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BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

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Activo BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Mayo 20, 2018 6:04 am

RESEÑA



Brittany ha vivido toda la vida a la sombra de su prima Hanna, quien saca las mejores notas, tiene montones de amigos y físicamente parece una modelo. Y lo que Lana más ha envidiado: el amor de Santana, de quien ella ha estado secretamente enamorada desde pequeña. Pero las cosas han cambiado: ahora que su prima y Santana han roto, Brittany tiene la oportunidad de que él se percate de que existe.

Santana tiene el corazón roto. Ha perdido a su chica y a su mejor amigo. Pero entonces aparece Lana, la prima de Hanna, una muchacha tímida y dulce que ha pasado de niña… a mujer. ¡Y qué mujer! Santana no tiene claro si Brittany va a poder curarle las heridas pero, quizá, si pasa tiempo con ella conseguirá poner celosa a su ex. Lo que empieza como un mero ligue se convierte en un atractivo juego de seducción. Santna y Brittany tienen motivos diferentes para pasar tiempo juntos, pero sus encuentros acabarán por echar chispas…

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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Mayo 20, 2018 6:17 am




Prólogo





Santana




Hanna se subió a la rama y se sentó. Tiempo atrás, hubiese reclamado mi ayuda. Ahora ya no me necesitaba para nada. Le había fallado en tantos sentidos... Había oído la expresión «tener el corazón roto», pero no había comprendido su significado hasta ahora. Ahí sentado, mirándola, el corazón me dolía de veras. Desde el día en que salí de la iglesia y la vi con Emily, me costaba respirar. En ese momento fue cuando lo supe. Hubiese querido que me dijese cualquier cosa para demostrarme que estaba equivocada. Pero, en el fondo, lo sabía. Hanna ya no era mía.

—Impresionante. Haces que parezca fácil —dije en voz alta para que me oyera. Me había enviado un mensaje diciéndome que estaba en el lago. Pero resulta que yo llevaba horas en nuestro sitio: había ido a reflexionar. Aquí era donde todo había empezado, resultaba apropiado que también terminase aquí.

La expresión de Hann delataba confusión. Me encantaba esa mirada. Era adorable.

—Ya había venido, cuando mandaste el mensaje —expliqué, y sus labios dibujaron una sonrisa.

—Ah —respondió.

—¿A qué se debe la visita? —pregunté, aunque sospechaba la razón. Sólo quería que lo dijese en voz alta. Ya era hora de que aclarásemos las cosas. Me puse de pie y caminé hasta donde estaba sentada, después de advertir una presencia oculta entre las sombras. Era de esperar que Emily hubiese venido a verme. O quizá la había seguido a ella.

—Quería saber cómo estabas. Em dijo que tenías una contusión.

No pude evitar que se me escapara la risa. Tenía una buena magulladura. Lancé una piedra al agua.

—¿Te ha explicado cómo me la hice?

—Sí —los remordimientos que sentía eran evidentes en su tono de voz. Emily debió de confesarle que me había reventado la cabeza. Aunque no era culpa suya.

—Lo merecía. Esta semana me he comportado contigo como un cretina.

El dolor que sentía en el pecho empeoró. Recordar a todo el mundo tratándola con crueldad mientras yo me quedaba de brazos cruzados era algo que me perseguiría durante mucho tiempo.

—Mmm —no parecía muy segura de qué más decir. La había fallado. Me había fallado a mí misma. Esa reacción no era propia de mí.

—No debería haberles permitido que te hicieran todo eso. La verdad es que la paliza de Emily fue un alivio. Me sentía culpable, así que recibir una buena resultó liberador.

—¿Qué?

Le sorprendía que me sintiese culpable por lo que había permitido que le hicieran. Maldita sea, esto lo hacía aún más difícil. Cada vez me costaba más respirar.

—Hanna, fuiste mi chica durante años, pero antes de eso fuimos amigas. Las mejores amigas. No debí dejar que un bache en el camino me pusiera en tu contra de esa manera. Estuvo mal. Cargaste con toda la culpa de algo que no era sólo responsabilidad tuya. Era responsabilidad de Emily, y también mía.

—¿Tuya? ¿Por qué?

—Sabía que élla te quería. Había visto cómo te miraba. También sabía que la querías más que a mí. Las dos compartíais un vínculo secreto del que yo no formaba parte. Estaba celosa. Em era mi prima y tú eras la chica más guapa que había visto en toda mi vida. Te quería para mí. Así que te invité a salir. No lo comenté primero con Em. No la pregunté cómo se sentía al respecto. Aceptaste y, como por arte de magia, rompí vuestro vínculo. Os dejasteis de hablar. Se acabaron las charlas nocturnas en el tejado y ya no tuve que sacarte de ningún otro lío. Em era mi amiga y tú eras mi novia, era como si vuestra amistad nunca hubiese existido. Fui egoísta e ignoré el sentimiento de culpa hasta que desapareció. Sólo
cuando le veía observándote con esa expresión de anhelo y sufrimiento volvía la sensación de culpabilidad. Mezclada con miedo. Miedo a que descubrieses lo que había hecho y volvieses junto a élla. Miedo a perderte.

Ésta era la primera vez que decía abiertamente la verdad. La había escondido en mi interior durante años, le había dado la espalda cuando me corroía la conciencia. Ver cómo Hanna cambiaba de personalidad y no decir ni una sola palabra al respecto... Todo aquello era culpa mía.

La mano de Hanna jugueteaba con mi pelo, y quise cerrar los ojos y suspirar bajo esa caricia inocente. ¿La amaría siempre de esa forma? ¿Tendría que pagar por mi falta durante el resto de mi vida con este dolor constante en el pecho?

—Yo también te quería. Quería ser digna de ti. Quería ser la chica buena que merecías.

Oír que quería ser digna de mí me recordó una vez más por qué nuestra relación no había funcionado. Hanna era perfecta desde el día en que la conocí, pero dejé que creyera que esperaba más de ella.

—Hanna, eras perfecta tal como eras. Fui yo la que te dejó cambiar. Me gustaba el cambio. Era una de las muchas razones por las que temía perderte. En el fondo, sabía que el espíritu libre que habías sofocado lucharía para liberarse. Al final, ocurrió. Y el hecho de que fuese con Em no me sorprende lo más mínimo.

—Lo siento, San. Nunca quise hacerte daño. Lo eché todo a perder. No tendrás que vernos a Em y a mí juntas. Voy a salir de vuestras vidas. Podrás recuperar lo que perdiste.

Cuando vi que Emily no salía corriendo del bosque maldiciendo como una marinera, comprendí que estaba demasiado lejos para oírnos. Alargué el brazo y la tomé de la mano. Yo era la única capaz de convencerla de que no debía hacerlo.

Era hora de dejarla marchar.

—No lo hagas, Hanna. Te necesita.

Negó con la cabeza y me ofreció una sonrisa triste.

—No, éla también está de acuerdo. Hoy casi ni me ha mirado. Sólo me dirigió la palabra cuando quiso dejar claro a todo el mundo que tenían que dejarme en paz.

No tenía ni idea.

—No aguantará demasiado. Nunca ha sido capaz de ignorarte. Ni siquiera cuando sabía que la estaba observando. Ahora mismo está lidiando con muchas cosas. Y lo está haciendo sola. No la apartes de tu lado.

Hanna bajó de la rama de un salto, se puso de puntillas y me pasó los brazos por detrás del cuello. Su último abrazo.

—Gracias. Tu aprobación lo es todo para mí, pero ahora mismo te necesita. Eres su hermana. Yo sólo sería un obstáculo.


El dolor era casi insoportable. Alargué la mano y jugueteé con un mechón de su pelo. Ese rubio perfecto me fascinaba desde los cinco años. Siempre me había recordado a una princesa de las hadas, incluso cuando preparaba cebos de pesca con hígados de pollo. Había perdido a mi princesa, pero su recuerdo valía hasta la última punzada de dolor que sentía en el corazón.

—A pesar de que estuvo mal quedarme contigo sin tener en cuenta los sentimientos de Emily, no soy capaz de sentirme arrepentido. He pasado tres años maravillosos a tu lado, Hanna.

Éste era mi adiós. Emily estaba ahí fuera, esperando a que me alejase. Había llegado su momento. Yo había echado a perder mi oportunidad a lo grande. Le solté el pelo, di un paso atrás, me di la vuelta y me adentré en el bosque en busca de mi hermana.
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por micky morales el Lun Mayo 21, 2018 8:51 pm

Bastante interesante!!!!
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Mensaje por 3:) el Mar Mayo 22, 2018 11:50 pm

se ve interesante!!
a ver como sigue!!!
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Mayo 27, 2018 4:44 am

Capítulo 1







Seis meses después



Santana




Sabía que no debería haber venido, pero no podía seguir evitando las fiestas del prado. Tenía que empezar a comportarme como si no me molestara que Emily y Hanna estuviesen juntas.

—Aquí tienes, tía. —Rechel me puso en la mano un vaso rojo de plástico, lleno hasta arriba de cerveza. Me dispuse a devolvérselo con una mueca – .Bébetelo. Hasta yo lo necesito, después de veros a las tres.

Le agradecía que hubiese hablado lo bastante bajo como para que nadie más le oyese. Sentía sobre mí las miradas furtivas de todo el mundo. Esperaban ver cuál sería mi reacción. Habían pasado seis meses desde que Hanna me dejó por mi hermana. Ahora me resultaba más fácil verlas juntas, pero normalmente prefería mantener las distancias. Ésta era la primera vez que había tenido que presenciar a la salida de Emily besándole el cuello, la mano, la cabeza y cualquier parte a la que tuviesen acceso sus labios mientras charlaba con los demás y Hanna permanecía acurrucada entre sus piernas.

Rechel tenía razón; necesitaba una copa. Me puse el vaso en los labios, eché la cabeza atrás y tomé un buen trago. Cualquier cosa con tal de distraerme de la sesión de besuqueos que tenía en frente.

—No puedo creer que no vayáis a la misma universidad. Estaba convencido de que os harían un contrato de dos por uno. —Noah Pukerman casi parecía decepcionado de que hubiese decidido matricularme en la Universidad de Florida en lugar de la de Alabama. Emily y yo habíamos planeado jugar con el equipo de fútbol de Alabama desde los cinco años. Pero cuando Florida me ofreció una beca completa, la acepté. Necesitaba poner distancia. Hanna iría a la Universidad de Alabama con Emily, y yo me sentía simplemente incapaz de estar allí con ellas.

—Florida le hizo una oferta fantástica. No puedes culparla por aceptarla — explicó Emily.

Mi hermana lo comprendía. Nunca lo mencionaba, pero sabía por qué había escogido Florida. Emily había tenido cuidado durante mucho tiempo de no pasear delante de mis narices su relación con Hanna, pero desde la graduación se había relajada. Últimamente, cada vez que las veía, ella estaba entre sus brazos y élla la miraba con esa ridícula expresión de adoración que siempre había reservado para Hanna.

—Alabama no podría con dos Lopezl. Tenemos que repartirnos un poco — respondí fijando la vista en Puck antes de tomar otro trago de cerveza.

—Pero será extraño no tenerte aquí —dijo Hanna. Mierda. ¿Por qué tenía que hablar? ¿No podía quedarse ahí sentada en silencio y dejar que Emily le metiese mano? Oír la voz de Hanna me obligó a levantar los ojos para devolverle la mirada.

La curva triste que formaban sus labios hizo que despertara en mí esa vieja opresión en el pecho. Hanna era la única capaz de hacerme sentir así.

—Sobreviviréis. Además, vosotras dos no os separáis lo suficiente como para fijaros en nada más. —Acababa de sonar como una imbécil. Hanna se encogió ante mi comentario sarcástico: otro punto negativo para mí.

—Ten cuidado, Santana. —La amenaza era evidente en el tono de voz de Emily. El grupo se quedó en silencio. La atención de todos se concentraba en nosotras dos. La furia que iluminaba la mirada de Emily sólo sirvió para que me cabreara aún más. ¿Qué derecho tenía a enfadarse? Había conseguido a la chica.

—¿Por qué no te tranquilizas? Sólo contestaba a su comentario. ¿Qué pasa? ¿No tengo permiso para hablar con ella?

Emily asió la cintura de Hnna y la apartó de élla mientras se levantaba.

—¿Tienes algún problema, San?

Hanna se puso de pie con dificultad, rodeó Emily entre sus brazos y empezó a suplicarle que no me hiciese caso, asegurándola que mi comentario no tenía mala intención, aunque ambos sabíamos que sí la tenía. Los ojos de Emily no se apartaron de los míos mientras alargaba el brazo para zafarse de Hanna.

Dejé el vaso en la plataforma trasera de mi furgoneta y di un paso hacia élla. Necesitaba esta pelea. Contener mi agresividad era tan difícil, algunas veces. Pero Hanna no lo iba a permitir. Se apoyó en los hombros de Emily y se le subió encima, rodeándole la cintura con las piernas. Si verla en sus brazos no me cabrease tanto,me hubiese reído de su determinación para evitar que nos peleásemos. Se las había visto con nosotrss desde que éramos niñss, y sabía exactamente qué hacer para impedir que llegásemos a las manos. Lanzarse de lleno sobre la línea de fuego era la única forma.

A Emily se le iluminaron lo ojos, y con una expresión divertida sustituyó la mueca de enfado por una sonrisa satisfecha, mientras su mirada pasaba de mí a Hanna.

—¿Qué haces, princesa? —preguntó arrastrando las palabras. Utilizaba ese truco con las chicas desde la pubertad.

—¡Buen truco para distraerlo, Hanna! —chilló Aria Mogomeri desde el regazo de Puck. Siguieron más silbidos y piropos. Emily le sonreía como si fuese la persona más fascinante del mundo entero. Ya no podía más. Tenía que irme de allí.

—Vamos a comer algo... Estoy muerto de hambre. Conduce tú —sugirió Rechel, y Sam se mostró de acuerdo. Rechel se montó en mi furgoneta y yo, sin mirar a ..Emily y Hanna, di la vuelta al coche y subí. Si mi hermana se la llevaba a rastras hasta su coche, iba a perder la cabeza. Marcharse era una buena idea.
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Mayo 27, 2018 4:51 am

Capítulo 2

Brittany


Quinn coqueteaba descaradamente con el barman. Sabía lo que planeaba y estaba segura de que él también. La brillante estrategia de enseñar el escote y ponerle ojitos mientras reía no era precisamente el plan más original jamás urdido. No podía comprender por qué no se conformaba con beberse su refresco mientras esperábamos mesa. El viaje de diez horas por carretera junto a ella (desde nuestra ciudad, Alpharetta, Georgia, hasta el sur de Alabama) satisfacía de sobras la cuota de tiempo que debía pasar con mi vecina y amiga de la infancia. Al crecer,Quinn y yo nos habíamos convertido en dos personas completamente distintas, pero el vínculo de cuando éramos pequeñas evitó que nos distanciásemos. Sin embargo, a Quinn sólo se la podía aguantar en pequeñas dosis.

—Venga, Britt. Deja que eche un vistazo a esos fantásticos pechos que por fin has decidido compartir con el mundo —susurró con la mirada fija en el muchacho, que preparaba la consumición de otro cliente. Yo ya tenía bastante con mi refresco. Si Quinn quería hacer el ridículo con la esperanza de conseguir un cóctel gratis, perfecto, pero yo no pensaba apuntarme. Lo último que necesitaba era que me pillaran con una bebida alcohólica a sólo media hora de distancia de casa de mis tíos. Si mi tío descubría que había estado bebiendo alcohol no iba a dejar que pasara el verano con él y su familia.

—Eres una aguafiestas, Britt —gimoteo Quinn, y lanzó una mirada furiosa a mi bebida como si fuese la culpable.

Llegadas a este punto, ya no me importaba que se enfadase. Lo único que quería era cenar e ir a casa de mis tíos. Ver las luces traseras del coche de Quinn alejándose por la carretera iba a ser más que agradable.

—No te entiendo, Britt. Te pones guapa y por fin te decides a presumir de lo que tu madre te ha dado... Vale, tu madre no te lo ha dado, porque está claro que no es precisamente atractiva; ¿digamos lo que la fortuna te ha dado? Y, ¿para qué? ¡Para nada! Te compras vestidos nuevos, sexys y bonitos y te cambias el peinado para lucir esa melena tuya, pero nunca coqueteas. Es como si lo hubieses hecho sólo para ti misma, ¡menuda estupidez! Ahora los chicos y Las chicas se fijan en ti, Britt. Se dan la vuelta para mirarte, pero tú les ignoras.

Ésta era una diatriba bastante habitual. Le volvía loca que no me echase en brazos del primer chico o Chica que se dignase a mirarme. Pero no iba a explicarle la razón. En manos de Quinn sería información peligrosa. Encontraría la forma de echarlo todo a perder. No lo haría a propósito, claro, pero lo haría. Esa boca enorme que tenía siempre acababa trayendo problemas.

—Ya te he dicho que no estoy interesada en salir con nadie. Acabamos de graduarnos. Quiero aprovechar el verano y prepararme para la universidad en otoño, disfrutar de tener lejos a la loca de mi madre y simplemente... relajarme.

Quinn soltó un resoplido e inclinó la cabeza para mordisquear la pajita mientras sus ojos perseguían al pobre barman que, a esas alturas, debía de estar impaciente por que nos sentaran a una mesa.

—También podrías venir conmigo. Pasar de tu prima y estarte todo el verano de fiesta en la playa. A Corey le encantaría que vinieses. Su padrastro tiene un apartamento con tres dormitorios y unas vistas increíbles al océano.

Pasar el verano con una Quinn borracha y sus amigos no me parecía muy tentador. Tenía mis propios planes y, por el momento, todo estaba saliendo bien. Pero el próximo paso me ponía de los nervios. Era crucial.

El primer paso fue teñirme el cabello de mi pelirrojo original a un Rubio Dorado, y peinármelo con gracia en lugar de recogérmelo en una trenza o una coleta cualquiera. El tono de pelo más intenso hacía que mi pálida piel pareciese casi delicada. El siguiente paso fue limpiar mi armario: metí en una bolsa toda la ropa que tenía y la regalé. Mi madre se escandalizó, pero cuando vio el estilo de ropa con el que pensaba reemplazarla, decidió apoyarme. A diferencia de otras madres, a la mía le gustaba verme en pantalones cortos de los que dejan a la vista casi toda la pierna y con tops ceñidos que resaltaban mi generoso pecho.

Quinn quiso enseñarme a pintarme, pero rehusé su oferta amablemente y fui a la sección de maquillaje de los grandes almacenes para que me instruyesen profesionales. Aunque nunca me había gustado el maquillaje, tuve que admitir que el efecto que conseguía en mis ojos era sorprendente. Después de que me pintasen, cerré la puerta de mi habitación y estuve contemplándome a mí misma durante horas, fascinada.

Convencer a mi madre de que me dejase pasar el verano en casa de mis tíos había sido un poco más difícil. Mi prima Hanna había sido de gran ayuda. Habló con su madre quien, a su vez, habló con la mía. Cuando mi tía convenció a mi madre de que Hanna deseaba de verdad que pasara con ella el último verano antes de la universidad, me entusiasmé tanto que por un segundo olvidé el último paso del plan. Ésa era la razón por la que me había vuelto moderadamente atractiva y por la que había suplicado para pasar el verano con mi prima. El objetivo parecía sencillo, pero cuando me ponía a darle vueltas se volvía increíblemente complicado. Conseguir que una chica se enamorase perdidamente de ti no era fácil, y aún menos cuando había estado enamorado de tu prima desde siempre.

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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Mayo 27, 2018 5:01 am

Capítulo 3

Santana




—Tienes que controlar ese mal genio, tía. Si alguien puede plantarle cara a Emily eres tú, pero igualmente te molería a palos —me advirtió Rechel al salir del camino de tierra que conducía a la fiesta del prado.

—Ya han pasado seis meses. ¿Hasta cuándo piensas seguir cabreado? — preguntó Sam desde el asiento trasero.

¿Y eso era asunto suyo? Ninguno de los dos tenía ni idea de lo que significaba mantener una relación seria. Habían estado con tantas chicas durante los cuatro años de instituto que ni siquiera me acordaba de sus nombres. Explicarles que desde que tenía doce años había planeado mi vida en torno a Hanna no era precisamente sencillo. Así que encendí la radio para ahogar el sonido de su interrogatorio.

—Puedes subir el volumen todo lo que quieras, pero el caso es que tienes que pasar página —dijo Rechel—. Emily es tu prima y tu mejor amiga. Una tía no puede interponerse entre las dos. No por mucho tiempo.

Rechel me estaba observando desde su asiento.

Sabía que esperaba mi respuesta, pero no le di ninguna. Su comentario demostraba que no me conocía de verdad, y pensé que nadie me conocía bien excepto Emily y Hanna. Emily no era mi prima; era mi hermana. Pero cuando descubrió la verdad por boca de su madre, decidió que siguiera siendo un secreto, como siempre. No quería reclamar a mi padre como suyo, y no podía culparle por ello. Tampoco es que nuestro progenitor hubiese hecho nada para ayudar a Emily mientras crecía. Así que él sólo sentía desprecio por mi padre..., por nuestro padre. Decidió recordar a nuestro tío como a su auténtico padre, ya que fue la única figura paterna que Emily había conocido. Aunque murió cuando teníamos seis años, él lo recordaba con afecto..., al contrario de lo que le sucedía con su verdadero padre.

—¡Eh! Te has pasado de largo de Hank’s —exclamó Rechel, señalando con el dedo la hamburguesería a la que íbamos a comer a menudo.

—No vamos a Hank’s —fue mi respuesta. Habían sido ellos los que se habían montado en mi furgoneta. Si no les gustaba que necesitase salir de Grove, podían volver andando a la ciudad en cuanto llegásemos a nuestro destino.

—¿Vas a salir de Grove?

—Sí.

Rechel soltó un resoplido y se arrebujó en su asiento.

—A este paso, cuando pare la puñetera furgo estaremos en Florida.

—¿Florida? Estoy muerto de hambre y una hamburguesa con queso de Hank’s lo habría solucionado —refunfuñó Sam.

Disminuí la velocidad, estacioné en la cuneta y eché un vistazo a Sam.

—Puedes bajar y volver andando, si quieres.

Puso unos ojos como platos y negó lentamente con la cabeza.

—No pasa nada, tía. Estoy bien.

Arranqué el coche e ignoré el intercambio de miradas entre los dos. Ambos pensaban que me estaba recuperando de un corazón roto. Y bueno, tenían razón.

Nadie dijo ni una palabra hasta que aparqué en Wings. Había conducido unos treinta kilómetros al sur hasta la ciudad más cercana con restaurantes aceptables.

—Tendrías que haberme dicho que veníamos a Wings. Me hubiese callado —Sam soltó un grito de alegría y abrió de golpe la puerta de la furgoneta, bajando de un salto.

Nunca había comido aquí con Hanna. No quedaban muchos sitios donde no guardase recuerdos de ella, así que mis opciones eran limitadas. Esta noche necesitaba quitármela de la cabeza y concentrarme en mi futuro... o al menos en mi verano.

—Voy a comerme mi propio peso en alitas de pollo —dijo Rechel en respuesta al entusiasmo de Sam por mi elección de restaurante.

Al menos les había alegrado la noche. Tampoco es que me importase.

Abrí la puerta, entré y me detuve en la entrada. Una chica alta con una melena larga y rubia recogida en una coleta me sonrió con una mirada apreciativa, a la que estaba acostumbrado. Me había acostumbrado a ignorar esas miradas por parte de otras chicas durante tanto tiempo que la deseché automáticamente. Pero esta noche no iba a hacerlo. Ya era hora de empezar a coquetear. Le ofrecí una sonrisa que sabía que era bastante impresionante porque Hanna siempre hablaba de ella.

—Seremos tres, por favor —le dije, y observé cómo se le abrían los ojos de par en par y parpadeaba varias veces. No era especialmente guapa, pero ver que se ponía nerviosa me provocó un agradable subidón en el ego.

—Ah... mmm..., vale..., sí —tartamudeó, buscando los menús, que se le cayeron al suelo. Me incliné a su lado para ayudarla a recogerlos.

»Lo siento. Normalmente no soy tan torpe —explicó, y dos manchas rojas le aparecieron en las mejillas.

—¿Así que es sólo conmigo? —la azucé.

Se le escapó una risita nerviosa y me di cuenta de que no me serviría. No me gustaban las risitas. Hanna nunca reía como una boba.

Le entregué los menús, me levanté y fijé mi atención en otra parte. No necesitaba seguir coqueteando. Se haría una idea equivocada.

—Vale, mmm, por aquí —oí que decía. Rechel y Sam fueron tras ella en seguida. Yo me dispuse a seguirlos cuando mi mirada interrumpió su valoración desinteresada del bar para concentrarse en una mujer a la que estaría encantado de dejar que riese todo lo que quisiera.

El cabello Ruibio le caía por la espalda y se le rizaba en las puntas. Estaba sentada en la barra y tenía las piernas largas y desnudas cruzadas; una sandalia plateada de tacón alto le colgaba de los dedos de un delicado pie. Aún no le había visto la cara, pero de espaldas parecía toda una belleza. Tenía mucho potencial.

—¿Vienes o qué? —gritó Sam, pero no giré la cabeza para ver a dónde habían ido o en qué mesa los habían sentado. La voz gritona de Sam llamó la atención de la chica, que se volvió en su asiento y le echó un vistazo por encima del hombro. Su piel suave y cremosa estaba salpicada de pecas. Normalmente no soy muy fan de las pecas, pero la mirada seductora de sus ojos Azules y esos casi imposibles labios carnosos hacían que el conjunto funcionase perfectamente. Se dispuso a girarse para ver de qué iban aquellos gritos cuando se detuvo y nuestras miradas se cruzaron. Sorpresa, placer y ansiedad, todo le pasó por la cara mientras me estudiaba. Me sentía fascinada. El barman apareció y le dijo algo. Ella le miró.

—San, tía, ven —dijo Rechel. Aparté la mirada de la Rubia y me dirigí a la mesa donde estaba la camarera con los menús.

—Santana, espera.

Una voz conocida hizo que me detuviera de golpe. Me invadió la incredulidad al darme la vuelta y ver a la guapa Rubia que se aproximaba a mí. Mientras le recorría el cuerpo con la mirada, apreciando la vista, me fijé en la corta minifalda vaquera que llevaba, que terminaba varios centímetros por encima de sus rodillas. El top blanco atado a la cintura con una especie de lazo flojo que se balanceaba dejaba entrever su estómago plano y liso. Conseguí apartar la mirada del impresionante escote para mirarle la cara. Sus labios ridículamente apetitosos dibujaban una pequeña sonrisa y por fin la reconocí.

No podía ser.

—¿Brittany? —Era imposible pasar por alto la incredulidad que destilaba mi tono de voz. La última persona que esperaba ver era a la prima de Hanna. El hecho de que ella fuese la chica a la que había estado dando un repaso era más que sorprendente.


—Santana —respondió, con una gran sonrisa en la cara.

—¿Qué haces aquí? —pregunté, aunque lo que pensaba era más bien «¿Qué demonios te ha pasado?». No se parecía en nada a la chica que había visto siete u ocho meses atrás. Esa chica era dulce, remilgada y formal. La chica que tenía ahora delante de mí era una fantasía sexual en movimiento.

—Comer —bromeó, y me di cuenta de que yo también estaba sonriendo. Por primera vez en meses me salía una sonrisa verdadera, no una forzada.

—Bueno, sí, lo suponía. Quiero decir que qué haces aquí, en el sur de Alabama.

Apretó los labios y sacó un poco la lengua para lamérselos con nerviosismo. Mmm... No me importaría probar esos labios.

—Voy a pasar el verano con Hanna. Mi amiga va en dirección a la playa, así que me dejará en su casa después de cenar.

Hanna. Mierda. ¿Por qué tenía que mencionar a Hanna? Mi buen humor se esfumó y de nuevo apareció la sonrisa falsa. Brittany echó un vistazo por encima de mi hombro a la mesa donde estaban mis amigos y frunció el entrecejo.

—¿Ya os han sentado? —dijo mirando con frustración a la camarera—. Era de esperar —masculló.

Seguí su mirada y vi que la camarera rubia nos estaba observando con expresión irritada.

—¿Qué pasa? —pregunté, devolviendo mi atención a Brittany.

Suspiró y me volvió a mirar.

—Llevamos esperando mesa al menos un cuarto de hora.

Ah. La camarera nos había dado su mesa. Un problema que yo podía qsolucionar.

—Ve a por tu amiga, os sentaréis con nosotros.

Brittany me ofreció una sonrisa deslumbrante.

—Vale, gracias, vuelvo en seguida.

Contemplé cómo se giraba y volvía a la barra. Era imposible no fijarse en su trasero mientras contoneaba las caderas de un lado a otro. Maldita sea. Brittany tenía buen aspecto.

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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Mayo 27, 2018 5:18 am

Capítulo 4

Brittany


—Oh, Dios mío, ¿acabas de coquetear con esa tía buena? Hay que ver, nena, cuando te decides a pavonearte, apuntas alto. —La admiración en la voz de Quinn hizo que me entrasen ganas de reír. Pero como también tenía ganas de vomitar mantuve controlado el buen humor.

Santana me había mirado de arriba abajo. Me había repasado todo el cuerpo y se había detenido en mis pechos. Sentí la necesidad de abanicarme con el posavasos de mi bebida.

—La conozco. Y nos vamos a sentar con élla y con sus amigos —anuncié, cogiendo el bolso y el refresco.

—¿De verdad? —gritó feliz Quinn, cogiendo su bolsa del asiento contiguo y poniéndose de pie. La especie de pañuelo que llevaba, al que ella llamaba camisa, mostraba su estómago plano y bronceado. El pendiente que tenía en el ombligo, con dos pequeños brillantes falsos en cada extremo, hacía que las miradas se fijasen automáticamente en su piel. Y los diminutos pantalones que se había puesto hacían que a su lado mi minifalda pareciese distinguida. Esta chica conseguía que la gente se girase para mirarla, aunque sólo fuese porque la mayor parte de su cuerpo estaba a la vista.

—Vamos —le espeté y me dirigí hacia Santana, que estaba de pie justo donde le había dejado, esperándonos.

Sus ojos se desviaron hacia Quinn y vi que la examinaba igual que había hecho conmigo. Se me hizo un nudo en el estómago y tuve que resistir el impulso de empujarla detrás de mí. No quería que le dedicase el mismo repaso lento y sexy por todo el cuerpo.

—Está como un tren —siseó Quinn a mi lado. Había sacado pecho y se apartó el largo pelo rubio que le caía sobre los hombros. Se estaba preparando para poner en marcha todos sus talentos con Santana.

—Élla no, Quinn. Quédate con uno de los otros dos —intenté que no sonara como una súplica, pero era imposible ocultar mi desesperación.

Oí que soltaba un grito ahogado.

—Élla es la causa de que tú... —su voz se fue apagando mientras se hacía a la idea de lo que acababa de averiguar—. Ah, vaya. Lo pillo. No me voy a meter.

No, pero seguía estando bronceada y libre de pecas y tenía experiencia con los hombres Y mujeres. El tipo de cosas que podrían gustarle a Santana.

Cuando llegamos, por mucho que detestase la idea, supe que tenía que hacer las presentaciones. ¿Por qué no la había dejado en la barra con el barman fingiendo que no existía? La mirada apreciativa de Santana estaba clavada en Quinn y aunque me había prometido que no iba a coquetear, para ella era un acto reflejo. No podía evitarlo.

—Hola, soy Quinn —dijo arrastrando las palabras en un tono sexy que hizo que me entrasen ganas de darle una bofetada.

—Encantado de conocerte, Quinn —replicó él, dándole la mano y... ¿apretándola un poco?

—Soy Santana. Un vieja amiga de Brittany.

No me pasó por alto el hecho de que había dejado que se presentaran ellas mismos. Me sentía incapaz de soltar palabra; temía que se me escapara un rugido furioso. En ese momento, odiaba a Quinn. Iba a pasar el verano con un chico que se suponía que era su novio, pero estaba usando sus encantos con Santana. ¿Para qué? ¿Un rollo de una noche? Si se atrevía, era capaz de matarla.

—¿Brittany? —la voz de Santana me sacó de mis pensamientos violentos y parpadeé varias veces para aclararme las ideas.

—Ah, sí, lo siento —respondí.

—Está agotada del viaje —explicó Quinn para protegerme. Seguro que se había dado cuenta de lo que pasaba.

—Te he preguntado si quieres que te lleve a casa de Hanna después de cenar y así Quinn puede irse.

Oh, se estaba ofreciendo a llevarme. Quinn no estaría. Sí, por favor.

—Sería fantástico. Gracias —me las arreglé para que no se notara mi entusiasmo.

Se le formó una sonrisa satisfecha en los labios y sentí el impulso de alargar la mano y acariciarlos, para ver si eran tan suaves como parecían. Qué raro.

Santana nos condujo al reservado donde estaban los otros dos esperándonos, sonrientes. Se les notaba la sorpresa y la curiosidad en los ojos.

—Chicos, ésta es Brittany, la prima de Hanna, y su amiga Quinn. Estaban esperando mesa y me ofrecí a compartir la nuestra —explicó Santana y después se volvió para mirarnos—. la de la izquierda es Rechel y el de la derecha Sam.

Rechel tenía una bonita sonrisa y el pelo Largo y Castaño. Llevaba el pelo lo suficientemente largo para que se le hiciese un pequeño bucle en la frente. Sus ojos oscuros parecían cálidos y divertidos. Me gustó al instante. Tenía que escoger un lado del reservado y élla parecía la menos amenazadora de los dos. Miré de reojo a Sam y vi que estaba absorto en el estómago desnudo de Quinn. Los rizos rubios que se escapaban de su gorra de béisbol eran monos, pero el destello claramente sexual de su mirada resultaba un poco inquietante.

—Quinn —dijo Sawyer, indicándole que se sentara al lado de Sam. Yo me
moví para sentarme junto a Rechel. Me sentía extremadamente agradecida de no tener que sentarme junto a Sam.

En ese momento vi que Santana se deslizaba junto a Quinn y el estómago me dio un vuelco. Tenía que escoger un sitio y sin pensarlo ni un segundo había elegido a Quinn. Su oferta de llevarme a casa de Quinn ya no parecía tan importante. Lo había hecho para mostrarse considerado, porque era su forma de ser. No porque se sintiera atraído por mí o ni siquiera remotamente interesado. Era una idiota.

—No sabía que Hanna tuviese una prima —dijo Rechel. Aparté la vista de Santana mientras élla se acercaba a Quinn y me concentré en la chica que tenía al lado. Al menos no parecía molesta por tener que quedarse conmigo en vez de con mi amiga.

—Mmm, sí, soy la única. Vivo en Georgia y sólo bajo a visitarla una vez al año como mucho.

La sonrisa de Rechel le servía para exhibir sus perfectos dientes blancos. Me gustan las chicas con buena dentadura. Y Rechel no era nada fea. Sus ojos oscuros estaban enmarcados por unas pestañas muy largas.

—¿Te quedarás mucho tiempo?

—Todo el verano —respondí. La sonrisa de Rechel parecía aprobadora, y
asintió con la cabeza.

—Bien —dijo, y levantó la vista para mirar a la camarera que acababa de Llegar.

—¿Qué os puedo ofrecer de bebida? —preguntó ésta, poniéndose un mechón de pelo detrás de la oreja y ofreciendo una sonrisa forzada que no se reflejó en sus ojos.

—Una cola —anunció Rechel, y echando un vistazo a mi vaso casi vacío añadió—: Que sean dos.

Pidió por mí. Eso me gustaba. Ningúna chica lo había hecho antes. Me hacía sentir especial.

—Para mí un cubata —dijo Quinn, como si se fuese a salir con la suya. La miré furiosa y me guiñó el ojo.

—Carnet —respondió la camarera, y esta vez fui yo quien le hizo una mueca a Quinn, que cambió su expresión altanera por otra irritada.

—No lo llevo encima —contestó, molesta.

—Seguro que no —masculló la camarera.

—¿Estás insinuando que no parece que tenga veintiuno? —preguntó Quinn como si estuviese perpleja ante la posibilidad de que alguien lo pusiera en duda.

—Sí, eso es lo que estoy insinuando —contestó la camarera en tono socarrón.

Quinn abrió la boca para discutírselo y comprendí que iba a tener que interponerme antes de que nos echaran.

—Tráele una cola light, por favor —interrumpí con una sonrisa de disculpa. A continuación, le lancé una mirada de advertencia a Quinn.

Ella gruñó indignada y se cruzó de brazos, haciendo pucheros. Por suerte no tenía mucho escote, así que Santana no le miró los pequeños pechos cuando se levantaron a causa de esa ridícula postura.

Todos habían pedido sus bebidas. Santana se inclinó para susurrarle algo a Quinn, que se echó a reír, y decidí que tenía que concentrarme en el menú para superar la situación. No sé por qué había esperado que ocurriese algo diferente.

—Lo has llevado bien —susurró Rechel, abriendo el menú a mi lado. Le dediqué una mirada rápida y una sonrisa.

—Gracias. Ocurre a menudo.

Élla también sonrió, y examinó el menú. Yo hice lo mismo.

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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por micky morales el Dom Mayo 27, 2018 7:31 am

Bueno, muy interesante este encuentro!!!! a ver como sigue luego de que Quinn siga su camino!!!!
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por 3:) el Lun Mayo 28, 2018 9:21 pm

mmmmm se empezaron a mover las fichas!!!
a ver como va la cena???
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jun 03, 2018 5:11 am

Capítulo 5



Santana



Si Quinn volvía a reírse como una boba una vez más, destrozaría mi servilleta y me la metería en los oídos. Qué irritante era. Al verla me pareció que tenía potencial para ayudarme a no pensar en Hanna durante esta noche, pero estaba muy equivocada. Lo único que hacía era ponerme de los nervios. Si volvía a acariciarme disimuladamente el muslo acabaría empujándola encima de Sam.

Una risa suave me llamó la atención y me fijé en Brittany. Sonreía a lo que fuera que Rechel le estuviese contando. Habían hablado en susurros durante toda la cena. Eso también me estaba poniendo de los nervios. Desde que se sentó a su lado, Rechel había acaparado todo su interés. Era como si no hubiese nadie más en toda la puñetera mesa.

—Parece que le interesa tu amiga —comentó Quinn. Era evidente que había notado dónde estaba mi atención.

—Mmm —fue mi única respuesta.

—¿Desde cuándo conoces a Britt? —preguntó. Recordé la época de las colas de caballo de color naranja y las piernas flacas con rodillas prominentes y me di cuenta de lo mucho que había cambiado. Las pecas que en el pasado la habían hecho tan poco atractiva ahora realzaban su belleza.

—Desde pequeñas. Siempre tenía que protegerla de Hanna y Emily. La atormentaban.

—¿Emily? —preguntó Quinn. Por lo que parecía, Brittany no hablaba mucho de Hanna con su amiga. Si lo hiciese, sabría perfectamente quién era Emily.

—Mi her..., eh, prima —respondí.

Brittany echó la cabeza atrás y soltó una verdadera risotada. No una que intentase contener, sino una que significaba que estaba encantada con algo y no le importaba que todos lo supiesen. Sus largos tirabuzones dorrados rozaban la mesna y me pregunté cómo reaccionaría si me enredaba uno en el dedo.

—Te parece gracioso, ¿no? —respondió Rechel, sonriendo como una idiota porque la había hecho reír a carcajadas.

Brittny asintió, alargó la mano y le dio un apretón en el brazo.

—Sí, lo siento —contestó intentando disimular su sonrisa.

El lenguaje corporal de Rechel demostraba que no la molestaba en absoluto: se inclinó hacia ella y empezaron otra vez con los dichosos susurros. Esas dos estaban metidos en su propio mundo.

—Normalmente no se le dan bien las chicas. La ponen nerviosa —señaló Quinn.

A mí no me parecía nerviosa, aunque estaba de acuerdo en que la Brittany que yo recordaba era callada y reservada. ¿Qué es lo que había cambiado, aparte de que en pocos meses había pasado de ser poco memorable a ser una belleza?

Sam le dijo algo a Quinn, ganándose su atención. Por fin iba a tener algo de paz. Con un poco de suerte, le manosearía el muslo a él y a mí me dejaría tranquila.

Brittany cogió su bebida y nuestras miradas se cruzaron. Se detuvo un momento y me sonrió. Tenía una sonrisa muy bonita. Y esas pecas... eran adorables.

—¿Disfrutando de la cena? —pregunté.

Miró de reojo a Rechel, que la contemplaba como un cachorrito enamorada. Se las había arreglado para metérselo en el bolsillo en poco tiempo.

—Sí, gracias —respondió y tomó un sorbo de su refresco. Esos labios exuberantes acariciaron la pajita y tuve que tragar saliva para no soltar un gruñido. ¿Cómo se las había arreglado la pequeña Brittany Pierce para ser tan hábil en el juego de la seducción?

—Brittany ha mencionado que la llevaríamos a casa de Hanna —comentó Rechel, y aparté la vista a regañadientes de sus labios y su pajita para mirarla furiosa. No estaba segura de por qué. Había entretenido Brittyany y se había asegurado de que se sintiera cómoda con nosotros. Me obligué a relajar mi expresión y asentí.

—Sí, he pensado que como íbamos en la misma dirección, podía llevarla y así Quinn podía seguir hacia la playa.

Rechel parecía muy satisfecha.

—Buena idea —contestó con una sonrisa y se inclinó para decirle a Brittany algo que la hizo reír.




*************

Pagar mi cena y salir de allí inmediatamente había sido mi prioridad número uno. Tenía ganas de despedirme de Quinn. Las chicas que no eran capaces de pillar una indirecta me irritaban. Firmé el recibo y metí la tarjeta de débito en la cartera.

—Toma —dijo Quinn en tono descontento mientras pagaba con un billete de veinte a la camarera.

—Rechel, no —la voz de Brittany interrumpió mis pensamientos, observé como fruncía el ceño a mi amiga, que le sonreía.

—Tengo que salir. He de ir al baño antes de ponerme en marcha otra vez — dijo Quinn, y me levanté para dejarla pasar sin apartar la vista de Brittany y Rechel, que parecían estar discutiendo. Bueno, ella discutía y élla pasaba un buen rato.

—Esas dos me están haciendo venir ganas de vomitar —musitó Sam al salir del reservado—. Además, ¿por qué le va a pagar la cena si acaban de conocerse? Tampoco es que se trate de una cita.

¿Rechel le había pagado la cena? ¿Por qué no se me había ocurrido a mí? Hubiese sido lo más correcto. Era la prima de Hanna. Tendría que haberla invitado yo. Pero había estado tan concentrado en zafarme de Quinn que no había pensado en nada más.

—Vamos, Rech, en marcha —Sam no intentaba disimular su irritación. Al parecer, no había triunfado con Quinn.

Brittany se puso de pie y salió en seguida del reservado. Rechel la siguió, llevando su bolsito rojo en la mano.

—Olvidabas esto —dijo al salir detrás de ella.

Brittany le ofreció una sonrisa complacida y le dio las gracias.

Me dirigí a la puerta a paso airado sin mirar atrás, para asegurarme de que
me seguían. Necesitaba salir fuera a respirar aire fresco antes de tirarme al cuello de alguien sin motivo alguno.


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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jun 03, 2018 5:17 am

[
b]Capítulo 6

Brittany[/b]




Santana estaba muy callada. Intenté no mirarla tan fijamente mientras Rechel y élla sacaban mis cosas del coche de Quinn y las cargaban en su furgoneta. Parecía tener prisa por marcharse. Quizá Quinn se había pasado de la raya y quería sacársela de encima.

La idea me hizo sonreír. Le miré a hurtadillas a través de mi pelo y me di cuenta de que se había relajado desde que subimos al vehículo. Rechel cedió a Sam el asiento de delante y dijo que se sentaría conmigo detrás, pero Santana contestó que no pensaba dejarme entrar a gatas en la parte trasera de su furgoneta. No me parecía que acomodarme en la espaciosa zona posterior fuese «ir a gatas», pero no se lo discutí. Su mueca enfadada me impulsó a sentarme a toda prisa en el asiento de delante. Por suerte, pareció calmarse en cuanto los otros dos se subieron al coche.

—Si quieres puedes cambiar de emisora —comentó Santana, mirándome de reojo.

No estaba prestando atención a la música. Había estado demasiado preocupada pensando en por qué se había puesto tan hosco de repente. Éste no era la Santana que recordaba. Normalmente, era todo sonrisas y buena educación. Ésta debía de ser la Santanade después de Hanna. La idea me puso triste.

—No, tía, no la dejes elegir. pondrá una mierda de banda prefabricada de tíos buenos o algo así —se quejó Sam desde atrás—. Ay, pero ¿qué...?

Me di la vuelta y vi a Rechel fulminándolo con la mirada.

Si al menos le gustase a Santana tanto como parecía gustarle a Rechel... Aunque lo cierto es que Rechel estaba más a mi nivel.

—Me parece que dejaré que se meta ahí atrás y te dé una buena bofetada —dijo Santana en tono divertido.

—Da igual. Creo que Rech me ha magullado las costillas. Ya callo.

**********


El resto del trayecto continuó sin incidentes. No hablamos demasiado, excepto Santana para preguntarme si estaba cómoda. Enfocó el respiradero hacia mí y me dijo que lo cerrase si me entraba frío. Cambió de emisora varias veces, preguntándome todo el rato si me gustaba la canción. Éste era la Santana al que estaba acostumbrada: atenta y educada. No la chica malhumorada al que había visto antes.

Cuando Santana entró en el camino de tierra que sabía que conducía a las fiestas del prado, busqué en el aparcamiento el coche de Hanna o la furgoneta de Emily. No estaba segura de estar lista para ver a mi prima con las dos chica Lopez. Si Santana seguía colgada de ella, me destrozaría.

—Nos vemos luego. Voy a llevar a Britt a casa de Hanna.

Rechel se aclaró la garganta, llamándome la atención.

—Eh, la puedo llevar yo —dijo en tono cauto, mirando fijamente a Santana. Ésta, por su lado, no se molestó en darse la vuelta para mirarla.

—Ya lo hago yo, Rechel —respondió en un tono de voz fría y dura.

Rechel dejó de mirar a Santana para mirarme a mí, y entonces soltó un suspiro derrotado, abrió la puerta y salió del coche.

En cuanto cerró tras élla, Santana reculó y cambió de sentido. En secreto, estaba encantada de que quisiera llevarme a casa de Hanna, pero pensar que seguramente lo hacía con la esperanza de ver a mi prima aplastó mis ilusiones.

En vez de torturarme con las distintas posibilidades, decidí preguntarle por Hanna.

—¿Y cómo os van las cosas a vosotras tres? —no hacía falta precisar más. Sabía perfectamente a qué me refería.

Se puso tensa, resopló, ladeó la cabeza y me miró.

—¿Me creerías si te dijera que todo va genial? —su sonrisa triste me partió el corazón.

—No —respondí.

Soltó una risa ahogada y se pasó la mano por el oscuro pelo.

—La última vez que viniste ya lo sabías, ¿no? Me acuerdo de la fiesta en el prado. Pasaba algo extraño. Para empezar, no eres la tipa de Emily, y Hanna no se habría enfadada si hubiese coqueteado contigo, porque habían hecho las paces — comenta y sacudió la cabeza—. Supongo que tú fuiste la única razón de que me lo tragase. No te tomaba por una mentirosa.

Sabía que esa mentira me perseguiría. Cuando Santana descubrió a Emily y a Hanna teniendo una pelea de amantes, no pude soportar la idea de que élla descubriese la verdad de aquella forma. Así que mentí y le dije a Sanatana que Emily me había tirado los tejos y que Hanna pensaba que no era digna de mí. Después le dije a mi prima que tenía que escoger a una de las dos Lopez o dejarlas a ambas, porque lo que la estaba haciendo a Santana no era justo.

—Lo siento... —respondí, porque era verdad.

Santana asintió.

—Sí, yo también.

Durante el resto del trayecto hasta casa de Hanna nos mantuvimos en silencio. No me preguntó si estaba cómoda, ni encendió la radio. ¿Por qué había tenido que abrir mi bocaza? Recordarle mi papel en el engaño de su prima y su novia había sido una estupidez.

—El coche de Hanna está aquí, pero no creo que esté en casa. Antes la vimos con Emily en el prado.

Asentí y alargué el brazo para abrir la puerta. Había dicho más que suficiente esta noche. Tenía que salir del coche antes de soltar otra estupidez.

—Espera, Britt —Santana alargó la mano y me apretó el brazo con los dedos. Se me puso la piel de gallina al sentir el contacto de su piel cálida y áspera.

—Sí —dije a través del nudo que tenía en la garganta.

—Mira, he sido una imbécil. Lo siento. No es culpa tuya. El lío con Hanna y con Emily nada de eso es culpa tuya. Necesitaba una válvula de escape para desahogarme y tú eras la única persona que estaba ahí... Me he equivocado... ¿Me perdonas?

Su mirada sincera hizo que me derritiese. Era igual que un cachorrito herida. Hanna estaba loca por haberla hecho daño. ¿Cómo se podía lastimar a alguien tan increíblemente perfecta

—Sí, desde luego.

Una sonrisa le iluminó la cara. Me apretó el brazo y luego me soltó.

—Uf, gracias.





Salimos los dos de la furgoneta y me encontré con él al otro lado. Empezó a sacar mi equipaje de la plataforma trasera y lo dejó en el suelo, y yo alargué la mano para cogerlo.

—Ya te ayudo. No cargues con lo más pesado —dijo Santana mientras levantaba la última maleta. Normalmente no llevaba tantas cosas, pero ahora que usaba maquillaje, me arreglaba el pelo y tenía un vestuario de verdad, necesitaba bastantes bártulos.

—Gracias.

—No te tomaba por el tipo de chica que lleva tanto equipaje —observó.


Me encogí de hombros.

—Las cosas cambian.

Me dispuse a levantar las bolsas con los cosméticos y los artículos de baño. Eran las dos más pequeñas.

—Sí que cambian, ¿no?

Su mirada se dirigió hacia la casa y me di cuenta de que estaba observando la ventana de Hanna. Estaba claro que aún no lo había superado.

—Por si sirve de algo, es una idiota.

Si no hubiese tenido las dos manos llenas, me hubiese tapado la boca. No podía creer lo que acababa de decir.

Santana me devolvió su atención. Tenía las cejas arqueadas en señal de sorpresa y yo estaba segura de que mis mejillas estaban sonrojadas.

—¿Tú crees?

Bueno, a estas alturas no podía negárselo. Así que asentí.

Sanatana dio un paso hacia mí y el corazón me empezó a latir tan fuerte en el pecho que sentí la necesidad de abrir la boca para tomar aire. Sus ojos Cafes me observaban con atención. Era como si me estuviese viendo por primera vez. Su mirada se posó en mis labios y tuve que resistir el impulso de lamérmelos.

—¿Crees que soy mejor opción que Emily? Élla es la mala, sabes. la peligros. A las chicas les gustan las chicas malas.

Su voz se había vuelto ronca. Me estremecí al ver que daba un paso más, sin apartar los ojos de mis labios. Hacía rato que no me aplicaba brillo. Me preguntaba si los tendría secos. Me obligué a conservar la calma y respondí:

—No a todas las chicas.

—Mmm...

Levantó la mano y me acarició el labio inferior con el pulgar. Imaginé que le mordía el dedo, me lo metía en la boca y lo lamía, pero no lo hice. Sólo contuve la respiración.

—Son tan suaves como parecen... o incluso más —susurró. Bajó la cabeza y, antes de que pudiese respirar para calmarme, sus labios estaban sobre los míos.

Forcé la entrada de oxígeno a mis pulmones a través de la nariz, solté las dos bolsas y me aferré a sus brazos para no perder el conocimiento por el hecho sobrecogedor de que Santana Lopez me estaba besando. Apoyó las manos en mi cintura, acariciándome suavemente la piel desnuda. Creo que gemí un poco cuando tiró de mi labio inferior y lo sorbió suavemente. Antes de que pudiese echarme en sus brazos, había desaparecido. Mareada y completamente sobresaltada, perdí el equilibrio y tuve que apoyarme en la furgoneta.

—Vaya —Santana alargó la mano para ayudarme a recuperar el equilibrio.

Qué vergüenza. Respiré hondo y levanté los ojos en cuanto fui capaz de centrar la vista de nuevo en élla. En lugar de la expresión de pasmo que estaba segura de que tenía yo en la cara, fruncía el ceño. No, más bien estaba enfurruñado.

—No debería haberlo hecho, Britt. Lo siento. Estaba alterada y no me he
parado a pensar.


Cogió las dos maletas y se dirigió a la puerta sin esperar mi respuesta. No era así como había imaginado nuestro primer beso. Y créeme, había estado fantaseando con élla durante años. La mayor parte de mi vida. Aunque el beso en sí había sido perfecto, el final había sido terrible.

La rabia sustituyó a la decepción, agarré las bolsas que faltaban y la seguí.¿Cómo se atrevía a besarme de esa manera, disculparse y después marcharse?

—Ya...

La puerta se abrió de golpe, interrumpiendo mi frase, lo que probablemente fue una suerte porque estaba a punto de cantarle las cuarenta.

—Britty, cariño, ya estás aquí.

La tía Sarah me ofreció una sonrisa radiante al abrir la puerta mosquitera. Le lancé una mirada furiosa a Santana y entré directamente en la casa.
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jun 03, 2018 5:21 am

Capítulo 7



Santana




Esto no podía salir bien. Me maldije a mí misma por actuar como una imbécil. Abrí de un tirón la puerta de la furgoneta y me dispuse a entrar cuando Emily aparcó su coche detrás de mí. Perfecto. Justo lo que no necesitaba. Tenía que hacerme a la idea de que había besado a Brittany, no encontrarme con mi hermana y Hanna.

La puerta de la furgo se abrió de golpe y élla salió disparado con una mueca furiosa. ¿Y ahora qué la pasaba?

—Más te vale tener una buena excusa para aparcar en casa de Hanna.

Adaptarme al hecho de que Emily se había convertido en una cavernícola por culpa de una chica había sido casi tan difícil como verla con Hanna. Emily no había sido celosa hasta que consiguió a la chica de sus sueños. Entonces se convirtió en todo un pirado.

—Acabo de dejar a Britt —respondí, devolviéndole la mirada. No me sustaban sus tonterías de tipa Dura. Me había metido en más peleas con élla de las que podía contar.

Mi respuesta la confundió, porque arqueó una ceja y se volvió para mirar a Hanna, que estaba saliendo del coche.

—¿Ya está aquí? —chilló, bajando de un salto antes de que Emily pudiese atraparla—. ¿Te acuerdas que te dije que Britt venía esta noche?

Le ofreció una gran sonrisa a Emily y luego me miró.

—¿Por qué...? ¿Cómo es que la has traído tú?

Hanna era adorable cuando estaba confundida.

—Nos encontramos cenando en Wings —respondí—. Me ofrecí a llevarla para ahorrarle el viaje a su amiga.

El ceño fruncido de Hanna volvió a convertirse en una sonrisa. Me gustaba hacerla sonreír, siempre me había gustado.

—¡Gracias! Qué bien que la encontrases. —Hanna se dio la vuelta, envolvió a Emily en un abrazo y le plantó un sonoro beso en los labios antes de soltarla y dar un paso atrás—. Tengo que entrar. Hace meses que no la veo. Llámame luego.

Élla le cogió la mano, le dio la vuelta con la palma hacia arriba y luego la besó y la lamió. Qué asco, no quería ver eso.

—Sí, te llamaré cuando me meta en la cama. —Su voz se volvió más ronca de lo normal y juraría que oí a Hanna suspirar. Había visto más de lo que hubiese querido. Me dispuse a subir a mi furgoneta.

—San, espera. —La orden de Emily me detuvo. Sólo quería marcharme, pero élla me cerraba el paso y no podía escapar.

Hanna entró corriendo en la casa y en cuanto hubo cerrado la puerta, Emily me miró y dijo:

—Lo de esta noche. No vuelvas a hacerlo. Han pasado seis meses y Hanna se esfuerza por ser amable contigo. Si vuelves a hablarle así, te voy a partir la cara.

Era de esperar, una amenaza en lugar de una disculpa. Pero tenía razón, había sido una imbécil con Hanna. No quería apartarlos a las dos de mi lado. Ellas me conocían mejor que nadie; habían sido mis amigos toda mi vida. Compartíamos un secreto y compartíamos recuerdos. Ambas cosas formaban un vínculo tan fuerte que había renunciado a Hanna casi sin oponer resistencia para conservar.

—Tienes razón. He sido una idiota. Me disculparé con ella la próxima vez que la vea.

Emily parecía haberse calmado. Su mirada regresó a la ventana iluminada.
Las chicas estarían charlando dentro y me pregunté si tendría otra cosa de la que disculparme la próxima vez que la viese. Porque si Brittany. le contaba lo del beso, Hanna se iba a cabrear. No porque hubiese besado a Brittany sino porque después me había comportado como una verdadera sinvergüenza.

—Bien. —Emily se dirigió a su furgoneta, pero se detuvo—. Eh, ¿vienes a jugar al billar?

—¿La tía Honey está trabajando?

—Sí.

Eso significaba cerveza gratis. Asentí.

—Te sigo.

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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por micky morales el Dom Jun 03, 2018 7:15 am

Bueno, Santana ya deberia olvidarse de Hanna, sino pues dejar de frecuentar los sitios donde la pde encontrar con la traidora de su prima, en fin.....
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por 3:) el Lun Jun 04, 2018 10:43 pm

san inconscientemente esta entrando en un juego de doble filo!!!
no soporto a emily y demostrar que la tiene mas larga solo por estar con hanna,..
es mas probable que hanna y emliy lleguen a perder mas que san a la alarga!!
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jul 01, 2018 5:01 am

capitulo 8


Brittany



Apenas había cruzado la puerta cuando Hanna apareció corriendo y gritando de alegría. Agilizó la bienvenida de sus padres y sus preguntas sobre los míos y me condujo a su habitación. Cerró la puerta y se volvió con una gran sonrisa en la cara.

—¡Me alegro tanto de que estés aquí!

Su largo cabello rubio le colgaba suelto por la espalda y su bronceado ya era perfecto. ¿Cómo lo hacía? ¿Cuánto llevábamos de verano? ¿Una semana? Compartíamos los mismos ojos azules. Eso era todo. Cuando era pequeña, la odiaba. No porque fuese mezquina, sino porque parecía una muñeca Barbie.

En respuesta, la cruel había sido yo.

—Yo también —respondí mientras se dejaba caer en la cama, a mi lado.

Escapar de mi madre y de sus constantes quejas sobre mi padre había sido un gran alivio. Habían estado oficialmente divorciados durante tres meses, pero mi madre seguía despotricando de él todos los días.

—Lo vamos a pasar bomba. Mañana es el cumpleaños de Keitty Wids y va a celebrar una gran fiesta en su casa. Cada año lo hace. Te encantará, y así conocerás a todo el mundo. Emily y yo también hemos estado hablando de ir de acampada. Puede que vayamos una semana al parque natural de Cheaha.

Invitaremos a Santana porque el senderismo es lo suyo, y a más gente. Tú también vendrás, claro. Y Leann pasará todo el verano en la playa en casa de su abuela, así que le dije que iríamos una semana a visitarla.

Me costó forzar una sonrisa, pero lo conseguí. Empujé la reacción de Santana después de nuestro beso hasta el rincón más oscuro de mi mente y me concentré al máximo en charlar con Hanna.

—Suena divertido. Me apunto a todo —le aseguré.

Hanna se inclinó hacia delante, tocándome el pelo y examinándome el rostro. Entonces, sus labios sonrieron ampliamente.

—Llevas maquillaje y el pelo más claro... —estudió mi falda y mi top—. Y ropa moderna.

—Decidí que había llegado la hora de cambiar —respondí, incapaz de reprimir mi sonrisa.

—Bueno, estás increíble.

Hanna se puso de pie y empezó a quitarse las botas vaqueras que llevaba.

Las había conjuntado con un vestido de tirantes negro que apenas llegaba a medio camino de las rodillas. Era como si Dios hubiese decidido probar a hacer a alguien perfecto y hubiese escogido a Ashton para su experimento.

—San dice que te ha traído a casa. ¿Cómo le has visto? ¿De buen humor?

No estaba segura de cómo me sentía sabiendo que Hanna todavía se preocupaba por San. No esperaba esto cuando planeé pasar el verano aquí.

Habían transcurrido seis meses desde la ruptura. La gente normal lo superaba después de seis meses, ¿no? Ahora estaba con Emily. ¿No tendría que ser agua pasada? —Estaba, mmm..., bien.

Vale, era mentira, pero quería protegerlo de ella. Seguro que Santana no quería que Hanna supiese que seguía estando afectado por lo que había pasado con Emily.

Soltó un suspiro y volvió a dejarse caer en la cama, dobló las piernas y me miró.

—Bien.Em y élla han intercambiado unas cuantas palabras en la fiesta de esta noche. Tuve que saltar encima de Em para separarlas. Por eso San se marchó y acabó en Wings. No les había visto pelearse desde niñas. No seguirían riñendo por Hanna, ¿no?

—¿Qué ha pasado? —pregunté a sabiendas de que la respuesta no me iba a gustar.

—Tonterías. A Em no le ha parecido bien el modo en que me ha hablado San. No ha sido nada, pero Em se ha enfadado y se ha puesto a la defensiva.

Aún no han encontrado cómo lidiar con el hecho de que yo estoy en medio.

La última vez que había estado sentada en su cama hablando de las Lopez, le dije que tenía que dejarlos marchar, aunque sabía que no sería capaz de hacerlo.

Eran una parte demasiado importante de su vida. Especialmente Emily.

—¿San sale con alguien? —pregunté, intentando sonar indiferente.

Hanna soltó una breve risa.

—Ojalá.

Qué raro. San era guapísima, tenía talento, era atlética, educada, graciosa... ¿Cómo era posible que alguien así pasara seis meses sin encontrar novia?

—¿No ha tenido ni una cita?

Hanna se encogió de hombros y apoyó la barbilla en las rodillas, rodeando las piernas con los brazos.

—Creo que una o dos. No estoy segura. La verdad es que no pregunto.

San se sigue comportando de forma extraña conmigo y Em se pone muy territorial cuando le menciono. No le gusta demasiado que hable de élla.

Qué situación tan triste para San. Hanna había sido parte importante de su vida desde que tenía doce años, pero ya no podía hablar con ella si Emily estaba cerca. Por mucho que deseara que San se olvidase de mi prima, no me gustaba la imagen que se había formado en mi cabeza. San, completamente solo, me preocupaba. No se lo merecía. Había sido muy bueno con los dos.

Welcome to the Jungle empezó a sonar, y Hanna miovil

—No es posible que ya estés en la cama —ronroneó al teléfono. Tenía que ser Emily.

—¿De verdad? Me alegro de que hayáis salido juntos.

Eso me llamó la atención. Me estudié las uñas, intentando fingir que no me moría de curiosidad.

—Yo también te quiero. Ten cuidado y recuerda que no bebe a menudo, así que asegúrate de que llega bien a casa.

¿San estaba bebiendo? ¿Con Emily?

Mi prima sonrió.

—No, yo te quiero más.

Por favor...

—Dejaré el teléfono junto a la almohada. Llámame cuando llegues a casa.

Hanna levantó la vista para ofrecerme una sonrisa brillante.

—Sí, nos estamos poniendo al día. Vale, te quiero. Adiós.

Dejó el teléfono en su falda y soltó un suspiro de felicidad.

—Sé que no te gusta cómo fueron las cosas y que San se llevase la peor parte, pero quiero tanto a Em, Britt... Lo repetiría todo otra vez. No soporto hacer daño a San, de verdad, pero nunca había sido tan feliz. Em es maravillosa.

Su voz sonó tan romántica que tuve que reprimir el impulso de poner los ojos en blanco.


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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por 3:) el Lun Jul 02, 2018 9:34 pm

espero que ese,... san encuentre a alguien y sea feliz??? no despierte los peores deseos de hanna??
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por micky morales el Mar Jul 03, 2018 7:44 am

Hanna no me termina de caer y emily menos, son tan desleales y pretenden que la vida siga como si nada sin importarles los sentimientos de Santana!!!!
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jul 08, 2018 4:36 am


capitulo 9

Santana



Seguía sin estar segura de por qué estaba allí. Vale, había asistido a las fiestas de cumpleaños de Ketty desde séptimo curso, pero sólo porque Hanna quería ir. Este año ya no importaba lo que ella deseara, así que ¿por qué narices estaba allí?

La música de los Spill Canvas sonaba en los altavoces. Habían iluminado la piscina con varias luces estroboscópicas que hacían que el agua pareciese rosa, lila, verde y amarilla. Estaba rodeada de tumbonas de teca y de antorchas hawaianas.

El año pasado,Sam tropezó con una y se incendió un parasol. Antes de que las cosas se fuesen de madre, Emily la cogió y la lanzó a la piscina. Estuvimos riendo durantFui al bufé que había en frente de la caseta de la piscina, una especie de bar improvisado que consistía básicamente en grandes cubas de metal llenas de hielo y de bebidas. Si pensaba superar aquella noche, necesitaría alcohol. Mucho alcohol.

—¡San! —balbuceó Ryan Mason—. la mujer ha llegado.

Ya estaba borracho. No era nada raro. Los chicos Mason eran los dueños del terreno donde celebrábamos las fiestas. El hermano de Ryan había empezado a e semanas. celebrarlas hacía años.

Le saludé con la cabeza y cogí una botella de cerveza que estaba escondida bajo los cubitos de hielo.

—Así se hace, colega. A beber. Ya no tienes que impresionar a la chica buena, ¿eh? —voceó Ryan desde la piscina. Estaba tumbado sobre un flotador con una muchacha acurrucada a su lado. Estaba casi segura de que era de nuestro instituto.

No respondí a su estúpido comentario. Como si a Hann le importase algo así.

¡Pero si me había dejado por Em! Abrí la botella, tiré la chapa al cubo de reciclaje y tomé un buen trago de cerveza. El líquido frío no me hizo sentir mejor, pero al menos sabía bien.

Me di la vuelta para entrar en la casa y buscar un televisor donde pudiese ver algo de deporte, pero sólo había dado un par de pasos cuando se abrieron las puertas de cristal y salieron Hanna, Emily y Britt.

Mierda, tendría que haberme quedado en casa. Hanna saludó a Kayla y se llevó a Britt hasta donde estaba su amiga, que charlaba con otras chicas con las que nos habíamos graduado. Em y yo nos miramos, y élla caminó tranquilamente hasta llegar a mi lado. Tenía las manos metidas en los bolsillos de los vaqueros.

—No pensaba que fueses a venir —me dijo a modo de saludo.

Me encogí de hombros y alcé la botella que tenía en la mano.

—Cerveza gratis.

Em sonrió y asintió con la cabeza. Cerveza gratis era un concepto que entendía con claridad. Sus ojos no se apartaron de Hann mientras ella parloteaba alegremente con las otras chicas. El diminuto pareo que llevaba encima del biquini dejaba poco a la imaginación. Nunca se había vestido así cuando salíamos juntas.

Seguramente había sido otro de sus intentos de ser perfecta para mí. Vaya mierda.

—Más te vale que sea Britt a la que estás repasando —me advirtió Em.

Me fijé en Britt y me sorprendí al ver que llevaba un par de pantalones diminutos. No tenía las piernas bronceadas como Hanna, pero eran largas y bien torneadas, igual que las de su prima. El tono pálido y cremoso de su piel era delicado. Mi mirada ascendió por su cuerpo y observé que sus caderas se ensanchaban justo por debajo de su estrecha cintura, completamente visible a través de la camiseta sin mangas que se había puesto encima del biquini. Era curioso que tuviese tantas pecas en la cara. El resto de su cuerpo era tan perfectamente liso que parecía que lo hubiesen pintado con un aerógrafo.

—Creo que le gustas —la voz de Em irrumpió en mis pensamientos.

Aparté la mirada de los rizos cobrizos de Britt y miré a mi hermana.

—¿Qué?

—A Britt. Ha preguntado por ti esta tarde. Quería saber si vendrías —Em hizo una mueca de suficiencia—. Creo que está colgada de la quarterback.

Volví a fijar mi atención en Britt a la vez que ella miraba de reojo por encima del hombro, y nuestras miradas se cruzaron. Se quedó paralizada, como si le resultara asombroso que la estuviese observando. La prima de Hanna no era nada fea y sí muy dulce. Tomé otro trago mientras jugueteaba con la idea de hablar con Lana para sacarme a Hann de la cabeza.

—Te lo dije —dijo Em en tono divertido.

Puede que tuviera razón. Los labios de Britt dibujaron una pequeña sonrisa
y recordé lo suaves que eran. El beso que nos dimos había sido espectacular.

—Venga. Vamos a buscarte algo más fuerte que la cerveza. Ya va siendo hora de que te olvides de Hann antes de que acabemos partiéndonos la cara otra vez. Em se dirigió a la casa de la piscina y yo le seguí, rompiendo de mala gana el contacto visual que Britt y yo habíamos mantenido más tiempo del que esperaba.
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Mensaje por micky morales el Dom Jul 08, 2018 7:48 am

corto pero interesante!!!!!
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Mensaje por 3:) el Lun Jul 09, 2018 8:34 pm

quiero mas cap!!!
a ver como termina la noche???
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jul 15, 2018 3:16 am

capitulo 10


Brittany





Emily apoyó las manos en la parte inferior de la espalda de Hanna en un gesto territorial mientras la guiaba hacia las escaleras. Observé cómo se debatía entre el deseo de irse con su novia y el deber de quedarse conmigo.

—No puedo dejar sola a Britt —le susurró a su chica.

Emily la agarró de la cintura y tiró de ella, atrayéndola hacia su pecho. La mirada de la chica no se apartó de su cara ni un segundo.


—Britt ya es mayorcita y no le importará que te escabullas unos minutos... o un poco más.

Levantó su mirada de color avellana y me sonrió.

—No te importa, ¿verdad que no, Britt?

No me apetecía nada cabrear a Emily Lopez admitiendo que no quería quedarme sola. Negué con la cabeza y me obligué a sonreír.

—Mmm, no, no pasa nada. Id a hacer lo que... sea.

Em volvió a mirar a Hanna.

—Por favor, ven conmigo. —Su voz sonaba ronca y sus ojos se habían vuelto oscuros y suplicantes. Era imposible que Hann le rechazase.

—Vale —susurró, sin molestarse en mirarme. Observé cómo élla la llevaba escaleras arriba. Imaginé que no iban a acostarse en casa de Kayla. Sacudí la cabeza y me dirigí afuera. Pensé que tal vez San estaría sola y yo sería capaz de reunir el valor necesario para hablar con élla.

Antes de que llegase a la puerta, la chica de mis sueños entró. Tenía los ojos vidriosos y el pelo, que normalmente llevaba perfectamente peinado, estaba revuelto. Me detuve y la observé mientras su mirada barría la habitación hasta encontrarse con la mía. Sus labios dibujaron una sonrisa lenta y se acercó a ritmo tranquilo. ¿Se tambaleaba un poco o eran imaginaciones mías?

—Hola, Britt, ¿qué haces solita?

Me tragué el nudo de nervios que se me había formado en la garganta, le tenía tan cerca que nuestros brazos se tocaban.


—Mmm, bueno,Hann y Em han ido... —Señalé las escaleras, incapaz de explicar en voz alta lo que habían ido a hacer.

Su sonrisa divertida se convirtió en una mueca de enfado cuando fijó la mirada en las escaleras, como si le pareciesen repulsivas. Genial, había conseguido que se calentase otra vez por lo de Hanna y Emily.

Me cogió de la mano y solté un chillido de sorpresa. San rió entre dientes y entrelazó sus dedos cálidos con los míos.


—Ven, pequeña y dulce Britt. Puedes hacerme compañía, ya que te han dejado tirada. Además, he estado toda la noche mirando esas piernas sexys que tienes. Haces que esos pantalones cortos luzcan todavía más.

Me quedé boquiabierta mientras me guiaba hasta el sofá vacío. ¿San acababa de decir que mis piernas le parecían sexys? No tuve tiempo de reflexionar sobre su declaración porque tiró de mí y me sentó en su regazo. Enterró la cara en mi pelo e inhaló con fuerza.

—Mira que hueles bien —murmuró.

Me rodeó la cintura con una mano y la desplegó sobre mi estómago desnudo, mientras con la otra se enrollaba un mechón de mi pelo en torno a un dedo.

—Es suave como la seda —susurró, y se pasó el pelo por los labios. Después de la sorpresa inicial, el corazón me empezó a latir a toda velocidad. Esto era lo más cerca que había estado nunca de una chica y el hecho de que se tratase de San me aterrorizaba y me excitaba a la vez.

Su nariz subió por mi hombro y después se hundió en mi cuello. No pude reprimir el estremecimiento que me recorrió el cuerpo cuando su cálido aliento me acarició la oreja. La mano que tenía en mi estómago subió un poco más y me hizo dar la vuelta para que le mirase a la cara.

—Qué bien me sientas, Britt. Me haces olvidar todo lo demás —murmuró mientras apoyaba la mano en mi nuca y guiaba mi boca hacia la suya.

Me invadió el mismo anhelo que sentí la primera vez que me besó. Sacó la lengua, me lamió el labio inferior y soltó un gruñido. Santana Lopez gruñó mientras lamía y saboreaba mi boca. Me apreté contra élla y pasé la mano por sus rizos oscuros con la esperanza de que aquel beso no terminase tan abruptamente como el primero.

Cuando me recorrió la boca con la lengua, fui yo la que gruñó. Sabía a algo oscuro y peligroso.

Toqué su lengua con la mía, con cautela. Sus manos se aferraron a mi espalda y me apretaron con más fuerza contra su pecho. Su boca dejó la mía y me dispuse a protestar cuando empezó a dibujar un camino de besos por mi mandíbula y mi cuello y me mordisqueó suavemente el lóbulo de la oreja. Me contoneé, ansiosa, mientras el calor se me acumulaba en el vientre y sentía un

—Eh, San, búscate una habitación, tía —gritó una voz, irrumpiendo en mi mente desorientada. Me puse rígida y me aparté del abrazo de Santana. ¡Había olvidado completamente que estábamos en el salón! Nos rodeaba un montón de gente. Me ardía la cara. Me atreví a mirar a San, que me estaba observando con una sonrisa divertida.

—No te me pongas tímida ahora, Britt—dijo arrastrando las palabras y apretándome los costados con las manos.

¿Quién era esta Santana? Resultaba tan diferente...

—¡Santana! ¿Qué estás haciendo? —exclamó Hann a mi espalda y me levanté de súbito, como si hubiese estado haciendo algo malo.

—Bueno, Hann, estoy haciendo exactamente lo que parece —respondió San. extraño cosquilleo.

—¡Te has echado encima de Britt!

—Sí, nena, exactamente. Tu prima es una monada. Y no ha opuesto resistencia. Estoy bastante seguro de que también se lo estaba pasando bien.

Empezaron a sonar gritos de ánimo y silbidos. Me veía incapaz de apartar la vista de San.

—Britt está prohibida. ¿Me oyes? No te atrevas a utilizarla...

—¿Utilizarla? ¿De verdad, Hann? ¿Piensas que se trata de eso? Porque, cariño, no es así. Me siento atraído por otras chicas. Es algo que puede ocurrir, ¿sabes? — Era imposible pasar por alto la satisfacción en su tono de voz. ¿Por qué estaba tan satisfecho?

—No es eso lo que quería decir — replicó Hanna prácticamente a gritos.

San arqueó las cejas en señal de incredulidad.

—¿De verdad? Porque es como sonaba desde aquí, cariño.

—Ya basta, San. —La voz de Em hizo que diese un respingo y me volví para verlo entrar en la habitación. Oh, Dios mío, estaba cabreado.

—Esta vez no he sido yo, hermana. Ha empezado ella —San no parecía preocupado en absoluto por el hecho de que Beau pareciese más que dispuesto a golpear a alguien.

—Y si no cierras esa bocaza de borracho, seré yo el que lo acabe. —La voz de Em era fría y calmada.

San no estaba borracho, ¿no? Le observé fijamente: parecía relajado.

Cuando mi padre llegaba a casa borracho, era ruidoso y cruel. San era dulce y amable, o al menos lo había sido antes de que nos interrumpieran.

—Britt, ven. Tenemos que marcharnos —ordenó Hanna desde su lugar junto a Em.

San alargó la mano y cogió la mía.

—No te vayas —dijo en un susurro suplicante. Eso era todo lo que necesitaba. Había venido aquí por una sola razón: conseguir que Santana Lopez se fijara en mí. No pensaba irme justo cuando había conseguido su atención.


—Quiero quedarme un rato más, si te parece bien —respondí, rezando para que Em no se enfadase. Tampoco es que tuviese una razón para hacerlo.

—Pero...

—No es asunto tuyo —dijo San, interrumpiendo a Hann.

La furia iluminó los ojos verdes de mi prima y Em tiró de ella, la abrazó con fuerza manteniéndola a su lado y le susurró algo al oído. Pareció relajarse un poco y asintió.

—Vale, bien. Quédate. Pero no dejes que San te lleve a casa. En y yo volveremos a buscarte cuando quieras irte. Sólo tienes que llamarnos.

Asentí. San tampoco había prometido llevarme a casa. Me parecía un buen plan.

—Me alegro de que os vayáis. Britt y yo necesitábamos una habitación — anunció San, poniéndose de pie con paso vacilante y tirando de mí. Las risas de la audiencia que habíamos acumulado fueron el toque de atención que necesitaba.

Aparté la mano de un tirón y maldije mi piel clara y el rubor que sabía que debía de estar cubriéndome la cara y el cuello. Seguramente San estaba borracho. Esperaba que lo estuviese, porque insinuar delante de todo el mundo que íbamos a hacer algo en el dormitorio no era el estilo del San que yo conocía.

—Creo que me marcharé con Hann y Em —respondí, con la esperanza de que no se notara la humillación en mi voz.

—Espera. No. ¿Qué he hecho? —La voz de niño pequeño de San sonó tan apenada que casi me detuve. Pero recordé sus palabras, dando a entender que de gente nos escuchaba, y seguí adelante.

—Vamos —susurró Hann, abrazándome a su lado y guiándome hacia la puerta.

—Que alguien sobrio le lleve a casa o que me llame para venir a buscarle — dijo Em al marcharse, antes de darse la vuelta y seguirnos fuera.

—¡No estoy borracho! —declaró San a gritos.

Entonces se cerró la puerta y tuve que reprimir las lágrimas. íbamos a subir al dormitorio a hacer Dios sabe qué mientras una habitación llena
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Mensaje por micky morales el Dom Jul 15, 2018 7:31 am

Si esta borracha (y no es Beau) espero que San se aclare y se disculpe con Brittany!!!!
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Mensaje por 3:) el Lun Jul 16, 2018 12:10 pm

A veces los borrachos tienen cierta conciencia,... pero san la caga cuando habré la boca jajajaja aunque consientetsmpoco jajaja
A ver cómo la arregla??? Por que ya se me hace que britt viene con un trauma??? A ver cómo les va???
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Jul 22, 2018 4:41 am

capitulo 11

Santana




Estaba borracho. Sólo lo había estado una vez en mi vida, el día que descubrí lo de Hanna y Emily. Estaba casi seguro de que hoy me había emborrachado incluso más que ese día. Tenía el estómago revuelto y tuve que inclinarme por tercera vez a vomitar en los arbustos del patio de Kayla. El sudor frío me resbalaba por la cara y apoyé las manos en las rodillas, con los ojos cerrados, rezando para no desmayarme sobre mi propio vómito. ¿Qué demonios había bebido? Lo único que recordaba era haber añadido un poco de ron a algunas colas. Quizá después de un rato dejé de añadir cola y pasé directamente al ron... No, espera, me había pasado al vodka. Se había acabado el ron. Me vino otra arcada, pero ya no me quedaba nada que sacar. Retrocedí un poco y me apoyé en la pared de ladrillo dejando que el aire frío me refrescara.

—Bébete esto, imbécil.

Abrí los ojos y allí estaba Emily con expresión irritada, dándome una botella de plástico.

Me había traído agua. El sabor del alcohol regurgitado no era agradable. Tendría que haberle agradecido que viniese a rescatarme, pero me sentía incapaz. Abrí la botella, bebí un buen trago y al instante me encontré mejor.

—Bebe un poco más y ven conmigo. Te llevo a casa.

Su actitud autoritaria empezaba a ponerme de los nervios. No se había convertido de repente en el buen hermana, o en un buen prima por lo que respectaba a los demás. Que Hanna estuviese con élla no significaba que fuese el más listo de los dos.

—No te metas, Em —gruñí, y tomé otro trago de agua.

—Le he prometido a Hann que te haría entrar en razón. No me obligues a romper mi promesa.

Puse los ojos en blanco y me incorporé, apoyándome en la pared donde había estado descansando. Pasé de Emily y me dirigí hacia mi furgoneta. Ya no estaba borracha. Había expulsado hasta la última gota de licor sobre los matorrales de los Jenkins.

—No lo hagas, San. Has bebido demasiado y estás a punto de desmayarte. Deja que te lleve a casa.

Me detuve y me di la vuelta para mirarla.

—¿Por qué? No hago más que cabrear a Hann. No puedo parar de mirarla. De desearla. ¿Por qué caray quieres ayudarme?

Em soltó un suspiro y me devolvió la mirada.

—Porque eres mi hermana.

Ése era el quid de la cuestión. Aunque le había importado poco que fuese su hermana cuando me robó a mi chica.

Técnicamente, en ese momento pensaba que yo era su prima, pero siempre habíamos estado unidas como hermanas.

—Creía que habíamos pasado página, San. Me diste tu bendición. Le diste tu bendición a Hann y te retiraste. ¿Qué te pasa?

¿Qué me pasaba? Me pasaba de todo. Élla tenía a mi chica. Había entrado en la universidad que yo quería. Había conseguido todo lo que yo deseaba en la vida.


—Nada —musité, y me di la vuelta otra vez en dirección a mi coche.

—San, si tengo que hacerlo, te subiré literalmente a rastras a mi furgoneta. —No sonaba enfadada, sólo sincera.

Esta noche no estaba en condiciones de enfrentarme en un uno contra uno con élla. Estaba casi seguro de que perdería y acabaría con unas cuantas magulladuras.

—Vale. Llévame.


*****


Después de que me dejase en casa, me di una buena ducha caliente y me arrastré a la cama. Por suerte, ninguno de mis padres vino a ver cómo estaba.


Me había librado de que me pillaran llegando a casa hecho un desastre. Mi madre no soportaría verme así. Yo siempre había sido la chica buena. Nunca les había dado ninguna excusa para no confiar en mí. Y mira de qué me había servido.

Me subí la sábana hasta la cintura y repasé mentalmente el ataque de nervios que le había dado a Hann en la fiesta. Se había enfadado. ¿Por qué? ¿Porque me estaba pegando el lote con Britt, en público? Sólo nos habíamos besado. De acuerdo, había sido un beso bastante impresionante y la chica tenía una piel increíblemente suave. Su cabello olía a flores y, antes de que nos interrumpieran diciéndonos que buscáramos una habitación, había estado pensando en lo mucho que deseaba probar la piel de su cuello. El pulso le iba a cien bajo mis labios y aquel momento había sido embriagador..., no se parecía a nada que hubiese experimentado antes.

Hanna lo había frenado en seguida. Se puso furiosa, casi demasiado. ¿Estaba... celosa? ¿Era posible? Yo no había salido con nadie desde que rompimos. Nunca me había visto con otras chicas..., y menos pegándome el lote de esa manera. Pero... celosa..., tal vez. Las comisuras de mis labios formaron una pequeña sonrisa y alargué la mano para coger el móvil.

Yo: Por favor, dile a Britt que siento haberme emborrachado y comportado como una imbécil.

Apreté el botón de enviar y esperé a ver la respuesta de Hanna, que sonó casi de inmediato. Me incorporé y la leí sin dejar de sonreír

Hanna: Sí, lo has sido. Se lo diré, pero aléjate de ella, San.


Estaba celosa. No le gustaba que estuviese interesado en otra persona.Hanna quería a los dos hermanas Lopez bajo su embrujo. Bueno, esto podría acabar siendo divertido.

Yo: No puedo hacerlo, Hann. Me gusta mucho.


Pensé que no iba responder cuando se iluminó la pantalla con otro mensaje.

Hanna: No quiero que sufra.


Me reí para mí misma; yo sabía la verdad. Hanna no quería compartir mi afecto.

Mocosa egoísta.

Yo: No le haré daño. Quiero pasar tiempo con ella. ¿Me das su número?

Hanna: Esta noche no.


Me tumbé en la cama con una sonrisa, pensando que Hann había convertido aquello en un juego demasiado divertido para abandonarlo.



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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

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