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[Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 26, 2017 9:20 pm

micky morales escribió:Que felicidad Britt esta embarazada y yo volvi, jajajajaja en fin... me abria gustado saber como fue ese final con labios de salamandra, ahora a ver que pasara cuando ese msj llegue a Santana!!!!!
Si tambien es una buena noticia que las chicas o San por fin le diera al blanco despues de tanta práctica ¿No? Jajajja
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 26, 2017 9:24 pm

Capítulo 31


Fue unos días más tarde. Todavía no le había contado a nadie la gran noticia, excepto a ese extraño por teléfono.

Y aún no sabía nada de Santana.

Solo estaba sentada. Supuse que aplazaría por tanto tiempo como pudiera el contárselo a alguien, pero el hecho era que este bebé llegaba en seis meses y no podía ocultarlo por mucho tiempo.

Aún me hallaba en la fase de conmoción, y decidí aceptar eso por un tiempo.

Me encontraba en casa, arreglando unas fotografías que hice recientemente, tratando de distraerme con el trabajo. Mi teléfono sonó y lo revisé. Número desconocido destelló en mi celular.

Bueno, demonios. Odiaba responder a números desconocidos, pero si Santana iba a llamar, probablemente sería de una línea desconocida como esta. Respondí.

—Brittany—dijo una voz familiar al otro lado de la línea.

Colgué el teléfono al instante, maldiciendo. ¿Qué hacía ella llamándome? Christie. Bloqueé su número hace años.

Justo después de escucharla teniendo relaciones sexuales con mi marido. Mi teléfono comenzó a sonar casi instantáneamente.

¿La peor ex mejor amiga de la historia de todos los tiempos tenía el valor de volver a llamarme?

Ignoré la llamada. Cuando intentó tres veces más, apagué mi teléfono. De ninguna manera. No había ninguna razón en esta tierra para que alguna  vez tuviera que hablarle de nuevo, ninguna razón. En mi opinión, las  mujeres como ella, la diversidad de las que destrozaban hogares, deberían ser enviadas a su propia isla en medio de la nada.

Se me ocurrió que con mi teléfono apagado, podría perder la llamada de Santana, y más tarde lo encendí de nuevo, pero no volvió a sonar.

Era tarde y estaba por salir, literalmente a medio camino de la puerta para hacer recados, bolso en mano, cuando mi timbre sonó.

No esperaba a nadie, pero a veces, aunque tenían llaves, Raf o Gus tocaban timbre, entonces fui a contestarlo.

Revisé la mirilla, porque si se trataba de abogados, malditamente los ignoraría.

Era ella. La destructora de hogares. Christie. En mi casa. ¿Estaba demente, pensando que podía venir aquí?

Debería saberlo mejor. Nunca quería volver a mirar el rostro de esa mujer, jamás tener que oír de nuevo su voz, ni respirar el mismo aire. Lidiar de  cualquier manera con la perra que fingió ser mi mejor amiga mientras  follaba con mi marido, era nada que una mujer como yo debería tener que hacer.

Cuando digo que fuimos mejores amigas, me refiero a mejores amigas. Levantarnos cada mañana y llamarnos. Contarnos la una a la otra nuestros más oscuros temores y secretos. Y durante más de una década, nada menos.
Nunca la perdonaría.

Ni siquiera era como que estaba resentida por el divorcio. Me encontraba segura como el infierno que no era como si quisiera volver con mi ex marido. Esta perra podía quedárselo. Demonios, cualquiera podía, siempre y cuando no fuera yo.

Fue la traición. Del tipo que, hasta hoy, me hacía sentirme más sola en el mundo. Una mujer que podía hacerle eso a una amiga, hablar mal de ella a sus espaldas quien sabía cuánto tiempo, y aún le sonreía. Mi desprecio por ella nunca cambiaría. Era así de simple.

Rápidamente decidí que la ignoraría. Si abría esa puerta, habría una especie de confrontación, y no quería darle la satisfacción de saber que podía afectarme.

Empecé a alejarme dirigiéndome hacia mi garaje.

Su voz, gritando lo suficientemente fuerte como para ser escuchada a través de las paredes gruesas de mi casa, me detuvo fría.

—¡Brittany! ¡Se trata de Eduard! ¡Ha sido asesinado!

Bueno, eso lo hizo. Hace un segundo habría jurado que era imposible, pero encontró una forma de hacerme hablar con ella.

Abrí mi puerta, mirando fijamente a la mujer que hizo todo lo posible por destruir mi hogar.

Lo intenté, me dije, y presintiendo que sonaba sincera. Mi casa sin Eduard seguía intacta. Mis hijos y yo lo estábamos haciendo muy bien. Sin embargo, la perra lo intentó y nunca lo olvidaría.

No había visto a Christie en un año, pero parecía que envejeció diez años en ese tiempo.

Su cabello rubio se hallaba despeinado y grasiento, como si no lo hubiera lavado en días. Siempre fue una mujer delgada, pero ahora se veía  consumida, las líneas alrededor de su boca y ojos intensamente  acentuadas por la pérdida de peso.

—¿Qué dijiste? —le pregunté, segura de que oí mal o no entendí bien, y tan pronto como aclare esto, podría cerrar la puerta en su cara.

—Eduard. Lo asesinaron. Lamento contártelo de esta manera, pero sabía que  de lo contrario no abrirías la puerta, y he estado tratando de llamarte todo el día.

La observé un poco más, intentando procesar la información, encontrándolo difícil de creer, pero los signos de dolor eran evidentes en ella. Esto no era un truco extraño. Se veía genuinamente angustiada.

La mujer que recordaba se veía muy bien compuesta consciente de su  forma de vestir, rozando la superficialidad. Vino a mi casa con pantalones de chándal y una camiseta manchada. Era un desastre.

Dios mío. ¿Eduard estaba muerto? Mi mente seguía dando vueltas, a su coche en mi bordillo, al remiendo amarillo en mi césped. Cualquier cosa normal que no implicara muerte.

—¿Cómo? —pregunté finalmente. Parpadeó rápidamente, y pude ver que se esforzaba en no llorar.

—No vino a casa por unos días, y me preocupé mucho. No es que desaparezca por tanto tiempo. Por una noche, quizás, pero no más de una.

Me enteré de mucho con eso. Por una parte, habían estado viviendo juntos. Yo ni siquiera lo sabía, pero por supuesto era sal en la herida que ella, probablemente, lo ayudaba a gastar el dinero que él me sacó en el divorcio.

—Aun así —continuó—. No llamé a la policía ni nada. Solo pensé que se estaba divirtiendo en algún lugar, y que volvería, ya sabes, en algún momento.

No lo sabía. Eduard jamás me engañó tan abiertamente, como aparentemente lo hizo con ella. Se había esforzado en ocultármelo bien. Si no lo hubiera hecho, lo habría echado a la calle hace siglos.

Me sorprendió que pareciera aceptarlo, pero entonces, ¿qué podía ella esperar cuando él se encontraba casado al comienzo de su relación? Demonios, quizás eso fue lo que los hizo compatibles.

»Pero la policía lo encontró antes de que pudiera llamarlos —añadió temblorosamente.

Sentí un escalofrío ante esas palabras. Eso sonó siniestro.

Solté un suspiro. Dios, me hacía sentir lástima por ella, así de patética se veía en ese momento.

—¿Quieres entrar? —le pregunté. Esta no parecía una conversación que deberíamos tener a través de una puerta abierta. Sacudió la cabeza rápidamente.

—No.

Lo que sea. Asentí para que continúe.

—Alguien reportó una pista, acerca de un cuerpo en una bodega en algún lugar cerca de la pista de aterrizaje.

La palabra cuerpo me afectó por alguna razón. Lo hizo más real. Tal vez fue  que empezaba a procesar que Eduard ya no era una persona viva, sino que era un cuerpo.

Christie ahora lloraba abiertamente, su cuerpo entero y frágil temblaba.

—Eduard fue asesinado, Brittany.

Me tensé.

—¿Qué?

—¡Asesinado! La policía dijo…  dijeron…  dijeron que lo des…  tri… paron. —Pronunció la palabra como si nunca la hubiese dicho antes en su vida. Y probablemente no la había dicho—. Encontraron su cuerpo atado, atado por  sus muñecas. Incluso ellos… la policía… se sorprendió por la forma en que fue asesinado. Dijeron... me preguntaron si tenía enemigos, Brittany. Me preguntaron si estaba afiliado a una banda.

—Dios mío —dije en voz baja. ¿Qué más podría decir? ¿Qué  decía
una persona en un momento como éste?—. Lamento tu pérdida —agregué, porque era la única cosa apropiada que se me ocurrió.

En ese momento, sus temblores se detuvieron y sus ojos se endurecieron. Me señaló.

—¡Sabes que se encontraba a punto de demandarte!

Y entonces vi su juego. Por qué había estado tan decidida a decírmelo en persona. Adiós simpatía. Era real.

Me enderecé. Era pequeña, y la pasaba.

—¿Me estás acusando a mí de algo?

—Sabes que se encontraba a punto de demandarte, y él... dijo que salías con una tipa extraña, joven y aterradora que lo amenazaba.

La fulminé con la mirada.

—Era consciente de que Eduard me demandaría, gracias por el aviso, por  cierto, y no me habría importado menos. Como viste en el divorcio, puedo permitirme mejores abogados que él. No me preocupaba. Y la única razón  por la que mi novia habló con Eduard fue cuando me estuvo acosando.

—¿Dónde está ella? ¡Quiero hablar con ella!

—Está fuera de la ciudad. Ha estado fuera de la ciudad. Y lamento oír lo que le sucedió a Eduard, pero no tuvo nada que ver conmigo.

No parecía convencida, por decir lo menos. Se hallaba angustiada y el dolor   podía transformarse rápidamente en rabia, y claramente lo convirtió en un  objetivo para sus descontroladas emociones. No se razonaba con una persona en ese estado.

—Bueno, para que lo sepas, le dije a la policía todo sobre sus amenazas —dijo afectada—. Esto no ha terminado. Eduard no estaba en una banda —expresó lo último como si hubiera sido yo quien lo insinuaba, cuando sabía tan bien como ella lo ridículo que sonaba eso.

—No, no lo hacía. Eso no significa que su muerte tuviera algo que ver con mi novia.

Agitó una mano como si estuviera intentando borrar las palabras.

—Ya veremos eso, ¿no?

—Supongo—dije, mi voz sonaba sin expresión alguna como la de ella tan  afectada. No sentí nada. La simpatía e ira, todo desapareció.

Quería que se fuera para poder contarles a mis hijos sobre su padre. Sabía que necesitaba hacerlo antes de que alguien más les dijera.

Se volvió para irse, gracias a Dios, pero no había dado cuatro pasos antes  de darse la vuelta, diciendo bruscamente—: También traté de contárselo a tus hijos. Tampoco atendieron mis llamadas.

—No, no te atenderían —dije fríamente—. ¿Crees que lo harían? Yo misma se los diré.

Se fue.

Llamé primero a Raf, luego a Gustave, y les pedí a ambos que vinieran. No quería contarles por teléfono que su padre murió.

****

La muerte de Eduard me golpeó lenta y extrañamente, más que nada me sorprendió. Fue trágico, en cierta forma, ya que su vida se acabó tan pronto, pero ni siquiera lo sentía como una pérdida personal. Él ya había sido cauterizado de mi vida, y por lo tanto, no había lugar a duda de que no lo extrañaría.

Pero la forma en que murió, eso me afectó, llegó a mí. Fue tan horrible. Y cuanto más pensaba en ello, más me impresionaba. Asesinado. Destripado.

Eso es lo que ella dijo. Esa palabra, esa precisa palabra ya estaba quemada en mi mente de una manera traumatizante.

Porque estaba unida a Santana, a esa historia de su pasado sangriento. Era algo que le hacía a la gente. No podría ser algo tan común que volviera a aparecer de nuevo y fuera mera coincidencia, ¿no?

Pero por supuesto que podía, y lo era, me dije. A Santana no le gustaba Eduard. Bueno, está bien, lo odiaba. Pero no tenía razón alguna para matarlo. Y ciertamente no así. No había razón para que intente localizarlo.

Me seguía diciendo eso, pero me habría sentido mucho mejor si pudiera haber tenido tan solo una breve conversación con Santana.

Más que nada, incluido el pasado violento de Santana, me preocupaba cómo la muerte de Eduard afectaba a mis hijos.

Era tedioso lo mucho que me aseguré el primer día llamando cada hora para ver cómo lo estaban haciendo.

Era extraño; ambos lo tomaron igual, al menos por lo que pude ver.

Sus reacciones eran serias, pero estoicas, y rotundamente no querían hablar de ello.

Tristemente, ambos lo asimilaron al igual que yo, con una perplejidad  inexpresiva, como si murió alguien que conocían, pero no cualquier persona con quien tuvieron una relación de verdad.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por micky morales el Miér Dic 27, 2017 6:20 am

Bueno, se lo busco no??? asi que no tiene importancia, mientras no perjudique a Santana a los ojos de Brittanay!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Dic 27, 2017 9:07 am

No fue una gran pérdida para el universo pero bueno...
San san san... en donde se metió???... espero que britt no tenga dudas de san a pesar de su extenso pasado
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 27, 2017 6:52 pm

micky morales escribió:Bueno, se lo busco no??? asi que no tiene importancia, mientras no perjudique a Santana a los ojos de Brittanay!!!!
Si, se lo gano a pulso! Esperemos que no salga mal parada San.
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 27, 2017 6:58 pm

3:) escribió:No fue una gran pérdida para el universo pero bueno...
San san san... en donde se metió???...  espero que britt  no tenga dudas de san a pesar de su extenso pasado
Jajaj la verdad no fue una gran perdida. Esperemos que este cap nos diga donde se metió o qe regrese ya.
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 27, 2017 7:15 pm

Capítulo 32


Era tarde, el día después de descubrir lo de Eduard. Llegaba a casa luego de un rodaje que continuó hasta que la última luz cayó del cielo. Me sentía  cansada y lista para colisionar mientras encendía las luces y me dirigía a mi habitación.

Paré en seco a medio camino en mi cuarto cuando capté algo a través de la puerta de mi baño.

Había algo en la encimera. Algo raro. Algo malo.

Con el corazón palpitando, entré al baño principal, mis ojos mirando con incredulidad cinco objetos que no debían estar allí.

Alineadas, incluso un poco separadas, se encontraban todas las cinco pruebas de embarazo que utilicé. No había una buena explicación para que estuvieran de nuevo en mi casa, cuando vacié mi papelera, y saqué la basura hace días.

¿Quién las sacaría y las traería otra vez a mi casa, alineándolas así?

Me dio miedo. Demasiado. Me conmocionó.

¿Quién se tomaría la molestia de hacer algo tan extraño?

Y…

¿Quién estaría tan interesado en mis pruebas de embarazo?

Dios, ¿pudo ser Santana?

Pero no. Rechacé la idea casi inmediatamente. Esa mujer, ¿la que vino a visitarme? De algún modo nunca supe su nombre, pero para mí parecía la  culpable más probable. Ella me espió y puede que aun esté espiándome, y  sabía sin tener que preguntar, que no estaría feliz de que cargara el bebé de Santana.

Mierda.

Me agité un poco mientras atravesaba la casa, verificando cada rincón y grieta, cerrando cada puerta y ventana.

Finalmente, decidí volver a localizar a Santana.

La última vez que hablamos ella pareció segura de que esa mujer ya no me molestaría, así que pensé que debí comunicarle que aparentemente ella no  se encontaba de acuerdo con ella, porque me estaba molestando. Mucho.

―Mercado de Jimmy ―respondió una voz masculina neutral, sonando aburrido. Me encontraba segura que era un chico diferente al de la última vez.

―Necesito hablar con Santana.

―No hay nadie aquí con ese nombre. Lo siento.

―Dígale que Brittany llamó de nuevo. Dígale que necesito hablar con ella, y que su compañera femenina está molestándome.

La voz del hombre cambió de aburrida a brusca.

―¿Cómo te está molestando?

―Creo que entró a mi casa, hizo cosas extrañas queriendo asustarme.

―Transmitiré el mensaje ―dijo el hombre, y colgó.

Al menos me dio algo de consuelo de que mi mensaje iría a alguna parte. Era una gran mejoría sobre la última interacción. Podía ser paciente si supiera que al menos iba a ser escuchada.

Luego llamé a Raf.

―Hola, mamá ―respondió.

―Hola, nene. Necesito a Tato de regreso, si no te importa. Esta casa se encuentra demasiado vacía sin él.

―Seguro. Tuve un turno lo suficientemente largo. Lo llevaré mañana.

―Bien ―dije distraídamente, mis ojos lanzándose alrededor con nerviosismo. No creía que fuera a pegar un ojo después de lo que encontré, pero no iba a preocupar a Raf con ello.

El timbre de la puerta sonó, y casi salté del susto.

―Te dejaré ir, suena como que tienes compañía ―dijo Raf al otro lado.

―No, no, no ―dije al instante, con los oídos atentos a la parte delantera de  mi casa mientras me movía lentamente hacia allí―. Sólo quédate conmigo   por un minuto, ¿de acuerdo? Me siento nerviosa. Necesito oír tu voz.

Hubo una larga pausa al otro lado, luego―: Mamá, suenas asustada. ¿Qué está pasando?

―No sé. Pero todavía no cuelgues, ¿está bien?

―No lo haré. Y haré algo mejor. Voy para allá.

Apenas lo oí. Llegué a la puerta principal. Una mirada a través de la mirilla no era tranquilizadora.

Un hombre extraño se encontraba allí, vestido todo de negro, sus brazos doblados sobre su pecho.

Después de lo que descubrí, la última cosa que iba a hacer era abrirle la puerta a un hombre extraño.

Y entonces él habló, gritando fuertemente así lo oiría a través de la puerta.

―¡Brittany! Abre. Santana me envió.

Empecé a hacerlo, luego dudé. ¿Cómo diablos se suponía que sabría si era verdad?

―Soy Mason ―añadió.

Recordé el nombre. Lo oí de Santana una vez, solo de paso, cuando le dijo a  su hermana que alguien llamado Mason la esperaba, pero dejó la marca porque ella hablaba sobre muy pocas personas.

―Trabajo con ella―continuó, incluso su voz a ese volumen, como si estuviera acostumbrado a gritar―. Apenas recibió tu mensaje, y estará aquí en ocho horas. Entre tanto, quería que te diera un vistazo para ver qué te molestaba. ¿Qué fue lo que encontraste que te asustó? Ella dijo que si no me  dejabas entrar te dijera que tiene algo dulce que decirte, solo tan pronto llegue aquí. Dijo que significaría algo para ti.

Lo hizo. Abrí la puerta lentamente, mirando al extraño que iba a dejar entrar en mi casa.

Él era grande con cabello y ojos oscuros, piel bronceada, y una barba de las cinco de la tarde en su dura mandíbula.

Levantó las manos en la señal universal de “No soy una amenaza”. La cosa es, si eres un hombre grande que usa un arma, eso no funciona.

―Puedes decirme desde aquí, si hace que estés más cómoda. Fui enviado por tu llamada, eso es todo. Estoy aquí para ayudarte, en lo que sea que necesites.

Observar sus ojos, los cuales eran cálidos y amables, y oír su voz disminuyendo los gritos, todo ayudó a que me relajara. Comenzaba a creer que este chico era quien dijo que era y empecé a sentir culpa por dudar de él.

―Encontré algo en mi casa que sé, de hecho, tiré a la basura hace días.

―¿Qué es y dónde lo encontraste? ―preguntó.

Suspiré. Si él sabía sobre las llamadas, ya probablemente también tenía conocimiento del embarazo.

―Cinco pruebas caseras de embarazo, unas que usé y tiré en la papelera, alineadas en el mesón del baño.

Silbó.

―Definitivamente eso no es normal. ¿Y pensaste que fue Dani?

―No sé su nombre. ―La describí al detalle.

Asintió.

―Esa es Dani. Puedo prometerte que no fue ella. Fue sacada de este servicio, ahora yo estoy en él. En este momento no está en ningún lugar cerca de  aquí, así que si esto pasó hoy, eso es imposible. ¿Puedo echar un vistazo?

Hice una mueca, y lo dejé, me puse nerviosa mientras lo seguía por mi casa. Si no fue ella, Dani, entonces se me acabaron las ideas. Él no tocó nada  cuando llegamos al baño, solo lo estudió de cerca por mucho tiempo.

―¿Es de Santana? ―preguntó finalmente, su tono ilegible.

Me sonrojé, pero respondí―: Sí.

―¿Estás segura?

En realidad no podía culparlo por preguntar, estaba aquí investigando una  situación extraña por mí, y si era él quien me espiaba recientemente, sabía que hasta hace algunos días, estuve saliendo con alguien más. Pero aun así, dolía un poco

Traté de que mi voz no saliera afilada cuando respondí―: Absolutamente.

Él solo asintió, como si esto fuera un hecho, y continuó revisando.

―Supongo que toda la idea de privacidad como que vuela por la ventana cuando sales con una mujer como Santana―dije, en tono ligero, aunque en verdad aún estaba llegando a un acuerdo con eso.

―Supones bien. Pero, ya sabes, todo es por tu seguridad. ―Ondea su mano hacia todos los objetos del mesón. Finalmente habla de nuevo―: ¿Algo más de la casa ha sido alterado? ¿Algo que se hayan llevado o movido?

Pensé en ello, mirando alrededor de mi habitación. Mi casa era lo suficientemente aseada, no era un caos, pero tampoco estaba particularmente organizada. Tenía muchas cosas, especialmente en la habitación principal, ropa, zapatos, joyería, lencería que nunca llegó a ser propiamente utilizada.

―No he notado nada ―dije lentamente―, pero eso no significa que no lo  haya sido. No pensé en ello. No busqué algo como eso. Solo vi esto porque estaba allí.

―¿Mirarás en este momento? ¿Harás un inventario? Dime si algo falta. Cualquier detalle sería de ayuda.

Asentí y comencé a buscar meticulosamente por la casa, comenzando con mi armario. Ni siquiera sabía cuántos zapatos tenía, solo noté que ese par  no estaba porque eran mis favoritos.

Mis tacones negros Lady Peep Louboutins se habían ido, un compartimiento  de mi pared de zapatos vacío. Quien sea que los haya tomado no trató de esconderlo.

―Al menos falta un par de zapatos ―le grité a Mason.

―De acuerdo ―gritó en respuesta―. Sigue mirando, y dime si encuentras algo más, especialmente si es algo… más personal.

No le expliqué que mis zapatos favoritos extraviados eran muy personales. Era algo que un hombre como él no entendería.

―Una bata de seda ―grité cuando noté otra cosa perdida del armario. Pensé en ello y supuse que debería agregar―: Era mi favorita. La usaba todo el tiempo. Los zapatos también eran mis favoritos.

Él apareció en la puerta de mi armario.

―Así que quien sea que hizo esto te conocía bien.

―Supongo ―dije―. Alguien pudo haberlo descubierto espiándome, así como ustedes lo hacen. ―Era algo triste saber lo mucho que me resigné a la idea de ser acechada. Maldijo.

―Acabé de poner ese detalle, pero tendré que tocar la base más a fondo con la persona que sustituí. Parece que estuvieron flojos en su trabajo.

―Dani ―dije fríamente.

―Dani ―estuvo de acuerdo―. Si alguien más ha estado acechándote, ella debió notarlo.

―Me odia ―señalé.

―Sí. Supongo que es el por qué hizo un trabajo de mierda vigilándote. Normalmente es la mejor en su trabajo. Es la razón por la que fue escogida para este, pero claramente fue un error de nuestra parte. Mis disculpas por eso.

Solo le asentí.

―Sigue mirando ―me incitó.

Terminé con el armario, pero nada más resaltó para mí. Sin embargo, eso  no significaba que las cosas no estuvieran perdidas. Como cortesía de mi  menor adicción, solo tenía demasiados zapatos, bolsas y ropas para perder de vista.

Comencé en mi habitación, yendo a cada cajón de mi vestidor cuidadosamente.

―¿Algo de eso está perdido? ―preguntó Mason mientras iba al cajón de mi ropa interior, sonando tan incómodo como yo me sentía. Le disparé una   mirada.

―Honestamente no tengo idea. Alguien habría tomado mucho antes de notar que algo faltaba.

Él solo asintió, luego enfáticamente alejó la mirada. Seguí buscando, revisando todo. Dejé la cosa más mortificante en mi habitación, de última,  por supuesto. Mason, al menos, aún mantenía su mirada desviada mientras abría el cajón de los juguetes.

Bueno, eso sonó mal. No era un cajón completo de juguetes, era más como algunos juguetes escondidos en el fondo de cierto cajón. Levanté un poco   de lencería que cubría los contenidos más relevantes del cajón y no pude  contener el jadeo cuando vi lo que habían hecho.

Observé a Mason moviéndose por la esquina de mi ojo, la mirada pegada a   la gran cuchilla dentada puesta en medio de mis cosas personales. No era mío. Nunca antes lo había visto.

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Ultimos  capítulos , disfrutenlos!!!! 

Yyyyy les cuento... Sin Dios quiere els traeré la historia de la hermna de San (Elena) por supuesto con las Brittana. ¿Que les parece?
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Dic 27, 2017 9:31 pm

joder no lo puedes ahi,...
san va a empezar a cortar cabezas sea sam o dani van a morir!!!

pd: obvio que me gustaría la otra historia
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por micky morales el Jue Dic 28, 2017 7:13 am

claro la otra historia seria bienvenida, y quien carajo abra hecho esto, sera la tal Dani en verdad o alguien mas odia a Brittany?????
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Mensaje por Tati.94 el Jue Dic 28, 2017 7:59 pm

3:) escribió:joder no lo puedes ahi,...
san va a empezar a cortar cabezas sea sam o dani van a morir!!!

pd: obvio que me gustaría la otra historia
Ya actualizó!!
Tendran que atenerse a la ira San.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Dic 28, 2017 8:01 pm

micky morales escribió:claro la otra historia seria bienvenida, y quien carajo abra hecho esto, sera la tal Dani en verdad o alguien mas odia a Brittany?????
Tiene que ser Dani o Sam porque los tuvieron acceso a la casa de Britt.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Jue Dic 28, 2017 8:13 pm

Capitulo 33


Mason empezó a maldecir. Yo a temblar.

—¿Supongo que ese cuchillo no es tuyo?

Sacudí la cabeza y maldijo un poco más, luego se agachó a mi lado y lo tomó.

—¿Alguna otra cosa rara en el cajón?

Me encontraba tan afectada por el cuchillo que ni siquiera me sentí incomoda por el tema. En este momento, ya no sentía vergüenza.

—Falta un vibrador —dije débilmente. Entonces hubo una larga pausa.

—¿Tu favorito?

Hice una mueca y asentí. Dijo un montón de maldiciones que esta vez duraron por un rato.

—¿Algo más?

Tuve que mirar unos minutos más antes de darme cuenta.

—Un juego de esposas.

No hizo ninguna observación al respecto y, por alguna razón, eso me hizo añadir—: Técnicamente, eran de Santana.

Para entonces revisaba la habitación por su cuenta.

—Comienza a empacar una maleta—dijo, parándose sobre mi cama para  alcanzar el ventilador del techo—. Ahora no puedes quedarte aquí. Esta  casa ha sido comprometida.

Comencé a hacerlo, por mi mente pasaban miles de cosas. Pensé en algo.

—Mi hijo está en camino. Tengo que llamarlo y decirle si nos vamos.

—Hazlo. Pero tienes que empacar primero.

Obedecí, pero por dentro me oponía a eso. Ante todo, era madre, y sentí que lo primero que debía hacer era llamar a mi hijo y decirle que no viniera a mi casa, la cual, aparentemente, no era segura ahora.

Mason maldijo otra vez y lo miré justo a tiempo para verlo sacar algo pequeño del foco adjunto al ventilador del techo.

Enloquecí. Hasta el punto que tuve que decirme a mí misma que me calmara.

—¿Qué era eso? —pregunté, incapaz de esconder la cadencia inestable de mi voz.

—Una cámara —dijo secamente, bajando de la cama—. Esto es incluso más jodido de lo que pensé. Tengo que reportar esto, sacar algo del auto. Me tomará exactamente cinco minutos. Y tienes que empacar rápido, y hablo  en serio al decir rápido. Tenemos que salir de aquí en diez minutos.

Asentí para hacerle saber que lo entendía, pero al segundo que estuvo fuera de la habitación, corrí a mi teléfono y llamé a Raf. Ante todo, soy madre.

Contestó, pero Raf no dijo nada, por lo que empecé.

—Cariño, no debes venir aquí ahora. Es una larga historia; pero Gustave y tú tienen que alejarse de mi casa por los próximos días.

Intentaba empacar con una mano mientras decía eso rápidamente.

—Hola, Brittany—dijo una voz inexpresiva.

Me congelé, el cepillo de dientes que acababa de agarrar se cayó de mi otra  mano. Era raro, una mano se aflojó en tanto la otra apretaba el teléfono contra mi oreja con un fuerte agarre.

Sabía quién era, incluso cuando mi mente se distorsionaba hasta no captar las palabras.

Era Sam, conocía su voz; pero sonaba mal, de manera que casi no la reconocí. De repente, comprendí unas cuantas cosas.

Todas las cosas preocupantes sobre él se esclarecieron, todas las contradicciones y rarezas tuvieron sentido como para finalmente tener toda mi atención, para abrumar mi distraída mente.

Quien sea que pensé que era Sam, no lo era. El hombre al otro lado del teléfono era un misterio para mí, uno aterrador.

Sam era una mentira. Un mito creado para atraerme.

Sam nunca existió. Era un extraño.

Un extraño que me conocía lo suficientemente bien para fingir mis mismos intereses, para caracterizarse a sí mismo en un hombre con el que fácilmente iría a citas.

Y todo eso, cada pequeña parte, había sido una mentira.

Nunca lo conocí realmente; pero él claramente me conocía.

Me estudió lo suficiente bien para romperme con una pequeña frase.

—Tengo al pequeño Raffi —dijo el extraño.

Jaque mate.

—Por favor —jadeé—. No le hagas daño. No lastimes a mi hijo. Por favor.

—Todo depende de ti, Britt.

—¿Qué quieres que haga? Haré lo que quieras, Sam. Solo no le hagas daño. Por favor —rogué.

—Primero que nada, quiero que seas rápida. Deja todo lo que estés haciendo,  deja tu teléfono y sal. Usa la puerta trasera. Ahora. Si tu guardaespaldas te detiene, tu hijo lo pagará. ¿Entiendes?

—Sí.

Ni siquiera era una decisión. Las decisiones requieren pensar y elegir.

No pensé, y no tuve elección. Era mi bebé. Ganó. Haría cualquier cosa que pidiera si existía una oportunidad de impedir que le hiciera daño a mi hijo.

Corrí rápido, más rápido al sentir pánico, atravesé mi casa y salí por atrás en menos de diez segundos.

Se hallaba oscuro afuera, y el extraño en el teléfono no me dio instrucciones sobre qué hacer cuando estuviera afuera.

Tuve un momento para preguntarme qué debería hacer amcontinuación cuando algo se estrelló bruscamente contra mi nuca.

Caí con un gemido.

Un trapo húmedo y con un olor fuerte cubrió mi nariz y boca.

El mundo se volvió negro. 

****

Me desperté sintiendo un intenso dolor de cabeza.

Estaba atada, amordazada y en el maletero de un vehículo en movimiento.

Aunque todo se hallaba oscuro, podía sentir lo que tenía alrededor de los tobillos y muñecas.

Jodidas bridas, el muy psicópata.

Sabía que era inútil luchar al no poder maniobrar adecuadamente y sin objetos afilados que pudiera utilizar, no podría ser capaz de ayudarme a mí misma. Fue por instinto. Luché. Fuerte y durante mucho tiempo, hasta que  mis muñecas estuvieron magulladas y en carne viva, luego ensangrentadas y rasgadas. El miedo me estimulaba, de manera que seguí luchando.

Quería salir del maldito maletero. Sentí que cualquier cosa podría ser mejor.

Pero entonces estuve fuera, fui trasladada del auto a una casa, y no fue mejor.

Sam, o cómo diablos sea su nombre, me llevó por una cochera oscura, colgada sobre su hombro como si fuera un paquete.

Me colocó en el piso, apoyada contra la pared. No era rudo, de hecho, fue  cuidadoso; pero ni siquiera eso me hacía sentir mejor, no cuando lo miraba a la cara.

Cuando no se hallaba fingiendo, inspiraba el tipo de horror que hace que el cabello se te pusiera de punta, la bilis subió por mi garganta.

Ni siquiera era por el hecho de que fuera siniestro. Era la falta de algo lo que  me asustaba. El vacío en él ahora que no tenía que fingir ante mí. No sabía cómo tratarlo, qué hacer para salir de esto. Razonar con él parecía  imposible. Nada podría conmover algo tan vacío de sentimientos.

Dejó la habitación brevemente.

Las luces no se hallaban encendidas; pero no se encontraba completamente oscuro. Podía distinguir algunas sombras en el lugar, lo suficiente para ver que era una especie de cueva con televisor, sofá y un sillón reclinable.

No me di cuenta que no era la única ocupante de la habitación hasta que oí un bajo gemido a varios metros delante de mí. Gimoteé a través de mi mordaza.

Era Rafael. Y se hallaba adolorido.

La luz se encendió y lo vi, era un desastre tirado y golpeado en el piso.

Mi mirada fulminante y húmeda fue hacia el extrañó antes conocido como Sam.

Me sonrió.

Quería matarlo con mis propias manos.

—Si gritas, tu muchacho lo pagará —dijo Sam, entonces se agachó y arrancó la mordaza.

—Dijiste que no le harías daño —salió de mi boca al segundo que el trapo fue arrancado.

Agitó una indolente mano hacia la débil figura de Raf.

—Eso fue antes. No vino conmigo fácilmente. Tu muchacho es un luchador.

Cerré los ojos y abatidamente susurré—: ¿Por qué? ¿Por qué estás haciendo esto?

—Estoy seguro que lo has adivinado. Es por Santana. La estoy haciendo salir de su escondite.

—Pero, ¿por qué?

—Por una razón, fui contratado. Tiene algunos enemigos muy poderosos. Pero eso es algo que sucedió recientemente, y esta es una vieja rencilla. La he buscado por mucho tiempo. No puedes imaginar cuan complacido  estuve por finalmente encontrarle una debilidad, una que particularmente no mantiene bien protegida.

Me estudio como si buscara una respuesta; pero no le di una.

—¿Alguna vez miras a tu alrededor y piensas que eres la única quien realmente está allí? —me preguntó—. Todos los demás son un cascaron.Nada más que vacío. Tanta gente, un mar de cuerpos, llenos de nada más que órganos, vísceras y sangre. Todos sin forma y descoloridos. La única vez que los veo es cuando los hago sangrar, cuando los corto y siento sus entrañas con mis propias manos. ¿Sabías que las entrañas de la mayoría de la gente tienen más profundidad que lo que ellos llaman almas?

Sacudí la cabeza para hacerle saber que no sabía, con los ojos abiertos fijos  en sus ojos muertos, preguntándome si iba a vomitar sobre él.

»E incluso entonces —continuó—, el color solo dura poco tiempo, desaparece incluso antes de que un cuerpo se enfríe y luego estoy solo en el mundo otra  vez, el unico que realmente está aquí, al parecer. Así es cómo me siento casi todo el tiempo. Solo. Pero de vez en cuando, veo a alguien más. Por una u otra razón, destacan para mí. No están vacíos. Santana es una de esos. Solíamos trabajar juntos, ¿te lo dije? Cooperamos en algunos trabajos para el gobierno hace algunos años. Tiene un talento poco común. Siempre he respetado su trabajo; pero en lo personal, no nos llevamos bien. No  estamos de acuerdo en algunas cosas, si eso tiene sentido. No te aburriré con los detalles, pero la última vez que trabajamos juntos, terminó mal.  ¿Creerías que intentó asesinarme? Casi lo hizo. Obviamente no podía   perdonar una cosa como esa. Me disparó y desapareció. Es tiempo que tenga la oportunidad de devolverle el disparo. Casi estaré triste cuando lo  haga. Es una lástima tener que matar a una de las personas más reales; pero en su caso, se tiene que hacer. Pero hay algo rescatable aquí.

Me estremecí al pensarlo. Me dejaba atónita que creyera que había algo rescatable.

—¿Quieres saber qué es? —preguntó.

Asentí, porque cuando un loco te hace una pregunta, es jodidamente mejor que intentes seguirle la corriente.

Me dio una sonrisa enferma.

—Te encontré. Y ya sabes, tampoco estás vacía, Brittany.

Que jodida suerte la mía.

¿Qué era yo, un afrodisiaco para los psicópatas?

Pero mientras lo pensaba, me di cuenta que podría ser algo que podía usar.

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Mensaje por 3:) el Jue Dic 28, 2017 8:37 pm

bueno,... no fue dani!!!
a ver cuanto tarda san en llegar o encontrarlos!!!???
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Mensaje por Isabella28 el Jue Dic 28, 2017 11:22 pm

Que no le pase nada a britt ni a sus hijos, ese cara de payaso de sam la va a pagar.
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Mensaje por micky morales el Vie Dic 29, 2017 9:06 am

Que idiota el guardaespaldas, algo tan simple como no dejarla sola ni por un minuto y no lo pudo hacer!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Vie Dic 29, 2017 8:33 pm

3:) escribió:bueno,... no fue dani!!!
a ver cuanto tarda san en llegar o encontrarlos!!!???
Esperemos que desde ya este haciendo algo.
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Mensaje por Tati.94 el Vie Dic 29, 2017 8:35 pm

Isabella28 escribió:Que no le pase nada a britt ni a sus hijos, ese cara de payaso de sam la va a pagar.
Si eso es lo mas importante que no les haga daño.
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Mensaje por Tati.94 el Vie Dic 29, 2017 8:37 pm

micky morales escribió:Que idiota el guardaespaldas, algo tan simple como no dejarla sola ni por un minuto y no lo pudo hacer!!!!
Pues si, la descuidó, eso de irse fue una cagada
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Mensaje por Tati.94 el Vie Dic 29, 2017 8:42 pm

Capítulo 34


Mis ojos se lanzaron hacia Raf. No se movió ni hizo ningún ruido desde que el psicópata Sam encendió la luz.

—Por favor, Sam…

—Llámame Earl.

—Por favor, Earl, permíteme atender a mi hijo. Necesito asegurarme de que está bien y cuidarlo.

Earl se enderezó y se alejó, dejando la habitación. Pensé que ignoraría mi petición, pero volvió unos minutos más tarde, con una bolsa de cuero negro en la mano.

Me tensé cuando llegó cerca de Raf, pero no lo lastimó, al menos no más de lo que ya estaba herido.

En su lugar, comenzó a atenderlo.

—Solía ser un médico, ¿sabes? —me dijo.

Me daba la espalda y no podía ver lo que hacía exactamente. El rostro de los dos se encontraba escondido de mí, pero podía distinguir vagamente sus movimientos.

—¿Está bien?—pregunté, conteniendo el aliento mientras esperaba la respuesta.

—Está bien. Moretones y cortes superficiales, nada más. Y, Brittany, él permanecerá bien, siempre y cuando cooperes conmigo.

—Voy a cooperar —le aseguré, diciéndolo en serio—. Solo no le vuelvas a hacer daño.

Se quedó en silencio durante largo rato, y apenas parpadeé mientras lo observaba. Si hubiera intentado dañar más a Raf, no habría podido hacer nada al respecto, pero no lo hizo. En cambio, limpió y vendó sus cortes, llegando incluso a sostener un paquete de hielo en su cabeza.

Cuando terminó, se acercó y se agachó delante de mí otra vez, estudiando mi rostro con una curiosidad imparcial.

—Necesitamos viajar de nuevo —me dijo, como si estuviéramos discutiendo, y yo tuviera algún tipo de opinión en el asunto. Lo miré fijo.

—¿Tienes más preguntas para mí antes de que te ponga esto de nuevo? —preguntó, sosteniendo el paño que usó para amordazarme.

Usaba solo un toque de su personaje de Sam para persuadirme, pensé, aunque no vi el punto. Obviamente podía hacerme lo que quisiera, estuviera de acuerdo o no.

—Mataste a Eduard, ¿verdad? —pregunté.

—Sí. Por ti. Era molesto, ¿no? Y ahora no te molestará. Y además, no me gustaba su actitud.

—No tenías que hacerlo —dije con la voz temblorosa de rabia. Era tan absurdo.

—No, no lo tenía, pero quise hacerlo. Y no fue al único que maté por ti.

Mi vida se convirtió en una pesadilla, y cuando dijo eso, mi mente voló a la más horrible posibilidad.

Dios, no. Por favor no. Eso no. Todo menos eso.

—¿Gustave? —Me las arreglé para sollozar. No podía manejar ni siquiera el pensamiento.

—No, no, nada tan drástico. Tus hijos no te molestan, al menos no lo he notado, aunque me perturbaba un poco porque nunca me quisiste presentar. Eso casi me hizo perder la paciencia, lo que te habría causado un poco de pena, pero afortunadamente para ti, soy un hombre moderado.

Gracias, Dios, gracias, Dios, gracias, Dios, canté en mi cabeza.

—¿Quién entonces? —pregunté al final.

—Dani. Era una vieja colega mía, pero debo decir, nunca tuve mucho uso para ella. Otra vasija vacía. Desalmada en su núcleo.

—¿Por qué?

—Planeaba algo. La retiraron de la misión. Se suponía que ya no debía  estar observándote, pero lo hacía, y actuaba errática, claramente molesta. Para ser honesto, no sé lo que iba a hacer, pero parecía probable que intentara hacerte daño. Así que me ocupé de ella. La maté por ti.

No me pasó por alto, la horrible ironía de que este hombre que me iba a  hacer daño, que ya lo empeoró hiriendo a mi hijo, mató a alguien porque podrían hacerme daño.

No tuve mucho tiempo para cuestionármelo. Pensé que se movía para amordazarme, pero en vez de eso me cubrió la nariz y la boca con un paño que apestaba con ese mismo olor acre.

Perdí el conocimiento.

****


No sé si me colocó una dosis más fuerte o qué, pero debo haber estado dormida por mucho más tiempo esa vez, porque cuando desperté, ya me encontraba en otra casa, en otra habitación con Raf, que estaba consciente ahora, sus ojos fijos en mí.

Observé cada moretón y corte que pude visualizar, sus ojos ennegrecidos, su labio partido, sintiendo cada parte de ello en mí. No tenía ni idea de por qué, pero el doctor Earl, el psicópata, se tomó la molestia de hacernos sentir  cómodos, sentados, atados, pero en sillones reclinados colocados a unos dos metros de distancia, uno frente al otro.

Y así empezó nuestro extraño cautiverio.

En su mayor parte, era tedioso. Un montón de espera, ansiedad y preocupación.

****


Raf era atado con fuerza y tratado como alguien peligroso. El psicópata incluso lo alimentaba a mano, no confiando en él con un tenedor y una cuchara.

Sabía que Rafael era un joven influido por la testosterona, extremadamente sobreprotector de su madre, esperando la oportunidad de liberarse

A mí, Earl me trató drásticamente diferente, aunque me tomó algún tiempo entenderlo. Me mantuvo atada, pero no tenía ninguna precaución conmigo,  ni pensaba que intentaría atacarlo. Me trató como un riesgo menor.

Porque me había observado, acechándome solo Dios sabe por cuánto tiempo, y conocía algunas cosas sobre mí.

Sabía que no era violenta.

Sabía esto de observarme y se sentía confiado en su evaluación.

No hizo suficiente investigación.

Podría ser un asesino perfecto, pero en este caso, era un completo tonto. Porque yo no era violenta. En general, no, no tenía el deseo de lastimar dentro de mí. En su mayor parte, tenía un alma pacifista.

Hasta un punto. Todos tenemos un punto de ruptura. Todo el mundo  probablemente tiene algunos, pero sin duda, mis hijos eran la forma más rápida de tocar el mío.

¿Cómo se atreve este loco a arrastrar Raf en esto?

Lo mataría con mis propias manos. Esperaba mi oportunidad.

****


Earl mantuvo su palabra sobre ya no herir a Raf siempre y cuando yo cooperara, y lo hice, pero no podía decirse lo mismo de mí.

Podría haber sido peor. Eso era un hecho absoluto. Había una docena de  cosas, sin ponerme a pensar, que me habrían sido menos tolerables.

Sin embargo, sufrí algo de dolor. Algo de tormento.

Algunas cargas a ser soportadas que no podrían ser retiradas. Las llevaría para siempre.

Comenzó alrededor del mediodía del primer día en esa segunda casa y se apegó a un patrón rígido.

Empezó amordazando a Raf y luego se volvió hacia mí.

Me desató y me llevó, sin decir palabra, a otra habitación.

No peleé. Sabía que a esto se refería con respecto a mi cooperación. Eso no lo hizo fácil.

Podía oír a Raf gritando inútilmente en su mordaza desde el momento en que nos fuimos hasta que me vio de nuevo.

Cuando dije que no hirió a mi hijo otra vez, aludía solo al dolor físico.

La otra habitación era un dormitorio, y ese primer día lo peor fue lo que pensé y temí que haría cuando me sentara en esa cama.

Pero no me violó. Gracias a Dios, al menos por eso.

—No tengo lo que llamarías un “cableado normal” —me explicó enmun momento dado—. Ni siquiera tengo orgasmos por el sexo.

No pregunté. Sinceramente no quería saberlo, pero parecía sentir,mcomo a menudo, que me debía una explicación.

—Te mostraría cómo lo hago, pero no puedo, no mientras estés embarazada. No es seguro. No quiero que pierdas al bebé. Después, sin embargo, nos divertiremos, lo prometo.

No le pregunté qué planeaba hacer con el bebé. No quería llamar su atención sobre él. Era demasiado extraño cuando se trataba de mi bebé.

Obsesionado. Como si fuera suyo.

Me desnudó, me empujó hacia abajo y me ató los brazos por encima de la cabeza.

Me quedé mansa como un cordero, sabiendo que cualquier pelea que pusiera de mi parte causaría algún tipo de daño a Raf.

Fue difícil permanecer en silencio cuando sacó una navaja. Era una cosa  pequeña, pero no dejé que me engañara. Los cuchillos pequeños me podían  cortar tan bien como los grandes, si eran lo suficientemente afilados. Y este fue perfeccionado con precisión.

Yací allí, temblando, mientras esperaba a que él comenzara en mí.

No tenía idea de lo que planeaba, pero sabía que no sería agradable.

—Me gustaría que subieras un poco de peso —me dijo, mientras se inclinaba para tocar mi muslo—. Y perdieras un poco de tono muscular. Serás más divertida para jugar cuando no seas tan firme. Me gusta la carne suave.

Cerré los ojos y me estremecí. Me pasó la mano libre por el muslo interno. 

—No obstante, tu piel es como el terciopelo. Me gusta eso.

Y empezó a cortar, tallando en mi piel con habilidad determinada.

El dolor no era insoportable. El dolor no era lo que lo hacía tan horrible. Era la  impotencia, y la mirada en su rostro mientras me tenía a su merced.

Aunque fue rápido y no cortó profundo. Sangraba, pero era eficiente, y paró el sangrado y limpió el corte con rapidez. Cuando terminó, tomó fotografías. Muchas. Después de eso, me desató y me dijo que mirara.

Me senté y estudié el lugar en el que estuvo trabajando.

En lo alto de mi muslo interno, tallado en mi carne, decía: SUAVE.

****



Después de eso, me dejó vestir, me ató a mi silla, sacó la mordaza de Raf, luego salió de la casa por unas horas. Esto también era una parte del patrón diario.

Tan pronto como quedábamos solos con Raf, nuestros ojos coincidentes se encontrarían, el mismo miedo desesperado, buscando en cada par.

—¿Estás bien? —gesticulé.

Mi hijo asintió.

—¿Te lastimó? —articuló en respuesta. Sacudí la cabeza, la primera de muchas mentiras que le diría para protegerlo del dolor.

—¿Él te...? —Raf no pudo siquiera terminar la frase. Hice contacto visual sólido y sacudí mi cabeza.

—No. Eso no es lo suyo.

****


Cuando Earl regresó esa primera vez, se hallaba tan lleno de energía que   no podía parar de moverse, temblando. Estaba acelerado, entusiasmado con algo.

—¿Te gustaría dar un paseo, Brittany? —me preguntó, amordazando a Raf de nuevo.

Ni siquiera miró a mi hijo cuando lo hizo. De hecho, rara vez lo miraba. Eso me preocupaba, que no parecía notarlo. Sabía que lo hacía más prescindible para el enfermo.

Por supuesto, no era una pregunta real. No tenía elección aquí, pero tuve que responder, de todos modos.

—Sí, Earl.

—Cambié de opinión acerca de que me llames Earl. Me gustaría que me llamaras doctor.

—Sí, por supuesto, doctor.

Sonrió como si estuviera complacido, luego me desató, me puso de pie, y me sacó fuera.
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Mensaje por 3:) el Vie Dic 29, 2017 9:42 pm

no jodas,.. cuando llega santana???
bueno hasta ahora el idiota se esta "comportando",...
a ver cuanto tiempo va a estar asi??
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Mensaje por micky morales el Sáb Dic 30, 2017 6:30 am

A este paso cuando Santana se digne en aparecer Brittany parecera un crucigrama!!!!!
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Mensaje por Isabella28 el Sáb Dic 30, 2017 9:09 am

Como que santana se esta tardando.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 30, 2017 6:00 pm

3:) escribió:no jodas,.. cuando llega santana???
bueno hasta ahora el idiota se esta "comportando",...
a ver cuanto tiempo va a estar asi??
Eso de cortala es enfermizo, estoy segura que San la esta buscando con todo lo que tiene.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 30, 2017 6:02 pm

micky morales escribió:A este paso cuando Santana se digne en aparecer Brittany parecera un crucigrama!!!!!
Temo que tengas razon. Esperemos que San la encuentre pronto.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 30, 2017 6:04 pm

Isabella28 escribió:Como que santana se esta tardando.
Uy si! Esta demorando mucho para mi gusto.
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