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BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Oct 14, 2018 4:20 am

[siz
e=24]CAPITULO 22

BRITTANY[/size]


La música sonaba en algún lugar a lo lejos y yo giraba en círculos, buscándola. Antes de caerme dando volteretas por un acantilado y precipitarme a una muerte segura, abrí los ojos. Miré al techo. Ahora la música sonaba mucho más alto. Colbie Caillat me estaba avisando de que me llamaban. Con un gruñido, alargué la mano para coger el teléfono que tenía sobre la almohada de al lado. Me había ido a dormir con la esperanza de recibir un mensaje de San, pero el mensaje no llegó.

¿Por qué me estaba llamando mi madre a las siete y media de la mañana?

—¿Mamá?

—Hola, cielo. Siento despertarte, pero quería hablar contigo antes de que lo hiciese el imbécil de tu padre. Tienes que enterarte de esto por mí, no por él. No siente ni una gota de compasión por los demás. Va por el mundo hiriendo a la gente y haciendo lo que le da la gana. Es un egoísta. No te ha llamado, ¿verdad? Porque si ya te ha llamado, voy a subirme al primer avión con destino a Nueva York y le daré...

—Mamá, ¿puedes decirme qué pasa, por favor? —me incorporé en la cama mientras ella seguía despotricando sobre mi padre. Era su pasatiempo favorito: inventar nuevos insultos para el que un día fue su marido.

—Lo siento. Me he dejado llevar. Tu padre se va casar, Britt con esa putilla nueva suya —dijo con un suspiro.

Me había preparado para algo así, quizá no tan pronto, pero sabía que se había mudado para estar más cerca de una mujer a la que había conocido durante n viaje de negocios. Pensaba visitarle una semana durante el verano, si él tenía iempo. Era patético que tuviese que esforzarse en buscar tiempo para pasarlo onmigo, pero al fin y al cabo era mi padre. Hasta el año pasado, habíamos vivido n la misma casa. Aunque al principio le odiaba, con el tiempo quise recuperar mi elación con él.

—Vale... —empecé, intentando filtrar mis palabras con cuidado para hablar con mi madre. Se volvía loca si le defendía. A mí tampoco me gustaba que me recordase que también me había abandonado. Sabía lo que había hecho. El día que firmaron los papeles me dijo que se había quedado con ella hasta que fui mayor.

Planeaba dejarla en cuanto yo fuese a la universidad, pero a causa de algunos imprevistos tuvo que marcharse un poco antes. Dijo que nada de eso era culpa mía. Que me quería y que estaba orgulloso de mí. Necesitaba creerlo. Me aferré a ello esa noche, tumbada en la cama oyendo llorar y gritar a mi madre mientras lanzaba cosas a la otra punta de la habitación.

—Sabíamos que iba en serio cuando se mudó allí para estar con ella. ¿Cuándo planea casarse?

—¡Te aseguro que yo no esperaba que tu padre, con cuarenta y siete años, se casara con una zorra de veintitrés! ¿Qué pensará todo el mundo? Destrozará nuestra reputación. La gente lo descubrirá y hablará. No podrás poner un pie en la ciudad sin que susurren a tus espaldas. Esto nos arruinará, Britt. ¡Nos arruinará!

—¿Veintitrés? —me encogí un poco al oírlo. ¿Qué hacía mi padre prometido con una chica sólo cinco años mayor que yo? Era simplemente... repugnante. Mi madre siguió despotricando e insultando a mi padre mientras yo permanecía sentada mirando al frente. El mensaje «El hogar está donde reside el corazón» estaba enmarcado y colgaba de la pared azul, burlándose de mí. ¿Hogar? ¿Qué hogar? ¿La casa de mi madre, donde nunca había paz? ¿El apartamento de mi padre en Manhattan? Medía unos ciento cincuenta metros cuadrados y se iba a mudar con su nueva esposa, de edad universitaria. Empecé a llorar cuando noté el olor a café que venía del pasillo. Oía a mi tía y mi tío charlando alegremente y también sentí el aroma del beicon friéndose. Éste era mi hogar. El hogar que nunca —¿Me has oído, Britt?

Me sacudí de encima el sentimiento de autocompasión que empezaba a invadirme y me aclaré la garganta.

—Lo siento, mamá, ¿qué decías?

—Quiere que vayas a Nueva York para la boda. ¿Te lo puedes creer? Mi niña en Nueva York. Le dije que no. Que no ibas a querer asistir a esa ridícula boda, pero él insistió en que quería hablar contigo. Prepárate para su llamada. La pequeña ramera quiere que seas dama de honor. ¡Pero si ni siquiera la conoces!

—Vale, mamá. Gracias por avisarme. Tengo que colgar. Te llamo luego.

Hanna me está esperando para salir a correr.

Mi madre se tragó la mentira y yo me dejé caer otra vez sobre la almohada. ¿Podían empeorar las cosas? El teléfono fijo sonó y oí contestar a mi tía. No tuve que escuchar para saber que era mi madre contándoselo todo. Sabía que mi tía me cubriría las espaldas si mi madre mencionaba lo de salir a correr con Hann.

Ella me entendía. Siempre lo había hecho. Me acurruqué otra vez bajo las sábanas y cerré los ojos. Por ahora, podía fingir que éste era mi hogar, que estaba en un lugar seguro y feliz.




Al entrar en la cocina varias horas después, el vago aroma del beicon seguía en el aire. Hanna estaba de pie en pijama junto a la encimera, con el pelo revuelto, sirviéndose una taza de café.

—Buenos días —dije, deteniéndome junto al armario para coger otra taza para mí.

—Oh, pero si es mi compañera de deporte. —Su tono de voz burlón me hizo reír.

—Ah, sí. Perdona. Necesitaba una excusa para colgar.

Ella rió y me pasó el café.

—No pasa nada. Según lo que ha escrito mi madre, te ha encubierto respondió, señalando la nota que estaba encima de la barra. Alargué la mano y la cogí.

Buenos días, chicas:

Espero que hayáis disfrutado de vuestro ejercicio matinal. Tengo que confesar que cuando Caroline llamó esta mañana y dijo que habíais salido a correr, me sorprendí un poco. Hubiese jurado que las puertas de vuestras habitaciones estaban bien cerradas, y vosotras dentro. Pero no os preocupéis, no he compartido esa información con mi hermana. Está convencida de que habéis disfrutado de una buena carrera antes de volver a casa para comer el beicon y los huevos que os he preparado.


Con cariño, Mamá


Sonreí para mí misma y volví a dejar la nota.

—¿Cómo lo hace tu madre para ser tan genial cuando la mía es una psicópata trastornada? —pregunté, tomando un sorbo de mi café solo.

Mi prima no se molestó en negar la locura de mi madre. Me ofreció una mueca triste y se encogió de hombros.

—¿Por qué te ha llamado tan temprano?

Dejé la taza en la mesa. La verdad es que no quería hablar del tema, pero sabía que comentarlo con alguien que no fuese mi madre me ayudaría a tomar una decisión.

—Mi padre se va a casar.

A Hanna se le abrieron los ojos como platos y apoyó los dos codos en la encimera, mirándome fijamente durante un momento. Intentaba evaluar mi reacción a semejante noticia.

—¿Ya te lo esperabas, no? —preguntó vacilante.

—Sí, pero no tan pronto y menos con una chica sólo cinco años mayor que yo.

Se quedó con la boca abierta. —¿El tío Nolan está prometido con una chica de veintitrés?

Sonaba ridículo, en voz alta. Mi padre no era un hombre atractivo. Sí, le quería, pero era viejo y se estaba quedando calvo. Por no mencionar la tripa que tenía.

—Es de locos, ¿eh?

—Sí, es increíble... ¿Estás bien? ¿Te va a llamar?

No estaba segura de haber estado bien nunca, incluso cuando mis padres vivían en casa. Se peleaban continuamente. Casi todos mis recuerdos incluían escenas en las que mi madre gritaba a mi padre.

—Estoy bien. Se supone que me llamará hoy. Su prometida... quiere que sea dama de honor. Ni siquiera la conozco. Creo que le preguntaré si puedo ser su padrino, o su madrina. Creo que un esmoquin me sentaría bien.

Hanna soltó un suspiro y rodeó la barra para ponerse a mi lado. Me envolvió la cintura con un brazo y apretó.

—Cuando quieras hablar, despotricar o llorar, estaré aquí.

Los ojos se me llenaron de lágrimas y me tragué el nudo que tenía en la garganta. No me gustaba que la gente pensara que era débil. No estaba acostumbrada a compartir mis sentimientos; me los guardaba dentro y me enfrentaba a ellos a solas. Pero saber que tenía a alguien al lado que se preocupaba por mí significaba mucho, más incluso de lo que podría imaginarse. Apoyé la cabeza contra la suya y contemplamos el patio trasero juntas, en silencio. No había mucho que decir. El simple hecho de tener a alguien junto a mí hacía las cosas mucho más fáciles.


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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Oct 14, 2018 4:28 am

Santana

CAPITULO 23
[b]
[font=Arial Black]EMILI:¿Qué días tienes que estar en Florida para entrenar?

Yo: Tres días a la semana a partir de julio.

EMILY: En Alabama igual. Sólo queda el mes de julio para ir de acampada.

Yo: Podemos ir cuando quieras.

EM: ¿Has hablado con Britt

Yo: Hoy no. Acabo de volver de entrenar.

EM:Hann pasará la mañana con ella. Tiene problemas con sus padres.[/b]

Me quedé mirando el último mensaje de mi hermana. Me inquietaba que Britt estuviese disgustada. No estaba segura de que me gustara enfrentarme a ese sentimiento. Sólo tenía tiempo para una aventura de verano.

[b]Yo: La llamaré luego. Gracias.

EM: Ten cuidado con ella.[/b]


No respondí. No era asunto suyo. Al final de mi relación con Hanna, Em se había involucrado más de lo que debía, pero lo dejé pasar porque Hann también formaba parte de su vida. Pero Britt.. Britt no era cosa suya. Solté el teléfono sobre la cama y fui a la ducha. Ya había planeado el día: pensaba tener a Britt para mí solo. La inspiración me había llegado entrenando, mientras subía y bajaba las graderías cien veces.

—¿Adónde vas, cielo? —dijo mi madre desde su despacho cuando pasé por delante en dirección al garaje. Quería escabullirme sin tener que responder a sus preguntas. Mi ruptura con Hanna la afectó mucho; y todavía más cuando descubrió que me había sustituido por Em . Habíamos pasado mucho tiempo en terapia lidiando con la traición de mi padre y buscando una forma de afrontar la verdad sin destrozar nuestra familia. Yo seguía queriendo que mi padre le tendiese la mano a Em , pero sabía que no lo haría. Y era imposible que mi hermano diese el primer paso. En lo concerniente a mi padre, Beau guardaba un más que merecido resentimiento en su interior.

—Voy a recoger a Britt, ¿te acuerdas de la prima de Hanna, la de Georgia? Vamos a comprar material de acampada y a ver una peli o algo.

Mi madre ladeó la cabeza y frunció el ceño.

—¿No es la hija de la hermana loca de Sarah?

No sabía mucho sobre la madre de Britt, excepto que Hanna no era ninguna fan. Me encogí de hombros y metí las manos en los bolsillos.

—Britt no está loca. Eso es lo único que importa.

—Mmm... No te encariñes demasiado. De tal palo, tal astilla.

Sentí el eco de la voz de Honey dentro de mi cabeza, cuando pocos meses antes había dicho lo mismo sobre mi padre y Em.

—Sí, me di cuenta de ello cuando descubrí que papá fue infiel y mintió sobre el tema a las personas a las que se suponía que quería —gruñí.

A mi madre se le puso la espalda recta como un palo. No soportaba la expresión de dolor que le había puesto en los ojos. No se merecía mi ira. Ella también había sido una víctima.

—Lo siento, mamá....

—No debería haberme metido en tus asuntos. Tienes razón. Ve a divertirte.

Disfruta del verano. Todo cambiará en otoño. Ahí fuera hay un gran mar lleno de peces y ahora que tú y Hanna habéis pasado página, es hora de que empieces a probar el muestrario.

Mi madre quería a Hanna. Creo que incluso había escogido el diseño de nuestra vajilla de porcelana. Que dijese que debía «probar el muestrario» era un gran paso para ella. Crucé la habitación y me agaché para darle un beso en la cabeza.

—Te quiero —dije antes de darme la vuelta para marcharme.

—Yo también, cielo —respondió.

—¿Sabes algo de Cade y Catherine? Esta semana no he recibido ningún mensaje.

Mi hermano pequeño siempre había estado muy apegado a mí, pero había —¿Sabes algo de Cade y Catherine? Esta semana no he recibido ningún mensaje.

Mi hermano pequeño siempre había estado muy apegado a mí, pero había cumplido los trece este año y ya no me necesitaba tanto. Mi hermana era diferente: la niña de los ojos de su madre. De ella no esperaba que me llamase ni que me escribiese.

—He hablado con Catherine esta mañana. Lo están pasando bien. Cade ha trabado amistad con la hija de los vecinos. Catherine dice que ella y Gaga van mucho de compras.

Gaga era la madre de mi madre. Se le daban mucho mejor las chicas que los chicos. Me aclaré la garganta y apoyé la cadera en el escritorio.

—¿Eres consciente de que los chicos de trece años no «traban amistad» con niñas? Deben de estar saliendo. Yo me fijaba mucho en las chicas cuando tenía trece años. Fueron los años que pasé con Nicole, ¿te acuerdas?

Mi madre se encogió un poco.

—Lo había olvidado. Quizá debería llamar a Gaga y hablar con ella. Sigo pensando que es mi niño, pero ya es un adolescente, ¿verdad?

Me erguí riendo entre dientes y le di una palmadita en las manos, que había empezado a retorcerse.

—Sí, mamá. Es todo un adolescente y apuesto lo que quieras a que no se pasa todo ese tiempo libre jugando al Monopoly con la vecina.

—Dios mío, voy a llamar a Gaga ahora mismo —anunció, alargando la mano para coger el teléfono.

Ya había cumplido con mi deber de hermana mayor. Era la hora de ir a ver a Britt
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Mensaje por micky morales el Dom Oct 14, 2018 6:28 am

Me molesta mucho ese eterno pensamiento de Santana de que Britt es solo para el verano, que se abra creido?????
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Mensaje por 3:) el Mar Oct 16, 2018 11:06 am

Santana aferrándose a ese eterno verano,... o tratando de no querer ver que ya eso pasó!!!
A ver cómo le va con britt
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Mensaje por Tati.94 el Sáb Oct 27, 2018 4:27 pm

Ya quiero el otro cap!! A ver que hace san jajaja
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Oct 28, 2018 5:40 am

CAPITULO24

BRITTANY


—No, papá. No es que no quiera ir. De verdad. Es que nunca he estado en Nueva York y ni siquiera conozco a Shandra. Me sentiría más cómoda si pudiese acompañarme alguien —expliqué.

—Puedes venir con quien quieras menos con tu madre —dijo mi padre—. No quiero tener que tratar con ella. Intenta buscar tiempo para pasarlo con Shandra, por favor. Tiene muchas ganas de conocerte. Tenemos unas noticias muy especiales para ti.

—¿Noticias?

Mi padre se aclaró la garganta, tapó el micrófono con la mano y habló en voz baja con alguien. ¿Qué otras noticias podía tener? Ya me había soltado la bomba de su nuevo matrimonio. Suponía que no iban a mudarse a nuestra ciudad, porque sería desastroso. Mi madre no se atrevería a salir de casa sin sospechar que cotilleaban sobre ella o que la compadecían.

—Shandra dice que te lo cuente. Así estarás preparada, cuando llegues.

—Vale... —respondí, sintiendo un nudo en el estómago.

—Estás a punto de convertirte en hermana mayor —respondió. Su entusiasmo era evidente.

—¿Qué? ¿Cómo? ¿Shandra tiene un hijo?

No tenía sentido. ¿Por qué iba a emocionarme por tener un hermanastro al que apenas conocería?

—No, Shandra no tiene ningún hijo... todavía. Ya sabes cómo va esto. Tienes dieciocho años, Britt. Tienes idea de cómo se hacen los bebés, ¿no? Pensaba que tu madre te lo había explicado.

—Ya sé cómo se hacen los bebés, papá. Lo que no comprendo es... Espera... ¿Está embarazada? —pregunté horrorizada. Mi padre había dejado embarazada a alguien. ¡Tenía casi cincuenta años! ¡Puaj! Iba a ser como el abuelo del niño.

Mi padre rió al teléfono.

—Sí, Shandra está embarazada. Habíamos planeado casarnos en Navidad. Le encanta la Navidad en Nueva York, pero, bueno, el bebé ya estará aquí para entonces, así que en vez de esperar, decidimos seguir adelante y casarnos en verano.

Me había quedado muda. ¿Cómo podía responder a una noticia de ese calibre? Me hundí en los escalones de la casa de mis tíos y apoyé la cabeza en las rodillas.

Mi padre siguió charlando sobre los planes de boda y el bebé. Pensaban mudarse de Manhattan a Nueva Jersey para poder permitirse una casa. Yo no tendría habitación, pero podría compartir la del bebé cuando fuese de visita. Me dijo que podía ir siempre que quisiera.

—¿Britt? —la voz de San fue una distracción más que bienvenida.

Levanté la cabeza y me quedé mirándola; estaba de pie delante de mí con una expresión preocupada. Me pregunté cuánto rato llevaría escuchado.

—Papá, tengo que irme. Mi, mmm, mi amiga acaba de llegar y tenemos planes. Te llamo luego, cuando haya decidido lo que haré.

—Pero vendrás...

—No estoy segura, papá. Ahora tengo que irme. Te llamaré cuando lo sepa. —Colgué el teléfono antes de que pudiese decir algo más. Aún no me sentía capaz de levantarme. Necesitaba un momento.

—¿Estás bien? —preguntó San, agachándose para sentarse a mi lado al ver que no me movía.

Iba a asentir, pero acabé haciendo un gesto de negación con la cabeza.

Me pasó el brazo por el hombro y me estrechó junto a élla. La pequeña muestra de consuelo hizo que los ojos se me llenaran de lágrimas. Enterré la cabeza en la curva de su brazo y me esforcé en mitigar los gimoteos que no podía controlar.

San no intentó animarme ni me ofreció palabras vacías. Sólo me abrazó con más fuerza y me besó en el pelo, la sien y la frente mientras yo sollozaba en sus brazos. Nunca había llorado en brazos de nadie. Abrirme y compartir mis sentimientos era una experiencia completamente nueva. La parte de mí que estaba estupefacta por el comportamiento de mi padre quedó a un lado, y absorbí todo el consuelo posible. Iba a ser fugaz, pero pensaba aprovecharlo mientras lo tuviese.

Después de unos minutos conseguí controlar mis lágrimas y me sequé la cara con las manos. Por suerte, mi padre había llamado antes de que me maquillase. Hubiese sido humillante si hubiese manchado de rímel del polo lanco de San.

—¿Quieres hablar del tema?

Compartir con élla la noticia de que mi padre había dejado embarazada su novia de veintitrés años no era algo que estuviese dispuesta a hacer. Era mucho que asimilar. No quería ver la compasión en sus ojos, cuando me mirase. Prefería la lujuria o la atracción. Si se compadecía de mí, no sería capaz de soportarlo.

—No —respondí, y me incorporé para ver si le había mojado la camiseta.

—Me secaré —dijo con una sonrisa. Me miraba atentamente, con cara de preocupación. Una pequeña parte de mí quería contárselo, pero en realidad sabía que nunca volvería a verme igual si se enteraba de lo patética que era mi vida.

—Gracias.

San se inclinó y me besó con delicadeza la comisura de los labios antes de cubrir mi boca con la suya.

No intentó que me abriese a élla. Mantuvo el beso tierno y delicado.

—Mmm... He estado pensando en estos labios dulces toda la mañana — susurró pegado a mí.

Derretirme en sus brazos era sencillo e inevitable. Yo siempre tenía hambre de San, cada vez más. Se separó de mí mucho antes de lo que hubiese deseado y me acarició el pelo con la mano antes de enredarse unos cuantos rizos en un dedo.

—¿Por qué no terminas de arreglarte? Tengo ganas de tenerte para mí sola todo el día.

De repente, las piernas me volvieron a funcionar. Me puse de pie y le sonreí.

—Dame diez minutos.

San también se levantó y se dispuso a seguirme antes de detenerse de golpe.

—Mmm, sí, creo que esperaré en la furgoneta, si te parece bien.

Hana no estaba en casa. Se había marchado con Em una hora antes, pero sabía que ésa no era la razón por la que no quería entrar. Tenía que haber muchos recuerdos ahí dentro, y élla aún no estaba lista para revivirlos.

—Bien, no tardaré mucho —le aseguré.


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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por micky morales el Lun Oct 29, 2018 5:41 am

Bueno, a ver como les va en su cita y hasta cuando Santana sigue aferrada al recuerdo de Hanna!!!!!
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por Tati.94 el Lun Oct 29, 2018 3:56 pm

Por qué tan cortico?? Quiero ver algun avance de San. Que ya vaya olvidando a hanna.
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Nov 11, 2018 4:48 am

CAPITULO25

SANTANA



Entrar en el camino de tierra que conducía al prado no me parecía una buena idea. Acababa de pasar el día con Britt, las dos solas. Compramos un saco de dormir, una mochila y otros bártulos para la acampada. Después, en lugar de ir a ver una película, me convenció para que jugáramos los dieciocho hoyos del mini golf. Me había parecido una idea ridícula, pero escuchar la risa de Britt y verla pavonearse por el campo cuando consiguió un hoyo a la primera había sido mucho más entretenido que cualquier película.

—No venía aquí desde que... —Se interrumpió, mordisqueándose el labio inferior.

En la última fiesta en el prado a la que Britt había asistido, había encubierto a Emily y a Hanna. Cuando comprendí que estaba al corriente de que mi novia y mi prima me habían estado engañando a mis espaldas y no me lo había contado, me enfadé. Siempre había creído que estaba de mi lado. Pero no era culpa suya.

Había progresado lo suficiente como para verlo con claridad. Alargué el brazo y le di la mano.

—La última vez fue cuando Em y Hanna me traicionaron. Aunque les encubriste, no fue culpa tuya. No te preocupes, ¿vale?

Dejó de mordisquearse el labio; lo tenía rojo y un poco hinchado. Bueno, qué demonios, era demasiado tentador. Le solté la mano, deslicé la mía entre sus piernas y tiré de ella.

—Mucho mejor así. Estabas demasiado lejos —susurré antes de inclinar la cabeza para tomar su labio inferior entre los míos y succionarlo con delicadeza. El pequeño grito de sorpresa que soltó hizo que la estrechase más contra mí. Dejé resbalar la mano un poco más entre sus piernas y presioné la suave piel de su muslo.

Britt apretó su pecho contra el mío y articuló una especie de ruego. Le levanté la pierna y la coloqué encima de mi rodilla, y deslicé la mano un poco más arriba de su muslo. Su respiración se volvió entrecortada y me di cuenta de que el corazón me latía más deprisa cuanto más me acercaba a su ropa interior.

—No, no sigas —dijo casi sin aliento y me empujó con suavidad para interrumpir el beso. Se sentó bien en su asiento y cerró las piernas. Había estado a punto de hacer algo que sólo había hecho una sola vez en toda mi vida, cuando tenía trece años y me había mostrado confuso, sin entender por qué quería Nicole que la tocase.

—Lo siento —dije, apoyando la cabeza en el respaldo y concentrándome en los árboles que tenía en frente, en lugar de comprobar si estaba enfadada conmigo, o peor, asustada. Tenía que controlar el galope de mi corazón.

Había estado tan cerca.

—No te disculpes. Es que... nunca había hecho nada así y me he puesto un poco nerviosa. No sé si estoy preparada para eso.

Me cubrió la mano con la suya y abrí el puño que tenía apretado.

—Yo tampoco —respondí, volviéndome para mirarla a los ojos.

Se le pusieron como platos.

—Tú tampoco... ¿qué?

Solté una risa ahogada y giré la mano para que nuestras palmas se tocasen.

Después entrelacé mis dedos con los suyos.

—Nunca había hecho nada así. A menos que cuentes la vez que Nicole me encerró con ella en el armario de Marley y me dijo que si no le tocaba las braguitas le diría a toda la escuela que tenía miedo de besarla.

A Britt se le escapó una carcajada, y se tapó la boca con la mano que tenía libre para reprimirla. Sonreí y estreché sus dedos. Era una historia graciosa.

—Deja que te diga que lo que hemos estado a punto de hacer le da mil vueltas a ese recuerdo extraño y perturbador.

Esta vez las carcajadas eran demasiado fuertes para contenerlas con la mano, así que alargué el brazo y se la aparté de la boca.

—No lo hagas. Me gusta oírte reír. Y es una historia divertidísima. Así que es normal reírse.

—No puedo creer que Nicole te amenazara —dijo entre carcajadas.

—¿De verdad? ¿Conoces a Nicole? Estaba decidida a perder la virginidad antes de llegar al instituto. Creo que Em la ayudó a cumplir su objetivo a los catorce años.

—Vaya. —Su risa se fue atenuando y una expresión seria la sustituyó.

—¿En qué estás pensando?

Una sonrisa forzada le apareció en los labios.

—En nada, perdona —dijo mirando la hoguera que ardía en la distancia entre los nogales—. ¿Listo para salir?

Se encerraba mucho en sí misma. Cuanto menos quería explicarme algo, más deseaba conocerla.

Su móvil empezó a sonar con una canción romanticona y ella lo sacó del bolso. En vez de contestar, lo apagó en seguida y lo guardó en el bolsillo de su bolso.

—¿Nadie importante? —pregunté, deseando que compartiese algo, lo que fuera, conmigo.

Negó la cabeza y buscó el tirador de la puerta.

—No. Ya llamaré luego.

Observé cómo bajaba de la furgoneta de un salto antes de decidirme a salir.

Brittany Pierce se lo guardaba todo dentro. Me pregunté si alguna vez llegaría a descubrir qué pensaba en realidad.


**************

Sentado en la plataforma trasera de la furgoneta de Jake, con Britt sentada entré mis piernas, me sentía satisfecho. Hanna estaba acurrucada en la falda de Em, pero ni siquiera aparecía en mi radar. Había conseguido hablar con todo el mundo, Em incluido. Charlamos de fútbol, de la universidad y de nuestra acampada, sin discusiones. Era agradable. Britt era agradable. No, era más que agradable.

Tenerla entre mis brazos lo hacía todo soportable.

—Atención. Puck y Nic acaban de llegar —dijo Rechel antes de tomar otro trago de cerveza. Nicole no se había dejado ver mucho desde que Em y Hanna empezaron a salir. Me había intentado tirar los tejos varias veces. En una ocasión, incluso me había sentido tentado de llevarla a mi furgoneta y hacer algo con ella.

Acabar con esa historia. Pero no pude hacerlo. No quería que mi primera vez fuese con Nicole en la parte trasera de una furgoneta en una fiesta. Había esperado todo este tiempo, podía esperar un poco más. Se suponía que Hanna iba a ser la única para mí. Pero ese plan había terminado. Llegué a la conclusión de que algún día aparecería la chica correcta y, cuando ocurriese, el lugar no importaría, siempre y cuando estuviese con la única persona sin la que no podía vivir.

—Viene hacia aquí —dijo Keitty con suficiencia. Le gustaba el melodrama. Y con Nicole cerca, habría de sobras.

—¿Quieres que nos vayamos, cariño? —preguntó Em a Hanna,0 haciendo ademán de levantarse.

—No. Nicole no me asusta. ¿Qué me va a hacer? —Em rió por lo bajo y le dio un beso en la nariz. Sentí una pequeña opresión en el pecho al verlo, pero nada que ver con lo de antes, cuando no podía respirar cada vez que la besaba.

—Mira quién hay aquí, las chicas Lopez. Llevándose bien. Las dos acurrucados con sus chicas sin intentar pegarse. Parece que San ha pasado página, Hanna —dijo Nicole arrastrando las palabras y guiñándome un ojo mientras se paseaba a ritmo tranquilo hasta detenerse delante de Britt.

—Como has superado tu depresión por Hanna, ¿por qué no salimos tú y yo a divertirnos un rato?

Britt se puso rígida en mis brazos. El instinto de protegerla me recorrió todo el cuerpo y la abracé con más fuerza, apoyando las manos en sus caderas.

—Tendré que pasar, Nic. Ya he encontrado a alguien con quien compartir el verano.

Nicole hizo una mueca mientras examinaba a Britt con la mirada, como si no la impresionase en absoluto.

—Podrías aspirar a algo mejor.

—No estoy de acuerdo.

—Necesitas a alguien con experiencia, después de perder todos esos años con la chica buena del pueblo.

Oí a Hanna ordenando a Em que se calmara e ignorase a Nicole.

—No me interesa la mercancía de segunda mano. Tengo unos mínimos, ¿sabes?

La risa sorprendida de Britt me hizo sonreír como una boba. Me encantaba hacerla reír. Se relajó y se recostó en mi pecho. Saber que la hacía sentir a salvo resultaba increíble.

—Antes las chicas Lopez eran lo más de por aquí. No habéis dado la talla. Sois un par de aburridas. Algún día desearéis la excitación que os habéis perdido —rugió Nicole, antes de echarse el pelo castaño a la espalda y acercarse a Puck, que se había mantenido de pie en silencio mientras observaba cómo intentaba seducirme. »Venga, Puck, ya me he cansado de este sitio.

Se fue a grandes pasos y Puck me lanzó una mirada de disculpa antes de seguirla.

—¿Por qué la aguanta? —preguntó Hanna mientras se alejaban.

—Porque es un polvo fácil —respondió Jake.

—A veces no vale la pena —intervino Ketty.

No podía estar más de acuerdo. Nic venía acompañada de un montón de problemas.

—Con el tiempo, Puck se hartará —apunté. Britt se contoneó entre mis piernas hasta que tuvo el trasero apretado contra mí. Por agradable que fuese, podía acabar en una situación embarazosa. Moví las manos a sus caderas y bajé la cabeza para susurrarle al oído:

—Si sigues contoneando el culito de esa forma, tendremos un problema.

Britt se pudo rígida otra vez y ladeó la cabeza para mirarme.

—¿Qué quieres decir? —preguntó en voz baja.

Con una sonrisa de oreja a oreja, enterré la cabeza en su pelo para que nadie
me pudiese leer los labios. Aunque no me preocupaba que me oyesen, sabía que a ella sí, y no quería avergonzarla.

—Me estás excitando demasiado. Me encantaría volver a la furgoneta y retomar lo que estábamos haciendo antes. Me está costando olvidar cuánto me gustas, pero no puedo. Soy una mujer y tú eres supersexy. Mi cuerpo está reaccionando.

—Ah —murmuró.

Respiré hondo, inhalando la fragancia de sus cabellos. Era un aroma ligero, inocente y dulce que no debería excitarme tanto, pero lo hacía. Lo único en lo que podía pensar era si en todas partes olía igual de bien. Deseaba mucho descubrirlo.

Pero mucho...

—Deberíamos quedarnos aquí —susurró y se le cortó un poco la voz cuando presioné la inevitable reacción de mi cuerpo contra la suave curva de su trasero.

—Seguramente, pero eso no me libra de pensar en ello —respondí en voz baja mientras le acariciaba con los labios la delicada piel de detrás de la oreja. Se estremeció en mis brazos y mi abrazo se intensificó. Saboreé la piel que me estaba fascinando con un pequeño lametazo. Sí, era dulce.

—A la mierda los dos. Parecéis dos perros en celo. No queremos verlo. ¿Cuántas veces tengo que decirlo? —bufó Jake en un tono divertido que nos hizo bajar de las nubes. Estábamos a punto de enrollarnos delante de todo el mundo.

Me había olvidado de que estaban aquí. El aroma de Brit me enturbiaba el cerebro y hacía que sólo pensase en una cosa.

La risita que se le escapó a Britt me sorprendió. Bajé la cabeza para mirarla y el brillo de sus ojos hizo que se me hinchiera el pecho de orgullo. No estaba avergonzada. La verdad es que no la conocía en absoluto.
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Nov 11, 2018 4:59 am

capitulo 26

BRITTANAY

—Si tú duermes con Em, ¿quién dormirá conmigo? —pregunté—. No quiero dormir sola en la tienda. En las Montañas Cheaha hay osos. Lo sé con seguridad porque lo busqué en Internet.

Hanna me devolvió una sonrisa traviesa por encima del hombro.

—Bueno, estoy segura de que podrías compartir tienda con San. No dudo que preferirá estar contigo antes que con Jake.

Me dejé caer en la cama y solté un gruñido de frustración. Compartir tienda con San iba a ser complicado. Habíamos tenido dos citas desde la fiesta y no habíamos hecho más que besarnos. Después de que le parara los pies cuando empezó a tocarme el muslo, había mantenido las manos apartadas de mi cuerpo.

—No se ha ofrecido y no se lo voy a pedir. ¿Puedo poner un candado en la tienda de campaña?

Hanna rió y arrojó otro par de pantalones cortos sobre la cama para meterlos en la mochila.

—Los osos no saben bajar la cremallera de las tiendas, Britt.

—Bueno, pero los psicópatas con sierras mecánicas que merodean por el bosque en busca de chicas jóvenes sí que saben —respondí.

—¡No hay psicópatas con sierras mecánicas! No puedo creer que nunca hayas ido de acampada. Es seguro, Britt. Te lo prometo.

—Tú estarás acurrucada en brazos de Emily Lopez. Así cualquiera. Estoy convencida de que podría hasta co1n un oso —musité.

Hanna sacó una gran mochila roja del armario, bastante parecida a la azul que San me había ayudado a escoger. Su entusiasmo por la acampada hacía que desease compartir su alegría. Pero cada vez que pensaba en el tema, imágenes de osos, serpientes y sierras mecánicas invadían mis pensamientos.

—No pongas esa cara. Todo irá bien. Alguien compartirá la tienda contigo.
No estarás sola.

Extendí el brazo para coger el biquini diminuto que mi prima había dejado sobre la cama, lo levanté y arqueé una ceja en señal de sorpresa.

—Déjame adivinar: tu madre no lo ha visto.

Hanna puso los ojos en blanco y me lo arrebató antes de echar un vistazo a la puerta para asegurarse de que seguía cerrada.

—No, no lo ha visto. No lo compré para este viaje.

—Seguro que sí —dije en tono burlón.

Frunció el entrecejo.

—Shh... ¿No te acuerdas de lo mucho que tuve que suplicar para que me dejasen ir? Sólo me dieron permiso porque Sam también iba a estar allí, y porque creen que tú y yo dormiremos juntas. Y es posible que no mencionase el hecho de que Em también va.

—¡HANNA! ¡No puede ser! ¿Y si hablan con su madre? —pregunté, horrorizada.

—Eso no pasará. Mis padres y Honey Lopez no son precisamente amigos.

—Vale, si tú lo dices —respondí justó cuando mi móvil me alertó de que tenía un nuevo mensaje de texto.

San: ¿Qué haces?

Yo: Miro a Hannamientras prepara su bolsa.

San: ¿Por qué no estás preparando la tuya?

]color=#0099ff]Yo: Pq estoy estresada por los osos que me van a comer mientras duermo.
[/color]
San:¡Ja! No te comerá ningún oso. No les gustan las pelirrojas. Estás a salvo.

Yo:Muy graciosa. Sé a ciencia cierta que no son maniáticos y que hay de sobras en
Cheaha.


San: No, nunca he visto ninguno allí.

Yo: Bueno, pues hay. Búscalo en Internet.

San: Yo te protegeré.

Yo: Puede que de día, pero de noche, cuando esté sola en mi tienda, vendrán a por mí.

San: ¿Sola en tu tienda? No. Estás en mi tienda.


Levanté la vista y me encontré con Hanna observándome mientras intercambiaba mensajes con Sawyer. Estaba de lo más entretenida.

—Bueno, ¿y qué dice?

—Que compartiremos tienda.

Arqueó las cejas.

—Te lo dije.

Yo:¿Estás segura?

San: Claro que sí. ¿Por qué crees que voy de acampada?

Yo: Mmm..., porque te gusta dormir en el suelo y que te persigan los osos?

San: Qué graciosa. Lleva el culito hasta tu habitación y ponte a preparar la bolsa.

Yo: Sí, señora.


—Mujer de poca fe —canturreó Hanna al ponerme de pie y guardarme el móvil en el bolsillo.

—Sí, sí, lo sabes todo.

—¿Vas a preparar la mochila?

—Sí, supongo que tendré que empezar. ¿De verdad hay que salir tan temprano?

—Me temo que sí. Es un viaje de cinco horas y tendremos que caminar para llegar al lugar de la acampada y montar las tiendas antes de que anochezca.





*****


Aún estaba oscuro cuando llegó Santana en el Suburban de su padre. Tenía capacidad para ocho personas. Así podíamos viajar todos juntos.

Había guardado toda la ropa que pude en la mochila. Hanna me aseguró que habría duchas cerca del campamento y que podríamos usarlas sin problema.

No pensaba lavarme en el río, que estaría infestado de serpientes.

—Buenos días, preciosa —dijo San cuando salí trastabillando por la puerta. Nos habíamos quedado dormidas y no tuvimos tiempo de preparar café.

Mis ojos se fijaron en el vaso de plástico que San me ofrecía.

—¿Lo tomas solo, no?

—Ven aquí —dije, agarrándole de la camiseta negra para besarla. Antes de abalanzarme sobre el café, le planté un sonoro beso en la boca.

—Eres mi héroina.

—Si vas a recibirme así, creo que apareceré por aquí cada mañana con una cafetera—dijo San arrastrando las palabras en tono sexy mientras me pasaba la mano por la cintura.

—Tenemos que cargar el coche. Apártate de la chica, cupido, y ayuda un poco —gruñó Jake agarrando mi mochila y mi saco de dormir.

San rió entre dientes y levantó la bolsa de deporte en la que Hann y yo habíamos guardado las cosas que no habían cabido en las mochilas. Me miró arqueando una ceja.

—Es que no cabía... Además, no es todo mío. Hanna y yo necesitábamos algunas cosas más —expliqué.

—Estás rompiendo una de las reglas de las acampadas, pero como estás tan guapa, lo dejaré pasar.

Me puse el café en los labios para esconder la sonrisa boba que tenía en la cara. ¿Quién hubiese pensado que al bueno de las Lopez se le daba tan bien coquetear?

—¿Y esa bolsa? —inquirió Ketty cuando San se la arrojó para que la atase encima del vehículo.

—A las chicas no les cabían todas las cosas en las mochilas. Cállate y átala -respondió Sawyer y se dio la vuelta para mirarme con expresión arrogante.

—Marley también tenía una bolsa extra y la obligué a dejarla en casa —se quejó Kitty.

—No es culpa nuestra que seas una novia de pena, chaval. Ahora, átala ya — dijo Emily en tono irritado al aparecer junto al Suburban.

Me dispuse a subir, pero me detuve porque no sabía si iba viajar delante, junto a San. Examiné el jardín en busca de Hanna, pero todavía estaba oscuro y la luz del porche sólo iluminaba parte del patio.

—¿Así que tú eres la nueva chica de San? —preguntó una voz desconocida a mi espalda. Me di la vuelta y encontré a una rubia menuda, con unos rizos desordenados que le salían disparados en todas direcciones. Tenía los ojos de un azul radiante, tan deslumbrante que sólo podía deberse a un par lentes de contacto. Su bronceado no encajaba con el color pálido de su pelo. Pero era muy guapa.

—Mmm, sí. Bueno, no. Sólo somos amigas —respondí.

—No sois sólo amigos. San no besa a sus amigos. Si lo hiciese, yo estaría en la cola esperando mi turno. He sido amiga suya desde la guardería y no me ha besado ni una vez —contestó ella, poniendo los ojos en blanco.

—Ah —fue la única respuesta que pude ofrecerle. Era muy temprano y aún no me había terminado el café. Mi competencia verbal no estaba a la altura.

—Me llamo Heidi. Marley es una de mis mejores amigas. Fuimos animadoras durante los cuatro años de instituto. Jake y yo estamos juntos, bueno, a ratos. Ahora mismo, somos pareja. —Me guiñó el ojo y tomó un sorbo de su termo.

—¿Subes o qué? Creo que Jake y yo iremos detrás —hizo una pausa y miró a su alrededor—. A menos que prefieran ir Em y Hanna allí. No estoy de humor para soportar una maratón romántica de Emily Lopez durante todo el trayecto.

—¿Cuatro detrás? ¿No estaremos muy apretados?

Heidi frunció el ceño como si se le acabase de ocurrir.

—Ah, supongo que podemos sentarnos por parejas.

Seguía sin estar segura de dónde sentarme. San apareció a mi lado y abrió la puerta del copiloto.

—Tú te sientas conmigo. Si voy a conducir durante todo el viaje, al menos merezco tenerte cerca para que me distraigas.

Eso respondía a mi pregunta.

Heidi levantó la cabeza para ver a Ketty y a Jake, que estaban atando el equipaje al techo del Suburban.

—¿Cómo nos sentamos? Iba a entrar, pero no sé dónde me toca. Imagino que tendremos que ponernos de tres en tres.

—Hanna y yo vamos detrás, y alguien más tendrá que sentarse con nosotros — le informó Em mientras abría la puerta y ayudaba a su chica a subir.

—Jake, tú vas detrás, con Em. Heidi puede sentarse con Marley y yo en medio —intervino Ketty.

—¿Por qué tengo que quedarme con Em? ¿Por qué no vas tú? —le espetó Jake.

—Porque Marley es mi novia, y Heidi es una amiga con derechos —respondió Ketty bajando de un salto y comprobando las correas una última vez antes de darles un buen tirón.

—¡Eh! ¡No me llames eso! —chilló Heidi.

Ketty se encogió de hombros.

—Lo siento, Heidi, digo lo que veo. Si algún día os volvéis exclusivos, te aseguro que cambiaré de opinión.

—No puedo creer lo que has dicho —comentó Jake con una sonrisa de suficiencia, mientras daba la vuelta al coche hacia nosotros.

San se inclinó y me susurró al oído:

—Van a seguir discutiendo sobre el tema un rato más. Más vale que subas.

Me dio la mano y me ayudó a subir. Me encantaba la forma que tenía de hacerme sentir especial con esos pequeños detalles.

—Me pararé en Starbucks para conseguirte un poco más de café en cuanto salgamos de Grove —prometió antes de cerrar la puerta.



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Mensaje por micky morales el Dom Nov 11, 2018 6:38 am

Tengo la esperanza que la tonta de San se de cuenta que una novia como Britt es lo mejor para ella!!!!
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Activo Re: BRITTANA Si fueras mía capitulo 31

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Nov 18, 2018 5:31 am

CAPITULO 27

Santana



Brittany tenía la nariz metida en su café recién hecho, disfrutando del aroma.

Había decidido desviarnos un poco y pasar por la ciudad de Mobile para entrar en Starbucks. Ahora estaba mucho más despierta y alerta que cuando la vi salir por la puerta tambaleándose, medio dormida. Quise acurrucarme con ella y llevarla a la cama, pero no era posible. Britt había marcado una frontera física y yo estaba intentando respetarla. Pero cuanto más tiempo pasábamos juntos, más difícil me resultaba.

—¿Cómo es que el café de Starbucks siempre huele mejor que el de casa? — preguntó en tono pícaro. Si no fuese porque sabía que esa chica no tenía ni idea de coquetear, pensaría que lo estaba haciendo a propósito. Cuanto más la conocía, más claro lo veía: Britt no tenía ni idea de lo tentadora que era.

—Son juegos mentales. Se les da muy bien el marketing —respondí, levantando mi café y tomando un buen sorbo antes de volver a dejarlo en el posavasos.

—Mmm... No sé. He comprado la marca Starbucks en la tienda y me lo he preparado en casa, pero no huele igual.

Iba a responder, pero Jake bramó:

—¡Aquí no hay espacio suficiente para Emily y para mí! Estamos apiñados. Heidi y yo tenemos que cambiarnos de sitio.

—Ponte a Hann sobre la falda, Em, y deja un poco de sitio para Jake — respondí, mirando de reojo a Britt, que me observaba con cara de sorpresa. Le guiñé un ojo y le di la mano.

—¿Qué pasa?

Sacudió la cabeza y me sonrió.

—¡Oh! Mucho mejor —dijo Jake, con un suspiro de alivio—. Dame mi almohada, Heidi. Creo que necesitaré dormir un poco. Con Hanna encima de Em, las cosas se saldrán de madre dentro de poco y la verdad es que prefiero no verlo.

Se me encogió el estómago al oírlo, pero sólo durante un segundo. No me había importado sugerir que Hana se sentase en el regazo de Em, pero la imagen de mi hermana tocándola aún me afectaba. Entrelacé los dedos con los de Britt y me concentré en la carretera y en el hecho de que tendría a esa adorable rubia acurrucada en mi tienda durante las próximas tres noches. Las tiendas de campaña estaban montadas y el fuego ardía con fuerza cuando el sol se puso tras las montañas Cheaha. Las chicas habían ido a los baños a ducharse.

Habíamos tenido que instalar el campamento más cerca del baño público de lo que hubiese preferido, pero Hanna se había puesto de morros cuando sugerí que lo trasladásemos un kilómetro más allá. Em soltó todo lo que tenía en las manos y, sin consultar a nadie, empezó a montar su tienda. Hanna nunca se enfadaba conmigo para salirse con la suya. Era extraño verla expresar su opinión. Pero todavía era más extraño ver a Em sucumbir con tanta facilidad.

Hanna era completamente distinta con él. No se doblegaba a su voluntad, ni le preguntaba qué quería antes de decidir. Volvía a ser la chica de espíritu libre, la que tiraba globos de agua a los coches y se escabullía de su habitación para ir a consolar a la hija de la camarera. Sólo necesitaba a Em para encontrarse a sí misma.

Se me formó un nudo en la garganta al darme cuenta de que por mi culpa se había olvidado de quién era. Me alejé de la hoguera, en dirección a la oscuridad, para contemplar la naturaleza que nos rodeaba, sumida en las sombras. Me presioné el pecho con la mano y lo froté con fuerza, intentando que desapareciese la opresión que sentía.

Justo cuando pensaba que las cosas estaban mejorando y que llevaba mejor lo de Hanna, pasaba algo que me lanzaba otra vez de cabeza al pasado. Cierto, cada vez era más fácil y no tenía nada que ver con lo que sentía al principio, pero el dolor no había desaparecido del todo. Y temía que nunca lo hiciese. Hanna siempre sería mi gran error. No por haberla amado, sino porque la había perdido.

—¿Estás bien? —la voz de Em rompió el silencio que me rodeaba. Bajé la mano del pecho, me la metí en el bolsillo y asentí sin darme la vuelta para mirarla.

—¿Qué haces aquí? ¿Escapar de las quejas de Jake?

—Estoy echando un vistazo —respondí.

Emily se puso a mi lado. Por mi visión periférica, vi que estaba mirando en la misma dirección que yo.

—Pareces feliz con Britt Hanna dice que le gustas mucho.

La advertencia en su voz era evidente. Si hacía daño a Britt, hacía daño a Hanna, y eso Em no lo iba a permitir.

—Britt es fantástica. Y conoce perfectamente mi situación. Pronto llegará agosto y yo me iré a Florida y ella se marchará a... dondequiera que se marche.

Em giró la cabeza para mirarme.

—¿No sabes ni siquiera a qué universidad irá?

—No. No ha surgido en nuestras conversaciones.

Em sacudió la cabeza con incredulidad.

—Antes, no hace mucho, eras el bueno. Te preocupabas por los sentimientos de todo el mundo. Era hasta ridículo lo educada y atenta que eras. Has cambiado, San. No puedo creer lo que estoy diciendo, pero echo de menos a esa tía. Siempre le admiré. No podía enorgullecerme de mis decisiones, pero siempre estaba tan orgullosa de las tuyas, joder.

La ira que había brotado a la superficie desapareció con su última frase.

Em se dio la vuelta y regresó al campamento, dejándome solo para pensar en lo que acababa de decirme. Saber que se sentía orgulloso de mí hizo que me ardiesen los ojos. Nunca hubiese imaginado que mi hermana, el tía dura, estuviese dispuesto a admitirlo.
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Nov 18, 2018 5:46 am

CAPITOLO28

BRITTANY



Estaba sentada sobre mi saco de dormir, comprobando los mensajes que habían aparecido en mi móvil por arte de magia en cuanto llegamos a los baños. La cobertura en la jungla no era precisamente buena, que digamos. Pero en los baños había wi-fi, un hecho tan sorprendente como curioso, y ahora tenía un montón de mensajes por leer. Santana, Emily y Keitty estaban apagando el fuego y asegurándose de que las provisiones pasaban la noche a buen recaudo. Nos habíamos sentado en torno a la hoguera y habíamos asado salchichas y nubes. San había traído algunas cosas frías en la heladera, que teníamos que consumir esa noche, porque para la siguiente el hielo ya se habría derretido y estaría todo estropeado. No quería ni pensar en lo que cenaríamos mañana.

Papá: Necesito que me llames.

Papá: Por favor, llámame, cariño. No puedo contactar contigo.

Papá: He llamado a casa. Sarah me dijo que estabas de acampada. Ten cuidado y llámame lo antes posible.

Aún no estaba preparada para hablar con él. Le llamaría cuando llegase a casa de Hanna, pero por ahora necesitaba un poco más de tiempo.

Mamá: No tienes que ir a Nueva York.

Mamá: ¿Por qué no me dijiste que la zorra estaba preñada?

Mamá:NO quiero que vayas. Tu padre te está destrozando la vida. Ignórale. Puede pudrirse en el infierno.

Mamá:¡No le llamas! Sarah dice que ha llamado preguntando dónde estabas. ¡Y no me dijiste que estabas saliendo con SANTANA LOPEZ! ¡Me alegro tanto por ti!


Por fin había conseguido algo que era de Hanna. Mi madre adoraba a mi prima, y durante la mayor parte de mi vida había tenido que oír lo perfecta que era Hanna y lo maravilloso que sería si me pareciera más a ella. No me sorprende que fuese tan cruel con Hanna, cuando éramos pequeñas. Sacudí la cabeza y borré el resto de mensajes de mi madre sin leerlos.

Quinn: ¿Ya sabes qué hacer con lo de la universidad? ¿Has hablado con tu padre del dinero?

Quinn:Puedes ignorarme, pero cuando estés atrapada en nuestra vieja ciudad de siempre, cogiendo el tren para ir a la universidad pública mientras los demás están disfrutando de la verdadera experiencia universitaria... ¡Desearás haber hecho alguna cosa!



Estaba en lo cierto. Tenía que hablar con mi padre sobre el dinero que necesitaba. Aunque había conseguido una pequeña beca, si iba a la universidad fuera del estado iba a necesitar ayuda económica. Me habían aceptado y la matrícula estaba pagada, pero a causa de los ingresos de mi padre no podía obtener más dinero. No había solicitado los préstamos a tiempo y ahora necesitaba ayuda.

La lona de la tienda se abrió, y San entró con una sonrisa. —¿Me estabas esperando?

El corazón me empezó a palpitar y las preocupaciones sobre la universidad quedaron a un lado.

—Sí.

—Perdona el retraso, pero he tenido que cazar a todos los osos hambrientos que rodeaban la tienda —dijo en tono burlón.

Iba a contestarle cuando se quitó la camiseta y su bien definido pechos hizo acto de presencia a escasos centímetros de mi cara. Tragué saliva con fuerza y me concentré en respirar con normalidad. Sus abdominales eran tan perfectos que parecían de mentira. A ver, le había visto sin camiseta, pero nunca tan cerca. Sus pantalones cortos de camuflaje colgaban de sus caderas, que sorprendentemente también estaban bien definidas. me hizo tragar saliva. De repente, noté que hacía muchísimo calor en la tienda, y pensé que necesitaba un buen chorro de agua fría o un abanico para refrescarme.

—Britt —la voz de San interrumpió mis pensamientos y aparté los ojos de su tentador estómago para mirarle a la cara. Oh, no. Me lamí los labios en un ademán nervioso, intenté pensar una respuesta, pero élla me estaba ayudando a tumbarme y en cuestión de segundos me besó. Sus labios eran más cuidadosos de lo que indicaba su mirada. Solté un grito ahogado cuando noté su pechos presionando la fina tela de mi camiseta de tirantes y su lengua dentro de mi boca provocando, saboreando y volviéndome loca.

Necesitaba sentirle. Deslicé las manos por sus brazos, notando cómo los flexionaba. Disfrutaba de una agradable sensación de poder: el efecto que tenía en élla una simple caricia, y seguí explorando su musculosa espalda. Rocé sus apetitosos abdominales con las uñas, arrancándole un gemido. Su boca abandonó la mía y dejó una estela de besos desde mi mandíbula hasta el cuello. Cuanto más se acercaba a mi pecho, más agitada se tornaba mi respiración. Apoyándose sobre un brazo, resiguió el escote de mi camiseta con la mano, observándome con atención. Sabía que estaba esperando a que le diese permiso para seguir adelante y aunque tenía claro que permitirle continuar no era una buena idea, no pude negarme. El anhelo que brillaba en sus ojos era imposible de rechazar. Temiendo que no me saliese la voz, le respondí arqueándome un poco en respuesta a su caricia. Se le abrieron los ojos en señal de sorpresa y luego adoptaron un brillo vidrioso cuando bajó la cabeza. Clavó su mirada en mí mientras presionaba los labios sobre mi escote.

Sus ojos marrones me mantuvieron hipnotizada cuando sacó la lengua con un movimiento rápido y lamió la curva de mi pecho y después siguió adelante hasta al pequeño pliegue entre ambos senos. Una mano se deslizó por debajo de mi camiseta y subió por mi estómago dejando un sendero abrasador a su paso hasta que se detuvo debajo de mi sujetador. Se me escapó una especie de quejido y eso fue el único estímulo que San necesitó. Su mano acarició el encaje de mi sujetador hasta que encontró el cierre y lo abrió con un chasquido. Cerré los ojos con fuerza al sentir que mis pechos se liberaban. Nunca me habían tocado así.

Cuando me tocó el pecho, casi di un salto. El escalofrío que me recorrió el cuerpo entero me sorprendió. San me subió la camiseta con lentitud. Si pensaba detenerlo, éste sería el momento idóneo. Abrí los ojos para decir algo, pero sus pupilas dilatadas y su expresión de asombro me paralizaron. En lugar de decir nada, me erguí un poco y alcé los brazos para que me quitara la camiseta y el sujetador. Había llegado el momento: la primera vez que me desnudaba ante una chica. Y no uno cualquiera, sino la única con el que había imaginado hacerlo.

Ninguna de las fantasías que había conjurado en las que tenía esas manos sobre mi cuerpo podía compararse con la realidad.

—Britt —susurró, mirándome fijamente. Me moví un poco, abriendo las piernas para que se acomodara entre ellas.

—Oh —jadeé, y élla me tapó la boca con la suya. Los besos lánguidos y tiernos habían desaparecido y San me consumía con una urgencia feroz. Mi cuerpo se pegó al suyo como si tuviese mente propia y, esta vez, fue San la que gimió.

Sus manos cubrían mis pechos desnudos, acariciándome y provocando que mi mundo explotase fuera de control. Su boca ahogó mi respuesta, pero en ese momento no me importó. Era como si alguien hubiese disparado fuegos artificiales dentro de mi cuerpo. Me aferré a élla, temerosa de caer a algún lugar del que no podría regresar. El dolor había repercutido por todo mi cuerpo, convirtiéndose en un placer que no sabía que existía. Al volver lentamente en mí, me di cuenta de dos cosas. San ya no me estaba tocando el pecho. Tenía las manos a ambos lados de mi cabeza, la tela del saco de dormir agarrada con fuerza en sus puños. Su cabeza estaba enterrada en la curva entre mi cuello y mi hombro, y respiraba entrecortadamente. Su cuerpo se sostenía rígido sobre el mío y, con mucho cuidado, bajé las piernas con las que me había estado sujetando a élla. San no se movió ni se relajó. La vergüenza y la preocupación por lo que habíamos estado haciendo me invadieron. ¿Qué era lo que acababa de experimentar?

Su cálida boca depositó un beso en mi cuello y me estremecí. —No lo hagas —exigió en un susurro ahogado. Dejé de moverme, temiendo haber hecho algo mal.

Permanecimos tumbados unos minutos en silencio y cada vez me sentía más preocupada.

Finalmente, levantó la cabeza y soltó el saco de dormir para enderezarse y apartarse de mí, con cuidado de no presionar mi entrepierna. La humillación me invadió al ver que buscaba mi camiseta. Sin decir nada, dejé que me la pusiera. Me tapó el pecho desnudo y también el estómago y la soltó en seguida, mientras yo me incorporaba en el saco de dormir. Había hecho algo mal. Sentía el estómago revuelto.

—Lo siento —susurré.

San alzó la cabeza para mirarme, pero no le devolví la mirada. No podía.

—¿Qué? —preguntó en una voz grave y ronca que nunca le había oído.

Me tapé la cara con las manos para que no viese las lágrimas que me brotaban.

—No sé por qué lo he hecho. Lo siento mucho. No quería...

San estaba delante de mí, apartándome las manos de la cara y obligándome a mirarle.

—¿Lo sientes? ¿Britt, comprendes lo que acaba de pasar?

Me encogí de hombros y sacudí la cabeza.

San soltó una risita y tiró de mí para que me sentara en su regazo.

—Ha sido el momento más increíble de mi vida. No lo sientas. Por favor — Dijo en el mismo tono de voz grave y sexy que había utilizado antes.

Examiné su expresión un momento.

—Pero... No lo entiendo.

San se inclinó y me dio en beso en la punta de la nariz y después uno en cada párpado.

—Entonces deja que te lo explique. Una chica preciosa acaba de confiar en mí lo suficiente como para que la toque como nunca la han tocado. He podido abrazarla y contemplarla mientras se deshacía en mis brazos. No se parece a nada que haya experimentado antes. Es una chica asombrosa y ha reaccionado a mis caricias. Me desea.... Y he sido yo el que ha conseguido que escalase fuera de control.

Oh. Pero...

—Pero parecías tan tenso y enfadado cuando he reaccionado así, y te has apartado de mí como si no quisieras estar conmigo.

San soltó una risa ahogada.

—Britt, estaba reuniendo hasta la última gota de autocontrol porque no quería arrancarte esos pantalones cortos y hacer algo para lo que ninguno de los dos está preparado. Durante un momento lo único que veía era el deseo que me consumía, y he estado a punto de hacerlo. Lo que has interpretado como enfado era que estaba intentando calmarme.

La firmeza que sentí junto a mi trasero al sentarme en su falda me indicó que No se había calmado del todo.

—Pero tú todavía... —No supe cómo seguir y una sonrisa torcida le apareció en la cara.

—Sí, bueno, dudo que pueda quitármelo de encima sin una ducha bien fría y creo que me la voy a dar dentro de un minuto.

Oh, vaya. Sabía lo suficiente como para comprender que un chico podía Pasarlo muy mal si una chica le excitaba y no... conseguía aliviarse. El dolor había sido tan intenso antes de resquebrajarme en mil pedazos... No podía imaginar permanecer en ese estado por mucho tiempo. Élla me había abrazado mientras conseguía mi desahogo.

—Podría... ayudarte —ofrecí en voz baja y élla se puso rígido.

—¿Qué?

—Podría ayudarte a, mmm..., a desahogarte. Quiero decir que estás así por mi culpa. Podría..., bueno, quiero ayudar.

—Oh, mierda —musitó, tapándose la cara con la mano y frotando con fuerza—. Britt, no me puedes decir estas cosas ahora mismo.

—¿Por qué no?

—Porque con sólo pensarlo, me duele más.

Me bajé de su regazo y no levanté la vista para ver su reacción. Respiré hondo y alcancé el botón de sus pantalones. Me agarró de la mano.

—Oh, no. No dejaré que lo hagas.

—Quiero hacerlo.

San sacudió la cabeza.

—No, britt. Iré al baño y lo solucionaré.

Aparté la mano con más fuerza de la necesaria y seguí.

—Dios —gruñó mientras le bajaba los pantalones. Alzó las caderas para que pudiese bajarlos lo suficiente. Me sentía poderosa. Ver a Santana Lopez completamente fascinado con todo lo que hacía era excitante, además de divertido.

La Britt nerviosa y reservada gritaba dentro de mi cabeza que no podía tocar a una chica ahí, pero yo la mandé callar y me olvidé de ella. Estaba dispuesta a hacerlo.

—Joder —resolló San, con tanta fuerza que me hizo estremecer.

Un temblor le recorrió el cuerpo.

—Britt —dijo en un susurro entrecortado—. Nunca han... No creo que pueda... Ah, qué bien.

El placer que irradiaba su expresión despertó mi deseo. deje de tocarla y me quité la camiseta que me había puesto. Después, me senté a horcajadas sobre élla, apoyándome en sus rodillas antes de tocarla de nuevo.

—Joder —silbó San entre dientes, y se arqueó debajo de mí. Le miré a la cara y vi que sus ojos estaban fijos en mi pecho. Ésa era la idea. Quería sus ojos sobre mí.

—Más fuerte —dijo en tono suplicante—. tocame con más fuerza.

Había intentado no hacerla daño, pero parecía querer que le apretase más.

Me incliné hacia delante y coloqué una mano en su muslo y oprimí suavemente con la otra.

—Ah —gruñó, y se dejó caer hacia atrás, apoyándose en los codos.

—Britt, me voy a... —alargó la mano para apartar la mía.

—Bien —respondí, negándome a soltarlo. Y me incliné para besar sus abdominales, que se tensaban con cada respiración.

—Mierda —gimió, y su mano se enredó en mi pelo—. No podré parar.

Le devolví la mirada, tenía los ojos empañados por el placer. Me lamí los labios deliberadamente y apreté con más fuerza.

—Joder —gritó.

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Mensaje por micky morales el Dom Nov 18, 2018 6:44 am

vaya con Britt, se lanzo con Santana!!!!!
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Nov 25, 2018 6:04 am

COPITULO 29

sANTANA


Abrí los ojos cuando el calor de las primeras horas de la mañana cayó sobre la tienda. Los sucesos de la noche anterior me vinieron a la cabeza, y el cuerpo que se apretaba junto al mío me hizo sonreír. Anoche, Brittany me había hecho ver las estrellas. Cuando se había derretido en mis brazos, estaba convencida de que no había en el mundo nada más sexy. Pero su expresión de asombro, la boca ligeramente abierta en un gesto maravillado mientras me ayudaba con inocencia a desahogarme, fue todavía más sexy: lo más sexy que había visto en mi vida.

La apreté contra mi pecho e inhalé la dulce y sutil fragancia de su champú y cerré los ojos.

—Buenos días —dijo, un poco grogui, mientras se daba la vuelta en mis brazos para mirarme a la cara. Su sonrisa tímida indicaba que sabía que horas antes me había hecho un chico muy feliz.

—Buenos días —murmuré antes de besarla en la boca con suavidad.

Se echó atrás y se la tapó para que no hiciese nada más.

—Aliento matinal. Tengo que lavarme los dientes —explicó con la mano sobre los labios.

—Seguro que huele tan bien como el resto de ti —le aseguré, bajando la cabeza y besándola en el cuello antes de olerle la piel de forma exagerada hasta que se la escapó una risita. No me gustaban las risitas, pero la suya era sensual y poco común. Me gustaba..., y mucho.

—Levantaos; tenemos que encontrar la cascada. Dentro de unas horas hará un calor infernal, y más nos valdrá estar cerca del agua fresca cuando empiece —la voz de Jake resonó por el campamento. Brittany se separó de mí y se incorporó.

Yo me acomodé y la observé mientras reunía sus provisiones.

Me lanzó una sonrisa al bajar la cremallera de la tienda. Vi el sujetador de la noche anterior en el suelo; me incorporé y la agarré del brazo.

—No puedes salir así —dije en un tono de voz más exigente de lo que planeaba. La idea de que Jake o cualquier otro la viesen con ese top diminuto hizo que me recorriese el cuerpo un sentimiento posesivo. Ni en broma.

—¿Cómo? —frunció el ceño, mirando mi mano sobre su brazo.

Recogí el sujetador y lo balanceé en el aire delante de ella.

—Tienes que ponerte esto.

Llevaba su ropa en la mano.

—Me voy a poner el bañador, así que no necesito el sujetador.

—Mmm, sí que lo necesitas. No saldrás de esta tienda con el pecho tapado sólo con ese pedazo tan fino de algodón.

Sus labios dibujaron una sonrisa y me arrebató el sujetador de la mano.

—Bueno, vale. ¿Vas a mirar mientras me lo pongo?

—Claro que sí —respondí, sonriendo y alargando el brazo para quitarle la ropa de las manos—. O aún mejor, te lo puedo poner yo.

Brittany respiraba entrecortadamente cuando gateé hasta ella y me dispuse a levantarle la camiseta para sacársela. Levantó los dos brazos y la fui subiendo poco a poco, disfrutando de la vista. Siempre había tenido debilidad por los pechos y los de Brittany era bonitos y grandes. No pude contenerme y la acaricié un poco. Soltó un grito ahogado que me hizo olvidar que nos estaban esperando fuera de la tienda.

Su respiración rápida y agitada tenía un efecto muy positivo sobre su pecho.

—Ponme el sujetador, San.

Levanté la vista y la miré a los ojos. Estaba tan excitada como yo. Las dos íbamos a explotar si seguíamos así. Quería estar dentro de ella. Lo deseaba mucho.

—Bien —respondí, obligándome a deslizarle las tiras del sujetador por los brazos y los hombros. Le cubrí los pechos con reverencia con las copas de satén, ajustando el cierre.

—Mmm, ah..., vuelvo en seguida —balbuceó casi sin aliento.

Únicamente fui capaz de asentir.
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Nov 25, 2018 6:15 am

Capítulo 30

Santana


La cascada estaba sólo a ocho kilómetros, y era una suerte porque si escuchaba una queja más de Heidi, me volvería loca.

Busqué a Brittany con la mirada y la encontré sentada en una roca, junto a Hanna. Me dediqué a observarlas. La risa de Hanna siempre me hacía sonreír.

Oírla resonar sobre el agua mientras las dos primas charlaban alegremente me hacía sentir que todo estaba bien.Hanna había sido la dueña de mi corazón durante tanto tiempo que, incluso después de su traición, si me lo hubiese pedido la habría aceptado de nuevo a mi lado, sin hacer preguntas. Por mucho que quisiera a mi hermana, no estaba segura de que, a día de hoy, no lo hiciera. Mi mirada se posó en Brittany , que ahora estaba hablando. Su ademán de felicidad me hizo sentir como una reina. Había estado de un humor excelente toda la mañana, resultaba agradable saber que era gracias a mí. El recuerdo de lo que había experimentado con ella la noche anterior superaba de lejos todo lo que había vivido con Hanna. No estaba segura de cómo me sentía al respecto.

Hana me poseía. Hubiese removido cielo y tierra para hacerla feliz. Con Brittany era distinto. Disfrutaba de su compañía y estar con ella resultaba excitante.

Pero yo sabía qué se sentía al amar, y mis sentimientos por Brittany ni siquiera se aproximaban a aquello. Lo que sentía por ella era más intenso, pero sólo en lo físico. La idea de dejar de verla tras el verano no me dolía tanto como cuando pensaba en lo lejos que estaría de Hanna.

—Está como un tren. Si te aburres y quieres intercambiar compañeras de tienda, me avisas.

Levanté la cabeza de golpe para fulminar a Jake con la mirada, que observaba a Brittany con una sonrisa de suficiencia.

—¿Qué has dicho? —pregunté, cerniéndome sobre él. Cerré los puños, preparado para vapulearle si se atrevía a repetir su grosería.

—Alto, San, cálmate, tía. Sabes que no hablaba de Hanna, ¿no? —Jake levantó las dos manos y retrocedió.

—Sé de quién hablabas y te recomiendo que le quites esa mirada de pervertido de encima. No está disponible.

—Vaya, vaya, vaya, ¿qué demonios has hecho, Jake? Creo que nunca había visto a San tan dispuesta a apalear a alguien que no fuese yo —comentó Em en un tono lánguido y divertido.

—Cállate —le espeté sin mirarle.

—No lo sé. Se le ha ido la olla. Sólo he hecho un comentario sobre Brittany . La última vez que habló de ella, sólo era una «distracción». No sabía que iba a ponerse en plan territorial —respondió Jake, mirando a mi hermaa por encima de mi hombro. Su mirada pedía ayuda descaradamente y eso aún me cabreó más.

—Tiene razón, tía. Déjalo. Te has estado refiriendo a Brittany como una distracción durante más de una semana. Si has cambiado de opinión, mejor será que se lo hagas saber a todos.

Detestaba que Em tuviese razón. El neandertal era élla, no yo. Se suponía que no tenía sentido común. Me quité la camiseta y la arrojé sobre las rocas antes de sumergirme en el agua. Necesitaba estar cerca de Brittany . Era lo único que podía calmar la violenta tempestad que bramaba en mi interior.




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Mensaje por Tati.94 el Dom Nov 25, 2018 2:45 pm

Esto se está poniendo bueno! Pero qe ladilla con hanna, osea cada vez qe san la nombra 
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Mensaje por micky morales el Dom Nov 25, 2018 3:50 pm

Ok aqui va mi humilde pero intensa opinion, estoy tan harta de esa ridicula pasion de San por la traidora de Hanna que si pudiera atravesaria la pantalla de mi ordenador y le retorceria el pescuezo hasta que la hiciera entender que es Brittany su nuevo presente y por ende su definitivo futuro, yo nunca hubiese perdonado ni a Hanna por mucho amor, ni a Emily, asi que hasta cuando esta estupidez de estarlas comparando'?????
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Dic 09, 2018 4:25 am

CAPITYULO 31

brittany




Quería ducharme antes de dormir. Estaba agotada. Me lo había pasado bomba, pero entre el calor, nadar y el senderismo, se me cerraban los ojos.

Enchufé el teléfono para cargarlo en el pequeño estante que había encima del lavamos de los baños. Después fui a lavarme. Hanna dijo que le dolía la cabeza y que quería tumbarse un rato antes de ducharse. Heidi y Marly dijeron que estaban demasiado cansadas para caminar hasta las duchas.

Habían decidido que el agua de la cascada era ducha suficiente.

Yo había sudado durante el camino de vuelta y sabía que ellas también, pero no era asunto mío. Si querían ir a dormir hechas unas cochinas, adelante. Caminar sola hasta los baños con los osos, las serpientes y los psicópatas con sierras mecánicas había requerido bastante coraje por mi parte.

También estaba ansiosa de volver con San. La esperanza de pasar otra noche como la anterior había estado en mi mente todo el día. Hanna había mencionado mi sonrisa boba, y cuando me preguntó por qué estaba tan atolondrada le di una respuesta ambigua. Aunque estaba bastante segura que
Hanna ya lo había adivinado.

Después de ducharme, me sequé y me puse la camiseta de tirantes, esta vez sin sujetador, y los pantalones cortos de rayas rosas que había traído para dormir.


Estaba oscuro y tenía que acarrear con mis cosas y mi ropa sucia. Podía llevarlas delante de la camiseta, así San no se daría cuenta de que había estado sin sujetador fuera de la tienda. La reacción posesiva de esta mañana, al verme salir de la tienda sin sujetador, me había sorprendido. Nadie había sido posesivo conmigo.

Quizá la respuesta más saludable hubiese sido mantenerme firme y obligarle a aceptar que yo era una persona independiente. Pero no lo hice. Quería que me deseara.

Al coger el móvil vi que tenía varias llamadas perdidas y unos cuantos mensajes de texto. Suspirando, me dispuse a revisarlos y vi que mi padre me había llamado dos veces. Mi madre había llamado quince veces y ambos habían dejado varios mensajes. Tenía que devolverle la llamada a uno de los dos, como mínimo.

Mi madre me tendría al teléfono una eternidad y yo me moría de ganas de regresar a la tienda. Así que busqué el número de mi padre y esperé a que sonase.

—Por fin. ¿No tienes cobertura? Te ha llamado varias veces.

—Hola, papá. Lo siento, aquí la cobertura es un asco.

—Me alegro de que por fin hayas recibido mis mensajes y me hayas llamado. Tengo que hablar contigo de la boda. Ha habido un cambio de planes.

—Vale...

—La abuela de Shandra vive en la costa de Carolina del Sur. Es bastante adinerada y su casa es un monumento histórico. Se la ha ofrecido a Shandra para la boda. Como Shandra no podrá tener su boda navideña en Nueva York, ha decidido que una boda veraniega en la costa será más apropiada. Quiero que sea perfecta. Especial, ¿sabes? —Hizo una pausa, a la espera de mi respuesta.

No respondí.

—¿Sigues ahí?

—Sí, papá. Te escucho.

—Ah, vale, bien. Costará bastante más de lo que teníamos planeado.

Además, los familiares que la abuela de Shandra insiste en invitar vendrán de todo el país. La casa estará a rebosar.

Seguía sin estar segura de por qué me estaba explicando sus planes de boda, dado que no me parecían un asunto muy urgente.

—No hay espacio para ti en la casa. No puedo obligar a la abuela de Shandra a darte una habitación cuando ya se está mostrando tan generosa. Además, el coste del viaje me está ajustando el presupuesto. Pagar tu vuelo y tu habitación de hotel me resulta imposible. A ver, te quiero allí conmigo, pero no creo que pueda permitírmelo.

Me apoyé en la pared y cerré los ojos. Me brotaron las lágrimas y me restregué los ojos frenéticamente. No iba a llorar por esto. No iba a llorar.

—Vale. Muy bien —dije a través del nudo en mi garganta.

—¿Lo comprendes, verdad?

Se iba a gastar toda su pasta en casarse con la chica con la que iba a empezar una nueva familia. Y no tenía dinero para pagar el billete de avión a su primera hija, para que estuviese con él en su gran día. Por mucho que me doliese, era algo con lo que podía vivir. Pero sabía que lo que me estaba diciendo en realidad era mucho peor.

Una nueva esposa, una nueva casa, una gran boda, un nuevo bebé... Mi padre no me ayudaría con la universidad. Ni siquiera tenía el valor de pedírselo. Si me fallaba o me decepcionaba una vez más, no sé si podría soportarlo.

—¿Britt?

—Sí, vale, papá. Lo comprendo.

—Sabía que lo harías. Shandra está preocupada por si te enfadas. Le he dicho que no te pareces en nada a Caroline y que no le darías demasiada importancia.

—Tengo que colgar. No quiero gastar toda la batería.

—Sí, claro. Bueno, diviértete y disfruta del verano. Quizá pueda arreglármelas para venir de visita en otoño. ¿Por qué universidad te has decidido, al final?

Iría a la universidad pública. Mi padre tenía una nueva familia.

—Tengo que irme, papá —respondí y colgué.

Me resbalaban las lágrimas por la cara y sentí que mi resolución de no permitir que mis padres volviesen a herirme se fundía. ¿Cuánto iba a tener que aguantar antes de desmoronarme? Esconder todo esto en mi interior me estaba reconcomiendo. Necesitaba que alguien me escuchase, que me abrazase mientras lloraba. Que alguien se preocupase por mí, no sólo por sí mismo. Por una sola vez, deseaba ser el centro de atención... Necesitaba a San. Me mojé la cara con agua y me sequé las lágrimas. No quería tener que contestar preguntas durante el camino de vuelta. Élla era el único con el que quería hablar.

Cogí mi bolsa, metí el teléfono dentro y salí. San me estaría esperando.

Me escucharía. Justo cuando puse los pies en el sendero que conducía a nuestro campamento, apareció corriendo. En cuanto le vi, me sobrevino una sensación de alivio. Pero duró poco. Su expresión seria me sorprendió.

—San... —empecé a decir, pero pasó de largo en dirección a los baños.

—¡Ahora no tengo tiempo, Brittany! —gritó.

Me quedé pasmada, incapaz de moverme.

Al cabo de unos segundos, salió corriendo de los baños con un trapo empapado y un ademán resuelto en la cara. Su mirada me dejó atrás, como si yo no estuviera. Cuando pasó por mi lado, alargué la mano y le agarré el brazo. Estaba empezando a asustarme.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Brittany, suéltame. Ahora mismo no puedo hablar. Hanna me necesita.

Al registrar sus palabras, le solté. No ofreció ninguna explicación ni disculpa. Salió corriendo, dejándome sola. Mis sentimientos ya estaban hechos jirones, así que deducí que debía de haberle ocurrido algo malo a Hanna. El pánico hizo que saliese corriendo.

Me detuve en cuanto vi a San agacharse detrás de Hanna y retirarle el pelo de la cara con cuidado. Estaba vomitando. San le limpió los labios y luego dobló el trapo y empezó a lavarle el semblante pálido.

—Estoy aquí, Hanna. No pasa nada —murmuró al colocar la cabeza de la chica contra su pecho.

A pesar de que sabía que estaba enferma, me invadió una oleada de celos.

No me gustaba verle tan tierno y protector con ella. Dando un paso adelante, pregunté:

—¿Estás bien, Hanna?

San levantó la cabeza, pero no le devolví la mirada. No estaba segura de poder hacerlo. Mi prima me miró y suspiró.

—Tengo una migraña. Demasiado sol, y San ha cogido el coche y ha salido hacia la tienda a comprar algo para el dolor.

—¿Puedo ayudarte? —pregunté.

—Ya estoy yo con ella, Britt. Puedes volver a la tienda. —El tono exigente de San me partió aún más el corazón. No podía quedarme aquí mirando. Hanna estaba enferma, pero en buenas manos. Las chicas Lopez cuidaban de ella.

—Vale —respondí y me di la vuelta para regresar a la tienda. No soportaba la idea de tener que entrar. Los recuerdos de la noche anterior estaban ahí. Tenía que olvidarlos. Mi vida volvía a estar fuera de control. No necesitaba que San Lopez me rompiese el corazón. Mi padre ya estaba haciendo un buen trabajo por su cuenta. Quería a los dos hombres de mi vida, pero no había sido suficiente para ninguno de los dos. Nunca sería su primera opción.

Otra lágrima me rodó por la cara. Antes de que alguien me viese, abrí la tienda y me arrastré dentro. Moví mi saco de dormir a una esquina, lo más lejos posible de San, me enrosqué en su interior y lloré. Lloré porque mi padre no me quería. Lloré porque mis sueños sobre la universidad se habían escurrido entre mis dedos. Lloré porque me había permitido creer que él podría enamorarse de mí.

*******


Me desperté temprano y eché un vistazo a San. Dormía profundamente en su saco de dormir. El daño que me había infligido la noche anterior no le había quitado el sueño. Cogí mis cosas y salí de la tienda en silencio. No quería estar con élla cuando despertase.

—Has madrugado —Jake estaba arrodillado junto al fuego, añadiendo troncos nuevos.

Me pasé la mano por el pelo, incómoda, y asentí.

—Tengo café. ¿Quieres un poco? —preguntó, poniéndose de pie y alzando la jarra para enseñármela.

—¿Cómo lo has preparado? —pregunté, acercándome a él. Olía a café.

—He traído una cafetera. He utilizado la electricidad de los baños —explicó, sirviéndome una taza—. Tendrás que beberlo solo. No tengo ni leche ni azúcar — dijo, ofreciéndome la taza.

—Siempre lo bebo solo —respondí, y tomé un sorbo.

Jake arqueó las cejas.

—¿En serio? Qué mujer.

Puse los ojos en blanco y me di la vuelta para ir a vestirme a los baños.

—¿Qué? ¿No me merezco las gracias?

Le miré por encima del hombro.

—Gracias.

Sonrió con suficiencia y sacudió la cabeza.

—Siempre será igual, sabes. Nunca lo superará. Siempre será ella.

Me detuve y respiré hondo mientras el cuchillo que me había clavado en el estómago me provocaba tanto dolor que me impedía moverme.

—No estoy siendo cruel. Sólo soy sincero. Pierdes el tiempo.

Asentí con brusquedad; me obligué a mover los pies. Tenía que alejarme.

Basta de verdades. Había tenido más que suficientes durante las últimas doce horas. Necesitaba un descanso.
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Mensaje por micky morales el Dom Dic 09, 2018 6:35 am

De verdad que estoy harta de que el mundo de las Lopez solo gire en torno a Hanna, espero que en algun momento todo cambie!!!!
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