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[Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

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Activo Re: [Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 3:02 am

Isabella28 escribió:Cual sera la ultima cláusula?

Vamos a descrubrirlo les parece....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 3:11 am

micky morales escribió:Vas bien no te preocupes. creo que Britt debio aleccionar a Santana para presentarla como novia, a ver como sigue todo, en especial esa ultima clausula!!!!

gracias,,, creo que deberieron haberlo pensado antes, menos mal que no se metiron en problemas..... veremos como es esa ultima clausula?????
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Activo Re: [Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:15 am

SIETE
BRITTANY, ESTÁS CELOSA




Santana alzó de nuevo las braguitas negras con rayas de colores sin dejar de analizarlas con sumo detalle. «Y si Brittany y yo llegamos a...».

—¡Dios! —exclamó mientras sus mejillas se teñían de un color rosado. ¿Como podía pensar que Brittany llegaría a verle su ropa interior?
Brittany misma le confesó que ella no era la clase de mujer en la que se fijaría. Solo era una mera acompañante de negocios. ¡Punto!

—San. —La voz de su madre irrumpió en sus pensamientos provocando que, en reacción, lanzara sus bragas al suelo.

—¡Mamá! Me has asustado —confesó con voz temblorosa y con la mano en el pecho, aún nerviosa por sus lascivos pensamientos.

—Estoy tan orgullosa de ti, cariño —confesó, mientras le acariciaba la mejilla—. Ricardo ya se lo ha contado al vecindario. Todos están felices por tu nuevo trabajo y el éxito que vas a tener. Tu padre dice que estarás en buenas manos, que la familia Pierce es leal y de palabra.

—No podía decir lo mismo de su hija... —murmuró entre dientes mientras doblaba un par de camisetas.

—¿Qué has dicho, San?

—Nada, mamá. Yo también estoy feliz. Prometo que cuando cobre la primera paga os enviaré el dinero.

—Santana, no es tu deber cuidar de la familia. Yo... —dijo ella con un hilo de voz—. Sé que Ana y tú os merecéis algo mejor.

—¡Mamá! —exclamó con enojo—. Ana y yo hemos tenido un amor incondicional, cariño y salud. No necesitamos dinero para ser felices. Ahora lo primordial es liquidar las deudas de papá y la hipoteca de la casa, ¿vale?


María asintió con la cabeza cuando la pequeña Ana apareció por sorpresa. Todos querían despedirse de Santana y desearle suerte en su primer viaje de negocios. Así lo descubrieron cuando una carta, bajo el sello de las empresas Pierce, confirmó a la familia López que su hija mayor realizaría un importante viaje a San Francisco para salvaguardar los bienes institucionales de la magnate Brittany.

Antes de subir al auto, Santana volvió a despedirse de su familia hasta que su padre la abrazó como si se rehusara a dejarla ir.

—Cuídate, mi pequeña mujercita —dijo él con las lágrimas en los ojos.

—Papá, no me iré por mucho tiempo. Con suerte estaré de vuelta en una semana —aclaró ella, alzando su mano para acariciarle su ajada mejilla—. Prométeme que te cuidarás y no volverás a trabajar en la mina.

Él asintió, aliviando a Santana de que, al menos, su familia estaría bien. Dentro del auto, San reconoció las calles que la llevarían hacia las empresas Pierce. Supuso que sus pertenencias se las llevarían al aeropuerto, tal y como se intuía en la última cláusula del contrato:

«Cláusula seis. La contratada acompañará a la señorita Pierce en sus viajes de negocios y en lo que ésta pueda determinar».

Santana se adentró en el edificio con inseguridad mientras sus nuevos compañeros cuchicheaban cada paso que realizaba. Pero ella tenía asuntos más importantes que atender a unas cuantas miradas acusadoras.

—Buenos días, amor —expresó Brittany cuando ella entró en su despacho. San sintió martillar el corazón, a punto de salírsele del pecho, cuando sus ojos color azul cielo la observaron. ¿Por qué Brittany era tan perfecta? ¿Acaso no sería más fácil para ella si la magnate Pierce fuera una emética ogra?

—Buenos días... —susurró en voz baja.

Brittany dejó los papeles en una esquina para escrutarla con la mirada. Para maravillarse de su presencia, que ya empezaba a acostumbrarse a ella.

—¿Sucede algo, Sanny?

Ella la observó, insegura de qué decir, mientras mordisqueaba el labio inferior.

—No... —mintió—. ¿A qué hora sale el vuelo?

Brittany alzó las cejas, sorprendida por la personalidad sumisa que Santana le estaba demostrando. En el fondo, sabía que ella se escondía bajo un personaje fuerte y belicoso para ocultar su lado más sensible. ¡Dios! Realmente, Brittany se había sorprendido con la ardua vida de Santana. No era fácil y ella lo sabía por experiencia propia de sus padres. Se incorporó del asiento para observarla de arriba abajo y saborearla mentalmente. ¡Joder, la había echado de menos, para qué engañarnos!

Brittany no esperaba exigirle la cláusula número seis pero, por muy extraño que sonara, ella necesitaba a Santana en su vida. Había encontrado un nuevo motivo para ilusionarse y, lo más importante, para olvidar su pasado.

—Ayer estuviste espléndida. Los señores Simon me han dado saludos para ti. Quieren volver a cenar con nosotras.

Santana asintió con la cabeza sin dejar de sonreír.

—De hecho, no actué en ningún momento. La señora Abigail es un encanto de persona. Me gustó hablar con ella.

—Hoy tengo que asistir a una presentación de un hotel, aquí en la ciudad. Quiero que vengas conmigo... por supuesto —murmuró con voz cavernosa sin dejar de escrutarla.
Santana se sonrojó sin saber qué hacer con sus manos. Se sentía insegura consigo misma.

—¿Pero no tenemos que ir al aeropuerto? —inquirió con preocupación sin dejar de observar el reloj de pulsera.

—Será corto y terminaremos muy pronto. Sé que estás impaciente por ver nuestra habitación —aclaró con una sonrisa fanfarrona.

Ella rodeó los ojos, tratando de reprimir una sonrisa tonta. Le gustaba el juego de Brittany, aunque tratara de aparentar todo lo contrario. Cada vez que recordaba lo que había tratado con la magnate Pierce, un remordimiento carcomía su cabeza como auténticas polillas con la madera.

¡Tenía miedo! Sí, miedo por cómo terminaría aquella farsa en la que se había involucrado, únicamente, por dinero. ¡Dinero que necesitaba para ayudar a su familia y terminar con su pesadilla! Pero, por otra parte, tenía a su «consejera oscura» que le hacía recordar con quién había firmado el contrato.

Que la mujer con la que fingía ser su novia era, ni más ni menos, una diosa griega reencarnada en carne y hueso. ¡Uff! BrittanyPierce era el motivo de robarle el sueño y varios suspiros a Santana López. Ella observó la ropa que llevaba encima, un vestido estampado de flores y sus deportivas viejas, para volver la mirada al aseo.

Brittany frunció el ceño, sujetándola del brazo para evitar que se alejara hacia el cuarto de baño.

—No hace falta que te cambies, Sanny. Estás perfecta así.

Santana sintió cómo las mejillas le ardían y gotas de sudor corrían por su espina dorsal. Juraría que por sus orejas se desprendía un ligero humo. ¡Estaba ardiendo! No era fácil sacarle los colores con simples chorradas como: «eres más bella que una flor» o «mi felicidad está en tu sonrisa». ¡No! Pero Brittany era una mujer  que sabía cómo encandilar a una mujer, o así pensaba ella.


Brittany conducía el coche con sutileza, aportándole más sensualidad de la que ya tenía. Su brazo izquierdo estaba apoyado en la ventanilla sin dejar de guiar el volante, mientras su mano libre acariciaba con delicadeza el muslo de Santana. ¡Dios Santo! Ella terminaría derretida, literalmente.

Santana sonrió tímidamente cuando, al llegar a su destino, Brittany la sujetó de la mano. Se sentía segura a su lado y, lo más importante, protegida. Pero toda esa confianza se desplomó de un golpe cuando observó a las personas que habían asistido a la presentación de la nueva cadena hotelera de la ciudad. Santana tragó saliva, sintiendo cómo la garganta le escocía. Nunca se había preocupado por las apariencias pero era imposible no centrarse en su vestimenta al estar rodeada de mujeres enfundadas en sus mejores vestidos de gala. Brittany notó cómo los pasos de la morena se acortaban, instándola a seguirla hacia el centro de la sala. Saludó a varias personas esbozando una amplia sonrisa mientras sujetaba la mano de su «novia». Se sentía feliz con la compañía de la pequeña Sanny y, después de tanto tiempo, estaba cómoda entre los clientes de sus empresas.

—¡Ey, Brittany! —exclamó un joven mientras se acercaba hacia a ellas—. Has venido a la presentación. —Soy una mujere de palabra, Joe —dijo ella, estrechándole la mano mientras el muchacho seguía observando a la morena.

Brittany frunció el ceño con fuerza, sintiendo un ligero cosquilleo en su estómago

—. Ella es Santana López, mi...

—Encantado de conocerte, linda. Soy Joe Hart, socio de las cadenas hoteleras  Hart´s —manifestó el muchacho, interrumpiendo a Brittany.

—Igualmente —susurró ella con voz inaudible mientras correspondía con el saludo.

—Dime, Santana, ¿alguna vez has estado en uno de mis hoteles? Si quieres puedo enseñarte la decoración de nuestra nueva suite presidencial y...

Brittanyse aferró a ella como hierro ardiendo mientras su brazo le envolvía la cintura. San gimió sobresaltada cuando notó el calor humano que aquella genuina mujer desprendía, mientras el corazón le latía con fuerza como si estuviera preparando para salir volando.

—Lo siento, Joe. Mi novia —dijo, recalcando la última palabra—, prefiere nuestra habitación. ¿Verdad, cariño? —inquirió, sujetándole el mentón con delicadeza mientras ambas conectaban sus miradas.

Por un momento, Brittany se olvidó de todo cuanto la rodeaba. Solo podía centrarse en los matices oscuros de los ojos de Santana y en sus facciones que la traían loca. ¡Era un ángel!

Un carraspeo hizo sacarle un gruñido de su interior para observar a su compañero de negocios Joe Hart.


—Está bien, he pillado la indirecta. Pero si tu novia —repitió con sorna la última palabra—, cambia de idea, tiene total libertad para hospedarse en mi hotel gratuitamente. Nuevamente, encantado de conocerte Santana López — susurró con voz sensual.

Brittany suspiró con fuerza, palpando un ardor en sus venas al ver cómo un hombre trataba de flirtear con su mujer. ¡Vale! Sabía que Santana no era ni una conocida para ella pero, teóricamente, sí era su novia.

—¿Qué ha sido eso? —preguntó ella, enarcando una ceja en alto.

Un camarero pasó por su lado, ofreciéndoles un par de aperitivos y bebidas. Brittany cogió una copa de vino blanco para bebérsela de un golpe mientras alzaba los hombros para dejarlos caer con pesadez.

—Joe Hart es un jodido altanero. Me cae como una patada en el culo. Hola, soy Joe Hart y tengo mil hoteles repartidos por todo el mundo — expresó con voz aguda, tratando de ridiculizar la imagen del empresario.

Santana alzó sus manos a la boca, reprimiendo una carcajada.

—¿De qué te ríes? —demandó Brittany sin dejar de maravillarse por la sonrisa de la morena.

—Brittany, estás celosa.

Ella  permaneció en silencio sin dejar de cavilar sobre lo que Santana había dicho. ¡Y, por supuesto, la señorita López no se había engañado con su deducción! Brittany Pierce había traspasado una línea que nunca deseó cruzar. La línea que la mantenía al margen de un sentimiento que únicamente le trajo problemas y amarguras en el pasado. Brittany sonrió con picardía mientras incorporaba sus manos en los bolsillos del pantalón, mostrando una imagen de indiferencia.

—Sanny, Sanny, Sanny... —chasqueó la lengua con desaprobación sin dejar de negar con la cabeza—. ¿Te has olvidado tan fácilmente del contrato? Si quiero que esto sea creíble, debo actuar como una buena mujer enamorada de su mujer cuando ve que alguien la intenta flirtear. Así que, no te ilusiones.

Santana sintió cómo las paredes del estómago se le oprimían, produciéndole unas fuertes náuseas. Le había dolido estamparse contra la realidad cuando Brittany se encargó de bajarla de su nube de la felicidad. ¡Para ella, Santana era un simple par de folios firmados! Ambas se estaban utilizando para beneficiarse mutuamente. Brittany, para mantener una falsa apariencia y ella para conseguir dinero a su familia.

—¿Adónde vas? —inquirió cuando ella volteó su cuerpo con la intención de alejarse. Santana la observó de soslayo, produciendo que Brittany sintiera una opresión en el pecho cuando los ojos de su compañera se llenaron de lágrimas.

López era una chica lista y ella no podía negar que estaba celosa. ¿Por qué? Pues ni ella mismo sabía la respuesta o, tal vez, Brittany no quería conocer la respuesta.

—Cláusula número tres, cariñito —respondió Santana con aire adusto.

Brittany observó cómo Santana se alejaba entre la multitud que la analizaba con cierta curiosidad. Ella resaltaba entre todos, y no por su vestimenta. Santana, como bien había visto Brittany en ella, tenía algo especial.

«Ella es especial», pensó.


Última edición por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:23 am, editado 1 vez
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Activo Re: [Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:19 am



OCHO
DILES QUE FUI YO QUIÉN TE BESÓ PRIMERO.

..

Santana se apoyó en el lavamanos, mirándose una y otra vez en el espejo del aseo. Había tardado años en construir su enorme caparazón de mujer ruda, logrando ocultar su lado más débil a la gente. Pero, en tan poco tiempo, Brittany había conseguido quebrarlo y, muy a regañadientes, ella se lo estaba demostrando. Tenía que centrarse y cumplir con el contrato porque eso era: ¡un trabajo! Pero le estaba resultando complicado actuar con ella. Por momentos, Santana juraría que Brittany hablaba con el corazón. Que, verdaderamente, Brittany Pierce había sentido celos cuando Joe Hart quiso flirtearla. «Si quiero que esto sea creíble, debo actuar como una buena mujer enamorada de su mujer cuando ve que alguien la intenta flirtear. Así que, no te ilusiones».

Santana cortó un trozo de papel para limpiarse las lágrimas cuando recordó las palabras de Brittany. Tenía que dejar de fantasear y asentar los pies en la vida real. ¿Pero cómo no ilusionarse con ella? Cualquier mujer en su situación fantasearía de todas las formas posibles con Brittany Pierce.

Cuando Santana oyó el sonido de la puerta abrirse, rápidamente se escondió bajo su mata de pelo negro rehusándose a que aquella gente no solo se burlara de ella por sus vestimentas, sino también por sus lloros de niña pequeña. Una mujer de mediana edad rompió el silencio con sus taconcillos de color mostaza. No hacía falta ser demasiado listo para saber que ella pertenecía a la clase alta. San se avergonzó, intuyendo lo que la mujer estaría pensando de ella. «Una plebeya en las cortes de la reina», discurrió con ridiculez.

—Una chica tan linda como tú no debería estar llorando en un baño — comentó, antes de enjabonarse las manos.

Santana, un poco sorprendida por cómo la mujer inició la conversación, sonrió con dulzura.

—Gracias —murmuró con voz inaudible para retirar un mechón de su frente.

—¡Ay, dulzura! Si el culpable de tus lloros es un hombre, tienes que aprender que a los ex no se les llora —expresó, acercándose más hacia ella, con la intención de susurrarle algo—. ¡A los ex se les sustituye!

San se echó a reír, tímidamente primero y enseguida a carcajada limpia, acompañada por la mujer. Ahora mismos, sus lágrimas eran de felicidad. Había juzgado a un libro por su portada, sorprendiéndose encontrar en aquella mujer un interior que valía la pena.

—Te prometen bajar la luna y ni siquiera bajan la tapa del váter. Tengo sesenta y cinco años, dulzura. Déjate aconsejar por una mujer que ha vivido demasiadas experiencias —comentó con gracia—. Mi nombre es Sara —se presentó, antes de secar sus manos en la toalla.

—Santana López.

La mujer alzó ambas cejas sin dejar de analizarla de arriba abajo.

—¿La nueva novia de Brittany Pierce? —preguntó, esperando a que ella le respondiera.

San, estupefacta por la reacción de la mujer, afirmó con la cabeza.

—¡Madre de Dios! —expresó con una sonrisa de oreja a oreja—. ¿Cómo puedes aguantar a esa mujer?

Santana abrió la boca con estupefacción y pestañeó repetidas veces, tratando de centrarse en la pregunta de aquella mujer.

«Paciencia. Mucha paciencia...», pensó.

—Es una buena mujer. Tiene un enorme corazón que no le cabe en el pecho —respondió.

¡Y era cierto! Brittany le había ofrecido una nueva oportunidad. ¡Una nueva vida para ella y su familia!

—No te sientas comprometida a hablar mal de ella conmigo, cariño – confesó la mujer con la mano en el pecho—. Es una buena mujer, todos lo sabemos, pero también es un poco desquiciante.

Santana se mordió los labios mientras reprimía una sonrisilla.

—Bueno, tal vez un poquito sí... —murmuró por lo bajo.

—¡Lo ves! —exclamó Sara sin dejar de aplaudir—. Ya has dado el primer paso. ¿Y qué haces aquí llorando? —preguntó con el ceño fruncido cuando sus ojos se abrieron como platos—. Espera, ¿Brittany te ha hecho algo?

La voz de Santana se esfumó sin saber qué contestar. Trató de discurrir una buena mentira porque, muy a su pesar, Sara había acertado. Ella había llorado por «culpa» de Brittany Pierce aunque, en realidad, la culpable era ella misma. Sabía que al momento de firmar el contrato su único objetivo era trabajar, ¡no ilusionarse como una idiota por una mujer que ni siquiera la veía atrayente!


—¡Oh! —prorrumpió la mujer cuando sonó su teléfono móvil—. Me están esperando en una reunión importante —se disculpó, acercándose hacia Santana para acariciarle el hombro—. Creo que nos volveremos a ver muy pronto Santana. Y, si quieres seguir mis consejos, sal ahí y deslumbra con tu belleza. Busca a tu novia, sedúcela y haz que se derrita por tus huesos. Luego, si las dos lo quieren, podéis venir al aseo —dijo, guiñándole un ojo con picardía.

Las mejillas de Santana se tintaron de un color rosado mientras la mujer se despedía. Ella negó con la cabeza, echándose grandes cantidades de agua en la cara. Volvía a estar ardiendo, literalmente. Pero era totalmente entendible que tuviera esa reacción en su cuerpo, cuando la imagen de ella y Brittany en el cuarto de baño apareció en su mente. «Estás jodidamente enferma, Santana», se criticó a sí misma. Cuando Santana salió de los aseos de las señoras, hizo un recorrido con su mirada en la enorme sala. Inspiró con fuerza, antes de encaminarse hacia aquella gente de negocios y sin saber muy bien a dónde dirigirse. A lo lejos, pudo reconocer a Joe Hart hablando con varias personas mientras braceaba con exageración. Volvió a tragar saliva con fuerza mientras sus ojos, inconscientes de lo que estaban haciendo, buscaban desesperadamente por Brittany.

«¿Dónde estás?».

—¿Y los canapés? —preguntó una mujer de cabello claro, apareciendo frente a Santana Ella pestañeó repetidas veces, volviendo la mirada a sus espaldas para cerciorarse de que las dos mujeres la estaban observando a ella. —¿Si no son canapés, qué traes? —demando la otra mujer de cabello corto y color castaño.

—Lo siento, creo que me están confundiendo —respondió ella con la ceja enarcada.

—No, no lo creo —se burló la rubia sin dejar de analizarle la ropa—. Si no eres la camarera, ¿quién eres? ¿Una verdulera?

San arrugó la frente, atónita por las malas intenciones de aquellas dos individuas. Por supuesto que ellas sabían quién era Santana porque Brittany se había encargado de pasearla por el salón sin soltarle la mano.

—Aparte de tener mal gusto, eres cortita de mente —comentó la misma mujer.

«Acuérdate de la cláusula tres, Santana. No dejes que esta chusma consiga arrebatarte el trabajo», pensó para sí misma.

—Soy la novia de Brittany Pierce —respondió ella con voz suave y angelical, actuando como una buena actriz.

—¡Entonces sí que es cierto! —exclamó sorprendida la mujer de cabello corto—. No me lo puedo creer. Verás cuando se entere nuestra amiga. Se sentirá totalmente ofendida al ver con quién la ha remplazado Brittany.

Ambas mujeres carcajearon en alto, haciéndole recordar a Santana un documental de fauna salvaje. Parecían completas víboras siseando sin dejar de escupir veneno por la boca.

—No te sientas ofendida, pero tú y Brittany no vais a durar no dos telediarios —aclaró la misma mujer sin dejar mordisquear con absurdez el borde la copa de cristal.

Santana sintió que las fuerzas que había recuperado en el cuarto de baño se esfumaron. Este no era su mundo. Ella era una López. Pertenecía a una familia humilde que en su vida trataría a nadie con desprecio hasta herirla sentimentalmente.

—Yo... —dijo con la voz entrecortada.

Un brazo, ocultado bajo una camisa blanca, le rodeó los hombros. Ella cerró los ojos, deleitándose con el perfume que ya conocía demasiado bien.

—Señoritas —habló Brittany sin dejar de abrazar a Santana y de protegerla contra las mordeduras de aquellas dos serpientes—. Lo siento, pero vengo a rescatar a mi novia —aclaró con una sonrisa forzada—. Mi sexto sentido me ha advertido que ustedes dos no han sido muy afables con mi chica. Así que, como comprenderéis, antes de que mi paciencia se termine prefiero cortésmente invitarlas a largarse de mi vista y que le pidan disculpas a mi mujer.

El corazón de Santana se detuvo a la vez que el gemido en su garganta. ¡Dios Santo! Sabía que Brittany estaba actuando pero aquello la estaba superando. Ella, aunque estuviera viviendo una mentira, quería seguir sintiendo lo que era ser querida y protegida por una mujer como ella.

—Se lo contaremos a Nancy, Brittany. Y luego ella sabrá que...

—He dicho —las interrumpió, reteniendo la cólera en su interior—, que le pidáis disculpas.

Ambas mujeres observaron por unos cortos segundos a Santana sin dejar de sonreír con hipocresía.

—Perdóname, Santana. Solo estábamos bromeando.

—Sí, disculpa si te has sentido ofendida. Para nada era nuestra intención —aclaró la mujer de pelo corto con la mano en el pecho, mientras se alejaban de allí sin perderlas de vista.

Brittany gruñó con rabia. Había estado realmente preocupada cuando Santana se alejó de ella sin decir nada. Sin darle una mera explicación. ¡Joder! Brittany era totalmente consciente de lo que había hecho. Sabía que su brusquedad había provocado que ella terminara llorando sabe Dios dónde. Y eso... eso no se lo perdonaría jamás.

—Sanny —habló, rompiendo el silencio entre ambas mientras varias personas, incluidas las dos mujeres de antes, las observaban—. Lo siento... —murmuró en un susurro mientras la escrutaba con la mirada.

Santana frunció el ceño, tratando de deducir qué Brittany estaba actuando. ¿El de verdad o el ficticio? Brittany enmarcó con sus manos las mejillas sonrojadas de San para que la siguiera observando a los ojos.

—He estado pensando sobre algo —dijo, tragando saliva con dificultad—. Cuando nos pregunten cómo fue nuestro «primer beso»... diles que fui yo quién te besó primero.
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Activo Re: [Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Miér Feb 21, 2018 4:25 am

NUEVE.
«¿CLÁUSULA NÚMERO SIETE?»

.



—Brittany, créeme que miro demasiado por nuestras empresas. Me dejo el puto pellejo para mantener a los clientes contentos y que las financiaciones no decaigan. ¡Así que no voy a permitir que los Smith participen en ellas ni con la mayor inversión del mundo!

La concentración de Santana estaba puesta en una gota adherida en la ventanilla del automóvil mientras resbalaba lentamente, haciendo un camino lleno de imperfectas curvas. Dejó que los gritos de Brittany se perdieran en el aire mientras seguía concentrada en algo. ¡En algo que la había marcado para siempre! Cerró los ojos con suavidad y dejó que el placer la llevara al momento exacto donde ella y Brittany se besaron. Inconscientemente, Santana se acarició los labios con las yemas de sus dedos sin dejar de suspirar. Brittany la había devorado, literalmente. Le había aprisionado ambos labios mientras sus lenguas realizaban una perfecta lucha libre, deseando derrotar a la contrincante y gobernar en la boca de la otra.

«A algodón de azúcar», pensó ella mientras trataba de comparar a qué sabía Brittany.

—Sanny...

«A chocolate fundido».

Un calor sobrenatural amaneció en el interior de su cuerpo sin dejar de recordar el beso.

—¡Santana!

Ella giró con brusquedad la cabeza para encararse con Brittany. Abrió los ojos como platos y apretó los labios con fuerza, avergonzada por lo que acababa de hacer.

—Deja de hacer eso. Vas a conseguir que nos salgamos de la carretera — exigió, apretando los dientes mientras sus ojos reflejaban deseo—. O peor aún... provocar que rompa las cláusulas del contrato.

Santana observó con rapidez la enorme incomodidad y sonrojo de Brittany, sorprendida de que ella consiguiera hacerle eso. Gimió con sorpresa para volver la mirada hacia la ventanilla del coche mientras su respiración ascendía y descendía en un discordante ritmo. ¡Joder! Brittany se había desconectado de la regañadura telefónica que su padre le estaba haciendo, cuando sus ojos observaron a Santana tocarse sensualmente los labios. Tuvo que reprimir el deseo de apagar el motor y lanzarse encima de ella, dispuesta a besarla en otras zonas más íntimas para enseñarle lo que de verdad era disfrutar. Entre ellas había algo más que un simple contrato.

¡Entre Santana López y Brittany Pierce había deseo y ganas! El trayecto se hizo realmente largo cuando el silencio se cernió sobre ellas. Ahora, Santana solo pensaba cómo afrontaría la situación y con qué cara observaría a Brittany Pierce después de su espontánea pérdida de cordura. Arrugó los ojos, tratando de observar con claridad a través de la fuerte lluvia que había empezado. Estaban en un barrio residencial conformado por diversidad de caros chalés, hasta que el coche se adentró en una pista apartada de las viviendas. ¿Adónde se dirigían? ¿Acaso el aeropuerto estaba en esa dirección?

Brittany siguió manejando con aire adusto y sin dejar de recrear imágenes impúdicas en su cabeza. Ahora, más que nunca, deseaba exigirle a Santana la última cláusula del contrato.

Giró el volante con sutileza para pararlo frente a un enorme portalón de metal, rodeado por cuatro cámaras situadas en diferentes esquinas. Brittany bajó la ventanilla para hacer un corto saludo con su mano izquierda cuando, de repente, el enorme portal se abrió. Santana, atónita por lo que estaba sucediendo, no pudo reprimir observar a Brittany.

Su desconcierto había conseguido que se olvidara, por un momento, de su bochornoso comportamiento.

—¿Adónde vamos?

Brittany, sin mirarla, esbozó una sonrisa ladeada provocando que el vello de Santana se erizara.

—Cláusula cinco —respondió tajante.

Santana suspiró con fastidio, obedeciendo las normas del contrato. Volvió a respaldarse contra el asiento, tratando de relajar su respiración cuando, a lo lejos, observó una enorme casa rodeada por varios coches de alta gama. Brittany aparcó el automóvil sin aflojar el agarre en el volante. Estaba inquieta. Una buena líder, una empresaria de prestigio, nerviosa por culpa de una mujer.

—¿Qué es todo esto, Brittany? —inquirió, harta de tanto misterio y de retener su curiosidad. Brittany le desabrochó el cinturón de seguridad, acercándose demasiado a su cara. Volvió a observar sus labios carnosos, hinchados por las mordidas que ella mismo hizo. —Esto, pequeña Sanny, es la cláusula siete.

Santana reprimió un gemido cuando la pupila de Brittany se agrandó, visiblemente, mientras su pecho subía y bajaba con cierta dificultad.

—¿A qué... —preguntó ella con voz insegura—. ¿A qué te refieres? Muy a su pesar, Brittany se alejó de Santana para abrir la puerta y rodear el coche mientras la lluvia golpeaba con fuerza. Ella observó cómo Brittany retiraba su americana mientras la camisa blanca se le adhería a su bronceada piel, desvelando un perfecto abdomen y unos perfectos pechos. Santana, sobresaltada cuando Brittany abrió la puerta del coche, se maravilló de la sensual imagen que ésta desprendía con el cabello empapado mientras las gotas desfilaban por su perfilada y bien formada nariz. Brittany la instó a bajarse, refugiándola bajo la chaqueta, para así encaminarse hacia las escaleras del enorme porche de la entrada.

—Señorita Pierce —aclamó un hombre enfundado en un traje negro, corriendo hacia ellos con un paraguas en la mano—. Déjenme ayudarles.

—Gracias George —respondió Brittany, apegando el cuerpo de Santana hacia ella para resguardarla de la lluvia.

Santana parecía una idiota, literalmente. No podía reaccionar, hablar... ¡ni siquiera pestañear! Los nervios la estaban devorando por dentro mientras releía mentalmente el contrato.

«¿Cláusula número siete?».

—Bienvenida, señorita Pierce —la recibió una mujer de mediana edad con una sonrisa de oreja a oreja—. Veo que trae compañía. Haré una sopa para hacerlos entrar en calor.

Santana se paralizó en la entrada sin dejar de maravillarse por la decoración de la vivienda... ¡la vivienda de Brittany!

—Espera Grace —ordenó ella sin dejar de observar a Santana—. Quiero que le enseñes la casa a mi novia, por favor. Llévala al aseo para que se tome una ducha caliente. Sus pertenencias están en la habitación.
Brittany le retiró un mechón de la frente para colocárselo detrás de la oreja, cuando sus labios le rozaron el lóbulo

—. Espérame en mi despacho.
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Mensaje por Isabella28 el Miér Feb 21, 2018 7:17 am

Cual sera la cláusula siete? Pobre santana se ilusiona y britt de un zambombazo la deja caer.
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Mensaje por 3:) el Miér Feb 21, 2018 11:38 am

Britt si que sabe subir a san a la nube y bajarla de un pumaso jajaj
San le tendría que hacer caso a Sara...
A ver que tanto trae la nueva clausula?
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Mensaje por micky morales el Miér Feb 21, 2018 8:20 pm

A veces la gente es tan estupida!!!! en algun momento Santana dejara de sentirse como patito feo!!!!!
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Dom Feb 25, 2018 1:16 am

DIEZ
PIÉNSALO BIEN ANTES DE FIRMAR


Santana caminó por el largo pasillo de la segunda planta mientras la humedad de su pelo le enfriaba la espalda. Sus pies descalzos se arrastraban por la moqueta mientras sus ojos observaban la puerta del despacho de Brittany. La anciana Grace se había encargado de enseñarle la casa y sus aposentos. ¡Sí! Una enorme habitación con una cama que superaba los dos metros, por lo menos, con una decoración a tonos negros y blancos que le hizo recordar a las empresas Pierce y un baño privado donde ella pudo asearse para entrar en calor. Pero ahora se encontraba enfundada con su pijama corto, del cual Grace se había encargado de dejárselo encima de la cama, esperando frente a la puerta que la llevaría hacia Brittany. Alzó la mano cerrada en un perfecto puño, antes de golpear con inseguridad.

—Adelante —dijo una voz en el interior del habitáculo, provocando que el vello se le erizara. Ella cumplió la orden y abrió la puerta. Tragó saliva con fuerza cuando sus ojos observaron a Brittany con una camiseta blanca y el pelo completamente alborotado. Sea por los químicos del champú o por el cansancio, sus ojos color azules tenían unos matices carmesí que no dejaban de escrutarla. Ella cerró la puerta para acercarse con miedo hacia una de las sillas libres, esperando a que ella iniciara la conversación. ¡A que le diera una explicación de por qué sus pertenencias estaban en su casa! Brittany retiró tres folios grapados del cajón para apoyarlos encima del escritorio. Santana frunció el ceño con fuerza para volver la mirada a aquellos ojos color azul claro que se le clavaron en la mente y la intimidaron con poderío.

—¿Qué es esto? —preguntó cuando sujetó los papeles entre sus manos.

—El otro folio al que te has comprometido a cumplir, Sanny —le respondió con parsimonia mientras cruzaba sus dedos bajo el mentón.

Santana negó con la cabeza sin dejar de carcajear con gracia, esperando a que Brittany la imitara. Pero no, la adusta expresión de ella le había confirmado que esto no era una broma y que se trataba de algo realmente serio.

—Esto es ilegal —aclaró con el papel en el aire.

Brittany enarcó una ceja con gracia para incorporarse del asiento.

—La acompañante se compromete en su totalidad a las normas de la señorita Brittany Pierce redactadas en dichos folios... —dijo en voz alta mientras Santana leía el mismo párrafo redactado en su contrato


—. Cariño, no es mi culpa si en ningún momento no has preguntado cuántos folios eran. Te lo advertí, Sanny: piénsalo bien antes de firmar. La cara de Santana palideció notoriamente mientras apartaba el segundo folio.

—No... —expresó con la voz entrecortada para volver la mirada a Brittany—. Creí que la referencia a los «folios» se debía a la primera parte donde están redactadas las leyes y las cláusulas, y la última página donde se grabó mi firma. ¡No puedes hacerme esto! —le exigió.

Brittany, detrás de ella, apoyó sus manos en los reposabrazos de la butaca cuando un dulce olor a jabón invadió sus fosas nasales, dejándola totalmente patidifusa.

—Tú lo has firmado, Sanny —susurró con voz cavernosa—. Pero estás a tiempo de romper el contrato. No te obligaré a hacer nada contra tu voluntad. Brittany sintió una opresión en el pecho, deseando que las manos de Santana no desgarraran los papeles. La quería en su vida y, extrañamente, la necesitaba ahora más que nunca. No solo a nivel laboral, sino también sentimental.

—Cláusula siete —murmuró ella con voz casi inaudible—. A lo referente en la citación del contrato, Santana López se comprometerá a vivir con la señorita Brittany Pierce y a comportarse públicamente como una pareja enamorada. Tratará de hacer creíble su relación con la contratante y asegurarse de que nadie desconfíe del contrato.

Santana pestañeó varias veces, descubriendo por fin que su contrato tenía siete cláusulas. Sintió una sequedad en la boca cuando sus ojos volvieron a releer el párrafo. ¡Debería estar indignada y, pero aún, cabreada!

—No sé si estaré preparada para realizar la cláusula siete. Nunca he salido de casa, Brittany... —aseguró con la mirada perdida.


—No te voy a morder, Sanny, si es lo que temes. Tampoco voy a abusar de ti, ni nada por el estilo. Pero es un poco irónico hablar de miedo, porque tendría que ser yo la que esté asustada de ti —dijo, confundiéndola por completo—. ¿Estaré segura durmiendo en la misma casa contigo?

Ella abrió la boca, estupefacta por sus indirectas.

—No puedo asegurar que no te despiertes con un tenedor clavado en el trasero, cariño.

Brittany sonrió como una completa idiota, sin importarle lo más mínimo las rudas palabras de su guerrera. Había creído que Santana estaría colérica. Sin embargo, ella no parecía enojada. Todo lo contrario, sus ojos revelaban inquietud y curiosidad.

—¿Entonces aceptas las condiciones, incluida la cláusula siete? —inquirió Brittany con cierta preocupación. Ella giró su cara, sorprendida de verla tan cerca. Por un momento pensó en su familia. Santana sabía que esto era por ellos pero, egoístamente, también lo hacia por ella misma. Imprudentemente, se había prendido de Brittany Pierce. La atracción que tenía hacia ella era inocultable y por más que se rehusara a quererla, ahora era demasiado tarde. Santana asintió con lentitud mientras Brittany esbozaba una sonrisa triunfadora.

—Créeme, pequeña Sanny —le dijo, sujetándole el mentón con suavidad —. Cuando se termine el contrato, querrás prorrogarlo por un año más.

Ella observó la expresión fanfarrona de su cara pero, al mismo tiempo, la ilusión que sus ojos transmitían. Brittany tampoco podía negar que se sentía demasiado atraída a esta descabellada idea para sus abogados, pero realmente espléndida para ella. ¡Santana era suya, «legalmente»!


Ella cerró los ojos cuando las yemas de Brittany rozaron sus labios, rendido a los encantos de aquella mujer que la traía loca. Gruñó, como una verdadera animal salvaje, cuando ella succionó su dedo índice con la boca y lo lamió con suavidad antes de soltárselo.

Brittanyse acercó con la intención de besarla... ¡de devorarla! Pero ella, a tiempo de que sus labios chocaran, interpuso su mano.

—Cláusula número siete, amorcito —dijo, alzándose del asiento—. Me comportaré como una pareja enamorada... ¡pero en público! —recalcó la última palabra—. Ya sabes, debemos mantener una buena imagen ante tu gente —aclaró, antes de guiñarle un ojo.

Brittany sintió un punzante dolor entre sus piernas mientras observaba cómo Santana se alejaba hacia la salida sin dejar de contornear sus caderas.

—Tengo hambre. —La voz de Santana le sonaba perturbadoramente sensual. Brittany no pudo evitar carcajear como una completa lunática mientras sus manos despeinaban aún más su cabellera oscura. Santana sabía cómo jugar con ella.

«¡Oh, desde luego que eres una chica lista, Sanny!».

Caminó hacia la puerta para abrirla y hacer un ademán para que ella pasara.

—El hambre que ahora mismo tengo, pequeña Sanny, no puede ser saciada con comida. Si supieras lo que quiero cenarme...

Santana se paralizó, ardiendo en un recio deseo mientras sus piernas temblaban con exageración. Sin embargo, Brittany ahora parecía impasible.

—¿Has cambiado de idea, cariño? Porque la sopa de Grace es la mejor, te lo prometo. Quedarás completamente saciada —dijo con voz ronca, caminando con las manos en los bolsillos de su chándal.

Brittany observó de reojo cómo Santana la adelantó con los brazos cruzados, en posición defensiva, para observarla con taimado gesto. Brittany tuvo que reprimir una carcajada. ¡Santana era única! Los empleados se despidieron de ellas cuando finalizaron su trabajo, mientras dos guardias custodiaban los terrenos de la casa. ¡Santana estaba completamente sola con el león en la jaula! Ella volvió la mirada a su plato, grabado con letras de oro, mientras el humo salía de la sopa. No quería observar a Brittany, ahora que estaba reconstruyendo su mural. Brittany no podía ver su lado sentimental... ¡no! Arrugó los labios y por fin probó la sopa de Grace de la manera más erótica existente, para después limpiárselos con la lengua. Brittany se percató y su mirada se volvió lasciva y oscura. No había dejado de escrutarla con la mirada, esperando a que sus miradas coincidieran.

¡Joder, Brittanyse la estaba comiendo con los ojos! Brittany apoyó los codos sobre la mesa para producir un carraspeo, mientras Santana continuaba con la mirada clavada en el plato.

—¿No tienes hambre? —le preguntó, preocupada por su salud. Santana negó con la cabeza, aún rehusándose a observarla. Brittany suspiró con fastidio para alzarse del asiento, provocando un sonoro ruido y haciendo sobresaltar a la morena. Brittany rodeó la mesa con rapidez para acercarse a ella. —Pues nos vamos a la cama, princesita —le ordenó con autoridad mientras la instaba a incorporarse de la silla. La reacción de Santana fue tan inminente como inesperada: le flaquearon las piernas. Brittany la abrazó, justo a tiempo de que su cuerpo se desplomara en el suelo. Los ojos de ella estaban inexpresivos cuando Brittany, sin pensárselo demasiado, la alzó en sus brazos con demasiada facilidad. Santana notó el calor del cuerpo de Brittany y giró la cabeza de modo que su cara quedó a unos milímetros de la fragancia de su perfume, situada concretamente en la zona de su cuello. Ella estaba hipnotiza, literalmente. Cuando Brittany llegó a la segunda planta, caminó hacia la misma habitación donde Santana se había vestido. Los labios de ella se curvaron ligeramente en un amago de sonrisa, sintiendo una profunda necesidad de estar abrazada a Brittany toda la noche. ¡Pero, no! Brittany se había comportado como una auténtica dama, llevando a la princesa a sus aposentos.

Santana apoyó sus pies descalzos en el parqué de la habitación, cuando Brittany la bajó, entrelazando los dedos de sus manos.

—Gracias —Santana susurró tímida, con la mirada baja y con las mejillas ardiendo. Brittany sonrió, mostrando el esmalta blanquecino y húmedo de los dientes, mientras retiraba su camiseta por la cabeza. Los ojos oscuros de Santana la observaron tan poderosamente que se sintió intimidada.
Brittany tenía unos abdominales firmes como una tabla de lavar, hombros poderosos y una cara angelical que hacía derretirla como un cubito de hielo.

—¿Qué... —Ella tragó saliva, antes de preguntar con un hilo de voz—. ¿Qué crees que estás haciendo?

San volvió a observar de soslayo el desnudo torso de Brittany hasta donde podía ver. Brittany, intencionadamente, llevó sus ojos azules sobre la cama.

—¿Tú qué crees? —inquirió con picardía. Santana abrió la boca con estupefacción, deseando lanzarle la lámpara a la cabeza para abrírsela como si se tratara de una nuez.

—Ésta es mi habitación —dijo ella, lanzándole una mirada fría y cortante esperando a que Brittany la entendiera.

—¿Tú habitación? —preguntó sin dejar de omitir esa pícara sonrisa mientras caminaba hacia el armario empotrado. Santana quedó petrificada cuando Brittany retiró una camisa y un pantalón de la percha, y extrajo de un cajón un par de calcetines limpios para dejarlos encima de un sillón. «Mierda», blasfemó ella para sí misma.

—Estás en mi habitación, cariño. Bueno, rectifico —dijo, antes de acercarse a la cama—. Esta es nuestra habitación.

Santana negó repetidas veces la cabeza, caminando marcha atrás y sin apartar la mirada de Brittany.

—Entonces me iré a la habitación de invitados —dijo ella con voz temblorosa. Brittany enarcó una ceja, sorprendida de verla tan vulnerable e insegura. Al final, su pequeña guerrera no era tan valiente como aparentaba ser. Santana, por momentos, era como una tigresa lista para atacar en cualquier momento. ¡Pero eso era un mero disfraz! Porque, en realidad, ella era una dulce y tierna gatita que no estaría dispuesta a que le dañaran el corazón.

—No. No lo vas a hacer —respondió diáfana.

Santana rió con nervios, creyendo que Brittany la estaba vacilando pero su mirada oscura hizo confirmarle que hablaba muy en serio.

—¡Santana! —exclamó sorprendida, sin dejar de sonreír cuando la morena salió corriendo de la habitación. Ella había reaccionado de la mejor manera posible. ¡Por supuesto que sí! Y es que escapar de los problemas era la idónea manera de afrontarlos. «Eres una completa idiota», pensó ella sin dejar de correr por el pasillo.

—¡Ah! —prorrumpió en exclamaciones cuando un repentino descenso de la velocidad hizo que sus pies se alzaran del suelo. Dejó escapar un grito contra su voluntad.

—No hagas que esto parezca la era de piedra, Sanny —le ordenó Brittany, cargándola sobre su hombro izquierdo y sin dejar de sonreír.

—¿En serio? Porque ahora mismo estoy siendo cargada por una cavernícola que desea llevarme a su cueva contra mi voluntad. ¡Suéltame! —exclamó, explotando en cólera mientras sus manos le atizaban la espalda.

Brittany carcajeó en alto sin dejar de negar con la cabeza.

—Me haces cosquillas, cariño —respondió con parsimonia, antes de lanzarla encima de la cama

—. ¿Tan malo es dormir conmigo? —le preguntó, alzando los brazos en alto—. ¡Pero qué cojones! ¿Por qué razón debo de ser tan condescendiente contigo, Santana? ¡Dime! ¿Por qué? —inquirió con las manos a ambos lados de su cadera mientras ella la observaba con desconcierto—. Has firmado un contrato y debes cumplir con las normas.

Santana, aún sentada en el borde la cama, observó la expresión colérica de Brittany y lo realmente decepcionada que parecía. Sin decir más nada, Brittany caminó con rabia hacia el otro lado de la cama para separar las sábanas y meterse dentro.

—De verdad, Santana, no sé qué idea tienes de mí pero no soy una violadora —le murmuró con voz grave, dándole la espalda—. Si quieres vete a la habitación del fondo. Mañana hablaremos. Los viernes suelo quedar con mi familia para comer. Buenas noches —dijo, antes de apagar la luz.

El corazón de Santana le latía a una velocidad vertiginosa. ¡Joder! Sí que era difícil de comprenderla porque Brittany Pierce le había dejado largarse a otra habitación, sin correr el riesgo de dormir con ella. Entonces, ¿a qué esperaba? Santana giró la cabeza para observar la espalda de Brittany, agradeciendo la iluminación del jardín que entraba por el enorme ventanal de la habitación. Era extraño sentir un fuerte nudo en el estómago cuando Brittany la llamó por su nombre y no por el diminutivo del que ahora se había acostumbrado. Volvió a pensar en su hermana pequeña y lo realmente estúpida que había sido comportándose así. Podría haber perdido el trabajo aunque, realmente, eso ahora no era lo primordial para ella. Se alzó de la cama, escogiendo la mejor opción.
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Mensaje por micky morales el Dom Feb 25, 2018 8:42 am

Bueno, Brittany deberia ser un poco mas flexible, aparentar es una cosa pero dormir juntas es otra, o no?????
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Mensaje por Isabella28 el Dom Feb 25, 2018 10:45 pm

Pienso lo mismo de micky, el contrato dice aparentar en publico.
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Mensaje por 3:) el Lun Feb 26, 2018 10:22 am

Britt tiene todas las pautas hechas que le diga cuantas son es otra.cosa Jajaja
Britt quiere una "relación de amigas",... Mas aya del contrato!!! San se esta volviendo muy paranoica!!! No le va a pasar nada, va que no quiera!
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 3:44 am

micky morales escribió:Bueno, Brittany deberia ser un poco mas flexible, aparentar es una cosa pero dormir juntas es otra, o no?????

bueno en partes tienes razon y en otra no... por que Santana sabia muy bien que al fin y al cabo al pediria a cambio Brittany , tal vez no fue la manera pero bueno..... y otra cosa creo que ese contrato no tiene fin, siguen aparenciendo clausulas tras clausulas...
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 3:47 am

Isabella28 escribió:Pienso lo mismo de micky, el contrato dice aparentar en publico.

Recuerden que no sabemos aun cuantas clausulas hay en el contrato, se las esta dando de a poco, ademas estamos en pininos o sea de a pasitos..... creo que Brittany no se va a jugar asi sus cartas....
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 3:48 am

3:) escribió:Britt tiene todas las pautas hechas que le diga cuantas son es otra.cosa Jajaja
Britt quiere una "relación de amigas",... Mas aya del contrato!!! San se esta volviendo muy paranoica!!!  No le va a pasar nada, va que no quiera!

exacto es ahi el punto... bueno esperemos que asi sea...
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 3:57 am

ONCE
¿A QUÉ TEMES, SANTANA?


Brittany apretó los puños sin dejar de ejercer presión en sus mandíbulas cuando sintió el cuerpo de Santana alzarse de la cama y el sonido de la puerta cerrarse. Suspiró con rabia, sintiéndose como una jodida idiota. Ella era Brittany Pierce, la empresaria más codiciada a nivel internacional. ¿Cómo podía permitir que una simple mujer la tratara así? Una mujer que se había comprometido a desempeñar fielmente un contrato.

El sonido de los muelles del colchón hizo que Brittany abriera los ojos con asombro. Un cuerpo se deslizó bajo las sábanas, alejado lo suficientemente de ella.
Brittany tragó saliva con nervios, mientras la boca se le hacía agua. Solo pensar que Santana y ella estaban en la misma cama... —Uff —suspiró con deseo.

—Lo siento —respondió ella, demasiado rápido para su gusto, pero era la pura verdad. Brittany se sorprendió y la observó por encima del hombro.

—¿A qué temes, Santana? —inquirió con curiosidad.

—A ti —respondió cortante.

Brittany giró su cuerpo para acercarse a ella. Solo pudo observarla sin pronunciar nada. Ahora eran sus miradas las que hablaban por ellas y transmitían lo que ambas querían ocultar. ¡Porque así era: una mirada vale más que mil palabras! Brittany no pudo evitar apartarle un mechón de la cara y rozarle la mejilla con el dorso de sus dedos. Santana cerró los ojos sin dejar de suspirar. Brittany observó cómo las emociones se cruzan en su rostro, preguntándose qué tenía de especial aquella mujer para causarle tantas emociones juntas.

—Eres condenadamente hermosa, Sanny —confesó ella en voz alta sin dejar de observarla con sumo detalle, tratando de grabar en su mente todos los rasgos de su cara.

—¿Por qué sigues actuando? No hay necesidad de mentir ahora —exigió ella, un poco molesta.

—Y no lo hago...

Santana abrió la boca para protestar, pero la traidora de su lengua humedeció sus labios. Brittany inspiró con fuerza cuando la lengua de Santana hizo que su atención se centrara en su boca. ¡Dios, ya no podía contenerse! Y sin decir más nada, la agarró por la nuca y la besó con desenfreno. Santana, aún con los ojos abiertos, tardó unos cortos segundos en reaccionar y disfrutar del sabor dulce de Brittany. Ella, dudosa por su precipitada, pero ansiada necesidad, detuvo el beso para observarla a los ojos. Santana, como si los párpados le pesaran, intentó abrir los ojos sin dejar de fruncir el ceño y protestar por lo bajo. Brittany tragó saliva con miedo, esperando su colérica reacción, pero ella le devolvió el beso con un deseo más voraz. Santana le deslizó la lengua por el contorno de sus labios permitiéndole que el beso fuera más lujurioso. Sus manos se desplazaban con lentitud por todo lo largo de su espalda mientras sus piernas se entrelazaban. Nunca nadie había provocado en ella un efecto tan suntuoso con un simple beso... ¡jamás!


Santana gimió cuando Brittany le rozó el vientre, con la punta de los dedos, mientras le desplazaba el trozo de tela hacia arriba con la intención de quitárselo. En ese momento, Brittany había jurado que el gemido de Santana era el sonido más erótico que jamás había escuchado en su vida. La mesita de noche comenzó a vibrar fuertemente, provocando que ambas regresaran a la realidad.

—Yo... yo no sé que... —Santana alzó sus manos a la frente sin dejar de negar con la cabeza. Quería ocultarse y no salir a la luz durante un tiempo. Se sentía avergonzada, excitada, húmeda, colérica... ¡ahora mismo era un perfecto cóctel mezclado con diferentes sentimientos!

Brittany frunció el ceño cuando ella se alzó rapidez de la cama y salió de la habitación sin decir más nada. La sangre parecía arder en sus venas mientras la rabia la consumía por dentro. Desplazó las mantas de un golpe hasta los pies para coger el móvil y observar el registro de llamadas sin darle importancia a que Brittany, su padre, la hubiese llamado. Brittany se echó nuevamente en la cama sin dejar de mirar el techo de su habitación. Fue difícil para ella retener las ganas de seguir a Santana y terminar con lo que habían iniciado. ¡Joder, se sentía sulfurada! Pero no por el hecho de no haberse acostado con la ella, ¡por supuesto que no! Brittany estaba enojada consigo misma por lo que pudo haber sucedido entre ellas y por cómo se había abierto sentimentalmente a ella sin importarle nada. Nunca antes se había sentido así con una mujer. ¡Nunca! Santana hacía que ella se olvidara del mundo, literalmente. Ella le había descubierto una puerta que nunca antes la abrieron y eso... ¡eso la asustaba enormemente!

«Estoy jodida», pensó, cubriéndose los ojos con el antebrazo. «Santana López, ¿qué me estás haciendo?».
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Mensaje por Isabella28 el Mar Feb 27, 2018 4:35 am

Santana lopez te hizo lo mismo que a todas nosotras...la hechizó con sus labios su sonrisa y sus hoyuelos.
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Mensaje por 3:) el Mar Feb 27, 2018 9:39 am

Britt puede intimidar o hasta llegar a ser el diablo, pero con san es diferente!!!!
San esta mas asustada por lo que siente por britt que en si esta haciendo
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Mensaje por micky morales el Mar Feb 27, 2018 2:49 pm

Bien, a cumplir con el mundo de clausulas!!!!!
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:21 pm

Isabella28 escribió:Santana lopez te hizo lo mismo que a todas nosotras...la hechizó con sus labios su sonrisa y sus hoyuelos.

totalmente de acuerdo
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Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:23 pm

3:) escribió:Britt puede intimidar o hasta llegar a ser el diablo,  pero con san es diferente!!!!
San esta mas asustada por lo que siente por britt que en si esta haciendo

creo que no saben hasta donde esta bien o esta mal, esa linea para ellas es dificil de distinguir
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El mundo de Brittany

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Activo Re: [Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:24 pm

micky morales escribió:Bien, a cumplir con el mundo de clausulas!!!!!

tu lo haz dicho, no yo, jajjaja saludos
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Activo Re: [Resuelto]BRITTANA: La Clausula. Cap. 13

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Mar Feb 27, 2018 11:44 pm

DOCE.
¿OS CONOCÉIS?


Un tenso silencio se cernió sobre ellas durante el trayecto hacia la casa de los señores Pierce. Santana no dejó de entrelazar sus dedos con nervios mientras Brittany conducía sin retirar su mirada acaramelada de la calzada. Las ojeras de ella delataban la larga noche en vela. Estaba más que claro que lo ocurrido la víspera le había afectado mucho. Mejor dicho... ¡les había afectado mucho a ambas! Brittany estacionó el auto frente a una enorme casa mientras varios empleados de seguridad merodeaban el perímetro. Santana tragó saliva con dificultad, pensando en cómo actuaría con la familia Pierce y cómo cumpliría con el dichoso contrato.

—Llegamos —dijo en tono plano, produciendo un cosquilleo en el interior de Santana.
Ella la observó salir del coche, maravillándose por la sensualidad que desprendía. Santana se había acostumbrado a ver a Brittany enfundada en traje, pero nunca pensó que unos simples vaqueros y una cazadora negra pudieran sentarle tan jodidamente bien. «Dios Santo», pensó para sí misma. Ambas caminaron hacia la entrada de la mansión. Santana había decidido resguardarse unos centímetros más atrás de Brittany, con la esperanza de que sus nervios no la traicionaran. Necesitaba el dinero para su familia y si metía la pata con el contrato, su trabajo terminaría.

—Ah... —Ella gimió con sorpresa cuando Brittany se enganchó a su brazo derecho para, inesperadamente, regalarle un fugaz beso en la mejilla. Ella, perpleja por aquella reacción, se paralizó sin dejar de escrutarla con la mirada. Sin dejar de saborearse mentalmente sus labios delgados y el olor increíble de su piel.
—Cláusula número siete, Sanny.

Santana pestañeó repetidas veces mientras volvía a la realidad. A la cruda verdad de que su función era una mera farsa. Observó el suelo, sintiéndose totalmente dolida. Era duro tratar de convencerse a sí misma de que solo estaba trabajando porque, sin esperárselo, sus sentimientos se habían involucrado en temas laborales. Su corazón debía estar ajeno a todo lo relacionado con el contrato. ¡Ajeno y alejado de Brittany Pierce!

Brittany frunció el entrecejo, reteniendo sus propensas ganas de acunarla e instarla a largarse con ella a su casa, pero Santana era un simple contrato... o eso quería tratar de entenderlo. Se había prometido centrarse en las siete cláusulas, redactadas por ella misma, y enfocar sus pensamientos en el negocio. Tenía que sacarse la idea de besarla nuevamente. ¡Debía encerrar sus aturdidos sentimientos!

Las dos caminaron hacia el enorme salón donde más personas las esperaron con una enorme sonrisa. Ambas se acercaron hacia ellos con la intención de presentarse.

—Santana, quiero que conozcas a mi familia. —La voz de Brittany parecía insegura.

—Encantado de conocerte, por fin –dijo un hombre, un poco más mayor que Brittany, y con unos rasgos similares a ella—. Soy Ryder, el hermano mayor de tu peor pesadilla —respondió con gracia, mientas las demás personas lo imitaban—. Bienvenida a la familia, cuñada.

Santana sintió un pinchazo en el estómago cuando Ryder se le abalanzó para abrazarla. Ahora se sentía doblemente culpable por engañar a su familia y a los Pierce.
—Yo soy Marley, la mujer de esta pesadilla —recalcó la última palabra con ironía mientras abrazaba a Santana con afecto—. Me alegra saber que nuestro bebé tendrá una tía guapísima.

—Gracias —respondió ella con voz inaudible mientras observaba la enorme barriga de Marley.

Ella observó de soslayo cómo Brittany escrutaba con su mirada imponente al último presente allí en el salón. Santana tragó saliva con fuerza, deduciendo que aquel majestuoso hombre era su padre. Brittany Pierce.

—Me alegra saber que has asentado la cabeza, hija mía —confesó Richard sin dejar de observarlos con curiosidad—. Por fin te merecías a una buena mujer. Crac. Un aguijonazazo de culpa le pinchó el pecho.

Santana sintió cómo su corazón se rompía en mil pedazos. El remordimiento volvía a invadirla como un fugaz relámpago sin dejarle tiempo a reaccionar y asimilar lo que estaba haciendo con aquella pobre gente.

—Sí que lo es —respondió Brittany, rodeándole los hombros con su prominente brazo izquierdo. Ambas volvieron a conectar sus miradas sin dejar de cuestionarse qué estaban haciendo. Sin ceder sus dudas con la intención de conocer si lo que ambas se decían la una de la otra era de corazón o una simple obligación de las siete cláusulas del contrato.

—¡Santana! —expresó con júbilo una mujer a espaldas de ellos. Ella giró sobre sus talones, sorprendida por aquel recibimiento.

—Sa... Sara —tartamudeó boquiabierta.

—¿Os conocéis? —inquirió Brittany con confusión sin dejar de observar a ambas mujeres.

—¡Pues claro que sí, muchacha! ¿Cómo no voy a saber quién es mi nuera?

—¿Nuera? —preguntó ella con perplejidad, sintiendo cómo las pulsaciones de su corazón disminuían notoriamente.

—Te dije que nos veríamos muy pronto —le aclaró, guiñándole un ojo con complicidad.

Los ojos oscuros de Santana mostraron una mezcla de confusión e incredulidad. ¡Por Dios! Era la madre de Brittany. La mujer que la parió hacía, exactamente, treinta y tres años y ella, inconsciente de la realidad, se desahogó en un aseo junto a ella.

«Por favor, tierra trágame».

Durante la comida, los familiares de Brittany no pudieron evitar interrogarlos con curiosidad y deseo de conocer ciertos temas de la nueva pareja. Santana había decido dejar hablar a Brittany todo el tiempo y que su imaginación inventara lo necesario para mentir a su propia familia.

—Demonios, hermanita –expresó Ryder con las manos en alto mientras dejaba el tenedor sobre la mesa—. ¿Por qué no dejas que Santana lo cuente?

—Sí, estoy totalmente de acuerdo —confesó Marley sin dejar de aplaudir con energía.

Santana alzó los hombros en alto mientras abría y cerraba la boca sin saber muy bien qué decir.

«Pues veréis, la situación surgió un día corriente por la semana mientras rogaba por trabajo a la ególatra de vuestra queridísima Brittany. La misma me rechazó para trabajar como su secretaria, probablemente porque rompía con la dichosa estética de su departamento. Así que su ingeniosidad hizo que creara un contrato laboral para que ambas nos beneficiáramos mutuamente mientras nos hacíamos pasar por una pareja feliz y enamorada. Así, ella recibiría elogios por parte de sus clientes y yo el suficiente dinero para sacar a mi familia de la miseria». Santana sacudió la cabeza, tratando de destruir aquel pensamiento.

—Cariño —murmuró con voz melosa mientras se alzaba del asiento—. ¿Por qué no les cuentas lo que nos sucedió en el último viaje que hicimos? — le preguntó sin dejar de acariciarle el cabello con suavidad

—. Yo voy a ir a la cocina a ver si tu madre necesita ayuda —dijo, acercándose más hacia a Brittany—. Acuérdate que a las siete —expresó, reforzando el tono en la última palabra —, tengo un asunto pendiente contigo.

Brittany se sorprendió cuando Santana la besó. ¡Sí! Un beso lento y minucioso que hizo arderla de deseo y ansiar más aquel contacto carnal.
Marley chilló con gracia sin dejar de carcajear mientras Ryder la aludía. Richard, por otra parte, asintió con la cabeza sin dejar de sonreír de oreja a oreja.

—Hermanita —dijo Ryder con la copa de vino en alto—, definitivamente sabemos quién lleva los pantalones en la relación. ¡Tchin-tchin!

Santana caminó con inseguridad hacia la cocina, aún con el vello erizado mientras su cuerpo temblaba visiblemente ante cualquiera. Había sacado las fuerzas de su más adentro para realizar la cláusula número siete, como bien se lo hizo saber a Brittany en el salón. Suspiró con fuerza mientras su lengua saboreaba los labios, deleitándose de los restos de Brittany.

«Maldición».

—Santana, ¿qué haces aquí, muchacha? —inquirió Sara mientras retiraba del frigorífico una enorme tarta bañada de chocolate negro.

Honestamente, Santana se había sorprendido con la madre de Brittany. Había creído que la familia Pierce tendría cocineros privados, pero no. La mujer del magnate Richard se había comportado en todo momento como una corriente ama de casa, disfrutando con la comida que ella misma había hecho.

—Vengo a echarte una mano –respondió con sinceridad.

—Aún estás sorprendida, ¿cierto? —preguntó con gracia sin dejar de carcajear—. No sabes lo feliz que estoy de que Brittany te haya encontrado. Desde el momento en que entablamos conversación en el aseo, supe que eras una mujer con un noble corazón.

Santana frunció el ceño sin dejar de negar la cabeza mientras Sara doblaba unas servilletas.

—No creo que sea la mujer perfecta para ella —confesó con sinceridad sin dejar de cortar la tarta en trozos pequeños.

—¡Tonterías! —exclamó sin dejar de observarla—. Santana, conozco a mi hija. ¡Yo misma la he parido! Veo la forma en que te mira y sé que le importas demasiado.

Santana sonrió inconscientemente mientras disfrutaba con aquella información que Sara le había regalado. Pero estaba claro que la madre de Brittany no tenía ni idea de que Brittany y ella estaban actuando bajo un mero contrato. ¡Esa era la realidad!

—Sara. —La voz de Brittany apareció en la cocina por sorpresa

—. Ve y siéntate, yo y Santana llevaremos el postre. Necesitas descansar, cariño.

Sara sonrió con complicidad hacia Santana mientras su mano le acariciaba lo largo de la espalda.

—No dejes que Brittany lleve la tarta, su pulso es peor que el de una batidora.

Santana reprimió una carcajada cuando Sara, antes de salir de la cocina, fue palmoteada en el trasero por su marido. A Santana le gustaba ver cómo una pareja se seguía amando durante largos años sin perder esa chispa de pasión. Ella miró de soslayo cómo el señor Pierce sujetaba los platos del postre y en otra mano sostenía las cucharillas. Santana sintió nervios al estar a solas con Richard, el mismo hombre que en su día creyó que tendría una entrevista con ella.

—¿Puedo pedirte un favor, Santana? —preguntó, sorprendiéndola por completo.

—Por supuesto, señor Pierce.

Santana abrió los ojos con sorpresa cuando él la sujeto del hombro.

—No rompas el corazón de mi hija —rogó con voz casi inaudible mientras sus ojos retenían las lágrimas, a punto de salir—. Hace años que no veo esa ilusión en sus ojos. Algo en mi interior me dice que eres la mujer de sus sueños. Y no me trates de señor, Santana. Soy tu suegro. Eres una más de la familia. Bienvenida, Santana López.

*****

Durante el resto de la tarde, Santana había evitado entablar contacto con Brittany. Había memorizado, palabra por palabra, lo que Richard Pierce le pidió. Por supuesto que no quería herir a su hija, pero tampoco deseaba que la hirieran a ella.

—¿Es éste? —preguntó, sujetando un marco de fotos en su mano.

—Sí, son Brittany y Ryder —le respondió Marley—. Menos mal que han cambiado positivamente, ¿no crees? —inquirió ella con una mueca de disgusto, provocando que Santana carcajeara en alto.

—Sí, estoy totalmente de acuerdo contigo —confesó, volviendo a colocar la foto sobre la mesita.

—Siempre he dicho que de pequeños eran como su padre —dijo Sara sin dejar de beber su taza de té mientras Marley explotaba en risas. Santana sonrió, totalmente distraída mientras sus ojos observaban hacia el salón donde Richard y Brittany hablaban de algo bastante serio. Ella trató de descifrar qué era lo que sucedía cuando los ojos color azul cielo de Brittany cazaron los suyos. Ella, en reacción, retiró su mirada con rapidez para seguir con la conversación de su nueva cuñada y suegra.

—Ahí viene Brittany—dijo Sara.

Cuando sintió la presencia de Brittany a sus espaldas, sintió cómo el corazón le latía a mil por hora mientras el vello se le erizaba inexplicablemente.

—Ya es algo tarde, mamá —aclaró ella, observando el reloj de pulsera—. Son casi las siete —recalcó la última palabra mientras sujetaba a Santana por la cintura—. Mi chica y yo tenemos asuntos que atender —dijo, mientras su mano le sujetaba el mentón, obligándola a encararla.

—¡Dale un respiro, muchacha! —exclamó su hermano mayor desde la otra punta de la habitación.

Brittany esbozó una sonrisa con picardía sin dejar de maravillarse con los ojos oscuros de Santana.

—Créeme que tendrá un buen respiro cuando lleguemos a casa, hermanito —respondió con aire adusto, dejando completamente patidifusa a la morena. Ella, antes de expresar algo, observó cómo Brittany se acercaba a la curva de su cuello para posarle un perfecto beso y un mordisco rápido.

—Muy bien, muchachas. Es hora de que las dejemos en su intimidad y le regalen un primo al futuro bebé de Marley y Ryder —ordenó Sara mientras Brittany sonreía.

Santana sintió las mejillas arder, literalmente, mientras Brittany la arrastraba por la mano.
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Mensaje por micky morales el Miér Feb 28, 2018 8:23 am

Este engaño va a ser bien dificil!!!! (para la familia)
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Mensaje por Isabella28 el Miér Feb 28, 2018 9:08 am

O si, que triste sería para la la familia enterarse, pero las dos tienen sentimientos comprometidos asi que no creo que todo siempre sea farsa.
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