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FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Sáb Feb 10, 2018 11:10 pm

hola morra,..

bueno britt esta haciendo un trabajo excelente!!!
san tiro tanto de la cuerda que britt logro ahorcarla!!
a ver como va san ahora que sabe el motivo de por que britt aguanta sus pendejadas!!!

nos vemos!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por Isabella28 el Dom Feb 11, 2018 7:51 am

Yo si llore, santana es una perra egoista que solo piensa en ella, que se creé, pero vas a caer y te vas a arrastrar morena.
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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Dom Feb 11, 2018 7:25 pm

micky morales escribió:Vaya las palabras de Brittany casi me hacen llorar, Santana es una.... a ver si asi valora a la gran persona que tiene a su lado y a la que nunca respeto!!!!!




Hola, o no¿? dice las cosas perfectas! JAajajaj si q lo es XD Espero y si lo haga la vrdd ¬¬ Eso mismo, tiene q hacer todo para recompensarla ¬¬ Saludos =D





TheJadeDiaz escribió:Santana siempre tan insensible y egoista Britt es un amor de persona cuando se dará cuenta de ello, britt vale mucho, es una gran persona, merece ser amada! Ya quiero leer el proximo capítulo a ver que dice y hace santana



Hola, bienvenida jaajaj, si ¬¬ Eso mismo, tiene q recompensarla por lo q le ha hecho pasar ¬¬ Aquí dejo el siguiente cap! SAludos =D





3:) escribió:hola morra,..

bueno britt esta haciendo un trabajo excelente!!!
san tiro tanto de la cuerda que britt logro ahorcarla!!
a ver como va san ahora que sabe el motivo de por que britt aguanta sus pendejadas!!!

nos vemos!!!



Hola lu, si que si...como es ella noma jajaja. JAjajajaajaj XD jaajajj si xD Mmm con lo simpática q es, no creo q britt le cuente así como a´si xD jaajaj. Saludos =D





Isabella28 escribió:Yo si llore, santana es una perra egoista que solo piensa en ella, que se creé, pero vas a caer y te vas a arrastrar morena.




Hola, jajajaaj esk esa rubia dijo las cosas precisas jajajaja. SI q si! Espero y tengas razón o al menos, como dije antes, la recompense por todo jajaja. Saludos =D




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Finalizado FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Cap 16

Mensaje por 23l1 el Dom Feb 11, 2018 7:26 pm

Capitulo 16



Santana


Me desperté, confundida.

Tardé un rato en darme cuenta de que estaba en el sofá. Me senté, hice una mueca y me sujeté la dolorida cabeza.

Me lo merecía, pero no dejaba de ser una mierda.

Con cuidado, abrí los ojos y me sorprendí al ver la botella de agua y las pastillas de paracetamol en la mesita, delante de mí. Las cogí, me tragué dos pastillas y me bebí toda la botella.

Cuando me levanté, la manta que me cubría el torso cayó al suelo. Me agaché para recogerla y, en ese momento, se hizo la luz en mi abotargado cerebro.

Después de que Brittany se marchara hecha una furia, bebí más whisky mientras mi mente repetía sus palabras una y otra vez. En algún momento dado, debí de perder el conocimiento, y era evidente que ella había vuelto para taparme y para dejar las pastillas y el agua, a sabiendas de que me despertaría con un dolor de cabeza espantoso.

A pesar de haberme comportado como una capullo con ella, incluso más que de costumbre, seguía cuidándome.

Me temblaban las piernas cuando me senté tras recordar las palabras que me había escupido, el motivo de que accediera a ayudarme.

El motivo de que ahorrase todo lo posible, para cuidar a una mujer que la había acogido y que le había brindado un lugar seguro y un hogar.

Yo la miré por encima del hombro y la rebajé por ello, sin molestarme en pedirle detalles. Sin comprender lo buena persona que era en realidad.

Me entraron ganas de vomitar y corrí al piso de arriba, donde vacié mi estómago de la copiosa cantidad de whisky que todavía me quedaba dentro.


Después, me duché y me tomé otro par de pastillas de paracetamol.

Seguía recordando sus palabras y el dolor que estas transmitían.

Mi comportamiento a lo largo de ese último año.

Los comentarios crueles, las malas palabras y los comportamientos irresponsables.

A pesar de cómo la había tratado, había antepuesto las necesidades de otra persona a las propias y había mantenido la cabeza alta.

Había hecho su trabajo, y debía admitir que lo había hecho muy bien, orgullosa de hacerlo, sin que yo le ofreciera un solo comentario positivo.

Me miré en el espejo.

La mano me temblaba demasiado como para arreglarme demasiado. Por primera vez en la vida, sentí que la vergüenza me corroía por dentro y agaché la mirada.

Tenía dos opciones.

Pasar de lo sucedido la noche anterior con la esperanza de que Brittany mantuviera nuestro acuerdo.

Sabía que si no sacaba el tema, ella tampoco lo haría. Supondría que no recordaría lo que había pasado.

O comportarme como una adulta madura, ir en su busca, disculparme e intentar pasar página.

Para poder hacer eso último, tenía que esforzarme y, cuando menos, intentar comprenderla. No me cabía la menor duda de que la boda era del todo imposible a esas alturas, pero podríamos continuar como una pareja comprometida.

Me aparté del lavabo mientras me desentendía del dolor de cabeza.

Había llegado el momento de averiguar más cosas acerca de mi prometida.




—Santana, no esperaba verte hoy. Al menos, no esperaba verte tan temprano.

Levanté la vista de la pantalla del ordenador.

—Ah, Will—me di un tirón del mechón que me caía sobre la frente y me pasé la mano por la nuca en un gesto nervioso—Quería recoger algunas cosas y… esto… pasar a por mi coche.

Entró en mi despacho y se sentó delante del escritorio.

Entrelacé los dedos sobre la madera oscura en un intento por controlar el nerviosismo.

—Quiero disculparme por lo de anoche. Bebí demasiado. Te aseguro que no es algo habitual en mí.

Will se echó a reír y agitó una mano.

—Todos lo hemos hecho alguna vez, Santana. Después de todo lo que has pasado y de empezar con nosotros, y luego está, claro, tu gran día de hoy, creo que te mereces un poco de cuartelillo.

—Espero no haber hecho algo inapropiado.

Negó con la cabeza.

—No, tranquila. Aunque creo que pusiste a la pobre Britt de los nervios. Fue muy gracioso.

Recordé la conversación que había tenido con ella e hice una mueca.

—No estaba muy contenta conmigo—después, fruncí el ceño al caer en lo que me acababa de decir—Perdona, Will, ¿qué has querido decir con eso de «mi gran día de hoy»?

Esbozó una sonrisa torcida.

—Se te escapó que se van a casar hoy, Santana.

—Yo… ¿se me escapó?

—Bueno sí. Britt intentó por todos los medios que guardaras silencio, pero tú parecías decidida a compartir el secreto.

—Con razón tenía ganas de matarme. Ni siquiera lo recuerdo.

—Creo que te perdonará—me guiñó un ojo—Pero no estoy muy seguro de que mi mujer y Rachel lo hagan. Querían ayudar a Britt con la boda.

—¿Cómo dices? —pregunté.

—Tranquila. Se han conformado con la cena a la que accediste después de la boda.

Tragué saliva.

«Madre del amor hermoso», pensé.

¿Cómo era posible que recordara toda la conversación con Britt y que no me acordara de todo lo que les solté a los Schuester?

¿Qué narices había dicho además de eso?

—¿Cena?

—Britt explicó que querían una ceremonia muy íntima. Y tú explicaste con tal lujo de detalles por qué querías que fuera algo solo entre ustedes dos que a Emma se le llenaron los ojos de lágrimas.

La miré, parpadeando.

¿Eso había hecho?

—Después de que accedieran a no participar en su momento, a cambio tú accediste a que organizáramos una cena en su honor esta noche—se pasó las manos por los muslos—¿Estás segura de que no quieres tomarte la semana que viene de vacaciones para la luna de miel?

—Ah, no. Tenemos otros planes. Brittany quiere conseguir que mi casa… esto… que nuestra casa sea un poco más acogedora. La llevaré de viaje en cuanto nos hayamos acomodado.

Will asintió con la cabeza, se puso en pie y me tendió la mano.

—Felicidades, Santana. Ojalá que el día de hoy sea como quieres que sea.

Le estreché con firmeza la mano.

—Gracias.

—Creo que hoy es el comienzo de una gran vida nueva para ti—me sonrió—Es emocionante formar parte de este nuevo rumbo—salió del despacho mientras yo lo miraba fijamente.

Después de la noche anterior, no tenía muy claro que Brittany me dirigiese siquiera la palabra, por no hablar de que accediera a casarse conmigo.

Se había marchado del departamento antes que yo y no había contestado cuando la llamé al móvil.

Me concentré en el ordenador una vez más.

Había reducido la búsqueda y estaba convencido de haber localizado la residencia en la que Penny Johnson estaba ingresada. Se encontraba cerca de mi casa, era una residencia privada y, según la información que había en la página web, cara.

Cogí el teléfono y marqué el número de la residencia.

—Golden Oaks.

—Buenos días
—saludé—He pensado en llevarle unas flores a la tía de mi prometida cuando vaya a verla dentro de un rato y quería asegurarme de que no tiene alergias. Se me olvidó preguntarle a Brittany antes de que se fuera.

—¿El nombre de la residente?

—Penny Johnson.

—Disculpe… ¿Ha dicho que Britt es su prometida?

—Sí.

—No sabía que Britt estaba prometida.


Carraspeé.

—Es bastante reciente.

—En fin, tendré que felicitarla. Penny no es alérgica a ninguna flor, pero si quiere ganársela de verdad, asegúrese de traerle a Joey un regalo.

—¿Joey?

—Su loro.

—Ah, ¿y qué se le lleva a un loro si se puede saber?

—A Joey le pirra el mango, en realidad le encanta cualquier fruta fresca, y también las palomitas de maíz.


Tenía la sensación de estar en un episodio de En los límites de la realidad.

Jamás me habría imaginado que me despertaría un sábado por la mañana con planes para casarme con la señorita Pierce después de comprarle fruta y palomitas de maíz a un pájaro a cuya dueña ni siquiera conocía.

—Mangos y palomitas de maíz. Entendido.

—A los cuidadores les gustan los bombones, señorita… esto…

—López. Santana López. ¿Brittany ya ha estado ahí?

—Todavía no. Pero supongo que llegará pronto.

—De acuerdo. Gracias, señorita… esto…

—Tina. Me llamo Tina. Penny es una de nuestras residentes preferidas.

—Me alegra saberlo. Hasta dentro de un rato
—colgué.

Tenía que hacer unas compras.

Y pedir perdón de rodillas.





Me detuve en el vano de la habitación de Penny Johnson y la analicé.

Era una mujer menuda, rechoncha, con el cabello blanquísimo, unos ojos diminutos y mejillas regordetas.

Dichos ojos se alzaron cuando llamé a la puerta y me miraron con recelo.

—¿Puedo ayudarte?

Entré con el enorme ramo de flores en alto.

—Hola, Penny. Soy Santana López, una amiga de Brittany.

—¿De verdad?—cogió las flores. El colorido loro que estaba en un rincón batió las alas y chilló—Me llamo Penélope. Todavía no te he dado permiso para que me llames Penny.

—Le pido disculpas, Penélope—hice una mueca por todo el escándalo que estaba haciendo el loro y levanté la bolsa que llevaba—Le he traído un regalo a Joey.

—¿Qué le has traído?

Metí la mano en la bolsa de la compra.

—Le he traído un mango. ¿Lo meto en su jaula?

Ella apretó los labios mientras me miraba.

—No tienes muchas luces, ¿verdad?

—¿Cómo dices?

—Que no se puede comer el mango entero, jovencita. Hay que cortárselo en trozos.

Miré el mango y luego al pájaro.

—Ah—saqué de la bolsa el paquete de palomitas para microondas que había cogido de un armario de la cocina. Brittany comía muchas palomitas de maíz—Supongo que debería haberlas traído ya hechas.

La mujer empezó a reírse. Unas estridentes carcajadas que resonaron en la habitación.

—A Britt debes de gustarle por tu cara bonita, porque no puede ser por tu inteligencia.

Su afilado ingenio me arrancó una sonrisa. Me recordaba a alguien, a la mujer a la que llamé «Nana».

Durante el breve período de tiempo que tuve contacto con Nana, fue la única persona que se preocupó por mí.

Era franca, directa y no tenía pelos en la lengua.

Penny extendió el brazo hacia la izquierda y pulsó un botón situado en la pared para avisar a un cuidador.

—Tina pondrá las flores en agua y le cortará el mango al pobre Joey. Y si se lo pido con educación, nos traerá un poco de café.

Rebusqué en la bolsa una vez más y saqué una caja de bombones. Al menos, eso lo había hecho bien.

—Quizás esto ayude.

Me miró con una ceja enarcada.

—Puede que todavía haya esperanza para ti. Anda, siéntate y dime de qué conoces a mi Britt… y por qué la llamas Brittany—sonrió cuando saqué otra caja de bombones—Si son para mí, te doy permiso para que me llames Penny.




Penny Johnson era lista e inteligente y, según descubrí, tenía un montón de anécdotas de la adolescencia de Brittany.

Sin embargo, también descubrí que su memoria a corto plazo era titubeante en el mejor de los casos.

En más de una ocasión, me percaté de que algo velaba su mirada y de que se trababa con las palabras cuando le preguntaba por el presente. En esos momentos, yo redirigía la conversación hacia una época más fijada en su memoria preguntándole por el momento en el que conoció a Brittany.

Penny me sonrió de oreja a oreja y me regaló una versión más larga de la historia que me contaron la noche anterior.

Describió a la muchacha delgaducha y asustada que se encontró rebuscando comida en un contenedor.

Me habló del dolor y de la necesidad que vio en los ojos azules de Brittany y de cómo supo que era su destino encontrarla aquel día.

El amor que sentía por la joven Brittany era palpable y descubrí que me gustaba oír cosas acerca de su vida.

Los recuerdos de Penny se volvieron más erráticos tras ese punto y me pidió algo de beber.

Una vez que di con Tina, me indicó dónde estaba la cocina y cuando regresé a la habitación, Penny se había quedado dormida en su silla de ruedas. El loro seguía en su rincón, aleteando dentro de la jaula, y la música que tenía puesta cuando yo llegué era un leve rumor de fondo.

Eché un vistazo a mi alrededor y comprendí por qué Brittany quería que estuviera ahí y por qué trabajaba con tanto ahínco para que fuera algo permanente.

La habitación de Penny era luminosa y espaciosa, gracias a los enormes ventanales; la tenía llena de caballetes, de cajas con carboncillos, lápices y acuarelas.

Había libros y fotografías en los estantes, y muchas de sus pinturas decoraban las paredes.

Un inusual sentimiento de culpa se apoderó de mí al recordar el pequeño cuadro que Brittany llevaba en las manos aquel primer sábado.

Como la capullo que era, le dije que no podía colgarlo en el piso. El sentimiento de culpa se convirtió en una ola imparable que anegó mi cerebro y me azotó la piel.

Cambié de postura en la silla, ya que no estaba acostumbrada a ese tipo de emoción.

—¿Santana?—la sorprendida voz de Brittany me pilló desprevenida—¿Qué haces aquí?

Me levanté mientras el sentimiento de culpa se volvía más acuciante.

Parecía exhausta y supe que era culpa mía.

—He venido a conocer a Penny.

—¿Por qué?

—He considerado que era importante.

—Me sorprende verte levantada.

Carraspeé, más incómoda si cabía.

—En cuanto a eso…

Levantó una mano.

—Aquí no.

Me acerqué a ella despacio.

—¿Me darás la oportunidad de hablar contigo? Te debo una disculpa—suspiré—Muchas, en realidad.

—No quiero tu lástima.

—Y no la tienes. Solo te estoy pidiendo una oportunidad para hablar como personas civilizadas.

—¿Eres capaz de comportarte como una persona civilizada?

—Quiero intentarlo. Por favor, Brittany.

Apretó los labios.

—¿Tiene algo que ver con lo que se supone que va a pasar esta tarde?

—No espero que vayas a casarte conmigo hoy.

—¿No?

—Después de mi comportamiento de anoche, por supuesto que no—tomé una honda bocanada de aire y me froté la nuca—Te agradecería que lo hicieras, pero no espero que lo hagas.

—Bueno lo anunciaste anoche. Intenté evitarlo—agitó una mano—Parecías decidida.

—Lo sé. Me pasé bebiendo y era como si mi boca tuviera mente propia. Yo me encargaré de todo—me pasé una mano por la sien, donde sentía un dolor palpitante—A estas alturas, tengo suerte de que me dirijas la palabra.

Se mordió el interior del carrillo, como hacía siempre que estaba nerviosa.

Antes de que pudiera replicar, Penny se despertó y alzó la vista.

—Hola, Britt, cariño mío.

Brittany pasó junto a mí para besar a Penny en la mejilla.

—¿Cómo estás hoy?

Penny levantó una mano y le pellizcó la nariz.

—Estoy bien—me señaló con la barbilla—¿Cómo es que no me has hablado de ella? Siempre supe que te quedarías con una mujer.

Brittany sonrió y se sentó.

—Creo que sí te comenté algo.

—No es muy espabilada, pero es un regalo para la vista… y tiene buen gusto en bombones y flores.

Solté una risilla al ver la expresión sorprendida de Brittany.

Fue un alivio ver que Penny seguía con nosotras, que estaba lúcida. Tina me había dicho que se dormía en cualquier momento y que luego se despertaba, a menudo confundida y perdida. Solo me faltaba que yo hubiera podido verla lúcida ese día y le hubiera robado a Brittany la oportunidad de hacerlo.

No estaba segura de poder soportar más culpa.

Recogí mi abrigo.

—Las dejaré solas—me incliné, levanté la mano de Penny y le besé el dorso de los dedos. Sus venas eran como una telaraña azulada que recorría la fina y arrugada piel—Penny, ha sido un honor.

—Si me traes más bombones, puedes volver.

—Me aseguraré de hacerlo—le dejé la mano en el regazo una vez más—Brittany, ¿puedo hablar contigo un momento?


Salimos al pasillo.

—¿Has venido en coche?—le pregunté con la idea de esperarla si había ido andando.

—Sí.

Le miré la mano.

—¿Dónde está tu anillo?

—No me lo pongo cuando entro. Confundiría a Penny. Lo tengo guardado en el bolso.

Tenía sentido.

Fue un alivio no oírle decir que se lo había quitado porque ya no había trato.

—Vale, de acuerdo. ¿Nos vemos en el departamento?

Titubeó y guardó silencio.

—¿Qué?

—Si… si accedo a casarme hoy contigo, ¿me darás algo a cambio? Considéralo un regalo de bodas.

—¿Qué quieres?

—Quiero conocer tu historia. Tu infancia.

—No hablo de mi pasado—la firmeza de mi voz dejó claro que no iba a discutir el tema.

Irguió la espalda y cuadró los hombros.

—Entonces cásate tú solita, López. Nos vemos en el departamento.

La agarré del brazo antes de que pudiera alejarse.

—Brittany…—dije con un hilo de voz.

Nuestras miradas se encontraron.

Me percaté de su determinación.

—De acuerdo. Si te casas conmigo hoy, te lo contaré.

—¿Me lo prometes?

—Sí.

—Quiero que lleves alianza.

—De acuerdo—mascullé—Nada ostentoso.

—Puedes escogerla tú misma.

—¿Algo más como regalo?—pregunté con un deje venenoso.

—No, tu historia y una alianza.

—Iré a comprar una ahora mismo.

—En ese caso, me casaré contigo hoy.

Me quedé de piedra un instante.

Había esperado gritos, acusaciones y una discusión. A lo mejor incluso lágrimas y que me mandara a la mierda, esa vez en serio.

Que accediera me sorprendió.

—Gracias. ¿A las tres en punto?

—Nos veremos en casa—se volvió y entró de nuevo en la habitación de Penny mientras yo la observaba, desconcertada.

¿Cuándo se había convertido la señorita Pierce en una fuerza imparable?

No tenía ni idea pero, por primera vez, agradecía que estuviera de mi parte.






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Hola, de como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por TheJadeDiaz el Dom Feb 11, 2018 10:55 pm

Me alegro de que San se disculpara y de que fuera a visitar a Penny eso fue muy lindo espero san no la vaya a cagar otra vez Britt es tan perfecta la amo
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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Lun Feb 12, 2018 8:19 am

Tambien amo a Britt, celebro que Santana se haya disculpado sinceramente, conocer a Penny fue la mejor idea, ahora a celebrar la boda!!!!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Lun Feb 12, 2018 8:35 am

Hola morra....

Técnicamente SIEMPRE los borrachos dicen la verdad y ese entusiasmo de san por la boda.. Mmnm. El inconciente la mata Jajaja
Las disculpas eran mas que obvias que iban me gusto es gesto de conoser a penny!!!

Nos vemos!!!
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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por Isabella28 el Lun Feb 12, 2018 11:24 am

Tambien amo a britt, san conociendo a penny muy bonito me encanto el capitulo.
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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Lun Feb 12, 2018 7:40 pm

TheJadeDiaz escribió:Me alegro de que San se disculpara y de que fuera a visitar a Penny eso fue muy lindo espero san no la vaya a cagar otra vez Britt es tan perfecta la amo




Hola, si que si, x lo menos ahora esta haciendo bn las cosas, y arreglando sus estupideces. JAajajajjaaj Si que lo es! ajajaj. Saludos =D





micky morales escribió:Tambien amo a Britt, celebro que Santana se haya disculpado sinceramente, conocer a Penny fue la mejor idea, ahora a celebrar la boda!!!!!!



Hola, ya veo q san no es la unica jajajajaja, la rubia sabe cmo hacer las cosas bn ajaajaj. Si que si, como dije, esta haciendo bn las cosas! SI! ajajajaj. Saludos =D





3:) escribió:Hola morra....

Técnicamente SIEMPRE los borrachos dicen la verdad y ese entusiasmo de san por la boda.. Mmnm. El inconciente la mata Jajaja
Las disculpas eran mas que obvias que iban me gusto es gesto de conoser a penny!!!

Nos vemos!!!




Hola lu, jajajajaaj q buen punto tienes ai jaajajajaj. Mmm interesante jajaajajajaj. Ella aun no se da cuenta, pero su cuerpo y mente si jajajajaaj. Como dije, esta haciendo bn las cosas. Saludos =D






Isabella28 escribió:Tambien amo a britt, san conociendo a penny muy bonito me encanto el capitulo.





Hola, jajajaajaj y como no amarla¿? ya tiene un fan club la rubia jajajajaja. Bn ai por la morena, q va paso a paso ajajjaj. A mi tmbn me gusto! q sigan así noma las cosas...y mejor jajajaja. Saludos =D




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Finalizado FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Cap 17

Mensaje por 23l1 el Lun Feb 12, 2018 7:41 pm

Capitulo 17



Santana


Esperé en la cocina, paseándome de un lado para otro mientras me colocaba bien los pendientes una y otra vez.

Los objetos no quedaban como quería por más que lo intentara, como si se me hubiera olvidado cómo colocarlos.

No se debía a los nervios.

No tenía motivos para estar nervioso; Brittany y yo simplemente íbamos a pronunciar unas palabras, a firmar un documento y a quitarnos de encima el requisito del matrimonio.

Otra parte más de mi plan. Algo sencillo. Sin significado alguno.

Intente otra vez colocarlos.

¿Por qué no entraban a la primera, joder?

—Santana, como seas tan brusca, te vas a hacer daño. ¿Qué te han hecho los pobres pendientes?

Alcé la vista, sobresaltada.

Brittany estaba en el vano de la puerta y parecía tan nerviosa como yo, aunque estaba mucho más guapa.

—¡Hala!

Llevaba un vestido sencillo de color blanco roto que le ceñía la estrecha cintura y quedaba ahuecado hasta las rodillas. La parte superior era de encaje y dejaba a la vista su cuello delgado y sus brazos.

Llevaba el pelo apartado de la cara, y la melena ondulada le caía por encima de un hombro.

El tono del vestido le sentaba de maravilla.

Miré hacia abajo y sonreí al ver sus zapatos: pequeños y con un tacón diminuto.

Eran perfectos.

Me había acostumbrado a su altura cuando la llevaba del brazo y no quería que fuera más alta aún.

Me acerqué a ella y le cogí una mano para llevármela a los labios.

—Estás preciosa.

Brittany bajó la mirada y después enderezó los hombros.

—Gracias.

—No. Soy yo quien debe darte las gracias.

—¿Por qué?

—¿Por dónde quieres que empiece? En primer lugar, por haber aceptado este acuerdo. En segundo lugar, por ceñirte a tu palabra, aunque tengas todo el derecho del mundo a mandarme a la mierda—extendí un brazo y me enrosqué un mechón de pelo ondulado en torno a un dedo. Era suave y cuando lo solté, regresó de nuevo a su lugar, recuperando las ondas—Y por último, por ser mejor persona que yo—añadí con total sinceridad.

Brittany tenía los ojos brillantes.

—Es lo más bonito que me has dicho desde que nos conocemos.

—Lo sé. No he hecho un gran esfuerzo por dejar de ser una gilipollas, ¿verdad?—enfrenté su mirada y me negué a apartar la vista—A partir de ahora lo intentaré con más ahínco.

La vi morderse el interior de un carrillo con fuerza.

—Oye. No hagas eso—reí entre dientes al tiempo que le acariciaba la cara con un dedo—Nada de sangre el día de nuestra boda.

Esbozó una sonrisilla.

—Entonces no intentes colocar los aretes a la fuerza, porque la sangre no saldrá de mi.

Reí y me moví para coger el regalo que le había comprado y le ofrecí el ramillete de flores.

—Son para ti.

—¡Santana!

—He pensado que te gustarían—dije, un tanto avergonzado.

Brittany enterró la nariz en las flores.

—Me encantan—frunció el ceño—¿Y tú?

—Me niego a llevar ramo—sonreí de forma burlona con la intención de aligerar la seriedad del momento.

Ella movió la cabeza mientras sonreía y se acercó a un cajón para buscar algo. Tras mirar el ramo, eligió una rosa que procedió a cortar con cuidado y después me la colocó en mi oreja izquierda.

Esos largos dedos obraron su magia y me colocaron los pendientes. Acto seguido, le dio unas palmaditas en mis hombros, satisfecha.

—Ya está. Listo.

—¿Tú estás lista?—le pregunté, con cierto miedo a su respuesta.

—Sí.

Le ofrecí el brazo.

—Bueno vamos a casarnos.




Fue una ceremonia sencilla.

Las dos solas, con testigos que ninguna conocíamos. Se leyó, se pronunciaron los votos y nos proclamaron mujer y mujer.

Le puse una delgada alianza, además del solitario, tal y como ella me había pedido, y permití que ella me pusiera una sencilla alianza de platino.

Me miré la mano, flexioné los dedos y apreté el puño. El contacto del frío metal me resultaba extraño.

Brittany me miró y le sonreí.

—Ya estoy pillada y marcada, así que supongo que es oficial.

El juez de paz se echó a reír entre dientes.

—En cuanto haya besado a la novia.

Moví la cabeza y nuestras miradas se cruzaron. Le rocé los labios mientras le colocaba una mano en la nuca y la atraía hacia mí para besarla con ganas.

Al fin y al cabo, estaba en mi derecho.

Era mi mujer.

Cuando me aparté, ella abrió los ojos, y me sorprendió ver la sincera ternura de su mirada. Su sonrisa también era genuina, y se la devolví de corazón al tiempo que la besaba de nuevo en los labios.

—Estamos casadas, Santana.

No supe por qué me satisfacían esas palabras, pero así era.

—Lo estamos. Y ahora tenemos una cena pendiente con la familia Schuester. ¿Qué probabilidad hay de que sea un evento tranquilo?

—Casi ninguna. Pero fuiste tú quien accedió.

—Lo sé. No me lo recuerdes. Vamos a firmar los documentos y después afrontaremos las consecuencias.

—De acuerdo.



Aparcamos frente a la casa. Apagué el motor y miré alrededor.

—No hay más coches.

—Menos mal.

Miré a la señorita Pierce.

A Brittany.

A la señora López.

A mi mujer.

Joder. Me había casado.

—¿Santana? ¿Qué te pasa? Tienes mala cara.

Negué con la cabeza.

—Gracias. Lo digo en serio, Brittany. De verdad.

—Lo sé.

—Supongo que no…

—No.

—No sabes lo que iba a decir.

—Vas a intentar que me olvide de mi deseo de escuchar la historia de tu infancia.

—Son las típicas gilipolleces paternas, Brittany. ¿Por qué sacarlas a la luz?

—Creo que es importante.

Enterré la cabeza en las manos con un suspiro al oír que me devolvía mis propias palabras.

—Santana, por favor.

—De acuerdo—dije, con un resoplido—Más tarde.

—Esperaré.

—De acuerdo. Así nos quitaremos esta mierda de encima.

Ella puso los ojos en blanco sin disimular la impaciencia.

—En fin, el esfuerzo te ha durado tres segundos.

Le coloqué una mano en la nuca.

—No es un tema fácil para mí.

—Lo entiendo, pero ahora mismo no estamos hablando de eso. Ahora mismo, tu nuevo jefe y su familia están esperándonos para celebrar nuestra boda con una cena. Deja de hacer la gilipollas, sonríe y compórtate como si me adorases, joder—insistió, devolviéndome de nuevo mis propias palabras.

Dicho lo cual, salió del coche y, una vez fuera, se inclinó para mirarme y decirme:

—¿Vienes?

Alucinada, solo atiné a asentir en silencio.




La cena fue tranquila según la definición de los Schuester.

En la terraza trasera habían instalado una mesa con mantelería de tul, flores y velas cuyas llamas se agitaban debido a la suave brisa, además de los farolillos diseminados por los alrededores. En un rincón se había dispuesto otra mesa con una tarta nupcial.

Brittany me miró con los ojos como platos.

—¿Cómo lo han hecho en un solo día?

—Las ventajas del dinero y de los contactos—murmuré.

Tuve que admitir que estaba impresionada.

Nuestra anfitriona sonrió al vernos llegar y abrazó con fuerza a Brittany. Will hizo lo mismo conmigo, a modo de felicitación, y después me vi obligada a sufrir los abrazos y los apretones de mano del resto de la familia.

Les gustaba demostrar su afecto de esa manera.

Me alejé un poco de ellos y cogí de la mano a Brittany a modo de talismán.

A lo mejor si la tocaba, dejaban de abrazarme.



La cena consistió en una serie de platos extravagantes y el champán corrió de forma generosa, pero en esa ocasión no dejé que se me fuera la mano.

Solo bebí unos sorbos de vino y me pasé casi toda la noche bebiendo agua.

Aunque no habíamos hecho fotos durante la ceremonia, Emma y Rachel se resarcieron usando sus teléfonos móviles, con los que no dejaron de hacer fotos mientras insistían en que nos besáramos.

Por suerte, en esa ocasión Brittany sí había bebido lo suficiente como para que no le importara.

De hecho, ladeaba la cabeza gustosa mientras sonreía y aceptaba mis caricias.

Al igual que el resto de las parejas sentadas a la mesa, la rodeé con un brazo casi en todo momento mientras le acariciaba la piel que quedaba expuesta.

De vez en cuando, me volvía para besar su suave hombro o su cuello, y susurrarle algún comentario ridículo al oído que le arrancaba una sonrisa o una carcajada.

Éramos la viva estampa de una pareja feliz y enamorada.

Rachel le dijo en un momento dado:

—¡Ah, Britt! Casi se me olvida. Soy monitora de yoga y la semana que viene empieza un grupo nuevo. Por favor, ven. Te encantará.

Mercedes asintió con la cabeza.

—Sam se queda con los niños. Yo asisto a todas las clases, incluso a las de principiantes, porque me encanta. Rachel es una monitora increíble.

Brittany las miraba con interés.

—¡Oh, me encantaría! Siempre he querido probar. ¿Cuándo?

—Los martes por la tarde, es un curso de ocho semanas para principiantes. Después, habrá una pausa antes de continuar con el siguiente nivel.

El brillo que relucía en sus ojos se apagó.

—No puedo. Los martes es la tarde musical en la residencia de ancianos. Los ancianos se entretienen escuchando tocar en directo a muchos grupos locales. Siempre acompaño a Penny, le gusta mucho. Y no quiero dejarla sola, sin mí seguro que no va.

Me había percatado de la lista que Penny tenía en su tablero de anuncios. Esa semana tocaba jazz. A mí me encantaba el jazz.

El hecho de que Brittany quisiera ir a clases de yoga despertó en mí el deseo de hacerlo posible para ella, así que dije:

—Yo la acompañaré.

—¿Cómo?

—Tú ve a yoga. Hace mucho que quieres probar. Yo cenaré con Penny y la acompañaré al concierto—le di un empujoncito cariñoso—Ya sabes que el jazz me encanta—guiñé un ojo a modo de broma—A lo mejor te ayuda a mantener mejor el equilibrio.

—¡El yoga es genial para eso!—exclamó Rachel, entusiasmada.

—Pero será todos los martes—señaló Brittany.

—No pasa nada—me gustaban todos los tipos de música, menos el heavy metal, pero dudaba mucho de que ese género estuviera incluido en el repertorio—Supongo que Penny y yo tendremos una cita todos los martes durante una temporada.

Brittany se inclinó hacia mí para susurrarme:

—¿Estás segura?

—Sí—contesté, también en voz baja—Me gustaría pasar más tiempo con Penny—la miré a los ojos—En serio.

Me besó en la mejilla.

—Gracias—me dijo al oído.

Me volví y la besé en la boca.

—De nada.

Suspire. Me alegraba poder hacer algo por ella.

Vi que Will me miraba y asentía con la cabeza en señal de aprobación. Bajé la vista, casi avergonzada por su silencioso apoyo.

Qué día más raro y emotivo.




Después de la cena, Emma nos dijo que apartáramos la mesa para dejar espacio, insistiendo en que debíamos bailar.

Agradecida por el hecho de haber practicado, extendí una mano hacia Brittany con una sonrisa.

—¿Lista para bailar con tu esposa?

Ella esbozó una sonrisa tímida pero sincera, mientras aceptaba mi mano.

—Lista, corazón. Pero no vayas a usar toda tu energía en la pista de baile…

Le guiñé un ojo.

—Puedes estar tranquila, cariño.

La insté a girar entre las carcajadas de los demás. Ella se pegó a mí mientras nos movíamos al compás de la música.

De nuevo, me sorprendió lo bien que encajaban nuestros cuerpos.

Su altura era perfecta porque podía apoyar la barbilla en su hombro y con tacos justo en su cabeza. Podía oler su delicado perfume mientras disfrutaba de la suavidad de su pelo.

Sonreí mientras hacíamos un giro en sincronía.

Había elegido a la esposa farsante perfecta.




Nos marchamos entre abrazos, felicitaciones y silbidos.

En el coche ambas guardamos silencio. Yo no dejaba de mirarla de reojo.

—¿Te pasa algo?

—Mmm…

—¿Estás bien?

Se apoyó en el reposacabezas y asintió.

—Sí. Ha sido un día agradable.

—¿No ha estado mal para haber sido una boda apresurada con una gilipollas?

—Está entre mis diez bodas preferidas.

Reí entre dientes.

Su lado gracioso era cada vez más evidente. Me gustaba.

—¿Cuántos años le lleva Sam a Rachel?

—Creo que diez. Me dijo que llegó por sorpresa.

—La niña de la familia.

—Más bien creo que es la fiera de la familia. Sam es más tranquilo.

—Como Will—replicó—Me gustan todos. Son un grupo maravilloso.

—Tú también les gustas.

—Intento no sentirme culpable—admitió—Se están portando de maravilla.

—Brittany, nadie va a salir herido. Voy a esforzarme al máximo por Will. Va a contar con una persona tan motivada como los miembros de su familia a la hora de lograr que su empresa prospere.

—Pero después…

—Ya nos preocuparemos de eso más tarde. Faltan meses. No le des más vueltas.

Guardó silencio un rato.

—Gracias por ofrecerte a acompañar a Penny.

Me encogí de hombros.

Le agradecí que cambiara de tema.

—Ya te he dicho que me cae bien. Tengo que conocerla mejor. Es mi deber como tu esposa. Es algo natural.

Murmuró algo en señal de asentimiento.

—Creo que los has convencido. Incluso a Will—añadió—No nos quitaba ojo y creo que le ha gustado lo que ha visto.

—Estoy de acuerdo. Gracias. Otro trabajo excelente, señorita Pierce.

—Soy la señora López Pierce, que no se te olvide.

Una extraña sensación me recorrió el pecho al escucharla.

—Tomo nota de mi error, señora López Pierce.

Ella volvió la cara para mirar por la ventanilla.

—Y no ha sido solo un trabajo—añadió en voz tan baja que apenas la oí.

No supe qué replicar.

Sin embargo y por algún motivo, busqué su mano en la oscuridad y le di un apretón.

Hicimos el resto del trayecto a casa con las manos entrelazadas.



Se quedó dormida antes de que llegáramos a casa. Sabía que estaba agotada después de la noche anterior y de los acontecimientos del día, de modo que decidí dejarla dormir.

Abrí la puerta, la saqué del coche en brazos y la llevé al departamento.

Parecía pequeña entre mis brazos, con la cabeza apoyada en mi hombro.

Descubrí que era incapaz de apartar la mirada de ella mientras el ascensor subía.

Una vez en su dormitorio, la dejé en la cama, sin saber qué hacer con el vestido. Al ver que se movía un poco, le dije que era mejor que se quitara el vestido y conseguí quitárselo por la cabeza. Acto seguido, volvió a quedarse dormida.

Me agaché al lado de la cama y la miré de arriba abajo. Un conjunto de lencería de encaje similar al vestido le cubría los pechos y un triángulo de seda ocultaba su sexo a mis ojos.

Aunque siempre había creído que no era mi tipo, descubrí no sin sorprenderme que sus delicadas curvas me resultaban muy atractivas.

Le pasé un dedo por la clavícula con mucho cuidado y desde ahí descendí por su pecho hasta su abdomen. Su piel era suave como el satén.

Se estremeció sin llegar a despertarse y se volvió hasta colocarse de costado mientras murmuraba algo incoherente. Acto seguido se acurrucó y siguió durmiendo.

Le aparté los mechones claros de la cara para examinarla a placer. Era una cara que yo había descrito como «corriente».

Pero no había nada de corriente en ella.

Tenía los pómulos muy afilados y todavía estaba demasiado delgada; sin embargo, sabía que al sentirse segura y poder comer de forma adecuada, sin que las preocupaciones la torturasen, ganaría peso.

Las ojeras oscuras desaparecerían y esa belleza serena y sencilla que otros veían, y que yo por fin había descubierto, acabaría resplandeciendo.

Moví la cabeza por el extraño rumbo de mis pensamientos con respecto a Brittany.

Había sido un día lleno de emociones que pocas veces había experimentado, si acaso lo había hecho alguna vez. Sabía, sin lugar a dudas, que se debía a la mujer que tenía delante.

Aunque no entendía el porqué.

Mi cuerpo reaccionó a lo que veía y la vergüenza me abrumó. No debería estar comiéndomela con los ojos mientras ella dormía, por más apetecible que me pareciera su estado de semidesnudez.

Me apresuré a taparla con el edredón hasta la barbilla y apagué la luz. Dejé su puerta abierta y me fui a mi dormitorio, lista para enfrentarme a una noche de sueño inquieto.

Que hubiera cedido al cansancio que la invadió en el coche había sido solo un respiro. Sabía que por la mañana me pediría que le contara mi historia.

Y también sabía que se la contaría porque, en resumidas cuentas, se lo debía.



Después de ducharme, me miré en el espejo.

Miré ese caparazón externo que tantos envidiaban.

Ese caparazón que cubría a la persona vacía y perdida que llevaba dentro.

Una persona a la que yo había desterrado y escondido hacía muchos años y que Brittany estaba a punto de sacar a la superficie.

Me estremecí y solté la toalla, que cayó al suelo. Me aterraba esa conversación.

Atravesé el dormitorio y abrí la puerta de par en par, aunque sabía que esa noche no habría resoplidos reconfortantes.

Me metí en la cama, víctima de un extraño anhelo.

Porque deseaba que ella estuviera ahí acostada, esperándome.






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Hola, de como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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Mensaje por 3:) el Lun Feb 12, 2018 9:09 pm

hola morra,...

salio todo mas que bien!!!
las cosas van fluyendo demasiado buen!! para se mentira obvio no???
a ver como le va a san es cuanto cuente su pasado!!??

nos vemos!!!
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Mensaje por Isabella28 el Lun Feb 12, 2018 11:48 pm

A san ya le esta gustando britt y mas le gusta que sea su esposa.
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Mensaje por micky morales el Mar Feb 13, 2018 7:02 am

Ya San se dio cuenta que Britt no es tan insignificante como ella pensaba, la rubia tiene lo suyo!!!!!
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Mensaje por TheJadeDiaz el Mar Feb 13, 2018 2:13 pm

Uy San se esta enamorando de Britt poco a poco Jaja a la final terminara cayendo super
enamorada con el encanto de Britt es inevitable
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Mensaje por JVM el Mar Feb 13, 2018 2:31 pm

Pues por ambas surgiendo sentimientos nuevos del irse conociendo mas a fondo y aunque la forma en que esten compartiendo sus secretos no sea la mejor me alegra que lo esten haciendo .... y no dudo que pronto se consuma ese matrimonio jajaja
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Mensaje por 23l1 el Mar Feb 13, 2018 7:22 pm

3:) escribió:hola morra,...

salio todo mas que bien!!!
las cosas van fluyendo demasiado buen!! para se mentira obvio no???
a ver como le va a san es cuanto cuente su pasado!!??

nos vemos!!!




Hola lu, jaajja si q si jaajajajaj. SI!!! q sigan así noma jajaaaj. XD si sisis jajajaaj. Mmm interesante, interesante... Saludos =D





Isabella28 escribió:A san ya le esta gustando britt y mas le gusta que sea su esposa.




Hola, sii!! lo cual me encanta jaajajaj. Mmm y como no¿? jajajaaj. Saludos =D





micky morales escribió:Ya San se dio cuenta que Britt no es tan insignificante como ella pensaba, la rubia tiene lo suyo!!!!!




Hola, lo cual es muuuy bueno, no¿? y tiempo tmbn jaajaj. Obvio ajajajajaj. Saludos =D






TheJadeDiaz escribió:Uy San se esta enamorando de Britt poco a poco Jaja a la final terminara cayendo super
enamorada con el encanto de Britt es inevitable




Hola, siii y como no hacerlo tampoco¿? jajajaaj. Eso espero con todo mi ser jajajajaajaj...además, insisto, como no¿? jajaja. Saludos =D





JVM escribió:Pues por ambas surgiendo sentimientos nuevos del irse conociendo mas a fondo y aunque la forma en que esten compartiendo sus secretos no sea la mejor me alegra que lo esten haciendo .... y no dudo que pronto se consuma ese matrimonio jajaja





Hola, por algo pasan las cosas, no¿? además si las junta jajajajaj. =O dices tu¿? jaajaja espero y tengas razón ajajajajaj. Saludos =D




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Finalizado FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Mar Feb 13, 2018 7:23 pm

Capitulo 18



Santana


Estaba sentada en un taburete de la encimera, dando buena cuenta de mi tercera taza de café, cuando ella bajó la escalera el domingo por la mañana.

Se preparó una taza. Yo todavía no había intentado usar la cafetera desde que apareció un día, la semana anterior, de modo que se las tuvo que apañar sola.

Me percataba de sus miraditas de reojo mientras esperaba a que la Keurig obrara su magia.

—¿Qué pasa?—suspiré.

—Me quedé dormida.

—Estabas agotada.

—Me he despertado en mi cama. Sin el vestido.

La miré con una ceja enarcada.

—Tengo entendido que es costumbre que se lleve a la novia en brazos al cruzar el umbral de su casa y que le quite el vestido de novia cuando se casan.

Un intenso rubor le cubrió las mejillas, resaltando sus delicados pómulos.

Sonreí y meneé la cabeza.

—Me ayudaste, Brittany. Luego te volviste a quedar dormida, te arropé y salí del dormitorio. Creí que estarías incómoda de otra forma.

—Oh—se sentó a mi lado y bebió un sorbo de café antes de fijarse en el paquete envuelto que había en la encimera—¿Qué es?

Deslicé el paquete hacia ella.

—Un regalo.

—¿Para mí?

—Sí.

Descubrí que era una ansiosa, nada de despegar la cinta adhesiva y quitar con cuidado el envoltorio.

Agarró una esquina y le dio un tirón con la alegría de un niño la mañana de Navidad.

Me arrancó una sonrisa.

Miró la caja.

—¿Qué?—sonreí con sorna al ver su confusión.

—Es una sartén para gofres.

—Dijiste que querías una y te he comprado una. Como regalo de bodas—solté una risilla—No conseguí meter una mesa en una bolsa de regalo, así que supongo que vas a tener que escogerla tú.

Me miró a los ojos.

—El regalo que quería solo cuesta una mínima parte de tu tiempo.

En eso se equivocaba.

Sabía lo que quería, lo que yo había prometido para conseguir que se casara conmigo.

—No vas a dejar pasar el tema, ¿verdad?

—No. Tú conoces mi historia. Yo quiero conocer la tuya—levantó el mentón con gesto terco—Me lo prometiste.

Dejé la taza de café en la encimera con más fuerza de la necesaria.

—De acuerdo—me levanté del taburete, tenso y agitado. Me acerqué a la ventana y observé la ciudad, miré las siluetas, pequeñas y distantes… tal como quería que fueran esos recuerdos.

Sin embargo, Brittany quería sacarlos a relucir.

—Mi papá era un mujeriego. Rico, malcriado, un cabronazo—solté una carcajada y me volví para fulminarla con la mirada—De tal palo, tal astilla. Su versión femenina.

Brittany se trasladó al sofá, se sentó y guardó silencio.

Me volví de nuevo hacia la ventana, ya que no quería tener contacto visual.

—Apostaba fuerte, viajaba mucho y básicamente hacía lo que le daba la gana, hasta que mi abuelo se lo echó en cara. Le dijo que madurase y amenazó con cortarle el grifo del dinero.

—Ay, Dios —murmuró ella.

—Mi mamá y él se casaron poco después.

—En fin, tu abuelo debió de alegrarse mucho.

—No demasiado. Porque poco cambió. Pasaron a ir de fiesta juntos, seguían viajando y seguían gastando el dinero a espuertas—me alejé de la ventana y me senté en el diván, delante de ella—Estaba furioso y les planteó un ultimátum: si al cabo de un año no tenía un nieto al que acunar en el regazo, no les daría más dinero. También amenazó con cambiar su testamento, con desheredar a mi papá por completo.

—Tu abuelo parece un poco tirano.

—A mí me viene de casta.

Puso los ojos en blanco y me hizo un gesto para que continuase.

—Así que nací yo.

—Evidentemente.

La miré a los ojos.

—No fui fruto del amor, Brittany. Fui fruto de la avaricia. No me querían. Nunca me quisieron.

—¿Tus padres no te querían?

—No.

—Santana…

Levanté una mano.

—Me pasé toda la infancia, toda mi vida, oyendo que era un estorbo… para los dos. Que solo me habían tenido para asegurarse el flujo de dinero. Me criaron niñeras y tutores, y en cuanto tuve la edad suficiente, me mandaron a un internado.

Empezó a morderse el interior del carrillo, pero no dijo una sola palabra.

—Me enseñaron que en la vida solo puedes contar contigo misma. Ni siquiera cuando estaba en casa durante las vacaciones era bien recibida—me incliné hacia delante y me aferré las rodillas—Lo intenté. Intenté con todas mis fuerzas que me quisieran. Era obediente. Sacaba notas excelentes. Hice todo lo que pude para que se fijaran en mí. No conseguí nada. Los regalos que hacía para el Día de la Madre o el Día del Padre acabaron todos en la basura. Al igual que mis dibujos. No recuerdo besos de buenas noches ni abrazos, ni que alguno de ellos me leyera un cuento antes de dormir. No hubo compasión cuando me lastimaba las rodillas o tenía un mal día. Mi cumpleaños se celebraba con un sobre lleno de dinero. La Navidad, tres cuartos de lo mismo—una lágrima resbaló por la mejilla de Brittany, y verla me sorprendió—Aprendí pronto que el amor no era un sentimiento que me interesase. Me debilitaba. Así que dejé de intentarlo.

—¿No hubo nadie? —susurró.

—Una sola persona. Una cuidadora cuando tenía unos seis años. Se llamaba Sue, pero yo la llamaba Nana. Era mayor, amable y distinta conmigo. Me leía, hablaba y jugaba conmigo, prestaba atención a mis tonterías infantiles. Me dijo que me quería. Se enfrentó a mis padres e intentó que me prestasen más atención. Duró más que la mayoría, razón por la cual su recuerdo es más nítido que el de las demás. Pero se marchó. Todos lo hacían—solté el aire—Creo que mis padres creyeron que me estaba malcriando, así que la despidieron. La oí discutir con mi mamá acerca de lo aislado que me tenían y de que merecía algo mejor. Desperté un par de días después con la cara de una niñera nueva.

—¿Es la persona a la que te recuerda Penny?

—Sí.

—¿Y desde entonces?

—Nadie.

—¿Tampoco tenías una estrecha relación con tu abuelo? Parecía que él te quería más que nadie.

Negué con la cabeza.

—Quería que continuase el linaje de los López. Lo veía de tarde en tarde.

Brittany frunció el ceño, pero guardó silencio.

Me levanté y empecé a pasear de un lado para otro de la habitación, con un nudo enorme en el estómago, mientras me permitía recordar.

—Llegó un momento en el que mis padres ni siquiera se soportaban, y no hablemos ya de soportarme a mí. Mi abuelo murió y se separaron. Estuve yendo del uno al otro durante años—me agarré la nuca cuando el dolor que sentía en el pecho amenazó con tragarme entero—Ninguno me quería. Iba de una casa a la otra solo para que pasaran de mí. Mi mamá deambulaba de un sitio a otro, viajando, dedicada a sus relaciones sociales. En muchas ocasiones me desperté y me encontré con una desconocida que había ido para hacerse cargo de mí mientras mi mamá continuaba con sus fiestas. Mi papá cambiaba de mujer como quien cambia de camisa, nunca sabía con quién me iba a encontrar en el pasillo o en la cocina—hice una mueca—Fue un alivio que me mandaran al internado. Al menos, ahí podía olvidar.

—¿Y podías hacerlo?

Asentí con la cabeza.

—No tardé en aprender a separar los hechos de mi vida en compartimentos aislados. No significaba nada para ellos. Me lo habían dicho en numerosas ocasiones, me lo demostraban con su abandono—solté el aire, casi un jadeo—Yo tampoco sentía nada por ellos. Eran las personas que pagaban las cosas que yo necesitaba. Nuestro contacto casi siempre se limitaba a cuestiones de dinero.

—Qué espanto.

—Así era, así fue durante toda mi vida.

—¿Ninguno volvió a casarse?—preguntó ella tras unos segundos en silencio.

Me eché a reír, unas carcajadas secas y amargas.

—Mi abuelo dejó estipulado en su testamento que si se separaban, mi papá se quedaría con una asignación. Mi mamá no podría tocar el dinero, de modo que permanecieron casados legalmente. A mi papá le daba igual, tenía un montón de recursos. Se había tirado a un montón de mujeres mientras estaban casados y siguió haciéndolo una vez separados. Acordaron una mensualidad y ella hizo con su vida lo que quiso, lo mismo que él. Todos ganaban.

—Y tú te perdiste mientras ellos barajaban las cartas.

—Brittany, nunca estuve en la baraja. Era el comodín que descartaban. Sin embargo, al final, tampoco importó mucho.

—¿Por qué?

—Cuando tenía casi dieciocho años, mis padres asistieron a un evento juntos. Ya ni recuerdo qué era, una reunión social. Les encantaban. Por algún motivo, se fueron juntos al final de la noche. Supongo que mi papá la iba a llevar a casa. Un conductor borracho los embistió de lleno. Ambos murieron en el acto.

—¿Te entristeció?

—No.

—Seguro que sentiste algo…

—Solo sentí alivio. Ya no tenía que ir a sitios donde no me querían, pero a los que tenía que ir para guardar las apariencias. Y lo más importante de todo era que ya no tendría que fingir que me importaban dos personas a quienes yo les importaba una mierda.

Brittany emitió un sonido ronco y agachó la cabeza un momento. Su reacción me descolocó.

Parecía muy alterada.

—Como todavía estaban casados legalmente y no habían cambiado sus testamentos, yo lo heredé todo—seguí—Hasta el último centavo, menuda ironía, ya que lo único bueno que hicieron por mí fue morir.

—¿Por eso te puedes permitir este estilo de vida?

—La verdad es que no. Rara vez toco mi capital. Lo he usado para cosas importantes, como comprar este sitio o pagarme la educación. Nunca quise la vida que llevaron mis padres: frívola e inútil. Disfruto trabajando, sabiendo que puedo sobrevivir por mis propios medios. No le debo nada a nadie.

—¿Es lo que estás usando para pagarme?

Me froté la nuca y sentí una ligera capa de sudor provocada por el estrés.

—Te considero importante, sí.

Una vez más, agachó la cabeza y el pelo le cubrió la cara. Me senté a su lado y la miré fijamente.

—Mírame.

Ella levantó la cara. Tenía las mejillas húmedas por las lágrimas, los ojos abiertos de par en par y aferraba el cojín del sofá con tanta fuerza que se le habían puesto los nudillos blancos.

—¿Por qué estás tan alterada?

—¿Esperas que me quede tranquila después de oír cómo te han desatendido toda la vida?

Me encogí de hombros.

—Es agua pasada, Brittany. Ya te dije que no era una historia agradable. Pero no influye en el aquí y en el ahora.

—No estoy de acuerdo. Creo que sí influye, Santana.

Negué con la cabeza.

—No va a cambiar nada porque te haya contado mi historia.

—Tal vez no cambie para ti.

—No lo entiendo.

—No, no me sorprende.

—¿Qué narices quiere decir eso?

—Por fin entiendo muchas cosas. El motivo de que te comportes de cierta manera al relacionarte con los demás. El motivo de que nunca hayas entablado una relación cercana con nadie. Y el motivo de que no dejes que la gente se te acerque.

La fulminé con la mirada.

—No te atrevas a analizarme.

—No lo hago. Solo digo lo que me parece, nada más.

—No quiero tus lágrimas ni tu compasión.

—Bueno lo siento, Santana…, porque te has ganado ambas cosas. Tus padres eran unas personas horribles y ni tú ni ningún otro niño se merece que lo maltraten o lo abandonen—esbozó una sonrisa triste—Pero tú eliges cómo vivir el ahora. Crees que te has deshecho del pasado, pero no es verdad. Ves el mundo y tratas a las personas tal cual te trataron a ti—se puso en pie y se secó la cara—Si te lo permitieras, creo que descubrirías que las personas no son siempre tan espantosas como crees que son. Algunas hasta merecemos la pena.

Sus palabras me dejaron helada.

—No creo que seas espantosa, Brittany… Todo lo contrario, de hecho. Soy yo quien es detestable.

—No, Santana, no eres detestable. Creo que estás perdida. No te has permitido sentir. En cuanto lo hagas, en cuanto te permitas conectar con alguien, creo que descubrirás que el mundo es un lugar mucho mejor para vivir. El amor no te debilita. El amor verdadero, el sincero, te fortalece—tras pronunciar esas palabras, se inclinó y me besó en la mejilla.

Sentí la prueba de su tristeza en mi piel, la humedad de sus lágrimas.

—Gracias por contármelo. Y, para que conste, no creo que te parezcas en nada a tu papá o su versión femenina con lo malo. Solo crees que eres igual que él porque no sabes cómo comportarte de otra manera. Creo que, si lo intentaras, serías una mujer maravillosa—se dio media vuelta y abandonó la estancia, dejándome con muchas cosas en las que pensar.







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Hola, de como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!



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Mensaje por Isabella28 el Mar Feb 13, 2018 9:24 pm

Santana si que la paso mal y se entiende su actitud pero llego britt su salvadora.
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Mensaje por 3:) el Mar Feb 13, 2018 9:30 pm

hola morra,..

me encanta que britt cortara una lanza por san,... es mas de lo que aparente!!!
san tiene que reflexionar y mucho,..!!! a ver como van las cosas???

nos vemos!!!
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Mensaje por Tati.94 el Mar Feb 13, 2018 9:36 pm

Ai no que triste todo lo qe paso Santana y las palabras de Brittany muy conmovedoras, de alguna manera tuvo qe llegarles a San.
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Mensaje por micky morales el Miér Feb 14, 2018 8:42 am

Brittany definitivamente no es de este mundo!!!!!, pobre San, pero ahora llego quien le enseñara la otra cara de la vida!!!!!
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Mensaje por JVM el Miér Feb 14, 2018 6:50 pm

Britt abriendole otra perspectiva a San de lo que puede ser su vida si tan solo se permite cambiar un poco ..
AL final ambas perdieron a su familia y el destino las junto para encontrar el equilibrio que necesitan en su vida
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Mensaje por 23l1 el Miér Feb 14, 2018 7:31 pm

Isabella28 escribió:Santana si que la paso mal y se entiende su actitud pero llego britt su salvadora.




Hola, todo tenía un xq, no¿? Y como dices, llego su salvadora! las cosas tienen q mejorar para las dos! Saludos =D





3:) escribió:hola morra,..

me encanta que britt cortara una lanza por san,... es mas de lo que aparente!!!
san tiene que reflexionar y mucho,..!!! a ver como van las cosas???

nos vemos!!!




Hola lu, a mi tmbn, es lo mejor q les paso...mmm dices tu¿? espero q sea así la vrdd jajajajaja. Si que si! y esperemos q lo haga la vrdd xD Espero y de maravilla! jajaajaja. Saludos =D





Tati.94 escribió:Ai no que triste todo lo qe paso Santana y las palabras de Brittany muy conmovedoras, de alguna manera tuvo qe llegarles a San.




Hola, si =/ x algo su actitud, lo cual es bueno xq no es así de ser! Aii si esa rubia es perfecta jajajaja. SI! tienen q! Q les haga caso noma xD Saludos =D





micky morales escribió:Brittany definitivamente no es de este mundo!!!!!, pobre San, pero ahora llego quien le enseñara la otra cara de la vida!!!!!



Hola, no! y yo kiero una jajaajajajaj. SI! mejor tarde q nunca, no¿? Ahora ya pueden dar el siguiente paso! jajaajj. Saludos =D






JVM escribió:Britt abriendole otra perspectiva a San de lo que puede ser su vida si tan solo se permite cambiar un poco ..
AL final ambas perdieron a su familia y el destino las junto para encontrar el equilibrio que necesitan en su vida





Hola, le esta enseñando más de lo q cree! Si, todo pasa por algo y lo mejor esk las terminó juntando! Como dije, ahora a dar el siguiente paso jajaja. Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Cap 19

Mensaje por 23l1 el Miér Feb 14, 2018 7:33 pm

Capitulo 19



Santana


Después de la conversación con Brittany, no sabía muy bien qué hacer.

Sus palabras se repetían sin cesar en mi mente y hacían que me cuestionara las verdades a las que me había aferrado durante todos esos años.

Me sentía exhausta y debía ponerle fin al torbellino de mis pensamientos, de modo que me cambié y me fui al gimnasio.



Tras una rutina agotadora y exigente, me duché y subí directo al despacho.

Pensaba que Brittany me buscaría con la intención de continuar con la conversación, algo que quería evitar, pero estaba ocupada en la cocina y ni siquiera me miró cuando pasé por delante.

En mi mesa me esperaban un plato con sándwiches y un termo con café. Miré ambas cosas un instante y después, tras encogerme de hombros, me zambullí en los documentos que había llevado a casa.

No volví a verla hasta primera hora de la noche.

—La cena está lista si tienes hambre.

Alcé la vista y entrecerré los ojos.

—Santana, necesitas luz—atravesó la estancia y encendió el flexo de mi mesa mientras meneaba la cabeza—Y quizás unas gafas. Me he dado cuenta de que te acercas mucho las cosas para poder leer.

Bajé la vista, consciente de que lo que decía era cierto.

—Te pediré cita—se ofreció al tiempo que sonreía—Dudo mucho que ese deber recaiga en los hombros de tu asistente personal.

Me vi obligada a reír entre dientes mientras ponía los ojos en blanco.


El viernes, cuando le presenté la lista a Marley de sus obligaciones, ella me sorprendió con otra lista de su propia cosecha.


Flashback


Las asistentes personales de Schuester Group eran una especie totalmente distinta de la que habitaba las oficinas de Tanaka Inc. Su deber era el de ofrecerme apoyo, organización y, en alguna ocasión, llevarme el almuerzo, pero no estaba ahí para hacerme café, para tostarme un bagel ni para recoger mi ropa de la tintorería.

Decir que me puso en mi sitio sería quedarse corto.

Tuvo la amabilidad de indicarme dónde se encontraba la enorme sala de descanso del personal, de enseñarme a usar la máquina del café, y de señalarme dónde estaban los bagels y el resto de la comida que Will se encargaba de que siempre estuviera disponible para sus empleados.

Brittany se fue muerta de risa cuando le conté la historia.

—¡No tiene gracia!—le grité en aquel momento.

—Desde luego que la tiene—replicó con sequedad desde el otro extremo del pasillo.


Fin Flashback


Debía admitir que estaba en lo cierto.

No iba a morirme si tenía que levantarme para ir en busca de un café. Era una buena manera de estirar las piernas.

De todas formas, tenía la impresión de que Marley me prepararía un café con poca espuma y el queso de untar brillaría por su ausencia en el bagel.

Brittany siempre me preparaba ambas cosas bien cargadas, como a mí me gustaban.

—Por Dios, me estoy haciendo vieja—refunfuñé—Gafas para leer.

Ella se echó a reír.

—Sí, estás muy mayor a tus treinta años. No te pasará nada. Estoy segura de que conseguirás que te sienten bien.

Enarqué las cejas mientras la miraba.

—¿Ah, sí? ¿Me estás diciendo que estaré todavía más buena con gafas?

—Yo no he dicho nada. Es mejor no alimentar tu ego. La cena está en la cocina, si te apetece.

Resoplé mientras apagaba la luz y la seguí hasta la cocina, un poco recelosa.

Algunos de los recuerdos más nítidos de mi infancia eran las constantes desavenencias entre mis padres.

Mi mamá era como un perro con un hueso, incapaz de ceder un ápice. Insistía en repetirle siempre lo mismo a mi papá, hasta que al final acababa estallando.

Me preocupaba que Brittany intentara retomar la conversación anterior, pero no lo hizo. En cambio, me enseñó una muestra de color mientras comíamos.

—¿Qué te parece?

Examiné el color verdoso.

—No es del todo mi gusto.

—Es para mi dormitorio.

—Si te gusta, adelante.

Me acercó otra muestra y la cogí. Era un intenso tono vino tinto. Me gustaba.

—¿Para?

—He pensado que quedaría bien en la pared de la chimenea. Para resaltarla. ¿Para resaltarla? ¿Qué sentido tenía eso?

—¿Solo una pared?

—En las otras me gustaría un beis oscuro.

Podría soportarlo.

—De acuerdo.

A continuación me enseñó una muestra de tela. Era un trozo de tweed con el mismo color vino tinto que la muestra de pintura y también con el tono marrón de los sofás.

—¿Para qué es?

—Para un par de sillones que añadiremos al salón.

—Me gustan mis muebles.

—A mí también. Son muy cómodos. Pero he pensado que podíamos añadir algo más, cambiarlo un poco. Quedarán estupendos al lado de la chimenea.

—¿Qué más?

—Unos cuantos cojines, y un par de toques más. Nada importante.

—Nada de volantes ni de chorradas. En tu dormitorio, haz lo que quieras.

Ella sonrió.

—Nada de chorradas. Te lo prometo.

—¿Quién va a pintar?

—¿Cómo?

—Que a quién has contratado.

—Voy a hacerlo yo.

—No.

—¿Por qué?

Me volví sin levantarme del taburete y señalé el amplio espacio.

—Estas paredes tienen tres metros y medio de alto, Brittany. No quiero verte subida en una escalera.

—Mi dormitorio no es tan alto. Me gusta pintar. Penny y yo lo hacíamos juntas y se me da muy bien.

Golpeé la encimera con una de las muestras de pintura.

¿Cómo podía conseguir que entendiera que ya no era necesario que hiciera esas cosas?

Mi voz conservó el tono paciente mientras volvía a intentarlo.

—No tienes por qué pintar. Yo correré con los gastos.

—Pero me gusta hacerlo. Tendré cuidado.

—Vamos a hacer un trato. Pinta tu dormitorio y ya hablaremos del salón a su debido tiempo.

—De acuerdo.

Otra muestra de tela me llamó la atención. Me incliné para cogerla y acaricié la gruesa tela. Era de cuadros en tonos azul marino y verde oscuro. La sostuve en alto para examinarla.

No parecía apropiada para ninguna de las dos estancias.

—¿Te gusta?

—Sí. Es llamativa. ¿Para qué es?

Clavó la mirada en la mesa y se puso colorada.

—¿Qué pasa?

—He pensado que a lo mejor te gustaría redecorar tu dormitorio cuando haya acabado con lo demás. Vi esa tela y me recordó a ti.

—¿Parezco un cuadro?

—No—contestó con una carcajada—Los colores. Me hacen acordar a ti. El verde y el azul juntos… una mezcla increíble.

No supe qué decir, pero por algún motivo sentí que era yo la que debía ruborizarse.

Dejé la muestra de tela junto a ella y me puse de pie.

—Ya veremos qué pasa con el resto. ¿Algo más?

—Bueno… eh… necesito cambiar de sitio la ropa de mi armario. No quiero mancharla de pintura.

—Mi armario es enorme. No uso ni la mitad. Guárdalo todo ahí. Algunas barras están muy altas, podrás colgar los vestidos.

—¿No te importa?

—No.

—Gracias.

Incliné la cabeza y regresé al despacho.

Repasé la conversación y chasqueé la lengua al caer en la cuenta de lo hogareña que parecía la escena.

Una discusión sobre pintura y telas durante la cena con mi mujer. Debería haberla detestado.

Sin embargo, no era así.




Se oyó un trueno.

Unos nubarrones grises cubrían el cielo. Hice girar el sillón para mirar el cielo encapotado por la ventana.

Me froté la nuca con una mano al tiempo que hacía una mueca al reconocer el inicio de una migraña. No las sufría muy a menudo, pero sabía bien cómo empezaban: el germen siempre eran las tormentas.

La oficina estaba tranquila esa tarde, sin el murmullo habitual que acompañaba a la actividad.

Quinn se había marchado debido a un viaje de negocios de última hora. Sam estaba con unos clientes y Rachel no se encontraba en la oficina. Will se había marchado con Emma para pasar fuera el fin de semana, una sorpresa para ella, y el resto del personal estaba ocupado cada uno en sus propios despachos.

Durante el tiempo que llevaba en Schuester Group había descubierto una atmósfera totalmente distinta en el mundo laboral.

La energía era muy alta y el ajetreo de voces, reuniones y estrategias era constante.

Pero de algún modo se trataba de una energía distinta de la que reinaba en Tanaka Inc. En este caso era positiva, casi alentadora.

Tal como Will me había dicho, trabajaban en equipo: administradores, asistentes, diseñadores… todos se involucraban y eran tratados como iguales.

Marley era un activo tan valioso como yo. Había tardado un tiempo en acostumbrarme, pero empezaba a aclimatarme.

Suspiré al caer en la cuenta de que también me estaba aclimatando en otros sentidos.

Antes de Brittany, trabajaba hasta tarde, asistía a muchas cenas de trabajo y salía con muchas mujeres.

Cuando estaba en el departamento, hacía ejercicio en el gimnasio, veía algún programa de televisión y entraba en la cocina solo para hacerme un café o para llenar un plato con la comida preparada que hubiera pedido.

Salvo por eso, pasaba todo el tiempo en el despacho, trabajando o leyendo.

Pocas veces tenía compañía.

Rara vez llevaba a mis conquistas a casa. Mi departamento era mi espacio personal. En todo caso, íbamos a casa de la mujer de turno o a un hotel.

Si alguna relación duraba más de lo normal, unas cuantas citas, la invitaba a cenar, pero se iba después de comer y no subía a la planta alta.

En ese momento, si asistía a alguna cena de trabajo, lo hacía acompañada por Brittany y la mesa estaba ocupada con mis compañeros, sus mujeres y, por supuesto, por los Schuester.

Durante una de esas cenas, alcé la vista y me encontré con la gélida mirada de Ken, que se encontraba en el extremo opuesto de la estancia.


Flashback


Sabía que Ken estaba al tanto de mi matrimonio y también sabía que estaba prohibido pronunciar mi nombre entre las sagradas paredes de Tanaka Inc.

Su furia me resultaba graciosa.

Le di un apretón a Brittany en un hombro, y ella me miró.

—¿Qué?—susurró.

—Ken—respondí, también en voz baja.

Ella miró de reojo en la dirección que yo le indiqué y después me miró de nuevo.

—Creo que necesito un beso ahora mismo.

—Me has leído el pensamiento.

Esbocé una sonrisa traviesa e incliné la cabeza. Ella me enterró los dedos en el pelo mientras me acercaba para presionar sus labios contra los míos.

Fue un beso apasionado, brusco y demasiado breve.

Lo suficiente como para enfurecer aún más a Ken, pero no para avergonzar a Will.

Cuando nos separamos, Rachel estaba riendo entre dientes y Ken iba camino de la puerta.

Besé de nuevo a Brittany en los labios.

—Bien hecho.


Fin Flashback


Casi todas las noches cenaba con Brittany y me descubría hablándole de mi día, compartiendo mis proyectos con ella, ansiando escuchar sus ideas.

Ella me conocía mejor que cualquier persona de la oficina, y a menudo me ofrecía una palabra o un concepto que a mí no se me habían ocurrido.

En vez de sentarme en el despacho, bajaba el portátil al salón y trabajaba mientras ella veía la televisión o leía.

Descubrí que me gustaba su silenciosa compañía.

En dos ocasiones invitamos a cenar a Quinn y a Rachel, y le dimos buen uso a la nueva mesa que llenaba el que antes fue un espacio vacío. Brittany me aseguró que eso era lo que hacían las parejas normales: relacionarse con otras parejas.

Descubrí que tenía una vena competitiva cuando Rachel anunció que había llevado varios juegos de mesa para después de la cena.

La idea de pasar una noche jugando me hizo poner los ojos en blanco, pero al final acabé disfrutando con la camaradería que generó.

Quinn y yo ganamos al Trivial Pursuit, pero ellas nos dieron sendas palizas al Pictionary y al Scrabble.

Con dos copas de vino, Brittany se desmelenó y se le soltó la lengua, lo que me resultó muy gracioso.

Me recordó a Penny.

Ya había ido en cuatro ocasiones a ver a Penny mientras Brittany asistía a las clases de yoga.

El primer martes se sorprendió al verme aparecer, pero una vez que le enseñé las cerezas bañadas de chocolate que Brittany me había dicho que le encantaban, me recibió con los brazos abiertos.

El trío de jazz tocaba muy bien, y ambas disfrutamos de la música antes de regresar a su habitación para tomar un té y hablar un poco.

Me gustaba charlar con ella y escuchar los recuerdos que quería compartir conmigo. De vez en cuando, soltaba detalles sobre Brittany y ella que yo guardaba para futuras referencias.

Al siguiente martes, me pasé a verla a la hora del almuerzo y le llevé una hamburguesa con queso a escondidas, porque me había dicho que deseaba comerse una.

Las dos veladas posteriores estuvieron amenizadas por dos coros locales, y abandonamos pronto el salón para tomarnos un té, compartir más historias sobre Brittany y disfrutar de la exquisitez que yo le hubiera llevado.

El último martes le tocó el turno a una orquesta de música clásica, pero Penny estaba inquieta y nerviosa, y sufría de episodios frecuentes de pérdida de memoria.


Flashback


A mitad de la velada, la llevé de vuelta a su habitación con la esperanza de que el entorno familiar la reconfortara. Se tranquilizó hasta cierto punto, pero seguía nerviosa.

Más tarde busqué a Tina para hablar con ella, y me dijo que de un tiempo a esa parte le sucedía con más frecuencia y que normalmente era Brittany quien lograba calmarla.

La llamé y vino a la residencia tras abandonar la clase de yoga. Cuando llegó, Penny estaba dormida en su sillón y se despertó al oír su voz.

—¡Oh, Britt! ¡Te estaba buscando!

—Estoy aquí mismo, Penny. Santana me ha llamado.

—¿Quién?

—Santana.

La miré, asomando la cabeza por detrás de Brittany.

Penny frunció el ceño.

—¿Nos conocemos?

Sentí que se me desgarraba el corazón, pero le tendí una mano.

—Soy una amiga de Brittany.

—Ah. Encantada de conocerte. Si nos disculpas, me gustaría pasar un rato a solas con mi hija.

Accedí.

—Por supuesto.

Brittany me sonrió con tristeza.

—Hasta dentro de un rato.

Aunque sabía que esos episodios formaban parte del proceso de la enfermedad, me preocupé hasta el punto de visitarla al día siguiente.

Le llevé un ramo de sus flores preferidas, margaritas, con un lazo y todo. Sus ojos oscuros relucieron sobre esas mejillas regordetas y me permitió besar esa piel arrugada.

—Ahora entiendo por qué mi Britt está coladita por ti, Santana.

—¿Ah, sí? Bueno, es que soy una seductora—la miré con una sonrisa, aliviada.

Ella frunció los labios.

—Creo que hay algo más.


Fin Flashback


Decidí no ahondar en el tema y me quedé hasta que se durmió.

Me marché un poco más tranquila.

Si a mí me afectaba que Penny no me reconociera, no quería ni imaginarme lo mucho que debía de dolerle a Brittany.

Me resultó extraño descubrir que el asunto me preocupaba. Porque así era.

Decidí que necesitaba acompañar a Brittany durante sus visitas y también visitarla yo sola más a menudo.


Regresé al presente y me concentré en el documento que tenía delante.

La campaña de Sebastián Smythe que había ideado para Will había sido acogida con gran entusiasmo por parte del cliente y todavía estaba elaborando los distintos conceptos.

Me froté una sien, deseando poder concentrarme mejor.

Poco antes había hablado por teléfono con Will y me había dicho que no trabajara hasta tarde, de manera que cerré el archivo y apagué el portátil.

A lo mejor podía seguir su consejo.

Podía irme a casa y ver qué cambios se habían producido ese día. Ver qué estaba tramando mi mujer.

Mi mujer.

Brittany.

De alguna manera, el intercambio de votos había llevado consigo una tregua implícita.

Las cosas que normalmente me resultaban molestas ya no me irritaban.

Quizás era porque comprendía su origen.

Quizá yo era más paciente porque ella me comprendía.

Entre nuestras conversaciones, Penny, las clases de yoga, las muestras de pintura, las cenas y los juegos, nos habíamos convertido en… aliadas.

Tal vez incluso en amigas.

Compartíamos el mismo objetivo y, en vez de discutir y tirar cada una en una dirección, nos habíamos acomodado a una vida en común.

Era consciente de que mi forma de hablar ya no resultaba tan agresiva. Lo que antes era un insulto en ese momento era una broma.

Me gustaba oírla reír.

Estaba deseando compartir mi día con ella.

Quería alegrarla cuando estaba triste porque Penny había tenido un mal día.

Habíamos salido a cenar varias veces, solo con tal de verla arreglada y de que disfrutara.

Descubrí que deseaba ser cariñosa con ella. Me resultaba natural cogerle la mano, besarla en la frente o darle un beso fugaz en los labios, y no siempre cuando estábamos en público.

Ella solía darme un beso en la cabeza antes de irse a la cama y, a veces, yo la abrazaba o la besaba en la mejilla para darle las gracias por la cena o para darle las buenas noches.

Eran actos instintivos, que formaban parte de mi vida con ella.

Podría sorprenderla esa noche.

Invitarla a salir si le apetecía.

Podríamos ir a visitar a Penny y llevarle algunos bombones de los que tanto le gustaban, o podíamos pedir la cena para que nos la llevaran a casa.

Después, me relajaría, ella vería alguna de las series de televisión que le gustaban, o tal vez podríamos ver una película juntas.

Tal vez una noche tranquila me ayudara a despejarme.

Le preguntaría qué le apetecía hacer.

Aún me gustaba ver la sorpresa y la confusión que aparecían en su cara cuando le daba la opción de elegir.



Abrí la puerta y oí voces.

Sonreí al reconocerlas. Rachel estaba de visita… otra vez.

—¡Brittany, cariño!

Oí unos pasos apresurados por el pasillo y enseguida apareció por la esquina.

Parecía alterada, algo poco habitual.

Estaba acostumbrada a verla tranquila y me sorprendió ver que me echaba los brazos al cuello y me estrechaba con fuerza.

—¿Estás bien?—le susurré al oído.

—Rachel le tiene miedo a las tormentas, y Quinn está de viaje. Me ha preguntado si puede quedarse aquí hasta que pase la tormenta.

La advertencia implícita en sus palabras me golpeó de repente.

—¿En tu dormitorio?—le pregunté, preocupada.

—Sí.

Me alejé de ella.

—¿Está…?

—Todo preparado, sí.

—De acuerdo.

—Yo no…—balbució.

—No pasa nada.

Eché a andar por el pasillo y ella me siguió.

—Hola, Rachel.

La mujer que siempre había visto llena de energía, entusiasmo y alegría se encontraba acurrucada en un rincón de mi sofá y no parecía alegre en absoluto.

Estaba muy pálida y parecía asustadísima.

—Santana, lo siento. Las tormentas me dan pavor. Mis padres no están y Quinn tampoco. No sabía qué otra cosa hacer. La casa me parece enorme cuando ella no está.

Me senté a su lado y le di unas torpes palmaditas en una pierna.

—No pasa nada. Me alegro de que hayas venido.

—Britt me ha dicho que no he interrumpido nada porque no tenían planes.

—No. De hecho, tengo un poco de migraña. Estaba deseando pasar una noche tranquila en casa. La pasaremos juntas, ¿de acuerdo?

Me aferró la mano con la suya, que estaba temblorosa.

—Gracias.

Me levanté.

—De nada. Voy a darme una ducha y a cambiarme.

—Te llevaré una pastilla de paracetamol—dijo Brittany—Tienes mala cara, San. ¿Seguro que estás bien?

Sí, ahora me decía así…lo cual también me gustaba.

—Se me pasará. Voy a acostarme un rato.

—Te llevaré una compresa fría también.

Pasé a su lado y para darle las gracias con un beso en la cabeza.

—Gracias, eso me ayudará.


Una vez arriba, eché un vistazo a su dormitorio, ya que no lo había visto desde que empezó a redecorarlo.

Los muebles que había encargado se habían retrasado, de manera que el proyecto se había demorado más de lo que ella había planeado, y lo había acabado esa misma semana.

En el suelo había una bolsa de viaje, que supuse que era de Rachel. El dormitorio estaba acabado, y Rachel lo tomaría por la habitación de invitados.

Vacía.

No había ningún objeto de Brittany por ningún lado.

Había puesto unas estanterías en las que descansaban los adornos y los libros que había llevado en las cajas. En un rincón se emplazaba un nuevo diván, junto con una mesita y una lámpara. Algunas de las acuarelas de Penny adornaban las paredes.

Abrí los cajones de la cómoda y después abrí el armario, para comprobar que ambos estaban vacíos, salvo por un par de cajas que seguían ahí. Las sábanas de la cama eran nuevas.

La escena era perfecta.

Entré en mi dormitorio y me detuve un instante.

Brittany estaba en todos los rincones.

Su bata descansaba a los pies de la cama; la seda roja brillaba a la tenue luz. Había unas cuantas fotos de Penny con nosotras.

La mesilla de noche, que antes estaba vacía, tenía libros y un vaso medio lleno. En la cómoda había varios frascos, botes y también estaba su perfume preferido.

Sin mirar, supe que había guardado su ropa en los cajones inferiores de la cómoda y que en el armario seguía todavía todo lo que había planeado trasladar esa misma semana.

Su cepillo de dientes estaba al lado del mío en el cuarto de baño.

Sus cosméticos estaban en la encimera arriba de la mía del lavabo.

Debía de haberse movido a la velocidad de un tornado para hacer que esa también pareciera su habitación.



Me estaba esperando cuando salí de la ducha, con la compresa fría en una mano y las pastillas en la otra.

Había cerrado la puerta en aras de la intimidad.

—¿Cuánto tiempo has tenido?—le pregunté en voz baja.

—Unos tres cuartos de hora. Todavía hay algunas cosas sin sacar en las cajas. Cuando me llamó llorando para preguntarme si podía pasar la noche con nosotras, empecé a cambiar las cosas de sitio todo lo rápido que pude. Me llamó al móvil y le dije que estaba fuera, que volvería a casa en una hora. No supe decirle que no.

—Te entiendo—repliqué.

—¿Te parece bien?

Suspiré y extendí una mano para que me diera las pastillas.

—No pasa nada. Menos mal que la cama es grande. Tú te quedarás en tu mitad y yo, en la mía—sonreí—Esta noche vas a escuchar mis resoplidos de cerca.

La vi poner los ojos como platos, un gesto que me arrancó una risilla.

Había estado tan nerviosa colocándolo todo que no había pensado en lo que sucedería después.

Después de tragarme las pastillas, extendí el brazo para que me diera la botella de agua que llevaba en la mano.

—A menos, por supuesto, que quieras renegociar el tema del «follar o no follar». Has logrado resistirte a mis encantos durante todo un mes.

Me miró con el ceño fruncido y no pude evitar inclinarme para besarla en los labios.

—Piénsalo, cariño—murmuré contra su suave boca.

Ya me estaba cansando de mis manos.

Brittany puso los brazos en jarras.

—Dudo mucho que estés en condiciones de demostrar tu habitual maestría en este momento. Sobre todo porque estás desentrenada… y porque te duele la cabeza.

Sonreí y me dejé caer sobre el colchón. Solté un gemido aliviado cuando ella me colocó la compresa fría en la frente.

—Podría hacer un esfuerzo.

Me sorprendió sentir sus labios de nuevo sobre los míos.

—Que te follen, López.

Sus palabras carecían de veneno y mi oferta era una broma. Ambas lo sabíamos, y nos echamos a reír.

Nuestras carcajadas resonaron en la habitación.

—Descansa y te avisaré cuando la cena esté lista.

Le cogí la mano y se la besé.

—Te estás ablandando—dijo al tiempo que pasaba la otra mano por mi dolorida cabeza.

Cerré los ojos y me rendí a sus tiernas caricias.

—Tú tienes la culpa—murmuré.

—Lo sé—replicó mientras cerraba la puerta.








¡FELIZ SAN VALENTÍN!






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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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Finalizado Re: FanFic Brittana: Contrato (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Feb 14, 2018 9:08 pm

hola morra,..

san definitivamente se esta quebrando mucho jajaja
que oportuno muuuy oportuno que llueva jaja
van demasiado bien las cosas!!!

nos vemos!!
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