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[Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Miér Ago 16, 2017 6:20 pm

Pues los animales le enseñaran mucho a Britt sobretodo el tigre al parecer ambos en cautiverio sin embargo Britt de cierta manera tiene mas libertad.... Y quien sera Will y el dr que buscan a San?
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Miér Ago 16, 2017 9:38 pm

3:) escribió:Hola morra...

JO DE ME....  Britt se impregnó con el trigre... Esto va a estar bueno!!!
A ver que pasa ahora...??? Espero que de cierta forma ayude a britt para bien!!

Nos vemos!!



Hola lu, eso parece! y si, toda la razón! lo sera! ajajajaja. Aquí dejo otro cap para saberlo... bueno la continuación jaajjaajaj. Cualquier ayuda lo sea la vrdd... no son buenos momentos para ella =/ Saludos =D




micky morales escribió:Bastante interesante la empatia entre britt y el tigre, algunos misterios que develar en ese circo!!!!



Hola, que bueno que lo parezca, xq a mi tmbn ajajajajaj. Uff y cuantos tendrá xD pero aquí dejo la continuación para saber mas! Saludos =D




JVM escribió:Pues los animales le enseñaran mucho a Britt sobretodo el tigre al parecer ambos en cautiverio sin embargo Britt de cierta manera tiene mas libertad.... Y quien sera Will y el dr que buscan a San?




Hola, si que lo hacen, y con todos. Los animales siempre enseñan y no nos damos cuenta. Algo es algo, ya q san no es dde nada de ayuda ¬¬ Espero y esta continuación nos lo diga o al menos algo más jajaja. Saludos =D


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Finalizado FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Cap 7 - P II

Mensaje por 23l1 el Miér Ago 16, 2017 9:40 pm

Capitulo 7 - Parte II


Santana estaba furiosa.

Miró a Rachel Berry y, después, el látigo que tenía enroscado en el puño. La noche del sábado era el día de cobro de los empleados y algunos ya estaban borrachos, así que llevaba el látigo como medida disuasoria.

Sin embargo, no eran los trabajadores los que le molestaban.

—¡A mí no me roba nadie!—declaró Rachel—, Y Brittany no va a librarse de ésta porque sea tu esposa—el tono bajo y firme acentuaba la rabia contenida de la dueña del circo.

El pelo castaño lanzaba destellos de fuego sobre su espalda y le chispeaban los ojos.

La promesa que Santana le había hecho a Brody en el lecho de muerte hacía que tuviera constantes enfrentamientos con su viuda.

Rachel Berry era su patrona y estaba resuelta a presionarlo tanto como le fuera posible.

Pero estaba decidido a respetar los deseos de Brody. Era un compromiso que no satisfacía a ninguno de los dos y era inevitable que entre ellos surgiera una guerra abierta.

—No tienes ninguna prueba de que Brittany cogiera el dinero.

Mientras lo decía, Santana se sintió furiosa consigo misma por intentar defenderla.

No había más sospechosos.

No le sorprendería que su esposa hubiera cogido dinero —ella habría pensado que se lo merecía, —pero no había esperado que robara en el circo.

Eso sólo demostraba que su libido había nublado su buen juicio.

—Es cierto—espetó Rachel—Comprobé la recaudación después de que se fuera. Acéptalo, San, tu mujer es una ladrona.

—No quiero que la acuses antes de que hable con ella—dijo con terquedad.

—El dinero ha desaparecido, ¿no es cierto? Y Brittany estaba a cargo de él. Si ella no lo ha robado, ¿por qué se ha esfumado?

—La buscaré y le preguntaré.

—Quiero que la detengan, San. Me robó, y en cuanto la encuentres llamaré a la policía.

Se detuvo al instante.

—Nunca llamamos a la policía. Lo sabes tan bien como cualquiera. Si es culpable yo me encargaré de ella igual que me encargaría de cualquier otra persona que hubiera infringido la ley del circo.

—La última persona de la que te encargaste fue aquel conductor que vendía drogas a los trabajadores. Lo dejaste hecho una piltrafa cuando acabaste con él. ¿Piensas hacer lo mismo con Brittany?

—¡Ya está bien!

—Eres una gilipollas, ¿sabes? No vas a poder proteger a tu estúpida mujercita. Quiero recuperar hasta el último centavo y luego quiero que la castigues. Y si no lo haces a mi entera satisfacción, me aseguraré de que todo el peso de la ley caiga sobre ella.

—Te he dicho que me encargaré de ella.

—Ya veo cómo lo haces.

Rachel era la mujer más dura que conocía. La miró directamente a los ojos.


—Brittany no tiene nada que ver con lo que pasó entre nosotras. No la utilices para vengarte de mí.

Santana vio en los ojos de Rachel un destello de vulnerabilidad que rara vez exhibía, pero desapareció con la misma rapidez que apareció.

—Odio desinflar ese precioso ego tuyo, pero veo que aún no te has dado cuenta de que ya no me interesas en absoluto—se marchó airada y, mientras la observaba alejarse, Santana supo que mentía.

Las dos compartían una historia larga y complicada que se remontaba al verano en que ella tenía dieciséis años y pasaba las vacaciones viajando con el circo de los Hermanos Berry, y escuchando el punto de vista de Brody sobre los hombres y las mujeres.

Los trapecistas Berry también estaban en la gira de aquel verano y Santana se enamoró perdidamente de la reina de la pista central, que por aquel entonces tenía diecinueve años.

Se pasaba las noches soñando con su elegancia, su belleza, sus pechos.

Desde esa edad ya había confirmado que le gustaban las mujeres. Las chicas que había conocido hasta ese momento le parecían niñas comparadas con la deliciosa e inalcanzable Rachel Berry.

Además de desearla, sentía cierta afinidad con ella porque ambas buscaban la perfección en su trabajo.

Percibía en Rachel una voluntad similar a la suya.

Pero Rachel también poseía una vena egocéntrica que su papá había alimentado y que Santana nunca había tenido.

Hiram Berry le había hecho creer a Rachel que era mejor que los demás. Sin embargo, la trapecista también tenía un lado más suave y maternal y, aunque en aquel tiempo era muy joven, se comportaba como una gallina clueca con los demás miembros de la compañía, les regañaba cuando se portaban mal, llenaba sus estómagos con espaguetis y les aconsejaba en amores.

Incluso a los diecinueve años le gustaba jugar a ser la gran matriarca y al poco tiempo también había incluido a Santana en el clan, apiadándose de la huérfana de dieciséis años que la observaba con aquellos ojos tan ardientes.


Flashback


Se había encargado de que Santana tomara comidas sanas y le decía a Brody que la mantuviera alejada de los trabajadores más pendencieros, ignorando el hecho de que Santana llevaba demasiados años de circo en circo para que nadie la protegiera.

Pero no era eso lo que Santana quería de Rachel, que había acabado liándose con un trapecista que se llamaba Jesse St.James.

Al igual que Rachel, Jesse pertenecía a la última generación de una vieja familia del circo y había sido contratado por el papá de Rachel para que fuera el receptor de ésta en el trapecio.

Pero Hiram Berry tenía algo mis en mente.

Aunque la ascendencia circense de Jesse St.James no era tan impresionante como la de ellos, a ojos de Hiram era lo suficientemente aceptable para convertirse en el progenitor de la siguiente generación de trapecistas Berry, y Rachel había complacido a su papá enamorándose de Jesse.

Los celos habían carcomido a Santana.

Su linaje circense era más impresionante que el de St.James, pero Rachel sólo veía a una adolescente flaca y huesuda que sabía de caballos y tenía talento con los látigos.

Ella le había contado sus planes para casarse con el elegante St.James que Hiram había contratado. Y que le permitiría poner a sus hijos el apellido Berry.

El verano llegó al final y Santana estaba a punto de regresar al colegio.

Los Berry habían sido fichados por los Hermanos Ringling para hacer la gira de la temporada siguiente.

Jesse se pavoneaba como un gallo arrogante, aunque por otro lado carecía de materia gris, y el día que Santana se marchaba, Rachel entró inesperadamente en la caravana de Jesse y se lo encontró desnudando a una de las equilibristas.

Santana jamás olvidaría esa noche.

Cuando terminó la función se encontró a Rachel esperándola. No había llorado y parecía muy calmada.

—Ven conmigo.

A Santana ni se le ocurrió desobedecerla.

Rachel la llevó al borde del recinto, donde se introdujeron en un pequeño espacio oscuro entre dos caravanas. El corazón de Santana comenzó a latir con fuerza ante los sombríos y clandestinos propósitos de Rachel mientras se perdía en el olor almizcleño de su perfume.

La trapecista la había mirado profundamente a los ojos. Sin decir ni una sola palabra se abrió la blusa y la dejó caer por los brazos. Aquellos pechos plenos, de redondos pezones oscuros brillaron como nieve bajo la luz de la luna que se colaba entre las caravanas.

Rachel le cogió las manos y las puso sobre sus pechos. Santana se había imaginado algo como eso cientos de veces, pero las fantasías no le habían preparado para tocar realmente aquellos pechos y sentir esos redondos pezones bajo los dedos.

—Bésalos —dijo ella.

Los dedos de Rachel bajaron a los pechos de Santana y los masajeo, ésta aspiró profundamente sobre la húmeda piel de sus senos. Luego la castaña bajo una de sus manos hacia los vaqueros de la morena y metió la mano para acariciarle el sexo sobre sus bragas, Santana sintió que perdía el control y explotó con un ronco gemido.

La morena se había estremecido de satisfacción y humillación. Rachel había presionado entonces sus labios contra los de ella, ofreciéndole un beso largo y profundo.

Luego se apartó y, aún con los pechos desnudos y húmedos por la lengua de Santana, se giró entre las caravanas. Fue entonces cuando la morena se dio cuenta de que Jesse había estado ahí todo el tiempo, observándolas.

El destello duro y triunfante en los ojos de Rachel le dijo a Santana que ella lo había sabido en todo momento y la sensación provocada por aquella traición fue tan devastadora que no pudo respirar.

Santana no le importaba.

Sólo lo había utilizado para vengarse.

Mientras observaba a su antiguo amante, Rachel pareció olvidarse de que Santana existía.

—He contratado a una nueva receptora—dijo ella con frialdad—Estás despedido.

—No puedes despedirme—estalló Jesse—Soy un St.James.

—No eres nada. Incluso esta chica es más que tú—Rachel volvió a darse la vuelta y selló los labios de Santana con un beso.

A pesar de su lujuria, a pesar de la neblina de la traición, la morena sintió una chispa de fría admiración que la asustó más de lo que lo había hecho nunca el látigo de su tío.

Comprendía aquella cruel demostración de amor propio. Como Rachel, ella jamás dejaría que alguien o algo amenazara lo que era, sin importar el precio que tuviera que pagar.

A pesar de odiarla por haberla utilizado como un peón, no pudo dejar de respetarla por ello.


Fin Flashback


Rachel pasó los siguientes dieciséis años como artista destacada en los grandes circos del mundo y no hizo otra gira con el circo de los Hermanos Berry hasta que su carrera comenzó a declinar.

Para entonces, su papá ya había muerto y Rachel, soltera y sin hijos, se había convertido en la última Berry.

Brody llego al circo de los Hermanos Berry y montó el espectáculo en torno a ella. Además, en sus infrecuentes conversaciones telefónicas con Santana, le reveló lo suficiente como para que éste dedujera que Brody estaba colado por la castaña.


Flashback


Santana y Rachel se habían reencontrado hacía dos veranos y, de inmediato, se hizo evidente que había habido un cambio en el equilibrio de poderes entre ellas.

A los treinta años Santana estaba en la plenitud y no le quedaba nada por probar, mientras que los mejores años de Rachel como artista ya habían pasado.

Santana conocía su propia valía y hacía mucho tiempo que había quedado atrás la baja autoestima que sentía en la adolescencia.

Rachel era hermosa, inquieta y, por razones que no comprendió de inmediato, estaba soltera y sin hijos.

El fuego de la pasión crepitó con fuerza entre ellas, pero esta vez era la castaña que la buscaba a ella. Santana no quería hacer daño a Brody y, al principio, ignoró las insinuaciones sexuales de Rachel. Sin embargo, pronto se hizo evidente que Brody estaba resignado a que las dos se liaran y, con su peculiar idiosincrasia, se sintió ofendido cuando Santana continuó desairando a la mujer que él valoraba por encima de todas las cosas.

Finalmente, Santana la dejó entrar en su cama.

Rachel era ágil y suave, carnal y apasionada, y ella jamás había disfrutado tanto del sexo.

Le gustaba que la castaña fuera dura y, también, no poder hacerle daño.

Porque aunque la apreciaba, no la amaba.

—¿Por qué no te has casado? —le preguntó Santana una noche sentada a la mesa en la lujosa caravana de Rachel, donde ella se disponía a servirle la comida por segunda vez en el día.

Las dos llevaban puestas las batas, la de la castaña tenía un exótico estampado que hacía que los brillos de su pelo parecieran todavía más intensos.

—Siempre he pensado que querías tener hijos. Tu papá no esperaba otra cosa.

Ella le puso un plato de lasaña delante y se volvió a la cocina para coger el suyo. Pero no volvió a la mesa. Se quedó inmóvil mirando fijamente la comida que había preparado.

—Supongo que ambicioné demasiado. Ya sabes que hay cosas que no se pueden tener. Los mejores trapecistas nacemos con una habilidad especial y la persona con la que me case tiene que provenir de una buena familia. No me casaré con cualquiera, y mucho menos sin amor. Amor y linaje. Es una buena combinación—llevó el plato a la mesa—Mi papá solía decir que era mejor que los Berry se extinguieran antes que tener nietos sin sangre circense—se sentó y cogió el tenedor—Bueno, hice mía esa máxima. Es preferible que los Berry se extingan a casarme con un perdedor hijo de puta al que no pueda respetar.

—Bien por ti.

Rachel tomó un bocado de comida y volvió a dejar el tenedor en el plato. Después observó detenidamente a Santana, con un brillo provocador en los ojos.

—Los López son todavía más importantes que los Berry. Hiram me dijo hace años que no debería haberte dejado escapar. Me reí de él porque por aquel entonces tú eras sólo una niña, pero ahora los años que te llevo no significan nada. Somos las últimos de dos grandes dinastías circenses.

Divertido, Santana negó con la cabeza.

—Yo no tengo ninguna intención de perpetuar la dinastía López. Lo siento, cariño, pero tendrás que buscar óvulos, un vientre o esperma circense en otro lado.

Rachel se rio, pinchó un rollito de lasaña y se lo llevó a la boca.

—Menos mal que no te quiero. Si lo hiciera estarías perdida.

Su ardiente relación siguió adelante, tan lujuriosa y apacible que la castaña no prestó atención a la manera, cada vez más posesiva, con la que ella la trataba o cómo, poco a poco, comenzó a considerarla su igual.

—Somos almas gemelas—le dijo una noche, con la voz ronca por la emoción.

Rachel tenía razón, pero algo en el interior de Santana se rebeló ante la comparación.


Admiraba a Rachel, pero había algo en ella que le repelía. Puede que porque se veía reflejada a sí misma.

Para impedir que dijera nada más, se acomodó entre las piernas de la castaña y se unió a ella con rápido movimiento.


A pesar de los sutiles cambios en el comportamiento de Rachel, no estaba preparada para lo que sucedió una tarde de aquel verano en el recinto a las afueras de Waycross, Georgia.

Ese día la castaña le dijo que la amaba. Y cuando lo hizo, se dio cuenta de que hablaba totalmente en serio.

—Lo siento—dijo Santana tan suavemente como pudo cuando ella terminó su declaración—, Pero eso no va conmigo.

—Por supuesto que sí. Es el destino.

Rachel se negó a escuchar cuando Santana le dijo que nunca podría amar a nadie, que había perdido la capacidad de amar cuando era una niña maltratado y el brillo en los ojos de la joven le dijo que para ella el rechazo no era más que un juego.

Se empeñó en hacerle cambiar de opinión con la misma determinación que empleó antaño para conseguir el triple salto y, sólo cuando Santana estaba haciendo la maleta para marcharse después de su última actuación en el circo, comprendió que no bromeaba.

Santana jamás la había engañado.

No la amaba.

Y no iba a casarse con ella.

Cuando por fin asimiló aquel tajante rechazo, todo lo que Rachel creía sobre sí misma se hizo trizas y se volvió loca.

Fue en ese momento cuando hizo lo inconcebible, lo que nunca le perdonaría.

Fue cuando le rogó que no la dejara.

Santana era, sin duda, la única persona en el mundo que podía comprender la enormidad de lo que ella estaba destruyendo cuando lloró de rodillas ante ella.

Había doblegado su orgullo, lo que hacía que fuera quien era.

—Rachel, basta. Tienes que parar—intentó levantarla, pero se aferró a ella y gritó con una desesperación tan desgarradora que se llevaría ese sonido consigo a la tumba.

En ese momento Santana pudo ver cómo el amor que Rachel sentía por ella se convertía en odio.

Brody Weston, alertado por el ruido, había irrumpido, de repente, en la caravana y se había dado cuenta de lo que pasaba. Luego había mirado a Santana y le había señalado la puerta con la cabeza.

—Vete, yo me encargaré de todo.


Fin Flashback


Una semana después, Rachel se casó con Brody; un hombre que no le dio hijos, y Santana era la única que sabía por qué.

Su rechazo la había herido en lo más profundo de su ser y sólo podía resurgir de sus cenizas uniéndose a alguien poderoso que la pusiera en un pedestal.

Desde que su papá había muerto, Rachel había recurrido a Brody.


—¡San!—la voz asustada de Kitty interrumpió sus perturbadores recuerdos—¡He visto a Brittany! Está delante de la jaula de Sinjun.

Rachel oyó lo que Kitty decía y alejándose de Mike Chang se dirigió a Santana:

—Yo me ocuparé de esto.

—No, lo haré yo. Es mi trabajo.

Mientras sus ojos se enfrentaban en una firme batalla de voluntades, la morena maldijo para sus adentros a Brody Weston por hacerlas pasar por eso.

Sólo tras la muerte de Brody se había dado cuenta de cómo éste la había manipulado con su habitual astucia.

Había pensado que obligándolas a estar juntas, Santana y Rachel resolverían sus diferencias, se casarían y conservarían el circo de los Hermanos Berry.

Brody nunca había conocido realmente la naturaleza de ellas dos. Y, por supuesto, Brody no había contado con que una raterilla llamada Brittany Pierce echara a perder sus planes.

Kitty caminó al lado de Santana, frunciendo el ceño ton ansiedad.

—No ha sido mucho dinero. Sólo doscientos dólares—deslizó el brazo alrededor de los hombros de la joven y le dio un apretón—Quiero que te mantengas apartada de esto, Kitty. ¿Me has comprendido?

Ella levantó la vista y la miró con preocupación.

—No vas a darle latigazos, ¿verdad, San? Es lo que dijo mi hermano. Dijo que le ibas a dar latigazos.


*****


Las voces espabilaron a Brittany.

Levantó la cabeza de las rodillas y se dio cuenta de que se había quedado dormida sentada en el suelo delante de la jaula de Sinjun.

Mientras se desperezaba, recordó el dolor que había experimentado y la extraña sensación de afinidad con el tigre.

Qué extraño.

Debía haberlo soñado, aunque todo aquello le había parecido muy real.

Miró a la jaula. Sinjun había levantado la cabeza, había bajado las orejas y tenía las marcas blancas a la vista. Siguió la dirección de su mirada y vio que Santana se acercaba a ella, con Rachel y Kitty a la zaga.

Se puso de pie lentamente.

—¿Dónde está?—exigió Rachel.

—Yo me encargaré de esto—dijo Santana.

Brittany sintió un atisbo de temor al ver la expresión fría y resuelta en la cara de su esposa.

Sinjun comenzó a pasearse intranquilo por la jaula.

—¿Encargarte de qué? ¿Qué ha pasado?

Rachel la miró con desprecio.

—No te molestes en hacerte la inocente. Sabemos que tú robaste el dinero, así que devuélvelo. ¿O ya lo has escondido en alguna parte?

Sinjun gruñó por lo bajo.

—No he escondido nada. ¿De qué estás hablando?

Santana se pasó el látigo enroscado de una mano a otra.

—Faltan doscientos dólares del cajón de la recaudación, Brittany.

—Eso es imposible.

—Es cierto.

—Yo no los he cogido.

—Eso está por verse.

Brittany no podía creer lo que estaba ocurriendo.

—No soy la única que estuve ahí. Tal vez Matt vio algo. Fue quien me sustituyó cuando fui a probarme los maillots.

Rachel se acercó más.

—Te estás olvidando de que conté el dinero justo después de que volvieras a tu puesto. Estaba todo. Los doscientos dólares desaparecieron después de marcharme.

—Eso es imposible. Estuve ahí todo el tiempo. No pudo haber desaparecido.

—Voy a registrarla, San. Quizás aún lo lleve encima.

—Ni se te ocurra tocarla—dijo Santana sin levantar la voz, pero la orden implícita en su respuesta era inconfundible.

—¿Pero qué pasa contigo?—exclamó Rachel—¿Desde cuándo piensas con la calentura?

—Ni una palabra más—se volvió hacia Kitty, que había estado observando el intercambio de voluntades—Vete, cariño. Todo se habrá aclarado por la mañana.

Kitty se fue a regañadientes, pero Brittany vio que se acercaban otras personas: Ken Tanaka, el domador de elefantes, con Mike Chang, y Quinn, al que acompañaba una de las animadoras.

Santana también notó que estaban atrayendo a una multitud y se volvió hacia Brittany.

—Si me das el dinero ahora evitaremos montar una escena.

—¡Yo no lo tengo!

—Entonces tendré que buscarlo, y comenzaré por registrarte.

—¡No!

La agarró del brazo y Sinjun emitió un rugido ensordecedor cuando Santana comenzó a arrastrarla hacia la caravana.

Rachel se puso de inmediato a la izquierda de Santana, dejando claro que no pensaba dejarlas solas.

Por el rabillo del ojo, Brittany vio las expresiones severas y serias de todos los que se habían reunido alrededor de la tarta de bodas la noche anterior.

Tina estaba ahí, pero ahora se negaba a mirar a Brittany a los ojos. Mercedes se dio la vuelta y Quinn Fabray la fulminó con la mirada.

Cuando Santana le apretó el brazo, Brittany sintió que una sensación de traición se extendía hasta lo más profundo de su alma.

—No sigas con esto. Sabes que jamás robaría nada.

—Bueno no, en realidad no lo sé—habían llegado a la caravana y Santana se adelantó para abrir la puerta con la misma mano que sujetaba el látigo—Entra.

—¿Cómo puedes hacerme esto?

—Es mi trabajo—con un empujón la hizo subir el último escalón.

Rachel las siguió a la caravana.

—Si eres inocente, no tienes nada que temer, ¿verdad?

—¡Soy inocente!

Santana dejó el látigo en una silla.

—Entonces no te importará que te registre.

Brittany desplazó la mirada de la una a otra y la fría intención que vio en los ojos de ambas hizo que se sintiera enferma.

A pesar de que no se soportaban, las dos se habían aliado ahora en su contra.

Santana se acercó y Brittany se echó hacia atrás y chocó contra el mostrador de la cocina, el mismo lugar donde sólo unas horas antes le había dado aquel apasionado beso.

—No puedo dejar que me hagas esto—dijo Brittany con desesperación—Hicimos unos votos, San. No les des la espalda—sabía que eso la hacía parecer más culpable ante aquellos ojos acusadores, pero el matrimonio se basaba en la confianza y si la morena destruía eso, no tendrían ni la más mínima oportunidad.

—Esto no tiene nada que ver con eso.

Ella se deslizó junto al mostrador.

—No puedo dejar que me toques. ¡Por el amor de Dios, créeme! ¡No robé el dinero! ¡Nunca he robado nada en mi vida!

—Cállate, Brittany. Sólo estás empeorando las cosas.

Se dio cuenta de que Santana no iba a ceder.

Con el único propósito de asustarla, la atrapó contra la despensa. Ella la miró horrorizada.

—No lo hagas—susurró—Por favor. Te lo ruego.

Por un momento Santana se quedó inmóvil. Luego le cacheó los costados. Mientras Rachel las observaba, le pasó las manos por las caderas, por la cintura, luego las movió hacia el estómago, la espalda, los pechos que la morena había tomado en sus manos tan sólo unas horas antes... Brittany cerró los ojos cuando le deslizó la mano entre sus piernas.

—Deberías haberme creído—susurró cuando terminó.

Santana dio un paso atrás con los ojos llenos de preocupación.

—Si no lo tienes, ¿por qué te has enfrentado a mí?

—Porque quería que confiaras en mí. No soy una ladrona.

Se miraron a los ojos. Parecía como si Santana estuviera a punto de decir algo cuando Rachel dio un paso adelante.

—Tuvo tiempo de sobra para deshacerse del dinero. ¿Por qué no registras la caravana? Yo registraré la camioneta.

Santana asintió con la cabeza y Rachel salió.

A Brittany comenzaron a castañetearle los dientes a pesar de que la noche era cálida.

Decía mucho de la relación entre Santana y Rachel que, al menos en ese tipo de asuntos, parecieran confiar la una en la otra. Pero nadie confiaba en ella.

Brittany se dejó caer en el sofá y se rodeó las rodillas con las manos para dejar de temblar.

No miró cómo Santana revisaba los armarios ni cómo registraba sus pertenencias. La joven se sintió embargada por una sensación de impotencia.

Ya no podía recordar cómo era tener la vida bajo control. Tal vez es que nunca la había tenido.

Primero había dependido de su mamá, luego de su papá. Y ahora era esa esposa peligrosa la que había asumido el control de su vida.

Los ruidos de la búsqueda fueron reemplazados por un pesado silencio, pero Brittany no levantó la mirada del dibujo de la gastada alfombra.

—Has encontrado el dinero, ¿verdad?

—En el fondo de tu maleta, donde tú lo escondiste.

Brittany alzó la vista y vio la maleta abierta a sus pies. Tenía un montón de dinero en la mano.

—No sé quién lo habrá puesto ahí, pero no he sido yo.

Santana se metió la mano en el bolsillo.

—Al menos ten las agallas suficientes para decir la verdad y acepta las consecuencias.

—No robé el dinero. Alguien me ha tendido una trampa.

Era evidente para Brittany que Rachel estaba detrás de todo eso. Santana tenía que verlo también.

—¡No lo he hecho! Tienes que creerme—las súplicas murieron en los labios de Brittany cuando observó el rígido gesto de su esposa y supo que nada la haría cambiar de opinión. Con una horrible sensación de resignación, le dijo—No voy a seguir defendiéndome. He dicho la verdad y no voy a decir nada más.

Santana se acercó a la silla de enfrente y se sentó. Parecía cansada, pero nada comparable a cómo se sentía ella.

—¿Vas a llamar a la policía?

—Nosotros resolvemos nuestros problemas.

—Es decir, son juez y parte.

—Es mejor así.

Se suponía que el circo era un lugar mágico, pero todo lo que ella había encontrado era ira y sospecha.

Clavó los ojos en Santana, intentando ver a través de la impenetrable fachada que presentaba.

—¿Qué ocurre si te equivocas?

—No lo hago. No puedo permitírmelo.

Brittany notó la fría certeza en la voz de su esposa. Tal arrogancia era una invitación al desastre.

Se le puso un nudo en la garganta.

Ella le había dicho que no volvería a defenderse, pero aun así se sintió inundada por un tumulto de emociones.

Tragando saliva, se quedó mirando las feas y finas cortinas que cubrían las ventanas detrás de Santana.

—Yo no robé los doscientos dólares, San.

La morena se levantó y se acercó a la puerta.

—Nos enfrentaremos mañana a las consecuencias. No intentes salir de la caravana. Si lo haces, no dudes que te encontraré.

Ella oyó aquella voz helada y se preguntó qué clase de castigo le impondría.

Sería duro, de eso no tenía la menor duda.

Santana abrió la puerta y salió a la noche. Ella oyó el rugido de un tigre y se estremeció.


*****


Cuando Rachel miró los doscientos dólares que Santana le daba, supo que tenía que escapar de ahí y, un momento después, aceleraba por la carretera en su Cadillac sin importarle adónde iba; necesitaba celebrar la humillación de Santana en privado.

A pesar de todo su orgullo y arrogancia, Santana López se había casado con una ladrona.

Sólo unas horas antes, cuando Tina Cohen-Chang le había dicho que Santana se había casado, Rachel se había querido morir.

Había podido tolerar el horrible recuerdo del día en que perdió el orgullo, cuando se rebajó delante de la morena, porque había sabido que Santana nunca se casaría con otra.

¿Cómo iba a encontrar a una mujer que le comprendiera como lo hacía ella, su alma gemela?

Si no podía casarse con Rachel, mucho menos podría hacerlo con otra, y gracias a ese pensamiento su orgullo había sobrevivido.

Pero hoy todo se había acabado.

Aún no podía creer que Santana le hubiera negado ese último placer.

Se recordaba a sí misma llorando y abrazándose a la morena, rogándole que la amara, con la misma claridad que si acabara de ocurrir.

Y ahora, con más rapidez de la que podía haber imaginado, Santana estaba siendo castigada y ella podría dormir tranquila.

No podía imaginar un golpe más amargo para la orgullosa Santana.

Al menos su humillación había sido privada, pero la de Santana había sido en público.

Rachel incendió la radio y el coche se inundó con el sonido del rock duro.

Pobre Santana.

En realidad la compadecía.

Se había negado a casarse con la reina de la pista y había terminado con una ladrona.


****


Mientras Rachel Berry volaba por la carretera bajo la luz de la luna de Carolina del Norte, Kitty estaba acurrucada en el asiento trasero del Airstream de su mamá con los delgados brazos cruzados sobre el pecho y las mejillas húmedas por las lágrimas.

¿Por qué había hecho algo tan feo?

Si su otra mamá estuviera viva, podría habérselo contado todo, podía haberle explicado que ni siquiera lo había planeado, pero el cajón de la recaudación estaba abierto y odiaba a Brittany; así que, simplemente, había cogido el dinero.

Su difunta mamá la habría ayudado a arreglarlo todo.

Pero ella había muerto.

Y Kitty sabía que si su mamá Quinn se enteraba algún día de lo que había hecho, la odiaría para siempre.

Nunca entendería como su mamá siendo una mujer como ella, no la podía entender o llevarse mejor con sus hermano que con ella misma.





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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Ago 16, 2017 11:29 pm

hola morra,...

SAN LA CAGO!!,.. se fueron a la mierda todos en serio!!!
entre rachel y kitty britt no va a dar pie con bola,...!!!!
mucha impregnan pero nada todavía,..

nos vemos!!!
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Mensaje por monica.santander el Jue Ago 17, 2017 12:20 am

Yo sabia que era Kitty!!!! Alguien se va a arrepentir!!!!
Yo que Britt tomo mis monos y me voy al carajo!!
Saludos
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Mensaje por micky morales el Jue Ago 17, 2017 7:20 am

ya sabia que habia sido kitty, san pagara la humillacion a britt!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Jue Ago 17, 2017 2:01 pm

Haber que tipo de castigo le toca a Britt :/ ....
Ojala que Kitty sa honesta pero lo dudo, haber que pasa
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Mensaje por 23l1 el Jue Ago 17, 2017 10:50 pm

3:) escribió:hola morra,...

SAN LA CAGO!!,.. se fueron a la mierda todos en serio!!!
entre rachel y kitty britt no va a dar pie con bola,...!!!!
mucha impregnan pero nada todavía,..

nos vemos!!!





Hola lu, si que si :@ si que si osea q les pasa ¬¬ NO! con suerte podra respirar sin q le digan nada ¬¬ Pffff Saludos =D





monica.santander escribió:Yo sabia que era  Kitty!!!! Alguien se va a arrepentir!!!!
Yo que Britt tomo mis monos y me voy al carajo!!
Saludos




Hola, si, pero pense mas en rachel... aunk son lo mismo, no¿? ¬¬ SI! y espero sea ya ahora! o q sufra al pedir perdon! Y yo tmbn no tiene xq estar sufriendo así... pero no creo q la dejen ir así como así ¬¬ Saludos =D





micky morales escribió:ya sabia que habia sido kitty, san pagara la humillacion a britt!!!!!





Hola, tmbn tenia una leve sospecha, pero tmbn en rachel..., pero como dije, son lo mismo ¬¬ Espero y lo hagan y sufra ¬¬ Saludos =D




JVM escribió:Haber que tipo de castigo le toca a Britt :/ ....
Ojala que Kitty sa honesta pero lo dudo, haber que pasa



Hola, esperemos ynada xq ella no fue!! espero y nsi Saludos =D

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Finalizado FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Cap 8

Mensaje por 23l1 el Jue Ago 17, 2017 11:15 pm

Capitulo 8


—Aquí tienes la pala—dijo el hombre que se ocupaba de los elefantes—Ahí está la carretilla. Y ahí el camión con el estiércol.

Artie, que era quien se encargaba de los animales de Ken Tanaka, el domador, le dio una pala y se alejó cojeando.

Era un hombre de su edad más o menos; tenía los ojos de color azul y usaba gafas. Artie era ahora el jefe de Brittany.

Brittany miró la pala.

Ése era su castigo.

Se había imaginado que Santana la mantendría confinada en la caravana, que utilizaría aquel lugar como una celda ambulante, pero debería haber sabido que la morena no se conformaría con algo tan sencillo.

La noche anterior Brittany había llorado en el sofá hasta quedarse dormida.

No tenía ni idea de si Santana había dormido en la caravana ni de si había regresado. Por lo que ella sabía, hasta podía haber pasado la noche en compañía de una de las showgirls.

La invadió la tristeza.

Santana apenas le había hablado esa mañana salvo para decirle que tendría que trabajar para Artie y que no debía abandonar el recinto sin su permiso.

Desvió la mirada desde la pala que sostenía en la mano al interior del camión.

Los elefantes ya habían bajado del remolque a través de unas anchas puertas correderas situadas en el centro de éste, justo encima de la rampa.

A Brittany se le puso un nudo en el estómago y una oleada de intranquilidad hizo que le subiera la bilis a la garganta.

Había mucho estiércol.

Muchísimo.

En algunas partes la paja estaba casi limpia. En otras había sido aplastada por las gigantescas patas de los paquidermos.

Y aquel olor...

Brittany volvió la cabeza y aspiró aire fresco.

Su esposa creía que era una ladrona y una mentirosa y, como castigo, la obligaba a trabajar con los elefantes a pesar de que ella le había dicho que los animales le daban miedo.

Volvió a mirar hacia dentro del camión.

Adiós a su modelito de Mary McFadden.

Brittany se sintió derrotada y, justo en ese momento, supo que había fallado.

No podría hacerlo.

Otras personas parecían tener una fortaleza a la que recurrir en tiempos de crisis, pero Brittany no.

Era débil y no hacía nada a derechas.

Todo lo que su papá y Santana habían dicho de ella era verdad. Sólo servía para charlar en las fiestas y eso no le valía de nada en este mundo.

Con el sol cayendo a plomo sobre su cabeza, rebuscó en su interior, pero no encontró ni un ápice de coraje.

Se dio por vencida.

Tiró la pala sobre la rampa.

—¿Ya te has dado por vencida?

Brittany bajó la mirada. Santana estaba al pie de la rampa. Ella asintió lentamente con la cabeza.

La morena le sostuvo la mirada con las manos apoyadas en las caderas cubiertas por unos vaqueros descoloridos.

—Los hombres han hecho apuestas sobre si harías o no el trabajo.

—¿Y qué has apostado tú?—la voz de Brittany apenas era un susurro y a la morena le sonó como un graznido.

—No estás preparada para recoger mierda, cara de ángel. Cualquiera puede verlo. Pero, y sólo para que conste en acta, no he apostado nada.

No era por lealtad hacia ella, de eso estaba segura, lo habría hecho para mantener su reputación como jefa.

Miró a la morena con una distante curiosidad.

—Has sabido todo el tiempo que no podría hacerlo, ¿verdad?

—Sí, lo sabía—dijo Santana, asintiendo lentamente con la cabeza.

—Entonces, ¿por qué me has hecho pasar por esto?

—Eras tú la que tenía que entender que no podías soportarlo. Pero has tardado demasiado tiempo en darle cuenta, Brittany. Intenté decirle a Max que no ibas a sobrevivir aquí más que una bola de nieve en el infierno, pero no quiso escucharme—la voz de Santana se volvió casi suave y, por alguna razón desconocida, a ella le molestó más aquello que el anterior desprecio de su esposa—Vuelve a la caravana, Brittany, y cámbiate de ropa. Te pagaré un billete de avión.

«¿Adónde iré?», se preguntó.

No tenía ningún lugar al que ir.

Oyó el rugido de Sinjun y miró hacia su jaula, pero el camión del agua le bloqueaba la vista.

—Te daré dinero para que puedas mantenerte hasta que encuentres trabajo.

—Eso es lo que te pedí en la limusina y no aceptaste. ¿Por qué lo haces ahora?

—Le prometí a tu papá que te daría una oportunidad. He mantenido mi palabra—se dio la vuelta para dirigirse a la caravana, segura de que ella la seguiría.

Esa arrogante seguridad atravesó el dolor de Brittany y lo transformó en un ramalazo de ira, tan extraña en su tranquila naturaleza que la joven apenas reconoció lo que era.

La morena estaba tan convencido de su derrota que ni siquiera dudaba del hecho de que fuera a rendirse.

«¿Iba a rendirse?»

Miró a la pala tirada sobre la rampa. Tenía abono seco pegado al mango y a la paleta, lo que atraía a un enjambre de moscas. Mientras la miraba, se dio cuenta de que esa pala, sucia, era como todas las malas decisiones que había tomado en su vida.

Con un sollozo entrecortado la recogió con rapidez y se metió dentro del remolque. Contuvo la respiración y deslizó la pala bajo el montón de paja más próximo, recogió una paletada y con brazos temblorosos la llevó hasta la carretilla.

Los pulmones le ardieron por el esfuerzo.

Aspiró aire fresco y casi se atragantó con aquel pestilente olor. Sin darse tiempo para pensar, fue a por el siguiente montón y luego a por el siguiente.

Comenzaron a dolerle los brazos, pero no se detuvo.

Las botas de Santana resonaron pesadamente en la rampa.

—Para, Brittany, y sal de ahí ya.

Tragó saliva intentando desatascar el nudo de su garganta.

—Vete.

—No podrás sobrevivir aquí. Tu obstinación sólo pospondrá lo inevitable.

—Es posible que tengas razón—perdió la batalla por contener las lágrimas y éstas se le deslizaron por las mejillas. Sorbió por la nariz, pero no dejó de trabajar.

—Lo único que estás consiguiendo con esto es convencerme de lo tonta que eres.

—No estoy intentando convencerte de nada y, francamente, ya no quiero hablar más—con un trémulo sollozo, levantó otro pesado montón y, sin apenas fuerzas, consiguió llevarlo hasta la carretilla.

—¿Estás llorando?

—Vete.

Entró y se puso delante de ella.

—Sí, estás llorando.

—Perdona, pero me estás interrumpiendo—dijo Brittany con voz trémula.

Trató de quitarle la pala, pero ella la apartó a un lado antes de que pudiera cogerla. Un arranque de cólera alimentado por la adrenalina le dio la fuerza suficiente para deslizar la pala bajo otro montón de paja y amenazar con arrojárselo.

—¡Vete! ¡Lo digo en serio, San! Si no me dejas en paz te lo echaré encima.

—No te atreverás.

A Brittany le temblaban los brazos y las lágrimas le caían desde la barbilla a la camiseta, pero sostuvo la mirada de Santana sin rendirse.

—No deberías desafiar a alguien que no tiene nada que perder.

Santana se quedó inmóvil por un momento. Luego meneó lentamente la cabeza y retrocedió.

—De acuerdo, pero sólo lo estás haciendo más difícil para ti.



La joven tardó dos horas en limpiar el remolque.

Bajar la pesada carretilla por la rampa fue lo más difícil. Se le volcó la primera vez que lo intentó y tuvo que recogerlo todo de nuevo.

Había seguido llorando todo el tiempo, pero no se detuvo.

De vez en cuando levantaba la cabeza y veía a Santana, que la observaba con esos ojos oscuros, pero la ignoró.

Los hombros y los brazos le dolían demasiado, pero apretó los dientes y se obligó a seguir.

Cuando terminó de limpiar con la manguera el interior del camión, la camiseta y los vaqueros que Santana le había comprado dos días antes estaban cubiertos por una capa de porquería que parecía formar parte de ellos.

Tenía el pelo alborotado alrededor de la cara y se le habían roto las uñas.

Examinó el trabajo intentando sentir orgullo por lo bien que lo había hecho, pero lo único que sintió fue un cansancio mortal.

Se apoyó en la puerta del camión. Desde aquella ventajosa posición, en lo alto de la rampa, podía ver a los elefantes encadenados cerca de la carretera para anunciar que el circo estaba ahí.

—Baje, señorita—dijo Artie—El día no ha terminado todavía.

Brittany bajó por la pendiente cojeando sin apartar la vista de los elefantitos que estaban, sin atar, a unos quince metros.

Artie los llamó por señas.

—Hay que llevarlos a abrevar. Use esto para empujarlos, cláveselo en los costados—le señaló un palo de casi dos metros con un pincho en el extremo, luego se acercó a los pequeños elefantes (que debían de pesar cerca de una tonelada cada uno).

Combinando las órdenes y la voz con unos ligeros golpecitos del pincho, Artie los hizo ponerse en movimiento hacia un tanque lleno de agua.

Brittany se mantuvo tan alejada de ellos como le fue posible, con el corazón latiéndole con fuerza por el miedo.

El hombre volvió la mirada hacia ella.

—Así es como debe hacerlo.

Brittany se acercó poco a poco, diciéndose a sí misma que, a pesar de su tamaño, aquellas bestias eran sólo unos bebés.

Al menos no eran unos desagradables perritos.

Observó que algunos bebían directamente de la artesa, mientras que otros aspiraban el agua con la trompa y luego se la llevaban a la boca.

Artie notó que ella se mantenía apartada.

—No le darán miedo, ¿verdad, señorita?

—Por favor, tutéame.

—No debes dejar nunca que los animales perciban tu miedo.

—Eso me ha dicho todo el mundo.

—Tienes que demostrarles quién es el jefe. Enseñarles que eres tú la que manda—golpeó a uno de los animales, haciendo que se echara a un lado para que pudieran pasar los demás.

Desde lo alto de las gradas, durante el espectáculo, Brittany había encontrado preciosos a los elefantitos, con esas orejas blanditas, aquellos encantadores rabitos y las expresiones solemnes, pero ahora le daban muchísimo miedo.

Brittany había visto cómo manejaba Ken Tanaka a los adultos (los machos, se recordó a sí misma, aunque hubiera jurado que todas eran hembras).

Hizo una mueca cuando Artie golpeó con fuerza a uno de ellos. Puede que ella no fuera amante de los animales, pero al ver aquello se revolvió por dentro.

Los elefantes no habían nacido para vivir en un circo y nadie debería tratarlos tan brutalmente por no seguir las reglas de los hombres, en especial cuando dichas reglas iban contra sus instintos.

—Tengo que ayudar a Ken a pasear a los elefantes—dijo Artie—Encárgate de llevar a los elefantitos hasta la estaca. Iré dentro de unos minutos para ayudarte a atarlos.

—¡Oh, no! No, no creo que...

—Aquel de ahí es Puddin. Ése es Tater. El del fondo es Pebbies y este de aquí es Bam Bam, lo llamamos Bam para abreviar. Dale ahora a Pebbies con el pincho. Tienes que enseñarle modales—le ofreció el pincho a Brittany y se alejó.

Brittany miró con consternación aquella arma del diablo.

Bam abrió la boca, Brittany no supo si lo hacía para bostezar o para pegarle un bocado, y se echó hacia atrás.

Dos de los elefantes metieron la trompa en el abrevadero.

«Ahora sí que me voy a rendir», pensó ella.

Había conseguido limpiar el camión, pero no lograría acercarse a los elefantes.

Había alcanzado su límite.


A lo lejos vio a Santana observándola, vigilándola como un buitre acecha a su presa antes de saltar sobre ella.

Ella se estremeció y dio un paso indeciso hacia los elefantitos.

—Eh... venga, amiguitos—temblorosamente señaló la estaca con el pincho.

Bam (o quizá fuera Pebbies) levantó la cabeza y le lanzó una mirada de desdén.

Ella se acercó con inquietud.

—Por favor, no me den más problemas. Ha sido un día terrible.

Tater levantó la trompa de la artesa y giró la cabeza hacia ella. A continuación Brittany recibió un chorro de agua fría en la cara.

—¡Aaah!—gritó dando un salto atrás.

Tater salió disparado aunque, por supuesto no hacia la estaca, sino hacía los remolques.

—¡Vuelve!—gritó ella, frotándose la cara—¡No hagas eso! ¡Por favor, vuelve!

Ken se acercó corriendo con una larga barra metálica con un aguijón en forma de U en el extremo. Lo dirigió hacia Tater, escogiendo un punto detrás de la oreja. El elefante dio un fuerte chillido de dolor; se detuvo en seco y se giró inmediatamente hacia la estaca. Los demás elefantes lo siguieron con rapidez.

Brittany miró a los animales antes de volverse hacia Ken.

—¿Qué le has hecho?

Él se pasó la barra metálica de una mano a otra.

—Es una picana. Lanza descargas eléctricas. No la uso a menos que sea necesario, pero ellos saben que la utilizaré si no se comportan correctamente.

Brittany miró la picana con desagrado.

—¿Les das descargas? ¿No te parece que es una medida muy drástica?

—Cuando se trabaja con animales no se puede ser sentimental. Puede que los quiera mucho, pero no soy estúpido. Tienen que saber quién es el que manda, quién lleva aquí la voz cantante.

—Ken, esto no es para mí. Ya le he dicho a todo el mundo que los animales me dan miedo, pero nadie me hace caso.


—Acabarás por superarlo. Sólo necesitas pasar algún tiempo con ellos. No les gustan las personas ni los ruidos inesperados, así que tienen que verte venir—le quitó el pincho de la mano y le dio la picana a cambio—Si te ven con ella te respetarán más. Los pequeños son fáciles de controlar; un par de descargas rápidas si no te hacen caso y listo. Cuando uses el pincho, apunta detrás de las orejas, es donde más les molesta.

Ella sintió como si estuviera siendo obligada a sujetar algo obsceno. Miró a los elefantitos y vio que Tater le devolvía la mirada. El animal observó la picana y, aunque tal vez fuera cosa de su imaginación, Brittany pensó que parecía decepcionado.

Cuando Ken se marchó, ella se acercó a los animalitos tosiendo para no sorprenderlos. Ellos levantaron la cabeza y se removieron inquietos al ver lo que llevaba en la mano. Bam abrió la boca y emitió un fuerte barrito de tristeza.

Debían de estar acostumbrados a que les dieran descargas eléctricas.

Brittany pensó lo mucho que comenzaba a desagradarle Ken Tanaka. Más que incrementar la confianza en sí misma, la picana hacía que se sintiera incómoda.

No importaba lo mucho que le asustaran los animales, jamás podría hacerles daño, así que dejó el artilugio detrás de una bala de heno.

Miró con anhelo la caravana de Santana. Sólo tres días antes la había considerado repugnante, pero ahora le parecía el lugar más acogedor del mundo.

Se recordó a sí misma que si había podido limpiar el remolque, también podía sobrevivir a eso.

Se acercó a las bestias de nuevo, esta vez sin la picana. Ellos la observaron durante un momento. Satisfechos de que ella ya no supusiera una amenaza, se dedicaron a remover el heno.

Todos salvo Tater.

¿Sería cosa de su imaginación o él le estaba realmente sonriendo?

¿Y no tenía esa sonrisa cierto toque diabólico?

—Elefantes bonitos. Elefantitos b-bonitos—canturreó ella—Britt es buena. Britt es muuuuuy buena.

Pebbies y Bam levantaron la cabeza y se miraron el uno al otro, y ella hubiera jurado que incluso habían puesto los ojos en blanco. Tater, mientras tanto, levantó un fardo de heno y lo dejó caer sobre su lomo.

Aunque los demás elefantes continuaron observándola, Tater no estaba molesto por la presencia de la joven. Parecía el más sociable de todos.


El animal dejó caer otro fardo de heno sobre su lomo. Brittany se acercó unos pasos más, hasta que sólo hubo tres metros entre ellos.

Tater comenzó a resollar en la paja.

—Tater bonito. Tater es un elefantito muy bonito—se acercó a él unos centímetros más, susurrándole tonterías como si fuera un bebé de verdad—Niño bonito. Sé bueno—comenzó a temblarle la voz—Tater tiene que ser más educado—estaba tan cerca que podía palmearle la trompa, y Brittany sintió la piel húmeda y pegajosa por el sudor—A Tater le gusta Britt. Britt es amiga de Tater—alargó la mano lentamente, obligándose a hacerlo centímetro a centímetro, diciéndose a sí misma que los elefantes no comían personas, tan sólo...

«¡Zas!»

El elefantito le plantó la trompa en el pecho y la tiró al suelo. La joven cayó con tal fuerza que vio las estrellas. El dolor le subió por el costado izquierdo.

La vista se le aclaró justo a tiempo de observar cómo el elefante levantaba la trompa y emitía un grito de inequívoca victoria.

Brittany se quedó ahí sentada, demasiado deprimida para levantarse. Las florecitas de las sandalias centelleaban como estrellas plateadas ante sus ojos.

Levantó la cabeza y vio que Rachel Berry la miraba desde detrás de unas gafas de sol.

Rachel llevaba un ceñido top blanco, unos pantalones cortos a juego y un cinturón de color lavanda. Cargaba sobre la cadera a un bebé de pelo castaño, una niña que Brittany recordaba haber visto con uno de los hermanos Motta y su mujer.

Rachel bajó la mirada hacia ella, luego se colocó las gafas de sol en la coronilla, retirándose el pelo lo suficiente para dejar a la vista unos pendientes púrpura con brillantes en forma de estrellas.

Brittany esperaba ver una expresión de triunfo en los ojos de Rachel, pero sólo vio satisfacción.

Se dio cuenta de que estaba tan hundida que la mujer ni siquiera la consideraba una amenaza.

—¿De dónde demonios te ha sacado San?—negando con la cabeza, Rachel pasó por encima de los pies de Brittany, para acercarse a Tater y acariciarle la—Eres un pequeño demonio, ¿verdad, colega? ¿A que es un diablillo, Sug?—dijo Rachel, cogiendo el pie del niño.

Brittany había sido derrotada por todos y ya no pudo soportarlo más. En lo que a ella concernía, el trabajo había terminado por ese día, y había sobrevivido a duras penas.

Se puso en pie y se dirigió a la caravana. En ese momento vio a Santana.

Demasiado cansada para volver a enfrentarse a ella, se dio la vuelta y comenzó a deambular por el recinto del circo.

Se cruzó con dos de las animadoras, pero le dieron la espalda. Uno de los payasos fingió no verla.

Brittany necesitaba con urgencia un cigarrillo.

Dio un respingo cuando un potente chillido surcó el aire. La joven giró la cabeza con rapidez y vio a Frankie cerca de uno de los camiones de la mano de Tina. La señaló y chilló de nuevo. Tina lo cogió en brazos y, sin dirigirle la palabra a Brittany, se alejó.

Brittany se sintió fatal.

El mensaje era claro.

La habían declarado como ladrona.

Siguió caminando hasta que se encontró delante de la casa de fieras.

La puerta de lona estaba levantada y todos los animales estaban dentro menos Sinjun, cuya jaula aún se encontraba a pleno sol. El animal bajó las orejas cuando ella se acercó, y la miró con desdén.

La noche anterior había estado demasiado oscuro para ver en qué condiciones se encontraba la jaula, pero ahora podía ver lo sucia que estaba.

Artie era quien se encardaba de cuidar a los animales, pero estaba claro que éstos ocupaban el último lugar en su lista de tareas.

El tigre clavó los ojos en ella y Brittany no pudo apartar la mirada de él.

La noche anterior el pelaje a rayas parecía brillar bajo los reflectores, pero ahora el animal parecía flaco y sucio.

La joven miró fijamente aquellos misteriosos iris dorados y, al cabo de unos segundos, se sintió muy sofocada.

El sudor le cubría el hueco de la garganta y los brazos. Tenía la cara congestionada y los pechos mojados.

Nunca había sentido tantísimo calor.

Quiso desnudarse por completo y meterse en una piscina de agua helada.

Tenía un calor insoportable.

Sabía que el ardor no provenía de ella sino del tigre.

—Aquí estás.

Brittany volvió la cabeza y vio que Santana se acercaba a ella. La miró de arriba abajo y se quedó helada bajo el impacto de esos ojos fríos e impersonales.

—Aún te queda algo de tiempo libre antes de la función—dijo—¿Por qué no vas a ducharte y luego cenamos algo?

—¿La función?

—Ya sabes que es parte de tu trabajo.

—Pero no esta noche. Es imposible que pueda hacer nada esta noche. ¡Mírame!


*****


Mientras la observaba, Santana casi se rindió.

La parte más decente de sí misma le exigía que la dejara en paz por esa noche.

Estaba pálida debido al agotamiento y tan sucia que era imposible reconocerla.

El único rastro de cosméticos en su cara era la mancha de rímel bajo los ojos.

Su pequeña boca tenía un gesto de tristeza y Santana pensó que nunca había estado en presencia de alguien que estuviera tan a punto de quebrarse.

Sintió una renuente chispa de admiración ante el hecho de que ella estuviera todavía en pie. Por la forma que había manejado la pala supo lo difícil que le había resultado todo aquello.

La joven la había dejado sorprendida.

Por desgracia, aquella pequeña rebelión sólo había prolongado lo inevitable.

¿Por qué no se rendía?

No sabía de dónde había sacado las fuerzas para llegar hasta ahí, pero sí que acabaría por ceder, y se negaba a torturarla más.

Luchó contra esa debilidad interior que la impulsaba a ablandarse, sabiendo que sería una crueldad presionarla. Pero tenía que hacerlo si quería que Brittany aceptara la verdad.


Se recordó con firmeza que era una ladrona y que, a pesar de las circunstancias, no podía perdonárselo.

—La primera función es a las seis. Saldrás con los elefantes.

—Pero...

Se fijó en que la rubia tenía un corte en la palma de la mano y se la agarró con rapidez para examinarla.

—¿Cuánto hace que te vacunaste del tétanos?

La miró sin comprender.

—La vacuna del tétanos. Por la infección.

La rubia parpadeó; estaba tan agotada que ella tuvo que resistir el deseo de cogerla en brazos y llevarla a la caravana.

Santana no quiso pensar lo que sería sentir ese menudo y suave cuerpo entre sus brazos.

Si no hubiera robado ese dinero, hubieran pasado la noche anterior en la misma cama, pero al ver lo que había hecho, se había enfurecido tanto que no había confiado en sí misma para tocarla.

No había deseado tocarla.

—¿Cuándo te has vacunado del tétanos?—repitió el bruscamente.

La rubia se miró el corte.

—El año pasado. Me corté en el yate de Biff McIntosh.

«Santo Dios.»

¿Cómo podía estar casado con una mujer que conocía a alguien llamado Biff McIntosh?

Al diablo con ella.

—Échate un poco de antiséptico—le espetó—Y procura estar lista a tiempo para la función o también te encargarás del remolque del caballo—mientras la miraba, su semblante se endureció todavía más.

Siempre se había sentido orgullosa de su sentido de la justicia, pero la rubia la hacía sentir como una matona malhumorada.

Otro punto más en contra de la rubia.




*****


Brittany sobrevivió a la función, básicamente porque el cansancio la había entumecido de tal manera que no le dio vergüenza aparecer en público vestida con el minúsculo maillot rojo.

Aunque Santana le había dicho que desfilaría con los elefantes, había ocupado un lugar algo más atrás, como si fuera un miembro de los Motta Voladores.

Se había obligado a ducharse, algo que le había resultado muy doloroso por los arañazos que le cubrían los brazos.

Se lavó y secó el pelo y se maquilló más de lo habitual siguiendo las instrucciones de Santana.

Entre ambas funciones, se quedó dormida en la caravana con un sándwich de mantequilla de cacahuete en la mano.

Si la morena no la hubiera despertado se habría perdido la segunda función.


Al finalizar, Ken la detuvo cuando salía por la puerta de los artistas.

—Artie necesita que le eches una mano para subir a los elefantitos al camión.

Artie no parecía necesitar ayuda, pero ése era su trabajo y ella no quería que Santana le echara nada en cara.

—No seré de mucha ayuda—dijo ella.

—Tienen que acostumbrarse a ti, eso es todo.

Brittany se puso una bata azul de Santana que había encontrado colgada en la percha del cuarto de baño.

Al ver que los elefantitos salían en ese momento por la puerta trasera, Brittany se acercó a Artie.

—¿Necesitas ayuda?

—No te pasees por delante de ellos, todavía les pones nerviosos.

Se puso detrás de Artie, a varios metros de distancia de los elefantes. No tuvo ningún problema en reconocer a Tater dado que era el más pequeño de los cuatro; recordaba de sobra el golpe que le había dado y lo miró con resentimiento mientras él trotaba detrás de Puddin cogido de su cola.

Cuando llegaron a la estaca, Artie los ató con una correa.

—Ven aquí, Bam. Acércate Brittany, así aprenderás cómo se hace.

Brittany estaba tan atenta a lo que él estaba haciendo con Bam que no se dio cuenta de que Tater se había acercado a ella por detrás, hasta que sintió un cosquilleo húmedo, suave como una caricia, por el lateral de su cuello. Dio un gritito y saltó hacia atrás, alejándose de la trompa extendida del elefante.

El elefantito la miró con un brillo testarudo en los ojos, se acercó a ella y alargó la trompa de nuevo.

Demasiado tensa para moverse, Brittany se quedó mirando las fosas nasales de la trompa que cada segundo estaban más cerca de ella.

—Tater b-bonito. Elefantito b-bonito—emitió un chillido asustado cuando Tater le metió la trompa por el cuello, abriéndole la bata—Artie...—gritó.

Artie la miró y se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo.

—¿Te has puesto perfume?

Ella tragó saliva y asintió con la cabeza.

Tater le pasó la trompa con delicadeza por detrás de la oreja.

—A Tater le vuelven loco los perfumes de mujer.

—¿Qué tengo que hacer ahora?—dijo con voz entrecortada.

Artie la miró sin entender qué le preguntaba.

—¿A qué te refieres?

—¿A T-Tater?

—Bueno no lo sé. ¿Qué quieres hacer?

Se oyó una risa entrecortada.

—Es probable que quiera desmayarse, ¿verdad, Brittany?

Santana apareció justo detrás de ella y la joven intentó mostrar valor.

—No... no exactamente.

—Es por el perfume. Es por eso que aquí no nos podemos echar perfume—alargó la mano y acarició a Puddin.

Tater, mientras tanto, emitió un barrito de alegría y metió la punta de la trompa por el cuello de la bata, hasta la base de la garganta de Brittany.

—N-nadie me dijo que no usara perfume—para sorpresa de la joven, el elefantito bajó más la trompa, hacia las llamas que dibujaban las lentejuelas rojas que cubrían el corpiño del maillot.

Recordó que también se había puesto perfume entre los pechos.

—San…—le imploró—Me va a tocar... me va a tocar...—la trompa de Tater alcanzó su meta—¡Los pechos!—gritó.

—Tienes razón—Santana palmeó la trompa y la apartó a un lado—Ya basta, amiguito. Eso es de mi propiedad.

Brittany estaba tan asombrada por aquella declaración que no notó que Tater retrocedía.

Artie soltó una risita jadeante y señaló al elefante con la cabeza.

—Parece que Tater se ha enamorado.

—Eso me temo—repuso Santana.

—¿De mí?—Brittany miró a las dos personas con incredulidad.

—No sé por qué no se fijó en mí. Quizás es fan de las rubias—contestó Santana.

Lo cierto era que el elefante le estaba lanzando una mirada conmovedora.

—Pero si me odia. Esta tarde me golpeó y me tiró al suelo.

—Esta tarde no llevabas perfume.

Artie se levantó y le crujieron las rodillas. Se acercó al elefantito.

—Ven, chico. La joven no está interesada.

Mientras Artie lo alejaba de ahí, Tater le lanzó por encima del hombro una mirada de adolescente enamorado. Brittany no sabía si sentir temor o agradecimiento por gustarle al menos a alguien de ese horrible circo.



Esa noche se quedó dormida en cuanto su cabeza tocó la almohada.

Oyó entre sueños que Santana entraba en la caravana unas horas más tarde y notó que le cubría los hombros con la manta mientras volvía a dormirse.





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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Vie Ago 18, 2017 12:14 am

hola morra,...

san esta creando un moustro,.. no ahi nada peor que una mujer empieza a recuperar el orgullo y la seguridad de si misma como dijo britt no tiene nada que perder!! la puede humillar, pisotearla y frustrada,.. pero cuando se levante!!!
san esta a poco de ceder,... que sea ahora antes que se arrepienta!!!

nos vemos!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Vie Ago 18, 2017 7:40 am

En ese endemoniado circo van a tener que pedirle perdon a britt de rodillas cuando comprueben que es inocente!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Vie Ago 18, 2017 12:12 pm

El circo sera una prueba en todos los aspectos para Britt y creo que al final a quien le terminara enseñando que puede superar las cosas es a ella misma mas que a los demás, siempre a vivido bajo el cuidado de alguien pero aquí esta sola y tiene que salir adelante esta vez aunque no quiera. Y San pues sigue equivocándose así que haber que hace cuando se de cuenta de sus errores
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Mensaje por monica.santander el Vie Ago 18, 2017 1:37 pm

Quiero leer el momento cuando Santana se de cuantas cuan equivocada esta!!!! Britt va a poner en su lugar a todos en ese circo !! !
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Vie Ago 18, 2017 7:10 pm

3:) escribió:hola morra,...

san esta creando un moustro,.. no ahi nada peor que una mujer empieza a recuperar el orgullo y la seguridad de si misma como dijo britt no tiene nada que perder!! la puede humillar, pisotearla y frustrada,.. pero cuando se levante!!!
san esta a poco de ceder,... que sea ahora antes que se arrepienta!!!

nos vemos!!!



Hola lu, eso mismo pienso yo =/ Y le encuentro toda la razón y que se este comportando así. La rubia no merece esos tracto ni actitud con ella ¬¬ Espero q lo haga antes de q sea tarde como bn dices! Saludos =D





micky morales escribió:En ese endemoniado circo van a tener que pedirle perdon a britt de rodillas cuando comprueben que es inocente!!!!



Hola, pfff si sería lo mínimo que deberán hacer! lo mínimo! :@ Saludos =D





JVM escribió:El circo sera una prueba en todos los aspectos para Britt y creo que al final a quien le terminara enseñando que puede superar las cosas es a ella misma mas que a los demás, siempre a vivido bajo el cuidado de alguien pero aquí esta sola y tiene que salir adelante esta vez aunque no quiera. Y San pues sigue equivocándose así que haber que hace cuando se de cuenta de sus errores



Hola, si que lo es y será. Pienso igual! toda, pero toda la razón ai! y espero q se arrepientan de todo ¬¬ Y aquí es donde ella misma se da cuenta de lo que es capaz y lo fuerte que es. Pff a veces pienso q sea muy tarde cuando se de cuenta y britt no la perdone para nada fácil ¬¬ Saludos =D





monica.santander escribió:Quiero leer el momento cuando Santana se de cuantas cuan equivocada esta!!!! Britt va a poner en su lugar a todos en ese circo !! !
Saludos



Hola, y no eres la única, créeme! Y espero q sea tan bueno cuando eso pase! Eso espero y kiero la vrdd! Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Cap 9 - Parte I

Mensaje por 23l1 el Vie Ago 18, 2017 7:12 pm

Capitulo 9 - Parte I


Brittany estaba sobre la rampa del camión a las diez de la mañana siguiente.

Tenía los músculos de las piernas agarrotados y le dolían a cada paso que daba. Además sentía como si le hubieran estirado los brazos en un potro de tortura.

—Lo siento, Artie. Me he quedado dormida.

A pesar de lo cansada que estaba la noche anterior, se había despertado a eso de las tres de la madrugada tras un sueño en el que Santana y ella navegaban en una barca rosa con forma de cisne por un anticuado túnel del amor.

Santana la besaba y la miraba con tal ternura que ella se había sentido como si su cuerpo se fundiera con la barca, con el agua y con la propia Santana.

Había sido esa sensación lo que la había despertado y lo que la había hecho reflexionar, tumbada en el sofá, sobre el doloroso contraste entre aquel bello sueño y la realidad de su matrimonio.

Cuando llegaron a la amplia explanada de High Point, en Carolina del Norte, el remolque que transportaba a los elefantes aún no había aparecido, y se había metido en la camioneta para echar una siesta.

Dos horas después, se había despertado con el cuello rígido y dolor de cabeza.

Desde lo alto de la rampa vio que Artie casi había terminado de retirar el estiércol del camión. La sensación de alivio se mezcló con una punzada de culpabilidad.

Ése era su trabajo.

—Deja que siga yo.

—Lo peor ya está hecho—habló como un hombre que estaba acostumbrado a esperar lo peor de la vida.

—Lo siento, no ocurrirá de nuevo.

Él sorbió por la nariz y la miró como diciendo que se lo creería cuando lo viera.

Desde donde estaba, Brittany tenía una amplia vista de la nueva localización del circo, situado entre un Pizza Hut y una gasolinera.

Según le había dicho Santana, la mayor parte de los miembros del circo preferían instalarse en un terreno liso y asfaltado, aunque eso significara tener que reparar antes de marcharse todos los agujeros que hicieran para clavar las estacas.

Oyendo de fondo el rítmico golpeteo de los hombres que montaban el circo, miró hacia atrás y vio a Kitty sentada en una silla delante de su caravana.

Rachel estaba de pie detrás de ella haciéndole una trenza. También había visto cómo la dueña del circo echaba una mano a los trabajadores y ayudaba a levantarse al pequeño de los Anderson, de seis años, cuando se caía.

Rachel Berry era una mujer llena de contradicciones: con Brittany se comportaba como una bruja malvada, pero con todos los demás era una persona muy amable.

Sintió que le tiraban del pantalón.

Cuando bajó la vista vio que era la trompa de Tater, que estaba al pie de la rampa, mirándola con adoración a través de unas pestañas ridículamente rizadas.

Artie se burló de ella.

—Tu novio ha venido a verte.

—Bueno se va a llevar un chasco. No me he puesto perfume.

—Supongo que tendrá que acercarse más para comprobarlo por sí mismo. Llévalo con los demás, ¿de acuerdo? Hay que darles de beber. El pincho está ahí—dijo, señalando con la cabeza el objeto apoyado contra el camión.

Ella miró el pincho con autentica aversión.

Al fondo de la rampa, Tater barritó y giró sobre sí mismo, como si estuviera llamándola. Luego se detuvo, y levantó una pata tras otra como si fuera un bebé pataleando.

O mucho se equivocaba Brittany o todo eso era por ella.

—¿Qué voy a hacer contigo, Tater? ¿No te das cuenta del miedo que me das?

Armándose de valor, se acercó al fondo de la rampa mientras se metía la mano en el bolsillo para sacar una zanahoria mustia que había encontrado en la nevera.

Esperaba que la siguiera al ver que iba a alimentarlo, y le ofreció la hortaliza con una mano temblorosa.

El animalito alargó la trompa y olisqueó la zanahoria con delicadeza, haciéndole cosquillas en la palma de la mano. Ella retrocedió un paso, utilizando la zanahoria como cebo para llevarlo con los demás.

Tater se la arrebató de la mano y se la llevó a la boca. Brittany observó con aprensión la mano ahora vacía mientras el alargaba la trompa hacia ella otra vez.

—N-no tengo más.

Pero no era comida lo que él quería; era perfume.

Metió la trompa por el cuello de la camiseta de Brittany buscando el olor que tanto le gustaba.

—Amiguito... lo siento... yo...

¡Zas!

Con un dramático barrito, Tater le dio un golpe con la trompa y la tiró al suelo. Brittany gritó. Al mismo tiempo, Tater levantó la cabeza y volvió a barritar, anunciando al mundo la profunda traición de la que acababa de ser objeto:¡Brittany no llevaba perfume!

—Brittany, ¿estás bien?—Santana apareció de la nada y se puso en cuclillas a su lado.

—Estoy bien—hizo una mueca de dolor al sentir una punzada en la cadera.

—¡Maldita sea! No puedes dejar que este animal continúe haciéndote eso. Rachel me ha dicho que ayer también te tiró.

Por supuesto, Rachel no había podido resistirse a dejar pasar algo como eso, pensó Brittany, tensándose al cambiar de postura.

Por el rabillo del ojo, vio cómo Ken se acercaba a grandes zancadas hacia ellos.

—Yo me encargaré de esto—les dijo.

Brittany soltó un grito ahogado cuando lo vio coger el pincho.

—¡No! ¡No le pegues! Ha sido culpa mía. Yo...—ignorando el dolor, se obligó a ponerse de pie y se interpuso de un salto entre Ken y Tater , pero llegó demasiado tarde.

Horrorizada, observó cómo Ken golpeaba al elefantito en aquel lugar sensible detrás de la oreja.

Tater soltó un agudo chillido y retrocedió. Ken se acercó de nuevo a él, levantando el pincho para propinarle un segundo golpe.

—Ya basta, Ken.

Brittany no oyó las suaves palabras de advertencia de Santana porque ya se había lanzado sobre la espalda de Ken.

—¡No vuelvas a pegarle!—con un grito de indignación, intentó arrebatarle el pincho.


Alarmado, Ken tropezó, y tras recuperar el equilibrio, soltó una maldición y se dio la vuelta. Brittany no pudo sujetarse a sus hombros y sintió que se resbalaba. Pero en vez de caer al sucio por segunda vez ese día, Santana la atrapó en sus brazos.

—Ya te tengo.

Rachel se acercó con rapidez.

—Por el amor de Dios, San, hay periodistas en el recinto.

Mientras la dejaba en el suelo, Brittany se preparó para sufrir una bronca de Santana. Pero para su sorpresa, Santana se volvió hacia Ken.

—Creo que Tater ha captado el mensaje la primera vez.

Ken se puso rígido.

—Sabes tan bien como yo que no hay nada más peligroso que un elefante se vuelva contra sus adiestradores.

Brittany no pudo morderse la lengua.

—¡Es sólo un bebé! Y fue culpa mía. No me he puesto perfume y se enfadó conmigo.

—Cállate, Brittany—dijo Santana con suavidad.

—Tu bebé pesa una tonelada—dijo Ken apretando los labios—No dejaré que ninguno de los que trabaja conmigo se ponga sentimental con los animales. No podemos correr riesgos. Actuando de esa manera pones en peligro la vida de la gente; los animales tienen que saber quién manda.

Brittany dejó salir toda su frustración.

—¡Las vidas de los animales también tienen valor! Tater no pidió que lo encerraran en un circo. No pidió que lo llevaran por todo el país en un remolque maloliente, ni que le ataran para ser exhibido delante de personas ignorantes. Dios no creó a los elefantes para que hicieran equilibrios sobre sus patas. Los creó para que vagaran libres.

Rachel se cruzó de brazos y alzó una ceja con ironía.

—Ya la veo tirando pintura roja a los abrigos de piel. San, controla a tu esposa o la echaré de mi circo.

Ni el más mínimo atisbo de emoción cruzó por la cara de Santana cuando sus ojos se encontraron con los de Rachel.

—Brittany es la encargada de los elefantes. Por lo que he visto, sólo cumplía con su trabajo.


A Brittany casi se le detuvo el corazón.

¿Sería posible que su esposa la estuviera defendiendo?

El placer de la joven se desvaneció cuando la morena se volvió hacia ella, señalando con la cabeza el remolque de los elefantes.

—Se está haciendo tarde y aún no lo has limpiado con la manguera. Vuelve al trabajo.

Ella se dio la vuelta y, deseando que los tres se fueran al infierno, volvió a su tarea.

Sabía que los animales que viajaban con el circo debían estar bajo control, pero la idea de que estaban siendo obligados a comportarse en contra de su naturaleza, le molestaba.

Tal vez encontrara tan perturbadora su situación porque sentía que tenía algo en común con ellos.

Como los animales del circo, estaba cautiva contra su voluntad y, como ellos, su guardián tenía todo el control.


*****


Rachel casi había llegado al vagón rojo cuando la abordó Quinn Fabray.

A pesar de lo molesta que estaba con Quinn, no podía negar lo bella que era, con aquella piel blanca y esos rasgos firmes y delicados.

—¿Te tiras a Finn?—preguntó la rubia de esa manera agresiva que siempre la hacía rechinar los dientes.

—No es asunto tuyo.

—Me apuesto lo que sea a que sí. Es el tipo de tío que te gusta. Guapo y corto de entendederas.

—Vete al infierno—la irritación de la mujer se debía al hecho de que sí se había acostado con Finn en alguna ocasión al inicio de la temporada.

Sin embargo, había perdido rápidamente el interés en él y no había sentido ganas de repetir la experiencia.

No quería que nadie sospechara que el sexo ya no le interesaba tanto como antes.

—Con un tío como Finn siempre puedes llevar la voz cantante, ¿verdad? Mientras que con alguien como yo...


—Alguien como tú nunca podría satisfacerme—dirigiéndole una falsa sonrisa, le recorrió con la uña entre los pechos—Las chicas dicen que ya no te mueves como antes, ¿es cierto?

Para disgusto de Rachel, Quinn reaccionó a la puya con una carcajada.

—Vigila esa lengua viperina que tienes, Rachel Berry. Un día te meterá en grandes problemas.

—Me gustan los problemas.

—Lo sé. En especial los que provocan las rubias de ojos verdes.

Rachel continuó caminando hacia el vagón rojo, pero en vez de darse por aludido y marcharse, Quinn no tardó en ajustar su paso al de ella.

Todo en la rubia, desde la longitud de su zancada hasta el movimiento de sus hombros, anunciaba que se consideraba un regalo de Dios para las personas.

Era además una persona llevada a su idea, por lo que Rachel siempre tenía que recordarle quién era la que mandaba.

Y aun así, a pesar de todo lo que la exasperaba, era el tipo de persona que más le gustaba.

Orgullosa, trabajadora y honesta.

Debajo de su hosca fachada tenía una naturaleza generosa y, a diferencia de Santana López, no había en ella más de lo que se veía.

La recorrió con la mirada tal y como hacía siempre. Quinn nunca había mantenido en secreto que le gustaban las mujeres y, a pesar de que solía coquetear con las jóvenes del circo, tenía una manera de mirarla que la hacía sentir como si aún estuviera en la flor de la vida.

Ella había fingido no notar la sensual cadencia de caderas de esa mujer, ya que no podía olvidar que Quinn era la hija de un carnicero de Brooklyn sin una sola gota de sangre circense en las venas.

—Kitty y tú pasan mucho tiempo juntas últimamente—dijo Quinn.

—Hoy le he hecho una trenza, si es eso a lo que te refieres.

Quinn la cogió del brazo y la giró hacia ella.

—Eso no es lo que quiero decir, y lo sabes. Estoy hablando del tiempo que dedicas a entrenarla.

—¿Y qué?

—No quiero que la hagas albergar falsas esperanzas. Sabes que no tiene madera para ser una buena equilibrista.

—¿Por qué dices eso? Ni siquiera le has dado una oportunidad.

—¿Estás de coña? ¡He trabajado con ella desde que llegó y no ha mejorado nada!

—¿Y te parece extraño?

—¿Qué quieres decir?

—Quiero decir que podría llegar a ser buena si tú fueras una buena entrenadora.

—¡No me jodas! No hay nadie que entrene mejor que yo—se clavó el pulgar en el pecho—Fui yo quien le enseñó a mis hijos todo lo que saben.

—Sam y Noah son tan duros como tú. Una cosa es enseñar a dos chicos pendencieros y otra trabajar con una joven sensible. ¿Cómo va a aprender algo contigo si no haces más que decirle lo mal que lo hace?

—¿Qué demonios sabrás tú de jovencitas sensibles? Por lo que me han dicho, tu mamá te amamantó con arsénico.

—Muy graciosa.

—No intentes convencerme de que tu papá se añilaba con contemplaciones cuando te enseñaba a hacer el triple salto.

—No tenía que andarse con nada. Yo ya sabía que me quería.

Quinn apretó los labios.

—¿Estás insinuando que no quiero a mi hija?

Ella plantó las manos en las caderas.

—Pero ¡qué estúpida eres! ¿No se te ha ocurrido pensar que en este momento te necesita más como mamá que como entrenadora? Si dejaras de presionarla tanto, lo haría mejor. No puedo creer que siendo una mujer no la entiendas, pero si a Noah y Sam.

—Vaya, pero si tenemos aquí a la jodida Arm Landers—dijo refiriéndose a la famosa columnista del Chicago Tribune.

—¡Vigila tu lengua!

—Mira quién fue a hablar. Te lo advierto, Rachel, no me jodas con Kitty. Ya lo tiene bastante difícil en este momento sin que tú intentes ponerla en mi contra.

Y se fue rezumando animosidad.


La observó durante un momento, luego abrió la puerta y entró en el vagón rojo. Quinn y ella habían chocado desde el principio, pero además existía entre ellas una poderosa atracción sexual que la hacía mantenerse en guardia.

La experiencia le había enseñado a ser cauta con las personas que elegía como amantes.

El día que se casó con Brody Weston había sido el día que se había prometido a sí misma que nunca más se acostaría con una persona a la que no pudiera controlar.

Tenía mala suene con las personas y en dos ocasiones casi la habían destruido: primero Jesse St.James y luego, de manera más contundente, Santana López.

Había hecho pagar a Jesse St.James por lo que le había hecho, y se recordó a sí misma que Santana había tenido su propio castigo.

Miró por la ventana y vio a Brittany forcejeando con un fardo de heno. Rachel casi sintió lástima por ella —y la hubiera sentido de haber sido otra persona,—pero Brittany era el instrumento con el que podía castigar a Santana.

Qué humillada debía de sentirse la morena.

Seguro que estaba embarazada, ¿por qué otra razón se hubiera casado Santana con esa mujer?

Pero a pesar de lo mucho que odiaba a Santana, el circo lo significaba todo para Rachel, y le parecía denigrante que la sangre de los López —una de las familias más famosas en la historia del circo— pasara a la siguiente generación a través de una ladronzuela.

Cada vez que miraba a Brittany, Rachel se preguntaba cómo podría haber mantenido la cabeza en alto si no se hubiera hecho pública la verdad sobre Brittany.






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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Vie Ago 18, 2017 8:48 pm

Hola morra..

Osea... San la defendió, a britt enserio???
Del odio al amor ahí un paso no??? A ver si alguien le baja la espuma a rachel... De una vez!!
Más odio... Más fortaleza para britt al final!!!

Nos vemos!
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Mensaje por micky morales el Sáb Ago 19, 2017 9:21 am

Ya se esta tardando en salir la verdad de quien fue la verdadera ladrona del dinero de la dichosa taquilla!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Sáb Ago 19, 2017 1:57 pm

Britt defendiendo a su enamorado jajaja.... Pero tiene razón debe existir otra manera para entrenarlos sin maltratarlos ..... Y San igual de confusa que siempre
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Mensaje por 23l1 el Sáb Ago 19, 2017 7:09 pm

3:) escribió:Hola morra..

Osea... San la defendió, a britt enserio???
Del odio al amor ahí un paso no??? A ver si alguien le baja la espuma a rachel... De una vez!!
Más odio... Más fortaleza para britt al final!!!

Nos vemos!



Hola lu, eso mismo creí yo que paso... entonces si paso¿? Aleluya! Eso parece, lo cual no me parece mal la vrdd jajajaaja. Tiene que ¬¬ Creo lo mismo y espero y pase, ella esta sufriendo por algo que no hizo ni antes ni ahora y estoy segura q si pasa algo más adelante tmbn ¬¬ Saludos =D





micky morales escribió:Ya se esta tardando en salir la verdad de quien fue la verdadera ladrona del dinero de la dichosa taquilla!!!!



Hola, xfin! lo cual es muy bueno para britt y esperemos reciba su recompensa cuando sepan la vrdd ¬¬ Saludos =D





JVM escribió:Britt defendiendo a su enamorado jajaja.... Pero tiene razón debe existir otra manera para entrenarlos sin maltratarlos ..... Y San igual de confusa que siempre



Hola, jaajajaj creo q fue al revés jajajajajajajaja, pero paso o eso creemos jajajaja. Creo lo mismo y espero y pase ¬¬ Pfff nada q decir a eso =/ Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Cap 9 - Parte II

Mensaje por 23l1 el Sáb Ago 19, 2017 7:11 pm

Capitulo 9 - Parte II


Tiempo después Brittany no pudo recordar cómo consiguió aguantar durante los diez días siguientes mientras el circo recorría Carolina del Norte antes de cruzar la frontera de Virginia.

Durante el día Santana y ella estaban solas en la camioneta y, cuando la morena se dignaba a hablarle, ella sentía como si le estuviera pinchando con carámbanos.

Ni siquiera compartían las comidas.

Santana siempre se abría alguna lata de conservas mientras ella estaba en el cuarto de baño arreglándose para la función y le dejaba preparado un plato de comida mientras se cambiaba.

Nunca le preguntó qué le apetecía comer ni le pidió que cocinara, aunque ella tampoco habría tenido fuerzas para hacerlo.

Algunas veces Brittany pensaba que había soñado aquel apasionado beso que habían compartido.

Ahora a ni siquiera se tocaban, salvo en esas ocasiones en las que se quedaba dormida en la camioneta y se despertaba acurrucada contra la morena.

Cuando eso ocurría se apartaba de un salto, sólo para sentir la intensa energía sexual que existía entre ellas, tan palpable como la brisa que entraba en la camioneta.

O puede que todo eso fuera cosa de su imaginación.

Tal vez Santana no se sentía atraída por ella.

¿Cómo iba a encontrar atractiva a una chica con las manos llenas de ampollas, la nariz quemada por el sol y los codos llenos de costras, que no vestía otra cosa que ropa de trabajo sucia?

En algún momento de la última semana había dejado de maquillarse hasta la hora de la función. Durante el día se recogía el pelo en una coleta, con algunos cabellos sueltos que le caían sobre el cuello y las mejillas.

En sólo dos semanas había abandonado las costumbres de toda una vida.

Ni siquiera sabía quién era cuando se miraba en el espejo.

Siempre estaba cansada.

Se quedaba dormida en el sofá antes de medianoche, pero luego, una vez que Santana entraba en la caravana, le resultaba imposible volver a dormirse.

Daba igual lo que hiciera, daba vueltas durante horas hasta que finalmente caía en un sueño intranquilo y se despertaba sin haber descansado.

Se sentía agotada, confundida e increíblemente sola.

Como todos creían que era una ladrona, continuaban haciendo todo lo posible para evitarla y, por otro lado, tampoco había mejorado la relación con los elefantes.

Tater todavía se comportaba como si lo hubiera traicionado.

Varias veces llegó a considerar la posibilidad de ponerse perfume, pero la asustaba todavía más el cariño del elefantito que su odio.

Cuando Ken y Artie estaban cerca, el animal la dejaba tranquila, pero, si no estaban a la vista, buscaba cualquier oportunidad para arrojarla al suelo; la derribó tantas veces que Brittany tenía magulladuras por todas partes.

Los otros elefantes se dieron cuenta enseguida de que era una presa fácil y la convirtieron en el blanco de todas sus travesuras.

La rociaban con agua, le chillaban y la tiraban al suelo si se acercaba demasiado. Lo peor era ver cómo esperaban a que se aproximara a ellos antes de divertirse a su costa.

Ken le decía que, como se negaba a usar el pincho, tenía lo que se merecía y que jamás vencería.

Aunque se mantuvo alejada de Sinjun y averiguó más cosas de él por lo que les oyó a los demás.

Era un tigre viejo, tenía unos dieciocho años y fama de arisco. Según Artie, ninguno de sus entrenadores había conseguido ganar su confianza, y todos lo consideraban imprevisible y peligroso.

Como su esposa.

Santana la confundía de tal manera que no sabía qué pensar de ella.

Tan pronto se comportaba como un monstruo sádico como aparecía por el camión de los elefantes con unos nuevos guantes de trabajo para ella o una gorra de béisbol para que no se quemara con el sol.

Y, más de una vez, llegó justo a tiempo de bajar una carretilla cargada de estiércol por la rampa antes de que Brittany tuviera ocasión de hacerlo.

Sin embargo, la mayor parte del tiempo sólo parecía sentir pena por ella.


Era un día insoportablemente cálido para estar sólo a mediados de mayo.

La temperatura superaba los treinta y cinco grados y la espesa humedad dificultaba la respiración.

De nuevo instalaron el circo en un aparcamiento, en un pequeño pueblo al sur de Richmond, y el asfalto negro intensificaba el calor.

Los elefantes ya habían conseguido tirar a Brittany dos veces ese día y, la segunda vez, se raspó el codo.

Para empeorar las cosas, todos los miembros del circo parecían disfrutar de un tiempo de relax excepto ella.

Quinn y Blaine Anderson estaban sentados a la sombra del toldo de la caravana Airstream de la familia Fabray, tomando una cerveza fría y escuchando la radio.

Tina se rociaba con agua mientras tomaba el sol recostada en una silla con el último ejemplar del Cosmopolitan en las manos.

Incluso Artie echaba una siesta a la sombra.

—¡Brittany, mueve el culo y ocúpate del heno!—le ordenó Ken a gritos desde la puerta de la caravana de los equilibristas, luego rodeó los hombros de Charlene con el brazo.

Algunas veces, desde que se habían enfrentado por el pincho, Ken la trataba con hostilidad.

Le encargaba los trabajos más duros, y la hacía trabajar durante horas interminables, hasta que llegaba Santana y le decía que ya había sido suficiente por ese día.

Cuando comenzó a mover el heno, le ardía cada músculo del cuerpo.

Tenía la camiseta empapada de sudor y un roto en el hombro; sus vaqueros parecían no haber visto una lavadora en semanas, y la suciedad, el heno y el abono se le pegaban a cada centímetro de su húmeda piel.

Tenía el pelo enredado y las uñas tan quebradas como su espíritu.

Al otro lado del recinto, Rachel tomaba un refresco y se pintaba las uñas de los pies.

A Brittany le goteaba el sudor por los ojos, haciendo que le picaran, pero tenía las manos demasiado sucias para enjugarse la cara.

—¿Quieres apresurarte, Brittany?—gritó Ken, mientras Charlene soltaba una risita tonta—Está entrando otra carga.

Algo dentro de Brittany explotó.

Estaba harta de ser el chivo expiatorio de todos.

Estaba cansada de que los elefantes la tiraran y de que los seres humanos la despreciaran.

—¿Sabes qué te digo? ¡Que lo hagas tú mismo!—arrojó al suelo el rastrillo y se alejó con paso airado.

Ya había tenido suficiente. Iba a buscar a Santana y a exigirle que le comprara ese billete de avión.

Nada podía ser tan malo como eso.

Un gran rugido resonó en el recinto. En ese momento, le comenzó a arder la piel y su deshidratada garganta clamó por agua. Vio una manguera enganchada al camión del agua, que serpenteaba hasta la zona de las fieras.

Corrió hacia ella, presa del pánico porque jamás se había sentido tan acalorada.

Una vez más oyó el rugido, y le sorprendió ver a Sinjun en su jaula cociéndose bajo el sol.

Oleadas de calor rebotaban contra el asfalto, y las rayas naranjas y negras del tigre parecían brillar débilmente.

No todos los animales estaban debajo de la carpa de las fieras. Algunos estaban en una pequeña zona cercada entre la carpa de los animales y el circo.

Chester, un camello de aspecto enfermizo, no estaba demasiado lejos de ahí, al lado de Lollipop, una llama de ojos somnolientos.

Un gran toldo de nailon blanco, un tanto gastado, les daba sombra; pero nada protegía a Sinjun del sol inclemente que lo golpeaba a través de los barrotes de la jaula.

Igual que ella, Sinjun parecía haber sido escogido para que los demás abusaran de él.

El animal clavó los ojos en Brittany con amarga resignación, sin siquiera molestarse en mover las orejas.

Detrás de él, la llama emitió un sonido extraño, pero el camello no le hizo ni caso.

El calor del asfalto traspasaba la suela de las deportivas de Brittany y le quemaba los pies. Le goteaba el sudor entre los pechos.

Los ojos de Sinjun le taladraron el alma.

«Calor. Tengo calor.»

Brittany odiaba ese lugar donde los animales se exhibían en jaulas. El extraño sonido de la llama reverberó en sus oídos. Le dolía la cabeza y tenía el estómago revuelto por el olor a moho del toldo de nailon.

Instintivamente dio un paso atrás, intentando alejarse del sol, y de esos tristes animales, del horrible calor y de ese olor nauseabundo.

Pisó un charco. Miró hacia abajo y vio una fuga en la manguera que llevaba el agua al abrevadero.

Sin ni siquiera pensar lo que estaba haciendo, corrió hacia donde la manguera se conectaba a la boquilla de latón. La tomó y cortó el flujo del agua.

Hasta que sólo cayeron unas gotas en sus manos.


Entrecerró los ojos ante el resplandor que se reflejaba en el sucio toldo blanco y sintió los ojos de Sinjun quemándola, derritiéndole la piel.

«Calor. Tengo tanto calor.»

Brittany miró el agua fría que le goteaba en las manos. Accionó la boquilla de nuevo, levantó la manguera y comenzó a rociar agua fría en la jaula de tigre.

¡Sí!

Al momento sintió el alivio del animal en su propio cuerpo.

—¡Eh!—Artie se acercó a ella corriendo—¡Detente, Brittany! Para de una vez, ¿me has oído?

El tigre le enseñó los dientes al chico. Brittany se giró con rapidez y lanzó el chorro de agua fría al hombre, mojándole la mugrienta camisa de trabajo.

—¡No te acerques!

Artie se detuvo.

—¿Qué estás haciendo? ¡Vas a matar al tigre! A los felinos no les gusta el agua.

Volvió a dirigir el chorro al tigre y sintió un fresco alivio en los huesos, como si estuviera mojándose ella misma.

—A éste sí.

—¡Te he dicho que te detengas! No puedes hacer eso.

—A Sinjun le gusta. Míralo, Artie.

Cierto, en vez de alejarse del agua, el tigre se recreaba en ella, permaneciendo inmóvil bajo el chorro.

Mientras continuaba mojando al felino, Brittany quiso decirle a Artie que eso no habría sido necesario si él hubiera hecho mejor su trabajo, pero sabía que el pobre hombre no podía hacer más de lo que hacía y se mordió la lengua.

—¡Dame eso!

Ken se había plantado detrás de ella y alargó el brazo para quitarle la manguera de la mano. Pero Brittany estaba harta de Ken Tanaka y no dejó que se la arrebatara.

El agua cambió de dirección. Brittany soltó un jadeo al sentir toda la fuerza del chorro en la cara, pero no soltó la manguera.

Él le retorció la muñeca.

—¡Detente, Brittany! Dame la manguera.

El rugido enloquecido de Sinjun vibró a través del pesado aire de la tarde, ahogando por completo el alboroto habitual del circo. La jaula tembló cuando Sinjun lanzó su enorme cuerpo contra los barrotes, casi como si estuviera intentando llegar a Ken para protegerla.

Alarmado, el domador soltó la muñeca de Brittany y se volvió hacia los rugidos.

Sinjun aplanó las orejas contra la cabeza y le siseó al hombre. Brittany le arrancó de un tirón la manguera.

—Condenado tigre loco—masculló Ken—Alguien debería haberlo doblegado hace años.

Brittany envió otro chorro de agua a la jaula. Con más seguridad de la que sentía, le dijo:

—No le gusta que te metas conmigo.

—Mira eso, Ken—dijo Artie—A ese cabrón le gusta el agua.

—¿Qué coño pasa aquí?

Todos se volvieron hacía Santana, que se acercaba a ellos. Brittany se limpió los ojos con la manga de la camisa sucia mientras seguía apuntando el chorro de agua hacia la jaula del tigre.

—Brittany ha decidido duchar a Sinjun—dijo Ken.

—¿Duchar a Sinjun?—Santana la observó con esos inescrutables ojos oscuros.

—Sinjun tenía calor—explicó ella débilmente—Quería que lo refrescara.

—¿Te lo ha dicho él?

Brittany estaba demasiado agotada para responder. Además, ¿cómo podía explicarle que Sinjun se había comunicado con ella?

Ni siquiera ella podía comprender esa especie de conexión mística que parecía tener con el tigre.

Dirigió el chorro del agua al barro que se había acumulado en el fondo de la jaula.

—Estas jaulas están asquerosas. Habría que limpiarlas con más frecuencia.

Artie se mostró ofendido.


—Yo no puedo con todo. Si crees que las jaulas están asquerosas, quizá deberías limpiarlas tú misma.

—Vale. Lo haré.

¿Qué estaba diciendo?

Sólo unos minutos antes, había decidido irse de ahí, y ahora se ofrecía voluntaria para echarse más trabajo a la espalda.

¿Cómo iba a poder encargarse de otra tarea si casi no lograba terminar las que le asignaban?

Santana frunció el ceño.

—Brittany, tú ya haces demasiado. Apenas te mantienes en pie y no quiero que hagas nada más.

La joven ya estaba un poco harta de que su esposa le dijera lo que podía o no podía hacer.

—Ya he dicho que lo haría, y lo haré. Ahora, a menos que Ken y tú quieran acabar tan mojados como Artie, será mejor que me dejen sola.

La sorpresa brilló en los ojos de Santana. Ken la presionó más.

—Brittany no consigue siquiera terminar las tareas que le asigno. ¿Cómo se va a ocupar también de las fieras?

—No lo hará—dijo Santana firmemente.

—Lo haré.

—Brittany...

—No puedes decirme lo que tengo que hacer en mi tiempo libre.

—No tienes tiempo libre—le recordó.

—Entonces supongo que tendré que trabajar más rápido.

Santana la miró durante un buen rato. Brittany vio brillar en sus ojos algo que no pudo comprender del todo.

¿Un poco de reconocimiento?

¿Un atisbo de respeto?

—¿De verdad quieres hacerlo?—le preguntó Santana.

—Sí.

—¿Estás segura de saber lo que haces?

Ella le sostuvo la mirada sin pestañear.

—No tengo la menor idea.

Una emoción que casi parecía ternura brilló en los ojos de Santana, pero desapareció tan pronto como ésta asintió bruscamente con la cabeza.

—Vale, estarás a prueba durante unos días. Puedes trabajar aquí un par de horas a primera hora de la mañana y luego te encargarás de hacer lo que te mande Ken.

Artie comenzó a protestar.

—¡Pero necesito ayuda! ¡No puedo hacerlo todo yo solo!

—Tampoco puede hacerlo Brittany—dijo Santana en voz baja.

Sorprendida, la joven clavó los ojos en la morena y ésta arqueó una ceja.

—¿Algo más?

Brittany acababa de recordar que le daban miedo los animales, pero no era el momento de sacar el tema a colación y negó con la cabeza.

—Entonces, serás tú quien se ocupe de las fieras.

Mientras Santana se alejaba, Brittany pensó que cada vez que la consideraba la mala de la película, la sorprendía.

También se dio cuenta de que ya no le daba miedo.

No de verdad.

Santana tenía unas reglas duras y, para Brittany, injustas, pero siempre se ceñía a ellas y Brittany no podía imaginárselo comprometiéndose en algo en lo que no creyera.




Durante las horas siguientes, regó las jaulas con la manguera y limpió la porquería acumulada mientras intentaba mantenerse lo más alejada posible de los animales.

Cuando por fin terminó, estaba incluso más sucia que cuando empezó, dado que se había añadido barro a la mugre que la cubría.

Convenció a uno de los trabajadores para que moviera la jaula de Sinjun a la sombra, luego le puso heno limpio a Chester y a Lollipop.

El camello intentó patearla, pero la llama se mantuvo tranquila, y cuando Brittany miró los ojos somnolientos de Lollipop, decidió que por fin había encontrado un animal que le gustaba.

—Eres toda una dama, Lollipop. Nos vamos a llevar muy bien.

La llama movió los belfos y le lanzó un escupitajo maloliente.

Eso era gratitud, sí señor.





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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Sáb Ago 19, 2017 8:41 pm

Hola morra....

Al fin entendio que queria el tigre.... Jodeme que maldito animal no le gusta el agua con tanta calor!!!...
De a poco britt va encontrando su lugar... Y lo mas divertido enfrentándose a san...

Nos vemos!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Sáb Ago 19, 2017 10:26 pm

Hola!!! Espero que San sepa lo del robo, para que le de algo de confianza a Britt a echo el trsbajo sucio. Y Rachel Muy pesada, aunque tiene pinta de que podría ser buena mamá.
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Dom Ago 20, 2017 10:11 am

No pues, la esclava del circo!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Dom Ago 20, 2017 7:48 pm

3:) escribió:Hola morra....

Al fin entendio que queria el tigre.... Jodeme que maldito animal no le gusta el agua con tanta calor!!!...
De a poco britt va encontrando su lugar...  Y lo mas divertido enfrentándose a san...

Nos vemos!!!




Hola lu, lo cual es muy bueno la vrdd. Estúpido el q piensa eso ¬¬ SI, y me alegro por ella, xq lo q esta pasando no es nada fácil =/ JAjajaaj todo tiene su lado bueno, no¿? jajaja. Saludos =D





Tati.94 escribió:Hola!!! Espero que San sepa lo del robo, para que le de algo de confianza a Britt a echo el trsbajo sucio. Y Rachel  Muy pesada, aunque tiene pinta de que podría ser buena mamá.



Hola, espero q cuando lo sepa eso sea lo mínimo q haga ¬¬ Si q lo es ¬¬, pero en lo segundo tienes toda la razón... al menos esperemos y sea así =/ Saludos =D





micky morales escribió:No pues, la esclava del circo!!!!!




Hola, eso parece ¬¬ y menos cuando no lo merece ¬¬ Saludos =D


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Finalizado FanFic Brittana: A Un Ángel (Adaptada) Cap 10

Mensaje por 23l1 el Dom Ago 20, 2017 7:51 pm

Capitulo 10


A Santana nada le había dado tanta lástima como su pobre esposa cabeza hueca.

Le dio la espalda a la cazuela de chile que estaba cocinando y la observó entrar en la caravana, con la ropa tan sucia que podría haber salido de una pocilga.

Briznas de heno y restos de comida para anímales se pegaban a lo que le quedaba de coleta.

Tenía los brazos salpicados de barro y olía que apestaba.

Como Santana también había sido el blanco de la llama más de una vez, reconoció el olor.

—¿También has tenido un encontronazo con Lollipop?

La rubia masculló algo indescifrable y se dirigió al donnicker. Santana sonrió y volvió a remover el chile.

—No te he entendido. ¿Qué has dicho?

La respuesta de la joven tuvo el acento bien educado de alguien acostumbrado a las cosas buenas de la vida.

—Vete a freír espárragos—y cerró la puerta de un portazo.

Se rio entre dientes.

—¿Ha sido tu primer encuentro con una llama?

La rubia no contestó.

Santana echó otra cucharada de pimienta picante, añadió salsa caliente a la mezcla y la probó.

Demasiado suave.

No se oía ningún sonido en el baño, ni siquiera el del agua. Con el ceño fruncido, dejó la salsa picante al fuego.

—¿Brittany?—como no respondió, se acercó al baño y llamó a la puerta—¿Brittany? ¿Te pasa algo?

Nada.

Giró la manija y la vio inmóvil, delante del espejo, con las lágrimas cayéndole en silencio por las mejillas mientras miraba su propio reflejo.

Santana notó un extraño sentimiento de ternura en su interior.


—¿Qué te ocurre, cariño?

La rubia no se movió, las lágrimas continuaron deslizándosele por las mejillas.

—No es que nunca haya sido tan guapa como mi mamá, pero ahora estoy horrible.

En lugar de irritarla, ver que la rubia había perdido cualquier rastro de vanidad le tocó la fibra sensible.

—Yo creo que eres muy hermosa, cara de ángel, incluso cuando estás sucia. Pero te sentirás mejor después de ducharte.

Brittany no se movió. Seguía con la mirada clavada en el espejo mientras las lágrimas le caían por la barbilla.

Ella se agachó a su lado, le levantó un pie y le quitó la deportiva y el calcetín. Luego hizo lo mismo con el otro.

—Por favor, vete.

Brittany lo dijo con la misma dignidad muda que había observado en la rubia durante los últimos diez días mientras se concentraba en completar una tarea tras otra.

—Estás ayudándome porque estoy llorando de nuevo, pero sólo lloro porque estoy cansada. Lo siento. No me hagas caso.

—Ni siquiera he notado que estuvieras llorando—se arrodilló ante la rubia y le abrió la cremallera de los vaqueros y, tras vacilar un momento, se los deslizó por las caderas.

Cuando los bajó por las delgadas piernas de la joven, Santana sintió una punzada de deseo y tuvo que obligarse a apartar la vista del tentador triángulo de las bragas color verde menta que llevaba puestas.

¿Cuánto tiempo más iba a poder mantener las manos alejadas de la rubia?

Durante la última semana y media Brittany había estado tan cansada que apenas podía mantenerse en pie, pero ella sólo había podido pensar en su suave y flexible cuerpo.

Había llegado a un punto en el que no podía mirarla sin ponerse húmeda, y eso le sacaba de sus casillas.

Le gustaba tener todos los aspectos de su vida bajo control y ése se le escapaba de las manos.

Incluso para una mujer que hubiera crecido en el circo hubiera sido demasiado duro hacer todo lo que le había ordenado hacer a Brittany.

Se había convencido de que sólo era cuestión de días —por no decir horas— que la rubia tirase la toalla y se fuera. Y querría poder estar segura de que no la tocaría, por lo menos no como deseaba hacerlo.

Mantener relaciones sexuales en ese momento sólo complicaría una situación ya de por sí complicada, y por eso no importaba lo mucho que la deseara, tenía que dejarla en paz.

Pero Brittany seguía sin darse por vencida y ella no sabía cuánto tiempo más podría mantenerse alejada.

Cuando se metía en la cama por la noche, era tan consciente de la rubia acurrucada en el sofá, a tan sólo unos metros de ella, que tenía dificultades para quedarse dormida.

Y el simple hecho de verla durante el día hacía imposible que se concentrara en su trabajo.

¿Por qué no se había rendido?

Era delicada. Débil. No hacía más que llorar.

Y, al mismo tiempo, había tenido el valor de enfrentarse a Ken Tanaka y defender a esas pobres y tristes criaturas de la casa de fieras.

Brittany Pierce López no era la joven pusilánime que ella había supuesto.

Que no hubiera resultado ser como creía la irritaba casi tanto como el doloroso efecto que tenía sobre su cuerpo, y por ese motivo le habló bruscamente:

—Levanta los brazos.

Brittany estaba demasiado cansada después de haberse pasado todo el día trabajando, así que obedeció de manera automática.

Santana le quitó la camiseta por la cabeza, dejando al descubierto el sujetador que hacía juego con las braguitas. La joven estaba tan agotada que no podía evitar que se le cayera la cabeza, pero Santana seguía sin poder confiar en sí misma, por lo que se enojó todavía más.

Se dio la vuelta, ajustó la temperatura del agua de la ducha y metió a Brittany dentro de la cabina con la ropa interior incluida.

—Te serviré la comida cuando salgas. Ya me he hartado de comer latas de conservas, así que esta noche he preparado chile.

—Sé cocinar—dijo entre dientes.

—Por hoy ya has hecho suficiente.

Brittany se colocó bajo el chorro de la ducha y dejó que el agua resbalara por su cuerpo.



Cuando por fin salió del cuarto de baño, llevaba el pelo retirado de la cara y tenía puesto el albornoz azul de Santana.

Parecía una adolescente cuando se deslizó detrás de la mesa de la cocina.

Santana le plantó delante un plato de chile caliente y luego se acercó al fogón para servirse otro para ella.

—¿Puedo faltar esta noche a la función?—preguntó la Brittany.

—¿Estás enferma?

—No.

Santana puso su plato sobre la mesa y se sentó enfrente de la rubia, endureciendo su corazón ante la muda dignidad que mostraba su esposa.

—Entonces no puedes faltar.

Brittany pareció aceptar la negativa con resignación, algo que a Santana le molestó más que si hubiera discutido con ella.

—Jamás me había sentido tan despreciada.

—Las llamas son así con todo el mundo. No te lo lomes como algo personal.

—Frankie también me odia. Hoy me ha lanzado una caja de galletas.

—Ha tenido que ser un accidente. Frankie es amable con todo el mundo.

Brittany apoyó un codo en la mesa y descansó la cabeza en la mano mientras revolvía el chile con desgana.

—Desfilar con tan poca ropa denigra a las mujeres, tu como una deberías haber hecho algo.

—Pero es estupendo para la taquilla—lamentó de inmediato haberle tomado el pelo, sobre todo cuando sabía que la rubia estaba demasiado cansada para responder a la broma.

Y lo cierto era que le molestaba verla desfilar con ese maillot. No era tan pechugona como las demás chicas, pero la belleza juvenil y la dulce sonrisa de su esposa la hacían destacar, e incluso había tenido que ponerse seria con algunos patanes del público que habían intentado ligar con ella tras la función.

Sorprendentemente, Brittany parecía no ser consciente de las reacciones que provocaba.

La rubia dejó caer una galletita salada en el chile.

—Ya que presumes de lo bien que se cuida a los animales en el circo, deberías saber que la casa de fieras es una vergüenza.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo. Llevo años diciéndolo, pero a Brody le encantaba y siempre se negó en redondo a deshacerse de ella.

—¿Y Rachel?

—Opina como yo. Espero que la cierre pronto, pero no hay mercado para los animales viejos de los circos. En realidad están mejor con nosotros que si los vendiese a los cotos de caza ilegales.

Brittany se llevó un poco de chile a la boca pero volvió a poner el tenedor en el plato como si comer supusiera demasiado esfuerzo.

Santana ya no lo soportó más.

No le importaba si le criticaban por darle a su esposa un trato de favor, pero no podía tolerar esas sombras púrpura bajo sus ojos ni un día más.

—Vete a la cama, Brittany. He cambiado de idea. Hoy puedes saltarte la función.

—¿De verdad? ¿Estás segura?

La alegría de Brittany la hizo sentir todavía más culpable.

—Eso es lo que he dicho, ¿no?

—Sí, sí, claro. Oh, gracias, San. No lo olvidaré.



Brittany durmió durante la primera función pero, para sorpresa de Santana, se presentó cuando comenzaba la segunda función.

La siesta de dos horas había hecho maravillas en ella y parecía más relajada que en los días anteriores.

Mientras recorría la pista de arena sobre Misha, Santana la vio saludar con las manos y lanzar besos a los niños sin ser consciente del efecto que aquel llameante maillot rojo tenía en los padres de las criaturas.

Santana tuvo que contenerse para no arrancar la gorra de alguno de esos palurdos con el látigo.

Cuando la función finalizó, ella se fue a la caravana para cambiarse de ropa. Brittany solía estar ya ahí, pero no la vio por ninguna parte.

Intranquila, se vistió rápidamente y regresó al circo.

Un destello de lentejuelas rojas cerca de la puerta principal atrajo su atención.

Vio a su esposa rodeada por tres espectadores.

Todos se comportaban con cortesía y, desde luego, no corría peligro, pero aun así quería estrellar el puño contra aquellas caras presumidas.

Uno de ellos dijo algo y Brittany se rio, un sonido angelical que flotó en el aire de la noche.

Santana maldijo por lo bajo.

—¿Qué es lo que te pone de tan mala leche?

Al ver a Quinn detrás de ella, Santana se obligó a relajarse.

—¿Qué te hace pensar que estoy de mala leche?

Quinn se puso un palillo en la comisura de la boca.

—La manera en que miras a esos tíos.

—No sé de qué estás hablando.

—No lo entiendo, San. Pensaba que ella no te importaba.

—No quiero hablar de eso.

—No te preocupes, no tengo intención de hablarte de ella—se pasó el palillo de un lado a otro de los labios—Pero de todas maneras creo que, a pesar de que sea una ladrona y la odies, no deberías hacer trabajar tan duro a una mujer embarazada.

—¿Quién te ha dicho que está embarazada?

—Es lo que piensa todo el mundo. La noche de la fiesta sorpresa no parecías exactamente una novia feliz.

Santana apretó los dientes.

—No está embarazada.

A Quinn se le cayó el palillo.

—¿Entonces por qué coño te casaste con ella?

—Eso no es asunto tuyo—se alejó.



Santana trabajó hasta medianoche.

Cuando entró en la caravana, Brittany estaba dormida, pero en lugar de estar acurrucada sobre un montón de sábanas arrugadas como siempre, yacía en el sofá con el maillot de la función todavía puesto, como si se hubiera sentado unos minutos y se hubiera quedado dormida sin querer.

Sabía que una cosa era ser dura con la rubia y otra llevarla hasta el límite de sus fuerzas.

En ese momento supo que no podía dejar que siguiera trabajando así. En lo que a ella concernía, Brittany había pagado su deuda y había llegado el momento de bajar el ritmo.

Brittany tenía los labios ligeramente entreabiertos y los mechones del pelo rubio se extendían sobre el almohadón del sofá como cintas sedosas.

Estaba tumbada boca abajo y a Santana se le secó la boca al ver ese dulce culito respingón cubierto sólo por la trama en forma de diamantes de las medias negras de red.

La fina tira de lentejuelas que cubría la unión de las nalgas hacía que la visión fuera todavía más atrayente.

Se obligó a apartar la mirada, se desnudó y entró en el cuarto de baño, donde se metió rápidamente bajo el agua fría.



El ruido de la ducha debió de despertar a Brittany, porque cuando Santana apareció envuelto en una toalla, la joven estaba delante del fregadero con la bata azul de Santana cubriendo el maillot.

Las manos asomaban por las mangas mientras cortaba un trozo de pan.

—¿Quieres que te haga un bocadillo?—Brittany parecía de mejor humor que cualquiera de los días anteriores—Me quedé dormida antes de cenar y estoy muerta de hambre—se le abrió el albornoz, revelando las curvas de los pechos bajo las lentejuelas llameantes del maillot.

Santana deslizó la mirada sobre ella y en vez de agradecerle el ofrecimiento, le espetó:

—Como Rachel te atrape durmiendo con uno de sus maillots, te desnudará estés donde estés.

—Entonces tendré que asegurarme de que no me pille.

El renovado ánimo en la voz de Brittany hizo que Santana se sintiera mejor.

—No se puede esperar que lo aprendas todo de inmediato.

Brittany se volvió hacia ella, pero cualquier cosa que fuera a decir murió en sus labios.

Deslizó la mirada por el pecho de su esposa, quien solo estaba en ropa interior.

Santana quiso gritarle, decirle que no la mirara de esa manera a no ser que quisiera acabar en la cama con ella.

Casi sintió que perdía el control.

—¿Quieres que... er... quieres tu bata?—preguntó Brittany.

Asintió con la cabeza.

La rubia tiró del cinturón, se la quitó y se la tendió.

Santana la dejó caer al suelo.

La rubia se la quedó mirando.

—¿No acabas de pedírmela?

—Lo único que quería era que te la quitaras.

Brittany se humedeció los labios y ella la estudió mientras esperaba una respuesta, llamándose estúpida en todos los idiomas que conocía, ya que sabía que no podría resistirse a la rubia otra noche.

—No estoy segura de qué quieres decir exactamente—dijo Brittany con timidez.

—Quiero decir que no voy a poder mantener mis manos alejadas de ti durante más tiempo.

—Eso es lo que me temía—Brittany respiró hondo y alzó la barbilla—Lo siento, pero no puedo acostarme contigo. No estaría bien.

—¿Por qué?

—Porque no sería sagrado. Hacer el amor significa algo más para mí. No lo hago con cualquiera.

—Me alegro de oírlo—impulsada por una fuerza que no podía resistir, Santana se acercó a la rubia.

Brittany dio un paso atrás, hasta tropezar contra el mostrador, sin apartar la mirada de los ojos de ella.

—No puedo hacerlo sin que signifique algo.

—Espero que eso quiera decir que no tengo que preocuparme por ninguna enfermedad de transmisión sexual como las que le mencionaste a la camarera al poco de casarnos.

—¡Por supuesto que no!

—En ese caso tampoco tienes que preocuparte por mí. Estoy perfectamente sana.

—Me alegro mucho por ti, pero...

—¿No te ha dicho nadie que hablas demasiado?—plantó las manos en el mostrador atrapándola entre sus brazos.

—Tenemos que hablarlo. Es importante. Es...

—Lo que realmente necesitamos es dejar de hablar—rodeó la cintura de Brittany con las manos—Ya hemos jugado suficiente al gato y al ratón, cara de ángel. ¿No crees que ha llegado el momento de actuar?

El olor de Brittany la tentaba.

La recorrió con la mirada; su cuerpo quedaba resaltado por el maillot de llameantes lentejuelas rojas y la suave respiración de la joven le acariciaba el pecho.

—¿Por qué quieres hacerlo con alguien a quien no respetas?

A Brittany se le cerraron los ojos cuando ella inclinó la cabeza y le acarició el cuello con los labios.

—¿Por qué no dejas que sea yo quien se preocupe de eso?

—Me consideras una ladrona.

—Bueno, he estado dándole vueltas a ese asunto.

Brittany ladeó la cabeza, y otra punzada de culpabilidad golpeó a Santana cuando vio que los ojos azules de su esposa brillaban con deleite y su boca suave se curvaba en una sonrisa tonta.

—¡Me crees! ¡Sabes que no fui yo quien robó el dinero!

No había dicho eso. Pero ya no estaba enfadada. Aunque no podía perdonarle lo que había hecho, entendía lo que era la desesperación y no quería seguir juzgándola.

—Creo que eres endemoniadamente sexy—le rozó el labio inferior con el pulgar y lo encontró húmedo bajo su caricia—Voy mensualmente hacerme revisiones y como ya te dije estoy sana. También tengo una clínica de confianza que voy para cerciorarme que los resultados son correctos, y en la cual tengo mis óvulos congelados, por si quieres confirmar lo que digo. ¿Tú te realizas exámenes?

Los ojos de Brittany llamearon.

—Sí. Yo también me tengo una doctora de mi confianza y me hago las pruebas ahí, pero...

—Bien—movió la cabeza y cubrió los labios de la rubia con los suyos.

Las dos se estremecieron.

¡Santo Dios, qué dulces eran!

Brittany debía de haberse comido una de las ciruelas maduras que había en una bolsa sobre el mostrador, porque ella podía saborear la fruta en su boca.

La rubia entreabrió los labios, pero el movimiento fue titubeante, como si aún no hubiera tomado una decisión. A ella le resultó muy excitante esa aceptación tímida e insegura.

En ese momento decidió que no le daría más tiempo para pensar, y la estrechó contra su cuerpo.

Fuera del pequeño mundo de la caravana, comenzaron a caer las primeras gotas de lluvia, que golpearon el techo metálico con un ligero y agradable repiqueteo.

El sonido era hipnótico y tranquilizador.

El ruido de la lluvia las aislaba, las apañaba del resto del universo y las llevaba a un lugar íntimo y acogedor.


*****


Brittany suspiró contra los gentiles y pacientes labios de su esposa.

La medalla esmaltada que colgaba del cuello de Santana se rozaba contra ella y, cuando la morena le pasó la punta de la lengua por la sensible superficie interior del labio inferior, una oleada de calor le atravesó las venas.

En ese momento todos sus principios morales se evaporaron, y cualquier idea que hubiera tenido de rechazarla se esfumó.

Ella había deseado eso desde el principio y ya no podía reprimir la fuerza que la impulsaba hacia la morena.

Se rindió y separó los labios, dejándole entrar.

Santana se tomó su tiempo y, cuando le invadió la boca, el beso fue completamente arrebatador.

Brittany respondió con fervor y la morena le permitió indagar todo lo que quiso.

Ella introdujo la lengua entre los labios de Santana, besando las comisuras de esa boca, explorando el interior una y otra vez. Rodeó los hombros de su esposa con los brazos y se movió para mordisquearle la oreja. Le dejó la marca de los dientes en la curva de la mandíbula antes de regresar de nuevo a su boca.

Entraba y salía.

Se retiraba e indagaba.

Y dentro otra vez.

Brittany se sentía cada vez más excitada, una excitación alimentada por la respiración entrecortada de Santana y por la sensación que le provocaban sus manos, estrechándola con fuerza: una en la cintura, otra magreándole las nalgas.

Cómo podía haber tenido miedo de la morena?

La imagen de los látigos guardados bajo la cama apareció en su mente, pero ella la ignoró.

Santana no le haría daño. No podría.

Brittany lamió el dulce camino entre el cuello y el pecho de su esposa y hurgó con la punta de la lengua entre los pechos.

La respiración de Santana era ahora más rápida y, cuando habló, su voz sonó ronca.

—Si es así como besas, ángel, no quiero ni pensar en cómo...—gimió cuando ella movió la copa del sujetador y encontró el pezón.

Brittany le subió los brazos al cuello y uno de los dedos se le quedó atrapado en la cadena de oro que sostenía la medalla esmaltada.

Esos besos ardientes y esas caricias tentadoras eran tan deliciosos que no tenía suficiente.

El cuerpo de Santana era ahora suyo para explorarlo a placer, y ella ansiaba conocer cada centímetro de la morena.

—Quiero quitarte la ropa—susurró.

Santana le hundió los dedos en el pelo. Ella alargó el brazo hacia el broche del sujetador, pero la morena le atrapó la mano.

—No tan rápido, cariño. Primero enséñame tú algo.

—¿Qué quieres ver?

—Lo que tú quieras.

—Con este maillot no dejo nada a la imaginación

—Aun así quiero verte más de cerca.

Brittany sabía que el sexo podía ser excitante, pero no había esperado el sensual tono provocador en la voz di Santana.

De repente pensó que quizá debería decirle que era virgen, pero entonces la morena creería que era un bicho raro.

Y lo cierto es que Santana nunca lo sabría si ella no se lo decía. Al contrario de lo que decían los libros románticos, los frágiles hímenes no sobrevivían a veintiséis años de exámenes médicos y ejercicio físico.

Echando la cabeza hacia atrás, Brittany observó cómo Santana se la comía con los ojos y, mientras permanecía delante de ella, sólo cubierta por el maillot, encontró que la idea de jugar a ser una experimentada mujer fatal era demasiado excitante para ignorarla.

Había leído montones de libros al respecto, pero ¿sería capaz de conseguirlo?

¿Qué podía hacer para provocarla aún más?

Le dio la espalda, intentando ganar tiempo para pensar, y entonces vio que las cortinas azules que colgaban en la ventana de la cocina no estaban cerradas del todo.

Dudaba que alguien se paseara por ahí fuera con ese tiempo, pero por si acaso se apresuró a cerrarlas.

Apoyando una mano en el mostrador, se estiró por encima para alcanzar la cortina.

Oyó un sonido ahogado, casi como un gemido.

—Una buena elección, cariño.

No supo de qué estaba hablando Santana hasta que la sintió detrás, acariciándole las nalgas. Le amasó la carne por encima de las mallas de red en forma de diamante.

A Brittany se le tensaron los pezones y su piel comenzó a arder de una manera extraña.

Comenzó a sentirse nerviosa.

No importaba lo que había querido que pensara la morena, ni siquiera sabía hacer el amor de la manera básica, así que mucho menos podía probar a hacerlo de forma exótica.

Santana le deslizó un dedo bajo la tira de lentejuelas y le dibujó la hendidura entre las nalgas. Brittany se mordió los labios para no gritar de placer.

El dedo se deslizó más abajo.

Incapaz de resistirlo más, Brittany se enderezó y se giró hacia los brazos de Santana.

—Quiero volver a besarte.

Santana gimió.

—Tus besos son más de lo que puedo manejar ahora mismo—y se quitó el sujetador.

Ella se quedó mirándola fijamente y sintió que se le secaba la boca.

—S-sigo queriendo besarte.

—Hagamos un trato. Ábrete el corchete del maillot y nos besaremos todo lo que quieras.

Brittany levantó la vista a regañadientes y llevó los brazos a la espalda para hacer lo que le pedía.

Cuando terminó, el corpiño comenzó a caer, pero ella lo sostuvo contra sus pechos.

Santana movió la cabeza y la besó al tiempo que le agarraba las muñecas y se las apañaba del pecho. Mientras el indagaba con la lengua en su boca, el maillot se le bajó hasta la cintura.

Santana la empujó contra la pared, al lado de la mesa, le levantó las muñecas y se las sujetó a ambos lados de la cabeza.

—No es justo—susurró ella contra sus labios mientras la apretaba contra la pared—Eres más fuerte que yo.

—Ahora es mi turno—respondió Santana con un susurro.

Y lo fue.

Manteniéndole las muñecas inmovilizadas, Santana usó la boca para excitarla. Le mordisqueó la oreja y el cuello. Le recorrió con rapidez la clavícula y la base de la garganta. Y luego se echó hacia atrás para poder mirarla de arriba abajo.

Aquella posición hacía que los pechos de Brittany quedaran elevados y jugueteó con uno y luego con el otro, haciendo que le ardiesen con tal ferocidad que ella apenas podía soportarlo.

—Para—le dijo la joven sin aliento—Suéltame.

La soltó de inmediato las muñecas.

—¿Te hago daño?

—No, pero vas muy rápido.

—¿Muy rápido?—la miró con una sonrisa torcida—¿Estás criticando mi técnica?

—Oh, no. Tu técnica es maravillosa—repuso con rapidez, en tono serio y ansioso, y la morena sonrió.

Avergonzada, Brittany evitó mirarla a los ojos y clavó la vista en su boca. Luego se dio cuenta de que si iba a hacer el amor con esa morena feroz y orgullosa, tenía que ser tan fuerte como ella.

Levantó la cabeza y le sostuvo la mirada.

—No quiero que seas tú quien lleve la voz cantante. No ahora. Quizá después, pero aún no.

—¿Me estás diciendo que quieres mandar un rato?

Ella asintió con la cabeza.

Puede que estuviera nerviosa, pero nada iba a impedir que explorara los maravillosos misterios ocultos bajo la bragas.

—Sólo te pongo una condición, ángel—enganchó un dedo en el maillot que se enredaba en la cintura de la joven—Quítatelo todo excepto las medias.

Brittany tragó saliva.

No llevaba bragas debajo de las medias. Éstas consistían en una red que la cubría desde la cintura a los dedos de los pies, y que no tapaban absolutamente nada.

Santana arqueó una ceja después de retarla, luego la soltó y se sentó a los pies de la cama.

—Y quiero ver cómo te desnudas.

Eso era demasiado.

Brittany se aclaró la garganta y le habló con toda la despreocupación que pudo fingir.

—¿Quieres decir aquí mismo? ¿Con luz y todo?

—Así es. Desnúdate y hazlo despacio.

La joven se armó de valor decidida a mantenerse a su altura.

—¿Luego te quitarás la tus bragas?

—Cada cosa a su tiempo.

Brittany se deslizó lentamente el maillot por las caderas, inclinándose hacia delante mientras lo bajaba para cubrir su desnudez ante la morena.

El maillot se le deslizó a los tobillos. Lo apartó con el pie, examinó la desgastada alfombra y escuchó el ligero repiqueteo de la lluvia sobre el techo de la caravana.

—Oh, no, así no—se rio entre dientes—Yérguete. Y olvídate del maillot.

La ronca voz de Santana hizo que se estremeciera. Le temblaron las manos cuando acató su orden.

—Eres muy hermosa—susurró Santana cuando se exhibió ante ella, desnuda salvo por las negras medias de red que realzaban, más que ocultaban, la parte inferior de su cuerpo.

Brittany decidió que ya le había dado tiempo más que suficiente para mirarla.

—Tiéndete en la cama—le dijo ella en voz baja.

Santana vaciló sólo un momento antes de acostarse como le decía, apoyándose en los codos.

—¿Así?

—Ah, no. De eso nada; túmbate por completo.

Para deleite de Brittany, la morena hizo lo que le pedía. Santana recostó la cabeza en dos almohadas apiladas para no perderse nada.

Ella se mordisqueó los labios. No estaba completamente segura de poder conseguirlo, pero sí decidida a intentarlo.

—Ahora levanta las manos hasta tocar la pared. Y no se te ocurra moverlas.

Santana le dirigió una perezosa sonrisa que hizo que se le derritieran los huesos.

—¿Estás segura?

—Muy segura.

Santana colocó los brazos como ella quería, haciéndola sentir muy orgullosa de sí misma.

Se acercó a la cama.

Santana le recorrió los pechos y el vientre con una mirada ardiente, haciéndola ser consciente de que estaba casi desnuda, como la morena.

Cuando se acercó a Santana, cada célula del cuerpo de Brittany bullía de excitación y anticipación. Por un momento la imagen de los látigos guardados bajo la cama irrumpió en su mente, pero la ahuyentó.

Miró los brazos extendidos de Santana en aquella falsa pose de esclavitud.

Era su cautiva.

Si se quedaba de esa manera, cada parte de aquel cuerpo sería suya, para explorarlo a voluntad, incluyendo los imponentes montículos morenos y eso duros pezones, y de lo que estaba debajo de las bragas.

Apartó los ojos de ahí y se arrodilló en el borde de la cama.

—Recuérdalo—susurró ella—No apartes las manos en la pared. No las muevas.

—Si separas un poquito las piernas, cariño, seré tan colaboradora como quieras.

Brittany decidió que era un trato justo, y separó los muslos. Santana se recreó en lo que quedaba ahora a la vista. Tensó el brazo derecho, como si fuera a moverlo, pero luego se relajó.

Brittany inclinó la cabeza y comenzó a saborearle de nuevo, mordisqueando cada centímetro de sus pezones, pechos y siguió bajando.

La piel, firme y tensa, delineaba cada músculo.

Le deslizó las manos por sus pechos, disfrutando de la textura de sus duros pezones.

No pudo resistirse a los pezones oscuros y las capturó con los labios, haciendo que Santana se contorsionara debajo de ella.

Extendiendo una mano, Brittany le agarró el bíceps y se lo apretó. Después deslizó los dedos hacia abajo, buscando su axila.

Cuando se demoró ahí, a Santana se le puso la piel de gallina y soltó un profundo gemido entrecortado. Ella levantó la cabeza lentamente y la miró a los ojos.

—Voy a quitarte las bragas.

—¿Ahora?

El crudo deseo en la mirada de Santana le recordó que estaba jugando con fuego. Pero no pensaba retroceder; bajó las manos a las bragas. Las fue deshizo por sus caderas, muslos hasta que se las caso por los pies.

—Oh...

Era magnífica.

Alargó la mano y la tocó tímidamente con la punta del dedo. Santana dio un brinco y ella apartó la mano.

La mirada de Brittany voló hacia la cara de Santana; la mueca que esbozaba parecía reflejar dolor.

—¿Te he hecho daño?

—Tienes sesenta segundos—graznó—, Después moveré los brazos.

Un estremecimiento de placer atravesó como un relámpago el cuerpo de Brittany al darse cuenta de lo que pasaba.

—No lo harás hasta que te dé permiso—le dijo con severidad.

—Cincuenta segundos—repuso.

Brittany se apresuró a acariciarla otra vez, dejando que las indagadoras puntas de sus dedos vagaran por todas partes, acariciándolo aquí y allá.

Deslizó la mano por los muslos separados de Santana y buscó más sitios donde tocarla.

—Veinte segundos—gimió Santana.

—No cuentes tan rápido.

Santana se rio entre dientes al tiempo que gemía, haciéndola sonreír. Pero la sonrisa de Brittany se desvaneció con rapidez.

Después de tantos años de abstinencia, ¿cómo lograría su cuerpo resistir?

Cuando masajeo su clítoris, se le ocurrió que quizá sus partes privadas se habían atrofiado por falta de uso.

Brittany la acarició.

—¡Se acabó el tiempo!

Sin previo aviso, se encontró de espaldas sobre la cama bajo el cuerpo de Santana.

—Es hora de que recibas un poco de tu propia medicina. Ponte en la misma postura que yo.

—¿Cómo dices?

—Las manos contra la pared.

Brittany tragó saliva y pensó en los látigos. Quizás eso de jugar a mujer fatal se le había dado demasiado bien.

Santana la estaba creyendo mucho más experimentada de lo que era en realidad.

—¿San?

—No quiero que hables, sino que obedezcas mis órdenes.

Lentamente Brittany levantó los brazos por encima de la almohada.

—Te he dicho que apoyes las manos contra la pared.

Hizo lo que le ordenaba y se sintió indefensa y excitada. Cuando sus nudillos rozaron el cabecero de la cama, Brittany estaba confundida por la inquietante mezcla de desasosiego y profundo deseo sexual.

Quería rogarle que fuera suave con ella pero, a la vez, quería que la poseyera con todas sus fuerzas.

Permaneció cautiva bajo la mirada de Santana. El hecho de que no la hubiera atado de verdad no hacía que su cautiverio fuera menos real.

Santana era más fuerte que ella, más poderosa, podía hacerle lo que quisiera, estuviera Brittany de acuerdo o no.

El deseo de la joven se incrementó todavía más cuando la morena le pasó la yema del dedo por el estómago, de un lado a otro de la cinturilla de las medias de red, hasta que Brittany quiso gritar.

Santana siguió bajando hasta rozar los rizos claros.

—Separa las piernas, cariño.

Ella lo hizo, pero al parecer Santana no quedó satisfecha con su acción porque le agarró los muslos y se los separó todavía más.

Las medias no suponían ninguna barrera para la morena, y Brittany se sintió demasiado expuesta, demasiado vulnerable. Apartó las manos de la pared.

—Ni se te ocurra—susurró Santana, deslizándole los dedos sobre la parte de su cuerpo que ella había revelado.

Brittany gimió y permaneció inmóvil mientras la morena separaba sus húmedos pliegues con los pulgares por debajo de la trama en forma de diamante.

Entonces Santana inclinó la cabeza. La joven gritó y apretó los puños contra la pared cuando la acarició con la boca, lamiéndola a través de la red. Un ronco murmullo de placer escapó de la garganta de Brittany.

Sintió cómo la morena tensaba la red sobre ella, apretando profundamente las hebras contra su suavidad.

Santana le separó más las rodillas con los hombros y le ahuecó los pechos con las palmas de las manos mientras la acariciaba con los labios.

La lluvia tamborileaba en el vientre de metal que los cobijaba y el propio vientre de Brittany se estremeció en respuesta a lo que le estaba ocurriendo.

Estaba perdida en un torbellino de sensaciones cuando sintió en las manos la vibración de un trueno a través de la pared que retumbó en cada nervio de su cuerpo.

Brittany arqueó la espalda y se entregó a un clímax destructivo.

Santana la sostuvo mientras se estremecía.

Sólo cuando se recuperó sintió que la morena le tiraba con fuerza de las piernas. Brittany no comprendió lo que su esposa estaba haciendo hasta que se acomodó sobre ella y luego bajo una mono hasta su sexo y experimentó esa penetración tan largamente esperada en la entrada de su cuerpo.

—Me has roto las medias —murmuró Brittany, deslizándole los brazos alrededor de los hombros y recreándose en la sensación de ese cuerpo apretándola contra el colchón.

Santana le rozó la sien con los labios.

—Te compraré un nuevo par. Te lo juro—y embistió con suavidad.

Y no consiguió nada.

Ella se puso rígida. Sus peores temores se estaban haciendo realidad. Su cuerpo se había atrofiado por tantos años sin usar.

Santana se retiró un poco y le sonrió, pero ella podía sentir la tensión de su cuerpo y notaba lo cercana que estaba de perder el control.

—Pensé que estabas lista, pero imagino que no es suficiente—cambió de posición sobre ella y comenzó a acariciarla.

La voz de Santana pareció llegar de muy lejos.

—Eres muy estrecha, cariño. Ha pasado mucho tiempo para ti, ¿no?

Ella le hundió las uñas en los hombros.

—Sí... puede ser...—la joven soltó un jadeo cuando las nuevas sensaciones crecieron vertiginosamente en ni interior—Que esté un poco cerrada.

Santana gimió y se volvió a colocar sobre ella.

—Volvamos a intentarlo—dicho eso intentó penetrarla otra vez.

Brittany gritó y se arqueó sin saber si quería apartarse o acercarse más a la morena.

Su cuerpo se abrió suavemente con un ardiente dolor.

Con la mano libre Santana la sujetó por las nalgas y con la otra con dos dedos la penetró profundamente al tiempo que le cubría la boca con la suya, devorándola.

Su posesión era rápida e intensa, pero la tensión que ella sentía en la morena le decía que Santana seguía controlándose.

No supo por qué hasta que escuchó su murmullo.

—Deja de contenerte, cariño. Deja de contenerte.

Brittany supo en ese momento que la morena la estaba esperando y esas palabras suaves la hicieron llegar otra vez al clímax.

Cuando volvió en sí, la piel de Santana estaba húmeda y su cuerpo tenso de deseo bajo las manos de Brittany. Pero era una amante fuerte y generosa.

—Otra vez, cariño. Otra vez.

—No, yo...

—¡Sí!—con firmeza, la condujo de nuevo al éxtasis.

Fuera de la caravana retumbó un trueno y, dentro, ella hizo lo que le pedía.

Y, esta vez, Santana la siguió.

El tiempo transcurrió mientras yacían inmóviles, con los cuerpos entrelazados, con los dedos de la morena todavía enterrados en su interior.

Brittany no lo olvidaría jamás.

A pesar de todas las cosas horribles que la habían conducido a ese momento, no podía haber tenido una iniciación más maravillosa, y siempre le estaría agradecida a Santana por ello.

Apretó los labios contra el pecho de su esposa mientras le acariciaba con las palmas de las manos.

Después de tanto tiempo, por fin había pasado.

—Ya no soy virgen.

Brittany sintió que Santana se ponía rígida debajo de sus manos. Sólo entonces se percató de que había dicho su secreto en voz alta.




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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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