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Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Vie Ene 12, 2018 6:15 pm

3:) escribió:Holap. ..

Demasiado intenso para los primeros días de relación o lo que tienen!!!... san esta a una ronda de orgasmos múltiples de enamorarse  que lo reconozca es otra cosa! !!
Britt  britt... para mi si esta enamorada vamos a ver que hace?

Hola! Todo entre ellas a sido intenso siempre. Y te digo las cosas se pondrán mas locas e inesperadas.
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Vie Ene 12, 2018 6:21 pm

Capítulo 10


Apagamos el maldito televisor que continuaba a todo volumen con los videos musicales y fuimos a asearnos. Con nuevos pantalones de chándal y cabello mojado, me tironeó silenciosamente hacia la biblioteca, donde agarró uno de mis libros, el cual había manoseado alrededor de una cuarta parte del camino. Se acurrucó en mi gastado sofá marrón de cuero y empezó a leer.

Era la primera novela que había escrito en mi vida, y no estaba segura de querer que la leyera, pero parecía que ya había empezado a hacerlo, así que era un poco tarde para detenerla.

Levantó la mirada, vio mi rostro, y sonrió.

—Es realmente buena. Me atrajo de inmediato. Llevo cien páginas y ya siento como si estuviera sumergida en este mundo que has creado.

Comencé a retorcer las manos, un hábito nervioso que por lo general solo se presentaba antes de las entrevistas televisivas.

—Gracias. Ahora ese mundo ha sido una parte de mi vida por muchos años. Aunque escribí eso hace mucho tiempo atrás, no me encuentro muy segura de que pueda recomendarlo como mi mejor trabajo.

—Este fue uno de los primeros ¿cierto?

—El primero.

Lucía impresionada, su linda boca moviéndose en una pequeña O.

—Eso es increíble. Qué talento el que tienes. También me encanta el tono del libro. Es tan crudo y oscuro. En verdad retorcido. Simplemente perfecto.

Sonreí irónicamente.

—Eso es una especie de género. Para ser honesta, me gustaría intentar algo completamente diferente, diversificar un poco.

Se sentó erguida, mirándome genuinamente interesada en lo que decía, la cual no era una reacción a la que me encontraba acostumbradq de alguien fuera del negocio.

—¿Ah sí? ¿Cómo qué?

—Me gustaría hacer una pieza de carácter. Algo emocional y crudo, y que nunca mencione una palabra acerca de la medicina forense o de salpicaduras de sangre.

—Deberías hacerlo.

—Podría. Por el momento estoy contratada solamente para un libro al año con mi editor, pero odiaría firmar por más, y quedarme atascada en la modalidad de la fecha límite incluso con más frecuencia.

—Que se jodan. Solo escribe lo que deseas y sé independiente.

Había escuchado sobre eso, en realidad me encontraba fascinada con eso.

—¿Qué has oído sobre la publicación de forma independiente?

—Es algo. Está teniendo éxito, y pienso que deberías intentarlo. Renuncia a firmar por el resto de tu vida con esos editores chupadores de sangre.

Esa también era algo así como mi opinión sobre eso.

—Y ¿qué hay sobre ti? ¿Tienes algo que te gustaría estar haciendo diferente, para tu carrera profesional, o tal vez educacionalmente hablando?

Sonrió como si hubiera dicho algo divertido, y me di cuenta de que había usado mi tono de dar conferencias de madre artificial. Fue horrible, e instantáneamente me disculpé. No hizo caso, sin ofenderse en lo más mínimo.

—Jamás pude averiguar exactamente lo que quería hacer. Aún no puedo. Ojalá pudiera ser como tú, con algo en lo que fuera tan buena que no pudiera dejar de hacerlo.

—Así que abandonaste la escuela, ¿por qué no estabas segura de qué carrera seguir?

Sonrió e inclinó su cabeza hacia un lado.

—¿Qué estás tratando de conseguir aquí?

—Eres una chica muy inteligente. Solo trato de averiguar por qué no seguiste la ruta de la universidad.

Se encogió de hombros.

—En realidad esa es la cosa menos interesante sobre mí. Solo me cansé de la escuela. No podía pagar para regresar. Por el momento quiero aprender de la vida.

Me encontré a mí misma con aire ausente seleccionando un libro, sentada a su lado, tumbándome con mi brazo sobre el respaldo del sofá, detrás de sus hombros.

Ambas sosteníamos libros, pero no leíamos.

El resto del día desapareció en una pequeña nube de humo, sin pesar, ya que empezamos a hablar, sobre las cosas grandes y pequeñas, sobre las personales, y las políticas. Tenía una mente y un motor, este, y pareció que era tan atractivo como el resto de ella.

Al hablarle tuve la sensación más bizarra y familiar, como si lo hubiéramos hecho una y mil veces. Era todo nuevo, cada segundo a su lado, pero se sentía tan bien que instantáneamente encontró un lugar en mi vida, como si no fuera algo nuevo en absoluto, sino más bien una cosa perdida que había encontrado, como releyendo un libro viejo que había olvidado por completo que era mi favorito en absoluto.

Sus ojos se ampliaban y se encendían encantadoramente cuando contaba una historia. Me encontré completamente cautivada por ellos. Por ella. Mi mirada aficionada se movía de sus ojos a su boca y hacia su nariz pequeña y linda cuando se arrugaba con sus expresiones.

Su boca puede haber cautivado más a mis ojos. Sus labios eran delgados y rellenos, pero cuando hablaba, se desplazaban con las palabras, flexibles, reduciéndose y engrosándose, fluyendo y refluyendo. Era fascinante cómo se formaban alrededor de las cosas que decía, añadiendo mucha más expresión a sus palabras como sus manos gesticulando.

Su barbilla obstinada y su mandíbula era otra, fascinante, reafirmante y mostrativa para ilustrar un punto.

Lo haría bien en la pantalla, me encontré pensando. Como presentadora de noticas o incluso como una actriz. Era tan agradable el mirarla. No creía que sería la única persona que lo pensaba.

Y no escapó de mi fijación que incluso cuando hablaba en detalle sobre sí misma, sobre quien era, no me daba absolutamente ningún detalle sobre su vida actual, pasada o presente. Habló de su naturaleza, de sus gustos, disgustos, preferencias, y debilidades, pero nada sobre de dónde era, nada sobre sus padres, su familia, su educación, su ocupación. Traté de indagar por más información sobre lo que hacía para vivir, pero solo alimentó mi curiosidad con esa labia poco sincera de vendedora de cigarrillos.

No me atacó como alguien de su generación. Era madura, por decir lo menos, y hablaba bien, incluso leía bien. Usaba palabras como disparatado y dicotomía, mientras contaba una simple anécdota. Eso me pareció extraño. Para mi mente, parecía saber demasiado para ser tan joven.

Más impresionante que su habilidad de cautivarme y de comprometerme con su propia charla era su habilidad de hacerme contarle mis trapos sucios a ella.

Me encontré contándole cada cosa horrible que alguna vez me había pasado. Solo las peores cosas que no había compartido en años, porque normalmente odiaba hablar sobre ellas. Desahogarme nunca me hizo sentir mejor, y de todas formas no me imaginaba que alguien quisiera escuchar sobre esas cosas.

Le conté sobre la chica que me había intimidado al punto de aterrorizarme en la secundaria. Había sido la más joven de todos en mi clase por años, y eso me había hecho el punto más fácil.

—Ella tenía una beca. De otro modo jamás hubiera estado en una escuela como esa. Era una escuela privada muy cara en el este, y descubrí después que su vida familiar era bastante terrible —le dije. Parte de mí siempre se sentiría culpable por haber nacido demasiado inteligente y demasiado privilegiada, así que tuve que poner excusas para mi torturador antes de que incluso empezara.

—¿Una beca académica? —preguntó, su mano que no se encontraba sosteniendo mi libro en su regazo, ahora trazaba patrones suaves en mi antebrazo.

Me encantaron sus incesantes gestos afectuosos, pero continué sentada como piedra, sin tocarla en respuesta. Quería hacerlo, pero se sentía demasiado forzado, así que solo me senté y hablé.

—Sí. Ella era muy inteligente. Lista, retorcida y violenta, es una mala combinación.

Mordió su labio, su afectuosa mano moviéndose para estrechar la mía que se encontraba fría.

—¿Qué fue lo que te hizo?

—Al principio solo pequeñas cosas. Lo llamó rito de iniciación, porque era la más joven en la escuela, por mucho. Me bajaba los pantalones en frente de la clase o metía mi cabeza en el inodoro. Cosas como esas. No dije nada. Supongo porque pensé que era como una iniciación normal, y ya me sentía como que no pertenecía. No quería comportarme como un bebé sobre eso. De hecho, esa era absolutamente la última cosa que quería hacer, así que soporté todo eso sin decir una palabra por bastante tiempo.

—¿Cuánto tiempo? —preguntó, luciendo completamente absorbida por la historia, sus ojos devorando cada parte de mi rostro, al igual que los míos debían haberlo hecho con la suya cuando hablaba.

—Mi primer año completo. Como dije, al principio era sobre todo inofensiva. Me daba un rodillazo en los testículos unas pocas veces cuando se enteró de que tenía unos, lo que fue horrible, pero en ese año eso fue lo peor.

Dejó mi libro descasando entre sus piernas y movió la otra mano, frotando las mías con las suyas. Mi mirada se encontraba pegada a ese libro mientras continuaba.

—Cuando regresamos de las vacaciones de verano para el semestre de otoño al año siguiente, enseguida me di cuenta de que las cosas iban a ser mucho peores. Más tarde me enteré que su padre había muerto, y su mamá había estado usándola como un saco de boxeo con bastante regularidad. Supongo que se podría decir que me convertí en su blanco para exteriorizar su dolor.

Hizo una mueca, deslizándose más cerca. Mis ojos continuaban pegados en el libro entre sus piernas, moviéndose contra su entrepierna cubierta por pantaloncillos. Estaba lo suficientemente familiarizada con la cubierta de esos pantaloncillos que podía imaginar cómo cada parte suya se encontraba  haciendo contacto con esa afortunada edición de bolsillo. Ni siquiera parecía notar que esta se hallaba ahí, todavía concentrada totalmente en mi rostro.

—Las bromas se convirtieron en golpes directos. Empecé a usar un protector genital para la escuela con regularidad, porque eso era lo peor, cuando me daba un rodillazo o un puñetazo en la ingle. Yo era alta para mi edad, y aunque era delgada, no estaba escuálida, pero como dije, era unos años menor. Era imposible para mí defenderme, pero nadie más iba a hacerlo.

Tomé una respiración profunda, sorprendida de que la historia continuara inquietándome, incluso después de todos estos años.

—Mis padres notaron algunas contusiones extrañas, el ocasional ojo morado, pero siempre jugaba afuera, diciendo que los había conseguido jugando tenis o en las clases de gimnasia. Ni una sola vez la delaté, sin importar lo que hiciera. Le pregunté una vez por qué me odiaba. Su respuesta me desconcertó, pero no me dijo nada.

—¿Cuál fue su respuesta? —preguntó, su voz tranquila, sus ojos tiernos en mi rostro.

—Solo obtuve en respuesta un “¿Eso importa?” Eso fue todo. Todo lo que dijo, pero si tuviera que adivinar, diría que me odiaba porque se odiaba a sí misma. Vio lo que la vida le había entregado, y lo que me había entregado a mí, a dónde iba a ir, y literalmente me convertí en su saco de boxeo por su rabia ante la injusticia de la vida.

—Su hostilidad me enojó, con seguridad se metió con mi autoestima, pero siempre ha sido fácil sumergirme en mis estudios, así que lo hice. Evitaba el conflicto tanto como podía, y esperaba con impaciencia el final del año, porque se graduaría. Fue un año horrible.

Hasta el día de hoy, fue la peor época de mi vida, y eso incluye mi divorcio del año pasado, el cual fue infernal.

»Se había estado despidiendo de mí durante el último mes de la escuela, así que pensé que se había empezado a aburrir de atormentarme, o al infierno, estaba demasiado emocionada por salir de la escuela que ya no le importaba. Todo fue lamentable, porque bajé la guardia. No esperaba que viniera por mí en la forma en la que lo hizo. Tendría que haber sido más cuidadosa supongo. Ves, esa es mi baja autoestima hablando. Incluso después de todas las cosas que me hizo, yo me siento culpable por lo que sucedió.

Sus ojos se abrieron de golpe, como si pudiera leerme lo suficientemente bien para saber que la peor parte estaba por venir.

—Bueno, para llegar al punto, me arrinconó solo un día después de gimnasia, me golpeó hasta casi dejarme inconsciente, y después usó mi camiseta para tratar de colgarme desde el cuello en la puerta de un casillero. No había nadie más alrededor, y me dejó de esa forma. Tuve que ponerme de pie en puntillas para no perder el conocimiento, pero incluso entonces no podía llevar mucho aire hacia mis pulmones. Hasta el día de hoy no sé si fue un accidente el trabarme así de bien, si ella trataba de matarme, o si se trató de algún error de cálculo por su parte, pero la única cosa que me salvó fue el entrenador de baloncesto que justo pasaba por ahí.

—Eso es terrible —dijo Brittany, todavía frotándome la mano, simpatía en sus ojos. Siempre había asumido que era el tipo de odio-compasión, pero viniendo de ella se sintió de alguna forma gratificante. Incluso calmante. Encontré eso extraño, por decir lo menos.

—Sí. Todo el mundo pensó eso, especialmente el entrenador y el director de la escuela. Y mis padres. Y el juez. Se encontraba a unas pocas semanas de cumplir dieciocho y fue sentenciada como un adulto por intento de asesinato. Diez años sin libertad condicional. Si pensaba que su vida antes era mala, bueno, sospecho que la vida después de eso se le mostró mucho peor. La odiaba, pero hasta el día de hoy, todavía me siento mal por ella. ¿Qué hice para conducirla a eso?

Hizo un ruido chasqueando su lengua, pero eso fue todo.

»En aquel entonces me sentí muy impotente, y fue en ese tiempo cuando empecé a ejercitarme mucho, como lo hago ahora.—No podía pensar en una sola vez, en toda mi vida adulta en que hubiera admitido en voz alta la verdadera razón por la que sentía la necesidad de ejercitarme de la forma en la que lo hacía. Hasta Brittany—. Solo quería ser lo suficientemente fuerte para defenderme.

—Bueno, sin duda lo eres. Lo he dicho antes, pero no haces nada a medias ¿cierto?

Eso hizo brotar una sonrisa y aligeró el estado de ánimo.

Trabajando en mí, afectándome, calmándome, controlándome, como sea que lo quieras llamar, ella parecía tener un talento natural para esto.

Mientras hablábamos, admitió abiertamente ser pragmática sobre casi todo. Debería haber estado más turbada por esto, porque se presentó a sí misma como una cosa salvaje, y el caos y el pragmatismo no eran una alianza fácil.

No sin un motivo.

Sabía que tenía que haberme preocupado más por sus motivos.

No, no era un idiota, y la respuesta lógica de Brittany deseándome era bastante obvia.

La cosa era, que no me importaba. Eso y que tenía la ingenua, optimista y completamente ridícula esperanza, de que iba a llegar a sentir algo por mí, inclusive si solo se me había aproximado porque había sido capaz de detectarme como una especie de víctima.

Y francamente, traer un poco de alegría a mi vida parecía digno de un poco de dinero de mi parte. Porque, diablos, tenía dinero, y me vendría bien un poco de dicha. Aseguraría como el infierno que comercializaría la mitad de los ingresos de mi vida por veinte años de miseria, y el pasado año de humillación que ya había experimentado.

Esa noche, cuando estuvimos listas para dormir, me llamó desde el baño principal. La puerta se encontraba entreabierta, pero le había estado dando su privacidad.

—Santana —llamó de nuevo.

Me estremecí y sentí que empezaba a ponerme dura. Amaba cuando decía mi nombre.

Solo había estado allí de pie, mirando hacia la puerta, pero eso me hizo mover.

Se hallaba sentada en el tocador, mirándome en el espejo, todavía con su fina blusa blanca sin sujetador, y mientras me acercaba más no pude dejar de notar que se había despojado de todo hasta quedar en sus bragas solamente. Bragas diminutas y transparentes.

Estaba a punto de agarrarla, por razones obvias, cuando unas pocas palabras dulces salieron de su boca deteniéndome.

—¿Cepillarías mi cabello? —preguntó.

Me tomó desprevenida, pero accedí suficientemente de buena gana, tomando el cepillo del mostrador y poniéndome a trabajar, al principio muy tentativo.

Observé su rostro, odiando el pensamiento de dibujarle aunque sea un gesto de dolor, pero su expresión era pacífica. Sus ojos se cerraron y su cabeza cayó hacia atrás mientras me volvía más segura, rastrillando las cerdas firmemente contra su cuero cabelludo, mi otra mano frotando su cuello.

Era agradable. Se sentía más que un poco antinatural, pero agradable.

Nada de esto era natural para mí. El simple afecto físico era una novedad para mí. Y el hecho de que lo disfrutara era una revelación.

Me hizo sentir bien. Me hizo sentir contenta, incluso feliz. Eran cosas nuevas para mí. Sentirme bien nunca había sido una prioridad alta, tan jodido como eso era.

Sin embargo necesitaba cambiar algunas de mis prioridades. Tal vez era el momento de empezar a disfrutar de mi vida, en vez de solo trabajar a través de ella. Y lentamente, dulcemente, Brittany me enseñaba algo sobre eso.

Decidí entonces, y ahí que quería permitírselo.

Sus ojos se abrieron, y me miró. Mi estado de ánimo cambió entre un parpadeo y el siguiente. De nuevo la deseaba. La necesitaba. Era una locura.

Se sentía como si mi cuerpo hubiera sido transformado a una especie de modo de supervivencia pervertido, donde quería follarse a sí mismo inconscientemente.

Era un poco como perder el conocimiento, cuando me ponía así, como si algo más tomara el control sobre mí.

Su mirada se quedó pegada a la mía, mientras deslizaba los tirantes de su blusa por sus hombros.

Sus ojos claros como el agua cambiaron en la forma más fascinante. Eran como el mar, partes verdes y azules, haciéndose más oscuros y con más luz con las horas cambiantes del sol. Ahora, sin el sol y la luz brillante del baño inundándolos, estaban en su punto más misterioso, como si el día mostrara su verdad más que la noche.

Deslicé el fino material blanco por debajo de sus pezones, frotando hacia atrás y hacia delante sobre cada pico duro, llevándola a suspirar. Mordió su labio, y se acercó más, presionando mi erección en su hombro mientras la acariciaba fuertemente. Sus manos cubrieron las mías mientras se retorcía en la silla.

Era tan gloriosamente sensible a mi tacto. Unos cuantos toques y se encontraba lista, temblando por mí. No era capaz de superar lo mucho que ansiaba esa respuesta adictiva.

Me moví a su alrededor, sentándola a horcajadas en la silla. Saqué mi polla, agarrando su cabello mientras empujaba la punta contra sus labios. Se abrieron para mí, su lengua deslizándose a lo largo de mi longitud mientras me abría camino hacia la parte de atrás de su garganta. Quería su coño, no su boca, cuando terminara, pero jamás superaría la visión de su profunda garganta tragándome.

Años sin recibir un oral le daría a cualquiera alguna clase de fijación, pensé.

Me arrastré fuera de su boca a punto de venirme, tirando de ella hacia arriba y moviéndome hacia su espalda, enfrentando el espejo. La tomé de esa forma, mirando mis manos acariciando las suyas mientras lentamente la tomé, poniéndola de pie y apoyándola contra el lavabo del baño.

Sus rodillas se volvieron demasiado débiles para sostenerla en pie, y la llevé a la cama, empujando su rostro hacia abajo y tirando de sus caderas mientras mi ritmo se aceleraba y me introduje más en ella, ahora fervientemente.

Empezó a agarrarme con más fuerza con su liberación, y eso me envió hacia allí. No sabía lo que quería; quería todo, porque me salí todavía con espasmos para venirme en sus nalgas, moviéndola para meter mi polla crispada en esa pequeña ranura en la parte inferior de su espalda.

Hice un lío enorme, y a ninguna de las dos nos importó. Me quedé dormida todavía en su espalda, pero estaba bastante segura de que ella se había dormido primero.
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Mensaje por 3:) el Vie Ene 12, 2018 9:58 pm

holap,..

demasiado pesado lo que paso san en la prepa!!!
estan peor que conejos,.. jajaj no pierden ni un segundo!!
a ver cuando san empieza a preguntar por britt?
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Mensaje por Isabella28 el Sáb Ene 13, 2018 7:15 am

Santana sabe que britt oculta algo, solo no quiere admitirlo...bueno eso digo yo.
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Mensaje por micky morales el Sáb Ene 13, 2018 7:54 am

La curiosidad me esta matando por saber de la vida de Brittany!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 13, 2018 10:43 pm

3:) escribió:holap,..

demasiado pesado lo que paso san en la prepa!!!
estan peor que conejos,.. jajaj no pierden ni un segundo!!
a ver cuando san empieza a preguntar por britt?
Paso por cosas muy duras, ese abuso argj... El sexo le nubla la mente a San!  Se olvida de preguntar! Jaja
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 13, 2018 10:44 pm

Isabella28 escribió:Santana sabe que britt oculta algo, solo no quiere admitirlo...bueno eso digo yo.
Estoy de acuerdo contigo, ella lo sabe pero todavía no le a dado poder a esas dudas para interrogarla.
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 13, 2018 10:51 pm

micky morales escribió:La curiosidad me esta matando por saber de la vida de Brittany!!!!
Es que no se da prisa en sacarle informacion!! Ajajja esta ocupada en otras cosas...
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Ene 13, 2018 10:58 pm

Capítulo 11


Desarrollamos un patrón, si se le puede llamar así, durante las semanas siguientes. A veces ella se quedaba aquí y a veces no. Pero pasamos mucho tiempo juntas. Suficiente tiempo como para que yo apenas consiguiera terminar cualquier trabajo.

Intenté trabajar, varias veces. Fui a mi oficina, me puse mis lentes con marco negro de edición, e incluso abrí el programa de escritura en mi computadora. Si ella no estaba cerca, sólo me sentaría allí, aturdida, mi mente llena de ella, dónde estaba en ese momento, las cosas que habíamos hecho, las cosas que le quería hacer cuando la viera de nuevo, dónde vivía, por qué mentía, por qué la dejé y nunca dije una palabra.

Si ella estuviera alrededor, terminaría inevitablemente llamando a la puerta de mi oficina. Le diría que podía entrar (porque, ¿quién se lo negaría?). Mostraría su magnífica cabeza rubia y sonreiría. Me diría lo guapa que lucía en mis gafas, o me preguntaría si quería que me hiciera el almuerzo.

Una vez simplemente entró y se sentó a horcajadas sobre mí, sonriendo frente a mi rostro y dijo cómo mis ojos la hacían derretirse.

Eso me llegó. Nunca había oído nada igual en mi vida.

—¿Mis ojos? —pregunté, parpadeando lentamente, quitándome mis gafas para ponerlas sobre mi escritorio.

Asintió, usando las puntas de sus dedos para frotarlas contra mi nuca, en mi mandíbula, de una forma en que me relajó.

—Sí. A veces son tan marrones, y a veces pienso que son más pardos, pero son siempre, siempre, tan cálidos. Son, con creces, tu arma más peligrosa,  San. Cuando por primera vez te conocí, hubiera jurado que era tu cuerpo, pero no, cambié de opinión. Son tus ojos.

Sólo me quedé mirándola fijamente. No tenía palabras. Sabía que debería decirle algo dulce de regreso, lo sentí, y quise decir lo correcto, pero no tuve la menor idea de qué.

Algo pasaba dentro de mí, algo directamente relacionado con la forma en que esta chica me hacía sentir, algo en la forma en que me ayudaba a cambiar, pero no tenía palabras adecuadas para ello todavía. Ni siquiera una.

Tuve un montón de las equivocadas, sin embargo, así que le dije eso.

—Eres absurda —dije, e inmediatamente quise tomarlas de vuelta. Por suerte, no se sintió ofendida, de hecho, en su lugar se rio.

—Sí, lo soy. Y de eso indudablemente culpo a tu cuerpo.

Ella era mucho mejor que yo en encontrar las palabras adecuadas. Aquello hizo mi día. Intenté devolverle el favor y hacer el suyo. Con mi lengua.

El sexo con Britt era increíble. Fuera de este mundo. Nunca disminuyendo la velocidad, ni por un día de esas breves semanas. Pero casi todas las noches salía sola.

Y a menudo, cada vez más, en realidad, la seguía. Siempre fue a un lugar diferente, pero para exactamente lo mismo. Estaba cien por ciento segura de que tenía un problema con el juego, pero por el momento pareció estar haciendo su dinero. No estaba segura de qué hacer al respecto.

A veces me tenía convencida de que esta cosa entre nosotras era real, que teníamos alguna profunda conexión que realmente sobrepasó los límites de la edad. Que me encontraba lo suficientemente enamorada, y ella era lo suficientemente madura, para hacer que se convierta en algo permanente.

Sin embargo, no pude analizar ese razonamiento por mucho tiempo. No se sostuvo contra la teoría de mi lógico cerebro que cada triste, solitario viejo quienes se había encontrado en esta posición se habían dicho a sí mismos exactamente lo mismo. Había una razón por la que hicimos esto: Porque se sintió infinitamente mejor que la verdad.

Y el hecho era que todavía se escabullía, mintiéndome acerca de su paradero, casi todas las noches, fue apenas reconfortante.

Mientras que ignorara todas las pequeñas mentiras, que me dije firmemente que eran, las cosas entre nosotras iban muy bien.

Hasta que cada inseguridad que tenía sobre ella, parecía llegar a su punto más álgido una mañana un par de semanas más tarde.

Todo comenzó con una simple palabra, y el hecho de que tuve un duro momento diciéndosela.

Esa palabra fue no, y nunca la había utilizado con éxito en ella antes.

Ella había pasado la noche de nuevo, una noche increíble, donde ni siquiera se había ido, en cambio se quedó y cenó conmigo, seguido por un momento de algo aún mejor.

Mi mente estaba atrapada firmemente en ese algo mejor mientras me duchaba, Brittany todavía escondida en mi cama, durmiendo pacíficamente. Me hubiera encantado estar allí con ella, de hecho me quedé dormida, había estado disfrutando de mi propio tranquilo sueño demasiado.

El problema era que, tenía compañía viniendo, compañía que no quería que ella conociera. Y viceversa. Era simplemente... incómodo.

Había arreglado hacer una entrevista de revista meses antes, una que contó con fotografías mías tomadas en mi casa. La entrevista iba a salir cerca de una semana después de que se tomaron las fotos, la cual estaba programada para este desafortunado día.

Había recomendado al fotógrafo que estaban usando, ya que ella era un contacto local y algo de un amigo. Bueno, era más complicado que eso.

La fotógrafa pasó a ser una muy hermosa mujer de cuarenta y un años de edad que había planeado invitar a salir tan pronto como superara mi mala actitud general para volver a estar en la piscina de citas. Habíamos trabajado juntas hace unos meses, en mi foto de rostro, e hicimos buenas migas.

Habíamos concordado con el hecho que las dos acabábamos de escapar de malos matrimonios.

Esta fotógrafa, Rachel, y yo habíamos hecho un poco de coqueteo, y tuve la impresión de que no estaría reacia a salir conmigo. No tenía la intención de preguntarle a Rachel ahora, no después de todo lo que había pasado, pero todavía no podía soportar ver su reacción al encontrar una chica como Brittany cómodamente instalada en mi casa.

Pensaría que era una canalla y con razón. Estaba decidida a evitar eso. Pero cómo, eso estaba más allá de mí. No es como si pudiera patear a Brittany fuera, o incluso pedirle que se fuera por unas horas. ¿Qué iba a decir? ¿Qué excusa podría elaborar?

Terminé de ducharme y me vestí, de mal humor.

Me puse un traje de un azul marino con una camisa color gris oscuro. Siempre me sentí un poco asfixiada en estos trajes a la medida, pero rara vez tenía que llevarlos, así que no me podía quejar. Éste había sido escogido para mí, cada parte de él, y enviado a mí por la revista haciéndome la entrevista, así que ni siquiera podía quejarme de eso.

Ella se movía sobre la cama mientras me acercaba.

—Yo, em, tengo una cosa hoy —dije torpemente, completamente perdida en qué decirle. No tenía idea de cómo manejar esto. Por sobre todo, no quería que pensara que la echaba de mi casa, a pesar de que básicamente lo necesitaba y rápido.

Parpadeó con soñolientos ojos hacia mí, sentada, la sabana envuelta alrededor de su desnudo cuerpo.

Asimiló mi ropa con una cercana, estrecha, lectura atenta.

—Bien. Voy a agarrar mis cosas y te dejaré en paz —dijo finalmente.

En términos de cosas que pudo decir, que parecían estar en la parte superior de la lista que funcionaban a mi favor.

Aún así, me sentí como una mierda, y aparentemente no estuve de humor para trabajar en mi propio favor.

Ni siquiera me había pedido una explicación. Pero por alguna razón, sentía como que necesitaba darle una.

—Estoy vestida así porque hay un fotógrafo viniendo a tomar fotografías para una entrevista de revista que haré la próxima semana.

Sus cejas se dispararon hacia arriba, y sonrió.

—Eso es increíble. —Dejó caer la sabana, salió de la cama, y entró en el armario, completamente desnuda y cómoda con ello.

Mantuve mi distancia. Ni siquiera poseía el traje que llevaba puesto, y todavía podía vernos poniéndolo muy sucio a toda prisa. Si fuera inteligente, la hubiera tomado rápidamente antes de ducharme, al menos intentando sacarla de mi sistema por el tiempo que se fuera.

Me dirigí a la puerta del armario después de un largo minuto de debatir qué hacer.

Todavía estaba desnuda, y cavando a través de su gran bolso amarillo, y luego la pequeña maleta que había traído con ella durante la noche.

No importa cómo me fastidiaba, ella aún mantenía todo empacado. Ni siquiera cuelga su ropa más elegante. Era exasperante, pero una cosa que había aprendido rápido sobre Brittany: ella nunca cedía a menos que quisiera.

No vi lo que sacó de sus bolsos, demasiado centrada en su denuda piel, mientras se movía por el suelo.

Sería tan fácil tomarla de esa manera. Sólo un botón y una cremallera de distancia. Si fuera muy cuidadosa, podría mantener mi traje prestado limpio, me dije.

Me acomodé, moviendo mi erección andante cuidadosamente lejos de la cremallera de mis pantalones, con la intención de liberarla cuidadosamente de sus repentinamente duros confines. Apreté mi dura punta en un esfuerzo por mantenerme bajo control.

Brittany se enderezo de repente y vio mi dilema. Sonrió con malicia.

—¿Debería apresurarme? ¿A qué hora el fotógrafo estará aquí? ¿Por lo menos tenemos tiempo para algo de eso? —Agitó una mano hacia mi entrepierna.

Sacudí mi cabeza, diciendo: —Quizás.

Rio.

—¿Qué significa eso?

Me había vestido antes de despertarla solo por esta razón. Realmente no tenía tiempo. Lo gasté todo durmiendo demasiado tarde.

—Ella va a estar aquí en media hora. Estaba estudiando mi rostro con ojos inquisitivos, su expresión cerrada.

—Y, ¿necesito haberme ido para entonces? —preguntó muy lentamente. Asentí, mandíbula apretada, odiando la forma en que me miraba.

—Bueno, entonces, realmente no tenemos tiempo. Voy a necesitar solo un minuto. —Se movió hacia el baño. Conté hasta cien, observando la puerta entreabierta.

Encendió algo de música, algo en el viejo pequeño iPod que llevaba con ella, pensé, ya que reconocí la canción. Era una de las canciones que colocaba en repetición todo el tiempo, la de la chica borracha despertando en la cocina.

Debe haberlo conectado al pequeño altavoz allí, ya que estaba a todo volumen.

Ella se iba a ir sin otra pregunta, al igual que yo lo necesitaba, pero no se sentía correcto.
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Mensaje por Isabella28 el Dom Ene 14, 2018 1:34 am

Ya quiero saber que oculta britt. Muy mal po santana, echó a britt para que no la viera la otra meee que descaro.
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Mensaje por micky morales el Dom Ene 14, 2018 8:55 am

Bueno visto friamente ellas no tienen una relacion con todas sus letras, de verdad ni siquiera hay honestidad entre ellas!!!!!
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Mensaje por monica.santander el Dom Ene 14, 2018 1:07 pm

Ya quiero saber de Britt!!!!
Las mentiras no llevan a nada bueno!!!
Saludos
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Mensaje por 3:) el Lun Ene 15, 2018 12:14 pm

Buuuueenoooo no son nada serio sólo un follon de aquí otro de haya... una para britt san tiene menos tacto que un elefante!!!
A dieron quiero saber más de britt!!! Por lo menos si en algún cap del libro sino esperamos a los otros jajaja
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 15, 2018 5:09 pm

Isabella28 escribió:Ya quiero saber que oculta britt. Muy mal po santana, echó a britt para que no la viera la otra meee que descaro.
Si, esta vez San metio la pata. Hizo sentir a Britt como una puta creo yo, le daba vergüenza q Rachel la viera y pensara eso mismo.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 15, 2018 5:13 pm

micky morales escribió:Bueno visto friamente ellas no tienen una relacion con todas sus letras, de verdad ni siquiera hay honestidad entre ellas!!!!!
Pues si, técnicamente hablando. Las dos estan haciendo las cosas mal. Britt con sus mentiras y San ignorando todo lo que ella oculta por andar jugando a los conejos con Britt.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 15, 2018 5:15 pm

monica.santander escribió:Ya quiero saber de Britt!!!!
Las mentiras no llevan a nada bueno!!!
Saludos
Tienes razon y por ahora Britt esta llena de mentiras.
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 15, 2018 5:17 pm

3:) escribió:Buuuueenoooo no son nada serio  sólo un follon  de aquí otro de haya... una para britt san tiene menos tacto que un elefante!!!
A dieron quiero saber más de britt!!! Por lo menos si en algún cap  del libro sino esperamos a los otros jajaja
Jajaja ehh.. Solo digo, esperen los otros. Jajaaj
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Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 15, 2018 5:21 pm

Capítulo 12


Fui al baño y al instante me arrepentí y me encantó cuando me la encontré maquillándose de pie, vestida sólo con un tanga de color naranja neón y esas malditas sandalias de gladiador blancas suyas, su cuerpo moviéndose ligeramente al ritmo, incluso mientras se aplicaba la máscara de pestañas.

Saqué una silla, mirándola. Sabía que tenía que prepararse e irse rápidamente. Nunca le costaba mucho tiempo pasar de un estilo naturalmente hermoso a completamente pulido. Estaría fuera de aquí en diez minutos, como mucho.

No pude soportarlo.

Me senté y puse mala cara, las manos sobre las rodillas, calentándome hasta que estuve cerca de hervir.

—¿Por qué llevas esos zapatos a las once de la mañana? —dije en voz alta para hacerme oír por encima de la música—. ¿Y por qué tanto maquillaje? ¿Dónde planeas ir?

Apartó ese pequeño cepillo de la máscara de sus pestañas y se encontró con mi mirada de lleno en el espejo.

Aparté la vista.

—Te respondería, pero si no me equivoco, me quieres fuera de aquí antes de que tu fotógrafo aparezca. No quieres que me vea, ¿verdad?

Tragué saliva, sintiéndome completamente avergonzada de mí misma. Captó la situación de inmediato y con demasiada claridad. Me sentía como una basura.

No es que me avergonzara de ella. No de ella. De alguien de su edad, sin embargo, eso sí, me sentía avergonzada de eso.

—No eres tú… —empecé.

—¿No eres tú, soy yo? ¿Es eso lo que ibas a decir? ¿Me pides que salga de aquí para siempre?

Sentí el momento en que empecé a sudar duro. Mis manos agarraron con fuerza mis rodillas.

—No, por favor, no hagas eso. No digo eso en absoluto. Iba a decir que no eres tú lo que no quiero que vea.

—¿Qué es entonces? ¿Por qué tengo la sensación de que me quieres fuera de aquí, como si tuviera algún tipo de temporizador para salir de tu casa?

Negué con la cabeza, una y otra vez, tratando de pescar una mentira. Siempre fui una terrible mentirosa.

—No es eso... es tu edad.—Supe de inmediato que no debería haberlo dicho. Todo salió de mí, y sabía que después de esa declaración no había vuelta atrás.

—¿No quieres que vea mi edad? —preguntó con voz apagada, aplicándose brillo en los labios—. ¿Quieres decirme exactamente lo que eso significa?

—Soy demasiado vieja para ti. Eres demasiado joven para mí. La fotógrafa es una amiga, y va a pensar que soy una canalla completa si te da un vistazo.

Cerró el brillo labial lentamente, luego lo dejó muy bruscamente, volviéndose  para mirarme. Traté de mantener los ojos en su rostro, pero se encontraba en topless, y sólo lo logré a medias.

Se apoyó contra el mostrador, con las manos en las caderas, totalmente despreocupada por su falta de ropa.

—¿Qué hay en mí que te haga parecer una canalla?

Negué con la cabeza, decidida a no darle más respuesta que esa. Solo cavaba un agujero más profundo con cada palabra. Incluso mi yo socialmente torpe podía verlo.

Se acercó a mí, pero poco a poco, una de sus canciones favoritas sonando fuerte en el fondo, sus caderas balanceándose al compás.

Mantuve las manos con determinación en mis rodillas mientras se movía entre mis piernas, una de sus manos alcanzando hasta agarrar mi cabello.

—Dime, San. ¿Qué es lo que hay en mí que te haga parecer una canalla?—dijo en voz baja, inclinando la cabeza hacia atrás mientras se inclinaba hacia delante, sus tetas pesadas peligrosamente cerca de rozar mi mandíbula.

—Debido a que solo hay una razón por la que la gente de nuestras edades se reúnen.

—¿Y qué razón es esa? —Su voz era tan baja que casi no escuché sus palabras. Cerré los ojos.

—Para usarse el uno al otro.

—Esa es la única razón, ¿eh? Supongo que puedo adivinar cómo me usarías. Mi cuerpo es la única cosa en la que posiblemente podrías estar interesada, ¿supongo? ¿Es así como es?

Me estremecí y sacudí la cabeza.

—Eso no es lo que es. Lo que quise decir es que es como se verá.

Sentí su movimiento contra de mí y no pude evitar abrir los ojos y mirarla. Moví las manos de mis rodillas a los lados de mi silla mientras pasaba una larga pierna por encima de mi rodilla, poniéndose a horcajadas sobre mí.

Comenzó a bailar, girando en mi contra, pechos desnudos metidos en mi cara hasta que jadeé. Balanceó la pierna hasta que estuvo de nuevo entre las mías. Giró la cara lejos de mí. Su cabeza cayó, levantó el culo y se sacudió.

La canción se reprodujo, las palabras de la cantante haciéndome parpadear y preguntándome si había oído bien, pero no le pregunté al respecto, y la cantante pasó a cantar sobre lograr ser llamada Peaches cuando se puso traviesa.

Como si esa maldita canción no fuera suficiente para hacerme sentir como una vieja pervertida, estaba bastante segura de que Britt se meneaba para mí.

Era como si la sola mención de nuestras diferencias de edad le daba ganas de tirarlo en mi cara.

Ella era joven. Yo era mayor.

Ella era salvaje.

Yo era mansa.

¿Qué diablos hacíamos aquí? ¿Cómo diablos haríamos para encajar en la vida de la otra?

La respuesta era simple y sombría. No lo hacíamos y no lo haríamos.

—Te preocupas demasiado acerca de cómo serán las cosas —dijo, volviéndose de nuevo para mover sus pechos contra mi cara. Agarré mi silla y me esforcé para no empezar a lamer nada.

No teníamos tiempo para nada de esto. Necesitaba decirle que se detuviera. Tenía que hacer lo imposible y decirle que no.

—Nos retrasamos —le dije con rigidez, no frenando del todo una media caricia con mi mandíbula en su escote. Fue abismal, pero lo mejor que podía manejar en términos de alejarla.

Se puso a horcajadas sobre mí, todavía en pie, sus manos deslizándose por su cuerpo para juntar sus pechos y ponérmelos en la cara.

Me portaba bien justo hasta que uno de sus pequeños pezones erguidos se frotó contra mis labios.

Gemí, moviéndome inquieta, con las manos manteniendo su agarre de muerte en los lados de la silla. Se alejó un poco, y volví a gemir.

Levantó una pierna arriba y por encima de mi hombro, posando la rodilla allí, la pantorrilla envolviéndome por atrás. Su mano en mi pelo me guio hacia adelante hasta que mi cara se enterraba en su bajo vientre, luego ligeramente más abajo.

Comenzó a moverse, una danza obscena que tenía mi cara avanzando lentamente hacia abajo, entonces se alejó, luego más abajo, hasta que mordía su tanga para evitar que se alejara de mi cara.

En mi defensa, mantuve mis manos para mí misma.

Mi lengua, ahora, eso era otra historia.

Empecé a lamer, mi lengua arremetiendo contra su piel cada vez que se acercaba, baje cada vez más, hasta que me empujaba contra su clítoris con sus movimientos.

Su respiración entrecortada creció, pero se apartó casi tan pronto como empezó a respirar así.

Fue a apoyarse en el mostrador de nuevo, sin molestarse en arreglar sus bragas, la que bajé más allá de su coño con mis dientes.

Mis manos se hallaban en mi bragueta, con cuidado tratando de liberar mi polla palpitante, cuando habló.

—Tu timbre acaba de sonar. Dos veces.

Maldije con fluidez.

Me puse de pie, arrastrando una mano por el pelo.

—Voy a ir a abrir mientras te vistes.

Se encogió de hombros, atrayendo mis ojos de nuevo a sus pechos.

—Claro.

—Escucha, te presentaré a la fotógrafa cuando salgas.

Se encogió de hombros otra vez, pero algo en sus ojos llegaba a mí.

—No importa.

—Fui una idiota. Lo siento. No tienes que irte. Debes quedarte.

—No, está bien. Tengo que irme. Tengo planes. —Me lanzó una sonrisa que era todo dientes. No me gustó.

—¿Cuáles son tus planes?

—Por qué, pienso hacer lo que la gente de veinte años hace, San. Voy a ir a ser impulsiva. Diablos, esta noche, incluso iré a una rave.

No sabía a qué parte de su declaración tomar más en serio. Espera, sí lo sabía.

—Veinticuatro, quieres decir —dije, apretando la mandíbula con tanta fuerza que me dolían los dientes.

Puso los ojos en blanco, adoptando plenamente este nuevo personaje más duro suyo. No me gustó. Ni un poco.

—Oh sí, tengo veinticuatro años, ¿no? Misma diferencia, para alguien de cuarenta años, estoy segura.

—No, no, en absoluto. Veinte no es en absoluto lo mismo que veinticuatro años, incluso para una vieja como yo. ¿Y qué coño quieres decir con que vas  a ir a una rave? ¿Fue una declaración seria o algún tipo de broma?

—No te preocupes. Es una cosa demasiado joven. No lo entenderías.

—¿Todavía tienen raves? ¿Todavía se les llama raves? —Me sentía más agitada por lo segundo. Realmente no sabía si jugaba conmigo, y no podía soportar la idea de que fuera a una especie de fiesta de drogas.

—Sí. ¿Y qué importa cómo que las llaman? Solo tratan de utilizar una referencia que alguien de tu edad podría entender.

—¿Así que quieres que sepa que vas a una especie de fiesta donde podrás...como chupársela a un pacificador y tomar éxtasis?

—Pacificador, no. Esta será más acerca de pintura corporal neón y algo de Skrillex.

—Y drogas —añadí, mis puños apretándose. Realmente no podía dejarla ir así, y no tenía idea de cómo detenerla.

Se encogió de hombros.

—No lo sé. ¿No son las drogas parte de ser demasiado joven?

—No hagas esto. No actúes así. Sabes que me preocuparé si te vas ahora.

El timbre sonó de nuevo, y todavía nos quedamos mirándonos la una a la otra. Apagó su música, luego me miró, con los brazos cruzados sobre el pecho.

—Ve a abrir —murmuró.

Fui a responder, sintiéndome demasiado agitada para lidiar incluso con la encantadora, agradable Rachel.

Abrí la puerta y traté de sonreír. Rachel me devolvió la sonrisa, pero vaciló cuando me estudió. Era una hermosa mujer elegante, con grandes ojos oscuros, y las masas de cabello negro ondulado.

—¿Es un mal momento?

Negué con la cabeza, luego di un paso atrás y le hice un gesto para que entrara.

—¿Puedo ofrecerte algo de beber? —le pregunté, mirando a la escalera, preguntándome qué iba a hacer Brittany, cómo iba a actuar, si iba a irse. Me encontré con que no me importaba ahora qué más hiciera, siempre y cuando no se fuera.

Rachel podría sacar sus propias conclusiones y pensar lo que quería de mí. No podía dejar que Brittany se fuera así.

—No, gracias —dijo Rachel—. Déjame ir a jugar un poco en tu patio trasero. Me gustaría ver cómo la luz va funcionar por ahí en este momento del día. En realidad, debes venir conmigo.

La seguí, dejando la puerta de atrás abierta y tratando de mantener la parte inferior de las escaleras en mi campo de visión por lo que Brittany no podría escapar sin que lo supiera. Eso no duró mucho tiempo.

Rachel me llamó por mi nombre, me volví a mirar, y unos pocos minutos pasaron mientras se establecía.

—Disculpa —le dije cuando no podía soportar ni un minuto más, caminando de regreso a la casa.

Oí el cerrojo de la puerta principal mientras entraba, y eché a correr.

La atrapé en el patio, sus dos bolsas a cuestas. Me lanzó una mirada y empecé a negar con la cabeza.

—No lo hagas —le dije, teniendo que apretar los puños para no quitarle las bolsas de las manos, para no meter su cuerpo de vuelta a la casa. No tenía derecho a detenerla—. ¿Por qué tomas todas tus cosas?

Negó con la cabeza, sin mirarme del todo.

—No es una gran cosa. Escucha, te llamaré más tarde.

Di un paso más cerca, y se alejó más en el camino. La seguí.

—No tienes teléfono.

—Encontraré uno para pedirlo prestado.

—No sabes mi número.

—Entonces dímelo.

Divagué un poco, seguido por: —Tienes que escribirlo.

—No, no tengo que hacerlo.

—Olvídate de la llamada. Simplemente vuelve dentro.

—Detente —dijo débilmente, todavía alejándose, todavía llevándose todas sus cosas con ella.

—¿Podrías volver esta noche? ¿Por favor?

Nos encontrábamos casi al final del camino, y entonces nos hallábamos más allá de él. No se detuvo, rodando la maleta en la carretera, todavía con esos tacones ridículos.

—Cuando te digo que necesito espacio ahora mismo, vas a querer escucharme —dijo, su tono no toleraba ningún argumento—. Te llamaré más tarde.

Me dio la espalda y comenzó a caminar más rápidamente, claramente con prisa para escapar.
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Finalizado Re: Fanfic Brittana Gp: Salvajemente 3. Epílogo.

Mensaje por Tati.94 el Lun Ene 15, 2018 5:26 pm

Capítulo 13


Me tomó cinco segundos decidir que tenía que seguirla.

Rachel estaba en la entrada, pareciendo preocupada, cuando entré.

—Creo que deberíamos hacer esto más tarde—dijo, antes de que yo pudiera inventar una excusa—. Puedo decir que es un mal momento.

—Lo es, lo siento. Algo... inesperado ocurrió.

Ella hizo un gesto con la mano.

—Sin preocupaciones. Reprogramaremos la fecha cuando tenga tiempo.

Estuve de acuerdo y ni siquiera la vi salir. No tenía tiempo que perder.

Salí del vecindario, manejando mi Prius negro, mientras ella se metía en un taxi.

La seguí. Comenzaba a mejorar en eso, a pesar de que era extraño probarlo a plena luz día. Seguía queriendo agachar la cabeza, pero podía ver la parte posterior de su rubia cabeza, y nunca se dio la vuelta, quedándose hacia abajo todo el viaje.

El taxi me llevó a uno de los peores barrios de la ciudad. Se encontraba cerca de la Universidad de Nevada. Podía recordar haber leído algo, hace años, en donde hacían viviendas más baratas alrededor de la universidad, pero no habían limitado la elegibilidad para ellas a los estudiantes, el resultado final fue estudiantes viviendo a dos puertas de traficantes de drogas, casas de fraternidad junto a prostíbulos ilegales, y otros escenarios de diversión.

Eso hizo una interesante vida fuera del campus para los estudiantes, pero supuse que todo era parte del curso en la escuela de los sueños rotos.

Parada en la acera a unas pocas casas de distancia, la vi salir del taxi. Este era realmente el peor de los escenarios. Cuando estaba preocupándome por dónde vivía (lo que hacía mucho) esto era justo lo que me inquietaba.

Entró a la unidad de la planta baja de un pequeño dúplex situado entre lo que tenía que ser una gran casa de fraternidad, y sólo por la condición general de la misma y la gente deambulando por el patio, lo que habría apostado que era una casa de drogas.

Me sentí impotente. No podía soportar la idea de ella en un lugar tan peligroso, a pesar de que claramente vivía aquí.

Ni siquiera podía llamarla, y tanto como hubiera querido seguirla hasta su puerta, fue muy clara sobre necesitar su espacio. Tampoco podía sacudirme la mirada que me dio antes de irse.

Mi mente había estado estancada en esa mirada, obsesionada con descifrarla, durante todo el viaje. No había sido ira, ni siquiera estrictamente dolor, aunque había algo de eso mezclado. Me tomó un tiempo, pero lo situé.

Había estado decepcionada.

Conmigo. Como si esperara algo mejor de mí que la forma en que me comporté. No me gustaba mucho yo misma en ese momento.

Por último, me obligué a irme, pero se encontraba lejos de ser fácil, y lo último que quería hacer.

Fue un día infernal de espera y preocupación. Traté de trabajar, pero no sirvió de nada. Traté de ver televisión, e incluso me encontré viendo algunos reality shows malos que parecían su estilo, pero no me distraje por mucho tiempo.

Fui de compras al supermercado, luego volví a casa e hice una elaborada cena para mí. Hice lo suficiente para Britt, con la esperanza de que apareciera.

No lo hizo.

Me fui a la cama a las ocho y luego me sacudí y di vueltas durante horas.

Debí de haber caído en un sueño inquieto, porque mi teléfono me despertó cuando empezó a sonar alrededor de las tres de la mañana.

—Hola —murmuré, mi mente aún despertándose.

—San —Brittany habló en mi oído, su tono tan diferente, tan mal, que todo mi cuerpo se tensó con esa palabra.

—Britt, ¿dónde estás? —le pregunté.

Estaba de espaldas, el teléfono en mi oído. Pude ver mi pecho expandirse con una respiración profunda por el borde de mi visión mientras esperaba que respondiera.

—Estoy en una… fiesta. No me siento bien, San, y necesito un aventón.

Me senté.

—Voy a estar allí enseguida. ¿Tienes un número de calle, o alguna indicación para llegar a dónde estás?

Me moví a mi armario y saqué unos pantalones de chándal con una sola mano mientras ella murmuraba una dirección.

—Está bien, cariño, estoy en camino.

—¡Espera! —dijo, todavía sonando mal—. Quédate al teléfono conmigo. Háblame. Tengo que permanecer despierta.

Ya me hallaba en mi coche, escribiendo la dirección en mi sistema GPS.

—¿Qué está pasando? No suenas como tú misma.

—Me tomé una copa, y no me cayó muy bien.

—¿Qué clase de bebida?

—Un cóctel. No sé lo que había en él. Era anaranjado. Y creo que alguien le deslizó algo dentro.

Sentí mi raro temperamento empezando a hervir.

—¿Puedes ir al frente y esperarme? ¿Será más seguro para ti o peor?

No pude oír mucho excepto un fuerte ruido de fondo por un rato, y me sentí más que un poco preocupada de que se hubiera desmayado, pero finalmente, gracias a Dios, respondió—: Estoy en el frente. ¿Estás cerca? Me siento realmente mal, San. No puedo pensar con claridad. Me asusta.

Maldije y aceleré.

—Estoy a cinco minutos. Sólo espera. Te tengo. Me ocuparé de ti, cariño.

La ubicación era un gran almacén en una calle a oscuras al otro lado de la pista de aterrizaje. El lugar estaba lleno, pintura de neón cubría a los asistentes de la fiesta que merodeaban afuera y caminaban por la calle hasta el punto que tuve que tocarles la bocina a varios chicos drogados para poder aparcar en la acera de en frente.

Incluso con todos los punks pintados que había alrededor, no tuve problemas para encontrarla. Ella siempre se destacaba.

Llevaba unos diminutos pantalones cortos blancos y la parte superior de un bikini blanco, o al menos, pensaba que había sido blanco. Se hallaba cubierta de pies a cabeza en todo tipo de neones, algunos de polvo, otros de pintura.

Incluso su pelo, levantado en una coleta alta, era más rosa que rubio, por el momento. Se encontraba parada, balanceándose sobre sus pies, como si tuviera miedo de sentarse.

Corrí hacia ella, halándola hacia mí, pero aun así, apenas parecía verme, se hallaba realmente fuera de sí.

—Vamos a casa, cariño —le dije, tomando la gran bolsa de su hombro, poniéndolo en el mío, guiándola a mi coche con un brazo alrededor de su cintura.

Mi voz o mis movimientos, parecieron sacarla un poco de su aturdimiento. Empujó su cuerpo contra el mío, con los brazos alrededor de mi cuello, sus pechos frotándose contra los míos. Ni siquiera me sentí encendida con ese contacto. Me encontraba demasiado preocupada para ponerme dura. No me gustaba el estado en que la había encontrado.

—Viniste por mí. Gracias.

Sólo gruñí y comencé a moverla hacia el coche de nuevo. Iba con bastante facilidad. Había llevado mi TT gris oscuro, porque era rápido y fácil de maniobrar.

El coche apenas había sido utilizado, y ella estaba llenando de pinturamfluorescente todo el asiento del pasajero. No le di ni un segundo pensamiento, no podría importarme menos. Lo único que me importaba en ese momento era llevarla a casa a salvo.

No se desmayó de inmediato, se movió sin cesar cuando empecé a conducir, reclinado su asiento. En un gesto de puro consuelo cariñoso, uno que ella me había enseñado a mí, puse mi mano en su rodilla y la apreté.

Lo tomó de la forma completamente equivocada, separando sus piernas, y empujando mi mano en sus diminutos pantalones cortos, frotando mis nudillos contra su coño.

Sorprendida, saqué mi mano, enviándole una mirada de asombro.

Me dio una sonrisa drogada, desatando su bikini. Estuvo en topless en un instante, acariciándose con una mano, y tirando de mis dedos de nuevo a su coño con la otra.

Me aparté de nuevo suavemente, mirando otra vez la carretera.

Se encontraba casi desnuda, su cuerpo voluptuoso cubierto de un poco de intrigante pintura, y ni siquiera me sentía tentada. Se hallaba demasiado fuera de sí. Sólo Dios sabía lo que había sido deslizado en su bebida.

—No eres tú misma —le dije—. Tenemos que llegar a casa, darte algo de comida y agua, y dejarte dormir.

Hizo un ruido, una especie de suspiro, y la miré. Me sonrió.

—Ves, por eso es que te necesito. Eres la única que está pendiente de mí. Estarías triste si me pasara algo, ¿verdad, cariño?

Sus ojos se cerraron. No creí que esperara una respuesta, pero le di una, de todos modos.

—Sí, dulce niña, estaría muy, muy triste.

No dijo ni una palabra más. Para cuando llegué a casa, se había quedado inconsciente.

La llevé dentro, hasta mi cama, y no hizo mucho más que retorcerse. Estaba preocupada, muy preocupada. Pensé en llamar a una ambulancia, porque no podía despertarla, y me parecía que apenas podía respirar, pero, sinceramente, no sabía si era una exageración.

Finalmente, decidí llamar a una vecina dos fincas más abajo, que sabía que era médico.

Le debería algo enorme después de esto, porque vino directamente, ni cinco minutos después de que la llamé, con su bolsa médica en mano.

Jenna era una mujer bajita, de unos sesenta años, con gafas y una cara amable. Siempre me había gustado, aunque no nos veíamos mucho.

La conduje hasta mi habitación, diciéndole en detalle la condición de ella.

—¿Crees que fue drogada?

—Suena como eso. Dijo que tenía una bebida, y se encontraba realmente fuera de sí cuando la recogí.

Había halado una sábana hasta su cuello, y apreté los puños cuando una de las primeras cosas que ella hizo al sentarse en la cama fue tirar de ella hacia abajo lo suficiente para escuchar su frecuencia cardíaca con su estetoscopio.

—¿Qué es lo que la cubre? —preguntó, sonando más curiosa que crítica. Me sonrojé.

—Algún tipo de pintura corporal. En la fiesta en la que estaba, todo el mundo lo llevaba puesto.

La examinó brevemente y me hizo algunas preguntas más.

—¿Debería llamar a una ambulancia? ¿Necesita ir a un hospital?

Sus cejas se unieron mientras se levantaba.

—En este momento, diría que no. Lo que le dieron parece ser leve. Probablemente no consumió la dosis completa. A menos que empeore, diría  que lo mejor es dejarla descansar. Llámame si algo cambia.

La acompañé hasta la puerta. Antes de salir, me dio una mirada inquisitiva.

—¿Es tu... novia?

—Algo así —dije con una mueca de dolor. Sabía todo lo que debía estar pensando.

—Bueno... ocúpate de ti, Santana. Eres una buena persona, una persona de confianza, pero no todo el mundo tiene buenas intenciones.

Sonreí apretadamente. Pensaba que era una idiota y una tonta. No podía culparla.

—Gracias por tu ayuda, Jenna.

—En cualquier momento. Llámame si algo cambia. Probablemente va a dormir durante bastante tiempo y despertar con una sensación horrible, pero si hay algo más, me llamas.

—Lo haré. Te debo una.

Sonrió.

—Lo haces. Date prisa en el próximo libro por mí. He estado esperando durante meses.

Traté de hacer mi sonrisa más convincente.

—Tendré en mis manos una copia anticipada para ti, lo juro.

—Ahora estamos hablando. Eso nos pondrá a mano, justo allí.

Intercambiamos unas cuantas bromas más, y luego se fue.

Subí las escaleras para comprobar a Brittany. Dormía. Le quité la poca ropa que tenía, tratando de ponerla cómoda. Conseguí un paño húmedo del baño, y limpié la mayor parte de la pintura y el polvo, luego la acomodé de nuevo.

El sol comenzaba a subir cuando finalmente me quedé dormida.

Me desperte ocho horas después con un terrible dolor de cabeza, y Brittany todavía inconsciente a mi lado.

Revisé su respiración y su ritmo cardíaco, y no se movió. Durmió, por cinco horas más.

Yo era un desastre cuando finalmente despertó.

Me sentía enojada y ansiosa, preocupada y agitada.

Todavía parpadeaba, luchando para sentarse, cuando comencé a cuestionarla.

—¿Qué hacías? ¿Qué estabas pensando?

Todavía se veía más que un poco fuera de sí, eso no ayudaba con mi temperamento.

—No tienes permitido nunca hacer algo así otra vez. ¿Por qué fuiste a un lugar como ese? ¿Por qué te pusiste en esa posición?

La miré, y su aspecto aturdido fue abandonándola, siendo reemplazado por una expresión que no me gustó mucho más.

No, de hecho, me gustó menos.

—Necesitamos algunas reglas aquí, un poco de estructura. Lo que ocurrió anoche, fue inaceptable. No tienes permitido hacer cosas como esas, ponerte en peligro así.

Se sentó, empujó las mantas, puso las piernas a un lado de la cama y en el suelo, con los ojos en mí todo el tiempo, su mirada se volvió... insolente.

—No se me permite, ¿eh?

Estaba completamente desnuda, partes de ella todavía cubiertas de pintura brillante, su pelo todavía en su mayoría de color rosa, ahora suelto y despeinado.

Aparte de sus curvas voluptuosas, parecía ridículamente joven así, y eso no ayudaba. De hecho, era todo el maldito problema.

—No, no lo hace —le dije, mi voz dura.

—Mucha charla de una tipa que ayer me dijo que sólo estábamos usándonos mutuamente. ¿Recuerdas?

Di un involuntario paso atrás ante su tono.

—Te dije…

—Sé lo que me dijiste, y sé lo que piensas. Crees que gente de nuestra edad sólo puede utilizarse el uno al otro. Lo que me dice mucho acerca de lo que ha sido todo esto… para ti.

Sacudí la cabeza, pero no sabía qué decir. ¿Qué podía decir? De algún modo la había estado utilizando, no sólo por su cuerpo, sino por la forma en la que me hacía sentir.

Había más que eso. Claro, pero tomé todo lo que ella había ofrecido, todo lo que yo quería, con los ojos bien abiertos, totalmente preparada para devolver cualquier cosa que pudiera querer de mí.

La gran pregunta era: ¿qué quería ella? Nunca había estado ni cerca de mostrar su mano, y por eso dejé que la lógica sacara la conclusión por mí.

—Dejémoslo —dije uniformemente, tratando de calmarla, tratando de calmarme—. Necesitas una comida sólida y…

—Deja de decirme lo que necesito y olvídate de decirme lo que se me permite.  —Mientras hablaba, se deslizó en mi baño, cerrando la puerta a su espalda.

Bajé a la cocina y comencé a hacerle el desayuno. Tenía que comer, y yo tenía que tomar un momento para calmar mi temperamento.

Pensé que había hecho un buen trabajo para cuando se unió a mí en la cocina, usando un diminuto vestido blanco que debía haber estado escondido en su bolso. No llevaba ropa interior, por lo que pude ver. Todavía tenía el pelo mojado, su cara limpia, encantadora y libre de cualquier maquillaje.

Era tan hermosa. Simplemente impresionante. La visión de ella me hizo inmediatamente querer calmar las cosas, y no sólo para poder follar otra vez.

Apagué la hornalla, repartiendo la comida mientras hablaba: —Todo esto se ha salido de proporción…

—¿Todavía crees que soy demasiado joven para ti? —interrumpió—.¿Todavía crees que eres demasiado vieja para hacer otra cosa que utilizarme?

Me volví hacia ella, cruzando los brazos sobre mi pecho. No debería haber contestado, pero lo hice.

—Definitivamente eres demasiado joven para mí.

—¿Y qué te imaginas que mi ser demasiado joven quiere de ti, San? Quiero que lo deletrees por mí. ¿Qué crees que es?
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Mensaje por JVM el Lun Ene 15, 2018 7:10 pm

Pffff drama mil ¡¡¡¡
Es verdad que lo que dijo San obviamente no le cayo nada bien a Britt porque aunque en parte sea cierto que se estaban utilizando desde un principio fue distinto .... y que decir entre mas habla la morena mas jode las cosas jajajaja, espero que pronto se solucionen las cosas
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Mensaje por 3:) el Lun Ene 15, 2018 11:36 pm

ya lo dije san tiene tacto de elefante, para ser escritora las palabras no le dan bien que digamos!!
lo de la edad es verdad,..bastante es la diferencia!! pero si se habla todo se puede arreglar no, va si san sabe usar bien las palabras!!
britt tampoco ayuda mucho que digamos!!
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Mensaje por Isabella28 el Mar Ene 16, 2018 12:30 am

Que podra querer britt de san??
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Mensaje por micky morales el Mar Ene 16, 2018 12:08 pm

Bueno la cuestion aqui es sentarse a hablar y analizar que tipo de sentimientos las une!!!!!
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 16, 2018 5:58 pm

JVM escribió:Pffff drama mil ¡¡¡¡
Es verdad que lo que dijo San obviamente no le cayo nada bien a Britt porque aunque en parte sea cierto que se estaban utilizando desde un principio fue distinto .... y que decir entre mas habla la morena mas jode las cosas jajajaja, espero que pronto se solucionen las cosas
San, tendra qe callarse si no tiene claros sus pensamientos. Es cierto, siempre fue distinto desde el principio y San en el fondo lo sabe pero el tema de la edad no la hace sentir bien consigo misma.
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Mensaje por Tati.94 el Mar Ene 16, 2018 6:03 pm

3:) escribió:ya lo dije san tiene tacto de elefante, para ser escritora las palabras no le dan bien que digamos!!
lo de la edad es verdad,..bastante es la diferencia!! pero si se habla todo se puede arreglar no, va si san sabe usar bien las palabras!!
britt tampoco ayuda mucho que digamos!!
Si ¿verdad? Es malísima expresandose pero es una escritora exitosa ajajja. La diferencia de edad es grande y eso si Britt esta diciendo la verdad.
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