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[Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 30, 2017 6:18 pm

Capítulo 35


Era un día brillante afuera, ni una nube en el cielo, pero a penas lo noté, en vez de eso intenté estudiar mis alrededores. Una ola de desesperación se extendió sobre mí ante lo que vi.

Estábamos en el desierto. En medio de ningún jodido lugar. La pequeña casa en la que nos tenía, no tenía vecinos con los cuales hablar.

La única carretera era una pequeña de tierra, una carretera privada, y se propagaba tan lejos en la distancia que no podía ver dónde terminaba, o dónde algunas otras carreteras la interceptaban.

Nos encontrábamos varados aquí. Incluso si lográbamos liberarnos de nuestras ataduras lo que era complicado en sí mismo, no había ningún lugar a dónde ir.

—No hay escape aquí, Brittany—dijo Earl tranquilamente, como si leyera mis pensamientos y me sonrió con su muerta sonrisa justo directo hacia mi alma.

Traté de no mirarlo, pero un odio como el que nunca conocí florecía dentro de mí. Casi era una comodidad, cuán poderoso era el odio.

El odio puede convertirse en sustento. Este crecía tanto que sentía como si  me diera energía, una energía de la que podía vivir, si era necesario.

Él atormentaba a mi hijo y torturándome, pero no lo llegaba a él. Nada de esto le llegaba. Hiriéndome, aterrorizando a mi familia.

¿Cómo llegabas a un hombre que no podía sentir nada? Necesitaba llegar a él.

—Si todo esto es para herir a Santana, has cometido un error —dije tranquilamente.

Eso lo hizo mirarme con algo parecido al interés por fin.

—Ella es como tú —le dije—. Nada que me pase la herirá. Yo era un trabajo para ella, justo como lo soy para ti. Ella solo actuaba territorial porque así es como es, no porque el territorio significara algo para ella.

Frunció el ceño y sacudió su cabeza.

—Te equivocas, Brittany. Ya gané. Ella estuvo de acuerdo con todo lo que pedí, se rindió sin luchar al primer intento que tuvo. Quiere hacer un canje. Ella por ti y Raf. Ni siquiera dudó. No creerías cuanto me rogó. Fue  hermoso. Rompiste a mi perfecta soldado.

Quería lamentarme. En vez de ello, aparté la mirada de él para ocultar mi odio. Era cada vez más difícil actuar serena con él.

Algo lo molestó, un breve destello de mi expresión despreocupada, tal vez. De pronto se enfadó, me agarró la barbilla y me miró a la cara.

—¿Eso fue una táctica? —tanteó suavemente—. ¿Intentabas engañarme? ¿Por qué? Pequeña mentirosa, pagarás por eso.

Esa fue la primera vez que me pegó, justo allí en la nada, ¿Por qué quien lo vería allí afuera?

Ni un alma.

Nos alejamos lo suficiente de la casa que el sonido de los golpes no serían escuchados por Raf. Al menos él evitaba eso.

No lloré. Traté de mantenerlo silencioso, agradecida de una forma, porque él parecía evitar mi sección medía.

Me golpeó en las piernas para hacerme poner de rodillas, raspándolas contra el suelo. Agarrando mi cabello con una mano, empezó a golpearme con la otra, justo en la cara, pequeñas bofetadas que se convirtieron en golpes  con las palmas abiertas que progresaron en fuertes golpes de revés.

Me golpeó de una forma que fue lo suficientemente dolorosa, pero casi superficial, oscureciendo mi rostro, sangrando mis rodillas.

Cuando hubo terminado, me empujo, sacó su cámara y empezó a tomar fotos.

—Lleva las rodillas a tu barbilla. —Me instruyó fríamente, sin furia presente, y ahí fue cuando me di cuenta que hizo esto, no para descargar su temperamento, sino como un movimiento calculado.

Trataba de enfadar a Santana, y no tenía duda de que lo lograría.

Algunas veces las palabras que escogía para tallar en mi piel eran extrañas. Aleatorias. Palabras como MADRE, CALMA, DOCÍL. Una vez, al azar, incluso recibí un ENCANTADORA justo debajo de mi pecho derecho.

Pero otras veces, las palabras no eran al azar en absoluto. El día después de esa conversación fue uno de esos.

Recibí un MENTIROSA en mi axila izquierda, en lo más alto, justo en la piel más sensible. Verdaderamente dolióo

No conseguía una palabra todo el tiempo, pero palabras o no, él siempre tallaba algo en mí.

Lo hacía fácil, al menos, contar los días mientras pasaban.

Estábamos en el décimo día cuando cortó un ordenado y pequeño OBEDIENTE justo en el interior de mi muñeca.

Era suficientemente calculador como para ponerme una camisa manga larga después de eso. Al menos intentaba esconder los cortes de Raf. Apreciaba eso.

Salió de la casa justo después de eso, dejándonos solo por el receso de dos horas.

Teníamos cuidado cuando hablábamos, pensaba que, al menos, tenía un micrófono ocultó en la habitación, pero esas dos horas aún eran lo más importante de cada día.

—¿Estás bien? —le pregunté a Raf, lo primero cuando estuvimos solos.

Sus ojos crudos golpearon los míos, y pude ver que esto cobraba su peaje en él. Mi pobre y sensible muchacho. Si eso no le hiciera más daño a él, habría llorado.

—¿Te hirió? —preguntó, voz rasposa con el esfuerzo de contenerse todo.

—No, dulzura. Estoy bien.

Los ojos inyectados en sangre de Raf bajaron al punto en mi brazo, justo debajo de la manga del dobladillo.

Bajé la mirada. Maldición. Un poco de sangre apareció, asomándose a través de la tela. Giré mi brazo, escondiéndolo, pero fue demasiado tarde.

—¿Qué es eso? —preguntó.

—Solo un rasguñó —le aseguré. Cerró los ojos y vi que sus labios temblaban. Mi pobre sensible chico.

Renuncié a trabajar en mis ataduras para entonces. Earl notó la condición  de mis muñecas desde el principio, y calmadamente amenazó con herir a Raf si continuaba.

Nuestra situación se sentía más desesperanzada que nunca. Pero tomándonos a ambos, tuvo todo el apalancamiento que necesitaba para mantenernos obedientes por siempre.

Con solo pensar la palabra me hizo bajar la mirada hacia mi sangrante muñeca. Los cortes se filtraron lo suficiente como para distinguir OBEDIENTE por medio de mi manga blanca.

Ese fue el día que algo maravilloso pasó.

Earl no regresó.

Ni ese día, ni el siguiente, ni el siguiente a ese.

Al tercer día fue cuando empecé a ganar la certeza de que moriríamos así, atados a sillas solidas y hambrientos.

Cada vez que se iba, Earl nos dejó una gran botella de agua, colocada entre  nuestras piernas. Era complicado pero ambos aprendimos rápidamente como beber de esa forma, retorciendo la tapa con los dientes y tomando pequeños sorbos.

Ambos racionamos nuestra agua tanto como podíamos; tomando sorbos  más pequeños cuando comenzamos a pensar que él no iba a regresar en algún momento pronto.

Al tercer día, lucía horrible. Incluso con el racionamiento, estábamos hasta las últimas gotas, y pronto, chupando aire.

¿Cuánto tiempo podía vivir una persona sin agua? Pensaba que tres días. Raf juró que cinco, ya que nos hallábamos bajo techo. A duras penas quería saber cuál de nosotros tenía razón.

Otro día pasó, el agua se había terminado por completo ahora.

Memoricé el frisado del techo, y ya ni siquiera notaba el hedor.

Jugábamos juegos, nos interrogábamos con trivialidades al azar para pasar el tiempo, pero empecé a sentir mi mente cada vez más lenta, y dormíamos más y más con cada día que pasaba.

Raf se hallaba durmiendo cuando de repente tuve una desesperada ráfaga de energía y empecé a luchar contra mis ataduras.

Me froté las muñecas y los tobillos ensangrentados, casi golpeé mi silla y no logré nada. Earl sabía lo que hacía. No dejó debilidades para explotar.

Lloré, pero las lágrimas no salieron. Me hallaba demasiado deshidratada para ello.

****


Me desperté de repente, y no sabía por qué. Me quedé quieta por un momento, pensando, intentando escuchar, antes de oírlo, rompiendo el gran y vasto silencio del desierto.

Un carro. Uno ruidoso o posiblemente varios.

Mis ojos encontraron los de Raf. Nos miramos el uno al otro, ambos temiendo esperar que esto pudiera ser una mejora en nuestra situación.

Quizás era Earl, y solo utilizó nuevas formas de torturarnos.

Sin embargo, su carro nunca fue ruidoso. Pero era posible que solo viniera con uno diferente. El hombre era un asesino a sangre fría. Dudaba que tuviera algún reparo en robar un auto nuevo.

Pero no, a medida que el sonido crecía, haciéndose más y más ruidoso hasta que se sintió como si la casa se sacudía, creció mi seguridad sobre que no era solo un carro o incluso unos cuantos. Eran un montón de carros.

Salté en mi asiento cuando escuché un fuerte estallido en la puerta, no como un golpe, sino como un ariete, acompañado de gritos de—: ¡FBI! ¡Abran! —Y golpes más fuertes, seguidos por el sonido inconfundible de la puerta principal abriéndose.

Pensé que podía desmayarme, me sentía tan aliviada.

Santana fue la primera en entrar.

Parecía loca. Trastornada. Estaba cubierta de sangre, desde el cuello hasta los pies, y sus ojos eran más animales que humanos.

No me importaba. Lo tomaría así. Lo tomaría de la forma en que fuera.

Me trajo agua, ojos cautelosos en mí, pero me rehusé a tomar, diciéndole  que le diera primero a Raf. Se movió ligeramente, dejándome saber que Raf era atendido tan rápido como yo.

Sostuvo la botella hacia mis labios mientras bebía, se inclinó para besar la cima de mi cabeza tiernamente, dejándome saber que no se fue por completo. Mi Santana aún se hallaba allí dentro en alguna parte.

—¿Estás sangrando? —le pregunté mientras cortaba mis ataduras, mis ojos corriendo sobre su sangrienta forma. Toda ella estaba seca o casi seca.

—No. nada de esto es mío.

—¿De Earl?

—Sí —escupió, su tono salvaje—. Está muerto.

—Bien —dije, igual de salvaje.

Me cogió y me sacó de allí.

No pude evitarlo, cuando el sol golpeó mi cara, empecé a llorar.

Ella me sostenía contra su pecho sangriento, acariciando mi cabello, una y otra vez, murmurando—: Esa es mi chica, mi Britt-Britt. Estás bien ahora. Todo el mundo está bien.

Su tono era tranquilizador, pero sus brazos alrededor de mí temblaban. Trataba de convencerse tanto como yo. No era la única que fue dañada por esta penosa experiencia.

Conseguí sacarle un par de detalles cuando empezamos a andar.

Se entregó a Earl hace unos días, pero consiguió darle la vuelta. Durante  días, torturó a Earl, tratando de conseguir que diera nuestro paradero.

Tomó algo de tiempo, pero rompió al doctor. Al segundo que los ojos de Santana cayeron en mí en la casa, se le informó a Mason, y Earl fue sacado de su miseria.

De alguna forma, sobrevivimos. Nos hallábamos vivos. Todos nosotros. Y Earl, el jodido doctor psicópata, estaba muerto.
-----------------------------

Chicas ya casi casi se nos termina esta historia tan buena.


Les digo chicas, que Martha las extraña y les manda saludos a todas! Tuvo un accidente en el trabajo, se fracturo los dedos y tiene que cuidarse para sanar bien por eso no a actualizado sus historias. Esperemos que se recupere pronto.


Feliz año a todas¡ por adelantado. Mañana no se si podre actualizar.
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Mensaje por 3:) el Sáb Dic 30, 2017 8:52 pm

al fin apareció san de una vez!!! y esa hijo de perra muerto!!
a ver que pasa ahora???

PD feliz año nuevo,.. igual para martha, que se mejore y un feliz año para ella también!!!
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Mensaje por micky morales el Dom Dic 31, 2017 7:14 am

Mis mejores deseos para Martha, al fin Santana la encontro, estare ausente un par de dias asi que FELIZ AÑO NUEVO!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 01, 2018 2:46 pm

3:) escribió:al fin apareció san de una vez!!! y esa hijo de perra muerto!!
a ver que pasa ahora???

PD feliz año nuevo,.. igual para martha, que se mejore y un feliz año para ella también!!!
Sam se llevo su merecido!!

Pd espero la hayas pasado muy bien y si esperemos que se mejore.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 01, 2018 2:48 pm

micky morales escribió:Mis mejores deseos para Martha, al fin Santana la encontro, estare ausente un par de dias asi que FELIZ AÑO NUEVO!!!!!
Dale, Feliz año nuevo! Si nuestro mejored deseos para ella.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 01, 2018 2:53 pm

Capítulo 36 Final


Hubo algunos momentos oscuros a medida que me recuperaba y me preguntaba si alguna vez sería la misma. Siempre sentía lo mismo.

Y era, de alguna manera, esclarecedor; porque me daba una idea de lo que Santana sentía, cuando miraba a la gente que vivía su vida normal y se preguntaba cómo diablos alguna vez sería como ellos de nuevo.

Raf pasaba por lo mismo. Había cambiado, algunos de sus puntos blandos se endurecieron, algunos de sus rasgos dulces se rompieron. Pero nos hallábamos vivos, y la vida continuaba.

****


Santana hizo todo lo posible para permitirme vivir una vida normal en tanto protegía a su hermana, pero el incidente con Earl nos arrebató esa decisión.

Mi seguridad se encontraba comprometida, mi conexión con Santana me convirtió en un blanco, y teniendo en cuenta que Earl tuvo éxito atrapándonos, no existía razón para pensar que no volvería a sucederY

Y así, aunque no era testigo, entré en el programa y me escondí con Elena. Mis hijos vinieron conmigo. Ni siquiera se quejaron. Nos dijeron por adelantado que probablemente estaríamos por años, pero ninguno podía aceptar la idea de estar separados y sin contacto durante tanto tiempo.

No pude despedirme de mis amigos, ni siquiera de mis padres, por temor   a ponerlos en peligro, así que todo eso fue manejado sin preguntarme.

Me enfrenté a ello diciéndome que los volvería a ver en unos años, pero era difícil llegar a un acuerdo con esa parte.

****


Luego de eso, conseguí algo de tiempo con Santana; unas semanas a medida que me recuperaba, tiempo en que no se alejó de mi lado.

Fui examinada por un médico y me ordenó reposar durante un tiempo para estar a salvo.

Las cosas eran extrañas con Santana. Raras e inestables.

Me di cuenta de que se sentía alegre por el bebé. Era obvio por la forma en que no podía mantener sus manos alejadas de mi vientre por más de unos minutos.

A veces me despertaba para encontrarla presionando los labios contra mi estómago, una mirada casi pacífica en su rostro.

Pero al principio no hablamos mucho de ello. No hablamos de muchas cosas.Sin embargo, había una cosa de la que a Santana le encantaba hablar.

—Nos vamos a casar —me dijo de la nada.

—¿Qué?

—Vas a tener a mi bebé. Nos vamos a casar.

No podía creer lo que acababa de decir, o cómo lo había dicho. Unos  momentos más tarde, me las arreglé para decir—:  Tengo cuarenta y un años, San. No necesito casarme para tener un bebé. No son los malditos cincuenta. Podemos ser madres sin estar casadas.

—Entonces no lo hagas por el bebé. Hazlo por mí. Lo necesito. Necesito saber que cuando salgo por ahí, tengo que regresar a casa. Eres mía, y necesito hacerlo legal.

Mi corazón latía con fuerza en mi pecho, pero la miré fijamente. Y siguió  adelante.

—Esto no es negociable. Te dejé ir una vez. Fui contra todos mis instintos y  me alejé de ti, porque pensé que era lo desinteresado que debía hacer. Ahora estás atrapada conmigo por el tiempo que esté viva. Eres mía, ese bebé es mío, y vamos a hacerlo legal.

—Ni siquiera tenemos nuestras propias identidades. No significaría nada.

Su garganta se movió con un trago áspero en tanto me miraba fijamente, con  la expresión de sus ojos cruda y fría.

—Significaría algo para mí.

Dios, sabía cómo conmoverme.

—Dime algo dulce —le dije con una sonrisa.

—Te necesito —dijo con voz ronca.

—¿Y? —pregunté.

Se veía confundida, de manera que se lo facilité.

—¿Me amas, Sanny?

—Por supuesto que sí. ¿Qué crees que es todo esto, si no es amor?

Eso me sorprendió, mi corazón dejó de latir, y luego volvió a hacerlo violentamente.

Y aún así, sentí la necesidad de decir—: Nunca me habrías llevado contigo si no te hubieses visto forzada por las circunstancias.

Arqueó las cejas, con una apariencia de severa. Severa y magnífica. La combinación que encontraba más irresistible en ella.

—Te encuentras absolutamente en lo correcto. Si no hubiera sido tan descuidada, porque me obsesioné contigo, no estarías en esta situación ahora, atrapada, confinada, en peligro. Te habría ahorrado eso. Pero lo   hubiera hecho por ti. No por mí. Si fuera una bastarda completamente egoísta, te habría encadenado a mi lado desde el principio.

Me miró fijamente durante un minuto, luego continuó—: Y otra cosa, siempre planee regresar por ti, cuando estuviera a salvo. Si te hubieras mudado o no, no me importaba; iba a volver para sacudir tu vida y traerte de vuelta cuando todo esto terminara. Eso es un jodido hecho.

—Sí. Sí, me casaré contigo —dije de repente, impulsivamente, porque me dio lo que necesitaba.

Esta mujer me amaba como merecía ser amada.

Esperé mucho tiempo para eso.
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Mensaje por 3:) el Lun Ene 01, 2018 8:46 pm

muy buen final,.. basado en lo que es san jajjaja
me gusto mucho la historia!!!
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Mensaje por micky morales el Mar Ene 02, 2018 8:32 am

Lastima lo de la proteccion y el tener que alejarse de todo pero si es para una vida junto a Santana pues listo es lo mejor!!!!!
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Mensaje por Isabella28 el Mar Ene 02, 2018 9:45 am

Lo bueno es que estan todos juntitos, san es tan dulce en el fondo. Gracias por la historia, muy buena y dale mis saludos a martha que se recupere pronto porque la extraño.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 02, 2018 4:52 pm

3:) escribió:muy buen final,.. basado en lo que es san jajjaja
me gusto mucho la historia!!!
Si verdad? Que bien que te gustó! Si puedo subi el prólogo de la otra historia.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 02, 2018 4:55 pm

micky morales escribió:Lastima lo de la proteccion y el tener que alejarse de todo pero si es para una vida junto a Santana pues listo es lo mejor!!!!!
Pues lo de la protección pues ni modo tiene que hacerse por su bien. Pero bueno ahora estan juntas y a salvo
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 02, 2018 4:59 pm

Isabella28 escribió:Lo bueno es que estan todos juntitos, san es tan dulce en el fondo. Gracias por la historia, muy buena y dale mis saludos a martha que se recupere pronto porque la extraño.
Si estan juntos. Si, es tan linda cuando dice cosas tan dulce. De nasa, espero que leas la otra historia que subiré en cuanto pueda. Si extrañamos a Martha esperemos que regrese pronto, le daré tus saludos en cuanto pueda.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 02, 2018 5:06 pm

Epílogo.


Nos casamos en una iglesia. Santana, quien siguió siendo constante y consistentemente inesperada, insistió.

Fue una pequeña reunión, solo nosotros, Elena, Raf, Gustave y unos cuantos guardaespaldas como testigos.

El rostro de Santana era adusto y serio mientras recitaba sus votos solemnemente. No tenía ninguna duda en mi mente de que los decía en serio.

Nada de eso fue algo que pudiera haber imaginado hace un año, pero recité los míos con lágrimas en los ojos y gozo en el corazón. 

****


La vida estando fugadas no fue como esperaba.

Era caótica y un poco aterradora; pero claro, había algo indescriptiblemente hermoso en ello, vivir cada día como si pudiera serte arrebatado.

Fueron tiempos duros, sí, años difíciles; pero lo difícil no era el núcleo de ello. En el centro de todo esto se encontraban los recuerdos de reuniones alegres y despedidas significativas, de aferrarme a la mujer que amaba con toda mi adorada vida y de saber cuán precioso era cada momento que teníamos juntas.

Nos enseñó a amar de una manera nueva, una que nunca olvidaríamos. Tener un amor que se hallaba en peligro lo hizo aún más preciosoY

Y esclarecedor, porque aprendí mucho acerca de lo que el amor debería ser, cómo debería ser tratado, me hizo aprender a expresarlo tan a menudo y profusamente como pudiera.

El amor es todo lo que importa. Cualquier otra cosa en la vida es un detalle.  El amor es tanto tu legado como tu salvación. Si tienes el tipo correcto de amor, puedes atravesar cualquier cosa. Eso es lo que me enseñaron aquellos años.

****


Éramos un pequeño grupo extraño, con nuestros nuevos nombres e identidades. Santana nos instaló a todos en una enorme casa en el noroeste, así que comenzó con nosotros cinco, dos mujeres embarazadas en diferentes etapas de sus vidas y de sus embarazos, dos chicos universitarios y Santana, que iba y venía a menudo.

Bueno, nueve, si contabas el hecho de que cada uno (con la excepción de Santana) teníamos nuestros guardaespaldas personales.

Elena y yo nos llevamos bien de inmediato. Era una de esas amistades que  no requería ningún esfuerzo en absoluto. Simplemente funcionó. Nuestra  diferencia de edad era drástica, pero no importó; nos llevamos muy bien, casi desde el principio.

Como hermanas. Y, cuando nos estábamos divirtiendo, compañeras del crimen.

Fue Elena quien me contó exactamente contra quién testificaría que puso en peligro sus vidas.

—¿La vicepresidente? —le repetí, no muy segura de si jugaba conmigo. Le encantaba jugar conmigo.

Asintió, mordiéndose el labio.

—Nuestra abuela.

Mis ojos se estrecharon en su dirección, buscando una mentira.

—¿Tu abuela es la vicepresidente, y vas a testificar en contra de ella?

Asintió de nuevo.

—¿Cuál es el cargo?

—La mejor pregunta sería: ¿cuál no es el cargo? Tengo tanta mierda sobre esa mujer que podría iniciar una granja.

Ahora, sin duda, jugaba conmigo, sin embargo, siguió adelante.

—Pero la razón por la que dediqué mi vida a derribarla es que asesinó a mis padres y a mi hermana. Moriría para hacerles justicia. Lo valen. E incluso si  me mata, todavía tendrán un caso. Mi testimonio ayudará, pero reuní tantas pruebas concretas que pueden hablar por sí mismas.

La forma en la que hablaba, cuán vehemente era, me hizo finalmente creerlo.

La maldita vicepresidente. Santa mierda.

Una cosa que nunca se podría negar acerca de Elena y Santana: ambas tenían bolas enormes.

La primera casa en la que nos alojamos se hallaba básicamente en el medio de la nada, pero había una universidad cerca, y mis dos hijos rápidamente encontraron sus propias vidas y se hallaban ausentes muchas más veces de las que no, lo que fue mejor. Eran hombres adultos.

Eso me dejó pasar más tiempo con Elena que con cualquier otra persona. Ninguna se quejó. Fuertes vínculos se formaban cuando mujeres embarazadas estaban juntas. E hicimos un montón de vínculos. Con el tiempo, se convirtió en una hermana pequeña para mí.

Con nada más que tiempo en nuestras manos, tuvimos un montón de charlas, y no pasó mucho tiempo antes de que nos estuviéramos contando todo.

Le conté todo sobre mi extraño cortejo con su hermana.

Y ella me contó todo acerca de su permanente obsesión con Alasdair Masters.

—¿Por qué no pudiste pedirle a Dair que se escondiera contigo? —le pregunté una vez.

—Tiene un perfil demasiado público. Simplemente no hay forma de ocultarlo. Lo mejor que podíamos hacer era mantenerlo fuera de esto. Además, no creo  que quisiera. Estoy bastante segura de que ahora me odia.

Lo dudaba muchísimo. No lo conocía bien, pero sabía que Dair no era un   hombre con odio en su corazón. No para nadie; pero particularmente no para  una de las mujeres más dulces que conocí en mi vida, que también resultó estar embarazada de su hijo.

Y además, ¿quién no se enamoraría de una chica como Elena? Era joven y  dulce, divertida y alegre, y por supuesto, poseía una belleza extraordinaria.  Claro, como su hermana, tenía algunas peculiaridades fascinantes y  problemáticas; pero supuse que un hombre como Dair encontraría esas  peculiaridades dignas de la recompensa. Demonios, con lo que sabía  acerca de él, creía que encontraría a la mayoría de éstas encantadoras.

Nos divertimos juntas, Elena y yo, pero siempre bajo su brillante superficie, podía ver que algo le pesaba, y sabía que era Dair.

—Me pregunto si ha seguido adelante con su vida. Parece probable. No nos  separamos en los mejores términos, así que dudo que haya pensado en esperarme. —Se lamentó.

No sabía qué decirle. Quería tranquilizarla; pero también sabía que sería cruel darle falsas esperanzas.

—Sabes, por un tiempo pensé que seguiría su vida contigo —agregó. Lo deduje, pero Elena no terminaba.—Y luego te investigué.

—Quieres decir que Santana lo hizo.

Se encogió lo suficiente como para parecer culpable como el demonio. 

—No, quise decir que yo también lo hice. Bastante extensivamente. Solo  quería saber qué clase de mujer eras, si iba a terminar contigo. Y todo fue comprobado. Todo. Simplemente eres buena persona. Haces amigos en todas partes y tratas bien a la gente como una regla general. Diablos, incluso le das un bono de Navidad a tu jardinero.

Dios, a veces era aterradora. ¿Cómo pudo haber descubierto eso?

—Al final, incluso me hallaba medio bien con la opción. Te vi con tus chicos...

—¿También me seguiste? —Por alguna razón, cuando me dijo que me investigó, pensé que era sobre todos los chismes en Internet. La idea de que nos siguiera me pareció muy loca.

—Solo un poco. No me costó mucho. Te vi cenando con tus hijos, y supe que había visto lo suficiente. Dair no podría conseguir alguien mejor que tú. Sabía que yo no era la mejor. Sé que estoy tan jodida como Santana, a mi manera.

—Dair no podría encontrar a nadie mejor que tú —le dije con ternura—. Cualquier hombre tendría suerte de tener una mujer como tú.

Y tenía opciones. Casi todos los hombres dentro de quince kilómetros a la redonda, desde mis hijos a su guardaespaldas se sentían más que un poco perdidamente enamorados de ella.

Pero cualquier hombre no era una opción para Elena. Le era fiel a Dair, sin importar si era una causa perdida o no. Era la clase de mujer que se comprometía por completo.

Y no todo fue pena y tristeza para ella. Tuvimos nuestra cuota de diversión.

A ambas nos encantaba bailar. Cada vez que nos sentíamos a punto de volvernos locas, poníamos música a todo volumen y hacíamos una fiesta de baile improvisada. Su obsesión con Beyonce, o como la llamaba, Bey, era  contagiosa.

Volvimos locos a mis muchachos, cantando aleatoriamente las letras de su último álbum. Y nos encantaba coordinar las bromas.

Poner una envoltura de burbujas en el asiento del inodoro, rellenar el tarro de mayonesa con yogurt de vainilla, solo para nombrar un par.

Las dos embarazadas al mismo tiempo no era algo con quien alguien querría meterse.

Y estábamos obsesionadas con la televisión mala, los programas de telerrealidad. Cuanto peores, mejor. Nos dábamos atracones viéndolos, aunque con toda seguridad, nuestros coeficientes intelectuales bajaron. Nos manteníamos ocupadas, lo cual era bueno. Necesitábamos estar ocupadas para mantenernos cuerdas.

Mi esposa seguía siendo un misterio para mí, uno que me hubiera gustado tener más tiempo para analizar. Se hallaba ausente más seguido de lo que no.

—¿Adónde va? —pregunté a Elena.

—Santana se está ocupando de algunas cosas de las que necesita encargarse —me dijo Elena solemnemente.

—¿Te importaría aclararlo más?

—Siento mucho que te hayan arrastrado a esto; pero ya no hace esto por mí. Hemos hecho enemigos que nunca nos dejarán vivir en paz, que usarán cualquier cosa para herirla. Te encuentras en peligro tanto como yo ahora.  Algunos objetivos clave deben ser eliminados si alguna vez vamos a tener una posibilidad de salir de esto. Larga historia corta: lo hace para que otra vez podamos vivir una vida normal, algún día.

Bueno, diablos, era más siniestro de lo que pensé; pero yo pregunté.

****


Santana regresaba a casa cada vez que podía;y aunque sus visitas eran erráticas, por lo general se las arreglaba para quedarse por unas semanas cada vez.

Yo vivía por esas semanas. Incluso llegamos a hacer un hueco para alguna cita esporádica.

Esas citas nunca fueron insulsas.

—Me vuelves loca, y seré honesta, no estoy segura de que sea algo bueno; antes ya me encontra bastante loca —me dijo Santana en nuestra primera cita.

Salimos a cenar en el único restaurante francés dentro de cientos de kilómetros de nuestra casa alejada y temporal. Se encontraba lleno de gente a reventar, pero Santana se las arregló para conseguir una mesa sin una reserva.

—Estarás bien —le aseguré.

—Yo, quizás. Y tú, definitivamente. Es de todos los demás de los que deberías preocuparte.

Me reí, aunque no sabía bien a qué se refería, podía notar que era su versión dulce.

—¿Cómo es eso?

—Haces que me den ganas de ir por la habitación y hacer que cada hijo de puta aquí te bese los pies, solo por el privilegio de estar en una maldita habitación contigo.

Dios, la amaba. Cada cosa estropeada y peculiar de ella me llegaba de la mejor manera posible.

—¿Entiendes que estás siendo romántica ahora?—le dije.

—No estoy segura de que el mundo pueda manejar mi tipo romántico. Esperemos que no incremente mi cuenta de cadáveres.

No exageraba tanto. Su tipo romántico era posesivo hasta el punto de la violencia. Dios ayude a cualquier hombre que se parara demasiado cerca de mí mientras Santana lo observaba.

Definitivamente era un borde áspero suyo en el que tuve que trabajar arduamente para suavizar.

Lo cual era hipócrita de mi parte. Tenía una vena de celos en lo que a Santana concernía que era de un kilómetro de largo. Recibía tanta atención como yo, y odiaba eso.

No obstante, nunca tuve que hacer nada al respecto. Santana flirteaba tanto como una serpiente de cascabel enojada. Si alguna pobre mujer se encontraba lo suficientemente loca como para acercársele, nunca vacilaba en aclararles el asunto.

Maldición, amaba eso.

En secreto disfrutaba de verla rechazar a estas pobres chicas. Era más bien brutal, y cuanto más agresivas eran, más malvada era cuando lo hacía.

—No tengo paciencia para esa mierda —me dijo una vez, justo después de que una rubia súper sexy se le acercara mientras ordenaba palomitas  de maíz en el cine—. Ninguna. ¿Qué diablos le pasaba a esa tonta?

Era mala, magnífica y completamente inconsciente de todas las mujeres del planeta, excepto de mí, y yo adoraba cada centímetro de ella.

****


Cuando tenía seis meses de embarazo, desapareció del radar durante más tiempo de lo habitual. El tiempo suficiente para que Elena y yo empezáramos  a ponernos nerviosas. Por lo general, escuchamos algo de ella. Incluso los otros agentes no tenían ninguna palabra para nosotras.

Cuando por fin llegó a casa, no pude evitarlo, lloré como una bebé.

Me dije que eran las hormonas, pero a Santana también le fue difícil mantener la compostura.

Cuando entró a la casa, vino a mí primero, me tomó en sus brazos, con el rostro enterrado en mi cuello, una mano frotando mi vientre.

Jadeaba, luchaba por respirar.

—No pensé que lograría volver a ti esta vez. No creí que alguna vez te volviera a ver.

Eso me rompió. Dios, dolía. La impotencia era insoportable.

Se dejó caer de rodillas, con el rostro acariciándome el vientre. Le acaricié  el cabello y traté de consolarla, intenté hacer mi mejor esfuerzo para  mostrar ser valiente, porque esta vez pude ver que necesitaba eso de mí.

Pasó mucho tiempo antes de que me soltara, y cuando lo hizo, fue directamente a Elena.

La envolvió en sus brazos, casi haciéndola desaparecer. Se quedó rígida, aunque era solo porque la conocía.

Era cariñosa con Elena, y ésta era una chica extremadamente afectuosa, pero sabía que a Santana no debía tocarla.

—Está bien —le murmuró—. Puedes devolverme el abrazo.

Lo hizo, lenta y dubitativamente, con los ojos dirigiéndose directamente a  mí, grandes lágrimas en ellos y enormes muestras de gratitud, como si acabara de otorgarle un largo y deseado regalo.

Más tarde esa noche cuando nos encontrábamos en la cama, le eché un vistazo a su cuerpo.

—Oh, cariño, ¿qué te has hecho? —le pregunté suavemente.

Le dispararon de nuevo. Dos veces, en el intestino. Las heridas todavía se  hallaban frescas; pero por la ubicación, asumí que en un momento fueron casi fatales.

—Lo que tuve que hacer, para volver a casa, a ti.

****

Elena tuvo a su bebé poco después. Era un niño al que llamó Alasdair Cameron en honor a su padre.

Lo llamamos Cameron, o Cam para abreviar.

Y unos cuantos meses más tarde, yo tuve el mío. Santana logró llegar a  casa justo a tiempo para estar allí para el nacimiento de nuestro hijo. Le llamábamos Gerard, en honor a mi padre, quien, si Dios quisiera, algún día llegaría a conocerlo.

La maternidad fue buena para Santana, lo vi enseguida. Ablandó algunos de sus bordes más ásperos.

Y era una buena madre. Lo que le faltaba en la práctica, lo compensó con el esfuerzo. Más que compensado.

Santana mimó a ambos bebés, al igual que Rafael, Gustave e incluso Mason.

Con toda esa atención de adultos, Cameron y Gerard no carecían de nada.

****


Cuando el pequeño Cam tenía solo unos meses de edad, Elena y Santana tuvieron que marcharse por un largo periodo.

Era hora del juicio del siglo.

Fue espantoso para Elena, como lo sería para cualquier madre reciente, dejar a su bebé durante tanto tiempo; pero sabía que yo cuidaría de Dair Junior  como si fuera mi propio hijo, por lo que alivió algo de esa gran carga.

Vimos el juicio por televisión. Fue intenso observar a una Elena determinada derribar a una de los políticos más poderosos en el país. Su abuela ya no era la vicepresidente para ese momento, pero era un tecnicismo. La mujer todavía tenía influencia en Washington.

Sabía esto porque permanecí pegada a la televisión veinticuatro horas al día los siete días de la semana, y lo único que todos hacían era hablar sobre ella.

Elena no consiguió regresar a vernos por la duración del juicio, ni siquiera  para una visita. Era demasiado peligroso para ella, y para nosotros.

Incluso Santana solo regresó una vez, justo mientras los procesos llegaban al final.

Fue un reencuentro agridulce, debido a que se había ido por meses y podía solo quedarse una noche. Esa despedida fue una de las peores de todas.

Acunó mi cabeza en ambas manos, haciéndome mirarla directo a los ojos.

—Escucha. —Instó con voz suave y áspera.

No pude contener las lágrimas. Algo horrible iba a suceder en este viaje. Lo sabía. Algo que me rompería. Podía verlo en cada línea de su tenso rostro.

—Escucha —repitió—. Vamos a estar separadas por un tiempo. Como lo  estamos ahora. No puedo decir por cuánto. —Tragó saliva, y observé su  garganta moverse en una forma que me recordó cuán joven era—. Pero  escucha, y lo digo en serio, no enciendas el televisor. No veas las noticias, ¿me entiendes?

Asentí para mostrar que sí y prometí que no lo haría. Duró casi tres días. Se encontraba en cada canal. Francis Baker, como Elena era conocida para el público, fue asesinada en plena luz del día, apenas días después de que el juicio terminara.

La historia salió así en los medios, una camioneta estacionó al lado del auto en que era transportada y seis hombres en pasamontañas salieron de dicha camioneta.

Fue arrastrada del auto, y su conductor y uno de sus guardaespaldas, quienes fueron heridos en el ataque, presenciaron cuando le dispararon a  sangre fría en la sien. Uno de sus guardaespaldas fue también reportado  asesinado, una mujer morena, dijeron, aunque ningún nombre fue divulgado.

Santana sabía que esto pasaría, me dije a mí misma. Tenía que ser falso. Tenía que serlo. ¿Cómo más habría estado tan segura de que venía? ¿Por qué más me habría pedido que no encendiera el televisor?

Quería creer que era todo una mentira, pero dolió como si fuera verdad.

Sostuve a nuestros bebés cerca y recé para que ellas regresaran a casa conmigo.



Dos meses después...

Nos mudamos otra vez. El segundo lugar en dos meses.

Raf y Gus lo tomaron bien, considerando que seguíamos desarraigando  sus vidas. Me sentía eternamente agradecida a ellos por manejarlo con   gracia, por esforzarse para evitar agregarlo a mi, ya descomunal, carga de culpa.

Nos hallábamos en algún lugar en Arizona, en el medio de la maldita nada, por supuesto, en una casa inmensa, en una propiedad enorme con portones altos y montones de tierra.

Nuestros guardias fueron doblados en número desde el incidente con la camioneta. Teníamos hombres en el perímetro también como en la casa.

Tenía a los bebés en sillas altas, alimentándolos con diminutas cucharadas de puré verde cuando escuché la puerta principal abrirse.

No era inusual. Con todos los agentes rondando por ahí, la gente iba y venía a todas horas.

Aun así, grité—: ¡Hola! —Y me pregunté por qué nadie respondió.

Los agentes asignados a nosotros usualmente eran muy buenos en anunciarse. No tuve que preguntármelo por mucho.

Santana y Elena, luciendo cansadas pero sanas y enteras, entraron dando zancadas al cuarto.

Comencé a temblar, cada partecita de mí, de arriba abajo, desde la médula  de mis huesos a la capa más exterior de mi piel, se sacudía. Temblaba como si tuviera fiebre.

Pero no era fiebre, era una avalancha de alivio tan profunda y pura que me quitó el aliento.

Me pregunté durante los últimos dos tortuosos meses qué haría si la veía de nuevo. Si le gritaría y protestaría encolerizada por hacerme pasar por esto, o si la abrazaría y lloraría, tan aliviada de verla que superaría toda mi ira ante el dolor y la incertidumbre que me hizo atravesar.

Pero después de darle una mirada devastadora, ni siquiera lo cuestioné.

Me lancé a ella, corrí por el cuarto y arrojé los brazos alrededor de sus hombros mientras saltaba, mis piernas serpentearon alrededor de sus muslos duros y presionaron.

Me agarró del trasero con una mano, mi hombro con la otra, atrayéndome incluso más fuerte contra ella. Enterré el rostro en su cuello y la respiré. Me besó en la sien.

Quería decir tantísimas cosas; pero ninguna parecía tan importante como esto, solo tocarla, deleitarme en ella.

Una de sus manos se enredó en mi cabello e inclinó mi rostro hacia ella, chocó su boca a la mía.

Me aparté lo suficiente para mirarla. Nos quedamos así, jadeando, respirando el aire de la otra mientras nos mirábamos a los ojos.

Ellos todavía eran fríos. Nunca serían cálidos. Sabía eso para ahora, al igual que sabía que nunca serían las ventanas de su alma. Pero comprendí entonces cuales eran.

Su alma estaba en su toque. En sus labios reverentes, sus manos expertas, en su cuerpo demandante, aquellas eran las cosas que me mostraban sus intenciones y engañaban sus verdaderos sentimientos.

Sus labios reverentes me dijeron que me amaba, sus manos temblando me dijeron que me necesitaba y su cuerpo demandante me dijo que confiaba en mí.

La calmé, la hice sentirse entera otra vez. Me vigorizó, me hizo sentir viva de nuevo.

Ella era mía y yo era suya, y sin importar cuánto tiempo le tomara hacerla regresar a mí, yo estaría allí, esperándola.



Tres años después

Era finales de la primavera en Las Vegas. Esa breve época del año en La Ciudad del Pecado donde en realidad era agradable estar afuera; caliente, un  perfecto día para la piscina, pero con la temperatura todavía en un punto razonable alrededor de treinta grados centígrados.

Disfrutábamos una barbacoa en la propiedad del amigo de Dair, Turner.

Desde que regresamos a casa, se convirtió en algo semanal. Turner amaba tener invitados.

Era bueno estar en casa. Nos tomó años, pero al fin, estábamos.

Terminamos de huir, y lentamente nos acomodábamos en una aparente vida normal.

Una Elena pesadamente embarazada se sentó a la sombra en una tumbona junto a mí mientras nuestros parejas arrojaban a los niños a la piscina.

Palmeaba su gran vientre, muy orgullosa sobre ello, como siempre lo estaba  en estos días, cuando me preguntó—: ¿Tú y Santana van a tener alguno más?

Me encontraba a medio de beber sangría y casi la escupí.

Le lancé una mirada, una mirada de “¿estás loca?”

—¿Estás loca? —pregunté en voz alta cuando dejé de ahogarme.

Se rio a carcajadas, y finalmente me reí cuando vi que, como era de esperar, bromeaba.

Gerard era de todo, menos algo de que arrepentirme. Era una de mis cuatro grandes bendiciones en la vida, de hecho, pero sin duda yo había terminado con las épocas de maternidad en mi vida.

No hablamos por un momento mientras observamos nuestros chicos en la piscina.

Santama tenía un niño soltando risitas en cada brazo, los cargaba como si no pesaran nada.

Ninguno de los chicos era pequeño. Gerard era más corpulento, Cameron más alto, pero ambos eran grandes y pesados para sus edades.

Cuando alzaba a alguno, mi cuerpo entero tenía que prepararse, y mi espalda  se doblaba con la carga, pero ambos lucían como si pesaran apenas como una pluma cuando Santana los sostenía.

No creo que absolutamente nadie lo esperara, pero Santana era muy buena con los niños. Era una madre y tía devota, dedicaba muchísimo de su tiempo a los dos niños.

Decía que ellos la calmaban, lo cual sin duda era extraño ya que ambos eran manojos de energía infinita.

Pero era bueno, debido a que estaba retirada de trabajar para el gobierno y tomaba algo de tiempo libre para quedarse en casa con Gerard mientras yo volvía a perseguir mi pasión por la fotografía.

Hablaba sobre diferentes trabajos que podría hacer con su incalculable experiencia y muchas habilidades especiales. Probablemente comenzaría su firma de seguridad, en el futuro.

Pero ni siquiera le preocupaba. Actualmente, disfrutaba algo de muy merecido y duramente ganado tiempo con su familia.

Me distraje brevemente de mis reflexiones cuando Cam hizo una salida loca de la piscina, corriendo por el césped, con Gerard siguiéndolo de cerca.

Elena y yo compartimos una mirada. Iban a hacerlo otra vez.

Nuestros hijos eran primos cercanos, casi inseparables, así que esto era bastante frecuente. Tenían casi personalidades opuestas, pero todavía mejores amigos.

—¡Gerard! —vociferó Santana, y nuestro hijo detuvo lo que hacía, lo cual resultó ser aplastar a su primo por ninguna buena razón que pudiera notar.

—¡Ayuda, tía, ayuda! —gritó Cam entre risitasH

Santana sacó su espectacular cuerpo goteando de la piscina, y mi mandíbula se aflojó un poco por deseo.

Elena se dio cuenta. —Britty —dijo, aunque solo me molestaba por diversión, porque seguramente se encontraba acostumbrada a esto para este punto—.  Sabes que ese esa mi hermana a quien estás comiendo con los ojos, ¿verdad?

La ignoré, observé a Santana jugar con los niños. Hizo un espectáculo de rescatar a Cam, pero tan pronto como se agachó lo suficiente al suelo, los  niños se volvieron a ella, haciéndole cosquillas, empujándola, usando cada truco sucio en el libro para intentar sujetarla.

Se los permitió, pero solo por un momento, se enderezó cuando tuvo suficiente, agarró a cada chico en cada brazo, dio zancadas por el césped y los arrojó de vuelta en la piscina, para su chillante deleite.

—Necesita ayuda —reflexionó Elena.

La miré, y me tomó un rato captarlo. Seguí su mirada para ver que no hablaba de Santana.

Hablaba del amigo de Dair, Turner.

Charlaba con Dair y mis hijos mayores, los cuatro en grupo. No podía captar nada de lo que decían desde aquí, pero aparentemente llamó su atención.

Conocí a Turner brevemente en una base profesional hace años, y nos volvimos amigos de nuevo recientemente debido a las barbacoas semanales, pero mi conocimiento de él todavía era superficial como mucho, y en su mayoría venía de lo que Elena compartía conmigo.

Turner era uno de los amigos y colegas más cercanos de Dair, aunque no podrían haber sido más opuestos si hubiera sido su objetivo.

Turner era sarcástico, mordaz y arrogante. Un mujeriego total y sin remordimientos. Era muy explícito sobre el hecho de que nunca tenía intención de sentar cabeza.

Al parecer Elena tenía un problema con ello.

—¿Ayuda con qué? —le pregunté, solo para aclarar. Sin embargo, tristemente,  la conocía lo suficiente bien para adivinar con alguna desconcertada certeza  el extraño y regocijado funcionamiento interno de su cerebro.

—Con encontrar la mujer correcta. Tengo un plan.

Le miré de reojo. Su sonrisa era realmente diabólica. Bueno, demonios.

Me pregunté si debería advertir a Turner, pero rápidamente decidí en contra de ello.

Cuando Elena hacía planes, pobre del alma que se metiera en su camino.
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Mensaje por 3:) el Mar Ene 02, 2018 9:45 pm

dios,.. por suerte no les paso nada a san y a elena en el juicio!!!
ya lo eh dicho muy buena historia!!
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Mensaje por Isabella28 el Miér Ene 03, 2018 1:04 am

Casi me da un infarto con la falsa muerte, estoy de acuerdo, buenisima historia.
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Mensaje por micky morales el Miér Ene 03, 2018 7:26 am

Una historia totalmente diferente pero no por ello menos buena, gracias y hasta pronto!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Miér Ene 03, 2018 3:35 pm

Gracias por leer chicas!!   ya les subo la otra historia que tambein espero y la sigan y por supuesto que les guste.
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Mensaje por JVM el Lun Ene 08, 2018 6:16 pm

Gracias por la historia, perfecta¡¡¡¡
Con razon no me caia bien Sam pero me alegro de que al final todo haya terminado bien para las chicas y que pudieron formar una familia hermosa y que la morena se deshace por esos pequeños
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Feb 04, 2018 9:49 am

Hola chica, que fantastica adaptación.. quize pasar a dejarte mi LIKE en esta adaptación que me atrapó y la lei de un tirón.... gracias por estar pendiente y por tus correos signficaron mucho... voy preparandome para terminar las historias que tengo pendiente. Creo que dentro de 15 dias ya estoy mas activa por estos lados.... besos y abrazos para todas. Las extrañe como no tienen uma idea...
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Mensaje por Tati.94 el Dom Feb 04, 2018 5:30 pm

marthagr81@yahoo.es escribió:Hola chica, que fantastica adaptación.. quize pasar a dejarte mi LIKE en esta adaptación que me atrapó y la lei de un tirón.... gracias por estar pendiente y por tus correos signficaron mucho... voy preparandome para terminar las historias que tengo pendiente. Creo que dentro de 15 dias ya estoy mas activa por estos lados.... besos  y abrazos para todas. Las extrañe como no tienen uma idea...
Que bien martha!!! Te esperaremos entonces, me alegra que estes yendo mejor!
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