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Fanfic Brittana Gp: La otra. Cap 16

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Activo Re: Fanfic Brittana Gp: La otra. Cap 16

Mensaje por 3:) el Sáb Dic 02, 2017 11:20 am

Curiosidad??? San salio de la cárcel... O vivió en un taper??? Jajajaja es un cemental literal!!!
Pobre de britt!! Pero qie la disfruto lo disfrutó jajaja
A ver cuando se ven???
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Mensaje por JVM el Sáb Dic 02, 2017 6:16 pm

Fueron mil rondas jajajaja
Y pues San todo un enigma que atrapo a Britt ... espero que pronto se vuelvan a encontrar porque va a ser dificil de superar
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 02, 2017 9:02 pm

3:) escribió:Curiosidad??? San salio de la cárcel... O vivió en un taper??? Jajajaja es un cemental literal!!!
Pobre de britt!! Pero qie la disfruto lo disfrutó jajaja
A ver cuando se ven???
San a tenido una vida muy dura. Y Britt no se puede quejar, la dejo mas que satisfecha!
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 02, 2017 9:06 pm

JVM escribió:Fueron mil rondas jajajaja
Y pues San todo un enigma que atrapo a Britt ... espero que pronto se vuelvan a encontrar porque va a ser dificil de superar
Mil rondas?! Jajaj si, si, puede ser. Definitivamente San es un enigma.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 02, 2017 9:20 pm

Capítulo 6

Pasaron unos días, y quería echarle la culpa al vino, pero terminé diciéndole a mis amigas todo sobre ella. Demasiados detalles salaces. No quise hacer nada más que mencionarla, pero era difícil ocultar cualquier cosa de las chicas. Eran ese tipo de amigas.

Teníamos una noche de chicas dos veces a la semana que casi nunca se incumplía. El grupo creció de manera intermitente durante varios años, y a pesar de que sólo me uní a ellas alrededor de un año antes, se sentía más  tiempo. Como si hubiera conocido a algunas de ellas desde siempre. Éramos  un impresionante grupo de mujeres. Más de una docena.

Mujeres exitosas. Mujeres hermosas. Divertidas, entretenidas. Algunas solas, algunas casadas. Un poco de todo lo que puedas desear, la verdad.

Era un grupo grande, pero no se sentía grande. Éramos de todas las edades, y nunca nos dividimos en grupos. Nos complementamos bien juntas.

Bueno, debo explicar más. Era más que una noche de chicas. Era una sesión de terapia semanal, improvisada con amigas. Y alcohol.

—¿Qué edad tiene, exactamente? —Preguntó Ashley, sonando cero por ciento prejuiciosa, y cien por ciento fascinada.

Conocí a Ashley primero. Tenía su propio Reality Show, y le había sacado fotos para una publicidad en una revista que presentaba dicho espectáculo.

Nos llevamos bien de inmediato, pero eso era sólo por cómo era Ashley. Pasaba por un mal momento, y nos unimos, rápido y profundo. Rápidamente me invitó a una noche de chicas y me presentó a las otras.

Quedé impresionada con ella de inmediato. Era una belleza única y tremendamente poco convencional, por su aspecto y estilo de vida, y la forma en que lo manejaba nunca dejó de impresionarme. Tenía tanta aceptación por ella y por quién era, pero también por sus amigos. Era difícil no adorar a alguien que era tan amoroso con sí mismo y con los demás.

Tenía un enamoramiento serio con ella, pero era puramente platónico. A) Debido a que no era exactamente mi tipo. Y B) Debido a que me encontraba bastante segura de que su esposa, Spencer, sacaría con sus garras los ojos de cualquier persona que tratara de interponerse entre ellas. Hice una mueca.

—Veinticinco.

Su caliente esposa fumadora, Spencer, gritó, con los cinco dedos el aire.

—¡La tienes, mamá caliente! Es cuestión de tiempo.

—Claro que sí—dijo Rachel de manera sucinta. Era una de mis favoritas. Un alma sarcástica. Era extravagantemente magnífica, una mujer muy atractiva, exótica de cierta herencia mixta de Eurasia. Su cara y cuerpo eran perfectos, exceptuando una ligera cojera al caminar, pero no pensaba que le restara valor.

Empezó a asistir a estas reuniones justo después de que se casó con un gran trozo de mujer que hizo uno de los actos de magia de mayor éxito en la tira.

—No es mucho mayor que mis hijos —dije, moviendo los ojos a Lucy, la terapeuta y la voz de la razón del grupo.

—No te hagas eso —dijo Rachel—. Tiene veinticinco. Difícilmente es una niña.

Fácil para ella decirlo, pensé, ya que se encontraba en algún lugar cercano a los treinta años.

—No creo sinceramente que lo hubiera hecho —dije, las palabras todavía dirigidas a Lucy—, si hubiera tenido la menor idea de que era joven antes de que folláramos... Por desgracia, sólo pregunté su edad después. —Sabía que era mentira. Mi deseo hubiera sido demasiado abrumador para ser detenido por la palabra veinticinco. Trataba de salvar mi cara, a pesar de que en  realidad no lo necesitaba, no delante de este grupo.

—Deja de hacer eso —dijo Lucy suavemente—. No te rindas. Que no has cometido un crimen.

—¿Qué sucede con una relación así, doc? —Otra de las damas, Candy, tomó la palabra, haciendo la pregunta para la que yo no tenía las bolas. Lucy levantó las manos en una especie de gesto c'est la vie.

—Sólo depende de los individuos involucrados. No distribuyo veredictos para las relaciones. Tú lo sabes.

—¿Pero cuál es el patrón usual para una cosa como esta? —pregunté. Sabía que no debía aceptar su respuesta fácil. Conocía todos los escenarios posibles, tenía todos los patrones de relaciones disfuncionales habituales memorizado.

Uf, pensé en la palabra relación con una tipa que sólo vi dos veces. Era tan de la vieja escuela. Estuve fuera de la vida de citas demasiado tiempo,  pensé.

Lucy parecía divertida.

—¿Qué, quieres que cite las estadísticas para ti?

—No me importaría oírlas — reflexioné.

—No voy a hacer eso. Eres una mujer responsable. Una buena mujer. Mientras nadie está siendo explotado, y nadie se sienta utilizado, haz lo que quieras. ¿Qué tan bueno es eso?

No es satisfactorio, pensé. Pero lo tomo. Al menos no me advertía de plano contra ello.

—Me siento contenta, francamente —continuó—. Lo veo como una buena señal para que estés finalmente dispuesta a entrar en el mundo de salir y tener citas.

—No suena como tener citas para mí —murmuró Candy, pero no había nada de malicioso en la forma en que me sonrió. No podía discutir con ella.

—Definitivamente no fue una cita.

—Nunca se debe renunciar a ello tan rápido, cariño —Sarah, otra dama en el grupo, dentro de los sesenta, me dijo—. No te estoy juzgando. Es sólo que, bueno, las personas asi no vuelven nunca más cuando se les entrega con esa velocidad. Cualquier oportunidad de una relación voló por la ventana cuando se recurrió al sexo con tanta rapidez.

No estaba mal. Abrí la boca, sobre todo para decir, en lugar de algo defensivo, oh, no sé, “¿Quién dijo que estaba buscando una relación?”, Pero nunca tuve la oportunidad.

Bianca, uno de los miembros más callados del grupo, nos sorprendió a todos por entrometerse.

—Eso no es cierto.

Todas y cada una de nosotras la miró. Era una mujer que se destacaba en una multitud, sin importar lo excepcional de su compañía. Era hermosa, alta, con el pelo rubio pálido y abundantes curvas. Tenía justo el tipo de belleza llamativa que uno espera ver en la esposa de un famoso multimillonario, y daba la casualidad que era una.

Su expresión era calmada, su rostro angelical, tanto en su belleza y tranquila expresión. Había algo tan reprimido en su forma, como si hubiera aprendido a evitar hacer mucho ruido de una manera muy profunda. Participaba en el grupo, pero rara vez aportaba comentarios. Ese papel generalmente se reservaba para las voces más altas.

—James y yo, —continuó, con un rubor rompiendo a través de sus mejillas—, Nosotros... no esperamos para tener relaciones sexuales. De ningún modo.

—Pero yo apostaría dinero a que no follaron tan poco después de que lo conociste —Candy señaló.

Las cejas rubias de Bianca se dispararon hacia arriba.

—Perderías dinero en esa apuesta. Bajó en mí en un avión, y tenía que ser, Dios, como sólo la tercera vez que me encontraba con él.

Eso fue recibido con un momento de silencio por la sorpresa, luego de un breve estallido de risa incómoda todo el mundo llegó a la conclusión de que ella jugaba con nosotras.

No lo hacía, su expresión nos lo dijo.

—Él persuadiéndote está muy lejos de tú persuadiéndolo a él —Candy disparó de nuevo.

—Eso es malditamente caliente, sin embargo —alguien dijo. Eché un vistazo a la fuente. Era Sandra. Era un poco mayor que yo y trabajaba en la galería de arte Cavendish con Rachel. Era un hecho bien conocido que se encontraba semi-obsesionada con el marido de Bianca. Siempre estuvo un poco demasiado fascinada con el tema cuando aparecía.

El rubor de Bianca se oscureció, los ojos como dardos alrededor de la habitación.

—Yo ya había ido abajo en él, para entonces. Técnicamente, creo que fue la  segunda vez que nos vimos. Aún así se convirtió en una relación. Un matrimonio.

Rachel dejó escapar un silbido bajo, apreciativo.

—¿No fue el tu primero? —preguntó, sonando impresionada.

Era muy raro si Rachel no tenía conocimiento de eso, ya que las dos mujeres eran amigas muy cercanas. Bianca asintió.

—Hija de puta descarada —murmuró alguien. Ashley, creo.

Todas mirábamos fijamente a Bianca. Yo, personalmente, quería escuchar el resto de la historia. Me gustaba leer algunos de los tabloides acerca de ellos, pero esto era diferente. Esta era la historia real, la que jamás había oído de  Bianca sobre ella en una relación con uno de los hombres más calientes del planeta.

—¿Qué pasa con las relaciones reales? —preguntó Sarah, como si fuera una pregunta perfectamente razonable.

—Esa misma noche, después del incidente de la galería —Bianca respondió de manera casual.

—Hija de puta descarada —repitió Ashley.

—Él es tan putamente caliente —Sandra murmuró.

—¿Cómo te va, en general, y también con tu ex-marido? —Jackie me preguntó, con lo que volvimos al tema, ya que se había, claramente, ido de las manos. Bianca empezaba a parecer incómoda—. ¿Sigue siendo molesto?

—Lo es, pero está mejorando, creo. Y todo en general ha sido bueno. Tomó algún tiempo. El divorcio fue un gran reajuste para mí, pero ahora estoy... contenta con haberlo dejado ir. Tengo más tiempo libre. Tiempo libre que valoro. Prefiero un buen libro sobre un mal marido. No hay competencia.

Eso fue recibido con una ronda de brindis. Teníamos algunas lectoras entusiastas en el grupo.

—¿Qué pasa con tus hijos? ¿Tienen alguna comunicación con tu ex? —preguntó Lucy. Negué con la cabeza.

—Alejó a sus hijos cuando maltrató a su madre, y en lugar de asumir la responsabilidad de eso, decidió culparme. Es desconcertante, para ser honesta. Yo sabía cómo reaccionarían mis hijos. No entiendo por qué se  ha sorprendido por ello. Son sobreprotectores y leales. Francamente, estoy un poco preocupada de que nunca lo perdonen.

—No es tu trabajo mediar en la relación con su padre —Lucy me dijo en su voz seria—. Ese es su problema.

Asentí porque la entendía. Traté de tomar sus palabras en serio. Era una carga que estaría feliz de dejar de lado definitivamente.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Dic 02, 2017 9:30 pm

Capítulo 7

Cuando la reunión terminó una hora más tarde, todavía me encontraba tensa. No quería ir a casa a una casa vacía. Le dije eso a Rachel. Ella sonrió.

—Yo tampoco. Quinn está trabajando esta noche, y tiene una buena hora más de su espectáculo. Deberíamos tomar un taxi hasta el casino y disfrutar de otra ronda.

—No hay necesidad de tomar un taxi —añadió Bianca, habiéndonos escuchado—. Tengo un coche y al conductor justo fuera.

Todas sonreímos. A veces era muy bueno tener amigas asquerosamente ricas. Pero aun así, reflexioné sobre ello. Mi hijo mayor, Rafael, trabajaba en  el bar de nuestros amigos allí, y no pensé que necesitaba ver a su madre borracha.

—Rafael… —comencé. Rachel agitó la mano en el aire.

—Tus chicos te adoran, todos sabemos eso. Estará feliz de verte. Stephan y  Javier trabajan esta noche, también, así que es el momento perfecto para hacerlo.

Stephan era el mejor amigo de Bianca, y Javier su marido. Poseían el mejor bar en la propiedad Cavendish, y poco después de conocerse y llevarse  bien, le ofrecieron un trabajo a Rafael allí cuando oyeron que buscaba un trabajo de barman.

Eran encantadores y Rachel tenía razón, era el momento perfecto, ya que siempre buscaba una excusa para verlos.

—Vendido —dije con facilidad, ya que no había sido difícil de vender.

Tratamos de hablar con Ashley y Spencer para unirse a nosotras, pero  tenían planes que implicaba no esperar una hora o dos más para llegar a   casa a su cruz de San Andrés. Eran intensas en sus depravaciones, por decirlo simplemente. Nos despedimos de ellas con abrazos y besos de mejilla en el aire.

—Hola, Blake —dije mientras subía a la desocupada camioneta oscura en la acera frente a la casa de Bev.

—Hola, chica —dijo Blake, sonriéndome en el espejo retrovisor. Era desde hace mucho tiempo la escolta/conductora/amiga de Bianca.

—¿Cómo es que no viniste a la noche de chicas esta vez? —preguntó Rachel mientras se deslizaba en mi lado.

Blake era por lo general una participante. Iba a dónde iba Bianca, con pocas excepciones.

—Tenía que hacer algunas llamadas telefónicas para el trabajo, así que me quedé aquí.

—Hola —le dijo Bianca a Blake, dándole palmaditas en el hombro mientras entraba al último. Otro guardia de seguridad, un hombre con el que no me encontraba familiarizada, cerró la puerta detrás de ella, y luego se metió en el asiento del pasajero delantero.

—Hola —dijo Blake de vuelta—. ¿Cómo fue la sesión de terapia?

Rachel me lanzó una sonrisa burlona.

—Bastante impresionante. Te perdiste ésta. Brittany tenía algunas bombas para impartir.

Me encontré sonrojándome mientras pensaba en todas las cosas que dejé  escapar de mi boca con sólo unos cuantos vasos de vino como lubricante.

—Está exagerando. No te perdiste nada importante.

—Podrías igualmente decirme —dijo Blake mientras ponía el coche en  movimiento—. Bianca va a soltar la sopa más tarde, si no lo haces. Todos lo sabemos.

Agité la mano en el aire.

—Funciona para mí. Dejarla decírtelo. Parece que no puedo abrir mi gran boca sin compartir demás. Algunos detalles que nadie necesita saber.

Blake se rio.

—Oh no. ¿Alguien al menos podría darme una pista sobre qué tipo de detalles está hablando?

Sin decir una palabra, Rachel encontró sus ojos en el espejo retrovisor y  extendió sus manos con una buena ventaja de veinticinco centímetros entre ellas. Todas empezamos a reír.

—Bueno, demonios —dijo Blake cuando tomó una respiración—. Me perdí algo extraordinario, ¿eh?

Eché un vistazo al único hombre en el coche, pero estaba sentado en el  asiento del pasajero, con los ojos dirigidos hacia adelante, actuando como si no nos oía. Me gustó eso.

—¿Dónde está James? —le pregunté a Bianca. Supuse que se hallaba fuera  de la ciudad, porque cuando él no estaba, por lo general se presentaba en persona a recogerla, a veces incluso llegando temprano para estar de oyente en la noche de las chicas. Era famosamente posesivo de su tiempo y persona.

—Nueva York. Fue sólo un viaje de dos días, y yo habría perdido la noche de chicas, así que me quedé en Las Vegas.

Rachel resopló.

—Apuesto a que amó eso.

Bianca se mordió el labio, pero no ocultó su sonrisa.

—No lo hizo. Estoy esperando que llegue a casa en cualquier momento ahora, a pesar de que está programado para volver por la mañana. Ya sabes cómo es.

—Puedo confirmar que el señor Cavendish tomó un vuelo hace cerca de  cuatro horas, señora Cavendish —dijo el hombre en el asiento delantero.

Bianca sonrió.

—Ves. Conozco a mi hombre.

Rachel asintió.

—Cuando sea que piense que Quinn es una demente posesiva, solo recuerdo que es suave en comparación con James.

—Solo sigue diciéndote eso a ti misma —murmuró Blake, con los ojos en la carretera.

Eso hizo otra ronda de risas. Ir a cualquier parte con Bianca Cavendish era una experiencia. Los dos, si dos, guardaespaldas que tuvimos con nosotros esa noche eran lo que consideraban un detalle de luz. No había ninguna amenaza actual conocida para la mujer de voz suave, pero debido a los peligros pasados a su persona, y a su alto perfil, (Ella y su marido se encontraban en la prensa rosa sobre una base semanal. Hace sólo unos días, vi la cobertura mediática de ella comprando zapatos. En serio.)  necesitaba al menos dos guardaespaldas cuando salía en público.

Una vez le pregunté por qué dos, y James respondió por ella con—: Uno para cubrirla, el otro para disparar de vuelta.

En este caso, ya que estábamos en el complejo de su marido, y en el bar de  su mejor amigo, fue bastante fácil instalarse. Una sección fue acordonada  para nosotras, el guardaespaldas masculino manejando las cuerdas, con Blake pegada cerca de Bianca.

Nos sentamos en los cómodos y bajos sofás en el elegante bar y conseguimos el servicio más allá del VIP normal. Ambos propietarios nos recibieron con las bebidas que sabíamos que queríamos antes de que pudiéramos siquiera ordenar, y se sentaron durante varios minutos para charlar con nosotras.

Tomé un sorbo del espectacular cabernet que Stephan me entregó y saludé a mi hijo, que estaba a cargo de la barra. Sonrió y me devolvió el saludo.

Rafael tenía una gran personalidad para atender en la barra. Le gustaba la gente, le gustaba seducirlos con palabras, le gustaba escuchar sus historias, disfrutaba bromear con el entonado y el completamente borracho.

Ahora, se hallaba enfrascado en una discusión con uno de los clientes, un hombre de mediana edad que parecía ebrio. Raf era bueno en seguirle la corriente a gente borracha, sin embargo, y parecía realmente interesado en lo que el otro hombre decía.

Decidí dejarlo en paz hasta que se desocupara, porque a pesar de que era amiga de los propietarios, este era un trabajo para Raf, y le enseñé desde pequeño que todos los trabajos deben ser tomados en serio, incluso los divertidos y de tiempo parcial.

—James está de camino aquí ahora desde el aeropuerto —le dijo Stephan a Bianca mientras se retiraba de besar su mejilla. Rachel bufó de manera poco elegante.

—Eso no tomó mucho tiempo.

—Shh —devolvió Stephan, sus ojos parpadeando hacia Rachel—. Mira quien habla. Quinn vendrá aquí al segundo en que su espectáculo termine, lo garantizo.

—Ni siquiera sabe que estoy aquí —señaló.

Javier, el marido de Stephan, rodó los ojos.

—Oh, por favor. Todos sabemos que va a rastrearte en menos de cinco minutos.

Ella no podía discutir exactamente con eso. Todos sabíamos que era la verdad.

La historia de Quinn y de Rachel era épica. Trágica a su manera, pero de alguna manera aún más bella por esto. Me uní a la noche de chicas  justo  después de que se casaron, y Rachel compartió un poco con el grupo acerca de su pasado y cómo afectó el presente, como cada vez que se despertaba  y Quinn estaba allí a su lado, todavía la golpeaba como un puñetazo en el  estómago, ya que las dos fueron al infierno y de regreso juntas.

Yo era una romántica empedernida, por lo que devoré su historia. Después de todo lo que pasaron, de alguna manera terminaron de nuevo juntas  después de años distanciadas. Era sorprendente cómo fueron capaces de poner el doloroso pasado detrás de ellas y volverse a casar. Estiraba mis fibras sensibles de la mejor manera posible.

Efectivamente, no menos de treinta minutos después, oí un murmullo.

—Llegó el problema —dejó salir Rachel, sus ojos a través del gran bar dirigidos a la entrada.

Sonreía con lo que sólo podría ser llamado un aspecto de estar perdidamente enamorada en su cara, pero se volvió travieso mientras sus ojos se giraban de vuelta hacia Bianca y yo.

—Miren esto —nos dijo—. Es la cosa más divertida. Puedo conseguir que se ponga toda mujer de las cavernas en menos de treinta segundos, no les miento.

Rachel se dirigió a la barra, tomando un taburete vacío entre dos hombres. Uno de ellos se giró de inmediato y le dijo algo, inclinándose hacia delante mientras lo hacía. Ella dijo algo de vuelta, sonriéndole con suavidad al hombre.

A juzgar por su expresión, y la de él, no hablaban de algo particularmente atrevido, pero fue claro muy pronto que no importaba. Quinn llegó. Era un   gran y masivo pedazo de mujer, alta, construida y tonificada, su camisa a medida abrazando cada centímetro de su cuerpo duro como roca. Era una camisa blanca, y se podía ver bajo el blanco que su pecho estaba tan cubierto de tinta como sus brazos.

Quinn los vio y juntó como una fuerza de la naturaleza. Se encontraba al otro  lado de la barra, calzándose a sí mismo en el estrecho espacio entre los dos taburetes antes de que puedas decir mujer de las cavernas.

Podríamos haber hecho una cuenta regresiva, fue tan rápido e inevitable. Cinco. Cuatro. Tres. Dos. Uno.

—Sabes que ella es mi mujer, ¿verdad? —La voz de Quinn retumbó lo suficientemente fuerte para ser escuchada por todos. Me tapé la boca, tratando de sofocar mi risa. Bianca hacía lo mismo unos pocos metros a mi izquierda.

—Y ella la llama problemas. —Rio Stephan.

Cuando la sonriente pareja cruzó la habitación para unirse a nosotros, el brazo de Quinn estaba envuelto alrededor de su pequeña cintura, sujetándola a su lado. Eran un par llamativo. Quinn con cabello rubio y aspectos llamativos que te hacían girar el rostro y Rachel morena de piel bronceada. Se complementan entre sí de la mejor manera. Rachel destacaba la altura de Quinn, y su fuerte presencia venfatizaba su extravagante feminidad. Rachel era pequeña, Quinn se alzaba sobre ella, dándole un aspecto aún más minúsculo, como si pudiera recogerla con una mano.

Caminaban, pero todo su ser se centró en ella, inclinó la cabeza, su cuerpo doblado. Le susurraba algo al oído que la hizo reír incontrolablemente. Lo que daría por tener a una persona que me ame de esa manera. La sonrisa de Quinn destelló al saludar a nuestro grupo.

Me preguntaba quién era más alta, Santana o Quinn. Era difícil de decir. Eran casi igual de tamaño. Tendrían que estar al lado de la otra para saber con certeza.

La siguiente gran entrada se hizo unos veinte minutos más tarde por un James fresco desde el aeropuerto. Era evidente, mientras se abría camino  a nuestro grupo, que sólo tenía ojos para una persona en la habitación. Y la forma en que la miraba, Dios, como si quisiera comérsela entera. Por cierto, la mirada de Bianca se quedó pegada a él, era evidente que el sentimiento era muy mutuo.

Se dirigió directamente a su lado. Se levantó para saludarlo y la besó, suavemente en la frente, y luego le hizo un gesto para que volviera a sentarse, tomando el espacio que se abrió a su lado. Sus ojos la dejaron  sólo para posarse en lo que estuvo bebiendo. Tocó su copa de vino deliberadamente, lamiéndose los labios.

—¿Cuántos has tenido, amor?

—Éste es mi segundo —respondió Bianca, un poco exasperada con él—, pero el primero fue hace horas.

Él tragó y asintió, quitando su atención de ella para saludar al resto de nosotros, con educación y con gusto.

Yo sabía de lo que se trataba esa extraña interacción. Surgió en nuestra terapia de grupo antes. James odiaba el alcohol con pasión. Sentía que deterioraba a una persona, y durante mucho tiempo Bianca no tomó ni  siquiera un sorbo en un esfuerzo por satisfacer a su fuerte opinión sobre el asunto.

Pero Bianca no compartía su opinión, y aunque no era un gran bebedor, (nunca la vi tomar más de dos bebidas, e incluso eso era sólo sobre un tramo de cuatro horas o más) si disfrutaba de una bebida de vez en cuando. Nunca bebió lo suficiente como para poner en peligro su juicio, algo que poco a poco, con el tiempo, hizo entender a James, por lo que la pareja facilitó el entendimiento de que, aunque James nunca tocaría el alcohol, y eso estaba bien, Bianca disfrutaría de la bebida ocasional con sus amigas, y James aprendió a no asustarse al respecto.

Su historia de amor fue una que me tocó, también. Ambos sufrieron terribles infancias. El padre de Bianca fue un monstruo que ella todavía conmemoraba cada año en el aniversario de su muerte. No era una mujer llena de odio, por lo que no me perdí lo horrible debe haber sido para ella hacer eso.

James sufrió a través de un poco de cosas severas por sí mismo, pero no estaba al tanto de los detalles de ello, y nunca sería lo suficientemente grosera para preguntar.

Pero vi su video sexual (antes de conocer a ninguno, eso sí), y sabía que estaba en algo de mierda en serio pervertida. De lo que reuní, introdujo a Bianca a dicha perversión, y parecía ser un estilo de vida que funcionaba para los dos.

A la vez que tenía el pensamiento, lo vi tocar su cuello, sus ojos en los de ella, ambos tan inmersos en sí mismos que dudaba que incluso recordaran donde estaban. Lo que daría por tener a una persona mirándome de esa manera, con todo su corazón en sus ojos.

Cuando me acosté a dormir esa noche, en mi gran cama vacía, en mi gran casa vacía, mi mente se detuvo en mi matrimonio.

¿Por qué no esperé más de mi marido? ¿Cómo me conformé con tal matrimonio estéril y no esperar algo parecido a lo que fui testigo esta noche?

La única respuesta que podía elaborar era que nunca lo vi, no sabía que un amor como ese estuviera por ahí fuera para buscar en cualquier lado más allá de la ficción.

Mis padres eran buenas personas, pero tuvieron un matrimonio estéril, y aunque su separación fue más amistosa que la mía con mi ex, fue igualmente inevitable. Siempre supe que su falta de amor para el otro fue el por qué estuve obsesionada con las novelas románticas desde que tenía catorce años. Sólo se me ocurrió entonces, sin embargo, que su matrimonio sin amor tal vez inspiró al mío.

La yo de veinte años, que se conformó con Eduard nunca vio nada como la manera en que Quinn le sonreía a Rachel, la forma en que James miraba a  Bianca, la forma en que Stephan adoraba a Javier. Siempre me sentí atraída por la idea de un amor así, pero eso es todo lo que fue para mí, una idea.

La realización me puso triste, pero apenas podía lamentar mi matrimonio. Mis hijos eran mi todo.

Aún así, sentí un pequeño cambio en mí esa noche, un ligero movimiento, como si la determinación en mí se endureciera. Estaría sola el resto de mi vida antes de que me conformara con menos que una mujer u hombre que de plano me adorara.
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Sorpresa!!! Dos cap para que no se aburran.
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Mensaje por 3:) el Sáb Dic 02, 2017 10:10 pm

no se lo pudo guardar britt verdad jajaja
a esa persona que espera britt mas tarde que nunca no???
cuando vuelve san???
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Mensaje por micky morales el Dom Dic 03, 2017 7:38 am

La diferencia de edad entre ellas es bastante notoria pero bueno en el amor no hay edad, o si??????
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Mensaje por Tati.94 el Dom Dic 03, 2017 9:52 pm

3:) escribió:no se lo pudo guardar britt verdad jajaja
a esa persona que espera britt mas tarde que nunca no???
cuando vuelve san???
Cuando volvera? Esa es la pregunta, San se va y no dice nada. Que se de una vueltecita por la casa de Britt¿No?
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Mensaje por Tati.94 el Dom Dic 03, 2017 9:54 pm

micky morales escribió:La diferencia de edad entre ellas es bastante notoria pero bueno en el amor no hay edad, o si??????
Si es muyyy notoria. Pero son las Brittana, eso no es obstáculo para ellas y su desenfrenada pasión.
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Mensaje por Tati.94 el Dom Dic 03, 2017 10:02 pm

Capítulo 8

Unas pocas semanas después...

Me encontré con Dair en el mercado, y quedamos para tomar un café de nuevo. Charlamos con facilidad, y me maravillé de que pudiera conocer a alguien por tanto tiempo, estar interesada en él, y que las cosas quedaran muertas en la amistad con cada encuentro. Era el polo opuesto de lo que había sucedido con Santana.

Sabía que no era bueno. Debería querer perseguir algo más con Dair. Ese sería el impulso sano, porque es evidente que Dair era un buen tipo, y había potencial para un futuro entre nosotros. En cambio, me sentí aliviada cuando nos separamos con sólo un breve abrazo a pocas cuadras de mi casa.

No me sentí decepcionada de que no mencionara salir, o llamarme en   algún momento, o hacer algo, cualquier cosa, que podría ser considerada una cita.

En lugar de ello, quedé atrapada firmemente en sólo estar decepcionada de que no me decepcionara. Estaba casi en mi casa cuando sentí que alguien  se movía justo detrás de mí. Me encontraba a punto de empezar a correr cuando una voz profunda me dijo al oído—: ¿Quién era ese tipo?

Me di la vuelta, mi mano volando a mi pecho, los ojos muy abiertos hacia una Santana irritada.

—Me asustaste —fue lo primero que dije. Pero lo primero que sentí al verla era mucho más embarazoso. Me sentía tan aliviada. Lo que sucedió entre nosotros —esa loca pasión— no quería que sea algo de una sola vez.

No sabía lo que quería. Era demasiado pronto para eso. Me conformaba con saber que era lo que no quería.

—¿Estás saliendo con ese chico? —preguntó, los ojos moviéndose sobre mi  cara como si estuviera buscando algo, como si pudiera leerme como un libro.
¿Podría? Dios, esperaba que no.

—Mmm no. Es un amigo. Me encontré con él en la tienda, y fuimos a tomar un café. ¿Qué estás haciendo aquí?

—Me dirigía a tu casa.

—Oh. —Sonreí. Así que no fue un encuentro casual. Ella quería volver a verme. Fue patético lo aliviada y francamente feliz que me sentí por eso. Lamí mis labios y vi sus ojos moverse a mi boca.—Podría hacernos un almuerzo tardío.

Apretó la mandíbula como si estuviera preparándose para algo.

—No creo que tenga tiempo para el almuerzo.

Mi respiración vaciló. Parpadeé una vez, y fue como un interruptor de luz.  Pasé de ser yo a una criatura sexual que simplemente no podía conseguir suficiente.

—¿Para qué tienes tiempo?

Ni siquiera se molestó en contestar, simplemente tomó mi mano y me empezó a guiar. Y la dejé. Maldita sea, una vez más, iba a hacerlo demasiado fácil para ella.

Pero una mirada a su rostro me dejó con el cuerpo alterado. La mujer podía  ponerme húmeda con un solo vistazo. No se me escapó cómo esa mirada era un ceño fruncido.

Santana enojada = Yo encendida.

Realmente esperaba que no se convirtiera en algo habitual para mí. Apenas llegamos en mi casa antes de que estuviera sobre mí.

Me sujetó a la puerta, empujando los brazos por encima de mi cabeza, manteniéndolos allí con una mano, la boca de ella chocando contra la mía, y comenzó a trabajar quitando los pantalones de mis piernas. Se encontraba apurada.

Me sentía igual, el deseo agrupándose en mi vientre, todo mi cuerpo palpitando por ella.

Temblaba, mis pezones erectos apuntando directamente hacia ella. Le rogaban. No tenía que pronunciar una palabra. Dudaba que se mantuviera así mucho tiempo, pero no era innecesario. Mi cuerpo hablaba. Quería sentir piel sobre piel, pero nunca llegué tan lejos.

Me desnudó de la cintura para abajo, empujando sus pantalones abajo lo  suficiente para liberar su gran polla, colocarse un condón, y empezar a introducir su eje.

Gemí en voz alta de forma inmediata. Incluso con su boca sobre la mía, no podía guardar silencio.

Oí el perro en algún lugar de la casa, moviéndose alrededor con sus grandes patas torpes, acercándose lo suficiente como para que Santana haga una pausa y diga—: ¡Tato, fuera!

Como si el perro la entendiera, como si Santana dirigiera el lugar, mi enorme gran danés corrió a través de la casa, saliendo por la puerta de perro, al patio trasero.

Giré mis caderas, gimiendo en la boca de Santana. Ella todavía estaba empujando, pero no lo suficientemente rápido.

Su mano libre agarró mi cadera con fuerza y empujó su lengua en mi boca.

Tenía una pierna enganchada por encima de su cadera, pero no fue suficiente. Se salió, haciendo caso omiso de mis protestas ruidosas. No  protesté por mucho tiempo. Me giró, presionando mis manos contra la puerta. Separó mis piernas, me agarró de las caderas con ambas manos, me levantó el ángulo correcto, y empezó a penetrarme desde atrás.

Jadeaba en mi oído con cada golpe. Ninguno de las dos duró mucho tiempo. Golpeaba cada nervio perfectamente entrando y saliendo, entrando y saliendo.

Mi orgasmo se construyó como si tuviera vida propia vida, pulsando en mí con cada embestida, creciendo con cada golpe duro de su pene en mi vagina.
Mis uñas rasparon contra la puerta cuando me corrí.

Me penetró profundamente, y se mantuvo allí. Después de unos pocos latidos, todavía retorciéndose, sus manos fueron desde mis caderas a los  botones frontales de mi camisa, abriéndola, desprendiendo los botones con unos tirones impacientes. Desabrochó mi sostén, y palmeó mis tetas.

Siguió empujando, en movimientos más cortos, todavía corriéndose dentro de mí, en borbotones perceptibles. Quería llorar de placer, se sentía tan bien, apenas sofoqué los ruidos que salían de mí. Amasó mis pechos, acercándose a mi espalda para hablarme al oído.

—Tengo que irme —dijo con voz áspera, acariciando mi cuello—. Ahora.

¿Qué carajo? Pensé. Ella fue la que vino a mi casa. ¿No podía pasar más de unos pocos minutos antes de que se escapara? Y además... ¿Me encontraba  tan alterada desde la última vez que asumí que se quedaría para más de una ronda?

—Está bien —respondí con el poco aliento que tenía. ¿Qué más podía decir? No le rogaría que se quedara.

Y aún así, no se retiraba, haciendo esos deliciosos pequeños movimientos  dentro de mí, todavía respirando en mi cuello, su cuerpo contra mi espalda, mis pechos sensibles todavía en sus manos. Por lo menos me hallaba segura de que no quería dejarme. Era algo.

Con una maldición, se apartó. De inmediato tomé mis pantalones  desechados, sin mirarla cuando entró en mi medio baño y comenzó a acomodarse su ropa. Era rápida, noté, escuchando todos sus movimientos.

Ella ni siquiera dijo adiós, la muy idiota. Mientras daba vueltas, todavía buscando a tientas para colocarme mi sostén, salió por la puerta. No me  moví a la ventana delantera para verla irse, aunque era tentador.

En su lugar, me moví al medio baño, los ojos en el condón desechado a la basura, lo tiraría de inmediato. Estaría mortificada si alguno de mis hijos lo viera.

Vaya, pensé, mirándolo. Era tan sórdido, un gran condón usado en mi impecable, medio baño femenino. La habitación se encontraba pintada de albaricoque, y había flores en la alfombra, por amor de Cristo.

Me di una buena charla, los ojos en el condón. Casi me convencí, mi cuerpo   todavía zumbando en una extraña combinación de deseo, repugnancia, y un delicioso tipo de dolor que me hacía pensar en Santana cada vez que me moví. Esta no era yo.

No podía cambiarme, las cosas que quería, lo que pensaba era correcto y  lo incorrecto, sólo por una sola mujer. Una mujer muy joven que al parecer no podría tomar más de unos pocos minutos de su apretada agenda para follarme.

La auto-charla/conferencia era buena para mí, o eso creía. Este tipo de  cosas no era mi taza de té. Era demasiado informal. La mujer ni siquiera me preguntó cómo iba mi día antes de empujar su polla en mí. Y no la miré a  los ojos mientras se corría, cuando hacían esa cosa extraordinaria que me encantaba.

Se me ocurrió entonces que eso hacía una gran diferencia para mí. El alivio  físico, no importa lo poderoso, no era suficiente para mí. Ver lo que le  hacía, como hacía a sus ojos dejar de ser fríos, algo difícil de alcanzar, me hacía sentir que esta aventura valía la pena mi tranquilidad.

Todo el trabajo productivo que planeaba para la tarde parecía volar por la ventana. No había nada que hacer, sino abrir una botella de vino y llamar a una de mis amigas para hablar. Era una de las mayores ventajas de ser autónoma.

—¿Ni siquiera dijo adiós? ¿Sólo se fue? —La voz de Rachel por teléfono claramente era consternada.

—Se fue —Afirmé.

—Que idiota —murmuró—. Voy para allá. Quinn está trabajando, y estoy a sólo unos minutos de distancia. ¿Debo llevar más vino?

—Estoy bien abastecida —dije irónicamente. Me gustaba mi vino.

Apareció a menos de cinco minutos más tarde, todavía vestida para el trabajo. Debo haberla atrapado justo cuando llegó a su casa. Sabía que era como yo, y se ponía cómoda al segundo que llegaba a casa. Le serví un vaso,  y salimos a mi porche trasero para beber vino y hablar.

—Que idiota —repitió, tal vez por tercera vez. Asentí, tomando otra copa.

—¿Es una idiota en la cama, también?

No me encontraba segura de cómo responder. Ella era mandona, seguro, pero comía el coño como una campeona.

—No —finalmente dije—. Es muy agresiva, muy contundente, pero es definitivamente firme haciéndome correr primero.

—Bueno, eso es algo. Estoy convencida de que las mujeres pendejas en la cama básicamente no tienen esperanza.

Me reí porque era cierto.

—Idiota en la cama: imposible rehabilitar. Idiota, en general: infiernos, quién sabe, es probable que haya alguna esperanza.

Me reí más duro. Esto es por lo que la había llamado. Esta chica siempre decía las cosas como eran.

Rachel fluía sarcasmo. Era uno de mis idiomas favoritos. Me di cuenta de   que siempre confiaba más en una persona una vez que descubría que tenían el gen sarcasmo.

Ella era el equilibrio perfecto entre ligereza práctica que sabía necesitaba para mejorar mi estado de ánimo.
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Mensaje por Isabella28 el Lun Dic 04, 2017 4:10 am

Santana es muy fria...que esta escondiendo, britt se merece mas que una follada.
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Mensaje por micky morales el Lun Dic 04, 2017 7:27 am

ok me gustaria saber mas sobre Santana y el pq aparece solo para c.... a Britt y ya!!!!!
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Mensaje por 3:) el Lun Dic 04, 2017 10:58 am

Que le molesto a san que britt vea a otro que oportuno???...
Uno rápido... Si britt se acostumbra y lo sabe manejar san va a perder....
Que tanto hace san???
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 04, 2017 7:07 pm

Isabella28 escribió:Santana es muy fria...que esta escondiendo, britt se merece mas que una follada.
Si ¿Verdad? Britt se merece mucho mas, claro.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 04, 2017 7:09 pm

micky morales escribió:ok me gustaria saber mas sobre Santana y el pq aparece solo para c.... a Britt y ya!!!!!
Todo un misterio Santana, ojalá le explique algo a Britt de sus idas y venidas.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 04, 2017 7:12 pm

3:) escribió:Que le molesto a san que britt vea a otro que oportuno???...
Uno rápido... Si britt se acostumbra y lo sabe manejar san va a perder....
Que tanto hace san???
Parece que San no es ttoda de hielo. Siente celos. Britt tambien, tiene que ponerle las cosas mas difíciles.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 04, 2017 7:17 pm

Capítulo 9

Se presentó en mi puerta alrededor de una semana más tarde. Era un martes a las once de la noche.

Cuando sonó el timbre de la puerta, no sabía quién podría ser, pero tampoco sospechaba que era ella. Tuve el impulso breve, después de mirar por la mirilla, de ni siquiera abrir la puerta, pero otros impulsos más fuertes ganaron. Al menos me quedé con la cadena puesta, hablando a través de la pequeña abertura que dejó.

Y lo primero que dije cuando lo hice al abrir fue—: Creo que no deberías entrar.

Sus cejas se dispararon como si no tuviera idea de dónde venía esto.

—¿Qué? —preguntó.

Mientras reunía mi respuesta, mis ojos pasaron por encima de ella. Llevaba vaqueros y una apretada camiseta gris. Se veía comestible, todavía no me acostumbraba a mi reacción a ella.

—Ni siquiera te molestaste en decir adiós la última vez —le dije, haciendo que mi voz sonara tan fría como podía, de todas maneras todavía parecía cerca  de diez veces más cálida que su tono de voz normal—.Demonios, creo que ni llegaste a decir hola.

Me miró como si no tuviera idea a qué me refería. Mujer exasperante.

—Ninguna mujer te ha hecho alguna vez trabajar para ello, ¿eh? —pregunté con ironía. Ni siquiera quería pensar en eso. Pero, por supuesto, lo hice.

Dios, las chicas de su edad. Sabía qué sucedía. Tenía dos hijos que no eran mucho más jóvenes que ella. Hablé con sus amigas a lo largo de los años, hablé con ellos, con los padres de otras personas de su generación. Las chicas de su edad caían en casi cualquier maldita cosa, y los chicos no tenían que trabajar duro para conseguirlo.

¿Quién demonios podía competir con eso? ¿Quién demonios quería?

Yo, al parecer.

—No estoy segura sobre cuál es tu pregunta —dijo con cuidado.

Yo tampoco, a pesar de todo porque ya tenía mi respuesta. Esta mujer no estaba domesticada. Ni siquiera había considerado la idea. ¿Por qué lo haría? Si ella quería sexo, era más que claro que no tenía ninguna dificultad para conseguirlo.

—Mira, no creo que esto funcione para mí.

Todavía se veía increíblemente confusa, como si no tuviera idea de cuál era mi problema.

—¿Trabajar para qué?

Me quedé mirándola, sin saber si se burlaba de mí.

—Lo que quiero decir es, ¿qué tengo que cambiar para hacer que esto funcione para ti? —añadió. Era francamente educada, para ella.

Y así de fácil, me encontraba lista para volver a jugar. Maldita sea. Desencadené la puerta y la dejé entrar.

—Algunos modales —dije de mala gana, aunque no con la suficiente mala   gana—. Hay que aprender modales. Los básicos. Saludos, despedidas, un  poco de charla. Algo que me indique que esto no es simplemente sexo casual. Esto puede sorprenderte, pero no transito muy bien lo de las cosas casuales.

—¿Quién dijo que era casual?

Una vez más, no podía decir si se burlaba de mí. Por otra parte, tenía la impresión de que no era muy bromista. No sabía qué decir a eso, no sabía cómo decirlo en serio, así que seguí adelante.

—Más modales —volví a hacer hincapié—. Eso es lo que necesito. ¿Puedes hacer eso por mí?

Mi pelo recogido, la masa pesada asegurada con varios clips que había utilizado descuidadamente durante todo el día. Santana comenzó a tomarlos, clip por clip, sus hábiles dedos encontrando infaliblemente cada uno, hasta que los mechones rubios caían sueltos y ondulados sobre mis hombros.

Introdujo las dos manos en él, con los brazos agrupándome distraídamente mientras acercaba mi rostro al suyo, inclinándose a mi encuentro a medio camino.

—Modales. Saludos. Despedidas. Pequeñas charlas —repite todo de nuevo como si en verdad no supiera de qué hablaba, pero no de una manera tonta. Más como si intentara de seguir adelante, sin importar si lo entendía o no. Pensé que, tal vez, podría trabajar con eso.

Un gran quizás, pero no tan grande como para dejarle llevarme a la cama casi de inmediato. Me desnudó, me sentó en el borde de la cama, y se arrodilló entre mis muslos.

Se encontraba inclinada hacia abajo, a un suspiro de distancia de mi sexo, y dijo con suavidad—: Hola.

Sonreí, luego jadeé cuando se acercó y con entusiasmo empezó a comérmelo. Lo hizo durante tanto tiempo (tres orgasmos y contando) que al final tuve que pelear para conseguir que se detuviera.

—¿Qué estás haciendo? —le pregunté. No hizo ninguna señal de amainar, como si estuviera a punto de ir de permanecer ahí por tiempo indefinido, sin señales de detenerse en el futuro previsible.

Sonrió. Sí, era una sonrisa fría, pero me empezaba a gustar mucho.

—Mostrándote modales.

Maldita sea. En verdad comenzaba a gustarme. Me gustaba demasiado  para ser alguien que no tenía idea de si alguna vez volvería a ver.

Se subió a la cama, inmovilizándome. Mantuvo mis muñecas con una  mano, agarrando con la otra mi pelo. Puso sus caderas entre mis muslos y comenzó a follarme. Empezó a hablar mientras lo hacía. Mucho. Y no solo hablar sucio.

Charla al azar.

—¿Qué demonios? —pregunté, después de que deslizó algunos comentarios absurdos sobre el tiempo.

—La pequeña charla —explicó.

Maldita sea.

Era una tipa rara, a ciencia cierta, pero definitivamente me gustaba. De repente salió de mí, maldiciendo. Me retorcí un poco y también traté de no maldecir. ¿Por qué se detuvo?

—Me olvidé de ponerme un preservativo —gruñó, yendo hacia sus pantalones.

Mierda. Las dos nos olvidamos. ¿Cómo demonios sucedió? Al menos no se vino dentro de mí sin nada. Aún así, no podía creer que me olvidé. Era un poco preocupante.

Se lo puso y me montó de nuevo. Se quedó durante horas, pero no por la noche. Al menos se despidió esta vez, aunque perversamente, deseaba que no lo hubiera hecho.

Sus manos agitaron mis caderas y hombros despertandome. Parpadeé atontada a una intimidante Santana cerniéndose sobre mí.

—Me tengo que ir —dijo con voz ronca. Suspiré, moviéndome sin descanso bajo sus manos.

—Bueno.

—Dijiste que debería decir adiós cuando me vaya. Esto es un adiós.

Cerré los ojos y asentí. Al parecer era una chica literal. Sin embargo, no se movió, solo me miró durante mucho tiempo.

—Ni siquiera se suponía que tenía que venir aquí —dijo por fin, cada palabra sonaba como si luchara por salir de su garganta—. Estoy en el medio de un trabajo, algo... algo que no requiere que me distraiga.

Sea lo que demonios sea.

—Me distraes —continuó. Inexplicablemente, me gustaba eso. Mucho.

—No me voy porque quiero. Necesito irme. Legítimamente. Odio tener que dar explicaciones. A cualquiera. Pero cree esto: Si pudiera quedarme más tiempo, lo haría. ¿Bien?

No me había dicho casi nada, no me dio ninguna respuesta, no es que me debiera alguna, considerando todas las cosas, pero lo poco que dijo, lo aprecié. Si era una mierda o no, me gustaba la forma en que tomó el tiempo para tranquilizarme, para hacerme saber qué hubiera pasado más tiempo conmigo si hubiera podido.

—Está bien —le susurré en la oscuridad. Empezó a alejarse. La detuve con  una mano en su muñeca. —¿Te veré de nuevo? —pregunté, arrancando las palabras.

Maldijo y se inclinó, tomando mi boca con voracidad, con las manos tirando de las suaves sábanas, envolviéndolas alrededor de mi cuerpo. Arropándome. 

No sabía qué hacer con esa tierna acción, pero me gustó. Mucho. Me encantó.

—Lo harás, si tengo algo que decir al respecto —dijo crípticamente y se fue más rápido de lo que vino. Dios, era un poco desastroso.

¿Por qué demonios me gustaba tanto?

Era poco civilizada. Grosera. Tosca. 

Y extrañamente, una tipa dulce.
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Mensaje por JVM el Mar Dic 05, 2017 6:53 pm

jajajajaja me encanta San es rara y misteriosa jajaja
y bueno cumplio las peticiones de Britt ....
espero que sus visitas sean mas frecuentes y ojala mas adelante Quinn y San se conozcan porque creo que se llevarian super bien :)
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Mensaje por micky morales el Mar Dic 05, 2017 8:02 pm

perfecto lo literal que pde ser Santana!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 05, 2017 8:08 pm

JVM escribió:jajajajaja me encanta San es rara y misteriosa jajaja
y bueno cumplio las peticiones de Britt ....
espero que sus visitas sean mas frecuentes y ojala mas adelante Quinn y San se conozcan porque creo que se llevarian super bien :)
¿Rara? Rarísima! Si, esperemos que San quiera socializar en algún momento.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 05, 2017 8:10 pm

micky morales escribió:perfecto lo literal que pde ser Santana!!!!!
Si que puede ser literal!
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 05, 2017 8:26 pm

Capítulo 10

Estaba remojándome en la bañera, una copa de vino tinto rotando flojamente entre mi mano y el borde de la bañera. Eran las ocho de la noche, y volví de un viaje de trabajo en Los Ángeles unos treinta minutos antes.

No podía siquiera decir por qué, pero el viaje fue estresante para mí, y me  conmocionó tardíamente darme cuenta que me encontraba aliviada de  estar en casa. Es decir, no es como si no estuviera acostumbrada a viajar, y estuve ausente sólo unos días. Casi siempre iba a L.A. varias veces al mes por trabajo. Era típico para mí.

Fui a una difusión editorial para una revista de moda en la que participó una supermodelo temperamental. ¿Tal vez venía de eso mi reprimida tensión? No lo creí. Traté con muchas divas. Ese tipo de cosas no me amedrentaba.

¿Qué era entonces?

Mi cuerpo se encontraba tenso, la mandíbula apretada con fuerza, los labios fruncidos, los hombros demasiado rígidos. Antes de llegar hoy, miré a mis manos varias veces, siempre sorprendida cuando las encontraba convertidas en pequeños puños nerviosos.

Los puños se fueron, y trabajaba en relajarme de la mejor manera que sabía. Me encontraba leyendo en mi teléfono, ya que era más fácil de sostener en una mano, la disposición perfecta para hacer dos de mis cosas favoritas de forma simultánea.

Beber vino y devorar un libro.

Era un lector ávido, de toda la vida. No me adhería a un género. De hecho, leía de todo, aunque no todos mezclados. Iba a través de fases. Mi última  fase, que duró unos cuatro meses, fue una fase de True Crime.

Inició cuando leí varias novelas de mi amigo Dair y empecé a buscar y leer todos los libros de no ficción que se basaban en crímenes.

Esa etapa terminó unas pocas semanas antes, y me hallaba de vuelta en mi género favorito de todos. Antiguo, garantizado para sacarme de la tensión. Romance.

¿Quién no disfrutaba de una buena historia de amor? Los devoraba últimamente, uno tras otro, sacrificando horas de sueño, descuidando el trabajo, pero de alguna manera siempre tenía tiempo para un buen libro.

Estaba llegando a una buena parte, a medio sorbo de vino, cuando oí un  ruido en algún lugar de la casa, en la cocina, pensé. Algo común, como una puerta chirriante abriéndose.

Mis cejas se unieron. Uno de mis chicos, tal vez, o „Tato, que al ser demasiado grande no podía moverse en silencio.

Tuve un breve pesar por dejar las puertas tanto de mi dormitorio y baño  abiertas. Lo hice porque de lo contrario, Tato lloraría a la puerta cerrada, no importa de qué lado lo dejara. Si se encontraba encerrado conmigo, siempre tenía que salir y hacer sus negocios de perro. Si la encontraba cerrada, se  sentía privado de mi compañía. Con la puerta abierta, por lo general sólo se quedaba en algún lugar cercano, feliz como una almeja.

Me encontraba bastante segura que mis dos hijos no entrarían en mi dormitorio o cuarto de baño sin previo aviso, pero decidí que sería una buena idea cruzar el cuarto de baño grande para cerrar la puerta, sólo para estar segura.

Mi bañera tenía una gran cornisa alrededor, perfecta para velas y objetos  de decoración. Tenía una toalla de mano seca doblada en una esquina para mi teléfono y lo puse allí. Iba a colocar mi vaso de vino, cuando un cuerpo silencioso llenó la puerta de mi cuarto de baño, por lo que calculé mal, y lo estrellé en el borde de la bañera.

Se rompió al contacto, lanzado grandes trozos de vidrio y una porción de líquido rojo, justo en mi pecho.

Aún así, todavía estaba más distraída por la figura familiar en la puerta que por el desastre que acababa de hacer.

¿Cómo diablos entró?

—¿Cómo diablos te metiste en mi casa? —le pregunté a Santana, sin estar  segura de sí me encontraba más alarmada por la visión de ella invadiendo mi privacidad, o aliviada de que volviera, una vez más.

Aliviada, pensé, mis ojos recorriendo su cuerpo. Lucía increíble, como siempre, en su habituales vaqueros/camiseta combinada. Sus ojos estaban en mi mano con el vidrio roto ahora.

Maldita sea, pensé, mirándola. Realmente necesitaba invertir en algunas copas de vino irrompibles. Oí hablar de unas. Bev, mi amiga, la que me acogió en la noche de chicas, tenía algunas, y parecían funcionar. Tenía intención de conseguir algunas, pero esto definitivamente lo aceleraría.

—Traté de tocar el timbre, pero no me respondiste, así que registré la puerta de atrás. Se encontraba abierta.

No podía creerlo. ¿Dejé la puerta trasera desbloqueada? Vivía en Las Vegas. Sabía que no debía hacerlo. No era propio de mí. Mi ser ingenuo le creía simplemente porque lo había dicho.

—No te muevas —agregó, con voz ronca, no con su voz normal, sino como si estuviera enojada.

Su tono de autoridad no admitía discusión, por lo que sólo me senté allí y la observé aproximarse, perfectamente inmóvil.

Se puso en cuclillas junto a la bañera, acercándose para tomar el tallo de la copa, que todavía estaba intacto, de mi mano. La colocó en la repisa junto a mi teléfono.

Esa misma mano se movió a mi pecho donde el vino y un par de grandes porciones de la copa se aferraban a mi piel. Muy suavemente, las quitó.

—Mierda —gruñó.

Bajé la mirada. Un corte pequeño, pero de una pieza afilada, me hizo sangrar. Sin previo aviso, de repente me agarró por debajo de los brazos, levantándome fuera de la bañera. Mis ojos volaron a su cara mientras me sentaba en la alfombra de felpa justo en frente de mi tocador.

Estaba chorreando en el suelo agua, y algo de vino tinto, miré al lugar  donde tenía mi toalla colgada en un bastidor, accesible desde la bañera. Pero no era accesible ahora.

—¿Me podrías entregar una toalla? —le pregunté, señalándola.

Fue como si no me escuchara, con los ojos fijos en mi pecho. Me encontraba mojada y roja, por el vino y un toque de sangre. No me dio una toalla. En su lugar, se inclinó y empezó a chupar el vino de un pezón.

—Oh —escapó de mis labios. Era un tono alto, necesitado.

Mis manos fueron a su cabeza, mis dedos a través de su cabello.

No me dejó ir por un segundo, cubriendo mis nudillos con los suyos, empujando mis manos detrás de mí, girando las muñecas hasta que me sostuve en mis palmas. Sólo siguió chupando, lamiendo el vino, el sonido   volviéndome salvaje, demostrando su hambre por el simple acto de  lamerme para limpiarme.

Era exhaustiva. Incluso después de que no quedara ningún rastro del vino siguió su camino, dándose un banquete en mis pechos como si fueran el plato principal, en lugar del aperitivo.

Sus manos se quedaron en las mías mientras trabajaba, manteniéndolas donde estaban. Me retorcí, necesitando más, necesitando sus manos, y mis manos, y más.

Por último, dejó mis manos libres y las utilicé para ahuecar mis pechos, juntándolos, empujándolos en su cara. Gimió, las manos en mis caderas, aunque sostuvo su cuerpo lejos.

—Creo que todavía hay un poco de vino en mi vientre —dije sin aliento. Se puso de rodillas, su mirada en la mía.

Puso su boca en mi ombligo, rodando allí por un tiempo. La observaba, todavía acariciándome. Quería lanzar una pierna por encima de su hombro, pero contuve el impulso, a duras penas. Ella levantó la cabeza, mirándome.

—¿Listo?

Asentí, pero dije—: Creo que goteó hacia abajo.

Eso me valió una sonrisa maliciosa. Sus ojos se clavaron en mis pechos, que todavía amasaba con las manos.

—Mantén tus manos allí —dijo, y volvió al trabajo, lamiendo hacia abajo y siendo cuidadosa al respecto.

Cuando se adentró entre mis muslos, parecía estar todavía en su misión para descubrir hasta la última gota de vino derramado.

Me encontraba bastante segura de que consiguió limpiar todo, pero no iba a detenerla. El pensamiento nunca se me cruzó por la mente. Su mandíbula raspó contra mis muslos internos, su nariz empujando insistentemente   contra mi clítoris mientras su lengua se curvaba en mi sexo, lamiendo en cámara lenta como si todavía estuviera determinada a cazar cualquier gota de vino errante.

Me incliné hacia atrás sobre el mostrador, apoyándome sobre mis manos de nuevo para sostenerme mientras ella seguía su camino.

Puso mis piernas sobre sus hombros y se puso a trabajar, mis talones clavados en su espalda. Me corrí dos veces antes de que se apartara y me mirara.

Me mordí el labio, tratando de no sonrojarme ante lo mojada que se encontraba la mitad inferior de su cara.

—¿Lo limpié todo? —preguntó. Asentí, todavía recuperando el aliento.

Sólo me di cuenta de que el pequeño corte en mi pecho seguía sangrando cuando se puso de pie y empezó a atenderlo. Fue realmente muy dulce, la forma en que se hizo cargo de ese pequeño corte como si fuera absolutamente importante, sosteniendo un apósito en él hasta que el sangrado se detuvo.

—Voy a limpiar el vidrio de tu bañera —me dijo—. Por qué no buscas otra copa de vino.

Con las piernas temblorosas, agarré mi bata y me dirigí a la cocina.

—¿Quieres una copa? —pregunté, mirándola.

—Mmm no. ¿Me veo como una mujer que bebe vino? —preguntó. Me reí y ella sonrió.

Me encontraba sentada en mi pequeño comedor junto a la cocina cuando se unió a mí, a pesar de que no se sentó.

—¿Hay algo que necesite hacer para que funcione para ti? —preguntó de repente. Me quedé mirándola. Era constantemente inesperada. Casi todo lo que salía de ella era una sorpresa para mí.

—Cualquier cosa que no esté haciendo... correctamente —aclaró.

Le sonreí, mi pecho calentándose de una manera muy agradable, casi como si lo que hubiese entre nosotras fuera algo normal, algo romántico incluso.

—Dime algo dulce —le dije, sintiéndome lúdica.

Me estudió seriamente, como si ni siquiera se le ocurriera que era totalmente seria en ese momento. El coqueteo era un concepto extraño para ella.

—Eres una mujer pacífica —dijo, cada palabra pronunciada con mucho cuidado. Como si tuvieran algún significado especial.

Parpadeé, largo y lento, las pestañas pesadas como recubiertas con miel. Trataba de decidir qué hacer con eso. Pacífica sonaba sólo un toque demasiado cerca de aburrido, pensé.

—Lo que quiero decir es, que das paz... me traes paz. Lo creas o no, esta es una versión muy suave de mí.

La miré.

—¿En serio? —Sinceramente no lo creía.

—Sí. Asusta, ¿eh?

Para ser honesta, daba un poco de miedo, porque nunca la vi acercarse a algo cerca de suave. Nunca la vi ser cualquier cosa menos que intensa.

No me gustaría verla a toda velocidad. Uff.

Y entonces mi mente se perdió de nuevo a lo que acababa de decir y la forma en que se refirió a mí. Guau. Realmente fue algo dulce. Ella, con los ojos profundamente fríos, gélidos, siempre tan intensos, encontró de alguna manera la forma de que sus palabras me calentaran, de la cabeza a los pies.

Pensé que podría pasar la noche en el momento que terminó conmigo en  las primeras horas de la mañana, pero no estaba segura, porque no durmió en mi cama conmigo. En su lugar, sospechaba que acampó en otra habitación, tal vez en mi sofá. 

No podría haber dicho por qué lo sospechaba, mirándola. Ningún colchón se hallaba fuera de lugar, pero ese no era el asunto. Era el tipo de persona que dejaba las cosas tal y como las encontraba.

Nunca la vi relajarse, ni por un segundo. Incluso cuando me encontraba  sentada, bebiendo mi vino, permaneció de pie, caminando, esperando. Nunca simplemente descasando, y sólo acostándose para actividades que no implicaban nada remotamente cerca de dormir o descansar.

De cualquier manera, se había ido por la mañana cuando me desperté.

El sexo casual podría haberse adaptado muy bien conmigo. Nunca lo sabré. Santana simplemente no era la mujer para intentarlo. Golpeaba todos y cada uno de mis botones calientes.
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Mensaje por Isabella28 el Miér Dic 06, 2017 6:04 am

Que dulce es santana :-D quiero saber mas de ella.
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Mensaje por 3:) el Miér Dic 06, 2017 11:27 am

Bueno san lo esta intentando y bastante bien por lo que se ve...
Britt ya se adaptó a lo que puede llegar a tener con san.. Pero si la cambia seria genial!!!
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