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FIC Sobreviviendo Cap 35 - Sin Marcha Atrás

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Activo FIC Sobreviviendo Cap 35 - Sin Marcha Atrás

Mensaje por 23l1 el Miér Dic 19, 2018 7:21 pm

Hola!! decir que Mayito1996 ha vuelto para terminar esta linda historia, una de las cuales partí leyendo y me encanta, y me a dado permiso para subir sus caps.

ASIK ES UNA EMOCIÓN QUE ALGUIEN VUELVA PARA TERMINAR SU HISTORIA!

Pasen el dato!

Saludos =D

Pd: No puedo publicar en su historia xq fue cerrada y nose como hacerlo para que la activen otra vez, asik aki dejo el link para que lean la primera parte...o caps pasados!

http://gleelatino.forosactivos.net/t9247-fic-sobreviviendo-capitulo-33-feliz-cumpleanos-santana?highlight=sobreviviendo
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Activo Fic Sobreviviendo - Capítulo 34. Paciencia.

Mensaje por 23l1 el Miér Dic 19, 2018 7:30 pm

CAPÍTULO 34 – Paciencia





Quinn Fabray sabía que este momento llegaría. Sabía que Santana había estado jugando a la ruleta rusa con su pasado y que, en algún momento, el gatillo arrojaría una bala perdida, pero nunca esperó que aquella bala le cayera a Brittany directo al corazón.

―Brittany, ábreme― pidió la rubia al no recibir ninguna respuesta al tocar la puerta del departamento que sus amigas compartían.

Tras varios intentos que empezaban a hacer que la mente preocupada de la rubia volara, oyó el click de la puerta, revelando a una Brittany con los ojos hinchados, la nariz roja y con un vestido bonito, pero bastante arrugado.

―¿Sabes algo de Santana? ―preguntó Brittany con una voz entrecortada. Quinn negó con la cabeza. ―¿Tú sabías sobre esto? ―repreguntó la rubia, provocando que la ojiverde tragara saliva con dificultad ―Obviamente sabías… ―se respondió la bailarina con cansancio ―No entiendo nada, todo parece tan… surreal, es como si nunca hubiera conocido a Santana realmente.

―Ella tenía sus motivos para no hablarte de eso aún ―intentó justificar Quinn.

―Bueno, discúlpame por pensar que luego de estos años, mi prometida me tendría confianza ―respondió con amargura

Quinn tragó saliva nuevamente. Nunca había oído ese agrio tono en la voz de la bailarina. Le aterraba, pero empezaba a sonar como Santana cuando fue abandonada por Rachel. Amargada.

―Deberías descansar un poco, Brittany ―pidió la rubia ―Yo me quedaré contigo hasta que regrese Santana y puedan hablar.

―¿Y si no regresa? ―la voz de la ojiazul salió como un susurro temeroso.

―No digas tonterías, esto… ―pensó las palabras correctas ―es solo un tropiezo. Ella te ama ―dijo Quinn con certeza en su voz mientras atraía la cabeza de su amiga hacia su regazo, instándola a dormir un poco ―solo dale un poco de tiempo, ya verás ―reiteró.




///




Santana se sentía en un sueño, en una pesadilla para ser más exacto. En una de esas de las que deseas despertar, pero tu cuerpo te lo impide. Y es que no era para menos, hacía menos de 24 horas estaba expectante por celebrar su cumpleaños con una novia increíble, un buen trabajo, un departamento, con amigos. Tenía finalmente una vida de la cual sentirse agradecida.

No entendía cómo había pasado de eso, a subir de a dos las gradas de las escaleras de su edificio, desesperada por saber si las garras de la prensa amarillista habían logrado alcanzar a su aún novia. Eso, sin contar con el hecho de que Rachel Berry había reaparecido en su vida con la fuerza de un hurucán, revelando verdades que Santana creía no haber necesitado hasta que las escuchó.

El pulso de la morena aumentó al estar frente a la puerta de su departamento. Tomó un fuerte respiro y antes de que pudiera insertar su llave en la ranura, esta se abrió. Era Quinn.

―¿Qué diablos haces aquí?― siseó Santana mientras fruncía el ceño.

―Estoy cuidando a tu novia, idiota ―respondió la rubia ―y limpiando tu casa también ―agregó mientras dejaba en la puerta una bolsa negra con desechos, ingresando nuevamente. Santana la siguió, encontrándose a Brittany tumbada en el sofá.

―Le he dado un calmante ―dijo Quinn. Santana arrugó su rostro al imaginarse el estado en cual su novia había estado para haber necesitado de una pastilla.

―Ella… ―inició la morena― ¿le has contado algo? ―decidió preguntar, tensando aún más su figura.

―No, creo que te corresponde a ti aclararle lo que ha visto en TV― aclaró. Los ojos de Santana se abrieron como dos platos.
Ella no sabia que su “asunto” había trascendido a la television con tanta velocidad.

―¿Qué han dicho en TV? ¿Rachel les contó?― preguntó confundida.

―¿Enserio no lo sabes? ―cuestionó Quinn con una carcajada incrédula ―Hay un video de ustedes gritando en la calle, tú reclamándole que te abandonó y todo eso ―describió en voz baja, sin intenciones de despertar a su amiga.

Santana sintió como su rostro perdía color ante lo que le decía la ojiverde. ¿Cómo era posible que la prensa tuviera esa clase de material?, se preguntaba. Inmediatamente, otra preocupación se adueñó de su mente: Brittany probablemente había visto ese video y, de todas las formas incorrectas de revelarle esta información, sin duda, esa era la peor de las posibilidades.

La morena pasó sus dedos a través de su cabello, inquieta mientras intentaba pensar en alguna solución a este problema estratosférico en el que se había metido.

―¿Qué pasó por tu cabeza al hacer un escándalo público? ―reclamó Quinn ―¿No se te ocurrió que los papparazzis estarían escondidos?

―Cállate ―dijo Santana con fastidio. No era el mejor momento para oír reclamos.

Quinn iba a continuar con la discusión cuando escuchó nuevamente un susurro.

―¿Santana? ―preguntó una adormilada Brittany mientras frotaba sus ojos y se sentaba lentamente en el sofa.

La morena y su amiga ojiverde se miraron, como jurándose silenciosamente que la discusión que iniciaron tendría una continuación próximamente, pero que, por el momento, la prioridad era Brittany.

―Hey, Britt ―dijo Santana con una voz que intentaba sonar tranquilizadora. Nuevamente miró hacia Quinn, asintiendo levemente para indicarle que, desde ese punto, ella se encargaría de cuidar de la rubia.

La ojiverde no sabía si era lo correcto dejarlas a solas. Ni Santana ni Brittany se veían muy equilibradas en ese momento; sin embargo, sabía también que, por más que deseara ayudar, no había mucho que pudiera hacer por aliviar ese problema.

―Nos vemos luego, Brittany― dijo Quinn apretando con suavidad la mano de la otra rubia quien de a pocos empezaba a salir del efecto del tranquilizante.

Luego de lanzar, una vez más, una mirada retadora, Quinn salió del departamento, dejando a Santana a solas con su novia.

―Volviste ―evidenció la rubia mirando de pies a cabeza a Santana ―Pensé que no lo harías.

―¿Por qué no lo haría? ―Preguntó Santana con una media risa, intentando hacer como si nada hubiera sucedido.

―¿Estuviste con Rachel? ―Cuestionó Brittany sentándose derecha en el sofá. Santana apretó sus labios y tomó asiento a su lado ―¿Qué es todo esto, Santana? ―dijo agachando su cabeza.

Santana se sentía terriblemente abrumada por las preguntas, la presencia gris de Brittany, por el supuesto video que estaba en televisión… por todo en general.

―No quiero hablar de esto ahora, Brittany ―la morena desvió su mirada mientras agitaba su cabeza ―No es un buen momento.

Brittany entrecerró sus ojos mientras regresaba su mirada hacia la morena. “¿No era buen momento?” cuestionó la rubia para sus adentros, mientras sentía crecer en ella una frustración inevitable.

―Llevas años ocultándome esta parte de tu vida ―resaltó con una desesperación creciente poniéndose de pie ―¿Cuánto tiempo más necesitas para finalmente ser sincera? ―preguntó buscando la mirada de Santana.

―Dios, Brittany… ―suspiró la morena evitando chocar con los ojos azules ―No tenías ningún derecho…

―¿No tengo el derecho? ―interrumpió la bailarina parándose en seco y frunciendo el ceño ―¡Nos vamos a casar, Santana! ―exclamó impaciente  ―¿Eso significa siquiera algo para ti?

―No voy a discutir contigo ―sentenció la morena poniéndose de pie y dirigiéndose a su habitación, cerrando la puerta tras ella.

Brittany sentía la rabia invadiéndola mientras veía a su prometida encerrándose en el cuarto que les pertenecía a ambas. Era tan frustrante verla evadir una situación que les había explotado en el rostro a ambas. ¿Qué futuro podría esperar junto a alguien que no era capaz de ser honesta con ella?

Santana se encontraba sentada al filo de la cama, tomando fuertes respiros en busca de lograr algo de calma. Necesitaba tiempo. Tiempo para pensar en lo que había escuchado de Rachel. Tiempo para saber cómo explicarle todo a Brittany. Tiempo para no sentirse amenazada por los cuestionamientos de su novia. La abogada sabía que Brittany se merecía saber la historia completa, pero para eso necesitaría revivir el pasado y, hasta el momento, remover las arenas del pasado no le había traído nada positivo.

―En algún momento tendrás que salir, Santana ―dijo Brittany pegando su cabeza hacia la puerta del dormitorio.
Pese a su tono desesperado, Brittany quería ser capaz de darle un espacio a solas a Santana, ya que, de haber querido lo contrario, hubiera sido extremadamente sencillo para ella ir a la cocina por el juego extra de llaves que tenían y así, entrar a la habitación a enfrentarla. Pero la rubia no era así. Ella no ejercía presión aun cuando sentía que no podía con la presión propia por juntar todas las piezas de este rompecabezas.

No había respuesta del otro lado de la puerta, así que la bailarina volvió hacia la sala de estar y se cuestionó si sería buena idea encender el televisor. Una parte de ella le decía que no lo hiciera, que era mejor esperar a que Santana decidiera abrir la caja de pandora que era su pasado; sin embargo, el lado más irracional de la rubia tomó el control tanto de su cuerpo como de la televisión frente a ella y la encendió.

“¿Quién esta misteriosa Santana López que se ha robado el corazón de nuestra diva teatral?”

La maliciosa voz del narrador de la nota televisiva que iniciaba en E!, daba a entender que él estaba a punto de darle respuesta a su propia pregunta.

“Abogada. 27 años. Originaria de Lima, Ohio, pueblo natal de Rachel Berry. Compañera de estudios de la actriz y cantante y, de acuerdo a la información obtenida en exclusiva por nuestro equipo de investigación, fue también su amor de secundaria”.

Los ojos de Brittany se abrieron como dos platos mientras veía el material de apoyo que usaban en la nota. Fotografías tomadas sin autorización del Facebook de Santana, scans del anuario de la escuela McKinley High, videos del club Glee del cual, al parecer, ambas habían formado parte.

“Santana y Rachel salieron durante los últimos años de la secundaria. Ella era mi novia primero, pero luego apareció Santana…”

Un fornido Finn Hudson aparecía delante de la cámara dando una breve entrevista en el frontis del que parecía ser la mecánica de Burt Hummel. No parecía muy consciente del motivo por el cual ese reportero estaba haciendole esas preguntas.

Brittany, por su lado, no paraba de morderse instintivamente las uñas mientras veía fijamente la pantalla. Toda la información que oía era nueva para ella, ni siquiera conocía al muchacho que acababa de aparecer en el pequeño reportaje, pero parecía decir la verdad. La rubia soltó una pequeña risa cansada al darse cuenta que en menos de unas cuantas horas, la prensa había logrado conocer a Santana mejor que ella, quien era su novia desde hacía varios años.

¿Qué tan pequeño tenía que ser el mundo para que Santana, su novia, hubiera resultado ser la exnovia del ídolo con la cual estaba trabajando?

Parecía todo una broma demasiado enferma, demasiado elaborada para ser solo una simple broma. Lo siguiente en lo que pensó la bailarina era que, de no haber sido por ella y su estúpido deseo de darle algo “especial” a Santana, el presente sería completamente distinto. Sería un día cualquiera. Uno más del montón, pero dentro de un montón de días felices.




///




―¡Me debes una explicación! ―un furioso Jesse St. James trazaba las castañas ondas de su cabello mientras caminaba por toda la extensión de la sala de la casa que compartía con Rachel, su esposa, quien estaba con el rostro escondido entre sus manos, sentada al borde del sofá.

―¡Me has humillado, Rachel! ―gritó nuevamente Jesse mientra soltaba un golpe seco contra la pared.

―Jesse, por favor, te vas a lastimar ―advirtió Rachel con una genuina preocupación. Nunca había visto a su esposo tan enojado.

―Créeme, de eso ya te encargaste tú ―espetó el también actor con un dolor visible en su tono de voz ―¿Cuánto tiempo llevas engañándome? ―preguntó.

―Dios, Jesse ―la castaña se sobó la sien ―No ha pasado nada, no he visto a Santana desde que nos casamos, te lo juro ―aseguró Rachel dando pasos lentos hacia su esposo, preguntándose si sería oportuno posar sus manos sobre él.

―No se han visto, pero eso no significa que no hayas intentado encontrarla, ¿verdad? ―soltó mientras se alejaba del alcance de Rachel, quien agachó la mirada con verguenza ―¡Soy el más grande de los idiotas! ―gritó Jesse nuevamente al no obtener negación alguna de parte de la castaña.

Rachel rompió en llanto al notar la inestable presencia de Jesse. No había sido su intención llevar la situación hasta este punto. Ella solo quería ver a Santana y darle un cierre a una historia que, por el contrario, parecía que recién empezaba.
Tras conversar con Santana durante toda la noche, Rachel notó que su teléfono tenía más de 30 llamadas perdidas. Todas eran de su manager. No estuvo equivocada cuando su intuición le dijo que aquello tenía que ver de alguna manera con Santana. No sabía de qué manera podría serlo, pero sabía que lo era.

Al regresar la llamada, su manager practicamente chilló de alivio y le exigió saber dónde demonios había estado, ya que, un contacto suyo dentro de la prensa le había revelado que se estaba cocinando un portada muy sucia acerca de su representada gracias a la aparición de un video candente.

Definitivamente su manager creyó que se trataba de un video sexual, pero nunca se imaginó que sería un drama que databa desde la secundaria de Rachel.

Al llegar a casa, Rachel vivió una situación idéntica a la que experimentó Santana en su edificio. Todo el frontis estaba repleto de periodistas que se empujaban los unos a los otros al ver su auto aproximándose; no obstante, su principal temor era encontrarse a Jesse dentro de la casa.

―Puedo arreglar esto, Jesse ―dijo la actriz desesperada mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.

―¡Hay un maldito video, Rachel! ―gritó nuevamente, como si fuera claro para él que ya no había solución ―Está en todos lados y todos lo están comentando― puntualizó.

Rachel se maldecía internamente por haber sido tan impulsiva. Ella tenía suficientes años en el medio para haber previsto que un escándalo al aire libre como el de anoche no iba a pasar desapercibido, pero aún así lo hizo y ahora tendría que lidiar con las consecuencias.

―Quiero el divorcio ―sentenció el castaño con firmeza, haciendo que Rachel retrocediera sobre sus propios pasos.




///



―Pensé que nunca saldrías ―dijo Brittany al ver a Santana salir de la habitación varias horas después; sin embargo, la morena no respondió nada y siguió su camino hacia la cocina.

La indiferencia de Santana le dolió profundamente a la rubia, quien de inmediato fue tras ella a la cocina.

―¿Quieres que te prepare algo para comer? ―ofreció parándose en el marco de la entrada a la cocina, viendo como Santana revolvía algunas cosas del refrigerador.

―No ―espetó la morena sin dirigirle la mirada a su novia. Brittany sintió un trago amargo pasar por su garganta.

―Te ves estresada, ¿quieres que te prepare una tina caliente? ―ofreció de nueva cuenta.

―No, Brittany, solo … ―Santana sacudió su cabeza buscando las palabras correctas ―Solo quiero estar sola.

Aquella frase se sintió como un yunque sobre el pecho de la rubia que yacía estática en el marco de la cocina. Estaba enojada, pero más aún estaba herida.

Santana cerró el refrigerador sin sacar nada y se tomó un vaso de agua, sintiendo la punzante mirada de la ojiazul sobre su nuca. Odiaba la situación, pero realmente no sabía como estar bien alrededor de Brittany por el momento.

―Tengo que ir al trabajo ―dijo la abogada mientras pasaba al lado de Brittany para dirigirse nuevamente a su habitación, cerrando la puerta tras ella.

Brittany volvió a suspirar mientras sentía que sus ojos se llenaban de lágrimas. Entendía que toda la exposición mediática en la que se encontraba Santana era difícil de manejar, pero no entendía porque quería lidiar con esto sola, en lugar de hacerlo junto a ella, su novia, su prometida.

No quería sonar egoísta, pero una parte de Brittany le decía que quien tenía que estar enojada con toda la situación era ella, no Santana. Era ella a quien le habían ocultado la historia de quién era realmente su novia. Era ella quien se estaba enterando del pasado de su futura esposa a través de programas de farándula.

― Santana… ―Brittany habló mientras veía a su novia metiendo algunos papeles dentro de su portafolio ―No debe haber nadie en tu oficina a esta hora ―puntualizó. Eran más de las 6 de la tarde ―Podrías solo hablarle a Ralph…

―Tengo que ir, Brittany ―interrumpió Santana.

La rubia sintió esa ráfaga de ira recorriéndola nuevamente. No le gustaba la frialdad con la que le hablaba. No le gustaba la terca idea de ir al trabajo. No le gustaba la idea de que “ir al trabajo” pudiera ser solo una excusa para no estar con ella o, incluso, para encontrarse con Rachel.

―¿Quieres que te espere para cenar? ―Preguntó la rubia mientras sentía que se atragantaba con su ira anticipando la respuesta.

―Voy a regresar tarde ―

Y sin darle oportunidad a Brittany de responder, Santana tomó sus llaves y salió.




///




Salir de su edificio fue considerablemente más sencillo que lo que fue ingresar en la mañana. Los periodistas ya no estaban apiñados en la entrada, pero aun seguían rodeando el edificio a una distancia prudencial.

Santana no mentía cuando decía que iría a su oficina. Sin duda no era con intenciones de trabajar, pero sí necesitaba salir del departamento y mantener su cabeza alejada de los problemas por un momento que parecían llegar desde todos los ángulos.

Para la morena era increíble como en menos de un día su historia con Rachel, la cual había podido mantener en bajo perfil durante varios años, se había convertido en un tema de dominio público a nivel nacional.

Había recibido llamadas de amigos, familiares y de completos extraños preguntando por la situación, pero la que más le había afectado era la de su papá, quien luego de decirle que tenía a un grupo de periodistas en la puerta de su casa en Ohio, le pregunto “¿Qué pasará cuando se enteren que estuviste casada con ella?”

Aquella pregunta le había estado dando vueltas durante todo el día. Si solo sabiendo que fueron novias en la secundaria se había creado un escándalo estratosférico, la noticia del matrimonio iba a ser un cataclismo.

Lo peor de todo era que Santana sabía que solo era cuestión de tiempo para que eso se supiera. No era realmente muy difícil descubrirlo, solo bastaba con un periodista lo suficientemente perspicaz para ir detrás de sus registros de estado civil y boom…

La morena se estremeció mientras entraba al edificio del buffet en el que trabajaba, sintiéndose aliviada al notar que todas las oficinas estaban vacías… excepto la suya.

―¿Qué haces aquí, Ralph? ―preguntó la morena con cierto fastidio en su voz.

Un detalle en el que no había pensado al ir a su oficina era que su asistente, quien resultaba ser el hermano de Jesse St. James y cuñado de Rachel Berry, podría estar ahí.

―Siendo su manager, al parecer ―respondió encogiéndose de hombros, como si nada hubiera pasado―Los periodistas no han parado de llamar y de escribir  ―continuó mientras revisaba su agenda ―A todos les dije que ud. no daría declaraciones, pero igual he apuntado los medios más serios en los  que tal vez le interese hablar.

Santana dio una rápida mirada a la lista que le mostró el castaño abogado. ¿NBC? ¿FOX? Dios… realmente no se imaginaba qué sucedería cuando la verdad completa se supiera.

―No voy a hablar con nadie ―sentenció la morena devolviéndole la hoja a su asistente ―Gracias… ah… por haber manejado esta situación ―agregó con sinceridad, aun incómoda por la actitud de Ralph―Ya deberías irte, me parece que no hay nadie más en el edificio.

Ralph se puso de pie y siguió a su jefa dentro de su oficina. Más allá de la eficiencia, el castaño no se había ido porque esperaba poder saber algo de lo que realmente había pasado. ¿Su jefa y su cuñada habían sido pareja?

―Mmm… ¿puedo preguntar cómo está Brittany? ―se atrevió a preguntar haciendo que Santana frunciera el ceño.

―No es de tu incumbencia cómo esté mi novia ―remarcó la morena de espaldas al muchacho mientras dejaba su saco en el perchero.

―No intento ser entrometido ―dijo nuevamente el abogado ―es solo que me imagino que no es un buen momento para usted y… con toda esta exposición mediática

―Crees que no estoy cuidando bien de Brittany, ¿verdad? ―dedujo la abogada cruzándose de brazos en su sofá.

―Bueno… son casi las 10 de la noche y usted está aquí ―evidenció acomodándose los lentes y encogiéndose de hombros.

―¿No deberías preocuparte más por tu familia en lugar de mi novia? ―soltó la morena con cierta malicia en su tono de voz.

―¿Jesse? ―preguntó extrañado su asistente ―Yo siempre le advertí que su esposa no me gustaba ―agregó  ―es cierto que no esperaba que usted tuviera algo que ver con eso, pero no me afecta realmente ―explicó sin rodeos ―en cambio Brittany… ustedes… no merecen que lo suyo termine.

“Wow. Terminar” pensó Santana. Aquello no se le había pasado por la cabeza en lo absoluto.

―No es el mejor momento en nuestra relación ―dijo Santana. Era el primer momento del día en el que exteriorizaba alguno de sus pensamientos ―No hemos hablado mucho hoy, pero lo vamos a superar ―agregó sobándose la frente.

―Si me permite darle un consejo… ―Ralph se acercó un poco más a su jefa, quien levantó su mirada para encontrarse con la suya ―Sería mejor que volviera a casa con Brittany, ella la necesita más que la oficina.

―Lo tomaré en cuenta, Ralph, gracias ―respondió asintiendo lentamente ―Es mejor que ya te vayas, no tienes que quedarte más.

―Buenas noches, jefa ―se despidió el abogado mientras le daba una última mirada a Santana antes de salir de la oficina.




///




Llegó la medianoche. Ya era un nuevo día. Llegó la 1 y ,con una lentitud dolorosa, llegaron las 2 de la mañana y no habían rastros de Santana.

Eran casi las 2:30 de la madrugada y Brittany sentía que en cualquier momento enloquecería de tanto ver su teléfono.
Prendía y apagaba la pantalla. Reiniciaba el dispositivo, pensando que, tal vez, su operador no estaba funcionando correctamente. Por dentro sabía que las cosas no eran así, que si no había ningún mensaje era porque Santana simplemente no quería hablar con ella.

Brittany miraba hacia el techo repasando cada acontecimiento en las últimas 24 horas. El saludo de cumpleaños, los gritos de Santana hacia Rachel, la prensa, la indiferencia de Santana, su ausencia en aquel instante. Por momentos se culpaba a sí misma por haber sido el catalizador de todo. “Si solo hubieras mantenido tu boca callada”, se dijo mientras nuevas lágrimas volvían a escaparse de sus ojos.

Mientras revisaba por enésima vez las llamadas de su celular, oyó como la puerta de su departamento se abría. Era Santana, no podía ser otra persona.

2:36 a.m.

Brittany quería levantarse de la cama y preguntarle a Santana dónde había estado. Quería saber si, realmente, había estado en su oficina. Quería gritarle por tenerla en ese estado de ansiedad constante. Quería pedirle perdón por haber desatado este río de problemas.

Pero no lo hizo.

Se acomodó en la cama y cerró sus ojos, pretendiendo estar dormida porque por encima de todo, solo quería tener a su novia cerca.

Pocos minutos después escuchó la puerta de la habitación abrirse lentamente. Brittany seguía con los ojos cerrados, pero sentía a Santana moverse por la extensión del cuarto. Parte de ella sabía que, probablemente, la morena solo había entrado a tomar su pijama y se iría a dormir al cuarto siguiente.

Pero tampoco lo hizo. O por lo menos el peso que sentía en el lado izquierdo de su cama le indicaba a Brittany que Santana estaba acostándose a su lado.

La rubia se sentía más que feliz con aquello; sin embargo, cuando sintió el brazo de Santana rodear su cintura, acercándola más hacia ella y hundiendo su cabeza entre su cuello y sus mechones de cabello rubio, sintió que, al fin, volvía a estar completa.

Brittany acarició delicadamente el antebrazo de Santana, intentando trasmitirle una pequeña parte de la paz que ella le estaba dando con un simple abrazo.

Aquella simple caricia de la rubia, despertó en Santana el sentimiento de tenerla más cerca, de olvidarse por un momento que el mundo a su alrededor había cambiado para siempre.

En un rápido movimiento, Santana se presionó contra la espalda de Brittany mientras usaba su mano derecha para mover hacia un lado los mechones de cabello del cuello de la rubia, dejando la zona descubierta para iniciar una línea de besos.

Primero con delicadeza, pero al sentir como los vellos de la piel de la bailarina se erizaban, estos se volvieron más intensos, más húmedos, más agresivos.

Brittany entrelazó sus dedos con los de la mano de Santana que seguía alrededor de su cintura, mientras cerraba sus ojos ante la ola de satisfacción que le provocaba sentir la boca de la morena besando su cuello y su nuca. Por un momento pensó en detenerla, ya que, al fin y al cabo, los recientes acontecimientos ameritaban una conversación, no sexo. Sin embargo, la inesperada cercanía fue tan abrumadora que no encontraba argumento para detener lo que sea que pudiera pasar.

La morena giró rápidamente a Brittany para tenerla ahora frente a ella y poder conectar su boca con la suya en un beso desesperado. Con la misma velocidad, enredó sus dedos en el cabello de su novia, guiando así el ritmo de sus besos.

La bailarina sentía que se le saldría el corazón del pecho en cualquier momento al sentir Santana sentarse a horcajadas sobre ella para que, inmediatamente, se quitara el top negro que llevaba puesto, quedándose desnuda de la cintura para arriba.

Los ojos azules de Brittany se oscurecieron ante la belleza de la mujer sobre ella.

―Tócame, Britt ―susurró Santana con su voz áspera

Al oír la orden, Brittany se sentó y envolvió a Santana entre sus brazos, manteniéndola aun a horcajadas sobre ella y besándola brevemente en los labios para pasar hacia su cuello, provocando que la morena dejara salir varios gemidos ahogados mientras hundía sus dedos por debajo del polo que llevada la rubia, aferrándose a su espalda.

Con un ritmo doloroso, la bailarina empezó a mover sus caderas de manera circular, causando una fricción creciente entre ella y Santana, quien empujaba su propio cuerpo contra los de la otra mujer con el fin de lograr un mayor contacto pese a que ambas seguían cubiertas.

Brittany, aun vestida por completo, le añadió a sus movimientos, la virtuosa labor de su boca sobre los pechos la morena, cuyos gemidos se entremezclaban con las maldiciones que soltaba ante el placer de sentir la lengua y los dientes intermitentemente en sus pezones.

―Ah… mierda…. ―siseó llevando su brazo derecho hacia la cabecera de la cama, dándole así un mejor acceso a su torso.  

La rubia bailarina, quien ahora estaba sobre la morena, no perdió la oportunidad para tirar hacia abajo los pantaloncillos y la ropa interior, dejándola completamente desnuda ante ella.


Santana quería hacer que el momento durara más, pero sabía que no había nada que la excitara más que la iniciativa y decisión de Brittany, así que tomó su rostro entre sus manos y, deteniendo las caricias que hacía sobre sus sensibles pechos, la llevó hacia ella en un beso fogoso.

―Tómame, Brittany ―pidió Santana al sentir que la rodilla de su novia presionaba contra su pulsante centro. Era vergonzoso admitirlo, pero la morena había empezado a frotarse contra la pierna de la rubia en busca de conseguir la liberación que tanto anhelaba en ese momento.

Sin esperar más, la bailarina ojiazul serpenteó su mano izquierda entre las piernas de Santana, palpando ligeramente la excitación que provenía de la mujer por cual, hasta hace unas horas, lloraba al creer que no pasaría la noche a su lado.

―No juegues, Brittany ―advirtió Santana con los ojos cerrados, al sentir los dedos de su novia recorrer de arriba a bajo la húmeda zona de su cuerpo.

La rubia sonrió de lado al ver el peligroso estado en el que estaba la morena. Sabía que si seguía provocándola, Santana tendría un orgasmo solo con ello, y eso era algo que no podía permitir. Así que, estimulándola con su pulgar girando sobre su clítoris, Brittany introdujo dos dedos dentro de Santana, sintiendo como todo dentro de su novia se estrechaba ante el avezado contacto.

En la boca de Santana se formó una pequeña “o” mientras se movía agresivamente contra los dedos de su novia. Estaba tan cerca y lo sabía.

―Más rápido, Britt ―comandó la morena mientras se agarraba con fuerza al cabello de su novia.

A Brittany no le había importado demasiado el hecho de seguir vestida; sin embargo, escuchar a Santana al borde de llegar al clímax, la estaba volviendo loca por sentir su propia piel disfrutar de la satisfacción de la morena.

Los siguientes segundos pasaron para Santana como una película eterna. En un pequeño giro de los dedos de la ojiazul, las paredes internas de la morena se tensaron y, en ese instante, vio estrellas, planetas, nebulosas y galaxias enteras.

Brittany dejó una serie de besos en el hombro, clavícula, subiendo hacia el cuello, la barbilla hasta llegar a la boca de Santana. A diferencia de los besos de hacía varios minutos, estos estaban inundados de inocencia, a penas rozando la piel debajo de ella.

Los sentidos de la morena empezaban a recobrarse por completo, volviéndose demasiado consciente de lo expuesta que estaba: desnuda, jadeante, sometida ante una totalmente vestida Brittany. Era una sensación extraña. Incómoda, para ser precisa.

La ausencia de reacción por parte de Santana empezaba a preocuparle a Brittany, quien se había sentado a su lado, recostando su cabeza contra el respaldar de la cama y con la mirada alternando entre su novia y cualquier otro punto del cuarto. Quería romper el silencio, pero no sabía cómo. Era estúpido, pensó, acababan de tener intimidad… lo que viniera luego de eso no tendría por qué ser incómodo.

Santana empezaba a notar la ansiedad que invadía a la ojiazul y le remordía no saber qué hacer. Sabía que su silencio estaba arruinando el momento que habían compartido. Por un instante volvió al inicio de todo, cuando pretendía limitar su relación con Brittany a un tema físico, pese a notar que eso lastimaba a la bailarina.

No quería volver a ser esa persona. Ella había cambiado, o al menos eso creía. Ya no creía ser aquella persona que priorizaba sus demonios sobre el ángel que era Brittany. Ya no creía serlo, pero ahí estaba, paralizada y aferrada a la sábana contra su cuerpo mientras sentía la tensión crecer en toda la habitación.

“Di algo”, pensó Santana.

Brittany soltó un suspiro cansado y procedió a sentarse al filo de la cama con los pies hacia el piso. Otro suspiro… se sentía humillada. No pensó que Santana podía hacerla sentir así, al menos no en este punto de sus vidas en el que creía que ya eran una pareja estable.

“DI ALGO”, se gritó internamente la morena al ver que Brittany se ponía de pie.

―¿A dónde vas? ―

Al fin habló Santana, haciendo que Brittany girará brevemente en su camino hacia la puerta.

―Al cuarto de al lado ―respondió secamente.

― ¿Estás enojada conmigo? ―preguntó Santana. Su voz estaba nerviosa. Tal vez todo había ido demasiado lejos.

―Creo que necesitas más tiempo a solas, Santana ―soltó, haciendo alusión a todas las evasivas que había recibido de su parte durante todo el día.

La morena vio como la puerta se cerraba detrás de Brittany y entró en pánico. Tal vez sí, había ido demasiado lejos y había colmado la paciencia de la única persona que la quería en las buenas y más aun en las malas.

Pensó en ir a buscar a la rubia a la habitación de al lado, pero dentro de todo, Brittany tenía razón. Necesitaba tiempo para pensar y, al fin, sentía que no tenía que escaparse de su novia para hacerlo. Ahora que ella misma le había dicho que pensara, la morena tendría que enfrentarse al hecho de tener a Rachel nuevamente en su vida, a la carga mediática y, lo más difícil de todo, abrirse con Brittany respecto a su pasado… acerca de todo, su noviazgo, matrimonio, divorcio, huida, la dichosa caja verde que siempre mantuvo con ella a través del tiempo.

Solo esperaba que el tiempo que le demandara arreglar su mente, no terminara agotando el tiempo de Brittany.




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Mensaje por micky morales el Jue Dic 20, 2018 8:03 am

Mil gracias por volver y por otra parte SANTANA ES UNA IDIOTA!!!!!!!
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Mensaje por 23l1 el Lun Dic 24, 2018 7:25 pm

A mi Tmbn me encanta que volviera asik esperemos tenga otro cap para nosotras pronto. Saludos =D
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Mensaje por 23l1 el Lun Ene 14, 2019 6:46 pm

micky morales escribió:Mil gracias por volver y por otra parte SANTANA ES UNA IDIOTA!!!!!!!




Hola, lo mismo le dije yo!!!! asik a disfrutar! ajajjaa. ¬¬ si q si¬¬ xq no habla esa mujer :@ Saludos =D




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Mensaje por 23l1 el Lun Ene 14, 2019 6:53 pm

Capitulo 35 - Sin Marcha Atras.




Pasaron siete días. Una semana desde que Brittany decidió darle tiempo a solas a Santana y, realmente, nada había sido fácil.

Todas las mañanas se cruzaban antes de irse a trabajar, se saludaban y ese era todo el contacto que tenían hasta que se reencontraban en la noche, para dormir cada una en una habitación independiente. Al día siguiente, se repetía la rutina.

Entre ellas se había creado una barrera que se acentuaba con cada revista, periódico, nota televisiva y de Internet que seguían revelando nueva información sobre la relación entre Rachel y su novia. Era tan frustrante no poder hablar con ella y despejar sus dudas. A la ojiazul bailarina le preocupaba que Santana estuviera empezando a sentirse demasiado cómoda con ese “espacio” que ella le había concedido para pensar.

Hubieron días en los que Santana llegó casi a la medianoche a casa, disparando en la rubia el temor de que la morena no volvería jamás. Luego aparecía y, pese a estar en una habitación diferente, Brittany sentía tranquilidad, solo para despertar a la mañana siguiente y sentir la ansiedad por no saber si aquel día Santana llegaría o no a casa.

“Esa no es vida, Brittany”, le dijo un día Quinn mientras trataba de desahogarse con ella.

Brittany era consciente de eso. Sabía que el presente de su relación era diametralmente opuesto a lo que ella deseaba, pero comprendía también que la situación por la que pasaban no era normal. Diariamente, tanto su nombre como el de su novia aparecían en algún reportaje; era raro ver su cara en televisión, no se sentía correcto, ya que siempre era presentada como la novia de la exnovia de Rachel Berry.

En el trabajo las cosas no eran mejores que en su casa. Desde que había explotado el tema, todos los bailarines la miraban distinto, no la trataban mal, pero definitivamente habían cambiado su comportamiento delante de ella. No era para menos, ella era la novia de la exnovia de la protagonista de la obra.

Era como si ya no existiera una Brittany como tal. Ahora era solo un personaje secundario dentro de una historia en la que Rachel y Santana eran los personajes principales.

Brittany despertó de sus divagaciones al oír los susurros entre sus compañeros. Todos parecían un poco alterados.

―¿Qué ha pasado? ―le preguntó Brittany a otra de las bailarinas, quien la miró con cierta incomodidad.

―Rachel Berry volvió ―confesó.

La ojiazul tragó saliva. Desde la semana pasada, los rumores sobre la renuncia de Rachel a la obra habían sonado cada vez más fuerte. Tan solo en la mañana, un programa de farándula había lanzado una encuesta para saber quién sería el reemplazo de la castaña para el papel de Mimi en Rent.

―¡Hey, hey, hey! ―el coreógrafo en jefe se acercó aplaudiendo hacia los bailarines, intentando regresarlos al orden inicial ―todos vuelvan a sus asuntos― indicó.

Brittany fue la primera en retornar al calentamiento cuando escuchó nuevamente la voz del coreógrafo dirigida hacia ella.

―Brittany, ven conmigo ―le pidió. La ojiazul sintió como todas las miradas se posaron sobre ella.





***

Estaba despedida.

Tanto esfuerzo por llegar a ser parte de un elenco de danza tan importante como este se había ido al demonio por un capricho de Rachel Berry.

Brittany lloraba contra el timón de su auto mientras revivía las palabras del coreógrafo.

“La condición de Rachel para volver a la obra fue que tú ya no pertenecieras a ella”

Era todo tan injusto. No entendía el motivo de aquella condición, Rachel no ganaba nada con echarla, solo probaba que tenía el poder de seguir desbaratando su vida.

La rubia seguía llorando. Ya no sabía siquiera si tantas lágrimas eran por solo por lo del trabajo o por lo desafortunado que estaba siendo todo para ella.

La bailarina sacó su celular del bolsillo y empezó a buscar entre sus contactos a la única persona que podía darle paz en un momento así.

―¿Brittany? ―preguntó Santana sorprendida al otro lado de la línea. En los últimos 7 días no había recibido ninguna llamada de la rubia, así que supuso que era importante contestar.

―Me echaron, San ―confesó Brittany con la voz quebrada, a punto de volver a llorar.

En ese momento el enojo se apoderó de Santana. No necesitaba más detalles para saber a lo que se refería Brittany.

“Qué perra…”, maldijo la morena internamente, mientras apretada el aparato telefónico entre sus manos.

―Cálmate, Britt ―pidió Santana al oír los sollozos de la rubia a través de la línea.

Santana se sentía contrariada. Escuchar a Brittany encogía su corazón, la inundaba se deseos de ir a buscarla y sostenerla hasta que volviera a la paz, pero por otro lado, quería buscar a Rachel y estrangularla, enviarla a mismo infierno por no ser más que un agente de problemas en su vida.

―¿Podemos vernos? ―sollozó Brittany casi por impulso.

Era consciente que en los últimos 7 días se habían distanciado, apenas habían hablado y la tensión había crecido al punto de ser tangible. Pese a ello, Brittany quería verla para sentirse reconfortada. Esa idea encogió el pecho de la morena.

―Claro ―suspiró Santana con dulzura, casi por inercia al pensar en la rubia desprotegida―Anda a casa, te veo ahí.




***


Santana no tardó en llegar a casa, encontrándose a una Brittany acurrucada en el sofá, quien al notar su presencia, puso hacia abajo su celular, mirando expectante a la morena.

―Hey ―saludó Santana levantando la mano y dibujando una media sonrisa hacia Brittany.

La abogada siguió su camino hasta el sofá y se sentó al lado de la rubia. Se veía triste, sus ojos azules lucían cansados y sus labios no parecían recordar cómo formar una sonrisa. Instintivamente, Santana posó su mano sobre la mejilla derecha de la rubia, acariciándola lentamente con su pulgar.

Seguían en silencio, pero aquella pequeña acción le sonó a Brittany como mil confesiones de amor. Era Santana, su Santana de siempre, entendiéndolo todo sin necesidad de un explicación verbal. Ugh… la extrañaba tanto. Sin perder un instante más, Brittany se lanzó hacia Santana en un abrazo, hundiendo su rostro en el cuello de la morena.

―Tranquila, Britt ―susurró Santana al oír los sollozos de la ojiazul, usando sus manos para acariciar la cabeza de la bailarina.

Se sentía tan bien abrazarla. Ambas pensaron lo mismo. No se sentía incómodo, no se sentía fuera de lugar. Se sentía correcto y aquella era una sensación que habían empezado a olvidar en estos días.

―Enserio me gustaba estar ahí… ―confesó la rubia agachando la mirada.

―Lo sé, Britt, esto no debería haber pasado ―dijo la morena sintiéndose culpable por lo que había sucedido ―No es justo ―añadió acariciando la mejilla derecha de la rubia con el dorso de su mano.

No era justo.

Brittany era víctima de los daños colaterales causados por la presencia de Rachel y, ciertamente, la situación estaba llevando a Santana al límite de su tolerancia, así que la morena tomó la decisión de tomar al toro por las astas.





***


“Eres una perra, Rachel”, dijo Santana luego de oír un “aló” al otro lado de la línea.

Santana había pasado la tarde entera abrazando a Brittany en el sofá, intentando animarla sin mucho éxito, pero aún así logrando romper esa odiosa tensión que se había erigido entre ellas durante los últimos días. Sin embargo, no podía quedarse de brazos cruzados viendo como la tristeza llenaba la vida de su novia por un capricho de Rachel.

Aprovechando que Brittany estaba dormida profundamente en el sofá, Santana se fue hacia el balcón de su departamento para llamar a Rachel y hacerle frente. Por más que le disgustara admitirlo, el corazón de la morena estaba latiendo a mil al oír las timbradas del teléfono. Esta será la segunda vez en la que hablaría con Rachel y eso seguía causando reacciones viscerales en ella.

“Hola Santana, ya estabas tardando en llamar”, respondió Rachel. Su voz era tranquila, como si los insultos de la morena fueran algo típico.

“¿Cómo pudiste hacerlo esto a Brittany?”, cuestionó la morena con fastidio, “¿Tienes una idea de cuánto ha luchado por esto?”

Rachel soltó un suspiro,

“Lo he hecho por su bien, además era la única forma de llamar tu atención, Santana, tengo que hablar contigo”, reveló.

En ese momento la sangre de Santana empezó a hervir.

“Dijiste que te mantendrías alejada de mí, estás loca”, la morena quería gritar, pero no quería despertar a Brittany.

“Tengo que hablar contigo, Santana, es importante”, replicó la castaña instantáneamente.

“No pienso hablar de nada contigo, quiero que te alejes de mí para siempre”, rebatió Santana.

La actriz soltó una pequeña carcajada incrédula, “Santana, ¿enserio crees que quiero hablar contigo porque te extraño?”, preguntó, “¿tienes una idea del infierno que estoy viviendo ahora?”.

Santana guardó silencio mientras oía la voz desesperada de Rachel.

“Si te digo que necesito hablar contigo es porque realmente necesito hablar contigo antes de que las dos nos vayamos a la mierda”, las palabras de la castaña sonaban ásperas ante los oídos de la morena.

La abogada tragó saliva, confundida y un poco asustada por la advertencia de la cantante, “¿Qué es lo quieres decirme?”, suspiró.

“Mmm… no puedo decírtelo por aquí… tenemos que ser cuidadosas”, dijo Rachel bajando el tono de su voz, “¿Podemos vernos mañana?”.

Todo esto empezaba a encender la suspicacia de Santana. El tono de voz de Rachel, el misterio, haber hecho algo tan desesperado como despedir a Brittany para tener contacto con ella… algo andaba mal.

“Jódete, Rachel, voy a colgar ahora”, dijo la morena, pero la castaña le suplicó que no lo hiciera, “No voy a encontrarme contigo en ningún lado, entiéndelo”, estableció.

“Te prometo que esta vez nadie nos encontrará”, la insistente actriz sabía que Santana iba a ceder, la conocía muy bien y sabía que no faltaba mucho para que aceptara, “Seré muy breve, te lo aseguro”.

Santana miraba a su alrededor impacientemente, en busca de alguna señal que le dijera si debía o no aceptar dicho encuentro. ¿Qué tan importante podría ser?... la idea de que algo pudiera ir peor la estaba comiendo por dentro.

“Está bien…”, soltó la latina.

“Mañana mandaré a un chofer de confianza a recogerte del trabajo”, agregó Rachel aliviada de haber logrado su propósito.

“Más te vale que sea realmente importante”, advirtió Santana antes de cortar la llamada.

Pese a haber acurrucado a Brittany durante toda la noche, Santana no había podido dormir en lo absoluto. En su cabeza solo rondaba la expectativa del encuentro que tendría con Rachel. El extremo secretismo de la castaña había dado rienda suelta a su negativa imaginación… tal vez al llegar a quiénsabedónde se encontraría con una tumulto de periodistas… tal vez se encontraría con Brittany destrozada, creyendo que le estaba traicionando… tal vez le esperaba una Rachel desquiciada con una pistola…

Santana no paraba de imaginarse escenarios cada vez más descabellados y trágicos para esa reunión. Sin embargo, en sus breves momentos de buen juicio se repetía que nada malo sucedería. Iría a dicho encuentro, tomaría cartas en el asunto que sea necesario y ahí acabaría todo su contacto con Rachel, quien probablemente solo estaba preocupada por las repercusiones que este escándalo estaba teniendo sobre su imagen.

En algún punto de la noche, la morena encendió la televisión en un intento desesperado de despejar su mente.

“Una fuente muy confiable me ha contado que Rachel Berry volvió a los ensayos de su musical, en el cual la novia de Santana López también participa… ¡Díganme si este no es el mejor triángulo amoroso de la historia!”

Santana se estremeció al ver como en la repetición de ese programa hablaban de ella como si fuera un personaje de caricatura, como si las desgracias que sucedían fueran eventos premeditados para el entretenimiento de esos tipos.

Sea lo que sea que sucediera en su encuentro con Rachel, Santana estaba decidida a poner el punto final a esta tóxica novela.




***

El vaivén de emociones siguió a Santana durante toda la mañana y se odiaba por eso, ya que no había podido disfrutar el breve, pero muy sentido beso que Brittany le había dado en los labios antes de partir hacia el trabajo.

Eran casi las 5 de la tarde cuando el celular de la morena vibró contra su escritorio. Era un mensaje de Rachel que le comunicaba que el chofer estaba esperando por ella en la entrada del edificio. Santana suspiró cansada al caer en la realización de que en poco tiempo estaría nuevamente frente a Rachel.

Recogiendo valor desde lo más profundo de sí misma, se encaminó hacia el primer piso del edificio, preguntándose en cada piso que descendía, si es que estaba haciendo lo correcto, si es que debió haberle comentado a Brittany lo que pasaría, si es que debía cancelar el encuentro.

Era demasiado tarde para echarse para atrás. No podía seguir escapándose por más tiempo de su pasado.

Sin mucha dificultad, Santana visualizó el auto que esperaba por ella. Era un lujoso Audi A4 de lunas polarizadas conducido por un hombre que, al notar su presencia, asintió levemente su cabeza, confirmando que aquel era el auto que la trasladaría a su destino.

Santana se sentía incómoda de no saber a dónde la estaban llevando, veía pasar restaurantes, cafeterías y librerías, pero el chofer no parecía tener intenciones de detenerse a en ninguno de esos lugares. Al notar que el auto empezaba a alejarse demasiado del centro de la ciudad, las alertas de la morena se encendieron.

―¿Podría decirme hacia dónde nos dirigimos? ―preguntó acercándose al asiento del conductor.

―No puedo decírselo ―respondió ―son órdenes de la sra. Berry.

La morena frunció el ceño. Estaba por demás fastidiada por no saber a dónde se dirigía. Consideró bajarse del auto y cancelar el encuentro, pero, ciertamente, el dramatismo de la situación era una característica típica de Rachel.

Tras unos 45 minutos más de viaje y fuera de Manhattan, Santana notó que el auto cambiaba de carril hacia la izquierda mientras su velocidad se reducía. Miró atentamente hacia el edificio que se aproximaba.
“Blue Lagoon Hotel”

Santana no tuvo mucho tiempo de reaccionar al ver que la puerta levadiza del estacionamiento subterráneo se abría, dándole paso al Audi A4 para ingresar. No era posible que Rachel la estuviera citando dentro de un hotel, era el lugar más inapropiado para cualquier encuentro.

―La sra. Berry está esperándola en la habitación 503 ―indicó el chofer.

La morena miró desconcertada al hombre a través del espejo retrovisor. ¿Realmente estaba a punto de encontrarse con Rachel en la habitación de un hotel?

―¿Algún problema? ―preguntó respetuosamente el hombre al volante.

Santana se forzó a tomar una decisión rápida; eligiendo, finalmente, bajar del auto para darle el encuentro a Rachel.
Asegurándose de que no hubieran personas dentro, la morena tomó el elevador y presionó el botón del piso 5. Con el ascendente cambiar de las luces, sus palpitaciones incrementaban mientras el oxígeno se reducía.

La puerta del elevador se abrió luego de lo que pareció una eternidad y fue entonces que Santana vio la larga fila de habitaciones que albergaba ese pasadizo. Suspiró nuevamente, y al fin, tomó el valor de salir del elevador.

501… 502… 503

No había marcha atrás. Santana tocó la puerta y antes de que pudiera reaccionar, esta se abrió levemente, revelando progresivamente a Rachel detrás de ella.

―Pensé que no subirás… Jack me avisó que llegaron hace un rato ―Rachel dijo mientras cerraba la puerta al ingresar Santana.

La morena examinó la habitación brevemente antes de ir directamente hacia el pequeño juego de sofás que había.

―¿Podemos acabar con esto lo más rápido posible? ―pidió Santana sentándose en el sofá unitario y cruzando sus brazos.
Rachel soltó un suspiro cansado. Le molestaba tener a Santana a la defensiva y más cuando lo que quería era enmendar sus errores.

―Jesse me pidió el divorcio ―reveló la actriz capturando la atención de la latina.

―Qué pena ―respondió Santana falsamente, aunque en realidad, saber eso le había sorprendido con la guardia baja.

―Dime algo, Santana ―Rachel cambió el tono de su voz, evidenciando su fastidio con la actitud de la abogada ―¿Ya le contaste a Brittany que estuviste casada conmigo?

Santana se reacomodó en su sitio y desvió su mirada.

―Me lo imaginaba ―Asumió la actriz. Santana se mantuvo en silencio ―Un amigo mío en los medios me ha dicho que Jesse aparecerá en primetime contando esto y más… esta semana

Santana se quedó perpleja ante lo que escuchaba. Su lenguaje corporal cambió drásticamente. El muro que había levantado con sus brazos su derrumbó, la rigidez de sus hombros se desvaneció y su cabeza se tiró hacia atrás, apretando fuertemente los ojos, mientras asimilaba lo que Rachel le acababa de decir.

―Mierda… ―soltó Santana ―¿Hablas enserio, Rachel? ¿Por qué Jesse haría eso? ―preguntó consternada.

―Por un tema de imagen ―contestó la castaña ―quiere aparecer ante la prensa como alguien correcto, que no podía seguir viviendo en un matrimonio lleno de mentiras… no lo sé… algo así ―

―¿Por qué no hablas con él? ―sugirió Santana frotando el puente de su nariz. Rachel soltó una carcajada irónica.

―Santana, escúchame ―la castaña se puso al filo de su asiento, mirándola fijamente ―si estoy hablando contigo ahora es porque solo tú y yo podemos adelantarnos a que esto se haga un escándalo más grande.

La morena estaba asustada. Tenía que admitirlo: estaba aterrada. La firmeza en las palabras de Rachel no le auguraban nada bueno.

―¿A qué te refieres? ―el hilo de la voz de Santana temblaba.

―Salgamos las dos a contarlo ―dijo Rachel encogiéndose de hombros. La expresión de Santana cayó aún más.

―Olvídalo, Rachel ―respondió Santana poniéndose de pie de inmediato.

―No, Santana, no te vayas, escúchame ―Rachel se puso de pie desesperada, acerándose a Santana para evitar que se acercara a la puerta.

―No hay explicación alguna que me haga exponerme así ―contestó la morena evadiendo la mirada de la castaña ―Quieres hacer lo mismo que Jesse, solo que quieres usarme de utilería ―agregó fastidiada por la conclusión a la que acababa de llegar.

―No, Santana, por favor ―intentaba argumentar Rachel ―aún si Jesse y yo salimos en la prensa, ¿crees que ellos no van a seguir buscándote? ―cuestionó ―No te van a dejar en paz nunca.

Santana detuvo sus intentos por zafarse del acorralamiento de la actriz y se mantuvo estática, evaluando sus palabras.

―¿Por qué querrías ayudarme? ―preguntó enarcando una ceja.

―Nos estaríamos ayudando mutuamente ―recalcó Rachel ―aparecer juntas es una imagen mucho más poderosa a que salga solo una de nosotras ―explicó ―si aceptas, podría coordinar un espacio para mañana mismo, así podrías tomarte esta noche para hablar con Brittany.

El cerebro de Santana estaba trabajando a mil. Planteando futuros escenarios, diversas formas de hablarlo con Brittany, posible reacciones suyas… era demasiado para decidir en ese momento, pero era necesario.

―Está bien… ―aceptó Santana aún sin estar convencida al cien por ciento.

―Necesito que estés segura de hacer esto ―Rachel se paró frente a Santana, obligándola a mirarla a los ojos.

―Lo estoy ―afirmó la morena asintiendo con la cabeza. Rachel sonrió ante la respuesta y apretó suavemente el brazo de Santana ―Debería irme ya para hablar con Brittany ―dijo soltándose del agarre de la castaña.

―Claro, llamaré a Jack para que tenga el auto listo ―

Pasaron unos segundos y Santana veía como Rachel discutía por teléfono.

―Santana… Jack ha tenido una emergencia y ha tenido que irse ―explicó la actriz. Santana puso mala cara de inmediato

―Tengo mi auto abajo, si deseas puedo llevarte… por lo menos hasta el centro ―ofreció.

De inmediato, Santana se negó. Una cosa era haber llegado a un acuerdo con Rachel, pero otra distinta era que ahora fueran amigas y viajaran la una en el auto de la otra. Por el contrario, Santana llevaba ya un buen rato sintiendo una necesidad imperiosa por salir de esa habitación y respirar un aire distinto al de la actriz.

―Espera ―dijo Rachel ―lleva estos lentes y esta peluca, alguien podría estarnos esperando, es poco probable, pero es mejor prevenir ―aseguró.

Lista con una sobria peluca marrón y unos lentes negros de lunas grandes, Santana pidió un taxi y esperó en la entrada del hotel.

El viaje de regreso fue, de alguna manera, reconfortante para la morena. Primero, ya estaba lejos de Rachel y segundo, hoy tendría que hablar con Brittany y, finalmente, no habrían más secretos entre ellas; solo habría que esperar a lo que sucediera mañana, al hablar en televisión nacional sobre su pasado.

El futuro era incierto, pero en definitiva, sería más claro sin secretos.





***



Tras casi 1 hora y un poco más de trayecto, Santana llegó a su edificio. Pese a sentirse emocionalmente exhausta, sabía que tendría que hablar con Brittany hoy y prepararla para lo que vendría al día siguiente, pero sabía también que era Brittany de quien hablaba, y que estaría llena de comprensión para ella. Brittany era increíble, era la persona que Santana necesitaba.

Sin embargo, la sonrisa de Santana solo duraría hasta el momento de abrir la puerta de su departamento.
Brittany estaba en sofá, llorando desconsoladamente. Al notar la presencia de Santana, sus lágrimas aumentaron.

―Britt, ¿qué pasó? ―Santana prácticamente corrió la corta distancia entre la entrada y el sofá. En un intento por abrazar a la rubia, esta se alejó, interponiendo su mano entre ambas.

―Lo volviste a hacer, Santana ―dijo entre sollozos.

La morena la miró confundida. En ese momento, su mente empezó a correr como un maratonista.

―Brittany, no te entiendo ―confesó Santana, pero aquello solo hizo que el llanto de la rubia incrementara.

La ojiazul le extendió su teléfono a Santana, quien lo tomó con dudas. Había un video pausado, instintivamente le dio reproducir.

No…

No podía ser…

“¿Reconciliación a la vista? ¿Rachel Berry y Santana Lopez juntas en un hotel y escapándose con pelucas y lentes? ¡Esto y más en American Showbiz a las 9 de la noche!”

Santana estaba en shock. No podía creer lo que estaba viendo. En las pocas imágenes que habían en el comercial se veía desde el momento en el que llegaba hasta su salida del hotel.

No entendía qué era esto. Rachel la acababa de engañar nuevamente, eso era lo único seguro.

―Brittany, déjame explicarte…

―No, Santana, por favor, no ―interrumpió la rubia limpiándose las lágrimas y parándose del sofá para estar fuera del alcance de la morena ―¿Eres o no eres tú la del video? ―preguntó.

―Sí, pero…
―Soy tan estúpida, Santana ―volvió a interrumpir Brittany, llevando ambas manos a cada lado de su cabeza ―Enserio creí que superaríamos esto, que solo necesitabas tiempo para acomodar tus ideas, pero no ha sido así.

―¡Brittany no te estoy engañando con Rachel! ―Santana levantó la voz para poder detener a Brittany.

―Abre tu cartera ―pidió la rubia. Santana la miró extrañada ―Quiero ver si están la peluca y los lentes.

“Mierda”, pensó Santana.

―Brittany, por favor, escúchame por un momento ―pidió mientras la ojiazul abría por sí misma la cartera, encontrando, efectivamente, una peluca y unos lentes que nunca antes había visto. Apretó con toda su fuerza aquella peluca marrón, sintiendo sus nudillos tornándose blancos mientras de sus ojos brotaban nuevas lágrimas.

―Nunca pensé que me harías esto ―dijo Brittany ―nunca pensé…

―¡Brittany, estuve casada con Rachel! ―interrumpió Santana. Brittany frunció el ceño. ―Hace años, Rachel y yo nos casamos, luego ella me dejó por Jesse y todo fue un desastre ―continuó la morena, mientras Brittany estiraba su mano hacia la pared más cercana en busca de estabilidad ―hoy la vi porque me pidió que saliéramos mañana a hablar con la prensa. No te estoy engañando, Brittany―.

Brittany seguía sosteniéndose contra la pared, con la mirada yendo hacia diversos puntos de la casa, intentando comprender toda la información que estaba recibiendo. Pasaron varios minutos y Santana empezaba a impacientarse con el silencio.

―Britt, por favor di algo ―pidió la morena acercándose a la bailarina.

―No puedo ―susurró

―Está bien, sé que es mucho para proces..

―No…―interrumpió Brittany ―no puedo más con esto… con nosotras ―reveló mientras lloraba nuevamente.

Santana se quedó de una pieza al oír aquella confesión.

―Britt…

―No, Santana ―volvió a retomar el control de la conversación, pese a las lágrimas incesantes ―No puedo más con esto, con tantos secretos… no confías en mí y yo… siento que tampoco lo hago ahora.

―Te estoy contando la verdad ―replicó Santana mientras sus propio llanto la invadía ―Brittany, te juro que ya no hay más secretos ―rogaba la morena.

―Te amo, Santana, pero…

En ese momento, Santana López volvió al pasado, reconociendo esa clase de confesión de amor, seguida de un “pero” que marcaba el final de algo.

―Dijiste que nunca me dejarías, Brittany ―una sollozante Santana interrumpió antes de que la rubia pudiera terminar esa frase.

―Es lo mejor, Santana ―respondió Brittany con los ojos enrojecidos ―nos estamos haciendo daño ―agregó.

―Por favor… no hagas esto ―suplicó nuevamente la latina ―no me dejes, Brittany…―Santana se encontraba viviendo un deja vú: rogándole a una persona que no la abandonara, suplicando amor.

―Lo siento, Santana ―fue lo último que dijo Brittany antes de limpiar una vez más sus ojos, para luego tomar su bolso y salir del departamento, dejando dentro a una Santana conmocionada y, principalmente, con el corazón hecho trizas.

Santana seguía mirando hacia la puerta, esperando que Brittany volviera, que pudieran solucionar esto, pero sabía que ello no pasaría. Se había quedado sola nuevamente y lo peor, era que se sentía vacía, sin emociones. Brittany se había llevado parte aquella parte de su ser que Santana había prometido no volver a dejar a disposición de nadie.

Había confiado en Brittany con su vida, pero la vida le había demostrado de nueva cuenta, lo perra que podía ser.

Nuevamente estaba sola.

Nuevamente estaba triste.







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Activo Re: FIC Sobreviviendo Cap 35 - Sin Marcha Atrás

Mensaje por micky morales el Lun Ene 14, 2019 8:53 pm

Esto es una m.... porque Britt fue tan drastica????? la entiendo en parte, pero ahora es cuando Santana mas la necesita!!!!!
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micky morales
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