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[Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

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Finalizado [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Dom Nov 26, 2017 12:40 pm

Sinopsis.

—¿Cuán duro puedes tomarlo? 

Brittany

Fue descarada como el infierno desde el momento en que puse los ojos en ella. Era agresiva y dominante, con los brazos duros, y una voz de alborotadora de bar. Era demasiado guapa para su propio bien, con una mandíbula perfecta, y los ojos duros.

Siempre llevé una vida bastante tranquila, pero podía decir a simple vista que esta mujer era peligrosa. Por muchas razones.

La más importante era el aura de sexo bruto, sucio, y duro que irradiaba.
Pensaba que sabía cómo manejar todo tipo de personas, pero esta me dejó desconcertada.

Decir que no era mi tipo era ponerlo a la ligera. Pero no podía decirle eso a mi líbido. Ni siquiera cuando me enteré de la verdad.

Mi amante me había mentido desde el principio.
Nada acerca de nuestra reunión fue una coincidencia.


Capítulo 1

Brittany

Sentí uno ojos en mí a través de toda la tienda de comestibles. Tenía buenos instintos, así que cuando me di la vuelta y no vi a nadie, me sorprendió. Era un viaje rápido, principalmente para conseguir productos frescos y carne, así que entré y salí rápidamente, mi mente en Dair.

Él era caliente. Alto, con un cuerpo de infarto. Brazos enormes, pecho duro como una roca. Y el resto era hermoso, el pelo castaño y ojos amables que siempre me hacían sentir como si estuviera con un viejo amigo.

Caliente, exitoso, y además, era demasiado fácil hablar con él. Me encontraba derramando mis entrañas prácticamente cada vez que pasamos tiempo juntos.

Aun así, parecía destinado a permanecer en la zona de los amigos, aunque no podía decir por qué.

Recogí mis alimentos orgánicos, acelga, espinaca, col rizada, tomates, calabacines, cebollas, puerros, mi comida habitual, sin nada específico en mente. Era una adicta a las verduras, por lo que encontraría algo que combinara con todo esto, y los haría comerlo a mis hijos cuando vinieran a cenar. Cocinar sano y alimentarlos era una compulsión para mí en este momento.
Eran grandes deportistas y rara vez se quejaban. Eran tan buenos chicos. Mi orgullo y alegría.

Mi divorcio fue feo, pero también lo fue mi matrimonio, y un año más tarde me encontraba en un lugar extraño. Me encantaba mi trabajo, mis hijos crecían y prosperaban, y estaba disfrutando de la vida más de lo que podía recordar. No había mucho romance en mi vida, pero no hubo mucho, incluso  cuando estuve casada, por lo que todavía se sentía como un claro giro para mejor.

Tal vez era una de esas mujeres que simplemente se encontraban mejor solas. Ciertamente, era más feliz.

Recogí un poco de pollo orgánico fresco y un poco de carne de vaca alimentada con pasto, suficiente para una delgada mujer y dos hombres grandes. Todavía cocinaba porciones de tamaño familiar, porque mis hijos a menudo se presentaban para la cena. Tenía la esperanza de que no fuera a cambiar. Eran tan buenos conmigo. Tan ocupados como estaban, siempre  se hacían tiempo para visitar a su madre. No podía pedir más.

Me encontraba en la cola de la caja y acababa de terminar de acumular mis artículos sobre la cinta cuando sentí unos ojos tan intensamente en mí que tuve que volver a intentarlo.

Miré detrás de mí y mis ojos se encontraron con unos marrones helados.Rápidamente desvié la mirada. El contacto visual fue incómodamente intenso. Esperé un latido, luego miré de nuevo, suponiendo que la mujer morena habría terminado de mirarme en ese momento.

No lo hizo, mirándome con los ojos aún más descarados.

Mis ojos se volvieron de nuevo, ya había tenido suficiente con una mirada, con mi ojo de fotógrafo, para hacer un inventario.

Medio alta, cabello castaño, moreno, tenia un aura de poder a su alrededor. Camiseta gris, pantalones vaqueros de color gris oscuro. Mandíbula dura, y los ojos aún más duros. Demasiado caliente.

Podía tener veinte o treinta por su cara. La línea de su dura mandíbula y sus ojos chocolate conocedores hacían imposible decirlo.

Al instante la quería fotografiar. Si no era un modelo, debería serlo. Había  mucho carácter en su rostro. Y mucho que leer en su expresión dura.

Agresiva y un toque de algo más. Algo parecido a hostil, aunque no podía imaginar que iba dirigido a mí. Sólo una mujer inquieta que odiaba estar parad a en línea esperando cinco minutos, me di cuenta.

Miré furtivamente a su único artículo sobre la cinta, mis ojos sacando fotos, ruborizándome cuando vi que era un paquete de condones magnum.

Bueno, mierda.

¿Por qué me atrae?

No debería.

La tipa probablemente era un jugadora y tendría relaciones sexuales con lo que supuse sería una mujer al azar. Las mujeres intensamente guapas comprando condones por lo general lo eran. Teniendo en cuenta que tiene que lidiar con lo que hay en sus pantalones. Dile eso a mí libido.

Estábamos esperando por siempre que una señora vieja hippie contara el cambio exacto, y no duró mucho antes que lo registrara de nuevo. Esta vez mis ojos se posaron debajo de su cinturón, lo magnum haciendo imposible no ser curiosa.

Me sonrojé al mirarla,de nuevo. Los vaqueros no eran apretados, pero mostraba lo suficiente su protuberancia para avergonzarme.

¿Que estaba mal conmigo? No me encendía por extraños. Incluso la idea era ridícula. Necesitaba más que una mirada para considerar siquiera tener intimidad con una mujer.

Finalmente pagué por mis cosas y las llevé hacia mi coche. Me encontraba casi allí cuando el sonido de algo golpeando sobre el pavimento me sorprendió. Parpadeé hacia la morena desconocida, que al parecer me estuvo siguiendo de cerca, y luego eché un vistazo al tomate que caía de una de mi bolsa al suelo.

Levanté la bolsa, mi mirada centrándose en el agujero prolijo en la esquina. Parecía que había sido cortado intencionalmente, pero eso era imposible.

—Déjame llevarla por ti, antes que otra cosa se caiga —dijo una voz profunda.
Miré a la desconocida.

Ofrecía hacer algo agradable y educado, pero su tono no era ni remotamente amable. Era extraño.

—No, está bien —le dije con un movimiento de cabeza, equilibrando mis dos bolsas en un brazo, y agachándome para recoger el tomate, y luego enderezándome cuando vi que era claramente inservible. Se encontraba arruinado.

Mi cabello cayó sobre un ojo cuando me agaché, y sin perder el ritmo, descarada, la desconocida alargó una mano y acarició mi cara, y permití que siga allí, en mi pelo, audaz.

Me quedé mirándola, un poco sorprendida. No podía recordar haber conocido una extraña tan agresiva. Su boca conformó la sombra más elemental de una sonrisa mientras agarraba un puñado de pelo en mi nuca, desplazando su cuerpo cerca.
No dijo una palabra, pero a medida que sus ojos se movieron sobre mi pelo, sentí y supe que claramente lo admiraba. No tuvo que decir una palabra. Sus ojos eran el cumplido.

—Insisto —dijo finalmente, sosteniendo ambas bolsas de mis brazos antes   de que pudiera protestar. Acomodó su caja de condones descaradamente (no estaban en una bolsa), acomodando mis bolsas. 

Mi mandíbula floja se cerró, y me volví sobre mis talones, en dirección al coche. Pensaba que sabía cómo manejar todo tipo de personas, pero esta me dejó desconcertada.

La dejaría cargar mis bolsas al auto y amablemente la despediría. En lo que a mí respecta, era lo más fácil y mejor. Abrí mi baúl, entonces ella y sus duros brazos sexys, colocaron ambas bolsas en el coche.

Se enderezó y se acercó a mí. Dejó que sus ojos se extienden sobre mí, de arriba a abajo, y la miré, sin habla por su audacia sin complejos.

Esta mujer tenía un extraño efecto en mí. Realmente necesitaba conseguir manejarlo. Por último, una vez más me observó, deteniéndose en mi escote. 

Me vestí con un sexy vestido blanco que se encontraba destinado a un hombre, que no era un extraño, pero esta mujer parecía apreciarlo mucho más.

Ciertamente Dair nunca habría admirado mis pechos tan abiertamente.

Mi pecho se hinchó sorprendido cuando extendió una mano acariciando ligeramente mi cuello. Era amplio e iba desde mi garganta, convergiendo en mi escote.

—Eres una mujer muy hermosa —su voz era grave, mientras flexionaba los brazos cruzados, como si estuviera hablando consigo misma más que conmigo. Sus ojos volvieron a los míos mientras se dirigía a mí  directamente—: Pero lo sabes, ¿verdad?

Negué con la cabeza, pérdida.

—Soy Santana —me dijo, como si todo esto fuera perfectamente normal—. ¿Y tú?
—Brittany—dije sin aliento.

Su toque era ligero pero muy deliberado mientras dejaba que sus nudillos acariciaran directamente sobre mi pezón. Se hinchó y se endureció al instante, como si estuviera tratando de regresar su tacto, con o sin mi consentimiento.

Con el fantasma de una sonrisa, retiró su mano y dio un paso atrás.
—Nos vemos —dijo, inclinando un sombrero imaginario hacia mí.

Sin decir una palabra, se dio la vuelta y se alejó.

La vi alejarse, fascinada con su manera de moverse, rápida y con un propósito, con total confianza.

Y eso fue todo.

O debería haberlo sido. Si las cosas fueran normales y la vida todavía estuviese bien, lo habría sido.

Pero algo cambió, y no era un cambio sutil.

Capté la atención de una mujer que no jugaba con ninguna de las reglas normales, y mi vida estaba a punto de volverse muy interesante.


Última edición por Tati.94 el Lun Nov 27, 2017 10:24 pm, editado 1 vez
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Dom Nov 26, 2017 12:43 pm

Hola. Les traje esta historia que me gusto mucho, tenganme paciencia, hago todo desde mi tablet y tardo un poco mas de lo normal. Tratare de no demorar en subir los caps. En lo posible subire un cap todos los dias. Diganme si les gusto, si la letra esta bien asi o si vieron algun error por ahi.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por micky morales el Lun Nov 27, 2017 6:39 am

Hola, esta muy buena, aqui estare!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por 3:) el Mar Nov 28, 2017 11:22 am

Holap....
Se ve interesante la historia!!
A ver si ahí un segundo encuentro jaja
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Finalizado Brittana: La otra. Cap 2

Mensaje por Tati.94 el Mar Nov 28, 2017 12:17 pm

Capítulo 2

Me encontraba en el parque para perros a la mañana siguiente. Se encontraba a una distancia corta de quince minutos de mi casa. Dejaba que mi Gran Danés, Tato, corriera por el parque. Este era un ritual diario, incluso en el peor de los casos de calor en Las Vegas. Mi gran perro bestia necesita ejercicio.
Tiré la pelota de tenis baboseada por Tato en lo que debía ser por enésima vez, y se alejó dando grandes pasos.
—Buen día Brittany—dijo una voz profunda detrás de mí.

Di un salto y me puse de pie. Conocía la voz, pero ¿qué demonios?
Me di la vuelta, dejando que mi cara muestre cuán perturbada me encontraba por la presencia inesperada.
No llevaba nada de maquillaje, y mi pelo caía pesado en una trenza gruesa, desordenada que me encontraba segura no me hacía lucir mi mejor aspecto, por no hablar de que llevaba un sueter holgado.
Sí, mi primer pensamiento fue como lucía. Por supuesto que lo fue. Este tipa era el sexo personificado.
—¿Qué haces aquí? —pregunté, mi tono rozando lo hostil.

Ella sonrió; la primera sonrisa completa que le vi. A ella le gustaba mi hostilidad. Retorcido. Señaló la remera y zapatillas de correr que llevaba puestas.
—Corría. Imagina mi sorpresa cuando te vi. Bonito perro.

Tenía sentido. La tienda donde lo conocí era bastante cercana. 
Debe vivir cerca, decidí. Pero para estar segura...

—¿Vives por aquí?

—No está demasiado lejos — dijo, y no dio más detalles.

Tato volvió con su pelota de tenis babosa, y la tiré de nuevo.

—¿Cuál es el nombre de tu perro?

—Tato. —Atraje su mirada—. Abreviación de Potato (patata). Mis hijos lo nombraron.

—¿Cuántos niños tienes?

—Dos. Bueno, no son niños. Ahora son hombres adultos, pero mi hijo menor tenía doce años cuando llego Tato, y le puso el nombre.
—¿Ambos niños?

—Sí.

—¿Qué edad tienen ahora?

—Veintiún y dieciocho años.

Incluso su rostro estoico no pudo ocultar su sorpresa.

—¿Los tuviste cuando tenías doce años?

Me reí, halagada y un toque disgustada, aunque me decían esto mucho.

—No. Tuve a mi hijo mayor a los veinte. Tengo cuarenta y uno.

Me reí de nuevo cuando vi sus ojos abrirse.

—¿Qué, crees que coqueteabas con alguien más cerca de tu edad?

Algo en su expresión cambió, algo preocupante que hizo que sus fosas nasales se dilataran.

—Nunca pensé en ello.

Lo alejé.

—No te preocupes. No soy un puma.

—Oh, confía en mí, no estoy preocupada. Déjame acompañarte a casa.

¿Qué significaba eso? ¿Y qué loca sería si permito a esta mujer extraña acompañarme a casa?
—No te conozco tan bien —le dije con cautela.

—Conóceme. Déjame acompañarte a casa, haz una taza de café, y charlaremos. Soy inofensiva. —Sonrió ilustrando claramente que podría ser la persona menos inofensiva que conocía.
¿Por qué esa sonrisa me mojaba?

—No eres inofensiva —señalé con ironía.

—Para ti, lo soy. Y mira, Tato piensa que estoy bien.

Mientras hablaba, mi perro traidor empujaba la mano de Santana con su nariz.
Observé por un minuto mientras estaba agachada, acariciando a mi perro hasta que lo tuvo en su espalda, completamente sumiso.
Fue entonces cuando decidí dejarla acompañarme a casa. ¿Por qué no?
¿Era peligroso? Sí. Pero mi cuerpo de repente se sentía punzar, con un hormigueo entre mis muslos, mis pechos doloridos, tal vez necesitaba un toque de peligro en mi vida.
Hacía tanto tiempo que no sentía deseo de esta manera. No era algo a lo que quisiera hacer caso omiso. Era algo que quería explorar. A fondo.
Le puse a Tato su correa y empecé a caminar fuera del parque.

Santana tomó mi brazo como si fuera la cosa más natural del mundo.
No se sentía natural. Sin embargo, se sentía bien.

Me encontré apoyándome en ella. Incluso con ese pequeño contacto, la parte posterior de mi brazo contra su pecho, me di cuenta de que se sentía increíble, tan duro y cálido.
Me casé joven y nunca en mi vida consideré tener una aventura de una noche. Eso pareció de repente como un descuido. Tal vez necesitaba hacerlo una vez, sólo para probarlo. Y Santana era una mujer que parecía más que capaz de hacer que valga la pena. Sexo áspero, y sucio irradiaba de ella.
Y no olvidaba ni siquiera por una milésima de segundo esos condones magnum.
—No hagas que me arrepienta de esto —dije en voz baja, robando una mirada a su rostro.
Su boca se curvó hacia arriba. Estaba aprendiendo cosas sobre ella, y una era que nunca sonreía con sus ojos. Se quedaban fríos, siempre. Debería estar preocupada por eso.
—No lo harás —me aseguró, con voz tranquila y constante—. Y no lo olvidarás, tampoco.
Tomé una respiración profunda, mirando hacia delante, parpadeando rápidamente. Era arrogante. ¿Por qué que me atraía tanto?
—¿Qué haces para ganarte la vida? —pregunté, pensando que debía saber algo de ella.
—Trabajo en seguridad.

Eso podría significar cualquier cosa, de verdad.

—¿Puedes ser más específica? —presioné.

—No particularmente.

Bueno, eso fue al grano.

—¿Qué haces para ganarte la vida? —replicó.

—Soy una fotógrafa.

—¿Puedes ser más específica? —Casi sonreí.

—En concreto, fotografío todo. Personas, lugares, cosas. Soy independiente, y trabajo básicamente con lo que me llama la atención.
—Se  podría  decir  que   soy  independiente,  también.  ¿Ves  cuánto tenemos en común?
No era así. Aún así, no me daban ganas de dar la vuelta. O si lo hacía, el fuego lento que se encendió bajo en mi vientre lo eclipsaba por completo, haciendo que me quedara con ella. Con suerte este repentino deseo extraño no explotaría en mi cara. Algo se me ocurrió.
—Tal vez deberíamos ir a tu lugar.

Parecía más prudente no hacerle saber dónde vivía.

Otra sonrisa sin sentido del humor.

—No es lo suficientemente grande para el perro. Vamos a dejarlo en tu casa primero.
Me preocupé un poco, pero decidí que no importaba. Además, no parecía el  tipo de persona por la que tenías que preocuparte de no volver a ver de nuevo, todo lo contrario, parecía la clase de la que no podías mantenerte alejado.
—¿Cuánto tiempo ha vivido en Las Vegas? —pregunté, todavía buscando algo en común.
—No tanto. ¿Tú?

—Siempre he viajado mucho por trabajo, pero tengo una casa aquí hace más de una década. Sólo empecé a quedarme aquí a tiempo completo el último año, sin embargo. Tomé un descanso de los viajes, pero no va a durar para siempre.
Balbuceaba. ¿Por qué le decía tanto? Estaba claro que no correspondería, y probablemente no le importaba nada de lo que decía.
—¿Por qué tomabas un descanso? —preguntó como si estuviese interesada.
Me di cuenta que estaba siendo educada, pero ya lo conocía lo suficiente como para entender que nunca era educada.
—Yo... pasé por un feo divorcio, hace más de un año, y decidí permanecer en un lugar un poco, conseguir acomodar mi cabeza.
—Las Vegas es un lugar interesante para quedarse a tratar de acomodar la cabeza.
Eso me hizo reír porque era muy cierto. Aun así, de alguna manera funcionó para mí.
—A mis hijos les gusta, y ellos disfrutan de su estancia en un solo lugar. Los llevé conmigo a todas partes cuando eran niños.
—¿Viven contigo?

—No, pero viven cerca y me visitan a menudo.

—¿Así que ahora odias viajar?

—No, creo que todavía lo amo, sólo creo que mis viajes están más organizados que yo. ¿Qué pasa contigo?
—Me gusta viajar, y he hecho una buena cantidad de viajes.

Eso fue todo, nada más. No compartía.

—¿Dónde viviste antes Vegas?

—Aquí y allá.

—¿Cuál fue tu favorito? ¿Aquí o allá?

Formó una sonrisa un poco más grande. —Aquí. Aquí. ¿Tienes algún otro animal?
Cambiando de tema.

—No. Sólo 'Tato. ¿Qué hay de ti?

—Sin mascotas. Sin niños.

Lo había imaginado. No parecía tener ningún apego en el corazón, manteniéndose sola. Volví la cabeza un poco y encontré sus ojos en mí, su mirada afilada. Era tan desconcertante, que de hecho, empecé a  cuestionarme lo que hacía. Esta no era yo. Sentí una sorprendente oleada de lujuria y dejé que temporalmente nuble mi juicio.
—Ya basta —dijo a la ligera, o tan a la ligera como pudo, con su voz dominante—. Deja de pensar tanto. Te lo dije, no te arrepentirás de esto. Puedes estar demasiado adolorida para caminar sin una cojera mañana, pero serás feliz por ello.
Un disparo embriagador y electrizante pasó a través de mí. Mis fosas nasales se dilataron y la respiración se hizo superficial.
Adivinó lo que pensaba. Eso, y todas las cosas atractivas, arrogantes que acababa de decir, me habían vuelto a poner encendida para pensar correctamente.
Una mujer que sabía leer a otra. Combinado con su cuerpo de nocaut y esos magnum, bueno, no podía evitarlo, las expectativas eran muy poco realistas.
Esto no era bueno. Había pasado demasiado tiempo para mí, y se me ocurrió que me encontraba un poco desesperada.
Extrañaba los penes. Me gustaban los penes, y esta criatura atractiva aparentemente tenía uno impresionante. La desvergonzada en mi interior  que no sabía existía quería verla. Verla, y un montón de otras cosas que se me pasaron por la cabeza muy claramente.
Más allá de mis instintos impecables y en contra de mi mejor juicio, caminé con ella, todo el camino a mi puerta.
La dejé entrar en mi casa, y merodeó el interior. La seguí, dejando a Tato sin correa.
Tato corrió directamente a la cocina, a continuación, saliendo por su enorme puerta de perro al patio trasero. Muy consciente de los ojos ardientes agujereando mi espalda, fui a la cocina, y preparé una taza de infusión de café.
Cuando me di la vuelta para mirarla, Santana estaba apoyada en mi mesada, sus brazos cruzados sobre el pecho. Ni siquiera se sentía como mi cocina con ella allí.
La mujer dominaba todo. Era dueña de cualquier espacio que ocupaba. Eso  provocó una imagen que me hizo temblar, de la cabeza a los pies.
Ella sólo me miraba, sus ojos demasiado intensos, sin siquiera un atisbo de sonrisa en la boca.
—Ven aquí —dijo, en voz baja y gutural.
Me encontraba desconcertada, pero fui. Me encontraba de pie casi lo suficientemente cerca para que nuestros pechos se tocaran cuando estiró una mano, agarró mi gruesa trenza, y comenzó a envolverla alrededor de su pesado puño. Lo hizo hasta que sus nudillos excavaban en mi cuero cabelludo y luego tiró un poco más duro.
Picaba, pero no era el tipo de dolor que quería rehuir. De ningún modo. Era el  tipo en que quería apoyarme, para explorarla al máximo, porque sabía que justo al otro lado del dolor había intenso placer.
—¿Cuán duro puedes tomarlo, Brittany? —preguntó, con su boca muy cerca de la mía.
Trataba de no jadear.

—No sé —respondí con honestidad—. ¿Por qué no me muestras lo que tienes?
Ella sonrió, y esta vez, casi alcanzó sus ojos.

—Tú lo pediste.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por JVM el Mar Nov 28, 2017 6:16 pm

Ame la historia¡ Gracias por darnos una Gp ya que es muy raro que hagan una :D
Y bueno vaya forma de conocerse... muy intenso todo, haber que tanto aguanta Britt jajaja
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Mar Nov 28, 2017 7:19 pm

JVM escribió:Ame la historia¡ Gracias por darnos una Gp ya que es muy raro que hagan una :D
Y bueno vaya forma de conocerse... muy intenso todo, haber que tanto aguanta Britt jajaja

Que bien que les este gustando! Si esta intensa y misteriosa la cosa.

 El texto no me quedo como esperaba, lo arreglo pero al publicarlo sale de esa forma no se por qué.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por micky morales el Miér Nov 29, 2017 8:00 am

gracias por la historia gp, se ve super interesante, sin mucha palabreria fueron al grano y ya!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Nov 29, 2017 12:00 pm

Adiero gracias por la historia gp;!
A lo que ahí que hacer de una... Sin tapujos jajaja
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Miér Nov 29, 2017 9:05 pm

micky morales escribió:gracias por la historia gp, se ve super interesante, sin mucha palabreria fueron al grano y ya!!!!!
Si,si. Directo al grano asi son las cosas entre las brittana!
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Miér Nov 29, 2017 9:06 pm

3:) escribió:Adiero gracias por la historia gp;!
A lo que ahí que hacer de una... Sin tapujos jajaja
De nada chicas que bien que les esta gustando! Claro. ¿Para qué esperar? Jajaj ya subo otro cap.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Miér Nov 29, 2017 9:13 pm

Capítulo 3

Pensé que iba a besarme. Quería que lo hiciera. Quería eso y más. Pero no lo hizo, no en ese momenton
En su lugar, me liberó y dio un paso atrás, señalando con la cabeza hacia la cafetera que acababa de terminar de filtrarse.
—Se muy bien que no debo interponerme entre una mujer y su cafeína de la mañana.
Sonreí con ironía, pero mientras nos preparaba a ambas una taza, mis manos temblaban tan fuerte que me pregunté si debería beberlo. Y me encontraba muy tensa para contenerme.
—¿Cómo lo tomas? —pregunté, de espaldas a ella, mi mano temblorosa sobre la crema.
Incluso antes de que me tocara, la sentí acercarse. Me estremecí cuando presionó su pecho contra mi espalda, su cuerpo plegado sobre mí hasta que sus manos se apoyaron a ambos lados de las mías, agarrando el borde de la encimera.
—Prefiero mostrártelo que decírtelo. —Su voz ronca y áspera en mi oído.
Jadeé, luego me maldije en silencio a mí misma. Esta no era yo. Las mujeres no me ponían nerviosa.
—Me refería al café —dije con malicia—.¿Crema y azúcar?
—Sólo crema —respondió—. Sin azúcar. Soy lo suficientemente dulce.
Eso forzó que saliera una carcajada dura, porque ambas sabíamos que era casi tan dulce como un pitbull.
Terminé de preparar nuestros cafés, ella presionado a mí durante todo el tiempo, su cuerpo dominaba el mío antes de que incluso me besara. Tomó su taza y se alejó. Me encontraba aliviada y decepcionada a partes iguales.
Tenía un momento difícil descifrando lo que sentía, lo que quería, en lo que a ella se refería. Sabía que esto se movía demasiado rápido, me encontraba  segura de eso, pero al mismo tiempo quería más, quería que se moviera más rápido, ir hacia adelante sin frenos.
Tomé unas cuantas respiraciones, luego me giré para mirarla, inclinándome hacia atrás para apoyar la cadera contra la encimera mientras ambas tomábamos nuestro primer trago.
—¿Cómo te sientes acerca de las restricciones? —preguntó casualmente.
Casi me atraganté con el líquido caliente bajando por mi garganta.
Por supuesto que está en lo raro, pensé, estrechando los ojos hacia ella.Cualquier mujer así de joven y bien parecida tendría algunas peculiaridades.
—¿Cómo esposas? —pregunté cuando finalmente me recuperé del ataque de tos que me causó. Su ceja arqueada justo se arqueó más, la comisura de sus labios se levantaron en lo que creía era diversión. Negué con la cabeza. —No. Lo siento, no. No te conozco tan bien.—Coloqué el café en la encimera, terminando con eso. Ya me sentía demasiado ansiosa.
Ella también dejó el suyo, y a pesar de todo, todo en lo que podía concentrarme era en cómo se movían sus músculos bajo su camiseta apretada con cada movimiento.
Se movió hacia mí poco a poco, y tuve que hacer un esfuerzo consciente por no contener la respiración.
—Bastante justo —dijo—. Trabajaremos en conocernos mejor. Pero mientras tanto... —Sus manos bajaron, agarrando mis muñecas.
Vi esas manos. Eran tan fuertes a pesar de su tamaño. Nunca me vi particularmente delicada. Era delgada y en forma, pero no muy pequeña. Pero mientras me agarraba de las muñecas, rodeándolas con los dedos, comprendí cuán delicada era comparada con ella. Cuán frágil.
Una extraña emoción me recorrió. Extraña porque no sólo era deseo lo que sentía. Mezclado ahí en alguna parte se hallaba definitivamente miedo.
¿Por qué eso sólo intensificaba el deseo? Casi no quería ni investigarlo. Sí, era perverso. Pero también era estimulante. Estimulante y mucho más.
Excitante.
Persuasivo.
Intoxicante.
Electrizante.

Tantas cosas que no sentía en mucho tiempo para nombrar, y no quería dejar pasar cualquiera de ellas. Me apretó las muñecas. No hasta el punto de dolor, pero con la presión suficiente para hacerme saber su fuerza, que era formidable.
—No usaré restricciones —dijo en voz baja—. No hasta que estés lista. Pero te inmovilizaré. ¿Puedes manejar eso?
Me encontré asintiendo nerviosamente, incluso mientras me preguntaba si realmente podía.
No sabía por qué acababa de aceptar eso, justo como no sabía por qué me encontraba a punto de tener sexo con una perfecta desconocida en medio de la mañana de un martes. Se sentía peligroso, aunque completamente necesario.
Pasó un tiempo antes de que pudiera apartar la mirada de mis manos cautivas y alzarla hacia su mirada fría.
—¿Alguna otra peculiaridad tuya de la que quieras hablarme por adelantado? —Me las arreglé para preguntarle en voz algo estable. Sonrió, y fue más fría que nunca.
—No particularmente.
Bueno, demonios, eso estaba lejos de ser tranquilizador. Dio un paso atrás,  todavía con mis muñecas.
—Ni siquiera sé por dónde empezar contigo —dijo en voz baja, su mirada en mi cuerpo.
Eso tampoco era tranquilizador, pero dado por la reacción de mi cuerpo a cada cosa alarmante que salía de su boca, era claro para mí que tal vez no quería estar tranquila.
Se acercó de nuevo, tomó una de las manos cautivas y tiró de ella, con la palma hacia arriba para acunarla. Gemí ante la sensación de sentirla. Su dureza, su extraña longitud. La froté sobre su chándal, mis ojos pesados en los suyos fríos.
De repente me encontré agarrando un pene desnudo. Miré hacia abajo. Deslizó la cintura hacia abajo, dejándose a sí misma al descubierto. Mi   mandíbula casi se cae, abrí mucho los ojos. Se hallaba totalmente excitada y enorme.
Santa mierda, pensé. Oh no, no lo pensé. Lo dije en voz alta.
Pareció sacar partido de eso, lo cual no creía que fuera bueno. Esta tipa no necesitaba más alimento para su ego.
—Entiendo que tu exesposo no daba la talla —dijo. Bastarda arrogante.
—No creo que muchos hombres te den la talla de eso. —Sólo salió de mí. Pero que se joda todo, era sólo la verdad.
Abarqué con los dedos su circunferencia experimentalmente, lámienme los labios. Mis dedos no se tocaban. Lo solté, viendo su pesada polla sacudirse cuando lo hice.
Siempre me consideré como una mujer apasionada y sensual. He disfrutado el sexo, no sólo la liberación física, sino la intimidad, pero esto era algo completamente distinto, como si una nueva persona compartiera repentinamente espacio en mi cuerpo.
Nunca en mi vida, antes de ese momento, sentí una necesidad como ésta. Era tan aguda que hizo que me dolieran los dientes. Nunca me sentí como una perra en celo, pero así me sentí entonces.
Miré fijamente esa polla, y la deseaba. Deseaba ponerme de rodillas y rogarle por ella, de cualquier forma en que pudiera conseguirla, en cualquier lugar.
—Tu turno —dijo, con voz ronca, haciendo que mi mirada regresara a su rostro.
Me lamí los labios, con la mente en blanco, sin ningún concepto de lo que pedía o por qué.
—¿D-disculpa?
Sonrió fríamente y empujó mi mano de nuevo a su pene.
—Me saqué algo. Ahora es tu turno. Sácate algo.
Miré hacia sus pantalones de chándal, sintiéndola con la mano, memorizando su longitud con dedos hambrientos. Tiré de mi otro brazo, pero lo sostuvo rápidamente, aún sosteniéndome de la muñeca.
—No te sacaste nada —señalé—. Solo moviste algo.
Se rio y la miré a la cara. No me encontraba segura de sí me sentía decepcionada, o más fascinada que nunca, porque incluso cuando se riono alcanzó esos ojos suyos.
Empujó mi mano, arrastrándola a mi espalda, junto con la otra, agarrando mis dos muñecas con una mano. La otra fue a mi trenza, girándola de nuevo, envolviéndola alrededor de su puño, inclinando mi cabeza hacia atrás.
Mis labios se separaron, cerrando los ojos mientras comprendía que finalmente me besaría.
No era lo que esperaba, ese beso. Después de todas sus declaraciones contundentes, esperaba que fuera rudo, arrasador desde el principio. No lo  fue. En cambio, sus labios fueron suaves, persuasivos, instando a los míos  a que se abrieran para el ataque sorprendentemente tierno de su lengua.
Su cuerpo se movió, forzando el mío contra la encimera, su dureza clavándose en mi pierna. Me moví contra ella, impaciente por más contacto.
Profundizó el beso hasta que gemí. Saboreé y chupé su lengua dinámica cuando se hundía repetidamente para encontrar la mía. Gimió, empujando  a su enorme erección fuerte, fuerte, más fuerte contra mi muslo. Con tanta fuerza que me pregunté si tendría un hematoma con forma de una gran erección ahí mañana.
Arrancó su boca de la mía, jadeante. —Dormitorio —dijo cortante, quitando sus manos de mí y alejándose.
Asentí, y luego comencé a moverme con piernas temblorosas hacia mi dormitorio. Podía sentirla en mi espalda, su aliento en mi cuello drogándome a cada paso del camino. Hice una pausa en la puerta de mi dormitorio, pero su cuerpo duro me alentó hasta que entramos a la habitación. Eso me hizo dirigirle una mirada por encima del hombro.
Cada línea de su rostro se mostraba sin complejos, así que sabía que fue deliberado.
—Levanta los brazos por encima de la cabeza —me ordenó.
Levanté una ceja, pero lo hice, manteniéndolos en alto, arqueando la espalda, mis pechos doloridos empujando hacia el frente. Sus fosas nasales se  abrieron, y se acercó por detrás de mí, tan cerca que ya no pude girar para ver su rostro.
Sus manos se posaron en mis caderas, aferradas en la parte carnosa, probándolas de una manera que me hizo temblar. Mis brazos empezaron a bajar, hasta que dijo ásperamente en mi
oído—: No, mantenlos arriba.
Sus manos comenzaron a deslizarse por debajo de mi blusa, toqueteando mi vientre. Abruptamente la levantó por sobre la cabeza. Un músculo tembló en mi estómago cuando la piel de mi abdomen estuvo desnuda.
Mis hombros se tensaron cuando, con velocidad bastante impresionante, me desabrochó el sujetador y lo arrancó de mis brazos, arrojándolo descuidadamente al suelo.
Sus manos fueron desde mis hombros hasta las yemas de mis dedos con un toque tan ligero como una pluma. Podía escuchar mi propia respiración jadeante mientras llevaba mis muñecas detrás de la cabeza, sosteniéndolas juntas cerca de mi nuca.
Utilizó ese agarre para empujarme, moviéndome más cerca de la cama.
—Todo lo que esto necesita es una bolsa en mi cabeza, y tendríamos un arresto —dije, mi tono irónico estropeado por el hecho de que no era capaz de respirar correctamente.
Eso le gustaba, podía escucharlo en su voz cuando respondió—: Si esto es  un arresto, teng que hacer un mejor trabajo al catearte. —Mientras hablaba, movió mis muñecas a una mano.
Tomé una respiración mientras su mano libre se trasladó a mi clavícula. Miré hacia abajo para ver mientras la deslizaba sobre mi piel hasta que acunó  mi seno, la observé moverse con el rápido ascenso y descenso de mi pecho. Pasó un pulgar áspero sobre mi pezón.
—Estás temblando —dijo con voz áspera en mi oído, haciéndome temblar aún más—. ¿Miedo o excitación?
Me lamí los labios y le dije la verdad.
—Ambos.
—¿Estás mojada? —preguntó, su mano serpenteando por mi cuerpo, empujando la cintura de los pantalones y yendo infalible y agresivamente por mi sexo.
—Sí —dije jadeando, sin embargo ella ya había respondido su propia pregunta, sus dedos frotaban mis resbaladizos pliegues.
—Normalmente no haces este tipo de cosas, ¿verdad?
—¿Traer extrañas a casa y llevarlas a mi habitación? Mmm, no. Esto no es una costumbre mía.
—Me aseguraré de que valga la pena, entonces.
De alguna manera, imposiblemente, creí que lo haría.
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Mensaje por 23l1 el Miér Nov 29, 2017 10:08 pm

Hola, que bueno que te diste la oportunidad de adaptar y ayudar de otra forma (tmbn) q el foro siga vivo!! Aquí estare leyendo!!! Me gusta, me gusta... ya quiero mas! Saludos =D
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Mensaje por Tati.94 el Miér Nov 29, 2017 10:20 pm

23l1 escribió:Hola, que bueno que te diste la oportunidad de adaptar y ayudar de otra forma (tmbn) q el foro siga vivo!! Aquí estare leyendo!!! Me gusta, me gusta... ya quiero mas! Saludos =D
Hola!! Si, me lancé con esta historia. Aun estoy averiguando como arreglar el texto! Pero bueno espero que no le quite la esencia a la historia y sigan leyendo.
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Mensaje por micky morales el Jue Nov 30, 2017 8:15 am

Que interesante, se ven, hablan y c.... mas rapido no podia ser!!!!!
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Mensaje por 3:) el Jue Nov 30, 2017 4:29 pm

Vamos por el segundo asalto... San le va a hacer una maestría a britt antes de salir de esa cama jajaja...
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Mensaje por Tati.94 el Jue Nov 30, 2017 4:53 pm

micky morales escribió:Que interesante, se ven, hablan y c.... mas rapido no podia ser!!!!!
Pues si que le podemos hacer, se vieron y las ganas estallaron.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Nov 30, 2017 4:55 pm

3:) escribió:Vamos por el segundo asalto... San le va a hacer una maestría a britt antes de salir de esa cama jajaja...
Eso parece jaja. Primero esperemos que se pueda levantar de la cama¿No?
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Mensaje por JVM el Jue Nov 30, 2017 5:03 pm

Bueno cada vez conociéndose mas jajaja
Me gusta que San es un misterio y que Britt analiza casi todo
Y bueno por fin llegaron a la habitación ... haber como sigue todo...
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Mensaje por Tati.94 el Jue Nov 30, 2017 5:07 pm

Capítulo 4

De pronto, liberó mis muñecas, y me giré para mirarla. Retrocedió, un paso,  y luego otro, con los ojos en mis pechos mientras sus manos se fueron a la parte inferior de su camiseta. Ella se encogió de hombros, forzando el material hasta el punto que pensé que lo arrancaría mientras lo arrastraba fuera de sus hombros junto con su sujetador.

Inhalando una respiración sorprendida capturé la carne dura que había expuesto.

Tenía cicatrices pintadas en todo su torso. No sé por qué, creo que podría haber sido su rostro, tan hermoso, joven, y sin cicatrices, pero esas marcas me atraparon con la guardia baja. Eran de todas las formas y tamaños, iban desde varias pequeñas y redondas (dos de los cuales se encontraban todavía frescas y rosas) a cortes largos irregulares, la peor una particularmente grande que se hallaba a lo largo de su lado haciendo que pareciera que alguien literalmente, trató de destriparla con un cuchillo.

De alguna manera, sabía que no debía preguntar lo que me vino a la cabeza, que era, ¿Qué te ha pasado?

En lugar de eso la estudié por un largo tiempo, sus fríos ojos en mí, apretando su mandíbula mientras me estudiaba de vuelta. Finalmente me decidí por—: Te han disparado recientemente. —Era un eufemismo. Le habían disparado muchas veces, y acuchillado, y si tuviera que adivinar lo que algunas de esas marcas eran, incluso fue marcada y quemada.

Torturada, pensé.

Esta mujer, que era mucho más joven de lo que aparentaba, fue brutalmente torturada. Repetidamente. Algo dentro de mí, mi fuerte lado materno seguramente, se suavizó.

—Sí, me han disparado una o dos veces —se quejó, sonando molesta—. ¿Es eso un problema?

Negué con la cabeza, incluso mientras me preguntaba si lo era. ¿Era una  criminal? No me dio la impresión de ser un policía, ¿así que era lo contrario?

Le pareció ver algo en mi cara, una auténtica conmoción tal vez, esto la tuvo tranquilizándome en un tono suave que nunca le escuché usar antes, pero  me encantó y anhelé tan pronto como la oí.

—He vivido una vida violenta. Pero, Brittany, escucha con mucho cuidado, ya que esta es una promesa: Nunca te haría daño. ¿Bien?

Asentí bruscamente.

—Aparte del sexo duro, es decir. —Sintió la necesidad de añadir.

Lamí mis labios y asentí de nuevo.

—Muy duro —continuó—. Pero no importa. De hecho, a menos que mis instintos estén equivocados acerca de ti, pronto vas a estar rogándome por ello. —Mientras hablaba, metió la mano en uno de sus bolsillos y sacó un puñado de condones, de la variedad magnum.

Empujaba sus pantalones de chándal hacia abajo con impaciencia cuando dijo—: Sube a la cama. En tu espalda. Los brazos por encima de tu cabeza.

Me volví líquida mientras conseguía obedecer. Arrojó los condones en la  cama por mi cadera, inclinándose sobre mí, los brazos abrazando a cada lado de mis costillas, ojos corriendo por mi cuerpo.

Se mordió el labio atractivamente, parpadeando lánguidamente.

—Tu cuerpo… —comenzó y se apagó.

Cerró los ojos, sacudió la cabeza, y cuando los abrió de nuevo, todo lo que le vino, todo lo que estuvo a punto de decir, pareció pasar.

No me preocupé por ello durante el tiempo que sus manos volaron a la cintura de mis pantalones y comenzó a tirar, arrastrándolos hacia abajo junto a mis bragas, al mismo tiempo, llevando fuera mis calcetines cuando llegó a mis tobillos.

Me preocupé por un momento cuando me liberó de mis ropas. Me retorcí un poco cuando separó mis bragas de encaje de mis pantalones, estudiándolas.

Levantó el pequeño trozo de tela, arqueando una ceja hacia mí.

—¿Esto es lo que llevas debajo de tus pantalones?

Solo asentí. No quería hablar de mi ropa interior o cualquier otra cosa, la verdad. Quería acción. ¿Palabras? No tanto.

Negó con la cabeza, y, como si eso resolviera el asunto, tiró mi ropa interior por encima del hombro, los ojos moviéndose de nuevo a mi cuerpo.

—Abre las piernas —dijo bruscamente.

Lo hice, los ojos en su pene, preguntándome cuánto tiempo más tendría que esperar antes de que la tuviera dentro de mí.

Dejó escapar una pequeña sarta de maldiciones, pero eso no me hizo ponerme rígida. Por el contrario, hizo que me derritiera, cada blasfemia inundándome, porque sabía que sólo se encontraba perturbada porque me quería. En la medida en que lo quería. Y eso era mucho decir.

—¿Cualquier solicitud antes de hacer esto? —preguntó—. Te advierto ahora, no habrá nada que me detenga una vez que comience. —Al decir esto, sus  ojos se movieron por mi cuerpo para devorar mi pecho, tomando de lleno mis pechos.

Los tomé también, mirándome, viendo con fascinación como mi espalda se arqueaba, con los pezones erectos en busca de ella.

Me lamió el labio inferior, viendo cómo cada pequeño movimiento que hacía parecía capturarle.

—Otro beso estaría bien —dije en voz baja.

Sus fosas nasales se abrieron, y se mudó subiendo encima de mí, a horcajadas entre mis caderas, las manos sosteniendo las muñecas firmemente por encima de mi cabeza.

Inclinó su cara a la mía, ladeando la cabeza mientras tomaba mis labios.

Su beso fue diferente esta vez, más parecido a lo que esperaba desde el primer beso, su lengua exigente, invadiendo, codiciosa, como si no pudiera obtener suficiente, como si quisiera devorarme.

Le di todo lo que pidió, rindiéndome a sus labios, sometiendo mi cuerpo, mis caderas retorciéndose en anticipación.

Gemí una protesta cuando alejó su boca, pero no por mucho tiempo, ya que se mantuvo unida a mi cuerpo, moviéndose hacia abajo a lo largo de mi mandíbula, luego a mi cuello, lamiendo, chupando, mordiendo a su paso.

Cuando su caliente boca llegó a mis pechos, era como una descarga de electricidad contra mi pecho, la espalda inclinándose, los dientes rechinando mientras lamía y chupaba, empujando mis pechos uno junto al otro para acariciarlos con su nariz, entonces los sujetó mientras succionaba mi pezón.

Podría haberme venido sólo por el sonido de su boca dándose un banquete con mi carne. Por suerte, se encontraba tan preparada, que no llegó a eso. No había tiempo. Los juegos previos no se hallaban a la orden del día.

Esto era sobre follar. Era así de sencillo. Su pene dentro de mi coño, cuanto más rápido mejor.

Apartó su boca de mi piel y tomó un condón. Arrancó el papel de aluminio en el paquete con una mano y los dientes, manteniendo mis muñecas cautivas todo el tiempo. Incluso las enrolló en una sola mano, era bastante impresionante teniendo en cuenta su tamaño.

La práctica perfecciona, supuse. Y traté de permanecer en eso lo menos posible.

Se movió por mi cuerpo, empujando mis piernas separándolas para acomodar sus caderas, y alineándonos, desde el pecho hasta la ingle.

Estiré el cuello hacia delante para ver como su punta encontraba mi entrada, y empujó esa primera pulgada deliciosa. Ha sido demasiado tiempo, joder, pensé para mí misma.

Y ese fue mi último pensamiento coherente durante un tiempo muy largo.

Consiguiendo introducirse, lentamente al principio, moviendo sus caderas contra mi suave carne. Oí los ruidos que dejaron su garganta como si estuvieran saliendo de otra persona mientras mi blanda carne le daba la bienvenida palmo a palmo lentamente.

Se tomaba muchísimo tiempo empujar dentro de mí, pero no precipitaría esa parte, si pudiera, viendo como cada delicioso centímetro de su eje desaparecía en mi sexo.

Apreté su alrededor, mi coño aspirándola con tanta seriedad e intensidad que maldijo y me elogió en partes iguales a cada segundo que avanzaba.

Fue un shock cuando finalmente, empujó plenamente dentro mí, enterrado hasta la raíz.

El aire golpeó con fuerza mis pulmones ante el brutal impacto mientras daba en el blanco. Nunca estuve tan llena. Eso era un hecho.

Tomé esta nueva plenitud extraña con grandes respiraciones jadeantes que hicieron a mi sensible pecho rozarse contra su dura resbaladiza superficie, bajando y alejándose de nuevo con cada inhalación y exhalación áspera.

—¿Qué carajo?—murmuró de manera sucinta.

No estaba segura de si eso era una pregunta o una afirmación, pero sin tenerlo en cuenta, no tenía nada que añadir. Eso lo resumió para mí, también.

Y entonces, entonces, oh mi Dios, entonces, empezó a moverse, saliendo de mí con grandes tirones, desbocada, tomando algunos de esos tirones sólo teniendo la punta de ella dentro de mí otra vez.

Se detuvo allí brevemente, justo en el punto en el que me sentí tan impotente que lo perdí. Acaba de perderla. Sollozando, suplicando, pidiendo que se moviera, que volviera dentro de mí, que me llenara por completo.

Y no era una sádica, gracias a Dios. Empezó de inmediato, embistiendo de nuevo con un movimiento vertical, a continuación, tirando de nuevo, ahora  más rápido, más suave con cada movimiento que mí cuerpo aprendía a adaptarse a su tamaño, aceptando longitud y la circunferencia de ella como si hubiera sido hecha sólo para este propósito.

Había algo tan simple y profundo sobre ese primer apareamiento. Ocupó un lugar vacío dentro de mí, literal y figurativamente, un espacio solitario que yo no conocía.

Era hermoso y fascinante. No quería que terminara, sino que tuve que luchar para no terminar demasiado rápido. Se introdujo en mí, una  y otra vez, sus embestidas irregulares hasta el punto de brutales.

Nunca estuve en el sexo duro.

Bueno, nunca lo intenté pero no pensaba que estuviera en ello. Me equivoqué.

¿Cómo pude estar tan equivocada acerca de mí misma? ¿Cómo podría no  saber acerca de esta necesidad hasta que me entregué en su totalidad?

Y esa necesidad, esa necesidad, me tragó entera.

Necesitaba esto como necesitaba el aire. Necesitaba a alguien que me llenara de forma tan aguda, tan completamente, invadiéndome sin piedad, una y otra vez, golpeándome contra el colchón, teniendo absoluta propiedad, indiscutible de mi cuerpo hasta que no pude decir donde comenzaba y terminaba.

Lo necesitaba tanto, no podía dejar de mendigar por ello. Ruidosamente.Repetidamente.

Y ella me lo dio, todo lo que supliqué y más, echándome un polvo sin sentido, golpeando dentro y fuera, dentro y fuera, más rápido y más rápido, más duro, y aun así, imposiblemente, más fuerte, hasta que gritando, estallé.

Mi orgasmo no sólo me sorprendió. Me asaltó. Rasgó a través de mí y me rompió en mil pedazos.

Una mano agarró mis caderas, bandeándome cuatro, cinco veces más, a continuación, se plantó dentro, creciendo y viniéndose.

Vi como el frío, por fin dejó sus ojos. Tantas cosas se precipitaron para sustituir a la frialdad distante. Cosas maravillosas.

Cosas adictivas que me permitieron ver que en algún lugar en el fondo ella se encontraba tan afectada como yo.

Hambre. Admiración. Desesperación. Lujuria. Asombro. Necesitad. Abandono. Locura.

Fue bonito de ver, la forma en que cambió en esos breves momentos de felicidad. Hermoso y peligroso.

Lo haría mucho solo por verle cambiar así, para obtener aún una visión fugaz de ese otro lado de ella. La necesidad era poderosa hasta el punto de  auto-destructiva, especialmente teniendo en cuenta el hecho de que apenas la conocía, y lo que sabía sólo parecía apuntar hacia el hecho de que era un  animal salvaje que no estaba ni siquiera cerca de ser domesticado.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Nov 30, 2017 5:09 pm

JVM escribió:Bueno cada vez conociéndose mas jajaja
Me gusta que San es un misterio y que Britt analiza casi todo
Y bueno por fin llegaron a la habitación ... haber como sigue todo...
Si San es todo un misterio por ahora, esperemos que se le escape algo de informacion.
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Mensaje por 23l1 el Jue Nov 30, 2017 7:36 pm

Tati.94 escribió:
23l1 escribió:Hola, que bueno que te diste la oportunidad de adaptar y ayudar de otra forma (tmbn) q el foro siga vivo!! Aquí estare leyendo!!! Me gusta, me gusta... ya quiero mas! Saludos =D
Hola!! Si, me lancé con esta historia. Aun estoy averiguando como arreglar el texto! Pero bueno espero que no le quite la esencia a la historia y sigan leyendo.



Hola, lo cual es muy bueno! xq¿? q tiene¿? a mi se me ve bn. Siempre! ajjaja. Saludos

Pd:cada vez mejor!
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Mensaje por Isabella28 el Jue Nov 30, 2017 10:23 pm

Hola!! Llegue un poco atrasada a la historia pero ya estoy aqui, muy buena me encanto.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Nov 30, 2017 10:35 pm

Isabella28 escribió:Hola!! Llegue un poco atrasada a la historia pero ya estoy aqui, muy buena me encanto.
Hola, que bien que te pusiste al dia y te gusto mañana les dejo otro cap.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 02, 2017 10:20 am

Disculpen que no subi el cap ayer, sali y no pense que llegaria tarde, asi que  ¡aqui lo tienen!

Capítulo 5

Aún me encontraba conmocionada, todavía atrapada por completo en lo que sucedió hace unos pocos segundos, pero ella no. Se puso de pie, quitándose el condón usado, lo arrojó a la papelera más cercana, y se acercó a los pies de mi cama, sus ojos intensos en mi forma inerte.

No, espera, no se acercó...

Acechó. Merodeó. Como un león, con los ojos entrecerrados hacia mí.

Yo era su presa, y se encontraba lista para saltar.

De nuevo.

—¿Está todo bien? —pregunté, mi voz ronca como si hubiera estado gritando.

¿Grité? ¿Literalmente me hizo gritar?

Oh sí. Mierda, lo hizo.

Era un pensamiento embarazoso, y dejé a mi mente rehuir de él, incluso cuando el sonido de los gritos desesperados todavía resonaba en mi mente.

—¿Todo bien? —Reflexionó, con un tono bajo, la voz más ronca que carretera desgastada y más áspera que nunca—. Sí, estoy bien.

Parpadeé por la forma en que lo dijo, aunque no podía leerla lo suficientemente bien como para saber qué hacer con ella.

Su labio se curvó hacia arriba como si estuviera molesta. Llevo un brazo hacia arriba, corriéndolo con impaciencia por su pelo largo.

¿Por qué cada movimiento me hacía encender? Cada minúsculo cambio de su cuerpo hizo al mío responder, pechos apretados, sexo apretado.Provocaba la reacción sin tratar, me controlaba sin siquiera tocarme.

Mis ojos corrieron su cuerpo, moviéndose sobre cada marca y cicatriz. Las encontraba fascinantes y hermosas. No las llevaba como si fueran  defectos, porque no lo eran. Si no fuera tan obvio lo que eran, pensé que podría haber sido convencida de que nació con todas ellas. Sabía que no debía preguntar, sabía la respuesta, pero me hubiera gustado fotografiarla.

El arte de su cuerpo duro y macizo, torturado, necesitaba ser capturado, incluso si su propietaria no quería.
Sacudí el pensamiento. No podía pensar en esas cosas. Apenas conocía a esta mujer, ¿por qué en la tierra iba a querer fotografiarla?

Nunca sería mía. Lo sabía por instinto, así que no me dejaría siquiera desearlo.

Mis ojos se abrieron a medida que finalmente llegaba a su pene relajado.

No, no se encontraba relajado. Estaba cada vez más duro. Empezaba a  apreciar la juventud de esta mujer. Mi marido no se cuidó durante una  buena década antes de que nos divorciáramos, y mientras más descuidado se puso, menos respondió su pene.

Es curioso cómo a veces uno no se da cuenta de cuánto necesita una cosa antes de que esté justo en frente. Y de repente, lo necesitas tan dura, 

Lamí mis labios.


—¿Cuántos años tienes? —Mi boca le preguntó, incluso mientras mi cerebro en realidad no quería saber.
Es decir, era un poco tarde para lamentos.

Frunció el ceño, realmente hizo una mueca, y eso en ella asustaba. Intimidaba lo suficiente cuando sonreía.

Cuando hacía una mueca parecía querer matar a alguien, y no dudé ni por un segundo que era una mujer que conseguía lo que quería.


—¿A quién le importa? —replicó. Este claramente era un tema tan delicado para ella como para mí.

—Me importa —le contesté en voz baja, pero más porque pensaba que debía cuidarme, preguntar, saber.

Realmente, sin embargo, habría evitado saberlo. Mi nivel de roba cunas era bastante irrelevante en ese momento, a fin de cuentas.


—Veinticinco —dijo, el tono brusco. Hice una mueca.

Esperaba un número mayor. Cuanto más mayor mejor, de verdad.

—No mucho más mayor que mi primogénito —dije firmemente.

No le gustaba eso, en realidad no le gustaba, dada la brusca media vuelta de su boca. Bueno, no me gustaba tampoco, pero aún así era la verdad.

—¿Qué demonios importa? —preguntó.
Si importaba, por supuesto que lo hacía, pero no tuve la oportunidad de vocalizar una respuesta, ya que era claramente una pregunta retórica,  porque se encontraba sobre mí, besándome de nuevo, poniéndose un condón y follándome, entre un jadeo y el siguiente.

Bueno. A pesar de que saqué del tema, no quería hablar de ello o pensar en ello en corto plazo. Claramente teníamos cosas mejores que hacer.

Tomé su peso sobre mí, su dureza en mí, con un suave gemido, necesitado. Se sentía tan jodidamente bueno, como si la primera vez como si ni siquiera hubiera sucedido, como si estuviera tan hambrienta de ella como lo estuve antes, con más de un año de celibato en mi haber.

Tenía mis muñecas por encima de mi cabeza, necesitando solamente una  mano para hacerlo, la otro palma de la mano en mis pechos, asaltando la suave piel con su mano mientras su pene irrumpía la suave piel de mi coño de manera desesperada.

Fue más rápido, como si se hubiera utilizado toda su paciencia con el primer apareamiento. Chupó la punta de un seno en la boca, mientras que la otra mano se deslizó hacia abajo y comenzó a trabajar mi clítoris, por lo que me vine tan rápido que me tomó por sorpresa, mi respiración sollozando a cabo en un tiempo.
—Sannnn.
Gruñó como un animal salvaje en mi piel, se plantó dentro de mí, se quedó ahí, y sentí los espasmos de su pene grueso, soltando su semilla.

Dije su nombre otra vez, más rápido, queriendo, necesitando ver su cara, y la levantó de mi pecho, nuestros ojos reuniéndose, dándome esa mirada de nuevo, la que abandonaba la frialdad.

Más que cualquier otra cosa, ansiaba ese breve momento, cuando se perdía dentro de mí.

***


Me encontraba tumbada en la cama, de espaldas, completamente desnuda, cubierta solamente por una sabana.

Mi cabeza todavía daba vueltas ¿Qué demonios sucedió?

Nunca, nunca, nunca tuve mi cuerpo, mi mundo, sacudido así antes. Santana follada como una fuerza de la naturaleza feroz, potente, imparable.

Sabía que yo era buena en la cama. Estaba en forma, era flexible y aventurera, pero con Santana, todo lo que conseguí hacer era mantenerme agarrada durante el paseo. Y venirme. Repetidamente.

La fuerza de la naturaleza que actualmente me preocupaba se fue a la ducha exactamente un segundo después de terminar. Al parecer, no le gustaba quedarse desnudo alrededor, ni siquiera para dormir.

¿Incluso se quedaría a dormir? Apenas era mediodía. Supuse que estaría dejándome tan pronto terminara con su ducha.

No podía esperar nada más de toda esta locura, pero me sentía sensible (y no sólo mi cuerpo). Nunca había tenido sexo casual.

Tal vez era un gusto adquirido. Uno que no tenía la intención de adquirir.

Todavía yacía acostada allí (casi exactamente cómo me dejó después de follarme hasta los sesos) cuando volvió a salir de mi cuarto de baño, vestida sólo con una toalla, su cuerpo alucinante todavía ligeramente húmedo.

La expresión de su cara me hizo perder el aliento.

Dejó caer la toalla.

Mi mente estaba en una parte muy específica de ella, una que no debería estar buscando tan ansiosa después de nuestras actividades anteriores, cuando se acercó a la cama.

Sin decir una palabra, se inclinó, agarrando mi sabana, tirando de ella lentamente. Me sorprendió bastante cuando hice algunos ruidos molestos y trate de aferrarme a mi única cubierta.

—Déjalo ir —refunfuñó.

Dios, era aterradora. ¿Por qué esto hace cosas deliciosas a mi cuerpo? Dejé caer la sabana.

La tiró lejos, luego enganchó primero uno de mis tobillos, entonces el otro, sus hombros y brazos doblándose cuando me arrastró hacia abajo de la cama. Cuando terminó de acercarme, comenzó a extenderme, tirando mis piernas amplias, separadas.

Sólo contempló mi sexo por un tiempo largo, su mirada fija tan caliente que mis caderas comenzaron a retorcerse agitadamente. Eché un vistazo abajo en ella. Su polla se encontraba totalmente despierta, pulsante, pesada.

Adolorida o no, saciada o no, la quise otra vez más desesperadamente.

Finalmente, dejó ir mis tobillos, agarrando mis muñecas en cambio y tirándome para sentarme, mis piernas extendidas. Puso un pie arriba junto mi cadera, ambas sus manos en mi pelo.

Lamí mis labios y la miré fijamente. Me acercó a unos centímetros de su polla impaciente. No tuve que adivinar lo que quería.

Me incliné adelante, buscando para encontrar sus ojos, y lamí su punta. Maldijo y se levantó contra mí.

Manteniendo el contacto visual sólido, chupe su cabeza gruesa, afelpada entre mis labios. Tuve que romper el contacto visual bastante pronto cuando empujó más profundo, y su suspiro se convirtió en la única cosa en el cuarto más fuerte que los sonidos de mi boca ocupada, chupando y ordeñando, mientras la acariciaba con mis manos.

No hablamos sobre si tragaría o no. Cuando sentí que sus pelotas apretadas  estaban preparadas, su orgasmo cerca, empujé atrás para chupar en su punta, mis manos acariciándola, mis ojos en su cara.

Esto era algo que no podía resistir. Me encantaba ver su rostro y sus ojos cuando se corría, toda la frialdad dejándola. Observé como paso de nuevo, disfrutando de la vista.

Me acarició el cabello después de que hubiera terminado, mi lengua aun lamiendo su punta, sus ojos en mí de nuevo, una vez más fríos, pero con admiración, por lo menos.

Después de que finalmente se apartó, me tumbé en la cama, no segura de si quería seguir o perder el conocimiento. Sin decir una palabra, se trasladó a la  cómoda a través del cuarto infaliblemente para ir por mi vibrador  escondido, sabiendo en qué cajón estaba, exactamente como si supiera dónde buscar, como lo hubiese hecho antes.

Mi despertado, pero herido cerebro no se quedó en eso, se centró más en ella y lo que se encontraba a punto de hacer.

Mientras se ponía con eso, sin embargo, me las arreglé para encontrar mi voz para algo, al menos. 
—No eso —dije débilmente. Se trataba de un juguete intenso—. Estoy un poco adolorida para eso.

Levantó las cejas, pareciendo fascinada por la idea. Dejó caer el vibrador en el cajón, la mano en su pene. Ya se encontraba semi-duro de nuevo y se veía  en peligro de perder fácilmente la parte semi de ello. 

—Demasiado adolorida para esto, también, ¿no es así?

Me mordí el labio. Realmente la quería otra vez, pero me sentía dolorida. Asentí con pesar, viéndola manejarse y pensando que era la cosa más caliente que jamás había visto.

Sus dientes blancos destellaron hacia mí en una sonrisa que era más siniestra que feliz.

—Tengo una cosa.

Y lo hizo.

Mis manos se clavaron en las sabanas cuando me presentó la habilidad de su lengua malvada. Algo se me ocurrió cuando me hizo venir, una vez más.

Si era tan complicada como mujer, como era siendo una amante, me encontraba en problemas.

Se movió por mi cuerpo, besando mis labios, empujo su sexo entre mis piernas.

Todo el dolor fue olvidado, al parecer, mientras empujaba dentro de mí.

Ella lo recordó brevemente, sin embargo, cuando estaba enterrada hasta la raíz.

—¿Demasiado dolor? —murmuró.

Me mordí el labio inferior en respuesta, gimiendo en su boca, ya que no me sentía lo suficientemente coherente como para hablar. Encontró la respuesta que quería.

Con un gemido áspero, se empujó dentro.

***

Y luego se fue, tan repentinamente como vino.

Nunca dijo adiós.

Me desmayé y se fue.

Eso fue todo.

Ni siquiera dejo su número, o pregunto por el mío.

No había ninguna manera en absoluto de malinterpretar lo que eso significaba.

Sinceramente, no creí volver a verla. Me resigné a eso. No contenta con ello, pero no amarga tampoco. No enojada, porque me dio algo. Algo que no pensé volver a sentir.

Esperanza.

Triste porque se fuera, para mejor o peor, mi vida se desmoronó poco después de que cumplí cuarenta años, y no me imaginaba, ni siquiera podía  concebir la idea de que los mejores años de mi vida quedaran inmóviles delante de mí.

Y ahora, a causa de Santana todo parecía posible.

La revelación fue liberadora.

Una carga pesada dejó mi cuerpo; el peso muerto de un matrimonio que me terminó dejando despojada. De todo. No quería ser privada de nada, nunca más.

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