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Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 13, 2017 4:40 pm

3:) escribió:mmm san si que sabe dejar clara las cosas cuando es necesario jajaja
a ver si se cumple lo que quiere britt y tiene a san en todos los sentidos,..
a ver como va la convivencia???

Hola vamos a ver un poco de la convivencia, si es que se llega a dar... creo que pronto descrubriremos por que Brittany es un objetivo o por lo menos unas pistas...

QUIERO QUE ALGUIEN ME DIGA POR QUE NO PUEDO DAR FORMATO AL TEXTO... O ES QUE ESTOY EN PROCESO DE SER SACADA DEL SITIO... QUE ALGUIEN ME EXPLIQUEN,,,, NO IGNOREN MI MENSAJE...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 13, 2017 4:42 pm

micky morales escribió:Esa mujer se tiene bien ganada su fama "angel de la muerte" no es un apodo muy bonito, pero parece bastante efectivo!!!!!

Diabla, Angel caido, o Angel de la muerte tienes razón no es muy bonito sera por todas las cosas no muy bonitas que ha hecho.....

PD: ayuden a saber por que no me aparece la barra para dar texto a mis adaptaciones se ven tan simples.... o que me aclaren si es que me van a sacar.....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 13, 2017 4:43 pm

JVM escribió::o !!! San sabe cuando ser una perra y me encanto jajajaja pensó el tipo que la podría asustar pero salio al revés ....
Y Britt pues yendo al paso que la deja San sin presionarla pero poco a poco a ido conociendo mas que otra persona, y pues haber como sigue conquistándola jajaja

tienes toda la razón creo que son la cara de un mismo espejo....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 13, 2017 4:44 pm

Capítulo 15
Diabla

EL HAZ DE LUZ de las ocasionales farolas hacia un mal trabajo en diluir la oscuridad, pero no lo necesitábamos para guiarnos; Brittany parecía saber exactamente a dónde iba mientras me llevaba en medio de la noche.

Caminamos por la acera, pasando frente de las oscuras vidrieras de las tiendas y cafés cerrados.

Tiró de mi mano, y la seguí por un estrecho callejón entre lo que parecían ser dos chalets de playa abandonados, que estaban en peor estado que la casa de Brittany.

Sobre cada una de las ventanas cerradas con tablas, colgaban brillantes avisos rojos con algún tipo de advertencia.

Me soltó y ladeó el cuerpo para poder pasar por la pequeña brecha, agarrando mi mano otra vez cuando salió al otro lado y tirando de mí hacia la playa.

—¿En dónde estamos? —pregunté. El sitio al que llegué no era solo otro lugar, era otro mundo. El área, de aproximadamente treinta metros cuadrados, entre la orilla del mar y nosotras era una zona acordonada como un escenario improvisado, en donde dos enormes vehículos todo terreno con neumáticos gigantescos estaban alineados, puerta trasera contra puerta trasera. Unas pocas decenas de espectadores estaban sentados, dispersos en la terraza en mal estado que conectaba los dos chalets. Me di cuenta que eran un dúplex, en lugar de dos edificios separados. Los asistentes hablaban y volvían a llenar sus vasos de plástico rojo, cortesía del barril ubicado encima de un neumático y que estaba en la playa más debajo de la terraza, mientras esperaban que comenzara todo lo que estaba a punto de pasar entre las cuerdas.

Varios otros 4x4 estaban colocados fuera de las cuerdas con gente sentada en las cabinas traseras, mientras que otros estaban estacionados de frente, iluminando con sus faros el pequeño escenario.

—Solo espera. Esta era una de mis cosas favoritas cuando estaba en la escuela secundaria. Cuando no estaba jugando practicando, estaba aquí. Me llevó hasta las cuerdas.

—Por tu fisionomía podrías haber realizado cualquier actividad Deportiva o jugado cualquier deporte. Béisbol. Fútbol. Sin embargo, ¿elegiste el Gimnasia y patinaje? —indagué.

—¿Qué tiene de malo?

—Nada, ¿pero no lo veo cómo algo agradable? Vives al suroeste de Florida, donde nunca nieva y casi nunca la temperatura baja de 15 grados, ¿y optaste por jugar esquiar sobre hielo de manera profesional?

Se rio.

—Tienes un punto. Pero, creo que nunca lo había pensado de esa manera. Mi abuelo era originario de Michigan y creció jugando en el estanque congelado detrás de su casa. Es el que me enseñó. No era exactamente un estanque, pero funcionó.

—¡Goon (Sicaria)! —gritó alguien desde la multitud. Brittany hizo una mueca.

—¿Qué clase de nombre es Goon? —pregunté.

—Yo era la ejecutora.

Esperé a que me diera más detalles.

—Oh —exclamó—, supongo que no sabes mucho sobre patinaje y lo relacionado con el hockey.

—Los individuos con palos. Dientes perdidos. Canadá —apunté, informándole de mis conocimientos.

—Una ejecutora es alguien que el entrenador envía cuando las cosas se ponen escabrosas. Deja saber al otro equipo cuando están jodidos y que no vamos a aguantar ninguna mierda. No es una posición oficial. Es más bien como algo que no se supone se deba hacer, pero todos lo hacemos de todos modos. Es parte de la diversión. “Goon”25 es solo otro nombre para ese jugador.

—Nunca pensé que obtendría una beca, pero reconozco que podía patinar mejor que la mayoría, así que me llamaron. Un día estaba preparada para trabajar para mi tío y al siguiente estaba a la universidad.


—Básicamente, eres una luchadora en patines.

—Supongo que puedes decirlo así —aceptó, aparentemente divertida por mi evaluación.

Me mordí el labio inferior. De repente se sintió más caliente de los 30 grados que indicaba el letrero del banco en la calle. Tenía sentido que fuera una luchadora.

Se volvió hacia las cuerdas, dándome un vistazo de su espalda y muslos.

—¡Scotty! —gritó. Un chico de su edad con rostro bronceado, gafas blancas de sol y líneas de bronceado alrededor de los ojos se bajó de uno de los Todo Terreno y corrió hacia nosotras.

—¡Brittany puta Pierce! Se rumoreaba que tu fea cara de culo estaba cerca nuevamente. ¿Vienes a ver al ´Yota hacer saltar la mierda? Está mejor que nunca —exclamó Scotty, inclinando su labio inferior escupió en el suelo y luego nos mostró una sonrisa torcida, ajustando su gorra de béisbol azul, con las palabras LA SAL DE LA VIDA bordadas en blanco a través del borde.

—¿Todavía tienes ese pedazo de mierda? —preguntó, señalando con la barbilla al 4x4.
Scotty llegó hasta nosotras.

—Joder sí, hombre. Manteniéndola siempre. En primer lugar sólo se ama una vez, ya sabes.

—Scotty, ella es Diabla —indicó, presentándome.

—¿Diabla? —preguntó Scotty y escupió de nuevo en la arena.

—Es la abreviatura de su nombre real —explicó Brittany, contándole mi mentira
habitual. Me lanzó un guiño astuto y me apretó la mano.

—Bueno Diabla, ¿ustedes quieren sentarse en la terraza, o quieren venir a la cabina conmigo? —preguntó Scotty.

La respuesta de Brittany fue inmediata.

—Joder sí, estamos montando en la cabina.

—¡Entonces pon la mierda en ella, Goon! —exclamó, levantando la cuerda para que pudiéramos cruzar por debajo—. ¿Alguna vez has estado en un camión volcador antes? —me preguntó.

—No, pero he oído hablar de ellos.

El rostro de Scotty se iluminó.

—Entonces Cariño, te encontrarás con un verdadero placer —afirmó, abriendo la puerta del lado del pasajero de uno de los Todo Terreno en el centro del improvisado escenario. Estaba a punto de subir cuando las manos de Brittany me tomaron por la cintura y me izaron a la cabina. Subió detrás de mí y aunque ya no me tocaba, mi piel se estremeció en el lugar donde sus manos acababan de estar.

—Podría haber subido sola —dije.

Brittany bajó la voz y se acercó más.

—Lo sé, pero no quería mostrarle a todo el mundo lo que hay bajo ese pequeño vestido, a pesar de que me aseguré de mirar. —Acarició mi mandíbula con la punta de su nariz—. Las bragas de color rosa que llevas puestas están haciéndome tener un calentón de mierda.

Era lo último que esperaba que dijera. Sus palabras sonaron francamente posesivas. No tuve tiempo de procesar todos los pensamientos corriendo por mi cabeza, porque Scotty saltó al asiento del conductor. Brittany puso su brazo alrededor de mis hombros, acercándome a ella, no sabía si estaba tratando de protegerme o si no quería que me tocara Scotty.

Scotty cerró la puerta, acelerando el motor.

—¿Quieren una cerveza? —preguntó, llegando detrás del asiento trasero y tomando dos latas grandes de PBR de un refrigerador. Nos arrojó una a cada una antes tomar la suya y abrirla, bebiendo de ella. Cuando terminó, golpeó el puño cerrado en su pecho y dejó escapar un largo eructo.

—¿Qué exactamente va a pasar? —pregunté. Brittany se limitó a sonreír, abrió una de las cervezas y me la entrego antes de abrir la otra para sí misma.

Tomó un largo trago antes de colocarla entre sus rodillas.

—Lo descubrirás. Aférrate a mí, bebé —indicó con malicia. La excitación nos rodeaba, revoloteando por el aire como bengalas encendidas. Se estiró, agarrando un asa soldada descuidadamente sobre el marco de la ventana. Con el otro brazo alrededor de mis hombros me atrajo aún más cerca, inmovilizando mi cuerpo con el suyo. El calor en el aire era nada en comparación con el calor que irradiaba de ella. Sus ojos eran genuinamente salvajes y la anticipación por lo que iba a suceder aumentaba y aumentaba.

Su mirada se fijó a la parte superior de mis muslos, donde el dobladillo de mi vestido se había subido.

Scotty giró la manivela de la ventana para bajarla.

—¿Todos ustedes coños están listo para el 'Yota? —gritó.

Una ola de alaridos le respondió llamándolo con todas las malas palabras que alguna vez existieron

—Sí, están jodidamente listos —indicó riendo, bebiendo el resto de su cerveza en un par de grandes tragos y tirando la lata hacia la ventana trasera por la pasó volando y aterrizó en la cabina trasera con un ruido metálico.

Un individuo con un megáfono apareció.

—¡UNO, DOS, TRES, PARTIDAAAAAAA! —anunció, seguido de un largo sonido de cuerno. Apenas había dicho tres cuando Scotty puso el 4x4 en marcha y presionó el pedal del acelerador, empujándolo hasta el fondo.

—¡YEEEE JODIDO HAW, hijos de puta! —gritó cuando el Todo Terreno solo avanzó un par de metros antes de recular—. ¡Aférrense a sus vaginas, perras! —añadió.

A medida que los neumáticos giraban velozmente y llegábamos a ninguna parte, comenzamos a dar vueltas de un lado al otro de la pista, primero lentas y luego más y más rápidas. La arena mojada y barro cayeron salpicando cada centímetro del parabrisas trasero, lo que hacía imposible ver a través de él. Con la necesidad de saber y ver más, me arrodillé y me volví, inclinándome hacía el angosto asiento trasero para abrir la pequeña ventana.

—¿Qué demonios estás haciendo? —amonestó Brittany, alcanzándome y aferrándose a mis muslos antes de que pudiera llegar demasiado lejos.

—¡Quiero ver! —grité, pero antes de que pudiera abrir la ventana, el vehículo se encabritó hacia delante antes de detenerse y aterrizar desnivelado.

Caí en su regazo, me atrapó e impidió que me estrellara contra el piso. Su antebrazo estaba alrededor de mi cintura y el otro en mi nuca, donde me acariciaba con el pulgar, causando de nuevo un hormigueo, no sólo a través de mi piel, sino por mi columna. La multitud estalló en abucheos y aplausos.

—¿Qué mierda acaba de ocurrir? —pregunté, mirando a Brittany y soplando el cabello de mi rostro.

--¡Lo que acaba de ocurrir, cariño, es que hemos perdido, mierda! —exclamó Scotty con una sonrisa y lo me hizo pensar que era el perdedor más feliz del mundo o yo no entendía lo que en realidad quería decir con perder. El 4x4, ahora se sentía desequilibrado, manteniéndose inclinado casi en posición de lanzamiento, con el morro del camión izado en el aire. Scotty tuvo que pararse en el asiento y sortear mi cabeza para llegar a su refrigerador portátil, sacó tres cervezas más, lanzándonos dos. Se incorporó y abrió la claraboya del techo, sacando la mitad de su cuerpo fuera gritó

—: ¡Necesito una revancha de mierda, maricas! ¡El ´Yota se levantará otra vez! —Seguido por el sonido de él abriendo su cerveza. Salió del vehículo por completo, aterrizó en la arena, y se apresuró a abrir la puerta del lado del pasajero, y noté que había sido bloqueada con una barra de metal después de que habíamos entrado.

Brittany se bajó con un salto grácil, pero no me perdí la mueca de dolor cuando aterrizó en su pierna lesionada.

—¿Cómo que perdimos? —pregunté.

Ella estaba a punto de bajarme cuando Scotty saltó entre nosotras, me cargó y me dio vueltas.

Detrás de nosotros oí gruñir a Brittany.

—¡Lo siento, rubia! —exclamó Scotty, a pesar de que no sonaba nada arrepentido— Es condenadamente caliente.

Brittany me sacó de los brazos de Scotty. Sin embargo, no me soltó. En cambio, tomó la parte posterior de mis muslos y envolvió mis piernas alrededor de su torso. Mis brazos instintivamente fueron alrededor de su cuello y por un segundo estuve perdida
en sus ojos color azul cielo que aparecían ser más azul en la oscuridad de la noche.

—Hemos perdido por esto —aclaró Scotty, sacándonos del momento.

Brittany me llevó hacia la parte trasera del vehículo; todo el guardabarros y el eje trasero habían sido arrancados. El Todo Terreno ganador hacía varias vueltas de la victoria arrastrando las partes perdidas del vehículo de Scotty.

—Básicamente, nos arruinamos primero —explicó Brittany.

Scotty tiró de su gorra de béisbol y se pasó una mano por el cabello, colocándola de nuevo en su cabeza.

—Voy a ir por esas cabezas de mierda la próxima vez —exclamó, lanzando una lata de cerveza al otro camión que hizo otra vuelta de la victoria.

La lata resonó en el parabrisas y fue recibido con vítores y gritos tanto de la multitud como de los ocupantes del otro vehículo. Scotty salió corriendo, persiguiéndolo y saltando a la cabina trasera uniéndose a las varias otras personas que ya habían hecho lo mismo. Se bajó la cremallera y mientras que aferraba a las luces redondas en el techo de la cabina, orinó por todo el parabrisas trasero. La gente se volvió loca. Riendo y sosteniendo sus cervezas. Animando al hombre ´Yota.

—Vámonos antes de que seamos atropellados —indicó Brittany aún cargándome y pasó por debajo de la cuerda.

—Puedes bajarme, sabes —señalé.

—Ya lo sé —reconoció, dándole a mis muslos un apretón—. ¿Te gustó?

—¡Fue increíble! —exclamé—. Aunque me retracto de lo que antes dije sobre el hockey. Tirar de un Todo Terreno es un deporte aún más extraño. Tiene que ser un montón de trabajo poner el vehículo de nuevo junto cada vez y luego destruirlo de nuevo, pero sí, fue genial, totalmente genial.

—Pensé que te gustaría —dijo con una sonrisa.

Sus dedos apretaron mi carne, masajeando la parte posterior de mis piernas hasta el pliegue de mi culo y me mas fuerte contra su gran cuerpo. Sentí sus músculos abdominales flexionarse bajo la ajustada camisa que rozaba la parte interior de mis muslos.

La adrenalina recorriendo mi sistema era una mezcla de emociones debido al el tirón del camión y me preguntaba qué pasaría si seguía tocándome. Si sus manos deseaban más.

La anticipación era más embriagadora que cualquier trabajo que jamás hubiera hecho.
Brittany observaba a varios otros tipos que nos estaban viendo, o más específicamente a mí. Les lanzó una mirada que los hizo voltearse de espalda.

Poco a poco, me soltó, deslizándome por su cuerpo hasta que mis pies tocaron el suelo. Sentí la vibración de su gemido gutural, pulsando a través de mí. Hubo un destello de algo perverso en sus ojos, una mirada de algo por venir, que envió escalofríos por mi espalda.

Susurros y risas atrajeron mi atención y empecé a notar y luego a fingir que no me había dado cuenta de las otras chicas que nos rodeaban. Las que se mantuvieron mirándola, saludando y sonriendo con timidez antes de dirigir su atención hacia mí, mirándome con ojos llenos de desdén.

La multitud se hacía cada vez más densa, pero entre el grupo de personas vislumbré a la chica a la que había huido de la casa de Brittany semanas anterior.

Dejó mi cerveza sin abrir en un refrigerador portátil lleno de hielo y llenó dos vasos rojos con el contenido del barril. Me ofreció uno y tomé un sorbo, la cerveza helada hacia un contraste bienvenido con el calor de la noche. Nos llevó de vuelta a la cuerda y vimos como otro par de Todo Terreno se alineaban y se preparaban para su turno.

—Todas las personas que he conocido tratan a sus vehículos como una extensión de sí mismos —señalé, pensando en Puck y el amor que tenía por su moto y en mí por mi scooter. La moto de Brittany estaba protegida bajo una lona, así que sabía que entendería lo que quería decir—. Algunos tratan a sus motos o autos mejor que a sus propias familias, y sin embargo estas personas…—Moví mi brazo hacia donde Scotty estaba sentado en el techo del otro 4x4, bebiendo otra cerveza mientras el vehículo ganador continuaba su gira victoriosa fuera de la arena, conduciéndolo hasta la orilla del mar y levantando una lluvia de barro. Hice una pausa, sin saber cómo describir la forma en que imprudentemente dejaban que sus vehículos fueran destrozados y amando todo de ello—. Estas personas son solo…

—¿Son unos locos de mierda? Sí, lo son, pero están teniendo un montón de diversión de mierda.

Los gritos de Scotty de ¡´YOTA POR SIEMPRE! Se iban desvaneciendo a medida que el ganador se alejaba por la playa hasta que desapareció en la distancia.

—. Pero entiendo lo que estás diciendo. Los vehículos son sagrados y estos chicos consiguen emoción destrozándolos. Lo curioso es que el 4x4 no es sólo un juguete, el vehículo de trabajo de Scotty — indicó, seguido de una profunda carcajada.

—¡Mierda, no puede ser! —dije, tomando otro sorbo.

Sujetó mi mano libre otra vez, entrelazando nuestros dedos, tirando de mí más cerca, así que mi pierna desnuda rozaba su muslo vestido de mezclilla

—. ¿Por qué siempre tomas mi mano? —pregunté, mirando hacia nuestras manos unidas.

—Porque quiero —respondió con un encogimiento de hombros. Bajó la cabeza y me acercó a ella—. Vas a aprender que cuando se trata de ti, voy a hacer lo que quiero, y más que eso…—Se detuvo, chupando su labio inferior. Estaba tan cerca, su boca casi tocaba la mía mientras respirábamos el mismo aire. —Te va a encantar. Pronto —agregó.

No había tiempo para reaccionar o pensar acerca de lo que estaba ocurriendo, cerró el espacio entre nosotras, Y por un breve instante, sus labios apenas tocaron los míos cuando una voz gritó, rompiendo nuestra conexión, separándonos.

—¡Oye, niña bonita! —resonó la profunda voz.

Nos dimos vuelta. Un hombre usando una remera negra de una banda y vaqueros se levantó de la terraza. Era casi tan alto como Brittany y aunque era grande, su cuerpo estaba redondeado y voluminoso, mientras Brittany era un poco musculosa y esculpida

—. Muy mal por tu pierna. Parece como si te quedarás atrapada en esta ciudad con todos nosotros los nadie, después de todo —señaló el hombre, y aunque sus palabras eran una disculpa, en su voz no había ningún lamento.

La mano de Brittany se apretó alrededor de la mía. Me empujó detrás de ella cuando el hombre se acercó.

—Nadie. Esa es una descripción apropiada para ti en realidad.

Retrocedí un poco detrás de su cuerpo para poder de ver lo que estaba pasando
y por qué este hombre estaba insultándola

—. ¿Te diviertes allá arriba, fingiendo ser alguien que no eres? Tu tío debe estar verdaderamente orgulloso de que la jodieras. Debe ser mierdoso darte cuenta lo maricona que te volviste, Sicaria.

Brittany apretó la mandíbula. Los músculos de sus brazos estaban tensos y una vena gruesa pulsaba sobre sus bíceps. Reconocí su reacción tan fácilmente como reconocería la mía. Podía oler su ira cuando dijo:

—La mierda ocurre, Griff. He vuelto. Así son las cosas, si deseas iniciar conmigo vas a tener que esperar otro momento, estoy un poco ocupada ahora mismo —señaló, tomando un sorbo de su cerveza en un intento de ocultar su enojo. Miré a los dos con silenciosa fascinación, aunque si Griff seguía presionando a Brittany, no sabía cuánto tiempo más sería capaz de contener mi propia rabia, la que ya empezaba a arder y amenazaba con convertirse en un infierno que no sería capaz de controlar.

—Sí, casi me había olvidado de tu pierna coja — apuntó Griff, dando un paso adelante—. Y aquí estaba yo, pensando que estabas de vuelta en la ciudad, ya que me viste en Instagram, golpeando mi pene en la garganta de tu chica.

Brittany resopló.

—¿Jessica? No es mi chica. Nunca lo fue. Puedes follarte a la perra — escupió, entrecerrando los ojos mientras Griff bajaba de las gradas improvisadas, las viejas y destartaladas escaleras crujían bajo sus pies, anunciando cada pesado paso mientras se abría camino hacia la arena, hasta que estuvo justo frente a nosotras.

Giró su gorra de béisbol negra para que la visera quedara al revés.

—Oh, ya lo hice —afirmó Griff, relamiéndose los labios, incitando a Brittany—. Muchas, muchas veces. Fue muy divertida para pasar el rato. Supongo que se cansó de ti jugando y pretendiendo ser la atleta toda americana cuando todos sabemos que eres simplemente basura blanca.

Brittany murmuró algo en voz baja y apretó los puños. Me sostuvo más fuerte y se volvió para irse, tirando de mí a su lado mientras nos guiaba de vuelta a la oscuridad. Mi pulso se recuperó mientras nos alejábamos. Sentí calor por todo el cuerpo y luché para igualar mis respiraciones.

Tenía razón en alejarse. Necesitábamos conseguir alejarnos de esa situación lo más rápido posible porque estaba a segundos de perderme por completo.

Griff nos llamó a medida que nos íbamos, su odio por Brittany era evidente en su voz. Hurgaba en mi interior y me provocaba con cada palabra cortante.

—Mientras que finges ser de buen gusto y educada, eres la puta BROMA de toda América, ahora puedes pasarme a la morena, y puedo darle la misma cogida a la cara que le di a Jessica. No te preocupes, amiga. La devolveré cuando me haya corrido en su garganta y la haya hecho ahogarse con mi pene.

Algunos de los amigos de Griff rieron.

Brittany se detuvo y se quedó inmóvil por completo. Rechinó los dientes y luego, lentamente, se dio la vuelta, soltando mi mano.

En unas pocas zancadas, se elevó sobre Griff y su puño impactó su cara redondeada, mientras que su cabeza todavía estaba echada hacia atrás riendo. Me quedé allí con los ojos abiertos, sorprendida por el poder de su golpe, su fuerza.

Griff voló hacia atrás cayendo en la arena. El ver a Brittany controlada causó que mi cólera se desvaneciera un poco. Lo manejó. Podríamos irnos. Si nos íbamos ahora, podría mantener el fuego adentro.

—Vamos, vámonos —dije en voz baja. Brittany se volvió hacia mí, traqueando los nudillos de la mano, que acaba de utilizar para golpear a Griff.

Dos de los hombres de Griff que habían estado sentados saltaron de la terraza detrás de Brittany, la empujaron a la arena. Uno le sujetó mientras los puños del otro volaban.

Eso fue todo.

A partir de ese momento no había manera de frenarla.

El calor familiar se extendió por todo mi cuerpo como un salvaje fuego fuera de control. Mi visión cambió de blanco a rojo… y luego a negro.

Perdí todo el control que pensé que tenía, y en el proceso le mostré a cada persona en el lugar que Diabla definitivamente no era la abreviatura de mi supuesto nombre.

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 13, 2017 4:46 pm

Capítulo 16
Brittany

APENAS TUVE TIEMPO de registrar cuando Oben y Ward, dos de los amigos de Griff que completaban el Trío juvenil de delincuente, saltaron sobre mí como los cobardes que eran. Me sujetaron y consiguieron propinarme algunos de sus propios puñetazos, Griff se levantó y se sacudió la arena.

—Vas a pagar por eso, imbécil —escupió, limpiando la sangre que goteaba de su nariz.

Estaba en el proceso de sacudirme a los dos pequeños hijos de puta, cuando de repente apareció Diabla con una expresión en blanco en su rostro y un misterioso sentido de calma que la rodeaba. Para mi sorpresa, se acercó a Griff.

—¡Diabla! —grité advirtiéndole, pero no respondió.

Griff no era del tipo que le importaba si era un hombre, una mujer o un puto niño. Su mamá estaba presa por matar a su papá. Su punto de vista sobre las mujeres en general no era el mejor y su odio hacia mí iba mucho más atrás del deporte y Jessica.

Diabla me ignoró y siguió caminando hacia Griff. No protestó, ni siquiera luchó cuando se lanzó hacia ella, agarrándola por los brazos, girándola para que su espalda estuviera contra su pecho, con las manos inmovilizadas detrás de ella.

—¿Crees que eres una mierda caliente , Brittany? ¿Srita. Gimnasia? ¿Señorita Big en el maldito Hielo?

Griff se agitó, bajando los labios a la mejilla de Diabla

—. Si crees que puedes quitarme mierda sin que te quite mierda, entonces estás seriamente equivocada. ¿Porque esta chica de aquí? —señaló, pasando un dedo gordo por la mejilla de Diabla.

Empuje contra Oben y Ward que luchaban para mantenerme frenada. Fue entonces cuando noté algo acerca de Diabla que me hizo dejar de luchar. Algo que envió escalofríos por mi columna y directamente a mi maldita alma.

Me estaba mirando directamente…, sólo que no lo hacía. Sus ojos no estaban enfocados. Estaban colocados en sus cuencas como si estuviera a punto de rodarlos.
Y estaba sonriendo.


No la falsa sonrisa que la había visto usar antes. Y no la dulce sonrisa como cuando la hice carcajear. Esto era algo completamente diferente. Era aterrador como la mierda.
Cada cabello de mi nuca estaba erizado.

—Diabla —repetí, tratando de llamar su atención mientras que Oben pateaba mis pies, haciéndome caer de rodillas en la arena. Fue suficiente, esto terminaría ahora. No sabía qué estaba pasando, pero sabía que tenía que llegar a ella antes de que Griff tuviera oportunidad de hacerle daño, porque si lo hacía iba a asesinar al hijo de puta.

Con un rugido desde el fondo de mi pecho, reuní toda mi fuerza y determinación sacudiéndome con éxito a los dos compinches de Griff. Repartiendo duramente golpes con el hueso de la mejilla a cada uno de ellos, lo que habría hecho a mi entrenador orgulloso.


Los dejé gimiendo en la arena y no había dado dos pasos cuando Diabla giró en el agarre de Griff para quedar frente a él. Con un grito estridente que tuvo a un enorme círculo de espectadores reunidos para ver de qué se trataba toda la conmoción, se lanzó contra él.

Subiéndolo como si fuera un árbol, serpenteó alrededor de él para quedar a sus espaldas, con los brazos alrededor de su garganta. Estaba apretando. Más y más fuerte hasta que Griff cayó de rodillas en la arena. Sus ojos pasaron de blanco a rojo e inyectados de sangre, abultados mientras luchaba y jadeaba por aire.

Miré con asombro y horror mientras Diabla sofocaba la vida de Griff. Los espectadores comenzaron a gritar. Uno agarró un teléfono celular y murmuró algo acerca de llamar al sheriff.

—¡Diabla! —grité, tratando de llamar su atención.

Gruñó y apretó más fuerte, un bufido escapó de la boca de Griff junto con el último halito de aire en sus pulmones.

—¡Diabla! —llamé de nuevo, acercándome a ella.

Puse una mano en su hombro. Su enfoque se desvió, sólo por un segundo. Quitó uno de sus brazos del cuello de Griff y me agarró la muñeca, torciéndola dolorosamente

—. Diabla, soy yo. Suéltame. Tenemos que irnos antes de que esto se ponga mal. —Estaba viéndome, pero sus ojos todavía estaban desenfocados, casi como si estuviera
mirando a través de mí. Puse mi otra mano encima de la suya, la que torcía mi muñeca, y lo intenté de nuevo.

—Bebé, soy yo. Brittany. Tenemos que irnos. Cariño, ¿puedes oírme allí? —susurré tan calmadamente como pude con el dolor irradiando en mi brazo. Cuando no respondió y su enfoque estaba sólo en drenar la vida de Griff, hice lo único que cruzó mi mente para detenerla de matarlo delante de treinta testigos.

Me incliné y presioné mis labios contra los suyos.


Me quedé allí, mi boca sobre la suya hasta que sentí el aleteo de sus pestañas de Diabla contra el puente de mi nariz. Fue entonces cuando me eché atrás.

Parpadeó varias veces seguidas hasta que una luz de reconocimiento brilló en sus ojos y soltó mi muñeca.

—Eso es todo, nena. Vamos, tenemos que irnos ahora.

Miró a donde todavía sostenía la cabeza de Griff en una llave y observó a la multitud que nos rodeaba asombrados que sostenían sus teléfonos, sin duda grabando cada
segundo.

Diabla regresaba de dondequiera que había ido, pero lentamente. Demasiado lento. Me estrujé el cerebro pensando en algo que decirle para traerla de regreso, rápidamente

—. ¿Quieres regresar a la Chalet e ir a nadar en la piscina? —pregunté.

Finalmente liberó a Griff, deslizándose de su espalda, hasta la arena. Griff cayó a su lado con un largo gemido gutural, afortunadamente aún vivo, aunque una parte de mí todavía estaba lo suficientemente enojada como para desear haber terminado el trabajo. Oben y Ward se arrastraron a su lado como patéticos parásitos.

—Tu piscina está mugrienta —murmuró antes de inclinarse hacia adelante y derrumbarse entre mis brazos.

La levanté y la llevé más allá de los espectadores y los susurros. La moví suavemente en mis brazos para que pudiéramos acomodarnos de nuevo a través del callejón entre los Chalets y volver a la acera que bordeaba la carretera principal.

—Sí, cariño. Sí, lo está —susurré a una Diabla apenas consciente.

Nunca había visto nada como la chica en mis brazos.

Hermosa. Fuerte. Feroz y ardiente.

Una fuerza mayor que cualquier tormenta y dos veces más destructiva.

En cierto modo, era ingenua.

Inocente incluso. En otras maneras, era el mismo diablo.

Nunca había querido a nadie más.

No sabía lo profundo que corrían sus secretos, pero tenía la sensación de que si eran tan profundos como los míos, había otra clase de tormenta que llegaría. Esperaba que pudiéramos resistir.

Juntas.

En algún momento, entre el momento en que apareció en la Chalet y el intento de asesinato, empecé a pensar en ella como si no fuera sólo alguien que se quedaba en mi casa. Tampoco sólo alguien a quien quería follar.

Comencé a pensar en ella como mía.

La llevé de vuelta a mi casa.

En el camino, decidí que era maldito tiempo que dejamos de esquivar nuestras verdades. Era hora de compartir algunos secretos.

Nosotras dos.

DIABLA

NUNCA ANTES me había estrellado tan fuerte después de un episodio. Mis ojos estaban cerrados, mi respiración era uniforme. Cualquiera que me viera pensaría que estaba durmiendo, pero no lo estaba. Sentía cada paso debajo de mí, cada flexión de los bíceps de Brittany mientras me llevaba de vuelta a la casa y me acostaba en el sofá.
Cuando fui lo suficientemente fuerte para abrazar de nuevo la conciencia, en el reloj digital azul de la estufa se leía las dos y media de la madrugada.

Me senté despacio, frotándome las sienes. Mi cabeza palpitaba como una mala resaca mientras recordaba lo que paso en el Trucks Pulls. Al principio estaba borroso, pero de repente todo volvió. Las tortugas de mar. Ser reconocida por Pinto. Los Todo Terreno. El casi beso.

Griff.

XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

DIABLA.

Me tapé la boca con la mano para calmar mi jadeo. Brittany me había visto.

La verdadera yo.

Estaba implicada.

Profesionalmente. Personalmente. Sabía demasiado.

No sólo anoche, sino que toda esta situación se había salido de control demasiado rápido.

Se terminó.

Todo lo que quedaba por hacer ahora era irse. Cuando escuché la ducha aproveché mi oportunidad. Al abrir la puerta, salí a la terraza tan silenciosamente como pude. La puerta chirrió mientras la deslizaba por el viejo riel oxidado. Cuando la cerré detrás de mí, Murray estaba allí, sentado al otro lado del vidrio, gimoteando por su nariz y mirándome fijamente con el ceño fruncido en su chata cabeza de pelaje gris.

—Shhhhhh, no puedo dejarte salir —exclamé— Ve a tumbarte muchacho—apunté a su cama de perro al otro lado de la habitación. Murray se volvió como si realmente entendiera lo que le estaba señalando—. Buen chico — felicité.

Cuando Murray se sentó y meneó la cola, supe que no era por su cama lo que estaba tan feliz de ver.

Brittany.

Cabello húmedo. Las gotas de agua brillaban en su cuerpo. Tenía una toalla blanca envuelta alrededor de su cuerpo. El atisbo de un tatuaje en su espalda, que nunca había notado, se vislumbraba sobre sus hombros. Sombras de lo que parecían unos dedos fantasmagóricos envueltos alrededor de sus tríceps.

—¿Diabla? —preguntó.

Sacudí la cabeza y retrocedí un paso.

La comprensión apareció en su rostro, seguida de un destello de dolor en sus ojos.

Ella sabía.

—Diabla... espera —gritó, esquivando el sofá, su voz era amortiguada por el cristal que nos separaba.

Cuando oí que la puerta se abría, ya había saltado de la terraza y corría descalza por la arena. Parecía como si una vida hubiera pasado desde el día en el que conocí a Brittany, una vida más de la que estaba huyendo.

No precisamente de Brittany.

De la vida.

Los truenos rugían a lo lejos y, aunque odiaba las tormentas, afortunadamente el sonido ahogaba el de la sangre corriendo a través de mis oídos, así como la voz en mi cabeza que me decía que me volviera. No había nada que pudiera hacer. No podía parar. Era muy tarde.

Planeaba correr hasta que ya no pudiera oír a Brittany llamarme por la playa, o hasta que la extraña humedad que fluía por mis mejillas se detuviera.

Tuve la sensación de estar corriendo por un tiempo muy, muy largo.

No fue lo suficiente largo.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Jue Jul 13, 2017 8:06 pm

si que cuida britt a san jajaja no la va a soltar tan facil!!
apareció nomas la esencia de la diabla!!! y britt la pudo controlar demasiado bien!!!!
a ver si san se deja ayudar????

PD; por ahi no carga bien la pagina cuando quieres subir un cap,... por que me fije haciendo el intento de subir algo,.. y estaba todo el formato!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Jul 14, 2017 5:44 pm

3:) escribió:si que cuida britt a san jajaja no la va a soltar tan facil!!
apareció nomas la esencia de la diabla!!! y britt la pudo controlar demasiado bien!!!!
a ver si san se deja ayudar????

PD; por ahi no carga bien la pagina cuando quieres subir un cap,... por que me fije haciendo el intento de subir algo,.. y estaba todo el formato!!

Hola si tienes toda la razón, ambas se estan cuidando a su manera... ninguna de las dos se controla creo yo.... ojala San se deje ayudar y no huya....

PD. espero que asi sea, pero ya probe de todo reinicie todo cerre sesion y volvia a entrar y nada no tengo ni las caritas, ni las opciones para subir video o foto, ni las fuentes para las letras, nada y eso me tiene muy frustrada...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Jul 14, 2017 5:49 pm

Capítulo 17
Brittany

LAS TORMENTAS ERAN un consuelo para mí. Siempre lo habían sido. El abuelo y yo solíamos verlas rodar a través del agua, esperando hasta el último segundo, cuando la lluvia crecía de gotas diminutas a aguacero total, antes incluso de considerar entrar. Lo que era mucho después de que la abuelita nos gritara por primera vez que “metiéramos nuestros culos a la casa antes de que nos matáramos”.

Cuando Diabla saltó de la terraza y corrió por la playa, las nubes de tormenta se metieron la costa y mi mente. Sentí de todo menos consuelo.

Los relámpagos atravesaron el cielo oscuro en destellos, iluminando las ominosas nubes. La tormenta se hacía más grande, más intensa, los truenos rugían, sacudiendo la tierra como el altavoz de un auto barato traqueteando el maletero.

La lluvia arreció, derramándose tan fuerte que me picó la piel mientras trataba de perseguirla por la playa. Era una corredora rápida, pero no vistiendo una toalla, y no con una pierna mala. Para no ser muy alta, las piernas de Diabla se movían a un ritmo que no era humano.

La perdí de vista en medio de la lluvia.

En cuanto nuestros ojos se conectaron a través del cristal, supe que se marchaba.

Lo que Diabla, esas atractivas piernas y su sexy culo no sabían, era que su velocidad no era rival para mi determinación.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Jul 14, 2017 5:55 pm

Diabla

LAS TORMENTAS APESTAN. Nunca he sido una fan. Cuando era más joven, era lo único que me hacía querer esconderme bajo mi cama o buscar a mis padres en busca de consuelo. Ellos se regocijaban con esta pizca de normalidad, pero yo odiaba estar asustada.

Infligir miedo era asombroso. Sentir miedo era una mierda cargada de ninguna diversión. Era realmente estúpido. Había visto mucho. Había hecho tantas cosas. Y, sin embargo, en cuanto las nubes llegaban, me convertía en la versión de seis años de mí, excepto que no tenía una cama para arrastrarme debajo y ocultarme.

El que la Madre Naturaleza desatara su furia sobre la tierra debería haberme consolado. Un espíritu afín que hacía estragos en la tierra como yo. El rayo se estrelló por encima tan fuerte y tan atrevido que era como si las nubes de tormenta descendieran sobre la playa y me rodearan. Estaba empapada por el aguacero torrencial, mi cabello estaba mojado y frío, pegado a mi cuello y rostro. El corazón palpitaba en mi pecho mientras trataba de superar a la tormenta. Corrí hasta que la fuerza de la lluvia y el viento me cegó y la arena se convirtió en una masa blanda bajo mis pies. Traté de acuartelarme en una sombrilla de playa abandonada, pero se fue volando cuando la abrí, bajando por la playa.

Eran alrededor de las cuatro de la madrugada, muy tarde o muy temprano, dependiendo de cómo lo vieras. No había una persona en todo lo que alcanzaba ver, aunque la lluvia oscureció el alcance de mi vista y solo pude distinguir a quince metros en cualquier dirección, hasta que arreció tan fuerte que no pude ver a más de tres y luego uno. Esperaba que el sol saliera pronto y milagrosamente ahuyentara a la tormenta.

No tuve tanta suerte.

Caminé por la arena mojada.

Fue entonces cuando me di cuenta de que no llevaba mis zapatos o mi bolso.

Ni siquiera mi scooter.

Nunca en mi vida había sido tan descuidada. Tan imprudente. No solo con mis cosas, sino con un trabajo, con Brittany. Debería haberle dicho a Puck que había terminado en cuanto me di cuenta de que algo era diferente en este encargo. Ese “algo” estaba ocurriendo entre nosotras.

Además de odiar tener miedo, tampoco me gustaba sentirme débil. Salté sobre una pequeña barrera de hormigón y apoyé la espalda contra la pared de un edificio alto. Me deslicé hasta sentarme en la acera, mis pies descalzos todavía estaban empapados cuando la lluvia cayó en ángulo. No tenía idea de cuán lejos estaba del chalet, todo lo que sabía era que no era lo suficientemente lejos.

Nunca sería lo suficientemente lejos.

Me había equivocado. Qué estúpida fui al pensar que podía controlar mi naturaleza alrededor de Brittany. Ya habían pasado semanas. Un record para mí por el más largo período sin tener un episodio. ¿Cuánto tiempo pensé que podría seguir así?

Ya no importaba. Nada de eso.

Quería sentirme aliviada de que todo terminara, pero no pude llegar allí. Lo único en lo que pensaba era en el rostro de Brittany cuando salí. El dolor. Su manera de gritar mi nombre mientras huía de ella.

La única persona por la que tuve sentimientos reales. Atracción real. Una persona que no me conocía en absoluto.

Por mucho que deseara que la ansiedad, las palmas sudorosas y el corazón acelerado fueran producidos por una ameba come-cerebros de la piscina. No lo eran.

Eran por ella.

Lleve las rodillas hasta mi pecho y dejé caer mi cabeza sobre ellas. Me temblaban las manos y mis dientes castañeaban tan fuerte que podía escucharlos golpearse. Mi vestido estaba empapado, manteniendo la lluvia fría presionada contra mi piel como una bolsa de hielo.

Resultaba que los gérmenes y las tormentas eléctricas no eran las únicas cosas as las que les tenía miedo.

También tenía miedo de Brittany Pierce.

Mientras uno de mis miedos seguía soplando en la playa frente a mí. El otro avanzaba en un ATV, emergiendo de una cortina de lluvia a solo unos metros de distancia. Cuando escuché el motor por encima la tormenta y levanté la cabeza de mis piernas, estaba justo frente a mí. Me incorporé de rodillas.

Brittany me fulminó con una expresión de maldad en sus ojos que me hizo temblar por una razón completamente diferente.

—¿Qué diablos te dije sobre estar de rodillas?

No había ningún lugar a donde huir.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Jul 14, 2017 6:16 pm

Capítulo 18
Diabla

EL CABELLO MOJADO de Brittany caía sobre sus ojos. El agua goteaba desde su barbilla hasta su camiseta negra. Sus ojos eran increíblemente azul oscuros. Su pecho se levantaba y caía con fuerza junto con sus rápidas respiraciones. Sus fosas nasales se ensancharon y me fulminó con odio en la mirada.

El algodón húmedo empapado de su camisa se pegaba a cada centímetro de músculo en su amplio pecho hasta sus abdominales.

—Vuelve a casa, Brittany —dije, mirando el suelo. Dejé caer mis hombros—. Ya no puedo hacer esto. Por primera vez en mi vida estoy cansada.

Tan jodidamente cansada.

Gruñó, cerrando y abriendo los puños. Haciendo sonar los nudillos.

—Si estás cansada, te llevaré a la cama. Pero, de cualquier manera, HAREMOS esto ahora —demandó—. Pero primero, necesitas escuchar, porque no voy a repetirlo de nuevo. Deja de arrodillarte, joder. —Se agachó y me levantó del suelo por la cintura, sujetándome fuertemente contra su pecho. La golpeé con mis puños, luchando por salir de sus brazos, pero no se movió.

—Eso no es lo que quise decir cuando dije que estaba cansada. No necesito dormir. Estoy cansada de fingir. Lo hice una vez. No puedo hacerlo de nuevo —grité—. NO LO HARÉ.

Arqueó las cejas.

—¿Qué es exactamente lo que pretendes ser?

Sacudí la cabeza.

—¡No puedo decírtelo! No puedo decirte nada —grité, luchando por liberarme sin lograrlo—. Eso arruinaría todo lo que he construido. —Empujé su pecho.

Me soltó lo suficiente para que pudiera rodearla y perderme en la lluvia, un repentino trueno retumbó en lo alto, resonando entre los edificios.

Me dejé caer de rodillas en la arena, agachándome y cubriéndome la cabeza con las manos.

—Oye, está bien —dijo cerniéndose sobre mí, cubriendo mi cuerpo con el suyo. Protegiéndome.

No merecía su protección. Si realmente supiera quién era yo y para lo que estaba allí, ya no querría protegerme.

—¡No! ¡No está bien! —grité, empujándola fuera de mí.—. ¡Nada de esto está bien!

Me agarró la muñeca.

—Déjeme explicártelo —dijo calmadamente. Demasiado calmadamente.

Extendió la mano y tomó mi mejilla en su mano, frotándola con su pulgar

—. Tú y yo vamos a tener un momento de llegada a Jesús. Me vas a decir tu mierda. Te
voy a decir mi mierda, y luego voy a follarte. Largo y duro, hasta que no te acuerdes de tu nombre real o aquél que elegiste, porque estarás demasiado ocupada gritando el mío.

Mis entrañas se tensaron con fuerza y cerré mis labios firmemente, suprimiendo un gemido.

—¿Qué secretos tienes? —pregunté, con el aire atrapado en mis pulmones. No quería inclinarme a su contacto, pero eso era exactamente lo que hacía, mis ojos no dejaban a los suyos mientras frotaba mi mejilla con su palma.

Sacudió la cabeza. Sus labios se arquearon con una sonrisa maliciosa.

—Oh, no, princesa. Tu mi dama primero.

—¿Quieres la verdad? —pregunté.

—Sí.

—La verdad es que tengo que irme.

—No va a pasar, nena.

—Muy bien. La verdad es que no soy nadie. No soy nada. No vivo en ninguna parte y no me acerco a nadie. La verdad es que me conoces mejor de lo que nadie me ha conocido, pero en realidad no me conoces. Y por eso tengo que irme. Has visto demasiado. ¡Sabes demasiado! —Alejé mi cabeza de un tirón, pero me acercó de vuelta.

—Pura mierda —espetó bruscamente, alejando mi respuesta—. ¿Dónde vives?

—En ninguna parte —respondí, diciendo la verdad. Su mandíbula de se tensó. Apretando los dientes, miró al cielo tempestuoso, como si estuviera buscando algo, cualquier cosa menos las respuestas que le había dado. Un rugido gutural arrancó de las profundidades de su garganta, vibrando hasta el fondo de mi alma negra de mierda.

—No es suficiente, joder —dijo.

—Lo sé —afirmé, volteándome de nuevo. Se acercó detrás de mí y me empujó contra ella. El calor entre nosotras calentando el frío en mi interior—. Eres una buena tipa, Brittany. Demasiado buena para mí. Eres normal. Nunca seré normal. Nunca. Por eso tengo que irme.


—No te vas a ir a ninguna parte. Cuanto antes lo aceptes, mejor, — masculló en mi oreja y me tiró bruscamente contra ella antes de girarme en sus brazos. Estiré mi cuello y sus ojos fijos en los míos. Azul contra Avellana. La tierra y el cielo tempestuoso luchando entre sí por el control. Y con esa mirada sabía que estaba perdiendo.

—No puedes decirme que no sientes esto entre nosotras —dijo, pasando la nariz por mi mandíbula. Me sujetó por las caderas, presionando su pelvis contra mi núcleo—. Esto es lo que me haces. Todo el tiempo. Todas. Las. Malditas. Horas. No puedes decirme que no tengo ningún efecto en ti porque sé que me sientes aquí —exclamó, presionando su mano contra mi pecho—. Del mismo modo en que te siento. —Arrastró sus dedos por el frente de mi vestido mojado, por mi pecho y mi pezón.

Respiré profundamente. Tomó todo lo que tenía no arquearme por su toque y empujar mis pechos pesados y duros pezones en sus bellas y fuertes manos. Mi cuerpo anhelaba frotarse contra lo que sentía palpitar a través de sus pantalones mojados, que igualaba mi propia palpitación que estaba hinchada y dolida por más.

Esto es el por qué tengo que irme.

—No me digas que no quieres esto. A mí. —Bajó su cabeza y recorrió con su nariz desde mi hombro, arriba por mi cuello hacia mi mandíbula, inhalándome. La humedad se acumulaba entre mis piernas y no tenía nada que ver con la lluvia.

—Jesucristo. Puedo oler cuán mal quieres esto, así que no te atrevas a decirme que no.

Sacudí la cabeza, pero solo se rio entre dientes.

Se rio de mí.

Esa risa se convirtió en el dedo empujando el botón de la misma rabia que le había mostrado anoche que era capaz. La sensación ardiente comenzó, advirtiéndome lo que estaba por venir. No intenté respirar lentamente. No intenté pensar en otra cosa. Ni siquiera intenté huir otra vez. Quería la verdad, así que iba a dársela. Obviamente, necesitaba volver a ver de lo que era capaz de hacer para comprender completamente con lo que estaba tratando.

No había duda en mi mente de que después, me dejaría ir sin perder otro segundo pensando en mí.

Mi estómago se retorció al pensarlo. Miré hacia otro lado.

—¡Maldita sea, mírame, Diabla! —ordenó, tirando de mi barbilla hacia ella y mirándome a los ojos. Se quedó borroso. Como si ni siquiera estuviera allí. La escuché llamarme. La escuché murmurar y maldecir. Entonces no escuché nada más que un zumbido en mis oídos cuando la ira se apoderó de mí, envolviéndome en su abrazo tortuoso, alimentándome de lo que necesitaba, lo que quería. Es posible que no haya sabido cómo hacer frente a la mierda emocional que hacía doler mi pecho doler, ¿pero la ira? ¿Furia?

Era algo con lo que podía funcionar.

Mi feliz lugar de caos.

No necesitaba a Brittany.

Estaba drogada. Vertiginosa.

Hasta que no lo estaba.

De pronto me arrancaron de los brazos de mi viejo amigo, mi visión se enfocó, Brittany volvió a estar a la vista. Puse una mano sobre la sensación de escozor en mi mejilla.

—¿Me golpeaste? —Su rostro estaba tan cerca, su nariz tocaba la mía.

—Claro que te golpeé, maldición. Te dije que no iba a dejar que te fueras y no me refiero a huir.

—Me golpeaste —repetí, frotando mi mano sobre mi mejilla caliente.

Asintió.

—No quería, pero tuve que traerte de vuelta, nena. —Bajó la voz—. Tuve que hacerlo.

Un beso no funcionó esta vez.

—¿Me besaste? —pregunté, mis dedos moviéndose de mi mejilla a mis labios.

De repente, no me enfurecía que no me dejara ir. Ni siquiera me enfurecía que me golpeara. Pero por alguna razón, fue el beso lo que hizo que mi mente se tambaleara. No podía pensar cuando estábamos tan cerca. La abrumadora necesidad de poner distancia entre nosotras se hizo cargo.

Necesitaba aclarar mi mente.

Sin esperar otro segundo, me agaché bajo el brazo de Brittany y me fui a la playa.

No me detuve.

¿Quería detenerme?

Así era, no me detuve hasta que algo duro me golpeó por detrás y me mandó a volar de cara a la arena mojada. Unas fuertes manos me voltearon sobre mi espalda. Una vez más, me encontré mirando a un par de asesinos ojos color azul cielo. Estos no eran los hermosos ojos de la muchacha que había conocido en las últimas semanas.
Estos eran oscuros y estaban FURIOSOS.

Examino mi rostro.

—Mi pierna puede tener problemas, pero no subestimes el hecho de que la rompería de nuevo por ti. —Respiraba con dificultad, con sus muslos entre mis piernas—. ¿Lo qué pasó con Griff, de eso se trata toda esta mierda?

No respondí, porque decir que el incidente era de lo que se trataba todo esto sería equivocado. Era una parte de ello, pero solo la punta del iceberg que era mi vida.

—Todos tenemos rabia, nena.

—No como yo —escupí. Corcoveé mis caderas en un esfuerzo para sacarla de encima de mí, pero todo lo que hice fue ponerme en contacto con la pelvis presionando contra sus vaqueros mojados. Mordí mi labio para reprimir un gemido, sin querer hacerle saber lo mucho que llegaba a mí.

Un vistazo a su mirada lujuriosa me dijo que no había tenido mucho éxito.

Frunció el entrecejo.

—Cariño, cuando sientes que tu temperamento cruza hasta ese punto sin retorno, entonces descargas esa mierda en mí. Si tienes que dar rienda suelta a todo lo que está pasando en ese bello cerebro tuyo, entonces lo sueltas sobre mí. DAME tu ira y no te marches de nuevo. ¿Escuchaste lo que estoy diciendo? Ven a mí, Diabla. Dame todo lo que tienes, y te lo devolveré. Vuélcalo en mí. En mi cuerpo. Te prometo que puedo soportarlo.

Hizo una pausa, paseando su mirada por mi cuerpo, acariciándome de arriba abajo con sus ojos azules.

—Quiero tomarlo.

Al abrir mi boca para discutir, fui rápidamente silenciada cuando aplastó sus labios contra los míos.

En ese momento, estaba perdida. En el beso. En Brittany. En lo que estaba presionando contra mí mientras me besaba, duro y largo. Su lengua separó mis labios. Era una danza y una guerra. Nunca supe que un beso pudiera ser áspero y suave. Blando y duro. Gemí en su boca, y se balanceó contra mí otra vez, el vestido subió por mis piernas. Si tuviera que mirar hacia abajo, mis bragas estarían en completa exhibición.

—Eres tan jodidamente hermosa. No puedo esperar a llenar ese coño con mis dedos. He estado ansiando sentirte venir mientras estoy enterrada profundamente dentro de ti y montandote —gimió, empujando su cadera contra mis bragas, frotándola de arriba abajo por un lugar que me tenía jadeando y deseando empujar contra ella incluso más fuerte. Tenía la sensación de que se estaba asegurando de que entendiera que lo que iba a hacerme no era solo una promesa—. Voy a cogerte hasta sacarte la ira.

Era una advertencia.

El sol se elevaba sobre el agua cuando pasó su mano sobre mi muslo, sobre mis bragas y luego entre mis piernas. Ni siquiera me di cuenta de que la lluvia había cesado. Levantó el borde de la tela lo suficiente para sumergir dos dedos en su interior. En cuanto entró en contacto con mi carne sensible, mi espalda se levantó de la arena de un salto. Jugaba con mi abertura. Me besaba más fuerte y jugaba con sus dedos en mi humedad. Presionó la punta de un dedo dentro de mí, luego se quedó inmóvil.

—Este coño es mío —dijo, quitando la mano de mis bragas y llevando los dedos a su boca, chupando mi humedad y gimiendo. Me miró, y durante un breve instante, la confusión brilló en sus pesados párpados. Se acomodó de nuevo encima de mí, su mano serpenteó de nuevo el camino a mis bragas.

Empujó un dedo dentro, pero no llegó muy lejos cuando se detuvo.

—Eres tan jodidamente estrecha.

Levanté mis caderas de la arena, con la esperanza de que entendiera la pista y se sumergiera más profundo dentro de mí. O algo, cualquier cosa para saciar la tensión que se seguía construyendo y construyendo. No sabía cuánto más podría tomar. Mis pezones estaban tan duros que era prácticamente doloroso. Mis muslos se estremecieron. El sonido de la risa aguda de un niño rompió el hechizo en el que
estábamos.

—Mierda —maldijo.

Se puso de pie rápidamente, tirando de mí con ella. Una familia de cuatro salió de un chalet cercano, una niña rubia bajó los escalones, persiguiendo una pelota de playa dos veces mayor que ella. Tomó mi mano y me empujó hacia el ATV que había conducido. Me levantó y me puso sobre el asiento. Alcanzó detrás de su cabeza y tiró de su camisa, sacándosela y colocándola sobre el asiento.

—Crees que soy una tipa normal, ¿eh? —preguntó con una sonrisa perversa—. No eres la única con secretos, Diabla. —Antes de que pudiera preguntar lo que estaba haciendo, se dio la vuelta y jadeé.

Santa mierda.

Finalmente estaba mirando completamente su tatuaje. Era una pieza de espalda completa. Colorido y muy detallado. En el centro había un lobo que luchaba contra un águila cuyas alas se extendían por su espalda hasta los hombros y sobre los músculos entre su hombro y cuello. El símbolo era uno que reconocí sin siquiera tener que leer las palabras desplazadas a través de la parte inferior.

Wolf Warriors Motorcycle Club Logan’s Beach.

Brittany estaba en lo cierto. No era la única que guardaba secretos.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Vie Jul 14, 2017 6:16 pm

Brittany


EL ABUELO SIEMPRE DIJO que, si esperabas honestidad, primero debías de darla. Que fue lo que hice mostrando a Diabla mi espalda y dejándole ver el gran pedazo de mi vida que le había estado ocultando.

La quería. Cuerpo, corazón y alma de mierda. Eso significaba que ambas teníamos que decir algunas verdades para llegar a un acuerdo, y esperaba poder explicar la mía de una manera que no terminara conmigo persiguiéndola de nuevo, que era exactamente lo que haría si huía.

Una y otra vez.

Nunca tuve que responder ante nadie, especialmente no sobre el MC. Antes de Diabla, ni siquiera quería tener a una chica cerca durante unas horas. Incluso con Jessica, me habría cansado de ella si hubiésemos estado juntas más de una noche a la semana.

Mientras que con Diabla, no quería dejarla fuera de mí vista ni por un solo minuto. Otra cosa que era nueva para mí, y que tenía mi coño goteando con ambrosia, era la noción de que Diabla, la chica que estaba a punto de follar y hacer mía, era posiblemente virgen.

Antes de darme cuenta de que podía ser inocente, estaba a punto de tomarla como una salvaje en la playa. Había planeado darle la vuelta y follarla duro hasta que estuviera gritando y ahogándose en la puta arena. Por mucho que odiara al niño que gritó por interrumpirnos, también estaba agradecida.

Necesitaba asegurarme de que cada segundo de follar a Diabla fuera tan increíble para ella como sabía que iba a ser para mí.


Tan bueno que nunca intentará huir de nuevo.

Si había aprendido algo después de su intento de huida, era que no había nada que no haría para mantenerla.

Cualquier cosa.

Todavía teníamos algunas verdades que compartir, pero iban a tener que esperar, porque había llegado el momento de demostrarle que me pertenecía, y no importaba cuánta distancia pensaba que pudiera poner entre nosotras, ese hecho no iba cambiar.

Golpeé el acelerador y corrí por la playa hacia el chalet con solo la chica frente a mí en mi mente.

Planeé pasar el resto del día mostrándole la verdad. La verdad que conocía desde el día que nos conocimos. La que sentía en mi estómago y entendía mejor que cualquier cosa que hubiese entendido en toda mi vida.

Ella era mía.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Vie Jul 14, 2017 8:03 pm

definitivamente san ya no se puede ir a ningún lado,..
después de este dia,.. siiiii llegan a hablar entre las dos no ahi vuelta a tras!!! y no va a ser fácil para san alejarse de britt!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 15, 2017 12:16 am

3:) escribió:definitivamente san ya no se puede ir a ningún lado,..
después de este dia,.. siiiii llegan a hablar entre las dos no ahi vuelta a tras!!! y no va a ser fácil para san alejarse de britt!!!!

Ha llegado la hora de que Santana sea marcada por Brittany, disfruten el capitulo
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 15, 2017 12:16 am

Capítulo 19
Diabla

BRITTANY ES UNA WOLF WARRIOR.

Este pensamiento pasaba por mi mente una y otra vez mientras conducíamos de regreso al Chalet.

¿Cómo no lo sabía? ¿Por qué Puck no me dijo?

Joker, el Vicepresidente de los Warriors, era alguien para quien hice muchos trabajos en el pasado. Alguien que no se preocupó mucho por mí después que me negué a trabajar exclusivamente para él y estaba entre el puñado de gente que sabía, no solo quién era yo, sino cómo lucía.

Brittany estacionó el ATV en el área de almacenamiento debajo del chalet, donde una sección de la celosía había sido retirada y estaba apoyada a un costado de la casa. Apagó el motor y me cargó del asiento, llevándome por los escalones.

—Bájame —demandé, golpeando su pecho—. Te vas a lastimar la pierna de nuevo —argumenté, pero me ignoró, gruñendo su explicación mientras seguía llevándome, sin soltarme hasta después de que abriera la puerta del dormitorio.

En cuanto mis pies tocaron la alfombra, cerró la puerta de golpe y me inmovilizó contra ella. Apartó mis rodillas y se empujó entre mis piernas. Todavía estaba excitada. Mi cabeza cayó hacia atrás golpeando la puerta y cerré los ojos mientras me empujaba con fuerza. Su vagina se deslizaba hacia arriba y hacia abajo por mi núcleo. Mis piernas temblaban de anticipación. Todo mi cuerpo estaba inundado de sensaciones desconocidas. Desconocidas, hasta ella.

—Abre tus malditos ojos —ordenó.

Por mucho que me dijera que odiaba cuando me ordenaba, era otra cosa sobre la que ella había estado en lo correcto. Mi reacción a sus demandas, era que mi cuerpo respondía a ser ordenado, tarareando y zumbando como una luz de la calle al atardecer.

—Necesito... respuestas —gemí, tragando con fuerza mientras continuaba su asalto a mis sentidos empujando más duro contra mí, sujetándome de la nuca y cubriendo mis caderas con las suyas. Duramente.

Agresivamente. Exploró mi boca con su lengua, mordisqueando mi labio inferior con los dientes.

—Respuestas más tarde —indicó, retrocediendo ligeramente—. Pero solo después de que te muestre a quién perteneces.

Movió sus manos por la parte de atrás de mis muslos, acariciando mi culo y hundiendo sus dedos en mi carne. Solté un grito cuando me levantó del piso. Envolví mis piernas a su alrededor. Levantó una mano y quitó la liga que sostenía mi cola de caballo. Se sintió frío mientras mi cabello, aún mojado, caía sobre mis hombros.

Debería haber discutido. Le dije que había demasiadas preguntas entre nosotras como para continuar sin respuestas, pero luego bajó la cabeza y me mordió el pezón por encima del vestido, mordisqueando ligeramente con sus dientes. Todo pensamiento racional desapareció. En su lugar estaba la nueva vida que Brittany estaba respirando en mi cuerpo y en los otros dos lugares en mí que creí muertos desde hace tiempo.

Mi alma.

Mi corazón.

Ambos vivos y bien, calentando mi sangre desde dentro.

Fue el pensamiento del calor lo que me hizo recordar mi mejilla, la picadura de su bofetada aún estaba fresca en mi piel. Levanté la mano y, sin previo aviso, le propiné una bofetada. Duro.

Giró la cabeza por la fuerza del golpe. Mi estómago se revolvió, inseguro de cuál sería su reacción.

—Eso es por darme una bofetada —mascullé entre dientes, disfrutando de la sensación es escozor ahora en mi palma en vez de mi mejilla.

Se volvió hacia mí y ni siquiera sus pecas, que se mostraba en todo su esplendor, podía disminuir la perversión en sus ojos o la sonrisa torcida que tiraba de la comisura de sus labios. Una marca roja tomaba la forma de mi mano. Se rio, bajo y profundo. Sus ojos brillaron, oscuros y misteriosos. Una mezcla de cólera y lujuria.

—Vas a pagar por eso, nena —advirtió. Su voz era áspera y gutural.

Gruñó y algo del primitivo sonido envió una chispa de deseo entre mis piernas. Traté de juntar mis piernas para encontrar algún tipo de alivio, pero todo lo que logré fue sostener su muslo duro y su excitación aun mas perceptible, y frotar mi núcleo contra ella.

—Más —demandé, esperando que supiera lo que estaba pidiendo.

Porque no estaba segura de yo lo supiera.

—Oh no. No tan rápido —respondió—. No tienes que provocarte el orgasmo. Ese es mi trabajo. —Se inclinó, sus labios rozaron mi oído, bajando hasta mi cuello donde chupó y soltó mi piel una y otra vez, acariciando con su lengua, mientras que con sus dedos amasa mis nalgas—. Voy a castigarte haciéndote venir hasta que duela. —Su boca encontró de nuevo la mía.

Gemimos una en la boca de la otra cuando separó mis labios y nuestras lenguas
se encontraron.

La sentí a través de mi cuerpo y causó que mi interior pulsara velozmente. Una fracción de segundo de placer que me dejó deseando más. Necesitando más.

Mucho más.

Por lo general, era la ira en la que me perdía, pero con Brittany, sentí como si pudiera hacerlo en estos nuevos sentimientos, estas nuevas sensaciones.

En ella.

Ya estás perdida en ella.

Miré con asombro y confusión hacia el lugar donde nuestros cuerpos estaban conectados, o estarían conectados, si nuestras ropas no se interpusieran. Cómo algo tan simple como el tacto podía causar una reacción tan grande, estaba más allá de todo lo que imaginé. Sus ojos estaban sobre mí, observándome mirar.

—Mierda —susurró, antes de pasar su mano por mi cabello, tirando de él
e inclinando mi cabeza hacia atrás, facilitándose el acceso a mi cuello—. La maldita mirada inocente en tu rostro me puso más caliente de lo que alguna vez he estado —gimió, arrastrando sus labios contra mi piel—. Ahora sería un buen momento para decirme si alguien te ha tocado, nena. Tengo que saber cuándo esté follándote si soy la hija de puta afortunada en reclamar tu virgen coño. De la misma forma en que voy a reclamar el resto de ti.

Mi pulso se aceleró igual que cuando estaba a punto de apretar el gatillo.

—Ya lo he hecho antes —admití en un susurro—. Sexo, quiero decir. Creo que lo he hecho.

Frunció el entrecejo.

—Buena chica. Me gusta cómo respondiste sin dudar. Sin vergüenza. La mayoría de las chicas no lo haría.

—No soy la mayoría de la gente —le recordé.

—Carajo si lo pongo en duda —susurró, buscando en mis ojos, abstrayéndose en mi boca y pasando la yema de su pulgar sobre mis labios—. Hay un montón de mierda que la gente no recuerda fácilmente estos días. Cumpleaños. El nombre de tu cartero. Ser folladas no es algo sobre lo que la mayoría de las personas duden.

Abrí la boca y le mordí levemente la punta del pulgar. Dejó caer su frente a la mía con un gruñido áspero. Los tendones de su cuello estaban tensos. Una gruesa vena azulada, que pasaba bajo su oreja y bajaba por su garganta, pulsaba rápidamente. Se acercó por detrás de mi cuello, desatando mi vestido húmedo. Este cayó, agrupándose alrededor de mi cintura, exponiendo mis pechos.

—Joder, eres perfecta —señaló antes de bajar su cabeza y pasar la punta de su lengua sobre mi pezón, su cabello mojado cosquilleaba mi piel. No sabía que era posible ser tocado en un lugar y sentirlo en otro, pero mientras rodeaba el pequeño capullo duro, lo sentí en mi núcleo. Presioné mis muslos juntos, necesitando detener el dolor que estaba construyendo de nuevo, para poder aclarar mi duda.

—Diabla —llamó, moviéndose de un pezón a otro.

—¿Sí? —pregunté, observándola lamer lentamente mi rosado pezón, rodeándolo con la lengua antes de aferrarse y darle una succión rápida que me dejó viendo estrellas.

—Explícate —ordenó, soplando sobre la piel ahora húmeda y haciéndome temblar.

Apreté su cintura con mis piernas, ansiando acercarla más. Necesitada de sentirla más.

Cerré los ojos con fuerza, intentando formar un pensamiento coherente.

—Um. Sí. Mike. Mi amigo… —comencé, pero cuando rodó mi pezón en su boca, chupando y girando su lengua sobre la punta al mismo tiempo, corcoveé mis caderas.
Se alejó de mi pezón, y gimoteé. Agarró mis muñecas con una mano, sujetándolas por encima de mí.

Un fuego bailó en sus ojos.

—Dijiste que era solo un amigo.

Asentí.

—Él… él era un amigo. Pero hicimos esta lista cuando éramos solo niños. Estas reglas de cómo ayudarme a ser normal. Simplemente un puñado de ideas sobre cómo controlar mi ira y cómo esconderla de otras personas, así no tendría que seguir viendo a los psiquiatras a los que mis padres continuaban enviándome.

—¿Así que escribió en alguna lista que debías follarlo? —dijo con furia, balanceándose contra mí duramente, trayendo un gemido a mis labios. Clavé mis talones en su espalda.

—No. Quiero decir sí. Fue su idea, pero le seguí el juego. Hice todo lo demás en la lista, y algunas cosas funcionaron. Algunas no. El engaño a las personas, quiero decir. A la única persona a la que nunca engañé fue a mí. Nunca me cambió como esperaba que lo hiciera —admití.

Lentamente, deslizó su mano por mi cuello y por mis hombros.

—Sigue hablando —ordenó, con voz ronca y profunda.

—Quise probar eso último. Por mis padres. Por Mike... era mi único amigo.

Su mano continuó moviéndose hacia el sur entre mis pechos, dándole a mi pezón derecho un pellizco antes de deslizarse por el frente de mi estómago. Metió los dedos justo arriba de mis bragas, luego se detuvo. Plantó un beso en mi mejilla, al lado del puente de mi nariz. Fue tierna. Dulce. E inesperado.

—Tenemos mucho más que hablar, pero sabes que no tienes que fingir conmigo. Nunca. De todos modos, no quiero. Dime cómo no sabes si te folló o no. —El entendimiento cruzó por su rostro y su mandíbula se fijo en una línea apretada y dura—. ¿Ese hijo de puta te drogó o algo así? —Cerró un puño en la pared junto a mi cabeza.

La excitación corría mis venas y entre mis piernas.

—Porque voy a romper su jodida…

—No. —Sacudí mi cabeza, respirando con dificultad—. No, solo me aislé.

—¿Te aislaste? —susurró, su furia se disipaba lentamente.

—Me perdí en algún lugar de mi mente. No volví hasta que terminó — admití—. Asumo que lo hicimos. No dijo lo contrario.

—Cuando te folle, sabrás cuándo. —Bajó sus dedos dentro de mis bragas.—Cuán duro. —Bajó más—. Cuánto tiempo. —Deslizó dos dedos sobre mi clítoris. Me retorcí bajo su toque, tratando de convencerla de ir más abajo, a donde la pulsación era tan fuerte, que guiaba cada movimiento y cada uno de mis pensamientos. —Te prometo que nunca olvidarás lo que se siente el correrte junto a mi coño, alrededor de mis dedos.

Llegó aún más bajo, siseando cuando encontró el calor pulsante entre mis piernas. Me balanceé hacia adelante, buscando más contacto. Cuando rodeó los labios de mi coño, cubriendo sus dedos con mi humedad, me estremecí, un rayo de placer se disparó directamente a mis pezones y al lugar donde su mano estaba trabajando expertamente. Sentí un tirón comenzar en mi bajo vientre. Una sensación de estiramiento, expandiéndose y contrayéndose, cada vez que rotaba lentamente sus dedos.

—Dime —demandó, sudor cubriendo su frente—. ¿Estabas adolorida? ¿Sangraste? —Se detuvo y parecía como si pensara algo, pero después de un latido, lo alejó de su mente—. ¿Se corrió en ti? —Metió la punta de un dedo dentro de mí y mis músculos internos lo apretaron.

—Ahhhh. No. Fue ... fue en mi pierna. Mi ... mi muslo.

Sus fosas nasales se ensancharon.

—Voy a asesinar a ese hijo de puta por tomar ventaja de ti mientras estuviste prácticamente inconsciente.

No la corregí. No le recordé que estaba abstraída, no inconsciente. Porque justo entonces, la nueva realidad de nuestra situación realmente se hundió.

Brittany. MI Brittany, era una Wolf Warrior. Ese hecho se esclareció cuando no hubo nada en su forma de amenazar a Mike que me hiciera dudar de que lo haría.

Me confundió. Me dejó con un millón de preguntas.

Me excitó.

Mi columna vertebral hormigueó con el calor. No era la ira. Este tipo diferente de calor irradiaba a través de mi cuerpo y flotaba sobre mi piel.

—Fue hace mucho tiempo —gruñí, el tono profundo con que hablaba apenas sonaba como mi voz. Sacó sus manos de mis bragas y me apartó de la puerta. Me dio la vuelta y me empujó a la cama.

—¿Y antes que él? ¿Después? ¿Te has corrido para alguien más, además de ti misma?

—No. Ni siquiera yo.

Respiró hondo.

—¿Cómo es eso posible?

—Te lo dije, no soy normal.

—No, no lo eres. Porque si yo fuera tú, no sería capaz de quitar mis manos de mí. —Sus párpados estaban caídos y pesados mientras miraba mi cuerpo—. Nunca antes te has corrido. —Fue una declaración. No una pregunta.

Sacudí la cabeza.

Pasó la mano por su rostro.

—Mierda, Diabla. Estoy a punto de correrme solo pensando en llevarte por primera vez. No importa si soy la primero dentro de ti y junto a ti. Solo te deseo.

Sus ojos nunca dejaron los míos mientras se desabrochaba el cinturón y empujaba sus
vaqueros, dándoles patadas

—. Pero supongo que solo hay una forma de averiguarlo con seguridad.

Su maravilloso nucleo estaba ya libre y relucia mientras caminaba hacia el lado de la cama. Acarició su coño de arriba a abajo, solo una vez. Se agachó y deslizó ambas manos por el exterior de mis muslos, poniendo mi piel en llamas. Al meter sus dedos
dentro de mis bragas, los quitó de mis piernas. Tenía la mirada hambrienta mientras se concentraba en mi sexo expuesto para ella. Chupó su labio inferior y lo soltó, ahora mojado y brillante. Su coño me hipnotizo y se acarició de nuevo.

Mi vestido era ahora más un cinturón, envuelto en un fino tramo de tela justo encima de mi ombligo y debajo de mis pechos. Agarró el interior de mi rodilla, extendiendo mis piernas más ampliamente.

—Dios, cariño. Estás goteando.

No había una sola parte de mí que no estuviera expuesta a ella.

Excepto la verdad.

La cual, después de su propia revelación, y después de que contestó algunas de mis preguntas, necesitaba que decirle.

Todo.

Un nuevo sentido de la emoción se apoderó de mí y no solo porque puso una rodilla en la cama y luego la otra, arrastrándose hacia mi cuerpo. Despacio. Deslizando su piel contra mi piel. Pecho desnudo contra pecho desnudo. El sentimiento de ella encima de mí no era algo que esperaba amar, pero algo en su manera de mirarme mientras se cernía sobre mí me hizo estirar el cuello en busca de sus labios. Cuando se conectaron, no hubo nada lento en nuestro beso.

Comenzamos a atacarnos mutuamente. Mis manos recorrieron su cuerpo, sintiendo y explorando sus pechos y hombros, arrastrándose por sus abdominales como había querido hacer por semanas. Acarició mis pechos, palmeándolos en sus grandes manos, apretándolos. Su coño húmedo y caliente presionaba contra mi estómago mientras se rozaba.

Su boca dejó la mía. Se movió por mi cuerpo, lamiendo y mordiendo mientras se movía más y más hacia el sur, sobre mis pechos y mi estómago. Prácticamente salté de la cama cuando besó el interior de mi muslo. Gruñí largo y fuerte, poniendo los ojos en blanco con un solo toque.

Era tortura pura.

Deliciosa tortura pura.

Hizo una pausa, a unos centímetros de mi clítoris. Mis piernas estaban alrededor de su cabeza, empujó mis muslos, abriéndome a ella. Sopló sobre mi clítoris, encendiendo una sacudida dentro de mi núcleo. La sensación de palpitación se hizo más fuerte y algo estaba allí, detrás de ese estremecimiento, algo que necesitaba ser liberado.

—Mierda santa —dijo, con voz profunda y necesitada—. No puedo esperar a ver cómo te ves cuando te haga correrte.

Levanté mis caderas del colchón justo cuando su lengua tibia y húmeda tocó mi clítoris, lamiéndome de extremo a extremo.

—Mmmmmmm —gimió frotándose en el colchón, su culo musculoso, subía y bajaba mientras lamía mi entrada, chupando mis labios exteriores. La sensación de tensión se hizo tan fuerte que estaba bordeando lo insoportable.

Mi rostro se sonrojó.

Sus cabellos salvajes cayeron sobre sus ojos mientras me miraba, bajando su lengua y rodeando mi clítoris.

—Ahhhhhhhh —gimoteé, cerrando mis ojos y cayendo contra la almohada.

—Abre los ojos —ordenó—. Mírame.

Abrí los ojos y levanté la cabeza, fue cuando metió la lengua dentro de mí y un placer tan grande me invadió, haciéndome corcovear en su boca. Nos miramos. Ella y yo mientras me follaba con su lengua. Al igual que yo, ella reaccionaba a cada uno de los movimientos de su lengua, balanceándose contra el colchón con el mismo ritmo vigoroso con el que me lamía.

—Es demasiado —gemí, pellizcando mis propios pezones, buscando ese algo casi a mi alcance.

Gruñó en mi centro y se separó de mí, solo el tiempo suficiente para decir:

—Todavía no, pero está a punto de serlo. —Con la mano que había mantenido mis muslos abiertos, presionó la piel a ambos lados de mi clítoris usando su índice y pulgar, pellizcando en el medio y empujando el capullo sensible hacia adelante. Bajó la boca hacia mí de nuevo y succionó ligeramente. Apreté los muslos alrededor de su cabeza, presionándolo, pero no se detuvo. Chupó duro, murmurando sobre lo bueno que era y cómo no podía esperar para estar dentro de mí. Sujeté su cabello, pasando mis dedos por él. Estaba tan perdida en la sensación, que no sabía si quería empujarla o acercarla, así que solo tiré de su cabello mientras gritaba.

Su culo se movía hacia arriba y hacia abajo más duro en el colchón. Más rápido y más rápido mientras me trabajaba con su boca. Fue cuando metió un solo dedo dentro de mí y al mismo tiempo mordió mi clítoris con sus dientes, que la sensación de tirar explotó. Una luz blanca y cegadora apareció en mi visión y mi cuerpo. Olas y olas de placer que no podían ser de este mundo me recorrieron, a través de mí y dentro de mí, hasta que no supe en qué reino existía.

Gruñó con un largo sonido gutural que nunca había escuchado antes. Calmó sus movimientos, sus caderas ya no bombearon contra la cama. Se quedó entre mis piernas. Una lenta lamida reemplazó a la follada vigorosa de segundos antes.

—¿Qué mierda fue eso? —pregunté, jadeando, tratando de recuperar el aliento.

Se levantó y cubrió mi cuerpo con el suyo. Se apartó el cabello del rostro, sus labios brillaban con mi humedad.

La expresión en su rostro era ilegible mientras me miraba y respondía:

—No tengo ni puta idea.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Sáb Jul 15, 2017 8:32 am

de verdad llegue a pensar que nada podia conmover a la asesina de diabla, pero no pense en brittany pierce!!!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Sáb Jul 15, 2017 6:35 pm

Pues vaya que cada una tiene su historia y sus oscuros secretos con dice Britt, y eso es perfecto porque de cierta manera ambas son iguales. Y el que Britt comprenda mejor que nadie a San es increíble porque aunque esta quiera huir por quien es la rubia no lo permitirá. Y pues después de que la haga completamente suya vendrán las demás verdades, mientras ambas seguirán descubriendo algo nuevo en sus vidas
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Sáb Jul 15, 2017 10:47 pm

definitivamente santana tiene su talón de aquiles,..
tienen que hablar las dos, cada una carga un pesado demasiado duro para las dos!!!,..
a ver que pasa???
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Jul 19, 2017 6:04 am

micky morales escribió:de verdad llegue a pensar que nada podia conmover a la asesina de diabla, pero no pense en brittany pierce!!!!!!

ME HA ENCANTADO TU COMENTARIO
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Jul 19, 2017 6:05 am

JVM escribió:Pues vaya que cada una tiene su historia y sus oscuros secretos con dice Britt, y eso es perfecto porque de cierta manera ambas son iguales. Y el que Britt comprenda mejor que nadie a San es increíble porque aunque esta quiera huir por quien es la rubia no lo permitirá. Y pues después de que la haga completamente suya vendrán las demás verdades, mientras ambas seguirán descubriendo algo nuevo en sus vidas

creo que el hacerla suya sera una purgación de todo, y sera bastante interesante, no por el hecho en si, si no por lo que Brittany quiere de ella.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Jul 19, 2017 6:07 am

3:) escribió:definitivamente santana tiene su talón de aquiles,..
tienen que hablar las dos, cada una carga un pesado demasiado duro para las dos!!!,..
a ver que pasa???

Creo que esa misión es la que en la verdad ha estado involucrada, ya que es debil por asi decirlo... o no debil, si no que encontro quien puede traerla de ese mundo oscuro, sea a punto de besos o bofetadas o algo ma...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Jul 19, 2017 6:07 am

Capítulo 20
Brittany

ALGUIEN TOCABA la puerta principal y me pregunté si mi arma estaba cargada, aunque no tenía idea de por qué me pregunté eso. Siempre está cargada.

Entonces me pregunté lo rápido que podría matar a todo el que estuviera en la puerta y estar de vuelta entre las piernas de mi chica.

No lo suficientemente rápido.

Ninguna de las dos se dio por enterada de los golpes, en lugar de eso, agarré sus muslos para separarlos y me coloqué entre ellos.

—Me hiciste venirme en la cama —dije, fingiendo regañarla.

—¿Lo siento? —ofreció ella, como si no supiera si era bueno o malo.

Negué con la cabeza.

—Oh, no, no tienes que disculparte por eso. Por tu sabor. Tu forma de jalar mi cabello. —Me agaché y besé sus labios suavemente—. Lo que sentí cuando llegaste en mi lengua —gemí y, a pesar de que liberé por toda la cama como una adolescente, estaba completamente lista para ti otra vez.

Los golpes que habíamos estado ignorando se convirtieron en un estruendo, seguido de los gritos ahogados de un hombre.

—Quédate aquí —ordené levantándome, me puse la ropa y saqué la pistola de la mesita de noche, la metí en la parte de atrás de mis pantalones.

Vi un movimiento por el rabillo del ojo, mientras caminaba hacia la sala de estar, y por supuesto era Diabla atando el vestido alrededor de su cuello. No sabía por qué estaba más enojada, si porque no me escuchara o porque se estuviera vistiendo de nuevo.

—Vas a ser castigada por eso —señalé mientras sujetaba su largo cabello de vuelta en un moño. Escuché el sonido de la radio de la policía. Antes de que pudiera mirar por la ventana, Diabla ya había abierto la puerta y se encontraba apoyada en el marco, imperturbable por los dos policías uniformados, que estaban de pie en el porche con sus pulgares sobre las correas de sus armas de fuego.


—¿Puedo ayudarlos en algo? —preguntó, usando su muy segura sonrisa.

Su acento sureño era más lento y pronunciado de lo habitual.

—Soy el oficial Crest y este es el oficial Tower. Estamos aquí para investigar un accidente que tuvo lugar en la noche de ayer. —cruzó los brazos sobre sus pechos, y quería desgarrarlos cuando ambos oficiales bajaron los ojos temporalmente hacia ellos.

—Estuvimos afuera ayer por la noche —dijo Diabla con dulzura.

Envolví mis brazos a su alrededor de manera protectora, acercando su espalda contra mi pecho. No tenía que adivinar porque estaban aquí. Griff. Con Diabla huyendo y lo que habíamos estado haciendo desde entonces, no había tenido ningún pensamiento sobre lo que sucedió. No me sorprendía que estuvieran aquí. No mucho pasa en Ridge Harper, en especial con los lugareños, que no haga que los policías se acerquen tarde o temprano.

Malditos pequeños chismes de ciudad.

Antes conocía a todos los policías alrededor de la ciudad, pero habían pasado años antes de regresar. Los dos policías uniformados en mi porche eran desconocidos para mí.

—Somos consciente de que estaban fuera, señorita. Estamos aquí para solicitar información sobre un altercado que tuvo lugar ayer por la noche sobre la 11:30 en la playa.

Mierda.

—¿Qué altercado? —preguntó inocentemente.

El oficial Crest le devolvió la sonrisa, cayendo fácilmente en su encanto, aunque fuera falso. Puede que no fueran capaces de ver sus mentiras, pero su actuación me daba risa. Era un poco adorable.

El oficial Tower saco un teléfono del bolsillo, presionó un botón, le dio la vuelta a la pantalla y efectivamente se trataba de un video de Diabla derribando a Griff. En el título sobre la parte superior de la pantalla se leía: “La pequeña Sansón y Goliat”. El que hizo el video no captó a los dos tipos que estaban tratando de derribarme y el único sonido del video era el de los aplausos de la multitud. Así que, por suerte, cuando llegó a la parte donde Diabla hablaba de matar a Griff, nada de lo que le decía era audible.

Al ver el video de nuevo, recordé que a pesar de que se había presentado como alguien con problemas de ira, no me había dado cuenta de lo profundo que era hasta esa noche.

Si la ley estaba planeando detenerla, les esperaría otra maldita sorpresa si pensaban que podrían acercarse lo suficiente a mi chica solo para ponerle las esposas.

—Este video fue tomado por un espectador en el Truck-Pulls en Bunch Beach, ayer por la noche fue publicada en una red social y parece que poco a poco se ha vuelto viral. Nuestro departamento se enteró y varios testigos nos condujeron hasta aquí —declaró el oficial Tower—. Señorita. ¿Puede confirmarnos que se trata de usted en el video?

Estaba a punto de exigir un abogado cuando Diabla interrumpió.

—Sí, por supuesto que soy yo. Genial, ¿verdad? —preguntó, alcanzando su teléfono—. ¿Puedo verlo de nuevo? ¿Dónde se presiona reproducir? ¿Cuántas visitas tiene?

Los oficiales estaban tan jodidamente confundidos como yo, aunque yo estaba escondiendo mi confusión, con la esperanza de que en realidad estuviera yendo a alguna parte con esta actuación.

—Wow ¿247.000? Eso es increíble. ¿Puedes creerlo? Mira, este salió mejor de lo que pensé —dijo, sosteniendo la pantalla para que viera de nuevo la reproducción del video. Su sonrisa falsa se redujo ligeramente—. Oh, pero la calidad del sonido es horrible. Ni si quiera se puede escuchar lo que estamos diciendo. —Se encogió de hombros y colocó una sonrisa en su rostro—. Está bien, podemos encargarnos de todo eso en la edición.

—Por supuesto —concordé, decidiendo acompañarla en su juego. Podría no saber cómo jugar con la ley como yo, habiendo crecido al otro lado, pero era inteligente, una de las personas más inteligente que había conocido. Por mucho que quería tomar el control de la situación, la dejé liderar, confiando en sus tácticas.

—¿Disculpe? —preguntó el oficial Crest, arrugando la nariz. Le devolvió su teléfono.

—Bueno, supongo que usted no ha sido capaz de hablar con Griff todavía, ¿verdad? —preguntó, usando el apodo de Griffin como si fueran los mejores amigos, sonriendo aún más brillante que antes.

—Señorita, no vamos revelar parte de nuestra investigación hasta que realicemos las pesquisas correspondientes —comentó el oficial Towers antes que Diabla lo interrumpiera.

—Creo que es necesario que vayan hablar con Griff. Él va a aclarar las cosas. Esa soy yo en el video, lo admito totalmente. Lo hicimos anoche y Griff actuó de forma natural. Estoy tratando de entrar a la escuela de cine, pero creo que es él quien tiene que trasladarse a Hollywood. Es totalmente creíble.

Ambos oficiales se miraron y luego de vuelta a Diabla, confundidos.

—Pero hice un gran papel como justiciero, ¿no es así? Digo, si ustedes están aquí eso significa que el video es totalmente creíble. ¡NYFA28, allá voy! — hizo girar su cabello y se dio la vuelta con las manos en el aire.

—Sí, nena. ¿Ves? Te dije que era bueno. —Besé su coronilla—. ¿Qué? — pregunté a los oficiales—. Ella mide como un metro cuarenta y pesa cuarenta y cinco kilos.

—Cincuenta y tres kilos —corrigió.

—Lo siento, nena —me disculpé, antes de continuar—. Cincuenta y tres kilos y Griff es un hombre elefante —señalé, riendo—. ¿De verdad creen que mi chica puede derribarlo? Deben estar realmente lentas las cosas durante el verano en el departamento y ustedes muy aburridos como para creer que esto es verdad.

—Brittany Pierce, ¿verdad? —preguntó con aire de suficiencia el oficial Crest. No podría haber sabido quien era, pero obviamente me conocía—. ¿O debería llamarle Goon?

Diabla continúo su fiesta de baile con una versión horrible de Cabbage Patch, observé con asombro cómo movía las caderas, reí cuando casi se cayó en mi peludo felpudo antes de recuperarse.

Puedes llamarme como quieras llamarme.

—¿Su nombre, señorita? —preguntó Towers a Diabla que por fin se calmó y regresó a mi lado.

—Regina. Regina George —respondió Diabla sin perder el ritmo, tuve que presionar mis labios para contener la risa.

Las agallas de mi chica.

—Vamos hablar con Griff y estaremos de vuelta —dijo el oficial Crest, anotando el nombre falso de Diabla en su pequeño libreta antes de cerrarlo.

—No se le ocurra salir de la ciudad —agregó el oficial Towers.

—¡Vamos a estar aquí! —cantó Diabla mientras los policías entraban en sus vehículos, los cuales eran carritos de Golf policía, y se marcharon a trece kilómetros por hora. El carrito sonaba más como un juguete infantil de baterías que un auto de la policía.

—¿Regina George? —le pregunté entre dientes mientras Diabla los despedía con la mano.

Se rio y cerró la puerta.

—¿Qué? ¿Has visto Mean Girls? ¿La tienes? ¿Podemos verla? —preguntó con entusiasmo.

—¿No crees que deberíamos salir de aquí antes de que hablen con Griff y averigüen lo que realmente sucedió?

—Nop.

—¿Y por qué no? —pregunté totalmente desconcertada por lo que esta criatura delante de mí realmente era y de por qué una visita de la ley me dejó con una sonrisa en mi rostro, algo que nunca antes sucedió.

Los ojos de Diabla brillaron con malicia.

—Brittany, ¿de verdad crees que un tipo como Griffin le va a decir a los agentes que una chica de un tercio de su tamaño, le pateó el culo delante de un grupo de personas? ¿O piensas que va a desmentir la falsa historia del video?

—Mi chica es una puta genio del mal —exclamé rodeando el mostrador de la cocina.

Se inclinó con una reverencia y no pude evitarlo. La moví, levantándola y poniéndola en una encimera, me empujé entre sus piernas. La besé en los labios, suave al principio y rudamente hasta que le demostraba cada pedacito de lo que estaba sintiendo por ella en ese momento.

Cuando finalmente me separé para tomar aire, la miré, y observé una mirada de preocupación en su rostro.

—Dijiste que era tu chica —susurró tocándose sus hinchados labios.

—Sí, así es —afirme apoyando mi enunciado con otro beso. No podía tener suficiente de su boca—. Ahora voy a asegurarme de que no se te olvide.

—Tomé su boca de nuevo inclinando su cabeza con las manos y acunando sus mejillas. Me aparté y besé sus párpados cerrados—. Pero, primero lo primero.

—¿Qué es eso? —preguntó, bostezando de verdad y no actuando.

—¿Acabas de bostezar? —pregunté.

Sacudió la cabeza y me despidió con la mano.
—No. No bostecé. Debes habértelo imaginado —dijo—. Pero dime, ¿qué es lo que está en primer lugar? —preguntó, alzando la voz al final de la frase con expectación y supe que estaba esperado a que le contara todos los detalles sucios de lo que había planeado hacer con ella. Pero teníamos tiempo, así que podía esperar. Después de ver cómo había manejado a los oficiales y lo tranquila que estaba con eso cuando cualquier otra chica de diecinueve años habría enloquecido, tenía preguntas que no podían esperar.

—En primer lugar, Regina George —murmuré, rozando mis labios sobre los suyos—. Te voy a decir la mía y me dirás la tuya. —Sus ojos se abrieron de golpe—. Estás en lo correcto. Es hora de los secretos, nena.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Miér Jul 19, 2017 8:53 am

vaya parece que estas dos son par de mafiosas!!!! !!!!!jajajajajajajajaja

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Miér Jul 19, 2017 11:12 am

Jajajaja a san le va a ir súper en hollywood!!!!
A ver como van las cosas ahora que hablen?
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por Tati.94 el Miér Jul 19, 2017 2:00 pm

Una pareja peligrosa sin duda!! Y por fin van hablar. Espero que sin interrupciones.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Miér Jul 19, 2017 3:35 pm

Jajajaja encajan a la perfección saben cuando seguirse el juego y pues hasta yo le creí a San jajaja.
Creo que encontraron en la otra lo que sin querer necesitaban en su vida .... Haber como les va con las verdades
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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