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FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Jue Mayo 17, 2018 8:19 pm

3:) escribió:hola morra,..

es bueno que tengan ese tiempo juntas a solas!!!
pero siempre el trabajo las rodea!!! sobre todo  san!!

nos vemos!!!





Hola lu, si que lo es...y esperemos siga siendo así xD Pff siempre el trabajo esta en todo no¿? Y como siempre, siempre uno es mas q el otro xD Saludos =D






micky morales escribió:Tendra esta nueva paciente de Britt algo que ver con las chicas de alguna manera mas
personal?????




Hola, mmmm dices tu¿? y en que sentido¿? mmm¿? Saludos =D







Isabella28 escribió:Me parece sospechosa la nueva paciente.





Hola, =O si¿? podrías decirnos el xq¿? ajajaj. Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia II (Adaptada) Cap 4

Mensaje por 23l1 el Jue Mayo 17, 2018 8:21 pm

Capitulo 4



Santana se dio la vuelta y abrió los ojos.

Sonrió cuando encontró a la rubia, los brazos alrededor de la almohada, acostada muy cerca de ella y la observaba con una expresión tierna en sus suaves ojos azules.

—¿Me dormí anoche, verdad?—preguntó.

—Uh huh. En realidad, te dormiste varias veces anoche—le pasó los dedos por su pelo negro grueso y despeinado, finalmente descansando sus dedos en la curva de su cuello—Vamos a ver. Primero te quedaste dormida en el coche. Yo estaba muy contenta de que no bebiste más del maravilloso champán de Carl, porque no habría sido capaz de llevarte a tu casa, y estabas literalmente que no te mantenías en pie para el momento en que llegamos al Vette.

—Lo siento—dijo, completamente disgustada.

Había tenido muy diferentes planes para el Sábado por la noche, ninguno de los cuales había incluido quedarse dormida a las nueve en punto.

—No lo sientas. Es obvio que necesitas descansar, y soy muy aficionada a dormir a tu lado.

—Bueno, me gustaría que seas aficionada a algunas otras cosas antes de la parte de dormir—murmuró, moviéndose más cerca hasta que sus cuerpos se tocaron a lo largo de toda su longitud.

Instintivamente, sin esfuerzo, sus extremidades entrelazadas y se presionaron aún más cerca hasta que sus labios estaban solamente a un soplo de distancia.

—Se suponía que iba a ser una cita caliente, ¿recuerdas?—continuó.

—Oh, lo recuerdo muy bien—no parece tener ningún control sobre lo que le pasaba a su cuerpo cuando la morena estaba en contra de ella de esta manera.

La sensación de la piel caliente de Santana contra la suya, un calor mucho más intenso que cualquier fiebre, dejó su sangre en fuego.

Era difícil pensar, era difícil recordar que significaba ir despacio y con cuidado esta primera vez.

No había hecho el amor con la morena en casi dos meses y sus manos ya estaban temblando de la necesidad de tocarla.

Valientemente, trató de distraerse con la conversación, porque estaba a un paso de olvidar sus buenas intenciones.

—Cuando llegamos a casa—continuó—, Te las arreglaste para subir las escaleras con sólo un poco de ayuda de mi parte, pero para el momento en que me había quitado mis zapatos, estabas dormida de nuevo—pasó sus dedos por el centro del pecho de la pelinegra, haciendo una pausa para rozar los dedos sobre un tenso pezón moreno.

La rápida respiración y carga automática de las caderas de la morena eran exactamente la recompensa que había estado buscando.

Moviendo los labios a lo largo del borde de la mandíbula de Santana, finalmente llegó a su oído y le susurró:

—Tuve realmente un buen tiempo quitándote la ropa, sin embargo.

Santana no pudo evitar reírse.

—Estoy completamente humillada. Qué idiota.

—Oh, estás tan lejos de eso—respondió, riendo, también.

—Bueno, he tenido momentos más suaves. Creo que el entrenamiento me cansa un poco más de lo que pensaba.

—¿Cómo te sientes?—preguntó, repentinamente seria, su mano se aquieto en la piel morena.

La había visto trabajar durante días a la vez sin dormir, pero nunca la había visto tan físicamente agotada como había sido la noche anterior. Incluso sabiendo que era un hecho perfectamente natural en esta etapa de su recuperación ello no eliminó el rápido avance del miedo.

—Me siento mucho mejor que bien—contestó profundamente, reclamándole la boca por un beso.

—Ah...—suspiró cuando pudo encontrar su voz—Puedo decir…

Santana la beso de nuevo, y fue el calor de su lengua que era su perdición, o tal vez era la manera que la morena presionó los dedos en la depresión baja en la base de su columna vertebral, o la forma en ella.

—San—jadeó—No puedo esperar un minuto.

—Entonces no lo hagas—cambió su peso hasta que estaban reclinadas, la rubia debajo de ella.

Apoyando sus brazos a ambos lados de sus hombros, encajó sus caderas entre los muslos de la rubia y se meció en su interior, la presión rítmica volviéndolas duras en cuestión de segundos.

Suspirando, Brittany deslizó las manos arriba y abajo de la espalda morena, ahuecando sus nalgas, presionando los músculos apretados mientras ella empujaba, forzándolas juntas aún más fuerte.

Mirándola a través de los ojos oscurecidos con la necesidad, encontró la imagen de su deseo reflejada en la expresión intensa de la morena.

A pesar de que sentía los fuertes hombros y los brazos de ésta bajo sus dedos y la presión insistente de las caderas trabajando entre sus propios muslos, no podía dejar de ver las cicatrices irregulares, rojas brillantes en el pecho.

—¿Cómo te...sientes?—preguntó, sus palabras puntuadas por jadeos cortos mientras encontró cada vez más difícil recuperar el aliento.

—Estoy...perfecta—le aseguró, pero lo único que realmente podía sentir era la creciente pesadez en el estómago y el lento aumento de la tensión entre sus piernas.

Sus brazos temblaban por el esfuerzo de apoyar la parte superior de su cuerpo, pero no le importaba.

Hacía tanto tiempo, demasiado tiempo, y necesitaba esto más de lo que necesitaba aire para respirar.

—Esto es una tortura—jadeo, uniendo los dedos detrás del cuello de la morena y tirando de su cabeza hacia abajo, magullando su boca con un beso.

Sus lenguas se encontraron con la misma necesidad de búsqueda como el empuje de sus caderas, hasta que el ritmo de palpitación de la sangre y músculos apretados y los labios buscando repetir la pulsación golpeando profundo en el interior.

—Necesito probarte. Ha pasado tanto tiempo. Siento que me muero de hambre.

—No voy a durar si lo haces—Santana gimió.

Había pasado un tiempo muy largo para ella también, y estaba loca por correrse.

—No me importa—con suavidad, pero con insistencia, puso las palmas de las manos sobre el pecho de Santana y apretó hasta que ella cedió y dio la vuelta sobre su espalda.

Siguiendo en un movimiento suave, se colocó entre los muslos de la mujer más baja, sus pechos descansando por un momento en el calor húmedo entre las piernas.

Entonces cogió el borde de la piel del ombligo y tiró de él entre sus dientes, sacándole un profundo gemido que hizo que su cabeza diera vueltas.

Tras la presión insistente de las palmas de las manos de la pelinegra contra su cara, se movió más abajo hasta que sus labios rozaron el pelo fino entre las piernas de ésta.

El olor y el calor de ella era como dar la bienvenida a casa, y con un suspiro agradecido, apoyó la mejilla contra la suave piel lisa del interior del muslo de su amante y lentamente, deleitándose en el primer sabor dulce, la tomó entre sus labios.

Tenía la intención de ir despacio, tenía la intención de saborear cada sensación, pero el grito agudo de la morena en el primer toque de su boca y el endurecimiento de los músculos en los muslos le dijo cuan cerca estaba.

De repente, todo lo que quería hacer era perderse en el placer de Santana.

—Oh no—gimió, su voz apretada y ahogada—Vas a hacer que me corra de inmediato.

Fue suficiente para hacerle añicos el corazón.

Le encantaba tenerla de este modo, sintiendo los dos elementos dispares de Santana siendo la fusión en el momento de la fuerza de la liberación final y la entrega, el poder y la necesidad, la cautela y la confianza, todo su temblor, estremeciéndose en el borde de disolverse.

Así, tan increíblemente hermoso.

—No es suficiente—susurró roncamente cuando su cuerpo finalmente se detuvo estremeciéndose—Te quiero en alguna parte... en algún lugar dentro...

—Lo sé.

La primera vez había sido rápido y furioso, un reclamar salvaje, frenético de cuerpo y alma después de la amenaza de la separación mucho mayor que el tiempo o la distancia.

La siguiente vez, y la siguiente, seguida de una oleada de excitación que no era más posible de reprimir entonces ello habría debido detener las revoluciones de la tierra.

Era una fuerza más allá de la voluntad y tan natural.

Se habían conocido en medio de la crisis, y durante esas pocas semanas agitadas, hicieron el amor en los momentos de necesidad, y en momentos de gratitud, y en momentos de pasión casi desesperada.

Pero habían tenido muy poco tiempo para la felicidad, por no hablar de euforia.

En esta particular mañana de Domingo a principios de Septiembre, con la luz del sol que pinta su piel en tonos de oro, ellas hicieron el amor por el simple placer de estar vivas, y estar juntas.






—¿Pizza o chino?

—Chino—Brittany respondió adormilada, arrastrando sus dedos a lo largo de la cresta de la cadera de la morena—Más verduras verdes.

—Oh, sí. Supongo que tengo que mantener mi fuerza si vamos a seguir con esto—se desplazó, moviendo el brazo que se dio cuenta estaba entumecido.

De hecho, ahora que pensaba en ello, mucho de ella parecía estar agradablemente debilitada.

—Vamos a seguir haciéndolo, ¿verdad?—continuó preguntando.

—Dime que todavía necesitas más.

—Bueno, no en este mismo instante—Santana reconoció y se preguntó si alguna vez caminaría de nuevo—, Pero pronto.

La rubia se apoyó en un codo, empujando mechones de pelo húmedo de su cara, y la miró:

—¿En serio?

Sonrió.

—Bueno, tal vez no hasta la mañana.

—Gracias a Dios, porque estoy agotada—se acomodó en el hueco del brazo color canela y puso una pierna sobre el muslo de su amante.

La habitación estaba en penumbra, la tarde de alguna manera se deslizó en la oscuridad, y el día sostuvo la calidad sin precedente que sólo las tardes de Domingos en verano menguante podía.

Le recordaba a la inocencia ingenua de la infancia cuando la vida parecía ser nada más que una interminable extensión de las tardes cálidas, perezosas.

Las bicicletas y el béisbol y un libro favorito bajo la sombra de un árbol, ninguna concepción de decepción o pérdida.

Incluso entonces, y ciertamente nunca como un adulto, podría ella recordar haber estado tan satisfecha o tan completamente feliz.

No podía pensar en una sola cosa a preocuparse.

En algún lugar en el fondo su feromona saturada mente ese hecho hizo sonar campanas de peligro, pero no podía soportar la idea de romper el hechizo mediante el sondeo de la fuente.

—Prefiero estar aquí contigo así que hacer cualquier otra cosa en el mundo.

Por un segundo, el corazón de Santana se detuvo, y pudo escuchar el aquietamiento de la sangre en sus venas.

La idea de ser tan importante para esta mujer increíble, notable era aterradora y estimulante y como nada que había experimentado jamás.

Nada en su vida la había golpeado con el poder de esa sola frase, ni siquiera haber obtenido su placa.

Ni siquiera la bala.

—¿Por qué?—¿Por qué yo, de todas las mujeres que podrías elegir?

—Me recuerdas lo que es importante.

Santana se puso de lado para que pudiera ver los ojos azules.

—¿Qué cosas son esas?

—Eso es lo divertido del amor—Brittany reflexionó, trazando el lado de su cuello con los dedos—Son cosas diferentes para todos nosotros, pero estar enamorados nos hace sentirlas de la misma manera.

—¿Sabes lo que es realmente aterrador?—dijo en voz baja, preguntándose si alguna vez sería capaz de tomar una respiración completa de nuevo.

Su pecho era tan estrecho, y no tenía nada que ver con recibir un disparo.

—¿Qué?

—Sé de lo que estás hablando.

—Sí—Brittany susurró, su voz llena de tantos sentimientos, y su piel todavía en carne viva con las secuelas de la pasión—, Sé que lo haces.

—¿Cuanta hambre tienes?—preguntó, agarrándole el pecho en su palma, haciendo rodar el pezón bajo su pulgar.

—Hambrienta—respondió, inclinando la cabeza para atrapar un labio lleno inferior entre los dientes.

Y ni siquiera lo sabía.




—¿Vas a comer eso?

Brittany estudió el último camarón en salsa de Szechuan. Se veía apetecible.

—Quiero, pero creo que estoy llena.

—He oído eso antes—comentó mientras rápidamente lo capturó con sus palillos—No hay tiempo que perder entonces.

Estaban sentadas desnudas en la cama, el Times apilado a los pies y los contenedores de comida abiertos, platos y servilletas de papel entre ellas.

Afuera de las ventanas de la habitación de la rubia estaba oscuro, y habían encendido la sombreada lámpara de lectura junto a la cama.

Observó a la morena con destreza manipular las cintas delgadas de madera, recordando la forma en que esos dedos se habían sentido en su piel.

—Te vas en el mañana, ¿verdad?

—Sí.

—¿Sabe tu capitán que vas a ir?

—Aún no—sonrisa era delgada—Probablemente se negara a verme hasta después de que haga la cosa con Hudson.

—El psicólogo del departamento.

—Uh Huh.

—Pero vas a ir, ¿verdad?

—No hay elección. Ha habido una gran cantidad de mala prensa en los últimos años los informes de uso excesivo de la fuerza, la vigilancia, la escalada de las tasas de suicidio entre las filas, y un millón de otras cosas. Así que ahora, algo implicando a un oficial, si se trata de una queja o un oficial involucrado en un tiroteo o incluso a veces simplemente sacar su arma, puede aterrizar en el asesoramiento.

—Pero contigo hay una razón—ofreció gentilmente, sabiendo que ningún oficial quería que se le recuerde su vulnerabilidad, o el hecho de que las emociones eran una cosa fuera de su control.

—Tal vez—el silencio se hizo pesado entre ellas, y finalmente preguntó—¿Qué es?

—Estoy preocupada por ti—confesó.

—No lo estés. Me siento bien. Voy a estar bien.

—Bien—sus temores tendrían poco sentido para la morena, para quien la vida era mucho más blanco y negro.

Policías como ella no temían a las posibilidades, ya que sólo los hechos importaban.

La realidad para su detective estaba definida por los acontecimientos, no eventualidades.

—Sólo ten cuidado.

Lo que era una inadecuada petición.

No salgas herida.

No dejes que te maten.

No me dejes ahora, no después de tocarme así.


—Haré todo según las reglas. Lo prometo—había visto la incertidumbre en los ojos azules, y la mató saber que ella lo había puesto ahí.

Mantendría su palabra, también.

Tanto como ella podría, y aún hacer lo que tenía que hacer.








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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!



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Mensaje por 3:) el Jue Mayo 17, 2018 9:17 pm

hola morra,...

mas que nunca tiene que seguir las reglas san, se esta dando cuenta la incertidumbre que le esta dando a britt en la relación!!,..!!!
a ver a san como le va en el nuevo trabajo!!!

nos vemos!!!
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Mensaje por micky morales el Vie Mayo 18, 2018 7:07 am

Bueno aparantemente su relacion esta mas que consolidada asi que San debe pq si cuidarse mas que nunca, hasta pronto!!!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Vie Mayo 18, 2018 8:16 pm

3:) escribió:hola morra,...

mas que nunca tiene que seguir las reglas san, se esta dando cuenta la incertidumbre que le esta dando a britt en la relación!!,..!!!
a ver a san como le va en el nuevo trabajo!!!

nos vemos!!!




Hola lu, oooh si! esperemos y quede en mas q darse cuenta, la vrdd =/ Esperemos q mas q bn ai tmbn ajajaj. Saludos =D







micky morales escribió:Bueno aparantemente su relacion esta mas que consolidada asi que San debe pq si cuidarse mas que nunca, hasta pronto!!!!





Hola, eso mismo, dijiste las palabras perfectas. Esto esta más q bn encaminado asik a cuidarse mas q nunca! Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia II (Adaptada) Cap 5

Mensaje por 23l1 el Vie Mayo 18, 2018 8:19 pm

Capitulo 5




Habían pasado más de dos meses desde que Brittany había observado la última transformación de Santana de la mujer que había mantenido durante toda la noche a la policía.

Oh, el policía estaba siempre ahí, ya sea en servicio o no el acabado de superficies por un instante en la aguda apreciación de un desconocido que se acercó en la calle o evidente en las sombras fugaces que empañaron su clara mirada cuando algún recuerdo momentáneamente escapaba de su férreo control, pero nunca tanto como cuando la Sargento Detective Santana López comenzaba la rutina de la mañana de ponerse una camisa fresca, almidonada y pantalones entallados a medida, encogida en la funda de cuero de su pistolera de hombro, y deslizando el estuche que sujetaba su placa dorada en el bolsillo de pecho de su chaqueta.

A medida que reunía los símbolos de su identidad, la expresión de la morena se hacía más remota, su postura más reservada, y sus ojos más distantes.

Era una cosa espantosa de presenciar cuando lo que más necesitaba eran las cosas que ella escondía.

—Estás muy tranquila—Santana comentó, viéndola recoger su maletín, su beeper, y el teléfono celular de la pequeña mesa justo en el interior del pasillo de entrada.

Se habían duchado por separado, y cuando se unió a la rubia en la cocina, apenas habían tenido tiempo para una taza de café y tostadas.

Sin embargo, había un desconcierto en su rostro que por lo general no estaba ahí.

—¿Lo estoy?—Brittany sonrió, dándose cuenta de que en verdad había estado preocupada—Supongo que sí. Podría ser un buen psiquiatra, Detective.

—Y tú estás haciendo esa cosa de nuevo, evitar y desviar. Hago una pregunta, cambiando de tema—su tono era bromista, pero observó a la mujer en el discretamente elegante traje de jade asiduamente—Ese es el truco de un policía.

Estaban a sólo dos pies separadas, pero el aire entre ellas era suficiente espeso para caminar sobre él. Era una distancia que si se dejaba sin aclarar crecería, y extendió la mano.

Dejó caer su maletín y dio un paso a través del abismo, deslizando sus brazos alrededor de la cintura de la morena.

—Estoy tratando de acostumbrarme al hecho de que las cosas serán diferentes ahora.

Puso las manos en sus caderas, bajo el borde de su chaqueta, y la besó suavemente.

Un momento después, dijo con firmeza:

—No. No lo serán.

—¿Llámame más tarde?

—Cuenta con eso.





*****


A las 7:10 entró en la sala de la brigada y percibió el omnipresente nudo de incertidumbre y malestar en el estómago comenzar a aflojarse.

Todo se veía, y olía, igual.

Mismos escritorios que no coinciden en mal estado uno frente al otro en forma aleatoria colocados en pares, la misma enfermiza pintura verde institucional en las paredes, los mismos azulejos grises desgastados en el suelo.

El olor a humo rancio, sedimentos viejos de café, y el sudor honesto impregnaba el aire.

No pudo evitar sentir una oleada de alivio cuando vio que su escritorio estaba exactamente como lo había dejado.

Su taza estaba ahí en medio de un papel secante manchado, una pila de carpetas de archivos manoseadas equilibradas precariamente en una esquina, y el teléfono estaba orientado con precisión en la forma en que siempre lo ponía cuando estaba trabajando.

Incluso el imponente hombre que no entendía cómo podía ser policía si tenía un aspecto y alma de Hippie sentado en el escritorio frente al de ella se veía exactamente igual.

De unos treinta años, de pelo castaño, delgado, estereotipado pie plano directamente de Joe Hart.

—Es ese tu único traje, ¿Chang?—preguntó mientras se quitaba su chaqueta hacia el respaldo de la silla.

Mike Chang alzó la vista hacia el sonido de la voz profunda, cortante, su expresión impasible pero sus ojos rápidos y agudos cuando la aceptaron.

Delgada, todavía pálida y nerviosa. No está mal, teniendo en cuenta.

Él sonrió, pero eso no apareció en su rostro. No había mucho por hacer.
—¿Qué, me perdí el memo sobre el código de vestimenta?

—Sí, el que recomienda la lavandería cada pocos meses.

Él gruñó, observándola deslizarse para abrir el cajón inferior izquierdo de su escritorio y colocar la funda vacía cuidadosamente en el interior. Ella no se veía bien sin ello, pero aún se veía malditamente bien para él.

Se sintió aliviado al descubrir que podía mirarla y no ver el río de sangre extendiéndose sobre su pecho.

Durante unas semanas había tenido miedo de que él nunca dejaría de verlo.

—¿Cómo es que el Capitán no dijo nada acerca de que ibas a regresar?

—Porque él no lo sabe aún—su sonrisa era delgada y había una nueva dureza en sus ojos.

Él había pensado que era dura antes; ahora ella era de piedra. Tal vez eso es lo que necesitaba para volver después de lo que ella había pasado.

Él realmente no quería saber.

—Bueno, si me sacas de estos malditos casos sin resolver, iré contigo.

Lo estudió, una gran parte de ella queriendo todavía que le desagrade. Sobre todo porque estaba sentado en la silla de Jeff, y Jeff estaba muerto.

Él sólo se había ofrecido a respaldarla.

Él había hecho eso una vez antes, cuando realmente contaba.

Cuando había sido la única cosa que era más importante para ella que el trabajo.

Cuando había sido Brittany.

—Puedo manejarlo.

—Correcto—respondió, alcanzando otro archivo sobre otro caso viejo que no había sido resuelto y nunca lo sería.

—Gracias, Chang.

Cuando él levantó la vista sorprendido, todo lo que obtuvo fue su espalda, pero sonrió de todos modos.




*******



—Adelante.

—Buenos días, capitán.

El Capitán Will Schuester levantó la vista de la pila de informes de los departamentos que había estado hojeando cuando la puerta de su pequeña oficina se cerró y registró la identidad de la inconfundible voz que no había escuchado durante varios meses.

—López.

Se miraron el uno al otro por un momento, haciendo un balance.

Habían trabajado juntos durante seis años, se respetaban el uno al otro, y no tomaron nada por sentado.

Ella se paró frente a su escritorio lo más relajada que alguna vez se puso, que era decir, las manos flojas a los costados, pero los músculos enroscados y preparados para brotar.

Él se echó hacia atrás en la silla de cuero, su única concesión a la comodidad, con su pesada chaqueta de gabardina mezclada de verano, la corbata fuertemente anudada debajo de un collar blanco como la nieve, sus bellos rasgos inescrutables.

Puso su pluma sobre el escritorio.

—¿Asumo que tiene algo que decir?

—Sí, señor. Estoy lista para trabajar.

Él suspiró.

—Siéntese, Sargento.

Lo hizo, cruzando una pantorrilla sobre la rodilla opuesta, las manos inmóviles sobre el apoyabrazos.

La última vez que había estado sentada en este cuarto, había llegado peligrosamente cerca de la insubordinación y casi había destruido su carrera.

Brittany había estado sentada a su lado, y Schuester había pedido a la psiquiatra poner su propia vida en peligro.

Había estado en desacuerdo, vocalmente y reiteradamente.

Seguía sin saber por qué él no la había abofeteado ese día, pero la había puesto a cargo de la operación en cambio.

La única vez que lo había visto desde que había estado en el hospital, cuando ella había despertado para encontrarlo sentado cerca. Vagamente lo recordó diciendo que ella había hecho al departamento orgulloso.

—No creo que te acuerdes que hay protocolos para esta situación.

Santana López era su mejor detective, pero no siempre seguía las reglas, por lo menos no las burocráticas. La mayoría de los policías eficaces no lo hicieron.

Pero había algunas reglas que él no podía doblar.

—Sé eso—respondió—Sólo tenía la esperanza de acelerar el proceso. Esperó un segundo, y luego añadió—, Y quería revisar el terreno.

—Escúpelo, Sargento. Tengo un día ocupado.

—Mi escritorio está todavía por ahí. Quiero asegurarme de que mi trabajo esta, también.

Will se levantó y se dirigió a una pequeña mesa a un costado donde una máquina de café que ni siquiera estaba ya hecho colocado calentando un bote medio lleno. Se sirvió una taza llena y respondió de espaldas:

—Si las cosas no hubieran resultado del modo en que lo hicieron, podrías haber sido suspendida por ignorar cualquier número de reglas básicas del procedimiento. No llamaste por refuerzos; te pusiste en peligro a ti misma y a un compañero oficial, por no mencionar siquiera poner a un civil en situación de riesgo. Jesús, que día de campo la prensa podría haber tenido si ella hubiera sido herida. Has tenido suerte.

La cicatriz en su pecho escogió ese momento para comenzar a picar. Cuando eso sucedía, quería arrancar a través de la dura carne roja hasta que sangrara.

Con calma, dijo:

—Sí, señor.

—Nadie se preocupa por eso, ahora. Eres un héroe—colocó una cadera contra el mostrador y tomó un sorbo de café.

Su esposa compró la mezcla para él. Estaba agradecido de que ella consintió casarse con él por más razones de las que podía contar, y cada vez que se servía una taza, lo recordaba.

Mujer inteligente.

—Vas a poder montar un escritorio hasta que tenga cada hoja de papel que autoriza tu regreso firmado y en mis manos.

—Voy al campo de práctica esta mañana. No hay nada malo con mi brazo disparando. Voy a calificar y obtener mi arma de nuevo, así que debería estar bien para el servicio de la calle después de eso.

—Buen intento, López. No hasta que el siquiatra te de él alta, y tú sabes lo lento que son—levantó una mano cuando vio el fuego subir en sus ojos—Pero, podemos trabajar alrededor de ello—se dirigió de nuevo detrás de su escritorio, tomó una carpeta azul gruesa de una pila por su mano derecha, y la abrió delante de él—Esto acaba de llegar. El alto mando quiere que seamos parte de un grupo de trabajo que los federales están estableciendo.

—Uh-uh. De ninguna manera. No es un acuerdo jurisdiccional combinado. Eso es un trabajo sin futuro. Siendo agradable con pende…

—Sargento.

Apretó la mandíbula con tanta fuerza que estaba segura de que Will Schuester podría oírlas encajar.

Había esperado algún tipo de repercusiones después de lo que había sucedido con Blake.

La prensa podría haberla distinguido para ser un héroe, pero eso no lo hacía verdad.

Schuester tenía todo el derecho a estar molesto por la forma en que ella había bordeado la cadena de mando, pero no imagino que la enterraría en alguna habitación trasera sacando papeleo con los federales.

—Capitán, por favor...

—Escúchame, López—su tono era sorprendentemente conciliador. Continuando explorando la nota, leyó—Justicia, Aduanas y Philadelphia PD son la creación de un grupo de trabajo de varios niveles dirigido a identificar y detener a aquellos individuos y organizaciones responsables de la producción y distribución de pornografía infantil, incluyendo la obtención de sujetos.

Parpadeó.

—¿Qué significa eso? ¿Algún tipo de operación encubierta?

—No estoy del todo seguro—Schuester admitió—La cosa está en las etapas de formación por lo que puedo ver. Pero ha sido bordeada de azul máxima prioridad. Desde que Crimenes Especiales tienen los mejores conocimientos de trabajo de las cosas del lado de la calle, prostitución infantil, pornografía infantil, todo el feo asunto, hemos sido señalados para proporcionar la mano de obra local.

—¿Por cuánto tiempo?—preguntó con suspicacia.

Podría ser un entrante de nuevo a las calles, al menos podría apostar hacia una, pero ella no quería ser atrapada en el limbo burocrático indefinidamente.

Podría haber otra ventaja importante implicada, también.

Si trabajaba el ángulo de pornografía infantil, eventualmente conocería de cerca y personal con los mafiosos que encabezaban el lado de la calle de todo ello, y uno de ellos, estaba segura, había contratado para matar a dos policías.

Gran error.

—¿Semanas, meses?

—No lo sé—se encogió de hombros—No me puedo imaginar que se moverá todo rápidamente, pero quién sabe. Por el momento, es lo más cercano al deber en las calle que vas a ver—cerró la carpeta y le clavó con mirada constante—Tienes algunas opciones, Sargento. El Comisionado le gustaría promoverla, les gusta la buena prensa. Aceptar las barras del Teniente, hará que el departamento se vea bien, y probablemente te podría transferir a una agradable posición administrativa.

—Detrás de un escritorio.

—Sí.

—¿O?—preguntó, aunque ya sabía la respuesta.

—Ir a través de los canales y consigue tu acreditación psicológica, tomar esta asignación, y cuando yo crea que estas lista, le moveremos de vuelta a la captura de casos activos.

No había mucho que pensar.

Se puso de pie, su expresión casi en blanco.

—¿Con quién debo servir de enlace?

Él abrió la carpeta, anotó un nombre y número, y se lo entregó.

—Noah Puckerman, Departamento de Justicia de Estados Unidos. Ese es el número local. Puedes tener a uno de los nuestros para trabajo de campo y vamos a tirar de un uniforme para manejar el papeleo de nuestra parte. El crimen organizado tiene al menos un detective encubierto trabajando el ángulo de la prostitución. Vas a tener que encontrar la manera de hacer contacto ahí. No tengo que decirte que cada vez que tenemos gente en esa posición, cualquier movimiento que pudiera exponerlos puede ser arriesgado.

Pensó en Jimmy Hogan y Jeff Cruz.

Dos policías muertos, uno de ellos una pareja que había perdido.

—No, señor. No se puede.

—Y esta es una posición administrativa, López. Necesitas un informante de la calle, consigue a alguien más para que te ayude. ¿Está claro?

—Perfectamente, capitán.







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Mensaje por 3:) el Vie Mayo 18, 2018 10:18 pm

hola morra,...

bueno para lo que san capas esperaba!!! pues vemos!!!
a ver a quien elije san de compañero??

nos vemos!!
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Mensaje por Isabella28 el Sáb Mayo 19, 2018 10:52 am

Tan terca que es santana.
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Mensaje por 23l1 el Sáb Mayo 19, 2018 8:01 pm

3:) escribió:hola morra,...

bueno para lo que san capas esperaba!!! pues vemos!!!
a ver a quien elije san de compañero??

nos vemos!!




Hola lu, jajajaaj dices tu¿? mmm¿? Mmm interesante pregunta...interesante...Saludos =D






Isabella28 escribió:Tan terca que es santana.




Hola, jajajajaja no me digas xD jjaajajajajaj xD...eso sigue igual, no¿? Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia II (Adaptada) Cap 6

Mensaje por 23l1 el Sáb Mayo 19, 2018 8:03 pm

Capitulo 6



A las 7:35 am Brittany abrió la puerta que separaba su oficina de la sala de espera de pacientes.

Mercedes no había llegado todavía, pero tenía su primer paciente.

Esta mañana, ella estaba en uniforme. Pantalones plegados de color azul marino, camisa azul pálido con bolsillos con solapa sobre cada pecho, un lazo negro estrecho, pequeñas piezas de plata en el cuello y en los puños relucía un alto brillo.

Estaba de pie, su sombrero bajo el brazo, sus ojos verdes, nubarrones, ocultando una tormenta de sentimientos.

—Adelante, por favor, oficial.

—Gracias por recibirme tan temprano.

—Eso está bien. Funciona mejor así para mi horario, también—hizo un gesto hacia las sillas de cuero frente a su escritorio mientras caminaba detrás de él—¿Supongo que está en su camino al trabajo?

—Si se le puede llamar así—dijo la joven con una mueca mientras se sentaba y plantó los pies en ángulo recto en el suelo delante de ella, su espalda ni siquiera tocaba la silla—Se supone que debo averiguar del Sargento de guardia esta mañana exactamente lo que mi asignación va a ser mientras que esto se solucione.

—Trabajo de oficina, ¿dices?

Un ceño fruncido y una breve inclinación de cabeza fue todo lo que obtuvo como respuesta.

—¿Cuál es tu asignación regular?

—La mayor parte del tiempo estoy patrullando las calles. A veces patrullo en un crucero.

—¿Sola?

La joven policía dudó brevemente.

—Por lo general sola, sí.

—¿Eso es normal? ¿No tienen los oficiales generalmente una pareja?—no pudo dejar de notar la renuencia de su paciente a confiar detalles específicos acerca de su trabajo.

Eso iba obviamente a suponer un problema, ya que era una cuestión relacionada con el trabajo que había llevado a la oficial con ella.

Sin embargo, se limitó a dejar que la joven contara su historia a su propio paso.

Estaba más interesada en lo que ella no estaba diciendo.

—Algunos policías trabajan en parejas. Depende de cómo las asignaciones se desplieguen.

—Ya veo—aunque no lo hizo realmente.

Sabía que Santana por lo general trabajaba con un compañero, pero tal vez era diferente para los oficiales de uniforme.

Era un punto al que tendría que volver en el futuro.

—Todavía no tengo el papeleo, así que necesito que me digas los detalles de por qué estás aquí - en tus propias palabras. Asume que no sé nada.

Sonrió.

—En este caso, es cierto.

—He sido retirada del deber de calle debido a una queja de fuerza excesiva que fue presentada en mi contra.

La entrega era plana y sin emociones. Su tono permaneció conversacional.

—¿Eso es lo mismo que ser suspendido?

—No exactamente, todavía se me paga, y esto no baja en mi archivo como una acción disciplinaria, aún. Pero, para todos los efectos...

—¿Sí?

—Sigue siendo un punto negro. Esto va a hacerme daño. Yo quería hacerme detective, pero ahora...

Su voz era amarga, y no era difícil para Brittany imaginar lo devastador que algo como esto podría ser para alguien que estaba tan obviamente comprometida con su trabajo.

—¿Qué pasó?

—En el proceso de aprehender a un sospechoso, use la fuerza física para someterlo. Su abogado está reclamando brutalidad policial.

—¿Es este mismo altercado que te dejo esas contusiones en la cara y el cuello?—preguntó en voz baja.

Rara vez tomaba notas durante una sesión.

En este caso, no sería necesario porque la mirada en los ojos de la joven fue inolvidable. Aunque la información fue entregada en un tono individual, clínica y envuelta en el vocabulario seco tan típico de la jerga policial, los ojos de la oficial la traicionaron.

Lo que había sucedido había dejado su huella en ella, y era algo mucho más indeleble que los moretones que todavía manchaban sus rasgos frescos claros.

—¿Él hizo eso?

—Él llego a lo, físico. Sí.

—¿Y te protegiste a ti misma?

—Le pegué con la culata del revólver. Dos veces.

—¿Me puedes decir todo, desde el principio, tal como sucedió?

Este era el momento. La confianza que vendría ahora, o nunca. Algún salto de fe, algunos necesitan creer que alguien estaba escuchando, si querían tener alguna conexión que haría una diferencia, comenzaría aquí.

—Está en el informe.

—¿Lo sé. Pero puedes decirme?

—Fue hace cinco noches. Justo después de medianoche. Estaba trabajando el turno de noche como de costumbre, en el área del crimen, ese es mi sector regular—se detuvo sin darse cuenta, pensando en esa noche.

Había estado lloviendo y era una horrible lluvia fría. Llevaba un impermeable y su gorra estaba cubierta con una funda protectora de plástico. Tenía las manos frías. No llevaba guantes. Cada minuto parecía una hora.

Lo había revisado tantas veces en su mente... lo que debería haber hecho, lo que hizo, lo que quería hacer.


—¿Oficial?—la voz de Brittany era tranquila y suave.

La mujer sentada frente a ella dio un pequeño respingo de sorpresa y luego sonrió con vergüenza.

—Lo siento.

—No. Está todo bien.

—Acababa de salir de la cafetería. Me había parado por un café. Estaba tan malditamente frío. Oí ruidos procedentes de un callejón, uno de los ciegos con nada más que contenedores de basura y vagabundos en ellos. Las farolas estaban rotas y ya estaba oscuro. No podía ver una maldita cosa. Comencé a andar por el tan silenciosamente como pude. No quería encender mi linterna, porque tenía miedo de que me convertiría en un objetivo. No estaba ni siquiera segura de que había oído nada en absoluto Recuerdo que pensé que probablemente sería una gran rata que casi me había convenció de que era mi imaginación cuando oí gritar a alguien , o lo que pensé que era un grito. Era sólo un sonido agudo corto y luego se quedó en silencio otra vez—miró a la ojiazul, y sus ojos eran sombríos—Los hechos están en el informe.

—Sí, lo sé—se inclinó hacia delante, con las manos delante de ella sobre el escritorio, los dedos sin apretar juntos, sin apartar los ojos de la cara de la joven—Suena muy aterrador.

—No lo sentí entonces.

—¿Y ahora?

—Recuerdo.

Brittany se estremeció, aunque sabía que no lo mostró. Fue un dedo de hielo deslizándose detrás de la espalda.

Lo reconoció; entonces lo ignoró.

Esto no era acerca de ella, y en este cuarto por estos cincuenta minutos, sus sentimientos no importaban.

Pero a diferencia de la joven oficial que luchó tan valientemente para separar sus sentimientos de su experiencia, su trabajo requería que dejara entrar la emoción, incluso si agitaba su propio dolor.

Sabía lo que era recordar el miedo.

Era un enemigo sutil; regresaba en la oscuridad de la noche o cuando uno estaba cansado, para recordarle a uno su debilidad y vulnerabilidad.

Centrándose, escuchando las palabras bajo el silencio, preguntó:

—¿Pero seguiste adelante? ¿Caminando por el callejón?

—Sí—su voz era más fuerte ahora—Podía oír los sonidos de una pelea más claramente entonces. Llamé por radio por refuerzos, y saqué mi arma. Estaba en el estrecho espacio entre dos edificios de departamentos, y había una luz de una de las ventanas en lo alto. El cuarto piso creo. Suficiente para que pudiera ver un poco. Podía distinguir a un hombre y una figura más pequeña, una mujer, pensé. Él la sostenía contra el lado de los edificios, y ella estaba peleando con él.

—¿Un robo?

—No lo sabía. Podía haber sido cualquier cosa - una disputa doméstica, un robo, una violación.

Era difícil imaginar a alguien, hombre o mujer, frente a tal incertidumbre y peligro sobre una base diaria.

Ninguna cantidad de entrenamiento o experiencia podría preparar a uno para eso.

¿Cómo lo hago, y a que costo, para afrontar esto todos los días?

—¿Estaría todavía sola?

Una vez más, la vacilación, y esta vez ella desvió la mirada.

—Sí. No había oído ninguna respuesta a mi petición de refuerzos, así que supuse que nadie iba a venir.

—¿Eso es normal?

Sus manos se apretaron con fuerza alrededor de los extremos de los brazos de la silla de cuero. Sus pupilas estaban dilatadas, pero mantuvo su postura rígida.

—Puede ocurrir. En una noche ocupada, puede que no haya nadie en las inmediaciones. Dependiendo de la naturaleza de la llamada, algo así podría estar muy abajo en la lista de prioridades.

¿Podría ser?

Brittany sabía que tenía que haber algo más, pero este no era el momento de explorar eso.

En este momento, se trataba de una mujer joven sola en la oscuridad.

—Ya veo. ¿Así que te enfrentaste a él por ti misma?

—Sí. Por mí misma.





*****


—¿De vuelta en la silla?—Mike preguntó, mirando por encima del hombro de Santana mientras se servía una taza de café en la mesa larga, estrecha en la parte trasera de la sala de la brigada—¿Sargento?

—¿Qué estás haciendo, Chang?

—¿Qué? ¿Quieres decir ahora?

—Sí.

—Barajar carpetas. ¿Por qué?

Tomó un sorbo de café.

Terrible. Amargo, grueso, y con recelo.

Suspiró con satisfacción cuando otra pieza de su vida se deslizó de nuevo en su lugar.

—Vamos al campo de tiro.

—¿Y disparar?—él mostró su sorpresa en el súbito aumento de su voz.

—Sí, Chang. Para disparar. Jesús.

Como de costumbre, no espero, y él se encontró apresurándose para mantenerse.

Como en los viejos tiempos.

—¿Qué dijo el Capitan?—él se aventuró a preguntar mientras bajaba su trasero en el contorneado asiento delantero del Vette.

El hombre, había extrañado ese coche. Ella estuvo en silencio durante tanto tiempo, él se arriesgo a una mirada de soslayo en dirección a ella.

—¿Que dijo?

—Te oí—ella hizo girar la rueda, presionó con fuerza sobre el pedal, y se disparó en la rampa de la autopista que corría por el centro de la ciudad.

El campo de tiro estaba en la academia de policía, que ahora se encontraba en la Oficina Central de Policía, una nueva construcción de complejos de de oficinas administrativas y aulas.

A pesar de que era inconveniente para los policías que trabajan conducir hasta ahí para sus ejercicios de calificación semestrales, nadie se quejó.

Valía la pena los veinte minutos para tener la placa escondida en algún lugar discreto en que no podían interferir demasiado con el trabajo real de la actividad policial.

—Él me asignó a un grupo de trabajo que los federales están preparando para perseguir a los vendedores ambulantes de porno infantil y halcones de pollo.

—Huh—Mike se removió en su asiento y trató de encontrar un lugar para pegar sus rodillas.

No veía cómo la sargento logró adaptarse al volante.

—¿Qué significa eso?

—Nada bueno.

—¿Qué hay de mí?

Lentamente, giró su cabeza y lo miró.

Él le devolvió la mirada.

—Nosotros somos compañeros y todo.

—No somos...—se detuvo, recordando que algo en el hombre, algo que raras veces mostraba pero que ella sentía sin embargo, le había confiado la vida de Brittany a él.

Él nunca sería Jeff, y nunca sería lo mismo. Pero entonces, ¿qué era?

—Se supone que seré oficinista. Voy a necesitar piernas.

—Sí claro. No puedo pensar en cosas peores que conducir para hablar con prostitutas y proxenetas y pervertidos—él buscó en el bolsillo interior de su deforme chaqueta de deporte por sus cigarrillos, y luego se contuvo.

Ella no le dejaba fumar en su paseo. Mierda.

—Mira, puedo conseguir un uniforme. No querría que tengas en realidad que trabajar…

—De ninguna manera. Me pongo duro sólo de pensar en ello.

Las manos de Santana se tensaron sobre el volante, ya que de repente recordó todas las razones por las que no lo soportaba.

—Olvídalo.

—Hey—Mike dijo rápidamente—Es broma. Fue una broma. Se necesita mucho más que eso para dar…

—No necesito saber acerca de eso, Chang—le aseguró cuando entró en el aparcamiento detrás de la Oficina Central de Policía—Te informaré en cuando me reúna con los trajeados de DC. Si hay algo en que me puedas servir, te lo haré saber.

—Suficientemente bueno—se echó hacia atrás, contento de estar fuera de la sala de la brigada, feliz de contemplar el verdadero trabajo.

Incluso si lo hacía con una bola de pendejos burocráticos que no conocían una verga sobre el trabajo policial. La sargento podría manejarlos. Él le daría una semana antes de que ella estuviera de nuevo en la calle.

López una oficinista. Seguro. Y tengo una verga de diez pulgadas.

Mirando al frente a través del parabrisas, ella agregó:

—Nunca te di las gracias por esa noche que atrapamos a Blake. Conté contigo para salvar la vida de Brittany. Lo hiciste por mí. Yo te debo.

—Nah, no me debes. Los dos lo golpeamos—se encogió de hombros—Además, yo no podía dejar que perdieras a la doctora. Supongo que tengo una debilidad por las damas. Pero sabes, Sargento, no puedes permitirte que te tomen demasiado en serio. Te acabara si lo haces.

Sonrió para sí misma, decidiendo no estar ofendida.

—Brittany es especial.

—Oh, hombre—gimió, sacudiendo la cabeza con fingida tristeza—Ya estas perdida—se aclaró la garganta—Pero no me importaría si no te haces un objetivo así con demasiada frecuencia. La investigación que pasó después de eso realmente reventó mis bolas.

Giró la cabeza y lo miró sin parpadear.

—Estás rompiendo mi corazón, Chang.

Entonces lo ignoró durante el resto del viaje mientras dirigía el elegante coche por las calles.

Él se quedó sentado sonriendo felizmente para sí mismo.

López estaba de vuelta.

Las cosas estaban mejorando.







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Mensaje por micky morales el Lun Mayo 21, 2018 10:00 pm

Bueno solo falta ver como le va a San con su nueva asignacion!!!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 3:) el Lun Mayo 21, 2018 10:25 pm

hola morra,...

san y su nuevo caso!!! a ver como le va???
bueno de a poco san y mike van entrando en confianza!!

nos vemos!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Mar Mayo 22, 2018 7:57 pm

micky morales escribió:Bueno solo falta ver como le va a San con su nueva asignacion!!!!





Hola, oooh si...y esperemos y sea bueno en todo sentido, no¿? Saludos =D






3:) escribió:hola morra,...

san y su nuevo caso!!! a ver como le va???
bueno de a poco san y mike van entrando en confianza!!

nos vemos!!




Hola lu, las cosas nuevas en su vida, no¿? Esperemos y bn...en todo XD JAjajaaj mejor q nunca, no¿? jajajaja. Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia II (Adaptada) Cap 7

Mensaje por 23l1 el Mar Mayo 22, 2018 7:58 pm

Capitulo 7



Santana se sentó con el Vette parado en el bordillo de la acera, observando la dirección que la voz femenina anónima le había dado cuando ella había llamado a la oficina de Noah Puckerman, Departamento de Justicia de Estados Unidos, Sección de Delitos Informáticos y Propiedad Intelectual. CCIPS.

Sopa de letras, iniciales y siglas.

Jodidos federales simplemente les encanta.

Los cuatro pisos, de ladrillo con fachada de almacén no se parecía en nada a un edificio del gobierno.

Estaba segura de que no lo era.

De lo que no estaba segura era de cual era, y por qué el grupo de trabajo iba a ser dirigido desde ahí en lugar de la Oficina Central de policía o el Edificio Federal en la 6 y Walnut.

Esto se veía privado.

Pero eso no podía ser.

Simplemente no había ningún precedente de una coalición pública / privada en una investigación activa, y ciertamente no cuando se trataba de los federales.

Apagó el motor.

No iba a averiguar lo que estaba pasando ahí por sentarse en la calle a la espera de una pista. Además, tan malo como esto iba a ser, había la posibilidad de que podría llevarla a sus lugares.

Lugares que no iba a tener fácil acceso de cualquier otra manera.

La amplia puerta reforzada al primer piso estaba cerrada con llave y tocó el timbre al lado de un intercomunicador. Una voz incorpórea sin género solicitó:

—ID.

Lentamente, abrió el estuche de cuero con solapa superior mostrando su placa a un lado y una identificación de policía con foto en el lado opuesto y la sostuvo hasta una pequeña cámara montada en la esquina de un hueco estrecho encima de la entrada.

La cerradura de la puerta se abrió y pasó a un garaje sorprendentemente bien iluminado que ocupaba todo el primer piso. Un elegante Porsche Carrera negro convertible colocado en el centro del gran cuarto.

En la parte trasera, pudo distinguir un elevador de carga con otro intercomunicador y sin controles visibles. Probablemente a control remoto.

—Tercer piso—una voz dio instrucciones a medida que se acercaba al elevador, y varias cámaras más giraban para seguir su progreso a través del cuarto.

Todo el conjunto le hizo picazón en la piel, pero ni siquiera se movió.

Sin embargo, se desabrochó la chaqueta mientras entraba en la cabina del elevador de doble ancho para darle acceso a su arma. Eso al menos era algo que había ido bien.

Una hora en el campo de tiro con Mike para recuperar su rutina de vuelta, y luego había clavado en cada uno de los objetivos de recertificación.

Tenía su placa y su arma. Estaba de vuelta.

El elevador se movió sin hacer ruido hacia arriba y se abrió en otro gran espacio, éste iluminado por la luz del sol de las ventanas desde el suelo hasta el techo en la pared frente a ella así como filas de pistas elevadas.

A través de las ventanas tenía una vista sin obstáculos de los muelles y el río más allá.

Primer Old City de bienes raíces. Definitivamente no propiedad de la ciudad.

Se tomó su tiempo que consiguiendo sus modales. Muchos ordenadores, mucha parafernalia electrónica variada, y un montón de equipos de comunicación.

Se veía como una operación del gobierno por el alcance y el costo probable del hardware. El gobierno siempre era grande en las cosas técnicas y escatimaba en la mano de obra.

—¿Detective Sargento López?

Se giró ligeramente a su izquierda y contempló a la mujer que se acercaba por el suelo de madera muy pulido.

Uno cincuenta y cinco de estructura, contextura fina. Cabello rubio, ojos verdes, cerca de treinta años. Camiseta blanca, chaqueta de cuero, jeans. Pesada banda de platino en el dedo anular de la mano izquierda.

—Es correcto—contestó, tomando la mano extendida.

El apretón era frío y firme, pero no dominante. Segura, como la postura y la voz.

—Kitty Wilde—indicó a un hombre de pelo castaño delgado que parecía que podría haber sido un modelo de Ralph Lauren sentado en una de las consolas de ordenador—Mi socio, Kurt Hummel.

Asintiendo hacia él, dijo:

—Se supone que debía reunirme con Puckerman de Justicia.

—Él llamó—Kitty dijo, su expresión cuidadosamente neutral—Dijo que había estado detenido en el Edificio Federal. Hay una reunión fijada para las 7:30 mañana aquí.

Frunció el ceño. Ya estaba empezando.

Las reuniones inevitables y comunicaciones pésimas que por lo general terminaban perdiendo más tiempo que cualquier otra cosa.

—¿Con quién?

—Él, alguien de Aduanas, tú, y nosotros.

—¿Con cuál departamento está?—preguntó, sintiendo el comienzo enorme de un dolor de cabeza reuniéndose detrás de sus ojos.

Estaba cansada, y eso añadido a su molestia.

Cristo, sólo había estado de pie medio día, no debería de estar cansada.

—Somos privados—las palabras llegaron como una sorpresa, aunque no deberían.

Miró a su alrededor el estado de la sala de arte y pensó en Jeff la última mañana que lo había visto con vida, con dos dedos escribiendo un informe sobre una antigua Smith Corona.

Era demasiado elaborado para el departamento de policía, y de alguna manera demasiado elegantemente eficiente para los federales.

—¿Tu lugar?

Kitty asintió, mirando a la detective que había deslizado ambas manos en los bolsillos de los pantalones, manos que estaba bastante segura estaban apretadas en puños.

Esta es una policía infeliz. Me pregunto que lista de mierda logró para sacar esta asignación.

—Se supone que hay un uniformado asignado aquí—comentó, tratando de decidir si debía preguntar acerca de la operación o esperar al tipo de Justicia.

No tenía idea de lo que estos dos estaban haciendo en el grupo de trabajo, y no quería anunciar su propia ignorancia de la situación.

—Información alternativa de nuestro departamento.

—No he visto a nadie—Kitty observó sin comprometerse.

Kurt se había girado en su silla giratoria y estaba viéndolas a las dos, su cabeza en movimiento imperceptible hacia adelante y hacia atrás con las paradas y comienzos de la conversación entrecortada.

Las dos mujeres se miraron de manera constante en el silencio ruidoso, Kitty, misteriosamente de buen aspecto y con indiferencia casual, López crudamente hermosa y tensamente reservada.

Un montón de espacio para los fuegos artificiales aquí.

Kitty consideró la próxima operación y evaluó la complejidad de las alianzas y lealtades que podrían ser un factor.

El pasado estaba mucho más lejos de su mente de lo que había sido hace un año, pero algunos recuerdos nunca se desvanecen por completo, a pesar de las disculpas y retracciones y concesiones.

Noah Puckerman nunca había sido un enemigo, pero tampoco era un amigo.

La había llamado porque la necesitaba, y ella no le debe nada a excepción de su experiencia. Se lo debía a este detective, que era más probable que iba a terminar con la parte sucia del trabajo, incluso menos.

—Por qué no agarramos un poco de café y le informo de lo que sé.







Echó un vistazo a su reloj de pulsera, un reloj funcional sin adornos con una amplia banda de cuero y la cara de oro macizo.

Lo llevaba puesto todos los días, al igual que su papá lo hizo hasta el día que murió.

4:59 pm.

Estiró su largo cuerpo en la incómoda silla de respaldo recto en la habitación pequeña, sin ventanas y pensó en la espaciosa sala de espera fuera de la oficina de Brittany.

Gruesa alfombra oriental, lámparas de piso matizadas, una mesa de café con revistas actualizadas.

Profesional, pero humano.

Cálido y acogedor.

Como Brittany.

Recordó esa primera noche, su propia impaciencia, la presión de un caso terrible, la tranquilidad de Brittany, su firme resistencia a ser interrogada.

Una situación que con el tiempo había dado lugar a algo muy diferente. Hace sólo unos meses, dos mujeres muy diferentes para encontrarse...

—¿Sargento?—una voz masculina preguntó cuándo la puerta a través de la pequeña antesala se abrió con un crujido.

La entrada simple al interior de la oficina no llevaba etiqueta de identificación o el nombre del ocupante.

—Sí—se puso de pie, con el rostro inexpresivo.

Un hombre muy alto con el cabello grueso rebelde de color marrón y la estructura de un jugador de futbol, vestido con una camisa blanca y pantalones oscuros, arremangada hasta medio antebrazo, extendió la mano y dio un paso hacia ella.

—Finn Hudson.

Sacudió su mano y le siguió a otra habitación sosa repleta con un aparecido escritorio institucional, una pared de estanterías desiguales, y dos sillones genéricos y él le dijo:

—Adelante.

Las luces fluorescentes en un falso techo y la alfombra gris oscura de pared a pared completaron el espacio impersonal.

—¿Has hecho esto antes?—él preguntó mientras se acomodaba detrás del escritorio en una silla giratoria que chirriaba en protesta.

—No—observó la simple carpeta manila cerrada que estaba colocada frente a él.

La etiqueta fue oscurecida, pero sabía lo que era. Su expediente.

Todo lo que el departamento había acumulado sobre ella en sus doce años de servicio.

No había ninguna amonestación, ninguna pregunta, ningunos informes de investigación en aquel archivo al menos de su conocimiento.

Había dos citaciones.

—Entiende que esto es de rutina después de un oficial involucrado en un tiroteo o una lesión grave a un oficial en el cumplimiento del deber. En su caso...—él la miró fijamente, y luego continuó—Es ambos.

Entiendo que no seré capaz de volver al trabajo hasta que digas que puedo.

Entiendo que se supone que debes estar aquí para ayudar a la tropa, pero no eres uno de nosotros.

Y entiendo que los policías no están autorizados a tener problemas, al menos no el tipo de problemas con los que tu tratas.


Se encontró con su mirada directamente.

—Si entiendo.

—Está bien. Bien—él se echó hacia atrás en su silla, aparentemente tranquilo por los sonidos siniestros que cualquier movimiento producía—Eres Crímenes Especiales, ¿correcto?

—Es correcto.

—¿Te gusta?

—Sí.

—¿Por qué?

—Es mi trabajo.

Él sonrió.

—¿Le han disparado antes, Sargento?

—Sí, una vez—sabía que debía de estar en el archivo, había sido una disputa doméstica, como en la que su papá había muerto.

Como él, ella había respondido a la llamada de un vecino preocupado que había oído gritos desde el departamento de al lado, y al igual que él, cuando ella y su pareja se habían anunciado como oficiales de policía, el marido había disparado.

A diferencia de su papá, ella había tenido suerte.

—No se vio afectada esa primera vez, ¿verdad?

—No.

—¿Eso te asustó?

—En realidad no—respondió, preguntándose a dónde iba—Sucedió rápidamente, y luego se acabó. Disparamos por encima de su cabeza, él tiró su arma, y estábamos sobre él en un segundo. No había nada que temer.

—¿Usted piensa sobre eso después? ¿Sueña con ello?

—No.

—¿Qué pasa ahora?

Había sido diferente la segunda vez.

Sabía que iba a venir.

Había estado preparada para ello desde el segundo que había entrado en la habitación oscura, cavernosa.

Había estado mirando directamente en Raymond Blake mientras él apuntaba una pistola en la sien de Brittany. Él había estado nervioso, delirante, y ella sabía que no había mucho tiempo.

Quería que él se centrara en ella; que él estuviera enojado con ella, él tenía que mover el arma de la cabeza de Brittany y ponerla sobre ella.

Sabía exactamente lo que pasaría cuando ella lo provocara y se burlara de él girándose en automático sobre ella.

—¿Qué recuerda acerca de eso?

—No mucho—respondió, sentada relajada en la silla, cruzó un tobillo sobre la rodilla opuesta—Fue sólo un minuto o dos.

Él abrió el archivo, arrastró unos papeles, miró hacia abajo durante unos segundos como si estuviera leyendo, luego la consideró neutralmente.

—El informe del detective Chang dice que tú y el sospechoso Blake intercambiaron palabras, pero su pareja declaró que no podía oír lo que decían.

Esperó.

Él no había hecho una pregunta.

—¿De qué hablaron los dos?

—Me identifiqué como una oficina de la policía y le ordene dejar caer el arma.

—¿Eso es todo?

—No había tiempo para nada más.

—¿Estaba sola en ese momento?

—No—contestó de manera uniforme—El Detective Chang estaba detrás de mí.

—Fuera del edificio.

—Sí, con una línea de visión clara sobre el sujeto.

El psicólogo se quedó en silencio durante unos pocos segundos.

—No soy IAD (División de Asuntos Internos).

Esperó de nuevo.

Puede que él no sea asuntos internos, pero ella no dudaba de que su evaluación psicológica confidencial estaría disponible para ellos con pedirla.

—No estoy preguntando porque esté criticando sus procedimientos, Detective—él continuó—Me pregunto por qué un detective experimentado podría entrar en una situación en la que el riesgo era tan alto.

—Sentí que el rehén estaba en peligro inminente de ejecución.

—La Dra. Pierce.

—Sí.

Brittany.

El bastardo la había golpeado, desgarrado la blusa abierta, atado las manos.

No había tenido tiempo suficiente todavía para hacer otra cosa con ella, pero yo sabía lo que él quería hacer.

Recordé su voz en la cinta, describiéndolo en detalle, y quería matarlo entonces.

Todavía puedo oír su voz.

Sentada ahí, recordando su tono suave, íntimo cuando él había hablado de joder a su amante, tenía que concentrarse para no apretar los puños.


—Detective—Finn Hudson preguntó suavemente—, ¿Entró en esa habitación con la intención de intercambiarse por la rehén?

Lo miró a los ojos, sus fríos ojos marrones inquebrantables.

Muy claramente ella respondió:

—No.







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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

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Mensaje por 3:) el Mar Mayo 22, 2018 9:51 pm

hola morra,...

san tiene que ser muy convincente,.. si quiere volver!!!
a ver como va??

nos vemos!!!
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Mensaje por micky morales el Miér Mayo 23, 2018 5:32 am

Estoy segura que San lo hara bien, tiene que volver!!!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Miér Mayo 23, 2018 8:06 pm

3:) escribió:hola morra,...

san tiene que ser muy convincente,.. si quiere volver!!!
a ver como va??

nos vemos!!!



Hola lu, oooh si q si...o mejor no¿?mmm¿? jajajaja. Aquí dejo otro cap para saber más! Saludos =D







micky morales escribió:Estoy segura que San lo hara bien, tiene que volver!!!!





Hola, espero q sea así, xq yo tmbn lo creo la vrdd! SI!...o eso espero xD Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia II (Adaptada) Cap 8

Mensaje por 23l1 el Miér Mayo 23, 2018 8:08 pm

Capitulo 8




A las 9:40, Brittany salió a la acera delante de un edificio que una vez había sido un elegante cuatro pisos de estilo Victoriano antes de que hubiera había sido comprado por la Universidad y convertido en oficinas.

Estaba oscuro, la noche era fría; el verano estaba muriendo.

Una sombra se movió debajo de un árbol cercano, y se puso rígida.

—Soy yo. Lo siento.

—San—dijo con un suave suspiro, le tendió la mano—¿Cuanto tiempo llevas aquí?

—No más de quince minutos, tal vez. Mercedes dijo que tuviste uno a las 8:30 por lo que pensé que estarías terminando ahora—unió los dedos de la mano izquierda a través suya.

Ella era diestra y necesitaba mantener su mano de arma libre en la calle.

—Podrías haber esperado adentro.

—No quise encontrarme con un paciente. Además, es agradable aquí—comenzaron a caminar—¿Te llevó a casa?

—Mmm, sí. Tengo el coche en el garaje. Puedo dejarlo si me traes en la mañana. ¿Puedes quedarte esta noche?

Era difícil tener que preguntarlo, pero esto era un territorio nuevo para ambas.

No quería hacer suposiciones.

—Voy a tener que irme temprano. Hay una reunión en la mañana.

—Ah, vas a ver a tu Capitán—sabía que iba a ser pronto, ¿pero tenía que ser tan rápido?

Por supuesto, hay algunas cosas que la policía siempre hacía rápidamente.

Trabajaban sin parar cuando un caso era nuevo y la sangre aún estaba fresca; interrogaban a las personas antes de que las lágrimas se hubieran secado y estaban emocionalmente más vulnerables; enterraban a sus muertos y se movían antes de que el suelo estuviera frío.

Al menos lo intentaron, hasta que algo en su interior se rompía o se convertía en piedra.

Pensó en su nueva paciente, la joven oficial que estaba tratando tan fuerte de no reconocer el dolor y el terror y el abandono que debió sentir caminando por el callejón oscuro con nadie en su espalda.

Su corazón se retorció, pero su voz estaba aún.

—¿Estás trabajando de nuevo?

La morena se inclinó hacia abajo para desbloquear el Vette.

—No del todo. Él me puso en un escritorio. ¿Has comido?

—Uh, almuerzo—se sintió aliviada ante la idea de una asignación de escritorio y luego recordó que la suspensión era temporal como mucho.

—¿Te gusta tailandesa?—Santana se apartó de la acera y tomó su teléfono celular en el movimiento de cabeza de afirmación la rubia—Hay un menú en la puerta. Sólo tienes que decir lo que quieres—agregó, marcando los números de la memoria.

Transmitió la orden, luego condujo en silencio a pocas cuadras, mirando el tráfico, la gente en las aceras, la ciudad llena de vida.

Finalmente, dijo con gravedad, su mandíbula apretada:

—No estoy del todo segura de lo que se supone que debo hacer. Voy a averiguarlo por la mañana. Es un grupo de trabajo para descubrir a los jugadores importantes en una red de pornografía interestatal. Tal vez incluso una internacional, al parecer. No tengo los detalles todavía. Necesito saber una mierda, lo que significa que probablemente nadie sabe nada.

—¿Por qué un grupo de trabajo?

La pelinegra se encogió de hombros.

—Para hacer el trabajo dos veces más complicado y tres veces más lento. Los federales están involucrados, pero en realidad no pueden operar de manera efectiva a nivel local. Son burócratas, no tienen ningún contacto en la calle.

—Pero tú sí—Brittany dijo lentamente.

No me sorprende que no esté más disgustada.

—Sí—Santana sonrió por primera vez—Yo sí.

—¿Cómo es que me la sensación de que esto no es un trabajo tan de escritorio después de todo?

Santana se estacionó en la acera y se volvió en el asiento, estirando su brazo detrás de los hombros de la rubia, las yemas de sus dedos descansando sobre la piel desnuda en la base de su cuello.

—Es la forma más rápida para que consiga volver al trabajo. No tengo mucho para elegir. Y conozco este territorio. Hace cuatro meses, Jeff y yo rompimos dos casas de prostitución que se ocupan de niños. Empaquetamos un puñado miembros del crimen organizado de bajo nivel, pero supimos en el momento que era sólo la punta del iceberg. Nunca fuimos capaces de averiguar la manera de entrar en la red, y luego la cosa Blake nos desvió. Tal vez esta faceta de internet nos dé una oportunidad.

Brittany la escuchó hablar de su compañero Jeff Cruz como si todavía estuviera vivo.

Por supuesto, él sólo había muerto unos días antes de que Santana misma hubiera recibido un disparo, y los dos meses transcurridos tenía un aura de irrealidad acerca de ellos.

El tiempo y los acontecimientos habían sido suspendidos mientras la detective luchaba por sobrevivir y luego curarse. No era de extrañar que Santana realmente no había asimilado la dura verdad de su muerte.

¿Quién en el nombre de Dios estaba el psicólogo de la policía pensando dejándola trabajar?

—¿Qué faceta de internet?—preguntó, intentando sin éxito de calmar su ira.

No podía creer que los superiores de Santana no sabían que esto era una aprobación tácita para ella volver al deber de calle.

—Los federales trajeron un par de peces gordos informáticos civiles a bordo, al menos eso es lo que creo que son. Ellos van a tratar de ponerse en contacto con algunos de estos caracteres en Internet.

—¿Por qué civiles? Eso parece inusual.

—Lo sería si se tratara de cualquier otro tipo de caso, pero nosotros seguro que no tenemos a nadie con la técnica de cómo hacerlo—pensó en la conversación que había tenido con el consultor informático, Kitty, esa misma tarde. Se había derramado un poco de luz sobre la situación, pero sabía malditamente bien que había más de lo que la mujer le había dicho—Al parecer hay tantos problemas a nivel nacional con los robos corporativos e incluso militares por parte de hackers (piratas informáticos) que los federales no se dan suficiente abasto como para ver a través. Están reclutando niños de la universidad para llenar los vacíos—abrió la puerta del coche y se quedó sin aliento cuando una punzada aguda acuchilló por su brazo izquierdo—Voy a correr y conseguir la cena—con cuidado, se deslizó el resto de la salida y se enderezó.

El dolor se había ido.

Brittany la vio cruzar la acera y se preguntó si la detective realmente pensó que ella no había notado su mueca de dolor rápidamente suprimida.




Cuando Santana regresó, por acuerdo tácito evitaron hablar más de su nueva asignación, dejando que la conversación casual y silencios fáciles disiparan los vestigios de tensión.




—Voy por platos—dijo mientras dejaba caer su maletín junto a la puerta, y la morena llevó a sacar la mesa de centro delante del sofá. Al entrar en la cocina dijo—¿Quieres refresco?

—Sólo agua está bien—respondió, sentándose cansadamente en el sofá.

Miró su reloj, sorprendida al ver que eran sólo las 10:20. Inclinándose hacia atrás, cerró los ojos y frotó distraídamente el dolor en el pecho.

Un minuto después volvió, equilibrando platos, cubiertos y servilletas. Se detuvo a unos pies del sofá y tranquilamente estableció los elementos en la mesa.

Con cuidado, levantó una manta ligera que mantiene en la parte posterior de la silla cercana y la extendió sobre la mujer dormida. Podría despertarla, pero Santana ya estaba profundamente dormida.

Si se despertaba antes del amanecer, vendría a la cama. Si no lo hacía, iba a dormir bien sabiendo que por esta noche, al menos, ella estaba a salvo.

Ese pensamiento la consolaba, pero había un dolor sordo de soledad en su corazón cuando apagó la luz y se dirigió por la tenue luz de la luna a través del tranquilo departamento hacia el dormitorio.




*****


Kitty Wilde se apoyó en el borde de la ventana en el gran loft a oscuras, mirando en una noche sólo débilmente iluminada por el resplandor de los buques que se mueven lentamente en la amplia extensión de río a unos cientos de yardas más adelante.

A la izquierda, el enorme puente de acero arqueado sobre el agua, sus arcos imponentes esbozados con filas de pequeñas luces azules.

Había estado de pie en el mismo lugar en innumerables ocasiones, pero la melancolía que había sido su compañero y luego se había ido.

Los sonidos apagados del elevador ascendiendo en el fondo le trajo una sonrisa a sus labios.

Se acercó al largo mostrador como barra que separaba el espacio del loft de una cocina moderna, elegante, eficiente, encendió algunas luces de pista empotradas, y se sirvió de una botella de Merlot que había abierto antes para permitirse respirar.

En su camino a la puerta, puso las copas de vino y una tabla de cortar con galletas y queso sobre la mesa de centro baja de piedra que daba a un sofá de cuero en la sala de estar.

Deslizó la pesada puerta doble hacía atrás en las pistas silenciosas tal como el rubio en el pasillo afuera se acercaba.

—Hola—dijo Marley, su boca llena curvándose en una sonrisa suave.

—Hey—dando un paso adelante, deslizó su brazo alrededor de la cintura de la mujer delgada y tiró de ella cerca para besarla.

Sólo había querido decir hola, pero el toque de ella, el débil rastro de su perfume, asentó el malestar persistente en el estómago que le había venido afectando toda la tarde, y llevó la otra mano bajo el pelo en la parte posterior del cuello de la castaña, acariciando la suave piel mientras exploraba su boca.

Finalmente levantó sus labios en un susurro y murmuró:

—Bienvenida a casa.

—Gracias—dijo en voz baja—Sin duda lo es—se echó hacia atrás en sus brazos y la estudió con atención—¿Estás todo bien?

La ojiverde sonrió con tristeza.

—Sólo te extrañaba.

—Uh huh. Y tan suave como siempre—Marley le tomó la mano y le dio un tirón—Vamos, llevemos esto adentro.

La rubia agarró una de las maletas y la siguió. Dentro de la puerta, la ojiceleste se quitó los zapatos de tacón, se deshizo de la chaqueta del traje en la parte posterior de una silla Breuer de cromo y cuero, y sacó su blusa de seda de la cintura de la falda.

—¿Cansada?—Kitty preguntó, apoyando la palma de la mano contra la parte baja de la espalda de la castaña, debajo de la tela, en su piel.

Siempre fue así cuando ella se había ido.

Tenía que mantenerse tocándola, sólo para estar segura. Que ella estaba de vuelta, que no era un sueño.

—Sí—Marley respondió. Busco la mano de su amante y la atrajo de nuevo en torno al sofá. Cuando ya estaban instaladas, alcanzó el vino—Esto es maravilloso. Sólo una de las muchas razones por las que te amo.

—¿Cómo estuvo Detroit?

La castaña se quejó.

—Caliente y lleno de humo. Cuatro días se sienten como un mes.

—¿Y las reuniones?

—Han ido bien—Marley tomó un sorbo del vino tinto con cuerpo y suspiró—Hace una década, la palabra a agarrar era imagen. Imagen lo era todo. Ahora, gracias a Dios, innovación lo es todo. Daimler-Chrysler tiene un nuevo equipo de consultores de diseño y tengo mucho trabajo por hacer.

—Felicitaciones.

Marley sonrió.

—Gracias.

—¿Vas a tener que volver?—Kitty trató de mantener un tono casual, pero odiaba cuando la castaña viajaba, lo cual como jefe de su propia compañía, Innova Design Consultants, lo hacía con frecuencia.

Simplemente la extrañaba.

Nada se sentía del todo bien, sin importar lo ocupado que sus días podrían ser, cuando al final de la noche la castaña no estaba a su lado en la cama.

—No muy a menudo—Marley respondió, mirando a la ojiverde rápidamente. Levantó una mano, deslizó los dedos suavemente por el borde de la mandíbula—Artie va a hacer eso. Le gusta viajar. A mí no—enganchando sus dedos por debajo del cuello de la camiseta de la rubia y tiró hasta que la otra mujer se inclinaba hacia ella, luego la besó—No me gusta estar lejos de ti tampoco.

—Ya lo sé. Lo siento.

Luego, acariciando su regazo con la mano libre, Marley dijo:

—Extiéndete, pon tu cabeza aquí, y dime lo que está pasando.

Consideró protestar, pero sabía que no serviría de nada. Marley la leía demasiado bien.

Además, ella quería hablar.

Simplemente bastante no se había acostumbrado a hacerlo, incluso después de un año de nunca estar decepcionada.

Con un suspiro de alivio, se giró y apoyó la cabeza en el regazo de la castaña y cerró los ojos.

—Entonces—Marley preguntó, deslizando mechones de cabello grueso y rubio a través de sus dedos—Habla. Estás nerviosa y algo no está bien.

—Tomé ese trabajo con la Justicia.

Marley se puso rígida, aquietando su mano en la mejilla de la rubia.

—¿Cuando?

—Hace dos días—abrió los ojos, metió la mano en el bolsillo trasero de sus jeans, y sacó un estuche de cuero negro fino. Lo levantó, permitiendo que cayera abriéndose—Soy un consultor civil oficial, tarjeta de identificación y todo.

—¿Qué pasa con Kurt?

—Él también.

Marley consideró la noche que se había sentado en este sofá por primera vez, un poco más de un año antes, y escuchó el relato de Kitty de Justicia y las injusticias cometidas en nombre del patriotismo y el honor y la seguridad nacional.

Recordaba cada palabra de angustia, y cada estremecimiento de dolor en el cuerpo de Kitty, y ahora su propia ira al recordarlo amenazó con hacer su voz áspera.

Tiernamente, sin dejar de acariciar el rostro de su amante, tomó una respiración profunda y preguntó en voz baja:

—¿Qué pasa con todo lo que ocurrió antes?

—Ellos lo hicieron muy bien; todo está perdonado—dijo a la ligera, pero sus hombros estaban apretados contra el muslo de Marley.

—No me importa acerca de ellos. Me preocupo por ti. ¿Estás tú de acuerdo para trabajar con ellos otra vez?

Kitty giró la cara y apretó la mejilla contra el pecho de Marley, rozando sus labios sobre el oleaje de la carne debajo de la tela transparente.

—Estoy bien con eso. Puckerman es un tirador recto, y no tengo ninguna historia con él. Siento un poco raro en este momento, pero es sólo otro trabajo.

—¿Es peligroso?

—No—se rió—Sólo voy a hacer un poco de pesca en la red, en busca de sitios que son centros de información para los núcleos fuertes de sitios de pornografía y tratando de encontrar alguno que realmente estén haciendo las cosas. Sobre todo los videos. Kurt va a jugar al cebo de red y ver si puede hacer contacto con alguien de esa manera. La policía va a hacer la parte de la búsqueda y la captura de ello, si alguna vez llegamos tan lejos.

—¿Estas segura?—Marley se inclinó, la besó de nuevo, y esta vez el beso tenía hambre—No quiero que salgas herida.

Levantando una mano y rodeando el cuello de la castaña, tiró de ella hacia abajo, desplazándose en el sofá hasta que yacían una al lado de la otra.

Mientras deslizaba su mano por debajo del borde de la falda, buscando la piel suave y cálida esperando por ella, susurrando roncamente:

—No te preocupes. Soy una cyberdetective. El trabajo más seguro del mundo.

Marley trabajó una mano entre ellas, hábilmente abriendo los botones de la bragueta de la mezclilla. Moviendo su mano en el interior, rápidamente recompensada por el suave gemido de Kitty y el levantamiento sutil de sus caderas, llevó sus labios a la oreja.

—Es mejor que sea. Tus servicios son requeridos aquí en casa, y te necesito toda en una sola pieza.

Quiso responder con algo inteligente, pero los dedos de la ojiceleste la encontraron y se perdió.




Era cerca del amanecer antes de que ella se quedó sin aliento de nuevo.






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Mensaje por 3:) el Miér Mayo 23, 2018 8:57 pm

hola morra,...

ambas parejas tiene miedo de lo que pueda pasar,..
san san san a ver si consigue que entre de nuevo o se queda atascada en el caso???

nos vemos!!

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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por micky morales el Jue Mayo 24, 2018 8:00 am

Santana se engaña a si misma, ella todavia no esta totalmente recuperada y Marley teme por Kitty al igual que Brittany!!!!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Jue Mayo 24, 2018 8:02 pm

3:) escribió:hola morra,...

ambas parejas tiene miedo de lo que pueda pasar,..
san san san a ver si consigue que entre de nuevo o se queda atascada en el caso???

nos vemos!!






Hola lu, oooh si... las cosas se están complicando en sentido, no¿? =/ Mmm no sería nada bueno la vrdd, asik espero y no tengas razón ai xD Saludos =D







micky morales escribió:Santana se engaña a si misma, ella todavia no esta totalmente recuperada y Marley teme por Kitty al igual que Brittany!!!!!





Hola, eso mismo =/ solo kiere trabajar para olvidar y eso =/ =o si! las cosas con las parejas...complicabas van hacer, no¿? Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia II (Adaptada) Cap 9

Mensaje por 23l1 el Jue Mayo 24, 2018 8:05 pm

Capitulo 9



A las 7:24 am, Santana levantó la identificación a la vista impersonal de la cámara de vigilancia de vídeo de nuevo y le indicó a Mike a hacer lo mismo.

—¿Qué es esto, una misión imposible?—él se quejó. Mirando por encima del hombro, añadió—Uh oh. Parece que tenemos una asignación de cuidado de niños por encima de todo lo demás.

—Esto no es un nosotros—le recordó, dándole la espalda a la cámara mientras seguía su mirada. Bajando la voz para no ser escuchada por el audio que estaba segura estaba conectado a la cámara, susurró—Estás aquí como invitado, ¿recuerdas? Trata de no decir nada cuando lleguemos arriba. Si conozco a los federales, todo será grabado.

—¡Hey!—él trató de parecer ofendido, pero era consciente de que la morena estaba saliendo de los canales para traerlo en esto, y estaba agradecido.

Él no era tan tonto como para pensar que era porque ella sentía alguna amistad especial por él, pero sólo el hecho de que ella le dejó acompañarla era suficiente para él.

Una joven oficial uniformada se acercó, su cara en blanco lisa a juego en una expresión decidida.

La morena parecía como si estuviera a punto de saludarla cuando llegó a una parada inteligente frente a ellos.

—¿Detective Sargento López?—ante el asentimiento de Santana continuó—Soy Quinn Fabray del mando 8. El Sargento de guardia me dijo que debía de reportarme con usted aquí.

—¿Le dijo por qué?—preguntó, tratando de no permitir que su molestia se mostrara.

Absolutamente no tenía tiempo para mantener un ojo hacia un novato, a pesar de que la uniformada parecía un poco mayor que una habitual reciente graduada académica.

De hecho, algo acerca de la joven mujer parecía familiar.

—Él sólo dijo...—Quinn vaciló, viéndose incómoda por primera vez. Luego enderezó los hombros y continuó—Dijo que usted necesitaba un secretario, señora.

—Ouch, suena como si hubieras sido sentada—Mike observó con una sonrisa—¿Qué hiciste, chica? ¿Olvidaste lustrar tus zapatos?

—No, señor yo…

—No importa que, Fabray—Santana interrumpió con brusquedad—Si este es el lugar donde has sido asignada, eso es suficiente por ahora—se volvió de nuevo a la cámara de video y dijo en un tono firme—Filadelfia PD. Tres para subir.

Sin el más mínimo indicio de crujido o interferencia electrónica, una voz masculina dijo desde el altavoz invisible:

—Buenos días, Sargento. Por favor adelante, y bienvenida a bordo.





Se quedaron en silencio mientras subían, aunque Mike resopló burlonamente a las medidas de seguridad elaboradas por todo el edificio, murmurando coloridamente sobre los juegos de espionaje y de aspirantes a policías mientras miraba alrededor.

Cuando salieron del elevador directamente en una habitación bien iluminada, muy abierta que fue seccionada por paredes parciales de vidrio y acero y llena de ordenadores y equipos de vigilancia, él dijo:

—¿Qué diablos es este lugar?

Desde su izquierda un hombre dijo:

—Este es el centro de tecnología de Kitty Security Services—asintiendo con la cabeza al grupo, y sin dar ninguna señal de que estaba perplejo por la presencia inesperada de Mike, extendió una mano hacia Santana—Noah Puckerman. Justicia.

—Santana López—respondió, evaluándolo rápidamente.

Estándar gubernamental emitido de algún lugar, entre treinta y treintaicuatro años, pelo marrón claro, corte de pelo conservador, traje convencional pero bien cortado, corbata oscura, camisa blanca. Anillo de bodas, pistolera a la cadera, ojos afilados.

Y él había sido informado.

Él no cometió el error de pensar que Mike estaba a cargo, sino que se había dirigido a Santana.

Ella hizo un gesto a los otros con ella.

—Detective Mike Chang y Oficial Quinn Fabray.

—Detective, Oficial—agregó mientras estrechaba las manos de ambos, y luego se volvió, diciendo—La sesión de información al final del pasillo. Café y tales cosas, también.

—Muy elegante—Mike observó con sequedad.

Santana no dijo nada. Era el show de Puckerman.






La sala de conferencias estaba en la esquina del tercer piso, con paredes a ambos lados de cristal del suelo al techo y equipada con elegantes muebles Bauhaus.

Los ocupantes que les esperaban se veían como en casa en la alta tecnología, entorno urbano.

Hizo un asentamiento de cabeza a los civiles que había conocido el día anterior.

Como anteriormente, Kitty aparecía engañosamente informal a primera vista, en jeans de nuevo, esta vez con una camisa oxford blanca, mangas enrolladas, y botas de cuero altas de tobillo. Pero sus ojos eran láseres, explorando todo, en alerta máxima.

El hombre más alto a su lado desprendía un aura vaga de despreocupación, pero Santana no tenía ninguna duda de que él era tan agudo.

Interesante par.

Mike les dio a ambos una cabeceada sospechosa cuando fue presentado, y luego todos ellos enfilaron más allá de un mostrador en la esquina por bebidas y comida y eventualmente emigraron a los asientos alrededor de la mesa con cubierta de granito.

Noah Puckerman se acercó a la cabecera de la mesa y puso una taza de café en la superficie lisa. Sonriendo, miró al grupo.

—Todos consiguieron un café, ¿algo para comer?

Hubo unos cuantos gruñidos y un claro, Sí, señor.

Mike dio a Quinn Fabray una mirada que sugería que no tenía que ser tan amable.

—Así que—tomó un sorbo de café y de pronto, su sonrisa desapareció—Esto es lo que sabemos. Hace seis semanas un grupo de monitoreo de red internacional llamado Coalición de Acción contra la Explotación de Niños, cuyos miembros navegan por Internet en busca de actividad de pornografía infantil de cualquier tipo, nos han alertado sobre una serie de referencias concernientes a una red operando en tiempo real de explotación sexual infantil, y al parecer difusión, desde esta zona.

—¿Cómo el grupo de vigilancia caen en ello?—Kitty preguntó.

—Salas de chat. Por desgracia, nada demasiado específico justo lo suficiente para que se den cuenta que había una transmisión en vivo en algún lugar en el noreste. Como sabes, la mayor parte de la distribución organizada de material de sexo en Internet se produce a través de los tablones de anuncios privados, y son todos cuidadosamente protegidos, contraseña controlada, y con frecuencia encriptado. Si no eres un miembro, no tienes acceso.

—Whoa—Mike interrumpió, ignorando la rápida mirada por parte de Santana implicando que se callara—¿Quieres traducir eso? Todavía no puedo encontrar la manera de poner el papel en la máquina de fax.

Puckerman lo miró sin expresión.

Había tenido un montón de experiencia en el trato con la policía local, y estaba acostumbrado a los obstáculos, resistencia y obstruccionismo abiertamente que era casi ritual.

Este tipo tenía el aspecto de culo duro de la vieja escuela escrito todo sobre él.

—Hay dos tipos de actividad pornográfica en Internet. El más generalizado es el tipo de cosas que cualquier persona puede encontrar fácilmente en salas de chat, sobre todo. La gente se reúne ahí, intentan conectarse para tener sexo, e incluso tratan de establecer c a c

—¿Huh?—Mike preguntó, viéndose aturdido.

Esta vez no fue un acto.

—Cara a cara—Kurt comentó en voz baja—En persona.

—Correcto, lo siento—Puckerman agregó—Citas asignadas en la vida real para tener sexo. No hay nada de malo en eso, a no ser que resulte ser un adulto mirando para conectar con un menor. Ahí es donde entramos nosotros—miró a las expresiones de las personas sentadas alrededor de la mesa.

Todo el mundo estaba alerta, observándolo, esperando con más de un toque de reserva.

Él estaba acostumbrado a ser visto con sospecha por los locales, diablos, incluso la gente siempre, a veces por otros agentes federales.

Sin inmutarse, él continuó:

—En cualquier caso, este tipo de canales abiertos por lo general evitan el tráfico de archivos, entonces los chicos que quieren fotografías, y los pedófilos más serios lo hacen, normalmente comercian en privado después de que inicialmente se conectan en una sala de chat. Hasta los últimos diez años, la pornografía infantil era bastante limitada a fotografías fijas y videos caseros. La distribución era a través del buen correo antiguo de Estados Unidos, y geográficamente se restringía a la distribución entre estados en oposición a nivel internacional. Obtener cintas a través de las Aduanas es complicado, aunque mucho más fácil en Europa que aquí.

—Pensé que estábamos esperando a alguien de Aduanas—Santana preguntó en voz baja cuando él se detuvo.

La joven oficial, Quinn Fabray, que estaba sentada a su derecha, estaba tomando notas en uno de los montones de blocs que habían sido esparcidos por la superficie ancha de piedra.

Kitty y Kurt parecían en tranquila intención, pero ella tenía la sensación de que nada de esto era nuevo para ellos. No debería ser, si el Internet era su calle y eran buenos en lo que hacían.

—Les dije que los mantendríamos informados si parecía que íbamos a entrar en su territorio—Puckerman respondió casualmente—Ellos tienen sus manos llenas con los terroristas.

Política, Santana pensó, pero se limitó a asentir.

—De todos modos—el agente de Justicia añadió—, Con la nueva tecnología digital, el juego ha cambiado. Las imágenes de alta calidad se pueden subir y transmitir en cualquier lugar de forma casi instantánea. Ese es el lugar de la otra forma de trafico de pornografía infantil, la producción de imágenes y adquisición. Es una operación mucho más encubierta, altamente organizada y sofisticada. Hay tablones de anuncios que protegen miembros, autentifican identidades, o por lo menos los alias, que utilizan la mayoría de los sujetos, y limitan el acceso a las personas con contraseñas o claves electrónicas. Esto es donde la mayor parte del intercambio de imágenes se produce. Y aquí es donde vamos a encontrar una manera de entrar en esta red. La Internet es una autopista con conexión directa desde una habitación a otra—miró fijamente a Kitty—La aplicación de la ley de Internet está muy por detrás de los delincuentes en términos de experiencia. El sector privado tiene una ventaja sobre nosotros en términos de capacidad para encontrarlos y de infiltrarse en estos sitios, pero si alguno repite esto, voy a negar haberlo dicho.

Kitty, ella se dio cuenta, sonrió, pero sus ojos verdes estaban oscuros con algo no correspondido.

¿Viejas cuentas, aún sin resolverse?

Ejecutó una comprobación tanto del consultor de seguridad y su asociado, Kurt, la tarde anterior, porque estaba segura de que el Departamento de Justicia no les había contratado sin causa.

Curiosamente, había dibujado espacios en blanco en la mayor parte de sus preguntas.

No espacios en blanco, exactamente. Brechas. Tachaduras. Datos perdidos.

Kitty Security Consultants había archivado impuestos durante los últimos cuatro años; la ojiverde y Kurt estaban registrados para votar; sus registros de crédito estaban limpios; sus licencias de conducir intactas; y su pasado un cifrado completo.

Puede ser que hayan nacido hace cuatro años.

Eso tenía el olor de la ex Agencia por todas partes. Si tuviera que adivinar, diría que Justicia. Debido a que ambos parecían ser el tipo de jóvenes promesas que el gobierno contrató directamente saliendo de la universidad para hacer el tipo de cosas que la vieja guardia no estaba preparada para hacer.

Al igual que lo que estaban haciendo ahora.

Tenía curiosidad, porque ella era un policía, porque estaría trabajando con ellos, y porque tenía que saber en quién podía confiar. Kitty le había dado un poco de información el día anterior, y no había tenido porque hacerlo.

Ese fue un punto para ella, pero era demasiado pronto para saber qué tan lejos se extendería esa cooperación. Tradicionalmente, los agentes locales y federales no encajaban bien.

Y ahora Kitty era técnicamente ninguno.

Giró su mirada hacia Puckerman.

—¿Por qué involucrarnos en esta etapa?—preguntó—Podría tomar meses antes de recibir una pista sólida.

A menos que haya algo que no nos estás diciendo. Y siempre lo hay.

Puckerman asintió.

—Porque queremos cubrir todas las contingencias. No necesito decir que la prostitución infantil y la pornografía infantil van de la mano. Una vez que alguien tiene acceso a niños para vender, por lo general dan el siguiente paso para fotografías de sexo y venderlas, también. Usted reventó un par de jaleo de niños no hace mucho tiempo, ¿verdad?

—Casas de poca monta, sin grandes conexiones. Al menos ninguna que pudiéramos encontrar entonces.

—Estamos apostando a que están ahí. Es otro lugar para buscar. Con esos casos y la información de los grupos de vigilancia que estaré dando a Kitty y Kurt, ya hemos reducido la búsqueda y recortamos semanas de pescar en la web. Si excavas alrededor en los antecedentes de los chicos que reventaste, habla con sus contactos—él se detuvo, sonrió encantadoramente—Lo siento. Sabes qué hacer sin mí explicándolo en detalle.

—Seguro—Santana contestó con sequedad mientras enfrente de ella Mike resopló, le lanzó otra mirada.

—Déjenme terminar esto entonces—Puckerman agregó suavemente, ignorando a Mike—Algunas grandes redadas han sido hechas en los últimos cinco años. Dos clubes internacionales, Wonderland Club y la Orchid Club, cada uno con miembros de la red en los Estados Unidos, Australia, Canadá y Europa, fueron infiltradas por miembros de varias agencias de policía. Hubo varios cientos de detenciones y miles de imágenes y videos confiscados. El problema con este acercamiento es que es éxito o fracaso, e incluso cuando se hace un arresto, esto sólo golpea la parte inferior de la cadena alimenticia. Pedófilos ven porno en la seguridad de sus propios hogares. Si no fuera por el hecho de que el material incluye niños, es probable que ni siquiera sería ilegal—su expresión se volvió crudamente depredadora, y por primera vez, su encantadora máscara se deslizó—No estamos detrás del chico que mira las imágenes sucias en su cuarto de baño. Estamos detrás de los hombres de negocios que están sentados alrededor de una sala de juntas como ésta en este momento pensando en cómo hacer aún más dinero de la venta de niños. Quiero saber quién está detrás de ello, cómo consiguen a los niños, y donde están transmitiendo las imágenes en tiempo real.

Hombres de negocios. Una palabra agradable para el crimen organizado, Santana pensó. ¿Así que por qué estoy aquí y no alguien de la división OC? Esto no cuadra.

Sabía, sin embargo, que ese no era el tipo de pregunta que haría.

Al igual que un abogado que se enseñó a nunca hacer una pregunta que ellos no sabían la respuesta, un policía sabía que nunca dejaría que ellos supieran que había algo que no sabían.

—Técnicamente cualquier información que conduzca a un arresto debe ser documentada y una cadena de evidencia registrada. Los detectives deben descifrar la grabación de los reportes de contacto de cualquier información de los informantes, lo de costumbre. La Oficial Fabray puede hacerse cargo de la organización de eso. Además, un registro de toda la actividad de Internet, cualquier pista generada por esa vía, y cualquier seguimiento de calle a necesidades instituidas para ser trazadas.

Kurt habló.

—Eso no es realmente posible—Y definitivamente no es incluso deseable—Algunas líneas de investigación son demasiado...eh...fluidas para documentar.

Kitty sonrió. Fluidas.

Sólo Kurt podría llegar a ese término para describir el hecho de que en unas horas estarían hackeando sus cerebros, irrumpiendo en cualquier cosa y en todo lo que pudieran, incluyendo bases de datos públicos y sistemas privados.

—Estoy seguro de que le daré los detalles sobresalientes—Puckerman concluyó fácilmente.

Seguro, Kitty pensó. Y tomaremos el fuego por nada interpretado más tarde como ilegal. Lo que explica por qué Justicia no está usando su propia gente, incluso si tienen a alguien que pudiera hacer el trabajo.

Sorpresa.

Muy agradable conocer el Siglo es bueno saber que la Agencia no ha cambiado.

Niegan todo conocimiento... y así sucesivamente.


—Dado que esta es una empresa conjunta con Filadelfia PD y nuestro departamento, dejaré las decisiones diarias a la Sargento López. Me mantendrá informado de cualquier acontecimiento importante. Informaremos cada pocos días. Más a menudo si las cosas empiezan a rodar—echó un vistazo a su reloj—¿Tengo otra cita. Alguna pregunta?

—Sí—Mike respondió—Me perdí sobre lo que dijo acerca de lo que usted va a hacer en esta operación.

—Si el rastro nos lleva a través de líneas estatales se convierte en federal, por lo que parece prudente para nosotros estar en la investigación desde el principio.

Santana se encontró con la mirada de Mike por primera vez. Su expresión estaba en blanco, pero sus ojos hablaban por él.

Sabía tan bien como ella que Puckerman sabía mucho más de lo que estaba diciendo.








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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!




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Mensaje por 3:) el Jue Mayo 24, 2018 10:21 pm

hola morra,...

a ver como va la investigación???
y sobretodo cuantos van a caer en la investigación??

nos vemos!!
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Mensaje por micky morales el Vie Mayo 25, 2018 7:36 pm

Bueno, mucha palabreria para mi gusto asi que a esperar a ver como siguen las cosas!!!!
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Mensaje por 23l1 el Vie Mayo 25, 2018 8:23 pm

3:) escribió:hola morra,...

a ver como va la investigación???
y sobretodo cuantos van a caer en la investigación??

nos vemos!!





Hola lu, mmmm esperemos y más q bn la vrdd. Interesante pregunta la vrdd jaajajaj. Saludos =D






micky morales escribió:Bueno, mucha palabreria para mi gusto asi que a esperar a ver como siguen las cosas!!!!





Hola, jajajaajja xD ajajajaja en q sentido quieres saber¿? Saludos =D




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