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Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 12:31 am

Capítulo 21
Brittany

DIABLA SE DEJÓ CAER en la silla, sentada en estilo indio con las piernas dobladas por debajo de ella como usualmente hacía. Era tarde. Le serví el sándwich que le preparé mientras se duchaba, se cambió el vestido mojado por un pantalón corto y traía una de sus aparentemente muchas, camisetas color rosa.

—Linda camiseta —dije, miró hacia abajo y estiró la tela delgada, moviendo los labios al leer lo que ponía boca abajo, como si no pudiera recordar cuál se había puesto. En esta camiseta en particular se leía: “Tu mamá es una perra”.

—Gracias.

Bostezó nuevamente. Era la cuarta vez que lo hacía en menos de una hora. Tenía los ojos enrojecidos. Por alguna razón, no quería admitir que estaba cansada, negándolo cada vez que le decía. Cuando se dio cuenta de lo que acababa de hacer, me miró y declaró

—. Esto no es lo que piensas.

—Este bien. —Me reí—. Te creo. No estás cansada. Ya entendí.

Hubo una conmoción en la playa. Estiró el cuello para observar por encima de mi cabeza. Seguí su mirada para ver decenas de gaviotas que limpiaban la playa de restos de alimentos dejados por los visitantes del día, graznándose la una a la otra sobre piezas de palomitas de maíz y conos de helado.

—¿Por dónde empezamos? —preguntó tentativamente.

Estaba en la otra silla, sentada frente a ella, de espalda a la playa.


—El principio suele funcionar.

Íbamos a tener esta conversación en el dormitorio, pero en cuanto vi la cama, sabía que no iba a pasar, así que me di la vuelta y decidí que la terraza era más propicia para contar secretos que allí, en donde mi único pensamiento sería estar con ella.

Diabla estaba sacando trozos de jamón de su sándwich y dándoselo a Murray, quien los capturaba en el aire antes de que cayeran al suelo.

—Puedo ir primero si tú quieres —me ofrecí.

Se limitó a asentir.

Tomé una respiración profunda y apoyé las manos en la coronilla.

—Bueno, ya te he dicho cómo mis padres nunca estuvieron conmigo y como siempre me dejaban aquí con mis abuelos hasta que un día, simplemente no llegaron a buscarme. Pero esa no es toda la historia. —Se sentó derecha y se inclinó expectante—. Lo que no te dije era que no solo eran unos idiotas que abandonaron a su única hija. Eran mentirosos. Ladrones. Mierda de primera. Mi padre solía darle golpizas a mi madre todo el tiempo, incluso le vi lanzar puñetazos a mis abuelos una o dos veces. —Me moví en mi silla, recordando la mierda que prefería olvidar—. La única razón por la que aparecían era porque, cada pocos meses, se presentaban para pedirles dinero a mis abuelos. Lo único bueno que mi padre hizo fue presentarme a clasees de gimnasia y patinaje y solo lo hizo porque solía jugar en un equipo de patinaje de hielo o hockey de ligas menores hasta que fue expulsado por pelear —comenté, mirando de mi plato a Diabla para asegurarme de que estaba conmigo.

Ahí estaba.

—Espera, ¿pensé que tenías permitido pelear en el hockey? —preguntó, arrugando la nariz.

Me rasqué el mentón, tratando de encontrar la manera de explicarle la lucha en el Hockey.

—Bueno, pelear no está ni autorizado ni desautorizado. Es una regla no escrita que se pueda luchar. Los jugadores pasan por una especie de código no oficial de directrices. Es bastante complejo en realidad. Pero estoy segura de que no importa en qué Liga estés, no está permitido pelear con el entrenador. Es ahí donde a mi papá le salió todo mal.

—Oh —exclamó, mordiéndose el pulgar.

—En fin, sin mis padres cerca y con mis abuelos bastante mayores, empecé a pasar mucho tiempo con mi tío. En realidad, no era mi tío, pero era alguien que mi abuelo conocía. Me dejó estar en su tienda cuando era una niña y cuando me hice mayor, me dio un trabajo de reparación de motocicletas. Me tomó bajo su ala.

Cuando hice una pausa, asintió para que continuara.

—Sé que Joker era su nombre de ruta. En su momento, fue vicepresidente de los Warriors. Es nuestro Prez ahora. Crecí en el Club. Es mi vida. Fui parcheada cuando tenía dieciséis años. —Mordisqueé mi labio inferior—. Sé que reconociste mi tatuaje, pero ¿cómo estás familiarizada con los MC? —pregunté, asegurándome de que pudiera entender lo que le estaba diciendo sin entrar en detalles de cosas que quizás no entendería.

Diabla miró la playa y después a mí.

—Te lo dije. Crecí viéndolos. Estaban por todos lados. Lo creas o no, no fue lejos de aquí, así que había visto ese símbolo antes. Pero todavía no me toca a mí. Si tengo una pregunta sobre algo que quiero que me digas, voy a preguntar —dijo con la mayor naturalidad posible—. Oh, en realidad lo haré. ¿Qué dijeron tus abuelos acerca de que te unieras al Club?

Negué con la cabeza y sonreí, recordando el rostro de mi abuelo el día que llegué con mi parche.

—El abuelo era un motorista de la vieja escuela, que amaba la carretera además de a mi abuela. El viejo estaba en la maldita luna cuando vio que me había convertida en una hermana.

—¿Pero aún así jugabas hacias gimnasia, patinabas y jugabas al hockey? —preguntó—. Eso parece un poco extraño.

—Síp, fue parte del trato en realidad. Quería ser una Warrior, desde que me di cuenta lo que eran, pero Joker y mi abuelo se reunieron y decidieron que no podían aceptarme a menos que estuviera de acuerdo en seguir en lo mio y que me graduara de la secundaria. —Dejé escapar un suspiro—. Pensé que en cuanto me graduara y terminara con la gimnasia y el patinaje estaría de tiempo completo en el Club, pero en mi último juego había un cazatalentos. Me habló poco después. No pensé nada sobre ello. Lo siguiente que pasó fue que el entrenador del estado me había hablado por teléfono pidiéndome que jugara para él. Una oferta de beca llegó al día siguiente por mensajería fue puesta en mi puerta. El resto es historia.

—¿El Club te dejó escapar?—preguntó, sonando sorprendida.

Tenía que saber un poco de la vida del Club para siquiera hacer la pregunta, pero era lindo que pensara que abandoné al Club, de que había una posibilidad de hacerlo mientras respirara. No, no en mi Club de todos modos.

—Nunca dejé el Club. Estuve en él entonces y estoy en él ahora. Hasta el cuello. Joker me dijo que no podía dejar pasar la oportunidad, así que prácticamente me obligó a ir. —Me pasé la mano por el brazo—. El entrenador sabía en lo que estaba. Dijo que podía jugar, pero no podía lucir mi identidad. Tuve que dejar mi chaleco en casa y estos también. —Le tendí el brazo a Diabla para que pudiera ver los restos muy descoloridos de mis viejos tatuajes de Warrior—. Dolió como una perra quitarme los tatuajes de mis brazos, pero volví y me dieron la pieza de la espalda al mismo tiempo. La espalda es más fácil de ocultar que los brazos e incluso así, cuando estaba en la alfombra o en el hielo, todavía representaba a mis hermanos de alguna manera.

—Debes ser alguien muy especial para que hicieran ese trato contigo.

No tienes idea.

—Antes de irme, Jóker había planeado pasarme el martillo. Cuando llegó la beca, decidió que no iba a cambiar los planes hasta que viera hasta dónde me llevaba la cosa del hockey. —Me mofé—. Ahora estoy de vuelta y ha estado llamando sin parar porque quiere hacer la mierda oficial. VP, luego Prez (presidente), pero creo que no estoy lista. No todavía, de todos modos. Sé que una vez que me ponga el chaleco de nuevo significa que estoy renunciando a todo. No estoy dispuesta a hacer eso por el momento. —Miré hacia la cicatriz en mi rodilla—. Después de que me hice daño y regresé estaba preparada para volver a la vida del Club, después de haber pasado algo de tiempo para estar sola y enojada con el mundo.

—¿Qué te hizo cambiar de opinión? —preguntó.

—Esta chica. No sé si la conoces. —Me incliné hacia delante y bajé la voz—. Pero ella salió de la nada. La cosa más hermosa donde alguna vez he puesto los ojos —Sonrió—. Me salvó la vida.

—Y la de tu perro —añadió.

—Sí, y la de mi perro —admití—. La mañana después de que casi muero, cambie de opinión. Sé que es una posibilidad remota pero no estoy dispuesta a renunciar a esta pierna. Pienso que todavía tengo algunos kilómetros en ella.

—¿Es así? —preguntó Diabla, inclinando la cabeza.

—¿Es así qué?

—Lo hiciste parecer como si hubiera más que decir. Dijiste algo a cerca de tus padres —dijo, mordiéndose el pulgar.


Oh sí, esa pequeña pieza de información.

—Como ya he dicho, mis padres eran malas personas. Vine aquí para una visita rápida de un día, mientras el equipo estaba de paso por la ciudad. Mis padres estaban aquí…

Apreté los dientes y agarré el reposabrazos.

—¿Y? —preguntó Diabla.

—Resulta que mis padres necesitaban dinero, una vez más, por lo que tomaron algún tipo de póliza de mis abuelos.

—¿Mataron a tus abuelos? —preguntó sinceramente Diabla.

—Sí, así es.

—Entonces, ¿qué hiciste? —preguntó, mordiéndose el labio inferior.

Me encogí de hombros y levanté la mirada para encontrarme con la de ella.

—Los maté a los dos.

No sé qué tipo de reacción esperaba de Diabla. Desde el momento en el que la conocí, aprendí que las expectativas y ella no van de la mano. Lo que no esperaba era que se pusiera de pie, que se sacara su camiseta por la cabeza y montara a horcajadas. Me dio un beso. No un beso de lo siento acerca de lo que pasó con tus abuelos. Un beso de fóllame.

Nuestras respiraciones salvajes, nuestras lenguas se buscaron una a la otra en un beso que me tenía pensando que no me importaba que la charla quedara para después. Especialmente, cuando podía sentir el calor de su coño y la humedad a través de sus pantalones cortos que se frotaban contra mi estómago desnudo. Cuando mordió y chupó mi labio inferior, casi me caigo de espaldas a la piscina por segunda vez, pero arreglé nuestra posición antes de que pudiera ocurrir.

Ni siquiera pareció darse cuenta.

Perdida en la lujuria, no prestó atención al hecho de que casi caímos a la piscina que más odiaba.

Podría follarla. Ahora mismo.

Podríamos venirnos y entonces movernos a la historia de Diabla.

Mierda.

Mi coño doloroso y húmedo, mas que listo. Quería hacerla mía en todos los sentidos, pero para que ella fuera así necesitaba saber por qué reaccionó así.

Por qué me estaba besando después de que le dijera que había matado a mis padres cuando la mayoría de la gente estaría a mitad de camino a la estación de policía? Sabía que su historia no iba ser de unicornios y arcoíris, pero necesitaba saber más sobre la chica salvaje en mi regazo. Necesitaba saberlo TODO.

Ahora.

Porque era mía.

No quería controlarla.

Quería ser su dueña.

Eso significaba que no podía follarla hasta que cumpliera con su parte del trato. Cerré los ojos y tomé una respiración profunda. Haciendo acopio de todo el control que no sabía que tenía, puse la mano en los brazos de Diabla y la alejé. Sus ojos se abrieron. Sus labios estaban hinchados por mis besos, sus tetas estaban grandes, sus pezones en posición firme y justo enfrente de mi maldito rostro. Tragué saliva.

—Primero, tengo que escuchar tu historia —dije, gimoteó y se frotó en mi regazo—. Ahh —gemí—. Perra sucia. Si estás tratando de que olvide el acuerdo, no va a funcionar. Pero después de que me digas lo que quiero escuchar, prometo que te haré venir en todas las formas posibles.

Besé la piel entre su cuello y el hombro. Su cabeza cayó hacia atrás

—. Entonces voy hacer que te vengas y te vengas y te vengas…

Sin ser capaz de resistirme a su sabor, la abracé y tiré de ella, para poder saborear una de sus perfectas tetas en mi boca. Si alguien caminara por la playa o el callejón entre la casa y los condominios, serían capaces de vernos, pero me importaba un carajo. Dejaría que montara mi rostro después de que me contara lo que quería saber. Deslicé mis manos por sus brazos y de nuevo, traté de levantarla, liberando de mala gana su pezón de mi boca.

—Por favor —rogó, deslizando su calor arriba y abajo de mi, a punto de explotar—. Solo una vez. Quiero que me hagas lo que me hiciste antes.

¿Qué mierda me está haciendo esta chica?

Siempre pensé que era complaciente. Enrosqué mis manos en su cabello y tiré de ella hacia atrás, exponiendo su largo cuello para mí.

—¿Solo una vez? —pregunté, aunque en realidad no era una pregunta.

Asintió con entusiasmo, con los ojos todavía cerrados. No importa lo mucho que la apreté en mis brazos para mantenerla quieta, se la arregló para frotarse contra mis partes necesitadas.

»Voy hacer que te vengas una vez. Te voy a dar lo que necesitas, nena, y luego de vuelta a los negocios. Esto va hacer sucio y rápido.

La alcé de mi regazo el tiempo suficiente para bajar sus pantalones cortos, mostrándome su coño desnudo. Quería mirar. Quería abrirle las piernas y saborearla una y otra vez, pero necesitaba recuperar el control primero. A pesar de que estaba recibiendo lo que quería, tenía que saber quién tenía la última palabra. La recogí de nuevo y envolví sus brazos alrededor de mi cuello.

Me senté en la silla, con sus piernas a mi alrededor, el calor en mi estómago era casi insoportable. En ese momento, entendí la conexión entre el placer y el dolor. Mi coño humedo creo que hasta goteaba, la parte delantera de mi traje de baño estaba empapado con una mezcla de ambas, de ella y de mí.

—Pon tu rostro aquí —le ordené, tirando de su cabeza hacia abajo, para que su rostro estuviera enterrado entre mi cuello y mi hombro. Con cada pequeño aliento y cada roce de sus labios en mi piel hacían que mi cuerpo tuviera contracciones. Mi nucleo estaba preparado para explotar en cualquier momento, pero esto no se trataba de mí.

Con mi mano, llegué a la parte de abajo de sus muslos y pasé los dedos arriba y abajo en la unión de sus nalgas. La arrastré hacia arriba para que su culo estuviera inclinado en el aire, pero su clítoris todavía estaba conectado a mis pantalones.

—Por favor —rogó.

Mi segundo dedo índice entro en contacto con el coño más caliente y húmedo que jamás había tocado, introduje un dedo en ella y gimió en mi cuello. Era jodidamente estrecha, era como un tornillo apretando alrededor de mi dedo. Si ese Mike la había follado, no lo hizo bien o tenía una micro polla porque por lo que pude ver, Diabla estaba intacta.

Y era jodidamente mía.

Cuanto más tiempo seguía así, menos eran las posibilidades de saber la verdad sobre ella. Bombeé un dedo dentro y fuera de su interior, arrastrando la humedad sobre su clítoris en un movimiento circular y empujando hacia atrás y dentro de nuevo. Se apretó contra mi mano y aceleré, follándola más rápido y más duro con mi mano. Estaba tan hinchada. Tan resbaladiza pero tan apretada que cuando traté de empujar otro dedo dentro no pude llegar muy lejos. Seguía anclada con mi mano en su nuca. Mis dedos se hundían dentro y fuera de su calor.

—Sigue moviéndote contra mí, nena, montame, frota tu clítoris en mí, pretende que te estoy follando. Eso es mis dedos dentro de ti. —Gemí cuando su coño se contrajo alrededor de mi dedo, enterrándolo más profundo—. Estás jodidamente cerca, nena.

—Dime có… cómo —murmuró.

Al principio no estaba segura de qué me estaba hablando, pero luego me di cuenta.

—¿Quieres saber cómo los mate? —pregunté, empujando más profundo.

Hizo lo que le dije y estaba arrastrando su coño arriba y abajo de mi, y por segunda vez en un día, estaba a punto de venirme en un lugar que no era el coño de Diabla, y eso no era lo que deseaba.

—Sí —dijo entre dientes.

—Hice que se arrodillaran en el golfo, de cara a la luna. Primero los obligué a disculparse, entonces les puse una bala a cada una en la parte posterior de sus cabezas y murieron de esa forma cobarde, porque eran exactamente eso.

Gimió y se apretó con más fuerza contra mí, sin pudor y con abandono.

—Aaaaahhhhh —gritó junto con otras palabras que no pude entender.

No sé por qué le dije lo que vino después. Tal vez porque necesitaba que supiera. Tal vez quería alimentar el lado retorcido de mi chica que se encendía con la idea de que matara a alguien.

—Mataría por ti, Diabla —gruñí en su oreja, sosteniéndola aún más fuerte, follándola más duro—. Si alguien trata de hacerte daño, si alguien toca lo que es mío, terminaría con ellos… por ti.

Los muslos de Diabla comenzaron a temblar y su sexo se comprimió con fuerza alrededor de mi dedo. Se alejó de mi hombro y me miró directamente a los ojos mientras se acercaba, meciéndose contra mí, conduciéndose al orgasmo.

Se derrumbó encima de mí y sopló su cabello, tratando de calmarme después de presenciar cómo la chica más sexy que había conocido alguna vez se venía en mi mano. Le besé la coronilla.

Si no estaba mal antes, ahora sí, porque creo que acababa de enamorarme de Diabla.

El lugar de mi cuello donde aterrizo su nariz cuando se desplomó, se calentó por su respiración. Su espalda desnuda bajaba y subía un ritmo suave e inadvertidamente tracé círculos en sus brazos con mis manos.

Se quedó rápidamente dormida.

—Maldición, nena —susurré en su cabello—. De verdad vas a matarme, joder.


Diabla

SE ESCUCHABA MUSICA. Una y otra vez, la misma melodía corta revoloteaba en el aire. Se hizo más y más fuerte. Mis ojos se abrieron y traté de sentarme, pero tenía un largo brazo descansando en mi estómago. Estaba en la cama de Brittany. Ella estaba acurrucada a mi lado, su cabello cubría su rostro mientras roncaba suavemente. Estiré la mano y empujé su cabello hacia atrás, frotando con el pulgar su frente y luego el puente de su nariz que se arrugó cuando toqué la punta. Se movió más cerca y resolló,
suspirando profundamente.

Toda la práctica de bostezar había dado sus frutos. Brittany realmente creía que había caído dormida. Me hubiera gustado que fuera así de fácil quedarme dormida. En su lugar, tuve que fingir cuando me levantó y me llevó a la cama, tuve que fingir que no sentía sus manos sobre mí cuando me metió en ella, pero lo peor fue fingir que no quería sus manos sobre mí de nuevo.

Espere en mi falso sueño más de una hora antes de que sintiera que se quedaba dormida a mi lado.

La conversación que quería tener conmigo no podía suceder. Estaba equivocada cuando pensó que podría decirle la verdad. Nunca puede saber.

Hay demasiado en juego.

Joker. De toda la gente de mierda que había en el mundo que podría ser el tío de Brittany, tenía que ser Joker. El presidente de los Warriors y el hombre que no quería nada más que verme merodeando por su casa club con mi cola de caballo rodeando cuello. Nunca me había gustado. Y me gustó menos aun cuando me recortó un pago y convertí su casa en una ardiente bola de fuego. Sobrepasé un poco el límite porque lo llamé cuando se estaba quemando su casa para reproducirle la canción “Burning Down The House”, con mi teléfono mientras le hacía cambio de luces con los faros de mi scooter.

La música comenzó de nuevo y fue cuando me di cuenta que no era música en absoluto. Era mi teléfono. Lo miré por última vez, memorizando su forma de dormir, la forma de párpados de agitarse. Luego, muy lentamente, me escabullí de debajo de sus brazos y fui de puntilla a la sala de estar, donde estaba mi teléfono conectado.

Pucky, la imagen del oso apareció en la pantalla.

—¿Sí? —respondí en un susurro.

—Verificando —dijo—. ¿Obtuviste lo que necesito?

—Sí, los padres están muertos.

Miré alrededor de la sala de estar. La luna arrojaba luz sobre el pequeño espacio que había sido lo suficientemente estúpida como para que comenzara a gustarme. A acostumbrarme. Un lugar que me engañé pensando que era mi casa, a pesar de que sabía desde el principio que era temporal. Para alguien que tenía un problema de apego, rápidamente simpaticé no solo con la casa… sino con Brittany

—. Estoy fuera.

Mire atrás, a la puerta abierta de la habitación, a la silueta de la chica bajo las sábanas.

—¿Quieres que acabe con ella? —pregunté, conteniendo la respiración mientras esperaba una respuesta.

Sicaria y Diabla nunca tuvieron una oportunidad.

Tal vez en otra vida, Santana y Brittany podrían estar juntas, pero esta no era otra vida y no había sido Santana en años, o nunca.

—No esta noche —indicó, cubrí el teléfono mientras exhalé.

—¿Estás segura de que ya terminaste ahí? —preguntó.

—Positivo. Si ya tengo todo lo que necesitaba, entonces estoy lista para lo siguiente —dije, haciendo clic en el botón finalizar y recogiendo mi bolso.

Miré alrededor de la habitación por última vez y la tensión en mi pecho creció. El sentimiento solo empeoró cuando me alejé, en mi scooter. Por primera vez desde que salí de casa, la libertad que había añorado, la libertad por la que había suspirado, la libertad que me había mantenido junta todo este tiempo, ahora se sentía oscura y vacía.


“Joder, nena. En verdad, vas a matarme” había dicho.

Intente alejar las lágrimas que se estaban formando en mis ojos. Me las arreglé para permitir que una sola lágrima cayera por mi mejilla.

—Hoy no, al menos —dije secándome el rostro y sorbiendo—. Hoy no.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 12:48 am

Capítulo 22
Brittany

DEBÍ HABER SABIDO que el jodido bostezo era falso. Incluso la sorprendí practicando semanas atrás, pero todavía no pude ver más allá de mis ganas el tiempo suficiente para sumar dos y dos.

No soy una puta cobarde. No me crie para ser una cobarde. No lloraba durante, películas tristes.

Cuando murieron mis abuelos, fue una mierda.

Cuando tuve que matar a mis padres, fue una venganza. Dulce productora de orgasmos venganza.

Como me sentí en el funeral de mis abuelos, tan mierdoso como fue, no se parecía en nada a como me sentí cuando me desperté en una cama vacía.

Una vez más lo supe.

Diabla se había ido.

Nada de lo que había sentido antes se comparaba con lo que sentí al ver la nota que había dejado, escrita en imanes con letras en el refrigerador.

SOY 1 DE LOS MALOS.

Siempre había pensado que un "corazón roto" era sólo un dicho, una exageración. Me di cuenta de que me había equivocado en cuanto vi su nota, porque sentí como si todo el aire estuviera siendo aspirado fuera de mi pecho. Podía sentir las líneas serpenteantes cortándome, como si alguien estuviera atravesando mi corazón con una hoja de afeitar.

Ese fue el momento en el que sentí mi corazón realmente romperse. En verdad dolió, jodidamente. Me doblé y agarré mi pecho como si me hubieran disparado.

Deseé que ella me hubiera disparado.

Habría dolido menos.

Estaba destrozada... y luego también lo estaba la puerta corrediza de vidrio.

Cogí una silla de la mesa del comedor y la lancé al vidrio con un rugido gutural tan profundo y agonizante como ser dejada atrás por la única persona que había amado con una nota con imanes de mierda como una jodida de despedida.

Miré los trozos de vidrio dentados mientras se estrellaban contra el suelo. Me cortaron los pies cuando caminé sobre ellos hacia la terraza. El dolor se convirtió en algo completamente diferente, y sólo sentí una cosa.

Rabia.

No me importaba lo que ella pensara. Esto no había terminado. Joder, estaba lejos de terminar.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Jue Jul 20, 2017 9:09 am

ambas estan jodidas, asi que pq no terminar juntas??? aunque creo que no sera nada facil, arrastran muchas cosas!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Jue Jul 20, 2017 12:14 pm

San la tiene difícil.... Todo llega al final y britt ya dijo todo lo que necesitaba...
A ver que hace san ahora???
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Jue Jul 20, 2017 6:36 pm

Vaya padres que tuvo Britt sin embargo les pago con la misma moneda y pues la morena demasiado inteligente logro escapar de Britt por ahora, sin embargo no la dejara irse de su lado nunca. Lo que empezó entre las chicas es algo especial que aunque de vea imposible encontraran alguna forma.
Y pues haber cuanto se tarda Britt en encontrar a su morena.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 11:30 pm

3:) escribió:San la tiene difícil.... Todo llega al final y britt ya dijo todo lo que necesitaba...
A ver que hace san ahora???

Brittany ya conto lo que considero todo lo oscuro de ella aunque aun no toda la verdad. pero Santana fue mas lista y no dijo nada y hasta yo me pongo a pensar hasta donde fingio....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 11:32 pm

micky morales escribió:ambas estan jodidas, asi que pq no terminar juntas??? aunque creo que no sera nada facil, arrastran muchas cosas!!!!

Me estan gustando mucho tus comentarios, tienes toda la razón ya estan jodidas pues a joder al mundo juntas... que junten su mierda y seran una bomba.... bueno Santana tendra que abrirse y ser un poco mas confiable para Brittany por que con esta huida fue a traición....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 11:34 pm

JVM escribió:Vaya padres que tuvo Britt sin embargo les pago con la misma moneda y pues la morena demasiado inteligente logro escapar de Britt por ahora, sin embargo no la dejara irse de su lado nunca. Lo que empezó entre las chicas es algo especial que aunque de vea imposible encontraran alguna forma.
Y pues haber cuanto se tarda Britt en encontrar a su morena.

Joyas de padres, como hay unos por alli en el mundo... peor bueno. Santana es muy astuta, por algo tiene su profesión y es de las mejores en ello, ademas de los nombres que ha ganado haciendo honor a todo el desastre de lo que ha hecho...

Britt esta en todo en buscarla pero ya se dio cuenta de algo importante, no buscarla dejar que sea Santana quien la tenga que buscar,, espero se ponga bueno....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 11:35 pm

Capítulo 23
Brittany


Seis meses después


INQUIETA.


Así había estado durante los meses transcurridos desde que Diabla se fue sin despedirse.

Los imanes en el refrigerador no contaban.

Tan inquieta que, de hecho, finalmente limpié la piscina y arreglé el filtro. Lo que antes era una mota verde de suciedad, ahora era azul turquesa y brillante.

Libre de sífilis.

Diabla lo aprobaría.

Lo que solo me enojó más.

Puede sonar estúpido, pero mi mayor arrepentimiento fue no reclamar su coño antes de que se fuera. De esa manera, al menos tendría la satisfacción de saber que estaba en algún lugar del mundo con mi marca invisible en ella.

Aunque una visible también lo habría hecho. Un tatuaje. Un puto sello en la frente.

Diabla era mía y necesitaba que el mundo lo supiera.

Primero, necesitaba que ella lo supiera.

Mi pierna estaba más fuerte. Ya no usaba las muletas, y pasaba mucho tiempo corriendo en la playa y trabajando mis músculos en la terraza para ganar la fuerza que había perdido.

Sin embargo, ninguna cantidad de trabajo iba a ayudarme a convencer mi mente de no pensar en ella. Ni mucho tiempo corriendo. Ni masturbarme.

Y maldición si no había estado tratando.

Día tras día era una lección de paciencia y fuerza de voluntad, y todos los días, cuando esperaba que fuera un día en el que mis pensamientos sobre ella empezarían a desvanecerse o que recibiría una llamada con su ubicación, no sucedía. Búsqueda tras búsqueda, sin una maldita pista de ella. También estaba en el infierno de los recuerdos, torturada por los pensamientos de una chica que se había ido por mucho más tiempo que el que había tenido con ella.

En realidad, era más como un purgatorio de mi propia fabricación.

Estaba completa y absoluta en un punto muerto.

Había colgado mi chaleco de un soporte en la puerta principal… Un recordatorio de lo que me esperaba. Ponérmelo otra vez significaba que renunciaba a todo y a recuperar mi beca, algo para lo que no estaba completamente lista. Mi pierna estaba en buena forma. Todo lo que tenía que hacer era llamar al entrenador, pedir que uno de los doctores del equipo me revisara y ver qué pensaban.

No lo hice.

Hasta que encontrara a mi chica, todo lo demás estaba en espera.

Tal vez mi agitación interior era parcialmente debido a tanto tiempo sin un coño.

—No importa cuánto tiempo mires ese chaleco, no te va a chupar el coño—dijo una voz detrás de mí. Una voz que reconocí al instante.

Joker.

Me giré en mi silla, el sol de la tarde brillaba contra su espalda, su barba gris estaba más larga que nunca.

—Nunca sabrás cómo jodidos llamar a la puerta —dije.

Se encogió de hombros apoyándose contra el sofá. Señaló mi camisa arrugada y mi rostro demacrado.

—Te ves como una mierda.

—Gracias. Hola a ti también —refunfuñé, tomando un trago de mi cerveza.

—Entonces, déjame entender —comenzó, pasando la mano por su larga barba plateada, que estaba trenzada y atada en el extremo con una cinta elástica roja—. ¿Toda esta auto-compasión es aún por la mierda de tus hobbies? Porque pareciera que tienes problemas de coños. Confía en mí, he tenido mi parte justa, puedo reconocer esa lastimosa mierda desde un kilómetro de distancia. —Se acercó a la nevera y tomó una cerveza—. Entonces, ¿quién es el coño que se ha ido con tus ganas? ¿No es esa puta de Jessica?

—Joder no. No he pensado en esa perra desde que llegué a esta casa — me burlé.

Diabla era para mí. En cuanto entró en mi vida, Jessica dejó de existir.

—Sí, vi el video de Instagram. Esa perra lucía como si daría una pésima mamada de todos modos —indicó, destapando su cerveza y arrojando la tapa por la cocina hasta dentro el fregadero.

—¿Tú tienes una cuenta de Instagram? —pregunté.

El hombre tenía problemas con el mando a distancia.
Asintió.

—Sí, pero es, principalmente, para mantenerme al día con los nietos. Desde que Sally se mudó a Georgia, se asegura de subir nuevas fotos de los niños todos los días para mí y para mi Old Lady. No es que publique nada. Bastante seguro que el FEDS lo monitorea al igual que hacen con todo lo demás. Sería una vergüenza ir al río y tomar un selfie de mierda con una semiautomática en el fondo con los números borrados.
Reí.

—Esa es la jodida verdad

—Hablando de putas —dijo—. Si no es la mamadora de pollas en Internet la que tiene sus bragas retorcidas, entonces ¿quién es? Porque pienso que tiene que ser muy malo para ignorar las llamadas de tu Prez (Presidente).

—Estaba ignorando las llamadas de mi tío —corregí—, no de mi Prez. Y… el resto es complicado. —Suspiré—. Tan jodidamente complicado.

—Vine a comprobarte, pero también vine a averiguar dónde está tu cabeza, lo cual supongo que es otra razón por la que has estado ignorando mis llamadas. Siento lo de tu pierna. La mierda realmente apesta, especialmente después de la excepción especial que se hizo para ti. Nadie más obtuvo una licencia del club por ninguna razón. Pero tuvimos fe en ti, rubia, así que por eso votamos como lo hicimos. —Se acercó y puso una mano en mi hombro—. Todavía tengo fe.

—No sé dónde está mi cabeza de mierda —admití.

El tono de Joker pasó muy rápido de serio a enfadado.

—Sabes que volver no es opcional. Si tus hobbies son un trato muerto, te pondrás ese chaleco de nuevo, tan simple como eso. Francamente, estoy sorprendido de que aún no lo hayas hecho, ya que te anunciaron que nunca volverías a usar patines otra vez. —Suspiró—. Hiciste promesas a tus hermanos cuando te lesionaste, y voy a mantenerte en ellas, igual que a cualquier otro —afirmó, sus palabras conllevaban todas las advertencias que no necesitaba repetir. Siempre supe que volver no era opcional.

—El problema no es volver. Dejé la ciudad, no el club. Solo porque no podía usar un chaleco en el campus no significaba que ya no fuera una hermana. Te diré algo —argumenté—, no me he vuelto a poner mi chaleco aún, porque siento que si lo hago, estoy besando la mierda de darme por vencida y no estoy lista para hacerlo. La pierna se siente mejor, mucho mejor. Tengo que ver qué le queda para dar a la rodilla y lo haré. Pronto. Pero en este momento tengo otros asuntos urgentes.

—¿Cómo esperar a una puta? —preguntó.

—No es una puta —refuté entre mis dientes. —Si fuera alguien más, ya tendría mis puños en su rostro—. Es más que eso —afirmé, inclinándome hacia adelante y frotándome la sien. Pasé la mano por mi rostro y miré a mi tío, que esperaba para formular otra pregunta—. No sé qué quieres que diga. Se fue. No he podido encontrarla. Pero tengo mucha gente buscándola.

Terminé mi cerveza y me fui a la nevera para agarrar otra.

Se acercó a la pared de fotos de la familia que mi abuelo había hecho. Marco tras marco, que comenzaban en la parte superior de la pared con fotos a blanco y negro, seguidos de Polaroid, después impresas clavadas en un tablero de corcho, que en su mayoría eran de mí. Había algunos hoyos en la pared con contornos amarillentos de los marcos que solía ser imágenes de mis padres. Las rompí todas en cuanto terminé con sus vidas.

Volviendo sobre sus pasos con las manos entrelazadas en la espalda, examinó las fotografías como si estuviera buscando algo.

—Ah —exclamó, arrancando una imagen de lo alto de la pared—. ¿Ves esto? —preguntó, empujando el marco de madera verde en mis manos. La imagen que contenía parecía como si probablemente fuera de los años setenta. Ligeramente borrosa con el color desvanecido. Mi abuelo y abuela estaban en su moto y al lado de ellos estaba otra moto con Joker y una mujer que no reconocí. Nunca había visto esa foto antes, ni me había molestado hacerlo, pero eso no era nada inusual, había cientos, y esta se mezclaba con las demás.

—¿Quién es? —pregunté.

—Bueno, no es mi esposa —aclaró con una risa.

—Sí, lo tengo claro, Elton John —indiqué, señalando las gafas de sol blancas que llevaba en la imagen.

Me golpeó en la nuca. Joker no había sido fiel a su esposa Miriam durante su matrimonio. No era nada que nadie, ni siquiera Miriam, no supiera. Entonces, ¿por qué me estaba mostrando alguna imagen antigua de una puta de club de hace cuarenta años atrás? Se apoyó contra el mostrador y cruzó los brazos sobre su pecho, con los pies en los tobillos.

—Su nombre era Grace.

—¿Y? —pregunté, necesitando que llegara rápidamente a un punto.

—Y aunque no fue la persona con la que me casé. Ella era... la única. —Se empinó su cerveza y tomó un largo trago—. Amo a los hijos que tuve con Miriam, no me malinterpretes. Pero Grace y yo tuvimos una hija. Sadie. Una niña que nunca pude cargar. Una niña que nunca llegué a ver porque estaba demasiado atascado en mi propio culo para ver bien. Tenía mucho que hacer en esos días y dejé que todas las tonterías se hicieran más importantes que mi mujer y mi hija. —La tristeza cruzó su rostro—. Para cuando vi mi camino libre de la mierda, era demasiado tarde. —Miró sus pies—. Demasiado tarde joder.

—¿Por qué me estás diciendo esto ahora? —pregunté.

Los ojos de Joker se encontraron con los míos.

—Porque hijo. Soy un jodido hombre viejo y veo a una niña como tú sentada como si el mundo fuera venir a ti. Tus deportes o lo que sea no van a volver por esa puerta y caer a tus rodillas para chupar tu coño al igual que el club no lo hará. El club tampoco va a mover el maldito arsenal a tu terraza. —Hizo una pausa y me señaló con la cerveza—. Y esa chica de la que estás tan colgada no va a regresar hasta que decidas que vas a mover el infierno y la tierra para arrastrar sus coño de vuelta a donde pertenece.

—¿No piensas que quiero ir por ella y arrastrarla de vuelta por su jodido cabello? —espeté, alzando la voz—. ¡No sé dónde está!

—¡Entonces la encuentras carajo! —exclamó, aún más alto.

—¡Estoy intentándolo! Llamé a Sampson, y está en eso. —Me hundí de nuevo contra la nevera.

—Hija, Sampson no pudo encontrar su pene con un par de pinzas — indicó, sacudiéndome—. Te diré que. Si quieres puedo hacer una llamada a mi hombre. Puede encontrar a cualquiera. —Hizo una pausa—. Bueno, puede encontrar a alguien excepto a la perra que quemó mi maldita casa —gruñó al recordar.

Su casa se había quemado hace un tiempo cuando estaba en la universidad. Asumí que "la perra" de la que siempre estaba murmurando era una puta del club que lo había enojado demasiado una vez. Joker también había tenido su cuota de neumáticos cortados y ventanas rotas. Estaba temporalmente a bordo con su idea hasta que recordé un fuerte y sonado hecho.

—No puedo darle mucho para empezar la búsqueda. —Me reí de lo ridículo de lo que iba a decir—. Ni siquiera sé su verdadero nombre.

No se impresionó por este hecho.

—No es lo que no sabes, rubia. Es lo que sabes.

—Lo cual no es mucho —aclaré. ¿Cómo podía saber tan poco acerca de alguien pero estar tan segura de todo al mismo tiempo?

—Probablemente sabes mucho más de lo que piensas —señaló con un gesto de su barbilla. Terminó su cerveza y la tiró a la basura.

—Espero que estés en lo cierto.

Estaba a punto de irse por la puerta de atrás cuando le grité:

—¿Cómo se llama tu hombre?

—Lo cierto es que lo conociste hace años cuando eras una niña. La cual es la única razón por la que te digo esto, es un nombre que me gusta guardar en mi bolsillo para un día complicado. —Abrió su chaleco y palmeó el bolsillo de su camisa—. Le dicen Puck —indicó finalmente, antes de desaparecerse de vista.

Pensé que se había ido cuando asomó su cabeza por la puerta abierta y agregó:

—¿La perrita que quemó mi casa? Ese mortal coño moreno se llama así misma Diabla.

No se quedó para ver la mirada aturdida en mi rostro. Tampoco se quedó para verme tirar la botella vacía contra la pared, lanzar mi chaleco del soporte, o quitar la cubierta de mi Motocicleta. Seis meses habían sido jodidamente muy largos. No sólo estaba Diabla allá afuera en el mundo, sino que estaba con una marca en su cabeza de nada menos que mi propio puto club. Sin embargo Joker tenía razón en algo… ya era hora de encontrar a mi chica. Estaba dispuesta a hacer más que mover el cielo y la tierra.

Estaba dispuesta a caminar por el infierno y traerla.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Jue Jul 20, 2017 11:37 pm

Capítulo 24
Brittany



HANSEN´S BAR SOLÍA SER el lugar de los chicos de los barrios bajos en las vacaciones de primavera. Fuera de temporada, las jarras baratas y al beer pong, lo mantenían desbordando su capacidad por los lugareños que se derramaban en el estacionamiento durante la altura de la misma. Cuando la economía cambió, lo mismo ocurrió con el bar, que luego se convirtió en el abrevadero de cada MC desde Miami a Savannah.

Un hombre gigante que llevaba un pañuelo azul salió del bar con una morena bajo su brazo, chocándome en la acera. Inmediatamente, mi cólera se encendió. Estaba a punto de decir algo, pero él habló primero:

—Fiesta privada esta noche —indicó. Fue entonces cuando noté sus colores.

Bastards.

Estaba en el lugar correcto.

Se apoyó contra un poste que no estaba ni a un metro de entrada, el que sostenía la señal “WE ID”. Encendió un cigarrillo y desabrochó sus cueros. La morena se deslizó hasta quedar de rodillas allí mismo, en la isla que dividía el estacionamiento Él me sonrió abiertamente mientras le pasaba los dedos por el cabello, agarrándola por la parte de atrás de la cabeza y tirando de ella con dureza contra él. Ella dio un gritito y se ahogo mientras él se reía, expeliendo humo por su nariz.

—No puedes entrar ahí —indicó.

—¿Oh si? ¿En serio, hijo de puta? —lo desafié, midiendo al cabrón de arriba a abajo de la misma manera que evaluaría a alguien durante un juego.

El hombre se rio.

—Sí, así es. No hay civiles esta noche, muchacha. Tendrás que ir a buscar a otro lado. La mejor apuesta para alguien como tu está en devolverte por la calzada de donde viniste y estar con los otros yuppies.

Abrí mi sudadera negra exponiendo mi chaleco Warrior. Sus ojos se abrieron de par en par. Se sentía bien usarlo de nuevo después de tanto tiempo. Junto con mi desgastado y flexible cuero, vino poder en mis venas y me hizo querer comer a este hijo de puta como si fuera una caníbal.

—¿Quieres llamarme un yuppie otra vez, hijo de puta?

Estaba a punto de poner al cabeza de pene en su lugar cuando Paco, la persona exacta que venía a buscar, salió por las puertas oscilantes del salón con un cigarrillo colgando de sus labios. Era la propia estampa de su hermano menor Pinto, a excepción de que Paco no era un familiar de MC como su hermano, era un parcheado y miembro en pleno de la hermandad de los Beach Bastard.

—¡Sicaria! —gritó Paco, el blanco de sus ojos inyectados de sangre.

Me atrajo en un abrazo rápido. Cuando me soltó, dirigió la mirada hacia el hombre del pañuelo, al que yo seguía observando, visualizando su rápida muerte—. Jailbird, deja de mirar a Sicaria así y disfruta de tu mamada—demandó, luego se volvió hacia mí

—. ¡Sicaria, pon tu puto culo aquí! —Sonrió como si no estuviera a punto de haber una pelea y me atrajo por el brazo, tirando de mí hacia las puertas.

—Paco, no puedes llevarlo…— Jailbird comenzó, empujando a la morena a un lado, que se paró y se limpió la boca.

No se molestó en taparse, su polla fláccida se tambaleó libremente mientras se acercaba a nosotros. Paco dio un paso adelante, y se interpuso entre Jailbird y yo. No era un hombre grande, pero tenía esa mirada loca en sus ojos, la mirada que decía “no sabes de lo que soy capaz” y haría que un cabrón del doble de su tamaño tuviera precaución.

Jailbird debe haber tenido algunos problemas para entender esa advertencia porque de ninguna manera retrocedió.

—Escucha, Jailbird —aclaró, sin el tono juguetón que había usado en su saludo—. Hablo en serio cuando te digo que vuelvas con esa mujer y te preocupes por tus propios putos asuntos. Sicaria aquí es siempre bienvenida. No estamos en guerra con los Warrior´s, no ahora mismo de todas maneras. Si todavía tienes un problema con eso cuando terminemos con nuestra cerveza, volveré aquí y podemos matarnos hasta que nuestro puto corazón esté contento. ¿Entendiste? —Jailbird finalmente cedió, murmurando algo entre dientes mientras Paco volvía a entrar en el bar haciéndome un gesto para que lo siguiera, le saqué el dedo a mi nuevo amigo apartándolo de un empujón y lo seguí.

—No te preocupes por él. Es nuevo y es un idiota. Mala combinación Además, no te conoce como yo —aclaró Paco, levantando dos dedos al barman y luego otros dos. El barman, un hombre incluso más viejo de lo que mi abuelo había sido cuando murió, nos sirvió dos cervezas y dos shots.


El bar estaba lleno de motociclistas y unas cuantas mujeres medio vestidas. El Bastards MC no estaba lejos de Harper´s Ridge y aunque vi algunos rostros conocidos entre la multitud, la mayoría no me eran familiares.

Paco me notó mirando alrededor.

—Estamos todos aquí porque estaremos en guerra. Tuvimos que reclutar, ir a buscar a hombres de diferentes secciones.

—¿Guerra con quién? —pregunté. —Sé que me he ido un tiempo, pero tendría que haber oído hablar de un nuevo conflicto de los Warriors. Además, acabas de decir que no estábamos en guerra. Aunado a que si lo estuviéramos, me hubieran cortado la garganta cuando entré por la puerta.

Se rio.

—Cierto. Pero en serio, ¿no lo has oído? —Se apoyó contra el bar.

Sacudí la cabeza y tomé un trago de cerveza.

—He estado un poco ensimismado desde que volví.

—Sí rubia, escuché sobre tu mierda. Lo siento por eso. Pensé si alguien por aquí se graduaría de ser Basura blanca a alguien de las grandes ligas, serías tú.

—Gracias —dije—. Creo.

—Bear. Es con quién vamos a luchar.

—No puedo creer esta jodida mierda —exclamé sorprendida. Chop era el presidente de los Bastards. Bear era su Vicepresidente… y su propio hijo Chop.

Paco pasó su mano por su suave cabeza calva y bajó su cerveza.

—Sí rubia. Por eso estamos todos aquí. Tenemos que reagruparnos. Averiguar a quién tenemos. Es un jodido desastre.

—¿Quieres ir a la guerra? —pregunté.

Se inclinó y miró a su alrededor para asegurarse de que nadie pudiera oírlo cuando susurró

—: Joder no, pero soy un soldado. Nuestro líder dice guerra, vamos a la guerra. Sabes cómo funciona esta mierda. Si quieres mi opinión, Chop puede tener el MC cubriéndolo, pero Bear tiene a King. No sé tú, hermano, pero ese es un hijo de puta con el que no quiero cruzarme en un callejón oscuro. O bien iluminado. O cualquier maldito callejón. Eso era quedarse corto. No lo llamaban Rey del paso elevado por nada. King tení más negocios en Logan´s Beach que la mayoría de los MC y no pertenecía a ninguno de ellos. Era despiadado e implacable y estaba a la altura del miedo y las exageraciones de las que en la ciudad siempre se murmuraban. Miró a sus pies y luego miró al barman y luego al techo.

—¿Qué? —indagué.

—Nada, rubia —exclamó, mirando por encima de mi cabeza.

—Sí, es por algo que no estás mirándome

Paco suspiró y me dio un shot.

—Whisky primero.

Chocamos los vasos y bebimos. El whisky bajó ardiendo por mi garganta.

—Es sobre tu chica —comenzó, haciendo una mueca como si estuviera a punto de golpearlo. No era así. Al menos no todavía.

—Que gracioso, también venía a preguntarte sobre ella. Esperaba que pudieras hacer algunas llamada a tus fuentes discretamente. Tengo que saber dónde mierda está y no puedo usar los recursos de los Warrior porque resulta que Joker también está buscándola, aunque por razones completamente diferentes.

—No creo que quieras hacer eso, rubia. Si se ha ido, es mejor que la perra se quede así.

—Paco —advertí, apretando la botella de cerveza más fuerte.

—Compañera, no estoy tratando de ofenderte, ni siquiera a ella.

—Entonces, ¿qué estás tratando de decir? —interrogué, dando vueltas a mi cerveza en el bar.

—Sólo que… ella es el jodido diablo.

Me levanté y empecé a cerrar el espacio entre él y yo para poder golpear al hijo de puta en la cara. Interpuso una mano entre nosotros.

—Maldita sea, lo estoy intentando, pero no hay manera fácil de decírtelo —murmuró algo sobre los gringos—. Mi hermano me dijo que las vio juntas en el café. Es un jodido demonio rosado, rubia. Una ninja con una jodida cola de caballo al que llaman Diabla.

Me llaman Diabla. Es la abreviatura de mi nombre.

—¿Qué coño estás diciendo exactamente? —pregunté, necesitando que se explicara.

Sabía que incendió la casa de Joker, pero había más. Esperaba encontrarla y confrontarla, pero como aún no la había encontrado, tendría que conformarme con enfrentarme a Paco.

—Mi hermano es demasiado cobarde para decirte, pero cuando volví esta tarde a la ciudad me contó. Iba a verte, pero esta guerra nos trae algo locos y distraídos. Pero básicamente, rubia, lo que estoy diciendo es que ¿la chica que estaba jugando a la casita contigo? Es el ángel de mierda de la muerte. Una chica que mata a los hijos de puta como yo cada jodido día, y estaba en tu puerta, lo que significa que probablemente volverá, más que probable, porque planea enviarte al infierno mucho antes de que consideraras reservar un maldito boleto allí.

Sacudí la cabeza.

—De ninguna manera. —No es que no pensara que fuera capaz de matar… era más como que no creía que fuera capaz de matarme.

—Cuanto antes admitas que alguien la envió para que te saque de circulación, más pronto podrás salvarte, rubia.

—Mis únicos conflictos son mierda menor. No tengo ningún problema con alguien que desee que no siga respirando —afirmé, tratando de no perder mi mierda justo en el bar. Podía negarlo todo lo que quisiera, creyéndolo o no.

—De acuerdo, rubia, no quería tener que decírtelo, pero joder. Pinto dijo que la confrontó cuando fuiste al baño. Dijo que ni siquiera negó quién era, solo le agarró sus jodidas nueces y las apretó con tanta fuerza que si su mujer queda embarazada, sería un milagro o porque la perra lo está engañando. —Se estremeció. Joder, no la busques. Y por tu bien, es mejor que tampoco vuelva. — Me ofreció otro shot—. Nunca.

Bebí mi shot, el entendimiento de su traición ardió como el whisky quemaba su camino por mi garganta.

—Es posible que desees llamar a tu tío conseguir ayuda en esto después de todo. Debes encontrarla antes de que te encuentre —aconsejó, interrumpiendo mis pensamientos.

Troné mis nudillos.

—No. Diabla es mi asunto.

Entonces proferí dos palabras que había dicho antes, pero de repente tomaron un significado completamente diferente.

Puse mi cerveza en el bar

—. Ella es mía.
***

Puse en un plan en movimiento en el que en lugar de buscar por todo el planeta a Diabla, ella tendría que correr hacia mí tan rápido como sus sexys piernas podría llevarla. Era casi demasiado simple. En realidad estaba enojada conmigo misma por no pensar en ello antes. A las pocas horas de que la idea se afianzara dentro de mi cerebro, hice clic en un botón de mi teléfono y puse mi plan en marcha. Me senté y puse mis pies en alto, respirando el aire caliente de la noche.

Con el arma en mi regazo.

La espera había comenzado.

Puede que ella supiera que era una Warriors, pero estaba a punto de aprender realmente rápido la mierda en la que estaba a punto de convertirme.

Su peor jodida pesadilla.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Vie Jul 21, 2017 10:18 am

Ahí no jodas... Britt ya se entero!!!! A ver que hace para encontrar a san...
Si san quiere la encuentra fácil y britt tiene su bala en la frente!!! Por algo no aparece!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Vie Jul 21, 2017 10:53 am

Que buena v.... sera que se batiran a duelo como en las viejas peliculas del oeste, no puedo esperar para leer de ese encuentro!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Vie Jul 21, 2017 4:11 pm

Mmm ahora le toco enterarse un poco de la mierda que hace San y que esta tras ella.... Y como dices la morena sera quien vaya hacia Britt, haber cual fue su plan, y pues el su próximo reencuentro haber como se ponen las cosas :/
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Jul 24, 2017 8:20 pm

3:) escribió:Ahí no jodas... Britt ya se entero!!!! A ver que hace para encontrar a san...
Si san quiere la encuentra fácil y britt tiene su bala en la frente!!! Por algo no aparece!!!

jajjaja no creo que lo que digas es cierto.... Santana no es que quiera ser encontrada ella rogara por encontrar a Brittany , esto se esta poniendo interesante.....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Jul 24, 2017 8:21 pm

micky morales escribió:Que buena v.... sera que se batiran a duelo como en las viejas peliculas del oeste, no puedo esperar para leer de ese encuentro!!!!

jajajaja yo tambien quiero ese reencuentro que no creo se agradable pero hay unos capitulos antes de eso...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Jul 24, 2017 8:22 pm

JVM escribió:Mmm ahora le toco enterarse un poco de la mierda que hace San y que esta tras ella.... Y como dices la morena sera quien vaya hacia Britt, haber cual fue su plan, y pues el su próximo reencuentro haber como se ponen las cosas :/

Uhhh pero para ese encuentro falta... no coman ansias, esta bueno....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Lun Jul 24, 2017 8:22 pm

Capítulo 25
Diabla

AL CARAJO ESTA MIERDA.

Dejé un trabajo de niñera y me encontraba precisamente en medio de otro. Era mi culpa. Cuando King llamó y indicó que tenía algo para mí, apenas registré lo que decía antes de preguntarle en dónde y llevar mi scooter a esa dirección.

Mi protegida era Kitty, la Old lady de Karosky. Karosky era el Vicepresidente de los Beach Bastards, pero de acuerdo con King, ahora estaba en guerra con su propio Club. Kitty necesitaba ser resguardada porque Karosky estaba en la cárcel y conociendo a Chop, el viejo despiadado de Karosky, no dudaría en dispararle para llegar a Karosky. Todo era muy aburrido, en serio, pero el punto es que me encontraba en medio de un huerto de naranjas en una casa que no necesitaba ser limpiada, sino ser quemada hasta los cimientos.

Lo cual sugerí.

Había naranjas podridas apiladas al pie de los árboles y el olor era casi insoportable. No había nadie cerca en kilómetros excepto Kitty, con un gracioso tono de cabello casi rosáceo, y su perro delgado y raro.

Lo que me hizo pensar en Murray y su babeo.

Mi situación no había cambiado mucho. Estaba en una casa pequeña. Hacía de niñera. Había un perro.

Excepto que no era la casa correcta o el perro correcto o… la persona correcta. Sin embargo, era la primera vez que pasaba tiempo con una chica de mi edad, por la que no imaginaba mil maneras diferentes de matar. De acuerdo, quizá las primeras veces, pero después de eso, estuvo bien.


Ayudó que era buena disparando. Pasamos horas al día, y muchas cajas de balas, jodiendo mierda juntas. Y no tenía que pretender nada. No tenía que ser nadie más.

No estabas pretendiendo con Brittany.

Pensaba en ella más que en cualquier otro recuerdo. Todo lo que veía me hacía querer comentárselo. Quería decirle sobre el huerto, sobre Kitty. Pensé en cuándo contó sobre sus padres. La abrumadora sensación cuando había tenido que consolarla y devorarla.

Mientras Kitty dormía, había patrullado por el huerto y me pregunté qué estaría haciendo ella… y cuánto me odiaba. Pensé que todos los sentimientos y urgencias que Brittany me había sacado morirían con el tiempo, pero en realidad solo habían crecido.

Cada recuerdo de nuestro tiempo juntas me había lastimado más y más hasta que mis patrullas nocturnas se volvieron en trotes y luego carreras a toda velocidad por horas.

Nada aliviaba el dolor.

No el que estaba en mi pecho.

No el que estaba entre mis piernas.

Un día, un tipo alto y delgado vistiendo un traje se apareció en el huerto con un expediente en su mano. Pude darme cuenta de inmediato que no era quien decía que ser cuando intentó pasarle a Kitty el expediente y divisé el símbolo de calavera de los Bastards tatuado en su mano.

Acortando la historia, lo invité a entrar. Le acuchillé su mano y lo amarré a una silla. Se sintió bien estar de vuelta en el juego. De vuelta a lo que era buena, pero también me sentí vacía.

Oscura.

Había estado contemplando colgar al hijo de perra al que había apuñalado en la mano, porque ¿por qué demonios no? Cuando mi teléfono vibró dentro de mi sostén deportivo, no contesté porque estaba un poco ocupada y era el teléfono reservado para la familia. Pero siguió vibrando y vibrando y no paraba.

Bufé y lo saqué, lista para decirles que estaba ocupada y que les regresaría la llamada. Pero no era una llamada. Era un mensaje de texto. La misma foto mandada una y otra vez.

Brittany.

Era una fotografía de sí misma. Se veía muy parecida al día que fui por primera vez a su casa. Con una gran y ridícula sonrisa en su rostro. Las pechas tan marcadas como siempre.

¿Cómo consiguió este número?

Fue allí cuando la vi.

Jadeé, cubriendo mi boca con la mano. Le di una excusa a Kitty sobre una señal en la fotografía, y estoy segura de que lo que sea que le dije no tuvo sentido. Era la primera vez que dejaba un trabajo a media tortura, o algo a medias, en realidad.

Lo que inicialmente hizo que mi corazón dejara de latir por una fracción y mi estómago aletear, se volvió en algo oscuro en cuestión de segundo. La foto de Brittany no era una tomada a sí misma. Le daba la espalda a un refrigerador con fotografías y recetas pegadas en él con todo tipo de imanes.

Pero no era en su cocina. Era la de mis padres.

Corrí por el huerto, salté en mi scooter y aceleré. Nunca había deseado algo más rápido antes de ese día. Mis palmas sudaban. La quemazón que suavemente empezaba poco a poco estaba en llamas para cuando llegué a la única señal de “Pare” en el pueblo.

Brittany atizó el fuego cuando, en el mismo tipo de letras de imanes que había usado para dejarle mi mensaje de despedida, había hecho uno suyo, escribiendo para mí en el refrigerador de mis padres.

JÓDETE.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por 3:) el Lun Jul 24, 2017 8:28 pm

ohhhhhhhhhhhhh,.... joder se pone bueno!!!
van a jugar al gato y al raton ahora???,...
quiero ver como sigue!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por Tati.94 el Lun Jul 24, 2017 9:41 pm

Uhh se esta poniendo bueno!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por JVM el Mar Jul 25, 2017 7:10 pm

:o !!!
Jamas me imagine que Britt iria con sus suegros jajajajajaja
Obviamente no creo que les haga nada, pero como habrá dado con ellos y pues ahora San querrá verla mas que nunca ....
Y sus mensajes jajajaj que originales jajaja
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por micky morales el Mar Jul 25, 2017 9:43 pm

Espero que britt no se le ocurra hacerle algo a los padres de diabla, son lo unico, a parte de ella que parece importarle!!!!
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 4:51 pm

3:) escribió:ohhhhhhhhhhhhh,.... joder se pone bueno!!!
van a jugar al gato y al raton ahora???,...
quiero ver como sigue!!!

Hola las paso a saludar rapido y les dejo los capitulos correspondientes a esta semana, espero que les gusten los cap.... me he retrasado por que tengo un nuevo empleo y entenderan como es eso...
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 4:53 pm

Tati.94 escribió:Uhh se esta poniendo bueno!!!

te aseguro se pondrá mejor.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 4:54 pm

micky morales escribió:Espero que britt no se le ocurra hacerle algo a los padres de diabla, son lo unico, a parte de ella que parece importarle!!!!

oh no hara algo mejor que esoo, te lo aseguro.....
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

Mensaje por marthagr81@yahoo.es el Sáb Jul 29, 2017 4:55 pm

Capítulo 26

Diabla

TODAS LAS LUCES estaban apagadas cuando llegué a la casa de mis padres. Estacioné mi scooter en la calle y colgué mi bolso en mi hombro. Con mi arma en la mano, me arrastré a lo largo de la valla hasta que rodeé la casa hacia el patio trasero. En la oscuridad, subí los escalones de la entrada uno por uno cuando la vi sentada en una silla en la esquina.

Esperando.

Apunté mi arma y subí las escaleras lentamente y en silencio hasta que estaba de pie detrás de ella. El único sonido que hice fue el de amartillar de mi arma.

—Te tomó bastante tiempo... SANTANA —dijo, sin darse la vuelta.

—¿Dónde mierda están mis padres? —interrogué, presionando la pistola en la parte posterior de su cabeza—. Si los lastimas, voy a hacerte cosas de las que tus puñeteras pesadillas estarán demasiado asustadas para aparecer.

Soltó una risita oscura y profunda, pero no había humor en ella, ni en ella.

—Tus amenazas son... adorables. —Se levantó y se dio la vuelta, pateando la silla a un lado. Miré hacia el arma en su mano—. Dime, SANTANA, ¿ibas a amenazarme antes o después de que me mataras en la casa?

—No iba a matarte... —comencé, pero me interrumpió.

—¡Mentira!

—¡No me dejaste terminar! —grité, sin importarme si despertaba a todos los vecinos de la cuadra—. No iba a matarte hasta que recibiera la orden. Por suerte para ti, nunca llegó.

Me miró de arriba a abajo.

—No, pero recuerdo cómo te sentiste cuando tú lo hiciste. En mis dedos. En mi lengua.

Mis pezones se endurecieron instantáneamente. Esperaba que no pudiera verlos, pero cuando sus ojos se fijaron en mi pecho y se lamió el labio inferior, supe que sí.

Llevaba una camiseta negra y vaqueros que colgaban de su cadera. Sus músculos abdominales se flexionaron debajo de la delgada tela de la camiseta.

Su mandíbula estaba tensa. Estaba descalza. Lo único que parecía diferente desde que la había visto por última vez fueron los círculos oscuros bajo sus ojos. Parecía cansada.
Y enojada.

Entre nosotras dos, la cólera era palpable, irradiando de nuestros cuerpos como la niebla que se levantaba en una noche caliente.

Mi mirada volvió a caer sobre su arma.

—¿Es esto lo que estás mirando? –preguntó, agitando el arma en su mano, pero sin apuntarme—. Si te molesta, voy a descartarla. —Se giró y lanzó la pistola en el patio oscuro.

—Eso fue jodidamente estúpido.

Sacudió la cabeza lentamente de un lado a otro.

—Sabes, planeé algo diferente al principio. La Warrior en mí pensó que la mejor manera de lidiar contigo era derrumbarte, como lo haría con cualquier rata. —Sus fosas nasales se ensancharon—. Pero se me ocurrió un castigo que creo voy a disfrutar mucho... mucho más.


—¡Dime dónde mierda están mis padres! —grité.

Brittany tenía unos diez segundos antes de que ya no tuviera control de mi dedo en el gatillo.

—Están vivos e ilesos, y eso es todo lo que necesitas saber... por ahora. Dijo que iba a pasar sobre mí.

Apunté el arma a su pecho, y de repente me impactó que no pareciera natural como siempre, como una extensión de mi brazo. En cambio, se sintió pesada en mi muñeca y no quería nada más que lanzarla al maldito patio trasero como ella había hecho con la suya.

Pero no lo hice.

No podía.

¿O sí?

Dio otro paso y luego alcanzó mi arma. Intenté apretar el gatillo, pero era como si mi dedo no escuchara a mi cerebro, rebelándose en mi contra. Al igual que mis emociones desde el segundo que Brittany entró en mi vida.

Mi vacía vida.

—¿Qué? ¿No puedes hacerlo? Escuché que eras implacable. Una jodida asesina. El Ángel de la Muerte —desafió, sujetando el cañón del arma y empujándolo contra su pecho—. ¿Quieres matarme? Entonces hazlo. ¡Sólo hazlo carajo! No voy a huir como tú. —Susurró—: Jamás.

—No seas estúpida, Brittany —exclamé—, ¿o debería llamarte Sicaria? —Necesitaba simplemente apretar el gatillo y alejarme. Encontrar a mis padres.

Debería ser fácil.

Este trabajo. Esta vida. Esta mujer.

Nada era lo que se suponía que era.

No desde el día en que la saqué de la piscina.

Se inclinó, sentía su aliento frío contra mi mejilla.

—Si quisieras dispararme, ya lo habrías hecho. —Miró hacia el arma y luego hacia atrás a mí—. No quieres dispararme.

—Tal vez sólo estoy alineando mi tiro —argumenté.

—Entonces, déjame ayudarte —espetó, poniéndose de rodillas y presionando la pistola contra su frente, bajé la mirada para encontrar de nuevo sus ojos, esperaba encontrar ira, pero todo lo que observé fue que estaba herida.

—Diabla, joder, hazlo. ¡Dispárame si eso es lo que realmente quieres! — rugió y su rostro se puso rojo.

Algo dentro de mí se rompió.

No puedo hacerlo.

No ahora.

No a ella.

Nunca.

—Ya fijaste el blanco, solo jala el puto gatillo —demandó, empujando la pistola contra ella aún más fuerte.

No.

Sacando el arma de sus manos, la arrojé al patio de la misma manera que ella, e hice lo único que parecía estar bien.

Corrí.

Corrí hacia el bosque tan rápido como pude, pasando el claro donde había conocido a Puck, pasando el árbol donde había descargado mis primeras agresiones. Cuando llegué al lago artificial, esperaba que el bote metálico de remos que Mike y yo habíamos atado cuando éramos niños, continuara allí. Alcanzando la soga, me arrodillé, y para mi mayor decepción, el extremo estaba deshilachado y no había ningún barco a la vista. Los árboles crujieron cerca, seguido de pesados pasos por el desvencijado muelle que vibraba bajo mis pies.

—Parece que no entiendes que no importa cuán lejos huyas, no cambiará un carajo, hasta que te des cuenta de lo que todo lo que consigues con eso es ¡sacarme de mis jodidas casillas!

—¿Qué importa? —pregunté, incorporándome para enfrentarme a ella—.¿De qué jodida mierda estás hablando?

—Todo lo que jodidos importa ahora es que estás parada aquí mismo, carajo —espetó, su voz era gruesa y profunda. Sus ojos estaban más oscuros de lo que jamás había visto, brillando con intensiones perversas. Un lado de sus labios se inclinó hacia arriba en una sonrisa diabólica.

No podía respirar. No podía pensar. Estaba consumida por ella. O al menos, por su manera de joderme con sus ojos, sabía que estaba a punto de serlo.

Avanzó un paso y yo retrocedí dos. Nuestro pequeño baile la hizo reír, la carcajada vino de lo profundo de su garganta. Con esa pequeña risa, mis entrañas se apretaron con tanta fuerza que me quedé sin aliento.

Su sonrisa se convirtió en comprensiva. Sus ojos se dirigieron a mi entrepierna donde mis pantalones cortos se habían subido, exponiendo cada centímetro de mis temblorosos muslos.

Se lamió el labio inferior, trazándolo con la punta de la lengua.

Mi batalla interior vaciló entre querer huir de ella, y querer correr directamente hacia ella. Aunque, no era como que importara cuál opción ganaba.

El muelle era estrecho, y Brittany bloqueaba mi única salida.

Se desabrochó el cinturón y lo deslizó por las presillas. Doblándolo por la mitad, chasqueando el cuero. El sonido zumbó en el aire húmedo de la noche.

Nuestro baile continuó mientras daba otro paso hacia mí y otra vez me retiré.

—Puesto que no pareces sentir lo mismo, déjame decirte lo que va a pasar ahora mismo —comenzó—. Voy a hacerte venir en mis dedos. —Paso—. En mi lengua. —Paso—. Y junto a mi. —Su último paso cerró el espacio entre nosotras—. Podemos preocuparnos sobre quién puede matar a quién después.

Mi espalda golpeó la barandilla, atrapándome entre el final del muelle y la dura pared de su pecho. Mi respiración se hizo aún más pesada, mi pecho subía y bajaba en rápida sucesión contra el suyo. Al presionarse mi estómago, pude sentir el calor de su entrepierna a través de la tela desgastada de sus vaqueros. Mis pezones se endurecieron cuando el dolor en mi corazón se convirtió en necesidad.

—Voy a follarte, cariño. Duro. Y no voy a dejar de follarte hasta que te des cuenta de que esta mierda entre nosotras es lo único que importa.

Toda la tensión que había estado torturando mi cuerpo durante los últimos seis meses era nada, comparada con tener sus labios a unos centímetros de los míos, su cuerpo presionado contra mí, su entrepierna presionando contra mi muslo.

—O tal vez voy a ir directamente a cogerte. Ya que no he podido pensar en otra cosa que estar dentro de ti durante los últimos seis meses.

Esta vez no había escapatoria. De ella.

De esto.

De nosotras.

Nunca había estado tan enojada en toda mi jodida vida.

—Veo esa mirada en tu rostro —indicó—. En tus ojos. Siento que la puta ira arde en ti como un fuego salvaje. —Sujetó mi mano y la presionó contra su entrepierna. Gemí, fuerte y largo. Suspiró entre dientes—. Mierda, me haces ponerme tan jodidamente húmeda. ¿Sientes eso? Es todo por tu culpa.

Todo lo que pude hacer fue tratar de respirar, mis palabras desaparecieron. No sabía la diferencia entre la ira y el deseo. Estaba atrapada en sentimientos y emociones sin salida.

No tenía a donde huir.

Traté de quitar mi mano, pero fue más rápida. Sostuvo ambas manos detrás de mi espalda en una de las suyas. Sus labios se deslizaron por mi cuello y mi mandíbula. Me volví para morderle, pero sólo la hizo reír.

—¿Recuerdas lo que te dije? Cuando sientas que tu temperamento cruza hasta un punto sin retorno, entonces me das esa mierda. Si tienes que dar rienda suelta a todo lo que está pasando en ese bello cerebro tuyo, entonces lo descargas en mí. ME das tu cólera y no te marchas de nuevo. ¿Escuchas lo que estoy diciendo? Ven a mí, Diabla. Dame todo lo que tienes, y lo recibiré. Desquítate conmigo. En mi cuerpo. Te lo prometo, puedo soportarlo. —Hizo una pausa, recorriendo mi cuerpo con su mirada, acariciándome de arriba abajo con sus ojos azules—. Quiero tomarlo.

Tomó en borde de su camisa, tirando de ella por encima de su cabeza y arrojándola al suelo. Al envolver su mano alrededor de mi muñeca, colocó mi mano contra sus pechos. Encajé las uñas en su carne y arañé su piel, dejando un rastro de marcas rojas.

—Si quieres hacerme daño, hazlo así. —Quitó mi mano de su pecho y la atrapó de nuevo detrás de mi espalda, para luego deslizar una mano por el frente de mis pantalones cortos—. Pero ya no huyas otra vez.

Se detuvo justo a la altura de mi entrada jugando con mi humedad. Mis caderas saltaron de la barandilla al sentirla.

—Dilo, Diabla —exigió—. Di que ya no huirás de mí, y te daré lo que quieras, nena.

—Yo... sí —afirmé, porque era todo lo que podía decir. Porque así como quería odiarla, quería matarla, no podía.

Sus labios descendieron sobre los míos y no sólo nos besamos, nos rompimos en pedazos.

No era sólo pasión. Era una puta guerra. Una lucha total por una trozo de la otra. Algo que sabía que quería pero no pensé que podía tener.

—¿Todavía lo sientes, Diabla? ¿Ese enojo tuyo todavía está hirviendo dentro de ti?

Asentí mientras mi coño se tensaba y la humedad inundaba mis bragas.

—Bien —exclamó, mirándome a los ojos.

Introdujo un largo dedo dentro de mí, bombeando dentro y fuera mientras hablaba

—. Porque estoy a punto de cogerte hasta sacarte la ira.
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Re: Brittana: Toda la Rabia. Epilogo y Bonus

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