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BRITTNA Tatuaje para dos capitulo 10 y 11 fin

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Mensaje por micky morales el Dom Sep 02, 2018 6:02 am

Britt esta bastante reacia solo pq piensa que San y ella son muy diferentes, yo creo que se sorprenderia!!!!!
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Mensaje por 3:) el Lun Sep 03, 2018 9:53 pm

mas adentro no puede entrar san en el corazón de britt!!
a ver cuanto aguantan las dos en esta situacion??
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Sep 09, 2018 4:05 am

Capítulo 9




AQUELLA noche durmieron dándose la espalda, tan separados que Britt no dejaba de golpearse la cabeza contra la mesilla. Un par de horas después, medio dormido, San le pasó un brazo por la cintura... y entonces decidió dormir en el suelo.

Mejor dormir incómoda que arriesgarse a hacer el amor con alguien que podría partirle el corazón.
Por acuerdo mutuo, decidieron alejarse todo lo posible durante los cinco días siguientes.

Durante ese tiempo, Britt ayudó a su madre con los mandiles, limpió el jardín, fue a buscar fresas para hacer mermelada y terminó los adornos para el baile del gimnasio.

San le pidió prestada la moto a Finn varias veces; más para escapar de la atracción que sentía por ella que por otra cosa, Britt lo sabía.

Tomarse de la mano e intercambiar miraditas amorosas delante de su familia cada día les resultaba más difícil. Estaba deseando que todo aquello terminase para volver a Phoenix, y estaba segura de que San sentía lo mismo.

Una tarde, su padre le dijo que estaba pensando pedir la jubilación anticipada para dedicarse a la fotografía.

A Britt se le puso el corazón en la garganta. ¿Sabría que le quedaba poco tiempo?

-Papá, debes reposar. Eso es lo más importante.

-No te preocupes tanto,Britt . Estoy bien. ¿Te importaría traerme un pastelillo de canela?

Ella obedeció, con el corazón encogido.

El sábado por la tarde fueron al gimnasio para colocar los adornos y confirmar quién se encargaría de los refrescos, de la entrada, y todo lo demás. Eran las ocho y el baile empezaba a las nueve, de modo que Britt corrió al baño para cambiarse... y fue recibida por una visión que la dejó paralizada: San, desnudo de cintura para arriba.

-¿Pasa algo?

-Que estás medio desnuda.

-Estoy medio vestida, querrás decir.

tenia uno pechos muy sujerentes Y también tenía unos acdomilaes marcados...

-Bueno, date prisa.

-He dejado tu ropa sobre la cama -sonrió san.

-¿Ah, sí?

Qué raro.

Sobre la cama estaban el bustier negro de Madonna y la falda de cuero.

-No pienso ponerme eso.

-¿Por qué no? -sonrió élla-, apoyándose en la puerta-. Hazlo por los viejos tiempos.

No podía ser. Si se ponía aquel bustier, la minifalda y los taconazos de aguja a su padre le daría algo.

-No, no puedo.

-Es por tu bien -insistió San.

-¿Por mi bien?

-Aunque a mí no me importaría nada verte con ese atuendo, claro. No soy ningúna santa- murmuró
élla entonces, acercándose.

Britt tragó saliva. Hubiera deseado pasar los dedos por su torso para saver si era tan suave como parecía...

-¿Sí o no?

-¿Eh?

Por un segundo,Britt temió que hubiera leído sus pensamientos, pero afortunadamente se refería al disfraz de Madonna.

-No, no voy a ponérmelo.

A pesar de todo, San pareció impresionado al verla con el vestidito negro de cóctel. Un collar de perlas le daba el toque final.

-Saldrás en la revista del instituto, seguro.

-Tú también estás muy guapa -sonrió Britt .

San llevaba un vestido azul marino ajusado.

-Una cosa más -sonrió élla entonces, sacando algo del cajón. Era un broche con una orquídea blanca y dos capullos de rosa.

-Qué bonito.

-Deja que te lo ponga -murmuró San, metiendo los dedos bajo el escote del vestido.

A Britt le temblaban las piernas. Aquello era como el instituto, pero mucho mejor. O peor, considerando cómo deseaba hacer el amor con élla. Al menos en el instituto, se acostaba con quien le daba la gana.

Cuando entraron en el salón recibieron un aplauso general de toda la familia y Shelley hasta les pidió un autógrafo porque, según ella, parecían Julia Roberts y Richard Gere en vision femenina.

Britt guardó el disfraz de Madonna en el maletero del coche para devolvérselo a a Rechel.

Estaba deseando llegar al gimnasio para observar las caras de asombro de sus compañeros cuando la viesen con su fabulosa mujer... pero en cuanto entró por la puerta dos de sus ex compañeras la secuestraron para interrogarla.

Cuando por fin logró liberarse vio a San hablando con una chica: su archienemiga, Heather Haver. La antigua jefa de animadoras parecía a punto de comérsela.

-No habrás venido sóla, ¿no?

-Pues no -dijo Britt , tomándolo del brazo-. Ha venido conmigo. Heather, te presento a mi mujer, la doctora Eleine Langley.

Heather arrugó el ceño.

- ¡Britt PIRECE!

-La misma.

-Estás tan... diferente - sonrió la ex jefa de animadoras, mirándola de arriba abajo. Pero no había superioridad o desprecio en su mirada, sólo sorpresa.

-La gente cambia.

-Y estás casada. Con una médico.

-Así es.

-Vaya, qué bien. Tus padres deben de estar muy orgullosos.

-Sí, lo están -sonrió Britt. Sin embargo, que aquello fuera mentira la hizo sentirse vacía, incómoda-. Tú también estás muy guapa, Heather.

-Bueno, he engordado bastante. Cuando tienes niños, ya se sabe.

-¿Te has casado?

-Estoy divorciada y tengo dos niños. Trabajo en una inmobiliaria en Tucson. ¿Y tú? A ver si lo adivino... ¿artista, actriz?

-Pues... tengo una boutique en Phoenix.

-¿De verdad? Yo esperaba... Bueno, ¿has visto a Sam Evans?

-No, aún no.

-¿Te acuerdas de cuando nos peleábamos por él?

¿Pelearse por él? Para nada. Sam la había dejado para caer en sus brazos, así de sencillo. Y de humillante.

-Sí, claro.

-Ay, el instituto... Los buenos tiempos - sonrió Heather-. Todo nos parecía tan importante entonces... cada vez que Sam hablaba de ti, yo me ponía mala -añadió, tomando un sorbo de ponche-. ¿Esto es ponche? Qué horror, no lleva alcohol.

-¿De verdad?

-Sabe a caramelo.

-No, me refiero a lo dé Sam. ¿Hablaba de mí?

- Claro. Y ahora mírate, casada con una médico.

-Sí, ya-murmuró Britt.

«Mírame, mintiendo como una bellaca». Y Heather Haver, la jefa de animadoras, se había convertido en una mujer normal, simpática y madura. Le daban ganas de llevarla aparte para contarle toda la verdad... incluso que estaba enamorándose de San.

-¿Habéis planeado hacer algo divertido? La gente empiece a tener cara de aburrimiento.

-Pues no... yo sólo he hecho los adornos.

Heather miró alrededor.

-No hay un sólo escotazo en todo el gimnasio. Ni un pantalón de cuero.

-Eso era en el instituto.

-Venga,Britt, yo contaba contigo para que hicieses algo salvaje. ¿Te acuerdas aquella vez, en el
salón de actos, cuando montaste el número revolucionario? Casi me trago el chicle. Siempre quise ser como tú, pero estaba tan preocupada por caerle bien a todo el mundo... qué pérdida de tiempo.

-¿De verdad?

-Claro. Ahora suena muy tonto, pero ser la más popular del instituto puede hacer que el resto de tu vida parezca muy gris. Eso es lo queme dijo mi psicólogo.

-Yo no sabía...

Heather hizo un gesto con la mano, como para cambiar de conversación.

-Bueno, voy a ver si puedo armar algún lío. Buscaré a Sam E vans para comprobar si aún le pongo nervioso.

-Hasta ahora.

San sonrió.

-¿Esta es la chica que te robó el novio?

-La misma.

-Tú eres más guapa que ella. Y más lista.

-Sólo lo dices para hacerme feliz -rió Britt .

-Pues claro. Para eso estoy aquí, ¿no? ¿Qué te haría feliz, Britt?

«Tú, en la cama».

-Soy feliz. Lo estás haciendo muy bien. Lo que pasa es que me siento como un fantasma.

-Cuando aparezca ese tal Sam, dímelo.

-Aún no ha llegado. Bueno, puede que no venga.

Y sería un chasco. La razón por la que había mantenido allí a San era precisamente para que Sam la viese con él. Sin embargo... su conversación con Heather la había hecho pensar. ¿Qué estaba haciendo? ¿A quién quería engañar? Debería haber sido ella misma, aparecer como lo que era y no mentirle a nadie.

Estaba a punto de ir al aparcamiento para buscar el disfraz de Madonna cuando vio a sus padres subiendo al escenario.

No podía avergonzarlos precisamente en aquel momento, cuando más orgullosos estaban de ella, se dijo.

Pero... había algo que sí podía hacer para animar a la gente. Echarle un poco de alcohol al ponche.

-Vuelvo enseguida -le dijo a San .

Cuando corría hacia la parte de atrás del escenario, se chocó con uno de los músicos.

-¿Britt?

Ella lo miró, sorprendida.

-Yo te conozco... ah, sí, te tatué una guitarra en el hombro el año pasado.

-Sí, mira... me lo he cuidado mucho -rió el hombre, apartándose la camisa para mostrarle el tatuaje-. Me puse crema y todo lo demás.

-Eso está bien.

-En cuanto me hice el tatuaje, empecé a tocar mejor. Te lo juro. Ha sido muy importante para mí.

-Muchas gracias -sonrió Britt .

-No, en serio. Este tatuaje me ha dado alas en los dedos.

-Me alegro, pero ahora tengo que irme. Hasta luego, «guitarra».

-Hasta luego, jefa.

Britt se acercó al barreño de ponche y vació una botella entera de vodka. Cuando volvió con San, su padre estaba carraspeando frente al, micrófono:

-Bienvenidos a la reunión, queridos ex alumnos. Veo muchas caras conocidas entre vosotros.... -los congregados soltaron risitas-. No olvidéis llevaros las papeletas.

Ya sabéis que debéis votar al que más haya cambiado, al que menos, al que ha viajado más, al que tiene una familia más grande... Anunciaremos el nombre de los ganadores mañana, durante la merienda.

Entonces hizo una pausa dramática. Harvey Pierce disfrutaba enormemente haciendo su papel de director, una especie de patriarca de ovejas descarriadas.

-Y ahora me gustaría decir unas palabras, antes de que la orquesta destroce el poco oído que os queda. Quiero felicitar a... su padre leyó una relación de alumnos cuyos méritos profesionales habían sido el orgullo del instituto de Copper Corners en los últimos veinte años-. Me siento orgulloso por haber sido parte de vuestra vida. He tenido el placer de ver a muchos de vosotros sentar la cabeza y formar una familia aquí en Copper Corners. A los que habéis venido de Tucson, Phoenix, California e incluso Canadá, gracias.

Por mucho tiempo que pase, los años del instituto se quedarán siempre en nuestros corazones.
Es bueno recordar a la gente que lo conocía a uno cuando empezaba a encontrarse a sí mismo.

Quiero que penséis en el instituto de Copper Corners como vuestro hogar.

Siempre formaréis parte de este sitio.

El discurso fue interrumpido por aplausos y exclamaciones.

-¡Viva!

-Esta reunión es especialmente importante para mí porque, como todos sabéis, era la clase de mi
hija menor. Hacía diez años que Britt no volvía a casa y esta semana ha vuelto con su mujer.

Britt sintió ganas de echarse a llorar. Se sentía sola, confusa y absurda por haber inventado esa mentira.

-Me alegro de haber podido ayudarte -le dijo San al oído. Pero ella no pudo contestar-. ¿Qué te pasa?

-Que ya no sé quién soy.

-Yo sí. Yo sé quién eres,Britt Pierce . Vives tu propia vida, pero estás dispuesta a sacrificarte para hacer felices a tus padres. Tienes un buen corazón, cariño.

-Oh, san -murmuró ella, echándole los brazos al cuello.

Le parecía estar envuelta en un halo dorado y... no, no era un halo dorado, era un foco que el electricista había colocado directamente sobre ellas.

Cuando se apartaron, sus compañeros estaban aplaudiendo y Britt se puso como un tomate.

-Lo siento.

-¿Por qué? -rió san-. Ojalá pudiera tenerte así toda la noche. ¿Qué mujer podría resistirse ante una mujer como tú?

Se miraban a los ojos como si no fueran capaces de apartarse. Si Sam Evams apareciese de una maldita vez...

A su alrededor la gente parecía un poco patosa; se chocaban entre ellos e incluso había uno haciendo breakdance... sin música. ¿Qué estaba pasando?

Entonces recordó el vodka que había echado en el ponche. Evidentemente, el alcohol estaba desatando a sus ex compañeros. Nikki observó a dos chicos que se apoyaban el uno al otro para permanecer de pie. Pero no podía ser... sólo había echado un litro de vodka, tampoco era para tanto.

En ese momento el chico al que había tatuado la guitarra subió al escenario con su banda y se acercó al micrófono.

- ¡Hola, Copper Corners! Soy Paul Preston y esta es mi banda, Beat Down.

Aplauso de los congregados. Y gritos.

-Quiero dedicarle nuestra primera canción a alguien muy especial, alguien que está entre vosotros.

Si no fuera por ella, esta banda seguiría tocando en algún garaje.

El batería hizo un redoble.

-¡Oh, no! -gimió Britt-. Está hablando de mí. Le hice un tatuaje el año pasado... ¿y si se lo cuenta a todo el mundo? ¡Tengo que detenerlo!

Angustiada, corrió hacia el escenario intentando quitarse de encima a los compañeros que intentaban saludarla.

-¡Britt Pierce! -gritó Carl Adams-. En el instituto estabas buenísima.

-¡Gracias! -replicó ella, sin dejar de correr.

Estaba subiendo al escenario cuando Paul, el músico, decía:

-Entonces entré en un salón de tatuajes y...

Estaba perdida.

Pero lo que dijo después salió sin amplificar, de modo que sólo ella pudo oírlo.

Britt volvió la cabeza y vio a san con un cable en la mano. Había desconectado el micrófono.

Aliviada, se acercó a Paul y le contó el asunto en voz baja. Él asintió con la cabeza.

-A ver, probando, uno, dos, uno dos... Bueno, como iba diciendo, entré en un salón de tatuajes y vi... un cuadro en la pared cuya autora era Britt Pierce . Era un dibujo precioso y decidí tatuármelo.

Todo el mundo aplaudió y Britt le prometió un descuento del veinte por ciento en próximos tatuajes antes de bajar del escenario.

-Gracias, san. Me has salvado la vida.

-Para eso estoy aquí, ¿no? -contestó élla, su pronunciación un poco pastosa.

-¿Qué te pasa? ¿Has bebido?

-No sé... creo que Heather se ha pasado con el alcohol.

-¿Heather?

-Sí, me dijo que iba a animar el ponche.

-Oh, no. Yo he hecho lo mismo...

Rechel y fINN se acercaron entonces.

-Menuda cogorza llevan algunos. Por favor, un litro de ron tampoco es para tanto...

-¿Le has echado ron al ponche?

-Pues claro. Yo no puedo beber, pero había que animar el cotarro -explicó Rechel.

-Pues ya somos tres, Heather, tú y yo –rió Britt .

-Genial. Como en los viejos tiempos. ¡Todo el pueblo con resaca!

Por primera vez desde que llegó a Copper Corners,Britt lo estaba pasando bien.


Bailaron, le enseñaron a san el saludo de las chicas rebeldes... que, el pobre no podía repetir porque estaba demasiado mareado.

- ¡Vaya, ya era hora! -exclamó Rechel.

En ese momento, alguien levantó a Britt por detrás.

Era Sam Evans.

Tan guapo como siempre.

- ¡Britt Pierce! Estás guapísima -exclamó, dándole un abrazo de oso. Olía a whisky-.Te he echado de menos.

-¿Dónde te habías metido?

-Estaba tomando una copa en el pueblo. Espero que haya algo de beber por aquí...

-sam quiero presentarte a mi...

-Pues sí, he engordado un poco y acabo de divorciarme. ¿Y qué?

-Lo sé, Sam. Quiero presentarte a mi mujer-insistió Britt, tomando a san del brazo.

- Me habían dicho que estabas casada - suspiró él-. Sam Evans, de Seguros Fidelity.

- Eleine Langley.

-Médico, ¿no?

- Britt me ha hablado mucho de ti –dijo san, hablando despacio para disimular la borrachera.

-¿Ah, sí? ¿Y te ha contado que la dejé, como un imbécil?

-No exactamente, pero...

-Eres afortunado, Elena

-Eleine -lo corrigió san.

-Bueno, como sea.

Britt había conseguido lo que quería. Sam la encontraba guapa, pensaba en ella, se arrepentía de
haberla dejado... había conseguido lo que quería, pero no estaba satisfecha. Todo lo contrario.

-No tiene sentido lamentar el pasado, Sam. Entonces éramos unos críos... -en ese momento vio a Heather prácticamente trotando hacia ellos-. Mira, aquí viene alguien a quien te alegrarás de ver.

- ¡Sam!

Por primera vez, Britt vio que hacían buena pareja. Los más populares del instituto, un poco mayores, un poco más tristes y un poco más sabios. Dos reyes destronados.

- ¡Heather!

Britt se volvió hacia san.

-Ya podemos marcharnos. No tengo nada más que hacer aquí. Gracias a ti, claro. Pero francamente, estoy cansada de todo este asunto.

-Vaya, me alegro -sonrió san, que no podía disimular el hipo-. Voy un momento al lavabo.

-Nos veremos fuera, en el patio.

Era tan guapa que las chicas lo seguían con la mirada y Britt se sintió orgullosa:

«Es mía», pensó. Pero no lo era. Quizá no era de su niovia, pero tampoco era suya.

Mientras esperaba a san en una de las mesas del patio, se dedicó a repasar la lista de invitados. Allí estaban todos sus compañeros, todos los que la habían conocido cuando era una cría rebelde, siempre dispuesta a llamar la atención. Esa idea la hizo sonreír. Aparentemente, no había cambiado mucho...

-¿Qué haces?

Era Sam Evans.

-Pues estoy...

De repente, él la levantó del banco y la aplastó contra su pecho.

- Sólo he venido para verte a ti Britt, .

-Yo también me alegro de verte -replicó ella, intentando apartarse.

-Fui un imbécil al cortar contigo. Y he pensado mucho en ti últimamente.

Tantos años esperando esa confesión y cuando la hacía no le interesaba en absoluto. Todo lo contrario.

-Ha pasado mucho tiempo, Sam.

-En aquella época pensaba con la entrepierna, claro.

-¿No te ha hecho ilusión ver a Heather? Ella también está divorciada

-Ese es el problema. No quiero estar con nadie que me recuerde a mi... ¿Dónde está tu mujer?

-En el lavabo. Vendrá enseguida.

-¿Tu matrimonio funciona?

-Pues... sí, claro.

-No pareces muy segura.

-Claro que sí. Mi mujer es estupenda.

Sam se apartó un poco para mirarla a los ojos.

-Estás tan diferente... pero en tus ojos sigo viendo a la chica salvaje.

-Sam, yo...

-¿No dejas que salga nunca? ¿Ni siquiera en una ocasión especial?

-Oye, SAM...

-¿Qué demonios estás haciendo?

Era san, que se dirigía hacia ellos a grandes zancadas, con gesto furioso.

-Lo siento, Eleine. Sólo estábamos recordando viejos tiempos.

-¿Estás bien, cariño?

-Sí, claro. No pasa nada.

-¿Qué te ha hecho este imbécil?

-Oye, amiga... Britt y yo nos conocemos hace tiempo. No tienes por qué insultarme -replicó Sam.

-Tú lo has dicho. Hace tiempo -le espetó san.

-Britt, dile que se calme un poco...

-La trataste fatal en el instituto. No sabías lo que te estabas perdiendo... idiota.

-¿Me has llamado idiota?

-Sí. ¿Y qué?

-san, por favor, estás borrac ...

-No estoy borracho. Estoy defendiendo mi honor. Y el que está borracho es él.

-Dile a tu mujer que me deje en paz, nena. –

¿Ah, sí? ¿Por qué no me lo dices tú? Britt se colocó entre ellos, nerviosa.

-Dame un besito, por los viejos tiempos - dijo Sam entonces, tomándola por la cintura.

-¡No la toques! -exclamó san, lanzándose sobre él. Cayeron al suelo, intentando golpearse el uno al otro y fallando todos los golpes.

- ¡Por favor, estaos quietos! -gritó Britt . Por fin,Sam se levantó, jadeando.

-Cuando cortes con esta imbécil, llámame por teléfono. Tú te mereces algo mejor.

No, eso no era cierto, pensó ella. No había ningún hombre mejor que santana Lopez.
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Mensaje por micky morales el Lun Sep 10, 2018 7:42 pm

Condenado ponche, ya quisiera el labios de mero parecerse a San!!!!!!
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Mensaje por 3:) el Lun Sep 10, 2018 9:58 pm

san,.. demasiado claro dejo a sam que no se tiene que meter mas con britt!!!
mas que bien le salio la fiesta a britt!!
a ver como termina la noche???
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Mensaje por ana_bys_26 el Dom Oct 07, 2018 4:57 am

Capítulo 10

San se tumbó en el suelo para mirar las estrellas, sintiendo como si estuviera en un carrusel.
Sólo faltaba la música, pero empezaría a sonar de un momento a otro.

«¿Qué te está pasando?», se preguntó a sí misma. Acababa de pegarse con un tipo que podría haberle partido la cabeza... y lo habría hecho si estuviera serena.

Por celos. Lo había visto tocando a Britt y no pudo soportarlo. Pero sabía que estuvo enamorada de él y eso fue suficiente para convertirlo en un neanderthal.

-¿Te has hecho daño? -le preguntó Britt. Cuando miró su cara se dio cuenta de que habría merecido la pena que le partiese la cara. Y supo entonces por qué lo había hecho.

Quizá estaba borracha, pero no tanto como para no reconocer la verdad: estaba enamorado de ella. Para lo bueno y para lo malo, con el pelo teñido de rosa o con un vestido de flores, estaba enamorado de ella.

-No me puedo creer que te hayas pegado con Sam. Parecías enfadado de verdad... y tú decías que no eras capaz de interpretar.

-No estaba interpretando.

-¿Ah, no?

-No -contestó san. Y, en el mismo segundo, la tomó en sus brazos.

-Por favor... no hagas esto.

Élla se levantó de un salto.

- Vámonos.

-¿Adónde?

-A algún sitio donde podamos quitarnos la ropa.

-¿Qué?

san la llevó de la mano hasta su coche.

-Entra.

-¿Qué estás haciendo?

-No puedo conducir, así que nos quedaremos aquí.

-Pero... ¿qué es lo que quieres?

-¿Qué es lo que quiero? Hacerle el amor a mi mujer, está claro -replicó élla, con fiereza. Cerró la puerta y la besó apasionadamente, mientras desabrochaba el vestido.

Briitt quería parar, pensar un momento, pero se sentía tan confusa que no protestó.

Iban a hacerlo. En el coche, como dos quinceañeras. Quizá era lo mejor. Quizá así sabrían de una vez por todas qué sentían el uno por el otro.

Se permitiría a sí misma hacer lo que había querido hacer desde que conoció a Santana Lopez. Se desembarazó del vestido a toda velocidad y empezó a desabrochar los botones de su camisa, pero con tanto achuchón acabó dándose un golpe la cabeza.

-iAy!

-Perdona -se disculpó sa, golpeándose la sien contra el espejo retrovisor.

Cuando intentó abrazarlo se clavó algo duro en el estómago. Cielos, ¿sería san?

No, era la palanca de cambios.

-Hacerlo en un coche nunca había sido tan difícil -rió Britt.

-Espera un momento -murmuró élla, reclinando los asientos-. Así, como en la silla del dentista -rió, besándola en el cuello mientras le desabrochaba el sujetador.

-¿Te enseñaron esto en la universidad?

-Esto ya lo sabía hacer.

Unos segundos después estaban desnudos de cintura para arriba; los pechos femeninos sus pezones. Britt alargó la mano para tocar su entrepierna; allí estaba, excitadad y caliente. Y también ella estaba preparada, tanto que no podía pensar. El calor que generaban convertía el coche en una sauna.

san deslizó los dedos bajo sus braguitas y la tocó suavemente. El roce fue como una descarga eléctrica.

Jamás había estado pan excitada, y temía arder por combustión espontánea.

La necesitaba dentro y para eso tenían que estar desnudas...

Entonces sonaron unos golpecitos en la ventanilla.

san se quedó inmóvil.

A pesar del vaho de los cristales, Britt vio a Rechel y Finn, partidos de risa. Muerta de vergüenza, intentó taparse, pero antes de desaparecer sus amigos hicieron un gesto con la mano como diciendo que siguieran adelante. Britt y San se miraron, jadeando. Los habían pillado como a dos críos. Aquello
era absurdo. Debían ser sensatos. ¿O no?

-Tendrás que conducir tú. Yo estoy borracho.
Britt asintió, suspirando. ¿Por qué tenía que ser tan racional? Se arreglaron la ropa a toda prisa y después cambiaron de asiento.

-Creo que nos hemos dejado llevar -murmuró.

San tiró de su brazo para darle un beso en los labios.

-No, lo que pasa es que necesitamos una cama. Y un cerrojo que funcione.

Una emoción inesperada la invadió entonces. Mientras conducía de vuelta a casa, San iba besándola en el cuello, acariciando sus pechos... tuvo que pedirle que parase para no acabar estrellándose contra un árbol.

Nunca había deseado con tanta desesperación llegar a su casa. Estar con san la hacía sentirse mejor consigo misma. Élla sabía quién era y la deseaba de todas formas.

«Pero está borracha». Britt no quería pensar en ello. Tenía aquella noche e iba a aprovecharla.

Entraron en casa riéndose como dos crías, de puntillas para no despertar a sus padres.

-Desnúdate. Se me ha ocurrido una cosa - dijo Britt entonces, saliendo de la habitación.

Sacó del maletero el disfraz de Madonna y se lo puso en el vestíbulo...

-¡BRITTANY, qué susto me has dado! -su madre acababa de aparecer en el pasillo, pálida como una muerta-. ¿Qué llevas puesto?

Ella se puso como un tomate.

-Es una broma, mamá...

-No me lo cuentes, por favor.

-Es un disfraz de RECHEL...

-Por favor, por favor, no digas nada más.

Britt entró en su dormitorio y se apoyó en la puerta. San estaba tumbada en la. cama, desnuda... y más que preparada.

-Pareces un sueño.

-¿Un sueño? Una pesadilla para mi madre -suspiró ella.

-Ven aquí, reina de la noche. Yo haré realidad todos tus sueños.

Estaban tan hambrientas la uno del otra que cayeron sobre la cama, arrancándose la ropa prácticamente a mordiscos. Le encantaba estar desnuda con élla y a san le ocurría lo mismo. Los dos estaban temblando.

La miraba como si nunca hubiera hecho el amor con otra mujer y eso era emocionante. Pero Britt intentaba contener los gemidos para no asustar más a su madre.

sa repetía su nombre una y otra vez. Nunca le había parecido más bonito. Se sentía como una mujer deseada y, sin embargo, inocente, como si fuera la primera vez.

Cuando por fin san se colocó encima, abriendo sus piernas con la rodilla, pensó que iba a desmayarse. La borrachera había desaparecido y élla se movía con seguridad, como si supiera exactamente qué le gustaba. Cuando por fin llegó el orgasmo, Britt hubiera deseado que no terminase nunca.

Poco después estaban jadeando, uno encima de la otra.

-Te quiero, Britt.

-Yo también.

Y era cierto, absolutamente cierto. «Esto es temporal», se decía a sí misma. «san está prometida con su nuvia». Pero no quería pensar en eso, no quería estropear aquel momento tan bonito.

-Hazme un tatuaje -dijo élla entonces-. Quiero que me hagas un tatuaje.

-¿Lo dices en serio?

- Sí, algo simbólico... lo que a ti te parezca.

-Ya veremos lo que piensas por la mañana.

-Mmmmmm...

san se había quedado dormido, pero Nikki estaba despierta. Y tenía ganas de hacer travesuras.

«Dios mío, Dios mío», pensó san a la mañana siguiente. Su cabeza parecía a punto de explotar, y abrir los ojos era un esfuerzo sobrehumano.

Tenía una resaca espantosa y... sí, allí estaba Britt, a su lado. Entonces lo recordó todo: la pelea con San, el coche, el disfraz de Madonna.

Empezaba a preguntarse dónde estaba el serio y racional Santana Lopez Se había convertido en un extraño que buscaba pelea y quería hacerse tatuajes...

Quizá estaba sufriendo una crisis de identidad, pensó. Pero entonces miró la carita dormida de Britt, tan tierna. No, no estaba sufriendo una crisis. Esta enamorada.

Pero la resaca lo estaba matando y tuvo que saltar de la cama para entrar en el baño. Después de vomitar se miró al espejo y vio un fantasma, pálido, con ojeras... y un tatuaje en el pecho.

¡Un tatuaje en el pecho!

Un corazón y una palabra en ruso o algo así: BRIT... BRIkin, BRIkkin... Ah, era «Britt» leído al revés

-No puede ser.

Por el rabillo del ojo la vio entrar en el cuarto de baño. Había llegado sonriendo, pero de repente se puso muy seria.

Britt se despertó al oír al amor de su vida vomitando hasta la primera papilla.

Pobre. Se levantó corriendo para ayudarlo... Quería ayudarlo en todo. Le enseñaría a soltarse un poco, iría con élla a comprar una moto... incluso podría convencerlo para que estudiase Biología.

Pero cuando comprobó su expresión de horror al ver el tatuaje, la alegría desapareció.

-No te pongas así. Tú me dijiste que te lo hiciera.

-Sí, ya...

-Por favor, san, relájate. No es un tatuaje de verdad, sólo lo he pintado con henna. Por muy dormido que estuvieras, habrías notado las agujas.

Después de decirlo se cerró el kimono. No pensaba enseñarle el «san» que se había pintado en el interior del muslo.

-Es que me ha sorprendido un poco. Pero no pasa nada.

Britt se sentía herida. Más que eso, su reacción había sido como una bofetada.

Lo de la noche anterior no fue más que una borrachera. Seguramente ni siquiera estaba enamorado de ella, quizá ni siquiera le gustaba de verdad.

- ¡Voy por el pasillo! -oyó entonces la voz de su madre-. Estoy frente a la puerta...

- ¡Un momento!

Britt esperó hasta que Hollis se puso el pijama y abrió la puerta.

-No quería molestaron, pero el móvil de Eleine no dejaba de sonar... aquí lo traigo.

Su madre estaba muy seria. Extrañamente seria.

-Se me debió de caer de la chaqueta anoche -murmuró élla.

-Ha sonado unas doce veces, así que al final contesté. Era una mujer, pero te llamó san... y dijo que era tu novia.

-Ah, ya, sí, bueno...

-Supongo que será un error. Habrá marcado el número equivocado -dijo su madre.

-Mamá, iremos a desayunar enseguida - intentó sonreír Britt, cerrando la puerta.

san dejó escapar un suspiro.

-Era Rach, para saber dónde estoy y cuando vuelvo a casa.

-¿Y qué vas a decirle?

-La verdad -contestó élla-. Sería mejor hacerlo en persona, pero... Creo que debemos contarle la verdad a todo el mundo, Britt -añadió, marcando un número de teléfono-. ¿Rach? Sí, soy yo. Llegaré a casa esta noche, pero tengo que decirte algo.

Britt no quería oír la conversación y se encerró en el cuarto de baño. Se sentía fatal. Aunque san no estaba enamorado de ella, era culpa suya que rompiese con Rach.

Unos minutos después, élla entró en el baño.

- Se lo he dicho

-¿Se lo has contado todo?

San asintió con la cabeza.
-
Se ha puesto a gritar, claro. Me ha llamado de todo... pero acepta que lo nuestro ha terminado.

-Vaya, lo siento.

-Me ha dicho que se alegra de romper conmigo porque soy una irresponsable. Siempre ha sido tan sensata...

Como élla, pensó Britt. la auténtica san, no el que se hacía pasar por San.

-No pongas esa cara. Ahora soy libre.

-Sí, es verdad, eres libre.

-Me he quitado un peso de encima. Y ahora es tu turno. Vamos a decirle la verdad a tus padres.

-¿A mis padres? No puedo hacer eso.

-Es la hora de la verdad, Britt Yo lo he hecho y tú tienes que hacerlo también.

¿La hora de la verdad? ¿Y cuál era la verdad? Estaba enamorada de san, desde luego. Pero ¿la quería élla? Quizá no estaba enamorado de Rachel y ella le había servido como excusa para romper la relación.

-Tengo que pensarlo, san. No puedo hacerlo ahora mismo.

-Claro que puedes. Yo te apoyaré -dijo élla. Parecía sincera, pero Britt vio resignación en sus ojos.

«Está haciendo lo que cree su obligación».

Y ella no quería eso. la auténtica Santana LOpez no se emborrachaba, no se peleaba con la gente. El auténtico Santana Lopez no podía amarla.

-No voy a cambiar, san. Tengo un salón de tatuajes, me gusta nadar desnuda, mi casa es un desastre, tengo amigos rarísimos y no pago mis impuestos.

-¿No pagas tus impuestos?

-Sí, bueno, a veces. ¿Lo ves? Eso te asusta.

-Britt, ¿qué intentas hacer? -suspiró élla-. Está claro que te da miedo contárselo a tus padres. Pero vamos a hacerlo las dos juntas.

Sus padres los recibieron en el comedor con expresión recelosa.

-Buenos días a todos. Supongo que os estaréis preguntando quién era la chica que ha llamado por teléfono -empezó a decir san. Silencio-. Britt, ¿se lo dices tú o se lo digo yo?

Ella tragó saliva.

-Veréis...

«Os hemos mentido. No se llama Eleine, no estamos casadas y nos conocimos hace unos días».

No podía hacerlo. No le salían las palabras.

-¿Quién era esa chica? -preguntó Donna.

-Mi novia -contestó san-. Hasta que conocía a Britt...

-Lo está persiguiendo -lo interrumpió ella-. No acepta que han cortado y... Eleine ha cambiado su número de teléfono varias veces, pero ella siempre consigue el nuevo.

- ¡Menos mal! -exclamó su madre. - Menudo susto nos ha dado.

san permaneció en silencio. Y, a pesar de que habían aclarado el asunto, el ambiente seguía muy tenso.

-Tenemos que marcharnos -dijo Britt entonces.

-¿No venís a la merienda del instituto? - preguntó su madre.

-No podemos. Eleine tiene que volver a Phoenix. ¿Verdad, Eleine?

-Sí, claro.

-¡Ay! -exclamó su padre entonces, llevándose una mano al corazón.

- ¡Papá! ¿Qué te pasa, papá? ¿Es el corazón?

-¿El corazón? No, es que he probado la ensalada de huevo. Y la cebolla me sienta fatal.

-Por favor, no te hagas el duro conmigo - murmuró Britt-. Sé que has sufrido un infarto, papá. Y me asusté tanto...

-¿Un infarto? Tuve un problema de hemorroides, Nicolette -replicó su padre-. ¿De dónde te has sacado eso del infarto?

Britt se volvió hacia Donna, que salió corriendo del comedor.

Pero daba igual. Seguramente le habría contado eso para obligarla a ir a Copper Corners. Y lo único importante era que su padre estaba bien.

-No sabes cómo me alegro, papá. Tenía tanto miedo de que te pasara algo...

-Estoy como un roble, cariño. Además, tengo que ver crecer a los hijos de tu hermana... y a tus hijos, cuando los tengas.

Britt estaba tan contenta que ni siquiera podía enfadarse con Donna.

Aparentemente, ella no era la única mentirosa en la familia Pierce.

san se mantuvo muy seria durante el desayuno. Contestaba amablemente a las preguntas, pero lo hacía sin sonreír.

Cuando estaban despidiéndose, Shelley se abrazó a sus piernas.

-Tía Eleine, la próxima vez jugaremos a las hadas.

-Ha sido un placer jugar contigo, cariño. Pero de vez en cuando deja que Byron elija el juego, ¿de acuerdo?

-Pero si es tonto...

-No es tonto, es pequeño.

Se despidieron con toda la familia en la puerta, diciendo adiós con la mano. Britt tenía los ojos llenos de lágrimas.

En la esquina de la calle Mayor, un coche rojo empezó a llamar su atención tocando el claxon. Era Rechel.

-¿Adónde vais?

-A Phoenix -contestó Britt.

-¿Y no pensabas despedirte de mí?

-Sí, es que...

-¿Qué te pasa?

-Nada. Te llamaré cuando llegue a Phoenix, ¿de acuerdo?

Rechel se dio cuenta de que Hollis y ella se habían peleado.

-Muy bien. Como quieras, cielo. Pero te echaré de menos.

-Y yo a ti.

san condujo .en silencio, con los labios apretados, durante casi media hora.

-¿Por qué no se lo has dicho? –preguntó por fin.

-No podía hacerlo. Mis padres están tan contentos... sería horrible decirles que todo esto ha sido una farsa.

-¿Y hasta cuándo piensas mantenerla?

-No lo sé. Tenemos que volver a Phoenix y ver qué pasa con nuestros sentimientos...

-Yo sé lo que siento.

-No estés tan segura. Hace diez días estabas prometido con Rach, así que mañana podrías enamorarte de otra.

-No seas sarcástica.

-Lo soy, san. Cuando algo me duele, me pongo sarcástica. Y tengo muchas malas costumbres como esa. Me muerdo las uñas, como ganchitos en la cama...

-No estamos en el instituto, Britt. Una persona adulta se acostumbra a la idiosincrasia del otro.

-Nosotros somos demasiado diferentes.

-¿De qué tienes miedo?

-No tengo miedo. Soy sincera.

-Has tenido la oportunidad de serlo con tus padres y no lo has sido -replicó élla-. Tienes a alguien que te quiere, que desea compartir su vida contigo y...

-No estás segura de eso, san. Di la verdad.

-Tenemos que hablar de muchas cosas, desde luego. Somos diferentes, pero nos queremos.

-Todo esto es una fantasía. Como la que yo me inventé aquella noche, ¿te acuerdas?

-Me acuerdo.

-Cuando estemos en Phoenix volveremos a pisar la realidad. Te despertarías agotado porque mis amigos han estado ensayando hasta las tantas...

-Exageras.

-No exagero en absoluto. Yo me metería en la cama a las dos de la mañana, dispuesta a hacer el amor contigo, pero tú tendrías que levantarte temprano para arreglar un empaste -siguió San-. No abro la tienda hasta las once, así que puedo acostarme tarde. Y en mi nevera nunca hay nada.

-A todo el mundo se le olvida ir a la compra...

-A mí se me olvida siempre. Me alimento de ensaladas de tofu y cereales y no como carne. Tú harías la cena un día para darme una sorpresa y se quedaría helada porque hay un cliente de última hora. O se llenaría la casa de gente...

-Estás intentando echarme de tu lado -la interrumpió élla.

-No tengo que intentarlo. Yo soy así de desastrosa.

san dejó escapar un suspiro.

-¿Por qué he pensado que le dirías la verdad a tus padres? Ni siquiera eres honesta contigo misma.

Eso la puso furiosa. ¿Cómo se atrevía?

-¿Y quién eres tú para decir eso? Si yo no hubiese aparecido en tu vida, habrías acabado casándote con Rach, de quien no estabas enamorado.

-Eso no es justo.

-¿Cómo que no? Ni siquiera querías ser dentista...

-No es tan sencillo.

-Claro que lo es. Al menos, yo hago lo que quiero y no acuso a mis padres de haberme obligado a hacer algo que no deseaba.

-Te equivocas, Britt.

-No lo creo.

san se quedó en silencio durante largo rato. Britt rezaba para que hiciese algo, para que la convenciera de que estaba realmente enamorado de ella. Pero no lo hizo.

-Quizá tengas razón -murmuró por fin.

Tuvo que apartar la cara para que no viese que estaba llorando. No se había equivocado. Cuando llegasen a Phoenix, todo volvería a ser como antes.

-Algún día encontrarás el amor de tu vida, san. Y será alguien mejor que yo.

-Lo dudo -replicó élla.

No volvieron a hablar durante el resto del viaje y, cuando llegaron a casa, Britt se bajó del coche sin despedirse siquiera. san no la detuvo.



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Activo Re: BRITTNA Tatuaje para dos capitulo 10 y 11 fin

Mensaje por ana_bys_26 el Dom Oct 07, 2018 5:31 am

Capítulo 11




San volvió a casa sintiéndose vacío Britttenía razón; ella lo volvería loco, pondría su vida patas arriba. No por sus rarezas, sino porque siempre estaría intentando hacerlo cambiar.

Lo más curioso de todo era que Britt creía que no aprobaba su comportamiento, pero era ella quien no aprobaba el suyo. Élla no quería cuestionar su vida, sólo quería vivirla. Debía concentrarse en su clínica y dejar de pensar en todo aquello, se dijo.

¿Para qué perder tiempo con un imposible?

Britt no podía dormir. Se tomó un termo entero de té a la camomila, pero daba igual. Su cama estaba vacía y su apartamento le parecía extraño.

Echaba de menos a san y a su familia. Estaba perdida y sola en su propia casa.

Y todo por culpa de Santana Lopez.

A las tres de la mañana, se dio cuenta de que no recordaba dónde había puesto la tarjeta de san con su número de teléfono. Nerviosa, bajó a la tienda para buscar por los cajones y por fin la encontró bajo el sillón: Doctora Santana Lopez, Odontóloga.

Allí estaba el número de su móvil. Pero no pensaba llamarla.

Y aguantó dos semanas sin hacerlo. Lo único bueno de todo aquello era que había sublimado su pena trabajando. Consiguió hacer unos diseños para tatuajes que tenían magia, tenían algo especial, quizá parte de su corazón.

Una tarde sonó la campanita de la puerta y Britt levantó la mirada, con el corazón tontamente acelerado.
Pero el cliente no era san. Era su hermana, Leslie.

-Hola.

-¿Qué le has hecho a mi hermana? -le espetó la chica.

-¿Cómo?

-¿Qué le has dicho? Es una mujer nueva, no la conozco.

-¿Eso es bueno?

-Me ha dicho que mi vida es mía y debo vivirla como quiera. Que ya no va a meterse en lo que hago o dejo de hacer.

-Asombroso -suspiró Britt.

-Le pregunté qué la había pasado y élla me contestó que debía darte las gracias a ti. Por eso he venido... bueno, por eso y para pedirte que la ayudes.

-¿Yo? ¿Por qué?

-Su novia rompió con élla y el pobre está llorando por las esquinas. No sabía que quisiera tanto a Rach -le explicó Leslie.

-Ah, ya, lo lamento -murmuró Nikki, nerviosa-. ¿Y si le das un mensaje de mi par-te?

-Claro, lo que tú quieras.

-Dile que no está sóla y que el tiempo nos curará... que curará sus heridas.

-Oye, ¿por qué no sales con élla? Mi hermana es muy guapa.

-No, déjalo.

-No es tu tipo, claro.

Britt no dijo nada. ¿Para qué?

En ese momento sonó el teléfono.

-Hola, Brittany. Soy mamá.

-Hola, mamá.

-Llamo para decirte que iremos el viernes a Phoenix. Tu padre tiene que hacerse una revisión y hemos pensado que sería estupendo cenar juntos. Así podríais enseñarnos vuestra casa.

-¿El viernes? -repitió ella, aterrada.

-A partir de las seis. Pero tienes que darnos vuestra dirección -insistió su madre.

-Pues... -Britt miró la tarjeta que tenía en la mano-. Es el número cuarenta y tres
de la plaza Montgomery.

¿Podría convencer a san para que hiciese el papel de marido otra vez? Tenía que hacerlo, como fuera.

-¿Cenamos en vuestra casa?

-No, no, mejor en Vincent's. A las ocho. Es... nuestro restaurante favorito.

Britt le dio la dirección antes de colgar y se volvió hacia Leslie.

-¿Qué pasa?

-Nada, mis padres. Vienen a Phoenix el viernes.

-Mujer, no es para ponerse así.

-Tú no conoces a mis padres...

¿Qué podía hacer, decirles que Eliene se había marchado a la selva y estaban fumigando su apartamento? Tenía tres días para pensarlo.

saa conducía hacia Vincent's como un lunático. Había ido a la tienda a buscar a Britt, pero ya estaba cerrada. Esperaba llegar a tiempo. Britt necesitaba ayuda y ella estaba allí para prestársela.

Leslie le había dado su mensaje y al oírlo se le encogió el corazón. Tenía que verla, tenía que estar con ella de nuevo. Aunque sólo fuera para discutir.

Leslie mencionó el asunto de sus padres y el nombre del restaurante en el que habían quedado el viernes.

Britt no lo había llamado, de modo que iba a contarles la verdad. Ella sola. Iba a enfrentarse con sus padres ella sola.

No podía permitirlo.

Llegó al restaurante diez minutos después y se lanzó de cabeza hacia la puerta.

Allí estaban, en una mesa del fondo. Por el momento, nadie lloraba.

- ¡Sany... Eleine! -gritó Britt al verla. Por un momento pensó que era una visión, un espejismo. ¿Qué hacía allí?

Élla la abrazó con tanta fuerza que la dejó sin aire.

-Hola, cariño.

-¿Qué haces aquí? ¿Han cancelado... tu vuelo a San Francisco?

¿Su vuelo a San Francisco?

Estaba mintiendo de nuevo. De nuevo tendrían que interpretar aquella absurda charada.

-Sí, es que no había necesidad de...

-¿Hacer esa operación de bazo? -sugirió Britt.

-Precisamente. Hola Nadine, hola Harvey. Encantado de veros por aquí -los saludó san.

Britt tenía ganas de llorar. Estaba harta de inventar historias.

-Brittany acaba de contarnos que habéis tenido una fuga de agua en el apartamento - dijo su madre-. Qué desgracia, por Dios. Pero de todas formas, tendréis que comprar una casa más grande para cuando lleguen los niños.

-¿Los niños? -repitió san.

-No es asunto nuestro, pero ahora con la inseminación artificial...

-Mamá, por favor.

-Perdona, hija, sólo quería ayudar.

-Tengo que ir al baño -dijo Britt entonces.

-Te acompaño -se ofreció san.

En cuanto doblaron la esquina, la tomó del brazo.

-No puedo hacer esto otra vez. Otra vez mintiendo...

-Lo sé. Es demasiado para ti. Te entiendo, de verdad.

-Pensé que ibas a decirles la verdad.

-No puedo hacerlo -suspiró Britt-. Mira, les diré que has recibido una llamada urgente y tienes que irte. Eres una buena persona y...

-Tú también lo eres.

-¿Cuándo vas a entender que no hay necesidad de mentir?

Después de decir eso, san desapareció y Britt miró hacia la mesa donde esperaban sus padres. Eran dos personas comprensivas y la querían mucho. ¿De verdad quería seguir mintiéndoles?

-San...Eleine ha tenido que marcharse urgentemente.

-Es esa mujer otra vez, ¿verdad? -preguntó su madre.

-¿Qué mujer?

-La que llamaba por teléfono. Mira, hija, no tienes que seguir mintiendo, no tienes que seguir ocultando lo que ocurre.

-Si pudiera, le daría un puñetazo a ese canalla -intervino su, padre.

- ¡Papá!

-Te ayudaremos en lo que sea. Seremos testigos en el procedimiento de divorcio si quieres. Pero no dejes que te haga daño.

-¿Qué estáis diciendo? -exclamo Nikki.

-Tanto viaje, tantas llamadas urgentes... está muy claro que te engaña,Brittany. Pero no tienes que soportarla...

-Mamá, la mujer que acaba de irse de aquí es la mejor mujer del mundo.

Britt supo entonces que debía decirles la verdad. No podía permitir que pensaran eso de san.

-Vamos a pedir una botella de vino. Tengo algo que deciros.

-¿Estás embarazada? -exclamó su madre.

-No, mamá. No estoy embarazada. Pero lo mejor será empezar desde el principio...

Sus padres se quedaron atónitos. Después se enfadaron y más tarde empezaron a preocuparse por ella. Y por su salud mental, seguramente.

Pero con cada verdad, Britt se sentía más ella misma, más segura. Tenían que aceptarla como era. Quizá tardarían algún tiempo, pero...

De vuelta en su apartamento llamó a san por teléfono para contarle lo que había hecho. Pero no estaba en casa.

Un minuto después alguien empezó a golpear la puerta de la tienda. Britt asomó la cabeza y vio la figura de una mujer con un casco en la mano. Seguramente una motera... pero no, cuando se acercó un poco más, vio que era san.

san.

-¿Qué haces aquí?

-Te invito a dar un paseo en mi moto.

-¿Has comprado una moto?

-Sí, nada más salir del restaurante. Tenías razón, siempre he hecho lo que se esperaba de mí y he decidido que eso tiene que cambiar.

-Me alegro mucho de oírlo, san. Y tú también tenías razón sobre mí... Mis padres pensaban que estabas viendo a otra mujer y tuve que contarles la verdad: que eras el mejor hombre del mundo -replicó Britt, con lágrimas en los ojos-. Y me di cuenta de que ya era hora de que supieran quién es su hija.

-Por eso te quiero, Britt.

-¿De verdad?

-No puedo vivir sin ti.

-Pero yo... somos tan diferentes.

-¿Y qué más da? Te quiero tal como eres, con el pelo rosa, con tus amigos músicos y con tu patológica incapacidad de llenar la nevera.

-Pero soy tan intensa...

-Mejor. Me hace falta un poco de intensidad -la interrumpió san -. Tú haces que me sienta vivo, cariño.

-Te hago...

-Pero tendremos que hacer algo sobre esos impuestos que no has pagado.

-Era mentira. Lo dije para asustarte -rió Britt.

San la abrazó con todas sus fuerzas y ella enredó los brazos alrededor de su cuello como si nunca quisiera dejarlo ir.

-Espera, hay otra cosa -dijo san entonces, sacando un papel del bolsillo. Era el dibujo de un corazón con sus dos nombres.

-¿Qué es esto? ¿Quieres hacerte un tatuaje?

-Quiero que nos lo hagamos los dos. Y quiero que nos casemos en el Gran Cañón... o donde tú quieras.

Mientras se besaban, Britt estaba jurando amarlo para siempre, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, serio o no, predecible o no.



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Activo Re: BRITTNA Tatuaje para dos capitulo 10 y 11 fin

Mensaje por 3:) el Lun Oct 08, 2018 9:32 pm

me gusto mucho la historia!!!
me gusto que britt pudo decir la verdad de una!!!
ya era hora!!
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Mensaje por micky morales el Mar Oct 09, 2018 6:31 am

Excelente historia, de verdad que me encanto!!!!!!
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