enojada en su rostro, no podía dejar de imaginar lo que sería para ponerla debajo de mí. ¿Qué sonidos haría cuando se viniera?

Apuesto a que con una cogida furiosa podría sacarle ese ceño fruncido de su hermoso rostro.

Se acercó a mí inclinándose y contuve la respiración. No prestó atención a lo rojo de mi rostro o de mi cuello o al sudor que expira la excitación presente en mi y se estiró entre mi muslo y el sofá para recuperar su teléfono. Hizo una pausa por un segundo respirando profundamente.

—¿Hola? —saludó, acercándose el auricular al oído.

Su voz ni siquiera sonaba como la suya. Era demasiado aguda y… amable-

—. No Ma, no es mi novia. Va, no, aún no soy lesbiana.

Apoyó el rostro en su palma y la toalla se deslizó otra pulgada

—. Es sólo una amiga.

—No, no puedes hablar con ella de nuevo.

Sus ojos me acuchillaron

—.Está muy ocupada y nos estamos preparando para…

Tendí la mano para que me diera el teléfono y la golpeó. Gracias a Dios que era baja porque me acerqué y se lo arrebate fácilmente.

—Hola de nuevo —dije.

Diabla se volvió púrpura, frunció los labios, y si miraba atentamente, juraría que podía ver pequeñas llamas salir de sus oídos.

—Hola, Brittany. Es tan bueno saber que nuestra chica tiene otra amiga americana con quien hablar y ayudarla en París —declaró su madre con su acento que no podía ubicar.

—¿París? —pregunté.

Los ojos de Diabla se abrieron de par en par. Su ira desapareció en un instante.

—Por favor —imploró, suplicándome con sus hermosos ojos marrones que siguiera con cualquier mentira que obviamente les contado.

—Sí, París ha sido explosiva. Fue difícil adaptarme al principio, pero su hija ha sido genial. De hecho, es quien me ha ayudado.

Sus padres siguieron y siguieron. Parloteando sobre platos y sopa. Nunca aparté mis ojos de Diabla, que parecía completamente petrificada. Se arrodilló junto al sofá y descansó la barbilla en el reposabrazos, mirándome como el más triste y hermoso cachorrito que hubiera visto en mi vida. Apenas se estremeció cuando Murray caminó
sobre sus pantorrillas como si ella no estuviera allí.

Oh no. Dejó caer la frente sobre el apoyabrazos, su cabello se desplazó a un lado y logré vislumbrar en su nuca, el tatuaje rosa de la daga. Lo que estaba pasando en su cabeza. Lo que estuviera sucediendo dentro de su cerebro que la hacía lucir de así debía detenerse.

AHORA.

—¿Sabe algo? Lo siento mucho, pero la recepción aquí es realmente pésima. ¿Está bien si le devolvemos la llamada…? —No terminé la frase, finalizando abruptamente la llamada y lanzando el teléfono a un lado.

Desearía poder ponerme de pie

—. Sal del maldito piso —exigí, la orden raspó mi garganta con más dureza de lo que pretendía, pero no pude evitarlo. Necesitaba establecer mi punto de vista.

—¿Qué? —preguntó, parpadeando rápidamente. Se incorporó del sofá, pero continuó arrodillada.

—Diabla, si pudiera pararme ahora mismo, yo misma te levantaría del piso, pero no puedo, así que párate.

Se levantó, sosteniendo la toalla fuertemente contra su pecho.

—Buena chica. No quiero volver a verte así. No caes al piso así. No te acobardarás ante nada. No con tus padres, ni con nadie, ¿Me oyes?

Sujeté su antebrazo

—. No sé lo que acaba de suceder ni a dónde se fue la chica fuerte, pero no te arrodillas, nunca.

Hice una pausa, mis ojos recorrieron la suave y cremosa piel de su pierna hasta su muslo, donde la toalla sólo tenía que moverse algunos centímetros más para ver todo. Casi no me pude controlar por el pensamiento de ella sobre sus rodillas. Mi voz era oscura, profunda y atada con todas las cosas sucias que quería hacerle.

—Borra eso —enmendé—. Puedes caer de rodillas para mí. Seré la excepción a esa regla.

Me miró como si estuviera tratando de enojarse pero no pudiera.

—No puedes hablarme así. No acepto órdenes —aclaró, aunque sonaba más como si tratara de convencerse más a sí misma que a mí—. Eso no fue parte del acuerdo.

—¿Sabes lo que pienso? Creo que te gusta recibir órdenes. Creo que quieres que te diga qué hacer.

Para probar mi punto, moví mi mano de su brazo y acaricié su muslo. El miedo que sus padres le habían causado se desvaneció rápidamente. Sus hombros cayeron y pude sentir la tensión dejando sus músculos.


Vibraba por esta chica. Dolorosamente excitada no podía empezar a describir cuánto quería unirme a ella.

—¿Por qué mientes a tus padres? —indagué.

—Es complicado —contestó, inspirando bruscamente, mirando mi mano con una curiosidad extraña. Siguiéndola mientras la deslizaba más y más alto por su pierna.

Su renuencia a responder mi pregunta sólo me planteó nuevas interrogantes. Me sorprendí cavilando en la posibilidad de que su anterior duda sobre Talia era producto de su ingenuidad, o tal vez sólo de haber sido herida. Lo que me llevó a pensar en algún imbécil que podría haberlo hecho. Lo que me hizo querer romper con mis manos el cuello de mierda del ex-novio imaginario. La eximí de contarme más acerca de sus padres, aunque pensaba volver a interrogarla.

Después de todo, le mentí acerca de los míos.

Estaba a punto de llegar debajo de su toalla y dilucidar si estaba teniendo el mismo efecto en ella que ella en mí. Me preguntaba cómo estaba de mojada. Cuánto calor iba a sentir. Pensé en hundir mis dedos dentro de ella cuando un resonante BOOM se estrelló a través del salón, seguido por un destello de luz cegadora y blanca.

FUEGOS ARTIFICIALES. VAGINA BLOQUEADA por jodidos fuegos artificiales. Aunque vagina bloqueada no puede ser el término adecuado, porque Diabla no era una de esas con las que podría mostrar mi encanto y podría estar con ella. No, ella era compleja y me iba a costar más que acariciar su muslo para se entregara completamente a mí.

—Voy a tomar el sofá —indiqué.

Para mi decepción, había ido a cambiarse la toalla por de ropa. Quería arrancársela y llevarla a mi cama. Había cierta mirada en sus ojos que me detuvo. Confusión mezclada con inocencia

—.Puedes quedarte con la cama. Hay sábanas limpias en el armario —grité, preparándome para pasar la noche en el sofá.

Regresó del baño, vestida con otros pantalones cortos. Eran blancos e incluso más cortos que los anteriores. En su minúscula y apretada camiseta rosada y apretada se leía:

VETE A LA MIERDA. GRACIAS.

Su cabello estaba recogido encima de su cabeza en un moño desordenado, y varios rizos salían de él en todos los ángulos, algunos tan largos que pasaban su barbilla.

—No lo necesito. Estoy bien.

—Estás aquí para ayudarme. Es lo menos que como una dama puedo ofrecerte.

Me interrumpió, sacudiendo la cabeza.

—Cuando dije que no lo necesitaba, lo decía en serio. No duermo. Es uno de mis caprichos.

Hizo comillas en el aire con la palabra caprichos, obviamente citando a algún idiota que la había hecho sentir mal sobre sus excentricidades. Probablemente el ex-novio que ahora no sólo iba a estrangular, sino también a cortar sus bolas.

—¿Qué quieres decir con que no duermes? ¿Quieres decir que sólo duermes unas pocas horas por noche? —interrogué.


Mordisqueó el lado de su pulgar y apartó la mirada.

—Más como cero.

—¿Cómo es posible?

—No lo sé. Quiero decir, a veces dormito por un lapso de tiempo, tal vez una o dos horas como mucho. Estoy completamente consciente, sólo un poco ida.

—¿Cómo dices?

Juntó sus palmas y dirigió sus dedos hacia el techo como si estuviera orando. Parecía estar siempre hablando con las manos, gesticulando lo que estaba tratando de decir mientras pronunciaba las palabras.

—Piénsalo como meditar en vez de dormir, excepto que no estoy realmente meditando.

—Wow, nunca he oído hablar de tal cosa. ¿Alguna vez te cansas? — pregunté, curioso de cómo podía funcionar sin dormir.

Negó con la cabeza.

—No. Realmente no. Además, ¿alguna vez oíste a la gente quejarse por no tener suficientes horas en el día? —preguntó, con una sonrisa astuta en sus labios rosados—. Bueno, eso es algo que nunca hago.

Fue entonces cuando caí en cuenta de que, mientras había tomado una siesta, ella había hecho algo más que limpiar el ventilador. Los pisos estaban brillantes, así como cada otra superficie en la casa.

—¿Así que te quedarás despierta toda la noche limpiando? —interrogué.

Se sentó a mi lado y flexionó sus piernas debajo de sí misma como lo había hecho antes. Sus pantalones cortos subieron, exponiendo el pequeño trozo de piel entre su coño y la parte interna del muslo.

MIERDA.

—Me mantengo ocupada —fue su respuesta.

A pesar de mi, otra vez palpitante vulva, sentí mis ojos cada vez más y más pesados y bostecé. Diabla me observó, sus ojos estaban en mi boca, con el mismo asombro que había tenido cuando estaba viendo mi mano moverse por su pierna escrito en su rostro.

—Bueno, mi casa es tu casa —exclamé, levantándome del sofá. Esta vez cogí las muletas del suelo en vez de la silla de ruedas—. Supongo que te veré por la mañana.

—Buenas noches —respondió, sin parecer cansada. Caminé por el pasillo, pero antes de girar la perilla de la puerta del dormitorio, me incliné hacia atrás y robé una última mirada de la chica sentada en el sofá de mi salón.

Apreté los labios, sin querer que me oyera reír, pero cuando vi lo que estaba haciendo, no pude burlarme.

Miraba fijamente las puertas de vidrio, observando su reflejo… mientras practicaba un bostezo. Abrió la boca y luego la cerró, inhalando profundamente y estirándose. La siguiente vez, se cubrió la boca. Después cerró los ojos e hizo su falso bostezo, terminando con un largo gemido al final de estirarse. Era el mismo gesto que quería ver en su rostro cuando la hiciera venirse.

Pronto.

Me obligué a dejar de mirarla y cerré la puerta del dormitorio detrás de mí, colapsando sobre la cama con la expresión del potencial orgasmo de Diabla quemando mi cerebro.

Permanecí allí varias horas antes de que finalmente me desvaneciera con un último pensamiento, mientras caía profundamente dormida.

Esta chica va a matarme.

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 3:04 am

CAPITULO 12
Diabla

EN ALGUNAS OCASIONES, por lo general durante el café de la mañana o cenando en la terraza, Brittany compartía más datos conmigo acerca de sus padres, de cómo nunca estuvieron cerca mientras crecía, así como más detalles acerca de su subsistencia antes de vivir con sus abuelos. Cada vez que le reportaba a Puck pensando en que tenía suficiente, pedía más. Estaba empezando a pensar que planeaba que me mudara permanentemente. Creí en Brittany cuando comentó que no sabía dónde estaban, por lo que me fue difícil de comprender cuando Puck me ordenó que me quedara.

Había estado en la casa durante más de una semana y, a excepción de la piscina, había limpiado cada centímetro cuadrado del lugar. Aunque todavía necesitaba un montón de reparaciones, me di cuenta que realmente estaba llegando a gustarme hacerla brillar de nuevo.

Pensé en lijar y pintar los gabinetes de la cocina y tal vez levantar la alfombra del dormitorio para ver lo que podría estar debajo, pero alejé esos pensamientos tan pronto como vinieron. No necesitaba apegarme, aunque fuera sólo a una casa.

Cuando me ordenó levantarme del piso la semana pasada, algo dentro de mí cambió. Puede que ella no haya entendido por qué reaccioné de esa manera, pero eso no le importaba gran cosa, sino cómo dejé que la situación me afectara. Me aterró que todo el arduo trabajo de los tres últimos años, construyendo la relación con mis padres, estuvo a punto de deshacerse por una conversación con alguien que solo acababa de conocer. Lo cierto era que, aunque la relación con mis padres se basaba en mentiras, no estaba dispuesta a renunciar a ellos por completo. Tal vez fuera egoísta de mi parte.

A pesar de que no pasó a mayores y colgó el teléfono, seguí repitiendo en mi mente una y otra vez lo que pudo haber ocurrido. Me desmoroné mental y físicamente, hasta que me controló y me ordenó ponerme de pie.

No había intentado volver a tocarme desde aquella noche. La parte confusa era que me molestaba que no lo hubiera hecho. Aún peor era que me preguntaba por qué.

El pensamiento cruzaba continuamente por mi mente, lo que más me preocupaba, era que, ¿quería que lo hiciera?

Cuando me miró y puso su mano en mi pierna sentí un extraño calor en todo el cuerpo. Mi piel hormigueó y cobró vida. Mis pezones se endurecieron y mis pechos se sintieron pesados y doloridos.

Luego, cuando arrastró su mano entre mis piernas, todo dentro de mí se apretó. Sí, definitivamente quería que me tocara otra vez. Podía darle la vuelta en mi mente de un millón de maneras, pero la verdad era evidente, y como estaba siendo honesta con Brittany, tanto como podía ser de todos modos, probablemente también debería ser honesta conmigo misma.

Aun cuando nunca lo había sentido antes, ni siquiera un cosquilleo, sabía exactamente lo que me estaba pasando.

Ni siquiera necesitaba buscarlo en WebMD.

Aunque lo hice.

Tenía que parar.

Lo que sentía TENÍA QUE PARAR.

No podía salir nada bueno de eso. Por eso tenía que pasar más tiempo con ella y obtener la información que Puck necesitaba, y fuera la mierda que fuera aún era un misterio, pero lo descubriría, y luego terminaría el trabajo como siempre lo hacía y me iría como el infierno.

Pan comido.

¿Cierto?

Mientras tanto, había estado haciéndolo bien con mi falso acuerdo con ella. Cociné, limpié, y limpié un poco más. También horneé, haciendo más muffins que el hombre muffin. Cualquier cosa que me distrajera de verla hacer flexiones en el patio trasero, que era lo que hacía cuando puse el tercer lote de muffins en el horno. Para cuando entró en la casa ayudándose con sólo una muleta, ya había pasado a pulir la colección de cucharas de plata de su abuela.

Su pierna estaba sanando, y en la reciente visita a su doctor le cambiaron la escayola por una aún más pequeña, que apenas cubría unos diez centímetros del área de la rodilla. Cada vez usaba con más frecuencia las muletas, y algunas veces la atrapé cojeando con sólo una.

Brittany desapareció en el baño y cuando salió estaba recién duchada, vistiendo una ajustada camisa negra y unos pantalones cortos negros, su cabello peinado hacia atrás y mojado. Olía como el jabón con aroma a lluvia que estaba en la ducha. Se acercó lentamente, como una gata a punto de saltar. Sus ojos azules brillaban traviesos mientras me sonreía como si tuviera un secreto.

No eres la única.

La sensación en mi estómago, el tirón que sentía mientras se acercaba a mí, sólo confirmaba lo que ya sabía.

La deseaba.

No quería desearla.

Quería querer matarla.

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BRITTANY

ESTOY MAL. Necesitaba follarla más de lo que necesitaba mi siguiente aliento. Estaba tratando de averiguar cómo romper la coraza que rodeaba a la siempre engañosa Diabla, cuando tuve una idea. Una que esperaba que la llevara a retorcerse debajo de mí muy pronto.

—Saldremos mañana por la noche —anuncié.

Estaba sentada en el mostrador de la cocina, balanceando sus piernas bronceadas en el aire, puliendo las cucharas de plata de mi abuela con un trapo. La casa estaba más ligera desde que había entrado en mi vida. No sólo porque ahora estaba libre de polvo e impecable, sino porque por primera vez desde que mis abuelos murieron, se sentía más como un hogar y menos como una tumba.

—¿A dónde vamos? —preguntó sin levantar la vista de lo que estaba haciendo.

Cualquier otra chica habría preguntado por qué la estaba invitando a salir. Cualquier otra chica buscaría algún tipo de motivo o intención detrás de todas mis acciones, y con una buena razón.

No ella.

Podría haber estado bajo el agua la primera vez que la vi, pero incluso entonces, supe enseguida que definitivamente no era como cualquier otra chica.

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Dom Jul 09, 2017 7:40 am

vaya, pense por un momento que dejarias la historia, celebro que no haya sido asi, bueno, de verdad que parece que san no ha pensado mucho que esta ahi para matar a britt, la pregunta es, porque, en fin.... buena la convivencia, a ver como va esa salida, hasta pronto!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 11:56 am

micky morales escribió:vaya, pense por un momento que dejarias la historia, celebro que no haya sido asi, bueno, de verdad que parece que san no ha pensado mucho que esta ahi para matar a britt, la pregunta es, porque, en fin.... buena la convivencia, a ver como va esa salida, hasta pronto!!!!

Nop para nada no hay nada abandonado...... voy a terminarlas todas....gracias.... gracias por continuar leyendo....realmente creo que Santana esta siendo distraida de una muy buena manera.... hasta luego...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 11:57 am

micky morales escribió:vaya, pense por un momento que dejarias la historia, celebro que no haya sido asi, bueno, de verdad que parece que san no ha pensado mucho que esta ahi para matar a britt, la pregunta es, porque, en fin.... buena la convivencia, a ver como va esa salida, hasta pronto!!!!

Nop para nada no hay nada abandonado...... voy a terminarlas todas....gracias.... gracias por continuar leyendo....realmente creo que Santana esta siendo distraida de una muy buena manera.... hasta luego...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 11:59 am

CAPITULO 13
DIABLA

UN LAVABO SOBRE una astillada encimera de formica, un dúo amarillo de bañera y ducha que compartían el mismo espacio, y un aseo escondido detrás de un tabique era todo lo que componía el pequeño cuarto de baño. La estrecha y oscura ventana en lo alto de la pared, matizaba el brillo de la luz del Sol. El decolorado papel pintado de flores rosa cubría cada centímetro disponible de la pared con una cinta decorativa en el centro a juego que dividía la pared en dos.

—Creo que eres perfectamente capaz de hacerlo por tu cuenta —indiqué al reflejo de Brittany en el espejo mientras estaba de pie en el umbral de la puerta.

Acababa de terminar de bañar a Murray, y tuve la confirmación de que era más gris que negro, cuando Brittany me llamó desde el baño. La encontré empapada en la bañera que había fregado en pro de estar más limpia cuando saliera de lo que estaba cuando entraba. Estaba de espaldas a mí y contra el azulejo, pero en el espejo podía ver con claridad su definido cuerpo que desaparecía debajo del agua, la cual era, afortunadamente, demasiado jabonosa como para ver algo. Aunque mis ojos aún así vagaron por ahí.

—Tal vez, ¿en donde estaría lo divertido? —preguntó, moviendo las cejas sugestivamente.

Me giré para marcharme.

—No, espera —exclamó, y por alguna razón, sí la escuché y me detuve.

Me parecía estar haciéndolo demasiado cuando se trataba de ella. No me gustaba.

Ni un poco.

Me metí en todo esto para tener mi libertad y aquí estaba, recibiendo órdenes de ella, un objetivo de todas las personas.


Necesitaba recordar dónde estaban mis putas pelotas, y rápido.

—Bromas aparte, mi rodilla está atorada y podría necesitar tu ayuda —aclaró, su voz adquirió seriedad—. Por favor —agregó, ofreciéndome una pequeña sonrisa tímida.

—Bien —resoplé.

Al caminar hacia la bañera, me senté en la alfombra del baño y me incliné sobre la orilla. Solo porque me afectaba no significaba que ella necesitaba saberlo. Fijamos nuestra mirada y traté de mantener mis ojos en su rostro

—. ¿Qué necesitas que haga?

Señaló a su pierna lesionada. La rodilla flexionada, que se elevaba por encima del agua.

—Necesito presionar un poco hacia abajo la pierna, así la puedo desbloquear desde esta posición —explicó.

—Y no puedes hacer eso porque…

—Porque duele cuando lo intento y no soy buena en infligirme dolor. —Me miró a los ojos—. Pero algo me dice que eres excelente en eso —bromeó.

Ganadora, ganadora.

—Bueno, sólo hay una manera de saberlo —murmuré. Brittany se rio entre dientes—. ¿Dónde quieres que empuje?

—Justo aquí —indicó, colocando sus manos por encima de la rótula a ambos lados de la roja cicatriz dentada. Me sacudí las manos y las coloqué donde me había mostrado. Por el rabillo del ojo, percibí un movimiento bajo el agua entre sus piernas. Empujé hacia abajo.

Duro.

—¡Mierda! —gritó cuando su rodilla cedió bajo la presión. Quité mis manos—. Pensé que ibas al menos a contar hasta tres o algo así.

—¿Por qué lo pensaste? —pregunté—. No me dijiste que hiciera eso.

—Porque es la cosa humana a hacer —masculló con los dientes apretados. Los tendones de su cuello estaban tensos.

Me encogí de hombros

—.¿Puedes darme un masaje, por favor? Está tan jodidamente rígida, duele incluso moverla.

La miré con escepticismo, en busca de la broma que siempre parecía seguir sus peticiones. En cambio, me sorprendió diciendo

—: Por favor, Diabla, no quiero tener que tomar la mierda para dolor que me recetaron. Realmente odio esa basura. Chicas en el equipo se metieron esas cosas como putos caramelos. Las hizo descuidadas y su recuperación se vio obstaculizada. No quiero eso.

Sus ojos se suavizaron. Cubrió mi mano, que descansaba sobre el borde de la bañera, con la suya. La aparté, pero insistió en agarrarla

—. Todavía estoy esperando un milagro.

Me recordé, que no importaba cuál fuera mi reacción hacia Brittany, estaba allí con el falso pretexto de ayudarla. Por lo tanto ayudar era lo que tenía que hacer. Una vez más, coloqué mis manos por encima de la rodilla, al igual que ella me había mostrado y comencé a masajear lentamente el área alrededor de su cicatriz. Al principio silbó entre dientes, pero cuando sentí que la rigidez del músculo se distendía y se hacía más suave y flexible, dejó escapar un gemido que hizo que mis pezones se pusieran duros. Cerró los ojos y apoyó la parte posterior de su cabeza contra los azulejos.

—¿Sabes? —señalé, necesitando hablar.

Necesitando decir algo que me distrajera de la agitación que noté, una vez más justo por debajo del agua, y sólo a unos pocos centímetros de donde mis manos estaban trabajando sobre su pierna

—. También me lastimé la pierna una vez.

Abrió los ojos.

—¿Oh sí? ¿Haciendo qué?

—Accidente de Scooter. Choqué mi Vespa dentro de una zanja — expliqué, ofreciendo la mayor cantidad de verdad que pude.

Realmente choqué mi Vespa, pero fue debido a un error de novato y el resultado de estar demasiado cerca de una explosión, que había sido mucho más potente de lo que había previsto. En realidad, volar a una zanja montada en mi scooter podría haber sido un poco más preciso.

Fue un error, nunca lo cometí de nuevo.

—¿La rompiste?

Negué con la cabeza y me senté de nuevo.

—No, necesitó un nuevo tanque de gas y conseguirlo fue un dolor en el culo. Lo peor de todo era que no lo hacen más en ese tono de azul. Es una scooter clásica, así que necesitaba que lograr que coincidiera y tuve que insistir en tres oportunidades para que lo hicieran bien.

—Me refiero a la pierna. ¿Te rompiste la pierna?

—Oh —exclamé. Levanté mi pierna sobre la orilla de la bañera para que pudiera ver la cicatriz en la cara interna de mi muslo—. Dieciséis puntos de sutura. —Extendió la mano y pasó lentamente la punta de los dedos sobre las tres marchitas cicatrices blancas antes de dejar caer su mano de nuevo en el agua. Me senté de nuevo y continué en su pierna. Una vez más, se quejó de mi toque y me encontré mordiendo el interior de la mejilla cada vez que emitió un sonido.

—Eso debe haber dolido —comentó, pareciendo realmente preocupada.

—No fue un gran problema, de verdad. He visto cosas peores.

He infligido heridas peores.

Continué en la pierna, aunque el músculo ahora estaba más apretado, más rígido que antes.

—No creo que esto esté funcionando —señalé, pero antes de que pudiera apartarme, puso sus manos sobre las mías.

—No, estás haciendo un buen trabajo —indicó, con la voz ronca.

Sus ojos estaban más pesados que antes, su rostro se mostraba soñoliento y sus ojos bajaron hacia el frente mi camisa. Debo haberme apoyado en algo mojado porque que toda la parte delantera de mi camiseta blanca estaba empapada. Mis pezones duros en orgullosa exhibición. No suelo sentir vergüenza, pero algo en su manera de mirarme me hizo sonrojar y el calor se arrastró por mi cuello y mejillas.

Miré hacia donde su mano había capturado la mía mucho más pequeña. De repente mi atención fue atraída por lo que ya no podía pasar por alto. Su enorme pezones duros que habían salido sobresaliendo de la superficie del agua. Cuando su mirada siguió la mía, que tocaba los músculos de su cincelado estómago, mi primer instinto fue correr. Pero por mucho que lo intenté, mis piernas no me escucharon. Nada me escuchó. Especialmente no mis ojos, que estaban pegados a su cuerpo como si fuera un animal en la nueva exhibición del zoológico.

—¿Te gusta lo que ves? —indagó, sin ningún rastro de sabelotodo en la voz.

Sus palabras me sacaron de mi ensoñación y traté de quitar de la mano de su pierna, pero sólo la sostuvo con más fuerza

—. Aquí, permíteme mostrarte algo —ofreció—. Confía en mí —pidió.

No confiaba en ella. No confiaba en nadie.

Pero mi deseo de ver lo que haría, mi curiosidad, fue alimentada por su tensa voz. No le contesté, pero dejé de tirar de mi mano, lo que permitió que reposara de nuevo en su muslo.

—Eso es buena chica —indicó, sus palabras me abrumaron.

El agua estaba caliente y el baño era pequeño. Era la razón que me dije para explicar porque me sentí repentinamente caliente. Enrojecida. Aunque el verdadero motivo probablemente tenía algo que ver con el hecho de que sujetó mi muñeca y lentamente la deslizó hasta su muslo, de la misma forma en que había empezado a arrastrar su mano por mi pierna en la sala de estar la semana anterior. Sus músculos se contrajeron y se tensaron bajo mi toque, mientras arrastraba mis dedos todo el camino hasta vagina depilada, sobresaliendo orgullosamente a través del agua.

A pesar de haber tenido relaciones sexuales con Mike, en realidad nunca había visto su cuerpo desnudo. Estaba muy oscuro y todo fue apresurado. Estaba fuera de mí mente cuando todo comenzó. Más allá de tener que limpiar el lío en mi pierna, nada había sido herido y fue todo tan rápido, que más tarde no pude recordar muchos detalles.

Tomó mi mano en la suya, se la llevó a la boca y le dio un beso suave y cálido a mis nudillos, lo que envió una descarga de electricidad por mi brazo. Luego me sorprendió arrastrándola hacia abajo a sus abdominales. Di un grito ahogado cuando poso mis dedos sobre su vagina, entre sus labios vaginales. En el segundo que la palma de mi mano entró en contacto con la suave piel que cubría su zona de placer, pulsó de nuevo. Brittany silbó entre dientes y envolviendo su mano alrededor de la mía, comenzó a acariciarse arriba y abajo. Gimió, mientras veíamos como nuestras manos estaban conectadas a su centro. Una sacudida de mi cuerpo, una sensación de hormigueo en mi interior, me llevó a salir de cualquier neblina en la que estaba perdida temporalmente.

No puedo hacer esto.

Alejé mi mano y me levanté. Estaba casi pasando la puerta cuando dijo:

—¿Sabes lo que pienso? Creo que te gustó un poco tener control sobre mí. Incluso creo que te ha gustado cuando tu pequeña mano estaba acariciándome.

Sin voltearme, dije lo primero que me vino a la mente:

—Una vez alguien me dijo que sólo porque me gustara algo, no significaba que debía hacerlo —declaré, repitiendo las palabras de Mike de cuando éramos niños. Salí, cerrando la puerta del baño detrás de mí.

—¡Debes estar lista en una hora! —indicó a través de la puerta, recordándome que había dicho el día anterior que me llevaría a algún lugar.

Por primera vez pensé que, después de todo, algo podría ser verdad en las palabras de Mike. Aunque ahora sabía que no tenía nada que ver con el gusto de destruir.

Y sí todo que ver con Brittany Pierce.


xxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxxx

BRITTANY

HABÍA ESTADO RODEADA de un montón de gente diferente en mi corta vida. Académicos, atletas, ciclistas, drogadictos, y todo tipo de chicas. Nunca nadie como Diabla.

El plan realmente había sido llamarla para que me ayudara con mi rodilla. Mi pierna estaba sanando, pero no había calculado bien cuanto y al meterme en la bañera, la hija de puta se había trabado. Dolía como si un auto le pasado por encima, pero casi olvidé el tormento cuando Diabla entró llevando una camiseta blanca y sin sujetador.

Apenas pude controlar lo dolorosamente excitada que estaba en cuanto entró, pero cuando su camisa se mojó no pude frenarme, y de repente estaba más excitada de lo jamás estuve. Cuando su mano tocó mi vagina, casi explotó en ese mismo momento. Después de que se pusiera de pie, sabía que podía hacerla regresar. Pude haber usado su mano para masturbarme, pero por su forma de avergonzarse tan fácilmente mientras miraba a sus tetas me di cuenta de lo mucho que no quería asustarla.

Era tan vacilante. Tan inocente. Tan follable.

Casi le pregunté si alguna vez había tocado una vagina que no fuera la suya. Quise pedirle que me dijera cómo se tocaba. Que me explicara con lujo de detalle lo que hacía para hacerse venir mientras yo me acariciaba la mia con su pequeña mano. Por mucho que me dolió, me contuve. Necesitaba más tiempo para romper su caparazón.

Es por ello que teníamos una cita. Ella todavía no lo sabía, pero Diabla estaba a punto de convertirse en mía.

En todos los sentidos.

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Jul 09, 2017 12:06 pm

CAPITULO 14
DIABLA

PEQUEÑAS OLAS SE estrellaban contra la orilla, dejando atrás líneas de espuma gris cada vez que el agua se deslizaba de nuevo al Golfo. El olor a salitre era espeso en el aire húmedo de la noche. La brisa apenas levantaba lo suficiente para despeinar algunos cabellos, pero a medida que oscurecía, la noche trajo consigo aire más frío. Se sentía muy bien en contraste con el caluroso día. De vez en cuando una pareja paseaba tomados de la mano por la orilla. Observaba como las últimas de familias empacaban sus cavas portátiles y mantas, arrastrándolas por la arena entre las Chalets, en dirección a uno de los muchos estacionamientos.

Estaba en la terraza, mirando a la gente y apoyada en la barandilla con Murray a mis pies, cuando oí la puerta corredera de vidrio abrirse y cerrarse, y luego sus pesados pasos sobre la vieja madera. La sentí a mis espaldas. No me tocó, pero mi cuerpo estaba totalmente consciente de su presencia. Su calor. Olía al fresco y limpio de la ducha, y al girarme, noté que su cabello aún mojado estaba peinado detrás de las orejas. A pesar de que usaba sus habituales sandalias de color marrón oscuro, era la primera vez que la veía en otra cosa que no fuera pantalones cortos.

Los vaqueros descoloridos colgaban bajo en sus caderas estrechas, su ajustada camiseta blanca se amoldaba a su pecho y bíceps, y estaba por fuera del pantalón.

—Wow —exclamó, examinándome de arriba a abajo.

Me mordí el labio y tiré del dobladillo de mi vestido. Nunca viajé con más de lo que podía caber cómodamente en el bolso pero, escondido en el fondo, pude acompasar mis habituales pantalones cortos con un simple vestido de tirantes de algodón blanco. Tenía un pronunciado escote halter, con el talle a la cintura y corte en V, parando un par de centímetro por encima de la rodilla.

Brittany carraspeó.

—Vamos, quiero mostrarte algo —dijo, agarrando mi mano y conduciéndome hacia los escalones.

Manos.

Las manos son algo divertidas. Como infantes, nacemos chupando los dedos para confortarnos. Como adultos, las utilizamos para aferrarnos los unos a los otros. Sentir. Tocar.

Mi tiempo con Brittany me hizo considerar las manos como algo más que la parte más sucia de los seres humanos y zona de contagio de enfermedades.

Al entrelazar nuestros dedos, los pensamientos que usualmente tenía, por primera vez, apenas fueron registrados en mi mente.

Mike y Puck eran las únicas personas que era capaz de tocar sin asco, pero con ellos nunca sentía la misma sacudida que con Brittany. La conocía solo por poco tiempo, y aunque sabía que nuestro arreglo era temporal, la dejé sujetar mi mano, diciéndome que era parte de la trama con el fin de obtener la información que necesitaba.

Cuando Murray vio que lo dejábamos solo, se protestó quejándose.

—Está bien, muchacho. Volveremos —dije para calmarlo.

—En realidad estoy pensando que te está empezando a gustar —bromeó.

—Eso es algo que nunca voy a confirmar ni negar.

Lo que sentía por Murray estaba todavía en el aire. El hecho de que le rascaba el estómago mientras veíamos la televisión, lo paseaba a diario por la playa, que le compré un arsenal de bandanas para perrito de brillantes colores en la sección de mascotas de la tienda de comestibles, y horneé muffin especiales para perros, de hecho, no significaba que me gustara la pequeña criatura babosa, con ojos torcidos y aliento de dragón.

Aunque, las golosinas con forma de cepillo de dientes verde que compré lo ayudaría a eliminar eso.

No, no quería decir que me gustara. Ni un poco.

Cuando comenzó a descender los escalones, llegué a la barandilla, tomé una de sus muletas y la empujé en su mano libre. Rodó los ojos.

—Gracias, mamá, pero el doctor dijo que está bien pasar un poco de tiempo libre de muleta.

Dejó la muleta sobre la barandilla y continuó guiándome por las escaleras hasta la arena.

—¿Tienes que arrastrarme a todas partes? —pregunté, no del todo infeliz con el calor que se extendió por mi brazo mientras estrechaba su mano de gorila, llevándome como un niño con una muñeca de trapo.

Había algo en la enérgica manera que sostenía mi mano que encontraba extrañamente atractivo. Por mucho que no quisiera admitirlo, me apetecía ser su muñeca de trapo.

—¿A dónde vamos? —dije cuando me llevó hasta la orilla del mar.

La idea de entrar al agua, en donde no podía ver lo que estaba al acecho debajo de la superficie, me paralizó.

Brittany le dio a mi mano un tirón.

—No te preocupes. No vamos allí —aseguró—. La arena es más compacta por la orilla. Es más fácil para mí caminar aquí que por la arena seca. Sé por qué no te gusta la asquerosa piscina, pero no me digas que no te gusta el Golfo.

—Me gusta el Golfo, especialmente las partes donde el agua se vuelve azul brillante y se parece a las playas del Caribe, pero en las partes donde está más oscura, y especialmente por la noche, no es una zona a la que me quiera aventurar. A mí me gusta ser capaz de ver debajo del agua —expliqué, poniendo fin a mi pequeña historia-
—. Si es difícil para que ti caminar por aquí podríamos haber ido por la calle —argumenté volviéndome hacia la casa, pero me detuve cuando Brittany no se movió y no me soltó la mano.

Sacudió la cabeza.

—Vamos, ¿dónde estaría la diversión en eso? —preguntó, guiñando un ojo y con su habitual gran sonrisa.


Caminamos por la solitaria playa. Se quitó las sandalias y las llevó en la mano, e hice lo mismo. La arena húmeda y fría se escurrió entre los dedos de mis pies. Se escuchaba música en la distancia, el eco de la misma flotaba sobre el agua junto con voces apagadas y ocasionales estallidos de risa que venían de uno de los balcones de un condominio.

—¿Por qué me miras de esa manera? —indagó.

—Debido a que tu sonrisa es ridícula.

Se rio y me atrajo más cerca, de tal manera que mi hombro estaba casi tocando su bíceps mientras caminábamos.

—¿Esta sonrisa? —dijo, mostrándola de nuevo, esta vez cruzando sus ojos.

Me reí.

—Sí, esa sería la sonrisa en cuestión.

—Joder no, esta sonrisa es cualquier cosa menos ridícula, es decir, ¿has visto las pecas? —cuestionó, señalando las mejillas en la que dichas pecas estaban en plena exhibición.

Levantó la mano y me guio al pasar por encima de un trozo de madera.

—Oh, sí, sí que he visto las pecas. De hecho, creo que es lo que hace que sea aún más ridícula —añadí, mirando hacia otro lado para no mostrarle mi propia sonrisa comenzando en la comisura de los labios.

—Bueno, se podría pensar que es ridícula, pero estoy segura de que si hubiera sido reclutada por la NHL los patrocinadores no hubieran compartido tu opinión. Probablemente estarías viendo este rostro en todos comerciales de pasta dental o en vallas publicitarias.

Hizo una pausa y su mirada se perdió sobre el agua. Caminamos en silencio durante unos momentos y supe que estaba recordando su oportunidad perdida.

—¿Sabes lo que haría si te viera en una publicidad? —pregunté, tratando de sacarla de sus pensamientos.

—¿Desmayarte? —apunto, y de esta manera regresó.

Mordí el lado de mi pulgar.

—Diablos no. Subirme con una lata de pintura en aerosol y pintar toda la cosa. Me gustaría colorear uno de tus dientes en negro, dibujar las pecas como una enorme verruga, y te pondría un parche en el ojo.

Me tapé un ojo con la mano para demostrarlo

—. Serías un enorme y ridícula pirata sonriente.

Pensé que se reiría, pero en su lugar se detuvo y me atrajo contra ella. Con una expresión muy seria, se acercó y aparto mi cabello, colocándolo detrás de mi oreja.

—Diabla, lo de la Gimnasia y Baile probablemente no sucederá nunca. Lo sé, pero voy a intentarlo de nuevo de todos modos. Sin embargo, me tienes que prometer algo.

—¿Qué? —indagué, estirando el cuello para ver mejor su rostro.

—Tienes que prometerme que si por algún milagro, soy reclutada algún día, y si realmente ves este feo rostro en una cartelera en algún, cumplirás la promesa de hacer de mí una pirata —dijo alejándose de mí, la brisa tomo el lugar de su cuerpo, refrescando donde su calor había estado.

—Dalo por hecho —concordé.

Reanudamos nuestro paseo. Una parte de mí realmente esperaba que sus sueños se hicieran realidad algún día.

Pero no tiene un algún día, me recordé.

—¿Por qué de repente estás tan tranquila? —interrogó.

—Sólo me preguntaba a dónde me llevas.

—Nuestra primera parada está justo aquí —aclaró, señalando hacia la playa.

Miré hacia donde indicaba, pero en la oscuridad lo único que podía ver eran las sombras de los edificios que bordeaban la playa y las luces de una que otra ventana.

—No veo nada —señalé.

Me llevó lejos de la orilla, a donde cuatro estacas de madera habían sido clavadas en la arena y acordonadas con cinta amarilla en el extremo superior, cercando la pequeña área. En medio de las estacas, en la arena... había nada.

Brittany se puso agazapó con la pierna lesionada estirada hacia delante, mirando la zona vacía de la arena.


—No entiendo —murmuré.

—¿Por qué susurras? —preguntó en tono normal.

Me arrodillé a su lado y continué susurrando.

—No lo sé. Me pareció que para este tipo de situación había que susurrar.

—Las voces no les molesta, aunque sí incomodarían a la mamá si estuviera tratando de hacer el nido, pero ya están los huevos.

Metió la mano en su bolsillo para sacar el móvil y hacer clic en la aplicación de linterna. Mantuvo la luz hasta un cartel amarillo rectangular, luego cambió a una de las estacas de madera.

NO MOLESTAR. NIDO DE TORTUGA DE MAR.

INFRACTORES SUJETO A MULTAS Y / O PRISIÓN.

—Tortugas marinas… —Solté el aliento, finalmente comprendí lo que estaba viendo.
Se puso de pie y la seguí.

Las dos nos quedamos mirando hacia el centro del nido, que no parecía ser diferente que cualquier otro trocito de arena en la playa. Miró hacia la playa, hacia las pocas luces encendidas a pesar de que eran sólo las 8 p.m.

—La verdad, incluso a mí me sorprendió que la mamá anidara aquí esta temporada con todas las construcciones y gente cerca. No se necesita mucho para asustarlas.

—¿Se asustan? —pregunté, rodeando las estacas como si pudiera ver de alguna manera en el nido desde un mejor ángulo.

Me siguió de cerca y explicó:

—Sí, la gente quiere tomarles fotos cuando llegan a la playa, o los niños quieren saltarles encima y tocar sus conchas. Incluso unas sillas de playa olvidadas en su camino podrían hacer que den la vuelta y corran. Las circunstancias tienen que ser casi malditamente perfectas para hacer sus nidos y poner sus huevos.

Se inclinó sobre mí, apoyando la barbilla en el espacio entre mi hombro y mi cuello. Fingí no estar afectada cuando sus labios rozaron mi piel mientras hablaba. Señaló en la arena.

—Esa debe haber sido una tortuga decidida a anidar aquí —concluyó, enderezándose y señalando con la barbilla hacia el hotel en construcción detrás de nosotras a las largas sombras gris oscuro de dos grúas de al menos quince pisos de altura, colocadas a ambos lados de la obra como dos brontosaurios dormidos—. Enfrentándose a todo esto, todavía eligió quedarse. Debe haber anidado aquí antes. O nacido aquí. Este podría ser su hogar. Valiente tortuga.

—¿Valiente? —cuestioné—. Quizá simplemente estúpida.

—¿Estúpida? ¿Por qué?

—Podría haber salido herida. Sus huevos todos podrían ser aplastados o arruinados por los seres humanos. Por poner sus huevos aquí corrió muchos riesgos, pero lo hizo de todos modos. Tal vez debió simplemente huir.

Me agaché de nuevo, con la mirada perdida en la arena, no muy segura de si todavía estaba hablando de las tortugas, o de mí.

—. Tal vez huir es a veces la mejor opción que se tiene, incluso si pensó que este lugar era su casa.

—¿Diabla? —interrogó. Me paré y sacudí la arena de mis rodillas—. ¿Estás bien?

—Sí, por supuesto. Estoy bien —aseguré, mirando hacia otro lado para que no leyera mi expresión y cambié de tema—: ¿Cuándo salen del cascarón?

—Pronto. Un par de semanas más a lo sumo. Por lo general, permanecen bajo la arena durante unos dos meses antes de la eclosión. Sin embargo, sólo uno de cada mil llega a la edad adulta.

—Mierda. Entonces ¿por qué se molestó en intentar? —cuestioné, pensando que la estadística parecía increíblemente baja.

—Porque, vale la pena —afirmó.

—Estos huevos son su familia. La familia siempre vale la pena. La familia es todo —apuntó.

Abrí la boca para responder, pero la cerré rápidamente. Iba a preguntarle de nuevo acerca de sus padres. Hubiera sido la oportunidad perfecta, pero no quise. ¿Qué pasaría si lo que respondía era lo que Puck necesitaba? ¿Qué pasaría si la respuesta a su pregunta fuera el principio del fin? Sabía que eventualmente iba a pasar, era inevitable… pero empuje el pensamiento lejos, no lista aún para lidiar con eso.

—¿Seguro que estás bien? —preguntó otra vez.

—Por supuesto —respondí, girándome para mirarla—. Gracias por mostrarme esto.

—Diabla —comenzó—, ¿en dónde está tu hogar? No he insistido porque sé que no quieres hablar de tus padres después de que contesté su llamada el primer día que llegaste a mi casa, no querías decirme tu verdadero nombre, pero ahora tengo curiosidad.

—No es importante.

—Me parece difícil de creer.

Le ofrecí lo que pude.

—Diabla es mi verdadero nombre. El que me dieron cuando nací no es realmente importante, en realidad mis padres son los únicos en mi vida que siquiera conocen ese nombre y de todas maneras, la mayoría de las veces, me llaman por un apodo flamenco. Me fui de casa hace mucho tiempo, y además de las llamadas telefónicas diarias, no he visto a mis padres desde entonces. Su casa nunca se sintió como un hogar para mí, no fue debido a ellos, son grandiosos. Siempre han tenido buenas intenciones, solo que su vida y la vida que querían no eran para mí… simplemente no era.

—¿Así que no tienes un hogar? ¿Simplemente andas por ahí? —preguntó.

—Algo así —admití—. Tengo un amigo. No, más bien como un maestro. Me quedo en su lugar cuando estoy en la ciudad, pero mi falta de sueño le resultaba extraña, así que no voy allí muy a menudo.

Se puso rígida.

—¿Pensé que habías dicho que Mike era tu único amigo? ¿Este otro tipo es tu novio?

—¡No! No lo es. Es como un maestro, más o menos. Siempre tiene una chica diferente encima. Y detén todas las preguntas, ¡nunca he tenido un novio! —dije, arrepintiéndome instantáneamente al segundo que las palabras salieron de mi boca.

—¿No? —interrogó, sonando divertida. Las pecas volvieron a aparecer.

—No, estoy demasiado ocupada, no puedo preocuparme de diferentes novios por todo el estado —aclaré con sarcasmo y con un gesto dramático de mis manos.

—Muy lindo. Pero en serio, ¿es seguro estar por tu cuenta ahí fuera? Hay mucha gente mala en el mundo, Diabla.

Sí, y yo soy uno de ellos.

—Es mucho más seguro de lo que podrías pensar —argumenté, volviéndome a las tortugas, lista para que la conversación acabara.

A regañadientes captó la indirecta.

—En un par de semanas volveremos para ver si han eclosionado. Si tenemos suerte, tal vez podamos ver cómo sucede —dijo.

—Me gustaría —concedí, porque lo haría.

Realmente quería ser testigo de cuando se arrastraran hacia el mar. Por una vez me dejé tener una fantasía y en cuestión de segundos me convencí de que todo era verdad. Que estaría de vuelta para ver la eclosión de tortugas.

Me tomó de la mano, esta vez la seguí hacia la calle. Una vez en la acera vacía, su andar fue más firme, su cojera apenas perceptible. La calle estaba vacía salvo por algún auto o camión solitario pasando cada pocos momentos.

Entramos en un cómodo silencio hasta que llegamos a un pequeño edificio de estuco no más grande que un cobertizo.

—¿Qué es este lugar? —indagué mientras mantenía abierta la puerta para mí.

—Este lugar tiene las mejores empanadas de la ciudad —anunció en el umbral de la puerta de cristal que daba a la pequeña cafetería.

Una campana sonó por encima. El olor de los chiles y el pan invadía cada pulgada del lugar. El vapor se elevaba de las ollas en la cocina abierta, en la que solo había dos
quemadores y una puerta de vaivén, ocultando un cuarto trasero, donde más vapor venía de lo que supuse eran aún más ollas.

—¡Goon! ¿Dónde carajo has estado mano?

Un hombre de baja estatura, con bigote y de piel oscura gritó desde detrás de un alto mostrador de vidrio.

¿Goon?

—¡Pinto! ¡Mi hombre! Qué bueno verte. Ha pasado mucho tiempo —dijo Brittany y los dos intercambiaron un abrazo de hermano tanto como pudieron con el mostrador de cristal que los separaba, juntando sus manos y palmeando los hombros del otro.

—Me enteré de la pierna, rubia. Eso es una mierda, hermana. Todos sentimos que te hayan enviado a casa —exclamó Pinto—. Ah, y perra de Jessica. Sabía que era una perra, hermana, porque mi niña María la vio jugando dedos chinos con Tico y sus…

No era difícil darse cuenta de que Jessica era la compañera de follar.


Carraspeé.

—¿Y quién podría ser ella? —preguntó Pinto, con los ojos como dardos en mí.

—Esta es Diabla —respondió Brittany, presentándome—. Diabla, este viejo hijo de una perra es Pinto. Pinto hace las mejores empanadas en todo el suroeste de la Florida. Me gradué con su hermano.

Pinto puso la mano sobre su corazón.

—Muy agradable conocerte, Diabla. Gracias Goon por el cumplido, pero que mierda, es verdad, tío. Aunque, mi abuelita podría discutir contigo, porque es su receta. Así que en caso de que este mirando desde el cielo, sólo diremos que son las mejores en todo el mundo —dijo.

Se volvió a Brittany y golpeó su hombro.

—Y soy dos años mayor que tú, colega. Así pues, reduce el viejo de mierda.

Brittany le dio un puñetazo en broma en la espalda.

—Me pegaste como una niña de mierda. ¿Iran a Bunche Beach esta noche? He oído que habrá Pull. Scotty irá con el ´Yota24. ¿Puedes creer que todavía tiene ese pedazo de mierda y que está en marcha? Hay que ir a verlo.

—¿La gente sigue de fiesta por ahí? —preguntó Brittany.

—Sí rubia. Es lo que se oye. Seguro que hay alguna gatita por ahí que le encantaría decir hola a la Brittany Pierce.

—Vete a la mierda, hombre —dijo con una risa.

Pinto sacó dos Coronas fuera de un refrigerador con puerta de cristal y el logotipo de PEPSI en la parte superior. Se las lanzó a Brittany y luego señaló a una de las dos mesas en el lugar.

—¿Por qué no toman asiento y les traigo algo especial? —exclamó, frotándose las palmas de las manos como si estuviera formulando un plan.

Decenas de tatuajes de colores decoraban sus nudillos. Brittany me llevó a la mesa de plástico de color amarillo, por la gran ventana frontal. Utilizó el alféizar de hormigón para destapar nuestras cervezas, como si lo hubiera hecho un millón de veces antes y me entregó una.

—¿Goon? —interrogué, levantando una ceja.

—Cosas de hockey —explicó.

—Vuelvo enseguida. Voy al cuarto de los niños pequeños.

Mientras que Brittany no estaba, Pinto llegó y dejó dos bandejas de polietileno blanco, llenas de una variedad de alimentos con olor increíble. No sólo tenía empanadas doradas en cada una, sino también una especie de delicioso cerdo desmechado, y lo que parecía como tajadas fritas de plátano.

—Wow, esto se ve muy bien —exclamé, tomando mi tenedor de plástico y atacando la comida, que sabía aún mejor de lo que olía.

—Mierda. ¿Quién necesita putos cumplidos? Todo lo que tengo que hacer es estar aquí y ver como comes. Eso es suficientemente piropo —dijo con una sonrisa. No fue hasta que levantó la mano para limpiarse la cara que noté el tatuaje del cráneo sobre el nudillo medio de su mano derecha. Uno que había visto muchas veces antes. Familiar de los Beach Bastard.

Mierda.

—¿Sabe quién eres? —interrogó Pinto con un amenazante susurro, cerniéndose sobre mí con una mano apoyada en el espaldar de mi silla.

Tomé otro bocado de carne de cerdo.

—¿Cuál es el condimento en esto? Es fantástico —dije entre bocado y bocado—. Me refiero a que el cilantro ya lo he percibido. Esa fue fácil. Sin embargo, hay algo más, no puedo identificarlo.

—¿Vas tras ella, o solo estás follándola? —preguntó, quitando el tenedor de mi mano y dejándolo caer en medio de mi plato. Se puso justo frente a mi cara—. ¿O tal vez ambas cosas?

El fuego en mi columna comenzó a arder en cuanto tocó mi puto tenedor.

—No sé de qué hablas —aclaré inexpresiva.

—Logré tener un vistazo de tu tatuaje. Sé que eres tú. Solía hacer la limpieza para los Bastard en el pasado. Ese tatuaje fue descrito por uno o dos moribundos cuando me encargaba limpiar la mierda que quedaba por algo que habías hecho —señaló, inclinándose aún más cerca—. Pensaba que eran delirios. Pensé que era un mito que una chica pudiera causar tanto daño. Te llaman el Ángel de la Muerte. No pensaba que fueras real hasta que entraste en mi local.

—Aléjate, o vas a aprender de primera mano por qué me llaman así — advertí.

Estaba familiarizada con el apodo. La completa falta de creatividad u originalidad del mismo era lo único que me molestaba. Ignoró mi advertencia, colocando una mano en la parte posterior de la silla.

—Escucha, perra. Esa chica es mi amiga. Lo ha sido desde que estábamos en putos pañales. Si cualquier cosa le pasa, voy a llamar a mi puto hermano. Es un Bastard, y va a venir a por ti. Él y todo su club de mierda.

Fingí un bostezo, su amenaza era tan aburrida y poco original como Ángel de la Muerte. Aparté la mano y cogí el tenedor de nuevo. Con Pinto mirando esa mano, agarré sus bolas con la otra y se la apreté, las venas de mi antebrazo se tensaron por la flexión y el esfuerzo al ejercer presión en mi agarre. Gritó y trató de retroceder. Sólo apreté más fuerte. Corté la orilla de la empanada y tomé un buen mordisco.

—Mmmmm, realmente son buenas —exclamé en un tono normal antes de bajar la voz.—Escucha hijo de puta, voy a hacer lo que tengo que hacer, al igual que tú harás lo que tienes que hacer —dije entre mordiscos—. Pero si te metes en mis asuntos, no sólo voy a cortar tus bolas y alimentarte con ellas, voy a quemar esta mierda de agujero en el suelo.—Luego, voy a quemar tu club hasta los cimientos.

Lo miré directamente a los ojos donde lágrimas se habían formado en las esquinas—. No sé lo que has oído, o lo que tú crees que sabes, pero confía en mí, es una mierda… soy mucho, mucho peor. Si no me crees, te recomiendo que ya que eres familiar de un Bastard, pregúntale a Chop o a Bear sobre mí. Te dirán que no sólo constituyo una amenaza, sino voy más allá de eso. De cierta manera espero que la jodas. Estaré feliz de ponerle fin a todo. Tu club. Tu negocio. Tu hermano. —Hice una pausa y le di un último fuerte apretón—. Tú.

Cuando la puerta del baño se abrió lo liberé, e inmediatamente retrocedió detrás del mostrador. Brittany salió, limpiándose las manos con una toalla de papel. La apretó en una pequeña bola y la lanzó a la basura como si estuviera encestando.

—Bueno, ¿verdad? —preguntó, señalando a mi plato.

—El mejor —afirmé, mirando a Pinto, que frunció el ceño antes de desaparecer en la cocina. No salió de nuevo.

Ni siquiera respondió cuando Brittany lo llamó para despedirse.

Cobarde.




NOTA: DISCULPEN QUE SUBA ASI LOS CAPITULOS, PERO NO HAY OPCIONES PARA DARLE FORMATO AL TEXTO. ALGUIEN SABE POR QUE???
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Dom Jul 09, 2017 11:18 pm

mmm san si que sabe dejar clara las cosas cuando es necesario jajaja
a ver si se cumple lo que quiere britt y tiene a san en todos los sentidos,..
a ver como va la convivencia???
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Lun Jul 10, 2017 7:28 am

Esa mujer se tiene bien ganada su fama "angel de la muerte" no es un apodo muy bonito, pero parece bastante efectivo!!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Mar Jul 11, 2017 4:06 pm

:o !!! San sabe cuando ser una perra y me encanto jajajaja pensó el tipo que la podría asustar pero salio al revés ....
Y Britt pues yendo al paso que la deja San sin presionarla pero poco a poco a ido conociendo mas que otra persona, y pues haber como sigue conquistándola jajaja
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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