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FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por micky morales el Mar Oct 30, 2018 6:06 am

Bueno, cada dia San y su equipo adentrandose mas en esa mafia!!!!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Vie Nov 02, 2018 7:31 pm

micky morales escribió:Bueno, cada dia San y su equipo adentrandose mas en esa mafia!!!!!





Hola, oooh si y espero que siga así...asik vamos bn, no¿? Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 15

Mensaje por 23l1 el Vie Nov 02, 2018 7:33 pm

Capitulo 15




Rachel salió del dormitorio, con ojos somnolientos y la cabeza difusa, en bragas de raso rosas y una camiseta de Quinn.

Cruzó el tranquilo loft y se dirigió hacia la cocina. Bostezó, se estiró dejando al descubierto su cadera y tripa.

Una voz suave, que llegó a través del loft, le hizo saltar.

—Buenos días—Marley dijo.

—Jesús—espetó, girándose hacia la ojiceleste.

La otra mujer estaba sentada sobre un taburete alto, en una mesa de dibujo angulada, con una consola y varios monitores de pantalla ancha.

—Perdona. No sabía que hubiera nadie aquí.

—He vuelto a casa hace una hora—Marley sonrió con arrepentimiento—Sabía que Kitty estaría trabajando hasta tarde, así es que me quedé con Blaine anoche. Kurt me ha traído esta mañana, temprano. Yo siento. ¿Te he asustado?

—Uh-uh—contestó todavía jadeante—Lo siento. Si te molesto…—y empezó a volver hacia el cuarto de invitados pero la más alta negó con la cabeza.

—No me molestas. La verdad es que pensaba tomarme un descanso del trabajo. ¿Te apetecería tomar un té?

La miró con un gemido.

—Casi prefiero que sea un café.

—¿Una noche dura?—le preguntó amistosamente, con su habitual sonrisa.

—Sí, más o menos—a su mente llegó el pensamiento de Quinn y cómo le había alterado la visita de su hermana.

Cómo la había necesitado de aquella forma tan desesperada que las había llevado a hacer el amor durante horas. Tratando de llevar la una a la otra, durante toda la noche, hasta que ambas colapsaron por el excesivo cansancio.

Quinn, finalmente, se había acostado sobre su pecho, con los brazos y piernas entrelazadas.

Ella nunca había experimentado ese tipo de sexo como curación, algo que parecía haber necesitado de la rubia. Aquello le había hecho sentirse poderosa pero a la vez casi desesperada por miedo.

—¿Trabajando?

Saltó ante aquella pregunta, resonando en el aire.

—No. No.

La más alta se deslizó del taburete y cruzó el desván hacia donde estaba ella.

—¿Qué hay de ese café? Creo que todavía han quedado algunos bollos de ayer. ¿Te apetece?

—Claro—se quedó un momento en silencio, pero preguntó rápidamente—¿Has hablado con Kitty?

Herida por la nota seria en la voz de Rachel, Marley se detuvo.

—Yo... Algunas veces, necesitamos algo más de tiempo para poder hablar, algo que últimamente no tenemos, ¿por qué?

—¿Entonces, no te dijo Kitty lo que hago?

—¿Hacer? ¡Oh! ¿Quieres decir sobre el trabajo?

—Ajá—a pesar de sentirse muy vulnerable, al estar medio desnuda, delante de aquella mujer, tan privilegiada y sofisticada, guardó su calma y la miró fijamente a los ojos.

—No, ella no me ha dicho nada—la voz de Marley mostraba cierta curiosidad.

—Yo soy prostituta.

—Eso es algo que Kitty no necesita decirme—Marley dijo amablemente, sin expresar ningún tipo de censura. Le tocó el brazo de forma cariñosa, y luego siguió hacia la cocina—¿El café?

—No me importa—la siguió detrás.

Le sintió bien sacar la verdad a la luz, aquello le hacía sentirse mejor. Le importaba ser sincera ya que Marley le gustaba, y sabía que a Quinn también.

En su en su mayor parte se sentía bien al no tener que esconderse.

Marley se acercó al mueble mostrador y sacó las tazas para el café. Mientras lo preparaba le dijo:

—¿Y eso es algo que decidiste o simplemente ocurrió?

Sentada en un taburete, en la barra del desayuno, frente a la otra castaña se quedó unos segundos sin saber qué responder. Finalmente dijo:

—Supongo que las dos cosas. Al cabo de un tiempo, una se queda sin elecciones, y necesita comer.

—¿Qué es lo que te ocurrió?

Se encogió de hombros a modo de respuesta.

Marley vertió agua hirviendo en la cafetera, mientras apoyaba su cadera en el mueble.

Si en el tono de voz de la mujer mayor había la más leve condescendencia o piedad no pudo notarlo. Lo que sí apreció fue el interés de aquella mujer sobre el bien estar de ella, daba la impresión de que se preocupaba de ella.

Aquello le gustaba.

Se rió.

—Q y tu...

—¿Si nosotras…?

Marley inclinó la cabeza, conteniendo una sonrisa. Estaba contenta por el hecho de que el lotf, a pesar de su diseño abierto, estuviera bien aislado, sobre todo en la zona de los dormitorios.

Ella había oído algún que otro grito eufórico o gemido desesperado.

—Todo el tiempo, que las he visto juntas, he tenido la sensación de que está loca por ti.

La cara de Rachel se iluminó.

—¿Sí? ¿Lo crees?

—Por supuesto—Marley dijo con una sonrisa abierta.

—Ella nunca me preguntó por qué lo hago.

El falso razonamiento aparente no disturbó a Marley. Siguió con la preparación del café.

—Es muy posible que ella esté esperando a que se lo digas.

—¿Tú estás enamorada de ella?—le preguntó mientras ladeaba la isla del desayuno y acercaba a la joven su café. Se sentó junto a Rachel y sopló sobre su taza.

La castaña más baja sorbió su café y consideró palabras.

—Ajá.

—Oh, sí. Bueno eso lo cambia todo.

—La única cosa que tuve para salir a delante era mi cuerpo—dijo con total normalidad, quitando importancia—Podría haber vendido drogas o dedicarme a otro tipo de cosas, pero no me quería meter en esos temas.

Se rió huecamente.

—Pero me decidí que prefería ganar dinero para vivir. Y tal vez tener una vida.

—Parecer ser que hiciste la elección correcta—se estiró para llegar hasta una bandeja de bollería y le ofreció a Rachel—¿Hambrienta?

—Sí—respondió la joven—Q no está muy contenta con ello.

—Me supongo—Marley dijo suavemente—Debe ser muy peligroso, ¿verdad?

Se encogió de hombros.

—Tal vez, si no eres cuidadosa. Yo siempre he sido muy cuidadosa—dio un suspiro—Llevo un tiempo sin salir a trabajar.

—¿Lo has dejado?

—No he dicho eso—dijo precipitadamente—Estoy tratando de poder ganar dinero sin hacerlo más, pero de momento no lo he dejado.

—¿Ella lo sabe?

Rachel sacudió su cabeza.

—¿Por qué no se lo has dicho?

—¿Porque qué pasaría si me veo obligada a volver?—le preguntó angustiada—La decepcionaría.

Marley dejó su taza de café cuidadosamente en la barra del desayuno, y acarició el suavemente antebrazo de la joven.

—Ella te quiere. Nunca la decepcionarías

Sus ojos se le nublaron ante el miedo de no saber qué hacer.

—Sabes, mañana es la ceremonia de su ascenso. Será un buen días para ellas.

—Mmm. Si algo he oído. ¿Irás?

Se encogió de hombros.

—Ella me lo pidió pero…

—¿Pero qué?

La miró fijamente.

—No sé qué hacer.

—¿Qué te detiene?—Marley insistió, manteniendo su mano ligeramente sobre el brazo de Rachel.

—Ya sabes—dijo con un soplido irritado—¿Crees que puedo aparecer ahí y que todo el mundo sepa que soy puta? Jesús, no debería importarme.

—No es lo que haces, es quién eres—Marley le intentó explicar—Solo has hecho lo que te viste obligada a hacer para sobrevivir. No tienes que estar avergonzada de los errores cometidos.

La miró intensamente.

Sabía que las apariencias raramente contaban la historia completa; Muchos de los hombres con los que había estado eran hombres educados, bien vestidos, elocuentes, etc; y Marley tenía la apariencia de ser una mujer decidida, segura de sí misma, pero a la vez podía oír el dolor en su forma de expresarse.

Algo o alguien la había hecho mucho daño.

—Tampoco tengo ropa adecuada que ponerme.

Marley se rió.

—Bueno, eso es algo que fácilmente arreglaremos.

—¿Sí?

—Sí—Marley se levantó y tiró de la joven fuera de la cocina. Le pasó un brazo alrededor de la cintura y le dijo riendo—Vayamos de compras.




*****



—No hace falta que digas nada a menos que pida un informe—Santana le dijo seria.

Kitty gruñó.

—O no estarás dentro—continuo diciendo.

—De acuerdo, de acuerdo—Kitty masculló—Jesús.

Mike, no estaba nada contento, cuando se dirigieron, a través del cuarto de la brigada de detectives, hacia el despacho del capitán Schuester.

Kitty lo miro peligrosamente.

—¿Tienes algo que decir?

Con su sonrisa abierta ensanchándose, sostuvo en alto sus manos en señal de rendición.

—No, no. Yo…

El hecho de que Santana abriera la puerta del capitán Schuester, dio por zanjada el anticipo de la réplica de Kitty.

Una vez dentro del despacho, la ojiverde miró a los hombres que los esperaban en el cuarto, se puso tensa.

Will estaba sentado en su lugar acostumbrado, detrás de su escritorio ancho. Noah Puckerman, en uniforme federal, requisado de los agentes, es decir con traje oscuro, camisa azul claro, se encontraba recostado, con los brazos cubriendo su pecho.

Su mirada fija estudió a cada uno de los recién llegados, sin cambiar un ápice de su expresión.

—Tomar asiento—Will dijo, señalando el resto de sillas frente a su escritorio.

Santana y Mike accedieron, pero Kitty se quedó de pie en la pared, en frente de Puckerman, descansado un codo encima de un enfriador de agua pequeño.

Desde ahí, ella podría mirar directamente a Puckerman, cosa que hizo. Había aprendido hacía mucho tiempo, que n nunca debía dar ventaja a un adversario, y todavía no estaba del todo segura de que Puckerman fuera parte de su equipo.

—¿Tienes novedades en el caso, Teniente?—Will le preguntó a Santana.

—En un aspecto del caso, sí, señor. Creemos haber identificado la fuente de la fuga del departamento. También pensamos que el mismo individuo está involucrado en el intento de asesinado de Kitty.

Los ojos de Will destellaron.

—Explícanoslo.

—¿Kitty?—Santana le pidió.

Poniéndose tiesa, repasó su investigación, comenzando con la premisa de que sólo unas pocas personas tenían conocimiento del plan para atrapar a los distribuidores de videos porno en Internet.

Describió el proceso por el cual habían eliminó a otros sospechosos, sin mencionar que Will había sido uno de ellos.

—Hace unos días, encontré varias pistas que me llevaron hasta Beecher como la fuente más probable de las intrusiones de la red. Con toda probabilidad, alguien estaba accediendo regularmente, desde una posición remota, y usándolo como el portal de toda la información del sistema, usándolo como si fuera un libro abierto.

Parado como si hubiera sido esculpido a piedra, Will se dirigió a Puckerman.

—Necesitaremos apoyo del fiscal del distrito para investigar a ese Beecher. Esto se puede complicar.

—La prueba del ordenador, por si sola, no es prueba suficiente para que desde la fiscalía presenten cargos—Puckerman habló, bajando la intensidad de su voz, y dirigiéndose al capitán, como si no hubiera nadie más ahí.

Se rigidizó y dio un paso adelante.

—¿Cómo hiciste conmigo?

—Señor—Santana interrumpió, viendo a la rubia perder la paciencia—Tenemos más información personal sobre Beecher, que lo relaciona con la operación de pornografía en Internet.

Mike le lanzó una mirada lateral, pero no dijo nada.

—Sólo quisimos adelantar la investigación, en caso que nos tuviéramos que mover rápidamente. Necesitamos una autorización—recorriendo con la mirada a Puckerman y luego de regreso a Will, ella continuó—, Señor, no hace falta decir que esta puede ser una situación algo delicada.

Todo el mundo en el cuarto sabía que sólo Puckerman era inmune a la trascendencia política de esta situación, y era Will el que más probabilidad tenía de ser el mensaje que saldría perdiendo si la operación salía mal.

—Aprecio tu preocupación, Teniente—Will dijo secamente, recurrió a la rubia—¿Cómo de sólida es tu prueba?

—Como una roca—Kitty dijo seria.

—Bien—Will inclinó la cabeza como si le agradara antes de dirigirle la palabra a la morena—Te doy el fin de semana para presentarme todo el caso antes de que tome una decisión.

—Yo no creo que sea conveniente detener a Beecher—Puckerman intervino quedamente.

—Por qué no me sorprende—Kitty chasqueó.

—No digo que no lo tome en serio—Puckerman dijo—Sino que por ahora, es nuestra mejor oportunidad de descubrir quién está realmente detrás de esto. Es obvio que él no está trabajando sólo.

—Así que deberíamos traerle y hacerle sudar—Mike bufó—A un tipo así no creo que se le pueda manipular de otra forma—dijo de forma astuta mientras sonreía.

—Probablemente tengas razón—Puckerman habló con cierto indicio de condescendencia.

—¿Y si no le sacamos nada? Una vez que lo tengamos, quienquiera que trabaje con él, cubrirá sus huellas. Si en cierta forma perdemos esa conexión, todo lo que tenemos es una mera conexión. Una parte muy pequeña.

—Quiero saber quién intentó matarme—Kitty dijo apretando los dientes—Beecher necesita responder por ello.

—Por eso y bastante más, Kitty—Puckerman la miró fijamente, bajando el tono de voz—¿Has olvidado cómo trabajar?

La rubia se estremeció con el esfuerzo por contener su temperamento.

—Tú lo sabes y yo lo sé.

—Bueno lleva el caso y deja tus asuntos personales de lado.

Mis asuntos personales todavía luchan entre golpearte y salir corriendo.

Viendo que Kitty se ponía furiosa y se movía en dirección a Puckerman, Santana se interpuso en su camino.

—Eso es exactamente lo que pensamos hacer, Capitán. Estaremos de nuevo trabajando con el Sr. Hummel, el otro asesor informativo, y la Detective Quinn dedicándose a buscar pruebas adicionales para tener bien agarrado a Beecher por la operación de pornografía. Mike y yo continuaremos con la vigilancia, aunque necesitaremos ayuda adicional.

—Hecho. Te asignaré cobertura durante las veinticuatro horas.

—Necesitaremos fotos—Puckerman dijo, con su calmada, otra vez.

Para entonces el capital Will ha estaba más que molesto.

—Nosotros sabemos cómo hacer una vigilancia en Filadelfia, Agente Puckerman.

Éste meramente sonrió.

—Por supuesto.

—¿Algo más, Teniente?—Will preguntó.

Santana levantó su hombro.

—Hemos estado vigilando sus idas y venidas, señor.

Un asomo de diversión cruzó la cara de Will y rápidamente desapareció.

—Bien, espero que me tengan informado de los progresos.

—Por supuesto—Santana contestó.

Con aprobación para Puckerman, se movió hacia la puerta, Kitty y Mike un poco detrás. Una vez fuera, ya con la puerta cerrada detrás de ellos, ella masculló:

—Larguémonos de aquí.

—Yo estaré en el ESU—Kitty chasqueó y caminó a grandes pasos hacia fuera.

Mike la miró y gruñó:

—Algún día de estos acabará teniendo serios problemas con Puckerman.

—Espero que no tengamos que verlo—Santana dijo quedamente, esperando estar en lo correcto.







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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES.



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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por micky morales el Sáb Nov 03, 2018 5:59 am

ojala Kitty tenga la posibilidad de volarle los dientes al imbecil de Puckerman!!!!!
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Activo FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 16

Mensaje por 23l1 el Lun Nov 05, 2018 7:14 pm

Capitulo 16






—Parece que ya estás caminando con facilidad—Brittany comentó mientras Quinn entraba en su despacho para sentarse en su silla frente al escritorio—¿Qué tal la pierna?

—Bien, ya casi como nueva.

Aun si no estuviera adiestrada para oír las palabras tácitas y descifrar las señales sutiles que sus pacientes, habría estado apurada para perder el desasosiego de la ojiverde.

Las facciones duras de su cara y los ojos vibrantes estaban ensombrecidos y desafilados. Incluso el timbre de su voz era con cierto dolor.

—¿Tienes que ver mañana al Dr. Evans para otra evaluación?

La ojiverde inclinó la cabeza, casi demasiado rendida para hablar. Se encontraba demasiado agotada, incluso para hablar de lo que realmente era
importante.

—Necesito su visto bueno, para la teniente, para poder hacer mi trabajo de oficinal.

—Sí, lo sé—empujó su silla hacia atrás, separándose un poco de su escritorio, cruzando las piernas para relajarse. Con una sonrisa cortés, le preguntó—, ¿Crees que estás en condiciones de regresar?

—Si. Como siga sin hacer nada me voy a volver loca.

—¿Pero has estado ocupada trabajando con, verdad?

Otra vez, la otra rubia dio señas de asentimiento con una contracción nerviosa en su hombro.

—Quinn—le habló suavemente—¿Me quieres decir qué está pasando?

Ésta consideró sus opciones, aunque tampoco tenía tantas: decir la verdad, negarlo, seguir mintiendo o evadirse. Contempló esas elecciones.

Quizá si hubiera estado delante de otra persona que no fuera la Dra. Pierce, no se lo hubiera pensado, no habría dicho nada, y seguiría adelante. Pero le estaba resultando demasiado duro aquello que llevaba dentro, y que podía terminar por perder a las personas que quería.

De alguna manera, esa era una de las razones por las que había iniciado la terapia con la ojiazul.

A pesar de su cólera e incomodidad inicial, aquella mujer la comprendía y le estaba ayudando a compartir sus sentimientos.

Y ahí estaba Rachel.

Rachel, que había logrado meterse en su cabeza, y no había podido dejar de pensar en ella desde el primer momento en que la había visto. Durante toda la noche anterior, había quería, necesitado tocar a la castaña, tenerla cerca, porque con ésta dentro de ella, no había sitio para nada más.

Tomó un aliento trémulo.

—Me vi forzada a renunciar a mi posición en el Ejército.

Aunque aquella revelación era completamente inesperada, la expresión de la más alta no mostró ni interés compasivo ni sorpresa.

—¿Forzado o fue voluntario?

—En teoría, tuve opciones. O un simple despido deshonroso o un consejo de guerra.

Se rió huecamente y se estremeció.

—No fue una elección difícil.

—¿Cuáles fueron las circunstancias?

Se restregó la cara vigorosamente con ambas manos y luego dejado caer los brazos continuó:

—Agredí a un superior.

—¿Hombre o mujer?

—Un hombre.

—¿Agrediste cómo?

—Le di un puñetazo. Lo suficiente fuerte como para mandarlo al hospital.

—Dime cómo sucedió—Brittany había visto a Quinn con Santana y sabía lo importante que era para ella el respeto jerárquico.

Lo que significaba para ella la autoridad.

Lo que fuera que la habría obligado a responder debía ser de una importancia extrema.

—Intentó forzar a una mujer.

—¿Detuviste una violación?—Brittany preguntó incrédulamente—¿Y por eso te amenazaron con un consejo de guerra?

—Él dijo que no fue violación—Quinn se cayó ante aquel recuerdo tan claro. Su estómago se batió con furia y repulsión, tal como ocurrió aquella noche—Él la estaba tocando. Tenía las manos en sus pechos, la boca en su cuello, estaba presionado sobre ella.

—¿En contra de su voluntad?

Quinn inclinó la cabeza.

—Perdona pero no lo entiendo—Brittany dijo fijamente—¿Por qué tuviste que pagar tú por ello?

—Ella era mi amante.

Oh, Quinn, se levantó y rodeó su escritorio para acercarse a la joven, quien no la tocó, pero se inclinó muy cerca de ella para mirarla directamente a la cara.

—Háblame de ella.




*****



Riéndose, Marley salió del ascensor cargada con varios paquetes.

Rachel la seguía un poco detrás diciendo:

—Todavía no puedo olvidarme de la cara que ha puesto cuando le has dicho que era tu novia.

—Se lo tiene merecido—Marley dijo, todavía irritada por el encargado de la tienda de ropa.

—Estuviste genial—detuvo al ver a la otra mujer mirando al exterior a través
de las ventanas—Hola Kitty.

—Hola, Rachel.

Marley asombrada, depositó los paquetes en el sofá y se acercó a su amante.

—Cariño, no esperaba verte esta tarde.

La ojiverde sonrió y la besó en la mejilla:

—No volví a noche.

La ojiceleste le acarició su pelo con las manos, estudiando sus ojos.

—¿Pudiste dormir algo?

—Algunas horas.

A través del cuarto, Rachel dijo:

—Iré a dejar estas bolsas e iré a buscar a Q.

—Vale, pero no los dejes donde ella pueda verlos. Utiliza el armario bajo el vestíbulo—le sonrío Marley.

La más baja le respondió con otra sonrisa.

—Lo haré.

Una vez a solas, Marley llevó sus brazos alrededor de la cintura de Kitty y la atrajo hacia ella.

—¿Cansada?

—No—deslizó sus manos por el cuerpo de su castaña, amando la percepción de seda deslizándose sobre su piel suave, deleitándose en lo el calor bajo sus dedos.

Cuando había salido del despacho del capitán Schuester ha ido de regreso al ESU, intentó tranquilizarse. Pensar en el trabajo apagaría su cólera, como tantas veces lo había hecho en el pasado, pero esta vez era diferente.

No se podía concentrar.

En lo único que podía pensar era en Marley yaciendo en el suelo, al borde de la muerte. En la laguna mental que sufría su amante, en las lesiones sufridas.

Inconscientemente, apretó su agarre en la mujer que tenía a su lado.

Marley se movió lo justo y suficiente para poder mirar a su amante a los ojos.

Había revuelo en sus profundidades.

—¿Qué pasa?

La ojiverde descansó su frente en contra la de ella.

—Nada. Te quiero.

—¿Qué has hecho esta mañana?—al no recibir respuesta, se acercó más a ella, le acarició el cuello y la beso suavemente—¿Kitty?

—Simplemente estuve en una reunión con Santana y algunos del departamento.

—¿Los problemas?

La rubia negó con la cabeza.

—¿Entonces hubo progresos?

—En cierto modo—se puso rígida al pensar en ello—He descubierto quién te atacó. Al menos quién forma parte de ello.

Marley se quedó sin aliento.

—¿Cómo?

—Le rastreé a través del sistema de red hasta el edificio de la policía.

—¿Sabes su nombre?

—Sí.

—¿Es un policía? ¿Está detenido?

—No—la amargura en su voz se esfumo en el aire.

Marley le acarició con los dedos la mandíbula sintiendo los músculos apretados estremeciéndose bajo la piel suave y pálida.

Ahora entendió por qué su rubia había vuelto a casa en la mitad del día, en la mitad de un caso tan importante. Era algo que ella no había habitualmente.

Pero esta vez sentía su dolor.

—¿Sabes lo que me gustaría hacer?

—¿Qué?—su voz fue ronca, sus manos terriblemente suaves descansando sobre la curva suave por encima de las caderas de Marley.

—A mí me gustaría ir a ver una película y luego ir a cenar a algún sitio. Luego volver a casa y descansar toda la noche en tus brazos.

Sus dedos temblaron débilmente cuando los llevó sobre los labios de la rubia.

—¿Te gustaría hacerlo?

Kitty enterró sus manos en pelo de oro suave de su amante, antes de bajar a su boca. El beso la hizo volver a la realidad y le susurró:

—Sí, siempre que sea contigo.

—Sí.




*****



Brittany salía de su coche cuando al oír su nombre se detuvo.

Sonriendo, apoyó una cadera contra el guardabarros y observó a Santana viniendo hacia ella, con una caja de la pizza balanceando en una mano.

Bajo la luz de las farolas, el cabello negro de su amante destellaba. Su chaqueta de sport, revelaba la larga línea de su pecho y caderas.

Su corazón se aceleró y sintió el hormigueo familiar, que siempre acompañaba cuando ven a su amante.

—¿Cómo sabías que todavía estaría aquí?—le preguntó cuándo su morena se acercó.

—Soy policía—le respondió sonriendo—Llamé a Mercedes, y me dijo que te acababas de marchar.

—Muy inteligente—llevó su brazo sobre la cintura y empezaron a caminar—Deberías ponerte un abrigo.

La besó en la mejilla.

—¿Por qué? ¿Es que va a nevar?

—Hace demasiado frío.

—No para mí.

—¿No tendréis los policías alguna regla sobre llevar abiertos puestos verdad?

—No, simplemente no me gustan.

¿Crees que no podrías echar mano de tu pistola si fuera necesario?

Se había dado cuenta, que cada vez que se paseaban juntas, su morena se colocaba en el lado de las calles, como para protegerla. No lo había de forma muy consciente, y no importaban la hora o a dónde fueran, su morena constantemente verificaba las calles, buscando algo o alguien fuera de lugar.

No significaba que Santana estuviera trabajando, sino que era su forma de ser, la forma de ser de un policía.

—Si no tienes intención de llevar un abrigo, quizá debería llevas otro tipo de chaquetas las gruesas. La seda no es muy protectora para esta época del año.

La morena se rió.

—Si eso le hace feliz, lo haré. Aunque las tengo guardadas desde el pasado invierno, y tardaré una semana o dos en sacarlas.

—Déjame que me ocupe yo de eso.

—No tienes por qué hacerlo—le respondió mientras subían la escaleras de la casa de la rubia.

—Quiero hacerlo. Eso es parte de estar juntas.

Ya en el interior de su casa dejó su abrigo y maletín, mientras la otra mujer llevaba la pizza a la cocina.

Un momento más tarde, se unía a ella. Al instante oyó un sonido familiar, cuando su morena abrió una botella de cabernet y le ofreció un vaso.

—Esto es maravilloso—suspiró después de dar un primer sorbo al vino, en la oscuridad.

Con un gemido satisfecho, Santana apoyo sus caderas sobre la encimera de la cocina, con las manos a los costados, disfrutando de ver a su amante.

—Micho más que maravilloso—apreciando, bajo la ropa, la forma del cuerpo de su morena, la miró fijamente y continuó—Es la primera noche que vienes a casa en toda la semana. Deberíamos celebrarlo.

La morena palmeó la caja de la pizza.

—Es lo que pensaba.

Dio un nuevo sorbo de vino y dejó el vaso sobre la encimera. Se aproximó a su amante, y colocó las manos a ambos lado de la otra mujer atrapándola entre sus brazos.

—No estaba pensando en comida.

Con la rubia presionando todo su cuerpo, se quedó inmóvil, a la espera de que fuera ésta la que guiara.

—¿No tienes hambre?

—Sí—le deslizó su manos sobre el cuello—, Pero pensaba dejar la pizza para más tarde.

—Me gusta la pizza fría—inclinó la cabeza dejando al descubierto su garganta.

Gruñó suavemente al sentir los dientes de Brittany recorrer su piel. Cuando intentó levantar las manos de la encimera para abrazar a su amante, la rubia le sujetó de las muñecas.

—No. Déjalas donde están—firmemente, volvió a llevar las manos de su amante sobre la encimera.

Luego, presionó su pelvis sobre los muslos de Santana y la besó. Primero lentamente, recorriendo con su lengua los labios húmedos de la otra mujer.

Después un poco más fuerte, un beso más profundo hasta que sus lenguas bailaron en contrapunto azuzador.

Mientras saboreaba la boca de la morena, llevó su mano entre ellas y empezó a desabotonar la camisa de la policía.

—Britt—susurró ante la primera caricia de los dedos sobre su pecho.

Con sus manos todavía apoyadas sobre la encimera, reforzó su agarre al sentir temblar sus piernas. Los músculos en sus piernas bamboleaban mientras la rubia continuaba besándola, a la vez que una palma caliente amasaba su pecho, provocando que sus pezones se endurecieran.

—Mmm—Brittany gimió cuando rompieron el beso, y llevó sus manos sobre el abdomen de la morena hasta acceder al cinturón de los pantalones. Hábilmente deslizó el cuero liberando el broche de presión, y susurró—Si, desde luego mucho mejor que la pizza.

—Me haces sentirme tan bien—Santana se quedó sin aliento—Haces que me olvide de todo—se quedó sin aliento cuando los dedos blancos se sumergieron en el interior de sus pantalones, encontrándola lista—Cuando me tocas….

La presión exquisita la dejó jadeante.

—¿Qué?—la voz de Brittany era profunda, ronca por el deseo, mientras continuaba besándola. Llevó su otra mano dentro de la camisa, acariciando un pecho y luego el otro. Podía sentir el latido del corazón de Santana y el deseo entre sus piernas—¿Qué sucede, cariño? ¿Qué?

La visión de la morena vaciló cuando su estómago se cerró herméticamente, sus muslos se volvieron jalea. Su aliento se contrajo y un sonido, entre súplica y oración, le desgarró la garganta.

—Haces que todo…

—No, nosotras lo hacemos… oh Dios—atrapada por la ola repentina del calor que recorría a gran velocidad, a lo largo del interior de sus piernas y subía por su columna vertebral, Brittany estremeció.

Con los ojos todavía medio cerrados, descansó su frente contra la de Santana, sin dejar de resbalar sus dedos en su húmedo interior. Sin romper el ritmo, sólo trasladándolo más profundo, tomando más de ella.

Cuando sintió el espasmo de su morena en sus dedos, le susurró:

—Te quiero.

Unos momentos más tarde, cuando Santana ya podía hablar, le susurró,

—Amo cuando me haces eso.

Saciada por el placer de su amante, acurrucó su frente sobre el hombro de
su amante, con los brazos holgadamente abrochando su cintura. Con los ojos cerrados, se dejó ir a la deriva ante la seguridad de lo feliz que se sentía.

—Mmm. ¿Hacer el qué?

—Simplemente tomarme como si fuera tuya.

Levantó su cuello, mirándola a los ojos.

—Eres mía, López.

Santana sonrió abiertamente, intentando controlar su cuerpo, que todavía se sentía deshuesado.

—Sí. Lo sé. Pero cuando me haces esto, yo realmente soy consciente de ello, yo en realidad lo sé.

—Quieta ahí, detective—se quejó, intentando detener a su amante que empezaba a moverse.

—No creo que pudiera—le contestó, repentinamente seria.

Le agarró el pelo, sujetando su cabeza, para tomar su boca con una intensidad creciente. La besó, repentinamente desesperada, buscando su sabor.

Cuando notó que su rubia temblar contra su cuerpo, emocionada, llevó su boca a la oreja de su amante:

—No me voy a ningún sitio.

La rubia quiso pedirle que lo prometiera, pero en lugar de eso, tomó su mano y la dirigió debajo de su falta. A medida que avanzaba, su deseo se acrecentó.

Presionando los dedos de su amante, sobre su superficie resbalosa, al sentir su calor, su corazón, no tuvo necesidad de pronunciar ninguna palabra.







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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES.



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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Lun Nov 05, 2018 7:19 pm

micky morales escribió:ojala Kitty tenga la posibilidad de volarle los dientes al imbecil de Puckerman!!!!!



Hola, nose xq no respondi antes de publicar jajajaajajaj. JAjajaajaj se que no puede, pero kiero que lo haga xD esa cosa del deber y poder xD Saludos =D




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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por micky morales el Mar Nov 06, 2018 6:09 am

Me gustaria que Santana se decidiera y se fuese a vivir con Britt!!!!
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Mensaje por 3:) el Mar Nov 06, 2018 9:32 pm

hola morra,..

eh vuelto" ya me puse al dia!!!
es bueno que marley y rachel se esten relacionando mejor,..
bueno el caso va avanzando,.. pero las espinas que tiene kitt como san van a ser complicadas,..

nos vemos!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 el Miér Nov 07, 2018 6:42 pm

micky morales escribió:Me gustaria que Santana se decidiera y se fuese a vivir con Britt!!!!





Hola, a mi tmbn osea q espera o esta esperando¿? ¬¬ Saludos =D






3:) escribió:hola morra,..

eh vuelto" ya me puse al dia!!!
es bueno que marley y rachel se esten relacionando mejor,..
bueno el caso va avanzando,.. pero las espinas que tiene kitt como san van a ser complicadas,..

nos vemos!





Hola perdida lu, jajajaja sisi mi perdida...eso es lo bueno. SI! me gusta esa amistad a mi tmbn! Si, paso a paso...uff complicada en si la cosa ai, no¿? =/ Saludos =D




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Activo FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 17

Mensaje por 23l1 el Miér Nov 07, 2018 6:43 pm

Capitulo 17






Rachel estaba despierta en su lado de la cama, observando a Quinn dormir.

Un libro abierto se encontraba apoyado en su pecho. La luz de lámpara brillaba en su cara, y sin poder resistirse se inclinó para besarla ligeramente. Moviéndose con precaución, retiró el libro dejándolo al lado de la adormecida mujer.

Cuando intentó apagar la luz, la rubia se movió.

—Cariño—Quinn se quejó, volviéndose hacia ella, tirando sin querer el libro al suelo.

—Hola, cariño—le acurró deslizando su muslo entre los de la rubia—Vuelve a dormir.

—Mmm, en un momento—con un suspiro satisfecho, Quinn se entregó a sus caricias inspirando su perfume—No sabía que te habías marchado.

—Kurt y tu están con sus cosas y no estaba segura de que oyeras haberme despedido.

La ojiverde se rió ahogadamente y envolvió un brazo alrededor de su cintura.

—Te he oído—le besó el punto sensible debajo de su oreja—¿Todo bien?

Recorrió con su palma el pecho de la rubia, deteniéndose sus dedos en la curva de parte interior de uno de sus pechos.

—Sí.

—Te fuiste más temprano de lo habitual.

—Ajá—había recibido noticias de que una chica en el Diamante Azul había visto a Trudy en el club, la noche anterior, pidiendo a sus viejos amigos un lugar donde quedarse.

Después de mucho preguntar, al fin había conseguido su teléfono, y le había enviado un mensaje a Trudy.

Aquel no era teléfono de Trudy. Por supuesto. Era un buzón de mensajes telefónicos, que las chicas de la calle, utilizaban a menudo para tener mayor privacidad.

Había recibido respuesta a su mensaje, y se reuniría con Trudy la siguiente
noche. No sabía si le podría sacar más información, ya que desconocía el alcance de la información que pudiera tener la otra joven sobre los vídeos porno.

Intentaría tratar de convencerla para que les ayudara, pero tampoco quería ponerla en peligro.

Al final, decidió que sólo Santana debería saberlo, porque era ella la que le pagaba.

Quería mantener a su ojiverde alejada de este tema para no meterla en problemas. Y sobre todo para que no se preocupara. A menudo se ponía demasiado protectora con ella.

Aunque tenía que reconocer que le gustaba esa parte de su amante, aunque a veces resultara negativo.

—¿Te parece bien lo de mañana?—le preguntó mientras le acariciaba la parte trasera del cuello.

—¿Sobre la ceremonia de promoción?—Quinn le acarició con la nariz un pezón, que se endureció, y luego lo chupó con la lengua—Sí. Vendrás conmigo, ¿verdad?

Volvió a llevar la boca a su pecho.

—Ajá.

—Bien—Quinn habló entre dientes antes de dedicarse para succionar el pezón de su novia.

—Mmm, qué bueno—dijo suspirando, cerrando los ojos, ante la sensación de calor que le producía el contacto—¿Se lo dijiste a tu hermana?

La rubia se puso rígida, pero conservó su boca sobre su pecho.

—No.

—¿Sabe lo de mañana?

—No—se movió sin decir nada más.

Ante su silencio, se apoyó sobre un codo y deslizó su palma sobre el abdomen de su rubia. Le encantaba la sensación de tocar aquellos músculos tan duros.

—¿Qué te hizo?

—Nada. Solo estuvo una hora y se fue.

—Quinny, no me refiero a ayer—su voz sonó impaciente—Digo antes, cuando fuera.

—Nada, Rach.

—Está claro que te hizo algo. Puedo notar tu dolor. Tienes que sacarlo fuera.

La rubia se puso seria.

—Jesús, primero en terapia, y ahora en la cama. No es más que una vieja historia.

—Pero te sigue haciendo sufrir—continuó acariciándola despacio de forma cariñosa, no como cuando quería excitarla, para que pudiera relajarse. Continuó suavemente—Sácalo fuera, quiero que lo saques de una vez para que deje de consumirte por dentro.

—¿Cómo lo sabes?—Quinn habló con voz áspera, haciendo un esfuerzo por mantener sus emociones.

Primero Erica había la había enfurecido, y luego la conversación con la Dra. Pierce sobre lo que le había ocurrido a su exnovia Robin, y ahora, ahora la ternura de Rachel la estaba desmoronando.

—Lo puedo sentir. Cuando te sujeto. Cuando me sujetas. Cuando hacemos el amor—se movió hasta quedar sobre la rubia. Estrecho las caderas entre los muslos de su novia, manteniéndose apoyada en sus codos, para poder ver bien la cara—No tienes que contármelo, si no quieres, pero tienes que hablarlo con alguien. Te hará sentirte mejor.

Quinn envolvió con sus brazos la cintura de Rachel, y tiró de ella en un fuerte abrazo. Con su cara sepultada bajo el cuerpo, vacilantemente capituló sus secretos.




*****



—San, cariño—Brittany se quejó—El teléfono.

La morena ya desvelada, se inclinó sobre ella para coger a tientas el teléfono de la mesilla de noche. Aclarándose la voz, dijo agudamente:

—Aquí López—escuchó y continuó hablando—Estaré ahí en 15 minutos. Hágame un favor avise también a Mike—hizo otra pausa para escuchar, deslizándose debajo de las sábanas, y automáticamente haciendo pliegues en ellas a lo largo de las curvas del cuerpo de su rubia—Y, Frankel, mantenga su posición. No quiero salir en las noticias de la mañana. Bien, pues haz lo mejor que pueda.

La rubia se puso derecha y encendía la lámpara del lado de la cama. Mirando al reloj despertador, vio que eran cerca de las 4:00 a.m.

—¿Qué ha sido eso?

—Problemas—Santana se quejó mientras se dirigía al cuarto de baño.

—Las llamadas a las cuatro de la mañana siempre lo son—Brittany susurró. Siguió a su amante hacia el cuarto de baño, poniendo una bata que tenía detrás de la puerta.

Metiéndose calladamente, se recostó en contra de la vanidad y observó a Santana bajo la luz trémula, mientras se duchaba. Alzando la voz para ser oída bajo el agua le preguntó:

—¿Me lo puedes contar?

Después de cerrar la manija del agua caliente y resistiendo, durante unos segundos, el frío sobre su cabeza, salió de la ducha y cogió la toalla que le ofrecía:

—Gracias—se secó el pelo enérgicamente y dijo—A la una de la madrugada ha habido un homicidio. El capital Schuester ha pedido me llamaran. Normalmente el capitán no se mete en mitad de un caso, por lo que no creo que sea nada bueno.

—¿Y eso que significa?—Brittany se apoyó contra la puerta del cuarto de baño y la observó vestirse para el trabajo: Traje oscuro, camisa blanca, cinturón negro de cuero, arnés en el hombro para su arma, esposas, la cartera de cuero con su distintivo de oro brillante.

Todo simplemente para volver a ser quien era, la Teniente Santana López.

—Por ahora no sé más—se detuvo a medio de vestirse y se acercó para besarla en la mejilla—Te llamaré cuando lo sepa.

Brittany la abrazó y la besó en la boca.

—Si no llegas a casa antes de la mañana, llámeme. Tengo un descanso al mediodía.

La morena se tomó el tiempo para sujetar a su amante, durante unos veinte segundos.

Le hubiera gustado no dejarla, no dejar de abrazarla, de saborear su calor, pero recordando la llamada, se quejó y rompió el abrazo.

—Te llamaré en cuanto pueda. Te quiero.

—Ten cuidado, cariño. Yo también te quiero.

La rubia volvió a la cama, rescató un libro de una pila delante de la mesilla de noche, y pensó en rezar. Siempre le resultaba difícil dormir cuando la morena trabajaba durante la noche, y ahora se preguntaba qué nuevo desafío debería afrontar su amante.




*****



—No toques nada—Clarke Griffin le ordenó automáticamente, aunque no había falta que se lo dijera.

Santana siempre esperaba su señal para seguir adelante en una escena del crimen. Y menos en las escenas de Clarke.

—Te doy mi palabra—le contestó como siempre hacía.

Se agachó al lado de Mike. Ambos miraron hacia el lado del conductor de un BMW cupé. Un varón blanco, de treinta a cuarenta años, estaba en la parte trasera del mismo fueron parte trasera.

—¿Cuánto lleva muerto?—pregunto.

—Clarke no nos ha honrado con su opinión aún.

Inclinó la cabeza, silenciosamente evaluando el cuerpo. La víctima estaba vestida de forma sencilla, con unos pantalones chinos y un polo. Su abrigo estaba desabrochado, y estaba sentado como si estuviera esperando a alguien.

O manteniendo una conversación.

No había ningún signo de lucha, ni de arma.

—Hay algo de sangre en la puerta del conductor—Mike mencionó—La ventanilla está un poco bajada, igual estuvo esperando durante un rato.

Estudió el agujero de dos centímetros, situado entre el lado izquierdo de la víctima y su oreja. Los bordes del impacto sobre la piel indicaban que el disparo había venido del lado contrario.

—¿El pasajero?

—Podría ser. O si no, le abrió a alguien la puerta del pasajero y bam.

Miró sobre su hombro, escudriñando el estacionamiento vacío, entre el Mercado y las calles Delanteras, bajo el arco macizo del puente Franklin. En circunstancias comunes, el coche estaría cubierto bajo la sombras, pero ahora el lugar daba una apariencia de estar misteriosamente brillante bajo el resplandor del halógeno de las luces portátiles, de la unidad de la escena de crimen.

Un grupo de vehículos blancos y negros estaban estacionados a lo largo del perímetro, frente a otros rojos y azules que acrecentaban el resplandor surreal.

La cinta amarilla de la escena de crimen acotaba el cuadrado en bloque del asfalto.

—Tuvo que ser alguien que sabía de esta lugar durante la noche.

—O alguien que no tenía miedo—Mike.

—O tal vez alguien que a él le daba miedo. Y la basura no pudo…—gruñó—Veremos que tiene que decir el equipo de vigilancia de esto.

Estudió a George Beecher, el hombre al que había estado vigilando durante las tres últimas noches. Después el capitán Schuester había asignado vigilancia durante las veinticuatro horas.

—Claramente, algo ha ido mal.

¿Alguien se había enterado de sus planes?

Mike, incorporándose lentamente, habló.

—Quien sabe—miró alrededor con una expresión agria—Era un maldito bastardo así que ha podido ser cualquier cosa.

—Espere hasta que la DA se entere. Empezarán a cortar cabezas—desvió su mirada hacia Clarke. Ahora mismo, lo que ella necesitaba sin falta era información. Y la rubia fuera la única que se la podía facilitar—Bueno bien, no serán las nuestras—gruño Mike.

—No apostaría por ello.

—¿Sabes…?—Mike dijo con vacilación poco característica—…, Este lugar está a sólo dos bloques de las oficinas de Kitty.

Lo miró fijamente.

—¿Quieres decirme algo?

Con la mirada fija, más allá de ella inclinó la cabeza:

—Sólo que no me gustan las coincidencias.

—A mí tampoco.

—Tenemos compañía.

La expresión progresivamente dispéptica en la cara de su compañero, le hizo saber quién era el recién llegado. Se movió y observó a Noah Puckerman cruzar el estacionamiento hacia ellos.

—Hombre, este tipo me angustia demasiado—Mike masculló.

—A mí también.

Él se rió ahogadamente e intercambió su peso de un pie a otro, como si esperara que se le tiraran encima.

Dudaba si él era consciente de la imagen intimidadora que tenía con su aspecto duro y voluminoso.

Inclinó la cabeza a modo de saludo hacia Puckerman.

—Bien, Teniente, ésta es una ocurrencia desafortunada—Noah Puckerman le dijo, mirando hacia el vehículo.

—Si supongo que es totalmente desafortunado—contestó.

Puckerman se enderezó.

—Sí, parece que tenemos un pequeño problema, ¿no crees?

¿Nosotros?

No dijo nada, consciente de Mike a su lado, moviéndose a punto de explotar.

Él ojiverde fingió no darse cuenta.

—Hemos perdido a un sospechoso—Puckerman entonó como si fuera una noticia—Un importante sospechoso que podría habernos dado la información suficiente para acabar con el crimen organizado de esta ciudad. Eso no se ve muy bien.

—¿Para quién?—Mike preguntó abruptamente, sin poder contener su furia.

Puckerman los escatimó fijamente, antes de cerrar ojos y volver a dirigirse a ella.

—Para cualquiera—Santana puntualizó para dar por zanjado el asunto, antes de que se les fuera de las manos.

A ella realmente no le importaba la opinión de Puckerman, pero no le gustaba lo que estaba ocurriendo, lo que había ocurrido en menos de veinticuatro horas.

Desde que había estado en el despacho de su superior y había expuestos sus sospechas sobre George Beecher, y ahora estaba muerto. Había sido pulcra y velozmente eliminado, antes de que pudieran detenerlo y sacarle información.

—Necesitamos investigar rápidamente todos sus movimientos, sus cuentas, los ordenadores de su casa y del trabajo, y volver a mirar todas sus conexiones—dijo—Porque quienquiera que le haya eliminado se estará deshaciendo de sus huellas ahora mismo.

Cuando ella cambió de dirección para irse, Puckerman despreocupadamente dio un paso en su camino.

—Yo me preguntaba si este golpe no podría venir de alguien un poco más cercano.

Al lado de ella, Mike lanzó un sonido desde su garganta que le recordó un perro avisando del ataque a iniciar. Ella no dijo nada, porque sabía que Puckerman estaba jugando con ellos.

Él estaba buscando información y esperando inducirles a que hablaran.

—Tal vez esto no tenga nada que ver con un trabajo profesional—él siguió—Tal vez es simplemente un ajuste de cuentas, un ajuste personal.

Desafortunadamente, sabía que él estaba detrás y qué necesitaba para poder proteger la integridad de su equipo.

—Espero que no estés insinuando nada.

—Quizá deberías controlar mejor a tu equipo.

Dio un paso adelante, tan rápidamente, que Puckerman tomó uno involuntario hacia atrás. Con su cara a un centímetro de la de él, le dijo fríamente:

—No te acerques a ella. No te lo voy a repetir. Si quieres nuestro informe, estará a las ocho de la mañana sobre la mesa de Schuester. Si quieres saber lo que dice, lo tendrás que leer ahí.

Puckerman parpadeó, pero se envalentonó.

—Tengo La jurisdicción…

—No tienes una mierda—lo interrumpió—Éste es un homicidio. Esto es asunto de la policía. La única razón de que estés todavía aquí, es porque he tratado de cooperar contigo. Si te acercas a alguna de mis personas no será tan complaciente en el futuro.

Por un momento, se aguantaron la mirada, luego Puckerman se giró y se marchó a grandes pasos.

—Ahora sabemos quién tienes las pelotas más grandes por aquí—Mike comentó tras haber observado la escena en silencio.

Mirándola de forma divertida, ella le sugirió:

—Vayamos a hablar con Kitty.






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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por micky morales el Jue Nov 08, 2018 6:00 am

Este Puckerman me esta hartando, suerte que Santana lo ubico rapidamente, a ver que tiene que decir Kitty!!!!
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Activo Re: FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 Ayer a las 6:56 pm

micky morales escribió:Este Puckerman me esta hartando, suerte que Santana lo ubico rapidamente, a ver que tiene que decir Kitty!!!!




Hola, ppff ni q lo digas xq a mi tmbn ¬¬ SI! esa es mi san! Interesante pregunta =S Saludos =D





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Activo FanFic Brittana: Justicia IV (Adaptada) Cap 18

Mensaje por 23l1 Ayer a las 6:58 pm

Capitulo 18





Marley salió lentamente de un sueño profundo, provocado por uno molesto repetitivo.

Le tomó unos segundos darse cuenta que era el sonido de la alarma de uno de los sensores de la entrada. Murmurando una protesta se movió en la cama.

—Kitty, cariño.

La cama, al lado de ella, estaba vacía. Suspirando, retiró las sábanas y salió de la cama. Se puso la bata, que tenía al pie de la cama, y distraídamente se la ató a la cintura, mientras salía hacia el vestíbulo.

Al lado de las puertas del ascensor, había un monitor con una pantalla donde se mostraban imágenes del exterior. Entrecerrando los ojos, y fijándose en la imagen de la pantalla, por encima de la luz roja que parpadea, reconoció a Santana López en la entrada delantera.

—¿Santana?—preguntó conectando el audio.

—Siento tener que molestarte, Marley, pero necesitamos para ver a Kitty.

—Ella no está aquí—
contestó—Quizá esté en el piso de abajo.

—¿Podemos entrar?

—Por supuesto. Lo siento, no me he dado cuenta—
dijo bajando la voz—Estaba medio dormida.

—Lo siento.

—Tranquila no necesitas disculparte. Iré haciendo café.




Dos minutos más tarde, Santana salía del ascensor con Mike a su lado.

Se detuvieron simplemente dentro del desván, esperando.

—Buenos días—Marley dijo con una sonrisa, saliendo de la cocina. Señaló los sofás de la sala de estar—¿Se quieren sentar?

—No, gracias, estamos bien—Santana dijo por costumbre.

—¿Entonces café?

Antes de que pudiera contestar, Mike entró de un salto.

—Eso sería genial. Lo puedo oler desde aquí.

—Estará solo en unos minutos. ¿No se quieren sentar?

Accedió, y se acercaron a los sofás. Ambos policías se sentaron cerca, mientras que la castaña lo hacía frete a ellos.

—¿Sabes dónde está Kitty?—preguntó.

—No, la llamé abajo mientras subíais, pero nadie me ha contestado.

—Es bastante temprano—dijo.

La castaña se rió.

—Kitty no tiene aprecio por el tiempo, especialmente cuando está involucrada con un caso. Ella trabaja a horas extrañas.

—¿Pero ella ha estado aquí toda la noche?

—Oh, sí. Salimos fuera al atardecer y volvimos aquí sobre las nueve, creo. Luego nosotras…— Marley sonrió débilmente y se sonrojó—Nos fuimos a la cama temprano.

Mike desvió la mirada, ansiosamente y decidió mirar al exterior, a través de las ventanas, hacia el rio Delaware.

—¿Sabrías decirme a qué hora se durmieron?

La ojiceleste se rió suavemente.

—Realmente no presté atención al reloj, teniente.

—No, claro que no—respondió dijo uniformemente—¿Así que no tienes ni idea de cuándo pudo haberse ido?

—Lo siento. No lo sé. Últimamente duermo profundamente una vez apoyo la cabeza.

La más alta inclinó su cabeza, con expresión interrogativa.

—¿Por qué no le llamas al móvil? La mayoría de las veces se lo olvida de encenderlo, pero desde que tuvimos el…en fin, que suele encenderlo.

—Lo haremos— le contestó. En ese momento, realmente estaba interesada en hablar para Kitty.

Lo que necesitaba era establecer una línea cronológica de las actividades de Kitty, la tarde y noche anterior.

Esperanzadoramente, una línea cronológica que la situara lejos del estacionamiento donde se había cometido el crimen.

Esperó hasta que Marley había vuelto de la cocina, sujetando una bandeja con tazas de café, leche, azúcar y unos muffis, antes de seguir hablando.

—¿Sabes si hizo alguna llamada a noche?

—No, de eso estoy segura. Volvimos y nos fuimos directas a la cama.

Mike tosió y se sirvió su café.

—¿Recibió alguna llamada? Pudo recibir alguna llamada e irse?

La castaña frunció el ceño.

—No. Nada que recuerde. ¿Qué está pasando?. Ella está bien?—se movió en el asiento palideciendo visiblemente—¿Está en peligro? Alguien le ha hecho daño?

—No—Santana le interrumpió rápidamente—Nada de eso.

—Pero pasa algo, sino no me preguntarías todo esto. ¿Qué ha pasado?

Sin tocar si café, pensó en la información que la mujer le había dado, y se sentía frustrada. Pero al ver la preocupación en el rostro de la castaña le preocupó más.

Ésta estaba temblando, y se podía ver algo parecido al pánico en sus ojos.

—Marley, Yo…

El sonido casi inaudible del corrimiento de las puertas del asesor hizo que la castaña se levantara de golpe, perdiendo casi toda su inestabilidad.


Lo primero que la ojiverde vio cuando entro en su casa fue a su amante a punto de caerse.

—¿Marley?—Kitty se asustó y alcanzó a su amante caminando a grandes pasos, antes de que se cayera—¿Cariño qué pasa? ¿Te duele algo?—deslizó un brazo alrededor de su cintura, y la acercó al sofá. La besó ligeramente en la frente—Oye. ¿Qué pasa? ¿Te encuentras mal? Por qué no me has llamado?

—Está bien, cariño—Marley se quejó, sonriendo débilmente—Yo, estoy bien. Estaba dormida cuando Santana ha venido. Es sólo que yo…

—¿Pero te duele algo?—le acarició la mejilla preocupada.

—No. realmente estoy bien—le acarició el brazo, le tomó la mano y se la besó. Con un el brazo protector quieto alrededor de su castaña miró a Santana y a Mike pidiendo una explicación—Entonces, ¿qué pasa aquí?

La morena estaba a punto de contestar cuándo se oyó una voz saliendo de la habitación de invitados.

—¿Qué está pasando?

Rachel apareció, en camiseta y bragas. Quinn salía detrás de ella vestida de forma similar.

—Oímos voces. ¿Hay algún problema?

Mike miró a ambas mujeres y gruñó:

—Jesucristo. ¿Es que aquí nadie puede vestirse?

—¿Cómo te vistes para ir a la cama?—Rachel le preguntó, pasando junto a él, dirigiéndose a la cocina—No importa, mejor no me lo digas.

—Kitty, necesitábamos hablar contigo, así es que pensamos en venir hablar—Santana le explicó—¿Dónde has estado?

Quinn y Rachel regresaron de la cocina, cada una con una taza de café. La más baja se quedó junto al sofá, a la izquierda de Marley, y la más alta en medio entre Kitty y Santana.

—¿Qué está pasando?—Kitty dijo agudamente.

—Necesito saber dónde has estado esta noche, desde que saliste hasta ahora—la cara de Santana estaba vacía, con voz todavía calmada.

Pero su corazón estaba a cien por hora.

—¿Por qué?

—Simplemente contesta a la pregunta, Kitty—Mike urgió con una sorprendentemente voz suave.

Ésta se puso rápidamente en pie, tan rápidamente que sólo la morena fue capaz de ver su reacción y se levantó con la misma rapidez, quedando ambas mujeres una frente a la otra, separadas pro apenas un metro.

—Hazte a la idea de que sé reconocer un interrogatorio—su cuerpo vibraba con furia.

—¿Tienes los huevos de venir a mi casa, en mitad de la noche a interrogar a mi amante?

—Kitty—Marley dijo suavemente intentando tranquilizarla, colocándose a su lado—Cariño, deja hablar a Santana.

—No hay nada de qué hablar. Ellos se marchan ahora mismo—se enfrentó a la morena empujándola con una mano.

—No creo que quieras hacer esto, Kitty—le avisó.

Con asombrosa gracia, Mike se quedó callado y sin moverse, viendo a las dos mujeres enfrentadas. Luego, se dirigió a Kitty:

—No seas estúpida. Si no fuera por ella, ahora mismo estarías encerrada por orden de Puckerman. Así que deja de hacer el idiota, contesta a las preguntas y podremos irnos a trabajar.

La ojiverde más baja los miró perdida, durante un largo momento, sin entender lo que estaba pasando.

Tomo un largo suspiró e intercambió su mirada fija con la de la morena.

—¿Me vas a decir a qué viene todo esto?

—No. Yo voy a hacer las preguntas y tú las respondes.

Necesitaba que la entrevista estuviera dentro de las reglas, por si debía ser creíble para Noah Puckerman.

Esperó, preguntándose hasta dónde se extendía la confianza de Kitty. Preguntándose, qué le había pasado en el pasado, para que reaccionara de tal manera.

—He estado aquí hasta poco después de las dos de la mañana—les explicó ya más tranquila—Me desperté pensando en las huellas del ordenador que Kurt y Quinn habían estado siguiendo. No he tenido la posibilidad de avanzar en ello porque he estado ocupada, en otra cosa, en el edificio de la policía, así que decidí echarle un vistazo, así que me vestí y bajé.

—¿Hay alguna forma de verificar eso?

—No. Marley estaba dormida.

—¿Qué me dices de las cámaras de seguridad?

Negó con la cabeza.

—Las cámaras internas están apagadas cuando estamos en casa.

Quinn habló más fuerte, pero tranquilamente.

—Debería haber un registro de cuando has accedido al sistema.

—Circunstancial—Kitty contestó—Eso no prueba que fuera yo.

—Pero lo corroboraría la entrada—Santana intervino—, Aunque sólo de forma muy limitada, ya que cualquier de vosotras podrían haber bajado ahí en vez de ella—escudriñó a Marley, luego a Rachel y finalmente a Quinn—La única otra posibilidad sería que hubiera sido Quinn la que estuviera abajo.

—Q estaba conmigo desde la una y medio hasta ahora—Rachel dijo inmediatamente.

—¿Oyeron salir a Kitty?—Mike les preguntó.

La rubia más alta negó con la cabeza y su pareja dijo:

—No hemos oído nada, hemos estado ocupadas.

Mike se rió, mientras veía a ala ojiverde sonrojarse.

—Bien—Santana hizo una notación en su cuaderno de apuntes—Tu estuviste con Marley toda la noche hasta después de las dos—luego se dirigió a la otra rubia—Quiero que asegures los ordenadores. Nadie puede tocar nada hasta que yo lo diga.

—Sí, señora—Quinn dijo inteligentemente.

Cuando Kitty abrió su boca para protestar, Marley dijo suavemente:

—Deja que Santana te ayude.

La ojiverde trató de alcanzar su mano, inclinando la cabeza silenciosamente.

—Cuando nosotros llegamos aquí sobre las cuatro quince, no estabas aquí. ¿Dónde estabas?—le preguntó.

—Fui a dar un paseo después de un par de horas de seguir las pistas del ordenador.

Santana clavó los ojos en ella, y Kitty mantuvo su mirada sin apartarla. Finalmente, insistió:

—¿Hasta las cuatro de la mañana?

La rubia se encogió de hombros.

—Estaba despierta. Inquieta, así que decidí dar un paseo.

—Supongo que no hay forma de probarlo—Mike saltó.

—No realmente—deslizó su mano en el bolsillo delantero de sus pantalones vaqueros, y extrajo un papel blanco arrugado—Compré una taza de café en el Comensal en la calle Tercera con Mercado.

—Cristo, ella ha estado más cerca de la escena de lo que debía. Casi nos hemos tropezado—Mike masculló.

A la morena tomó el recibo ofrecido, lo alisó, y anotó la hora y la fecha en su cuaderno de apuntes. Luego lo colocó cuidadosamente en el bolsillo del pecho de su camisa.

—¿Hay alguien ahí que pueda recordarte?

—La dueña. Ella me conoce.

Mike la miró escéptico.

—¿Qué es ella? ¿Una amiga?

Kitty le dio una apariencia desdeñosa.

—Es una conocida, nada de lo que estás pensando.

—Bien—Santana masculló.

—Mira—Kitty dijo irritada—Ya te he dicho dónde he estado. ¿Ahora me dirás qué es lo que pasa?

—George Beecher ha sido asesinado a unos tres calles de aquí, en algún momento en las últimas seis horas—le informó, sin apartar la mirada.

Como había anticipado, la expresión de la rubia no cambió, pero sus ojos verdes se ensombrecieron para casi lustrar con negro.

Quedó convencida de que no lo sabía.

—¿Y piensas que lo hice yo?—su voz era fresca, su postura relajada.

—No—le contestó—No lo pienso, pero Puckerman si lo cree.

—¿Cariño, qué es todo esto?—Marley preguntó quedamente—¿Quién es George Beecher?

—Nadie.

—Nadie que alguien piensa podrías haber matado—Marley vaciló y miró de ella a la morena—¿Es alguien que podría haber tenido algo que ver con mi accidente?

—Sí, eso creemos—Santana tenía curiosidad por saber hasta qué punto aquella mujer estaba al tanto de ello.

Aunque creía en la ojiverde, tenía que asegurarse de que no quedara nada sin comprobar antes de que Puckerman interviniera.

—Kitty nunca le habría hecho nada—Marley dijo con absoluta convicción.

—¿Por qué lo dices?—le preguntó.

—Porque me prometió que no lo haría.

Mike se rió.

—Eso no sirve en un tribunal.

La castaña revolvió sus ojos solemnes hacia él.

—Si no eres capaz de entender la importancia que tiene esa promesa, es que realmente no conoces de Kitty, detective Chang.

Él se sonrojó y se disculpó.

—Lo siento.

En ese momento, Quinn regresó vestida con unos pantalones chinos negros y una camisa.

—Voy escaleras abajo, Teniente.

—Bien—le respondió—Mike ve con ella y llévate a Kitty. Documenta todo lo que Quinn haga—se volvió a la más baja—Por favor, no toques nada ahí abajo. Si hay alguna posibilidad de que puedan demostrar algo, no podremos ayudarte. Lo único que quiero es que expliques todo lo que puedas recordar que hiciste y cuándo.

Ésta inclinó la cabeza.

—Conforme—besó a Marley, murmuró algo, que ninguno de los demás pudo oír, y siguió a Quinn y a Mike al ascensor.

—Siento haberte hecho pasar un mal momento, Marley—Santana dijo.

Ésta se hundió en el sofá.

—Lo entiendo.

Rachel se acercó a ella.

—¿Qué te parece si te preparo un té?

—Eso sería genial. Gracias—le contestó agradecida, dándole una sonrisa a la joven. Luego, dirigiéndose a la morena, continuó—, Gracias por ser tan paciente con ella. Sé que sólo quieres ayudarla.

—Pero también tengo que hacer mi trabajo—le explicó—En ningún momento he pensado que fuera ella la culpable.

—Sí, lo sé. Y tan bien lo sabe Kitty—Marley negó con la cabeza—Es solo que reacciona así cuando se siente amenazada.

—¿Qué quieres decir?

—Ella se ha sentido amenazada. Viene de hace mucho tiempo. Ella fue traicionada, Santana, por alguien a quien amaba. Fue abandonada por el sistema en el que creía. Encarcelada por las personas en las confiaba…—Marley suspiró—Ella cree que se mantiene alerta esperando que ocurra de nuevo.

—Yo lo siento—respondió con empatía—Nunca la traicionaría. Y tampoco dejaré que nadie la utilice como chivo expiatorio. Te prometo que nadie la tocará.

—Gracias, y te pediría que ella no supiera que yo te he contado esto.

—No te preocupes, no se lo diré.

—Gracias, Santana.

—Mejor te dejo, ya las he molestado bastante. Quiero hablar con la dueña de la cafetería. De verdad siento haberte hecho pasar por esto.

La castaña negó con la cabeza.

—No, no necesitas disculparte, y menos cuando estás ayudando a Kitty.

—Gracias—cambió de dirección y se dirigió hacia el ascensor. Se detuvo cuando Rachel apareció con las dos tazas de té—¿Necesitas algo?

—Tal vez.

—Vale, luego te llamo.

Rachel se encogió de hombros.

—Bueno.



Cuando Santana salió, Rachel regresó a su lugar, en el sofá junto a Marley, y le ofreció el té.

—Tal vez deberías volver a la cama.

—No podría. Quiero estar aquí cuando Kitty vuelva.

—Podría tomar un rato—no sabía cómo decirle que seguramente tendría que estar esperándola todo el día—Se te ve cansada.

—Estoy bien. No duermo muy bien, eso es todo—sorbió su té distraídamente, mirando con atención las puertas del ascensor, como esperando ver aparecer a su amante—No me puedo creer que ella tenga que pasar otra vez por esto.

—¿De qué estamos hablando?

—De probar su inocencia—cerró los ojos, mientras agarraba su té con ambas manos, sobre su regazo—Dios mío, me hace estar enfadada.

—López es una gran policía. Ella se encargará.

—Espero que sí, porque esto le puede hacer mucho daño, y no quiero verla sufrir más.

—Te entiendo. No son tan duras—Rachel le tranquilizó—, Simplemente quieren que lo pensemos.

La ojiceleste la tomó de la mano, necesitando su comodidad y conexión.

—Algunas veces pienso que es más fácil romperles el corazón.

—Estoy de acuerdo—le susurró, recordando a Quinn llorando en su pecho.







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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES.



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