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Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por 3:) el Jue Feb 01, 2018 9:42 pm

San y su mar de dudas!!...
Amo a las asistentes de em Jajaja
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Mensaje por Isabella28 el Jue Feb 01, 2018 11:13 pm

Britt... donde rayos estas!!!
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Mensaje por micky morales el Vie Feb 02, 2018 8:02 am

Este capitulo no arrojo nada nuevo, pero supongo que hay que seguir esperando!!!
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Mensaje por Tati.94 el Vie Feb 02, 2018 5:09 pm

Lo se chicas, pero cuando menos lo esperen, la verdad estará en sus caras jajaj ojala la espera valga la pena para ustedes jajja les dejo 2 caps que tenía listos. Diganme que piensan.

Capítulo 2


Cinco semanas despues...

Llegaba a casa del gimnasio cuando recibí una llamada inesperada de la fotógrafa, Rachel. No tenía nada programado con ella, así que sabía que era una llamada social.

Charlamos amigablemente durante un rato, y me encontré invitándola a tomar una taza de café al día siguiente. La pregunta salió sola, y aceptó, con un tono cálido y agradable.

Después de colgar, me pregunté qué diablos se encontraba mal conmigo.

Pero no cancelé, y me encontré arreglando con ella para vernos la tarde del día siguiente. Hablamos durante horas. Teníamos tanto en común. Sobre el papel, seríamos perfectas juntas.

Además, ella era un golpe de gracia en todos los sentidos de la palabra. Simplemente impresionante. Tenía la piel dorada con un bronceado natural y misteriosos ojos negros, que eran seductores y exóticos. La recordé mencionar algo acerca de ser mitad española, mitad francesa.

Tenía un ligero acento que no pude ubicar, aunque dijo que era una mezcla, porque había viajado y vivido en el extranjero. Le dio a todo lo que dijo un tono sensual.

Era un año mayor que yo, pero su rostro no tenía arrugas. Era una de esas mujeres sin edad que volvían locas a otras mujeres.

No hace falta decir que Elaine siempre odiaba cuando hacía sesiones de fotos con ella.

Llevaba un vestido blanco con un amplio cuello y un dobladillo coqueto que dejaba ver su bronceado escote y piernas a la perfección.

Era una devota del gimnasio, como yo, y lo demostraba en cada pulgada de su esbelto y tonificado cuerpo. No se excedía, sin embargo, mantenía sus curvas femeninas junto con los músculos.

Incluso utilizábamos el mismo gimnasio, aunque ella iba por la noche, y yo prefería la mañana. Hablamos acerca de trabajar juntas en algún momento, pero las dos sabíamos que si lo hacíamos, no sería una ocurrencia regular.

No te metes con el programa de entrenamiento de alguien. La idea era sacrilegio, bromeamos.

Hubiera desarrollado un verdadero, juro por Dios, enamoramiento por ella si Brittany no hubiera llegado y revuelto todo el sentido de mi cerebro.

Ahora me doy cuenta de que, no importa lo bueno que Rachel y yo fuéramos en papel, simplemente no podía verme teniendo una relación sentimental con alguien en un futuro cercano.

Independientemente de la ausencia de su deseo, mi corazón ya se encontraba en otros lugares.

—¿Cómo están tus chicos? —pregunté.

Tenía dos hijos, el mayor de veinte, el más joven de dieciocho. Eran su orgullo y alegría, y sonrió con cariño a la pregunta.

—Muy bien, en general. Ambos están asistiendo a UNLV, aunque mi hijo menor, Gustave, no está seguro de lo que quiere estudiar. Sin embargo, eso es normal para un estudiante de primer año ¿Verdad?

No era la indicada para responder eso, porque supe que quería ser un autora desde que tenía seis años, pero pensé que quería una respuesta general, no una específica.

—Completamente normal, estoy segura. ¿Todavía no hablan con su padre?

Compartió conmigo antes que sus hijos no hablaban con su padre desde que se separó de él, hace un poco más de un año. Se mordió los labios y sacudió la cabeza.

—No. Están manteniéndose firmes. Ambos juran que nunca quieren volver a verlo. No estoy segura de qué hacer al respecto. No puedo soportar a mi ex marido, pero nunca les he dicho algo malo sobre él. Ni una palabra dura. De hecho, sólo escucharon por lo que nos divorciábamos de él, y les dijo al respecto porque trataba de ponerlos en contra mío. Mi hijo mayor, Rafael, sacó la mierda fuera de él por eso.

Parpadeé. Esta era la primera vez que oía hablar de esa parte de la historia. Sabía que su ex la engañó, teníamos eso en común, pero nunca me dio detalles.

—¿Por qué utilizaría su engaño como una forma de ponerlos en tú contra?

Se sonrojó, de repente pareciendo muy incómoda.

—No quiero decírtelo. Pensarás que soy una psicópata.

Por supuesto que me tenía dos veces más intrigada.

—Bueno, ahora tienes que decirme.

—Prométeme que no me juzgarás —dijo, mordiéndose el exuberante labio inferior.

—Promesa. Te hablé de mi ex mujer atragantada con su nuevo novio en mi puerta de entrada, por lo que es justo.

Hizo una mueca.

—Es verdad. Pero no te pusiste loca cuando lo viste, ¿verdad?

—No lo hice. Salí por unos días, y luego regresé, la eché de mi casa, y pedí el divorcio.

—Esa es una respuesta perfectamente razonable. La mía no lo fue. Ni siquiera cerca.

Se detuvo, y yo seguía mirándola con expectación.

—Bueno, en primer lugar debo mencionar que era el día de SannValentín cuando lo agarré.

—Lo que es una mierda —digo.

—Sí. Lo que es una mierda. Él me marcó en el Día de San Valentín, justo mientras se encontraba con mi ex-mejor amiga. Escuché todo, reconocí su voz y la de ella, llamándose cada uno por su nombre, oí todos los ruidos. Todo. Por desgracia, tenía una muy buena conexión.

—Wow —articulé.

—Sí. Guau. Así que llegó a casa, un poco más tarde, actuando como si nada, como si lo hubiera hecho cientos de veces, y se metió en el baño, después me di cuenta, lo había hecho mucho en los últimos años.

Hice una mueca, preguntándome cuántas veces Elaine me debe haber engañado antes de que tuviera una pista.

—Así que agarré Fabuloso y rocié todo el mármol pulido del piso del baño.

Me mordí los labios para no sonreír. Asintió, ya que sabía hacia donde iba.

—Sí. Él salió de la ducha y voló, se golpeó la cabeza con el mostrador, y terminó con el culo en el suelo, desnudo. Fue entonces cuando tomé un cinturón, dándole con la hebilla.

Asintió de nuevo cuando vio mis ojos abriéndose.

—Sí, lo sé. Movimiento psicótico. Lo golpeé ferozmente, y luego lo eché de mi casa, desnudo. Al menos ninguno de los chicos se hallaba allí, por lo que no sabían hasta que les dijo.

Me empecé a reír.

—Y entonces tus hijos mayores le pegaron duro.

—Sí. Lo llevaron a la ciudad. Consiguió su culo pateado dos veces, uno por una chica, el otro por su propio hijo, y luego me divorcié de él. Crees que soy una psicótica ahora, ¿verdad?

Me las arreglé para dejar de reír, pero no podía alejar la sonrisa de mi cara. No creía que era una psicópata, ni siquiera remotamente. De hecho, pensé que era bastante impresionante.

—No. Creo que eres un héroe para todas las mujeres. Cualquier hombre que hace eso a la madre de sus hijos debe tenerlo mucho peor. Debe haber consecuencias por romper ese tipo de promesas.

—Estoy de acuerdo. Y también mis hijos, al parecer. A pesar de que nunca fueron cercanos a él. No era exactamente un padre atento. Se perdió todas las funciones de la escuela, cada uno de sus juegos, pero se las arregló para no perderse ni un partido de fútbol en la televisión. Me agoté tratando de que tomara interés en nuestros chicos, pero él no era esa clase de padre. Creo que eso hace que sea más fácil para ellos bloquearlo completamente.

—Tal vez sólo necesitan más tiempo.

—Eso es lo que espero, aunque los dos son hombres adultos ahora, así que no tengo nada que decir. Eso es algo que tienen que decidir por sí mismos. Mi ex me llama cada pocas semanas, quejándose de que los estoy poniendo en su contra. ¿Qué se supone que haga? Son tercos. Ellos hacen sus mentes y no es algo que pueda cambiar.

—Creo que es bueno que estén tan consternados por su comportamiento. Creo que significa que has criado buenos hombres. Hombres de principios. ¿Por qué deberían perdonar al hombre que hizo eso a su madre?

—Porque él es su padre.

Me encogí de hombros.

—Esa es su lucha. Sólo sigue siendo la madre que tienes que ser, y déjalos luchar sus propias batallas.

—Esa es una buena manera de mirarlo. Necesito bloquear el número de mi ex-marido.

—Lo hice con Elaine. Entonces comenzó a aparecer en mi casa.

—¿Todavía hace eso?

—No hace un tiempo, gracias a Dios.

—Bueno, eso es un progreso, por lo menos. Me da algo de esperanza para mi propia situación.

Realmente teníamos mucho en común. Era una lástima que estuviera tan obsesionada con Brittany que no podía ver ni pensar con claridad.

Cuando terminamos, la acompañé a su coche. Era un Tesla color plata (¿Ven lo que quiero decir? ¡Mucho en común!)

Me abrazó suavemente, una breve presión de nuestro cuerpo, y me dio un beso en ambas mejillas. Dijimos una despedida amable, y me mencionó que la llamara más tarde. La vi alejarse.

Mis cejas se unieron al notar un sedán oscuro presentándose detrás de ella. Las ventanas tintadas oscuras (ilegalmente), pero podría jurar que noté la forma de una mujer con el pelo rubio detrás del volante.

Era muy consciente de mi imaginación hiperactiva de escritora, así que rápidamente sacudí el pensamiento.

Simplemente no tenía sentido.

Me senté en mi auto por un buen rato y traté de analizar lo que sentía.

Decepción.

¿Pero por qué? ¿Qué había esperado?

La respuesta no fue fácil, y cuando la di, me sentí como una tonta.

Esperaba verla. Ver a Brittany. En algún rincón de mi mente, había hecho todo el asunto con alguna esperanza de que salir con otra mujer la haría aparecer, si estuviera en cualquier lugar del cual pudiera aparecer.

Básicamente, me había pasado toda la tarde preparándome para una decepción y arrastrando a otra persona en el paseo.
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Vie Feb 02, 2018 5:14 pm

Capítulo 3


Subí a mi coche con una sensación de alivio. Sólo estuve fuera una semana, pero una semana con mis padres durante las vacaciones era más de lo que quería tratar.

Una semana fingiendo que me encontraba bien, que todo era normal, que era el divorcio lo que me tenía actuando como un robot; asocial, tranquila e introspectiva.

Pero por supuesto, no era el divorcio. Ya no más.

Era Brittany. O mejor dicho, la falta de Brittany.

Mis padres habían caído de nuevo en el protocolo, haciendo una pequeña charla amable. Eran civilizados y educados. Pueden haber estado preocupados, pero nunca me presionaron. Incluso cuando era una niña, siempre me dieron mi espacio, para fallar, algunas veces.

Era mejor. No existía nada de lo que quisiera hablar con ellos.

Sin embargo, no hablar me hacía pensar más. Y pensar no era algo bueno para hacer justo en ese momento.

Brittany se fue hace dos meses y contando.

Dos duros meses.

Dos meses de anhelo y luto.

Dos meses de negación y duelo.

¿Cuán perverso era darte cuenta que te encontrabas enamorada de un desconocido y después descubrir que se fue para siempre?

Posiblemente está muerta. Probablemente está muerta.

Podía recitar la última carta de ella de memoria, y aún así, no me encontraba segura de cómo descifrar su verdadero significado.

No la vería de nuevo.

Incluso después de leer la carta un centenar de veces, tenía que recordármelo.

Era evidente que se encontraba en algún tipo de problema grave, pero nunca me dejó acercarme lo suficiente para ayudarla.

Estaba segura de que podría haberla mantenido a salvo. Eso era lo que pensaba la mayor parte del tiempo: qué pasaría si.

¿Y si ella me dejara ayudarla? ¿Y si se hubiera quedado cerca y me permitiera mantenerla a salvo?

La carta daba a entender claramente que si la recibía, probablemente se encontraba muerta, pero simplemente no era capaz de aceptarlo.

Y en cuanto a seguir adelante, no podía hacerlo. En lugar de eso, me estancaba y obsesionaba, soñando y fantaseando.

Empecé a escribir todo de ella. No quería olvidar.

El color de su pelo. La profundidad de sus ojos. La forma obstinada de su mandíbula. La forma en que sus labios forman palabras con tal expresión. La forma en que su voz me hacía doler el pecho. La forma en que daba consejos. La forma en que sonaba como si se preocupara por cada palabra.

La forma en que me hizo sentir: Viva.

Cada curva y hueco de su cuerpo quedó registrado en mi mente, y ahora en mi disco duro.

Había un poco de verdad en cada mentira, e incluso si sólo la conocí brevemente, quería, necesitaba recordar a la verdadera Brittany.

Estacioné mi coche y lo apagué, sentada allí por un tiempo, haciendo acopio de la energía para salir. Descargué mi coche. Dos maletas pequeñas, muy ordenadas, como mi vida solía ser.

Ahora era una farsa, pero gasté mucho tiempo y energía manteniendo todo en orden. En mi mente, sin embargo, reinaba el caos.

Antes de visitar a mis padres, adopté un programa diario agotador para mí, si un minuto de tiempo de inactividad, e incluso durante el viaje, nunca amainó.

Tenía que volver de nuevo a eso.

Si me permitía disfrutar de mis sentimientos, tal como se encontraban, me acostaría en mi cama y nunca me levantaría.

Entré en la casa a través de la sala de lavandería. Me dirigía directamente a mi habitación, pero me detuve en seco en la sala de estar.

Tenía compañía.

Compañía no deseada.

—Tú —suspiré, soltando las maletas con las dos manos y dejándolas golpear el suelo, haciendo un fuerte eco.

—Yo —estuvo de acuerdo.

La hija de puta del Jaguar.

En mi casa.

—¿Cómo llegaste aquí?

Esbozó una sonrisa.

—¿Es realmente la pregunta que quieres hacerme?

Sentí como si una mano apretara mi pecho.

—¿Que le ocurrió?

Su boca se torció con amargura.

—¿Acaso te importa?

Temblaba, quería golpearla tanto. ¿Era esta mujer la responsable de la desaparición de mi Britt? ¿Qué hizo? Hice todo lo posible para contenerme.

—Sí. Sí, me importa. —Tragué saliva, teniendo que forzarme para seguir—. Por favor, te lo ruego. Dime que le pasó.

Sacudió la cabeza.

—No puedo —dijo, y enloquecí, atacándola, golpeando mi puño en su estómago dos veces antes de que pudiera reaccionar.

En teoría, sabía cómo luchar, pero nunca usé esas habilidades de una manera seria en un objetivo real.

Era mucho más difícil cuando era real, y esta tipa, obviamente, sabía lo que hacía.

Se movió tan rápido que tenía una llave de cabeza antes de que me diera cuenta de que se movía. Golpeé mi codo de nuevo en ella con fuerza, una y otra vez, la rabia dándome fuerza, y la incapacidad de sentir el dolor que me causaba.

Me apretó el cuello más y más fuerte, hasta que sentí mi visión borrosa, mis miembros aflojándose.

—¿Crees que esto va a ayudarla? —Gruñó en mi oído—. ¿Crees que golpearme va a conseguir que estés un paso más cerca de averiguar qué pasó con ella?

Negué con la cabeza, y comenzó un nuevo brote de lucha fuera de control. Por último, cuando le di un codazo en su ingle me liberó con una maldición.

—¿Has dicho ayudarla? —Jadeé, tambaleándome. Me aferré a esa parte rápido. —¿Se encuentra bien? Está... ¿viva?

Negó con la cabeza, y llevó todo en mí no golpearla de nuevo.

—No puedo decir nada. Tengo que mostrarte. Si realmente te preocupas por ella, vendrás conmigo, sin hacer preguntas.

No dudé.

—Bien. Vámonos.

—Deja el teléfono. Conduciré.

Saqué mi teléfono de mi bolsillo, lo arrojé en el sofá.

—¿Dónde está tu coche?

—Afuera de la puerta de seguridad. Siéntate en la parte de atrás. No puedo dejar que veas a dónde vamos. Y necesito cachearte.

La dejé, sosteniendo mis brazos hacia arriba, pensando en tomar su cuello  en mis manos todo el tiempo.

Se enderezó en frente de mí, y sonrió, aunque sus ojos claros se quedaron fríos. Bastarda, disfrutaba de mi antipatía.

Era joven, a mediados de los veinte años, si tuviera que adivinar, pero algo en sus ojos me dijo que había visto y hecho cosas que la marcaron. La hija de puta era alta, tal vez un centímetro más alta que yo. Y más grande de lo que me di cuenta, tonificada de brazos.

Probablemente me superaba por un par de kilos. Realmente odiaba eso.

Empezamos a caminar, y mientras la seguía, observando su espalda con los ojos penetrantes, no podía dejar de molestarla.

—Sabes que me quiere, ¿verdad? No se que tienes con ella, pero me quiere. Me pertenece. Marqué mi reclamo en cada centímetro de ella.

No dijo una palabra, simplemente se dio la vuelta y me dio un puñetazo en la mandíbula. Me tambaleé hacia atrás, pero me recuperé con un gancho de izquierda destinado a sus dientes. Se agachó, y le dio en la sien derecha.

—¡Cierra la boca! —Rugió, su cabello rubio cayendo sobre sus ojos locos, los puños apretados, pareciendo querer venir contra mí de nuevo—.Hablas así de ella otra vez, y jodidamente te mataré, ¿entiendes? Y seguro como mierda no te daré ninguna respuesta.

No hablé, me limité a asentir para seguir caminando. No tenía una sola palabra civilizada que decirle, así que era mejor permanecer en silencio.

Tenía más que unas pocas reservas por entrar en la parte trasera de una camioneta sin ventanas, conducida por una mujer que me odiaba, pero apenas hice una pausa antes de subir.

Sabía que posiblemente era la cosa más estúpida que alguna vez hice, pero ¿qué otra opción tenía?

Si existía incluso una posibilidad de poder averiguar que le sucedió, tenía que tomarla.

No tenía ni un asiento en la parte trasera, y el compartimiento estaba completamente separado de la cabina del conductor.

Caminé esencialmente a una jaula en movimiento.

Ella comenzó a conducir en cuanto me senté. Era una maníaca como conductora, doblando en las esquinas con la fuerza suficiente como para hacerme deslizarme por el suelo, acelerando tan rápido que me estrellé contra la puerta de atrás.

Y no fue un trayecto corto.

No tenía ninguna manera de mantener la noción del tiempo, pero deben haber pasado horas antes de que ella comenzara a disminuir la velocidad, a continuación, girando bruscamente, y luego deteniéndose.

Tuve tiempo de sobra para desear no haberme puesto un traje de negocios para viajar desde la casa de mis padres. Era una costumbre, sin embargo, con ellos. No hay pantalones vaqueros para los Lopez, no. Y cada vez que iba a casa, tenía que fingir ser una de ellos, aunque en realidad, pasaba la mayor parte de mi tiempo en chándal delante de un ordenador portátil.

Desabroche los tres primeros botones de mi camisa de vestir blanca, y quitándome la chaqueta gris oscuro.

—¿Cuánto tiempo hemos estado conduciendo? —pregunté cuando abrió la puerta de atrás para mirarme.

—No voy a decirte eso, y no te molestes en tratar de averiguarlo. Cuanto menos sepas, mejor. No estamos allí todavía, de todos modos. Sólo una parada de boxes.

Me lanzó una botella de agua.

—Bebe todo.

Tomé el agua. Ella cerró la puerta de nuevo. Eran más o menos las tres de la tarde cuando salimos, y el sol comenzaba a ocultarse ahora. Aproximadamente cuatro horas de conducción hasta el momento, supuse. Pasó más tiempo. Mucho tiempo. Al mismo tiempo, mi mente corría.

Me dormí apoyada en el lado de la camioneta, mi chaqueta enrollada como la almohada más inútil de la historia.

Incluso durmiendo, soñé con Brittany.

¿Donde íbamos? No había forma de saberlo, pero cuando contaba vueltas al principio, con alguna noción de donde estábamos, pensé que nos dirigíamos al este de la ciudad.

En mi mente, estábamos en algún lugar en Utah ahora, pero de nuevo, era una vaga conjetura.

Desperté cando la camioneta redujo toda velocidad hasta detenerse de nuevo, y cuando se abrieron las puertas de atrás, se encontraba oscuro.

Me lanzó otra botella de agua y una barra de proteína, me dijo que me callara antes de hablar, y cerró las puertas de nuevo.

Más conducción. Más sueño. Las puertas se abrieron y esta vez vi la luz brillante de la mañana.

—Arréglate. No querrás parecer una vaga para esto. Después, da la vuelta y vuélvete. Quieres hacer esto, vas a dejar que te vende. No necesito que veas ningún jodido detalle.

Pasé una mano por mi pelo, alisándolo hacia atrás, y luego me puse a trabajar en los botones de mi cuello, mirándolo para ver si hablaba en serio acerca de arreglarme.

—Ponte la chaqueta de nuevo —me ordenó.

Hice lo que me dijo, imaginando vívidamente hacerle daño corporal al mismo tiempo. Retrocedí.

—Necesito hacer pis —le dije.

Deslizó una bolsa de tela por encima de mi cabeza y me colocó esposas apretadas en mis muñecas.

—En un minuto. A menos que prefieras mear en un neumático, hay un baño cerca.

Tenía la esperanza de que fuera literal la parte de minutos.

Lógicamente, sabía que tenía que estar preocupada, y lo estaba, hasta cierto punto. Pero la sensación de que me gobernaba en ese momento era la anticipación, porque finalmente tendría algunas respuestas, y era mucho más poderoso que cualquier preocupación que sintiera por mí misma.

¿Qué había en el almacén? ¿Qué iba a aprender, y podría vivir con las respuestas? Y, si lo peor pasó, ¿realmente quería saber?

Agarró la parte posterior de mi brazo y me condujo a través de la grava y una acera, desde el sol a la sombra.

La oí trabajando con una llave en una cerradura y entonces me hizo entrar diciendo.

—Usa el baño, y luego quédate. Si tomas un paso para salir de esta sala, lo lamentarás.

Soltó mis esposas, y oí el golpe de la puerta cerrándose detrás de mí. Saqué la bolsa de mi cabeza, mirando alrededor.

Era una vieja habitación, almizclada. Me dirigí directamente hacia el baño, lo utilicé, y exploré, asomándome por la ventana, que se encontraba cubierta de escarcha y cerrada al parecer con tornillos.

Todo el conjunto era espeluznante. Justo el tipo de lugar que alguien usaría para acabar contigo.

Revisé mi aspecto en el espejo, y pensé que lucía bastante bien, considerando todas las cosas. El traje ligeramente arrugado, el pelo despeinado, pero no más de lo habitual. Los ojos inyectados en sangre sólo un poco, pero no terriblemente. Una contusión leve en la mandíbula, pero nada demasiado horrible.

La habitación no tenía un teléfono, pero sí un despertador que decía eran diez minutos después de las siete.

Tenía una televisión antigua centrada entre dos camas dobles, y después de esperar treinta minutos, la encendí. Resultó, que en realidad tenía una buena alineación de canales.

Terminé viendo uno los reality shows que Brittany solía amar. Se llamaba My Big Fat Gypsy Wedding, y era atroz. Por desgracia, me hizo extrañarla más.

Alrededor de una hora después de haber sido dejada en la habitación, la puerta se abrió. Esa hija de puta rubia asomó la cabeza, el brillo habitual en su mirada en su lugar.

—Apaga esa mierda —gruñó, y luego cerró la puerta de nuevo.

Oí su voz fuera de nuevo, no un minuto más tarde, aunque el tono no era hostil, se encontraba claro que no me hablaba.

—Te traje algo —decía.

Hubo una larga pausa, y luego una voz más débil, más tranquila respondiendo en voz baja.

Algo sobre esa voz me detuvo, la respiración cada vez más corta, aumentando los latidos de mi corazón.

—Ve adentro y ve —respondió la bastarda.

Observé la puerta, el cuerpo tenso por la anticipación. Las manos húmedas y temblorosas.

Por último, gracias a Dios, se abrió. Crujió lentamente, y la visión que la llenaba casi me trajo a mis rodillas.

—Britt—respiré.

Allí se hallaba Brittany. Se veía diferente.

Usaba una remera gris y gafas de montura gruesa, su pelo rubio trenzado grueso para un lado y cubierto en su hombro. Tenía la cara limpia de maquillaje, y lucía tan hermosa como siempre.

Lucía alrededor de quince, vestida así. Era perturbador, pero me encontraba eclipsada por completo por la explosión de alegría en el pecho.

Se encontraba viva. Sana y salva.

Irónicamente, parecía aún más sorprendida de verme, sus manos cubriendo su boca mientras se quedaba sin aliento.

—San —sollozó, a continuación, precipitándose hacia adelante, lanzándose a mis brazos.

Se encontraban listos para ella. La atrapé, abrazándola con fuerza, con la cara enterrada en su cabello.

Levantó la cara hacia mí, los ojos cerrados, las gafas torcidas, todo su cuerpo temblando, y echó los brazos a mi cuello.

La levanté, y ella envolvió sus piernas alrededor de mis caderas. Bajé la boca para tocar sus labios temblorosos.

—Jesús, ¿pueden no hacerlo delante de mí? —Gruñó la bastarda—. Ya estás haciendo que me arrepienta de esto.

Con eso, cerró la puerta, y oí cuando colocó el cerrojo exterior.

No tenía ni idea por qué, pero nos encerró juntas.
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por TheJadeDiaz el Vie Feb 02, 2018 6:30 pm

Me alegro de que San pudo encontrarse de nuevo con Britt!
Nunca comento aquí llevo años leyendos FanFics en silencio pero esta historia me atrapo muchisimo! me encanta ojala pronto subas otro capitulo me muero de ganas por saber que paso con Britt y por qué se tuvo que ir, estoy como santana imaginandome de todo
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Mensaje por 23l1 el Vie Feb 02, 2018 7:27 pm

Hola, aquí comentando una vez a las miles, lo que no kiere decir q no lea...xq aquí estoy pendiente de cada actualización jajajaja. Bueno a la historia, SI!! juntas xfin...otra vez XD esperemos y sea para siempre...o mas largo el tiempo xD Saludos =D



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Mensaje por 3:) el Vie Feb 02, 2018 8:58 pm

estan cerrando las fechas de las desapariciones de las hermanitas!!
no es tan mala la rubia como aparenta jajajaja
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Mensaje por Isabella28 el Sáb Feb 03, 2018 12:48 am

No es mala la hermana de britt solo la cuida, por fin se reencontraron las pobres san ya no aguantaba la angustia de saber de britt.
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Mensaje por micky morales el Sáb Feb 03, 2018 7:43 am

Momento!!! cuando se dijo que era la hermana de Britt, estoy perdida pero super atrapada con esta historia!!!
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Feb 03, 2018 5:00 pm

TheJadeDiaz escribió:Me alegro de que San pudo encontrarse de nuevo con Britt!
Nunca comento aquí llevo años leyendos FanFics en silencio pero esta historia me atrapo muchisimo! me encanta ojala pronto subas otro capitulo me muero de ganas por saber que paso con Britt y por qué se tuvo que ir, estoy como santana imaginandome de todo
Gracias por comentar!!! Si qe alivio qebse pudieron ver de nuevo. Me alegra que te guste jajaj ya dejo otro cap.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Feb 03, 2018 5:03 pm

23l1 escribió:Hola, aquí comentando una vez a las miles, lo que no kiere decir q no lea...xq aquí estoy pendiente de cada actualización jajajaja. Bueno a la historia, SI!! juntas xfin...otra vez XD esperemos y sea para siempre...o mas largo el tiempo xD Saludos =D



Hola!! Yo tambien leo todas tus historias. Si!! Jajaja ojala qe la rubia no se vuelva a perder en tanto se aclare la situación. Pero ya les dejo otro cap!
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Feb 03, 2018 5:06 pm

3:) escribió:estan cerrando las fechas de las desapariciones de las hermanitas!!
no es tan mala la rubia como aparenta jajajaja
Ay! Qe voy a hacer contigo??!! Jajaja hermanas??! Donde?! Jajaj . No es tannn mala pero si es un poquitin peligrosa.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Feb 03, 2018 5:11 pm

Isabella28 escribió:No es mala la hermana de britt solo la cuida, por fin se reencontraron las pobres san ya no aguantaba la angustia de saber de britt.
Jajaja no pero es dura! Si pobre morena, pero aqui estan de nuevo juntas.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Feb 03, 2018 5:14 pm

micky morales escribió:Momento!!! cuando se dijo que era la hermana de Britt, estoy perdida pero super atrapada con esta historia!!!
JaJajaj, en ningún lado. creo que nuestra amiga tiene una interesante teoría.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Feb 03, 2018 5:17 pm

Capítulo 4


Tomé una respiración entrecortada y di un paso vacilante hacia atrás, sentándome en la cama.

La puse entre mis piernas, empujando su holgada sudadera para exponer su piel firme, luego subí más, hacia sus costillas justo debajo de sus pechos.

Sus pantalones de ejercicio colgaban bajo en sus caderas y una mirada a su torso esquelético (y a mi muy precisa memoria de su cuerpo) me dijeron que perdió algo de peso. Me preocupaba por esto, pero no pregunté al respecto. No me sentía segura de estar preparada para escuchar la respuesta. Sabía que no sería bueno.

Enterré mi cara contra su cálido vientre, aspirando su aroma dulce y familiar.

No tenía claro exactamente lo que habría hecho (probablemente caído sobre ella y comenzarla a follar como una animal) si no estuviera llorando, temblando y agarrándome como si hubiera pensado nunca volver a verme.

Y cantando mi nombre, una y otra vez, como si fuera su propia oración personal. En el interior de cada persona existían dos naturalezas, y nunca tuve a mis dos temperamentos propios siendo más evidentes de lo que se encontraban ahora.

Sentía partes iguales de ternura y hambre.

Amor y deseo vulgar.

Alivio y frustración.

La puse en la cama, la extendí sobre su espalda y me coloqué encima de ella, mi cabeza sobre su pecho, duro, por supuesto, voraz, por supuesto, pero no actué sobre ello, no por mucho tiempo.

En su lugar, la sostuve.

Comenzó lentamente, con cuidado, el tacto. Sólo ligero como pluma; primero. Mis manos se movieron a lo largo de sus caderas, por sus costados, apretando suavemente, sintiendo tiernamente.

Un toque para recordar, mientras se hundía en mi mente y cuerpo que ella estaba aquí, en mis brazos otra vez.

Levanté e incliné su pierna a mí alrededor, acariciando la larga longitud de la misma, mi mejilla en su pecho, mi oído en su corazón. Me quedé pegada allí mientras mis manos vagaban, redescubriendo cada ágil, exuberante parte de ella.

Era como un gato; amaba ser tocada. Se arqueó en mis manos mientras le acariciaba desde la cabeza a los pies.

—¿Estás bien? —pregunté, una mano frotando círculos suaves en la tierna piel detrás de su rodilla—. ¿Esa bastarda… te hirió?

Jadeó profundamente una vez, luego dejó escapar un suspiro tembloroso.

Levanté la mirada y vi como cuidadosamente se quitó las gafas y las puso en la mesita de noche.

Algo sobre esas gafas agitaron una parte de mi cerebro, pero me hallaba demasiado distraída en ese momento para identificarlo o incluso centrarme totalmente en preocuparme sobre ello.

—No, San—suspiró—. No me hizo daño. Pero no podemos hablar de ella. No podemos hablar de nada de esto, no si alguna vez quieres salir de aquí.

—Shh. Ahora está bien. Ambas nos iremos de aquí, y pronto. Voy a encontrar una manera.

—Oh, San—susurró, su voz tanto cariñosa como exasperada—. Me gustaría que fuera así de simple.

—Lo es. Te voy a llevar a casa.

—¿Por lo menos sabes dónde estamos?

—No. ¿Tú sí?

Sacudió la cabeza, sus ojos muy abiertos, los labios entreabiertos en una invitación que me resultaba más difícil de resistir por el momento.

—No te preocupes, cariño —dije en voz baja, inclinándome para besarla—. Te tengo.

El beso era caliente y salvaje, sus suaves labios dando pero de alguna manera eso sólo significaba que tomaban más. Como mi fuerza de voluntad.

Ellos me la quitaron rápidamente.

Gruñí, empujando mi lengua en su boca, tomando, saqueando, buscando lo que podía conseguir mientras estaba aquí, conmigo, antes que se fuera de nuevo y se llevara otro pedazo de mí con ella.

Me aparté, mirando con párpados pesados su boca. Sus labios estaban hinchados.

La vista me volvió salvaje.

Quería venirme dentro de ella en ese instante. Me dolía pensar en ello.

Froté mi barbilla sobre sus suaves y magullados labios, a lo largo de su mandíbula, su tenso cuello.

Toqué su trenza desordenada, luego me puse a trabajar en soltarla, pasando mis manos a través de su cabello, dentro de él, masajeando su cuero cabelludo hasta que se relajó.

Prodigué mi suave y ferviente atención sobre ella, de pies a cabeza, todavía con la ropa puesta, arrepintiéndome con ternura por lo que estaba por venir, porque sabía que no sería, no podía ser, algo que se aproximara a la ternura cuando nos viniéramos esta primera vez.

Después de que terminé de besar cada uno de sus adorables dedos de los pies, me moví de nuevo a su cuerpo para acariciar sus acolchonados pechos, rozando mis dedos sobre sus pezones sensibles, llenando mis palmas con ella hasta que jadeó mientras arqueaba su espalda.

Empujé la sudadera hasta su cuello, palmeando sus desnudas crestas coralinas hinchándose en mis manos.

Llevé mi boca hacia ellos, frotando mis labios tan ligeramente a lo largo de su piel que me rogaba chuparla. Lamí un pezón tenso, llevándolo con fuerza en mi boca, amablemente para succionarlo de forma suave, luego chupándolo más duro de nuevo. Comenzó a entonar mi nombre.

Pude también haber muerto e ido al cielo.

Me moví por su cuerpo y bajé sus pantalones, llevando sus bragas con ellos.

No pude evitarlo, mientras me movía hacia atrás, me detuve en su sexo y empecé a lamer.

Me agarró del cabello, clavando sus talones en la cama para empujar mi lengua más profundo. Llené mis palmas con su culo y me entregué de lleno.

No lo conté, pero aun así, estaba segura de que llegó en menos de un minuto, llenando la habitación con sus fuertes gritos, y me retiré con un jadeo, enderezándome para acercarme a ella.

Empecé a levantar su sudadera, pero detuvo mis manos, manteniendo sus brazos en las mangas.

No me importaba. Tenía acceso y contacto visual a todo lo que necesitaba. Y estaba demasiado desesperada para incluso demorarme un poco más.

Agarré la parte inferior de sus muslos, empujándolos alto mientras impulsaba mi pene en su entrada resbaladiza.

Cuando mi punta estaba dentro, empujé, impulsándome profundo, buscando su centro con todos los adoloridos nervios en mi cuerpo. Había pasado tanto tiempo. Demasiado tiempo sin nada más que mi mano y sólo el pensamiento de ella para aliviarme.

Pasar de tan poco a todo, cada centímetro pecaminoso de ella, a la vez, un tornillo apretándose a mi alrededor, era casi demasiado. Me aferré al más escaso gramo de control primero, pero a duras penas y no por mucho tiempo.

Sosteniéndola firmemente, puse sus tobillos en mis hombros, y golpeé muy, muy profundo, más profundo hasta que su cuerpo se retorcía.

Me detuve en un balanceo. Uno de sus gritos fue un toque más allá de frenético y con pánico.

—¿Demasiado, Britt-Britt?

No respondió. Incluso su cántico se detuvo. Sólo temblaba debajo de mí. Yo podría haber usado una respuesta.

Sin una, volví a respirar por la boca, jadeando mientras la sostenía en su lugar y trabajaba mi dura longitud dentro y fuera, áspero y constante. Vi mi pene retirarse de ella, luego forzar dentro de nuevo, mis embestidas brutales haciéndose pesadas e irregulares, en un esfuerzo para no incrementar mi ritmo.

Hice lo que pude, pero no estaba conmigo cuando toqué fondo y me derramé dentro de ella.

Me retiré y ella se retorció, descontenta como si no se hubiera corrido sólo unos minutos antes bajo mi lengua.

Ni siquiera necesité tiempo de recuperación. Todavía estremeciéndome por la última ronda, y ya sentía como si la necesitara de nuevo.

Le di la vuelta sobre su estómago, y la mantuve en su lugar con las palmas abiertas, mi boca moviéndose por su espalda, a lo largo de su columna vertebral.

Traté de empujar y sacar su sudadera de mi camino, justo por debajo de sus omóplatos, pero metió sus brazos y la mantuvo en su lugar. Incluso en un estado casi sin sentido, esto me dio una pausa.

¿Qué en la tierra podría tratar de esconder de mí?

No tenía ni idea de lo que podría ser, pero estaba obligada y decidida a averiguarlo.

—Colócate en tus manos y rodillas —ordené, mi voz áspera por la necesidad.

Con suspiros temblorosos, obedeció. Me acerqué a ella desde detrás, mi erección creciente clavándose en su culo.

Inclinó la columna vertebral, balanceando sus caderas para empujar su culo contra mí.

Sin previo aviso, y rápidamente, me incliné hacia delante, empujando su sudadera hacia arriba, sobre su cabeza, por lo que su espalda estaba completamente al descubierto para mí. No tuvo tiempo de detenerme, esa vez.

Lo vi de inmediato, la decoloración allí llamándome la atención.

Me congeló por un momento interminable, entonces mi corazón comenzó a golpear frenéticamente.

Justo en el límite de su hombro, aproximadamente del tamaño de una moneda, había una herida rosa cicatrizada. Sabía lo que era debido a que coincidía con la de su omoplato a la perfección.

Era una herida de bala.

Otra, una más fresca. Tenía que ser de hace sólo unos meses.

Mis dientes se apretaron, mi corazón latió con fuerza haciendo un lento, tortuoso giro dentro de mi pecho.

—¿Te dispararon de nuevo? —pregunté entrecortadamente, aunque la respuesta era obvia. Se puso rígida, claramente preparándose para mi reacción.

—Fue un rasguño —dijo en voz baja, tratando y fallando de mantener tranquila su voz temblorosa.

—¿Quién te disparó?

—No tuve un buen vistazo del hombre.

Ésta era una respuesta frustrante, pero lo dejé pasar, mientras otra cosa se me ocurría.

—Esa carta… ¿escribiste eso antes o después de que esto pasara? —Parecía como una pieza importante del rompecabezas, mi mente moviéndose rápidamente con todas las posibles ramificaciones.

—Antes.

Cubrí su espalda, abrazándola con firmeza desde atrás, mi boca acariciando su oreja mientras hablaba.

—¿Así que sabías que eso iba a venir? ¿Sabías que alguien trataba activamente de matarte? Y en vez de venir a mí en busca de ayuda, ¿me escribiste una carta?

Tomó un profundo aliento que movió nuestros cuerpos.

—Sí. Lo siento, pero esto es otra cosa que no puedo explicarte.

—Y luego te dispararon, ¿por lo que ahora eres retenida aquí? —Rabia me llenó mientras se me ocurría otra idea—. ¿Esa rubia hija de puta tiene algo que ver con que recibieras un disparo?

Su oreja se movió contra mi boca mientras negaba con la cabeza lentamente.

—No, San. Gracias a Quinn sigo viva en este momento. Sabes que no puedo darte los detalles, pero confía en mí cuando digo que ella se encuentra tan profundo en este lío como yo. Me dispararon en el hombro, pero ella tomó dos balas por mí en ese momento, o habría sido mucho peor.

No sabía qué hacer con eso. Era una patada en los dientes sentirse en deuda con una mujer que odiabas nada más verla.

—Quinn, eh. —Fue todo lo que dije, sosteniéndome aún sobre ella durante más tiempo mientras trataba de juntar estas raras piezas del rompecabezas de las que me enteré.

Brittany comenzó a moverse contra mí, frotando su espada contra mi parte delantera de una manera que distrajo incluso a mi yo más enfocada.

No me moví, no la alenté, pero no hacía diferencia. Me hallaba justo donde ella me quería, apuntalándome sobre ella, mis puños clavándose en el duro colchón a sus lados.

Se arqueó y se retorció hasta que encontró mi polla palpitante con su entrada resbaladiza. Me quedé completamente inmóvil mientras manipulaba mi dura longitud dentro de ella.

Me trabajó con sus caderas oscilantes, hasta que no sólo olvidé dónde quedamos en nuestra conversación, sino también mi propio nombre.

O lo habría hecho, si ella no dejaba de decirlo, su voz cada vez más frenética mientras se acercaba al borde.

Yo misma me hallaba cerca del borde cuando empezó a apretarme más duro y a gemir ruidosamente su liberación. Con una maldición, me encabrité, enderezándome detrás de ella.

Agarré sus caderas y comencé a golpear mi camino a casa rudamente.

Se derrumbó sobre su estómago, y la seguí, todavía dentro de ella, cuando habló.

—No quiero dormir. No quiero perderme ni un segundo de esto. Sé que Quinn no te permitirá quedarte mucho tiempo.

Estuve alrededor de un segundo de desmayarme, pero sus palabras me despertaron.

—A la mierda Quinn —gruñí—. No me iré sin ti. Vas a venir a casa conmigo. 
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Mensaje por 3:) el Sáb Feb 03, 2018 9:38 pm

a la jodí con lo de las hermanas??? jajajajja
quinni,.. quinni termina como colador después de esta misión!!!
y todavía no es lo peor!!!
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Mensaje por monica.santander el Sáb Feb 03, 2018 11:22 pm

Hola!!! San le saca a tirabuzones la informacion a Britt pero va!!!!
Saludos
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Mensaje por Isabella28 el Dom Feb 04, 2018 5:21 am

Yo también la jodi, No tenia que decirlo? Lo que tienen que pasar las brittana, y todavía falta.
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Mensaje por micky morales el Dom Feb 04, 2018 7:45 am

Ok ya San esta ahi, no creo que sera facil sacarla y que se vaya tan campante!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Dom Feb 04, 2018 5:36 pm

3:) escribió:a la jodí con lo de las hermanas??? jajajajja
quinni,.. quinni termina como colador después de esta misión!!!
y todavía no es lo peor!!!
No, solo un poco no mas jjajaj. si faltan muchas cosas por pasar.
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Mensaje por Tati.94 el Dom Feb 04, 2018 5:38 pm

monica.santander escribió:Hola!!! San le saca a tirabuzones la informacion a Britt pero va!!!!
Saludos
Jajaja si, si ahi va la morena con sus métodos.
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Mensaje por Tati.94 el Dom Feb 04, 2018 5:40 pm

Isabella28 escribió:Yo también la jodi, No tenia que decirlo? Lo que tienen que pasar las brittana, y todavía falta.
No te preocupes jajaj. Ahi si pero valdrá la pena, se merecen la felicidad juntas.
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Mensaje por Tati.94 el Dom Feb 04, 2018 5:42 pm

micky morales escribió:Ok ya San esta ahi, no creo que sera facil sacarla y que se vaya tan campante!!!!!
No,ahora qe San por fin la tiene frente a ella no la dejara ir a menos qe sea contra su voluntad, pero la morena la ama veamos qe hace si intentan separarlas.
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Mensaje por Tati.94 el Dom Feb 04, 2018 5:47 pm

 Capítulo 5


Un tiempo después.

Nos habíamos duchado juntas, relajadas en la cama, desnudas, con las piernas entrecruzadas, entonces le pregunté.

—¿Por qué me trajo aquí? No tiene sentido. Ella está claramente molesta por que estamos juntas. ¿Qué es para ti?

—No puedo decirte eso. ¿Estás molesta por lo que hizo?

—No claro que no. Esa es lo única cosa por la que no estoy molesta.

—Lo siento. No puedo darte ninguna respuesta. Sé que no entiendes por qué.

—¿Sabes qué? Que me estés diciendo que no puedes contarme nada es mejor que todas las mentiras.

Se apartó para mirarme a los ojos, asintiendo solemnemente.

—Puedo entender eso. Voy a tratar de entenderte de ahora en adelante.

—Es así de fácil, ¿eh?

—No lo sé. Va a ser un cambio para mí.

—Claramente, —dije irónicamente—¿Por qué no practicamos un poco? ¿Qué tal si trato de hacerte una pregunta y tú en realidad me das una respuesta honesta?

Parecía vagamente incómoda ante la idea, pero respondió.

—Está bien. Te daré una, si en verdad puedo responder.

La pregunta perfecta me vino a la mente al instante.

—¿Cuántos años tienes?

Hizo una mueca. Era adorable, y alarmante.

—No vas a ser muy feliz con mi respuesta.

—Más feliz de lo que estoy ahora, contigo diciendo una cosa así. Dime.

Tomó una respiración muy profunda.

—Casi diecinueve años.

Me sentí vagamente enferma. Era demasiado joven, todavía legal, pero mucho más allá de mi zona de confort.

—¿Qué significa casi? ¿Tienes dieciocho?

—Sí.

—¿Y cuándo es tu cumpleaños?

—En seis meses.

—Eso no es casi. Espera, ni siquiera quiero saber... ¿qué edad tenías cuando por primera vez...?

—Dieciocho. Sabía que me ibas a preguntar eso.

¿Por qué de veinticuatro era mucho más apetecible que de dieciocho años?

Después de estar sentada en silencio durante un rato, con la mente confundida, básicamente, superándome a mí misma, habló de nuevo, sonando consternada.

—Sabía que ibas a reaccionar de esta manera. Es por eso que no te lo dije.

—¿No me dijiste? ¿Así es como lo vas a llamar? Me mentiste al respecto, incluso me mostraste prueba de la mentira.

Abrió la boca como si fuera a decir algo, pero la cerró de nuevo, permaneciendo en silencio. Se me quedó mirando mientras pensaba sobre cuán ridículamente joven era.

—Te das cuenta de que tengo más del doble de tu edad. —Señalé, finalmente rompiendo un largo silencio.

—Apenas. Y es por esto que mentí. Sabía que reaccionarías de forma exagerada. Estás haciendo que me piense esto de no decir mentiras.

—Está claro que necesitas más práctica en ello. Vamos a probar con otra. ¿Soy más vieja que tu madre?

—No, eres un poco más joven. ¿Eso te hace sentir mejor?

—No particularmente.

—Es necesario que regreses con Quinn en la mañana. —Cambió el tema abiertamente. Sabía bien cómo distraerme porque funcionó

—No, no te dejaré aquí. Imposible.

—No la hagas enojar. —Acarició el hematoma de mi mandíbula, con ojos preocupados—. Es una mujer muy peligrosa. Tienes que regresar sin mí.

La estudié, preguntándome si realmente no me entendía muy bien. A veces se sentía como si me conociera mejor que yo misma, por lo que fue sin duda una nueva (y desmoralizadora) idea.

A pesar de que tuve ese pensamiento, observé un destello en sus ojos, un destello de genuina preocupación que enderezó el mundo de nuevo sobre su eje y me hizo más fácil respirar. Su comprensión era una de las pocas cosas acerca de Brittany sobre las que siempre me encontré segura, y eso aplastaba cualquier mentira. Su preocupación me decía que no lo era.

—Sabes que no puedo hacer eso—le dije suavemente. La preocupación se convirtió en algo parecido al pánico.

—Está armada, tiene un temperamento terrible, y te odia. Además, tiene apoyo. Mucho. No hay manera de que puedas con ella. Entiendes eso, ¿verdad?

Tomé una respiración muy profunda. Nunca me había considerado particularmente valiente. De hecho, nunca lo consideré en absoluto, pero sabía que haría todo lo que fuera necesario sin tener en cuenta el riesgo, para que Brittany saliera de este lío.

—Por favor, Sanny, por favor. Te lo suplico. Por favor, sólo haz lo que dice. Nunca sería capaz de vivir conmigo misma si sales lastimada en todo esto.

—Tú y yo tenemos diferentes prioridades, pero creo que lo sabes. Estoy mucho más preocupada por que no te hagan daño.

—No hay nada que puedas hacer sobre lo que me pasa. Desearía que pudieras ver eso. Pero arrastrarte a esto, consiguiendo hacerte daño, eso se puede prevenir. No tienes que involucrarte.

Esto tenía mis pelos de punta.

—¿No tengo qué? ¿Qué tal esto? Estoy involucrada. ¿Qué crees que pasaría? Me seguiste. Te entregaste a mí. ¡Me hiciste preocuparme por ti, y no puedo estar tranquila mientras estés en peligro, cautiva aquí por sólo Dios sabe qué razón, y no hacer nada!

Su mandíbula se encontraba apretada obstinadamente, con los ojos en blanco de una manera que empezaba a temer. Me respondió.

—No era una pregunta retórica

Me enfurecí.

—Respóndeme. ¿Qué crees que pasaría?

Su tono era inexpresivo cuando respondió, pero por una vez, sentí como si estuviera diciéndome la verdad.

—No era mi intensión que esto llegara tan lejos. Que nosotras llegáramos hasta aquí. Sólo quería un poco de ti, lo suficiente como para mantenerme fuerte, pero nunca pensé que se convertiría en esto. A pesar de mi mejor sentido, no podía permanecer lejos una vez que empecé.

Me concentré en la parte más extraña de lo que dijo, la pieza que no tenía sentido para mí.

—¿Un poco de mí? ¿Cómo siquiera me notaste, y mucho más, decidir venir por mí tan agresivamente como lo hiciste?

Sacudió la cabeza, la comisura de la boca levantándose un poco en una sonrisa irónica.

—Nunca lo sabrás. No te ves con claridad, para nada. Yo lo hago. Eras demasiado atractiva como para resistirme, en tantas formas.

—¿Así que es eso, me viste en el gimnasio y decidiste que era demasiado caliente para resistir? ¿Esto sucede a menudo?

Se sonrojó.

—No lo hagas. No hagas eso. Y no fue en el gimnasio. Nada fue al azar acerca de nosotras. Sabía que estarías allí y te busqué.

Parpadeé rápidamente, odiando que cada respuesta que me daba se sentía como si no pudiera estar remotamente cerca de la verdad y sólo me hacía sentir como si supiera menos.

—¿Puedes explicar eso?

Abrió la boca (¡como si en realidad fuera a responder!), cuando el fuerte sonido del cerrojo la hizo detenerse.

Apenas tuve tiempo para lanzar una sábana sobre las partes esenciales antes de que la puerta se abriera, con Quinn dando un paso dentro. Comenzó a maldecir cuando puso los ojos en nosotras.

—¿Qué demonios? Voy a cerrar esta puerta, y cuando la abra, más vale que ella esté decente, y tengas los pantalones puestos. Tienes exactamente tres minutos.

Dio un paso atrás, cerrando la puerta con fuerza.

La obedecimos, porque no quería tratar con ella sin ropa, y desde luego no quería que viera a Brittany desnuda.

En lo que supuse era exactamente tres minutos después, la puerta se abrió de nuevo. Estábamos sentadas en el borde de la cama, al lado de la otra, tomadas de la mano. Quinn nos miró.

—Hora de la cena. De rodillas, frente a la pared, Lopez.

Obedecí, tensándome cuando oí una pistola detrás de mí. Oí a Brittany jadear y gritar—: Quinn, por favor no…

—No le voy a hacer daño a menos que intente algo estúpido. —le dijo, con voz tranquilizadora. Cambiándola, volviéndola hostil continuó—: No te muevas si te gusta mantener la cabeza sobre los hombros, Lopez.

Una larga pausa, y luego, de vuelta a su voz suave.

—Sólo tienes que ir al cuarto de baño, mientras traemos la comida. Que me estés dando esa mirada no está ayudando a la situación.

Una puerta se cerró (el baño, supuse). Durante unos minutos, no hubo ruido, excepto por algún crujido detrás de mí, entonces el sonido chirriante de lo que supuse era una especie de carrito con ruedas, sillas moviéndose, y a continuación:—Muy bien Lopez, voy a volver por esto en exactamente una hora. Cuando llame a la puerta de nuevo, es mejor que todavía tengas los pantalones de mierda puestos.

—¿Me puedo voltear ahora? —Le pregunté, con tono irónico.

—Adelante.

Volví la cabeza, tomando la situación algo confusa.

Una improvisada mesa para dos fue preparada para nosotras en un carrito de comida, con un mantel blanco, y lo que parecía incluso comida decente.

Quinn flotaba en la puerta. Claramente oí el sonido de al menos dos personas armando esto, a pesar de que no hablaron. Se habían ido ahora.

Todo esto era extraño. ¿Por qué me trajo aquí, y por qué demonios estableció lo que parecía una cena romántica para Brittany y para mi?

—Una hora —repitió Quinn, dando marcha atrás hacia la puerta.

—Espera, —dije.

—¿Qué? —Espetó.

—Gracias por tomar las balas por ella —le dije, encontrando las palabras muy difíciles de salir—. Y por traerme a ella.

—No hice nada de eso por ti. Si no leíste las señales sutiles, te odio. Lo hice por ella. Ahora come tu cena, y mantén tus malditos pantalones puestos.

Con esa pequeña orden, cerró la puerta y echó el cerrojo.
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