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[Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

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Finalizado FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Cap 4

Mensaje por 23l1 el Sáb Mayo 27, 2017 8:16 pm

Capitulo 4


Por supuesto, Santana escuchó la pregunta que Brittany se hizo entre dientes.

Se echó ligeramente hacia atrás, frunciendo el ceño.

–Te excitaste, y mucho. Así que no me digas que no te gusta el sexo, Britt. Te gusta conmigo. Solo conmigo.

La rubia se recostó y vio cómo la pelinegra se lamía los dedos húmedos, cerrando los ojos, con una expresión de delirio en el rostro.

–Estoy jodida. No voy a ser capaz de olvidar nunca tu olor, tu increíble sabor.
Debería haberte hecho venir con la boca–dijo entre lamidos.

La visión, erótica como pocas.

–Quisiera degustarte entera.

Abriendo los ojos, le lanzó una mirada tan tórrida que Brittany volvió a humedecer las bragas, ahora completamente empapadas.

Retiró las piernas de su cintura y la apartó empujándole el pecho. La morena la sujetó y la bajó al suelo, dejándola que resbalara lentamente por su cuerpo aún excitado.

Avergonzada, le dio inmediatamente la espalda y se abrochó el sujetador y los vaqueros, sabiendo que realmente necesitaba cambiarse de bragas.

–Ahora vuelvo–balbuceó mortificada y sin saber muy bien qué decir.

Santana la agarró del brazo y la giró para obligarla a mirarla.

–Oye. ¿Me tomas el pelo? No estarás avergonzada, ¿verdad?

Asintió.

–¿Por qué? No lo estés. Esto ha sido lo más excitante que he vivido jamás–le dijo, sus manos acariciándole los brazos de arriba abajo.

–Yo.. yo no hago cosas así. No reacciono de esta manera.

¡Mierda!

Estaba tartamudeando.

–Nos odiamos mutuamente.

Agarrándola por los brazos, la sacudió ligeramente.

–Es posible que tú me odies, pero yo nunca te he odiado, Britt. Nunca–la acompañó hasta la mesa. Señaló con gesto de invitación una de las sillas–Siéntate. Voy a calentar la comida en el microondas.

Después de sacar ibuprofeno de su cartera, Brittany se sentó, su cuerpo y su mente aún aturdidos. Cogió la taza de café y se tomó las pastillas para el dolor de cabeza con media taza de café tibio, de un trago. Instantes después, Santana colocó los platos recalentados en el microondas delante de ellos.

–¿Quieres más café?

Negó con la cabeza.

–Quizás más tarde.

Santana se quedó de pie, mirándola por un instante antes de empezar a enredar con su pelo. Tiró del elástico y una risotada estridente y femenina se escapó de su boca.

–Lo mío es tuyo, cielo – comentó.

Brittany la miró con aire de suficiencia.

–Solo lo tome prestado.

–También eso tendría sus ventajas–respondió sutilmente mientras se sentaba.

Brittany no iba a entrar en debate con la morena.

Viéndola comer los huevos, la panceta y las patatas con tal voracidad, aunque impecablemente, Brittany nunca hubiera dicho que aquella mujer le acababa de procurar el orgasmo más increíble de su vida, usando nada más que sus talentosos dedos y su boca.

Se encogió de hombros, cogiendo el tenedor con dedos ligeramente temblorosos. Empezó despacio, dado su escaso interés en la comida en ese momento, pero ganó velocidad y limpió el plato en un santiamén.

–Dios mío. Estaba delicioso. No sabía que cocinaras.

Le devolvió una sonrisa maliciosa.

–Nunca me preguntaste. Y no tenía mucho con lo que trabajar cuando estábamos juntas. Mamá quiso enseñarnos a Quinn y a mí a cocinar. Se me quedó lo que aprendí y lo disfrutaba. Quinn, nunca.

En aquel entonces, solo tenía un infiernillo en el departamento porque el fogón no funcionaba. A pesar de eso, tenía talento. Aún recalentado, aquel era el mejor desayuno que había comido en mucho tiempo.

–A Rachel le da pánico dejar a Quinn en la cocina–dijo Brittany con una sonrisa, recordando las dos ocasiones en las que Quinn había intentado cocinar.

Ambas una pesadilla.

En una de ellas se dispararon las alarmas de incendio a causa del humo.

Santana puso el tenedor y la servilleta en el plato vacío y cogió su café.

–Es extraño, porque Quinn siempre ha sido la creativa.

Brittany la miró con la boca abierta al tiempo que cogía su tazón.

–Eso no es cierto. Tú eres brillante.

Sí, Santana podría ser una perra con las mujeres, pero era una increíble mujer de negocios. Brittany había seguido el desarrollo de su compañía, aunque nunca lo admitiría públicamente.

Santana se había encargado de producir los vídeo juegos de Quinn y elevar el negocio a la estratosfera. Luego siguió con la expansión de las López al mercado inmobiliario y a otras empresas, convirtiéndola en una de las más diversificadas y poderosas corporaciones del mundo.

Quinn era todavía el cabeza de la división de video juegos, pero Santana era la principal artífice de su estatus como multimillonarias con todas las demás empresas.

Santana se encogió de hombros.

–Yo no era más que la chica de los recados. Quinn era el cerebro detrás de todo.

–¿Realmente lo crees? Sé que ella hizo los diseños iniciales, pero ¿quién los vendió, los comercializó, quién invirtió en otras empresas, quién las comenzó? Ella puede ser la brillante creadora de video juegos, pero tú eres la genio del negocio. La compañía la hicieron los dos.

Santana bebió un trago de café y puso el tazón sobre la mesa, mirándola con asombro.

–Brittany, si no te conociera mejor, pensaría que me estás haciendo un cumplido.

Poniendo los ojos en blanco, Brittany se levantó y recogió los platos. Luego, los enjuagó antes de ponerlos en el lavavajillas.

–Digo lo que pienso. Puede que mayormente no me gustes, pero no puedo negar que eres una mujer de éxito.

Un éxito desmedido.

Santana la ayudó con los platos. Volvió a llenar los tazones de café y los puso sobre la mesa.

–Tenemos que hablar, Britt.

–Lo que tengo que hacer es irme a casa. Necesito arreglarme y volver para el ensayo–le dijo casualmente, sin querer oír lo que tuviera que decirle.

Su tono era demasiado serio, demasiado como la Santana que conoció, y la añoranza la hacía débil, anhelando algo que nunca podría volver a repetirse.

–Tienes ropa aquí. Siéntate–refunfuñó con expresión implacable.

En lugar de sentarse, cogió el tazón de café y le dio un sorbo, mirando a Santana con prevención.

–Dime lo que tengas que decirme. Con respecto a mi vida, tu opinión es irrelevante, pero te escucho. Luego, debo irme.

Le parecía la forma más expedita de librarse de la morena.

Necesitaba quitarse de en medio y evitar la presencia de la mujer más deseable que jamás había conocido.

Inmediatamente.

–Tú, hoy, no vas a ninguna parte. Ni mañana. Ni pasado mañana–respondió hostil, quitándole el tazón de las manos y poniéndolo en la mesa–Te vas a tomar algún tiempo de descanso mientras te piensas mi proposición.

–¿Y cuál es? –masculló, cruzándose de brazos.

–Quiero que dejes tu trabajo en el hospital y que te dediques por completo a la clínica. Como médico de plantilla. Pondría tu sueldo inicial en medio millón anual y podrías hacer todo tu trabajo durante el día. Te quiero fuera de ahí antes de que oscurezca y no puedes trabajar más de cinco días a la semana. Esto te permitirá dedicarle más tiempo sin tener que bregar con dos trabajos.

–Es una clínica gratuita. No pudo ponerme un sueldo –replicó perpleja.

–Funciona con donaciones. Yo puedo elevar la mía y pagar tu sueldo con ella. Tengo muchos contactos que estarían más que dispuestos a ayudarte a llevar la clínica. Todo lo que tengo que hacer es llamarlos–levantó las cejas, como retándola a desmentirla.

Evidentemente, la morena tenía contactos, otras personas de negocios ricas que juntas podrían subvencionar la clínica en su totalidad.

Dios mío.

Lo que sería poder ir a la clínica todos los días, un lugar donde podría realmente marcar la diferencia en la vida de otros.

A ella le gustaba su trabajo en el hospital y era reconfortante cuidar a los pacientes ahí, pero no era lo mismo que ayudar a gente que no podía pagar un seguro médico.

Y había un sin número de médicos a los que les gustaría tener su trabajo en el hospital.

En la clínica… no tantos.

–No valgo tanto dinero. Solo soy médico de familia. No gano esa clase de sueldo.

¿De verdad estaba considerando la oferta?

¡Mierda!

Le había puesto por delante una zanahoria que casi le era imposible rechazar.

Se trata de Santana López, Brittany. Ten cuidado.

El caso es que no quería tener cuidado.

Quería aprovechar la oportunidad.

–¿Y dónde está el truco?–preguntó juiciosa–No hay ganancias para ti, excepto una mayor desgravación de impuestos por tu participación en una organización de caridad. ¿Por qué tantas molestias por mi clínica?

–Porque así sé que estás segura todos los días y que sales de la clínica antes de anochecer, que duermes, que comes–dijo encogiendo los hombros–Las condiciones son inamovibles. No trabajo de noche y no más de cinco días a la semana.

La estaba manipulando, y no le gustaba.

Sin embargo, era difícil no aceptar cuando era algo que siempre había querido.

–Baja mi sueldo. Preferiría usarlo para pagar personal a tiempo completo. Solo necesito lo suficiente para pagar mis préstamos estudiantiles y la hipoteca, aparte de otros gastos menores.

–No. Te pagaré lo dicho y también tus préstamos estudiantiles. Me aseguraré de que las donaciones alcancen para pagar al personal y comprar tecnología punta–cruzó los brazos, hierática.

Estaban negociando, pero Brittany sentía que cada vez que abría la boca la morena quería darle más.

–¿Por qué quieres hacer todo esto? La verdad.

–Lo hago por ti–replicó penetrándola con la mirada–Y en parte por mí–admitió reluctante.

–¿Tenemos que firmar contratos?–preguntó, queriendo saber si estaría legalmente protegida.

Quería creer que Santana era sincero, pero no se dejaría embaucar por ella otra vez.

Una rotura de corazón masiva era más que suficiente. Había puesto su confianza en ella una vez y la hizo pedazos.

Ahora, desconfiaba de todo lo que le ofrecía.

–No. No si aceptas la oferta en su totalidad –sentenció con autoridad.

–¿Qué más incluye?

¿Qué más podría ofrecer?

–Quiero que te quedes embarazada–dijo bruscamente–Estarás en posición de tener un hijo y quiero que sea con mis óvulos. No quiero tengas hijos dentro de ti que no sean míos.

Brittany dio una bocanada, el corazón a cien.

¿Se había vuelto loca?

–¿Quieres ser donante de óvulos?

–Sí. Tu cuerpo, mis óvulos y los nadadores de quién tu elijas… sería bueno q se pareciera a mí. Y para que tenga más posibilidades que funcione y los nadadores hagan su trabajo estoy dispuesta a intentarlo tanto como sea necesario. Cada día. Cinco veces al día. O hasta que me supliques que pare, y aún entonces no estoy seguro de que pararía–la atrajo hacia ella y le desató el pelo, enterrando posesivamente los dedos en la maraña de rizos.

La cabeza de Brittany le daba vueltas, el corazón le golpeaba el pecho, tanto que juraría que iba a romperle el esternón.

–Eso requiere... Mucho sexo…–Ni hablar–No me gusta el sexo y tú eres una putera. No podrías pasarte una semana sin una mujer. No tendrías bastante conmigo. Y, definitivamente, no quiero compartir enfermedades con tus amiguitas.

No va a ocurrir. Tener a Santana López como la mamá de la criatura que tan desesperadamente deseo lleva la palabra “complicado” escrita.

–Estoy limpia. Te daré un certificado médico–echándose hacia atrás, la miró fijamente con sus ojos esmeralda, perturbadores, tempestuosos, como si estuviera controlándose a sí mismo.

–No puedo. Confié en ti una vez. No puedo hacerlo otra vez. Especialmente no con la posibilidad de un hijo entre las dos–dijo Brittany con tristeza, los ojos empezaban a llenársele de lágrimas.

Increíblemente, casi deseaba cerrar el trato.

¿Cómo sería tener al hijo de Santana López, su hijo, entre los brazos?

La verdad la golpeó tan fuerte que se tambaleó: no solo quería un hijo, sino que también quería a Santana.

Sus problemas con el sexo no tenían nada que ver con su fisonomía.

Todo se reducía a Santana.

Ninguna otra persona había sido Santana, así que no había deseado a nadie más.

Cuando se trataba de compartir algo tan íntimo, solo había una persona posible, una mujer que le había roto el corazón hacía tantos años.

Debo estar loca, ser una estúpida masoquista, para sentir de esta manera.

–No he estado con una mujer desde hace meses. No podría. Y hasta entonces solo me he acostado con mujeres que tenían el pelo rubio y a quienes no les importaba que dijera tu nombre cuando me corría–dijo irritada–Mujeres que solo querían dinero y cosas materiales, porque no tenía nada más que ofrecerles.

–Santana, estás con una mujer diferente cada semana.

–Amigas que me acompañan a los eventos sociales. No me acuesto con ellas. No tengo deseos de acostarme con una rubia larguirucha. Estoy obsesionada con una rubia linda que me odia–rio, sin humor, una risa autocrítica.

Dios mío, ¿sería verdad?

Aún así, la había engañado cuando estaban saliendo.

Como el proverbial leopardo que no puede cambiar sus manchas, Santana no podía haber cambiado tanto, ¿o sí?

–No puedo. Nunca funcionaría. No puedo acostarme contigo, quedarme embarazada y largarme.

Acabaría conmigo.

–Si te largaras, iría detrás de ti–sus orificios nasales se ensancharon, mirándola con tal intensidad que ella a duras penas pudo mantenerle la mirada.

–Y bien, ¿por qué querrías algo así?–preguntó con curiosidad.

–Creo que no lo entiendes, Brittany. No estoy pidiendo que quedes embarazada de mi hijo o follar contigo, aunque bien sabe Dios que me gustaría.

–¿Qué quieres?

Respiró hondo, exhalando lentamente, su cuerpo en tensión.

–Quiero casarme contigo. No te estoy pidiendo unos pocos meses de sexo desenfrenado. Te estoy pidiendo una eternidad. Tú, yo, una familia. Todo. Todo lo que deberías tener pero no has tenido todavía. No te merezco, pero cómo te deseo. Tanto que me está matando–volvió a respirar hondo… y esperó.





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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!

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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Sáb Mayo 27, 2017 10:10 pm

Wou!!! Tremendo lo que le propone San, pero aun no explica lo del engaño. Ansiosa por la respuests de Brittany.
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Sáb Mayo 27, 2017 10:50 pm

Lansadita Santana con su proposicion!! !
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Sáb Mayo 27, 2017 11:28 pm

Hola morra....

No Me jodas... Santana no tiene filtro!!!
Bueno san quiere todo apsolutamente todo jajaja
A ver si convense a britt???

Nos vemos!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Dom Mayo 28, 2017 9:43 am

ok y despues que??? nunca vamos a saber pq la engaño????
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Dom Mayo 28, 2017 8:14 pm

Tati.94 escribió:Wou!!! Tremendo lo que le propone San, pero aun no explica lo del engaño. Ansiosa por la respuests de Brittany.



Hola, esk lo quiere todo, pero todo todo con la rubia. Y como siempre pidiendo, pero no dando, no¿? ¬¬ ajajajaja. Y no la única jaajajaj. Saludos =D





monica.santander escribió:Lansadita Santana con su proposicion!! !
Saludos



Hola, jajajaajajjajajajaj un poco si la vrdd... un poco mucho ajajjaajaj. Quiere a la rubia con todo, no¿? jajajaja. Saludos =D




3:) escribió:Hola morra....

No Me jodas... Santana no tiene filtro!!!
Bueno san quiere todo apsolutamente todo jajaja
A ver si convense a britt???

Nos vemos!



Hola lu, jajajajaa nop, no lo tiene jajajajajajajaja xD Si que si... y no es para decirle a todos q es de ella, no¿? noo jajaajajajaj. Mmm creo q será difícil, pero no imposible... osea es san! jajaja. Saludos =D





micky morales escribió:ok y despues que??? nunca vamos a saber pq la engaño????





Hola, mmm muchos hijos¿? Esk se hace la loca con ese tema ¬¬ kiere y kire, pero no da ¬¬ SAludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Cap 5

Mensaje por 23l1 el Dom Mayo 28, 2017 8:17 pm

Capitulo 5


Santana contuvo la respiración, observando cómo la expresión de Brittany se tornaba escéptica mientras intentaba digerir lo que le había dicho.

Sorpresa.

Incredulidad.

Terror.

Emociones reflejadas en los ojos azules de Brittany al mirarla.

No, Santana no lo sentía así realmente. No quiso decir nada de lo que había dicho excepto por lo de convertir la clínica en su trabajo permanente para hacer su vida más fácil.

Pero luego vio esos malditos papeles y perdió los estribos.

Ninguna persona pone nada dentro de una mujer, artificialmente o no. Si quiere un hijo yo le daré uno, o moriré feliz intentándolo.

Un súbito deseo de poseerla, un deseo desenfrenado, la invadió, apretó los puños, necesitaba poseer a la mujer que estaba delante de ella, una mujer a la que había deseado siempre, al parecer.

Cuando decidió dejarla lo hizo porque pensó que sería lo mejor para ella.

Se acabó.

No lo iba a hacer otra vez.

Evidentemente, la rubia no era feliz, algún tipo la había tratado como la misma mierda y no tenía la familia que siempre había querido.

Estaba sola…o había estado sola.

Ahora, Santana, estaba decidida a quedarse con la rubia.

Para siempre.

Aunque la odiara, la trataría mejor que cualquier otra persona; satisfaría todas sus necesidades hasta que le suplicara piedad.

¡Que a la rubia no le gusta el sexo!

¡Y una mierda!

Simplemente no había encontrado una persona que quisiera complacerla.

Brittany era la pólvora que quería hacer explotar. Quería hacer un espectáculo de fuegos artificiales con la rubia, un orgasmo tras otro, hasta que le rogara parar, su cuerpo sin fuerzas y saciado.

Santana no vio la palma de la mano que se acercaba a su rostro, sus fantasías y deseos tan intensos que se perdió en ellos.

El golpe fue lo suficientemente fuerte como para volverle la cara y lo suficientemente sonoro como para que se oyera su eco en la cocina.

–¿Cómo puedes? ¿Cómo puedes jugar conmigo de esta manera? Hija de puta, ¿qué te he hecho para merecer esto?–Brittany siseó como una gata, con rabia en los ojos, llenos de lágrimas–No quiero seguirte tu ridículo juego, López.

Santana la agarró por la muñeca cuando la rubia estaba a punto de darle otra bofetada. Le apretó la muñeca lo suficientemente como para inmovilizarla, pero no tanto como para hacerle daño.

–No. Probablemente mereciera esa bofetada por haberte hecho daño en el pasado. Pero no voy a aceptar otra por pedirte que te cases conmigo y darte todo lo que deseas.

–Tú eres una maldita embustera. No quieres casarte conmigo, ni siquiera quieres financiar la clínica. Esto es un chiste cruel, retorcido…Y no entiendo por qué—se le saltaron las lágrimas.

En sus ojos había dolor y confusión.

–Maldita sea, Britt—la sostuvo en sus brazos. La rubia pataleó y se retorció hasta que la rodeó con los brazos, inmovilizándola–No es ningún puto juego. No soy una persona retorcida. No tanto.

Un poco sí, pero no en esto, no con la rubia.

Furiosa, echando humo, la llevó en brazos al salón. La dejó caer sobre un espacioso sofá de piel, se echó encima de ella, sujetándole las muñecas, conteniendo sus manos agitadas por encima de la cabeza.

Respirando intensamente, Santana la miró a la cara, sosteniendo su propio peso con las piernas, los ojos de Brittany vertían lágrimas, un caudal que no parecía tener fin.

¡Mierda!

–Por favor, Britt, no llores.

No podía soportar que llorase.

Ya había tenido suficientes desengaños y dolor en su vida. Sabiendo que ella era la causa de sus lágrimas, no importaba si intencionalmente o no, la mataba.

La rubia desvió la cara.

–Suéltame. Quiero irme de aquí.

–La oferta es sincera, Britt. No estoy segura por qué crees que te haría una jugarreta así, pero no tengo ninguna razón para hacer eso. Piénsalo bien. No tiene sentido–suspiró frustrada.

La ojiazul volvió a mirarla y le clavó los ojos como buscando en su alma.

–Tanto sentido como que me pidas que me case contigo. Nos odiamos mutuamente.

–Tú me odias. Yo no te odio. Nunca lo he hecho–dijo con aspereza, intentado reprimir el cúmulo de emociones que la embargaban.

–Tú no querías tener relaciones sexuales conmigo, tampoco. Y ni siquiera me respetaste lo suficiente como para romper conmigo antes de follarte a otra. Me importabas, Santana. Y verte con esa mujer supuso una burla a todo lo que habíamos compartido. Nuestra amistad. Nuestra relación. Todo fue un chiste a mi costa—tiró de las manos y Santana la soltó, incorporándose para darle espacio, ahora que parecía más calmada.

–Britt, yo…

–Así que disculpa sí creo que esto no es más que otra puta mentira, pero no me fío de ti. Y por una buena razón–dijo, pasándose una mano temblorosa por el pelo y empujándolo hacia atrás para despejar los caprichosos rizos de la cara, cara aún humedecida por las lágrimas vertidas–Necesito irme. ¿Puedes llevarme a la clínica para recoger mi coche?

–No. Tú te quedas aquí. El ensayo empieza dentro de unas horas–insistió la
mandíbula tensa–Aún no me has dado tu respuesta a mi proposición.

–Porque no creo que sea necesario, pero si quieres una, la respuesta es no. Absolutamente no–dijo cogiendo aire–Me rompiste el corazón una vez. ¿Tan
estúpida crees que soy? A menos, claro, que puedas darme una buena razón por qué estabas comiendo lengua con una mujer tan espectacular ese día.

–Porque no tenía elección–gritó con bronquedad, como una explosión surgiendo de lo más profundo de su cuerpo–Tenía que hacer que te alejaras de mí para que no salieras perjudicada. Esa mujer, que me llevaba al menos quince años, era una agente del FBI. ¿La miraste siquiera?

Se encogió de hombros, con las emociones a flor de piel, incapaz de recordar aquel día de pesadilla sin que lo dominaran la ira y la frustración.

–Todo lo que recuerdo es que era guapa y que te tenía la lengua hasta la garganta. Y tú la manoseabas de arriba a abajo–respondió Brittany con voz quebradiza, triste por el recuerdo del dolor.

–Hacía bien su trabajo. Nos habíamos encontrado para buscar la manera de
protegerte. Por eso te pedí que nos viéramos ahí para tomar un café. Holly decía que la mejor forma de protegerte era alienarte, pero yo no podía hacerlo. Me importabas demasiado. Ella me dijo que si realmente me importabas, debería preocuparme por tu seguridad sobre todo. Tenía razón, pero yo no sabía cómo alejarme de ti, aunque sabía que de alguna manera tendría que hacerlo para que estuvieras a salvo. Así que cuando te vio venir, ella se encargó de hacerlo besándome y empujando su lengua hasta la garganta. Me convenció de que la mejor manera de salvarte era hacer que me odiaras, así que, sí, le seguí el juego. No sabía si darle las gracias u odiarla hasta la muerte después de aquello. No quería poner mis manos encima de alguien que no fueras tú, Brittany. Me repugnó lo que estaba pasando, sabiendo que nos estabas viendo y que te sentías traicionada. Y si crees que no he vivido con la pesadumbre de tener que haber hecho algo así desde entonces, cada puto día, estás equivocada—se sentó al lado de Brittany y enterró la cara en las manos, odiándose todavía por lo que había pasado, pero sabiendo que había sido la única solución.

En aquel entonces, había sido egoísta, demasiado joven, incapaz de alejar a Brittany de ella por desearla tan intensamente, por necesitarla tanto. Y la rubia era tan leal que nunca la hubiera dejado a menos que se sintiera traicionada.

–No quise hacerte daño, pero la idea de que te pasara algo me volvía loca. Hice lo que tenía que hacer.

–¿Por qué el FBI? ¿Te habías metido en problemas?–preguntó Brittany. Su voz seguía sonando a duda y confusión.

Santana se recostó en el sofá, apoyando la cabeza en él.

–No yo. No realmente. Tú conoces mi historia, Britt. Tú sabes que mi papá y el de Quinn eran peligrosos, es por eso que sus padres murieron en un raro y accidente. Y mi papá murió de una sobredosis y que tenía contactos con el crimen organizado.

–Sí–dijo asintiendo también con la cabeza–Me lo contaste. Murió poco después de conocernos.

–Yo sabía cosas. Cosas que podían ayudar a acabar con la organización. Mi papá no era una buena persona. Yo estaba continuamente en medio de él y de Quinn, haciendo lo que fuera necesario para que el hijo de puta no le hiciera daño a mi hermana pequeña. Aún era una menor cuando empecé a hacer “recados” y otras cosas bajo coacción. Por tanto, yo no estaba metido en nada realmente. Pero sabía lo suficiente como para ayudar a demoler una organización internacional de criminales—hizo una pausa para respirar hondo antes de continuar–Vine a Tampa con la esperanza de alejar a mi familia de todo aquello, de empezar una nueva vida y dejar la otra atrás. Pero una vez que te conocí comprendí que no podía enterrar mi pasado y huir, pretender que no sabía ciertas cosas. Quería ser una buena persona, y una mujer decente no sería tan egoísta como para no intentar evitar el dolor y la muerte causados por esta organización. Tenía que hacer lo que pudiese para acabar con aquellos hijos de puta. Fui al FBI alrededor de diciembre, les di información y trabajé con ellos en la investigación. Llevó meses, pero finalmente infiltraron agentes y tuvieron suficiente información para destruir todo el entramado. Desgraciadamente, se corrió la voz de que yo era una soplón y eso me hizo a mí y a cualquiera que me importara blancos de la organización. Holly me ayudó a comprender que no podía permitirme tener relaciones estrechas con nadie. Yo era un peligro para todos los que me conocían.

–Yo me hubiera quedado contigo. Habría hecho cualquier cosa.

–Y hubieras acabado muerta. No podía asumir ese riesgo—se incorporó, agarrando a Brittany por los hombros, sacudiéndola levemente–Ni siquiera pude proteger a Quinn y a mi mamá a tiempo. Quinn fue acuchillada por alguien de la organización, en pago por la deslealtad de mi papá. Era gente que mataba sin pensárselo. Les importaba un huevo la vida de nadie. ¿Lo entiendes?—la voz le reverberó, con una emoción a punto de estallar.

Tenía la cara salpicada de sudor, algo que le pasaba cada vez que recordaba lo que le había pasado a Quinn y lo que podía haberle pasado a Brittany.

–Lo que le pasó a Quinn no fue culpa tuya, Santana–respondió Brittany en un tono calmado, susurrando.

–Sí que lo fue. Yo era la hermana mayor. Tenía que haberla protegido. Debería haber sabido que se vengarían en la primera persona disponible—soltando a Brittany, se dejó caer en el sofá nuevamente.

–Tú apenas eras lo suficientemente adulta. ¿Cómo podrías haber sabido?

–Debería haberlo sabido. Había visto a esta gente actuar desde que di mis
primeros pasos–replicó calladamente, como si siguiera en peligro.

–¿Por qué no me buscaste después de que todo terminara?–inquirió Brittany
temerosa.

–Tardaron un año en eliminar todas las células de la organización. Mi mamá, Quinn y yo estuvimos bajo protección del FBI, aquí en Tampa, hasta que el último capo estuvo entre rejas o muerto–le respondió pensativa, grave.

–Pero después de eso, ¿por qué no me buscaste?

–Lo hice—apretó los puños, le desagradaba recordar el día que fue a buscarla.

Sabía que la había perdido, pero ese día concreto fue cuando realmente abrió los ojos a la realidad, cuando tuvo que admitirse a sí misma que la había perdido para siempre.

–Nunca te volví a ver–replicó confundida.

–Yo te vi a ti. Esta vez fui yo quien tuvo que verte con otra persona. Un hombre, con su lengua en tu garganta—arrugó el entrecejo; la expresión intensa–Te localicé en el campus, pero tenías encima a cierto tipo de pelo rubio con pinta de atleta. Me pareció que estabas feliz. Él parecía ser un niño bien y podría hacerte feliz. Tú seguiste adelante con tu vida y no podía culparte por haber encontrado a alguien mejor que yo.

¡Joder, cómo me dolió!

–Sam–susurró Brittany–Empezamos a salir poco más de un año después de lo que pasó. Deberías haber hablado conmigo.

– ¿Por qué? Todo lo que habría hecho sería complicarte la vida. No tenía nada que ofrecerte. Apenas había salido del peligro por mi colaboración con el FBI, sin un puto peso por estar ayudando a mi familia. Quinn estaba estudiando entonces. Yo lo dejé para que ella pudiera estudiar. Cuando fue lo suficientemente mayor para trabajar media jornada volví a la universidad para terminar mis estudios. Tú estabas con un tío que entonces parecía mucho mejor partido que yo.

Brittany nunca sabría lo difícil que había sido para la morena alejarse de ella, dejarla en brazos de otra persona, un hombre. Pero Holly estaba en lo cierto cuando decía que si alguien te importa, haces lo que sea mejor para esa persona.

–Si hubiera sabido que era un cabrón que no se iba a casar contigo y te iba a tratar como una mierda, te hubiera apartado de él al instante. Me imagino que es el mismo con el que tuviste la relación sexual de la que me hablaste. El hijo de puta que te dijo que tú eras asexual.

¡Dios!

Lo que daría por echarle la mano encima a aquel gilipollas. Lamentaba haber dejado a su idolatrada Brittany en manos de alguien que no se la merecía.

–Así es. No salimos juntos por mucho tiempo. Seis meses–dijo encogiendo los hombros, mirando a Santana.

El dolor en sus ojos era tangible.

–Me encontraba sola y quería olvidarte.

–¿Y no lo has vuelto a intentar desde entonces?–preguntó Santana curiosa, su voz dulcificada.

Brittany negó con la cabeza.

–No. He salido esporádicamente con otras personas, pero… no hubo nada.

Con un dedo, Santana enjugó una lágrima que descendía por el carrillo de Brittany y se la llevo a los labios.

–De verdad, Britt. No puedo imaginarme a ninguna persona dejándote ir.

–Excepto tú–sonrió con tristeza.

–Aún no te has ido de mí, y esta vez no te dejaré ir–dijo con firmeza–Quiero
casarme contigo. No me has dado una respuesta—observó la expresión angustiosa de Brittany, que casi la obliga a ponerse de rodillas ante ella.

Necesitaba que le dijera que sí.

Desesperadamente.

Su cordura empezaba a depender de ello.

–Tú y yo no nos conocemos ya. No sé qué decirte ahora mismo–le respondió
honestamente.

–Di que sí.

De una puta vez.

Decir lo contrario no era una opción.

Santana la sentó en sus piernas. Necesitaba sostenerla en brazos en ese momento, tenía que sentir su suavidad en sus brazos. Ella se quejó y quiso zafarse, pero no la dejó.

–O te sientas tranquila o te pongo boca arriba a gemir un ratito.

La quería con urgencia.

–No puedo aguantar ese delicioso movimiento encima de mí sin arrancarte la ropa del cuerpo y saborear cada centímetro de tu piel.

Brittany dejó de moverse inmediatamente y le rodeó el cuello con los brazos.

–¿Qué fue de Holly?–preguntó curiosa, descansando la cabeza sobre los hombros de Santana.

–No lo sé–dijo encogiéndose de hombros—Nunca la volví a ver después de la investigación. Estaba casada. Felizmente casada, con dos hijos. No tenía ningún deseo de estar conmigo. Yo solo era una pobre inepta para ella. Todo fue una treta para obligarme a cortar mis lazos contigo—perdió una mano en su pelo y empezó a masajearle la cabeza–Así que…¿Cuál es tu respuesta, Britt?

–Santana, ni siquiera he digerido toda la información que me acabas de dar. No puedes esperar que acepte casarme contigo–dijo, empujándose hacia atrás y mirando a Santana con malestar.

–Si no me crees, puedes preguntarle a Quinn. Ella no sabe nada acerca de nosotras, pero puede verificar todo lo demás–le contestó, contrariado porque no le creyera después de haber desnudado el alma para ella.

–No es eso. Necesito tiempo–suplicó–Han pasado años, Santana. Hemos cambiado. No nos conocemos ya.

–Nos hemos conocido siempre, cielo. Mi alma reconoció la tuya en el mismo
instante en que te vi.


Y esa era la verdad.

No necesitó más tiempo para conocer su valía, para saber que la rubia era especial.

–Está bien. Entonces, dime que sí mañana.

Se sentía magnánima ahora que la tenía exactamente donde la quería tener.

Brittany rio con un ronquido.

–Muy generosa por tu parte, pero creo que voy a necesitar un poco más que eso.

Santana le ladeó la cabeza, clavándole un mirada posesiva

–¿Cuánto más?

–No lo sé–susurró Brittany con ojos tristes.

¡Maldita sea!

No la quería apesadumbrada.

Quería que la quisiera.

No… necesitaba que la quisiera.

–Te seduciré, y te haré el amor hasta que no te queden fuerzas para decir nada excepto que sí. Nadie planta nada ahí dentro sino yo.

Brittany puso los ojos en blanco.

–Nadie ha puesto nada dentro de mí. Sam usó un condón y no he tenido nada más, excepto un consolador, desde entonces.

Algo primitivo y carnal punzó las entrañas de Santana, la imagen de Brittany dándose placer hizo que su ya excitado cuerpo se aumentara más.

Un instinto animal la obligaba a codiciar ser la primera.

De alguna manera, Brittany iba a ser la primera, la única, ya que no pensaba estar con ninguna otra mujer en su vida.

–¿Y cómo te va con el consolador?–se atragantó Santana, apenas capaz de articular la pregunta.

Encogió los hombros y le dirigió una sonrisa.

–Probablemente se hayan agotado las pilas. Hace tiempo que no lo uso.

¡Dios!

La estaba matando.

–No lo necesitarás más–le dijo raspándole la piel, enterrando su cara en el cuello sedoso de Brittany.

Ésta echó la cabeza a un lado, facilitando a Santana el acceso.

–¿Es cierto que nunca te acostaste con ninguna de esas mujeres?–murmuró.

–Lo que te dije es la verdad. Sé lo que las revistas de cotilleos dicen y lo que la gente piensa, pero no es cierto. Las mujeres con las que la gente me ve no son más que amistades o conocidas, mujeres que quieren asistir a fiestas. No presumo de ser una santa, Brittany, me he tirado a muchas. Pero ninguna era tú–respondió y la voz espesada contra su piel.

–Te he echado de menos. ¡Te he echado tanto de menos!–replicó Brittany con dolor y tristeza.

Incapaz de detenerse, Santana deslizó a Brittany de sus piernas al sofá y se colocó encima de ella, cubriendo con su cuerpo el de la rubia.

Se sentía dulce, tan suave debajo de ella que gimió cuando abrió la piernas para recibirla y sintió que, por fin, estaba en casa, exactamente donde debía estar.

El contacto con su cuerpo, su embriagadora fragancia alrededor filtrándose por cada poro de su piel.

–Yo también te echaba de menos, cielo. Más de lo que te puedas imaginar–respondió sucintamente, dejando caer su cuerpo sobre el de ella, sujetando su propio peso con los codos, pero necesitando sentir toda su suavidad.

Enterró la cara en los rizos sedosos de Brittany, abandonándose absorta en ella, respirándola una y otra vez hasta que todo su cuerpo se llenase de su esencia.

Mía. La necesito. Nunca habrá otra persona mientras que me quede aliento.

Un sonido grave, incoherente, salió de su garganta, un sonido animal y desbocado.

–Nunca te dejaré ir. Puedes decir sí hoy o mañana, pero serás mía por siempre—llevó la boca a la Brittany antes de que ella pudiera decir nada, ahogando cualquier protesta que hubiera podido salir de sus labios.

Le importaba un huevo lo que la rubia dijera, no hacía más que reclamar lo que debía haber sido suyo años atrás.

Quizás debería haber confesado todo la primera vez que volvió a verla, hacía un año, pero no se había acercado a la rubia temerosa de que hubiera una persona en su vida, una persona que fuera mejor que ella.

Ahora que sabía la verdad, que nunca había sido atesorada como debería haber sido, no la iba a dejar escapar.

La ojiazul sabía a café con azúcar y a tentación y casi la llevaba a la locura.

Cubrió de besos su boca una y otra vez, como si marcara una propiedad, necesitando que olvidara a toda persona, salvo a ella.

Le latía el cuerpo y restregó la pelvis contra la de Brittany, gimiendo de placer dentro de su boca, que la recibió con fuego y con la promesa del éxtasis.

Deslizó sus brazos por detrás de la rubia, intentando acercarla más, sus pechos más apretados contra los suyos.

¡Dios!

Necesitaba más.

Más de la rubia, más de su calor.

Brittany gimió en su boca cuando Santana embistió de nuevo, barriendo con su lengua la húmeda, cálida cavidad, ansioso de su dulzor, revolcándose en su aroma.

–Tengo que tenerte más cerca. Desnudas. Ya–carraspeó, tras separar precipitadamente su boca de la de ella.

–Alguien llama a la puerta. He oído el timbre–resolló Brittany calladamente.

¡Mierda!

Quinn.

Miró el reloj, luego a Brittany, verdaderamente tentada de ignorar el penetrante tono del timbre una vez más.

Brittany parecía tan preparada, tan relajada, tan dispuesta que la frustración hizo que se tirara de los pelos.

–Lo olvidé. Es Quinn. Continuamos luego–le dijo con una mirada enfebrecida.

Brittany se sentó, empujándose delicadamente.

–No va a ser posible. Se quedan hasta el sábado, ¿verdad?

–¿Y qué?

A Santana le importaba poco que ellas estuvieran en la casa siempre que Brittany estuviera con ella.

–No voy a dormir en tu habitación mientras que ellas estén aquí–le advirtió amenazadora–Esta es su boda, Santana. No voy a hacer nada que dé que hablar. Este momento les pertenece y yo necesito tiempo para pensar—se pasó la mano por el pelo, pero solo consiguió que sus rizos parecieran más indomables.

Los ojos de Santana recorrieron su apariencia desaliñada con satisfacción.

Parecía una mujer que acababa de hacer el amor.

–No tienes nada que pensar. Solo tienes que decir sí–replicó beligerante.

Brittany saltó del sofá y se sujetó el pelo en una cola de caballo.

–Necesito mi goma.

Santana la miró sardónica.

—En la cocina. Voy a buscarla.

–No, yo la busco. Tú abre la puerta. Pobres Quinn y Rach están esperando en los escalones probablemente preguntándose dónde estás.

–Estaba a punto de pasarlo tan bien, como no lo he pasado en mi puta vida. En mala hora, hermanita–gruñó Santana, dirigiéndose hacia la puerta.

Brittany se rio tímidamente, cubriéndose los labios para silenciar el ruido.

–Necesito algunas cosas de casa. Y pilas nuevas–le dijo mientras se pavoneaba a lo largo de la habitación.

Santana hizo un ruido animal, viéndola contonearse en dirección a la cocina.

Ese dulce, insinuante, contoneo al caminar.

Los glúteos embutidos en un par de vaqueros que nunca debió haberle pedido a Artie que comprara. Eran demasiado provocativos, se ajustaban a sus formas quizás demasiado bien.

¿Pilas?

¿Para qué necesita …?

¡El consolador!

Qué jodida.

Sonrió con afectación mientras se dirigía a abrir la puerta.

Un tanto para Brittany.

Y no le importaba dárselo, porque, al final, pensaba ganar por un margen aplastante.

–Esta me la vas a pagar, cielo–se susurró a sí misma con una sonrisita mientras abría la puerta.

Santana había esperado una eternidad a Brittany, pero de repente no podía esperar más.

Le habían dado una segunda oportunidad, y esta vez no se la iba a dejar escapar, porque nadie en el mundo la necesitaba más que ella.

Y nadie podría atesorarla tanto como ella lo haría.

Resuelto a hacerlo, firme, sonrió de oreja a oreja cuando recibió a Quinn y a Rachel en su casa.





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Hola, como se dieron cuenta si cambio el nombre del foro xD pero no pasa nada, solo es el nombre SIGAN! publicando, leyendo y comentando. Solo cambien "gleeklatino.com" por "gleelatino.forosactivos.net"

Pero, como les digo SIGAN! comentando, publicando y leyendo! Saludos =D

Pd: Se sacan las historias del foro y las publican en otras partes. Por MI parte y MIS adaptaciones, cópienlas si quieren, pero al menos NOMBREN AL FORO! Minino en agradecimiento a las personas del foro. SI NO NOMBRAN AL FORO, AL MENOS, VOY A ELIMINAR MIS ADAPTACIONES!


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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Dom Mayo 28, 2017 9:11 pm

hola morra,..

ahora esta el porque de que san aya hecho lo que hizo,..
enserio san es muy tajante de querer a britt para que se case jajaja
aunque sea una buena pedida,.. no ante o pos follada jaja

nos vemos!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por monica.santander el Dom Mayo 28, 2017 10:45 pm

Hola!!
Al fin se resolvió el misterio!!!!!
Todo tenia un porque razonable, bien San!!
Saludos
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Lun Mayo 29, 2017 7:34 am

por todos los santos (como diria mi abuelita) al fin se saben los motivos de la supuesta traicion de santana, digo supuesta pq no es que lo estuviese disfrutando mucho, en fin.... a ver como se gana san a britt de nuevo para que acepte casarse!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Lun Mayo 29, 2017 1:24 pm

Por fin se soluciono todo...
Y pues haber como les va juntas con Q y Rach jajajaja
Y obvio le conviene la oferta de la morena jajaja que acepte !
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Mensaje por 23l1 el Mar Mayo 30, 2017 12:34 am

3:) escribió:hola morra,..

ahora esta el porque de que san aya hecho lo que hizo,..
enserio san es muy tajante de querer a britt para que se case jajaja
aunque sea una buena pedida,.. no ante o pos follada jaja

nos vemos!!!



Hola lu, si, ahora si q si tenemos una respuesta de sus actos y son más q respetables, al menos para mi xD Jajajaja la quiere si o si para ella y como sea lo antes posible jaajjajaajaj. Jajajaja xD ai se cayo la morena xD jajajajaja. Saludos =D




monica.santander escribió:Hola!!
Al fin se resolvió el misterio!!!!!
Todo tenia un porque razonable, bien San!!
Saludos




Hola, siii y es más q entendible, al menos para mi la vrdd XDEso mismo digo yo, asik si, bn a i por san! Saludos =D





micky morales escribió:por todos los santos (como diria mi abuelita) al fin se saben los motivos de la supuesta traicion de santana, digo supuesta pq no es que lo estuviese disfrutando mucho, en fin.... a ver como se gana san a britt de nuevo para que acepte casarse!!!



Hola, jajajajajaajajaj xD jajajajajaajaja morí! ajajajaj. Xfin se supo la vrdd, pero si se tenia q ver creíble para q birtt lo creyera y así esta bn, no¿? Pero como dices, había un motivo y muy bueno. Uff con esa morena loca no se sabe, pero si se sabe q es capaz de todo jajaaj. Saludos =D






JVM escribió:Por fin se soluciono todo...
Y pues haber como les va juntas con Q y Rach jajajaja
Y obvio le conviene la oferta de la morena jajaja que acepte !




Hola, si! ya era hora la vrdd jajajajaja. Espero q igual de bn q a las brittana, pero creo q será un poco más difícil, no¿? =/ Jajajaja dices tu¿? jajaaj xq yo creo lo mismo jajajaja. Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Cap 6

Mensaje por 23l1 el Mar Mayo 30, 2017 12:36 am

Capitulo 6



Brittany lloró en la boda.

No lo pudo evitar.

No le fue posible ver a Quinn y Rachel intercambiar los votos matrimoniales sin que las lágrimas le salieran a borbotones, estaba tan feliz por su amiga que casi le daba dolor.

Mientras que las contrayentes se miraban una a la otra, Brittany podía ver el rostro de Quinn. Rachel estaba de espaldas a ella mientras recitaba los votos al que iba a ser su esposa.

Todo en la ojiverde reflejaba una emoción genuina, sin aditivos, cuando le repitió los votos a Rachel, taciturna, pero con sentimiento.

Ella y Santana eran las únicas que formaban parte del cortejo nupcial, el resto lo constituía un número reducido de amigos y familiares.

El clima había cooperado, de modo que todo se había dispuesto en el exterior, y la decoración era exquisita.

Rachel había querido una ceremonia sencilla, aunque había una espléndida celebración dispuesta para después de la ceremonia con cientos de invitados convocados en la elegante casa de Santana para darle la enhorabuena a la feliz pareja.

Rachel parecía una princesa en su traje victoriano de seda y finísimo encaje color marfil. El estilo le iba muy bien a Rachel, bajita y esbelta. El traje se ajustaba en la cintura y la falda caía hasta el suelo en forma de campana.

Brittany estaba a su vez encantada con su traje verde esmeralda, con escote barco pronunciado, mangas cortas de farol, una hechura atrevida que la hizo estremecerse cuando la vio por primera vez.

Pero una vez que se lo probó, se enamoró de la cintura ceñida y la falda vaporosa que le cubría justo por debajo de la rodilla. El conjunto se complementaba con un lazo negro de seda que ondeaba trémulo a sus espaldas y terminaba en unos zapatos de tacón de hebilla.

Brittany era consciente de que estaba tan bien como podía estar. Miró a Santana por encima de la feliz pareja.

Estaba deslumbrante.

Quinn llevaba un vestido blanco con la espalda descubierta, con figuras en su toroso.

Y Santana llevaba el mismo vestido de ella… y con los hermosos ojos de Santana.

Obligándose a apartar los ojos de Santana, Brittany volvió la mirada a Quinn para verla entregarse como esposa a Rachel.

Cuando llegó el momento de la ceremonia en la que el ministro preguntó si alguien tenía alguna objeción al matrimonio Quinn arrugó el entrecejo, amenazador, volviendo ligeramente la cabeza hacia el hombre del alzacuellos.

–Es mía. Continúe–informó con cierta irritación al ministro.

Brittany se mordió los labios para no reírse.

Quinn era posesiva y no era precisamente sutil ocultándolo.

Miró a Santana y el corazón le dio un salto de alegría. Se dio cuenta que la morena intentaba ahogar una sonrisa, su mirada delatando su regocijo. Sus ojos se encontraron y se sostuvieron la mirada, compartiendo un instante de muda comunicación, de alegría compartida.

Finalmente, cuando consiguió apartar la vista de Santana, sintió un escalofrío recorrerle la espalda, como si alguien tuviera los ojos en ella.

Estaba en una ceremonia con al menos cincuenta invitados.

Todos miraban.

Pero ella volvió la vista y sus ojos se tropezaron con los de un hombre que estaba en la primera fila, un hombre que parecía peligroso en su costoso traje de chaqueta, mirándola directamente, sin desviar los ojos de su cara.

El hombre era atractivo con sus rasgos asiáticos, con el pelo negro y ojos penetrantes, como un láser, ojos que se clavaron en ella con intensa concentración.

Incapaz de mirar para otro lado, obligada a no quitarle los ojos de encima, Brittany se sobresaltó cuando él articuló una sonrisa y le guiñó un ojo…A ella.

Verdaderamente, había algo tan magnético en él que no pudo evitar devolverle la sonrisa.

Volviendo la atención a Quinn y Rachel, las lágrimas le nublaron la visión cuando el ministro las declaró mujer y mujer.

Quinn besó a la novia … y volvió a besar a la novia … y finalmente paró cuando Santana le dio una palmada de enhorabuena en la espalda, aunque Brittany sabía bien que lo hizo para evitar que Quinn devorara a Rachel delante de los invitados.

Los ojos de Rachel salpicados de lágrimas cuando abrazó a Brittany y recogió de nuevo su ramo de novia. Santana le ofreció el brazo y Brittany se
agarró de él, siguiendo a la nueva pareja por el pasillo.


–Vi cómo Mike te desnudaba con la mirada. Ni lo pienses–murmuró Santana entre dientes, sonriendo abiertamente al público mientras lo decía.

–¿Quién es Mike?–preguntó confundida, siguiendo el paso detrás de Rachel y Quinn.

–Mike Chang. El cabrón de la primera fila que no te quitaba los ojos de encima. No lo culpo. Pero más le vale guardar la distancia o lo mato–rugió Santana cuando llegaban al final del pasillo. La agarró por la cintura, posesivamente, acercándola a su cuerpo.

Brittany no lo conocía personalmente, pero había oído hablar de él. Mike Chang era otro de los que aparecían en las páginas del cotilleo demasiado frecuentemente por su fortuna y su poder.

–Son amigos, obviamente. Está aquí.

–Sí, sí. Es mi amigo, pero ahora mismo no me gusta. No me gusta la forma en que te estaba mirando–respondió enérgicamente–Tenemos muchos negocios en común.



Concluida la ceremonia, los invitados se abrieron camino hacia las carpas dispuestas frente al mar con mesas para comer, un bar y una tarta nupcial monstruosa.

El sol empezaba a ponerse y un aire de cuento de hadas envolvió la celebración.

Brittany aspiró profundamente el aire salado y húmedo, disfrutando el benigno atardecer.

–¡Todo es tan precioso! –suspiró.

–Sí. Todo. Tú estás impresionante, Britt. ¿No te lo había dicho?

La miraba fijamente, recorriendo su cuerpo con las vista, recreándose en el
pronunciado escote de su vestido.

–Una o dos veces–respondió, sonrosándose, mientras que continuaba con la mirada fija en ella.

De hecho, se lo había dicho al menos cinco veces desde que la vio descender las escaleras hasta el área donde se celebró la ceremonia, y se había sonrosado como una estúpida cada vez.

No era lo que decía, sino cómo lo decía.

Parecía decirle que necesitaba hacerle el amor o moriría, así de indigente era el tono de su voz, una voz cuyo timbre le producía un escalofrío que le recorría la espalda y le humedecía la entrepierna.

–¿Cómo podemos llevar un sujetador con este vestido?–preguntó Santana, sensual y desesperada.

–No llevo–susurró ella como respuesta, mirándolo con fingida inocencia–No es posible… y se que lo sabías, pero lo preguntaste para que solo yo lo dijera.

Un profundo gruñido salió de la garganta de Santana que la hizo estremecerse.

Solo con Santana había sentido esta clase se poder, y era embriagador.

–Por caridad, Britt. Estoy hecha un manojo de nervios desde hace unos días. No sé si voy a poder aguantar mucho más–dijo con la mandíbula tensa–Y, por amor de Dios, no te inclines. Tendrás a todos los hombres salivando durante el banquete. Y más de alguna mujer también.

¡Mierda!

Necesito un trago.

La cogió de la mano, que encapsuló por completo con la suya, y entrelazó sus dedos con los de ella de manera tan posesiva que hizo que el corazón de Brittany saltara de alegría.

Todos y cada uno de los preparativos de la boda había salido a pedir de boca, todo perfectamente orquestado.

Todo lo que tenían que hacer era disfrutar del festejo.

Ver a Quinn y a Rachel juntas durante los últimos días había sido dolorosamente conmovedor, pero grato.

Las dos eran como las dos mitades de un todo, tan felices juntas que casi era una tortura verlas.

Rachel había pasado por tantas cosas, sufrido en soledad tanto tiempo.

Brittany daba gracias porque Rachel hubiera finalmente encontrado una mujer que la haría feliz hasta el éxtasis.

Su amiga estaba embarazada, pero no por el tiempo suficiente como para que se le notase. Aunque Brittany no lo hubiera creído posible, esto había hecho a Quinn ser aún más protectora y estar más al cuidado de Rachel.

Serían buenas madres.

Un hijo nacido de ellas sería un hijo dichoso.

Santana le tiraba de la mano, llevándola hasta la lujosa carpa más próxima a la orilla.


–Santana, más despacio. Mis tacones–le recordó, dándole un tirón en dirección opuesta y señalándose a los pies cuando se giró.

Atravesaban el césped y ella no estaba acostumbrada a usar tacón alto. Si no frenaba el paso se iba a torcer un tobillo.

La morena la miró apesadumbrada.

–Lo siento, cielo. Se me olvidó que no estás tan acostumbrada como yo—la cogió en brazos y la acurrucó cerca de su pecho.

–Problema resuelto–dijo con una sonrisa traviesa–Me gusta más así, de todas maneras.

–Bájame–refunfuñó Brittany avergonzada–Todo el mundo nos está mirando.

Golpear a Santana fue completamente inútil.

Su mano rebotó en los hombros de la morena como si estuviera abofeteando a una piedra.

A ella le causó dolor en la palma de la mano.

A la morena ni se inmutó, continuó avanzando hacia la carpa, ignorándola.

–Déjalos que miren –replicó despreocupada.

–Maldita sea, Santana. ¿Estás intentando meterme mano?–amonestó conteniendo a duras penas una sonrisa.

Un brazo la sostenía por las piernas y se las rodeaba de forma que la palma de la mano podía acariciarle los muslos por debajo de la vaporosa falda de su vestido..

–Bueno sí. Estoy intentado echar un ojo a lo que se esconde detrás de ese provocativo talle. Uno no pierde la ocasión cuando está desesperada—le dirigió una mirada desafiante y luego continuó mirando a sus pechos con una lascivia posesiva que le provocó un hormigueo por todo el cuerpo.

Brittany suspiró, inhalando profundamente, dejando que su olor femenino le anestesiara los sentidos.

¡Dios, huele tan bien!

Cerrando los ojos por un momento, dejó que el impacto se filtrase en su ser, abrazando sus hombros y jugueteando con sus cabellos en la nuca. Sentirla cerca otra vez, sentir la calidez de su cuerpo contra el de ella era absolutamente decadente.

Todo en Santana la atraía, la hacía querer sumergirse en ella, fundirse con ella.

Era un sentimiento carnal, uno que nunca había sentido con ninguna otra persona.

–¿En qué piensas?–le preguntó Santana, su voz grave y seductora.

Brittany abrió los ojos y la miró.

–En ti–respondió con franqueza.

Santana la miró con mayor intensidad y apretó el agarre alrededor de su cuerpo.

–Si no dejas de mirarme así, te llevo dentro, te desnudo y te hago el amor hasta que me supliques parar… Y luego, volver a empezar–le advirtió con brusquedad.

Dejó que la advertencia le resbalase, enamorada de su intensidad. De hecho, no había nada que quisiera más que retarla a cumplir su amenaza.

Pero sabía que la cumpliría.

–Es la celebración de la boda de Quinn–le recordó–Bájame.

La bajó al suelo, con cuidado de que su vestido permaneciese alrededor de sus piernas para no avergonzarla en público.

–No quiero soltarte—dejó sus pies en el suelo, pero mantuvo los brazos alrededor de ella.

Brittany no necesitaba que Santana se explicara porque sabía exactamente lo que sentía.

Estar juntas otra vez era un sueño que no quería que terminase. Siempre habían encajado, como dos piezas de un rompecabezas, tan perfecta y naturalmente ensambladas que asustaba.

–Creo que ahora necesito ese trago del que hablabas.

Necesitaba algo, algo que la obligara a desamarrarse de Santana.

–¿Qué quieres?–le preguntó, soltándola definitivamente, con expresión de disgusto.

Tú. Unida a mí. Ahora.

–No estoy acostumbrada a beber. Tú eliges—alisó las arrugas del vestido y se mojó los labios resecos.

Con una mano en la espalda, a la altura de la cintura, la llevó hasta una elegante mesa vacía. Después de ayudarla a sentarse, con una modales que hubieran enorgullecido a cualquier mamá, ella la observó mientras la morena se dirigía al bar, estaba sedienta, la lengua se le pegaba al cielo de la boca.

Santana siempre había tenido el mismo efecto en ella.

Una mirada, una caricia, un beso… y quedaba cautivada.

–Hola–dijo un bajo barítono por encima de ella.

Estirando el cuello, vio al hombre que le había guiñado un ojo un rato antes,
durante la ceremonia, con una sonrisa espléndida en su rostro encantador.

Y encantador era.

Brittany estaba segura.

Parecía uno de esos individuos que era capaz de salir airoso de cualquier situación, aunque lo cogieran con las manos en la masa.

–¿Qué tal?–respondió Brittany con cautela.

–Mike Chang. Solo quería conocerla–dijo mientras extendía la mano.

Le devolvió el saludo.

–Brittany Pierce. Encantada de conocerlo, Sr. Chang.

–Por favor, llámeme Mike–dijo afablemente, retirando la mano y sentándose
enfrente de ella–¿La doctora Pierce? Rachel y Quinn siempre están hablando de usted.

–Llámeme Britt—exploró su rostro, buscó en sus ojos marrones, algún indicio de maldad.

No vio ninguno.

No estaba segura porqué Santana había sido tan hostil con respecto a él.

Parecía inofensivo y muy amistoso. Había algo en su sonrisa que a ella le gustaba, algo en él que a ella le gustaba.

–Bonita boda–comentó Mike, mientras dibujaba una ligera sonrisa.

–Bonita pareja –añadió ella, devolviéndole la sonrisa.

–Usted y la novia están guapísimas.

Ladeó la cabeza y lo miró, preguntándose porqué un tipo como él no estaba acompañado por una mujer.

Era varonilmente atractivo y estaba forrado, lo sabía.

–Entiendo que ha venido solo. No lo he visto con nadie.

Había estado sentado al lado de un hombre mayor y de una señora que podría ser su abuela durante la ceremonia.

Negó ligeramente con la cabeza, su pelo reflejo de las velas que iluminaban la estancia.

–No. Estuve casado. La perdí hace dos años –dijo pensativo.

En ese instante se arrepintió de haber preguntado.

Lo había entristecido.

–Lo siento.

–¿Y tú? ¿No tiene marido, novio? ¿Está saliendo con Santana? Se les veía muy amistosas hace un momento –observó en tono divertido.

–No lo sé –respondió honestamente.

–¿Le importaría cenar conmigo, Britt?–preguntó Mike con toda seriedad.

Algo en sus ojos, algo en su voz, la empujaban a decir que sí. Quizás fuera el vacío que vio en su expresión o la soledad que adivinó detrás de su más bien misteriosa fachada.

–Sí, por supuesto, me encantaría.

No era más que una cena.

No había razón para rechazar la invitación.

–Dame su número–dijo mientras sacaba el móvil.

Se lo dijo rápido, justo antes de que Santana volviera a la mesa con las bebidas.

Mike sonrió, guardándose el móvil en el bolsillo, y se levantó.

–Santana, ¿cómo estás?

Ésta puso cara de póker, una expresión siniestra.

–Estaba bien hasta que empezaste a tirarle los tejos a “mi” mujer–respondió
ásperamente, dejando las bebidas en la mesa con un golpe mientras se encaraba con Mike.

–No seas cavernícola, Santana. Me estaba presentando.

Mike dio un paso adelante, como preparándose para vérselas con Santana.

–¿Le has dado tu número de teléfono?–gruñó Santana, mirando con desaprobación a Brittany.

–Siéntate, Santana. Mike, ha sido un placer conocerte—sonrió a Mike y le dirigió a Santana una mirada de aviso.

–El placer ha sido mío, Britt—le dio la mano de nuevo y se inclinó sobre su oído.

–¿Todo bien? Parece molesta–le preguntó por lo bajo, con preocupación.

Ella puso los ojos en blanco.

–Siempre está igual. No te preocupes.

–Hablamos más tarde.

Mike se alejó, Santana le echó una mirada beligerante, queriendo decirle que estaba dispuesta a ir a por todas.

Sus ojos se clavaron en la espalda de Mike, con los puños apretados. Se sentó y derramó accidentalmente la mitad de su bebida antes de decir nada.

Sus dedos se aferraron al vaso, furiosa.

–Tú no vas a ninguna parte con él.

Brittany la miró y bebió un sorbo de la cremosa mezcla blanca que le había traído.

–Umm…delicioso. ¿Qué es?

–White Russian–respondió enfadada– ¿No me has oído, Brittany?

–Voy a seguir ignorándote hasta que hagas otra cosa que darme órdenes. No me gusta—le dio un trago a su bebida, disfrutando el gusto sedoso que le dejaba en el paladar.

–Chang no te conviene, Britt. No se ha recuperado de la muerte de su esposa. Te haría desgraciada–refunfuñó, bebiéndose de un trago lo que le quedaba en el vaso.

–Parece muy solo–respondió con tristeza.

–Lo está, y lo siento por él, pero tú no eres la respuesta–dijo con acritud–Tú ya tienes una mujer que te necesita desesperadamente. Eres mía, cielo. Siempre lo has sido.

La rubia miró a los maravillosos ojos de Santana y cayó en sus profundidades, enteramente incapaz de negar que le pertenecía a ella.

Su mirada era a la vez vulnerable y agresiva, una combinación que la hacía desear abrazarla y aliviarle el dolor.

–No puedes darme órdenes y esperar que te obedezca ciegamente, Santana. Yo tomo mis propias decisiones. Siempre lo he hecho. No soy la mujer ingenua que una vez conociste—tomó un sorbo de su bebida mientras la miraba con total fascinación.

Pudo ver un velo de sudor cubriéndole la cara, sus emociones, a duras penas contenidas, asomando a la superficie.

Santana se levantó y la cogió de la mano, haciéndola ponerse de pie.

–Vamos a bailar.

No fue una petición, fue una declaración.

Brittany dejó su vaso casi vacío sobre la mesa y la siguió.





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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Mar Mayo 30, 2017 7:31 pm

hola morra,...

obsesiva controladora dominante,... celosa!!! CAVERNICOLA es poco jajaja pobre britt!!!
mmmmm que se trae mike????

nos vemos!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Mar Mayo 30, 2017 7:58 pm

que estupidez!!!! si brittany muere por santana pq acepto esa estupida cena??? ganas de j....
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Mensaje por 23l1 el Mar Mayo 30, 2017 11:56 pm

3:) escribió:hola morra,...

obsesiva controladora dominante,... celosa!!! CAVERNICOLA es poco jajaja pobre britt!!!
mmmmm que se trae mike????

nos vemos!!!



Hola lu, jajajajajajaja la vrdd esk si xD ajajaj es poco... muy poco xD ajajajajajaja. Y si, pobre britt XD ajajajajajaj. Interesante pregunta la vrdd ¬¬ espero y este cap nos diga más ¬¬ Saludos =D





micky morales escribió:que estupidez!!!! si brittany muere por santana pq acepto esa estupida cena??? ganas de j....




Hola, interesante pregunta..., pero no tiene nada de malo salir con amig@s, no¿? nosee digo yo... además poner un poquito celosa a san no esta mal, no¿? xD jajajajaajaj. Saludos =D



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Finalizado FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Cap 7

Mensaje por 23l1 el Mar Mayo 30, 2017 11:59 pm

Capitulo 7


Bailar con Santana era como hacer el amor en la pista de baile.

La abrazó, la acarició, la sedujo, le susurró obscenidades al oído hasta hacerla arder y empapar su ropa interior.

Cuando abandonaron la pista de baile, después de bailar algunas canciones, Brittany estaba prácticamente jadeando.

Rachel cortó su tarta de boda; arrojó su ramo de novia, que voló directamente a las manos de Brittany aunque no había hecho el más mínimo esfuerzo por cogerlo.

Quinn, por su parte, no se molestó en arrojar su ramo, lo puso directamente en las manos de Santana con una sonrisa maliciosa. Para su sorpresa, su hermana la aceptó con una amplia sonrisa y una palmada en la espalda a su hermana pequeña, dejando a Quinn con la perplejidad escrita en el rostro.

–Hemos cumplido con nuestras obligaciones. Vamos a pasear–dijo Santana, con voz seductora, a Brittany, de pie, a su lado, mientras tomaban otra copa y observaban a los invitados abandonar poco a poco el banquete.

Brittany no preguntó a dónde iban.

No le importaba.

Su mano buscó la mano de Santana y se perdió en ella. La seguiría adónde la morena quisiera llevarla.

Cruzó lentamente a través del césped, soltándola de la mano y abrazándola por la cintura cuando llegaron a un sendero pavimentado. Hizo un gesto con la cabeza al guardia de seguridad que vigilaba el acceso al sendero.

–Nadie más puede entrar aquí esta noche–instruyó Santana con gravedad mientras hacía pasar a Brittany rodeando a aquel hombre de mediana edad.

–Sí, señorita López. Me aseguraré de que nadie pase–respondió el guardia.

Estaba oscuro, probablemente sin iluminar para mantener a los invitados lejos de las zonas donde Santana no los quería.

Brittany suspiró con deleite cuando terminaron el sendero. La luz de la luna iluminando el embarcadero privado y el agua de la bahía, una vista increíble de puntos de luz en la distancia a la que se sumaba la belleza de los astros.

–Es precioso. ¿Es este tu embarcadero?

–Sí, es mío, para mi uso exclusivo–contestó de manera algo ominosa.

Brittany pasó al embarcadero, cuidando que sus tacones no se engancharan entre las maderas.


–Así que ¿aquí es donde te declaraste a Rachel?–le preguntó, tratando de no parecer celosa porque Santana le hubiera hecho alguna proposición a su amiga.

–No era Rachel lo que quería. Estaba borracha y posiblemente envidiaba la felicidad de Quinn. No tenía ni idea lo en serio que ella tomaba su relación y si no hubiera estado borracha nada hubiese pasado–respondió mientras la cogía en brazos.

–Aunque ella hubiese aceptado, nada hubiese pasado igualmente. Estaba demasiado bebida para hacer nada esa noche y una vez que estuviera sobria no habría querido tener nada con ella. No es mi tipo.

Quería oponerse a que Santana la llevara en brazos, que soportara su peso camino de mirador que había al final de las tablas del embarcadero. Rodeó con sus brazos el cuello de Santana y apoyó la cabeza en su hombro, sabiendo que podía habituarse fácilmente a que la llevara.

De tal manera que solo deseaba fundirse con la morena, dejar que la protegiera por un instante.

–¿Y cuál es tu tipo?–preguntó Brittany con curiosidad.

–Una alta, seductora rubia a la que le gusta juguetear–replicó con un susurro llegaban al mirador y subían algunos escalones.

Brittany se quedó boquiabierta al entrar, empujando con el hombro para abrirla una puerta de rejilla metálica. Todo el mirador estaba protegido por la rejilla para evitar mosquitos, excepto por una pared entera de cristal, facilitando una asombrosa vista del agua.

–Esto es increíble–susurró, mientras Santana la bajaba al suelo.

Evidentemente, alguien las había estado esperando.

El lugar estaba permanentemente decorado con muebles de exterior a prueba de temporales, pero había velas encendidas en las mesas y una botella de champán descansaba en un cubo de hielo con dos copas en forma de tulipán al lado de una enorme, confortable tumbona para dos.

–Vengo mucho aquí. Hay silencio y me da paz–mencionó Santana–Me gusta el agua.

–Pero no tienes ninguna embarcación–notó Brittany, viendo que no había ninguna amarrada al embarcadero.

Encogió los hombros y se dejó caer en la tumbona.

–Nunca he necesitado una. Puedo estar en el agua sin moverme de aquí-abrió los brazos, invitándola–Ven aquí. Quiero discutir tu comentario acerca de ciertas pilas y cómo eso me ha afectado los últimos días.

Brittany se mordió los labios nerviosamente.

En realidad, lo que Santana quería decir es que quería una revancha, una reciprocidad que probablemente incluyera besos de cortar la respiración y tortuosos juegos eróticos.

Lanzó una mirada fugaz a la puerta.

–Ni se te ocurra. Puedo levantarme y alcanzarte en segundos, especialmente con esos zapatos, se caminar mejor con ellos y lo sabes–le razonó con un tono de fingida amenaza–O vienes a mí o voy por ti.

Suspiró, sabiendo bien que no deseaba irse.

Bajándose de sus tacones, se deslizó en la tumbona y al instante se vio rodeada por unos brazos que la abrazaban fuertemente contra un pecho.

–¡Qué mandona eres!–le dijo, aparentando contrariedad.

–Siempre lo he sido. ¿Ahora te das cuenta? Quinn empezó a decírmelo en cuanto pudo hablar–replicó entre risas.

De hecho, esa manera de hacerse cargo de las situaciones fue algo que ella siempre admiró en la morena, pero Santana había elevado el ser autoritaria a un nivel superior.

Supuso que se debía a su éxito.

–Eres distinta ahora–reflexionó.

Santana era educada y culta, pero no estaba segura de que hubiese cambiado tanto en su interior. Como entonces, aún tenía que pulir las aristas a sus emociones. Solo había aprendido a encubrirlas tras una apariencia exterior apacible.

–¿Y eso es bueno o malo?–preguntó su mano subiendo y bajando por el brazo desnudo de Brittany, poniéndole la carne de gallina.

–Ni uno ni otro–respondió convencida que, debajo del brillo y el esplendor, seguía siendo la misma persona.

Algo que era, a la vez, alarmante y reconfortante.

–¿Qué tal te han servido las pilas nuevas?–preguntó Santana, el sonido de su voz grave, áspero.

–Muy…estimulantes. Gracias–rio con un ronquido mientras jugueteaba con el brazo de Santana.

–Tuve que pelearme conmigo misma cada noche para no echar abajo la puerta del cuarto de invitados, desnudarte y hacerte el amor hasta que gritases de placer. Me masturbé todas las noches pensando en cómo te estarías consolando-en su voz un matiz de desesperación. Empujó hacia abajo la diminuta manga del vestido de Brittany–Y hoy tuve controlarme toda la tarde desde que te vi pidiendo guerra con este vestido, especialmente cuando me di cuenta que no había nada entre él y tus pechos, esperando que los tocara con mis dedos, mi boca-a medida que Santana empujaba las mangas, el vestido empezó a deslizarse. Entró su mano por un lateral del cuerpo del vestido, abriéndose camino entre el tejido y su pecho desnudo.

El calor se apoderaba del vientre de Brittany, los pezones endurecidos y sensibles tras oír las fantasías eróticas de Santana. Jadeó cuando la morena, posesiva, le cubrió los pechos con ambas manos, pellizcándolos ligeramente.

–San–susurró con una voz de indigente que apenas ella misma reconocía.

Con una maniobra sutil la puso debajo de forma que permitía a Brittany mirarla con deseo directamente a los ojos. Le faltó la respiración cuando vio el ansia y la necesidad reflejados en aquellos ojos oscuros que tenía encima, una imagen de la morena que ella había querido ver por mucho tiempo, una fantasía erótica hecha realidad.

–Eres mía, Brittany. Siempre lo has sido y siempre lo serás. Puede ser que un día me hagas perder la puta cabeza, pero al menos seré una loca feliz.

Sí. Sí. Sí.

Todo su ser ansiaba a Santana López y solo a ella.

Su dominación la excitaba, su olor la envolvía con deseo carnal.

–Entonces, tómame, Santana.

Se acabaron las esperas, las preguntas.

Solo existía aquella mujer para ella, había sido siempre la única.

–Te vas a casar conmigo, Britt. Prométemelo–exigió sus manos empujando las mangas del vestido de Brittany, bajándole la mitad superior hasta que sus pechos se liberaron, dejando sus brazos atados a los costados por las correas que el vestido había formado.

–Me lo pensaré–le respondió, gimiendo al contacto de la boca de Santana con sus pechos, que los apretaba manteniéndolos unidos para ir de uno a otro más fácilmente.

Su boca le mordió suavemente un pezón y lo succionó sensualmente antes de pasar al otro. De uno a otro, una y otra vez, hasta que la tortura del placer hizo enloquecer a Brittany.

–Prométemelo–le ordenó, dándole un ligero lengüetazo en un pezón.

La rubia agitó sus caderas, restregándose en las de Santana, necesitando el roce, necesitando ser colmada, necesitando todo de la morena.

–Por amor de Dios, tómame. Lo demás lo dejamos para luego–dijo vehementemente mientras abría los brazos de un golpe, rasgando las breves mangas del vestido, sin un ápice de titubeo, para dejar sus manos libres y poder tocarlo.

Sus manos penetraron los cabellos de Santana, sosteniéndole la cabeza contra su pecho, urgiéndole que le diera más. Bajando los dedos temblorosos por su espalda, rodeó con sus piernas la cintura de Santana y restregó, insistente, desesperada, la pelvis contra las de Santana.

Levantó la cabeza y de los pechos de Brittany se fue a la boca, un reclamo dominante que la hacía gemir ante la embestida de su lengua y sus saturadas vaginas aún más intensamente en la entrepierna de Santana.

Su abrazo era salvaje y desenfrenado, sus manos sosteniéndole la nuca, sus desesperados dedos haciendo que los alfileres del pelo saltaran por los aires, manteniéndola inmóvil para poseerla.

Sus lenguas se enredaron en un duelo de hambre, un duelo salvaje e indomable.

Con un grito atormentado y femenino, Santana cayó de rodillas. Se despojó del vestido, todas las prendas desechadas esparcidas por el suelo.

Brittany se incorporó y Santana, inmediatamente, localizó la cremallera en la espalda del vestido, la bajó y tiró del vestido caderas abajo. Brittany le facilitó el trabajo de tirar de él piernas abajo levantando las caderas.

–Dios mío, Britt. Eres la cosa más deliciosa que he visto en mi vida. Nada puede comparársete–dijo deslumbrado, puesto en pie para terminar de desvestirse.

Sus ojos no se separaban de la rubia, reclinada de nuevo. La miró fijamente mientras se terminaba de quitar el vestido y las bragas y tacones, sus ojos vertían deseo.

Abrió la boca asombrada cuando vio el cuerpo desnudo de Santana, sus lindos y morenos pechos y más abajo su totalmente depilado sexo, la necesidad tensando la parte sur de su cuerpo vacío.

Santana tenía el cuerpo que habitaba en las fantasías sexuales de todas las personas.

Perfecta.

Lo era para ella, la persona perfecta.

Toda ella era su Santana, incluyendo la atenta, erótica mirada que la morena le dirigía desde sus intensos ojos.

Siempre insegura de su cuerpo, debería haberse sentido avergonzada, pero no lo estaba. A Santana le gustaba su cuerpo y, además, estaba en buena forma gracias a los ejercicios aeróbicos que practicaba varias veces a la semana.

Viendo la expresión de Santana, no repudiaba ninguna de sus curvas en ese momento.

La morena, sin duda, adoraba su cuerpo y su voluminoso trasero. La hacía sentir como una deidad sexual, un sentimiento normalmente ajeno a ella.

–Ven–le rogó, extendiendo los brazos hacia la morena.

Necesitaba sentir su cuerpo contra el de la rubia, llenándola por completo.

–No, ven tú primero–le dijo divertida, tergiversando intencionalmente lo que ella quiso decir–Me muero por saborearte y lo haré-a gatas se acercó a la tumbona, se acomodó entre los muslos de Brittany, y le abrió las piernas.

Llevaba unas delgadas braguitas verdes y unas medias altas color carne con encaje festoneado en la parte superior.

–Santana, yo no he …. Yo no … yo –tartamudeó nerviosa.

–¿Nunca has dejado que te hicieran esto?–dijo retumbando, sus dedos masajeando delicadamente el pedazo de piel expuesto entre la media y la braga.

–Nadie me lo ha pedido–gimió cuando la lengua de Santana sustituyó a los dedos, lamiendo su carne con sensuales, lentos movimientos.

–Bien–respondió Santana con satisfacción–Y yo no te lo voy a pedir, cielo. Me llevo lo que es mío. Lo que siempre ha sido mío.

La rubia permaneció en silencio mientras la morena lamía juguetonamente sobre las casi inexistentes bragas, acariciando los húmedos labios vaginales a través de la finísima tela.

Temblando, Brittany cerró los puños en el cabello de Santana, sintiendo que no podría soportar más los preámbulos.

–Más, San. Te necesito.

–Aquí me tienes, Britt. Siempre me has tenido–le contestó sin levantar la cabeza de su monte de Venus.

Sus bragas se desprendieron acompañadas del sonido de un tirón y desgarros que solo le hizo sentir alivio, cada vez estaban más cerca de su unión.

El primer contacto de su boca fue agonía y éxtasis, una sensación diferente a todo lo que había conocido.

De pronto, se alegró de que fuera Santana la primera en hacerle esto, un acto tan íntimo que hubiera sido un sacrilegio hacerlo con otra persona.

No con Santana, nunca con Santana.

Lo que sentía con Santana era la necesidad de aún más.

Masajeó su cabeza gimiendo de deseo cuando su lengua la recorrió hasta llegar al clítoris, donde se detuvo vacilante, dibujando círculos a su alrededor hasta hacerla querer gritar.

–Sigue, sigue–rogó jadeante, arqueando la espalda cuando los dedos de Santana se sumaron a la boca, separando los labios de su vagina con una mano mientras que con la otra se abría camino con el dedo índice a través de su estrecho canal.

Sí… Sí…. Tómame. Llena el vacío.

–Dios, Britt. ¡Qué apretada estás!–dijo sin levantar la cara de la vagina de Brittany.

Habían pasado años y no estaba muy abierta, pero se sentía increíblemente bien. Levantó las caderas, pidiendo más.

–Haz que me corra. Te lo suplico.

Su cuerpo estaba a punto de arder espontáneamente, pulverizado de gotas de sudor, cada célula del mismo suplicando un respiro. Agarró la cabeza de Santana, necesitando más fricción, pidiendo a gritos un desahogo.

Santana llevó la lengua al clítoris y empezó a devorarlo, lamiendo, tragando sus fluidos como una fiera hambrienta, sus dedos la penetraban con un ritmo de abandono salvaje, mientras seguía estimulándola con la lengua y con los livianos pellizcos de su boca.

–Santana. Dios. Sí–siseó, su cuerpo se contraía, el clímax acercándose para golpearla con toda su fuerza, las paredes de su canal contrayéndose en torno a los dedos de Santana.

Todo su cuerpo palpitaba y se agitaba con el poderoso éxtasis. Sus dedos se aferraron a los cabellos de Santana para soltarlos acto seguido, estremeciéndose al tiempo que las sedosas fibras le cubrían las manos.

–Increíble.

Cada uno de sus sentidos estaba hiperestimulado. Jadeando, se desmoronó lentamente mientras que Santana continuaba recogiendo con codicia cada gota de su orgasmo, alargando el placer para Brittany hasta hacerlo casi insoportable.

Cuando la morena se puso de rodillas, su rostro intenso, tan carnal que Brittany sintió un espasmo de deseo por tener a Santana unida a ella.

Queriendo darle el mismo placer que le había dado, se acercó al húmedo sexo, deseosa de sentir su sedosa textura bajo los dedos. Se sentó, hizo contacto con la mano, tocando la húmeda con un suspiro.

–No, Britt, no lo hagas-la agarró por la muñeca tan intensamente que la sobresaltó.

Al mirarla, su expresión la previno de llevar la boca al glande. Parecía aterrada y nerviosa.

Su expresión no duró más que un suspiro y desapareció para dar paso a una expresión de culpa. Aflojando su agarre, sentó su cuerpo ardiendo para hablarle.

–Lo siento. A veces simplemente no me gusta… ser tocada–dijo con frustración.

Le quitó la mano de su muñeca y le rodeó el cuello con sus brazos.

–Y así, ¿puedo tocarte?-abrazó con sus piernas la cintura de Santana y presionó sus pechos contra los de ella. Le pasó los dedos por su espalda hasta la cintura y los volvió a subir.

–Sí. Tócame así –gimió como si lo torturaran.

–Te necesito, Santana.

–Yo te necesito a ti, cielo. Ahora-llevó la mano a la entrada del estrecho túnel–¡Estás tan cerrada! No quiero hacerte daño.

Santana entró dos dedos y la rubia la oyó mugir. Tenía el cuerpo empapado por el esfuerzo de contenerse.

–Hasta el fondo, Santana. Ahora. No vayas despacio… ni con cuidado. Lo necesito.

Quería que empujara, llenándola una y otra vez. No le importaba nada si, simplemente la necesitaba.

Santana se lanzó dentro de la rubia con un empuje contundente, enterrándose en su angosta caverna. Brittany gimió, abierta al máximo posible, llena de Santana.

En ese instante, nada más existía en el mundo exterior.

Sólo su ansia por la mujer que la estaba poseyendo, reclamándola, dominando su cuerpo.

–He soñado con este momento, Britt. Tantas veces–dijo entrecortada, mientras salía y volvía a entrar–Esto es mejor de lo que soñé.

–Yo también–jadeó, con las piernas apretando las caderas de Santana, pidiéndole más–Más, Santana. Haz nuestros sueños realidad. Por fin.

Todo fue apasionado y carnal, fruto de la necesidad y la desesperación.

Los dedos de Santana la martilleaba hasta lo más profundo, agarrándola por la cintura, pegándose a ella una y otra vez.

El aire era denso en torno a ellas y sus cuerpos empapados se abrazaron en un sutil, erótico vaivén hasta alcanzar la cima del placer.

–Córrete, cielo. Córrete por mi. Quiero ver cómo te corres.

Sus palabras la llevaron al límite, el clímax atravesaba su cuerpo rugiendo con la violencia de un volcán. Aferrándose a Santana como si su vida dependiera de ello, clavándole las uñas en la espalda, explotó, gritando, convulsionándose, sus fluidos bañando a Santana.

Tenía la espalda arqueada, sus pechos enrojecidos por el choque con los de Santana, que hacía temblar su cuerpo.

Echando la cabeza hacia atrás, gritó su nombre y el mundo alrededor desapareció, siendo la mujer a la que se aferraba, la única cosa material que le impedía perderse también en un torbellino sideral.

Santana sacó sus dedos y se acomodó para que sus centros se rozaran y se movió unas cuantas veces y la siguió inmediatamente con un gemido de agonía, su calor se unió con el de Brittany mientras su cuerpo se desmoronaba encima de ella.

–¡Dios!–gritó, derrumbándose sobre el cuerpo de Brittany, su pecho palpitante, su respiración raída–Joder. Voy a aplastarte-se giró a un lado y se la acercó, rodeándola con sus brazos.

Permanecieron en silencio mientras recuperaban el pulso y sus cuerpos descendían las alturas del orgasmo.

Brittany descansaba sobre el pecho de Santana, saciada y feliz como nunca lo había estado.

-Tienes mi informe médico y sabes que tengo congelado mis óvulos… quiere ese bebé–replicó Santana, su voz algo enronquecida.

La rubia no lo había leído todavía, pero no era ninguna enfermedad lo que le preocupaba.

–Yo no te he dado el mío –replicó Brittany.

–Entonces, compartiremos lo que sea que tengas. Si es mortal, moriré contigo–contestó Santana, completamente en serio–No puedo vivir sin ti nunca más, Brittany. Es demasiado doloroso.

La rubia tuvo que tragarse un nudo en la garganta, sentía lo mismo por la morena.

Vivir sin Santana había sido como vivir en la oscuridad, esperando que un día saliera el sol.

–No tengo nada. Pero no puedo someterme al tratamiento con tus óculos así como así. Soy médico, por el amor de Dios.

–Me voy a casar contigo de todas maneras–resonó, enrollándose para envolverla con su cuerpo–Te vas a casar conmigo, Britt.

No fue una pregunta, fue una exigencia.

Sonrió, mirando a su morena por encima de ella, condenadamente femenina en su dominación.

–Te dije que ya hablaríamos de eso.

–Es ya. Y tú me perteneces–declaró posesivamente.

–Ya lo veremos–murmuró empujándolo hacia abajo para darle un beso de ternura que se tornó rápidamente apasionado.

Besar a Santana era como acercar una llama a la gasolina. Se inflamaba instantáneamente al rojo vivo.

–¿Estás intentado desviar la conversación?–le reprochó Santana cuando pudo coger aire.

–No. De verdad. Sólo quería recuperar el tiempo perdido –le dijo seductora,
juguetona.

–Creí que no te gustaba el sexo–le recordó con voz sugestiva.

–Me parece que he cambiado de opinión–dijo jugando con el pie en los gemelos de Santana.

–Creo que tengo que trabajarte dando un giro de 180º–respondió con un susurro ronco.

–¿Siempre consigues lo que te propones?–preguntó Brittany, echándole una tórrida mirada.

–Puedes apostarlo–contesto Santana con agresividad, enterrando sus dedos en la leonina, indomable mata de pelo de Brittany.

Mientras procedía a amaestrarla con solo un beso, Brittany se convenció de que Santana estaba en lo cierto.





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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Miér Mayo 31, 2017 9:55 am

bueno, asi esta mejor, brittany tiene que estar clara que, aunque suene posesivo, ella es de san!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por Tati.94 el Miér Mayo 31, 2017 11:13 am

Lo de Mike no me gustó, no se en que pensaba Brittany en aceptar esa salida o cena lo que sea. Si teniendo a Santana ai al lado.
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Miér Mayo 31, 2017 2:49 pm

Después de lo que paso haber como se toma que salga con su amigo Mike .....
Y pues el matrimonio se ve cada vez mas cercano
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 3:) el Miér Mayo 31, 2017 7:33 pm

hola morra,...

san hasta que no consiga tener a britt en medio de un altar no va a parar jajja
ahi que recuperar el tiempo perdido no...????
todo cambia en la vida jajaj

nos vemos!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por 23l1 el Jue Jun 01, 2017 1:50 am

micky morales escribió:bueno, asi esta mejor, brittany tiene que estar clara que, aunque suene posesivo, ella es de san!!!!!





Hola, jajajajaaj si que si, nada de posesivo aki, asi es la cosa y asi sera siempre ajajajajaj. Saludos =D

Pd: Gracias a tati ya tenemos epílogo en "respiro" para q lo puedas leer.





Tati.94 escribió:Lo de Mike no me gustó, no se en que pensaba Brittany en aceptar esa salida o cena lo que sea. Si teniendo a Santana ai al lado.



Hola, mmm quizás sacar algo de celos¿? mmm nadie lo sabe, pero espero q sea para eso o una amistad... nada mas! Jajajaaj eso mismo ufff jajajaaj. Saludos =D

Pd: gracias a ti tenemos epílogo en "respiro" para q lo puedas leer... otra vez xD





JVM escribió:Después de lo que paso haber como se toma que salga con su amigo Mike .....
Y pues el matrimonio se ve cada vez mas cercano




Hola, mmm con lo tranquila y civilizada que es la morena se lo tomara de la mejor manera, en eso estamos clar@s... siiii ohhh jajajajajaaj. JAjaja eso mismo pienso yo xD ajajajajaja. Saludos =D

Pd: gracias a tati tenemos epílogo en "respiro" para que lo puedas leer! Saludos =D






3:) escribió:hola morra,...

san hasta que no consiga tener a britt en medio de un altar no va a parar jajja
ahi que recuperar el tiempo perdido no...????
todo cambia en la vida jajaj

nos vemos!!!




Hola lu, jajajaja nones nones ajajajaj xD y kien si¿? ajajajajaj. Eso mismo pienso y digo yo jaajajajajaj. Si q si =/ jajaja. Saludos =D

Pd: gracias a tati tenemos epílogo en "respiro" para q lo puedas leer




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Finalizado FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Cap 8

Mensaje por 23l1 el Jue Jun 01, 2017 1:52 am

Capitulo 8


-¿Que Santana te ha pedido que te cases con ella?–Rachel chilló de alegría, abrazando a Brittany y olvidándose de hacer la maleta.

Brittany correspondió al abrazo de su amiga.

–Bueno, yo no diría que fue exactamente un ruego. Más un ultimátum.

Rachel se sonrió, sentada en la cama al lado de su maleta, mirando a Brittany.

–Normal. Se trata de una López. Creo que el deseo de dominar el mundo lo llevan en los genes, especialmente Santana, y ambas tienen una seria sobredosis de instinto de protección de las mujeres que aman.

Brittany compartió una sonrisa cómplice con Rachel.

Después de que ella y Santana lograran escabullirse dentro de la casa por las escaleras de atrás, se habían separado, explicando Santana que tenía algunos asuntos que tratar con Quinn antes de que ella y Rachel se fueran de luna de miel.

Brittany se había duchado rápidamente y había venido a decirle adiós a Rachel, a la que informó de todo puntualmente, ansiosa de compartir con su amiga todo acerca de Santana.

Rachel era, posiblemente, una de las pocas personas que entendía a las López.

–Nunca me ha dicho que me ama. Y ha sido más una propuesta de negocio que de matrimonio–puntualizó Brittany, con el corazón encogido.

El mismo instante en que abandonaron el muelle, sentía que Santana se alejaba, la cercanía que habían encontrado una en los brazos de la otra se desvanecía.

–Britt, siempre ha saltado a la vista que tú y Santana han tenido algo, algo inacabado. Te puedo asegurar que lo de su colaboración con el FBI es cierto. Quinn me dijo algo acerca de ayudar a desmantelar una organización. Quinn siempre ha admirado a Santana por lo que hizo. Pero tuvieron que ser protegidas por esto por algún tiempo. No me cabe duda que lo que Santana te ha dicho es cierto–dijo Rachel con dulzura y consideración–Con todas sus faltas, Santana es una buena persona. ¿Qué vas a responderle?

–No lo sé–dijo Brittany con sinceridad–Ella insiste y yo necesito tiempo. Pero si apenas nos conocemos ya. Lo nuestro pasó hace años. Apenas nos habíamos hecho adultas. ¡Han pasado tantas cosas desde entonces! Las dos hemos cambiado.

–Puedo decirte, por experiencia personal, que la paciencia no es exactamente una virtud de las López–rio Rachel.

–Lo descubrí hace tiempo–dijo Brittany poniendo los ojos en blanco. Señaló a la maleta abierta–Hablando de eso. Mejor que sigas haciendo la maleta, querida.

Rachel se levantó y le habló a Brittany, sus ojos cariñosos y cálidos

–Britt, dudo que tanto Santana como Quinn puedan haber sobrevivido su infancia sin sufrir algún daño colateral. No hagas caso de las fanfarronadas de Santana, busca en su corazón.

–No creo que me deje–admitió Brittany–No entiendo nada de lo que está pasando. ¡Todo ha sucedido tan deprisa!

Rachel dobló unos pantalones vaqueros y los metió en la maleta.

–¿Deprisa? Todo lo contrario. No creo que Santana se olvidara nunca de ti. Para ella, lo suyo no se terminó jamás.

–Creo que para mí tampoco–susurró Brittany, sabiendo bien que era cierto.

Santana podía haber cambiado con los años, pero seguía siendo… Santana.

Ella había sido capaz de resistirse cuando creía que la morena la había engañado, cuando pensaba que había amado a una mujer que nunca existió.

Ahora que sabía que lo había hecho por protegerla, que la había querido, no dejarse enredar en su entramado de celo sofocante y necesidad desesperada era poco menos que imposible.

–Dale una oportunidad. Santana siempre ha sido inquieta, infeliz. Lo esconde bien, pero es infeliz–observó Rachel como en un ruego–Quiero que las dos sean felices.

Brittany suspiró.

–Intentaré frenar las cosas para que podamos llegar a conocernos.

Rachel rio con un ronquido.

–Buena suerte. Cuando una López decide que quiere algo, se sirve y que Dios ayude a la mujer si protesta.

–Tú aprendiste a manejar a Quinn–le recordó divertida Brittany a su amiga.

–Ella me deja creer que la manejo. Pero no es así. Ella me calma, pero en realidad es una mujer tortuosa–respondió Rachel con adoración.

–¿Te acostumbras a ello? ¿A alguien queriéndote tanto?–Brittany preguntó
contemplativa.

–Por supuesto. Es totalmente adictivo. ¿Qué mujer no quiere saber que es el centro del universo de su persona?–Rachel respondió ensoñadora–Fui de estar completamente sola a vivir en completo delirio. Me quedo con la obsesión de Quinn antes que con una persona a quien no le importas una mierda. Ella me ama y su obsesión me hace sentir segura, protegida, querida. Si algo de lo que ella hace está un poco fuera de lugar, no me importa. De hecho, me excita. Lo que verdaderamente importa es lo mucho que nos amamos.

Brittany encogió los hombros, admitiendo que sentía de la misma manera.

La actitud dominante, sobreprotectora, de Santana la excitaba. No se había sentido querida en casi toda su vida y la desesperación de Santana por ella la volvía loca, lo quería de la misma manera impulsiva.

–Quizás sea eso lo que me molesta. Podría engancharme a ella fácilmente.

Rachel rio y le guiñó un ojo mientras cerraba la maleta.

–Entonces engánchate. Revuélcate en su lodo. Dudo que ella vaya a cambiar. La testarudez es otra traza de las López. Una vez que saben qué quieren, no paran incluso después de conseguirlo.

Brittany no le dijo a Rachel que ya había probado esa seductora codicia.

–Te voy a echar de menos–dijo abrazando fuertemente a Rachel–Diviértete.

Quinn y Rachel se iban de luna de miel en un tour de tres semanas por el Reino Unido y Europa y Brittany se sentía feliz por Rachel.

Su amiga no había tenido una vida fácil y Rachel se merecía lo mejor.

–Te llamaré–dijo Rachel enfática mientras se abrazaba a Brittany–No seré capaz de soportar esta duda. Necesito saber lo que pasa.

–Creo que tendré que averiguar yo misma qué pasa antes de poder decirte nada–dijo Brittany riendo, soltando el abrazo a su amiga.

Rachel se llevó las manos a la cadera y le lanzó a Brittany una mirada de reproche.

–Al menos tómale la palabra acerca de financiar la clínica. Tú sabes que estás deseando hacerlo.

Por desgracia, Brittany sabía que estaba deseando aceptar el trato en su totalidad.

Simplemente no estaba segura si su corazón lo aguantaría.



***


–Si la quieres, cásate con ella.

Santana miraba a su hermana, Quinn, deseando que fuera así de fácil.

–Me voy a casar con ella. Ya se lo he dicho.

–Pero, ¿se lo pediste realmente?–insistió Quinn incómoda.

–No. Simplemente le he dicho que se iba a casar conmigo. Podía haber encontrado a otra persona en todos esto años y no lo ha hecho. Ella se queda conmigo. Al menos, no voy a tratarla como una mierda y puedo darle todo lo que quiera. Algún día se le pasará eso de que me odia… Espero.

Cuando Santana se había despedido de Brittany, bajó a la biblioteca y se lo contó todo a Quinn, necesitando una opinión.

–Eres el colmo. Al menos yo le pedí a Rachel que se casase conmigo. No pensaba dejarle que me rechazara, pero al menos se lo pedí–la regañó Quinn, lanzándole a su hermana mayor un mirada de recriminación.

–Le dije que quería que se casara conmigo. ¿No es lo mismo?–respondió Santana irritada.

–No. No exactamente, hermanita–replicó Quinn–No creo que Britt sea el tipo
de mujer que quiere que le digan lo que tiene que hacer. Es como Rach en eso. Tienes que hacerle creer que tiene control de la situación de vez en cuando.

–¿Por qué?–insistió Santana, mirando a su hermana con una mirada de contrariedad–Si hago eso, se me podría escapar. No estoy dispuesta a dejarla ir esta vez. Se va a casar conmigo.

Quinn asintió con la cabeza, enfática.

–Muy bien. En ese caso, no tienes elección. Tienes que hacer que se case contigo.

–Por el amor de Dios. ¿De verdad estoy escuchando a mis dos hijas hablar de matrimonio como si estuvieran cerrando un negocio en la edad de piedra? Santana, vas a cortejar a esa mujer apropiadamente y luego, educadamente, le vas a pedir que se case contigo.

Su madre, Maribel López, irrumpió en la habitación, fulminado con una mirada de reporche a Santana.

No soporto esa mirada. Me hace sentir como una niña pequeña.

Santana devolvió a su mamá una sonrisa cautivadora, aunque sabía que no le iba a funcionar.

Mamá siempre había estado encima de ella.

–Solo hablamos de posibilidades, mamá.

Maribel se acercó a ella y estiró el cuello para mirarla más directamente a los ojos.

Por extraño que pareciese, aunque tuviera que mirar hacia arriba para hablar con ella, su mirada de saber bien de lo que hablaba lo hacía bajar la cabeza como a una niña sorprendida en el acto.

–O tratas bien a esa mujer o perderás tu oportunidad–avisó firmemente–He visto cómo estabas hoy con ella. La necesitas.

Santana no podía contradecir su argumento.

Definitivamente, la necesitaba.

El asunto era… cómo hacer que la ojiazul la quisiese.

Quinn estaba de pie detrás del escritorio, su mamá le daba la espalda y Santana la vio sonreír con afectación.

–Y no seas listilla, Quinn. Hoy te has casado con una mujer maravillosa. Mejor que la trates bien–amonestó Maribel sin siquiera volverse, haciendo que Quinn se sentara y borrase la sonrisa de su cara.

Santana miró a su mamá con afecto.

Realmente, la mujer tenía ojos en la nuca.

–Yo trato a Rach como una princesa–objetó Quinn, recostándose en el sillón.

–Más te vale seguir haciéndolo–respondió su mamá.

Maribel aún llevaba el traje de la boda, espléndida en su traje azul marino con zapatos a juego. Su pelo castaño estaba permanecía perfectamente peinado y no parecía lo más mínimo cansada del largo día que había aguantado ayudando desde el amanecer hasta el momento presente.

Aunque Santana le había pedido que se fuera a casa, ella se había quedado para supervisar la recogida.

Si me hubiera acordado de que seguía aquí, habría cerrado la puerta.

Cruzándose de brazos, impacientemente, Maribel preguntó sin rodeos.

–¿He oído bien? ¿Has dicho que ibas a casarte con esa chica, Santana López?

Hostias. Estaba de verdad en un apuro si lo llamaba por su nombre y apellido.

–Ella se va a casar conmigo–respondió testaruda a su mamá.

–Ella es una mujer educada, guapa. Deja de tratarla como si fueras una cavernícola y piensa como la mujer que eres, y quizás lo consigas. Pero no puedes darle un mazazo en la cabeza y arrastrarla hasta tu cueva. Se merece todo el respeto–la amonestó Maribel.

–Yo la respeto. No me casaría con ella si no lo hiciera–argumentó Santana.

–Entonces, trátala bien y deja de comportarte como una mula–replicó Maribel–Me gustaría verte tan feliz como lo es mi Lucy, Santana–terminó decir con voz anhelante, acariciándole la mejilla–Las dos merecen ser felices.

Santana se inclinó y besó a su mamá en la mejilla.

Maribel López no había llevado una vida fácil, y les había dado a ella y a Quinn todo lo que había podido mientras crecían, incluido todo su amor.

Sabía que ella solo quería su felicidad.

–¿Estamos listas?

Rachel irrumpió en la habitación vestida con unos pantalones vaqueros, un suéter de moda y botines, Brittany la seguía.

Quinn saltó del sillón tan precipitadamente que casi lo tumba.

–Sí, sí. Estoy lista, cariño. Vámonos.

Santana estuvo a punto de estallar de la risa ante la impaciencia de Quinn.

Sabía que su hermana no solo estaba lista para iniciar su luna de miel, sino ansiosa de huir de su mamá en las raras ocasiones en las que esta se ponía a pontificar.

Brittany permaneció al lado de Rachel, después de haberse duchado y puesto unos vaqueros y otra camiseta marcándole los pechos.

Las tres mujeres se agarraron del brazo y se dirigieron a la puerta, abrazándose y besándose como si no fueran a verse nunca más.

Rachel había sido amiga de su mamá desde hacía años y Brittany había tenido una relación muy amigable con ella a lo largo del último año.

Santana las siguió, deseosa de verlas a todos fuera.

Quería estar a solas con Brittany.

Quinn la cogió por el brazo.

–Te aconsejo que sigas tu plan. Usa la maza si es necesario.

Santana asintió con la cabeza, hipnotizada por el leve contoneo de Brittany mientras caminaba junto a Rachel y su mamá hacia la puerta.

Mía.

Una posesividad le golpeó las entrañas cuando vio a su mujer sonreír a su mamá y a Rachel. Volvió la cabeza para ver a Quinn mirando a Rachel exactamente de la misma manera.

Quinn se volvió a Santana y sus ojos se encontraron, intercambiando una intensa mirada de entendimiento y afinidad antes de hacerse un gesto de complicidad con la cabeza.

Le daría a Brittany tanto tiempo como necesitase, pero en algún momento usaría sus tretas de cavernícola.

No podría evitarlo.

¡Maldita sea!

La necesitaba tanto…aunque no se la mereciese.

Pensando en su reacción cuando la rubia quiso tocarla, frunció el ceño.

Debería haber intentado explicarse, pero era algo de su pasado que no quería recordar, no quería explicar, ni siquiera a Brittany.

Especialmente a Brittany.

No quería ver su expresión de repulsión cuando se lo dijera, cuando descubriera la pobredumbre que había en su pasado.

Hubiera hecho lo que fuera por proteger a su hermana, pero eso la había marcado.

Brittany podría ser médico, pero también una mujer muy vulnerable.

Ese episodio de su vida pertenecía al pasado y quería dejarlo ahí.

Pero la rechacé, la reprimí.

Porque había necesitado hacerlo.

Pensar en ello la hacía sentirse menos merecedora de una mujer como Brittany.

Ella no necesitaba contagiarse de sus miserias.

Quería que me tocara, quería sentir su boca sobre mí.

Su reacción había sido instintiva, una aversión que había tenido desde la niñez.

Como había ciertas cosas que no toleraba sexualmente, había convertido en arte el dar placer a la mujer.

Y Brittany había sido servida.

Se había corrido tan exquisitamente, tan eróticamente… Sólo pensarlo le hizo casi aullar en alto, llevándose las manos a la cabeza y empujándose el pelo hacia atrás con frustración.

Todas y cada una de sus experiencias sexuales palidecían al lado de su increíble encuentro con Brittany, la personificación de todas sus fantasías sexuales.

Intentando acallar el pasado, intentando no recordar lo muy jodida que aún estaba, se unió al resto.






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Pd2: Gracias a Tati ya tenemos epílogo en "respiro" para que lo puedan leer!







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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por micky morales el Jue Jun 01, 2017 1:57 pm

ahora es cuando yo quiero conocer ese pasado de santana que le impide dejarse tocar por britt!!!!!
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Finalizado Re: [Resuelto]FanFic Brittana: La Obsesión (Adaptada) Epílogo

Mensaje por JVM el Jue Jun 01, 2017 6:32 pm

Jajajja la mamá poniendo en su lugar a este par de cavernícolas.... Haber que tal les va ahora que de nuevo estarán solas ....
Y pues intriga el pasado de la morena, que la habrá dejado tan marcada?
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