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Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 16, 2018 10:10 pm

Isabella28 escribió:Que podra querer britt de san??
Te aseguro que dinero no es. Algo me dice q no le hace falta.
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 16, 2018 10:12 pm

micky morales escribió:Bueno la cuestion aqui es sentarse a hablar y analizar que tipo de sentimientos las une!!!!!
Si! Que hablen de sus sentimientos y que Britt por fin hable de si misma.
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 16, 2018 10:15 pm

Capítulo 14


Realmente no quería responder a esa pregunta, pero su tono burlón estaba afectándome, y mi temperamento aún hervía, justo bajo la superficie.

Agité mi brazo alrededor, señalando la casa.

—Como no soy una idiota, me adelantaré y elegiré la respuesta más obvia. Estoy bastante segura de que no me hubieras seguido a casa si fuera pobre. Viste a una mujer rica en el gimnasio que te deseaba, y decidiste sacudir su mundo.

—Entonces, ¿decidí que te veías adinerada y te perseguí por ninguna otra razón más que esa?

—Solo estoy asumiendo. ¿Qué otra razón tendrías?

—¿Y cómo supe que eras rica?

—Tú dímelo. ¿Las caza fortunas no tienen formas de saberlo?

Me lanzó una mirada como si quisiera darme un puñetazo, sus impresionantes ojos azules brillando hacia mí. Se sintió como un golpe en el estómago, y todo el aire me dejó.

—Oh, piensas que soy una caza fortunas, ¿cierto? ¿Así que estoy negociando mi cuerpo por tu dinero? ¿Eso es lo que piensas? Debo ser muy buena en ello, ya que no he conseguido nada de ti, y has usado mi cuerpo en todas las maneras que tú o yo podemos concebir.

—Bueno, has conseguido quedarte en esta casa grande y bonita—señalé, arrepintiéndome instantáneamente por la manera en que hizo que su mano temblara mientras la apuntaba hacia mí.

—Nunca me has comprado flores, San, y de alguna manera, ¿crees que he estado acostándome contigo por un poco de dinero? ¿Sabes qué? Vete a la mierda. Me voy, y no regresaré a esta casa tuya grande y bonita.

No pude soportarlo.

Ella se encontraba a treinta centímetros de la puerta cuando la agarré, literalmente la levanté y la llevé de vuelta hacia las escaleras. No luchó tanto conmigo mientras sus músculos se debilitaban, sin aferrarse, sin alejarse.

Era peor que luchar.

Lo perdí.

La bajé en el tercer escalón y caí sobre ella, abriendo sus piernas violentamente, forzando mi boca en la suya mientras presionaba mi cuerpo completo sobre el suyo.

—Lo siento—le dije con un gemido. Lo hacía. Deseé poder retirar cada palabra hiriente, y aunque seguía furiosa; la ira se encontraba mayormente dirigida hacia mí misma, por decir esas cosas, y por sentir todo esto por una mujer a la que no podía leer o predecir, y mucho menos controlar—. No lo dije en serio. Estaba preocupada por ti. Perdí los estribos.

No respondió, pero sus labios parecieron ceder a los míos, yendo de inertes a suaves y temblorosos.

—¿Perdóname? —pregunté. No mostró reacción ninguna.

—¡Perdóname! —demandé.

No habló, pero sus brazos fueron hacia mi cuello, dando su consentimiento a mi toque cada vez más urgente.

—Te necesito —dije con fervor—. No sé por qué, pero te necesito, ¿lo entiendes?

Gimió en mi boca, estirando las piernas bien separadas. Su pequeño y blanco vestido no era un impedimento para nada. Ya se encontraba arriba de sus caderas. No llevaba bragas. Con rapidez, saqué mi prominente erección y la empujé en su entrada.

No estaba tan mojada como de costumbre, pero tampoco se encontraba exactamente seca, y seguí empujando, viendo como progresaba, mi mandíbula apretada con tanta fuerza que dolía.

Desaparecía en su interior con una lentitud insoportable y era tan cautivante que definitivamente quemaba mi cerebro, incluso mientras sucedía, infinitamente mejor que las fantasías.

Cuando me hallaba enterrada a la mitad, la miré. Sus ojos se encontraban fuertemente cerrados, como haciendo una mueca. Se mordía el labio con fuerza.

Eso no me detuvo.

Ya no estaba agarrando mis hombros, en cambio apoyaba sus codos en la escalera, sus suculentos pechos arqueados, sin sujetador, luchando contra el escote de su vestido. Sus pezones se encontraban duros y temblaban con cada respiración.

Mis manos fueron desde sus caderas hasta los pequeños botones en su vestido, que empezaban en su escote y se detenían justo en su cintura. Los arranqué hasta abrirlos en su pelvis, casi dividiendo el vestido a la mitad.

Me agaché, retorciendo mi cuerpo para invadir el suyo mientras succionaba un pezón sensible en mi boca, embistiendo con fuerza, cada centímetro mío arrastrándose duro contra ella, apresurado.

Con un gruñido me retiré y empujé de nuevo salvajemente. Luego otra vez. Y otra vez más.

Cada movimiento era más fluido que el anterior. Aunque era ruda, su cuerpo me aceptaba, a pesar de que no lo demostraba. Era imposible de leer, con sus ojos cerrados, aún si su cuerpo se hallaba completamente abierto.

La follé duro por largos minutos, sacudiéndola contra los escalones, haciendo fuertes ruidos animales, gruñidos y gemidos que eran, de alguna manera, menos impactantes que los jadeos suaves que escapaban de su boca ocasionalmente.

Mi orgasmo me tomó por sorpresa. No me encontraba lista, y podía decir que ella no estaba ni cerca de venirse conmigo.

Mordí su pezón mientras me vaciaba dentro, tirando y empujando contra ella, incluso más allá de mi propio fin. Era una bestia, todo lo sucedido sacó un parte de mi demasiado complicada para que las contemplase en este momento.

Llevé mi boca hasta la suya, succionando su labio hinchado, forzando un beso profundo. Su boca era suave y temblorosa.

Me aparté, esperando a que abriera sus ojos. No lo hizo.

—Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura, y aférrate a mis hombros —pedí, mi voz ronca. No podía soportar estar con ella así y no quería separarme.

Obedeció, su cabeza cayendo contra mí, sus ojos todavía cerrados.

La llevé hasta mi cama, sin dejar que se moviera ni siquiera un centímetro lejos de mí. Mi polla se encontraba en reposo, todavía dentro de ella.

Me acosté, mi boca contra su oído, presionándome en cada parte de ella, mi cuerpo tenso, sosteniendo mi propio peso y arreglándomelas para penetrarla.

—¿Te hice daño?—dije finalmente, la pregunta desgarrándose fuera de mí, porque no quería oír la respuesta.

Solo emitió un fuerte y tembloroso jadeo. Empecé a tocarla, y aunque su cuerpo respondía, no fue suficiente, no era a lo que estaba acostumbrada. No era ella misma, no cómo la conocía.

Se había cerrado para mí.

Saqué la polla, deslizándome hacia abajo, decidido a conseguir lo que necesitaba, que no era mi propio placer. Ya no. Necesitaba el de ella.

Enterré mi cara entre sus piernas, mis manos acariciando sus muslos, empujándolos ampliamente. Se encontraba resbaladiza con su humedad y la mía, y me estremecí de placer.

Le levanté las caderas, arrastrando una almohada para que se inclinara hacia arriba y adelante. Arrastré cada reguero de mi semilla de nuevo hacia su sexo. Quería que tomara cada pedacito dentro y lo mantuviera allí. No me permití analizar lo que eso significaba, pero aún en el nivel más primitivo, me di cuenta de que la marcaba como mía.

Me incliné hacia su clítoris, chupándolo mientras mis dedos empujaban profundamente dentro de ella. Trabajé en ella, haciendo todas las cosas que sabía le gustaban, y aunque hubo cierta reacción, no pude lograr que se corriera.

Desesperada, y otra vez dura por mis esfuerzos, coloqué otra almohada debajo de ella, agarré sus caderas en mis manos, y estrellé mi polla con fuerza en su interior.

La embestí repetidamente con fuertes empujes haciendo que silenciosamente quedara sin aliento, mi dedo moviéndose implacablemente contra su clítoris.

Presioné sus caderas, arqueando su espalda, intentando llegar más profundo.



No quería, no podía parar hasta conseguir lo que necesitaba de ella.

Finalmente, misericordiosamente, se corrió, sollozando con su liberación forzada. Embistiendo una vez más, me vacié profundamente en su vientre, pensando que estaría muy dolorida después de esto. No fui amable.

Desesperación y ternura no iban de la mano.

Hice que me besara, invadiendo su boca suavemente, contenta de ser amable ahora que conseguí al menos una pizca de alivio de ella. Para ella.

Se abrió para mí, cada parte suya a disposición. Excepto el corazón, pensé. Se encontraba cerrado, y no sabía si alguna vez estuvo abierto.

Eventualmente, conseguí el valor suficiente para retroceder y mirarla. Sus ojos claros se encontraban abiertos, lo cual era una notable mejora.

—¿Todavía estas enojada? —le pregunté, mi voz ronca y cruda, incluso en mis propios oídos.

Sacudió su cabeza, su lengua recorriendo el labio superior.

Gruñí y la besé de nuevo, chupando su lengua en mi boca hasta que conseguí un gemido obstinado de su parte.

Levanté la mirada hacia su cara. Sus ojos aún se encontraban abiertos y nublados, enigmáticos como siempre.

—¿Me perdonas? —pregunté, cuestionándome todo por lo que necesitaba perdón. No podía asegurar si tomarla con tanta rudeza había sido añadido a mis crímenes.

—Te perdono, San —dijo solemnemente, sin parpadear.

Dejé que eso corriera sobre mí, ya que era todo lo que necesitaba oír.

Por supuesto, ella era una mentirosa, y esa era una pequeña mentira, por lo que debe haber sido fácil para ella decirla.

Caí dormida, todavía encima de ella, en su interior, agotada por la agitada noche, y todo lo que vino después.

***

No debería haber estado tan sorprendida por darme cuenta al despertar que se había ido. No solo ella. Todo rastro de ella. Incluso su cepillo de dientes. Supe de inmediato que se trataba de algo más que su habitual fuga. Ella no volvería a reaparecer en algún lugar, como si nada hubiese cambiado.

Me hallaba tan segura, de hecho, que me fui de inmediato a su apartamento del barrio marginal, buscando cualquier rastro, decidida a hacer que me enfrente antes de salir de mi vida.

Me quedé horrorizada al descubrir que todo rastro de ella se había borrado incluso de la horrible habitación que alquilaba, lo cual fue fácil de deducir, porque encontré el lugar abierto, y llaves en el mostrador de la cocina, como si las hubiera dejado allí para su propietario, a quien rápidamente localicé.

Era un hombre blanco y gruñón de unos sesenta años, le faltaba una pierna y parecía tener una mala actitud. Aunque fue amable conmigo, todo lo que pudo decirme fue que se había mudado pocas horas antes, sin previo aviso y sin dirección de reenvió.

Estaba perdida, y no lo manejaba bien.

Me encontré golpeando la puerta de una casa de fraternidad hasta que un niño con resaca respondió, sin camisa y mirándose confundido.

Me dio una breve mirada antes de decir: —Oye, señora, no queremos comprar nada. —Y trató de cerrar la puerta. Moví mi pie hacia dentro para detenerlo.

—Espera —dije en voz alta. Simplemente levantó una ceja y abrió la puerta de nuevo.

—¿Qué pasa?

—Estoy buscando a una chica. Vivía en el dúplex de al lado. Su nombre es Brittany.

Su expresión se animó ante eso.

—¿Esa rubia ardiente? —Silbó—. Ella es altamente follable, morena.

Cerré los ojos y conté hasta diez.

—Sí, esa chica. ¿La has visto?

Se encogió de hombros.

—La vi llegar a casa ayer, lucía sexy, pero se encontraba demasiado apresurada para hablar. Deberías haber visto lo que vestía, chica. Joderrr.

Me giré y me fui, porque si no lo hacía, me encontraba casi segura golpearía a un estúpido chico de fraternidad.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 16, 2018 10:20 pm

Capitulo 15.Final.



No me rendí allí.

Seguí buscando, sin dormir, apenas comiendo, demasiado consumida por encontrarla de nuevo.
Hice esto por días, sin ningún resultado.

Dentro de cada persona reside un idiota, y ese idiota tenía una fuerte dosis de “no me importa una mierda”. Honestamente creía eso. Escribí varios personajes basados en ese simple principio. Creía que era bastante irrefutable.

Incluso cuando atrapé a mi esposa de veinte años con un maldito hombre en mi propia casa, mi furia fue seguida rapidamente por “Bueno, al diablo con ella, así estoy mejor”.

Mientras que la idiota dentro de mí obviamente se encontraba viva y sana, todas sus dosis de No me importa una mierda, claramente se habían agotado. No me importaba eso.

Quería recuperar mi entumecimiento emocional. Con muchas ganas.

En cambio, en su lugar, sentía. Extrañaba. Ansiaba. Anhelaba. Pero no importaba qué sentía, o cuánto sufría.

Ella se fue, y no dejó nada atrás que indicara que siquiera tuviera la intención de regresar.

Como si la hubiera soñado, Brittany se desvaneció de mi vida.

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Mensaje por 3:) el Miér Ene 17, 2018 1:49 am

bueno con ya eh dicho,.. el tacto de elefante de santana no ahi manera de arreglar las cosas???
a ver cuanto tarda san en encontrar a britt,.. o por lo menos superarla??
quiero el otro libro!!
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Mensaje por micky morales el Miér Ene 17, 2018 12:08 pm

Vaya, que triste que Britt se fuera, ahora a esperar la segunda parte a ver que pasa!!!
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 2:45 am

3:) escribió:bueno con ya eh dicho,.. el tacto de elefante de santana no ahi manera de arreglar las cosas???
a ver cuanto tarda san en encontrar a britt,.. o por lo menos superarla??
quiero el otro libro!!
Santana tiene q aprender a hablar como escribe porqe va muy mal. Ya subo el primer cap del segundo libro!
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 2:50 am

micky morales escribió:Vaya, que triste que Britt se fuera, ahora a esperar la segunda parte a ver que pasa!!!
Pues si pero como se iba a qedar después de todo lo qe se dijeron.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 2:58 am

Sinopsis


¿Estás listo para el cambio?

¿Quién es Brittany? ¿De dónde ha salido? ¿A donde se fue?

Santana Lopez tiene más preguntas que respuestas acerca de su nueva y demasiado joven obsesión, y cuando se entera de que ha estado mintiéndole, desde su primer encuentro al último, está más confundida que nunca acerca de sus sentimientos, sus intenciones.

Sus propios sentimientos son iguales de confusos. ¿Se volvió algo puramente físico en algo emocional en su cabeza? ¿Es algo mutuo?

La única cosa que no pone en duda es que seguirá volviendo por más.

SANTANA

Yo, yo era sencilla. Tenía todo solucionado. Una máquina muy ordenada, eficiente que funcionaba con nada más que aire.

Yo con nadie, bueno, era simple. Yo con Brittany, era una máquina monstruosa, con muchas marchas de diferentes velocidades, con algunas bisagras torcidas, simplemente volviéndose locas, pero era una locura maravillosa, encendida, yendo en todas direcciones.

Era maravilloso y terrible.

Me estaba viniendo abajo, y se sentía increíble.

Y aterrador.

Capítulo 1


Dos meses despues de la separación...

Santana.

Tuve un pequeño ataque de nervios después que Brittany se fue sin dejar rastro.

Fue la cosa más extraña, pero de repente no me gustaba tanto mi propia compañía. De hecho, empecé a odiarla, incluso en casa.

Todavía iba al gimnasio exactamente a la misma hora, todos los días, con la pequeña esperanza de que aparecería de nuevo. No lo hizo, pero seguí yendo, porque quería volver a verla.

No estuvo en mi vida por mucho tiempo, pero la echaba de menos.

Siendo que no podía soportar mi propia compañía, empecé a volver a conectar con viejas amigas, personas con las que no hablaba desde el divorcio, amigas que apunté a pérdidas en la ruptura; activos de Elaine cuando estuvimos cortando nuestra vida combinada a la mitad.

Por alguna razón, todos parecieron muy contentos de saber de mí.

Me sentí como una idiota por entrar en modo ermitaño completo e intenté tener algo de vida social de nuevo.

Usualmente me encontraba con otro amigo escritor para un café o almuerzo después de mi entrenamiento, diciéndome que si seguía trabajando en ello, siendo una persona normal, con hábitos sociales normales, no se sentiría tan forzado.

Y era verdad. Dos meses después de Brittany, deseaba ansiosamente tomar un café con mi amiga, Kitty.

Ella ya se encontraba sentada en una mesa cuando entré en la cafetería unas cuantas tiendas abajo de mi gimnasio. La saludé, vi que tenía un café extra para mí e hice caso omiso de la línea para ir directamente a él.

Deslizó la copa hacia mí mientras me sentaba.

—¿Tienes tu fecha límite? —le pregunté. Al igual que yo, era una escritora neurótica y obsesionada con el trabajo, y por ello siempre teníamos algo de qué hablar. Era bueno. Las distracciones eran buenas. Mientras más, mejor. Entre más platos girando mejor, en estos días.

Asintió con una sonrisa, empujando sus gafas gruesas en lo alto de su nariz, y apartando el cabello rubio claro de su cara. Era unos buenos siete años menor que yo, con un aspecto delgado y de cerebrito que pensé le quedaba. Lo llevaba bien.

—¿Qué hay de ti? Sé que estuviste antes en la fecha límite de tu editorial pero, ¿cómo va tu proyecto independiente hasta ahora?

—Bien. Bien. Mi número de palabras está fluyendo más rápido que nunca. Debería terminar en unas cuatro semanas.

Silbó.

—¿Se la venderás a tu editorial, si deciden que les gusta y te hacen una buena oferta?

Me encogí de hombros.

—Lo dudo. Todo este proyecto es un experimento para mí. No va a ser mucho más divertido si no consigo por lo menos ver cómo hacer el setenta por ciento comparando a hacer, ya sabes, ocho.

Niega con la cabeza, sonriendo irónicamente.

—Te estás olvidando de tu adelanto. No me puedes decir que no te dan un montón por adelantado.

Me encogí de hombros otra vez.

—Como dije, éste es un experimento. Dudo incluso que mi editor me pueda influir, y no está escrito exactamente en el género por el que soy conocida, así que no me darían un cheque grande por él, de todos modos.

—Probablemente tienes razón. —Suspiró—. Te envidio por la flexibilidad necesaria para hacer lo que quieras. Algunos de nosotras todavía estamos escribiendo sólo para pagar las facturas.

Nos bebimos el café y hablamos de trabajo un poco. Nos preparábamos para salir, cuando de repente se detuvo a mitad de la frase, mirando algo detrás de mí.

Me di la vuelta para ver lo que era, y una estufa eléctrica se encendió en mi cerebro con lo que vieron mis ojos.

Ajustando mi mandíbula con fuerza, aparté la vista con cuidado.

Así que la parte de atrás de esa mujer rubia en la fila se parecía a Brittany, ¿y qué?

Ésta no era la primera vez que mi cerebro me engañaba pensando que ella se encontraba en algún lugar cercano. Pero nunca era ella. Vería a alguna cosa rubia por el rabillo de mi ojo y me giraría para mirar hasta que me encontraba con la mirada en blanco de un desconocido.

Hoy no. Hoy iba a pasar por alto la necesidad de obsesionarme. No era ella, sólo una mujer joven con un gran cuerpo. Ni siquiera estaba correctamente vestida, usando una falda plisada y una blusa con cuello y un cinturón.

Brittany no sería atrapada ni muerta en un traje de negocios.

—Santa puta mierda, chica. ¿Viste a esa mujer?—preguntó Kitty, su tono reverente.

Mi boca se curvó en una sonrisa triste. Incluso las mujeres más civilizadas quedaban boquiabiertas si una mujer lo suficientemente caliente entraba en la habitación.

—Lo hice. —Tomé un largo sorbo de café, mirando a Kitty, que seguía mirando a la mujer en la fila, forzándome a mí mismo, con gran esfuerzo, a reprimir las ganas de dar la vuelta de nuevo—. Buen culo —señalé.

—Sí. Pero necesitas dar la vuelta y ver el resto de ella. Tetas enormes, chica.

Rodé los ojos. Había un poco de una brecha generacional entre nosotras. Mi generación pensaba en mierdas como esa, pero la manteníamos para nosotras mismas, como adultos.

—Grandes tetas suaves —continuó—. En una blusa blanca semitransparente. Joooder. Está bronceada.¿Cuántos artículos piensas que necesito escribir para follar a una chica fuera de mi alcance?

—Muchos —murmuré, todavía permaneciendo firmemente de espaldas a la mujer en cuestión.

—¿Cómo cuánto es muchos?

—¿Cuánto haces? ¿Cómo quinientos un artículo? Diría que alrededor de dos mil de esos, como mínimo. Si ella es tan caliente como se veía desde atrás, sin embargo, necesitarías estar en el club millonario antes de que te dé la hora del día, así que más como cinco mil artículos, de manera realista.

Sus ojos se encontraban muy abiertos mientras finalmente apartó la mirada de la chica caliente y de nuevo a mí.

—¿De Verdad? Eso es jodidamente deprimente, tía.

Me encogí de hombros.

—Sí. Pero la parte realmente triste es que tendrías que dedicar una buena parte de ese dinero en ella, si quieres que se quede alrededor por cualquier periodo de tiempo.

Sacudió la cabeza.

—Creo que te hiciste cínica, después de Elaine.

No podía negar eso. Ni un poco.

—Puede que tengas razón. ¿Qué puedo decir? El divorcio se mete con tu cabeza. —No mencioné a Brittany. No le había hablado de ella—. ¿Por qué no vas a invitarla a salir, si estás tan segura de que estoy equivocada?

Rio.

—No dije que estuvieras equivocada, dije que eras cínica, y también yo. Esa chica está fuera de mi alcance y punto. Necesito más dinero para cogerme a una mujer así. O por lo menos, una mejor apariencia y un pene grande como el tuyo. Y mira eso, joder, ya se está yendo. Tenía la esperanza de que se sentara a beber su café, y me dejara mirarla fijamente durante unos minutos más.

—Tal vez la ponías nerviosa. Apenas le has quitado los ojos de encima desde que entró por la puerta.

Ni siquiera pareció escucharme.

—Oh, no, espera, sólo va a ir al baño. Me pareció raro que se fuera sin su orden. ¿Viste sus zapatos, San? Esos son unos tacones aguja de “fóllame”. Y su cabello está en este apretado moño, y está llevando gafas de bibliotecaria sexy. ¿Por favor girarías y mirarías cuando vuelva a salir? Voy a dejar el tema si sólo tienes una mejor vista de ella y estés de acuerdo conmigo en que es un diez.

—Nop. No lo haré. Esa pobre chica no necesita que ambas la pongamos nerviosa. Te tomaré la palabra por ello.

Eso pareció resolver el asunto. Lo dejó ir. Sonó su teléfono; comprobó la pantalla y comenzó a maldecir.

—Tengo que correr. ¿A la misma hora la semana que viene?

Asentí y se fue. No me moví y todavía no me giré. Tenía esa sensación, un cosquilleo en el cuello, como si estuviera siendo observada desde atrás, y me convencía de nuevo de no obsesionarme con Brittany.

Pero quemada en mi cerebro se hallaba la imagen de la espalda de esa mujer, y a pesar de mí misma, la comparaba.

Y una pequeña parte de mí disfrutaba de la tortura de imaginar que podría ser ella, que me encontraría de nuevo.

Por último, me quebré, girándome para mirar, pensando que la mujer debía haberse ido, por lo que debería acabar eso de una vez, como sacar un curita.

Y allí se encontraba ella.

Allí estaba Brittany, de pie a sólo unos metros, con una taza de café y me observaba, su expresión muy en blanco. Llevaba gafas de bibliotecaria sexy, su cabello en un moño apretado, como dijo Kitty.

Y realmente era ella, en persona.

Vestía de blanco, y su ropa se ajustaba lo suficiente para mostrar cada curva exuberante. Sus deliciosos pechos claramente definidos, los botones de su blusa abiertos lo suficiente para mostrar una cantidad extravagante de escote.

¿Cómo olvidé lo impresionante que era? ¿Cuán cautivadora?

Sus pechos eran aún más excepcionales de lo que recordaba, como si la hubiera soñado como una versión de cómic de sí misma.

Brittany al cuadrado.

El momento en que nuestros ojos se encontraron, comenzó a moverse, caminando con fácil elegancia para sentarse frente a mí.

Lucía fría, tan rubia helada y hermosa, como una mezcla de Marilyn Monroe y Grace Kelly.

Terrible y hermosa.

Se sentía como un voltaje fatal para mi pecho sólo mirarla así.

Era Brittany, pero Brittany como una extraña. No, era peor que eso. Era como si fuera una criatura curiosa, salvaje e imaginaria, con sus piezas justo puestas juntas, inventada para mis ojos, no como la recordaba en absoluto, porque incluso cuando estuvo enojada, nunca fue fría.

Luego sonrió, y fue ella otra vez, todos los restos de la fría extraña idos.

¿Cuál era la verdadera Brittany?

—Hola, San.

Tragué duro y vi sus ojos moverse a mi garganta.

—Hola, Britt.

—Dios, eché de menos el sonido de tu voz.

—¿El sonido de mi voz? —Mi voz quedó atrapada en la pregunta torpemente, quebrándose ligeramente en la última palabra. Tenía un talento para capturarme con la guardia baja.

—Sí. Tienes la mejor voz, como una severa maestra de escuela.

Mi cerebro se cortocircuitó un poco antes de que pudiera responder.

—Dices las cosas más extravagantes.

Se rio, y ese sonido tintineante se sentía como terciopelo en mi nuca.

—¿Eso es todo lo que tienes que decirme, después de todo este tiempo? —preguntó en voz baja.

—Lo siento por todas las cosas-

—No quiero que retires esas cosas si todavía crees en ellas, y además, eso no es lo que quería decir. ¿No tienes algo más que decirme?

Tomé unas cuantas respiraciones profundas.

—¿Dónde has estado? ¿Y por qué estás de vuelta ahora?

—Eso no es lo que quería decir, tampoco. Y no quiero hablar de eso. ¿No me extrañaste?

Estiró una mano sobre la mesa, y encontré una de las mías agarrándola, entrelazando nuestros dedos con fuerza.

Mis ojos se cerraron con fuerza. Se sentía muy bien volver a tocarla, incluso sólo su mano.

—Sí, Britt, te extrañé mucho.

—Ahí lo tienes. ¿Fue tan difícil? Yo también te extrañé. Te ves bien.—Quitó su mano, y mis ojos se abrieron para seguir su retirada.

—¿Por qué estás vestida así?

Parecía que estaba tratando de no sonreír.

—¿Cómo qué?

—Como una profesional. ¿Por qué llevas gafas? ¿Qué estás haciendo? ¿Dónde fuiste? ¿Dónde has estado?

Miró a su alrededor, y la forma en que lo hizo me pareció más que un poco paranoica.

—¿Quieres ir a dar un paseo?

Mi corazón comenzó a golpear con fuerza. No dudé.

—Por supuesto que sí—dije, absolutamente ningún pensamiento requerido.

Caminaría con ella en cualquier momento y a cualquier lugar. Sonrió, quitándose las sexys gafas.

—Bueno, entonces, salgamos de aquí.
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Mensaje por Isabella28 el Jue Ene 18, 2018 11:31 am

Igual santana la jodio, como decirle eso y tratarla asi y britt sigue de misteriosa.
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Mensaje por micky morales el Jue Ene 18, 2018 12:10 pm

De verdad no se ni que pensar, Brittany es una asesina, una dama de compañia, una detective encubierta??? en fin..... podria ser cualquier cosa!!!!!
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Mensaje por 3:) el Jue Ene 18, 2018 2:39 pm

No seria difícil dilucidar de que britt pudo volver con la madre ( conclusión basado con el otro libro antes del desastre) o se encntro un trabajo jajaj
Muy buen encuentro después de el tiempo separadas...
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 9:58 pm

Isabella28 escribió:Igual santana la jodio, como decirle eso y tratarla asi y britt sigue de misteriosa.
Sigue y sigue de misteriosa. Lo unico que parece ser cierto es que desea a San y no por su dinero, porque realmente hasta ahora no se a visto beneficiada de su foortuna.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 10:01 pm

micky morales escribió:De verdad no se ni que pensar, Brittany es una asesina, una dama de compañia, una detective encubierta??? en fin..... podria ser cualquier cosa!!!!!
Nos trae dando vueltas la cabeza por saber que diablos hace, a qe se dedica y porque no puede decirle a San ninguna cosa personal.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 10:04 pm

3:) escribió:No seria difícil dilucidar de que britt pudo volver con la madre ( conclusión basado con el otro libro antes del desastre) o se encntro un trabajo jajaj
Muy buen encuentro después de el tiempo separadas...
Con la madre?? Me confundiste jajaj. Un trabajo? Puede ser, pero con todo el dinero ganado en los juegos...  Aqui les dejo el resto del encuentro.
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Mensaje por Tati.94 el Jue Ene 18, 2018 10:10 pm

Capítulo 2


Muy a mi pesar, ella realmente quiso decir que deseaba ir a dar un paseo.

Estuve esperando que quisiera decir otra cosa, como, por ejemplo, dar un paseo en mi coche, yendo rápidamente a mi casa, para hacer las cosas que necesitaba hacer, y pronto.

El gimnasio y la tienda de café se encontraban en un enorme y atestado centro comercial. Seguí a Brittany a la acera, luego caminé a su lado, mientras pasaba los escaparates, mirándola por el rabillo del ojo.

Caminaba con los brazos balanceándose ligeramente a los lados, sin hacer ningún esfuerzo para tocarme, o incluso para mirarme.

No duré mucho tiempo así, deteniéndome bruscamente y agarrando su mano.

No reaccionó con la más mínima sorpresa por mi movimiento, de hecho me acomodó apoyándose en la pared, dejándome estudiarla, dejándome comerla con los ojos.

Y lo hice.

Era tanto un tormento como un consuelo mirarla de nuevo. Una tranquilidad agonizante.

Yo, yo era sencilla. Tenía todo solucionado. Una máquina muy ordenada y eficiente que funcionaba con nada más que aire.

Yo con nadie, bueno, era simple. Yo con Brittany, era una máquina monstruosa, con muchas marchas de diferentes velocidades, con algunas bisagras torcidas, simplemente volviéndose locas, pero era una locura maravillosa, encendida, yendo en todas direcciones.

Era maravilloso y terrible.

Me venía abajo, y se sentía increíble. Y aterrador.

¿Qué tenía planeado para mí esta vez? ¿De qué manera iba a lograr doblegarme y que me pierda? ¿Dónde terminaría? ¿Y cuándo?

Y además:

¿Por qué tenía que vestir de blanco?

Trataba de ser civilizada, pero no podía soportar no tocarla ni por un segundo cuando se veía tan tangible, cada pedacito de su piel delineado perfectamente por el material fino y ligero de su falda y blusa.

Mis manos fueron a su cintura, y di un paso más cerca, aun empapándome de ella, mi sed trabajando su camino hasta sus labios tiernos.

—¿En realidad no vas a decirme dónde has estado? —le pregunté, mis  manos yendo desde su cintura hasta sus lados para acariciar a lo largo de sus costillas, luego hacia abajo de nuevo, todo el camino hasta sus caderas, y luego de nuevo, frotando, sintiendo el material suave de la ropa, la ansiada piel flexible por debajo.

—No. Te extrañé. Quería volver a verte pronto.

—Podrías haberlo hecho —dije, presionando más arriba, lento pero constantemente el dobladillo de su ropa—. ¿Por qué no lo hiciste?

—Muchas razones. Algunas... complicadas. No quiero hablar de mí. Quiero hablar de ti. ¿Cómo has estado? ¿Qué has hecho?

Me encogí de hombros. Estaba en la punta de mi lengua dejar escapar que todo lo que he estado haciendo es extrañarla, pero me contuve.

Sería demasiado patético.

—¿Has salido con alguien? —preguntó.

Me tensé. No me gustó esa pregunta, no me gustó la forma en que preguntaba, como si realmente no la molestaría si lo hiciera.

—No —dije, haciendo hincapié en la palabra, porque quería decir mucho más, y por otra parte, me encontraba aterrorizada de hacerle la misma pregunta. Me encontraba bastante segura de que sabía la respuesta, y realmente no quería oírla en voz alta.

—¿En serio? —preguntó, luciendo complacida, por lo menos. Era un pequeño bocado, minúsculo, para mi ego.

—De verdad. Dios, ¿qué te pareció que diría?

—Me fui por dos meses. Está dentro del campo de las posibilidades que me superaras. Ciertamente, si querías compañía femenina, no tendrías ningún problema para encontrarla.

—Sabes que no soy un ser social —dije con los dientes apretados, esa pequeña concesión a mi ego alejándose con la más breve ráfaga de viento.

—Pero has salido con tus amigas. Reuniéndote para tomar un café, incluso yendo a bares, ¿verdad?

¿Qué carajo? ¿Ha estado acosándome?

La idea era demasiado absurda como para mantenerla por un segundo.

—No tengo ni idea de cómo lo adivinaste, pero sí, he estado saliendo un poco más con mis amigas. Tratando de unirme a la tierra de los vivos, por así decirlo.

—¿Cómo te has sentido?

Me encogí de hombros, tratando de superar mi agitación y simplemente aprovechando el momento.

—Bien. Me estoy acostumbrando. Disfruto hablando con mis amigas. Lo había olvidado.

—Leí la entrevista de la revista que hiciste. Me gustó mucho. Y las imágenes fueron fenomenales. Apuesto a que tú amiga, Rachel, regresó para esa sesión de fotos.

¿Cómo Brittany sabe su nombre? ¿Se lo dije en algún momento?

No podía recordarlo, pero suponía que era irrelevante.

—Lo hizo. Tomó un par de horas, pero no fue demasiado tortuoso. ¿Realmente no me darás una pista acerca de lo que has estado haciendo?

Sonrió y negó con la cabeza lentamente.

—¿Y bien? —preguntó.

Mis cejas se unieron. No tenía ni idea de lo que pasaba por su cabeza en un momento dado.

—¿Bien qué?

—¿Ni siquiera me vas a besar como saludo, San?

Ahora eso…

Eso podría envolver mi mente. Por lo menos estábamos en la misma página acerca de algo.

Me incliné y froté mis labios contra los suyos, lentamente, de ida y vuelta, desparramando su pálido brillo de labios de color rosa, comiéndola con la boca, lamiéndola, y a continuación, profundizando en el interior para saborear.

Se alejó, moviéndose de costado para que su espalda no estuviera contra la pared.

—Espera. Quería hacer algo contigo. Vi esto en mi camino.

Me agarró la mano, tirando de mí para seguirla. Y, por supuesto, la seguí.

Me llevó a una de esas tiendas de helados que te permite elegir tus propios ingredientes, y después de que los mezclaron y les diste su propina, cantaron una canción en voz alta que me hizo desear no ser el tipo de persona que habitualmente deja propinas.

—Siéntate. Sé exactamente qué conseguir, pero quiero darte una sorpresa.—Me sonrió por encima del hombro mientras se alejaba.

Sus ojos revolvieron mi cerebro. No pude chequear correctamente su culo hasta que se alejó de mí. Dijo que quería sorprenderme, pero yo observaba todo desde mi silla, con la boca seca y los puños apretados.

Eligió el sabor de crema dulce, lo mezcló canela y lo cubrió con azúcar en polvo, disparándome una dulce sonrisa traviesa de vez en cuando.

Llevaba una camiseta, pero me encontré tirando de mi cuello, como si el material suelto fuera demasiado apretado. Pensé mucho en ella desde que me dejó, pero mis recuerdos no le hacían justicia en la forma en que hacía que mi presión arterial aumentara con sólo un vistazo.

Me descontrolaba, por decir lo menos.

Se unió a mí, sentándose cerca, su mano izquierda yendo a mi rodilla para frotarla mientras tomaba la primera pequeña cucharada del pecado que preparó para mí.

—Déjame tomar el primer bocado, asegurarme de que salió bien —dijo Brittany. Tragué y asentí.

—¿Piensas en mí cada vez que sientes el sabor de la canela ahora, bebé? —preguntó, el brillo más irresistible en sus ojos.

Ni siquiera tenía palabras para este tormento. Absolutamente sabía lo que me hacía. Y amaba cada segundo de ello. Sólo pude asentir.

—Yo también. Nunca será lo mismo. —Se inclinó muy cerca, dándome una vista estelar de su escote.

Su voz se redujo a poco más que un susurro.

—Sólo el olor a ella, San, y estoy mojada.

Juro que olvidé mi propio nombre, donde estaba, y cómo llegué allí cuando tomó ese primer bocado exquisito.

Vi absorta como la cuchara fría se abrió paso entre sus labios en su boca, su lengua arremolinándose sobre el trozo de canela salpicado en el helado. Joder.

Como si no fuera una exageración, mantuvo la cuchara en su boca durante mucho tiempo, lamiendo, chupando hasta que la dejó limpia y clara.

Finalmente, la soltó, sonrió, y reiteró su anterior declaración alucinante.

—Mojada.

Cerré los ojos, jodida y consciente de ello. Ella era un relajante caos.

Como una primera prueba de anestesia, antes de perder tus sentidos.

O el veneno que te adormece antes de matarte.

Realmente no podía decidir cuál. Seguía deliberando.

—¿Lista para probarlo?

Jódeme con sus preguntas con doble sentido. Pero abrí los ojos, asintiendo, y tomando lo que ofrecía sin duda.

Y allí estaba. Ese sabor asignado a un recuerdo que nunca podría olvidar. La especia dulce de la canela, la textura pulverulenta de azúcar, y ese dulce sabor cremoso que unía todo.

Sí, me encontraba arruinada por la canela. Ella lo sabía y yo lo supe ahora.

—Es tan bueno, ¿verdad? —preguntó.

Tenía que estar de acuerdo. Tan bueno, de hecho.

Casi habíamos terminado el helado antes de que diera un vistazo a nuestro entorno. No creo que mirara otra cosa además de Brittany desde que entramos. El lugar no se hallaba lleno, pero tampoco vacío.

No fue mi imaginación que conseguíamos miradas ávidas a dondequiera que íbamos. Me hacía sentir muy consciente de mí misma, a pesar de que las miradas no eran necesariamente condenatorias. La mayoría eran curiosas.

¿Quién no miraría a Brittany?

Pero no eran sólo los hombres los que miraban, también las mujeres, e incluso niños. Ella era una visión: bronceada y saludable, de firmes pechos y feliz. Y hermosa. Por encima de todo, eso. Se hizo más fácil decirme que ella fue la que atrajo la mayor parte de la atención, pero sabía que algunos de esos ojos fascinados también eran capturados por la imagen de una mujer mucho mayor, junto a ella, viendo a través de su ropa, e incluso, vergonzosamente, mirando hacia debajo de su camisa en cada oportunidad.

No podía evitarlo. Pasó tanto tiempo, y si no podía tocarla, si sólo tenía que mirarla, me saciaría de ello.

—¿Pensaste mucho en mí? —Su voz me sacó de mi ensimismamiento.

Me sonrojé, tirando más fuerte del cuello de mi camisa.

—Dios mío, pensé mucho en ti. Ni siquiera quieres saber lo mucho o lo que pensaba acerca de ti. Jodidamente abusé de mi pene, pensando en ti.

¿Por qué sentí la necesidad de decirle eso? Mentalmente me castigué.

Pero ella ladeó la cabeza y sonrió, y supe por qué lo había dicho. Sabía que no la molestaría. Todo lo contrario.

—¿Piensas que me molesta? Contaba con ello, bebé. Pensar en ti pensando en mí me ayudó a pasar algunos momentos difíciles estos últimos meses.

—¿Qué momentos difíciles? ¿Está todo bien?

Nunca hizo un comentario como el anterior, tan sincero, pero lo dijo como si fuera de conocimiento público. Me encontré al instante preocupada por ella.

No respondió, simplemente se inclinó hacia delante hasta que todo su calor me invadió, el aroma floral dulce de ella inundando mis sentidos.

Estábamos sentadas una al lado de la otra, a sólo unos milímetros de diferencia, sus labios flotando en mi mandíbula.

—Me alegro de que todavía tengas este cuello. Sabes cómo me encanta. —Respiraba contra mi piel, luego frotó los labios lentamente hacia adelante y hacia atrás sobre el borde de mi mandíbula. Sus labios eran tan suaves, y sabía por experiencia que se fruncían fácilmente. Ya estaban rojos e hinchados por los besos que nos dimos antes.

No me besó sino que arrastró sus labios ligeramente por mi garganta. Allí, me dio un beso, finalmente dejando que su lengua acariciara mi piel.

Agarré su cabello con mis manos y la alejé lo suficiente para llegar a su boca.

Empecé a besarla, con hambre, con fiereza, probando la canela y crema mezcladas con el sabor más dulce, y más salvaje en el mundo. Brittany. Gimió y se retiró.

No la deje ir fácilmente, pero cuando dijo, a un suspiro de mis labios—: No aquí. Vamos a caminar —la dejé alejarse por completo.

La seguí, viéndola moverse, mi polla palpitando a compás con cada paso de ella. Ni hablar que me encontré decepcionada cuando en realidad comenzó a caminar era como decir que me encontraba dura.

Un eufemismo.

Parecía una roca sólida.

—Releí todos tus libros en los últimos meses.

Eso me llevó un poco fuera de mi bruma lujuria.

Lo que dijo… me sorprendió.

Volver a leer da a entender que los había leído antes, aunque sabía que no leyó todos antes de que me dejara.

—¿Estás diciendo que leíste mis libros antes? ¿Antes de conocerme?

Me miró, con los ojos divertidos.

—¿Eso te molesta, San? ¿Piensas que soy una loca fan que te ha estado acechando? Tu tono me dice que deseas tomar esto como algo siniestro. ¿Piensas que somos, qué, la versión erótica de Misery?

Era demasiado joven para estar tan bien referenciada, pero eso carecía de importancia.

—Dijiste que no habías leído mis libros. Recuerdo que estabas trabajando en el primero. Por primera vez.

—Nunca dije eso. Es posible que lo hayas interpretado de esa manera, pero nunca lo dije. Dije que llevaba un centenar de páginas, pero nunca especifiqué que fuera mi primera vez leyéndolo.

—Se entendió eso.

—Quizás. ¿Importa? De vuelta a lo que releí. Algo me impactó. Bueno, algo siempre me ha impactado, algo acerca de la forma en que escribes a las mujeres.

Tiré de su mano para hacerla dejar de caminar. ¿Realmente pensó que iba a dejarla cambiar de tema?

Necesitaba algunas respuestas honestas, por una vez.

—Todavía no has contestado. ¿Leíste mis libros antes de conocernos?

Sonrió, moviéndose cerca.

—San, juro que siempre quieres saber las cosas menos interesantes acerca de mí. Pero te voy a dar la verdad en este caso. Empecé a leer tus libros cuando tenía trece años, y los leí todos. Muchas veces. Ahí tienes tu respuesta. Ahora, de vuelta a lo que decía. Esto siempre, siempre me fascinó. En tus libros, la forma en que escribes la dinámica hombre/mujer, las mujeres siempre mantienen toda la potencia. Ellas siempre tienen la última palabra en las relaciones. Otra escritoras no saben llevarlo pero tu si. ¿Por qué?

Mi mente era un torbellino de caos confuso no sólo por su revelación, sino que logró fascinarme con su pregunta, lo que era tan Brittany.

—Los hombres son gobernados por la pasión —le dije. Era una respuesta fácil, una que había pensado antes—. Las mujeres la mayoria de las veces somos las más románticas, seguro, pero los hombres son controlados por sus deseos, son esclavos de ello. Escribo de esas mujeres que tienen todo el poder, porque lo hacen. Y si no lo hacen, o bien no quieren, o lo están haciendo mal.

Parecía contenta por la respuesta, aunque que me condenen si sabía por qué. Ella debería saberlo ya.

Si había alguna mujer viva que podría convertir el cerebro de otra persona en masilla con una sola mirada, era Brittany.
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Mensaje por JVM el Jue Ene 18, 2018 11:27 pm

Pf... Britt regresa y San tomando sus palabras totalmente dominada por ella la acepta sin mas.
Me alegra que haya regresado aunque siguen las dudas y creo que hasta salieron mas, esa rubia sigue siendo un misterio. Sera que si San realiza las preguntas correctas le respondera con la verdad?
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Mensaje por 3:) el Vie Ene 19, 2018 1:54 am

ahora me hice bola, no me acuerdo si era la madre o algo asi!!jajajaja
literalmente britt tiene en una mano a san,..todo lo que diga o haga san va a tras de britt jajaj
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Mensaje por Isabella28 el Vie Ene 19, 2018 4:50 am

Pienso lo mismo de los comentarios anteriores.
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Mensaje por micky morales el Vie Ene 19, 2018 12:41 pm

Esta mujer es demasiado desconcertante, si parece una acosadora pero a la vez es como si si estuviese enamorada de Santana, San solo pìensa en sexo, cosa que me fastidia por demas!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 20, 2018 12:52 am

JVM escribió:Pf... Britt regresa y San tomando sus palabras totalmente dominada por ella la acepta sin mas.
Me alegra que  haya regresado aunque siguen las dudas y creo que hasta salieron mas, esa rubia sigue siendo un misterio. Sera que si San realiza las preguntas correctas le respondera con la verdad?
Regreso y trajo mas incógnitas. Pienso qe San puede preguntar pero no creo que Britt sea sincera al responder a menos qe de verdad la presione.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 20, 2018 12:55 am

3:) escribió:ahora me hice bola, no me acuerdo si era la madre o algo asi!!jajajaja
literalmente britt tiene en una mano a san,..todo lo que diga o haga san va a tras de britt jajaj
Nop, ella no ha dicho nada de su familia  jajajaj. Exacto, trae a San babeando y despues se le olvida el enojo y no pregunta con insistencia.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 20, 2018 12:56 am

Isabella28 escribió:Pienso lo mismo de los comentarios anteriores.
Jajaj creo qe todas estamos igual...
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 20, 2018 1:10 am

micky morales escribió:Esta mujer es demasiado desconcertante, si parece una acosadora pero a la vez es como si si estuviese enamorada de Santana, San solo pìensa en sexo, cosa que me fastidia por demas!!!!!
Si Britt esta como entre obsesión y amor... Y San pienso que en su vida no ha recibido tanta atención y "cariño" ni de sus padres ni de su ex como la qe Britt le  da y pues ella inconcientemente reacciona con deseo, pasion, Britt la deja desconcertada jajaj y San responde de esta forma.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 20, 2018 1:14 am

Paciencia chicas, y atentas a lo que dice Britt de repente se le salga alguna pista y no se dan cuenta jajaj.
Capítulo 3


La llevé hasta la pared más cercana, presionándome con fuerza contra su cuerpo. Se encontraba muy callada y mi necesidad de sentirla aumentaba con cada segundo que permanecía en silencio. Literalmente.

La besé, tomando el mando, el control del momento, eso era todo lo que necesitaba desde que la volví a ver.

No retrocedería de nuevo, no me detendría ahora.

Todas mis preguntas podían ser ignoradas; sin duda sus vagas respuestas sí que podían.

Mi lengua invadió su boca, y se fundió al instante con la suya, a medida que ella se entregaba, cada parte de su cuerpo se relajaba contra mí, en mí. La saboreé mientras chupaba mi lengua demandante. Apreté mi dureza contra su cuerpo, obligándole a abrir sus largas piernas, hasta que pude frotarme descaradamente contra su pelvis.

Le acaricié sus suaves tetas, primero por encima de la ropa, luego por dentro, una mano rebelde iba bajando su camisa, palmeando esa carne perfecta.

Gemí y pasé una mano por el dobladillo de su falda, subiéndola por la cara de su sedoso muslo para agarrarle el culo. La mantuve en el mismo lugar y me froté contra ella, con la boca todavía implacable invadiendo la suya.

Lo tomó, su cuerpo suave aceptando el mío sin preguntas ni vacilación. Me encontraba al límite de avergonzarme cuando alejé la boca.

—Vamos a casa —dije finalmente. Fui lo suficientemente paciente, y parecía apropiado, debido a que la manoseaba en público, y me encontraba a un segundo de correrme.

—Por favor —añadí, comportándome de forma tan agradable como podía tolerar.

Pensé brevemente en lo mucho que desearía haber traído un coche más  grande, porque era probable que no aguantara el viaje a casa, y personalmente no quería averiguar lo incómodo que sería follar en el asiento trasero de un Tesla.

Ella desencajó la mandíbula, con los ojos cerrados, y negó con la cabeza.

—No creo que sea una buena idea.

Sacudí la cabeza, mi mente demasiado lenta, demasiado concentrada en otras cosas como para comprender su respuesta. Todavía tenía la mano dentro de su camisa mientras le estiraba el sujetador para acunar su pecho maduro, y mi otro pulgar le acariciaba una y otra vez el pezón endurecido. La otra mano aún se hallaba en su vestido, sujetando su trasero firme y desnudo.

Moví la boca a lo largo de su mandíbula, bajando por su cuello, ya con todo sentido de decencia pública en el olvido, me sumergí en su escote, sus cálidas y vibrantes tetas dándome la bienvenida mientras arqueaba la espalda en medio de un jadeo.

¿Por qué no había un maldito callejón cerca?  Me pregunté.

Maldita Las Vegas, con los centros comerciales, y todos los edificios conectados, no se veían callejones a la vista. Era jodidamente inconveniente al extremo.

Hice a un lado su camisa con mi nariz, para chuparle el pezón endurecido a través del fino material del inútil sujetador, y aplasté mi erección con insistencia contra su carne gentil durante cada empujón.

Enloquecí. Perdí todo sentido del lugar o decencia pública. Perdí todo pensamiento racional.

Porque me sentía malditamente loca de lujuria.

Alejé la boca de su piel, jadeando con fuerza, todavía tenía las manos ocupadas, y mi erección se frotaba contra su cuerpo, a un segundo de explotar.

—Tenemos que irnos a un lugar privado —le dije con firmeza, mi tono pasó de educado a no aceptar ningún rechazo—. Ahora.

—No puedo. Quiero ir contigo, y aunque no estoy segura de sí debería quererlo, eso no es lo que evita que vaya.

Parpadeé, tratando de hacer que mi mente nublada procesara lo que me decía.

Cuando comencé a comprenderlo, sentí como apretaba los dientes, al mismo tiempo que mis manos frotaban con fuerza su carne, que claramente me contaba una historia diferente a la de su boca.

No sabía de qué ocuparme primero. Las dos declaraciones me molestaban.

—¿Por qué no estás segura?

—Las cosas no terminaron muy bien entre nosotras, San. Me lastimaste. Te di lo mejor de mí, y tú pensaste lo peor. No sé si deberíamos intentarlo de nuevo.

Mis fosas nasales se ensancharon, y abrí los ojos. Era extraño, pero la lujuria se canalizaba de forma muy natural hacia la ira.

O tal vez la ira siempre estuvo ahí, justo debajo de la superficie, arrodillándose ante una urgencia más fuerte.

—No me dijiste la verdad—le dije con intención. Lo había pensado mucho—.Me diste la versión de ti que era demasiado buena para ser real. Necesito la real.

—Esta es la real. Te ofrecí la real. Escucha, mi vida es un desastre y no necesitas involucrarte de nuevo, pero he sido honesta contigo desde el inicio. Te deseaba. Y todavía lo hago. Más que a nada.

La ira se hundió nuevamente, desplazada por la declaración de que me deseaba.

Sus manos se aferraron a mis hombros desde el momento en que la presioné contra la pared.

Necesitaba más. Llevé la boca hasta su oído.

—Tócame —inhalé. Mis manos agarraron todo su cuerpo y no tenía intención soltarla. Ella jadeó.

—Las cosas van a salirse de control si comienzo a tocarte, puedo asegurarlo.

Mi carcajada fue más un gruñido ahogado que un sonido.

—¿No crees que ya lo están?

Una mano suave tocó mi mejilla, mientras que la otra me acarició entre los pechos, el estómago, y entonces más abajo, para tocar la mitad de nuestros cuerpos.

—Tócame la piel —suspiré en su oído, bajando la boca para lamerle el cuello.

Gimió y precipitó la mano dentro de mis pantalones, apretando mi tensa longitud, su brazo temblaba visiblemente.

Apenas había comenzado a frotar mi gruesa curva cuando el fuerte sonido de una garganta aclarándose hizo que retrocediera lo suficiente para mirar por encima del hombro.

Comencé a maldecir mientras me liberaba y me enderezaba poniendo distancia entre nosotras.

Un oficial de policía residía a no más de un metro de distancia, con los brazos cruzados sobre el pecho, y el rostro severo.

Pasé una mano temblorosa a través de mi cabello mientras me alejaba de Brittany.

Mi mente comenzó a repasar todo lo que abiertamente estuvimos haciendo, en público, a plena luz del día. Catalogué cada cosa estúpida que hicimos contra la pared.

No era bueno. Mierda.

¿Estábamos a punto de ser arrestadas por indecencia pública?

Parecía más que posible.

Maldije de nuevo, observando todo, como si acabara de notar los alrededores por primera vez.

No se hallaba mucha gente cerca. Y al menos no había ningún niño a la vista. Era algo.

—Lamento molestarlo, Sra. Lopez —dijo el oficial de policía, haciendo que lo mirara más de cerca. Sabía mi nombre, y parecía más avergonzado que autoritario.

Lo estudié y me encontré fascinada de ver las señales. Era un fanático. El mejor de los casos, tomando en cuenta la situación. Un golpe de suerte.

—Solo voy a necesitar que se retire y continúe con esto en algún lugar privado —dijo con brusquedad, mirando a Brittany, y a mí otra vez.

Me encontré asintiendo incluso antes de que terminara de hablar.

—Sí, oficial —dije, incapaz de continuar mirándolo a los ojos, porque ni siquiera su interrupción fue suficiente para distraerme de mi necesidad. Aún me hallaba dura y latente. Fuera de control.

Miré a Brittany, y fue un error.

Se encontraba esencialmente cubierta, no era como si estuviera desnuda, aunque la cantidad de escote que tenía expuesto era difícil de ignorar. Era la forma en la que estaba recostada en la pared, con los ojos nublados, la espalda arqueada, lo que era completamente indecente.

Tiré de ella hacia mi pecho por los hombros, para ocultar su estado lascivo. No podía soportar que alguien más la viera de esa manera.

—Lo lamento, oficial —dije, todavía sin mirarlo—. Estábamos a punto de marcharnos.

Se aclaró la garganta de nuevo, se balanceó ligeramente, y finalmente, se alejó.

Mis manos en los hombros de Brittany bajaron para frotarle la espalda mientras la abrazaba. Simplemente nos quedamos ahí por largo tiempo, hasta que perdimos de vista al policía, y de algún modo recuperamos el aliento.

—Vamos, cariño. Regresemos a mi casa. —Creía que esta era la petición más razonable. Teníamos dos opciones, a como yo lo veía. O íbamos a mi coche, o nos arrestaban por terminar justo aquí.

—Desearía poder hacerlo, pero tengo que irme pronto.

Me alejé para mirarle el rostro, y mis manos regresaron a sus hombros.

—¿Disculpa? ¿Ir a dónde?

—Eso no importa. Lo que importa es que tengo que irme. No puedo evitarlo.

—Entonces, ¿para qué viniste? ¿Solo para provocarme?

—Para verte. Creí que un poco de tiempo era mejor que nada. ¿Me equivoqué? ¿Preferirías no verme en absoluto?

Respiré profundo varias veces. La respuesta era triste pero fácil de encontrar. La extrañaba. La tomaría de cualquier forma que pudiera tenerla, así fuera durante minutos u horas, para tortura o satisfacción.

—Siempre preferiría verte. Pero, tienes que decirme qué está sucediendo. ¿Por qué tienes que marcharte?
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