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[Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

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Mensaje por Tati.94 el Dom Dic 10, 2017 9:51 am

Capítulo 14

Me llevé mi teléfono en el camino ya que esperaba llamadas de algunos clientes. Cuando comenzó a vibrar, sin embargo, y vi quien llamaba, maldije.

Mi maldito ex.

Tenía que llamar hoy. Hablemos de la peor suerte del mundo. O peor, ¿ya lo llamó Deborah para decirle que me vio con Santana? Demonios.

—¿Cuál es el problema? —preguntó Santana. Sus ojos estaban en mi teléfono, y tuve este extraño pensamiento de que sabía quién llamaba.

La pantalla de bloqueo se iluminó con EDUARD LLAMANDO, y era muy  probable que pudiera haberlo leído desde donde se encontraba parada. En lugar de responder, la estudié.

Era fascinante para mí. Sin expresión, sin indicio de afectación, pero todo eso de algún modo me decía que estaba agitada.

Trate de sacudirme la sospecha, pero no funcionó.

—¿Cuánto sabes sobre mí? —le pregunté lentamente—. ¿Cuánto descubriste en tu…revisión previa?

—Sé que es tu exesposo el que llama. Sé que lo dejaste porque es un infiel pedazo de mierda.

Wow. Aparentemente hizo su investigación. Estaba indecisa sobre cuán enloquecida debería estar por eso.

—¿Por qué te está molestando? —preguntó entre dientes—. Sé que ya no tienes nada que ver con él. ¿Qué quiere?

Hice una mueca. En verdad odiaba hablar de esto.

—El hace esto a menudo, llama para darme un sermón. Cree que es mi culpa que sus hijos no quieran nada con él. Pero si tuviera que suponer porque  está llamando en este momento, diría que es por Deborah, la vecina que  notaste no me cae bien. ¿Recuerdas que mencione que ella le diría a mi  exesposo que nos vio juntas? No creí que trabajara tan rápido, pero ahí está.

Mi teléfono comenzó a vibrar de nuevo. Irritada, respondí con—.¿Qué quieres Eduard? —mi tono insolente.

Mi exesposo tomó nota inmediata de mi tono.

—¿Es esa la forma de saludar al padre de tus hijos? —ladró de regreso.

—¿Qué quieres? —repetí. Él fue directo al punto.

—¿Cuántos años tiene?

Ugh. Era tan predeciblemente desagradable en todo. El divorcio sacaba lo peor de todos, pero Eduard había caído a nuevos niveles el año pasado.

—¿Has estado hablando con tu buena amiga Deborah?

—¿Al menos mayor que nuestros hijos, espero? —estaba en una racha. Usualmente no escalaba así de rápido a un idiota cuando llamaba. Generalmente trataba con encantador primero.

—No haré esto.—ladré, ya más allá de enojada.

—No tenía ni idea de que eras una puma Brittany.

—No haré esto. —repetí, a menos de un segundo de colgarle.

—Tal vez por eso nosotros no funcionamos. Yo era demasiado viejo para ti.

Eso era demasiado.

—No es un misterio porque no funcionamos. Dormías con mi ex mejor amiga. —me detuve apenas, a punto de decir su nombre.

—¡Ni siquiera me dejaste explicarte! —su voz era cercana a un grito en mi oído.

Oh. Ugh. Este hombre. ¿Cómo estuve con él por tanto tiempo?

—Nada de eso importa —dije, mi voz plana y fría. No le daría la satisfacción.

Comenzaba a pensar que él disfrutaba nuestras interacciones hostiles. ¿Por qué más se saldría de su camino para que estas sucedieran?

—Dime porque estas llamando, —dije lentamente—. Y mejor que sea productivo, o estoy colgándote en exactamente cinco segundos.

—Tienes suerte, sabes. Pude haber presentado cargos de agresiones contra ti y Rafael por lo que me hiciste.

Ugh. Este hombre. Grr. Me creía incapaz de pensar coherentemente, era tan frustrante lidiar con él.

—¿Ahora estás amenazando con presentar cargos contra tu propio hijo? —respondí, asombrada de  que Eduard fuera incluso capaz de molestarme más de lo usual—. ¿Es una broma?

—Si hubiera sabido, si hubiera tenido alguna idea de que eras lo suficientemente vengativa para poner a mis hijos en mi contra…

Colgué en medio de su diatriba.

—¿Agresiones? —El tono de Santana era irónico. Levante la mirada hacia ella,  sonriendo con renuencia.

—Es una larga historia.

—Tengo todo el día.

Suspire, y continué.

—Para que conste, normalmente soy pacifista.

—Anotado, —apuntó Santana.

—Pero, y supongo que sabes esto, al menos una parte, lo atrapé engañándome. Me marcó por teléfono con su trasero mientras tenia sexo con mi ex mejor amiga. Escuche lo suficiente para estar segura de que eran ellos y lo que hacían.

Me detuve, tratando de leer su expresión.

—Mi reacción, más que nada, fue furia. Me puse tan furiosa que lo agredí.

—¿Cómo?

Siempre me sentía como psicópata al contar la historia, especialmente  ahora que me hallaba tan completamente libre de mi ex. Pero se la dije. Si querías que alguien se abriera contigo, por supuesto que tenía que haber reciprocidad.

—Esperé hasta que llego a casa, honestamente sin saber que decirle, y el actuó como si todo estuviera normal cuando me saludo. Fue directo a tomar  una ducha, y fue entonces cuando perdí los papeles. Vez, había hecho eso mucho, llegar de cualquier lado e ir inmediatamente a la ducha. Debe haber estado engañándome por años, y no tenía idea.

La estudié un rato, tratando y fallando de medir su reacción, y finalmente continúe—: Tomé jabón Fabuloso y su cinturón.

—Me gusta a donde se dirige esto, —anotó Santana, y me hizo sonreír. Al menos no pensaba que era una loca total. Aún.

—Rocié el suelo justo fuera de la ducha. Era mármol muy suave. Al segundo que salió, se resbaló, azotó la cabeza contra el mueble, y cayó en su trasero.

—Bien, —dijo Santana inafectada. Sonreí. Debí haber sabido que esto ni  remotamente lo sorprendería.

—Fue entonces cuando lo golpeé con el cinturón, primero la hebilla.

—Bien —repitió.

—Lo golpee hasta la mierda, lo golpee hasta que salió corriendo de la casa, desnudo, solo para alejarse de mí. Entonces lo dejé afuera. Llené los papeles de divorcio tan pronto como fue humanamente posible.

—Eso no explica porque está amenazando a tu hijo con cargos por agresión.

—Rafael, el mayor, lo golpeó muy severamente cuando descubrió lo que había hecho. Aun así, no puedo creer que Eduard amenazaría a su propio hijo así.

—Es un imbécil. ¿Quieres que me encargue de él?

Sentí mis ojos ampliarse. Si fuera alguien más, habría asumido que bromeaba.

—¿Quieres decir…?

—No estoy hablando de matarlo. Te garantizo que puedo conseguir que te deje sola sin llegar a eso.

Ahora eso era medio tentador. Pero me retuve.

—No es nada que no pueda manejar. Para ser perfectamente honesta, solo me molesta en este punto. Y los cargos por agresión son mentiras. Si fuera a hacerlo, lo habría hecho hace mucho, cuando tenía pruebas.

—¿Por qué crees que aún está persiguiéndote? ¿Y porque esta tan preocupado acerca de con quién sales? ¿Crees que te quiera de regreso?

—Dios, no. Pero, sabes, comienzo a pensar que hay un motivo detrás de esto, y no es que quiera ver más a sus hijos.

—¿Qué entonces?

—Yo… —Dios, odiaba hablar de esto—. Bueno, siempre tuve lo que podrías llamar un fondo fiduciario, a falta de una palabra mejor. De mi padre. Y he  tenido algunas carreras exitosas a lo largo de los años. Larga historia  corta, tengo algo de dinero ahorrado. —varios cientos de miles para ser exactos—. Y mi ex lo sabe. Cree que puede usar esto para de algún modo obtener mi dinero.

—Hijo de puta. —la voz de Santana era baja, y su tono se las arregló para combinar el ser plana y lacónica—. Déjame saber si cambias de opinión ¿está bien? No tengo problemas en poner a ese tipo en su lugar.

Asentí, preguntándome qué hacer con ella. Comenzamos a caminar de nuevo.

—Deberías mostrarme tu casa. ¿No dijiste que estaba aquí cerca?

Tomo una respiración profunda, y supe que se encontraba a punto de mentirme.

—Es un desastre, te llevare otro día, después de arreglar un poco.

—¿Me estás diciendo que eres un desordenada?

—Sí, —dijo sin dudar.

No creía eso ni por un segundo, para nada. Ella o no vivía aquí cerca, o tenía otra razón para no querer llevarme a su casa. Demonios. Y lo habíamos  estado haciendo bien, progresando. Pero con esta simple mentira, algunas semillas de sospecha fueron plantadas.—¿Qué si tenía a una novia viviendo con ella? Joder. ¿Y si tenía una esposa?

—¿Tienes una novia… o una esposa? —pregunté directamente, viendo su cara cuidadosamente.

Una mirada de puro enojo cruzó su cara, y respiré con alivio. Estaba genuinamente ofendida por la pregunta, y encontré eso tranquilizador.

—No. Por supuesto que no. No estaría contigo ahora si la tuviera. ¿Es eso lo que piensas de mí?

Ahora yo tenía que defenderme. Oh, era Bueno.

—No —dije con cuidado—. Solo que nunca es malo asegurarse, supongo.

El gruñó (estaba molesta, creo) y comenzamos a caminar de nuevo.
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Finalizado Re: [Resuelto]Fanfic Brittana Gp: La otra. Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Dom Dic 10, 2017 10:00 am

Capítulo 15

Después, la lleve a mi gimnasio, porque preguntó que me gustaba hacer en mi día libre, y mi primera elección y la favorita, pasar tiempo con mis hijos, parecía inapropiada. Ni siquiera quería suponer lo que mis hijos pensarían de Santana y nuestra diferencia de edad.

Mis pocas opciones siguientes fueron rechazadas enfáticamente. Comprar  no era su estilo, y tenía el presentimiento de que no la haría cambiar de opinión al respecto.

Y no, ella no cambió de opinión con respecto a que la fotografiara. Así que  acordamos un plan. Iríamos al gimnasio, después yo iría a mi casa a tomar  una ducha y ella a la suya por algunas cosas, a hacer algunas llamadas telefónicas (de trabajo), entonces vendría a recogerme para nuestra cita.

De hecho repasamos todo eso, cada detalle. Santana parecía pensar que el  día necesitaba ser manejado con una estrategia bien pensada. Me imaginé que era solo otra de sus rarezas.

—Supongo que irás directo a las pesas, —dije, después de que nos registre ambas. Obtenía unos cuantos pases de visitante cada mes, así que Santana fue capaz de acompañarme sin problemas.

—Supongo que tú vas a empezar con cardio, —respondió.

Nos sonreímos. Así que teníamos algunas cosas en común que no envolvían la cama.

Encontré una caminadora con la mejor vista de la zona de pesas, puse mi toalla de mano en la manija, y comencé a estirar, mis ojos en Santana. Me imagine que verla ejercitar sería un acontecimiento. Y no me decepciono.

Cuando habíamos repasado los planes del día, ella me menciono que no  tenía una membrecía de gimnasio en ningún lado, o incluso un gimnasio en  casa, y me costó trabajo creerle. Estaba en perfecta forma. Más allá de perfecta llegando a deslumbrante, para ser exacta. Nadie tenía eso sin ejercitar.

Pero, viéndola ejercitarse, rápidamente capte porque tenía sentido. La catalogué como militar, y su ejercicio claramente lo probaba. Fue agotador, pero se alejó por poco del piso y levanto una barra.

Ni siquiera me di cuenta de que contaba sus levantamientos en mi cabeza hasta que una voz en la maquina junto a mi comenzó a contar en murmullos.

Era así de impresionante.

Estaba corriendo entonces, pero lance una mirada a mi derecha, viendo a la  otra mujer que veía sin vergüenza a Santana a través de su rutina.

Era bonita. Y al menos diez años menor que yo. Y claramente interesada en Santana.

Comencé a mirar alrededor, notando toda la atención femenina que ella conseguía. Podía ciertamente ver porque. Ella no se detuvo para nada,  yendo a través de su rutina a máxima velocidad, de una forma que solo  podía ser descrita como castigadora.

Incluso en un edificio largo lleno de personas en excelente forma, su cuerpo y métodos atrapaban miradas.

Cuando llego a la barra, incluso escuche a algunas mujeres jadear, y no podía culparlas. Su ritmo era hipnotizante. Si este fuera el fin del mundo, y la  única forma en que pudieras salvar a la humanidad fuera hacer tantos levantamientos como fuera posible, Santana definitivamente nos salvaría a todos. Y no eran solo los levantamientos. Era como realizaba todo en su vida.

Tuve que parpadear para hacer una doble toma cuando vi los pesos que uso para una larga ronda de levantamientos. En un punto, una muy caliente  castaña se le acercó, sonriendo, coqueteando.

Oh wow. Estaba celosa, y era horrible.

No era del tipo celoso. Siempre fui muy segura de mí, me sentí segura incluso con mi esposo infiel, hasta por supuesto el día que descubrí que me engañaba y que mi mejor amiga era una zorra destruye hogares.

Pero incluso entonces, más que ponerme celosa, me deshice del peso muerto que era mi perdedor marido. Sabía que era el jodido, no yo, y seguí adelante con mi vida. No era un alma celosa.

O eso pensé.

Pero entonces Santana hizo algo que descubrí me hizo sentir maravillosa.

Despachó a la chica casi agresivamente, con un menos que amigable movimiento de su mano, y un conciso movimiento de cabeza. Ella se alejó, luciendo derrotada.

Fue difícil no sonreír a eso.

Terminé mi cardio en la marca de quince minutos, y el aún seguía fuerte, así  que golpee algunas de las máquinas de pesas más ligeras, haciendo  algunas repeticiones y lamentando la perdida de mi perfecta vista de ella.

Solo quedaban dos máquinas en mi rotación cuando apareció a mi lado, luciendo sudorosa y muy comestible.

—¿Terminaste? —le pregunté exhalando. Levantó su hombro un poco.

—Cuando tú termines. —me estudiaba intensamente—. Hemos estado en esto por horas, ¿Cómo es que no sudas?—mientras hablaba, sus ojos me escaneaban.

Yo sudaba, solo que era mínimo, y era difícil de ver, pero había algunos  lugares: en mi cabello, pero el color claro lo escondía bien. Y extrañamente, mis codos. Le mostré dichos codos. Pasó un dedo sobre la ligera capa de humedad ahí.

—¿Eso es todo? —preguntó. Asentí. Ella abrió la boca para decir algo,  nunca sabré que, porque fue interrumpida por otra joven caliente pegándose a ella.

—Te vi ejercitando, —le dijo ella, masticando chicle. Tenía uno de esos acentos Karashian que me hacían tensarme, y actuaba como si yo no estuviera ahí o hubiese asumido que Santana no estaba conmigo. Era increíble, y sentí otro ramalazo caliente de celos.

Pero su atención se encontraba tan fijada en mí que la sensación llegó tan rápido como vino. Ella ni siquiera se dio cuenta, menos le preocupó toda la atención y admiración que recibía.

—¿Te importaría retroceder? —dijo rudamente, sin apenas mirarla—.Estás en mi espacio personal, y ni siquiera te conozco.

Ella le dio una mirada sucia y se alejó. Cubrí mi boca para camuflar una risa. Era brutal.

—Odio tu gimnasio, —me dijo—. Es un mercado de carne. No sé cómo lo soportas.

Me mordí mi labio, evitando reírme. En realidad no podía culparla. Obtenía más que mi dosis justa de atención en una base regular, pero ni de cerca a la que ella había logrado en un par de horas.

—Salgamos de aquí, —respondí. Fuimos al café a lado del gimnasio.

—¿Qué tipo de música te gusta? —le pregunté. Por supuesto que me volvió  la pregunta. Muy Santana.

—¿Cuál te gusta a ti? Apuesto que puedo adivinar.

Me llegó en ese momento como nos veíamos, con expresiones casi gemelas, si pudieras descartar sus ojos rotos, sin vida. Nos estábamos sonriendo como viejas amigas, ninguna escondiendo su obvio afecto por la otra.

Que cosas tan extrañas sacábamos a relucir de la otra. Extrañas y maravillosas.

—Adelante, —le dije—. Adivina.

—Te gusta todo. Eres una escucha de humor. Lo que sea que te dé la gana.

Demonios.

—Es como si me conocieras.

Uno de sus rudos dedos acaricio ligeramente mi mejilla.

—Quiero eso. Conocerte. En verdad lo quiero.

Dulce mujer extraña.

—Mi turno.

Su sonrisa se amplió, y casi me quito el aliento. Nunca la había visto hacer  algo así, toda su rudeza inherente se fue de su cara, el siempre presente todo de chica se fue por un momento.

Lucia feliz. Dios, era asombrosa. Y tan joven. Era fácil de olvidar.

—Ve por ello, —retó—. No puedo esperar escucharte.

—Death metal. Eres un metalera.

Ella se rio, lanzó su cabeza hacia atrás y se rio. No podía negarlo, solo ver eso me tuvo cayendo un poco más por ella.

Sabía que era un lado precioso y raro de Santana, y todo lo que quería hacer era dedicar mi tiempo y energía a sacar este lado de ella, cultivar su lado más suave.

Era una reparadora crónica. Sin esperanzas, en serio.

—No, —dijo finalmente—. Ni siquiera cerca. Ese tipo de música me molesta. Demasiado ruidosa y desordenada.

—¿Rock?

—No.

—Rap.

Otra risa, y caí más profundo, demonios.

—No.

—Country.

—No.

—Um… ¿Pop? —me quedaba sin opciones. Se agachó para besarme en la frente.

—No es probable.

—Está bien, me rindo.

—La música clásica es lo único que escucho por elección. Es…pacifica. El resto es solo caos para mí.

Nunca lo hubiera adivinado.

Era tan complicada, y Dios, yo babeaba por una mujer complicada.

***


Había asumido (y esperado) que pasáramos el rato antes de ir a arreglarnos para salir, pero no tuve tanta suerte. Santana me dejo en mi puerta con un adiós obligado y la advertencia de que volvería en una hora.

Eek, pensé. Quería más de una hora. Me encontraba muy segura de que necesitaba más. Esta era, después de todo, nuestra primera cita.

Nunca tuve la oportunidad de arreglarme para ella. Me había visto sin ropa y sin maquillaje más que nada.

Salte a la ducha apresurada, lavando mi cabello, a pesar de que sabía que me tomaba casi una hora secarlo.

Envolví mi cabello en una toalla mientras escarbaba en mi closet. Cena y una película era la cita más extraña para arreglarse, pero esto era las Vegas. Solo  hace unos días, había visto a alguien en un vestido de noche en la tienda.

Todo pasaba aquí. Era una de mis cosas favoritas de la ciudad.

Amaba la ropa. Comprar era una obsesión duradera, pero me vestía para una mujer que sabía que no apreciaba nada sobre las últimas tendencias.

Así que fui por sexy y coqueta con mi vestido negro favorito. No me lo había  puesto en años, pero nada me ajustaba mejor. Mostraba mis piernas y el  suficiente escote para voltear algunas cabezas. El ajustado material de  jersey se pegaba a mis pechos y cintura, acentuando mis curvas, entonces caía a una corta falda.

Deje mi pelo ondulado, lo que ahorro tiempo, pero fui con todas con el  maquillaje, con ojos ahumados y labios rojos, así que aún estaba aplicándolo en el último minuto.

Me deslicé en mis altos Louboutins favoritos. Tome una ligera chaqueta   ya que siempre me enfriaba en el espectáculo.

Estaba lista casi al segundo, lo que fue algo bueno, porque Santana estuvo en mi puerta exactamente a tiempo.
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Mensaje por Isabella28 el Dom Dic 10, 2017 11:19 am

Santana espantando las moscas jajajaja rara y todo igual la amo.
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Mensaje por 3:) el Dom Dic 10, 2017 4:39 pm

No es cuestionable que san reaccione así vasado en lo que le paso... Y el tipo de trabajo que tiene y con la gente que se cruzo en la vida...
Es un progreso costoso aunque san sedes... Pero divertido jajaja
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Mensaje por micky morales el Lun Dic 11, 2017 6:22 am

A ver como va esa cita, me encantaria un enfrentamiento entre el ex-marido y Santana!!!!
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Mensaje por JVM el Lun Dic 11, 2017 4:38 pm

jajajaja San y su forma amable de alejar a las chicas...
y bueno creo que en algun momento si tendra que ponerle un alto al ex de Britt para que la deje en paz
Ahora haber que tal les va en su primer cita
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 11, 2017 4:49 pm

Isabella28 escribió:Santana espantando las moscas jajajaja rara y todo igual la amo.
Pues si, hay que espantarlas sino estorban jajaj
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 11, 2017 4:53 pm

3:) escribió:No es cuestionable que san reaccione así vasado en lo que le paso... Y el tipo de trabajo que tiene y con la gente que se cruzo en la vida...
Es un progreso costoso aunque san sedes... Pero divertido jajaja
Se a abierto con Britt y eso es un gran progreso para San, pese al trabajo que tiene y todo. La rubia va aprendiendo a llevarla jajaj
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 11, 2017 4:55 pm

micky morales escribió:A ver como va esa cita, me encantaria un enfrentamiento entre el ex-marido y Santana!!!!
Si, si, seguro San acabaría con el que se ve que es un cobarde
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 11, 2017 4:57 pm

JVM escribió:jajajaja San y su forma amable de alejar a las chicas...
y bueno creo que en algun momento si tendra que ponerle un alto al ex de Britt para que la deje en paz
Ahora haber que tal les va en su primer cita
Jaja fue amable para ser ella. Ese ex esta empezando a molestar, San puede con él.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Dic 11, 2017 5:06 pm

Capítulo 16

Su reacción a mis esfuerzos fue gratificante. Sus ojos eran indecentes mientras me miraba de pies a cabeza.

Llevaba una remera y vaqueros oscuros, y lucía lo suficientemente bien como para comer en pequeños y sabrosos pedacitos.

—¿Estás segura de que quieres ir a cualquier parte esta noche? —preguntó. En respuesta, salí y cerré mi puerta. Maldijo entre dientes.

Me condujo a su coche, un Jaguar tipo F que sabía tenía que costar más de cien mil.

—¿Este es tu coche? —pregunté mientras me deslizaba en el asiento del pasajero. Volví a preguntarme de nuevo si era una criminal.

—Lo pedí prestado —dijo después de ponerse al volante. Y, por supuesto, no aclaró.

Elegí un lugar de hamburguesas gourmet para la cena. No me imaginaba que  Santana apreciara la cocina francesa gourmet de la manera en que lo  hacía, así que me acomodé a mi segundo favorito: una hamburguesa perfecta.

—¿Entonces si dejan de lado la e, eso hace que sea gourmet? — preguntó Santana cuando nos acercamos al restaurante llamado Burgr. Le envié una sonrisa de lado. Tenía un sentido del humor, lo estaba descubriendo. Era muy serio.

—¿Te gustan las hamburguesas?

—Sí. Tengo que decir que me preocupaba que eligieras algún lugar con ancas de rana o algo así.

—Sentí un compromiso.

El restaurante se encontraba lleno, y no imaginaba, la gente sin duda me miraba, luego a ellq, luego de nuevo a mí mientras nos llevaban a nuestra mesa.

—La gente nos está mirando —dije en voz baja.

Santana vio un vistazo a su alrededor y miró a algunas personas hasta que apartó la mirada.

—¿Asi que…?

—Nos miran porque tengo dieciséis años más que tú.

Se inclinó cerca, con los ojos clavados en mí.

—Tienes razón, la gente está mirando. Pero no a nosotras. A ti. Te garantizo, nadie te mira por eso.

Me sentí al instante mejor. Realmente tenía un lado dulce. Pedí un Martini, y ella pidió agua.

—¿No bebes alcohol? —pregunté cuando el camarero se fue.

—Lo hago, de vez en cuando, pero la mayoría de las veces me gusta mantener los sentidos afilados.

Le di mi mejor sonrisa implorante.

—Esta es una cita. No es necesario mantenerte afilada. Aquí es cuando te relajas.

Después de mirarme por un breve momento, llamó al camarero y pidió una cerveza.

—¿Algo te gusta? —pregunté después de leer el menú un poco. Se encogió de hombros.—Puedo decirte lo que es bueno.

Se encogió de hombros.

—Voy a comer lo que sea que pidas.

—¿Te importa tener un huevo en tu hamburguesa?

—Suena bien.

Pedí patatas fritas y dos hamburguesas de granja. Era sencillo, pero la mejor  hamburguesa: tocino de pato, cheddar inglés, y un huevo frito. Perfección.

—Tan buena, ¿verdad? —pregunté después de la primera mordida. Había  tomado un Martini y medio, y ella tomó casi toda su cerveza. Me sentía muy bien y podría haber sido mi imaginación, pero pensé que empezaba a relajarse.

—Está bien —aceptó, luego procedió a terminar la hamburguesa en menos de dos minutos. Me encontraba a un tercio del camino a través de la mía.

—¿Deberíamos ordenarte otra? —bromeé.

Su respuesta fue terminar las patatas fritas. Entonces mis patatas fritas. Luego su cerveza. Ella ordenó otra y casi me alegré. Quería que lo pasara bien esta noche, quería que se relajara y se abriera, y el alcohol parecía una gran manera de hacer que eso suceda.

—¿Te gusta jugar? —preguntó.

El restaurante se encontraba situado dentro de un casino, como la mayoría de los buenos en esta ciudad.

—Muy rara vez. ¿Qué hay de tí?

—Nunca.

—No me importa perder unos veinte dólares al azar en unas cuantas rondas de blackjack —compartí, sólo para mantener la conversación.

Sus cejas se levantaron como si dijera algo fascinante.

—Mi… Amiga está obsesionada con el blackjack. Ella cuenta las cartas. Hace una fortuna siempre que lo necesita.

—¿De Verdad? ¿No es ilegal?

—En realidad no lo es. El casino te saca si te atrapan, pero ella va a los establecimientos más pequeños, gana pequeños pedacitos a la vez y luego se mueve.

—Guau. Ella debe ser inteligente.

—Es brillante.

Me pregunté quién sería esta brillante amiga. Era importante para Santana, podía decirlo con sólo unas pocas frases. Y la vacilación antes de decir la palabra amiga me molestó un poco. Además, cambió rápidamente el tema, como si no quisiera mencionarla.

Aparte de eso, sin embargo, la cena fue bien. La película, bueno, eso era otra historia.

Intensa era la mejor palabra para describir esa parte.

Ella se encontraba tremendamente aburrida en la puerta. Esto no era lo suyo. Me complacía. ¿Probando un punto? ¿O simplemente tratando de ser amable? No podía decirlo.

Una vez que la película comenzó, sin embargo, las cosas cambiaron un poco. Reí mucho. Lo sabía. Era el tipo de risa que no podía contener. Me encantaban las comedias románticas, y ésta fue buena. Reí con fuerza.

Una vez que empecé a reírme, dejó de aburrirse. No miró la película tanto como me estudió la mayor parte de ella, poniendo su brazo alrededor de mí  y inclinándose cerca cuando comencé a reír como tomándola, inhalándola. Empapándose en ella.

Me acerqué y toqué sus nudillos ligeramente. Agarró mi mano instantáneamente y firmemente, entrelazando nuestros dedos, observándolos como si no pudiera creer que estaba sucediendo, como si se hubiera sorprendido con la acción.

Ambas nos miramos las manos por un tiempo, y todo el tiempo pensé en lo horrible que era en el sexo casual. Un fracaso absoluto. Y luego volví a reír, y volvió a mirarme.

Ni siquiera sonreía mucho, pero algo sobre la forma en que me miraba, sus ojos perdiendo parte de su oscuridad habitual, me hizo sentir cosas que no pensaba volver a sentir.

Cuando me miraba así, es difícil describirlo, pero nunca me sentí más   bella, nunca me sentí más deseable, nunca más alegre ni esperanzada.

¿Cómo podría la forma en que alguien te mira cambiar tu forma de ver la vida? ¿Y cómo ahora lo encontraba? ¿Y qué era?

Pero lo sabía. Era diferente de la primera vez, yo era diferente, pero, independientemente de lo rápido que estaba sucediendo, sabía lo que era.

Esa primera floración ruborosa y dulce de la palabra con A.

Me avergonzaba incluso pensarlo, pero tuvimos un momento allí, donde algo ocurrió. Ambas nos suavizamos, con esa profunda distancia entre el intenso interés y el verdadero afecto, entre la adoración y el cariño, y de repente el futuro parecía muy brillante y emocionante.

Este sentimiento nuevo, familiar y extraterrestre era tan aterrador como adictivo.

****

—Así que eso fue una cita —declaró. Volvíamos a mi casa.

—Sí, lo fue —estuve de acuerdo.

—¿Fue una buena?

Me mordí el labio para no reírme.

—Tú me dirás —animé.

—Depende. ¿Podré follarte pronto?

Me tensé. Justo cuando pensaba que las cosas iban tan bien que me sentía aturdida, tuvo que abrir su boca grande.

—Parece probable —dije lentamente—. Aunque cuanto más hables, menos probable es.

—Entendido. Cerraré mi boca hasta que estés lista para follar.

Traté de no apretar los dientes. Podría ser una idiota. La única parte redentora de eso era que no pensaba que tuviera idea de cómo ser diferente. Por alguna razón, nunca desarrolló ese tipo de filtro.

—¿Te gusta pasar tiempo conmigo, haciendo algo además de follar?
— pregunté. Suspiró.

—Odié esa película.

Mi boca se retorció. No tenía que decírmelo. Lo sabía.

—Maldita sea, la odié. Pero me sentaría otra vez a verla. La pondría en repetición sólo para observarte viéndola. Para verte reír así.

Y justo así, lo volteó todo. Mujer sigilosa.

—Me encanta cuando me dices cosas dulces —le dije, la voz sin aliento.

—No soy buena siendo dulce.

—Tienes tus momentos. Dime otra cosa dulce. Vamos a ver si puedes hacerlo de nuevo.

Ni siquiera perdió el ritmo, como si lo tuviera en la punta de la lengua.

—Eres el mejor sexo que he tenido.

Guau. Eso me dejó en silencio. Y me hizo sentir bien, muy bien, porque le creí. No creía que mintiera sobre algo así, no pensaba que desperdiciaría la energía o el aliento.

—Tú también —finalmente logré responder.

—Muy bien —gruñó, con la mano en mi rodilla.

Y así de fácil, desde ese simple toque, un calor me inundó.

Me di cuenta que no lo tenía desde esta mañana. Casi un día completo y se sentían como años. Me sentí desposeída. Necesitada. Desesperada por ella.

Me incliné hacia ella, con la mano en su pecho, tocándola suavemente porque sabía que el área era sensible.

—Conduce más rápido —le susurré al oído. Ella pisó el acelerador.

Cuando aparcó en la acera frente a mi casa, casi salí disparada del coche y corrí hacia la puerta principal, intentando desbloquearla con la suficiente rapidez. Pero no tendría que haberme apurado. Todavía estaba en su coche  sacando una gran bolsa de lona de su maletero, para cuando abrí la puerta. Paré lo que hacía para mirarla fijamente.

—Me gustaría quedarme unos días, si no te importa —dijo mientras se acercaba y vio mi mirada colgada en la bolsa.

—No en absoluto —dije, con mi voz falsa casual y entré.

—No hay mucho espacio extra en mi armario —le dije. Lo cual era un enorme eufemismo. Debido a mi amor por las compras, la cosa estaba llena—. Pero hay otros armarios, y no dudes en poner lo que sea en mi cuarto de baño. Sólo tienes que sentirte en casa.

Me encogí. ¿Parecía demasiado necesitada? No lo sabía. Nunca hice algo así. Tener un amante quedándose a dormir se encontraba fuera de mi reino,  una de las muchas peculiaridades de casarse joven y quedarse casada por demasiado tiempo.

Esta relación, por falta de una palabra mejor, era sin precedentes para mí.

No parecía interesada en desempacar. Al segundo en que entramos en mi  dormitorio, tiró el bolso en el medio del piso y comenzó a hurgar a través de él.

Vi por qué unos segundos más tarde, mientras se enderezaba, sonriéndome, con un par de esposas acolchadas enganchadas a uno de sus dedos.

Oh si. Eso.

Casi olvidé nuestro pequeño acuerdo.

****

—Desnúdate —me dijo bruscamente.

Lo hice despacio, deslizando los hombros de mi vestido y arrastrándolo sensualmente por mi cuerpo. Me enderecé cuando quedé en sólo mi sujetador, bragas y tacones de aguja.

—Todo. Excepto los zapatos. Mantén los zapatos puestos.

Le sonreí mientras me desataba de mis lazos de encaje.

—Sube a la cama —enunció lentamente.

Respiré profundamente y obedecí, subiendo a la cama en mis plataformas,   haciéndolo seductoramente, mirándola por encima del hombro para darle una sonrisa sensual y captar su reacción, que me hizo sentir tan hermosa como sabía lo haría.

—En tu espalda. Brazos por encima de la cabeza.

Me tumbé en la espalda, arrojando mis brazos por encima de mi cabeza, como un cordero dispuesto a la masacre. Ansioso. Nunca tuve sexo perverso, aunque sabía mucho sobre ello, gracias a conseguir algunos amigos muy perversos en los últimos años.

Nunca lo hice, pero no me encontraba en contra. Me parecía que era caliente, aunque probablemente no era mi cosa.

Pero justo entonces, pensé, tal vez era mi tipo de cosa. O al menos, la parte en que Santana parecía interesada.

—Sólo esposas, ¿verdad? —pregunté para estar segura.

Las esposas eran bastante cómodas. La idea de que me mantuviera en la  oscuridad las primeras veces que estuvimos juntos fue demasiado para mí, pero sentía que ya la conocía lo suficiente. Quiero decir, si quería hacerme daño, si fuera capaz de hacerlo, lo habría hecho.

Y en cierto modo confiaba en ella. De algunas maneras importantes, en realidad.

—Sí. Sólo esposas. Ahora abre las piernas —ordenó.

Las extendí ampliamente, flexionando y acomodando mi cuerpo a su comodidad. Parecía funcionar. Cayó sobre mí, empujando su lengua por mi  garganta mientras me esposaba a la cama. Lo hizo tan rápido, como si estuviera entrenada para ello, infiernos, tal vez lo estaba.

Sus manos me agarraron, acariciándome los pechos, luego torciendo y pellizcando mis pezones.

Se levantó abruptamente, agarrándome el culo con ambas manos y golpeándome con un gemido gutural. No me tomó lento o gentil.

Me tomó como si tuviera un punto de probar, un punto que sólo podía ser encontrado martillando tan fuerte en mí que llegara al otro lado. Era el cielo. Grité. Y me corrí. El orgasmo más explosivo de mi vida.

—¿Estás bien? —preguntó unos instantes después.

Realmente no podía culparla por preguntar. Dejé de respirar por un buen minuto allí.

—Sí —jadeé.

—Bien —gruñó y pareció tomarlo como permiso para la siguiente ronda.

Me soltó las manos y me puso de espaldas mientras seguía respirando. Me obligó a ponerme de rodillas, y la sentí a mi entrada de nuevo, su rígida y   gruesa longitud empujándome, mientras seguía temblando desde la última invasión.

Me jodió de nuevo, sacudiéndome bruscamente por detrás, en cuatro patas.

Pasó mucho tiempo, hasta que fuimos capaces de volver a pronunciar frases completas, y ella habló.

—Me gusta pasar tiempo contigo fuera de la cama. Pero para que conste, si  hubiera sido por mí, nunca habríamos dejado la cama hoy.

—Oh. —Hice una pausa. El día era agradable, muy bonito, pero...—. No me hubiera importado ni un poco. —Que eufemismo.

—No quería ser una idiota, así que pensé que era más seguro que tú decidieras cómo pasamos el día.

—Bueno, eres un buen deporte, ¿qué tal si escoges lo que hacemos mañana?

—Bueno. Tengo un recado que tengo que hacer en algún momento de la mañana, pero después de eso, eres todo mía.

Juro que me quedé dormida todavía sonriendo.
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Mensaje por 23l1 el Lun Dic 11, 2017 7:35 pm

Hola, pero como va esta historia!!! Que esta y q luego ya no!! y la intriga uyy kiero más! ajajajja. Saludos =D



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Mensaje por Isabella28 el Mar Dic 12, 2017 4:14 am

Santana que esconde me tiene pensando de todo.
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Mensaje por micky morales el Mar Dic 12, 2017 4:06 pm

Esta mujer misteriosa es muy excitante, y si no que lo diga Brittany!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 12, 2017 7:37 pm

23l1 escribió:Hola, pero como va esta historia!!! Que esta y q luego ya no!! y la intriga uyy kiero más! ajajajja. Saludos =D



Sii! Hay cosas interesantes que todavía no han salido a luz, eso es lo unico que voy a decir. Jajaj qué sería de una historia sin misterio ¿no?
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 12, 2017 7:40 pm

Isabella28 escribió:Santana que esconde me tiene pensando de todo
¿Que teorias tienes? Que estas pensando tanto jajaj. La unica que puede sacarle todo es Britt.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 12, 2017 7:41 pm

micky morales escribió:Esta mujer misteriosa es muy excitante, y si no que lo diga Brittany!!!!!
La morena tiene un misterio que nos envuelve queriendo saber todo de ella.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Dic 12, 2017 7:52 pm

Capítulo 17

La mañana siguiente no salió tan bien cómo esperaba. Ni siquiera cerca, en realidad. Era a la vez mejor y peor.

Desperté escuchando ruidos en mi casa que no podía entender. Simplemente no se procesaban en mi mente aturdida por el sueño.

Salí de mi dormitorio, vistiendo nada más que una bata de seda fina que llegaba a la mitad del muslo, para encontrar a Santana, sin camisa, solo en bóxer y sujetador, en la cocina, una taza de café en la mano, conversando con mi hijo mayor, Raf.

Podría haber tenido un pequeño ataque al corazón.

Gracias a Dios era Raf. Mi hijo menor habría estallado con la vista de una mujer sin ropa en mi cocina, mientras que Raf parecía conversar con ella sin problemas. Él no era de accionar primero y preguntar después. Eso no quería decir que no fuera tan protector conmigo como su hermano. Sólo era más sensato.

Era más como que hacía preguntas, y luego reaccionaba si no le gustaban las respuestas.

Me acerqué a los dos tentativamente, preguntándome si haría más o menos daño si corría de nuevo a mi habitación para ponerme más que una bata.

Perdí la oportunidad cuando enseguida ambos notaron mi presencia.

Raf me sonrió, Santana se giró hacia la cafetera y empezó a prepararme una  taza. La preparó exactamente de la manera en que me gustaba, aunque no podía recordar por qué ella debería saber eso.

—Buenos días, mamá —dijo Raf.

—Buenos días —murmuró Santana, su voz sonaba ronca y sin usar, como generalmente la tenía, sin importar lo mucho que la utilizara.

Abracé a mi hijo brevemente, tomé la taza de café perfectamente a mi gusto  que Santana me entregó, murmurándole un silencioso—: Gracias,—y me apoyé en la encimera a unos sesenta centímetros de Santana y frente a Raf.

Mi mirada se movió del uno al otro mientras ambos continuaban conversando como si todo esto fuera perfectamente normal.

No lo era. Por dentro, me estaba volviendo loca.

¿Esto me hacía una madre horrible?

Y, ¿qué tan horrible madre me hacía esto?

Pero luego recordé la edad de Raf, y observé lo bien que parecía tomar todo, y me sentí muchísimo mejor.

Pero entonces recordé la edad de Santana (¡no mucho mayor que Raf!) y volví a enloquecer.

Oh Dios mío. ¿Qué estaba haciendo? ¿Y por qué ambos parecían pensar que esto era más normal de lo que era? Y...

¿En realidad se llevan bien?

¿Se agradaban?

Nunca en un millón de años habría imaginado que esto podría ir de la forma en que lo hacía. Pero eso funcionaba por dos razones simples.

Raf.

Y Santana.

Era como si quisieran llevarse bien incluso más de lo que yo quería.

Empecé a parpadear rápidamente cuando comprendí por qué era eso. Mi corazón se derritió por ellos dos. Ellos lo querían más. Y la razón era simple.

Yo. Lo querían más por mí.

¿Acaso no era maravilloso?

Y ese fue el momento en el que estuve segura de que yo le importaba a Santana. No sólo me quería. Le importaba. Lo que me preocuparía, y lo que me haría feliz. Y ella me conocía lo suficientemente bien, aparentemente, para saber cómo manejar esta situación especialmente difícil.

No estoy segura de poder describirlo, pero era entrañable como casi ninguna otra cosa podría haberlo sido, y de una manera que sólo podría allanar el camino directo a mi corazón.

La forma en que Santana, esta mujer ruda, de pocas palabras, hacía lo imposible para ser respetuosa conmigo, y para mí, para mi hijo.

La sinceridad apenas rezumaba de ella cuando hacía todo lo posible para  transmitirle eso a mi hijo, aunque era obvio que había pasado la noche en  mi casa, estaba allí, no por alguna razón cutre, sino porque yo le importaba.

Santana me miró, y su rostro duro se suavizó cuando captó lo que debió ser una mirada enamorada y aturdida en mi rostro. Respiró hondo y se acercó a mí.

—Oye —dijo Santana, ahuecando la parte posterior de mi cabeza y dándome una intensa mirada—. Tengo que alistarme para ir a trabajar por unas  horas, pero regresaré a tiempo para ir a la tienda de comestibles contigo.

Lo que sea que eso significara, pensé.

Me dio un beso en la frente y volvió a mi habitación para vestirse.

Después de que se fue, miré a mi hijo tan directamente como pude, tratando de encontrar sus ojos, pero no pude evitar hacer una mueca.

—Atrapada —dije con un suspiro.

Se echó a reír, y un peso se levantó de mis hombros. Me preocupaba que,  no sé, supongo que el que yo saliera de nuevo afectaría de mala manera a  mis hijos. Como si pudiera perjudicarlos de alguna forma. Pero Raf no parecía en absoluto dañado. No podría haber estado más aliviada.

—Así que... ¿en realidad estás de acuerdo con esto? —Mi tono era esperanzador.

—A decir verdad, cuando respondió a tu puerta a esa hora de la mañana y todo, vistiendo lo que llevaba puesto, mi primer instinto fue, bueno, estaba un poco consternado por todo el asunto. Es una especie de mi peor pesadilla, tu... conectando con uno de mis antiguos compañeros de clase o lo que sea.

Me quedé mirándolo. No tenía ni idea de lo que hablaba.

»Estoy seguro de que lo notaste —continuó—, pero en la escuela preparatoria, e incluso en la universidad, teníamos algunos amigos que estaban bastante j… —se corrigió a mitad de una palabra—, locamente obsesionados contigo y la cosa se ponía rara, decían cosas sobre ti. Bueno, tuvimos algunas peleas.

Lo noté, en una forma vaga, lo extraño que eran todos sus amigos a mí  alrededor, lo incómodo, y no era estúpida o ignorante, y eran adolescentes, así que fue fácil de entender por qué se comportaban raros y torpes, pero no sabía que eso les molestaba tanto a mis hijos.

Y recordé las peleas. Odiaba cuando se metían en ellas. Verles cortes y contusiones era un tipo especial de tortura para mí. Literalmente, me sentía débil cuando pensaba en alguno de mis hijos físicamente herido. Mi reacción al ver su sangre siempre fue extrema.

»Pero como sea —continuó Raf—, ella no es una vieja compañera de clase o una actual, por lo que ese no es realmente el problema. Ella es solo joven... y un poco extraña, con todas las cicatrices en su pecho... ¿Pero a quién demonios le importa? Es obvio que le importas. Y, bueno, papá era un bastardo contigo, y mereces lo mejor. Mereces tener a quien sea que quieras, hombre o mujer, tú eliges quién es. Así que si eres feliz, somos felices.

Era uno de esos momentos que sólo puedes tener cuando miras a tu propio  hijo y piensas: Bueno, aquí está, este es quien es mi hijo, y no importa lo que pase, cómo lo arruinen, o qué errores cometan, como la gente siempre hace, estoy mirando a un ser humano decente. Eduqué una buena persona.

El orgullo puede ser tan profundo como el amor. A su manera, igual de poderoso. Y Dios, me sentía orgullosa de mis hijos.

No se me escapaba lo irónico que era eso, el orgullo que sentía específicamente en la sensibilidad de Raf.

Cuando él era más joven, eso se manifestó temprano. A los tres años podía recordarlo sufriendo cuando veía a alguien con dolor, incluso si era sólo un  raspón en la rodilla. Si veía a otro niño lastimarse, era él quien soltaría el segundo grito perfora oídos, y yo corría hasta él, preguntándole qué estaba mal. Él siempre decía algo, en la pequeña forma seria que tenía, algo así como: “No quiero que mis amigos se lastimen”, o, “¿Crees que están bien?  ¿Estarán bien?” O cuando fue un poco más grande y protector con su  hermano pequeño conseguía estallidos aleatorios de: “No sé lo que haría si algo le sucediera a Gustave”.

Era el niño más dulce, pero me preocupaba sin cesar lo profundamente que sentía el sufrimiento de los demás.

Pero vive y aprende. Lo hermosa persona en que se convirtió esa alma demasiado sensible.

—¿Hablarás con Gustave por mí? —pregunté. Gustave, mi hijo menor, era más terco, menos tolerante, pero Raf tenía una manera de transmitirle su punto de vista—. Sé... la diferencia de edad y lo repentino de todo. Sería totalmente comprensible si ustedes se molestan por eso.

—Se lo diré. Él estará bien con eso, mamá. Lo prometo. Él… ambos queremos que seas feliz. No hay una sola cosa en el mundo que quiera más.

Me aparté de él, me ocupé, colocando la taza en el fregadero, la lavé. No quería que viera que había hecho que me saltaran lágrimas. El odiaba más que nada verme llorar. Pero permaneció en silencio durante tanto tiempo que supe que las vio.

Sin siquiera mirarlo, me moví hacia él, hundiéndome en su pecho para darle un abrazo.

Me sobrepasó cuando tenía quince años, pero hasta la fecha, me maravillaba lo mucho más alto que era. Yo no era para nada baja, pero él podía apoyar su barbilla sobre mi cabeza. Me devolvió el apretón.

—Te amo, amigo —dije contra su camisa—. Profundo como océanos. Ancho como ríos.

—Lo sé. También te amo. Igual de bastante. Y Gustave tomará esto mejor de lo que piensas.

—Eso espero.

—Lo sé. Y también es algo bueno, ya que invité a Santana a cenar con nosotros aquí.

—¿La invitaste a cenar? ¿Aquí? ¿Con la familia?

—Sí. Me agrada. Creo que es buena para ti.

¿Mi hijo tiene terribles instintos, y simplemente nunca antes lo noté?

¿Falta de juicio en una escala que hasta ahora era desconocida para mí?

Ciertamente, en lo que concernía a Santana, sabía que me encontraba operando a menos de mi capacidad total, en lo que a células del cerebro se refería, pero eso tenía todo que ver con el hecho de que no podía estar en una habitación con ella y formar más que unos pocos pensamientos coherentes en fila.

¿Cuál era la excusa de Raf? ¿Qué vio en Santana que lo hizo confiar en ella y quererla en la vida de su querida madre?

No creía que Santana me haría daño. Equivocado o correcto, sentía que no lo haría. Lo sentía en lo profundo de mi vientre, el lugar donde crecían mis más profundos instintos. Pero eso no quería decir que creyera que fuera una  buena tipa, o incluso una normal. Sabía que algo sucedía con ella.

Sabía que era peligrosa en un sentido muy fundamental y literal. Ella mismo me lo dijo, y sabía que había mucho que no me contó.

¿Y Raf quería que asistiera a una cena familiar? Incluso la idea era ridícula, por muchas razones.

—No creo que ella esté de acuerdo con eso —dije, porque era la forma más fácil, más corta de poner fin a la conversación. Porque era cierto.

—Dijo que sí.

O no.

—¿Qué? —pregunté, pensando que había entendido mal.

—Esta noche. Me ofrecí a ayudarte a cocinar, pero dijo que ella sería tu segundo chef.

En un inicio, honestamente pensé que jugaba conmigo.

Santana salió de la parte trasera de la casa en ese momento, ahora completamente vestida y gritó—: Nos vemos esta noche, Raf, —mientras salía por la puerta principal.

A menos que los dos estuvieran jugando conmigo, parecía que esto sucedería. Esta noche.

Demasiado para pasar el día en cama.
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Mensaje por micky morales el Miér Dic 13, 2017 6:24 am

Bueno, mejor de lo pensado con este hijo, por lo menos, a ver que tal esa cena!!!!!
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Mensaje por 3:) el Miér Dic 13, 2017 11:38 am

Bueno ya casi tiene un 60% del cupo completo san... Entre las amigas un hijo y cagarle la vida a su ex va justo falta uno jaja
Como va la cena???.... Si no muere de un infarto britt aguanta cualquier cosa jaja
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Mensaje por JVM el Miér Dic 13, 2017 6:10 pm

jajajaja pues San ya conocio a un hijo y parece que se llevan de maravilla, aunque Britt aun sigue asimilandolo jaja
Y bueno tendran la primer cena en famila¿?
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 13, 2017 7:23 pm

micky morales escribió:Bueno, mejor de lo pensado con este hijo, por lo menos, a ver que tal esa cena!!!!!
Si parece que aceptó que Britt tuviera una relación, que siguiera adelante esperemos que el otro hijo lo acepte también.
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 13, 2017 7:25 pm

3:) escribió:Bueno ya casi tiene un 60% del cupo completo san... Entre las amigas un hijo y cagarle  la vida a su ex va justo falta uno jaja
Como va la cena???.... Si no muere de un infarto britt aguanta cualquier cosa jaja
San va ganando puntos por todos lados jaja. Esperamos la cena
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 13, 2017 7:30 pm

JVM escribió:jajajaja pues San ya conocio a un hijo y parece que se llevan de maravilla, aunque Britt aun sigue asimilandolo jaja
Y bueno tendran la primer cena en famila¿?
Ojala que todo vaya bien en este encuentro, y que San sepa comportarse.
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Mensaje por Tati.94 el Miér Dic 13, 2017 7:35 pm

Capítulo 18

Raf se fue un momento más tarde, prometiendo volver a cenar a las seis. No estaba segura si sólo era paranoica, pero la forma en que lo dijo sonó siniestra.

Estoy siendo paranoica, decidí rápidamente.

Me encontré en mi armario, preguntándome qué demonios llevaba una  mujer durante un día como este. Nunca le presenté a mis hijos a nadie con quien estuviera saliendo, por razones obvias. La mayor parte de sus vidas,  estuve casada con su padre, y después de eso, sólo tuve unas pocas citas casuales con nadie especial.

Y ahora esto. ¿Qué era esto? Chicos, conozcan a la mujer con quien estoy durmiendo, aunque estoy cerca de la obsesión con ella, podría no estar en una semana a partir de ahora.

Idealmente, podría haber evitado esto por completo. Bueno, tal vez eso no era lo ideal porque significaría que Santana se fuera para siempre.

Pero ciertamente, si tuviera alguna suerte, no lidiaría con esto tan pronto en una relación incipiente con una mujer volátil e impredecible.

Me di una charla motivadora. Al menos la diferencia de edad no asustó demasiado a Raf. Al menos Santana presentó su mejor comportamiento.

Ambos lo hicieron. Y era bastante bueno.

Entonces, qué ponerme.

¿Casual? ¿Femenino? ¿Coqueto?

Definitivamente nada demasiado sexy, no la primera vez que mis chicos se reunirían con mi… lo que sea que Santana fuera.

Me puse un vestido corto estampado, en un suave color crema y gris que generaba un cálido resplandor en mi tono de piel. El cuello abrazaba mi clavícula de una manera atractiva, pero no revelaba demasiado, y la tela resaltaba todas mis curvas, pero no podría de ninguna manera ser considerada apretada.

Era un toque sexy, pero de un modo romántico, femenino, que pensaba (esperaba) era el equilibrio adecuado para la ocasión.

Elegí unas sandalias de color rosa pálido para llevar cuando fuimos a hacer las compras, pero me quedé descalza en la casa, ya que siempre andaba así en mi lugar.

Dejé mi cabello ondulado y suelto, y llevaba un mínimo de maquillaje: labios rosa suave, un toque de rubor, y rímel. Luego me puse a trabajar, planeando detalladamente una comida para impresionar.

Tenía una lista extensa cuando Santana volvió a tiempo para ir al supermercado conmigo, justo como lo prometió.

—No tienes que venir a la tienda conmigo —le dije.

Se limitó a encogerse de hombros e ignoró la declaración.

Fuimos en mi auto, pero ella manejó. No le gustaba ser una pasajera, estaba claro. Su auto no se veía por alrededor, y aunque no podía entender en qué o cómo volvió a mi lugar, (excepto caminando), simplemente lo dejé pasar.

—¿Segura que estás bien con esto? —pregunté, estudiando su perfil mientras conducía.

—¿Cenar contigo y tus hijos?

—Sí. Eso.

—Estoy segura. Tenemos que enfrentar esto. Podría ser un poco repentino para ellos, pero no hay nada que hacer sino conocerlos ahora con la forma en que Rafael me encontró en tu cocina a esa hora.

Y medio desnuda, pensé, todavía haciendo una mueca mentalmente.

—De lo contrario —continuó—, tus hijos van a pensar que esta es una situación de conexión casual.

¿Lo cual implicaba…?

—Y no es así, no quiero que tus hijos piensen eso de mí y de ti.

Guau. No tenía idea de qué decirle. Pero tenía toda la razón. Había que enfrentar esto. Si conoció a Rafael de esa manera, y luego parecía evitar a mis hijos, podrían volverse hostiles.

—Eres muy dulce —le dije finalmente.

Me lanzó una mirada cuando se detuvo en una luz roja.

—No soy dulce, así que si dije algo así, debes tomarlo en serio.

Lo hacía. A pesar de todas mis reservas, lo hacía. Como todas las cosas   normales, mundanas, cotidianas que me encontré haciendo con Santana, las compras de supermercado resultaron ser mucho más interesantes y extrañas de lo normal.

En primer lugar, era un sábado por la mañana, y nuestra primera parada era  el mejor mercado orgánico de la ciudad, así que era un manicomio. Eventualmente, nos dividimos para conseguir los artículos de la lista más rápido. La fila para el mostrador de carne tenía una buena espera de treinta  minutos, así que Santana (dulcemente, pensé) se ofreció a esperarme.

Sabía que se hallaba dispuesta a hacerlo porque ella misma se ofreció, pero  parecía que quería estar en cualquier otro lugar. Lucía demasiado inquieta y nerviosa como para esperar con ansias.

Teniendo esto en mente, traté de conseguir el resto de mi lista rápidamente,  con la esperanza de aliviar o al menos hacerle compañía antes de que perdiera su paciencia, y oh, no lo sé, asaltara el mostrador de carne.

Le di varios vistazos mientras repasaba los productos. Tenía mujeres a cada lado en la fila, y la pelirroja detrás parecía estar tratando de llamar su atención. Por supuesto, eso me hizo mirarla aún más entre las compras, observando pequeños vislumbres mientras la pelirroja se le acercaba.

Era joven. Lo cual no era una sorpresa. Y caliente. Una vez más, no era  sorpresa. La ciudad del pecado se encontraba repleta de jóvenes calientes,  todos aquí persiguiendo una carrera en el lado oscuro del negocio del entretenimiento.

Parecía una artista en un día normal, su rostro lavado libre de maquillaje, su  ropa casual pero revelando una figura bien formada y esbelta. Tenía el cuerpo y rostro que se ajustaban a cualquier cosa, desde una acróbata a  una actriz, o tal vez a una camarera de cóctel si era realmente nueva en la ciudad.

Y seguía acercándose más a Santana. Cada vez que miraba, se encontraba un paso más allá en su espacio.

Oh Dios mío. Me sentía celosa. Otra vez. Inevitablemente. Y lo odiaba.

Los celos eran más poderosos de lo que jamás pensé, me di cuenta. La idea era mucho menos volátil que el sentimiento. En realidad, donde antes  siempre estuvo en mi mente como algún tipo de concepto abstracto, ahora  silenciosamente la llenaba con una sensación horrible. No era de extrañar que fuera tan destructivo.

Quería hacer algo violento y mezquino con esa imbécil por intentar llamar su atención.

Era una locura. Odiaba a esa mujer. Era mi enemiga al segundo en que se fijó en ella. Era tan fuera de lo normal para mí. Era una mujer. Era ridícula la facilidad con que hacía amigas de manera regular. Era una mujer que se unía a otras mujeres, rápido y fácil. Era cercana a todas las chicas con las que mis hijos salieron por mucho tiempo.

Diablos, hacía nuevas amigas casi cada vez que iba a comprar zapatos.

Me atormenté y no pude recordar un momento reciente en que conociera a una mujer e incluso cruzara por mi mente verla como una competencia. Y aquí me encontraba, odiando a otra mujer en el supermercado. Traté de evitarlo.

Lo curioso era que Santana no hizo nada por provocar mis celos. Tenía los  brazos doblados sobre sus pechos de una manera distante, con los pies separados, y cuanto más se acercaba ella, ahora hablándole, más se alejaba. No animaba a la mujer.

No era coqueta. Al contrario. Al igual que en el gimnasio, era hostil hacia ella por hablarle. Brutalmente. Pero recordé claramente lo rápida y agresiva que  fue para meterme en la cama. Y no tuvo que coquetear para hacerlo. Por otra parte, sin embargo, ella definitivamente se me acercó.

Se volteó y le dijo algo brevemente, luego miró hacia delante. La chica parecía desconcertada. No tuve que escuchar ni una palabra para saber lo que sucedió. Ella golpeó a su puerta, y Santana la cerró de golpe en su cara.

Jodidamente me encantaba.

Conteniendo una sonrisa, seguí con mis compras. Me hizo sentir toda cálida y difusa cuando me di cuenta que nunca la vi mostrar incluso un remoto interés en otra mujer en mi presencia. Me hizo sentir bien conmigo misma, y la sensación pareció ser mutua.

Me acerqué a ella con un carro lleno cuando se encontraba casi al frente de la fila. Justo a tiempo, al parecer.

La chica seguía hablándole, todavía tratando. Debía ser una de esas chicas bonitas a las que nunca les habían dicho que no y no sabía cómo aceptarlo con gracia.

Santana me señaló con la barbilla mientras me acercaba.

—Esa es una buena pregunta —decía, su voz mordaz indicando claramente  que no era una buena pregunta—. ¿Por qué no le preguntas a mi esposa?

Mis ojos se abrieron de par en par, y mi boca se abrió en una sorprendida O.

—Tu… —La voz de la chica se apagó cuando me miró.

—¿Preguntarme qué? —hablé, siguiendo el juego, porque pensé que era adorable y algo fascinante que dijera esposa en lugar de novia para sacar a esta chica al azar de su espalda.

—¿Qué me gusta hacer por diversión, cariño? —preguntó Santana, su rostro sin expresión.

Me mordí el labio para retener una carcajada. La parte perversa de mí quería decirle: Le gusta hacérmelo por diversión. En su lugar dije—: A ella le  encantan las películas. Las comedias románticas son sus favoritas.

La chica tonta no dijo otra palabra.

Y Santana me dio una sonrisa que era francamente afectuosa.

—Esperé cuarenta minutos por un poco de carne —murmuró mientras me movía para estar a su lado—. Nunca vi nada parecido.

Hice una mueca.

—Sí. Lo siento por eso. Los sábados son horribles en este lugar.

—No tienes nada por lo que disculparte. Todo este plan fue tramado por Rafael y por mí. Soy la que nos ofreció para cocinar esta noche.

Bien. Eso era algo. Nada de lo que hacía o decía era lo que esperaba. Siempre me atrapaba desprevenida, generalmente de buena manera, y me pregunté si esta mujer alguna vez dejaría de sorprenderme.
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