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Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

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Finalizado Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Miér Ene 03, 2018 3:46 pm

Antes que nada les advierto: Una historia muy caliente, por lo que busquen suministros para el sobrecalentamiento. Jajaj. Ya no las retengo más.

Sinopsis


¿ESTÁS LISTO PARA DAR UN PASEO?

Santana Lopez está en una rutina. Acaba de cumplir cuarenta, ha estado casi en celibato durante el año anterior, y su vida se ha vuelto una secuencia  diaria de patrones solitarios que giran en torno a evitar el contacto humano.

Su vida ordenada se pone de cabeza cuando una joven y caliente rubia del gimnasio que ha estado seudo-acechándola decide sacudir su mundo.

Una muy joven rubia. Muy, muy joven para ella. El problema es que, parece no poder decirle que no, y ella sigue regresando por más.

No le ayuda saber que está noventa por ciento segura de que es una criminal, y aún así, parece no poder rechazarla. ¿Qué tiene que hacer una persona introvertida cuando un ciclón caótico que rezuma sexualidad viene a dar vueltas su vida?

Al principio, Santana piensa que le va a dar un ataque al corazón, pero después de que su matrimonio de veinte años terminara hace un año, ella ha  estado un poco perdida, y cuando esa rubia se estrella en su vida, se da cuenta que nunca se sintió más viva.

¿Es un paseo por el lado salvaje lo que necesita para reencaminarse o es un desastre anunciado?

¿Es posible que alguien más joven sea lo que necesite, o es una caza fortunas, como todos le siguen diciendo?

¿Son las hormonas las que le dicen que esta misteriosa mujer joven es la indicada, o podría ser algo más?
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Miér Ene 03, 2018 3:53 pm

Prólogo


Estaba acechando de nuevo.

Tampoco era sutil al respecto. Me senté en mi auto, frente al mismo dúplex en ruinas, solo observé y esperé, durante horas y horaso

No es que fuera importante. Ella no se encontraba allí, no estuvo aquí por días, e incluso sus cosas habían desaparecido del lugar. Sabía eso, porque irrumpí en su casa. El vecindario era tan horrible que nadie ni siquiera lo notó. Dentro de la pequeña sala de estudio no encontré nada, ni rastro de ella, ni una pista sobre su paradero, o de que siquiera se haya quedado allí alguna vez.

Pero no sabía dónde más buscar. Di vueltas por la ciudad, fui a todos los lugares en los que estuvimos juntas, o que vi que haya ido.

Y no encontré nada. Sencillamente desapareció sin dejar rastro.

Estaba consternada. No podía recordar la última vez que comí, y solo dormí esporádicamente, por días. Cada cosa severa que le dije, cada cosa  brutalmente honesta que me dio como respuesta, daban vueltas en mi cabeza, repitiéndose, torturándome.

No podía terminar así. No de esta forma. Incluso pensarlo era imposible. Me negaba a rendirme, y por eso la busqué.

Busqué a Brittany.

Me convertí en una mujer obsesionada.

*****************************

Capítulo 1


Unas semanas antes...

Coloqué las dos toallas para el gimnasio perfectamente dobladas sobre  una silla junto a la cinta de correr y me subí a la máquina.

Siempre traía dos. Ni siquiera estaba segura de por qué. Era una persona de rutina. Una vez que comenzaba un patrón, me mantenía apegado a él, lloviera o tronara.

Algo así como mi matrimonio. Por supuesto, eso no duró para siempre, pero no fue exactamente mi elección.

Marqué los botones y comencé a calentar. Ya había hecho veinte minutos de
estiramiento en casa. Mis tres horas diarias de entrenamiento eran muy precisas.

Tenía un historial familiar repleto de enfermedades del corazón, por lo  tanto, batallaba agresivamente contra eso para mantenerme sana. Era lo  suficientemente inteligente para saber que llevé toda esta cosa al extremo, pero honestamente, ¿qué otra cosa se suponía que debía hacer con mi  tiempo libre? Me encontraba bastante ocupada con mi trabajo, pero mi trabajo involucraba sentarme mucho y teclear un montón en el ordenador, sentí que debía contrarrestar toda esa inactividad física de alguna manera.

Acababa de tener mi temido cuadragésimo cumpleaños, y me sentí como  si estuviera en tan buena forma como nunca antes. Mi cintura no crecía, gracias a las tres horas en el gimnasio, y una impecable dieta, mis músculos  se hallaban bien tonificados y en tamaño apreciable No tenía idea de qué edad aparentaba, me pintaba el cabello para permanecer libre de canas en mis raíces. En realidad eso era todo lo que me hacia, de resto me mantenía fiel a mí misma, y en cualquier momento que me encontrara en cámara, me la arreglaba para el momento.

El gimnasio se encontraba lleno, como generalmente, así que mi día allí era literalmente, más sociable que mis días normales, y usualmente me alejaba con una inclinación de cabeza o unos buenos días a la recepcionista en el fondo.

Eso era todo. La única interacción verbal en mi día.

A veces tenía que hablar al teléfono para el trabajo, y una, tal vez dos veces al año, hacia unas cuantas entrevistas en la radio.

Y eso era todo.

Lo peor era, que era fácil para mí. Comenzó con un feo divorcio hace poco más de un año, y lentamente se transformó en esto. Una triste vieja, que fácilmente, podría haber abrazado la vida como un completo reclusa.

Todavía me las arreglaba para entrenar en un gimnasio de lujo, en lugar de construir uno en mi casa. Tenía el espacio. Y sin duda tenía el dinero. Me imaginé que solo era cuestión de tiempo antes de que también descartara eso.

Lo extraño de todo era que no me preocupaba porque me sentía sola. Me preocupaba porque no lo estaba. Extrañaba tener una mujer sexualmente hablando.

Consideré brevemente la idea de contratar una prostituta, pero incluso eso parecía un calvario. Destetaba violar la ley. Era muy caótico.

Una figura familiar se movió a la máquina junto a mí, y me encontré unos pálidos y sonrientes ojos azules en el espejo, asintió una vez brevemente, y luego bajó la mirada.

Era una alta mujer rubia que comenzó a compartir mis horas en el gimnasio hace nueve días.

Las mujeres sexys no era exactamente una novedad en Las Vegas, pero esta
tenía su propia liga.

Niña. Me corregí. Era una niña, mucho menor que yo para siquiera darle una mirada, aunque era solo una humana, y ella se encontraba vistiendo casi  nada, así que le di muchas, muchas miradas.

Probablemente piensa que soy material de mamá, me dije, cuando comenzó  a trotar en la máquina, sus pechos llenos y turgentes rebotando con cada paso suave.

De verdad necesitaba ir de compras por un sujetador deportivo más fuerte,  me dije, los ojos puestos en ella, luego alejándolos, luego mirando de nuevo dentro de unos rebotes.

Llevaba un sostén deportivo de color fucsia y el short de lycra blanco más pequeño que había visto en mi vida. Sus abdominales eran tonificados,  cintura pequeña, piel suave, de la manera que es cuando eres bastante joven.

Muy, muy joven para ti, me recordé, mi mirada furtiva observando sus caderas ágiles mientras trotaba su pequeño sexy corazón.

Mi mirada atenta pasó a su rostro, y me sonrojé al verla mirándome mirarla. Bajé la mirada y seguí corriendo.

No hubo censura en sus ojos, así que me encontré vagando de regreso a su rostro.

Era hermosa. Ni un rastro de maquillaje encima, su cabello rubio claro recogido en una cola de caballo, y aún así podía detener el tráfico. Una  verdadera bomba. Nada de eso era artificial tampoco, simplemente buena genética.

También era amable. No estaba segura de por qué, pero usualmente tomaba la máquina al lado de la mía, si se encontraba vacía, a pesar de que habían muchas para elegir. Incluso siempre tenía una sonrisa para mí.

Tal vez le recordaba a su madre. O joder, a su abuela.

No me afectaba pensar eso.

Nunca estuve con una mujer más joven, y mucho menos una tan joven como ella. Demonios, probablemente me provocaría un infarto. Alejé el pensamiento. Una perfecta pequeña cosa como esa no me daría un segundo vistazo, y me dije que eso era algo bueno.

Probablemente era menor de edad, y para una mujer como yo que nunca ha recibido una multa por exceso de velocidad, la idea era demasiado escandalosa como para persistir.

Aún así, mis ojos fueron atraídos, una y otra vez a su figura perfecta para correr duro en esa caminadora. Sus piernas eran increíbles, largas y delgadas, desnudas desde la parte superior de los muslos hasta los tobillos, y tan bronceadas y tonificadas.

Me obligué a mirar otro lado y mirarla de regreso.

Golpeé la marca de una hora en la máquina cuando la vi disminuir la velocidad y detenerse por el rabillo del ojo. Esto también se ha vuelto un patrón. Hago exactamente una hora de cardio, antes de pasar a las pesas.

Ella parecía estar trabajando en una rutina similar, cada día que la veía, era aún más similar.

Casi salté de sorpresa cuando se acercó directamente a mí, de pie en el mismo frente de mi máquina para llamar mi atención.

Mi mirada la recorrió lentamente, tratando de no enfocarse en la forma en que sus pechos subían del escote de su sujetador deportivo mientras se apoyaba en mi máquina. Estaba mostrando esas cosas.

Me sonrió.

Tragué saliva, sujetando la barra lateral y balanceando una pierna y luego la otra, en los reposapiés en los laterales hasta detenerme.

Me quité un audífono, levantando las cejas en lo que esperaba que fuera una
mirada de interés cortés.

—Hola —dijo.

—Hola —jadeé de regreso, apagando la cinta de correr. Puede que también me detenga, ya que he alcanzado mi meta.

Me ofreció mi toalla, y la tomé, inmediatamente limpiando mi frente. Esto era un nuevo desarrollo, uno extraño para estar seguro. Levantó la otra toalla, la toalla de mi trastorno obsesivo-compulsivo, por así decirlo.

—Vi que tenías dos. Olvidé la mía. ¿Te importa si la tomo prestada?

Negué.

—Ve por ella. Me alegro de poder ayudar.

Sonrió de nuevo. Sus dientes eran preciosos, rectos y blancos contra su un poco bronceada piel.

—¿Cómo te llamas? —preguntó.

Fui atrapada con la guardia baja, por lo que me tomé unos cuantos latidos después para responder torpemente: —Santana.

Arqueó una ceja, mirándome intrigada.

—Bonito nombre. Tiene bastante carácter. ¿Lo acortas a algo o debo llamarte
así, Santana?

Escucharla decir mi nombre me hizo sentir indecente. Solo bestial. Consideré brevemente cortar mi pequeño entrenamiento.

—Mis amigos a veces me llaman San.

—San. Me gusta mucho. San, ¿y eres atrevida?

—No especialmente —dije rápidamente, mi corazón latía con fuerza. No podía creer que estuviera coqueteando conmigo, pero si lo estaba, necesitaba detenerla de inmediato.

Demasiado joven, me dije firmemente.

Me moví a las pesas, y me siguió como si fuéramos viejos amigas. Comencé a alzar las pesas, los ojos pegados a ella mientras tomaba unas más  pequeñas y empezó a hacer peso muerto con las pesas.

La vista casi me dejó boquiabierta. El movimiento consistió en flexionarse debajo de su cintura, piernas rectas, y tocando el suelo, luego levantarse de regreso, su cola de caballo rebotando, espalda arqueada, su increíble culo mostrándose, y llevando los brazos a las pesas.

Se colocó de espalda a mí y cuando lo hizo, me dio una perfecta vista.

Su short era tan fino, su piel tan suave, que se encontraba perfectamente  diseñada para excitarme más que una película porno. Y veía bastante porno. La niña se hallaba dispuesta a darme un ataque al corazón hoy.

Siguió haciendo eso por un largo tiempo, enviándome una mirada sobre su hombro, mientras se enderezaba de su última repetición. Sonrió con esa sonrisa dulce hacia mí.

—Bueno, ¿no me vas a preguntar?

No tenía idea a lo que se refería, pero mi mente se volvió muy sucia con eso.

¿Puedes hacer eso una vez más, pero baja tu short esta vez, así puedo follarte hasta volverte loca? Me encontraba bastante segura que no se refería a eso.

¿Puedo llevarte a casa? ¿O solo un duro viaje en mi polla? No, esos dos también estaban fuera.

¿O qué tal? ¿Quieres tomar un café después se esto?  Esa está mejor, pero contuve mi lengua.

—¿Perdón? —pregunté. La apuesta más segura.

—Mi nombre. Sé el tuyo ahora. ¿No quieres saber el mío?

Sonreí de manera cortés, esperando sinceramente que mi furiosa erección no fuera demasiado evidente. Llevaba un pantalón de hacer ejercicio y una camiseta larga, por lo que me sentía bastante cubierta.

—Sí. Por supuesto. Encantada de conocerte…

—Brittany.

Mis cejas se levantaron. No me había topado con muchas chicas de su edad llamadas Brittany.

—¿Brittany?

Sus ojos brillaron mirándome. Hacía un buen contacto visual. Intenso, pero bueno.

—¿No te gusta?

—S-sí —balbuceé—. Es un nombre hermoso.

—¿Te digo algo? Siempre es fácil buscar flores para mí. Mi flor favorita son los lirios.

—Voy a tomar nota de ello. —¿Para qué coño acabas de decir eso? me pregunté.

Claro que no le iba a dar flores. Completamente inapropiado. Lucía totalmente complacida.

—Hazlo.

Se agachó, con la espalda arqueada como una chica pin-up, y tomó la toalla
prestada. Se acercó, secándose su escote con ella.

Tragué duro, mi polla palpitando a tiempo para acelerar mi ritmo cardiaco.

—Parte superior del cuerpo, ¿eh? —preguntó.

Me encontraba viendo tetas alegres mientras lo decía, por lo que parpadeé como una idiota. Sus pezones estaban duros. Podía verlos a través del maldito fino sostén.

—¿Mm?

La toalla se movió a su estómago. No parecía estar sudando, pero se secó como si lo estuviera.

Me encontraba sudando por completo. Lo hice de esa manera. Se hizo para un mejor entrenamiento, pero justo ahí quería desnudarme. Desnudarme y atrapar a una desnuda Brittany en suelo.

—Te encuentras trabajando hoy en la parte superior de tu cuerpo. Alternas, ¿cierto?

—Oh, sí.

—Tienes un entrenamiento intenso. ¿Entrenas para algo en especial?

Negué.

—Solo tratando de permanecer en forma. ¿Qué hay de ti? También entrenas en tres horas, ¿cierto?

Se encogió de hombros.

—Es algo nuevo, aunque disfruto un buen entrenamiento. Solo tratando de mantener las cosas bien y ajustadas.

Eso hizo que mi cerebro hiciera cortocircuito.

—Las cosas se ven muy ajustadas. —Un perfecto encaje para mi polla,  añadió mi mente pervertida.

Se acercó un poco más, casi en mi espacio personal.

—Gracias. Eso es un gran elogio, viniendo de un miembro regular del gimnasio como tú.

No podía aguantar más. Me giré, puse las pesas de vueltas en la barra, y me fui a hacer una ronda de flexiones agotadoras.

Cuando me levanté de nuevo, ella se encontraba a unos metros de distancia haciendo repeticiones en la pesa francesa, su pecho empujando hacia adelante.

Me volví rápidamente, y traté, no demasiado, de no de mirarla tanto.
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Mensaje por 3:) el Miér Ene 03, 2018 10:14 pm

demasiado fortuito el primer encuentro jajaja
a ver como termina el entrenamiento????
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Mensaje por micky morales el Jue Ene 04, 2018 6:16 am

Entiendo a Santana!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 04, 2018 3:59 pm

3:) escribió:demasiado fortuito el primer encuentro jajaja
a ver como termina el entrenamiento????
Jajaj ya les traigo el resto del entrenamiento, no quedaran decepcionadas.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 04, 2018 4:01 pm

micky morales escribió:Entiendo a Santana!!!!!
Jajaja si? En que sentido dices?
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 04, 2018 4:06 pm

Capítulo 2


Ella mantuvo la distancia hasta que estuve en el último cuarto de hora de mi rutina, haciendo mis rondas en las máquinas.

—Apuesto a que tienes alguna bebida súper especial post-entrenamiento para después de estas sesiones —dijo, acercándose a mi máquina, su tono juguetón.

Se hallaba en mi espacio personal, sus pechos a escasos centímetros de mi
cara.

Miré sus ojos, los míos casi suplicantes. Tenía que dejar de provocarme, o tal vez no sabía lo que hacía. Gruñí.

—Admítelo. Lo haces, ¿no?

Mi boca se curvó con ironía. Incluso tenía una buena personalidad. Era una
cosita dulce. No lo necesitaba. Podía lograrlo sólo por lo bien que lucía.

—Hago algo pequeño.

—Es una bebida, ¿verdad? Apostaría dinero a que la haces con Vitamix, y le echas col rizada.

Tosí una carcajada.

—No está mal. Soy bastante predecible, ¿eh?

Me guiñó un ojo. Jodidamente me guiñó. Era adorable, y tenía que alejarme de ella.

—Eres un misterio para mí. Sólo estoy haciendo suposiciones, tratando de adivinar.

—Ahora, ¿por qué harías eso? Tengo que decírtelo, soy tan aburrida como me veo.

Negó con la cabeza, sus ojos suaves.

—De ningún modo. Pareces fascinante para mí, San.

No estaba seguro de por qué, pero este parecía ser mi punto de ruptura.

Me excusé cortésmente y fui a las duchas. Era la única que estaba allí, y pensé en masturbarme rápidamente, pero me contuve. Estaría en casa pronto.

Salí de la ducha, vestida con una suave camiseta blanca y pantalones cortos deportivos negros, para encontrar a Brittany todavía cerca de las pesas, aún con su equipo de entrenamiento, secándose sus brillantes pechos con mi toalla.

Bueno, supongo que se quedará con ella, pensé, dándole una última mirada anhelante antes de girar sobre mis talones y salir.

Estuve a punto de dejar que la puerta se cerrara antes de darme cuenta que me había seguido, seguía usando su equipo de entrenamiento, cargando su  bolso de lona. Mantuve la puerta abierta para ella, un poco intranquila por  su radiante sonrisa.

—¿Te duchas en casa? —pregunté, entonces quise retirar mis palabras. No necesitaba imaginarla en la ducha.

—Sí, por lo general. Toma. —Colocó la toalla usada por encima de mi hombro.

Mi mente era muy sucia, pensando en las cosas que me gustaría hacer con esa toalla más tarde.

—Gracias por eso. ¿Te diriges a casa?

Asentí, mirando hacia el estacionamiento, el gimnasio, y cualquier otro lugar, excepto a la chica demasiado joven que era un enorme problema para mi tranquilidad.

—Que estés bien —murmuré y me alejé.

—Espera—gritó detrás de mí cuando me encontraba a medio camino a través del estacionamiento.

Me detuve. Sólo estaba un par de metros por detrás. O me seguía, o caminaba hacia alguna parte. Mi Tesla color perla modelo S era el único auto aparcado aquí.

Me giré hacia ella, y me sonreía, por supuesto.

—¿Te molestaría darme un aventón?

Tomé unas cuantas respiraciones profundas, para tranquilizarme, sin saber qué hacer. Por supuesto que tenía que darle un aventón. Si la pobre muchacha tenía que caminar a algún lugar, difícilmente podría hacerlo vestida así.

Seguramente sería secuestrada.

No estaba segura de que no fuera yo la que la secuestraría.

—Claro, cariño. ¿A dónde tienes que ir?

Señaló mi auto, con los ojos muy abiertos.

—¿Ese es tu auto? Es brillante. Guau. Un Tesla. Simplemente hermoso.

Sonreí, impresionada de que supiera la marca, y agité la mano.

Amaba mi auto, y su reacción emocionada me golpeó. Era buena en hacerme sonreír.

—Nunca estuve en uno de esos antes.

—Acabo de conseguirlo hace unos ocho meses.

—¿Te gusta?

—Sí. Estoy feliz con él.

—Guau. ¿Tienes siete asientos? ¿Tienes hijos?

Me reí.

—No. No tengo ninguna excusa, aparte de que el vendedor era muy bueno vendiéndome sus características.

Estábamos dentro y con el cinturón puesto antes de que la mirara de nuevo. Podía olerla en el pequeño espacio. Olía tan bien que hacía estragos en mi tranquilidad. Como a vainilla y algún indicio de lo que sólo podría ser su  pequeño cuerpo caliente después de un buen entrenamiento.

Me encontraba vergonzosamente feliz de que no se hubiera duchado después del entrenamiento. Tuve una muy clara visualización de mí  lamiendo cada parte de su dulce sudor salado, y como eso no estaría sucediendo, en su lugar me obsesionaría con su aroma.

Reclinó su asiento hasta encontrarse acostada. Sus deliciosos pechos apuntando hacia arriba en esa posición.

—Esto es genial. ¿Cómo se llama? ¿Techo de cristal?

—Techo panorámico de vidrio. Como dije, el vendedor fue muy bueno vendiéndome sus características, incluso las que no necesitaba.

Arranqué el auto, esperando que me dijera a dónde ir. Cuando nos sentamos allí por unos minutos, le pregunté: —Entonces, ¿a dónde te llevo?

Acomodó su asiento.

—¿No vas a invitarme a tu casa? Quiero ver tu casa. Y me gustaría probar cualquier brebaje que hagas para después del entrenamiento.

Sonreí y negué con la cabeza.

—No creo que sea una buena idea, Brittany. Eres demasiado joven para estar invitándote a la casa de alguna mujer tan mayor que tu.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó, sonando vagamente curiosa acerca de eso.

—Cuarenta. Vieja. ¿Cuántos años tienes?

—Veinticuatro, Santana. Lo suficiente mayor para cualquier maldita cosa.

Le di una mirada mordaz, segura de que jugaba conmigo.

—No te creo. Demuéstralo. Muéstrame tu identificación.

Se rio como si hubiera dicho la cosa más divertida, pero se inclinó para buscar en su bolso, y sacó una pequeña billetera de color rosa.

—¿Qué? ¿Crees que todavía soy ilegal?

—Algo así.

Me entregó una licencia de conducir de Nevada. La estudié, hice algunos cálculos rápidos, luego la estudié un poco más. Era real, por lo que podía  ver, y decía que tenía veinticuatro años. Casi no podía creerlo.

—Todavía soy demasiado vieja para ti.

—Tu polla no está de acuerdo. —Su tono era tan inocente que me tomó un momento procesar lo que había dicho.

Mierda ¿Como lo supo? Estaba un poco aturdida para preguntarle.

Me sonrojé de color rojo brillante.

—Mi pene no sabe lo que es bueno para él.

—Pero yo sí. —Su voz fue un suave susurro.

Puse el auto en reversa.

—¿Estás segura de esto?

—¿De qué? ¿Cuál es la gran cosa en compartir una bebida y conocer tu casa? A juzgar por este auto, sé que me dejará sin aliento.

Asentí fuertemente y mantuve las manos a las dos y diez en el volante, mis ojos hacia el frente. La llevé a casa. Era una locura, pero ¿quién diablos podía resistirse a una chica como Brittany?

Yo no.

Aun así, me dije que saciaría su curiosidad y luego la llevaría a donde quisiera ir. No haría nada más que eso. Ella era legal, gracias a Dios, pero todavía demasiado joven. Al menos para eso.

Como si leyera mi mente, su mano fue a mi rodilla, su toque encendiéndome.

—Dios, es impresionante. Te juro que tiene su propio pulso. Puedo verla latir.

Casi me salí de la carretera.

—¡¿Te refieres a…?!

—Tu polla. Usas esa ropa grande en el gimnasio. No tenía idea de que cargabas tanto calor.

—Ya basta —dije.

Se disolvió en risitas, su mano cayendo de mi rodilla.

—Sólo estás jugando conmigo, ¿no?—pregunté con una sonrisa—. Se puede decir que soy inofensiva, por lo que me estás tomando el pelo.

Su mano tocó la parte trasera de mi cuello, y casi salté de mi piel. Frotó con fuerza mi nuca, y mis ojos comenzaron a cerrarse por el placer. Luché por prestar atención en la carretera.

—Me agradas, Santana. ¿No te das cuenta?

No tenía una buena respuesta para eso. Mi ex mujer hizo un número de mí. Casada durante veinte años, haciendo todo lo que podía pensar para hacerla feliz, y ella odiaba mis entrañas. No podría haber sido particularmente agradable.

***


Brittany era bastante amable y habladora, pero me di cuenta de que no era del tipo de chica que hablaba de sí misma, y también me encontré  hablando, algo que no era en absoluto mi estilo.

—Vivo sola en una casa muy grande. Es una pérdida realmente. Debo buscar algo más pequeño. Estaba casada cuando la construí. No tenía la intención de estar sola cuando diseñé la cosa.

—¿Así que estás divorciada?

—Sí. Desde hace un año.

—¿Estuviste casada sólo una vez?

Exageré un gesto de dolor, lanzándole una sonrisa tímida.

—Debo parecer demasiado vieja para ti, ¿eh? Pero sí, sólo una vez. Por veinte años.

Lanzó un silbido.

—¿Veinte años? ¿Qué pasó?

Sacudí la cabeza. No podía hablar de ello sin sonar amargada, y no quería sonar así. No con ella.

—Y no eres vieja, Santana. Eres distinguida.

Sorprendentemente me hizo reír.

—Oh, eso es suntuoso. Sí, al parecer soy muy distinguida, y tú eres lo suficientemente joven para ser mi hija.

—Sólo si me tuviste cuando tenías dieciséis. ¿Tienes hijos?

—No. Siempre pensé que lo haría, pero el tiempo pasó. Soy demasiado vieja ahora, creo. Sin embargo, me gustan los niños.

—No eres demasiado vieja. Eso es ridículo. Mira tu erección. Esa cosa parece querer hacer bebés en este momento.

Le envié una mirada censuradora y traté de hacerla convincente.

Me dio una sonrisa irresistible.

Llegamos a las puertas de mi comunidad. Saludé al guardia de seguridad, y él asintió de regreso, dejándome entrar. Lo vi darle a Brittany una mirada  rápida, su expresión indescifrable, mientras avanzábamos.

—Oh, apuesto a que acaba de comenzar algunos buenos rumores. “Santana trajo a casa a una chica joven ligera de ropa otra vez”.

Me moví incómodo, pero no pude reprimir mi impulso por corregirla.

—No otra vez. No hago este tipo de cosas. Nunca.

—¿Nunca? ¿Y de qué clase de cosas estamos hablando, San? Me muero por saberlo.

—Traer mujeres a casa. Especialmente mujeres muy jóvenes. Nunca hice esto.

Me sonrió.

—Me gustas. Me haces sentir bien.

Podría decir lo mismo de ella, pero no lo hice. Estaba siendo suficientemente
bruta ya, trayéndola a casa. Silbó largo y bajo cuando entré en mi camino de entrada en forma de U. Aparqué directamente en la puerta principal, el auto listo para llevarla de regreso. Sólo estaba complaciéndola.

Le di una patada a mis zapatos en la entrada, lanzando mi bolso para el gimnasio.

Ella me copió, lanzando su propio bolso encima del mío.

—Puedes usar mi ducha —le dije, mis ojos sobre su piel desnuda.

—Eres una muñeca. Voy a hacer eso. Dios, eres menos alta que yo.

Se movió para estar justo en frente de mí, su mano como si fuera a medirme. Ella tenía la altura justa para meter mi cabeza ladeada en su cuello.

Sacudí esa imagen ridícula.

Ante su insistencia, le di un recorrido por mi enorme casa. No me sentía orgulloso de ella desde hacía mucho tiempo. Se había convertido en una  gran tumba de malos recuerdos de los últimos años de mi matrimonio. Pero extrañamente, me encontré sintiéndome orgullosa de nuevo mientras se la mostraba. Yo la diseñé, de arriba abajo, y realmente amaba la casa.

Era una monstruosidad moderna de ocho mil metros cuadrados, pero me gustaba mi espacio. Probablemente porque me gustaba pasar el noventa por ciento de mi tiempo en él.

Le gustó especialmente mi gran biblioteca, pasando las manos a lo largo de los lomos de los libros de la sección de clásicos.

—Podría pasar un año aquí —me dijo.

Levanté las cejas. Tenía la impresión de que era más una chica de fiestas salvajes que una lectora.

—¿Te gusta leer?

Arrugó su nariz como si pensara que era la pregunta más extraña.

—Um, sí. ¿A quién no le gusta leer?

Buen punto. Quiero decir, había personas a las que no les gustaba leer. Lógicamente, entendía eso, pero siempre me desconcertó de todos modos.

Quería rebuscar en su cerebro acerca de eso, pero salía de nuevo, y la seguí, mis ojos pegados a su pequeño culo perfecto mientras le mostraba el resto de la casa.
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Mensaje por 3:) el Jue Ene 04, 2018 10:03 pm

britt si que sabe jugar rapido jajaja
a ver como termina el dia jajaj,.. sobre todo san!!
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Mensaje por micky morales el Vie Ene 05, 2018 1:05 pm

Entiendo a Santana en el sentido de lo dificil que debe ser resistirse a los encantos de alguien como Brittany!!!!
Y me encanta lo rapida y nada timida que es esta Brittany!!!!!
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Mensaje por Isabella28 el Vie Ene 05, 2018 1:48 pm

Raios... britt no seas tan sensual nos vas a infartar a todas.
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Mensaje por Tati.94 el Vie Ene 05, 2018 3:57 pm

3:) escribió:britt si que sabe jugar rapido jajaja
a ver como termina el dia jajaj,.. sobre todo san!!
Jaja la rubia esta decidida a tener a San, esperemos que San le aguante el trote.
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Mensaje por Tati.94 el Vie Ene 05, 2018 3:59 pm

micky morales escribió:Entiendo a Santana en el sentido de lo dificil que debe ser resistirse a los encantos de alguien como Brittany!!!!
Y me encanta lo rapida y nada timida que es esta Brittany!!!!!
Si imaginate a cualquiera se le haría muy dificil resistirse a una rubia tan coqueta como esta Brittany
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Mensaje por Tati.94 el Vie Ene 05, 2018 4:01 pm

Isabella28 escribió:Raios... britt no seas tan sensual nos vas a infartar a todas.
Jaja si! Y te advierto la cosa va en aumento!
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Mensaje por Tati.94 el Vie Ene 05, 2018 4:07 pm

Capítulo 3


Parecía muy impresionada de que yo hubiera diseñado el lugar. Tenía un montón de preguntas, curiosa por cada centímetro de la propiedad y como era que me pertenecía. Me parecía como que siempre intentaba unir las piezas de un rompecabezas.

Una cosa que noté fue que nunca tuve que explicarle las cosas como si fuera tonta, algo que me encantó, porque las explicaciones sencillas eran algo recurrente para mí, así que no me daría cuenta si hacía lo contrario. Ella entendía mis referencias, grandes y pequeñas. Fue sorprendente, entre  más pensaba en ello, porque era tan joven.

—¿Por qué no vas a la escuela? —le pregunté.

Sus ojos centellaron hacía mí. Era algo muy adorable y altamente peligroso.

—¿Qué, no crees que esté usando todo mi potencial?

Intenté retractarme. Tenía la tendencia a ser inapropiada. Socialmente  torpe era una buena manera de describirme.

—No… no dije eso, yo solo…

Se apiadó de mí, dejándolo pasar con una risa, y continuó con el paseo. Tenía muchas habitaciones para huéspedes, pero le mostré la más grande, con el mejor baño.

—Puedes utilizar esta mientras nos preparó esa bebida energética.

Ella sacudió la cabeza. Parpadeé.

—Voy a usar la ducha de tu habitación.

—Esta es bonita como esa. Me aseguré que al menos una de las habitaciones de invitados fuera construida como la principal.

—¿Cuál es la que utilizas?

—La principal.

—Voy a utilizar esa. No necesitas ensuciar esta solo por mí.

—No es un problema.

—Creo que puedo recordar el camino. Estaré abajo en un segundo.

La observé alejarse, teniendo que contenerme para no seguirla.

¿Qué haría si me metía a la ducha con ella?

¿Me dejaría tener sexo con ella?

Me dio la sensación de que lo haría, pero algo me hizo retroceder. Tenía la mitad de los ingredientes fuera del congelador para hacer mi malteada cuando recordé su bolso. Casi corrí para tomarlo y llevárselo. La ducha estaba encendida, podía escucharla desde la habitación, y como una pervertida, abrí la puerta.

La ducha tenía mucho vapor como para distinguir su figura, gracias a Dios, pero mis ojos cayeron en una pequeña tira amarillo neón mientras ponía su bolso sobre la encimera.

La levanté cuidadosamente con dos dedos. Si no me equivocaba, era la más pequeña tanga que había visto en mi vida, hecha solo de un par de cuerdas elásticas y un pequeñito pedazo de malla. La dejé caer como si estuviera en llamas, manteniendo mis ojos en el suelo.

Cerré la puerta muy calladamente detrás de mí. Estaba cerca de volver a la  cocina cuando me desvié al baño conectado a la sala. Su toalla seguía en mi hombro, y hundí la cara en ella.

Lamí mi palma, bajé mis pantalones, y empecé a masturbar duro mi polla.Necesitaba manejar esto.

Ni siquiera pensé en su cuerpo. Eso era una exageración. Mi mente se quedó en el pequeño trozo de tela mientras gemía y disparaba mi carga en el lavabo. Lo limpié. Todavía jadeaba cuando abrí la puerta.

Brittany estaba allí, vestida en otro par de diminutos pantalones de licra, estos de color melocotón que resaltaban su bronceado, y un sostén  deportivo blanco (la cremallera de adelante solo a la mitad).

Y por supuesto, me sonreía.

Tocó la doblemente usada toalla en mi hombro.

—Quizá debería guardar esto. ¿Será que huele como tú ahora?

Sacudí mi cabeza, entonces me moví a un lado, dirigiéndome resueltamente a territorio familiar.

Se sentó en la encimera mientras yo trabajaba, justo en medio de todo, así que constantemente tuve que moverme cerca de ella. Se sostenía sobre sus manos, sus piernas ligeramente abiertas lo suficiente para hacer que mi cerebro dejará de funcionar completamente.

—¿Así que qué haces para ganarte la vida?

—Escribo libros. Más que todo drama criminal.

—Espera, ¿cuál es tu apellido?

Suspiré. Probablemente había escuchado hablar de mí. Tuve una serie bastante popular que obtuvo mucha atención, y un poco en la pantalla grande, en la última década.

—Lopez.

—Santana Lopez. He escuchado de ti. ¿Cómo es que nunca escuché que eras tan sexy, Santana?

Le di una sonrisa triste.

—Me estás dando mucho crédito. ¿Por qué?

Ella parpadeó.

—No del todo. Lo digo como lo veo. Así que usas tu nombre real como un seudónimo, ¿o me estás dando un nombre falso?

—Ese es mi nombre real. No es ingenioso, lo sé, pero me metí al negocio antes de saber más. Me gradué de la universidad a los dieciocho, y empecé a escribir libros un par de años antes de eso, y era demasiado egoísta como niño para usar un nombre falso.

—Un prodigio.

—No del todo. Solo un par de años antes. Y mi padre trabajó en el negocio, así que tenía muy buenas conexiones.

—Y eres humilde, para empezar. Dime que paso entre tú y tu ex esposa. ¿Cómo es que todo se vino abajo después de veinte años?

—¿De verdad quieres que hable de esto? Estaba de muy buen humor.

—¿En serio? ¿Qué te puso de buen humor?

—No podía verla, pero pude escuchar la sonrisa en su voz—. ¿Ese buen humor venía de todos los jadeos y gemidos que te escuché haciendo desde el baño más temprano?

No podía contraatacar eso, no podía responder. La ignoré (aunque podía sentir el enrojecimiento de mis mejillas) como si nunca lo hubiera dicho. Era demasiado para mí.

—Bueno, para ser honesta, supongo que siempre hubieron problemas. Solo que no los entendía o no los notaba. Traté de ser una buena esposa, como pude, intenté hacerla feliz. Un día vine a casa para encontrarla de rodillas, dándole una mamada a un hombre que nunca antes había visto, en mi entrada. Todo se fue en picada después de eso.

—Demonios.

—Sí. No ayudo que ella no me hubiera dado una mamada en, demonios, no lo sé, años. Fue una cosa difícil de ver. Podría haber usado una mamada, o  sexo, una sonrisa, y allí se hallaba ella, chupando la de un extraño.

—Eso es terrible. Ella suena tan horrible.

—Bueno, supongo que fue amor, porque escuché que se va a casar con el tipo, que es como más joven que ella como sea. Aparentemente, yo fui la  esposa que solo la mantenía. Por supuesto, que tomó cada centavo que  pudo con el divorcio, así que al menos no le importa mi dinero.

—Guau.

—Sí. Nunca pensé en el pre-nupcial. Tenía veinte y asumí que iba a estar casada por siempre.

—¿Qué edad tenía ella cuando se casaron?

—Veintitrés. Que es la última vez que salí con alguien de tu edad. Pero suficiente de mí, vamos a hablar de ti. ¿Estás en la universidad? —Ya había supuesto que no, pero intenté ser lo más educada posible.

—No.

—¿Dónde trabajas?

—Aquí y allá. Estuve trabajando como vendedora de cigarrillos en un casino, pero fue temporal. Ahora estoy buscando trabajo. Tengo una oferta en Hooters que estoy considerando.

Disparé una mirada a su pecho.

—Ellos te devorarían, ¿no es así?

Se rio.

—¿Qué hay de ti, San? ¿Quieres devorarme?

Casi me corté los dedos.

Tomé un momento para recomponerme mientras cortaba la col, zanahorias, té blanco, pepino, fresas, jengibre, y espinaca en mi malteada vitamínica, llenándola a tope. Lo mezcle hasta que se volvió líquido suave.

Serví dos vasos, deslizando uno hacía ella. Tomé el mío en la mesa del desayuno. Se me unió, tomando un gran trago.

—No está mal. No tan bueno, pero obviamente funciona. Te mantiene en forma, ¿no?

Bebí el mío en un par de tragos. Se terminó el suyo lentamente. Sabía que  me estaba tentando cuando lamió el borde de su vaso vacío.

La rubia me volvía loca.

Le dio vueltas al vaso vacío sobre su escote, dándome un contacto visual sólido.

—¿Y ahora?

Tomé un par de respiraciones profundas.

—Puedo llevarte a donde quieras. Solo di la palabra.

Sonrió.

—Vamos a ver un poco de televisión.

Era incapaz de decirle que no, e insistió en ir a la sala de cine, pero quería ver televisión por cable. Mala televisión por cable.

Se sentó en el banco, y yo a dos seguros metros lejos de ella. Eligió algo horrible para ver, algún programa de gitanos viviendo en la nación. No me importaba. No podía poner atención a la pantalla ni aunque mi vida dependiera de ello.

Siguió avanzando lentamente hacia mí.

Se rio de algo en la televisión, y dijo: —¿Puedes encender las luces? ¿Cuán iluminado puede ser aquí?

Le mostré.

—¿Podemos ver esto en tu habitación?—preguntó, y pude sentir que me observaba.

—No creo que sea una buena idea.

—¿Qué tal alguna habitación con luz natural? ¿Y tienes algún refrigerio?

Le mostré la sala de estar, en la cual tenía una televisión escondida tras una pintura, y una abundante luz natural. Puse de nuevo su horrible programa.

—¿Qué tipo de refrigerio quieres?

—Iré a ver que tienes. ¿No te importa si deambulo por mi cuenta en tu casa?

Sacudí la cabeza, pero me importaba. Estaba lista para arrancarme el cabello; me moría de ganas por tocarla.

Regresó con un helado de fresa. Se lo metió hasta la mitad, así que era una larga barra dentro y fuera de su boca. Estaba cerca de perder el control, y la sonrisa en su cara me dijo que lo sabía.

—¿Quieres tomar uno? ¿O quieres compartir?

Sacudí la cabeza, mirando la televisión, pretendiendo mirarla. Se río del programa, alguna mujer con piel naranja y cabello negro rizado diciendo: —Más. No puede brillar lo suficiente.

Se movió enfrente de mí, su apenas cubierto culo casi en mi cara. Apreté los puños.

Se sentó a mi lado, nuestras caderas tocándose. Acarició mi rodilla y se metió toda la paleta como si estuviera dándome el show de mi vida.

—Jesús —murmuré mientras desaparecía completamente en su boca. Se superaba aquí.

Me envió una sonrisa de lado que hizo que mi corazón se saliera por mi garganta. La sacó toda, lamiéndose lo labios.

—Dijiste que tu ex esposa no te la había chupado en años antes de que la  atraparas con un tipo. ¿Así que hace cuantos años no tienes una mamada?

Pasé los dedos por mi cabello, maldiciendo.

—No lo sé. Mierda. ¿Cinco años? Tal vez más.

Se levantó, moviéndose frente a mí de nuevo. Muy lentamente, como si estuviera probando las aguas, se sentó en mi regazo.

Acercó la paleta a mis labios, ¿y qué podía hacer? lamí, entonces empecé a mamarla mientras ella la metía y sacaba de mi boca, su cabeza descansando en mi hombro, mi erección excavando como un atizador dentro de su culo.

—Muéstrame como te gusta, cariño —susurró.

La lamí fuertemente, un ruido fuerte, incluso comparado con la televisión.

—Jesús, ¿crees que es una aspiradora? —preguntó, sonando perturbada.

Me detuve abruptamente, y se deshizo en una risa, levantándose. Desapareció, y regresó sin la paleta.

—Así que, dime, ¿soy demasiado joven incluso para besar? —preguntó, parándose justo frente a mí, esta vez enfrentándome.

No podía responderle. Mi opinión estaba directamente en contra con mi necesidad.

Tomó una respiración profunda, sus manos yendo al frente de su pequeño sostén deportivo.
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Mensaje por 3:) el Vie Ene 05, 2018 9:14 pm

mas de lo que ya hace britt para tirarse a san es imposible jajaja
a ver si san sede un poco jajaja,. que mal puede pasar???
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Mensaje por Isabella28 el Sáb Ene 06, 2018 1:02 am

Me encanta britt asi, y santana todavia no agarra confianza.
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Mensaje por micky morales el Sáb Ene 06, 2018 8:10 am

Santana ya deja de contenerte pq Britt solo esta esperando que le saltes encima!!!!!
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Mensaje por monica.santander el Sáb Ene 06, 2018 12:36 pm

Jajajajaja!!!!! Mama que aguante!!!!!!!!
Saludos
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 06, 2018 3:52 pm

3:) escribió:mas de lo que ya hace britt para tirarse a san es imposible jajaja
a ver si san sede un poco jajaja,. que mal puede pasar???
Jajaj con semejante rubia, a San no le debe de quedar mucho control a estas alturas.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 06, 2018 3:56 pm

Isabella28 escribió:Me encanta britt asi, y santana todavia no agarra confianza.
San va a terminar explotando sino se suelta un poco y deja que la rubia le haga lo q quiera jajaj
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 06, 2018 3:59 pm

micky morales escribió:Santana ya deja de contenerte pq Britt solo esta esperando que le saltes encima!!!!!
Si San no accede rapido la rubia se terminara haciendo cargo de todo!
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 06, 2018 4:02 pm

monica.santander escribió:Jajajajaja!!!!! Mama que aguante!!!!!!!!
Saludos
Es morena si que aguante!! Pero Britt se encargará de dejarla sin fuerzas
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 06, 2018 4:07 pm

Capítulo 4


Se bajó la cremallera lentamente, y perdí el aliento. No, no es cierto. Me robaron el aliento. Robado directamente de mis pulmones.

Sus tetas eran perfectas, redondas y grandes, flexibles y firmes. Y maldición, tenía un bronceado uniforme. Tenía que tomar sol en topless. Ya jadeaba cuando se acercó más.

—Quítate la camisa —dijo

Obedecí. Como dije, no soy capaz de decirle que no. Incapaz. Literalmente.

También, una estupidez, pero trabajé duro para lucir bien desnuda, y se sentía bien mostrarlo. Gimió agradecida.

No sé porque, pero lo tomé como una petición para sacar mi polla, y así lo hice. Ella silbó.

—Mierda, eso es jodidamente caliente, pero ¿podemos besarnos primero?

Me sonrojé, y lo guardé, murmurando una disculpa.

Se puso a horcajadas, sus manos subiendo hacia mis hombros. Sus espectaculares tetas hicieron un breve contacto con mi cara antes de que se sentara. Moviéndose hasta que mi polla hizo contacto con ella a través de su ropa.

Es posible que babeara.

Mantuve las manos al costado con gran esfuerzo.

Me besó.

Sabía a fresas, su boca seguía fría por el helado, sus labios eran tan suaves que yo gemía, empujando la lengua profundamente. El interior de su boca era simplemente perfecto, suave y húmeda, caliente y fría. Fue, sin duda, el beso más caliente de mi vida.

—Oh si, cariño —gimió, sus caderas moviéndose me volvían loca.

Se retiró demasiado pronto, pero mantuvo su cuerpo ahí, justamente donde la necesitaba, si tan solo pudiéramos deshacernos de la ropa.

—Tócame —murmuró, tomando mis manos y poniéndolas en su pecho.

Cerré los ojos y apreté la carne que era demasiado joven para mí. No había sentido nada como esto desde mis veintes. Diablos, nunca tuve algo como esto en mis manos.

Amasé sus tetas carnosas mientras se movía en mi regazo, preguntándome que tan rápido podía tener mi polla dentro de ella. No me importaba donde. En este momento, un trabajo manual sería más que suficiente para mí.

Mierda, si solo me masturbaba y me dejaba mirarla, seguiría siendo el mejor sexo que tuve en mucho tiempo.

Comenzó a alejarse, me forcé a dejarla ir, mi mano yendo a mi erección. Me acaricié a mí misma toscamente.

Gimió y movió mi mano.

—¿Ha pasado un tiempo, cariño? —preguntó suavemente, frotando mis palmas. Asentí, mirando sus pechos que se balanceaban mientras se levantaba.

—¿Puedo poner música? ¿Algo pesado?

Mis manos temblaban cuando fui a por los controles, cambiando las estaciones. Me detuve en algo que pensé que le gustaría, pero negó con la cabeza, seguí avanzando las estaciones con la mandíbula apretada y la polla palpitante.

Levantó la mano cuando paré en una estación que tocaba una canción sobre estar borracho en la cocina. El cantante incluso sonaba borracho. No entendí porque parecía amarla, pero la dejé sonar para ella.

Yo palpitaba de necesidad cada milisegundo, era ridículo.

Empezaba a pensar que me probaba. Si fuera así, tendría que ir a tocarme al baño si quería vivir a través de esto.

Empezó a bailar. Podía moverse. Estos jóvenes, con su perreo. Pensé como una vieja.

Observé su carne dócil frente mí, olvidando lo que supuestamente tenía que hacer.

Mi mano volvió a mi polla.

—Manos fuera, ¡eso es mío! —dijo, puse mi mano de vuelta a mi costado.

Se dio vuelta, su trasero se hallaba muy cerca de mi cara, sus caderas moviéndose atrás y adelante. Mientras tanto, la radio tocaba la canción borracha. El cantante repetía ahora la palabra “tabla de surf” sin ninguna razón que pudiera imaginar.

Finalmente, agarré sus caderas y enterré mi cara en su culo. La chupé, empujando mi lengua en sus pantalones cortos. No había una parte de ella que no lamería, solo por tocarla. Ella abrió la boca y se apartó.

Me habría disculpado, si pudiera respirar.

—Esta vez no, cariño —dijo Brittany arrodillándose entre mis piernas—. Tira de mi pelo —dijo mientras sacaba mi palpitante polla.

Agarré su pelo con las manos. Era suave y sedoso, fino como el de un bebé. Mis ojos no pestañaban mientras su lengua hacia su camino por mi eje. Su garganta caliente mientras tomaba más de mí.

—Mierda, Brittany, chúpame, se siente muy bien. No te ahogues, puedes utilizar tus manos. Oh si, justo así, sigue así.

Movía su cabeza arriba y abajo mientras yo hablaba, las palabras estallaban fueran de mí por su propia voluntad.

¿Así se sentía una crisis de mediana edad? Soy un poco joven para eso,  pero diablos si tenía una explicación mejor para este caos sin sentido. Independiente de como quería etiquetarlo, se sentía increíble. Me hallaba cerca cuando empezó a retroceder.

Peleé con ella, empujando al fondo de su garganta, hasta que me di cuenta que estaba mal y me retiré. Requirió cada onza de autocontrol que tenía.

Sonrió, mientras se lamía los labios, tratando de tomar aire.

—Tengo una pregunta. ¿Quieres eyacular en mi cara, o te gustaría más si lo trago?

Negué, desconcertada.

Joder, si supiera. Era como escoger entre una de sus perfectas tetas. Eran las dos geniales. Sonrió con su sonrisa de sirena y volvió a chupar haciendo que me olvidara.

Grité una advertencia antes de venirme. Me chupó más profundo, sus labios ordeñándome. Trago hasta la última gota que salió de mí. Decidí que me gustaba más.

Cuando se retiró para tomar aire, sus labios estaban hinchados por el esfuerzo, y se los lamió con una sonrisa. Fue la cosa más sexy que jamás había visto en mis tristes cuarenta años de vida.

No era de las que se dormía después del sexo, pero sentí como que me desmayaba con una brisa fría.

Desperté, tumbada en el sofá, con una almohada y una manta sobre mis hombros. 

Esa dulce chica.

Me senté mirando alrededor. La casa se encontraba completamente a oscuras. Caminé por la primera planta totalmente enfurecida, a encender las luces, en busca de cualquier rastro de ella. No había ninguno. Sus zapatos no se hallaban en la puerta principal.

Subí las escaleras y revisé el baño para ver si tomó su bolso. Ahí me di cuenta de la nota que me dejó.

Había escrito con lápiz labial de color rosa en el espejo del baño, rodeado por un corazón grande.

NOS VEMOS MAÑANA EN EL GIMNASIO. BESOS.

Sus ridículamente pequeñas bragas seguían en el mostrador. No estoy orgullosa de esto, pero las llevé a la cama conmigo.

***


Mi corazón latía fuerte mientras me dirigía al gimnasio a la mañana siguiente. Busqué en mi memoria un sentimiento como este, y no pude recordar uno. Ciertamente no en la última década.

Me sentía viva. Me sentía bien.

Sus increíbles habilidades orales, ni siquiera era la cosa que no podía superar. Bueno, está bien, estaba ahí. Pero lo que me consumía era la forma en que me miraba. La forma que me trataba.

Era agresiva, sí, pero había lidiado con mujeres agresivas antes y no tenía problema diciéndoles que no. Pero ella era diferente. Era agresivamente dulce. Era una potente combinación, y podría ser divertido averiguarlo.

No la vi cuando entré, o cuando dejé mi bolso en mi casillero y volví a salir.

Entré un poco en pánico cuando me di cuenta que llegaba cinco minutos tarde. Usualmente era tan puntal como yo. Le hice un seguimiento.

Tuve que parar de correr por un minuto cuando la vi entrar a través de las puertas. Reanudé mi trote cuando desapareció por los vestuarios de mujeres. Parecía que no podía dejar de sonreír.

—Luces particularmente alegre —dijo mientras se acercaba al lado de mi máquina.

Le guiñé, y parecía encantada por eso.

Tomó mi toalla extra, la puso en su hombro, reclamándola, y se trasladó a la cinta de correr de al lado. Una idiota se le acercó mientras yo iba a las pesas.

Ella le sonreía, y charlaron un poco cerca de la fuente de agua. Ella seguía sonriendo cuando se acercó a mí. Utilizó la toalla prestada para secar mi frente, me sorprendió con un suave beso en los labios.

—¿Conoces a esa tipa?—pregunté intentando no sonar como la maníaca celosa que era.

Se encogió de hombros.

—La he visto un par de veces. Siempre me invita a salir, espero que no te importe, pero le dije que eras mi novia, así me dejaba sola.

—No me importa.

—¿No importa que le dijera que me dejara sola, o no importa que te llame así en general?

Me sentía perdida, pero ella se apiadó de mí.

—Estoy jugando contigo, Santana, no estoy obsesionada.

No le dije que quería que lo estuviera.

Usualmente tenía ganas de entrenar, pero ahora no era capaz de ir suficientemente rápido para mi gusto. En media hora, me encontré preguntándole:—¿Tienes planes para hoy?

—Tengo planes para esta noche, pero no para la tarde.

Quería preguntarle cuales eran sus planes para la noche, pero tenía miedo de la respuesta. Era salvaje y no sabía si quería saber todo lo que implicaba el salvajismo.

Me gustaba esa pequeña fantasía mía, donde actuaba así por mí.

—¿Quieres terminar ahora y volver a mi lugar? —Las palabras salieron antes de que pudiera detenerlas.

—Me encantaría.

—Genial, iré a la ducha y nos podemos ir.

Su mano me detuvo

—Espera, no. Te puedes duchar en casa.

No tuvo que decírmelo dos veces. Íbamos en el coche, a mitad de camino a mi casa, antes de que dijera: —¿Tienes miedo de tocarme, Santana? ¿Te pongo nerviosa?

No quería responder a eso. No me presionó, pero agarró mi mano y la puso en su muslo.

Empecé a tocarla.

Su muslo se sentía bien, firme, su piel suave. Era mucho para mí. Había estado hambrienta por mucho tiempo.

Mi mano seguía subiendo, aunque me obligué a dejarla quieta. Estábamos casi a la puerta de mi casa cuando llegué a su coño. La acaricié por  encima de sus pantalones cortos. Mi respiración era pesada. No me detuvoe

Me acerqué a la orilla de la carretera, mirando mi mano mientras la frotaba en ella. Era una calle bastante aislada, así que teníamos suficiente privacidad para ser audaz.

Agarró la cintura de sus pantalones (eran azul claro hoy) y se los quitó.

Mostrándome su piel bronceada que llevaba al camino hasta la pequeña línea de pelo entre sus piernas.

Al parecer, era rubia natural. Maldije, una larga y fluida diatriba. Esta chica se hallaba tan fuera de mi liga.

Sonrió y guio mi mano a sus bragas. Eran tan pequeñas que probablemente nos las habría visto si no fueran fucsia. Maldije de nuevo cuando sentí que estaba mojada. Empujé un dedo dentro de ella.

Las dos gemimos.

—¿Vas a dejar que te folle, Brittany? —pregunté, conteniendo la respiración.

Tenía que saberlo. No podía seguir con la incertidumbre ningún jodido segundo más.

—De cualquier manera que quieras, cariño. ¿Cuánto tiempo ha pasado para ti?

Cerré los ojos fuertemente, mi otra mano fue a mi erección, y empecé a tocarme. Solo la idea meter la polla dentro de ese pequeño coño caliente,  me enloquecía.

Era una mala posición, pero seguía moviendo mi dedo dentro y fuera de ella tan rápido como pude. Apretaba fuertemente mi dedo. ¿Qué iba a hacer con  mi polla?

Estaba en lo cierto, me iba a dar un ataque al corazón.

—Un largo tiempo. Tuve sexo enojada con mi ex cuando se iba, pero eso fue todo.

Tomó mis dos manos.

—¿Puedes aguantar hasta estar en casa, cariño, o necesitas algo ahora?

Negué, demasiado ida para las palabras.

—Deja encargarme de ti. Aquí.

Se levantó sobre sus rodillas, bajándose los pantalones cortos y bragas. Su cuerpo era tan fuerte y bronceado. Sinceramente no pensé en que pudiera verse aún mejor. Mejor que Playboy. Mejor que Maxim. Mejor que cualquier mierda.

Abrió la cremallera de su top, dejando sus gloriosas tetas libres, sus pezones rosados erectos.

—Tócame mientras chupo tu polla. Quiero que la primera vez no sea en un auto estrecho, donde puedas tomarme fuerte, como me gusta.

¿Realmente dijo eso?

¿Quién podría negarse?

Yo no.

Se agachó, su culo al aire. Utilizó las dos manos para quitar mis pantalones. Metí un dedo en su coño por detrás mientras me tomaba con su suave boca. Yo hacía ruidos que nunca hice antes; ciertamente nunca hice esos sonidos antes y no podía detenerlos. Era inquietante y estimulante.

Tomó aire, mi dedo seguía follándola. Lo juro, no podía estar más feliz con solo eso. Solo la sensación de su carne apretándome.

Ella gimió y gimió, mi mano libre viajó a sus pechos, se congeló, y no podía creer cuando empezó a temblar, apretándome y gimiendo mi nombre.

¿Fingía? 

Francamente no intentaba que se corriera aun. Solo estaba sintiéndola, sin embargo pude. Más tarde planeaba chupar su coño para que se corriera. En mi limitada experiencia, las otras mujeres no eran tan fáciles para correrse. Toma tiempo y cantidad de oral. Mierda, ni siquiera toqué su clítoris.

Mi dedo dejó de moverse, pero ella empezó a mover sus caderas mientras sus paredes dejaron de apretarme.

—No te detengas. De nuevo, cariño.

—¿Realmente te… viniste?

Se río.

—¿En serio?

Ella fue directamente a chuparme. Yo estaba lista, treinta segundos después de eso. Disparé mi carga en su garganta, sus músculos trabajaban mientras tragaba cada pedazo. Cuando dejó de salir, hizo su camino a mis bolas, las chupó. Y limpió mi polla.

Me beso después, me dedo seguía dentro de ella, y podía saborearme en ella.

—La próxima vez, tienes que parar, quiero correrme en tus tetas —le dije—. Y en tu cara.

No podía creer que eso salió de mi boca.

¿Qué mierda estaba mal conmigo?

—Y después puedes follarme —susurró en mi boca.

Bueno. Mierda.
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Mensaje por 3:) el Sáb Ene 06, 2018 9:25 pm

britt le va a hacer recuperar el tiempo perdido a san jajaja
al fin britt consigue lo que quiere, que no aparente que es una obsesión!!!
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Mensaje por micky morales el Dom Ene 07, 2018 4:52 am

Vaya, aparentemente Britt la tenia en la mira!!!!
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