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[Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

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Activo [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Feb 19, 2018 8:10 pm

Hola chica les traigo esta TRILOGIA.... va a ser emocionante por que es una historia muy larga,,, pero espero la disfruten, por que con esta si me quedare por un tiempo avanzare lento... y asi me permitira terminar con Destino o Accidente.... dejen sus comentarios a ver que les parece la sinopsis y asi continuar....


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EL OSCURO JUEGO DE SATANAS. (GP Santana)


¿Qué harías si, de repente,  la mujer que crees detestar, y que es tu jefa, te propone tener una relación carnal sin ataduras? Me llamo Brittany Pierce, tengo veinticinco años y nunca he tenido suerte en el amor. Por eso, a día de hoy solo pretendía llevar una vida tranquila, exenta de sobresaltos, hasta que ella se cruzó en mi camino, y ese no era otra que la enigmática y arrogante hermana de mi difunto jefe, con la que ya había tenido mis diferencias en el pasado. La tipa había regresado a Nueva York para hacerse con el control de la agencia de publicidad para la que trabajo como secretaria, o eso pensaba yo… Santana López, apodada «SATANÁS», era rica, guapa, inteligente y estaba acostumbrada a conseguir todo aquello que se proponía, pero… ¿hasta dónde estaba dispuesta a llegar yo con alguien como ella? Lo que empezó como un oscuro juego se transformó en algo inesperado y complejo…


Última edición por marthagr81@yahoo.es el Dom Mar 18, 2018 6:46 am, editado 5 veces
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por 3:) el Lun Feb 19, 2018 9:19 pm

hola mar,..

se ve interesante la nueva adap!!!
quiero leer el primer cap!!!

nos leemos!!!
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Feb 19, 2018 11:49 pm

3:) escribió:hola  mar,..

se ve interesante la nueva adap!!!
quiero leer el primer cap!!!

nos leemos!!!

ya quiero comenzar a actualizar solo estoy esperando los comentarios de las otras chicas, luego subire dos cap. por que son un poco largos, ya muero por leer sus cometnarios, me encantaran leer los comentarios en esta Trilogia que esta muy muy buena... recomendable al 100%
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Mensaje por Isabella28 el Mar Feb 20, 2018 4:51 am

Aqui estoy yo!! Ya quiero el primer capitulo.
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Mensaje por JVM el Mar Feb 20, 2018 2:02 pm

veremos como es que llega la propuesta y que decide Britt ....
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Mensaje por micky morales el Mar Feb 20, 2018 6:46 pm

Lista para esta interesante trilogia!!!!
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:28 am

Isabella28 escribió:Aqui estoy yo!! Ya quiero el primer capitulo.

claro, cuento contigo... ya empezaremos con 2 cap. o 3 no se voy a decidirlo....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:30 am

JVM escribió:veremos como es que llega la propuesta y que decide Britt ....


bueno siendo una trilogia no esperen que las cosas ocurran muy rapido, ya se los advierto.... pero esta muy buena, bueno desde mi punto de vista espero sus opiniones.

les aviso que hasta el sabado estare actualizando ok... jijiji por que llevo bastantes cap. subidos en todo y las estoy saturando...
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:31 am

micky morales escribió:Lista para esta interesante trilogia!!!!

ok perfecto, paciencia jajajaja espero que tengas paciencia con la historia y los personajes por que se que te brotaran emociones o las maldeciras jajajaajajj esta diviertido.... ya quiero leer tuus comentarios...
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:35 am

Cap. 1




Si tuviera que definirme con una sola palabra, esa sería, sin duda alguna, tradicional; soy de las que piensan que hay que llegar virgen al matrimonio. Sí, lo sé, estoy quedando como una estrecha, pero es lo que me han enseñado desde que tengo uso de razón y así lo he mantenido a lo largo de todos estos años. Aunque, quién sabe, nunca se puede decir de esta agua no beberé. Por descontado, he tenido tentaciones como el resto de los mortales, pero he sabido marcar los límites. De ahí que mis ex me dejaran siempre tirada en la cuneta por otras mujeres con más experiencia que yo. Era evidente que pensaban más con la bragueta que con el corazón, porque lo que yo buscaba era una relación estable basada en el amor, la confianza y el respeto; algo que les aburría notoriamente. El sexo era vital para ellos y yo no estaba por la labor de irme a la cama con el primero que me lo propusiera. Así que aprendí tres reglas básicas: La primera: nunca te enamores en la primera cita, porque estarías metida en un buen lío. La segunda: jamás creas sus halagos, porque son una manera sutil de intentar llevarte a la cama. La tercera y la más importante: en toda relación hay amos, sumisos, voyeurs, fetichistas… En esto último soy toda una experta, dado que he salido con tipos a los que les fascinaban las relaciones BDSM (Bondage, Disciplina y Dominación, Sumisión y Sadismo, Masoquismo). Evidentemente duré lo que un anuncio, ya que no reunía los requisitos para ninguna de estas prácticas sexuales no convencionales, pues era, y sigo siendo, una mujer puritana. No obstante, debo decir que nunca imaginé que el miedo a la soledad me impulsara a salir con tíos con los que no habría ido ni a la vuelta de la esquina, pero lo hice, y casi acabo tocada. En menos de cuatro años he visto toda una colección de esposas, bolas chinas, fustas, paletas, pinzas para pezones… Uno de mis ex intentó darme una clase magistral de sadomasoquismo con una de sus ex sumisas; con otro, Michael Bauer, descubrí el universo tántrico y tampoco encajé, por eso me abandonó. A raíz de todo ello comprendí que estaba abocada a la más infinita soledad; el mundo estaba lleno de sádicos y yo no tenía ninguna intención de bajar a los infiernos para buscar a mi príncipe azul.

Mi nombre es Brittany Pierce nací hace veinticinco años en Londres, pero resido en Nueva York por motivos laborales. Me apasionan los karaokes, el cine, el teatro, la fotografía y beber litros y litros de Coca-Cola Zero. Me fascinan las comedias románticas con final feliz. La música y la lectura son mis dos grandes pasiones, así como ir de compras a Zara o Macy´s. No me considero una it girl, pero estoy al día de las últimas tendencias de moda. Las novelas románticas me tienen completamente cautivada. Detesto la mentira y la hipocresía. Soy amiga de mis amigos y procuro aprender cada día de mis errores. No fumo y apenas bebo, salvo en momentos puntuales. La última vez que cogí una cogorza fue en la boda de John Fabray, el padre de mi mejor amiga, Quinn. Recuerdo que la resaca me duró una eternidad. La verdad es que no me sienta nada bien beber, prefiero el deporte.

En cuanto a mi vida sentimental, como acabo de señalar, puedo decir que es un verdadero desastre. Aun así nunca he perdido la sonrisa ni la esperanza ante tanta calamidad. Eso es algo que aprendí de mi difunto padre, Charles Pierce al que nunca olvidaré y llevo siempre en mi corazón. Quinn dice que soy una romántica empedernida. Tiene toda la razón del mundo. Tengo la extraña manía de darlo todo en una relación. Nunca me guardo nada para mí. Me ilusiono con suma facilidad con la persona que tengo al lado y luego pasa lo que pasa. Así que decidí que lo mejor era cerrarle las puertas al amor y arrojar la llave al río Hudson hasta que llegara alguien diferente y que mereciera la pena. Por eso me dediqué a vivir mi día a día.

Me volqué en estar en contacto con mi familia, en mi trabajo como secretaria en una conocida agencia de publicidad y en disfrutar de mis dos mejores amigos, Quinn Fabray y Blaine López. Llevo más de un año más sola que la una, y la verdad es que de vez en cuando me entra la nostalgia. Por lo menos, los fracasos sentimentales me sirvieron para ponerme en alerta ante mi vecino Sam Sam Evans, alias el Acosador, del que no quiero ni oír hablar porque me pone el vello de punta.

Quinn, en cambio, es todo lo contrario a mí. Siempre ha tenido suerte en el amor, pero la muy terca le tiene pánico al compromiso, y cuando rompe una relación o la dejan tirada en la cuneta, no acaba llorando por las esquinas como si le fuera la vida en ello, sino que coge el toro por los cuernos y sigue adelante como si nada hubiera pasado. Me fascina su capacidad de recuperación: se refugia en su trabajo de editora jefe de Magazine’s, la revista de cotilleos y moda, y todo lo demás deja de importarle. La admiro por eso. Y es que mi amiga y yo siempre hemos sido como el día y la noche, incluso en gustos y aficiones. Si Quinn soñaba en convertirse en una intrépida periodista, yo me conformaba con fisgonear en el taller de reparación que mi padre regentaba al lado de nuestra modesta casa, no lejos de Covent Garden. Me encantaba oír el sonido de los motores rugiendo como fieras, así como cambiar una bujía o una rueda, y en menos de lo que canta un gallo me había convertido en toda una experta en mecánica. ¡Qué tiempos aquellos! Daría lo que fuese por poder revivirlos al lado de los dos hombres de mi vida: mi hermano Finn y nuestro querido padre, a quien un conductor borracho le segó la vida cuando yo tenía diez años. A raíz de aquello nada volvió a ser como antes para mi hermano ni para mí, pues todo se convirtió en vacío. La vitalidad, el optimismo y el buen sentido del humor de nuestro adorado padre se habían evaporado de un solo plumazo y no había manera de volver a recuperar lo que nos había sido arrebatado tan injustamente. Solo nos quedaron los recuerdos de un hombre extraordinario al que seguimos llevando en lo más recóndito de nuestro ser.

He de reconocer que mi vida nunca fue un camino de rosas, sino más bien un sendero repleto de espinas. Todas ellas lacerantes. Nací y crecí en el seno de una familia de clase media. El taller de mi padre generaba por aquel entonces ganancias y todo nos iba a las mil maravillas, pero solo en apariencia. Mi madre fue una esposa y madre egoísta, por no llamarla literalmente un putón verbenero; se tiraba a todo aquel que quería sin tan siquiera importarle el qué dirán. De hecho, se casó con mi padre porque se quedó embarazada de Finn y mi abuela materna presionó al buenazo de mi padre para que cumpliera con su deber. Entre las dos no tardarían en hacerle la vida imposible, pues todo eran exigencias y humillaciones cuando menos se lo esperaba. Mi madre, Susan Pierce, se pasaba todo el santo día de parranda con sus amigos, y no dudaba en sacarle la pasta a mi pobre padre mientras le ponía los cuernos con quien fuera. Eran tiempos difíciles para un matrimonio que comenzaba a hacer aguas y cuyos hijos estaban en medio de sus continuas peleas y discusiones. Si mi hermano Finn se refugiaba en su cuarto escuchando a su banda de rock predilecta, yo optaba por buscar consuelo en Quinn, mi paño de lágrimas, el hombro en el que me apoyaba después de una bronca monumental entre mi padre y la cínica de mi madre. Mi amiga siempre estuvo allí cuando más la necesité. Me prestaba sus libros de texto, dormía en su casa los fines de semana e íbamos a la misma escuela juntas. Éramos inseparables. Parecíamos hermanas, incluso cumplíamos años el mismo día. Además, su padre, John Fabray, y el mío mantenían una estrecha amistad desde que mi padre ayudó a John a superar la muerte de su esposa, Judy, que falleció cuando Quinn tenía solo dos años.
Recuerdo que durante el funeral de mi querido padre, John Fabray le dedicó unas emotivas palabras que jamás olvidaré. Dijo, entre otras cosas, que no solo se le había ido un amigo y un compañero, sino que había perdido a un hermano. Rompí a llorar desconsoladamente, arropada por Quinn y Finn. Después de ese duro varapalo, nuestra vida dio un giro de ciento ochenta grados, pues nos costó asimilar que le habíamos perdido para siempre. El gran Charlie fue quien nos educó y sacó adelante mientras mi madre se desentendía de responsabilidades. Pese a ello, crecí con la convicción de que, algún día, la cínica de mi madre, Finn y yo volveríamos a ser una familia, pero me equivoqué estrepitosamente, porque más bien nos dividimos en dos bandos. Por un lado estábamos mi hermano y yo, y por otro, ella y su «amigo», a quien traía a casa para follárselo en la cama de mi padre. La odié por ello, y he de reconocer que me alegré de que meses después le entrara la locura de hacer las maletas para largarse con su gigoló. Pretendían perseguir el sueño americano, pero todo se perdió en el camino y la penuria se adueñó de ellos en cuestión de semanas. Evidentemente, Finn y yo no hicimos nada por traerla de vuelta a casa.


Mucha gente dice que me parezco físicamente a mi querida madre, sobre todo en la forma de la nariz, alargada y fina, y en la boca, pequeña y de labios delgados, pero no soy ni la milésima parte de caprichosa y egoísta de lo que fue ella. Si hay algo que no le perdonaré nunca es que fuera la causante de la desdicha de mi pobre padre, que se partía los cuernos trabajando en el taller solo para darnos de comer. Jamás le estaré lo suficientemente agradecida por tanto amor y tanta generosidad. Algo que la cínica de mi madre rehusaba darme, sencillamente porque se avergonzaba de mí, ya que era la hija obesa, fea y miope que una madre, insensible y desvergonzada como la mía, no quería tener.

Por eso nunca me presentó a sus amistades ni se preocupó por mí. Finn, en cambio, era su ojito derecho… era el que más besos y abrazos recibía, en comparación conmigo. Después de la muerte de papá, los Fabray se convirtieron en nuestra nueva familia. John Fabray siempre se preocupó de mi hermano y de mí, por lo cual le estaremos eternamente agradecidos. En cuanto a Quinn… ¿qué más puedo añadir de ella? Solo tengo palabras de gratitud por cómo se ha comportado conmigo. La adoro y sé que ella a mí también, y no hemos permitido que nada ni nadie se interponga entre nosotras. Ni tan siquiera los chicos. Quinn siempre fue una niña muy guapa. Era alta y esbelta, llamaba la atención de todos los muchachos del barrio. En cambio, yo era la rara. Por aquel entonces, mi obesidad y el acné, por no hablar de mi pelo color rubio cenizo, eran objeto de burla de toda la clase de primaria, lo que hizo mella en mí. Mi baja autoestima pronto sufriría una parada en boxes que no me permitiría evolucionar por mis muchos complejos. Me estanqué, me sentía un bicho raro, maltratado por la sociedad. De hecho, me refugié en los míos y en los Fabray solo para huir de mi desdicha, pues mi mundo se vio fragmentado con la ausencia de papá. Su muerte fue el desencadenante de numerosos ataques de ansiedad que se repetían a lo largo de las semanas hasta que finalmente me diagnosticaron y empecé un tratamiento.

Eran tiempos difíciles para una adolescente acomplejada e infeliz como yo. A todos estos males se vino a sumar otra mala noticia que no tardaría en enturbiar más aún mi ánimo, llevándome a la locura: mi mejor amiga se iba a vivir a América. John Fabray era ya un reputado periodista y había aceptado una generosa oferta de trabajo en un programa de televisión neoyorkina. La noticia en sí causó estragos en mí. Recuerdo especialmente aquella mañana soleada, no muy lejos de Hyde Park, en la que Quinn y yo lloramos a moco tendido cuando me lo comunicó. En aquel instante comprendí que estaba abocada a la más infinita soledad por culpa de un destino cruel y tremendamente injusto. Mi amiga del alma, mi hermana, mi pilar se marchaba a vivir a otro continente, y yo me veía tan sola sin ella, que lo único que deseaba en aquel momento era morir. La soledad no tardaría en convertirse en mi compañera durante muchos años, en los cuales el miedo al rechazo y la incertidumbre dominaron por completo mi angustiosa existencia. Durante mi pubertad, me dediqué a esconder mi cuerpo gordo y fofo bajo prendas hSelenadas y viejas. En cuanto a mi larga melena, decidí cortármela para que no volvieran a pegarme chicle en ella. Por otro lado, ver a mi hermano sumido en una repentina depresión no auguraba nada bueno, sino todo lo contrario. De modo que me vi en la extraña necesidad de escribirle una emotiva carta a la pobre tía Gertrude, quien enseguida asumió el control y se ocupó de nosotros dejando atrás su idílica vida en Brighton. La hermana mayor de mi padre era una dama hermosa y sumamente elegante. En cuanto llegó, tiró de Finn y de mí con ese carácter tan particular de los Pierce de Northumberland, mientras la hipócrita de mi madre nos enviaba postales desde América, donde vivía con un nuevo amante que no tardaría en abandonarla por una exótica bailarina de striptease. No hay que añadir que esto la destrozó, tanto, que actualmente malvive sola en una destartalada caravana cerca de Arizona, con dos gatos y una tortuga, y se dedica a la venta ambulante para poder subsistir, o eso rezaba la última carta que nos envió hace una década. Desde entonces no hemos vuelto a saber nada de ella. Y la verdad, no me arrepiento de haber tomado la decisión de no contestar a aquella carta ni interesarnos por ella después, porque mi hermano y yo supimos sobreponernos a su ausencia desde el instante en que eligió fugarse con uno de sus amantes. Es así de simple.

La llegada de tía Gertrude a nuestras vidas nos hizo creer que existían las segundas oportunidades. Nuestra casa dejó de ser fría y lóbrega, y se convirtió en un hogar cálido y agradable. Pese a su carácter tan particular, tía Gertrude ayudó a Finn a superar su tristeza. De hecho, se las ideó para organizar una merienda en la que no faltaron nuestros vecinos y la hermosa Rachel, la hija mayor de los McAdams. Lo de Rachel y Finn fue amor a primera vista, todo un flechazo. Aunque poco después supe que Rachel siempre había estado enamorada de mi hermano, por eso, cuando Finn le propuso salir juntos, ella rompió a llorar de la emoción, y es que el amor todo lo cura.

Rachel sacó definitivamente a mi hermano de aquel pozo negro en el que estaba sumergido. Finn reabrió el taller de reparaciones, mientras yo albergaba la esperanza de poder reencontrarme algún día con mi amiga del alma, con la que no había perdido el contacto. Durante todo aquel tiempo, nos llamamos por teléfono o nos carteamos, para ponernos al día de cuanto acontecía en nuestras vidas, lo que me ayudaba a sobreponerme cada vez que me entraba el bajón por el motivo que fuera. Mientras Quinn iba a una prestigiosa escuela privada en la Gran Manzana, yo acabé secundaria en la escuela pública del barrio.

Recuerdo aquellos años como una larga y horrible temporada en la que fui objeto de burlas y muchas veces llegaba a casa con la ropa hecha jirones y el cuerpo lleno de moratones. Sufría lo que hoy se conoce como bullying. Pero lo peor fue que cuando empecé el instituto las cosas no cambiaron; mis defectos seguían estando en el punto de mira de mis compañeros y yo volví a refugiarme en mi familia, mi tabla de salvación. Durante años me odié a mí misma y a mi propio cuerpo, pues la ansiedad me empujó a engullir, lo que evidentemente hizo que mi peso se duplicara de un modo alarmante. El espejo se convirtió en mi mayor enemigo y lo evitaba a toda costa, además, empecé a usar gafas para corregir mi creciente miopía. La vida no podía tratarme peor ante una clase llena de adolescentes remilgadas y estúpidas. Ahora me río, pero antes no, desde luego.

Por fortuna, mi amargada existencia cambió una vez que acabé el instituto y perdí de vista a mis compañeros de pupitre. Fue entonces cuando me liberé y opté por inscribirme en un curso a distancia de administración. Mi única asignatura pendiente es no haber ido a la universidad. Me hubiera encantado estudiar medicina, pero me conformé con aceptar lo que el destino me tenía deparado. Al año siguiente de obtener el título de administrativo, me apunté a otro curso de peluquería y estética, y ahí fue donde conocí al ser más entrañable y bueno que jamás haya visto: mi querido Blaine. Su vida se asemejaba bastante a la mía. Los dos hemos sufrido por culpa de nuestros parientes más directos y por el rechazo de la sociedad. Él, con su padre, un rudo militar que consideraba que la homosexualidad era una enfermedad y pretendía curársela a su hijo con métodos realmente escalofriantes que no quiero mencionar.
Por eso mi amigo tuvo que huir de su casa solariega en Wiltshire para instalarse en Londres, donde encontró trabajo como camarero en un bar, y por las tardes iba al curso conmigo. Tía Gertrude no dudó en acogerlo como a un miembro más de nuestra familia, al igual que Finn, y eso motivó que mi buen amigo volviera a sonreír después de años sumido en la más tenebrosa oscuridad. Si la vida de los Fabray en la Gran Manzana se parecía a un cuento de hadas, la mía era más bien agotadora. Por aquel entonces tenía dos empleos, uno como babysitter los fines de semana y el otro como dependienta en una tienda de comestibles, que compaginaba con el curso de peluquería por las tardes. Y por si fuera poco, por las noches preparaba tartas con mi tía, para sacarnos unas cuantas libras. Yo era la encargada de repartir los pedidos, y así fue como conocí a mi primer amor de juventud. Brandon Mullen, el chico más guapo y popular del barrio. El tío era un bombón comparado conmigo, y… ¡conseguí tener una cita con él! De hecho, me sorprendió que me invitara a salir.

Brittany Pierce la fea y gorda repulsiva, había logrado atraer la atención del chico más guapo del barrio. Lo que me hizo sentir la muchacha más feliz del universo, o eso creía yo… Recuerdo que me compré un vestido ancho con un estampado de flores, me alisé el pelo y esperé en la puerta de mi casa a que viniera a recogerme en su flamante deportivo. Fuimos al cine y tomamos una hamburguesa. Era yo quien más hablaba de los dos, y por lo visto le caí bien, pues no dudó en confesarme que había salido conmigo por una apuesta que había hecho con el cerdo de Jasper Byte. Un gilipollas de mucho cuidado, al que un día le di una patada en los huevos por grosero y maleducado. Evidentemente, aquello me cayó como un jarro de agua fría, y volví a sentirme poca cosa y objeto de burla. Me dolió en el alma. Pronto, la repostería se convirtió en mi vía de escape. Descargaba toda mi ira y frustración en elaborar deliciosas tartas que se vendían como churros. De hecho, cuando John Fabray contrajo segundas nupcias con Linda Miller, una prestigiosa decoradora de interiores, viuda y madre de una encantadora muchacha llamada Kitty, un año mayor que Quinn, nos encargó a nosotras la tarta nupcial. Linda, Kitty y Quinn conectaron desde el primer instante, y yo me alegré de que así fuera.

Mi amiga se las ideó para que hablara por teléfono con su nueva familia, la cual no dudó en enviarme la invitación de boda. Incluso me pagaron el billete de avión en primera clase. Era algo emocionante y nuevo para mí. El vuelo duró más de cinco horas y fue la aventura más excitante de toda mi vida. Recuerdo que la noche anterior apenas concilié el sueño por culpa de los nervios. Mi tía, mi hermano y su esposa me acompañaron al aeropuerto de Heathrow. Lloré como una magdalena cuando me despedí de ellos; soy así de sentimental y no me avergüenza reconocerlo. Por aquel entonces tenía veinte años y un futuro incierto aún por explorar, pero estaba dispuesta a sacarle todo el jugo a pesar de mi baja autoestima y mis complejos de gorda repulsiva y temeraria. ¡Vaya que sí! John Fabray, Quinn, Linda y Kitty me esperaban en el John Fitzgerald Kennedy Airport.

El reencuentro fue muy emotivo y todos lloramos de felicidad. La boda fue preciosa y muy divertida. En el banquete, los novios me pidieron que saliera a cantar Love is in the air de John Paul Young, y no lo dudé, aunque ¡qué vergüenza pasé! Pero lo hice muy bien; siempre he tenido buen oído musical y buena voz. De vez en cuando me gusta ver las fotos del magnífico convite. Linda estaba radiante. Las damas de honor, Kitty y Quinn, estaban guapísimas, y yo… uf… sin comentarios. Pasé toda una semana en Nueva York. No quería regresar a Londres porque me había enamorado perdidamente de la ciudad. Me impresionó ver la Estatua de la Libertad y me conmovió escuchar un concierto benéfico en pleno Central Park. Meses más tarde, la familia Fabray me tendió una mano y me animaron a volver, para emprender una nueva vida a su lado. Al principio me resistí, pues no quería dejar solos a los míos. Sin embargo, tía Gertrude y Finn comprendían que debía abandonar el nido y empezar a volar.

Blaine, evidentemente, no se lo pensó dos veces. Quería probar suerte como escritor y acabó tomando el mismo avión que yo. Los Fabray lo acogieron encantados, excepto Quinn, con la que no tardaría en chocar. Ambos se llevan como el perro y el gato. Y así fue como nuestras vidas se mezclaron con la de John Fabray, que ejercía de padre, amigo y consejero tanto para Blaine como para mí. Gracias a él y a su familia, mi estancia en la Gran Manzana fue genial. Escribía o llamaba por teléfono a los míos casi a diario. Me puse a régimen y comencé a perder unos cuantos kilos de la mano de un personal trainner, que me estrujó hasta no poder más. Recuperé mi autoestima paulatinamente con la ayuda de los Fabray y de Blaine, quien, a día de hoy, se encuentra en Denver, de gira promocional con su undécimo libro de autoayuda, Cómo ser feliz por méritos propios. Lo he leído y es impresionante. Mi amigo es un gran observador y tiene una capacidad innata para ayudar al prójimo, y me siento muy orgullosa de él. Admito que le echo mucho de menos, justo ahora que acaba de fallecer mi jefe, Jake Vladimir López Ivanov, con el que me unía una estrecha y hermosa amistad.

Sí, mi difunto jefe tenía doble nacionalidad. Su abuelo materno era un magnate ruso de la comunicación. Hizo negocios por toda Europa, para luego mudarse a América donde expandió su imperio, que, tras su fallecimiento, pasaría a manos de su arrogante y engreída nieta Santana López Ivanov —apodada por una servidora y sus amigos como Satanás, dado su carácter diabólico y otras características físicas que solo pueden ser cosas del infierno—, y con la que no tardaría en tener mis primeras diferencias poco después de empezar a trabajar para la agencia. De eso hace ya unos cuantos años.
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:37 am

Cap. 2




Si Nueva York me abrió las puertas de la independencia, el bueno de Jake V. López me devolvió la vida, la ilusión y me brindó el éxito, mientras la cretina de Satanás me trataba del peor modo posible. No solamente a mí, sino a toda la plantilla de trabajadores. Aun así, y pese a ser la vicepresidente en funciones, me armé de valor para plantarle cara y ponerla en su sitio, pues estaba harta de su comportamiento conmigo. Pero antes de recordar aquel enfrentamiento, quiero remontarme a cuando respondí al anuncio de trabajo en la prestigiosa agencia de publicidad López Agency Group, pocas semanas después de instalarme en el número 17 de Park Avenue con Quinn.

Buscaban una secretaria cualificada y con experiencia. Yo, evidentemente, no reunía ninguno de estos requisitos, pues solo contaba en mi haber con el título de auxiliar administrativa y poco más. Pero resolví coger el toro por los cuernos y me presenté a la entrevista de trabajo. Éramos más de cien candidatas luchando por un solo puesto. La cosa no podía ser más complicada, pero si algo me enseñó mi padre fue a no perder la sonrisa ni arrojar la toalla con facilidad, y eso fue exactamente lo que le dije a mi futuro jefe, con quien congenié desde el primer instante. Mi buen sentido del humor y mi vitalidad le agradaron notoriamente, y conseguí el puesto de trabajo. Y es que soy de las que piensa que cuando algo está predestinado para ti, lo está; sin necesidad de nada más. Recuerdo mi primer día en la agencia como un verdadero caos. No tenía ni idea de cómo había que cargar datos en una plantilla ni cómo hacer fotocopias por ambas caras, pero el bueno de Jake supo darme tiempo para instruirme. Y me puse las pilas mientras iba aprendiendo de los demás.

Jake López era un hombre con mucha clase, sumamente educado a la par que tímido; no se relacionaba mucho con la gente porque era tartamudo. Nada que ver con la cretina de su hermana mayor, a quien todos temían aunque besaban el suelo que pisaba. De hecho, desde el primer instante supe que no congeniaríamos. Había algo en ella que me disgustaba. No en vano, el apodo de Satanás le quedaba que ni pintado, porque, para más inri, era la tía más antipática y arrogante que jamás hubiera visto; también la más guapa y pudiente de cuantos conocía. Forma parte de la lista de las cien personas más ricas e influyentes del mundo, según la revista Forbes. Algo que no debe extrañar a nadie, ya que tiene una mente privilegiada para hacer negocios. Pero a mí siempre me ha caído fatal, y el sentimiento es mutuo.


Mis diferencias con ella comenzaron al poco tiempo de empezar a trabajar en la agencia. Todo se originó con un hiriente comentario suyo después de ordenarme que me fuera de una reunión con los de márketing.

Jake quería que asistiera, pero Santana rehusó abiertamente alegando que qué cojones hacía una maldita gorda incompetente como yo en la presentación de un producto de adelgazamiento, algo que me sentó como dos patadas en los riñones. Y estallé como una posesa. La llamé cabrona, arrogante, sibarita de mierda… ¡casi nada! Menos mal que Jake salió en mi defensa, de lo contrario habría acabado de patitas en la calle. La verdad es que no me arrepiento de lo que dije, estaba en todo mi derecho de defenderme, pues Satanás fue quien me atacó primero. Desde ese día, doña Perfecta me tiene tirria, y me da igual que así sea. Precisamente, su arrogancia y prepotencia es lo que menos soporto de ella, por no decir que está acostumbrada a que todo el mundo agache la cabeza cada vez que alza la voz. Yo, por descontado, nunca he estado por la labor, y eso que era la secretaria de su difunto hermano.

Siento muchísimo que Jake se haya ido para siempre, era un verdadero ángel, y prefería mil veces su compañía a la de Satanás. Luchó duramente contra una terrible enfermedad hasta el último día de su vida. Fue ayer, con mi mano entre las suyas, cuando dejó de respirar. Mis ojos se inundaron de lágrimas, todas las emociones acumuladas durante estos años salieron a la luz y no había dique que las parara. Jake López murió víctima de un cáncer de pulmón. Su muerte supuso un gran golpe para aquellos que le conocíamos y admirábamos. En estos últimos meses no fui solo su secretaria, sino también su amiga y enfermera particular. Era quien le acompañaba a las revisiones médicas, la que le daba apoyo después de una dura y larga sesión de quimioterapia, la que se quedaba a dormir en el hospital después de otra recaída…

Mi difunto jefe nunca quiso molestar a los suyos. Algo que me llamó poderosamente la atención, pero con el tiempo descubrí que le gustaba la soledad por su dificultad para hablar, aunque no entendía por qué lo consideraba un obstáculo, porque era un hombre realmente guapo, agradable y muy atento. No tenía ningún sentido que se aislara del mundo. Tampoco lo vi nunca acompañado por ninguna mujer. Las malas lenguas apuntaban que era gay, pero él jamás se pronunció. Era igual de reservado que Satanás; en eso, ambos se parecían muchísimo. Anoche, tuve que armarme de valor y telefonear a la susodicha para comunicarle el fallecimiento de su hermano.

Creo que estaba más afectada yo que ella, pues ni siquiera me dio las gracias, simplemente me colgó. No esperaba menos de ella. Minutos después, me vi desbordada por un séquito de asesores y asistentes personales surgidos de la nada, que entraron como una tromba de agua a la habitación del hospital donde mi jefe llevaba varios meses ingresado. Me hicieron un centenar de preguntas y yo colaboré en la medida de lo posible. Asumieron el control de todo, en especial dos clones rubias. La número uno era alta, esbelta y se hacía llamar Rachel Burrows, ella fue quien me indició amablemente que esperara fuera de la habitación. Entretanto, la rubia oxigenada número dos, delgada y de mediana estatura, y que respondía al nombre de Helena Steel, realizó una llamada con su móvil de última generación. Pude oír perfectamente cómo le daba órdenes explícitas al tipo de la funeraria. Ciertamente, la coordinación de los servicios funerarios de Jake V. López estaba en su máximo apogeo mientras esta pobre tonta esperaba pacientemente en el largo pasillo del Hospital Cedars Sinaí de Nueva York, concretamente en el área de Oncología.

A los pocos minutos apareció la estirada Marie López: conocida filántropa, hija de un magnate ruso, hermana de una prestigiosa neurocirujana, viuda de Thomas López un afamado ingeniero de telecomunicaciones, y madre de mi difunto jefe, de Satanás y de Selena.
La señora López iba acompañada por sus dos hijas. Menos mal que con ellas no venía el gilipollas de Noah Puckerman, mano derecha de Satanás y personaje detestable donde los haya, después de Sebastian Smith. El tío es un mujeriego de mucho cuidado y un descarado; quiso dar el braguetazo casándose con Victoria Hammond, hija de Andrew Hammond, de Industrias Hammond & Asociados, pero lo plantó casi en el altar. La muchacha es un bellezón de medidas perfectas y muy educada, y por lo que cuentan, lo pilló in fraganti con otra y acabó rompiendo el compromiso con el cretino de Puckerman. ¡Menudo depravado! En cuanto a Marie López he de señalar que siempre me ha tenido ojeriza. Nunca he sabido el motivo, pero tampoco me importa.
Anoche, sin ir más lejos, estaba mucho más arrogante y soberbia que de costumbre cuando pasó delante de mí. Ella y Satanás ni siquiera me saludaron. No esperaba menos de ellos. Fue Selena, la hermosa hermana de veintidós años de Jake, estudiante de Derecho, la única que se acercó a mí y también la que más afectada estaba de las tres. Mi difunto jefe le tenía un gran cariño, aunque nunca se lo demostró en vida, hasta tal punto llegaba su introversión. La chica se detuvo a conversar conmigo hasta que Satanás empezó a meterle prisa. Algo muy propio y frecuente en ella, pensé. Y a la pobre muchacha no le quedó más remedio que aligerar el paso acatando la orden de la muy gruñona.

Santana López una de las empresarias del momento, ha sido reelegida por tercera vez consecutiva la Mujer del Año a sus treinta y dos años. Su fortuna es incalculable, y su mal genio, irrefutable (Jake solía quejarse de ello). De hecho, cuando le vi entrar con el semblante serio a la habitación donde había estado el cuerpo sin vida de su hermano, me dieron ganas de salir corriendo tras ella y abofetearla, pero desistí de mi empeño. Mis traicioneros ojos se habían inundado de lágrimas al recordar a Jake, así que me enjugué el llanto con un Kleenex y suspiré mientras miraba distraídamente el cuerpo de Satanás, una réplica exacta de la obra de Miguel Ángel. Una cosa no quita la otra: por más que no me agrade la tía, reconozco que tiene un físico envidiable. Es guapísima. Llevaba ojeras y cara de cansancio de varias semanas y un exquisito traje negro de más de dos mil dólares, con una camisa negra, y unas sofisticadas y oscuras Ray-Ban de esta temporada ocultaban sus oscuros ojos. Es una mujer por la que cualquier mujer u hombre perdería fácilmente la cabeza, sin duda alguna… a pesar de su frialdad. Después de nuestro encontronazo, ninguna de las dos hicimos intento alguno de enterrar el hacha de guerra, más bien tratábamos de evitarnos al precio que fuera. Recuerdo que cada vez que llegaba a la agencia se producía un silencio sepulcral entre mis compañeros, que se escurrían como ratas. La gente le tenía verdadero pánico. Ni tan siquiera daba los buenos días y cada vez que pasaba por delante de mi mesa me miraba con desprecio.

Jake trató de mediar entre nosotras, pero fracasó. Es evidente que no nos soportamos. Con el paso de los años, resolví guardar las distancias, ya que debe de ser horrible trabajar para un témpano de mujer, exigente y mandona. Dicen que cambia de secretaria como de camisa. No me extraña, con el genio que tiene… Cuentan también que ha dejado su apartamento en Tribeca para adquirir un lujoso ático en la Quinta Avenida, en la Trump World Tower, para estar cerca de la agencia y vigilar su funcionamiento ahora que Jake ya no está. Y ha tomado las riendas de un modo arrollador: todos mis compañeros han recibido la carta de despido, todos excepto yo, y lo cierto es que no sé si alegrarme o llorar. No negaré que me aterra trabajar con una tipa como ella, pero los tiempos que corren no están para que una rechace un buen puesto de trabajo solo porque no soporta a la jefa.


No seas cobarde, me digo, y pienso en cómo compaginará la presidencia de la agencia con el control de su multinacional en Vancouver dedicada a la exportación de tecnología de alta gama para los países árabes. Qatar y Arabia Saudí son sus dos países de cabecera, con los que el año pasado se embolsó la friolera de cien millones de dólares.

Así es Satanás. Fría como un témpano y la tipa más inteligente del mundo. Se dice que una mísera parte de su fortuna va destinada a programas de ayuda contra la drogadicción y a comedores sociales. Algo que le honra, por muy excéntrica que sea, pero la susodicha califica de esclavos a todos sus empleados. De hecho, no me sorprendió que usara semejante término teniendo en cuenta que es una capulla de mucho cuidado. Menos mal que no tuve que coincidir con ella mientras Jake estuvo ingresado en el hospital.

Con quien sí lo hice fue con su madre, su hermana y su tía Anna Gilmore, que está casada con el capitán Robert Gilmore, del distrito policial de Manhattan sur. Los Gilmore tienen cinco hijos y dos nietos. Los otros miembros del clan solían telefonear a Jake muy a menudo, como Satanás, que llamaba todas las noches. Recuerdo que mientras ambos hermanos conversaban por teléfono, yo me acurrucaba en el sofá de la habitación y me ponía a leer una novela romántica hasta que me vencía el sueño.

Qué curioso que ayer me viera sentada en un frío banco del hospital más sola que la una. Reconozco que me sentí doblemente idiota y estúpida, más aun cuando la rubia oxigenada número uno se acercó a mí para decirme:

—Si lo prefiere, puede retirarse a descansar, señorita Pierce.

Su repentina sonrisa dejaba entrever que era mejor que me largara. La miré confundida y ruborizada, y poco después la rubia oxigenada número dos se unió a nosotras. Fue entonces cuando decidí marcharme por voluntad propia. Mi dedicación a Jake V. López había llegado a su fin y era una verdadera lástima que todo acabara de ese modo. Tomé, como de costumbre, el metro y llegué sobre las once a casa. Tengo el permiso de conducir, pero soy incapaz de tocar un volante; le tengo un profundo miedo a la carretera y a los conductores borrachos que siegan la vida de los demás.

Llegué al apartamento y lo primero que hice fue darle la mala noticia a Quinn, que enseguida comenzó a hacer un sin fin de llamadas. Muy propio de ella, pensé mientras me retiraba a mi cuarto. Me descalcé y me senté sobre la cama. Estaba abatida y necesitaba urgentemente despejarme, si no quería derrumbarme por completo. Encendí el portátil y me puse a ver el correo. No tenía ningún mensaje en la bandeja de entrada, solo un listado de publicidad de una agencia de contactos en la que estuve inscrita años atrás y donde conocí a mis ex. ¡Menuda experiencia!, suerte que me di de baja. Como no había nada interesante en el Outlook, me sacudí el muermazo con una ducha, me preparé la cena y me senté en el salón frente al televisor. Como era de prever, varios canales se hacían eco de la noticia del día. Mis ojos volvieron a inundarse de lágrimas al ver las fotos de Jake. ¡Se le veía tan joven y tan sano que nadie diría que por esa fecha ya le habían diagnosticado la enfermedad! De repente me vi asaltada por los recuerdos y decidí apagar la tele. Retiré la bandeja a la cocina, me lavé los dientes, me puse el pijama y me metí directamente en la cama; solo entonces me di cuenta de que no les había preguntado a las clones rubias por el funeral de Jake.

En ese momento, mi Sony Xperia J comenzó a sonar. Era la señorita Lamber, excompañera de trabajo. Puse los ojos en blanco porque esas no eran horas de llamar, pero aun así la atendí cortésmente. Me soltó todo un discurso sobre su repentino despido. La entendí y me compadecí plenamente de ella, a pesar de que era de las que se pasaba todo el santo día de palique durante las horas de trabajo. En fin, que en un momento de la conversación me soltó algo que me desestabilizó por completo, y me vi en la necesidad de excusarme. Dejé el Sony sobre la mesita de noche. Recé en silencio unas cuantas plegarias y me coloqué el antifaz para caer en brazos de Morfeo, pero no podía olvidar las palabra de la señorita Lamber: mi futuro en la agencia tenía las horas contadas.
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:40 am

CAPITULO 3






De sobra es sabido que Santana López fue quien le regaló la agencia a su hermano Jake para su vigésimo sexto cumpleaños. Satanás adquirió y restauró un impresionante inmueble no lejos de Columbus Circle, que convirtió en la sede de una de las agencias publicitarias más rentables del país. Y es que la generosidad de la susodicha siempre ha sido muy admirada y valorada por aquellos que se han beneficiado de ella. Si durante las navidades pasadas donó un millón de dólares a un comedor social, a principios de año duplicó la cantidad que fue a parar a un centro de acogida para menores. Este año se prevé que su donación recaiga en un centro de investigación en la lucha contra el cáncer…, algo que le honraría humanamente.

Ojalá dicha virtud me salpicara a mí también, pues nada me haría más feliz que conservar mi puesto de trabajo. De hecho, apenas he pegado ojo en toda la bendita noche pensando en las palabras de la señorita Lamber. Sí, lo sé, estoy siendo pesada con el dichoso tema pero la situación económica de mi familia me empuja a preocuparme por mi empleo, dado que el taller de mi padre no acaba de funcionar y hay más pérdidas que ganancias. Independientemente de ello, reconozco que me fascina mi trabajo y, después de la repostería, es lo que más me gusta hacer.

Ojalá pueda seguir en López Group Agency hasta el fin de mis días, pues allí he sido feliz a pesar de los pesares. Pero si Satanás tiene previsto despedirme, apechugaré con lo que el destino me depare. Quinn me despertó a las nueve y media de la mañana. La alarma de mi Sony no había sonado y estaba tan cansada que no me di cuenta de la hora. Cuando abrí los ojos casi me da un ataque: solo veía oscuridad y creí que me había quedado ciega. Y es que soy tan despistada que se me había olvidado que llevaba puesto el dichoso antifaz para dormir. ¡Dios! ¡Menudo susto me pegué!

Quinn se estaba partiendo de risa, pero yo no le veía la gracia por ninguna parte. ¡Ya me las pagarás!, le dije mientras alargaba la mano para coger el teléfono que estaba sonando. Era Selena López lo que me extrañó muchísimo, pues nunca nos habíamos intercambiado los números de teléfono. Después, pensé que a lo mejor se lo había dado Jake antes de morir, o incluso la mismísima Satanás, ya que le había telefoneado la noche anterior. Sea quien fuere, opté por atenderla cortésmente bajo la atenta mirada de Quinn.

—Hola, señorita López…


La muchacha siempre me ha caído bien, todo hay que decirlo. A veces, cuando salía de la universidad se acercaba a la agencia para saludar a su hermano y se ponía a charlar conmigo. Hablábamos de cosas banales, de moda, complementos… y es que Selena López es una fashion victim en toda regla. Me gana en ese sentido. Luce las mejores marcas, y los diseñadores se la disputan para que lleve una de sus creaciones en cualquier evento social, porque la chica es una auténtica monada. Es alta y morena como Jake, y además, muy simpática y agradable.

—Llámeme Selena, señorita Pierce.

—Brittany, por favor.

—Antes de que se me olvide, quiero agradecerte en nombre de mi familia y en el mío que hayas cuidado de mi hermano Jake. Eres un sol, Brittany…

—No se merecen, Selena —respondí ruborizada.

—…Te llamaba para… para avisarte de que el funeral tendrá lugar hoy, al mediodía, en la Iglesia de la Trinidad. Por si querías asistir… Quinn me hace señas con la mano. La ignoro deliberadamente. —Oh… sí… claro. Gracias.

—Un beso, Brittany.

—Otro para ti, Selena.

Colgamos a la vez. Quinn no para de hablarme, pero yo estoy en estado de shock. No me esperaba semejante llamada, aunque me alegra que Selena se haya acordado de mí, y más en un día como hoy. No quiero pensar en cómo reaccionarán su madre o Satanás cuando sepan que me ha telefoneado para invitarme al funeral. Igual la pobre chica sale mal parada por mi culpa; en cualquier caso, quiero asistir para darle el último adiós a mi amigo, a mi jefe y a mi mentor.

Quinn lleva un buen rato intentando someterme a un tercer grado. ¡Qué preguntona es! Resoplo y me dejo caer de espaldas sobre la almohada. Me he quitado el condenado antifaz y lo he dejado sobre la mesita de noche.

—Selena me… ha invitado al funeral que tendrá lugar este mediodía en la Iglesia de la Trinidad — le digo, haciendo el enorme esfuerzo de levantarme de la cama para que no se nos haga tarde.

Tengo el cuerpo entumecido. Me estiro un poco y oigo como me crujen los huesos. Camino arrastrando los pies, pues aun tengo sueño. Evidentemente, Quinn me pisa literalmente los talones. Cuando se lo propone, es una mosca cojonera pesadísima.

—Pero… ¿cómo ha conseguido tu número de teléfono? —quiere saber toda intrigada.

Le explico de quién lo ha podido obtener. Frunce el ceño y pone mala cara, pues mi amiga detesta a Satanás tanto o más que yo.

—Y… ¿esa cerda ha permitido que su hermana te telefonee sin su consentimiento? —pestañea atónita. Quinn está tan sorprendida como yo, porque sabe que Satanás adora tenerlo todo bajo control, hasta el punto de que ha puesto escolta a toda su familia.

—Eso parece —le respondo, mientras cruzo el pasillo en dirección al salón comedor.

—¡Qué raro! ¿No crees?


Me encojo de hombros. Llegamos al salón. Enciendo el televisor de plasma, mientras Quinn va a la cocina. Imagino que para preparar el desayuno. Al parecer, todos los canales de televisión tienen previsto retransmitir el funeral por el alma de Jake V. López. Además de pertenecer a una familia muy pudiente y respetada, Jake se había convertido en un gurú de la publicidad; sus campañas habían cosechado premios internacionales; entre los clientes de la agencia estaban las mejores marcas internacionales de todos los sectores, y había trabajado con las modelos más famosas del momento. Así que su funeral iba a ser todo un evento en el que se darían cita personajes ilustres y famosos.

La familia había emitido ya un comunicado agradeciendo las muestras de cariño, y en el que anunciaba que López Agency Group había decretado una semana de luto por su difunto presidente. Me va a venir genial para descansar y olvidarme de que tengo un pie en la calle, me digo, porque solo recordarlo hace que sienta náuseas, y me repito lo que solía decirme mi padre: Dios aprieta pero no ahoga.

Finalmente, opto por apagar la tele e ir al baño. Quinn no tarda en plantarse delante de la puerta, justo cuando me estoy subiendo las bragas de algodón de talle alto y el pantalón del pijama. Me lavo las manos y me las seco con la toalla, mientras pongo los ojos en blanco. ¿Qué querrá ahora? ¡Ni hacer pis puede hacer una!, pienso molesta. ¡Qué barbaridad!

—Raro o no, me da igual —le digo, como si leyera su pensamiento.

Quinn entorna los ojos.

—Me preocupa que Satanás regañe a su hermana solo por haber telefoneado… ¡menuda se puede liar! —me dice silbando.

—Ya lo sé —le respondo—, pero es algo que no

—Ya lo sé —le respondo—, pero es algo que no está a mi alcance evitar.

Mi amiga ha puesto los brazos en jarras.

—¡Maldita cabrona engreída! —exclama de repente—. Tiene a todo el mundo atemorizado, incluida a su familia.

Me encojo de hombros en una muestra de desinterés. Siento ser egoísta, pero no hago nada más que pensar en mi futuro en la agencia, en vez de apenarme por la que le va a caer a la pobre Selena cuando Satanás se entere.

—Aunque… puestos a elucubrar —continúa Quinn—. ¿Has pensado en cómo te tratará Satanás cuando empieces a trabajar para ella?

—No es seguro que siga en la agencia; todos mis compañeros han recibido la carta de despido — respondo con un suspiro paciente.

—Sí, pero tú no la has recibido aún, ¿no? —me dice con el ceño fruncido.

—No.

—¡Pues ya está! Eres la única a la que no ha despedido, solo para hacerte la puñeta.

—¡Quién sabe! —le digo haciéndome la fuerte.

Pero de fuerte nada, Satanás puede ser una tipa muy cabrona cuando se lo propone, y no quiero ni pensar que, si no me ha despedido, es para fastidiarme, porque si es así, no dudaré en presentar mi renuncia. Salgo del baño y Quinn vuele a seguirme. ¡Otra vez! ¡Uff…!

—¿No has pensado en renunciar, llegado el caso? —pregunta.

—Sabes que me encanta mi trabajo.

—Lo sé, y no hace falta que te repita que siempre tendrás un hueco en la redacción de la revista.

Le doy las gracias y un abrazo.

—No me las des, tonta…. —responde mientras nos reímos, y añade—. Bien, son las diez en punto. Dúchate mientras preparo el desayuno. Luego telefonearé a Edward para que venga a recogernos. Iré contigo.

¡Qué remedio! Ya está la marimandona de Quinn Fabray organizando. (Pongo los ojos en blanco y frunzo el ceño). Le acaba de dar el brote psicótico. Genial.

—Lo hago por ti, para que no vayas sola. De hecho, haré el enorme esfuerzo de darle el pésame a Satanás —añade riendo, mientras se dirige a la cocina.

Definitivamente, Quinn Fabray está como una cabra. Edward Preston es el fotógrafo oficial de la revista de Quinn. Es un tipo majísimo y muy guapo. Alto, fuerte, rubio y de ojos claros. Un metrosexual en toda regla. Lástima que solo tenga ojos para Quinn, y me alegro por ello. Ojalá conociera a un hombre así: cariñoso, divertido y muy educado. Él y Quinn se conocen desde hace tiempo, pero se enrollaron el año pasado durante la fiesta de Vanity Fair. Quinn me contó que fue el mejor polvo de su vida. A mí me da que ambos quedaron marcados por aquel momento de pasión, porque se suelen echar cada miradita, aunque digan que solo son buenos amigos… La mañana se nos pasa volando. Entre desayunar, charlar, depilarme las cejas, hacerme los bigotes, utilizar la Braun silk-Epil y ducharme ya son cerca de las once y media. Edward llega a la hora prevista. Va muy elegante, con un impecable traje negro y camisa blanca. Está hecho un Adonis. Le abro la puerta con una sonrisa de oreja a oreja y he de ponerme de puntillas para poder darle un beso en la mejilla porque es altísimo. Mide cerca de un metro noventa. Es todo músculo y cara bonita y… ¡huele tan bien! ¡Guau! ¿Quién pillara a un tipo así?, dice mi lado más salvaje, mientras se abanica nervioso.

Me echo a un lado para que el maromo entre, y sin quererlo me fijo en su espalda ancha y fuerte, así como en su culo redondo y prieto. Suspiro entrecortadamente. Está como un queso, pienso acalorada. ¡Quién pudiera comérselo!

—¿Y la jefa? —me pregunta, ligeramente ruborizado.

Definitivamente está pillado por Quinn, me digo. No sé por qué no tienen algo serio porque… ¿qué hombre no se siente atraído por mi amiga? ¡Si es un cañón de tía! Es alta, esbelta, de cabello rubio, y además es la editora jefe de una conocida revista social. ¿Qué más puede pedir?

—Está en el cuarto, maquillándose. Si quieres puedes sentarte —sonríe mostrando unos dientes blancos y perfectos

—. He hecho un poco de té, ¿te apetece una taza?

—No, gracias, aunque me vendría bien una cerveza sin alcohol —se adelanta a decir, mientras toma asiento en uno de los sofás del salón decorado por la propia Linda.

Trato de disimular, pero no puedo evitar mirarle de los pies a la cabeza. Mierda, me acaba de pillar in fraganti. Carraspeo y hago mutis por el foro. Abro la nevera y sirvo la cerveza en una bandeja pequeña con un vaso de colores. Me tomo mi taza de té casi de un solo trago. Menos mal que está templado.

—Gracias.

Vuelvo a sonreír como una lela y me da por esfumarme, pero esta vez a mi cuarto. Cojo el bolso de Chanel que Quinn me regaló el año pasado. Llevo un Donna Karan negro comprado en rebajas, con las bailarinas negras y me he recogido el pelo en una cola de caballo. Cuando salgo de la habitación, veo que la parejita conversa animadamente en el salón. No les quiero interrumpir, por eso me pongo a revisar los enchufes y cerrar las ventanas. Sí, lo sé, soy una maníaca en ese sentido, Quinn me dice que ella y Edward me esperan en la calle. Cierro la puerta, echo la llave y tomo el ascensor porque vivimos en un quinto. Edward se ha traído el Audi A5 negro que su padre le regaló cuando cumplió los treinta. Los Preston son una acaudalada familia de ganaderos y empresarios, pero Edward nunca se ha jactado de ello, más bien es un tipo de lo más humilde.

Quinn ocupa el asiento del acompañante. Ha encendido la radio y suena un tema de One Direction, What you makes you beautiful… Me pongo a tararearla mientras me ajusto el cinturón de seguridad y nos ponemos en marcha. A esas horas de la mañana, el tráfico suele ser bastante denso, y Eddy tiene que tomar un atajo si queremos llegar a tiempo al funeral. Me concentro en la música que ameniza nuestro trayecto. Es amigable, suave y pegadiza. Lo que al menos hace que me olvide de mi inminente encuentro con el clan López. Especialmente con Satanás.
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por Isabella28 el Miér Feb 21, 2018 8:04 am

Nada facil la vida de briit y satanas aportando un poco para que sea peor.
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por 3:) el Miér Feb 21, 2018 10:58 pm

hola mar,..

una vida de mierda la de britt,.. y satanas que no ayuda en nada!!!
a ver como va el funeral, no se convierte en multiple jajaja

nos vemos!!!

te debo un PD: a mi me gusta el ritmo que llevas con las historias!!! si te pierdes que no sea mucho como la otra vez!!!
personalmente a mi cuando son muy largos los cap se me hace pesada la historia y me abure (asi eh dejado varios libros buenísimos en el primer cap) pero no voy a dejar de leerla, en la trilogía tomate tu tiempo para adecuarte a como cuando o cuantos cp subes sabes que conmigo no ahí presión con el tiempo que te tomes mientras las puedas terminar, siempre voy a estar en las historias!!!
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por monica.santander el Sáb Feb 24, 2018 12:18 pm

Hola!!!!! ESTA muy Buena esta Historia!!!!
Saludos
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Feb 25, 2018 12:28 am

Isabella28 escribió:Nada facil la vida de briit y satanas aportando un poco para que sea peor.

Bueno si pero no todo ha sido culpa de Santana, solo el infierno actual que la esta haciendo vivir.
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Feb 25, 2018 12:30 am

3:) escribió:hola mar,..

una vida de mierda la de  britt,.. y satanas que no ayuda en nada!!!
a ver como va el funeral, no se convierte en multiple jajaja

nos vemos!!!

te debo un PD: a mi me gusta el ritmo que llevas con las historias!!! si te pierdes que no sea mucho como la otra vez!!!
personalmente a mi cuando son muy largos los cap se me hace pesada la historia y me abure (asi eh dejado varios libros buenísimos en el primer cap) pero no voy a dejar de leerla, en la trilogía tomate tu tiempo para adecuarte a como cuando o cuantos cp subes sabes que conmigo no ahí presión con el tiempo que te tomes mientras las puedas terminar, siempre voy a estar en las historias!!!

Hola, bueno si, jajajj esperemos que Britt no mate a San...
y Gracias por el comentario.... lo tomare en cuenta......
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Feb 25, 2018 12:31 am

monica.santander escribió:Hola!!!!! ESTA muy Buena esta Historia!!!!
Saludos

gracias Monica....
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Activo Re: [Resuelto]Brittana: (Adaptación) El Oscuro Juego de SATANÁS... (Gp Santana) Cap. 7 Cont. Cap. 8

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Feb 25, 2018 12:43 am

Capitulo 4


Llegamos a nuestro destino a la hora prevista. La policía ha cortado el acceso a la iglesia, por lo que Quinn y yo tenemos que apearnos dos manzanas antes. Me paro en una floristería para comprar un ramo de flores. Edward tiene que ir a otro párking porque el que usamos habitualmente está lleno. Mi amiga y yo nos abrimos paso entre la creciente multitud que se agolpa en el perímetro de seguridad. Hay muchas unidades móviles concentradas a pie de calle cubriendo la noticia del año, pues el funeral por el alma de Jake V. López ha congregado numerosos rostros famosos. Hay flores por toda la escalinata de la iglesia. Dentro, los lirios blancos adornan el santo lugar. Al fondo está el féretro de mi difunto jefe con una foto suya enmarcada en grande. Casi se me saltan las lágrimas, pero me contengo. A su alrededor hay cientos de flores y una preciosa corona que reza «Tu familia nunca te olvidará».

No dudo en acercarme para depositar mi ramo de flores, me santiguo mientras rezo unas plegarias a una distancia prudencial del féretro. Cuando me giro, veo que Quinn va a su aire y se ha parado a charlar con varias celebrities; es de las que piensa que el trabajo es lo principal, después de la comida y el sexo. Habría sido una excelente relaciones públicas si no se hubiera dedicado a la prensa rosa. Tiene carisma y sabe engatusar fácilmente a los demás. Es lo que tiene el haber nacido guapa, inteligente y sexy… De hecho, acaba de concertar dos entrevistas con uno de los actores del momento y otra con una de las modelos de Victoria Secret’s.

Flipo en colores, ¡menuda es!

—Ya tengo otro titular para el próximo jueves —dice toda satisfecha y orgullosa.

Pongo los ojos en blanco

—. Ven, sentémonos en ese banco.

La sigo como una autómata y justo cuando La sigo como una autómata y justo cuando vamos a tomar asiento, un tipo afroamericano nos detiene. Quinn le mira sorprendida, yo, en cambio, trago saliva pues… ¡le conozco! Es el señor Freeman, jefe de seguridad de Satanás. El tío es un armario. Va rapado al dos, es sumamente alto y muy corpulento, y podría derribar a quien fuera de un solo manotazo. Debe rondar los cuarenta años.

—Buenos días, señorita Pierce —me saluda cortésmente. —Señor Freeman —le devuelvo el saludo.

—Disculpen pero… ¿podrían mostrarme su invitación para el funeral por el alma del difunto señor López?

¿Quéee?

—¿Invitación? —titubeo, roja como un tomate.

—¡Nadie nos ha hablado de ella! —exclama una Quinn de lo más indignada. Aquí se va a liar una que para qué, me digo, por eso le doy un ligero codazo para que se calle, mientras miro a mi alrededor intentando localizar a Selena. Es la única que nos puede sacar del atolladero y… mierda… ¡ahí está ella, es decir, Satanás vestida de riguroso luto! Está de pie en compañía de todo el clan López Ivanov y, cómo no, de Sebastian Smith, quien conversa con el gilipollas de Noah Puckerman, ambos vestidos de negro. A mí casi me da algo, pues no puedo evitar sentirme incómoda al encontrarme de lleno con esos cálidos ojos negros mirándome fijamente, mientras recibe las condolencias de unos cantantes de rock.

Siempre se ha dicho que Satanás es la réplica de su difunto padre. Aunque no llegué a conocerlo, Jake me enseñó fotos y sí, padre e hija se parecen muchísimo. ¡Mierda! Puckerman acaba de verme y no tiene ningún reparo en saludarme agitando la mano; Sebastian Smith me dedica una leve inclinación de cabeza. No me queda más remedio que devolverles el saludo y alzo la mano con una sonrisa. Smith siempre me ha caído bien, sin embargo, el cretino de Puckerman no. Hay algo en él que no me gusta. De repente, mis deseos de regresar a casa se intensifican inexplicablemente, pero mi amiga tiene otros planes. Acaba de enzarzarse en una discusión con el señor Freeman.

Es absurdo, porque el hombre solo está haciendo su trabajo, y trato de calmarla, pero es un intento vano. Quinn es muy peleona cuando se lo propone, a la vista está.


—En ese caso les rogaría que abandonaran el recinto sagrado, señoras.

Veo cómo el señor Freeman llama a un tal Brian, otro armario de piel blanca y ojos claros, que se planta ante nosotras. La gente nos mira con expectación. ¡Qué vergüenza!

—Señor Brian, acompañe a las damas a la salida.

—¡Brittany! ¡Has venido! —exclama Selena saliendo de la nada.

¡Gracias a Dios!, pienso aliviadísima. El señor Freeman y el señor Brian acaban de desaparecer de nuestra vista después de que Selena les haya hecho una señal como que todo está bien. Menos mal. Solo espero que a Satanás no le dé el brote psicótico y los envíe para que nos saquen a patadas. La gente ha dejado de mirarnos, lo cual me agrada notablemente.

—Sí —respondo recuperándome del momento, mientras hago las oportunas presentaciones.

—Encantada, señorita López —dice Quinn.

—Selena, por favor.

—Quinn.

—Siento mucho no haberte comentado nada sobre la invitación, Brittany, se me pasó por completo; te ruego que me perdones. Ya sabes lo estricta que es Santana con el tema de la seguridad.

Le digo que no tiene importancia y asiento. Le digo que no tiene importancia y asiento. Selena va ataviada con un sencillo vestido negro y unos tacones de infarto. Lleva el pelo recogido en un moño alto. Parece incluso hasta mayor.

—Me alegra que estéis aquí —nos dice.

Quinn y yo le damos las gracias.

—Bueno, vamos a dar el pésame a la familia — me sugiere Quinn percatándose de la tardanza de Edward.

—Igual no ha encontrado aparcamiento —le susurro.

Quinn resopla mientras mira en dirección a la puerta de entrada.

—Igual el segurata de Satanás no lo ha dejado entrar —aventura preocupada.

—No creo… Ahora la preocupada soy yo, mierda.

—Seguidme, por favor —dice Selena de repente.

La seguimos sin rechistar, mientras pienso en el pobre Edward y, de paso, me conciencio de mi inminente encuentro con Satanás, y como no me hace ninguna gracia, respiro y cuento hasta diez. Una larga cola de gente espera para mostrar sus condolencias, pero Selena prefiere saltarse el protocolo y nos lleva ante toda su familia. Nos miran sorprendidos y murmuran ante semejante descaro, mientras a mí me come la vergüenza. Conforme Selena nos va presentando a su extensa familia rusa y americana, mi amiga y yo les damos el pésame. No puedo evitar perderme con tanto nombre y parentesco. Al final, le llega el turno a la bruja de Marie López.

Ronda los cincuenta años, de mediana estatura, esbelta, de cabello castaño oscuro, tez blanca y un rostro que es la viva estampa de la eterna juventud. Veo cómo la mujer mira a su hija con gran desaprobación por lo que acaba de hacer. Selena se limita a esbozar una leve sonrisa y nos presenta. La señora López lleva un elegantísimo vestido negro de Givenchy y un larguísimo collar de perlas blancas de Tiffany. Parece más cercana que de costumbre, pues nos saluda amablemente. Raro en ella, porque siempre me ha negado el saludo, pero me alegra que haya fingido cierta cortesía, pienso mientras me vuelvo a encontrar de pleno, otra vez, con esos ojos negros como la noche.

Puckerman acaba de plantarse ante mí sin tan siquiera darme tiempo a reaccionar. Parpadeo cuando la veo que me abraza repentinamente y me estampa dos besos en las mejillas. Frunzo el ceño molesta. No me ha gustado nada lo que acaba de hacer. Me dice que se alegra de verme y que estoy muy guapa. Le doy las gracias, bajo la atenta pero fría mirada de Satanás. Puckerman me sonríe pícaramente y mira a Satanás. Carraspea y desaparece sin más. Siempre ha sido un besucón de mierda con las chicas de la agencia, pero conmigo ha sabido mantener las distancias. Me sorprende que se haya excedido hoy y no entiendo el porqué. Espero que no vuelva a tomarse semejante libertad la próxima vez que lo tenga enfrente, porque entonces sí que íbamos a tener un serio problema, me digo notando cómo me arden las mejillas porque me intimida la elegante presencia de Satanás.

De modo que trato de respirar hondo, mientras intercambio unas breves palabras con el señor y la señora Smith. María Smith es mexicana y diseñadora de joyas para una prestigiosa firma. Tiene la tez morena, y los ojos grandes y expresivos. Ella y Sebastian tienen dos hijas, Leila y Guadalupe, de siete y nueve años, respectivamente. Forman una de las parejas más estables de todo el panorama social, y siempre han sido muy correctos conmigo, lo cual es de agradecer. Y… ¡mierda!… ahí está Satanás, observándome más fría que un témpano.

Quinn acaba de darle el pésame y ella ni la ha mirado. Tampoco es que Quinn parezca afectada por el gesto, porque ha seguido de largo, conversando con Selena. ¡Mierda! Mi turno, y… ¿qué se supone que debo hacer en ese preciso instante? ¿Sonreír? ¿Poner cara seria? ¡No! ¿Entonces? ¿Qué debo decirle a una de las mujeres más ricos e influyentes del mundo, y con la que me llevo fatal? ¿Qué? Evidentemente, dejo a un lado mis diferencias con ella y me muestro tal y como soy realmente: una mujer educada. ¡Qué menos!, dadas las circunstancias.

Mi lado más salvaje mira atontada a Satanás y sufre un desmayo. Que alguien avise al 911, grita mi conciencia.

—Le acompaño en el sentimiento, señorita —le digo dudando si tenderle o no la mano, que la noto fría, pues lleva las suyas metidas en su ajustado pantalón de pinzas negro. Se ha maquillado y arreglado los cabellos. Menos mal, porque me recordaba a Tom Hanks en Náufrago. Eso sí, aunque huele a jabón, ropa cara y perfumada, no deja de ser una engreída y una antipática de mierda. Seguro que rechaza mi mano si se la tiendo, me digo.

—Señorita Pierce —dice en tono seco, bajando la mirada hacia mi pronunciado escote en forma de uve.

¡Menudo depravada! Mientras me ajusto el escote, la muy impulsiva va y me tiende la mano, para mi sorpresa y aturdimiento. ¡Caray! Noto el roce de sus cálidos dedos largos y morenos que atrapan sutilmente los míos. Es la primera vez que lo hace y es como si de repente me quedara sin aire, sin aliento. Ahora, la que está en shock soy yo. ¡Qué mujer! Y noto cómo una electrizante oleada de calor me recorre todo el cuerpo. ¡Ay, Dios mío! Me suelto como si su mano ardiera. Me mira, y mira, y requetemira. ¿Qué hace? ¿Qué pretende con tanto descaro?

Mi lado más salvaje ha abierto los ojos y se ha vuelto a desmayar ante la profundidad e intensidad de esa mirada oscura y cristalina que quita el sentido.

—Freeman la recogerá a la salida —me dice, mientras me quedo boquiabierta ante su cercanía, sin lograr entender nada—. Necesito que envíe unos faxes urgentes a Vancouver —me aclara, seria.

¡Hurra, mantengo mi trabajo! ¡No estoy despedida!, pienso en medio de la alegría y emoción, pero me contengo porque, ¿acaso no va a respetar la semana de luto? A esta le importa más su imperio que nada en el mundo, pienso.

—Sí, señorita —me oigo decir.

Satanás lleva el pelo de color negro azabache muy corto largo, que realza su mandíbula estrecha pero marcada, acorde con las facciones duras de su rostro, destacando el hoyuelo de la mejilla. Es una mujer muy guapa, medianamente alta, de complexión fuerte y atlética, aunque no deja de ser un sibarita estirada con muy mal genio, me repito pestañeando confusa, desorientada y ruborizada ante esa electrizante descarga; no entiendo por qué me sigue mirando como si nada. Mi lado salvaje no tarda en despertar completamente mareado, mientras mi corazón late estrepitosamente. Me aterra cuando la siento así.

—Está obstaculizando la fila, señorita Pierce — dice con voz firme y autoritaria.

¡Oh, mierda! No me había dado cuenta. No sé qué narices me pasa. Estoy como atontada y fuera de lugar, menos mal que Quinn anda entretenida charlando con Selena, de lo contrario me habría hecho el interrogatorio completo. En cuanto puedo me uno a ellas. De Edward no hay ni rastro. Definitivamente, no le han permitido la entrada, lo cual me apena, y más aún a Quinn, que me acaba de decir que nos está esperando fuera. ¡Vaya por Dios! Selena se acaba de acercar a mí. Me agarra sutilmente del codo y comenzamos a caminar juntas en dirección a nuestro asiento.

—Mi hermana es una mujer realmente guapa, ¿no crees? —dice con una sonrisilla.

Frunzo el ceño, pues no tengo ni idea de a qué viene el repentino comentario. De todas maneras, si es guapa o fea a mí me importa un bledo, me digo.

—Selena… —titubeo.

La chica sonríe ante mi creciente rubor. No tengo ni idea de a dónde quiere ir a parar, pero no me voy a dejar enredar fácilmente por Selena López la hermana pequeña y mimada de Satanás.

—Fue ella quien me proporcionó tu número de teléfono.

—Lo sé —le respondo recuperándome de mi extraño encuentro con doña Mandona. No me ha hecho ninguna gracia sentir esa electrizante descarga. Detesto a esta tía. No me cae nada bien. Aunque mi subconsciente me traiciona y sigue fantaseando con la tipa, pero logro pararle los pies. Pongo los ojos en blanco y trato de no mirar hacia donde está, pero siempre acabo haciendo lo contrario a lo que debo y… ¡mierda! Ahí está otra vez, observándome con esa mirada felina, más seria que de costumbre, mientras el gilipollas de Puckerman le susurra algo al oído. El mujeriego sonríe. ¿Dónde está la gracia? ¿Qué le está diciendo para que ambos no aparten la mirada de mí? Acabo por mirar a otra parte. No me gusta nada esta situación, todo es bastante extraño.

Quinn sigue dándole a la sin hueso con una conocida actriz de cine. ¡Lo que le gusta hablar! ¡Es peor que yo cuando se lo propone! Pero por otro lado me viene bien que esté entretenida, así no me abordará con preguntas.

—Casi me atrevo a decir que le gustas, porque no para de mirarte —murmura Selena para más inri.

Oírle decir eso hace que mi corazón dé un ligero vuelco, pero sigo en mis trece: se trata de un simple juego ideado por Selena. Porque ni yo le gusto a Satanás, ni ella a mí; esa es la única verdad, y no entiendo cómo su hermana puede salirme con algo así.

No sé qué pretende con todo este oscuro juego. ¿Acaso Satanás la ha enviado para que trate de confundirme? Si es así, no va a lograrlo, me digo desviando la mirada, y ahí está, otra vez, mirándome como si no tuviera nada mejor que hacer, mientras la fila para dar el pésame va acortándose. ¡Esto es de locos! No entres en el juego de una niña mimada, me advierte mi voz interior.

No, no lo haré. Lo mejor será que trate de relajarme, que si no, soy capaz de mandarlo todo al cuerno, incluido el trabajo. Me contengo. Y opto por ignorar el comentario de Selena con respecto a Satanás. Es lo mejor. No soy una cría, ni mucho menos una tonta. Y aunque se supone que me importa un rábano Santana López lo cierto es que no puedo controlar esta alteración y aquí estoy, ¡cabreada por su culpa!

—Fue ella quien insistió en que te avisara esta mañana…

¿Quéee?

—… porque anoche —continúa —, sus dos clones se olvidaron de comentarte lo del funeral de Jake.

¿Clones? ¡Vaya con Selena! ¿Y por qué se está riendo mientras mira a su hermana y luego a mí? ¿Qué se trae entre manos?

—Anoche le ordenó a Freeman que te llevara a casa, pero Steel le dijo que ya te habías marchado. Se puso hecha una furia y acabó echándole la bronca. Pobrecilla, me digo. No quiero ni pensar en la cara que se le pondría a la bruja de Marie al ver a su hija tan alterada por mi culpa.

—Y no contenta con eso, hizo que rastrearan tu móvil. Al parecer llegaste a casa sobre las once de la noche.

Me quedo muerta. ¿Rastrear mi qué? ¿Quién diablos le ha dado permiso para hacerlo?

—Santana siempre ha sido una maníaca de la seguridad y le fascina tener el control de todo, así que no se lo tengas en cuenta —añade, rompiendo una lanza en favor de la cretina de su hermana. ¿Cómo que no se lo tenga en cuenta? ¡Se trata de mi móvil, no del suyo! ¡Nadie le ha dado permiso para que haga semejante cosa! ¿Qué pretendía con el jodido rastreo de mierda? ¿Asustarme? ¿Acosarme? ¿Acaso Puckerman y ella se traen algo entre manos?

Bien es cierto que estoy al tanto de las excentricidades y normas de Satanás, pero esta sin duda se lleva la palma. Estoy indignada. Y todos mis lados, la salvaje, la seria y mi conciencia corren en tropel para esconderse allá donde Satanás no pueda rastrearlos. Me acaban de dejar con el culo al aire. Mierda. Estoy aterrada. Nunca antes me había pasado nada igual. No me gusta que me controlen. ¿Cuánto hace que me vigila? En ese preciso instante, la rubia oxigenada número dos, con un micrófono en la mano, procede a anunciar el inicio de la misa. Selena acaba de despedirse de mí con un par de besos en las mejillas. He hecho lo propio con ella. Después de un rato en shock, vuelvo a la realidad; no puedo dar crédito a lo que Selena me acaba de contar. De repente me siento observada y controlada por Satanás, y no entiendo el motivo. Pero ¿por qué me hace esto? Me da el arrebato y miro hacia donde estaba antes; ya no hay rastro de ella, pero sí de la rubia de bote número uno, que se planta ante mí como por arte magia.

Doy un respingo; se disculpa por haberme asustado, y le digo que no ha sido nada. Me sonríe con cordialidad.

—La familia López Ivanov se complace en invitarla a compartir asiento con ellos, señorita Pierce.

Quinn me mira extrañada. Toso con refinamiento y me hago la interesante, porque… ¿quién de los López Ivanov me ha invitado? ¿La madre? ¿La hija? ¿O la maldita sibarita controladora?

—Dígales a la familia López Ivanov que agradezco profundamente la invitación, pero no quiero ser una molestia. Gracias, señorita Burrows.

Asiente mientras se aleja. ¡No me pongo al lado de esa depravada ni harta de vino!

—¿Por qué le has dicho eso? —me regaña Quinn—. Era la oportunidad perfecta para que vivieras de cerca el funeral. No sé si sabrás que muy pocas personas tienen el privilegio de acercarse a esa familia.

—Lo sé, y me da igual —le espeto con terquedad.

Quinn suspira y se muerde la lengua para no discutir. El reverendo Gelman comienza a oficiar la misa por el alma de Jake. Todo está en completo silencio. Coloco mis manos sobre el regazo y escucho el oficio religioso, que es en ruso. Entiendo el idioma porque mi difunto jefe me lo enseñó a lo largo de estos años. Y yo le he enseñado unas cuantas palabras a Blaine porque le fascina aprender otras lenguas. ¡Ah, vale!, ahora la misa es en inglés. Perfecto. Mientras escucho atentamente, evitando dejarme llevar por la emoción, noto cómo vibra mi Sony en el bolso. Rebusco dentro y lo cojo. ¿Quién demonios será? Menos mal que está en silencio.

¡Mierda!

¡Tengo un correo de Satanás!

¿Quéee?

De repente me pongo a recordar las palabras de su hermana Selena. Me tiemblan las manos porque, en todos estos años, jamás me ha dado los buenos días y mucho menos me ha escrito un mensaje. ¿Qué es lo que quiere de mí? Leo el dichoso correo con el corazón golpeando mis frágiles costillas.

De: Santana López
Fecha: 5 de abril de 2013 12:30
Para: Brittany S. Pierce

Asunto: Molestia ninguna Señorita Pierce: A mi hermano le hubiera encantado que compartiera asiento con nosotras, pero veo que rehúsa hacerlo por algún motivo, y no puedo evitar preguntarme cuál es.

¡Usted es la razón, pedazo de capulla engreída!

Santana López Presidente de López Agency Group Presidente de López Corporations & Holding TLC.

Segura que detrás de todo esto está el gilipollas de Puckerman. Alzo la vista y lo veo sentado dos filas por detrás de Satanás, al lado de una hermosa joven con la que comparte risas. Imagino que es otra de sus conquistas. Joder.

De: BRITTANY PIERCE Fecha: 5 DE ABRIL DE 2013. 12:35
Para: SANTANA LÓPEZ
Asunto: NO HAY MOTIVOS SEÑORITA LÓPEZ:
AGRADEZCO UNA VEZ MÁS LA INVITACIÓN, PERO ENTIENDA QUE ES UN MOMENTO MUY DELICADO E ÍNTIMO PARA TODA SU FAMILIA.
BRITTANY PIERCE SECRETARIA DE LÓPEZ AGENCY GROUP

Releo lo escrito y siento deseos de manifestar mi enojo solo por haberse atrevido a rastrear mi Sony, pero rehuso porque iba a poner en un aprieto a la pobre Selena, así que le doy a la tecla de envío y decido olvidar el incidente por el bien de todos. Resoplo y guardo el móvil en el bolso. Solo deseo escuchar la misa y que me deje en paz, pero parece que no va a ser así, pues el Sony no tarda en volver a vibrar. Pongo los ojos en blanco y respiro hondo para relajarme. ¿Qué narices quiere ahora? ¿Acaso no tiene suficiente con el rastreo de móviles? ¿Tan aburridA está que tiene que darme la mañana?

De: Santana López Fecha: 5 de abril de 2013 12:37
Para: BRITTANY S. PIERCE

Y dale con lo de S. Pierce…
Asunto: Mayúsculas estridentes Señorita Pierce: No hace falta que las utilice, veo perfectamente. No me agradezca nada. Mi hermano la admiraba, por eso la protegía tanto.

¡Sinvergüenza! Sigo creyendo que soy yo el motivo por el que ha rehusado compartir asiento con mi familia. ¿Acaso sigue aferrada a nuestra disputa del pasado?
¡Menudo arrogante y descarada!

Santana López Presidenta de López Agency Group & Presidenta de López Corporations & Holding TLC
PD: Elija dónde quiere que almorcemos.

Un momento, porque mis manos son incapaces de sostener el Sony. ¿He leído bien? ¿Almorzar? ¿Juntas? ¿De qué va esta tía? Guau, grita mi lado más salvaje y vicioso. La ignoro deliberadamente mientras guardo el móvil. Pero, ¡mierda! Debo contestar el condenado correo, porque es capaz de interrumpir la misa o incluso enviarme a una de sus clones rubias. ¡Vaya que sí!

De: BRITTANY Pierce Fecha: 5 de abril de 2013 12:39
Para: Santana López
Asunto: Mayúsculas estridentes desactivadas


Señorita López: Su hermano admiraba y protegía a todos sus empleados, no solamente a mí. Ya le he explicado el motivo por el que he rehusado compartir asiento con su familia. No busque más.
BRITTANY Pierce Secretaria de López Agency Group
PD: Me gusta almorzar sola en el burguer más cercano a la agencia.

Me río por lo bajo, pues no me puedo imaginar a la mujer del Año sentada en un establecimiento de comida rápida. A ella le pega más un restaurante de cinco tenedores degustando, por ejemplo, una riquísima Nino´s Bellissima, una pizza rellena con diferentes tipos de caviar y trozos de langosta, regada con un exquisito Château Lafite Rothschild. Pero… ¿por qué me está enviando correos en pleno funeral por el alma de su hermano? ¿Acaso ha perdido el juicio? ¿Qué mosca le ha picado? ¡Madre mía! ¡Qué cruz!

A mi lado, Quinn trata de averiguar con quién me estoy escribiendo. La acabo de llamar cotilla. Sonríe.

De: Santana López Fecha: 5 de abril de 2013 12:40
Para: BRITTANY SUSAN PIERCE
Asunto: Burger King Señorita Pierce:
Me alegra saber que Jake fue un buen jefe con todos sus empleados. Me gusta la verdad por encima de cualquier circunstancia. Santana López
Presidenta de López Agency Group Presidenta de López Corporations & Holding TLC.

PD: Debe saber que la soledad es mala compañera, con independencia de que la comida basura es un arma potencialmente perjudicial para la salud dado su alto contenido en grasas saturadas e hidratos de carbono, pero me uno a su propuesta. Invito yo.

¿Quéeee?

Mi lado salvaje hace piruetas en el ¿Quéeee? Mi lado salvaje hace piruetas en el suelo, mientras la voz de mi conciencia se santigua porque no nos vamos a librar de la susodicha aun cuando le fusilen, porque es capaz de reencarnarse en un buitre. ¡Vamos! ¡Madre del amor hermoso! ¿De qué va? ¿Qué está tramando? En fin, esta vez le mando un escueto mensaje diciéndole que de acuerdo, y opto por concentrarme en la misa fúnebre. Selena ha subido al atril para leer el poema que tanto le gustaba a Jake. Es de Pushkin,

Elegía: La alegría apagada de los años turbulentos pesada es para mí; mas como el vino, mientras pasan los años me da más embriaguez. Mi camino es sombrío. Labores y dolor me promete el agitado mar del porvenir. Pero, amigos, aún no quiero morir. Quiero vivir, para pensar, para sufrir. Y sé que entre penas, ansiedades y congojas me aguardan placeres todavía: a veces gozaré las armonías; a veces lloraré ante una visión, y quizás en la tristeza de mi ocaso, el amor lucirá su sonrisa de adiós.

Se me saltan las lágrimas, sin más. Es Quinn quien me tiende un kleenex. Lo cojo y me enjugo las lágrimas en medio de una oleada de aplausos. Selena también se ha emocionado, es la bruja de su madre quien le da un tierno abrazo mientras toma la palabra. Agradece efusivamente las numerosas muestras de cariño recibidas y no duda en alabar a su hijo con suma delicadeza y amor.

—Mi hijo Jake Vladimir López Ivanov era un hombre especial. Amaba la vida, el arte, la música clásica, la poesía, a sus amigos y a su familia —hace una leve pausa. Toma aire y sigue leyendo su discurso—: Fue un ejemplo de amabilidad, discreción, generosidad y dedicación con los más necesitados, algo que aprendí de él. Sin duda, me digo mirando al clan López Sin duda, me digo mirando al clan López Ivanov, y ahí está ella, otra vez, mirándome. Comiéndome con la mirada. Me ruborizo en el acto. ¿Por qué me mira tanto?

—Por esta razón —prosigue Marie—, y continuando con su incipiente andadura filantrópica, me complace anunciar en el nombre de mi familia y en el mío propio, la creación de la Fundación Jake López cuyo fin es recaudar fondos para causas sociales y la lucha contra el cáncer, tal como deseaba mi querido hijo. Gracias a todos por vuestra asistencia.

La iglesia rompe en una gran ovación. Marie López es arropada por su hermana Anna y los suyos. Selena se abraza a ella. El gilipollas de Puckerman la felicita, los Smith la saludan efusivamente y Satanás se mantiene en segundo plano, con las manos metidas en los bolsillos como si nada. Algo muy usual en ella. No me sorprende que no haya dedicado unas emotivas palabras a su difunto hermano, pues la tía está sujeta a sus famosas normas y una de ellas es no hablar en público. ¿Por qué? De hecho todos los premios y reconocimientos que ha ido cosechando a lo largo de su meteórica carrera profesional han sido recogidos por Puckerman o Smith. Incluso se prevé que no asista a la gala que la revista Time organiza todos los años para celebrar «Los cien más influyentes del mundo» y que le ha nombrado, por tercer año consecutivo, «La mujer del Año». Dicha gala tendrá lugar en el emblemático Lincoln Center el próximo día 25 de abril. Asistirán personajes del mundo del espectáculo y de la jet set. Quinn suele acudir. Igual, este año me uno a ella para ver cómo el gilipollas de Puckerman recoge el galardón, acompañado por una de sus despampanantes amantes. En fin… Respiro hondo mientras los operarios de la funeraria proceden a retirar el féretro con los restos mortales de mi difunto jefe para que lo incineren, tal como era su deseo. El funeral por el alma de Jake V. López acaba de concluir y no puedo evitar sentir un hondo pesar.

¿Qué será de mí ahora que él no está? Me digo con los ojos vidriosos mientras me pongo en pie, como el resto de los asistentes. Hay un creciente barullo en el recinto sagrado.

—Ha sido muy emotivo —dice Quinn emocionada.

—Sin duda —respondo.

—Bueno, es hora de irse —anuncia Quinn—. Edward debe de estar desesperado.

Pensamos pasar el día en la redacción para empezar a trabajar con la portada del martes. ¿Te apetece unirte al grupo? Pediremos pizzas y refrigerios.

¡Qué bien suena eso!, me digo con una leve sonrisa.

—Me encantaría, pero no puedo —Quinn me mira sin entender. No voy a mentirle—. La nueva jefa quiere que le acompañe a la agencia para enviar unos faxes…

Quinn pone cara de fastidio.

—Vale, pero quiero que sepas que me alegra que la capulla no te haya despedido —me responde toda resignada, mientras me da un abrazo

—. Aunque no te demores en regresar a casa y recuerda: no eres una esclava del trabajo como ella.

El comentario en sí me hace gracia. Me despido de mi mejor amiga y aguardo sentada en el banco hasta que llega el señor Freeman. Para entonces, el clan López Ivanov ha abandonado el recinto sagrado por una puerta trasera. Imagino que para evitar a la prensa, que está apostada a pie de calle. La iglesia está casi desierta. Me miro las manos y suspiro levemente. Me digo que lo voy a poner todo de mi parte para conservar mi puesto de trabajo y que por más que Satanás no sea santa de mi devoción, trataré de mantener una buena relación laboral. Porque ante todo, soy una mujer civilizada y profesional, y no me importa tratar con el enemigo.

Freeman no tarda en aparecer ante mí. No dice nada. Solo acierto a seguirle como un robot. Mi pulso ha variado de ritmo, preparándome para mi primer día de trabajo con Satanás; espero salir ilesa… pero sé que es como pedirle peras al olmo, más aún tratándose de doña Sibarita.
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Mensaje por micky morales el Dom Feb 25, 2018 9:34 am

Holaaaa me disculpo por no haber comentado antes pero de verdad no me habia dado cuenta del inicio de la historia, lo siento!!! Vaya, me ha encantado y desde ya super enganchada, tengo muchas preguntas, pq no abran despedido a Britt, que se traen Santana y Puck entre manos, como sera ahora la relacion de Santana y Brittany???? en fin.... hasta pronto!!!!!
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Mensaje por Isabella28 el Lun Feb 26, 2018 10:06 am

Xq ese cambio de Santana con britt, igual me parece raro.
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Mensaje por 3:) el Mar Feb 27, 2018 9:28 am

No se.... No es raro que san quiera tener una "relación cordial" con su secretaria!!! Independiente de la fama que tiene, o lo que se traiga entre manos para fastidiar a britt!!!
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:49 pm

micky morales escribió:Holaaaa me disculpo por no haber comentado antes pero de verdad no me habia dado cuenta del inicio de la historia, lo siento!!! Vaya, me ha encantado y desde ya super enganchada, tengo muchas preguntas, pq no abran despedido a Britt, que se traen Santana y Puck entre manos, como sera ahora la relacion de Santana y Brittany???? en fin.... hasta pronto!!!!!

hola, la culpa es mia no habia actualizado que habia subido los cap. correspondientes pero es que a veces se me pasa....... si hay muchas muchas preguntas,,,, no se preocupen ya les dije son tres libros ,asi que la historia esta muy cruda aun.... Si no han despedido a Britt puede que sea por alguna clausula especial de Jake no creen... puede-----
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:52 pm

Isabella28 escribió:Xq ese cambio de Santana con britt, igual me parece raro.


Bueno no es spoiler sino una simple suposicion mia que Jake tiene algo que ver, y que dejo protegida a Britt,,, digo yo verdad,, solo dejando volar mi imaginacion
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:55 pm

3:) escribió:No se.... No es raro que san quiera tener una "relación cordial" con su secretaria!!! Independiente de la fama que tiene, o lo que se traiga entre manos para fastidiar a britt!!!

si es raro, tal vez es algo impuesto,,, dejo volar mucho mi imaginación... o Britt es muy importante para la empresa, o Jake le dejo algo, o Santana ha estado perdidamente enamorada de ella desde antes.... TENEMOS TRES LIBROS, JAJAJAJ YA LO SABREMOS TARDE O TEMPRANO, todavia es muy pronto....
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